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  • Embaracé a la tía Cora

    Embaracé a la tía Cora

    Mi madre me hizo un pedido muy especial, tenía que embarazar a la tía Cora.

    La tía Coca está casada con el hermano de mi madre y están ansiosos por ser padres, pero todos los intentos por conseguirlo han terminado en fracaso, los estudios encontraron que el motivo estaba en la calidad de la esperma del tío.

    Mi madre me relató que la tía no quería llevarle la noticia de que era la causa de no quedar embarazada para no herirlo en su masculinidad, el procedimiento de buscar esperma de un donante y la consiguiente inseminación tiene un elevado costo, por otra parte puede nacer un niño que no tenga parecido genético con el marido, por lo que habíamos pensado en que tu podrías hacernos el grandísimo favor de ser donante de la esperma para inseminar a la tía, de ese modo tiene muchas posibilidades de tener fisonomía parecida.

    La sorpresa del pedido y el fin loable de ayudar a la familia precipitó la respuesta favorable sin darme tiempo a pensarlo.

    Con la respuesta positiva me llamó la tía Coca para agradecerme el grandísimo favor de la contribución a la felicidad de su pareja, al mismo tiempo me llama para invitarme a su casa para hablar de cómo y cuándo sería la donación.

    Aún no había procesado la sorpresa del pedido cuando la tía vuelve a subir el nivel desconcertante de su solicitud:

    – Mira Luis, agradezco la grandeza de ser el donante de la esperma para concebir un hijo que sea de tu tío, pero tengo algo más delicado que pedirte, puedo?

    – Sí, claro todo lo que necesites tía, sabes cuánto los quiero, sí a todo lo que pidas.

    – Bueno, voy directo al punto. Cómo te parezco como mujer?

    – No entiendo…

    – Te preguntaba que cómo te parezco como mujer? Si me ves atractiva, como para despertar el deseo de los hombres? No quiero explicación de compromiso, sino que no pienses en mí como tía, sino como una mujer que recién conoces, con sinceridad de macho caliente, como me ves? Sin miedo, es una pregunta de mujer a hombre, esto solo quedará entre nosotros dos.

    – Te veo buena, estás bien buena

    – Tendrías sexo con esta mujer que dices que esta buena?

    – Bueno… no sé, no sé qué decir…

    – Deja de joder, responde como un macho! Cojerías a esta hembra?

    – Sí..

    – Sí es un sí, una afirmación de que me cojerías? Con muchas ganas, pocas ganas…?

    – Sí con muchas ganas

    – Te caliento?

    – Sí

    – Mucho?

    – Sí

    – Vamos a ver si es cierto.

    Dejó de hablar para ir a los hechos, me tomó la mano y la puso entre sus pechos. – Tócame, tócalas, como un macho con deseo.

    Me ayudó a comenzar el tanteo de sus pechos, bajó el bretel de vestido, también el del soutién para que pudiera abarcar la teta. Las eleva en sus manos para incitar a la rapiña de las húmedas manos del joven sobrino. Podía sentir los latidos de mi corazón exigido en la explosiva calentura, para cuando me puso los pezones en la boca el miembro se había puesto en su máxima expresión, pugnando por dejar el encierro forzado del calzón.

    Me llevó al sofá, con las tetas al aire, recostarse y volcarme encima de ella, dejarme agotar en la mamada convulsiva de sus hermosas tetas, devorarlas con la ansiedad de un goloso pendejo con su primera mujer de verdad, ofrecerme todo el parque de diversiones para dejarme jugar a ser su hombre.

    La calentura me oprime la verga, su experiencia entiende mis gestos, me desprende el cinto, baja pantalón y calzón y toma la verga entre sus manos, mientras mamo sin parar, agito la pija contra su entre pierna, sus manos saben manejar mi ansiedad, comienza a pajearme con la premura que necesita mi calentura, me pongo ahorcajado sobre su vientre. Me masturba de una manera increíble, lo hace sin dejar de mirar mis reacciones, sonríe y disfruta verme tan excitado, controló por dos veces las ganas de venirme, apretando la base de la pija. En la tercera vez me deja librado de reprimir la corrida, acelera la paja hasta que ese gemido de ultratumba nace desde lo profundo de mi ser, y comienzo a eyacular gruesos chorros de espeso caliente semen, tan blanco y tan intenso como no tengo memoria. No sé cuántos pero cubrí sus pechos y el cuello de esperma.

    La caricia de su lengua en el glande, recogiendo y degustando los últimos vestigios de esperma fue como la bendición celestial, una profunda mamada la confirmación de la entrada al paraíso.

    – Guauuuu, cuánta leche sobrino, qué bueno! Necesitaba comprobar cuánta leche tenía mi hombre, pero nunca imaginé tanta… y qué rica sabe.

    No sabía qué decir, ya no entendía nada, entre la sorpresa de tocar sus tetas, la increíble paja y la mamada me habían dejado sin palabras.

    – Te gusto? Te hice sentir bien?

    – Sí, sí mucho, me gustó mucho.

    – Bien ahora la propuesta es: No quiero que sea la donación en una clínica de fertilización, sino hacerlo del modo tradicional, en forma directa, tener sexo con tu tía y preñarla. Te gusta la idea? Me tendrías toda para vos, me podes disfrutar y dejarme tu lechita dentro…

    La sonrisa concedía y agradecía el pedido, no fue necesario hablarlo más. Una última mamada de pija sirvió para dejármela muy bien limpita.

    – Te voy a avisar cuando estén en mis días fértiles.

    Me dejó que la besara, necesitaba sentir como besa una mujer apasionada, ella lo estaba disfrutando, lo sentía por eso provoqué el beso, su lengua me regaló un beso pasional de esos que nos da vuelta como un guante, había conocido una mujer de verdad.

    Una semana después me llama, avisa que el tío sale temprano, que me necesita en la mañana, que está en sus días fértiles, y como frutilla del postre prometido dijo: – Anoche sabiendo que te llamaría he tenido el sueño más erótico y húmedo que recuerde, por favor no te toques, resérvate todo para tu mejor tía…

    Esa noche estuve en tenaz lucha contra los demonios que me obligaban a una forzada erección, debí concentrarme para no dejarme tentar por el deseo pertinaz por satisfacer el increíble calentón.

    Llegué con puntualidad británica, bueno, necesité consumir el tiempo para no llegar antes de lo previsto, abrió la puerta, vestía solo una bata de raso que sugería que lo mejor de ella estaba estaría dispuesto cuando soltara el cinto dejándola expuesta a mi deseo.

    – Todo esto es tuyo, gánatelo, hazme desearte. Me han contado que cuando te embarazan con placer los niños suelen ser más felices, además estoy muy necesitada de “alegrías” porque tu tío últimamente está tan metido en la idea de preñarme que no me permite disfrutar un buen orgasmo. Ahora estoy en tus manos, llévame al cielo y préñame, eres mi hombre, mi macho, mi dueño.

    Me sentó en el sofá, desató el cinto, abre despacio la bata, controla mis reacción al verla totalmente desnudita, las tetotas moviéndose agitadas por respirar en la agitación de la calentura, un leve rollito pone sensualidad a la madurez de Cora, el vello púbico, renegrido y levemente enrulado simula ocultar la vulva, separa las piernas, con las manos estira la piel para exhibir el rosa nacarado del interior de la conchita.

    Se acerca, despacio, meneándose, esparciendo el aromad del deseo, ofreciendo todo un mundo de placer dispuesta para este joven totalmente erecto y con ganas de ponérsela.

    Me dejó tomarla en brazos, los suyos enlazados en mi cuello hasta llegar al tálamo donde recibirá la energía vital de su hombre. Tendida en el lecho, despacio quito los pétalos de raso para dejar su desnudez a pleno.

    Arrodillado entre sus piernas, eleva las piernas para dejarme el camino libre, volcado sobre ella amasando sus tetas, separa los labios para evitar la molestia inicial de los vellos cuando la penetro, tan erecta en la cueva tan húmeda, el grosor de la pija abrió camino hasta el fondo de la vagina, el gemido pasa desapercibido en la emoción de estar siendo cogida por un macho cabrío, con toda la potencia del deseo y la calentura acumulada de varios días de abstinencia me hacen difícil retener los deseos por venirme. Ralentizar el bombeo, distraer la concentración solo consiguen demorar lo suficiente para que la tía consiga ese orgasmo tan necesario, en medio de su vibrante agitación, di un bufido liberador de la presión retenida y me vine dentro, unos chorrazos que se me hacían interminables, gruesos y cargados de ganas por llenarla de mi semen.

    Pidió que no me salga, que eleve bien sus piernas para que el semen se escurra al interior de la vagina, quedarme dentro fue tan solo un impase, sentía la erección como al inicio, vaciarme no había hecho mella y mi calentura, si sacarla comencé a bombearla nuevamente, retomar el ritmo del polvo. – Qué divino, qué bien, no te salgas, puedes echarte dos sin sacarla, vamos por el segundo!

    Fue una continuidad, aunque se sentía algo incómodo por el exceso del semen de la eyaculación previa, al mismo tiempo ese chapotear en la leche aportaba el plus de la sensualidad de estar navegando dentro de mi propio semen.

    El segundo polvo se demoró lo suficiente para venirnos, ella primero. Lo sentía tan abundante como el primero, parte del primero se había escurrido en el bombeo. Nuevamente ella se toma de los muslos para que la energía viva de su hombre llegue bien al fondo de la vagina. Tomamos un descanso y antes de ir a la facultad hubo un tercer polvo.

    Mientras estuvo en sus días fértiles seguimos la misma rutina, el mañanero para regar sus entrañas con la leche joven, un segundo polvo para completar la entrega. Al mismo tiempo se hacía atender por su marido para justificarse.

    Ese mes no pudo ser fecundada, tampoco el segundo, recién fue posible en el tercero cuando el nivel de ansiedad le permitió relajarse y que el semen de su mejor sobrino pudiera anidar en su útero. Me confirmó que había sido fecundada un par de meses después de saberlo, se justificó diciendo que la había hecho sentirse deseada, y por eso siguió dejando ser su amante prohibido.

    Nunca tuve la certeza de que mi madre conocía todos los detalles, había sido partícipe necesario en el goce de Cora y su estado de gravidez.

    Desde ese último encuentro sexual, no volvimos a tocar el tema de los encuentros, menos me atrevía a decirle que extrañaba tantísimo no volver a cogerla. Pasó el tiempo y el niño que ayudé a concebir ya caminaba, cuando la tía me pide que vaya a verla, que necesita un gran favor

    – Luis necesito volver a pedirte un favor… Necesito volver a repetir la experiencia que tuvimos. Roby, (el niño) necesita un hermanito, necesito que vuelvas a embarazarme.

    Ambos conocíamos la respuesta, volvimos a repetir la rutina, solo que esta vez pude preñarla al primer intento, pero por agradecida o por que le gusté mucho, seguimos teniendo relaciones hasta poco antes del parto, cumplido el pedido por segunda vez era tiempo de recreo y de placer, sabía cuando me gustaba tenerla dentro de ella. Se ofreció generosamente a darme lo que deseaba y más, enseño tantas cosas que ni sabía, hasta me ofreció que le hiciera el culo, y debí haber sido tan bueno, que me lo siguió pidiendo hasta el último encuentro de cama. Seguimos teniéndonos un afecto tan especial, nunca se habló de tema, pero estoy seguro que aun siente deseos de tenerme en su cama, lo presiento…

    Parece algo raro este suceso, pero la realidad nos da sorpresas superando a cualquier ficción, aunque pude comentarlo con un médico y me sorprendió al contarme el caso de una mujer que lo había consultado para poder embarazarse, que había encontrado un donante que nunca se presentó, un par de años después se la encontró y me contó, sin detalles eróticos obvio, que había sucedido con características muy parecidas al presente testimonio. El Lobo Feroz quiso contar esta situación tan infrecuente como alucinante, me interesa tu opinión de mujer, [email protected]

    Lobo Feroz

     

  • El juego de la seducción con la visión

    El juego de la seducción con la visión

    Entré al juego con unos compañeros de trabajo ya que desde que empezamos a compartir unas copas, veía que les atraía y me confieso, ellos a mí también.

    Estábamos en una habitación de hotel cuando una cosa llevo a la otra y empiece a bailar muy sensualmente, acariciaba mi cuerpo mientras danzaba; sentía excitación al ver cómo me veían con morbo y lujuria.

    Empecé a despojarme de mi ropa quedando sólo con mis tacones negros altos y lanzaba cada una de mis prendas hacia ellos y ellos olfateaban mientras se amasaban sus vergas por encima del pantalón.

    Tom: ¡Que rico te mueves Gaby!

    Poll: Mn.. Me excita el aroma de tu tanguita

    Christofer: (no decía nada, solo fijaba su mirada lascivia en mí)

    Al terminar la música empecé a caminar hacia atrás mientras los llamaba con mi dedo, ellos se pusieron de pie y fuimos a la habitación.

    Llegando me recosté sobre la cama separando mis piernas…

    Tom: Gaby… Que delicioso coño tienes, dan ganas de lamerlo y succionarlo para tomar cada líquido que sale de ti

    Poll: No te acerques a ella, mejor apreciemos el espectáculo. Gaby pellizca tus pezones, demuéstranos lo excitada que estas

    Christofer: (él no decía nada, pero su mirada lo decía todo, es más, fijaba mi mirada en él me excitaba como me miraba).

    Tom: Gaby, acaricia todo tu cuerpo; imagina que somos nosotros quien lo hacemos.

    Miraba a Christofer, mientras pasaba mis manos por todo mi cuerpo… Empecé a sentir calor, mucho calor y ansiaba por ser manoseada por ellos.

    Veía los ojos de Christofer, su forma de mirarme me atraía mucho no dejaba de amasar mis tetas, mis pezones me ardían por cada pellizco que me daba, arqueaba mi espalda, separaba más mis piernas mis gemidos cada vez era más fuertes.

    Tom: Eso Gaby entrégate toda, entrégate a todo lo que sientes… No sabes como mojó mi ropa por culpa tuya -se apretaba su verga por encima de su pantalón.

    Poll: Si vieras lo hermosa que te ves así de excitada abierta para nosotros… Mojas mucho Gaby dan ganas de hundir mis dedos en tu coño.

    Christofer se sienta en un sillón cerca a la cama, separa sus piernas se baja la cremallera de su pantalón sacando su trozo de carne… ¡Uf! que delicia lo que estoy viendo, es grande, gruesa y muy venosa… Así como es él con su cuerpo trabajado.

    Al ver ese trozo de carne bajo mis manos a mi coño mojado y caliente, siento que palpita por dentro; no dejó de ver a Chris ansió ser cogida por él, sentir su carne hundiéndose dentro de mí… ¡Uf!…

    Por Dios siento un espasmo, siento templar mi cuerpo, arqueo más mi espalda… Chris se muerde los labios fuertemente y acelera sus movimientos sobre su vara… Los dos vamos a llegar…

    Tom: Eso Gaby, hunde duro tus manos en ese coño tan rico que tienes.. Grita más no pares -Él también se está masturbando fuerte.

    En la habitación solo se escucha gemidos y chasquidos por las cogidas que cada uno se está dando.

    Miro a Chris y tenemos una conexión, acelero mis movimientos y él también lo hace hasta que no aguanto más y grito… ¡Dios, Dios, ah ah ah! Estallando en un fuerte orgasmo ¡¡Wo!! Que sensación… Veo a Chis sudado, su leche baja por su trozo de carne… es espesa… Dan ganas de lamerlo.

    Siento en mi cuerpo salpicaduras de leche caliente, levanto mi cabeza y tengo cerca a Tom y Poll… En verdad es una sensación tan placentera lo que acabo de vivir.

    ¿Les confieso algo? No me quedaré con las ganas de estar con Chris, claro sin que los demás sepan.

    Gaby Borsh

    Notas del alma

  • Regalo de cumpleaños

    Regalo de cumpleaños

    Generalmente mi esposo y yo celebramos nuestros cumpleaños e indistintamente de quien sea el festejado, vamos algún hotel y tenemos sexo.

    En esta ocasión para mi cumpleaños 38, mi esposo me invitó a comer, la pasamos muy bien comimos, bebimos y bailamos.

    Pasadas algunas horas mi esposo me dijo quiero llevarte a un hotel para darte tu regalo.

    Hasta ahí yo creía que hablaba de su verga que ese era el regalo que quería darme.

    A lo cual accedí y entre risas salimos rumbo al hotel. Fuimos a un hotel por la zona de Viaducto CDMX.

