Blog

  • Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 5)

    Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 5)

    Si has estado leyéndome, sabrás que Leo, el hermano mayor de mi alumno particular, viene a mi habitación y yo solo llevo el bikini de niñita que no me tapa nada. Él no puede quedarse porque tiene a su novia esperándole en su habitación, pero reconoce que está muy excitado al ver cómo me exhibí en la playa y ahora también. Su tío está escondido debajo de mi cama.

    -¿Estás empalmado por mí? ¿Sí? ¿Seguro que no es por tu novia?

    -¡Por ti, por ti!

    Me aparta el minúsculo sostén y me agarra los pechos con fuerza. Yo se los ofrezco para que me los mame y él me los besa, les da lametones, los chupa, los muerde levemente y los vuelve a chupar. Me temo que me va a dejar marcas de chupetones, pero en este momento me da igual.

    -¡Tú sí que sabes acariciar las tetas de una chica, Leo!

    Sin dejar de jugar con mis ellas con sus manos, acerca su boca a la mía y nos besamos con pasión. Saber que su tío está debajo de la cama y ve que me lo monto con Leo me gusta. Noto que me excito y que empapo la braguita de niña. Le hago saber a Leo que me encanta como me trata para que lo oiga Lucas. Que sepa que, si se me trata con respeto, soy muy cariñosa. También me encanta saber que él sigue escondido y que su mujer se va a enfadar por estar tanto tiempo fuera de la habitación.

    -Tú sí que sabes tratar bien a una mujer, Leo –pongo mi mano en su pantalón y le masajeo el pene, muy erecto y mojado.

    -Gracias, Esther, hmmm. Tengo muy poco tiempo. ¿Me la mamas, por favor, y así termino rápido?

    -Vale, me encanta el sabor de tu polla, Leo. Pero… ¿y yo que? ¡También me merezco un orgasmo!

    -Sí, claro. Pero es que me temo que mi novia, hoy, no sé… Creo que se ha dado cuenta de que yo te miraba todo el rato. Y quizá sospecha algo.

    -No, no creo. Es que yo… tengo una idea. Antes, después de la cena…

    -Sí, he sido poco educado.

    -Ya, pero no es eso. Me dijiste que me darías porculo.

    -Me pasé, lo siento.

    -No, no, sí me encantaría. Va, ven, mira –me aparto la braguita a un lado.

    -Esther, estás completamente peladita ahí abajo. Ja lo descubrí en la playa.

    -¿Sí, te diste cuenta, cariño? Es que con las braguitas tan minúsculas…

    -Ya, claro.

    -Nunca me había depilado así, completamente ¿Te gusto? ¿Te gusto así sin nada de pelos?

    -¡Sí, me encanta! –me da un beso en el pubis y yo otro en el gran bulto que muestra su pantalón. Después le doy la espalda, me pongo a cuatro patas y levanto el culo para que me lo vea bien.– ¿Qué, te gusta lo que ves?

    -Oh, sí, tienes el culo irresistible. Pero, tu agujerito es muy pequeño.

    -Por eso no te preocupes, va. ¡Métemela por el culo!

    -Esther… es que, en realidad, yo nunca…

    -¿No? Leo ¿Nunca has enculado a una chica?

    -La verdad es que no, lo reconozco.

    -Bueno, pues en eso estamos casi igual. Yo hasta hace pocos días tampoco había tenido sexo anal.

    -Es algo que siempre me ha atraído, pero más como una fantasía. –me agarra las nalgas y me las separa para ver mejor mi ano– Alguna vez se lo he medio sugerido a Bea, pero ella…

    -Ya, entiendo. Es que yo, hasta hace poco también pensaba que era una guarrada, algo reservado a cerdas. Pero veo que a los hombres les encanta y a mí también, la verdad. –muevo las caderas para que Leo disfrute de la visión– Y como ahora tengo novio, pues claro, no voy a follar con otro y a serle infiel. O sea…

    -Ya, pero no creo que a Gustavo le gustara saber que otro te da porculo.

    -No, seguro que no, pero es muy diferente. ¿Va, te decides o qué? ¡Mira cómo estoy! –le tomo una mano y la acerco a mi vulva para que vea lo mojada que está.

    -Es que quizá no sabré. O que a lo peor no me cabe. O te haga daño.

    -Leo, por eso no te preocupes. Va, te acompaño con la mano, así.

    Le agarro el pene y acerco su punta a mi ano mientras relajo el esfínter. Me la introduzco suavemente y enseguida tengo el glande dentro. Dejo hacer a Leo y veo que le agrada porque ya me la mete hasta la mitad.

    -¿Te gusta?

    -¡Me encanta! ¡Esther, oh, tu culo arde!

    -Mueve, mueve la polla dentro de mí.

    -¡Sí, sí, pero, qué gusto! –casi grita sin dejar de jugar con mis pechos– ¡Ay, me voy a correr enseguida!

    -No, no, espera, quiero tenerla un buen rato dentro.

    -¡Es que tu culo es tan suave! ¡Y estoy tan cachondo todo el día mirándote y deseando follarte! ¡Oh, gracias, Esther!

    -Tranquilo, más suave, intenta meterla poco a poco hasta el fondo, oh, sí, así, bien, hasta los huevos. ¡Hum! Ahora sácala lentamente. ¿Qué? ¿Te gusta?

    -¡Sí, sí, ah, demasiado, hmmm!

    -Métela y sácala, pero sin prisa, para que no te corras.

    -Ay, no sé, ay, estoy muy…

    -Vale, vale, va, pues, no sufras. ¡Escúrrete en mi culo, venga, que deseo tu leche dentro!

    No se hace de rogar y me penetra hasta el fondo con fuerza y me bombea el culo frenéticamente y en menos de un minuto ya lanza su lefa en mis entrañas. Como si fuera una señal, yo exploto en un orgasmo bestial y lanzo squirt en abundancia. Todo son suspiros y gemidos de ambos. Él me sigue follando el culo y noto con placer que su pene sigue duro y empalmado durante unos buenos cinco minutos. Eso hace que yo me corra varias veces. Leo recoge algo de mi squirt y veo con satisfacción que se lo acerca a la boca y lo sorbe y lo lame mientras sigue bombeando mi ano.

    -¡Qué ambrosía, Esther! ¿De dónde sacas tanto líquido?

    -De tanto placer que me das, Leo. ¿Te gusta, te gusta mi squirt?

    -¡Es muy sabroso!

    -¿Sí? ¿Mejor que el de tu novia?

    -Bueno, es que ella no… ella nunca…

    -¿Ah, no? ¿Ella no eyacula?

    -No, ella no. La verdad es que siempre había pensado que eso era cosa de películas. De actrices porno.

    -Pues ya ves que no. Yo hasta hace poco tampoco había tenido nunca una eyaculación vaginal con ningún novio ni masturbándome ni nada. Pero ya ves, contigo, de tanto placer, parezco una fuente.

    -¡Una fuente riquísima! Bueno, Esther, debo irme. Espero que Bea no se enfade. Le dije que salía un momento al jardín y que volvía enseguida.

    -Me sabe mal que ya te vayas. En fin. ¡Gracias por la visita, Leo!

    -No, no, gracias a ti. ¡Me ha encantado darte porculo!

    -Y a mí, y a mí, Leo. Tu polla en el ano me ha dado mucho placer.

    Cuando él se va, Lucas aprovecha para salir de debajo de la cama.

    -Ni una palabra, Lucas. –me arreglo las braguitas para que me tapen algo sin mucho éxito y me pongo el pequeño pedacito de tela que hace de sostén– Anda ¡márchate!

    -Esther, espera. ¡Mira! –me enseña su miembro completamente parado y con la punta muy húmeda.– ¿No ves como la tengo? ¡A punto de reventar! Saber que mi sobrino te estaba dando porculo a unos centímetros de mí…

    -Devuelve tu polla al pantalón y vete, Lucas. Yo no quiero nada contigo. Además, ya me voy a dormir, que es muy tarde.

    -Estoy seguro de que, con lo puerca que eres, todavía querrías más polla.

    -En todo caso, eso es cosa mía. No quiero tu verga para nada. Anda, ¡adiós!

    -¡Eh, ah, hola, Esther! Perdona, ya veo que molestamos.

    -No, no, al contrario. Lucas ya se iba. ¿Verdad, Lucas?

    -Ya hablamos mañana y eso –dice Roque.

    -Sí, ya nos dijiste que esta noche no… –exclama Anselmo.

    -No, no molestáis. En todo caso, es Lucas quien…

    -Vale, vale, ya me voy.

    -O no, espera, Lucas. Mira, oye. Si quieres, puedes quedarte. Pero no quiero oír ni una palabra ¿de acuerdo?

    -En realidad, debo volver con mi esposa.

    -Vale, pues mira, te acompaño y hablo con ella.

    -No, Esther ¿pero qué dices?

    -Pues ahora te quedas. Siéntate en esa silla. Puedes mirar, pero no decir ni hacer nada.

    -Esther, creo que no es un buen momento… –dice Roque.

    -Sí, mejor nos vamos.

    -Es un momento perfecto. ¡El mejor! Veréis, sentaos en la cama. Empieza el espectáculo.

    Doy la espalda a los tres hombres y empiezo a contornearme, a mover las caderas muy sensualmente. Me desabrocho el sostén y me cubro los pechos con él cuando me giro. Juego un poco con la tela para acabar lanzándola a Marcos que la agarra al vuelo. La huele y dice:

    -¡Huele a semen, qué asco!

    -¡Te dije que ni una palabra!

    Expongo mis pechos y los ofrezco a Roque y a Anselmo, uno para cada uno. Y cada uno besa uno. Me acerco a Lucas y me aparto de él antes de que pueda tocarlos. Masajeo eróticamente mis senos ante todos. Los noto muy sensibles y están enrojecidos por los chupetones de Leo. Ahora juego con las braguitas que casi no tapan nada y me encanta mostrar el sexo húmedo a todos. Tomo algo de mi flujo y lo doy a saborear a la supuesta pareja gay. Ellos lo lamen con placer. Me quito las minibragas empapadas y también se las tiro a Lucas.

    -Lucas, puedes olerlas y lamerlas. Es lo único que hoy saborearás de mí.

    No se hace de rogar y veo que las sorbe con gusto. El bulto en su pantalón no para de crecer. También descubro con satisfacción como se hinchan los paquetes de Roque y de Anselmo bajo su pantalón. Para que no sufran, me acerco a ellos, les bajo la cremallera de la bragueta y les saco el miembro. El sólo contacto con mi mano hace que crezcan más. Me alegra descubrir que gastan buenos aparatos. Aunque bastante mayores, los dos hombres son lo suficientemente atractivos para que me apetezca estar con ellos.

    Me arrodillo y empiezo a masturbarlos, uno con cada mano. Doy un besito a cada verga. Tomo una mano de cada uno para que me agarren los pechos y me los masajeen. Lo hacen con delicadeza, pero intensamente. Me gusta y enseguida me muero para que me los mamen.

    -Chupadme las tetas, venga, como si quisierais que os amamantara –les ordeno mientras sigo masturbándolos y sus miembros no paran de crecer en mis manos.

    Los dos sorben mis pechos con placer y yo me pongo muy cachonda. Miro a Lucas y le aguanto la mirada. Sé que debe pensar que soy una cerda, pero también sé que se muere por tocarme, por besarme, por mamarme…

    -Bueno, guapos, vamos a por el trío ¿sí?

    -¡Sí, sí!

    -Vale, va. ¿Quién quiere encularme primero?

    -¡Yo, yo! –se ofrecen los dos.

    -¡Yo, también! –exclama Lucas.

    -No, tú, no. Juega con mis braguitas. Si quieres, dejo que te masturbes con ellas mirando como trato de bien a mis nuevos amigos. Puedes correrte en el sostén, no me importa.

    -Va, métesela tú, Anselmo. ¿Pero luego podré yo, Esther?

    -¡Por supuesto! O sea, me encantará tener tu polla en el culo después de la de tu esposo. Mientras, ven, que te la chupo.

    De rodillas en la alfombra de la habitación, hago una buena mamada a Roque mientras le ofrezco el culo a Anselmo. Sé que todavía tengo el semen de Leo en él, pero no parece que eso le importe y enseguida empieza a encularme con destreza. Al cabo de unos segundos, yo ya gimo y suspiro para empezar un sinfín de orgasmos.

    -Ay, niña, ay, me parece que… ¡oh, que placer! –exclama Roque con su pene en mi boca.

    -Hmmm, no, espera… o sea… ¡quiero tu semen en el culo!

    -¡No puedo más, tu boca es muy acogedora!

    -¡Sácala, sácala un momento, Anselmo!

    -Sí, Esther ¡Ven, Roque!

    Anselmo se aparta y Roque me la endiña de golpe y noto que me lanza chorros de su esperma en mi culo. Eso hace que me vuelva a correr enseguida y de forma continuada. Veo que Lucas también está muy empalmado y que se corre en mis braguitas y le miro fijamente mientras mamo la verga de Anselmo.

    -¡Que rica tienes la polla, Anselmo! ¡Venga, va, métemela otra vez por el culo y córrete dentro!

    Roque se aparta y Anselmo me penetra el ano y siento que me la mete hasta el fondo. Parece que me vaya a partir en dos pero el placer supera al dolor. Su mete-y-saca es genial y yo me voy corriendo. Mientras limpio con mi boca el pene de Roque, noto en él el sabor de la lefa de Leo y el de mi culo. Me encanta esta sinfonía de sabores en la verga de Roque. No paro de lanzar squirt. Tanto, que veo varios charquitos en el suelo y manchas por toda la habitación. Por fin, Anselmo se corre dentro de mí y junta su semen al de su marido y al de Leo.

    Cuando al cabo de unos minutos, su verga decrece, me la saco del culo y la llevo a la boca. Tengo ganas de descubrir el nuevo sabor y sí, es genial: su pene junto a su semen y al de Roque y al de Leo. Tanto me gusta que se la dejo bien limpia y totalmente seca. Veo que Lucas se levanta y me dice:

    -¡Ves como eres una guarra chupapollas! ¡Anda, que te den, puta!

    -¡Sí, que me den! ¡Todos menos tú, maleducado! –y se va.

    Me siento en la cama y dejo que me mamen un buen rato las tetas. Cada vez las siento más escocidas, igual que el culo, pero me encanta la sensación. Sé que estoy manchando la sábana al tener el sexo y el ano tan mojados, pero no me importa.

    -Habéis sido muy amables conmigo.

    -Y tú, muy cariñosa y acogedora con nosotros.

