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  • Marichuy. Quien soy

    Marichuy. Quien soy

    Hola, mi nombre es María de Jesús, Marichuy para mis amigos, pacientes y familiares, mexicana de una población cercana a Guadalajara, México, nací en enero del 2000, físicamente soy una mujer delgada de 1.75 de estatura y 65 kilos de peso, de cabello castaño claro que normalmente uso largo, de piel morena clara, ojos marrón, nariz recta y boca pequeña, cintura fina y caderas no muy anchas, de piernas largas y lo más importante para mis lectores hombres, tetas de buen tamaño para mi físico delgado (uso copa C y en ocasiones hasta D) y de un culito bien paradito y redondo.

    Licenciada en Psicología y Máster en Sexología por una universidad de Sevilla, España (donde viví dos años).

    Les comento que mis relatos serán largos, me gusta contar el contexto de las cosas y también me gusta platicar todo lo sucedido en cada historia, además creo importante detallar cada momento del acto sexual para que mis lectores perciban la pasión, el dolor, la euforia y cada uno de los sentimientos que rodean una experiencia sexual.

    Muchos de mis relatos se tratarán de mis propias experiencias, pero otros relataran las vivencias tanto de amistades, familiares y de pacientes que han accedido a que yo las cuente, siempre manteniendo su anonimato y contados en primera persona.

    De mí, rápidamente les puedo decir que soy una verdadera amante del buen sexo, me encanta sentirme amada, deseada, apetecida, querida, me encanta hacer el amor tanto con hombres como con mujeres, me fascina el sexo vaginal tanto como el sexo anal y el sexo oral, me encanta el sexo de roles donde puedo jugar a ser una sensual gatita o una leona atrevida, una chica inexperta o una ninfómana, lo único que no acepto es la agresión física, mental o verbal en una relación.

    Me encantan los juguetes sexuales y procuro usarlos tanto para darme placer cuando estoy sola como cuando tengo relaciones con otra persona y debo decir que me encantan los hombres que aceptan usarlos en ellos mismos.

    Tuve la fortuna de ser iniciada sexualmente por un hombre realmente encantador, que anteponía mi satisfacción a la suya, eso motivó las dos principales premisas de mi consulta.

    “En una relación sexual, un verdadero hombre logra llevar a su pareja a un orgasmo antes de siquiera pensar en la penetración”

    “Una mujer que no logra por lo menos dos orgasmos en una sesión de sexo, realmente no está disfrutando de la experiencia”

    Mi próximo relato tratará sobre cómo fue mi iniciación al sexo.

    Espero disfruten de cada uno de mis relatos y siéntanse con la confianza de darme su opinión, trataré de contestar todas ellas.

  • Sexo con mi vecina en la playa

    Sexo con mi vecina en la playa

    Cuando me encontraba en la prepa tenía una vecina de muy buen ver, yo tenía 18 y ella 34 aproximadamente, después de varias pláticas entre ella y yo, me enteré por una amiga de ella que yo le gustaba y que quería salir conmigo, pero no sabía cómo decírmelo. Opté por invitar a ambas a la playa junto con un amigo para que le hiciera compañía, llegamos a la playa como eso de las 11 de las noche y mi amigo se fue con la amiga para dejarnos solos. Nos tomamos unas cervezas, después de estar sentada un rato en el cofre del carro ella se paró y avanzó unos pasos, decidí avanzar detrás de ella y abrazarla por su cintura, pegué mi cuerpo al suyo y empecé a besar primero la punta de sus orejas, después su cuello, hasta llegar a sus labios, ella por su parte tallaba más su cuerpo contra el mío.

    Nos pusimos ambos de frente y seguimos con los besos, seguía apretando su cintura lo más que podía contra mi cuerpo, empecé a acariciar sus nalgas y dirigir mis labios hacia sus pechos, desabotone su blusa blanca para poder apreciar mejor sus pechos mientras que con mis manos subía su falda color negra. Fui guiando su cuerpo hacia el asiento trasero del carro, y empezamos a desvestirnos, ya completamente desnudos seguimos besándonos, mientras yo besaba sus labios mis manos acariciaban y masajeaban sus pechos para después dirigirme hacia sus nalgas y apretarlas, mi sexo y su sexo se rozaban y hacían que nuestra excitación subiera cada vez más.

    La puse boca abajo y empecé a besar su espalda de arriba abajo y a exhalar aire sobre toda su columna, mi miembro se tallaba sobre sus nalgas, y sobre el punto medio de ellas, llegamos al punto en el que me pedía que ya la penetrara y que estuviera dentro de ella, en esa misma posición la penetre y empecé lentamente para después ir con movimientos más rápidos y fuertes, mientras que mis manos sujetaban su cintura para poder jalar sus nalgas hacia mí, pare un momento y lleve mi mano hacia su cabello para jalarlo y seguir con los movimientos rápidos y fuertes el sonido de sus cuerpo contra el mío era el más hermoso que hubiese escuchado, mientras que el carro cada vez se movía mas, sin embargo no nos importó y seguimos.

    Volvimos a estar frente uno al otro y ella se arrojó sobre mi quedando yo sentado y ella arriba de mí, una vez que ella puso su vagina dentro de mi miembro empezó a moverse de atrás hacia adelante muy lentamente y poco a poco fue aumentando de ritmo, mientras que yo succionaba sus pechos con una mano y con la otra acariciaba su otro pecho, y acariciaba su cuello fuertemente para después meter mi mano en su cabello para juntar su cara con la mía y seguir disfrutando de sus ricos labios.

    Separamos nuestros labios ya que estaba aumentando el ritmo de sus movimientos hasta que llego a un intenso orgasmo que hizo que mojara todo mi miembro, al terminar su orgasmo se recargo sobre mí, mientras que yo seguía moviéndome lentamente para que no dejara de sentir placer, la acosté sobre el asiento y subí sus piernas a mis hombros, empecé a realizar movimientos lentos pero fuertes, en cada embestida ella soltaba un gemido que bien pudiese haber escuchado alguien, sin embargo, estaba al pendiente de que nadie estuviera cerca de la playa, el carro por su parte empezaba a moverse más.

    Empecé a moverme más rápidamente, mientras que ella pedía que ya terminara por que no tardarían en regresar nuestros compañeros de viaje, entonces apresure el paso y con mis manos en sus hombros y sus piernas en ms hombros me acerque lo más que pude a ella y acelere mis movimientos, sus fluidos seguían y seguían lubricando cada penetración que le daba, hasta que después de un rato logre venirme en su interior.

    Al terminar me quite el condón lo envolví y escondimos toda la evidencia, bajamos los vidrios para que se ventilara el carro pero era obvio que ya sabían nuestros amigos lo que habíamos hecho.

    Espero les halla agradado el relato, en caso de ser así comentármelo. Actualmente cuento con un libro llamado ‘El arte del orgasmo’ donde platico acerca de las formas efectivas para dar un orgasmo a una mujer y voy por el segundo libro donde trato el tema de ‘Como volver a una mujer multiorgásmica’.

    Mi correo es [email protected], suelo dar consultas y consejos de sexo y de seducción.

    Recuerda que no existe nada más lindo que ver disfrutar a una mujer del sexo y más si puede disfrutarlo muchas veces seguidas.

     

  • La prima Lorelai

    La prima Lorelai

    La prima Lorelai, en realidad es la esposa de mi primo Jonás, ella es una mujer grande, y por grande me refiero a que es de esas mujeres que tienen sobrepeso, pero se antojan. Lorelai, en ese entonces tenía unos 40 años, es alta de 1.78 de estatura, piel blanca, cara larga y mejillas prominentes, boca grande con labios gruesos y llenos de carne, nariz de bola, ojos grandes y de color avellana, cabello largo rizado hasta media espalda, unos enormes pechos muy flácidos, un prominente abdomen producto de sus tres hijos, un trasero descomunal y una piernas regordetas y méxico-americana, por lo cual es bastante floja, duerme bastante.

    Al cabo de algún tiempo decidí buscar algo mejor, por lo que me mude a un edificio más elegante, para tal efecto; pedí prestada la camioneta del primo Jonás, este acepto y me dispuse a hacer la mudanza.

    Una vez terminada llame a Jonás y le dije que si el pasaba a recoger la camioneta o se la llevaba al día siguiente a su casa, el prefirió que se la llevara a su casa.

    Al día siguiente era viernes y amanecí con unas ganas inmensas de follar como Dios manda. Salí a dejar la camioneta y llegue a casa de Jonás a eso de las 13:00 hrs. Toque varias veces el timbre y no hubo respuesta, por lo que llame a Jonás y pregunte que hacía, él me dijo que había una llave en una maceta que la tomara y dejara las llaves dentro de la casa, también me indico que en su habitación había unos perfumes para mi madre, que subiera y los tomara para llevárselos.

    Tome la llave de la maceta y entre a su casa, no había nadie, mis tres sobrinos estaban en las escuela y ni señales de vida de Lorelai, por lo que dejando las llaves en la mesa del comedor me dirigí a la habitación de mi primo, subí las escaleras y note que la puerta estaba cerrada, la abrí despacio y entre…

    Lo que vi fue algo que lejos de disgustarme, me puso más caliente de lo que ya estaba, Lorelai, estaba profundamente dormida, con los ojos cubiertos por un antifaz de noche y enfundada en un camisón de algodón color negro, sus enormes tetas se desparramaban mostrando sus enormes pezones más obscuros que su piel… baje la mirada para deleitarme con sus buenas piernas y su gran cadera…

    No pude resistir la tentación y asegurándome que estaba perdida en su sueño, comencé a tocarle las tetas, y frotar sus pezones, mi pene se puso duro de inmediato y empecé a darme unas buenas frotadas. Ella ni se inmutaba, así que muy despacio tome uno de sus tirantes del camisón y lo deslice por su hombro, baje un poco su camisón y deje que uno de sus enormes senos al descubierto… mis dedos se paseaban por todo lo largo y ancho de su enorme teta, mientras que suavemente acariciaba su pezón…

    Como vi que no despertaría no con un terremoto, decidí sacarme el pene de los pantalones, y pasarlo por encima de su teta… aquello era realmente suave, tome mi glande y lo restregaba sobre su pezón.

    Lorelai, se movió como quien está por despertar y me aleje de ella, tomo las cobijas y se dio vuelta quedando de espaldas a mi… espere un poco a que se volviera a dormir y la despoje de las cobijas lento y suave, para no despertarla, su camisón se había subido hasta el comienzo de su enrome trasero, así que con cuidado lo subí más dejando sus enormes nalgas al descubierto.

    Tome mi pene y volví a pasarlo por todas sus nalga, mi glande recorría toda su raya de las nalgas, las cuales eran suaves como sus senos, deje mi pene suelto y tome delicadamente sus nalgas con las dos manos, separándolas; mire que no usaba bragas por lo que de inmediato salto a la vista un ano muy negro y una vagina totalmente depilada y muy grande, algo obscura…

    Ya no resistía más, por lo que pensé, al diablo, me voy a coger a esta gorda…

    Humedecí mis dedos con algo de saliva y comencé a frotarle la vagina, su raja era muy caliente y comenzó a humedecerse muy rápido. Aquella sensación propino que Lorelai, comenzara a gemir suavemente.

    – Mmm!! ouuu!! mmm!! aaaa!!…

    En ese punto no sabía con certeza si ella estaba dormida o despierta, pero llevado por la calentura seguía dedeándole la vagina… tiempo después decidí, cambiar el instrumento por lo que dejando un poco de saliva sobre mi pene, lo paseaba por sus labios vaginales con suavidad, en una de esas pasadas mi pene encontró su hueco y por lo húmedo de su vagina, se deslizo dentro de Lorelai…

    – Aaaammm!!… –dijo Lorelai.

    Me detuve y note que ella seguía dormida, así que comencé a bombearla suavemente sin dejar entrar todo mi pene en su vagina… ella gemía y pujaba.

    – Amm!! umm!! aa! mmm!! uuuyy!!…

    Lorelai, se volvió a mover. Por lo cual saque mi pene de su vagina y di un paso atrás, se volvió a acomodar boca arriba con las piernas abiertas y los brazos extendidos a los costados. Lentamente me puse delante se du cara y coloque mi pene en sus labios gordos… lo moví un poco y abriendo la boca Lorelai comenzó a chuparme el pene. En ese momento ya me importaba un carajo si despertaba o seguía dormida.

    Debo decir que mama de maravilla, después de unos minutos Lorelai, despertó y entre adormilada y despierta, y aun con mi pene en la boca se quitó el antifaz de los ojos, exclamando.

    – Primo… Que haces…? Qué demonios haces en mi habitación y con tu cosa en mi boca…?

    No sabía que decir, y solo atine a responder.

    -No se… es que me dieron ganas de follarte, prima…

    Ella abrió los ojos grandes y dijo

    -Estás loco… sal de mi habitación. -dijo Lorelai, cubriéndose con las sabanas.

    Metí mi pene en los pantalones y tomando los perfumes Salí de la habitación, baje las escaleras y mil cosas pasaban por mi mente… llegue al final de las escaleras y escuche que Lorelai abrió la puerta d su habitación y dijo:

    – Primo, espera, vuelve aquí… vamos a hablar…

    Volví a subir las escaleras y entre a su habitación, ella estaba sentada sobre la cama y mirándome dijo:

    – Que estabas pensando, al hacer esto?

    – No lo sé, solo paso, lo siento Lore… perdón… -dije.

    – Mmm, perdón… eso no cambia nada –Lorelai.

    – De verdad no sé qué decirte Lore… mejor me voy –dije.

    – Aaa… noo!! Primito… ahora terminas lo que empezaste… -dijo Lorelai, levantándose de la cama.

    Aquello me sorprendió en demasía, pensé que me patearía el trasero y me sacaría de su casa… levante la cabeza y la mire, ella tomo sus tirantes del camisón y los bajo por sus brazos dejando que la gravedad hiciera el resto… su cuerpo quedo completamente desnudo… sus senos colgados y enormes, su abdomen grande y su pubis depilado… aquello era intimidante… pensé que mi pene no sería suficiente para tanta mujer…

    Lorelai, me tomo de la mano y sentándose en la cama dijo:

    – Primo, bájate los pantalones…

    Baje mis pantalones y ella tomo mi bóxer por el elástico, bajándolo hasta atorarlo debajo de mis pelotas, mi pene se desplomo frente a ella y en menos de lo que se los cuento, comenzó a mamar pene…

    – Gug, gug, gug!!… primo… esta sabrosa tu cosa… -dijo ella.

    Mi pene comenzó a endurecerse en cuestión de segundos… hasta llegar a estar como piedra. Al sentir que la labor había surtido efecto, dejo de mamar y dijo

    – Métemelo… primo… méteme tu cosa en mi rajita…

    Se levantó y colocándose en cuatro patas sobre la cama, se palmeo el enorme trasero.

    – Aquí, aquí… ensártate a tu prima… Fabio… dale palo a tu prima que está bien caliente…

    Me coloque detrás de ella y poniendo mi pene en la entrada de su vagina, comencé a empujar dejando que su vagina se tragara centímetro a centímetro mi palo…

    – Aaaa!! mmm!! primooo!! sii!! aaaa!!, cógeme, cógeme…

    – Que primita, te dejaron caliente en la mañana? -pregunte

    – Aja… Jona se tuvo que ir sin darme lechita en el desayuno…

    – Aaaa!! dame palo… te gusta mi culote…? Primo…

    – Aja… esta rico… Lore… -dije

    Y si aquello era enorme… mis manos se perdían en sus nalgas… recargue mis manos sobre ellas y comencé a bombearla más fuerte… ella se agitaba y movía su enorme culo como loca.

    – Primooo!!… uy, uy, aaa!!…

    – prima que buen culote tienes… -dije

    – Si, si, si, uy, uy, uy!!, dale, dale primo… dale palo a tu primita la zorra…

    Seguí cogiéndola con buen ritmo y de pronto debido a su doble nacionalidad Lorelai comenzó a hablar en inglés… aquello parecía película porno…

    – Shit, fuck me hard… fuck me… oh god, oh god…

    – hit me in the ass, sucker… hit me…

    – Oh, oh, oh, baby… feels good, feels good… keep going… fuck me hard… cousin…

    Sus enormes y flácidas tetas se balanceaban y rebotaban con su cara y abdomen, con cada penetración de mi pene… mis manos le propinaban unas buenas nalgadas a su trasero, el cual se sacudía como gelatina, con cada palmada. Me detuve de pronto y Lorelai exclamó…

    – what happens? Cousin… porque te detienes… dame palo… give me your cock…

    – quiero metértelo por el culo… puedo? -pregunte

    Lorelai, volteo la cara y mirándome con ojos de asombro dijo.

    – Claro que si primo… clávamela en el ano…

    Saque mi pene de su vagina, subiéndolo hasta su ano. Lo coloque y tomándolo con mi mano, comencé a empujar para taladrarle el ano, ella se recargo sobre sus codos y decía…

    – fuck me the ass, fuck yeah… ou, ou, ou, slowly cousin…

    Mi pene comenzó a traspasar su ano, lentamente hasta que un empujón mas fuerte provoco que se hundiera hasta la mitad… Lorelai gimió fuerte…

    – ouuuu!!… shit… hurts me… stop… stop… para, para…

    Me detuve y deje que su ano se dilatara, contrario a lo que podía pensar su culito era apretado…

    Después de unos instantes, Lorelai, se sintió cómoda y dijo.

