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  • Con el conserje de la preparatoria, ya todo cambió

    Con el conserje de la preparatoria, ya todo cambió

    Hasta hace dos meses, yo era una joven que no pensaba en sexo para nada, por el contrario, cada que escuchaba alguna conversación de eso me incomodaba y prefería salir de esa conversación.

    Sé que, con 18 años cumplidos, muchas chicas ya han cogido y son algo experimentadas pero mi familia es muy tradicional. Soy hija única y mis papas siempre me han cuidado mucho. Me restringen el celular con Google parents, no puedo tener Facebook, Instagram, ni nada de redes. El WhatsApp es solo para uso de la familia o la escuela. De vez en cuando me hacen revisión sorpresa de teléfono, entonces, como se podrán imaginar prácticamente nunca he visto porno, más que el que mis amigas a veces me muestran en sus teléfonos y francamente no me llama la atención. Inicié en el sexo de una manera poco convencional y quiero seguir aprendiendo a mi manera.

    Según mi cuerpo y mi imaginación me vayan guiando. Lo confieso, soy esclava de las hormonas. Me caliento con demasiada facilidad y me mojo como nunca lo hubiera pensado, es súper incomodo. Ahora necesito casi siempre traer calzones de repuesto o de plano, ya no usar. (Pretexto jaja)

    Ahora todo es diferente, no puedo contener mis deseos y ganas de experimentar. En cada descuido que tiene mi cabeza comienzo a pensar en sexo y deseo encontrarme algún madurito en el camión o en donde sea que se pueda y ver que logro hacer.

    Después de mi primer encuentro ha sido difícil verme con mi madurito, nos hemos escapado algún día temprano, pero parece ser que la magia se perdió. No por ello ha dejado de ser rico y no dejo de aprender, pero deseo más, quiero experimentar cosas y este señor parece ser que me dio todo lo que tenía que darme. El regalo de saberme una putita en el fondo y una niña bien ante la sociedad.

    Un mes después yo ya traía la calentura al cien, no podía detener mi cabeza y no dejaba de pensar en una verga de algún señor arriba de 50 o 60 o más jajaja. Mi madurito anda en los 40 pero deseo saber si yo sería capaz de levantar una verga vieja y arrugada y ponerla como tronco. Era mi fantasía que sin saber, estaba cerca de cumplir.

    Se acercaba el final de curso, por fin terminaría la prepa y de ahí a la universidad y como reprobé una materia pues tengo que ir a curso de regularización. Prácticamente las clases ya se acabaron. El lunes pasado inició el curso así que debía ir a ver qué onda con mi materia y en la escuela solo estaban algunos administrativos, el vigilante, el conserje, el profesor y algunos alumnos. Así que todo aburrido.

    Como aún se consideraban “clases” pues debemos llevar el uniforme, así que traía la falda de la escuela, una blusita blanca, mi bra normal, calcetas y tenis, pero desde mi encuentro con el manoseador agarré la afición de andar sin calzones.

    Una nunca sabe que se pueda encontrar en el camino y pues ahora ya sabía cómo estar lista y aprovechar cualquier oportunidad que se fuera dando. Esta idea de provocar me excita muchísimo. Por ejemplo, yendo del Ajusco hacia metro Copilco, puedes bajarte en la avenida revolución por abajo del puente, y para subir hacia el Metrobús hay unas escaleras donde solo cabe una persona entonces se hace la fila larga de gente en las mañanas que va a subir esa escalera para caminar hacia insurgentes. Entonces es muy divertido ver cuántos hombres se forman atrás de mí para poder ver debajo de mi falda.

    A veces incluso, algunos se quedan abajo para voltear hacia arriba y ver que pueden captar sus pupilas voraces. Imaginen la postal cuando se dan cuenta que no llevo calzones y más aún, si por cualquier pretexto, me agacho.

    Pero bueno, regresando al tema en cuestión, estaba aburrida en clase, pensando solo en la calentura cuando me dieron ganas de hacer pipi así que salí del salón y me acerqué hacia los baños. De camino me encontré al conserje, don Alejandro. Un señor ya mayorcito, como de unos 65 años. Era un viejito con calvicie, solo tenía como una coronilla de canas que lo hacía verse muy bonachón, gordo, realmente tenía una panza prominente, pero era sostenida por unas piernas atléticas, apiñonado, un poco chaparrito pero de manos muy toscas, cuando sonreía se notaba que le faltaban algunos dientes Siempre ha sido muy educado y amable con todo el mundo pero su mirada escondía algo más libidinoso.

    Yo sentí curiosidad y morbo de cómo alguien con esa panza podría encontrarse la verga incluso para ir al baño. La idea no me dejo tranquila, fui al baño y me sentí mojada. ¡Carajo! ¿Ahora resulta que hasta con un viejo gordo y feo me excito?

    Cuando iba regresando hacia el salón lo vi de nuevo. Estaba barriendo el pasillo de manera algo desganada. No pude evitar sentir una cosquilla en mi pubis y al pasar cerca de él, le dije:

    -Hola don Ale, échele ganas, aún le falta toda la escuela jejeje.

    -Hola niña, que te digo, y como son vacaciones para todos, pues aún me falta ordenar mi bodega.

    -¿Cual bodega don Ale?

    -Has visto que a un lado de la biblioteca hay como unos cuartos, pues ándale. Ahí es la bodega de mantenimiento y me dejaron un desmadre los otros compañeros.

    -Que mal don Ale.

    -Pues sí, gente sucia Y tú, que andas haciendo por aquí, ¿no deberías estar en clase?

    -Es que salí al baño, pero lo vi aquí y quise pasar a saludarlo. Me llamo Valeria, por cierto.

    -Mucho gusto niña.

    -¿Y a qué hora va a su bodega don Ale? ¿A poco se queda aquí todo el día?

    -Pues me quedo hasta las 6 de la tarde. yo creo que después de barrer aquí ya me voy para allá. ¿Se le ofrecía algo Vale?

    En ese momento mi calentura habló por mí. Tuve que improvisar, sentía un nudo en mi garganta, pero no quería sonar nerviosa, así que pasé saliva, aclare mi voz un poco y con el tono más despreocupado del mundo le dije:

    -Es que sabe que don Ale, el cierre de mi mochila se atoró y no puedo zafarlo y pues no sé si tenga tiempo y quiera apoyarme, podría llevársela a su bodega para que la revise, pero solo si se puede, sino, no hay problema, es que no quiero llevármela abierta todo el camino y mucho menos quisiera romper el cierre por tratar de arreglarlo. Ya ve como se ponen los papas.

    -No se preocupe Vale, si quiere voy por mi herramienta y la veo en su salón.

    Sentía la adrenalina correr por todo mi cuerpo, mi corazón galopaba en mi pecho. Yo no quería que él fuera al salón. Por alguna extraña razón, yo deseaba estar a solas con él, en su bodega.

    Todo esto era diferente a lo del camión o la casa del manoseador. Por primera vez en mi vida estaba provocando a alguien que, en otras circunstancias, jamás hubiera volteado a ver. Un señor mayor, gordo, pelón y nada guapo. Si hablaba o yo me equivocaba, podría terminar bastante trágico para mí.

    -No don Ale, se lo agradezco mucho, lo que pasa que, si va al salón, no sé si la maestra me deje salir o si me de permiso de darle mi mochila. Pero no pasa nada, de verdad muchas gracias.

    Entonces paso por mi cabeza un fugaz pensamiento… Yo había cachado a don Ale viéndome discretamente otras ocasiones y en su mirada podía notar que yo le llamaba bastante la atención. Aquí en el pasillo no había nadie y él podía verme con más libertad así que me di la vuelta y deje caer una pinza para el cabello que traía en las manos y me agache sin doblar las rodillas, me agache lo más que pude y voltee de reojo para ver que hacía don Ale. Estaba pasmado con sus ojos clavados en mis nalgas.

    Recogí la pinza y me di la vuelta para decirle:

    -Cuídese mucho don Ale, a ver si lo veo cuando venga por mis papeles para despedirme de usted. Ya por fin me voy a la Uni.

    -Claro que si niña, no se preocupe.

    No supe que hacer, no dijo nada. Así que frustrada me di la vuelta y encaminé mis pasos rumbo al salón cuando, después de unos 10 metros de haber caminado escuché la voz de don Ale un poco temblorosa y agitada detrás de mi diciendo.

    -Espera Vale, yo ya voy a mi bodega. Hoy no viene el director así que no tengo jefes, puedo seguir barriendo después, si quieres puedes llevar tu mochila para allá. Solo que si vas, ojala no se dé cuenta tu maestra, no quisiera que te regañen o meterme en problemas. Este es el único trabajo que tengo.

    -No se preocupe don Ale, no diré nada. Nadie sabrá que ando en su bodega para arreglar mi mochila. Sé que es un favor que me está haciendo. Le gradezco mucho. Deme unos minutos y voy para allá.

    -Con cuidado niña. Es la puerta negra junto al bote de basura. La empujas y te metes. Yo te espero ahí.

    Me hizo sentir ternura. Pero estaba demasiado caliente. Funcionó el haberle mostrado la colita y doy gracias que haya tenido el valor de acercarse e invitarme a la bodega. Bendita bodega.

    Entré al salón lo más tranquila posible. Por dentro mi corazón era una locomotora la sangre corría por mis venas de una manera tan galopante que sentía que estallarían en cualquier momento. Respiraba profundo para mantenerme tranquila, podía ya sentir un pequeño hilito liquido deslizase entre mis muslos buscando seguir la gravedad. No faltaba mucho para salir y la cosa es que al salir, nadie puede quedarse en la escuela. Sería fatal que después de que todos se fueran, yo saliera. Así que solo disponía de 30 minutos antes de que la clase terminara. No podía perder tiempo. Tomé mi mochila y me acerqué a la maestra para comentarle algo de manera muy discreta y personal.

    Le dije que había tenido un pequeño accidente y que debía regresar al baño a lavar mi falda y que en mi mochila traía mis toallas. Obviamente me dio permiso de salir.

    Sentía que me desmayaba de tanta adrenalina que circulaba por todo mi cuerpo. Salí caminando rápido y cuidando de que la maestra no fuera a ver mi falda.

    Cuando Salí de la vista de las ventanas del salón, apresuré el paso, casi corriendo le di la vuelta al edificio y lo rodeé para salir hacia la biblioteca tomando el camino del jardín. Pude ver a la distancia la puerta negra, junto al bote de basura, volteé de manera angustiada para ver si nadie estaba cerca que me hubiera podido ver, pero afortunadamente no había nadie.

    Llegue a la puerta de la bodega. La empuje y se abrió de manera fácil. Estaba algo obscura la bodega y como afuera hacia sol, mi visión tardo unos segundos en adaptarse a la pobre iluminación de la bodega.

    -¿Don Ale, anda por aquí?

    -Pásate vale, aquí ando.

    Salió de atrás de unos anaqueles llenos de herramienta y cajas. Mi vista ya se había adaptado y lo pude ver completamente. Traía su overol de trabajo medio sucio y venia secándose las manos con una franela. Se me quedo mirando de una manera como nunca me había visto. Pude ver cómo me desnudaba con los ojos. Se disculpo un momento y fue hacia la puerta para cerrarla por dentro.

    -Le traje mi mochica.

    -Ahorita la revisamos, pero antes quiero preguntarte algo, ¿puedo?

    -Por favor, don Ale, dígame.

    -¿Por qué te agachaste así enfrente de mí? Si sabes que uno es hombre y aunque estoy ya grande pues aún siento. ¿Como te imaginas tu que me sentí de ver a una niña tan hermosa toda empinadita mostrándome todo eso?

    -Ay perdón don Ale, no quise ofenderlo. Me disculpo con usted.

    -MI vale hermosa, no me ofendiste, me diste el mejor regalo de mi vida. Yo jamás en mi vida he tenido una mujer tan bonita ni tan jovencita, ni siquiera de cerquita. Mi esposa pues era igual que yo, gordita, morenita y pues desde que quedé viudo no he tenido nada que ver con ninguna mujer, A ninguna le llamo la atención, además ya estoy viejo. Por eso me sorprendió y deja te confieso que hasta miedito sentí, ya vez que ahora con esto del acoso pues está muy difícil y yo no quiero tener ningún problema. Tu eres muy bonita y estas muy chiquita y me gustas mucho, pero pues pensé que solo lo hacías por diversión o de broma como ahora lo hacen los jovencitos de tu edad. Pero, aunque fuera una broma, disfrute mucho del espectáculo.

    La voz le temblaba, todo él era un manojo de nervios, yo también estaba nerviosa, pero estaba disfrutando ver a ese hombre mayor tan vulnerable ante mí, pero al mismo tiempo no podía dejar de sentir esa excitación de percibir que no dejaba de verme las piernas, el escote, me miraba ocasionalmente a los ojos pero siento que quería guardar cada centímetro de mi imagen en su memoria para poder tocarse después. El tiempo corría, cada vez eran menos minutos y nosotros seguíamos platicando. Necesitaba hacerlo ahora o nunca.

    Lo mire fijamente a los ojos, me acerque hacia él y dejé mi mochila en el piso dos pasos antes de llegar junto a él. Sujeté sus manos y le dije:

    -¿Don Ale, por qué está nervioso? Lo siento muy angustiado, no se preocupe, todo está bien.

    Le agradecí por haber accedido a arreglar mi mochila.

    -Déjeme le enseño mi mochila y usted me dice si tiene arreglo, ¿le parece bien?

    Entonces me di la vuelta hacia donde había dejado mi mochila y me incline de nuevo sin doblar las rodillas, tome la mochila y no alcance a hacer otra cosa. De la nada sentí su gruesa mano sobre mi nalga y me pare de inmediato. Me giré y lo vi fijamente.

    Él se replegó y se empezó a disculpar como un niño que sabe que cometió el peor error de su vida. Entonces me acerqué de nuevo a y le dije

    -¿Don Ale, por qué hizo eso? Me toco una nalga.

    -Perdóname Vale, por favor perdóname, no le vayas a decir a nadie, no quiero tener problemas, es que no me pude aguantar y lo volviste a hacer, te empinaste y al ver tus nalgas de verdad no sé qué me paso, no pude contenerme, pero por favor, perdóname.

    -¿Le gustaría tocarlas otra vez?

    -¿Perdona? ¿No entiendo? ¿Es broma verdad niña? Por favor dime que está bromeando.

    -¿Quiere tocarlas otra vez? – pregunté de nuevo sin quitarle los ojos de encima.

    De manera ya más libre le di la espalda y levanté mi falda hasta la cintura dejando mis nalgas expuestas ante él. Y como si se tratara del doctor Jekyll y Mister Hyde, este viejito bonachón se convirtió en una fiera depravada. Tomo mis nalgas y las empezó a masajear de manera muy desesperada y fuerte, las apretaba muy fuerte, llego a dolerme, pero ese dolor y su desesperación me hicieron emitir un gemido que lo excitó como animal en celo. Acercó una silla y me dijo:

    -A ver mi niña, vas a poner tus manitas en la silla y te vas a empinar como hace rato.

    Obedecí. Me incline, puse mis manos en el sillón y deje mis nalgas expuestas ante él. Abrí las piernas ligeramente y pude ver como el se hincaba detrás de mí. Sin avisar y sin preámbulos románticos como ocurrió con mi madurito, don Alejandro hundió su boca entre mis nalgas llegando al culo de inmediato con su lengua. Lo escuchaba bufar, respirar afanosa y agitadamente como un sabueso buscando un rastro. Lamia como si fuera un perro cuando bebe. Sentía su lengua grande y rasposa pasar de la parte inferior de mis labios hasta mi ano. Me mordía ocasionalmente y sus manos no dejaban de apretar mis nalgas.

    Me ordeno darme la vuelta y sentarme en la silla con las piernas abiertas. Yo ya era su esclava en ese momento, me entregué al deseo que sentía, a esta lujuria que crecía y crecía. No podía parar, estaba dispuesta a todo. Solo deseaba sentir cosas nuevas, y este viejo feo me estaba llevando al cielo, ahora por vez primera me sentía de verdad una puta, una perra cualquiera. Y no podía con eso. Yo no podía detenerme.

    De nuevo se acercó, vi como abrió su boca para lamer mi vagina. Era evidente que le no se aseaba muy seguido, pero aun así no me importo. Sujeté su cabeza pelona y lo repegue lo más hondo. Lo apreté fuerte con mis piernas. Con sus fuertes manos abrió mis piernas y me dijo:

    -Tranquila Valecita, mi putita, me estas ahogando. No me aprietes tan fuerte.

    -Pues no que muy macho…

    No sé hasta qué punto fue bueno decir eso que me salió del alma. Pareciera que la frase en si le despertó aún más el instinto. Entonces se puso de pie, se quitó el peto del overol, bajo sus pantalones y un olor fuerte y agrio me llego a mi nariz. Mi sorpresa fue que tampoco el llevaba calzones. Debajo de esa panza ya había una verga bien parada, de buen tamaño y grosor. Yo calculo unos 15 centímetros al menos. Escurría baba de manera prominente, veía como palpitaba. Aunque tenía panza se podía ver muy bien ese trozo de carne.

    Entonces don Ale, de un tirón me levanto de la silla, me puso de rodillas frente a él.

    -Ahora si me la vas a mamar perrita, pinche escuincla calienta huevos. Siempre que las veo tan fresitas y tan mamonas sé que son bien putas. Órale Vale, abre la boca y métetela.

    -Don Ale, pero huele un poco fuerte.

    -No me he bañado en una semana Vale, no hay agua donde vivo y aun así me la vas a mamar.

    Para este momento yo ya no sabía que estaba pasando. El tiempo que me quedaba no era mucho y ya estaba ahí. Estaba súper excitada De verdad el olor era muy fuerte. Cuando tomé su verga con la mano y retraje un poco el prepucio pude darme cuenta que todo el glande estaba recubierto de una masilla blanca, como si fuera quesito. Eso olía agrio, además el olor a pipi. Sin saber porque y de manera involuntaria acerque mi nariz a la punta de su verga e inhale fuerte llenando mis pulmones de ese aroma. Ese simple hecho hizo que don Alejandro gimiera y sentí como empezó a palpitar su verga. Estaba por venirse. No esperaba esto, pero era lógico.

    De inmediato llevé mi boca hacia su verga, la metí por completo y sentí el chorro de semen rancio que broto de ese miembro. No sentí asco. Solo lo percibía como un sabor fuerte, intenso olor, pero empecé a mamar como desesperada. No podía detenerme, escurría semen de mis labios y tenía que pasar mi lengua una y otra vez para limpiarle bien ese pene. La erección no se le bajaba. Seguía muy dura y palpitante. Yo empecé a frotarle el miembro con mi mano mientras mi lengua se llenaba de esta masilla. Yo la degustaba, la saboreaba y me la comí. Por extraño y asqueroso que parezca así fue. Me la comí toda. Esa verga ya estaba limpiecita.

    Cuando levanté la vista pude ver que don ale tenía su celular en la mano y estaba tomando fotos.

    Me asuste. Me paré enseguida y comencé a vestirme sin decir nada.

    -No te asuste Vale. Las fotos no son para nadie. Solo es evidencia de que me cabo de morir e ir al cielo. Jamás las verá nadie.

    -Don Ale, por favor bórrelas, se lo pido. Por favor.

    Empecé a llorar, el miedo se apoderó de mí. Seguía vistiéndome rápidamente. Acomodándome la falda, la blusa. Me limpie la boca porque aún traía masilla embarrada.

    -Te propongo algo niña. Sé que todavía te quedan unos días aquí. Yo te mando las fotos y las borro de mi cel. pero a cambio quiero que todos los días vengas a mi bodega un ratito. ¿Te parece el trato?

    Y pues mis queridos lectores las fotos fueron borradas de su celular. Llegaron al mío. Fui testigo que las borró incluso de su papelera. Me quedaban dos semanas de escuela, 12 días de clases y de religiosas visitas a la bodega.

  • Me follé a una de 18 años

    Me follé a una de 18 años

    En el lugar donde trabajo contratamos chicas lindas de entre 18 y 25 años para que hagan publicidad de nuestro negocio en la calle. La mayoría de estas son jóvenes que nunca trabajaron y que andan buscando un empleo para poder ganar algo de dinero por primera vez. Esta historia es sobre una de esas chicas a la cual le pagué un dinero extra por tener sexo conmigo.