    Llegamos metimos el auto como siempre, bajó la cortina y subimos a la habitación.

    Yo llegué y me senté en la cama, me quité los zapatos y empecé a desvestirme llevaba preparado un baby doll rojo muy cortito, con un escote amplio que solo cubría mis pezones, la espalda descubierta y más abajo una tanga de hilo que dejaba ver a simple vista mis nalgas.

    (Eso le encanta a mi esposo)

    Yo notaba a mi esposo medio raro como nervioso, pero él es así cuando quiere sorprenderme.

    En eso mi esposo me estira los brazos como llamándome para abrazarme, me acerque a él y me pide que me siente en una silla junto a él.

    Y me pregunta, si llegara alguien te animarías a recibirlo, así como estas vestida o quisieras ponerte tu ropa.

    Yo creí que el bromeaba y quise seguirle la corriente y le dije que, así como estaba, me sentía cómoda.

    Yo pensé que pediría servicio a la habitación y que por la ventanita en la que entregan las cosas tal vez se podría ver algo.

    El hizo una seña con la mano y de momento se escuchó música del baño un joven vestido de policía.

    Un hombre musculoso y la verdad si estaba muy guapo, el joven comenzó a bailar frente a mí. Que para ese entonces me encontraba sentada junto a la mesita del cuarto, mi esposo me pidió que me levantará para jalar la silla y colocarla en el centro de la habitación.

    El stripper se acercó a mí al ritmo de la música puso sus manos sobre mis rodillas y dio la vuelta para dejarme ver su par de nalgas duras y bien formadas posiblemente por el ejercicio.

    Se sentó en mis piernas y pude sentir sus nalgas y oler su loción, él se movía lento al ritmo de la música mientras me tomaba de las manos y hacía que yo lo tocara.

    Se levantó y giro de frente a mí y en un solo movimiento arrancó la parte frontal de su pantalón y quedando en una especie de short diminuto que me dejaba ver ese delicioso paquete que tenía en su entrepierna. se agachó frente a mí y acarició mi rodilla y recorrió mi pierna hacia abajo hasta mi tobillo.

    Nuevamente se giró dándome la espalda y se agachó lentamente, en esa posición yo podía ver nuevamente sus nalgas.

    (Mejor dicho, sus hermosas nalgas) el me pedía mediante señas que lo nalgueará y mi esposo gritaba y me animaba hacerlo, a lo cual accedí sin demora y confieso que me gustó, como él estaba agachado comenzó acariciar unos de mis pies y de momento lo levantó en un movimiento medio brusco al mismo tiempo que cerró sus piernas atrapando mi pie en su entre ellas, yo podía sentir sus testículos en mi pie. (lo cual me excitaba)

    Yo ya había estado en alguna ocasión en una despedida de soltera con una amiga, pero nunca había sido yo el centro de atención de un stripper y mucho menos que yo estuviera junto a él casi desnuda. Lo cual me hacía sentir sentía excitada y me estaba calentando.

    El show continuó y el joven desnudo su pecho dejándome ver su abdomen bien formado. siguió moviéndose al ritmo de música, pero esta vez poniéndose de tras de mí.

    Acariciando mi espalda me tomó de los codos como dándome la orden de levantarme yo sabía que se me verían las nalgas, pero me dejé llevar, el me hizo dar un paso hacia adelante y está vez el sentó en la silla sin dejar de tocar mis caderas con sus manos ásperas lo cual siempre me ha gustado, me jalo lentamente sentándome sobre de él.

    Al ir sentándome sobre él, fui sintiendo su pene y me lleno de satisfacción el sentir, que tal vez el ver mis nalgas debajo de él diminuto hilo de mi tanga, le provoco esa firme erección.

    Y ahí estaban mis nalgas desnudas sobre su pene erecto aún dentro de su ropa interior. la cual parecía que quisiera romperse entre mis nalgas para dejar entrar su miembro entre ellas.

    Confieso que para este momento yo me sentía algo mojada.

    El seguía moviendo su cadera hacia arriba al ritmo de la melodía y sin darme cuenta yo me movía también. En cada movimiento yo sentía que su verga se hacía más dura y cada vez entraba más entre mis nalgas.

    Nuevamente de los codos me pidió que me levantará a lo cual aún qué no quería obedecer lo hice.

    Al levantarnos mi esposo que hasta ese momento recordé que estaba presente. retiro la silla y quedamos de pie viéndonos de frente nuevamente en un solo movimiento el joven arrancó lo que le quedaba de ropa dejando expuesto su pene rasurado y firme frente a mis ojos, se acercó hacia mí y al irse juntando nuestros cuerpos sentí ese pinchazo delicioso de la punta de su verga contra una de mis piernas yo no podía dejar de verle su pene era como un hipnotismo.

    Baje mi mano y lo tome de su cabecita y lo frotaba como si fuera la perilla de una puerta, el acariciaba mi espalda mientras yo bajaba mi mano de arriba abajo recorriendo su verga sintiendo cada una de sus venas hasta tocar su par de bolas encantadoras.

    Quiero confesar que quería sentirlo dentro de mí boca, pero me contuve por mi esposo.

    El joven se puso detrás de mí y nuevamente me dejó sentir la punta de su pene entre mis nalgas estoy segura de que sintió mi humedad, por que empujó mi espalda provocando que yo me inclinara hacia delante y sintiendo como su pene se deslizaba hasta la entrada palpitante de mi vagina.

    El joven se dio cuenta que yo estaba lista para ser penetrada, es más mi voz interna suplicaba y gritaba (¡Mételo ya!)

    El joven retiro su pene y se movió frente a mi pegándome hacia él, lo cual provocó que mis pezones rosaran sus pectorales sólo la delgada transparencia de mi babydool lo evitaban.

    Debajo de esa escena nuevamente se juntaban su verga y mi vagina ya muy caliente y chorreando mis jugos vaginales.

    Comencé a sentir besos y caricias en mi espalda, era mi esposo que por su erección era evidente que al ver aquellas escenas también se había excitado, deslizó sus manos por mis caderas en un recorrido hacia abajo permitiendo que sus dedos entrarán debajo de mi tanga atrapándola para quitármela.

    Sentí como deslizaba sus manos hasta mis pies moví uno y otro para dejar que me la quitara por completo.

    Como mi esposo quedó de rodillas detrás de mi comenzó a besar mis nalgas y abriéndolas con sus manos para meter su lengua.

    Mientras yo frotaba el pene de mi nuevo amigo.

    Mi esposo se puso frente a mí y…

    Me preguntó “¿quieres hacerlo?”, no podía hablar, pero moví mi cabeza de arriba abajo.

    Mi esposo me giró provocando que le diera la espalda al otro hombre.

    Mi esposo miró al joven e hizo un movimiento con su cabeza como de afirmación y el joven colocó sus dedos en su boca para llenarlos de saliva para después frotar con ellos la punta de su pene.

    El joven me tomó de las caderas y mi esposo beso mi frente y dejo su mejilla junto a mi cara en un abrazo.

    Esa verga dura que yo tanto deseaba por fin comenzaba a penetrarme sentí cuando llego hasta el fondo por que sentí que sus huevos golpeaban en mis nalgas y ahí comenzó a sacarlo despacio y meterlo duro.

    Yo me estaba ya viniendo y mis piernas temblaban, mis hombres se percataron de esto y me llevaron a la cama, ahí mi esposo hizo que pusiera en 4 y nuevamente sentí esa intensa penetración esta vez era un poco más fuerte tanto que podía escuchar la humedad de mi vagina.

    Yo no podía evitar el gemir fuerte lo cual excitaba más a los dos machos.

    El joven me volteó sobre mi espalda y levantó mis piernas sobre sus hombros y nuevamente comenzó el entrar y salir varias veces, yo gemía con cada estocada, apretaba las cobijas y me venía nuevamente en un orgasmo muy intenso. Perdí la noción del tiempo. De momento mi amante sacó su verga húmeda y dura vi como explotó sobre mí, salpicándome hasta los senos y cuello, me senté en la orilla de la cama y metí en mi boca ese pene que aun palpita.

    No podía dejarlo ir.

    Me recosté en la cama, mi esposo que me abrazaba y me besaba la frente.

    Escuché ruido en el baño y después escuché que alguien abrió y cerró la puerta.

    Ese fue mi amante que se había ido.

    Ese fue el mejor regalo de cumpleaños en toda mi vida.

    A mi esposo nunca lo había visto tan emocionado.

    Fue una experiencia intensa para los dos.

    Días después mi esposo y yo cada vez que nos mirábamos nos regalábamos sonrisas provocadas por el recuerdo y la complicidad

    Hasta aquí mi relato espero les guste.

    Saludos y gracias.

  • Se cogen a mi esposa y yo miro (2)

    Se cogen a mi esposa y yo miro (2)

    Después de aquella primera experiencia que habíamos vivido con Alejandra mi esposa, decidimos que debíamos tomar más precauciones con ese tipo de juegos ya que no podíamos arriesgarnos a aquel tipo de extorsión a la que David nos había sometido y que por suerte nunca había llevado a cabo, bueno al menos hasta el momento.

    Pasaron unos meses antes de volver a salir de copas y una noche decidimos hacerlo, no buscábamos ninguna experiencia, nos dirigimos a un pub alejado a unos 50 km de casa, al llegar al lugar había muy poca gente, era invierno y afuera lloviznaba, mi esposa llevaba puesto un tapado, pero debajo de él un vestido negro que dejaba ver muy bien su escultural figura, con un escote magnifico en donde se marcaban esos redondos y bien parados pechos, unas botas color negro, de caña alta completaban la indumentaria.

    Esa noche todo transcurría muy tranquilo, bebíamos unos daiquiri, que a Ale le encantan, eran uno tras otro de pronto el escenario se puso en movimiento y comenzó a armar sus equipos de sonido e instrumentos de una banda de rock, fue llegando más gente y lugar se fue poniendo lindo, de un momento para otro estaba lleno de gente, la banda comenzó a tocar y todos nos pusimos de pie, yo le tome la mano a Ale y nos acercamos al escenario, la gente estaba como loca el sonido de la banda incitaba al movimiento y Ale comenzó a hacerlo de modo muy sensual.

    Alguien la tomo de la mano y ella se alejó de mi lado, por un rato la perdí de vista, pero no me preocupe demasiado, en un momento apareció con su cabello bastante desarreglado, con síntomas de estar bailando y pasándola bien, traía en su mano un porrón de cerveza, se me acerco y con mirada lasciva me pregunto:

    -hoy también deseas que sea tu putita.

    -vos querés ser putita o bien puta? -le dije

    -Bien puta, pero solo si vos querés – espondió

    -ok -le dije- solo hay un problema, para ser puta vas a tener que cobrar para que te cojan.

    -Muy bien -dijo, pero vos vas a recibir el dinero que me den por cogérmelos

    -bien -dije

    El juego comenzaba a gustarme, pero debo confesar que no me veía en ese papel de cobrador. La noche fue transcurriendo y si bien ella bailaba y le pagaban muchos tragos nadie quería pagar por sexo, pero a estas alturas ella y yo estábamos muy excitados con la situación, Alejandra había sido manoseada por muchos tipos, su vestido estaba desalineado, mi verga reventaba de ganas por verla coger y ella moría de ganas por ser cogida, de repente uno de los chicos de la banda de música que ya había dejado de tocar se me acerco y me dijo:

    -con vos tengo que arreglar para llevarme la putita?

    A lo que me dejo helado, pues no lo esperaba creí que era solo un juego, pero ante la mirada del chico respondí:

    -si.

    -la queremos llevar a mi casa y te la entregamos mañana, cuanto me cuesta el servicio?

    Esto no era lo planeado, se me iba de las manos, la llame a Ale que se encontraba a unos metros de nosotros, le llevé un tanto distante del chico y le comenté la propuesta, ella dijo:

    -ni loca ¿cuántos son? -Pregunto

    Y en la pregunta supe que la idea le hacía cosquillas en el clítoris, entonces nos acercamos a Federico (que era como se llamaba el chico) ella pregunto y el respondió:

    -somos tres y te prometo que te vamos a tratar bien solo queremos cogerte y divertimos un rato, pero sin lastimarte -ella me miro y dijo:

    -me gusta la propuesta, pero mi marido tiene la última palabra -Federico me miro sorprendido, y yo sin pensarlo dos veces le dije:

    -son 150 pesos por cada uno, pero la condición es que yo también voy

    -solo nos acompañas hasta mi departamento, entras, ves que no hay nadie más y te pagamos 200 porque la putita esta linda, pero te vas a tu casita y mañana la venís a buscar a las 12 h, si te va arreglamos así, sino no hay trato.

    Mire a Ale y ella me dijo que por ella estaba bien, que luego me contaría todo. Salimos del lugar y mientras seguíamos a los chicos que eran muy jovencitos y seguramente iban a coger a Alejandra toda la noche, volví a preguntarle a Ale si estaba segura de hacerlo, ella me miro y me dijo:

    -muero por ser la putita de esos chicos y además me voy a comprar un lindo vestido con ese dinero.

    Llegamos al lugar que era un departamento en un 3° piso, al entrar pude ver que solo había una cama y un colchón en el piso, uno de los chicos mientras yo miraba el lugar en el que dejaría a mi mujer para ser cogida, ya le estaba levantando el vestido mientras le metía una mano que jugaba con sus labios vaginales.

    Me despedí de Ale con un beso tenue y salí con una mezcla de sensaciones en mí, por un lado una erección increíble de la excitación que me daba saber que mi mujer iba ser la puta de esos chicos y que ella lo deseaba, y por otro lado el miedo de que le hicieran daño pero era parte del juego, cuando llegue a casa mi excitación era tal que tuve que masturbarme para poder conciliar un poco de sueño, sabía que ella estaba siendo penetrada como una puta y que le gustaba me ponía como loco.

    De pronto mi celular sonó y me desperté con mi pene en la mano, eran las 11 h y Alejandra me estaba llamando -ya podes venir a buscarme- me dijo, los chicos recién se durmieron- me vestí y salí raudamente para allá. Al llegar Martín otro de los chicos estaba acompañado a mi esposa en el palier del edificio, al verme llegar este abrazo a Ale le dio un enorme beso, le toco bien el culo, se acercó a mi auto y me dijo:

    -es una muy buena puta la que tenés, cuídala, se dejó hacer todo lo que le pedimos, solo te pido que me dejes cogerla una vez por semana y te voy a pagar más.

    -lo hablo con ella y te aviso -le dije

    -ok, pero cuando la traigas tiene que venir totalmente depilada, sin un solo pelito, desnuda y solo con un tapado.

    Ale subió al auto y partimos rumbo a casa, en el camino la pregunta era inevitable.

    -¿qué tal la pasaste? ¿te gusto? -le dije. Ella casi entre dormida me respondía.

    -si me gusto más de lo que te imaginas y de lo que yo me imaginaba, me cogieron muy suave y lindo, pero me dejaron el culito bien abierto, Martín tiene una pija grande y muy linda, ¡amo esa pijaaa! ¡quiero que me coja todas las semanas, todos los días, toda mi vidaaaa!

    -contarme mas -le dije, ella metió una mano en su entre pierna y sacando un buen resto de semen y flujos propios me los enseño y me dijo:

    -yo cumplí con mi parte y me los cogí a todos, si querés cogerme y que te cuente todo, cuando lleguemos a casa, vas a tener que chuparme bien la conchita y el culito que me quedo un poquito ardiendo -dijo.

    Al llegar a casa no aguante más la tire en el sofá y comencé a chuparle el culito y la concha, que tenían sabor a semen, ella quizás por el cansancio me pedía más y me decía “tráeme a Martín, deseo esa pija” mientras me pedía que se la metiera, que deseaba que llame a alguien para cogerla, mientras la penetraba gritaba y suplicaba para que llame a alguien mas para me ayudara a cogerla, me contaba lo que los chicos habían hecho con ella.

    Mientras Fernando la desnudaba Martín y Horacio fueron llenaron la bañadera con agua tibia, luego me llevaron a la tina entre los tres y comenzaron a manosearme, uno de ellos trajo una pija de goma y muy suavemente me la metió en el culo, mientras los otros dos acariciaban mis pies uno y las tetas el otro, así me tuvieron por más de media hora hasta que finalmente me sacaron de la tina, me secaron y sin sacarme pija artificial de mi culito uno a uno fueron cogiéndome -dijo.

    Yo a esta altura ya estaba que explotaba, pero ella siguió con el relato.

