Blog

  • Perdiendo a mi novia

    Perdiendo a mi novia

    En este primer relato, quisiera narrar mi mayor fantasía. He pensado en esto desde que era adolescente, y desde que tuve a mi primera novia. A pesar de ser mi mayor deseo, admito que me aterra y me enloquece un poco imaginarlo, pero la excitación que siento no se compara a nada.

    Muchos hombres fantasean con ser “cornudos”; compartir a su novia o esposa con otro hombre, darle total libertad de disfrutar del sexo con otros, y en muchos casos estar presentes para ver a su mujer disfrutar del placer, y más aún, mirar como otro disfruta de una mujer ajena… de su mujer. Mi fantasía es diferente, y quisiera detallarla como si de un relato se tratase.

    Mi novia es lo que podría decirse la chica perfecta: su sonrisa radiante y sus ojos llenos de luz, su voz que alegra a cualquiera que tenga la dicha de cruzar palabras con ella. Hermoso cabello castaño, largo hasta poco más abajo de los hombros. Cubierta de una piel blanca tan suave y perfecta. Y por supuesto, su cuerpo… a veces es difícil creer que una chica tan dulce y tierna haya recibido una belleza tal. Delgada, pero con las correctas proporciones. Con una silueta tan femenina; senos medianos, perfectos, firmes, un abdomen plano, con esa fina línea vertical del medio que la hace ver increíblemente sexy.

    Sus caderas, no muy anchas, y tampoco delgadas, que dan pie a sus piernas largas y suaves, con un trasero firme y sensual. Sin duda es la chica con la que muchos desearían salir… y con quien más de uno pensaría en acostarse. Es la novia más dulce, tierna y simpática que pude haber deseado. Cariñosa siempre, candente en la pasión, inteligente, astuta.

    Un día como cualquier otro, apenas comenzando su vida laboral después de la universidad, ella conoce a un nuevo compañero de trabajo. Es un típico chico de buen ver, fuerte, confiado, hasta un tanto atrevido. Al verla, no pierde la oportunidad de dedicarle la atención que se merece una chica tan hermosa. Mi novia responde sonriente y dulce, amable, sin percatarse totalmente que sus intenciones son más allá de lo amigable. “Seguro nos estaremos viendo muy seguido”, le dice él. Ella no le da importancia.

    Los días pasan y el aprovecha oportunidades para sutilmente acercarse a ella, para conocerla. La escucha, es simpático, logra robarle una que otra risa cada vez que puede. Mi novia es fiel, y aunque piense que esa amistad no llevará a nada de preocupación, no pierde la oportunidad de mencionar que tiene novio. El chico no se desanima; “qué suerte tiene tu novio, debe cuidarte mucho”. Todo sigue con naturalidad.

    Él consigue intimar más y más con ella, lentamente y sin que ella note lo cercana que se está volviendo a su “amigo”. Se comparten historias, experiencias y, lo más importante, él se vuelve un maestro en hacerla reír. En lo físico tampoco se queda atrás, cada vez es más común que él toque su brazo, su espalda, su hombro. Sin darse siquiera cuenta, ella es recíproca en el contacto físico, se siente animada y segura estando cerca de él. En alguna ocasión, paso por su trabajo para salir con ella. La veo platicando con él, y no puedo evitar notar como sonríe y como ríe a su lado. Como se despiden, con un abrazo.

    Los celos me invaden, quisiera decirle algo, pero sé que ella no haría nada con nadie más. Por supuesto que las imágenes comienzan poco a poco a aparecer dentro de mi cabeza… como si fuesen escenas de película.

    Los días pasan y él toma la iniciativa de invitarla un café luego del trabajo. Ella acepta, pues solo es un “amigo”. La pasan genial juntos, riendo como siempre, los toqueteos sutiles. Ella no lo puede explicar, y ni siquiera intenta racionalizarlo, pero hay algo especial en este chico. Disfruta estar con él, y subconscientemente está esperando a la próxima invitación. Paralelamente ella sale conmigo, disfrutamos de nuestro tiempo juntos, la llevo a la cama conmigo, la veo tan apasionada en su placer. A veces no puedo evitar preguntarme si imaginará siendo poseída por otro… por él.

    Como era de esperarse, él la invita a algunas “salidas” más. Ella acepta. A mi solo me dice que sale con algunos compañeros de su trabajo. No lo hace con malicia; ella cree realmente que es incapaz de hacer algo malo, pero al mismo tiempo su instinto le dice que debe ser discreta. En cada salida el logra acercarse más y más a él; caminan más juntos, la guía tomándola de la cintura, la abraza. Ella no puede más que sentir mariposas en su pancita.

    Esa extraña confusión femenina… se está comenzando a enamorar de él. Mientras tanto, las mismas escenas se vuelven más frecuentes y más intensas en mi cabeza. Cada vez la imagino… llegando más lejos con aquel chico con la que la vi aquella vez. Y no puedo evitar notar como nuestras salidas son poco a poco menos frecuentes. Ella está más distraída, no es tan cariñosa como siempre…

    Otra salida más. Van al centro comercial y caminan un rato. Ella va vestida increíble; una falda linda que presume sus piernas, una blusa de botones, elegante pero sexy, que permite lucir su escote tan atractivo. Ella siente que puede hablar con él por horas. Él la abraza mientras caminan, a veces toma su mano. Ella está embriagada de sus propias emociones; la chispa del amor, las mariposas en su vientre. Deciden descansar y sentarse juntos, lado a lado. Él la abraza, la mira… ella no puede controlar más lo que siente, los segundos se vuelven eternos, hasta que sus labios chocan.

    Él le da a mi novia el beso más dulce que jamás haya sentido, lo que por tanto tiempo ella ha estado esperando. El tiempo se detiene, sólo están él y ella. Ella no puede pensar en nadie más que no sea él. Después de una sesión de besos, deciden que es hora de irse. Mi novia reconoce lo que hizo, pero es incapaz de sentir culpa… siente que es lo correcto, que lo que siente por él justifica el beso tan hermoso que recibió.

    Una semana después, él invita a mi novia a bailar el viernes, para terminar la semana. Ella se emociona, y no puede esperar a que ese día llegue. Yo no he podido verla desde nuestra última cita, antes de que lo besara a él. Finalmente logro salir con ella, aunque solo por un rato, pues “está cansada”. La siento extraña, y empiezo a presentir lo que pasa…lo que pasará. No nos besamos en esa “cita”, se siente más como una salida de amigos. Al despedirnos la abrazo fuerte, “te amo”. Ella me sonríe, sin la misma magia con la que antes solía hacerlo, “y yo a ti”.

    El viernes llega. Ella apenas puede con la emoción. Toma una ducha caliente antes de su cita. Aplica crema por todo su cuerpo. Se siente frente a su espejo, aun desnuda; se peina y se maquilla, hasta verse hermosa y radiante. Se pone su calzoncito, una opción sexy y elegante. Decide no llevar brasier, y lucir sus increíbles senos bajo un vestido negro que la hace ver hermosa, seductora y elegante. Adorna su escote únicamente con un collar con su nombre, un collar que yo le regalé.

    Más tarde, su cita llega a su casa para recogerla. La mira y apenas puede creer lo hermosa que se ve. Todo el esfuerzo en conquistar a la chica dulce del trabajo ha dado frutos. Sube a su auto, se saludan tiernamente y conducen hasta la discoteca donde pasaran su noche. La toma de la mano para salir, y la lleva con él hasta el lugar. Se sientan juntos, piden un par de tragos. Comienzan a charlar, a reír, y a pasarla increíble como siempre. Él no pierde oportunidad para tomar su mano, para posar la suya sobre su pierna. Ella acepta cada avance de él, solo sonriéndole, mirándolo a los labios.

    Mientras tanto en casa, acostado en mi cama, le escribo mensaje: “pásala increíble con tus amigas”. Se que será una larga noche, apenas podré dormir, y las escenas no dejan de pasar en mi mente. Ella ya baila con él, disfrutando como nunca en la pista de baile. La toma de la cintura, acaricia su espalda, rosa su abdomen. Ella levanta sus brazos, mueve sus caderas, pone a bailar a sus senos que se ven deliciosos en su escote. No pasa mucho tiempo antes de que comiencen a besarse mientras bailan. Voltea a mi novia, la abraza desde atrás posando sus manos sobre su vientre. La acaricia, ella lo voltea a ver buscando sus labios. Cierra sus ojos y se funden de nuevo en un rico beso.

    El tiempo pasa y ambos saben que tienen que salir de ahí. Ella está inquieta… acepta sin dudar cuando él la invita a pasar un rato juntos en su departamento. Pone su saco en la espalda de mi novia y salen abrazados, como novios, del lugar. Suben a su auto, se besando, y pronto toman marcha hacia el lugar. Apenas unos minutos después, llegan e invita a mi novia a pasar. Le ofrece un trago más y se sientan, pretendiendo que continuaran su charla, esperando a ver quien caerá primero.

    Los besos comienzan, esta vez mi novia se abalanza a él, lo abraza, sube su pierna y él la toma. Acaricia de arriba a abajo, pasando por su cadera, su espalda. Se besan con pasión. Él no tarde mucho en deslizar su vestido, lentamente sin dejar de comerse sus labios. Cae por su hombro y poco a poco revela su seno izquierdo. Posa su mano sobre él, acaricia su pezoncito rosado y hermoso. Prosigue con el otro tirante hasta dejar libres a sus dos “niñas”. Mi novia disfruta del tacto sobre sus senos mientras sus lenguas bailan una con la otra.

    No puedo aguantarlo más. Estoy en mi cama poseído por mi fantasía, por mi deseo de… perderla. Las imágenes en mi cabeza se vuelven más y más vívidas. Mi corazón late con fuerza, mi estomago cruje. Es como si todo mi cuerpo se sincronizara con el de ella. Aun sin estar ahí, se lo que está ocurriendo. Lleva cargando a mi novia hasta su cama, ya desnudita para él, hermosa. La acuesta con dulzura. Ella lo espera mientras se quita la ropa. Están los dos acostados, la mano tierna y femenina de mi novia acaricia su pene sin dudarlo. Se sorprende al sentirlo… es grande, duro, curvo. Más atractivo que el mío sin duda alguna.

    La forma en que lo besa, como lo masturba y le entrega sus senos en su boca. Ella gime suavemente sin quitar sus ojitos del gran pene de su nuevo novio. “Me encanta”, le dice entre gemidos con su voz sexy y tierna.

    Comienzo a masturbarme, imaginándolo todo… no puedo más. Consumido por los celos y el morbo. Cómo mi dulce novia posa sus suaves labios sobre su pene, como lo besa, lo recorre, le da amor. Su lengua lo baña con su saliva, para darle paso al interior de su boca. Ella se esfuerza como nunca antes, cierra sus ojos y se asegura de darle el mayor placer posible. Él acaricia su cabello, su rostro, “lo haces increíble”. Mi princesa le sonríe con amor y lujuria.

    Ella se retuerce en la cama mientras el besa y lame el néctar de su vagina. Gime y se aferra a las sábanas. Arquea su espalda con cada oleada de intenso placer. Sus gemidos se convierten en gritos cuando el primer orgasmo recorre todo su cuerpo. Ella queda exhausta, agitada, y solo los deliciosos besos que él le da pueden calmarla. Ella se abraza a él, lo besa con pasión… “hazme tuya”.

    Continúo masturbándome lentamente, con mis ojos cerrados, pareciendo que sufro más de lo que lo disfruto, aguantando el orgasmo, pues el placer es lo único que me hace aguantar lo que está ocurriendo. Mientras tanto él se coloca dulcemente sobre mi novia, la besa. Ella abre suavemente sus piernas para él. Ella le acaricia el pecho, sus hombros, sus brazos fuertes. “Hazme el amor”, le pide en un suspiro. Él acomoda su gran pene en la entrada empapada de mi novia, preparándose para tomarla. Y a partir de aquí, comienzo a perderla para siempre.

    Lentamente comienza a adentrarse en ella. Cada centímetro de su carne la hace estremecer. Se abraza con fuerza de él, gime en su oído. Él consuela su placer con tiernos besos en su cuello y su mejilla. Poco a poco logra penetrarla completamente. Se besan, y ella le sonríe, dándole permiso para poseerla por completo. Sigo masturbándome mientras otro hombre penetra a mi novia suavemente, mientras le hace el amor con dulzura y pasión. No dejo de imaginar sus ojitos llenos de amor y placer, sus gemidos, el suave y rítmico movimiento de sus preciosos pechos mientras él la hace suya.

    “Más, más… así, hazme tuya”. Su forma de rogarle, como lo besa y lo abraza. Pensar que ella está totalmente entregada a ese hombre y se ha olvidado de mi completamente. Como la hace sentir mujer como nadie. La posee sentándola encima de él, guiando sus caderas de adelante hacia atrás, disfrutando el sabor de sus senos. Ella se siente llena, llena de amor y de su gran pene.

    La domina suavemente colocándola en cuatro. La penetra hasta el fondo y se abraza de su cuerpo. Después de un rato la hace enderezar, acaricia su abdomen y sus pechos desde atrás, que están a su total disposición. Tal y como en la fiesta, ella lo voltea a ver pidiéndole sus besos. Gime como nunca mientras él la llena más ferozmente, pero siempre con amor. La hace temblar y no puede más que caer sobre la cama.

    Estoy al borde, no puedo aguantar mucho tiempo más. No dejo de pensar en cómo le están haciendo el amor. Y peor aún… no dejo de desearlo; “por favor, tómala… quítamela, hazla tuya sin parar”. Mis propios pensamientos la entregan, la obsequian a los brazos de otro hombre. “Quiero perderla, poséela y róbamela”. Cada uno de mis deseos se convierten en los dulces gemidos de ella. Cada vez que lo pido, él la llena con firmeza hasta lo más profundo.

    Nuevamente recostada frente a él, viéndose a los ojos. Él no para de penetrarla, sin quitarle la vista. No se besan, solo se miran, ella trata de darle a entender… se lo pide con la mirada. “Llénala, inúndala”, es lo que alcanzo a pensar. El momento está cerca, está a punto de pasar finalmente, perderé a mi novia y él la tomará de la única forma posible… “lléname, hazlo dentro” las dulces palabras de mi novia.

    Se besan con pasión, y él entierra su espada una última vez, con fuerza, hasta el interior de mi novia. Ella se abraza de brazos y piernas, suelta un grito del más puro placer. Chorros de espeso semen comienzan a llenar la vagina de mi… ex novia. Sus gemidos pronto se calman y terminan con una sonrisa de satisfacción. Mientras yo no puedo contenerme más, termino en el más fuerte orgasmo de mi vida, soltando todo mi semen al aire, sin dejar de pensar en todo el esperma tibio que ahora recorre el interior de mi novia.

    Tal y como lo predije, la noche apenas empezaba. Él poseyó a mi nena sin parar, hasta quedar exhaustos. Es imposible contar la cantidad de veces que la penetró, la cantidad de semen con la que la llenó. Todas las beses que probó sus senos, los besos que ella le dio en su pene caliente y mojado. Hasta quedar dormidos, abrazados, enamorados… la escena más intensa sin duda, es pensar en ella, desnuda en sus brazos, con una sonrisa en su carita de ángel.

    “… hay… otra persona”, es lo que ella me diría para terminarme. Ella se estremece al decirlo, no por culpa, sino de felicidad al recordar la noche de pasión tan increíble que pasó con él, y de la emoción de volver a entregarse a él y ser penetrada de nuevo. No me queda más que aceptarlo, pues aun pudiendo evitarlo, decidí dejar que las cosas siguieran hasta las últimas consecuencias.

    ***********

    Esta es mi fantasía. Como dije, es un poco diferente a la fantasía tradicional. Lo he imaginado en muchos escenarios, siendo este sólo uno de ellos. Me encantaría poder relatar todos ellos por aquí, esperando que alguno de ellos se vuelva realidad alguna vez. Me encantaría saber su opinión sobre este relato, sus comentarios y sugerencias son muy bienvenidos.

  • Explorando su intimidad sin tabú ni prejuicios

    Explorando su intimidad sin tabú ni prejuicios

    Luego de salir de la ducha, se para frente al espejo, deja deslizar la toalla, con infinitas gotas por todo el cuerpo, ¡mira fijamente al espejo la imagen que este proyecta! Observa cada detalle, sonríe observando lo bien que luce, se gusta tal cual está.

    Ahí parada le viene a la mente cada recuerdo de esos momentos íntimos, de cómo ha llegado al cielo envuelta en caricias; y como ha bajado al mismísimo infierno en repetidos actos de lujuria desencadenada.

    Sonríe satisfecha de recordar esos innumerables episodios, donde se ha sentido plena por completo.

    Se siente divina, deseada, por momentos siente que el espejo la observa, la detalla, hasta piensa que la desea.

    En ese instante lo visualiza como un cómplice, le habla, le pregunta “¿Me espía cada vez que me paro frente a ti, o cuando estoy durmiendo, quizá en mi intimidad?”. Sonríe, da vueltas para verse de espalda, de lado, de nuevo de frente. Al detallarse bien comienza a sentir que la piel se eriza, siente como su cuerpo va entrando en calor.

    Es una de esas noches donde estaba sola con sus deseos, con sus pensamientos.

    Busca la ropa íntima más hermosa y sensual de la colección, la coloca sobre la cama, luego unta crema corporal en los pies, va subiendo por las piernas, muslos, ingles, abdomen, senos, cuello, espalda, hasta cubrir todo el cuerpo. Se coloca la prenda escogida; acto seguido se va a la cama.

    Pone música agradable, se acuesta boca arriba a mirar el techo, a recordar esos momentos agradables que la hacen viajar a cada escena, cerrando los ojos acaricia sin prisa el vientre, va explorando poco a poco la piel.

    La mente va galopando a esos recuerdos donde se sintió amada. Está en un clímax total, sigue acariciando cada pliegue, lentamente la respiración se acelera, luego los gemidos se convierten en el mejor lenguaje para expresar el placer que está sintiendo en ese momento.