    – Go ahead!, slowly… dale primo despacio…

    Solo basto un empujón para que mi pene se clavara en su ano en su totalidad…

    – Shit, motherfucker… duele… espera primo… stop!!… stop!!…

    Volví a quedarme inmóvil hasta que ella se sintiera cómoda… lo que tardo un poco… pero por fin dijo…

    – Ya, ya, cógeme el ano… despacio y luego fuerte… y no te detengas hasta llenarlo de mocos… primo…

    Comencé a cogérmela suavemente, miraba como su ano se dilataba con cada penetración que le daba…

    – Aaaayy!!… oouu!!, honey, fuck me more… fuck me…

    – Dame verga, primo, dame más… se siente rico… mi Jona, no había querido darme por el culo…

    – Shit, shit, oh!! my god… feels good… shit, motherfucker…

    – No pensé que cogieras tan bien primo… sigue, sigue… no pares…

    Para ese entonces, ya le bombeaba el culo bastante duro. Seguí así por varios minutos hasta que mi pene se comenzó a poner más duro y anunciaba la inminente eyaculación…

    – Lore… entonces te relleno el culo de mocos?… -dije

    – Aja… si primo… déjame sentir tus mocos dentro de mi…

    Le di unas cuantas metidas más… hasta que ya no aguante… y mi pene descargo dos grandes chorros de semen dentro de su culo…

    – Aaaa!!!… primaaa…!! Que rico culo… Aaaaa!!!…

    – Uyyy!! que rico primo, siento tus mocos dentro de mi…

    Deje de soltar chorritos de semen y las sacudidas terminaron… lentamente saque mi pene del ano de Lorelai…

    -Ooouuu!!… primo… así quiero que me despiertes todos los días…

    Se dio vuelta y sentándose de nuevo en la cama, me limpio el pene con la lengua. Dejándolo muy limpio y sin rastro de semen…

    Tumbándose en la cama, dijo

    – Primo… ni una palabra a nadie… ok

    – Ok, Lore… no te preocupes… -respondí

    Metí mi pene en los pantalones y subí mi cierre, besándole las tetas me despedí de ella y salí de su casa…

    Hasta la fecha, no hemos vuelto a coger, pero cada que nos vemos en reuniones familiares, no podemos evitar las miradas y los roces… sé que algún día volveré a probar su voluptuoso cuerpo…

    Fin

  • Madre e hijo: el amor más puro y real

    Madre e hijo: el amor más puro y real

    Mi mama y yo vivimos solos en un departamento en Santiago del Estero (ciudad de Argentina). Mi madre tiene 40 años y tiene un culito redondo y unas tetas medianamente normales.

    Ella se separó de mi papa cuando yo nací, así que nos quedamos a vivir en su departamento mientras mi padre se fue del país.

    Como mi madre era abogada decidió abrir su estudio de abogacía en nuestro departamento así podía trabajar y estar conmigo al mismo tiempo.

    La verdad que gracias a su trabajo de abogada ella gana un muy buen sueldo y podemos vivir muy bien económicamente hablando.

    Mi mama siempre fue muy pegada a mi desde que nací, dormíamos juntos hasta que entre en la primaria, y siempre me abrazaba, me daba besos y me mimaba mucho.

    Cuando nos saludábamos o nos despedíamos nos dábamos un pico en la boca.

    Un besito inocente que solo demuestra el amor mutuo y solo lo hacemos cuando estamos solos.

    Y desde que nací siempre estuvo soltera, en parte porque yo era muy celoso, no me gustaba que mi madre estuviera con otro hombre.

    Cuando ella traía un hombre a la casa yo me ponía a llorar o me encerraba en mi habitación y no le hablaba por como 2 días, hasta que ella comprendió y dejo de verse con sus pretendientes.

    El último día mío en la primaria se me ocurrió preguntarle algo antes de ir a la entrega de diplomas:

    —Ma, porque ya no traes novios al departamento, el ultimo que trajiste fue el año pasado??

    —Porque el único amor de mi vida sos vos hijo, mi vida entera te la dedico a vos, yo lo único que quiero es que los 2 seamos felices

    Todo iba muy bien hasta que en la secundaria descubrí la pornografía y bueno con el cambio hormonal que estaba atravesando mi cuerpo, empezaron a gustarme las chicas.

    Pero mi mama jamás me dejaba salir con ninguna chica, ella era igual o más celosa que yo.

    Siempre que le decía de salir con una chica o con amigos no me dejaba porque me decía que tenía miedo, que había mucha inseguridad en la calle.

    —Mama por qué no me dejas salir???

    —La calle está muy peligrosa hijo, si a vos te pasa algo yo me muero, vos sos lo único que tengo, sos todo para mi.

    —Pero quiero salir un rato con mis amigos a pasear porque con chicas no me dejas.

    — No hijo, si querés salir salgamos los 2 juntos así yo me siento tranquila y podes divertirnos los 2 solitos. Porque a vos tampoco te gusta que salga con hombres, solo me dejas ir a los cumpleaños de mis amigas.

    -Bueno ma, peor es nada. Salgamos al cine

    Desde ese día hubo como un quiebre de la relación madre-hijo pasamos a tener una relación de amistad casi de romance.

    Salíamos juntos, hacíamos todo juntos, nos íbamos de vacaciones los 2 solos, los fines de semana ella trabajaba y yo estudiaba, en fin parecía que nuestra relación y la vida iba perfecta. Sin darme cuenta termine enamorándome de mi madre, lo único que quería era estar con ella todo el tiempo.

    Termine la escuela con el mejor promedio y mi madre había decidido vender nuestro departamento para mudarnos a Buenos Aires (capital de Argentina) así yo podía estudiar en una universidad privada y ella podría tener más ofertas de trabajo.

    Antes de mudarnos yo iba a cumplir 18 años el lunes 1 de diciembre y mi madre no iba a estar presente ya que había viajado a BS AS a cerrar la compra del departamento. Así que aproveche para festejar con un par de compañeros mi cumple, con mi madre íbamos a festejar el sábado a la noche.

    Termine de festejar y me fui a dormir. Al día siguiente mi madre llego a la madrugada me despertó y me felicito por haber cumplido años.

    Yo ya estaba decidido, iba intentar seducirla para comprobar si ella sentía lo mismo que yo.

    Tenía hasta el día sábado para comprobarlo así que decidí aprovechar todas las posibilidades que tuviera.

    El miércoles termine de bañarme, me seque con la toalla y salí desnudo, era la primera vez ya que siempre solía andar en bóxer por la casa.

    Salí del baño y me dirigí a la habitación de mi madre con la excusa de ver Netflix ya que la televisión de ella era muy grande.

    Me acosté boca abajo desnudo y con mi culo al aire y mi madre salió de la cocina y entro mientras yo estaba mirando la serie.

    Me miro, se acercó a mi riéndose.

    — Hijo que estás haciendo acá??

    Me dio un manotazo con cariño en el culo

    — Que grande que esta mi hijo

    Decía mi madre mientras me besaba en la nalga izquierda.

    Yo estaba contento porque ella estaba respondiendo a mis provocaciones y lo hacía de manera amorosa.

    Al día siguiente ya era miércoles y mientras mi mama estaba cocinando yo tenía que viajar a Buenos Aires a firmar unos papeles de la universidad.

    Ante de irme tenía que saludar a mi madre. Me acerque a ella y la abrace por la espalda, colocando mis manos en su vientre y le di un beso en el cuello.

    — Te amo muchísimo mama

    Ella se volteó y me miro

    —Yo muchísimo mas hijo, vos lo sos todo para mí, ya sé que estas te estas viajando por 2 días pero te voy a extrañar muchísimo

    Me agarro de la cabeza y yo la agarre de la cintura y nos dimos un beso de despedida.

    Esta vez no fue un pico sino un beso intenso que duro unos segundos, yo estaba muy emocionado era mi primer beso y encima era con mi madre.

    Empecé a notar como mi madre me quería meter la lengua y entonces automáticamente mis manos empezaron a bajar, quería agarrarle el culo. Ella lo noto y entonces se separó de mí.

    — Apurate hijo, vas a perder el vuelo

    Entonces agarre mi valija y me fui.

    Pasaron los 2 días y ya era la tarde del sábado, estaba volviendo a mi casa.

    Ese día mi madre me dijo que me iba a preparar algo especial para los dos solos, quería que festejemos mi cumpleaños de una forma especial para que no me olvide nunca. Cuando llegue y toque la puerta de la habitación de madre.

    —Puedo pasar?

    — Si hijo pasa tranquilo

    Abrí la puerta y ahí estaba mi madre en tanga y con una remera, boca abajo usando su celular. Estaba nervioso era la primera vez que veía a mi madre con tan poca ropa.

    Tome coraje y avancé a la cama, con mi mano le di una cachetada suave en su nalga izquierda y en la nalga derecha le di un beso con mucha ternura.

    —Hijo que estás haciendo

    Dijo mi madre sorprendida. No le di tiempo para pensar, automáticamente me tire encima de ella, la abrace y empecé a darle picos en la boca. Quería que sintiera ternura y mostrarle cuanto la amo.

    —Te extrañe muchísimo ma

    —Yo a vos hijo pero no era necesario que me des un beso en el culo

    —No te enojes mama soy tu hijo y además hoy tenemos que festejar mi cumpleaños los dos juntos

    — Ah es verdad hijo, anda a bañarte ahora así salimos a cenar. Apurate que ya va a ser de noche

    Entonces me despegue de ella y me fui a mi habitación a cambiarme de ropa para ir.

    Termine arreglarme y todavía seguía sintiendo la tensión sexual entre mi madre y yo. No había otra opción. Esta noche decidí que voy hacer el amor con ella, ya no existía otra forma de demostrarle cuanto la amaba.

    Intente probar de todo besos, abrazos, mimos y no era suficiente para expresar todo lo que yo sentía por ella, el amor entre madre e hijo no tiene límites y yo quería tener una noche de intimidad con mi madre para que nos disfrutemos los dos mutuamente, para que nuestros cuerpos se hagan uno solo.

    Salí de mi habitación, me subí al auto y fuimos con mi madre a un restaurante que ella había reservado.

    Era un ambiente hermoso el lugar, había solo parejas y había un menú muy rico.

    Mientras comíamos recordamos todos los momentos vividos como madre e hijo. Era como si mi madre me estuviera contando una película sobre mi mismo.

    A medida que íbamos comiendo, mi amor hacia mi madre era cada vez más grande.

    Escucharla a ella contarme todo lo que hizo por mi durante estos 18 años me hizo valorarla más y sobre todo comprobar algo: que mi madre es la persona que más amo en esta vida y que ella sentía lo mismo que yo.

    Terminamos de comer y nos fuimos para la casa.

    Cuando llegamos mi madre me dijo:

    — Hijo vení, hoy querés ver una peli conmigo y después quedarte a dormir con mama??

    —Si ma obvio que si.

    Entramos en su pieza y ella se desvistió en frente de mi, se sacó su vestido y se puso un shortcito y una remerita liviana.

    Nos acostamos y pusimos la peli.

    Yo no estaba interesado en verla lo único que quería era a mi madre así que desde que nos acostamos, ella miraba la película y yo la abrazaba y le daba besos en el cuello.

    Cuando le estaba haciendo mimos ella me dijo:

    — Hijo porque no estas mirando la película

    —Está muy aburrida ma, y estoy viendo tu pancita que está más gorda. No estarás embarazada o si??

    —No hijo estás loco jajaja

    — A ver dejame que lo compruebe yo personalmente.

    Me puse encima de ella con mi cara a la altura de su panza y fingí como que estaba chequeando su panza.

    — No ma no estas embarazada pero tu panza está muy triste necesita que alguien le de cariño.

    —Y bueno vos sos mi único hijo, si vos no me das cariño quien lo va hacer??

    Entonces yo agarre y puse mis dos manos en su cintura, acerque mi cara y me puse a jugar con su panza.

    Le daba besos, le lengüeteaba y la hacía chupones, en fin le estaba dando cariños a mi mama en su vientre.

    Yo iba bajando de poco hasta que llegue a su ombligo y ahí empecé con mi lengua a chupárselo y jugar con el.

    Mi madre se reía inocentemente y disfrutaba de eso, su hijo estaba jugando con su ombligo eso le daba placer.

    Y yo de apoco iba bajando más allá del ombligo y con mis manos ya estaban en su cintura listas para bajarle el short.

    Y ella me paro de repente y se dio vuelta para abrir una caja de su mesita de luz y saco una botella de vodka para proponerme un juego:

    — Hijo vos nunca tomaste alcohol, así que hagamos un juego así de paso probas por primera vez el vodka

    —A que querés jugar ma?

    — Es muy simple, vamos a jugar SHOT o RETO, yo te pregunto o te propongo algo y vos decidís responderme o saltear el reto pero tenés que tomar un trago de vodka

    —Está bien ma, seguramente termine muy borracho jajaja

    Empezamos a jugar y los retos y las preguntas que nos hacíamos eran muy íntimas hasta atrevidas porque mi madre y yo teníamos mucha confianza, de fondo mientras la película seguía reproduciéndose como para que el ambiente este distendido.

    Sin darnos cuenta llego un punto que los 2 estábamos borrachos pero conscientes y el ambiente ya se estaba poniendo muy amoroso y cálido, pero en cierto punto inocente porque éramos madre-hijo.

    Le toco a mi madre su último turno y me propuso sí que nos diéramos un beso de lengua como si fuéramos novios, entonces yo le dije que sí pero le pregunte:

    —Ma porque querés que te bese??

    — Porque sos mi hijo y yo te amo, además la última vez que tuve un novio fue hace 2 años. Yo necesito que alguien atienda mis necesidades como mujer y nada mejor que lo hago mi hijo.

    Automáticamente mi madre se acercó a mí y empezó a besarme y yo con mis manos agarraba su culo suavemente haciéndole como masajes. La intimidad que estábamos tendiendo era muy rica parecíamos novios prácticamente.

    Estuvimos así como 10 minutos hasta que paramos, yo tenía la verga como un fierro durísima y mi madre ya estaba muy caliente.

    — Hijo te toca a vos tu último turno

    Ya estaba todo servido tenía que aprovechar mi última carta y ya está mi objetivo estaría cumplido, así que trate de decirle mi propuesta con la mayor inocencia y ternura posible porque yo ya estaba borracho.

    —Mama puedo besarte el culo como te hice hoy??

    — Ay hijo no sé si eso sea correcto, pero bueno yo soy tu madre y por vos haría TODO, incluso cumplirte este capricho Pero antes contéstame algo. Porque tienes esa obsesión por mi culo??

    -—Es que tu culo es hermoso y yo quiero demostrarte que te amo de esa forma

    — Bueno hijo hagámoslo

    Ella se acostó boca abajo con el culito un poco levantado y yo le saque el short que tenía puesto y ahí estaba, Su culito redondo adelante de mis ojos.

    —Mama ahora te voy a demostrar que el amor de un hijo por su madre no tiene límites

    De a poco empecé a besar el culo de mi madre le daba besos en sus dos nalgas mientras le iba bajando su tanga lentamente, mientras ella gemía muy suavemente.

    — Hijo que rico lo que estas haciéndome

    Cuando escuche eso me excite muchísimo así que termine de sacarle la tanga y empecé a darle lamidas a su culo.

    Parecía un perro cuando lamiendo a su dueño, quería que lengua toda esa manzanita que tenía enfrente de mí.

    Mi madre empezó a moverse un poquito mostrando señales de placer y de la nada me dijo:

    — Te amo mi amor

    No dude más con mis 2 manos abrí sus dos nalgas y empecé a chuparle su ano todo rosadito.

    Estaba en el paraíso por fin, pasaron como 10 minutos y yo seguía chupando como un bebe con un chupete, y también metía mi lengua adentro de su culo.

    Mi lengua era como una verga se le metía y la sacaba, disfrutando del manjar que me estaba dando mi madre.

    Estuvimos así un buen rato más hasta que la excitación me gano y acabe sin quiera metérsela.

    Parecía una vaca de toda la leche que salía de mi verga.

    Cuando termine de acabar mi madre se puso boca arriba y agarro mi cabeza y la dirigió hacia su concha. Empecé a chuparle esa parte por la cual yo había nacido.

    El sabor era riquísimo, sentir todos los flujos vaginales de mi madre era un elixir prácticamente.

    Ella me enseño donde estaba el clítoris y yo arranque a jugar con él, a chupárselo y besárselo con muchísimo amor.

    Estuvimos como 5 minutos hasta que mi madre acabo en toda mi cara. Era increíble la cantidad de flujo que largaba por su concha y yo obviamente me trague todo ese liquido.

    — Vení hijo, querés chuparme las tetas como cuando eras bebe??

    —Si ma te voy ordeñar como una vaca

    El sabor de las tetas de mi madre era único, mientras se las chupaba la miraba a la cara y ella disfrutaba.

    Se las chupe un rato más hasta que decidido ir a la etapa final, mi mama se puso en 4, yo agarre y coloque mi verga en la entrada de su concha.

    —Mama ahora voy a entrar por el lugar donde nací, a partir de ahora seremos una sola persona. Me voy a poner un preservativo antes

    —No hijo no lo hagas cogeme así, vos sos mi hijo no necesitas usar protección con tu madre

    —Pero si quedas embarazada??

    —Tengo puesto el diu de cobre desde hace 2 años que fue mi último noviazgo. No quedare embarazada

    —Entonces hagámoslo mama

    Empecé a penetrar a mi madre y la sensación que sentí era indescriptible. La mujer que me pario estaba entregada a mí y yo penetrándola como queriendo volver a entrar al lugar donde ella me tuvo durante 9 meses.

    Seguí metiéndosela un rato más hasta que los 2 acabamos al mismo tiempo.

    Después de eso quedamos exhaustos y tirados en la cama pero abrazados y besándonos.

    — Hijo a partir de ahora dormiremos juntos todas las noches. Cuando nos mudemos a Buenos Aires actuaremos como una pareja normal. Allá nadie nos conoce

    —Bueno ma eso significa que??

