Blog

  • Tensión sexual compartida

    Tensión sexual compartida

    Siempre he creído que a mi amigo Ares le gusta mi mujer. Él la mira discretamente, con una media sonrisa y ojos encendidos. Además es muy amable con ella, es un buen orfebre y en varias ocasiones le ha regalado anillos de plata hechos especialmente para ella. Un día se lo comenté a Liz y se sonrió sin negarlo.

    Sucede que Ares y yo hemos hablado varias veces de mujeres, de lo que nos gusta hacer con ellas en la cama y de nuestras historias pasadas; así por ejemplo, recuerdo su preferencia por la pose en cuatro patas, lo que decimos en Cuba el perrito; me ha dicho que le encanta la visión del culo en esa posición y debe ser cierto, pues su esposa tiene un inmenso culo gordo enmarcado por unas caderas muy anchas. Asimismo he notado que Ares es fanático del cine porno, me ha contado que se encierra horas en su habitación con su esposa disfrutando films con orgías, doble penetración, sexo anal y otras delicias; según él, Eve también las disfruta pues tiene un lado perverso y fantasioso.

    De modo que puedo imaginar cómo quisiera follarse a mi mujer y no lo culpo pues Liz tiene una figura hermosa con unos muslos blancos apetecibles y un coño que se marca bien abultado cuando hemos estados juntos los cuatro en la playa y sobre todo su boca, mi mujer tiene una boca con labios gruesos provocativos que ni ella misma sospecha los deseos que despierta en la polla de un hombre. Además yo mismo he fantaseado que nos intercambiamos las parejas. Su esposa, Eve tiene una voz dulce y una bella sonrisa, es lo que se dice una hermosa hembra pero lo que me desquicia totalmente es el tacto de sus manos. Cuando conversamos Eve me toca de forma discreta, como una caricia suave en la rodilla, los muslos o incluso en la barriga cuando le doy un besos de despedida; eso me electriza toda la piel y me provoca un cosquilleo delicioso en el pene, a veces busco pretextos para vernos los cuatro y quedarme conversando a solas con ella mientras Ares coquetea con mi mujer.

    En mis fantasías la convierto en mi amante y la imagino mamándome el pene despacio mientras me regala sus caricias suaves en mis testículos que está vez me electrizan todo hasta hacerme acabar en su boca, mi semen se pierde entre sus labios y su garganta. En mis fantasías, ella me atrapa como una tenaza por mi cintura con sus muslos y piernas robustas mientras yo me pierdo follándola con el pene tieso en su vagina que imagino profunda, cálida y llena de deliciosos fluidos agridulces, imagino el sonido del chapoteo de mi pene en su cavidad que se ensancha durante el orgasmo.

  • Vanesa: Plan de estudio

    Vanesa: Plan de estudio

    Luis ya había fallado en su primer intento para ser admitido en la universidad, así que si no quería perder otro ciclo escolar, debía prepararse bien. Su madre le pidió de favor a su hermana Vanesa que le ayudara. Ella es profesora de preparatoria de 26 años y la más guapa de la familia, pelo castaño y unos ojos grandes y hermosos. Pero además tiene un cuerpo divino, sus pechos siguen firmes, como en la adolescencia y sus caderas eran amplias, con unas nalgas redondas y grandes. Profesores y alumnos quedaban babeando a su paso.

    Por supuesto ella aceptó, ya antes había tenido a Luis en regularización. Y sabía que él tenía potencial, aunque no tenía ni idea de lo que pasaría.

    —Claro, que venga de cuatro a seis.

    —…

    —Sí, no te preocupes. Le dices que dejo un juego de llaves debajo del tapete.

    —…

    —No te preocupes, Luisito es muy buen niño, si si, te llamo luego… adiós.

    Después de recibir todas las indicaciones, y de advertirle que no causará problemas, Luis fue hasta la casa de su tía, tocó varios minutos, luego buscó las llaves y entró para instalarse en la sala. Quince minutos después se abrió la puerta, Vanesa entró como cada día. Apenas cruzó la puerta se soltó el pelo, se quitó los tacones y aflojó su blusa, cuando estaba a punto de bajar el cierre de su falda y caminar en calzones hasta la ducha recordó que su sobrino vendría e instintivamente volteó a todos lados. Cuando cruzaron las miradas, Luis estaba sonrojado, no sabía si saludar o cerrar los ojos.

    —Hola Luis, tengo refresco en el refri te ves acalorado.

    —No… no…

    —Bueno, espérame que me doy un baño y estoy contigo.

    Cuando salió, ya con unos leggins vio que su sobrino tenía un vaso de jugo en la mano.

    —Qué bueno que encontraste algo. A ver dime, ¿qué te falla?

    —No se… todo!

    —No, como que todo, vamos a repasar cada cosa hasta que aprendas ok!

    —Ok!

    Luis estaba muy atento, pero al escote de la camiseta de Vanesa, dejaba ver un poco sus hermosos pechos, de álgebra o lo que fuera no entendía nada.

    —Me voy a preparar un sándwich, ¿Quieres uno?

    —No… gracias!

    Mientras se dirigía a la cocina le volvió a preguntar. Y al girar la cabeza noto como los ojos de su sobrino estaban clavados en el movimiento de sus caderas.

    —¿Seguro?

    —Si si seguro.

    A ella no le molesto, sabía que provocaba esa reacción en los jóvenes de su edad, pero le pareció raro que su sobrino la viera de esa manera. Al día siguiente trató de averiguar un poco más de su sobrino del que no sabía más que su nombre.

    —¿Cuántos años tienes Luis?

    —Acabó de cumplir dieciocho

    —Pensé que tenías diecisiete, ¿y tienes novia?

    —No

    —¿Por?

    —No sé, por feo creo.

    —Eres guapo, allá ellas que se lo pierden.

    Se despidieron a las 6:00 en punto y ahora si se quitó las zapatillas, aflojó su blusa y la falda fue cayendo hasta los talones. Se dio un baño y se tiró a ver la tv hasta quedar dormida. Por la mañana, después de ducharse le pareció extraño que su cajón de la ropa interior estuviera movido. Examinó un poco y se dio cuenta que le faltaba su tanga roja de encaje, esa que se le clava entre las nalgas. De inmediato le vino a la mente su sobrino.

    —Hola, ¿a qué hora llegaste?

    —Tendrá unos cinco minutos tía.

    —¿y ayer?

    —Igual, si quieres llegó más tarde o te espero afuera.

    —No no como crees, solo déjame ponerme algo más cómodo y vuelvo.

    Echo un vistazo a su cajón y vio que ya estaba ahí su tanga, seguro lo imagino todo. Luis es un buen muchacho pensó. Cuando bajo, en un short y camiseta, noto como la cara de su sobrino cambio de inmediato, se la comía con la mirada.

    —Ahora si te acepto el sándwich tía.

    —Voy, ¿con mayonesa y mostaza?

    De nuevo volteó y lo vio hipnotizado en su culo y con la boca abierta. Algo en ella también se movió, y por primera vez en años sintió un poco de pena. Tal vez ella lo provocaba por andar con esa ropa. Debía de hacer que todo volviera a la normalidad. Cuando regreso con el plato de sándwiches recordó que no trajo nada de tomar.

    —Luicito, te traes el jugo del refri por favor.

    —Si… voy…

    Cuando se levantó, Vanesa pudo ver un tremendo bulto en el pantalón de Luis. Tenía una erección. Él era bajito, moreno y bastante común, salvo por el tamaño del paquete que sobresalía en su entrepierna. No lo podía creer, ahora ella no podía dejar de mirar su pantalón. Trato de evitar cualquier contacto visual y se despidieron, ambos estaban nerviosos. Pero era viernes y no lo vería hasta el lunes.

    —El lunes temprano, nos falta mucho Luis.

    —Si tía, gracias.

    En efectos su tanga estaba en su cajón, ahora faltaba su juego de lencería con ligeros. Pero, ¿qué hacía con su ropa? ¿Se masturbaba?

    El lunes aprovecho que salió temprano y cuando Luis llegó ella ya estaba cambiada y lista para la lección.

    —Hola Luis, ¿listo para aprender?

    —Si tía, traje pizza

    —Que rico, déjame voy por platos.

    Camino despacio, dándole tiempo a su sobrino de admirar aquel espectáculo. Se puso una tanga negra de encaje, como la que se había llevado su sobrino, unos leggins negros súper apretados, que además se bajaban un poco con el movimiento y dejaban ver el resorte de su tanga. Un brazier morado, igual de ajustado y además pequeño, sus pezones se asomaban un poco, la camiseta floja ayudaba a que le fuera más fácil echar un vistazo.

    —¿se ve muy rico no?

    —Si…

    —¿que se te antoja?

    —A mi…?

    —Si, ¿jugó, refresco o quieres una cerveza?

    —Jugó

    Vanesa se tomó un par de cervezas, aprovechaba cada oportunidad para agacharse y buscar cualquier cosa en los muebles, segura de que su sobrino seguía sus movimientos y de que su tanga se asomaba cada vez más. Así pasó la tarde y Vanesa le pidió que le ayudara a subir las escaleras, estaba un poco mareada.

    —Ven, agárrame de la cintura.

    —Si, con cuidado.

    Sentía como la mano de Luis bajaba cada que podía hasta sus nalgas, y por su parte Luis podía sentir en la llena de sus dedos aquella tanga y el borde de sus leggins que parecía reventarían en cualquier momento.

    —Gracias, me voy a bañar y me duermo. Te espero mañana puntual.

    —Si tía, adiós.

    Ella le dio un abrazo y lo pego contra ella, pudo sentir la firmeza de aquella verga contra su cuerpo, además sus tetas chocaron contra la cara de sus sobrino, que aprovechó para dejar caer sus manos y pasarlas por todo el culo de su tía.

    —Adiós

    —Adiós tía.

    En cuanto escucho que bajaba las escaleras, acabo con aquella mala actuación de tía borracha y se metió a la regadera, estaba húmeda y su tanga también se había mojado. Sus dedos rozaron su clítoris bajo el chorro de agua caliente y ya no pudieron parar hasta que se provocó un delicioso orgasmo. Cuando salió, buscó su pijama y vio el juego de lencería en su cajón. Luis regreso y la vio masturbarse. Se asomó por la ventana y vio cómo se alejaba su sobrino.

    A las 4:00 p.m. Luis estaba en la puerta, ella lo vio entrar mientras bajaba del taxi.

    —Hola Luis, perdón por lo de ayer.

    —No tía, no te preocupes.

    —Voy a cambiarme y regreso, hoy toca matemáticas.

    —que difícil

    Vanesa dejó la puerta de su habitación abierta, sabía que desde la sala se veía el reflejo del espejo. Sabía dónde pararse para que se viera todo. Entonces se bajó de los tacones, desabotono su blusa dejando ver como cambiaba su brasier de encaje por uno de algodón, luego dejo caer su falda y dejó expuesto aquel hermoso culo, bajo su ganga blanca y la sustituyó por un cachetero de encaje, luego, con muchas dificultades subió sus leggins hasta comprimir sus nalgas. Se miró al espejo y se dio vuelta para corroborar que su culo se veía espectacular. Luego bajo como si nada.

    —Listo, tráete un bote de helado que compre, esta hasta abajo.

    —Voy tía

    Era evidente que la erección de su sobrino estaba fuera de control, ella lo estaba disfrutando, aunque no sabía hasta donde estaba dispuesta a llegar con aquel juego.

    —Aquí no hay nada!

    —Hasta abajo, déjame ver.

    Luis se ha un lado y Ella sin doblar las rodillas se inclinó, sus leggings se recorrieron más de los normal, podía ver parte de su culo.

    —No, sabes que, no lo saque. Lo dejé en la bolsa del súper.

    —Pues… mmm si quieres tomamos jugo,

    —De todos modos, déjame lo guardo.

    El bote estaba convenientemente en una esquina de la cocina y se había derramado casi por completo.

    —Pásame toallas de papel por favor.

    —Si tía voy.

    Ella se arrodilló y luego se inclinó hasta que su culo quedó levantado, meneaba su cuerpo mientras limpiaba el piso. Luis ya no podía, el culo de su tía era lo más hermoso que hubiera visto jamás y lo tenía a escasos centímetros. Los cacheteros que eligió hacían que su culo luciera más apetecible.

    —Listo, tendremos que pedir algo.

    —No importa tía.

    La frente sudorosa de Luis fue la prueba de que aquello había sido un éxito.

    —Voy a poner un poco de música, ¿te molesta?

    —No

    —¿Que música te gusta?

    —Cualquiera!

    Prendió el estéreo y buscó el cable para conectar su teléfono, estaba detrás del mueble y de nuevo se agachó, empinada con el culo dando hacía el techo. En cuanto sonó Dangerous woman de Ariana Grande comenzó a mover el culo al ritmo de la música, Luis estaba con el ritmo cardiaco a todo y su mente se nublaba, no aguantaría un día más sin tocar aquellas nalgas. No pasaron ni cinco minutos de estudio y de pegar su cuerpo contra su sobrino cuando sonó el teléfono, Justo en el mueble de la sala. Vanesa inclinó sobre Luis para contestar, ahora el culo de su tía estaba frente a su cara. Y no pudo más.

    —Perdón, ahorita me quitó.

    —Ahí estas perfecta.

    Le sobo las nalgas con ambas manos y Vanesa pego un brinco.

    —¿Qué te pasa Luis?

    —Ya no aguantó más! No aguanto no!

    La pasó sobre él y así, empinada sobre el sillón metió sus dedos entre sus nalgas, luego con ambas manos rasgó aquellos leggings hasta que quedó a la vista su ropa interior. En cuanto pudo se bajó el cierre y se abalanzó sobre su tía, no se detuvo a ver dónde metía su verga, en cuanto sintió el orificio empujó.