    Una vez que cada uno termino dentro de mi conchita me sacaron suavemente el pene de goma del culito que ya estaba bien dilatado, lo llenaban con pocos de champaña y metían sus lenguas en mi orto y bebían de él cual perritos, cuando el culito se cerraba volvían a introducir el pene de goma para dilatarlo y continuar, así estuvieron un buen rato hasta que se recuperaron y volvieron a penetrarme, pero esta vez por el ano, el último fue Martín y me dejo como loca.

    -te pido que no acabes -me dijo- quiero que llames a David a Marcelo a Martín o quien desees para que me veas gozar cuando me penetran el culo.

    Yo reventaba por las ganas de acabar, pero como no complacerla después de todo lo que ella hacía por mí, entonces comencé con los llamados mientras ella dormía un rato, no encontraba a nadie, entonces tome una decisión y llame a mi amigo Diego, el sin saber de qué se trataba vino urgentemente a casa, le dije que Alejandra y yo estábamos experimentando cosas nuevas en el sexo, si el me podía ayudar.

    A Diego siempre le había calentado Ale y sin preguntar demasiado se prestó para el juego, así que aprovechando que ella dormía le tape los ojos con una venda, hice pasar a mi amigo a la habitación, Ale estaba totalmente desnuda Diego la puso culito para arriba y ella como buena putita se dejaba hacer sin importarle quien la estaba cogiendo, solo me pedía mi pija para tenerla en su boca, jadeaba como loca mientras Diego tomado de su cintura entraba y salía de su culito, ella gritaba y decía:

    -lléname el culo de leche, seas quien seas, quiero que me saques la venda de los ojos, porque esta pija que llena mi culo se merece que la bese.

    Mire a Diego y este largo todo su esperma dentro de mi mujer, mientras esta se arqueaba al recibir la leche caliente de mi amigo, yo hice lo propio en su boca, ella trago todo mi esperma e inmediatamente se quitó la venda, se dio la vuelta para saber quien se la había cogido esta vez y al encontrarse con Diego solo le pidió que sea discreto y que iba a poder cogerla cuando él lo desee, estando o no yo en casa, nos dormimos un rato los tres abrazados en la cama, Diego se fue y luego salimos a comprar ese vestido que ella se había ganado.

    La semana transcurrió sin hablar una palabra de lo sucedido, Alejandra se iba a trabajar a su colegio ya que es maestra y yo mi oficina, la semana transcurrió tranquila, el día viernes al llegar a casa pasadas las 7 de la tarde note que Ale estaba recién bañada, llevaba puesto el vestido que se había comprado el domingo y que le marcaba muy bien sus curvas, aquello me hizo pensar que ella quería tener otra noche de sexo loco, ya que el vestido era muy cortito y con sus botas puesta parecía una autentica perra en celo.

    Al acercarme a ella sentí ese rico perfume que llevaba puesto, los ojos de Ale estaban como iluminados, ella me dijo que Martín el chico del domingo la había llamado, que si yo le permitía ir a coger con él, me pagaría haciendo lo que yo le pidiera. Era evidente que mi esposa se había convertido en una autentica puta y le gustaba.

    Ok, pero no lo olvides -le dije.

    Al rato llego un auto toco bocina 2 veces y ella salió desesperada, yo la seguí, me acerque a la ventanilla del conductor del vehículo, ahí estaba Martín, quien me saludo, ella subió del otro lado, el saco 500 $, pero antes de entregármelos le pidió a ella que se levantara el vestido, quería ver si estaba sin ropa interior y depilada totalmente como él lo había pedido, Alejandra así lo hizo, el me entrego el dinero y me dijo:

    -te doy esto porque vamos a ser dos los que hoy la cogeremos, ¿está bien? -Pregunto él.

    -por mi está muy bien -le dije.

    Ella estaba feliz y su mano ya se había posado en el bulto del pantalón de Martín.

    -te la traigo a medianoche porque hoy tocamos con la banda y no quiero dejarla mucho tiempo sola -dijo y partieron.

    Yo estaba muy excitado con la situación, mi esposa docente se había convertido también en puta, un llamado me saco del estado nervioso en el que me encontraba, era Diego que quería que saliéramos con otros amigos a tomar unas cervezas, le dije que no podía porque Ale había salido con unas amigas y no se había llevado las llaves de casa, por lo que respondió que si no me molestaba traían las bebidas y nos la pasábamos en casa.

    -me gustó la idea, vengan -le respondí y me dispuse a esperarlos.

    Pero por mi excitación no podía dejar de pensar e Alejandra, se hicieron las 11 de la noche y llegaron Diego, Pedro y Eduardo, comenzamos a charlar de autos y otras cosas, mientras bebíamos bastante, en eso llego el auto que traía a Ale, entro radiante hecha una diosa, con el cabello mojado, se la notaba feliz y yo súper excitado.

    Mis amigos comenzaron con sus bromas por el pelo mojado de mi esposa, ella no tenía respuestas convincente para ello, ya habíamos bebido bastante y les pedí que olvidáramos el asunto y para cortar con las bromas nos pusimos a mirar un poco de televisión, seguimos tomando mientras Ale se fue a poner cómoda, yo moría de ganas por saber que había pasado en la salida de Alejandra con Martín, pero no podía hablar con ella, mientras mirábamos una película con mis amigos y bebíamos.

    Ale salió del cuarto con solo un camisolín puesto y se sentó a mi lado en el sofá, enrollando sus magistrales piernas, las miradas de mis amigos eran muy evidentes, mi esposa dejaba ver parte de su tanga blanca, que en la oscuridad se veía muy bien.

    -¿quieren que prepare café? -Pregunto ella, a lo que mis amigos respondieron que si.

    Ale se paró y su camisolín se metió entre sus nalgas, dejando su culito casi desnudo a la vista de ellos, Diego no tardó mucho en levantarse del sillón y dijo:

    -voy a ayudar a tu mujer con el café.

    Yo sabía cuáles eran sus intenciones, pero no me molestaba, ya que ella lo había invitado a coger cuando él quisiera, y eso me excitaba mucho mas, al volver de la cocina luego de tardarse un buen rato, Ale traía abrochado tan son un botón del camisolín y al sentarse pude notar que ya no traía tanga era evidente que algo había pasado, ahí estaba yo con mis amigos en casa y mi mujer hecha toda una puta atendiéndolos, las miradas al culo de Ale por parte de ellos eran incesantes.

    Ella al inclinarse para servirles el café les brindaba un hermoso espectáculo mostrando sus voluptuosos pechos desnudos, de pronto Eduardo y Pedro (que tenían una erección muy notoria) decidieron que era hora de marcharse y aunque invitaron a Diego para ir con ellos este dijo que si nosotros se lo permitíamos él se quedaría a dormir en casa porque estaba muy pasado en copas y no quería manejar.

    Ale y yo inmediatamente dijimos que no había problemas, que le haríamos un lugar en el sillón, pero interiormente yo sabía que Diego tenía otras intensiones, quedamos solos los tres, entonces Ale se paró frente a Diego y muy segura le dijo:

    -quiero que sepas Dieguito, que me he convertido en una puta y que Gustavo está totalmente de acuerdo con ello, ahora tengo que contarle a mi marido con quien cogí esta noche, me gustaría que escuches, pero no cuentes nada, será nuestro secreto, como la chupada de conchita que me hiciste cuando preparábamos el café. ¿Esta?

    El solo la miraba sin decir una palabra, ella entonces comenzó a relatar.

    -Martín me llevo a un lugar de la zona roja, en donde trabajan la putas, me dijo “si querés mi pene tenés que cogerte al primero que venga, no importa si es viejo, feo, sucio, solo lo vas a coger sin cobrarle nada”. Yo estaba nerviosa, pero me gustaba la idea, mientras el seguía estacionado mirando, en eso llegó un señor mayor y cuando le dije que era gratis, no lo podía creer.

    -Me subí a su auto hicimos 2 o 3 cuadras, me pidió que me sacara el vestido, jugo un rato con mis tetas y me pidió que se la chupara hasta que largó todo el semen caliente en mi boca, Martín nos había seguido y estaba a unos metros, así que dejé al señor y me subí al auto de Martín, moría de ganas por ser la puta de ese pene, pero él me dijo que se hacía tarde y me trajo.

    Diego y yo estábamos que explotábamos de ganas por cogerla, entonces la tome de los hombros y fui sacando su camisa lentamente, mientras le besaba el cuello, Diego comenzó a quitarse la ropa, también está muy bien dotado y ella comenzó a mover su culito y refregarlo contra el instrumento de él, que ya estaba listo para penetrarla.

    Le dejé el camino libre para que comience Diego, ella ya estaba puesta como perrita en celo, lista para recibir a su machito, pero el salió de la habitación con rumbo a la cocina, yo entonces no podía dejar a mi hembra así y comencé a penetrarla, ella estaba muy mojada y bien dilatada, mi pene entraba y salía con mucha facilidad, yo sentía que reventaba de solo imaginar que hasta hacia unas horas había sido la puta de un auténtico desconocido.

    En un momento volvió Diego trayendo con sigo una botella platica llena de leche tibia que con toda suavidad introdujo la punta de la botella en el culito de ella y comenzó a llenárselo del líquido, mi mujer se retorcía de placer al sentir tanta leche entrando en su interior.

    Diego me pidió entonces que la penetrase por la conchita mientras el taponaba el culo de ella con su pija para que no saliera nada de líquido, ella gemía como loca, yo sentía el pene de mi amigo rozando las paredes de las cavidades de Ale, sus redondos y bien duritos pechos hacían su vaivén en mi cara, yo mordía sus pezones, los chupaba, podía sentir el perfume de las manos del tipo que la había tocado un rato antes, eso me excitaba, el corazón me latía muy fuerte y de repente no aguante más, acabe como loco.

    Diego estaba con mete saca ininterrumpido, y a cada salida del pene del esfínter de mi mujer saltaban pequeños chorritos de líquido blanco, el sacó su pija del culo de mi mujer ya que la leche tibia en el culito de Alejandra estimulaba el glande de su pene y chorros de semen mezclado con leche aun tibia salían del magistral ano de ella, quedamos exhaustos y tendidos los tres en la cama.

    Ale nos agradeció a los dos por tan linda experiencia, ya que era su primera doble penetración, nos dio un beso reconfortante a cada uno lamió mi pene hasta la base, para no dejar ningún resto en ella, luego se levantó, fue a bañarse, al salir se vistió y me dijo:

    -en una hora viene Martín a buscarme, vuelvo el domingo a la noche prepárenme algo rico de cena.

    Y allí nos quedamos Diego y yo tirados en la cama mientras mi mujer se iba con su pene favorito a disfrutar de un domingo de lujuria, pero esa es otra historia.

  • Economista y prosti: Así seduje a papá, valió la pena

    Economista y prosti: Así seduje a papá, valió la pena

    A mi papá lo llamaré indistintamente papá, papi, viejo (lo de ‘viejo’ no es en absoluto descalificador, es una expresión de cariño total que solemos utilizar en Uruguay, y también en Argentina, al referirnos a nuestro padre, obviamente ‘vieja‘ para nuestra madre).

    A su vez, él siempre me llama nena, hijita, hija o Sofía, ¡pero jamás Sofi!

    Después de seducir a mi suegro, y de haberlo disfrutado todos, mi amor me dijo una noche: “deberías convencer a tu papi” y recibió un sonoro: “¿estás loco?” Y me respondió que lo pensara, que sería en summum del placer, ¡que imaginara tener adentro el miembro que me engendró, y recibir en mi concha la misma leche con la cual fui creada!

    Imaginen, mi cabecita comenzó a girar, días y noches enteros, mientras cocinaba o mientras recibía a clientes (de todo tipo je je) pensaba en lo dicho por Tom.

    Finalmente, una noche, con su pija adentro, le susurré: “tenés razón, lo intentaremos”! Su euforia fue total.

    Era justo después de ya haberme iniciado con Ricardo, con mi suegro y a días de que viniera Jorge desde Buenos Aires y estaba pendiente la invitación a un fin de semana en la amplísima casa de mis suegros en Punta del Este, invitación por el fin de semana que incluía a mis padres y a nosotros. Era el momento ideal para ‘provocar y observar resultados’. Y así ocurrió, con nulos resultados.

    El lugar ideal era la piscina, al lado de la barbacoa, muy adecuada para lucirme en bikini mientras todos compartíamos previa y preparación del infaltable asado.

    Comencé la estrategia el sábado a mediodía, bikini minúsculo, mostrando todo generosamente. Logré miradas de desagrado de mamá y suegra, miradas de león de mi suegrito, y nada de mi papá.

    Me tiré al agua, traté de que las tetas quedaran aún menos cubiertas y metí la parte baja del bikini entre los labios vaginales.

    Al salir del agua, sacudiendo mi cabello (y tetas, desde luego), todos me vieron, estaban cerca unos de otros con el aperitivo. Tommy me dijo, sin recato: “amor, se te ve” y señaló mi pubis. Yo lo arreglé sin preocuparme. Mi mamá dijo, “nena, que horrible”. Y yo respondí que estábamos en familia, que no se preocupara.

    En la tarde, todos tomando sol, yo al lado de papá, ‘se me salió una teta’ del bikini, demoré como diez segundos en acomodarla y cubrirla, ja ja. Cero reacción.

    El domingo, más o menos lo mismo, pero con el bikini de escándalo del crucero y con el que terminé de seducir a mi suegrito, que se notaba muy muy excitado.

    Mi mamá dijo que no podía ponerme eso, y yo de vuelta respondí que es en familia y que ya lo había usado en público en el crucero. Y agregué que no fuera anticuada, que las costumbres cambian. Pero nada de nada, papá como si nada, y así se fue el fin de semana. Volvimos a Montevideo, el miércoles se apareció con un pretexto cualquiera mi suegro, desesperado por tener sexo y vaya si lo hizo llenándome de… placer. ¡Aprovechamos y lo hicimos partícipe del tema con mi padre, no pudo menos que estar de acuerdo!

    El siguiente fin de semana, más o menos lo mismo, mi papá veía, no podía dejar de ver, pero no reaccionaba. Fin de semana “perdido”. ¡En la semana pude atender a Jorge, venido desde Buenos Aires! Un manjar, como lo disfruté, gran señor y hombre excelente.

    Y surgió una nueva ventana de oportunidad, que decidimos que era la última, si no era ahí, abandonaríamos el intento. Mi mamá y la mamá de Tommy, decidieron practicar el mismo deporte de muchísimas mujeres de Uruguay en noviembre, diciembre de 2023 y hasta marzo/abril 2024; irse a Buenos Aires de compras. Los maridos quedaban en Montevideo y a nuestro cuidado, aprovechando para ir al campito nuestro.

    Con mi suegro ya cómplice, acordamos que nos daría la noche del viernes y parte del día sábado para intentar seducir a papá, y vendría al campo para el sábado a la tarde. ¡Era ahora o nunca!

    Llegamos los tres al campo, nos instalamos, pasó el rato y cenamos deliberadamente liviano y temprano para tener tiempo de hablar.

    Café, y con Tommy, nos pusimos a mostrarle a papá fotos del crucero. Desde luego las habíamos seleccionado picantes, con abundancia de culo o tetas, o con algún extraño mirándome interesado.

    -No lo entiendo hija, ¿por qué te mostrás así? ¡Todo al aire, delante de Tomás y de extraños!

    -¡Pero papá! Ahora a nadie le molesta ni ofende, al contrario, a Tomás le encantó, ¿viste cómo me mira? Y los extraños que miren todo lo que quieran.

    Diálogos parecidos se dieron un par de veces mas hasta que aproveché y le dije: -¿Acaso le parezco fea? ¿No le gusto?

    -¿Que pregunta es esa Sofía? ¿Acaso pensás que voy a mirarte con ese tipo de interés?

    -Usted se lo pierde, míreme bien… y caminé provocativamente frente a él.

    -¿Pero que decís?

    -Mire papi, Tomás y yo tenemos que hablar muy seriamente con usted, pero bajo juramento de jamás contarle a mamá.

    -¿Pero que es tan grave?

    -¡Júrelo!

    -Bien, se los juro, ¿pero no entiendo es algo muy grave?

    Y ahí entre Tomás y yo le contamos todo, mis deseos de estar con otro hombre o más hombres, mi deseo de que me pagaran, de valorizar mi cuerpo. Sacudía la cabeza, sollozaba, decía que no entendía.

    -¿Pero por qué? ¿Qué necesidad? Entregarte a otro, y peor venderte, ¡te van a decir puta! Tiene excelentes trabajos, dinero, ¡todo lo que desean!

    -Suegro -dijo Tommy- justamente se trata de que ella deseaba más, desea experimentar, valorizarse, se sabe hermosa y atractiva y quiere ver sus límites. Yo la apoyo totalmente y ambos disfrutamos de esta nueva etapa.