    Ella era una rubiecita de 18 años, dueña de una colita de esas que se ven deliciosas y que te dan ganas de meterle mano. Ella había terminado el colegio hace unos meses y andaba buscando un empleo. La contratamos porque vimos mucho entusiasmo por trabajar además de que era muy bonita y llamaría mucho la atención vestida con una calza negra.

    Yo era el encargado de pagarle todos los viernes y les aseguro que se le iluminaba la cara de felicidad al momento que recibía su paga.

    Sucedió que un viernes ya de noche le dije que tenía su dinero en mi auto y que si iríamos para allá le pagaría. Al llegar a mi coche que se encontraba en el fondo del lugar le dije que tenía algo importante que decir así que la hice pasar en el asiento trasero y yo me senté a su lado. A continuación saque de debajo del asiento de adelante un sobre con dinero y retire de dentro de él la plata que tenía que pagarle a la joven. Le pague y ella me pregunto qué era lo que le quería decir.

    Yo: te gustaría ganar 400 pesos extras.

    Ella: y que debo hacer?

    Yo: no quiero que te ofendas con lo que te voy a decir y está todo bien si me decís que no.

    Ella: bueno está bien.

    Yo: no te gustaría hacerme una mamada por 400 pesos.

    Ella quedo en silencio y empezó a tocarse el cabello mostrando cierta indecisión por responder. Yo noté eso en ella y trate de convencerla ofreciéndole en mi mano los 400 pesos.

    Yo: es dinero fácil y es sólo por unos minutos.

    Ella miro la hora en su teléfono y me dijo lo siguiente.

    Ella: mi novio viene en quince.

    Yo: tenemos tiempo de sobra.

    Ella: bueno está bien.

    Agarró el dinero y lo guardo en su cartera que luego se la saco. Luego de eso ella se ató el cabello y yo me baje el pantalón y coloque mi brazo sobre el respaldo del asiento para disfrutar de la mejor manera de lo que iba ocurrir.

    Primero ella me agarró la pija con su mano derecha y me hizo tremenda paja hasta dejármela bien dura lista para ser comida. Cuando lo hizo se inclinó, bajo su cabeza y empezó a chupármela.

    Mientras me la chupaba yo le pasaba la mano por su espalda y luego la dejaba en reposo sobre su cabeza. Además me excitaba un montón al ver subir y bajar su cabeza mientras me comía la polla. Fueron los mejores 400 pesos invertidos en toda la historia.

    La cosa no termino allí, yo quería cogérmela así que tome otros 500 pesos del sobre y le pregunté si me dejaba metérsela por esa cantidad.

    Yo: querés ganar otros 500 pesos?

    Ella: y que tengo que hacer ahora?

    Yo: tener sexo conmigo.

    Ella: tenés preservativo?

    Yo: si claro.

    Ella: bueno, está bien.

    Ella guardo el dinero en su cartera y luego de unas chupadas me coloco el preservativo que yo tenía. Luego de eso la acomode encima de mí, le baje la calza junto con la tanga y me la folle de sentado con sus manos sobre el respaldo del asiento delantero y las mías agarradas a su cintura.

    Sucedió que mientras me la cogia de sentado ya habían pasado los 15 minutos y supuestamente su novio ya estaba en el lugar. Entonces en ese momento empieza a sonar el teléfono de esta joven y ella decide atender estando con mi pija dentro de su cuerpo. Se trataba de su novio que la había llamado para saber dónde se encontraba pero ella le dijo “perdón por no avisarte antes pero me tengo que quedar haciendo un trabajo extra” y se escucha al novio decir “querés que te espere” y ella mirándome le responde “no te preocupes luego mi jefe me va a llevar a casa”. Luego de esa charla telefónica yo seguí follándomela pero esta vez la puse en cuatro patas sobre el asiento. Para acabar la agarre bien de la cintura y le empecé a dar fuertes embestidas hasta que acabe en un orgasmo infernal.

    Después de la cogida la tuve que llevar a su casa y estuvo en silencio durante todo el viaje hasta que al llegar a su hogar me dijo lo siguiente.

    Ella: gracias por traerme y por el dinero extra.

    Yo: no de nada.

    Ella abrió la puerta y antes de salir me dijo con una sonrisa “me gusto lo que hicimos”. Lo que pasó luego será por otro relato y si le gustó se los contaré.

  • Infiel con el peor enemigo de mi esposo

    Infiel con el peor enemigo de mi esposo

    Como he visto que les gustó mi relato anterior les seguiré contando como me fui convirtiendo en una mujer infiel, pero primero les pido una disculpa por no haberles podido seguir contando mis aventuras con más frecuencia pues debido a algunos problemas no he tenido el tiempo necesario para seguir escribiéndoles. También quisiera a agradecerles a las personas que me dejaron un comentario en mi relato anterior pues eso me dio más confianza para seguir contándoles mi vida de infidelidades.

    como ya les había contado en mi relato anterior, soy una mujer casada muy buen ver 1:62 de estatura, piel blanca, ojos color verdes, cabello color negro, labios carnosos y gracias a que me desarrolle demasiado bien de mis senos en mi adolescencia y a mi esfuerzo en el gym tengo una gran figura haciendo que mis medidas sean 90-62-96 después de esa descripción seguiré contándoles lo que ocurrió después de engañar a mi esposo por primera vez, después de lo ocurrido las siguientes semanas fueron muy difíciles para mi, pues cada día que pasaba no podía evitar el recordar lo que había hecho por lo que pensamientos de culpabilidad y arrepentimiento invadían mi cuerpo haciendo que tuviera la necesidad de contarle todo a Matías, en muchas ocasiones en que mi esposo me llamo estuve a punto de contarle lo que le había hecho pero nunca tuve el valor suficiente para hacerlo, pero tras esos sentimientos de arrepentimiento y de culpabilidad que me llegaban siempre que recordaba lo que había hecho no podía evitar tener una pequeña sensación de excitación la cual iba creciendo al pasar las semanas, hasta llegar al punto de remplazar mi culpabilidad y arrepentimiento por calentura y excitación, pues siempre que tomaba una ducha me quedaba viendo el lugar donde paso todo y comenzaba a recordar el gran placer que había sentido en aquel momento lo que hacia que me calentara demasiado, teniendo en muchas ocasiones que masturbarme para bajarme la calentura, aquella sensación de deseo y placer que había sentido con don Avelino comenzaba a invadir mi cuerpo, pues cada día que pasaba comenzaba a tener la necesidad volver a sentir aquel placer que había experimentado, en muchas ocasiones la calentura invadía tanto mi cuerpo que tenia la necesidad de masturbarme para bajarme mi excitación, pero en un punto masturbarme llego a no ser suficiente para mi cuerpo, pues necesitaba volver a sentir a alguien que me deseara tanto como don Avelino necesitaba volver a sentir aquella mirada de deseo, aquella desesperación con la que me comía las tetas o la pucha, la rabia con la que me cogía como si me quisiera partir en dos, que me elogiara cada parte de mi cuerpo además de volver a querer tener a alguien a quien pudiera complacer y tener su verga en mi poder la cual pudiera chuparla como loca, lamer sus deliciosos huevos, pasar mi lengua por su suave y delicado glande, masturbarlo entre mis enormes tetas, cogerme come desesperada contra su verga, saborear su delicioso y caliente semen pero sobre todo quería volver la cara de satisfacción y deseo de alguien ante el placer que les daba que era lo que mas me excitaba, en muchas ocasiones de calentura estuve a punto de llamar a don Avelino pero con la poca cordura que me quedaba siempre me detenía, no podía seguir soportando esta sensación de calentura que invadía mi cuerpo, sabiendo que si en algún momento no la detenía perdería toda mi cordura y acabaría llamando a don Avelino, pero para mi buena suerte a la siguiente semana seria el cumpleaños de mi suegro a lo que Matías obligatoriamente tendría que volver para festejárselo, como el año pasado por algunos problemas de salud no pudieron festejarle su cumpleaños este año se lo festejarían a lo grande invitando a muchos de sus familiares, haciéndolo en un salón grande y con dos bandas que habían contratado, yo pensaba que mi esposo llegaría algunos días antes de la fiesta en los que podía aprovechar para bajarme la calentura pero una semana antes me llamo para decirme que el llegaría el mero día y se ira al otro pues tenia mucho trabajo, eso me puso algo triste pues quería pasar algo de tiempo con el pero ya que no podía hacer nada para que cambiara de opinión decidí aprovechar al máximo el único día que estaría conmigo, ya en el día de la fiesta decidí vestirme sexy para mi esposo, poniéndome un vestido rojo estraple muy justo que dejaba ver mi gran figura, con faldita corta y con algo de vuelo en el pecho el cual hacia que mis grandes tetas se salieran de su lugar, también me puse un bra de media copa negro transparente del área de los pezones y una tanguita negra de hilo dental atrás y un triangulito de encaje por delante, además de a verme depilado y perfumado muy bien mi panochita y por supuesto con unos tacones rojos del 10 para verme mas alta, antes de irnos puse algunos condones en mi bolso por cualquier cosa que pasara, también me fui a ver en el espejo y me veía súper sexy sentía que cualquier hombre que me viera lo dejaría hipnotizado con mi cuerpo, ya en la fiesta Matías aprovecho para presentarme a varios de sus familiares los cuales todavía no conocía, a los cuales dejo boqui abiertos por ver con la mujer tan hermosa y sexy con la que se había casado, la fiesta transcurría sin ningún percance negativo pues Matías y yo nos divertíamos como en hace mucho tiempo no lo hacíamos, lo único raro era que podía sentir varias miradas recorriendo mi cuerpo aunque la verdad eso no me incomodaba es mas me calentaba un poca sentir tantas miradas sobre mi cuerpo, como les decía la fiesta transcurría sin ningún percance hasta que Juan (el tiene 36 años, divorciado desde hace 2 años, es moreno, mide 1:66 aproximadamente, no muy gordo pero con una panza que sobre sale, calvo pero con algo de pelo a los lados y peludo de los brazos)que es un primo de Matías se acerco a nuestra mesa para arreglar algunos problemas que tenían del pasado, pues hace algunos años mi esposo y Juan iban a abrir un restaurante juntos pero cuando mi esposo le dio su parte del dinero Juan se desapareció y se llevo el dinero de mi esposo y desde ese momento mi esposo no podía verlo ni en pintura, he de decirles que a mi en lo personal Juan nunca me cayo bien pues lo considero una persona mal educada, arrogante, ventajosa, presumida además de sentirse un don Juan con las mujeres, la cosa es que ellos platicaron casi toda la noche y casi al finalizar la fiesta ya muy tomados los dos quedaron de seguir la fiesta en mi casa a lo cual yo me enoje demasiado pues eso arruinaba los planes que tenia con Matías, pero no tuve mas opciones que aceptar, salimos de la fiesta y le pedí las llaves a Matías pues el ya estaba muy tomado, Juan quedo de seguirnos en su carro así que nos fuimos hacia mi casa, pero para mi mala suerte Matías se quedo dormido en el camino, al llegar a mi casa Juan se ofreció a ayudarme a meter a Matías a la casa dejándolo profundamente dormido en nuestra habitación, Juan estaba despidiéndose cuando me dijo que si le podía regalar una taza de café para que no le pasara lo mismo que Matías, yo por no ser maleducada tuve que aceptar pero cuando iba a preparar el café Juan vio una botella de vodka en la cantina que tenemos y me dijo que mejor le regalara un trago de alcohol, mientras se la tomaba me sirvió una a mi y me dijo que brindáramos por que Matías y el habían arreglado sus problemas, mientras Juan iba tomando me seguía sirviendo mas tragos, mientras me decía lo afortunado que era Matías de haberse casado con una mujer como yo, de repente Juan comenzó a decirme cosas como que era una mujer muy bonita, que si su ex esposa hubiera sido tan bella como yo el jamás se hubiera divorciado, que tenia mucha envidia de Matías por haberse casado con una mujer tan bella y sexy como yo o que muchos hombres se morirían por estar con una mujer tan hermosa y sexy comencé a ver como Juan comenzaba a postrar una mirada muy descarada sobre mis tetas y mis piernas pues ni disimulaba para verme, no se si era por que ya me había pasado de tragos pero tanto sus piropos como su mirada tan descarada comenzaban a calentarme, Juan se acabo su ultimo trago y se levanto del sillón de la sala y me dijo -Ya me voy Rebe cuidate mucho-se acerco para despedirse de mi pero para mi sorpresa me tomo de la cintura a la fuerza para darme un beso en la boca el cual instintivamente rechace pero la fuerza de el hacia que no pudiera separarme, no se que me paso que le correspondí un poco el beso abriendo mi boca y sacando un poco mi lengua, fue cuestión de segundos que regreso a mi la cordura y pude separarme para reclamarle al instante-QUE TE PASA IDIOTA-le dije muy enojada -Discúlpame Rebe pero me moría de ganas por hacerlo y por lo que se ve tu también-me lo dijo con una sonrisa burlona a lo que estalle en enojo pues como les dije era un tipo el cual me caía demasiado mal-Estas loco, lo mejor es que te vallas de mi casa si no quieres que despierte a Matías-le conteste demasiada enojada-No creo que se despierte pues esta bien borracho- me contesto-Pues no me importa te me vas en este momento pues soy capaz de cualquier cosa-no había terminado de decir esas palabras cuando volvió a tomarme por la fuerza para comenzar besarme nuevamente, me tomo de las muñecas arrinconándome contra la pared yo ponía resistencia pero su fuerza era muy superior a la mía, como pude separe mi boca de la suya y grite-JUAN SUELTAME POR FAVOR, SUELTAME POR QUE LE VOY A GRITAR A MATIAS-mientras forcejeábamos comenzó a besarme el cuello, me pasaba su lengua por todo mi cachete asta intentar besarme el oído, podía sentir su aliento a alcohol mientras ensalivaba todo mi cuello, no se si era el alcohol, el deseo que sentía Juan hacia mi o la gran calentura que tenia guardada que comenzaba a sucumbir ante el correspondiéndole sus besos, al darse cuenta de esto Juan soltó mis manos para Pasarlas a mi cintura mientras yo pase las mías sobre su nuca, nos comenzamos a fundir en un beso muy apasionado en el cual nuestras lenguas se entre cruzaron y nuestros labios se mordían, después de algunos segundos de besarnos Juan me levanto el vestido dejando mis nalgas redondas y firmes al descubierto y comenzó sobármelas, yo comencé a besarle el cuello mientras baja una de mis manos a su entrepierna para poder sobarle su verga por encima del pantalón la cual ya la tenia semi erecta, deje de besarlo para abrirle la camisa y ahí pude ver la selva de pelos que tenia sobre su pecho y panza, al ver aquella selva de vellos que tenia me calentó mas, tanto que comencé a besar todo su pecho y panza como loca, podía sentir su transpiración y el olor a sudor de la panza de Juan la cual se mezclaba con el olor de su colonia barata haciendo una mezcla de olores desagradable pero en vez de disgustarme ese olor despertó algunos sentidos en mi los cuales nunca había experimentado, pues Matías siempre fue un hombre muy limpio, recorrí cada centímetro de su panza velluda y olorosa entre besos asta quedarme arrodilla a la altura de su cintura en donde comencé a bajarle el pantalón y el bóxer, al bajarle el bóxer su verga salió como resorte pues ya tenia su pito completamente erecto, la verga de Juan era morena, velluda y algo mas grande que la de don Avelino pues le media unos 14 o 15 centímetros, comencé a chuparle sus velludos y ricos huevos mientras con una mano lo masturbaba, Juan comenzaba a sacar leves gemidos de placer mientras yo empecé a subir por el palo de su verga asta quedar a pocos centímetros de la cabezota roja de su pito en la cual ya emanaba un liquido pre seminal, levante la cara y vi a los ojos con cara de niña apunto de comerse un caramelo saque mi lengua y la acerque a su cabezota roja que parecía en cualquier momento explotar, lamí con la punta de mi lengua aquel liquido y me separe, un hilito de viscoso liquido era lo único que nos unía, metí me lengua a mi boca y comencé a degustar aquel deliciosa sabor, saque de nuevo mi lengua para empezar a ensalivar con movimientos circulares su glande, comencé a meterme lentamente su verga para empezar a mamársela mientras comenzaba a subir el ritmo de mis chupadas baje una mano para seguir acariciándole sus velludos huevos, Juan solamente gemía mientras me agarraba de la cabeza con ambas manos, baje mi otra mano hacia mi puchita la cual ya la tenia completamente mojada hice a un lado mi tanguita para poder sobarme el clítoris mientras comenzaba a subir el ritmo de mis mamadas, podía escuchar como los gemidos de Juan se hacían mas rápidos, yo seguía chupando su verga peluda como loca pero sin previo aviso Juan me jalo de la cabeza hacia el haciendo que mi cara chocara contra su pelvis y tragándome por completo su prieta verga, yo intente separarme pensando que me atragantaría con su pito pero para mi sorpresa su verga cabía demasiado bien dentro de mi boca asta teniendo un poco mas de espacio para seguir tragándomela, no se si era por que su pito era mas pequeño que el de mi esposo o era una habilidad mía, Juan mantuvo mi cabeza pegada su verga algunos segundos para después soltarme, pero yo como una verdadera puta lo tome de los muslos para seguir tragándome su rica verga mientras intentaba mover mi lengua de un lado a otro para lamerle su pito, comencé a mamarle la verga como una loca sacándome su verga por completo y tragándomelo de un solo bocado, subí la mira para ver como Juan tenia su cara viendo hacia techo y con los ojos cerrados mientras mordía sus labios para ahogar sus fuertes gemidos, ver la cara de placer que tenia por la mamada que le estaba dando me calentó demasiado así que comencé a meterme dos dedos lentamente en mi panochita los cuales entraron sin ningún problema de lo mojada que estaba me comencé a masturbar al ritmo de mis mamadas mientras escuchaba como los gemidos de Juan se hacían mas rápidos y fuertes mientras yo ahogaba mis gemidos en su deliciosa verga, de pronto comencé a sentir como las piernas de Juan temblaban como si en cualquier momento fuera a caerse me separe de el para aventarlo contra el sillón y sentarlo, me acerque a el a gatas para tragarme algunas veces su pito y dejarlo bien lubricado, me baje el vestido y el bra asta mi abdomen para poder sacarme las chichis ante la mirada de lujuria de Juan-Te gustan mis tetas mi rey-¡le dije -Me encantan esas son las tetas de una verdadera puta-puse mis tetas sobre su verga mientras iba dejándolas caer ante su mirada de incredulidad por ver como iban desapareciendo su pito entre mis chichis, comencé a masturbarlo con mis tetas lentamente para poder ir subiendo el ritmo después de algunos segundos sentí un poco de aquel liquido pre seminal entre mis chichis a lo que yo inunde mi cara entre mis tetas para poder lamer la cabeza de su pito y saborear aquel viscoso y rico liquido, Juan gemía como loco inundando la sala de sus gemidos, de pronto el me jalo del pelo para separarme de su verga y decirme-Ya ves zorra tan creída y presumida que te hacías conmigo y terminaste mamándome la verga como lo puta que eres-me dijo mientras yo me mantenía callada y viéndolo a los ojos-siempre supe que algún día me la mamarias, pues las mujeres que se hacen las santitas como tu son las mas putas- Juan se levanto y me jalo del cabello para levantarme y comenzar a besarnos como si fuéramos adolecentes en pleno romance, recorrió entre besos mi cuello asta llegar a mis tetas en donde comenzó a chuparme los pezones, me los chupaba de forma muy brusca haciendo mucho ruido al lamérmelos con tanta baba mientras yo comenzaba a sacar algunos gemidos, Juan continuo con su asquerosa boca mamando mis pezones como un desesperado dejándolos empapados de su baba pues el los mordía, chupaba, lamia toda la circunferencia de mis pezones sin dejar ningún centímetro de ensalivar, con su boca realizaba movimientos succionadores como queriendo arrancarme los pezones mientras mi gemidos comenzaban a hacerse mas fuertes de pronto se separo de mis tetas y como un eufórico me dijo-Que ricas tetas tienes Rebequita, siempre que te veía me daba muchas ganas de mamarte las tetas, y saben deliciosas-pues como les había comentado anteriormente a pesar del tamaño de mis tetas no las tengo nada caídas al contrario mis tetas son redonditas y firmes con pezones paraditos y de color rosita y una aureola muy amplia, Juan siguió comiéndome las tetas como un desesperado mientras gemía del placer, de pronto dejo de chupar mis tetas para bajar entre besos por mi plano vientre asta llegar a mi cintura en donde comenzó a desvestirme por completo dejándome solo en tacones, Juan me aventó contra el sofá y me abrió las pierna para ver mi depiladita y mojada panochita-Ya estas bien mojada zorra se ve que necesitas que alguien te coja verdad-comenzó a pasar de arriba abajo su áspera y babosa lengua por toda mi puchita para después comenzar a succionarme el clítoris mientras me decía -Que rica puchita tiene maldita puta, cuantas veces soñé este día en el que te comía tu deliciosa panocha zorra-yo solo gemía del placer pues me encantaba como Juan me chupaba mi puchita, Juan comenzó a meterme 2 de sus peludos y gordos dedos dentro de mi panochita para masturbarme salvajemente mientras succiona mi clítoris como loco mientras yo me pellizcaba mis excitados pezonzotes, gemía como una loca del placer que sentía pero de repente sentí un gran dolor y rápidamente baje la cabeza para poder ver a Juan intentar meter dos de sus dedos gordos y peludos en mi ano