    —Haaaay ese es mi culo!

    —Me vale madres!

    —Despacio… no seas brusco.

    Apretaba el los puños y mordía el cojín, la verga de su sobrino era aún más grande de lo que pensaba, sentía que le rasgaría el ano, y él no se detenía chocaba como un loco sobre sus nalgotas y bufaba sin parar.

    —Luisito, esto está mal! Haaaay haaaa!

    —Pues no vamos al infierno tía!

    Le tomó el pelo y jalo con furia mientras con la otra mano le nalgueaba el culo. Sonaban estridentes los manotazos sobre su culo, y sus nalgas se ponían cada vez más rojas.

    —Andabas enseñándome tu culo, ahoga aguante pinche puta!

    —Siiiihaaaa! Háblame así! Siii!

    —Me la jalo desde chiquito con tus calzones, perra puta,

    —Hhhuuuy siii!

    —Te vi cogiendo con ese pendejo que tenías de novio, eres bien pinché puta,

    —Siii soy una putita Luisito siii!

    —Abre tu culo perra.

    Vanesa obedeció y con ambas manos separó sus nalgas para que aquella verga entrara aún más, Luis se turnaba para nalgueas ambas nalgas, y hacía que pujara y se quejara al mismo tiempo.

    —Puta perra, mis amigos siempre me dicen que meneas el culo para que te vean.

    —Siii me gusta ser desea haaaay haaay siiii!

    —Te gusta ser una puta ¿te gusta?

    —Siii me gusta mucho ser putita!

    Luis estaba haciendo su sueño realidad, y estaba a punto de venirse. Así que la volteó y restregó su verga sobre su cara, sus guevos chocaban en su mentón mientras su semen salía sobre el rostro de su tía.

    —Ahora si te ves como la puta que eres tía.

    El semen se esparció por su cara y ahora escurría sobre sus mejillas y mentón Luis seguía chocando su verga contra su cara. Desesperado y sin control.

    —Eso esooo! Que rico! Abre la boquita,

    —Quieres que te la maaaagh! Haaaaggg!

    —Mámamela toda!

    —Haaaag haaag luiiiigggh!

    Le metió la verga en la boca hasta que ya no salió más de su verga y luego se levantó bruscamente. Tomó sus cosas y se fue subiendo el pantalón mientras salía de la casa, Vanesa poco a poco fue recuperando el aliento y llenándose de culpa y vergüenza. Subió las escaleras con sus leggings destrozados y en el baño pudo ver su reflejo en el espejo. Su cara y pelo aún estaban embarrados de semen, ya le escurría hasta sus tetas.

    Se bañó como queriendo borrar aquel episodio, sentía terror de que su hermana se enterara. Se durmió al borde del llanto, pero despertó de madrugada. Estaba soñando con Luis, su panochita estaba mojada, frotó su clítoris con sus dedos hasta lograr un orgasmo. Prometiéndose a si misma que no volvería a repetirse aquel episodio.

    @MmamaceandoO

  • Hotwife, en su departamento

    Hotwife, en su departamento

    Quedamos de vernos en su departamento, la invitación me tomó por sorpresa e iba en leggins blancos con una playera negra sin mangas, evidentemente llevaba una tanga muy coqueta de encaje, así que iba lista.

    Subimos a su recámara y puso una música suave y sensual al tiempo que empezó a tocarme muy rico, pasaba sus manos por todos lados, yo me dejaba querer y poco a poco iba subiendo la temperatura, las prendas empezaban volar, él me desnudó y me dejó solo en tanga… me sentó en la cama y me pidió cerrar los ojos, era excitante y rico, sacó una venda satinada para los ojos y me cubrió con ella.

    Luego de eso siguió recorriéndome a besos, sus manos tocaban mis tetas, sus labios devoraban mis pezones, su mano bajo a tocar mi entrepierna, estaba empapada, tocaba mi clítoris muy rico, yo solo jadeaba ante la sensación de no ver y solo sentir.

    Bajó y se metió entre mis piernas mientras me besaba la ingle, los muslos, quitó mi tanga que estaba mojadísima y me contempló desnuda, yo sin ver solo sentía su mirada en mi cuerpo, era excitante saber que lo me admiraba así desnuda. Sacó unas tiras que después supe eran un estilo de arnés BDSM, amarró mis tobillos a ellos, lo pasó por mi espalda y me levantó las manos sobre la cabeza y también las amarró, era una sensación muy erótica, estaba a su merced, de sus caricias y besos.

    Siguió besándome y tocándome muy rico, se hincó a un lado mío y mientras con sus dedos seguía tocando el clítoris haciendo gemir muy rico, empezó a meter uno de sus dedos en mí, y con los otros seguía su labor con mi botón del placer, las sensaciones eran intensas, no podía cerrar las piernas ni meter las manos.

    Entre tantas sensaciones, tuve en mis labios una más, me había puesto al alcance su verga, si esa rica verga que me encantaba por su grosor y potencia… no dudé dos veces y abrí la boca para poder disfrutarla, mientras la tenía en la boca él me metía los dedos y acariciaba mi clítoris, estaba muy excitada al punto de iniciar a venirme, en ese momento le dije “quiero sentirte”, se puso el condón y se metió entre mis piernas, yo amarrada, entonces entro en mí, bombeando con vigor, haciéndome suya, haciéndome su puta, me hizo gozar bastante, la sensación de la venda, el no meter las manos, y finalmente explotó dentro de mí.

    Había sido una sesión intensa, pero ambos deseábamos más, así que esperé a que se recuperara y le comencé a chupar ese dulce rico que tiene, lo tomaba con las manos y lo miraba a los ojos mientras desaparecida en mi boca, es delicioso ver su cara de placer cuando hago esto.

    Pero deseaba sentirlo en mí, así que se puso un condón y esta vez lo monté, ya no tenía ataduras ni venda, así que me monté como me gusta, en esa verga dura y potente que me abría rico, respondiendo a mis caderas, como siempre mi colágeno me aguantaba la montada, me hacía jadear de placer y lograba que terminara muy rico, que sudara mientras entraba y salía de mí.

    Logró arrancarme un orgasmo rico, y seguía dándome, me ordenó ponerme en cuatro y yo obedecía, esperando sentirlo en esa posición, muy mojada y dilatada de la venida que había tenido. Me tomó por las caderas y me hizo suya, hincada en su cama con las nalgas al aire, sintiendo como rebotaba en mí, como sus manos me traían de regreso, y de vez en cuando me nalgueaban. El placer era intenso, y yo disfrutaba mucho.

    Me levantó y me llevó junto a un espejo y un tocador que tenía, en otras ocasiones me ha puesto con espejos para verme y contemplarme mientras me coge rico, me puso de espaldas a él, me empinó, me indicó que subiera una de las piernas en el taburete y me penetró desde atrás, mientras veía en el espejo mi rostro de place al sentir su verga rica.

    Fue intenso, me penetró muy rápido y contaste, se escuchaba muy mojado y el golpe en mis nalgas donde paraba la embestida, finalmente se vino jadeando mientras me cogía rico.

    Charlamos un poco y salí de ahí, regresé a casa muy satisfecha y dilatada a contarle a mi marido y a recibir la tercera tanda del día.

  • Con Sonia en el auto

    Con Sonia en el auto

    Hace mucho tiempo, celebramos el cumpleaños de mi mejor amigo en casa de mis padres. Era miércoles de semana santa, por la que toda mi familia se iba a la playa, yo decidí quedarme una noche más, para poder celebrar el cumpleaños de Antonio, mi mejor amigo. La casa de mis padres era grande, tenía dos amplias salas, una pequeña terraza, un jardín y una pequeña piscina. Todos estos ambientes se encontraban en el segundo piso, mientras que los dormitorios estaban en el primero.

    Antonio, que vivía en un departamento, me pidió si podía celebrar su cumpleaños en mi casa, ya que no entrarían en su departamento. Accedí, sabiendo que estaríamos solos. Ese miércoles, Antonio y su novia vinieron temprano a mi casa para hacer los preparativos, mientras mi familia se alistaba para salir. Ya que es un gran amigo de muchos años, mis padres aceptaron sin dudarlo.

    Después de arreglar todo, Antonio, su novia y yo nos quedamos conversando, tomando unas cervezas mientras esperábamos a los demás invitados. Fueron llegando de a pocos hasta que, alrededor de las 10 pm, ya estaba la casa llena de gente bailando, tomando y conversando.

    En un momento, se acerca Antonio con una chica muy guapa y me la presenta.

    -Gonzalo, ella es Sonia, mi prima –nos presentó, nos dimos un beso en la mejilla y comenzamos a conversar.

    -¿Qué tal? ¿Cómo estás? –pregunté.

    -Muy bien –respondió ella –me encanta tu casa– añadió.

    -Gracias –le agradecí y comenzamos a conversar de nuestras vidas para conocernos.

    Estuvimos largo rato conversando solos, aunque de rato en rato venía alguien a agregarse a la conversación. Había un chico, amigo de Antonio, al que yo no conocía, que venía más seguido que los demás. Siempre trataba de entablar conversación con Sonia, tratando de dejarme de lado. No le di importancia. Ya que yo venía de terminar una relación de 2 años y no estaba tan interesado en entablar otra. Por momentos me iba y los dejaba solos, para atender a los invitados. Pero Sonia volvía a acercarse a mí para conversar.

    Así seguimos durante muchas horas, ya había tomado bastante y estaba un poco mareado. Ella me invito a bailar y acepte. Estuvimos bailando buen rato, hasta que ella se acerca a mi oído y mirando al amigo de Antonio.

    -Ya no me dejes sola con él, es muy aburrido. –me dijo– mejor la paso contigo.

    -Está bien, ya no te suelto entonces –le dije, ya bastante subido de tragos.

    -Gracias –me agradeció y me di un beso en la mejilla.

    La fiesta transcurrió con normalidad. Ya no me separaba de Sonia. Veía al amigo de Antonio que me mandaba miradas de furia, pero no me importaba. Sonia era muy guapa, cabello largo color café, unos grandes ojos también color café y unos labios muy sensuales. Su cuerpo no parecía ser muy voluptuoso, ya que vestía un jean y una blusa que no dejaba ver mucho la silueta de su cuerpo. Luego me daría cuenta de lo equivocado que estaba.

    -Se me acabaron los cigarros, iré a comprar –le dije– ¿me acompañas?

    -Claro, vamos –me respondió.

    Salimos de mi casa y caminamos, por la hora, tuvimos que caminar mucho para encontrar una tienda. Compre los cigarros y regresamos. Conversamos todo el camino, hasta que estando a una cuadra de mi casa, la tomé de la mano y la detuve. La miré a los ojos y me aventé a besarla. Nos besamos abriendo nuestras bocas, jugueteando con nuestras lenguas. Fue un beso delicioso. Estuvimos varios minutos disfrutando de nuestras bocas, cuando decidimos regresar para no levantar sospechas.

    Al llegar, vi que había menos gente. Solo quedaban 3 parejas, Antonio y su novia. Seguimos conversando, esta vez siempre en grupo. Sonia y yo nos lanzábamos miradas cómplices. Creo que Antonio se dio cuenta, porque me llamo a conversar a un lado.

    -Oye pendejo, ¿qué tanto miras a Sonia? –me preguntó.

    -¿Que? Nada que ver –le mentí–. ¿De qué hablas?

    -No te hagas el huevón, que los vi salir y ahora que volvieron, están todos misteriosos.

    -Nada, fuimos a comprar no más.

    -Y porque Lucho me ha estado jodiendo toda la noche por ti.

    -Yo que se –seguí con mi historia.

    -No hay problema, por si acaso, no la vayas a cagar no más –me amenazó.

    -Tranquilo, no pasa nada, solo que nos llevamos bien nada más.

    Volvimos al grupo y Sonia me miro con sorpresa, como preguntándome. Solo atiné a sonreír y negar con la cabeza. En un momento, todos se fueron a bailar a la terraza y Sonia y yo nos quedamos solos en la sala.

    -¿De qué te hablaba tanto mi primo? –me preguntó.

    -Nada, quería saber si pasaba algo entre nosotros –respondí.

    -Y, ¿qué le dijiste?

    -Nada, que nos llevábamos bien nada más.

    -No le dijiste nada, ¿no?

    -No, ¿qué querías que le dijera? ¿Qué besas riquísimo? ¿Qué muero por llevarte a mi cuarto y hacerte el amor? –le dije sonriendo

    -Jajaja. No pues, ¿qué te pasa? –me dijo sonrojándose.

    La jale de la mano a un lugar donde no podían vernos y la bese con fuerza. Fue un beso muy apasionado. Largo y húmedo. La apoyé contra la pared y metí una mano bajo su blusa. Tenía un top pegado debajo de su blusa, pero no llevaba sostén. Metí la mano debajo del top y acaricié sus tetas. Ahí comencé a ver de mi error inicial. Tenía unas tetas hermosas, redondas y duritas. No eran muy grandes, pero tenían buen tamaño. Como me gustan. Ella no se quejó ante mi incursión. Es más, metió su mano dentro de mi pantalón, tocándome el pene erecto.

    Después de un momento, entramos en razón, nos separamos, nos acomodamos la ropa y salimos a la terraza a bailar con el resto de invitados que quedaban.

    Seguimos bailando casi una hora más y Antonio me dijo que ya se iban.

    -Sonia, ¿te llevamos? ¿O te quieres quedar? –dijo riéndose.

    -Bueno, hay cuartos libres, se pueden quedar si desean –hice la invitación para todos, aunque solo quería que se quede Sonia.

