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  • La decisión de Sara, cuernos para todos

    La decisión de Sara, cuernos para todos

    Me llamo Sara y soy una mujer de 44 años, estatura mediana, melena larga y morena a juego con una cara dulce y angelical que acompaña a un cuerpo con unas curvas de infarto.

    Tengo los pechos enormes pero muy bien puestos y unas caderas muy marcadas que terminan en una estrecha cintura que acentúan aún más las curvas de un cuerpo que es absoluta locura y obsesión para cualquier hombre.

    A pesar de esto, soy una mujer muy clásica, estoy casada con el que fue mi novio desde los 18 años, Juan, el único hombre con el que he estado y al que quiero como el primer día.

    Trabajo en una empresa con otras 50 compañeras y apenas 4 compañeros. En nuestro trabajo somos un equipo, estamos demasiadas horas juntas compartiendo un espacio reducido, lo que nos lleva a entablar relaciones de amistad muy fuertes y bromear de manera natural sobre cualquier tema, sobre todo sexual.

    De todos ellos, desde hace muchos años tengo una fuere amistad con Silvia, una chica de cara preciosa, bajita pero muy bien proporcionada. Somos de esas amigas que daríamos la vida una por la otra.

    El tercero en discordia es Álvaro, un compañero unos 10 años más joven que nosotras, muy atractivo y triunfador con las chicas.

    Durante años nos contaba con pelos y señales las relaciones que tenía con mujeres de todas las edades a la par que flirteaba con nosotras, especialmente conmigo por el morbo que le daba que estuviera casada y porque, textualmente, mis tetas y mi culo lo volvían loco.

    Como él decía, parecía Bámbola con mis contoneos cuando andaba de un lado para otro.

    “No sabes las ganas que tengo de follarte, Sara, no se puede estar más buena. A ver si un día te decides o, por lo menos, me enseñas las tetazas, son una locura”

    -¿Quieres que te haga un hombre, no? Habrás estado con muchas, pero no como yo, no me duras ni un asalto. Contestaba yo entre risas de mis compañeras que me seguían el rollo sumándose a la fiesta.

    Tanto que, al menos 5 de ellas, ya habían mantenido relaciones con Álvaro y todas hablaban maravillas, sobre todo del enorme tamaño de su pene. He de admitir que hablaban tanto de ello que llegué a sentir curiosidad.

    Yo era su musa, su mayor deseo, pero no le correspondía, algo que enfadaba como ninguna otra cosa a mi marido.

    Y es que es esto lo que ha marcado mis más de 25 años de casada con Juan. Sexualmente lo he aprendido todo de él, disfruto las relaciones con mi marido, pero tengo poca iniciativa y tengo más que suficiente con él.

    Juan es justo lo contrario, desde los primero meses de relación fantaseaba con que yo estuviera con otro hombre, quería saber qué sentiría yo con otro hombre, ser un cornudo.

    Yo no entendía nada, pero le seguía el rollo mientras estábamos manteniendo relaciones, aunque le pedía que dejara el tema una vez acabábamos.

    Con los años, ese deseo fue en aumento y se las ingeniaba para buscar candidatos y, como no, en cuanto le conté las cosas que me decía Álvaro en el trabajo lo tomó como el candidato perfecto.

    Durante años follábamos fantaseando como si fuera él quién estaba conmigo, me hacía que lo llamara por su nombre.

    Me vestía muy provocativa en las cenas de empresa y esperaba a que llegara de madrugada para que le contara lo que había sucedido. Yo me inventaba cualquier historia para que disfrutara el momento e inmediatamente pasaba del tema. Me hacía colgar fotos en biquini en mis estados de WhatsApp eligiendo a Álvaro como el único contacto que podía verlas.

    A mí me daba realmente igual, ya que me había visto infinidad de veces en sujetador en los vestuarios cuando se quedaban las cortinas abiertas. Algo que volvía loco tanto a Álvaro (que se mataba a pajas dedicadas como me confesaba) como a mí marido, que se excitaba tanto cuando se lo contaba que tenía que correrse 2 o 3 veces seguidas.

    Según Juan fueron los mejores años sexuales de nuestra relación.

    Todo esto cambió el día en el que Silvia y Álvaro comenzaron a salir y se convirtieron en una pareja estable hasta llegar a casarse a los 2 años.

    Cambió tanto en casa como en el trabajo. Nuestras relaciones se enfriaron tanto que he de admitir que estábamos muy cerca del divorcio pese a seguir queriéndonos.

    Más aún cuando hace 6 meses Silvia se quedó embarazada y yo era su principal apoyo en un embarazo complicado. Pasaba mucho tiempo con ella mientras mi matrimonio atravesaba una crisis pese a mis intentos por mantener a Juan a mi lado.

    Pues bien, hace una semana, Silvia me llamó llorando solicitando que fuera a su casa urgentemente. Yo dejé colgado a Juan que había comprado un nuevo juguetito sexual para tratar de mejorar las cosas, pero no podía dejar tirada a Silvia.

    Al llegar a casa, estaba muy nerviosa, lloraba y no paraba de culparse diciendo: “me va a dejar, es culpa mía, no puedo hacer nada, pero me va a dejar”

    Yo trataba de tranquilizarla y que me explicara lo que pasaba.

    Entre sollozos comenzó a decir que, del embarazo, las hormonas habían hecho que tuviera asco del más mínimo olor de su marido. Que era inevitable, había intentado tocar a Álvaro, pero automáticamente le daban arcadas.

    Álvaro, cansado de la situación le había dado un ultimátum. Si no podía hacer nada con él sería mejor dejarlo.

    No sabía que decir, solo traté de consolarla y dije la típica frase que se dice cuando una amiga necesita ayuda.

    -Lo siento Silvia, de verdad, si hay algo que yo pueda hacer sabes que puedes contar conmigo.

    -Gracias Sara, ¿harías eso por mí?

    -Claro, cuenta conmigo, ¿qué necesitas? Pregunté inocentemente.

    -Sara, necesito que mantengas a Álvaro a mi lado, ya sabes…

    -Claro, no te preocupes, ¿quieres que hable con él?

    -No servirá Sara, necesito que lo mantengas a mi lado, le he prometido que esta tarde iba a hacerle una paja, pero no puedo, solo pensarlo me muero del asco.

    -¡Estás loca! ¿Sabes lo que me acabas de pedir? Las hormonas si que te están afectando. Qué barbaridad, para Silvia.

    -Por favor Sara, acabas de decir que cuente contigo.

    -¡No me jodas Silvia! Quién iba a imaginar que me pedirías que le hiciera una paja a tu marido, pero ¿sabes lo que me pides? Lo siento, no.

    -Sara, por favor, es la única solución, sé que parece una locura, pero seguro que funciona.

    -Claro que es una auténtica locura. Me pides que te sea infiel a ti, que sea infiel a mi marido… ¿y cómo voy a mirar a Álvaro a la cara después de esto? ¿Cómo me va a mirar él a mí? Cómo…

    -Para, Sara, respira. A mí me eres más que fiel haciendo lo que te pido como amiga. Tu marido no se va a enterar y Álvaro tampoco. Le he dicho que le iba a vendar los ojos y atar las manos con las esposas que tantas veces hemos usado en otras ocasiones, cuando me ponía como una…

    -Para, no me des más detalles.

    -Bueno, que él no puede tocar ni ver nada, ni siquiera hablar, le he dicho que si abre la boca paro y me voy. ¡Te lo ruego Sara, tú sabes que yo lo haría por ti!

    -Hija de… la frasecita final de yo lo haría por ti, coaccionar se te da genial. Estás loca tía.

    Nos miramos unos segundos en silencio esperando ambas una respuesta.

    -No sé lo que saldrá de esto, pero… venga, hagámoslo y olvidemos esto como si nunca hubiera ocurrido, ¿de acuerdo?

    -Gracias Sara, muchas gracias, eres una reina.

    -Pues me siento una auténtica guarra.

    -Anda, vamos antes de que se duerma que lleva mucho rato atado.

    -Vale, pero yo te pongo una condición, no quiero ver nada, baja las persianas y pon la habitación a oscuras.

    -Claro, deja que entre y prepare todo.

    Ambas fuimos hasta la puerta de su habitación de matrimonio. Yo iba como en una nube, no era consciente de lo que realmente tenía que hacer, no tenía ninguna atracción ni pensamiento sexual, solo veía que iba a cometer una locura y una deslealtad hacia mi marido.

    Pasados unos segundos Silvia se apresuró a salir del cuarto dando arcadas.

    -Joder tía imposible, no puedo ni respirar. Vamos allá guapa, dejo la puerta abierta para que veas algo.

    -¡Nooo!, no.es necesario, solo necesito saber donde está la cama y ya veré cómo hago lo demás.

    -Lo que tú digas, déjame en buen lugar Bámbola.

    -Silvia, ¿qué dices?

    -Ja, ja, solo trato de relajar el ambiente, déjame en buen lugar, sácale hasta la última gota…

    -Para o me voy ahora mismo.

    -Vale, vale, es que no sabes cómo se pondría Álvaro si supiera que la paja se la está haciendo Bámbola, es…

    -Te he dicho que pares y sueltas eso, venga acabemos con esto rápido.

    -A ver, tú conoces las fantasías de tu marido y yo las del mío. Y no creo que sea rapidito, este se tira casi media hora hasta llegar. Por cierto, a oscuras ve palpando hasta que llegues al pollón. Vas a notar que bestialidad gasta ese cab…

    -Joder Silvia, estás sembrada, tú si que sabes tranquilizar.

    Y lo último que necesito es que me recuerdes a mi marido. Vamos, abre la puerta y terminemos.

    Silvia abrió lentamente la puerta y la habitación se fue iluminando de manera tan tenue que apenas alcancé a localizar la orientación de la cama y lo que parecía ser una figura humana con los brazos abiertos. Suficiente para orientarme a oscuras.

    Pasé, cerré inmediatamente la puerta, respiré tan hondo que pude notar rápidamente el olor a la colonia que siempre llevaba Álvaro y que me ponía tan cachonda que tuve que comprársela a mi marido hace años.

    Pero no estaba para calentones, solo quería terminar lo antes posible.

    Avancé despacito hasta notar el borde de la cama con las piernas, alargué una mano para tocar la cama y enseguida noté una de las piernas desnudas de Álvaro, lo cual me puso aún más nerviosa.

    No veía absolutamente nada, no sé si había sido buena idea estar a oscuras pero era la única forma de no pasar vergüenza y asegurarme no ser descubierta. Respiré hondo, me senté junto a la pierna de Álvaro y con cierta indecisión alargué mi mano haciendo un círculo esperando alcanzar su pene.

    De manera casual, rocé levemente su glande lo que hizo soltar un fuerte gemido a Álvaro que me hizo quedar petrificada. Como pude traté de volver lentamente atrás, localicé su miembro y… joder, ¡vaya bestialidad! Mi mano se notaba ridícula, sin duda tenía la fama bien ganada.

    -Vamos cariño, no puedo aguantar, llevas mucho sin hacer esto. Haz que me corra.

    -Instintivamente alargué mi otra mano hasta donde habían salido esas palabras y coloqué mis dedos en sus labios pidiendo silencio a la par que soltaba la polla de la otra mano.

    -Vale, vale , ya no abro más la boca.

    Volví a sujetar con firmeza su tremenda polla y comencé a mover mi mano tal y como acostumbraba a hacerlo con mi marido, pero los movimientos de subir y bajar tenían mucho más recorrido.

    -Ahhh, qué bueno, mejor que nunca cariño, lo haces mejor que nunca.

    Lejos de molestarme las palabras de Álvaro me dieron seguridad y comencé a aumentar el ritmo.

    Álvaro se retorcía del gusto haciendo sonar las esposas una y otra vez contra los barrotes de la cama.

    Instintivamente, al notar la sequedad, llevé mi mano a la boca para coger saliva y lubricar el pene antes de continuar masturbando a Álvaro.

    No sé si fue el olor de la colonia mezclado con cierto aroma a hombre o el sabor a miembro viril que se quedó en mi boca al chupar mis dedos, o notar el enorme tamaño de lo que tenía entre manos, por primera vez comencé a sentir un tremendo subidón. Tanto que comencé a aumentar el ritmo de mi mano justo cuando acomodaba el cuerpo acercándome a la cintura de Álvaro quedando inclinada hacia adelante cuando…

    -Vamos cariño, sé que no me dejabas hablar, pero es que, joder, me la estás haciendo como nunca, parece otra mano, déjame que juegue como siempre, llevo mucho sin jugar, no te importa ¿verdad?

    Yo no sabía qué hacer o decir, no sabía a qué se refería, pero mi silencio pareció darle permiso para proseguir.

    -Gracias cariño, sabes quien me gusta pensar que me está haciendo la paja, lo sabes como yo, eh. Vamos, venga sigue, no sabía que hacías las pajas tan ricas Bámbola, vamos Sarita hazme correr…

    Me quedé tan petrificada que paré en el acto.

    -No, cariño, lo siento, no pares, no volverá a pasar, lo siento, es la costumbre, sabes que me encanta, pero lo dejo por hoy.

    ¿Cómo que la costumbre? ¿Qué te gusta qué? Pensé mientras retomaba el movimiento de mi mano lentamente.

    Joder, ahora todo encajaba. Tanto las palabras de Silvia como las de Álvaro. Me usaban a mí en sus relaciones como fantasía, ¡qué cerdos! La de veces que me había sentido culpable cuando mi marido usaba a Álvaro en sus fantasías, siempre me había sentido fatal por Silvia y ahora… hay que ser guarros.

    Sí, muy guarros, pero yo empezaba a estar tan cachonda que hice un movimiento inclinándome hacia adelante para poder llevar mi mano a la vulva y me disponía a acariciarme el clítoris cuando…

    -¡Ah, ahhh!

    Un chorro de leche caliente cruzó mi cara de abajo a arriba alcanzando a entrar levemente en mis labios entreabiertos y completamente en uno de mis ojos haciendo que lo cerrara de inmediato completamente empapado.

    Sin tiempo para reaccionar, un segundo chorro volvió a alcanzar mi cara a la altura de la barbilla.

    De forma instintiva desplacé el pene de Álvaro de forma que los siguientes salpicones de su semen alcanzaron mis pechos dejando empapados tanto mi escote como el top que llevaba. Mientras, notaba como los hilos espesos me colgaban por la barbilla y parte del ojo. Vaya cara me había dejado ese cabrón.

    Estaba tan impactada que los nervios se apoderaron de mí pensando qué diría mi amiga si me veía salir así.

    Mientras Álvaro no paraba de dar las gracias diciendo que era la paja más increíble que le había hecho yo recogía los restos de su corrida de todas las partes donde notaba o intuía que había recibido. Una vez sentía la mano completamente llena la llevaba a mi boca y trataba como si no hubiera un mañana esperando no dejar ninguna evidencia.

    Pasados unos segundos me levanté y me apresuré a abrir la puerta.

