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  • Economista y muy prosti: Con dos diplomáticos (1)

    Economista y muy prosti: Con dos diplomáticos (1)

    16 de septiembre, 9 de la mañana, llamada al putifono. Me aparece el número grabado como “Hotel”.

    -Buenos días, ¿es la señora Sofía?

    -Sí, soy yo, lo reconocí por la voz, lo recuerdo.

    -¡Qué bueno! Temía que no me reconociera.

    -También recuerdo sus miradas y el tocarme en el ascensor.

    -Siempre se lo agradeceré. Le pido que me disculpe por molestarla, pero el señor Tiburón (ja ja, debo ponerle un nombre) me dijo que si surgía algo muy importante podía llamarla.

    -Ayer un colega de otro hotel me pidió ayuda.

    -¡Cuanto misterio! ¿De qué se trata?

    -A veces los empleados en ciertos cargos y con ciertos conocimientos nos ayudamos, aunque seamos de diferentes hoteles. Un colega me ha pedido ayuda pues está totalmente perdido ante un requerimiento que le han hecho.

    -¿Concretamente que le han pedido?

    -¿Puedo ser claro y directo?

    -Sí, claro que sí, ¡no siga dando vueltas!

    -Dos huéspedes han llegado al hotel donde él trabaja, y le han pedido lo mejor de lo mejor para atender a los dos. Les mostró el book de sus chicas y nada los convenció. Recurre a mí y yo pensé en usted. Después de verla no tengo dudas, pero no sé si atender a dos personas será de su interés.

    -¿Lo pienso unos minutos y lo llamo?

    -Espero su llamada. Yo también me juego una pequeña parte en esto.

    Cortamos, llamé a Tommy que por suerte pudo atenderme y convinimos hacerlo con condiciones especiales.

    -¡Hola!

    -¿Señora Sofía?

    -Dime Sofía simplemente, y vamos a tutearnos. Anotá mis condiciones.

    -¡Adelante! ¡Qué bueno!

    -Son desconocidos sin referencias, mi marido estará presente. 3k cada uno. Y se hace sobre fin de semana. Tienen tiempo de hacerse análisis, es mucho más disfrutable. Lo que yo diga que no, será no. Previamente, deberemos conocernos para café o cena. Transferencia o efectivo al comenzar. Cero alcohol o drogas, y ningún tipo de violencia ni cosas desagradables. Me avisan, tú o tu colega.

    Y aceptaron la reunión previa, aunque algo preocupados por el arancel. La respuesta fue clara: “Es eso o nada”. Lejos estaba yo de saber en ese momento que éste contacto me abriría la puerta a un nuevo universo, el de los diplomáticos.

    Sería solamente una reunión cordial, para conocernos, (más bien para ver si les gustaba), y como estaban alojados en uno de los al menos cuatro hoteles de la Rambla de Pocitos, la discreción estaba garantida, simplemente parecería una reunión de trabajo, de tantas, de ellos con Tommy y conmigo. Llegamos sobre las 18.30, nos identificamos a nuestro contacto y nos llevó a la reunión.

    Yo, previsora, pensé junto a Tommy un plan de acción y llevé en un bolso deportivo la ropa para ejecutarlo. Llegamos a una de las habitaciones (cada uno tenía la suya), y al instante supe que yo quería, ¡más bien debía! coger allí. La cama, king size, está a más o menos un metro o metro y medio de la ventana, la ventana es de techo a piso, y permite ver íntegramente la Rambla de Pocitos. No tuve dudas, quería estar en cuatro, penetrada, y mirando ese panorama hermoso.

    Llegó el otro señor nos presentamos todos, ahí nos enteramos que son diplomáticos, y por suerte Tom y yo, dominamos tanto el inglés como el idioma nacional de ellos (que no es el inglés).

    Ciertamente les agradó que tenemos nuestras profesiones (Ingeniero y Economista). Hablamos de su país y del nuestro, de nuestras profesiones, de nuestra casa en el campo (les encantó ver fotos y les dijimos que, en el futuro, podrían ser nuestros invitados), ellos dijeron que hacen giras de inspección a su embajada cada 6 meses, a veces separados, pero casi siempre juntos.

    En cierto momento, yo, que estaba vestida muy normal y seria (pantalón negro, camisa y sweater, ya me había quitado el abrigo) dije que quisiera que me disculparan un momento. Me fui al baño y llevé mi bolso.

    Regresé de vestido solero muy amplio y corto, diciendo que por fin estaba a gusto, pues la calefacción del hotel era excesiva.

    Los señores (que llamaré simplemente A y B, pues no sé si volveré a verlos) y Tommy seguían conversando de todo un poco. Al volver yo con tacos altos y mi solero, abrieron los ojos, me miraron fijamente y no dijeron nada. Me senté casi de perfil a ellos, mostrando generosamente los muslos. Lentamente la conversación giró a como nosotros fuimos a su encuentro, dijeron que ya todo estaba solucionado con los intermediarios amigos entre sí. Conversamos acerca de la hermosa vista desde el gran ventanal, a esa hora ya era noche y brillaban las luces de la Rambla.

    Nuevamente me excusé y me ausenté. Menos de cinco minutos y estaba de retorno.

    Esta vez, mi querido vestido largo, negro, de cuello romano, sin soutien, obvio, y con escote bajísimo a la espalda dejando ver un buen trozo de culo. Lógicos stilettos negros. Rodeando la cintura, por debajo del vestido adelante una delgada cadena de oro, genuina, de la cual, a la altura de la raya entre las nalgas, colgaba otra cadenita de uno 10 cm de largo, rematada en un pequeño corazón. ¡Me había mirado el culo al espejo, y la verdad lucía maravilloso!

    Me acerqué a ellos, que ya me miraban desde que entré de nuevo a la habitación, quizás no muy impresionados por el panorama de frente. Pero frente a ellos giré y les di la espalda.

    ¡No les miento, oí “Wonderful”! Y les di tiempo de apreciarme. El tema de conversación viró hacia el tema de si habían recibido mis condiciones. Obviamente sí, y las aceptaban a pleno. Aun así quisieron asegurarse de que en la hipótesis de contratarme, obtendrían sexo al natural, en caso de hacerse los análisis completos. Les aseguré que sí y que me encanta (la pura verdad). Preguntaron también por la presencia de Tommy, y les aseguramos que no intervendría, incluso podría estar en otro ambiente, y que solamente estaría para darme apoyo moral por ser mi primera vez con dos hombres.

    Tocaba ponerme algo aún más osado. Cuando me preparé a irme, uno de ellos extendió su mano y acarició lentamente mi espalda (no el culo). En su idioma esta vez me dijo que realmente era una piel muy suave. A lo cual decidí subir la apuesta y siempre en su idioma, les dije que ambos podían tocar sin exagerar, y les ofrecí mi espalda. Tocaron suavemente, debo reconocerlo, y fui a cambiarme.

    Supe después por Tommy que le habían expresado su conformidad casi total “a falta de lo que queda por ver”.

    Cuando volví, ya se notaba que ahora esperaban ansiosos, y creo que no los defraudé.

    Lencería negra, con culotte semi transparente y soutien media copa, transparente. Desfilé, ni siquiera me senté. Pasé bien cerca de ellos, las tetas saltando, apenas contenidas por el media copa. Obviamente estaban complacidos, y percibí la partida casi ganada, sumando a eso un guiño de mi amor.

    Y fui a buscar el golpe final. Es muy difícil nombrar o describir lo que yo misma había preparado, inspirada en páginas porno. Todo hecho con hilo grueso de terciopelo negro, más o menos de un centímetro de grosor. Partamos, por así decirlo, del punto superior de mi vulva. Dos hilos suben desde allí, dirigidos a que cada uno “cubra” ja ja, un seno, y se unen en la nuca.

    Desde ese punto en la parte superior de mi conchita, parte hacia abajo un solo hilo que supuestamente la cubre, pasa entre las piernas y por mi culo, y emerge entre los cachetes, para subir por la espalda hasta anudarse a los otros en la nuca debajo del cabello. Estaba segura de que esa desnudez cubierta de un hilo, los excitaría grandemente.

    Y así fue. Llegué caminando lentamente, un pie por delante del otro, como las modelos haute couture. Ambos se pararon, también Tom. Me miraron, se miraron entre ellos y uno, el que lleva la voz cantante, dijo: “Que belleza, estamos decididos”.

    No esperé, miré a Tommy que hizo una señal de asentimiento con la cabeza y tomé una mano de cada uno llevándolas a mis tetas. Los dejé tocarme unos segundos y luego retrocedí. Volví a avanzar y los besé de a uno. “Verán que vale la pena” les dije.

    Los anfitriones habían acordado con el intermediario que trajera una cena fría en cuanto se la pidieran, debía tener todo listo. Uno de ellos, A, lo llamó y a tres minutos tocaban el timbre de la suite. Miré por el visor, adelantándome a ellos, era quien nos había recibido. Y me decidí a gratificarlo. Yo misma abrí la puerta y lo hice pasar.

    Imagínense, el hombre alucinaba, se le escapaban los ojos. Lo dejé mirar, se fue y cenamos, yo ya vestida de calle. Todo quedó acordado, en cualquier anochecer y noche, con los análisis ya hechos, concretaríamos. Nos despedimos y nos fuimos.

    Evaluamos todo, entre polvo y polvo, con Tommy. Ambos encantados con mi éxito y lo bien que progreso en mi emputecimiento. Los días pasaron y en un cierto momento el jueves, mi putifono recibió las fotos de dos certificados de análisis. Hablé con los dos empleados de hotel ,y estaban ya contentos y conformes habiendo recibido lo que les habían prometido. Luz verde para el viernes a la noche.

    Llegó el viernes de noche, día señalado. Luego del trabajo, en casa, hice mi preparación integral y elegí que ropa vestiría. Por comodidad, habíamos tomado una habitación en el hotel, como huéspedes cualesquiera. Llegamos con Tommy, nos registramos y, ¡sorpresa! Nos ubican en el mismo piso que nuestros diplomáticos. Supongo que allí intervino nuestro “representante” empleado del hotel.

    Habíamos llevado bolsos y ropa, como para irnos al campo el sábado a la mañana. Y varios outfits para mi lado putifina. Me vestí para ir con ellos. Arriba, corsé negro opaco con las clásicas cintas a la espalda, pero cerrado al frente con 12 cierres de enganchar. Las tetas casi casi desbordaban.

    Abajo, sin tanga, obvio, una mini blanca, tableada amplia, medias color natural y stilettos negros. Al cuello, fina cadenita de oro con colgante en forma de corazón que llegaba, ya lo imaginan, al canal entre mis tetas.

    Con gusto y hasta diría luciéndome (no nos cruzamos con nadie, pero estoy convencida de que hay cámaras de seguridad), hice con Tommy más de 15 metros de pasillo, hasta la habitación de ellos. Estaba como para matar. ¡Pero al llamar a la habitación, nos abren y nos invitan a ir a cenar! Yo estaba para matar en privado, pero sin tanga y con las tetas a punto de escapar, no debía ir así al comedor.

    Entré a la habitación, les expliqué lo del corsé, fuimos a nuestro cuarto, me aflojé un poco el corsé, tomé un blazer para cubrirme un poco, olvidé ponerme tanga. Y nos fuimos. Restaurante casi lleno, mi radar captaba todo tipo de miradas. Desde señoras que debían pensar “que putona” hasta señores que debían pensar “¡que mujer!” (supongo), fuimos a nuestra mesa, a un lado, mesa con dos matrimonios, al otro lado mesa con un señor solo cenamos liviano, previendo acción.

    Nos levantamos para irnos, pero en ese momento, un jerarca del hotel (desconocía su cargo) pasó un momento a saludar a los diplomáticos, ¡en su idioma! Debía ser importante empleado del hotel. Los diplomáticos nos lo presentaron por su nombre, pero lo llamaré, digamos, Fred.

    Yo tenía toda la mala intención de provocar, y luego del saludo, propuse subir un piso por la escalera, lateral al restaurante, y bien visible. Por lógica los caballeros me dejaron subir adelante (protocolo, los caballeros suben detrás y bajan adelante de las damas). Escalera y minifalda, combinación que no falla.

    Fuimos al ascensor y directo a la habitación de “A”. Por suerte, en mi bolsa Chanel tenía cepillo dental, ida al baño, higiene, cepillado y regreso a la habitación. ¡Recibí de “A” un sobre cuyo contenido miré rápidamente, 6 fajos de billetes! Lo di por bueno.

    Nada que decir, todos ellos pasaron por el baño y era momento de acción. Eran dos, no sabía que querrían, decidí ser yo misma, y confiar en Tommy para que me entregara, si ellos no tomaban iniciativa. Me arrojé a la cama, cara hacia la ventana, mirando el panorama de la Rambla; y mi culo hacia ellos, seguro me veían a pleno, dado el escaso poder de cobertura de la mini. Uno aplaudió. El otro se sentó en la cama, a mi lado que seguía en cuatro alabando el paisaje ja ja, y me pasó la mano por una nalga. El primero se desvistió, el otro me rozó la concha con un dedo y lo chupó. No debía esperar.

    Me paré, “B” ya en bóxer, le dije a “A” “ahora tu” y mientras se desnudaba, me acerque de espaldas a Tommy que comprendió perfectamente mi deseo de ser entregada.

    -¡Señores! En instantes mi tesoro será vuestro… que disfruten como merecen. Yo me iré al bar, no me cabe duda de que podemos, ella y yo, confiar en ustedes.

    Desde atrás, comenzó a soltar, desde abajo hacia arriba, los doce pares de ganchos que cerraban el corsé.

    Llegó el momento que el corsé se abrió y mi amor lo dejó caer al suelo, mis tetas al aire, orgullosas ellas y yo de ellas, ja ja.

    Los diplomáticos estaban muy excitados, se notaba. Tom acarició un poco las tetas y bajó el zipper trasero de la minifalda. Esperó un momento y dejó caer también la falda.

    -¿Ahhh… sin nada? ¿Estuviste así en el restaurante?

    -¡Sí, claro!

    -¡Con razón veíamos tan bien tu trasero en la escalera!

    -¡Bien, los dejo solos, diviértanse! ya volveré!

    -Llévate la llave de la habitación y entras cuando quieras. Desde adentro siempre la podemos abrir.

    -Gracias amor! Toma un rico cocktail al menos.

    Se bajaron los boxers, no tenían pudor entre ellos, seguro ya habían hecho cosas así anteriormente. Uno de ellos, pija normal el otro, más que normal pero no grande, agradables ambas, pelos bien recortados.

    Me rodearon, parados, recordé mis momentos con papá, suegrito y Tom para no impresionarme. Cuatro manos tocaban y acariciaban, mas bien manoseaban todo lo mío, ¡piernas, concha, culo, nalgas y tetas, como les gustan mis tetas! Me besaban, me babeaban, las tetas eran una cascada de saliva (bueno exagero un poquito). Comenzaron a buscarme para besarme, alternadamente, ¡y vaya si me encontraron! ¡Con lo que me gusta!