    -No –dijo Antonio– tengo que llevarlas a sus casas.

    Nos despedimos y se fueron. Termine un poco molesto, pensando que, de haber sido otra chica, y no la prima de Antonio, en ese momento estaría tirando de lo lindo. Pero, me tuve que quedar con las ganas. Al menos había conseguido su número. Así que decidí escribirle.

    -Me avisas cuando llegues a tu casa, para saber que llegaste bien –escribí.

    -Ok, te llamo –respondió rápidamente.

    Como a la media hora sonó mi teléfono. Contesté y era ella.

    -Acabo de llegar, mi primo y su novia no dejaron de meterse mano todo el viaje.

    -¿En serio? Te hubieses quedado entonces y te metía mano yo, jajaja –bromeé.

    -¿Mas? Jajaja –rio ella.

    -¿Qué tal la pasaste? –pregunté.

    -Muy bien, me divertí mucho.

    -¿Cuándo te puedo volver a ver? –pregunte, con una calentura tremenda.

    -No sé, tu dirás –respondió provocándome.

    -Más tarde me voy a la playa, pero el lunes regreso y te busco, ¿qué te parece?

    -Excelente, me llamas entonces –y colgó.

    Pasamos todo el fin de semana conversando por WhatsApp. Era muy ameno conversar con ella. El fin de semana se hacía eterno, por la desesperación que tenia de volver a verla.

    El lunes llegó, llamé y quedamos en ir al cine. Busqué una película que ya tenía varias semanas en cartelera, para que no haya mucha gente.

    Llegué un poco más temprano, la esperé y cuando la vi llegar se me aceleró el corazón. Estaba hermosa. Estaba nervioso. Moría de ganas de besarla de nuevo, pero no sabía cómo reaccionaría. Me armé de valor y decidí darle un beso en la boca. Lo acepto sin problemas. Fue solo un pico. La saludé y fuimos a comprar el pop corn y las bebidas. Cuando la vi pasar me di cuenta que este pantalón era ligeramente más pegado, lo que resaltaba su culo. Tenía un culo redondito. Definitivamente me había equivocado pensando que no tenía un buen cuerpo. Tenía un cuerpo delgado, con unas tetas medianas y un culo grande, pero no exagerado.

    Entramos a la sala y nos dimos cuenta que éramos los únicos en la sala. Nos sentamos en la última fila. Pase mi brazo por su cuello y la abrace. Ella aceptó y se recostó encima mío. Comenzó la película y vimos entrar un par de parejas más a la sala. Felizmente se sentaron abajo y muy lejos de nosotros. Al ver que nadie podía vernos, la tome de la barbilla, levante su cara y la bese como quería hacerlo desde que la vi llegar. Ella respondió a mi beso. Nos fundimos en un beso apasionado, muy caliente. Comencé a sobarle las piernas por encima del pantalón y ella se acomodó para dejar su culo a mi alcance. Le apreté una nalga, era dura y de buen tamaño. Ella me sobaba el pecho.

    Estuvimos así un rato, por momentos nos separábamos, pensando que alguien nos estaba mirando. Sonreíamos y volvíamos a besarnos cuando nos dábamos cuenta que las otras dos parejas estaban distraídas haciendo lo mismo que nosotros.

    Al ver que a nadie le importaba lo que hacíamos, decidí meter mi mano por debajo de su polo, no tenía sostén. La ventaja de unas tetas jóvenes y duras. Comencé a sobar sus tetas mientras la besaba, ella bajo su mano y me sobaba el pene por encima del pantalón. Decidí subirle el polo y sacar sus tetas al aire. Me agaché y comencé a besarlas. Desabotoné mi pantalón y lo bajé un poco para que ella pudiera tocarme la pinga sin dificultad. Ella la tomó sin dudarlo y yo metí mi mano dentro de su pantalón para tocarle la conchita, que ya estaba bien húmeda. Seguía chupándole las tetas mientras nos masturbábamos mutuamente, sentí como su respiración se aceleraba y como se venía.

    Me separó de sus tetas y se agacho para meterse mi pinga en la boca, me dio una mamada muy rica, hasta que sentí como estaba a punto de venirme. Jalé su cabeza y comencé a masturbarme para dejar salir mi leche y manchar el asiento de adelante.

    Me miró a los ojos y nos besamos. Luego de eso nos acomodamos la ropa y se recostó en mi hombre, la abrace y nos pusimos a ver la película, la cual nunca llegamos a entender, ya que nos perdimos gran parte de ella.

    Cuando terminó la película, salimos rápidamente, por el miedo de que alguien se diera cuenta del desastre que habíamos dejado. Salimos y nos fuimos en el carro, todavía acelerados por lo que acababa de suceder.

    -Nunca había hecho algo así –me dijo, un poco avergonzada.

    -Yo tampoco, pero fue genial. Me encantó –le dije mientras manejaba aun sin rumbo.

    -¿Qué quieres hacer ahora? –me preguntó.

    -Me gustaría terminar lo que iniciamos –respondí con unas ganas increíbles de hacerle el amor.

    -¿Adónde vamos entonces?

    -Podemos ir a un hotel, o si quieres acá en el carro.

    -¿Acá? Pero, ¿y si nos ven?

    -Nos vamos a un sitio escondido.

    Un amigo una vez me comentó que había ido con una chica a un lugar, cerca de la playa. Un lugar oscuro, por donde no pasaba mucha gente. Le comenté y nos fuimos para allá.

    Cuando llegamos, estacioné el carro y lo apagué. Me acerque a ella y la bese apasionadamente. Tiré el asiento para atrás, para tener más espacio y lo recliné. Ella se subió encima mío y comenzó a besarme. Estábamos muy calientes. Le saqué el polo y me quedé observando esas hermosas tetas. Las besé, ella gemía. Comenzó a frotarse con mi pene, aun vestidos. Mi pene se puso duro al instante. Se levantó, se sentó en el asiento del copiloto y se sacó el pantalón. Yo hice lo mismo. Me coloqué el preservativo y ella se volvió a subir encima mío. Agarró mi pene, lo colocó en la entrada de su conchita y se sentó introduciéndolo todo de golpe. Comenzó a cabalgarme a gran velocidad. Se movía muy bien.

    -Vamos atrás –me dijo, levantándose.

    Al intentar ir al asiento de atrás, pasó por encima de mí, frotando su húmeda conchita por encima de mi polo, cuando estuvo cerca de mi cara, la agarré y no la dejé moverse. En esa posición, comencé a besarle la concha, comenzó a gemir un poco más fuerte. En un movimiento felino, se giró y quedamos en un 69 perfecto. Yo seguía lamiendo su conchita y ella me comenzó a chupar la pinga.

    Después de un momento, se levantó, y se fue al asiento trasero. La seguí, levanté el asiento del piloto y me senté en el asiento de atrás. Ella me dio la espalda y una vez más se sentó encima de mí. esta vez me dejaba ver su hermoso culo rebotar en mi abdomen. Parecía tener bastante experiencia, porque se movía muy bien. Seguimos así unos minutos más.

    De repente se levantó, y se recostó en el asiento, abrí la puerta, la jalé al borde y desde fuera del auto la clave con fuerza. Me movía rápido y penetraba con fuerza hasta que mis testículos chocaban con sus nalgas.

    -¡Sigue así!!! ¡Me voy a venir!!! ¡No pares!!! –gritaba mientras movía sus caderas, haciendo que la penetración sea más profunda– ¡me vengo! –comenzó a gritar haciendo que mi semen comience a recorrer por mi pinga.

    -¡Yo también! –dije mientras el preservativo se llenaba con mi corrida.

    Me desplomé encima de ella, me rodeó con sus brazos y nos quedamos ahí abrazados, con la mitad de mi cuerpo fuera del auto por unos segundos. Luego nos subimos, nos pasamos a los asientos de adelante, se colocó el polo y cuando queríamos colocarnos los pantalones, vimos una luz acercarse. Nos asustamos pensando que era la policía, encendí el auto y así semidesnudos partimos. Nos comenzamos a reír a carcajadas. En el camino ella se colocó el pantalón y unos minutos después tuve que estacionarme para ponerme los míos.

    Después de esto, la llevé a su casa. Reímos durante todo el camino, recordando las locuras que habíamos cometido. Cuando llegué a su casa, nos despedimos con un cariñoso beso.

    -Nos vemos mi amor –le dije.

    -Chau amor –respondió ella– me llamas cuando llegues.

    Nos despedimos, esperé a que ingrese a su casa, se dio una vuelta y me mandó un beso volado. Me fui y llegando a casa la llamé. Conversamos horas por llamada.

    Después de esto, nos hicimos novios por más de 6 meses. Fue una relación muy bonita, estábamos muy enamorados.

    Fin

  • Economista y prosti (1)

    Economista y prosti (1)

    ¡Hola! Gusto de presentarme ante ustedes, que comenzarán a saber de mí de ahora en adelante, al menos si mis relatos son de vuestro interés.

    Soy Sofía, 28 años, rubia, de 1.70, y, todos lo dicen y tengo espejos, cuerpo espectacular, ojos azules, cola redondita perfecta y dos hermosas tetas (de verdad). Piernas preciosas y ojos azules. Economista egresada de una universidad privada, asesora de banca privada de clientes importantes en una institución financiera. Excelente sueldo.

    Mi marido es Tomás, jamás lo llamamos así, porque Tomás llamamos a mi suegro, el padre de Tom. Tom o Tommy, ingeniero industrial, trabaja en una muy importante compañía, no importa de qué rubro, también excelentes ingresos, y ha sido mi amigo desde niños en la escuela, luego novio, luego marido. Único hombre en mi vida hasta 2024.

    En enero, en charla íntima, no hay nada que no nos hayamos hecho en lo que es sexo, me preguntó si me faltaba algo en lo sexual.

    Mi respuesta: “creo que me moriré sin haber estado con otro hombre y sin haber cobrado”. La respuesta mía, al tiempo de reconocer esas dos cosas, llevaba un toque de picardía.

    -¿Y por qué te morirías sin probar? ¡Hasta puede ser interesante y excitante! Pero si vas a cobrar, que sea mucho, mucho, que seas la mejor y más cara. ¡Aunque claro que serías la más bella, eso no se discute!

    -De verdad aceptarías? ¿Y si me animo?

    -Te apoyo en todo.

    Se pueden imaginar, esto no quedó así, lo seguimos hablando casi cada día.

    Finalmente, nos decidimos. Primero probar con alguien de confianza, después buscar algún cliente decidido a pagar pequeñas fortunas por tener sexo con una rubia espectacular(yo, modestamente) de excelente familia, cultura, empleo y cuyo marido la autorizaría a prostituirse. Condición ineludible, no poner en riesgo nuestros trabajos, que son muy buenos, ni la reputación nuestra o de los eventuales involucrados.

    El tema era buscar el hombre que fuera el primero en tenerme además de mi marido, al que amo desde siempre.

    No tuve dudas. En mi trabajo, asesoro a un inversor ideal, viudo, sesenta y pocos años, muy sólida posición económica, y siempre de muy buen humor, haciendo alguna referencia a mi belleza, sin propasarse. Se llama Ricardo y nos decidimos por él. El tema era como encararlo, y allí decidimos que yo aprovechara cualquier oportunidad.

    Tocaba reunirnos renovar inversiones vencidas. Al final de la reunión me comentó que en dos meses se iba de viaje.

    -¡Qué lástima! Iba a proponerle una conversación fuera de aquí, temas no relacionados al trabajo, lo dejaremos para su regreso.

    Pensó un poco y me dijo: “tengo casi todo mi tiempo libre, sabés que ya no trabajo y si es importante conversamos hoy mismo, ¿debe ser fuera de aquí”?

    -Sí, fuera de aquí, ¿de verdad podría hoy?

    -¡Por un tema personal de tan bella dama, podría siempre!

    -Lo veo a las seis, que es mi salida, ¿en XX? Es un lugar lindo y tranquilo.

    Así lo hicimos, ya me esperaba cuando yo llegué, pedimos café y me pidió saber que tema hacía que quisiera reunirme con él fuera del trabajo.

    Me tomé mi tiempo, le dije que era algo estrictamente personal y reservado, que escuchara lo que escuchara, no se asombrara y no lo comentara con nadie.

    Me prometió que así sería, que es persona seria que puede guardar secretos, y que fuera lo que fuera, se lo contara, prometió incluso no interrumpirme lo cual le agradecí.

    Por un momento puse la mano encima de la de él y dije: -No me vas a creer, pero no interrumpas, lo prometiste.

    Y le narré todo el proceso desde la pregunta de Tommy, en adelante, hasta nuestra resolución, aunque me reservé de contarle mi deseo de ser prostituta de alto vuelo.

    A lo largo del relato, no me interrumpió, su cara demostraba a veces intriga, a veces asombro, y una leve sonrisa cuando mencioné que yo misma buscaría a un hombre de confianza.

    -Sofía, tu no me pides consejo, es obvio que ya lo decidieron, ¿entonces?

    -¿Se lo imagina? ¿O se lo digo?

    -¡Mmm sería un privilegio tan grande! ¿Seré tan afortunado?

    -¡Piénselo! Es de mi total confianza, por algo se lo digo a usted.

    -¡Mejor ni lo pienso! ¡No sea que te arrepientas!

    -¡Esperaremos al regreso de su viaje entonces… una lástima!

    -¿Y por qué? Si lo han decidido…

    -¿En serio? ¿Sí?

    -Cuanto antes, dijo. Y yo saqué mi celu, llamé a Tom super contenta y le dije:

    -¡Sí, Tom, él acepta! ¡Estoy eufórica!

