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  • Tu esposa me agrada

    Tu esposa me agrada

    Este video te lo mando porque tu mujer ya me tiene harto, se la pasa quejándose de ti, pero no tiene las agallas de dejarte por algo mejor. A ver si así dejan las cosas claras de una puta vez.

    Y si piensas usar esto para algo contra ella o contra mí, te comparto las fotos que me llegaron de ti con esa putilla que te conseguiste en tu trabajo, parecen padre e hija, pinche puerco. Mejor sepárense y deja en paz a tu vieja, se las sabe arreglar sola.

    No sé qué a clase de acuerdo llegaron ustedes dos, pensé que nos dejarías en paz cuando te envié aquel video, con ella chillando como puerca. Aún recuerdo su carita llena de mecos y llorando cuando le mostré que viste, viste cómo me la estaba cogiendo. Ahora, fue ella la que me pidió que te envíe esto, que te muestre lo adicta que se ha vuelto a mi verga, son un par de enfermos.

    En fin, a mí no podría importarme menos.

    Sí que le encanta mamar verga a tu mujer. La salchicha asada que sirvió anoche la escogió pensando en lo que se iba a comer hoy, así que ya sabes de qué tamaño le gustan. Ya no se conforma con menos.

    Pero, vamos. ¿Quién la puede culpar? Después de lo que hacía en su juventud, no sé cómo soportó tantos años con sólo la verguita tamaño infantil de un pendejo como tú. Por tu culpa el mundo se perdió de una puta como esta todos estos años y ahora es momento de compensarlo, grabaremos todo lo que ella dejó de hacer por casarse con un miserable cornudo como tú.

    ¿Te gusta como chilla? A mí, me encanta. Sólo quiero escucharla deshacerse del placer mientras dice que le rompo la puchita y no para de pedirme más; verla derramar lágrimas, que se le escurran mecos de su boca y nariz cuando me la mama con tanto gusto.

    Se nota que no le comen la pucha como se debe en años, se viene como una chamaca en cosa de nada. Mira cómo le tiemblan las piernitas. ¡Cómo me encanta cogerme a tu mujer!

    Hoy no va a llegar a casa, te aviso de una vez para que ni la esperes. Dice que le dé hasta que no pueda caminar y mira, ya para este punto no puede ni ponerse en cuatro. Se ve que lo tenía planeado, porque les dejó comida para que la calienten mañana.

    No te imaginas cómo aprieta cada vez que ve nuestro reflejo al coger, quizás ni sentirías la diferencia ahora que esta panochita ya agarró la forma de mi verga, ¿no la sientes más floja últimamente? Yo sé que todavía lo intentas y no puede venirse ni una vez contigo, pero no te preocupes, para eso estamos acá, ya la oíste gemir como puta.

    Así quedó la puta después de desayunar. Leche, carne y huevos. Lo mismo que les prepara en la mañana allá en casita, para que veas que no rompe su dieta.

    ¡Desgraciado, pocos huevos! Vengo enterándome de que nunca le das por acá. Este culito ya hasta volvió a ser virgen, mira cómo me aprieta un mísero dedo. Eso se acaba hoy, ni creas que la voy a dejar volver contigo hasta no romperle esa colita a la que no le han dado de comer en años.

    ¡Así es como debe verse su culo! Rojo, abierto y chorreando mecos como si la hubieran glaseado. ¿Sabes qué? Vete olvidando de verla esta semana. Ya le dije a tu vecina que pase por los niños para llevarlos a la escuela y traerlos, ella sabe que luego le va a tocar su pago, otra que tiene al marido de adorno.

    Día dos y dice que extraña a los niños, pero no le veo ganas de querer irse. Ahí la tienes hace rato, pidiendo más verga mientras le rebotan las tetas y me sujeta para que no me detenga, no creo que los extrañe tanto.

    Parece que ya quedó satisfecha, parece que esta noche sí va a volver a casa, bien cogida y bien descansada. Se la devuelvo a sus hijos, porque se ve que es lo único que la ata a esa casa. Ahora le tocará a ella cuidar a los hijos de la vecina mañana en la tarde.

  • El sometimiento de Karen (parte 2)

    El sometimiento de Karen (parte 2)

    -¡No puedo perder la finca! –dijo tirándose en la cama.

    La finca que tantos recuerdos le traían, recuerdos muy excitantes. Karen, muy tensa por lo que había pasado durante el día empezó a acariciarse. Vino a su mente Francisco el capataz y su enorme verga que tanto le gustaba recordar desde la primera vez que la vio cuando su tía Rosario se la mamaba.

    Le vino a la mente aquella vez que vio por la ventana a Hortensia meterse a la cabaña de Francisco, Karen se salió de prisa por la puerta trasera para no ser vista por su tía. Rodeo la cabaña y por una abertura de la madera vio como el Capataz le mamaba las tetas a la sirvienta, los grandes pechos eran mordidos por el Francisco que estaba muy abrió. Y cuando él quiso desnudarla ella se zafo empujándolo.

    -¡No, no! Solo vine por los platos que nunca me regresas. Tengo que regresar, deje todo listo para ayudar a bañar a la patrona.

    -¡Seguramente se van a dar entre ustedes par de putas! –Dijo Francisco burlonamente.

    -¡Estúpido! -dijo Hortensia molesta.

    -¡Que se venga a bañar conmigo, acá tengo lo que a esa perra le gusta!

    Y se sacó la verga y empezó acariciarla estirándola como si fuera de goma. Hortensia lo empujo tirándolo en la cama, tomo los platos y se salió rápido. Francisco no dejaba de reírse por lo ebrio que estaba.

    -Jajaja ¡Ven Hortensia solo un rato! Mmm ya se fue.

    Se acomodó en la cama y no dejando de hablar siguió acariciado su enorme polla que ya se despertaba.

    -¡Hortensia! Ven a mamar esta verga. ¡Ven maldita puta! Que se bien que te gusta. Tráeme a la zorra de la patrona ¡Ah la patrona, que rica esta!

    Y empezó a masturbarse salvajemente, ya la tenía bien erecta. Las piernas de Karen empezaron a temblar, su rajita se empezó a mojar como si naciera agua de sus entrañas, casi no parpadeaba, su vista estaba en ese enorme animal que parecía tener vida propia, por instinto sus dedos buscaron su vagina y se la empezó a frotar. Francisco seguía masturbándose y hablando solo.

    -¡Jajaja, esta verga se le ha ido hasta el fondo a la patrona! Por la pepa, por el culo y por la boca.

    A Karen le encantaba lo vulgar del tipo, sentía que sus palabras la excitaban más.

    -La puta de Hortensia que culo tiene, que fundillo. ¡Las dos y no se acaban esta macana!

    Francisco siguió masturbándose hasta que por lo ebrio se fue quedando dormido, dejando su verga al descubierto. Hortensia al salir de prisa dejo la puerta abierta. Karen lo más sigilosa que pudo entro a la cabaña, escucho los ronquidos de Francisco, se acercó lo más que pudo como a un metro de él, y la pudo ver ¡Era hermosa! Karen se estremeció, a pesar de no estar erecta las venas eran notables, por un momento quiso tocarla y chuparla como lo hacía Rosario y Hortensia y justo cuando se iba acercar más para tocarla, escucho la voz de su tía que la buscaba.

    -¿Karen donde andas? ¡Karen!

    Salió rápido de la cabaña y puso de pretexto a su tía que había salido a buscar a su gato.

    -Voy a tomar un baño, súbete a tu cuarto a estudiar un poco, cuando esté lista la cena te llamo.

    Se encerró en la habitación poniéndole seguro a la puerta, sus bragas estaban muy mojadas, se las quito para cambiarse, pero la imagen de la verga de Francisco hizo que se empezara a masturbar, estaba tan caliente que en el pie de cama tenían las esquinas un acabado donde sobresalía un tubo cromado, se encaramo en él y ensarto su vagina, y se puso a cabalgarlo, el orgasmo que obtuvo fue enorme.

    -¡Bellos recuerdos! -dijo Karen en voz alta– hare hasta lo imposible por recuperar esa finca.

    El recuerdo de Francisco la puso muy caliente, se levantó y entre sus cajones saco un vibrador, el cual lo puso a su máxima potencia de vibración colocándoselo en su húmeda vagina mientras que con sus manos se acariciaba los pechos, cerró los ojos imaginándose la enorme polla del Capataz entrando y saliendo de su caliente vagina.

    -¡Ah, Francisco, Francisco!

    Al otro día le fue igual, nadie le quiso prestarle. Nuevamente muy desmoralizada, regreso a casa.

    -Voy a tener que rogarle a don Carlos que me espere más tiempo. En último caso no me importaría perder la casa, pero rescatar la finca -pensaba.

    Ella sabía que ya no tenía opciones. Dependía ahora de don Carlos, tal vez lo podría convencer, hacer que se le ablandaba el corazón. Habría que esperar.

    Llego el día, nuevamente Karen se esmeró en su arreglo personal, se colocó el liguero para sus medias negras, una falda beige combinada con una blusa azul marina, zapatillas y bolso de mano negras. El guardia la llevo hasta la puerta de la casa, donde el ayudante de don Carlos la paso hasta el vestíbulo, no tuvo que esperar mucho pues el viejo prestamista estaba ansioso de este encuentro. La misma chica de la vez pasada Elsa, salió a decirle que pasara, el guardia le indico que dejara su bolso sobre una mesa antes de entrar.

    Don Carlos la esperaba sentado en su escritorio, se puso de pie para saludarla. Había estado con muchas mujeres pero había algo especial en Karen que lo prendía en fracción de segundos, tal vez por instinto el depredador intuía que a esa chica también le gustaba el sexo, sin embargo Karen nunca había estado con un hombre, se había metido sus dedos, sus desodorantes, el acabado cromado de su cama, zanahorias entre otras cosas y cuando dejo el convento para quedarse apoyar a su padre, por fin pudo adquirir un buen juego de vibradores, pero nunca esa vulva había probado una buena verga de carne.

    -¡Buenos días señorita Karen! Siéntese por favor y dígame ¿En qué fecha liquida usted los siete millones de pesos que me adeuda?

    Karen sintió que un escalofrió le recorrió todo el cuerpo. Estaba muy nerviosa, casi temblando.

    -Don Carlos, quisiera pedirle por favor sea usted comprensivo, tuve que liquidar muchas cosas y la verdad no me queda nada, si usted acepta tomar la casa que está valuada en 18 millones y cuyo valor sobrepasa la deuda y me libera la finca estaré eternamente agradecida. La necesito por mi madre sabe usted.

    Mientras Karen hablaba don Carlos recorría ese cuerpo que tanto deseaba, sus piernas envueltas en las medias le habían puesto la verga muy dura, había visto nuevamente ese par de nalgas que la falda resaltaba, las tetas que a pesar que la blusa era holgada se le podían notar firmes, sus labios rojos y su cara bien maquillada, el arreglo que le hizo a su cabello, su perfume. Cuando Karen termino de hablar, el depravado usurero supo que era el momento de dar el golpe, la tenía acorralada, sin respaldo de ningún banco, sin nada ni nadie que la ayudara. Su madre que necesitaba tratamiento especial y el deseo de rescatar su casa y sobre todo la finca.

    -¿Está usted consiente que si no paga perdería todo? ¿Qué quedaría completamente en la calle? ¿Cómo le haría usted con los cuidados que necesita su madre?

    Karen estaba consciente de su situación, sintió que su cuerpo perdía sus fuerzas.

    -Mire Señorita Karen, negocios son negocios y dado que veo que no podrá pagarme yo procederé a tomar posesión de esos bienes.