    -¿Qué necesitas? Preguntó sorprendida Silvia.

    -Nada, ya está hecho, quiero irme a casa, quiero olvidar esto.

    -¿Yaaa?, pero si has estado 5 minutos?

    -Soy muy buena tía, que quieres que te diga, me voy a casa que me espera Juan y no sé cómo voy a llevar esto, cómo voy a ocultar esto, joder, qué locura.

    -Gracias cariño, te debo una enorme.

    -Nada cariño, cuídate.

    Salí disparada, con un sentimiento de culpabilidad que me iba a ser imposible disimular.

    Llegué a casa y fui directa al baño, pero al pasar por mi habitación escuché a Juan decir.

    -¿Ya estás aquí cariño? ¿Ven, me debes algo?

    -Espera que me duche Juan, vengo con olor…

    -Nooo, sé de donde vienes, por los viejos tiempos, si has estado en su casa, en su sofá, traerás algo de olor a…

    -¿Pero qué dices?

    -Vamos, no seas así conmigo, llevamos mucho tiempo, me merezco algo más. ¿No hay nada que contar? Ven, tócame mientras te inventas algo.

    Me acerqué lentamente a la cama hasta agarrar con firmeza y decisión el pene de Juan sin poder evitar una comparación para mí misma. Parecía de juguete lo que tantos años había venerado.

    -¿Qué quieres que te cuente?

    -Joder, sabes que me hubiera encantado que te hubieras follado a Álvaro y que te hubiera corrido encima para que vinieras a casa empapada, pero sé que estaba Silvia allí y no ha pasado nada. ¿No puedes contarme cualquier mínima cosa que hayas notado y que me ponga cachondo?

    -Juan, me asustas, dices convencido lo de los cuernos, tan convencido que parece real, pareces no ser consciente de lo que eso puede causar a nuestra relación.

    -¿En serio? Tantos años y sigues sin verlo. Claro que lo digo en serio y tengo claro que reforzaría nuestra relación, que ahora mismo no está en nuestro mejor momento.

    -Cariño, si lo dices de verdad, por ti haría lo que sea, lo tengo más claro que nunca.

    En ese preciso instante volvió a sonar una llamada de Silvia.

    -Venga, cógelo, a ver que quiere, algo no has hecho bien y tendrás que hacerlo de nuevo, vete si tienes que irte.

    Cogí el teléfono y apenas podía entender las palabras entrecortadas de una eufórica Silvia.

    “Tía, perra, no sé cómo lo has hecho, pero lo has conseguido. Álvaro está babeando por mí”.

    -No sabes cuánto me alegro de que estéis contentos, ha sido un placer.

    -Pues eso, Sara, lo has hecho tan bien que vas a tener que seguir, necesito que lo repitas para mantenernos unidos, por favor, vuelve a venir mañana.

    Escuchar las palabras de Silvia mientras agarraba la polla medio flácida de Juan mientras lo miraba a los ojos con cara de rogar unos cuernos ya no me parecían una barbaridad sino más bien una necesidad, una solución.

    -Mañana estaré allí sin falta, voy a ver qué excusa invento para que Juan no sospeche nada.

    Contesté lo más alto posible mientras miraba fijamente a un confundido e incrédulo Juan a la vez que conectaba el manos libres para que se escuchara la respuesta de Silvia que esperaba iba a ser salvaje.

    -Me encanta que seas así de zorra Sarita, algún día me dirás cómo haces las pajas para que se haya corrido Álvaro en 5 minutos, y eso que no sabía que eras tú ni ha tocado tus tetas. Vaya putona bonita estas hecha. No faltes mañana a tu trabajito con Álvaro. Ya me contarás también qué has hecho con la corrida, no he visto ni una gota. Te quiero preciosa.

    Joder, salvaje me quedo corta, no sé si poner el manos libres había sido buena idea jugármela con el manos libres. Tenía mucho que explicar y solo esperaba un mínimo gesto de aprobación de Juan que no era capaz de articular palabra.

    Unos segundos de pausa y decidí tomar la iniciativa por la tremenda.

    -Te has quedado mudo, para ser un aspirante a cornudo te has quedado paralizado y me haces dudar. Quiero señales claras de lo que realmente deseas. Ya puedes notar unas puntitas saliendo, quiero saber si realmente quieres que te crezcan unos buenos cuernos, ¡dime cariño!

    Acto seguido me saqué mis enormes tetas aún brillantes y con chorreones de lo que claramente podía intuirse por su color, espesor y fuerte olor como semen recién derramado, 20 minutos para ser exacta.

    -No digas nada, si quieres escuchar lo que ha pasado y lo que está por pasar mañana quiero que metas tu cara en mis tetas y me limpies lo que te traigo de la leche de Álvaro que yo no he podido tragar más. De ti depende que mañana…

    No me dejó acabar, mi marido se abalanzó a lamer como un desesperado mis melones a la par que yo sonreía con sensación de control absoluto y deseando dar el siguiente paso. Solo pensaba en que mañana habría una Sarita distinta, deseaba ver el pollón de Álvaro y disfrutarlo.

    Mientras mi marido no paraba de limpiar con su lengua los restos de la tremenda corrida de Álvaro, con la cara absolutamente impregnada con semen, introduje su pollita en mi vagina y comencé a cabalgar mientras le contaba lo sucedido con total exactitud hasta hacerlo correrse 3 veces seguidas.

    Ni siquiera me esforcé en correrme, no quería perder fuerzas para el día siguiente.

    Ahora sabía lo que él quería, lo que necesitaba Silvia y, por fin, lo que Álvaro soñaba y yo estaba más que dispuesta a darle. Lo que sucedió el día siguiente lo contaré en el próximo capítulo más salvaje aún.

    Una Sara desconocida para mí misma.

  • ¡Quédate en casa!

    ¡Quédate en casa!

    Estado de alerta nacional. Cumplidores que somos en mi familia, nadie se movió de casa.  Mi padre ordenó vía internet que le trajeran a casa la compra. Hizo una compra para veinte días desde una lista que le dio mi madre. Somos siete en casa, papá, mamá, Pili que es gerente de una tienda de moda que tuvo que cerrar, Lucas, las mellizas Aure y Jenny y yo. Papá y mamá tienen su dormitorio con baño. La habitación de Pili es pequeña, pero coqueta y tiene de todo, baño particular como mis padres y televisor. En quince días solo la he visto para comer. Le encanta encerrarse y hablar con su novio que vive en Berlín. Las mellizas tienen una habitación y enfrente un baño que usan habitualmente solo ellas. Lucas y yo estamos en una habitación espaciosa con balcón a la calle y usamos el baño general, lo usan todos hasta las visitas, de modo que vamos siempre con la bolsita de aseo en mano y toalla al hombro.

    Lucas tiene novia y yo llevo trimestre y medio de universidad, me gustan los chicos y lo guardo para mí; vamos, quiero decir que estoy en el clóset.

    Lo que notaba era nerviosismo en mi hermano, Lucas es así, nervioso y le molestan las coacciones. Esto del confinamiento puede hacerle más daño que el puto coronavirus. Al tercer día, justo martes, estaba como loco, pero en viernes hablaba en voz alta, soltaba delante de mis padres toda la carga acumulada con palabras soeces y procaces, como si todos tuviéramos la culpa. Sábado noche, antes de dormirnos me dijo:

    — Tú, maricón, ¿sabes…

    — ¡Lucas, yo tengo nombre!

    — Sí, sí, pero no tienes novia…

    — Ni tengo, ni quiero, ni tendré.

    — Eso se nota, Marcos, yo noto cómo me miras, sobre todo cuando me cambio de ropa.

    — Lucas, eres guapo y me gustas, me has gustado siempre, te he querido siempre y no peleamos nunca, las mellizas siempre están gritándose, ahora más…

    — Marcos, es que…, ¿sabes lo que significa no poderme juntar con Xesca?

    — Me imagino, sí, pero no lo sé.

    — ¿Qué no sabes?

    — Pues lo que hacéis, ¿acaso estoy allí?

    — Pues eso mismo me pasa, que no estoy allí.

    — Y si estuvieras qué, ¿qué pasaría?

    — Marcos, no te hagas el idiota, ¡joder!

    — Vale, vale, no me hago el idiota, pero cuéntame…, please, por fa, no seas malito…

    — Pero de esto ni una palabra, ¿eh? Ni a.

    — Te lo juro por el coño de mi madre.

    — Hoy es sábado, ¿no? Pues a estas horas estaría follando con Xesca, dos o tres veces y magreándola y durmiendo a su lado, tan calentito caliente, caliente…, se me pone solo de pensarlo

    — ¿En su casa?

    — ¡Nooooo! El coronel no lo permitiría… Vamos siempre al hotelito.

    — Debe ser mejor que una peli en el cine.

    — ¡Claaaaroo…! En el hotel es todo con la luz encendida.

    — Por eso en casa te masturbas con la luz apagada.

    — ¿Lo has notado?

    — Desde que ha comenzado el confinamiento, te masturbas todas las noches y te oigo.

    — Es que esto es una desesperación de cojones.

    — Y te pasas el día, gritando e insultando.

    — Y ¿qué quieres que haga?

    — Masturbarte en lugar de gritar a todos; si te masturbas, te calmas.

    — Debí de haberme comprado una muñeca de goma,

    — Ja, ja, ja, qué parida has dicho, ¿para qué coño quieres una muñeca?

    — Para follarla, ¿”pa” qué si no? Pero te voy a hacer caso, Marcos, me voy a masturbar con más frecuencia; ah, lo voy a hacer ahora, la tengo crecida y así descargo, tienes razón, Marcos, eres…

    — Te hago una propuesta.

    — Dime qué propuesta es.

    — Pero de esto ni mu…

    — Te lo juro por la concha de tu madre.

    — No te masturbes, voy yo, te hago una buena mamada hasta que sueltes toda la mala uva acumulada en tus huevos.

    — ¿Hablas en serio?

    — Sí o…

    — Por supuesto, hermanito, si yo siempre te he querido mucho.

    Salté a su cama desnudo para que se calentara más, le quité el short de dormir y lamí su polla que, aunque grande, no tanto como la mía, y me la metí descapullada en mi boca. Le hice gemir, suspirar, llorar, chillar… y correrse, echando toda su puta mala uva en mi boca. Es rica la leche de Lucas, parece de jugo de pomelo sin azúcar, me la tragué toda y le dejé la polla lacia y limpia.

    Luego me acosté a su lado, le saqué la camisa de dormir nos abrazamos…, y así dormimos.

    Me despertó.

    — Marcos, Marcos, estoy que no puedo más…

    — Come mi culo y échala adentro.

    Me tocaba disfrutar a mí. Lucas le come el coño a Xesca porque lo hace bien, me metió la lengua todo lo que pudo y pudo bastante.

    Antes de meter su polla en mi culo, dijo:

    — ¿Hablas en serio, Marcos?

    — Tú tira adentro y déjate de historias.

    Me la metió hasta el fondo. ¿Dolor? ¡Qué gusto da el dolor sintiendo entrar la polla de mi hermano! ¡Waw! Fue genial.

    Me folló sin compasión, como me gusta; y me corrí en sus manos que acariciaban mi polla. Sentí su orgasmo venir y me preparé para notar cómo descargaba su mierda en mi culo, Genial.

    Después de descargar, nos quedamos quietos, cuando sacó su polls de mi culo, me volví hacia él, le besé en los labios y le di mi lengua, nos trabamos las lenguas un rato. No había prisa, no…

    — Lucas, no tenemos nada que hacer y este confinamiento puede durar…, ya sabes, quiero hacerte la vida agradable porque te amo, hermano. No grites, no insultes y cuando estés a punto de reventar nos venimos aquí los dos y ñaca, ñaca, que también me hace bien.

    Ya llevamos dos semanas. Desde aquel sábado follamos dos o tres veces al día. Tengo el culo en forma, no me duele, pero lo siento y me hace desearlo. Vivo a gusto con mi culo ocupado. Me sorprendió en el baño lavándome el culo con la pera que tengo y me dijo:

    — Ahora entiendo. Tu culo huele a rosas, lo noté muy agradable. El culo de Xesca huele a mierda y su coño a podrido, un olor acre y tú, Marcos, gimes que pone y no chillas, eres guapo y tienes un culazo de puta madre, ¡joder, que te cambiaría!

    Me encantan los comentarios de mi padre y las mellizas. Mi padre dice a mi madre:

    — Los chicos ya han asumido todo esto, están como la seda, suaves y amables.

    Las mellizas me preguntan:

    — ¿Qué le has dado a Lucas que ha cambiado tanto?

    — Supongo que le comparto mi paciencia.

    — Claro, claro.

    Ya os contaré cómo sigue todo esto. He descubierto que mientras follamos no hacemos daño a nadie y cuanto más follamos, más amables somos. En el hogar reina la paz y en mi cama el amor que siempre deseaba de mi hermano.

  • Mi marido llegó antes de lo esperado

    Mi marido llegó antes de lo esperado

    A pesar de que mi marido iba a salir de viaje todo el fin de semana le dije que no iría a casa de mi mamá, (como siempre lo hago para no quedarme sola con los niños) porque había muchas cosas que hacer en la casa, aún con todo y su enojo se fue a Querétaro el viernes en la noche.

    Eran las 8:00 am y mi mamá estaba en la puerta de la casa. Me acababa de llamar para decirme que había ido por nosotros, después de media hora de discusión acordamos que solo se llevaría a los niños porque yo tenía muchas cosas que hacer.

    A las 4:00 pm ya había terminado todos mis pendientes, ya no recordaba lo rápido que se puede limpiar la casa estando completamente sola. Me metí a bañar y me acosté en el sillón, sentí tranquilidad, y después de mucho tiempo tuve oportunidad de pensar en la inmortalidad del cangrejo, aún no había pasado mucho, pero me dieron ganas de ir a casa de mi mamá por mis niños, pero decidí aprovechar y disfrutar mi soledad aunque sea un día.

    Prendí la tv y puse esa serie toda cursi que nadie sabe que me gusta, prepare fruta con sal y limón, suficiente para comer toda la noche, me quité toda la ropa que traía puesta, puse el celular en silencio y me acosté dispuesta a ver la serie completita por enésima vez.

    Iba por el capítulo 3 cuando vi que la pantalla de mi teléfono estaba prendida, llevaba muchas horas sin revisarlo, y el mensaje que había hecho que se prendiera la pantalla era tuyo, solo había una palabra “hola”

    Me pareció lo más raro, hace mucho no recibía algo así, pero obviamente no tardé mucho en responder.

    -hola

    -voy llegando a la caseta, está horrible el tráfico, invítame a cenar, fue pesado el viaje.

    No supe si era verdad o no, aun así respondí que le esperaba sin problema porque tenía casa sola, mi marido llegaría hasta el día siguiente, lo mismo que mis hijos… mandé la ubicación.

    Mi cabeza pensaba que era broma, y que ni loco llegarías, así que volví a dejar a un lado mi teléfono y seguí envuelta en mi cobija viendo mi cursi serie.

