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  • El hombre de la avenida Gorlero

    El hombre de la avenida Gorlero

    Ha pasado mucho tiempo desde que salí un fin de semana con mis amigas. Hoy nos vamos por dos noches a Punta del Este y no sé exactamente qué vamos a hacer. Empaqué un poco de todo y corrí a la terminal, donde las tres habíamos acordado encontrarnos.

    Una vez que llegué, inmediatamente me di cuenta de por qué no voy con demasiada frecuencia los fines de semana con amigas. Las dos ya estaban discutiendo entre ellas… justo cuando yo anhelo un fin de semana de descanso después de todo el ajetreo de últimamente. Decido interrumpir la discusión y preguntarles a dónde vamos este fin de semana.

    “Punta del Este” dijeron casi al mismo tiempo. “¡Nos vamos al Este a pasar un fin de semana!” Añadieron con entusiasmo.

    Estoy de acuerdo con esta decisión.

    Tomamos el ómnibus y tras un viaje afortunadamente tranquilo y sin discusiones, llegamos a nuestro hotel. Es un hotel básico, según mi experiencia. Decido usar un vestido sexy para la noche.

    Nos ubicamos en una mesa de un restaurante de la avenida Gorlero. El clima era agradable. Una sensación me distrae de la conversación y lleva mi atención a mi cuerpo, que anhela ser tocado y -sin que nadie lo vea- me toco en la parte interna de mis muslos. Un hormigueo recorre mi cuerpo.

    “¿Qué te gustaría?” escucho de fondo.

    Hay un momento de silencio en la mesa y me doy cuenta de que la pregunta me la hacen a mí.

    “Lo siento, mis pensamientos vagaron por un momento”, les doy una respuesta honesta.

    Ambas quieren hacer algo después de cenar y ahora me piden mi opinión. Quiero paz –pienso para mis adentros– pero decido responder que estoy de acuerdo con lo que quieran hacer.

    Después de cenar tomamos un cóctel en una coctelería. Bebo mi Martini y noto que el alcohol se me sube a la cabeza y me siento un poco mareada… Las chicas quieren salir, pero a mí no me apetece nada. Necesito descansar. Bebo el último trago de mi segundo cóctel y decido caminar sola hacia el hotel.

    Mientras camino hacia el hotel, veo a la distancia a un hombre que viene directamente hacia mí. No hay otras personas presentes y él inmediatamente me llama la atención. No sé exactamente qué es… a medida que nos acercamos nuestras miradas se cruzan. No puedo apartar mi mirada de él. Noto que me estoy poniendo rígida, pero mis piernas siguen caminando automáticamente.

    Nos acercamos el uno al otro y ahora casi podemos tocarnos… justo antes de cruzarnos, desvía la mirada y pasa junto a mí. Camino un poco más pero no puedo resistirme a mirar hacia atrás… ¿qué me pasa con este hombre? Siento una atracción enorme, pero no puedo explicarlo. Ni siquiera lo conozco. Cuando miro hacia atrás lo veo entrando al Casino.

    Ha oscurecido y la brisa se ha convertido en un viento frío. Me queda una corta distancia hasta el hotel y noto que no puedo soltar la mirada del hombre. Pienso en el momento en que me miró fijamente y noto que ese pensamiento le hace algo a mi cuerpo… siento un agradable cosquilleo entre mis piernas… un cosquilleo que no sentía desde hace mucho tiempo.

    Estoy parada frente al hotel y me viene un pensamiento… ¿debería ir al casino y ver si todavía está allí? Es extraño, pero parece que este hombre tiene algún tipo de poder sobre mí… Decido hacerlo: caminé de regreso al casino.

    Me registro y me dirijo por las grandes alfombras rojas hasta el salón principal. No hay mucha gente y decido pedir primero una bebida en el bar. Mientras espero mi bebida, miro a mi alrededor. No hay rastro del hombre.

    Es mi tercer Martini de la noche y realmente puedo sentir el alcohol haciendo su trabajo. Siento que estoy flotando y la música de fondo me estimula. En los casinos no hay ventanas ni relojes. Entiendo el concepto, te sientes como si estuvieras en otro mundo y tu sentido del tiempo desaparece por completo. Bajo una escalera y termino en una habitación donde se juega a la ruleta. Me siento en una mesa a jugar unas cuantas rondas con la intención de luego volver al hotel.

    Qué idea tan ridícula fue pensar que volvería a encontrarme con ese hombre aquí. Apuesto algo de dinero al rojo. Pierdo. Después de jugar algunas rondas miro hacia arriba y me sorprendo. Me quedo sin aliento. El hombre de afuera está sentado frente a mí en otra mesa y enseguida me doy cuenta de que me ha visto. Él me mira. Me siento incómoda y no sé hacia dónde mirar. Me estoy emocionando. Intento volver a centrar mi atención en el juego y hacer otra apuesta.

    No puedo resistirme a echar un vistazo rápido a la otra mesa de ruleta. Lo veo sentado ahí, pero esta vez no me mira. Me da algo de tiempo para recuperar el aliento. Está sentado a unos diez metros de mí, pero puedo sentir su energía. Está bien vestido, cuerpo atlético y parece tranquilo. De repente me mira de nuevo. Me sobresalto y miro hacia otro lado. ¡Dios mío! Tengo que salir de aquí, pienso para mis adentros. ¿Quién es este hombre? Además de sentirme ansiosa, también noto que esta situación le está haciendo algo a mi cuerpo.

    Mi piel se tensa, mi respiración se acelera… hormiguea y siento la sangre correr… Mis pequeños pezones se ponen rígidos y empujan la fina tela del vestido. Tengo miedo de que se note y trato de taparlos con los brazos para sentirme menos vulnerable. Vuelvo a mirar hacia arriba, pero veo que la silla del hombre está vacía. Siento una ligera decepción. ¿Habrá visto que me hacía sentir incómoda? ¿O que mis pezones se pusieron duros?

    Decido jugar unas rondas más y luego irme a casa. Hasta que de repente siento un calor en mi espalda y noto que alguien está parado cerca de mí. Quiero mirar atrás, pero no me atrevo. Tengo miedo de que sea el hombre y me quedé helada. Lo siento acercarse más y lentamente acerca sus labios a mi oreja. Siento su aliento.

    “Ve al baño, quítate las bragas, vuelve y siéntate aquí”. dice con una voz cálida, profunda y tranquila.

    Miro a mi alrededor para ver si alguien escuchó lo que me acaban de decir… todos parecen tener su atención en otra parte. Ahora siento que el hombre ha desaparecido. Mi corazón está en mi garganta…

    No puedo ir al baño y hacer lo que él dice, ¿verdad? Ni siquiera lo conozco. Antes de darme cuenta me veo caminando hacia el baño. Dudo un momento, pero me quito el tanga y veo por los destellos que ya he perdido bastante líquido. Pongo las bragas en mi bolso y camino de regreso al pasillo. Ahora me siento aún mejor. Siento el aire frío deslizándose entre mis piernas y percibo el frío en mis labios vaginales ahora desnudos.

    Vuelvo a sentarme en el mismo lugar y lo veo sentado nuevamente en el mismo lugar en la otra mesa de ruleta. Me vuelve a mirar fijamente con una mirada que aún no estoy segura si me asusta o me excita. Siento una ola de placer recorrer mi cuerpo. Un temblor que comienza en mi cuello y termina entre mis piernas. Siento que todo se contrae, juntando los labios vaginales entre mis piernas; los siento moverse sobre la suave gamuza de la silla.

    La contracción es tan fuerte que tengo miedo de exprimir el líquido que se acumula entre mis piernas desde hace algún tiempo y dejar una mancha en el asiento. Me tambaleo un poco en la silla y trato de moverme un poco, pero siento que ya es demasiado tarde… Siento que el fluido se escapa de mí…

    De repente pienso en el momento durante la cena en el que me pasé las uñas por las piernas y lo bien que me sentí. No puedo resistir la tentación y lentamente llevo mi mano debajo de la mesa hacia el interior de mis piernas. Miro rápidamente en dirección al hombre e inmediatamente soy capturada nuevamente por su mirada…

    Él me mira directamente y me siento atrapada. Quiero retirar la mano, pero siento una enorme necesidad de deslizar los dedos más hacia adentro. Parece como si guiara mi mano con su mirada, y mientras sigo mirándolo, mis dedos llegan a mis pequeños labios vaginales. Deslizo un dedo hacia arriba entre mis labios y siento que estoy mucho más húmeda de lo que pensaba.

    Cuando llego a la cima, lentamente rodeo mi clítoris unas cuantas veces y siento lo hinchado que se ha vuelto: me quedo sin aliento por un momento y en un movimiento casi automático junto ambas piernas firmemente. Quito mi mano de entre mis piernas mientras sigo haciendo contacto visual con el hombre. Estoy tan cautivada por su mirada que sin pensar me llevo a la boca el dedo que estaba justo en mi vagina y -lo más discretamente posible- lamo mi propio fluido… Me excita verme de esta manera y me mira y cuando me doy cuenta de esto, el hombre de repente se levanta y se aleja, sin volver a mirarme.

    Estoy confundida. ¿Qué quiere este hombre de mí? ¿O simplemente fui demasiado lejos? ¿Y adónde se fue? Miro a mi alrededor, pero no veo rastro de él. Se juega otra ronda en la mesa y sin que yo haya hecho una apuesta, me empujan una pila de fichas.

    “¡No he jugado!” digo con mi mejor voz.

    “La casa corre por cuenta”, dice el croupier.

    Acerco la pila de fichas hacia mí y noto que hay una pequeña nota escondida debajo. Tengo miedo, pero con un movimiento rápido logro agarrar el papel y finjo que estoy apilando la pila de fichas. Abro la nota debajo de la mesa y leo lo que dice. «Hotel – habitación 433» La duda me asalta de nuevo. Por un lado, me resulta aterrador acercarme a un hombre extraño.

    Además, no sé qué tan seguro es y también estoy en un fin de semana con amigas que probablemente volverán pronto al hotel; después de todo, ya es tarde. Por otro lado… qué pudo haber planeado este hombre para mí… Si solo su mirada me hace hacer cosas, qué más podría hacerme. Tengo miedo de que la emoción venza al miedo… Siento un escalofrío incontrolable recorriendo mi cuerpo al salir del casino.

    Tomo el ascensor hasta el cuarto piso y camino por el pasillo del hotel. La sala está completamente vacía y está atractivamente iluminada con luces tenues en las paredes. La habitación 433 está al final del pasillo y noto que mi respiración comienza a acelerarse. Me quedo quieta por un momento frente a la puerta… luego decido tocar y creo que lo hago demasiado suave. Todo está en silencio y siento que escucho los latidos de mi propio corazón. Justo cuando estoy a punto de volver a llamar, esta vez con más fuerza, la puerta se abre. ¡Dios mío, es incluso más grande de lo que pensaba! Me mira fijamente y me dice con voz tranquila

    “Te estaba esperando. Adelante.”

    Lo sigo y miro la habitación del hotel. Tal como era de esperar, todo está ordenado y hay una atmósfera oscura en el cuarto. Básicamente, exactamente como creo que deberían ser los hoteles: oscuros y sexys.

    “Siéntate en la cama”, me ordena, mientras se sienta en el sofá frente a la cama y toma su copa de vino.

    “Quiero saber quién eres primero”, le digo, queriendo mostrar mi versión rebelde.

    Se levanta de nuevo, toma una segunda copa de vino y camina lentamente hacia mí. Esa mirada… ¿qué me está haciendo este hombre? Me pregunto. Se acerca a mí y me dice:

    “Acuéstate en la cama con la espalda apoyada en la pared del fondo y toma esta copa de vino.”

    Quiero ser rebelde pero no sé qué decir y simplemente hago lo que él dice. Me siento en la cama, cubierta con mantas de raso negro, y recién ahora oigo la música. Es música lenta muy oscura y me hace moverme más lento.

    Estoy tumbada en la cama y él se ha vuelto a sentar en el sofá. Nos sentamos uno frente al otro y seguimos mirándonos fijamente mientras tomo un sorbo de vino. Sin siquiera darme cuenta, crucé las piernas.

    “Quiero ver si cumpliste con la tarea.”

    Sé exactamente lo que quiere decir.

    “¿Por qué debería hacerlo?”, me oigo decir y un rayo nervioso recorre mi cuerpo mientras intento ir contra él de nuevo.

    “Porque tú quieres que yo te mire.”

    Tiene razón: quiero que mire lo que tengo entre las piernas. Nada mejor. Mi cuerpo anhela esa atención allí… Siento resistencia, pero aun así separo las piernas y las abro lentamente. La idea de que no llevo bragas y este hombre desconocido me está mirando me excita tanto que inmediatamente siento una contracción entre mis piernas. Lo veo entrecerrar un poco más los ojos y creo ver algún tipo de excitación también en él. Algo cambia en su energía. Lo siento en la habitación.

    “Pon ambas manos en tu ingle y separa tus labios vaginales.”

    Hago lo que él dice y, con mis piernas ahora completamente abiertas, llevo mis manos a mi ingle y ejerzo un poco de presión hacia mis piernas. Siento que mis labios se abren…

    “¡Hmm!, es incluso más pequeño de lo que pensaba…” lo escucho decir y veo su propia mano recorrer sus pantalones. “Quiero que juegues contigo misma y te pruebes una vez más.”

    Entonces ha visto que me probé en la mesa de la ruleta y vuelvo a hacer lo que él dice.

    “Actúa como si estuvieras sola”, añade.

    Por supuesto que no puedo –pienso para mis adentros– pero empiezo a hacer lo que siempre hago cuando estoy sola en casa. Me acuesto en la cama con toda la espalda y me llevo los dedos a mi vagina. Con dos dedos me deslizo hacia arriba sobre mi pequeña abertura y tomo un poco de líquido para recorrer en círculos sobre mi clítoris. Vuelvo a sentir lo hinchada que estoy y, de forma totalmente inesperada, la excitación es tan grande que una ola de placer recorre mi cuerpo y casi llego a un orgasmo. Logré evitarlo dejando escapar un gemido y retirando rápidamente mis dedos.

    ¡Dios mío! ¿Cómo voy a sobrevivir a esto? La idea de que este hombre que no conozco esté mirando mi vulva mojada me excita tanto que siento que podría acabar en este momento sin tocarme. Como distracción, decido cumplir con la siguiente tarea y me llevo los dedos a los labios. Me pruebo con los dedos y miro al hombre de nuevo. Veo que se ha levantado y que tiene la mano en el pantalón.

    “¡Déjate venir!”

    Me sorprenden sus palabras… pero no quiero nada más que lograr un orgasmo, así que llevo mis dedos de regreso a mi clítoris y empiezo nuevamente a dar vueltas en círculos. Me siento tan bien. Mi vagina está tan increíblemente húmeda que empieza a hacer ruido y siento que mi clítoris se hace cada vez más grande. Se presenta una nueva ola de excitación y siento que empiezo a correrme.

    “¡Detente! ¡No acabes!”, dice con fuerza.

    Jadeo y logro evitar el clímax. Respiro breve y rápido por la nariz mientras sigo haciendo lo mejor que puedo para contener el orgasmo.

    “Quítate el vestido y siéntate de rodillas al final de la cama.”

    Me quito el vestido, me arrastro hasta los pies de la cama y me siento de rodillas frente a él. Se acerca un paso más y nuevamente siento la energía y fuerza en este hombre. Me siento completamente sumisa en esta posición y me excita… me excita que tengo que seguir haciendo lo que él dice y que no tengo nada que decir en contra…

    “Abre mis pantalones.”

    Abro sus pantalones y los bajo, bajando sus boxers al mismo tiempo. Sale un pene semiflácido, pero no muy pequeño. ¡Hum…! Esperaba más de esto después de todo lo que acaba de pasar. Al mirarlo lo veo crecer un poco y su miembro llega lentamente a mis labios. Con la punta de mi lengua me deslizo sobre la cabeza de su pene, haciendo que presione sobre mis labios. Pienso que quiere ponerse más duro, solo tengo que abrir mi boca para dejarlo entrar.

    Percibo que todo crece en mi boca, su pene llega al final de mi lengua y al comienzo de mi garganta. Pensé que eso era todo, pero cuando lentamente comienza a cogerme, siento que se hace más grande y desaparece más profundamente en mi boca. Su respiración comienza a volverse más pesada y con embestidas lentas y profundas me llega hasta la garganta.

    No tengo más remedio que llevar mis dedos a mi vagina y sentir un hilo de líquido colgando de mi hendidura. Me penetro con dos dedos y sigo el ritmo de sus embestidas mientras siento su duro pene golpear la pared de mi garganta. De repente deja de moverse y suelta un grito. Súbitamente siento que esa cosa intensa y dura se vuelve aún más espesa y siento una ola atravesar su miembro de atrás hacia adelante.

    Pulsando violentamente, acaba en mi garganta y mientras esto sucede, agarra mi cabeza y se empuja aún más profundamente dentro de mí. No puedo hacer nada al respecto y me obliga a tragarlo todo. Su descarga parece durar una eternidad y trato de tomar aire… pero no puedo. Dios mío… este hombre acaba de llenarse completamente con su semen y estoy segura de que nunca antes había tenido que tragar tanto.

    Lentamente quita el monstruo de mi garganta, parece que no tiene fin… ¡Dios mío!, esta cosa es tan grande, pienso para mis adentros. Un poco decepcionada de que ya haya acabado y yo todavía jadeando, para mi gran sorpresa, su duro pene se alza orgulloso y veo las venas corriendo por su eje.