    -No Juan por ahí no que soy virgen y me va a doler mucho-le dije a el mientras trataba de parame pero rápidamente Juan me puso una mano en el vientre para volver a sentarme y con una gran sonrisa de malicia me dijo

    -No te va a doler Rebequita déjame estrenarte este culito tan bonito y tan rosadito-Juan me separo las nalgas con ambas manos para comenzar a pasar en círculos su muy mojada y áspera lengua en mi cerrado ano mientras sentía una extraña sensación la cual nunca había experimentado pues mi esposo nunca me lo había intentado hacer por ahí, después de algunos minutos de pasar su lengua por mi ano Juan se detuvo para escupirme varias y volver a tratar de introducir sus toscos y peludos dedos, mi anito comenzaba a ceder de a poco mientras comenzaba a sentir un gran doler y le decía

    -Nooo Juaan meedueele muuchooo poor favorr poor aahiii noo Juuaan-

    -Cálmate pinche zorra que después de esto te vas a volver una adicta a que te rompan el culo-me dijo mientras empezaba a masturbarme lentamente para de a poco comenzar a subir el ritmo de sus dedeadas, yo solo sentía un gran dolor el cual inundaba mi cuerpo mientras le pedía a Juan que sacara sus dedos de mi culito

    -Pooor faavoor poor ahiii nooo Juaann pooor favoor nooo queee meee duuelee muuuchooo-mientras que sin parar de masturbarme y con una gran sonrisa en su cara me decía

    -Vete acostumbrando Rebequita que si no cuando te meta mi verga no vas a parar de llorar- después de algunos minutos en donde mi anito comenzaba a acostumbrarse y empezaba a sentir algo de placer, Juan dejo de meterme sus sucios dedos y se tiro sobre la alfombra para invitarme a que hiciéramos un 69 me subí sobre Juan y el me acomodo las caderas de tal forma que mi puchita quedo en su cara y su pito en mi boca, la verdad que nunca lo había hecho pues como les había dicho antes a mi esposo le gusta que se la mamara pero al no le gusta chuparme la panocha aun cuando siempre la tengo depiladita, Juan volvió a la acción y después de escupirme algunas veces en mi anito comenzó a meterme de nuevo sus gordos y sucios dedos, mientras yo teniendo su verga en mi poder y con lo caliente que estaba comencé a besarle, chuparle, lamerle, chaquetearle y tragarme su verga como una loca, podía sentir como por algunos momentos Juan dejaba de meterme sus peludos dedos para solo gemir y disfrutar de la deliciosa mamada que le estaba dando mientras me sentía muy excitada de estar encima de Juan pues podía sentir su enorme y velluda panza rozar mi plano y esbelto vientre, de repente Juan me aventó hacia un lado y me dijo-Estas súper rica Rebequita, ahora si prepárate por que te voy a dar la cogida que una puta como tu necesita-al escuchar esas palabras con una cara de inocencia le pedí a Juan que me dejara ir por un condón a lo que me contesto-No Rebequita, no estas con el pendejo de Matías hoy vas a sentir como te coge un verdadero hombre o que no quieres te coja puta-Juan me volvió a replicar-Te dije que si no quieres que te coja maldita zorra-

    -Tu puedes cogerme como quieras mi rey solo cógeme papi-

    -Dime cuanto deseas mi verga puta-

    -La deseo muchísimo mi rey ya quiero sentir como me coges con tu peluda verga papi-me monte como una loca encima de Juan para dejarme caer lentamente sobre su morena y peluda verga, mis suaves y rosados labios vaginales comenzaron a comerse sin ningún problema su prieto pito de lo mojada que estaba mientras sacaba algunos leves gemidos al sentir como iba bajando sobre su peluda verga, comencé a bajar y subir lentamente sobre su pito para de a poco ir subiendo la intensidad, con mi puchita comencé a apretar su morena verga mientras movía mis caderas de un lado a otro como loca, el volver a sentir después de mucho tiempo el roce de su pito al entrar y salir de mi puchita sin la incomodidad del condón me encantaba pues como les había dicho mi esposo casi siempre me cogía con condón, entre mis gemidos alcance a levantar la cara para poder ver como disfrutaba Juan, teniendo los ojos cerrados mientras mordía sus labios para poder ahogar sus gemidos, entre gemidos comencé a decirle-Quuuueee riiiccaaa veeerrgaaa tiiiieeenneesss paaapii meee vuueelvee loooccaaa-

    -Eres toda una puta Rebequita tan santita que te hacías y resultaste ser toda una zorra-

    -Quuueee eess loo quuuee mmaass teee gussstaa deee miii paaapii-

    -Todo me encanta de ti tu hermoso cuerpo, tu lindo culo, tus ricos labios, el delicioso sabor de tu panochita pero sobre todo tus enormes y blancas tetas-esas palabra me calentaron aun mas pues el ver como me deseaba Juan me estaba matando

    -Siii ttaanttoo ttee gguussttaaann miiss teettaass ennntonnccees coommeeetelaass mii reeeyy- puse mis chichis sobre su cara para que se me la pudiera mamar, Juan apretaba mis chichis con rabia y mordía mis pezonzotes como loco mientras mis gemidos se hacían aun mas fuertes del placer, de pronto Juan me detuvo para hacerme aun lado y sentarse en el sillón, me hacer que a el para volvernos a besar apasionadamente por algunos segundos, me puse de espaldas y Juan me tomo de las caderas para metérmela de un solo golpe haciendo que sacara un gran gemido, comenzó a cogerme ferozmente mientras podía sentir su aliento caliente sobre mi nuca, su sudor cayendo sobre mi suave espalda y su baba y olor a comida y alcohol que su boca emanaba al besar mi cuello mientras no dejaba de gemir, necesitaba sentir su pito partiéndome en dos llegando en lo mas profundo de mi panochita

    -Cooogeemmee mmaas raapidooo miii rreeyy ccoggeeemee mmaass ffueerrteee paapiiitooo-al escuchar eso Juan subió el ritmo de sus embestidas haciéndome gemir como una loca

    -Te gusta como te cojo maldita zorra-

    -Meee enncaataa mii reyy peeroo nooo paarres siiguuemme coogiienndoome mass rraaapidoo maas ffueertee nooo paarees noo paaress-

    -Eres toda una puta Rebe mira como de disfrutas de la verga-

    -Mee eenccanta tuu verrgga mi rreyy peeroo cogeemee maas raapido mmaas fuerrte parrtee meee eenn doss paappi paartte mme enn ddoos miii reeyy-de pronto sentí como Juan comenzaba a bajar las velocidad de sus embestidas pero yo seguía insatisfecha quería seguir sintiendo su verga entrar en los mas profundo de mi puchita, volví a tomar el control para comenzar a bajar y subir como una puta sobre la verga de Juan haciendo que sus huevos morenos y peludos chocaran contra mis redondas y firmes nalgas, Juan puso sus manos en mis tetas para pellizcarme mis pezonzotes que parecían en cualquier momento explotar de tan duros que estaban, los dos gemíamos fuertemente y rápidamente haciendo que nuestros gemidos se mezclaran inundando la sala de ellos, un rico calorcito comenzaba a bajar por mi panochita pero antes de que alguno de los dos se viniera sobre el otro me volvió parar, se puso de pie y me aventó contra el sillón me jalo haciendo que mi culo quedara al limite del sofá me volteo a ver y me dijo-Ahora si prepara putita que te voy romper el culo-yo solamente me le quede viendo sin decir nada me escupió algunas veces sobre mi anito y comenzó embestirme intentando meterme su peludo pito, intento penetrarme por un par de minutos pero no se si era por la incomoda posición o lo cerrado que estaba mi culito que no podía pues solo entra la mitad de su cabezota roja, desesperado me aventó al piso para acomodarme mejor poniéndome la cabeza y el pecho totalmente pegado al piso haciendo que mi culo quedara indefenso en el aire, puso sus manos sobre mis nalgas para abrirlas acomodo su verga en la entrada de mi culito, mientras con algo de miedo pero ansiosa por volver a sentir aquel delicioso placer que había descubierto y empezaba a disfrutar hace algunos minutos espere las primera embestida de Juan, de una sola estocada me abrió mi orificio mas cerrado y metió su morena y velluda verga en mi anito, me jalo del cabello para que arqueara mas la espalada, mi ano se resistía a ser invadido por completo, pero eso no detuvo a Juan volvió a embestirme fuertemente un par de veces asta que su pito entro por completo en mi culito, me dolió asta el alma pero estaba tan caliente que no me importo nada, pegue un grito tan fuerte que fue un milagro que Matías no se despertara, aun que minutos antes Juan me había metido sus dedos me seguía doliendo muchísimo así que le empecé a pedir que me la sacara

    -aghhh saaccamelaa Juuann quue mee duueele aaahh-

    -Saaccaalaa yaaa aghhh saaacaalaa aaaah-mientras mis ojos se tornaban llorosos Juan se detuvo sin sacarme su pito de entre mis nalgas yo sollozando le pedí que sacara su verga de mi cerrado anito-Ahora se viene lo bueno mi putita, acostúmbrate a tenerla a dentro, se te va air pasando el dolor y después lo que me vas a pedir es que no te la saque-Juan comenzó a bombearme lentamente para ir subiendo de a poco el ritmo de sus embestidas, mientras sentía como su panzota peludo rozaba mi culo blanco y sus morenos huevos chocaban contra mis redondas nalgas, el dolor que sentía se empezó a transformar en un indescriptible placer además del que el morbo que tenia hacia que disfrutaba mas pues no podía creer lo que estaba haciendo, le estaba entregando el culo al que asta hace algunas horas era el enemigo de mi esposo y no solo eso yo en posición de perra con mi culo blanco en todo su esplendor totalmente sumisa por un hombre que me causaba repugnancia y sin ninguna gota de atractivo, los dos gemíamos como locos haciendo que nuestros gemidos se escuchara por toda la casa, yo parecía una verdadera puta pues parecía que tuviera toda la experiencia del mundo en que me partieran el culo pues correspondía las embestidas de Juan moviendo mi culo para atrás y moviendo las caderas de un lado a otro como toda una perra

    -Muévete zorrita mueve tu culo que te voy a meter asta los huevos, ya vez putita como ya te esta gustando-

    -Siii paapiii nooo dejeess dee coogerrmee metemeeloo masss duuroo meeteloomeelo maass duuroo-

    -Que rico se te ve tu culo tragándose mi verga maldita puta-

    -Queee riicaa veergaa mee enncaantta pparrtee enn dooss paapaciitoo siiguuemmee coggienndo mii reyy siiguuemee coogiendooo-instintivamente pase una de mis manos hacia mi puchita para sobarme el clítoris y rápidamente me comencé a sentir en la gloria pues sentía como se estimulaban mis dos agujeros, después de 2 o 3 minutos de sentir como Juan me estaba rompiendo el culo empecé a sentir un gran placer y un gran calor bajando por mi puchita provocando que por primera vez comenzara a sentir un orgasmos pero estando a pocos segundos de venir por primera vez en mi vida Juan comenzó a gritar

    -Me vengo me vengo puta me vengo-rápidamente Juan saco su verga de mi culo y me echo sus chorros de su viscosa y caliente leche en mi espalda la cual salió con tal fuerza que también me cayo en el cabello, dejándome ansiosa y caliente de poder a ver sentir mi primer orgasmo, Juan se ventó al sillón agotado de a verme cogido, voltee para verlo y ahí me di cuenta de que su verga estaba escurriendo de semen, me acerque a gatas para poder limpiarle el pito y saborear aquella viscosa y deliciosa leche pasando mi lengua por toda su cabezota roja asta dejarla limpia por completa mientras sentía como su semen escurría por mi espalda, le di una ultima mamada asta que su verga no aguanto mas y quedo totalmente flácida

    -Ya vez como eres toda una puta Rebequita que asta me diste el culo, pero no te preocupes que esta no va a ser la ultima vez, que de hoy en adelante vas a ser mi puta-me dijo Juan mientras se comenzaba a vestir y yo solamente lo veía sin decir nada, Juan se acerco a mi me restregó su verga en mi cara y sin decir nada mas se fue de mi casa, escuche como prendió su auto y espere a que se fuera, cuando se fue me para y me limpie la espalda con mi vestido el cual llene de su pegajoso semen, recogí mi ropa e intente acomodar un poco la sala sin hacer mucho ruido me quede algunos minutos descansando en la sala y recordando lo que había echo, pero esta vez de en vez de tener pensamientos de culpabilidad y arrepentimiento una gran calentura volvía a invadir mi cuerpo pues con tan solo recordar lo que hace algunos minutos había sucedido me calentaba mucho, me metí a bañar con agua fría pues aun seguía caliente de a ver estado a pocos segundos tener mi primer orgasmos y lamentablemente no haber podido disfrutarlo, cuando salí del baño ya casi estaba amaneciendo así que me fui a la cama a dormir al lado de mi borracho esposo, al otro día Matías me pregunto por Juan así que le dije que como el se había dormido Juan me ayudo a acostarlo y se fue mi esposo me creyó sin preguntarme nada mas, pase toda la tarde con Matías asta que llego la noche se fue otra vez a seguir dirigiendo su obra.

    Espero le haya gustado como fue que paso mi segunda infidelidad y les vuelvo a pedir una disculpa por no haberle podido escribirles antes mis aventuras, pero ahora que ya tengo mas tiempo les escribiré mas seguido mis historias de infidelidad, espero me sigan dejando sus comentarios pues como les dije me dan mas confianza para seguirles escribiendo, sin mas me despido y les mando muchos besos donde quieran ponérselos.

  • Mi sobrina, mi dulce tentación

    Mi sobrina, mi dulce tentación

    Estando en casa sonó el timbre. Yo acababa de levantarme. El reloj de la sala apenas marcaba las siete de la mañana y el timbre no paraba de sonar. Mi hijo se estaba duchando para ir a la universidad y yo al llegar a la puerta de la casa escuche una voz muy familiar. Abrí la puerta y me percate que era mi cuñada con mi sobrina Ximena.

    -Hola Julia

    -Hola, que milagro que hacen las dos por aquí –dije mientras recibía un abrazo insípido de mi cuñada.

    -Bueno es que venía a pedirte un favor enorme en nombre de tu hermano que no pudo venir.

    -Bueno pero pasen y siéntense adentro me cuentan –dije mientras las dejaba pasar y cerraba la puerta detrás mío.

    Ambas se sentaron y comenzaron a charlar entre ellas mientras yo les llevaba un vaso de agua.

    Mi hijo tenía la costumbre de en la mañana salir del baño de la planta baja solo en toalla o inclusive a veces desnudo por la relación que llevábamos de pareja. La visita había sido una sorpresa total por lo que él no sabía que ellas iban a estar aquí. Mi hermano vivía con su familia en otro estado y la verdad no tenía la mínima idea de lo que ellas venían a pedirme pero pues como eran familia las escuche. Cuando comencé a platicar con ellas recordé que mi hijo estaba a punto de salir del cuarto de baño y que probablemente saldría desnudo justo cuando quise levantarme para ir a avisarles salió del baño y paso por el pasillo junto a la sala quedando totalmente su cuerpo desnudo y con algunas gotas todavía de la ducha en su torneado y musculoso cuerpo. El ni siquiera noto la presencia de ellas hasta que mi cuñado grito al ver aquel semejante miembro tambalearse de un lado a otro. Mi hijo las vio y se quitó de la vista de ellas pidiendo disculpas y alejándose hacia su habitación.

    -Perdón cuñada es que él está acostumbrado a salir así del baño, es una mala costumbre que él tiene- dije con sonrisa nerviosa y tratando de calmar a mi cuñada.

    -No te preocupes Julia, es un muchacho joven y bien adulto por lo que veo ya creció mucho ya no es aquel pequeño que corría por la alberca con ese pequeño traje de baño.

    -Si ha crecido mucho –dije nerviosa.

    Mi sobrina tenía una expresión en la cara rojiza. Ellas son de piel muy blanca y se nota cuando se ruborizan muy fácilmente. Mi cuñada inclusive se echaba aire al rostro con la palma, como si hubiera pasado una gran ola de calor por su piel. Ellas tenían una característica muy particular en su cuerpo, las dos tenían senos muy grandes, pero mi cuñada tenía unos senos aún más grandes y predominantes que los míos. Era como ver sandias en forma de senos, eran tremendamente imponentes. Cuando me abrazo pudo sentir aquella firmeza y enormidad de su glándula mamaria. Mi sobrina apenas contaba con dieciocho años y ya iba por los mismos pasos de su madre. Sus senos fácilmente eran copa d y tenía un cuerpo muy torneado con grandes senos y un bonito trasero respingado. Hacía más de 5 años que no las veíamos y mi sobrina también había crecido mucho. Los senos le rebosaban en aquella pequeña blusa roja que llevaba con un bra push up que levantaba aún más sus atributos. Siempre había sido muy unida a mi hijo pero cuando se fueron a vivir a otro estado pues ya no se vieron más. Mi cuñada dio un pequeño sorbo al vaso de agua y me dijo:

    -Bueno Julia, la razón por la que estamos aquí es porque tu hermano me pidió de favor que si pudieras cuidar a nuestra hija por un par de semanas. Nosotros saldremos de viaje de negocios y pues no podemos llevarla con nosotros, estaremos fuera un par de meses trabajando y queríamos pedirte ¿si podrías cuidarla?

    -Claro que sí, no te preocupes ella puede quedarse todo el tiempo que quiera. La verdad no me gustaba mucho la idea, pero mi hermano me había apoyado mucho cuando yo tuve mi divorcio así que no le podía fallar.

    -¿Enserio puede quedarse? Muchas gracias no sabes del problema del que nos estas sacando. Ella acaba de salir de la prepa y aun no entrara a la universidad por lo que no tiene que preocuparse por ir a la escuela, así que ella puede ayudarte con los quehaceres del hogar, tú puedes pedirle que haga lo que sea y ella te va a obedecer, ¿no es así Ximena?

    -Si mamá, respondió a regañadientes.

    -Muy bien entonces no se diga más, vamos por tu maleta al carro y yo me voy para el aeropuerto para ir a reunirme con tu papá hija.

    Les abrí la puerta y mi cuñada salió por la maleta a su auto. Abrió la cajuela y saco dos grande maletas con ropa de mi sobrina. Se las entrego en la mano, se despidió de ella y se fue rápidamente.

    -Adiós dijimos mi sobrina y yo.

    Vimos el auto alejarse y entramos de nuevo a la casa.

    -¿Ya desayunaste algo hija?, te veo como con hambre.

    -La verdad es que nos venimos en la madrugada y no he comido nada.

    -Bueno ven para que te prepara un almuerzo y sirve que preparo el de tu primo también.

    -Está bien tía, si quieres puedo ayudarte.

    -No te preocupes linda, yo ahorita lo preparo todo tu solo siéntate en la sala y yo te llamo cuando este todo listo.

    Ella obedeció y se fue a sentar a la sala bostezando, lucia como si no hubiera dormido bien. Mi hijo por fin salió de su cuarto ya listo para ir a la universidad y vio a su prima. Se acercó y le dio un beso y un abrazo.

    -Perdón por lo que pasó hace rato, es una costumbre que tengo y no se me quita, lo siento.

    -No te preocupes –dijo ella con voz tímida.

    -¿Ya desayunaste algo?

    -No mi tía apenas está preparando algo para los dos.

    -Bueno vamos a sentarnos a la mesa, tenemos tantas cosas de que platicar.