    — A partir de ahora vamos a coger como conejos hijo y lo mejor es que nos servirá para estar más tiempo juntos y conectarnos más.

    Nos pasamos toda la noche cogiendo y a la madrugada nos dormimos los dos abrazados y felices, mi madre estaba llorando de la felicidad y yo está muy feliz había cumplido mi sueño.

    Al día siguiente era domingo, nos levantamos e hicimos todo juntos. Nos fuimos a bañar, a comer afuera y cuando volvimos nos tiramos en la cama y nos quedamos los dos toda la tarde amándonos.

    No cogimos, no hacía falta ya que nos conformábamos con estar abrazados, besándonos y mimándonos.

    -Mama te puedo pedir un favor

    — Si hijo lo que vos quieras

    —No es necesario que cojamos todos los días. Yo lo único que quiero es poder chuparte el culo a diario. El resto es complementario yo solo quiere amarte haciendo eso

    —Hijo tengo que confesarte algo. Ayer cuando tú me chupaste el culo por primera vez fue uno de los momentos más hermosos de mi vida. Jamás había sentido tanto placer y amor juntos. A partir de hoy mi culo es solo tuyo

    Cuando quieras chupármelo no preguntes, solo sacame la tanga y cometelo a besos mi amor.

    Esas palabras fueron suficientes para mi, le baje la tanga y empecé a devorarme su culito otra vez.

    Así fueron transcurriendo nuestras vidas y pasaron 2 años.

    Mi madre tiene 43 y yo 22 y nuestra romance sigue tan apasionado como ese primer día que decidimos entregarnos el uno al otro.

    Lo que pude aprender en estos años es que el amor entre madre e hijo no tiene límites y que cuando logramos tener nuestro espacio de intimidad lo disfrutamos al máximo.

    Y les doy un consejo si algún día logran cogerse a sus madres aprovechen a chuparle el culo y su ano, es lo más rico que existe el universo. Comerle el culito a tu mami créanme que eso les cambiara la vida como a mí, que no puedo vivir sin comerle el culo de mi madre diariamente.

    No sé cuánto más durara esta historia de amor pero ojala sea eterna.

    FIN

  • Confesiones de una travesti de clóset

    Confesiones de una travesti de clóset

    En esta ocasión quiero contarles de una fantasía que tengo desde hace tiempo y que espero poder llevar a cabo pronto, a pesar del miedo y la inseguridad que muchas cosas propias de mis 35 años me generan.

    Debo decirles que mi lado travesti es estrictamente de clóset, y que en este momento de la vida disfruto más de recibir que de dar. (Si saben a lo que me refiero.

    Pues bien, si han seguido mis relatos, deben saber que tengo un extraño crush con los hombres maduros, y por maduros me refiero a mayores de 40, 50 e incluso más, que estén dispuestos a disfrutar de una travesti quien gusta de ser tratada como una mujercita sumisa, putita y muy complaciente con su hombre.

    Hasta el momento mis experiencias, aunque no han muchas, han sido sumamente placenteras, porque sin duda la experiencia de un hombre mayor se demuestra en la manera en que me han tratado, y en que me han hecho dulcemente el amor.

    Pues bien, ahora les contaré cuál es mi fantasía:

    Quiero convencer a algún desconocido de pasar la noche en un hotel, y transformarme para él. Pero no cualquier desconocido, me gustaría que fuera alguien quién haya leído mis historias, y que esté dispuesto a pasar una noche deliciosa de sexo sin compromiso posterior ninguno. Solamente hacernos de todo, sin prejuicios ni reservas, y quedarnos como un bello recuerdo.

    Me gustaría un hombre mayor, sano, discreto, masculino y limpio, que no tenga problema en que yo sea travesti y que también esté dispuesto a disfrutar de todo mi cuerpo. Me gustaría tener esa química con ese alguien especial.

    Me imagino toda una tarde donde me traten como la mujercita que me siento en el momento que me pongo una peluca y me maquillo, que me traten lindo y que besen cada rincón de mi cuerpo. Quiero sentir unas manos maduras sujetando mis glúteos y mi cadera, disfrutar de unas suaves caricias en mis piernas y que poco a poco me desnuden antes de ponerme a obedecer los más íntimos deseos. Me muero por acariciar un cabello lleno de canas antes de besar un rostro varonil y de ir bajando desde su pecho hasta llegar a su miembro erecto.

    Y creo que esta fantasía es más recurrente porque estoy segura que está llegando el momento de que Bellota cuelgue los tacones de manera definitiva. No me veo haciendo esto mucho tiempo más, en una etapa donde mi cuerpo y mi cara dejen de verse bonitos. Puedo asegurar que ahora estoy en mi prime, pero la condición humana lógica es que todo vaya cuesta abajo con el paso de los años.

    Veré la manera de encontrar a ese alguien especial y si todo resulta, por supuesto que por aquí, leerán el relato.

  • Dos corneadores maduros se follaron a mi novia delante de mí (3)

    Dos corneadores maduros se follaron a mi novia delante de mí (3)

    Llegados a ese punto, ya estaba todo totalmente descontrolado. Yo no podía hacer otra cosa que ver a mi novia, a la mujer que amo, en el sofá con las tetas al aire y llenas de saliva, sudada, descalza, solo con sus leggings puestos, abierta de piernas entre esos dos corneadores enormes que hacían lo que querían con ella.

    Se la pasaban de boca en boca mientras la sobaban por todas partes y lo peor, ella les correspondía los besos. Ramón, habiendo ubicado su clítoris por encima del pantalón, aumentó el ritmo. Estaba claro que acertó porque le sacó un fuerte gemido. Andrea, automáticamente, intentó apartarlo, pero las pequeñas y femeninas manos de mi novia no podían mover de entre sus piernas la enorme y venosa mano de Ramón.

    Y en vez de apartarla él, le agarró la mano izquierda a mi novia para que no molestara y se la puso encima de su enorme bulto. Andrea soltó un largo “hmmm…” al sentirle la polla al corneador y empezó a tocársela por encima del pantalón. Ramón me miró riéndose con una cara de victoria mientras le seguía frotando el clítoris. Unos celos ya conocidos me atravesaron.

    Entiendo que para ella fuese algo fuerte porque ya le había visto la polla en foto a Ramón aquel día y que fue él quien la obligó a tocársela, pero me jodía que le gustara lo que estaba sintiendo. De repente, veo como ella misma, con su otra mano empieza a buscar el bulto del otro corneador. Era la primera vez que mi novia tomaba una iniciativa sexual hacia ellos, no podía creerlo, me jodía mucho ver en ella deseo sexual hacia otro hombre que no fuese yo. Pero, joder, yo tenía la culpa de todo esto…

    Antonio al sentir la mano de mi novia sobre su enorme bulto, se volvió totalmente loco. Se levantó y se quitó la camiseta. Cogió brutamente a Andrea por los aires y la tiró bocarriba en el sofá, en la L donde yo estaba sentado por tanto la tenía más cerca. Le quitó los leggings y los lanzó lejos. Por un momento, ambos corneadores se quedaron de pie contemplando en silencio la blanca y cálida desnudez de mi novia.

    Ella estaba tumbada, solo con sus braguitas rosas puestas, el cabello recogido en una coleta, sus tatuajes y las uñas pintadas de rojo conjuntando con el rojo de sus labios y pezones. Se tocaba el cuerpo y pataleaba tímidamente entre risas nerviosas sintiendo la pesadez de esas miradas sobre ella como en una mezcla de miedo, curiosidad e incertidumbre. Antonio le quitó las bragas a mi novia dejándola completamente desnuda en el sofá ante ellos. Entonces, noto cómo él me mira y, de repente pum, me lanza fuertemente las bragas a la cara tomándome totalmente por sorpresa.

    —Esto es lo único que tendrás de tu novia esta noche. —sentenció el corneador en tono serio y autoritario. Ramón soltó su típica y repugnante carcajada tras el comentario de su compañero.

    «Qué maldito hijo de puta…», fue lo único que pude pensar en ese momento. Me sentía humillado delante de mi chica y odiaba a ese cabrón con todas mis fuerzas, pero odiaba más aún no poder decirle nada. Para el colmo, las bragas de mi novia están mojadísimas. Sé de sobra cómo se moja Andrea y aquello era exagerado, estaban empapadas. Por una parte me dolía la situación, pero por otra el rico aroma a su coño que desprendían me estaba excitando. ¿Cómo era posible sentirse humillado y excitado al mismo tiempo?

    A Andrea, le pareció muy extraño ese comportamiento, no entendía por qué me trataban así. Se notaba en su lenguaje corporal porque estaba cerrada de piernas, con su brazo se tapaba los pechos y con su otra mano la ingle mientras miraba con desconfianza y timidez lo que ocurría. Antonio pareció percatarse de esto y se acercó a ella. Se puso por encima, le cogió las manos con las que cubría sus pechos y las separó pegándolas al sofá e inmovilizándola prácticamente.

    Tras mirarla a los ojos, comenzó a besarla suavemente y continuó bajando comiéndole el cuello, los hombros y el pecho hasta detenerse en sus tetas. Mi novia estaba con los ojos cerrados y la boca entreabierta, sin resistirse. El corneador siguió bajando besándola por la barriga y ella se contraía a cada tacto. Al llegar al pubis, se detuvo en seco y hubo un segundo de suspense en el que ella permaneció encogida y en tensión pensando que la boca del corneador iría a por el centro de su cuerpo… pero no. Él siguió bajando por su pierna, besándola por la ingle, el muslo y la pantorrilla hasta el pie.

    Subió por su otra pierna y al llegar por la ingle, volvió a hacer el amague acercándose a su coño haciendo que Andrea vuelva a ponerse en tensión pero no. Cuando parecía que lo iba a hacer, le dio de repente la vuelta a mi novia poniéndola bocabajo y empezó a devorarle las nalgas como loco. Andrea reía y pataleaba por las cosquillas que le provocaba. Se la comió entera, le besó toda la espalda, le agarraba el culo y en unos de los movimientos, pasó su lengua lentamente desde sus nalgas cruzando la espalda y el cuello hasta llegar a su oreja, donde Andrea se sobresaltó en risas por las cosquillas que sentía. Joder, yo estaba flipando viendo todo eso.

    Finalmente, la volvió a poner bocarriba y la abrió de piernas. Ambos corneadores se quedaron embobados contemplando el coño desnudo de mi novia. Yo, desde mi ángulo también lo veía y, joder, aunque lo conozco muy bien parecía que estaba más precioso que nunca: depilado, cerrado, sudado, con labios rosados poco pronunciados y muy simétricos dando forma de empanada. El clítoris notablemente hinchado y todo brillaba de lo mojado que estaba. Ella, avergonzada se tapaba la cara y miraba hacia otro lado donde, desafortunadamente, hizo contacto visual conmigo. Su mirada me transmitió vergüenza, se avergonzaba de estar desnuda con otros hombres frente a su novio.

    Aunque se le escapaba una media sonrisa que me dejaba claro su excitación y curiosidad. Antonio no esperó nada. Me miró riendo y acto seguido, metió la cabeza entre sus piernas y empezó a comerle el coño a mi novia. El contacto visual entre nosotros se interrumpió por cómo Andrea se estremeció arqueando la espalda al sentir la boca del corneador sobre su vulva.

    Para que os hagáis una idea, a Andrea que le hagan sexo oral nunca le ha gustado tanto como a las demás chicas. A mí me encanta y siempre he intentado hacérselo, pero pocas veces me ha dejado. Según ella, no tiene mucha sensibilidad así y la boca tiene muchos gérmenes. Pero yo nunca me rendí porque mi fantasía siempre ha sido sacarle un orgasmo por cunnilingus a mi novia, algo que nunca tuvo y yo quería ser el primero, incluso buscaba tutoriales en Internet de cómo lograrlo. Por eso me jodía tanto lo que estaba pasando: Antonio le estaba comiendo el coño a mi novia con unas ganas demenciales, lo gozaba como si fuese un caramelo y sonaba como un perro bebiendo agua.

    Andrea gemía y se encogía de placer, agarraba la cabeza del corneador con los ojos entrecerrados mientras apretaba y aruñaba con fuerza la tela del sofá.

    —¿Qué chaval? ¿Se te ha levantado la pollita viendo cómo lo hacen los profesionales? Jajaja —rio Ramón señalando mi erección bajo el pantalón mientras le giraba la cabeza a Andrea hacia mí para que lo viera. Vi en ella una mirada de curiosidad acompañada de una sonrisa antes de volver a perderse entre gemidos. Yo estaba avergonzado y me tapaba. Ramón empezó a besarla y comerle las tetas mientras Antonio seguía comiéndole el coño como si de un dulce se tratara.

    «¿En qué momento se me puso dura y por qué? Ni lo había notado, ¿cómo es esto posible?», las preguntas empezaron a rondar por mi cabeza. «Estos abusones de mierda se van a follar a mi novia en mi cara y encima burlándose de mí tratándome como a un tonto. Los odio y les tengo mucho rencor, pero, ¿por qué mierda me siento tan excitado? Esto no es normal, es patético por mi parte. ¿Qué pensaría mi padre si me viera así?», pensaba. «Bueno, aún no ha sucedido lo más grave, todavía estoy a tiempo de evitarlo y demostrar que soy un hombre. A ver piensa Felipe, ¿cómo podrí…»

    —Ooooh…

    Me sacó totalmente de mis pensamientos el grito de mi novia corriéndose en la boca del corneador.

    No podía creer lo que estaba viendo. Esto era imposible que ocurriera. Andrea, se retorcía de placer moviendo enérgicamente las caderas, con la boca abierta y la mirada perdida gozando de su primer orgasmo oral. La envidia, los celos y la impotencia latían en mi interior como nunca. Ahora mi novia ya no me recordará a mí como el primero que se lo hizo. Maldito cabrón. Sentía que me habían arrebatado algo muy especial para mí. Aunque no hubo mucho tiempo de lamentarse, ya que los corneadores se pusieron de pie y se bajaron los pantalones y los bóxers.

    «¡Su puta madre! Qué pedazo de pollas tienen», pensé para mí mismo aterrorizado. Eran enormes, largas y gruesas, llenas de venas y babeaban por mi novia. Joder qué envidia, ojalá tenerla así. Al girarme, vi en Andrea una mirada de lujuria observándoles las pollas que no le había visto en mi vida; de rodillas en el sofá, con la mirada perdida, mordiéndose el labio y con una mano sobre sus pechos y otra entre sus piernas. Joder, qué sexy estaba así pero… pero no por mí. Vi que Antonio volvió a mirarme y «Oh mierda, otra vez no», pensé. Pero en vez de lanzarme algo, vino hacia mí con una sonrisa burlona.

    —Toma chaval, sé útil y sujétanos los calzoncillos mientras nos follamos a tu novia —me dijo mientras me entregaba su apestosa y sudada prenda. Ramón hizo lo mismo, pero ofreciéndomelos muy cerca de él para que su enorme y asquerosa polla me estuviera apuntando de cerca mientras los tomaba.

    En fin, que acabé con los repugnantes calzoncillos de los corneadores en una mano y las bragas mojadas de mi novia en la otra. Sin poder hacer otra cosa que verlo todo sin poder decir nada. Antonio se sentó en el sofá, agarró a mi novia y la puso sobre él, estando ambos cara a cara. Y ahí empezaron a liarse como locos: Andrea estaba totalmente descontrolada, lo besaba y le tocaba el pecho y los brazos mientras se restregaba el coño como loca sobre la polla del corneador y gemía deseosa.

    Él la besaba y le comía las tetas mientras le palpaba las nalgas y le recorría todo el cuerpo con las manos. Joder ver esa escena se me hacía super sensual, pero, a la vez, me dolía en el alma verla así con otro hombre y más con ese hijo de puta. Ya no se resistía ni le afectaba cómo ellos me hablaban de mal. Estaba excitada y totalmente entregada a los deseos de dos tíos que acababa de conocer y encima en frente de su novio. Antonio me miró y me sonrió con cara de superioridad, casi malvada, como disfrutando de mi impotente reacción. De repente, cambió su expresión a una actitud de agresiva.

    —¿Y tú qué haces con los pantalones aún puestos? Sácate tu pollita levantada para que la veamos jajaja. —ordenó con firmeza.

    Yo no sabía qué hacer. Intentaba desinflar mi erección por todos los medios, no quería que mi novia viera que me estaba gustando verla desnuda sobre otro hombre, era algo patético. Pero no logré bajarla del máximo y no me quedó otra que sacármela así.

    —Jajaja pero qué pequeña y adorable. —soltó Antonio entre risas.

    —¿Y de esto te enorgullecías, niña? Jajaja. —rio Ramón.

    Andrea, sorprendida y con cara de interés me miraba la polla y luego a los ojos, después miraba la polla de Ramón y volvía a mirar la mía. Todo eso sin parar de restregarse con la polla del otro corneador que ya la tenía empapada. Joder, no podía sentirme más avergonzado y humillado. Sentía mi pene pequeño e inservible a pesar de que estaba al máximo. Un momento, ¿cómo es que esos sentimientos no me la bajaban? Mierda, no me digas que también me estaba gustando sentirme humillado… «¡¿Pero qué cojones me está pasando?!»

    Antonio se agarró el pollón y lo puso punteando la entrada de la vagina de mi novia. —Hmm déjeme a mí, es demasiado grande —le dijo ella en un tono muy sensual mientras lo besaba. «No puede hacerlo, no le va a caber, esa polla es demasiado para Andrea. Si ya con la mía decía que era grande, esta la va a matar», pensaba en mis adentros observando con detalle la impactante escena, con la última esperanza de que no se pudiera hacer.