    “Acuéstate en la cama y abre los labios vaginales.”, me ordena.

    Me acuesto boca arriba y veo acercar su cuerpo musculoso al mío.

    “No, no puedo contigo… soy demasiado pequeña para eso…” gemí.

    Mientras digo esto, no quiero nada más que estar completamente llena, pero honestamente tengo miedo de que sea demasiado grande para mí.

    “Yo decido si puedes tenerlo. Separa tus labios.”

    Y mientras él todavía está de pie frente a la cama, separo mis ninfas con mis dedos y él coloca la cabeza de su pene contra mi abertura. Siento su mástil empujando contra mí; lentamente me está estirando. Mientras él intenta empujarse más hacia adentro, yo trato de alejarme y arrastrarme de regreso a la cama.

    “Eres demasiado grande para mi pequeña concha.”, le digo.

    “Cuanto más luches, más profundo te la clavaré.” dice mientras se sube a la cama.

    Se inclina sobre mí con su gran cuerpo entre mis piernas y acerca su rostro a mi cuello. Agarro sus musculosos brazos y, aunque tengo miedo, mis caderas se levantan para tratar de encontrar su duro pene. Su lengua se desliza por mi cuello y llega a uno de mis pezones. Siento la piel de gallina por todo el cuerpo mientras él lame mi pezón firmemente con su lengua. La fuerza que usa me hace sentir lo increíblemente duros que se han vuelto mis pezones. Se desliza más hacia abajo y mientras una mano permanece detrás de un pezón termina con su cara entre mis piernas.

    Siento su aliento… ¡No…! ¡No puedo soportar esto…! Me lame de abajo hacia arriba a lo largo de mi área púbica y apenas logra evitar mis labios. Sigue lamiéndome y cada vez que espero que su lengua llegue a mi clítoris, lo evita hábilmente. La mano que todavía juega con mi pezón sube lentamente y agarra mi garganta. No es un agarre lo suficientemente fuerte como para no poder respirar, pero siento su enorme fuerza y no puedo moverme más.

    La otra mano se mueve justo encima de mi área púbica y la empuja hacia arriba con mucha fuerza. Lo hace con tanta firmeza que siento mi clítoris expuesto y mis hinchados labios extendidos. Percibo que su lengua llega a la abertura de mi vagina y se desliza lentamente. La tortura continúa por un rato porque justo antes de llegar a mi clítoris me aprieta la garganta aún más fuerte… y se detiene.

    Me estoy volviendo loca… – y mientras pienso eso siento su lengua aparecer nuevamente en mi apertura. La percibo dura y firme, se empuja dentro de mí y comienza a moverse. Dejo escapar un gemido de placer mientras va y viene en mi apretada vulva… Mientras soy tomada por su lengua siento rápidas contracciones con las que casi fuerzo su lengua a salir.

    Cuando llego completamente al borde del orgasmo, su lengua que aún espera se desliza hacia arriba… y golpea mi clítoris. Dejo escapar un grito y no sé hacia dónde mirar. Presiono mi cuerpo contra su lengua y quiero que me lama más fuerte. Con su mano todavía en mi área púbica, me presiona contra el colchón y comienza (insoportablemente lento para mí) a dar vueltas alrededor de mi clítoris. Quiero que lo haga más rápido, pero al contrario de lo que quiero, me lame más lento y más suave.

    Mientras que siento que mi orgasmo llega de repente con intensidad, me invade un profundo sentimiento que lentamente se acumula dentro de mí. Todo parece ir en cámara lenta… justo cuando mi cuerpo no puede evitar correrse muy fuerte, deja de lamer nuevamente. Mientras anhelo un orgasmo intenso, él se acuesta encima de mí con su impresionante cuerpo.

    “No acabarás hasta que yo lo diga.” dice, agarrando mi nuca con ambos brazos y acercándose a mí.

    “Quiero que lo mires…”

    Y veo su enorme pene, que se extiende mucho más allá de mi ombligo, sobre mi estómago.

    Se acerca aún más a mí y sin usar las manos logra presionar su verga contra mi abertura. Más lento de lo que quiero, veo su miembro desaparecer dentro de mí, centímetro por centímetro. Veo mis labios vaginales abrirse y eso revela hasta qué punto ya me está estirando. Ni siquiera me quejo para que se detenga, sé que ya no puedo hacer otra cosa. Con enorme fuerza lo veo desaparecer completamente dentro de mí; nunca me había sentido tan llena. Lentamente se desliza completamente hacia afuera nuevamente (parece que esto no tiene fin) y veo cuán enormemente brillante está su pene de todo el fluido.

    Con embestidas largas, profundas pero lentas, comienza a cogerme mientras me obliga a mirarlo. Con cada asalto profundo siento la enorme fuerza de su cuerpo y su respiración se vuelve más pesada. Su pene se vuelve cada vez más duro y más… profundo. Sigo viendo cómo el enorme garrote desaparece lentamente por completo dentro de mí. Solo con mirarlo es suficiente para que mi cuerpo alcance un orgasmo.

    “Déjate venir.” dice de repente mientras acelera el ritmo.

    Las embestidas ahora son tan profundas que golpea su hueso púbico contra mi clítoris con cada arremetida. Me dejo llevar por completo y pronto una ola de placer se presenta nuevamente.

    “Ven…” me ordena de nuevo.

    “¡Oh!, ¡Aj!…”

    Jadeo y mi cuerpo comienza a ponerse muy duro. Él deja de empujar y veo las enormes contracciones constriñendo su pene una y otra vez. Las convulsiones continúan.

    “Sigue viniendo”, dice, gimiendo, y siento que se hincha más dentro mi vulva.

    Las contracciones lo hacen eyacular nuevamente y siento una ola cálida fluir por mi cuerpo con cada pulsación de su pene. Hace que mi orgasmo siga y siga durante lo que parece no tener fin. Vuelve a poner mi cabeza en la cama y jadeo para respirar, mi cuerpo todavía tiembla. Nunca antes nadie me había hecho alcanzar un orgasmo tan intensamente y… durante tanto tiempo… es exactamente lo que estaba anhelando.

  • El seductor (parte 2)

    El seductor (parte 2)

    Carla comenzaba a sentir desesperación, una que no había experimentado antes. A tan solo días de haber probado el dulce placer del sexo, sentía el ardor en su vientre, el deseo de entregarse a un hombre y hacerle el amor. Ese hombre debería ser Andrés, su amado esposo, pero… ¿por qué ahora Francisco, un completo desconocido, aparecía en su mente cuando se imaginaba a ella misma gozando? De no ser por el profundo sueño de su marido, ella misma habría roto “el castigo” que le impuso por haberla apostado, y le habría dado todo lo mejor de ella hasta terminar exhaustos.

    Y por más tentadora que fuese la idea de usar la llave del cuarto de su nuevo “amigo”, aún le quedaba un poco de razón para no animarse, por más que lo deseara.

    Fue una noche turbia. Tuvo sueños que iban y venían, siempre terminando en lo mismo; se imaginaba sintiendo el calor de un pene llenándola, suavemente y sin parar. Sentía un par de manos masculinas recorriendo su cuerpo, su vientre, sus senos, sus hombros. Casi como si fuese real, sentía los dulces labios de su amante fusionándose con los de ella. Y en cada uno de esos sueños, era Francisco el hombre que la acompañaba, que la poseía, que la hacía suya. Sea lo que fuera que ese “desconocido” hubiera hecho, la comenzaba a volver loca.

    Cuarto día (el final está cerca)

    Al día siguiente despertó más tarde de lo habitual. Andrés no pudo esperar más y se adelantó a desayunar. Subió a verla y la acompañó a ella. Como siempre, insistió en conocer los detalles de su noche anterior. Ella no estaba muy contenta; no solo sentía el rencor de haber sido apostada, sino que sentía el abandono de su esposo, que no la había esperado aun sabiendo que había pasado toda la tarde en compañía de otro. ¿Qué acaso no le importaba su esposa? ¿No le preocupaba que saliera con otro? Especialmente cuando ese otro era un hombre de la talla de Francisco…

    Carla presentía que, en realidad, Andrés tenía bastante de que preocuparse, aun cuando ella misma deseaba no aceptarlo.

    Volvieron al cuarto. Ella estaba emocionada de encontrarse de nuevo con su compañero. Al volver, encontraron un paquete esperándolos, enviado por un anónimo, con la nota: “usa esto para venir a bailar conmigo”. En el interior había un vestido negro, atrevido y elegante. Carla se apresuró para estar lista, y dejó boquiabierto a Andrés. Perfectamente entallado a su cuerpo, corto hasta media pierna, con un escote generoso que bajaba cerca de su ombligo. Le hacía lucir un cuerpo exquisito; sus senos perfectos, blancos, casi queriendo asomarse con cualquier movimiento, sus piernas sexys y voluminosas, su cuello, sus brazos.

    -Ni pienses que irás así, imposible -le reclamó Andrés. No soportaba los celos de imaginar a su bella esposa vistiendo así, y que no fuese él quien la acompañara. Carla sintió cierta ironía y molestia.

    -¿Por qué no? ¿No se me ve bien? -le respondió con sarcasmo y algo de soberbia.

    -Te… ves como una p… -le quería decir Andrés, arrepintiéndose de sus palabras. Era ya muy tarde cuando vio la cara de Carla, una mirada que nunca había visto en ella, la más pura decepción que una mujer puede sentir hacia un hombre.

    -Tu apostaste a tu esposa como si fuera una puta… -le dijo molesta. Tomó su bolso y salió del cuarto, furiosa.

    Era aún muy temprano, faltaban al menos 3 horas para su encuentro con Francisco. Sin tener a donde ir, y sin querer andar por ahí vestida así, no tuvo elección más que ir al único lugar donde podría sentirse segura… la habitación 567. Al llegar, frente a la puerta, trató de arreglarse el vestido de la forma más “decente” posible, que no era mucho. Tocó la puerta 2 veces y esperó allí hasta que Francisco abrió. Llevaba solo una bata de baño blanca puesta; para Carla se veía guapísimo, sentía un encanto muy especial en aquel momento. Sorprendido, la abrazó y la saludó, dándole un beso nuevamente en la comisura de sus labios.

    -No me imaginé verte tan temprano, pasa -la invitó.- Y veo que te gustó el vestido, te ves encantadora -mirándola de arriba abajo, sin poder quitar la vista de sus pechos por unos instantes, haciéndola sonrojar.

    -Es muy lindo, gracias… -le dijo sonriendo, acomodándose su cabello- aunque es demasiado, ¿no crees?

    -No para una mujer como tú -le respondió con una sonrisa coqueta, haciéndola reír y olvidar su enfado.

    -Bueno, la verdad es que me tomas desprevenido, quería tomar un rico baño en el jacuzzi, y no quisiera perdérmelo… ¿me acompañas? -le ofreció acercándose a ella.

    -P… pero, no tengo que ponerme -le respondió nerviosa.

    -No lo necesitarás, para eso están las burbujas -le dijo tras un guiño. Ella se sonrojó.

    No podía negarse. Sentía una emoción que jamás había experimentado, y sabía que no valía la pena hacerse la difícil cuando… tarde o temprano iba a acceder.

    -Bueno… pero entro yo primero y luego entras tú, cuando haya muchas burbujas -le dijo con coquetería. Francisco aceptó.

    Entró al gran baño. Se miró en el espejo, no podría creer lo hermosa que se veía, lo sexy. Sin dejar de mirarse, deslizó los tirantes de su vestido, dejando a la vista primero sus hermosos senos, su abdomen, y finalmente la fina ropa interior que cubría su feminidad. Una vez desnuda, y con el agua ya caliente y humeante, decidió entrar con cuidado. El delicioso calor cubriéndola, la sensación de las burbujas en su espalda, casi se olvidaba que esperaba a su acompañante. Francisco le preguntó desde fuera si ya estaba lista, a lo que ella afirmó.

    Vaya gran sorpresa que se llevó. Francisco entró al baño, ya sin usar su bata, completamente desnudo. La figura fuerte y fornida de su nuevo “amigo” era algo que Carla no iba a poder sacarse de la cabeza en mucho tiempo. Se quedó pasmada, viendo de arriba a abajo… y sobre todo dejando su mirada en lo que era él lo más increíble que hubiera visto. El pene, aún flácido de Francisco, colgaba imponente de un tamaño que ella nunca habría imaginado. Grueso, venoso, varonil… provocaba en Carla un sentido de lujuria y belleza que no podría ni explicar con palabras.

    Trató de volver en sí y hacer el mayor esfuerzo de mirar a Francisco a los ojos, aunque su mirada la traicionaba por momentos. Él por su parte, sabiendo muy bien lo que ella sentía, se tomó su tiempo antes de entrar a acompañarla. Su vista no era para nada mala tampoco; si bien la hermosa chica recién casada estaba envuelta en burbujas que iban y venían, alcanzaba a ver su cuerpo hermoso, perfecto, y la belleza de su rostro, como nunca la había visto hasta entonces.

    Una vez dentro, se sentó a su lado, sintiendo su cuerpo junto al suyo. Carla se estremeció. Era una sensación extraña, estar desnuda al lado de un hombre… y no poder lanzarse a él. Él conversaba con ella con total normalidad, como si tomara baños con chicas todos los días. Ella lo miraba con atención, no podía dejar de mirarlo en realidad. Cualquiera pensaría de ellos como una pareja de enamorados… donde ella lo estaba más perdidamente.

    No notaba siquiera que Francisco acariciaba sutilmente su pierna, y ella en respuesta giraba su cuerpo hacia él. Las burbujas y el jabón no podían hacer todo el trabajo de ocultar sus senos, que se asomaban poco a poco y le daban a él una vista muy privilegiada de sus pezones, rosas. En eso, quedaron en silencio por unos segundos.

    -Debes estar cansada de que siempre te diga lo hermosa que te ves, ¿no? -le dijo, seductor.

    -No no… es lindo que lo hagas-le dijo sonriendo y bajando su mirada. No pudo evitar ver su miembro bajo el agua. Él tomó su barbilla y levantó suavemente su rostro.

    -Seguro muchos hombres te dirán siempre lo mismo… nadie te dice algo nuevo… -le dijo él.

    -¿Nuevo como qué? -le preguntó ella, animada a continuar el coqueteo.

    -Como… por ejemplo… que tus senos se ven deliciosos -le dijo con total seguridad. La cara de Carla se puso roja al instante, y sintió al mismo tiempo un electrochoque en su espalda. Era como si su cuerpo tomara consciencia de lo que ocurría, pero era un placer para ella escuchar eso. Su reacción, sin embargo, fue mirar hacia sus pechos e intentar ocultarlos bajo el agua.

    -No tengas pena, son muy hermosos… ¿me dejarías apreciarlos un poco más? -le preguntó acercándose aún más a ella.

    Carla estaba más nerviosa que nunca. Quería gritar que sí, darse por completo. Pero no podía responder, las palabras no llegaban a su boca. Su cuerpo, sin embargo, hizo todo el trabajo. Le sonrió y se levantó ligeramente, dejando salir a sus niñas, empapadas de agua y espuma, presumiéndolas a Francisco. Volvió en sí y las miró, instintivamente cerró un poco sus brazos, apretándolas ligeramente.

    -¿T… te gustan? -le preguntó tiernamente.

    -Me fascinas… -le respondió.

    La mano de Francisco empezaba a subir lentamente por el abdomen de Carla. Sentir su piel finalmente, lo que había deseado desde que la vio a lo lejos, era increíble. Poco a poco, su mano se topó con el inicio de uno de sus pechos; eran los más perfectos que había tocado, eran tan suaves. Carla miraba con asombro como la mano de él comenzaba a recorrer su pecho, acariciándolo suavemente, deteniéndose en su suave pezoncito. Jugaba con él con dulzura, lo acariciaba con las yemas de los dedos.

    Carla comenzaba a derretirse ante él. Poco a poco perdía el control y se dejaba llevar ante el dulce tacto de su no tan desconocido compañero. Él la abrazó para guiarla y sentarla delante de él, dándole su espalda. Con sus manos bajo los brazos de ella, se dispuso a acariciar ambos pechos; tomaba espuma y la usaba para masajearlos. Ella se recostó en él, cerró sus ojos, y se entregó al placer de sus manos.

    -¿Te gusta que los acaricie? -le preguntó suavemente al oído.

    -Hmm… me encanta… -le dijo Carla en un suspiro.

    -En serio son bellísimos… si te soy sincero, desde que te vi por primera vez no dejé de pensar en ellos -le confesó.

    Carla se sentía en las nubes. No solo disfrutaba del placer físico. Cada palabra de Francisco, cada estímulo, terminaba directo en su corazón. Le encantaba escuchar que un hombre como él la deseara de esa manera. Se sentía la más feliz. Seguían su conversación, caliente, entre risitas coquetas y tímidas.

    -Tienes que saber algo… -le dijo Francisco, con una mano en uno de sus senos, y mientras lentamente bajaba la otra por su abdomen hasta acariciar muy suavemente el comienzo de su vagina. Carla sintió un temblor, y un placer increíble la recorrió de arriba a abajo.

    -¿Qué cosa? -le preguntó suspirando.

    -Esta noche te voy a hacer el amor-le dijo Francisco, con un tono coqueto, pero más serio, dominante, casi amenazante. Carla dio un fuerte suspiro, acompañado de un gemido muy suave. Esas palabras la empezaron a poner frenética. Sentía como todas sus fantasías podrían volverse realidad, se pensaba finalmente entregada a aquel hombre que la amenazaba con poseerla.

