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  • Primera vez que me follo el culo de mi madura

    Primera vez que me follo el culo de mi madura

    Lo que os voy a contar ha sido esta misma noche con mi pareja desde hace 5 años. Nosotros llevamos casi cinco años juntos, hace ya tres que vive en mi piso. Ella es 13 años mayor que yo, cuando empezamos teníamos 52 ella y yo 37 años.

    Ella estaba y sigue estando muy buena, hace cinco años estaba tremenda de buena. Nos conocíamos hace años pero el destino nos juntó entonces. Siempre nos habíamos llevado muy bien y había entre nosotros esa tensión sexual contenida por respeto a alguien o algo. Bueno yo con 25 años pensaba que semejante mujer no podía ser para mí.

    Os cuento:

    Cuando empezamos a quedar, ella venía a mi casa los findes o nos íbamos por ahí a un hotel rural no hacíamos más que follar todo el finde, lo normal al empezar.

    Ella es muy puta en la cama y me encanta que así sea. Habíamos follado de todas las maneras posibles menos de una. Yo quería, como la mayoría de hombres, meterla en ese preciso culito y después de dos meses, una noche en mi casa, le acerqué la punta de mi polla enfilándola para dentro y me paró diciendo:

    Tranquilo que ese agujero también va a ser tuyo, también me gusta por ahí, pero te lo tendrás que currar y prepararlo muy bien antes.

    Seguí follándole el coño gustoso y ya cuando terminamos le saqué el tema.

    -¿Lo de ese culito queda pendiente para otro día eh?

    -Sii, me encantará sentir tu polla dentro. No va a ser la primera pero si va a ser la más gorda… uuff. Me lo vas a dejar… uumm.

    -¡Serás zorrita! Tu si que vas a ser la primera que me deje…

    -Normal. Con ese trabuco corazón, miedo les dará. Ya verás ya, el finde que viene traigo algún juguetito de mi casa y lo ponemos a tono para que lo rompas… Ya tengo ganas de sentirla dentro… buuf

    -Yo sí que tengo ganas de meterla en ese agujerito…

    Estuve toda la semana cachondo pensando en ello, se lo recordaba cada día, cuando hablaba con ella.

    Llego el viernes, cenamos por ahí y fuimos a mi casa. Yo iba empalmado todo el día jeje!

    Llegamos, nos sacamos una copa y al lío.

    Empezamos los magreos, lametones y demás preliminares normales, me como ese culo y ese coñazo metiendo mis dedos por los dos agujeros como casi siempre que le como todo y ella ya toda cachonda y fogosa me pedía entre alaridos y alguna que otra corrida en mi boca, pues es multiorgásmica.

    -¡Fóllame cabrón! ¡Métemela ya! ¡Lléname todo el coño con esa polla!

    Así lo hice. Se la metí de golpe y empecé a embestirla como un animal, mientras ella sacó de la mesilla un consolador blanco, de unos 12 centímetros y muy fino (comparado con lo que yo le quería meter pensé) duro, muy suave y un poco curvo.

    Se lo fue ella misma metiendo en su ojete y empezó a gritar de placer como nunca la había oído. Salieron dos riadas de su coñazo que empaparon hasta mis huevos. Entonces agarró mi polla y la acercó a su culo, noté mi punta entrar y salir despacio, siempre ayudándose con su mano, usándola también como freno porque sabe lo burro que soy. Entonces se la volvió a meter en el coño y me dijo:

    -¡Demasiado dura amor! Córrete primero aquí y luego empezamos. Seguí follándola y ella siguió con su consolador por el culo. Entre sus orgasmos y ahora mi corrida saqué la polla aún medio dura y empapada. Entonces me dijo:

    -Ahora si que entrará! Verás…

    Yo pensé:

    -Claro y si la metes en hielo para que encoja más fácil. Pero bueno, me dejé hacer.

    Introdujo mi polla hasta la mitad más o menos y paró poniendo su manita como tope me dijo:

    -Venga dale hasta ahí despacito y suave amor.

    Así lo hice, la saqué y la metí dos o tres veces y de las ganas que tenía de ese culo volvió a crecer y ella a gritar de dolor:

    -¡Paraa! ¡Paraa! ¡Me haces daño! ¡Para!

    Obedecí parando enseguida y le pregunté a ver qué pasaba.

    -¿No puedes o qué?

    -Creo que con el juguete y tu follada a la vez me he debido de hacer una fisura… ¡Lo siento!

    -Nada tranquila mujer -le dije- otra vez será.

    Me levanté de la cama y me puse de pies a su lado, con la polla a la altura de su cara y no le tuve que explicar nada se la metió enseguida en la boca y empezó a chuparla como solo ella sabe pero ahí también ponía siempre la manita para no tragársela entera, y ese día no iba a ser así. No vas de zorra experta? Pues te voy a meter hasta los huevos pensé.

    La hice ponerse de rodillas en la cama apoyando su espalda en la pared.

    Obedeció y me dijo:

    -¡Bien cariño! Sorpréndeme. ¿Qué vas a hacerme?

    Me puse delante de ella de rodillas besándola y sobando esas tetazas, ella respondía cariñosamente a mis besos y caricias sin imaginar lo que le iba a hacer.

    Poniéndome de pies encima de la cama y levantando sus brazos con mis manos le puse la polla en la cara y se la acerqué a la boca. Ella empezó a lamerla entera hasta que empecé a metérsela. Ella quería soltar su mano para agarrarla pero yo no la soltaba y se la seguía metiendo hasta qué una arcada suya me hizo saber que había llegado a su garganta.

    Entonces se la clavé hasta dentro y le folle la boca como un puto animal hasta correrme dentro, con toda la polla dentro de su boquita.

    Cuando se la saqué me dijo:

    -¡Casi me ahogas cabronazo! ¡Uuuf! ¿Un poco bestia no? -Dijo mientras se miraba en el espejo del techo viendo todo su morrete colorado de la follada de boca que le había hecho.

    -¡Tenía que hacerlo! Necesitaba romperte un agujero esta noche. Lo siento si no te ha gustado.

    -Puedes romperme lo que quieras, cuando quieras nene pero un poco más despacito y la siguiente ponme un cojín en la nuca al menos. ¡Que me duele la cabeza de pegar contra la pared jiji!

    -Jajaja. Lo tendré en cuenta. Eso es el clonc, clonc que oía entonces. Jajaja.

    Bueno pues desde ese sábado hace ya más de tres años, hasta esta noche, no se le había curado la supuesta fisura del culo. Imagino que no tarda tanto, lo mismo habría que haber escayolado el ojete ¿no? ¿O qué?

    Pues hasta la polla de esperar su cura, y viendo lo bien que ha seguido entrando algún que otro consolador, esta noche por fin mi polla ha entrado en ese ojete.

    Ha entrado, pero no porque ella lo quería, al contrario, se la he metido porque si y punto. Os cuento:

    Cada vez follamos mejor pero menos, de hecho últimamente un finde si, uno no, yo entre semana no suelo estar en casa normalmente. Solo vengo a casa el fin de semana porque soy viajante.

    El otro día vi una tienda enorme de artículos para sexo y entré y después de mirar un consolador grandecito vi un gel lubricador y también lo cogí. Tengo que decir que ella ya hace mucho que me estreno el culi con el chiquitín aquel y tengo que decir, que aunque yo era reacio a ello, desde la primera vez que ella jugó con él en mi culo, me gustó y mucho, debe de ser por el punto G dice ella que está en el culo.

    Pues nada, llegué ayer decidido a encontrarle a ella el punto G, J, incluso el Z si lo tiene porque vine decidido a meter mi polla en ese culo hasta dentro. Abreviando:

    Ayer después de cenar y tomar un par de copas charlando empezamos al lío como siempre y entonces le dije:

    -He traído una sorpresa

    -¿Que amor?

    Saque el nuevo consolador y ella dijo.

    -Que grande amor, vamos a probarlo ahora mismo…

    -¡Venga voy! ¡Prepárate que hoy vas a sentir lo que nunca! Ya verás

    -Con eso, seguro que no es mejor que la tuya…

    -Yaa, ya lo sé le contesté mientras mi cabeza se metía entre sus piernas.

    Le hice un cunnilingus de vicio como dice ella que se lo hago y ahora ya estaba metiéndole el consolador en el chocho, y sin que ella se diese cuenta, saqué el lubricador y se lo puse en ese agujero de momento estrechito…

    -¿Que me has puesto ahí preguntó al notarlo?

    Sabiendo que ese era el ansiado momento que yo llevaba años esperando. Tiré el consolador y como tenía sus piernas en mis hombros, me abalancé encima de ella que se quedó doblada.

    Agarrando sus piernas por detrás de sus rodillas con mis manos las empujé fuerte hasta que sus rodillas se apoyaron más arriba de sus tetas, dejando su ojete hacia arriba.

    -¿Qué quieres hacer amor? ¿No estarás pensando en…? ¡Noo!

    -Sí, te voy a dar por el culo, te la voy a meter entera pero con cuidado. Mejor no te resistas cariño.

    -No, no y no. ¡No se te ocurra! ¡Noo!

    -No te he preguntado te he dicho lo que voy a hacer, quieras o no, no decías que tu si podías, que si la fisura… bla, bla, bla.

    -Te voy a romper el culo aquí y ahora. Después ya me rompes la cara si quieres.

    -Eso que has sentido era un gel para lubricarlo bien, así que no te quejes más.

    -¡No entra! ¡Noo! ¡No lo hagas!

    Sin decir nada más acerqué mi polla, creo que más dura que nunca, a ese agujerito empapado de gel y la empecé a introducir muy despacio centímetro a centímetro para adelante sin parar.

    Empezaron sus gritos de dolor, insultos y amenazas que yo ni escuchaba, seguía concentrado en su culo. Entró por tiempos, poco a poco hasta que la tuve entera dentro habían pasado varios minutos. Mientras ella gritaba dolorida e intentaba darme tortas, yo la saqué también lentamente y la volví a meter y a sacar despacio. Sin duda ese hueco se estaba dilatando y haciendo cada vez más grande. Así estuve más de cinco minutos creo, hasta que dejo de gritar un ratito y ya decía:

    -Venga dale y acaba cuanto antes, ahora solo siento una fuerte presión dentro, no me hace casi daño.

    Yo había gozado cada metida sintiendo a mi polla como nunca aprisionada, estaba gozando tanto. Nunca había sentido ese gusto que da un agujero tan estrecho cada vez que la metes… uuff

    Hasta que decidí subir el ritmo pasaron un par de minutos más.

    Subí el ritmo poco a poco, se la metía entera y salía y más rápido cada vez, sin decirle nada, solo follándome ese culo que tanto deseaba. Ella me chillaba:

    -¡Acaba ya cabronazo!!

    Yo ni caso, seguía a lo mío cada vez más rápido y ahora empiezo a darle con más fuerza, ella vuelve a gritar otra vez de dolor, más que antes y a la vez me gritaba:

    -¡Para! ¡Para yaa! ¡Joder! ¡Para o acaba! Cerdo de mierda. ¡Me duelee!

    Entonces cogí una almohada para taparle la boca de esos gritos y empecé a embestirla a lo bestia, notaba mi corrida saliendo de mis huevos pero no subía o yo no dejaba que subiese, mejor dicho. Aguanté más de cinco minutos hasta que me corrí dentro, llenando ese culo con mi leche caliente.

    -¡Tomaaa! Por puta y zorra… ahora si tendrás alguna fisurita…

    Me quité de encima  y ella dándome un buen tortazo se levantó y se fue al baño sin decir nada. Todavía ni me habla, pero no me importa. Que me quiten lo bailao ¿no? Jajaja.

    Espero que os haya puesto cachondos este relato.

  • Luisa la esposa de Carlos: Rapidín en su casa

    Luisa la esposa de Carlos: Rapidín en su casa

    Déjenme relatarles una historia que me sucedió con la esposa de un amigo mío, que hasta la fecha no logro entender cómo sucedieron las cosas, a lo mejor fue el destino que nos jugó una sorpresa.

    Les diré que Luisa es la esposa de mi amigo Carlos, compañero de trabajo y buena onda en todos los aspectos, ella ha sido un poco egocéntrica y le gusta estar a la moda y tiene una presentación envidiable, siempre está bien vestida, tiene un cuerpo estupendo, con caderas anchas y piernas torneadas, a pesar de tener dos hijos pequeños tiene una carita angelical y un cuerpo escultural.

    Además, es instructora de zumba en un centro comercial, está buenísima la mujer.

    Carlos mi amigo es bien parecido y con presencia, por eso no logro comprender por qué Luisa se dejó llevar por la situación.

    Cada viernes último de mes nos reunimos 4 parejas de amigos para platicar y charlar de todo, así que solo nos veíamos esos días. Y estoy seguro que tanto Luisa como yo, tenemos buena relación con nuestra pareja, tanto sentimental como sexual.

    Se dio un día de esos viernes, cuando después de tener una larga plática muy amena y alegre, después de tomar unas cervezas y tequila, y convivir bien, a la hora de la despedida todos estábamos afuera de la casa en donde había poca luz; sucedió que cuando me iba a despedirme de Luisa de beso en la mejilla, algo pasó que nos juntamos mucho y su cuerpo se pegó al mío y sentí sus pechos firmes y voluminosos en mi pecho, al acercarme para darle el beso no logré tomar la distancia y se lo di entre sus labios y su mejilla.

    Sentí con suavidad sus labios y su respiración que no supe que decir, me quedé pálido, pero seguí como si nada, ella se percató, pero no dijo nada y todos nos despedimos.

    Esa noche no podía dormir de pensar en sus labios suaves y sus pechos firmes, la verdad me excitó mucho y tuve que hacerle el amor a mi mujer pensando en Luisa.

    Y estuve esperando a que llegara el día de la siguiente reunión para volver a verla, tenía la espinita de saber si ella lo había tomado a mal o no, sabía que si lo tomaba a mal tenía un pretexto para disculparme (claro había poca luz y era de noche).

    La siguiente cita se dio por la tarde en casa de Luisa y Carlos, pero como yo salía un poco tarde del trabajo iba a llegar un poco tarde, así que mi esposa se fue primero y yo la alcanzaría después; saliendo del trabajo me fui a la casa a bañarme y vestirme bien, la verdad estaba nervioso y no sabía que pasaría.

    Al llegar a la casa de Luisa, la puerta de su casa estaba abierta, ya que en donde iba a ser la reunión estaba en la parte de atrás de su casa, me pase y cerré la puerta, ella estaba en la cocina sola preparando unos tragos, al verme me sonrió alegremente y se dirigió hacia a mí con los brazos abiertos, como nadie estaba, le abrí los míos y nos dimos un abrazo, volví a sentir sus senos voluminosos y yo le pegué mi cuerpo más hasta sentir sus piernas con las mías; ella me acarició con sus manos mi espalda y yo hice lo mismo, al separarnos y darnos el beso en la mejilla sucedió algo que me dejó paralizado.

    Ella no se movió de lado, sino que esperó el beso de frente, y para no verme tan obvio volví a darle el beso entre sus labios y la mejilla, logré ver que ella cerró sus ojos y se movió un poco para que mis labios rozaran más con los suyos, al sentir eso no dudé en besar sus labios tiernos y suaves.