    -¿Dónde lo haremos? Dijo Ric y le respondí que la primera vez quiero que estemos solos, para no estresar a Tommy, y luego, si decidimos repetir, podríamos hacerlo en nuestra casa de campo sobre el río al oeste de Montevideo. Una lindísima casa con 20 hectáreas y casa de casero, todo ello cedido a un señor que cultiva todo el campo para sí y a veces nos provee de verduras y frutas. Además, lógicamente cobra un sueldo por cuidar todo. Allí disfrutaría con él, y si Tom quiere sumarse, ¡lo sumaríamos! ¡Y a Ric le encantó la idea!

    También le expresé mi idea de hacerlo la primera vez no más de tres horas en un telo, si repetimos, lo haríamos en el campo, sería a gusto, sin límites de tiempo. Podría ser un día de tardecita luego de mi trabajo, en un hotel por horas (lo que llamamos telo).

    Ric, subyugado por la idea, dijo que quería hacerlo cuanto antes, era un martes, y le propuse el viernes. El último de enero, si él podía. No quería estropear su viaje ni la invitación de los padres de Tommy a un crucero en las costas de Brasil, en febrero.

    Acordado, nos separamos, le hice anotar el número de mi nuevo celular, el putifono, como lo he llamado. Habilitado siempre para recibir llamadas y mensajes de Ric, si congeniamos y de futuros clientes, si alguien me paga, ja ja. Obvio, nunca responderé ni atenderé en horario de trabajo, el trabajo es sagrado y no quiero perderlo, estoy a gusto y gano muy bien.

    Desde ese día hasta el viernes, hablamos creo que dos veces por día, Ricardo queriendo asegurarse, preguntando cosas, algunas importantes, otras simples detalles.

    Y llegó el ya ansiado día. Mariposas en el estómago y estrés desde la mañana. A las 18, salí rápido a casa, ducha, prepararme, llevar cierta ropa en un bolso grande que también haría de cartera. Y conversación final, después de otras mil, con Tommy. A las 19 horas, timbre y me entregan un hermoso ramo de flores, de Ricardo obviamente, y Tom comentó: -Se ve que es buen caballero, si los tres congeniamos, puede ser novio permanente.

    -¡Gracias amor! ¿Seguro no quieres que suspenda todo? -No, tranquila.

    A las 20 horas en punto estaciona frente a casa Ricardo, yo le había dado la dirección para que pasara a buscarme y me trajera de regreso. Le dije que por ahora no bajara. Ya era noche y salí y subí rápidamente a su coche. Saludé a Tom que estaba en la ventana y nos fuimos. Por suerte, ningún vecino a la vista, casi todos de vacaciones.

    ¡Que nervios! Pero Ricardo se encargó de hablar de cualquier cosa menos de lo que íbamos a hacer, hablamos del tiempo, de las flores, del tránsito en viernes. No me tocó ni lo intentó, salvo saludarme con un beso, un caballero.

    En veinte minutos por lo lento del tránsito, llegamos de Punta Carretas a Tres Cruces, íbamos a esa zona.

    -¿Segura que entramos? Si estás arrepentida, te llevo de regreso.

    -¡Entremos! ¡Es lo que quiero y me intriga, y te elegí a vos!

    Entramos, Ricardo pidió habitación especial, estacionó en el garaje, se cerró la puerta, y allí estaba yo, encarando una nueva gran experiencia en mi vida.

    Subimos la escalera del garaje a la habitación, yo muy sencilla y veraniega, de sandalias, jean y camisa por fuera del jean. conocedora de las ventajas de ir delante en las escaleras, aproveché a mover mi culo para excitar un poco a mi nuevo “amigo” por así llamarlo. Preciosa habitación, con un sofá tipo chaise longue, pero de respaldo levantado y formato ondulado, rojo, me lo llevo para casa. El resto, impecable. Tv con canal porno, que por esta vez apagué, aunque con Tommy nos encantan ciertas películas, y ciertos actores y actrices.

    Nos sentamos, abrimos refrescos, para ir comenzando y charlar.

    En todo momento, Ric me hizo sentir cómoda, sin avances apresurados no groseros. Simplemente se fue agradeciendo, alabando. Fue natural acercarnos y comenzar a besarnos suavemente. De a poco, comenzó a rozar mis tetas. Entonces supe que había llegado el momento. Tomé mi cartera, pedí disculpas y dije que iba al baño a cambiarme. Él dijo que iría primero para disfrutarme a pleno cuando yo saliera cambiada de ropa y él me viera. Fue y salió en cinco minutos, y yo fui. ¡Me demoré más que él ja ja! Salí de zapatos blancos de tacos, tanga bien pequeña adelante blanca tipo hilo y babydoll super cortito también blanco, por supuesto muy escotado y transparente.

    Al verme, respiró hondo, esperó unos segundos y dijo: “De novia, ¡toda de blanco! ¡Que divina!” “¿Te gusto?” Le dije. “A mas no poder” respondió. “La próxima vez, vestiré lencería real de novia si te gusta le dije, si es que hay una próxima vez”. “Si es por mi habrá mil veces más” dijo. Estiró sus manos y me tomó la cara, me acercó y me comenzó a besar, primero de labios, suavemente, y después de boca abierta y de lengua, ¡cada vez más entusiasmado pues yo respondía! (Me encanta besar). Una de sus manos bajó a mis tetas, aún por encima del babydoll. Me susurraba al oído, “Que lindo tenerte, sos divina, gracias, gracias” y yo como que me entusiasmaba.

    Me excité, sobre todo que él estaba en bóxer y ya muy erecto, se le notaba.

    Aunque me daba timidez, decidí llevar sus manos al babydoll y le pedí “desnudame”. Lo hizo y se quedó contemplando mis tetas, los pezones como púas, me los acarició, ¡un pequeño pellizco a ambos y toqué el cielo y gemí! Me sacó la tanga, se agachó y pasó la lengua suave y lentamente por mi concha, ¡creí morir! ¡Este hombre me encanta! (y mi Tommy también, no piensen mal). Volvió a subir y a besarme, le bajé el bóxer y saltó la verga, dura, linda, tamaño normal, hermosa cabeza brillosa. No me resistí, él lo esperaba, se la chupé segundos y lo llevé al sillón ondulado donde me recosté, dejando caer las piernas a los lados.

    La invitación a chuparme todo era obvia. Comenzó a mi lado, besos de lengua, luego pasó largo rato en las tetas, me hizo de todo, chupar, acariciar, lamerlas, mordiscos en los pezones y hasta me refregó la pija. Yo deliraba. Después fue a mi concha, un maestro. Iba alternando lamer, chupar y meter un poco la lengua, luego iba al clítoris y me lo lamía. Para retomar todo el juego, y mientras siempre un dedo en mi boca que yo lamía y chupaba. Desesperada, pedí chuparle la pija. Abrió sus piernas a los costados del sofá y me montó, parado, hasta enfrentar su verga a mi boca. Me esmeré, le hice de todo, con delicadeza, garganta profunda, que está de moda ja ja, lamer, chupar, chuparle sus lindos huevos. Hasta que pedí ir a la cama.

    Pasamos a la cama, caímos juntos, diría, y nos besamos nuevamente, uno encima del otro, alternando. Cuando yo estaba arriba, además de besarnos le refregaba la concha sobre la pija.

    -Protección? Preguntó Ricardo.

    -Soy una señora fiel, de un solo hombre hasta hoy y tu sos un viudo tranquilo de 60+… ¿qué te parece?

    -¡Adelante!

    Sí, porque además nunca lo usamos con Tommy, y creo que me molestaría y no gozaría, ¡me encanta sentir ese momento en que me acaba, y quiero que me lo hagas sentir!

    -Quiero pedirte un favor, Ric. Quiero que Tom vea algo, que vea que estoy a gusto.

    -Bien. Con su consentimiento, hice una selfie de mi haciendo la seña del pulgar hacia arriba y sonriendo, y otra, una selfie de mi cara mientras chupo pija. ¡Se las envié y al momento respondió con un corazón! ¡Es un amor mi marido!

    Llegaba el momento tan esperado. ¿Otro hombre iba a entrar en mí, cómo sería? ¿Qué sentiría? ¿Me animo?

    “Metémela” le pedí , estando él arriba y besándonos, mientras abrí bien mis piernas. ¡Bajó una vez más a ensalivarme y chuparme la concha, como si fuera necesario! Guio mis piernas sobre sus hombros y preguntó una vez más: “¿Segura?” “Sí, lo deseo, toda adentro por favor, ¡no resisto más!”

    Fueron segundos de un juego delicioso, su pija se restregaba contra los labios de mi concha, abriéndolos un poco más a cada pasada.

    Y de pronto, sentí que entraba sin parar, ¡se internaba en mi concha un nuevo macho! Un macho que se sentía muy bien, entró a fondo, los huevos golpeando la zona entre mi concha y mi culo. Y se sentía delicioso.

    Entraba y salía cada vez más rápido, cada vez más disfrutable, yo extasiada, le comía los labios. “Mas mas mas, quiero tu leche, llename” fue lo único que le pude murmurar.

    Siguió unos minutos más y de pronto su cuerpo se tensó, bajó el ritmo del vaivén y pude sentir gloriosos, los chorros tibios con los que me agradeció pedirle otro hombre a Tommy. Yo acompañé su vaivén un poco más y nos separamos, quedamos boca arriba, ¡uno al lado del otro!

    ¡Esto era lo que me había perdido hasta ahora! ¡Una delicia! No sentía culpa, no sustituí a Tom, lo complementaba, ese era mi pensamiento.

    Ricardo se puso de costado hacia mí, comenzó a acariciar suavemente mis tetas, me besaba, y de forma inesperada, su mano bajó a mi entrepierna.

    Mi concha rezumaba su leche, que había comenzado a correr hacia afuera.

    Me pasó la palma abierta, no en un gesto desagradable sino un gesto de ternura. Acariciaba mi concha, que me imaginaba reluciente untada de leche; y levó su mano a mi boca sin forzar nada.

    Sin dudarlo lamí su leche de la palma de mi mano. Lo repetimos. Y sorpresivamente, tomó mi putifono y fotografió toda mi entrepierna, rosada por la fricción y la excitación, y brillante, untada de leche.

    -Seguro le gustará ver que todo va bien dijo.

    Tomé el teléfono y le envié la foto a Tom. Al momento, sonó una video llamada

    -Te felicito amor, lo has logrado. -Yo debo agradecerte a ti por darme espacio, dije, y agregué: “Aún no terminamos. Y te sorprenderé. No te duermas”

    -Aquí estaré vida, te amo. -Yo te adoro y te agradezco.

    -¿Que sorpresa preparas? Preguntó Ricardo.

    -Ya verás, es una idea de un video que vimos con Tommy. ¡Pero sigamos, si quieres!

    -¡Como no habría de querer!

    Sus labios fueron a mis pezones, y sus manos a mi culo, a acariciarme. Comencé a sentir ese hermoso calor nuevamente, que me sube de la entrepierna a las mejillas. Al rato, fui yo la que bajé a terminar de endurecer su verga, ya a media dureza. Una hermosa chupada, y un dedo mío ensalivado jugando en su culo lo volvieron a dejar listo para la acción.

    Pero yo quise que me lamiera más las tetas, que me las amasara, me encanta, ¡y que nos besáramos… ufff!

    Jugábamos y reímos de alguna cosquilla como chicos, me refregó la pija por todo el cuerpo, y cuando no aguanté más, tomé el teléfono.

    -¿La sorpresa? ¿Dijo Ric, fotos ahora?

    -No, ya verás, dije yo, ya en cuatro y llamando a Tommy por videoconferencia.

    Mi inspiración era un hermoso video de una linda pornstar y un negro. Ella, en cuatro colocó el celu filmando en la cama, justo debajo de ella, y así, filmaba de continuo y desde el punto de vista de un observados hipotéticamente en el colchón, como se puso y la cogió. El video mostraba, por edición posterior, en media, pantalla la cara de ella o una panorámica. Y en la otra media pantalla, la vista desde abajo, de la concha, la verga cuando entró y en vaivén y las tetas de ella.

    Y quise obsequiarle a Tommy algo parecido, quizás no tan perfecto. Se lo expliqué a Ricardo, le encantó y dijo: “Que putita mi asesora financiera, sin ofender”. Y yo: “Claro que no me ofendes, quiero ser tu putita”.

    -¿Amor, me estás viendo? Te pongo en altavoz, para que me digas si debo mover la cámara.

    -¿Vas a hacer lo que pienso? Casi bien, unos centímetros más hacia tus tetas y a tu izquierda sería mejor.

    -Sí, Ric está de acuerdo, y si no te molesta, te transmito.

    -¡Quiero verlos y oírlos!

    -Entonces dejo el audio conectado.

    Me posicioné bien, sin que se viera mi rostro, Tom me dio el ok, y Ricardo se posicionó detrás de mí. Comenzó de nuevo a pincelarme los labios de la concha con la pija. Llegó el ok de Tom de que se veía bien. Y lentamente, disfrutando y quizás para impresionar a Tommy, apuntó su verga en mi concha. La metió muy lentamente hasta la mitad, la sacó la ensalivó y la volvió a meter y comenzó el vaivén. -¿Lo ves amor? -Perfectamente y lamento no estar allí. -Me autorizaste. -Y no me arrepiento, debes ser feliz. -Gracias amigo, dijo Ricardo. Y allí comenzó un hermoso mete saca, que en cámara debía verse hermoso.

    No solamente eso, también, sabiendo que mis tetas entraban en foco, a veces me las amasaba Ric y a veces yo misma me las acariciaba.