    Karen no pudo evitar que de sus ojos salieran unas lágrimas, nunca se sintió tan sola y tan mal, sin ninguna esperanza. Sintió que todo había terminado. Le aterro imaginar lo que le esperaba, y se vio un cuarto en las orillas de la ciudad, con su madre en una vieja cama dejándola encerrada para que ella pudiera trabajar, que si bien su madre no había desempeñado bien su papel como tal, Karen tenía buenos sentimientos y no la abandonaría.

    -Pero le tengo una propuesta –dijo don Carlos al tiempo que se le colocaba frente a ella- ¿Quiere escucharla?

    Karen sin levantar la cara asintió. El abusivo prestamista vio ese bello par de piernas en las medias negras, el bulto que hacia sus tetas, las imagino desnudas y metiéndoselas a la boca.

    -Puedo ayudarla, si acepta esta propuesta. ¿Está usted dispuesta a todo? Y cuando digo a todo es a todo.

    La mirada del usurero lo decía todo. De inmediato Karen intuyo a que se refería.

    -¡Me quiere coger! –pensó.

    -¿Sabe a lo que me refiero? –Dijo don Carlos- ¡Responda!

    -¡Si! Estoy dispuesta. Dispuesta a todo.

    Don Carlos volvió a sentarse, encendió un cigarro dándole una gran fumada, lo puso en el cenicero y con calma se sirvió un buen trago el cual tomo de un sorbo.

    -¡Quiero que seas una de mis putas! ¿Ves a las chicas que me sirven? Ellas me complacen en todo lo que yo les pida, en cualquier momento están dispuestas y disponibles sin oponerse a nada. Si aceptas te ofrezco esto: me quedo con la mansión, para mí sería fácil venderla, me cobro mis siete millones más tres de intereses y te quedas con lo demás. Con eso puedes darle a tu señora madre la mejor atención.

    Hizo una pausa para servirse otro trago.

    -¿Y la finca? –pregunto Karen.

    Con más calma don Carlos termino de servirse su copa y se acercó nuevamente frente a Karen.

    -Si aceptas mi propuesta de ser una de mis putas –le enfatizo- aparte de lo que te acabo de comentar, la finca seguirá siendo tuya, te devuelvo las escrituras y los contratos firmados por tu padre. Esa finca bien administrada te puede dar buenas ganancias, a parte al estar sirviéndome recibirás un decoroso sueldo, y conmigo no te hará falta nada. Como ves mi propuesta es más generosa que lo que me trajiste hoy.

    Karen vio una luz en medio de su desesperación. Y sabía que no tenía ninguna otra opción, no le importaba perder la mansión con tal de conservar la finca, tendría el dinero suficiente para solventar los gastos de su madre y también la protección del influyente don Carlos. A cambio estaría sujeta a los caprichos sexuales de su benefactor, pero eso en vez de espantarla la emociono, sintió como una euforia muy fuerte que le invitaba a decir: Si don Carlos, quiero ser su puta, gracias por su generosidad, seré la mejor ramera que haya usted tenido.

    -¿Entonces? –pregunto el prestamista.

    -¡Sí, acepto! Le doy las gracias por haber sido comprensivo conmigo, y me voy a esmerar en servirle lo mejor que yo pueda, por el tiempo que usted disponga.

    -¿Entonces, si aceptas ser mi puta? –volvió a preguntar más fuerte.

    -¡Si don Carlos! Acepto ser su puta.

    Continuará.

  • Orgía con mis sobrinos embriagados

    Orgía con mis sobrinos embriagados

    Era 31 de diciembre por la mañana y estaba a punto de darme una ducha caliente. Me quité la ropa lentamente y la arrojé al cesto del baño. Medie un poco el agua caliente con la fría y medí la temperatura con mi mano. El agua estaba perfecta. Por la mañana había corrido en el parque. Mis senos rebotaban tanto que comenzaron a dolerme. Había varios hombres que estaban observándome entretenidos haciendo como que usaban los aparatos mecánicos de ejercitación. Su mirada lujuriosa me hacía sentirme deseosa.

    Entre a la ducha. El agua abrazo mi cuerpo acariciando mi rostro, bajando por mis montañosos senos y terminando su camino en mi vagina llenándola de calidez. Dejé que el agua llenara de vitalidad cada centímetro de mi cuerpo. Estaba tan relajada que podía sentir como cada gota recorría su suave camino a través de mi piel. Tome entre mis manos el jabón y lo froté un poco. Se deslizo suave sobre mi cuerpo. La espuma se formaba como si quisiera censurar mi voluptuosa figura. Mis pezones se despertaron por el suave roce de mis manos. Mordí mi labio y mi temperatura corporal se elevó. Mi dildo estaba listo para la acción a todas horas, no se cansaba y siempre estaba firme para mí. Puse la base de succión en el piso del baño. Me apoye con ambas manos en la pared y comencé a montar esas diez pulgadas de placer. Lo monte como toda una vaquera. Pellizque mis pezones mientras subía y bajaba. El agua caliente caía sobre mí.

    Mi cabello mojado se movía sin control. Se pegaba a mi rostro como pegamento, a mis senos y mi espalda también. Mi clítoris se inflamaba mientras mi sangre hervía apasionadamente. Mi clítoris rogaba, imploraba por sentirse amado. Mi mano se deslizo como si tuviera vida propia hacia mi clítoris. Mis piernas no dejaban de montar y mis manos no cesaban de acariciar mi cuerpo. Aquel enorme pene falso me daba el placer que muchos de mis previos amantes no habrían podido darme en cien años. Mis gemidos escapaban de mis labios suavemente. Pronto el placer se desbordaba y mis gemidos se tornaban algo salvajes.

    Mis dientes crujían mientras yo trataba de contener aquel orgasmo bestial que se acumulaba dentro de mí, como un globo que se llenaba con agua hasta llegado el punto de un segundo antes de estallar. Una gran corriente eléctrica ultrajo mi cuerpo de manera salvaje. Los músculos de mi vagina se contraían y relajaban de una forma violentamente rápida. Frote mi clítoris a toda velocidad y un grito de placer estallo en mi boca. ¡Ahhh! Un gran chorro salió disparado de mi vagina. Otro igual de grande acompaño la siguiente contracción. Un tercero más pequeño me hizo caer al suelo sentada y un cuarto beso mi pubis mientras cerraba mis ojos recostada en el piso del baño repleta de mi orgasmo y el cálido abrigo de mi ducha caliente. Mi respiración agitada pronto se calmó y puse ponerme en pie. Un orgasmo ejemplar.

    Esa noche tendríamos la cena de fin de año. La familia vendría a celebrar y los chicos, todos mis sobrinos habían pedido permiso para quedarse en mi casa para divertirse. Mis hermanos y hermanas habían estado de acuerdo por lo que me quede tranquila en ese aspecto. Mis hijos iban a ir a celebrar a un antro con sus novias el año nuevo y luego se quedarían en unas cabañas en las montañas tres días. Mis sobrinos al ver que estaría sola se ofrecieron en pasar año nuevo conmigo. Mi hermana llevaría la cena y yo solo tendría que organizar algunas cosas y decorar. Ya tenía listo casi todo para las dos de la tarde y solo necesitaba encontrar algo adecuado que ponerme. Últimamente por todas las posadas y fiestas a las que había acudido mis senos y glúteos habían crecido un poco. Tengo la tendencia de que cuando subo de peso la grasa llega a estacionarse a esos lugares concretamente. Subí a mi cuarto y saque de mi armario los posibles atuendos que usaría. Casi ninguno me convencía hasta que vi un nuevo vestido que había comprado hace meses pero no había tenido la oportunidad de usar por el frio. El día estaba perfecto y cálido por lo que era la oportunidad perfecta. UN vestido blanco entallado con un gran escote. Quería incitar la lujuria de todos los invitados así que iba a hacer algo más atrevido, usarlo sin ropa interior. Me lo probé y me mire directo al espejo. Mis pezones se remarcaban claramente pero no se podía ver el color por el grueso de la tela. Mis senos parecían querer desbordarse de mi pronunciado escote y mis glúteos formaban un perfecto y regordete durazno. Era perfecto. La familia y amigos llegarían y me verían. Sería el centro de las miradas como me encantaba serlo. Secretamente siempre me ha gustado serlo porque me excita demasiado, incluso me mojo en ocasiones al sentir tantas miradas.

    Pasaron ocho horas y la familia y las amistades habían llegado. Incluso gente que no podía recordar que había invitado. Algunos vecinos se presentaron también. Y claro mis sobrinos. Todos arreglados muy guapos. Vinieron los cuatro juntos en el auto de mi sobrino Jorge. Cuando entraron todos pude ver como sus miradas se dirigían a mis pechos. Mi sobrino Jorge se abalanzo rápidamente sobre mí. Me dio un beso peligrosamente rosando mi labio con el suyo. Apretó fuerte mi pecho contra el suyo en un fuerte abrazo.

    Pude sentir la fuerza de sus grandes músculos que tanto le gusta ejercitar en el gimnasio. Mis senos cambiaron de forma cuando se apretujaron contra sus duros pectorales. Mientras me abrazaba me dijo: -Te ves hermosa tía-. Después cada uno de ellos me saludó efusivamente. Rodrigo, Raúl y Carlos. No había estado con ellos nunca en la cama. Pero no me faltaban ganas. Rodrigo era un chico algo gordito pero muy guapo. Raúl era algo delgado y tímido Y Carlos era el más listo de todos, se había ganado una gran beca para la universidad. Me llevaba de maravilla con todos, en parte por eso habían querido quedarse conmigo, la pasábamos muy bien juntos.

    Siempre nos divertíamos bromeando acerca de sus padres y sus otros tíos y tías. Cuando llego el momento de la cena yo fui la encargada de cortar y servir el pavo que había preparado mi hermana. Lo corte cuidadosamente y de manera picara me acerque primero a mis sobrinos. Inclinándome les ofrecí pechuga de pavo mientras les regalaba una buena vista de las mías que casi se salían de mi escote al agacharme. Ellos se quedaban perplejos, A cada uno le preguntaba: ¿Quieres pechuga amor? Todos asentían con la cabeza sin dejar de ver mis protuberantes senos. Esa noche reímos y cenamos como familia. Nuestras amistades cenaron y de inmediato comenzaron a beber. Como todos mis sobrinos ya eran mayores de edad no le vi problema en que bebieran con nosotros. Estaban de vacaciones y no irían a la escuela al siguiente día, así que estaba bien. Estuvimos charlando de cosas triviales y bebiendo mucho. Después de un rato alguien puso música bachata.

    Mi sobrino Rodrigo se ofreció a bailar conmigo. Me abrazo con decisión y comenzamos a bailar sensualmente. Podía sentir su pierna rozar suavemente mi vagina. El alcohol me había puesto muy cachonda y el alcohol no ayudaba. El roce de mi sobrino tampoco. Me miraba a los ojos intensamente como queriéndome decir algo. Miraba mis labios como si los ansiara o al menos eso pude percibir. Mordí mi labio por la excitación mi sobrino lo noto y dejamos de bailar. Creí que lo mejor era ya no bailar con nadie, pero muchos de mis amigos y vecinos me sacaron a bailar. Ya estaban muy borrachos y cada uno de ellos se propasaba de mano larga conmigo. Me tocaban el trasero al bailar, trataban de tocar mis senos. Decidí después de sentirme algo abusada irme a esconder al baño.

    Regrese solo cuando habían llegado las doce. Todos nos deseamos feliz años, no sin antes comerme más arrimadas de polla y manoseos de más de una docena de personas. Mis hermanos y hermanas se fueron para seguir festejando en sus casas. Yo sabía que aprovecharían que sus hijos no estarían para tener sexo desenfrenado y envidiaba un poco a todos. Nos quedamos solos. Uno de mis sobrinos saco una botella de whisky y unos vasos de shots.