    Me escapé de ellos a la cama, quería cumplir mi deseo de que me cogieran mirando al Río de la Plata. Caí boca abajo en la cama, levanté el culo para quedar en cuatro. En segundos una lengua se abría camino en mi concha y me la llenaba de saliva. Lengua y más lengua, hasta que sentí la cabeza de una verga buscando abrir mi concha. Abrí un poquito más las piernas, y una de las vergas entró en mí. ¡No tenía descanso, uno me cogía y el otro se dedicaba a mis tetas, gozaba como desesperada… cumplía mi deseo! Las luces de la Rambla semejaban un caleidoscopio y mi cuerpo era un fuego.

    Liberé un grito cuando me acabó adentro, mi mente lo sintió como un golpe, mi cuerpo como un chorro hirviendo, las imágenes son imprecisas.

    ¡Yo estaba muy caliente, y más aún cuando lo sentí salirse, correr leche en mis muslos y al momento… zás… la otra verga adentro! Y una pija, cubierta de leche y flujo se presentó a mi boca, y al momento le hice los honores. El segundo se tomaba su tiempo, me bombeaba parsimoniosamente, a veces la sacaba y la clavaba nuevamente, y eso me enloquece. El otro me amasaba las tetas, me besaba la espalda, y de a poco me fue ensalivando el culo y jugaba con mi chiquito mientras el otro entraba y salía de mi concha. ¡Me sabía condenada ja ja… me iba a encular! ¡Y no crean que me molestaba!

    La eyaculación del otro, “B” fue más prolongada, sentí los chorros de semen, los disfruté, ¡cómo me gusta la leche!

    Salió de mí y también me arrimó la verga a la boca. No lo dudé, le pasé mi celular para que me sacara una foto mientras le limpiaba el miembro. Mi concha rezumaba fluidos, que yo recogía con los dedos y untaba en mis tetas que ellos masajeaban. “A” seguía y seguía acariciando mi esfínter.

    Sabía que me iban a sodomizar, pero los invité a una ducha rápida para darme un pequeño descanso. Aceptaron, aunque solamente pudimos ducharnos de a dos, yo me duché con ambos. Nos acariciamos mutuamente, y todos quedamos renovados. Envié mi foto a Tommy para informarlo.

    Ahora, en el próximo relato, les contaré como siguió la noche, con Tommy conversando con Fred en el bar, con ellos sodomizándome, ¡y más!

  • La influencer influenciada

    La influencer influenciada

    Hacía poco tiempo que acababa de superar los cien mil seguidores en Instagram. Estaba emocionada, pero sobre todo, muy orgullosa de sí misma.

    Habían sido muchos años de perseverancia y trabajo, que finalmente y contra todo pronóstico, se veían de cierta manera recompensados.

    Contra todo pronóstico porque, si de algo había ido sobrada, era de faltas de apoyo, una ausencia total de confianza que la venía acompañando desde siempre a lo largo de todo su periplo…

    Ni sus amigas de entonces, ni sus compañeros de instituto cuando recién comenzaba esta aventura, ni siquiera sus familiares; nadie creyó en ella.

    Años después de eso, y gracias a la democratización de un internet bastante más maduro y asentado en la vida de todos de lo que lo estaba muy a principios de los 2000′, permitieron que una chica, provista solo de su imaginación y de los pocos medios materiales de los que disponía, lograra obtener una reputación en la red y asentar una comunidad bastante fiel, que le fueron allanando el camino hasta el momento presente.

    Si bien, de cara a la galería, procuraba mostrarse segura en todos los sentidos, y siempre orientar sus post e imágenes desde un punto de vista positivo y rebosante de optimismo y belleza. Así como cuando colaboraba con otras influencers o acudía a eventos, se dejaba percibir como una chica abierta y repleta de vida social, con más interacciones de las que muchos, ni disponiendo de dos vidas, podríamos alcanzar a experimentar.

    En el fondo, como en casi todo lo que nos rodea, se hallaba una verdad bastante más mundana y simplificada de su realidad.

    Había dado tanto por su pasión, que durante mucho tiempo se vio obligada a apartar a todas esas personas, que por no creer en ella, consideraba tóxicas; hasta tal punto que su personalidad llegó a verse implicada, desvelándose hoy como un ser significativamente más cerrado e introvertido de lo que lo había sido, cuando aún comenzaba con todo esto.

    En sus ratos libres, que eran bastantes, solía entrar a chats de forma anónima para distraerse.

    Si bien, a principios del 2000′, estas salas disponían de un torrente de usuarios casi ilimitado, de todas las edades y casi a cualquier hora. Hoy, en pleno 2024, la cosa es bastante diferente.

    Lo que habían sido salas repletas de dinamismo, genuina intención por sociabilizar y una variedad de temas y personas que parecía casi inagotable. Dieron paso a un lugar más parecido a la sala de espera de un tanatorio.

    Por suerte, o por desgracia, cuando Lara, nuestra influencer, entró por primera vez a uno de estos chats, la cosa ya había decaído bastante. Y lo que una vez fueron salas repletas de juventud y vigor, habían ido dejando paso a una serie de acólitos, cuya media de edad no había dejado de aumentar dramáticamente con el paso de los años.

    Por lo tanto, a falta de referencias con las que compararlo, su decadente estado actual fue siempre para ella lo habitual.

    Ya estaba acostumbrada a hablar con maduros. Pasaba gran parte de su tiempo libre tratando casi en su totalidad con hombres de cierta edad. Interactuando con ellos y riendo, contándoles sus penas, distrayendo su atención, en definitiva, pasando el tiempo con ellos.

    Nunca desvelaba su identidad, por supuesto. Pues si bien no era el perfil de influencer más popular, ni su contenido iba dirigido a personas con ese rango de edad, siempre cabía la posibilidad de que pudieran reconocerla, por lo que se cuidaba mucho de no revelar quién era realmente.

    En el apartado ”mensajes privados” de sus redes sociales, se acumulaban cientos de ellos. La mayoría eran de chicas preguntándole de dónde era tal o cual outfit, si iba a ir a tal evento o si conocía a esta u otra influencer, etc. Parecían muchos de ellos un corta y pega. Las preguntas y comentarios que recibía eran propios de chicas de corta edad, pues eran casi en su totalidad el tipo de perfil de seguidoras que tenía.

    Pero de vez en cuando, y casi desde el mismo comienzo de su andadura en las redes, recibía de tanto en cuanto algún que otro comentario proveniente de un perfil muy diferente.

    Hombres de cierta madurez, que por algún extraño motivo, el algoritmo había tenido a bien llevarlos hasta ella.

    No fueron nunca una constante, pero sí como un goteo, pues iba recibiendo mensajes así periódicamente, desde que tenía memoria para recordarlo.

    Nunca es fácil relacionar dos hechos, por muchos puntos en común que tengan o por más aristas que se toquen.

    Quizás, si la soledad no hubiera sido una constante en su vida, no se hubiese visto impulsada a buscar una vía de escape a través de ese entorno, el mismo que precisamente le resultaba tan familiar y estaba tan unido a ella, la red.

    Puede que, de haber nacido antes y gracias a ello, poder conocer el entorno de los chats en su momento álgido, antes de que todos esos jóvenes huyeran despavoridos de un día para otro, atendiendo a la llamada del surgimiento de las redes sociales, hubiese valido para mostrarle un lugar, que en ese entonces resultaba completamente diferente.

    Tal vez fuera por costumbre o por esa frialdad que hemos adquirido todos para lograr normalizar sin dificultades aspectos tales como lo insólito, lo oculto, lo disparatado o lo prohibido.

    El resultado final fue la consecuencia de una serie de elementos aleatorios, que una vez dispuestos todos sobre la mesa, decidieron encajar así.

    Como sea, Lara se acostumbró a confraternizar con hombres más maduros desde que era bien joven. Algo que, en muchos casos, le ayudó a adoptar una perspectiva más profunda y elaborada; así como unas formas de proceder más trabajadas y creativas cuando se trataba de enfrentar y resolver toda clase de conflictos.

    El balance de su experiencia, habiendo tenido contacto habitual con hombres de avanzada edad, lo encontraba positivo.

    No solo por todos los consejos útiles que recibió de muchos de ellos, ni por el apoyo incondicional que obtuvo siempre por parte de la mayoría de aquellos que podría describir como ”amigos”.

    Sobre todo, por haberse sentido tan acompañada durante aquellos períodos oscuros que le tocaron vivir, y por distraerla hasta un punto que, verdaderamente, le llenaba de esperanza, cariño, y aunque resultase contradictorio por su posición; atención.

    Lara, de cara al mundo, parecía una chica transparente. Transmitía, de forma natural y totalmente inconsciente, una enorme aura de inocencia que lo abarcaba todo. Algo que provocaba que se desvaneciera cualquier tipo de sospecha de engaño o actuación por su parte; lo que le otorgaba mucha fiabilidad y un buen ”feedback” cada vez que promocionaba un producto con el que estaba contenta o una marca de ropa que decía gustarle.

    Pero de puertas hacia dentro, las mismas que separaban su pequeño apartamento, ubicado no muy lejos del centro de su ciudad, del resto del mundo. Se mostraba, a veces, como una chica bien distinta.

    No siempre aquellos hombres que le escribían por los chats buscaban animarla o compartir con ella pequeños momentos de distensión. En muchas ocasiones, las conversaciones derivaban en situaciones algo más juguetonas de lo que cualquiera de sus seguidoras sería capaz de imaginar.

    Cuando buscaba provocar esos momentos, solía elegir para ello un Nick que llevase su edad adherida, por ejemplo ”Aburrida20” o ”Viajera20”, de ese estilo.

    Abría varias salas, y no tardaban en llegarle los primeros mensajes. Que casi siempre eran los mismos, “hola, ¿qué tal?, de donde eres?” …

    Pero después de un rato y de llevar a cabo una pequeña criba, solía quedarse solo con 2 o 3. Aquellos con los que hubiese congeniado mejor o que tuviesen más labia y capacidad de conversación.

    Las más de las veces, solía dejar que las circunstancias tomaran el control, sin adoptar un rol claro. Aunque, personalmente, prefería que le marcaran el camino y que fuesen ellos los que dominaran la situación.

    Algo de lo que no tardaba en percatarse la mayoría, y que, a poco tardar, corrían a explotar de ella.

    La mayor parte de las conversaciones terminaban ahí. Morían en la página. Pero, de vez en cuando, si con alguno de ellos disfrutaba de una charla interesante, y gracias a ello, lograr una conexión especial antes de pasar a tratar temas más ”candentes”, podía llegar a acceder a las continuas peticiones de ”mantener el contacto” con las que continuamente le increpaban, y, en contadas ocasiones, darles su Instagram. Uno distinto al profesional que tiempo atrás se había terminado haciendo para poder, así, mantener la relación otro día, sin necesidad de depender de la aleatoriedad del chat.

    Con el tiempo, fue ampliando esta lista de contactos, hasta convertirse en su agenda de amistades principal.

    Cada día, después de terminar de trabajar en su Instagram profesional, lo cerraba inmediatamente y abría el personal, que era donde realmente pasaba la mayor parte del tiempo.

    Una mañana de un lunes de noviembre, veía amanecer a una Lara que, como era costumbre en ella, lo primero que hacía al despertarse era estirarse sobre su colchón y apartar con cuidado la cortina con su mano izquierda, para ver así el tiempo que hacía fuera.

    Ese día resultó ser gris, lluvioso y con un cielo carente de cualquier color.

    Eso significaba dos cosas; que la sesión de fotos que iba a hacer esa misma mañana con una amiga del ”mundillo”, quedaba anulada, y, por otro lado, que acababa de encontrarse con que el resto del día lo tenía solo para ella.

    Después de pasarse un ratito tratando de despejarse bajo las sábanas y de escribir los ”Buenos Días” y un par de cosas más en sus redes, procedió a levantarse y a meterse en el baño, que, a los pies de su cama, le aguardaba enfrente.

    Se sentó en la taza del váter y comenzó a hacer pis. Mientras, miraba a su alrededor, procurando esquivar la bombilla que, en el techo del baño y todavía a la intemperie, colgaba aún sin que aplique alguno la ocultase.

    Cuando terminó de orinar, se limpió con un trocito de papel, y, tras tirar de la cisterna, se levantó y se aproximó al lavabo.

    Se lavó la cara, los dientes, y después de secarse, se maquilló.

    Cuando terminó, se fue directa a la cocina, y tras desayunar un bol de cereales con unas rodajas de kiwi, abandonó todo en la mesa sin recoger, y se marchó.

    Dejó caer su culo sobre el sofá, algo de lo que se arrepintió al instante, pues, si bien la parte de arriba de su pijama era larga y mullida, su parte inferior era cortita, pues le agobiaba dormir con prendas largas.

    El sofá estaba helado y todavía faltaban unas pocas horas para que prendieran la calefacción, por lo que agarró una de las muchas mantas de Ikea que yacían sobre un puff y la extendió sobre los esponjosos cojines. Acto seguido, se sentó y se cubrió con una manta más ancha, que llevaba allí desde el mismo día que se había mudado, cortesía de su abuela.

    Luego de encender la tele y pasar un rato eligiendo qué canal dejar, arrojó el mando sobre la mesa y se puso inmediatamente a trastear con su móvil.

    Después de comprobar que no había mensajes ni correos importantes ese día. Cerró su Instagram profesional y abrió el personal.

    Enseguida, la bandeja de entrada le informó de que tenía 7 mensajes no leídos.

    Saludó a todos con un ”Hola, que tal” de lo más genérico, y se centró en aquellos que la aplicación mostraba como conectados.

    Juan_Ignacio le habló.

    -¡Pero qué madrugadora! ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi Lara? jejeje

    -Jaja, calla, que me he despertado para nada. Tenía hoy una cosa que hacer y al final, ¡nada!, anulada.

    -¿Y eso? ¿Por qué lo habéis anulado? Preguntó Juan Ignacio.

    -Por nada. Lo hemos dejado para más adelante.

    -Hace muy mal tiempo, hemos quedado otro día, añadió rápidamente Lara.

    -¡Que faena! ¿Así que te has levantado para nada? Jejeje, pobrecita mía. Escribió él.

    -jaja lo sé. Era lo único que tenía que hacer hoy. Ahora no sé a qué me dedicaré todo el día.

    -Bueno, puedes ir estudiando y adelantando temario, que luego siempre te vienen las prisas y el ”ay ay ay” que no llegó. Jejeje. Le recordó Juan Ignacio.

    -Sí, sí tienes razón. Pero aún voy sobrada de tiempo. Queda mucho para los exámenes de diciembre. ¡Tranquilo! Que voy bien, por el momento. Sentenció Lara.

    Una de sus ”tapaderas”, podríamos decir, era decir que estudiaba, como contestación a esa pregunta que siempre terminaba llegando, la perenne ”¿Estudias o trabajas?”.

    Para evitar dar más explicaciones de las necesarias, solía afirmar que estudiaba una carrera a través de la UNED, en concreto psicología.

    Por ningún motivo en realidad. Elegiría esa en algún momento, al principio, y la mantuvo como respuesta fácil.

    Tenía algunas conocidas de su edad que sí estaban estudiando de verdad, así que más o menos se conocía la ”jerga” estudiantil, y, sobre todo, los tiempos de exámenes.