    A la media hora empezó a vibrar mi teléfono, imaginé que era llamada y que era mi mamá para decirme que fuera por los niños, no quiera ni ver la pantalla para que no fuera verdad lo que estaba pensando, pero grande fue mi sorpresa al ver tu nombre en la pantalla.

    -segura que me invitas? según esto, estoy a diez minutos de tu ubicación. -Mi corazón se detuvo por unos segundos.

    -si quieres cenar fruta por mi no hay problema, hoy tengo casa sola. Colgaste.

    No sabía que pensar, seguramente sólo estabas bromeando, aun así puse pausa al capítulo y fui por mi pijama viejita, si es que por alguna equivocación sonaba el timbre, no quería que esperaras mucho en lo que me vestía, y si no sonaba, esa ropa iba a ser perfecta para dormirme.

    Pasaron 15 minutos y ninguna novedad, igual no me había ilusionado mucho, así que me acomode para dormir.

    No sé cuánto tiempo pasó, pero me despertó el sonido insistente de un claxon, y es raro que un sonido me despierte, no sé porque, pero sentí mariposas en la panza cuando lo escuché.

    Revisé el celular y tenía 3 llamadas perdidas, devolví la llamada. “No que no había problema si me invitabas a cenar, llevo media hora llamándote. Estoy afuera”

    Me dio risa de nervios… más fachosa no podía estar… y tú estabas afuera. Salí a abrir con cara de acabo de despertar, el cabello sin cepillar después de bañarme, y con mi pijama más vieja y cómoda. En cuanto te vi te reíste, me dio muchísima pena salir así, te pedí que pasaras rápido.

    Quite mi cobija del sillón y te invite a sentar y a cenar, estaba disponible para ti mi festín de frutas en la sala y yo también. Platicamos un rato, no pasó mucho tiempo antes de que me tuvieras sobre tus piernas besándote y sin la parte de arriba de mi pijama.

    Regresó a mi la cordura por alguna extraña razón, me levanté y fui a la cocina por valor líquido. Cuando regresé, valor líquido me faltaba, estaba Christian en la puerta viéndote y tú de espaldas hablando por teléfono sin darte cuenta.

    No sabía que hacer, pude encontrar cualquier pretexto tonto, tú estabas vestido, yo me vestí para ir a la cocina, había fruta en la mesa, lo único raro era la botella de tequila que llevaba en la mano, pero mi cerebro me traicionó, fue una de esas ocasiones en las que en vez de hablar, vomitas; de mi boca salió “qué bueno que llegaste, te estaba esperando, siéntate”.

    Entre el shock de verte y de lo que le dije me hizo caso, sentó en una silla, ni al sillón pudo llegar.

    Le serví un tequila y mientras se lo tomaba fui a la cocina por un par de lazos que “por cualquier cosa” tengo ahí, cuando regrese, él seguía ahí sentado, sin saber qué hacer ni qué estaba pasando. Le di otro tequila, me tomé uno yo y lo amarré en la silla a modo de que no se pudiera soltar.

    Tú no sabías que estaba pasando, me acerqué a ti y te besé, me dispuse a olvidarme de todo y entregarme a ti como siempre, totalmente. Me detuviste por un segundo, preguntaste si estaba segura, mi respuesta fue besarte.

    Creo que entendiste lo que quería, te sentaste en el sillón, me senté sobre ti y me quité la sudadera de la pijama, agarré tus manos y las llevé a mis pechos, sé que siempre te ha gustado lo grandes que son, me acerqué a tu cara para que los mordieras, no es que estuviera exagerando, pero en cuanto sentí tus labios me hiciste gemir.

    Me levanté para quitarme el pantalón y desvestirte a ti, quedé únicamente en ropa interior, sólo una tanga negra que no cubría nada… te volví a sentar y me arrodillé frente a ti. Tu pene ya estaba duro como me gusta, no sé si era la situación o las ganas que teníamos después de tanto tiempo, pero me pareció que estabas más duro que de costumbre y yo más mojada de lo normal.

    Puse mi boca a unos centímetros de tu pene y como nunca lo habías hecho antes, me empujaste hacia tu pene para meterlo de un solo movimiento hasta el fondo de mi garganta.

    Me estaba asfixiando, fue entonces que soltaste mi cabeza y pude respirar un poco, tome firme tu pene entre mis manos y chupe la cabeza con mucha dulzura, suave, no es que te disgustara, pero noté que estabas desesperándote, apenas alcancé a escuchar que susurrabas “ahora sí”, me sujetaste del cabello y volviste a meter tu pene hasta mi garganta, sentías como arqueaba, yo no metía ni las manos, deje que tu marcaras el ritmo al que querías que te lo chupara.

    Pude saborear unas gotitas de líquido que salían de tu pene. Me dejaste respirar nuevamente mientras lamía tu tronco y te veía a los ojos, no pude reconocer la expresión que tenías, había mucha excitación, pero había algo que no reconocí, nunca te había visto así. Sonreíste.

    Me levantaste y me diste un beso mientras de golpe metías 3 dedos en mi vagina, estaba muy mojada y por eso fue muy fácil, sacaste tus dedos y me los diste a chupar, el sabor entre dulce y salado me provocó más ganas.

    Me aventaste hacia el sillón, quede en 4, parecía que le estaba ofreciendo la cola a mi marido, volteaste a verlo y con un tono de voz que no te conocía le dijiste “vas a aprender cómo se debe coger a la puta que tienes por esposa”.

    Mi cuerpo se erizó por completo, no sé qué tenías en mente, me dio miedo, pero a la vez me calenté muchísimo, jamás me habías hablado así, no sabía lo que me esperaba.

    Recargaste tu cuerpo sobre el mío y susurraste en mi oído “prepárate”. Me daba un infarto, mi corazón latía a mil por segundo y mi vagina estaba palpitando y humedeciéndose aún más.

    Me diste un par de besos en la espalda mientras bajabas hacia mis nalgas, sé que no son grandes, pero tienen buen tamaño para agarrarse, me tomaste de la cintura, me acariciaste el trasero de manera muy suave, preparándome para la primer nalgada que me diste para hacerme gritar. Creo que me dejaste roja, sonó muy fuerte, más de lo que se sintió, pusiste la punta de tu pene en la entrada de mi vagina, te agarraste fuerte de mis pechos y lo clavaste sin previo aviso, se me salió un gemido que parecía más un grito.

    Me dolió, no esperaba sentirte tan rápido hasta el fondo, pero sabiendo lo estrecha que estoy, te detuviste por unos segundos para que me acostumbrara.

    No pasó mucho tiempo antes de que empezaras a meterlo y sacarlo con mucha fuerza, sentía como chocaban tus huevos con mis nalgas, sentía tu pene chocando con mi intestino, no podía ni gemir del placer que sentía. Apretabas mis pechos como si no sintiera dolor en ellos, de pronto soltaste uno de ellos y calmaste un poco el ritmo de tus embestidas, agradecí un poco el descanso, pero no es que me dieras descanso, te estabas preparando para meter un dedo en mi ano.

    Fue muy grande mi sorpresa al sentirlo entrar de golpe, me lastimo un poco, pero como siempre lograste controlar mi dolor y convertirlo casi de inmediato en placer, empecé a gritar como loca, me estabas volviendo loca de placer.

    Sacaste el dedo de mi ano, me acariciaste el cabello y luego jalaste fuerte de él, sentía que ibas a romperme el cuello, “a ver trata de zafarte”, me agache un poco más sobre el sillón y movía mi cadera en círculos, no es que quisiera zafarme, quería sentir más placer.

    De un momento a otro, sin decir nada me soltaste y sacaste tu pene de mi vagina.

    -Me voy a acostar, quiero que me montes mientras ves a tu marido a los ojos.

    Nuevamente sentí como se erizaba mi cuerpo, había olvidado por completo que no estábamos solos, no quería hacerlo, pero sabía que lo iba a hacer sin discutir.

    Apenas te acostaste me senté sobre tu pene y busqué la mirada de mi marido, no puedo decir qué expresión tenía, no sé cómo describirla, pero después de verlo a él busque tu mirada, en tu cara había mucho de excitación y algo de maldad. Subía y bajaba sobre tu verga ansiosa, como si quisiera perforarme el útero, mientras apretabas con mucha fuerza mis pechos, soltaste uno y llevaste tu mano a mi clítoris, apretaste el punto exacto que solo tú encuentras tan rápido, hiciste que soltara otro grito mientras escurría como fuente.

    No sé cuánto tiempo jugaste conmigo así, solo sé que sufría y disfrutaba cada segundo.

    Me dijiste que me levantara nuevamente, no es que no quisiera hacerte caso, pero mi cuerpo no respondía, mis piernas no tenían fuerza, nada parecía obedecerme.

    En cuanto pude ponerme de pie, lo hiciste tú para acostarme en el sillón, apenas podía respirar, no podía recuperar el aliento aún.

    Pusiste mis piernas en tus hombros y volviste a penetrarme con mucha fuerza y velocidad, abrí los ojos y te vi sonreír. Pusiste tus manos sobre mi cuello haciendo que viera a mi marido mientras me asfixiabas, metías tu pene hasta donde mas no se podía, escuché como gemías, no pude evitar explotar con otro orgasmo con esa nueva sensación, dejaste libre una mano y metiste nuevamente un dedo en mi ano. No sabía si estaba a punto de morir o si estaba volviendo a nacer, era una situación extraña, que los dos estábamos disfrutando.

    Me dejaste respirar, estaba recuperando un poco el aliento aun con mis piernas en tus hombros, nuevamente se dibujó en tu cara esa sonrisa extraña, pusiste tu pene en mi ano, me tapaste la boca con tu mano y lo metiste de un empujón, salieron unas lágrimas de mis ojos, hace mucho que solo metías un dedo en mi ano, no estaba lista, me dolió, no grite porque tenía tu mano en mi boca, pero tampoco es que quisiera que lo sacaras, estaba muy apretado, no sé qué pensaste, pero lo sacaste al poco tiempo.

    -Te voy a perdonar esta vez, pero a cambio vas a hacer otra cosa.

    Me levantaste y me hiciste caminar hasta donde estaba mi marido sentado, puse mis manos en el respaldo de su silla para recargarme ofreciéndole mis pechos y a ti mis nalgas. Por más que ni él ni yo hubiéramos querido, era imposible no vernos el uno al otro.

    Me tomaste de la cadera y nuevamente me metiste tu pene hasta el fondo, no pude evitar gritar del placer queme dabas en la cara de mi esposo, me estabas volviendo loca. Sentía tus huevos chocando con fuerza con mi cuerpo y mis pechos chocando en el pecho de mi marido. No podía pedir más.

    Te detuviste, voltee a verte para reclamarte con la mirada pero tú respuesta fue un “acomódate, tú sabes que hacer”.

    Aún recargada sobre la silla levanté un poco mi cuerpo, mis tetas quedaron en la cara de mi esposo, rebotaban en él al ritmo de tus embestidas, no sabía si su enojo era tanto o si a pesar de la situación estaba excitado, baje una de mis manos hacia su entrepierna, pero antes de poder comprobarlo jalaste mi cabello muy fuerte para detenerme, y casi gritando dijiste:

    “Eres mía, estás conmigo, y no te he dado permiso de tocarlo”

    Me soltaste cuando volví a poner mi mano en la silla para después darme una nalgada más fuerte que la anterior por portarme mal, entre el dolor y el placer solté otro grito, seguramente los vecinos pensaron que me estabas matando.

    -ahora dime si te está gustando.

    Volví a voltear para buscar tu mirada, quería que me dijeras que solo era broma, que no tenía que responder, como respuesta metiste otra vez tu dedo en mi ano, sabías que me ardía y que para terminar con el castigo la única opción era responder lo que me habías pedido.

    Me giré hacia mi esposo y no dije algo que no fuera verdad.

    “Me estás volviendo loca, por favor no pares, quiero más”

    Parece que te inyectaron adrenalina o alguna cosa así, cómo si no me estuvieras penetrando con bastante fiereza, empezaste a hacerlo aún con más fuerza, tu dedo y tú pene salían de mi al mismo tiempo, mientras me apretabas fuerte la cadera con la mano que tenías puesta en mi, me salieron unas lágrimas, resultado del dolor y placer que me estabas provocando, estaba segura de que iba a desmayarme, mi cuerpo perdía fuerzas, volviste a jalarme del cabello para darme otra orden “aguanta sólo un poco más”.

    Supuse que faltaba poco para que te vinieras, era justo después de que yo había tenido quién sabe cuántos orgasmos.

    Recargue un poco más mi cuerpo sobre mi esposo, solamente dejando caer mi peso sobre él es que iba a mantenerme en pie. Levanté un poco más la cadera esperando que entrara tu pene un poco más si es que se podía. Había olvidado el dolor que provocaba tu dedo en mi ano, de hecho lo estaba disfrutando como antes de dejar de vernos, mi cuerpo perdió aún más fuerzas cuando llegaba otro orgasmo, ya no podía más, necesitaba descansar.

    Me notaste tan débil que aprovechaste para penetrarme por el ano, a pesar de estar lubricada y un poco dilatada por tu dedo, me dolió pero no tenía ni fuerzas para pedirte que salieras, me sentiste tan apretada y tan vencida por ti, que tras unas cuantas embestidas más llenaste mi ano de leche tibia.

    Me dejaste desvanecida sobre mi esposo, sin una sola gota de energía, escurriendo sudor y otros líquidos nuestros a unos centímetros de él.

    Sonreíste mientras me sentabas en sus piernas para recuperarme un poco mientras tú te vestías.

    Entraste al baño para vestirte y ponerte guapo. (Estabas “como nuevo” mientras yo parecía una muñeca de trapo). Al salir dijiste sonriendo nuevamente:

    -Nos vamos a volver a ver.

    Y te fuiste de la casa, dejándome sin fuerzas, con la escurriendo de tu leche, sentada en las piernas de mi marido.

  • Mi madrastra me pone cachondo

    Mi madrastra me pone cachondo

    Comenzaré por contarles que todo comenzó cuando mi padre me llama para manifestarme que estaría por la época de diciembre para comprar los aguinaldos en la ciudad, ellos viven en un pueblo. Entonces acordamos para vernos donde mis padrinos, este día llegaron del centro de la ciudad de realizar sus compras y yo los estaba esperando. Él se divorció de mi madre y actualmente está casado con una mujer con la que tiene dos hijas y yo que soy el mayor.

    Mi madrastra es una cuarentona de estatura baja, tiene con cuerpo normal para su edad no es muy gorda ni muy flaca está troza y tiene unos buenos senos, sus caderas son un poco delgadas, debo decir que con ella la relación nunca funcionó y apenas cumplí la mayoría de edad me fui de la casa para evitar problemas con mi padre. El hecho este día ella al verme después de varios años me saluda de un beso en la mejilla.

    -Hola!! Cómo has cambiado de harto

    -Si un poco, la vida militar es dura y todos los días toca hacer ejercicio.