    Una mano toca con suavidad los senos, dando pequeños pellizcos en los pezones, y la otra se va deslizando hacia abajo, juega en el ombligo, sigue el recorrido, aprieta los muslos, sube de nuevo, acaricia con dos dedos por encima de la tela, luego introduce la mano. Llena de placer muerde el labio inferior, pasa la lengua por ellos.

    Se complace con gran deseo, en la mente fantasea momentos llenos de pasión; y así va pasando el tiempo, los segundos se convierten el largos minutos.

    La intensidad de las caricias, la llevan a múltiples orgasmos que la dejan satisfecha y agotada de tanto placer; está dichosa de haberse dado el permiso de intimar con sus deseos y consentir sus instintos de mujer.

    D A.

  • Obsesión por la dulce Claudia

    Obsesión por la dulce Claudia

    Cuando Fernando vio por primera vez a Claudia en aquel centro comercial, quedó enamorado. Aunque se comportaba como una niña con sus papás, tenía el cuerpo hermoso. Delgada, bonita, él le calculó diecisiete. Luego supo que acababa de cumplir diecinueve. La siguió por cada sitio del centro comercial e incluso compró un boleto para el cine, parado detrás de ella. Escucho que verían toy story. Llevaba años sin ver una película de dibujos. Y así seguiría. Pasó la película mirándola. Comer sus palomitas, reír con la mirada frente a la pantalla. Cuando salieron y los siguió hasta su auto, alcanzó a ver el suéter de un colegio privado. Así que rezo porque un milagro sucediera.

    El lunes entre las doce y las dos de la tarde, espero paciente, leyendo como de costumbre pasaron las horas hasta que la vio salir con un grupo de amigas. Subió al transporte público sin notar su presencia. Perdida en la pantalla del teléfono ignoraba todo a su alrededor. Incluso le dio en la mano el billete para que pasara su pasaje. Camino detrás de ella hasta que la vio entrar en esa casa de paredes blancas de dos pisos. Todo por ese día.

    Después de dos días de la misma rutina, espero a que saliera y choco con ella, pareciendo accidental. El café en su mano manchó el uniforme de Claudia. Ella se disculpaba, pero Fernando fingía estar apenado.

    —Mira, como quedaste —le dijo señalando la gran mancha de café en su blusa blanca.

    —Perdón, no me fije —apenada agacho la cabeza, pero Fernando insistió y no dejaría las cosas así.

    —Ven, te debo una blusa, seguro en la plaza encontramos algo, para que no te vayas así, por favor déjame hacer eso.

    —De verdad, no gracias —ella solo miraba su cara sonriente, tendría unos años menos que su papá. Pero sin la cara de ogro de todos los de esa edad.

    —Insisto, es más. Yo voy y tú me esperas aquí —Dijo acomodándola en la banca donde esperaba si transporte y se alejó sonriente.

    Claudia sin saber la razón espero, mientras el sacaba de su auto, estacionado en la plaza comercial. Así que regresó muy rápido. Trajo consigo dos blusas, esas que días antes Claudia veía junto con sus padres.

    —No sabía cuál y te traje dos —Dijo extendiendo su mano con la bolsa.

    —En serio no.

    Cuando abrió la bolsa, sus ojos se iluminaron. Eran en efecto las blusas que deseaba. Sonreía, pero no quería aceptarlas.

    —Anda, ve a cambiarte y si gustas te llevo a tu casa.

    —No, como cree. Aquí pasa mi Combi —dijo cerrando la bolsa.

    —Ok, solo ve a cambiarte. Y cuida de no chocar con nadie —se alejó sonriente, aunque esperó a verla salir con esa blusa floreada. “Hermosa” pensó para sí. Aguardo un par de días, cuando la vio entrar a la plaza, sabía que iría por un helado con cubierta de chocolate. Se instaló en una mesa de la heladería y la vio llegar.

    —¿Me estás siguiendo? —le dijo sonriente.

    —¡Hola! No, vengo por un helado.

    —No me imagino que compres lámparas aquí —Dijo con sarcasmo y se levantó— ¿de qué vas a pedir?

    —Pues de chocolate.

    —Que rico —él se refería a su culito, la miraba un poco mientras sacaba su cartera para pagarle el helado.

    —No, yo traigo dinero…

    —Igual yo te invito, si te lo comes conmigo.

    —Ok —dijo Claudia y se sentó con él, así pudo llenar los vacíos de información.

    Supo que tenía diecinueve, hija única, además tenía esa cara de ángel frente a él. Aprovechó para acercarse afectivamente a ella.

    —Hoy si me dejas llevarte a casa, no es pregunta.

    —No, como cree señor.

    —Señor, bueno ya está. Me veo muy viejo lo sé.

    —No se tu nombre —dijo mientras pasaba nuevamente su lengua por el helado.

    —soy Fernando, dime así Claudia

    —Ok

    —Entonces te llevo.

    —Bueno, pero vivo lejos —dijo sonriéndole.

    —No importa.

    Ya en el auto, después de pedirle que abrochara su cinturón le preguntó.

    —¿qué quieres oír?

    —me gusta Dua Lipa o Billie Eilish

    —Ok, en seguida sonó “one kiss” de Dua Lipa y Calvin Harris.

    —Esa me gusta —dijo sonriente mientras tomaban camino.

    —me dices por donde, ¿tienes cuenta premium de esta aplicación?

    —No, las descargo y las paso a mi teléfono.

    —descárgala y usa mi clave. Y dime por dónde ir.

    —No como crees, no. Acá a la derecha.

    Antes de llegar a su casa, Claudia tenía acceso multimedia a música y plataformas de películas y series.

    —Ahí a la vuelta y me dejas en la esquina, no quiero que me vea mi mamá o me va a regañar.

    —No queremos eso, toma mi teléfono y anota el tuyo. No te voy a acosar lo prometo.

    Fue ella quien por la noche le mando mensaje.

    —¿qué haces?

    —Hola, pues leyendo, ¿y tú?

    —Veo una serie.

    —¿cuál? ¿De qué trata?

    Claudia le platicó de Stranger Things, de los personajes y un demogorgon al que combaten los niños de la serie. Después casi una hora mensajeando, ella le dijo que se tenía que dormir.

    —que tengas buenas noches, sueña bonito.

    —Si me mandas Una foto, seguro sueño bonito y con un angelito —ella se tomó una selfie acompañada del emoticón de beso.

    —Dulces sueños Fernando.

    —Descansa bonita.

    Ella suspiró y aunque siguió explorando el contenido de las aplicaciones de video, se durmió pues tenía escuela al día siguiente. Ella soñó con Fernando.

    El dejo pasar unos días, aunque los mensajes seguían, al igual que las fotos. El viernes la invito al cine. Ella aceptó encantada. Parecían un padre y su hija entrando a la sala. Pidieron un gran combo de palomitas, nachos, helados y refrescos. Mientras veían la película, él tomó su mano. Claudia se recargó en su hombro, el cosquilleo en su panza era algo raro. Pero le gustaba estar con aquel hombre, sin importar su edad.

    —¿te gusto la película?

    —Obvio, cuando van persiguiendo al malo esta padrísimo.

    —A mi me gusto verla contigo.

    —¿en serio?

    —Sí, y más que temerte a mi lado.

    Antes de bajar del auto, Claudia le dio un beso en la boca, Fernando fingió estar sorprendido.

    —Guau, me gane la lotería.

    —Menso —dijo ella mientras repetía el beso. Ahora el contexto y sus lenguas se conectaron.

    Por la noche ella comenzó la plática.

    —¿te gusto?

    —¿qué cosa? ¿La película?

    —Obvio no, el beso.

    —Me gusto más el segundo. Aunque no sé, estas bien chiquita.

    —Ya soy mayor, ¿me ves como una niña?

    —eres una mujer hermosa, me gustas mucho. Pero ya no estoy en edad de juegos de adolescente.

    —Pues juguemos como adultos.

    —¿Segura?

    —obvio Menso.

    El la dejó de ver y de contestar sus mensaje, fue hasta el jueves en la noche, después de leerla llamándolo “patan” que él respondió.

    —Hola amor.

    —Te odio, no me hables.

    —Ok, te veo mañana enfrente de los helados.

    —No, bye.

    Obviamente ella llegó al lugar de la cita.

    —¿sigues enojada?

    —Si

    —Bueno, vamos a cómprale ropa a mi nena gruñona.

    —No —la tomó de la mano y entraron a las tiendas, el escogía la ropa y ella entraba a los probadores para después modelársela. Vestidos, faldas, blusas. Después fueron al cine. Ella lo beso apenas empezó la película, ya traía puesta una falda corta que le acababa de comprar.

    —Dijiste que como adultos —metió discretamente su mano en la falda y frotó por encima de su ropa interior. Ella cerró las piernas, entonces el beso su cuello y sus piernas fueron cediendo. Sentía la humedad en su ropa interior. Cerraba los ojos y se controlaba para no gemir ahí en la sala de cine.

    —¿te gusta niña grande?

    —Si

    —¿puedo meter mi dedo?

    —No sé…

    Cuando sintió el dedo dentro de su sexo suspiro tan alto que una pareja de viejitos los miro por un momento. Luego volvieron a mirar la pantalla. Mientras Claudia tenía un orgasmo, ahí a media sala. Fernando sacó su dedo y se lo dio a probar. Ella chupo saboreando su propio sabor y luego lo beso apasionadamente.

    Ya en el auto, después de disimular durante los pasillos aquella relación, Fernando se bajó el cierre.

    —Juegos de niños grandes —Ella miro el pene duro salir del pantalón, sabía que tenía que hacer. Pero… ¿ahí?

    —Bueno…

    Ella se inclinó hasta llegar a su verga, lamia aquel pene con suavidad, mientras escuchaba el motor del auto arrancar. Mientras el conducía, ella chupaba su pene. No levantaba la mirada pues le daba miedo ver las calles. Aunque escuchaba el ruido del tráfico, seguía chupando con afán aquella verga. El auto se detuvo. Ella no, siguió hasta que sintió el semen entrar en su boca.

    El sostuvo su cabeza hasta que sintió que no había más semen por salir, luego levantó su cara hasta quedar de frente.

    —Abre la boca

    —¡aaaah! —podía ver su semen aún en el interior de su boca, la cerro con sus manos y sonriente le dijo.

    —Ahora trágatelos —Ella con gestos, trago todo el semen.

    —¡gulp!

    —¡abre! —obedeció mostrándole el interior de su boca vacío, luego miró a su alrededor. Estaba a una calle de su casa. El trayecto era de al menos veinticinco minutos. Estuvo chupando verga tan febrilmente que se olvidó del tiempo.

    —Anda ve, no queremos preocupar a mamá —le dio un beso y al bajar, una nalgada.

    —¡Auch!

    Por la noche le dijo que la vería hasta el miércoles, cosa que ella reprochó. Pero así fue. En el mismo sitio.

    —Te tengo un regalo.

    —¿qué es?

    Fernando le dio una bolsa y a ella le brillaron los ojos.

    —¡No manches!

    —ve al baño y te lo metes, te espero en la fila del cine.

    Obedeció, nerviosa y emocionada metió un dildo de forma extraña en su interior. Luego volvió un poco incómoda.

    —¿para qué quieres que haga estas cosas?

    —espera y verás.

    En la sala, después de los cortos y algunos besos. Sintió que el dildo vibraba.

    —¡No mames!

    —¿que?

    —vibró… hay… otra vez.

    —sorpresa, lo controlo con el teléfono.

    Durante la película Claudia se retorcía, la vibración en su interior la tenía muy mojada, muy caliente, mordía los oídos de Fernando y frotaba su verga. Cuando salieron la llevo a comer y siguió estimulándola vía Bluetooth. Ella se retorcía, reía aguantando las ganas de gemir.

    En cuanto subieron al auto, Claudia buscó frenéticamente la verga de Fernando. Chupo como si fuera un caso de vida o muerte, el cerraba los ojos ante aquel placentero gozo. Pero seguía estimulándola. Ahora podía darle el tiempo de gemir a gusto.

    —¿Te gusta?

    —Obvio menso —siguió chupando y meneando su culo en el asiento de copiloto.

    —Eres mi putita, me gusta que seas mi perra —las palabras sucias surtían efecto en Claudia, movía sus caderas y metía con más placer aquella verga en su boca.

    —Soy tu putita mi amor

    En cuanto se vino, ella misma sostuvo el semen para mostrárselo, luego lo tragó sonriente y frotó su clítoris frente a él.

    —¿Que rico se siente?

    —No sé, Déjame probar —palpó su ropa interior empapada, sobo y ella gimió con fuerza.

    —¡aaaah aaaah sí que rico!

    —Eso mamita, ¿dime que eres?

    —Soy tu putita, siii! Aaaah! Me gusta ser tu perrita! Aaah! Voy a ser obediente aaah!

    Llegó al orgasmo con los ojos en blanco, el disfrutaba de verla así, sabía que podría tenerla ahí mismo. Pero el platillo era tan delicioso que quería tomar su tiempo.

    Durante el camino, ella siguió frotándose, mirando como el disfrutaba. Bajo del auto con las piernas mojadas. Así camino hasta su casa, cuando sacó el dildo, sus jugos escurrieron aún más. Durmió toda la tarde.

    —¿y si el lunes faltas a la escuela?

    —no puedo, tengo examen.

    —Bueno, te veo luego.

    —Espera… salgo a las doce…

    —Ahí te veo

    El lunes, en cuanto subió al auto y sonriendo le dijo.

    —traigo puesto el dildo.

    —Ok —sacó su teléfono y lo puso a funcionar, ella buscó chupar su verga, pero la detuvo.

    —Espera, vamos a un lugar bonito.

    —¡pero yo quiero chupártela!

    —seguro lo vas a chupar.

    Entraron a un fraccionamiento que parecía vacío, el bajo para abrir su puerta y entraron. Pocos muebles y un refrigerador. La llevo de la cintura a una habitación ya quitándole el uniforme.

    —te compré ropa —lencería hermosa reposaba sobre la cama— póntela.

    Claudia, con un poco de pudor se desnudó frente a él, se puso la lencería y el aguantó para no saltar sobre ella. Luego sacó un par de esposas y pasando sus manos por detrás, las sujeto con ellas. La tumbó en la cama y arrodillándose separó sus piernas, solo percibir el olor lo ponía loco. Separó la tanga y lamió suavemente su clítoris, dentro, el vibrador seguía soñando y ella retorciéndose.

    —Vamos a cambiar de casa el juguete

    —¿como…? —lo sacó de un tirón, provocando el gemido de Claudia, luego lamiendo su culito lo metió despacio. Estaba muy apretado y a ella le dolía.

    —¡aaaay! Despacito haaay!

    El siguió hasta meterlo por completo y así ocuparse de chupar su panochita, era tan deliciosa como lo imaginaba.

    —¡qué riiico!

    —¡deliciosa!

    Luego de un rato, por fin se quitó el pantalón y metió su verga, fue igual de difícil, su panochita era pequeña y además podía sentir el dildo ocupando su colita.

    —¡haaaa! ¡Haaaa!

    —por fin… ¿sabes cuánto soñé esto?

    —¡haaaa! Que rico! Haaaa! Me duele mi haaaa! Colitaaa!

    —Ya se, que rico…

    Conforme subía la intensidad al penetrarla, ella gemía más fuete. Era claro que ambos estaban gozando. Luego la giro para ponerla boca abajo, con las manos detrás de su espalda, quedó empinada, lista para ser usada a su antojo.

    Empinada, recibió aquella verga sin poder evitar nada. El la jalo del pelo para que fuera más brutal el cogerla, para que ella se sintiera una puta, usada y manipulada a su antojo.

    —¡aaah! ¡Siii! ¡Masss! ¡Siiii!

    Ahora su culo recibía además de verga y dildo, unas fuertes nalgadas que enrojecían sus nalgas.

    —¡haaay meee dueleee!

    —siiii

    —¡haaaay no parees sigue! Siiii!

    Sonaba estruendoso el golpeteo de sus nalgas, al igual que las nalgadas que le daba sin medir su fuerza.

    Sacó su verga y se dio a mamar, ella parecía una experta. Chupaba completa aquella verga. Luego la volvió a empinar y de un tirón sacó el dildo para poder destrozar su culito.

    —¡haaaay me dueleee sácalo!

    —Si claro…

    Fernando fue igual de brusco, aferrado a sus nalgas. Claudia con la cara unidad solo gemía, él no sabía si de dolor o placer, pero le daba lo mismo. Desde la primera vez que la vio se propuso destrozar aquel culito hermoso y ahora lo estaba logrando. Tanto que estaba a punto de terminar, pero aún tenía otro sueño por cumplir. Sacó su verga y jalo a Claudia hasta el suelo. Ella abrió la boca pensando que mamaria su verga. Pero unos fuertes chorros de semen cayeron sobre su cara. Apenas pudo cerrar los ojos. Agitada sentía el calor líquido escurrir por su cara. No podía limpiarse con las manos atadas a su espalda.

    Aún sentía el semen escurriendo, el seguía restregando su verga sobre su rostro. Sintiendo y disfrutando de ensuciar esa cara angelical.

    —Voy por papel para que te limpies

    —siii —dijo ella entre dientes, apenas moviendo los músculos de la cara para no sentir como escurría ese líquido espeso en su rostro.

    No traía papel, en cambio sacó su teléfono, comenzó a tomar desde diferentes ángulos aquel rostro sucio. Ella solo escuchaba los flashes. Luego la volvió a empinar y metió su verga en el culo.

    —¿más?

    —Si amorcito, nunca me aburriré de este culo

    —¡haaaa haaa haaa!

    —¡me encantas!

    Luego de un muy corto tiempo, la volvió a poner en posición y unos chorros cayeron donde ya había semen, Claudia sentía como le cosquilleaba la cara nuevamente.

    —ya no me saques fotos

    —No amor —era verdad, ahora grababa su rostro. Haciéndole preguntas.

    —¿te gusto?

    —siiii

    —¿Eres mi puta?

    —siiii

    —¡Dilo!

    —Soy tu putita, tu putita llena de leche.

    —¡Eso!

