Blog

  • Suegra desperdiciada

    Suegra desperdiciada

    Mi suegra es una viuda de buen ver, 60 años, de origen campesina, blanca, muy trabajada, pero bien cuidada, 1.60 m y un cuerpo normal para su edad, aunque sus chichis son lo mejor, redondas, nada caídas, duritas, con unos pezones rosados con un pequeño botón, muy sensibles a mi lengua y a mis caricias. Yo con 45 años y todavía con ganas de coger a toda hora. Ella es Susana y yo Luis.

    Nuestra relación siempre ha sido buena, y aunque en 20 años de casado con su hija ya la había visto varias veces encuerada, pues sale de vacaciones con nosotros, y ella se daba cuenta, no había pasado de sonrisas, comentarios calientes y ya al final uno que otro toquecito.

    Pues bien hace un mes que mi esposa fue a los Estados Unidos a visitar a su hermano y le pidió de favor que se quedara con nosotros para atendernos en las mañanas, ya que mi hijo todavía estaba en clases y tenía que levantarse temprano y yo ir a trabajar un poco más tarde.

    Una mañana que el camión del colegio pasó por el niño, salí a despedirlo y nos encontramos mi suegra y yo en la puerta, ella con su bata y yo con shorts.

    -Bien -le dije- voy a bañarme, que le parece si mientras usted me arregla unos huevos y nos los desayunamos?

    Viéndome pícaramente me dijo:

    -Creo que los huevos que necesitan arreglo son otros, pues en cuatro días de no hacer nada, los has de tener de avestruz.

    Me sorprendí con el comentario, ya que como dije, si habíamos hablado de sexo pero siempre en plan más impersonal, pero no lo di a notar.

    -Pues sí, pero que quiere que haga suegrita, si solo una mano amiga se puede hacer cargo de ella y no me llama mucho la atención volver a los viejos tiempos, y a usted, no se le antoja hacer el favor completo? digo, no por mí, por su hija, ya ve que me atiende muy bien y se ha de sentir preocupada por saber que me la tengo que jalar diario, además creo que yo le puedo hacer un mejor desayuno.

    -Uh, mi hijo yo que más quisiera, pero a mis años ya no se antoja este jamón.

    -Nada suegrita, la verdad, yo si me la comía aunque no estuviera hambriento, ya le he dicho que tiene usted unas chichis divinas y la verdad sus nalgas no están nada despreciables, de su pucha no puedo decir nada, pues no me ha dado chance de vérsela bien.

    -No mientas, cuando me has visto las nalgas y las chichis?

    -Uh suegrita pues cuando se baña y cuando se cambia, su cuarto no cierra bien y bueno usted sabe que si la he visto.

    -Sí, yo también te vi el fierro la vez pasada que fuimos al mar, cuando te cogías a Susana, ( mi mujer ) en el pasillo del bunbalow, y tú te diste cuenta y adrede le pedías el chico, verdad?

    -Pues sí, oiga, y si para abreviar y ganar tiempo nos cogemos ahorita?

    -QUE ¿?? Cómo crees? Si te traigo ganas, pero no me animo a hacerle una marranada a mi hija.

    Me acerque a ella pensando; ahora es cuando y le puse una mano en su chichi izquierda, acariciándosela suave pero con firmeza, esperando una reacción negativa pero débil, pero solo suspiro y me dijo hachando la cabeza atrás…

    -No pienses que soy puta, pero la verdad que si tengo ganas, hace tanto tiempo que no me meten nada, pero también tengo miedo, que tal si no me tratas bien también, además, ya estoy vieja y… si no te gusto… me sentiría muy mal, tú me has tratado muy bien y muchas veces he querido tener un cuerpo que ofrecerte, sobre todo cuando tú y Susana se enojan y ella te deja sin nalga muchos días, la verdad le aguantas mucho.

    -Bueno, pero no nos quejemos, yo la quiero, y creo que más o menos la vamos sacando, pero la verdad creo que una cogidita no le hace daño a nadie, además que mejor que sea entre nosotros, acuérdese, sexo seguro.

    -Oye, oye, no te adelantes no he dicho que sí.

    -Pero qué tal si lo piensa rápido, mire… -y me acerque, y antes de que reaccionara le abrí la bata, y le metí la mano entre el brasier y abarque su chichita y sacándosela con cuidado aunque ella no quería

    -No, no espérate -me tomaba la mano pero no la retiraba, hay que ver primero.

    -Pues eso quiero ver -y se la empecé a sacar del brasier- Híjole suegrita, es chichota, que bárbara, que desperdicio -y trate de besársela, pero se retiró sin que se la soltara.

    -No espérate, me da pena, además, no me he bañado -caminaba hacia atrás sin ver, hasta que llegamos al mueble de la sala y cayo sentada en el sofá y yo a un lado sin soltarla pero sin lastimarla.

    -Espérese suegrita ahorita la baño yo -y le desabroche la bata, dejando ver todo su cuerpo con una deliciosa panza de 60 años- me deje caer en sus piernas mientras le ponía una mano en su pucha sobre la pantaleta, Ella suspiro como nunca la había oído y gimió.

    -no Lui, no Lui, no por favor, estoy que me revienta mi tamal, pero tengo pena y miedo.

    Le acabe de quitar la bata y le vi su chichi de fuera, cuando recorrí la bata por su espalda me recosté en su cara y trate de besarla pero me esquivo y me apodere del broche de su brasier tratando de zafarlo.

    -No –dijo, se trató de retirar pero se fue de espaldas y me arrastro, quedando mi cara justo junto a su chichita de fuera, lo que aproveche de inmediato y le puse la boca exactamente en su pezón blanco y suavecito, chupándoselo fuerte de inmediato.

    -Ahghghgh! -Casi gritó o gritó- ¡no espérate, eso siempre me volvió loca, por favor, no le sigas porque te las doy y no quiero!

    -Como que no -dije yo- los dos queremos, además no hay riesgo, usted ya no puede quedar panzona y yo estoy sano. Me di cuenta de que yo no le había enseñado nada y me quite de encima para bajarme el short con el calzón al mismo tiempo- mire mi verga, ya le anda, vea como esta parada, tiéntela, palpita -y le tomé la mano con cierta resistencia de su parte, pero en cuanto se la puse encima de mi verga gimió y volteo a verla cariñosamente, cerrando su mano alrededor de ella.

    -Que linda tienes tu cosa -y la sobaba torpemente, se veía que había perdido la práctica- ¡y que grande y caliente está!

    Mientras me agache por sobre su cabeza y le desabroche el brasier, pero de inmediato se lo detuvo del frente diciendo:

    -No, no, no… Qué pena me da, están feas y te vas a molestar…

    -Susi, déjame verlas -yo luchaba débilmente con sus manos tratando de alejarlas de sus pechos, sabía que era cuestión de tiempo para dejarla salvar el honor y que sintiera que cayo luchando- ándale a ver, a ver, y le quite una mano dejando un pecho blanco y duro, sin caerse demasiado para mi agradable sorpresa.

    -¡NO! -grito- no me he bañado -y trató de levantarse.

    -Vente -le dije- vamos a bañarnos -y al jalarla hacia el baño se olvidó del brasier y se le cayó al piso, se las acaricie sin ponerle mucho énfasis y otra vez gimió fuerte.

    -Llegamos al baño y abrí la regadera:

    -vente -le dije- pero quítate los calzones.

    -No, Lui, no, es que… cuando estoy muy caliente… me dan ganas de orinar

    -Y…? -Le dije metiendo la mano en la parte delantera de su pantaleta y tocándole unos pelitos suavecitos y ensortijados y metiendo un dedo por la rajita húmeda.

    -No… no -y le empecé a bajar la pantaleta mientras le atrape su chichi izquierda con la boca.

    Con la otra mano le sobaba sus nalguitas un poco flacas por los años, pero con la forma de un gran culazo en su tiempo.

    -Te quieres mear Susi?

    -Sí, pero salte del baño.

    -No, para qué? -le dije.

    -Es que ni a mi marido lo deje verme orinar y me da pena porque hago mucho ruido.

    Y tomándole con la palma de mi mano toda su pucha introduje por sus labios el dedo medio sobándole desde su clítoris hasta la orilla baja de su vagina.

    -¡Ayy, Noo, corre, salte ¡!! -Y trato de retirarse de mi abrazo, pero la sujete con fuerza sin quitar la mano, y sentí algo tibio, eran una gotas de orina.

    -Por favor -suplico angustiada- me voy a hacer… déjame sola.

    Tenía ganas de verla orinar, pero pensé que sería amable dejarla orinar sola, era nuestra primera vez, ya afuera, al voltear a cerrar la puerta la alcance a ver como solo alcanzaba a abrir las piernas y orinaba en la regadera, efectivamente con un silbidito fuerte pero muy cachondo. Le di tiempo suficiente para que terminara y se limpiara su puchita y cuando entre, estaba en la regadera, pude verla completa, sus chichis ricas y unas nalgas que de lado, todavía no mostraban mucho los años.

    -Pasa -me dijo y se agacho a mover un frasco de champú para dejar limpio el espacio dejándome ver ahora si un delicioso culo, donde se le veía la puchita apretada entre sus piernas, pero se acordó que yo estaba atrás de ella y se enderezo violentamente, llevándose una mano en un intento de tapar su chico, pero solo logró acentuar más el tamaño de su culo al tiempo que me decía;

    -Perdón, no me fije -y se sonrojaba.

    -No te preocupes Susi -le dije entrando a la regadera abrazándola y poniendo una mano en sus nalgas.

    Abrimos la regadera y nos bañamos, mientras yo acariciaba su cuerpo y le chupaba sus pezones lisitos y ella de vez en vez me tocaba y apretaba rápidamente mi verga.

    Terminamos y cuando nos secábamos le volví a dar una mamada de chichis que la hizo tener un orgasmo ahí, de pie y abrazada a mi cuello, mientras decía:

    -¡Ahyyy ahyy! siento, siento, estoy sintiendo, se me va a salir toda -y temblaba de una manera exagerada, teniendo yo que detenerla para que no se resbalara. Cuando paso su orgasmo se recargo en mi para descansar y me pregunto:

    -De verdad me vas a coger? Tengo miedo, que tal si ya no aprieto y no te gusta, además, tu cosa esta gruesa y si ya no me entra y me duele.

    -Susi, me va a gustar tanto como a ti y no te va a doler, te va a gustar.

    Camine hacia la cama llevándola de la mano, la senté y le dije poniendo mi pito a la altura de su cara:

    -Por qué no le saludas? mira, se para solito cuando ve tus nalgas -y le lleve suavemente la cabeza hacia mi verga, la tomó con su mano y me dijo:

    -No, mejor te la sobo, pues nunca me he metido ninguna a la boca, mi marido siempre me lo pidió, pero tú sabes… en el rancho eso era pecado, solo lo hacían las putas.

    -Abre tu boquita -le dije- y se la pegue en los labios, que luego abrió y torpemente dejo que se la metiera un poco; se la saco y me dijo;

    -que suavecita tiene la cabecita -y ella sola volvió a chupar sin meterse más de la cabeza, como si le tuviera miedo, pero empecé a sentir rico, y yo ya estaba muy caliente, aunque no me había casi acariciado, ya le traía ganas, así que se la saque y le dije:

    -acuéstate, te voy a mamar tu puchita, porque no quiero tener un accidente y venirme fuera de ella.

    -No!!! Nadie me la ha chupado y ningún hombre me la ha visto de cerca, me da pena que me veas con las piernas abiertas, además, también me vas a ver mi colita y eso si me da mucha pena, porque si me chupas y se me sale la miel siento que lo voy a fruncir y a aflojar y eso es muy privado.

    -Era, Susi, ahora vas a saber lo que es una buena cogida de verdad, con mamada, con dedeada de chico, y con tus nalgas y chichis pidiendo más.

    Diciendo esto la acosté y me metí entre sus piernas, pasándole mi pene por su vagina mientras la acomodaba y me acostaba entre ellas. No le di tiempo a mas, me pegue como becerro a su clítoris, mientras ella me empujaba de la cabeza hacia fuera y trataba de recorrerse hacia arriba en la cama, pero la cabecera no le daba oportunidad.

    -Nnno! Nnnooo! Ahyy ¡qué bien se siente!, perdóname, pero no sabía lo que se sentía.

    Estire mis brazos y le tomé sus dos chichis mientras ella gemía violentamente, parecía que por fin se había animado a participar, baje la mano y le metí un dedo en su vagina, sintiéndola caliente pero un poco floja, le metí dos dedos y ya sentía más apretado cuando de pronto me los apretó con sus músculos vaginales y al empezar a limarle con mis dedos dio un grito y resopló, mientras abría sus piernas casi a cada lado de la cama y se derramaba temblando, el estómago le saltaba, y abría increíblemente las piernas.

    -Aaaggg, aaaaggg, yaaa! Yaaa! Está saliendo!!! Está saliendo!!! yaaa!!! Por favor yaaa! Se me sale todo! Se me sale!

    Gritaba y brincaba apoyada en los talones, de tal forma que tuve que sacar los dedos y dejarme caer sobre sus cuerpo, y aun así seguía levantándose, la sensación de estar encima de ella, caliente, vibrante, casi me hace venirme a mí también, es más, creo que solté algo de leche. Quede entre sus piernas, las que para mi sorpresa seguía abriendo de forma increíble para su edad, lo que me calentaba más, tuve que dejarla descansar mientras mi calentura bajaba, pues no quería metérsela y venirme, pero sus comentarios eran para mi muy cachondos y me calentaba más.

    -Qué bárbaro! Que bruto! Cuanto me sacaste, hacia 15 años que no me escurría así, ufff! Y me da pena decirte, pero… creo que me oriné -me decía con los ojos cerrados, pero sin dejar de acariciarme el pecho y la espalda.

    Yo preparando el terreno, me enderecé y de forma muy natural le levanté una pierna, y me asomé a su pucha…

    -No Susi, es pura lechita, mira -y con la palma de la mano le sobe sus labios, mientras ella daba un tremendo brinco y me la pase por mi lengua, ella había abierto los ojos cuando le levante la pierna y se cubría su pelusera púdicamente como si trajera vestido.

    -No me veas, hijo, está muy vieja.

    -No sabes lo que dices, estas en su mero punto, vas a ver.

    -De veras me vas a coger? -me decía.

    -Claro, si eso estoy queriendo desde hace mucho, chiquita, ansiaba tener tus nalgas.

    Consideré que ya me había calmado lo suficiente como para echarle un buen palo y no defraudarla y también que ella ya se había repuesto de su venida y le dije:

    -Así que, Susi, abre tus patitas, tranquilízate, y prepárate a gozar la cogida de tu vida.