    Francisco dejó de tocarla, y le dio un suave beso en la mejilla. Carla despertó de su trance, casi sin creer lo que había pasado, o sin saber si había sido real. Francisco se levantó y salió de la tina en busca de una toalla. Carla lo miraba con aires de desesperación, no entendiendo lo que estaba pasando. Él le acercó una toalla, el dio su mano y la ayudó a levantarse. Por primera vez veía todo su cuerpo, completamente desnudo; la mujer más hermosa que hubiera visto.

    -Se nos hace tarde, muero por llevarte a bailar -le dijo con un encanto que la hacía derretirse.

    Carla se quedó en el baño, secándose y poniéndose de nuevo su vestido. Ya no estaba nerviosa, sino emocionada, excitada. Había decidido que ese hombre le encantaba, la volvía loca. Una vez arreglada de nuevo, salió del baño para encontrarlo vestido más atractivo que nunca; un pantalón y camisa negra, abierta, que dejaba lucir su pecho fuerte. Se acercaron, ella puso sus manos sobre su pecho, y él la besó en la frente, indicándole que era hora de irse.

    Mientras tanto, Andrés estaba en su cuarto, reflexionando las palabras que le había dicho a su esposa. Se sentía tan arrepentido, de haber siquiera pensado que usarla como premio de apuesta fuera una buena idea. Era ahora que se daba cuenta que no había cantidad de dinero suficiente que valiera la pena. Se sentía desesperado por no tenerla a su lado. Al mismo tiempo, sentía alivio, como si hubiera recapacitado y estuviera listo para reconciliarse con ella. Y no solo eso, no iba solo a esperar a su llegada… estaba decidido a ir a buscarla y ponerle fin a aquel enredo, aún si le costara su propio dinero para recuperarla.

    Era ya bastante tarde, cerca de las 11 de la noche. Sabía que Carla iba a bailar con Francisco, pero no le dijo en donde. El hotel tenía tres posibles clubes nocturnos en donde podrían estar, así que tendría que visitarlos todos hasta encontrarla.

    Carla y Francisco disfrutaban juntos de un trago, fresco para la calurosa noche que hacía. Era difícil creer como las conversaciones que tenía con él eran tan interesantes y divertidas, luego del candente momento que habían pasado juntos. Cada cierto tiempo, Carla se desconectaba y volvía a las palabras que había escuchado algunas horas antes… “Esta noche te voy a hacer el amor”. Se preguntaba si era verdad, y cuándo iba a suceder.

    Se sentía ansiosa, emocionada… y al mismo tiempo confundida. Aunque estaba molesta con Andrés, recordaba que él la esperaba, y comenzaba a sentir cierta compasión por él, y por lo que estaría sintiendo, sólo y esperándola noche tras noche. De inmediato Francisco lograba captar su atención y ella volvía a quedar hipnotizada.

    La invitó a bailar, algo que ella amaba. En la pista descubrió que, por si fuera poco, Francisco era un excelente bailarín. Sabía que iba a sudar solo con intentar seguirle el paso. Pero se estaba divirtiendo como nunca, pasando un momento genuinamente maravilloso juntos. Francisco, por supuesto, aprovechaba las oportunidades para acercarse a ella, tomarla de la cintura, dominando sus movimientos, dirigiéndola. Le encantaba especialmente el baile de sus senos, que se movían rítmicamente con los movimientos sensuales de su dueña. Carla notaba su mirada, y se movía de cierta manera intentado que él tuviera pudiera disfrutarlos aún más.

    Andrés llegaba al primer club nocturno, lleno de gente. Sabía que sería una tarea difícil encontrarlos, pero estaba dispuesto. Caminaba entre la gente, enfocándose en las parejas que se encontraban ahí, intentando enfocarse en un vestido negro que era… bastante revelador. Se topaba con parejas, muchas de ellas jóvenes, besándose, bailando, disfrutando juntos. Lo hacían pensar cuánto extrañaba a su hermosa Carla… y al mismo tiempo le daba una sensación de incomodidad, pensando en lo que pasaría si la llegara a encontrar… mejor no pensarlo y seguir buscando. Al recorrer todo el lugar sin suerte, sabía que tenía que ir a su segunda opción, rápido antes de que fuera tarde.

    El baile entre Carla y Francisco se tornaba más y más sensual. Estaban más juntos, más cariñosos uno con él otro, y las manos de él se volvían más y más atrevidas con cada canción. Sentía un gusto especial en acariciar el abdomen de la hermosa chica, aprovechando el largo escote que lo ofrecía. Ella por su parte no podía evitar menear sus caderas al ritmo de la música, cada vez más cerca de él, acariciando su pecho, abriéndole su camisa un poco sin siquiera darse cuenta.

    Andrés llegaba al segundo club. Para su suerte, estaba más vacío que el primero. Sin embargo, eso le dejaba ver que ellos podrían no estar ahí. Qué mala suerte, pensaba, que en dos intentos hubiera fallado. Recorrió el lugar, ahora más agitado y más nervioso, sin lograr avistar a su amada. Se preguntaba si se habrían ido, si quizás ella ya estaría esperándolo, si se estaría preguntando donde estaba su esposo. Podría volver a su habitación y averiguarlo, pero era arriesgado. Debía al menos intentar en el último lugar.

    Carla y Francisco seguían cortejándose uno al otro. Su baile comenzaba a asemejarse más y más a los suaves movimientos de una pareja encamada. La mirada de Carla mostraba deseo, sus ojitos relajados, sus labios entre abiertos, sus mejillas rojas. Francisco la miraba con seriedad, como un depredador jugando con su presa. Sus miradas se conectaban y no se soltaban, y como si se tratase de dos imanes, sus rostros se acercaban más y más. El inevitable momento estaba comenzando, sus labios se buscaban, se rozaban, a solo milímetros.

    Carla cerró sus ojos, lista para recibir el que sería el más dulce beso que había sentido en su vida. Con los labios de Francisco recorriendo los suyos, era que se daba cuenta de lo enamorada que estaba, de lo mucho que ese hombre la atraía. Se fundieron en un beso largo y romántico. Solo hasta parar de besarse, volvieron a la realidad. Ella rio tímidamente, mientras él la miraba, estaba encantado con ella. “Esta noche te voy a hacer el amor”, recordó ella.

    Eran ya las 11:30 pm Andrés llegaba al último lugar posible, con la esperanza de encontrar a su bella Carla. Al andar por todo el lugar y darse cuenta que no se encontraba ahí, un sentido de desesperación se apoderó de él. Se quedó inmóvil en la pista de baile, pensando sin lograr llegar a ninguna conclusión útil. Cuando volvió a la razón, decidió ir a su habitación, deseando con todo su corazón que su esposa lo esperara ahí. Exhausto, abrió la puerta, nervioso, solo para encontrar la habitación vacía, tal y como la había dejado. Ahora comprendía la situación tan preocupante en la que se encontraba. Lo único que le quedaba, era pedir ayuda.

    Irónicamente, Carla también estaba desesperada, pero por razones muy distintas. No podía esperar más por qué Francisco cumpliera su promesa… su amenaza. Lo necesitaba, lo deseaba con locura. Sus ojos se llenaron de un brillo especial cuando él se acercó a su oído:

    -¿Nos vamos ya? -le preguntó lentamente.

    Ella asintió sin pensarlo siquiera. Ahora tomados de la mano, salieron del lugar. Carla se abrazaba del brazo de él, dejándose conducir por los que parecían eternos minutos, antes de llegar a la habitación 567. Eran ya las 10:30 pm una vez dentro, Francisco puso cómoda a Carla en su sofá, y se sentó al lado de ella con dos copas de vino. Ambos dieron un trago y las pusieron sobre la mesa de al lado. Se miraron por unos segundos:

    -¿La pasaste bien? -le preguntó Francisco.

    -Muchísimo, ¿y tú? -le respondió sin dejar de sonreír.

    -La pasé increíble, me encantó bailar contigo -le dijo, acercándose a ella. Poco a poco, solo centímetros separaban sus labios, que se preparaban para tocarse en un delicioso beso- te quiero hacer mía- le dijo él antes de comenzar a besarla.

    Francisco abrazó a la hermosa chica, la acercaba hacia ella, la hacía sentir envuelta, mientras la besaba. Ella disfrutaba como nunca, sintiéndose absorbida por sus brazos. Se abrazó de él por detrás de su cuello. Se sentía lista, lista para entregarse a ese hombre. Sentía como si estuviera destinada a él, desde el primer momento en que lo vio. Sin embargo, al abrir ligeramente sus ojos, notó un brillo… era el anillo de compromiso en su mano, que rodeaba el cuello de Francisco. Solo tras una fracción de segundo, cayó en cuenta de lo que pasaba, y sintió un helado golpe de realidad.

    Carla dejó de besarlo, y se alejó de él. Pensó en Andrés, su esposo, al que amaba. No había nada en el mundo que deseara más que acostarse con Francisco… pero sabía que no podía hacerlo. No importaba cuan culpable fuera Andrés de todo lo que ocurría.

    -N… no puedo… discúlpame -le dijo a Francisco, y se levantó del sofá. Él se quedó ahí, sin mencionar una sola palabra ni intentando ir tras ella. Una vez ella dejando la habitación, él se acercó a la mesa para dar un trago a su copa de vino.

    Carla corría de vuelta a su habitación, con ansias de encontrar a su esposo. Se sentía culpable, y estaba dispuesta a arreglar las cosas una vez viéndolo. Sabía que una vez en sus brazos, se olvidaría de todo esto y podría volver a la normalidad. Al llegar, abrió la puerta, frenética… y con gran decepción, encontró la habitación vacía. Entró, cerrando tras de sí. Eran ya pasadas las 11 de la noche. ¿En dónde podría estar su esposo?

    ¿Habría tenido el descaro de irse a otro lugar, sin esperarla siquiera? No podía sentirse menos querida en aquel momento. Rindiéndose, se propuso a dormir, no sin antes deshacerse de ese vestido que tanto le recordaba todo lo que había estado pasando. Una vez desnuda, se colocó un camisón de seda blanca, similar a un babydoll, y bastante erótico como para ser una prenda de dormir, y se metió a la cama.

    Seguía sin creerlo. A su esposo no le importaba en absoluto, su luna de miel estaba arruinada y… lo peor era que había dejado ir la oportunidad de una noche inolvidable. No sabía si sentirse culpable por haberse ido o por desearlo tanto en primer lugar. Pero… no si iba a sentir culpa, no tendría que ser por ambas cosas y… aun había tiempo. Se levantó de su cama, eran ya cerca de las 11:30. Volteó a ver a la mesa del cuarto, y vio su bolso. “Habitación 567” pensó, y recordó la llave que aún estaba en su poder… “Esta noche voy a hacerte el amor”.

    Las mismas palabras recorrían su cabeza, sin parar, una y otra vez. Casi como hipnotizada, se puso de pie, se dirigió a su bolso, y tomó la llave. Se miró al espejo, viéndose a los ojos, luego al escote de su “pijama”. Su corazón latía más fuerte que nunca antes en toda su vida. Se arregló el cabello, y se fue a la puerta para salir.

    Andrés corrió hacia la recepción del hotel, pensando que la última alternativa, por más dolorosa que fuera, era conocer dónde se hospedaba ese tal Francisco. Insistió al recepcionista, quien en principio se negaba a dar la información por razones de privacidad. Pero la desesperación del muchacho era tal, que terminó cediendo.

    -Habitación 567, señor -le dijo en voz baja. Andrés agradeció, miró el reloj, era ya pasada la medianoche.

    Andrés corrió por el pasillo hacia los elevadores, no podía esperar más a que llegaran, y se le ocurrió que tomar las escaleras sería más rápido y efectivo. Fue a ellas y comenzó lo que parecía un eterno ascenso hacia Carla. Sabía que todo esfuerzo valdría la pena con tal de estar con su esposa de nuevo, abrazarla, tenerla en sus brazos y no dejarla ir nunca.

    Carla se encontraba en frente de la puerta, habitación 567. Estaba temblorosa, nerviosa, dudosa… pero no tenía que decidir rápido. Estaba en medio de un pasillo de hotel, casi desnuda, cubierta únicamente por su blusa blanca, que apenas cubría su trasero. Tomó finalmente su decisión, y abrió la habitación con la llave. Entró con cuidado, casi como esperando que Francisco estuviera dormido, y cerró la puerta tras de sí, sin siquiera fijarse si habría quedado bien cerrada…

    Una vez dentro, y para su muy agradable sorpresa, encontró a Francisco sentado en su cama, recostado en una montaña de almohadas… completamente desnudo y solo cubierto por la cálida luz de la lámpara de mesa. Carla sonrió, y sin decir nada, levantó suavemente su “pijama”, hasta terminar desnuda frente al que sería su amante por aquella noche. Esperó unos segundos, y comenzó a caminar hacia él…

    Continuará…

  • La vendedora y su tanga de perlas

    La vendedora y su tanga de perlas

    Hoy voy a contar como los juegos se pueden ir de las manos.

    Soy una mujer de 37 años alta, morocha, con kilos de más grandes pechos.

    Hace tiempo que quiero tener una mujer sola para mi, no tríos ella y yo.

    Ya tuve experiencias con mujeres pero quería algo diferente, algo bien película porno, hacía tiempo que una muchacha que vendía ropa y yo éramos conocidas, yo su cliente y ella mi vendedora, me traía cosas que no eran mi estilo se mostraba mucha piel y sobre todo me traía tangas diminutas y lencería.

    Un lunes llegué de trabajar cansada y ella estaba en el edificio. La salude y se me pego con la excusa de mostrarme algo, yo cansada le dije hoy no otro día. Pero insistió, entonces le dije que no tenía plata ella seguía insistente.

    Así que al final dije que pasara a mi departamento, entró y como siempre empezó a sacar cosas de su bolso yo agotada solo miraba sin ganas, de repente ella me dice¿ te muestro algo? Pero no te rías, le dije si sin ganas y se sacó los zapatos y el pantalón quedó solo con una diminuta tanga que tenía perlas en medio y el rose provocaba que la vagina estuviera estimulada, era una tanga azul y en su piel blanca se veía hermosa.

    Sentí como me mojaba y ella sin dejar de reír se acercó a mí y me agarró la mano e hizo que le tocará la vagina, enseguida se me fue el cansancio, yo sentada en mi silla ella parada en tanga y camisa. Le pasé el dedo y ella gimió tomó mi dedo y lo chupo, me dijo si quería seguir o parábamos. Aún no sé porque la verdad estaba súper caliente le dije páramos.

    Ella me miró y me dijo, nunca te voy a cojera toda hoy, me llevo a mi cuarto con su bolso en la mano y me empezó a desvestir yo loca de caliente me dejó desnuda por completo y sacó de su bolso una tanga y me la puso, fue levantando la tanga mientras me besaba cada vez me la metía más y más en la vagina. Era tan rico de repente me vi en mi cama con una tanga metida muy adentro con otra mujer que solo tenía una tanga y sentí como mis jugos salían ella se rio y comenzó a chupa mi vagina y mi ano muy suave hasta que de pronto se puso sobre mi y comenzó a restregar su vagina en la mía la tomé de las nalgas y apreté contra mi.

    Ella chupaba mis tetas grandes, las de ella eran pequeñas y su peso muy rosado. No olvido la sensación de su tanga de perlas y la mía rozando nuestras vaginas. Acabamos juntas con un grito.

    Nos besamos y quedamos esperando recuperar fuerzas, lo que sí yo sentía mi ano muy dilatado y quería un hombre para él.

    Se lo dije y ella respondió que no le gustaba estar con hombres, me beso se vistió y salió de mi cuarto llamó a alguien por su teléfono y se fue. Quedé en mi cama caliente con ganas de más.

  • Mi primer encuentro con una joven de 18 años

    Mi primer encuentro con una joven de 18 años

    Esta es una de mis experiencias con una joven de 18 años, para eso entonces yo debía tener como unos 48 o 49 años, no recuerdo con exactitud, hoy tengo 57 años, ella era blanca, ojos claros, como 1,55 de estatura, un poquito gordita, una tetas medianas, bien paradas, y unas nalgas gorditas, no tan respingonas, nos conocimos por una página de internet, ella tenía un anuncio que buscaba un maduro, yo le contesto y empezamos a hablar y como a los ocho días programamos nuestro encuentro, le di un sitio de encuentro y las placas de mi carro y la recogí como a dos cuadras de mi oficina en un popular barrio de Bogotá.

    Ella estaba allí en la calle observando las placas del carro, por su descripción física deduje que era ella, porque no habíamos intercambiado fotos, para hacer que el encuentro tuviera más suspenso, más intriga y ganas. Se subió al carro y me dio un beso en la mejilla como si fuéramos conocidos de mucho tiempo, no nos importaba el físico del uno o del otro, lo que nos importaba era tener una tarde de buen sexo.

    Nos dirigimos buscar un motel, al cual llegamos en 10 minutos, ya en el carro empezó a preguntarme que como estaba y cosas así, me pregunto si era la primera vez que hacia una cosa así y con una joven como la edad de ella, le respondí que sí.

    Llegamos y subimos al ascensor y llegamos a la habitación, ella era la que llevaba la iniciativa, yo la observaba, nos sentamos en la cama y ella se abalanzó sobre mí y empezó a besarme, muy suave al principio y luego con mucha pasión, entrelazamos lenguas y parecía que nos fuéramos a devorar en ese beso que fue intenso y duradero, cuando paramos un momento ella me mando la mano a mi verga que ya se observaba parada por encima del pantalón y yo empecé a masajearle las tetas, se paró y se quitó la blusa y luego el brasier, dejándome libres esas hermosas tetas para mí, las chupe y les pace la lengua en círculo y me decía “muérdemelas y chúpamelas duro que me excita mucho” a lo que yo obedecía y me daba gusto.