    Pero Andrea le agarró la polla y se la empezó a introducir en la vagina lentamente. Con la respiración fuerte, gemidos y muecas de dolor, pero no se detuvo. Antonio lo estaba disfrutando también mientras no paraba de repetirle a su compañero lo apretado que lo tenía. «Joder, se la está metiendo de verdad. No puedo creerlo, se va a follar a mi novia enfrente mía y no puedo hacer nada para evitarlo.», me lamentaba para mis adentros. Un momento, ¿y el condón? No, no podían ser tan sinvergüenzas de hacérselo a pelo. Andrea no toma pastillas ni métodos anticonceptivos, el riesgo es muy grande.

    Además, ella es muy cautelosa con estas cosas, a mí me hizo ponerme condón hasta el segundo año de relación, ¿por qué a ese cabrón no le decía nada? Lejos de eso, ella ya había bajado hasta la mitad de ese pollón y, al subir, me saltó a la vista el rastro de líquido vaginal que quedaba de la mitad hacia arriba en la polla del corneador. Joder, qué morboso me pareció ese detalle a pesar de que me dolía en el alma tal escena. Pero debía ayudar a mi novia, no podía permitir que se la follaran a pelo. No hice nada cuando debí hacerlo pero al menos ahora tenía que tener los huevos para eso así que me armé de valor.

    —Te… tenemos preservativos en el dormitorio. —dije sin poder evitar el balbuceo. Ambos corneadores me miraron sorprendidos por mi atrevimiento.

    —El preservativo es para pringaos como tú. Nosotros disfrutaremos de tu novia sin condón y si pasa algo, es tu responsabilidad por cornudo. —me respondió con agresividad Antonio. —Esta es la última vez que nos molestas. Que no te vuelva a escuchar abrir la boca. —sentenció autoritariamente.

    Dios mío, me quedé petrificado con esa respuesta. Me sentía tan pequeño, inseguro, asustado e incapaz que no me atreví a decir nada más. Nunca en mi vida me había sentido tan rebajado y humillado. Esos dos hacían lo que querían con ella y encima me trataban de cornudo. Eso me recordó a los vídeos porno de cuckold. Ahora yo era ese patético marido que tanta vergüenza ajena me daba porque veía a su mujer follando con otro. ¿Cómo habíamos llegado a esto? Lo que sí esperaba era una reacción fuerte por parte de Andrea, ella nunca permitiría que me hablen así.

    Para mi desgracia, ella ni le dio importancia, casi como si le gustara escuchar eso. Por lo visto, estaba muy ocupada metiéndose la polla del hombre que me estaba hablando mal. Cuando pensé que iba a decir algo, solo fue un sensual —Uhhhm me toca fondo…— entre gemidos mientras se dejaba caer en el pecho del corneador. Antonio la agarró del culo con las dos manos y, mirándome con rabia, le dio el último empujón para acabar de metérsela entera. Mi novia pegó un —¡Diooos!— al aire. A partir de ahí, dejó que ella tuviera el control.

    Andrea estaba cachondísima, lo cabalgaba lentamente mientras lo besaba y lo tocaba con ganas por todas partes. Gemía entre “ah”, “uf”, “dios”, “qué grande es”. El corneador la morreaba y besaba por donde alcanzaba. Yo estaba atónito contemplando esa inimaginable locura. Por si fuera poco, Ramón la tomó conmigo por lo de antes.

    —Jajaja chaval, solo los machos follamos a pelo y tú no lo eres. Para que veas cómo huele un verdadero macho, huele nuestros calzoncillos. Sí venga, llévatelos a la nariz y olfatéalos como un perrito. Que no tenga que repetírtelo. —me ordenó el sinvergüenza.

    Yo me quedé de piedra. ¿Cómo iba a aceptar algo así? La mirada de ese hijo de puta de Ramón me pesaba y me di cuenta de que era en vano resistirme, cada vez que lo intentábamos, acababa peor. Decidí aceptarlo y acatar su orden y, por nuestro bien, procurar no volver a enfadarlos. Sus calzones olían mal, a sudor y encima toqué sin querer una mancha de lubricación seca, qué asco me daba.

    —Ahora huele las braguitas de tu preciosa novia. —volvió a ordenarme Ramón mientras de fondo se escuchaban los gemidos de Andrea. —¿Ves? Ese es el olor de un macho de verdad y el de una hembra fecundable y tú como no eres lo primero, no te mereces lo segundo. Ahora mantén la puta boca cerrada y observa la follada que le vamos a pegar a tu amorcito jajaja. —Acto seguido, se dio la vuelta y se incorporó: empezó a comerle la boca y mi novia no tardó ni un segundo en cogerle la polla a Ramón mientras cabalgaba la de Antonio.

    Yo estaba totalmente en shock, no podía creerme lo que estaba sucediendo y cómo ese hijo de puta me hablaba. Estaba angustiado, asqueado y dolido pero con la polla durísima.

    —¿Qué coño haces que no te estás pajeando aún? —me soltó Antonio al rato. —Venga, queremos ver cómo te meneas la pollita viendo a tu Andreíta en acción jajaja.

    No lo hice esperar, me cogí la polla y empecé a pajearme. Andrea estaba irreconocible, me miraba entre gemidos y muecas con una sonrisa pícara como si fuese totalmente cómplice de ellos. Incluso, aumentó el ritmo de sus caderas mientras observaba cómo me pajeaba viendo su coño engullir ese enorme trozo de carne. Por lo visto eso le gustó a Antonio, ya que, de repente, agarró fuerte a mi novia por el cuello (causando en ella una sorpresa con cara de miedo) y con la otra mano le pegó una nalgada tan fuerte que retumbó en todo el salón.

    Acto seguido, la agarró con esa mano por la espalda baja mientras la tenía cogida por el cuello y empezó a embestirla con una fuerza y unas ganas descomunales. Andrea gritaba como loca soportando esas embestidas tan duras a las que no estaba acostumbrada.

    —Diooos… no… nooo… dios… noooh…

    Mi novia se corrió loca de placer, pero el cabrón de Antonio no paraba y seguía taladrándola con fuerza. En el salón se sentía un brutal olor a sexo. Nunca la había visto correrse tan rápido, mi Andrea estaba siendo follada por otro hombre delante de mí. No podía creer que de verdad estaba pasando lo que los corneadores me prometieron. Maldita sea, yo solo quería disfrutar del morbo virtual, no que sucediera. Todo esto era mi culpa y ahora era demasiado tarde, no podía hacer nada para impedirlo, ya la habían tomado y ahora mi novia era de ellos.

    Así que decidí dejar de lamentarme y aceptarlo. Esos cabrones no se irían de ahí hasta no saciar sus ganas y a mí no me quedaba otra que quedarme viéndolo y obedecerlos. Estaba sucediendo inevitablemente así que, ya que estoy en esa situación, pues al menos lo disfruto. Liberé de mi interior a esa parte lujuriosa de mí que disfrutaba de todo esto, que le gustaba ver a la mujer que amo a merced de esos abusones que me intimidaban y humillaban. La tuve encerrada todo ese tiempo porque rechazaba que algo así me gustara, pero es que no lo podía evitar, me gustaba ser cornudo.

    Acerqué las bragas de Andrea y empecé a olerlas mientras me pajeaba como un mono viendo todo. Antonio disfrutaba de mi novia como si no hubiera un mañana, se la follaba como si fuese la última mujer que tuviera, la embestía fuerte, la cogía del cuello, le daba nalgadas, le comía las tetas y la boca… era todo un espectáculo. Ella estaba cachondísima, gritaba como loca y flipaba con la energía de ese hombre que parecía no tener límite. Esperaba a cada bajada de ritmo para agarrarle la polla a Ramón y besarse con él. De repente, empecé a ver su polla con un rastro blanco y antes siquiera de darme cuenta escucho el largo y grave gemido de Antonio corriéndose dentro de mi novia.

    «No puede ser, qué hijo de puta…», pensé. Ni siquiera se esforzó por evitarlo, como si de verdad quisiera preñarla. Pero lo peor de todo fue la nula reacción negativa por parte de Andrea. A mí me hizo ponerme condón mucho tiempo y jamás me permitió acabar dentro porque no quería ser madre antes de tiempo. Pero con ese cabrón, era irreconocible, como si le gustara. Tras correrse dentro de ella, bajó a mi novia y se quedaron ambos en el sofá tomando un suspiro, aún besándose.

    Entonces el muy cabrón me mira riéndose y sin decir una palabra, la abre de piernas y la adelanta hacia mí para que yo viera cómo le salía el semen de la vagina, incluso tocándola para que soltara más. Joder, parecía como si ese cabrón no hubiera follado en años, la había inundado de un semen muy blanco y espeso que salía a borbotones de su coño y bajaba hacia su ano. Mientras el corneador me lo mostraba, Andrea me miraba risueña, sin ningún atisbo de preocupación, hasta como con cierto orgullo. Antonio se levantó y se fue a la cocina a coger lo que teníamos en la nevera.

    Pero Andrea no pudo tener un descanso, Ramón estaba esperando ansioso su turno con la polla durísima. La agarró bruscamente y la puso a cuatro patas en el sofá con la cabeza hacia el respaldo del asiento, la espalda arqueada y las nalgas hacia arriba entregando su coño mientras él estaba de pie. Le empezó a hundir su enorme polla lentamente y mi novia gemía de nuevo excitada. Joder, primero me intimida, después me humilla y ahora se está follando a mi novia también, me jodía más que él se saliera con la suya, lo odiaba a muerte.

    Pero me tocaba ver lo inevitable y, la verdad, estaba siendo impresionante. Ramón empezó con embestidas fuertes e intensas, pero lentas mientras le tocaba la espalda y le palpaba las nalgas.

    —No te imaginas las ganas que te tenía, zorrilla tatuada… —dijo mientras le soltaba una nalgada fuerte.

    —¿Sí? Pues fóllame —respondió Andrea sacudiendo el culo y mirándolo de reojo con una sonrisa atrevida.

    —¿Ah sí? ¿Delante del pringao de tu novio?

    —Hmmm sí delante del pringao de mi novio —respondió Andrea sensualmente dejándome totalmente boquiabierto.

    ¿Qué os ha parecido el relato de momento? ¿Qué situación o partes os han resultado más morbosas? Me lo podéis decir en comentarios, respondo al momento. Me vendrían bien vuestras opiniones ya que dudé mucho de si empezar a contar o no mi experiencia.

    La parte 4 ya está en camino.

  • Visita a Praga

    Visita a Praga

    Cada dos o tres años voy de visita a Alemania a visitar a mis abuelos y a pasar unos días en mi ciudad natal, Freiburg im Breisgau. La mayoría de las veces he ido con mi esposo, algunas he ido sola, y otras acompañada por alguna de mis amigas. Siempre trato de ir en mayo o junio. En 2019 fue imposible contar con mi esposo; lo habían ascendido recientemente, su nuevo cargo en la empresa requería que permaneciera, por lo que tuve que buscar entre mis amigas alguna dispuesta a acompañarme.

    La falta de recursos económicos por parte de mis amigas hizo complicado que algunas de ellas me acompañen. Con el estímulo de que solo tendrían que pagar el pasaje, de que yo me haría cargo de alojamientos y comidas y de que además de mi ciudad natal visitaríamos Múnich, Praga y Berlín, conseguí que Sara aceptara acompañarme.

    El 24 de mayo llegamos a Freiburg. Nos quedamos 4 días en la casa de mis abuelos paternos y 3 días en la de mis abuelos maternos. Hicimos un paseo a Múnich y otro a Nürnberg. La estadía en Freiburg fue perfecta, entretenida y muy amena, más el trato de todos mis abuelos y tíos que trataron a Sara como si fuera de la familia.

    Como yo lo había prometido y planificado, de ahí iríamos a Praga (recomiendo encarecidamente visitar Praga, junto con Budapest deben ser las capitales más hermosas de Europa). Lo mejor es ir en bus, por tren, aunque hay más frecuencias por día se demora un poco más.

    En Praga nos alojamos en un hotel céntrico, 3 estrellas, el equivalente a € 53 en aquel momento, con desayuno incluido, a 400 m. de la Václavské náměstí (plaza de Wenceslao), y no lejos del ícono de Praga: Karluv most (El Puente de Carlos). ¡Buenísimo!

    “¿Y Denise? ¿Salimos a divertirnos en la noche? Alguna discoteca, club o cervecería.” me pregunta Sara.

    “Ok, Ok. De acuerdo. Claro que sí. Simplemente te aviso que los checos, al igual que mis compatriotas alemanes, son muy libidinosos. Y se mueren por las chicas de pelo negro como tú, te advierto.”

    “Ufff. Ya me di cuenta, en tu querida Alemania me la querían clavar por todos lados. ¡Y como meten mano sin consideración ninguna! Perdí la cuenta las veces que me tocaron el culo y las tetas, incluso uno de tus primos.”

    “Ja ja ja. Somos así, muy lujuriosos, ja ja ja. Prepárate porque acá en Praga la lascivia no es menor.” le aclare riéndome.

    En Praga oscurece temprano, así que alrededor de las 18 h bajamos al lobby del hotel. Hablé con el conserje pidiéndole que nos recomiende algún lugar tipo discoteca, club o cervecería. Después cuando salíamos, para cotejar información, pedí la misma información al portero que está a la entrada del hotel.

    Me incliné por la recomendación del portero. Nos aconsejó U Fleck, una cervecería. Interesante lugar, los salones están llenos con mesas largas, pinturas rústicas y armaduras antiguas. Comida tradicional checa y cerveza, cerveza, cerveza y cerveza.

    Apenas entramos de una de las mesas del fondo un grupo de dos o tres hombres le hicieron seña a Sara para que nos sentemos con ellos. Dimos unos pasos y una chica, supongo que alrededor de 35 años me saluda.

    “Ahoj. Jak se máš?” (Hola, ¿Cómo estás?)

    “Hi, I’m OK, and you? / Hallo, Mir geht’s gut, und dir?” (Hola, bien y tú? -respondí en inglés y en alemán-) “Do you speak English? (¿Hablás inglés?) Sprichst du Deutsch? (¿Hablas alemán?).”

    “Ja ja, (Sí, sí) poquito inglés, poquito alemán. Siéntate con nosotros, él es mi marido Kamil, yo soy Martina.”

    “Encantados de conocerlos, mi nombre es Denise. Soy alemana.”

    “Eres muy bonita Denise.” me dijo con una mirada y un tono que me hizo suponer que era bisexual.

    Sara siguió hacia el fondo y se sentó con los hombres que le habían hecho seña al entrar. Seguramente se entenderían en inglés. Lo seguro es que de inmediato los tres hombres y ella estaban a las risas. Bueno, está claro, de acá no nos vamos sin por lo menos un polvo…

    “A mi marido le encanta tu pelo.” me dice Martina.

    “Gracias”

    Kamil estira su mano pasando por encima de Martina para acariciar mis tetas.

    “Denise, por favor, siéntate entre nosotros, así conversamos mejor.” me sugiere Martina.

    Accedo a su invitación, me siento entre los dos, y en menos de 10 segundos, ¡segundos! Kamil ya tenía su mano en mi pierna.

    “Realmente mi esposo tiene razón: ¡qué hermoso pelo tienes!” me dice Martina al mismo tiempo que acaricia mis cabellos y pasa su mano por mi cuello y mejilla.

    Me excitó… Yo ya estaba mo-ja-da.

    “Ustedes son una pareja muy simpática, muy guapos los dos, encantadores. Estoy segura que se entenderán muy bien. Que serán muy buenos amantes.”

    “No nos abstenemos de nada, sabes Denise.” me dijo Martina mientras Kamil ya había sorteado mi tanga y sus dedos habían establecido contacto con mi clítoris, labios vaginales y alguna corta incursión en mi vagina.

    La atención y la excitación que me provocaban Kamil y Martina, cada vez me permitía menos poner atención en lo que ocurría en el fondo. Pero podía notar que las manos de los hombres con los que estaba Sara, recorrían todo su cuerpo. Pero nadie dejaba de reír.

    “Denise. A Kamil y a mí nos gustaría que vengas con nosotros a nuestra casa. Tenemos cerveza y hacemos unos chlebíčky (canapés checos). Te vas a sentir cómoda con nosotros. ¿Aceptas?”

    Mi problema era Sara, no podía dejarla sola con tres desconocidos. Pero veo que se levanta con sus tres divertidos «amigos». Me hace adiós con la mano, se señala a sí misma y a los tres hombres como diciendo «me voy con ellos», y desaparecen por una puerta al fondo del local que francamente no sé a donde los llevaba.

    Martina captó la situación y viendo que Sara se había ido con unos hombres dejándome sola me tomó del mentón para que nuestras miradas se enfrentaran.

    “¿Vamos?” me dijo.

    “Ok, pero, por favor, ¿después alguno de ustedes me acompaña al hotel?”

    “Tranquila, Kamil o yo, o los dos, te llevamos a tu hotel.”

    Inmediatamente de entrar en el apartamento de ellos les pedí permiso para pasar al baño, ¡oh la cerveza! Cuando vuelvo a la sala veo a Martina que se había vestido de manera más cómoda: ahora tenía unos shorts rosas y una camisa blanca holgada que le llegaba solo hasta su ombligo.

    Podía oler el aroma de su champú de coco. Era un poco más baja que yo, tenía una figura delgada, cabello largo y rubio, ojos verdes, labios rojos y carnosos y un par de pechos grandes. ¡Era una chica excitante!

    Kamil trajo unas cervezas y chlebíčky. Kamil me hizo seña para que yo me sentara con él en el sofá más grande. Martina se sentó en otro más chico. Él pasó su brazo por mi hombro y comenzó a acariciarme el pelo. Me di cuenta de que su pene estaba completamente duro. Ella también captó la situación y me sonrió.