    -Ojala -me dijo- nunca me había venido como ahora, ni me la habían mamado, aunque si veía en las películas y la verdad, se me antojaba.

    Me coloque hincado entre sus piernas y se las levante un poco, dejando sus pantorrillas en mis brazos para mantenerla abierta de forma descansada para ella. Ella también se empezó a acomodar, quito la almohada donde estaba descansada y se recogió un poco el pelo, como preparándose para una inyección o una maniobra médica. Acomodó su cuerpo y me dijo:

    -Bueno, lo que ha de tronar que truene, la verdad, me muero de ganas, pero no me la dejes ir de golpe, mi marido me lastimaba mucho cuando llegaba tomado y me enchufaba.

    -No te preocupes mamita, tú te la vas a ir dejando ir sola, mira -y se la pase por sus labios hinchados con un movimiento de mi cintura- Ves? Agárrala con tu manita y ponla en tu miaderita m’ija.

    Ella tomo mi verga y se la acerco a su rajada, se la paso de arriba abajo y ya con una confianza que no había mostrado, cerró los ojos y empezó a decir:

    -Si papi, si, métela en mi miadera, rico papi, que lo sienta, me quiero mear y te quiero hacer mear a ti, métela como si me fueras a deja panzona, hasta mis tripas, hasta mi panza, hínchamela con tus mecos -y la coloco en su entrada.

    Empuje y entró fácilmente la cabecita, y para mi agradable sorpresa, la sentí apretada, ella dio un brinco y dijo con los ojos cerrados:

    -Ahí va! M’ijo, ya va entrar! Así, con cuidado! Mmmhh, aaaah.

    Yo empecé a empujar lentamente, no porque no pudiera hacerlo de un golpe, pues estaba lo bastante lubricada para no doler, quería que gozara a lo máximo.

    -Así, así, así! -Decía, y se arqueaba apoyándose en la cama con sus talones como saliendo al encuentro de mi verga, su conducto estaba maravillosamente suave y caliente, además, el sentimiento de emoción de lo prohibido estaba haciendo el momento único, maravilloso para los dos, ya no éramos yerno y suegra, éramos más que hombre y mujer; éramos pucha y verga con vida propia, una queriendo meterse en la otra.

    -Así, asiii, asiii, ya dale, ya dale… ya la tengo adentro -Y me empezó a apretar de forma ligera, pero como no me lo esperaba, por poco me vengo, tuve que detenerme y morderme un labio para causarme dolor y retirar mi venida.

    -Aaaayyy que rico, que rico, ya entró, ya entró! Todaaa, entró todaaa!

    Pero entonces le levante un poco su cuerpo con mis brazos al levantarle las piernas y empujé hasta sentir mis huevos chocar con sus nalgas, y ahora si grito y abrió los ojos, apretándome los brazos como si quisiera detenerme:

    -AayYY!! Me partiste! Me tentaste la matriz! qué bárbaro eres, me vas a desfoondaarrr! Aaghh! Ahí! Ahí! Dale ahí!!! Mete la cabecita… con cuidado, ahí, ahí, donde se hacen los niños!!!

    Voltee hacia abajo y pude ver una espléndida panorámica de su área púbica con sus amplias caderas y parte de sus nalgas levantadas, sentía su fundillo besando mis huevos, sus chichis estaban hermosamente duras y sobre su estómago, arrugado por la posición en que la tenía, le bese una y empecé a moverme y ella a gritar y brincar, como si recibiera una corriente eléctrica en cada empujón de mi verga, como si le picara, aunque yo si tentaba la entrada de su matriz en cada entrada, no porque la tenga muy grande, sino por la posición en la que la tenía y lo bien que estaba cooperando ella. Lo que me calentaba de sobremanera era lo que me decía y el tono gutural con el que hablaba, sin abrir los ojos, disfrutando la cogida.

    -Así, asiii, pícale la trompita, métele tu cabecita, pícale, picaleee! -Y tuvo su primer orgasmo subiendo el volumen de su voz hasta terminar en grito:- Picaaallleee!!! Ahiiiii! Me la sacaste otra vez!! Ahí te doy más, ¡ahora si no me importa si me haces mear! Metete, todo, mete los huevitos, así, rico, rico. -Y se quedó callada y rígida.

    Que sorpresa sentí cuando me empezó a exprimir con su pucha al mismo tiempo que se venía, y cada espasmo de su venida era un delicioso apretón para mi verga, como agradeciéndole la cogida.

    -Ya! Yaaa! Por favor, yaa! Bájame las piernas, siento que me acalambro, por favor!! Aaaahhh.

    Le solté las piernas y las abrió deliciosamente, como dejándolas caer, pero a pesar de esa laxitud su vagina seguía acariciándome con ligeros apretoncitos en mi verga.

    Abriendo los ojos, como si acabara de despertar, me miró, y acariciándome el pelo me dijo:

    -Gracias, muchas gracias, nunca me habían cogido de esta manera, que rico es… pero tú no te vas a venir? No quieres darme tu leche??? Te van a doler tus huevitos, ándale, ven, hay que sacarles la lechita, échamela en mi pancita m’ijo. -Y se acomodó nuevamente, como si otra vez fuera a competir…- Ven, ven, ven, papacito, que rica la tienes… ven -dijo acomodándose en las almohadas y abriendo sus piernas- ven acuéstate en mis chichitas y ahorita le sacamos todos sus moquitos a esa cosita rica.

    Me acomode entre sus dos piernas y así, de la forma más clásica empecé a darle piquetitos a su puchita mientras ella gemía con cada metida. Metí mis manos debajo de sus nalgas y la levante, acostando mi cabeza en su hombro, me expuso toda su pucha y abrió sus piernas, descuidadamente le saque mi verga hasta la punta y me deje caer metiéndola toda en un solo movimiento y grito…

    -Aaahhhyyyy, no, no, me rompes mi pancita, que bárbaro, hasta ganas de orinar me dan -y trate de iniciar otra vez mi juego, cuando sorpresivamente sentí un espasmo en mis huevos y antes de que yo hablara ella dijo acomodándose y tomándome experta y cachondamente mi cara con sus manos- YA! ya te voy a vaciar! Uuhyy que lindo palpita tu verga.

    Yo trate de no moverme, pero ella empezó a darme increíbles apretoncitos y a mover su estómago haciéndome sentir de forma irresistible mi venida mientras me decía muy segura…

    -Aflójate, ya no vas a aguantar, te la estoy sacando. -Y solté el primer chorrazo sintiendo que me iba al cielo. Perdí fuerza en los brazos y me deje caer en su pecho y ella, con una rapidez increíble y dominando la situación, abrió y aventó las piernas hacia el techo y abrazándome me empezó a apretar mis nalgas, dedicándose solo a darme placer, olvidándose de ella y como si lo único que quisiera era que yo gozara al máximo, susurraba sensualmente cuidando todos los detalles- Asiii, chiquito, asiiii, mmmm, que rica lechita escupe esa verguita tan linda, déjala no la canses, yo te la estoy exprimiendo… mmmm. Y yo solté mi segundo chorro…

    -aggghhh, mamacita, que riiico -y más leche soltaba. Hacía mucho que no soltaba la cantidad de leche que me estaba saliendo, ni sentía lo que estaba sintiendo, y vaya que mi mujer es una gran cogedora, (ahora se de quien lo heredó).

    -Assi mi vida, asíii -y me apretaba con su pucha. Cuando sentí que ya no tenía leche traté de enderezarme, pero ella suavemente me tomo de los hombros y me detuvo, encogió lentamente sus piernas a mis costados, y, segura de lo que iba a pasar, empezó a moverlas como pedaleando en el viento, y sentí de inmediato una ola de placer en mis huevos, e increíble… ¡me salieron otros dos chorros de leche!!! que rico sentía, Me recosté y la bese y mame fuertemente su chichita, y le acaricie la otra con la mano, mientras ella me decía.

    -Ya, ya, ya, quietecito mi niño, ya salió, tu suegrita te ordeño toda tu lechita. -Y otra vez dejó caer sus piernas a mis lados, increíblemente abiertas, mientras me decía:- Te gusto?

    -Claro, Susi, me encantó, estas buenísima y coges divino, prométeme que vamos a coger otra vez, si?

    -Las veces que tú quieras, ya sabes que esta es tu casa y aquí estarán siempre la puerta y mis piernas abiertas para cuando quieras hacerme feliz.

    La verdad si, ella fue feliz, yo soñé con esa cogida dos días, que fue cuando le di la segunda, hasta la fecha cuando tenemos ganas nos hablamos, nos ponemos de acuerdo y pasamos tardes maravillosas, hemos realizado las fantasías más extraordinarias sin pensar en hacer daño a nadie ni en otra cosa que no sea gozar haciendo gozar al otro, como debe ser una buena relación sexual.

  • Amor de madre

    Amor de madre

    Martín entró en su casa y lanzó su mochila hacia el suelo al tiempo que cerraba la puerta de una patada. Su madre, que estaba haciendo la comida, se asomó al pasillo desde la cocina y lo vio dirigirse hacia ella con gesto contrariado.

    —¿Qué pasa, cariño?

    —Nada, no pasa nada—respondió Martín al tiempo que llegando a la altura de su madre la cogía por una mano y tiraba de ella hacia la mesa. Ella se dejaba hacer entre sorprendida y preocupada, todavía con la cuchara de madera en la mano.

    —¿Te ha pasado algo en la universidad?

    Su hijo no contestó y se limitó a llevarla a uno de los taburetes para que se sentase. Tras hacerlo, Martín comenzó a desabrocharse sus pantalones vaqueros y a bajárselos junto con los calzoncillos hasta los tobillos. Una media erección apareció entonces sin tapujos ante su madre, con un pene grueso que comenzaba a levantarse.

    —Mamá, necesito que me la chupes y correrme, no aguanto más.

    —Claro que sí, cariño —comenzó su madre al tiempo que dejaba la cuchara en la mesa y posaba sus manos sobre las suaves nalgas de su hijo.—pero ¿no me vas a contar que te ha pasado? -prosiguió al tiempo que atraía a su hijo hacia ella y comenzaba a pasar su lengua sobre la cabeza del pene del chico.

    —Es esa chica de la que te he hablado…-comenzó a hablar Martín al tiempo que su madre se introducía en la boca la mitad de su polla.—Hoy ha vuelto a pasar de mí.

    La madre de Martín paró unos instantes de chupar y mientras continuaba masturbando con la mano a su hijo levantó la mirada.

    —Pero otra vez, cariño. —volvió a meterse el pene en la boca y lo volvió a escupir dejando un pequeño hilo de saliva hasta sus labios—Ya sé que esa chica te gusta, pero no puedes ponerte así cada vez que ella dice algo que no te gusta.

    —Ya lo sé, pero me cabr…-Martín hizo una pausa y cerró los ojos cuando su madre se tragó por completo su polla—..me cabrea que lo haga. Yo solo quiero salir con ella a dar una vuelta, no sé porque me trata así.

    Su madre esta vez no respondió y siguió chupando con fuerza. A pesar del tamaño de su hijo estaba más que acostumbrada a amarlo en toda su longitud, y disfrutaba de cada mamada que le realizaba. Aumentó el ritmo del sube y baja y pronto notó como la cabeza de su polla se congestionaba. Martín emitió un leve quejido y comenzó a correrse a borbotones dentro de la garganta de su madre, que lejos de aminorar la marcha siguió succionando cada gota todavía con mayor ímpetu. Tras cuatro o cinco chorros el manantial dejó de expulsar líquido y la madre de Martín se quitó de la boca la polla reluciente de su hijo.

    —Bueno, tu ten paciencia —comenzó a hablar mientras con una servilleta se limpiaba los labios.—Poco a poco haz que se dé cuenta de que existes y ya verás cómo al final te da una oportunidad.

    —Gracias por la mamada, mamá—dijo entonces su hijo al tiempo que se agachaba para besarla en la boca. Su madre aprovechó para introducir su lengua todavía con restos de semen en la boca de su hijo y compartir su sabor.

    —De nada, cariño.—respondió su madre al tiempo que se le levantaba para seguir haciendo la comida.

    *

    Tras la comida Martín se fue a su habitación mientras que su madre se dirigió a la sala de estar a descansar. Ella se quitó los zapatos y los pantalones, y recostada sobre el sofá comenzó a cambiar de canal buscando algo decente que ver. No lo encontró y cerró entonces los ojos con la intención de dormir un rato. Pronto los recuerdos de la reciente mamada a su hijo ocuparon su mente y comenzó poco a poco a calentarse cada vez más.

    —¡Martín! —llamó entonces a su hijo—¡Ven un momento, cariño!

    —¡Voy! —escuchó al final del pasillo.

    Pronto escuchó también los pasos de su hijo dirigiéndose al salón y por fin lo vio delante de ella. Como de costumbre, después de la mamada que le había hecho su madre antes de comer Martín no se había vuelto a poner los pantalones, por lo que su polla grande pero tranquila y sus dos testículos depilados estaban a apenas un metro de distancia de su madre. Su camiseta apenas le llegaba al nacimiento de su pene y cuando su hijo se desperezó levantando un brazo pudo ver parte de su juvenil torso también depilado por completo. Al igual que ella misma lo estaba.

    —Dime, mamá, ¿qué querías? —dijo Martín al tiempo que se rascaba el cuello.

    —Hijo, ¿estás muy ocupado ahora?

    —No, no mucho, estaba viendo unas cosas en YouTube.

    —¿Te importaría comerme un poquito el coño entonces, mi amor?—dijo su madre al tiempo que estiraba una mano y acariciaba el suave muslo de su hijo.—Es que estoy un poco caliente y ya sabes que así no descanso bien.

    —Bueno, te lo como un rato si quieres.

    —Eres un sol—respondió su madre al tiempo que se acostaba estirada sobre el sofá y llevaba sus manos al elástico de las bragas. Encogiéndose un poco las deslizó entre sus muslos hasta sus pies por donde las acabó sacando. Las dobló y las tiró sobre la mesita del salón.

    Su hijo se dirigió entonces hacia el coño de su madre, que sin más pelo que una pequeña tira vertical en su pubis lo esperaba ya ligeramente reluciente. Su madre había cerrado los ojos mientras esperaba que su hijo hiciese lo que tantas veces antes había hecho. Pronto notó como la mano izquierda del chico se situaba por encima de sus labios mayores y tiraba con fuerza hacia arriba de la piel para dejar así al descubierto su clítoris. Martín tenía ya gran experiencia, y sabía perfectamente lo que debía hacer para conseguir que su madre se corriese rápidamente. Sin más demora colocó su boca entreabierta sobre el pequeño órgano de su madre y comenzó lentamente a realizar movimientos de succión. De vez en cuando usaba su lengua para rozar los laterales del clítoris de su madre, provocando en ésta, movimientos nerviosos en su abdomen.