    Luego de quitarle las esposas y desnudarla, se bañaron juntos. Abrazados y besándose. Durmieron un par de horas y la llevo a su casa. Nos vemos le dijo ella.

    —Gracias —respondió el con el corazón en la mano.

    En la entrada la esperaba su papá, quien marcó a la escuela y sabía que salió al mediodía. Eran las cinco y debía e placar, ¿qué hizo? ¿Dónde y con quién estaba?

    Ella rogaba porque ese aparato dentro de su sexo no comenzará a vibrar o su padre la mata.

    @MmamaceandoO

  • Un viernes con mi suegra

    Un viernes con mi suegra

    Todo comenzó un miércoles, cuando por cuestiones de trabajo, mi esposa salió de la ciudad por más de una semana y al día siguiente, mi suegra me llamó a mi teléfono, preguntándome si el viernes podíamos comer y obviamente acepté, quedando de acuerdo y colgamos.

    Ese día, llegué al restaurante acordado donde ella ya esperaba, iba vestida con su uniforme de trabajo, es decir, un pantalón y un saco sastre azul, una blusa blanca y unas zapatillas negras no usuales, solo por la ocasión. Enseguida, me senté a su lado, luego comimos y reímos un poco, después salimos del lugar y antes de subir al auto, nos besamos lentamente y bajé mi mano hasta sus nalgas mientras ella me acariciaba mi pene sobre mi pantalón, luego nos separamos, nos subimos al auto y nos dirigimos a un motel.

    Al entrar, comenzamos a besarnos frente a una pequeña sala, ahí la volteé de espaldas a mí, para besarle su cuello y con mis manos, sentirle sus pechos y acariciarle su vagina sobre su pantalón, luego le desabotoné su blusa lentamente mientras ella me desabrochaba mi pantalón, para después bajarle el cierre del suyo. A continuación, ella dio un paso al frente, giró hacia mí y se quitó el saco y la blusa, cubriendo sus senos solo con un sostén con encaje blanco y proponiéndome “¿por qué no te sientas y te quitas la ropa?”.

    Eso lo hice rápidamente, esperando a que mi suegra también se quitara el resto de su ropa y esperando una linda pantaleta, luego se volteó y se empinó para quitarse el pantalón, dejándome apreciar cómo sus nalgas aprisionaban una tanga de color blanco, completando el juego de su ropa interior. De nuevo, ya frente a mí, ella se arrodilló y después de lamerme mi verga un poco, se la introdujo a la boca mientras me miraba a los ojos, pudiendo sentir como mi verga se hinchaba cada vez que ella me la succionaba y no podía contenerme a semejante acción hasta que le dije “para que estoy por venirme”, inmediatamente se la sacó y comenzó a golpetear mi pene con sus tetas, lo que hizo que me viniera en sus pechos y en su cara.

    Ya que terminé, ella solo me sonrió, luego se levantó, tomó una toalla y se limpió, regresando sin sostén, usando solo esa diminuta tanga blanca que de frente, dejaba ver parte de su vello púbico, lo que me excitaba bastante para sentarse en mi regazo. Así lo hice, enseguida nos besamos y comenzó a decirme que se sentía muy caliente, que se había peleado con su novio y que quería una verga, aprovechando la ausencia de mi esposa; mientras tanto, yo le acariciaba su vagina, sintiendo que se humedecía cada vez más hasta que se levantó, se bajó su tanga y se recostó con el culo hacia arriba, para que me acercara a lamérselo.

    En esa posición, yo le metía la lengua por su ano y por su vagina una y otra vez hasta que me dijo “ay, ya, papacito, métemela”, entonces le pedí que se levantara y la llevé hasta el buró, donde la levanté y antes de recargarnos sobre él, la penetré de modo que sus piernas quedaron libres para tomarlas y subirlas hasta mis hombros, lo que me permitía escuchar sus gritos de placer en mi oído y me ponía la verga más dura cada vez que se la metía mientras me tomaba del cuello. Así lo hicimos y a punto de venirse, me pidió que me detuviera, luego nos separamos y nos fuimos a la cama, donde me senté en la orilla, para que ella me diera la espalda.

    A continuación, ella tomó mi pene, se sentó sobre él y comenzó a menearse, lo que me excitó muchísimo y finalmente, exploté llenándola de semen, continuando así hasta vaciarme, luego se recostó a mi lado y descansamos un poco. Posteriormente, me levanté a ducharme y cuando salí, ella ya se había cambiado faltándole sólo el pantalón del uniforme que tanto me excita y usando un bikini que ya se había cambiado antes de vernos, entonces me le acerqué, la besé en él, diciéndole que quería volver a hacerla mía, ella solo sonrió y me respondió “lo harás pero hoy no, ya vámonos”; sin embargo, permitió que mi manos se deslizaran hasta su vagina, sintiendo como aún le escurría mi semen que le salía de su vagina, susurrándome “¿te gusta?, a mí también, cuando llegue a mi casa, me voy a duchar”.

    Finalmente, salimos del motel y la llevé hasta su casa sin decir algo, cuando al momento de despedirse, le pregunté si la podía ver al día siguiente, contestándome que sí y hasta podríamos pasar la noche del sábado juntos y si quería, el domingo. También me aclaró que el sábado, ella tenía un compromiso que cumplir pero que pasara al lugar donde era y nos iríamos a donde quisiera.

  • Mi hermano, yo y un verano fabuloso

    Mi hermano, yo y un verano fabuloso

    Por fin había llegado el momento en que íbamos a disfrutar de nuestro nuevo chalet en la Costa Brava. Hasta hace 3 años lo habíamos hecho en un hotelito que distaba solo una travesía de nuestra casa, verano tras verano. ¡Me gustaba el lugar! Lo que no me agradaba en exceso era aquella salida de Barcelona. Las retenciones eran constantes y, para llegar a las Rondas, tardamos más de 3/4 de hora. Avanzábamos apenas un par de metros y nos tocaba parar entre 1 y 5 minutos. Mientras, mis padres me iban sermoneando sobre lo que iba a ser el primer día de ocio. Pero no todo iba a ser malo. Una de las paradas, quizás la más larga, aunque para mi fuera breve, coincidió justo enfrente de una acera.

    Había allí un joven de unas facciones esplendidas, con un cuerpo que hubiera maravillado a cualquiera. Montaba una bicicleta y esperaba poder pasar. Había apoyado su pierna derecha en un árbol y la izquierda sobre una papelera de estas que han crecido por doquier sobre el suelo urbano. Sus piernas, pues, estaban abiertas de par en par. Su pecho era atlético, su cara divina, sus piernas robustas y. el calzón de Lycra color azul claro que le recubría, súper indiscreto. Su entrepierna izquierda, lucía, junto a la costura, un descomunal bulto. A su derecha, la misma imagen del bulto, algo más elevado y, por encima de él, algo que se alargaba de forma provocadora a través de todo el lateral.

    No pude evitar que mis ojos se fijasen en aquel hermoso don de la naturaleza, pero tampoco pude evitar que él se percatara de ello. Consciente de lo que a mi me atraía, empezó a sobarse su entrepierna y me di cuenta de que su aparato crecía, tanto en grosor como en longitud, abriéndose camino entre su estrecho maillot y… Y no pude reprimirme. Yo estaba sentada detrás de mi madre, al lado opuesto de mi padre que era el conductor. Tiré, para no ser vista por el retrovisor, todo mi culito hacia adelante y levanté un poco mi cortísima falda. Con los 3 dedos del centro de mi mano izquierda separé la parte central de mi braguita de mi más íntimo agujerito y los introduje en mi “verdulerito” (He de decir, que aunque yo era por aquella época virgen de hombres, no lo era de verduras.

    Por mi sexo habían pasado primero zanahorias, más tarde pepinos y calabacines, aunque siempre con el temor -una vez me rompí el himen- de provocar en mi estrecha cuevecita, algún desgarro irreparable, por lo que difícilmente gozaba con el “repertorio del campo”. Como os decía, introduje 3 dedos entre mis braguitas, compresa incluida, ya que me mojaba con frecuencia de flujo y un simple salvaslip no me serbia, y mi caliente sexo. Con 2 de ellos empecé a acariciarme mi enorme clítoris y el tercero lo hacía oscilar de atrás hacia adelante. Empecé a notar palpitaciones algo frenéticas y como mis pezones endurecían, sin poder frotármelos por mi posición. Mis piernas se movían convulsas de atrás para adelante. Temía ser vista por mis padres y de golpe, mojé, mojé y mojé mis dedos, mi mano, que chorreaba sobre el asiento y sobre la alfombra. Apreté como pude los dientes, mi vientre dio varios golpes convulsos hacia adelante, pensé en que había que poner solución de una vez por todas a mi virginidad.

    Imaginé que me poseían yo que sé que hipotéticos hombres y volví a mojarme. Un olor acre, penetrante, subía de mi entrepierna y de mi mano hacia mi nariz. Temí que mis padres lo notaran y cejé en mi empeño. Oh! Qué caliente me sentía! Pero también empecé a sentirme sucia. Mis pegajosos dedos me repugnaban. Tenía ganas de llegar a casa y lavarme. Confiando en que mi hermano Albert, que se había ido hacia el chalet el día antes, no ocupase el baño horas y horas, como solía hacer él.

    Albert tenía 19 años y yo 18. Era un chaval algo fantasma, pero he de reconocer que supo aunar lo mejor de mi padre y de mi madre. Era de aquellos chicos que hacen que nosotras nos giremos al verles pasar. No me habría importado nada, si no fuese mi hermano y me lo pidiese, ser novia suya…

    Llegamos por fin a casa. No había nadie. Tal como me habían comentado mis padres durante el viaje, ellos continuaban ruta para ver a una antigua asistenta nuestra, que, enferma y cuidada por su hermana, vivían unos pueblos más arriba. Ellos no regresarían hasta la tarde-noche y, por tanto, me dieron dinero para comer. (Yo ya sabía dónde debía hacerlo).

    Me dirigí rauda al baño. Encendí el termo y llené el bidet de agua y un poco de jabón líquido. Me despojé de mi falda y mis braguitas y sumergí mis tesoros en él. Pensé en Albert y las orgías costeras que él y sus amigos comentaban y empecé a frotarme. Me vi rodeada de hombres, todos me tocaban y me acariciaban, de pronto, todos quisieron poseerme, introduje mis dedos en mi sexo, acaricié una vez más mi clítoris y empecé a jadear. Miré a mi alrededor y pensé que alguno de ellos debía de poseerme por detrás. Vi el redondo mango de la escobilla del W.C., la mano se me fue, llena de jabón, tras ella. La froté a todo lo largo, levanté mi culito del bidet y empecé, lenta, pero frenéticamente a sentarme encima de ella. Iba penetrando en mi culito, centímetro tras centímetro.

    Ya casi no quedaba nada más que el cepillo fuera de mí. Yo jadeaba, casi chillaba de placer con los dedos de mi mano derecha dentro de mi sexo y con la izquierda empujando por detrás. Volví una vez a mojarme. Notaba como la musculatura de mi esfínter vibraba. Me dolía, pero bien sabe dios que me gustaba. Volví a emitir unos pequeños grititos que me impidieron oír como se abría la puerta de casa. Instantes después, tuve justo el tiempo de oír la voz de mi hermano como mascullaba: “Hostia, cómo me meo!” y la puerta del baño se abrió de par en par.

    Quisiera haberme fundido, que la tierra se hubiera abierto a mis pies, desaparecer del mapa. No se me ocurrió idea más peregrina que la de sentarme de inmediato en el bidet para ocultar mi vergüenza y, lo único que logré fue exhibir mi ridículo perfil. Mi culo, como un tonto florero, dejaba entrever una escobilla bamboleante y por delante una mano agarrotada dentro de mi receptáculo sexual. Dios, qué afrenta! Y me dirigí rauda al bidet. Abrí el agua del mono mando al máximo y me enjuagué, eliminando todo el jabón que me recubría. No cesaba de recriminar mi estúpida situación. Cogí una toallita para secarme e irritada, llamé a Albert para que “pegase su inoportuna meadita”. Tras ponerme la falda, apareció y, a pesar de ser un cara, se le veía bastante cortado. Entró y se dirigió al lavabo. Yo me fui hacia la puerta, la abrí y, de pronto, un flash cruzó mi mente. Si mi hermano sabía que yo tenía un vicio en el cuerpo (mi secreto mejor guardado hasta aquel momento).

    Por qué no compartirlo? Albert, al oír el ruido de la puerta al cerrarse, se puso a orinar, y yo, descalza como estaba, me volví hacia atrás, sin hacer ruido, cogí la toalla con la que me había secado, que estaba tras de sus pies y, al ver que se la sacudía, tras su último chorrito, me acerqué a él. Se cortó nuevamente e intentó infructuosamente esconder su gran tesoro. Fue inútil, ya que yo, más rápida se lo agarré con una mano y con la otra, toalla en ristre, terminé de secárselo. Tiré de la cadena de la cisterna, bajé la tapa y me senté sobre ella al tiempo que introducía su miembro en mi boca y me alzaba la falda, metiéndome la mano nuevamente allí.

    Dios, qué miembrazo tenía mi hermano, que suave y dulce era eso de chuparla! Era suave como la piel de un melocotón y su sabor… ah, es algo inexplicable. Él intentaba escabullirse, pero yo, con mi mano libre, le apretaba su culo, su macizo culo hacia mí. Su sexo no se ponía a tono del todo, cosa que atribuí al lógico corte que, al haber luz en el baño, le daba. Razoné que la oscuridad sería mejor, así que le agarré del miembro y le conduje hacia su habitación. Le empujé sobre su cama, terminé de sacarle el pantalón, sus Nautics y su camiseta. Volví a la tarea.

    Su aparato entró nuevamente en mi boca. Estaba fláccido y entraba totalmente en ella. Yo le pasaba la lengua por el glande, lo succionaba y, con la punta de la lengua, le acariciaba el agujerito de la punta, pero nada, él no reaccionaba. No era yo persona que se echase atrás con facilidad. Insistí e insistí, pensando que más tarde o más temprano la pasaría la vergüenza de hacerlo con su hermana y saldría de dentro de él el hombre que había dentro.

    Al cabo de unos instantes, dejó de empujar mis hombros y le supuse resignado a montárselo conmigo. Sus manos fueron a parar bajo su nuca y le oí suspirar. Aquello funcionaba, o así creía yo, ya que al cabo de unos instantes, su brazo izquierdo se deslizó hacía mí. Tras pegar una sonora palmada en mis nalgas, de un brusco golpe arrancó la cadena que colgaba de su cuello, dejándola caer al suelo mientras asía la llavecita que pendía de ella. Yo conocía esta llave. Era la de una cajita de caudales verde, en la que él iba metiendo sus escasos ahorros durante el año para, en verano, correrse sus buenas juergas.

    Abrió con la misma mano el armario que estaba junto a la cama, en el mismo lado izquierdo. Abajo, sobre los cajones, estaba su caja. La acercó, sacó su mano derecha y con la otra la abrió y. Y la abrió. Se llevó, ante mi sorpresa la mano a la boca y, tras ensalivar sus dedos se los llevó a su culo. Saco un enorme objeto de plástico de la caja y la dejo caer al suelo. El estruendo que provocó me hizo salir de mi sueño y ver, con pasmo, como ponía en marcha aquello, que no era sino un vibrador y lo introducía en su culo. Se me heló la sangre. Estoy segura que, si me hubiesen pinchado, no habría sangrado lo más mínimo. No podía creerlo; Albert era un marica! Me levanté medio histérica. Me dirigí a la puerta y, al girarme para recriminarle su actitud, vi, que completamente empalmado, se estaba masturbando con una mano mientras, con la otra, movía el consolador.

    Me fui a mi habitación y rompí a llorar. Pensé en que un día que había empezado tan bien, porqué tenía que darme tantos sinsabores y decidí darle un giro total. Iba a ir a comer y hacer borrón y cuenta nueva de lo sucedido hasta aquel momento. Tenía claro dónde comer. Desde hacía 3 años, como dije, íbamos al hotelito que estaba al lado de casa. Había allí un camarero -cada verano- que desde siempre era el protagonista de mis sueños de verano y parte de los de invierno. Era un italiano, estudiante temporero, llamado Luca. Mis amigas, entre comentarios, decían que el miembro de un hombre, guardaba proporción con el tamaño de sus manos, pies y con la mesura de sus uñas. Pues bien, Luca tenía enormes pies, grandísimas manos, que casi cubrían un plato y unos dedos inmensos coronados por unas uñas gigantes. Tenía además un cuerpo, una cara, unos ojos, unos pómulos y unos labios que me hacían pensar que Dios tenía forma humana. De su tórax, qué deciros. Tenía además unas macizas piernas y, cuando iba hacia la cocina, mostraba un trasero que ya quisieran para sí esos globos terráqueos que venden hechos de plástico. De lo único que no podía dar fe, era de su paquete, dada la afición de Luca a los pantalones (negros, obligados por su oficio de camarero), con unas pinzas enormes, que desdibujaban la parte de delante.

    Mi pregunta era. Estaría también este verano Luca aquí en el hotel como camarero? Fui casi corriendo, eran más de las 3 de la tarde. El comedor estaba vacío. Ya sabéis el horario de comidas de los extranjeros. Esperé unos segundos, que me parecieron siglos y. una humedad cálida, inmediata, creo que casi elaborada durante minutos anteriores me hizo reaccionar.

    SI! Luca estaba también este verano! Me saludó con su perfecto catalán, eso sí, con su gracioso acento italiano, me dio los consabidos besos en las mejillas y me preguntó por mis padres, como siempre. Nunca me mencionaba a Albert, lo cual en este día era de agradecer. Yo pensaba siempre que, siendo ambos jóvenes y a cual más guapo, era cuestión de gallitos. Cada uno debía sentir un poco de recelo del otro. Luca, lo sabía por otros años, entraba a trabajar un poco más tarde -vivía en el propio hotel-, pero era el último en servir el comedor. Descansaba después unas 3 horas, si la gente lo dejábamos y se incorporaba después a servir las cenas, siendo también el último en salir. Por las mañanas, según me había contado, en lugar de ir a la playa, estudiaba en su habitación. No quise hacerle esperar para descansar y comí rápida. Yo creo que le comí más con mis miradas que no lo que me pusieron en el plato. Este año había cumplido los 20 y estaba imponente.