    -¡No puede ser! Te entregaras a desconocidos, a veces por dinero, no entiendo.

    -No siempre a desconocidos, dije.

    -¿Como? ¿Ya lo has hecho? ¿Pensé que lo estaban pensando… y con alguien conocido?

    Ya lo he hecho…

    -Con más de uno ya he cobrado, y con el conocido ha sido hermoso, lo disfrutamos él y nosotros, y lo repetimos… seguramente mañana o pasado lo haremos.

    -¡¿Cómo?! ¿Pero entonces el conocido es?

    -Sí papá es Tomás.

    -¿Y el hijo lo acepta? ¿Y te entregás a él? Están locos.

    -No solamente eso suegro, lo disfrutamos y somos adultos, estamos de acuerdo en hacerlo.

    -Y queremos ir más allá papi.

    -¿Mas allá de incesto y de puta?

    -Sí papá, sabemos, nos damos cuenta, de que a usted le falta sexo, ¡mamá está en cierta edad! Y queremos ser generosos, compartir nuestro amor y mi cuerpo.

    -¡No no no! ¿Como vas a decir eso? ¿Estoy entendiendo bien?

    -Sí, está entendiendo, quiero estar con usted, compartirnos, quiero sentirlo dentro de mí, ¡quiero todo! Quiero que me tengas papi…Y Tommy me apoya.

    -Claro que te apoyo totalmente.

    Papá estaba rojo, desencajado, no entendía o mejor dicho no quería entender.

    -Papá, me has visto en la piscina, en las fotos, ¿no te gusto? ¿No soy deseable? ¿No soy suficiente para vos?

    -Sos preciosa, ¡pero sos mi hija! ¡Mi hija!

    -Somos adultos papá, no le pido hijos, esté tranquilo, solamente quiero ampliar mi horizonte sexual y ofrecerle mi cuerpo para su satisfacción, sería sexo entre adultos, nada mas. ¡Mire lo que le ofrecemos! ¿Verdad que le gustaría si no fuéramos familia? Pero piense, soy su hija, quiero su felicidad y la mía, sentirme querida y valorada también en el tema sexo, y ser todos felices. Adoro a mi marido, no dude de eso. Ahora a dormir, piense, descanse, y usted dispone del tema, usted decidirá, no hablaremos mas hasta que usted tenga algo que decir.

    -Algo más, dormiré sola, con la puerta abierta, Tommy en otro dormitorio.

    Nos fuimos, él, casi arrastrando los pies. Me desnudé, me acosté y esperé unos 15 o 20 minutos, sin novedades, y entonces llamé a Tommy que viniera a mi cuarto.

    Vino, lo habíamos conversado, yo desnuda de costado sobre la cama apenas apoyada en un codo levantando mínimamente el torso, para que mis cabellos cayeran mejor; con sábanas de raso blanco, resaltaba mi cuerpo con bronceado veraniego. Prolijamente encuadró mi cuerpo en la pantalla de mi celular y tomó una foto.

    ¿La verdad? Hermosa, un culo de película, bronceado con pequeñísimas marcas de bikini blancas, ¡sobre la cama… una odalisca… modestamente!

    No había señas de actividad de papá, Tommy se fue. Dejé pasar media hora más y le envié la foto. Solamente puse el texto: “Buenas noches papi, su hija lo quiere”.

    Esperé, media hora, una, dos horas, nada… aunque desde que le envié el wasap marcaba que había visto el mensaje.

    De a poco perdí la esperanza. Mi papá no se comunicaba, ni figuraba “en línea”. Me cubrí con la sábana bajé el dim de la lámpara de la mesita de noche, dejando un mínimo de luz por si venía (no perdía la esperanza) y me dormí a eso de las 2.30 am.

    Serían, luego lo confirmé, algo así como las 5.30, y desperté creyendo percibir movimientos en el dormitorio.

    -¿Hay alguien?

    -Soy yo hija, discúlpame, ¿podemos hablar?

    -Sí papá, hablemos. -arrimé una silla a la cama. Y me giré de costado.

    -Recibí tu foto, no podía creer lo que habías hecho, capturé la pantalla y durante horas te he contemplado sin saber que hacer. Tampoco sé bien por qué lo haces, o lo hacen.

    -Ya se lo dije, es mi deseo. Seré honesta. Estoy en ebullición sexual, todo es nuevo para mí. Adoro la sensación de que paguen por mí, y de la misma manera, deseo fervientemente sentirlo entrar en mí, y sentir su explosión de semen, igual a la que me dio vida. Es la verdad, no hay casi más nada que decir (eso se lo dije para presionarlo a fondo).

    -¡Me cuesta creer que pienses todo eso! ¡Una belleza como tu, entregarte así!

    -¡Me encanta! ¡Por dinero con otros o gratis con Tomás, disfruto! ¡Pero mi gran sueño no será posible! (Me había parecido sentir cierta debilidad en su voz, y presioné más).

    -¡Hija! ¡No digas eso! Con tu madre cuando eras niña siempre te consentimos tus deseos.

    ¡Ahí vi que lo podía convencer! -Sí, cierto, pero ahora no soy niña y mis deseos son otros, quizás imposible cumplirlos.

    ¡Y su actitud me hizo ver que estaba ganando! ¡No digas eso Sofía! Y una mano se posó en mi hombro, tapado por la sábana.

    ¡No tuve dudas, había ganado! Estiré mi brazo y aumenté la luz del dim.

    Lo vi serio ,pero no angustiado. Bajó más la sábana y yo me puse boca abajo, para que descubriera mi cuerpo más lentamente. Siguió destapándome, ahora la espalda, como si me acariciara al bajar la sábana. Y llegó el momento, mi culo fue apareciendo y no pudo resistirse, colocó las dos manos para bajar la sábana y la llevó hasta los pies, rápidamente ahora.

    -Gracias dije. Y me giré de frente a él, las tetas en primer plano, y debo confesarlo, creo que los pezones pinchaban, de tan duros por mi excitación.

    -Tóqueme, le dije.

    -No puedo, es terrible.

    Tomé su mano y la llevé a mis tetas; y luego, fui a su entrepierna.

    Lo que encontré, fue una dureza total.

    -¿Ves papi? ¡Me deseas, no te resistas, deja que todo fluya!

    Sus manos estaban quietas sobre mis tetas, me sacudí un poco, gemí un ahhh. -Relájese, venga a la cama. Y tirando de sus brazos lo hice pararse al tiempo que le hice lugar en la cama. Mas bien cayó que acostarse, por el calor solamente vestido de un pantalón largo de pijama. Le bajé y tiré el pantalón, me dejó hacer.

    -No sé nena, no no… pero negaba sin convicción, vencido, yo estaba decidida y me puse sobre él. ¡Y fue el punto de inflexión!

    -¿Sofía mía, de verdad lo quieres?

    -Lo deseo a mas no poder, le dije, y acomodé mi cuerpo; cada a cara, las tetas refregando su pecho, mi concha sobre su pija erecta. Y tomé la iniciativa. Lo besé suavemente, piquitos al comienzo, y me dejó hacer.

    Seguí con labios a full contra labios, y pasé mi lengua por sus labios, movió todo su cuerpo. Abrí mi boca y succioné sus labios, y los lamí.

    Mmm… murmuró por primera vez, y abrió su boca. ¡Era mío! Le metí la le gua, respondió y acarició mis tetas. Pensé que moría de felicidad, por lo que estaba pasando y por lo que iba a pasar. Logré que moviera su lengua jugando con la mía, le pasé algo de saliva, y ya jugaba desesperado con mis tetas.

    Me levanté un poco.

    -¿Ves papi? ¡No duele! Ja ja.

    -¡No sé lo que hago no me reconozco!

    -Disfrutá papi, solamente disfrutame.

    Y bajé mis tetas a su cara, y se las restregué. ¡No le disgustó! Volvió a acariciarlas, y cuando se las acerqué a la boca… Ohhh milagro, comenzó a chupármelas. Yo mantenía el dominio de mis emociones, y no olvidaba que podría eyacularse en cualquier momento si lo seguía provocando.

    Me incorporé, bajé a su entrepierna, acaricié su miembro, ya ‘lloroso’ y lo chupé unos segundos. Subí a su cara y le di a lamer mi concha mientras yo misma me acariciaba las tetas. Me lamió sin resistencia, casi disfrutando.

    Llegó el momento, le susurré al oído.

    -¿Y el preservativo?

    -Por favor papá, soy su hija! ¡Sana, seria! ¡Y quiero su leche, ya se lo dije!

    Me puse boca arriba, lo guie a que se pusiera en misionero y pasé mis piernas sobre sus hombros. Lo atraje hacia mi… ”cogeme ya” le dije. Llevó su verga a mi concha, me moví un poco haciendo que se refregara en mí. Quedó en posición… “¡Ahora!” Le dije sosteniendo y empujando sus nalgas. Y comenzó a entrar, lentamente, como con miedo o timidez. Una vez más, mi impuse…”¡Toda!” Ordené. Y en un envión lo hizo. No puedo decirles mi impresión en ese momento, hubo de todo, emoción, alegría, sentí que me salía del mundo, flotando. ¡La verga que me dio vida estaba dentro de mi cuerpo!

    Comenzó a moverse y lo acompañé, ya de vuelta a mi realidad. Yo empapada, la verga iba y venía con naturalidad, sin esfuerzo. Ahí me di cuenta que mi mente deseaba acabar, y me vine, un orgasmo total, temblé, gemí mis piernas se cruzaron sobre su cuello y los muslos se estremecían. Y fue lógico, también él se vino uno o dos minutos después.

    Nunca disfruté tanto una acabado dentro de mí. Tibia, la sentí abundante, pero por, sobre todo, tenía en mi vagina la leche que me había dado vida. Mentalmente era tremendo para mí. Y él me confesó después que también lo fue para él, que se sintió mareado, confuso.

    Se dejó caer sobre mí y se salió de mi concha. No me importó. Vi a Tommy en la puerta, nos vio y se fue, se lo agradeceré eternamente; no volvió hasta que a eso de las 10 nos levantamos a desayunar.

    Le limpié la verga, lo besé con su leche en los labios, sabía que era el momento de quitarle miedos y prejuicios. Y supe que ahora sí es mío para siempre. “Que puta mi hija” me susurró al oído. Por toda respuesta obtuvo un 69 con mi concha que chorreaba leche y mi flujo. Le chupé la verga, me chupó la concha. Nos pusimos lado a lado, nos acurrucamos, y nos dijimos cosas de adolescentes. Me juró no defraudarme y no juzgarme.

    Volví a ver su pija dura, me puse de costado, de espaldas a él. Me entendió y se puso igual, por detrás. Un bazo pasó debajo de mi torso y pudo acariciarme las teas con las dos manos. Sentí su verga buscar ubicación y entrar en mi nuevamente. ¡Otra vez feliz! Me cogió un ratito así y pasamos a cow girl, me encantó meterme yo misma la pija en mí. La montada fue tremenda, las tetas saltaban y yo gritaba; y lo sentí acabar bien adentro, bien cerca de donde se genera la vida.

    Agotados, nos recostamos frente a frente como novios. Ahora distendidos, al fin de buen humor y conectados en nuestro salto por encima de las convenciones sociales.

    Dormitamos un rato, nos despertamos, más caricias y una linda chupada de tetas y de pija.

    Nos duchamos juntos y nos vestimos. Casi las 10 am. Le contamos todo a Tommy. Estaba muy muy feliz y yo lo amo mas que nunca.

    La conversación hizo aflorar proyectos, le contamos ciertos detalles a mi papá, cocinamos, almorzamos. ¡Radiantes!

    La tarde me trajo lo previsible… ahora papá quería más, su bulto hablaba por él. Le propuse:

    -¿Que tal una siesta?

    -¡Claro hija! ¡Pero no tengo sueño! Lo dijo ya con cara de pícaro, quien lo iba a pensar.

    Fuimos al dormitorio, jugamos, reímos…

    -¡Papi, no me hecho el culito, y lo tengo preparado para vos! Me puse boca abajo, y comenzó a masajearme los glúteos, no dejaba de decir que hermoso culo tienes de pronto abrió las nalgas y escupió mi orificio, pasó a jugar con un dedo. Sentí que otras manos me acariciaban las tetas.

    Miré a mi padre y dije: “Te molesta si se queda?” “Claro que no, que se quede y me vea coger con mi hija putita”.

    Tommy trajo el gel, me lo iba a pasar en el culito cuando papi le dijo que no, que me quería solamente ensalivada. Y siguió escupiendo en mi agujero y metiendo dedo.

    -¡Abrile las nalgas a mi hija! Dijo, totalmente poseído de su nuevo rol de macho. Me encantó como Tom me abrió las nalgas bien abiertas, otro golpe de saliva me impactó. La verga de papi se apoyó firme y sin dudas esta vez, empujó y le dije: “siii hasta los huevos”.

    Sentí que iba y venía en mi recto, y de pronto, mi marido me chupaba las tetas y también pude pajearlo.

    -¿Te lleno el culo? Me preguntó papi, perdido todo pudor y sin miramientos. -No papi, dije entre jadeos, no me gusta. Mejor en las tetas, y vos Tommy también.

    Me tiraron todo en las tetas. Y ustedes ya lo imaginan; la recogí y me la llevé a la boca saboreando.

    Besos y promesas, caricias y buen humor llevaron a la hora cercana a la llegada de Tomás. Quedaba toda la noche y el domingo por delante, aunque estuviéramos agotados.

    ¿La experiencia? Inolvidable, completamente alucinante, íntima, indescriptible, pese a lo que les he contado ciertas cosas no se logra transmitirlas. Nunca jamás podré olvidar esto sin estremecerme. Y seguimos, cogiendo y felices, ya varios meses.

    Hasta la próxima.

    Besos

  • Dos corneadores maduros se follaron a mi novia delante de mí (1)

    Dos corneadores maduros se follaron a mi novia delante de mí (1)

    Hola, mi nombre es Felipe, tengo 22 años y voy a contaros mi primera experiencia cuckold. Aviso que será muy largo, ya que lo escribo a modo de catarsis para contar algo que nunca pude compartir con nadie, pero que el anonimato de Internet sí me lo permite. Me disculpo de antemano si la lectura resulta tediosa, pero quiero contar con lujo de detalles todo lo que hice, vi y sentí en todo momento. Espero que mi sueño frustrado de escritor al menos me sirva para esto.

    Siempre he sido alguien atraído por lo romántico, por aquel amor que veía de pequeño en las pelis, nunca por la promiscuidad y relaciones vacías que el resto de la juventud comparte. Por suerte, encontré justo lo que buscaba. Mi novia se llama Andrea, tiene 24 años. Físicamente es bajita, delgada, cabello moreno largo y lacio, ojos oscuros que atrapan y una sonrisa encantadora en su ya bonito y suave rostro. Es blanquita de piel con tonos rosados y algún que otro tatuaje discreto, pechos medianos, abdomen plano y caderas estrechas pronunciando un culo redondito y respingón.

    Siempre aparenta tener menos años de los que tiene. Es una chica tierna, pero determinada, de naturaleza tímida y simpática, pero con carácter cuando toma confianza. Con un corazón enorme siempre dispuesta a ayudar a los demás lo merezcan o no. Muy inteligente, optimista y con fe en las personas. Apasionada de la lectura y el aprendizaje. Es muy poco fiestera aunque no por eso menos sociable. Al igual que yo, prefiere una noche tranquila con su pareja antes que una discoteca con alcohol y descontrol. Llevamos 5 años de bonita relación desde el bachillerato. Nos entendemos muy bien y sabemos complementarnos.

    En todo este tiempo habremos discutido solo un par de veces y en todas ellas lo hemos resuelto bien pensando en los dos a pesar de estar viviendo juntos desde hace 1 año y viéndonos cada día. Conmigo siempre ha sido muy detallista y cariñosa, jamás he dudado de su amor y ella tampoco del mío al igual que jamás le he sido infiel y ella tampoco. Obviamente yo siempre le he correspondido. Soy rubio de ojos azules, delgado y de altura 1,76 m. Sexualmente siempre hemos estado muy bien y nos hemos complacido mutuamente a pesar de que ambos tuvimos otras parejas antes de conocernos.

    Hace unos meses, descubrí el concepto “cuckold” viendo pornografía en Internet. Maridos que disfrutaban ver a su esposa teniendo sexo con otros hombres. ¿Cómo era posible algo así? Me parecía patético e inmoral, pero a la vez me dio curiosidad seguir investigando sobre el tema. Indagando en la web, descubrí un chat hispano, un chat anónimo en el que había un canal llamado “cornudos”.