    Yo podía notar en ella que estaba sonrojada. Siempre me había percatado de que ella disfrutaba mucho estar cerca de mi hijo, como si tuviera un “crush” con él como ahora le llaman. En la mesa se sentó muy próxima a él y no dejaba de mirarlo, cuando el encontraba su mira solo sonreía y la miraba también. Les prepare algo a los dos para el desayuno y lo comieron mientras charlaban de todo lo que les había pasado en tanto tiempo que no se habían visto. Después de una media hora mi hijo tuvo que irse a la escuela y ella se quedó conmigo. Toda la mañana estuvo ayudándome con los quehaceres del hogar y terminamos todas sudadas. En la casa tenemos un baño muy grande que está en la planta baja de la casa, y le dije a mi sobrina, -creo que terminamos empapadas-. Ella solo se rio y asintió con la cabeza.

    -Ven tomemos una ducha juntas.

    -¿Juntas tía?

    -¿Qué tiene de malo amor, nunca te has duchado en la prepa con las chicas de tu salón?

    -Bueno si pero…

    -No pasa nada, además así aprovechamos y te examino de los senos y tu vagina, cerciorarme que todo esté bien, ¿o tu madre ya te llevo con un ginecólogo?

    -La verdad es que no se preocupa mucho por mí.

    -Bueno los chequeos femeninos son importantes amor y pueden prevenir enfermedades muy peligrosas.

    -Si tienes razón tía, eso mismo nos decían en la prepa.

    -Bueno acompáñame para desvestirnos y dejar esta ropa sudada en la lavadora, tú saca un cambio limpio de tu maleta y te veo en el baño, está en la esquina a la derecha de la sala.

    La verdad tenía poco de estar experimentando este deseo por las mujeres pero mi sobrina era una mujercita muy deseable, a pesar de su corta edad era alguien que derrochaba sensualidad. Ella me alcanzó en el baño pero estaba temerosa de quitarse la ropa ante mí. No tengas miedo amor, soy médico yo veía mujeres y hombres desnudos todo el tiempo para mi trabajo –le dije con una sonrisa mientras me quitaba mi ropa interior-. Ella después de titubear unos segundos pudo armarse de valor y quitarse la ropa. Poco a poco fue deshaciéndose de su blusa roja. Llevaba un brasiere muy lindo con encaje negro y una tanga del mismo color muy pequeña y con bordes de encaje también. Muy apenada siguió y retiro su tanga de su delicada y blanca piel. Yo la observaba con detenimiento pero despistaba un poco para no hacerla sentir incomoda. Ambas terminamos de quitarnos toda la ropa y abrí la regadera de la ducha.

    -Mi amor, ¿entonces nunca te has hecho ni un Papanicolaou o mamografía verdad?

    -No tía, mi mamá aun no me lleva con el médico.

    -Ok bueno yo soy médico puedes confiar en mí, podemos hacerlo bien rápido aquí mientras nos duchamos.

    -¿Enserio?

    -Si claro, va a ser bien rápido y no vas a sentir nada malo ni mucho menos incómodo.

    Ella me obedeció y vino con su joven cuerpo hacia mí. Aquellos joviales y redondeados senos se movían rebotando levemente con esos pezones rosados con unas aureolas bellas como su blanca piel. Primero hay que palparte los senos para ver si no hay ninguna anomalía amor –dije mientras tomaba la esponja con el jabón y la ponía en sus bellos senos llenándolos de espuma-. Después de enjabonarlos comencé a darle un masaje lentamente por sus senos amasándolos suavemente y palpando para ver si no encontraba algo irregular. Ella por momentos solo cerraba sus ojos y parecía disfrutarlo mucho. Quise aventurarme más y comencé a rosar sus pezones estaba poniéndose duros y ella mordía su labio inferior con desesperación. Parecía ansiosa por algo más. Me puse detrás de ella y mis senos se aplanaron y cambiaron de forma en su espalda. Es más cómodo de esta manera amor –dije mientras comenzaba a amasar sus pechos por detrás de ella oliendo su sudor por todo su cuello. Al rozar sus pezones de nuevo su cuerpo reacciono dejando salir un pequeño gemido –Ahhh-. Yo sabía que iba por buen camino pero aún era muy pronto para hacer algo más. Ella se sentó en el suelo y me pregunto

    -¿Tía como debe ser el Papanicolaou?-. Bueno amor lo primero es ver que tanta profundidad tiene tu vagina, para eso debo ponerte un aparato pero como no lo tengo aquí puedo hacerlo con los dedos –respondí.

    -¿Me dolerá?

    -Yo pienso que te va a gustar corazón, solo relájate.

    Me senté en el piso de la regadera mientras aquella cascada caliente caía sobre nuestros cuerpos húmedos. El vapor nos hacía estar más mojadas cada vez y yo me moría por probar el sabor de los labios vaginales de mi sobrina. Me acerque a ella lentamente y metí dos dedos hacia arriba de su vagina moviéndolos por dentro tratando de encontrar su clítoris por dentro. Ella gimió y se tomó fuerte del piso con ambas manos. Yo comencé a penetrarla excitada por el momento y la ocasión tan inesperada. Me duele poquito pero se siente muy rico tía, da cosquillitas –dijo mientras se mordía el labio fuertemente tratando de mitigar el placer. Sus firmes senos se movían junto con sus caderas que había comenzado a reaccionar por si solas. Mis dedos se movían por si solos ella gemía y yo no paraba sabía que esa tarde estaría por provocarle tal vez el primer orgasmo de su vida.

    ¿Estás bien mi amor? –pregunte, mientras mis dedos se introducían cada vez con más intensidad. Mi sobrina me miraba y se mordía el labio mientras sus ojos se ponían en blanco. Sus caderas se movían instintivamente como un perro al querer follar. Nuestros cuerpos bañados ante aquella cascada de agua cálida elevaban cada vez más su temperatura. Tome con fuerza su seno derecho y lo apreté mientras lamia su clítoris.

    -¡Ay!, eso se siente muy rico tía, no pares por favor.

    -No te preocupes mi cielo, no voy a parar por nada del mundo.

    -Dios mío no puedo creer lo bien que se siente tía.

    -Todavía no has probado nada mi amor.

    -Hazme sentir lo que nadie me ha hecho sentir tía, regálame mi primer orgasmo.

    Chupaba sus labios vaginales con dedicación casi religiosa. Podía sentir en mis labios la humedad de aquella vagina tan jovial y virginal. Sus fluidos tenían un sabor predilecto, digno de cualquier banquete de dioses. Eran dulces como el fruto prohibido de aquel monte de venus nunca explorado previamente. Acariciaba sus muslos con pequeños toques de mis dedos, apenas rozándolos sintiendo poco a poco la delicadeza de su piel. Su rostro revelaba el éxtasis sin fin en el que estaba, aun sin alcanzar el orgasmo. El agua caía en su rostro y mojaba su cabello cayendo hacia atrás de su cabeza. Yo no dejaba de admirar su rostro tan bello, sus pezones rosados como pétalos de flor y sus vellos púbicos tan finos que adornaban tan exquisito manjar. Por fin dejo que su instinto tomara el control. Con ambas manos me tomo de la cabeza y me marcaba el ritmo poco a poco. Me indicaba como quería que la besara, que la tocara con mi lengua. Yo no siempre le hacía caso y dejaba que mi lengua explorara otras zonas de su vagina. Con mis dedos encontré su punto g, aquel punto rugosito que tenemos las mujeres por dentro del clítoris en la parte superior de la vagina. Ella se estremeció de inmediato cuando lo toque.

    -¿Qué fue eso? –pregunto extasiada.

    -Ese es tu punto g amor, es el que te va a dar el mejor placer de toda tu vida, debes de aprender a encontrarlo.

    -Se siente riquísimo.

    -Después te enseñare como encontrarlo, por ahora solo relájate y disfruta.

    -Tú mandas tía Julia.

    Mis dedos comenzaron a moverse con rapidez acariciando suavemente aquel pequeño punto, con mucha firmeza giraba mis dedos mientras estimulaba su clítoris. Su punto g se inflamaba poco a poco mientras su vagina se inundaba de sus fluidos vaginales. Cuando estuvo en su punto la sujete con fuerza y golpe con mis dedos aquel punto tan hinchado. Ella quiso parar mi mano pero yo no la deje. No te retengas mi amor, déjalo salir –dije mientras con violencia la penetraba con mis dedos.

    No tía, me siento muy extraña, creo que algo está a punto de salir –dijo un poco angustiada-. Es tu orgasmo amor, no te contengas déjalo salir todo, sin pena –dije mientras la ahorcaba. Su rostro se había puesto totalmente rojo y sus ojos en blanco. De su boca salió un gruñido mientras su figura se arqueaba con furia como si estuviera poseída. Yo me acerque a su vagina para recibir aquel primer squirt tan delicioso y como si fuera un rociador de césped su vagina exploto con varios chorros intensos.

    -¡Puta madre! –grito mientras su cuerpo se convulsionaba bajo aquella cálida ducha.

    -Así vente amor, déjalo salir todo en mi boca.

    -Ella frotaba instintivamente su clítoris mientras aquellos chorros no paraban de salir.

    -Su dulce elixir inundaba mi boca, podía saborear aquel jugo virginal y lo había hecho antes que cualquiera en su vida, eso me excitaba demasiado. Mi sobrina termino de eyacular y yo bebí todo su fluido. Se recostó unos minutos en la regadera y yo lo hice junto a ella. Nos abrazamos en ese mismo momento. Nuestros pechos se encontraron en aquel cálido abrazo. Mis pezones rozaron con los suyos y sin previo aviso me beso. Su lengua se aventuraba hacia mi garganta como una serpiente buscando su guarida mientras sus brazos me estrechaban a ella.

    -Esa fue la mejor experiencia que he tenido en mi vida tía Julia.

    -Es solo el inicio, pequeña, puedo enseñarte tantas cosas que aún son nuevas para ti y llenas de placer.

    -No puedo esperar por descubrirlas contigo.

    -Por ahora hay que terminar de bañarnos, no podemos estar desperdiciando tanta agua jajaj.

    -Tienes razón tía, aunque no quisiera que este momento terminara jamás. Quisiera quedarme contigo para siempre abrazada a ti –dijo mientras me besaba tiernamente de nuevo.

    Yo la tome de sus carnosos glúteos y le devolví el beso apasionadamente. Nuestra conexión íntima había sido espectacular. Parecía un magnetismo imparable, casi irresistible. Ya hay que salir vamos anda –dije mientras me salía por mi toalla.

    Ella salió de la ducha y yo le pase una toalla seca. Ayude a secar su cuerpo pasando aquella suave toalla por sus pronunciadas curvas. Ella sentía cada caricia y la gozaba intensamente. Decidí dejarla con ganas de más y ya no seguí. Ella sintió un poco de decepción pero siguió secándose sin decir absolutamente nada. Sin darme cuenta por la situación en la que estábamos, mi hijo se había regresado de la escuela. Resulta que le habían mandado un mensaje de que habían cancelado las clases y se regresó a la casa de inmediato. Había ido al baño al no encontrar a nadie en toda la casa gritando. Abrió la puerta y nos encontró a ambas totalmente desnudas.

    -Ah cabron! –grito mientras veía nuestros cuerpos como como un lobo hambriento.

    -Salte cabron, no ves que estamos desnudas-le dije mientras le arrojaba una pequeña caja de jabón.

    Mi sobrina grito ruborizada mientras mi hijo se salía sonriéndose por lo que acababa de ver.

    -Qué pena con mi primo Joel, no puedo creer que me vio desnuda.

    -No es para tanto amor, es solo tu cuerpo, no tienes que avergonzarte de él, además es muy hermoso.

    -¿Tú crees?

    -Si claro, aunque podemos hacer algo para que estemos a mano.

    -¿Y cómo que sería eso?

    -Pues podemos hacer que tu primo se desvista para ti, así estarían a mano.

    -No creo que sea buena idea tía.

    -¿En serio? Me vas a decir que cuando lo viste esta mañana no te dio curiosidad el cuerpo masculino, tiene muy buen cuerpo y cómo pudiste ver muy buen paquete.

    -Si era algo muy grande, me dio algo de miedo jeje.

    -Si es algo intimidante, podemos hacer que se desnude y que page así el haber visto nuestros cuerpos.

    -Está bien tía, tienes razón, no es justo que el solo nos haya visto desnudas.

    Ambas fuimos a su habitación y tocamos a la puerta. Él se nos quedó mirando sonriendo y dijo de manera altanera –me hubieran invitado a ese rico baño, yo con gusto me hubiera bañado con ustedes-. No te quieras hacer el gracioso cabron, venimos a que te desnudes, no es justo que nos hayas visto desnudas y andes como si nada –dije algo molesta.

    -¿Quieren ver a la bestia eh? Ok, pásenle y pónganse de rodillas para que lo vean mejor.

    Mi sobrina sin chistar se puso de rodillas en la alfombra de su cuarto y yo lo hice después. Me sorprendió un poco la rapidez con la que lo había hecho, tal vez su curiosidad era muy grande, o nunca había visto uno así. Mi hijo se abrió la bragueta del pantalón y saco su miembro con esfuerzo por el gran tamaño de su pene. MI sobrina quedo hipnotizada viendo su verga, tenía la boca abierta, como si no lo pudiera creer.

    -Ven para que lo veas de más cerca primita.

    -Está bien.

    Mi hijo tomo su pene y con su otra mano tomo la cabeza de mi sobrina y empujo su miembro semi erecto hacia adentro con fuerza. –chúpala mejor putita –dijo mientras tomaba su pequeña cabeza con fuera.

    Continuará.

    Mi correo es [email protected] envíenme mensajes, saludos, visiten mi perfil aquí también.

  • De orgasmo en orgasmo

    De orgasmo en orgasmo

    Estaba cenando con mi esposa en un furancho (casa rural gallega dónde por un módico precio dan de comer y beber hasta que te hartes). Habíamos tomado almejas a la marinera, pulpo a la feria y churrasco, todo regado con un vino tinto cojonudo que hacía el dueño del furancho. Traían el café y los chupitos (vasitos) de aguardiente, cuando me sonó el móvil.

    Era un mensaje de whatsapp, que ponía: ‘Necesito verte, tío. Necesito sexo duro. Necesito que me rompas el culo. Me aburro follado con mi marido’. Era Diana, la sobrina de mi mujer, de la que no sabía nada desde hacía unos meses.

    Una semana después estábamos sentados a la mesa de una habitación de Parador Hostal de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela. Ya habíamos dado buena cuenta de unos langostinos, unas cigalas y un par de meros… El marisco y el pescado los regáramos con un Albariño Condes de Albarei. El champán descansaba en una cubitera.

    Tomábamos el café, y Diana me estaba diciendo:

    -… Y las noches se me hacen muy largas.

    -¡¿De verdad qué aún no te corriste en su boca?!

    -No, nunca llega hasta el final. Me corro sí, pero una vez, máximo dos, si estoy muy caliente, y en contadas ocasiones. Aunque lo de correrme con él creo que ya te lo había comentado.

    -Hoy quiero que me dejes hacer hacerte el mor…

    -No he venido para eso. Estoy cansada de hacer el amor. Quiero jugar duro y follar duro. Para hacer el amor ya tengo a mi marido.

    Diana, venía con ganas de acción. Yo ya me había preparado.

    -Compré unas cosas. Las traigo en la bolsa de mano.

    Se interesó.

    -¿Qué cosas?

    -Los sabrás cuando juegue contigo.

    Curiosa, era un rato largo, dijo:

    -Si no me lo dices, no hay juegos, ni nada de nada. ¿Qué cosas son esas?

    Sabía que no lo decía en serio, pero no era cuestión de llevarle la contraria.

    -Juguetes sexuales, un vibrador, esposas…

    Su lindo rostro se iluminó con una sonrisa.

    -Eso suena muy bien. Yo también he traído unas cositas.

    Acabó el café y fue a darse una ducha. Al volver, cubierta solo con una toalla, yo ya me había desnudado y puesto una bata. Se echó boca arriba sobre la cama, le dije:

    -¿Te apetece un masaje para empezar?

    -¿Erótico?

    -Sí.

    -No es sexo duro, pero… Dale alegría a mi cuerpo.

    -Cierra los ojos y disfruta.

    Fui a la bolsa y cogí el aceite, froté las manos, eché aceite en las manos y masajeé sus brazos, lentamente, primero el izquierdo y después el derecho. Abrió los ojos. Diana quería mantener el contacto visual. Le quité la toalla… Masajeé sus tetas con una y con las dos manos. Le di un beso con lengua, dulce, tierno. Me mordió el labio inferior. No quería mi ternura. Cómo me dolió le dije:

    -¡Pilado!

    Masajeé sus costillas y su vientre. Había engordado un poquito. Con su pequeña barriguita parecía más terrenal. Ya se lo había notado en las tetas, eran más grandes. Tentado estuve a preguntarle si estaba embarazada, al ver que le crecieran las tetas, pero no lo hice porque casi seguro que iba a relacionar la pregunta con su barriguita y no con las tetas y se iría la magia al garete.

    Eche más aceite… Masajeé el interior y el exterior del muslo izquierdo hasta llegar al pie. Masajeé, planta, dedos y tobillos. Volví a echar aceite… Hice lo mismo con el otro pie y subí masajeando hasta llegar cerca del coño. Entonces le dije:

    -Date la vuelta, bichito.

    Se dio la vuelta, le eché aceite en la espalda y masajeé, sus hombros, su espalda, sus costillas… Al masajear la espalda, las nalgas y los muslos. Comenzó a gemir. Masajeé desde los talones a las nalgas. Diana, abrió las piernas. Le masajeé el periné y el ojete, Diana, levantaba el culo buscando que mi dedo medio entrara en su ano. Se lo dejé en la entrada y lo metió todo dentro. Se lo quité y repitió la operación más de veinte veces… Al masajear, y dejar el dedo, ella se lo metía todo dentro… Acabó por decir:

    -Creo que me voy a correr así, cabrón.

    Le seguí masajeando las nalgas y jugando con mi dedo, en su culo, mas como veía que se deshacía en gemidos, y no se corría, le dije:

    -Ponte boca arriba, zorrilla.

    Al estar boca arriba, le masajeé las tetas con una mano, y con dos dedos de la otra le acarició el capuchón del clítoris por los dos lados, luego tiré de el hacia atrás y se le lamí el glande, Diana, exclamo:

    -¡Ayyy que rico!

    Cuando vi que se iba a correr, dejé de lamer y le puse un dedo en la entrada de la vagina. Cogió mi mano con la suya y me lo metió dentro. Nos estábamos mirado a los ojos. Saqué el dedo y le metí dos. Le busqué el punto G y se lo froté cada vez más rápido hasta que sentí una corriente de jugo mojar mis dedos. Diana, cerró los ojos, al abrirlos dijo:

    -¡Bésame, bésame, por favor!

    La besé. Le mordí los labios. Arqueó su cuerpo, y exclamó:

    -¡¡¡Me cooorro!!

    Vi cómo se sacudía con el placer y sentí su coño apretar mis dedos. Mi polla latía una cosa mala.

    Al acabar de correrse, me levanté. Fui a la cubitera, abrí el champán, eche dos copas, volví a la cama, y le di una. Tomo un sorbo, y me dijo:

    -Echaba de menos tus manos. Tu boca. Tus caricias… Te eché mucho de menos.

    -Y yo a ti, princesa.

    -¡No me llames princesa! Fui, y soy tu amante casual.

    Mi idea era hacerla gozar tanto como para que se plantease dejar a su marido, pero esta idea chocaba frontalmente con su actitud. Ya no me quería, bueno, sí, me quería, pero me quería para follar.

    Bebió el champán, me dio la copa, y me preguntó:

    -¿Empiezas tú o empiezo yo?

    Estaba con la polla mojada, así que le respondí:

    -Empieza tú.

    Se rio. Me encantaba oír su risa. Luego dijo:

    -Prepárate que vas a arder

    -Ya lo veremos, preciosa, ya lo veremos.

    Poco después estaba encima de la cama amordazado y con unas esposas forradas de terciopelo negro que Diana había cogido en mi bolsa. ¿Qué coño me iría a hacer? ¿En qué piel se metería? Enseguida lo iba a saber. Con la mano derecha dentro de su bolso, me dijo:

    -Tú estuviste en Londres, ¿verdad?

    Asentía cuando vi que sacaba de su bolso una navaja de afeitar y la abría. ¡Tremenda hoja tenía!

    -¿Oíste hablar de Sweeney Tood?