    Nuevamente paró y se bajó el pantalón y la tanga y quedó totalmente desnuda, me quitó los zapatos y luego el pantalón, la camisa, me desvistió totalmente y antes de que yo dijera algo, cogió mi verga y empezó a chuparla sin parar, paraba y me pajeaba y volvía a chupar, luego me preguntaba “te gusta?” y yo le contestaba “no me gusta, me encanta”, por momentos le cogía la cabeza y la apretaba para que se ahogara con mi verga, paraba y me decía “me gusta mamarte esa verga mi amor”.

    La detuve y la acosté en la cama y le dije “ahora me toca a mí”, acostada y con las piernas abiertas y un poquito levantadas empecé a pasar mi lengua sobre su cuca, luego empecé a succionar su clítoris y se lo mordí muy suave, luego le metí la lengua y le chupé los labios vaginales, posteriormente le metí un dedo y luego dos y le froté el clítoris, me dijo “para, que me voy a venir y quiero que me metas esa verga y con ella adentro me haga alcanzar el orgasmo”.

    Paré y la coloqué en cuatro y se lo metí de una y pegó un grito y me dijo “es que soy un poquito estrecha, pero no pares, sigue” y empecé a bombear primero despacio y luego más duro.

    Cambiamos de posición ahora ella estaba acostada en la cama, yo frente a ella con sus pies en mis hombros y la penetré y bombeé sin parar, hasta cuando me dijo “acelera más que voy a llegar” y aceleré lo más que pude, pegó un grito y se estremeció todo el cuerpo, parecía que estaba convulsionando, me asusté por un momento, yo también alcancé mi orgasmo al tiempo.

    Luego me dijo que a ella siempre le pasaba eso cuando llegaba, que todo su cuerpo se contorsionaba era como una convulsión y se corría al máximo. Que lo había disfrutado al máximo.

    Descansamos, nos recostamos en la cama y le pregunté que como había aprendido tanto a su edad y me respondió que una prima mayor que ella era su maestra, que esa prima era un huracán en la cama.

    Después de un buen rato, porque ambos estábamos extenuados, me empezó a besar de nuevo, luego bajó y me lo empezó a mamar de nuevo, hasta que me tuvo a punto, cuando ya está bien parada mi verga, se para y me dijo “ahora te voy a cabalgar otra posición que me encanta mucho”, se sentó cogió la verga y fue metiéndola muy suave, hasta que le llegó al fondo y empezó a cabalgar muy lento y aceleraba el ritmo y yo mientras tanto me divertía con sus tetas, las masajeaba y las mamaba, las succionaba, las pellizcaba y me decía “no pares de chupar, que me tienes muy excitada, que rico como me mamas mis tetas -me dijo- estoy por llegar otra vez” y yo le dije “yo también” y nuevamente pego otro grito y empezó a convulsionar, nuevamente llegamos al tiempo, quedamos tendidos un momento en la cama, me quitó el condón y empezó a lamerme la verga, que delicia.

    Paró, nos dimos unos cuantos besos y nos paramos a ducharnos juntos, nos restregamos mutuamente, nos vestimos y salimos, la llevé cerca donde iba y nos despedimos con un beso en la mejilla, hasta otra otro encuentro.

    Espero les guste mi relato, es el primero que hago, duré mucho tiempo pensando si me atrevía o no a realizarlo, toda la historia es absolutamente cierta.

  • Compañera de entrenamiento

    Compañera de entrenamiento

    En esa época de mi vida estaba en un entrenamiento para entrar a trabajar en una compañía multinacional, en el principio iniciamos 14 personas, pero poco a poco se fueron por alguna razón u otra algunos de los compañeros, tanto así que solo terminamos el entrenamiento 6 incluyéndome.

    El caso es que en dicho lugar había una compañera que no sé porqué exactamente pero despertó morbo en mi, describiéndola es bajita, tez clara, pelo largo y lacio, cara bonita y un buen par de tetas.

    Al principio nunca entable una conversación directamente con ella sobre el morbo que había despertado en mi, más bien siempre que entre los compañeros iniciábamos el tema siempre bromeaba con ella buscando alguna mirada o indirecta que abriera las puertas a poder entablarle tema. Pero si notaba si picardía y soltura en las opiniones que daba cuando surgían dichos temas.

    No fue hasta finales del entrenamiento que me atreví a hablarle directamente y fue de sorpresa para mí con la confianza en que pudimos tener una larga conversación sobre nuestros fetiches, experiencias y gustos en cuanto al sexo, y no perdí la oportunidad de proponerle cosas arriesgadas que me excitaban bastante y por la conversación supe que a ella también, le gustan las cosas en lugares arriesgados, le gusta hacer mamadas y me había dicho que le encantaba hacer Deepthroat o garganta profunda, yo cada vez me emocionaba más y comenzaba con mis indirectas a las que ella solo sonreía pero nunca me daba una respuesta concluyente de si si aceptaba o no quería que las cosas pasaran de conversaciones.

    Cierto día hubo muy poco personal en la compañía y yo aproveché para para tirarle indirectas y ella solo sonreía, pero yo iba en serio y cada que ella se movía hacia algún lugar le decía algo como: “llévame”, “invítame”, “no me dejes”, etc…

    Ella solo sonreía hasta que en una de estas indirectas me dijo “me voy a comer” mirándome a los ojos, yo inmediatamente entendí, habíamos hablado de que en la entrada de los baños no había cámaras y que fácilmente uno podría hacer una travesura ahí, así que la observé cuando se iba y espere un momento para seguirla, pero por estar esperando la perdí de vista, no habíamos hablado si entraríamos al baño de varones o al de damas, entonces entre al de varones y había una persona, di vueltas (medias obvias) hasta que salió, me lave las manos, hasta que la persona salió, mire hacia el baño de damas pero no la veía, salí y miré hacia las escaleras, pensando que si se había ido a comer y que yo en mi cabeza me había hecho el mundo pensando que había sido una indirecta, me sentí tonto, pero cuando me volteé de camino a los baños de nuevo, ahí me la encontré saliendo del baño de chicas y mirándome como diciéndome: ¿Por qué tardas tanto? La sujete por la cintura, la pegué a mi, le pregunté que a cual entraríamos me señaló el baño de damas y entramos, fuimos hasta el último cubículo y cerramos la puerta.

    Comenzamos a besarnos con ansiedad, sus labios eran suaves, su olor era exquisito, sus tetas eran preciosas, como ya ella me lo había dicho, nos tocábamos por todos lados, la apreté contra la pared saqué sus tetas, le dije que si eran bonitas y las comencé a mamar, ella me pidió que despacio y me excitaba más escuchar sus gemidos (bajitos por el lugar donde estábamos). Seguíamos con el magreo, le tocaba su vulva sobre el pantalón, sentía lo caliente que estaba y entonces ella lo hizo, metió su mano en mi pantalón y sujetó firmemente y lo apretó

    Sus manos era tiernas pero me sujetaba firme, y comenzó a arrodillarse, me miró a los ojos mientras lo hacía, luego bajo la mirada y se quedó mirando mi pene, sonrió, me miró a los ojos nueva vez y lo lamió, sonrió de nuevo, recuerdo que pensé, si es cierto le gusta hacer mamadas, y procedió a meterlo todo dentro de su boca, sonaba como suena cuando lo tienes hasta la garganta y hace el movimiento de mete y saca, lo sacaba para respirar, y lo volvía a meter todo a la boca, sonreía y seguía repitiendo la misma acción, yo estaba desesperado por cogérmela ahí mismo, le sujeté la nuca y se lo empujé hasta el fondo, quería tomar control de la mamada, pero al final mientras la sostenía con todo dentro y la veía lagrimear la dejé seguir a su ritmo, entonces escuchamos que alguien entró al baño, nos miramos ambos con una sonrisa y ella me hizo la señal de silencio con el dedo sobre la boca, y siguió con la mamada, de verdad notaba su entusiasmo, y su sonrisa remarcaba el que ella también le estaba disfrutando.

    Cuando escuchamos que quien entró al baño salió, le pregunté por el tiempo de su período, no traía condón y si acertaba estar en fechas no fértiles me atrevería a cogérmela así mismo, pero me dijo que hacía más o menos unos 20 días así que lo pensé y creo que por primera vez mi conciencia le ganó a mi calentura, le aseguré que al otro día iría con condones para repetir y concluir esa cogida, ella sonrió y siguió la mamada mientras me decía que si con la cabeza, como ya habíamos estado ahí varios minutos y el tiempo del almuerzo era contado, la ayude un poco para poder darle todo en su boca y que como buena niña se la bebiera, y así lo hizo, al momento de venirme se lo introduje entero nueva vez y ella lo aceptó todo, y prosiguió a exprimirme hasta la última gota, yo quería gemir, pero sabía que no podía, la dejé hacerme y sacarme todo, ella lamió los últimos restos de semen de mi glande, me miró, sonrió y se levantó.

    Estuvimos unos momentos escuchando gente alrededor y en el baño de caballeros, nos mirábamos, sonreímos y cuando hubo silencio, ella salió y me hizo las señas para que saliera yo. Al salir, bajamos al área de comida separados para no levantar sospechas, al encontrarnos con nuestros compañeros comimos normal y nos tiramos una que otra indirecta con lo que acababa de pasar, al despedirme porque tenía que irme para otro trabajo que tenía en ese momento, ella me dijo “por lo menos vas relajado a laborar a tu otro trabajo” y ambos reímos.

  • Anal en su casa

    Anal en su casa

    Habían pasado unas semanas desde que la relación de Estela y Fernando terminó, yo estaba deprimido y me sentía culpable de la depresión de ella, pero la vida sigue y yo no podía dejar atrás mi adicción sexual.

    Había conocido algunas nenas que me traían loco, pero no podía cogérmelas ya que el remordimiento me gamba, pero nuevamente ella apareció, quien más que la mujer que más rico me cogió en la vida para ayudarme.

    Ivette me escribió para tomarnos unas cervezas en su casa, yo accedí gustoso ya que tenía tiempo de no verla, al llegar a su casa me recibió con un fuerte abrazo y me invito a su patio trasero.

    Charlábamos de lo sucedido con Estela, también de que nuevamente andaba soltera y hablamos de una chica que conocí, hasta ahí todo era normal.

    I: ¿Entonces ya no se hablan?

    T: No, desde hace unas semanas me dejo de hablar

    I: ¡Que mal plan, pero cuerpo es cuerpo!

    T: Si, pero bueno, ¡así es esto!

    Seguimos bebiendo y las horas se nos pasaron pronto, eran aproximadamente las 7:00 pm ¡cuando ella se sentó en el sofá se quitó sus zapatos y me pidió le masajeara los pies!, yo accedí gustoso, sus pies me encantaban ¡hermosos arreglados! Una verdadera delicia, pero a pesar de eso yo honestamente no quería más, pese a que me re calentaba esa mujer, ese día no tenía intención de nada, pero conforme acariciaba sus pies y sus gemidos, me fue prendiendo más y más.

    T: Me encantan tus pies

    I: ¡Lo sé!

    T: ¿Los puedo besar?

    I: ¡adelante! ¡Me encanta eso!

    ¡Comencé a besar sus pies, me encantaba lamer sus deditos y besarlos toditos!, ella me miraba con una sonrisa pícara mientras yo me deleitaba con sus ricos pies.

    Comencé a acariciarle su pantorrilla o chamorro como lo conozcan, su pegadísima licra azul me fascinaba poco a poco el calor fue subiendo al grado de comenzar a desnudarla.

    ¡Mis labios comenzaron a besar sus ricas piernas mientras ella gemía suavemente, yo me lance a sus ingles!

    T: ¡que rica esta ya te extrañaba!

    I: ¡Yo también a ti, me encanta hacerlo contigo!

    T: ¡Estas buenísima Ivette! ¡Como me pones!

    Casualmente la pena que me invadió desaprecio al lamer cada parte de ella, le quité su tanguita color blanco y comencé a lamer sus labios vaginales.

    Su delicioso olor me excitaba más y más, ella se quitó su blusa dejando su par de tetas al aire y listas para mi boca, subí recorriendo mi lengua por su abdomen y comencé a devorar sus pezones que eran adornados por un pirsin.

    ¡Ella me comenzó a quitar la ropa mientras su lengua recorría mi pecho, uf era delicioso como me lamia! La acosté en el sofá y la abrí de piernas y comencé a dejarle sentir mi puntita ella con ojos lujuriosos me miraba y se mordía su labio.

    I: ¡Que rico, uhm!

    T: ¿La quieres adentro amorcito?

    I: ¡S! ¡Dámela papi!

    T: ¡Me encanta tu vagina depilada! ¡Toma mi verga, nena recíbeme!

    I: ¡ah! ¡Si así métemela, métemela rico!

    Comencé a metérsela suavemente y es que, aunque su vagina ya conocía mi verga, siempre era como la primera vez, apretadita, jugosa, de esas vaginas perfectas para el sexo.

    Tomándola de las piernas aumente mis movimientos mientras nos besábamos pasionalmente, su lengua y la mía se entrelazaban para acompañar mis penetraciones, le besaba su cuello, le mordía los pezones y babeaba su pecho, que rico era estar ahí en ella.

    I: ¡Así bebe dámela rico!

    T: ¡Tómala hermosa me encantas!

    ¡La puse en cuatro y comencé a besar sus firmes nalgas, dándole nalgadas y pequeñas mordidas, ella reclinándose sobre el brazo del sofá gemía riquísimo!

    La pena que tenía ya no estaba, su hermosos cuerpo y rico sexo me habían ayudado a superar mi mal rato y nuevamente estaba duro como siempre lo estoy.

    I: ¡Que rico! dámela toda! Si, así, ¡no pares!

    T: ¡Si mi amor!, uhm, ¡como me hacía falta tu coño!

    ¡Apoyándome en sus caderas empecé a embestirla fuerte, tenerla en esa posición me encantaba, la tomé del cabello y con violencia se la dejaba ir bruscamente! ¡Ella gemía y me pedía más y más moviendo sus caderas al ritmo de mis movimientos!

    I: ¡Así amor que rico!

    T: ¡Que nalgas! ¡Estas buenísima!

    I: ¡Me vengo, uhm, que rico, me vengo!!

    T: ¡Si mi amor yo también!

    I: ¡Lléname de ti, dame tu leche, la quiero!

    T: ¡Si mi amor! Tómala, tómala!

    Ambos nos venimos juntos ¡uf! Era maravilloso como se mezclaban nuestros fluidos y con nuestros movimientos el orgasmo era maravilloso, llenarla de semen era mi locura.

    Nos quedamos recostados en el sofá unos minutos, nos besábamos y ella me pidió que la llevara a la cama, ¡el segundo round empezaría en minutos!

    ¡Ya desnudos totalmente ella con sus ricos pies comenzó a masturbarme, uf! Era riquísima esa sensación, ¡lo mejor que había sentido y es que sus pies me enloquecían! ¡Después de juguetear mi verga con sus ricos pies se lanzó a mamármela!

    Que ricas mamadas me daba, succionaba toda mi verga hasta podía sentir su garganta, ¡uf era la mejor mamando!

    T: ¡que rico! ¡Mamela así nena no pares!

    I: ¡Deliciosa verga!

    T: ¡Devórala corazón!

    I: Me encanta como gozas, ¡uhm!!

    Ella tragaba mi carne mientras yo tomándola de su cabeza prácticamente le follaba la boca, algo que ella disfrutaba mucho.

    ¡Dejo de mamármela solo para comenzar a cabalgarme parecía licuadora triturando mi pene! ¡Era lo más rico ver como sus tetas rebotaban y yo con mis manos apretándolas fuertemente! ¡Ella gemía y me miraba sonriendo, yo no dejaba de acariciarle sus nalgas y sus piernas! ¡Siempre me habían gustado demasiado sus piernas y por eso no me cansaba de apretarlas y recorrerlas una y otra vez!

    T: ¡Que rico nena muévete más, muévete rico!

    I: ¡Que dura la tienes! ¡Me encanta tan jovencito y que rico lo haces! ¡Eres de lo mejor que me ha penetrado!

    T: ¡Mamacita me vuelves loco!

    Ella se puso en cuclillas y se dejaba caer a sobre mi verga dura y húmeda, sin sacarla se dio vuelta dejándome ver su espalda, la cual arañe con fiereza y también jale su cabello hasta casi tirarle unos cuantos.

    Antes de que lograra hacerme venir por segunda vez, ¡la puse boca abajo y comencé a penetrarla con fuerza! ¡Mis movimientos eran fuertes, ella gemía de placer mientras yo arañaba su espalda mordía su oreja y jalaba su cabello y es que su coño apretaba tan delicioso mi verga que me excitaba demasiado!

    T: ¡Mi amor que rico aprietas!

    I: ¡ah! ¡así dame así!

    T: ¡Toma! Tómala!, ¡es tuya bebe, uhm!!

    I: ¡Dios! ¡Que rico!

    Ante la excitación del momento se la saqué y la puse empinada en cuatro y comencé a meter mi punta en su ano, ella me pedía que no pero su cuerpo estaba ansioso de tenerla dentro.

    Casi no lo hacía anal con ella, solo esa ocasión que me la cogí en la fiesta de su novio así que quería aprovechar ese momento.

    Comencé a empujarla apoyándome con mi mano ella gemía y apretaba su cama, ¡su culo aparte de hermoso era apretado y mi grosor apenas entraba!

    I: ¡Dios! ¡Me lástimas! ¡Está muy gruesa y grande me duele!