    Sus piernas continuaban siendo las columnas de mis sueños. Su trasero, inmenso, el agarradero para asirse a él y sentir mis soñados embates. Su pecho, el que Maciste quisiera, su cara. Oh, no. Me había vuelto a mojar. Menos mal de la compresa! Me fui como loca para casita. Albert se había ido. Ojalá no volviera jamás! Me metí en mi habitación y me quedé con el sujetador y las braguitas. Me tumbé en la cama. Me gustaba quedarme en ropa íntima, porque así soñaba que me metían mano y me la sacaban unas veces poco a poco, otras violentamente. Empecé a tocar mis pechos por encima del sostén. Mis manos regiraban sobre ellos y el meñique se deslizaba debajo de él. Bajé una mano a mis braguitas e introduje el dedo índice. La compresa empezó a cumplir su cometido. Mi culito se arqueaba de placer. Mi boca besaba otras bocas imaginarias y. Mierda, esta vez si me di cuenta. La puerta de la calle se había abierto! Paré mis toqueteos. Me quedé muda y parada y me fingí la dormida.

    Habrían vuelto ya mis padres? Albert, cuando salía por las tardes, no solía regresar hasta la madrugada. Ni siquiera venía a cenar. Oí una voz apagada. Vaya, era él. Albert hablaba flojo, con voz queda. Sonó la puerta de su habitación y oí como esta se cerraba. Se apagaron las voces. Me levante descalza, sin hacer ruido alguno. Recorrí el trocito de pasillo y me pegué a su puerta. Nada! hasta que de pronto, me sobresalté al percibir un sonido metálico contra la madera.

    Lo primero que pensé fue en las enormes hebillas de los cinturones de mi hermano. Dejé pasar unos segundos y abrí la puerta de par en par. Lo que vi fue la guinda que completaba el día. Mi hermano, desnudo estaba con el culo en el borde de la cama con las piernas en alto y abiertas. Un chico, desnudo su torso, le sujetaba uno de los tobillos y con la otra mano le ensalivaba el culo, y ese chico era Luca. Mi ira estalló. Albert estaba sujetando los hombros de mi italianito como si quisiera indicarle que pasara de mi y continuara. No podía más y me fui hacia ellos. Me acerqué a la cama y, fue entonces cuando la cosa cambió.

    Luca se liberó de las manos de mi hermano y se abalanzó sobre mi. Mi primera reacción fue de asco y quise sacármelo de encima, pero a los pocos segundos reaccioné. Qué mejor ocasión de castigar a mi hermano, por marica, que la de quitarle el “novio”. Por otra parte Luca estaba inmenso! Lo primero que hizo fue sujetarme las muñecas y besar mi ardiente boca. Una oleada de su saliva, cálida, dulce, enormemente dulce y sabrosa vino a mi paladar. Al ver que ya no ofrecía resistencia, llevó mis manos sobre mi sujetador, acarició mis pechos con una impaciencia irrefrenable y a los pocos segundos me lo sacó y lo lanzó contra la balconera.

    Acariciaba con sus labios mis pezones. Con sus dientes, sin clavármelos, los rozaba y yo. Me mojé y mucho para variar. Creo que él se dio cuenta, porque cambió de pecho y con una mano me acariciaba el pezón de uno y con la otra se dirigió a mi “cuevecita”. Allí, empezó a acariciar mi clítoris, al principio lentamente, luego con furia. Seguía acariciándome hasta que llené su mano con mi pegajoso y espeso flujo. Un segundo orgasmo me sacudió. Me soltó toda y acabó de tumbarme al lado de Albert.

    Su cabeza bajó a la misma posición que la que le vi cuando entré en la habitación y empezó, tras arrancarme las braguitas, a comerme aquello que yo tanto deseaba. Cerré los ojos y enloquecí de placer. Poco o nada tardé en sentir mi tercer gozo. Apenas Luca se percató de ello, noté como su boca se retiraba de mi sexo y su lengua se dirigía hacia mi culito, al tiempo que empezaba a lamérmelo. Abrí los ojos, me incorporé un poco y vi cómo, con una de sus manos, estaba acariciando los testículos de Albert, que se había puesto tieso como el asta de una bandera. Sería cerdo el tío. Estaba jugando a dos bandas. Terminé de incorporarme y empujé su cabeza con rabia. Justo en aquel momento, él me asió por la cintura. Se levantó (ya dije que estaba de rodillas en el suelo frente a mi) y a su vez me levantó a mí. Me movió de lugar y me plantó sobre el miembro de mi hermano. Un brusquísimo dolor sacudió mi culo. El peso de mi cuerpo hacía que casi sin pausa me deslizase hacia abajo y que aquel enorme “aparato” de Albert me penetrase, desgarrándome viva. Mis nervios notaban cada milímetro que me introducía. Estaba atenazada, rígida y sin aliento.

    El dolor era enorme, pero, como podré explicarlo. No me molestaba. Sentí como su pene entraba ya, tras dejar mi destrozadísimo músculo, dentro de mi culo, y continuaba entrando y entrando. Unas gruesas lágrimas salían de mis ojos y por el cuello y entre mis pechos corrían hilos de sudor. Intenté salir de mi agarrotamiento y reaccionar. Luca estaba frente a mí. Ahora me asía por los hombros, empujándome hacia abajo.

    Yo había mantenido, inútilmente, mis puños sobre la cama intentando hacer fuerza para evitar la penetración. Ya era en vano, puesto que Albert estaba totalmente dentro de mí, así que intenté jugar a mi favor. Quería saber que ocultaba aquel pantalón negro y solté una de mis manos hacia la entrepierna de Luca. Dios, qué era aquello que palpaba? Podía ser cierto? Lo era. Un miembro más cercano a los 30 centímetros que no a los 20 (Luego he sabido que son 28) y de un enorme grosor (el perímetro de su glande es de 19 centímetros), bajaba por su pernera izquierda.

    Tiré de él hacia mí y, por fin, Luca se desprendió, rápido, de su pantalón y de su calzón bóxer. Su aparato se lanzó erguido hacia mi cara y mi boca fue tras él. Poco o nada pude hacer, ya que me desencajaba la mandíbula y las arcadas revolvían mi estómago. Me faltaba mucho aprendizaje para tragarme “aquello” como lo hago hoy en día. Luca se percató de ello y me tumbó sobre el cuerpo de mi hermano. Bajó su cabeza y empezó a chuparle los testículos. Yo le dejé hacer, porque entendí que lo hacía por mi bien, ya que Albert, al sentir la presencia de Luca, se “crecía”, desgarrándome aún más, pero haciéndome estallar una vez más de placer. Luego dirigió una vez más su boca hacia mi “rinconcito” y poco o nada tardó en venir no recuerdo si era el 5º o 6º orgasmo. Se levantó.

    Puso sus dedos en forma de piña y los introdujo en mi boca. Los sacó húmedos por mi saliva y sin deshacer la forma de piña, introdujo toda su mano en el culo de Albert. Fue el toque final. El sexo de mi hermano rasgó hasta el último de mis tejidos y alcanzó su máximo tamaño. Mientras el enorme miembro de Luca se abalanzaba sobre mi sexo iniciando su andadura. Apenas me había metido 6 o 7 centímetros, con un dolor superior al que había sentido antes, se retiró y con la punta empezó a acariciar mi clítoris, para pasar después a embestirlo como si de una lucha se tratase.

    Me lo empujaba con furia y lo hundía hacia dentro. Esta vez mi corrida fue tan espectacular que salpiqué fuera de mi sexo, cual si de una meada se tratase. Salía a pequeños chorritos y las piernas de Luca quedaron salpicadas y sus pelos pegados a la piel. Al sentirme tan lubrificada, intentó nuevamente penetrarme. Esta vez no hizo caso alguno de mis quejiditos y se lanzó hacia adentro como un loco. El peso de su cuerpo hacía que aquella “espada” penetrase y cortara todo lo que se le plantaba ante ella. Lo hacía, eso sí, poco a poco y. Y llegó por fin a mi vagina. Allí, como si de una aspiradora se tratara, un collarín de músculo que vibraba como las alas de un insecto le estaba esperando ansioso.

    Mientras las manos de Luca iban desesperadamente de mis pechos a los testículos de Albert o su culo. Yo, aunque casi no lo veía lo intuía por las fuertes embestidas que sentía dentro de mi culo. Por fin Luca empezó a penetrar mi vagina. Un lamento desgarrado salió de mi reseca garganta y mi amante se lanzó sobre mi boca llenándola de su saliva que actuaba como bálsamo refrescante. Dirigí mi mano a su miembro y me percaté que aún quedaba la mitad fuera. Me asusté pero me propuse aguantar todo lo que pudiera. Fue entonces cuando empezó a retirarse hacia atrás. Yo me así a su precioso culo justo en el momento en que me embistió. Entro a fondo, TODA.

    Mis sienes, mi corazón, mi vagina, toda yo creímos estallar. El dolor era enorme, enorme de verdad, pero el placer era mayor. Volvió a sacarla y a embestirme, una, dos, no sé cuántas veces más. Recuerdo que empecé a clavar mis uñas en su culo. Recuerdo también que creí que caía por un precipicio sin fin y. Y mi hermano Albert empezó a lanzar bocanadas de aliento sobre mi cogote. Jadeaba como un loco cuando de pronto empezó a soltar su munición en mi culo. Era como oro fundido, que quemaba, pero era precioso. Notaba todos y cada uno de sus chorros con una precisión infinita. Luca también empezó a echar su aliento en mi rostro, emitió algunos gemidos y fue justo entonces cuando su volcán rugió y entró en erupción. Un manantial de lava estalló en mi interior. Lava ardiente, explosiva, penetrante.

    Notaba a mi hermano aun eyaculando en mi culo. Una, otra, otra (sigue, sigue, pensaba yo en mi interior), cuando Luca inició sus cálidas expulsiones. Mi vagina sentía una tras otra. Más, más, más!!! Ah! No pude más. Toda yo exploté en mil pedazos. Si antes os hablé de mis sienes, de mi corazón, etc. Ahora todo estalló. Caí en un abismo. Mi vientre explotó de dolor. Mi sexo reventó de placer. Mi cabeza se abrió como una sandía al caer al suelo. En fin, que perdí el sentido. Me desvanecí de placer y no sé cuánto tiempo estuve sin sentido. Solo sé que mi cuerpo había caído hacia un lado, liberando a Albert de mi peso y que él y Luca se estaban besando cálidamente. No me supo mal, ya que si dos caballeros se felicitan tras una lucha noble, ellos hacían lo mismo a su manera. Como pude, me liberé del ya fláccido miembro de Albert y uní mi boca a las suyas. Las tres lenguas se entrelazaron y un manantial de saliva acudió a refrescarme. Era el paraíso. Mi hermano bajó hacia el culo de Luca y empezó a lamer las heridas que yo había causado con mis uñas. El miembro de mi adorado, aún se estremecía dentro de mí, cuando Albert asío su raíz con la mano y empezó a retirarlo de mi interior.

    A diferencia del suyo, el de Luca estaba aún enhiesto. La boca de Albert intentó tragárselo y, tras 4 o 5 arcadas, desistió de ello, empezando a lamerlo de la raíz hasta el extremo. Yo veía todo el flujo, espumeante, que mi sexo había dejado en aquel “aparato” y como mi hermano lo lamía dejándolo todo dentro de su boca. No cejó hasta dejar limpísimo aquel tesoro y trayendo luego su boca sobre la mía, me besó, devolviéndome lo que era mío. Así supe como sabía aquel líquido que traía locos a los hombres! Lo que mi hermano no soltaba era su mano del miembro de Luca. Yo no quise ser menos y así con una de mis manitas aquel miembro maravilloso que aún no agachaba cabeza.

    Mi otra mano se abalanzó sobre la mustia colgadura de Albert, que, como su de un flujo magnético se tratara, empezó a crecerse de forma rápida y acelerada. Mi hermano me tumbó boca abajo, puso su cuerpo perpendicular al mío y volvió a embestirme por detrás. Instantes después Luca hacía lo mismo con Albert, ocupando 45 grados entre ambos cuerpos y besando mi boca. Intuí que aquel iba a ser un verano fabuloso y que, tras las vacaciones, Albert y yo podíamos tener muchos “recuerdos”.

  • Los tengo sin querer, pero no crecerán

    Los tengo sin querer, pero no crecerán

    Una tarde, llegando de mi caminata, entro a casa sabiendo que mi mujer, Pía, estaba con sus tres amigas, Lidia, Mabel y Sonia, las dos primeras casadas y la última divorciada, en la reunión habitual de los jueves.  Sea porque iba en zapatillas, sea porque hablaban en voz alta, se ve que no me escucharon, de lo contrario Sonia, la más desinhibida, no hubiera largado.

    – “Chicas que polvo nos echamos ayer!”, siendo cortada por mi mujer

    – “Por Dios Sonia que si Abel se entera me mata”

    – “Bien que cuando el negrito te la metía integra y a pelo ni te acordabas de tu marido”

    – “Es verdad que la gocé pero bien sabés que no hago esas cosas y menos recibir su corrida en la boca. Los tragos me bajaron las defensas”.

    – “Vamos nena, que cuando entraba sus manos bajo tu falda recién habías tomado medio vaso”. Ahí ya no hubo respuesta.

    Temiendo que pudieran darse cuenta que las había escuchado retrocedí hasta la puerta y la cerré haciendo ruido. La conversación cesó de golpe mientras me acercaba a saludar. Se reanudó la charla con temas insustanciales, qué tal mi caminata, el tiempo que no nos veíamos, etc. Con el estómago revuelto, el corazón ardiendo de bronca, y con cierto temblor en las manos inventé una salida, pues quería pensar con detenimiento y cabeza fría.

    – “Tengo ganas de salir a tomar algo. Voy a ver si encuentro a algún amigo que quiera acompañarme. Quizá llegue tarde, no me esperes”. Me bañé rápido y salí a despedirme.

    – “Bueno chicas, ayer les tocó a ustedes, hoy me toca a mí”. Ahí saltó Sonia

    – “Mirá que nosotros nos reventamos como cohetes”. Ante ese comentario jocoso mi mujer la miró como para fulminarla, tratando de disimular cuando yo la miré a ella.

    – “Gracias por avisarme así trato de imitarlas”

    – “O sea que salís con libertad total”

    – “Con Pía siempre nos manejamos con libertad total, naturalmente asumiendo la responsabilidad en el uso que hacemos de esa libertad”. La palabra responsabilidad la dije mirando fijamente a mi esposa, que estaba seria y con ceño fruncido.

    Me fui a un bar cercano y acompañado de un buen trago me calmé, reflexionando sobre mis próximos pasos. Eran las nueve y media de la noche cuando decidí regresar y comenzar mi venganza.

    – “Qué temprano que volvés”

    – “Se me pasaron las ganas de farra y no tengo apetito, me voy a ver televisión en la cama”.

    Al ratito llegó Pía y contra su costumbre se cambió en el baño, poniéndose un camisón largo y nada trasparente. Atento a buscar cualquier indicio me percaté de la novedad, y para mis adentros me dije que algo estaba ocultando, quizá algún moretón. Había que aprovechar la oportunidad.

    – “De lo que sí tengo apetito es de una buena sesión amatoria, vení que quiero desnudarte como me gusta”

    – “Perdoname pero me duele mucho la cabeza, si querés con mi boquita te puedo dar una gran satisfacción.”

    – “No mejor me hago una buena paja mirando ese cuerpo que me vuelve loco.”

    – “No por favor, lo dejemos para mañana que ahora estoy muerta.”

    Al despertarnos traté de subirle el camisón pero no me dejó. A la noche nuevo intento con resultado negativo. Al tercer día cuando estábamos cenando largué la primera ofensiva.

    – “Hoy nos llegó una noticia bomba, parece que un compañero de otra sucursal pescó una hermosa venérea que le trasmitió su mujer. Todavía no sabe si es una fácil de combatir o es SIDA. Según dicen parecían una pareja modelo. Ahora el pobre tipo no sabe qué hacer.”

    – “Qué desgracia, capaz que un simple desliz arruina la pareja. No debe ser fácil decidir qué hacer”

    – “Depende, mientras venía para acá me puse a pensar qué haría en su lugar”.

    – “Contame, qué harías”

    – “En principio simularía que te entiendo, escucharía las típicas excusas, que fue la primera y única vez, que estaba borracha, que me sedujo con la ayuda de mi amiga, que sólo a vos te quiero, que fue sólo sexo. Después, disimulando bien, compraría una fusta resistente y prepararía una de las habitaciones de la casa insonorizándola. Terminada la obra, te agarro de sorpresa, y te meto adentro. Te desnudo y con cuatro o cinco fustazos te dejo la piel en carne viva. Cierro la puerta desde fuera y así las dos semanas siguientes. En ese lapso ya se van a ver los efectos de la infección que te come por dentro y seguramente en las llagas de la piel empezarán a aparecer gusanos. Será cuestión de esperar a que el organismo colapse y te mueras”.

    La palidez de su cara hablaba de lo que sentía por dentro. Evidentemente no podía creer mis palabras. Tartamudeando me dijo

    – “Serías capaz de hacerme eso? Irías preso”

    – “No sé si sería capaz. Es lo que pienso que debiera hacer. Por otro lado si vos arruinás mi vida, mejor ir preso; tendré casa, comida y atención médica gratis. No necesito otra cosa. Quizá no podría aguantar hasta que te murieras sola, entonces tendría que matarte”

    – “Sos un monstruo si pensás así”

    – “Creería que no. Simplemente el dolor de la confianza traicionada me transformaría en un monstruo”

    Esa noche ella me buscó y yo la rechacé.

    – “Qué te pasa que ahora no querés”

    – “No tengo ganas”

    – “Dame en el gusto”

    – “A ver si soy claro, ¡cuál de las tres palabras NO TENGO GANAS te resulta incomprensible!”