    “Parece que has despertado interés en un checo, Denise.” me dijo.

    “El amor no sabe de nacionalidades.” respondí.

    Martina se paró y vino a donde yo estaba sentada. Se sentó en el reposabrazos del sofá. Sacó la mano de Kamil de mi cuello y hombro y me tomó del mentón, acercó sus labios a mí y con la punta de su lengua recorrió los míos, después la introdujo en mi boca y nos fundimos en un apasionado beso.

    “Desabotóname la camina y tócame las tetas.” Me dijo cuando se salió del beso.

    Desabotoné su camisa e introduje mi mano muy lentamente hasta llegar a su pezón que acaricié con mi dedo índice y mayor, apenas rozándolo. Gimió.

    Kamil se levantó y nos dejó solas y ella ocupó el lugar donde él estaba. Recostó la cabeza sobre el respaldo del sofá.

    “¿Te gusta mi marido?” me preguntó.

    “Es un hombre muy guapo, eres una mujer afortunada.” le respondí.

    “Ahora está acostado en nuestra cama. Nos esté esperando. Quedaría muy contento si vas y lo acompañas.” me dijo y me besó en el cuello. “En un ratito yo me uno a ustedes.”

    Me dirigí al dormitorio. Ella se quedó en el sofá. Entré a la habitación, Kamil está acostado boca arriba acariciando su pene erecto. Me saqué la ropa y me senté en la cama, en sentido contrario a él. Lo besé con la misma intensidad y apasionamiento que Martina lo había hecho conmigo minutos antes. Me aparté de su boca y seguí sentada. Puse mi mano sobre su pierna, subí pero solo rocé su pene con la parte externa de mi mano, le agarré sus bolas.

    Él no se quedó quieto, acariciaba mis pechos, pellizcaba mis pezones y rozaba mi raja, todo lo cual provocaba suaves gemidos en mí. Martina que recién había ingresado al cuarto me tomó de los hombros, acercó su cara, hizo a un lado mis largos cabellos y me mordisqueó el lóbulo de la oreja. Acto seguido ella insertó lentamente su dedo índice en mi muy mojada vagina. Llena de placer gemí con los ojos cerrados.

    El pene de Kamil estaba duro como una roca. Lo tome en mi mano. Martina me tomó por la cintura. Lentamente movió su mano hasta mi muslo, rozando y acariciando mi piel y comenzó a frotar mi clítoris con su dedo índice.

    Emití un largo gemido cuando ella penetró mi vagina con su dedo medio. Lo sacó lentamente, sintiendo mi humedad para de inmediato meterlo de nuevo. Me rendí por completo a la lujuria, solo gemidos suaves y sonidos de placer salían de mi boca mientras Martina me cogía con los dedos.

    Kamil me tomó de la cabeza y me inclinó hacia él, de manera que mi cara quedo frente a su pene. Con una mano lo deslizo por mis labios, pero Martina intervino, retiró la mano de Kamil de su propio pene, y fue ella quien tomó el control de la verga de Kamil y empujándome desde la nuca lo introdujo en mi boca.

    “Ahora es todo tuyo. Dale el calor de tu boca.” me susurró ella.

    Martina volvió a mi vagina e insertó dos dedos, mientras los gemidos de Kamil aumentaban. Pero ella me tomó del pelo y sacó el pene de Kamil de mi boca. Yo estaba babeando, en parte mi propia saliva y además el fluido preseminal de Kamil. Mantenía mi cabeza agarrada de mis pelos, yo con la boca abierta, ella tomó nuevamente el miembro de Kamil, la frotó sobre mis mejillas, finalmente me lo hace tragar de nuevo y lo mantiene profundamente metido en mi boca a la vez que con el pulgar y el índice frota el pene de Kamil cerca de la base.

    ¡Eyaculación inmediata!

    Interminable e intermitente descarga de Kamil en mi boca. Martina mantuvo mi cabeza fija con el pene de su marido adentro esperando que él libere toda su esencia en mi cavidad. Era mucho para mi: hice arcadas. Ella me soltó. Las arcadas me hicieron derramar el semen de mi boca, pero también tragar algo de su esperma. Tosí, quedé con mi cabeza boca abajo manchando la sábana. Todavía afluían hilos blanquecinos por mis labios.

    Recupero mis sentidos: alguien me acomodó boca arriba. Era Martina. Se puso a mi lado mirándome. Me acarició las mejillas. Tiernamente. Su dedo índice se deslizó desde mi nariz, pasando por mis labios, cuellos hasta detenerse en mi pezón. Pero ahora no fue tan tierna y dulce: con su pulgar e índice hizo como una pinza en mi pezón, me lo apretó, me tironeó de él, más tiempo del necesario. Grité, más que gritar fue un alarido, de dolor y de placer, emociones encontradas. Como si tuviera un resorte en mi espalda me impulsé hacia adelante en un estado de desasosiego.

    Martina me abrazó, siguió con su mano en mi teta, me la acariciaba delicadamente… pero un cachetada en ese lugar nuevamente me exaltó. Grité otra vez, ella seguía abrazándome me besó entre la mejilla y el ojo. Era ruda y tierna al mismo tiempo.

    “Ponte así, zlatíčko moje (querida)” -me dijo para que yo volviera a quedar totalmente extendida boca arriba.

    Su cabeza se dirigió lentamente a mi entrepierna. La punta de su lengua recorrió uno de mis labios vaginales, después el otro. Subió un poco y rodeó mi clítoris. Después de 3 o 4 intentos consiguió asirlo solamente con sus labios, succionó, y me lo tironeó. ¡Waw! Yo en el séptimo cielo. Arqueé mi cuerpo, ella aprovechó para pasar su brazo por debajo de mis nalgas y mantener mi pelvis levantada. Su lengua volvió a atacar mi clítoris y estallé en un orgasmo que quizás haya sido el más maravilloso de mi vida.

    Un grito largo e interminable salió de mí. Ahora soy yo quien la toma de la nuca, el pelo, la cabeza y de lo que la podía agarrar y mantuve su cara metida en mi vagina, y dado que todavía yo me retorcía locamente causaba que restregara su cara en mis fluidos. Cuando la alejo de mi vulva, aún sujetada por mis manos, veo su rostro untado por mi orgasmo mezclado con su maquillaje. Quedó un rato con la cabeza entre mis piernas, yo le acariciaba el pelo con mis dedos.

    “¡Ufff!” es lo que dijo después de largo rato.

    Kamil estaba recuperándose, tenía un físico vigoroso, su pene tomaba vida nuevamente. Martina, sin decir una palabra se recostó sobre su espalda, mirándome con lujuria en sus ojos, sus montículos femeninos subían y bajaban al ritmo de su respiración. Sus pezones estaban visiblemente duros. Él se arrodilló frente a ella entre sus piernas. Pasó su dedo por su grieta de arriba hacia abajo. Ahora con su pulgar acarició sus labios vaginales. Martina dejó escapar un largo gemido cuando él pasó la yema de su dedo índice a lo largo de su raja hasta que tocó suavemente su clítoris. Lentamente levantó su mano por su cuerpo hasta que encontró una de sus tetas y comenzó a acariciarla.

    La respiración de Martina se volvió más pesada, sus gemidos más fuertes. Abrió las piernas. Él acomodó su pene justo en frente de su grieta. Ella le dijo algo en checo que yo no entendí, pero de la forma en que siguieron los acontecimientos supongo que habrá sido algo como “Cógeme Kamil”. Era notorio que ella lo deseaba desesperadamente.

    Él frotó un poco el exterior de su entrada con la punta de su pene y luego lo colocó justo debajo de su pista de aterrizaje. Lentamente lo empujó hasta que toda la longitud de su miembro estuvo profundamente dentro de Martina, mientras yo permanecía en silencio.

    Verlo deslizarse dentro de ella fue un espectáculo increíble, su vagina tragó el pene de Kamil muy profundo mientras él presionaba a su alrededor. Se detuvo cuando su miembro estaba completamente adentro, saboreando la sensación de su vulva, disfrutando del acto posiblemente más íntimo que dos personas puedan hacer. Luego lo sacó lentamente y nuevamente lo empujó rápidamente hasta el fondo, haciendo que Martina gimiera en voz alta.

    En ese momento comenzó realmente a coger a su esposa, sacando su pene casi por completo y luego empujándolo rápidamente, haciéndola sentir toda su longitud con cada embestida. Los gemidos de ella aumentaron de volumen mientras él la penetraba continuamente. Martina estiró su mano izquierda hacia donde yo estaba, así quedamos tomadas de la mano mientras ella estaba boca arriba siendo cogida por su esposo.

    Vi su pene desaparecer dentro de su vagina, marcada por una tira de pelo afeitado, vi sus expresiones llenas de placer mientras gemía y vi sus pesados pechos rebotar hacia delante y hacia atrás con cada zambullida del falo de Kamil dentro de ella. Yo me acerqué mientras él la cogía y comencé a jugar con sus tetas, acariciándolas suavemente.

    La imagen me excitaba. Me acosté en la misma posición que Martina, enviando un mensaje subliminal a los presentes de que yo estaba preparada y quería lo mismo. Siempre de la mano de ella. Al instante los dos descifraron el mensaje. Él disminuyó el ritmo de serruchar a Martina hasta que se detuvo por completo y se retiró. Ella cesó sus gemidos y se incorporó cuando Kamil se acercó a mí. Se puso entre mis piernas y antes de hacer nada, se inclinó y chupó brevemente cada uno de mis pezones erectos. Dejé escapar un pequeño gemido.

    Miré a Martina, que no dijo nada, y luego lo miré a él. Colocó su pene en la entrada de mi muy mojada vagina y lentamente me penetró. Dejé escapar un gemido cuando su glande entró en mí y miré a Martina. Mi vulva empapada con mis jugos ayudó a que su miembro se deslizara fácilmente. Lo introdujo completamente dentro de mí.

    Después de unos bombeos lo sacó lentamente, y yo gimiendo en el proceso. Solo la punta de su pene permaneció dentro de mí, repitió la acción dos veces, insertando y luego retirándolo hacia atrás muy lentamente, gemidos silenciosos escapan de mis labios. Hasta que, en la cuarta vez, rápidamente hundió su miembro estrellándose en lo más recóndito de mí. La sensación fue increíble.

    “¡Aaaah!” grité de dolor por su rápida zambullida en mi vagina.

    “Kamil, detente, sal”, le dijo Martina.

    Él obedeció algo alarmado y confundido.

    “¿Estás bien bebé?” me preguntó ella.

    Alargó su mano y comenzó a frotar mi vulva.

    “Sí, ¿estás bien?” También preguntó él.

    “Estoy bien”, respondí un poco conmocionada, “Quiero que sigas, me siento muy bien. Solo que no presiones tan profundamente, ¿OK?”.

    “Tranquila Denise” respondió complacido. Volviendo a mi vagina.

    “Espera”, dijo Martina, “tengo una idea mejor. Kamil acuéstate boca arriba”.

    Él hizo lo que ella le dijo y se acostó boca arriba en la cama entre Martina y yo. Su pene duro apuntando hacia arriba.

    “Ahora cariño, siéntate encima del pene de mi esposo.”, dijo Martina, “De esta manera tú controlas qué tan profundo él te coge.”

    Me gustó la idea, especialmente la parte de yo controlaba qué tan rápido o profundo cogíamos. Me subí sobre él. Lo miré a los ojos mientras me empalaba en su pene erecto. Dejé escapar un fuerte gemido. Me levanté de su miembro y luego me empalé una vez más. Me levanté y bajaba lentamente varias veces más.

    Después de ir un poco despacio, comencé a acelerar el ritmo, hasta que finalmente mi vagina y su pene se acostumbraron lo suficiente como para que yo comenzara a rebotar rápidamente sobre él. ¡Excelente idea de Martina! Iba a toda velocidad ahora, saltando frenéticamente sobre su mástil, haciendo que mis tetas se sacudieran y rebotaran en todas direcciones, sintiendo la longitud total de su mástil deslizándose dentro de mí con cada inserción hasta que llegué al orgasmo. La sensación fue asombrosa. ¡Me estoy corriendo!

    Kamil me agarró por la cintura con ambas manos, mis rodillas sobre el colchón y mi vagina sobre su pene y comenzó él a empujar su miembro dentro de mí. Se hundía rápidamente en mí hasta que llegó al clímax. Dejó escapar un fuerte chillido que no le impidió seguir con el vaivén. Continuó con una serie de gemidos y su cuerpo temblando salvajemente. Dejó de cogerme en ese momento, su miembro todavía dentro de mí mientras todo mi cuerpo temblaba con el placer de un orgasmo femenino.

    Yo no podía sostenerme más. Tuve suerte de que Martina sostuvo mi cuerpo desnudo con fuerza contra el suyo, poniendo mi cabeza contra sus tetas y dejando pasar mis últimas convulsiones producidas por el abrumador placer extático.

    Kamil trajo jugo de naranja y unos platillos con chlebíčky. Fuimos al baño, charlamos un poco, descansamos, nos tocábamos. Así pasó alrededor de una hora. Kamil acariciaba mis senos. Martina cada tanto me besaba en el cuello. De a ratos yo tocaba el ahora flácido pene de él. Hasta que la verga de Kamil comenzó a tomar volumen nuevamente.

    Se puso de pie, su pene no estaba rígido pero tampoco blando como hace algunos minutos. ¡Wow! Qué potente, otra vez, ¡¿podrá hacer tres disparos en una noche?!

    Miré a Martina que se estaba tocando su sexo. Una sonrisa sexy se formó en su rostro cuando vio que el miembro de su marido que de a poco se ponía nuevamente erecto. Otra vez le hablo en checo con tono seductor, seguramente habrá sido algo parecido a “Vamos, cariño, ven a follarme.”

    Ella se puso de rodillas, su culo firme se levantó tentadoramente, llamándolo para que él la cogiera al estilo perrito. Kamil se puso detrás de ella y agarró su lujurioso trasero, apretándolo y besándolo, y se preparó para la penetración. La sujetó por la cintura con ambas manos con vista hacia la espalda desnuda de su esposa y su cabello enmarañado. Yo mirándolos mientras él le introducía su palo.

    Ella dejó escapar un gemido y arqueó la espalda mientras él la penetraba en toda su longitud. También él dejó escapar un fuerte gemido cuando su pene entró en contacto directo con las paredes de su vagina. Sacó su miembro casi por completo y la volvió a insertar con el sonido de otro gemido.

    Los sonidos de bofetadas resonaban en la habitación entre gemidos mientras cogían rítmicamente, cada embestida provocaba otra bofetada cuando sus cuerpos chocaban y él se estrellaba contra su trasero. Bombeaba a su esposa tan fuerte ahora tratando de hacer que se corriera; ella estaba lista para llegar al clímax. Martina gritó después de una serie de fuertes gemidos y finalmente fue superada por un orgasmo.

    Dejó escapar un grito y todo su cuerpo se contrajo cuando el placer la golpeó. Él se aferró a ella y continuaba cogiéndola durante todo el orgasmo. Las manos de ella se aflojaron y se dejó caer lentamente, desplomándose sobre mi regazo. Mientras las últimas oleadas de su orgasmo la atravesaban, sucedió lo más asombroso. Martina apoyando la cabeza en mi regazo, de repente sacó la lengua y comenzó a lamer mi vagina. Yo estaba completamente asombrada por esto. Era demasiado para mí.

    Él dejó escapar un fuerte gemido y gritó en señal de que estaba acabando en su esposa que todavía estaba enterrada en mi vulva. Finalmente, Kamil gritó de placer mientras eyaculaba dentro de ella. Martina dejó de lamerme cuando él llegó al clímax, tal vez experimentando otro pequeño orgasmo ella misma y gimió roncamente con lo último de sus fuerzas. Olas tras olas de placer sexual era lo predominante en la habitación. Finalmente, él se detuvo y cayó sobre la cama agarrado de su esposa y uno de sus brazos apoyado en mi hombro.

    Nos tumbamos en la cama los tres, cubiertos de sudor. Martina estaba en el medio, Kamil y yo en ambos lados. Todos estábamos en silencio, acostados exhaustos, asimilando la terrible experiencia sexual que acabábamos de tener. Ella estaba de espaldas a Kamil, mirándome cuando él se quedó dormido.

    Me quedé durante unos minutos, reflexionando sobre la experiencia sexual única que acababa de tener, cogida por un hombre desconocido y su esposa. Miré más cuidadosamente para asegurarme de que eran reales, para tener certeza de que no lo había soñado, pero sí, eran reales. Había sido una experiencia divertida.

    Me acordé de Sara.

    “Martina, he pasado extraordinariamente bien con ustedes. Me encantaría quedarme un poco más, pero ¿sabes? No sé nada de la vida de mi amiga Sara. ¿Tú me podrías llamar un taxi para que me lleve al hotel?”

    “Sí, por supuesto. Vístete y cuando estés pronta llamo un taxi.”

    Me lavé ligeramente, me vestí, y cuando estuve pronta ella llamó un taxi. En la puerta nos besamos apasionadamente.

    “¿Me lleva a este hotel, por favor?”