    T: ¡Si, pero te gusta! ¡Que rico ano tienes!

    I: ¡Cabrón! ¡Dámela duro dámela fuerte!

    T: ¡Si tómala! Que rico, muévete, ¡mueve tu cuerpo hacia mí!

    Ambos nos movíamos a la perfección mi verga entraba casi por completo en su ano y ella hacia ruido como si fuese a vomitar, decía que sentía la comida en la garganta pero que no dejara de penetrarla con violencia, le jalaba el cabello y le pegaba con fuerza, ¡eso la excitaba más!

    Que rico era tener a Ivette así, su culo se abría más y más, me encantaba apretarle los muslos, me aventaba con fuerza, mi verga ya estaba casi dentro por completo, ella disfrutaba al máximo lo que le hacía.

    T: ¿Mamacita te gusta? ¿Te gusta cómo te empalo?

    I: ¡Sí! ¡Que rico! Voy a vomitar, ¡pero no la saques!

    T: Lo que digas amor, ¡gózala! ¡Disfruta mi verga!

    I: ¡Ay!! Que rico, uhm, Tyson, ¡que rico!!

    Mientras más hablábamos, más se excitaba y más se movía, ¡de pronto! Comenzó a chorrearse como manguera, sus fluidos escurrían entre sus piernas y mojaban sus sabanas, ¡uf!

    ¡Eso me puso a mil y como un toro mis embestidas aumentaron con violencia!

    T: ¡Ivette me vengo! ¿Te lo puedo echar en tu culo amor?

    I: ¡Ah! ¡Si mi amor lléname de ti!

    ¡Comencé avenirme dentro de ella! Era delicioso sentir como su estrecho ano bombeaba mi verga, de hecho, mi semen comenzó a regarse por sus nalgas, ¡era maravilloso esa sensación!

    Tome mi celular y le saque una foto, una foto que ahora conservo valiosamente.

    Nos acostamos en su cama y mientras nos besamos le acariciaba su puchita y jugaba su clítoris y ella me al jalaba exprimiendo mi verga hasta la última gota, fuimos interrumpidos por la llegada de sus padres, pero quedarnos de vernos para nuevas aventuras.

    Tyson.

  • Nohemí, el despertar

    Nohemí, el despertar

    Me habían hablado de un viejo trabajo y me ofrecían ciertas cosas así que acepté regresar, en ese período había muchos cambios de personal, los que se iban y los que llegaban, algunos los conocía de mi vez anterior así que no me sentía tan fuera de lugar al regresar.

    Los movimientos me fueron acercando a un departamento que estuviera más “cerca” de mi casa y ahí se encontraba Nohemí, mujer bajita, piel blanca, rubia, ojos azules, “separada”, con tres hijos, el mayor de 19, siempre muy tapada con gabardinas, suéter de cuello alto, ropa holgada, etc.

    Mi trato en general era de buenos días, ella igual amable y cordial, había un compañero que siempre la acosaba, lógico se le ponían frenos, se le llamaba la atención, hasta que un día le dije… “bueno, cual es la insistencia con ella, no tiene nada de extraordinario…” a lo que me contestó… “es que no la has visto bien…”, honestamente en ese momento ni me iba ni me venía “verla bien”.

    Una tarde Nohemí tocó a mi oficina lo cual me sorprendió por varias razones, la primera porque ella ni por error se acercaba a esa zona del departamento, segundo iba mucho menos tapada de lo normal, iba con un traje sastre que le quedaba como guante color gris, botines negros, blusa blanca y el motivo era para darme las gracias porque ya no la molestaba este compañero y se sentía más en paz. Lógico le dije que era parte del trabajo apoyarla y cualquier inconveniente o situación lo podíamos platicar y siempre estaban abiertas las puertas de la oficina para escucharla a ella o a quien fuera, me dio las gracias, me dejo unos chocolates, los cuales no quise aceptar, pero fue insistente, y se retiró, al darse vuelta pude ver el “verla bien”. Tenía un trasero ENORME, por decirlo menos, marcándosele una mini tanga, y el vaivén de sus caderas.

    Pensé que ahí había quedado la situación, hasta que empezó a ir con más frecuencia a mi oficina a pedirme información para llenar algunos de sus reportes, a lo que le comenté que había personal que se los podía dar, pero estas personas o no querían o estaban ocupadas, para llevar la fiesta en paz le daba sus datos que no me quitaban más de 5 minutos. De ahí ya era diario para saludar, ya me saludaba de beso en la mejilla y se quedaba un par de minutos platicando conmigo.

    Me contaba su vida, madre de tres hijos, que yo le decía que se veía muy bien, ella es mayor que yo por diez años, que siempre era muy enfática al respecto, me comentaba si tenía pareja a lo que le comentaba que no, y lo de siempre… ¿Por qué? Te presento a una amiga… hasta que un buen día le dije… “y si mejor salimos tu y yo”. A lo cual se quedó fría, argumentando que ella es más grande, que el trabajo, su esposo, el cual no vivía en México, le volvía a decir que solo saldríamos a comer, que no pasaba nada, pude ver usa cara de duda, pero de incertidumbre y curiosidad, al despedirse, y darle un beso en la “mejilla” no movió su cara y la terminé besando en la boca, la cual con una mirada picara se retiró de mi oficina.

    A esas alturas iba a todas horas a mi oficina y nos besábamos, le rozaba sus pequeños senos y pasaba mis dedos sobre su ropa entre sus piernas, sintiendo su calor y la humedad, salir se volvió más complicado de lo que esperaba ya que en su casa la limitaban con el tiempo para atender a sus hijos, pero como siempre pasa algo que hace que giren las cosas a tu favor, un día hubo un incidente y tuvieron que hacer mantenimiento de emergencia el cual nos permitió salir cuatro horas antes de lo regular.

    Todos los compañeros del trabajo lo tomaron que irse de pinta de la escuela, así que cada quien tomo su camino y es cuando le dije… “bueno es el momento de irnos a comer…” respondiéndome… “¿a la comida o a nosotros?…”, “las dos cosas si gustas”, así que poniéndose de mil colores me dijo… “mejor a nosotros…”. Sin decir más tomé camino a un hotel de la zona, ella empezó a ponerse nerviosa al acercarnos al hotel, a lo que le dije que si quería nos deteníamos, a lo que me respondía con un ¡no!, pedimos la habitación, un hotel bonito, amplio, agradable y seguro.

    La empecé a besar, apretaba sus pequeñas tetas rosas, le desabotone la blusa dejando ver un bra color negro, besaba su pecho, abrí su pantalón y al querer mis manos por detrás de sus nalgas, se puso su rostro color rojo y me dijo… “estoy en mis días…” lo cual explicaba su nerviosismo, pero pareciera que me había apretado un botón, el cual me calentó más, bajándole el pantalón pude admirar ese culo enorme, firme y esa micro tanga negra labios vaginales rosas y completamente depilada, con una toalla femenina, la cual tenía poco flujo menstrual, la termine de desnudar completamente.

    La senté en la orilla de la cama para hacerle sexo oral, pero no me lo permitió, pero jalándome de la ropa, me bajo e pantalón y empezó a mamar mi verga que estaba hinchada, podía ver como recorría su lengua sobre mi verga, con sus manos jugaba con sus tetas y yo le recogía el cabello, la recosté y levantándole las piernas, puse mi verga sobre su conchita, solo la rosaba desde su clítoris hasta su culo, ella no dejaba de jugar con sus tetas, bajando mis manos hasta sus caderas y dejando sus pies en mis hombros, le metí mi verga de un golpe, solo soltó un gemido sordo, así que mientras le besaba sus pies movía mis caderas metiendo y sacando, sentía como su conchita apretaba mi verga dura, me hice para atrás y le dije… “voltéate…” y sin poner oposición se volteó poniéndose en cuatro en la cama, podía ver su nerviosismo, se la volví a meter, admiraba como se movían sus nalgas al ritmo de cada embestida que le daba, ella recargaba su cabeza sobre sus brazos en la cama, pero no escuchaba nada, solo un par de gemidos pero no más.

    Terminé eyaculando dentro de ella, que creo que era lo que ella más quería, que terminara, y en ese momento se volteó rápidamente para limpiar mi verga bañada en flujos vaginales, sangre y semen. Se puso papel higiénico entre sus piernas no sin antes limpiarse y nos recostamos, le pregunte que si estaba bien, me contesto que yo era su segunda pareja sexual, así que no había estado con alguien más aparte de su esposo, me confesó que con el solo era la posición de misionero y que no podían hacer mucho ruido por los niños que estaban en el cuarto de al lado y el más pequeño en su habitación y lo peor duraban máximo 5 minutos, le daba pena no llenar mis expectativas empezando porque por la edad ella esperaría alguien más joven.

    Cada palabra que salía de su boca tenía un velo de frustración, de tristeza a lo que le dije que se relajara en lugar de verlo como algo negativo tendríamos que verlo como una ventana de oportunidad, la abrace y la bese, en todo ese periodo me empezó a calentar mas todo lo que podría hacer con ella, siendo tierra virgen en muchas cosas.

    La llevé al baño y bajo la regadera la penetré por detrás, la tomé por sus tetas y nos besábamos, ella aún bajo la regadera se sentía incómoda por estar en su periodo, ya que su esposo le había metido ideas que parecieran más bien para que no tuviera sexo con nadie más que con él.

    Nos vestimos, ella se dirigió a su casa, pero algo fue seguro, después de esa ocasión Nohemí no fue la misma y ya les iré contando como se fue quitando la venda de sus ojos y lo más importante, de su cuerpo…

  • Domingo, su hermanastra y su hermana

    Domingo, su hermanastra y su hermana

    Domingo tiene 19 años, es moreno y sufre una minusvalía que lo hace medir poco más de un metro, pero tiene algo grande, muy grande y no es precisamente el corazón. Estaba reclinado en un sofá con los pies sobre la mesa camilla escuchando música clásica moviendo las manos cómo si tuviese en una de ellas una batuta y cómo si estuviera dirigiendo una orquesta.

    -Tan ta, tan ta, tantatachantachan…

    Se le encendió la luz del teléfono móvil. Lo cogió y tenía un mensaje de su hermanastra Paloma, que es una chica morena de 21 años, de 1.75 de estatura, ojos oscuros, cabello rizado, culo respingó y tetas 100 C que en su cuerpo delgado destacan mucho más.

    -¿Qué haces? -había escrito Paloma.

    -Escucho música.

    -Yo me aburro.

    -¿Hacemos sexting?

    -Siempre intentándolo.

    Se une el otro miembro del chat de “Unidos”, Es Sara, hermana de Domingo y hermanastra de Paloma, Sara es una chica de 22 años, ojos claros, labios carnosos, tiene el cabello largo y castaño, mide 1.70, su culo es muy respingón y sus tetas son pequeñas.

    -El sexting no sería mala idea, le alegrarías el día -había escrito Sara.

    -¿Y tú mirarías las fotos, claro?

    -Claro, los ojos son para ver.

    -Eso, eso, y que se vean tetas.

    Domingo a veces bromea con lo del sexting, aunque en el fondo es lo que quiere hacer para poder ver algo de su hermanastra y si cae algo de su hermana, mejor que mejor. Ellas no son tontas y lo saben, saben que quiere verlas desnudas y bromean con él…, pero volvamos al turrón.

    -No tenéis arreglo, ni el uno ni la otra, -escribió Paloma.

    -Si yo tuviera unas tetas cómo las tuyas y no fuese su hermana de sangre se las enseñaba, pero las tengo pequeñas y soy su hermana de sangre -escribió Sara.

    -Las tetas pequeñas al igual que las grandes son deliciosas -escribió Domingo.

    -¿Querrías que te mandase una foto de mis tetas? -escribió Paloma.

    .¿Tú qué crees?

    -Que sí.

    -Y de lo otro, debías mandarle de las tetas y de lo otro -escribió Sara.

    -De pensarlo se me hace agua la boca -escribió Domingo.

    -¿Qué diría tu novia si sabe que se te hace la boca agua pensar en el coño de tu hermana?

    -Novia virtual. Me la sudaría, las fotos desnuda que me manda a mi seguro que también se las manda a otros y a otras. Conmigo no folló, pero con ellos y con ellas seguro que sí

    -O no -dijo Sara.

    -Hay algo que no os conté.

    -¿De qué se trata? -escribió Paloma.

    -Hace unos días alguien me mandó un video donde se veía en un botellón sin mascarilla, muy perjudicada y morreándose con una chica.

    -Por eso estabas tan bajo de ánimo. Al no poder… Te entiendo, te entiendo -escribió Sara.

    -Me jode seguir siendo virgen mientras los demás se hartan de coño.

    -Si te sirve de consuelo yo llevo meses a pan y agua.

    -A ti te duelen los dedos de frotarla tanto cómo a mí, tramposa -escribió Paloma.

    -No estaba hablando de eso.

    -Yo sí. Levanta el ánimo, Domingo -escribió Paloma.

    -Lo que se me levantó es otra cosa al oírte hablar de las pajas que os hacéis.

    -Y hoy caen otras dos o tres.

    -Sexting, Paloma, sexting, No seas egoísta.

    -Ya lo hago con Pedro, pero no me llega.

    -Deja de calentarlo, cabrona -escribió Sara.

    -¿Es que tú no lo haces con Pablo?

    -Yo no voy a ayudarte a poner a Domingo enfermo.

    -¿No? ¿Acaso no fuiste tú la que dijo que le debía enseñar las tetas y lo otro?

    Domingo viendo que iban a comenzar a rifar, enfrió la cosa.

    -¡Dejarlo ya. ¿Cómo van el Picapiedra y el Mármol? ¿Cuándo regresan a Madrid?

    -No le llames Pedro Picapiedra a mi marido. -escribió Paloma.

    -Ni Pablo Mármol al mío, los dos son tus amigos.

    -Son unos cromañones. ¿Os creéis que no sé qué me llaman enano a mis espaldas? Que me lo callara hasta ahora no significa que no lo supiera.

    -Eso es porque se celan de ti. ¿Verdad, Paloma?

    -Verdad, saben que te queremos mucho.

    -Porque soy como soy.

    -Porque eres nuestro hermano, nuestro chichi- escribió Paloma

    -No hables del chichi, mujer, no hables del chichi que me entran ganas de comer.

    -¡Vuelve el come coños! -escribió Sara.

    -El frustrado, vuelve el frustrado.

    Sara aprovechando que Domingo había cumplido años hacía un par de días, cambió de tema.

    -Antes de que se me olvide. ¿Cuándo celebramos tu cumpleaños, Domingo?

    -¿Os va bien este sábado?

    -A mí sí.

    -A mí también -escribió Paloma.

    -Pues nos vemos el sábado a las ocho en el bar de siempre, hasta vernos, bellas.

    -Hasta el sábado -escribió Paloma.

    -Nos vemos -escribió Sara.

    Domingo sintió la sirena de una ambulancia y volvió a la realidad. Los madrileños estaban en una ratonera donde el bicho hacía estragos. Dijo:

    -La vida dura dos telediarios, que coño.

    Echó la mano a la polla y comenzó a acariciarla pensando en Paloma. Con los ojos cerrados la imagina desnuda. Ve sus tetas grandes con areolas oscuras cómo sus ojos y pezones gordos, ve su coño peludo y apura sus movimientos de muñeca. De repente cambia el chip y ve a Sara. Sara le hace una mamada en su pensamiento. Ve cómo le caen las babas por la comisura de los labios. Ve a Paloma lamiendo y chupando sus huevos, ve cómo va lamiendo su polla hasta llegar a los labios de Sara. Dejan la polla y se chupan las lenguas. Comienza a follar a Paloma. Sara ya está desnuda, ve sus tetas pequeñas con areolas marrones y sus pequeños pezones y se las come. Cambia de coño. Su muñeca se vuelve loca, la mano sube y baja por el tronco y de repente: “Zas”, comienza a salir leche de su polla. Sara y Paloma la van lamiendo a medida que desciende por su polla y acaba poniendo la mano perdida.

    Al acabar de correrse se limpió con unas servilletas y después se volvió a reclinar en el sofá, puso los pies sobre la mesa camilla y siguió escuchando música.

    Volvió su madre de hacer la compra, y le dijo:

    -Recoge lo que tiraste.

    -¿Qué tiré, madre?

    -Esas servilletas. ¿No querrás qué las recoja yo?

    Domingo miró las servilletas, servilletas donde estaba el rastro del delito y se apresuró a cogerlas.

    -Claro que no, madre, ya las recojo.

    Desde la cocina, desempacando la compra, le preguntó:

    -¿Qué estuviste haciendo para usar tanta servilleta?

    -Hice un bocadillo de leche condensada y me pringué las manos.

    La madre dijo en bajito:

    -Pobre, se mata a pajas.

    Paloma vistiendo una falda gris que le daba por encima de las rodillas, una camiseta blanca en la que se marcaban sus grandes tetas, unas zapatillas de deporte blancas, sin calcetines y con una mascarilla gris estaba cogiendo una botella de ginebra en el stand de las bebidas del súper cuando se puso a su lado un joven de su misma estatura con unos tremendos pectorales y una cintura estrechita. El joven le miró con descaro para las tetas con sus ojos de halcón, Paloma respondió a su osadía mirando para su paquete, El joven sonrió, cogió otra botella de ginebra, se dio la vuelta y se fue. Era ancho de espalda y su culo redondo se marcaba en el pantalón vaquero. A Paloma le entró un calentón que le hizo decir:

    -¡Jesús, qué falta me hace echar un polvo!