    —Cariño…-habló la madre de Martín sin abrir los ojos-…cariño, date la vuelta y déjame que te toque los huevos, por favor.—e inmediatamente hizo un gesto de abrir y cerrar con la mano que estaba colgando por fuera del sofá.

    Martín paró entonces de chupar y se colocó a cuatro patas sobre la alfombra del salón. Para él era mucho más complicado comerle el coño a su madre en esta posición, pero sabía lo mucho que le gustaba a ella tocarle los huevos y el culo mientras él lo hacía. Así que una vez colocado en posición alargó de nuevo su brazo izquierdo sobre el vientre de su madre y doblando el codo volvió a tirar del capuchón de su clítoris hacia arriba al tiempo que su labios se volvían a posar sobre él.

    Mientras el chico se aplicaba en su coño, su madre alargó el brazo hasta rozar con su mano las nalgas desnudas de su hijo. Le encantaba sentir su suavidad, su firmeza. Siguió el contorno del culo de su vástago con delicadeza, hasta llegar hasta su ano. Su dedo índice siguió el contorno de la puerta trasera de su hijo sin atreverse a penetrarlo, y poco a poco continuó bajando hasta toparse con la gran bolsa escrotal y sus dos inquilinos. La madre agarró entonces con fuerza los testículos de su hijo tirando de ellos hacia atrás, notando como al tiempo que lo hacía el gran pene colgante rozaba la parte delantera de su mano.

    La madre de Martín notaba que su orgasmo se acercaba, y con su mano izquierda agarró entonces la cabeza de su hijo obligando a este a chupar con más ganas. Martín conocía bien los gestor antes del orgasmo de su madre, así que entendió el mensaje y comenzó a tirar del clítoris con más fuerza usando sus labios para masturbar el pequeño botón de carne. De pronto notó un gran tirón en sus huevos y supo que ya estaba. Su madre comenzó a levantar el culo del sofá ansiosa, agitando todo su cuerpo como si una corriente eléctrica hubiese comenzado a traspasarla. Martín no paró de comer hasta que notó como sus testículos eran liberados y un pequeño “Ya está, cariño” salía de la boca de su madre que, ahora ya con los ojos abiertos, lo miraba con dulzura y una sonrisa en sus labios.

    —Ven, dame un beso.

    Martín se puso de pie y se acercó a la altura de la cabeza de su madre, para a continuación inclinar su cuerpo sobre ella al tiempo que su progenitora estiraba el cuello en busca del húmedo beso de su amante. Mientras sus lenguas se tocaban y la saliva de uno y otro se confundía, la madre de Martín usó su mano para rodear con delicadeza la polla semi erecta de su hijo.

    —¿No quieres correrte tú ahora, cariño? —habló la madre sin dejar de masturbar al chico.

    —Bueno, prefiero esperar un rato casi, que aun hace poco tiempo desde la última vez…

    —Como quieras, amor.—respondió entonces su madre al tiempo que soltaba su polla y le daba una palmada en el culo—Venga, ya te dejo que vuelvas a tu habitación. Gracias por la comida de coño, la necesitaba.

    —De nada, mamá.

    **

    Martín aporreaba con fuerza las teclas del mando de la consola mientras por el micro en su oreja hablaba con sus compañeros de aventura. Sentando en el sofá frente a la tele como si se quisiese meter dentro y desnudo de pies a cabeza su polla y sus huevos colgaban en el borde del asiento entre sus piernas abiertas. El ruido de los disparos y las explosiones inundaba la habitación cuando la madre de Martín entró en casa con dos bolsas de la compra.

    —¡Martín! ¿Me ayudas con la compra? —gritó la madre desde el pasillo.

    —¡Un momento, que ya estoy a punto de acabar! —respondió su hijo enfrascado en la batalla. La mujer entró con las bolsas y se paró a la altura de la puerta del salón.

    —Venga, Martín, que es solo un momento. ¿Coges las bolsas que quedan en la puerta?

    —¡Voy, voy!

    Justo en ese instante la partida finalizó y Martín salió rápidamente a por las bolsas, sabiendo que quedaban pocos minutos para que empezase una nueva ronda. Sin importarle lo más mínimo su desnudez salió hasta el descansillo a coger las bolsas que quedaban y se dirigió con ellas hacia la cocina. Allí su madre se encontraba colocando los productos de limpieza bajo el fregadero, mostrando su fabuloso culo dentro de un pantalón vaquero tan ajustado que parecía una segunda piel.

    —¿Dónde lo dejo? -preguntó entonces Martín al tiempo que levantaba levemente las bolsa.

    —Déjalas encima de la mesa, que después ya coloco yo -respondió su madre al tiempo que giraba su cabeza y miraba a su hijo por encima del hombro sin dejar de colocar botellas.

    Martín hizo lo que su madre le pidió y dejó caer las bolsas sobre la mesa. Tras horas de juego sin parar se encontraba medio aturdido, y al hacer la pausa para ayudar a su madre se había dado cuenta de que tenía la boca seca. Se acercó hasta donde se encontraba su madre con la intención de beber un poco de agua, pero mientras lo hacía su vista se clavó en el pandero de su madre justo debajo de él.

    —Mamá, que pedazo culo tienes—dijo entonces Martín al tiempo que se agachaba hasta ponerse de cuclillas al lado de su madre. Esta paró un momento de colocar los productos de limpieza y giró su cabeza para ver como su hijo la miraba de cuclillas con las piernas abiertas y una incipiente erección. Sonrío cuando este alargó la mano y comenzó a acariciarle las nalgas.

    —Me estoy empalmando, mamá.

    —Ya te veo, cariño.

    —Cuando acabes de colocar las cosas, ¿te puedo encular?

    —Claro que sí, mi vida. Pero déjame acabar con esto primero. Tú sigue jugando a la consola si quieres y ya voy yo después con el lubricante.

    —Vale.—contestó Martín ya con una completa erección entre sus piernas.

    El chico volvió a sentarse en el sofá y agarró de nuevo el mando de juego. Pronto volvió a meterse de lleno en la acción y la tensión de los disparos hizo que se olvidase por completo del culo de su madre. Una partida tras otra Martín estaba cada vez más acalorado y sudoroso, casi como si la batalla que estaba teniendo lugar en el televisor fuese una realidad. De pronto la madre de Martín apareció por la puerta del salón. Completamente desnuda, sus grandes pechos se movían a cada paso al igual que sus nalgas carnosas y apetecibles. Se había recogido el pelo en una coleta ya que sabía lo mucho que le gustaba a su hijo agarrarla cuando la penetraba.

    —Ya estoy cariño —habló entonces la mujer al tiempo que se ponía entre su hijo y la tele—¿Vamos con esa enculada? —dijo con una sonrisa al tiempo que movía el frasco de lubricante en su mano derecha.

    —Mamá, ¡espera que estoy jugando! —dijo el hijo al tiempo que ladeaba su cuerpo buscando seguir teniendo visión de lo que sucedía en la pantalla. Su madre se apartó un poco y se colocó a lado del chico, poniendo el brazo sobre su hombro.

    —¿Pero no eras tú el que me quería encular hace un momento?

    —Y quiero—respondió su hijo sin apartar la vista del juego—pero ahora está la partida muy igualada…

    —A ver…-dijo entonces su madre con condescendencia—¿quieres que vaya empezando yo mientras tu acabas?

    —Sí, si, que además mira lo empalmado que estoy ya.—respondió el chico al tiempo que levantaba los brazos y separaba las piernas para enseñarle a su madre su polla totalmente erecta.

    La madre de Martín se arrodilló entre las piernas de su hijo y no pudo contener las ganas de comerle la polla durante unos segundos. Le encantaba sentir la dureza y carnosidad de aquel miembro entre sus labios. Al tiempo que lo hacía, dos dedos cubiertos de lubricante ya se habrían paso en su ano abierto. Poco a poco la mujer los metía y sacaba a la espera de dilatarse lo suficiente para meter un tercero. Sabía que necesitaba poder meterse tres de sus dedos con holgura para no ser después destrozada por el grueso pene de su hijo. Mientras su madre se preparaba para él, Martín continuaba jugando a la consola sin mostrar grandes gestos de sobresalto. A pesar de estar siendo objeto de una mamada completa, su concentración en el juego hacía que apenas lanzase algún gemido sordo que sus compañeros de partida no podían distinguir.

    El tercer dedo ya salía con fluidez del ano de la madre de Martín cuando esta decidió que ya estaba lista. Sacándose la polla de su hijo de la boca, miró hacia él mientras este seguía jugando.

    —Ya estoy lubricada, cariño, ya me puedes encular a gusto.—dijo al tiempo que seguía masturbando delicadamente el pene lleno de saliva del chico.

    —Sí, mamá, ahora voy, ya casi acabamos.

    —Venga Martín, si no voy a seguir con la paja y te vas a correr antes de meterla, tu verás…

    —Ya, ya, si ya solo nos faltan cinco puntos para ganar.—respondió el chico al tiempo que su madre lanzaba un suspiro de queja.

    —A ver, hijo—empezó de nuevo la madre al tiempo que paraba de pajear al chico y colocaba sus manos en sus rodillas—¿qué te parece si me pongo a cuatro patas y me empiezas a encular mientras juegas?

    En ese momento el chico apartó por primera vez la vista de la pantalla y la dirigió a su madre. Esta no pudo contener una risa ahogada cuando su hijo movió la cabeza afirmativamente sin decir nada.

    —Venga, vamos entonces—comenzó la madre al tiempo que se giraba y dejaba su culo en pompa para su hijo. Con la cabeza apoyada sobre la alfombra, la mujer llevó sus manos cada una a una nalga para separarlas y ofrecer su ano a su hijo.—Cuando quieras, cariño, métela.

    Martín pulso el botón de menú y rápidamente se puso también de rodillas tras su madre. Con urgencia agarró su duro pene cerca de la cabeza y apoyó esta sobre el pequeño agujero de su madre. Comenzó a empujar mientras lanzaba intermitentes miradas hacia la pantalla y hacia el ano cada vez mas abierto de su madre. Pero necesitaba coger el mando con las dos manos para poder seguir jugando cuanto antes, así que cuando todavía la cabeza de su pene no había entrado por completo en el culo de su madre el chico soltó su miembro y empujó hasta el fondo. Un gran gemido salió de su boca cuando notó que sus huevos tocaban en los gruesos labios vaginales de su madre. En ese momento se quedó quieto durante unos instantes antes de desbloquear el juego y volver a enfrascarse en la batalla.

    —Por Dios, hijo, que casi me rompes—habló entonces la madre de Martín sofocada. La estocada de su hijo la había pillado desprevenida, y aunque adoraba la sensación de sentir los suaves huevos de su hijo mientras este le daba por el culo, prefería un inicio un poco más suave. —No me voy a poder sentar en dos días.

    El chico comenzó entonces a intentar meter y sacar su pene del pequeño recipiente que lo contenía, pero pronto vio que no era tan fácil coordinar los movimientos de sus dedos en el mando de juego con los de su cadera para penetrar a su madre.

    —Mamá..-dijo entonces el chico—podrías…

    —¿Sí, cariño?—contestó su madre que en ese momento tenía en su interior la polla de hijo en toda su extensión.

    —¿Podrías moverte tú? Es que me resulta complicado hacerlo yo mientras juego.

    —O sea, quieres que yo misma me clave tu polla en el culo, ¿verdad?—respondió su madre mientras giraba la cabeza para mirarlo.

    —Sí, eso.

    —Venga, pídemelo como un buen hijo, que quiero oírlo.—La madre de Martín reía mientras provocaba a su hijo.

    —Va, mamá….

    —Venga o si no, no me muevo.

    —Está bien… ¿mamá, te importaría clavarte tú misma mi polla en tu culo?

    —No cariño, claro que no me importa.—contestó entonces la madre con media sonrisa, al tiempo que llevaba sus brazos hacia delante para colocarse a cuatro patas.

    Su hijo estaba muy duro y su propio culo completamente abierto, dilatado. Comenzó a moverse hacia delante hasta notar que su hijo estaba a punto de salir de su interior, y de nuevo volvió hacia atrás para tragárselo otra vez. Una y otra vez la madre ansiosa devoraba a su hijo con el culo, haciendo que este comenzase a sufrir para seguir el hilo del juego. Una embestida tras otra el miembro del chico forzaba analmente a su madre que aceptaba gustosa su destino.

    —Sí, ¡ganamos! ¡Por fin! —gritó entonces Martín—¡Mamá. Hemos ganado!—dijo al tiempo que daba una sonora palmada en el culo de su madre.

    —Muy bien cariño, ¿quieres follarme tú ahora entonces?

    —Sí, ¡que ganas tengo de reventarte el culo mamá!—dijo el chico al tiempo que de un movimiento salía de dentro de su madre y se colocaba en cuclillas tras ella con sus dos poderosos muslos a cada lado de culo de su madre.

    —Es todo para ti, mi vida—respondió la madre al tiempo que de nuevo posaba su cabeza de lado sobre la alfombra y separaba sus nalgas a la espera de que la fuerza de su hijo violase su ano sin piedad.

    Martín agarró de nuevo la punta de su pene y con facilidad lo introdujo de nuevo en el ojete de su madre, que se abrió con suavidad ante el. Agarró entonces con fuerza las caderas de su madre y comenzó a meter y sacar su miembro como si no hubiese mañana. Su madre recibía cada envite con dulzura, notando como su propio coño poco a poco se iba humedeciendo al saberse penetrada por aquel chico inagotable.

    —¿Te gusta, mamá?¿te gusta cómo te doy por el culo? —gritó Martín fuera de si, presa de una excitación que lo sobrepasaba.

    —¡Sí cariño, sí!—intentó responder la mujer con voz entrecortada ante los empujones de su hijo.

    —¡Dímelo, mamá, dímelo tú como una buena madre!

    —¡Sí !¡Mi vida, me gusta cómo me das por el culo, amor! ¡Me gusta cómo me lo rompes con tu polla!

    —¡No aguanto más, mamá, no puedo!—gritaba Martín con los ojos cerrados en pleno éxtasis—¡pídemelo, mamá, pídeme que me corra!

    —¡Hijo, por favor¡—empezó a hablar la mujer al tiempo que giraba su cabeza para ver como su hijo le destrozaba el ano-¡Córrete en mi culo, cariño, lléname con tu corrida, hazlo por mí por favor!

    Un empujón más fuerte de lo normal y un grito seguido de la inconfundible sensación de humedad en su culo le indicaron a la mujer que su hijo se estaba corriendo. La calidez de su semen la llenó por completo con varios chorros y espasmos, hasta que finalmente el chico se dejó caer hacia atrás y este pudo ver como su polla abandonaba lentamente el abierto y palpitante ano de su madre. Está se giró como una gata en celo hasta acercar su labios a los de su hijo y comenzar a besarlo sin pausa, introduciendo su lengua en la boca del chico que a duras penas podía recobrar el aliento.