    Entonces el momento tan esperado por mí, llegó. Mis piernas comenzaron a temblar, mi visión como que se desenfocaba, un calor tremendo invadía todo mi cuerpo, me acabé, un hermoso orgasmo, y dos minutos después los chorros de Ricardo una vez más bañaron mi intimidad. ¡Que sensación! Gloria pura.

    Atiné a decir hasta vernos amor, y desligué el putifono. Quería otro after como el anterior, o mejor.

    Ricardo besaba toda mi espalda, mordía mi nuca, tiraba de mis cabellos, y mi concha, semi abierta, goteaba leche y flujo mezclados a la sábana.

    De vuelta uno sobre el otro, lo monté metí dentro de mí su pija medio blanda, quería sentirlo más, y cuidando que no se saliera, me incliné hacia él y le di mis tetas a mamar. Lo sentía delicioso, debe hacer conexión concha tetas ja ja.

    Sin falsos pudores, bajó a chuparme y lamerme la concha, con exclamaciones de placer. A mi vez, le chupé la verga hasta dejarla limpia.

    Y fue el momento de mimos suaves, caricias, besos y comentarios cariñosos y de cuan bien lo pasamos.

    -¿Contenta o arrepentida? -¡Eufórica! -Te soy honesto, temía que te arrepintieras. -Me encantó, es hermoso saber que puedo ser libre y que mi amado lo aprueba. -Sin dudas es muy especial él, debo conocerlo. ¡Por favor, decime que esto se repetirá! Siento que no puedo perderte ahora.

    -Tranquilo, me has hecho sentir otras cosas, otra adrenalina, repetiremos cada vez que pueda y que mi nuevo trabajo lo permita. -¿Nuevo trabajo?

    -Prostituta de altísimo nivel, si no te molesta. Pero para ti nunca habrá cobro. Eres mi segundo novio. -¡Que sorpresa! Dijo mientras me acariciaba el esfínter…

    Le conté que era mi segundo deseo, que lo consideré imposible, pero que visto su trato y lo bien que lo tomó Tom, pensaba concretarlo.

    -¡Serás la mejor! -O soy la mejor o renuncio dije. Pero desde luego seguiré en mi trabajo normal, sin que se sepa nada. Acariciame las tetas por favor.

    Y mientras me las acariciaba, y yo le hacía un masaje de bolas, vi en su reloj que casi habían pasado tres horas y media.

    Le propuse irnos. ¡Aceptó sin ganas ja ja!

    -¿Nos bañamos? Dijo. -No, respondí, quiero ir así a casa.

    Me hizo el gusto, pagó el telo, nos fuimos, me sentía en el aire. Todo el viaje a casa me fue diciendo cosas lindas.

    Me preguntó si sabía cómo cobrar a los futuros clientes, si aparecía alguno. Le dije que ya tenía una cuenta especial, a nombre de una sociedad unipersonal de asesoramiento financiero, para ingresar los pagos.

    Debe haber parado en el camino cinco o seis veces a besarme y acariciarme las tetas. Al acercarnos a casa era cada vez más evidente que no quería llegar… le dije que parara a unas seis cuadras, para no despedirnos frente a casa. Nos besamos a fondo, le transferí saliva ja ja, me acarició las tetas por dentro de la camisa, y por un momento le besé la pija, casi casi parada.

    Me dejó enfrente de casa, sin despedirnos, y le dije que lo extrañaría y que, al llegar a su casa, me llamara para decirme que había llegado bien.

    ¡Al bajar del coche, le dije un lindo graciasss! Y el me respondió que nunca había tenido una noche como esa.

    Tommy me salió a recibir a la puerta, me esperaba, era más de medianoche.

    Dentro de casa se prendió a besarme más y a desnudarme, mientras me agradecía por la video llamada. “No sabes cómo me calentó ver cómo te la refregaba y como te la metía” y me besaba y manoseaba toda.

    En el sillón del living, nos acariciábamos y besábamos y me pidió que le contara todo desde que salimos de casa.

    ¡Sonó el teléfono, era Ricardo confirmando que había llegado a su casa y que ya me extrañaba! Y si podíamos conversar.

    Para motivarlo y fidelizarlo le dije que me estaban acariciando las tetas, y que más tarde hablaríamos, pues ahora cenaríamos con Tommy. Yo te llamo, si es que estás despierto hasta tarde.

    Llámame cuando quieras, no importa la hora, me dijo.

    Con mi Tom, charlamos, cenamos, le conté todo todo, constantemente pedía más detalles. Creo que le conté conté cuatro o cinco veces las sensaciones cuando me acababa adentro. Nos reímos juntos de la inspiración con un video de S.S. actriz porno, para poner el celu en el colchón y transmitirle la escena.

    Eran las tres de la mañana, “quiero cogerte” me dijo.

    Me desnudó, se desnudó, y fuimos a la cama. Casi ni jugamos, Tommy hervía de excitación. Me clavó en misionero, entró suavemente; y me dijo “debés tener leche adentro todavía”. “¿Te molesta?” “Nooo, yo te autoricé y me parece divino, que bien se siente al ponerla”.

    -Quedé de llamar a Ricardo, no nos olvidemos.

    -Llámalo y vemos que dice, y le mostrás como te estoy cogiendo.

    Dicho y hecho.

    -¿Hola, Ric?

    -Sí, divina, esperaba tu llamado. ¿Qué haces?

    -Ufff… tengo una pija adentro, dije jadeando. ¿Paso a videollamada sí? Corté y llamé por videollamada.

    Le mostré como la verga de Tom entraba y salía de mi concha, y en extremo primer plano, como me chupaba las tetas. Corté y volvía a llamada común.

    -¡Divina! ¡No puedo sacar de mi mente todo lo que hicimos! ¡Y ahora ver esto! ¿Podes poner altavoz?

    Lo hice, hola Ricardo dijo Tom.

    -Hola Tom, gracias por todo, por ser así y por permitirnos una noche como hemos tenido yo super contento.

    -Gusto de conversar contigo mientras me cojo a mi amor.

    -¡Qué bueno!

    -Ella disfrutó muchísimo esta primera experiencia fuera del matrimonio. Y está lista para más, contigo y de puta. Está segura que le va a gustar cobrar. ¿Tu querrás repetir?

    -¡Repitamos por Favor! Intervine yo en la conversación mientras Tony jadeaba cogiéndome.

    -Me sorprendieron con la videollamada desde el telo, dijo Tom; ahora yo quiero sorprenderlos. ¿Qué tal mañana en la casa de campo? ¡Hasta el domingo… ayyy me acabo! Y allí me llenó de leche.

    -¿En serio amor? ¿Lo sugieres en serio?

    -¡Claro que es en serio!

    -Acepto encantado dijo Ricardo, todo mi tiempo es libre.

    Yo voy un rato a la fábrica temprano dijo Tommy, regreso a las diez y te pasamos a buscar, Ricardo.

    -¡No se molesten! Yo paso por allí y nos vamos juntos. ¡Que felicidad!

    Continuará.

  • Profesora particular (5: segunda parte)

    Profesora particular (5: segunda parte)

    Estoy en casa de mi alumno particular Fernando, desnuda en la habitación de su hermano mayor Leo. Su novia Bea y los demás familiares están en el jardín al lado de la piscina.

    -Venga, cuéntame por qué vas sin bragas aquí en mi casa. ¡Delante de todos!

    -Esto… ay, me da vergüenza… -intento pensar en algo convincente –yo… bueno… pensé que… ir sin nada debajo… bueno, ya viste que el sostén es minúsculo…

    -¡Sí, casi se te ven los pezones!

    -Ya… pues eso… por lo mismo… ya sabes… me gusta que me miren los hombres y excitarme cuando me siento tan deseada y por eso pensé que… o sea… casi enseñaros a todos el pecho y… ir sin braguitas por lo mismo… para sentir morbo… pensar que seguro que alguno podría ver mi culo…

    -¡O tu coño!

    -Sí, eso me habría gustado. Tu hermano… tus primos… tu tío –digo avergonzada- Pero lo de la toallita, claro, es para disimular…

    -¡Ya, no podías salir directamente sin bragas!

    -¿Lo entiendes verdad?

    -¡Sí, mucho! ¡Y mi polla también, mira! –se baja el bañador y exhibe su verga empinada.

    -¡Oh, Leo! ¡Tápate! ¡Tu novia está a unos pasos!

    -Se está bañando con mi hermano y mis primos. No te preocupes. Venga, métetela en la boca, ¡qué sé que lo estás deseando! -mis ojos llenos de deseo me delatan.

    -¡No, pero ¡qué dices! ¡Y menos aquí en la cocina!

    -¡Ven, ven a mi cuarto!

    -No, no, Leo. ¡Me voy a ir!

    -¡De ninguna manera!

    -¡No puedo salir así sin bragas! ¡Y ahora sin la toalla!

    -¡Pero… a ver… si estás rezumando! –acerca su mano a mi sexo y se da cuenta de que estoy muy excitada, la huele y la lame. Me toma de la mano – ¡Qué sabrosa! ¡Va, venga, ven a mi cuarto!

    -No, Leo, o sea… ay… no sé… y si Bea… -pero le sigo a punto de derretirme de deseo.

    Ya en su habitación, Leo me aparta el sostén, me sorbe los pechos y juega con su lengua en mis pezones. Siento que mi sexo es una fuente.

    -Ay, Leo, por lo menos, ¡cierra la puerta de la habitación!

    -No, no, así, la dejo entreabierta, ¡me da más morbo!

    -¡Leo, por favor! ¡Ah, hmmm! ¡Mama, mama mis tetas! ¡Oh! –me agarra las nalgas y me introduce un dedo en el ano, lo saca y lo huele con placer y me lo mete más adentro y abro el esfínter para él mientras me introduce otro en la vagina y me acaricia el clítoris. –Me muero, Leo, ah, ¡hmmmm! Juega, juega con mi chocho, sí, sí, oh, así, ¡aaah! Méteme más dedos. Sí, sí, así, ¡y en el culo también! Chupa, chupa mis pezones, oh, mama, mama, así, así, ah, ¡ah!

    -¡No grites, Esther! Venga, córrete, ¡va!

    -Sí, sí, ya, ya, ah, me voy, ¡me voy! ¡Ah, ah! Hmmm! ¡Oh! ¡Dios! ¡Dios! ¡Leo! ¡Hmmm!

    -¡Oh, cerda! ¡Me estás duchando, estás empapando toda la habitación!

    -¡Es que estoy muy, muy cachonda! ¡No pares, no! ¡Más, más! ¡Ah, hmmmm! –me sigo corriendo.

    -Va, va, ya está, ¡ahora me la vas a mamar como tú sabes! ¡Mira cómo está!

    -Sí, sí, ¡muy apetecible! –me pongo en cuclillas y me la meto toda de golpe y casi me ahoga porque me llega al fondo del paladar y yo juego con mi clítoris y con mi vagina y eyaculo como una fuente, formo un charquito en el suelo, él lo ve y se excita todavía más y siento un placer inmenso cuando él lanza su semen dentro de mi boca tan deseosa de polla y de leche.

    -Oh, ¡qué rica tu lefa! ¡Y caliente!

    -Toma, toma, ¡bébetela toda!

    -Sí, sí, ¡hmmmm! -se la ordeño con una mano para que me de todo su semen.

    Al cabo de un par de minutos, yo sigo masturbándome, pero Leo, aun con su pene en mi boca, dice:

    -Ya está, ya está, Esther, es peligroso. ¡Para, para!

    -Tú ya estás satisfecho, pero yo, todavía…

    -¡Esther, te has corrido varias veces! ¡Lo has dejado todo empapado! ¡Mira el parqué! Va, deja de chupármela, ¡tenemos que salir! –me aparta con delicadeza.

    -¡Ay, Leo! Me gustaría que… o sea…

    -A ver, tengo novia, ya lo sabes, y no quiero que…

    -¡Ah, ahora vas y te acuerdas de que tienes novia! ¡Ahora! –algo decepcionada.

    -¡Ay que me parece que estás celosa!

    -No, pero ¿qué dices? Solo que ahora piensas en Bea, pero cuando me has mamado las tetas y me has follado la boca…

    -Va, Esther, ¡por favor! ¡Yo salgo, que van a sospechar algo! Ha estado muy bien. Eres una mamona de cuidado, ja, ja, ja, ¡la mejor! Pero, es que, si no, ¡nos van a descubrir!

    -Vale, sí, de acuerdo, ¡ya está… yo ya me voy a ir a casa!

    -No, toma, ¡toma la toalla!

    -¡Paso de la toalla! ¡Adiós! ¡Despídeme de todos!

    -Pero… a Fernando le sabrá mal… ¡y a mis padres!

    -No puedo estar sin bragas, lo entiendes, ¿no? ¡Me voy a poner el vestido y ya está!

    Ando desnuda por la casa. Disgustada, ni me pongo bien la parte de arriba del bikini y voy con los pezones excitados al aire. Noto que el flujo y el squirt me empapan y me resbalan por los muslos. La casa es muy grande y dudo de cómo ir a la habitación donde he dejado el vestido y la ropa interior. Por fin, creo que es esta la puerta. ¡Pero no!

    -¡Oh, perdón!

    -¡Ah! Esther! Entra, entra, ¡no pasa nada! –es Jorge, completamente desnudo.

    -¡Qué sorpresa, Esther! –exclama Ángel solo en camiseta –Nos estamos cambiando.

    -Ya… yo iba a… -me tapo como puedo.

    -Ven, ven, ¡guapa! No pasa nada…

    -No, no, estáis desnudos y yo… o sea…

    -¡Tú también!

    -¿Cómo es que vas así sin ropa por la casa? -pregunta Ángel intentando ocultar su pene con las manos.