    No tenía pensado hacerlo, pero se compró unas maquinillas de afeitar para poner su coño al día, ya que al ver a aquel monumento se dio cuenta de que si se presentaba la ocasión no iba a ser tan fiel cómo ella pensaba. Cogiendo las maquinillas dijo:

    -Te voy a dejar tan fino cómo el culito de un bebé, coñito.

    En el camino a casa se encontró con toda clase de personas. Todas iban a su bola, embozados, esquivándose, como si tuviesen la peste. En Madrid por la calle nadie conoce a nadie, pero es que ese día parecía un campo de batalla donde los soldados del mismo bando se miraban con recelo, y ella no era menos, el miedo es libre y cada uno tiene el suyo.

    Una hora más tarde estaba en el cuarto de baño, desnuda, sentada en una silla, enjabonando el pequeño felpudo con sus largas piernas abiertas y estiradas. El clítoris sobresalía entre los pelos y el jabón. Lo tocó con un dedo y se estremeció.

    -Joder, Paloma, hoy estás perra, perra.

    Poco después estaba con el coño totalmente rasurado y mojada, muy mojada. Pasó un dedo por él y lo sacó pringado de jugos. Chupa el dedo, cierra los ojos y fantasea con el tío cachas del supermercado. El Adonis abre el cinturón, se baja la cremallera y saca su pepino descapullado y empalmado. Se arrodilla delante de él al tiempo que mete dos dedos dentro de su coño. Le coge el pepino, lo mete en la boca y mama. La gente la está mirando. La excita que la vean. Se levanta, se pone con las manos apoyadas en el stand y abre las piernas. El cachas le levanta el vestido, le baja las bragas y le clava el pepino en el coño. La folla al estilo perro y se corre dentro. Viene otro hombre, es un maduro con nieve en las sienes y fuego en la polla. Le coge las tetas -se las magrea ella- Le pasa la polla por el ojete -es la yema de su dedo medio la que lo acaricia y se mete dentro del culo-. Le folla el culo con delicadeza. Ella se da dedo. Cada vez hay más gente mirando. Siente que se va a correr, se da dedo más aprisa en el culo y en el coño y se corre, se corre con una fuerza brutal. Se corre cómo una fiera, sacudiéndose y jadeando. Al acabar saca los dedos del coño pringados de jugos, los mete en la boca, los chupa, y dice:

    -¡Qué falta me hacía!

    Una voz femenina desde fuera del cuarto de baño, le preguntó:

    -¿Estás bien, nena?

    -Sí, suegra.

    La mujer se va diciendo en bajito:

    -Vaya paja te acabas de hacer, criatura.

    Sara iba por la calle de Preciados cuando una joven rubia, espigada. con unos ojos verde muy grandes, vistiendo unos vaqueros y camiseta azul que marcaba sus tetas medianas y calzando unas deportivas blancas, se detuvo a algo más de un metro de ella con un cigarrillo en la mano y le preguntó:

    -¿Tienes fuego?

    Sara vestía ese día una falda corta de color marrón, una blusa del mismo color y calzaba unos zapatos a juego. Era una persona muy sociable, pero no hasta aquel punto, ya que la joven se tendría que quitar la mascarilla y acercarse para encender el cigarrillo. Ya no tenía fuego porque no fumaba, pero aunque tuviera no se lo daría. Con cara seria, le dijo:

    -No.

    Siguió andando y vio que la joven la estaba siguiendo. Poco después se metió en el metro y la joven la siguió. El metro, pese a las restricciones, estaba petado. La joven de los ojazos verdes se puso detrás de ella. Con una mano se cogió de una barra y la otra se la metió dentro de las bragas. Sara al sentir la mano calentita en su culo se puso colorada cómo un tomate maduro. No se revolvió. Sintió cómo un dedo de la joven acariciaba su ojete y cómo después se deslizaba dentro de su coño, para acto seguido entrar y salir de él. Sara se puso cachonda, pero estaba temblando. La joven le dijo al oído:

    -Tranquila, relájate, relájate, relájate…

    Sara rodeada de gente y con el dedo de la joven entrando y saliendo de su coño sentía un morbo tremendo. Después de darle dedo tres o cuatro minutos, tapó la boca con una mano, su coño se cerró atrapando el dedo y se corrió en él. La joven le susurró al oído:

    -Así, bonita, así, córrete para mí.

    Al llegar a su destino la joven bajó con ella y le preguntó:

    -¿Te busco cuando acabe la pesadilla del bicho?

    -Tengo novio.

    La joven se alejó un par de metros, bajó la mascarilla. Sara contempló a una de las chicas más bonitas que había visto.

    -Y yo novia. ¿Te busco?

    Sara no era de esa clase de chicas, pero le dijo:

    -Busca, pero sé discreta.

    El día estaba soleado. La gente en las terrazas de los bares se relajaba tomando algo. En una de ellas estaban sentadas en dos sillas Paloma y Sara. Vestían sendas faldas que les daban muy por encima de las rodillas, una de color azul y la otra verde, camisetas negras, calzaban sandalias sin tacón y mascarillas negras. Paloma se había alisado el cabello y llevaba coleta. Tenían sobre la mesa dos cocacolas y enseñaban sus moduladas piernas. Domingo llegó vistiendo unos pantalones bombachos de color gris, una camisa blanca, calzando unas deportivas rojas y con mascarilla blanca.

    -Hola, preciosas -de un pequeño salto se sentó en una silla-. ¿Cómo va la cosa?

    -Llevamos esperando más de media hora -Le dijo Paloma.

    Domingo se echó hacia atrás, puso las manos detrás de la cabeza, abrió los brazos y dijo:

    -Las estrellas es lo que tenemos, nos hacemos esperar, y más si nuestra madre nos dice que tenemos que limpiar la habitación cuando vamos a salir de casa.

    -Mamá siempre tuvo ese vicio, en fin, ya estás aquí -dijo Sara.

    A Domingo le gustan las chicas con coleta, bueno, las chicas con coletas y las chicas delgadas con tetas grandes. Ambas saben sus gustos, y por eso Paloma vino con coleta y sin sujetador para alegrarle el día. Sara al ser su hermana de sangre pensó que con la falda corta y con la sorpresa que le iban a dar ya estaba bien.

    -¡Qué guapa estás con esa coleta, Paloma! -dijo Domingo.

    -Gracias.

    Domingo les miró para las piernas.

    -¿Te gustan? -Le preguntó Paloma.

    Le miró para las tetas cuyos pezones querían romper la camiseta.

    -Me gustan más…

    -No hace falta que lo digas. Tus ojos ya las comen.

    Le volvió a mirar para las tetas, y le preguntó:

    -¿Son hermanas?

    Paloma sonriendo, le respondió:

    -Son.

    -¿Cuándo me las vas a presentar?

    -¡Ya estamos! Te había preguntado si te gustaban nuestras piernas

    -No me cansaría de mirarlas, tenéis unas piernas preciosas, pero cómo dice el Gumersindo…

    Sara no lo dejó acabar de hablar.

    -Para, para que cuando pones palabras en la boca de Gumersindo acabas diciendo alguna parida.

    -Esta vez es algo que dicen mucho en su pueblo de las piernas de una mujer, cuando las tiene arqueadas y es fea.

    -¿Y qué dicen? -le preguntó Paloma.

    -Que las piernas al follar se apartan.

    -¿Y la cara de la fea?

    -Que se le tapa con un saco.

    Sara sonrió y le dijo a Paloma:

    -Siempre picas.

    -No pico, bonita, a mí me gusta oír sus paridas.

    -¿Quieres oír otra parida que diría el Gumersindo si tuviera el placer de verte, Paloma?

    -¿Que me diría?

    -Estás tan buena que te ponía a parir.

    -Un poco salido el Gumersindo.

    -Domingo -dijo Sara.

    -Dime.

    -¿De verdad existe el Gumersindo?

    Llegó el camarero. Domingo pidió otra cocacola, y después le respondió:

    -Gumersindo, Sindo, es un personaje de una novela que estoy escribiendo.

    Paloma se alegró de que se decidiera a escribir.

    -¡Te decidiste! ¿De qué va?

    -Es parecida a la novela del doctor Jekill y el señor Hyde, sólo que Hyde no es malo, dice lo que Jekill no se atreve a decir.

    -Dicen que la primera novela de un escritor es siempre autobiográfica.

    -Debe ser verdad lo que dicen porque mi novela lo es.

    -¿Salimos nosotras? -preguntó Sara,

    -Mucho.

    -¿Cuánto llevas escrito?

    -Voy por la mitad.

    -Tienes que dejarnos leer lo que escribiste -le dijo Sara.

    Llegó el camarero con la cocacola. Al irse, dijo Domingo:

    -¡No! Cuento cosas muy íntimas.

    -¿Cómo qué?

    Le respondió Paloma.

    -Es obvio, mujer.

    Sara lanzó una pedrada a ver si acertaba.

    .¿Cuentas tus experiencias de sexo virtual?

    -No das una -le dijo Paloma.

    -A ver, lista, si no es lo que dije yo. ¿A qué se refiere con cosas muy íntimas?

    -A las paja que se hizo pensando en nosotras.

    Sonia miro para Domingo con cara seria.

    -¡¿Te hiciste pajas pensando en mí?!

    -Y en Paloma, estáis muy ricas.

    -¡Qué cabrón!

    -Esta misma conversación la tenemos en mi novela.

    -Y seguro que acabamos follando contigo.

    -No, te enojas al enterarte. Os pregunto si preferís que os folle a vosotras en mis fantasías o que folle a otras.

    Paloma estaba intrigada.

    -¿Que te respondemos, Domingo?

    -Me respondes tú, Sara se calla.

    -¿Y qué te respondo?

    -Que te halaga ser deseada.

    -Me conoces mejor de lo que yo pensaba.

    -No creas, lo escribí cómo una fantasía…

    Paloma le preguntó a Sara:

    -¿Quedaste muda?

    -No, pero no os voy a decir lo que queréis oír.

    -¿Qué a ti también te halaga?

    -¡Qué te den!

    -Ojalá. Bueno, ¿nos vamos? -les preguntó Paloma.

    -¿Ya? -dijo Domingo…

    -Sí, tengo tu regalo en mi coche, una botella de ginebra, limón y cuatro tónicas, todo fresquito dentro de la nevera.

    -¿Vamos a tu casa, Paloma?

    Le respondió Sara.

    -No, a su suegra no le gustan los ruidos, vamos a un descampado, allí no va la policía -le dijo Sara.

    Ya en el descampado, Paloma, en el asiento delantero del su Audi A4 abrió la nevera, Sara a su lado tenía en sus manos los tres vasos king size de plástico. Domingo sentado en el asiento de en medio de los tres traseros y mirándolas por el espejo retrovisor, le dijo:

    -Si coges un pelotazo a ver quien nos lleva de vuelta.

    -Si lo cojo, que lo voy a coger si nada raro ocurre, duermo la mona hasta que me pase.

    -Yo no me voy a emborrachar, cuando me emborracho siempre hago locuras -dijo Sara.

    -Nunca te vi borracha. ¿De qué tipo son las locuras? -le preguntó Domingo.

    -Me pongo a cantar.

    -Pensé que eran de tipo sexual

    -No me extraña, piensas con la polla.

    Esa reflexión le hizo recordar a Paloma en el regalo de su hermanastro y le dijo a Sara:

    -Dale mi regalo a Domingo.

    -Después de lo que dijo no sé si será muy buena idea.

    -Después de lo que dijo es el mejor regalo que le puedo hacer.

    Sara posó los vasos, abrió la guantera y le dio un sobre. Al abrirlo vio una foto de Paloma desnuda.

    -¡Coñooo! Gracias, Paloma. Te había imaginado desnuda de mil maneras, pero no tan tremendamente sensual. ¡Estás rica, rica, rica, rica!

    Lo estaba, en la foto posaba desnuda mostrando sus grandes tetas y su coño peludo. Estaba en la puerta de su habitación con los brazos abiertos, las manos en los marcos, las piernas semi abiertas y el cabello suelto. Si alguien vio el cuadro de Draper “The gates of dawn” y vio sensual a la chica, Paloma en la foto lo era mucho más.

    -Entonces te gusta mi regalo de cumpleaños -le preguntó Paloma

    Domingo mirando la foto que tenía en su mano derecha, le respondió:

    -Me encanta, era uno de mis sueños.

    Paloma había hecho los gin-tonic, con una tónica y mucha ginebra.

    -Otro es follarme, cara dura, toma -le dio su vaso con ginebra y tónica en el que flotaba un trozo de limón.

    -Tú lo has dicho, Paloma, otro de mis sueños es follarte, pero tengo los pies en la tierra, soy consciente de que no se puede tocar la luna con los dedos.

    -No seas exagerado.

    -Mírame, Paloma. ¿Follarías con un enano?

    -No eres un enano, bebe.

    Domingo le echó un trago al gin-tonic y dijo:

    -¡Está fuerte!

    -Lo hice cargado.

    Volvió a mirar la foto.

    -¡Dios mío cuanta belleza!

    Sara había bebido medio vaso de un trago y estaba muy callada.

    -Di algo, Sara.

    Sara comenzó a cantar:

    -Y nos dieron las diez y las once y las doce y la una y las dos y las tres, y desnudos al anochecer nos encontró la luna.

    Domingo miró para Paloma, que le dijo:

    -Y eso ahora que está contenta, cuando la pille no la vas a conocer.

    -Picasteis. Me falta mucho para estar contenta. Por cierto, Domingo. ¿Qué me haces cuando te la pelas pensado en mí? ¿Cómo me follas?

    Estaba contenta, estaba, si no lo estuviera no haría aquella pregunta a su hermano, Sara era muy recatada. Domingo le respondió:

    -Tú no quieres saber eso.

    Sara lo miró, se puso a pensar, y le preguntó:

    -¿Me corro en tus pajas?

    -Siempre.

    A Sara se le había metido entre ceja y ceja saber cuáles eran las fantasías de su hermano.

    -Quiero saber que me haces.

    -¿Por qué?

    -Porque tiene su morbo.

    -Si no hubieras bebido no hablarías así.

    -Deseo saberlo desde qué dijiste que fantaseabas con nosotras.

    -Si te escandalizaste.

    -Hice que me escandalizaba.

    A Paloma le pudo la curiosidad.

    -A ver, Domingo. ¿Qué nos haces en tu imaginación?

    -¿De verdad queréis saberlo?

    -Si -dijeron al unísono.

    -Me encanta imaginar que os como poquito a poco, despacito y con detalle.

    -¿Cómo de despacito y con qué detalles? -preguntó Sara, y después echó un pequeño trago.

    -Es muy largo de contar.

    -Tenemos tiempo -dijo Paloma-. Mira mi foto y dime que me harías.

    Cogió la foto del asiento y mirándola dijo:

    -Si te tuviera así en mi cama, acariciando tus tetas te besaría en la frente, en un ojo, en el otro, en el cuello, en la punta de la nariz, pasaría mi lengua entre tus labios y cuando abrieses la boca buscaría tu lengua con la mía y jugaría con ella, luego bajaría a tus tetas, y acariciaría tú clítoris con un dedo mientras mi lengua peleaba con tus pezones, aplastándolos, lamiéndolos, luego la pasaría por las areolas haciendo círculos, las mamaría, después las cogería, las juntaría, las apretaría y chuparía una, la otra, una, la otra… Bajaría besando tu vientre, jugaría con la punta de mi lengua en tu ombligo, seguiría bajando, metería mi cabeza entre tus piernas y lamería tu coño de abajo a arriba apretando mi legua contra él… Luego te lo abriría con dos dedos y lamería un labio, lamería el otro varias veces, te enterraría la lengua en la vagina, volvería a lamer los labios, volvería enterrar la lengua y seguiría haciendo esto hasta que tus gemidos me dijesen que estabas realmente perra, en ese momento pondría mi lengua sobre tu clítoris, te echaría las manos a las tetas y te diría que te movieras tu pelvis. Tú frotarías el clítoris con mi lengua y te correrías en mi boca.

    Al levantar la cabeza de la foto vio a sus hermanas mirando para él con cara de tontas y con los vasos vacíos.

    -Joder, Domingo, sabes hacer feliz a una mujer -dijo Paloma.

    -¿Eso le harías a Paloma? -le preguntó Sara.

    -A ella y a ti… Eso para empezar, pero cómo soy tan poca cosa….

    Paloma no llevaba bien lo de la falta de polla..

    -¡No trates de dar pena, coño! Si no estuviera Sara con nosotros ya me hubiera abalanzado sobre ti y te hubiera metido el coño en la boca.

    -Pero estoy, y estoy tan caliente cómo tú. ¿Le damos un regalo de cumpleaños que no olvide en su vida?

    -No te conozco, creí que la echada para delante era yo. ¿Cómo quieres darle el regalo?

    -A los hombres les gusta ver a dos mujeres dándose el lote.

    Domingo estaba callado cómo un muerto, pero ya tenía la polla muy viva, tan viva que latía y se había puesto gorda, y más que latió al darle un pico Sara a Paloma.

    -¡Estás muy borracha! -le dijo Paloma.

    -Lo que estoy es muy caliente.

    Le dio un beso con lengua y a Paloma se le cerraron los ojos.

    -¡Serás puta! -dijo cuando acabó el beso.

    -¿Tienes las bragas mojadas cómo yo?

    -Tú no bebes más, jodida.

    -¡Ocho pajas llevo hechas después de tomarte la foto desnuda!

    -Estás más borracha de lo que yo pensaba,

    -Lo que estoy es con ganas de correrme.