    -Hay que seguir festejando. Yo propongo un brindis, por la tía más hermosa y sexy que tenemos.

    Todos mis sobrinos levantaron sus pequeños vasos.

    -Salud –grito Jorge.

    -Por la bailarina más sensual –dijo Rodrigo.

    De nuevo gritaron salud.

    -Por los sobrinos más guapos que tengo –dije levantando mi vaso.

    -Salud –dijeron todos, riendo al final.

    Todos ya estaban visiblemente tomados y se habían puesto más atrevidos e impertinentes. Jorge no paraba de verme los pezones que los tenían completamente erectos en ese entonces.

    -Sabes tía, yo no sé cómo teniendo unos senos como unos grandes y jugosos melones no te has vuelto a casar –dijo Jorge sin dejar de mirar mis tetas.

    -Bueno, yo no pienso aguantar a otro hombre borracho y malo en la cama por otros veinte o treinta años.

    -¿Entonces te gusta vivir más libre tía? –pregunto Carlos mientras le daba un sorbo a su vaso.

    -Así es –respondí.

    -Muchos en la fiesta decían que te vestías así porque te gustaba provocar a los hombres porque te gusta ser puta. Me dieron ganas de partirles la cara tía Julia, pero no quería arruinar la fiesta -dijo Jorge visiblemente molesto.

    -No te preocupes por esos pendejos mi amor, son hombrecillos patéticos con penes diminutos con los que no quise acostarme.

    -¿Entonces si te lo propusieron? –pregunto Raúl.

    -Claro, pero aparte de ser feos, les tome la polla y era diminuta así que no me anime por ningún lado –dije soltando la carcajada.

    Ellos rieron también.

    -Aunque no se crean si hay muchas veces que me siento sola.

    -Si yo tuviera una mujer como tú, nunca la dejaría sentirse sola tía-dijo Carlos.

    -Hay mi amor, muchas gracias –dije.

    Lo abrase y hundí su cara en mi pecho. El me abrazo con fuerza y no me soltaba. Movía su cabeza entre mi pecho. Todos demandaron un abrazo igual. Yo me reí y les dije –hay amor para todos-. Hundí cada uno de sus rostros en mi cálido pecho por algunos segundos. Se levantaban algo mareados, cosa que me resultaba muy graciosa.

    -Estas buenísima tía, no sabes lo que daría por estar con una mujer como tú –dijo Jorge.

    -No eres el único cabron –dijo Raúl.

    -¿Enserio les parezco guapa?

    -Todos respondieron que sí.

    -Yo ya no aguanto, puta madre –dijo Jorge.

    Acto seguido me tumbo en el sillón donde estábamos sentados y jalo mi escote hacia abajo. Uno de mis senos se desbordo y se lo metió a la boca. Todos se quedaron viendo.

    -Mi amor, estas muy borracho, contrólate un poco -dije mientras lo tomaba de la cabeza.

    El hacía caso omiso a mi sugerencia. Yo también quiero de eso-dijo Rodrigo. En un par de segundos sentía su rostro redondo rozar mi otro seno. Se alimentaban de mi pecho como dos bebes hambrientos. Mis esfuerzos por tratar de detenerlos eran inútil.

    Mis otros sobrinos Carlos y Raúl comenzaron a acariciar mis piernas por debajo de mi vestido. Carlitos incluso se aventuró más y metió la mano justo por el canalillo hacia mi vagina.

    -No trae calzones wey –dijo sorprendido.

    Y metió sus dedos en mi vagina. Un gran gemido de placer se escapó de mis labios.

    -Están muy borrachos mis amores, por favor pare, -dije.

    No hubo respuesta. Cada uno había comenzado a besar mi cuerpo por alguna parte. Jorge me tomo con fuerza de la boca y me beso. Pude sentir su lengua invadiendo mi cavidad bucal.

    –Está bien húmeda-dijo Carlitos mientras seguía dedeandome.

    -Por favor Carlitos, ya para amor.

    -No puedo tía, se siente muy rico tu vagina.

    Jorge me beso de nuevo. Mi mente se estaba poniendo en blanco. Raúl le ayudo a levantarme el vestido hasta la cintura y comencé a mamármela. Raúl tenía una lengua muy hábil. Todas aquellas manos navegando mi cuerpo me hacían sentir muy excitada. Me basto un par de minutos y explote en placer. Ahhh!! Un gemido grande de placer acompañado de varios chorros de mi orgasmo mojaron a Carlitos y a Raúl.

    -No mames, se viene a chorros cabrones, que chingon -dijo Raúl.

    -No esperaba menos de mi tía –dijo Jorge.

    Jorge se quitó la camisa y el pantalón y me tomo del cabello. Todos lo imitaron y se comenzaron a quitar todo.

    -Bueno cabrones, parece que hoy vamos a tener nuestra primer orgia. Jorge saco su pene grueso y algo venido y lo metió brutalmente en mi garganta.

  • Sumisión en primera persona: Mi historia personal

    Sumisión en primera persona: Mi historia personal

    Todo empezó por una separación, aburrimiento en tiempo de pandemia y una mente sexual demasiado activa.

    Para contar como empezó esto debo decir que soy una mujer de esas que quieren tener todo bajo control, todo debía estar supervisado por mí y no solo hablo de mi vida privada sino en todo lo que yo estaba metida.

    Era junio del 2020, llevaba 5 meses de separación, 4 meses de encierro total y mi cuerpo necesitaba sexo. Me masturbaba a diario, veía porno y nada me satisfacía.

    Por aburrimiento, clic acá y clic allá, termine en una página web de dominación, me cree un perfil como dominante. En los distintos chats me di cuenta que se me daba bien esto de dominar a las personas, de hacer que alguien quizás en otro continente se azotara, o penetrara el culo solo para complacerme.

    Así empezó todo con Carlos, él era un dominante y me ofreció su sumisión por una semana a cambio de la mía después.

    Habíamos pactado 4 sesiones en cada semana. Era todo virtual, a través de la plataforma. Él es español y yo latinoamericana así que no quedaba de otra. Fueron cuatro sesiones donde lo exprimí como sumiso. Se masturbo frente a mí, se tiró cera como castigo por desobedecerme, se penetro solo por complacerme. Su devoción era total.

    Cuando terminamos la 4 sesiones con el cómo sumiso me explico como debía esperarlo yo en la próxima, donde yo iniciaba mi semana de sumisa.

    Una semana que me marco y cambió mi forma de ver la sexualidad, otra forma de ver la sumisión que tanto odiaba. Que tanto odio.

    Ahí estaba yo, parada frente a mi notebook, en ropa interior y zapatos de taco alto, mirando hacia unos ojos marrones que me devolvían fuego. En la primera sesión fue para explorarme, ver literalmente mi flexibilidad tanto corporal como mental.

    Mi primera sesión fue un lunes y pasó sin mayores problemas.

    Noté la preocupación que sintió Carlos al otro día por mi bienestar, su preocupación por mi honesta y sincera.

    El día miércoles a las 6 de la mañana en mi país empezaba nuestra segunda sesión. Entre lo que me había solicitado había un cinto de cuero preferentemente, crema y mi celular apoyado en un trípode.

    Me pidió que me pegara 15 cintazos en mis tetas o en mi culo. Donde yo lo prefiera.

    Me negué, rotundamente. Dije que era “un loco de mierda” que no me iba a autoflagelar para que él se sintiera omnipotente… me calmo y me dijo que al contrario de lo que yo creía, yo iba a terminar más excitada que él y que ahora los cintazos eran 2O por mi rebeldía.

    Ahí estaba yo, de costado frente a la cámara de mi computadora y de frente a la cámara de mi celular. Arrodillada, pies juntos y rodillas separadas. Mi culo lo más cerca de mis talones. Cinto de tres centímetros de ancho en mi mano izquierda y me azote por primera vez. Grité de dolor y a la vez sentí una puntada de placer y una humedad para mi injustificada en mi vagina.

    -Conta en voz alta, cada número que olvides decir, te azotaras una vez más como castigo -dijo Carlos con su voz en off.

    Así fueron pasando los azotes, iba por el numero 14 cuando no podía seguir, mas allá del dolor… necesitaba que alguien me sobara las tetas y me cogiera, estaba tan caliente. Ufff.

    Lo escucho decir que sabía lo que me pasaba pero que, si quería mi recompensa, siguiera contando en voz clara y alta los últimos 6 azotes que me faltaban.

    Recibí el golpe numero 20 con mucho placer… sí me azotaba dos veces más, hubiese tenido un orgasmo, sin siquiera tocarme, increíble.

    Cuando termine, me dijo… -gira hacia mí, agarra la crema y cerra los ojos.

    Lo hice todo en automático.

    -Pone bastante crema en tus manos y hace lo que te digo, no abras los ojos en ningún momento.

    Ahí estaba yo, masajeándome mis tetas calientes y super doloridas deseando que el hombre que me estaba guiando me estuviese cogiendo bestialmente.

    -Cuando abras tus ojos, -lo escucho decir- yo ya no estaré conectado, pero te dejaré unas instrucciones que debes cumplir a raja tabla si quieres tu recompensa, ¿me entendiste?

    -sí, si señor, -le dije en un susurro cargado de excitación.

    1- No vas a masturbarte, si lo haces me daré cuenta.

    2- Me vas a mandar el video a mi correo electrónico.

    3- Lo podés ver la cantidad de veces que quieras, pero no te masturbes.

    Nos vemos el sábado a las 10 de la noche tuya para nuestra tercera sesión.

    Se desconectó.

    Abro mis ojos y deje de masajearme, mis piernas temblaban y mi concha estaba totalmente mojada y caliente.

    ¡Mis tetas, ohh dios! mis tetas… estaban llenas de hematomas y lejos de escandalizarme mi placer se incrementó un 200%.

    Mandé el video como me solicitó. No recibí respuesta.

    Tampoco recibí un mensaje de preocupación.

    El jueves y viernes vi el video de mi sesión más o menos 30 veces, mi calentura aumentaba cada vez más y cuando sentía que podría correrme me desconectaba y hacia otra cosa. El sábado le pregunto enojada si seguía en pie nuestra sesión ya que su desinterés era notable y él solo me respondió.

    -Si, para esta noche necesitas pañuelo oscuro y auriculares.

    ¡Busqué las cosas… ansiosa!

    Espero a las 10 en punto y no me llega el enlace para comunicarnos. Espero hasta las 10.15, llega el link me conecto y al verlo supe que algo no andaba bien. Ya tenía los auriculares conectados al bluetooth y esperé su orden para ponerme el pañuelo.

    Antes de ponerme el pañuelo me pidió que ponga al máximo el volumen, de esa forma la música de fondo y su voz retumban en mis oídos.

    -Póntelo -me exigió.

    De fondo sonaba la canción Closer de Nine Inch Nails, su voz sonaba ronca.. su voz me excitaba, me calentaba.

    -Te darás cuenta,- lo siento hablarme- que esta sesión será más corta…

    -Pero Carl… pero señor, usted me prometió…

    -Se muy bien lo que prometí, pero hoy no quiero dártelo…

    -Hoy simplemente te entregaras a mi voz y te vas a dejar llevar al 100% no necesitas hablar, si algo que quieras decirme levanta la mano izquierda.

    -Si señor…

    Noté que la música volvía a empezar.

    -Acuéstate, y abre tus piernas… Más, más -exigió- Tócate, empieza metiéndole dos dedos. Dentro, fuera, dentro, fuera…

    En ese momento empieza a cantar la canción en español…

    “Me dejas violarte

    Me dejas desecrarte

    Me dejas penetrarte

    Me dejas complicarte”.

    -Empuja más tus dedos, quiero que te metas todo el puño, me grita directamente en mis oídos.