    No solía ahondar en ello más de lo necesario, ni tampoco el resto de hombres, que por conveniencia o desinterés, elegían aparcar el tema y centrarse en otros aspectos más interesantes e íntimos de la vida de Lara.

    Permanecieron así, hablando durante un rato. Él se encontraba en el trabajo, en su oficina, y, exceptuando algunos momentos puntuales en los que llamadas o alguna secretaria que, por irrumpir en su despacho, les interrumpía, el resto del tiempo, lo pasaron haciéndose compañía el uno al otro.

    Se conocían desde hacía año y pico. Era de los hombres con los que más hablaba, con el que tenía más confianza, o al menos, uno de los que más.

    A pesar de rondar una edad considerable, en torno a los 56 años, y que, comparándose con los 20 de Lara, era como ver a dos mundos paralelos entrando en rumbo de colisión; su aspecto se veía bien cuidado. Era alto, con el pelo algo canoso, pero no del todo, pues un matiz oscuro parecía resistir por unos instantes una ofensiva, que, sin embargo, se presentaba perdida de antemano.

    Se jactaba de conservar todavía una complexión atlética, gracias a haber llevado una vida relativamente sana y bastante apegada al deporte. Algo de lo que le encantaba hacer gala en sus redes sociales, subiendo fotos en bañador aquí y allá durante el verano.

    Tenía los ojos oscuros como la boca de un túnel, o así salían reflejados en la mayoría de sus fotos, además de parecer tener un talento especial para mantener siempre perfecta su barba de tres días, algo que otorgaba un plus de atractivo en él.

    Al terminar Juan Ignacio con una de esas llamadas, que solían cada tanto en cuanto detenerles la conversación, pudieron seguir hablando.

    -¿Por cierto, has desayunado ya?

    -Sí, dijo Lara.

    -Me tomé hace un rato un tazón de leche con un poco de kiwi.

    -¿Sigues yendo mal al baño, cariño?

    -Sí… todavía no voy como me gustaría, le respondió Lara.

    -Necesitas que vaya un día y te masajee la tripita, así verías como se te pasaba el estreñimiento, jejeje. Escribió Juan Ignacio con cierto tono de sorna.

    -Jaja, mis padres están aquí, no sé si les haría gracia que viniera un extraño a acariciarme la tripa. Dijo Lara.

    -¡Cierto!, cuando tienes la razón te la doy. Jejeje.

    -Otra opción es que vinieras tú aquí. En mi casa vivo solo yo.

    No era la primera vez que le invitaban a quedar en cualquiera de sus formas, colores, lugares, escenarios, etc. etc.

    Siempre dejaba claro que le gustaba mantener las distancias y que solo buscaba amistad online. Algo que no quita que, los mismos a los que se lo repetía una y otra vez, pasado un tiempo, volvieran a insistirle con lo mismo una segunda y una tercera… De hecho, este solía ser uno de los principales motivos por los que, de vez en cuando, realizaba una poda, una limpia de su lista de contactos, eliminando a aquellos que, o bien por pesados, o si no por impertinentes, se habían ido ganando a pulso un bloqueo, y el aplauso del público.

    Para poder evitar este tipo de situaciones, o más bien, para conseguir salir de ellas con rapidez y no dejar que las conversaciones se quedasen estancadas con ello, seguía diciendo que vivía con sus padres, algo que, gracias a Dios, hacía un año ya que había podido solventar.

    En el caso de Juan Ignacio, el asunto era diferente. No solo controlaba mucho la periodicidad con la que se lo dejaba caer a Lara, sino que, además, sabía elegir bien esos momentos y no seguir insistiendo con ello de forma prolongada. Tenía cierta psicología, por así decirlo, un tacto especial.

    Lara acostumbraba a esquivar esa bala, riéndose en la conversación, o sutilmente, cambiando de tema.

    Pero esta vez, algo distinto pasó por su cabeza.

    Quizás pudo deberse al madrugón. Es posible que se estuviese poniendo algo cachonda por algún motivo. Algo que ya le había ocurrido con anterioridad, pero que esta vez parecía atacarle de forma más profunda.

    Mientras una de sus manos sostenía el móvil y la otra se encontraba debajo de su pantalón, comenzó a acariciar una idea. Un remanente que todavía carecía de forma alguna.

    De poderse aproximar a algo, sería a una especie de disparador, sobre el que, si depositaba la más mínima atención, reaccionaba provocándole una cascada de palpitaciones difíciles de controlar.

    Se manifestaba como una gota de aceite a la que, cuanto más interés prestaba, más rápido se extendía sobre la superficie.

    Se quedó muda unos minutos, mirando la pantalla de su teléfono mientras colocaba su mano izquierda contra su coño y lo apretaba al ritmo de esa idea, la misma que hacía escasos minutos se presentaba solo de forma intermitente, pero que, poco a poco, iba tomando el control de su mente por completo.

    De pronto, se la sacó del pantalón, agarró el móvil con las dos manos y escribió a continuación de las últimas palabras que había dejado puestas Juan Ignacio.

    -Pues, si me invitas. Jajaja.

    Sostuvo el dispositivo a escasos centímetros de su cara, todavía sin lograr enviar la frase, como si esperara a que algo en su interior pudiera emerger con la suficiente fuerza como para detenerla. Pero ya era tarde, ya era tarde para todo.

    Su dedo pulgar se dirigió al pequeño botón azul que se encontraba en la parte inferior derecha de la pantalla, y lo pulsó.

    Ya estaba hecho.

  • La noche esperada (parte 1)

    La noche esperada (parte 1)

    Hace mucho tiempo atrás, comencé a tener una relación con una compañera de trabajo, primero en lo laboral y después un poco más personal, como iniciando una pequeña amistad.

    Ella es una mujer muy atractiva, rubia, con unos ojos hermosos y una mirada profunda, con un cuerpo que era imposible no mirarlo por completo cuando pasaba por los pasillos. A la cuál saludaba tímidamente.

    Si bien ya sabía quién era, por un parentesco de un compañero, no me animaba a acercarme. Pero de casualidad nos pidieron unas tareas en conjunto y ahí empezamos a conocernos un poco por email y luego por mensajes.

    No voy a negar que pensaba que era una persona altanera, creída, que muchos hombres estaban detrás de ella. Pero estaba totalmente equivocado. Tiene un carácter dulce, agradable, alegre y eso me gustó. Con unos pocos mensajes me di cuenta como era. Y fuimos generando más confianza entre nosotros.

    A nivel personal me parecía interesante, inteligente y profesional. Pero también físicamente me provocaba curiosidad y un deseo tremendo, que crecía día a día. Yo dudaba si a ella le pasaba lo mismo o solo me veía como un amigo.

    A menudo nos coqueteábamos a modo de chiste y otras no tanto. Yo siempre la charlaba y alababa una parte de su cuerpo que me encantaba.

    Decidí que no iba a quedarme con la duda. Estábamos solteros y pensé, ¿Por qué no? Era en otoño y estaba un poco frío, así que la invité a mi casa un día viernes, para cenar y ver una película juntos. Y ver si pasaría algo entre nosotros. Ella aceptó mi invitación y la esperé con ansiedad y nervios. Una hermosa sensación generaba en mí.

    Llegó esa noche ansiada y se fue dando todo con normalidad. Si bien yo no vivía solo, teníamos mi habitación para nosotros. Charlamos y el ambiente era cómodo. Siempre me gustó escucharla y disfruté eso. Pero también le miraba su boca. Me contenía por dentro.

    Luego de la película y cerca de las 2 de la mañana, me preguntó si podía quedarse a dormir e irse temprano. A lo cual accedí sin problemas. Se sacó su calzado y se acostó en el somier. Terminé de acomodar unas cosas y también me acosté a su lado. Ambos con la ropa puesta. Mi corazón latía más acelerado.

    La luz estaba apagada y solo nos alumbraba el brillo del televisor. Ella de costado dándome la espalda. Le pregunté si podía abrazarla y asintió con su cabeza. Pasé mi brazo izquierdo por debajo su cuello y quedamos bien cerca.

    La apreté un poquito, sintiendo un abrazo muy tierno, pero a su vez iba tomando un poco de calor. Ella se acomodaba dejando que pueda sentir su cuerpo pegado al mío. Yo la rozaba desde atrás con movimientos suaves. Ella también se movía en forma sincrónica, sintiendo la erección que había provocado en mí. Lo que tanto había deseado este tiempo, lo estaba disfrutando de a poco.

    No quería perder el control en ese momento. pero si deseaba besarla, me imaginaba unos besos ricos, húmedos, disfrutando nuestros labios y que nos hagan explotar. Sentí su perfume, me acerqué por su cuello, unos pequeños besos en esas zonas. Giré su cabeza hacia mi lado para empezar. Y me dijo que no. Que mejor pare. Me quedé en silencio y no supe que decirle, pero obviamente hice lo que me pidió.

    Me alejé un poco y la dejé descansar hasta que amaneció y se fue. Al otro día no sabía de qué forma pedirle disculpas y me sembró otra duda. En qué había fallado o porque no se dio.

    A partir de esa noche no volvimos a ser los mismos. Poco a poco fuimos perdiendo el contacto y cada uno fue tomando distintos caminos. Pero la buena relación y el cariño siempre quedó latente hasta el día de la fecha.

    Está historia no tuvo el final que esperaba, pero forjó un deseo y momentos íntimos que me hubiesen encantado vivir y disfrutar. Están en mi imaginación. Y bien detallados en la parte 2.

    ¿Te gustaría leerla? Te aclaro que el contenido es explícito y caliente.

  • Dolores, mi suegra (2): El regalo de cumpleaños

    Dolores, mi suegra (2): El regalo de cumpleaños

    Paso los días maldiciendo el día que cambió todo, de haber sido el señor de la casa a un don nadie gobernado por mi esposa y sus padres obligado cada noche a ir a la habitación de sus padres para que ellos, satisfagan sus más oscuras perversiones sexuales.

    Mi suegra Dolores me hace llamar y me comunica que su hermana Pepa viene de visita esta tarde para celebrar su 60 cumpleaños con la familia también estará mi cuñada Teresa, mi esposa Ana y ella, me pide que no me ausente de casa y que esté disponible desesperado protesto ella me propina una sonada bofetada ¡tú ya no decides quién va o quién no! ¡de acuerdo con el registro de la propiedad el 70% de esta casa es mía! ¡tú eres el tolerado por mí en esta casa toma conciencia de ello!

    Muy entrada la tarde ya están todas juntas celebrando el cumpleaños de Pepa, informadas de mi nueva situación ríen a carcajadas mientras yo permanezco en silencio avergonzado. La noche se echa encima y las mujeres acuerdan retirarse para descansar mi esposa me dice que pasare la noche en la misma habitación que su tía que ha decidido quedarse a pasar la noche, advirtiéndome que me porte bien con ella de lo contrario tomaría medidas muy dolorosas para mí, no puedo creer lo que acabo de oír mi mujer me entrega a su tía de la misma manera que me entrega a sus padres.

    A medianoche me dirijo en pijama a la habitación donde se encuentra la hermana de mi suegra, entro tímidamente ella me mira con expresión de satisfacción ¡así que tú vas hacer mi regalo de cumpleaños! Me pide que cierre la puerta y que me desnude cuando estoy desnudo enfrente de ella me pide que doble las mano detrás de la espalda, sin demorarse lleva su mano a mi entrepierna acariciando con la yema de sus dedos mis testículos provocándome de inmediato una erección. Pepa se hace dueña de mi verga la masajea con habilidad.

    Acercándose a mi oído me dice ¡tienes una buena tranca, ya verás lo bien que me lo voy a pasar con ella! y sin venir a cuento me da una bofetada exigiéndome que me arrodille, no reacciono y ella me pregunta ¿te arrodillas frente a mí, o debería darte otra bofetada? ¡no señora! Tartamudeé y me puse de rodillas, por su mirada parece que está disfrutando de su poder. Alejándose y dándome la espalda comienza a desprenderse de sus ropas, dejándome ver su voluminoso cuerpo desnudo, al agacharse para recoger las prendas del suelo veo el gran culo esplendoroso de una blancura deslumbrante.

    Como la luz leda de lleno puedo ver el vello oscuro que cubre la parte inferior de su raja al volverse contemplo el aspecto imponente, un poco gruesa pero no obesa, hombros amplios y caderas anchas, pechos bien separados, pero no demasiado prominentes y el coño oscuro de vello rizado.

    Una vez despojada de todas las prendas se sienta en la butaca y echándose hacia atrás abre sus gruesos pies que me parece muy vellos para su edad. ¡Creo que sabes que quiero! La lujuria se apodera de mí y gateando entro entre sus enormes muslos y pego mis labios al frondoso paraje metiendo mi lengua hasta donde puedo, ella sujeta mi cabeza con ambas manos y aprieta mi cara contra su coño. No dejo de mover la lengua ella esta excitadísima no cesa de agitar nerviosamente el culo, ¡Oh, oh, cuanto me haces disfrutar! ¡Oh, oh! ¡más rápido, más rápido, come, come! me dice apretando con más fuerza mi cara contra su coño, continúo lamiendo y tragando sus fluidos.

    Hasta que me pide que me tumbe en el suelo de espalda, montándose encima mío a horcajadas dándome la espalda y dejando caer sus nalgas exactamente encima de mi cara colocando su coño sobre mis labios, continúo lamiendo frenéticamente su raja, por las nerviosas sacudidas de sus nalgas y el contoneo de todo el culo intuyo que se va a correr ¡Oooh, Oooh! ¡sí, sí! ¡come, come! ¡Ooooh! ¡me corroo, me corroo! ¡haaa! al tiempo que alza el culo se corre entre gritos desenfrenados copiosamente sobre mi cara, sus muslos se contraen convulsivamente atrapando mi cara debajo de sus nalgas.

    En mi amplia experiencia con mujeres más jóvenes jamás había visto un orgasmo tan impresionante. Por un instante recupera fuerza, hasta que me agarra el pene, lo pajea suavemente con la mano, y se lo lleva a la boca, comienza a darme una mamada increíble, despacio, sin prisa, sus sonidos son excitantes, agarrando el tronco de mi ardiente verga hacia arriba, pasa su lengua hasta chupar mis huevos es una sensación increíble, es obvio que esta mujer es una vieja loba.

    Ella se gira y vuelve a montarse a horcajadas frete a mí con una sonrisa burlona, pasea sus pechos por mi cara mientras yo trato de succionar cada uno de sus pezones, mientras frota su pubis en mi verga que continúa empinada. Con su mano atrapa mi verga y se la introduce en su vagina caliente y húmeda, ¡Ahhh! grita de puro placer. Durante unos segundos permanece con mi polla clavada en su interior acomodando sus manos en mi pectoral comienza a cabalgarme como una experta amazona, mientras yo sujeto sus caderas ¡Ohhh! Con ese gran gemido y muchos más llena el dormitorio durante los siguientes minutos ¡Aaaah, si, si, jodeme, jodeme!

    Sus pechos botan descontrolados de un lado a otro, mi polla aparece y desaparece al ritmo de sus sacudidas los gemidos y los gritos de placer son cada vez más seguidos ¡Fóllame, cabron! ¡Vamos, fóllate a la tía de tu esposa! mi polla golpea en lo más profundo de su coño entra y sale a toda velocidad. ¡¡Fóllame, vamos, no pares!! supe que no iba a aguantar mucho más, ¡Aaaah! una sacudida recorre su cuerpo, el orgasmo la hace gritar de placer durante unos segundos interminables. Se corre intensamente soltando chorros y chorros de sus fluidos, se derrumba sobre mi pecho mientras se recupera.