    Fue un par de segundos y ella se separó y me tomó de las manos, me dijo que ya estaban todos atrás y que pasara, ella se volteó y me dio la espalda, pero no me soltó las manos, y antes de entrar a la cocina sonó el teléfono y se detuvo a contestarlo. Ella tomó mis manos y las colocó en su cintura, eso hizo que mi cuerpo chocara con su trasero y mis manos acariciaron su vientre y la atraje hacia mí, sentí sus nalgas en mi pene que rápidamente se puso firme y traté de retirarme, pero ella se pegaba a mí, ella contestaba el teléfono y sentía como echaba su cuerpo hacia atrás y sus nalgas golpeaban mi verga erecta.

    Yo me le pegué, la tomé de sus caderas y la atraje hacia mí, ella se dejó hacer y mientras sentía lo rico de sobarle sus nalgas con mi verga, estaba al pendiente de que no nos cacharan.

    La verdad no se ni con quien habló por teléfono ni que habló, cuando colgó me volvió a agarrar de las manos y me condujo a un baño que está debajo de las escaleras de su casa, nos metimos y nos besamos, tenía los labios más suaves y tiernos que haya probado, le saboreé los labios mientras mis manos comenzaron a recorrer su espalda y sus nalgas, le comencé a subir la falda que traía, constaté que usaba una tanga de encaje y le seguí acariciando las nalgas, tenía su piel suave y dura a la vez, se las apreté y amasé con ganas, ella estiró su mano y me empezó a acariciar mi verga sobre el pantalón, así que le ayudé a bajar el cierre y sacarle mi verga, ella lo agarró con ansia y me empezó a masturbar, seguíamos besándonos, una mano mía seguía en sus nalgas y la otra empezó a acariciarle los senos, era un faje maravilloso.

    L: ¡Estas muy buena Luisa!

    LSA: ¡No digas nada, uhm!

    Con la desesperación la volteé y ella se apoyó en el lavamanos, se agachó y levantó sus nalgas para que pudiera verlas en todo su esplendor, yo rápidamente me desabroché el pantalón y lo bajé hasta las rodillas, le hice a un lado la tanga y tomé mi verga, se la puse en la entrada de su coñito, que ya estaba escurriendo de sus flujos vaginales.

    Le metí primero la cabeza de mi verga, la tomé de sus caderas y de un solo golpe le metí toda mi verga.

    LSA: ¡Ah, sí así, métela fuerte, ah, que dura y rica verga, ah!

    L: ¡Luisa, uhm, que buena estas, ah!

    Trataba de que no hablara fuerte, ya que nos podrían sorprender, empecé a bombear y cogerla de una manera rica y ella gemía, en unos momentos ella empezó a quejarse más, y sentí como su vagina apretaba mi verga.

    LSA: ¡Así amor!! Métela hasta el fondo! ah me vengo!!

    L: Dios, Luisa, ¡me vengo!!

    Y en esos momentos mi verga empezó a arrojar chorros de semen, sentía como mi verga expulsaba el semen en tres disparos fuertes y ella gozaba.

    LSA: ¡Que rica lechita! mmm así, ¡que rico me vine!

    L: ¡Ah, nena, que rico!!

    Habíamos terminado juntos. Ella se volteó y nos abrazamos y besamos, me dijo que desde hacía mucho ya tenía ganas de coger conmigo, pero que temía que lo supieran nuestros respectivos compañeros, le dije que tratáramos de mantenerlo en secreto y si ella estaba dispuesta a seguir deberíamos de mantener la relación como siempre, y tener un espacio de tiempo para nosotros.

    Salimos del baño y nos dirigimos con los demás, como si nada hubiera pasado, y al final en la despedida seguimos con el beso entre los labios y la mejilla.

    Después hubo más encuentros entre ella y yo, pero esas son otras historias que les contaré después.

  • Andrea compartiendo a su hermano

    Andrea compartiendo a su hermano

    Durante mucho tiempo, Marcela acostumbró a pasar por Andrea para ir a la escuela, en el último año de prepa y con los dieciocho años recién cumplidos, ambas tomaban el transporte a unas calles de casa. Las dejaba a dos calles de la escuela, rutina diaria desde hace ya varios años. La cosa cambió un día de regreso a casa.

    Desde que salieron de la escuela, notaron que un señor caminaba muy cerca de ellas. Pensaban que como muchos, estaba embobado por las faldas y shorts que acostumbraban vestir. Ese día Andrea llevaba un vestido corto floreado, sus nalgas se dejaban ver a través de la tela, su cara siempre coqueta iluminaba el camino. Mientras Marcela prefería usar minifaldas ajustadas, ese día llevaba una de color negro, sus nalgas redondas se amoldaban a la perfección. Así que no le hicieron mucho caso al tipo detrás de ellas. Tanto que no notaron que subió al transporte tras ellas.

    También estaban acostumbradas a que los hombres en el trasporte intentaran tocarlas o rozar sus vergas contra sus apetecibles culos, incluso sentadas, sentían como se los restregaban en los hombros casi queriendo rozar sus caras.

    Bromeaban con eso, pues se sabían hermosas, les gustaba sentirse deseadas.

    Platicando de todo y nada, el tipo detrás de ellas, recargaba su verga en uno y otro culo. Aprovechaba los cada que frenaba o arrancaba para recargarse.

    Ellas aunque se movían, solo lograban darle pretexto para cambiar de culo, en el cual reposar su verga cada vez más dura. Hasta que bajaron.

    —¿Que pedo con ese viejo? —Le decía Marcela abriendo los ojos muy molesta.

    —¡Pinche viejo puerco! Ni disimulaba.

    —¡Siento que ya me hizo gemelos no mames!

    —¡No mames!

    Ambas rieron mientras se acercaban a casa de Andrea, donde su hermano recién graduado y desempleado Gustavo de veintiséis años ayudaba a su madre a cambiar sus macetas.

    —¿Dónde se sentaron? —Preguntó él, señalando sus faldas.

    —¡Cuál si nos vinimos paradas todo el camino —la madre de Andrea se acercó a ellas mirando sus nalgas.

    —¿Por qué, qué traemos? —preguntó Andrea mientras pasaba la mano por sus nalgas y un líquido viscoso respondía su incógnita.

    —¡No mames guácala! —Dijo Marcela comprobando que ella también estaba manchada, su minifalda tenía unas manchas blancas que escurrían un poco.

    —¿Qué Es esto? —Preguntó Andrea, aunque sabía la respuesta.

    —¡Hay niñas! —su madre abrió la puerta para que ambas entraran. Mientras Gustavo se limitó a mirar aquello con muy mal humor.

    Cuando estuvieron en el baño, Andrea constató que además de su vestido, tenía semen en el cabello. Mientras Marcela parecía balancear esos trazos blancos en ambas nalgas.

    Gustavo se acomodó en un costado de la ventana, desde afuera veía como la falda de Marcela caía al piso, imaginaba esas nalgas, pero verlas ahí en su casa era una suerte que no esperaba. A un lado su hermana se quitaba el vestido y la ropa interior hasta quedar desnuda. Aunque era extraño por ser su hermana, el ver su panochita rasurada y ese culito duro y redondo también lo disfruto.

    —¡Báñate no mames, ahorita te presto ropa!

    —No me van a quedar, mi culote no entra en tu ropita.

    —¡Entonces te pones algo de mi mamá!

    —¡Ya metete, y hazme cancha!

    Gustavo se sacó la verga y mirándolas bañarse, se jalo la verga hasta venirse sobre la pared. Luego las vio salir mojadas y tuvo el impulso de masturbarse nuevamente. Pero su madre lo llamó con un grito.

    —¡Gustavo!

    —¡¿Qué pasó mamá?!

    —Mañana las acompañas y en la tarde las esperas, no van a andar solas estas niñas.

    Salieron del cuarto de Andrea, su amiga traía puestos unos short que eran obviamente una o dos tallas más chicos. Ese culo se salía por todos lados.

    —Mientras acompaña a esta niña a su casa.

    —Ok, vamos.

    En el camino, Gustavo a pesar de ser mayor, estaba cohibido con ella. Siempre le gusto. Aunque la trataba como tonta. Marcela en cambio estaba enamorada de él desde que se va en primaria. Aunque dejó de soñar cuando conoció a su novia.

    —¿No se dieron cuenta?

    —obvio no, nos hubiéramos quitado que asco.

    —Es que… también se visten… pues…

    —¿O sea que yo tengo la culpa?

    —No, no dije eso —se sonrojó y agachó la cabeza.

    —Pues el que nos vistamos como nos vistamos no les da derecho… —tomó un tiempo para acomodarse el short que se metía entre sus nalgas, ante la mirada atenta de Gustavo.

    —No te queda…

    —¡En serio! Mira se me salen las nalgas —levantó el culo para mostrárselo y el agradeció en sus adentros.

    —Bueno, llegamos.

    —Te veo mañana —Se despidieron con un beso en la mejilla y el espero a que entrara para atesorar esa imagen en su mente. Luego pasó el día viendo a su hermana e imaginándola desnuda. Así por la noche soñó que era él el que apretado en el transporte vaciaba muchísimo semen en las nalgas de ambas. Despertó sudado y aún erecto.

    —¿Y esas trenzas? —Preguntó Gustavo de forma burlona.

    —No me vuelven a manchar mi cabello. ¿Me veo mal?

    —No… Pero…

    —¡apúrate que ya casi llega su amiga!

    —Su novia, te acuerdas cómo se encelaba viéndolo

    —Era una niñita —dijo el ya sonrojado.

    —Pues ya no es una niña, y está mejor que la rara esa con la que andas.

    Sonó el timbre y al salir, Marcela vestía unos jeans de piel, marcaban tan bien su silueta que Gustavo no le quitaba la vista de encima.

    —Cierra la boca hermanito, se te va a caer la baba.

    —¡Hay niña como sales así!

    —Pues como Gus va con nosotras, ya puedo andar más tranquila, ¿y ahora tú?

    —Bueno, vámonos —Dijo Andrea con sus trenzas y su vestido corto.

    Como cada mañana el transporte venía muy lleno, avanzaron al fondo y ambas se colocaron frente a Gustavo que, como guarura miraba con ojos de odio a todo aquel que volteaba a ver esos culitos coquetos y redondos, jóvenes, deseables, apetecibles. Su verga estaba dura. Endureció aún más cuando frenó el autobús y Marcela se abrazó a él.

    —¡Aaay me caigo!

    —¡deja de estar de zorra! Se va a enojar su novia Lucifer.

    —Luisa Fernanda —corrigió el, tomando por la cintura a Marcela.

    —Como sea, pinche vieja odiosa.

    —¿Me puedo ir así? —Dijo acercando más su cuerpo al de él, sentía ese bulto a la altura de su ombligo. Le gustó y se pegó más. Mientras Andrea reía viendo la cara de jitomate de su hermano.

    Cuando llegaron, él aprovechó para mirar a las compañeras de su hermana, todas tan sabrosas. Extrañaba la escuela. Por la tarde apenas salieron, el con gesto de su mano las llamo.

    —¡nos vas a espantar a los galanes! —Dijo Andrea pegándole un pequeño derechazo en el abdomen como forma de saludo.

    —¡Yo no tengo! —Se apresuró a decir Marcela.

    Los tres subieron al transporte, ellas en su plática olvidaron a Gustavo, que solo se limitaba a escucharlas sin entender un carajo. Así pasó las primeras y casi la segunda semana. Marcela ya usaba el cuerpo de Gustavo como soporte de ida y vuelta. El ya acostumbrado, le agradaba, pero le gustaba más que Marcela pasaba tiempo en su casa. Podía estar tras ellas sin que hicieran ningún reclamo.

    —¿Quieres agua? —Preguntó Andrea dirigiéndose a la cocina.

    —Mejor una cerveza.

    —Ándale, te mando borracha y me matan tus papás.

    —Bueno agua.

    En cuanto se perdió en la cocina, Marcela brincó y se sentó en las piernas de Gustavo que se vio sorprendido, más por el beso que ella le plantó de improvisto.

    —¡¿Pero… que?’

    —¿No te gusto? —Preguntó ella aún a centímetros de sus labios.

    —Si, mucho… Pero… —lo interrumpió con otro beso que él pudo contestar. Andre se quedó en el umbral de la puerta y regreso con los vasos. Le quería dar tiempo a su amiga. Más por el odio a su cuñada que por la amistad que tenía con Marcela. Aunque en su refrigerador había mucha cerveza Andrea pretexto algo para dejarlos solos.

    —¡Voy por un six a la tienda, no me tardo!

    Los dos en la sala no se separaban y las manos de Gustavo buscaban esas tetas hermosas, ella se dejaba, sábana su pecho, se sentó de frente a él para que pudiera sacar sus tetas, chupo sus pezones rositas. Con el ritmo cardiaco a todo lo que daba.

    —¡Que rico!

    —Déjame ver tu culo, Marcela se levantó y de espaldas a él se bajó el pantalón ajustado, sus mangas salieron como si fuera un premio, el reclamo con ambas manos. Andrea que solo hizo sonar la puerta, no perdía detalles de cómo su amiga se estaba revolcando con su hermano.

    —¡Nos va a ver Andrea!

    —¡No me importa! —Dijo ella levantándole la camiseta y besar sus pectorales duros.

    —Ven, vamos a mi cuarto.

    —¡Vamos!

    Se perdieron en el pasillo, pero ante tanto deseo, olvidaron cerrar la puerta. Andrea se acercó sigilosamente y a un costado de la puerta miró como Marcela le sean el pantalón a su hermano. Dejando al aire una verga de buen tamaño y totalmente dura.

    —¡La voy a meter en mi boquita!

    —¡¿en serio me la vas a…?!

    La respuesta fue instantánea, Marcela separó sus labios para que la verga de Gustavo entrará. Mientras en la puerta, Andrea comenzaba a mojarse mirando como su amiga le comía la verga a su hermano. Busco con su mano debajo de su ropa, sintiendo su humedad comenzó a complacerse.

    —¡siempre quise mamar esta verga!

    —¡Eres muy buena!

    —Me encanta mamar verga… —cada que lo miraba, se excitaba más, el estaba muy caliente con aquella boquita succionándole la verga. Igual que su hermana que no paraba de frotar su panochita.

    —Me voy a venir… aaaah!

    —¿Me los trago? —El no respondió nada, solo cerró los ojos mientras el semen surgía y encontraba refugio en aquella boca.

    —¡aaaah aaaaah aaaah!

    —¡mmm! ¡Mmmmg!

    Cada gota pasó por la garganta de Marcela que seguí chupando como si nada hubiera pasado ahí. Mientras Andrea estaba por venirse. Así que se alejó, yendo al baño para sentir como su orgasmo mojaba su ropa interior. Se puso unos shorts sucios y salió como si nada. Marcela y Gustavo salían tomados de la mano.

    —Voy a dejarla y regreso —Dijo el sonriendo, mientras su amiga solo sonrió de manera pícara.

    —¡Ok!