    ¡La ostia! Diana iba a hacer del barbero diabólico. La cosa no pintaba bien, y menos cuando sacó de la bolsa un spray de espuma.

    -Me gustan los hombres sin pelo. Los Barby Maricona.

    Echó espuma sobre mi pecho y extendiéndola con la mano, me dijo:

    -Me acuerdo que en un relato dijiste que no te gustan los coños peludos. Que no te gustan los coños de Barby. Y mi coño es de Barby. -Echó espuma sobre mi vello púbico y lo extendió- ¿No es verdad?

    Negué con la cabeza. Me agarró la polla, y con la navaja rozando mis pelotas, me dijo:

    -¡No me mientas que te la corto! Aunque pensándolo bien, debía cortarla. Si no es solo para mi no debe ser para nadie.

    Me estaba acojonando. Quise decirle que dejara aquel juego, pero no pude, y aunque pudiera hablar y se lo dijera, no me iba a hacer caso.

    La navaja comenzó a afeitar los pelos de mi pecho. Hacía un ruido muy peculiar: “Criiiish, criiish, criiiish…” Diana, afeitaba un poquito y limpiaba la hoja de la navaja con mi bata. Sus ojos brillaban, o me lo parecía a mi. Acojonado, estaba viendo en Diana la reencarnación de Sweeney Tood. Al llegar al vello púbico, me dijo:

    -¿Sabrá bien un pastel hecho con tu polla y con tus pelotas?

    Hice ruidos con la garganta y quise liberarme. Maldita fuera la hora en que comprara aquellos juguetes sexuales! Me quitó la mordaza, y me preguntó:

    -¿Por qué no me pediste que no me casara?

    -Cobardía, supongo.

    Me agarró la polla y puso la navaja junto al frenillo. Tenía una cara seria cómo nunca le había visto, y dijo:

    -¡Tú nuca me has querido!

    Comenzó a afeitar mi vello púbico. El culo me andaba para dentro y para fuera. Le dije:

    -Te quería, te quiero y siempre querré.

    -¡Mientes!

    Acabó de afeitar el vello púbico.

    -Ahora parece que es más grande.

    Metió mi polla en la boca, apretó el glande con la lengua, y sintiendo el contacto de la navaja en mis pelotas, en nada, me corrí en su boca. Fue una corrida bestial. Me temblaron las piernas. A Diana le salía por la comisura de los labios la leche que no lograra tragar.

    Al acabar, cerró la navaja, me sonrió, y me preguntó:

    -¿Te gustó?

    Tenía el genio subido, y le contesté:

    -¡Cabrona! ¡¡Casi haces que me cague encima!!

    Se volvió a poner seria.

    -¡¿Qué me has llamado?!

    Me volví a acojonar.

    -¡Caaariño!

    Volvió a abrir la navaja. Empujó por mí y me dio la vuelta. Su voz sonó misteriosa, cuando dijo:

    -Ahí están. Los pelos del culo.

    -¡Noooo!

    -Siiii. Los voy a afeitar y sin espuma, te los voy a cortar en seco.

    -¡Hija de…!

    No me dejó acabar. Me dio con uno de mis kiowas marrones con piso de goma en las nalgas.

    -¡Plassssss, plassssss, plasssss…!

    -Trata con respeto a tu barbera, cabrón. ¡¡Sube el culo!!

    Levanté el culo. Me cogió la polla y comenzó a masturbarme.

    -¿Te gusta, cara de coño?

    -Bueeeno, no está mal.

    Me mordió las nalgas y me volvió a dar.

    -¿Quieres que te suelte?

    -No, sigue.

    Me siguió dando en las nalgas y ordeñándome hasta que sacó la leche.

    Después de correrme cómo un cerdito, quitándome las esposas, me dijo:

    -Te quiero. Lo sabes. ¿Verdad?

    -¿Para jugar y follar?

    Se me quedó mirando, bajó la cabeza, y me dijo:

    -¿Y para que iba ser si no?

    -Yo te quiero cómo no quise a nadie, pero si lo que te hace feliz es jugar y follar, juguemos y follemos.

    Al rato la tenía boca arriba sobre la cama, amordazada, con los ojos vendados, las piernas abiertas de par en par, y sujeta con las cuerdas de amor. Le mamé y acaricié las tetas. Le chupé, lamí y mordí los pezones. Le puse dos pinzas en ellos, le metí un huevo vibrador con control remoto, (apagado) en el coño, y la engañé:

    -Me entró un apretón. Voy al baño.

    Intento decirme algo. Le quité la mordaza, y me dijo:

    -A estas cosas hay que venir cagado y meado, guarro.

    Le volví a poner la mordaza.

    -¡Calla, sopla gaitas!

    Me dirigí al baño y desde la puerta encendí el vibrador. Oí a Diana, decir:

    -¡¡Mmmmm!!

    Me quedé mirando… Al rato echó la pelvis hacia arriba, y temblando, se corrió… A los dos o tres minutos, se volvió a correr otra vez, y así hasta cinco veces.

    Volví a su lado, Diana, al sentir cómo me sentaba en la cama, volvió a decir:

    -Mmmm.

    Le quité la mordaza. Me dijo:

    -Se encendió solo el… Oh, oh, oh, oh. Ooooh. ¡Me corro otra vez!

    Al acabar de correrse le quité el huevo y lo apagué. Le quite las pinzas de los pezones y la desaté. Estaba dócil como una corderita. Cogí la navaja de afeitar, y pasándole la parte contraria al filo por los pezones, le pregunté:

    -¿A que sabrá un pastel con queso de tetilla?

    Sonrió con descaro.

    -No me asustas. Sé que es un farol.

    -Tienes valor, sí señor. Decirle eso al señor Hyde, es de valientes… O de suicidas. ¡A Hyde no lo deja ninguna mujer para casarse con otro, zorrilla!

    Se lo seguía tomando a broma.

    -je, je, je, je.

    Le di la vuelta a la navaja, le cogí el pezón izquierdo. Lo apreté con dos dedos. Tiré hacia arriba, y poniendo cara de asesino, le dije:

    -¡Ríe mientras puedas, a Hyde no lo deja ninguna mujer para casarse con otro! ¡¡Soy muy celoso!!

    Diana, ya no las tenía todas con ella. Mis dotes de actor de barrio dieran resultado.

    -Ahora estoy asustada. Dime que me quieres. Dime que estás jugando.

    Vi que estaba realmente asustada. Cerré la navaja, la tiré a la alfombra del piso de la habitación, y con una sonrisa en los labios, le dije:

    -Claro que te quiero. ¿Subes, fiera?

    Diana, estaba cabreada.

    -¡La madre que te parió! Yo no juego más a estos juegos. Casi me da algo.

    -¿Ya no quieres seguir follando?

    Se serenó.

    -Follar, sí.

    -¿Quieres correrte a cuatro, arriba o abajo?

    -A cuatro patas.

    Yo, es ver un culo de mujer y me pongo tonto, y el suyo era un culazo. Mi lengua lamió coño, periné y ojete. Mordí sus nalgas al tiempo que magreaba sus tetas y pellizcaba sus pezones. Mi polla latía, estaba empapada y yo me moría por clavársela, y se la clavé. Estaba tan excitada que entró hasta el fondo de una estocada. Me dijo:

    -Ayyyy ¡Maricón!

    Le azoté el culo con las dos manos… Al rato se dejó caer sobre la cama con la polla dentro del culo. Cogió el mocasín del piso, me lo dio. Se volvió a poner a cuatro patas, y me dijo:

    -¡Hazme chillar, cabrón!

    Follándole el culo, le di:

    -¡Plasss y plassss, y plassss…

    No chilló, gemía. Unos minutos más tarde, sintiendo mi polla latir dentro de su culo, me dijo:

    -Córrete dentro de mi coño.

    Se la quité del culo, tiré el kiowa y se la metí en el coño. Unos cuantos mete y saca y apretando los dientes y temblando de gusto, me corrí dentro de su coño.

    Cuando acabé de correrme, se puso boca arriba y me dijo:

    -Ya sabes lo que quiero.

    Sabía lo que quería. Metí mi cabeza entre sus piernas y mientras mi corrida salía de su coño, se lo lamí hasta que en mi boca se mezclaron sus jugos y mi semen. Diana, retorciéndose de placer, cogió mi cabeza y dijo:

    -¡Te adoro, José!

    Follamos hasta que no pudimos más. Nos quedamos rendidos. Al alba, Diana tenía su cabeza sobre mi pecho rasurado. La miré, y susurré:

    -Si supieras cuanto te quiero, cielo.

    No estaba dormida. Me dijo:

    -¿Para qué? ¿Para qué me quieres?

    Le respondí con otra pregunta.

    -¿Quieres que lo nuestro deje de ser una aventura?

    -Para mi nunca lo fue.

    -No me contestaste.

    Levantó la cabeza, me miró, y me dijo:

    -Dame un tiempo. ¿Echamos el mañanero?

    -¿Sexo duro?

    -No, quiero que me hagas el amor.

    Se lo hice.

    Quique.

  • La madrastra seductora

    La madrastra seductora

    Nunca me imaginé vivir una situación como esta, pero así se dieron las cosas. Me casé por segunda vez con un hombre llamado Rodrigo. Él tenía un hijo. Su nombre era David, 18 años. Era blanco, delgado, de cabello negro, con cara de ángel.

    Me gustaba mucho, pero jamás pensaba decírselo debido que en ese momento yo vendría siendo… su madrastra.

    Pero un día vi la puerta de su alcoba entreabierta. Alcance a ver que él estaba acostado leyendo algo.

    Me metí al baño a orinar. Mi mente fantaseó en ese momento con él.

    ¿Si me metiera a su recámara? Pensé dentro de mi, ya que solo estábamos él y yo en la casa.

    Me puse un poco de perfume y después de arreglarme un poco, abrí la puerta de su alcoba y le pregunte si podía entrar.

    —Si, adelante —Me respondió

    ¿Que estoy haciendo aquí? Me preguntaba. Todavía estoy a tiempo de salir, pero en vez de eso, simplemente entre y me acerque a su cama, sentándome en el borde.

    En ese momento llevaba puesta una bata de lencería blanca.

    —¿Cómo estás? —Le pregunte

    —Bien —Me respondió un poco sorprendido de verme en su cuarto vestida así.

    —¿Cómo te va en la uni? ¿Ya tienes novia?

    —No, aun no, aunque hay alguien que me gusta.

    —Tienes mucho por aprender de las mujeres

    —Sí, supongo

    Vi que su mirada se perdía en el centro de mi pecho, como si quisiera ver algo.

    Con mi mano izquierda abrí mi bata un poco, lo suficiente para que alcanzara a ver algo. David me miraba con insistencia. Me abrí la bata aún más con ambas manos. Mis senos quedaron al descubierto.

    —¿Te gustan mis senos? —le pregunte

    David no alcanzo a pronunciar palabra de lo asombrado que estaba. Me sentí tan sexy en ese momento… tan admirada, tanto que… sentí que me humedecí, lo confieso.

    Hice que acercara a mi pecho para que pudiera acariciarlos. Con mi mano izquierda acariciaba su cabello, como invitándolo a que se acercara aún más.

    Pude sentir sus labios besaban mis pezones, los cuales se endurecieron. Por un momento pensé que David podría ser mi hijo y que lo estaba amamantando. Poco después, me puse de pie y con mis dos manos deja caer mi bata lentamente, quedando completamente desnuda.

    Sobra decir que David estaba con la boca semiabierta, admirando mis senos, mi vello púbico, mis piernas… mi cuerpo.

    —¿Nunca habías visto a una mujer desnuda verdad? —Le pregunte

    —Eh… no… no —Alcanzo a decir visiblemente contrariado

    Extendí mi mano para invitarlo a que saliera de la cama. Al salir, pude ver que traía una trusa de color blanco. Su pene estaba visiblemente erecto.

    Me acerque a él, y estando de pie comencé a besarlo. A pesar de que era muy joven, era ligeramente más alto que yo.

    Pude sentir como sus manos recorrían mi espalda de arriba a abajo, hasta llegar a mi culo.

    ¿Te gusta mi trasero David?

    —Sí, eres muy bonita —Me respondió

    Me hinque ante él y le quite la trusa que llevaba puesta. Su pene erecto salió a escena. Era hermoso. Me recosté en la cama boca abajo con las piernas cerradas.

    —Ven acércate, colócate sobre mi —Le dije.

    Una vez que estuvo sobre mi, le pedí que pusiera su pene en medio de mis nalgas y que lo frotara suavemente. David así lo hizo, despacio mientras mis nalgas lo abrazaban. Su respiración comenzó a agitarse. Su excitación fue tal que empezó a eyacular mucho sobre mi espalda baja.

    —¿Es la primera vez que tienes un orgasmo? —Le pregunte

    —Si —Me respondió

    —¿En serio?

    —Si… ya había intentado tener uno… pero nunca me había pasado esto

    —¿Te refiere a eyacular?

    —Si

    —¿Que sentiste?

    —Muy agradable —Me respondió sonriendo

    Esa fue la primera experiencia sexual David con una mujer, sin duda alguna. Después de besarnos, lo deje descansar. Prometí visitarlo al día siguiente pues tenía que irme a trabajar.

    Durante la cena no hablamos, teníamos que disimular frente a Rodrigo, su padre. Al día siguiente, entré de nuevo en su habitación. Él me estaba esperando, desnudo.

    —Buenos días mi niño ¿cómo estás? ¿Impaciente verdad? —Le pregunte

    —Si, mucho

    Mis labios y mi lengua conocieron el sabor de su intimidad, delicioso… pero no quería sobre estimularlo ya que no él no tenía mucha experiencia todavía. Me recosté en la cama y me abrí de piernas. Él se acercó a mi vulva y la observaba muy de cerca, como con curiosidad.

    —¿Te gusta? —Le pregunte

    —Si, mucho —Me respondió

    —¿Por qué no te acercas un poco más? Deja que tu boca me conozca.

    Fue entonces que se acercó y comenzó a besarme y a acariciarme ahí donde tanto me gusta, llevándome a que me humedeciera aún más. Cerré mis piernas para que fuera más fácil para el disfrutar mi vagina. Sus labios y su lengua exploraron toda mi vulva, desde el clítoris hasta el perineo, incluyendo mis labios vaginales.

    Casi por instinto, sin que le dijera nada, comenzó a usar su lengua, haciendo que todo mi cuerpo se estremeciera.

    Inevitablemente, se me escaparon algunos gemidos de la forma tan deliciosa en la que me estaba comiendo. Le indique que se acercara a mi para besarlo. David quedó encima de mi y pude sentir su pene erecto sobre mi vagina. Supe que era el momento indicado.

    —Ven mi niño, hazme el amor —Le susurré al oído

    Con mi mano derecha guie la punta de su pene a mi entrada húmeda.

    Al estar completamente abierta de piernas y tan húmeda, su pene erecto entró muy fácil dentro de mí, hasta el fondo, haciéndome gemir rico. Mis labios menores lo envolvieron dándole la más deliciosa de las bienvenidas. David comenzó a metérmelo rico… muy rico una y otra vez, haciéndome gemir de forma deliciosa:

    —Ahhh, ahhh, ahhhh, si, así, así mi niño, dame rico, dame pito!

    Mientras me hacía suya, pensé de pronto en Rodrigo. Me sentí un poco culpable en ese momento, pero aun así yo no dejaba de acariciarle el cabello, la espalda, las nalgas a su hijo. Quería comérmelo a besos y que me comiera completita.

    Sabía que él no aguantaría mucho y así fue. Sentí un líquido caliente dentro de mí. Al sacar David su pene, aquel líquido comenzó a escurrir de mi vagina.

    —Rico mi niño ¿Te gusto? —Le pregunte

    —Si, mucho… me encanto —Me dijo visiblemente emocionado y con las mejillas enrojecidas.

    —¿Te gustaría que volviéramos a hacer esto de nuevo?

    —Si

    —Bueno, si me prometes no decirle a nadie sobre esto, podremos seguirlo haciendo ¿trato hecho?

    —Si, está bien

    Esa fue la primera vez que me hizo el amor, y digo la primera vez porque fueron muchas, muchas veces, principalmente por las mañanas, cuando Rodrigo, su padre ya se había ido.

    Ese día casi no pude concentrarme en mi trabajo. Solo pensaba en David, en su cuerpo. Deseaba tanto que me hiciera suya, pero al mismo tiempo me preocupaba Rodrigo, que no se fuera a enterar.

    Como era de esperarse, David estaba obsesionado conmigo, pues yo fue su primera experiencia sexual. Aun así, él sabía que yo tenía que seguir desempeñando mi rol como esposa, especialmente por las noches y los fines de semana. Aun así, hallábamos la forma de escondernos de Rodrigo.

    Recuerdo una ocasión en que yo llevaba tacones y mezclilla. Rodrigo se me metió a bañar. David me abrazó por detrás mientras frotaba su pene en mi culo. Sabía lo que quería.

    —David, que travieso eres.

    Fuimos rápidamente a mi habitación, baje un poco mi pantalón y me coloque en la orilla de la cama. David me tomó por la cintura y empezó a penetrarme suavemente. Yo luchaba por no hacer ruido, estaba sintiendo muy rico. David aceleró un poco más el ritmo hasta que se derramó dentro de mí. Yo no llegue al orgasmo, pero no me importo. Yo solo quería complacerlo.

    Anécdotas como esas tengo muchas con él, de las veces que teníamos sexo muy rápido para que Rodrigo no nos descubriera.

    Cuando nos sentábamos a la mesa los tres, muchas veces David me acariciaba por debajo sin que Rodrigo se diera cuenta. Sin embargo, el tiempo pasó y David se fue interesando en chicas de la universidad. Su deseo por mí fue disminuyendo como era de esperarse. Hoy en día somos discretos con respecto a lo que sucedió, aunque a decir verdad, a veces me busca.

    —No David, tu tienes tu pareja y lo mía

    —Si, tuve un día un poco difícil por los exámenes. Solo por esta vez.

    —Yo casi siempre terminaba accediendo porque simplemente me encantaba.

    Él nunca va a olvidar que conmigo se convirtió en hombre. Gracias a mí, hoy sabe hacerle el amor a una mujer.

  • Diego me quita la virginidad (parte 6)

    Diego me quita la virginidad (parte 6)

    Finalmente llegó el día, sabía muy bien que esta noche me entregaría a Diego, toda la semana no había pasado un momento que no pensara en él, haciéndome su mujer, y había pasado mucho tiempo en la semana practicando mi feminización. Esa mañana no fue la excepción, pasé un par de horas practicando mi caminata en tacones, meneando mis caderas como una modelo de pasarela, practicando mi voz femenina, un poco de baile, etc. Después de almorzar, algo ligero claro está, Tania me ayudó con mi aseo, me pintó las uñas de los pies, escogimos mi ropa, conversamos acerca de lo que pasaría esta noche, las expectativas, los temores de ella también (de que su novio nunca más regrese), era una tarde de chicas.

    Franchi llegó a las 5 pm con un montón de cosas, me dijo que me iba a maquillar y dejar preciosa, poco a poco iba aceptando más la idea de convertirme en mujer y para el final de la noche ya éramos amigas cómplices. Pensé que iba a ser como la semana pasada, pero Franchi me estuvo maquillando por hora y media, sacó todo el arsenal, mientras tanto Tania me planchaba mi cabello y me colocaba unas uñas postizas, eran divinas, largas sin ser exageradas de color rojo como en mis pies y como sería mi lápiz labial, y con unas pequeñas joyitas que las hacían brillar.

    Me sentía super mimada y excitada, una me maquillaba, la otra haciendo mis uñas, me sentía como una Kardashian con su equipo de belleza de diario. Cuando Franchi terminó con mi maquillaje me colocó unas pestañas postizas, largas, que me costó un poco acostumbrarme, y me puso el espejo en frente: ¡estaba hermosa!, irreconocible, estaba mirando el rostro de una modelo femenina, como siempre les digo, hay que ser un poco narcisista también, me enamoraría de esa chica de verdad.

    Franchi era una experta, me había dado definición y profundidad en los ojos, mis cejas las dejó gruesitas y en curva terminando en punta, mis pómulos se veían más femeninos y suaves, los colores eran perfectos con mi color de piel, estaba ya dos días después del tanning y se me veía morochita, color caramelo.

    Tania me peinó con un cerquillo, dejándome dos mechones de cabello que caían a cada lado de mi rostro, el resto lo amarró atrás en un moño, eso no me gustó, pero Franchi sacó unas extensiones que había traído y las colocó ahí en el moño. Esto demoró un poco, pero quedé con el cabello largo por atrás y por adelante adornaba mi rostro, estas chicas eran unas expertas de verdad.