    Empiezo a coger mi propia mano, después de 10 minutos y gracias a mi lubricación natural estaba casi hasta la muñeca. Bien ahora bombearte…. Faltan 10 minutos para el final de la sesión, si no logras correrte no lo podrás hacer hasta mañana que tenemos nuestra última sesión -dice.

    -Señor…

    -Que no hables te he dicho.

    Mi nerviosismo aumentó, seguir penetrándome, pero noté que ya me costaba lubricarme…

    Faltaban solo dos minutos y yo solo quería que esto terminara, saqué mi mano de mi entrepierna y dije “¡mira no sé qué te está pasando, si hice algo mal, realmente no me importa! Simplemente estamos haciendo un experimento, solo es para entretenernos y nada de esto tiene que ser obligados, ¡que te Jodan Carlos!” e interrumpí la llamada, lo último que vi fueron sus ojos totalmente abiertos y desencajados.

    A los 5 minutos recibí un mensaje diciendo… “¿que carajos te crees que estás haciendo? tú no puedes decidir sin primero consultarme y llegar a un acuerdo. Somos una sola persona mientras yo sea tu amo.”

    Mi respuesta le llego al instante. “Para mí, tú no eres nadie… la próxima sesión queda cancelada.”

    La semana siguiente empezó de la peor manera:

    1- Me comunicaron que por un mes iba a trabajar de manera virtual.

    2- Iba a tener mucho tiempo para pensar y replantearme toda mi vida.

    3- Estaba totalmente segura que quería ser sumisa y no de cualquier amo, sino de Carlos.

    Era lunes y con estas tres ideas en mi cabeza llegue a la hora del almuerzo.

    Entro a la casilla de correos, a la de mi cuenta alternativa para ver si él me había mandado un mensaje, estaba vacía. La actualicé 5 veces y nada.

    Repetí la operación durante todo el día.

    Recién el jueves llegó el mensaje que esperaba:

    de DomCarlos para DelfinaP

    Tenemos que hablar. Replantear los términos de esto.

    Escribidme al +3461…

    No era lo que quería, quería una explicación y una disculpa. Nada de eso llegó.

    Me tomé mi tiempo, una semana exactamente.

    Le mandé:

    D: ¡Soy Delfina, no sé qué quieres replantear yo solo quiero una explicación y una disculpa!

    C: Delfina, yo no me disculpo con mis sumisas

    D: Yo no soy sumisa de nadie.

    C: ¿Sigues enojada porque no te corriste?

    D: No.

    C: ¿segura? ¿tengo la solución si lo deseas?

    D: ¿qué solución?

    Mi celular empezó a sonar, era él, no respondí.

    D: Estoy trabajando, no me llames.

    C: Responde. No hables. Solo escucha.

    Empieza a vibrar mi teléfono, respondo y no digo nada…

    Siento su voz, esa voz sexy de la segunda sesión…

    C: Por favor -dice- imagina todo lo que te digo y si no consigo que te corras te dejare en paz.

    -Imagina que estoy ahí con vos, detrás de ti, sentís mi respiración, mi olor, mi calor rodeándote. Te tomo del cuello, suavemente. Te paras, quedamos casi a la misma altura. Mi mano sigue apoyada en tu cuello, mi boca se pega a tu oído y mi otra mano empieza a rozarte la cadera. Simplemente te rozo… siento tu pulso acelerarse…

    Mierda, me doy cuenta que estoy respirando entrecortadamente. Me odio por eso.

    C: Mi cuerpo se amolda a la parte de atrás del tuyo. Mi mano frena en tu pubis, solo la apoyo y vos empujas tu culo hacia mí.

    Ahh, mierda, mi cerebro ya está excitado.

    C: Meto mi mano en tu pantalón y te noto caliente y húmeda. Te toco solo con un dedo y estas tan caliente como esperaba.

    Desde que me cortaste esa llamada solo pienso en lo rico que debes ser coger con vos. Por favor. Dame la oportunidad de demostrarte los beneficios de estar a mis pies. De educarte para ser irresistiblemente perra, mi perra. No te vas a arrepentir.

    Eso no lo esperaba, pienso… (mi entrepierna palpita)

    C: Si aceptas dime SI, sino córtame y no te molesto más.

    Él no habló, yo no respondí… para mí fue una eternidad, pero él se mantenía así.

    D: Si

    C: Perfecto, no te vas a arrepentir. Te corto que estoy conduciendo. Gracias. No te vas a arrepentir.

    El tono del teléfono me dejo boquiabierta.

    Hijo de puta, dije… y metí mi mano en mi pantalón, hasta sentirla tal y como la describió… y me masturbe y acabe a los dos minutos. Teniendo la certeza de que más dosis de sexo increíble iban a llegar.

    Si querés la segunda parte y saber cómo me convertí en la perra más obediente, déjame tu comentario.

  • Confesiones (5): Favor secreto

    Confesiones (5): Favor secreto

    Bueno, pues ya sabes que tengo una hermana mayor que yo por apenas meses. Y ya ves que la gente dice que ni nos parecemos, que por los tiempos hasta decían que alguna de las dos debía ser adoptada. Siempre nos hacíamos enojar con eso, pero mamá una vez nos mostró las actas de nacimiento y con eso nos aplacamos, ahora nos lo decimos en broma de vez en cuando.

    Pues bueno, por eso nos tocó cursar el mismo grado y a veces, nos tocaba en el mismo salón. Aunque no nos pareciéramos, nos trataban como si fuéramos gemelas desde siempre. Y no era sólo en la escuela, en la familia también nos querían comprar ropa idéntica y los juguetes que le regalaban a una, se lo regalaban a la otra. Compartíamos cuarto, llegamos a tener litera y luego, ambas camas pero en un mismo cuarto.

    Nos tocó aguantar cosas que no queríamos y no fue hasta que cumplimos 15 que ambas pedimos que nos dieran cuartos separados en lugar de que nos hicieran una fiesta enorme o nos pagaran un viaje. Papi ya había estado fincando una segunda planta a la casa y ambas queríamos un cuarto arriba, así que no fue difícil para ellos cumplirnos el capricho.

    Y pues, ¿qué te digo? Ya cuando tuvimos cada una su cuarto, nos costó acostumbrarnos y a veces una visitaba a la otra, ¡hasta armábamos pijamadas! Terminábamos poniendo un colchón inflable o a veces, hasta dormíamos apretadas en la misma cama (O sea, ya ni siquiera antes, que no teníamos nuestros propios cuartos).

    Para acabarla de amolar, ambas entramos a estudiar Medicina en la misma Universidad. Ella decía que quería ser Oncóloga y yo creí que me tocaría ser sólo médico general, no tenía en mente alguna especialidad en particular. Ya no nos volvió a tocar estar en los mismos salones, pero el plan de estudios es el mismo, así que seguimos viéndonos para estudiar en época de exámenes.

    Esto pasó una madrugada. Ella me despertó y entró a mi cuarto sin decir nada. Cerró la puerta con seguro y prendió la luz. Yo, así, toda encandilada y medio dormida, ni sabía qué estaba pasando. Estaba toda nerviosa y me dijo que no hiciera ruido o iba a despertar a papá y mamá. Cuando más o menos podía pensar bien, le pregunté qué estaba pasando.

    Tenía la cara pálida, estaba toda sudada y sus ojos estaban casi desencajados, me estaba dando mucho miedo. Mi mente viaja a mil por hora, llegué a pensar que había visto algo o alguien en su ventana o algo así. Nomás se quedaba callada, estaba pensando las palabras que iba a usar.

    —Yo… eh… este… estaba… viendo algo y…

    Así se la pasó, balbuceando durante un buen rato. Yo me desesperé y en voz baja le gruñí que me dijera de una buena vez, o se dormía conmigo o que se regresara a su cuarto. Sus ojos se ponían en blanco y fruncía sus labios, creí que iba a chillar en cualquier momento.

    —Me metí un plumón y la tapa se quedó dentro. No puedo sacarla.

    Iba a gritar un tremendo “¡QUÉ!” y en eso, se me lanza a taparme la boca. Su mano estaba sudada o eso creí y me aparté para respirar y le hice la pregunta sin gritar. Pues la muy puerca me contó que se andaba manoseando y en un arranque de genialidad se metió un marcador en la cuca. Por un momento, no sabía si darle un zape o ir a despertar a mamá, pero me ganó la risa. Yo tengo la manía de reírme en momentos inoportunos, cuando me gana la ansiedad.

    Pues que ella se tapa la cara de la vergüenza con las manos y yo tenía las mías para evitar que la risa se me escapara. Cuando al fin pude tranquilizarme, le dije que lo mejor era decirle a mamá, a lo mejor ella sabría qué hacer o tocaría llevarla al doctor. Mejor le hubiera dicho que se murió el perro, porque se puso a chillar con mi almohada para amortiguar sus gemidos, que cómo le iba a explicar a mamá y que si se enteraba papá quién sabe lo que haría.

    A ver, no era poca cosa que mamá se enterara, la ves tranquilita y buena gente, pero es una mocha de atar. Ninguna habíamos tenido siquiera la osadía de tener novios porque sabíamos que ella se volvería loca, que nada de eso hasta acabar una carrera o que nos meterían a un convento. Una vez, nos vio viendo un video de los Jonas Brothers y al día siguiente, mandaron a un técnico para ponernos en la lap un candado para que no pudiéramos ver sitios de adultos. ¡Hazme el favor!

    De las dos, ella era la más calenturienta. Como si no la oyera metiéndose mano en las noches, cuando creía que yo seguía dormida. A ver, yo también lo llegué a hacer, pero en el baño… o hasta que tuve mi cuarto; pero lo de ella era casi todas las noches. Las veces que me acomodaba para no oírla ella se aplacaba y al final, decidí no dar señales las veces que el ruido de su chapoteo me despertaba para… pues… no cortarle, digo, creo que eso también es malo para la salud ¿no?

    Nunca fui de chismosa con mamá ni tampoco quise que se sintiera mal, mira, mi plan era no decir ni pío en mi vida. Además, ya cuando tuvimos nuestros propios cuartos, ella no lo hacía cuando nos quedábamos a dormir juntas, así que lo pensé mejor y comprendí que decirle a mamá no era opción. La tranquilicé y le dije que mejor iríamos a ver a un doctor nosotras solas, pero ella me dijo:

    —Tú tienes uñas —se refería que me las había dejado crecer largas—. Yo digo que sí alcanzas.

    ¡Ay no! Te juro que quería soltarle una cachetada ahí mismo y conociéndome, le eché mi mirada asesina más intensa porque ni me quiso voltear a ver. Luego, vi mis uñas… aparte, mis dedos eran más delgados que los de ella. Me dio tanta cosa, pero ella tenía razón.

    Le dije que fuéramos al baño, mi plan era que ella intentara usar la regadera de mano para ver si con el agua saldría sola, pero la presión del agua no era suficiente. No quería hacerlo yo, créeme que no, pero al final regresamos a mi cuarto.

    Le dije que se desvistiera de la cintura para abajo. No había la visto desnuda desde que éramos niñas y nos bañaban en una tina, además, era la primera vez que veía una vagina así, en vivo y tan de cerca. Se recostó y tapó su cara con una almohada, estaba muriéndose de la vergüenza, yo también, pero al final, ayudó que no le viera la cara.

    Pues metí mi dedo, ella pegó un brinquito y sentí cómo me apretaba por dentro. Yo no me metía los dedos, quería mantenerme intacta para cuando tuviera mi primera vez (por eso yo sí podía dejarme las uñas largas y aquella, no), aquella sensación también era nueva para mí. Ya para ese momento, mis nervios y asco estaba convirtiéndose en curiosidad… y morbo. Mi intención era entrar, encontrar, sacar y salir para nunca jamás volver a hablar de aquello.