    Yo pensaba que el cuckold era una invención del porno porque no sabían qué más vender, pero me sorprendió mucho ver la cantidad de personas que lo practicaban incluso gente de mi zona o provincias cercanas. Les pregunté por qué hacían eso a algunos de los que hablaban por ahí cuando de repente me llega un mensaje privado de un tal “MachoDom40” preguntándome: —Tu tienes pareja?—. Yo respondí que sí y él me dijo: —Mi amigo y yo queremos hacerte unas preguntas—.

    Intrigado, entré a la sala privada que me invitaron y ambos empezaron a hacerme mil preguntas sobre mi chica, sobre mí y nuestra relación. Comenzaron con preguntas típicas de nombre, edad, de dónde somos, cómo somos físicamente, a qué nos dedicamos, cuánto tiempo llevamos juntos, etc. Continuaron con preguntas más personales y centradas en mi novia; su personalidad, sus defectos y virtudes, qué me gustaba de ella, qué ha estudiado, cómo nos conocimos, etc.

    Terminaron preguntándome cosas muy íntimas desde cuánto sexo solemos tener, qué posturas le gustan a ella, qué hemos experimentado a cosas como la forma de su vagina, sus tetas o culo. Querían saberlo todo sobre nosotros. Aunque me extrañaba mucho eso, yo respondí a todo con sinceridad porque pues era un chat anónimo y no tenía peligro. Además, ¿a quién no le gusta hablar de su vida?

    Finalmente, me pidieron una foto de mi novia, decían que sentían mucha curiosidad por verla. Dudé al principio, pero pensé que si es una donde no es reconocible, no pasaba nada. Así que les envié una foto donde Andrea salía de espaldas con un unos pantalones cortos y un top en una excursión que hicimos a la montaña. Los dos se sorprendieron al ver cómo era y no paraban de hablar sobre sus curvas y lo buena que está, a lo que yo me sentí bastante halagado.

    Razón para enviar dos más del mismo estilo ante las insistentes peticiones de esos dos desconocidos. Uno de ellos me preguntó: —La amas de verdad?—.

    Contesté que por supuesto, que me siento muy enamorado de ella y que es la mujer de mi vida con la que quiero formar una familia. Me felicitaron por la respuesta con un —Perfecto, es justo lo que buscábamos.—. El otro comenzó a presentarse y a contarme por qué me habían llamado a esa sala: —Me llamo Antonio y él es mi compañero Ramón. Ambos tenemos 40 años. Somos corneadores expertos en parejas jóvenes desde hace muchos años. Nos conocimos en la mili, pero nunca hemos corneado juntos y por eso estamos aquí. Nos ha encantado tu novia y nos la queremos follar. ¿Estás de acuerdo con eso?—.

    Me quedé estupefacto, no me esperaba algo así y menos tan directo. Ahora comprendía el por qué de ese interrogatorio tan extenso y que no solo preguntaban por aburrimiento. Mi respuesta natural, evidentemente, era un NO, pero la verdad que había disfrutado de la charla y sabía que decir la verdad significaba que se fueran. Al fin y al cabo era un chat anónimo de Internet en el que bastaba con cerrar la página para que nada de eso hubiera pasado. Así que mentí y les dije la frase de la que me arrepentiré siempre: —Sí, estoy de acuerdo—.

    Los corneadores celebraron con entusiasmo mi decisión diciéndome cosas como “eres muy valiente chaval”, “has elegido lo correcto”, “pocos se atreven” y “esto os unirá como pareja”. Yo aún algo intrigado por todo esto pregunté: —Pero, ¿por qué os la queréis follar?— Antonio me contestó: —¿En serio preguntas eso? Somos machos maduros y ella una joven veinteañera. Tu novia es un bomboncito para nosotros—. Ramón escribió: —Tu novia es justo el tipo de chica que nos da morbo; blanquita y hermosa con cara de tímida, joven e inexperta, pero con un cuerpazo. Qué bien nos lo vamos a pasar inseminándola.— Yo estaba atónito con sus respuestas y descripciones.

    Descubrí algo que nunca había sentido antes y eso me descolocaba. ¿Acaso me gustaba que mi novia guste a otros?

    Me dijeron de seguir en contacto por otro sitio y me enviaron un enlace de WhatsApp. Al entrar, vi que era un grupo de casi 20 personas. Pregunté por el grupo qué era eso y me respondieron: —Este es nuestro grupo privado y exclusivo de corneadores. La mayoría somos de España aunque también hay algunos de Latinoamérica. Aquí todos nos conocemos y nos tenemos confianza y si te hemos invitado es porque confiamos en ti. Todo lo que hablemos a partir de ahora será por aquí—. Me presentaron al grupo como “este es el chaval que nos va a entregar a su novia”.

    Muchos me saludaron alegremente felicitándome por mi “decisión”. Los saludé de vuelta y los del grupo comenzaron su también respectivo interrogatorio sobre mi pareja y yo, incluso más extenso que el anterior debido a que eran más personas preguntando al mismo tiempo. Tanto, que hasta me costaba responder rápido a todo. Me abrumaba tanto interés, pero a la vez me hacía sentirme de alguna manera especial y popular sobre todo siendo un grupo tan “selecto” como me lo habían descrito.

    Claramente me pidieron ver a Andrea y pronto las fotos de la montaña ya no eran suficientes. Y ahí estaba yo a las tantas de la mañana enviando fotos de mi novia a un grupo de desconocidos y sin saber muy bien por qué. Si ya antes sentía que me gustaba que mi novia guste a otros solo con los dos corneadores, ahora tenía a casi 10 pervertidos a la vez comentando cada foto. Se sorprendían, la analizaban, describían con detalles qué les gustaba de ella (cada uno con sus fetiches) y la morboseaban al máximo.

    Hasta me hacían ver detalles sexys de Andrea en los que nunca me fijé. Me sentía afortunado y mi ego estaba por las nubes viendo cómo tipos experimentados que han estado con tantas mujeres, se volvían locos con mi novia. Me hacían sentirme muy hombre por tenerla.

    Así pasaron unas dos semanas en las que, cada dos días mínimo, los corneadores me mencionaban en el grupo preguntándome sobre mi chica, pidiendo más fotos y morboseándola. Acabé pasando fotos de ella en bikini o en la playa y lo peor es que esperaba con ansias sus reacciones sin entender muy bien por qué. Lo raro, además, es que siempre Antonio y Ramón estaban activos y dispuestos para darme conversación junto a varios participantes del grupo.

    Hasta que un día, Ramón me etiquetó diciendo que ya es hora de decírselo a Andrea. Me comentó que no le podía decir que ellos son corneadores porque eso la espantaría. Así que le tendría que decir que son una especie de “voyeurs” que les gusta ver a parejas teniendo relaciones y nada más. Y para corroborarlo, me hizo fingir una conversación con ellos donde todos aparentan serlo y los comentarios eran mucho más suaves. Me explicó que cuando estuviera a solas con Andrea, empezara a tocarla y masturbarla. Y estando en su punto más caliente, soltarle el tema.

    Ver ese mensaje me entristeció porque obviamente yo a mi novia no le iba a decir nada de esto y al ver que no hay avance, ellos iban a dejar de hablarme o me expulsarían del grupo. Di por hecho que esa extraña diversión ya se había acabado. Pasaban los días y los corneadores no dejaban de preguntarme si ya lo había hecho.

    Yo les daba largas intentando mantenerlo un poco más, sin embargo, en mis momentos más personales, no dejaba de resonar una pregunta en mi cabeza: «¿Y si lo hiciera?». Volvía en mí y me convencía de que algo así nada bueno podría traer. Pero, ¿y cómo sería juntar mi mayor morbo sexual (mi novia) con el segundo mayor (los corneadores)? ¿Qué pasaría si ella viera el chat? Tenía ese duende constantemente, pero no, no debo hacer eso.

    Hasta que un día en el que se ve que no dormí mucho, se me fue totalmente la cabeza y lo hice. Seguí las instrucciones de Ramón: Estando con ella en la cama, le di mimos hasta que se calentó y luego la empecé a masturbar. Cuando noté que estaba muy excitada, me detuve diciéndole:

    —Mira lo que encontré el otro día en Internet— y le enseñé la conversación con los supuestos “voyeurs”. Al segundo después de hacerlo, me arrepentí totalmente. Sentía un nudo en el estómago esperando una mala reacción por su parte. «Mierda Felipe, ¿qué has hecho?», pensaba. Pero, para mi sorpresa, Andrea que lo había leído todo me devolvió el móvil con un simple —qué cosas tan raras haces a veces— sin darle mayor importancia.

    Le interesaba mucho más que la siguiera tocando. Mi alivio fue notorio y, extrañamente, también lo fue el entusiasmo con el que al día siguiente les relaté lo ocurrido a los corneadores. Éstos se motivaron como nunca felicitándome por mi buen trabajo y pidiéndome fotos e información de ella más que de costumbre.

    Desde ese día, el que yo hablara por el grupo de WhatsApp se convirtió en una especie de morbo para nosotros como pareja. Muchas veces, ella veía lo que conversaba con ellos, yo disimuladamente me calentaba y acabábamos teniendo sexo. Incluso con el tiempo, me dio permiso para enviar alguna que otra foto normalita (las mismas que ya pasé yo hace tiempo). Los corneadores hacían lo suyo morboseando las imágenes y hablando de ella.

    Le pregunté una vez si se sentía incómoda con eso y me dijo que no le molestaba tener un pequeño “grupo de admiradores virtuales”. Yo la verdad, que no sentía celos con todo eso y era raro porque suelo ser muy celoso por naturaleza aunque lo disimulo muy bien.

    Hasta un día en el que yo me encontraba en la cama hablando con los corneadores y Andrea estaba en la ducha. Uno de ellos me preguntó: —¿Tu novia usa más tangas o bragas?—. «Qué pregunta tan rara» pensé. Cuando salió de la ducha le pregunté y me dijo que depende de la prenda que se ponga, pero normalmente con las bragas está más cómoda. Lo puse en el grupo y de repente Antonio me suelta: —Queremos que tu novia nos mande una foto en tanga—.

    —Pfff, pero qué flipaos lo que piden. —murmuré solo.

    A eso que veo como Andrea viene a mí, mira el mensaje, se queda pensando y me quita el móvil sin decir nada. Se va al cajón, escoge varios tangas, se hace varias fotos en el espejo y viene con una elegida para que la envíe al grupo. … ¿Pero qué cojones fue eso? Es verdad que no se le veía el rostro y se tapaba las tetas, pero, joder, ¡mi novia le está mandando una foto en tanga a otros hombres! Aunque no dije nada, sentí celos por su repentina y extraña iniciativa tan poco común en ella. Aunque por otra parte, veía la imagen y pensaba: «Joder, si por una foto vestida la morbosean a full, con esta se volverán locos». La analicé unos segundos: Mi novia de pie frente al espejo, solo con un tanga negro mientras su blanca desnudez brillaba. Con la mano derecha sostenía el móvil mientras con el otro brazo tapaba lo que podía de sus pechos. La pierna izquierda adelantada y casi suspendida en el aire dando total protagonismo al ave fénix que tiene tatuado en la cadera al cual el hilo del tanga separa en dos mitades mientras de fondo resalta la forma de su nalga, muslo y pierna.

    Casi como si la pose hablara diciendo: “Esta soy yo”. No me lo pensé ni un momento y le di a “Enviar”. Esperaba unas reacciones fuertes, pero el grupo se quedó totalmente en silencio viéndola. Hasta que, de repente, Ramón envía una foto.

    —¡Qué asco! ¡Ha mandado su polla empalmada! —reaccioné para mí mismo por la repulsión de ver esa imagen.

    Y Andrea, que estaba al otro lado de la habitación exclama: —¡¿A ver?!— y viene a vérsela al tío ese… Sentí una punzada de celos y más cuando al ver la imagen escucho cómo se le escapa en voz baja un “Ostias qué pedazo de polla…” Debió darse cuenta del error por la forma en la que la miré porque añadió —Pero seguramente no es suya y la descargó de Internet— mientras se alejaba para no darle más importancia al asunto.

    Me quedé con un mal sabor de boca y pensativo, nunca la había visto reaccionar así. Así que me distraje con las reacciones de los corneadores que estaban totalmente locos tras ver a mi novia en tanga. El chat estaba ardiendo y más cuando Ramón me preguntó cómo reaccionó Andrea al verle la polla. Conté lo sucedido ocasionando así la risa de todos.

    Desde entonces, el grupo se volvió más activo, pero yo me lo pasaba cada vez peor. A mí lo que me gustaba era que mi novia guste a otros, nada más que eso, pero desde la foto en tanga, las conversaciones pasaron de ser “qué buena está tu novia” a “cómo me voy a follar a tu novia” llegando incluso a darme asco ciertos comentarios.

    El día del encuentro.

    Era un sábado y yo estaba en el salón viendo la tele cuando vino Andrea a traerme el teléfono porque me había llegado una notificación del grupo. Al desbloquearlo, lo miramos los dos y era Antonio diciendo: —Chaval, queremos ver hoy a tu novia. ¿Dónde os encontramos?— … ¿Pero qué? ¿Qué fue eso? Andrea y yo nos quedamos mirándonos el uno al otro incrédulos. ¿En serio esos tíos querían venir a vernos? Nuestra conclusión fue que no.

    O sea, ¿quién en su sano juicio va a ir a una ciudad lejana que no conoce para ver a una pareja que no conoce y solo ha visto fotos? Jamás habíamos hablado por voz o audio y ella nunca escribió nada al grupo. Además de lo directo del mensaje, si fuese real habría dicho algo más suave tipo “podemos conocernos en persona” o “vamos a ir a tomar algo por ahí”, no sé. Por responder algo, les envié una ubicación, pero no de mi casa, sino de varias calles más allá para ver lo que decían.

    Un “salimos en 10 minutos” o “en 2 horas estamos allí” habrían confirmado su intención, pero vieron todos el mensaje y nadie dijo nada. Obviamente dimos por hecho que no era verdad y que tal vez se trataba de alguna forma de avivar la fantasía virtual en la que últimamente yo participaba menos. No le dimos importancia y esa tarde salimos a correr juntos, ya que era un reto que llevábamos cumpliendo varias semanas. Ya de vuelta en casa cuando estábamos mirando en mi móvil los kilómetros hechos, apareció arriba el mensaje que nos jodería todo: “Estamos por San Juan” (A 20 minutos en coche de nosotros).

    Nos quedamos totalmente atónitos. Para nosotros, esto siempre había sido una tontería virtual que mirábamos de vez en cuando y que nunca debía salir de ahí. Pero en ese momento, nos dio el golpe de realidad de que esos tipos iban a venir en serio. Andrea se puso histérica y empezó a regañarme diciendo que para qué hago cosas raras en Internet, que esto era culpa mía y yo lo debía de resolver. Me dijo que fuera y les dijera a los dos que lo sentimos, pero al final hemos decidido no hacerlo. Alguno podría pensar que yo sentía algún tipo de morbo con eso, pero nada que ver.

    En ese momento, la verdad que me sentía como una mala persona. Los corneadores me dijeron desde principio alto y claro quiénes eran y qué buscaban. Pude haberles dicho desde el inicio que no y nada de esto habría ocurrido. Pero por mi egoísmo de tener su atención un tiempo más y seguir siendo popular, les mentí diciendo que estaba de acuerdo para hacerlos creer que pasaría cuando realmente no quería eso ni iba a aceptar jamás tal locura. Ni yo, ni ella.

    Con todo esto en la cabeza, pequé de bondadoso y le dije a mi chica lo que ahora sé que fue lo más estúpido que he dicho en mi vida: —Si se lo toman mal, que lógicamente lo harán, que se vayan y ya está. Pero si se lo toman bien y entienden que no pasará nada, ¿y si los invitamos a comer al menos? Si resultan ser buena gente, me sentiré mal conmigo mismo por hacerles esto—. Andrea lo entendió y dijo que si ellos verdaderamente comprenden y aceptan que no pasará nada sexual pues sí, ella no tiene problema.

    Con esto establecido, fui al encuentro de los corneadores que ya estaban por llegar. En el fondo tenía la esperanza de que fuese todo una broma y realmente no estuvieran aquí. Llegué al aparcamiento y vi a dos hombres bajarse de un coche grande.

    —Ellos no pueden ser. —pensé.

    —¡Qué pasa chaval! –decía uno de ellos alegremente saludándome a mí.