    Fuimos a la habitación y las chicas me perfumaron, me puse un panty portaligas abierto y con brillos, la pretina era de unos 4 centímetros y me apretaba muy rico. Me hice una trucadora ya que iba a usar vestido apretado y escogimos una tanga negra con forma V, me cubría el paquetito y lo apretaba en su sitio, las tiras subían rodeando mi cintura, la parte de atrás era un triángulo pequeño y la textura de la tela acariciaba de una manera muy excitante mi raja. Me puse el brasier único que tenía con las pequeñas siliconas y me dieron un corsé, tenía 3 juegos de broches, obvio me entró apretadísimo en el último, me cubría justo por debajo del brasier hasta la cintura y en verdad me daba una figura muy femenina, así como reloj de arena.

    El vestido era sin mangas para mostrar mis hombros y brazos delineados, estaba súper apretado y ceñido al cuerpo, la mini falda me llegaba por encima de la mitad del muslo, pero cuando me sentara se iba a subir bastante, uhm, intoxicante, me cubría hasta el cuello. Los zapatos de tacos de 5 centímetros me daban un buen soporte, abiertos adelante con una correa delgada cubriendo los dedos y para adornar aún más me pusieron un brazalete de tobillo que trajo Franchi en mi pierna derecha. Finalmente me dieron unas pulseritas del mismo material plateado que la del tobillo para ambas muñecas y mis aretes de presión circulares de 4 centímetros de diámetro, otro toque más de perfume y estaba lista.

    Cuando Diego llegó, Tania lo recibió y al entrar al apartamento Franchi se quedó muda y con la boca abierta. No se imaginaba que mi cita era con el papasito hermano de Giulia, jijiji, cuando salí de la habitación a saludar a Diego, se quedó igualmente boquiabierto, me dio un beso en los labios y me cogió de la mano para darme vueltas y examinar mi look, y las piernas me temblaron. Franchi aprovechó para tomar unas fotos de mi maquillaje para su portafolio, y unas de los dos, abrazados. Diego se despidió y antes de irnos Tania se me acercó y me susurró al oído: “si no estás segura mejor te quedas”, le sonreí, le di un beso en la mejilla y me di la vuelta para salir con mi chico, esta noche no había vuelta atrás.

    En el auto, Diego colocó su mano en mi pierna mientras conducía, algo así como diciendo “esto es mi propiedad”, me encantaba ese detalle y sujetaba su mano con las mías. Durante todo el camino no paraba de decirme lo hermosa que se me veía y aprovechábamos cada semáforo en rojo para besarnos. Al llegar al casino hotel, fuimos al restaurante, nos prepararon la mesa y mientras tanto fui al balcón a ver el mar justo durante el ocaso, Diego se acercó por detrás y me abrazó de la cintura, sentí electricidad en mi columna, y cuando empezó a besar mi cuello, me sentí totalmente femenina, deseada, hermosa y sensual.

    Ya sentados en la mesa aún me sentía observada, sentía que todo el mundo me estaba mirando y que sabían que no era una mujer cisgénero, Diego me disipó cualquier duda

    – ricura, claro que te van a mirar, o van a pensar que eres una mujer hermosa, alta, bella con buen porte, o van a pensar que eres una chica trans y que te ves hermosa, alta, bella con buen porte. Acá la que define todo acerca de ti eres tú misma, y créeme que eres una chica que vale la pena observar porque eres muy completa.

    Yo solo lo miraba, esos ojos verdes y pensaba: “como me gusta este chico, me vuelve loca”.

    Fue una cena liviana, de ahí fuimos al club privado del hotel a bailar, Diego se sorprendió lo mucho que había mejorado mi baile desde la semana pasada, ahora lo seducía en la pista de baile con mis movimientos y mi mirada sensual, una sonrisa coqueta acompañada con una vuelta y el roce de mi colita con su verga atrapada dentro de su pantalón.

    Estábamos divirtiéndonos mucho, tocándonos, coqueteando, sentía la tensión sexual que aumentaba, en ello Diego me cogió de la cintura y me levantó alto, de ahí me dejo caer suavemente, deslizándome por su cuerpo, no sé cómo no se me subió el vestido, ahí me abrazó de mi cintura fuerte y yo lo atrapé con mis brazos por el cuello, nos besamos y dejamos de bailar, fue muy sublime. Le susurré al oído: “llévame a nuestra habitación”, en menos de un minuto estábamos besándonos con desesperación en el ascensor, camino a nuestra suite, sus manos recorrían todo mi cuerpo, me metía mano por debajo de mi mini falda, mientras que yo solo podía gemir de tanta excitación.

    Al entrar a la suite, a la izquierda detrás de unas puertas grandes estaba la habitación, caminamos hasta el final y pasamos al balcón a ver el mar y las estrellas. Diego se fue al baño, cuando regresó le dije que se ponga a gusto que iba yo al baño también, el cual estaba dentro de la habitación.

    Cerré la puerta y decidí que estaba ya demasiado lista y no quería dilatar más el tener a Diego dentro de mí, necesitaba que me convirtiera en mujer, así que me quité el vestido, me retoque el maquillaje, refresqué todo mi cuerpo, me retoqué el perfume, me quité el brasier y me puse el lápiz labial de fresa en mis pezones, me veía muy linda en el espejo, sensual, mujer, mis senos pequeñitos me daban un “look” andrógeno en el pecho, pero de verdad me veía un mujerón.

    Salí del baño y Diego había prendido velas en toda la habitación, era muy romántico, la iluminación perfecta, ahí me pude percatar que ambas paredes tenían espejos grandes, el respaldar de la cama también y el techo un espejo enorme. Salí de la habitación y Diego estaba sentado en el sofá bebiendo algo, caminé hacia él de la manera más coqueta y sensual, moviendo mis caderas como una modelito, paré a unos metros y me di la vuelta y moví mi colita de un lado para otro, mostrándole lo que iba a comer de postre esta noche.

    Seguí caminando, él se paró, le puse un dedo en los labios y lo empujé para que se sentara en el sofá, me di vuelta y me agaché hasta tocar mis tobillos, ofreciéndole mi colita, él se acercó y me dio dos nalgadas que me pasaron electricidad por todo el cuerpo y me besó las nalgas. Me paré y me senté encima de él de rodillas con cada pierna a cada lado, me le tiré encima y lo empecé a devorar a besos, él me apretaba la cadera y mi colita.

    Le quité la camisa, le desabroché el pantalón, bajé mi cuerpo y me arrodillé en la alfombra mientras le quitaba el pantalón, el calzoncillo, las medias y dejé a ese macho, a ese Anubis completamente desnudo, casi me quedo sin respiración, era un monumento de hombre. Diego se recostó hacia atrás en el sofá con cada brazo al costado del respaldar y me dejó hacer lo mío.

    Empecé a saborear de ese falo hermoso y viril, me estaba acostumbrando a su sabor, su olor intoxicante, estaba chupando su glande, disfrutando de ese fresón, y de golpe me metí toda esa barra en la boca, sentía como crecía aún más en mi boca. Realmente adoraba la verga de Diego, tenía unas venas gruesas que acariciaba con mi lengua, subiendo y bajando, le comencé a hablar mientras le daba una mamada increíble y lo miraba fijamente a los ojos.

    – ¿te gusta mi amor? ¿te gusta cómo te la chupa tu mujercita? Argh me la metía toda

    – si cosita rica, sigue así preciosa, um, que culazo tienes, redondito, esta noche te lo voy a dejar lleno con mi leche. Me decía mientras miraba mi colita que aparecía por detrás de mí de manera sensual con mis panties y mi tanguita.

    – uhm amor, ¿me lo prometes? Uhm ¿te gusto cielo? Me he puesto linda para ti bebé. Empecé a levantar mi cola lo más que podía

    – estás bellísima Sandy, y aún más hermosa con mi verga en tu boca.

    Me estaba poniendo demasiado cachonda, empecé a subir por su pecho, besando cada centímetro hasta llegar a su boca, nos besamos y le dije: “cárgame y llévame a nuestra cama amor”, Diego me cargó como novia en su noche de bodas y me llevó a la cama, yo colgada de su cuello, besando a este hombre, dispuesta y ansiosa de que me haga mujer.

    Me colocó en la cama, se fue a una de las mesitas de noche donde tenía un par de cosas, le dio un par de líneas de su polvito blanco, cuando se paró y pasó por delante de la cama, me pareció un monumento de hombre, uhm. Lo llamé a la cama con mis dedos y mis uñas de gata, abrí mis piernas como una puta, invitándolo a que pase y tome lo que tenía que ser suyo.

    Diego se subió a la cama y me estremecí, por primera vez sentí temor, ansias y excitación a la vez, se colocó delante de mí y se montó encima mío. Empezó a besarme muy profundo y de mi boca salían gemidos, sentía su órgano poderoso moverse ad libitum, musicalmente hablando, golpeaba mis piernas, mi colita, mis huevitos, mi paquetito, mi vagina virgen, iba a la deriva total, mientras nos abrazábamos fuerte y nos fundíamos en nuestros besos y caricias.

    Me sentía asfixiada, el cuerpo enorme de Diego encima mío, lleno de músculos, sus besos que me ahogaban, el morbo de mirarnos en los espejos, la intoxicación era tal que no podía respirar, más adelante descubriría las razones y los efectos que tendría todo eso en mí. Miraba en el espejo del techo y veía como se fundían nuestras pieles, su tez blanca, europea y mi color caramelo, morochita.

    Mientras me devoraba el cuello a besos, lamidas y mordidas, volteaba a vernos en el espejo del lado de la cámara, ¡ahg!, ¡que delicia!, mis piernas elevadas con los tacones de mujer, sus piernas gruesas y musculosas, lo abrazaba y acariciaba con mis uñas, rozando cada milímetro de esa espalda ancha de toro semental. Diego disfrutaba de mis pezones, lamiéndolos, besándolos, chupándolos, saboreando el sabor a fresa, mientras que sentía como mi paquetito estaba totalmente hinchado, atrapado dentro de mi tanguita y mi agujerito virgen rogaba ser penetrado.

    Cogió mis dos manos con una de las suyas y las puso arriba de mi cabeza, atrapadas, mientras me lamía las axilas lampiñas y me daba un último toque eléctrico por todo el cuerpo.

    – penétrame amor…conviérteme en mujer, hazme tu mujer por favor Diego, ¡necesito sentirte dentro de mí!

    Diego se levantó y me dio la vuelta, poniéndome boca abajo, me movía a su gusto, era su muñequita de trapo. Comenzó a morder mi cuello por detrás y empezó a bajar a mis hombros, de ahí saltó a mi colita y la empezó a saborear, me mordía, lamía, besaba, ese culito se veía redondito y él sabía que era suyo.

    Yo apretaba las sábanas con mis manos y observaba en el espejo, me estaba poniendo más caliente aun, viendo a mi macho gozando de su perra, sí, ¡iba a ser su perra esta noche! No decía nada, seguía en lo suyo, comiéndome a su antojo y dejándome ahí, suplicando por más en mi cabeza. Una vez más sentí su lengua hacerse paso en mi agujerito, me llenaba de saliva y ya empezaba a ver nublado de tanto placer.

    Diego estiró su brazo y de la mesita trajo un aceite, me puso bastante en mi coñito y metió un dedo, empezando a dilatar mi nueva vagina, comencé a suspirar, lo hacía suave, con cariño, poco a poco metía más y de ahí metió dos dedos, yo seguía apretando las sábanas y mordía la almohada para no gritar, cuando metió el tercer dedo el placer era increíble, solté la almohada y gemía como una perra. A pesar de ya estar dilatada, Diego continuaba, sus dedos entraban cada vez más profundos en mi vagina, sentía los nudillos, un cuarto dedo me penetró

    – así putita, goza mi perrita, esta noche vas a ser mi perrita, ¿verdad?

    – ahg, si cariño, ¡sí! Voy a ser tuya, totalmente tuya, ahg, penétrame Diego, penétrame amor

    Diego sacó sus dedos y me volvió a dar la vuelta, sentándome a su costado, él se sentó con unas almohadas de apoyo en su espalda y de un tirón me puso encima de él. Tenía ambas piernas a los costados de su cintura, los pies hacia atrás, descansando en sus muslos, era una posición tan foránea. Me miraba en el espejo detrás del respaldar de la cama, veía a una mujer hermosa, desnuda, con el rostro hinchado de pasión y placer, debajo mío había un hombre bien dotado, un macho alfa, y sentía un pene enorme rondando por detrás de mí, buscando la oportunidad para entrar en mi coño virgen.

    Me incliné hacia Diego y nos besamos, con mucha pasión, nuestras lenguas entrelazadas, sentí como Diego cogía su verga con sus manos y la acomodaba frente a mi vagina mojada, lubricada.

    – Cosita rica, ahora es tu turno, vas a bajar a tu ritmo y poco a poco dejar que mi verga te penetre, vas a controlar el tiempo dependiendo del dolor y el placer.

    No dije nada y empecé a bajar, mi agujerito se besaba por primera vez con su fresón, ese glande hermoso y grueso, nunca pensé que sería tan difícil al comienzo, bajaba y paraba, no me entraba del todo, dolía, finalmente después de un minuto en ello me senté y su glande entró dentro de mí, ¡sentí que Diego me rompía en dos!

    – ¡ahg! ¡ahg! ¡me has roto el himen amor!! ¡¡amooorrr!! ¡ya me has roto mi himen!!! ¡!!ahg!!

    No volví a decir palabra alguna por unos buenos minutos, estaba 100% en modo mujer. Poco a poco empecé a bajar cada vez más, esto demoró unos minutos, tenía mis manos apoyadas en su pecho enorme, casi no abría los ojos, no sé si era dolor o incomodidad, nunca había tenido un falo penetrándome obviamente, paraba, me movía un poco hacia arriba, y volvía a bajar un centímetro más. Cuando ya tenía la mitad de su pene adentro, Diego me cogió de las caderas y poco a poco empezó a subir, tratando de que su verga y mi coño se abrazaran por completo.

    Finalmente sentí como la base de su pene besaba mi periné, sus huevos me golpeaban, estaba completamente dentro de mí y Diego comenzó a mover su pelvis, clavándome su mástil a un ritmo suave. Subía y bajaba, yo levanté mi cabeza y miraba el espejo en el techo, notaba como mis ojos empezaban a nublarse y a ver oscuro, ¡Diego me estaba desvirgando! ¡este macho hermoso me estaba quitando la virginidad! o más bien, le estaba dando mi virginidad a mi hombre, ¡ya era mujer! ¡ya era su mujer!

    – así cosita rica, ¡así! ¡toma! ¡mi perra! ¡Ya eres mía!, ¡ya eres mi mujer Sandy!

    Diego seguía subiendo el ritmo que ya era frenético, con cada embestida mi cuerpo levitaba, que fuerte era este hombre de verdad. El placer era indescriptible, me sentía tan penetrada, tan llena, su falo enorme se hacía paso a su antojo dentro de mí. Yo no me movía, solamente apoyaba mis manos en su pecho y me dejaba follar. Diego me cogió con sus manotas de las caderas y sentía que me partía en dos con cada embestida, yo estaba en las nubes, no podía creer que un hombre pudiera darme este tipo de placer.

    No podía sostenerme y caí pesadamente sobre él, mi cabeza al costado de la suya, con una mano acariciaba su cabello, mientras que sus manos capturaban mis nalgas y las estrujaban, que divino. Lo empecé a besar muy fuerte, apasionadamente, necesitaba besar a este macho que me estaba dando tantas sensaciones nuevas, que me tenía totalmente dominada y sometida a él.

    Mientras tanto, mi paquetito se encontraba atrapado entre mi abdomen y el de Diego, frotándose muy rico con nuestra piel y también mi corsé, me levanté un poco y empezó a lamer mis pezones, mis senos pequeños estaban muy sensibles y la excitación creció exponencialmente. Diego me tenía abrazada de la cintura, con fuerza, mi colita de esa manera estaba casi fija y su penetración brutal era más fácil.

    Poco a poco me levanté como estaba originalmente, ahora su fierro me estaba dando muy fuerte y delicioso, sentía que rozaba mi próstata, quería más. Decidí reclinarme hacia atrás, en busca de más de ese roce, apoyé mis manos en sus muslos musculosos y me sometí a su castigo, sus jadeos gruesos y graves junto a mis gritos de niña en éxtasis llenaban el cuarto. Diego se movía muy rápido, parecía un conejito, era mi conejito follador, mi paquetito se encontraba ahora a la deriva, moviéndose al ritmo de las embestidas, me apretó con una mano mi nalga y con la otra comenzó a masturbar mi cosita, todo esto sin perder el ritmo de locura con que me cogía.

    Ya casi no abría los ojos y estaba a punto de explotar, mis gritos iban ahora con cada clavada de verga que me daba Diego, él empezó a jadear más fuerte y dejó de masturbarme cuando sentí que comenzó a inundarme adentro, ¡agh! que delicia, mi hombre me estaba llenando con su semen, chorro tras chorro, tremendo semental, esto ya me terminó de enloquecer y empecé a eyacular varios chorros también que cayeron a la deriva sobre mi amante. Los espasmos de los dos seguían, yo ya estaba echada de espaldas sobre sus muslos y con su verga aún dentro de mí, dejando las últimas gotas de su líquido dentro de mi cuerpo y sellando mi primera transición a mujer.

  • Economista y prosti (2)

    Economista y prosti (2)

    Continuación de la verdadera versión de mi debut con otro hombre que no sea Tommy, último fin de semana enero 2024. Seguro ustedes ya leyeron la primera parte, recién publicada, y saben que lo pasamos tan bien un viernes de noche, que, con Tommy, invitamos a Ricardo a ir el finde a nuestra casa de campo al lado de un río.

    Citado a casa para las 10 am, hora a la que Tom volvería del trabajo por ser sábado, Ric llegó 9.30, porque en la casa estaba solo pues es viudo, y pensando en verme. Yo creo que también pensaba en tenerme ja ja. Llegó, nos besamos, y lógicamente nuestra conversación, esperando que llegara Tommy, versó sobre las experiencias de la noche anterior. Ambos encantados, nos reíamos como chicos de ciertas travesuras, sobre todo las del teléfono, y yo decía que deseaba un sillón largo ondulado como el del telo (aclaremos, ‘telo’ y ‘mueble’ son expresiones coloquiales para referirse a un hotel por horas).

    No es de extrañar, terminamos ambos excitados, Ric comenzó a acariciarme las tetas y a besarme y como si nada, me bajó los breteles de mi vestido solero (o solera, como quieran) y comenzó a chuparme las tetas, y a veces nos besábamos. Lo dejé hacer, disfrutando.

    Disfrutando estábamos en pleno masaje de tetas cuando llegó Tommy, abrió los ojos, aplaudió y se sentó a nuestro lado, sin molestia ninguna.

    Comenzó el también a chuparme las tetas y besarme, y aquello era divino. Sin embargo, no quería aún ser cogida en casa, y propuse irnos. Pese a las vergas duras aceptaron ja ja.

    Decidimos ir en dos vehículos, pues no quisimos comprometer a Ric de quedarse siempre allá. Por supuesto, Tom sugirió que “deberías ir con tu novio y guiarlo”. Oficializó de esa manera lo que me había sugerido antes de salir el viernes con Ric, si me gustaba estar con otro hombre, Ricardo podría ser mi ‘novio’ con derechos plenos, sin amor pero con cariño y sexo. Ricardo encantado!

    Tomamos nuestros bolsos, y salimos, yo en el coche con Tom, y Ric solo, por si algún vecino nos veía. En el primer supermercado paramos a comprar provisiones y luego en una carnicería donde siempre compramos un asado especial y también en una panadería que hacen excelentes baguettes.

    Desde el supermercado, ya me pasé a la camioneta de mi novio oficial y cuando ya enfilamos hacia la ruta, para algo más de 35 minutos de viaje, nos relajamos totalmente dispuestos a disfrutar el trayecto y a conversar.

    Ric me pidió mi número de cuenta de economista asesora free lance (la puticuenta en realidad), pues me dijo que todo buen novio hace regalos a su chica, “y mas yo, que soy libre, viudo y sin hijos, y ahora te tengo. Pero nunca lo tomes como pago pues serán simples regalos”.

    -Ja ja…si algún día consigo ser prostifina, ya me depositarán lindas sumas, pienso ser bien cara.