    Pero no era fácil, apenas y pude meter la punta de mi dedo, estaba apretándome con mucha fuerza ¿Cómo era posible que le hubiera cabido un marcador en primer lugar? No me di cuenta en qué momento tenía mi cara a escasos centímetros de su cuca, el calor empezaba a sofocarme y me hizo empezar a resoplar. Sus piernas temblaron un poco y su interior comenzó a ensancharse, así que pude ir más adentro y de nuevo, me apretó.

    —¡Deja de apretar! —la regañé murmurando.

    —No puedo, no lo controlo.

    Quise acomodarme para ver si podía entrar mejor, me senté sobre ella y volví a como estaba antes porque era más cómodo para mi brazo así, todo esto sin sacarle el dedo. En algún punto, mientras giraba, empezaba a dilatarse y volvía a apretar cuando me detenía. Apenas había metido mi dedo hasta la primera rayita, no quería sacarlo y empezar todo de nuevo, así que empecé a moverlo en círculos, como cuando vas a preparar la harina para ponerle los demás ingredientes a la masa.

    Sí aflojaba un poquito, pero apenas avanzaba nada. Volví a bufar del cansancio y la frustración y volvió a pasar, era como si se hiciera gelatina por dentro y mi dedo al fin alcanzó la segunda rayita. Se me había ocurrido una idea, pero no me gustaba para nada. Puse mi pulgar en su clítoris y lo moví un poco, pegó un brinco más fuerte y me preguntó que qué estaba haciendo.

    —Es para que te relajes y pueda entrar hasta el fondo, apenas va la mitad de mi dedo.

    Ella presionó la almohada sobre su cara y abrió las piernas hasta donde pudo. Dejé caer saliva sobre su botoncito para que mi pulgar resbalara mejor, tenía que masturbarla para que se dilatara. Dejé de pensar en que estaba haciéndole eso a mi hermana y me concentré en sacar la tapa lo antes posible. Creí que iba a tardarme menos, pero ahora que lo recuerdo, pasó un buen rato hasta que al fin sentí algo duro con mi uña. “Ya casi”, le dije, ella sólo suspiraba debajo de la almohada.

    Puse a trabajar mi otra mano y froté rápidamente su clítoris tieso, no me di cuenta en qué momento me llevaba los dedos a la boca para lubricar mejor, yo estaba enfocada en no alejarme de ese trozo de plástico. Me acostumbré a moverme entre sus temblores y tomaba pequeños descansos porque sentía que se me iba a entumir la mano. Mi dedo no iba a ser suficiente para agarrar esa cosa, me estaba lastimando la uña y apenas pude hacer que se moviera.

    Ya para entonces, estaba segura de que iba poder sacar mi dedo y volverlo a meter, así que metí el de en medio, que era más largo y tampoco pude. No presté atención a sus gemidos y volví a sacarlo, tenía que intentar con dos al mismo tiempo. Fue más difícil, pero tardé menos en hacer que sus adentros me dieran espacio para maniobrar. Le pedí perdón un par de veces que sentí que la rasguñaba por dentro, ella sólo levantaba las rodillas, pero las mantenía separadas.

    Aquella tapa se resbalaba y la sensación de calambres me hacían apartar la mano cada vez más rápido. Pensé en usar pinzas para pestañas, pero no eran tan largas y no iba a tener espacio para usarlas dentro. Estaba saliéndole fluido, era casi líquido y pensé que con eso debía de hacer que resbalara mejor, pero sólo sentía que se enterraba cada vez más.

    Y luego, ella se empieza a convulsionar y se aprieta la cara con ganas contra la almohada, se había venido. Le salió aún más fluido y vi cómo su rajita se abría y cerraba poquito, como si respirara por allí. Ni me lo pensé, volví a meter los dedos, ya casi me cabían tres, así que hice un mete-saca rápido para que se abriera más y pudiera meter el tercero bien para alcanzar y agarrar la mentada tapa. Ella me agarró de la muñeca para que me saliera pero ya había podido agarrarla bien, estaba sacándola, así que me soltó y volvió a abrir las piernas. Estaba temblando muy fuerte, se me estaba embarrando la mano, pero al fin pude sacar aquella mugrosa cosa.

    Era chiquita, apenas más gruesa que mi dedo, pero con tanta batalla que había dado, pensé que era enorme, como de los rotuladores de pizarrón blanco. La agarré y se la mostré, sonriente. Había alejado la almohada de su cara y estaba totalmente roja, miró el trozo de plástico y sonrió entre lágrimas, nos abrazamos y para cuando me di cuenta de que mis manos estaba cubiertas en sus aguas… me fui corriendo al baño.

    Regresé y ella ya estaba vestida y se iba a ir a su cuarto, le dije que si quería quedarse, no habría problema, pero prefirió descansar en su cama.

    —A la próxima, úsalo del otro lado —le dije, burlona.

    —A la próxima, mejor me meto tres dedos como me hiciste tú.

    Me dieron escalofríos cuando dijo eso, cerré la puerta del cuarto y cuando me acosté y pensé en lo que habíamos hecho, no pude dormirme. Quise convencerme de que aquello fue solo para ayudarla, pero digamos que tuve que darme una ayudadita para poder dormir… y digamos que, a lo mejor, pude pensar en dónde habían estado mis dedos mientras lo hacía.

    Después de eso, hubo un tiempo en que nos mirábamos con incomodidad. Ya luego, lo superamos y continuamos nuestras vidas. Ella siguió con el plan de ser oncóloga y yo fui interesándome más y más en ser ginecóloga. Cuando le conté a papá y mamá, me miraron raro, pero como iba a ser doctora a fin de cuentas, no les importó mucho. De hecho, se preocuparon más por el ataque de tos que le dio a mi hermanita mayor después de escucharlo.

    Casi nunca hacemos alusión a esa anécdota, pero de vez en cuando, le digo que va a tener que ayudarme con las prácticas. Ella sólo se ríe, me empuja, me dice que estoy loca o cambia el tema, pero nunca he escuchado que diga “no”.

  • Dolores mi suegra (3): El castigo familiar

    Dolores mi suegra (3): El castigo familiar

    ¡Buenas noches! saludo buscando esquivarlas, pero me lo impiden rodeándome ¡déjenme pasar, por favor! pido muy nervioso e inquieto ¿por qué llegas tan tarde? me pregunta mi esposa Ana, sin darme tiempo a contestar interviene mi suegra Dolores, mientras me sujeta por el brazo ¡este hombre no aprende, llevémoslo al sótano! ¡Las demás aprobaron la idea y me vi arrastrado al sótano a manos de estas tres mujeres cuyas intenciones desconozco! Pero, ¿qué quieren de mí? ¿qué me van a hacer? ¡Ya lo vas a comprobar tú mismo! me replica mi cuñada Teresa.

    Cuando llegamos al sótano mi suegra me ordena que me desnude ¡Nooo! Protesto ¿Para qué quieren que me desnude? sin darme tiempo a reaccionar, se me echan encima y me arrojan al suelo entre las tres me inmovilizan y me atan las manos con una cuerda larga. El otro extremo de la cuerda lo pasan por la viga del techo y tiran de ella hasta que me obliga a ponerme en vertical con las manos atadas y estiradas hacia el techo. Yo continúo suplicando ¡por favor, por favor! ¿Te vas a callar, puta? me pregunta mi mujer ¡yo no, soy eso! protesto ¡Te hice una pregunta, puta! insiste mi mujer con una bofetada.

    Mi suegra interviene ¡no perdamos más el tiempo pongámoslo en pelotas! y entre las tres me desnudan, mientras suplico vanamente. Cuando me tienen desnudo, mi cuñada dice ¡Tendríamos que castigarlo por el escándalo que ha montado! ¡para que se dé cuenta de que le conviene portarse bien! ¿cómo lo castigamos? pregunta mi esposa, ¡con un cinturón que tengo en el armario! contesta mi suegra ¡nooo! ¡por favor, no!

    Mi suegra abre una de las puertas del armario y saca un cinturón de cuero negro doblado en dos, ¡Ahora vas a ver, puta rebelde! a cada azote gritos y gemidos, no sé cuántos azotes han recibido mis nalgas, cuando mi suegra interrumpe el castigo y me pregunta ¿Sigo? ¡Oh te vas a callar! ¡No me azote más, me voy a callar! ¡entonces sabes lo que te conviene! ¡sí, señora! Suena un móvil, es el de mi suegra que lo tiene en el bolsillo de su bata ¿dime Juan? ¡Te cuento, estoy educando a tu yerno, las chicas y yo! ¡Ah, grandísimo pervertido! ¡sí, te esperamos! Al oír semejante conversación comienzo a temblar, sin poder controlarme al pensar que también mi suegro aparecería en cualquier momento.

    Mi suegra abre el armario y saca un consolador y un pote ¡Chicas que les parece, si vamos entrenándole el culo hasta que llegué vuestro padre! Mi esposa es la primera en consentir también mi cuñada aplaudiendo la decisión ¡vayan abriéndole las nalgas! Pide mi suegra a sus dos hijas, por mi hombro izquierdo veo que mi suegra ha terminado de lubricar el consolador, estoy indefenso para la inminente violación que no puedo evitar, así que me resigno ¡Voy a trabajarte el culo para que te entre bien la verga de mi marido! me dice mi suegra.

    Me lo introduce de un golpe, se me escapa un gruñido de dolor todas ríen y se burlan mientras yo lo voy asumiendo, ¡mi mujer me dice! ¡Eres la puta de la familia! agregando mi cuñada ¡Muuuy puta!

    Entre las tres me violan con el consolador, que van pasando de mano en mano entre risas y frases obscenas, las divierte obligarme decir todo lo puta que soy.

    Cuando mi cuñada Teresa me está violando el culo, sueña el timbre mi suegra se dirige abrir y al instante regresa con mi suegro que parece tener prisa, mi cuñada me saca el consolador y dándome una palmada en mis nalgas dice ¡este culo ya está listo! ¡claro que sí! aprobó mi suegro mientras se baja los pantalones y el bóxer, mi esposa le alcanza el pote de vaselina. Entre las tres forman un semicírculo alrededor de mí, en frente mi suegra sujetándome por el pelo, ¡Vamos, díselo! intervine mi suegra ¡qué quieres que tu suegro te folle por el culo, quiero oírte decírselo! y todo lo puta que eres.

    ¡Sí… sí, señora, soy muy puta, y quiero que me folle el culo! me siento muy humillado, mientras los cuatro se ríen de mí, de pronto el señor dice ¡bueno, colocármelo en posición que se la voy a meter! mi cuñada y mi esposa me entreabren las nalgas, y siento la punta de su verga presionando en mi ano, siento la verga entrando y un dolor intenso que me hace gritar ¡Haaa! ¡Tápale la boca, Ana! ¡A ver si lo van a escuchar los vecinos! pide mi suegra mientras mira embelesada, como su marido me taladra el culo, con la boca tapada mis gritos se transforman en ahogados y débiles gemidos.

    Más fuertes suenan los jadeos de mi suegro, cuyas manos aferradas a mis caderas me embisten violentamente, con su verga hasta que por fin se corre dentro. Mi suegro tiene prisa por marcharse y mi suegra le acompaña desapareciendo juntos. Mi palpitante ano aun chorrea la corrida, cuando mi mujer le pregunta a su hermana si quiere acompañarla para compras algunas cosas ella reúsa la invitación y se queda a solas conmigo.

  • La mujer de mi amigo me folló a gusto

    La mujer de mi amigo me folló a gusto

    En uno de los primeros relatos que envié titulado “¿Qué es ser un o una PGG?”, narré lo que me contó mi amigo llamado Anthony. Su mujer, Sara, es una ninfómana de medalla de oro. Incluso llegó al extremo de prostituirse una vez por semana en una casa de citas, por puro morbo.