    Al día siguiente en el transporte, su hermano no se despegó de Marcela, era notorio el bulto en su pantalón. Que de manera descarada el restregaba sobre las hermosas nalgas de ella. Cuando bajaron, Andrea hizo lo que mejor sabía. Avergonzar a su hermano.

    —¿Que traes ahí? —Dijo señalando su pantalón.

    —¡Nada! —De inmediato se tapó, se sonrojó y se alejó de ellas.

    —Te vemos al rato travieso

    —Sale, chilindrina —dijo el, mofándose de sus trenzas.

    —¡te vi!

    —¡te vi!

    Dijeron las dos al mismo tiempo y se detuvieron en seco.

    —¡Se la mamaste!

    —¡Tú te estabas masturbando!

    —¡Estás loca!

    —Hice que los dos hermanos se vinieran ayer

    —¡Pendeja!

    —¡Grábanos! —dijo Marcela emocionada.

    —¡¿No cómo crees?!

    —Ándale, capaz que luego se arrepiente porque estoy bien niña.

    —¡Ya tienes dieciocho mijita!

    —¿si?

    —¡NO!

    Ambas se separaron en la puerta. Por la tarde fue el mismo ritual, la nalgas de Marcela recibían el roce de aquella verga, Andrea se mojaba de verlos, no sacan de su cabeza la imagen de su amiga con toda la verga de su hermano en la boca. Y lo bien que la pasó dándose auto placer en el pasillo.

    Entraron a su casa y Andrea fingió ir a la tienda mientras Marcela llevaba a Gustavo hasta su habitación.

    —¡Hoy si vamos con calma mi amor!

    —¿Pero… Andrea?

    —No te preocupes, nos deja solos un rato.

    —¡Perfecto!

    De camino a la habitación, se fueron desnudando. El cuerpo joven, hermoso de Marcela estaba frente a él en vivo y a todo color. Y sabor, ya que comenzó a chupar sus tetas mientras ella le estimulaba la verga. Ambos callaron sobre la cama, Marcela se subió sobre él y de nuevo beso su pecho, su abdomen hasta llegar a su verga. Con su teléfono, Andrea activaba el zoom para no perder detalle, luego lo sujeto con una sola mano y con la otra busco su vulva. Después de mojarse los dedos en la boca, el leve roce en su vagina surtía el placer esperado.

    —Ah! Aaaa! —Gustavo se tapó la cara con una almohada, no podía con tanto placer. Marcela con la mano le indicó a su amiga que se acercará.

    —¡No! —decía sin hablar y moviendo la cabeza. Pero Marcela insistió hasta que Andrea entró sigilosamente. Con la cámara de teléfono a unos centímetros de la verga de su hermano. Marcela le hacía señas, invitándole a mamar aquella verga.

    —¡No! —Solo moviendo los labios decía Andrea y con el pulso acelerado. Pero Marcela le tomó de una trenza y la jalo. Podía oler la verga de su hermano a milímetros.

    —¡que rico! —dijo ella, jalando a su amiga hasta ir sus labios rozaron la punta de aquella verga. Andrea no tuvo más remedio que abrir la boca y saborear aquel trozo de carne endurecido.

    —¡que rico lo mamas! —Dijo Octavio sin saber que era su hermana menor quien le estaba dando aquel placer.

    Gustavo estiró sus manos para aprisionar la cabeza de Marcela, pero sintió unas trenzas y de inmediato brincó.

    —¡No mames! —los ojos se le salían de la impresión, su hermana le sonrió y siguió chapando la verga.

    —Dos por uno, suertudo —Marcela se acomodó a un costado de Andrea y lamió sus bolas, el sin salir de su asombro permitía que ambas chuparan su verga.

    —¡No me hagan esto!

    —¿No te gusta? —Le preguntó Marcela lamiendo desde la base hasta l punta de su verga.

    —¡Es mi hermanita! —La verdad es que si le gustaba y mucho.

    —Vamos a ver si no te gusta —Marcela desnudó a su amiga y la colocó en cuatro sobre la cama.

    —¡No Andrea no!

    —Ven —Marcela lo acomodo detrás de su hermana y empujó si cadera hasta que la verga entro en su vagina.

    —¡Aaah! —Un gemido de placer surgió de su hermana y él la tomó de los hombros para hundir bien su verga en aquel hermoso culo de su hermana.

    —¡Si Cógeme! —Marcela seguía besándolo, daba nalgadas a ambos hermanos, surtían efecto ya que Gustavo tomó de las trenzas a su hermana y la jalo con furia.

    —¡Puta madre estas bien buena!

    —¡aaah! ¡Aaaah! Siii siiii que rico!

    Luego Marcela se acomodó junto a ella y el cambio de culo, pero no de intensidad.

    —¡Pinches nalgotas! —Ahora él era el que propinaba tremendas nalgadas a Marcela. Mientras Andrea la besaba y besaba a su hermano que cerraba los ojos para no ver lo que estaba haciendo con su pequeña hermana.

    —Ven, acuéstate —Lo acodó boca arriba y se montó sobre él, de inmediato sus nalgas comenzaron a rebotar sobre él, provocando el rechinado de la cama. Ahora el jalaba a su hermana pata buscar sus besos. Luego Marcela se quitó y Andrea tomó su lugar.

    —¡Muévete puta! ¡Que te de duro tu hermano!

    —Siii siiisiii ahhhahhh!

    Marcela vio en el rostro de Gustavo la urgencia de acabar y empujó a su amiga para recibir el semen en su boca.

    —¡Perra!

    —¡aaahaaah! —sentía el semen bombeando en su boca, luego pasando por su garganta para ir bien al fondo. Cuando levantó la vista, los hermanos seguían besándose apasionadamente. Se unió y los tres tuvieron el sabor a semen en su boca.

    —¡Niños ya llegué!

    Era su madre, apresurados se vistieron y justo cuando su madre entró a la habitación ellos abrieron un libro.

    —¿Que hacen? Abran las ventanas que huele feo aquí.

    —Repasamos historia, nos está explicando bien las fechas y así.

    —¿ya comieron? ¡Voy a prepararles unos sándwiches!

    —¡Gracias mamá! —Dijeron ambos hermanos.

    Al día siguiente, Gustavo disfrutó el viaje en el transporte. Ahora podía ir de una colita a otra embarrando su verga. Ambas reían y levantaban sus culitos para sentir aquel paquete. Por la tarde, en cuanto vieron a Gustavo le dijo eran su plan. Al principio él se negó, pero bastaron unos arrimones para que cediera a la petición de esas nenas hermosas.

    Subieron al transporte que como siempre iba lleno y se recorrieron hasta el fondo, Gustavo frotaba su verga contra ese par de culos que además, vestían unos shorts ajustados de mezclilla con camisetas ceñidas a su figura. Casi para llegar a su destino y con la destreza de un ninja, asomo si verga y se vino sobre ambos culos. Ellas fingían no darse cuenta. En cuanto bajaron, el saco su teléfono y tras ellas la grabó. Ambas manchadas del culo caminaban a casas felices de que la leche de él fuera la que trajeran embarrada.

    —¡Oye, tráetelo el viernes! Mis papas se van al teatro.

    —¿Ya te gusto cogerte a mi hermano no?

    —¿A ti no?

    —Obvio no, solo fueron las circunstancias

    —¡Bien que pujabas cuanto te jalaba tu trenzas!

    —¿Entonces me lo llevo sola?

    —¡mira tú! ¿No le pierdes?

    El viernes, después de restregar su verga todo el camino de ida y vuelta sobre esos hermosos culos. Gustavo salió con sus amigos. Su novia estaba enojada con él, no le gustaba que fuera chaperón de esos chamacos que tan mal le caían. Así que fue solo con sus amigos a tomar un par de cervezas. Al regresar a casa, se dispuso a jalársela pensando un poco en su novia, pero más en Marcela, en esas nalgotas que crecieron a través de los años y en su pequeña hermana que ahora usaba trenzas. Sus nalgas perfectas recibiendo su verga le llenaban la mente. Antes de meterse en su cuarto ya estaba bien duro. No sabía que esa noche le esperaba un par de sorpresas.

    —Hola…

    —¡LA PUTA MADRE! —Brincó por el susto y casi sale corriendo. En su cama, Marcela y Andrea en ropa interior se tocaban los pechos.

    —Pásale y cierra la puerta —Le explicaron que los papas de Marcela invitaron a los suyos al teatro, ambas madres platicaron del incidente del transporte y de lo tranquilas que se sentían de que Gustavo las acompañara en el trayecto.

    —¿Entonces no están? —Preguntó para asegurarse.

    —No, ¿no escuchas o qué? —Le dijo Andrea ya impaciente.

    —Pero no sé dónde andabas y apenas tenemos un par de horas así que deja de hablar.

    —¿Y qué hago? —Preguntó Gustavo, ambas miraron el bulto en su pantalón y el zafaron su cinturón para dejar salir su miembro duro como piedra.

    —¡Ven acá! —Le dijo Marcela tomándolo de la verga hasta acercarlo y poder meterse el trozo de carne en su boca. Acostada boca abajo, con la verga entrando y saliendo de sus labios Marcela.

    Andrea a gatas sobre la cama se acercó para besar el pubis de su hermano, el sonido de su amiga salivando mientras chupaba la ponía cachonda, su vagina ya estaba húmeda, cuando la mano de su hermano recorrió su espalda hasta sus nalgas, movió su calzón y sintió esa tibieza. Con sus mismos fluidos, embarró su colita, su dedo índice entraba con mucha dificultad mientras ella apretaba los puños con la cabeza pegada a las sábanas. Dolía delicioso y ella lo soportaba.

    —¡Perra! —Le dijo Marcela al oído, luego frotó su panochita, entre su amiga y su hermana le estaban proporcionando un gran placer. Marcela metió tres dedos de golpe, Andrea brincó. Al levantar la cara descubrió frente a ella la verga de su hermano y sin dudar separó sus labios para que entrara. Su saliva se llenó de aquel sabor, poco a poco entendía el porqué a Marcela le encantaba mamar cuanta verga se le pusiera enfrente.

    —¡AAAAH! —Para Gustavo era solo disfrutar, aunque cerraba los ojos por el placer que su hermana le proporcionaba, cuando los abría se aceleraba su corazón de mirar esas dos caritas de niñas frente a él dispuestas a todo.

    —¡Mmm! ¡Mmmm! —Andrea se vino y aun así no dejó de chupar aquella verga.

    —¡Me toca! —Dijo Marcela para que su boca se ocupara de Gustavo. Levantó su culito que lucía una tanga que separaba y se perdía entre sus nalgas, como señal de que podían hacerle cualquier cosa. Andrea se colocó detrás de ella y hundió tres dedos de tajo.

    —¡Haaaay! —Se tomó el tiempo para verla girando su cabeza, luego siguió chupando, Andrea con risa picara metía bruscamente sus dedos. Aún más rápido y bruscamente cuando escucho a Marcela pujar como poseída por demonios. Era raro el sonido que salía de su boca pues no dejaba de mamarle la verga a Gustavo que con esfuerzos sobrehumanos resistía para no venirse sin probar un poco de esos culos hermosos.

    —¡Mueve ese culote perra! —le dijo Andrea a lo que su amiga respondió con movimientos circulares como si perreara, disfrutando de los dedos de su mejor amiga nalgueando su culo. Cuando sintió que se venía dejó de mamar verga y busco los labios de Andrea.

    —¡Me vengo me vengo! —Ambas se besaban, Andrea seguía estimulando el clítoris de Marcela, sintió en sus manos como los fluidos escurrían mientras ella temblaba buscando sus labios.

    —¡Que rico!

    —Sí, que rico te corriste perra.

    Ambas miraron a Gustavo y adoptaron la posición de 69. Gustavo metió su verga en Marcela, mientras unos centímetros abajo, Andrea se turnaba para lamer sus bolas y el sexo de su amiga.

    —¡Haaaa! Siii que rico! Siiii! —Marcela era realmente escandalosa, ambos hermanos ponían su máximo esfuerzo en hacer que gritara de excitación. Hasta ahora lo estaban logrando. Andrea sacaba la verga de su hermano cada tanto para saborear el sabor de él, mezclado con el sexo de Marcela. Luego Gustavo le dio la vuelta a la cama para poder sentir la panochita de Andrea.

    —¡Haaa! Me gusta haaa! —Al tener tan cerca la panochita de Marcela solo sacó su lengua y comenzó a lamer. Solo se guiaba por lo que veía en el porno, pero por ahora iba bastante bien.

    —¡Chupa! —Gustavo le tomó las trenzas y jalo, ahora su cara estaba hundida entre las nalgas de su amiga. Andrea encontraba dolorosamente delicioso el que le jalaran sus trenzas. Así que chupaba con más gustos sintiendo los tirones de su hermano.

    —Vengan acá… —Gustavo las acomodó, primero a Marcela y sobre ella a su hermana. Montada sobre su amiga él podía con un movimiento ir de un culo a otro.

    —Aaah!

    —¡mmm!

    —¡Siii!

    Los tres pujaban al unísono, disfrutando de su sudor, de su olor y sabor compartido. Entonces Gustavo hizo lo mismo que días atrás. Sacó su verga, sus chorros de semen no mojaron sus shorts o jeans, esta vez vacío su semen sobre sus nalgas. Batidas y agotadas, ambas se besaban. Hasta que escucharon llegar a sus padres, apagaron la luz y en silencio escucharon como sus padres tenían sexo. Luego los tres durmieron con la certeza de que esto que tenían era algo irreemplazable.

    @MmamaceandoO

  • De copas con mi hermana

    De copas con mi hermana

    Yo soy Eduardo, tengo 19 años (soy un chico alto delgado) y tengo una hermana de 24 años (chaparra, rubia de buenas tetas con poco trasero), yo nunca había visto a mi hermana con un estilo morboso ni nada por el estilo, pero esa vez fue algo diferente.

    Esto pasó unos meses antes de la cuarentena, yo no tenía muchos días de cumplir 18, así que mi hermana decidió llevarme al centro de la ciudad, una vez ahí pasamos por unos bares (lugar para beber cervezas o bebidas alcohólicas) entonces ella me invitó a uno donde también se puede bailar.

    Una vez adentro era un lugar con muchas luces de colores y personas yo creo que era un antro, no distinguí muy bien ya que solo miraba a unas muchachas que iban entrando súper buenas.

    Una vez adentro llegamos, pedimos una mesa y unas cervezas con unas botanas para pasar el rato. Al principio tuvimos una plática normal, cosas como cosas de la universidad, del trabajo y cosas así, pero una vez que empezamos a consumir más cerveza la plática se empezaba a tornar más morbosa. Recuerdo que me dijo que era un muchacho guapo que podía conseguir novia fácil, también le pregunté que si ya había tenido relaciones y ella me dijo que eso no se preguntaba, pero por su risa picarona era obvio que si, también comenzamos con cosas de que si ella ya tenía novio y ella me preguntaba lo mismo, hasta que ella me dijo algo de que su novio la había dejado y andaba triste así que aprovechó a bailar a ver si conocía a alguien, pero yo le dije que si estaba yo no iba a conocer a nadie, entonces me dijo “anda vamos a bailar”.