    Era imposible que fuesen ellos. Andrea y yo nos los imaginábamos como los típicos viejitos verdes con cuerpo escombro porque si buscas sexo por Internet es que muy desesperado debes de estar, a veces hasta nos reíamos de ellos bromeando entre nosotros. Pero de repente, tenía frente a mí a dos hombres enormes, me sacaban una cabeza de altura cada uno y eso que yo no soy bajito. Ambos con sus barrigas cerveceras y poco pelo en la cabeza, pero de espalda ancha, fuertes y robustos.

    Daban la sensación de trabajar con cosas pesadas y saltaba a la vista su pasado militar con sus brazos grandes y llenos de venas adornados con tatuajes típicos. Me miraban fijamente a los ojos casi sin pestañear, su presencia era notable e imponían mucho respeto. A pesar de sus apariencias, ambos me saludaron simpáticamente, aunque con un apretón de manos que casi me dejan la mano dormida.

    Joder, ¿cómo decirles ahora a estos tipos que en realidad fue mentira y deben volverse por donde han venido? Y más cuando en el “¿y vosotros qué tal?” me cuentan que tardaron un poco porque se toparon con un chaval, así como de mi edad que se les puso chulo en el tráfico y tuvieron que inflarlo a ostias. Yo no sabía cómo reaccionar a eso e instantáneamente me preguntaron: —¿Por dónde es?—.

    —Ehh por aquí… —tartamudeé casi sin pensarlo y comenzamos a ir en esa dirección mientras pensaba en cómo darles la noticia.

    Pero no lo conseguía y eso me tenía muy nervioso y estresado. A lo largo del trayecto los corneadores no paraban de hablar de cosas normales y cotidianas. O sea, siempre desde que los conocí, el tema de conversación principal era “mi novia” y “sexo” pero en persona no mencionaban nada de eso como para yo poder soltar un “hablando de eso, al final hemos decidido no hacerlo”. Eran simpáticos conmigo y bromeaban, pero a penas me dejaban hablar.

    Una vez intenté meter el asunto, pero me cambiaron de tema no sé si conscientemente o sin darse cuenta por hablar tanto y no me atreví insistir porque me inquietaban sus posibles malas reacciones. Estábamos casi llegando a casa cuando, para calmarme un poco, pensé: «Bueno, mejor se lo digo junto con mi novia para que así tenga más efecto». Total, que llegamos a casa y yo estaba muy tenso porque es que imagínate la mala situación que había creado: Para Andrea, si yo llegaba solo era porque los dos tíos del grupo se lo tomaron mal y se fueron. Y si venía acompañado, ellos entendían que no iba a haber nada sexual ni voyeur y solo venían a comer y se irían tras eso. Pero para los corneadores, venían a follarse a mi novia delante de mí y con mi previo consentimiento. Sentía que debía resolver esa situación cuanto antes.

    *********

    ¿Qué os ha parecido el relato de momento? ¿qué situación o partes os han resultado más morbosas? Me lo podéis decir en la caja de comentarios, respondo al momento. Me vendrían bien vuestras opiniones ya que dudé mucho de si empezar a contar o no mi experiencia.

    En la parte 2 ella cuento lo que sucedió cuando entré en casa con los corneadores y ellos vieron a mi novia.

  • Charla sexual en una red social

    Charla sexual en una red social

    Era viernes por la noche. Aburrido, me senté frente a la computadora y leí los correos electrónicos. Después pasé a Facebook, donde tampoco había muchas noticias interesantes. De repente recibí una solicitud de amistad. El nombre que estaba allí no significó nada para mí al principio. Curioso, leí el mensaje correspondiente:

    “¡Hola Simón! No te he visto en mucho tiempo, ¿verdad? ¿Cómo estás? ¡Saludos cordiales! Catalina.”

    ¡Por supuesto! Catalina, mi antigua compañera de secundaria. Confirmé la solicitud de amistad en Facebook. Ahora también la reconocí en la foto. ¡Vaya! ¡Cómo pasa el tiempo! Desde la ceremonia de finalización del bachillerato solo había visto a Catalina dos veces, a pesar de que todavía vivíamos en la misma ciudad. Una vez, al año, en una reunión de ex alumnos y otra por casualidad en el centro de la ciudad mientras iba de compras. No nos habíamos visto en al menos cinco años.

    Se abrió una ventana de chat.

    “Hola, ¿cómo van tus cosas?”, preguntó Catalina.

    “Bien, ¿y vos?”, respondí.

    Eso no era cierto en absoluto. Mi trabajo era estresante y dos meses antes Patricia, mi novia, me había dejado. Habíamos sido pareja desde el último grado de nuestra época liceal. ¡La llamada pareja de ensueño! Pero con el paso de los años nos habíamos distanciado.

    “¿Y todavía con Patricia?”, preguntó Catalina.

    Recordé a Patricia, Catalina y yo sentados juntos y hablando en la reunión que se llevó a cabo al año de finalizar el bachillerato. Nuestra relación a largo plazo contrastaba marcadamente con la vida amorosa de Catalina, quien permanecía con un chico durante uno o dos años como máximo. Ella no era reacia a salir con otros chicos ni siquiera durante las relaciones a largo plazo. Incluso cuando estaba en la secundaria tenía fama de ser una puta. Pero probablemente no le molestaba en absoluto que la llamaran puta, simplemente disfrutaba del sexo con diferentes hombres.

    “No”, respondí brevemente.

    Quizás ella quisiera emprender una aventura conmigo. Sentí que mi pene se hinchaba en mis pantalones.

    Cuando era adolescente, era demasiado tímido para hacer algo con Catalina. Sólo oí hablar de compañeros de clase que me dijeron que Catalina se había comido varios penes. Escuché varias historias de coincidentes en este asunto. Cuando me puse nervioso y más tarde, cuando comencé a acostarme con Patricia, pensaba en Catalina de vez en cuando.

    “¿Desde cuándo estás separado?”, Catalina quería saber.

    “2 meses”

    “Oh, ¡pobrecito! Entonces la separación aún está bastante fresca.”

    Lo que me dolía especialmente era que Patricia me había dejado. Es cierto que cometí un error cuando comencé una aventura con Sandra, una colega de trabajo. Pero aparte de Patricia, no me había cogido a otra mujer; simplemente quería saber cómo era estar en la cama con otra mujer. ¡Y Sandra estuvo increíble! Pero esa es otra historia. Cuando Patricia descubrió que la estaba engañando con Sandra se quedó muy decepcionada conmigo, Aunque me perdonó por amor.

    De todas formas, mi engaño fue el comienzo del fin de nuestra relación a largo plazo. La profunda confianza entre Patricia y yo había desaparecido. ¿Qué tal si Catalina me consuela un poco por la ruptura? Sonreí y mi pene se hinchó aún más en mis pantalones.

    “¿Qué hay de ti?”, pregunté.

    “¿Te refieres a noviazgos?”, preguntó Catalina.

    “Sí”, confirmé.

    “¡No lo vas a creer!”

    “¿Qué entonces?”

    “Estoy casada.”

    ¡Eso fue increíble! Catalina estaba casada. Mis esperanzas de una aventura amorosa con ella disminuyeron.

    “¿Con quién?”

    “¡No lo conoces!”, explicó Catalina.

    “¿Y conservaste tu apellido?”

    “Sí.”

    En mi cabeza sólo sentí vacío. La emoción en mis pantalones disminuyó un poco.

    “Simón, ¿realmente sabes que estuve enamorada de ti por un tiempo?”

    “¿En serio?”, pregunté asombrado.

    “Sí”, confirmó Catalina.

    “¿Cuándo?”, quería saberlo.

    “El último año de bachillerato cercano a los exámenes finales. ¿Recuerdas el cumpleaños de Matías en la granja?”

    “¡Claro!”

    Esa fiesta de cumpleaños había sido una celebración lujosa. ¡Mucho alcohol! Y en aquel entonces fumé mi primer porro. También fue la primera vez que tomé de la mano a Patricia. ¡Fresca celebración!

    “Los chicos de nuestra clase me acosaron. Matías, Lucas y Jaime especialmente. Otros también.”

    Esperé ansiosamente para ver qué escribiría Catalina a continuación. Pero no pasó nada durante varios segundos. Segundos que parecían una eternidad. Finalmente escribí:

    “¿Qué pasó?”

    “¡Oh!, eso fue hace mucho tiempo!”, respondió.

    “¡Cuéntame!”, le insistí.

    “Nada,… querían tener sexo conmigo.” explicó Catalina.

    Mi emoción volvió a crecer

    “Simón, ¿sabes que eras el único chico de la clase con el que no tuve relaciones sexuales?”

    “¿En serio?”

    “Incluso Daniel, el nerd, una vez me levantó en una fiesta. Bueno, y en la fiesta de cumpleaños de Matías, en la granja, tus compañeros de clase también querían tener sexo conmigo: «Al menos coge con uno de nosotros, dijo Lucas.» «¡Quiero cogerte!» dijo Jaime, que ya había bebido mucho.”

    “¿Y luego?”

    Abrí el botón del pantalón y la cremallera y liberé mi pene, que estaba casi completamente erguido, de la tensión de mis pantalones. Comencé a mover suavemente mi extremidad grande y dura.

    “Bueno, de alguna manera no me apetecía. Ya los he tenido en fiestas anteriores o en mi casa o en casa de ellos.”

    “¿Qué?”

    “Después…, ¡me cogieron!”

    De alguna manera me pareció genial charlar con mi vieja amiga de la secundaria sobre tiempos pasados mientras empezaba a masturbarme. Gemí suavemente.

    “¿Realmente te cogiste a todos en la clase?”, quería confirmar.

    “A todos excepto Daniel y tú.”

    “¿También con Diego?” Diego había sido un tipo bastante gordito.

    También había robado bicicletas y otras cosas.

    “¡Varias veces amigo!”

    Una gota de placer brilló en mi glande. Ahora agarré mi pene rígido con más fuerza y lo sacudí con movimientos más rápidos de las manos. Gemí más fuerte

    “Simón, vos eras diferente de los demás chicos de la clase. Bueno, me enamoré de ti.”

    Catalina, la puta calentona, la puta más grande de nuestro liceo, había estado enamorada de mí.

    “Pero ya te habías involucrado con Patricia en la celebración. Al menos sosteniendo su mano. Ese fue el caso, ¿no?”

    “Sí”, confirmé.

    “Luego fuimos un lugar alejado con Jaime, Matías y Lucas.”

    Me imaginé a los tres cogiéndose a Catalina. En cada uno de sus agujeros calientes, en su vagina apretada y mojada, en su pequeño agujero y en su boca. ¿O todos habían pasado a Catalina por detrás uno tras otro? Quizás ella también los montó uno por uno. Mi cine mental estaba en pleno apogeo.

    “¿Y ahí?”, pregunté descaradamente.

    “¿Realmente quieres saber?”

    “Si no te incomoda decírmelo.”

    “Bueno. Matías consiguió una manta de lana porque el piso era muy duro y sucio. ¿De verdad quieres saber más?”

    “¡Sí!” Me divertí mucho sacudiendo mi pene duro como un martillo mientras leía el informe de Catalina.

    “Bien.” Estaba muy excitado de ver lo qué escribiría Catalina.

    “Me quité la camiseta y el sujetador y me acosté sobre la manta de lana. Lucas y Jaime yacían desnudos a mi lado y me acariciaban los pechos. Matías estaba a mis pies. Lucas o Jaime abrieron el botón de mi pantalón y la cremallera de mis jeans. Matías me bajó el pantalón hasta los pies. Me turné para besar a Lucas y Jaime. ¡Besos franceses calientes! Matías empezó a moverse.”

    En mi mente veía a Catalina con sus jeans súper ajustados. ¡Sus hermosas piernas y su culo fresco y regordete!

    “Na, finalmente Matías logró quitarme los jeans. Él también se quitó la ropa por completo. Luego le tocó el turno a mi ropa interior. Whoosh y se acabó. Sólo quedé en calcetines blancos. Bueno, Simón, ¿lo que escribo te pone caliente?”

    ¡Y cómo! La idea de que Catalina se besara desinhibidamente con Matías, Jaime y Lucas me emocionó enormemente. Me sentí atrapado e incluso me sonrojé un poco.

    “Sí”, respondí con sinceridad.

    “¡Hermoso!” dijo ella.

    Estaba feliz de que a Catalina no le importara que me masturbara. ¡Obviamente incluso le gustó!

    “Yo también haré lo mismo.”, continuó Catalina.

    “¿En serio?”

    “¡Claro! Yo también quiero divertirme.”

    “¿Estás acariciando tu vagina?”

    “Sí. Simplemente le puse un dedo.”

    ¡Qué locura!

    Estaba charlando con una vieja compañera de la secundaria a la que no había visto hace varios años y con la que nunca tuve nada sexual, excepto que pensaba mucho en ella cuando. Y ahora: teníamos cibersexo. Estaba muy emocionado y a punto de tener un orgasmo.

    “¡Me encantaría penetrarte con mi pene!”

    “¿Dónde?”

    “¡En tu concha, Catalina!”

    “¡Oooh!”

    ¡Oh, cómo me hubiera encantado cogerme a Catalina ahora! ¡Preferiblemente al estilo gran danés! Primero en su hendidura de amor húmeda, luego en su apretado agujero en el poste.

    “¿Seguimos hablando de pajearnos?”

    “Sí, hazlo, tú…”

    “Yo, ¿eh?”

    “¡Pequeña perra!”

    “¿Pequeña?”

    “Catalina, ¡es genial charlar contigo!”

    “¡Yo también me encuentro bien contigo, Simón! Por cierto, acabo de ponerme un segundo dedo en mi concha.”

    “¡Pequeña cerda!”

    “¡Me gusta! ¡¡¡mucho!!! ¿Tú todavía estás masturbándote?”

    “Sí. ¡Creo que acabaré pronto!”

    “¡Espera! Quiero hacerlo contigo al mismo tiempo. Espera, espera un poco, ¿sí?”

    “¡Está bien!”

    Por un breve momento solté mi pene duro como un martillo. ¡Se mantuvo muy erguido! El glande brillaba. Con mucha suavidad y cuidado seguí tocándome el duro travesaño.

    “Matías bajó la cabeza en mi regazo y lamió mi vagina.”

    “¿Afeitada?”

    “¡Por supuesto! Siempre me la afeité bien. A veces dejaba un pequeño triángulo de pelo encima de la grieta. Pero el resto todo en blanco.”

    “Y ahora?”

    “Afeitado, limpio. ¡Sin pelos!”

    “¿Hambriento?”

    “Después de todo, Matías me levantó. Tenía un pene muy, muy grande que me llenó totalmente. Matías estaba tan excitado que se abalanzó sobre mí después de unos pocos empujones. Ni siquiera recuerdo si Lucas o Jaime me abordaron. Al menos a mí también me cogieron.”

    “¿En posición misionera?”

    “¡Exactamente! ¡Malditos rapiditos que no me gustan mucho! ¡Así que fue muy bonito! ¡Pero demasiado, demasiado breves!”

    “¿Y luego?”

    Volví a sacudirme más fuerte. Me sentía muy bien.

    “Hicimos un 69 con Matías. Quería recuperar su gran palo. Rápidamente le di una dura mamada otra vez. Por cierto, Matías estaba tumbado abajo, yo encima de él. Bueno, mientras disfrutaba chupando el pene de Matías, Jaime o Lucas metieron sus vergas en mi concha por detrás. ¡Y con un gran impacto! ¡Fue entonces cuando tuve mi primer orgasmo mientras me cogían! ¡Súper excitante! Inmediatamente dejé de soplar el pene de Matías y gemí fuerte. ¡Fue genial tener un orgasmo mientras me cogían! Antes sólo tenía un clímax con provocación manual. Pero cuando una pija tan dura te frota el clítoris y te coge hasta el orgasmo, ¡realmente increíble! Bueno, de todos modos, ¡los tres me cogieron unas cuantas veces más!”

    Sacudí salvajemente mi duro pene y sentí que estaba cerca del orgasmo nuevamente. Quería acabar.

    “Catalina, creo que acabaré pronto.”

    “Tú, pequeño hijo de puta.”

    “Me encantaría meter mi pene en tu apretada y mojada vagina ahora.”

    “Oooh!”

    “¡Y besar tus tetas!”

    “Mmmh! ¡Buena idea!”

    “Catalina, ¡quiero cogerte!”

    “Entonces, tal vez deberíamos reunirnos en algún momento.”

    “¿Sí? ¿En serio?”

    “¡Por supuesto!”

    “¡Perra caliente!”