    Le mostré al taxista la tarjeta que nos dieron en la conserjería del hotel, especialmente para estos casos en que no dominas el idioma del lugar. Cuando llegué a la habitación del hotel Sara todavía no había llegado…

  • Presentación y la primera sesión de sexo con Luis (chofer)

    Presentación y la primera sesión de sexo con Luis (chofer)

    Me llamo Ana, tengo 40 años y soy soltera desde hace año y medio. No estoy escultural, pero creo que califico como con buen cuerpo; mis tetas es los que más llama la atención, sobre todo después de que me las operé hace un par de años; estaban de buen tamaño, pero no quiero que se cuelguen, por eso me operé. Tengo buenas nalgas, pero no soy tan caderona. Soy morena clara, mido 1.60, tengo ojos grandes y labios un poco carnosos. Me gusta vestirme coqueta, pero no vulgar. Soy la mayor de cuatro: dos hermanas (Andrea 38 y Araceli 36) y un hermano (Antonio 39).

    La verdad es que yo he sido la oveja negra de la familia, pero se lo heredé a mi mamá, ella también era muy cogelona. Yo fui la rebelde, la que se volaba las clases, la que no iba a la escuela, la que se escapaba para ir a fiestas, la que llegaba más tarde de la hora llegada, la que llegaba medio borracha, la que cachaban fajando, la que andaba besándose y fajando con varios amigos, la que andana de puta desde chava.

    Sobre todo, desde que en la prepa me enteré que mi mamá andaba de cogelona con algunos vecinos siéndole infiel a mi papá. La espié por la azotea del edificio donde vivíamos y estaba en casa de un vecino cogiendo con él; otra ocasión la caché cogiendo en nuestra casa con otro vecino y vi momentos sospechosos con mis tíos y ella.

    Cuando tenía poco de haber empezado la carrera, entré a trabajar como secretaria en una oficina y a los pocos meces me hice amante de uno de los directores. Poco después se separó de su esposa y nos hicimos novios; él tenía 40 y yo 19, así que nadie de mi familia estaba de acuerdo en que fuéramos novios, pero como dije, yo era muy rebelde y me valió lo que dijeran. A los veinte salí embarazada y pues me salí de la carrera y empecé en un departamento que me puso Norberto, el director con el que andaba; ya después vivimos juntos.

    La verdad vivíamos muy bien, ganaba muy buen dinero, no nos faltaba nada. Pero como a los dos años de nacer mi hijo (Roberto), mi esposo enfermó y esa enfermedad lo llevó a tener varios males crónicos, por ejemplo ya no podía o le costaba mucho trabajo mantener una erección; con el tiempo desarrolló el gusto por escucharme y luego verme coger con otros. Pero después le dieron celos y ya no me dejaba hacerlo, así que seguí cogiendo con otros, pero sin que él supiera. Aunque debo confesar que aún antes de su enfermedad yo cogía con otros, por ejemplo con el chofer que me puso.

    A los 24 años volví a la universidad para acabar la carrera, ahí tuve varios amantes: algunos compañeros y sobre todo profesores. Me gustaba ir a fiestas con mis compañeros y dejarme besar, manosear y coger, muchas veces por más de uno durante la fiesta. A veces nos volábamos una clase y nos íbamos a casa de alguien a pasar la mañana o la tarde y yo acababa dejándome coger por alguien. También llegué a coger en los baños de la universidad, salones y alguna oficina de profes.

    Cuando tenía 26 años me divorcié y mi esposo se quedó con mi hijo, aunque yo lo veía muy seguido, como fines de semana y vacaciones. Sé que mucho me criticarán por esto, pero estuve de acuerdo en que se quedara con él, porque él ganaba muy buen dinero y yo no, además estudiaba y trabajaba, así que ni ganaba bien, ni tenía mucho tiempo para dedicarle a mi hijo.

    Prefería estar al 100 con él algunos días o temporadas. Yo ahorraba, y le compraba cosas o me llevaba de vacaciones. Lo que no sabía, era que mi ex esposo le decía cosas malas de mí, como que yo era una puta y que quise divorciarme porque nada más quería andar de zorra coge y coge. No era así, pero sí quería y necesitaba sexo en mi vida.

    Meses después de divorciarme, empecé a vivir con un profesor de la universidad (Gabriel). No era guapo, la verdad, pero me ponía atención, era estable económicamente y le gustaba la fiesta, como a mí. Él también era divorciado y aunque era 20 años mayor que yo, era muy cogelón y desmadroso; de hecho, con él hice mis primeros tríos y cuartetos –o como se diga eso jajaja- todos los fines estábamos de fiesta, alcohol, baile y algunas otras cosas. Pasamos un par de años muy padres, muy ricos y divertidos; me enteré de que se cogía alumnas y yo pues empecé a cogerme profes y ayudantes de él o alumnos.

    La verdad no había problema, pero cuando él cumplió 50 como que se deprimió o no sé qué y tomaba casi todos los días, también se drogaba, entonces dejó de ponerme atención, de besarme, de tocarme, dejamos de tener sexo como antes. A veces se la mamaba a ver si reaccionaba y a veces sí, pero a veces no; entonces empecé a coger con gente mientras él estaba dormido de borracho o ido por las drogas. Hacíamos fiestas en la casa y yo cogía mientras él se emborrachaba, o iban sus ayudantes de la universidad a trabajar y cuando él se empedaba o drogaba yo cogía.

    Me separé de él un par de años después; yo tenía 32. Estuve soltera saliendo con amigos, conociendo gente en aplicaciones, pero nada serio; en esa época trabajaba en un banco y luego como administradora de unas oficinas, conocí mucha gente en esos años y varios me llevaron a la cama; disfruté mucho. Poco antes de la pandemia conocí a un vecino, Bernie, que además trabajaba en la misma zona que yo. Empezamos a salir, pero ya también seguía conociendo personas, entonces vino la pandemia y fue difícil socializar más allá del círculo cercano, así que me concentré en el vecino.

    La convivencia y tener alguien con quién tener sexo cualquier día nos acercó mucho y empezamos a vivir juntos muy rápido. Sí, ya sé, tengo un patrón. A los meses de vivir juntos, en su departamento, lo despidieron, entonces yo me hacía cargo de todo. Pero al igual que mis dos ex, se dejó caer y se deprimió; se descuidó, no buscó salir adelante, sino que se rindió y dejó que yo me hiciera cargo de todo; además me acababa de cambiar de trabajo y ahora ganaba mejor. Eso sí, comenzó a andar con otra vecina. Ahí decidí operarme las tetas y separarme, pero no sin antes ponerle los cuernos con otro vecino y con mis nuevos jefes. A cabrón, cabrona y media.

    Desde entonces he estado conociendo gente y cogiendo con quien se me antoje, porque sí quiero una pareja, pero que no se deprima, sino que salga adelante; y creo que ya apareció. Bueno, eso es de flojera y ni al caso, pero como decía he estado cogiendo con quien se me antoje. Por ejemplo, hace unos meses fui de vacaciones con mis dos hermanas a la playa y sí tuve mis buenos revolcones. Además, mi operación fue muy bien recibida en la oficina, así que además de coger con mis jefes y mamárselas en su oficina, ya también lo hago con algunos clientes de la oficina y compañeros, incluso uno que antes me odiaba jajaja. Ya hasta se las di a uno de los de seguridad y al chofer de la oficina.

    Por otra parte, les platico que tengo 3 amigas de toda la vida, ¡nos conocemos desde primaria! Ellas son Nadia, Adriana y Margarita. Tenemos una relación difícil porque aunque nos queremos mucho y nos apoyamos en todo, también competimos mucho entre nosotras, eso nos ha llevado incluso a acostarnos con novios y parejas de las otras, es decir, he tenido sexo con novios y parejas de mis de amigas y ellas con novios y parejas mías. Una de las veces que me separé estuve viviendo en casa de Adriana un par de semanas y cogí varias veces con su esposo; ahí me enteré de que ella lo había hecho varias veces con mi ex cuando aún estábamos juntos.

    Por último, en esta pequeña presentación, solo les diré que en mi familia se ha dado mucho el incesto o amor filial, pero esas confesiones vendrán después.

    Ahora el micro relato.

    En la oficina el chofer es el que se encarga de las compras en el súper y esas cosas para surtir lo que se necesite. Una ocasión que le encargué varias cosas, me dijo que si no urgían iría después de salir y le dije que sí, que no había problema. Esa vez yo no llevaba coche, porque se lo había llevado mi pareja –Bernie- a un viaje que hizo a Jalisco, en donde estaría una semana, entonces el chofer (Luis) me dijo que por qué no lo acompañaba a las compras en Costco y luego me dejaba en mi casa; acepté, porque además de que me ahorraba el taxi de regreso, pues le quedaba muy cerca mi casa después del Costco y yo también quería comprar algunas cosas que no le iba a encargar a él.

    Total que fuimos y cuando me llevó a mi casa –de hecho es un departamento- me ayudó a bajar algunas cosas. Llegando a mi departamento se soltó una lluvia muy fuerte y pues para esperar un poco le ofrecí algo de tomar; yo tenía en mente un café o algo así, pero me pidió un tequila y pues lo acompañé con otro. La verdad es que yo sabía que me traía ganas, era muy descarado para sabrosearme con la mirada, así que no me sorprendió cuando clavaba su mirada en mi escote o en mis nalgas cuando me paraba a la cocina; la verdad entre eso y el alcohol, empecé a calentarme.

    Cuando estábamos en el tercer tequila, me besó –yo estaba muy ganosa como para resistirme, además me daba curiosidad cómo cogería Luis- enseguida me abrió la blusa y me manoseó las tetas bajándome el brasier.

    -Espérate, Luis… Bernardo.

    -Tienes igual de ganas que yo, Ana… además ese pendejo, ¿qué?

    -Es mi pareja.

    -Es tu pendejo –no dejaba de besarme, manosearme y medio encuerarme- ¿a poco crees que no sé qué andas de golfa con los jefes? ¿O conmigo no porque no tengo varo? ¿Te vas a apretar, putita? Sabías que a eso venía, no mames –me abrió las piernas y me tocó la panochita encima del pantalón- ya hasta mojaste el pantalón, Ana…y tienes cara de “cógeme” jajaja eso es lo que dicen los jefes, que pones cara de puta golosa cuando te calientas.

    Seguimos fajando un rato, me quitó la blusa y el brasier; luego se la saqué y me hinqué para mamársela.

    -Ay, no mames, qué ganas tenía que me la mamaras, pinche Ana… se antoja mucho con esa boquita que te cargas, además los jefes dicen que la mamas de poca madre, cabrona –me gustó el sabor de su verga, además tenía buen tamaño, la quería adentro de mi panochita, pero antes quería saborearlo-.

    Después de unos minutos se la jalé y la froté contra mis tetas.

    -La tienes rica, Luis.

    -Toda tuya, putita.

    -Qué rico –lo miré con cara de golosa.

    -Me encanta esa pinche cara de puta insaciable que pones, Ana.

    -Me encanta coger.

    -Ya sé, putita y de seguro ese pinche gordo no te atiende como se debe –negué con la cabeza- pero se me hace que ninguna verga te llena, canija. Móntame, putita –me puse de pie, me quité toda la ropa y me subí en él, le puse mis tetas en la cara para que me las comiera, después me senté en su verga dura.

    -Ay, no mames, la tienes bien dura, qué rico.

    -Así me la pones, Ana… nomas de verte esas pinches tetotas y ese culo; me encanta ver cómo te empinas y cómo te agachas, cabrona.

    -¿Me has visto?

    -Cuando guardas o buscas cosas y te empinas, se te ve un culazo, pinche Ana, y cuando te agachas se asoman bien rico esas pinches tetotas.

    -¿En serio?

    -Bien que sabes, canija, por esa te encanta andar luciéndote y parando vergas, verdad.

    Me agarraba fuerte las nalgas y me jalaba hacia él, yo me movía un poco más rápido, así estuvimos hasta que me vine un par de veces; Luis me comía las tetas y me daba nalgadas; después de unos minutos me acomodó de perrito en el sillón, me acarició las nalgas, me nalgueó, las escupió y luego me ensartó con su verga dura de nuevo.

    -Ay, cabrón, qué rica la tienes, Luis, no mames –las embestidas eran duras.

    -Pinche culo rico que te cargas, Ana, con razón los jefes no te sueltan. Un día te voy a dar verga en la oficina, putita… te voy a coger en la oficina de algunos de los jefes, culona.

    -¿Quieres cogerme en su escritorio como ellos?

    -Sí, Ana, quiero ver qué se siente que seas mi putita en su oficina –su verga estaba durísima-. No chingues, qué ganas tenía darte una buena ensartada, canija; nomás andas antojando esas tetas y este pinche culote, putita –me dio una nalgada.

    -¿Por qué dices que soy una puta, Luis?

    -Porque eres una puta, Ana. Te gusta parar vergas y andas de cogelona con los jefes, y de seguro hay más cabrones que te dan verga, putita; ¿o no? ¿Eh? ¿A poco no le pones los cuernos al pendejo de Bernardo con más culeros? ¿Eh?

    –Sí, Luis, ando cogiendo con otros.

    -Ya ves, eres una golfa, Ana, ¿verdad?

    -Sí, soy una golfa, Luis.

    -Eres una puta, ¿verdad?

    -Sí, soy una puta, Luis –en ese momento me la sacó, me dijo que me sentara en el sillón y empezó a jalársela rápido, quería venirse en mi cara o en mis tetas, yo abrí la boca.

    -Ay, no mames, me sacaste la leche en chinga, pinche Ana –se vino en mis tetas y también me echó chorros de su semen en mi cara- ay, no mames, hija de la chingada, me sacaste mucha leche, putita.

    Se sintió muy rico cómo me caían los chorros de semen; ¡era mucho! Luego embarró sus mecos en mis tetas y en mi cara y se la mamé para limpiársela.

    -Mmm qué rico, así, mámamela, putita, déjamela bien limpia, Ana.

    -Mmm… mmm…me encanta tu verga, Luis… mmm… mmm.

    -Pues la vas a gozar seguido, putita –mientras yo se la mamaba él me agarraba las tetas, me pellizcaba los pezones.

    Antes de irse descansamos un rato, luego nos bañamos y se la mamé en la regadera hasta que se vino en mi boca.

  • Mi primera experiencia (parte 1)

    Mi primera experiencia (parte 1)

    Hola, mi nombre es Marichuy, mexicana de veinticuatro años, soltera, pero disfrutando mi sexualidad a pleno, este es un relato largo, donde les contaré poco a poco mi historia con el hombre que no solo me inició en el sexo, sino que se ha convertido en mi mejor amigo, mi mejor amante, mi mentor y sobre todo, mi apoyo para llegar hasta donde estoy hoy en día.

    Estudiaba mi último año de preparatoria y mis prioridades en la vida eran estudiar, bailar, jugar tocho y volibol, me encantaba la escuela y todo lo relacionado a las actividades deportivas y aunque tenía poca experiencia con respecto al trato con los chicos, empezaba a sentir mucha curiosidad en los temas referentes a la sexualidad, leía y me informaba lo más que podía pero debo aceptar que en esa época yo era demasiado reservada como para abrirme a tener una relación seria con alguno de mis amigos o compañeros.

    mi experiencia hasta ese entonces consistía tal vez algún beso tímido, tal vez alguna caricia atrevida, pero no más, los chicos no figuraban en mis prioridades, por eso, esto que les voy a platicar “jamás” imaginé que sucedería en ese momento.

    Todo empezó en una fiesta a la que mi familia fue invitada. Unos tíos lejanos de mi mamá cumplían cincuenta años de casados y fuimos junto con sus hermanos y mis primos. A pesar de conocer a poca gente, la estábamos pasando bastante bien, pues entre nosotros bailábamos y nos divertíamos.

    Entre los invitados vi a un señor de treinta y tantos años, tal vez cuarenta que bailaba con la que supuse era su esposa, un señor guapo, bien conservado, muy alegre y que bailaba super padre, lo mismo bailaba con su esposa (que por cierto hacían muy buena pareja), que, con cualquier mujer sin importar su edad, señoras mayores, señoras jóvenes y con las muchachas que imaginaba eran sus sobrinas. El señor era muy bueno bailando y hacia ver bien a cualquier mujer que bailara con él.

    Debo decir que a mí también siempre me ha encantado bailar y creo no lo hago nada mal.

    Cuando bailaba con uno de mis primos, pude ver que este señor no me quitaba la vista de encima, por lo que empecé a bailar con más ganas, sin dejar de verlo y sonreírle. Quería lucirme, me emocionaba la idea de que me sacara a bailar, pensaba que iba a ser divertido compartir algunas piezas con alguien que bailara de esa forma. Y no tardo en suceder, cuando iba a empezar una serie de canciones bien moviditas se acercó y me pidió que bailara con él, cosa que acepte sin dudarlo.

    Y fue mucho mejor de lo que pensé, el bailaba y me llevaba super bien, inmediatamente nos acoplamos, bailamos durante un buen rato todo tipo de ritmo que pusieran, era como si lleváramos tiempo de bailar juntos.

    En eso pusieron una pieza de banda norteña, de esas donde el hombre abraza a la mujer y la repegaba a su cuerpo mientras ella abre sus piernas y siguen el ritmo sobre el muslo del hombre. Estábamos bailando muy pegados y el provocaba que mi cuerpo estuviera en constante roce con el de él. Ese día yo llevaba una falda de tela ligera, larga a los tobillos, pero abierta por un costado y una panti blusa bien entallada, esa falda se abría hasta donde terminaba mi muslo, pero eso no me preocupaba, pues llevaba un shorcito de licra que cubría mi ropa interior y que sería lo único que se vería si la falda se abría demasiado.

    Y eso fue exactamente lo que sucedió, con tanto movimiento, mi falda se abrió lo suficiente para que la pierna de mi pareja entrara directamente a mi entrepierna, inmediatamente una especie de calambre que nacía en mi estómago y bajaba por mi vientre hasta mi ingle y luego hasta mis piernas, empezó a causarme espasmos en mi zona genital, por primera vez en mi vida, sentía cierta humedad ahí, donde su pierna se tallaba. Aunque no tenía mucho conocimiento en lo relacionado al sexo, supe que esa sensación era debido a la excitación provocada por el constante roce al que estaba sujeta mi zona intima.