    Me di vuelta y simulé dormir mientras escuchaba sus sollozos. Tenía que pensar la próxima jugada. Había que reforzar de manera sensible la idea que había sembrado en su cabeza. Esa noche el sueño me venció sin encontrar una solución aceptable.

    Al día siguiente, en la oficina, recordé que las tiendas de chascos, bromas y disfraces solían vender un polvillo urticante que podría servirme ahora. A la salida fui y compré dos sobrecitos que, según las instrucciones de uso, me iban a resultar más que suficientes. Además, como otro modo de presión, compré una fusta y la colgué bien a la vista. Mientras Pía se bañaba aproveché para espolvorear un poco en la bombacha que había dejado sobre la cama para usar ahora. No quería anticiparme hasta ver el resultado de esta primera prueba, pero estimaba que si surtía efecto sobre la epidermis mucho más debía hacerlo sobre la mucosa interior de los labios mayores.

    Así fue. Mientras cenábamos ella comenzó a moverse sobre la silla sintiendo la picazón. Me averiguó si tenía noticias del compañero infectado, a lo que respondí que por el momento estaba tratándose con antibióticos y que, según quienes estaban con él, era gracioso verlo rascarse como un desesperado. Desde esa noche por una razón o por otra dejamos de tener sexo.

    Los días que transcurrieron hasta el próximo jueves fueron de muchas llamadas disimuladas, pedidos de turno a la ginecóloga, idas a laboratorio para estudios y sobre todo incertidumbre mal escondida que se hacía patente en bruscos cambios de humor, pasando del apocamiento a la irritabilidad. Esa tarde me arrimé a saludar como siempre, tratando en especial de palpar el ambiente, por lo cual me senté con ellas. Por supuesto que no desaprovecharon para preguntarme si era verdad lo que Pía les había contado sobre qué haría si la descubría infiel. Les dije que era verdad.

    – “No te creo capaz de esa barbaridad” me dijo Lidia.

    – “Mirá Lidia, es difícil saber de lo que uno es capaz hasta que se presenta la circunstancia. Pongamos un ejemplo un poco grosero. Si me preguntaran ¿crees que estas cuatro damas son capaces de salir una noche y hacerse llenar la boca, la concha y el culo de semen por un extraño? yo respondería que no. Pero no deja de ser mi creencia; a ciencia cierta no lo sé. Ustedes seguramente creen que sus maridos no serían capaces de llevar a cabo mi idea y puede que tengan razón. Ahora supongamos que se descubre esa infidelidad colectiva y yo les propongo a los maridos y ex marido hacerme cargo del procedimiento vengativo. Muy probablemente aprobarían que las duerma poniendo algún narcótico en la bebida, las lleve a la habitación preparada, las desnude, les propine seis fustazos entre pecho y espalda y las deje encerradas. Casi seguro también que al tercer día vendrían a ver el espectáculo de disputarse los cuatro sándwiches de miga y un litro de agua que tendrían como única ingesta diaria. Más de un psicólogo pagaría para ver la amistad sometida a esa prueba”.

    – “Francamente no lo creo de ellos” dijo Mabel

    – “Por supuesto que hay distintas maneras de canalizar el odio. Además cuanto más las quieran más será ese odio. De todos modos uno de estos días, que podamos coincidir, les voy a consultar”.

    – “Ni se te ocurra hablar con mi ex. Ese basura es capaz de cualquier cosa”; explotó Sonia

    – “No por favor, eso no”, terciaron las otras dos.

    – “De puro curioso les hago una consulta. Qué tendría que hacer el cornudo si su mujer confiesa, y qué tendría que hacer si él la descubre”. Ahí saltó Sonia

    – “En ambos casos tendría que perdonarla, sobre todo si fue esa única vez”.

    – “A ver si entiendo, perdonarla, como diciendo aquí no pasó nada, aunque por los cuernos se tenga que agachar ante cada puerta. ¿Vos lo harías?”

    – “No, no, alguna reparación debiera haber, más grande si él la descubre, tendría que pensar alguna”.

    – “Por favor, para saciar mi curiosidad, cuando descubras alguna avísame”

    En todo ese intercambio de opiniones Pía permanecía en silencio, pálida, moviéndose al impulso del polvillo urticante. Yo, en son de broma, le pregunté si tenía hormigas en el traste. Ahí, sin contestar, salió rápidamente en dirección al baño, bajo la mirada preocupada de sus amigas. Lidia la siguió, según dijo, para ayudarla si se sentía mal. Al regresar después de unos diez minutos la cara de ambas indicaba que algo desagradable sucedía a pesar que con sonrisa forzada dijeran que todo estaba bien y los ojos enrojecidos de mi mujer desmintieran esa afirmación. Ella era la menor de las cuatro con sus treinta y cinco años, siete menos que yo, y dedicada solamente al hogar, siendo influenciada por las otras tres que andaban cerca de mi edad. Cuando se fueron las visitas se sentó a mi lado, inclinándose reclinó su cabeza sobre mis piernas y empezó a llorar desconsoladamente aferrada a mis rodillas.

    – “Perdoname te he sido infiel, te juro que fue esa única vez y si bien soy única responsable las chicas me indujeron a hacerlo. Haceme lo que te dé la gana pero no me abandones, te quiero mucho; todos estos días he sufrido por eso, pero la culpa no me dejaba pensar con claridad.”

    – “En principio no me toques. Que fuiste infiel lo sé desde el jueves pasado, contame lo que ignoro y no te olvides de nada.”

    – “El miércoles, como vos sabés, teníamos pensado salir a cenar y luego a tomar algo. Estando en la discoteca se acercaron unos amigos de Sonia y se sentaron con nosotras, luego salimos a bailar, yo lo hice con Saúl que tendrá unos treinta años y un físico de gimnasio, estuvimos en la pista un buen rato, me hablaba seductoramente, que si soy linda, que tengo un cuerpo deseable y todas esas cosas. Poco a poco me fue apretando y me dejé llevar, nos besamos largamente y después ya sentados me abrazó acariciándome. Le dije que no siguiera, que estaba casada y lo separé. Ahí las chicas comenzaron con que solo era diversión, que no les arruinara la noche, que tomara un buen trago para entonarme, que me dejara llevar, etc. Saúl aprovecho para acercarse y lentamente seguir avanzando en las caricias. Cuando me di cuenta ya estaba de nuevo entregada a sus besos y tenía una mano bajo mi falda acariciándome la conchita. El resto fue fácil, sacó su pija, me hizo mamársela corriéndose en mi boca. Seguimos besándonos, llenando con sus dedos ni vagina llevándome a un tremendo orgasmo. Un ratito después y estando con una nueva erección me sentó encima, corrió mi bombacha y entró de un solo golpe arrancándome un grito que fue festejado por las chicas. Esta vez nos corrimos juntos teniendo su pija bien adentro. Después lo hicimos otra vez antes de regresar a casa. Eso fue todo y estoy muy arrepentida”.

    – “Y tus amigas?”

    – “Para ellas eso es común.”

    – “Todos los días se aprende algo nuevo. Ahora descubro que mi esposa es especialmente fácil, más aún, facilísima. Vos corregime si me equivoco. Un tipo que nunca antes le refregó la pija bailando, que nunca le toco una teta, el culo o la concha, que nunca le dio un beso ni siquiera en la mejilla, que nunca la había saludado antes, que ni en fotos era conocido, en solamente una hora consigue que ella se trague su semen y dos veces le llena la vagina de leche. Así fue?

    – “No ya habíamos bailado alguna vez”

    – “Bien, en resumen, me engañaste y fui yo quien lo descubrí. Vos hablaste cuando ya no podías soportar la presión que hice durante una semana. Todavía no he decidido qué hacer, pero por lo pronto tenés que sacar todas tus cosas del dormitorio y del baño. Esas dependencias eran del matrimonio y esa unión ya no existe. Por si acaso te aviso, movete rápido y de esa manera evitás que te motive con la fusta”.

    Mientras ella hacía el traslado de sus pertenencias con la cabeza gacha y los ojos llorosos, yo miraba por televisión un documental sobre la prostitución y eso me dio idea de qué hacer con ella.

    – “Pía, ya he decidido qué hacer con vos. Vas a trabajar de puta para mí. Según este programa una ramera de bajo nivel puede ganar 20.000 por semana y una de nivel medio puede superar tranquilamente los 50.000. No voy a exagerar, con 40.000 me conformo. Hoy es jueves así que a partir de ahora todos los jueves me entregás ese dinero. Naturalmente no hay vacaciones, ni carpeta médica, ni trámites que invaliden esa obligación, por lo cual te sugiero que ahorrés para esas emergencias. Al primer incumplimiento pido el divorcio llevándole al juez tu relato de mis cuernos, que he grabado mientras hablabas, eso siempre y cuando no me incline por prisión y muerte”.

    Sin terminar de sacar sus cosas, llorando desconsolada, salió corriendo hacia su nuevo dormitorio y se tiró en la cama. Ahí quedó mientras yo sacaba al pasillo lo poco que le faltaba para terminar. Cuando se calmó un poco la escuché llamar a sus amigas contándoles lo sucedido. Pocos minutos después sonó mi teléfono, era Lidia pidiéndome que mañana las recibiera a las tres pues querían hablar conmigo. Naturalmente les dije que encantado las esperaba y acordamos a las seis de la tarde.

    Ese viernes, mientras las esperaba, tomé conciencia que llevaba nueve días de cornudo y ocho de haberme enterado que me adornaban la frente. Llegaron las tres alrededor de la hora convenida, las hice pasar, la llamé a Pía para que se nos uniera, les ofrecí algo de beber y me dispuse a escuchar. Siendo la más desenvuelta, fue Sonia quien tomó la palabra

    – “Abel, quisiéramos que nos escuches porque hasta ahora solo Pía ha asumido la responsabilidad de lo sucedido, y creemos que nosotros en algo somos partícipes.”

    – “Entiendo que quieran ayudar a su amiga y alabo esa actitud. Una sola cosa te pido, y es que no me mientas.”

    – “Tené la certeza que no lo voy a hacer. Todo comenzó casi un mes atrás. Como todos los miércoles salimos a cenar y se nos ocurrió ir a tomar algo a una discoteca de la que nos habían hablado. Después de comprar los tragos y ya sentadas se nos acercaron cuatro muchachos jóvenes, de apenas pasados los treinta. Cada uno trató de emparejarse con alguna de nosotros en una charla que primero fue general y luego dirigida a una en particular. Era notable la predilección de Saúl por Pía y pasando el tiempo salimos todos a bailar.”

    – “Teniendo en cuenta que vos estarías pendiente de tu pareja y no del resto ahora quiero escucharla a Pía, protagonista del asunto.”

    – “Bailamos como todos, nada más que cuando comenzó la música lenta él poco a poco comenzó a disminuir la distancia mientras me decía lo hermosa que era, que le tenía poco menos que loco, y para eso ponía su boca al lado de mi oreja, sus labios rozaban el lóbulo mientras su pierna se hacía espacio entre las mías. Después de un buen rato bailando con esos roces dejé que su miembro se apretara contra mi sexo y su boca cubriera la mía. Inconscientemente llevé mis brazos a su cuello y él sus manos a mis nalgas lo que hizo que nos corriéramos con el simple frotamiento. Cuando nos compusimos me di cuenta cabal de lo que había hecho y arrepentida me fui a sentar, pidiéndole a él que me dejara sola. Me quedé con Lidia, que no había salido a bailar, hasta que nos fuimos.”

    – “Sonia, Mabel, algo que agregar”

    – “Nada porque cuando volvimos de bailar estaban ambas charlando y en seguida nos fuimos. Lo que sí me asombró fue la cantidad de mensajes que tenía cuando, al llegar a casa, abrí el celular. Eran de Saúl pidiéndome el número de teléfono de Pía, cada mensaje con una razón distinta, es el amor de mi vida, estoy loco por ella, no puedo pensar en otra cosa que en verla de nuevo, y así por el estilo. Ahí yo cometí un error. Se lo di.”

    Para mis adentros rectificaba los números según los nuevos datos, veintitrés llevo de cornudo y ocho de saberlo.

    – “Bien, ahora tendríamos que ver los mensajes que recibió Pía. ¿Nos mostrás?”

    – “No quiero, el uso del teléfono es algo íntimo”

    – “Tenés razón, no debí pedírtelo”

    – “Perdón, perdón, tomá, mirá lo que quieras”. Lo dijo con la cabeza gacha y lágrimas en los ojos.

    Busqué jueves 5 y, como había un buen número de mensajes, seleccioné para leer dos que tenían cierta relevancia.

    – “Este es del galán. Amor mío estoy perdido desde que casi nos fundimos bailando y mientras saboreaba tu boca sentí que comenzabas a temblar anunciando el próximo orgasmo. En ese momento me corrí empapando el calzoncillo. Deseo verte pronto. Un beso enorme.”

    – “Veamos que contesta la dama. Como nunca yo también gocé y mojé la bombacha. Por favor no me escribas que es peligroso. Te avisaré cuando nos podamos ver. Un beso húmedo y profundo.”

    – “Ya no hay mensajes hasta el jueves 19, que es cuando me entero de lo sucedido la noche anterior. Demos por cierto lo contado por Pía y que a grandes rasgos está reflejado en los dos mensajes que les voy a leer”

    – “Este es enviado por Saúl durante la mañana. En la imagen pueden apreciar el miembro que porta el muchacho. Ciertamente respetable. Debajo de la imagen vienen cinco frases. 1ra) Esta es la pija que te hizo gemir cuando abriendo tu conchita llegó hasta el fondo; 2da) Esta es la pija que en la profundidad de tu vagina derramó ríos de leche; 3ra) Esta es la pija que exprimías con los músculos de tu vagina para extraer la última gota de semen; 4ta) Esta es la pija que agarrando con la mano la pasabas por tus mejillas y labios como si la adoraras y después, chupándola golosamente, te bebiste el líquido espeso que expulsaba; 5ta) Esta es la pija que, recordándote, no se afloja, y que después de haber probado tu boca y tu sexo ansía penetrar tu culito. Te amo”.

    – “La respuesta de Pía dice: Me encanta lo que me decís y deseo repetirlo. No me escribas que yo te avisaré cuándo. Te extraño”.

    – “Ahora ya estoy bastante informado. Una sola incógnita me queda y quizá ustedes me ayuden a resolverla. La pregunta es: Qué hago con mis cuernos?”. Cosa rara, la que habló fue Lidia.

    – “Una aclaración, yo en nada colaboré para que Pía se enredara con Saúl, así que no me siento responsable de este asunto. Trato de ayudarla porque la aprecio. Después de hablarlo bastante pensamos que una manera de atenuar la culpa y la bronca es que vos, Abel, equilibres la balanza. Y para eso nos ofrecemos nosotras tres”.

    – “A ver si entiendo. Para nivelar lo que hizo Pía ustedes se ofrecen a tener sexo conmigo”

    – “Exactamente”

    – “Les acepto la propuesta y en compensación Pía no trabajará de puta. El resto sigue en vigencia. Cuando tenés tiempo Lidia?”

    – “Podría ser hoy porque mi marido viaja a ver a sus padres y regresa recién el domingo”

    Tras un rato más de conversación Sonia y Mabel se despidieron. Aproveché para proponer salir a cenar los tres.

    – “Perfecto, voy a llamar a mi esposo para avisarle y despedirme. Hola querido, como viajás en un rato quería despedirme. Esta noche saldré a cenar con Pía y Abel. Qué? Esperá que conecto el manos libres así ellos te escuchan. Ahora repetí la pregunta”

    – “¿Estás por hacer un trío?”

    – “La pregunta es en serio o en broma?”

    – “En broma, querida, en broma”

    – “Javier, en cambio yo te voy a contestar en serio. No voy a hacer un trío porque Abel y Pía están enojados, pero yo me voy a hacer recontracoger con Abel hasta que pierda el sentido. Saludos a tus padres”.

    Seguramente nuestras caras reflejando sorpresa la movieron a seguir hablando

    – “Me voy a sincerar con ustedes porque los quiero y seguramente van a mantener la reserva, pues son los únicos que van a saber esto. Es verdad que Javier visita a sus padres, pero lo que más lo mueve es encontrarse con Julia, su vecina con la que tiene sexo desde los diecisiete años. Cuando me enteré, hace ya diez años, pensé que mi mundo se venía bajo. El fin de semana siguiente Javier tenía que estar fuera por trabajo así que aproveché, pretextando ver a sus padres, para viajar y encararla. No van a creer cómo me recibió; sus palabras fueron: ‘Te agradezco que hayas venido, tenía muchas ganas de conocerte´. Les resumo. Entre ellos hay afecto pero Javier siente verdadero amor solo por mí. El sexo después de tanto tiempo se convirtió en una adicción de la que no se pueden desprender, y por eso ella le pide periódicamente que me tenga como una reina, que me de todos los gustos porque no soy culpable de este vicio que a ellos los consume. Ante tamaña revelación decidí asegurar en parte mi futuro. Cuando regresó de viaje le dije que quería que comprara y pusiera a mi nombre dos departamentos de dos ambientes, pues quería vivir decentemente el día que se hartara de mí o yo me hartara de él. Y además que al regresar de cada visita a sus padres me trajera de regalo dinero en efectivo, la cantidad que él quisiera. Si bien se sorprendió con el pedido, dándose cuenta que yo sabía todo, lo aceptó y cumplió. Hoy tengo los dos departamentos y con lo ahorrado en cualquier momento me compro un tercero. Él, aunque no dejó su vicio, se desvive para demostrarme su amor, y yo conservo mi libertad dándome ocasionalmente algún gusto. Por otro lado sabe que si me hace una broma sobre ese tema yo le voy a contestar mal. Evidentemente esta vez se le escapó. Una pregunta Abel, confiás en mí?”

    – “Por supuesto”

    – “Me permitís manejar las cosas hasta que regresemos?”

    – “Encantado. Antes que me olvide, Pía dame el teléfono, no pienso pagar un aparato y la línea para favorecer el crecimiento de los cuernos”.