    Después de escuchar esta vivencia matrimonial, yo en vez de sentir compasión por Anthony, me puse muy cachondo y decidí hacerle una visita a Sara para trajinármela duro. ¡Qué mejor estímulo sexual que pasarte por la piedra a la esposa de un colega!

    Al saber el día y a la hora en que Sara acude a ese lugar, gracias a la información aportada por su marido, pues una tarde al salir de mi estudio me acerqué por allí.

    Me abre la puerta una Madame de unos cincuenta y pico años, toda emperifollada y follada hacía poco. Me saluda y me invita a ir al salón donde allí están las chicas y escoger a la que me apetezca.

    Cuando entro en el salón, entre las 10 o 12 mujeres que allí había estaba Sara. Esta al reconocerme no hizo el menor gesto de ocultarse, todo lo contrario. Se levanta, se me acerca y me suelta:

    –Vaya, vaya. Tú por aquí. No sabía que Anthony ahora se dedicara a buscarme clientes.

    –Él no sabe nada. Me contó lo vuestro y me puse tan caliente que no pude reprimir el venir a visitarte –le comento.

    –¡Así reaccionan los buenos amigos! Si un colega no pretende tirarse a tu mujer desconfía de él. Bueno, entonces, ¿subes a mis aposentos?

    –Por supuesto. Para eso vine. Eres una mujer muy hermosa y elegante.

    Y sí que lo es. Anthony la comparó con Claudia Schiffer, pero la supera, solo que Sara es de melena morena. No me extraña que Anthony le consienta todo con tal de no perderla, una hembra así no se conquista todos los días… ni todas las décadas.

    Subimos por unas escaleras a una guardilla. Ella va delante de mí y se contonea de forma muy sensual. Lleva una minifalda muy ajustada y sus piernas lucen como dos jamones de Jabugo. Su blusa con un escote muy pronunciado dejaba, también, asomar ligeramente unos exquisitos pechos turgentes.

    No llevaba sus peculiares gafas de pasta y su pelo recogido en un moño (como es lo habitual en ella), que le dan una imagen más modosa, de mujer de su casa. Para la ocasión lleva el típico atuendo de pelandrusca.

    Con labios pintados de un rojo carmesí y algo hinchados con ácido Hialurónico, Sara daba a entender que es una buena tragasables, que sabe exprimir un buen rabo.

    Es una hembra insaciable. Un solo marido no puede darle todo lo que su ardiente y esculpido cuerpo demanda.

    Ya en su alcoba, no puedo reprimir abrazarla y pegarle unos buenos morreos. Ella me dice:

    –Lámeme las orejas. Me encanta sentir cosquillitas por ahí. También me pone que me laman los pezones.

    –Te lameré y te chupetearé todo lo que me pidas, cariño, y por supuesto el coño –le suelto todo excitado.

    Sara estalla en carcajadas por mi atrevimiento. Se tumba boca arriba sobre su cama y me ordena que le baje las bragas y le morree el conejo, aceptando mi ofrecimiento.

    Se sube la mini a modo de cinturón y yo le tiro de las bragas hacia abajo. Deja a mi vista un chumino todo depilado y con un tatuaje muy original. En el pubis, ingles y perineo tiene dibujado un marco de ventana de estilo gótico. Por él asoma su almeja rosada y con tres piercings en los labios mayores. Me zambullo en aquel manjar y comienzo a lamer y succionar con ansiedad desbordada.

    Sara me aprieta la cabeza contra su concha mientras me dice frases subidas de tono del estilo: “Saboréame bien el chocho. Parece que tú eres el puto y yo la clienta. ¡Qué ganas le pones a la comida de almeja, maricón!”.

    Me encanta comer un buen coño, lo reconozco. Succionar fuerte, buscando su zumo recién exprimido.

    Sara no pudo evitar correrse en toda mi cara, refregándome su berberecho por todo el rostro mientras percibe sus últimos espasmos.

    –¡Trágate todos mis caldos, cabrón! Déjame la almeja reluciente para luego albergar a tu maciza polla.

    Mientras yo me desnudo para montar sobre aquella yegua, ella me comenta que tengo que animar a Sonia, mi mujer, a ir por allí, pues es muy calentorra también. Le comento que mi esposa es la más puta de entre las putas, pues lo hace gratis con todo el mundo y sin pedir agasajos a cambio.

    –Entonces no es puta. Es una vulgar GG, sin más –me informa.

    Yo conocía, por Anthony, la teoría de Sara respecto a lo que es ser un o una PGG, GG, etc. (remito al lector a dicho relato para aclarar estos conceptos), y no quise entrar en polémicas etimológicas.

    Sara se desabrocha la blusa, tirándola al suelo. Un sujetador negro de encaje sujeta bien alto dos cántaros exquisitos. Se lo quita muy despacio.

    Yo me tumbo en la cama y espero a que me monte. Aunque es una buena jaca, en esta ocasión adoptaría el papel de jinete. Mientras me cabalga aprovecho para lamerle y chuparle los pezones. Me folla a buen ritmo. Por su piel comienzan a notarse algunas gotas de sudor.

    –Córrete bien adentro de mi almeja. Después me pondré un tampón e iré a casa. Me lo sacaré y se lo daré a chupar al cabrón y consentidor de mi marido –me suelta Sara.

    –Pero no le digas que es mío –le comento, todo preocupado.

    Sara se echa a reír y me tranquiliza diciéndome:

    –Tranquilo, será nuestro secreto.

    Aquella hembra en celo, insaciable de polla y semen, con su melena a tirabuzones empapada ya en sudor por la salvaje follada que me estaba proporcionando, y con el correspondiente chasqueo de nuestras entrepiernas, me estaba poniendo como un potro desbocado.

    No cambiamos de postura en toda aquella sesión de sexo duro, que fue de una media hora. A Sara le encanta el montar sobre su macho y marcar el ritmo a su gusto, buscando el orgasmo o retrasándolo a su capricho. Yo me limitaba a saborear su piel salada y sudada. Orejas, mejillas, cuello y tetas quedaron bien lamidas y mordisqueadas.

    Sara tuvo sus tres buenos orgasmos y entonces me ordena que me corra, que ya está saciada y que el fuelle comienza a irritarle el chocho. Entonces le pido que me escupa en la boca, que eso me excita muchísimo. Ella lo hace. Me suelta cuatro o cinco salivazos en la cara y en el interior de la boca. Los saboreo con sumo placer y me caliento tanto que a los pocos segundos inundo su chumino de una copiosa descarga de lefa.

    Nada más desacoplarse de mí, se coloca el tampón, se viste y sale disparada para su casa, después de darme un buen morreo de despedida.

    A los tres días de este suceso quedé con Anthony para tomar un café. Me saca el tema de su mujer y me cuenta que Sara está cada día más desatada.

    –El otro día llegó a casa, se sacó un tampón y me dijo que lo chupara y me tragara todo su contenido. Me dijo que era esperma de uno de sus machos y que si me gustaba me traería más –me comentó Anthony.

    –¿Y te gustó? –le pregunto.

    –La verdad es que sí. Todo lo que salga del cuerpo de mi mujer me encanta, aunque no sea producido por ella.

    –Me alegro por ti… y por mí –le digo, aunque estas últimas palabras las dije entre dientes.

  • Vacaciones locas en la playa

    Vacaciones locas en la playa

    Mi esposa, su amiga Naty y otras amigas habían planeado pasar un fin de semana en la playa en una casa cerca de punta cordero. Cuando mi mujer me contó de la idea me pareció un poco atrevida ya que íbamos cuatro parejas que por lo general habíamos compartido experiencias sexuales anteriormente.

    Se coordinó la alimentación, bebidas y todo para pasar unos momentos agradables. De mi parte soy experto en preparar bebidas y llevé varias botellas de diferentes tipos de licores para satisfacer el paladar especialmente de las damas. El hospedaje con playa privada se prestaba para todo, incluso tenía una piscina infinita que mostraba un paisaje hermoso.

    Llegamos y nos pusimos cómodos. Estaba Naty con su marido Juan, Fernanda una costeña preciosa y con unas nalgas deliciosas estaba con su actual pareja Richard, Michelle estaba con José y mi esposa Rudy conmigo. Escogimos las habitaciones y nos propusimos arreglarnos para ir a la playa y tomar el sol.

    Mientras me ponía mi traje de baño pude notar que Rudy estaba en el baño y demoraba y cuando salió pude notar que se había colocado un traje de baño tipo hilo dental rojo que apenas tapaba la raya de su trasero. Asimismo, la parte superior con un escote tremendo que resaltaba su cuerpo de 35 años voluminoso y bien formado.

    Cuando estaba lista, me fijé además que se había maquillado y estaba preciosa y muy atractiva. Le dije que esperaba se porte bien y me contestó que venía a disfrutar. Salimos y me encontré en una sesión de nalgas y tetas. Las cuatro mujeres estaban con hilos dentales en sus traseros y la parte superior apenas tapaba sus pezones.

    Ya se imaginarán como estaba Naty con esas tetas tremendas que tiene, asimismo, Fernanda estaba hermosa y se le veía la vulva hinchada tipo pata de camello. Los cuatro hombres estábamos perplejos y excitados, marcando nuestros penes semi erectos viendo a estas cuatro hembras que estaban disponibles solo para nosotros.

    Empezó la música, los tragos y luego de unos minutos llegaron los aperitivos que ordenamos. Les preparé unos cócteles a las mujeres y los hombres tomábamos cerveza para luego pasar al whisky. Bailábamos entre todos y pude observar cómo Richard se apegaba a Rudy por detrás solo para sentir sus nalgas.

    Asimismo, Juan empezó con Fernanda y Michelle, mientras Naty bailaba con José haciendo que le tome de la cintura. Estábamos bailando y empezamos a beber y empezó la locura. Rudy se me acercó y empezamos a besarnos mientras esos sinvergüenzas le veían las nalgotas y se lamían los labios.

    Realmente era un espectáculo de culos, vaginas y tetas entre todos. En un momento vi a Rudy sentada en las piernas de Juan, mientras las tetas de Naty estaban en el rostro de José y ella sentada en las piernas de Richard. Yo seguía preparando los cócteles y en eso veo a Fernanda que va hacia el baño y me hizo una señal para que la acompañe, me acerqué y ni bien crucé la puerta me empezó a besar desenfrenadamente y a meterme la lengua en la boca, me decía que yo le gustaba y que quería que le penetrara.

    Me sacó el miembro y empezó a mamarme. Debo decir que era una experta y luego empecé a lamer y mordisquear sus tetas también. Jugamos un buen rato, pero luego escuché que la música paró y le dije que continuaríamos luego.

    Salí de baño y no había nadie en la sala. Coloqué nuevamente la música y con Fernanda nos dirigimos a una de las habitaciones y vimos que estaba Michelle con Juan. Fuimos hacia otra habitación y nos sorprendimos al ver a Richard, José, Naty y Rudy allí.

    Las dos hembras se sobaban las tetas mientras cabalgaban a esos machos. Una escena tremenda. Ese culazo de mi mujer subía y bajaba del pene de Richard y Naty con esas tetas enormes que se movían al son del sube y baja de sus nalgas sobre el pene de José. Las dos hembras nos llamaron a Fernanda y a mí a que nos unamos.

    Yo tomé a Fernanda y le acerqué a un sofá mientras nos besábamos y yo acariciaba su cuerpo. Me acosté en el sofá y la cerdita empezó a succionar mi verga a tal punto que estaba bien parada y gorda. Se puso saliva en su vagina y empezó a cabalgar moviéndose de una manera sublime. La puta me ofreció sus tetas las cuales empecé a lactar mientras gemía diciendo que quería quedar preñada.