    Yo le dije que pues ya que, ya que casi no me gusta bailar, al principio era bailar alocadamente en una cierta distancia, pero poco a poco nos íbamos acercándonos mas al ritmo del reggaetón, hasta que pasaron una canción que le encanta a ella, mientras bailábamos se acercó y me dijo al oído “esa canción me encanta” ufff eso me excitó tanto (el que me hablara al oído) que por instinto me acerqué más a ella. Mirar como meneaba las caderas con las manos hacia arriba, la cara volteada hacia un lado con los ojos cerrados y su cabello ya alborotado cubriéndole la mitad de la cara eso me prendió mas poco a poco me iba acercándome mas (mientras disfrutaba del baile también). Hasta que topé con ella (a sus muslos para ser más específicos).

    Entonces ella se dio cuenta de esto y siguió bailando hasta un punto donde ella poco a poco se iba dando la media vuelta, cuando me percaté me separé un poco de ella ya que mi pene frotaría con su trasero, pero después me pondría caliente y poco a poco ella y yo también nos acercábamos mas hasta que mi pene empezó a frotar su trasero. Al principio tenía muchos nervios no sé, sentía una sensación extraña de que estaba haciendo algo que moralmente estaba mal, pero quería más y más.

    El baile me excitó tanto que tuve una erección como nunca, no sé si ella se dio cuenta de eso, pero ella subía y bajaba (prácticamente me estaba perreando).

    Después ella se dio la media vuelta y empezamos a bailar de frente súper pegados, sentía como bajaba y subía como su pierna rozaba mi pene y como sus tetas rozaban mi pecho. Una vez al rato de bailar ya súper calientes y cansados fuimos a sentarnos. Ya ella súper tomada y yo también, seguimos hablando, pero esta vez nos sentamos juntos (ya que hacía rato era también juntos, pero ella en frente de mí y esta vez los dos pegados).

    Ella me preguntó que como la estaba pasando y yo le dije que genial, entonces ella se inclinó un poco a mí y yo pasé mi mano sobre su cuello y por inercia mi mano bajó y golpeó un poco su teta, y yo rápidamente le dije “oh disculpa” y ella me contestó “no hay problema” mientras decía eso puso su mano en mi pierna y eso me puso nervioso, pero excitado.

    Entonces ella rio y le pregunté “que pasa de que te ríes’ y mi sorpresa fue lo que me contestó “jaja creo que tienes una erección”. Yo le dije “lo siento, tal vez son las copas de más a veces te ponen más caliente además ¿has visto a las muchachas de aquí uuff?”. Esto normalmente no se lo hubiera dicho a mi hermana, pero ya con las copas de más no tenía ni vergüenza. Mi hermana me dice “jaja es verdad yo estoy un poco igual, vente a que seguir bailando a ver si así se te quita”.

    Yo sabía que no sería así ya que sus bailes me tenían súper calientes y así fue, bailamos y perreamos algo bien, no sabía que mi hermana bailaba así, hubo un momento donde ella bajó su brazo y por accidente golpeó mi pene y dijo que lo sentía y yo le dije “no se vale ” y levanto mi brazo y le pego suavemente una teta. Un rato después nos dimos cuenta que ya era tarde así que le hablo a un amigo suyo que si podía recogernos y él amablemente se ofreció, así que salimos del antro y afuera había unas bancas y nos sentamos a esperar.

    Ella se inclinó un poco más a mí y yo la abracé con mi brazo por su cuello como hace rato, entonces mi mano estaba a centímetros de una de sus tetas y me dije ahora o nunca y primero levemente con mis dedos froté una de ellas por fuera obviamente y después la aplasté con mi brazo fue algo tan genial hacer eso que quería hacerlo otra vez, pero sentí un ligero movimiento de mi hermana así que ya no lo hice, pero ese movimiento le destapó un poco más la blusa por arriba y metí mi mano con cuidado y lentamente hasta sentir la mitad de su teta y quería bajar hasta su pezón, pero justo llegó su amigo y yo saqué rápidamente mi brazo de ahí e hice como si nada.

    No olvidaré esa experiencia ya que eso solo es el comienzo de una ola de sucesos más calientes y donde cada vez llego más lejos.

    Si miro que esto tiene bien apoyo o buenas visitas escribiré las demás anécdotas que han ido surgiendo.

  • Atendiendo al huésped

    Atendiendo al huésped

    Me llamo Laura, tengo 18 y la verdad tengo un bonito cuerpo muy bien formado pues hago ejercicio, unos senos redondos y lo mejor son mis nalgas grandes y redondas pues llaman mucho la atención de los hombres y noto como me miran el trasero cuando voy por la calle, además porque me gusta vestir muy sexy.

    Hace un tiempo me pasó una situación que disfruté mucho. Mis papás se divorciaron y mi mamá después de salir con varios hombres al fin se juntó con otro señor, él tiene un hermano que vive en otro estado y tenían años que no se veían, el novio de mi mamá nos dijo que su hermano lo visitaría y nos preguntó si podía quedarse en la casa unos días en lo que conseguía un lugar. Estuvimos de acuerdo y total días después llegó un sábado por la mañana.

    Apenas me había desnudado pues me iba a meter a bañar cuando escuché que llamaban a la puerta, como no había nadie más me tocaba abrir y rápidamente alcancé una toalla para cubrirme el cuerpo, solo pensaba asomar la cabeza pues pensaba que era un vendedor. Al abrir estaba un hombre como de unos 30 años, me preguntó por su hermano y me contó que había llegado antes de lo previsto, yo solo asomaba la cabeza y estaba casi desnuda solo con unas sandalias y la toalla que apenas me tapaba lo necesario.

    Después de saber quién era y todo, le dije que su hermano no se encontraba y yo dudaba en hacerlo pasar en ese momento pues me daba pena que me viera así, pero también me daba pena cerrarle la puerta y dejarlo afuera mientras me vestía, así que decidí hacerlo pasar mientras me cubría con la toalla y trataba de no darle la espalda pues la toalla no alcanzaba a cubrirme toda y se me veían las nalgas. Al entrar inevitablemente el recorrió mi cuerpo con su mirada de arriba abajo, pues también parte de mis senos redondos se asomaban.

    Le pedí disculpas por estar así y le dije que estaba por bañarme cuando llego. Tengo que decir que el hombre estaba de buen ver, atractivo y con un cuerpo musculoso además que olía muy rico. Lo invité a sentarse en la sala y le dije que tomara alguna bebida de la cocina si quería. Me fui caminando de prisa hacia el baño tratando de cubrirme, pero seguramente disfrutó mirarme las nalgas descubiertas.

    Como dije me gusta vestirme sexy sobre todo cuando estoy en casa y esos días que el hombre estuvo viviendo con nosotros no fueron la excepción. Y pues yo notaba que él no perdía la oportunidad de lanzarme miradas muy cachondas cuando andaba yo por la casa vestida con cacheteros, leggins, minifaldas o mini vestidos ajustados. Un día que iba yo a entrar al baño, abrí la puerta pues no tenía seguro y lo encontré masturbándose con una de mis tangas que había dejado ahí después de bañarme.

    Los dos al vernos pusimos cara de sorpresa y rápidamente cerré la puerta apenada, pero más tarde en mi habitación pensaba en lo rico que se le veía la verga bien parada, grande y gruesa y comencé a masturbarme. Después de eso ya no nos vimos igual cuando nos encontrábamos por la casa.

    Un domingo días después, mi mamá y su novio habían salido y no volverían temprano. Yo estaba en la cocina mirando mi celular después de desayunar y él apareció minutos después, estábamos solos en la casa y no perdí la oportunidad de tener una plática más larga con él, ya que tenía mucha curiosidad porque en realidad no lo conocía. Me contó que no tenía mujer y que quería establecerse en nuestra ciudad.

    Luego de estar platicando me dijo que iba a bañarse y le dije que mientras podía prepararle algo para desayunar. Cuando regresó recién bañadito y con solo una toalla enredada en la cintura, no podía ocultar tremendo bulto entre las piernas. Yo toda nerviosa no podía dejar de mirarle el bulto tan antojable, cosa que él notó por mi cara de idiota, entonces traté de disimular buscando algo en los cajones de la cocina. Yo solo traía puesta una camiseta de tirantes muy cortita que apenas y me tapaba las nalgas sin nada debajo.

    Cuando estaba yo empinada fingiendo buscar algo, lo sentí detrás de mí y me dijo: “Que rica estás muchacha”, para después arrimarme todo su paquete sujetando mis nalgas. Yo me quedé pasmada pues, aunque soy muy despierta y ya he tenido sexo con mis novios, no lo había hecho con alguien 12 años mayor que yo. Pero también pensé que él andaba ganoso con mucho tiempo sin coger y solo podía saciar sus ganas conmigo lo que me haría gozar.

    Así que me dejé llevar, me volteé y comenzamos a besarnos, se comenzó a poner más cachondo y la toalla que lo cubría cayó al suelo y me dijo: “mira cómo me pones preciosa”, su miembro ya estaba poniéndosele duro quedando al descubierto y yo no dejaba de mirárselo asombrada de tenerlo tan cerca.

    Luego él me cargó y me llevó al cuarto donde se estaba quedando, me dejó sobre la cama y me levantó el camisón para quitármelo, quedando yo completamente desnuda a merced de aquel hombre. Me acostó y me abrió las piernas para comenzar a lamer mi cosita deliciosamente, luego se puso de pie con su verga bien parada y me dijo que tenía mucho tiempo sin coger y que traía mucha leche para que yo sé la sacara bien rico. A mí se me hacía agua la boca nomas de ver el tremendo pedazo de carne bien grueso y venoso, y la verdad yo también traía muchas ganas de que me hiciera suya.

    Me bajé de rodillas al piso para mamarle la verga, la empecé a humedecer toda con mi lengua y luego la chupaba metiéndola toda en mi boca mientras él lo disfrutaba y terminé chupándole los huevos. Estaba yo tan caliente que en ese momento no me importaba nada, solo que me hiciera suya y me diera verga. Después de un rato de comerme su tranca me dijo que me sentara sobre él y me acomodé su miembro en mi cosita hasta que me penetró para después comenzar a darme yo de sentones subiendo y bajando disfrutando como loca.

    Luego él se acostó y yo me subí sobre él para cabalgarlo clavándome toda, yo subía y bajaba jadeando y gritando aprovechando que no había nadie más en la casa. Duramos un buen rato así hasta que me puso en cuatro para después penetrarme con su grueso miembro por detrás. Metía y sacaba su verga sin piedad durante mucho rato haciéndome gritar.

    Hacía pausas para darme de nalgadas y decirme: “te gusta la verga verdad zorrita”, “quieres ser mi puta?”, “si, si me encanta la verga, quiero ser tu puta”, grité super excitada llena de placer mientras él aceleró las arremetidas y de repente sujetó mis caderas aventando toda su leche dentro de mí, sentía como una gran cantidad de semen caliente me llenaba por dentro.

    Quedamos exhaustos en la cama abrazados, ya más tarde mi mama me llamo y dijo que habían tenido un contratiempo. Estábamos viendo una película y de pronto me dijo que quería coger de nuevo, me empezó a cachondear manoseándome toda y me dijo “ahora si te vas a tomar mi lechita”, ahí mismo en la sala nos desnudamos y me la metió en varias posiciones hasta que se vino en mi boca y me comí todo su riquísimo semen. Los días siguientes aprovechábamos cada momento que llegábamos a estar solos para tener sexo.

    De milagro no salí embarazada, pues el tipo era muy cogelón y a mí me encantaba ser su puta y complacerlo. Incluso dijo que me llevaría a vivir con él cuándo ya tuviera donde quedarse, pero pues cuando se fue ya no supe más de él. Espero les guste esto que me pasó. ¡Besitos!

  • Con la profesora (parte 4)

    Con la profesora (parte 4)

    Con Patricia estuvimos mucho tiempo así, casi toda mi estadía en la escuela. Teníamos relaciones unas 3 o 4 veces por semana, dependiendo de cómo iba el trabajo. En la escuela lo hicimos un par de veces más nada más, ya que colocaron cámaras por todo el almacén. Y la oficina al costado de la suya tenía un nuevo ocupante, así que era muy arriesgado. Así que, durante un tiempo, solo lo hacíamos en su casa.

    Un día, me dijo que se quería ir de vacaciones a un lugar fuera de la ciudad, que estaba cansada y que quería ir a conocer algún lugar bonito dentro del país. No me gustó mucho la idea, ya que serían varios días y no podría seguir cogiendo con ella. Pero al no tener una relación formal, no tenía más opción que aceptar su decisión.

    Pasaron los días y el día de su viaje se acercaba. No me gustaba la idea y todos los días pensaba en la forma de hacer que desistiera de su viaje, pero no se me ocurría nada. Hasta que, faltando un par de días para su viaje, después de que me pida que me quede con ella a terminar de arreglar algunas cosas en el almacén.

    -¿ya tienes todo listo para el viaje? –me dijo, sorprendiéndome.

    -¿Qué viaje? –respondí distraído.

    -A “…” pues –me dijo sorprendida.

    -¿en serio? –respondí tontamente– no sabía que me estabas diciendo para ir contigo.

    -¿Cómo crees que voy a ir sin ti? –respondió riendo– ¿Quién me va a calentar en las noches? ¿Quién me pondrá bronceador en la playa?

    -Bueno, si es así, alisto mis cosas desde ahorita –respondí riendo.

    Por el tema de las cámaras, tuve que contenerme a ir corriendo a darle un beso en la boca. Así que me tuve que aguantar. Salí rápido rumbo a mi casa para buscar ropa y armé un maletín rápido. Lo tenía listo, aunque sabía que aún faltaba un día para el viaje. Ya quería que se pase rápido el tiempo para que llegue el día del viaje.

    En mi casa dije que unos compañeros habían organizado un pequeño viaje a un pueblito cerca da la ciudad. Que no era muy caro el bus y nos quedaríamos en la casa de los papas de uno de ellos. No tuve que dar muchos detalles, ya que mi hermano no preguntó mucho, y como mis papas viven fuera del país, no se tenían que enterar.

    Llego el día, fuimos a tomar el bus que nos llevaría a “…”. Nos encontramos en la estación de buses. Abordamos el bus, nuestros asientos eran juntos, amplios, en la última fila. Cuando el bus partió, no iba lleno, en cada fila hay tres asientos, dos asientos juntos y uno separado de estos por el pasillo. Para nuestra suerte, el bus no iba tan lleno, solo íbamos nosotros en la última fila, una pareja más en la primera, otra en la segunda y un señor solo en el asiento solitario de la primera fila.

    El bus partió más o menos a las 9 pm, viajaría toda la noche, para llegar a “…” a las 8 am del día siguiente. Sentados, tapados con las mantas, nos dispusimos a ver la película. A mitad de película, todo estaba oscuro, notamos que los demás pasajeros dormían, o al menos parecían dormidos. Patricia metió su mano dentro de mi pantalón y comenzó a masturbarme. Rápidamente devolví el favor. Nos estábamos masturbando en un lugar público, nos besábamos. Luego ella se agachó, tomó mi pene y se lo metió a la boca, me regaló una mamada increíble, hasta que unos minutos después, me vine tirándole gran cantidad de leche en la boca y se lo tragó todo.