    Se incorpora y situándose a mi lado agarra mi polla con la mano derecha y comienza a pajearme rápidamente. Me corro soltando chorros y chorros, Pepa no para hasta estar segura de haberme sacado hasta la última gota, apartando las sábanas se va al baño yo la espero despierto hasta su regreso, nos damos las buenas noches y nos dormimos.

  • Natalia, la sedienta madre soltera

    Natalia, la sedienta madre soltera

    Les vengo a contar una historia que me pasó hace un par de años, pero que hasta hoy tuve el tiempo y pude animarme a contar.

    Todo empezó en mi vecindario, donde llegó una nueva empleada a una panadería, ella era la señora Natalia, una mujer que sinceramente es poco agraciada, tez morena, bajita de estatura, con pequeños senos, pero muy buena pompi. Lo agradable de ella era su carácter, acompañado de una buena forma de vestir, ropa deportiva que algunas veces que hacían resaltar un culito respingón y bien formado.

    Natalia era una mujer madura, madre soltera de aproximadamente 42 años en ese entonces, mamá de un pequeño niño de secundaria, del cual me hice amigo, pues a pesar de que tenía yo 18 en ese entonces, seguía jugando fútbol en las calles con los demás chavos del vecindario. A su hijo se le complicaba la escuela y por esa razón la señora Natalia me contrataba como su asesor extra escolar, trabajo que me agradaba pues se me facilitaba la enseñanza y ganaba un dinero extra. Así pasaron los meses, hasta que un día viernes fue el cumpleaños de la señora, y en vez de dar clase, solo fui a convivir con ella y su hijo, comimos un poco de pastel y tomamos un par de cervezas, solo dos o tres, pues al atardecer debía llevar a su hijo a la escuela, ya que se iba de campamento. Dieron las 6 de la tarde y los acompañé al colegio de su hijo, pues era hora de su partida, lo vimos irse junto con sus amigos y regresamos a casa de Natalia, sinceramente hasta ese entonces, yo la veía solamente como la mamá de mi amigo y nada más, pues a pesar de que a mí me fascinan las mujeres maduras, a ella no la veía aún como alguien a quien quisiera follar.

    Camino a su casa pasó lo siguiente:

    Nat: Bueno, pues ya se fue mi cachorro, estaré sola de hoy al domingo…

    Yo: Si pues, así pasa Natalia, lo bueno es que en tu trabajo te distraes un rato…

    Nat: Bueno fuera, pero se descompuso el horno y hasta el lunes lo van a arreglar, así que será un fin de semana largo, sin hijo y sin trabajo, bueno, servirá para relajarme…

    Yo: Ohh, vaya que sí, deberías aprovechar para salir y divertirte, ir a un antro o que se yo…

    Nat: ja ja ja a mi edad? Ni un viejo rabo verde me haría caso… Pero bueno, se me ocurre algo, quiero sentirme joven de nuevo y si vamos por más cervezas y las bebemos en mi casa?…

    Que rayos!? Me quedé sorprendido, la verdad esa propuesta jamás se me hubiera ocurrido y la verdad es que ni se me antojaba, como un joven de 18 iba a beber con una señora de 42!? Y a pesar de todo ni atractiva era… (Les juro amigos lectores, que estaba seguro de decirle que no, pues seguramente sería algo aburrido y terminaría yo cuidando a una señora ebria) Pero jamás imaginé lo que pasaría y todo lo que cambió a partir de ese momento…

    Yo: Ammm… pues… bueno… (Finalmente accedí, no iba a dejar abandonada a una conocida y menos en su cumpleaños y bebiendo sola, así que recordé que no tenía algún plan más divertido y accedí)

    Nat: Ándale, anímate, no dejarías sola a una amiga en su cumpleaños verdad?

    Yo: Claro que no Natalia!

    Así que se entramos a la tienda y ella se agachó por unas botanas mientras yo tomaba las cervezas, naturalmente voltee a verle el culo y pues vaya, la verdad es que no estaba tan mal, pero aun no me motivaba a intentar algo serio con ella.

    Yo: Con estas está bien? Le dije mientras tomaba un paquete de 6 cervezas…

    Nat: Es en serio? Es mi cumpleaños! La tarde es joven, lleva otros 2 paquetes de 6.

    La verdad es que me preocupé, esta hembra quería embriagarse y por una parte estaba bien, pero por otra no quería verla mal, era una señora muy “bien portada” y no parecía ser de ese tipo de mujeres alocadas.

    Llegamos a su casa e inmediatamente pasamos a la mesa, ella traía una actitud de jovencita, como si en vez de cumplir 42 hubiera cumplido 22, en fin, no me molestaba, pero me parecía muy extraño…

    Abrimos las primeras cervezas y ella seguía igual de reventada, puso música y me amenazó con sacarme a bailar, a lo cual no accedí pues no sabía yo bailar.

    Nat: Oye, voy a vestir de acuerdo a la ocasión, en un momento bajo! -Dijo con voz de señorita adolescente…

    Yo: Claro! De acuerdo a los 22 que acabas de cumplir! -Dije en sentido de cumplido..

    Cada vez más me arrepentía de esa situación, pues una señora que se sentía adolescente sólo por festejar su cumpleaños no me acababa de convencer..

    Pasaron los minutos y yo a penas y bebí una cerveza más, periódicamente Natalia gritaba frases como:

    -ya casi voy! En seguida bajo! -Y entre frase y frase transcurrían largos minutos.

    Llegó el momento en que me desesperé y pensé en retirarme, pero el sonido de unos tacones al bajar las escaleras me hicieron volver, pensé: ahora con que ridiculez va a salir, y de pronto…

    Ohhh santo cielo… pues que en realidad había cumplido 22? Natalia salió irreconocible, hasta pensé que era otra persona… jamás olvidaré ese instante…

    Tacones altos, pantimedias negras, apretada falda hasta arriba de la rodillas, camisa blanca semi transparente que dejaba ver un brasier negro, peinado de coleta que le hacía ver fácilmente 10 años más joven ayudada por un poco de maquillaje…

    Yo: Caray Natalia! Eres tu?

    Nat: ja ja ja si tontito ni modo que haya viajado en el tiempo.

    Yo: Pues waw, luces totalmente diferente (y la verdad es que si, pues les juro amigos lectores que se había quitado 10 años menos y fue ahí donde pensé… ah caray… pues esta Natalia me llama más la atención y la verdad es que si, pues nunca la había visto vestida así y debo aceptar que se veía atractiva por primera vez desde que la conocí…

    Yo: Permítame destaparle otra cerveza a la señorita…

    Nat: Gracias por lo de señorita -lo dijo mientras bebía más alcohol…

    Así pasaron las horas, en las cuales hablamos desde política, religión, actualidad y nuestras vidas, pues ya eran cerca de las 10 pm.

    Yo: Yo creo ya me voy a mi casa Natalia, si no, no alcanzaré el colectivo.

    Nat: Pero aún quedan bastantes cervezas, si gustas puedes quedarte en el cuarto de mi hijo -dijo con voz entre cortada, pues se notaba la influencia del alcohol en sus palabras…

    Yo: Te lo agradecería, pero mejor me regreso a casa, ya es tarde y también ya te noto un poquito…

    Nat: Un poquito qué? Borracha? Por Dios, es mi cumpleaños, no tengo marido, hijo, ni perro que me ladre, solo estas tú, anda, te invito a quedarte…

    Pensé un momento y la verdad con ayuda del alcohol analicé la situación (mujer con actitud de adolescente, alcohol en el cuerpo de ambos, ella vestida de modo coqueto, noche joven) por qué no???

    Yo: Bueno, pues hagamos de este cumpleaños una noche inolvidable -le dije mientras en mi mente una inimaginable idea de follar con ella, tomaba fuerza.

    Nat: Me gusta muchacho, al menos por esta noche, hazme sentir como si tuviéramos la misma edad… Lo dijo en tono entre ebria-coqueteando-sensual…

    Ohh por Dios! Esta mujer creo que trama lo mismo! No sé si sea el alcohol o de verdad todo ha sido un plan de ella.

    Yo: Claro que lo haré -le dije mientras la tomaba de la mano para bailar.

    Nat: Te enseñaré a bailar -lo dijo mientras acercaba su cuerpo con el mío.

    Yo la tomé de la cintura, uff estaba linda, con la otra mano sostenía su mano hasta que un cambio de ritmo marcó una pauta, en su lista de canciones tocó el ritmo de una balada romántica, bajó mi mano hacia su cintura y ella pasó su manos por detrás de mí cuello, mientras un baile lento sonaba de fondo.

    Nat: Gracias por esta gran velada, me he divertido como no tienes idea.

    Yo: Gracias a ti por permitirme estar aquí, celebrando tu cumpleaños.

    Nat: Me has dado un gran cumpleaños, por momentos me haces olvidar que soy una señora más de 20 años mayor que tú.

    Yo: Pues tienes la actitud de una chica de 20, eso me agrada Natalia.

    Nat: Sólo la actitud de una chica de 20?

    Yo: Ammm… A que te refieres?

    Nat se quedó callada y lentamente bajó mis manos hacia su trasero.

    A pesar de traer varias cervezas encima, mi cabeza no se lo creía y aún no estaba 100% seguro de lo que quería.

    Toqué suavemente su trasero, pero pronto quité mis manos de ahí…

    Nat: No te gusta?

    Mientras que con un tono nervioso le contesté:

    -Sí, tienes bonito cuerpo.

    Nat: Recuerdas que hace un par de horas quería sentirme como una chica veinte años menor?

    Yo: Si… -dije con voz entre cortada.

    Nat: Pues es tu turno de hacerme sentir como una chica de tu edad.

    No me dio tiempo de responder absolutamente nada, cuando ella me plantó un riquísimo beso…

    No lo pensé más y me animé a hacerla sentir tal cual quería, y le haría pasar un mejor cumpleaños aún…

    Le seguí ese cálido beso, mientras seguíamos “bailando” a lo que ella empezó a besar mi cuello y desabotonó mi camisa.

    Pensé: Esta hembra vaya que está deseosa de sexo, aprovecharé eso…

    Ahora si con más confianza, le toqué su culito y al acariciarlo noté que traía una tanga puesta, por lo que levanté su falda y al natural toque ese trasero el cual nunca me imaginé tener en mis manos.

    Nat: Ya vi que no eres tan tímido, y si vamos a mi habitación?

    Yo: Vamos… -le dije mientras le mordía y besaba el cuello con el fin de excitarla.

    Apenas entramos a su habitación, se dejó caer en la cama, tenía ya su falda levantada y como la bestia en celo que estaba despertando, se apresuró a desnudarme, me dejó solo en calzoncillos y ella se quitó su falda y su camisa, quedando en solamente en su ropa interior y sus pantimedias, algo que me prendía bastante, pues estábamos listos para la acción. Excitados por el momento, nos besamos y nos saboreábamos, la verdad nunca imaginé que esa mujer fuera así de cachonda, a penas teníamos un par de minutos en la cama cuando.

    Nat: Hazlo… hazlo por favor…

    Yo: Que?… que quieres que haga?

    Nat: Dame mi regalo de cumpleaños… dámelo ya por favor…

    Yo disfrutaba su desesperación… “que quieres Natalia?”

    Nat: Tu verga papi, ya dámela en mi costa…

    Le abrí las piernas, retiré su tanga y me encontré con una madura vagina bastante húmeda, un poco velluda por obvias razones y, sinceramente no creía que a su edad podía estar así de mojada.

    -Feliz cumpleaños Natalia!! -Le dije mientras introducía mi miembro en su conchita.

    Nat: Despacito por favor… hace un par de años que no entra nadie ahí.

    Yo: Relájate. -Le dije mientras le recorría su pecho con mi lengua y mis besos.

    Nat: Que rica verga tienes papi…

    Eso me motivó a de un solo golpe introducirla mi pene, a lo cual un grito descomunal salió de su boca.

    Nat: Aaaahhh te dije que despacio.

    Yo: Ya quería hacértelo.

    Nat: Esta bien papi, dame mi regalo de cumpleaños…

    Esas fueron las últimas palabras que salieron de su boca, pues fue cuando en la posición de misionero empecé a penetrarla, ella solo gemía y pedía más rapidez o más lentitud, mientras que yo sentía sus contracciones vaginales al son de sus gritos.

    Nat: Así, así dame mi regalo de cumpleaños mi niño.

    Me sorprendía que me llamara de esa forma, pero estaba justificado por la pasión del momento.

    Mi verga estaba en su total plenitud, eso en combinación de su dulce humedad, hacían que Natalia gimiera en cada penetrada.

    Si yo hubiera seguido así, seguramente un par de embestidas después hubiera eyaculado, pero quería disfrutar del momento, de esa sedienta dama, de ese maduro cuerpo que difícilmente volvería a tener de esa manera, así que la detuve y le pedí que cambiáramos de posición.

    Nat: Ahora como me quieres papi?

    Sin decir palabra alguna, yo me recosté y la hice montarme, se acomodó y empezó a cabalgar cual vil vaquera, no pasaron ni 5 minutos de brincos, cuando me pidió le presionar sus pechos, que se los pellizcara, y aunque no eran muy grandes, aún conservaban buena forma. Casi al contacto con ellos, y después de un grito candente, se vino a choros, tal cual, inclusive se hizo un pequeño charco de su squirt en mi abdomen.

    Nat: Ayyyy Diooos… que fue esto?? Nunca había sacado esto, no es pipí verdad? -Dijo con voz entre cortada,

    Yo: Cálmate, es tu juguito del placer, y te prometo darte más de estos.

    Nat: Pues nunca lo había sentido, pero fue algo muy rico… Ahora, si me disculpas, estoy rendida, déjame recuperarme.

    Yo: Claro. -le dije con un abrazo y un beso y me recosté junto a ella, y a pesar de que yo no había acabado, me sentía bastante satisfecho y estaba seguro que en el siguiente round tendría aún más esperma acumulado para ella…

    Permanecimos abrazos hasta quedarnos dormidos… Por mi cabeza no razonaba lo que acababa de pasar, si bien no había sido el mejor polvo de mi vida, pero sabía que si trabajaba un poco, podía tener en ella a una gran amante…

    Hasta aquí el primer relato de Natalia, en otra ocasión contaré nuestros demás encuentros de ese fin de semana y como pude probar a esta madurita, que como lo he dicho antes, son mi pasión.

  • Oficina caliente

    Oficina caliente

    Ayer te soñé… fue tan real te folle tan rico, me comiste de una forma que me dan ganas de volver a soñar, cogimos, cogimos mucho. Fue tan real…

    Si crees que está es una historia de amor, olvídalo aquí sólo encontrarás: pasión, sexo; el amor no está incluido en estas letras, solo la lujuria tiene un espacio reservado en estas líneas.

    Si aun así te decides a leer disfruta.

    Por mucho tiempo he fantaseado con Paulina… ella se da a desear y entre charlas también me ha dado a entender que ella también siente una atracción por mí.