    Seguimos conversando y pues aproveché para preguntar por mis hermanas medias. Hasta que mi madrina nos llama a cenar, yo aproveché para entregar mi regalo a mi padre el cual se puso muy contento.

    Luego de varios minutos nos sentamos en la sala comenzamos a beber unas cervezas que mi padrino tenía en la nevera pero esto pronto acabó y decidimos comprar una garrafa de ron.

    La noche iba transcurriendo y entre copa y copa, soltábamos risas, ya cada quien pedía su disco para escuchar, mi madrina nos dice que se siente muy mareada y se retira a descansar, antes que se fuera aprovechamos para tomarnos un par de fotos. Cuando yo me senté para tomarnos la fotos siento cuando la madrastra se pega un poco a mi y con sus senos me estrecha un costado de mis espalda, por lo que yo trato de retirarme pero ella me dice “quédese quieto para que nos tomen las fotos”.

    La noche transcurrió y el licor estaba por terminar y mi papá y mi padrino se estaban quedando dormidos, decidí bajar un poco la música e irme para el baño, al regresar mi madrastra ya no estaba en la sala, llamé a mi papá y a mi padrino, pero estaban recostados en el mueble dormidos, los movía y apenas se movían por el movimiento de mis manos, ingresé a la habitación para buscar a mi madrastra que pedir que me ayudara para ubicarlos en sus camas.

    Pero ella se encontraba tirada en la cama acostada boca abajo al llamarla en repetidas ocasiones no contesta, comencé a moverla de sus brazos y sus pies pero ella no respondía. En ese momento mi pene se puso erecto y gracias a los efectos del alcohol comencé a imaginar cómo se vería sin ropa, ya no aguanté y me cercioré de nuevo que ellos estuvieran dormidos incluso mi madrina.

    Ya era de madrugada aproveche y subí un poco el volumen y me dirigí a la habitación y cerré la puerta con seguro, quedando así solo con mi madrastra, estaba por hacer algo que podría cambiar el rumbo de la noche, me sentía mal a tan solo en la otra pared estaba mi padre el cual respeto mucho, pero las ganas que tenía eran muchas.

    Comencé de nuevo a llamarla y a moverle su pies y manos, pero no respondía nada, luego con mi mano derecha comencé a sobar tu trasero uff tenía un pantalón de licra bien apretado y se sentía muy rico lo hacía muy suave con temor a que se despertara y con la otra mano comencé a hacerme una paja, cada vez sentía que perdía más el control y sentía más y más ganas, estaba muy excitado hasta que decidí bajar su pantalón hasta la rodillas ya en esos momentos no me fijaba si estaba dormida.

    Luego comencé a introducir sus dedos por su vagina la cual estaba muy mojadita muy suavecito y luego los llevaba a mi boca para probar, luego decía poner mi lengua directamente en su coño y comenzar a deleitar un rico sexo oral, luego metí mi lengua en si ano comencé a chupar como loco y mis dedos en si vagina entraban y salían ya no puede aguantar más y me quité el pantalón y eché un poco de saliva en mi pene y lo introduje por la vagina ohh por fin se sentía muy bien. Comencé a embestirla duro, puse mis manos en su cabello y hasta qué por fin de tanto darle me vine, solo pensaba cómo discutimos cuando era chico.

    En ese momento por fin había descansado, me paré para limpiarme e irme al baño cuando estaba abriendo la puerta siento que me cogen de la parte de atrás del buzo y me halan, que susto que me dio, pensaba mil cosas y ahora que va a pasar cuál será ya reacción, pero ella sin medir palabras me hace acostar en la cama y comienza a chuparme el pene, ufff que delicia, hasta que logré tener una nueva erección.

    Luego ella se sienta encima y comienza a cabalgar, no decía nada solo sentía su respiración muy fuerte y miraba hacia la pared como si estuviera brava.

    Terminamos y cada quien se puso su ropa. Yo le dije si  los despertábamos y lo llevábamos a la cama.

    Al otro día todo transcurrió normal.

  • Una viuda y su hijo pasando la cuarentena

    Una viuda y su hijo pasando la cuarentena

    Este relato es tan actual como la situación que estamos viviendo estos días y es real porque acaba de suceder. Soy una mujer de 45 años viuda desde hace tres y tengo un hijo de 19. El chico, quizás por la situación vivida, es bastante tímido.

    Los dos estamos metidos en casa ya ocho días con la cuarentena del corona virus y el aburrimiento se hace patente. Yo no tengo pareja desde que enviudé y realmente tengo necesidades sexuales porque todavía soy joven. De hecho sigo tomando anticonceptivos por si aparece alguna ocasión. Mi hijo no tiene novia y que yo sepa no la ha tenido nunca.

    Esta tarde yo había estado viendo una página de contactos y me había puesto caliente. Por eso me he ido al aseo y he empezado a masturbarme sentada en el inodoro y, como me ha dicho después, mi hijo ha escuchado mis gemidos. Ese ha sido el motivo por el que ha ido al aseo, que yo no había cerrado con pestillo, y ha abierto la puerta y me ha visto mientras mis dedos se afanaban con mi clítoris.

    Mi primera reacción ha sido parar, pero él me ha pedido que siguiera. La erección de su pene era evidente bajo el pantalón del chándal que llevaba. Arrodillándose frente a mi y cogiendo mi cabeza por la nuca, sus labios han buscado los míos. En un primer momento yo he permanecido con la boca cerrada, pero pronto la he abierto para que nuestras lenguas se entrelazaran apasionadamente mientras sus manos se dirigían hacia mi pecho y la que yo tenía libre hacia su pene, que estaba muy duro.

    Tras unos minutos así, nos hemos dirigido a su dormitorio donde me ha arrancado la ropa hasta el punto de romper alguna prenda, pero no me ha dejado que lo desvistiera por completo. Me ha pedido que cierre los ojos mientras él se quitaba el pantalón de chándal y los bóxer y que sin dejar de tenerlos cerrados abriera la boca. Así lo he hecho y he sentido como su pene entraba en ella. Lo ha hecho porque pensaba que si lo veía yo sería incapaz de hacerle la mamada que él deseaba. Así, con los ojos aún cerrados he comenzado a saborear su carne joven y dura mientras lo escuchaba dar muestras de placer.

    La excitación que tenía lo ha hecho durar poco y un gran chorro de semen ha ido a parar a mi boca, tragándome buena parte de la abundante corrida de mi hijo.

    Quizás ahí deberíamos haber parado, pero tras tres años sin tener una polla para mí, no me he resistido a seguir. He cogido su cabeza y la he dirigido a mi entrepierna para que se deleitara con el coño por el que en su día vino al mundo. Le he indicado mi clítoris y le he pedido que su lengua y sus labios se dedicaran a jugar con él. Su inexperiencia era tan grande como mi necesidad de correrme, por lo que en pocos minutos una corriente de placer me ha hecho gritar de gusto mientras mis juegos se mezclaban con su saliva

    Mientras su polla, de unos 15 o 16 centímetros, volvía a estar dispuesta a hacerme volver a sentir mujer. Sentándose en la cama con la espalda en el cabecero me la ha ofrecido generosamente para que me sentara sobre ella e iniciara una salvaje cabalgada. Su boca mordía mis pezones mientras que yo solo pedía más y más. La segunda explosión de semen ha inundado mis entrañas. Retirándome de encima de él nos hemos relajado mientras la leche comenzaba a salirse de la vagina y chorrear por mis muslos. Él, con sus dedos, la iba esparciendo por distintas partes de mi cuerpo mientras nuestra bocas y lenguas se volvían a buscar casi con glotonería.

    Tras unos minutos de descanso mi boca ha acogido su polla para volver a ponerla bien enhiesta. Entonces me ha preguntado qué más hacíamos y yo le he pedido que entrara por el único lugar que todavía no lo había hecho. Le he ido orientando para que con su saliva fuera humedeciendo mi culo, aunque su impaciencia le ha hecho entrar de un fuerte empujón que me ha hecho quejarme un poco del dolor. Las dos corridas anteriores han hecho que en esta tercera la duración fuera mayor, le he pedido que me azotara el culo con sus manos hasta ponerlo rojo, lo que ha aumentado su excitación hasta el punto de que su grito de placer en el momento de darme su leche se ha debido escuchar en todo el edificio.

    Después nos hemos duchado juntos y ahora estamos trasladando su ropa a mi armario y la interior a la mesilla de noche del que desde hoy y mientras no marche de casa o tenga novia será el dormitorio que compartiremos, al igual que nuestros cuerpos.

  • Se cogen a mi esposa y yo miro (3)

    Se cogen a mi esposa y yo miro (3)

    Mi esposa Alejandra es muy linda, atractiva, con unos hermosos ojos, un culito redondo de esos que dan ganas de tocar todo el tiempo, unos pechos bien parados, 1,65 cm, unas fantásticas piernas, todo esto mantenido con muchas horas de gym y que a pesar de sus 41 años se mantiene muy, muy deseable, ella es el centro de las miradas de todos los hombres adonde quiera que vayamos. Ya había pasado mucho tiempo desde aquellas locuras que habíamos cometido y ahora nos disponíamos a disfrutar de nuestro tiempo juntos.

    Estábamos de vacaciones en una lindo lugar llamado Mar de Sur, el día estaba espléndido, el sol nos regalaba una maravillosa tarde, en la playa había muy poca gente, solo un par de turistas, un grupo de 3 o 4 chicos de entre 20 y 25 años, y más allá a lo lejos unas parejas.

    Los chicos jugaban a la pelota en la arena y en un momento el balón cayo a pocos metros de donde nos encontrábamos nosotros, Ale estaba boca abajo con el corpiño de su bikini desatado, para que no le quedaran marcas en la espalda, el chico que se acercó a buscar la pelota antes de hacerlo se metió en el mar y luego se encaminó hacia nosotros, el esférico estaba casi al lado del toallón en donde se encontraba Alejandra.

    Cuando el muchacho estaba a escasos centímetros de la espalda de mi esposa, listo para llevarse la pelota, unas gotas que salían del cabello de él, mojaron la espalda de Ale, ella rápidamente se dio vuelta pensando que era yo, pero su sorpresa fue muy grande cuando vio a este chico de muy buen cuerpo que miraba agorado los pechos desnudos de mi mujer y ella parecía haberse calentado con lo que estaba viendo.

    Él pidió disculpas y se presentó, como era de esperar primero saludó a mi esposa y lo hizo con un beso “hola, soy Julián” dijo él. Ella tapó con un brazo y su mano sus pezones y se elevó levemente al encuentro con la mejilla de él, pronto se notó un bulto en su pantalón por lo que extendió su mano hacia mí y salió corriendo adonde estaban sus amigos.

    Ale aprovechó su desnudez para hacer un poco de topless y decidió meterse al agua tan solo con la parte de abajo de su bikini, una vez en el agua me acerqué a ella, quien me abrazó y ya metidos en lo profundo del mar ella parecía necesitar que la penetre por la forma de moverse, entonces hice una pregunta que era muy obvia.

    -¿Te calentó el pibe? -y no lo negó.

    -Uhhh un poquito, pero… esas aventuras son del pasado –dijo ella.

    Mientras que con las tetas al aire me abrazaba y con sus piernas rodeaba mi cintura, en clara señal de búsqueda de sexo, a mí también me habían dado las ganas de ver nuevamente a mi esposa convertida en putita, así que le insistí, diciéndole:

    -¿A que no te lo cogerías a ese pendejo?

    Ella sacó a relucir su orgullo y dijo:

    -No, a él solo no, a los cuatro juntos me los puedo coger si quiero.

    -¿A qué no? -disparé yo, buscando provocarla más aún.

    -Invítalos a tomar mates o algo fresco y vas a ver como una cuarentona seduce y se coge a los cuatro -dijo ella, eso si todo tiene un precio y si me los cojo a los cuatro vas a tener que pagar una cena y algo más.

    La idea me calentaba mucho, así que salimos del agua, Ale salió a ponerse su sostén y yo me fui directo a los chicos a hacerles la invitación, quienes no dudaron en decir que si, ellos traían su propio cargamento de bebidas ya que se disponía a quedarse hasta bien entrada la noche en la playa.

    Al llegar donde estaba Ale, Julián se dispuso a presentar a sus amigos, comenzamos a hablar un poco de todo, de donde eran, cuantos días se quedaban y demás cosas mientras tomábamos unos mates, con mucho disimulo, pero de manera incesante ellos ponían sus miradas en mi mujer, ella se sentía una diosa y lo hacía notar hablaba de su piel, de su boca, sus piernas y ellos miraban cada cosa o “defecto” que ella decía tener, obviamente para que estos dijeran:

    “No Ale sos hermosa” o “eso se te ve muy bien”.

    La noche comenzaba a caer y de pronto Juan Cruz, el más joven del grupo, un chico de unos 20 años, robusto, con mucho músculo, sacó una cerveza de su refrigerador portátil, los demás hicieron lo mismo y nos invitaron a mi esposa y a mí. Yo acepté con gusto, pero Alejandra dijo:

    -No, prefiero ir a darme un último chapuzón, ¿quién me acompaña?

    Era evidente la fiesta estaba por comenzar para ella y como era de esperarse Julián dijo “yo voy contigo”. Pasaron un rato jugando, hablando en el mar y ya con casi las primeras luces de la oscuridad salieron del agua, ella temblaba de frío, pues el viento estaba poniendo fría la playa.  Al llegar adonde nos encontrábamos con los demás, Ale llevaba los pezones bien duros y parados, rápidamente se envolvió con un toallón, pero no paraba de temblar.

    Ricky otro de los chicos le dijo entonces que debía quitarse la ropa mojada para que se le pasara el frío, ella le hizo caso y envuelta con el toallón para no mostrar, por el momento nada, se quitó lentamente las dos piezas del bikini, y se sentó a la fogata que habíamos improvisado con los muchachos.

    Era muy extraño, mi esposa estaba desnuda, tan solo la cubría un toallón en la playa con cuatro flacos que recién conocíamos. Como no dejaba de temblar Ezequiel, otro de los chicos me dijo que la abrazase para darle calor, por lo que me acerqué a ella y al oído me susurro que estaba nerviosa y que quería hacerlo ya y ahí mismo, con los cinco. Yo le dije que tan solo quería mirar, pero ella me pidió que diera yo el primer paso y la entregue a los muchachos.

    Me pareció bien la idea, por lo que comencé a besarla y abrazarla de manera provocativa, mis manos se perdían por debajo del toallón buscando sus partes íntimas y dejando que se vieran sus nalgas, alguien nos alcanzó una cerveza que vino bien para desinhibirla. Ya la noche se había posado y los muchachos estaban un poquito alegres por el alcohol y con la temperatura elevada por mi esposa. Cantábamos, reíamos y contábamos chistes y aventuras de sexo, que iban calentando el clima.