    “Oh, Simón, ya viene pronto.”

    “¡Insaciable!”

    “¡Síéé! ¡Dámelo, Simón! ¡Cogeme!”

    “¡Sí! Catalina, está muy caliente contigo.”

    “Ooooh!”

    “Ooooh!”

    “Catalina, ¡eres súper!”

    “Simón, ¡vengo! ¡Sí, vengo!”

    “Yo también!”

    “¡Dispárame y llename!”

    “Ooooh!” El esperma salió disparado de mi pene.

    La primera carga voló al teclado numérico de mi teclado, la segunda aterrizó en mi escritorio. ¡Qué clímax tan intenso!

    “¡Gracias, Catalina!”

    “¿Bonito semen?”

    “Sí. ¿Cómo te fue?”

    “¡Bien!”

    “¿Volvamos a charlar pronto, de acuerdo?”

    “¡Genial! Lamentablemente tengo que cortar ahora. Probablemente mi marido ya esté por llegar de un momento a otro.”

    Había suprimido temporalmente el hecho de que Catalina estaba casada. Sin embargo, me atreví a preguntar:

    “¿Quieres que nos encontremos pronto?”

    Esperé hechizado la respuesta de Catalina. Segundos que me parecieron horas.

    “¿Estás?”, pregunté.

    “Sí. Todavía estoy aquí. Estoy revisando mi agenda y horarios.”

    ¿Realmente querrá conocerme Catalina?

    “¿Entonces nos reuniremos?”, pregunté.

    “Si quieres, ¡con mucho gusto! Simón, ¡me encanta! ¿Te queda bien mañana a las 14?”

    “Sí. Con mucho gusto. ¡Me pones muy feliz!”

    “Bueno. Nos vemos mañana. ¡Te espero con ansias!”

    “Yo también, Catalina. ¡Que duermas bien!”

    “¡Tú también! ¡Buenas noches!”

  • Noche intensa de pasión

    Noche intensa de pasión

    Deseo presentarme, mi nombre es Jaime, estoy casado mi esposa en un poco más joven que yo, hace tiempo que estuvimos tocando el tema de los swinger, por cuestiones familiares nos invitaron a una boda en el puerto de Veracruz en internet ya había visto anunciado un club swinger por lo que aprovechamos la oportunidad de visitarlo.

    Legamos un día antes de la boda nos instalamos en el hotel que previamente habíamos reservado, salimos por la tarde a recorrer el malecón visitar el tradicional café de la parroquia y comprar algunos souvenirs para la familia, regresamos al hotel nos dimos un baño, quiero describir que mi esposa es alta de pechos pequeños de buena cadera y de nalgas espectaculares, se vistió provocativamente se puso una blusa transparente y una mini falda que le dejaba ver el inicio de sus lindas nalgas y un hilo dental.

    Yo me puse un bikini transparente que dejaba ver todo llegamos al club como eso de las 10 de la noche, nos recibieron los anfitriones una pareja típica costeña el bajito gordo y moreno, ella de estatura mediana pasada de peso de muy buenos pechos , caderona y de buena nalga.

    Como era nuestra primer experiencia swinger se nos notaba lo nerviosos por lo que amablemente los anfitriones nos fueron explicando en que consistía sus reglas en el club y demás inquietudes que teníamos para irnos relajarnos, fueron llegando las parejas y se empezó amenizar el ambiente.

    Una pareja de buen ver ambos entre los 40 años se sentó en la mesa de nosotros empezamos a conversar y les emociono que era nuestra primera experiencia en el ambiente swinger por lo que dijeron que serían nuestros padrinos a lo cual aceptamos sin vacilar, empezaron los juegos y castigos de prendas hasta terminar todos desnudos, posteriormente los castigos iban subiendo de tono besos de lengüita, cachondeos por un minuto, masturbación mutua y desde luego parejas que empezaron a coger en los sillones que están en la sala, nosotros no imaginábamos la realidad que existía en un club swinger.

    Nuestros padrinos nos condujeron al llamado cuarto oscuro el cual estaba iluminado con una un violeta muy tenue pero si se podía apreciar lo que las parejas en diferentes posiciones estaban cogiendo, nuestra madrina empezó a desnudar a mi esposa besándola y acariciándole sus ricas tetas mi esposa hizo lo mismo con ella, ya desnudas la recostó en la cama e inicio haciéndole sexo oral a lo cual respondió mi linda esposa devolviéndole de igual manera, mi padrino y yo nos encueramos y empezamos a participar con ellas.

    ya excitados hicimos un intercambio de parejas ambos veíamos como entraban nuestros penes en sus ya mojadas conchas terminamos en un éxtasis sexual nos tendimos en la cama y reposamos un poco, nuestros padrinos nos condujeron a otra sala donde había varias parejas cogiendo y algunos chicos observando, mi madrino le dijo a mi esposa que si quería vivir un gamban a lo que ella ingenuamente pregunto que significaba eso ella le comento que sería un relación sexual con varios chicos a la vez que se dejara llevar por el momento y sentir placer al máximo a lo que mi esposa con una sonrisa pícara acepto.

    Ella le hizo la seña a tres chicos de buen ver se acercaron a mi esposa la empezaron a desnudar y acariciar todo el cuerpo ella se dejaba llevar sin oponer resistencia, uno de ellos se acostó ella se subió arriba de él y empezaron a coger otro la penetro analmente y el tercero se puso frente a su cara para que le empezara a mamar su rica y verga, mi esposa empezó a gemir de placer se turnaron en esa posición hasta hacerla gritar de placer provocándole un extendido órganos.

    En realidad no se cuanto tiempo estuvo disfrutando a sus tres singles que por cierto tenían una verga de buen tamaño los chicos terminaron agradeciéndole a mi esposa a lo que ella les agradeció la muy buena cogida que le dieron, nos vestimos nos despedimos de nuestros padrinos y nos retiramos al hotel.

    Al otro día nos bañamos y nos dispusimos para ir a desayunar ya en el transcurso del viaje conversamos largo y tendido sobre la experiencia vivida quedamos de buscar en nuestra ciudad un club swinger para repetir lo vivido aunque ahora ella desea que mas chicos participen y yo encantado de observar cómo se devora tantas ricas y deliciosas vergas que se le presenten.

    Gracias por sus comentarios a nuestro relato esperando subir mas conforme tengamos nuevos encuentros sexuales.

  • Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 4)

    Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 4)

    Si has leído mis confidencias anteriores en “Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 3)”, sabrás que estoy pasando unos días en la playa con mis padres y sus amigos y familia. Hoy me he estado exhibiendo casi desnuda ante todos, con un bikini minúsculo que no tapa nada (bueno, es que en realidad es de niñita) y ha sido un éxito porque todos me han mirado y creo que les ha excitado un montón. Y a mí al saberme tan deseada.

    Manuel, el padre de mi alumno particular Fernando, me ha dicho que le gustaría follar conmigo toda la noche, pero ya le he contestado que no, que tengo novio y eso. Su cuñado Lucas y el hermano de este también me ha pedido que estemos juntos esta noche. Y ahora terminamos de cenar y cuando voy a los servicios a mear, los primos de Fernando me dicen que llevan todo el día empalmados mirándome.

    -Ya, es normal sois muy jóvenes. Vale, yo voy a mear.

    -Espera, es que nos duele el pene de la erección.

    -Bueno, eso es cosa vuestra.

    -¡Estamos muy excitados! ¡Te has estado exhibiendo todo el rato!

    -Mira, venimos contigo al lavabo y tú, ahora…

    -No, no ¿pero que decís?

    -Es que…

    -¡A ver, yo soy una señorita y no voy a entrar a unos váteres con dos chicos! Y menos en este restaurante tan elegante.

    -Ya, claro. Esther, le he contado a mi hermano que sí, que eres muy fina y elegante, pero que ayer te di porculo. Y que te gustó.

    -¡Jorge! ¿Pero por qué le contaste…? ¡Eso no se explica!

    -Pero, Esther, ¿es verdad que te la metió por detrás mi hermano?

    -Ay, Ángel, no sé… no… o sea…

    -¡Esther, y nuestro tío Marcos también te dio porculo! ¡Y luego eyaculó en tu cara mientras yo te enculaba!

    -Bueno, eso es cosa mía, va, que me meo.

    -Esther, esta noche vendremos a tu habitación mi hermano y yo y te la vamos a meter por el culo, ¿vale?

    -No, no, hoy no, quizá otro día. Bueno, si os portáis bien, quizá os la chupe un poco.

    -¡Vendremos darte porculo los dos!

    -Os digo que no, para nada. Si sois cariñosos y os portáis bien conmigo, quizá algún día os hago una mamada. Pero debéis ser amables y educados. Y tratarme como a una señorita. Voy a hacer pipí, que me meo.

    Entro a los servicios de señora. Veo que tengo las braguitas empapadas. Es que me imagino los penes erectos de los dos hermanos y me pongo muy cachonda. Pero esta noche no puedo dejarles venir, porque estaré con su padre o quizá con Manuel, no sé. Al final, la táctica del microbikini de niña ha resultado demasiado exitoso. Decido quitármelo porque me aprieta demasiado y me quedo solo con el vestidito. Espero que nadie mire por debajo de la mesa porque me lo vería todo.

    La gran sorpresa vino hace un rato, después de cenar, cuando andamos por el paseo al lado del mar. Se acercan Roque y Anselmo, el matrimonio gay, y me dicen:

    -Oye, Esther, mira, vamos a ir directos al grano.

    -¿Qué? ¿Pasa algo malo?

    -No, no, al contrario. Ayer estuvimos todo el día viendo como Bea, que es muy guapa… -empieza Anselmo.

    -… y sexy –dice Roque,

    -Sí, y sexy, pues eso, que Bea se estuvo exhibiendo en la playa. Y eso, la verdad, nos gustó mucho y nos dijimos que nos encantaría estar con ella.

    -¿Vosotros? ¿Pero acaso no sois…?

    -¿Homosexuales? No, no, eso es lo que dicen. Los dos somos bisexuales, hija.

    -Ah, claro, eso es distinto.

    -Sí, muy distinto. Bueno, pues lo que te digo que Bea ayer…

    -Pero, vale, a ver, pero eso es cosa de Bea y vuestra, no mía -contesto algo molesta.

    -Ya, espera, lo que te decimos que Bea nos hizo entrar ganas de, te lo digo claramente, de montarnos un trío con ella.

    -Vale, no sé qué dirá Leo.

    -No, si es claro que no podemos ir a la chica y decirle eso, allí, con su novio al lado.

    -Por eso, hoy, al verte a ti tan sexy con tu pequeñísimo bikini…

    -Pues eso, que tú, al estar soltera…

    -¡A ver, yo tengo novio!

    -Ya, pero eso es diferente. Y él no está aquí.

    -Vosotros queréis a Bea, pues…

    -No, espera. Desde el primer día nos dijimos que tú eras muy atractiva.

    -Muy guapa.

    -Sí, aún más que la novia de Leo, la verdad.

    -¿A sí?

    -¡Sí, sí, mucho más!

    -Y más fina, más elegante.

    -Pero vimos que eras muy… recatada, muy seria… y claro, no nos atrevimos a acercarnos y decirte que…

    -Y hoy, al ver que al lado de tu bikini el bañador de Bea de ayer, en comparación, parece un hábito de monja de clausura…

    -¿Oh, tanto enseño con ese bikini?

    -¡Sí, sí, y nos encanta!

    -¡La verdad es que te lo hemos visto todo!

    -¿A sí?

    -Sí, sí, las tetas, el culo, el…

    -Ya, ya, vale, vale. ¡Sí que os habéis fijado!

    -La verdad es que no podíamos apartar nuestros ojos de ti.

    -Además, después hemos oído que Marcos le decía a su hermano que…

    -… que de mojigata, nada. Que al contrario. Que te encanta estar con hombres.

    -A ver. Ya os digo, yo ahora tengo novio…

    -Sí, ya, pero Marcos le ha dicho a su hermano que… bueno… hablando claro, ¡que ayer te la metió por el culo!

    -Oh, ¿eso le dijo?

    -Sí, ¡y que te encanta que te den porculo!

    -¡Vaya!

    -Eso no es malo, hija.

    -Ya, pero…

    -Y oímos que Lucas le dijo que él hoy te daría por culo él!

    -¿A sí?

    -Sí, bueno, pero, a ver, no te engañamos. Nos gustaría estar contigo los dos.

    -Bueno, no sé… me gusta el sexo… y creo que no es nada malo.

    -Claro que no, hija.

    -Pero hoy, esta noche, no podrá ser, no.

    -Nosotros hace mucho que no estamos con una mujer.

    -La verdad es que somos fieles uno con el otro y no vamos con nadie más. Pero siempre nos hemos dicho que alguna vez nos gustaría hacer un trío con una chica. Y más si es guapa como tú.

    -¡Y con este culo tan bonito!

    -Sí. Pero claro, no vamos a ir a preguntar a una muchacha si quiere hacer un trío con dos hombres mayores como nosotros.

    -Y tampoco nos apetecería pagar a una profesional.

    -Entiendo. Pero a mí si me lo habéis pedido.

    -Bueno, a ti te conocemos y…

    -Eres guapísima, elegante…

    -Y hoy hemos visto que te gusta provocar.

    -Y lo que nos ha decidido a atrevernos a pedírtelo es saber que te gusta tanto que te follen el culo.

    -A ver, es que, en realidad, hasta ahora, yo no…o sea…nadie…

    -¿No?¿Nunca te habían dado porculo antes?

    -Pues ya ves lo que te perdías.

    -Bueno, es que aun eres muy joven. Así Gustavo es el primero que ha estrenado tu culo. ¿Nunca habías tenido novio antes, Esther?

    -No si… novios he tenido bastantes.

    -¿A sí? ¿Y no han querido encularte?

    -¡Qué raro! ¡Con lo apetecible que es tu culo!

    -¡Irresistible!

    -Ya, gracias… Es que, tampoco él me ha enculado nunca.

    -¿No? ¿¡Pero qué les pasa a los muchachos de hoy en día!?

    -A ver… o sea… muchos me la han querido meter por el culo… pero yo no… no sé… siempre había pensado que…

    -Ah, vale, entiendo.

    -Pero, a ver, si no ha sido con ningún novio…

    -Me avergüenza un poco contarlo. La primera vez fue un hombre mayor, un conocido de la familia.

    -Ya, y aquí con Marcos.

    -Sí, anoche, bueno… me da vergüenza… pero también con su sobrino mayor. –mis mejillas arden de vergüenza.

    -¡Vaya, vaya! Ya vemos que te gusta hacerlo.

    -Pues sí, no os voy a engañar. Nunca lo habría pensado.

    -Vale, pues hoy nosotros…

    -No, esta noche no creo que pueda ser. Quizá otro día.

    -Debes saber que nos morimos de ganas.

    -Sí, en realidad, desde el primer día.

    -Y hoy más, con el bikini ese.

    -Pues mirad: mañana estrenaré otro bikini tan bonito como el de hoy, de color rosa.

    -¿También es de niña?

    -¿Tanto se nota?

    -Sí, claro, hija.

    -Vale, es que… o sea… quería uno muy pequeño para… a ver… es que ayer Bea vi que… así casi desnuda… y yo, bueno, me sentí desatendida, poco deseada… por eso hoy… pero no encontré ninguno de mujer que me sirviera…

    -No, no te disculpes, al contrario, si nos ha gustado mucho tu bikini.

    -¡Y tu cuerpazo!

    -Gracias, sois muy amables. La verdad es que creo que me gustaría estar con vosotros dos. Os veo muy amables. Bueno, de momento, mañana vais a disfrutar con el diminuto bikini rosa.

    -¡Nos morimos de ganas de verlo!

    -No os va a defraudar, ya veréis.

    Ya al llegar a la casa, después del paseo, Leo se acerca y me dice que dejará a Bea un rato para estar conmigo. Yo le digo que no, que tengo novio y él novia. Y él contesta que ha oído que me gusta que me follen el culo. Y yo le contesto que nunca he dejado que ningún novio me penetre el culo. Que no se crea lo que dicen por ahí. Le explico que casi todos los novios me han querido encular y que nunca les dejé. Y él me dice que él va a ser el primero. Y yo le contesto que él no es mi novio. Y que de porculo a Bea. Y él muy cabrón dice que ella no se dejaría porque es una señorita. Y yo le mando a tomar porculo a él por maleducado.

    Lo que está claro es que esta noche no la pasaré sola. Y que por lo que parece, todos desean encularme. Cosa que empieza a gustarme. La verdad es que si Leo hubiera sido más amable y educado, quizá le habría dejado. Lo cierto que es el joven y guapo. Y más experimentado que sus primos. Pero ha sido muy grosero conmigo.