    Una relación entre nosotros simplemente no se puede dar, ella tiene su marido, yo tengo mi mujer, ambos tenemos hijos, aun así siempre estamos coqueteando y platicando sobre qué nos gusta hacer a la hora de la de la intimidad, en más de alguna ocasión nos hemos calentado mutuamente, y ella al fin me dice:

    —No sigas que esto no está bien.

    Pero sé que solo es cuestión de tiempo para que algo suceda entre ella y yo.

    Paulina es una mujer sexi, como me gustan, es segura de sí misma, y disfruta plenamente de su sexualidad tenemos gustos parecidos a la hora de follar.

    Es una morena sensual como de 1.60 metros tiene una linda cara parecida a JLo, aunque su cuerpo no es como el de ella, Paulina es más bien gordibuena, pero tiene todo bien acomodado sus pechos no son muy prominentes, pero tiene un trasero espectacular con ella hablo de todo, no tenemos restricciones en nuestras charlas personales, desde nuestras fantasías, hasta los juguetes que cada uno tiene para disfrutar en pareja, cierto día compre un plug anal de esos que vienen con una cola de zorrita incluida, sabía que ella quería uno de esos pero no lo había podido comprar aún, una vez le dije medio, en broma medio en serio, que yo se lo compraría con la condición de que me dejara ponérselo por primera vez, solo para poder verla, ver ese prieto trasero tan rico con una de esas colas ufff!!! Sería sensacional, verla a ella a gatas por la habitación luciendo su trasero con una cola de esas en especial me causaba un morbo enorme.

    Ella me dijo que sí, pensando que estaba bromeando –o tal vez también fantaseaba conmigo, como yo con ella–, los días pasaron y no podía quitarme de la cabeza esa cola de zorra, quería a Paulina de zorra para mí, así que me decidí y fui por la cola.

    Fui al local donde siempre compro los juguetes y le explique a Nena lo que quería en esa ocasión, me enseñó varios modelos unos con el plug de plástico, unos de algo parecido al vidrio, y otros eran de metal todos con diversas formas en el plug, al final me decidí por el de metal, compre uno de tamaño mediano pues aunque ella me ha contado que le gusta el anal no quería algo muy grande para empezar –ya después podríamos intentar otro más grande, si es que no terminamos por perder la amistad por esto– tenía un lindo pelaje gris con blanco, compre un lubricante y metí todo en mi maletín donde guardo todo lo necesario de mi trabajo y me lance a la oficina, llegando al edificio entre directo a mi oficina y por teléfono le marque a su cubículo, con el pretexto de revisar unos papeles…

    Mientras ella llegaba quite todo lo que estaba encima de mi escritorio, solo deje el gel y el plug juntos.

    Llego toda quitada de la pena con su carpeta de pedidos Paulina entró saludando como siempre alegremente, se paró en seco cuando vio la cola sobre mi escritorio.

    —Fe Fe Fede que es esto? –Me pregunto tartamudeando– yo estaba bromeando Fede

    —Ven Paulina que por ver no se paga…ven mujer, no te voy a hacer nada… que no quieras, yo no estaba jugando, aquí tienes tu cola.

    Me miro con una sonrisa en su rostro sin dejar de mirar alternadamente a él juguete y a mí.

    —Pero Fede ¿aquí?

    —Ven, tócala, siente su textura, vamos no muerde.

    Se acercó lentamente como cuidando sus pasos, se notaba nerviosa, poco a poco la fue acariciando, primero tímidamente, como una niña si no sabe si el juguete que le ofrecen en verdad es para ella. Después la tomó en sus manos y la levantó, la observó minuciosamente. Yo la miraba sin decir nada, solo observando sus reacciones, su timidez fue saliendo de su cara y con una sonrisa pícara puso el seguro a la puerta.

    —Está muy suavecita la cola Fede me dieron ganas de probarla.

    —Paulina no sabes cómo he deseado este momento, verás que la vamos a disfrutar mucho.

    —Aquí?

    —Sí, Paulina aquí te voy a follar

    Se sacó la blusa mientras caminaba hacia mí, cuando llego a mí lado la admiré la tome de la mano y la giré en redondo, cuando su trasero estaba frente a mi le solté una nalgada y terminó el giro, la tome por la cintura y besé sus labios entreabiertos carnosos, poco a poco mi lengua invadió su boca y nuestras lenguas se cruzaron en una danza muy erótica en su boca, en la mía, en ambas…

    Ni sus manos ni las mías se estuvieron quietas ambos nos desabrochamos precipitadamente los pantalones, ella el mío y yo el de ella. Baje sus pantalones lentamente, recorriendo con mis manos sus piernas, tocando por primera vez aquella piel de fuego, saque sus bragas y aspire su aroma, las guarde en mi saco ese sería un pequeño recuerdo del encuentro.

    Mis manos fueron a sus sugerentes senos son perfectos para mi mano, los toque suavemente, reconociendo su piel grabándola en mí, luego, bueno fui un poco más rudo así me había dicho en una ocasión que le gustaba ella prefería las mordidas y que la tratarán más fuerte, los tome fuertemente entre mis manos para estrujarlos, un par de manotazos cayeron sobre ellos, era como si los estuviera nalgueando, poco después tenían el color de las granadas, un rojo oscuro intenso, y como una granada mordí de ellos, las granadas se chupan, pero también puedes morder y así lo hice con ella, la mordí al punto de dejar mis dientes marcados en su piel, la tome del cabello y la obligue a ir al suelo, cuando estuvo en cuatro patas, tome la cola, la cola de zorra que tantas ganas tenía de ponerle…

    —Abre la boca Paulina, vas a lubricar tu cola.

    Ella no lo dudó ni un momento, un brillo especial en sus ojos, el brillo de la lujuria abrió su boca y sacó su lengua para pasarla por sus labios, introduje el juguete en su boca mientras uno de mis dedos libres tocaba su culo, en círculos jugué con el lamí un poco mi dedo y escupí sobre su ano… empujé mi dedo en su puerta trasera, pronto estaba dentro la primer falange, estaba tensa, apretada así que seguí con el dedo jugando a entrar y salir de ella, empecé a marcar un ritmo dentro fuera sin llegar a sacarlo por completo, luego lo dejaba dentro sin moverlo, de repente hacía círculos dentro de su culo con mi dedo, primero para un lado y luego para el otro, lo sacaba de repente y lo volvía a meter cada vez con mayor facilidad, cuando dos de mis dedos entraban y salían con cierta facilidad tome la piedra, la puse en el lugar de mis dedos y empuje, soltó un pequeño grito cuando la parte más gruesa de la piedra la taladraba, pero la soporto ya el dolor había pasado, se veía hermosa con la cola puesta estaba convertida en una auténtica zorra, le hice un par de fotos para mostrarle lo que yo estaba viendo, sonrió le gustaba el resultado.

    —Fede tienes que borrar esas fotos, pero antes me las mandas a mi celular.

    —shhhh calla Paulina antes te voy a follar con la cola puesta, luego te las mando, y de borrarlas ni lo sueñes, esas son mías serán para mi disfrute, solo mío.

    Me serví un café mientras ella confusa me miraba, acerque una silla hasta donde ella estaba y me senté ante ella con mis pies abiertos mostrando mi verga erecta, la acerque a su rostro y le dije:

    Es tuya, mama, métela en tu boca, chupa de ella saborea y huele, tiene el aroma del deseo, el deseo que tengo por ti.

    Tomé mi café mientras su deliciosa boca me daba un oral para el recuerdo, de esos que te obligan a poner los ojos en blanco, de verdad que sabía lo que hacía…

    Sentí que me corría y detuve sus movimientos, toque con mi mano su coño, estaba mojado, muy mojado, la tome de la mano y la senté en la silla, ahora era ella quien estaba de piernas abiertas para mí, su oscura raja estaba brillosa, sus labios ansiosos, ella tenía fuego en su mirada, le brotaba por los poros, hundí mi boca en sus labios, fui un poco suave al principio, una tímida lamida cruzó su sexo al comenzar…

    Después moví mi lengua más rápidamente, mis dientes mordieron esa zona, parece que ella disfruta más cuando soy rudo, cuando muerdo en vez de cuando lamo, así lo hice lamí y mordí alternadamente hasta que mi lengua se cansó, hasta que ella me pidió adentro, sus caderas ya se movían solas hace tiempo…

    Me levante y la levante a ella, la hice apoyarse del respaldo de la misma silla, la cola le caía entre sus piernas, la vista era fenomenal, moví la cola a un lado me recargue en su espalda y le dije:

    —Desde hace mucho que quiero esto.

    Soltó un leve gemido…

    Puse mi mano en su trasero y tal como había hecho con sus pechos lo deje rojo con nalgadas, entre en ella furiosamente encajando mi falo en un solo movimiento hasta el fondo, Hundiéndome lo más profundo posible, Paulina estaba tan caliente, tan húmeda, que la sensación fue maravillosa, con una mano en su cadera le daba una ocasional nalgada, la otra frotaba sus labios, me llene los dedos de su miel, y lamí mis dedos cerca de su oído, le deje uno a ella, lo chupó como minutos antes hizo con mi falo, sentí sus temblores y apreté el paso su orgasmo llego con mi dedo en su boca, fue delicioso como lo mordió, como ahogó un grito para que fuera no nos escucharan…

    Salí de ella y probé de nuevo su sexo, me bebí todo lo que de ella salía. La tome de la cintura y la atraje hacia mí la senté en mi regazo la clave de nuevo en mí.

    —Muévete para mí zorra

    Sus caderas empezaron a moverse subía y bajaba por mi falo deliciosamente, rápidamente me hizo acabar en una explosión única, se siguió moviendo hasta que la obligue a detenerse. Se quedó sentada sobre mí nos comimos a besos mientras nos repusimos.

    La subí al escritorio y la acosté para una última foto, ella posó encantada sobre el escritorio de pino. Era de un color claro, que contrastaba perfecto con nuestras oscuras perversiones, que resaltaba de una forma increíble el color de su piel…

    Le quite la cola y la guarde en un cajón.

    —Aquí se quedará para futuras ocasiones, metí un par de cuerdas y unas velas junto a la cola…

    Su sonrisa me dio su afirmación.

  • Un desahogo desesperado tras el máximo error

    Un desahogo desesperado tras el máximo error

    Me llamo Alexandra y tengo 29 años. Soy médico y trabajo en un hospital importante de Madrid. Escribo este texto para contar la historia que marcará mi vida para siempre. Desde la facultad de medicina salgo con Felipe, un chico encantador con el que he compartido mi vida desde entonces. Nuestra relación no es solo sentimental, también somos los mejores amigos posibles y, aunque sea raro decirlo, también somos como hermanos. Nuestra química fue palpable desde el principio. Sin decir nada, sabíamos qué pensaba la otra persona y jamás necesitamos una extensa conversación para hablarnos.

    Nuestra relación se basa en la amistad, el amor y la lealtad. No estamos casados, ni mucho menos por la iglesia, somos apasionados de la medicina y creemos que las enfermedades se curan con ciencia y no con oraciones.

    Felipe tiene su cuerpo trabajado en el gimnasio. Mide 1,82 y tiene un pelo muy negro. Su piel tiene un tono normal y sus músculos están más que definidos. Sus ojos verdes se me clavaron en el corazón desde el principio. Yo mido 1,68 y también soy moreno. Mis ojos son negro azabache y presumo de tener un buen pecho natural. No excesivamente voluminoso, pero sí redondeado. No soy tan aficionada a la rutina de gimnasio, aunque sí voy de vez en cuando y eso permite que se me quede marcado un bonito trasero que Felipe aprovecha para azotar cada vez que mantenemos relaciones sexuales. Algo que pasa muy a menudo, por cierto.

    Tras algo una década de relación, nuestro sexo sigue muy vivo y ardiente. Particularmente me gusta practicarle sexo oral y él se muere cuando jugueteo con su prepucio con mi boca. Soy bastante fogosa con los preliminares y eso le calienta tanto que luego las penetraciones son bastante activas. Nuestro mundo sexual es el paraíso.

    En estos años de relación, jamás estuvimos cerca de traicionar nuestra lealtad. Somos el prototipo de pareja ideal, con éxito laboral y personal. Unos meses antes de este escrito nos habíamos comprado una casa en la zona más noble de Madrid. Sin embargo, nuestra confianza ciega se truncó un jueves por la noche y todo mi mundo se derrumbó.

    Era el cumpleaños de una de nuestras enfermeras y todas las que trabajamos en nuestro turno fuimos a su cumpleaños donde lo pasamos genial. Quiso hacer una fiesta femenina y por eso ellos no vinieron. La cena fue divertidísima, contándonos mil anécdotas y hablando de mil cotilleos relacionados con el hospital. Después de la cena en un restaurante bastante exclusivo de Madrid, decidimos ir a tomar unas copas para terminar la noche. Yo no estoy acostumbrada a beber mucho, pero esa noche me dejé llevar un poco. No sé muy bien por qué, pero en la discoteca donde estuvimos había una reunión de altos funcionarios de nuestra cadena de hospitales.

    Allí nos encontramos con Don Antonio, el gerente del hospital. Desde el primer momento me trató con distinción. Me decía todo el rato que no recordaba a una doctora tan joven y con tan brillante desempeño en el hospital. Me empezó a decir que quería proponerme para jefa de planta.

    Don Antonio era un ejecutivo bastante reputado, tenía 54 años y seis hijos repartidos en tres matrimonios. Me sacó del grupo de amigas y me llevó a una sala vip de la discoteca. Allí me dijo, francamente, que necesitaba argumentos para proponerme. Yo le respondí con evasivas, diciéndole que no sabía a lo que se refería. Él, que ya tenía algunas copas encima, rápidamente se bajó la bragueta del pantalón y me dijo que le hiciera pasar un buen rato. Yo no lo podía creer y me quedé en shock.

    Me agarró el cuello con la mano y me bajó la cabeza hasta su pene empalmado. “Dame un lengüetazo”, dijo. No vi otra salida. Con miedo me metí su venoso miembro y empecé a chuparlo con la lengua de arriba a abajo, sin manos, jugando con las babas y con su potente miembro. Mi blusa ya estaba entreabierta y empezaban a asomar mis tetas que él no desperdició en sobar con ansiedad. Tras una mamada yo ya estaba ardiendo y me bajé el tanga para montarme encima de él. Mi progresivo movimiento pélvico le excitaba muchísimo y yo noté como sus venas se tensionaban dentro de mí.

    Tras pasar por varias posturas, me puse a cuatro patas y él me penetró como si fuera un cowboy. En esa última postura, hubo un momento determinado en el que paró de bombear y acercó su boca a mi oído para susurrarme: “Dime que eres mi cerda! Dímelo”. No supe cómo reaccionar. A lo que siguió: “Dímelo o te destrozó a pollazos!”. No tenía salida y le dije lo que lo deseaba escuchar “soy tu cerca, sí. Tu mayor puta!”…

    No pudo resistirse más y vertió sobre mi espalda una grumosa corrida que terminó con unas sacudidas de su pene contra mis nalgas. Salió de allí con un comentario vejatorio que me dolió más que la propia penetración: “qué guarras sois las rojas, joder”.