    -Yo… estoy buscando… o sea…

    -¡Ya nos has encontrado! Ja, ja, ¡ja! -dice Jorge sin vergüenza por mostrar su miembro que crece sin parar.

    -No, no, ¿quiero decir… y Fernando?

    -Todavía está bañándose. Jugando con Bea. Pero nosotros ya salimos de la piscina y venimos a vestirnos.

    -¿Y decís que Fernando está con Bea?

    -Sí, sí, chapoteando en la piscina. Creo que a él le atrae la novia de su hermano.

    -¡Es que es muy guapa!

    -¡Sí, y está muy buena la tía!

    -Ya… -me pongo celosa la verdad y se me ocurre que… Les miro las vergas descaradamente. -¡Oh! Estáis… tenéis los…

    -Perdón, ¡Esther! -dice Ángel avergonzado ante su erección y yo me admiro cuando los penes de los dos hermanos, en un instante, ya están completamente parados e hinchados.

    -No pasa nada, Angelito. No te lo tapes, no.

    -En la piscina, así, jugueteando con Bea, yo ya… bueno, quiero decir que, ¡ya se me empinó… es que es muy atractiva! Y ahora… así… tu… vienes a vernos desnuda…

    -¡Es que tú también estás muy buena, Esther! –exclama pícaro Jorge.

    -Y así sin nada… yo… -titubea Ángel.

    -Lo entiendo, lo entiendo… pero no te tapes, no… no os avergoncéis. Es muy natural. ¿Sí? ¿De verdad creéis que soy muy guapa?

    -¡Sí, sí!

    -Más que Bea! –exclama Ángel entre inocente y pícaro.

    -La verdad es que yo también… o sea… veros a vosotros… tan guapos… y ver vuestros… sí, vuestras pollas tan… -sin pensarlo, acerco un dedo a mi sexo y luego lo lamo ante los chicos y me meto varios dedos en la vagina y les muestro la mano empapada de mis ambrosias –O sea, que veros así tan… excitados… yo también… Venid, venid, ¿os gustan mis tetas?

    -¡Oh! –los dos hermanos quedan boquiabiertos cuando ven que aparto más todavía la parte de arriba del bikini, tomo mis pechos y se los ofrezco. –¿Os gustan? ¿Sabéis? ¡Me gustaría mucho que me mamaseis las tetas, como dos bebés!

    -¡Esther! Hmmm! –ambos se sientan en mi regazo desnudo y les doy de mamar lo que me pone a cien y a ellos, con su miembro cada vez más duro, largo y grueso. No sé cuál de los dos me arranca el sostén. ¡Qué descarado! ¡Me gusta!

    -¡Hmmmm! ¡Qué sabrosa! –Ángel cierra los ojos mientras Jorge me mira mientras chupan y mordisquean mis pezones lo que me encanta y les encanta porque sus vergas no cesan de crecer. Y a mí me pone a cien amamantar a los dos juntos y darles mis tetas, que toman con fuerza, acarician, lamen, mordisquean y besan. Son muy cariñosos.

    -¿Os gusta? Creo que sí porque vuestras pollitas… hmmm… bueno, no, ¡vuestras superpollas! –les miro las trancas con cara de deseo y me relamo.

    -¿Oye, tu querrías…? –pregunta Jorge. ¿Tu podrías hacernos una paja? Ja sé que… bueno… perdona… es que…

    -¡No, no… tranquilo… si lo que deseo es chupar vuestras supertrancas! ¡Por favor, quiero comeros vuestras enormes pollas a punto de reventar!

    -¡Oh! ¡Esther! –Jorge toma su pene y me lo encara.

    -Sí, sí, ¡por favor! -me pongo en cuclillas y les agarro el miembro y los chupo alternativamente mientras el flujo me resbala por las piernas, se los lamo, los mordisqueo

    -Oh, están muy ricas, no sabría decir cuál es mejor, ¡hmmmm! ¡A ver… esta es muy sabrosa! ¡Oh, y esta… que caliente y gordita!

    -Esther, ay, oh… hmmm… es que a mí… nunca… yo… me parece… que… ay… ¡Esther!

    -¡Nunca te han hecho una buena mamada, Angelito! ¿Es eso?

    -Antes… ninguna chica… ay… perdona… me voy a correr… ah, lo siento, ah, ay, ah, oh, ¡ah!

    -No, no, Angelito, no la saques, no, ¡échame tu leche caliente dentro… fóllame la boca!

    -Ah, ya, ya, oh, ¡dios! ¡Qué vergüenza! ¡Oh! ¡Oh! Hmmm! ¡Perdona! ¡Yo… ay!

    -¡No, no! ¡Eyacula, tranquilo! Sí, sí, así, no te preocupes, me encanta que me folles la boca, ¡guapo! Ah, sí, sí, ¡toda dentro! ¿Mira, mira…ves? –abro la boca y se la enseño llena de su lefa- ¿Quieres que me trague tu lechecita, Ángel?

    -¿Eh? Yo… como desees, Esther, ¡quizá te da reparo!

    -No, no, ¡al contrario! Mira, hmmm, ¿qué sabrosa, oh, hmmm, ves? Ya está, mira, ¡mira!

    -Te la has tragado toda!

    -¿Sí, ves? –abro la boca. –¡Porque tu leche está muy rica! ¿No te lo había dicho nadie?

    -¿Eh? Es que… yo… nunca… tú eres la primera que…

    -¿Ahora tú, Jorge? ¿Quieres darme toda tu leche? ¿Sí?

    -¡Sí, Esther! ¡Sí!

    -¿Y me vas a lanzar todos los chorros para que la saboree?

    -¡Sí, sí! ¡Me muero de ganas! ¡Mira cómo la tengo!

    -¡Que gruesa, Jorge! ¡Y los huevos muy hinchados!

    -Sí, sí, ¡por ti! ¡Por favor, Esther!

    -Pero… un momento… antes, contesta: ¿seguro que me encuentras más guapa que Bea?

    -Sí, sí, ¡mucho más guapa!

    -Venga pues, métemela hasta el paladar y… ¡oh! ¡Hmmm!

    -¡Chupa, chupa! –me agarra la cabeza y me penetra hasta el fondo mientras yo lo abrazo por sus nalgas para acercarlo más.

    -Venga, Jorge, ¡lánzame tu semen!

    -Espera, espera, quiero follarte más la boca, chupa, chupa, así, ¡hmmm! –le relamo el glande, lo mordisqueo, el chico no se corre y temo que alguien nos descubra y se arme un escándalo. Se nota que tiene más práctica y resiste más que su hermano.

    -¡Córrete, córrete en mi boca! ¡Deseo beber tu leche! ¡Va, ya! –le acaricio los testículos y se los lamo, pero él aguanta el muy cabroncete. Me meto un huevo en la boca junto a su miembro. Acerco sus manos a mis tetas para que ambos sintamos aún más placer. Noto que estoy a punto de correrme, pero no –Ay, oigo pasos, ¡tenemos que dejarlo!

    -No, no, por favor, espera, espera un momento… ya casi… un momento… hmmm -me agarra las tetas y me folla la boca con fuerza y me gusta. ¡Estoy a cien! Pero él sigue bombeando sin correrse.

    -Sí, sí, ¡viene alguien! –exclama Ángel.

    -Eh? ¡Oh! Sácala, sácala Jorge! Nos van a…

    -Pero… qué pasa aquí? –entra Lucas sorprendido por lo que ve. –¡Esther! ¡Jorge! ¡Y delante del niño!

    -¡No soy un niño, papá! ¡Ya tengo los dieciocho!

    -Lucas, yo no… -intento encontrar las palabras con la boca llena del pene de su hijo mayor.

    -Ay, ah, me corro, me corro, ¡ahí! –grita Jorge.

    -Ahora! ¡Precisamente ahora! ¡Oh, hmmm! –me quejo al recibir chorros y chorros de esperma directamente a mi garganta. –Aquí delante de tu padre! ¡Pero qué sabroso y caliente! ¡Hmmm!

    -Oh, Esther, ¡ah! ¡Hmmm! ¡Bébetela, trágatela!

    -No, no, Jorge. ¡Yo no… la voy a escupir! O sea… Lucas, yo no… soy una señorita… yo nunca…

    -Esther, debes tragártela, como hiciste con la lefa de Ángel! –exclama Jorge.

    -¿Qué? ¿Cómo? ¡¿También se la has mamado al niño?!

    -¡Papa! –se queja avergonzado Ángel. –Que yo ya no…

    -Jorge, saca el pene de la boca de la chica, por favor! Y tú, Esther, ¡es que no tienes vergüenza! A ver, chicos, salid de la habitación que quiero tener unas palabras con esta… con esta…

    -Papá, nosotros no…

    -Es cierto, no queríamos, pero… ella…. se presentó aquí… así desnuda…

    -Sí, ya has visto como en la piscina… como ella… casi con las tetas al aire… y con esa toallita para excitarnos…

    -Yo no… o sea… -intento encontrar las excusas adecuadas, pero es imposible.

    -¡Es culpa de ella, papá! ¡Ya la ves… así, completamente desnuda!

    -¡Que salgáis! ¡Fuera! Así. ¡Y cerrad la puerta! Vale. A ver, Esther, esto que has hecho con mis dos hijos, es que no tiene nombre. Bueno, o sí. Un nombre. Un nombre que… que no quiero decir, por educación y por respeto a tus padres. Y tápate, hija, ¡por favor!

    -Es que no, yo… Lucas… no tengo aquí nada de ropa… -avergonzada, me doy cuenta de que los chicos se han llevado mi sostén los muy cabrones.

    -Mira, debo hablar con Lole y Manuel y decirles lo que ha pasado, no puede ser que tú… aquí… en su casa… con mis niños…

    -No, no, por favor, ¡Lucas! Se van a enfadar y… o sea… en realidad. No ha pasado nada… somos jóvenes… ellos…

    -Es que desde que llegaste te has estado exhibiendo, primero con el vestidito, luego con la toallita, ¡y enseñando las tetas a todos!

    -¡Sí que te has fijado, Lucas!

    -¡No seas descarada! ¡Y tápate por favor! ¡Que uno no es de piedra!

    -¿Ves? ¡Tú también te calientas, a que sí! ¡No me respondas, ya me contestas con el bulto que se te forma en el bañador!

    -¿¡Serás desvergonzada!?

    -¡Es la verdad, Lucas! –miro su entrepierna y él no puede esconder su erección. –Veo que también te gusto, ¿verdad?

    -¡Pero si para mí eres sólo una niña! –veo que tengo una oportunidad para que no diga nada a Manuel y a Lole y camino coqueta hacia él. La verdad es que tengo ganas de que me toque, de que me acaricie. Sus hijos me han dejado muy, muy cachonda. Me relamo y le miro fijamente. Tomo mis tetas y se las ofrezco– No, hija, pero ¿qué haces? ¡Esther!

    -¡Te mueres de ganas, Lucas! ¡Tu polla no engaña!

    Acerco sus manos a mis nalgas y le doy un beso en la boca, aún con sabrosos restos del semen de sus dos hijos y de su sobrino mayor, juego con nuestras lenguas, le abrazo para que sienta mis senos hirviendo apretados a su cuerpo y siento crecer su verga en el mío y enseguida bajo mi mano y la introduzco dentro de su bañador. Sé que estoy ganando. Que no dirá nada. Que ya solo piensa en follar mi boca, como sus hijos.

    -Lucas, ya veo que sí que te gusto, je, je, ¡je! ¡Y mucho! Tu pene está duro, caliente y húmedo. Ya vi que no parabas de mirarme en la piscina. ¡Estás hecho un viejo verde!

    -¡No seas descarada! ¡Esther, por favor!

    -Te gusto y me deseas. Quieres que te haga cositas. Y hacérmelas, ¿verdad? Y yo soy una niña, una niña obediente para ti.

    -¡Esther, no… yo… ay… hija!

    -¿Qué? ¿Qué quieres? ¿Quizá deseas castigarme por habérsela chupado a tus hijos? Me lo merezco, ¡papi! -le miro con cara de inocente mientras juego con su miembro aun en el bañador, duro como una roca, me doy la vuelta para que me vea bien el culo. –Seré una buena niña, puedes azotarme el culo, si lo deseas, es todo para ti… así… toda desnudita… no tengo escapatoria… porque te gusta mi culo, ¿verdad? ¿Quieres castigarme por haber sido mala con los niños, papi?

    -¡Me pones a cien, Esther! Ven, así, sí, ¡toma! –se sienta, me tumba en su regazo y me da nalgadas y noto que su pene no para de crecer, aún en el pantalón.

    -Sí, sí, he sido mala, pero contigo seré buena, ¡Lucas! ¡Dame más fuerte! Ay, sí, hmmm. ¡Oh! ¡Ay!

    -¡Toma, toma!

    -Ay, seré buena contigo, ¡papi! ¡Haré todo lo que me mandes!

    -Pues chúpamela, chúpamela, Esther, ¡guarra!

    -Sí, sí, lo estoy deseando, ¡papi! –se la saco y me parece enorme de tan erecta -Ay, no me va a caber, ¡la tienes muy grande!

    Me pongo de rodillas y se la empiezo a mamar.

    –¡Oh, está muy rica y caliente! ¡Qué buena!

    -¡Oh, hmmm! ¡Chupa, chupa, Esther!

    -Sí, papi, ¡me encanta tu polla!

    -¡Oh, Lucas! Esther! ¿¡Pero… qué!? -entra Manuel y se sorprende al ver que les estoy haciendo una mamada a su cuñado. -¡Esther! ¡¿Serás…?!