    -Teníamos ganas de hacer un trío, pero nunca habríamos pensado que fuera algo tan genial como este contigo.

    -Eres un sol hija.

    -Gracias.

    -No, gracias a vosotros.

    -Nos vamos a dormir, que para nosotros es muy tarde.

    -Y también para mí. Si ya son las cuatro de la mañana. Pronto amanecerá.

    -¡Buenas noches, hija!

    Nos damos besitos de buenas noches y me dispongo a dormir muy satisfecha tendida en la cama, completamente desnuda. En unos segundos ya duermo.

    -Esther, Esther! –me despierta una voz suave y amable.

    -¿Qué? Oh, pero ¿qué hacéis aquí? –quiero taparme con la sabana, pero no la encuentro.

    -Te has quedado dormida.

    -Sí, enseguida que se han ido ellos.

    -Pero ¿cómo? ¿Habéis estado…?

    -Sí, lo hemos visto todo.

    -¡Jorge! ¡Ángel! Espiar no está bien.

    -Esther, ya te dijimos que esta noche vendríamos a…

    -¡… a darte porculo!

    -Pero veo que Roque y Anselmo se nos han avanzado.

    -Bueno, es que… o sea…

    -Es que hemos estado todo el día empalmados.

    -Sí, nos duelen los huevos. Y eso que nos hemos masturbado varias veces.

    -Por la mañana, por la tarde, por la noche…

    -Pues sí que os he gustado hoy en la playa.

    -Sí, mucho. Y al ver el trío, nos ha puesto aún más cachondos.

    -Y ahora, dormida así desnuda, también.

    -¡Nos encanta que tengas el chichi pelado como una niña!

    -¡Ve, deja que te follemos el culo!

    -¡Sí, nos morimos de ganas!

    -Entiendo, pero es que es muy tarde. O sea, debemos dormir algo. Estoy agotada.

    -Por lo menos, haznos una mamada.

    -Sí, nos la chupas un poco.

    -No, hoy no. Máximo, si lo deseáis, dejo que vosotros dos me maméis las tetas, va, que las tengo muy delicadas.

    -Están muy coloradas.

    -¡Muy apetecibles!

    -¡Sí, sí!

    Los dos hermanos se sientan en mi regazo y se amorran a mis pechos. Me los chupan con tanta intensidad que parece que me los vayan a arrancar. Pero el gusto supera el dolor. Y aunque agotada, me pongo muy cachonda. Tomo sus manos y se las acerco a mi coño y ellos me acarician el clítoris y enseguida me penetran la vagina y el culo con no sé cuántos dedos, sin dejar de mamar mis tetas. Yo a cambio les agarro las vergas y las masturbo. Cierro los ojos cuando tengo un orgasmo muy húmedo, empapo la cama y a mis dos jóvenes amantes. Ellos suspiran, gimen y gritan.

    -¡Ya, ya, Esther, oh, hmmm!

    -¡Sí, sí, yo también!

    -¡Venga, sí, lanzadme vuestra leche caliente!

    Apunto sus dos pollas a mis pechos y ellos eyaculan grandes chorros de lefa en ellos. Yo los recibo con placer, tanto que me vuelvo a correr de tanto gusto. Con la lengua, tomo algo del semen de mis pechos y se alegran cuando les reconozco que la mezcla del de los dos es muy sabrosa. La mayor parte la esparzo por mis tetas, como si fuera crema hidratante, y noto que eso alivia mi escozor. Ellos, con las vergas todavía morcillonas, toman mis manos para que se las acaricie y recogen la mezcla de flujo y squirt de mi vagina y de mis muslos y lo extienden por mis pechos para volver a mamar como dos lactantes hambrientos.

    Van sorbiendo mis jugos de mis tetas y los van recogiendo de mi sexo para irlo esparciendo en ellas. Como era de prever, sus penes ya crecen de nuevo y son tan apetecibles que ya no resisto la tentación de comérmelos. Los chupo alternativamente y no paran de crecer. Sus puntas están muy húmedas. Me encanta. Les pregunto si quieren que los mame conjuntamente.

    -Esther, pero ¿puedes hacer eso?

    -Veréis como sí ¡y me muero de ganas, la verdad!

    -¿Las dos pollas en tu boca?

    -¡Sí, sí, de verdad! ¡Pero no dejéis de acariciarme las tetas!

    -¡Por eso no te preocupes!

    -¡Y también el chocho, por favor!

    -¡Encantados, Esther!

    Al cabo de unos minutos, los tres nos volvemos a correr. Me trago todo su semen con gusto. Yo tengo orgasmos durante más de diez minutos mientras ellos, ahora sí, ya están satisfechos y sus penes van arrugándose y empequeñeciendo. Tomo tanto flujo y tanto squirt de mi vagina como puedo y lo extiendo por mis pechos para que los dos sientan más placer cuando, sentados en mi regazo, dejo que me los mamen de nuevo.

    En unos pocos minutos, nos quedamos dormidos así. Nos despertamos cuando oímos voces en la casa. Ellos se sorprenden al ver en sus bocas mis pezones llenos de su saliva y aun de mi flujo y de mi squirt. Sorprendentemente, sus penes crecen en unos segundos.

    -Esther, te hemos estado mamando las tetas toda la noche.

    -Sí, me ha gustado mucho. Pero en realidad, han sido unas pocas horas. Va, debéis iros.

    -¡No, no, espera, mira cómo tenemos las pollas!

    -¡Sí, por favor, deja que te enculemos, va!

    -¿Pero qué decís?¿Estáis locos? Va, por favor, habéis sido muy cariñosos, pero no puede ser.

    -Pues me haré una paja pensando en ti.

    -¡Yo también!

    -Vosotros mismos. Venga, guapos. Y por favor, que nadie os vea salir de mi habitación.

    -Sí, sí, iremos con cuidado, Esther.

    -¡Gracias!

    Cada uno me da un beso en cada pecho y se van. Veo que mis tetas les encanta y eso me gusta.

    Cuando ya me he duchado y salgo a desayunar, veo que nadie se ha dado cuenta de que los dos jóvenes han estado conmigo hasta la mañana. La pareja bisexual me guiña un ojo. Manuel, disimuladamente, me manda un besito. Leo en cambio está con Bea, muy acaramelados, y no me hace ningún gesto ni nada. Eso me da un poco de rabia, pero también entiendo la situación. A Lucas le veo muy serio y también a Juani. Seguro que han tenido una bronca esta noche. Pues a él le está muy merecido, por maleducado.

    Quien también está enfadado es mi novio Gustavo. Estos días le he estado enviando fotos mías y de todos y eso, porque me gusta hacerlo y a él recibirlas. Pero se ve que las de ayer le disgustaron, al verme en la playa con el pequeñísimo bikini. Me dice que se me ve todo y que parezco una fresca. Yo le digo que seguramente es el único hombre del mundo a quien no le gusta mi nuevo bikini y eso todavía le enfada más. A ver, algo de razón tiene. Ya veo que cuando volvamos, tendré que estar muy cariñosa con él para que le pase el cabreo.

    Al final, hoy no me pondré el otro pequeño bikini de niñita. Por un lado, para que mamá no se disguste. Pero sobre todo porque tengo los pechos muy enrojecidos y con varias marcas de chupetones. También tengo las nalgas bastante escocidas y con las minibraguitas se me ven completamente. Y claro, no puedo dejar que todos lo vean porque no tengo ninguna justificación. Así que me pongo los bikinis que me compré antes de irnos, con mucha más tela y mucho más recatados.

    Esto parece que se esté convirtiendo en una competición, porque hoy es Bea quien vuelve a atraer la mirada de todos con otro modelito increíble.

    -¿Te gusta mi bañador, Esther?

    -Pues la verdad es que sí, mucho, Bea.

    Es de una sola pieza. Por detrás, es como si estuviera completamente desnuda, excepto un hilillo entre sus nalgas que apenas le tapa el ano. Y por delante, dos centímetros de tela le cubren los pezones y tres centímetros, la vulva. Debo reconocer que, con su cuerpo, este microbañador la hace irresistible. Es el centro de atención y como moscones, todos están a su alrededor. Entre que yo voy tan tapada y que varios han estado conmigo la noche anterior, los muy cabrones me tienen bastante abandonada y van a la novedad.

    Pero bueno, por lo menos tengo a mis padres contentos. Si supieran el motivo por el que no me he puesto el otro minibikini de niña, seguro que no iban a estar tan satisfechos, pobres. Cuando envío fotos a Gustavo, me dice que estoy muy guapa y que este bikini sí que le gusta. Ya, que me lo creo. Cuando vuelva, me pondré algún día solo para él alguno de los bikinis de niña y entonces veremos si le gustan o no.

    Pero todavía nos quedan algunos días en la playa y, si lo deseas, puedes seguir sabiendo lo que pasó. Solo te digo algo: me lo pasé muy, muy bien. Lo verás en Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 6). ¡Besitos cariñosos!

  • La otra Marta

    La otra Marta

    Fuera en la calle llovía intensamente, lejos el sonido de la tormenta. Pasé a la habitación de la otra Marta, miré la foto era ella. Tuve que recordar y retroceder seis años, cuando mi prima Irene me invitó a su despedida de soltera. Faltaban casi dos meses para su boda, pero decidió aquel viernes porque tenía una agenda muy justa de días libres. Me vestí con una blusa de seda negra y una falda de piel granate a juego con mi cazadora, para la ocasión me di un poco de color a las mejillas y me pinte los labios, no suelo maquillarme.

    En total entre solteras y casadas éramos doce o catorce mujeres, compañeras suyas de trabajo y amigas. Entre ellas una grata sorpresa estaba Sole, amiga también de veraneos en un pueblo de la costa, había perdido el contacto y hacía mucho tiempo que no sabía nada de ella. Con más años, era la mujer que desde niña se veía venir, presumida con su media melena rubia, mirada tranquila, media sonrisa, con dos tetas que se insinuaban de campeonato al igual que las nalgas, su tendencia a estar rellenita continuaba, estaba casada pero sin hijos.

    Estuve a su lado durante la cena, después de tanto tiempo comentando de nuestras vidas. Finalizando la cena entrega de regalos, como es de imaginar algunos de ellos con marcada picaresca, todo aderezado de los típicos comentarios. Después nos repartimos en coches para dirigimos todas a un club nocturno donde se realizan shows de strippers. No era de mi total agrado pero no quise contradecir a mi prima, me tocó ir en el coche de Sole. Ella también con nosotras, aunque ya la había observado en la cena, fue la primera vez que la tuve más cerca, en competición con mi altura me ganaba en tacones, con chaqueta de piel negra, vestido rojo cortísimo, medias negras, zapatos negros de tacón aguja, melena castaña suelta, maquillada y con un rojo intenso en los labios.

    Al entrar en el coche nos inspecciono de pies a cabeza. Sole con un vestido colorido de falda al vuelo, recordaba haberlo visto en alguna tienda de las famosas cadenas, calzaba botines de cuero. Cuando llegamos al lugar teníamos reservada una mesa casi pegada al escenario. Era la primera vez que entraba en un local de estas características. En primer lugar salió al escenario un muchacho musculoso y con ropa de mecánico. Bailaba sensualmente mientras se desvestía, algunas ya envalentonadas le gritaban de todo. Siguió otro que no era tan musculoso como el anterior, con uniforme de policía, nuevamente le decían barbaridades y gritaban.

    Este número fue un poco más atrevido, pero para mis adentros pensaba que no había caso y la verdad es que los strippers no me llamaron demasiado la atención. Poco a poco y al ritmo de la música se fue despojando de las diferentes prendas, se acercó a nuestra mesa, empezó a acariciarse, moverse eróticamente y subió un par al escenario, una de ellas fue Sole, con unas esposas jugó con ellas como si las estuviera arrestando, mientras las otras se morían de risa y festejaban, tomaban fotos. El boy las sentó en una butaca y empezó restregarse contra ellas. Toda la timidez desapareció en cuanto les puso el paquete a la altura de sus ojos. Sole cambió la cara en un instante, siguió con su show, hasta quedar totalmente desnudo cubierto por un pequeñísimo tanga. El espectáculo continuó mientras ellas seguían festejando comentando la suerte de las que habían subido al escenario. Mientras yo me había retirado de la zona del espectáculo y estaba sentada en una de las barras donde había menos bullicio, tenía sed, hacía calor.

    Ella se sentó a mi lado, subidas en taburetes de frente una a la otra, le comenté mi poco interés por el espectáculo. No podía admitir en voz alta que había algo que me atrajo de ella y empecé a sentir frío, siempre me sucede cuando alguien me causa excitación. El ruido de la música hacía que nos acercásemos las caras para hablar, con el olfato olía su perfume, sus manos se posaron sobre mis muslos como apoyándose cuando nos acercábamos y en uno de aquellos me besó discretamente en el cuello, sonrió ampliamente y levantó su copa hacia la mía.

    Con el paso del tiempo no recuerdo las palabras exactas, pero los echos fueron tal como detallo.

    – Qué te parece si brindamos por nosotras.

    – Claro, encantada.

    – ¿Esperas o tienes que acompañar a alguien?

    – ¿A qué te refieres?

    – Que podríamos irnos las dos solas. Te he estado observando toda la noche, me has gustado desde el primer momento. Frente a ella yo jugueteaba con el vaso entre mis dedos, nerviosa. Me estaba seduciendo, no tenía ninguna idea preconcebida, pero todo paso como tenía que pasar. De pronto Irene me estaba buscando. El tema era Sole, no estaba borracha, pero si bastante alegre, hacerle volver a su casa en aquellas condiciones era temerario, me proponía conducir su coche y además poder llevarla a mi casa para pasar la noche, habían contactado con su marido y estaba enterado. Marta al ver mi cara de circunstancias, me hizo que razonara un poco, era hacer un favor a una amiga que hacía mucho tiempo que no había visto.

    Pero la sorpresa fue cuando acercándose a mi oído, me dijo que al igual sería divertido que pasase la noche con nosotras. Nada más poner el coche en marcha propuso un último trago y hacerlo en su casa. Sole aceptó de inmediato pues no le importaba en que casa pasaba el resto de la noche. Durante el trayecto, sentada detrás, no paró de hablar las excelencias del espectáculo. Conduje con las indicaciones que me hacía Marta, no conocía el lugar, a pesar de la oscuridad aprecié que entramos en una urbanización de las afueras.