    —Gracias por la enculada, mamá.

    —De nada, cariño, de nada.

    Este es mi primer relato, se aceptan sugerencias y consejos.

    Mi correo por si quieren las mujeres comentarme sus historias y experiencias, [email protected]

  • Los hijos de mami (3): La suegra (parte 1)

    Los hijos de mami (3): La suegra (parte 1)

    Existe una creencia que dicta que el amor de una madre es una de las fuerzas más poderosas del planeta, y Dayana es un ejemplo viviente de que dicha creencia es completamente cierta. No importa cuánto intentes detener a la milf tetona de inmenso culo, ella siempre encontrara la manera de darle a sus dos amados hijos su buena y potente dosis de “amor maternal” y, aunque a veces estos se le resistan, al final terminan aceptando el amor de su madre como los buenos hijos que son.

    Nuestra historia comienza en casa de Dayana y la de su familia, quienes se encontraban empacando sus pertenencias, pues iban a visitar a la madre de Nacho, la cual vivía en otra ciudad, y se iban a quedar una semana en casa de esta. La única integrante de la familia que no estaba feliz con ir a visitar a la madre de Nacho fue Dayana, y no porque odiara a su suegra (de hecho, la quería mucho) sino porque no iba a poder “pasar tiempo” con sus hijos.

    Gladis, la suegra de Dayana, era una mujer de más de 70 años de edad, conservadora, extremadamente católica y, por obvias razones, Nacho jamás le conto a su madre que tenía muchas amantes, ni que su mujer era una ex actriz porno, ni mucho menos la forma tan “peculiar” en la que esta trataba a sus hijos. A los ojos de Gladis, su hijo tenía una familia conservadora ideal, y este quería que su madre siguiera creyendo eso (aunque fuese una completa mentira).

    “creo que ya terminé de empacar todo” dijo Ale, mientras cerraba su valija “¡que emoción que vayamos a visitar a la abuela! ¿No lo crees?”

    “para mí no es emocionante ¡es súper aburrido!” exclamo Valen “lo bueno es que tendremos un merecido descanso de mama ¡y ya era hora! Porque esa perra parece como si viviera caliente las 24 horas”

    “yo no contaría con eso, hermana. Sabes tan bien como yo que mama se terminara saliendo con la suya ¡siempre nos termina cogiendo, hagamos lo que hagamos!”

    “¡pues no esta vez! Anoche, escuche la forma tan seria en la que papa le ordeno controlarse mientras estuviéramos en casa de la abuela, y advirtió que la iba estar vigilando muy atentamente. Confía en mí, Bro ¡La zorra de mama se tendrá que aguantar una semana de celibato!”

    A la mañana siguiente, toda la familia cargo sus cosas dentro del auto, y comenzaron el viaje. Un par de horas después, la familia llego a la casa de Gladis, y fueron recibidos por la señora.

    “¿Cómo está mi dulce madre?” pregunto Nacho y, con mucha alegría, le dio un abrazo a Gladis

    “¡te he echado tanto de menos, hijo!” exclamo la señora

    “¡abuela!” exclamo contento Ale

    “¿Qué onda?” pregunto Valen, con su típica actitud disgustada

    “¡pero como han crecidos! ¡Que hermosos están!” Exclamo la señora, mientras abrazaba a los dos hermanos “¿y dónde está mi querida nuera?”

    “¡aquí estoy, suegra!” exclamo Dayana, la cual estaba vestida con una remera muy escotada y con unos vaqueros muy apretados

    “¡pero querida! ¿Qué forma de vestir es esa?” exclamo la señora “esa vestimenta no es apropiada para una mujer casada y con hijos”

    “Lo que pasa es que salimos apurados y no pudo vestirse apropiadamente, mama” dijo Nacho, nervioso “pero ella, ahora mismo, ira a ponerse algo más recatado ¿cierto, Dayana?”

    “¡si, amor!” exclamo ella, intentando esconder su molestia

    Luego, Gladis le mostro a sus invitados los cuartos en los que se iban a quedar y, tras desempacar, la familia entera se sentó a comer.

    Durante el almuerzo, Valen quiso provocar a su madre aprovechándose de la situación, y le acaricio sutilmente la nalga derecha. Unos minutos después, una mosca comenzó a revolotear por encima de la mesa y, cuando Ale intento aplastarla, le termino dando un manotazo en la teta izquierda a su madre por error (aunque se disculpó por ello). Si dichas situaciones se hubieran dado un día cualquiera, Dayana no hubiera dudado en llevar a sus dos hijos a su cuarto para cogérselos toda la noche pero, al estar en casa de su suegra y con su marido muy atento a cada movimiento que realizaba, tuvo que contenerse (aunque le costó mucho hacerlo).

    Al caer la noche, todos los integrantes de la familia se fueron a sus respectivas habitaciones para dormir.

    “¡qué bien se siente provocar a mama sin que ella pueda hacer nada!” exclamo Valen, contenta “y mañana le daré una nalgada todavía más fuerte”

    “¡estás jugando con fuego!” exclamo Ale, quien compartía cuarto con su hermana “no provoques a mama porque, cuando regresemos a casa, nos cogerá hasta dejarnos secos”

    “ya lo sé, y por eso voy a disfrutar molestándola todo lo que pueda mientras estemos aquí. Además, no seas hipócrita ¡tú le tocaste una teta!”

    “¡ya te dije que fue por error!” exclamo molesto el joven

    Mientras tanto, en el cuarto de la pareja, Nacho acababa de esposar su muñeca con la de Dayana.

    “¿esto es en serio?” pregunto ofendida la milf

    “es para evitar que te escabullas de noche para ir al cuarto en donde duermen nuestros hijos”

    “¿es que acaso no confías en mí?”

    “no, porque se cómo eres ¡ahora cállate y duérmete!” ordeno Nacho, y él y Dayana se acostaron esposados.

    “¡si esos dos mocosos creen que van a estar toda una semana sin recibir el amor de mami, pues entonces están muy equivocados!” pensó Dayana, con mucha excitación “solo debo ser muy observadora, calculadora, y buscar el momento perfecto… ¡creo que ya tengo una idea!”

    A la mañana siguiente, y luego de recibir una nalgada por parte de su propia hija mientras iba al baño para lavarse los dientes, Dayana le propuso a su suegra hacer una “salida de mujeres”, en donde ellas dos y Valen irían de compras a un centro comercial, y a la señora le gusto tanto la idea que no dudo ni un segundo en aceptar la propuesta.

    Por la tarde, el trio de mujeres fue hasta una tienda de ropa y de accesorios, y comenzaron a ver todas las ofertas.

    “¡pero que belleza!” exclamo Gladis, mientras miraba una cartera “es muy costosa, pero creo que una mujer debe darse su gusto debes en cuando. Disculpe, jovencito, solo por curiosidad ¿Cuántos modelos tiene de esta cartera?”

    “Más de 50, madame” dijo un empleado

    En ese momento, Dayana supo que se le había presentado la oportunidad que tanto había estado esperando.

    “disculpe que me meta suegra pero, si va a hacer una inversión tan grande, creo que debería ver todos los modelos antes” dice Dayana

    “¡tienes toda la razón, querida!” exclamo la anciana “¿se puede?”

    “¡Por supuesto que sí, señora!” exclamo el empleado “¡ya mismo se los traigo!”

    Aprovechando que Gladis estaba distraída mirando carteras, Dayana fue a buscar a su hija, quien estaba viendo las ofertas de zapatos, y le agarró del brazo.

    “Así que te crees muy ruda metiéndote con alguien que no se puede defender ¿verdad, brabucona?” le susurro Dayana al oído a su hija “¡pues ahora veremos qué tan ruda eres!”

    “¡creo que Ale tenía razón!” pensó Valen, preocupada y excitada, mientras su madre la escoltaba “¡no debí meterme con esta zorra!”

    Dayana y Valen se metieron dentro de uno de los probadores de ropa de la tienda y, una vez allí, la madre empezó a besar apasionadamente a su hija, al mismo tiempo que le manoseaba las tetas y el coño.

    “¿creíste que podías meterte conmigo y salirte con la tuya? Parece que has olvidado quien es la que manda en nuestra relación ¡así que te lo voy a hacer recordar para que no lo olvides!” le susurro Dayana al oído a Valen, antes de morderle el cuello

    Luego de estar un buen rato besando, manoseando, y mordiendo el cuerpo de su hija, Dayana hizo que Valen se arrodillase ante ella, e hizo que esta la lamiera el coño. Cada tanto, la madre le permitía a su hija sacar la lengua de su entrepierna, solo para escupirle dentro de la boca, y luego le colocaba la cabeza nuevamente entre sus piernas para que esta continuará dándole placer oral.

    Un rato después, la milf le ordeno a su hija que dejara de lamerle un coño, que se pusiera de pie, y que se bajara los pantalones.

    “¡he tenido muchísimas ganas de poder estrenar a este chico malo!” exclamo Dayana, mientras sacaba de su cartera una cinturonga con dos dildos enormes “¡creo que esa es la oportunidad perfecta!”

    “¿es que acaso nunca sales de casa sin alguno de tus putos juguetes?” pregunto Valen, sorprendida

    “es un hábito que me quedo de mi época como actriz porno” dice Dayana, mientras agarraba a su hija de debajo de los brazos y apoyaba la espalda de esta contra la pared “¡ahora prepárate, chica mala!”

    Dayana introdujo uno de los dildos de su cinturonga dentro del coño de Valen, el otro se lo metió dentro del culo, se comenzó a coger a su hija tan fuerte como le fue posible y, para evitar que esta gimiera y alertara al personal de la tienda o algún cliente, entrelazo su lengua y la de ella con un intenso y baboso beso.

    Pese a que se sintió humillada por lo que su madre le estaba haciendo, el placer que Valen experimento al ser penetrada al mismo tiempo por el coño y por el culo fue tan grande que, de manera involuntaria, sus piernas envolvieron la cintura de Dayana para evitar que esta se despegara de ella.

    “¡yo sabía que eras una putita sumisa!” pensó Dayana, con alegría, mientras seguía besando y cogiendo a su propia hija

    Finalmente, Valen término teniendo un gran orgasmo, y Dayana la coloco en el suelo del probador con delicadeza y se sacó su cinturonga.

    “¡bien, espero que hayas aprendido tu lección!” exclamo Dayana, mientras guardaba su juguete sexual dentro de su cartera

    “¡si, mami!” exclamo Valen, quien aun seguí agitada, y quien tenía toda la boca y la cara manchada con la saliva de Dayana

    “¡bien! ahora ponte los pantalones y acompáñame, que tu abuela nos está esperando. Y que ni se te ocurra decirle nada de esto a nadie, ni siquiera a tu hermano… ¡o ya verás!” exclamo ella, con una simpática sonrisa

    “¡si, mami!” respondió la hija, quien estaba asustada pero excitada

    Al salir del probador de ropa, madre e hija se reencontraron con Gladis, quien ya había elegido el modelo de cartera que más le gustaba, y Dayana le dio una propina al empleado por el buen servicio que este había brindado. Ya en la caja registradora, Gladis noto algo extraño en el cuello de Valen.

    “querida ¿Qué te paso en el cuello?” pregunto la señora, refiriéndose a las marcas que mordisco y de chupones que Dayana le había hecho

    “¡son marcas de insectos!” exclamo la milf, antes de que Valen pudiera responder “lo que pasa es que la pico un insecto y, como ella es alérgica, se le hizo un salpullido en el cuello ¿verdad?”

    “¡si, fue eso!” exclamo la hija

    “pero no te preocupes, mi niña porque, en cuanto volvamos a casa, mami te preparara su ungüento especial”

    “¡que madre tan dedicada!” pensó Gladis, quien se quedó sorprendida por el actual de su nuera

    Continuará.

  • La primera vez por el culo de Moni

    La primera vez por el culo de Moni

    Llevábamos ya saliendo como año y medio, experimentábamos muchas cosas y esta es la primera vez que Moni me dejo entrar en su culito.

    En ese tiempo mis padres tenían una casa de campo en donde yo organizaba fiestas muy seguido con mis amigos, un fin de semana nos organizamos comprando vino, cervezas, carne, fruta, etc. y nos la pasamos muy divertido, jugábamos cartas, domino, botella y muchas cosas más.

    Esa salida fue muy especial ya que pasaron algunas cosas diferentes a otras salidas, esto sucedió un sábado de diciembre de 1996 estuvimos platicando y quemando bombones en una fogata en el jardín de la casa, recuerdo que hacía mucho frio y que estábamos bebiendo tequila, un amigo contaba chistes y conforme alguien se sintiera cansado o medio borracho se iba a acostar a alguna de las dos recamaras que había en la casa.

    La casa era pequeña pero muy agradable, tenía su baño, sala, cocina y dos recamaras con literas, cuando se llenaban los cuartos el que no alcanzaba cama se dormía en la sala.

    La fiesta continuó y como a las 2:00 de la mañana Moni me dijo que ya estaba muy cansada y se fue a acostar, me dijo “te espero en la cama”, me dio un beso y se metió a la casa, algunas chicas ya se habían acostado antes y la mayoría de los hombres seguíamos platicando y tomando. En total había 7 parejas y algunos amigos y amigas que iban solos por lo que no alcanzaban las camas.

    Después de un rato de seguir bebiendo me sentía ya bastante cansado y deje a mis amigos en el jardín sin que mostraran ganas de terminar la fiesta, llegue a la recamara y vi algunas amigas que ya estaban dormidas en las literas de abajo, estaba muy oscuro hasta que vi que Moni estaba en la parte de arriba y me quite los zapatos sin hacer ruido.

    Me acosté junto a Moni y ella despertó. Me dio un beso y me dijo:

    -qué bueno que ya estás aquí.

    Nos acostamos en forma de cuchara y empezamos a platicar en voz muy baja para no despertar a mis amigas. Moni me empezó a pegar sus hermosas nalgas y yo comencé a besar su cuello, poco a poco empezamos a calentarnos mucho, Moni dándome su espalda me pegaba las nalgas y ponía mis manos en sus tetas para que le rozara los pezones, mi verga estaba bien parada y Moni la tocaba con su mano, estuvimos así algunos minutos hasta que le dije a Moni que me ayudara con su pantalón porque le iba a dar verga, ella respondió quitándose como pudo su pijama y me paso su calzoncito, yo lo metí en una bolsa de mis jeans, baje mi pantalón hasta las rodillas y como pude me puse un condón que traía en la cartera para disponerme a coger a mi mujer.