    ¿Y qué sucedió? Uf, pues de verdad, ¡algo que aun hoy me excita recordar! Querido lector, en la siguiente parte del relato verás cómo continúan mis aventuras en la casa de Fernando en ese día tan especial.

  • Mi esposa me es infiel con su ex cuando salgo de la ciudad

    Mi esposa me es infiel con su ex cuando salgo de la ciudad

    Primero me presentaré, soy José, de 36 años, hombre normal con cuerpo corpulento, claro de color, de 1.60 y ojos verdes, mismos que enamoraron a mi esposa Irene, ella de 44 años, 8 años mayor que yo, bajita de 1.54m clara de color, delgada, muy guapa, no es solo porque sea mi esposa, sino que también atrapa las miradas de los hombres cuando estamos fuera de casa. Su mayor atractivo se ha convertido en ese trasero respingón a pesar de estar delgada y gracias a los aerobics que practica de lunes a viernes ha ganado un cuerpo espectacular. Desde que la conocí ha tenido las tetas grandes 36B, pero desde hace dos años que lleva practicando aerobics y se ha cuidado más en su alimentación ha ganado un cuerpo espectacular.

    En el 2023, pasábamos por una crisis matrimonial, como todos los matrimonios, el sexo se fue reduciendo cada vez más, teníamos problemas más a menudo, por el dinero, por mis viajes de trabajo y casi siempre sacaba a relucir que seguro tenía otra mujer, cuando eso no pasaba, en fin, eso fue disminuyendo nuestros encuentros en la cama, reduciéndose a solo compartir la cama.

    Arturo, el tercero en discordia es un policía con el que estuvo viviendo en pareja por 4 años, eso pasó antes de conocernos y casarnos. Siempre había sabido de Arturo desde que, en una noche de copas con mi esposa, hablando de trivialidades y con las copas un poco pasadas me confesó que Arturo le había enviado solicitud de amistad por el Facebook, ella me dijo que no preocupase que a ella no le daba importancia y hasta ahí quedó plática.

    Siempre he confiado en ella y a pesar de considerarme un hombre celoso, algo pasaba con mi esposa, en lugar de molestarme me parecía excitante que uno de sus ex la estuviera buscando, el solo hecho de pensar de compartir a mi esposa con alguien más y además fuera uno de sus ex me ponía caliente y aunque me molestaba sentirme así me excitaba.

    Mientras dormíamos escuché sonar varias veces su celular, me levanté, tomé su celular y pude ver unos mensajes de Arturo donde le saludaba seguidamente le decía que no podía esperar más que se moría de ganas de verla, lo que me llamó la atención es que no tenía más mensajes que ese, eso me hacía pensar que mi esposa borraba los mensajes después de que se comunicaba con su ex. También decía que esperaba con ansias poder verla el jueves de esa semana, mismo jueves que iba a viajar a la ciudad de México, ya que nosotros vivimos en el sureste del país.

    Me llené de intriga, no paraba de pensar en los mensajes de Arturo, siempre había escuchado de él por mi esposa, pero no lo conocía, pude mirar su foto de perfil y me pareció una persona atractiva, puedo darme cuenta de eso aunque no me gusten los hombres, se reconocer a un hombre atractivo, moreno con barba de candado, en la foto se veía como aquel tipo malo de la escuela del que todas las niñas se morían por él. Eso me estremeció más, pensé mi esposa siempre me había dicho que ese tipo de hombres jamás le han gustado y confirmaba todo lo contrario, le fascinaban.

    Recordaba que Irene me había contado que Arturo era un hombre posesivo, violento algunas veces que se portaba como todo un chico malo con ella, controlándola y privándola de salir de fiesta con sus amigas, como tanto le gusta a ella. Pensé, como pudo aguantar tanto a un hombre por muchos años si no era su tipo, si no le gustaban los hombres así. Muy al contrario de mí, yo de oficio un informático con cuerpo normal, a lado de su ex era pasivo completamente, él por otro lado era todo un macho, tipo malo que cualquier mujer se moría por estar con él, además su oficio de policía le daba un plus a su varonilidad.

    El día jueves llegó, el jueves que me iría a mi viaje de trabajo, el mismo jueves que mi esposa Irene vería a su ex que ahora no tenía dudas que era su amante, en los mensajes también le decía que la vería para el desayuno como habían quedado, parecía que esos mensajes estaban dirigidos más a mí que a mi esposa, para que lo viera, para que me enterara que se cogería a mi esposa mientras estaba de viaje. Mi vuelo saldría a las 8:45 am, entonces ya estaba planeado, mi esposa me dejaría en el aeropuerto y después se iría a ver con su amante policía que además era su ex. No podía dejar de pensar si era correcto irme así o encararla justo de camino al aeropuerto.

    No sé si me faltó valor o fue mi curiosidad y excitación por dejar las cosas así al no intervenir para luego saciar mi morbo y curiosidad de que pasará con mi esposa y su amante.

    Tomé el vuelo, llegando a la ciudad de México como es de costumbre, avisé por mensaje a mi esposa que el avión había aterrizado y estaba en camino a la oficina de trabajo. Su última conexión había sido media hora después de dejarme en el aeropuerto, mi mente no podía pensar en otra cosa más que en ese preciso momento ella estuviera de piernas abiertas con su ex, lejos de enojarme de pronto tenía una erección y me sentía mal por eso, imagina a mi esposa en la posición que tanto le encanta, de perrito sometida por su ex, el fornido policía moreno que tanto deseo le tenía después de varios años de no verse.

    Mi esposa se reportó, hasta después del mediodía con la excusa de haberse quedado dormida después de llegar a la casa, he de aclarar que tenemos cámaras a las afueras de la casa, entonces pude notar que como me dijo llegó a tiempo a la casa, pero también que alguien llegaba con ella, en las cámaras pude notar que era Arturo, no pude ver más por el foco de la cámara, pero pasado el mediodía pude notar que Arturo salía de la casa se dirigía a irse, la cámara que instalé es discreta y solo yo sabía dónde estaba, mi esposa Irene no sabía que contábamos con cámaras en acceso principal de la casa.

    Por eso tuvo la libertad de llevar a su amante, sin ningún remordimiento. Pasaron los días, sin ningún reclamo de mi hacía ella, me tocó regresar a casa, Irene fue por mí, al recogerme en el aeropuerto, noté una chispa diferente en su mirada, se veía feliz y más atractiva de lo habitual.

    Tengo que confesar que me dio gusto el saber que es felicidad se la daba su amante, no podía negar lo que acababa de descubrir, pero no tenía el valor de encararla, más que valor, sentía excitación por lo que sabía, al llegar a casa estaba caliente que nomás de entrar tiré las maletas y me abalancé a mi mujer, la besé frenéticamente, mismo que ella correspondió llevaba un vestido holgado de color beige, se traslucía su ropa interior, se veía hermosa le arranque el vestido y tuvimos el mejor sexo que habíamos tenido por un largo tiempo, mientras estaba dentro de ella, mi erección crecía descomunalmente al imaginarme la escena que habían tenido en mi nuestra propia cama matrimonial, donde habíamos pasado largo tiempo de nuestras vidas.

    Fue una sesión de sexo como ninguna otra, me decía a mí mismo que guardaría todo el secreto, tenía la necesidad de que mi esposa me siguiera poniendo el cuerno con su ex, el policía fornido, le estaba dando permiso sin siquiera decirle y haría lo posible por saber más, me moría de curiosidad por saber cómo se la follaba, como la trataba en la cama, si la hacía sentir lo que yo no podía.

    Mientras estaba en casa y mi esposa en su trabajo, buscaba alguna pista que me confirmara más la relación de mi esposa con su ex, noté que había comprado unos vestidos cortos y tenía algunas piezas nuevas de ropa interior de encaje, algunas eran diminutas, más diminutas de las que suele usar, seguro su amante se las regalo o ella las compro para su encuentros con su siempre macho.

    También aproveché que ella no estaba para instalar cámaras dentro de la casa, las cuales escondí bien, no quería que ella se enterara ni asustar a su amante, estaba convencido de jugar al voyeur con ellos, sin que supieran, nomás de imaginar que vería las guarradas de mi esposa con su amante tenía una fuerte erección que siempre terminaba apagando con masturbarme, pensando que en mi cama se follaba a mi esposa mientras estaba de viaje.

    Días después noté que ya no borraba los mensajes con Arturo, se mandaban fotos, mi esposa de su vida rutinaria y de vez en cuando le ambos se mandaban fotos saliendo de la ducha o mi esposa en el baño del su trabajo mostrándole las tetas, por Dios, eso me excitaba. Se referían a mi como el cornudo panzón, así me llamada Arturo, tengo que reconocer que esa humillación hacía mi persona me excitaba, era un sentimiento raro de mí, me molestaba un poco, pero era más mi deseo loco de que mi mujer me siga poniendo el cuerpo y siga como si nada lo que más me gustaba de eso.

    Mi viaje de trabajo llegó, mi itinerario de 4 días fuera de casa serviría para observar a mi mujer y a su ex, eso lo contaré en el próximo relato, que nomás de pensar en ello me pone muy caliente, lo zorra que es mi esposa.

  • Papi, me rompieron los calzones

    Papi, me rompieron los calzones

    ¿Cómo fue eso? ¿Qué paso?

    Pues no había tiempo de mucho así que solo atinó a bajarme el pantalón, voltearme y empinarme… me la dejó ir toda, pero en el mete y saca estorbaba este calzón, no era como la tanga que me la hace a un lado, aquí estorbaba y en su desesperación no esperó a que quitara el pantalón porque no quería dejar de metérmela, así que jaló duro y el calzón cedió. y ahora si entraba y salía y chocaba con sus huevos en mis nalgas, muy rico.

    Le dije que quería la lechita en las nalgas, así que cuando iba a terminar me la sacó y me las bañó, de rica leche caliente.

    Después nos dimos cuenta que no había con que limpiármelas, así que lo único era el calzón roto, me las limpió y luego me limpié yo la pucha que estaba empapada…

    Me puse el pantalón así sin nada, la tengo tan hinchadita y sensible que el roce me tiene caliente aun…

    Por cierto, te llevo los calzones… y todavía pueden limpiar más lechita…

  • Con Sonia en su casa (parte 1)

    Con Sonia en su casa (parte 1)

    Como ya les había contado en el anterior relato, después de esa salida con Sonia, empezamos una relación de poco más de 6 meses. Fue una bonita relación, estuvimos muy enamorados. A Antonio no le agradaba mucho la situación, pero no podía decir mucho. Nuestra relación era muy sexual. Teníamos relaciones casi todos los días, muchas veces en hoteles y muchas en su casa o la mía cuando había oportunidad.

    Una noche, yo estaba en mi casa tranquilo descansando, había tenido una pequeña discusión con Sonia un día antes, por lo que no nos habíamos hablado todo el día. Cuando de repente suena mi teléfono, era la prima de Sonia, Laura, con la que compartíamos muchas salidas.

    -Gonzalo, ¿Qué haces? –me preguntó.

    -Nada, acá tranquilo –respondí sin mucho interés.

    -Estoy donde Sonia, tomándonos un vino con un amigo, ¿vienes? –me contó– Sonia te está esperando –dijo mientras escuchaba la voz de Sonia quejándose al fondo.

    -¿Estás segura de que quiere que vaya? –pregunté pensando que era broma.

    -Ya no seas tonto y ven para que se amisten –me dijo en tono autoritario.

    -Ok, voy para allá –respondí sin ganas.

    Me alisté y fui para su casa. Todo el camino pensé en que pasaría cuando llegue, seguiría molesta o podríamos amistarnos fácilmente. La discusión fue por una tontería, así que pensé que, para no arruinar la noche, daría mi brazo a torcer y arreglaría las cosas. Cuando llegué, subí a su departamento y me abrió Laura, me dio un abrazo y me susurro al oído.

    -Ha tomado un poco, yo creo que se van a amistar rápido –dijo.

    Entré, me presentaron al amigo, del cual no recuerdo el nombre, ya que fue la única vez que lo vi. Digamos que se llamaba Carlos. Lo salude, me acerque a Sonia y le di un suave beso en los labios. Acepto un poco a regañadientes. Me senté a su lado y comenzamos a conversar todos en grupo.

    Hablábamos de cosas sin importancia, pero la conversación estaba amena. Estuvimos tomando unos vinos y en un momento, Carlos y Laura se pararon y fueron a la cocina a traer más vino. Me quede a solas con Sonia.

    -Amor, podemos estar bien, no me gusta pelear contigo –le dije mientras acariciaba sus mejillas– discúlpame –dije sin sentirlo, ya que creía no haber hecho nada malo.

    -No se. ¿Lo dices en serio? –preguntó dubitativamente.

    -Claro que sí, sabes que te quiero muchísimo –y le di un beso en la boca.

    -Está bien, yo también te quiero mucho –respondió sonriendo.

    Nos fundimos en un beso muy romántico y un poco sensual. Estuvimos besándonos por unos minutos y notamos que Laura y Carlos no regresaban.

    -Y estos ¿tanto demoran? –pregunté– creo que no solo fueron por vino –dije burlándome.

    -No, ¿Cómo crees? Es solo su amigo –respondió ella.

    -Por favor –dije– sabes que tu prima es tremenda.

    -¡Oye! ¿Qué te pasa? –dijo riéndose– seguro lo hacen para darnos tiempo de amistarnos.

    Al rato volvieron, se notaba que se habían besado, por como regresaron, es más me pareció que hasta manoseo hubo, porque la ropa de Laura estaba ligeramente desarreglada.

    Seguimos con nuestra conversación y unas horas después, se acabó el vino. Laura y Carlos dijeron que ya se iban y yo dije que me quedaría a ayudar a limpiar, ya que Sonia me había dicho que sus papas no tardarían en llegar. Una vez que se fueron, Sonia se me acerco y me beso apasionadamente.