    Le pedí entonces a Julián si quería abrazar a Alejandra con la excusa de que yo quería ir a orinar, él respondió que con todo gusto lo haría. Julián tomó por los hombros tímidamente a Ale y ella en señal de sumisión y entrega, apoyó su cabeza en el pecho de él. Al retirarme de su lado abrí un tanto el toallón para que se pudieran ver un poco las partes íntimas de mi mujer.

    Estaba entregando a mi esposa a un grupo de 4 chicos que se les notaba que tenían muchas ganas de cogérsela. Me retiré unos metros hasta unos médanos cercanos desde donde podía ver cada movimiento, Alejandra comenzó entonces a seducir a sus 4 sementales, primero acercó su nariz al cuello de Julián y este posó su mano en la nuca de ella, mientras los otros chicos seguían bebiendo.

    Ale se fue lentamente tumbando en la arena, el muchacho se recostó también con ella, la parte del toallón que debía cubrir su depilada y lisa conchita, ya se había retirado de esa zona y dejaba ver casi hasta su ombligo. Ricky un poco más atrevido, disimuladamente vertió un poco de arena sobre las piernas desnudas de Ale e inmediatamente dijo:

    -¡¡Perdón!! Te limpio.

    Ella se dejaba hacer y él pasaba suave y tímidamente sus manos que cada vez llegaban más a la entrepierna de mi mujer, yo prefería mantenerme alejado para no interrumpir, ella entonces le dijo a Ricky:

    -La arena que me limpiaste ahora se quedó en mi cola, vas a tener que limpiármela y si es necesario con la lengua.

    E inmediatamente se dio la vuelta, se puso en cuatro patas y dejó el culito al aire bajo un cielo de estrellas para que el flaco se lo limpiase. Él no dudó en hacerlo, a la tarea se sumaron Juan Cruz y Eduardo sosteniendo uno de cada lado los glúteos de mi mujer mientras Ricky soplaba y pasaba sus dedos por sobre el agujerito de ella. Julián con la excusa de querer taparla comenzó entonces a rozar y tocar los pechos de Ale, quien ya había comenzado sus movimientos pélvicos dándoles una clara señal de que deseaba ser cogida por los cuatro.

    Ricky puso su lengua en el esfínter de ella y Alejandra arqueaba su espalda pidiendo verga, él mojó bien la zona e introdujo un dedo en su ano mientras sacaba su enorme pene para metérselo a mi caliente esposa. Los otros chicos hicieron lo mismo y la fiesta de mi mujer tomaba vuelo. Julián sacó su largo pene a centímetros de la boca de ella, pero no se animaba a posarlo en los labios de ella por lo que me acerqué a ellos y los animé a cogerla diciéndoles:

    -Muchachos adelante, es una muy buena putita que desea que se la cojan toda la noche. Si es posible y sus vergas lo permiten.

    Tomé una cerveza de la nevera y con mi pene en la mano me dispuse a contemplar como esas vergas se cogían a mi hermosa puta mujer. Ricky introdujo su pija en la concha bien húmeda de Alejandra, mientras Julián mamaba sus pezones y ella hacía lo propio alternando las mamadas con las vergas de Juan Cruz y Eduardo.

    Luego alguien derramó cerveza fría en la espalda de mi mujer y esta tiró mucho más su culito hacia atrás, Ricky se salió de ella, Eduardo se posó entonces en el culo de ella y comenzó a meter su gruesa verga en el ano, mientras dejaba caer pequeños chorritos de su cerveza por la raja del culo de ella y eran bebidos desde abajo por Juan Cruz, quien saboreaba la conchita de ella.

    Los chicos fueron así alternando y cogiéndose a Alejandra, hasta derramar uno a uno su semen en las entrañas de ella, culito y concha despedían espesa leche blanca y cuando uno acababa seguía el otro que ya se había repuesto. Así lo hicieron hasta quedar exhaustos y tendidos en la arena, era casi medianoche, Alejandra me pidió que le limpiara con mi lengua sus partes íntimas, su ano estaba abierto y muy colorado por tanta penetración así que pasé bien mi lengua por la zona mientras ella me hacia una buena mamada hasta que me corrí en su boca.

    Decidimos entonces tomar nuestras cosas y marcharnos, todos besaron y le agradecieron a mi esposa por ser tan buena puta, nos despedimos y salimos rumbo a nuestro departamento.

  • Dos corneadores maduros se follaron a mi novia delante de mí (2)

    Dos corneadores maduros se follaron a mi novia delante de mí (2)

    Al entrar al salón, mi novia se quedó totalmente sorprendida al verlos. Lo primero porque no se esperaba que vinieran, de hecho, ni siquiera preparó platos para dos personas más. Y lo segundo por el gran físico y apariencia imponente tan distinto a cómo creíamos que serían. No tuve otra que hacerles la presentación: —Antonio y Ramón, ella es mi novia Andrea y Andrea, ellos son Antonio y Ramón—. Ambos la saludaron formalmente con dos besos en la mejilla mientras no paraban de mirarla y sonreír.

    Nos sentamos en la mesa a comer y los corneadores empezaron a darle conversación a mi novia ya casi olvidándose de mí. Le hablaban y bromeaban de cosas normales y Andrea era simpática y respetuosa con ellos igual que lo es con todo el mundo. Quiero dejar claro que hasta ese momento yo no había sentido ningún tipo de morbo o algo que influyera en mis acciones. Hasta que vi cómo los corneadores se quedaban embobados mirando a mi novia cuando se levantaba para ir a la cocina o a hacer algo. Volvió en mí el “me gusta que mi novia guste a otros” y si me molaba cómo ellos morboseaban sus fotos, ahora la tenían justo delante viéndola.

    Y eso que Andrea tampoco iba vestida muy sexy que digamos. Habíamos recién llegado de correr y no nos dio ni tiempo de ducharnos, ella iba con camiseta blanca normal, leggings negros largos, unas zapatillas blancas de deporte y el pelo recogido en coleta. Aunque es verdad que toda ropa le queda bien. Pero a pesar del morbo reitero que si en ese momento me preguntas si quiero que se follen a mi novia te digo claramente que no. No era un loco, solo estaba en medio de una situación embarazosa.

    En medio de la charla veo que Andrea se levanta, se sienta en el sofá y enciende el televisor. Me di cuenta al instante de lo que estaba haciendo; habíamos terminado todos de comer hace rato y ya era hora de que los dos tipos se fueran a sus casas por eso empezó a darle más atención a la tele mientras le hablaban para que se sintieran incómodos y se fueran. Era ahora o nunca para darles la noticia de que no habrá nada y deben irse. Así que me levanté también y me senté al lado de ella para decírselo los dos. Por fin podría poner punto y final a este incómodo malentendido. Y mientras ordenaba en mi cabeza cómo decirlo veo que los corneadores se levantan, vienen hacia nosotros y me miran fijamente.

    —Levántate. —me dijo Antonio.

    Me levanté confuso sin entender nada de lo que estaba pasando y Antonio se sentó en mi lugar al lado de mi novia pegado a ella. Ramón hizo lo mismo y se sentó a su izquierda quedando Andrea entre los dos corneadores. El mismo Ramón me señaló que me sentara cerca de él en el sofá, que al ser en forma de L, estaba muy cerca de ellos pero sin tocarlos, a la izquierda. ¡¿Qué demonios había pasado?! Andrea me miraba con una cara de “¿Pero qué cojones?” sin saber cómo reaccionar y yo tampoco. Ellos como si nada, siguieron conversándole con el tema que tenían en la mesa, pero esta vez Antonio se interponía entre la tele y ella así que ya no podía ignorarlos.

    Se limitaba a seguir la charla disimulando su evidente incomodidad. Yo, sin embargo, me empecé a resentir mucho. ¿Cómo se atrevían a darme órdenes a mí en mi casa? ¿Quiénes se creen que son para sentarse al lado de mi novia? Me sentía tonto por levantarme fruto de la confusión cuando me lo dijeron y mi orgullo masculino estaba herido. Así que empecé a entrar forzosamente en la conversación a modo de “marcar presencia”.

    Ellos me ignoraban, pero Andrea trataba de incluirme para que la presión no fuera toda para ella. No recuerdo qué dije cuando, de repente, Ramón (que estaba más cerca de mí) me clava una mirada muy penetrante con los ojos abiertos casi como saliendo de sus cuencas, la nariz más abierta y la mandíbula apretada mientras levantaba su dedo en señal de “Silencio”.

    No sabía cómo reaccionar a eso, nunca he permitido que nadie me faltara el respeto, pero ese hombre me daba muy mal rollo. Su forma tan agresiva de mirarme, sus gestos, sus pintas, su presencia y encima su compañero al lado. No me atreví a abrir más la boca. Por desgracia, Andrea no vio eso, ya que en ese momento estaba girada a la derecha hablando con Antonio.

    Lo extraño es que los corneadores no mostraban ninguna intención sexual. Hablaban con ella de cosas muy normales y divertidas como puedes hablar con cualquiera. Tampoco la tocaban más allá de la rodilla o la espalda un poco entre broma y broma, pero nada impertinente. Tanto, que llegué a notarla bastante cómoda y a gusto charlando entre esos dos desconocidos. También es verdad que Andrea es una cotorra, si le das tema de conversación puedes estar hasta mañana hablando con ella. Más aún cuando ellos metieron el tema de los tatuajes que justo es algo que a mi novia le fascina. Tiene varios por el cuerpo, aunque la mayoría discretos y ocultos.

    Para ella, todos tienen un significado especial representando una etapa de su vida o un recuerdo. Los corneadores le pedían que les enseñe alguno y ella ilusionada les mostró uno de la muñeca y su interpretación. Describió otro que tenía en el pie, pero no se veía a lo que Ramón, de repente, en tono caballeresco le dice: —Ah no tranquila, faltaría más—.

    Entonces se estira y, sin pedir permiso alguno, le quita las zapatillas y los calcetines a mi novia dejándola descalza con la excusa de verle el tatuaje, casi a modo de cortesía, como si le hiciera un favor. Andrea, sorprendida, me miró con cara de preocupación esperando que yo dijera algo, pero yo… yo no sabía qué hacer. No dije nada y ella tampoco se atrevió.

    —Qué chulo te combina el tatoo con las uñas pintadas de rojo, niña. —dijo Ramón en modo pícaro mientras se lo tocaba ocasionándole ciertas cosquillas.

    Mi novia le agradeció el cumplido con una risa nerviosa antes de volver a mirarme esperando respuestas por mi parte. Al ver que yo no reaccionaba, decidió tomar ella la iniciativa.

    —Ya es de noche, ¿no se les va a hacer tarde? —preguntó esperando a que captaran la indirecta.

    —Jajaja no podemos irnos sin antes ver tus tatuajes, Andreíta. Nos tienes muy intrigados. —respondió Antonio sonriendo con una descarada labia y sin ningún atisbo de incomodidad.

    —Seré rápida entonces jaja, solo tengo dos más y tampoco quiero quitarles mucho tiempo. —respondió mi novia con una risa simpática. Prosiguió a enseñarles uno que tiene en la espalda cerca del cuello que era ya el penúltimo visible. Parece ser que su pregunta para incomodarlos surtió el efecto contrario, ya que los corneadores se volvieron más atrevidos aún. Aprovechaban para acariciarle el tatuaje y pegarse más a ella, tan cerca que hasta respiraba sus alientos.

    Cuando Andrea les dijo con orgullo que el corazón rojo atravesado por una flecha que tiene tatuado en el abdomen es por su novio, los corneadores me miraron y soltaron una carcajada al unísono. «¿De qué mierda se ríen?», pensé. No me estaba gustando nada esta actitud burlona de ellos como si yo fuese menos. Mi novia tampoco entendía qué había dicho gracioso y miraba confusa. Rieron, pero no dijeron nada y se enfocaron en el tatuaje. Vi cómo al ponerle Ramón la mano encima para tocarlo, a mi novia se le encogía involuntariamente la barriga. Aunque todo eso era muy raro, seguían sin demostrar ninguna intención sexual que hiciese sonar las alarmas. Hasta que de repente…

    —Pues a mí me gusta mucho el que tienes aquí. —dijo Antonio y acto seguido, estira su mano hacia la cadera izquierda de mi novia y le aparta fuerte el leggings para verle el ave fénix que tiene ahí tatuado. Sin ninguna vergüenza ni pudor alguno. Como si tuvieran permiso para hacer lo que quisieran…

    ¿Pero qué hace ese hijo de puta? ¿Cómo se atreve a apartarle el pantalón a mi novia sin permiso? Que se le ven las bragas. Pero, ¿de dónde conocía Antonio ese tatuaje si no se veía? Ah mierda es verdad, la foto en tanga… Andrea estaba impactada ante esa repentina demostración de fuerza. Permanecía quieta esperando a que los corneadores terminaran de tocarle ese tatuaje de zonas sensibles, con las mejillas rojas y la mirada nerviosa con sus ojos mirando a todas partes. Me miraba como pidiéndome que haga algo. Yo sentía lo mismo, debía hacer algo.

    No podía permitir que le falten el respeto así a mi novia, pero luego me venía a la mente la cara agresiva de Ramón y por alguna razón, no hice nada. Pero Antonio le puso otra vez el pantalón en su sitio y ya está, actuaban como si nada hubiera pasado, como si fuese parte normal de una conversación. Siguieron hablándole normal, pero a partir de ahí, mi novia cambió. Ya no era la chica cómoda que les hablaba con entusiasmo ahora estaba algo más callada, tensa, pensativa y tropezada al hablar.

    Ya no era como antes que sabía qué decir en todo momento. Se notaba que se sentía intimidada por la presencia de los corneadores porque reía nerviosa a cada comentario de ellos sin atreverse a decirles nada negativo mientras ellos seguían. Se estaba empezando a sentir una tremenda tensión sexual en el ambiente.

    Entre risa y risa, veo de repente como Ramón le coge la pierna a mi novia y se la pone sobre la suya, sobre su muslo. Andrea no dijo nada y siguió normal, pero a la primera que pudo, bajó su pierna de ahí. A lo que Ramón le vuelve a coger la pierna y la pone sobre la suya, pero esta vez más estirada y con la mano sobre su rodilla para que no la pueda bajar. Al ver esa acción de su compañero, Antonio hizo lo mismo agarrando su otra pierna y poniéndola sobre la suya quedando así mi novia abierta de piernas entre los dos corneadores. Andrea tragó saliva sin decir nada. Disimulaba lo que podía, pero saltaba a la vista que estaba asustada y sentía no tener ningún tipo de control sobre esos dos individuos.

    Yo no me podía creer lo que estaba viendo. Me costaba entender que algo así estuviese sucediendo de verdad. Mi novia me pedía ayuda con la mirada para salir de esa situación, buscaba socorro en su hombre. Y yo sabía que debía hacerlo, no podía permitir que esos cabrones siguieran haciendo con ella lo que les daba la gana, pero… pero a la vez la veía ahí… tan indefensa, sexy, tímida y vulnerable a merced de esos dos macarras pervertidos que llevaban semanas deseándola. Esa maldita imagen que tenía delante se me hacía muy erótica y no entendía por qué… ¿Qué demonios me estaba pasando?