    Se levantó, la besé en la boca y volví a meter mi mano dentro de su buzo, la masturbé fuertemente por unos minutos, mientras le comía la boca. De repente sentí como comenzaba a temblar y me inundó la mano con su corrida. Su gemido fue contenido gracias al beso que nos estábamos dando. Me llevé la mano a la boca y lamí toda su corrida, hasta dejar mi mano limpia.

    Después de eso nos acomodamos la ropa, nos recostamos y nos dormimos abrazados. Nuestro sueño duró todo el viaje, solamente interrumpido por algún movimiento brusco del bus. Llegamos poco antes de las 8 am. Fuimos directo al hotel, era un pequeño hotel rustico, con cabañas a lo largo de una hermosa playa. Nos llevaron a nuestra habitación. La habitación era mediana, con una cama grande y un balo amplio y con jacuzzi. También tenía un pequeño balcón con dos tumbonas y con vista al mar. Todo era rustico, pero la habitación era increíble.

    Una vez ya acomodados en la habitación, decidimos ponernos nuestros trajes de baño e ir a la playa. Yo me puse un short de baño y un polo manga cero. Si bien mi cuerpo no era muy musculoso, me veía bien con esa vestimenta, ya que el deporte hacía que se me marque un poco la musculatura. Pero al lado de Patricia me vería como uno más del montón. Llevaba un bikini pequeño, color negro.

    La parte de arriba dejaba ver los bordes de sus hermosas tetas y la de abajo, tapaba ligeramente su vagina deliciosamente depilada y la delgada parte de atrás, se le metía entre las nalgas, dejando al aire libre esas deliciosas nalgas que me tenían loco. Encima de eso tenía un vestido corto de color blanco. Su vestido era de tiras delgadas que se unían entre sí, dejando descubiertos pequeños rombos entre ellas. Se veía divina.

    Fuimos a la playa, tendimos dos toallas bajo una gran sombrilla de paja y nos recostamos. En la playa no había mucha gente, todos huéspedes del hotel. Me pidió que le ponga bronceador. Se puso boca abajo y desabrochó la parte alta de su bikini. Froté toda su espalda con el bloqueador, al pasar por los lados de su cuerpo aprovechaba para rozar sus senos apretados contra la arena. Froté sus brazos, me dediqué buen rato en frotar sus nalgas y sus piernas. Mi pene ya estaba medio erecto.

    Se dio la vuelta sosteniendo la parte alta de su bikini para no dejar al descubierto sus tetas. Al frotarle el bronceador, metí mis manos debajo de su bikini y sobé suavemente sus tetas. Luego pasé por su bien formado abdomen. Seguí con sus piernas, para terminar mi trabajo, metiendo mis manos debajo de su bikini y frotar suavemente su vagina y el pequeño triangulo, finamente recortado, de vellos púbicos.

    Ella hizo lo mismo conmigo, me frotó la espalda y las piernas. También metió sus manos dentro de mi short, para sobar suavemente mis nalgas. Me di la vuelta, me frotó el pecho, mientras bromeaba mordiendo y lamiéndose los labios. Pasó por mis piernas, para terminar, al igual que yo, metiendo sus manos debajo de mi short, aprovechando para masturbarme suavemente, sin importarle mucho si nos veían o no.

    La mañana transcurrió sin problemas, nos bañamos en el mar, descansamos en las toallas y caminamos por la orilla, siempre conversando muy amenamente. Luego fuimos a almorzar al restaurante del hotel y volvimos a la playa. La tarde pasó prácticamente igual que la mañana. Salvo un ligero manoseo en el mar. Luego fuimos a la habitación, nos dimos un baño rápido, ya que iríamos a pasear un poco por el pueblito que había cerca al hotel.

    Paseamos tranquilamente por el pueblito, viendo lo pintoresco del lugar, cenamos en un pequeño restaurante, luego pasamos por una tienda y decidimos comprar bocaditos y bebidas. Yo elegí unas cervezas y ella un vino blanco. Regresamos al hotel, fuimos a nuestra habitación y pusimos las bebidas en el friobar que teníamos a nuestra disposición. Pusimos música y nos fuimos al balcón a recostarnos en las tumbonas. Una vez las bebidas enfriaron nos pusimos a tomar en el balcón, conversando de todo tipo de cosas.

    Estuvimos un buen rato ahí, tomando y por ratos bailando. Ya cuando el alcohol empezaba a hacer efecto, el baile se volvía más caliente. Ella estaba con un vestido corto bien pegado, no llevaba ropa interior, sus pezones se notaban marcados en el vestido.

    Un poco cansado, decidí sentarme en la tumbona, ella que quería seguir bailando, comenzó a hacerme un baile sensual, poniendo su culo en mi entrepierna. Mientras se movía, el vestido iba subiendo, hasta llegar a su cintura. Sus nalgas quedaron pegadas a mi pecho. Luego retrocedió hacia mi cara, con lo que su vagina quedo a escasos centímetros de mi cara. Sin pensar en que estábamos al aire libre, la tomé de la cintura y la jalé hacia mí. Me clavé de boca en su vagina y comencé a lamerla. Estaba húmeda.

    Comenzó a gemir, sobándose las tetas por encima del vestido. Luego sacó mi pene, completamente erecto, de mi pantalón y se lo metió de golpe en la boca. Estábamos haciendo un 69 espectacular al aire libre. Sabíamos que las cabañas de los costados estaban ocupadas, pero ninguno de ellos estaba en el balcón, así que, por el momento, no había riesgo a que nos vean. Se separó de mi pene y se sentó rápidamente encima de él. Comenzó a moverse de esa forma tan deliciosa que solo ella sabía hacer.

    Después de unos minutos sintiendo como cabalgaba rápidamente y con fuerza, le baje la parte alta de su vestido para apretar fuertemente sus tetas. De repente, sentimos un ruido en la cabaña del costado, Patricia, asustada se movió rápidamente hacia la otra tumbona, se acomodó la parte alta del vestido cubriendo sus tetas y se sentó, aun con el vestido a la altura de la cintura. Yo no tuve tiempo de abrocharme el short, pero si pude taparme el pene. En la terraza del costado apareció una pareja, bastante ebria. Al vernos se notó su molestia, seguro salieron para hacer lo que segundos antes nos habían interrumpido haciendo.

    -Bueno, ahora les toca a ellos –dijo Patricia suavemente, riendo– vamos adentro que no he terminado contigo.

    -Ahora me toca a mí, será mejor que escapes, porque te voy partir en dos –le dije levantándome. Ella riendo, se levantó y entró corriendo.

    Una vez dentro, yo ya me había quitado el polo en el camino y había dejado caer mi short y bóxer. Ya desnudo, la alcancé, tiré de su vestido hacia arriba y se lo saqué fuertemente, haciéndole un poco de daño. Ella rio, pero no se quejó. Una vez desnuda, la lancé a la cama, abrí sus piernas y la penetré. Me comencé a mover tan fuerte que ella comenzó a gritar. Sus gritos me estaban excitando más aún. Besaba sus tetas desesperadamente. Ella me tomaba del cabello y lo jalaba fuertemente. Sentí como tenía un largo orgasmo y no pude más. Me dejé llevar y lancé un fuerte suspiro, llenando su vagina de leche.

    Quedamos exhaustos. Nos acostamos y nos quedamos en silencio. Abrazados. Escuchamos unos suaves gemidos que venían de la terraza del lado. Lo que confirmó nuestras sospechas del motivo por el cual los vecinos habían salido a la terraza. Con el arrullo del sonido del mar, nos quedamos profundamente dormidos.

    Al despertar, me encontré con una visión increíble. Estaba Patricia, desnuda, acostada boca abajo, se podía ver una parte de una de sus tetas. Una sábana blanca cubría ligeramente su trasero, pero sus hermosas piernas estaban al descubierto. Desde que vi una escena similar en una película, me pareció que era la mejor forma de ver a una mujer durmiendo. Me parecía muy sensual esa posición.

    Decidí dejarla dormir, me levanté, me coloqué un short corto y salí a la terraza. La escena que encontré fue increíble. En la terraza del costado, se encontraba la pareja que nos interrumpió la noche anterior, completamente desnudos. Él estaba con el pene al aire, completamente flácido. Ella, estaba recostada boca arriba, con las piernas completamente abiertas, mostrando una vagina muy peluda.

    Se podía ver entre sus piernas y la tumbona una gran mancha seca de la mezcla de sus corridas, que había chorreado de su vagina. Las tetas al aire, unas tetas muy grandes, que caían hacia los lados de su cuerpo. Se notaban bastante ebrios y profundamente dormidos. Les tomé una foto con mi celular y volví a entrar a la habitación.

    Al entrar, Patricia seguía durmiendo en la misma deliciosa posición en la que la había dejado. Moría de ganas de levantarla para hacerle el amor, pero sabía que estaba cansada, así que la dejé dormir y me fui a dar un baño. Mientras me bañaba, sentí que entraba al baño. Hice como que no me di cuenta de su presencia. Hasta que se metió a la ducha y me abrazó por detrás, pegando sus tetas a mi espalda.

    -Me hubieses avisado para bañarnos juntos –dijo tiernamente.

    -Te veías tan hermosa durmiendo que no te quise levantar, mi amor –respondí, dándome la vuelta– pero ganas no me faltaban.

    Me besé en la boca y comenzamos a sobarnos para enjabonarnos mutuamente. Mi pene se volvió a endurecer. Ella comenzó a masturbarme y yo hice lo mismo. Nuestro apasionado beso solo era interrumpido por nuestros gemidos. Levantó una pierna y dirigió mi pene hacia su vagina. Empujé fuertemente, entró de un solo golpe. Patricia comenzó un movimiento de caderas que hacía que mi pene entre y salgad deliciosamente de su vagina.

    Se sentía delicioso. Cada vez lo hacía más rápido, hasta que, en uno de sus movimientos, resbalamos un poco y casi caemos al suelo de la ducha. Aun no sé cómo hice para poder mantener el equilibrio. Pero fue suficiente para no seguir intentando. Salimos de la ducha y fuimos hacia la cama.

    Una vez en la cama, ella se arrodilló, me puse detrás de ella y se la metí de golpe. Comencé a moverme fuertemente. Ella gemía cada vez más agitadamente. Después de unos minutos sentí como se corría, gritando fuertemente. Se dejó caer en la cama, haciendo que mi pene salga de su vagina. Así echada, boca abajo, junté sus piernas y coloqué mi pene en la entrada de su vagina. Empujé una vez más. Debido a su intensa corrida, entró fácilmente. Con las piernas separadas, una a cada lado de su cuerpo, comencé a embestirla con fuerza. Que delicia por Dios. Esa vista era increíble, como se movían sus nalgas con cada embestida que daba.

    -¡por Dios! Me vas a hacer venir de nuevo. ¡sigue! ¡no pares! –gritaba.

    -Yo también me voy a venir –respondí, acelerando las embestidas.

    -Aguanta un poco, quiero que me tires la lecha en las tetas –me pidió entre gemidos.

    Aguanté lo más que pude, cuando comenzó a tensarse y temblar, supe que se había corrido, así que me salí rápidamente, ella se dio la vuelta y le tiré una gran cantidad de leche en las tetas. Caí echado a su lado. Ambos respirábamos muy agitadamente.

    -¡que rico! ¿Cómo haces para hacerme venir tanto? –dijo, dándome un golpe en el muslo.

    -¿tu? ¿has visto cuanto me vine yo? Eres excelente –dije– verdad, sal a la terraza, tienes que ver lo que hay ahí –dije recordando a nuestros vecinos.

    Se levantó rápidamente, se puso un polo muy largo que le llegaba a cubrir ligeramente las nalgas, el cual se le pego a las tetas por la leche que las embarraba, y salió. Miró la terraza, hacia los lados, pero no encontró nada. Volvió a entrar a la habitación, confundida, me hizo una seña, como preguntando qué había pasado.

    -No hay nada –me dijo.

    -Seguro ya se metieron. Ven, mira con lo que me encontré yo –dije, sacando mi celular y mostrándole la foto.

    -Jajaja. ¿se quedaron dormidos así? –dijo riendo.

    -Si –respondí, también riendo– imagínate si no nos interrumpían y nos pasaba lo mismo. Jajaja.

    -Uy, entonces les agradeceremos más tarde –dijo, mientras nos reíamos los dos.

    Nos quedamos en la cama toda la mañana. Descansando, bromeando divertidos. Vimos una película, tomamos unas cervezas hasta que llegó la hora del almuerzo. Nos levantamos, se metió rápidamente a la ducha, para limpiarse el semen que aún tenía en el pecho, mientras yo me vestía en el cuarto. Ella se vistió en el baño, y cuando salió, se veía hermosa. Definitivamente aun no podía creer que estuviera con una chica así. Perfecta. No me pude contener.

    -Te amo –dije sin pensar– lo siento, sé que tu plan no era este, para mí tampoco lo era. Pero no lo puedo evitar. Te amo. –repetí, Patricia se quedó un poco pensativa.

    -Tienes razón, el plan era solo sexo, pero yo también te amo –dijo para mi sorpresa.

    Mi corazón latía a mil. Cuando se me escaparon esas dos palabras, pensé que lo habría arruinado todo, que se molestaría, que me diría que no podíamos enamorarnos, que solo tenía que ser sexo, que por su trabajo no debería enamorarse de mí. Pero su respuesta me llenó de una alegría inmensa. Me acerqué y le di un beso suave, tierno, la tomé de la cara.

    -Pero tienes que saber, que igual nadie puede saber de lo nuestro, mi trabajo depende de ello –dijo rompiendo un poco la felicidad del momento.

    -Lo sé –dije un poco triste– me encantaría que todo el mundo lo sepa, pero sé que eso no es posible.

    -Lo siento –dijo, también triste.

    -No lo sientas. Has pronunciado las dos palabras que más ansiaba escucharte decir en un buen tiempo –dije sonriendo y volviendo a besarla.

    Salimos de la habitación rumbo al restaurante del hotel, tomados de la mano. Estábamos en “…”, acá nadie nos conocía, acá podíamos amarnos sin escondernos. Eso nos ponía muy felices, éramos libres de hacer lo que queríamos. Almorzamos y fuimos a la playa nuevamente. Nos recostamos en la arena, nos volvimos a poner el bronceador de la misma manera que el día anterior y nos recostamos, tomando unas cervezas. Al estar ahí, vimos pasar a nuestros vecinos. Tratamos de contener la risa, pero no pudimos conseguirlo del todo. Al parecer se dieron cuenta, porque la chica, puso una cara muy molesta y le dio un golpe en el brazo al chico.

    Al llegar la noche, fuimos a comer y antes de regresar al hotel, le pedí que se adelante. Que quería comprar una cosa. Ella se fue al hotel y yo me fui al pueblito a buscar todo lo que necesitaba. Felizmente, por más pequeño que era el pueblito, encontré todo lo que necesitaba. Fui al hotel y compré lo que faltaba y me fui a la habitación. Abrí la puerta y me escondí detrás de la puerta, para que no vea lo que había comprado.