    El resto de la noche se prometía larga, sentadas en la sala, delante de unas copas de vino, empezamos hablando de temas banales. Marta hábilmente le fue picando con lo del boy, el morbo y el alcohol hacían su efecto caldeando el ambiente. Sole soltó la lengua, comentando que desde hacía un tiempo estaba insatisfecha sexualmente con su marido. Quería de él más morbosidad y de ciertos atrevimientos. Se había quedado sin trabajo y pasaba muchas horas sola en casa. Ratos libres, reuniones con amigas donde comentaban sus intimidades, con un par de ellas habían ido a una reunión de tuppersex y quedó alucinada cuando una le propuso un intercambio de parejas e incluso ofreciéndose para una relación lésbica. Tenía claro que su marido no entraría en el juego y ella tampoco lo tenía en ambas sugerencias.

    – Mira Sole, a veces se han de tomar ciertas decisiones -.Dijo, Marta guiñándome el ojo.

    – ¿Que decisiones? -.Mientras apuraba la copa de vino.

    – Eres joven, estás en tus mejores años y te sientes insatisfecha, ¿verdad? -.Afirmó moviendo la cabeza.

    – Se dé que hablo cariño, mira, no te importaría responder a unas preguntas.

    Le preguntó primero la edad y el tiempo casada, en algunas respondió rápidamente, en otras se lo pensaba y contestaba titubeando. Mientras sentada a su lado había posado una mano en sus rodillas.

    – ¿Cuándo ha sido la última vez que has follado?

    – Unos 10 días.

    – Le comes la polla. ¿Te gusta?

    – Si y a mí que me coma el coño -.Soltó riéndose a carcajadas.

    – Bueno algo es algo. ¿La suya ha sido la única?

    – Si, bueno alguna tontería, cosas del verano -.Dirigiéndose hacia mí.

    – ¿Te masturbas?

    – Antes lo hacía esporádicamente, pero últimamente entre las charlas con las amigas y la reunión, la cosa es más a menudo, además veo a escondidas pelis porno y ahora tengo un “amigo” que me llena toda -Risas.

    – ¿Toda, toda? Por delante y también por detrás.

    – Si… por delante y estoy probando… -Se ruborizó un poco y se agitó nerviosa.

    – Tranquila, todo es bueno para lograr placer -Dije yo.

    – ¿Le has puesto cuernos a tu marido?

    – No, pero. Ufff… con el boy, no me importaría, le comería la polla, me abriría de piernas y me dejaría follar hasta por el culo aunque la tuviera muy gorda -.Risas

    – ¿Alguna mujer?

    – Bueno, solo ciertas cositas en aquellos veranos ¿te acuerdas, Noa?

    – No algo más serio, ya de mujer adulta.

    – Bueno… he visto videos de ese género y tengo mis fantasías, la idea me tiene cautivada y me he masturbado mirándolos. ¿Creo no poder considerarme lesbiana?

    -¿Te gustaría? Eres una mujer guapa, interesante, apetecible sexualmente.

    – Joder tia. ¿Me estás proponiendo algo? ¿Vosotras, sois?

    – ¿Por qué no? nosotras dos y tú.

    – Joder -.Dirigiendo su mirada hacia a mí.

    – Mira Sole, ahora te excitas en silencio tu sola, ¿es todo a lo que aspiras? -.Con los ojos abiertos como platos me escuchaba.

    – Haz realidad tus morbosas fantasías y satisface tus deseos ocultos -Le dijo Marta, mientras con una mano le acariciaba el trozo de pierna que quedaba sin cubrir del vestido.

    – No sientes curiosidad por disfrutar de ciertos placeres -Le susurré en el oído.

    Un largo silencio, mientras Marta se agachaba frente a ella, pasando ambas manos bajo la falda del vestido, le acariciaba los muslos mirándola fijamente. Soltó un leve gemido y se recostó hacia tras en el sofá como en un gesto de aceptación.

    – Estás muy tensa, quizás agradecerías unos masajes.

    – Ahora. ¿Tú crees? -Tragó saliva y se mordió el labio.

    – Si, ahora, ven conmigo.

    Marta se levantó, le alargó la mano que ella tomó y se dirigió a una habitación. El espació era amplio, en el centro una cama grande tipo tatami, con cabezal de barrotes, una cómoda, un pequeño diván, predominaba el color blanco, encendió unas velas dejando la luz tenue de una pequeña lámpara, puso música apenas audible. El clima de la habitación de lo más sensual.

    – Todo lo que te importa ahora es disfrutar. ¿Lo entiendes? -Sacó de la cómoda una cinta tapándole los ojos.

    – Si, estoy nerviosa -Susurró.

    Le preguntó si quería irse y olvidarlo. Con rotundidad -No -Con los ojos vendados y de pie aceptó inmóvil, esperando. Me acerqué a ella, le dije que se relajara y le di un beso suave en los labios. Le sacamos el vestido, el sujetador y las botas, quedando con la braga culote y unas medias elásticas sujetas en los muslos.

    Tal como yo la había conocido continuaba rellenita, no había tenido hijos, sus curvas repartidas con armonía, los senos generosos empezaban a perder verticalidad, areolas grandes, rosadas, los pezones erectos quizás por estar excitándose, caderas y buenos muslos, por detrás un generoso trasero. La braga color burdeos con encajes, cubría el bulto del pubis, la transparencia de la tela permitía entrever un cierto color oscuro, por lo que supe de inmediato que seguía con el pubis peludo. En la época de los años de la adolescencia en el grupo reducido de amigas nos enseñábamos las novedades que surgían en nuestros cuerpos y ella destacaba siempre por la abundancia de su vello púbico y su postura de no arreglárselo, incluso cuando le sobresalían de su bañador. Como ella había insinuado, en aquellos años inocentes, juegos digitales, tocamientos, algún que otro beso, en ocasiones las cosas llegaron a más con alguna, algo parecido sucedía con algún chico. Aunque ella era de las que cuando las cosas subían de tono desaparecía.

    La ayudamos a tumbarse sobre la cama de bruces, nos desnudamos, quedándonos solo con medias liguero, las dos coincidíamos, las que dejan al descubierto muslos, glúteos y delantero. Desnuda daba la impresión de ser más alta, vientre plano, el pecho, de las tres los de menor tamaño, sin aureolas pero sobresalían unos pezones en punta rosados, un triángulo de pubis recortado y delimitado, entre unos torneados muslos su sexo donde unos labios mayores colgaban como los lóbulos de las orejas, unas nalgas redondas con una marcada canal separándolas. Me dio un beso en los labios, me acarició suavemente los pechos y pasó la mano por mi pubis completamente rasurado.

    – ¿Te estás divirtiendo? -Asentí y sonreí.

    – Te gusto -Le dije casi en silencio

    – Eres increíble, pero primero es ella.

    Seguidamente le derramó aceite sobre su espalda y con las manos empezó con masajes circulares, sus dedos se deslizaban hasta la zona justa de la goma elástica de la braga. Con una seña me indicó sacarle las medias, esparció aceite sobre sus piernas y nos repartimos recorriéndolas desde los tobillos, por los muslos, llegábamos a la entrepierna y pasábamos los dedos por encima de la tela. A cada subida las separaba más. Marta con la palma de la mano le golpeó la nalga, lanzó un pequeño grito, volvió a repetirlo en el siguiente masaje, con señas me indicó que hiciera yo lo mismo. Levantó las caderas alzando el culo, como si no le importaran las nalgadas, más bien parecía aceptarlas y las acompasaba con suspiros, con ritmo continuo, entre las dos fueron más de una docena las que le propinamos. Marta decidió terminarlas y sacando unas manillas de la cómoda, le hizo colocar los brazos por encima de la cabeza, se las colocó y con una cinta las sujetó en un barrote del cabezal. La ayudamos a darse la vuelta, tensionado su cuerpo. La braga color burdeos con encajes seguía cubriendo el bulto del pubis, la presión del tejido marcaba su sexo y se podía apreciar una cierta humedad. Unos mínimos reparos por la sujeción de sus muñecas. Se le notaba nerviosa, tumbada boca arriba, tendida estaba a nuestra merced.

    El proceder fue parecido, aceite sobre sus pechos, masajeándolos, tirando suavemente de los pezones y bajar hasta la goma de las bragas. Nos inclinamos sobre sus pechos y succionamos. Lo agradeció con gemidos. De nuevo a sus tobillos, piernas y muslos, su respiración se agitaba por momentos así como la humedad en la tela era cada vez más apreciable. Me indicó tirar de la goma de la braga y sacársela, hizo movimientos para facilitar incluso deslizarla por sus muslos, a la vista ese órgano exquisito, se lo había visto y tocado en aquellos tiempos, ahora era más rotundo, más desarrollado, más mujer, cubierto por un abundante pelaje, denso, puro matojo, de color castaño. Marta le separó las piernas alargó la mano, levantó con los dedos su vello púbico.

    Empezó a arquearse, entre el bosque de pelaje unos alargados y carnosos labios, una grieta abierta, la llenó con dos dedos y apenas con ese leve contacto se estremeció. Flexionó las piernas, tratando de acomodarse, los dedos entraban y salían, su coño empezó a latir y segregar jugos, se podía oír el chapoteo de los dedos, la respiración se le agitaba y cuando parecía estar a punto, paró de golpe y se lo palmeó con fuerza, negándole el orgasmo. Sonó un chillido, seguro tanto por la sorpresa como por el dolor. Rostro colorado, protestas apagadas.

    – Tranquila, aún no, te puedo asegurar que después suplicaras.

    Seguidamente a las indicaciones de Marta, de rodillas me puse entre sus piernas, se las separó para facilitarme el acceso, entendí el mensaje. Su sabor era entre dulce y salado, indescriptible. Le chupaba la vulva con tal voracidad que elevó la pelvis, tire de sus piernas doblándoselas, se abrió más, el interior rosado, humedecido por sus jugos, hacía atrás sus gruesas nalgas separadas, dejando al descubierto su ano, las terminaciones nerviosas se abrían y cerraban, no me contuve y mi lengua lo rodeó rozándolo, empezó a gemir descontrolada, volví con la lengua a su coño.

    – Uuumm, sois unas cerdas -Movía las caderas y respiraba hondo.

    – Te gusta. ¡Eh! estás disfrutando -le soltó Marta

    – Por favor no pares ¡joder! -Le escuché gritar entre gemidos, sus piernas le temblaban. Había desatado la bestia que disfrutaba a lo que se estaba sometiendo. De nuevo succioné su clítoris que sobresalía entre los labios, se retorció de caderas doblando más las rodillas, así que con mi otra mano busque el precioso orificio. Puse un dedo y sumergido en los jugos que descendían de su vagina se deslizó suave, dio un salto en sus caderas pero no me lo impidió, hundiéndose dentro.

    – Nooo, hija de puta, ahhhh… -Chilló mientras se desbordaba en mi boca.

    Marta tumbada a su lado le acariciaba los pechos bamboleándolos hacia los lados y tiraba de los pezones. Me di cuenta de su mirada, con una expresión de viciosa lujuria, enseñaba la vena de dominante que llevaba en su interior.

    – Te ha gustado como te comió el coño tu amiga.

    – ha sido algo raro, me ha gustado, increíble, nunca… -Con la respiración aún entrecortada.

    – Ahora quiero que te centres en devolver el favor a tu amiga -Con voz dominante, mientras le quitaba la venda de los ojos, pero no la atadura de las muñecas.

    – Pero… de qué manera.

    – Pues, ahora toca a ti.

    Me ordenó colocarme a horcajadas sobre su cara. Necesitaba correrme, mi clítoris palpitaba, presioné mi coño mojado sobre su boca, respiraba agitada. Le facilité el acceso separando con mis dedos los labios y me quedé sin aliento cuando primero su lengua lamió agresivamente el clítoris y después la entró dentro. Una sacudida se disparó a través de mi cuerpo, no pude reprimir un grito y de una manera incontrolada mis jugos cayeron sobre su cara. No quise desperdiciar ni una gota de mi placer, me acerque a sus labios mojados, se los lamí y cuando los abrió aceptó mi lengua en un beso profundo. Cuando descabalgué, mientras le había colocado unas tobilleras y con mi ayuda se las sujetamos a los muslos, le colocó una almohada bajo las caderas, su culo se izó y quedaron expuestos de forma obscena, su ano y los labios vaginales brillantes aún por la humedad, incluso su clítoris se asomaba duro y rojo, como una polla en miniatura.

    – Me vais a matar -Dijo entre jadeos y con un tono airado al verse forzada de aquella manera, se la veía excitada pero también asustada.

    – No dejaremos que te mueras, vivirás porque te está gustando.

    Marta sostenía en sus manos un doble dildo, me introdujo uno en la vagina y me ajustó el arnés que sostenía el otro, un pene oscuro, de venas simuladas y rematado con un grueso glande, lo untó con lubrificante.

    – Ahora tendrás que aceptar la putita viciosa que llevas dentro, porque te vamos a follar.

    – Follarme ya de una vez, cabronas -Levantaba la cabeza para poder mirarnos.

    – Así nos gusta como una perrita en celo.

    Con su coño expuesto al máximo pasé la punta sobre los labios hinchados. La embestí con fuerza, húmeda como estaba aquel pene de goma entraba y salía como si nada. Marta abrazada a mi espalda me acompañaba acompasando los movimientos, me cogió los pezones, apretó, tiró de ellos y me los retorció con fuerza, me excitaba jaleándome. Sole se tensó, mirarla era excitante, lloraba, sollozaba, rugió de placer y explosionó con un largo orgasmo. Yo seguía embistiendo sin parar, no parecía terminar nunca y no paré hasta quedar satisfecha.

    Cuando le soltamos las ataduras, apoyada su cabeza en la almohada, dejó escapar un fuerte gemido, las venas se abultaban en su frente. Aún con lágrimas en los ojos, mientras nos miraba desafiante. Con voz áspera, tensa, nos insultó.

    -Shhh… tranquila -En un lateral del tatami, encogida de piernas y abrazándose ella misma, se quedó dormida.

  • Hora extra

    Hora extra

    Mala noche para que a una la despidan, me dije mientras terminaba de acomodar las botellas sobre el estante. Al otro lado del pasillo en penumbras escuché la tos seca de González, el dueño del restaurant. El rectángulo amarillento que cortaba en dos el pasillo a oscuras parecía la entrada a una cueva llena de peligros. En realidad, la falta que podía haber cometido no se comparaban a los pequeños robos del cocinero o a las sustracciones de la cajera. Después de todo, ¿qué podía tener de malo utilizar mi trabajo como camarera para conseguir algo de dinero extra?

    No lo había hecho más que sola vez, con el viejo que viene todas las mañanas a tomarse su vermouth. Empezó con una sonrisita y un comentario inocente. Entablamos una breve charla y quedamos de acuerdo para vernos. Por supuesto, había quedado en claro que la cuestión era económica.