    Moni tenía ya totalmente mojada su conchita y se notaba inquieta porque la penetrara, en eso escuchamos que alguien entro al cuarto y tuvimos que hacernos los dormidos. Un amigo estaba buscando a su novia y era la chica que estaba en la litera debajo de nosotros. Mi amiga se despertó y se escuchaba la plática que tenían. Ella decía que todos estábamos dormidos y yo mientras estaba deseando a Moni que ya me pedía que se la metiera. Pude escuchar cuando mi amigo se acostó y después de unos minutos y para nuestra sorpresa escuchamos a Marisela que empezó a gemir muy bajito y la litera se empezó a mover muy despacio.

    Solo escuchaba “haaa” muy despacio y no lo podía creer. ¡Se estaban cogiendo a Mari en la litera de abajo! eso nos súper calentó, Moni se dio cuenta y me pego sus nalgas, no lo pensé más y comencé a darle verga a Moni, estaba bañada en flujo, no me costó nada de trabajo penetrarla y escuchaba los gemidos de mi mujer y los de mi amiga a lo lejos. Nosotros seguíamos en forma de cuchara para no mover mucho la cama pero mis amigos por más que trataban de disimular estaban haciendo más ruido. Moni me agarraba los huevos y yo los sentía todos batidos, estaba manoseando los muslos de mi mujer y muy despacio me estaba susurrando que no parara porque ya venía su venida.

    De pronto escuchamos como gemía más agitada mi amiga pues creo que se estaba viniendo y después se dejó de mover la cama. Moni seguía entrada en su venida y me susurraba “¡No pares!”. Yo estaba feliz con la cogida que me estaba dando mi mujer y me empezó a apretar los brazos, muy fuerte, en señal de que se estaba viniendo. Yo no tenía para cuando venirme pues Moni estaba tan mojada que no sentía casi fricción y comencé a abrazarla besándole al cuello. Moni paro de agitarse y aunque ya se había venido yo la notaba todavía muy caliente.

    Seguimos con besos muy tiernos y yo seguía dentro de su puchita, Moni comenzó a pegarse otra vez y a darse verga nuevamente, yo estaba extasiado y quería tener un orgasmo en sus nalgas. Nuestros amigos ya habían terminado su cogida y nosotros no teníamos para cuando. Después de algunos minutos en la misma posición Moni estaba tan caliente que me dijo ¡¡dame por el culo!!! Nunca me había dejado darle por el culo pues siempre que lo intentábamos la lastimaba y yo estaba feliz.

    Saque mi verga y Moni me saco el condón, guio la cabeza de mi verga con su mano y apuntaba a su culito, Moni estaba tan batida que el culo lo tenía mojado así que yo aproveche para situarme en su culito y ella se pegaba para que yo la penetrara, simplemente me quede atrás de ella y ella se lo comenzó a meter despacio, sentí como se abría y como me apretaba, Moni gemía muy despacio y yo preguntaba si estaba bien… Moni respondía “¡sí! ¡Duele un poco pero esta rico!” A los pocos minutos mi verga estaba casi totalmente adentro de su culito, yo estaba feliz, la sensación era deliciosa y por lo que veía Moni estaba gozando, por tanta presión que me hacía sentir su culo no pude aguantar mucho, a los pocos minutos le avise a Moni que ya sentía mi leche cerca, ella respondió “¡lléname! ¡No la saques!”. Yo obedecí y tuve un orgasmo delicioso adentro de Moni.

    Ya no me importo si nos escuchaban mis amigos pues creo que el que gimió en esa ocasión fui yo al venirme, estábamos todos sudados fue delicioso y después de un rato nos quedamos dormidos.

    En la mañana desperté como a las 11:00 a.m. el cuarto estaba vacío y mis amigos estaban afuera todos desayunando en el jardín, Moni estaba acostada de nalgas hacia mí y me calentó mucho, la desperté besándole las piernas, hasta que comencé a chuparle la pucha y Moni se puso súper caliente. Me dijo “¡ahora si cogeme como te gusta!”. Moni me saco el pantalón y yo la tome de las nalgas, le metí una almohada debajo de su culo y ella boca arriba y yo sobre ella con su piernas en los hombros le empecé a dar verga muy hondo, Moni estaba muy mojada, de la calentura que traía no use condón y le di verga rápido, moni estaba gimiendo fuerte y yo estaba diciéndole lo rica que estaba…

    -Te gusto mi culo? Te gusto? –decía Moni.

    -Si Moni esta riquísimo -le respondía todo agitado- Te gusta que te dé por el culo?

    -¡¡¡si me gusto!!! –decía ella.

    Yo estaba encuerado sobre Moni gimiendo fuerte y escuchamos la voz de una amiga que entro a la casa diciendo “¡voy al baño! ¡Que están haciendo he? Ya los escuche par de calientes”.

    Moni solo jalo una cobija y fingió que no pasaba nada, respondió:

    -¡ya vamos! ¡Nos acabamos de levantar!

    Mi amiga entro al baño y en eso nosotros no paramos de coger. Moni me decía:

    -métemela y no pares que ya voy a venir.

    Yo no podía parar, nuestra amiga salió del baño y nos gritó “¡Sigan cogiendo!” Y azoto la puerta.

    Moni se puso de nalgas en la cama y yo ya sentía mi leche cerca, Moni estaba grite y grite “¡haaaa! ¡haaaaa!”, hasta que se vino, yo no tarde más de tres minutos hasta que saque mi verga y me vine en sus nalgas.

    El cuarto olía a puro sexo, nos quedamos acostados unos minutos hasta que nos dio hambre y alcanzamos a nuestros amigos.

    Todos estaban desvelados y nadie nos dijo nada. Yo no supe cuando se acostaron los demás, un amigo comenzó a contar chistes y organizamos algunos juegos.

    Moni platico después con Marisela y ella le contó que nos habían escuchado coger, que se habían calentado mucho escuchándonos y que después de nuestra cogida, mi amigo le volvió a dar verga a Mari, dice que hicieron mucho ruido pero del cansancio yo no escuche nada.

    Moni le contó que nosotros también habíamos escuchado sus gemidos y que eso nos puso a mil, me hubiera encantado ver a mi amiga al momento que se la cogían ya que esta preciosa pero me conformaba con sus gemidos.

    Nunca volvimos a platicar acerca de esto pero fue una experiencia muy padre e inesperada, nunca lo planee y creo que ellos tampoco, al alcohol nos desinhibió un poco y fue un momento único.

    Yo sigo viendo a Marisela y a veces me masturbo recordando sus gemidos.

  • Le cumplí a la mujer del policía

    Le cumplí a la mujer del policía

    Hola gente este es mi relato, me paso hace poco. Un viernes me decido ir al boliche con amigos y al estar pasado de copas decido irme por mi cuenta a mi casa. Salgo caminando a buscar un taxi cuando decide parar una pareja en auto del cual tal pareja era una linda mujer de unos 40 años buen escote dejaba ver lindas tetas. Y un oficial de policía del cual salía de cumplir servicio. Muy amables se ofrecieron a llevarme y bueno me invitaron a tomar unas cervezas a las que accedí. Todo muy raro cuando me llevaban a un cerro alejado de la ciudad desde ese momento me di cuenta que se estaba calentando el ambiente. Ya que la mujer se bajó del auto a orinar se bajó la bombacha subió su pollerita y dejaba ver su conchita desde ya el marido me preguntaba “te gusta su conchita? Te la cogerías?” Me decía el poli. Obviamente yo pasado de copas envalentonado le digo que “siii”

    Es que se veía tan rica y suavecita esa conchita. una vez en el cerro y a la oscuridad la mujer sentada adelante con su marido desprendió su corpiño para dejarme ver ese par de tetas que me puso caliente a tal punto de estar con una súper erección incontrolable, desde ya el marido preguntando nuevamente y y ya con ella de frente “querés cogértela?? Mira cómo se toca!!!”. Y la mujer no podía controlar su tremenda calentura por lo tanto me pedía que le muestre mi verga dura. Accedí me baje el pantalón y el bóxer, cuando vio mi verga bien dura no se aguantó y se tiro al asiento de atrás y comenzó a mamarla con tanta locura que ufff como me calentaba!! Hace tiempo no me la chupaban tan bien. Y bueno el marido mirando en el asiento delantero como su mujer le chupaba la verga a otra persona más lo calentaba a tal punto de masturbarse.

    Y bueno corría con ventaja por suerte ya que tengo buen tamaño de verga. El policía (el marido) suplicaba que la coja a su mujer a la que accedimos le arranque la bombacha a pedido de ella subí su falda y se abalanzó arriba mío para ya penetrarla con una locura total era coger, coger y coger…

    Y yo al estar pasado de tragos se me suele demorar la eyaculación por lo tanto era escucharla gemir, gemir y ver como acababa cada 3 minutos un orgasmo. Y el marido mirando y masturbándose a dos manos, una vez a punto de acabarla saque mi verga para acabarla en la boca y créanme que tenía acumulado dios mío. La mujer bañada en leche sobre la boca y el rostro. Paso para adelante y muy feliz los dos obviamente se los veía.

    Si era su fantasía la cumplieron bien. Pero yo jamás me imagine que salido de un boliche me esperaba la excitante mujer del policía.

    Espero les haya gustado mi relato verdadero.

  • La intrusa: infidelidad lésbica con otra mujer

    La intrusa: infidelidad lésbica con otra mujer

    Todo comenzó con un intercambio estudiantil.

    Esperábamos recibir a una estudiante de 12 años a cambio de nuestro hijo por un tiempo de 8 meses, pero algo sucedió en el trámite y terminó llegando una jovencita desde Europa más grande, de 19 años.

    Cuando me enteré de esto, me preocupé un poco. Pero me dije a mi misma: tranquila, seguro sigue siendo una niña.

    El día llegó, mi esposo iba a ir por ella al aeropuerto, pero decidí acompañarlo.

    Mas vale – me dije.

    Al verla no pude evitar preocuparme aún más, ¡de niña ya no tenía nada! Era una mujer. Una mujer joven, delgada y atractiva. Me recordaba a mí cuando yo tenía su edad.

    Mi esposo y yo sonreímos al darle la bienvenida. Su nombre era Daniela.

    Mientras íbamos en el auto, no dejaba de pensar si le había gustado a mi esposo.

    Me sentía tan… celosa.

    Lo peor de todo es que la chica era realmente bonita: ojos azules, nariz respingada, cabello negro, piel blanca…no podría culpar a mi esposo por percibir su belleza.

    De pronto recordé que había leído en una revista que tenía el dentista en la sala de espera que las mujeres europeas eran más despiertas sexualmente y que iniciaban su vida sexual a muy temprana edad.

    Creo que me voy a desmayar – pensé dentro de mí.

    Muy a mi pesar, le dimos la bienvenida a nuestro hogar. Le mostramos su habitación y ella parecía sentirse cómoda estando con nosotros.

    Durante las primeras semanas ella se enfocó en sus estudios y nosotros en apoyarla en lo que fuera necesario.

    Los fines de semana ella llegaba tarde, pero era algo normal en las chicas de esa edad.

    Fuera de eso, todo transcurría de manera normal. Pero las cosas empezaron a cambiar.

    Un día pase por su cuarto y tenía la puerta entreabierta. Creía que no estaba.

    Al ver por la abertura, pude ver que se estaba peinando, pero no traía sostén.

    Pude ver su espalda y parte de su seno izquierdo. Me fui de ahí antes de que se diera cuenta de mi presencia.

    Qué raro, – pensé. Debería de ser más cuidadosa.

    Mi esposo y yo procurábamos no hacer ruido cuando nos entregábamos el uno al otro, para que no nos escuchará, pero esa noche pensé en lo que había visto y me facilitó estar humedita mi esposo me hacía suya. Su miembro resbalaba tan rico dentro de mí.

    En una ocasión en la noche pase por su cuarto y escuche lo que parecía ser como gemidos.

    Me acerque a la puerta con cuidado y sí, al parecer ella estaba gimiendo.

    Me quedé ahí parada en la puerta escuchándola. Me pareció algo muy erótico y sentí como me humedecí al imaginármela desnuda y acariciándose.

    Al regresar a mi cuarto, me sentía tan excitada que le pedí a mi esposo que me hiciera el amor. Mientras me tomaba por el culo y me penetraba no dejaba de pensar en Daniela ni en la forma en como gemía y esta vez fui yo la que estaba gimiendo delicioso.

    Al día siguiente pensaba mucho en ella, y en lo que pasó en las recámaras.

    Me pregunto si se toca seguido o de vez en cuando – pensé.

    Espero que no me haya escuchado, porque nuestra casa no es muy grande.

    Los días pasaban. Nunca le había sido infiel a mi esposo, mucho menos con una mujer.

    Pero por alguna razón, fantaseaba mucho con ella, lo cual me llevaba a tener orgasmos muy ricos a solas. Pero al final sabía que solo era una fantasía, que nada pasaría entre ella y yo.

    A menos que yo hiciera algo.

    Un día vi que se metió al baño y abrió la llave del agua. Estaba por ducharse.

    No sé qué me pasó pero me armé de valor, me desnude y entré a la regadera con ella.

    – Ella al verme se tapó los senos con sus brazos pero su vello púbico estaba al descubierto.

    Daniela me observaba asombrada.

    – Daniela, eh… solo quería decirte que eres muy bonita y yo… este… no, no me hagas caso.

    Creo que mejor me voy. Discúlpame.

    – Espera. – Me dijo tocándome el hombro. Bajo los brazos, quedando sus pechos al descubierto.

    – ¿Sabes? El otro día te escuche mientras disfrutabas con tu esposo. – Me comentó mientras se acerca a mí.

    – Que pena, debimos ser más cuidadosos. En esta casa todo se oye. – Le dije sonrojada.

    – Solo quería decirte que me agradó lo que escuché. – Me dijo sonriendo pícaramente.

    – ¿Te gusta mi cuerpo? – Me preguntó al tiempo que se acariciaba el pezón derecho.

    – Eh… si, eres muy guapa – Le respondí.

    – ¿Y si nos dejamos de juegos? – Me preguntó al tiempo que se hincaba ante mí

    Me tomo por los tobillos y se acercó a mi entrepierna.

    De pronto comencé a sentir sus besos en mi zona íntima. Mi piel se erizó al sentir sus labios.

    – No Daniela, no – Quería que se detuviera, pensaba que eso no debería de estar pasando, pero yo lo propicié, y es que en el fondo si quería que me hiciera suya.

    Daniela comenzó a combinar sus besos con su lengua y fue ahí cuando ya no pude resistirme más. Comencé a gemir y a gemir… muy fuerte y muy rico.

    Coloqué mi mano en su cabeza para indicarle que continuara. Que me estaba gustando su lengua ahí, en ese punto tan especial.