    -Amor –ya no temía llamarla de esa manera– puedes salir un ratito a la terraza, quiero que sea sorpresa.

    -Ay amor, que misterioso estas –dijo riendo– está bien, solo porque te amo.

    -Y yo a ti –respondí.

    Salió a la terraza, una vez que cerró la puerta, entré, fui al baño y preparé todo. Por más que traté de hacerlo bien rápido, me tomó bastante tener todo listo. Pero una vez que terminé, salí en busca de Patricia. Al salir la encontré sentada en la tumbona, mirando su celular. Le pedí que se vende los ojos con una cinta que había conseguido. La hice entrar con cuidado a la habitación, la llevé lentamente por la habitación hasta el baño. Una vez dentro del baño, le saqué la venda y sorprendida me regaló una sonrisa hermosa.

    El piso del baño estaba lleno de pétalos de rosas. El jacuzzi prendido, lleno de agua con burbujas, al costado del jacuzzi había una hielera con un champagne y dos copas. También había un ramo de rosas en un florero y un plato lleno de fresas, las cuales sabía que eran sus preferidas. Se dio vuelta, me miro con ternura a los ojos y me dio un beso suave, hermoso, tierno. Nos desvestimos el uno al otro y nos metimos al jacuzzi.

    Continuará.

  • De día una dama, de noche una puta

    De día una dama, de noche una puta

    Siempre he sido una mujer que cubre todas sus expectativas sola; he tenido lo que quiero y sobre todo muy buenos hombres, pero ninguno como él.

    Estuvimos saliendo varios meses, y a pesar de la distancia; yo lo amaba; sin embargo, había una parte de él que no entendía; puesto que en el sexo le gustaban cosas diferentes, cosas que yo nunca había vivido y que no entendía.

    Un día salimos de antro, junto con su amigo y una chica más; antes de eso, él me escribió y me pidió que me vistiera sexy, que me viera muy puta para él y eso hice; tenía puesto un vestido muy corto y con un escote muy pronunciado, en donde mis senos quedaban al descubierto.

    Cuando llegó, vi su cara de emoción, le había encantado; y más cuando le dije que no tenía puesto nada de ropa interior; su cara de deseo no se podía ocultar y yo estaba extasiada y nerviosa solo de verlo.

    Después fuimos al antro y yo solo lo veía; no solo con ojos de amor; porque de tantos hombres él era el único que tenía mi atención; en cierto momento se aceró y me dijo que su amigo le había confesado que me veía sexy; eso me hizo sentir la más sexy; pero sobre todo ver su cara, me hizo calentarme más.

    La noche terminó, llegamos al hotel, y se había rentado una habitación para los 4; y mientras su amigo y la chica cogían en la habitación; nosotros esperábamos en la estancia; solos y hablando; cuando en ese momento ya no podía más; metió sus dedos dentro de mí; estaba demasiado mojada, quería cogerlo; le pedí que se sentara junto a mí; me besó; y ese beso era con todo el amor que sentía; pero también con todo el deseo; quería coger ahí; pero creo que él quería esperar; tenía algo nuevo para mí.

    Cuando entramos a la habitación; su amigo y la chica estaban dormidos en una de las camas; mientras nosotros entrábamos al baño intentando sacar todo ese deseo y coger; pero mi humedad vaginal era tanta que deseaba tenerlo completamente entre mis piernas y eso pasó.

    Fuimos a la cama, empezó a besarme con aquel deseo que el aire me faltaba; pero sentía como mis piernas sudaban y mi vagina estaba mojada, sentía como se me escurría por las piernas todo ese deseo que tenía porque metiera su verga dentro de mí; y así fue; mientras me cogía yo disfrutaba cada una de sus metidas; lo deseaba tanto; y de repente cambió de posición; y fue un momento en el que respiré, y mi cuerpo vibraba de tanto placer, que no quería que se detuviera; cuando de repente sentí como mojaba su verga dentro de mi vagina, y lubricarlo para entrar en mi ano.

    Al principio no creí que lo estaría intentando hacer; nunca lo había hecho con nadie; y de repente recordé que la otra pareja estaba a un lado, sabía que nos escuchaban y eso me excitó al momento; y más aún cuando él metió su verga por mi ano; escuchar como gemía de placer al meterlo; me hizo gemir fuerte; no de dolor; nunca lo sentí; fue una sensación de placer que no pude detener y mientras me cogía; me di cuenta que esa sensación de llenar ese deseo sexual; él lo estaba haciendo en ese momento con algo que pensé que jamás lo haría.

    Y me siguió cogiendo y yo disfrutando como nunca, me sentía exhibida, me sentía sexy y muy puta, era su puta; hasta que por fin terminó y se vino dentro de mí; escucharlo como se desfogaba de placer ha sido la mejor experiencia.

    Cuando terminó caímos rendidos, terminamos como siempre enjuagando nuestros cuerpos juntos; y decididos a dormir.

    Me acosté entre sus brazos, me sentía amada, mientras asimilaba que había hecho el amor con el hombre de mi vida; y me había cogido como ninguno otro, y que esto era una parte de una de tantas cosas diferentes que él quería enseñarme; que a él le excitaban y yo no entendía; y que ahora se habían vuelto parte de mí; haciendo mis gustos sexuales diferentes.

  • Las apariencias engañan (1)

    Las apariencias engañan (1)

    Bajita. Pelo lacio, castaño oscuro. Largo hasta los hombros. Nariz y boca pequeñas. Sonrisa tímida. Cara de no haber roto nunca un plato. Esa es la apariencia que muestra a los demás Analía. A mí me mira distinto. Sus ojos negros, inexpresivos la mayor parte del tiempo (a tono con lo que insinúa a casi todo el mundo), se encienden en cuanto quedamos solos. Solo con ver el brillo de sus ojos mi pene se pone a vibrar, anticipando el placer al que me va a someter. A pesar de llevarle más de una cabeza me mira con superioridad, sabiéndome suyo. Me tiene a sus pies desde hace poco más de un año, aunque lleva algo más provocando cosquilleos en mi entrepierna y mis pensamientos.

    Al principio me atrajo lo superficial; la imagen dulce y tímida que proyecta para ocultar su verdadero ser. Sin destacar nada en particular el todo me resultaba (y aún resulta) sumamente atractivo.

    Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que la vi; estaba ojeando mi celular sin demasiado interés después del almuerzo cuando pasó delante de mí en dirección al baño. Como casi todos los hombres la miré de arriba abajo, aprovechando que me estaba dando la espalda, aunque ignorando el espejo que desde siempre colgaba de la pared unos metros más allá. Posé mi vista principalmente en la parte superior del pantalón de jean ajustado que llevaba puesto y en las redondas nalgas que resaltaba; pocas prendas hacen lucir mejor a una cola que pantalones ajustados.

    Cuando salió de los sanitarios me miró un segundo a los ojos, pudiendo notar los suyos levemente brillantes (aunque durante un tiempo pensé que eso había sido producto de mi imaginación) luego bajó su vista al piso. Al llegar a mi lado sus mejillas estaban aun levemente ruborizadas. A pesar de ya tener puesto su uniforme se presentó ante mi indicando que era la nueva empleada de limpieza de la oficina, repitiendo el proceso ante todos mis compañeros a medida que regresaban de su descanso.

    Desde el primer momento fui el único que la trató con respeto, recibiendo solamente mi respuesta ante su presentación. Si bien depende orgánicamente del dueño de la empresa y de su secretaria todos en la oficina la tratan como una subordinada y en más de una ocasión le piden que realice tareas que no corresponden con sus funciones. Es común encontrarla esperando una impresión al lado de la fotocopiadora o verla llevando carpetas de un cubículo a otro.

    En las ocasiones en que volvía más temprano del almuerzo intercambiábamos unas pocas palabras de cortesía, antes de que comenzara su jornada de trabajo. En esas ocasiones no perdía oportunidad de mirarle el culo, creyendo que Analía no lo notaba. El trato diferencial que recibía de mi parte hizo que pronto me ganara su simpatía. De todas formas, nuestra relación no pasaba de la formalidad, pero solo a mí me dedicaba su tímida sonrisa.

    De a poco fuimos agarrando confianza y después de un tiempo empecé a comer una o dos veces por semana dentro de la oficina para hablar con ella. Analía seguía mostrándose reservada, pero lentamente se iba soltando conmigo. Generalmente cuando comía en su compañía solía irse a cambiar antes que alguien regresara, de manera de evitar chismes o comentarios incómodos por parte de nuestros compañeros.

    Empecé a verla de otra manera cuando haciendo mi rutinario escaneo de su parte trasera pude ver el borde de un culotte de encaje rojo sobresaliendo de su pantalón. A partir de ese día no podía parar de imaginar la ropa interior que tendría puesta y trataba diariamente de observarla. Por algunas jornadas no tuve suerte, pero luego de una semana se repitió la escena, encontrando que llevaba esa vez una prenda similar, pero en color negro.

    Al día siguiente, mientras almorzábamos, pude notar por primera vez con certeza la chispa de sus ojos. Estaba sonriendo de una forma mucho más segura de la que siempre le había visto. Sin darme tiempo a indagar me preguntó sin apartarme la mirada “¿Te gustó más el rojo o el negro?”.

    Casi me atraganto cuando la oí. Después tartamudeé una respuesta poco coherente. Analía me penetraba con sus ojos negros y seguía sonriendo “No te hagas el tonto, que sé desde el primer día que me mirás la cola cada vez que podés. Puedo ver tu cara en el espejo”. Nunca sentí tanta vergüenza en mi vida. Debía estar pálido. Trataba torpemente de disculparme, pero no era capaz de emitir palabra. Su actitud, lejos de tranquilizarme, me ponía más nervioso. Parecía incluso disfrutar con mi turbación. No dejaba de sonreír ni me quitaba los ojos de encima. Se paró despacio, manteniendo el contacto visual y se colocó en cuclillas a mi lado. Mi corazón latía a toda velocidad.

    -Sos diferente al resto Santi –me susurró unos instantes después, viendo que ya no iba a contestarle– Nunca pierdas eso –colocó sus manos sobre las mías– Me gustas. Mucho. De dónde vengo es mejor pasar desapercibida –hablaba en voz baja y calmada, pero su tono era seguro– Ser segura, pero mostrarse inofensiva –Se paró y empezó a caminar hacia el baño, pero se detuvo a los pocos pasos– Si querés puedo ayudarte a recordar mis bombachas, para que me digas cual te gustó más. Pero eso va a costarte. Pensalo y me lo decís mañana, que parece que hoy te comieron la lengua los ratones.

    Dicho esto, se dirigió ahora si al baño. Yo estaba totalmente perdido. Mi cerebro se hacía una pregunta tras otra sin llegar a responder ninguna. Analía no me resultaba indiferente, pero nunca había pensado en ella de esa forma. Sus palabras me halagaban y si bien respondían algunas de las preguntas que siempre me hice sobre ella también me hacían dudar de cuanto de lo que me había mostrado era real. Tampoco puedo negar que había despertado mi curiosidad y que quería descubrirlo. Descubrir cuanto era cierto de lo que había visto y cuanto estaba dispuesta a mostrarme para convencerme.

    Durante la tarde no pude sacármela de la cabeza. Para peor ella me ignoraba completamente. Pasaba de rememorar la conversación, analizando excesivamente cada palabra, a recordar los detalles de sus culottes. Pensaba en lo que creía saber de ella y en su trasero resaltando en sus pantalones. Al llegar a mi hogar la cosa no fue mejor. Con la seguridad que me brindan mis cuatro paredes los pensamientos fueron más dedicados a su cuerpo. Imaginaba como se vería su culo libre de ropas.

    Sin darme cuenta empecé a fantasear con arrodillarme ante esas nalgas que tanto había apreciado y besarlas, recibiendo como respuesta un gemido de gozo de la chica de limpieza y sus manos apretando mi cabeza contra ella. Mientras en mi mente introducía mi lengua cada vez con mayor profundidad entre sus cachetes en mi hogar mi mano desabrochó mi pantalón y se metió dentro de mi calzoncillo. La intensidad con la que le comía el culo en mi sueño era la misma con la que me masturbaba en la realidad. La veía acariciar su cuerpo mientras hundía mi nariz y mi lengua dentro suyo.

    Me rogaba con voz ronca que no parara mientras sostenía mi nuca con la mano que no estaba usando en ella misma. Cuando mi cerebro hizo que se corriera tuve uno de los orgasmos más potentes de mi vida. Jalaba mi miembro con fuerza mientras gemía y eyaculaba como un animal. No sé cómo no me arranqué la pija de la fuerza que hice.

    Dos certezas me asaltaron una vez que estuve más tranquilo: Iba a pagar el precio que me cobrara con tal de ver de nuevo su ropa interior y la nueva Analía que había conocido ese día definitivamente me gustaba. Con ese conocimiento pude relajarme un poco, aunque lo que podría suceder al día siguiente me tenía algo ansioso.

    La calma obtenida, de todas formas, no fue suficiente para poder dormirme. Mientras daba vueltas en mi cama la imagen de Analía volvió a mi mente. Esta vez estaba desnuda encima de mí. Se movía despacio y tenía los ojos cerrados. Respiraba entre gemidos por la boca. Sus pechos se bamboleaban al ritmo de su cadera. Mantenía mis manos sobre el colchón presionando con suavidad mis muñecas. Cuando intentaba llevar mis manos a su cintura o a sus senos me apretaba más fuerte, obligándome a quedarme quieto.

    De a poco fue aumentando su velocidad, lo que hizo que aumentara el volumen de sus gemidos y la rapidez de mi mano sobre mi aparato. Cuando ella alcanzó su clímax yo llegué al mío. Luego de lo cual me quedé dormido.

    La mañana se me hizo eterna. Mientras más se acercaba la hora del almuerzo más lento parecía moverse mi reloj. Al llegar a la oficina se acercó sonriendo a mi cubículo. Me saludó con un beso en la mejilla y después me preguntó

    -¿Ya pensaste cual te gustó más o necesitas que te ayude a recordarlos? –dudé un segundo en contestar y mostrándome inseguro respondí

    -Necesitaría volver a verlos para asegurarme. ¿Cuánto me va a costar tu ayuda?

    -No mucho esta vez –dijo visiblemente alegre– solo vas a tener que invitarme a cenar. A un lugar lindo –completó sin dudarlo, lo que me confirmó que ya tenía pensado el precio desde antes de hacerme la pregunta el día anterior– Igualmente dije que iba a ayudarte a recordarlas, no que te las iba a mostrar –mi cara de sorpresa debió ser mucho peor que la del otro día, por lo que sin poder evitar reírse continuó– Tranquilo, que de todas formas pensaba mostrártelo.

    -Me parece bien –respondí en tono neutro

    Sin darme tiempo a decir algo más se fue a cambiar, moviendo exageradamente sus caderas mientras se dirigía al baño. Antes de cruzar la puerta me dedicó una última mirada seductora, que me puso los pelos de punta y despertó a mi entrepierna.

    Acordamos encontrarnos ese viernes en una zona de bares y restaurantes. Desconocía la variedad de su guardarropas y no quería que se sintiera fuera de lugar. Yo me vestí con una camisa negra y pantalón claro. Llegué puntual a la cita. A los 5 minutos de haber arribado me escribió diciéndome que estaba atrasada.