    Sin embargo, lo peor estaba por venir. Sin saber cómo, al día siguiente todo el hospital tenía la grabación. No sé cómo logró grabar nuestra sesión de sexo, pero estaba en todos los móviles de mis compañeros, incluido Felipe. Jamás me volvió a dirigir la palabra. Solo rompió el silencio para decirme que me olvidara de él y que desapareciera de su vida. Estuvo de baja por un tiempo y luego se marchó a Asia. No le he vuelto a ver. El día que rompió conmigo me quedé tan destrozada que intenté saltar por el balcón, pero una amiga que intentaba consolarme logró sujetarme a tiempo.

    Esa misma noche salí para abrazarme a la ingratitud de la noche madrileña. Allí, rota por dentro, entré en un bar de mala muerte donde rápidamente pedí varios whiskys que me bebía como si fuera agua. Estaba desesperada. Al otro lado de la barra había un hombre de mi edad, de raza negra y no me quitaba ojo. Parecía un desgraciado que había llegado hasta allí desde otras latitudes para ganarse el pan. No parecía muy afortunado en lo económico.

    Tras un cruce de miradas, me levanté hacia él y le agarré del brazo con violencia para llevarlo rápidamente al baño. En cuanto entramos lo empotré contra la pared y le empecé a besar con pasión. Él rápidamente entendió todo y empezó a manosearme el culo y mis tetas. Acto seguido le bajé el pantalón y descubrí una auténtica anaconda negra. Su pollón era mío, estaba despechada y esta era su noche. El sexo salvaje con un desconocido es algo que jamás pensé que haría, pero no tenía y ni quería ver más allá. Destrozarte así la vida es lo único que hace que puedas tirar para adelante. Su violencia follándome por detrás me produjo un leve desgarro anal. Su abundante y grumoso semen fue mi cena de la noche. Lo disfruté muchísimo, incluso sabiendo el riesgo que corría por hacerlo sin condón.

    Las malas decisiones, cuando se hunde el barco, solo acelera el proceso de extinción.

  • El sometimiento de Karen (parte 1)

    El sometimiento de Karen (parte 1)

    Don Carlos era un desalmado prestamista, hombre sin principios, ni moral, ni escrúpulos. Dueño de una gran fortuna fruto del agiotismo de alto nivel. También muy influyente e intocable pues era muy cercano de políticos, jueces y magistrados. Hombre de 50 años, corpulento y algo pasado de peso, de tez morena, bigotes bien cuidados, el cabello largo de la parte de atrás siempre sujetado en una cola y calvo de enfrente. Aparentaba menos edad de la que tenía, de carácter fuerte, mirada intimidante y libidinosa, siempre pulcramente vestido, con anillos, pulseras y esclavas de oro.

    Tenía un insaciable apetito sexual, su infidelidad le había costado tres matrimonios, su gran debilidad eran las mujeres hermosas, el sexo, la depravación y el alcohol. Vivía en una gran mansión con sus sirvientes de los cuales cinco eran de su entera confianza, su chofer y responsable de su seguridad, su asistente que estaba al tanto de todos sus negocios y trampas, y tres sirvientas con facha de prostitutas de nombres Elsa, Betty y Magda, que se encargaban de su cuidado personal y de complacerlo absolutamente en todo, el las llamaba “Mis putas”.

    Don Carlos en su negocio era implacable si no le pagaban a tiempo, no se tocaba el corazón para despojar de sus bienes a sus deudores, siempre abusando de su poder, tenía a su servicio los mejores abogados de la ciudad y comprada a la justicia. Si la deudora era bonita sin duda terminaría siendo follada y humillada a lo más bajo; si el deudor tenía una esposa de buen ver, ella terminaría en la cama del prestamista siendo tratada como la peor de las putas. Mujeres de todo tipo que fracasaron en algún negocio terminando endeudadas, y tuvieron que recurrir al usurero para salir de graves problemas fueron penetradas por el viejo prestamista.

    Se tenía que estar muy desesperado si se recurría a él, y en ese estado se encontraba don Ernesto y Sofía, una pareja venida de más a menos. Por varios años habían gozado de mucha prosperidad, cosa que cambio de la noche a la mañana por la mala administración, aparte los excesos y despilfarros de ambos, habían terminado su fortuna. Sus empresas quebraron y tuvieron que deshacerse de todos sus bienes para liquidar a trabajadores y pagar otras deudas. Los bancos ya no quisieron prestarles y tuvo que recurrir al terrible don Carlos dejando como garantía lo único que habían podido salvar al menos hasta ese momento, su casa y una finca en el campo.

    El matrimonio tenía una hija única de nombre Karen de la cual se habían prácticamente desentendido, dejándola a cargo de la exigente hermana de don Ernesto, Rosario, una anticuada y solterona de 36 años, que estaba encargada de la finca de la familia.

    En esa época de esplendor los viajes de la pareja eran constantes, viajes por negocios y de placer, la niña para ellos era realmente un estorbo, de ahí que la mantenían lejos. Era también una manera de mantenerla al margen de la depravación de ambos, pues Ernesto en su mansión daba grandes fiestas a sus amigos, donde predominaba el alcohol, otras sustancias y las prostitutas. De la misma manera su esposa, se rodeaba y mantenía a chicos de buen ver que le complacían todos sus caprichos sexuales ante la mirada indolente de su esposo.

    Karen creció con todas las comodidades, pero sin libertad, ni afecto. Siempre internada en escuelas particulares exclusivas para chicas, los fines de semana y vacaciones se la pasaba en la finca, al cuidado de su tía Rosario. Tenía la esperanza que cuando terminara el bachillerato la dejarían ir a la Universidad, deseaba irse a estudiar a otro país, tener amigos, conocer gente y soñaba con ser diseñadora de modas. Pero su tía tenía otros planes. Por más que se lo pidió a su padre y a su madre, estos siempre terminaban por ignorarla y dejarle las decisiones a su institutriz.

    La tía decidió con su típica mentalidad anticuada que Karen debería prepararse para ser una digna señorita de sociedad y que un día algún acomodado y bien educado hombre se casaría con ella, así que después de graduarse del bachillerato de los 18 a los 20 años se la pasó en la finca estudiando idiomas y aprendiendo todo lo que una dama de la alta sociedad debía saber, todo con maestras particulares. También realizo varios viajes sobre todo a Europa, pero siempre acompañada de su tía.

    Sin embargo, sucedió que un día Rosario al checar el teléfono de Karen, vio que tenía descargados videos pornográficos, videos donde ella se estaba masturbando, donde se grabó abriéndose la pepa metiéndose los dedos. Ni siquiera se los comunico a sus padres, pues ella se consideraba la verdadera madre de la chica, y decidió meterla como novicia en un convento, donde estuvo dos años, nunca sus padres la visitaron, cosa que a ella no se le hizo raro, pues de alguna forma ya había aceptado que no era importante para ellos.

    Una tarde la Madre Superiora le dio la noticia, la primera mala noticia de una serie de muchas, su tía Rosario había fallecido de un paro cardiaco fulminante. Fue su ultimo día en el convento pues tuvo que ir al sepelio y ahí se sorprendió cuando vio el estado físico de su padre, había perdido mucho peso y estaba muy enfermo, este le platico que las cosas estaban muy mal en sus negocios y cuando Karen le pregunto por su madre, bajando la mirada le dijo que estaba en cama muy medicada, por una profunda depresión.

    Todos sus allegados previendo el desastre habían abandonado a don Ernesto, todos los que lo buscaron en sus buenos tiempos para cobijarse en él, se habían ido. Karen sintió mucha lastima y se quedó al lado de su padre para apoyarlo en lo que pudiera, a los pocos meses don Ernesto se declaró en quiebra y dos meses después falleció, dejándole toda la maraña de problemas legales a la dulce Karen, y luego lo de su madre que la tuvo que internar en una clínica psiquiátrica.

    Karen era hermosa, de facciones finas, cara ovalada, nariz respingada, labios delgados, su piel blanca, de ojos cafés y cabello castaño claro muy bien cuidado. Sus manos suaves y delicadas, sus caderas firmes y de buen tamaño, sus piernas parecían haber sido esculpidas por el mejor escultor y unos pies que parecían de un ángel, de una fineza exquisita.

    Gracias a la venta de sus propiedades y el remate de las empresas habían librado muchos juicios, y gracias también al préstamo millonario que don Carlos le había dado a don Ernesto antes que el falleciera, pero ahora había que pagar al pervertido agiotista. Karen sabía que ya no había de donde sacar, asi que tenía que pedirle a don Carlos una prórroga, de otra manera perdería la casa y la finca. Así que tuvo que visitar al lujurioso prestamista.

    No teniendo ni idea de con quién trataría, Karen se esmeró en su arreglo pues quería dar una buena impresión, se puso un vestido ajustado color crema, con el cuello y las mangas blancas, escotado que sugestivamente mostraba lo hermoso de sus caderas, marcando las formas de su hermoso cuerpo, con una abertura que le dejaba ver sus deliciosas piernas. Un guardia le abrió y la guio hasta la entrada de la lujosa casa, le llamo la atención unas esculturas de Afrodita la diosa griega del amor completamente desnuda que adornaban el jardín. Ya en el vestíbulo el asistente de don Carlos le ofreció sentarse y le dijo que esperara.

    Se levantó para mirar de cerca las pinturas y jarrones que decoraban el lugar, le llamo la atención un cuadro de un colorido frutero, le recordó a uno más o menos parecido que tenían en la cocina de la finca que ella quería rescatar.

    Vino a su mente esa noche cuando ella tenía 18 años y fue a la cocina por un vaso de agua, pero la gaveta de los vasos estaba cerrada, así que tuvo que ir a buscar a Hortensia la criada para que le diera la llave. Paso despacio por la habitación de su tía y la tranquilizo ver que la luz ya estaba apagada, pensando que estaba dormida. Cruzo el patio trasero hasta el cuarto de la sirvienta, estaba a punto de tocar cuando escucho gemidos, acerco su oído a la puerta y fueron más claros.

    -¡Haaa!

    Se asomó por la ventana, y pudo ver como Hortensia y su tía Rosario cogía con Francisco el capataz de la finca, un hombre tosco y correoso de unos 30 años. ¡Cómo era posible! Su tía la que le decía que los hombres eran malos, la que le tenía prohibido tener novio, la que le hablaba de buenas costumbres y amor a Dios, ahora estaba ahí revolcándose con el empleado y la sirvienta.

    Karen quedo impresionada, si bien a escondidas le encantaba ver pornografía, nunca había visto algo real y a todo color. Pero lo que más le impresiono, fue la enorme verga de Francisco. Había visto penes muy grandes en los videos que acostumbraba ver en su teléfono a escondidas, pero nunca una de esas dimensiones en la vida real.

    ¡Apenas le cabía en la boca a Rosario! era una verga grande de 10 pulgadas gruesa con unas venas muy marcadas, morena casi negra y brillosa de la cabeza. Rosario recorría con su lengua ese enorme fierro mientras Hortensia le mamaba los testículos. Karen quedo como en shock, minutos después reacciono y hasta sintió un mareo que la hizo apoyarse en la pared.

    Corrió hasta la cocina y se paró un momento, alzo la mirada y ahí estaba ese cuadro con el colorido frutero, pero en su mente estaba la imagen de la enorme verga de Francisco y su tía mamándola. Su corazón latía acelerado. Volvió al cuarto de Hortensia y sigilosamente se asomó otra vez por la ventana. Y vio entonces como Francisco tenía abajo a su tía taladrándole la vagina, mientras Hortensia le acariciaba la espalda y lo besaba.

    Rosario gritaba de placer, quedó pasmada viendo como después el capataz se la metía a Hortensia mientras Rosario se masturbaba, luego vio como Francisco se tomó la enorme polla con ambas manos y le salieron chorros de leche que las dos mujeres se apuraron a querer atraparla con la boca.

    Esa noche Karen no pudo dormir, se tuvo que masturbar varias veces, era tanta su excitación que tuvo que ir por una zanahoria al congelador para metérsela, mirando en su teléfono varios videos pornográficos, se imaginaba ser la protagonista siendo penetrada por grandes vergas, fue entonces que se hizo esos videos que su tía le descubrió después.

    -¡Señorita Karen! Una voz femenina interrumpió sus pensamientos. Volteo y vio a una de las sirvientas de don Carlos de nombre Elsa, le sorprendió lo sexy de la chica, noto que esta la miraba algo extrañada y que dirigía la vista hacia sus pechos, fue cuando Karen se dio cuenta que tal vez por lo metida que estaba en sus recuerdos sexuales se acariciaba sobre su vestido una de sus tetas. Inmediatamente dejo de hacerlo.

    La chica llevaba un traje muy sugestivo, blusa muy escotada y falda negra de encajes por arriba de las rodillas, delantal blanco con moño en las caderas, una diadema blanca en la cabeza, unas medias negras y zapatillas de tacón. Su rostro bien maquillado, con los labios rojos, pestañas postizas grandes, un lunar en la mejilla que le daba el toque de puta y un aroma delicioso.

    -Don Carlos la espera, por acá por favor.

    La chica se puso delante de ella, cada paso que daba se le estremecía sus nalgas, caminaba como una modelo profesional.

    Antes de entrar en el despacho de don Carlos, su guardaespaldas le reviso la bolsa, después de eso le abrió la puerta.

    -¡Buenos días! Soy Karen la hija de don Ernesto.

    De inmediato y con unas cuantas miradas el acaudalado prestamista evaluó la situación y, se dio cuenta que Karen era una belleza digna de ser conquistada. Ese fino cuerpecito tenía que pasar por él, esa vulva tenía que ser atravesada por su verga.

    -¡Ha sí! Mi amigo Ernesto. Lamento que esos días de su fallecimiento tuve que salir de viaje.

    Le tomo la mano suave y fina de Karen y la sostuvo hasta que termino de hablar.

    -Deseo de corazón que se encuentre usted bien, aunque entiendo que es muy difícil. Pero bueno, la vida tiene que seguir. Dígame ¿En qué puedo servir a tan linda damita?

    Le señalo una cómoda silla al frente de su escritorio, invitándola a sentarse.

    -Es por la deuda que mi padre contrajo con usted, de ninguna manera quiero que piense que no queremos pagar, solo quería pedirle un poco más de tiempo.

    Don Carlos clavo la mirada en los labios de Karen, se imaginó como esa boquita le mamaria su gruesa verga. Como se la metería hasta la garganta tomándole de los cabellos y empujando salvajemente su leño.

    -¡Chupa puta! ¡Chupa maldita ramera!

    Karen quedo en silencio, don Carlos prendió un cigarro, su fantasía se esfumo.

    -Está bien, esperare, pero necesito que este fin de semana me tengas una respuesta ya concreta de la fecha del pago, y tendríamos que establecer nuevas condiciones.

    -Le prometo que así será, ya he liquidado en algunos bancos y creo que podrán extenderme otro crédito. Otra sirvienta de don Carlos, Betty apareció vestida de la misma manera que la primera, muy sensual.

    -Acepte algo de beber –Dijo don Carlos.

    -Una soda –respondió tímidamente.

    La criada le acerco un vaso donde vacío una bebida dietética para Karen, y le sirvió un poco de whisky a don Carlos.