    Aunque a mis veintiún años no era ninguna cándida, en el pueblo de donde venía ciertos asuntos se manejaban de otra manera: si un empleo daba para generar algo extra, no había inconvenientes para hacerlo. Pero aquí, en mi primer trabajo en la Capital, las cosas parecían ser distintas. Me lo había dejado claro el señor González al día siguiente:

    –¡Mi local no es un puterío cualquiera! –me susurró para que el resto de los empleados no escuchasen, cosa que agradecí.

    Con ese viejo me había ganado cada centavo, se la tuve que chupar veinte minutos hasta que consiguió una erección aceptable. Y después, otros veinte bombeando entre mis piernas hasta eyacular. En el intervalo, su lengua se había ensañado con mi concha como un perro con su hueso.

    –¡Tatiana, a mi oficina!

    Un ramalazo me recorrió la espalda. No quería perder el trabajo, la perspectiva de estar desocupada nuevamente, aun cuando la paga dejara qué desear, no me seducía.

    –Voy, señor González.

    Repasé unas copas mientras lo escuchaba refunfuñar, su sillón chirrió y otra vez esa tos seca. Cinco minutos después, su voz se dejó oír imperiosa como un ladrido:

    –¡No tengo toda la noche, Tatiana!

    Tomé coraje, alisé la rejilla húmeda sobre el mostrador y me quité el delantal.

    Desde el otro lado del escritorio, me lanzaba miradas hoscas por encima de sus dedos entrelazados. Parecía viejo a pesar de tener cincuenta años.

    –Quiero saberlo todo, Tatiana. Todo.

    Le respondí que no comprendía a qué se estaba refiriendo.

    –Si hay algo que no soporto es que me traten de estúpido. ¡Cómo si no supiera que te cogiste a ese viejo de mierda! ¿Se la chupaste?

    Hice un gesto con la cabeza y el señor González sonrió.

    –¿Y se le paró?

    –S… sí… Pero le aseguro que no…

    –Que no va a volver a pasar. Ya conozco a las de tu tipo, no cambian más.

    –¿Las de mi tipo?

    –Putas, por si no fui claro.

    Se hizo un silencio que no hubiera podido cortarse con nada, salvo con otro acceso de esa desagradable tos seca.

    –Le faltaste el respeto a mi empresa. ¿Quién va a venir a almorzar a un lugar donde la camarera anda como una perra en celo por las mesas?

    No respondí, solo quería que terminara aquella escena que volvía a empezar una y otra vez como si nunca fuera a tener fin.

    –Supongo que querés conservar tu trabajo. ¿O no?

    –Sí, señor González. Le prometo que no va a volver a pasar.

    –Una simple disculpa no es suficiente, Tatiana. Hace falta una sanción.

    Hasta ese momento, había permanecido de pie pero el señor González me obligó a tomar asiento. Entonces, rodeó el escritorio y se me acercó. Sus movimientos eran tan lentos que parecían que nunca fueran a terminarse.

    –Mostrame cómo se la chupaste –lo miré pensando que había escuchado mal. Eso o volvés a la calle. Es tu elección. No vas a hacer nada que no hayas hecho ya.

    Se abrió el saco y apareció su pija ante mi cara, el glande me rozó la punta de la nariz. Lo miré sin comprender aunque no había que ser demasiado inteligente para entender una situación en la que todo estaba tan claro.

    –Metétela en la boca o a la calle. Voy a contar hasta tres. Uno, dos…

    Como dije, estaba dispuesta a conservar el trabajo, una mala paga siempre era mejor que nada. El glande rozó mis labios, se deslizó intentando abrirse camino.

    –Si cuento hasta tres, estás de patitas en la calle. ¿Qué es una mamada? Seguro que a ese viejo sucio se la chupaste y no estaba así de dura. Mirá, tocala.

    Me tomó una mano y la llevó hasta su pija, estaba muy dura y suave. La acaricié sintiéndola palpitar entre mis dedos, la recorría entera, contemplaba la cabeza roja asomar y esconderse dentro de la piel como en un capullo rosado.

    –¡Tres!

    En una cosa González tenía razón: la verga del viejo estaba fofa incluso cuando llevaba un rato chupándosela. Está en cambio me llenaba toda la boca. Se desabrochó el pantalón, lo que me permitió acariciarle los huevos mientras se la mamaba. Jugaba con mi lengua a lo largo del tronco mientras lo oía gemir con los ojos entornados, la levantaba para que viera como le lamía las pelotas, primero una y después la otra, o me las metía las dos en la boca, las empujaba con la lengua, las acariciaba mientras se la sobaba en una paja lenta. Iba a hacerlo sufrir todo lo posible antes de hacerlo terminar. Subí dando breves lamidas, deteniéndome en el nacimiento de la cabeza, rozándolo con los dientes hasta que su cuerpo se estremecía con una sonrisa de placer. Y vuelta a comenzar: se la succionaba despacio, disfrutando con los ojos cerrados el trabajo, saboreando el líquido preseminal que brotaba en gotitas saladas.

    –Sos toda una experta, guachita. Se nota que te gusta la pija.

    Sonreí mientras le rodeaba el glande con mi lengua caliente, lo lamía, iba y venía metiéndome cada vez un poco más. Lo dejé hacer cuando colocó sus manos detrás de mi cabeza, me acomodé para lo que venía y aguanté las arcadas cuando invadió el comienzo de mi garganta con su glande redondo e hinchado. Entraba y salía cogiéndome por la boca, metiéndola entre las arcadas que me sacudían arrodillada como estaba en el piso.

    –Sabía que te iba a gustar, puta. ¿Así se la chupaste a ese viejo roñoso?

    Claro que no, hubiera querido decirle pero sus dedos se aferraron a mi cráneo como a una bola de boliche, exhaló un rugido y mi boca se llenó con un chorro de semen caliente y espeso que desbordó por la comisura. La leche seguía saliendo sin que González se apartase. Al contrario, parecía dispuesto a que me tragase cada gota porque me hundía más su pija en cada descarga. Cuando salió, después de un tiempo eterno, estaba hecha una piltrafa. Escupí en el piso los restos de esperma pegados a la lengua y el paladar mientras me limpiaba la blusa con el pañuelo que mi jefe acababa de darme.

    –Me hace feliz que la gente valore el trabajo, mañana a las ocho como siempre.

  • Mujer de fuego

    Mujer de fuego

    Era un sábado por la noche el aire frío hacía que las ventanas del auto fueran cerradas. Estacioné cerca de Juárez en el lugar de siempre, el reloj marcaba las nueve cuarenta y cinco, era una buena hora, bajé del auto, el clima era muy helado, así que protegí mi rostro entre la solapa de mi chamarra. El aire frío se alcanzaba a colar entre las ropas, era pleno invierno y las noches heladas eran algo habitual en la ciudad, comencé a caminar de prisa para entrar en calor, luego de algunas cuadras llegué al callejón que buscaba, me interne en él.

    El callejón iba en una pendiente ascendente cada escalón era de piedra, algunas estaban desgastadas por el paso de los años y el nulo mantenimiento, se podría decir que esa zona estaba marginada de obra pública a pesar de ser relativamente en el centro de la ciudad no tenía nada que ver con los lugares bien iluminados donde los turistas llegan a dejar su dinero, no, esta parte estaba más olvidada y descuidada. Fui subiendo la pendiente entre la escasa luz que daban unas antiguas e infames lámparas del alumbrado público algunas solo parpadean otras de plano no funcionan.

    Aun así traía puesta algunas de mis mejores prendas de vestir, aun así traía puesto el perfume que mejor me favorece, siempre es un plus oler bien, a las mujeres les derrite un hombre que huele bien, y esa noche esperaba tener la suerte de follar con alguna desconocida.

    Llegué al bar como a las diez de la noche, estaba escondido en una esquina del callejón bajo un letrero oscuro y desgastado de madera donde se podía leer bar “la bipolar” no era un lugar glamoroso ni el mejor sitio de la ciudad, más bien era el lugar al que acudes cuando quieres tener un poco de aventura, algo fuera de lo normal, un pequeño toque de peligro en medio de una vida rutinaria, algunas mujeres la mayoría casadas que estaban insatisfechas con sus maridos, otras solo querían tener una aventura, algunas solo querían saber qué se siente tener otro miembro que no sea el mismo que las ha estado cogiendo por años dentro de ellas, otras iban buscando vengar alguna infidelidad de su esposo, otras eran solteras que querían diversión que buscaban algo de una sola noche, nada de una relación seria, solo sexo, una aventura para sentirse vivas, acudían ahí a menudo.

    No era un lugar muy grande es más bien pequeño, una sencilla barra de madera y algunos bancos para sentarse daban un poco de privacidad a Lucero la barman del lugar unas cuantas mesas distribuidas por el resto del espacio eran todo el mobiliario.

    Al entrar un olor a vino y cerveza inundó mi nariz, la música no estaba muy alta había música tranquila para que las personas pudieran tener una charla sin tener que estar gritando.

    Pude reconocer a algunos de los habituales clientes la mayoría hombre como yo esperando tener fortuna, algunos estaban ya en plena conquista, otros bebían desganadamente esperando por alguien con quien hacer clic, algunas mesas aún estaban vacías, más tarde se llenaría, pero en una mesa se encontraba sola una hermosa mujer que nunca había visto por ahí, tenía su mirada puesta en un par de mujeres que se besaban apasionadamente en el fondo del lugar.

    Llevaba un abrigo que le cubría desde el cuello hasta más abajo de su vestido, pareciera que era su única prenda de ropa, parecía sofisticada, era elegante y distinguida, su cabello pelirrojo no permitía que pasara desapercibida –se recordó a la protagonista de la película Valiente, pero real, sexi, verdadera–, sobresalía inmediatamente por encima de todas las demás personas que se encontraban en el lugar, parecía tener unos cuarenta y cinco años, en esa edad ellas saben exactamente lo que quieren y buscan, había aprendido y disfrutado muchas cosas de mujeres como ella, me senté en la barra y pregunté a Lucero por la bebida que había pedido la pelirroja; solo tequila con un poco de limón y sal. Pedí dos tragos iguales y Lucero le llevó el trago que yo le había mandado.

    La pelirroja volteó a observar quien había tenido la cortesía, me observó de arriba a abajo y luego se bebió de golpe el caballito, yo hice lo mismo, luego ella sonrió…

    Me acerqué a ella con la arrogancia de la juventud, yo esperaba que ella buscara pasar el rato conmigo. No le pregunté su nombre, en esos lugares el nombre es lo que menos importa, solo me presenté como Paolo y como ella no me dijo ningún nombre le apodé con el color de su cabello.

    —Te diré mujer de fuego.

    A ella pareció gustarle así que luego comenzamos a platicar, yo puse mi mano sobre su hombro tanteando su relación, ella permaneció relajada poco tiempo después mi mano se paseaba sin restricciones por su muslo, sentimos como el aire frío se coló en el lugar cuando un grupo de jóvenes entró por la puerta, salude a mi amigo Mauro y le hice señas para que se acercara, ella lo observó curiosa pareció aprobarlo con la mirada, luego él se sentó junto a ella del lado contrario a donde yo estaba, ella lo besó en la boca, un beso largo, intenso, luego ella se separó de él y buscó ahora mi boca, sus labios eran suaves, carnosos, era una excelente besadora, mi mano buscó su nuca y la atraje más fuerte hacía mí, nos separamos para poder respirar. Miré a Mauro y le hice una pequeña señal con los ojos era momento de ir a otra parte.

    Ella sabía lo que buscaba, para eso estaba en ese lugar, cuando le propusimos ir a otro lado ella solo preguntó:

    —Los tres!?

    Le contestamos al unísono que sí, ella sonrió en forma triunfante, Mauro y yo nos miramos y nos sonreímos pensando en lo bien que la pasaríamos, ya otras veces lo habíamos hecho, buscábamos una mujer sola con ganas de divertirse y luego la invitamos a pasar el rato entre los tres, casi siempre aceptaban es una fantasía recurrente en las mujeres estar con varios hombres a la vez, ser folladas por todos los agujeros, aunque son pocas las que de verdad lo llevan a cabo. La verdad es que Mauro y yo las hacíamos gozar enormemente, algunas incluso nos querían dejar generosas propinas y la promesa de algún nuevo encuentro.

    —¿Así que ya lo han hecho?

    Afirmamos con un movimiento de cabeza

    —Pues mucho mejor. Y sonrió para ella.

    Esta vez fue distinto no sabíamos en donde nos metíamos, ella sabía bien lo que quería, sabía bien cómo conseguirlo, sabía bien lo que nosotros buscábamos, pero esta vez no la follamos nosotros, ella nos folló a nosotros…

    Salimos del local ella iba en medio de los dos y nos dirigimos aún más hacia arriba en el callejón, ahí estaba aún más oscuro y frío que antes del bar, aquí era donde la mayoría de mujeres que nos acompañaban se preguntaban si no estaban cometiendo un error, aquí era también el momento de tomar la decisión de continuar o dejar para otra ocasión y otro lugar el encuentro, pero la mayoría de las veces ganaba el instinto animal por encima del lado racional, así que con todo y el miedo que deberían de sentir, la excitación del peligro y el momento era más fuerte. Caminamos hasta un viejo cuarto iluminado con algunas velas, solo una vieja silla junto a la puerta y una cama con un colchón sucio estaba en el lugar.

    Se quitó el abrigo y lo dejó sobre la silla que estaba junto a la puerta luego se levantó el vestido por encima de los brazos y se desnudó, a pesar del frío que había afuera ahí se sentía un calor muy especial.

    Nos dejó ver su exquisito cuerpo, un par de tetas hermosas y una raja totalmente depilada –me hubiera encantado ver una de vello púbico del mismo color del de su cabello–, un momento de serenidad para después convertirse en un delirio.