    Apareció cerca de media hora más tarde, pero valió la pena la espera; estaba deslumbrante. Maquillaje suave en sus ojos y mejillas, labios pintados de rosa, pelo suelto. Remera animal print y calza oscura, todo perfectamente ajustado a su figura. Por el bamboleo de sus pechos parecía que no llevaba corpiño.

    -Guau –exclamé cuando se acercó a mi– estás hermosa

    -Gracias Santi –me besó en la comisura de los labios– vos también te ves muy bien ¿A dónde me querés llevar? -“a mi casa” respondí para mí mismo.

    -¿Quéres ir a comer o vamos a tomar algo? –dije tratando de que la sangre volviera a mi cerebro, pero sin dejar de mirarla

    -Me prometiste cena –entornó los ojos coqueta– Además tengo hambre – completó observándome de arriba abajo.

    -¿Algo que te guste mucho o que quieras comer en particular? –me miró a los ojos y después a mi entrepierna antes de contestar.

    – Tengo ganas de pizza y cerveza.

    Fuimos a una pizzería a dos cuadras del lugar de encuentro. En el camino pude notar que algunos hombres se dieron vuelta a mirar a Analía, lo cual me hizo sentir orgulloso y molesto por igual. Pedimos una pizza grande y una cerveza de un litro.

    -¿Cuántos tipos crees que me miraron mientras caminábamos? –preguntó apenas se retiró el mozo que nos tomó el pedido.

    -Tres seguro

    -Yo pude contar nueve. En mi barrio si voy así es muy posible que me violen. Así que pasar desapercibida es una cuestión de supervivencia. Me maquillé en el colectivo y en mi bolso tengo un buzo con el que taparme –Si bien empatizaba con lo que me estaba diciendo no entendía el motivo por el que lo hacía– Espero que sepas apreciar el riesgo y que haya valido la pena –Concluyó con un dejo de tristeza

    – Claro que lo aprecio y yo también espero que valga la pena.

    Estuvimos en silencio hasta que llegó la comida. Esto cambió su humor y la cena fue amena. Reímos hablando mal de la gente de la oficina. Pude conocerla más. Entender mejor lo difícil que era su vida. Casi olvido que habíamos salido para que me mostrara sus culottes de encaje. Lo recordé cuando se paró y volví a ver su cola enfundada en sus calzas, pero preferí ignorar el tema; no quería que sintiera que había salido con ella solo para ver su ropa interior.

    La acompañé a la parada del colectivo. Cuando llegó se despidió con un beso, que me sorprendió, pero correspondí. Al rato de llegar a mi casa recibí un mensaje suyo agradeciéndome la cena y diciendo que le gustaría repetir y que la próxima vez esperaba que no fuera a cambio de ver sus bombachas. Le contesté que si bien era un buen incentivo no fue por eso que salí con ella y que ni siquiera me las había mostrado. Me contestó “Ya sé, por eso te dije que sos distinto. Cualquier otro me lo habría pedido apenas nos saludamos”

    A los pocos minutos recibí una foto, con los dos cullotes estirados sobre una cama y el texto “Soy una mujer de palabra. Espero que ahora te puedas decidir”.

    Si bien ambas prendas eran muy sexys e imaginaba lo bien que le quedarían me atrajo mucho más el colorado. Creía, además, que se luciría más en su piel oscura. Después de pensar bien mi respuesta le escribí “Creo que me gusta más el rojo, pero para estar seguro tendría que verte bien con los dos”. “Eso te va a costar mucho más que una cena” respondió casi de inmediato, añadiendo un emoji de diablito. No sé bien porque, pero su respuesta me dio un escalofrío. Estaba siendo directa y seductora, lo cual es algo que en una mujer me atrae, pero esto en Analía me ponía nervioso.

    Decidí contestarle al otro día. Había sido una semana agotadora y necesitaba descansar. Dormí hasta cerca del mediodía. Lo primero que hice al levantarme fue consultarle si había llegado bien a su hogar. Me agradeció la preocupación e intercambiábamos algunos mensajes más. Finalmente me armé de valor y le pregunté cuánto me costaría verla con los dos cullotes. “mmmm” contestó como si pensara “me gustaría verte en calzoncillos, para que estemos a mano”.

    Sin dudarlo ni un segundo me quedé en bóxer y saqué algunas fotos. A pesar de la vergüenza estaba también excitado, por lo cual mi miembro se marcaba dentro del calzoncillo. Envié la foto que pensé que era la mejor, apurado por no arrepentirme

    -Guau –escuché enseguida en un audio– no creí que te ibas a animar –hablaba con ronquera de sensualidad– espero que pensarías en mi cuando sacaste la foto –La vergüenza tiñó mis mejillas de colorado. No tuve el valor de grabarle, pero le escribí que si y que era reciente

    -Yo no me animo a tanto –siguió en otro mensaje– pero voy a cumplir y va a valer la pena. Ahora tengo que dejarte que me surgió algo urgente para mmmm hacer. Seguí pensando en mí. Te mando un besito.

    La insinuación de que se iba a masturbar con mi foto en su cabeza terminó de calentarme y también me dediqué a autosatisfacerme. Me la imaginé con la ropa que tenía la noche anterior, frotando su entrepierna con mi erecto pene. El roce la excitaba mucho más a ella que a mí, pero la situación de todas maneras me tenía estimulado. Empezó a gemir con fuerza y a moverse más rápido, teniendo que agarrarse de mis manos para no perder el equilibrio. Un largo gemido escapó de su boca, seguido de cortos gritos de placer. Cuando comenzaron a menguar me ordenó que acabara. Mi miembro dejó escapar borbotones de esperma en incontables espasmos de placer.

    Hablamos bastante durante el fin de semana. Cuando nos despedimos el domingo me pidió que el lunes no almorzara en la oficina, ya que no quería que nadie sospechara nada. La explicación me pareció razonable y cumplí con su pedido. Al regresar al trabajo vi uno de los cajones de mi escritorio apenas abierto. Lo abrí completamente encontrándome con un sobre marrón y el texto “abrilo cuando estes solo”. En ese instante volvieron varios de mis compañeros, con lo que no pude escabullirme al baño inmediatamente. Esperé el momento durante 10 minutos, hasta que estuve seguro que nadie me vería.

    Dentro del sobre había una hoja impresa a color con dos fotos de Analía muy similares: ella de espaldas mirando sobre su hombro (en una foto para cada lado) y con los cullotes como única prenda. Sobre las fotos decía “Sorpresa” al lado de un corazón dibujado a mano. Debajo de las imágenes me pedía que dejara todo como lo había encontrado y que no podía fotografiar la impresión.

    “Definitivamente el rojo” le escribí cuando volví a mi puesto, con una erección que me costó disimular. En cuanto estuvo cerca de mí me miró a los ojos con los suyos brillantes y sonrió, para después seguir trabajando como si nada.

    No recibí otra respuesta ni comentarios de su parte, con lo que a la hora de salir (ella trabaja hasta una hora más tarde) le escribí en el sobre “¿Qué me vas a cobrar para verte así en persona?”. A los pocos minutos recibí una foto de mi carta junto al texto “regalame algunas cosas lindas estos días y el viernes te digo si es suficiente”.

    Al otro día tampoco almorcé con ella. Decidí que le dejaría el primer regalo en mi escritorio en el mismo cajón que ella me había dado el suyo y le dejé una flor plástica. Al regresar la llevaba contenta entre su pelo, con lo que supuse que le había gustado. El miércoles repetí el proceso, esta vez dejándole un chocolate.

    Para el jueves tenía el regalo más osado: un tanga plateado con elástico blanco. De nuevo decidí comer afuera de la oficina. Cuando volví supe que le había agradado solo viéndola a los ojos.

    Antes de llegar a mi casa recibí un mensaje suyo: “estas seguro que querés verme con el rojo y no con lo que me regalaste?”. Contesté que seguro se veía espectacular con ambos y que con cualquiera de los dos que eligiera iba a estar bien. “Mañana en tu casa después del trabajo. Pasame la dirección y esperame ahí” pude leer a los pocos minutos.

    Durante esos días nuestra comunicación fue solo fuera del trabajo. Nos hablábamos o mensajeábamos durante la noche, pero durante el día solo intercambiábamos miradas disimuladas. El suponer que tenía alguna de las dos prendas íntimas que me había mostrado hizo que cada vez que llegaba me fuera difícil ser sutil.

    Apenas salí fui corriendo a mi departamento a dejar todo limpio y ordenado. Acababa de terminar de vestirme cuando escuché el timbre. Tenía puesta la ropa con la que iba a trabajar.

    Nos besamos con las ganas contenidas de una semana sin estar juntos. Después de siete días de masturbarme a diario con ella quería además tenerla en directo cuanto antes. Sus planes sin embargo eran otros; me pidió pasar al baño para poder cambiarse. Le serví una cerveza y agarré otra para mi mientras la esperaba. Salió con un top ajustado rosado, que dejaba su ombligo a la vista, y un pantalón blanco. Casi me atraganto y se me salen los ojos cuando la vi

    -¿Estoy linda? –preguntó mordiéndose una uña y poniendo voz inocente.

    -Uf –alcancé a decir– linda se queda corto

    -Gracias –Se acercó a paso firme y me besó– Me gustaron mucho tus regalos –Se me iluminó la cara, sabiendo lo que eso significaba– sentate –ordenó empujándome despacio hacia el sillón– y disfrutá.

    Se paró a un metro de mí y me dio la espalda. Empezó a menear su cola. Mis ojos la seguían hipnóticos. Giró su cabeza, asegurándose que estaba mirando donde ella quería y que a mi pene también le agradaba el espectáculo. Sonrió antes de darse vuelta para desabrochar el pantalón.

    -Decime –preguntó volviendo a mirarme- ¿qué te imaginabas cuando pensabas en mi ropa interior o en mi culo?

    -Me imaginaba –contesté sin pensarlo– agachado detrás tuyo besando tu cola –mi corazón se aceleró, pero no podía dejar de confesarle mis fantasías– que me agarrabas la cabeza y empezabas a gemir, mientras metía más y más la lengua entre tus nalgas…

    -Elegí bien entonces –me interrumpió bajándose el pantalón y mostrándome que traía el tanga que le había regalado.

    Me arrodillé con cuidado detrás suyo y la tomé con delicadeza de la cintura. Di un beso en la parte baja de su espalda y sin separar mis labios bajé a su cachete izquierdo. Mordisqueé despacio, escuchando el primer gemido de aprobación de Analía. Seguí mordiendo, besando y chupando mientras recorría esa parte de su cuerpo que tantas veces había imaginado en los últimos días. Analía gemía cada vez más agitada. En un momento corrió su bombacha a la derecha. Interpretando la señal fui llevando mis labios hacia su rayita. A medida que me acercaba el olor de su excitación era más fuerte y me estimulaba a seguir.

    Mordí suavemente el punto donde su espalda y sus dos nalgas se unen. Después separé los cachetes con mis manos. Mis dientes apretaban cada vez más adentro. Ella ronroneaba de placer. De a poco empecé a introducir mi lengua. En ese momento me tomó de la cabeza y empujó hacia adentro. Mi pene ya estaba muy duro y había dejado escapar unas gotas de líquido pre seminal. Yo la lamía cada vez más íntimamente y a mayor velocidad, lo que aumentaba sus gemidos.

    “Ufff”. El grito escapó de entre sus labios cuando mi lengua rozó su ano. Eso me estimuló a intentar meterla más. Mientras tanto Analía empezó a rozarse sobre su tanga. Antes que pudiera meter su mano sucedió algo que no había considerado en mi fantasía: Perdió el equilibrio. Rápidamente divisó el sofá y se arrodilló sobre el mismo, dejando su cola afuera. Volví a lamerla de a poco, introduciéndome despacio. Otro grito de placer salió de su boca cuando alcancé de nuevo su agujerito. “seguí bebé” ordenó entre gemidos al tiempo que me atrapaba con una mano y tocaba su entrepierna con la otra, ya dentro de su bombacha.

    Desde ese momento todo fueron gemidos y gritos, intercalados con frases cortas indicándome que no parara. Yo estaba agarrado a sus dos nalgas, abriéndolas todo lo que podía, con mi lengua estirada rozando sus entrañas y mi nariz atrapada entre sus dos glúteos. Pero sobre todo estaba más caliente de lo que recuerdo haber estado. Aun así mi único objetivo era seguir lamiendo el culo de la chica de limpieza.

    “Voy a acabar bebé” me avisó entre gruñidos “Seguí bebé. No pares. Que rico me comés el culo”. Yo continuaba esforzándome en llegar más adentro suyo ante cada una de sus palabras, lo que la acercaba más a su orgasmo. Finalmente se frotó con fuerza y empezó a gemir como poseída. Cuando su corrida estaba menguando me apretó fuerte con sus dos manos. Yo desaceleré el ritmo de mis lamidas hasta que dejó de oprimir mi cabeza y me separé de ella despacio.

  • Nerea lleva a su esclavo a un sex-shop

    Nerea lleva a su esclavo a un sex-shop

    Nerea en esta ocasión a su esclavo lo viste de chica,
    el esclavo no puede disimular que calza un buen paquete, ¡menuda picha!
    Dan un paseo y entran en un sex-shop a las afueras de Madrid,
    un mozalbete las observa con deseo, y a Nerea se le ocurre un ardid.

    Cuando el fulano entra en una cabina de las muchas que hay,
    Nerea y su “amiga” se introducen en la contigua. Le pone ir de guay.
    En un tabique de madera hay una rejilla con cerrojo,
    la abre y al instante asoma un pollón con capullo muy rojo.

    La dómina le suelta un salivazo y con la mano lo va abrillantando,
    el siervo se postra de rodillas a su lado y aprende, observando.
    Nerea le pega buenos chupetones al gordo capullo,
    succiona, bufa y gime montando un morboso barullo.

    Cuando ya la tiene en su punto, bien barnizada,
    se aparta e invita a su esclavo, a que continuara.
    El mozalbete berrea un “¡Menuda puta! ¡Cómo me la exprime!”,
    Nerea le informa: “Es mi esclavo. Un alumno sublime”.

    “¿Me la está comiendo un maricón?”,
    “¡Joder, qué vicio tenéis algunos!”, exclama el mocetón.
    Nerea le explica que el chico tiene espinillas,
    y que el esperma se lo esparce por frente y mejillas.

    La Ama apartó al esclavo para volver a la carga,
    saborear y tragar gruesos rabos nunca le amarga.
    El mancebo avisa de que ya se corre,
    Nerea se aparta y acerca al esclavo pa’ que la adore.

    La chica dirige los chorros por el rostro del sometido,
    después se los restriega para que las espinillas se impregnen del fluido.
    “Sois dos buenas putas. Me dejasteis los huevos vacíos”, dice el mocetón,
    Nerea y su esclavo se despiden dándole a su rosado glande un buen lametón.