    Cuando eran cerca de las diez de la noche vino Lidia avisando que ya había reservado mesa donde solían ir los miércoles y que venía un taxi a buscarnos pudiendo de esa manera beber sin tener que cuidarnos. Durante la cena Pía prácticamente no participó de la conversación como si estuviera preocupada o ausente. Al terminar Lidia, dirigiendo la actividad, nos llevó a la discoteca escenario de mis cuernos, aunque yo no lo sabía. Ya adentro, fui a la barra a pedir la bebida mientras ellas se ubicaban en una mesa con sillón de tres cuerpos, dejándome una punta con Pía en el medio. Llevábamos un rato charlando cuando se acercó un joven que saludó a las dos mujeres como quien las conocía.

    – “Pía, vamos a bailar?”

    Por supuesto que la invitación me hizo deducir quién era el desconocido, así que miré hacia la invitada, que estaba pálida mientras Lidia le agarraba el brazo.

    – “Saúl, este señor que tengo al lado es mi esposo y sabe todo lo que pasó entre nosotros, le he pedido perdón por el engaño, sabe que estoy arrepentida y le prometí que nunca más se repetiría algo así. Por favor dejanos tranquilos”

    No sé quién quedó más sorprendido por la respuesta, si él o yo. De todos modos el joven conquistador, sin articular palabra se fue.

    – “Bueno, habiendo exorcizado el fantasma de la discoteca me siento mejor,” nos dijo Lidia.

    Como lo sucedido con el ex amante de Pía nos había trastornado el buen ambiente decidimos regresar a casa.

    Allí nos servimos algo de beber sentados en el sillón, continuando la charla con Lidia porque Pía dijo que prefería acostarse.

    – “Antes que se haga muy tarde creo que tengo que cumplir mi compromiso”

    – “Querida Lidia, no estoy muy seguro de eso, a ver si me explico. En las horas que llevamos reunidos he disfrutado de tu compañía y eso porque el ambiente es agradable, tranquilo y en total libertad. La prueba es que nos hemos hecho confidencias que de otro modo no hubieran aflorado. Si en ese ambiente distendido introducimos una actividad con cierto tinte de obligatoria lo vamos a arruinar, por eso mi sugerencia es pasar por alto ese compromiso. Una última cuestión, la sugerencia es para evitar algo que pueda resultarte penoso?, que si es por mi gusto pediría que el equilibrar la balanza de los cuernos dure cuarenta y ocho horas. ¿Me hice entender?”

    – “Perfectamente. Ahora yo voy a tratar de hacerme entender, y para que mis palabras sean bien escuchadas te las digo al oído. Yo también te tengo muchas ganas”.

    Terminadas esas palabras lentamente fue moviendo sus labios desde mi oreja, pasando por la mejilla hasta mi boca, donde dejó un tierno beso y luego se separó para mirarme a los ojos con una expresión seria. Pasados unos segundos, paralizado por la sorpresa, le dije que me quedaba algo por aclarar, y acercándome le devolví el beso. Nuevamente me sorprendió cuando se levantó pidiéndome que me sentara bien al borde del sillón mientras ella de pie me miraba. Cuando me ubiqué como quería se sentó de frente, a caballo de mis piernas, y moviéndose hasta que su sexo se aplastó contra el mío separados por la ropa. Luego cubrió mis labios con los suyos comenzando un largo y delicioso beso donde las lenguas, las pelvis y las manos fueron los instrumentos de placer.

    – “Se entendió mi aclaración?”

    – “Entendida y disfrutada al máximo”

    Vuelta a sentar a mi lado, lo hizo bien pegada apoyando su frente en mi mejilla a lo que le correspondí pasando mi brazo por sus hombros. Así estuvimos unos minutos en silencio acariciándonos, luego uno a uno fui desprendiendo los botones de su blusa, que al estar sin corpiño, dejaron libres unos pechos medianos que lamí, chupé y suavemente mordí, mientras ella acariciaba mi cabeza y gemía de placer. Manteniendo la boca ocupada, con la mano recogí su falda en la cintura descubriendo la bikini blanca que coronaba la unión de sus largas piernas pegadas una a la otra.

    Con índice y pulgar abrazando los labios por arriba de la bombacha, en movimiento de sube y baja, le acaricié un rato la conchita hasta que abriendo de par en par las piernas me mostró la tela mojada pidiéndome que la caricia fuera por dentro. No le hice caso, llevándola a que se acostara sobre la mesa. Ya sin obstáculo de ropa, levanté sus piernas llevando las rodillas a la altura de los hombros. Con una mano abrí su vulva mientras la otra enfilaba mi pija a su entrada.

    – “Ahora sí vamos a equilibrar la balanza”

    Cerré los ojos concentrándome en el roce de la penetración hasta que no quedaba nada por meter. Cuando los abrí Pia estaba a nuestro lado, tomando una mano de Lidia en el momento de desatarse la corrida de esta. Los apretones vaginales fueron acompañados por un largo quejido, mezcla de sufrimiento y placer quedando luego como si estuviera durmiendo. Cuando los párpados se levantaron y su cara se iluminó sonriendo empecé el movimiento de salida y entrada para obtener mi placer, siendo detenido por ella.

    – “Por favor, no acabes dentro mío, déjame seguir manejando la acción.”

    Hizo que me retirara, tomándola a Pía la ubicó en la misma posición que antes tenía ella guiando mi miembro al lugar elegido. Todo esto lo hizo sin parar de hablar.

    – “Lo que le dijo tu mujer a Saúl en la confitería es algo muy serio porque tiene marca de autenticidad. Y ese sello lo describiría así: ella te pide que le permitas estar cerca tuyo para demostrarte su amor, te ruega que te dejes querer, no pretende un perdón ya y de palabra, lo que desea es ganarse tu perdón.”

    – “De Pía podés decir lo que quieras, que fue una puta, que fue una hija de puta, que fue una traidora, que fue una basura, que fue una porquería, todo lo que quieras, pero siempre precedido por el fue, porque eso es pasado. Hoy Pía es otra y ese cambio es producto del dolor; dolor de haber perdido al hombre que ama, dolor de amar y ser despreciada por el amado, dolor de haber cambiado pocas horas de placer por un largo tiempo de sufrimiento ininterrumpido que no sabe si va terminar, dolor de la angustia pasada hasta que le dieran los resultados de estar limpia de una enfermedad y sin embarazo. Esa es la Pía que tenés en frente abierta ante vos, con su conchita destilando jugos invitándote a entrar. No es razonable pedirte que olvides el engaño, pero en este momento te pido que lo pases por alto, hacela tuya de nuevo, que tu barra de carne palpitante se interne por ese orificio que te anhela, que el fondo de su vagina sienta el impacto de los chorros semen de su macho, que sus músculos te ordeñen la pija hasta la última gota”.

    – “No la beses, reservá esa señal para el futuro. Que sea el signo de que ha llegado el perdón.”

    Y así fue. El orgasmo de ambos vino encadenado, las palpitaciones de mi pija expulsando semen fueron inmediatamente seguidas de sus contracciones vaginales exprimiéndome.

    Después de satisfacer las urgencias instintivas, Pía, Lidia y yo nos fuimos a descansar, Pía a la habitación de servicio, Lidia a la de invitados y yo a la mía. Mientras esperaba el sueño pensaba en los sucesos de las últimas horas y en cómo Lidia, con una delicadeza exquisita, nos fue guiando hasta lograr que el encono mío hacia mi mujer menguara mucho. Si Pía perseveraba en demostrarme su amor muy probablemente la pareja pronto se uniría nuevamente. Ahora la palabra la tiene el tiempo.

  • Mi suegra y yo un día después

    Mi suegra y yo un día después

    Al día siguiente pasé por mi suegra, bajó vistiendo unos jeans bastante entallados y una blusa blanca que hacía notar la lencería que usaba. Saludándonos con un beso fuimos a una plaza comercial en el norte de la ciudad donde los que la conocen sabrán de cual hablo ya que el estacionamiento nos dio la oportunidad de que al llegar, quitara su blusa, su sostén, yo bajara del auto, abrir su puerta y ella me hiciera una rusa que no tardé en venirme en sus pechos lo que ella le gustó bastante, se limpió y vistió de nuevo.

    Nos separamos por un par de horas para encontrarnos en el área de comidas, comer y después del postre entrar a una sex shop donde compramos algunos aceites, un dildo muy discreto. Al salir, fuimos al primer supermercado en camino donde compró algunas bebidas y botanos y fuimos a un motel donde al llegar y ver que ella me acompañaba el personal inmediatamente me señalaron la habitación, agradeciendo se despidió y entramos. Antes de subir a la habitación me pidió bajar sus cosas y subirlas a la habitación, mientras ella hablaba a la recepción solicitando unos hielos y condones ya que no traemos.

    Al subir todo, me senté en un sillón, se para frente a mí y comenzó a quitarse la ropa lentamente empezando por su blusa, el sostén, y bajó sus jeans liberando sus nalgas dejando ver la tanga negra que usaba, se acercó, se sentó en mis piernas dejando que acariciara su panocha mientras nos besábamos. Cada vez sentía mi pene más duro, lo que ella me decía que lo quería tener adentro o entre sus nalgas. Le pedí que se pusiera de pie para sacar mi pene y dejarla tocarlo, al ponerse de pie tomó un bolsa de sus compras y me dijo “mejor prepara el jacuzzi y espérame te va a gustar”.

    Hice caso a su petición y al salir del baño envuelta en una toalla se acercó y entró al agua de pie, retiró la toalla y descubrió usando un bikini rojo se sentó a mi lado y mientras nos relajábamos, nos besábamos y pasaban los minutos contando relatos y fantasías que ambos teníamos. Nos fuimos calentado de modo que solo desabrochando una parte del bikini se montó sobre mí para cabalgar un poco, subía y bajaba mientras la tomaba de la cintura y lamia sus tetas, gimiendo y haciendo gestos muy satisfactorios hizo que me viniera dentro de su vagina, lo que provocó un gran gesto de satisfacción en ella. Seguimos un rato más en el agua para salir comer un poco y tomar una ducha por separado.

    Mientras esperaba en la cama salió del baño usando un conjunto negro muy fino y a la vez recatado, y preguntó “¿crees que le guste a mi novio?”. A lo que respondí que por que no y para mí que se había comprado. Sonrió y se desnudó por completo y se acostó en la cama diciendo “yo soy para ti o quieres más”. Tomé uno de los aceites que compramos, unté por todo su cuerpo introduciendo mis dedos en su vagina y lamiendo su ano.

    Después de un rato y con ambos muy calientes se puso en 4 patas, me pidió me colocara un condón y la penetrara por atrás. No pasó mucho tiempo cuando dijo “Ay mi amor quítatelo y métemela sin él”, refriéndose al condón. Obedeciéndola se la metí hasta que ambos nos venimos. Al terminar se quedó dormida, no tardé mucho en hacer lo mismo ya que estábamos exhaustos.

    A la mañana siguiente al despertar ella se encontraba bañándose, la alcancé, la llevé de nuevo a la cama, abrí sus piernas y comencé a lamer su vagina lo que la hacía gemir muy alto al grado de dar gritos de placer, lo que a mí me excitaba aún más y comencé a penetrar su vagina con sus piernas levantadas. De pronto sentí un líquido muy caliente sobre mi pene, al sacarlo era sangre muestra de que había empezado el periodo de mi suegrita, lo que me excitó aún más y comencé a embestirla más fuerte hasta que me vine inmediatamente.

    Nos bañamos, nos vestimos y salimos del motel para desayunar juntos y con ganas de ambos por una última sesión de sexo. Fuimos a casa de su novio de la cual ella tenía llaves y sin entrar más que a la cochera y apoyados sobre el cofre del auto de su novio, bajé su pantalón deportivo junto con sus pantaletas, ella retiró su tampón y dejó que la penetrara hasta que antes de venirme pidió que me viniera en sus nalgas.

    Solo subió su ropa, se despidió de mí y me pidió dejar todo en la sala mientras ella tomaba una ducha y esperaba a su novio para contarle lo sucedido.

  • Con la profesora (parte 3)

    Con la profesora (parte 3)

    Después de ese encuentro en el departamento de Patricia, pasaron muchas cosas, cada dos o tres días, me llevaba a su departamento, teníamos relaciones y al día siguiente me iba. Todo era normal. Siempre salía yo muy temprano y después de unos minutos salía ella. Un día, salimos apurados, así que tuvimos que salir juntos, al salir del edificio, nos dimos con la sorpresa de que ahí al frente estaba su exnovio.

    -Así que este es el imbécil con el que te revuelcas –dijo molesto, acercándose a mí. Yo la miré y noté su nerviosismo.

    -¿perdón? –respondí– disculpa, pero no se quien serás –mentí– pero yo recién me acabo de mudar hace un mes acá. No sé de qué hablas.

    -Oye imbécil, ¿Qué te pasa? –respondió ella, habiendo captado la mentira– es mi vecino, ¿Cómo se te ocurre hacerme pasar vergüenza así? Lárgate mejor, imbécil –se volteó hacia mí y se disculpó– disculpa, que vergüenza, en serio discúlpame –dijo y nos despedimos.

    Así pasaron los días, nos veíamos en su casa, sexo y al día siguiente todo volvía a la normalidad. Era un poco difícil para mí, ya que, como dije antes, me había enamorado. Era difícil no enamorarse de una mujer así. Era perfecta.

    Un día, Patricia me contó, que en la escuela habían aceptado el pedido que hizo de que algún estudiante la ayudara. Que iba a hacer las entrevistas para ver quiénes eran los que la ayudarían en su trabajo. Obviamente yo me apunté. Nos citó a varios de los que nos habíamos presentado. Primero para explicarnos en qué consistía el trabajo. Estábamos todos juntos, en el aula donde ella trabajaba, que era una especie de almacén grande. Ahí nosotros teníamos que ayudar a los alumnos del primer ciclo a ordenar el almacén y armar los pedidos de cada clase. Además de realizar diversas preparaciones simples.

    Después de esa reunión, nos citó en su oficina, por separado a cada uno. Todas las reuniones eran a puerta cerrada. Cuando fue mi turno, llegue y me hizo pasar. Las cortinas estaban cerradas y ella cerró la puerta detrás de mí.

    -Gonzalo, ya sabes que tú vas a quedar si o si, así que no te preocupes –dijo cariñosamente.

    -La verdad que me encantaría pasar más tiempo contigo –por eso me presenté.

    -A mí también –dijo acercándose a mí– ven, hay que hacer que pase el tiempo para que crean que te estoy entrevistando.

    Se acercó, me dio un beso y rápidamente me bajo el pantalón. Ella también se bajó el pantalón de su uniforme y la tanga. Se dio la vuelta, se apoyó en su escritorio y levantó el culo hacia mí. Me acerqué sin pensarlo, se la metí despacio, estaba muy mojada, me imagino que la excitación de lo prohibido era inmensa. Comencé a bombearla despacio, para luego ir subiendo la velocidad. Le abrí la chaqueta de chef de un jalón, tenía un polo pegado, sin sostén. Mientras la embestía cada vez más fuerte, le apretaba las tetas por encima del polo. Sus pezones, completamente endurecidos, se marcaban en el polo.

    Le di la vuelta, la subí al escritorio, abrí sus piernas y se la metí de golpe. Comenzamos a movernos rápidamente ambos. Mientras yo entraba y salía de su vagina, ella movía su pelvis de arriba hacia abajo. Estaba como loco, la adrenalina de pensar que nos podían encontrar, lo mucho que me encantaba coger con Patricia y lo mojada que estaba, me estaban excitando demasiado, así que no pude aguantar mucho.

    -Me voy a venir, ¿dónde me vengo? –le susurre al oído– ya no aguanto.

    -Vente dentro, ya empecé a tomar las pastillas. –dijo, para mi sorpresa

    Obviamente no tenía que pedírmelo dos veces, sería la primera vez que lo hacíamos en la escuela y la primera vez que me vendría dentro de ella. Aceleré los movimientos y exploté dentro de ella como nunca lo había hecho antes. Era increíble sentir como su vagina se contraía y apretaba mi pene mientras una gran cantidad de leche llenaba todo su interior. Fue increíble. Después de eso, nos cambiamos, ella me dio su tanga, ligeramente húmeda, me la guardé en el bolsillo y salí de su oficina como si nada hubiera pasado. Ese día me paseé por la escuela todo el día con su tanga en el bolsillo.

    Al pasar los días, empezó el trabajo, éramos 3 estudiantes que estábamos casi todo el día en el almacén, ayudando a Patricia con todo lo que se necesitaba. Pero como nunca estábamos solos, era difícil poder hacer algo. A veces entrabamos a la cámara refrigerada, donde se almacenaban las verduras y las frutas, para besarnos rápidamente. Pero luego se nos ocurrió un plan. Normalmente cerrábamos el almacén a las 5 pm. Un día se le ocurrió, que podría pedirle a uno de nosotros que se quede para ayudarle a terminar algún trabajo, pero no podía ser muy evidente.

    Un día, cuando nos disponíamos a irnos, Patricia se nos acercó y nos preguntó si alguien se podía quedar, nadie dijo nada, así que me dijo para que me quede yo. Acepté, pero cuando mis compañeros se fueron, maldije un poco a Patricia, para que no sospecharan. Mis compañeros se alistaron, fueron a despedirse de Patricia, mientras yo hacía hora limpiando un poco el almacén. Una vez que salieron, cerré con seguro el almacén y fui en busca de Patricia.

    La encontré revisando algunas cosas en el almacén que está más alejado de la puerta, donde están almacenados los abarrotes. Estaba con una carpeta, anotando algunas cosas. La abracé por detrás, pegando mi pene a sus nalgas, la rodeé con mis brazos por la cintura y comencé a besarle el cuello. Ella se sobresaltó un poco, pero no se opuso. Le comencé a sobar las tetas por encima de la chaqueta, mientras frotaba suavemente mi pene entre sus nalgas. Mi pene estaba erecto.

    -¿Ya se fueron todos? –preguntó.

    -Si, se acaban de ir. Y no podía aguantar más –respondí– vine corriendo a buscarte.

    -Bueno –dijo, dándose la vuelta, abriendo su chaqueta de un tirón– comencemos de una vez, que desde la tarde que te tengo ganas.