    Nos abalanzamos hacia ella y la llenamos de caricias y besos, mientras uno besaba sus pechos el otro acariciaba su raja, luego intercambiamos posiciones, ella solo se dejaba querer y gemía cuando dábamos en el lugar correcto unos minutos después me recosté en la cama con mi cabeza sobre el borde, luego jalé su mano y ella se sentó a horcajadas sobre mi rostro, su lindo trasero quedó entre mi cara, mi lengua comenzó a lamer su húmeda raja lento, constante, sin prisa, su espalda apuntaba a mi pecho, enseguida sentí como Mauro se paraba enfrente mío, ahora él le estaría ofreciendo su verga, poniéndola en su rostro incitando a que abriera la boca, en algunos momentos ella estaría chupando la polla de Mauro mientras yo disfrutaba de su raja, estaba húmeda, deliciosa un sabor dulzón invadía mi lengua, luego de unas intensas lamidas sobre su clítoris lo conseguí, ella se corrió en mi rostro, después de que sintiera como sus piernas se tensaron se sacó la polla que tenía en su boca, se levantó y se volteó, ahora su rostro miraba mi erección debajo de mis pantalones, yo estaba duro de sentirla, de escuchar sus gemidos ahogados, metió sus dedos por debajo de la tela, yo levanté un poco las caderas para facilitar el trabajo, bajo mi pantalón al igual que mi bóxer, luego se tendió encima mío hasta dejar mi ropa en mis tobillos, saque uno de mis pies para tener libertad de movimiento, el pantalón al igual que el bóxer quedaron en mi pie izquierdo luego sentí su aliento cerca de mi falo, detuve un poco el movimiento de mi lengua, para dejar que las sensaciones me invadieron.

    —No pares idiota

    Así que empecé a mover de nuevo mi lengua, sentí como aprisionaba mi falo entre sus labios, sentí la humedad de su boca que me envolvió poco a poco sus labios presionaban sobre el tronco y su lengua jugaba con mi glande era una experta en dar placer. Su mano la puso sobre mis testículos los acariciaba de forma maestra hizo presión justo en medio de ellos con su pulgar, ufff que sensación. Acaricie sus nalgas, ella abrió aún más sus piernas lo cual le dio acceso a mis dedos, mientras mi lengua se hundía una y otra vez en su coño, el pulgar hacia círculos sobre su clítoris.

    Cuando otro orgasmo la alcanzó se dejó caer sobre mí rostro, hizo presión sobre mi nariz ahogándome con su peso, por un momento sentí que no respiraba sus fluidos salían de sus labios y resbalaban por mi cara.

    Mauro seguía detrás de ella podía sentir como intentaba dilatar su trasero ya casi era el momento de follarle los dos al mismo tiempo.

    Tantas veces habíamos repetido esa escena lo único que cambia era la mujer y el acomodo a veces era él quien estaba en mi lugar y yo tenía el suyo.

    La mamaba tan rico que no dure mucho en sentir la sensación de eyacular ella lo noto en mi falo que se puso aún más duro, ella me dejó un poco frustrado al dejar de mamar, se incorporó y nos dijo:

    —Me voy a follar a uno mientras el otro se corre en mi cara. Pónganse frente a mí para escoger a la mejor polla.

    La obedecimos embelesados.

    Nos pusimos de pie frente a la cama con la verga de fuera.

    Ella se sentó en el borde y miró atenta cada una de las erecciones que tenía frente a ella, luego tomó mi mano y jalo de mí, me dio un fuerte empujón y me deje caer de espaldas a la cama, mis pies estaban en el suelo.

    —Pon tus manos detrás de tu cabeza, no quiero que las muevas de ahí.

    La pelirroja de puso en pie y se sentó a horcajadas sobre mi miembro. Subía y bajaba ferozmente buscando aliviar la tensión acumulada entre sus piernas, mientras le ordenaba a Mauro masturbarse delante de ella, él estaba sosteniendo firmemente su polla con su mano subía y bajaba a un ritmo frenético.

    Sus movimientos eran fuertes, cuando bajaba apretaba sus músculos vaginales dándome un enorme placer al apretar mi polla con sus músculos internos luego hacía una especie de círculo con sus caderas cuando estaba con mi verga hasta el fondo, después cuando subía se inclinaba en dirección a Mauro, su maestría era sorprendente, la forma en que aprisionaba mi falo me tenía alucinado, yo gemía con cada nuevo movimiento, en este momento estoy totalmente entregado al placer, entregado a ella, cuando sintió que mi orgasmo se aproximaba abrió un poco más sus piernas y su mano acarició su clítoris se corrió casi al mismo tiempo que yo, nuestros gritos debieron ser mis excitantes porque Mauro descargo su leche sobre el rostro de nuestra mujer de fuego casi al tiempo que nosotros terminamos.

    El esperma de Mauro resbaló por sus mejillas hasta terminar en sus pechos, ella lo recogió con su mano y luego se lo llevó a la boca, estaba brillosa unas leves perlas de sudor cubrían su piel, mientras un brillante hilo de plata escurría por su piel, se dejó caer de espaldas y se recostó en mi pecho invitando a Mauro a acostarse sobre ella, sentí el peso de los dos mientras nos recuperamos del encuentro, ella miró a la puerta y nos dijo que había alguien ahí, la tranquilizamos diciendo que no se preocupara que solo querían ver, en cuanto vieron que el encuentro había terminado se fueron.

    Poco después se levantó de la cama camino dándonos la espalda, dejando que viéramos por una última vez su firme y bien formado trasero, Mauro y yo no le quitamos la vista de encima.

    Tomó su vestido se lo puso lentamente con una seductora actitud, como para dejar su recuerdo en nuestras memorias. Se dirigió a la puerta con parsimonia al pasar por la silla tomó su abrigo y se lo puso, nos sonrió una vez más y se fue de la habitación sin mirar a atrás.

  • El vecino

    El vecino

    Mi vecino del apartamento del frente unos años menor que yo, soltero guapo me mueve el piso cada vez que lo veo.

    Una tarde fin de semana para ser más exacta, no sé qué me pasaba, pero tenía en mi mente a mi vecino creo que andaba cachonda y no quería dejar pasar más tiempo así que me arme de valor y fui hasta su apartamento con la excusa que me prestara una llave para arreglar una fuga que tenía en la cocina; daño que cause a propósito.

    ¡Tin… tun!.. tocó el timbre

    Abre la puerta y lo veo ahí guapo como siempre con un short de mezclilla y una camiseta esqueleto y sus brazos trabajados por el gimnasio.

    -Veci, buenos días (bueno es lo que está) que pena molestarlo; ¿usted tiene una llave de tubo que me preste?

    Él también me mira de forma perversa ya que llevo un short del mismo material y una blusa corta suelta y no llevo brasier.

    -Eh… si vecina; ¿Paso algo?

    -Si, tengo una fuga en la cocina -(en mi coño es donde tengo la fuga porque estoy mojando mis pantis).

    -Si quiere le puedo ayudar –(claro que quiero que me ayude con… mi fuga).

    -Me da pena molestarlo pero si gracias

    -Entonces en minutos paso por su apartamento

    -Gracias

    ¡Wao! No lo puedo creer que lo hice y en minutos tendré a este hombre en mi apartamento.

    Toc,Toc… tocan en mi puerta así que estoy ¡Más que lista!

    -Hola veci, sigue por favor

    -Gracias vecina

    Me mira de arriba hacia abajo… y por su puesto yo también. Se nota que se perfumó porque huele delicioso.

    Pasa a la cocina sacando su herramienta aunque yo quisiera que sacara la suya que lleva en medio de sus piernas. Se inclina y empieza arreglar el daño que cause para tenerlo en mi apartamento.

    -¿Le provoca tomar una cerveza… bien fría?

    Levanta su cabeza mientras va mirando mi cuerpo

    -Eh… si gracias, hace mucho calor (si supiera como estoy yo)

    Destapo su cerveza y se la ofrezco.

    -Gracias vecina

    Destapo la mía y le pego un sorbo y en ese momento se me derrama cayendo a mi blusa.

    -¡Ay!, que tonta soy me moje toda

    Él como reflejo se levanta tomando un paño que estaba cerca para limpiarme… pero en ese instante nos miramos a los ojos y no aguanto más tomándolo de su cuello y lo beso.

    Este hombre lo acepta con gusto tomándome de mis nalgas para subirme al mesón de la cocina… lo beso con descaro estoy que me lo devoro… meto mis manos por debajo de su camisa para sentir ese cuerpo que ha sido el causante de mis sueños húmedos.

    -¡Vecina, que rica estás! Quisiera lamer esa cerveza que mojo tus pechos

    -Que esperas, lame mis tetas a tu gusto

    No quería que fuera decente, quería que fuera un pervertido…

    Rasga con fuerza mi blusa dejando mis tetas al descubierto mojadas por la cerveza, los mira con descaro, con deseo, se lame sus labios y yo estoy que mojo más mis bragas.

    -¿Las puedo coger como quiera?

    -Me puedes coger como quieras, quiero que arregles la fuga que tengo con… tu herramienta  (lo digo mientras bajo mi mirada a su verga).

    Este hombre agarra a dos manos con fuerza mis tetas, las amasa mientras las chupa, las muerde y saborea mis pezones.

    -Ah, si así, eso rico ¡papí!

    -Que ricas están veci, es la mejor cerveza que me he tomado

    Agarro la cerveza que era de él y la derramó sobre mis tetas… de lo fría que está arqueo mi espalda.

    -¡Chupa papí, son todas tuyas!

    -¡Mnn… dame más cosita rica!

    Derramó más cerveza sobre ellas hasta terminarla… Este hombre se vuelve loco con ellas que ya están rojas y me arde un poco mis pezones. Deja de jugar con ellas y me baja del mesón me gira y baja con fuerza mi short.

    -¡Que rico culo tienes vecina!

    Me pega una nalgada que grito de una.

    -Así te quería tener vecina temblando y ganosita por mi

    -¿Se me notaba mucho?

    -Era muy evidente, es más este daño lo causaste… ¿cierto?

    -Si, te quería aquí en mi apartamento cogiéndome rico

    Se acerca y mete su mano entre mi tangas y hunde sus dedos en mi coño que yace muy mojado.

    -Eres una perrita lo sabias

    -Ja, ja, si lo sé por eso estás aquí

    -Pues te voy a dar lo que buscas y te voy a arreglar esa fuga que tienes con mi herramienta

    Se quita el short y siento que me apunta con la punta de su verga en mi trasero.

    -¿Lista? Porque seré tu plomero

    -Más que lista ¡Papi!

    Se hunde con fuerza como si me quiera atravesar con ese pedazo de carne tieso que tiene y empieza a sonar ese choque rico con su pelvis y mis nalgas… tanto que mis tetas rebotan con cada embestida. Me toma por el cuello haciendo una leve fuerza.

    -Eso papi dame más

    -Que ganosa eres

    -¿Es malo?

    -Me prendes más y sentir como chorrea esa chocha hace que te lo quiera hundir más

    -¡Ah, si así rico papi, dame más de tu verga! -Grito desesperada

    -¡Ah… Uf… pero me saliste bien sucia!

    -Y tú no eres ningún santo

    Continua con las embestidas mientras juega con mi clítoris haciendo que me excite mucho más…

    -Córrete perrita, moja mi verga y te daré más de ella

    -¡Gánate mis orgasmos!

    Me embiste cada vez más duro cuando siento espasmos, mis piernas me flaquean y mi vientre se contrae.

    -Ah, ah, ah

    -Oh si, aprieta rico con tu chocha

    Se retira y me lleva a la sala donde se sienta abriendo sus piernas tomando su verga aún erecta.

    -Ven perrita limpia mi verga

    Como perra en celo me inclino en medio de sus piernas y lo miro con lascivia.

    -Si yo soy una perra tu eres un puto

    Y me llevo a la boca esa verga gruesa y venosa y le doy una mamada que lleva su cabeza para atrás cerrando los ojos.

    -Oh… que rico lo mamas

    Me lo llevo hasta el fondo de mi garganta haciendo que me den ancadas y lo voy sacando mientras lo succiono y así varias veces.

    Luego me levanto y me siento sobre su regazo y me empalo con su verga.. juego con mi cabello mientras meneo mis caderas buscando mi placer. Él pasa sus manos por mi espalda arañándola eso hace que gime mas duro.

    -Eso cosita muévete así de rico, demuéstrame que te gusta tener clavada mi verga.

    No le digo nada solo me muevo a mi gusto mientras amaso mis tetas y lo veo con deseo, aumento la velocidad y la presión sobre su pelvis buscando estimular mi clítoris… él me toma por la caderas y me ayuda a hacer más presión se restriega contra mi coño y su poco vello púbico hace cosquillas en mi clítoris.

    -¡Ah, ah, si… que rico

    Lo abrazo y busco más placer con mis movimientos gimo en su oído y muerdo su lóbulo

    -¡Oh cosita me voy a correr dentro de ti!

    -Lléname de tu lechita

    Ese hombre me aprieta más cuando escucho…

    -Oh, oh… mn… ¡Oh!

    Siento como dispara su semen dentro de mí y mi orgasmo llega al mismo tiempo apretando contra nuestra pelvis.

    -El trabajo quedó bien hecho -se lo digo en su oído

    -Ahí estaré para cuando quiera que le reparé más fugas

    -Ja ja ja… entonces espera mi llamada.

    Así la pasamos ese fin de semana, entre cogidas como conejos reparando muchas fugas.

  • Mi yerno y yo

    Mi yerno y yo

    Soy una mujer que siempre he sido abierta a temas de sexualidad, tengo 52 años y esto que voy a relatar que me sucedió con el esposo de mi hija.

    Mi yerno al cual llamaré Carlo tiene con mi hija un matrimonio de 12 años, nunca me había llamado la atención ni sentía algún tipo de atracción por él, pero tengo a mi pareja, un joven de la edad de Carlo, tiene 35 años y mi pareja siempre me ha dicho que Carlo me veía con otros ojos, yo no le tomaba importancia ya que consideraba que estaba celoso ya que Carlo siempre ha sido muy atento y es un hombre hacendoso.

    Con mi pareja solía ver videos xxx pero casi siempre veía videos relacionados a temas de “suegra y yerno” y poco a poco empecé a sentir curiosidad e imaginaba que los videos que veía eran protagonizados por Carlo y por mí.

    Se presentó la ocasión en que Carlo se tuvo que quedar en mi casa solo, ya que mi hija asistía a un lugar con mis nietos y Carlo por su trabajo no podía acompañarla. Todo transcurrió normal cenamos y nos fuimos a acostar. Yo me quedé en mi cuarto con mi pareja y él por su parte se quedó en el otro cuarto.

    Mi pareja salió a trabajar a las 6 de la mañana y me encargo que me despertara a mi yerno para que se fuera a trabajar ya que él se iba a ir a las 7 de la mañana.

    Cuando se fue mi pareja me puse a ver videos xxx y sin querer empecé a tocarme y hacer ruidos y cuando dieron las 7 de la mañana y le iba a hablar a mi yerno para que se fuera a trabajar tenía la puerta del cuarto entreabierta y estaba con su celular viendo videos masturbándose y diciendo mi nombre, esperé a que pasaran unos minutos y le hablé.