    -¡Brindo por tan hermosa señorita! -dijo el usurero con una libidinosa actitud.

    Karen se sonrojo, pues ya había notado que don Carlos la desnudaba con la mirada. La abertura de su vestido dejaba ver parte de sus piernas, que las tenía cruzadas, la ubicación de la silla era estratégica, don Carlos le podía ver perfectamente.

    -Entonces el fin de semana lo veo nuevamente. ¿Está bien a las 8 de la noche? –Pregunto Karen.

    – A las 7 en punto, el sábado –respondió.

    Karen se puso de pie y se despidió, al dársela vuelta para salir don Carlos pudo ver ese par de nalgas que se marcaban muy bien en el vestido y se notaban perfectas.

    -Acompañe a la señorita hasta la puerta principal – le ordeno a su guardia.

    Don Carlos siguió ese culo con la mirada, hasta que la puerta se cerró. Se colocó frente a la ventana, esperando que Karen apareciera en el patio para poder seguir mirándola.

    -¡Tiene que ser mía! Voy a follar ese culo –dijo en voz alta.

    La observo desde la ventana, le encanto la cadencia de su caminar, su porte, su elegancia y su feminidad. Se sirvió otro whisky y se lo tomo de un trago. El lujurioso don Carlos se sacó la verga y empezó a masturbarse pues desde hacía rato que la tenía parada, vio la marca de los labios de Karen en el vaso y le raspo su polla hasta despintarlo.

    -¡Tiene que ser mía, juro que voy a coger esa vagina! ¡Esa boquita va a chupar toda esta polla! Se sirvió otro trago y volvió chaquetear su pene con más fuerza.

    -¡Ha, ha! Todo esto se meterá en su fundillo. En su enferma mente imagino a la dulce Karen abriéndose el culo con sus manos, justo frente a él.

    -¡Cójame don Carlos! ¡Métame su verga!

    Seguía masturbándose, ya el viejo agiotista estaba muy excitado.

    -¡Elsa!v–grito.

    De inmediato se apareció una de las sirvientas.

    -¡Si don Carlos!

    -¡Mámamela! Elsa se agacho rápidamente metiéndose la verga a la boca, chupando como toda una profesional.

    -¡Asi, asi puta! Chupa.

    Elsa saco sus enormes pechos y envolvió la verga del viejo usurero haciéndole una deliciosa rusa, las tetas de la criada cubrían toda la polla de don Carlos.

    -¡Así maldita zorra! Sentó a Elsa en el escritorio y le levanto las piernas, se inclinó y metió su lengua en la raja de la criada, mamaba su vagina con desesperación, metía sus dedos y su lengua en la enorme raja de la chica quien contemplaba con cara de placer como el prestamista movía con destreza su gruesa lengua. La verga de don Carlos estaba lista, se la dejo ir a la mujer de un solo empujón.

    -¡Ah puta! Te la estas comiendo toda.

    En ese momento el chofer regreso después de acompañar a Karen, iba a entrar, pero vio que su patrón tenía ensartada a la sirvienta y se salió nuevamente.

    Don Carlos jugaba las tetas de Elsa, no dejando de meter y sacar su verga. Pero él no veía el rostro de la criada si no bello rostro de Karen, que se le había quedado bien gravado en la mente.

    -¡Así te la voy a meter algún día!

    Ya no pudo más y termino, dejando toda su leche en la vagina de Elsa. Luego sin guardarse la polla, tomo el teléfono y marco, la sirvienta componiéndose un poco la ropa empezó a limpiar el escritorio.

    -¡Hola Bernardo, buenos días!

    Se trataba del director de uno de los bancos a los que Karen recurriría. Elsa ya había limpiado todo, acomodo unas cosas del escritorio y salió, tomo unos pañuelos desechables y a un lado de la puerta se limpió el semen que don Carlos le había dejado en su raja, el chofer miraba estoico lo que la sirvienta hacía.

    -Así que te pido ese favor Bernardo, no apoyes a esa chica.

    -Así se hará don Carlos, no se preocupe.

    Y así marco a todos los lugares donde Karen buscaría apoyo. Todo esto para tener en las manos a la chica, para acorralarla y que aceptara todo lo que el desalmado usurero le propusiera. En los siguientes días, nadie le dio esperanzas a Karen, muy decaída la hermosa chica regreso a casa.

    Continuará.

  • Encuentro casual (parte 2)

    Encuentro casual (parte 2)

    Al escuchar esa voz abrí los ojos y quedé impresionada al darme cuenta que era Chris… no me salía ni una sola palabra, solo me quedé mirándolo a través del espejo recordando esa noche en el hotel.

    -¿No vas a decir nada hermosa?

    -Perdóname, es que me tomaste por sorpresa, nunca imaginé encontrarte aquí.

    -Vi que no estás sola.

    -Ah si, vine con una amiga.

    -Una amiga muy especial por lo que veo -me mira con picardía y esto me hace poner más roja de lo que ya estoy.

    -Tranquila, en esta vida es rico explorar.

    -Sí, tienes toda la razón. Claro está, tengo mis límites.

    -Lo importante es que lo que hagas, lo disfrutes.

    -Así es, Chris.

    -Vamos, tu amiga te está esperando.

    -¿Vienes solo?

    -Si, me gusta venir acá solo, ya que nadie sabe sobre mis gustos sexuales.

    Salimos del baño rumbo a la mesa donde está mi amiga. Llegamos y ella se queda mirándome sorprendida.

    -Chris, te presento a Sofía.

    -Mucho gusto, ¿las puedo acompañar?

    Sofí: -Sí claro no hay problema.

    Así pasamos parte de la noche entre risas baile y demás.

    En un momento de la noche estamos juntas bailando mientras él nos observa.

    -¿Sofí, serias capaz de hacer un trío con él?

    -Me leíste la mente, además después de ese show me voló la imaginación.

    Le hice una señal a Chris para que viniera con nosotras a bailar, él se hizo en medio de nosotras y empezamos a bailar muy pegados rozando nuestros cuerpos, Chris bailaba con una y después con la otra; cuando él baila con Sofí ,yo le paso las manos por su cuerpo acariciando su torso, abdomen bajando a su entrepierna y noto que está muy duro; sin pensarlo dos veces lo tomo con fuerza y en eso Chris voltea a mirarme se da la vuelta hace que le dé la espalda y me restriega su falo en mis nalgas, ¡Woo! Sentir su falo hizo que me estremeciera.

    -Quiero hundirme dentro de ti desde aquella noche. -Lo tomo por la cabeza acercándome al oído…

    -Desde aquella noche es lo que más deseo

    -Si quieres pido un reservado y vamos los tres, pero te confieso que después quiero estar a solas contigo.

    -Yo también lo deseo… mucho.

    Me acerco a Sofí:

    -Sofí, él va a pedir un reservado, así que vayamos.

    Él nos toma de la mano y le pide a un mesero un reservado, él nos guía a unas escaleras; llegando al segundo piso veo habitaciones… nos abre la puerta en una de ellas e ingresamos. El lugar es hermoso hay varias cosas entre ellas una silla tántrica, un columpio, una X grande de madera que está fija en la pared; a cada extremo tiene unas esposas en cuero.. en fin, una habitación de película.

    Él pone música de fondo, nos toma de la mano y empezamos a bailar, mientras él baila con Sofí le va bajando las tiras de su blusa y besa sus hombros; yo, voy desabotonando su camisa y el pantalón… luego se da él la vuelta, me toma por mi cabello y me besa de una forma muy apasionada mientras con la otra mano me coge por mis nalgas con fuerza haciendo que mi vestido se suba. Así suavemente me va retirando mi vestido quedando en mi tanga brasilera de encajes de color negro. Sofí esta sin su blusa y sus pechos se ven muy deliciosos, así que me acerco a ella y empiezo a amasarlos mientras chupo cada pezón.

    -¡Uff! Que hermosas se ven juntas, por favor retírale la falda.

    Así lo hice, la giro y me arrodillo para bajarle la falda suavemente quedando en su cachetero de encaje rojo… ver ese culo de Sofí hizo que me excitara; así que le corrí a un lado el cachetero para pasarle la lengua profundamente por esa raja, ella soltó un gemido y se abre para mí y así puedo lamer ese culo delicioso.

    -¡Uff! Hermosa ¿sabes cómo me tienes? sí, así como aquella noche.

    Él estaba sentado en un sofá desnudo, solo con su camisa abierta… se estaba dando una paja mientras nos veía.

    Llevo a Sofí a la cama, pero antes le retiro el panti, ella se sienta abriendo sus piernas para mí, ese coño recién depilado estaba mojado y muy provocativo, me acerco y empiezo a hundir mi lengua por ese coño, ella empieza a gritar, se agarra fuerte de las sábanas mientras arquea su espalda, chupo y chupo su clítoris haciendo que grite cada vez más duro.

    Chris se levanta del sofá y se dirige a la cama con nosotras…

    -Lo estás haciendo muy bien hermosa, eso saboreé ese coño has de cuenta que soy yo quien te come el tuyo.

    Al escuchar esas palabras sentí un corrientazo por todo mi cuerpo. Chris tomó los pechos de Sofí y se los lleva a la boca, chupado y mordiendo cada uno. Sofí temblaba, me toma del cabello y me aprieta a su coño empezando a restregarse en mi cara. Chris le tapa la boca mientras le hala sus pezones. Sofí no para de restregarse hasta que explota haciendo que moje todo mi rostro.

    Continuará…

    Gaby Borsh

    Notas del alma

  • Con la profesora (parte 6)

    Con la profesora (parte 6)

    Después de nuestro viaje a “…”, estuvimos en una relación muy bonita, pero aun a escondidas. Por su trabajo, nadie se podía enterar de nuestra relación y al faltar aun un año para que yo termine de estudiar, teníamos que seguir escondiendo nuestro amor.

    Un día, salimos a comer, tratábamos de no hacerlo, pero esta vez quisimos disfrutar de una salida de novios. Fuimos a un restaurante un poco alejado, para no arriesgarnos a ser vistos. Cuando ya estábamos terminando de comer, pedimos la cuenta. Mientras conversábamos, vi como Patricia ponía cara de susto y de sorpresa.

    -No voltees. El chef Vincent acaba de entrar con su esposa –dijo con cara de pánico.

    -Tranquila, avísame cuando estén fuera de la vista y me voy al baño –dije, tranquilizándola, el chef Vincent trabaja en la escuela y tiene un cargo relativamente alto, además de ser conocido por su disciplina– ya después, tu sales y te vas no más, espero unos minutos en el baño y voy a tu casa.

    -Ok –respondió aun asustada.

    Cuando el chef Vincent entró a otro salón del restaurante y no podíamos verlo, me levanté y fui al baño. Patricia también se levantó y salió rápido del restaurante. Unos minutos después, salí y me fui directo a su casa. Una vez llegué a su casa, Patricia me abrió la puerta, entré y la noté aun preocupada.

    -Tranquila, no nos vio, así que no te preocupes, no creo que sepa nada –le dije abrazándola y tranquilizándola.

    -¿Te das cuenta que estuvo muy cerca? –dijo algo molesta– si nos hubiese visto, me quedaría sin trabajo. No puedo quedarme sin trabajo.

    -Si, lo sé. Lo siento –me disculpé.

    -Tenemos que hablar –dijo con voz triste.

    -Lo sé –respondí, esperando lo peor– sabía que este momento llegaría. No quiero que pase, pero lo entiendo y trataré de aceptarlo.

    Me abrazó, me dio un beso muy tierno y me dijo que me amaba. Le respondí el beso y las palabras. Ambos estábamos muy tristes. Decidimos despedirnos en ese momento, de golpe, pensábamos que sería mejor de esa manera. Salí de su casa y fui a la mía. Estaba destrozado. Pero en el fondo, siempre supe que algo así pasaría tarde o temprano.

    Pasaron los días, trataba de hacer mi vida normal, pero no podía, la veía todos los días en la escuela y me dolía no poder abrazarla, besarla. Pero tuve que aceptarlo. Hasta que un día, recibí una llamada de Patricia. No sabía si contestarle o no. Decidí contestarle.

    -Hola Gonzalo –saludó ella.

    -Hola Patricia –respondí.

    -Quería hablar contigo de nosotros. Sé que decidimos no volver a vernos, pero después de todo lo que hemos pasado, no me gusta que haya terminado de esa manera. Creo que no lo merecemos –dijo.

    -A mí tampoco me gustó, pero no quiero hacer nada que te perjudique –respondí, tratando de hacerme el fuerte.

    -Quería proponerte algo. ¿Qué te parecería un viaje de despedida? –preguntó– Como te dije, no quiero que las cosas terminen de esa manera. Nos merecemos una despedida.

    -Me encantaría, si es que es en algún lugar alejado y seguro –respondí.

    Coordinamos un viaje, decidimos viajar a una ciudad al sur de la nuestra. Reservamos un hotel con piscina, muy agradable. La ciudad tenía muchos lugares turísticos muy atractivos para visitar. Si bien, no era un lugar muy secreto, la época en que viajamos, no era muy popular, por lo que sabíamos que sería difícil encontrarnos con alguien de la escuela.

    Cuando llegó el día, decidimos viajar por separado, ella iría primero y yo llegaría un par de horas después. Después del casi encuentro en el restaurante, queríamos tomar unas cuantas precauciones. El viaje era de casi tres horas. La pasé despierto pensando en Patricia, llegué a la ciudad, me dirigí rápidamente al hotel. Me registré y me dieron una llave extra, a pedido de Patricia, según me dijeron.

    Al entrar en la habitación, el baño estaba casi al costado de la puerta, era un baño con una ducha amplia, pero lo demás, de tamaño normal. La habitación tenía una cama muy grande, con un sofá de un cuerpo y una pequeña mesa de centro. La habitación no estaba mal, pero lo que realmente me gustó, fue lo que encontré en la cama. Recostada, en la posición que tanto me encantaba, completamente desnuda, mostrando su hermoso cuerpo, estaba Patricia. Tan sensual como siempre.

    Dejé mi maleta en el suelo, me desvestí en dos segundos y me acerqué suavemente, para besarla desde los pies hasta la cara, pasando por todo su cuerpo, ella se despertó, se dio la vuelta, y una vez frente a frente nos dimos un beso muy romántico. Habían pasado 3 semanas desde la última vez que estuvimos juntos. yo estaba a mil. Por cómo me besaba, asumí que ella también me había extrañado. Mientras nos besábamos, comencé a pasar mis manos por todo su cuerpo, ella me frotaba la espalda.

    -Te he extrañado tanto mi amor –decía muy suavemente– no te imaginas cuanto deseo que me hagas el amor.

    -Yo también mi amor –respondí– he soñado estos días con tenerte en mis brazos.

    -Quiero sentirte dentro, no quiero esperar más –dijo, notablemente excitada– cógeme de una vez.

    La recosté boca arriba, abrí sus piernas y la penetré suavemente, cuando la mitad de mi pene había entrado, ella me agarró de las nalgas y me jaló hacia ella, para que la penetre con fuerza y hasta el fondo. Estaba muy mojada. Comencé a moverme rápidamente, sabía que no duraría mucho con la excitación que tenía, pero estaba desesperado y ella me pedía que le dé cada vez más duro. Estuve un corto tiempo penetrándola así. Ella arqueó su espalda, levantando el culo y moviéndolo de arriba hacia abajo, mientras la embestía con fuerza.