    -Igual que yo mi amor –dije sin pensar, no acostumbraba llamarla así– tengo unas ganas de cogerte –continué para disimular.

    Esta vez, patricia estaba sin polo debajo de la chaqueta, sin sostén, así que cuando abrió su chaqueta, sus tetas saltaron al aire libre. Nos comenzamos a besar y mis manos fueron directamente a amasar esas increíbles tetas. Ella me desabrocho la chaqueta, yo tampoco tenía nada debajo. Sus manos sobaban mi pecho mientras nuestro beso se volvía cada vez más ardiente. Su mano se dirigió dentro de mi pantalón y mi bóxer y comenzó a masajear suavemente mi pene. Yo hice lo mismo y me encontré que tampoco llevaba calzón. Comencé a frotar su clítoris. Estaba muy mojada. Los dos estábamos muy excitados con la situación.

    Luego le baje completamente el pantalón, ella hizo lo mismo con el mío. Se agachó y comenzó a chupármela de una manera increíble. Yo me estiraba por encima de ella, para poder masajear sus nalgas, las abría y trataba de sobar su vagina. La mamada que me estaba dando era increíble. Su vagina se sentía muy mojada. Así que la levanté, la apoyé contra uno de los estantes y desde atrás se la metí sin compasión. Se la metía con fuerza, ella trataba de no gritar, pero de rato en rato se le escapaban unos fuertes gemidos. El estante temblaba con cada embestida. En medio de la excitación, Patricia se dio cuenta de que podríamos dejar un desorden muy grande si seguíamos así.

    Me llevó hacia un extremo del almacén, donde estaban unos sacos grandes de arroz, apilados uno encima del otro. Se sentó y abrió las piernas. Una vez más se la metí fuerte, me movía rápidamente, estaba muy excitado. Le besaba las tetas como loco. Me movía fuertemente, sentía su vagina mojadísima. Le agarré las nalgas y se las apretaba, mientras me movía cada vez más rápido. Comencé a besarla en la boca, nuestras lenguas se peleaban dentro de nuestras bocas. Le daba cada vez más rápido. Ella sintiendo que se acercaba mi orgasmo, me pido que parara. Me dijo que me siente encima de los costales y se sentó encima mío, dándome la espalda.

    Sus movimientos eran deliciosos, movía su culo en todas las direcciones, arriba, abajo, atrás, adelante, a los costados, en círculos. Tenía una excelente técnica para cabalgar. Yo la agarraba de las nalgas y ayudaba con sus movimientos. No duré mucho, era una delicia.

    -¡Me voy a venir! Me encanta como te mueves –dije agitadamente.

    -¡lléname de leche por favor! ¡yo también me voy a venir de nuevo! –dijo casi gritando.

    A los pocos segundos, nos fundimos en un delicioso orgasmo simultaneo. Todo su cuerpo temblaba, mi pene aun dentro de ella, seguía botando semen dentro, gracias a los temblores de todo su cuerpo. Fue una corrida deliciosa de ambos. Cuando se levantó y mi pene salió de su vagina, sentí como chorreaban nuestras corridas de su vagina, cayendo sobre mis muslos y los sacos de arroz, se dio la vuelta, se recostó encima mío y me dio un beso muy ardiente en los labios.

    -¡Que rico! Me hiciste correrme delicioso bebé –me susurró al oído.

    -Yo también, te mueves increíble mi amor –se me escapó otra vez.

    Creo que el decirle así la hizo sentirse incomoda, porque me dio un beso suave en los labios y se levantó. Nos cambiamos. Ordenamos y limpiamos el desorden que habíamos hecho. Nos despedimos y salí primero yo. Salí de la escuela y me fui caminando hasta un parque un poco alejado, donde habíamos quedado de encontrarnos para ir a su departamento.

    Unos minutos después, llegó ella, tomamos un taxi rápido y fuimos a su departamento. Subimos rápidamente, entramos y fuimos directo a la ducha. Nos desnudamos, entramos y apenas el agua caliente comenzó a recorrer nuestros cuerpos, nos besamos apasionadamente. Nos sobábamos todo el cuerpo. Me agaché y me dirigí a su vagina, estaba húmeda. Le comencé a lamer toda la vagina, ella gemía, esta vez ya no contenía sus gritos. Lo que habíamos hecho antes en la escuela nos tenía muy excitados.

    Después de unos minutos de saborear su deliciosa vagina, me levanté, levanté una de sus piernas y la penetré rápidamente. Ella se abrazaba a mi cuello y me besaba con locura, lanzando gemidos fuertes dentro de mi boca. Me froté la mano con mucho jabón y empecé a sobar sus nalgas, pasando por su ano. Metí un dedo. Ella no se quejó. Seguía penetradora fuertemente, mientras ya dos dedos entraban en su ano. Hasta ese momento, nunca había podido darle por el culo. Con el nivel de excitación que teníamos, pensé que sería mi única oportunidad. Así que me dejé llevar.

    Le di la vuelta, hice que se arrodillara. Patricia sabiendo lo que se venía, levantó el culo y abrió sus nalgas. La vista era increíble. Acerqué la punta de mi pene a su ano, ligeramente dilatado, y comencé a apretar suavemente. Entró la cabeza, pero mientras trataba de empujar, no podía meter más que la cabeza. Se la saqué, me agaché y comencé a lamerle el ano mientras dos dedos se metían rápidamente en su vagina. Ensalivé bastante la entrada de su ano. Ella al sentir mis dedos en su vagina y mi lengua en su ano, se corrió fuertemente.

    Saqué los dedos empapados de su vagina y los metí en su ano, me dediqué un buen rato a estimular y dilatar su ano. Llegué a meter tres dedos dentro. Ahora si su ano estaba completamente abierto.

    -¡Métemela por favor! ¡La quiero toda dentro! ¡quiero que me rompas el culo! –su nivel de excitación estaba al máximo.

    Me levanté, la cabeza de mi pene entró fácilmente esta vez, comencé a empujar suavemente y esta vez, entro con más facilidad. Ella dio un grito. Deje mi pene dentro de su ano, sin moverlo. Unos segundos después, decidí moverme suavemente. Cuando sentí que sus gritos de dolor, se convertían en gritos de placer, comencé a moverme más fuerte. Mis manos amasaban sus nalgas mientras las amasaba, las suyas se metían en su vagina y se movían muy rápidamente. Sentí que se corrió una vez más.

    Mis movimientos se aceleraron, le estaba dando cada vez más duro. Ella seguía gimiendo y tocándose la vagina. Cuando sentí que se estaba corriendo una vez más, ya no pude aguantar y sin preguntarle, me corrí dentro de su culo. Descargué muchísima leche dentro, cuando saqué mi pene, de su ano se escurría mi leche.

    Me levanté, la ayudé a levantarse y nos dimos un beso hermoso. Nos terminamos de bañar, enjaboné todo su cuerpo, mientras la besaba. Ella hizo lo mismo conmigo. Cuando terminamos, salimos y nos acostamos en la cama.

    -Nunca me habían cogido por atrás. Eres el primero –me dijo.

    -Me encantó desvirgarte el culito –dije.

    -Creo que por eso mi ex se fue con esa zorra –dijo un poco triste– nunca me atreví a hacerlo así con él.

    -Gracias por haberme dado tan lindo regalo –dije.

    Después de eso nos dormimos abrazados.

    Fin

  • Una mansión que acoge infinidad de orgías (6)

    Una mansión que acoge infinidad de orgías (6)

    Vega, la segurata, luce con orgullo su colgante circular blanco recién adquirido. Está deseando terminar su turno de trabajo para comenzar a “sumar méritos” y así conseguir el colgante color amarillo pronto.

    Mientras tanto hace zapping por los diversos monitores. En la habitación 5 observa que se está impartiendo una clase de fitness muy peculiar, de hecho a esta habitación la llaman “La Sala Gym”.

    Esta sala consiste en una tarima o plataforma de madera maciza, que abarca casi todo el recinto. Tiene unos agujeros cada metro y medio de distancia, por donde asoman, a modo de champiñones, unas buenas vergas.

    Cada hora se inicia una sesión de 40 minutos de “Sentadillas con pene incrustado”.

    Las chicas, en grupos de 15 en cada sesión, escogen la polla a su gusto, y colocándose en cuclillas montan sobre ellas. Pero el ritmo de las sentadillas no lo marcan las chicas a su voluntad. Hay una persona, que utilizando un gong va marcando el tempo. Con este ejercicio tonifican muslos, glúteos y endurecen los abdominales.

    La sesión de 40 minutos se divide en 8 etapas de 5 minutos cada una.

    Se comienza con un ritmo muy lento. La persona encargada del gong va golpeando con la maza cada 4 segundos. Con el primer toque las chicas se incrustan la verga, poco a poco, hasta la base, y con el segundo toque se la van sacando hasta casi la punta del nabo. 8 segundos de un mete-saca a ralentí que sirve para ir entrando en calor.

    En los siguientes 5 minutos se acelera un poco el tempo. El gong es golpeado cada 3 segundos (6 segundos un mete-saca). Las chicas van calibrando, calculando mentalmente, para que en 3 segundos la polla entre en su totalidad, y después, con el siguiente golpe de gong ir sacándosela casi entera.

    En la tercera etapa la maza golpea cada 2 segundos (4 segundos un mete-saca). En la cuarta etapa el gong suena cada segundo (2 segundos un mete-saca). A partir de aquí, el percusionista cambia de táctica. En la quinta etapa, aunque sigue golpeando el gong una vez por segundo, avisa a las chicas que ahora con cada golpe de maza no hay solo que introducirse la verga, sino introducirla y sacarla (un mete-saca por segundo).

    A partir de la sexta etapa se pone interesante la sesión, pues el percusionista golpea el gong 2 veces por segundo, exigiendo a las chicas 2 mete-sacas por segundo, siguiendo las indicaciones de la maza. Algunos chicos comienzan a bufar bajo la tarima, otros ya no pueden aguantar más y se acaban corriendo.

    Hay chicas que cuando su potro se vacía antes de acabar la sesión se lo toman muy a mal. Se desenganchan del mancebo y levantan el brazo pidiendo otro macho. La picha del chaval que pinchó antes de tiempo, suele ir escupiendo el semen ad libitum, sin ayuda de ningún tipo de masaje. Incluso hay chicas, que si están muy enojadas, suelen abofetear con la palma y los nudillos de su mano el falo, mientras este, ajeno al enfado de la jinete, suelta sus descargas de forma mecánica. Otras son más consideradas y siguen follándose al chaval hasta que este deja de eyacular, para después pedir el cambio de potranco.

    El chaval sustituido tiene como castigo recibir 30 latigazos en la espalda, por hacer perder el ritmo de la clase a la chica.

    En la séptima etapa la maza golpea al gong 3 veces por segundo. Esto significa que hay que hacer 3 mete-sacas por segundo. Al llegar a este nivel de folleteo, algunas chicas también llegan al orgasmo. Las hay quien después de correrse se paran y abandonan la sesión, y otras, que, sin embargo, continúan con el fuelle como si nada hubiese ocurrido.

    Hasta aquí es fácil seguir el ritmo, no perder el tempo que marca el metrónomo humano. Si todo va bien y ningún chico se desinfla antes de tiempo, las chicas deberían haberse envainado y desenvainado el pollón de sus machos ocasionales 2.112 veces.

    En la octava y última etapa no es tan fácil seguir la comba que marca el gong. El mazo golpea 4 veces por segundo al instrumento, lo que significa 4 mete-sacas por segundo. Llegados a este nivel tan extremo se permite pasar de las “Sentadillas con pene incrustado” al “Butt Bridge con pene incrustado”. Las chicas se reclinan hacia atrás, apoyando sus manos en la tarima. Con esta postura se evita perder el equilibrio y sobre todo, facilita coger más y mejor impulso para así poder acelerar las estocadas.

    Solo las muy expertas consiguen estar 5 minutos a un ritmo de 4 clavadas de polla por segundo. Esto significaría conseguir 1.200 estocadas en la octava etapa, que añadidas a las anteriores, sumarían 3.312 en total, en los 40 minutos de sesión.

    Pero la mayoría de las chicas en la octava etapa andan entre los 900 y los 1.000 empellones, sumando alrededor de 3.000 clavadas de polla por sesión.

    Por muy experta que sea la chica, si el chico no está a la altura de las circunstancias y se vacía en la sexta, séptima u octava etapa (sobre todo en esta última), pues es normal que la hembra se coja un cabreo de cojones. Tener que cambiar de potranco a mitad de carrera le corta el rollo a cualquiera, a más de ser perjudicial para el ritmo cardíaco también, por supuesto.

    Después de unas diez sesiones como esta comienza a notarse en los cuerpos de las mujeres que practican este deporte los correspondientes efectos positivos. En cada sesión sudan lo suyo, las muy golfas. ¡Consiguen unas piernas, unos glúteos y un abdomen envidiables!

    No solo van mujeres. A veces se anima a ir algún chico gay o bisex. También bajo las tarimas, en ocasiones, suele colocarse algún transexual que otro, propietario de una respetable verga.

    A parte de “Sentadillas con pene incrustado” y de “Butt Bridge con pene incrustado”, también se suele practicar el “Saltar a la comba sobre polla”. En este caso, por el bien del chaval, es aconsejable que el pene esté lo más fofo y arrugado posible. Si está morcillón, y ya no digamos, enhiesto, el dolor que se siente suele ser insoportable. Algunas chicas en vez de saltar descalzas sobre el falo, lo hacen con zapatillas de tacos.

    Vega se entretuvo lo suyo viendo esta clase de fitness tan especial. Decidió, acto seguido, cambiar al monitor -3, que como todos sabemos a estas alturas, pertenece a una habitación de sadomaso (como todas las del sótano).

    Un hombre estaba sentado en un sillón de los que se usan en las peluquerías, con los brazos y piernas encadenados. Estaba completamente desnudo.

    Una mujer de unos treinta años, con una melena morena rizada y con antifaz en el rostro, vestía solamente con ropa interior (sujetador, bragas, medias y liguero color negro), y unos zapatos de tacón de aguja. Caminaba sigilosa alrededor de su víctima.

    Le sujeta el nabo con una mano y con la otra, sin preámbulos ni circunloquios, le introduce por la uretra una sonda de un grosor considerable.

    Se la introduce y se la saca completamente varias veces. A medida que la polla va cogiendo consistencia, el injerto de la sonda por la uretra se hace más doloroso. Con la picha flácida, la sonda fluye mejor por el interior del pene y causa menos molestias.

    La dómina decide hacerle una gayola. Se la va pelando muy despacio. La sonda poco a poco se va saliendo y la mujer, con la palma de su mano, la vuelve a meter (con brusquedad), hacia dentro. Parecía una pajita de un cóctel.

    Cuando la dómina intuye que al esclavo le queda poco para llegar al éxtasis, pues comienza a salir algo de babilla (líquido preseminal), por la punta de la sonda, la mujer chasquea los dedos para que alguien que está en el fondo de la sala se acerque. Es un mozuelo imberbe de 18 años. Este se aproxima y se mete la “pajita” en la boca, sin tocar la polla en ningún momento.

    Mientras la ama le zurra la sardina con garra al esclavo, el mancebo succiona, sorbe y va saboreando el líquido preseminal que asoma por la goma de la sonda.

    Los resoplos y jadeos del macho sondado avisan de la pronta descarga de lefa. Efectivamente, a los pocos segundos el hombre, entre gemidos de placer y quejidos de dolor, va soltando sus ocho o nueve descargas de lechada, que suben como un cohete por la sonda.

    El chico succionador, no pierde comba a la hora de ir extrayendo y tragando aquel líquido viscoso con sabor a leche condensada.

    La dómina seguía zumbando la zambomba. Por la comisura de la uretra salen algunos restos de semen, por fuera de la sonda. Pero son insignificantes. El premio gordo se lo tragó íntegro el chico, sin tener contacto con la verga siquiera. Pero eso sí, la “pajita” no la soltó hasta estar completamente seguro de que de aquel “recipiente” ya no saldría ni una gota más de granizado sabor a nata. El sorbeteo de aquel cóctel especial aún duró unos buenos treinta segundos.

    Una vez que el chico vuelve a su rincón, la dómina le va sacando a su esclavo la sonda. Cuando ya está toda fuera, la ama se la da a lamer a su esclavo para que la deje bien limpita para próximos usos.

    Vega estaba como una moto de lo cachonda que se había puesto, pero no quería masturbarse para reservarse… ya sabemos el para qué.

    Cambió a la habitación 44. Allí había una pareja de recién casados. Eran muy jóvenes, tendrían veintipocos años. Los muy estiraos estaban de rodillas rezando el Rosario y pidiéndole al Señor perdón por el acto tan pecaminoso que iban a realizar. Se meten en la cama y en un misionero arrítmico e insulso de estilo, el chaval a los pocos minutos se corre. La chica le dice: “Menos mal, pensé que no terminarías nunca” y se echan a dormir. Les queda mucho que aprender a estos pipiolos. ¡No saben en qué lugar se metieron!

    A Vega ya le llegó el relevo. Se va disparada a comenzar sus “estudios” de Regresada.

  • Mi relación con don Marco, mi jefe

    Mi relación con don Marco, mi jefe

    Mi nombre es Linda, tengo 33 años y mido 1.63 cm, soy de tez clara, delgada, con pechos medianos, un trasero redondito y con unas caderas un poco anchas que me hacen lucir unas piernas torneadas y bonitas, mis facciones son finas, ojos claros y una boca carnosa.

    Este es mi primer relato y quiero contarles de cómo me envolví con un maduro que me dejó marcada para toda la vida, su nombre es don Marco, un señor casado de mediana estatura, elegante y aunque no está atlético, tiene algo que me llamaba la atención.

    Bueno bien, esto pasó cuando yo tenía 21 años. Don Marco es un señor que me dobla la edad y lo conocí cuando entré a hacer mis prácticas escolares a su inmobiliaria. En la prepa mi profesión a fin estaba relacionada con la contaduría y por ello para finalizar mis estudios tendría que cumplir ciertas horas en dar servicio en una institución o empresa en el cual pudiera practicar mis conocimientos en el área contable, por ello fue que llegué a la empresa de don Marco.