    Él me dijo que no iba a ir a trabajar y que se iba a ir a la hora que yo me iría a trabajar ya que yo me iba a la 1 pm. Nos sentamos a tomar café y yo solo lo veía, preguntándome si tocar el tema con él, pero no me animaba y después de 5 minutos que estábamos en silencio me dijo que si me podía hacer una pregunta a lo que le respondí que sí y me pregunto lo siguiente:

    -¿Suegra discúlpeme yo sé que me escuchó?

    Solo le dije que tuviera más cuidado a lo que él me comentó que se dejó llevar porque tenía los audífonos puestos y porque me había escuchado a mí también. Me dio pena y le dije que me disculpara, pero que me sorprendió que él se estuviera masturbando, pensando en mí que era ridículo ya que yo pues estoy gordita y no me sentía atractiva.

    Él me dijo que si me podía hablar con la verdad que si no me ofende y le conteste que no había problema que lo quería escuchar y él me dijo que desde que me había conocido fantaseaba conmigo, que me le hacía atractiva, que era su fantasía hacerme suya y me dijo que no pensara que no era atractiva, que tengo un buen busto y que le encantaba verme el trasero ya que tenía buenas nalgas y que siempre que tenía oportunidad veía mi nalgas y que le encantaba ver cómo se me transparentaban los mallones que uso ya que así podía contemplar las tangas que usaba.

    Me quedé sorprendida y le confese que yo también sentía un deseo de estar con él ya que de tanto que me decían inconscientemente empecé a sentir una extraña sensación de estar con él, pero que jamás iba a suceder tal cosa ya que no quería perder a mi hija ni traicionar su confianza y además que lo único que él quería era un acoston conmigo, pero me sorprendió aún más ya que me respondió que lo único que el deseaba eran tres cosas:

    La primera era besarme la boca, la segunda besar mis pechos y la tercera besar mi vagina. Le dije que ahí dejáramos el tema y que esa conversación no había pasado y me fui a mi cuarto.

    Por estar pensando en mi cuarto lo que me había dicho al hacer un mal movimiento se me vino un ropero y apenas lo sostuve le grite para que me ayudara y no se me cayera ya que lo estaba sosteniendo cuando entro al cuarto como es pequeño no tenía lugar de apoyo para sostenerlo tenía que pararse atrás de mí y agarrarlo, pero me dijo que como le hacía ya que si paraba atrás de mi iba a tener que pegarse conmigo para levantar el ropero.

    Le dije que lo hiciera y cuando se puso atrás de mí se me pego arrimándome su miembro acomodamos el ropero y ambos nos fuimos hacia atrás sentándose el en la cama y yo arriba de él y cuando paso aprovecho ya agarro mis pechos no supe que decirle y solo me levante y el al hacerlo no pude aguantarme las ganas y me acerque a él y nos fundimos en un beso.

    Le dije que me tratara bien y que lo que íbamos a hacer no iba a cambiar nuestra buena relación.

    El empezó a besarme y tenía una manera de besar que me deje llevar y yo sola empecé a desvestirme el beso mis pechos de una manera muy delicada y empezó a bajar hasta que llego a mi estomago me bajo el mallon que tenía y admiro mi vagina y me dijo que le encantaba como se me metía la tanga y empezó a besarme alrededor de mi parte fue muy delicado en ese punto yo deseaba que empezara a besarme mi parte y que me hiciera sexo oral ya que mi pareja no lo hacía porque según él no le gustaba.

    Me empezó a besar y me llenaba de excitación me volvía loca ya que tenía prácticamente años que no me lo hacían pero disimulaba mi sentir ya que no quería demostrarle lo excitación que estaba sintiendo de pronto me alzo las piernas y empezó a chuparme mi ano y él decía que le encantaba mi sabor y llego el momento en el que le dije que ya no podía más que quería que me hiciera suya entonces me levante y me arrodille le baje su pantalón saque su miembro y comencé a hacerle sexo oral el me levanto nos dimos un beso y le dije quiero que me demuestres cuanto es lo que me deseas y que me hagas lo que haz deseado tantos años.

    Él se me quedo viendo me dio un beso y me dijo es usted muy hermosa me recostó boca arriba y me penetro con delicadeza y me repetía que era hermosa y después esa delicadeza se convirtió en lujuria total.

    Me volteo me puso en 4 y empezó a penetrarme lento y cada vez más rápido y fuerte ya a esas alturas yo le decía que me diera como él quisiera y sin querer mi mente me traiciono y le dije que me tratara como su puta y empezó a embestirme de una manera muy rápida yo me sentía extasiada y de pronto paro y empezó a chupar mi vagina metiéndome los dedos lo que provocó que expulsara mis flujos vaginales me volvió a penetrar y me nalgueaba me decía que le encantaba mi culo y de pronto saco su miembro de mi vagina.

    Escupió mi ano y me la metió por ahí yo sin querer grité de placer y le dije que me encantaba que me dieran por el ano y comenzó a darme duro y me decía: “le gusta mi verga suegra”. Yo solo le respondía que sí que me encantaba a esas alturas o ya no pensaba en nada solo en el placer que me hacía sentir pues mi pareja no me cogía así.

    Después me dijo que en donde quería que terminara y le dije que quería que terminara adentro de mi vagina entonces paro me levanto y me beso y me recostó en la cama y me volvió a penetrar en la pose de misionero y lo volvió a hacer de manera delicada y besándome sentí como se le erizo la piel y empezaba a sacar su semen depositándolo adentro de mi lo sentí tan caliente y era demasiado.

    Cuando termino saco su pene de mí y todo su semen se quedó adentro de mí y le dije que ya no volvería a pasar y me dijo que él lo respetaría y continuamos como si nada hubiera pasado.

    He deseado volver a estar con él, pero no ha habido oportunidad y no sé cómo plantearle que deseo con todo mi ser que me vuelva a dar una cogida así en una fiesta en donde terminamos muy tomados y solo quedamos él y yo cuando se durmió aproveche para darle sexo oral pero no he podido volver a estar con el cómo desearía.

    Esta es una confesión que hago hoy y les platico una de mis mejores experiencias ya que he estado con varios hombres, pero el quedo en mi top.

  • Con una venda en tus ojos

    Con una venda en tus ojos

    Tenemos una cita. Suena muy sencillo y para nosotros. Lo es. Todo está bien entre nosotros y por eso nos disfrutamos al máximo. En la cama y más allá. Sin ningún compromiso. Ahora vienes a mi casa por primera vez. Y te prometo que nunca olvidarás esta noche. Y sí, estoy muy seguro de que todo ha sido arreglado, hasta el último detalle. Y mientras pasan los últimos minutos, pienso en el reciente viaje de descubrimiento.

    Hasta hace poco tenía poca experiencia con el sexo: estuve casado dos veces durante bastante tiempo. Además: soy bastante tímido, y eso es quedarse corto. Entonces te cruzaste en mi camino: dulce y salvaje; traviesa y curiosa. Casi perdí una oportunidad de gol abierta. Casi. Porque de repente pensé en Lose Yourself de Eminem: Mira, si tuvieras una oportunidad.

    ¿La capturarías o simplemente la dejarías escapar? Y: si sólo tienes una oportunidad, no pierdas la oportunidad de hacerlo. Esto llega solo una vez en la vida. Esta fue mi oportunidad. Y la tomé. Mi mejor sexo. Íntima, tierna, larga, apasionada, excitante. Por dentro y por fuera, el término “talento natural” adquirió de repente un significado completamente diferente. Y muchas novedades, todas fantásticas. Gracias a ti me atrevo a hacer cosas que no hubiera creído posibles. Porque confío plenamente en ti. Te emocionó escuchar esto y ya has notado algo de ello. Pero hoy experimentarás in extremis que esto es realmente cierto.

    Incluso si aún no lo sabes. Porque crees que va a ser una cita normal. Bueno, todas nuestras citas son especiales. Pero ésta será completamente diferente… Ahí lo tienes. Como siempre, estás maravillosa. Tus largas piernas lucen geniales bajo esta falda corta y tus encantadores pechos están envueltos en un alegre top. Tus hermosos ojos lucen ardientes, como casi siempre.

    Nos saludamos sin palabras, con un suave beso, muy cerca el uno del otro. Largo, tierno, familiar. No puedo resistirme a pasar mis manos por tu cabello; sé cuánto te gusta eso. Nos soltamos y tomo tu abrigo. Y antes de que puedas seguir caminando, intervengo: me gustaría enseñarte mi casa, cariño, pero eso tendrá que esperar. No hagas preguntas; Lo notarás pronto. Inmediatamente veo tus ojos brillar: confías en mí y te encantan mis sorpresas.

    Bueno, créeme, esta sorpresa hará que todas las anteriores se vuelvan insignificantes. Ni siquiera te sorprende que te lleve directamente a mi habitación. Veo el anhelo en tus ojos y, mientras nos lamemos apasionadamente, empiezo a desnudarte con una lentitud agonizante. Me alejo de tu boca, besando cada punto de piel desnuda que aparece. Te escucho gemir bajito, ya estás muy excitada.

    Sé lo que quieres: quieres que yo te mime tierna y libidinosamente. Quieres que aumente lentamente, que me tome mi tiempo y luego que disfrute de un sexo maravilloso y apasionante. Uno a uno. Y eso es lo que obtendrás. Crees. Bueno, no lo creo. Hoy no. Hoy será muy diferente. Pero te dejaré adivinando por un momento.

    Y así sigo desnudándote, descubriendo de nuevo tus deliciosos pechos. Acaricio y masajeo tus pezones con mis dedos. Te escucho suspirar y siento que clavas tus uñas en mi espalda mientras mi boca encuentra tu seno izquierdo y muerdo suavemente tu pezón. Mientras tanto, mis dedos han encontrado tu vagina caliente y tu clítoris, y ahora te mimo con mi boca y mis manos.

    En realidad, no es del todo justo hacer que tengas un orgasmo ahora mismo, pero no te lo diré. Y oye, probablemente me perdone por eso. Bajo mi boca aún más, y mientras bombeo dos dedos rápidamente dentro y fuera de tu vagina empapada, presiono mi boca sobre tu clítoris. Hago círculos con la lengua, lo chupo suavemente y lo muerdo juguetonamente. Te escucho suspirar y gemir más fuerte, sé lo que va a pasar. Te escucho susurrar:

    “¡Sigue adelante!”

    Como si fuera a parar, respondo tocándote aún más rápida e intensamente, y cuando succiono tu clítoris con fuerza, acabas… sacudiéndote… gimiendo. Lamo tus fluidos con avidez y luego me levanto. Esto fue sólo el comienzo. Luego te puse en mi cama grande. Y mientras te recuperas de tu orgasmo abrumador, me desnudas con la mirada. Mis manos siguen tus ojos y uno a uno los trozos de tela desaparecen.

    Estoy desnudo y tus ojos me ruegan que salte sobre ti. No lo haré. Abro un cajón y te oigo suspirar mientras alcanzo la venda de los ojos. Bonito recuerdo, igual que la bufanda. Ocultaré tus ojos y te ataré las muñecas con el pañuelo sobre tu cabeza. Luego dos golpes cortos contra la pared. La señal acordada.

    “¿Qué estás haciendo?”

    No obtienes una respuesta. Mis manos se deslizan sobre tus pechos y mi boca encuentra la tuya. No ves nada. ¿Escuchas lo que está pasando ahora? ¿Escuchaste que ya no somos solo nosotros dos? ¿Sabes ahora por qué no te permití mirar hacia las otras habitaciones? No creo que te des cuenta todavía, pero ahora sientes demasiadas manos en tu cuerpo. En cualquier caso, demasiadas para pertenecer a un solo hombre. Y esa boca ansiosa en tu vagina, mientras mi boca besa la tuya.

    Por un momento te siento tensa, solo una fracción de segundo. Y luego te relajas. Lo sabes. Este es tu día, tu fiesta, tu fantasía, tu realidad. Sabíamos de tu fantasía. Lo compartiste con nosotros dos. Pero aún no sabías que nos hemos puesto de acuerdo y que ahora te vamos a regalar la velada de tu vida.

    Por supuesto que sabes quién es. Debe ser él. Hermoso hombre, hasta yo lo veo 200% hetero. Sé que eres adicta a su cuerpo. Y no estoy celoso. Puedo compartir. Sé que nunca podré darte todo lo que quieres. Mientras pueda unirme. Mientras pueda ver, oír y sentir que disfrutas. Y estamos de acuerdo, él y yo. Todo se trata de ti ahora. Ninguna acción directa entre los caballeros; entonces nunca hubiera querido o atrevido a hacer esto. Él tampoco, por cierto.

    Somos dos chicos tímidos, pero no cuando estamos contigo. Y ahora nos centramos completamente en ti. Jadeas y nos escuchas suspirar. Somos fantásticos, los dos. La venda mantiene sus ojos ocultos, pero tu rostro es una gran sonrisa de felicidad. Te sometes a todo. Manos por todas partes. Dos bocas. Dos penes que te cogerán pronto. Cumpliremos una de tus mayores fantasías.

    Pero primero te calentaremos un poco más. Nuestras lenguas juegan entre sí mientras mis manos masajean tus pechos. Hago girar tus pezones, lo que te pone aún más excitada. Y mientras tanto estás siendo devorada hasta un clímax celestial; te retuerces y alcanzas un muy violento orgasmo. Pero ahora no te damos tiempo para recuperarte. Estamos excitados. Duros, grandes, añorándote.

    Una rápida mirada de comprensión es suficiente; en segundos estamos ambos a un lado de tu cara. No puedes vernos, pero sientes lo que queremos. Él acaricia tu mejilla y un momento después te la tragas con entusiasmo. La chupas como sólo tú puedes hacerlo y yo miro. ¡Dios, qué espectáculo tan atractivo! Soy una persona paciente, pero ahora casi no puedo esperar hasta que sea mi turno. No puedo quitarme las manos de encima y me masturbo lentamente.

    Él coge en tu boca, y con nostalgia veo cómo tienes que hacer un esfuerzo para procesarlo por completo. De repente él se aleja y yo inmediatamente entro en acción. Giro tu cabeza hacia mí y un segundo después siento la familiar sensación celestial alrededor de mi duro pene. Cierro los ojos y disfruto de la mamada de mi vida. Esta no es la primera vez que me mimas, pero ahora que sabes lo que viene después, pareces más excitada y sexy que nunca.

    Me chupas la verga como si fuera la última vez y, mientras tanto, te pones aún más caliente. Porque mientras yo esperaba tranquilamente mi turno, él ahora piensa que es mucho mejor idea tocarte mientras me haces una mamada. Estoy bien con eso, estoy bien con todo hoy. De repente me retiro; tu maravillosa mamada fue solo el aperitivo.