    -Te mereces cualquier suma que quieras cobrar, no creo que exista otro cuerpo así, ni otra tan simpática y mimosa en Uruguay.

    -¡Así quiero ser, insuperable en lo mío!

    Iba yo muy alegre y decidí gratificar a Ricardo por todas las cosas lindas que me decía, subiéndome el vestido todo lo posible. Se veían todos los muslos y él podía acariciar mi concha.

    Pero no contaba con que un semáforo, el último saliendo de Montevideo, hizo que nos detuviéramos al lado izquierdo de un camión. Un claxon sonó estrepitosamente, miré hacia en camión y vi la cara sonriente del camionero que me hizo seña con un pulgar hacia arriba.

    Me pareció lógico retribuirle mostrándole un poco de escote, no todo, y nos fuimos.

    -Si él supiera! Dijo Ric. Me reí y dije: “que imagine lo que quiera”.

    Ya entramos a ver verde a los lados, muy disfrutable todo. ¡Y yo con ‘novio’! Me sentía casi como adolescente nuevamente. Sólo que esta ves era con permiso de mi marido y mi novio, un 60+.

    Conversamos de mi curiosidad y ansias de estrenarme como prosti. De mi deseo de recibir dinero por mi cuerpo, cada vez un deseo mas intenso.

    También hablamos acerca de las dificultades que me imagino para conocer clientes confiables.

    En ese tema, Ric me preguntó acerca de si, si se diera el caso, podría recomendarme algún conocido suyo, a lo cual accedí sin dudarlo pues confío y confiamos plenamente en él.

    Tanto confío en él, que le di un adelanto acerca de mi intención de aprovechar el crucero a que nos han invitado mis suegros, para tratar de seducir a mi suegro. He notado alguna mirada inconfundible de atracción, pero siempre ha habido total respeto. Le pediré autorización a Tommy, obviamente. Mi novio se rio, me acarició el muslo y dijo: “eres terrible”. A lo cual respondí: “culpa de mi marido, que despertó a la tigresa!”

    Llegamos, Ric encantado con la entrada a la casa, un sendero de unos 20 metros bordeado de árboles, césped al frente, más o menos media hectárea de césped al fondo, con algunos árboles frutales, de los que nos servimos libremente y el resto lo cosecha el casero para su provecho, junto con todo lo que cultiva en las más o menos 10 hectáreas restantes que usa para frutales y verduras. El resto del terreno es virgen, con sauces llorones en la costa del río. Lógicamente, siempre nos visita para saludar y traernos una o dos bolsas de vegetales, ¡provisiones frescas y naturales para Montevideo!

    Ya Tom había llegado, y había avisado al casero de nuestra llegada, siempre lo hacemos para que no piense en intrusos.

    Ya eran las 11.30, pero no había apuro. Contamos a Tom la anécdota del camionero, sacamos de la casa las tumbonas (o reposeras, como gusten), y las colocamos cerca de la barbacoa abierta que se integra a la galería a lo largo del fondo de la casa.

    Mis varones, se fueron a prender el fuego y aperitivar algo. Yo a preparar ensalada y puse bebidas a enfriar.

    Y a continuación aprovechar el día para tirarme al sol en una de las reposeras. Me descalcé y solamente me recosté boca abajo, el vestidito deja la espalda libre, y en confianza me levanté el vestido hasta la cintura para asolearme las piernas y el bum bum, ¡según le llaman los brasileros!

    No dormir durante la noche y la excitación de lo ocurrido hacían que estuviera agotada y dormité unos minutos, hasta que oigo una voz que dice: “¡Buenos días! Les traigo provisiones”.

    ¡Y yo de culo al aire!

    Era el casero, que nos traía las acostumbradas bolsas de frutas y verduras. Seguramente me vio, no había alternativa, pero para cuando me di cuenta y me giré y bajé el vestido, él ya estaba de espaldas conversando con Tom, que le presentó a Ric, como un amigo de la familia de mi suegro.

    El casero, don Roque, nunca lo llamamos de otra manera, aceptó apenas un sorbo de vermut, un par de maníes, y rechazó cortésmente almorzar.

    Al retirarse, me sonrió (o eso me pareció) y dijo: “un placer verla, señora”, y dirigiéndose a todos: “a la orden, hasta vernos”.

    -¿Me vio? Pregunté a Tommy y Ric.

    -Desde luego! Pero no te preocupes, no dijo nada. Igual, tampoco era tan grave, dormida se había corrido un poco el vestido y parece ser que me tapaba, aunque sea algo ja ja.

    Almorzamos, limpiamos todo, nos sentamos en el living y conversamos de nuestros planes y saltaron dos auténticas bombas:

    Bomba 1: autor, Ricardo.

    -¿Saben? He decidido posponer mi viaje, que igual era solo, así que no me molesta postergarlo. Y quizás en vez de hacerlo a Europa, lo cambie al Caribe, ¿y los invite…que les parece?

    -¿Como? ¿Qué estás diciendo?

    -Eso que oyeron, los invito, vamos los tres. Sofi es mi invitada a full, y Tommy paga su pasaje y viene. Lo pasaríamos bomba los tres, playa, buena comida de mar y mucho sexo.

    -¿Pero es broma? Dijo Tom

    -¡Si quieren se los firmo! Pienso que puede ser algo único en mi vida.

    -Aceptemos, amor, siempre fraccionamos las vacaciones para disfrutar mas, y esto sería ideal.

    -Es que es un acto de generosidad increíble.

    -Ustedes son igual de generosos conmigo dijo Ricardo, y espero que sigamos disfrutando juntos, ¡incluso hoy mismo!

    -¡Ni lo dudes! Respondimos ambos. Y yo agregué, pero más tarde, les contaré algo y después dormimos una siestita para recuperarnos de no dormir anoche.

    Bomba 2: Sofía.

    -Queridos, quiero llamarlos así aunque el amor y cariño sea muy diferente. Quiero que sepan algo, en especial tú, amor, pues te tocará muy de cerca.

    -¿Que es, amor?

    -En febrero, en el crucero al que vamos con tus padres, quiero comenzar a seducirlo me mira, a veces como con deseo, lo percibo. Y quiero lucirme, provocar y ver si al regreso se decide, porque ya sé que en el barco será imposible.

    La cara de Tommy denotaba asombro, Ric no tanto pues le había contado algo, pero disimuló bien.

    Y al final, Tom abrió la boca y dijo: -¿Estás segura? Nunca lo he visto mirarte raro. -Claro que sí, las mujeres nos damos cuenta de inmediato, estoy segura.

    —Ya veremos en el crucero, pero me cuesta creerlo, aunque si él quisiera…

    Lo besé y le agradecí, ya tenía mi permiso.

    -Chicos: ¿qué tal si descansamos para estar a pleno de noche?

    A la tardecita, cuando el sol no esté muy fuerte, podemos broncearnos un poco.

    Así lo hicimos, aunque en honor a la verdad, nos acostamos los tres desnudos en la misma cama principal, una king size que da para todo. Besos, caricias, pijas paradas a las que no les hice el gusto, y dormimos un rato.

    Al despertar, casi las 17 horas, estaba ideal para broncearse. No quise arriesgar que me viera de nuevo don Roque sin rooa, aunque no tenía por qué venir, y no vino, efectivamente.

    Me puse un bikini, rojo, arriba es solamente una banda de tela elastizada de unos 6 centímetros de ancho, espectacular sobre mis tetas. Abajo una tanguita hilo, o mejor dicho tanguita cuerda, pues el hilo es de medio centímetro de grueso, como para que deje una marca de bronceado.

    Nos fuimos a las tumbonas, las que reorientamos de acuerdo a la nueva ubicación del sol. Nos tiramos a disfrutar. Y el disfrute mayor vino después de media hora de asolearnos. Estaba en otro mundo, relajada, y sentí que alguien me desataba los hilos de la tanga. Ric o Tommy? Me fijé y era Ric. Arrodillado de frente a mis rodillas, había desatado la tanga por los costados de mis piernas. Sonreía y dijo: “Puedo?” -Claro que podés, respondí, y abrí las piernas todo lo posible.

    Metió su cabeza entre mis piernas y comenzó una lamida lánguida, veraniega y lenta, que mi concha agradecía humedeciéndose.

    Comenzaba en mi esfínter y subía morosamente hasta el capuchón del clítoris donde se detenía unos segundos extra. Luego la lengua bajaba por la concha y se metía entre los labios, y bajaba al culo y vuelta a empezar. Llegó un momento que sentí especialmente la lengua en el clítoris, que excitado había asomado desde su capuchón. ¡Que sensación! ¡Que emoción! Un ahhh de placer surgió de mi y atrajo a Tommy, que seguía dormitando.

    -Empezaron sin mí? Y se puso a mi lado dispuesto a besarme y atenderme las tetas. Me subió la franja de tela que hacía de parte superior del bikini, y comenzó a manosear y chupar a gusto, mientras de a ratos me besaba de lengua.

    Sentí que Ric tiraba de mis piernas para que mi concha quedara al borde de la tumbona. Lo siguiente que sentí fue la entrada de su verga a mis entrañas. Entró suavemente, pero a fondo en mi concha super húmeda. Y Tom, para acompañar, me metió la verga hasta la garganta, y a veces la sacaba para que no me ahogara, y seguí chupándosela.

    ¡No había apuro, anochecía, la temperatura era agradable y no había mosquitos! Seguían dándome cada cual lo suyo, hasta que Ric no pudo más y me tiró su leche. Igual me siguió cogiendo, batiendo leche y flujo.

    ¡Luego fue turno de Tommy, que vaya si me dio a tomar de su licor! Me chorreaba por la comisura de los labios, sacó la verga y yo pude tragar, solo para que Ric a su vez me la diera a chupar y Tommy la metiera medio blanda como estaba, en la concha, guiándola y empujándola con su mano.

    Extendimos sobre el césped un par de toallas que teníamos a mano y nos tiramos los tres a jugar, a gozar de la brisa de comienzo de la noche y a besarnos.

    Otra vez fueron mis tetas objeto de tratamiento preferencial, hasta que me hicieron dar vuelta, para homenajear mi culo, por así decirlo.

    Comenzó Tommy a masajear mi espalda y mordisquearme la nuca, me encanta, y mientras, Ricardo comenzó a conocer a fondo mi ano. Lamido, chupado, bien ensalivado, me metió un dedo. -¡Ayyy sí! Exclamé.

    -Parece que Ricardo te quiere comer la colita dijo Tommy.

    -¡Obvio! ¡Nunca vi algo tan perfecto, estas nalgas son un manjar! Pero un manjar que quiero disfrutar esta noche.

    -¡Tienes libertad, sos invitado de honor dijo Tom, más después de invitarnos a viajar!

    -Lo tendré en cuenta para prepararme acoté.

    Volvimos a la casa, caminando desnudos, yo con leche y baba por todos lados y aproveché para ducharme antes que ellos y hacerme los enemas del caso. Nunca tuve un accidente y no quiero que me llegue a ocurrir.

    Ellos, transpirados por el esfuerzo, se ducharon a su vez y nos dedicamos a una cena fría de restos de asado, y baguette acompañada de dos o tres tipos de quesos.

    Yo estaba ya fresca tras mi ducha, con bata de algodón bien cerrada y ellos de shorts y polos.

    Terminamos la cena, eran más o menos las 10 pm. Y me fui al dormitorio principal a vestirme para la noche, dispuesta a sorprenderlos.

    ¡Por primera vez me iba a sodomizar mi nuevo novio! Otra vez nuevas sensaciones. Apliqué un exquisito perfume francés con base de jazmín por mis nalgas, y para contrastar, uno liviano y cítrico en mi cuello y pliegue inferior de las tetas. Tanga hilo negra, con hilo bien finito y elastizado, y soutien excepcional, que me encanta, ¡que consiste en un “marco” negro, al cual le corté la tela de las copas, ¡con lo cual mis tetas quedan al aire como saliendo a través de dos ventanas!

    Sobre la lencería, una bata larga, negra, de raso no transparente. Ya saben mis lectores, los tacos son de rigor y altísimos. Tomamos un licor, compartiendo temas, no todo ha de ser sexo. Pero siempre terminamos volviendo a lo mismo. Que, si estaba feliz con mi nueva vida, que como conseguiré clientes para prostituirme al nivel que deseo, que si el padre de Tom realmente me desea en secreto o son divagaciones mías.

    Sobre las 11 pm como distraída, comencé a hacer movimientos que llevaban a mostrar mis piernas.

    En minutos, me masturbaba frente a ellos pasando mi mano hacia adentro de la bata.

    En dos minutos, me saqué la bata, haciéndoles señas de estarse quietos me arrodillé frente a ellos, y corrí la tanga al costado de mis labios bulbares. Ahora sí me podía masturbar a gusto, una mano en la concha y la otra en mis tetas, accesibles a full gracias al ‘soutien marco’ que tenía puesto.

    Unos minutos así y vi que estaban a pleno.

    -Mmm creo que están casi listos. Para ti, Amor, le dije a Tom, tengo una idea para mucho mas tarde. Ahora quiero entregarle algo muy preciado a Ricardo, y después dormir un poco con él. ¿De acuerdo?

    -¡Claro que sí! ¡Es nuestro invitado y tu novio!

    -¡Tu novio que hace un rato te hizo un regalo en tu cuenta de asesora privada!

    ¡Enloquecida miré mi cuenta en el puticelu, y allí estaba mi regalo! Me le tiré encima, lo besé y le dije que esperara, que ya venía a buscarlo para ir a la cama. Rápidamente me puse nada más que sandalias de dormitorio, acrílico, tacazos y una especie de plumas sintéticas encima del empeine del pie. Y un babydoll muy escotado y cortísimo, nada mas. Besé a Tommy y me restregué contra su cuerpo le dije que luego lo compensaría por este tiempo de separación, y que ya lo llamaría.

    Nos fuimos al dormitorio principal con Ricardo, por el camino ya me acariciaba el culo.

    Fue llegar, se desnudó, me desnudó y comenzó de nuevo a chuparme las tetas desesperadamente, evidentemente tengo un gran tesoro en ellas. Yo había previsto todo, luz encendida, me encanta ver y que me vean, gel en la mesita de noche al lado de la cama, y al costado de la cama, una silla, en cuyo respaldo sujeté un soporte para celular, ¡ya se imaginan para que!

    Jugamos largo rato. Ric me había cogido tres veces en unas 24 horas, con lo cual su verga aguantaba bien erecta, pero iba a demorar en eyacular. Se la chupé a conciencia, chupar es un decir, la chupé, lamí y mordí suavemente. Él se dedicó a mi culo, entusiasmado por aquel comentario mí de que le entregaría algo muy preciado.

    Y llegó el momento, yo deseaba y él también. Le recordé que no me acabara adentro, que no me gusta que escurra del esfínter, aunque sí me encanta que chorree de mi concha.

    Me puse en cuatro, levantando bien la cola, que cuidé que quedara frente a la silla. Videollamada con Tommy, y le dije que viera la primera sorpresa de hoy.

    Coloqué el celu en el soporte atado a la silla, Ric se sonrió y volvió a chupar mi culo y a lamer concha y culo. Luego, me preparó con un pulgar ensalivado que entró totalmente en cuestión de segundos. Mucho juego de pulgar y después, con gel, me sodomizó con dedo mayor e índice. ¡Yo como loca, estaba lista!

    Llegó el gran momento, Ric sacudió la verga frente a la cámara, Tom, en altavoz, dijo que me la metiera ya que quería ver. Ric untó la pija de gel, tomó el celu en una mano, para filmar en POV, y con la otra mano, apoyó la pija en mi culo. Empujó y entró la cabeza, grité más de placer que de dolor. Nuevo empujón y se fue hasta los huevos, y esta vez solamente gemí y dije “sí sí, a fondo”. Ric, según me dijo Tommy hasta estiró la mano y logró filmar mi cara de goce y mis tetas sacudiéndose.

    Dije “duerme Tom” y cortamos la transmisión. No podía faltar el mete saca, que me llevó a las nubes. Cada vez que la cabeza volvía a entrar, yo gritaba de placer.

    En una de esas metidas y sacadas, levanté la cabeza y me pareció ver la sombra de alguien que nos observara desde afuera, a través de la persiana de tiras. Pensé en Tommy, desesperado mirando, pero me dijo que no.

    Prefería que no me acabara adentro, y pregunté: “concha o boca?” Y Ric: “concha mi querida, concha”.

    Sacó la verga, impecable, como siempre, la ensalivó y me ensartó en cuatro.

    Un poco más de vaivén, mientras me sujetaba y me pajeaba clítoris y nuevamente la deliciosa sensación del semen en mi concha. Una sensación deliciosa, del semen de un entraño (ya no tan extraño).

    ¡Lo que me perdí durante años! Cada pija y cada acabada son diferentes, cada uno me la mete a su manera. En cada polvo me acaban más adentro o casi en puerta. ¡Y todo me gusta!

    Nos besamos, obvio, nos lambeteamos los cuerpos de arriba a abajo, y casi sin darnos cuenta nos dormimos.

    Sobre las cuatro a.m. Me despertó Ricardo, acariciando mis tetas. Excitado, me llevó una mano a su entrepierna y vi que había despertado duro, a coger otra vez.

    Le susurré que quería que viniera Tommy para hacer algo muy lindo. Accedió sin preguntar.

    Llamé a Tommy, y al instante vino, desnudo y de poronga erecta ja ja. Me encontró tirada sobre el cuerpo de Ric, disfrutando piel a piel. Mi concha y culo expuestos.

    Les dije que los quería a los dos dentro de mi. ¿Doble? Dijeron casi al unísono.

    -Sí, doble en la concha, quiero probar. Me puse en cucharita, sobre mi costado derecho. Tommy por atrás me la metió casi sin aviso ni previa, pleno de excitación. Fue el turno de Ric, se acostó de frente a mi, y comenzó a tratar de metérmela. No entraba, la ensalivó y despacito volvió a empujar, para que deslizara dentro de mí y rozando el miembro de Tommy. Maravillosamente fue entrando, muy de a poco, se movían y cada vez entraba un poco mas.

    Finalmente, las dos vergas adentro, una delicia, aunque sentía que iba a explotar. Los sentía ir y venir, ellos se sentían entre sí, les encantó. Y el primero en no aguantar fue Tom. Sin timidez alguna acabó en mi concha y frotándose con el pene de Ric. Dos minutos después Ric depositó en mi lo poco de leche que le quedaba. Se salieron. Ni que decir, me dieron la chuponeada del año y yo les devolví las atenciones con buenas chupadas.

    Nada quedaba por hacer, quedarnos un rato acostados, jugar y desayunar en gran forma.

    Por un compromiso que tenía previamente, Ricardo debió marcharse a las 11. Y nosotros lo hicimos de tarde.

    Fue el final de un comienzo extendido de mi ampliación de horizonte sexual; comenzamos el viernes de noche y terminamos el domingo en la maña. Y eso con Ric despidiéndose con un “hasta muy pronto” después de manosearme las tetas al lado de su camioneta cuando estaba por partir.

    Ahora, nos quedaba por delante hacer crucero con mis suegros y al regreso, tratar de conseguir clientes como puta de clase alta. ¡Novio ya tengo! Ja ja.

  • Con Sonia en su casa (parte 2)

    Con Sonia en su casa (parte 2)

    La senté en la mesa de vidrio, en el puesto donde usualmente comía Alicia. Estaba frio, pero no le importo, apenas se sentó, restregó su hermoso culo en la mesa. Ambos reímos, pero ya no aguantaba más. Su concha aún estaba mojada por sus corridas anteriores, así que no había necesidad de lubricarla. A los dos nos había puesto caliente esta idea y no queríamos demorar más. Coloqué la punta de mi pene en la entrada de su concha y embestí sin compasión. Entró toda de golpe. Ella hizo una queja de dolor.

    -¡auch! ¡bruto! No tan fuerte –reclamó.

    -Perdón –me disculpé– pero, bien que te gusta duro.

    -Si, la verdad que si –respondió sonriendo coquetamente.

    -¿Ves? Te quieres hacer la santa, pero yo sé que eres bien puta –le dije mientras la bombeaba con fuerza –te gusta ¿no putita?

    -¡sí, me encanta! –dijo gimiendo- ¡dame más duro! Soy tu puta, tu zorra. ¡ahhh!