    Estaba disfrutando tanto de esta nueva experiencia, que hacía todo lo posible por evitar que la pierna de mi pareja dejara de frotarse en mí, mientras lo abrazaba firmemente, voltee hacia abajo y pude darme cuenta de que aparte de su pierna, mi pareja hacia lo posible para tallar en mi vientre un prominente bulto en su pantalón, cada vez con más frecuencia el procuraba levantarme ligeramente para que fuera esto lo que más se rempujaba en mi entrepierna.

    Me asustaba pensar que todo mundo nos observaba y se estaban dando cuenta de lo que estaba pasando, pero el bailaba tan bien y lo hacía tan natural, que creo nadie se percató de esto, además, yo estaba ya tan excitada que poco me importaba. Gracias a dios, pusieron una pieza más tranquila y ambos nos separamos, esto me permitió bajar mi excitación y regresar a la calma corporalmente

    Fernando: Bailas maravillosamente pequeña, fue un placer bailar contigo, espero tú también lo hayas disfrutado tanto como yo.

    Me dijo a modo de despedida mientras me llevaba donde estaba mi familia, dándome las gracias.

    Cuando llegué a mi lugar, después de arreglar discretamente mi ropa y mientras tomaba agua, pude observar cómo al señor que bailo conmigo lo esperaba la que creía era su esposa, quien me miraba con ojos molestos mientras le decía algo, el solamente sonreía mientras también tomaba agua para refrescarse, después de lo cual la tomo del brazo y la llevo a la pista de baile para seguir bailando con ella.

    Mientras, yo le pedí a mi prima Concha que me acompañara al baño, necesitaba refrescarme y serenarme, en el camino ella me comento sobre lo bien que baile con el que ella dijo era nuestro tío lejano, me dijo que era el esposo de una sobrina de los festejados y que su nombre era Fernando, aproveche para preguntarle

    Marichuy: Concha, ¿no se notó que mi falda se abrió de más?

    Concha: No, de eso no me di cuenta

    Marichuy: ¿Te fijaste la forma en cómo me bailo el señor?

    Concha: Si, padrísimo

    A parecer nadie, excepto su esposa, noto lo que sucedió en la pista entre el tal tío Fernando y yo.

    En el baño, pude percatarme que mi braguita estaba totalmente húmeda, algo que por primera vez notaba, recordar la sensación tan caliente y deliciosa que sentí mientras bailaba provoco que hasta la piel se me enchinara. Ese día en la noche, no podía quitarme de la cabeza todo lo ocurrido en esos minutos que bailé con Fernando y solo de pensarlo pude notar que nuevamente me sentía húmeda la entrepierna, prendí mi teléfono y me puse a investigar al respecto. A partir de esa noche y los días siguientes sentí cambios en mi desconocidos.

    Cada vez que recordaba lo ocurrido en la fiesta y el momento en que bailaba tan pegada a ese señor, sentía una ganas locas de tocarme y acariciar mi zona vaginal y mis senos. Tenía nociones de lo que era la masturbación pues había leído al respecto, pero me aterraba no hacerlo bien y que esa primer experiencia resultara más un desastre que una experiencia plena y satisfactoria.

    Tres días después, busque a mi prima Concha y le pedí investigara lo que pudiera sobre el que ella dijo era el tío Fernando, necesitaba encontrarlo y ver la forma de conocerlo mejor. En mi cabeza inmadura, me estaba enamorando de un hombre por lo menos veinte o más años mayor que yo, casado y seguramente con hijos, pero la manera en que me excitaba al solo recordarlo hacía que todas las noches soñara con él.

    Hasta que una noche no pude más, no podía dormir de solo imaginarme con él, necesitaba volver a sentir esa sensación de cosquilleo en mi cuerpo así que tomé la decisión de hacer de esa noche la noche más importante de mi vida sexual hasta ese día. Apague la luz y solamente deje encendida la pequeña lamparita de mi tocador. Me desnudé completamente y me recosté en mi cama con varias almohadas debajo de mi espalda lo más cómoda posible.

    Al momento que cerré los ojos, la imagen de Fernando acudió rápidamente a mis pensamientos. Recordé el momento en que, entre cada movimiento del baile, su pierna y aquel bulto en su entrepierna rozaban enérgicamente mi zona vaginal y la sensación tan cálida que esto me provoco.

    Casi sin darme cuenta comencé a deslizar una de mis manos sobre mis senos y otra sobre mi vientre. Un agradable hormigueo recorría mi cuerpo, al mismo tiempo cruzaba mis piernas restregándolas para cerrar mi sexo. Sentía el calor en mis muslos por la excitación y por el rozamiento.

    Pasados unos minutos, era incapaz de no imaginar que era Fernando quien me hacía todas esas caricias, que fuera el quien me diera el placer que tanto anhelaba. Separe la piernas y las flexione dejando abierta aquella entrada al reino del placer que estaba a punto de explorar. Mi mano empezó a deslizarse lentamente hacia mi pubis, de forma muy lenta y disfrutando de cada centímetro. Mientras mi otra mano pellizcaba mis excitados pezones.

    ¡Ummm! Un ligero gemido de placer escapo de mis labios entreabiertos.

    Cuando mi mano derecha llego a mi vagina, tuve que detenerme para no lanzar un gemido más fuerte. Al instante continue y separando los labios vaginales con dos dedos, descubrí la entrada a mi vulva al tiempo que con la palma de mi mano encontré un punto donde el placer se intensificaba, descubrí el placer inmenso que provocaba el solo rozar mi clítoris. Con el dedo corazón comencé a frotarlo muy despacio, con calma, sintiendo su volumen, su tacto. De todos los movimientos, decidí que el circular era el que más placer me proporcionaba.

    Llegada a este punto, las caricias en mis pechos se volvieron apretones de manera más fuerte, los compaginaba con las caricias en el clítoris. Sentía como mis caderas se balanceaban de un lado a otro. Mi cuerpo comenzaba a serpentear levemente.

    ¡Ummm! Un segundo gemido volvió a escapar de mis labios. Este más fuerte y prolongado, en el momento en que los movimientos de mi dedo en el clítoris aumentaban de intensidad.

    Tras un rato de placer, volví a acercar mis dedos a los labios vaginales y los empecé a acariciar sintiendo su humedad, sintiendo cada uno de sus pliegues, su textura, recorriéndolos en toda su extensión. Finalmente, decidí no perder más tiempo, introduje la yema de uno de mis dedos en el interior de mi rajita, sintiendo como se iba perdiendo dentro de mi vagina, cerré los ojos, recosté la cabeza sobre un cojín, mordí mis labios e introduje mi dedo todo lo que pude.

    ¡Ummm! Volví a soltar de mi boca un tercer gemido, este sin duda mucho más fuerte. No pensé en ningún momento que mis padres o mi hermano pudieran escucharme, es más, en ese momento ni siquiera me hubiese importado si así fuera, estaba tan concentrada dándome placer y tan ansiosa de sentirlo que mis pensamientos en ese momento solo eran para Fernando y para mí.

    El dedo no dejaba de entrar y de salir, de vez en cuando lo dejaba en medio del camino o lo insertaba lo más profundo posible, me dedicaba completamente a explorar mi interior en todas direcciones. Encontré en esto un placer inimaginable para mí. La mano que acariciaba mis pechos dejo de hacerlo y de forma automática se deslizo hacia los muslos, acariciando el interior de estos, tratando de coger las hormigas que parecían recorrerlos y que surgían del vientre o por debajo de él… no sabía de donde, pero me estaban volviendo loca.

    Sin darme cuenta ya tenía dos dedos dentro de mí que intensificaban el placer, sentía como la entrada de mi vagina se hinchaba, los labios aumentaban de temperatura… ¡Ufff! me estaba volviendo loca.

    Sin ser consiente de esto, en ese momento estaba experimentando el primer orgasmo de mi vida. Mis dedos resbalaban en el interior de mi coño, pequeñas gotas de un fluido suave y viscoso comenzaron a manar de mi interior, mojando no solo los dedos que invadían mi vagina, sino toda mi mano. No quería dar tregua y ansiaba sentir más, ya no eran solamente gemidos los que salían de mi boca, ya eran palabras y grititos emanados de mi intenso placer. Cuando el orgasmo termino, los dos dedos ayudaban a evacuar los fluidos que, desde el interior de mis entrañas ansiaban por salir a ver la luz por primera vez.

    Durante algunos minutos más, continue con los dedos dentro de mí y mi otra mano sobre mi clítoris hasta sentirme cansada y totalmente satisfecha.

    Poco a poco la calma fue regresando a mi cuerpo, mis pezones retomaron su estado natural, los labios de mi boca me ardían por los numerosos mordiscos que, sin darme cuenta, habían sufrido.

    Finalmente, cerré los ojos, quise ver otra vez la imagen del hombre que provoco este delicioso momento para darle las gracias por tanto placer obtenido.

    Volví a ponerme mis braguitas y mi pijama, me metí en la cama, bien tapada y apague la luz, me quede pensando, recordando e imaginando todo cuanto mi mente fue capaz hasta quedar profundamente dormida.

    A la mañana siguiente desperté sintiendo que alguien estaba en mi habitación, era mi madre quien estaba sentada al filo de mi cama observándome detenidamente

    Madre: Buenos días princesa, ¿Qué paso aquí anoche Marichuy?

    En mi despertar pude darme cuenta de que estaba algo irritada en mi zona vaginal, pero no podía disimular la alegría que sentía por todo el placer experimentado la noche anterior

    Madre: Da gracias a dios que tu padre y tu hermano estaban profundamente dormidos, porque tus gritos y gemidos se escuchaban en toda la casa.

    No supe que decir, pero estaba segura de que nadie iba a echar a perder este sentimiento en mi interior

    Madre: Te debes haber masturbado anoche, ¿Es la primera vez que lo haces?

    Asentí con la cabeza.

    Madre: ¿Me imagino que debe haber sido muy placentero?

    Volví a asentir con la cabeza.

    Madre: Ay hija, debes tener cuidado con lo que haces, me da gusto por ti Marichuy, que bueno que fue una bonita experiencia, pero debes cuidar no hacer tanto ruido o hacerlo cuando estes sola, yo sé que es algo natural, las mujeres y los hombres a tu edad empiezan a experimentar con su sexualidad, por lo que no debes tener miedo ni avergonzarte, confío en que sabrás cuidarte, solo ten en cuenta que lo que se hace con moderación es bueno, lo malo son los excesos.

    Marichuy: Si mama, gracias por entenderme

    Madre: Claro que te entiendo, yo a tu edad, también empecé a vivir mi sexualidad, por eso quiero que confíes en mí y me platiques todo. Y hay algo más importante Marichuy, por favor, por el momento y por unos años más, no introduzcas nada diferente a tus dedos dentro de tu vagina, entiendes, “Nada”.

    Aunque asentí nuevamente con la cabeza, en realidad ya estaba pensando en dar el siguiente paso, necesitaba contactar con Fernando, en mi ardiente juego de la noche, soñaba en perder mi virginidad con el hombre del que estaba enamorada.

  • Fóllatelo hasta morir, preciosa, te lo mereces

    Fóllatelo hasta morir, preciosa, te lo mereces

    Follar se había vuelto una actividad de riesgo extremo. La situación era tan jodidamente crítica, que la Organización Mundial de la Salud exhortó a toda la población a suspender de forma inmediata cualquier tipo de práctica sexual con hombres, sobre todo aquellas que devinieran en coito.

    Por supuesto, a pesar de la medida (la cual había sido acogida por todas las naciones), con el pasar de las semanas las cifras de mortalidad masculina, tras alcanzar el orgasmo, eran cada vez más escandalosas. Porque, dime tú, ¿quién puede resistirse ante el delicioso placer que ofrece una buena corrida?

    Las víctimas caían como moscas en la dulce miel de un rico coño… O de sus manos, da igual. Pero de que caían, caían.

    Ya te digo yo, no sabes cuántos cabrones cayeron extasiados ante mis encantos…

    —¡Mierda! Otro inútil que creyó poder aguantársela y me deja a medio camino —dije cierta tarde de calentón mientras me sacudía las nalgas, quitándome los restos de la última corrida que había soltado el galán de Enrico, en paz descanse—. ¿Ahora quién me quita esta arrechera?

    Marqué al número de emergencias, alguien debía llevarse el cadáver. Y mientras esperaba, introduje los dedos en mi aún hambrienta vagina y terminé lo que Enrico había dejado inconcluso.

    Últimamente, una como mujer tenía que hacer el trabajo que el hombre se negaba a cumplir… Como la vez que tuve una conversación hot con un desconocido por chat:

    «¿Qué me harás primero, papi?»

    «Te voy a comer el chochito completo, mi amor. Lo haré hasta que no puedas más y te corras en mi cara.»

    «Mmm. Delicioso. ¿Y después?»

    «Después te besaré ese delicioso culo que tienes y usaré la lengua hasta que te corras de nuevo. Luego nos quedaremos dormidos, acurrucaditos en tus sábanas mojadas.»

    «¿No me la meterás? ¿Ni siquiera la puntita? Qué decepción.»

    (Amante castigador 69 te ha bloqueado).

    Los verdaderos machos, de esos que te follan como una puta hasta quedarse secos, fueron los primeros en caer. Poco a poco iban quedando menos varones y más vírgenes afeminados y maricas.

    Pero yo no me pensaba quedar de brazos cruzados, oh no, no, no, no… Yo soy una hembra de infarto, y como toda buena hembra, necesitaba que me cogieran bien rico. Aceptar menos era degradarme al nivel de esas santurronas que se persignan con la biblia en la mano.

    Así que decidí poner en marcha mi propio «experimento social», uno que daría esperanza a las féminas insatisfechas y ardientes como yo.

    Abrí un sitio web cuyo lema era: «Fóllatelo hasta morir, preciosa, te lo mereces». Y empecé una campaña online para reclutar a varones que no le tuvieran miedo al éxito.

    Como había de esperarse, mi primera tentativa de chula fue un fracaso absoluto. Nadie estaba dispuesto a «asumir riesgos».

    Así que fui más agresiva: contraté una fotógrafa, una diseñadora, una comunity manager y una editora. ¡Armé un equipo ganador! ¡Mi dream team de chicas talentosas… y cachondas como yo!

    Pensé en contratar algunas modelos para la publicidad, pero cambié de parecer: con mi hermosa cara de ninfa y cuerpazo de ninfómana tenía para dar y recibir.

    Le pedí a Marina, mi preciosa fotógrafa, menudita pero bien agraciada, que me hiciera una sesión completa.

    Me puse varios conjuntitos de lencería, todos super sensuales, que se amoldaban a mi cintura estrechita y destacaban mis caderas prominentes, apretaban mis grandes y jugosas tetas, y dejaban fantasear con mi delicioso coño depilado y hermoso.

    Las fotos eran tan calientes y provocativas, que no habría ningún hombre en el mundo (ni siquiera los maricones) que se pudiera resistir a mis encantos de golfa. Se les pondría bien dura y, eventualmente, vendrían a mí, deseosos por caer en la tentación.

    Le pedí a Daniela, mi voluptuosa y tetona diseñadora, que hiciera su magia. Y con Claudia y Lorena, mis esbeltas y culonas princesas del marketing, coordinamos la parte promocional.

    Era cuestión de tiempo, estaba convencida… ¿Y qué crees? No me equivoqué: los machos que tanto había deseado llegaron arrastrándose a mis pies.

    Definitivamente, en temas de sexo, los hombres piensan con la cabeza equivocada. El proceso de selección fue extenuante: llegaron más de 1000 solicitudes, aunque la gran mayoría, no te voy a mentir, no me impresionaron en lo más mínimo.

    Nos tomó varias semanas de selección (digo «nos» porque mis bellas chicas del dream team estaban tan comprometidas como yo con la causa), hasta que conseguimos 36 hombres finalistas que pasaron todos los filtros de calidad (ya sabes, carita linda, buen cuerpo, y sobre todo, una buena verga), porque incluso en tiempos del apocalipsis, yo quería probar lo mejor de lo mejor. Y ofrecerles lo mismo a mis clientas.

    Ahora solo tenía que conocerlos en persona. Convocarlos para «la entrevista» y comprobar de qué estaban hechos. ¡Estaba muy excitada! No podía esperar más…

    El día tan esperado llegó. Mis 33 machos (pues 3 se habían echado para atrás), dispuestos a dar su servicio a la comunidad, habían llegado. Estaban todos sentados en una hilera de sillones alargados que había instalado formando una «U» en el interior de nuestro «rincón del placer».

    ¿Que qué era el «rincón del placer?». Se trataba de un enorme salón de eventos super refinado situado en la parte trasera de una villa, a las afueras de la ciudad, ideal para cumplir todas nuestras fantasías, garantizando absoluta intimidad y discreción a nuestras clientas.

    Aunque, claro, cuando le hablé a la dueña del lugar acerca de nuestro «emprendimiento», esta entrecerró los ojos y comentó que aquello tenía una terrible pinta de ilegalidad.

    Si hay algo que me caracteriza es que puedo ser muy persuasiva: me la llevé a una de las habitaciones, la abrí de piernas, acerqué mi cara a su concha húmeda y peluda, y le di el mejor sexo oral que haya tenido en su puta vida.

    Cuando me aparté de su entrepierna con la cara empapada, luego de su tercer orgasmo, le di una buena nalgada que la hizo gritar y le dije:

    —Tú me vas a alquilar ese salón, perra, y yo me encargaré de que sigas gozando tanto como ahora.