    Don Marco es una persona seria y comprometida en su trabajo, y como mi trabajo lo inicié capturando los pedidos de clientes, proveedores y hacer las operaciones contables, don Marco me dio autorización a todos sus datos y confió ciegamente en mi desde el primer momento que llegué a su empresa. Está claro que no tenía experiencia en nada que tuviera que ver con las cuentas, pedidos ni nada que tuviera que ver con las operaciones contables que se manejaban en la empresa, ni en ninguna otra, es por ello que don Marco se tomó el tiempo de explicarme todo lo relacionado con su empresa en el ámbito contable.

    Pasábamos mucho tiempo juntos en su oficina al grado de decir que ya platicábamos de cosas personales, familiares, incluso hasta de nuestros amoríos, si como leen de nuestros amoríos, ya que de vez en cuando me visitaba al trabajo un noviecillo que tenía en ese entonces, yo nunca lo metí a la oficina y solo lo recibía en la puerta de la empresa, le daba sus besitos y ya. En varias ocasiones sentía que eso le causaba molestia a don Marco, así que le pedí a mi novio que mejor no me visitará en horario donde yo estuviera en el trabajo para no incomodar a don Marco, mi novio lo tomo bien y así lo hizo.

    Cierto día en una plática en la oficina, don Marco hizo el comentario de que si me había quedado sin novio porque ya no había visto que me fuera a visitarme mi novio y note que lo decía con cierta risa y morbosidad, yo solo le dije que le había pedido que no me frecuentará en las horas de mis trabajo, pero que todo estaba bien con él, don Marco solo se quedó pensando y dijo “lástima que nuestra edad y tu compromiso me lo impidan, porque si fuera por mí, te tiraba los perros”, yo me sonrojé y no le dije más.

    Después de esa plática noté que don Marco cambió hacía conmigo, empezó a hacer más atento y a adularme cada que podía, que estaba guapa, que me veía bien con esos jeans, que le gustaba como se me veía mi cabello y cosas así, yo me sonrojaba y por respeto solo le agradecía y le regalaba una pequeña sonrisa.

    Yo me sentía muy bien con ese tipo de cosas que él me decía y desde que entre a su empresa siempre trataba de vestirme de forma formal siempre tapada y cuidando de no ponerme ropa provocativa, pero de pronto y por sus palabras me hicieron cambiar mi vestimenta optando por ponerme faldas y blusas con escotes, me maquillaba un poco más para que don Marco lo notara, sin darme cuenta don Marco se había convertido en un hombre fascinante para mí.

    Él me confesó que le gustaba que yo me vistiera más provocativa y permitir que mis atributos salieran más a la luz y así lo hacía, en algunas ocasiones le preguntaba si le gustaba mi atuendo y sonriente me pedía que me diera la vuelta y veía que no me quitaba la mirada de encima, aunque no pasaba nada más que lo mismo de siempre, don Marco me adulaba y me hacía sentir deseada y yo solo le agradecía.

    Cierto día don Marco me citó en una empresa en la cual él tendría una reunión de trabajo y un día antes de salir del trabajo me pidió que al otro día lo viera ahí a las 8 am para acompañarlo a hacer una adquisición de parte de otra empresa y por la cual me pidió que yo fuera bien presentable.

    Llego el día y yo estaba emocionada por la reunión de don Marco, pero más por la confianza y quería agradecerle vistiéndome bien para el que tuviera una buena impresión de mí.

    Ese día opté por ponerme un conjunto de ropa de interior de encaje negro, con un pantalón gris de vestir, pero pegadizo a mi piel que hacía que resaltarán las curvas de mi trasero y mi cadera junto con una blusa blanca semitransparente y con un saco del mismo color que mi pantalón si bien blusa sin más se clareaba mi blassier negro con mi saco no se notaba mucho y eso me gustaba, cuando casi estaba lista llego un mensaje de don Marco que para que llegáramos juntos a la reunión, había pasado por mí y que estaba afuera de mi casa. ¡Caramba!, no me lo esperaba y terminé de ponerme lista y salir, don Marco me vio al salir y enseguida salió de su camioneta y se ofreció a abrirme la puerta y con toda amabilidad me invitó a entrar a ella.

    El auto avanzó, no sin antes saludarnos de beso en la mejilla y de adularme como siempre pero esta vez don Marco me dijo que se había quedado sorprendido por la forma en la que me había vestido y que le encantaba mi atuendo, yo no sé cómo, pero le respondí que lo había hecho por él, no sé, pero me sentía feliz que don Marco tuviera tantos detalles conmigo, en el camino platicamos solo de la reunión y que yo debía de tomar notas y estar atenta a la reunión por que le gustaría que yo le acompañara a otras reuniones.

    La reunión pasó y yo quedé impresionada por la forma como se desenvolvía don Marco hablando de cifras, de negocios y tan seguro de él. En ese momento mi admiración por ese hombre había crecido al grado que empezaba a sentir atracción, su voz me hacía temblar de emoción y ese hombre me empezaba a gustar y sentía que me ponía cachonda de solo imaginarme tener algo con él.

    Salimos y al dirigirnos hacía su camioneta me agradeció por haberlo acompañado a esa reunión y que su socio le había comentado lo bonita y guapa que yo le había parecido por tanto había pensado que yo andaba con don Marco, no sé por qué me lo dijo don Marco, pero yo sentí bonito nomás de imaginarme que eso pasará y de pronto, caí en cuenta que el hombre que me estaba volviendo loca me doblaba la edad y no me importaba y pensaba que un señor como don Marco jamás se podría fijar en mi, si sería casi su hija.

    Don Marco me invitó a comer a un restaurant lujoso y agradable y ahí descubrí que don Marco tiene buenos gustos hasta a la hora de comer, sin más en el restaurant me confesó que yo le gustaba y que quería saber que si de mi parte no habría impedimento en que yo fuera su novia por que se moría por mí, pero que no se había atrevido a decírmelo. Yo sin más y por impulso sentado frente a él, lo besé, estaba claro que yo en ese momento ya estaba idiotizada por él, él me correspondió, caí en cuenta y le dije que yo le tenía mucho respeto y que él podría ser mi papá, pero que también me gustaba a mí y nos volvimos a besar. Yo me estaba incomodando con las miradas de las demás personas que le pedí que pidiera la cuenta y que mejor nos fuéramos a otro lugar. Don Marco sugirió que celebráramos y me dijo que lo dejara en sus manos y que me sorprendería.

    Ya de vuelta a la camioneta al salir del restaurant, don Marco me besó en el estacionamiento y empezó a acariciarme de una manera tan delicada que quería que no parara, tan suave recorría mi cuerpo y empezó a besarme el cuello, mis orejas poniéndome en un vaivén lleno de enorme excitación sacándome unos gemidos de mi boca, yo estaba disfrutando tanto que le pedí que mejor me llevara a otro lugar, no podía creerlo, pero le estaba rogando a ese hombre, mi jefe que me hiciera suya. Don Marco conducía mientras yo lo abrazaba y le daba besitos agarrándole su miembro, esa fue la primera vez que sentí su pene de ese hombre y tal fue la sorpresa que me llevé que tenía un tamaño descomunal y grueso. En ese momento yo ya quería sentirlo en toda la extensión de la palabra.

    Don Marco me llevó a un departamento que tenía en un residencial a las afueras de la ciudad, estaba amueblado y era el que había adquirido hace poco.

    Entramos y en seguida don Marco empezó a besarme con prisa quitándome el saco yo me solté el cabello y lo abracé del cuello para corresponder a sus besos, ya estábamos excitados los dos. Yo empecé a desabotonar su camisa y sacársela del pantalón, tenía un cuerpo ni tan delgado ni gordo, sino más bien en proporción a su porte y lo que más gustaba era su barba que me excitaba cada vez más que se pasaba sobre mi cuerpo.

    Don Marco me volteó dándole las espaldas, hizo inclinarme hacía adelante sobre un sillón, no sin antes quitarme la blusa y besarme los pechos encima del brazzier, de espaldas a él, besó cada centímetro de mi espalda mientras acariciaba mis senos pellizcando con las yemas de sus dedos mis pezones, eso hacía que me volviera loca de placer, yo ya quería sentirlo dentro de mí y se lo pedía, era tanto lo extasiada que estaba que no paraba de gozar ni de gemir.

    Enseguida don Marco bajó mi pantalón hasta las rodillas apretando y jugando con mis nalgas, rozando con su pene mi trasero y pasando su abultado pene en medio del espacio que forman mis par de nalgas y todo eso aún con su ropa puesta. Yo no pude más y me volteé terminando de bajar mi pantalón, ya en esa posición de inclinación le ayudé a desabrochar su cinturón y los botones de su pantalón para bajárselos, ¡Dios!, se veía un pene grande y grueso muy apetecible. Yo lo acaricié encima de su ropa interior negra marcada por ese pedazo de carne apetecible, me hinqué a sus pies y con mi diente empecé a bajar su ropa interior, enseguida su pene salto hacia afuera golpeándome en la cara y llenándome de una satisfacción tremenda y excitación, tenía buen olor y su tamaño me tenía excitada, había visto penes de otros hombres, pero ninguno como el de don Marco.

    Sin usar las manos, besé la punta de ese grandioso pedazo de carne exquisito, pasé la lengua por alrededor de la cabeza de ese pene quitando el líquido preseminal que se sentía de buen sabor, le pedí a mi hombre que se relajara y que disfrutara de lo que estaba a punto de hacerle, me encanta hacer oral y soy buena en eso lo sé por como he visto disfrutar a los amantes que he tenido en la vida, así que tomé el pene de mi hombre con la mano derecha y con mi lengua y boca recorría toda la extensión de este, desde la punta hasta el tronco.

    Don Marco tiene un pene grande y grueso que me enloquece, seguí así unos segundos lamiendo la extensión de este rico pene que me pertenecía y ya no quería dejar y con la mano izquierda acariciaba sus bolas, en seguida me metí lo más que pude ese pedazo de carne exquisito y lo succionaba con boca y con mi lengua le daba ricas lamidas en forma de círculos. Mi hombre ya me sujetaba de la cabeza, acariciando mi cabello me decía “que rico me lo mamas princesa, me gusta, me vuelves loco, quiero que seas mi novia, mi mujercita, mi amante, mi puta, te quiero coger siempre mi amor”.

    Yo saqué su pene de mi boca sin quitarle la mirada hacía su cara y le dije que sí, “sí quiero ser tu amante, tu puta mi amor que me tengas cuando quieras papacito”. Estuve disfrutando el pene de mi hombre durante un tiempo más cuando de pronto Don Marco me avisa que ya no puede más y que se está viniendo y sin más explotó en un orgasmo dentro de mi boca que me hizo atragantarme con la leche que le salió a mi hombre, fue tanto la leche que le salió a don Marco que se me salía de la boca. Don Marco aprovechó para darme besarme aún con su semen en mi boca y me pidió que me lo tragara mismo que hice después de saborearlo, antes de eso me había causado asco tener semen en mi boca, pero no me pasó lo mismo con el semen de don Marco, de mi hombre, al contrario lo disfruté y me encantó, ese nombre me tenía completamente loca.

    Me dio la mano para pararme y ahora él se dirigió hacia abajo besándome primero en el cuello, después fue bajando por mis senos, mi ombligo todo eso con sus tiernos besos no sé, pero don Marco sabía cómo dar placer a una mujer y eso me estaba demostrando, tomó mi tanga y me la bajó, la cual estaba muy empapada con mis jugos, mi hombre me alzó una pierna y yo me agarré del sillón en el que estábamos, alzó más mi pierna y sumergió su cabeza en mi sexo, dándome besos en mis muslos hasta llegar a mi conchita misma que mordió con sus labios provocándome un enorme placer que me hizo gritar, en seguida movía su lengua en la puerta de mi vagina como queriendo penetrarme con su lengua para luego rozar mi clítoris.

    En ese momento yo ya no pude sostenerme y caí al sillón acostada, acto seguido don Marco me acomodó en el sillón y se puso encima de mi tomando su pene y pasándolo por encima de mi conchita, yo suspiraba, gemía, suplicaba por sentir a mi hombre dentro de mi, le pedía que me penetrara que no me castigara que lo hiciera ya, yo ya no tenía uso de razón ni preocupaciones, solo pasaba por mi cabeza la calentura de mi cuerpo y no existía nada más.

    Don Marco alzó mis piernas y las puso a un lado de su cuerpo inclinándose más hacía mi, me besó con un beso intenso que su lengua recorrió todo mi boca al mismo tiempo que me empezó a penetrar, yo arqueé la espalda del inmenso placer y del tamaño de ese pene que lo abracé clavándole mis uñas en su espalda, me di cuenta y le pedí perdón me dijo que no me preocupara y poco a poco fue penetrándome.

    Caray ese pene estaba enorme que pensé que no cabría en mi interior, pero sí logró entrar todo, Marco se detuvo y yo inconscientemente empecé a moverme para disfrutar de ese rico pene, mi hombre me dijo “tranquila princesa, permíteme a mi hacer lo mío”, y él empezó en un vaivén de mete y saca glorioso que me rozaba toda mi pared vaginal sacándome gemidos y gritos cuando este llegaba al fondo de mi ser. No tardó tanto en que no aguanté más y me vine en un orgasmo que duró 30 segundos mientras que mi hombre me apretaba mis senos y tomaba mi cuello, me reincorporé y aun estando dentro de mi don Marco se paró levantándome en un abrazo, sin salirse de mi me besó y se sentó en el sofá quedándome sentada encima de él.

    Yo le dije “ahora espera mi amor, me toca a mí darte placer” y empecé a moverme de adelante hacía atrás en un ritmo acelerado a veces lento y a veces me alzaba hacía arriba para volver a meter su pene dentro de mí, mis manos sobre su pecho lo acariciaban mientras don Marco me decía que lo volvía loco y que no quería dejarme, que quería que fuera sola de él y de nadie más yo le dije que él se había convertido en mi hombre y que nadie me había hecho gozar con tanta intensidad como él.

    Después de un momento don Marco me abrazó fuerte y enseguida se vino dentro de mí, yo sentí un fuerte chorro caliente dentro de mí y acto seguido tuve nuevamente un orgasmo cayendo en su pecho cansada y extasiada de tanto placer. Estuvimos así un momento yo en su regazo descansado, platicando de lo rico que la habíamos disfrutado hace un momento.

    Justo en ese momento sonó mi celular y tal fue mi sorpresa que me hablaba mi novio para decirme que había ido a buscarme en el trabajo y que estaba afuera de la oficina, le comente aun recuperando el aire que había salido temprano y que para no ocuparlo había ido a casa a descansar y que mejor luego nos veríamos, sin más le colgué. Le había mentido a mi novio y no me había importado y además me había acostado con mi jefe, mi jefe que me doblaba la edad, justo en ese momento me sentía muy confundida y de repente ahí desnudos los dos Don Marco me abrazó y me dijo que estaba maravillado conmigo y que no me quería dejar y que partir de ese momento yo era su mujer y él mi hombre, en ese momento se me olvidó mi novio y nos besamos.

    Yo quería más de don Marco, y así parados desnudos, empecé a masturbarlo al inicio su pene estaba semi flácido, pero con el masaje de mi mano volvió a agarrar su erección, lo abracé del cuello y Don Marco me tomó de mis nalgas con sus manos y alzó llevándome de la sala a una recámara que estaba en el fondo de un pasillo, sin soltarme me puso sobre la cama, se paró y me vio por unos segundos, yo aproveché a hincarme en la cama y le pedí que se acercara, tomé su miembro y empecé a chuparlo sin más, me tomó del cabello, haciéndome una cola con sus manos y fue manejando los movimientos de mi cabeza hacía su pene, me ahogó por unos segundos con su pene metiéndolo hasta el fondo de mi garganta.

    Enseguida se alejó y con sus manos me indicó que me volteara dándole la espalda en posición de perrito, y así lo hice, alcé mi cadera hacía él y pegué la cabeza hacía el colchón, don Marco pasó su lengua por el orificio de mi culito y yo espantada por eso me paré y le pedí que nunca me habían hecho anal y tenía miedo.

    Don Marco me besó y me convenció de que me trataría con mucho cuidado y que además lo iba a disfrutar. Volví a ponerme en cuatro y cerré los ojos, don Marco empezó a besarme las nalgas y con sus manos a acariciarme el exterior del orificio de mi culito, luego sentí su lengua formando círculos en mi ano, yo gemía aún con los ojos cerrados, con su mano acariciaba mis labios vaginales y mi clítoris mientras con su lengua seguía abriéndome en mi cavidad anal, yo seguía gimiendo y disfrutando, de pronto sentí un dedo en mi ano entro despacio, luego dos y don Marco tenía mucho cuidado al entrar y salir.

    Me dijo “ya estas lista mi amor” y esa era la señal para indicarme que ya me penetraría analmente, la punta empezó a entrar y poco a poco fue empujando hasta que mi cavidad se acoplo a su pene yo sentía dolor y a la ves placer, me gustaba esa nueva sensación y no sabía que podría disfrutar muy bien de esa manera. Don Marco empezó a moverse dentro de mi, de pronto el dolor se convirtió en placer y yo pedía más, don Marco “métemela más, que rico mi amor, que rico don Marco, soy tu mujer, tu puta, haré lo que me pidas siempre, si papi métemela”. Don Marco me daba golpes en mis nalgas que lejos de dolerme o incomodarme me encantaban, yo con mi cabeza en el colchón y la mirada hacía mi hombre tome mi mano derecha y empecé a estimular mi conchita, don Marco se vino dentro de mi y yo me vine en seguida casi al mismo tiempo.

    Don Marco me beso la espalda, salió de mí y se tumbó a mi lado abrazándome entre su pecho. Estuvimos así un buen rato, hasta que nos reincorporamos.

    Nos vestimos y salimos del departamento, me llevó a mi casa y así terminó ese día, el inicio de una relación con don Marco que nos llevó 1 año. Espero que les haya gustado, y perdón por las faltas de ortografía.