    Como guinda, la chica quiere que su esclavo le practique una inseminación artificial,
    aplastar su rostro en la almeja y meterle bien adentro la lengua es fundamental.
    Con suerte, al útero podrían llegar, del mozalbete, algunos restos de su semilla,
    Nerea desea quedar preñada de aquel hombretón, ¡la muy guarrilla!

  • Me travisto y transformo en mi compañera (parte 2)

    Me travisto y transformo en mi compañera (parte 2)

    Soy un chico godin común con una compañera de trabajo muy atractiva, me excitaba la idea de convertirme en ella, de poder vestir tan femenina, tener su cabello rubio, y usar sus sexys tacones. Relato como me empecé a travestir y lograr estar en sus zapatos y ropa literalmente.

    El día de hoy era viernes, me tocó ir nuevamente a oficina, tenía que ir con mi atuendo de hombre godin oficinista clásico. Tengo menos de 25 años, usar esta ropa se me hace un poco ñoño, no me gusta este atuendo. En mi oficina se tiene implementado un modelo de “trabajo cooperativo”, prácticamente todos convivimos con todos, no estamos aislados en cubículos o habitaciones, no tenemos lugares fijos y no podemos apartar o personalizar nuestros lugares. Si tienes preferencia por un lugar debes de llegar temprano antes que alguien más lo utilice.

    Esta chica tan atractiva también venía hoy, con su cuerpo tan sexy, caderas anchas y cintura pequeña con una piernas largas y suaves, eran uno de sus mayores atributos, sus pechos pequeños pero redondeados, su hermoso rostro y cabello rubio, era una mujer muy atractiva, ella es Brenda. Siempre llega tarde, creo es claro que le toma mucho tiempo ponerse tan guapa como siempre se. El día de hoy le toco sentarse a mi lado. Venia vestida con un minivestido negro, arriba tirantes y abajo falda amplia circular, zapatillas de tacón de aguja con plataforma con un color beige, su cabello rubio suelto y raíces más oscuras.

    La vi cómo se acercaba con delicadeza, sus movimientos eran muy femeninos y elegantes, no muchas mujeres se visten o mueven como ella, es imposible no sentirse atraído por sus movimientos. La veía como muy femeninamente se sentaba y cruzaba sus piernas, su muslo se descubría y quedaba más visible con este movimiento.

    Sus piernas desnudas y suaves eran unos de sus mayores atributos, de verla tan cerca tenía una erección, me excitaba imaginándome ser ella, tener esas piernas tan sexys, poder moverme como ella, la idea de poder tener un cuerpo tan femenino y poder moveré como ella me causaba un gran placer que mi incitaba a querer masturbarme. Sentía mi pene durísimo debajo de mi pantalón, al observarla, estudiaba sus movimientos esperando poder replicarlos.

    Ver a Brenda desataba mis fantasías de convertirme en mujer a niveles exorbitantes, imaginarme siendo mujer, imaginarme ser una mujer como Brenda era uno de mis pensamientos comunes al masturbarme. Brenda no era la única que desataba en mis esas fantasías. Pero sin duda era la mujer más atractiva de la oficina. Fácilmente ella pudo ser modelo o edecán, ella era de esas chicas altamente atractivas. Deseaba ser una de esas chicas, fantasear ser una de esas chicas, era la fantasía más común al masturbarme.

    Las ganas de travestirme al estar sentado a su lado eran irresistibles, su feminidad era tan contagiosa, deseaba mucho ser ese mujerón y tener esas bellas piernas, a veces cuando tenía oportunidad me paraba detrás de Brenda mientras ella estaba sentada para poder ver su cuerpo tal y como ella lo vería desde sus ojos. Ver como desde sus ojos ella podía ver su cuerpo tan hermoso, ver su cuerpo femenino delicado y sexy, tenía muchas ganas de ser Brenda.

    Me costaba trabajo concentrarme en el trabajo, sutilmente la vela e intentaba imitar sus posturas y movimientos cuando nadie me veía, me excitaba la idea de poder ser tan femenina como ella. Tuve varias erecciones, se desvanecían al intentar concentrarme en mi trabajo, pero al verla volvían, me excitaba mucho imaginándome ser ella.

    Fui a comprar un café, con otros amigos, entre ellos iba Brenda, caminamos por los pasillos de la oficina, me quedaba ligeramente atrás de ella y veía como caminaba contorneando sus caderas, lo hacía de forma tan natural, su cuerpo tan sensual y su forma de caminar atraía todas las miradas. Veía como todos volteaban a verla tanto discretamente, como no muy discretamente, fantaseaba con tener ese cuerpazo y poder atraer las miradas como ella lo hacía, la pura fantasía ponía durísimo mi pene y sentía rápidamente que me empezaba a mojar de líquido preseminal, me excitaba más la idea de ser Brenda, que la idea de andar con ella.

    Como es viernes después de comer nadie regresa a oficina, todos se van a beber, en la mañana la oficina está muy llena, pero en la tarde está vacía. Hoy todos querían ir a beber a un restaurante y ver el partido de un equipo deportivo, entre ellos iba a ir Brenda, el día era lluvioso, empezó a caer una fuerte lluvia antes de la hora de la comida. Todos querían salir antes y con prisa para poder alcanzar lugar y no agarrar tráfico por la lluvia de afuera.

    Brenda comentó que la ropa que traía no sería la adecuada para salir, ya que con el frio y la lluvia ir con vestido y tacones no era una buena idea, una de sus amigas se ofreció a prestarle un cambio que ella tenía, Brenda acepto y fue a cambiarse al baño, Brenda regreso con ropa abrigadora, no tan sensual como ella acostumbra. Su vestido y tacones los dejo en una bolsa a lado de mí, me excité demasiado, quería probarme esos taconazos y ese minivestido, jale la bolsa ligeramente hacia mi lugar y puse mi mochila encima para que Brenda no la viera y no fuera a llevarse la, Brenda es un poco distraída y entre las prisas no pensó mucho en su ropa.

    Mi pene se erectó demasiado al ver la oportunidad de poderme travestir con su ropa, la tomaría prestada y experimentaría el placer de usar su ropa por un rato.

    Dije que no iría con todos ya que tenía un trabajo urgente que completar, pero en realidad quería mucho ponerme mucho la ropa de Brenda que tenía alado de mí. En mi carro llevaba mis cosas de mujer, no podía arriesgarme me descubrieran en casa, y afortunadamente me había depilado hace poco. Nadie se quedó en oficina más que yo, el piso estaba vacío, espere unos minutos para estar seguro.

    Tomé todas las cosas de Brenda y las lleve a una sala de juntas y cerré la puerta, también había subido mis cosas de mujer que guardaba en mi carro, ahí tenía una peluca que era igual al cabello de Brenda, era mi oportunidad para transformarme en Brenda, me quite mi ropa de chico, mi camisa, pantalones, zapatos. Me puse una faja y relleno de silicona, tenía relleno en trasero caderas y pecho, todo mi relleno que siempre usaba era intentando igualar las proporciones de Brenda.

    Venía lo mejor ponerme sus prendas, primero me puse el minivestido, que aún conservaba el olor de su perfume, sentí como la suave tela se deslizaba por mi cuerpo, la parte de arriba era pegada, pero abajo holgada, solo sentía el aire en mis piernas, sentía el placer recorrer mi cuerpo.

    Me coloqué la peluca para sentirme más femenina y continué con el proceso. Lo siguiente fueron sus tacones, sus tacones serían los más complicados de poner, eran más pequeños de mi talla, pero por fortuna eran abiertos. Logre ponérmelos y abrocharlos, ligeramente me quedaban pequeños, pero entro mi pie. Al sentir sus tacones con el piso era una sensación maravillosa, sentir la forma de sus zapatillas en mi pie y como me alzaba del suelo, con mi tobillo tan levantado, me sentía muy femenina, amaba estar en los zapatos de Brenda, me sentía Brenda,

    Para este punto mi pene era una roca debajo de mi ropa, me dolía ligeramente tenerlo escondido entre mis piernas, la fuerte erección lo impulsaba a salir, afortunadamente lo había acomodado bien para evitar que me quitara mi feminidad.

    Me senté muy femeninamente como ella lo hacía y empecé a maquillarme, un par de veces la había visto retocar su maquillaje, busque imitar sus movimientos y su estilo de maquillaje. Me coloqué corrector y base de maquillaje para ocultar imperfecciones, y la sombra de la barba. Logré un color uniforme. Me puse sombra de ojos y delineé mis ojos con el estilo cut crease que ella usa. Me coloque pestañas magnéticas postizas. Agregue iluminador debajo de mis ojos y en mi nariz, posteriormente un poco de rubor. Me puse labial. Mientras me maquillaba jugueteaba con mis piernas, las cruzaba y descruzaba, las apretaba ligeramente por momentos.

    Por la posición de mi pene esto era muy estimulante, me masturbaba muy femeninamente con el movimiento de mis piernas, lo hacía de forma sutil y cautelosa para evitar eyacular antes de tiempo.

    Las uñas postizas no podían faltar, me coloque uñas en pies y manos. Las uñas que compre ya venían pintadas y decorados con un estilo muy femenino, solo bastaba colocarlas para lograr el efecto. Brenda estaba muy orgullosa de sus uñas, así que si quería verme como ella no podía olvidarlas.

    Abrí el bolso de Brenda que había dejado y encontré un par de cosas interesantes, había dejado sus aretes, pulseras y collar, se veían caros me imagino por eso no los llevo, además solo hacían juego con el hermoso vestido que ahorita traía puesto.

    Tantos tesoros me ponían tan mojada, casi eyaculo al ver mi imagen, como de chico me había transformado en una mujer sexy y femenina, pero debía aguantar más, quería aprovechar la oficina para estar así vestida, es mi oportunidad para jugar a ser ella yo era como Brenda la mujer más sexy de la oficina en este momento.

    Era arriesgado así que no sabía si aun alguien estaba en la oficina, pero al sentirme tan hermosa y femenina decidí salir, al final si alguien me viera no dudaría que soy Brenda, siempre he sido Brenda, tome su bolso y salí a los pasillos, quería recorrer la ruta que yo como Brenda siempre recorre al llegar, en la entrada había un guardia de seguridad, al principio no me presto mucha atención, me acerque a la entrada principal y veía la fuerte lluvia.

    Caminé de regreso a los elevadores. Sentirme tan femenina, ver en primera persona como era toda una mujer, la sensación de caminar en tacones y el ruido de los tacones al caminar era muy placentero, ya llevaba mucho tiempo con el pene erecto, pero el placer era muy alto. No tuve necesidad de tocar mi pene con las manos, el verme tan mujer y el rosé de mis piernas mantenían la erección muy firme.

    Fui a los elevadores con mi bolso, y esperaba el ascensor, note la mirada del guardia, me sentí super excitada, mi pene estaba tan duro que quería salir, sentí como me humedecía del líquido preseminal que sacaba, pero pues era Brenda en este momento así que estaba acostumbrada los hombres me miraran así, camine femeninamente, el guardia no dejaba de verme.

    Caminaba moviendo mus caderas, como soy Brenda soy experta caminando de esa forma, subí elevador, iba viendo mi reflejo, así que empecé a retocarme mientras me veía en el espejo, me caía de excitación, pero no podía masturbarme aquí, además perdería mi toque femenino, se me veía un cuerpazo, me sentía todo un mujerón, salí del elevador más empoderada, me sentía muy segura de mí misma, camine más rápido y con confianza, escuchaba el ruido de mis tacones, vi mi reflejo en la puerta de cristal y no podía creer lo que veía, claramente era Brenda en ese momento, al poner mi credencia vi el display que decía, bienvenida Brenda, apreté mis piernas para apretar mi pene.

    Desde hace rato sentía que podía eyacular, me senté en mi lugar como Brenda como siempre, de una forma muy femenina y coqueta, vi como al cruzar mi pierna se levantaba mi falda ligeramente, no pude más, me empecé acariciar las piernas estaba demasiado excitada y apenas había empezado, saqué una crema que traía, me empecé a colocar en las piernas. Esa crema suavizaba mucho mis piernas, en el vidrio de lado veía mi reflejo, veía como una mujer sexy se colocaba crema, dominaba muchos movimientos de Brenda, de mí misma, yo era Brenda en ese momento, reafírmame ser Brenda, usar su ropa de Brenda me excitaba demasiado.

    De pronto sonó mi teléfono, me aterre al ver que quien marcaba era Brenda, me coloque en una pose muy femenina y conteste, ella me preguntó que si no había visto su ropa y me pidió guardarla, me dijo en broma que no me la fuera a poner, le dije que era demasiado tarde y que se me veía hermosa, ella solo se reía, pensaba que bromeaba, pero no sabía que del otro lado del teléfono yo en realidad si tenía puestos sus tacones y su minivestido.

    El miedo de la llamada había bajado ligeramente la erección, me levanté y empecé a caminar el pasillo. Yo siendo Brenda había caminado muchas veces este pasillo con mi forma tan femenina, elegante y sexy cerraba los ojos y me imaginaba como todos me veían, yo sabía que soy una mamacita, soy todo un mujerón, no había duda que era toda una hembra, caminaba perfectamente en tacones, estos tacones eran bastante altos y con plataforma.

    Sentir los tacones en mis pies me excitaba de sobremanera, eran lo que me hacia un mujerón tan sexy, sentía el aire acondicionado en mis piernas, como la falda al caminar tocaba mis piernas, mi cabello moviéndose, mi cuerpo caminando tan femeninamente, como la mujer que yo era en este momento, yo había nacido para ser Brenda, para ser ese una mujer tan sexy, mis fantasías de ser observada me absorbían.

    Mi corazón se detuvo al escuchar la voz de uno de mis compañeros del otro lado del pasillo, gritándome, “adiós, Brenda”. Me quedé congelada unos segundos. Por un momento no sabía que hacer, así que sonreí, solo con las manos le hice una señal de despedida, le mandé un beso desde lejos y seguí caminando de la forma tan femenina que lo hacía. Efectivamente él había visto a Brenda caminar en el pasillo, me dirigí al baño obviamente entre al baño de mujeres, se encontraba vacío, estaba super excitada, que mi pene tenía una sensación dolor placer, lo saque de su escondite, y me alce el vestido para verlo.

    Me empecé a masturbar enfrente del espejo del baño de mujeres, a pesar de estar tocando mi pene me acomodé de la forma más femenina que puede, el ver mi reflejo de cómo me había transformado en Brenda, el verme y sentirme como toda una mujer, toda una mamacita, toda una chica sexy, las experiencias que había pasado el día de hoy, el literalmente estar en los zapatos de Brenda y estar usando su minivestido con olor a su perfume, el haberme arreglado tan femeninamente más el recuerdo de la voz de Ricardo al decirme “adiós Brenda” me hizo eyacular.

    Llené de semen el espejo, mi reflejo en el baño de verme a mí misma siendo Brenda estaba machado de mi semen, fue una corrida asombrosa, saqué demasiado semen. Después de eyacular sentí mis piernas temblando de placer. Dejé todo el espejo salpicado de semen, debía salir antes que alguien notara fui yo.

    Después guarde la compostura, reacomode mis ropas, retoque mi maquillaje y me prepare para regresar a mi escritorio no había duda, en este momento me había transformado en toda una mujer.