    Se puso de pie y comenzamos a besarnos apasionadamente mientras nos acariciábamos las nalgas y los senos.

    Después de aquel día comenzamos a tener encuentros sexuales casi a diario. En la ducha y en las camas.

    Todo parecía ir bien para mí. Durante al día disfrutaba del sexo con una linda chica y durante la noche con mi esposo.

    Pero aun así, no podía quitarme de la mente que mi esposo podría estarme engañando con ella.

    Un día me arme de valor y lo confronté.

    – ¿Te gusta Daniela verdad?

    – Eh, este… no

    – No mientas, ella es muy bonita y lo sabes.

    – Bueno, sí, es muy atractiva. Me dijo.

    – ¿Y serías capaz de engañarme con ella?

    – Eh, no – Me dijo mientras miraba hacia otro lado. Ahí fue cuando me di cuenta que algo había pasado entre ellos.

    – No mientas. – Le dije molesta.

    – Tienes razón… te he fallado, me siento muy mal. – Me dijo con voz entrecortada.

    – ¿Qué fue lo que pasó?

    – Un día tú estabas durmiendo. Yo estaba en el baño afeitándome cuando de pronto entró y se quitó la bata quedando completamente desnuda. Después se hinco y comenzó a acariciarme con sus manos y su boca.

    Quería que se detuviera pero me sedujo con sus caricias. Poco después se dio la vuelta y se inclinó hacia adelante. Me acerque a ella por detrás y…

    – Si, entiendo, ya no sigas.

    – ¿Fue la única vez que lo hicieron?

    – No, después pasamos a la regadera y lo hicimos varias veces más.

    Estaba muy molesta y a punto de decirle hasta de lo que se iba a morir cuando recordé que yo había hecho exactamente lo mismo con ella.

    No me quedó otra opción que confesarle todo.

    – Yo también te he fallado… con ella.

    – ¿Con Daniela? – Pero… ella es mujer – Me replicó

    – Si, lo sé. Lo peor es que yo propicié todo al meterme con ella desnuda en la ducha.

    Decidimos pedirle amablemente que se fuera de nuestra casa y así lo hizo a la mañana siguiente.

    Tratamos de continuar con nuestras vidas como si nada hubiera pasado pero… ya fue muy difícil.

    No supimos como procesar la experiencia y a los seis meses nos separamos.

    FIN

  • La amiga de mamá

    La amiga de mamá

    Buenos días, vengo a contarles otra de mis aventuras sexuales, esta vez con una amiga de mamá.

    Desde pequeño yo siempre he visto que tiene un buen cuerpo, y ahora que soy mayor ella sigue conservando ese cuerpo exquisito que se antoja, aún a pesar de sus 70 años; ella ha comentado a mi madre en más de una ocasión que no duerme más con su esposo, así que debe tener sus necesidades sexuales. La historia empieza así:

    Un día al llegar del trabajo mi mamá me dice que le hablo Tere preguntando por mí, que ya que comiera y descansara podía ir a su casa quería una consulta contable; yo de mala gana acepté porque en ocasiones me pedía ayuda y solo me daba las gracias, sin embargo no dije nada puesto que el señor es todo lo contrario y siempre ha sido muy amable y me ha pagado mis servicios. Pues total a media tarde me dirigí a la casa de la amiga, me recibe ella y vaya manera de recibirme: un shortcito pegado al cuerpo que dejaba ver unas buenas piernas y quizá sin ropa interior por lo que podía observar, y una blusa sin manga y con un escote de infarto.

    Empezamos a platicar de su problema, me ofreció fruta y entre la plática se inclinaba para darme papeles y me dejaba ver sus senos pues no traía sostén, empezó “accidentalmente” a tocarme las manos cuando me daba los papeles, en determinado momento se cambió de sofá para estar más cerca, cosa que aproveche para entre la plática, rozar sus piernas, sus manos y en ocasiones sus senos los cuales empezaron a reaccionar dejando ver unos grandes pezones, momento en el cual mi verga empezó a despertar y a marcarse en mi pantalón, lo cual no pasó desapercibido para Tere pues empezó a reír con una mezcla entre nervios y excitación, y en ese momento fingiendo un calambre me sube una de sus piernas a mis piernas, pidiéndome que le diera masaje para que se le quitara, y yo que para entonces estaba bastante excitado le empecé a masajear su pierna aprovechando para tocarle más arriba de la rodilla llegando casi a su entrepierna. Viendo que estaba excitada le dije que podía subir su otra pierna para darle masaje también; al hacer ese movimiento sus nalgas quedaron justo encima de mi verga haciendo que soltara un suspiro, el cual debe haber escuchado pues cada oportunidad que tenia se movía haciendo que se pusiera dura, en ese momento no pudiendo más con mi excitación le metí la mano completamente en su entrepierna masajeando por encima del short mientras chupaba su pezón por encima de su blusa, a lo cual no puso resistencia sino qué pasó a un estado de éxtasis total, no importándole que nos escucharan las personas que pasaban por la calle empezó a gemir más y más fuerte, en ese momento le arranqué la blusa de un tirón, agarre ambos pechos y los chupaba haciendo que ella alcanzara un orgasmo. Agarrados de la mano subimos hasta su habitación y yo no pudiendo resistir más me quite mi pantalón y en plena escalera me hizo una deliciosa mamada estallando a los pocos segundos y descargando sobre su cara gran cantidad de semen.

    Llegamos a su cuarto, la tumbe boca arriba en la cama y le quite su short, confirmando que no llevaba bragas, le chupe su vagina, la cual a pesar de la edad estaba bien lubricada, fluía gran cantidad de jugos los cuales limpié con mi lengua, al término de lo cual me pedía que la penetrara a lo cual accedí inmediatamente, colocando mi verga a la entrada de la vagina de un tirón la penetre soltando un gemido fuerte, empecé a bombear haciendo que ella se corriera y a los pocos minutos me corrí también llenando su vagina de semen, abrazados nos dimos un beso largo, así duramos buen rato hasta que sonó su teléfono, era su esposo que había llegado del rancho que fuera por él. Se metió a bañar, le enjabone el cuerpo, me volvió a hacer sexo oral y se comió todo mi semen, salimos, me cambié y regrese a casa, no sin antes prometer que nos daríamos una escapada para repetir esa experiencia; me pregunto que si conocía a alguien que cociera, le dije que sí y quede de llevársela pronto (mi novia además sabe coser). Al salir recibí una llamada de mi novia madura, que me invitaba a cenar y que si podía dormir con ella pues tenía miedo.

  • Julio, mi jefe y amante

    Julio, mi jefe y amante

    Hola, soy María, espero les guste algunas historias que me han sucedido, a mi marido le encanta el saber de mis infidelidades, a ver qué opinan ustedes.

    Soy una chica morena de cabellos castaños, mis senos son normales ni grandes ni pequeños, tengo una cintura pequeña y lo que más les llama la atención a los hombres son mis nalgas y mis piernas, me cuido mucho de conservarlas duras y en forma.

    Todo empezó al cumplir yo los 18 años, ese día hable con mi padre y le pedí que me consiguiera un trabajo para tener para mis gastos y comprarme mis cosas, creo que ese es el sueño de todos, mi padre me prometió que hablaría con algunos de sus amigos para ver si alguno de ellos me aceptaba en alguna de sus empresas, me dijo que los llamaría y les pediría ese favor.

    A todo esto mi padre es un conocido cirujano y tiene un círculo de amigos de lo más exclusivo así que el conseguirme trabajo no sería un problema para él.

    A las dos semanas me llamo un día a casa y me dijo, “vente a mi consultorio que he quedado en ir a comer con un amigo de los que te hable él tiene una empresa dedicada al sector inmobiliario”.

    —Ok papi voy volando para allá —contesté.

    Al llegar me presento a dicho amigo su nombre era Julio, era un hombre de unos 54 años de pelo cano y de 1.78 de estatura, no era muy atlético pues tenía una barriga un poco prominente, eso sí vestía pulcramente y se notaba que era muy educado y amable. De inmediato me trato como a una hija y me dijo que me ayudaría en lo que pudiese y que si yo quería empezaría de inmediato a trabajar con él.

    Yo estaba en las nubes de un momento a otro tenia trabajo y el sueldo que me prometió era muy bueno para una chica de mi edad era magnifico.

    Empecé a trabajar con él y todo iba de maravillas, los compañeros eran excelentes y de inmediato me hice de amigos, Julio era muy bueno yo lo trataba con respeto por su edad, le decía Don Julio a lo que él siempre se reía y me decía “no me digas don que parece que tratases con tu abuelo”, yo le contestaba que no podía decirle de otra manera pues le respetaba mucho y no podía tutearlo, él se volteaba y se iba caminando a su oficina riéndose.

    Por esa época conocí a Luis y comenzamos a salir, luego nos hicimos novios y viví uno de los años más maravillosos, tenía un novio guapo y un trabajo en el que me sentía valorada y querida por todos, luego de unos 3 años decidimos casarnos. Al principio mis padres y los de Luis se oponían pero luego lo aceptaron, Don Julio se puso muy triste y me decía que no sea tonta y que disfrute mi juventud, creo que al final me case con Luis por capricho, bueno esa es otra historia.

    Al casarnos las cosas cambiaron, las responsabilidades se hicieron enormes y lo que ganaba Luis no era mucho, y lo mío no alcanzaba para mantener la casa, así que siempre estábamos pidiéndole dinero prestado a nuestros padres o adelantos en mi trabajo, creo que ese fue el error que nos llevó a vivir todo lo que vivimos después.

    Luis se acostumbró a que yo llevase el dinero a casa y poco a poco Don Julio comenzó a darse cuenta de mis necesidades, el como siempre se portaba de maravillas, si había que adelantarme el sueldo lo hacía sin decir nada, cosa que hacíamos casi todos los meses pues no llegábamos a fin de mes. Yo le pedía a mi marido el que se buscase otro trabajo pero era muy difícil pues por esa época estaba estudiando así que no podía conseguir algo bueno.

    Además siempre bromeaba y me decía “pídele a tu viejito que te adelante algo de dinero” y se reía, yo poco a poco me iba cansando de esto. Pero siempre llegábamos a lo mismo.

    Hasta que un día paso algo que no esperábamos, nos llegó una carta del banco pidiéndonos el pago de una deuda contraída hace algunos meses y que si no la pagábamos en el transcurso de la semana nos embargarían. Luis me espero con la noticia estaba nervioso y no sabía qué hacer, me dijo que era demasiado dinero pues los intereses se habían triplicado y que no podríamos pagar, hasta que me miro y me dice, “amor vas a tener que pedirle al viejo de tu jefe, es la única solución sino estamos muertos” yo al principio me negué pues la cifra era más de lo que nunca me habían adelantado, pero al final comprendí que no había otra salida.

    Así que al día siguiente al salir a trabajar trate de calmar a mi marido, no te preocupes, le dije, si logro que me preste te llamo y te tranquilizo, me dio un beso y se quedó ahí de pie con la mirada asustada.

    Llegue a la oficina y tenía muchísima vergüenza de abordar a mi jefe así que me quede en mi escritorio todo el día ni salí a tomar un café ni nada, todos los chicos salieron al refrigerio y yo me quede sola pensando en cómo decírselo, no paso mucho tiempo hasta que don Julio salió de su oficina y como cada mañana se acercó a mí y me pregunto qué tal estaban las cosas,” no muy bien” le conteste, me miro y me pidió que le acompañara a su oficina, me senté y le conté lo del embargo y todas esas cosas, empezó a decirme muchas cosas, yo de la vergüenza casi ni le escuchaba, al final se me aproximo me tomo de los hombros y me dijo:

    —María yo te quiero muchísimo y no quiero que sufras, cuenta con ese dinero te quiero mucho para verte sufrir así.

    —Gracias —le conteste, me sentía avergonzada de todo esto.

    —Mira es muy tarde para sacar dinero del banco así que vamos a hacer una cosa, al salir del trabajo me esperas y nos vamos a mi casa ahí saco el dinero y te lo doy así mañana temprano lo depositas y asunto arreglado.

    En ese momento me sentí más tranquila,

    —Ok don Julio a la salida lo espero no se preocupe por la hora tárdese lo que necesite, tengo mucho tiempo.

    Llame a Luis y le conté lo sucedido, se alegró “ya ves eres una tonta ese viejo es como nuestro banco” dijo y se rio, yo me sentí mal, pero bueno quedamos en que más tarde lo llamaría cuando tuviese el dinero en las manos.

    Pasaron las horas y al fin Don Julio salió de la oficina.

    —Perdóname hija —me dijo— se me paso el tiempo volando es muy tarde, no te preocupes que nos vamos a casa y te doy el dinero.

    Salimos del edificio y nos dirigimos a su coche, salimos hacia su casa, luego de conducir por un rato me miro y me dice:

    —María no se tu pero yo me muero de hambre, porque no me dejas que te invite a cenar y luego ya te doy eso.

    Me fastidio un poco pues estaba apurada pero no tenía otra opción ese hombre estaba a punto de salvarnos de un embargo dándonos una cantidad de dinero que no nos lo prestaría nadie ni siquiera nuestros padres los cuales ya estaban cansados de darnos esas ayudas.

    —como usted quiera conteste.

    —perfecto, conozco un sitio donde hacen una comida deliciosa.

    El restaurante era de primera un sitio hermoso, me sentía rara en un sitio así con alguien que no era mi marido, además él no se podía dar el gusto de pagarme una cena en un sitio así.

    Antes de cenar le pedí que me dejase el ir al servicio, dentro de este llame a Luis.

    “Hola, mira amor estoy con Don Julio y con la gente del trabajo, resulta que nos invitó a cenar y vamos a demorar un poquito”, yo misma me sorprendí al escucharme decir esa mentira, pensé que no le gustaría el saber que estaba a solas con mi jefe cenando a la luz de las velas.

    Su respuesta fue “ya te dio el dinero”.

    “No todavía no me lo da creo que al terminar la cena vamos a ir con Carla (la otra secretaria a su casa y me lo da, luego con ella nos vamos a acompañar” volví a mentir.

    “Ok amor te espero” dijo Luis.

    Regrese a la mesa, él ya había pedido.

    —disculpa que haya pedido por ti —me dijo yo sonreí en verdad me hubiera puesto en un aprieto eran platos raros y no hubiese sabido que pedir.