    Al cabo de poco, digo que estoy cansada y que ya me voy a acostar. La verdad es que me muero de ganas de ir a la habitación y tener sexo con el primero que venga. Lo del bikini de niña y sentirme tan admirada y deseada me ha tenido cachonda todo el día y sólo esperaba que llegara la noche. Incluso por un momento me había pasado por la cabeza montármelo con Jorge y Ángel en los servicios del restaurante. Pero eso sí que no. Se podría haber armado un buen escándalo.

    Me quito toda la ropa, también la interior, y me pongo sólo el camisón. Pero entonces pienso que quizá, al que venga, le gustará verme con el bikini que han admirado durante todo el día. Pues va. Veo que todavía está un poco húmedo, pero eso no creo que importe. No me preocupo mucho de que me tape nada. Me miro al espejo y me aseguro que se me vean bien el sexo, los pezones y el ano.

    Ojalá venga Leo o incluso Jorge. Son jóvenes y para mí más atractivos y deseables que los mayores. ¿Y si fuera Fernando? Estoy segura de que le ha encantado también verme casi desnuda en la playa. ¡Sería fantástico que viniera mi alumno particular! Pero no creo que se atreva. Ya oigo pasos. Me doy la vuelta hacia la pared, haciendo como que miro un cuadro.

    -Esther. Me manda tu madre. ¡Vuelves a llevar el bikini!

    -¡Papá!

    -Precisamente vengo por lo del bikini.

    -¿Es que acaso no te gusta? –intento cubrirme bien por lo menos los pezones y el coño.

    -Bueno, no es eso. Es que tienes a tu madre preocupada. Me ha dicho que venga a hablar contigo. Por lo del bikini. A ver, yo tengo mentalidad abierta. Y tu madre también. Pero ella piensa que hoy te pasaste. Que el bikini es de niña. Ella cree que muestras poca personalidad al querer hacer como Bea y exhibirte y eso.

    -Ay, no, papá. Vale. Ya está. Lo entiendo.

    -Dice que aquí estamos con nuestros amigos y que nos haces quedar mal. Y que… me sabe mal decirlo… bueno, que pareces una buscona, una fresca… una calientabraguetas.

    -Papá, que no es eso, de verdad que no. Es en la playa. ¡Y estamos en el siglo XXI!

    -No, si yo ya lo sé, pero todo eso, díselo a tu madre.

    -Venga, va, papá, que tengo sueño. Dile a mamá que vale, que lo entiendo, y que no me pondré más este bikini ante vosotros ni vuestros amigos. ¿Ya está?

    -No te enfades, Esther. Sabes que te quiero. Que te queremos.

    -Sí, papá, lo sé. Y yo a vosotros. Venga, va, un besito de buenas noches.

    -Buenas noches, bonita.

    -Papá, aquí en la habitación sí puedo llevar este bikini, ¿no?

    -Sí, claro, hija.

    -Vale, pues eso haré, sin salir de la habitación, ¡je, je, je!

    Al cabo de unos minutos de irse papá, alguien se acerca. Mi asombro es grande cuando aparece Fernando. Llama a la puerta de la habitación.

    -Esther ¿estás ahí?

    -Pasa, pasa, Fernando. –me intento tapar algo con las braguitas y el mini sostén para no asustarlo.

    -No, no, solo… solo vine a decirte si hoy también vendrías un rato a jugar a las cartas. Ayer lo pasamos bien.

    -Pero entra, Fernando. No te quedes ahí fuera. –me levanto de la cama y le abro la puerta para que entre.

    -¿Vendrás a jugar, Esther? –se sorprende al verme con el bikini.

    -Me quedo en la habitación, Fernando. Esto… tengo ganas de meterme en la cama.

    -Ya, estás cansada, ¿verdad?

    -Algo así, sí. Fernando, tú querrías quedarte un rato a hacerme compañía?

    -¿Eh?

    -Para no estar sola y eso –finjo cara de pena.– Si quieres…

    -No, no, mis primos iban a extrañarse. Vale, adiós, hasta mañana.

    -Oye, al menos nos damos un besito de buenas noches, ¿no?

    -Sí, sí, claro.

    Y se va el muy tonto. Por un momento creí que venía para estar conmigo. Me habría encantado. Le habría dejado estar toda la noche conmigo. Para que nadie nos molestara, habría cerrado la puerta con llave. Por cierto, ahora que lo pienso, no sé si hay llave. Ya son las once y empiezo a desesperarme, pero por fin oigo que alguien se acerca. Enseguida aparto unos milímetros las braguitas de niña para enseñar el chichi y el ano a quien venga me tumbo boca abajo con los codos y las rodillas en la cama. Me da morbo no saber quién va a ser y ver cómo reacciona al verme en pompa para él.

    Me da una nalgada y luego me acaricia los muslos, me arranca las braguitas, me lame los labios de la vulva, el clítoris, el perineo, el agujerito trasero… Quiero seguir con el morbo de ignorar quién es. Él, adivinando mi juego, no me habla para mantener su anonimato. Me levanta algo las caderas de manera que el culo me quede más arriba. Todo eso me excita un montón. Acompaña sus lametones con caricias de sus dedos. Enseguida noto con gusto que me penetra con varios dedos mis dos agujeros más placenteros. Me arranca también la pequeña parte de arriba del bikini y me sorprende al ver que lo utiliza para taparme los ojos, como una venda.

    En este momento, esta es la única pieza de tela que me cubre algo. Por lo demás, estoy enteramente expuesta a mi secreto amante. Por un momento pienso que no sea Fernando. Pero enseguida me lo quito de la cabeza. Los dedos cada vez me acarician con más intensidad hasta que ya solo deseo correrme y sin quererlo evitar, le regalo abundante squirt que su lengua lame con placer entre una sinfonía de suspiros y gemidos.

    Al cabo de unos minutos de placer, él se arrodilla encima de la cama y noto que su glande húmedo se abre paso en mi boca y es entonces cuando al saborear su verga, susurro “¡Manuel!” y le empiezo a lamer y chupar deseando que se corra en mi boca. Con una mano acompaña mi cabeza hasta su barriga para meterme el pene hasta el fondo de su garganta y con la otra me acaricia los pechos. Al cabo de solo unos minutos lanza su esperma en mi boca y yo aparto algo mi cabeza porque deseo que me rocíe mi cara y sí, noto su leche en mi frente, en mi mejilla y en mi barbilla. Me relamo hasta que no queda ni una gota. Me quito la improvisada venda de los ojos.

    -Tito, te has corrido muy rápido hoy.

    -Es que he estado caliente como un mono durante todo el día. Sólo pensaba en estar contigo.

    -Ya sabes que me encanta tu semen.

    -Lo sé, lo sé. Bueno, debo irme. Que si no, Lole…

    -Pero tito, ¿ya? No, por favor. Mira, si quieres… -me doy la vuelta para que vea mi ano sonrosado. Se que es una visión irresistible.

    -Me encantas, Esther.

    -Por favor, no te marches, te dejaré que me la metas por el culo. Como esa vez.

    -Veo que te gustó ¿verdad?

    -Debo reconocer que sí. Y gracias a ti, que me lo desvirgaste.

    -Me encantó, pero no puedo quedarme ni un segundo más. Me llevo tu bikini de niña. ¡Me encantó tu idea!

    -No, tito, no te lleves el bikini, de verdad que no -pienso que quizá venga alguien más y que seguro le encantará verme con el bikini.

    -Vale, bueno, adiós –me da un besito en una nalga, luego un bofetón en la otra y me deja allí de rodillas en la cama, con el culo parado, como una tonta.

    Me vuelvo a poner las microbraguitas porque seguro que sea quien sea le va a gustar vérmelas puestas, aunque me aseguro que se me vea todo. También la parte de arriba del sostén, que está húmedo de semen de Manuel, pero no me importa, al contrario. No me preocupo en que me cubra los pezones ni las aureolas, al contrario. Viene alguien. Me vuelvo a poner en pompa apuntando el culo a la puerta.

    -Hola, putita. ¡Veo que me estás esperando!

    -¡Lucas!

    -Ya te dije que hoy me excitaste mucho con tu exhibicionismo en la playa. ¡Y que te vendría a ver, guarrita!

    -Lucas, no seas maleducado. O ya te puedes ir. –me levanto de la cama disgustada e intento que el microbikini me cubra algo.

    -Oye, niña, no te hagas ahora la digna. ¡Pero si me has recibido con el culo en pompa!

    -No sabía que vendrías.

    -¡Te he venido a darporculo! Ja sé que te encanta.

    -No, ¿pero qué dices?

    -Que sí, mi hermano me lo ha contado todo. Ayer. Y también mi hijo mayor, delante de él.

    -¡No es verdad, no te lo creas!

    -Sí lo creo porque eres una cerda. Y me encantará romperte el culo, por guarra. ¡Venga, va! -intenta voltearme, pero no me dejo.

    -No, no, ya te puedes ir. ¡Ve a dar porculo a tu mujer!

    -Oye, niña. A mi esposa trátala con respeto. Ella nunca se dejaría hacer esa marranada.

    -Pues yo, menos. ¡Vete!

    -A ver, espera, espera, mujer. No te enfades.

    -Eses muy desagradable.

    -Lo siento. Es que, claro, al verte hoy casi desnuda todo el día, ante todo el mundo en la playa. Y el otro día en el jardín nos hiciste una mamada a Manuel, a mi hermano y a mí, con las tres pollas juntas. Y el día de la fiesta de cumpleaños de…

    -Vale, sí, es cierto. Me equivoqué. No te merecías nada de mí.

    -Ya veo que te herí.

    -¡Vete!

    -Mira, espera, vuelvo a empezar. Pensaba que, al ser tan cerda, te gustaba que te dijeran palabras soeces y eso.

    -Pues no, no me gusta nada. ¿A quién le puede gustar eso?

    -¡Uy, si yo te contara! He estado con muchas mujeres y ese tipo de cosas les encanta.

    -¡A mí, no!

    -Vale, vale, lo entiendo. Tengo muy poco tiempo. Juani pronto encontrará raro que no esté con ella en la habitación.

    -Vete y ya está.

    -Esther, es que mira como estoy! –se saca la verga del pantalón, totalmente empalmada.– ¡Va, por lo menos me haces una mamada!

    -No, Lucas, hoy no. Si los próximos días eres amable conmigo, quizá…

    -¡Pero si te encanta comer pollas!

    -La tuya, no.

    -¡Estás hecha una puta calientabraguetas!

    -¡Mal educado!

    -¡Pero si desde aquí huelo el semen que empapa el sostén de niña! ¡Eso es que alguien se ha corrido en tus tetas, guarra!

    -Te juro que no, Lucas. Y eso a ti no te importa.

    -¿Esther, perdona, puedo pasar? –es mamá que llama a la puerta.

    -¿Eh? Ah, espera, espera, mamá –hago gestos a Lucas para que se esconda debajo de la cama y él me hace caso.

    -¿Acaso estás desnuda? –entra.

    -No, no es eso. Entra, mamá.

    -Ah, ya veo, llevas el bikini de niña.

    -Sí, en la habitación, sin que me vea nadie.

    -Solo vine a desearte las buenas noches, hija.

    -Nos lo dimos las buenas noches antes de retirarnos al cuarto.

    -Ya. Es que tu padre me dijo que te enfadaste y eso… y…

    -No pasa nada, mama, te entiendo.

    -Solo quiero lo mejor para ti.

    -Sí, sí, es normal. Ya está.

    -Vale, pues buenas noches. ¡Besito!

    -Besito, mamá.

    Al instante que mi madre sale de la habitación, antes de que Lucas salga de debajo de la cama, aparece Leo por la puerta.

    -Esther, oye, solo tengo unos minutos para estar contigo. Pero vengo a pedirte disculpas. Esta noche, después de la cena, he sido poco amable contigo. Sé que eres una señorita.

    -Pues sí.

    -Lo siento, de verdad.

    -Vale, ya está. Es solo que no me gusta quien no es educado.

    -Ya, es normal. Como debe ser. ¿Me perdonas?

    -Sí, Leo.

    -¿Amigos?

    -Pues claro que sí. Me gusta la gente que sabe reconocer sus errores. –lo digo consciente de que su tío oye estas palabras y quiero que se dé por aludido.

    -Vale, ¿pues nos damos un besito?

    -Sí, de amigos –nos besamos.

    -Bueno, debo irme.

    -Espera, Leo. ¿No quieres…?

    -Debo irme…

    -Ya, pero… -me muerdo los labios.

    -Me gustaría quedarme. -aparto unos milímetros el minisostén para enseñarle mis pezones y también aparto la braguita a un lado.

    -¡Estás irresistible!

    -Es de deseo. Y veo tu bulto debajo del pantalón.

    -Es por ti.

    -¿Sí? ¿Seguro que no es por tu novia?

    Pronto te voy a contar qué más pasó esta noche y los días siguientes. Léeme en “Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 5)”. ¡Verás que vale la pena!

  • Conversando con Nina. Día 5. Juguemos a las preguntas

    Conversando con Nina. Día 5. Juguemos a las preguntas

    -Pregunta, seré sincera. -Te dije.

    -Tu primera felación, ¿cómo fue?

    -Pues… la primera felación que hice no me lo tragué. Me aparté. Como la primera vez que das una calada a un cigarro y te hace toser. En mi primera mamada me la saqué de la boca. Todo un desperdicio. Las tonterías que uno hace por falta de experiencia.

    -Segunda pregunta. Cuéntame el mejor anal que has hecho en la vida.

    -Fue hace una semana, exactamente, el martes pasado. Te cuento.

    -Dime.

    -Fue paseando al perro. Nuestros perros se olieron y de lo bueno que estaba el tío casi yo le huelo a él el paquete. Nuestros perros se hicieron amigos y nosotros decidimos sentarnos en un banco del parque. A la media hora estábamos en su casa.

    Uff, como me folló el culo. ¡Qué placer!

    Desde entonces, algunas noches me despierto y me tengo que masturbar. Deseo esa polla en mi culo todo el rato.

    La historia fue así. El tipo se chupó un dedo, lo llenó de saliva y me lo metió poco a poco en mi culito. Yo estaba a cuatro patas, como una perra, y empujaba para atrás para que entrara todo de una vez, pero él retrocedía. El tipo quería decidir cómo y cuándo me iba a follar, me volvía loca estar dominada y cachonda como una puta. Estuvo un rato jugando conmigo. Casi muero del deseo. Mi culo se abría solo y mi coño babeaba como un cerdo.

    En un momento dado, no aguantaba más e intenté tocarme el clítoris con mis dedos. Me apartó la mano. Con fuerza. Para decirme quién mandaba de los dos y quién gobernaba la situación. Le supliqué.

    Fóllame el culo, por favor. Fóllamelo. Méteme tu polla en mi culo. Ábremelo. Dame por el culo. Quiero sentirla dentro de mí. Fóllame.

    Se lo suplicaba como una guarra, pero el tipo quería ir poco a poco.

    Dame por el culo, ¿qué quieres a cambio? Si me lo follas te haré la mejor mamada que te has hecho en la vida.

    No contestó. Pero debió excitarle mi proposición porque me metió dos dedos en el culo.

    Más, méteme más dedos -le supliqué- méteme la mano en el culo.

    Accedió a los tres dedos. Ya empezaba a sentir ese dolor-placer que tanto me gusta.

    Así, así, párteme mi culito de guarra que tengo. Fóllamelo. Dame por el culo, cabrón.

    Y fue nada más insultarle cuando, de golpe, sacó los tres dedos de mi culo abierto y metió su polla. La fuerza con la empujaba me tumbó en la cama.

    Yo ya sabía el truco.

    Hijo de puta, maricón de mierda, ¿no me vas a reventar el culo? Soplapollas.

    Dios mío como le activaron esas palabras. Empezó a bombear y bombear. La sacaba del culo y la metía en el coño. Sin control, a lo bestia. La sacaba entera y la metía de golpe por uno de los dos agujeros. Sin orden. Tres veces el coño y luego dos por el culo, luego cuatro por el culo y una por el coño. No sabía por donde me iba a entrar. Pero siempre hasta el fondo.

    Gilipollas. Mariconazo. Cabrón.

    Se dio la vuelta. Me la metió en la boca y se corrió. Casi me ahoga. Su polla no paraba de echar lefa. La rebañé como me gusta a mí. Le di las gracias, le llamé hijo de la gran puta y me marché.

    ¿Alguna pregunta más?