    -¡así! No pares. ¡dame más duro! Quiero que te corras conmigo –decía gimiendo fuertemente.

    -¿quieres duro? ¿quieres que te coja más duro? –le decía mientras la embestía cada vez con más fuerza– ¿quieres que te llene de leche?

    -¡si, por favor! ¡no pares! ¡me corro! ¡córrete conmigo, mi amor! ¡lléname de leche la concha! –gritaba ella.

    -¡ahí va! ¡me corro! Toma toda mi leche –dije mientras me corría dentro de ella– ¡Ahhh!

    -¡yo también me corro! ¡Ahhh! –dijo corriéndose junto conmigo.

    Nos tumbamos en la cama, uno al lado del otro, nos abrazamos y nos quedamos dormidos unos minutos. Ambos estábamos cansados del viaje. Luego de descansar unos minutos, nos levantamos y salimos a cenar. Paseamos por el centro de la ciudad, tomados de la mano, volvimos a ser una pareja, como cuando fuimos a “…”, sabíamos que solo sería por unos pocos días. Pero íbamos a aprovecharlos.

    Volvimos al hotel, subimos al ascensor para ir a nuestra habitación, que se encontraba en el piso 14. En el ascensor, estando solos, comenzamos a besarnos, metió su mano por debajo de mi pantalón y comenzó a masturbarme. Yo hice lo mismo, mientras nos besábamos muy apasionadamente. Llegamos a nuestro piso, muy excitados. Por el pasillo desierto, caminamos, Patricia delante mío, con las tetas al aire, ya que se había subido el pequeño polo que usaba. Detrás iba yo, con el pene afuera, ya que Patricia lo había sacado en el ascensor. Caminábamos riéndonos, ella agarrándome del pene mientras caminábamos, yo le apretaba una teta y una nalga.

    Cuando entramos a la habitación, mi pantalón ya estaba a la altura de mis rodillas. Patricia tenía su polo en la mano, con la parte alta de su cuerpo desnuda y el pantalón ligeramente por debajo de sus nalgas. Ya andábamos casi desnudos. apenas entramos nos terminamos de desvestir, antes de ir a la cama, la tomé por detrás, metí mi pene en su vagina y comencé a moverme. Así caminamos desde la puerta hasta la cama, sin parar de penetrarla.

    Cuando llegamos a la cama, apoyó sus brazos en ella y seguí embistiéndola fuertemente. Ella gemía fuertemente mientras una mano frotaba su clítoris. Yo comenzaba a meter un dedo en su ano. Cada vez se intensificaban más sus gemidos. De repente sentí como se contraía su vagina, ella se movía frenéticamente. Se estaba corriendo.

    Cuando ya tuve, un buen rato, dos dedos en su ano, la saqué de su vagina, abrí sus nalgas y la penetré por el ano. Comencé a embestirla fuertemente. Ya lo habíamos hecho muchas veces así, por lo que su ano no oponía mucha resistencia. Comenzó a meterse dos dedos en la vagina, mientras yo apretaba sus tetas y la penetraba con fuerza. En un momento, mis embestidas eran bestiales, la penetraba con mucha fuerza, ella gritaba de placer, mientras sus dedos, que se metían rápidamente en su vagina, hacían que se corra una vez más. No aguanté más y descargué toda mi leche en su culo.

    -Me encanta cuando me coges por el culo –dijo, agitada, cayendo en la cama.

    -A mí me encanta escuchar y sentir como te corres –dije, cayendo a su lado– y tu culo me vuelve loco.

    -Me acabo de dar cuenta que aún no te la he chupado –dijo levantándose– con lo que me gusta el sabor de tu pija.

    -Yo también quiero chuparte esa conchita deliciosa –respondí.

    Nos colocamos en posición de 69. Mi pene había perdido dureza. Estaba flácido, ella se lo metió en la boca y las succiones que le daba, hicieron que se comience a endurecer de nuevo. Yo me dedicaba a disfrutar de su vagina, del sabor de su corrida, que aun chorreaba. Cuando mi pene se endureció por completo, lo comenzó a chupar deliciosamente. Sentía cada vez más húmeda su vagina.

    Patricia se levantó, se subió encima de mi pene dándome la espalda, se metió mi pene de un solo golpe, comenzó a saltar encima mío. una vez más podía disfrutar de la vista de sus nalgas subir y bajar encima de mi pene, comiéndoselo entero. Le apreté las nalgas, ella seguía saltando encima mío. su vagina chorreaba, manchando mis huevos con sus jugos. Estuvo saltando encima mío unos minutos, hasta que se corrió.

    Después de correrse, se dio la vuelta, sin sacarse mi pene. quedo frente a mí, puso sus pies encima de mi pecho, se tiró para atrás, apoyando sus manos en mis piernas y comenzó a moverse encima mío. Que rico como se movía. La humedad de su vagina hacía que mi pene entre con mucha facilidad. Tomé uno de sus pies y comencé a lamerlo, chuparle los dedos, pasar mi lengua entre ellos. Era la primera vez que lo hacía, pero parecía que le gustaba, así que no me detuve.

    -¡que rica pija tienes! –dijo mientras seguía moviéndose encima mío, mientras sus nalgas chocaban con mis muslos -¡sí! ¡así! Lámeme los pies, me encanta.

    De repente separó sus piernas, poniendo sus pies en mis hombros. Podía ver como su vagina se comía mi pene mientras ella se movía de arriba hacia abajo. Cuando de repente, levantó su culo, mi pene salió de su vagina y de se corrió, gritando y lanzando un chorro grande directo a mi cara, seguido de dos chorros suaves que me bañaron el pecho.

    Me levanté, cargándola, ella se abrazó de mi cuello. Sus piernas me rodearon por la cintura, la agarré de las nalgas y la empecé a embestir fuertemente. Su vagina seguía chorreando jugos, al golpear mi pubis contra el suyo, imitaba el sonido de cuando pisas un charco. Ella seguía gritando, yo ya no aguantaba más, me quería correr otra vez.

    -¡me corro! ¡que rica concha tienes carajo! –dije mientras aceleraba mis embestidas.

    -¡Ahhh! Yo también me corro. ¡que rico coges hijo de puta! –dijo ella mientras se corría una vez más -¡dame tu leche malparido!

    -¡Ahhh! –esas palabras fueron demasiado para mí– ¡Ahhh! ¡toma toda mi leche puta! –dije mientras me corría muy fuertemente.

    Caímos rendidos en la cama. Estábamos exhaustos. Definitivamente el hecho de saber que podrían ser las últimas veces que cogíamos, hacían que todo sea más intenso. Nos acostamos abrazados y nos dormimos así, con nuestros cuerpos y la cama manchados por nuestras corridas. Se sentía muy bien volver a dormir abrazado de Patricia.

    Al día siguiente, nos levantamos, tomamos desayuno y nos fuimos a un tour que habíamos separado. Paseamos por lugares muy bonitos, pero de eso no va la historia. Esta historia trata de sexo, mucho sexo apasionado y ardiente. Así que pasamos el día paseando, pero siempre con las cabezas puestas en la habitación.

    Alrededor de las 9pm llegamos a la habitación. Nos comenzamos a vestir para salir a bailar, pero mientras nos cambiábamos, la veía a Patricia, tan hermosa, semidesnuda, que mi pene se comenzó a endurecer. Yo seguía desnudo, así que mi erección era más que notoria. Patricia la vio, se acercó a mí, caminando sensualmente. Eso me excitó más aún. Mientras caminaba, iba sacándose el sostén y la tanga. En ese momento se fue al tacho nuestro plan de salir a bailar.

    -¿Cómo quieres que piense en cambiarme, con esa belleza ahí, apuntándome? –dijo ella coquetamente.

    -Lo siento, pero cada vez que te veo, me pongo así –dije– me encantas.

    -Bueno, entonces olvídate de ir a bailar y cógeme duro como anoche –dijo mientras se trepó, abrazándome del cuello y con las piernas en mi cintura.

    Nos besamos, mientras la cargaba. Mi pene estaba pegado a su vagina, la cual ya estaba húmeda. Acomodé mi pene en la entrada de su vagina. Ella presionó y se lo metió todo. La comencé a penetrar así, cargada, unos minutos. Igual que la noche anterior, la embestía muy fuerte. Se notaba que le encantaba que le dé de esa forma. Luego la solté y ella, con sus piernas alrededor de mi cintura, comenzó a moverse, frotándose contra mi cuerpo.

    -¡cógeme! ¡cógeme duro! ¡no pares puto! –decía media enojada, mientras se seguía moviendo.

    -¡ahora cógeme tu! ¡así! ¡como la puta que sé que eres! –dije.

    -¡quiero que me claves! ¡me gusta cómo me clavas con fuerza! –suplicó.

    Así cargada, la llevé al sillón, la senté en el apoyabrazos, su cabeza callo en el asiento, haciendo que su espalda se arquee. En esa posición la comencé a penetrar con fuerza. Con tanta fuerza que le sillón se movía, ella gritaba de placer. Después de unos minutos haciéndolo de esa manera, la moví, la coloqué de cabeza contra el piso, apoyando su culo con el borde del asiento. Me coloqué encima y la penetré desde arriba. Su vagina chorreaba sus jugos, que se escurrían por su abdomen. Después saqué mi pene y metí dos dedos. La comencé a masturbar fuertemente para hacer que se corra.

    -¡Ahhh ¡así! ¡sigue! ¡haz que me corra! –suplicó gritando.

    -¡córrete puta! ¡córrete! –dije.

    -¡me corro! ¡Ahhh! –gritó.

    Saqué mis dedos y, temblando fuertemente, se corrió, tirando varios chorros por los aires. Frotaba su clítoris y los chorros no paraban de salir. Estaba teniendo un orgasmo gigantesco. Me agaché y comencé a lamer su vagina, tomándome los jugos que seguían saliendo. Patricia gritaba como loca con tremenda corrida. Después de correrse, se levantó, tomó mi pene y se lo metió en la boca. Me comenzó a dar una mamada espectacular, con una mano sobaba mis huevos, mientras un dedo de la otra mano, comenzó a meterse en mi ano. Nunca me habían hecho algo así. Se sentía muy bien.

    Seguía mamándome el pene con desesperación, mientras su dedo jugaba dentro de mi ano. La sensación era nueva, pero muy placentera. No pasó ni un minuto hasta que un gran chorro de leche salió de mi pene llenándole la boca. Creo que nunca había eyaculado tanto. Literalmente le llené la boca de leche, la cual chorreaba de su boca, al no poder contener tanta cantidad. Sacó mi pene de su boca, se tragó todo lo que quedaba en su boca y relamió lo que se había chorreado.

    Nos fuimos a la cama a descansar unos minutos. Después de estar abrazados un buen rato. Se levantó, se puso a cuatro patas y se abrió las nalgas, mostrándome el ano.

    -Quiero que me chupes el ano y me lo perfores otra vez –pidió– me has vuelto adicta a sentir tu pija en el ano.

    -No tienes que pedírmelo dos veces –respondí, acercándome– sabes que me encanta darte por el culo.

    Me acerqué y comencé a pasar mi lengua por su ano. Le abría las nalgas mientras lo lamía. Patricia emitía unos gemidos muy suaves. Metí dos dedos en su vagina, que seguía muy mojada. Mi lengua seguía paseándose por su ano, metía la punta de la lengua tratando de abrírselo. Sus gemidos se hacían más fuertes. Su vagina seguía chorreando jugos. Saqué mis dedos mojados de su vagina y los metí en su ano. Entraron fácilmente. Con los dos dedos adentro, comencé a abrirle el ano, mientras seguía metiendo mi lengua por donde había espacio.

    -¡ya! ¡méteme la pija de una vez! ¡párteme el culo por favor! –suplicó gritando.

    Me levanté y de un solo empujón entro todo mi pene en su ano. Sus suplica hicieron que no tenga compasión, la embestía muy fuerte. Ella gritaba y se frotaba la vagina desesperadamente. Patricia gritaba como poseída.

    -¡así! ¡no pares! ¡reviéntame el culo! ¡soy tu perra! –gritaba mientras se corría -¡cógeme duro puto! ¡así! ¡más duro! ¡párteme en dos!

    Sus gritos me estaban volviendo loco, fui subiendo la intensidad de mis embestidas. La estaba penetrando muy fuerte. Si no fuera por sus gritos de placer y sus suplicas para que le dé más duro, me hubiera dado miedo darle tan fuerte. Pero se notaba que lo estaba disfrutando. Patricia seguía pidiéndome que le dé más fuerte, pero ya no sabía de donde sacar más fuerzas, le estaba dando lo más fuerte que podía.

    -¡me voy a correr de nuevo! ¡lléname el culo de leche, puto! –gritó corriéndose de nuevo.

    -¡ahí va! ¡me corro! ¡Ahhh! ¡toma tu leche perra! –grité yo mientras me corría llenándole el culo de leche.

    -Me encanta sentir tu leche caliente llenándome el culo –dijo, mientras de su ano chorreaba mi leche– creo que me has llenado hasta los intestinos.

    -Con todo lo que me has dicho, definitivamente iba a correrme así –dije– me encanta cuando hablas así, tan cachonda.

    Nos recostamos, nos pusimos a hablar de lo que pasaría una vez regresemos a nuestra ciudad. Sabíamos que, al día siguiente, todo acabaría. Que, al día siguiente, volveríamos a la realidad, a una realidad que ninguno de los dos quería. Pero que teníamos que aceptar, ya que la carrera de Patricia dependía de eso. Ya le habían comentado que tenía posibilidades de ascender dentro de poco y no quería arriesgarlo.

    -No quiero que llegue mañana –dijo tristemente, con los ojos llorosos.

    -Yo tampoco, pero es algo que ya conversamos, tenemos que ser fuertes –dije tratando de disimular mi tristeza– es por el bien de tu carrera. Igual en un año termino de estudiar y quien sabe, podremos estar juntos –dije con un poco de esperanza.

    -Y tú crees que, en un año, ¿aún me querrás? –preguntó.

    -Claro que sí, te voy a querer por el resto de mi vida –respondí inmediatamente– ¿Cómo crees que no te voy a querer? Si eres perfecta.

    Sonrió, me dio un beso muy tierno y nos dormimos abrazados. Despertar al lado de Patricia era lo mejor de mis días en esa época. Ya sea abrazados o separados, el solo ver su rostro en las mañanas me alegraba el día. Pero ese día no. Ese día no, ese día sería el último en el que podría ver su cara al despertar. Y eso me ponía muy triste.

    Al despertar, ambos estábamos tristes. Sabíamos que en unas horas tendríamos que volver y nos despediríamos para siempre. Pero no quería que el ultimo día sea de tristeza. Así que, después de cambiarnos, le sonreí, la abracé, la besé.

    -Sé que es nuestro último día, pero hay que aprovecharlo –dije tratando de ser fuerte– ¿Qué quieres hacer hoy?

    -Quiero coger –dijo para mi sorpresa– quiero hacerte el amor por una última vez, que me hagas correr como solo tú sabes hacerlo.

    Continuará.