    La cena fue encantadora, a pesar de trabajar tanto tiempo con él nunca nos habíamos puesto a conversar como esa noche, me sentía muy bien en compañía de él, y el al final la cena me confeso que lo había pasado de maravillas conmigo, era ya un poco tarde casi las 11pm y fuimos a casa de él. Era una mansión lindísima, grandes jardines y muy bien cuidada, entramos me condujo al salón, era hermoso unos muebles comodísimos y bellos la decoración era de primera, le dije que me encantaba su casa, me miro y me dijo:

    —algún día tendrás una casa así estoy seguro de eso eres una chica muy emprendedora y tu belleza te abrirá mil puertas. Ahora discúlpame un momento te voy a servir una copa de vino y me iré a mi habitación a sacar este traje, busco tu dinero y te lo traigo, es que estoy muy incómodo con la corbata y todo esto.

    Me quede sola por unos minutos la verdad es que ya me estaba poniendo nerviosa era tarde y Luis seguramente estaría intranquilo. Estaba pensando en esto cuando sentí que Don Julio entraba en la habitación, estaba vestido de una forma más casual, me extraño pues siempre lo había visto de traje y ahora lo veía como una persona normal con la que te cruzas en la calle.

    Me entrego un sobre con el dinero que le había pedido, lo tome y solo me quedo decirle

    —gracias don Julio no sé qué haría sin usted.

    —no seas tonta no me agradezcas nada, el verte tranquila es mi felicidad —dijo el— Antes de irte tomemos una copa más de vino.

    —es muy tarde, mi marido debe de estar nervioso, le dije que llegaría temprano y son casi las 12 PM.

    Se quedó mirándome y me dijo:

    —María solo te pido que te quedes un momento tomamos un par de copas y si quieres yo mismo te llevo a tu casa.

    A regañadientes y fingiendo tranquilidad acepte. Comenzamos a beber al final se nos pasó la hora y eran ya casi la 1am, todo este tiempo él estaba sentado al frente mío yo solo miraba el reloj disimuladamente y el no paraba de hablar, en una de esas le dije:

    —Mire don Julio me tengo que ir si no voy a tener un problema en casa.

    Entonces me dijo algo que me dejo sin repuesta…

    —María te voy a proponer algo, no quiero que lo tomes a mal si no quieres no pasa nada, sé que este dinero no me lo vas a poder pagar además aunque lo hagas siempre me tendrás que seguir pidiendo adelantos y no está bien visto en la oficina que lo haga, el trato que te propongo es el siguiente, si te quedas esta noche conmigo acá en casa te regalo el dinero, prometo no hacer nada malo solo quiero el conversar con alguien hace mucho que nadie me escucha ni sale conmigo como hoy día hemos hecho tu y yo, el dinero no es nada para mí, en cambio tu amistad es mi tesoro.

    No supe que decir, pero me acorde de las deudas y de los malos momentos que pasábamos en casa, además él no me pedía nada malo solo quería un poco de compañía.

    —Dime que sí, no seas malita —decía como un niño en busca de un dulce que no le quieren dar— anda di que sí te prometo que lo pasaremos bien tengo mil cosas que contarte.

    Sin más y después de pensarlo fríamente saque de mi bolso el teléfono llame a casa me contesto Luis “que pasa que no vienes” no pasa nada conteste. “ya tienes el dinero o no”, “si ya lo tengo, me dio la cantidad que necesitamos”. Don Julio escuchaba atento la conversación. “qué bueno de buena nos sacó el viejo, vente para acá entonces ya” dijo Luis. “Sabes una cosa es muy tarde y me da miedo el salir a la calle a buscar un taxi ahora estoy en casa de Carla y creo que me voy a quedar a dormir con ella, mañana temprano me paso por el banco y en la tarde voy a casa”.

    Al decir esto vi la cara de Don Julio era de alegría y satisfacción, me sentí mal al mentir otra vez a mi marido. Luis comenzó a gritarme cosas pero luego se tranquilizó, “cuidado con salir por ahí con esa tonta de tu amiga” me dijo y colgó.

    Guarde el teléfono y Don Julio se puso feliz, ya verás lo bien que lo pasamos, hace mucho que no tenía compañía acá en casa, más tarde te acomodo en una habitación dijo el

    Empezamos a conversar de cosas del trabajo y poco a poco fuimos hablando de cosas más personales.

    En un momento se quedó mirándome y me dijo:

    —María te podría dar un beso, solo uno.

    —Creo que eso no está bien además usted prometió el no pasarse conmigo —conteste, me puse de pie y le puse el dinero en la mesa, en ese momento tuve ganas de mandarlo al demonio, me sentí como comprada por él— discúlpeme no volveré a pedirle nada —le dije mientras me dirigía a la puerta, él no me dejo ni andar 5 pasos me tomo de un brazo y me dijo:

    —por favor no lo dejes esto no tiene nada que ver —me miro profundamente y musito— no me hagas sentir mal perdóname no te volveré a pedir nada. —Se sentó puso las manos en su cabeza y empezó a llorar— soy un estúpido decía sin parar.

    Al verlo así me dio pena, era solo un viejo solitario falto de cariño. Me senté a su lado y le acaricie la cabeza la no paraba de llorar.

    —Mira —le dije tuteándolo por primera vez en mi vida— déjate de llorar que no se ve bien en un hombre como tú. —Él no podía dejar de hacerlo entonces levante su cara con mis manos le limpie las lágrimas y le dije— si te doy un beso dejaras de llorar. —El asintió con la cabeza.

    —Si me das un beso me harás el hombre más feliz del mundo.

    Aproxime mis labios a los suyos y le bese, fue un beso largo y tierno, ahí estaba yo besándome con un hombre de 54 años casi 30 años mayor que yo. Nos quedamos así un momento .entonces el levanto una de sus manos me tomo por la cabeza y me atrajo nuevamente hacia él.

    —Solo un beso —dije.

    —Dame uno más —contesto

    Me beso otra vez esta vez el dominaba la situación, lentamente introdujo su lengua en mi boca, yo solo atinaba a recibir sus beso, saque mi lengua y se la puse en la boca, esto lo excito muchísimo sentí como se ponía a mil, sin querer baje una de mis manos hasta su abdomen y sentí que me encontraba con un bulto enorme que subía desde su entrepierna, él se sintió un poco avergonzado al ver que descubría su erección “hace mucho que no beso a una chica tan bella como tú” yo solo atine a mirar su bulto, era impresionante, pensé que el pantalón le iba a explotar.

    Me quede así con mi mano en su abdomen besándolo largamente, me estaba excitando y la situación se me estaba escapando de las manos, la idea de ser follada por un viejo me ponía caliente.

    El continuaba chupando mi lengua sin parar, puso la boca al lado de mis orejas y las empezó a morder y besar muy lentamente, me daba pequeños mordiscos en los lóbulos de mis orejas, yo sentía que una corriente de electricidad me pasaba por el cuerpo, no sabía qué hacer, quería parar eso pero la verdad es que me sentía muy bien.

    Sentí que sus manos empezaban a tocarme muy suavemente, con muchísimo cuidado abrió los botones de la blusa, me los desabotono uno a uno hasta que me quede solo con el sujetador, en este momento yo ya estaba casi recostada encima del sofá y solo dejaba que el haga lo que le venía en gana, él se dio cuenta de esto y de mi sumisión pues sin perder tiempo quito el broche delantero del sostén y mis senos saltaron hacia adelante, tenía los pezones duros y parados, se volvió loco me comenzó a chupar las tetas de una forma salvaje. Tomaba los dos senos con sus manos y los juntaba tratando de hacer que los pezones estuviesen una al lado del otro y así comenzaba a pasar la lengua por los dos de un solo lengüetazo me mojaba los dos pezones. Yo solo podía hacerle cariño en entre sus cabellos.

    Tenía las tetas rojas de tanto que me las chupaba, entonces puse una de mis manos en su paquete , él se quedó quieto me miro y me dio un respiro, se quedó esperando el que yo actuara, cosa que hice de inmediato, desabroche sus pantalones él se puso de pie frente a mí para que se los sacara, al bajárselos quedo marcado su bulto enorme detrás de sus calzoncillos, los tome por el borde y se los baje, ante mi quedo algo digno de ser visto, era un pene de dimensiones increíbles, de largo tenía casi 18cm pienso yo, pero lo increíble era lo gruesa de la polla de este viejo, además al estar totalmente erecta me dejo impresionada, mi marido la tiene grande pero este la tenía casi el doble de gruesa, él se quedó de pie y yo así sentada como estaba introduje con dificultad su pene en mi boca, al principio le daba pequeñas lamidas al glande él se retorcía de placer, luego de darle algunos pasaditas de lengua me lo metí hasta la mitad, tuve que abrir toda la boca pues no me entraba, solo me quedo moverme rítmicamente para pajearlo con mis labios, el muy cabron me tomo de los cabellos y empezó a empujar hacia adentro me tenía atrapada entre su enorme pija y sus manos.

    —eres maravillosa, déjame correrme un tu boquita —decía jadeando.

    Yo continuaba y sentía como poco a poco las venas del pene se hinchaban cada vez más, los huevos que eran gordos y negros estaban recogidos en la base, estaba un buen ratio así hasta que sentí que se convulsionaba, me comenzó a follar de una manera frenética la boca, no paso mucho hasta que sentí como le salía chorros de semen de la polla, no me moví, comencé a tragársela toda, el casi estaba tambaleando frente a mí, lo ayude a sentarse y comencé a limpiarle con la lengua hasta la última gota de leche enseguida me puse encima de él y le bese “te quiero María, quiero que seas mi mujer para siempre” dijo mirándome fijamente.

    —Eso no puede ser estoy casada y quiero a Luis —conteste.

    Se puso de pie me tomo en sus brazos y sin decir nada me llevo hasta su dormitorio, me deposito en la cama y sin más me quito el vestido, me quede solo con las bragas puestas, yo que creía que este viejito me iba a aguantar solo un polvo estaba ahí otra vez con la polla parada metiendo su lengua por entra mis piernas, solo mis bragas le separaban de mi sexo, el pasaba la lengua por encima de la tela a la altura de mi vagina esta sensación me hacía botar una cantidad tremenda de líquido pre seminal de mi orificio, tenía las bragas mojadas a causa de eso, el continuaba friccionando, no podía esperar más con una mano puse a un lado las bragas y con la otra le aproxime la cabeza a mi sexo el metió la lengua ahí y creo que a los 10 segundos tuve un primer orgasmo me quede tumbada en la cama disfrutando de esa chupada de vagina, el muy cabron me saco la ropa interior y me levanto un poco las piernas. Ante el quedo mi vagina totalmente lubricada y un poquito más abajo mi ano, el pasaba la lengua por los dos me metía una vez adelante y otra atrás, cuando metía la lengua en el culo trataba de abrirse paso hacia el fondo eso me excitaba demasiado, no me acuerdo pero creo que volví a venirme así.

    Julio no se apuraba, total tenía toda la noche para follarme como quisiera, estuvo chupándome mis orificios un buen momento luego se puso a mi altura y sin dejar de mirarme me dijo.

    —María, quiero hacerte el amor, quieres tu hacerlo —imagínense me había comido toda me había llenado de leche la boca y me preguntaba como un caballero si me podía follar, solo me quedo darle un beso y decirle “quiero que me la metas y que me lo hagas toda la noche, no pares”.

    Me volvió a besar y se puso en posición para poder introducirme esa enorme cosa dentro mío, tome con una mano su miembro y lo guie hasta la puerta de la vagina ahí me la restregué un par de veces para que su miembro supiese donde iba a entrar puse mi mano alrededor de su polla y solo deje que me meta la punta, “ahhh que rica hembra eres, que apretadita la tienes” “tu marido la tiene pequeña” decirme esto le excitaba, solté su miembro y sentí como me lo metía hasta la mitad.

    —Despacio no me lo metas de golpe, me puedes hacer daño.

    —Si mi amor lo que tú digas despacito me voy a comer tu conchita, está muy chiquita se nota que no te la han comido bien, eres una putita falta de verga —decía.

    Estas palabras me ponían a mil  él no se cortaba, poco a poco me la fue metiendo hasta que no quedo un cm. Fuera de mí, ahí empezó a moverse rítmicamente, me sentía en las nubes era una verga riquísima nos dimos la vuelta y quede yo encima, así podía controlar los movimientos comencé a subir y bajar por su pene, cada vez que entraba sentía como las paredes de la vagina se habrían a su paso, a pesar de que Luis me follaba mucho y bien esta verga sentía alguna molestia pues el viejito la tenía más grande de lo normal, continué así, subía y bajaba, luego de unos minutos comencé a follar más rápidamente, sentí que iba a tener otro orgasmo, me moje y me quede un poco mareada encima de ese potro, en cambio el no terminaba quería más y más ahí quizás tuve muchos orgasmos más pues perdí la noción del tiempo y de todo, a partir de ese momento Julio me hizo muchísimas poses, poses que nunca me habían hecho gemía como un animal y cada vez me embestía con más fuerza , la polla estaba hinchada y dura, me puso debajo y me cabalgo a mil por hora, “por favor no termines dentro que me puedes embarazar” le dije. El muy cabron no me escuchaba, te voy a llenar la concha de leche amor gritaba, quiero dejarte mi leche dentro. “no, no dentro no te mojes”.

    No había terminado de decir esto cuando sentí litros de leche dentro era como un caballo orinando dentro mío, “ojala tuvieses un hijo mío, te amo chiquita”.

    Nos quedamos así echados uno al lado del otro, nos duchamos juntos y me follo otra vez en la ducha, luego tuve que suplicarle el dejarme dormir, “tenemos que trabajar mañana” le dije, él sonrió “María yo soy el dueño, mañana nos quedamos durmiendo acá hasta tarde luego vas al banco y después te dejo en tu casa, no se diga más mañana nos tomamos el día libre” me quede dormida más tranquila.

    Al día siguiente me despertó chupándome el culo me sobresalte y me quede quieta haciéndome la dormida, el muy cabron seguía lamiéndome el ano sin parar, con sus manos me masajeaba las nalgas y me daba pequeños mordiscos en ella, otra vez su lengua dentro de mí, no podía más tenia temblores por todos lado , sentí como se paraba se iba a buscar algo y regreso se acostó otra vez a mi lado y con sus dedos me sobaba los pliegues del culo me estaba lubricando para follarme por atrás.

    —Que haces —le dije sin mirarlo.

    —te voy a comer ese culo precioso que tienes, no puedo dejar que te vayas sin que te lo coma.

    La verdad que me gustó la idea, no le dije nada solo apreté mis nalgas contra su cosota, el me tomo con sus manos me puso donde pensaba que era el mejor sitio y sin más me coloco la punta de la polla en la puerta del culo hizo un poco de presión y me la metió me agarre de la cama y grite “ayyy, me vas a matar chiquito”, le dije, el ya no hablaba solo estaba concentrado en comerme.

    Otra embestida y tenía ya casi todo dentro, el anillo del culo lo tenía alrededor de su vergota, el viejo en verdad era un toro me imagino que si me pasaba un par de días con él hubiese terminado embarazada y culeada para un largo tiempo.