    Y todos sabemos cuál es el plato principal: el sándwich. Con los mejores, más sabrosos y más calientes ingredientes que existen: nuestros penes duros y tu deliciosa vagina caliente. Pero antes de que eso suceda, primero te desataré las muñecas. La venda seguirá puesta; sólo concéntrate en lo que sientes. Simplemente siente quién es quién. Simplemente siente cuál de nosotros entra en tu culo y cuál de nosotros en tu concha.

    En cualquier caso, no vamos a discutir sobre esto: inmediatamente acordamos la división de roles. Él quiere tu trasero y se lo deseo de todo corazón. Se acuesta boca arriba, con tu culo apretado en el borde de la cama. Te ayudo a recostarte boca arriba sobre él, y mientras tanto moja tu estrellita con el delicioso fluido de tu vagina. Coloca su duro pene contra tu culo y observo tu cara mientras te penetra.

    Nunca te había visto una sonrisa tan dichosa como ahora, y gimes de placer. Te mueves un poco hacia arriba y hacia abajo con mucho cuidado y luego es mi turno. Me paro entre tus dos piernas y meto mi pene duro hasta el fondo de tu vagina de una sola vez. Dios, qué sentimiento tan celestial. Porque siento el pene duro de él en tu culo, y eso me pone aún más caliente de lo que ya estaba.

    No puedo controlarme más y empiezo a cogerte. Al principio con calma, pero pronto aceleré el ritmo. Y mientras te cojo, él toma tus pechos con sus manos. Y como fornicamos salvajemente, tu culo se mueve hacia adelante y hacia atrás, y su dura pija se desliza dentro y fuera de ti. El dormitorio se llena de sonidos sexuales calientes. Gimes y me animas, él gruñe con aprobación y yo jadeo y gimo como nunca antes. Porque mientras te cojo siento su pene en tu culo, y eso casi me hace explotar.

    Incluso puedo sentir mis bolas golpeando las suyas; nunca pensé que encontraría eso tan atractivo. Sin embargo, me ganaste: llegas a un orgasmo gritando e inmediatamente retiro mi pene. Porque ahora le toca a él. Ahora me acuesto y tú te sientas encima de mí, todavía con los ojos vendados. Mi miembro todavía está duro como una roca, listo para disparar, y me deslizo completamente dentro de ti de una sola vez. Y ahora a disfrutar…

    Él se para detrás de ti y gimes violentamente mientras te llena el culo de nuevo. Empiezas a montarme suavemente y mientras él te coge el culo. Al principio con calma y luego cada vez más fuerte. No voy a seguir así por mucho tiempo, pero eso se aplica a todos nosotros.

    Puedo posponer mi orgasmo por un tiempo, pero hace tanto calor que realmente voy a correrme ahora. Siento que mi semen comienza a hervir y con un fuerte grito disparo cuatro grandes chorros en tu vagina. Mientras tanto, él te coge como el cielo y tú absorbes sus embestidas con tu delicioso culo, todavía gimiendo fuertemente. Miro su cabeza sudorosa y veo en sus ojos que él también está a punto de acabar.

    Te coge un poco más fuerte, y cuando dispara su semen en tu culo, siento que te tensas y tienes un nuevo orgasmo. Esto fue divino. Nos estamos recuperando silenciosamente. Abrí una buena botella de vino y charlamos un rato. El ambiente es agradable, pero también sensual. Porque los tres sabemos que la velada está lejos de terminar. «Repasaremos» esto nuevamente más tarde.

  • Kenia, la novia de mi mejor amigo

    Kenia, la novia de mi mejor amigo

    Mi experiencia dicta que en una fiesta donde hay mucho alcohol y muchas parejas, todo puede pasar.

    Era la fiesta de 15 de septiembre, varios amigos organizaron un evento para celebrar la independencia de México, así que varios llevaron a sus parejas, entre ellos estaban Tabo y Kenia, ambos de apenas 21 años.

    Él era mi amigo desde que él tenía 7 años, yo que soy 4 años mayor, siempre fui su mejor amigo, la relación de amistad era súper buena, mucha confianza ay muchas grandes aventuras, pero todo cambio cuando empezó a ser novio de Kenia, Kenia una joven muy guapa, ojos verdes, cara bonita y un cuerpo espectacular, dueña de un hermoso par de piernas y un trasero redondo parado y bien formado, ella era muy coqueta con todos, eso no nos parecía, ya que entre la amistad que había, existía un código el cual no meterse con la pareja del otro, pero bueno al parecer a ella no le importaba y disfrutaba coquetearnos a todos.

    Ese día ella lucia muy bien, una calza negra marcando su tanga y una blusa roja entallada resaltando sus tetas, las cuales a pesar de no ser tan grande se notaban muy firmes y duras.

    La fiesta se desarrolló como todas, mucho alcohol, ruido y baile, ella bailaba con todos y Tabo estaba tomando conmigo, era imposible no intercambiar miradas con ella, su sonrisa pícara me generaba una adrenalina que no podía explicar, pero al ser la novia de uno de mis mejores amigos, me hice el tonto y continúe tomando.

    Más tarde, ya de madrugada el alcohol poseía a todos, yo ya bailaba con ella y Tabo estaba tan ebrio que apenas si podía abrir los ojos, Kenia bailaba conmigo solamente, a principio lo vi como un tipo de defensa para mi amigo, ya que al verla conmigo, los perros nos e le acercaban, pero en cada baile, cada acercamiento, poco a poco fue prendiendo el deseo en mí y no podía pasar su hermoso atractivo desapercibido.

    K: ¡Bailas muy bien!

    L: ¡Tú también!

    K: Me encanta bailar, sabes, ¡es como un ritual!

    L: ¡Ah, si! ¿Y por qué?

    K: ¡Un rico baile y después una rica cogida!

    Cuando me dijo eso la mire con asombro y aunque su sonrisa me excito, lo primero que hice fue soltarla e ir por una bebida, ella se acercó y me pidió una, cuando se la servía ella me toco la pierna por debajo y me susurro al oído;

    K: ¿Te espante?

    L: ¡Para nada, jajá!!

    K: ¡Pues se notó todo lo contrario jajá!!

    L: ¡Eres una niña, no provoques a la bestia!

    K: ¡Mmm! ¡Así que eres una bestia, se oye bien!

    L: ¡Basta! ¡Respeta a mi amigo!

    K: Lo respeto, por eso me espere a que se quedara dormido.

    Al voltear al sofá Tabo estaba perdido con una botella en la mano, como el típico borracho de banqueta, Kenia me miro sonriente, tomo su vaso y con su mano le dio una sobada a mi verga y camino rumbo al segundo nivel, estaba claro que eso era una invitación a seguirla, pero yo tenía una lucha interna, esa hembra me excitaba, pero era la mujer de Tabo y no podía fallarle, ella se paró en el primer escalón y mirándome coqueta bebió su vaso y me hizo la seña de que fuera con ella.

    La mire desconcertado, mire a mi alrededor y note a todos ya perdidos y en su rollo, tome un respiro, bebí mi trago y la seguí, ella me llevaba dos escalones de ventaja, pero al llegar al segundo nivel, la tome de su mano, la jale y la bese frenéticamente.

    L: ¡Eres una calienta huevos!!

    K: ¡Uhm!

    Mis manos bajaban por su espalda hasta tocar su duras y grandes nalgas, ella me besaba el cuello, caminado abrimos una recamara, la facha era la de un adolescente, una cama individual y todo oscuro, el lugar perfecto para nuestra traición.

    Cerramos la puerta y ella como leona salvaje me despojo e mi camiseta, llevo su lengua a mis pezones mientras con sus uñas largas acariciaba mi verga la cual ya estaba dura.

    ¡Me bajo el pantalón y la trusa de un golpe y al ver mi verga una sonrisa grande le lleno la cara!

    La tomo con una mano y con la otra me sobaba las bolas, la nena de 21 años resulto toda una traga bolas, mordía mis testículos y los metía a su boca succionándolos por completo, ¡después su lengua recorría todo mi tronco para darle pequeñas mordidas a mi cabeza y luego devorarla de golpe!

    L: ¡Ah, Kenia, uf!

    K: ¡Esta enorme!

    L: ¡Que rico, sigue!!

    K: ¡Te gusta?, no sabes cuantas ganas te tenia!

    L: ¿Ah, en serio?

    K: En serio, ¡me ponen los casados y tú me pones más!

    Su declaración acelero todos mis sentidos, la levante y la despojé de su ropa con fuerza, desnuda, la acosté en la cama y fui directo a su vagina depilada, esa vagina la cual mi amigo había perforado noches anteriores, hoy estaba siendo comida por mí.

    Mi lengua lamia sus entre piernas y luego iba directo a sus labios vaginales, mis manos acariciaban su rico par de tetas, en lo que ella meneaba su cuerpo y me tomaba de la cabeza para que no dejar de chuparle su vagina.

    K: ¡Ah, que rico, no pares!

    L: ¡Esta vagina es fantástica!

    K: ¡Uhm, papi, mamela, agh!

    L: Eres una caliente, ¡tu concha esta empapada!

    K: Así me pones, ¡ah!

    Me acosté y la cargué para realizarnos un rico 69, Kenia devoraba mi verga mientras yo hacía lo mismo con su vagina, os gemidos que sacábamos eran opacados por la música de la fiesta, ella era una experta mando, su sexo oral me tenía enloquecido, yo la follaba con mi lengua, saboreaba sus ricos jugos vaginales y mis dedos exploraban dentro de ella, ¡apretando su clítoris y haciéndola jadear más!

    K: ¡Ah, que rico, ah!

    L: ¡Uf, que rico lo mamas ah!

    K: ¡Esta verga me encanta, es mejor que las demás!

    L: ¡Tu pucha es gloriosa!!

    Después de comernos nuestros órganos sexuales, mi dura verga ya necesitaba entrar en ella, la acosté en la cama y le levanté las piernas, la empecé a penetrar sin condón, quería dejarla llena de mí, doble un poco sus rodillas y mis movimientos aumentaron su velocidad.

    Me empujaba fuerte, ella gemía rico, sus gritos y arañazos me ponían más caliente, ¡le mordía sus pezones y con mi dedo sobaba su clítoris para aumentar su placer!

    K: ¡Ah, Luis, así, ah!

    L: ¡Aprietas genial, ah!

    K: ¡Cógeme, cógeme!!

    L: ¡Nena, que rica concha!!!

    Me empujaba fuerte, nos besábamos como locos, nos acomodamos sentados y ella se movía riquísimo, su movimiento de cadera era magnifico, yo le ayudaba apoyando mis manos en su cintura y nalgas, Kenia se empujaba magnifico y me daba una rica semi cabalgata.

    Me acosté y la nena subió a cabalgarme, se apoyaba de la barda para mover su cadera más rápido, luego se puso en cuclillas y se daba tremendos sentones y se metía solo la punta, ¡la verdad la novia de mi amigo cogía muy rico!

    L: ¡Uf, que rico coges!

    K: ¿Está gozando papacito?

    L: Uf, como no, ¡eres una bomba!

    K: Ah, amo las vergas como la tuya, hace tiempo que no me comía una así, ¡ah!

    La nena me daba a entender que mi amigo no la atendía bien, eso me puso más loco y más duro le daba, mientras ella seguía cabalgándome, yo me tragaba sus tetas, le hice un par de chupetes, total Tabo al estar tan ebrio pensaría que fue el, así que no me detuve, la arañaba, la empujaba hacia mí, ¡esa nena se estaba convirtiendo en mi nueva y joven puta!

    K: ¡Que rico, Luis!!!

    L: ¡Kenia, eres magnifica, muévete, muévete!

    K: ¡Dame en cuatro!!

    L: Si nena, ¡ponte!!

    Kenia se empino mostrándome su delicioso trasero, le di un par de nalgadas y luego con velocidad la penetré, al tomaba de su cintura y la empujaba hacia mí, luego ella sola movía su trasero tan rico que me generaba mucho placer, la muy puta movía las nalgas tan rico que me hacía gritar!

    L: ¡Kenia!! ¡Que rico!

    K: ¡Goza, ah!

    L: ¡Muévete, ah!

    K: Si, ¡ah!

    ¡Mis movimientos eran fuertes, Kenia estaba empinadísima babeando la almohada, yo disfrutaba de esa pose, las posaderas de la novia de mi amigo eran lo mejor, esa joven con apenas 21 años cogía muy bien y yo tenía la fortuna de estar empalándola!

    K: ¡Ah, así, que dura!

    L: ¡Uf, nena!!

    K: ¡Luis, se mi macho!!

    L: ¡Cundo gustes, ah!

    K: ¡Quiero tener tu verga siempre!

    La empujaba tan fuerte que quedo boca abajo en la cama, yo apoyándome de sus barandales, se la metía hasta el fondo, le arañaba su espalda, le mordía sus orejas, ¡estaba haciendo gozar a la puta novia de Tabo!

    K: ¡Ah, si, cógeme, cógeme!!

    L: ¡Ah, nena, ah!

    K: ¡Uhm, me voy a venir, agh!

    L: ¡Si, ah, yo igual!

    K: ¡Me vas a embarazar!!

    L: Si, ¡serás mi puta!!

    Mi leche lleno su coño, ella gozaba al sentir como me venía en ella, las palpitaciones de mi verga la ponían loca, nos besábamos con desenfreno y hacíamos el orgasmo más duradero.

    K: Que rico me has cogido, ¡si me embarazo se lo cargo a tu amigo!

    L: Jajá, eres una maldita, ¡pero me calientas a mil!

    Se la saque e inmediatamente bajo a chupármela, me limpiaba los fluidos, yo disfrutaba de como Kenia me relajaba, luego después de dejar reluciente mi verga, ¡nos vestimos y salimos de la habitación!

    K: ¡Me la pase maravilloso, te escribiré para hacerlo otra vez!

    L: Se cuidadosa, ¡la verdad no quiero que el salga lastimado!

    K: No te preocupes, me la sé, de todas, ¡todas!

    L: ¡No lo dudo!

    Tristemente caí en sus redes y nos volvimos amantes, a veces en cuanto Tabo la dejaba en su casa, yo pasaba por ella para terminar en un hotel cogiendo como locos.

    La rutina fue así por varios meses hasta que quedó embarazada, ¡obvio ese niño es mío y hoy veo como mi amigo tabo lo cría!

    Así es amigos, me convertí en el peor enemigo de mi mejor amigo.

  • Le apreté el culo a mi suegra

    Le apreté el culo a mi suegra

    Tristemente no me he podido acercar a coger a mi suegra. Pero les vengo a contar otra parte de lo sucedido después del relato anterior.