    A partir de ahí, cambiaron la conversación a un tema mucho más sexual. Los corneadores empezaron a hacerle todo tipo de preguntas picantes como cuánto se masturba, qué posiciones le gustan, con cuántos ha estado, si es multiorgásmica, etc. Mi novia estaba roja de vergüenza y el sudor se notaba en su frente, les contestaba a todo, pero sin dar detalles para no avivar más el fuego. La verdad que era admirable cómo Andrea mantenía la compostura a pesar de que estaba descalza, y abierta de piernas entre esos dos hombres enormes que la tenían intimidada con su presencia y sus actos.

    Los miraba siempre a la cara para no mostrar debilidad lo que ocasionaba que girara constantemente la cabeza de izquierda a derecha para poder responderles a los dos. Ellos por su parte, reprimían sus ganas cada vez menos; Antonio había pasado su brazo izquierdo por detrás de ella mientras con su mano derecha le acariciaba suavemente la pierna. Ramón cuando no le tocaba su otra pierna, estaba frotándose el enorme bulto que le sobresalía por debajo del pantalón y le creaba molestias. Y todo eso mientras le hablaban continuamente sin dejar ningún espacio a un silencio incómodo.

    —¿Y este te llega a hacer algo? —preguntó Ramón en tono burlón refiriéndose a mí.

    —Sí, mi novio lo hace muy bien, estoy muy contenta con él. —respondió Andrea halagándome con una gran sonrisa. Lo cual me creó una sensación de orgullo por ver cómo me reivindicaba aún en un momento tan difícil.

    —Jajaja eso es porque aún no conoces lo bueno. —le soltó Ramón. —Vas a tener que ampliar el tatuaje que tienes por él jajaja —añadió mientras le metía descaradamente la mano por debajo de la camiseta y le acariciaba la barriga a mi novia ocasionando así la risa de su compañero por el comentario y la ya risa nerviosa de Andrea que no sabía qué hacer ante tal invasión de su espacio personal.

    Yo llevaba demasiado rato inmóvil y atónito, con una parte de mí que rechazaba creer lo que estaba viendo, otra mitad consciente del peligro que clamaba por intervenir, una parte afirmando que no estaríamos a salvo si enfado a esos dos hombres y una pequeñísima parte que se moría de curiosidad por ver qué pasaría a continuación. Sin embargo, ese trato por parte de los corneadores que no paraban de posicionarme como alguien inferior a ellos junto a la evidente incomodidad y faltas de respeto que mi novia estaba sufriendo, me devolvieron a la realidad.

    «Mierda debo actuar ya de una vez por todas. A ver, ¿qué puedo hacer? Ellos son dos y yo uno. Además, golpearon a uno igual que yo justo antes de venir aquí, ¿qué posibilidades tengo? ¿Qué solución podría haber? Piensa Felipe joder». Pero por lo visto, mi novia había perdido la fe en que yo hiciera algo así que decidió intervenir ella misma.

    —Estoy sedienta de tanto hablar con ustedes. Voy a ir a por agua. —dijo Andrea con una falsa sonrisa intentando así escapar de esa peligrosa situación.

    —Ah no tranquila, no te molestes. —respondió Antonio en tono amable. —Oye chaval, tráele agua a tu novia y a nosotros unas cervezas que tengas frías. —continuó mientras fijaba sus terroríficos ojos en los míos.

    De repente, todo el salón de mi casa quedó en silencio y, por primera vez, yo era el centro de atención. «No joder, ni muerto haré eso. ¿Quiénes se creen que son para exigirme algo así?», pensé. Antonio me miraba intimidantemente. Ramón me volvía a observar de esa manera tan animal y Andrea me miraba con cierto interés, como sin entender la situación, pero curiosa de ver qué pasaba. Yo me sentía pequeño y con mucha presión sobre mí. Casi sin pensarlo y sin entender por qué, me levanté y fui a la cocina. Esos cabrones de mierda venían a follarse a mi Andrea y sin que mi opinión les importe lo más mínimo.

    Y yo… yo debía impedirlo, pero ahí estaba en la cocina cogiendo agua para mi novia y cerveza fría para ellos como un maldito sirviente. Me sentía patético a la vez que asustado. ¿Cuándo acabaría este maldito infierno? Me inundó el miedo de que aprovecharan para meterle mano a mi novia mientras no estaba presente así que traje todo lo más rápido posible. Por lo visto, eso lo confundieron con obediencia.

    —Vaaaya Andreíta, no sabía que tu novio era tan servicial jajaja —rio Ramón mientras abría su cerveza y me señalaba que me sentara de nuevo en el mismo sitio.

    Mi novia, como siempre, fingió una risa para acompañar a la de ellos mientras me miraba con incredulidad. Yo me sentía avergonzado, no sabía qué carajos hacer ni cómo salir de esto. Nuestro contacto visual fue interrumpido por los corneadores que, ya habiéndose mojado la garganta, siguieron con su pesado interrogatorio sexual hacia ella. Y bueno… de repente, lo hicieron. No sé qué le habían preguntado, pero recuerdo que mi novia se estaba explayando y gesticulaba con las manos como buscando las palabras correctas cuando de pronto veo como Antonio la agarra suavemente por detrás de la cabeza y se lanza a besarla.

    A Andrea la tomó totalmente por sorpresa, se quedó de piedra y con las manos tensas sin saber cómo reaccionar. No se apartó, aunque tampoco podía y su cara de asco evidenciaba su estado mientras Antonio comenzaba besándola muy suavemente, saboreando lentamente sus labios.

    «¡¿Pero qué?! Esto es imperdonable. ¿Pero quién se cree este hijo de puta para venir a mi propia casa y plantarle un beso a mi novia delante de mí?», pensaba mientras estaba totalmente estupefacto viendo tan imposible escena. Mi respiración y ritmo aumentaron por la rabia y los celos que se apoderaban totalmente de mi ser. «Hasta aquí. Esta tontería se acaba ahora mismo. A tomar por culo estos malnacidos impertinentes», hablaba en mi interior cuando, decidido a acabar con esta locura, me levanté y di un paso hacia ellos.

    Nada más acercarme, Ramón se levanta y se planta enfrente de mí clavándome desde arriba una mirada tan penetrante y agresiva, casi psicópata que me caló totalmente hasta la médula. De repente me sentí pequeño ante él, vulnerable e incapaz. Su presencia me imponía superioridad y su agresividad corporal me provocaba miedo. Automáticamente mi cuerpo volvió hacia atrás y me senté de vuelta donde estaba. Tragué saliva y aparté la mirada. ¿Por qué demonios ese hombre provocaba tal efecto en mí? No me quedó otra que quedarme ahí. No estaba seguro ni si quería verlo.

    Y por desgracia, de nuevo Andrea no vio nada de esto debido a que el otro corneador la tenía ocupada. Antonio estaba prendido, la morreaba apasionadamente mientras con su mano derecha recorría con intensidad todo el cuerpo de mi novia de arriba hacia abajo. Ramón, por su parte, una vez que me senté, cambió de una actitud agresiva a una burlona vengativa, como si quisiera hacerme pagar por levantarme. Se sentó de vuelta y le cogió la pierna izquierda a Andrea poniéndola de nuevo sobre la suya. Levantó su enorme mano para mostrármela y la llevó al pie de ella. De ahí comenzó a subir muy lentamente mientras me miraba con su cara burlona sin perder detalle de mi reacción.

    El hijo de puta quería que viera cómo su mano empezaba por los dedos de los pies, subía por su pantorrilla, rodilla, muslo y siguiendo hacia arriba iba a acabar inevitablemente entre las piernas de mi novia. La rabia que ese cabrón me provocaba era demasiado. Mientras tanto, el intercambio de saliva entre Antonio y Andrea era demencial, ella no hacía nada, pero se dejaba hacer. La palpaba con su mano por encima de la ropa por todo el cuerpo, desde los pies a la cabeza; sus piernas, sus caderas, y sobre todo sus pechos, lugar en el que se decidió quedar.

    No sé si de manera instintiva o consciente, pero ella intentó poner sus manos tapando sus pechos para evitar el manoseo, pero, lejos de funcionar, hizo que el cabrón de Antonio le metiera la mano por debajo de la camiseta y empezara a tocarle las tetas en contacto piel con piel.

    La mano de Ramón ya estaba por el interior del muslo, avanzando lenta e intrusivamente mientras él me miraba con una sonrisa de oreja a oreja sin perder detalle de mi reacción, como disfrutando de mi sufrimiento. Yo hervía de celos, rabia y furia. El muy hijo de puta me presumía en la cara que iba a meterle mano a mi novia en su lugar más íntimo. No quería que llegara ahí aunque tampoco me atrevía a hacer algo para impedirlo, sabía que no podía. Hacía movimientos como para levantarme, pero no llegaba a hacerlo por temor a su reacción. Sentía mucha impotencia y suspense combinado con un horrible sentimiento de culpa.

    Andrea tenía pequeños espasmos en la pierna al sentir esa mano acercándose cada vez más donde no debía. Puso su mano en la muñeca de él como para pararlo, pero a Ramón le dio igual y no se detuvo, incluso le hizo gracia por la forma en que me reía. Ella intentó cerrar las piernas, pero le era imposible por lo firme que la tenían agarrada. Su mano ya estaba a punto de llegar cuando se detuvo de repente.

    El cabrón me lanzó una mirada como vengativa, pero de burla y acto seguido le metió la mano entre las piernas a mi novia. Andrea soltó un profundo gemido ahogado en la boca del otro corneador retorciéndose al sentir la mano de ese desconocido frotándole el coño con intensidad por encima del leggin.

    —¿Por qué muerdes, diablilla? Jajaja —preguntó Antonio mientras paraba de besarla por un momento y yo veía cómo se estiraba un hilo de saliva que unía ambas bocas. Vio la mano de su compañero entre las piernas de mi novia y me miró a mí riéndose.

    Andrea, que por primera vez, no tenía a Antonio encima, lo primero que hizo fue mirar a Ramón e intentó apartarle la mano. Al cabrón le importó poco, respondió con una sonrisa y metió su otra mano por debajo de ella para tocarle el culo. Básicamente mi novia estaba sentada en la mano derecha de él con la cual le agarraba las nalgas mientras con su mano izquierda le frotaba intensamente el coño en movimientos lentos y circulares. Acto seguido, se lanzó a comerle la boca muy babosamente. Se veía cómo le metía la lengua hasta el fondo y después bajaba comiéndole el cuello. Aguantándose las cosquillas como podía, Andrea y yo hicimos el primer contacto visual desde que empezaron a besarla. Tenía los labios y la barbilla llena de babas, las mejillas rojas y estaba sudando, su mirada me transmitía una extraña combinación de miedo, vergüenza, impotencia y enfado hacia mí. Ella estaba a punto de decirme algo cuando, de pronto, Antonio la coge de la barbilla y la vuelve a pegar a su boca mientras jugaba con sus senos debajo de la camiseta. Ella intentó cogerle las manos, pero se notaba que no tenía fuerza para apartarlas. El corneador al ver ese intento por detenerlo, directamente le levantó la camiseta a mi novia dejándola totalmente con las tetas al aire.

    Los corneadores se quedaron maravillados al ver las tetas desnudas de mi novia. Y para no maravillarse… Son medianas pero redonditas y firmes. Con pezones pequeños y rosados, con un lunar superior en cada una que hace forma de triángulo con el collar de un corazón imperfecto que le regalé en nuestro primer aniversario. —¡Qué tetitas tan ricas!— exclamó Antonio antes de meter su cabeza entre ellas y empezar a comérselas golosamente. Pfff ver todo eso me resultaba muy doloroso, ya que los pechos de mi novia es lo que más me gusta de ella, para mí es como algo “sagrado”, maternal incluso.

    Las tetas con las que en un futuro amamantará a nuestros hijos. Veía como ese cabrón se las comía, chupaba y lamía, cómo le succionaba y mordía los pezones y sentía que estaban “profanando algo especial, algo mío”.

    ¿Qué os ha parecido esta parte? ¿qué situación o partes os han resultado más morbosas? Me lo podéis decir en comentarios, respondo al momento. Me vendrían bien vuestras opiniones ya que dudé mucho de si empezar a contar o no mi experiencia.

  • Carmencita

    Carmencita

    Por un tiempo me desempeñé como administrador de un negocio de productos de limpieza a granel en el mercado popular más grande de mi ciudad.

    Los sábados me quedaba más tiempo debido a que me gustaba dejar todo en orden e iniciar la siguiente semana sin ningún pendiente. Ese sábado no había tomado mi hora de comida debido a que nos llegó un pedido considerable de mercancía y tuve que estar al pendiente, así que a las seis de la tarde hora en que cerrábamos el local, tenía mucha hambre y también tenía muchos datos que capturar. Era común que, al ser fin de semana todos querían salir luego, así que como a las seis y cuarto ya todos los empleados se habían retirado.

    Marqué al comedor de la señora Gloria que era mi favorito.

    -¡Ay contador! Ya estamos cerrando, pero tengo una milanesa empanizada y ensalada, ya se la mando con mi muchacha.

    Me puse a realizar la captura de algunos registros y como a los 15 minutos tocaron la puerta que era una cortina metálica, y por seguridad me asomé por la ventanilla y se trataba de Carmen la chica que nos entregaba la comida. Le abrí la puerta y le indiqué que pasara.

    -¡Hola! Buenas tardes contador. Pidió su comida muy tarde, ya estábamos cerrando. Mire que doña Gloria tuvo que salir a alcanzarme para que le trajera su comida, porque ya me había retirado del comedor, lo bueno es que me queda al paso.

    A Carmen le llamaban los chicos del local Carmencita, era muy platicona, alegre, llevada, confianzuda, seguido bromeábamos con ella. Era delgada, con brackets, cabello corto, aunque su cuerpo no era tan exuberante.

    -Si –le contesté- me llegó mercancía y no me dio tiempo de comer.

    -¿Esta solito?

    -Sí, ya todos se fueron.

    Con una sonrisa pícara y burlona dijo.

    -¡Ay Dios mío, no me vaya hacer algo ahora que estamos solitos! Jajaja.

    -¿Cómo qué?–Pregunte.

    -¡Ay! Pues violarme o algo así jajaja.

    Me quedé mirando a Carmencita y le dije.

    -¿Y si intentara violarte qué harías? –se lo dije en tono de juego.

    -Pues me dejaría –contestó mirándome coquetamente.

    En un instante sentí que la sangre me hirvió, tome a Carmencita del brazo y la acerqué, su rostro me llegaba al pecho. Estábamos solos, la tienda cerrada, ella ya no tenía que regresar al trabajo pues ya iba de salida y si bien Carmencita no era el tipo de chica con el me gustaba salir, no estaba nada mal probar nuevos sabores.

    Empecé acariciarle sus mejillas, su cuello, recorrí con mi dedo índice sus labios gruesos, luego metí mi dedo en su boca.