    En ese momento siento a alguien atrás de Fernanda y me percato que era Richard, quién abría las nalgas de Fernanda para lamer su ojete. La puta se entregaba más a mí y pronunciaba sus nalgas para que Richard metiera la lengua en su orto. Rudy por su parte ahora cabalgaba a José mientras éste lamía la vagina de Naty mientras la zorra unía las tetas con Rudy.

    Luego de unos instantes veo a Fernanda que le pide a Richard que le perfore el ojete y este se acercó y metió su pene erecto en el culo de Fernanda. En ese momento sentí como se abría paso ese pene en el cuerpo de la hembra mientras le tenía ensartado mi verga por su chepa. Empezamos a bombear duro mientras la puta de Fernanda gritaba de placer y se corría a chorros encima mío.

    Me percaté que Juan y Michelle habían llegado a la habitación y que el cabrón José se había acostado en el sofá cerca de mi. Vi como se jalaba la verga desde la base de las bolas hacia el prepucio dejando ver un glande rojo hinchado. A un lado vi como Naty empezó a tijerear su vagina con Michelle, besándose y estrujando sus cuerpos. Viré mi cabeza hacia un lado y veo a Rudy acomodando su pelvis para empezar a cabalgar el pene de José. Se dejó caer y se metió todo pegando un buen gemido.

    Todo esto pasó en segundos. Fernanda seguía cabalgando mi pene y Richard le daba con todo por el ano. Al ver a Rudy a mi lado cabalgando a otro pene me producía espasmos de excitación, cuando en un instante veo a Juan atrás de Rudy apuntando a su ojete. Ella al sentir a otro macho atrás se dio la vuelta y empinó las nalgas ofreciendo el agujero a su otro amante. Juan aprovechó y empezó suavemente a penetrar el orto de Rudy y en un momento empezó a darle con todo, tomando sus caderas con ambas manos le daban duro.

    Así nos mantuvimos por un buen rato hasta que empiezo a sentir que Richard estaba cogiendo duro a Fernanda y ella echaba chorros por la vagina. En eso Rudy me queda observando y empieza a gemir diciendo a sus dos machos que le culeen duro y veo que empieza a terminar echando chorros de squirt encima de José. Ella me veía mordisqueando sus labios y cerró sus ojos cuando los dos cerdos empezaron a gritar dejando todo su semen en sus dos agujeros.

    Yo me excité a tal modo que empezamos a culear durísimo a Fernanda y allí mismo le dimos toda nuestra leche dentro de su cuerpo. Lo dejamos todo dentro de ella y nos incorporamos.

    Salimos cada uno a su habitación y al llegar le ordene a Rudy que se ponga en cuatro patas. Ella acató la orden y pensó que le iba a meter el pene, sin embargo, me jalé la verga y empecé a orinarme en sus nalgas, el ojete y la chepa. Más tarde entró al baño a ducharse y salió cubierta solamente con una toalla. Tocaron la puerta y era su amiguita Fernanda con su amigo, que querían continuar la fiesta, pero esa será otra historia que ya les contaré más adelante.

    Déjame un comentario si te gustó este relato real y si deseas que te siga contando que más sucedió.

  • Ayudando a mi comadre

    Ayudando a mi comadre

    Ella estaba triste, creo que jamás se esperó que la fueran a traicionar y es que tenía algo de lógica, una morena tetona piernona de buena nalga que además era un amor, solo algún idiota la descuidaría, pero bueno quien soy yo para juzgar si hice lo mismo con mi esposa, pero bueno mi comadre Yolo estaba deprimida por la infidelidad de su marido Joel y estaba en día de mudarse a un departamento que rentaría hasta que terminara su trámite de divorcio.

    Lety quien es súper amiga de ella, digo que le ayudaría con la mudanza, al final ella no pudo por cuestiones de trabajo y me pidió que le ayudara yo.

    Al principio me moleste ya que quería descansar porque había tenido un día atareado, pero cuando llegue al lugar donde ya me esperaba mi comadre, al verla se me quito lo aguafiestas, llevaba una minifalda negra mostrando su ricas piernas color canela y una blusa entalladísima que marcaba sus grandes tetas, además al parecer estaba con frio ya que se marcaba su pezón, aunque siempre la considere muy sabrosa nunca intente nada con ella ya que es madrina de mi hijo y súper amiga de Lety y aunque suena hipócrita hay algunas normas que aun respeto, pero ese día ella se veía tan deseable que pensamientos calientes me invadían!

    Y: ¡Compadrito, que bueno que llegas, pensé que me plantarías!

    L: Para nada comadre, es un gusto ayudarte, ¡más en estos momentos!

    Ella me recibió eufórica, al abrazarme sentí la dureza de sus pezones, eso me dio cosquilleo en mi verga, pero bueno al final iba a apoyarla y sabía que tendría que conformarme son el taco de ojo solamente.

    Al parecer ella estaba un poco animada ya que en la entrada de su cuarto había unas latas de cerveza y andaba tratando de disfrazar su dolor, con música y sonriendo de todo.

    Mientras acomodábamos los muebles, nos rosábamos cuerpo a cuerpo, ella me abrazaba y me besaba la mejilla, yo de vez en cuando contestaba su abrazo pegándome su cuerpo al mío, ella no lo paso por alto y recibió bien mis arrimones.

    Una vez terminada la tarea de acomodar su nuevo lugar para vivir me dispuse a irme, pero ella me dijo que encargo la cena, como tenía hambre me quede aceptando la cena de comida china que llegaría en cualquier momento.

    En el lapso mientras esperábamos ella hizo algo que me aprecio muy sensual, me pidió le ayudar a quitarse sus botas, se quitó su cubre pie y se acarició sus pies tan sensuales que mi verga comenzó a endurecerse, me encanto ver como los doblaba y movía sus dedos, se puso unas sandalias y me miro coqueta mientras bebía una cerveza.

    Llego la cena, comimos una buena comida china, pero al parecer ella quería hogar sus penas con alcohol, puso música y bebía más y más, yo trate de relajarle hablando de resignación, pero ella evadía el tema, finalmente decidí irme a casa, ¡tome mi chamarra y me disponía a marcharme cuando me tomo del brazo y me dio un beso muy rico!

    Yo me quede anonadado, ella sintió vergüenza y cuando estaba por irse más deprimida, la tome de la cintura y empecé a besarla, ella respondió a mis besos con caricias y quitándome la playera, yo acariciaba su espalda y bajaba mis manos a su rico trasero, lo acariciaba como loco mientras nuestras lenguas se entrelazaban riquísimo.

    ¡Nos fuimos a su sofá, le quité su blusa y empecé a apretar sus ricas tetas, ella cerraba sus ojos y gemía, me tomo de la cabeza y me bajo a sus tetas!

    Le arranqué su brasear y comencé a tragarme sus pezones, mi lengua no se daba abasto con sus ricas tetas morenas, le metí las manos debajo de su falda y apretaba sus carnosos muslos y acariciaba su vagina la cual ya estaba húmeda y se sentía en su tanga que estaba mojadísima.

    L: ¡Comadre, que rica estas!

    Y: ¡Soy una desgraciada, tú eres el esposo de mi amiga!

    L: ¡Mejor aún, más vale yo que otro idiota!

    Me baje el pantalón y saque mi verga dura, me acerque a su cara, ella abrió sus ojos y al verla inmediatamente la llevo a su boca, mi comadre daba unas mamadas riquísimas, su lengua lamia la cabeza de forma fenomenal, yo apretaba sus tetas y le tomaba la cabeza para follarle su boca.

    L: ¡Comadre, que rico lo mamas!

    Y: La tienes más grande que Joel y más rica, ¡ugh!

    Movía mi pelvis para follarle la boca, ella se ahogaba y se retorcía riquísimo, me daba una gran mamada, le quite su falda y su tanga, estaba escurriendo y lista para ser penetrada, la comadre Yolo estaba salvajemente caliente y no le importaba que fuera casi hermana de Lety, ¡estaba más que disponible para mí!

    Después de recibir una deliciosa mamada, la acomode en el sofá abriendo sus ricas piernas, note su húmeda vagina que casi escurría, la comadre estaba necesitada y yo generosamente le iba a ayudar.

    Y: ¡Así, agh, métela, uf!

    L: ¡Que rica vagina, uff!

    Y: ¡Que dureza, dios!

    L: ¡Si fueras mi esposa te cogería diario!!!

    Y: ¡Agh, eres un toro!

    L: ¡Que rico aprietas, uf!

    La penetraba suave, su rica vagina apretaba delicioso, gracias a su humedad mi verga entraba profundo, ella se retorcía al sentir a mi amigo entrar en ella, le mamaba las tetas y le apretaba los muslos, ¡quería disfrutar a mil de mi comadre!

    Ella me ponía los pies en la cara, me encantaba tenerlos ahí, le besaba los dedos y recorría mi lengua hacia sus pantorrillas, me movía coordinándome con su movimiento de cadera, me excitaba ver sus muecas, como cerraba sus ojos y como se mordía los labios.

    Me senté en el sofá y la puse a darse de sentones, lo hacía con velocidad, mientras le besaba la espalda y le apretaba sus tetas morrenas, me encantaba apretar su pezón, me levantaba un poco cada que ella se daba sentones para metérsela más, ¡mi comadre jadeaba del placer que estaba sintiendo con mi dura verga!

    L: ¡Uf, comadrita, que ricas nalgas, uf!

    Y: ¡Compadre, agh!

    L: ¡Eres una bomba sexual, cuando gustes te exploto!!

    Y: ¿Así?, será un placer, ¡agh!!

    Se puso en cuatro en el sofá, yo con una pierna arriba y otra en el piso, la tome de sus nalgas abriéndolas un poco y le penetre con fuerza, me movía rápido, sentía como mi verga entraba profundo, ella movía riquísimo su trasero, su movimiento de cadera me generaba una sensación extraordinaria, le daba de nalgadas, le apretaba los muslos, estaba gozando a mi comadre, a la casi hermana de mi esposa, pero no me sentía mal, al contrario, ¡pensé que debía haber hecho eso años atrás!

    Y: ¡Que rico, compadrito, agh!

    L: ¡Muévete tus nalgas comadre, agh!

    Y: Riquísima verga, envidio a Lety, tu eres un toro, ¡que rico coges!!

    L: Tú no te quedas atrás, ¡te mueves fenomenal!!

    Ella se puso de pie apoyándose en el respaldo del sofá, yo me acariciaba la verga mientras ella se abría de piernas, le apretaba sus piernas mientras le pasaba mi verga por ellas, la tome de la cadera, Yolo tomo mi verga con su mano y la comenzó a meter en su concha, una vez dentro al cabecita, la tome del pelo y comencé a embestirla rapidísimo, ella también movía rico su cadera, nuestros movimientos e complementaban rico, el placer era enorme, mi comadre estaba vengándose rico de Joel y yo le ayudaba a cumplir su cometido!

    Y: Mas, así más rápido, que dura, ¡papi me matas!!

    L: Toma, toma verga, ¿te gusta? ¿Te gusta mi verga?

    Y: ¡Compadre me encanta, la quiero toda, quiero tu semen!

    L: Te voy a embarazar, ¿eso quieres?

    Y: ¡Quiero todo, agh, uf!!

    L: ¡Dios, comadrita, uf!!

    Ambos alcanzamos el rico orgasmo, la llenaba de mi leche caliente, ella se movía riquísimo recibiendo mi semen, unas fuertes nalgadas recibía de mi parte, ese momento fue maravilloso.

    Después de reposar, me miro desconcertada, yo no le decía nada, solo me disponía a irme, justo cuando iba a cruzar la puerta ella me detuvo y me beso apasionadamente, me agradeció por el momento concedido y me pidió lo dejáramos entre los dos, yo acerté con la cabeza y le toqué su nalga, sonreí y salí.