    Paloma ya estaba cachonda, pero haciéndose la difícil sabía que iba a calentar más a su hermanastra.

    -Llevas tanto tiempo sin follar que no controlas.

    Sara controlaba, controlaba.

    .-¡A ver, joder! ¿Lo hacemos o no lo hacemos? Con un 69 no podíamos correr las dos

    -Es que…

    -No me jodas, Paloma, si no follaste con nadie debes tener tantas ganas cómo yo. ¿Estos asientos se reclinan?

    -Sí, pero…

    -¿Pero qué, tía buena, pero qué?

    Le dio un beso con lengua, largo, muy largo. Paloma dejó de hacer el paripé.

    -¿Estás segura de que quieres llegar hasta el final, Sara?

    -Segurísima.

    Se volvieron a besar con ganas atrasadas. Domingo acabó el gin & tonic, sacó la polla y comenzó a menearla viéndolas en el espejo retrovisor. Paloma miró para él y le dijo a Sara:

    -¡Mira para esa cosa!

    Sara miró y se le abrieron los ojos cómo platos.

    -¡Pedazo de pepino!

    Lo era, era una polla larga, gorda y con un cabezón.

    -¿Cambiamos el regalo y le damos coño? -le preguntó Paloma.

    Sara se olvidó de que era su hermano de sangre.

    -Damos.

    Se fueron para el asiento de atrás. Paloma se arrodilló a su derecha, le cogió la polla y se la meneó. Sara se arrodilló a su izquierda y se la mamó.

    -Esto debe ser un sueño -dijo Domingo

    -Disfrútalo. Yo ya lo estoy disfrutando le dijo Paloma.

    -Y yo -dijo Sara.

    Sara dejó de mamar la verga y le lamió los huevos. Paloma ocupó su lugar y masturbándolo metió en la boca aquel pollón que latía y soltaba aguadilla.

    -Ni en mis sueños más calientes me sentí así. ¡Qué lenguas! -le tocó el culo a Sara-. ¡Y qué culo! Sois dos diosas.

    -Dos putas -le dijo Paloma.

    -Dos preciosidades. ¡Ay que me voy a correr! Quítala de la boca, Paloma, quítala que me corro.

    Paloma la quitó de la boca y la soltó. La leche comenzó a bajar por la polla. Sara la recogió con su lengua al llegar a los huevos, luego fue lamiendo el tronco y al llegar arriba mamó la cabeza y se tragó los últimos chorritos. Paloma la miraba boquiabierta, ella que era la calentorra, no se tragaba la leche. Al acabar de tragar le dijo:

    -Eres un pozo de sorpresas, Sara.

    Sara le respondió dándole un beso con lengua. Acto seguido se quitó las bragas y se sentó sobre la verga de su hermano dándole la espalda, verga que no había perdido rigidez.

    -¡Joder que sensación más rica y morbosa la de desvirgar a un hermano! -dijo mientras la verga iba entrando en su coño.

    Paloma también se quitó las bragas, pero ella no las dejo caer, las cogió y mojadas se las dio a oler a Domingo.

    -¿Te gusta cómo huele mi coño?

    Domingo olió profundamente, y después le dijo:

    -Ya me tarda comerlo.

    Le cogió una mano y se la llevó al coño mientras Domingo sentía el culo de Sara chocar con su cuerpo.

    -Mira cómo está -le dijo Paloma.

    -Empapada, está empapada.

    Paloma levantó la camiseta y le puso una teta en la boca, Domingo chupó, lamió y mamó aquella tetaza con areola rosada y gordo pezón, luego le dio la otra y aún se la comió con más ganas

    -Ahora estoy chorreando. ¡Cómo tengo el coño! Echa por fuera -le dijo Paloma

    Sonia comenzó a follar la verga se su hermano con saña y a tirar del aliento.

    -Chorreando estoy yo. ¡Ay qué me corro, ay qué me corro, ay que me corro, ay que me corro. ¡Oooh! ¡Me corro!

    Paloma cuando Sara quitó la verga del coño y la vio pringada con los jugos de la corrida, se la mamó para conocer el sabor del coño de su hermanastra, después abrió la puerta del coche y le dijo a Domingo.

    -Ven.

    Salieron del coche, Paloma se echó sobré el capó, abrió las piernas, y le dijo:

    -Come.

    Domingo vio su coño rasurado y fue a por el cómo iría un perro a por un chuletón. Se lo abrió con dos dedos como le había dicho que se lo iba a abrir, le lamió los labios, le enterró la lengua en la vagina, le hizo todo lo que le dijera que le iba a hacer. Acabó dejando la lengua sobre su clítoris y Paloma moviendo la pelvis para frotarla con la lengua, le dijo:

    -¡Diosss, que gusto! ¡Pedazo de corrida voy a echar! ¡Te voy a ahogar! Sííí sííí síií. ¡Ya, ya, ya, yaaa! ¡Tomaaa!!

    Paloma desbordó. Aquello era una riada en toda regla, una riada de jugos acuosos y calentitos con sabor agridulce que el goloso se tragó, tragó los que pudo, ya que parte de ellos cayeron sobre el capó del coche. Domingo vio la vagina de Paloma latiendo. Estaba empalmado. Era demasiada tentación junta. Se lo puso en la entrada, Paloma le dijo:

    -Mete. ¡Rómpeme el coño!

    Le metió la cabeza.

    -¡¡Hasta el fondo!

    Hasta el fondo se la metió y después la folló sin compasión. La verga entraba y salía empapada. Paloma lubricaba una barbaridad. Sonó un móvil en el coche. Era el de Paloma. Sara lo cogió y le dijo al que llamaba:

    -Paloma está ocupada.

    Era el marido de Paloma y le debió decir algo fuerte, ya que Sara salió del coche fue junto a su hermanastra, le dio el móvil y le dijo:

    -Toma, aguanta tú a tu marido.

    -Dime, Pedro -Domingo la folló más aprisa-. ¡Ayyy!

    -“¿Qué te pasa”? -le preguntó el marido.

    -Me acabo de dar con un martillo en un dedo, ¡Ayyy, cómo duele! Hablamos mañana.

    -¡Qué cabrón eres, Domingo! Querías que se enterara -le dijo Paloma después de colgar.

    -¡No trago a ese mamón, ni al otro! Me robaron lo que más quería.

    Sara cogió el móvil y volvió al coche cantando:

    -¿Y cómo es él? ¿En qué lugar se enamoró de ti? Pregúntale…

    Domingo le siguió dando caña fina. Cuando sintió que Paloma se iba a correr, paró de follarla y dejó la punta de la polla en la entrada de la vagina

    -Sigue, cariño, sigue -le dijo Paloma

    -Relájate, después te vendrá con mas fuerza.

    Paloma se relajó. Al estar relajada se la fue metiendo y sacando despacito, y despacito la siguió follando.

    -¿Cómo sabes tanto de sexo si te acaba de desvirgar Sara?

    -Tengo cientos y cientos de horas de porno.

    Al rato Paloma estaba que echaba por fuera.

    -Despacito aún me gusta más. Me estás matando de placer -le dijo Paloma entre gemidos.

    Domingo no tardó en sentir que Paloma estaba a punto de nuevo, esta vez no paró.

    Sara salió del coche con otro gin-tonic en la mano. Estaba por la mitad, se debiera haber bebido la otra mitad, ya que mirando cómo follaban comenzó a mover el culo alrededor y hacia los lados en un lento y sensual baile mientras cantaba:

    -Despacito…

    Paloma no estaba para canciones.

    -Calla puta, ca, ca caca. ¡Mierda¡ Aún no, aún no, no, joder, aún no. No puedo aguantar, no puedo aguantar, no puedo. ¡Me corro!

    Se corrió arqueando el cuerpo sacudiéndose y jadeando cómo una perra.

    Domingo al acabar de correrse Paloma iba a sacarla para correrse fuera, pero su hermanastra le cogió el culo, tiró hacia ella y con la polla metida hasta el fondo, le dijo:

    -Córrete dentro de mi coño que no hay peligro.

    Domingo se corrió metiendo y sacando y Paloma con el roce y sintiendo la leche llenar su coño se volvió correr.

    Los gemidos de placer de los dos los ahogó Sara que seguía bailando y cantando:

    -Despacito…

    Despacito les dieron las diez, las once, las doce, la una las dos y las tres.

    Fin

  • Cita a ciegas

    Cita a ciegas

    Pensarán que estoy loca por aceptar una cita a ciegas con una persona que solo he tenido contacto por chat, pero en el tiempo que hemos hablado tanto por escrito como audios, su voz, su manera de expresar y sus poemas eróticos han hecho que lo deseé mucho.

    Este hombre ha conquistado mi mente, desde la distancia me ha hecho el amor sin ponerme un dedo encima; he tenido los orgasmos más candentes cuando me invita a tocarme, a auscultar cada parte de mi cuerpo.

    Me ha citado en un hotel muy exclusivo de la ciudad, en una suite. Voy nerviosa, pero a la vez excitada porque durante el camino ha estado estimulando mis sentidos con su voz, mis pantis van húmedos y mis pezones erectos, no sé qué me espera pero ansío llegar y vivir esta experiencia loca.

    Llego al hotel me anunció en el lobby, me indican el piso y el número de la suite; me dirijo al ascensor y veo mi reflejo en el espejo que allí se encuentra. Retoco las ondas de mi cabello largo ya que lo llevo semi recogido dejándomelo caer hacia el lado izquierdo quiero que mi espalda quede descubierta y lucirla con únicamente los lazos que tiene el vestido y su escote profundo que llega al inicio de mis caderas.

    Mi vestido es negro largo con abertura en mi pierna derecha; en frente es de cuello alto, pero por la tela permite ver mi piel marcando un escote en V que llega al final del esternón, brazos descubiertos, zapatos con tacón de puntilla y un bolso pequeño. Suena el timbre anunciando mi llegada, se abre la puerta y camino por el pasillo al fondo; mi corazón se me quiere salir del pecho y mis piernas me tiemblan.

    En frente veo ese número 2003 y noto que la puerta está entreabierta así que abro la puerta y lo primero que veo es un camino de velas pequeñas en el piso es la única luz que ilumina el lugar; al fondo se escucha una melodía suave voy caminando lentamente por ese camino cuando escucho que cierran la puerta. Los nervios hacen que me quede quieta, escucho que caminan detrás de mí… de un momento a otro siento que tocan mi brazo solo con un dedo deslizando suavemente hasta llegar a mi hombro, respiro agitada.

    -Eres más hermosa de lo que me imagine.

    Esa voz hace que cierre lo ojos y recuerde las veces que lo he escuchado en sus audios, su voz hace que respire más rápido.

    -Tranquila hermosa, no te voy hacer daño confía en mí.

    De pronto algo cubre mis ojos, es una tela suave.

    -Quiero que por ahora escuches solo mi voz y permitas que tus otros sentidos estén a flor de piel.

    -Así lo haré.

    Siento que se acerca a mi oído y olfatea mi cuello mientras me toma por la cintura.

    -¿Me encantas lo sabias?, cada noche te imaginaba mientras escuchaba tus gemidos y ahora que te tengo aquí a mi merced sentir tu cuerpo, tu calor, tu aroma y escuchar lo latidos fuertes de tu corazón hace que te desea más.

    -Quiero que esta noche se haga realidad todos esos poemas eróticos que me dedicabas y hacían que te deseara.

    -Así lo haré hermosa, esta noche escribiré sobre tu lienzo.

    Empiezo a sentir el calor de sus besos en mi cuello que esta descubierto… ¡Wao! es más de lo que me imaginé, mi cuerpo reacciona a sus estímulos ya que por sí solo sale un gemido de mi boca; me entrego a él, a un hombre que no conozco, pero sabe como hacer para hacerme sentir el mejor de los placeres.

    Siento sus manos recorriendo mi cuerpo subiendo lentamente a mis pechos luego siento esas grandes manos apretando, amasado y rozando mis pezones haciendo círculos.

    -No sabes cuanto anhelaba acariciar esos pezones y sentir como se ponen duros.

    -¿Sabes cuantas noches deseé que fueran tus manos y no los míos mientras los pellizcaba?

    -Cada cosa que desees lo haré realidad.

    Amasa mis senos con más fuerza pellizcando mis pezones.

    -¡Ah, ah, si así!

    -Eso hermosa, gime todo lo que quieras… entrégate a mi.

    Ya mis miedos quedaron a un lado y solo tengo deseo, ganas por este hombre desconocido. Desabrocha mi vestido y siento como queda al descubierto mis senos para él luego nuevamente lleva sus manos a mis pechos y los amasa con fuerza.

    -Que delicia sentirlos, son tan suaves y esos pezones tan duritos que invitan a ser saboreados.

    -¡Hazlo, son todos tuyos!

    -No hermosa, haré algo mejor.

    Deja de tocarme y besarme y me toma de la mano para guiarme, de un momento a otro se ubica detrás de mí.

    -¿Le temes a que alguien te vea semi desnuda?

    -No

    -Así me gusta, que seas traviesa.

    De repente siento un frío en mis pechos cuando pego contra algo asumo que es un vidrio por lo consiguiente asumo que estoy en la ventana.

    -¿Dime como te sientes?

    -Cada vez más excitada

    -¿Te gusta sentir el frío en tus pezones?

    -¡Me fascina!

    -¿Y saber que alguien te pueda estar viendo en estos momentos?

    -¡Me excita aún más!

    Siento sus besos recorriendo mis hombros mientras me aprisiona contra la ventana y su cuerpo; me besa con ansias, con lujuria.

    Continúa besándome esta vez pasa por mi espalda recorriendo mi columna vertebral hasta bajar a mis caderas; siento como desliza la cremallera y cae por completo mi vestido quedando solo con mi diminuto hilo de encaje.

    -¡Que culo tan hermoso tienes!

    -Has con él lo que quieras

    Ya a este paso quedo la decencia a un lado, se nota que ambos estamos en modo perverso.

    -¡Waoo… ya me imagino muchas cosas!

    -Entonces que esperas para hacerlo realidad

    Vuelve a presionarme contra la ventana mientras me besa con descaro llevando una mano a mi coño para ser estimulado.

    -Haces que pierda mi caballerosidad

    -Sé lo que quieras ser

    -Ven hermosa, ahora vas a sentir otro estímulo

    Me toma de la mano y me lleva a otro lugar.

    -Es una silla siéntate y te vas a recostar

    Así lo hago, por la forma de la silla asumo que es una silla tántrica; coloco mis piernas sobre este esperando que va a hacer Arturo porque así se llama él.

    -Toma aire hermosa

    Tomo aire cuando siento caer sobre mis pechos algo caliente son gotas calientes creo que es cera de vela.

    -¡Ah! -gimo al sentir el estímulo.

    -¿Te gusta el choque térmico?

    -¡Si mucho!

    Siento caer más gotas hasta llegar a mis pezones. Va haciendo un camino en medio de ellas y baja poco a poco hasta llegar a mi vientre; sentir el calor hace que mi coño moje aún más y mi respiración se acelere.

    -No sabes lo hermoso que es tu cuerpo cubierto con la cera

    Siento que separa mis piernas quedando a cada lado de la silla, luego corre a un lado mi tanga y sopla sobre ella.

    -Estos labios invitan a ser devorados

    -Que esperas

    -Tranquila hermosa, sé que estás ansiosa pero quiero continuar estimulando tus sentidos

    Sigue soplando mi coño cuando de repente siento un hielo recorriendo mis labios, esto hace que gime mas fuerte y arqueé mi espalda.

    -¡Ah, si!

    -Eso hermosa disfruta de tus sentidos

    -¡Ah, Arturo hazme tuya!

    -Eso haré hermosa

    Sigue recorriendo mi coño con el hielo bajando por mi entrepierna hasta mis rodillas. Después siento que separa más mis piernas y empiezo a sentir el calor de su lengua recorriendo por ese mismo camino que hizo con el hielo; cada vez mi respiración se agita deseando que llegue a mi coño y ser devorado. Separa mis labios, sopla nuevamente y empieza sus lamidas ¡waoo! Sentir el calor que emana hace que arqueé nuevamente mi espalda y lo tome de la cabeza para sentirlo más intenso; es la primera vez que lo toco siento que su cabello es muy corto se podría decir que al ras. Lame de una manera como si fuera un chupete mi coño, chupa, succiona mi clítoris.

    Me hala hacia él y hace que ponga mis piernas sobre sus hombros para lamer hasta mi culo solo me dejo llevar por cada placer, gimo y gimo cada vez más duro lo suelto y llevo mis manos a mis tetas para amasarlas con fuerza mientras esté hombre devora mi coño.

    -¡Ah, me voy a correr

    -Dame tus jugos hermosa

    -¡Ah, ah, ah… si, si ah!

    Siento corrientes por todo mi cuerpo al final se contrae mi vientre y exploto como solo él sabe hacerlo en un delicioso orgasmo.

    -¡Que delicia hermosa!, tantas noches deseé saborear tus jugos y ahora seré adicto a ellos

    Escucho que se despoja de sus prendas y se acerca a mi puedo sentir el calor de su cuerpo y su aroma tan delicioso que sentí cuando llegue a esta habitación.

    Va subiendo besando mi cuerpo recorriendo el mismo camino que la cera; al llegar a mis pechos los agarra para unirlos y besarlos con avaricia… chupa con fuerza que siento que me va a dejar marcas pero no me importa… muerde mi pezones una y otra vez halando de ellos.

    Mientras él me da placer yo araño su espalda siento que es dura se nota que hace ejercicio.