    -¡Enséñame tus tetas! –le dije.

    Carmencita se sacó la blusa mostrando un par de pechos de menudo tamaño, le ayude a sacarse la falda y bragas, su delgadez le daba un toque sexi.

    Me saqué la verga que ya estaba parada, me recargue en la pared y tomando la cabeza de Carmencita la guie hasta mi polla para que la empezara a mamar.

    -¡Chupa! –le dije.

    Se puso en cuclillas, quedando a mi vista como le entraba y salía mi verga de su boca, alzo la mirada y pude ver algo de perversión en sus ojos. La apoyé a que se parara y empecé a besarla, tomo mi polla y empezó a masturbarme.

    -¡Esta bien dura! –Susurró.

    -¿Te gusta mi verga? –le pregunté.

    -¡Si!

    Y se agachó volviéndosela a meter en la boca. Mientras le empecé acariciar la espalda y sus nalgas llegando con mis dedos hasta su vagina.

    -¡Está rica su verga! –me dijo alzando su mirada.

    Suavemente la separé un poco para poner unos cartones sobre otras cajas, de tal manera que nos sirviera de cama, me recosté y con la mirada la invité a que me la siguiera mamando pues me había gustado como me la chupaba, tenía una boca grande hecha para mamar.

    Debo aceptar que tuve mis reservas para meterle la lengua en la vagina de Carmencita, así que le metí los dedos y los olí, no detecte más que el rico olor a vulva lubricada, lamí mis dedos como quien prueba un guiso que está a punto de degustar y me pareció un sabor aceptable. La acosté sobre las cajas y le abrí las piernas, olfatee su raja, le di un pase rápido con la punta de la lengua, luego otro y otro más hasta que empecé a lengüetear su coño color rosa, como si fuera un rico helado de fresa. ¡Que agradable sorpresa me lleve con Carmencita! Su vagina tenía un sabor a un fruto maduro y dulce.

    -¡Ay conta! ¡Siga por favor, siga!

    Vi que se empezó a jugar sus pechitos, jalándose los pezones, se los revolvía y se los volvía a jalar.

    Mi verga estaba lista, le alce sus piernas y le enjuague la punta de mi polla en sus labios vaginales, luego metí la punta, luego la mitad y luego toda. ¡Sentí la gloria! ¡Qué apretada estaba Carmencita! Sentí como mi verga se abría paso en su intimidad.

    -¡Ay! ¡Así, métela toda!

    Empecé a meter y sacar, la estreches de Carmencita era deliciosa, hasta por un momento creí que la lastimaría, pero ella insistía en que se la metiera hasta el fondo. Me encanto y me excito su manera de quejarse, sus gestos, su jadeo que me calentaba más.

    Pasé una de sus piernas por arriba de mi cabeza, juntando las dos sin sacarle la verga, me recosté atrás de ella para besarle la nuca, jugarle las tetas a la vez que metía y sacaba mi polla.

    -¡Métemela por mi culo! –pidió.

    La puse en cuatro, le unte toda la saliva que mis dedos pudieron juntar en mi boca y empecé con mi verga a atacar ese fundillo que se veía muy apretado, hasta que al fin pudo entrar la punta, empuje suave, un poco más de la punta, junte más saliva y escupí en su culo para lubricar más, hasta que se le fue toda.

    -¡Ah! Contador, contador. -Decía en voz baja.

    Vi sus nalguitas como se contraían al entrar y salir mi verga, sus uñas rasgaban el cartón que nos servía como cama, gocé ese fundillo estrecho de Carmencita.

    La puse nuevamente en la clásica postura del misionero, dejándole caer todo mi peso, sentí como la punta de mi polla tocaba con el límite de su vagina. Carmencita se mordía los labios, soportando las embestidas de mi fierro caliente.

    Me apretó con sus piernas al momento que me ponía de pie, me abrazo quedando ensartada, al ser más corpulento que ella fue fácil cargarla, la manejé como si fuera muñeca de trapo, y parados la seguí penetrando. Vi un bote de plástico sellado y me pareció de buena altura para apoyarme en él. La senté y la vulva de Carmencita quedo justo a la altura de mi babeante verga, alce sus piernitas y empecé a darle duro. Sus tetas temblaban como gelatinas al golpear con mi cuerpo el suyo.

    -¡Sigue, méteme tu pitote! –gritaba.

    Nos tiramos nuevamente en la improvisada cama de cartón, donde la seguí penetrando hasta que Carmencita se empezó a torcer muy fuerte que hasta pensé que se estaba convulsionando. Sentí como sus dedos se clavaban en mi espalda.

    -¡Ya viene! ¡Ya viene! –grito.

    Parecía como si estuviera siendo exorcizada y que un mal espíritu poseía su cuerpo pues le daban temblores como si le estuvieran dando ataques de epilepsia.

    De pronto, un chorro de líquidos vaginales salió en compresión de su vulva, vi que sus pezones se le pusieron erectos y su vientre duro. Le saque la verga para ver ese exquisito e inesperado squirt, otros chorros más salieron disparados que llegaron a salpicarme. En el cartón quedo la marca de su gran venida, me calentó tanto ver como se venía Carmencita que fue cosa de darle otras metidas a su vagina para que ahora yo también gritara.

    -¡Me vengo!

    -¡Quiero tragarlos! –dijo.

    Al escuchar eso, apenas me dio tiempo de retenerlos unos segundos en lo que ella acomodo su cara frente a mi verga a punto de reventar. Los chorros calientes de leche cayeron en su boca, un poco se le fueron a la cara y hasta sus cabellos. Metí mi polla en su boca para que me la exprimiera con sus labios. La leche le salía de la boca mezclándose con sus brackets, escurriéndole por el cuello, cayendo en sus pechitos, goteando hasta el piso.

    -¡Guau Carmencita! Estás bien sabrosa.

    La apoye a que se reincorporara, dio unos pasos, pero se le doblaron las piernas, la tuve que sostener para que no se cayera.

    -¡Que cogida me dio usted contador! ¡Ay Dios mío!

    Los cartones quedaron escurridos, salpicados de los fluidos de ella y los míos.

    Ni siquiera me lavé las manos para comer, me agradaron los sabores de Carmencita.

  • Abuela Rosa

    Abuela Rosa

    Hola, me llamo Sergio, tengo 23 años y vivo en un municipio de Tlaxcala, siempre me han gustado las mujeres mayores de 50, 60, 70 y hasta de 80 años.

    Les contaré como conseguí cogerme a una abuela de 88 años. Trabajaba a unos 40 minutos de casa y tenía que tomar una micro para poder llegar a mi trabajo, un martes me subí a la micro y vi que iba una abuelita de unos 80 años la cual me pareció comible así que cuando bajo de la micro la ayude y aproveche para tocar disimuladamente sus pechos y le arrime la verga en sus nalgas me agradeció por ayudarla, le pregunte que donde viva y que hacía viajando sola; me dio que vivía en un pueblo cerca de mi casa y que iba a cobrar un dinero que le debían y que solo vivía con su hija y su nieta pero que siempre sale sola a todos lados, como se me hacía tarde para llegar al trabajo tuve que dejarla.

    El próximo martes tome nuevamente la micro para llegar al trabajo y me sorprendí cuando vi a la abuelita sentada así que me senté junto a ella y me reconoció de inmediato, platicamos cosas sin sentido durante el viaje y al llegar a nuestro destino le ayudé nuevamente a bajar, esta vez fui más descarado al tocar sus pechos y arrimarle la verga solo me miro pero no dijo nada, caminamos unos 5 minutos y tenía que dejarla porque tenía que ir a trabajar me agradeció nuevamente y me dijo que me invitaba a comer algo el domingo, por supuesto que le dije que sí, acordamos el lugar y la hora y me fui a trabajar.

    Llegó el domingo y nos vimos donde habíamos quedado, me invitó a desayunar algo en un mercado y me conto que era viuda desde hace 7 años pero que su marido le dejo algunos terrenos y una buena casa, le pregunte cosas de su vida privada y no se molestó en contestar me dijo que solo hubo un hombre en su vida que fue su marido y que antes de que muriera todavía habían cogido por última vez, me dijo no creas que soy fácil pero si tú quieres podemos ir a un hotel otro día yo estaba tan caliente que le dije que de una vez pero dijo que no podía porque ya era tarde que mejor el martes y me agarro la verga sobre el pantalón y me dejo tocarle las tetas a mi antojo, no me importo que alguien nos viera.

    El martes no pude verla por el trabajo y así pasaron varias semanas y no sabía nada de ella había perdido la esperanza de poder cogérmela; hasta que un sábado la encontré en el mercado y me dijo que ese martes me estuvo esperando por horas, le dije que fuéramos de una vez y dijo que ya no tenía tiempo, así que, solo volvió a agarrarme la verga y se dejó manosear. Quedamos de vernos el miércoles 4 de enero.

    Llegó el día nos vimos cerca de mi casa y como casi todos me conocen decidí llevármela al lugar donde la conocí, llegamos a un hotel y pedí una habitación con dos camas por que les dije que iba con mi abuelita jajá, pero no tuvieron así que entramos a la habitación y me senté en la orilla de la cama y la pare enfrente de mí y empecé a tocarle sus nalgas y a besar sus tetas sobre su ropa, me saque el pantalón y mi pene ya estaba como piedra ella se empezó a quitar la ropa que por cierto llevaba bastante puesta.

    Volví a sentarme igual que antes y nuevamente le tocaba sus nalgas, pero esta vez ya no tenía nada puesto, le besaba sus tetas arrugadas y caídas y empecé a chupar sus pezones que de inmediato se pusieron duros y cambiaron de tamaño ella solo cerraba los ojos y me agarraba de la cabeza, se dejaba manosear a mi antojo.

    Se tumbó en la cama con las piernas abiertas pase mis dedos por su vagina peluda y para mi sorpresa estaba toda húmeda, me decía que ya se la metiera que quería sentirla adentro así que me metí entre sus piernas y apunte mi pene a la entrada de su vagina, le metí un poco y empezó a quejarse de dolor le metí otro poco casi hasta la mitad y deje que se acostumbrara al tamaño de mi pene, no porque este grande, si no, porque llevaba tiempo sin sentir un pene dentro de su vieja concha ella solo cerraba sus ojos y se veía que empezar a gustarle, le metí la otra mitad de golpe y le saqué un gran gemido.

    Empecé a meter y sacar a un buen ritmo mientras acariciaba sus tetas caídas ella solo gemía y decía que sentía muy rico, pasaron 10 minutos así y me abrazo con sus pies como no queriendo que se la sacara así que se la metí hasta lo más profundo que se podía y acelere el mete saca, cuando sentí que me arañaba la espalda y se retorcía de placer con los ojos cerrados; fue cuando sentí un chorro salir de su vieja y peluda vagina, había tenido un orgasmo.

    Se quedó quieta y me dijo que había sido lo más rico que había sentido en su vida, le saque mi pene y deje que recuperara sus fuerzas pasaron algunos minutos y me empezó a agarrar mi pene que permanecía firme queriendo ser vaciado, se lo llevo a la boca y empezó a darme una mamada increíble, me dijo que quería volver a sentir mi pene dentro, así que, volví a meterle en la misma posición de antes y me dijo que quería que le llenara la panocha de leche.

    Le estaba metiendo cuando me abrazó e hizo que quedara prácticamente acostado sobre ella, le besaba su cuello y tetas ella me decía que ya me viniera porque empezar a dolerle un poco entonces acelere las embestidas y le dije que estaba a punto de correrme, ella solo me agarro de la cintura arañándome nuevamente y me vine dentro de su vieja vagina lo increíble fue que ella tuvo otro orgasmo al mismo tiempo que yo.

    Nos recostamos y le agarraba sus tetas y ella agarraba mi pene me dijo que fue increíble que nunca había gozado tanto en su vida. Nos vestimos y salimos del hotel y me dijo que quería ir otra vez el sábado 14 de enero.

    Esta vez pienso estrenar su viejo culo, si sucede aquí estaré contándoles lo que pasó. Espero que les haya gustado mi relato.

  • Con la profesora (parte 2)

    Con la profesora (parte 2)

    «Lo pensé mejor, ven a mi casa a las 10 pm»

    Pasé todo el día mirando la nota. Después de una semana, pensando en ella, torturándome viéndola por la escuela, sin poder tirarme encima. Me había vuelto loco esa semana, pero esa nota había cambiado completamente mi humor. Las clases se me hicieron eternas. Mis clases terminaban a las 7 pm, tendría 3 horas para ir a mi casa, bañarme, alistarme y poder ir al departamento de Patricia. Estaba desesperado porque pase el tiempo. Cuando terminó mi última clase, estaba esperando que le profesor de la señal, para salir disparado a mi casa. Cuando, de repente, le profesor dice mi nombre y pide que me quede.

    Me pidió que lo ayude a llevar unos documentos a la oficina del coordinador de curso. Acepté a regañadientes y fui rápido a recoger los documentos y los dejé donde el coordinador. Al terminar, salí con prisa, para ir a mi casa. En el camino, me di cuenta que la escuela estaba muy despejada. Casi todos los alumnos se habían ido. En eso, en un pasillo despejado, me encontré de frente a Patricia. No había nadie cerca.

    -Buenas noches, profesora –dije sonriendo. Ella también sonrió.

    -No te olvides de la nota –susurró, guiñándome un ojo.

    -No he dejado de pensar en eso todo el día –le dije acercándome un poco– perdón, pero no me puedo contener.

    Miré alrededor, al ver que no había nadie, me acerqué y le di un beso hermoso. Puse una mano en su cintura y la pegué a mí. Luego ella se separó de mí, me sonrió coquetamente y se fue haciéndome una seña de la hora.

    Salí disparado hacia mi casa. Me bañé lo más rápido que pude, me alisté y salí rumbo al departamento de Patricia. Con la desesperación que tenía, llegué como 20 minutos temprano. Decidí esperar en la esquina, prendí un cigarro y esperé. Como a los 10 minutos llegó Patricia. En la puerta vi que se encontró con un hombre, era grande, por lo menos 1.90 de estatura, musculoso. Se quedaron conversando, a ella la notaba molesta. Después de unos minutos, ella le dio una bofetada y entró a su edificio. Unos segundos después, él se fue. Esperé unos minutos afuera y llamé a su departamento por el intercomunicador.

    -¿si? ¿buenas? –dijo por el altavoz.

    -Patricia, soy Gonzalo –respondí.

    -Sube –y me abrió.

    Entré rápidamente y subí por el ascensor. Cuando llegué, la puerta estaba entreabierta. Entré preguntando por Patricia y nada, no había respuesta. Cerré la puerta, ingresé despacio y estando en la sala volví a preguntar. Me respondió que ya salía, que acababa de llegar y que se estaba cambiando. Me senté en un sillón y esperé. Unos minutos después, salió Patricia. Al darme vuelta para verla, no pude evitar abrir la boca y los ojos de la impresión. Vestía un conjunto de lencería negro, que, en su piel blanca, se veía espectacular.