    Después de correrme en su tanga a chorros, yo pienso que se dio cuenta que yo había sido, pero no me dijo nada y no ha hablado al respecto de nada.

    La semana pasada la mamá de mi suegra cumplió años, estábamos ahí mi novia y yo con toda su familia, pero aun así no podía dejar de ver a mi suegra, traía un vestido largo pero le entallaba todo el cuerpo, se le veía realmente hermoso, se le veía un culote, le vi que traía una tanga por qué se le marcaba y tenía un escote corto pero no traía ropa interior, al parecer ella me está dando entrada pero es incierto la verdad, porque como que me da pistas pero a la vez no.

    Ese día pues estábamos comiendo y ella se sentó a lado mío, a cada rato se acomodaba el escote pero no se le miraban todas las tetas, igual se acercaba para agarrar cosas lejos de la mesa pero ella se paraba y su culo me quedaba súper cerca de la cara.

    Para mí era difícil verla pues mi novia estaba al otro lado mío.

    Pero Dios que gran culo, me daban las ganas de meterle toda la cara ahí (Me encantan los culos grandes y redondos, me prenden mucho), se acercaba a mi y yo le rozaba el culo y la pierna con mi mano cuando se sentaba.

    Ya más tarde se empezaron a ir algunos invitados, pero trajeron unas cervezas y nos quedamos ahí unas horas más, al parecer mi suegra ya estaba un poco caliente con la cerveza, y me aproveché un poco de eso, lo malo es que como mi novia no toma, no puede hacer mucho pero les cuento.

    Mi suegra fue a meter unas sillas a la casa de su mamá estábamos en el patio.

    Yo: Déjame ayudarle -le dije a mi novia.

    Yo: Me llevo estás y usted lleve esta -le dije a mi suegra.

    Suegra: ¿Cómo la estás pasando?

    Yo: Muy bien, muchas gracias, divertido.

    Suegra: Gracias por las sillas, ¿Me ayudas a llevar estos vasos?

    Yo: Claro.

    Ella no estaba tan ebria pero si estaba prendida, entonces tiré uno de los vasos, era plásticos.

    Yo: Perdone, yo lo levanto.

    Suegra: No, yo lo hago.

    Levantó el vaso pero se agachó frente a mi con su escote y Dios mío, se le vieron todas las tetas, unas tetas grandes bien grandes y gordas, pero con unos pezones bien duros y claros, enseguida se me puso dura la verga, quería agarrarla ahí mismo y darle bien duro pero tenía el pendiente de mi novia, pues se miraba de la casa al patio.

    Yo tiré otro vaso y ahora se volteó para levantarlo, esa tanga que traía se le veía bien rica, lo malo traía un vestido largo o le hubiera visto todo.

    Le empujé con mi verga dura el culo para que se fuese hacia adelante y dejé los vasos para ayudarle a levantar, me aproveché ahí para agarrarle el culo, enserio que casi me saca la leche cuando le agarré el culo, era tan carnoso y suave, vamos afuera, lo cual me deja confundido.

    Y si, ya salimos me preguntó mi novia que pasó y le dije que nada, que se cayeron los vasos, le dije que iba al baño y ya saben, me saqué los chorros de leche por qué la verdad no pude aguantar más, mi verga estaba demasiado dura.

    Por ahora se quedará ahí porque mi novia y yo salimos de vacaciones por una semana, así que no sé si después de estas vacaciones mi suegra me dé entrada, ojalá que si.

    Gracias por leer y estoy pendiente del mail para todos.

  • Descubrí mi sexualidad gracias a mi hermano

    Descubrí mi sexualidad gracias a mi hermano

    Me llamo Diana Laura aunque normalmente me llaman Lauris, tengo 19 años, 1.60 m, delgada, cabello castaño, piel blanca, pechos medianos 34D, nalgas paraditas.

    Creo que todo comenzó cuando mis papás tanto por problemas con los familiares de mi papá como por un negocio que empezaban me la pasaba sola con mi hermano tres años mayor que yo, de nombre Jose. En esa etapa difícil para una chica y en la ausencia de mi mamá le empecé a confiar mis dudas y miedos a mi hermano el cual sin problemas me ayudaba explicándome varios temas de la sexualidad femenina incluyendo el de la humedad en mi ropa interior, derivado de todo eso se generó gran confianza entre él y yo de tal manera que le confesé que tenía curiosidad por usar tangas a lo que él me ofreció conseguirme unas para probar diciendo que si me acostumbraba las siguiera usando y si no, solo las tirara.

    En 1* de la preparatoria le comenté que un chico me pidió ser su novia y que le acepté, él me dijo que se alegraba por mi. Seguido de eso me dijo:

    – muy bien hermanita, es tu primer novio y lógicamente no será el ultimo, solo te pido que te des a respetar, eres una chica muy hermosa.

    – si, no hay de qué preocuparse.

    La mayor parte de este noviazgo pasó sin mucha novedad excepto por tres ocasiones en las que el ahora mi primer ex me pidió tener sexo cosa a la que llevó que terminara con él, sin embargo la petición me causó sensaciones por una parte halago, deseo y excitación, por otra parte me sentí ofendida al pensar que lo único que quería era cogerme, a lo largo de la prepa tuve otros novios nada significativos, pero que de igual manera terminaban pidiéndome coger con ellos a lo cual siempre me negué.

    Cuando terminé la preparatoria mis padres decidieron hacerme fiesta de 18 años y de término de estudios. Un día sábado mi hermano me llevó a una tienda para elegir distintas cosas para la fiesta y de paso fuimos a un parque en donde me dijo que quería platicar conmigo.

    Entre uno y otro tema salió a la plática mi primer novio a lo que le confesé a mi hermano que me había propuesto coger con él.

    – y que hiciste, lógicamente lo mandaste lejos, verdad.

    – sí, aunque sinceramente hubo un momento en el que me gustó su propuesta de hecho él no fue el único en proponerme.

    – dime que con ninguno aceptaste.

    – no, con ninguno.

    – bueno es normal que te haya gustado la propuesta, recuerdas lo que te explicaba cuando tenías tus dudas en la pubertad, y realmente estas en edad de tener deseos de un pene, pero no te dejes llevar y piensa antes de cualquier cosa.

    En ese momento que mi hermano me dijera eso no significó mucho, solo fue como algo que sucedería después.

    Poco tiempo después de haber iniciado la universidad llegué a casa y sabiendo que no habría nadie en casa ya que mis padres estarían en el trabajo y mi hermano por igual y sin ningún ruido que advirtiera que había alguien entré rápido al baño en donde encuentro con sorpresa a mi hermano bañándose, mi sorpresa aumentó cuando vi su verga parada, rápidamente salí y me dirigí a mi habitación estaba tan excitada que había mojado mi tanga como nunca antes.

    Una de las costumbres que tiene mi hermano antes de irse a trabajar es entrar a mi habitación para desearme buen día. A la semana de haberle visto la verga mi inconsciente me jugó una mala pasada y me soñé cogiendo con él, se me hizo raro que esa misma mañana mi hermano no me despertó como habitualmente lo hacía o eso pensé yo, ya que por la tarde me dijo que iría a arreglar unos asuntos en el centro de la ciudad y que si lo podía acompañar yo accedí, solo que en el camino el desvío la ruta hacia un camino despoblado deteniéndose en una casa que aparentaba estar abandonada.

    – que estabas soñando en la mañana.

    – nada por qué.

    – porque se nota que alguien te dejo con ganas.

    A lo que me enseño un audio en donde se escucha que estoy gimiendo e indudablemente era yo.

    – emmm, bueno en realidad has sido tu quien me tiene con ganas, recuerdas que me dijiste que estaba en edad de desear, pues deseo tu verga.

    – olvidas que somos hermanos, entre nosotros no puede pasar nada.

    – por favor, no sabes cómo me he estado mojando desde que te la vi,

    – no, y no vayas a cometer la tontería de abrirle las piernas a cualquiera para saciar tu calentura, el día que te cojan que sea porque te quieran y porque tú quieras a la persona.

    – pues si tu no quieres alguien más si lo hará, le pediré verga a algún amigo!!

    Subimos al coche sin mencionar una palabra en el camino, habitualmente los viernes salimos de antro con nuestro grupo de amigos así que ese día me puse un minivestido entallado, después de algunos tragos le dije que ya que él no me quería coger buscaría quien lo hiciera.

    – vale Lauris hazlo.

    Me dirigí hacia la barra cerca de donde se encontraba un grupo de chicos, me pedí una bebida y al poco rato se me acercó un tipo el cual me empezó a hacer platica, era algo interesante, entre un tema y el otro él puso su mano sobre una de mis nalgas y me empezó a besar mientras que con la otra mano acariciaba mi espalda dirigiéndose hacia mis nalgas en un momento dado sentí como lo jalaron, era mi hermano que le propinaba un golpe a la cara, inmediatamente se acercaron los amigos del otro chico a tratar de defenderlo pero entre mi hermano y nuestros amigos controlaron el asunto aun que el personal de seguridad del lugar nos pidieron nos retiráramos, ya en la calle algo alejados de nuestros amigos disimulando frío abrace a mi hermano.

    – por qué lo golpeaste?

    Mi hermano quedo en silencio.

    – Dijiste que siempre me cuidarías.

    – pues eso hago.

    – Pues cuida también de mi vagina, dijiste que cuando me cogieran que fuera porque me quieren y yo quiera a la persona, pues a ti te quiero y sé que tú me quieres a mí, o no?

    – pues sí.

    – además de que quien me cuidaría mejor que tú, o prefieres que me coja cualquier otro y me deje embarazada y me bote.

    – ok, tu ganas.

    En verdad no creía que mi hermano haya excedido, pasaron varios días, una semana exactamente el día sábado 31 de agosto un día antes de mi cumpleaños mis padres salieron a cenar para cerrar un trato con unos proveedores en cuanto ellos salieron le sugería a mi hermano ver una película a lo que a él le pareció bien elegimos una de terror llamada “mamá”.

    Él se recostó en el sofá por mi parte fui a mi habitación a ponerme un pequeño short y un top delgado sin brasier por lo cual se notaban a la perfección mis pezones lleve una manta delgada que alcanzaba a cubrirnos, me recosté enfrente de mi hermano y le pedí me abrazara quedamos en posición de cucharita, poco a poco fui percibiendo su verga entre mis nalgas y mi excitación en aumento, en cierto momento metí mi mano entre mis piernas para acariciar los labios de mi sexo, desabroche mi short y lo baje hasta mis tobillos tome la mano de mi hermano y lo puse sobre mi sexo y note como mi humedad se hacía notar en el dedo índice de mi hermano.

    – y eso

    – te acuerdas cuando me dijiste que estaba en edad de desear una verga? pues ahorita deseo la tuya, quiero verga.

    Se levantó para bajarse el pantalón mientras me besaba los labios, me acostó en el sofá retiro mi tanga y el short jalo de mis piernas abriéndolas.

    – este rico juguito no se va a desperdiciar.

    Y empezó a jugar con su lengua entre mi clítoris labios vaginales y mi ano.

    – si José, si mi amor, que rico, aaah, aaaah

    Empecé a soltar pequeños gemidos y a morder suavemente mi labio inferior.

    No podía creer la rica sensación que sentía, placer, una especie de electricidad recorriendo mi cuerpo desde mi vagina hasta cada extremo de mi cuerpo, la sensación de estar flotando, en lapsos de tiempo la sensación se volvía más fuerte y mi entrepierna inundada de los jugos de mi vagina, sentí una fuerte contracción mi primer orgasmo una gran excitación algo indescriptible.

    – quiero verga, métemela amor, cógeme por favor, cógeme.

    – quieres verga putita, eso quieres, en verdad que eres puta.

    – sí, quiero verga, métemela, y sí, soy puta soy una perra en celo, pero soy tu puta, soy tu perrita.

    – ok, pero primero te castigare por ser tan puta.

    Me levantó del sofá agarrándome del brazo y me inclinó, acarició mis nalgas y me dio tres nalgadas las cuales hicieron más grande mi excitación, me llevó hacia un extremo del sofá, me recargó e inclinó.

    – esto te dolerá un poco, pero disfrutarás como la perrita que eres.

    – si, coge a tu perrita, cógeme, cógeme. Ya métemela

    Sentí como ponía su verga entre mis labios vaginales, la presión que poco a poco aumentaba algo de ardor, la rica verga de mi hermano invadía mi interior, la verga de mi hermano ya hacia dentro de mi el ardor difuso un brazo de él abrazando mi cintura y la otra mano en una de mis tetas.

    – gracias por regalarme tu virginidad

    – je, je

    Una peque sonrisa salió de mi.

    – me haces feliz, continua, cógeme.

    Empezó el vaivén y el entrar y salir de la verga de mi hermano me propinaba un placer muy rico y su mano derecha empezaba a darle lo mereció a mi clítoris, nuevamente empezaba a sentir contracciones.

    – dame más, dame rico amor.

    Lo único que mi cuerpo sentía era placer y calambres en especial mis pies que sentía se doblaban, pero el brazo de mi hermano lo impedía, Jose tomó la manta y la tendió en el piso.

    – acueste putita.

    Obedecí. Se posó frente a mi abriendo mis piernas e introduciendo su verga en mi, empezó a besar nuestras lenguas jugueteaban mis piernas rodeando su cintura y su pecho rosando mis pezones a su máximo esplendor y su verga dándole placer a mi vagina mi mente perdida, sus labios bajaban a mis tetas.

    – aaah, aaaah aaaah, si mi amor cógeme, que rica verga tienes amor.

    Después de un rato las contracciones se presentaron nuevamente solo que en esta ocasión eran diferentes y más intensas en especial entre mi culo y mi clítoris mi espalda se empezó a arquear y mis piernas aprisionaban la cintura de mi hermano empecé a sentir una sensación como cuando se orina y al mismo tiempo algo caliente en el interior de mi vagina.

    – me estoy viniendo amor, que rico, que rico.

    ¡Haaa! ¡haaaa!

    Sentí como mis jugos emanaban de mi y se salpicaba el abdomen de mi hermano y mío y el calor del semen de mi hermano dentro de mi vagina y a su vez emanando resbalando hacia mis nalgas. Imaginaba como mis jugo se mezclaban con su semen.

    Mi hermano quedo recostado sobre mis tetas recuperando el aliento.

    – Limpiemos y te vas a bañar.

    Así lo hicimos incluida una trapeada jeje.

    El resto de la noche paso de lo más normal, al día siguiente acordamos que me cogería solo cuando estuviera realmente muy excitada.