    -Mis papas viajaron a visitar a unos tíos con mi hermana, no volverán hasta mañana en la tarde –me dijo coquetamente– solo quería que se vayan.

    -Me hubieses dicho antes y los botaba a los dos –le dije riéndome.

    -Quiero que te quedes a dormir, que me hagas tuya en la cama de mis papas –me dijo con cara de excitada.

    -¿Quieres que finjamos ser marido y mujer? –le pregunté mientras la apretaba a mi cuerpo–¿qué despertemos juntos después de hacer el amor toda la noche?

    -¡si! –dijo besándome en los labios– ya mañana arreglamos esto.

    Nos besamos apasionadamente y la cargue en mis brazos, como se ve en las películas a los recién casados. La lleve al cuarto de sus papas. Nunca había entrado, solo lo habíamos hecho en su cuarto. El cuarto de sus papas era amplio, una cama King, un sillón con una pequeña mesa al costado, un tocador con espejo con una pequeña banca, una mampara de vidrio grande que daba a un pequeño balcón. La llevé hasta la cama y la recosté.

    Me subí encima de ella y comencé a besarle el cuello, mientras desabotonaba su blusa lentamente, ella me saco el polo y comencé a besarle los pechos por encima del sostén, me encantaban sus tetas, su piel era suave, sus pezones ya estaban duros y se notaban a través de la tela de su sostén. Le comencé a desabrochar el pantalón y lo bajé, dejándola sola con el calzón. Este ya se veía ligeramente húmedo. Me volví a subir encima de ella y comencé a besarla, casi comiéndome su boca. Ella frotaba fuertemente mi espalda y yo apretaba sus duras y hermosas piernas. Frotaba mi pelvis contra el suyo. Mi erección ya se notaba por encima del pantalón, al igual que se notaba lo húmeda de su vagina a través de su calzón.

    Le quité el sostén, besé sus tetas, lamiendo sus pezones. Comencé a bajar lamiendo y pasando la lengua por su abdomen, hasta que llegué a la altura de su calzón. Lamí su vagina por encima del calzón, sorbiendo los jugos que lo empapaban. Lentamente le fui bajando el calzón para dejar al descubierto su conchita depilada y chorreando. Con mi lengua fui separando sus labios y succionándolos. Ella gemía y sus manos empujaban mi cabeza acercándola más a su conchita.

    -¡Quiero tu pinga!!! –dijo agitada, mientras me separaba de su vagina. Me pare y ella bajo mi pantalón y mi bóxer. Mi pene salto totalmente endurecido– me la quiero comer todita.

    -Es toda tuya –respondí, ella se la metí de un solo golpe, hasta que su frente choco con mi abdomen- ¡oh por dios! Me encanta como la chupas mi amor. Trágatela toda.

    Comenzó a chupármela rápidamente, luego se la sacaba y le pasaba la lengua por todo el tronco. Se metía la cabeza en la boca y la succionaba, mientras me masturbaba. Luego me comenzó a masturbar y se metió mis testículos en la boca.

    La levanté, la besé con fuerza, parecía que no nos hubiéramos besado en años. Y así, parados, nos comenzamos a besar y frotar. Frotaba mi pene contra su vagina. Mi pene comenzaba a mojarse con lo húmeda que estaba. La cargué y en esa posición se la metí de golpe. En esa posición, con mi pinga completamente dentro de su concha, caímos en la cama. Se la metía con fuerza, ella subía y bajaba sus caderas para estimular más su clítoris con mis embestidas. Era brutal. Sentía como mi pene ingresaba con facilidad y se mojaba completamente, ella gemía y yo estaba disfrutando amasando sus tetas con mis dos manos, mientras lamia sus duros pezones. Ella comenzó a frotar mi espalda y a arañármela, estábamos desesperados.

    La cargué y me senté en el borde de la cama, ella encima mío rodeándome la cintura con sus piernas y el cuello con sus brazos. Nos besábamos, jugando con nuestras lenguas. Ella movía sus caderas de adelante a atrás. En esta pose, su clítoris se frotaba con mi pelvis y sus tetas con mi pecho. Comenzó a gemir.

    -¡Me voy a venir, mi amor! –gritaba– ¡que rica se siente tu pinga! ¡así, así!!! ¡No pares! –Y comenzó a convulsionar, corriéndose y empapando mis muslos.

    Nos paramos, fuimos hacia la mampara, la apoyé en ella, apretando sus tetas contra el vidrio. Me coloqué detrás de ella y se la metí con fuerza. Sentía sus nalgas rebotar en mi cuerpo, ella seguía gimiendo, pidiéndome que no pare. Le abrí las nalgas, dejando al descubierto ese precioso ano, el cual nunca había podido penetrar. Comencé a jugar con la entrada de su ano, le metí un dedo, previamente ensalivado. Ella no se opuso. Ya le había metido antes hasta dos dedos, pero nunca se llegó a atrever a entregármelo.

    Cuando ya tuve dos dedos dentro de su ano, comencé a bombearla con mucha fuerza. Ella gemía con fuerza, casi gritaba. Yo ya no me controlaba para nada. Lo único que quería era darle con más fuerza. Le metía y sacaba los dedos del culo rápidamente. Ella se frotaba el clítoris y comenzó a venirse por segunda vez.

    -¡me vas a hacer venir otra vez mi amor! ¡sigue! –gritaba mientras su concha se mojaba y sus jugos chorreaban por sus muslos.

    -¡yo también me voy a venir mi amor!!! –le dije, embistiéndola cada vez más fuerte.

    -Tírame tu leche en la cara por favor –me dijo. Se la saque de la concha, ella se arrodillo frente a mí y comenzó a masturbarme mientras lamia la punta de mi pinga y la succionaba.

    -¡ya viene!!! –le dije casi gritando– se la saco y de pronto salieron varios chorros de espeso semen que cayeron por toda su cara, salpicando la mampara y la alfombra del piso.

    Nos recostamos en la cama, ella apoyada en mi pecho, abrazándonos. Estuvimos un rato así, tratando de recuperar el aire. Después de unos minutos, levanto la cabeza y nos besamos tiernamente.

    -Te amo –le dije, mirándole a los ojos.

    -Yo también mi amor –respondió ella.

    Nos quedamos echados un buen rato, disfrutando del calor de nuestros cuerpos. Abrazados. Besándonos de rato en rato. Conversando de lo que habíamos hablado con su prima y su amigo. Cuando de repente, mi pene comenzó a endurecerse de nuevo. Ella lo noto, lo agarro con su mano y comenzó a sobarlo suavemente.

    -Parece que ya estas listo para otro round –me dijo coquetamente.

    -Te dije que te iba a hacer el amor toda la noche –respondí– y pienso hacerlo en toda la casa. Esta noche voy a marcar mi territorio –bromeé, ambos reímos y nos besamos.

    Nos paramos y fuimos a la sala. Me sentó en el sillón donde habían estado sentados Carlos y Laura, tan solo unas horas antes. Se arrodillo y me dio una jugosa y gran mamada. Cuando mi pinga ya estuvo lubricada, se paró, se dio la vuelta y con las piernas juntas se sentó encima, metiéndose mi pinga dura en su concha. Veía como su culo rebotaba encima mío, me encantaba verla en esa pose, porque podía apreciar su culo en todo su esplendor. Mientras se movía, comenzó a abrir sus nalgas dejando su ano a mi disposición.

    -Méteme los dedos amor –me dijo –hoy quiero que me partas el culo.

    Ensalivé un dedo y se lo metí en el ano. Ella dio un respingo, pero siguió moviéndose. Comencé a estimular ese ano que me volvía loco y que por fin podría hace mío. llegue a meter 2 dedos hasta el fondo, ella gemía como loca y se movía cada vez más rápido. Yo ya estaba en la gloria, pero quería metérsela por el culo. Así que la levante y le pedí que se arrodille y se apoye en la mesa de centro. Con el culo bien levantado. Me arrodillé y le empecé a lamer el ano. Metía mi lengua y le escupía dentro.

    -¿quieres que te parta el culo? –le pregunté.

    -Si mi amor, por favor, lo deseo con locura –me respondió desesperada.

    Me froté con saliva la punta de la pinga y se la comencé a empujar despacio. Entro la cabeza con un poco de dificultad. La dejé unos segundos ahí sin moverme, para luego comenzar a empujar suavemente. Cuando entro toda, ella dio un suave grito de dolor. La dejé ahí dentro unos segundos más y comencé a bombear, primero despacio y después fui subiendo la velocidad. Me apoye en su espalda mientras la embestía con fuerza. Metí mi mano por debajo de ella y metí dos dedos en su concha, la cual estaba empapada de sus jugos. Le movía los dedos dentro con fuerza. Comencé a sentir sus jugos salir con fuerza en una increíble corrida. No me pude contener.

    -Me voy a venir –le dije.

    -Yo también –dijo, mientras se venía– lléname el culo de leche por favor amor.

    -¡ahhhh! -grité mientras mi leche salía de mi pinga para llenar ese ano hermoso que por fin pudo ser mío.

    Caímos en el suelo, agotados, sudando y agitados, después de tremenda corrida. Nos abrazamos uno frente al otro y nos besamos cariñosamente. Trate de recuperarme rápido, estaba muy caliente, quería hacerlo toda la noche, pero no sabía si me alcanzarían las fuerzas. Ella se acercó a mi oído.

    -¿Estas listo? Quiero que me cojas en la mesa del comedor –susurró– quiero manchar de corridas el sitio donde come Alicia.

    Alicia era su hermana, no se llevaban muy bien, por temas que nunca supe, pero debe ser por algún chico, ya que Alicia era tremenda zorra. Cuando me dijo esto, volvieron las fuerzas a mí, la idea de que Alicia coma en el lugar donde su hermana y yo cogimos, me dio morbo y las ganas de Sonia por hacerlo, me volvieron a calentar.

    Continuará.

  • Mi novia me hace cornudo con su ex

    Mi novia me hace cornudo con su ex

    Hace casi un año mi novia estaba estudiando veterinaria en una universidad de una ciudad que estaba aproximadamente a 6 o 8 horas de donde vivimos actualmente, debido a ello comenzó a arrendar un departamento en aquella ciudad.

    Nosotros nos veíamos los fines de semana y entre semana siempre hablábamos por chat y videollamadas. Todo bien, hasta que un día a partir de las 6 pm ella ya no contestaba mis mensajes, si me preocupé, pero luego me mandó un mensaje diciéndome que está ocupada por las tareas y que al terminar ya me escribiría.

    Alrededor de medianoche yo ya estaba acostado en mi cama dispuesto a ya dormir, cuando me comienzan a llegar mensajes de una persona que no conocía haciéndome preguntas y enviándome mensajes tales como:

    -Hola, ¿Le conoces a la Andrea Villalobos?

    -Tu eres el novio de la Andrea Villalobos, ¿Verdad?

    -En este momento ella está conmigo.

    -Acabamos de coger muy rico.

    -Ya déjala bro, no te conviene estar con ella.

    Etc., etc.

    Sinceramente yo no lo hice caso y traté de seguir durmiendo, pero luego de unos minutos me mandó una foto de mi novia en lencería y diciendo:

    -Uff, mira bro como la tengo ahorita.

    Luego de varios minutos después otra foto de ella, ahora en bata de baño y diciendo:

    -Ya terminamos de coger, ahora se metió a bañar.

    Y por último, una foto de ella dormida y diciendo:

    -Ya quedó dormida, quedó exhausta.

    Esos mensajes si me afectaron y terminé llorando, quería desaparecer. Una hora después del último mensaje, yo estaba sentando en mi cama procesando en lo que había visto. Cuando me entra una videollamada a mi celular, yo me quedé pensando en si contestar o no, pero decidí si contestar.

    En la videollamada el tipo me habló directamente cara a cara y me dijo:

    -Que tal bro, que rica es tu novia, ya entendiste que no vale la pena estar con ella, tuvimos sexo y la pasamos muy bien, y sigo arrecho todavía, mira te lo voy a indicar para que tú mismo veas y te des cuenta de que ya la debes de terminar a tu novia.

    Acto seguido él volteo su cámara, me mostró su pene parado y caminó hacia la cama donde estaba mi novia dormida, él le quitó las cobijas y ahí estaba mi novia dormida de cucharita, él se puso atrás de ella y comenzó a cogérsela, mi novia poco a poco empezó a despertarse y a gemir, se escuchaba como ella lo estaba disfrutando. Repentinamente él simplemente colgó la llamada y me bloqueó.

    Yo me había quedado sin palabras por lo que había visto, luego de eso me quedé procesando todo hasta quedarme dormido. Al día siguiente mi novia me escribió y dijo que se quedó estudiando para los exámenes y que luego se quedó dormida y por eso no contestaba los mensajes. Yo le quise decir que ya sabía la verdad, pero no le dije nada y simplemente le “creí”.

    Una tarde que salimos los dos me estaba mostrando sus fotos de hace años y en una de esas fotos salía ese tipo y yo le pregunté quién era él y me contestó que era su ex y que ya no sabe de la vida de él. En ese momento me di cuenta de que quien la cogió esa noche era su ex.

    Como dije, al principio si me sentía mal por lo que había visto, pero luego de unos días al recordar todo lo que había visto esa noche comencé a sentir excitación, el pensar e imaginar en todo lo que ellos habrían hecho aquella noche, y sobre todo también al recordar que el pene de su ex se veía mucho más grande que el mío.

    Ahora en la actualidad me considero orgullosamente cornudo, me encanta imaginar a mi novia siendo cogida por otros.