    Comenzó a bombear entraba y salía de mi como un sádico se puso de lado y con las manos me estrujaba las tetas su miembro no tenía problemas en entrar y salir detrás por momentos lo sacaba y lo metía en la vagina para de inmediato regresar al culo, me corrí de inmediato, él me tuvo así casi 20 minutos luego después de casi haberme destrozado el culo se corrió en lo más recóndito de mí, ni me la saco se quedó así abrazado a mi besándome y diciéndome cuanto había deseado esto.

    Al final de la mañana fuimos al banco y luego me llevo a casa, me dio un beso y me dijo que me amaba y que quería repetirlo pronto, entre a casa y me duche al rato llego Luis y follamos como hace mucho no lo hacíamos, le conté lo sucedido y se excito mucho lo hicimos varias veces esa tarde, esa semana fue de mucho sexo, creo que el imaginarme follada por ese viejo le ponía a cien por hora, después de esto no volvimos a tener problemas económicos durante casi 4 años Julio nos dio lo que necesitábamos y ya me encargaba yo de pagarle. Luego Luis encontró un buen trabajo y yo renuncie al mío, eso si nunca deje de ver a Julio es más, creo que nunca lo dejare de ver.

  • Cogiéndome al macho de mi madre, Un potro rubio

    Cogiéndome al macho de mi madre, Un potro rubio

    Aquellas primeras experiencias eróticas y después sexuales con mi madre, las que habíamos vivido en Cabo Frio, Brasil, fueron alimentándose con el tiempo con sus relatos, mientras disfrutábamos de aquel sexo ardiente y a veces violento bajo aquellas sábanas, las que fueron testigos de nuestros largos orgasmos junto y frente a los espejos que reflejaban el provocado incesto. Mi madre me relataba —mientras me iba provocando, masturbándome y dejando que sus pezones se excitaran sobre mi pecho— con sus variados relatos de aventuras, de los encuentros con sus amantes, —que por cierto no fueron pocos—; uno de ellos fue Mingo, un pendejo de treinta años mientras ella disfrutaba de sus eróticos cuarenta y pocos.

    Ella y yo habíamos comenzado aquel incesto después que la había descubierto justamente una tarde muy temprano al volver de la facultad; al entrar en casa el silencio era demasiado sospechoso y escuchando apenas murmullos desde mi dormitorio, me fui acercando silenciando mis pasos. Si bien después ella me contaría como había comenzado su romance con Mingo, como después con otros pendejos, esa tarde descubrí el encanto pornográfico, el de mi madre con Mingo sobre mi cama —eso me excito aún más—. (Laura su verdadero nombre, aunque yo la bauticé “Xochi” —cual la diosa del placer, y del erotismo de la cultura azteca—.

    Desnuda con sus lozanas lolas erguidas, con esos pezones rozado y erectos, los que rozaba suavemente sobre los rubios vellos de las piernas de su amante, apenas con una tanga negra escondía su depilado bajo vientre, pero las formas de sus caderas quedaban a mis ojos al igual que su boca, la que se atragantaba con la tiesa y venosa pija de Mingo dejando caer su saliva, la que corría entre sus lolas. Yo comencé a sentir que esa imagen estaba provocando una erección bajo mi bóxer, la que tuve que sostener y apretar para acabar hasta que mi semen afloró descubriéndose en mi pantalón con una tremenda mancha expuesta.

    No solo me excitaba ver desnuda a mi madre y en su pose de perra ardida, sino como cerraba y revoleaba sus ojos provocando y disfrutando con su amante, hasta que este, echando su cabeza hacia atrás, comenzó a acabar dentro de la garganta de esa puta; el gemido de Mingo fue otro gemido en mi madre al sentir que su boca y su garganta se llenaban de esa leche y aún más en mí, al ver como ella dejaba caer otra vez desde sus labios —que sostenían todavía esa erección—, ahora mezclada su saliva tanto semen que parecía nunca acabar de salir de aquella boca.

    ¡Yo volvía a acabar!, pero esta vez pajeándome con mi mano. Descubría que no solo me estaba calentado con la escena, descubriendo a mi madre como una puta, sino que me calentaba e incitaba también el cuerpo desnudo de Mingo; tuve esa primera sensación homosexual, ¿por qué negarlo?

    Si bien como dije, mi madre después y con el tiempo no solo me iba relatando sus aventuras hasta ser también un juguete para nuestra lujuria; íbamos compartiendo secretos callados a voces y cuantas veces me atreví a descubrirla y espiarla en otras aventuras en nuestra casa, en las playas durante nuestras vacaciones, con sus cómplices amigas en casa de estas o bien, en otra ocasión viéndola salir del “telo” (albergue transitorio) con este amante, su macho oficial, Mingo. También como dije, él me provocó la primera sensación homosexual y tenía que descubrirla en mi propia piel; así que me dispuse a ello; si mi madre era una puta tenía yo que descubrir que era esa sensación.

    Como Mingo era hermano de Mena, esa amiga cómplice que tenía mi madre y que al fin fuera quien le había confesado que su hermano la deseaba, provocando esa primera relación prohibida de mi madre.

    Cuando mi madre comenzó con ese peligroso juego erótico y sexual, me llevó a provocar en una oportunidad, al amante de mi madre en el vestuario del club que frecuentábamos.

    No desaproveché la oportunidad cuando se dio la ocasión, los vestuarios que compartían la misma enfermería que los comunicaba, dejó que se escuchara que mi madre y Mena estaban también del otro lado; Mingo atravesó la enfermería hacia el vestuario de mujeres, pero volvió de inmediato, a lo cual le noté la tremenda erección debajo de la zunga que traía y apenas cubriendo su buen físico ¡tremendo lomo tiene ese guacho!; cuando me vio, me confesó y tuvimos esa primera franqueza; cuando me dijo —¡Cómo me calienta tu madre! Yo ni corto ni perezoso le contesté —se te nota en la zunga hijo de puta—.

    Él sin más, bajando apenas el elástico de esa negra zunga dejó que su erección saltara revotando entre sus rubios vellos enrulados.

    Al ver la calentura que le había provocado mi madre, le pregunté ¿Hace mucho que te la coges? me miró sonriendo mientras se acercó a mi oído y mientras me decía que hacía un par de meses, su pija rozo mi mano; fue instintivo el impulso que tuve, cuando tomé con mis manos esa erección, esa pija que se cogía a mi madre y que ahora sentía dura y caliente para mí.

    Mingo me miró a los ojos, yo sin soltarlo me fui arrodillando —como lo hacía mi madre— delante de ese mismo «potro», rozando mi cara contra su pecho hasta que mi boca encontró esa erección, levanté mis ojos para mirarlo y mientras él también me miraba, me dijo —cómetela como se la come tu mami— más me calentó, y dejé que esa pija llegara a mi garganta entrando y saliendo, mientras no soltándola con mis manos, le practicaba tremenda paja con mis labios.

    Mingo me agarró de la cabeza mientras yo seguí arrodillado mamando esa pija y acariciando su esfínter, sintiendo que eso más lo provocaba —lo había aprendido de mi madre—. Cuando me sostuvo firme contra su pubis yo comencé a sentir que mientras se ponía en punta de pie contra la pared, su «guasca» comenzaba a dejarse sentir en mi boca, en mi garganta; era la primera vez que me acababa — no sería la última— el sabor de ese semen me llevó a la locura hasta que lo tragué sintiendo ese amargo sabor y con los ojos cerrados saboreando esa pija hasta dejarla limpia de semen.

    Nos volvimos a mirar, su rostro colorado de calentura y yo —como mi madre— mientras imitaba a esa puta, dejé que también corriera su semen por mi pecho desde mis labios, volví a ahogarme con sus veinticuatro centímetros de largo y tan ancho y tanto como podía abrir mis labios refregando mi cara contra ese pubis con aroma a macho. No dijimos palabra alguna, pero llevé mis dedos a mis labios y mojándolos con ese resto de semen que no había tragado mojé mi esfínter, mientras ahora era yo el que se apoyaba contra la pared, abriendo para ese macho mis ancas.

    Mingo se volvió a pajear mientras me golpeteaba con su glande el ano, comencé a sentir electrificado todo mi cuerpo y apoyando mis manos contra la pared quebré mi cintura para que me penetrará; él comenzó a jugar y a rozarme de arriba hacia abajo la cola hasta que se detuvo intentando cogerme muy suave, con esa nueva erección; esa pija me estaba destrozando, yo estaba dejando de ser virgen para siempre, cerré los ojos y disfruté.

    Sentí que Mingo se apartó y escupió su pija, cuando otra vez volvió a apoyarse sobre mi ano, esta vez y de un impulso metió esa erección dilatándome, conteniendo mi grito, dejé que comenzara a cogerme, cuando esa sensación de ardor primero, se convirtió en placer; solo abrí mi boca dejando que mi jadeo agitado nublara la cerámica donde apoyaba de costado mi cara…

    —Cógeme hijo de puta, cógeme como te coges a mi mami.

    —Querés que te rompa este culito como se lo rompo a ella pendejo. —dijo apretando sus dientes y estocándome con fuerza.

    —Más, quiero mucho más. Atiné a decirle mientras sentí dilatarme con esa penetración; me estaba cogiendo el amante de mi madre y ahora era mi macho; eso me calentaba cuando sin dejar que su glande saliera totalmente de mi esfínter, tomé con una mano el resto de esa erección y la apreté para sentir que ese glande se agrandaba latiendo en mis adentros.

    Nos metidos bajo la ducha para escondernos aún más y volví a arrodillarme, comencé a jabonarlo todo, llenarlo de espumas, era mi potro y mi excitación parecía no acabar, tanto que, yo también tenía una tremenda erección que masturbaba pero tratando de no acabar; volví a meterme esa pija en la boca una vez más, pero Mingo me tomó de los pelos y provocando que mi cabeza quedara mirando sus ojos, me dijo —te quiero acabar otra vez pero en la colita pendejo, como le lleno también la colita a la puta de tu mami—.

    Me di vuelta, volví a apoyarme contra la pared bajo la ducha y ahora esa pija enjabonada entró con un solo empujón provocando mi grito de placer y descubriendo mi bisexualidad.

    No sé cuánto duró esa primera cogida; pero podía sentir como en cada cabalgarme sus pubis golpeaba mi cola, hasta que pasando sus brazos bajo los míos me tomó de los hombros y me clavó levantando su pija hasta que sentí correr dentro de mi una sensación caliente, la que me recorría los intestinos; Mingo estaba acabando hasta la última gota de esa calentura dentro de mí, cuando me fue sacando esa erección y yo poniendo mi mano bajo mi esfínter dilatadísimo sentí que caía un chorro de semen caliente que bajo esa ducha, mirando a ese macho me refregué por toda la cara y volví a saborear en mis labios.

    —Sos tan putito como tu mami, pendejo; te voy a coger cada vez que quieras, pero va a ser a mi manera. —Me dijo dándome una fuerte cachetada, fue cuando yo acabé, dejando todo mi semen brotando sobre su rubio y enrulado pubis.

    Me dejé caer contra la pared y bajo la ducha le prometí que usaría también la erótica lencería de mi mami, pero que para cogerme tenía que confesarme cada vez que se la cogía, eso nos calentó otra vez, pero salimos de esa ducha cuando me agarró de los cabellos y me hizo también prometerle que alguna vez se lo contáramos a esa puta y así fue…

    Hoy disfrutamos de esos secretos con mi madre, pero otros amantes fueron supliendo a aquel potro rubio e inolvidable que fue Mingo; pero si cumplimos, muchas veces me volvería a coger contándome como se cogía a mi madre y como le llenaba la conchita de leche, como a mí la colita y la garganta con su semen, hasta que yo conocí a Eduardo, a quien también lo compartimos con mi mami Laura, con esa puta Xochi, la que me enseñó el sexo y a despertar mi bisexualidad con sus pornográficos ejemplos y a tener también mi lencería erótica para mis machos eventuales.

  • Mi vida siendo sumisa. La primera vez que dormí atada

    Mi vida siendo sumisa. La primera vez que dormí atada

    Mi vida como sumisa consiste en servir y obedecer a mi dueño, siendo su objeto para maltratar, humillar y usar como la puta que soy; me encanta complacerle y sufrir bajo sus órdenes. Soy su sumisa desde hace aproximadamente 2 meses y aunque me ha costado acostumbrarme, fue una suerte haberle encontrado y que me adoptase como su perra. Las historias que contaré son sucesos reales, sufridos por mí, pero adaptados como historia para mis lectores, un regalo de mi amo.

    Esta historia comienza el primer día como la sumisa de mi dueño, quien sin tiempo que perder, me dio mi prueba de iniciación de lo que sería mi vida desde ahora.

    Todo comenzó durante mi sesión nocturna, estando atada y abierta de piernas, cada una de ellas firmemente sujeta a las esquinas de mi cama, impidiendo frotar mis muslos para intentar calmar la excitación que mi amo me estaba produciendo y que comenzó momentos antes con la negación de varios orgasmos, haciéndome llegar al borde del clímax y, con ello, a una intensa locura y un incontrolable deseo por correrme, algo que nunca llegó.

    Aquella situación, aunque frustrante, me recordó lo masoquista que soy y lo mucho que me gusta sufrir, pues la excitación y la lubricación de mi coño no hacían más que aumentar.

    La sesión terminó, el tiempo avanzó y llegó la hora de dormir; pero para mi sorpresa, mis piernas seguían atadas. La instrucción de mi amo fue que debía avisarle cada vez que me despertara durante la noche, incómoda y desesperada por aquella posición, era claro que tendría que pasar las siguientes ocho horas atada, abierta de piernas y prácticamente inmóvil, algo que nunca había experimentado en toda mi vida, al menos, no por un tiempo tan prolongado.

    Vencida por el cansancio, me dormí sobre las 3:30 am, pero la tortura apenas comenzaba; cada hora me despertaba exhausta, incómoda y, sí, sumamente excitada reportando a mi amo mi situación y haciéndole saber que su puta no la estaba pasando nada bien.

    Finalmente, después de una eterna noche, me sentí libre nuevamente y, aunque totalmente agotada sin haber descansado, me levanté excitada con inmensas ganas de correrme, reprimidas desde el día anterior. Con entusiasmo, aviso a mi amo y le pido permiso para correrme ya que estaba bastante caliente; como ya podrán imaginar, no me lo permitió.

    Así finaliza mi primera noche como sumisa, la primera de muchas.

    Espero haya sido de su agrado y, dado que estaré subiendo relatos con regularidad, me gustaría conocer sus opiniones e ideas para próximas ocasiones. ¿Qué otras posturas creen que merece esta puta para dormir?

    Saludos, sumisa Lucy.