    -¿te gusta? Lo quiero estrenar contigo –dijo mordiéndose el dedo índice.

    -¡por dios!! Te ves preciosa –respondí, aun impresionado– entonces será de un solo uso, porque con las ganas que te tengo, te lo voy a destrozar.

    -Ven entonces. ¿Qué esperas? –dijo.

    Me paré de un salto, corrí hacia ella y la abracé cargándola y besándola con locura. Mi calentura era extrema. La cargué, ella me abrazó con sus piernas. Al cargarla la tomé de las nalgas. La llevé al sillón, la senté encima mío y comencé a besarla, recorriendo todo su cuerpo con mis manos. La besaba en el cuello, en los hombros, mi boca quería recorrer todo ese hermoso cuerpo. Cuando quise desabrochar su sostén. Pero ella me lo impidió. Se levantó, se paró frente a mí.

    -Quiero bailar para ti –dijo para mi sorpresa– pero quiero que estés solo en ropa interior.

    Rápidamente me levanté, me quité la ropa muy rápidamente y me acomodé el bóxer, para que muestre mí ya pronunciada erección. Me senté y comenzó el show. Puso música en su radio. Y comenzó a bailar muy sensualmente. Se acercaba a mí, pasaba sus tetas frente a mi cara. Pasaba su cara cerca de mi pecho y lo soplaba suavemente. Sin tocarme, me estaba volviendo loco.

    Siguió bailando muy sensualmente, cada vez me sorprendía mas lo caliente que era. Se sacó el sostén lentamente. Cuando vi sus tetas, me quise lanzar de boca, pero ella me empujo de vuelta al sillón. Puso un pie en mi pecho y me hizo “no” con el dedo. Luego se sacó el calzón, se agachó mostrándome el culo. Se veía espectacular. Y bailaba excelente. Aun sin tocarme, seguía bailando cerca mío.

    Luego, en uno de sus bailes, acercó sus tetas a mi cara. Me las pasó por todo el cuerpo. Luego su culo, mi pene ya estaba erecto. Como el bóxer me quedaba apretado, la cabeza salía ligeramente por encima del bóxer. Patricia al ver esto, se sentó encima, dándome la espalda y comenzó a bailar frotándose suavemente sobre mi bóxer. Estuvo un momento así, luego se levantó, se dio la vuelta y se arrodilló, para frotarse nuevamente, pero esta vez con las tetas. En la punta de mi pene ya había unas gotas de líquido pre seminal. Al notarlo, paso dos dedos por la punta, recogiendo el líquido y llevándoselo directamente a la boca. Lo saboreó. Luego me sacó el bóxer para meterse mi pene a la boca.

    -Que rico sabe tu pija –me dijo, mientras la saboreaba– extrañaba este sabor.

    -Yo extrañaba todo de ti –respondí– no he dejado de pensar en ti en toda la semana.

    -No te preocupes, que esto va a pasar más seguido.

    Se subió encima mío y me comenzó a cabalgar con locura. Su vagina estaba muy húmeda. Se movía delicioso. Definitivamente no iba a durar mucho. Estaba excitadísimo. Y la semana que pasé pensando en esto no ayudaba. Estuvo moviéndose como una profesional encima mío un buen rato, creo que ni en películas porno había visto movimientos así. La cargué y con mis manos en sus nalgas la subía y la bajaba. Ella se abrazó a mi cuello, estiró sus brazos y se dejaba caer. Sus tetas quedaron frente a mí, acerqué mi cara y me enterré entre sus tetas. Las lamia y las besaba. Ella, con los ojos cerrados y la boca abierta, gemía fuertemente.

    Me pidió que la baje. Se acomodó en el borde del sillón y se dejó caer suavemente al suelo, estaba con la cabeza en el suelo, con el culo apoyado en el borde del sillón y las piernas abiertas en el aire. Me acomodé encima de ella y apunté mi pene hacia abajo se la comencé a meter suavemente. Estaba excitadísimo. Desde arriba podía verla morderse los labios. No podía aguantar más. Me iba a venir.

    -¡me voy a venir!!! ¿dónde quieres mi leche? –pregunté.

    -Tíramela en las tetas y la cara, pero aún no te vengas, que estoy por correrme –dijo, mientras con una mano se sobaba fuertemente el clítoris– cuando te diga la sacas y te vienes en mis tetas.

    -Ok, pero no demores, que no aguanto más –dije, aguantando lo más que podía.

    -¡ya estoy cerca! ¡ahí viene! Sácala, sácala ya –pidió, saque mi pene de su vagina. Ella se sobó fuerte el clítoris y un chorro suave salió de su vagina mientras ella convulsionaba suavemente -¡Ahhh! ¡que rico!

    No pude aguantar más, me sacudí el pene y le tiré varios chorros gigantes encima, cayeron en sus tetas, en su cara, en el piso, por todos lados. Fue una corrida gigante. Por sus tetas chorreaban nuestras corridas mezclándose. En esa posición, la vista era excitante, me arrodillé en el sillón y me enteré de cara en su vagina. Comencé a lamer y saborear sus jugos, estaba empapada. Ella seguía gimiendo, comencé a meter dos dedos y los movía dentro. Su vagina se mojaba cada vez más. Sentí como comenzaba a temblar y volvió a salir un chorro directo a mi cara. Era la gloria. Lo recibí con la boca abierta y me lo tragué. El sabor era exquisito.

    Nos sentamos en el sillón, la abracé con un brazo y ella pegó su cabeza a mi peco, nos quedamos un rato en silencio. Recobrando las fuerzas. Ella respiraba agitadamente. Estaba muy cansada. Estuve pensando en el chico con el que la vi en la entrada de su edificio. La curiosidad pudo más y decidí preguntarle por él.

    -Disculpa la indiscreción, pero cuando llegué te vi conversando con un chico. Te vi bastante molesta. ¿Quién era? –pregunté.

    -¡ay! Qué vergüenza. Era mi ex. Vino porque quería recoger sus cosas. –respondió un poco avergonzada– lo que pasa es que él tenía un cuarto acá, en el que había puesto sus juegos de video. Es muy aficionado a esas cosas.

    -Y ¿por qué te avergüenzas? El que debería avergonzarse es el. Después de haber perdido a una chica como tú –dije– además, con el cachetadón que le metiste, se debe haber ido bien molesto.

    -¿lo viste? Tuvo el descaro de decirme que la zorra de Jimena le había dicho para que se mude con él.

    -Que imbécil –dije– ¿y quién es esta tal Jimena?

    -Es una zorra. Además de fea. Jijiji –dijo burlándose– te muestro ¿si quieres?

    -A ver –respondí, pensando en que debería ser un mujerón, para que hayan cambiado a Patricia por ella.

    Se levantó, fue a coger su celular y me mostró la foto de una chica. Si bien no era fea, no era nada comparada con Patricia. Tenía unas tetas grandes, pero el culo era bastante pequeño. De cara era un poco tosca, con una nariz ancha. En verdad, para mi Patricia era un 10, Jimena con las justas llegaba a un 7. Tenía que hacérselo saber.

    -¿es en serio? No te llega ni a los talones. Disculpa que te lo diga así, pero tu ex es un imbécil –le dije.

    -Gracias. La verdad que si es un imbécil. –respondió sonriendo– y te aseguro que no coge ni la mitad de lo rico que coges tú.

    -¿en serio? y ¿qué hacia una diosa como tú, con un imbécil como él? –me atreví a preguntar– si no es indiscreción.

    -No sé, cuando llegué al Perú, entre a trabajar al restaurante, lo conocí y me trató muy bien. Era diferente antes. Es más, al final de la relación se pasaba más tiempo en ese cuarto que conmigo. Mira, te lo muestro.

    Me llevó a un cuarto pequeño, tenía un televisor grande, un play station y una silla gamer. Era un cuarto de juego bastante bien equipado. Me dijo que vendría al día siguiente temprano a recogerlo, me dijo que no lo quería ver, pero que no quería que se quede solo en casa. Me pidió que me quede a dormir, que me quede en el cuarto mientras él se llevaba sus cosas, por si pasaba algo. Acepté, aunque me ponía un poco incómodo la situación.

    -No debería demorar mucho, pero me da rabia que se lleve sus cosas así no más –dijo molesta– quiero vengarme de él, pero no sé cómo.

    -Podríamos coger en su silla –dije sin pensar– que se la lleve oliendo a sexo.

    -No es mala idea –dijo.

    Me jalo a la silla. Se sentó y abrió las piernas. Su vagina seguía mojada. Me acerqué y se la metí de golpe. Comencé a embestirla fuertemente. Era un poco incómodo, porque la silla rodaba hacia atrás, cada vez que la empujaba. Pero pudimos acomodarnos luego. La besaba en la boca mientras la embestía, la idea de la venganza nos estaba excitando a los dos. Estábamos como locos.

    Después de unos minutos en esa posición, se levantó, me empujó a la silla para sentarme. Se subió encima mío y me comenzó a cabalgar de esa forma tan rica, como solo ella sabe hacerlo. Sus movimientos evidenciaban su excitación. Estaba muy mojada. Así que la ayudé a moverse cada vez más fuerte. Mis manos en sus nalgas, las apretaba y las empujaba para ayudar a sus movimientos. En eso se levantó, apoyó una pierna en mi muslo y comenzó a masturbarse rápidamente.

    -¡Ahhh! Me voy a correr –gritó mientras un chorro grande caía encima mío y chorreaba hacia el asiento – ven, te la quiero chupar y que te corras en la silla.

    Me levanté, se arrodilló y me comenzó a chupar el pene de una forma magistral. No duré mucho, debido a la excitación y a la gran mamada que está recibiendo. Cuando comencé a sentir que ya me iba a correr, le avisé, ella se levantó, se puso atrás mío, apuntó mi pene hacia la silla y me masturbó rápidamente, mientras su otra mano, pasando por debajo de mi culo, me masajeaba las bolas. Descargué una gran cantidad de leche que cayó directamente en el asiento. Ambos nos quedamos un rato mirando ese asiento, cubierto con nuestras corridas y nos reímos. Trajo papel toalla y lo limpió sin ponerle muchas ganas. Se veía limpio, pero ambos sabíamos que estaba realmente sucio.

    -Vamos a acostarnos –me dijo– mañana cuando venga, mientras recoge sus cosas, quiero que me cojas en el cuarto.

    -Jajaja, ok, realmente eres mala –le dije sonriendo– me encanta ser parte de tu venganza.

    Nos fuimos a acostar y al día siguiente despertamos abrazados, al sonido del intercomunicador. Se levantó, se puso un vestido ancho y largo, que, si bien no lucía su hermoso cuerpo, la hacía ver hermosa.

    -Le voy a abrir, espérame aquí, no hagas ruido –me dijo– pero anda poniendo esa pija dura para mí.

    Salió, al rato escuché abrirse la puerta del departamento. Escuché que hablaban.

    -Ahí están tus cosas. Apúrate, llévatelas de una vez, que ganas no me faltan de botarlas –la escuché decir molesta.

    -Pero Patty, no podemos hablar un rato, te ves hermosa –dijo.

    -Jajaja, si serás hijo de puta –la oí decir– ¿Qué crees? ¿Qué nos vamos a echar un polvito? Seguro debes apestar a esa zorra. Además, te cuento que ya me conseguí a otro, que coge mejor que tú, por cierto.

    -Sí, claro. Sabes que te mueres por volver conmigo –dijo el muy imbécil.

    -Ni loca. Y apúrate, que me tengo que ir. Me avisas cuando te vayas y ni se te ocurra venir a mi cuarto –dijo molesta.

    Unos segundos después, abrió la puerta, la cerró con seguro. Me empujó a la cama, se subió la falda y se sentó en mi pene. Me hizo una seña de silencio y comenzó a moverse delicioso mientras me besaba para no hacer ruido. Se movía frenéticamente. La idea de que su ex esté tan cerca, mientras cogía con su nuevo amante la tenía muy excitada. Estuvimos unos minutos así, hasta que escuchamos que la llamaba desde la sala. Salió y yo me acerqué a la puerta para escuchar lo que decían.

    -Ya está –dijo el, al verla salir– ¿en serio no podemos hablar?

    -No –dijo tajantemente– ya lárgate, que no te quiero volver a ver. Vete con esa zorra, que es lo que te mereces.

    -Pero, amor. Te extraño –dijo.

    -Nada de amor –dijo– ya no tienes ningún derecho de hablarme así. Y lárgate antes de que haga un escándalo y te boten a patadas.

    Escuché que se cerraba la puerta fuertemente. Me volví a sentar y entró Patricia. Al entrar se sacó el vestido completamente y se volvió a sentar encima de mí. Se movía fuertemente, se notaba que estaba molesta, pero no me importaba, lo único que quería era disfrutar de ella, de su cuerpo. De esos movimientos tan deliciosos.

    -Quiero que te vengas en mi cara, tomarme una foto chupándote la pija y mandársela, para que sepa que mientras él recogía sus juguetes, tú me estabas cogiendo de lo lindo –dijo molesta.

    Esto me puso a mil. Siguió moviéndose rápidamente encima mío. Su vagina chorreaba y comencé a sentir como me iba a venir. Le hice una seña. Se arrodillo frente a mí y me masturbó con furia, apuntando hacia su cara. Me vine en su cara, con la cara llena de leche, se levantó cogió su celular, se metió mi pene a la boca y se tomó un selfie. Tiró el celular en la cama y me limpió el pene con la boca.

    -Discúlpame, estoy muy molesta –se disculpó– ¿Cómo se atreve a buscar un polvo después de lo que me hizo?

    -No te preocupes, no tienes por qué disculparte –dije– entiendo que aun estés molesta con él. Pero quiero que sepas que yo nunca te trataría de esa manera.

    -Lo sé, tú eres un gran chico –dijo sonriendo– por eso quiero pedirte disculpas, porque por ahora no quiero una relación, pero quiero seguir disfrutando del sexo contigo.

    -No te preocupes –dije– yo siempre estaré aquí para lo que necesites.

    -Gracias –agradeció– ¿tienes clases? O ¿puedes quedarte un poco más?

    -Tengo clase a las 11, pero ese curso es fácil –dije– así que si falto no pasa nada.

    -Qué bueno –respondió– hoy pedí el día libre, así que nos podemos quedar todo el día acostados.

    Tomó su celular, abrió el chat de su ex. Envió la foto con un mensaje.

    «Mientras tu recogías tus juguetes, un verdadero macho me estaba cogiendo de lo más rico»

    «Ah si, disfruta de tu sillita, debe oler muy rico. Jajaja»

    Bloqueó el número de su ex. Y lo guardó.

    Nos acostamos abrazados. Puso una película. Al rato se quedó dormida apoyada en mi pecho. Unos minutos después, me dormí yo.

    Después de esto, comenzamos una relación de amigos con derechos. Bueno, para ella era de amigos con derechos, yo ya estaba enamorado.

    Fin