    Seguí bombeando fuertemente, le comencé a besar, lamer, chupar y hasta morder las tetas. Ella estaba totalmente acostada en la mesa, con las manos en la cabeza, gimiendo fuertemente. Levante sus piernas y las puse en mis hombros. La agarraba de sus muslos y la penetraba con fuerza. Ella gritaba como loca y sentí como sus piernas se tensaban. Se comenzó a correr de nuevo, su corrida chorreaba encima de la mesa.

    Le di la vuelta, se recostó boca abajo, con la concha en el borde de la mesa. El vidrio estaba completamente mojado. Se la volví a meter de golpe, esta vez ya no se quejó. Mientras la penetraba con la misma fuerza que antes, comencé a amasar esas nalgas hermosas. Se las abría y podía ver su ano todavía abierto, aun con restos de mi corrida anterior. Esto me puso a mil y comencé a darle a toda velocidad.

    -¡me vengo! –dije sin parar de embestirla.

    -¡yo también! –dijo –tírame la leche dentro amor.

    -¡Ahí va, vente conmigo! –grité mientras le llenaba la concha de leche.

    Caí desplomado en la silla. Ahí sentado veía a Sonia, abierta de piernas, con la concha y el ano abiertos y con nuestras corridas chorreando encima de la mesa, donde Alicia cenaría la noche siguiente. Se levantó, se sentó encima mío y me besó muy apasionadamente. definitivamente odiaba a Alicia. Sentí ese beso como agradecimiento por ayudarla en su venganza.

    Luego de eso nos fuimos a acostar, exhaustos. Nos dormimos en la cama de sus padres. Abrazados, yo detrás de ella, con mi pene cansado entre sus nalgas y mis manos en sus tetas.

    Al día siguiente despertamos aun abrazados, pero mi pene ahora estaba ligeramente duro. Ella lo sintió y comenzó a mover su culo. Yo amasaba suavemente sus tetas y besaba su cuello.

    -Que rica manera de despertar mi amor –le dije al oído.

    -Sí, mi vida, te amo –respondió ella.

    Siguió moviendo su culo, sus nalgas me masturbaban con sus movimientos. Solté sus tetas, para acomodar mi pene en la entrada de su vagina, lo fui metiendo despacio. Primero la cabeza entraba y salía suavemente. Al apretar sus tetas, sentía su respiración agitada. Comenzaba a meter mi pinga un poco más, hasta que entro la mitad y repetí los movimientos. Solo entraba la mitad. Hasta que, de un momento a otro, ella comenzó a mover el culo y mi pinga entro completa en su ya húmeda conchita.

    Comenzamos con los movimientos suaves, empezamos a hacerlo un poco más romántico que la noche anterior. Muchas veces iniciábamos de esa manera, pero la excitación siempre hacía que terminemos haciendo de forma salvaje. No pidamos controlarlo. Esta vez no fue la excepción. Continuamos los movimientos suaves por un rato, pero luego, al sentir su vagina completamente mojada, ambos comenzamos a hacer movimientos más acelerados. Sentía sus nalgas golpear fuertemente mi abdomen.

    Después de unos minutos de bombear fuertemente, ella se vino gimiendo con fuerza. Le di la vuelta, la acomodé boca abajo en la cama, me subí encima y seguí penetrándola rápidamente, hasta que me vine, echándole toda mi leche en sus deliciosas nalgas.

    -¡qué rico mi amor! –me dijo aun echada boca abajo, con sus nalgas manchadas por mi corrida.

    -Si amor. A mí también me encanto –le respondí, disfrutando de la vista de sus nalgas llenas de leche– ¿nos bañamos? –pregunté.

    -Ok amor –respondió –y después limpiamos todo ¿ok?

    Nos levantamos y fuimos a la ducha, prendimos el agua y nos metimos. Le ayude a enjabonarse todo el cuerpo, poniendo bastante énfasis en sus nalgas y sus tetas. Ella me ayudo limpiando mi pene. Lo masajeaba con el jabón, lo que hizo que rápidamente se endurezca. Una vez limpio y erecto, se agachó y se lo metió a la boca. Me comenzó a hacer una mamada brutal. Agarré su nuca y comencé a cogerle la boca, se lo metía rápido, ella no se quejaba y se metía dos dedos en la concha.

    Se levantó y ahora me agaché yo. Le levanté una pierna y la puse en mi hombro, comencé a lamer sus labios, estaban mojados con una mezcla de sus fluidos y del agua. Comencé a abrir su conchita con mi lengua y lamia su entrada con rapidez, mientras le apretaba las nalgas. Me detuve, me paré y le di la vuelta, se agachó dejando su culo a mi disposición, le metí la pinga de golpe, estaba bien lubricada, así que no hubo dificultad. Comencé a moverme rápidamente, hasta que empezó a gritar.

    -¡Me vengo! –dijo gritando. Se la saqué de la vagina, le di la vuelta y con sus piernas entreabiertas, le metí dos dedos y los comencé a mover rápida y fuertemente- ¡si, amor, así! ¡sigue por favor! ¡no pares! –y sentí como eyaculaba mientras se contorsionaba. Los chorros no paraban de salir y ella no paraba de gritar -¡sí! ¡qué rico!

    Me levanté, ella me abrazó del cuello y salto para que la cargué. La tomé de las piernas y se la metí de golpe. Estábamos muy excitados. Con sus piernas en mis brazos, mis manos en sus nalgas, le apoyé la espalda contra la pared y comencé a empujar muy rápidamente. El agua seguía cayendo sobre nuestros cuerpos mientras lo hacíamos cada vez más rápido.

    En un momento casi resbalo, así que me senté en el suelo, ella se colocó encima mío y comenzó a moverse muy rápidamente. Al saltar encima mío, se podía escuchar el chapoteo de sus nalgas en mis muslos. Ya no sabía si la humedad se debía a su corrida o al agua. Pero el sonido era delicioso. Siguió por unos minutos hasta que ya no nos pudimos contener.

    -Me voy a venir amor –le dije.

    -Yo también, vente adentro, lléname otra vez de tu leche –respondió sin dejar de moverse.

    La abracé con fuerza y le llené una vez más la concha de leche. Ella también se vino mordiéndose los labios. Nos quedamos sentados unos minutos mientras el agua seguía cayendo sobre nosotros. Luego nos levantamos, terminamos de asearnos y salimos.

    Ella se puso solo un calzón, yo mi bóxer, ya que hacía mucho calor, y nos pusimos a limpiar. Limpiamos toda la casa, pusimos las sábanas de sus padres a la lavadora y secadora para volver a tender su cama. Luego fuimos a cocinar.

    Mientras cocinábamos, conversábamos de cualquier cosa. Ella estaba con un delantal corto amarrado a la cintura, sus tetas se salían por los costados de vez en cuando y su culo se notaba delicioso. Me estaba excitando de nuevo. No sé qué me había pasado ese día, pero estaba muy caliente. Me acerque por detrás y le baje el calzón.

    -Perdón, pero no aguanto más –le dije mientras le besaba las nalgas– te ves tan rica que se me para la pinga cada vez que te veo.

    -Ok amor, pero rapidito no más, que tenemos que comer –me dijo.

    -Entonces que sea por el culo, para venirme más rápido –atiné a decirle.

    -Ok –respondió.

    Le comencé a lengüetear el ano se lo escupí y metí dos dedos. Me pare detrás de ella y le comencé a meter la cabeza, entro fácilmente hasta la mitad, la deje ahí unos segundos.

    -Te dije rápido –me recriminó tirándose para atrás, haciendo que mi pene entre completo– en serio, tenemos que cocinar rápido, muero de hambre.

    Lo tomé como un permiso, así que empecé a bombear rápidamente. Comenzó a quejarse un poco por el dolor, hasta que su culo cedió y comenzó a gemir. Metí mis manos por debajo del delantal para apretar sus tetas y pellizcar sus pezones. Así como yo, Sonia estaba muy caliente ese día, lo que hacía que no se controle.

    -¡así, sigue! Párteme en dos, perro –me decía casi gritando- ¡hazme tu perra! ¡párteme el culo, puto!

    -Así me gusta que hables, como la puta que eres –respondí– te gusta mi pinga en tu culo ¿no putita?

    -¡si! Soy tu puta, siempre seré tu puta y tu mi macho –gritaba ella– párteme el culo y llénamelo de leche puto.

    Oírla hablar así me volvía loco. Me excitaba el pensar que la había vuelto una putita insaciable y que podía hacer lo que quisiera con ella. Comencé a darle duro, con mucha fuerza. Por momentos pensaba que me excedía, pero sus gemidos y gritos pidiéndome más hacían que no pare. Seguí penetrándola hasta que no pude más y eyaculé dentro de su ano, igual que la noche anterior.

    Después de esto, terminamos de cocinar, almorzamos juntos y fuimos a tomar una siesta en su cuarto, para esperar a sus papás y su hermana, que llegarían en la noche.

    Antes de dormirnos, hicimos un 69 delicioso, hasta que ambos nos vinimos en la boca del otro. Después de esto nos dormimos unas horas, para despertar y esperar a que lleguen.

    Cuando llegaron, estábamos viendo una película en la sala. Nos saludamos y nos pusimos a ordenar la mesa y servir la comida, mientras nos contaban de su viaje y como estaban los tíos de Sonia. Sonia les conto que la noche anterior había venido Laura y que se quedaron hasta tarde conversando.

    Mientras cenábamos, Sonia y yo mirábamos de reojo a Alicia mientras comía y nos mirábamos sonriendo burlonamente. La cena paso con normalidad y al terminar me despedí de todos y me fui a mi casa, pensando en todo lo que había pasado y que no podía creer que lo hubiésemos hecho tantas veces.

    Fin

  • Los hijos de mami (4): El método Dayana (parte 1)

    Los hijos de mami (4): El método Dayana (parte 1)

    En la vida, existen momentos difíciles en donde parece que todo está perdido y que ya nada tiene sentido, hasta que aparece un amigo que funge como la luz al final del túnel, y que nos ayuda a salir de aquel oscuro y deprimente lugar en el que nos veíamos atrapados.

    A continuación, les voy a contar la vez en que Dayana fue ese rayo de esperanza para una de sus amigas y como esta, gracias a su sabio consejo, pudo solucionar un gran predicamento.

    Todo comenzó una tarde como cualquier otra: Dayana se encontraba saliendo de la habitación de Valen tras haber tenido una dura sesión de sexo lésbico con su hija y, al revisar su celular, vio que una de sus antiguas amigas le había mandado un mensaje.

    La amiga en cuestión se llamaba Susan, y era una madre soltera 39 años de edad (aunque parecía más joven), poseedora de una cara angelical, una hermosa cabellera rubia, un par de tetas gigantes, y un culo enorme. Además de ser amigas, Dayana y Susan también fueron colegas de trabajo en el mundo del entretenimiento para adultos, y hasta grabaron varias películas las dos juntas pero, al igual que Dayana, Susan también termino retirándose, pues quería tener una vida normal junto a Daniel, su único hijo. Sin embargo, y tras muchos años de ausencia, Susan le había mandado un mensaje a Dayana, diciéndole que tenía un problema con su hijo y que necesitaba reunirse con ella para que le ayudara a solucionarlo.

    Tras leer el mensaje de Susan, la milf no dudo ni un momento en ayudar a su amiga, y ambas quedaron en juntarse en un café para conversar.

    Al día siguiente, y luego de haberse cogido a su hijo para que no le faltase “amor maternal”, Dayana fue hasta el punto de reunión, se sentó en una de las mesas del café, y espero a su amiga. Unos minutos después, Susan llego, vistiendo de una forma tan elegante y recatada que no le permitía lucir su escultural cuerpo de milf.

    “¡hola, Dayana!” exclamo Susan, contenta “¡tanto tiempo! ¿Cómo has estado?”

    “¡oh, dios mío! Esto es peor de lo que pensé” exclamo Dayana, preocupada “¿Qué forma de vestir es esa? Si no te conociera, pensaría que jamás fuiste una actriz porno”

    “es porque quiero dejar mi pasado atrás”

    Las dos mujeres se sientan en la mesa y comienzan a hablar.

    “tu mensaje me dijo que tenías un problema con tu hijo Daniel” dice Dayana, mientras toma su taza “¿Cuántos años tiene?”

    “recientemente cumplió 19” dice ella, y luego se entristece “¡ay, amiga, está completamente fuera de control! Es vago, no ayuda en la casa, se junta con malas compañías, y cada vez que intento corregir su comportamiento, él me trata de puta y de zorra por mi pasado como actriz porno”

    “¡que terrible!”

    “Es por eso que quería pedir tu consejo, porque tú también fuiste una actriz porno y, aun así, pudiste criar adecuadamente a dos hijos. Dime ¿Cómo hiciste para que tus hijos te respetaran a pesar de tu pasado?”

    “veras, tengo un método de crianza llamado “el método Dayana”, y estoy segura que es el ideal para ti…”

    Dayana le comienza a contar, con lujo de detalle, la forma tan peculiar que tenia de “educar” a sus hijos. Al principio, Susan pensó que Dayana le estaba jugando una broma, pero luego se queda en shock cuando su amiga le muestra las fotos y videos de cómo se “divertía” con Ale y con Valen.

    “¡que zorra eres!” exclamo Susan, sorprendida

    “¡lo sé, y me encanta serlo!” exclamo la mujer, con orgullo “no creo que Daniel sea un mal chico, pero actúa de esa manera porque tu no le has demostrado tu amor materno”

    “pero yo si le he dado cariño ¡yo amo a mi hijo!”

    “ya lo sé, pero no se lo demuestras de forma genuina por querer aparentar ser una mujer decente y conservadora, lo que claramente no eres ¿sabes por qué Ale y Valen me respetan y me quieren a pesar de todo lo que les hago? Porque, como madre, soy completamente sincera con ellos, y les expreso mi cariño de la forma más auténtica que tengo ¡Cogiéndolos hasta que se desmayen!”

    “¡pero, si hago eso, lo dejare traumado de por vida!”

    “¡He tenido sexo con mis hijos desde que cumplieron la mayoría de edad, de las formas más brutales que te puedas imaginar, y ninguno esta traumado! Puede que debes en cuando se quejen de que los agobio, pero disfrutan mi forma de amarlos, de la misma forma en la que yo disfruto amarlos a ellos. Confía en mí, amiga: ¡el incesto es lo más excitante que existe en este mundo y, si educas a tu hijo como yo educo a los míos, te prometo que no solo mejoraras tu relación con él, sino que también tendrás una mejor vida sexual!”

    “¡no he cogido desde que deje de ser actriz porno!” confeso Susan, con gran tristeza

    “¡pues créeme que, si haces lo que te digo, tendrás el mejor sexo de tu vida! ¿O es que, acaso, alguna vez te he fallado?”

    Tras estar hablando durante un buen rato, ambas amigas se despidieron, y cada quien se fue a su casa. En el camino de regreso hacia su hogar, Susan se armó de valor, y tomo una decisión que podría cambiar su vida para siempre.

    Al ingresar a su departamento, Susan vio a su hijo, quien estaba echado en el sofá mientras jugaba videojuegos.

    “¡regrese a casa!” exclamo la milf, con muchísima seriedad

    “¡genial!” exclamo el joven, mientras seguía jugando

    “¡esta casa es un chiquero! Te pedí que limpiaras todo antes de ponerte con ese estúpido jueguito”

    “¡no molestes, puta!” exclamo Daniel, molesto “mejor vete a grabarte chupando vergas de africanos”

    Tras escuchar la contestación de su hijo, Susan fue hasta su cuarto, se desnudó al completo, regreso a la sala, le dio un tirón de oreja a Daniel, y lo beso apasionadamente. Susan metió su lengua tan dentro de la garganta de su hijo como pudo, a la par que le pellizcaba los pezones. Luego besar apasionadamente a su hijo por varios minutos, la milf despego su boca de la suya.

    “¿pero qué haces, mama?” grito Daniel, quien no podía creer lo que estaba viviendo

    “¡algo que debí hacer hace mucho tiempo!” exclamo Susan, mientras metía la cabeza de su hijo entre sus tetas “¡comportarme como una buena madre!”

    Susan retuvo la cabeza de su hijo durante unos cuantos entre sus pechos, a la par que le restregaba las tetas a Daniel por toda la cara. Luego, la milf hizo que Daniel se agachara frente a ella, y se sentó en su cara, trasformando a su hijo en un banquito viviente.

    “¡mama… para… por favor!” exclamo Daniel, mientras tenía la cara metía entre las nalgas de su madre, y soportaba todo el peso de esta “¡me duele!”

    “¡eso es porque el amor de una madre a veces lastima, hijo, pero siempre es por las razones correctas!”

    Luego de un rato usando el cuerpo de Daniel de banquito y su cara de almohadón, Susan se levantó, metió su mano dentro del pantalón de su hijo, le agarro la verga erecta, y se lo llevo a su habitación. Una vez en su cuarto, la milf le ordeno a su hijo que se desnudara pero, como este no acepto, ambos forcejearon, y Susan termino desnudando a Daniel por la fuerza. Luego, la milf rubia se quitó la ropa interior, hizo que su hijo se acostara boca arriba sobre la cama, y ella se colocó encima de el para empezar a hacer el 69.

    “¡lame mi coño o yo te arrancare la verga con los dientes!” ordeno Susan, mientras agarraba la verga erecta de su hijo

    “¡estas totalmente loca, mama!” exclamo Daniel

    “¡loca por todo el amor materno que tengo para darte, mi amor!” exclamo la rubia, y comenzó a mamársela a su hijo

    Daniel, al no tener más opción, decidió acatar la orden de su madre, y ambos se dieron placer oral mutuamente. Un rato después, Susan se colocó encima de Daniel, y dirigió la verga de este hacia su coño.

    “¡mama, espera!” exclamo Daniel, quien estaba excitado y asustado por la situación “no puedes hacer esto ¡soy virgen!”

    “¡mejor, porque nunca quise que le entregaras algo tan valioso a cualquiera!” exclamo Susan y, de un solo movimiento, metió la verga de Daniel dentro de su coño “¡solo yo puedo tenerla!”

    Susan no tuvo ni la más mínima compasión con su hijo pese a que este le había dicho que era virgen, pues lo monto tan fuerte que hizo que toda la cama temblara, al mismo tiempo que le mordía las orejas, le besaba el cuello, y le escupía en la boca.

    Tras una sesión de sexo salvaje que parecía no tener fin, Susan dejo se cogerse a su hijo, hizo que este se levantara de la cama, se pisó en cuatro, y le dio una vista perfecta de su ano.

    “¡dale un beso negro a mami!” ordeno la rubia

    “¡eso es asqueroso!” exclamo Daniel

    “solo al principio, pero luego es lo más sabroso que existe”

    “escúchame, mama, si haces todo esto porque estas enojada conmigo por la forma en la que te trate, pues entonces te pido perdón por ello”

    “yo no hago esto porque este enojada contigo, Daniel, lo hago porque mi amiga me hizo darme cuenta de que esta es la forma más auténtica que tengo de demostrarte mi amor como madre. Además, tu mami lleva mucho tiempo sin coger, y necesita urgentemente que le den un besito negro”

    Susan obligo a su hijo a que le lamiera el ano hasta que este estuviera lo suficientemente lubricado y, una vez que estuvo listo, le soltó la cara.

    “¡ahora quiero que cojas mi culo como si fueras un puto toro en celo!” ordeno la madre, mientras agitaba su gran trasero

    “¡pero…!”

    “¡o me coges el culo o yo te cojo el tuyo!” grito Susan, y Daniel acato la orden por miedo a las consecuencias

    Daniel se cogió el culo de su madre tan fuerte como pudo, al tiempo que ambos gemían y gritaban de placer.

    “¡más fuerte!” ordeno Susan, entre gemidos

    “¡no puedo más!” exclamo Daniel, quien estaba bajando el ritmo

    “¡que le metas ganas, carajo!” grito Susan, mientras movía su culo para ayudar a su hijo

    Luego de un buen rato, madre e hijo acabaron al unísono, y Daniel se desmayó sobre la cama. Aunque su hijo estaba inconsciente, Susan continúo besándolo en la boca y chupándole la verga, hasta que el cansancio también la alcanzo.

    “¡descansa bien, mi amado hijo!” pensó Susan, mientras se acurrucaba al lado de Daniel, y le daba un beso en la mejilla “¡te juro que, de ahora en adelante, te cogeré todos los días para que sientas mi amor materno, porque sigo siendo una actriz porno del alma y, según Dayana, así es como nosotras criamos a nuestros hijos!”

    Luego, madre e hijo se quedaron profundamente dormidos.