    De modo que el «rincón del placer», redecorado y amoblado como Dios manda, estaba a punto de desvirgarse con su primera sesión de sexo…

    —Buenas tardes, mis deliciosos y generosos caballeros lujuriosos, sean bienvenidos —les dije paseándome ante ellos con sensualidad. Llevaba unos enormes tacones rojos, así como una minifalda plisada super cortita que dejaba ver una exquisita tanga roja de encaje. Mis tetas estaban al aire, decoradas apenas con dos pequeñas pezoneras rojas de corazón.

    Les fui clavando la mirada uno a uno, ninguno apartaba sus ojos de mi cuerpo.

    —Ustedes están aquí porque han asumido su único rol como hombres: ser el objeto sexual más preciado para nosotras las mujeres.

    Mis chicas del dream team, de pie detrás de mí, vestidas con la misma sensualidad que yo, soltaron gritos de aprobación. Continué:

    —Ya estamos hartas de putos dildos de mierda. Insatisfechas con simples comidas de coño. Y malsanas con esas horribles cogidas, cortas y perezosas… Nosotras queremos meternos una buena verga hasta bien adentro. ¡Y gozarla hasta chorrear por las orejas! —Señalé a uno de mis hombres al azar—. Tú, ¿me recuerdas tu nombre?

    —Leandro, bebé.

    —¿Tienes lo necesario, Leandro? ¡Busco aguante y control!

    —Por supuesto, nena, puedo aguantar hasta ponerte los ojos en blanco.

    Me lo quedé mirando un instante y le regalé mi sonrisa más coqueta (que también lo hizo sonreír), me acerqué lentamente hasta él, me puse de rodillas y poco a poquito lo fui desvistiendo.

    Su pija estaba tiesa a rabiar. Le planté un besito en la punta, me incorporé y entonces me eché sobre sus piernas a horcajadas. Aparté la tanguita hacia un lado y bajé hasta ensartármela toda. Lo monté como una fiera.

    La tenía bien grande y gruesa (como todos los presentes, por supuesto), la sentía hasta el fondo, frotándose con las paredes de mi chorreante vagina.

    El galán que estaba sentado a su lado, me agarró una teta y la empezó a acariciar. Me gustó. Lo atraje hacia mí y nos besamos apasionadamente. Mi excitación subía y subía… Aceleré los movimientos encima de Leandro.

    —Pónmelos en blanco, cabrón —jadeaba sin parar de moverme—. ¡Ponme los jodidos ojos en blanco!

    Entonces Leandro (¡siempre te recordaré, por ser el primero!) me agarró por la cintura, me elevó un poquito, se acomodó lo suficiente para tomar el control, y comenzó a follarme con rapidez. Cada embestida era profunda, deliciosa.

    Me puso a gemir como perra en celo, no quería que parara… Y no lo hizo. Continuó dándome bien fuerte durante largos y exquisitos minutos hasta que tuve un maravilloso orgasmo.

    —Ufff. La verdad es que sí, Leandro querido, sí que aguantaste hasta ponerme los ojos en blanco. —Me levanté, su pene salió de mí—. Qué rica polla, por Dios… Lástima que nunca nadie la volverá a usar.

    De mi vagina brotó el caliente líquido que mi amante me había regalado. Su última ofrenda: yo quedé bien satisfecha, y él, bien muerto.

    Mis chicas soltaron un gemido de conmoción.

    —Ya saben qué hacer, guapos —dije mientras me terminaba de limpiar el coñito.

    Dos fuertes hombrezotes (que no estaban interesados en el sexo, y que había contratado para hacerse cargo de la seguridad) agarraron el cuerpo de Leandro y se lo llevaron por una de las puertas traseras. Ups.

    Algunos de mis aspirantes se pusieron de pie de inmediato, sorprendidos, incluso diría que aterrorizados.

    —Por favor, caballeros, ¿dejamos el teatro de una vez? ¡Saben perfectamente de qué va todo esto! ¿Han venido a jugar o solo a curiosear? —Les di la espalda, dejándoles ver mi hermoso culo—. A quienes se les hayan encogido las pelotas, ahórrennos el tiempo y lárguense.

    Guardé silencio y esperé. Oí algunas voces y pasos tímidos alejándose. Incluso uno de ellos me gritó desde la salida:

    —¡Eres una enferma degenerada!

    —¡Como no tienes idea! —le respondí. Y se largó. Bye, bye.

    Me giré nuevamente, 20 de mis machos seguían en sus asientos, mis chicas los reacomodaron más cerca, ocupando los espacios vacíos.

    Todos eran muy complacientes. Sonreí, se merecían un premio.

    —Pronto descubrirán que soy una mujer muy, muy agradecida cuando un hombre hace lo que quiero. Y puedo ser extremadamente generosa y sucia a la hora de pagar.

    Me acerqué al primer hombre de la hilera, por la izquierda. Me senté sobre él, lo atenacé con mis brazos y le planté un cálido beso en los labios. Jugueteamos con nuestras lenguas un poco y me levanté.

    Pasé al siguiente… Mis chicas empezaron a hacer lo mismo desde el otro extremo, turnándose para que no quedara nadie sin su merecido agradecimiento.

    Me fui sentando uno a uno en las piernas de mi leales machos, podía sentir su bulto estrechándose contra mi conchita, mientras nos morreábamos de lo lindo.

    Aterricé sobre el hombre que me había manoseado la teta mientras me cogía a Leandro, y con voz seductora le dije:

    —Mmm. Tú de nuevo. Sí que besas rico, mi amor.

    —También sé follar rico, por si te interesa —me respondió y nos comimos la boca con frenesí.

    Me aparté de él, con la promesa de comprobar después cuán rico sabía follar. Y continué mi desfile de besos hasta completarlos todos.

    —Ahora, mis jugosos caballeros, vamos a ponernos serios. Es importante para nosotras saber si tienen lo que se necesita para este trabajo. ¡Quítense la ropa, abajo pantalones y arriba vergas! Quiero verlas bien firmes, listas para entrar… ¿Chicas? Dense gusto.

    Marina, Daniela, Lorena y Claudia dieron un paso al frente y eligieron, cada una, un hombre al azar.

    Mi bellas hembras iban vestidas con lencería super sexi, se retiraron la ropa interior y se lanzaron hacia sus presas.

    Daniela, la más tetona, las tenía al aire y se las restregó a su galán en la cara. Lorena y Claudia tenían unos culazos de infarto, cuando montaron a sus machos daban unos saltones que hasta a mí me pusieron a vibrar. Marina, por su parte, había agarrado las manos de su hombre y se las llevó atrás: le había pedido que castigara su culito a nalgada limpia mientras la follaba. ¡plas! ¡plas!

    Yo estaba disfrutando del show, me limité solo a observar, supervisando a mi personal. Mis chicas subían y bajaban, empalándoselas hasta el fondo. Gemían con pasión…

    —Eh, eh, las manos, princesas. No lo olviden.

    Mis chicas obedecieron: estiraron sus brazos hasta alcanzar la polla de los hombres sentados a cada costado, y los empezaron masturbar.

    El espectáculo continuó durante varios minutos más, hasta que uno de ellos (el que se follaba Marina) pidió que parara. Marina lo ignoró, seguía pajeando a los otros dos mientras saltaba eufórica sobre la verga de él, quien a su vez se dejó llevar…

    Entonces avancé aprisa hacia ellos y tiré de Marina con fuerza, haciéndola caer al lustroso piso. La muy puta lanzó un grito de indignación:

    —¡Zorra de mierda! ¿Estás loca o qué? —Marina se levantó mostrando sus nalguitas enrojecidas por los machacones que había recibido.

    La ignoré y me centré en su macho:

    —¡Control! —vociferé—. ¡Si necesitas parar, para! Pide un relevo, pero jamás te dejes llevar por las ganas.

    Lo sé, lo sé. ¡Aquello era demasiado injusto! Pobres hombres, imposibilitados de tener un orgasmo porque lo pagaban con sus vidas. Pero esa era la realidad ahora, y yo tenía un negocio que cuidar.

    Lorena, Daniela y Claudia se habían detenido, pero volvieron al ruedo. Marina se disponía a buscar otra verga que le diera amor, pero la agarré del brazo:

    —Tú te vienes conmigo, putona respondona.

    Me la llevé atrás, la metí a una de las amplias habitaciones, me senté al borde de la cama y la obligué a doblegarse ante mí.

    —Pe-perdón —dijo, avergonzada—, te juro que no volverá a pasar. Es que yo…

    —Cómeme el coño, puta.

    Marina guardó silencio. Me agarró la tanga, yo levanté el culo para dejar que me la quitara. Y me empezó a devorar completa. Lamía el clítoris, chupaba los labios, les daba mordisquitos, y metía la lengua en mi vagina.

    La tuve así por unos minutos hasta que le aparté la cabeza, dejándola con medio chorro en la boca.

    —¿Te vas a comportar? —le dije agarrándola de las tetas y pellizcando sus pezones con fuerza suficiente para hacerla gritar.

    —Sí, sí. Seré buena. ¡Au! Te lo juro.

    La solté y volvimos al salón principal. Lo que encontramos fue un espectáculo de lo más sabroso: mis tres putitas ansiosas estaban de pie, inclinadas hacia delante, cada quien chupando dos buenas pollas y masturbando otras dos a los lados, mientras otro las penetraba por atrás.

    Cinco cabrones para cada una, era una delicia que ansiaba experimentar, pero le concedí el perdón a Marina y permití que se fuera a dar su festín.

    Esos 20 machos intercambiaban lugares, conocían sus ritmos y entendían sus límites. ¡Me llenaba de satisfacción saber que podía confiar en mi nuevo equipo! Pero yo necesitaba que me llenaran de algo más…

    Y como si lo invocara mentalmente, el hombre que había prometido follarme rico cruzó una mirada con la mía. Le guiñé el ojo y me retiré con pasos seductores, directo a una de las habitaciones. Por supuesto, él me siguió…

    Apenas entré, me abrazó por detrás y llevó una mano a mi coño, su poderosa verga se pegó contra mi culo, acoplándose justo en la raya. Me moví de arriba abajo, pajeándolo dulcemente y le dije:

    —No te vas a correr ahora, ¿o sí?

    Un «no» ronco, vigoroso, penetró mi oído. Me besó el cuello y me magreó las tetas, retirando las jodidas pezoneras; aquello me puso muy puta: me giré, me puse en cuclillas, me la metí a la boca y comencé a devorarla entera. ¡Sabía delicioso!

    Él me tocaba las tetas, jugaba con ellas, me acariciaba, me deseaba… Así que dejé de mamársela y avancé hacia la cama, quitándome la tanga y la faldita. Me puse en cuatro, tiré de una de mis nalgas, abriéndole el culo, invitándolo a pasar.

    Él se puso detrás de mí, frotó con la cabeza palpitante en la entrada de mi vagina. Yo me eché hacia atrás intentando metérmela completa, pero él lo evitó y me dio una fuerte nalgada.

    —Shhh. Quieta. Dije que te lo haría rico.

    No contesté. Aquello me encendió más.

    Continuó restregando su glande en mi vagina, luego se la pasó por mi ano, donde escupió y frotó ejerciendo más presión. Y vuelta a empezar con mi concha…

    —¿Cómo te llamas, amorcito? —murmuré entre gemidos.

    —Sebastián, pero puedes llamarme «la bestia».

    Entonces, sin más dilación (ni dilatación) la bestia ensartó su fierro dentro de mí, me clavó los dedos en la cintura y comenzó a moverse… al inicio lento, como si quisiera memorizar con su polla cada milímetro dentro de mi cavidad… Me gustaba, sí, pero yo quería sexo rudo.

    —Vamos, vamos, así no se comporta una bestia.

    —¡Lo sabía! —Soltó una carcajada y empezó a acelerar. Ufff, cómo me gustaba ese hombre. Me penetraba hasta el fondo, ¡bien duro, como a mí me gusta! Cada embestida provocaba esos deliciosos golpeteos de pelvis contra culo que me ponían más cachonda.

    Me siguió dando fuerte un par de minutos más hasta que se frenó de golpe.

    —Gírate —dijo.

    Obedecí. Me abrí de piernas, pero él no se movió.

    —¿Vas a correrte? —le pregunté con una mezcla de temor y lujuria.

    —Aún no —respondió.

    Aquel «aún» hizo que mi corazón se acelerara. Y entonces, la bestia se metió, jadeante, en mi interior.

    —Me temo que nuestro encuentro acabará en fatalidad —me dijo mientras empujaba con furor—. Eres tan espectacular, que sería un delito no correrme en tu precioso cuerpo.

    Me puse en estado de alerta, pero entonces golpeó mis tetas una y otra vez, y se impulsó para besarme. Lo recibí y nos comimos las bocas apasionadamente. ¡Empecé a tener un orgasmo!

    —Sigue, sigue… No pares.

    Mi macho no paró. Me daba igual su inmolación, yo la quería toda… ¡Toda! Entonces la bestia…, ¡mi bestia! dijo:

    —¿Dónde la quieres, mi amor?

    Abrí la boca para contestar, pero entonces llegó Daniela con sus increíbles tetas bamboleándose al aire, y anunció que Sofía, la dueña del lugar, me buscaba en la recepción.

    —Salvado por la campana, bestia —le dije a mi hombre, que había cesado en sus movimientos, justo a tiempo. Se retiró para dejarme levantar de la cama, me vestí de nuevo y salí de la habitación.

    ¡La muy putona quería ver! Sofía, mi arrendadora, ansiaba ver esas pijas en acción. Por supuesto, yo sabía que ella anhelaba algo más… Así que le dije:

    —Conoces la cuota, princesa. ¿Te gustaría pagar y ser nuestra primera clienta?

    ¡Ella pareció escandalizada!

    —¿Pero qué cosas dices? Solo quiero echar un vistazo, sé que tú arriendas, pero… sigo siendo la dueña, ¿no?

    —Efectivamente. Eres la dueña de este delicioso lugar, pero esos machos de ahí dentro son míos. De modo que…

    Sofía tenía la apariencia de la típica señora de mediana edad, con una actitud mojigata que contrastaba con el deseo oculto y sucio que brillaba en sus ojos… Y esto quedó demostrado cuando media hora después se encontraba en la enorme cama king size, ubicada en el centro del salón, que era la atracción principal. La zona VIP.

    Mis chicas, mis chicos y yo estábamos a su disposición. Sofía estaba completamente desnuda, sentada en el colchón, ¡esta vez, la muy zorra tenía rasurado el coño! Bien por ti, Sofía.

    Tenía seis pollas bien cerquita de su cara, a una le daba una chupada ocasional, mientras a otra le daba estimulación manual. Luego se lanzaba tímidamente a mamarse otra, mientras con la mano temblorosa pajeaba a la siguiente… ¡Era fatal haciéndolo!, pero una no juzga a sus clientas.

    Por supuesto, todos la manoseaban, acariciaban cada parte de su cuerpo; algunos se turnaban ocupándose de su coño, entraban y salían con fuertes arremetidas que la hacían soltar gemidos ahogados, pues es difícil gemir con una polla en la boca… o dos… o tres…

    En un momento dado, algunos de mis hombres sintieron ganas de correrse, entonces debían hacerse a un lado para que alguien más tome el testigo… o en este caso el culo de Sofía, que ahora estaba a cuatro patas, lista para que se la metieran por ahí.

    —Ya lo he hecho antes —decía, orgullosa, cada vez más desinhibida, más caliente, más puta—. ¡Que alguien me la meta por el culo, ya!

    Enseguida un cabrón se colocó detrás de ella, empujó su pija cabezona por aquel asterisco que rápidamente se convirtió en un jodido círculo.

    —¡Ohhh! ¡Duele!

    —¡Eso se resuelve con una verga en la boca! —grité entre risas.

    Sofía aceptó la sugerencia y se volvió a meter una polla bien dura y jugosita entre sus labios carnosos, dándole con todo, deseosa de sacarle toda la leche a su nuevo mejor amigo, eso seguro.

    Continuaba tragando vergas y jalándose otras más, mientras le daban por atrás hasta que alguien tuvo la brillante idea de hacerse espacio a empujones, colocándose debajo de ella y así empezar a penetrar su vagina, mientras otro le seguía dando por el culo. ¡El clamor de Sofía fue excitante!

    Entonces, Lorena anunció a los cuatro vientos que no podía resistirlo más y se metió a la cama. Pidió a uno de los hombres de la reserva que la empotrara con urgencia.

    Aquel comportamiento era muy poco profesional, ya me encargaría personalmente de corregir a esa golfa, pero de momento la dejé divertirse.

    —¿Puedo yo también? —preguntó Marina, esta vez con humildad. Me encantó verla así, sumisa ante mí. Le planté un sonoro beso con todo y lengua en su boquita y le di permiso de salir a jugar. Claudia y Daniela la siguieron.

    Mis cuatro reinas del placer sí que sabían disfrutar: Daniela lo hacía de misionero; Claudia, de perrito; Lorena, de vaquerita; y Marina, de cucharita, mientras se comía otra pija con la boca. Un espectáculo glorioso del que yo no era partícipe… hasta que uno de mis machos me agarró del culo, invitándome a gozar con ellos.

    —Ahora no, mi vida —le contesté—, estoy trabajando… Pero te quiero a ti en primer lugar cuando sea el momento.

    Mi hombre me soltó y se unió al festín que se servía en la cama de Sofía.

    Mi primera clienta soltaba un grito de éxtasis tras otro, envuelta en el placer que tanto anhelaba. No me quedaba duda: estaba recibiendo exactamente lo que había venido a buscar. Y mientras la observaba, supe que todas las que vinieran después experimentarían lo mismo. Este era solo el comienzo.

    (De la imaginación de Yorch).