    -Me tienes loco hermosa

    -Y tú a mí Arturo

    -Te haré mía esta noche, te haré un poema en tu cuerpo

    -Que cada poema quede marcado en mi piel por favor

    -Así será hermosa

    Recoge mis piernas haciendo que quede sobre sus hombros y me clava su verga con fuerza mientras me besa ahogando mis gemidos, se clava una y otra vez; duele un poco es la primera vez que siento una verga gruesa.

    -Dame más por favor

    -Así lo haré quiero hundirme en lo más profundo de tu ser

    Escucho sus gemidos en mi oído que delicia escuchar esa melodía mientras me coge a su gusto. Cada vez le entierro más mis uñas sobre su espalda lo arañó así como él deja marca sobre mi cuerpo yo también quiero dejar los míos.

    -Quiero correrme

    -Hazlo hermosa dame más de ti

    -¡Ah,ah, dame más Arturo!

    Se clava cada vez más rápido, ya el dolor ha pasado por lo mojada que estoy esa verga entra y sale con facilidad ya que mi coño se adaptó a su tamaño.

    -¡Si, si si, ah!

    Por unos segundos dejo de respirar y aprieto mis ojos para dejarme llevar por otro delicioso orgasmo.

    -Quiero ver el artista que ha hecho mis días y mis noches placenteras

    -Puedes retirarte la venda hermosa, quiero ver de ahora en adelante tu mirada en mi mientras te hago mía.

    Y así lo hago cuando veo a un moreno con una mirada brillante ojos cafés claros su contorno marcado por una barba fina y unos labios gruesos. Sonrió y lo beso con vehemencia y él a mi nos entregamos a lo que en ese momento sentimos mientras él me sigue cogiendo.

    -Cambiemos hermosa quiero que cabalgues sobre mí

    Él se sienta y yo me ubico sobre él pero primero quiero ver la verga que tiene.

    -Con razón me dolió

    -Ja,ja,ja… hermosa perdón si fui un bruto

    -Lo tienes muy grueso

    -Ja,ja,ja… eres una traviesa

    Me clavo suavemente para que mi coño se adapte nuevamente a su tamaño y empiezo a menear mis caderas sobre este morenazo (es la primera vez que estoy con uno hombre moreno) y disfruto del placer mientras él me besa araña mi espalda y así nos quedamos un rato.

    Esa noche cogimos en varias partes de la suite como en la ventana, sobre una mesita a la entrada de la habitación; en el jacuzzi por supuesto y terminé en cuatro sobre esa King size; quería hundirse en mi culo pero le dije que por ahora lo dejábamos para otro momento, tiempo era lo que había y lugares también.

    Fin

    ¡Esta no acaba aquí!

    Gaby Borsh

    Notas del alma

  • ¿De verdad con nadie lo habías hecho así? (6)

    ¿De verdad con nadie lo habías hecho así? (6)

    Los días pasan dando paso a las semanas y los meses, Remigio huye, me imagino que quizá con la idea de que lo iba a demandar o algo así, acudir a alguna clínica o a terapias solo lograría exponerlo a las autoridades.

    En fin, me refugio en mi depresión, a sanar sola, tanto física como mentalmente, mi carácter cambia, de ser la esposa buena onda y ejemplar según mis amistades, pasé a ser una mujer melancólica y a veces agresiva.

    Y es que no entiendo que me sucede, por un lado, me siento mal por algo que yo misma provoqué, un juego que pensaba podía manejar y no tendría consecuencias y por otro lado no hubiera querido que las cosas terminaran así con Remigio, el haber estado con don Luis fue solo para saber el porque me consideraba una tonta y una pendeja, quizá solo se vengó de mi marido por andar con su esposa y Reynalda. Rita al final se casó con el vigilante y se fue a vivir a la provincia.

    En fin, comprendo que tengo que resignarme a vivir con la idea de volver a mi vida anterior de esposa abnegada, engañada y sumisa.

    –Hola, contesto el teléfono ya que observo que es Rita.

    –Hola, a que no sabes lo que me acabo de encontrar.

    –No, no sé, le contesto con desánimo al mismo tiempo que recibo una imagen por WhatsApp.

    –¡no mames! ¿Neta?, le contesto visiblemente emocionada al ver la imagen de Remigio, más delgado y mal vestido, pero si es él y ¿por qué me emociono?

    –sí, ¿cómo ves?, me saca de mis pensamientos.

    –¿Dónde está?, me comenta que están de viaje en un pueblito de provincia entre el estado de Guerrero y Oaxaca justamente en la feria patronal, al final, me manda la ubicación de donde al parecer es su casa.

    Mi mente divaga, ¿Qué hago? ¿y si le llamo? Pero igual no quiero quedar como una rogona, y es que no alcanzo a comprender como una persona como yo que puedo traer loco a cualquier hombre de mi extracto social, sufro por lo que piense o sienta un albañil, me paseo nerviosa por la casa, me pongo de malas, grito.

    –¿Qué tienes?, me pregunta mi marido.

    –¡Que te importa! ¡déjame en paz! Alejándome fúrica.

    –Yo en tu lugar lo buscaría.

    –¿Eh? ¿Qué dijiste?, le contesto limpiándome las lágrimas.

    –A leguas se nota que extrañas al pendejo ese, al albañil ¿no? que, ¿no te hace caso?, mira cómo te trae, enciende un cigarro y se aleja.

    –Búscalo y ya déjate de pendejadas.

    Salgo detrás de él, lo abrazo, le pido que me perdone, el me abraza y me dice que me entiende, que lo perdone también.

    –Anda, cámbiate mientras saco el carro.

    Increíblemente mi propio marido conduce hasta la ubicación que me da Rita, ella sale a nuestro encuentro y me señala la casa donde vive, a pesar de ser albañil, su casa es de adobes y de techo de paja, pregunto por él, pero no se encuentra.

    –Mis papás salieron a la feria, me dice una señora morenita y regordeta.

    Hasta ahora recuerdo que está casado, ahogo mi decepción con un: gracias, muy amable y me retiro silenciosamente, mi marido y mis amigos no me dicen nada, solo me observan.

    Me encamino por una pequeña vereda al interior del bosque, decepcionada de nuevo, con la luna llena a plenitud, ataviada con mi minifalda de gabardina negra, mis medias negras satinadas a medio muslo, un top de gabardina con transparencias al frente que dejan notar lo necesario de mis senos, para esta ocasión traigo una tanga de encaje negro rematando mi atuendo con unas zapatillas de charol de tacón alto, las cuales me hacen caminar prácticamente de puntitas, con anterioridad me pinté el pelo de color avellana y en esta ocasión me maquillé de tal forma que las sombras en mis ojos hacen resaltar de forma inquietante el color verde aceituna de ellos.

    Venciendo mi orgullo le envío un mensaje y mi ubicación a su celular, mientras camino el tiempo pasa y nada, camino un poco y con angustia veo que no contesta, es más, ni ha leído el mensaje.

    La blanca luz de la luna me ilumina proyectando fantasmagóricas siluetas danzando a mi alrededor destellando en las piedritas del decorado de mi blusa, pasado el tiempo me detengo a contemplar las estrellas decorando el profundo azul del cielo, hace calor.

    Observo de nuevo mi celular y aw, ¡lo leyó! ¡si!, digo casi gritando de la emoción, no pasa mucho tiempo, quizá ya presentía lo que iba a pasar o quizá es lo que estaba deseando que pasara, de repente intuyo su mirada en mi espalda, ese tipo de miradas que deseas sentir inconscientemente.

    –Reynalda, balbucea entre nervioso y asustado.

    –Arleth, le digo sin voltear, me llamo Arleth.

    Se acerca, me toma por la cintura, recarga su cabeza en mi nuca, no me dice nada, no lo dejo continuar lo tomo de la mano y hecho a caminar de nuevo, me abraza, recargo mi cabeza en su pecho, me sujeto fuertemente de él, bajo de nosotros cede el camino pedregoso y hostil que casi hace derrumbarme por la altura de mis zapatillas dando paso a un acolchonado manto de paja y pasto veraniego.

    Nos quedamos quietos, me voltea hacia él, frente a frente a la luz de la luna, en medio de los sonidos de la naturaleza mirándonos fijamente a los ojos, no hacen falta palabras o gestos, junta su cara con la mía fundiéndonos en un beso largo, nuestras lenguas se buscan ansiosas, se entrelazan una y otra vez dentro de nuestras cavidades bucales produciendo ricos chasquidos, mientras sus manos recorren mi cuerpo de arriba abajo una y otra vez por encima de ms ropas.

    Hábilmente me desnuda y me coloca suavemente sobre el pasto seco y mullido solo con mis finas medias, se posa sobre mi deteniendo su cuerpo como nuestra primera vez, me besa, empieza a bajar lentamente, separando mis muslos, hunde su cara en mi sexo, arqueo la espalda al sentir la boca de mi amante en mi vagina, mete un dedo en mi boca y lo chupo con delicia como una bebé golosa, me lame, me muerde, uf.

    Se desnuda, se hinca, sus dedos invaden mi vagina, sobándola, lubricándola, abre mis piernas colocándose en medio de ellas atrayéndome con firmeza y ternura hacia él, mi cuerpo menudito ayuda en cada maniobra que él hace, nos miramos a los ojos mientras el coloca su miembro a la entrada de mi vagina.

    –Espera, le digo, mientras amorosamente lo separo de mí y me coloco en cuatro, volteando el rostro sonriéndole, el entiende y coloca de nuevo su miembro a la entrada de la vagina, sin embargo, lo tomo con mi delicada mano, lo masturbo un poco y lo coloco a la entrada de mi anito, quiero complacerlo, quiero ser su hembra.

    –Cógeme, le susurro anhelante, cógeme por favor. le repito, incentivándolo a sodomizarme.

    Lo siento restregar su glande en mi ano, para después colocar su lengua y sus dedos en él, dándome una deliciosa comida de ano que jamás había experimentado.

    Justamente cuando exploto es que el empieza a empujar su miembro duro y erguido en mi hoyito trasero, poco a poco y lentamente lo siento avanzar dentro de mis entrañas, triunfante, abriéndose paso, ensanchando mi ano a su gusto y placer, el dolor es inmenso, gimo conteniendo mis gritos de angustia, no quiero interrumpirlo, giro la cabeza y veo su rostro contemplando a su orgullo perderse en mi recto, lo tengo en la gloria y eso me hace soportar el dolor.

    Recuesto mi cabeza en el mullido pasto aferrándolo con mis manos, mientras la boa de carne de mi hombre me repleta el recto hasta el tope como una botana en palillo, gimo, me quejo, pero igual ahora lo acepto en lugar de rechazarlo.

    Me aferra de la cintura y me sodomiza lentamente, despacio, lo animo arrojando mis caderas contra su pelvis con rapidez y firmeza clavándome yo solita, me duele mucho pero el dolor cede poco a poco al gusto, me aferra con la mano izquierda y con la derecha mete sus dedos en mi vagina, retorciéndolos adentro, logrando que los bañe con mis jugos.

    Clavo mis uñas en la tierra, muda testigo de esta ahora deliciosa sodomía.

    –Te amo Remigio, te amo, perdóname por favor, le digo con palabras que me salen desde el fondo de mi corazón, admitiendo lo que no quería aceptar, estoy enamorada de él.

    –Eres mía, solo mía, ¿me entiendes? solo mía.

    –Soy tuya mi amor, le digo con la voz temblorosa y quebrada ahora por el deseo.

    –Puedes poseerme, ha, soy tu hembra y tu mi dueño.

    Muevo las caderas en círculos y de un lado a otro, le gusta, sus gemidos lo delatan, ¡Plas!, me descarga una inesperada nalgada; ¡plas, plas!, lo hace de nuevo.

    Entierro mi frente en el pasto y la hojarasca, me hace explotar en un orgasmo interminable, contrayendo las paredes de mi ano apretando su gruesa herramienta, mi cuerpo es su cómplice, entregándose de forma voluntaria; mis manos, lejos de luchar contra el, ahora se aferran fuertemente al suelo buscando mantener la pose adecuada para recibir tan deliciosa culeada.

    Remigio me penetra como loco, clavándome sus uñas en mis nalgas, grita, gime está a punto de venirse, hago caso omiso de mi dolor, me desprendo de él, me doy vuelta y se la chupo con ganas, saboreando mi propio ano, pronto obtengo mi ardiente recompensa, al sentir su semen en mi boca y mi lengua, derramándose entre mis labios y chorreando por mi mentón roseándome con sus abundantes chorros.

    Mis tetas, mi cuello, mi cara, siendo inundados de espermatozoides nadando alocadamente buscando el premio a fertilizar en cada célula de mi cara y cuello.

    Rezumando espuma de su lefa lo miro a los ojos sonriéndole, suda copiosamente, coloca nuestras ropas sobre el suelo, se recuesta, sumisa me acorruco entre sus brazos después de limpiarme los restos de su leche de mi cara y cuerpo.

    –¿De verdad, con nadie lo habías hecho así? Me pregunta

    –No, con nadie, le contesto sobando sus flácidos testículos, me abraza, me pregunta porque lo engañé, y varias cosas mas alternando sus preguntas y mis respuestas con nuestros besos, entre beso y beso su órgano va cobrando vida, lo masturbo con mi delicada y blanca manita sintiéndola crecer la tomo con ambas manos, la muevo, la masturbo para finalmente inclinarme y besar su hongo.

    –Ay, así, que rico, suspira, luego de un par de tiernos besitos, empiezo a lamerla, sintiendo como vibra a cada lengüetazo, muevo mi lengua en círculos, acariciando y ensalivando su hongo.

    –Ah, Arleth, trágatela, ¡ya!

    Obedeciendo a mi hombre abro la boca y se la mamo con fuerza, retorciendo su cilindro con mis manos cuando subo y metiéndomela toda cuando bajo, con fuerza, como si no hubiera un mañana.

    –Oh, preciosa, que rico, hum.

    Quiero que termine dentro de mí, así que aborto la deliciosa chupada que le estoy dando y me monto en el pasando mi pierna derecha por encima de su cuerpo, sin dejar de mirarlo, con mi mano dirijo la punta de su glande en mi conchita, me la voy metiendo lentamente, quiero disfrutar centímetro a centímetro de su tranca, me detengo al sentir los pelos de sus testículos en mi colita, lo empiezo a cabalgar.

    –ah, el placer que me provoca ahora es indescriptible, coloco mis manos en sus hombros para que se encargue de mis nenas, uf, las succiona como si quisiera sacar leche de ellas.

    –Oh dios mío, uf, límpialas bien, así, chúpalas, hum.

    Me muevo como una serpiente, como una puta experta en coger penes, sus movimientos de meter y sacar, se tornan rápidos, violentos y descontrolados, lo que provoca que explote en otro delicioso orgasmo, mis líquidos chorrean por su palo, mis gemidos se convierten en gritos.

    Remigio atiende mis tetas mientras sus manos aferran mis nalgas, una en cada mano, no se mueve, intenta contenerse para prolongar la cogida, eso no me importa a mí en este momento, devoro su herramienta por entre mis piernas, en un mete y saca frenético, como una yegua complaciendo a su jinete, me gusta sentirme su puta, su hembra, no aguanta más, con estocadas fuertes y precisas descarga toda su leche en mi interior.

    –¡Mía, mía! Me grita aferrándose a mi cintura como si quisiera fundirme con él, sus chorros queman mis entrañas, trato de culebrear para absorber todo su semen aún a pesar de su fuerte abrazo.

    –Tuya Remigio, ¡soy tuya y nada más! Grito zafándome de su abrazo arqueando mi espalda hacia atrás, sintiendo los últimos estertores de su miembro.

    –Ha, mm, mi amor, si muévete así, deja llenarte de mi leche, deja que este viejo se descargue todo dentro, me dice mi hombre con frases casi inentendibles.

    Tumbada en él, lo miro sumamente complacida, feliz, plena, acariciando su pelo entrecano con mis dedos, sonriéndole satisfecha de haber provocado tanto placer en él, sintiendo como si fuera mi primera vez.

    Al poco rato nos vestimos, me dice que vayamos a una especie de cabaña donde guarda sus cosas para la siembra, me coloca su chamarra, caminamos abrazados, llegamos y abrimos sonrientes y oh sorpresa, descubrimos a Reynalda siendo penetrada por don Luis y mi marido en un trio perfecto, mi marido de espaldas en una especie de catre, penetrándola vaginalmente y don Luis analmente, y para mas sorpresas, doña cuquita esperando su turno viéndolos morbosamente.

    ¿Cómo es que llegaron ahí? Me pregunta Remigio, es obvio que los papás de Rita la acompañaron a la fiesta, lo que sí, no sé cómo llegaría Reynalda, en fin, no le contesto a Remigio, levanto los hombros resignadamente no teniendo ni idea de cómo es que llegaron hasta ahí.

    –Ni se te vaya a ocurrir cabrona, me dice en su tono de macho, dándome un beso delante de ellos, como marcando su territorio. yo le correspondo besándolo tiernamente diciéndole que me lleve a la feria.

    Esa noche y las siguientes cogimos de todas las formas posibles, en el campo, en su cabaña, en mi auto etc.

    Pasado algún tiempo Remigio se divorció de su esposa y yo de mi esposo, construimos nuestra casa a las afueras del pueblo, pusimos una tienda que el atiende y yo, me dedico a dar clases en la escuela de la localidad, tengo ya 8 meses de embarazo y estoy a punto de dar a luz a nuestro primer hijo.

    Aún a pesar de que ahora él tiene 63 años y yo 25 hacemos una linda pareja, se ve mejor, más rejuvenecido y si, nos casamos en una linda ceremonia en la playa.

    Pero esa es otra historia.