    Esa no fue la única vez que ayude a mi comadre a ser infiel, pronto les contare más momentos ricos que pase con ella.

  • Yanet, la esposa del tendero

    Yanet, la esposa del tendero

    Una mujer muy bien cuidada ya que iba siempre al gimnasio, unas hermosas piernas color canela, unas nalgas paradas y duras y unas tetas que, aunque estaban operadas demostraban que había valido la pena el pago, así era Yanet, la estilista que era esposa de Juan, un viejo comerciante dedicando a los abarrotes, a lado de su estética se encontraba la tienda que distribuía de todo, desde un simple refresco hasta especias y carne, obviamente estaba claro que la guapa estilista estaba con el solo por el dinero, ya que siempre era cortejada por sus cuantiosos clientes que solo iban solo a ver su escultural figura, la cual mostraba en minifaldas llamativas o licras que transparentaban su hermoso cuerpo.

    Yante era muy coqueta y se rumoraba que ya había tenido aventuras con algunos cuantos, incluso que fueron amenazados de muerte por don Juan y es que Yanet en ese entonces presumía 25 primaveras 15 menos que el viejo Juan y se notaba a leguas que le encantaba la fiesta, ¡pero con él no podía muchas cosas!

    Yo logre entablar una comunicación constante con ella, yo tenía 22 años en aquel entonces y s eme hacia fácil querer penetrar a toda que me encontrara como la mayoría de los jóvenes de mi generación, Yanet me daba entrada, apenas me veía entrar y nos saludábamos de beso y abrazo, aprovechaba para tocar su hermosa espalda y su escultural cintura, su perfume se quedaba en mí, no solo me cortaba el cabello ya que a veces sosteníamos platicas que duraban hasta dos horas, recibía miradas de odio de muchos que querían su atención pero yo se las robaba.

    De hecho, ya era rutina ir a verla diario y charlar un par de horas, la confianza aumentaba, ella me abrazaba, se acostaba en mi hombro, una ocasión don Juan estuvo cerca de vernos cuando nos abrazábamos, pero tuve suerte que trataron de asaltar su tienda, yo ya no aguantaba las ganas, quería tenerla en mi cama, así que sabiendo lo que podía pasar fui directo al grano.

    L: Oye espero que no te enojes conmigo Yanet, pero te tengo unas ganas enormes, ¡quisiera una oportunidad de estar contigo!

    Y: ¿Conmigo? ¿Jajá y en qué aspecto?

    L: Te diría que, en todos, bueno eso me encantaría aún más, ¡pero me encantaría una noche contigo!

    Y: Caray, jajá sí que fuiste al punto, y así nomás, ¿directo a eso?

    L: Una noche, ¡o sea salgamos a divertirnos primero y luego vemos que pasa!

    Y: La verdad me gustas, eres un chavo a todo dar, está bien, el sábado a las 6:00, estaré sola, ¡salgamos y veamos que pasa!

    Ese día el viejo Juan no estaría ya que se iría a Jalisco disque a ver unos proveedores de tequila ya que quería hacer una bodega vendiendo alcohol, yo aproveche para salir a divertirme con su joven esposa, bueno no estaban casados, pero eran pareja y el la llamaba así.

    Pase por ella a las 6:00 como habíamos quedado, ella me esperaba en la esquina del metro ya que no quería que la vieran por donde vive y trabaja, vestía muy sexy, una minifalda negra entallada, unas medias negras con ligero que se notaba al caminar y una blusa roja entallada escotada que mostraba sus hermosas tetas operadas pero riquísimas.

    En cuanto entro a mi auto, en lugar del tradicional saludo, ella se lanzó a besarme, yo no desprecie sus labios y nos besamos con mucho deseo, ese beso mostro las ganas que ambos nos teníamos, fue un beso duradero y erótico, puse mi mano en su pierna torneada, la acariciaba desesperadamente y suave a la vez, ella también me apretaba mi entre pierna, baje a besar su cuello y luego pro encima de su blusa toque sus tetas, ella me apretaba la verga por encima de mi pantalón, estábamos calientes y queríamos cogernos ya, peor reacciono y sonrió me dijo que nos fuéramos!

    Llegamos a un antro cerca de la Reyes la Paz, comenzamos a convivir y conocernos más a fondo, bailábamos y tomábamos un buen vodka, ella cada vez se transformaba más, yo aprovechaba cada instante para tocar sus piernas o besarle su mejilla o cuello, nos parábamos a bailar y ellas e me pegaba riquísimo, nos besábamos olvidándonos de si alguien nos veía.

    Y: ¡Luis, de verdad me gustas!

    L: ¡Y tú a mi corazón, desde que te vi me flechaste!

    Y: ¡Jajá, eres un amor, lástima que tenga un compromiso!

    L: Lo sé, ¡pero ahora estamos aquí y hay que aprovechar este momento!

    Y: ¡Vámonos de aquí!

    Salimos del antro y nos fuimos a un hotel, elegimos uno aún más alejado, estaba un poco extraño peor al final solo necesitábamos la cama para desahogarnos finalmente.

    Entramos al cuarto e inmediatamente comenzamos el faje, me quite mi playera y ella lamia mi pecho y mordía mis pezones, le quite su blusa y sus enormes tetas quedaron al descubierto, las acaricia como un niño recibiendo su juguete en navidad, le mordí su peso oscuro, llevaba mi lengua de en medio de sus tetas hasta su ombligo, me quite el pantalón y ella acariciaba mi verga que poco a poco se endurecía más, baje su minifalda y vi una rica tanga e encaje negra y su ligero, eso me puso más cachondo, le besaba los muslos mientras hacia a un lado su tanga para ver una vagina hermosa, depilada y un poco estrecha!

    L: ¡Que rica, estas hermosa!

    Y: ¿Ah, Luis que rico, me vas a chupar?

    L: ¡Si, déjame probar esta delicia!

    Y: ¡Si, cómeme nene!

    Comencé a devorar su rica vagina, mi lengua lamia sus labios vaginales, la llevaba de sus labios hasta el inicio de su ano, para luego pasar por sus muslos, ¡mientras el fetiche de las medias aumentaba apretando sus rodillas y pasando mi pene por encima de ellas!

    Le daba pequeñas mordidas a su clítoris inflado, le metía dos dedos palpando su rica sexualidad, sus gemidos me ponían a mil, la puse en cuatro y agarrándole sus ricas nalgas, ¡le metía y sacaba mi lengua simulando una penetración!

    Y: ¡Ah Luis, así que rico se siente!

    L: ¿Te gusta nena?

    Y: ¡Si, no pares!

    Continúe tragando su rica vagina, mi lengua estaba escalada, ¡pero continuaba entrando y saliendo de la vagina que ya estaba húmeda y lista para recibirme!

    L: ¡Deja te la meto!

    Y: ¡Espera, deja ponerte el condón!

    L: ¡Como gustes cariño!

    Y: Uf, es grande, ¡mi gordo no la tiene así ni de broma!

    L: No sé qué haces con él, pero bueno, ¡hoy estás conmigo!

    Y: ¡Si y lo voy a disfrutar!

    Antes de colocarme el condón, comenzó a darle unas ricas lamidas a mi tronco, lo hacía fabulosamente, bajaba y subía su lengua con una velocidad rápida lo cual me hacía moverme de la satisfacción, luego lo tomo con sus dos manos y lo metió a su boca, trago lo más que pudo de mis 21 cm, me encantaba ver como se ahogaba pero no dejaba de ingerir, me apretaba los testículos de forma monumental, agarro sus tetas y puso mi verga en medio de ellas, las apretaba y subía y bajaba delicioso, coloco el condón en la cabecita de mi verga y con su boca comenzó a bajarlo lentamente, acomodándomelo mientras sus tetas seguían apretando mi dura verga.

    Y: ¡La tienes riquísima!!

    L: Agh, que rico chupas, ese no te merece, ¡eres una diosa!

    Y: ¡Mmm, no hables de él, mejor métemela rico!

    L: ¡A sus órdenes madame!!!

    Se acostó y abrió sus piernas, apoye mis manos en sus muslos y empecé a penetrarla poco a poco, el condone m lastimaba un poco pero conforme avanzaba mi verga, su jugosa vagina ayudaba a que resbalara mejor, se sentía apretadísima, lanzaba gemidos de placer, me apretaba el cuello, empecé a moverme fuerte, ¡le besaba el cuello mientras el mete y saque empezaba a agarrar velocidad!

    Así mismo acostada empezó a mover sus piernas, me abrazaba con ellas, sentía riquísimo sus medias en mi espalda, le apretaba sus nalgas y mordía sus tetas, ella hacia movimientos ricos haciéndome jadear ya que a cada movimiento apretaba riquísimo mi verga.

    Y: ¡Ah, que rico, hace tiempo no sentí así!

    L: ¡Mamacita, eres riquísima, que rico agh!

    Y: ¡Muévete Luis, así dame rico!

    Y: Ah, me pones loco, ¡desde hace tiempo quería darte!

    Y: Lo sé, agh, dame, aprovechemos que tenemos esta oportunidad, ah, ¡que rico!

    L: ¡Uf, no me gustaría que fuera la última, ah!

    Me acosté en la cama, ella subió para hacer un rico misionero, se movía fantástico, acariciaba sus piernas y sentir sus medias me la ponía aún más dura, ella seguía en su chamba, ¡moviendo su rica cadera y alzándose y dejándose caer para meterse toda mi verga!

    L: ¡Yante, muévete más, que rico lo haces!

    Y: ¡Agh, que dura, en serio, es la mejor de mi vida!

    Yante era una experta en el sexo, estaba claro que Juan no la satisfacía del todo, se movía con una desesperación alta, sentí correr fluidos de su vagina, me movía ayudándola a sentir más rico, le tomaba las tetas y movía mi cadera de la misma forma que ella, sus gemidos inundaban la habitación, el ruido que generaba su semi corrida en mi pelvis me ponía como loco, ¡la tome de las manos y ambos nos movíamos como desesperados!

    Sin sacarse mi verga se dio vuela y me cabalgo invertidamente, me encantaba ver como se hacía mis pies y movía riquísimo sus nalgas dejándose caer en mi verga, la metía y sacaba toda, me encantaba la sensación que sentía en la cabeza de mi pene cuando su clítoris chocaba con él, ella estaba suela como perra en brama, solo quería seguir sintiendo mi verga, ¡quería acabar y recordar esa noche por siempre!

    Y: ¡Ah, que rico, papi me vengo!

    L: ¡Si amor, termina, mójame todo!

    Y: ¡Muévete, agh, muévete más!

    L: ¿Así nena? ¿Te gusta este movimiento?

    Y: ¡Sí!!! ¡Dios, me vengo!!!

    Yanet comenzó a correrse y tener un orgasmo, se tambaleaba con mi verga dentro de ella, me fascinaba verla así, fui benevolente con ella, y la acosté, levante sus piernas y la penetre en esa pose, ella aun sentía su rica sensación de su orgasmo, mientras le mordía los dedos de sus pies por encima de sus medias que me ponían tan caliente!

    Y: ¡Que rico, hace tiempo no tenía un orgasmo así!

    L: ¡Prepárate amor, ahora trabajare para darte el segundo!

    Nos acostamos de cucharita, esa pose la disfrute al máximo, la embestía y acariciaba sus piernas de arriba abajo, me ponía más duro al sentir sus delicadas medias, nos besamos, jugaba el clítoris, ¡estaba disfrutando a la esposa de don Juan!

    Me puse de pie y la cargué mientras le ensartaba mi verga, me moví rápido, nos besábamos y yo caminaba con ella alrededor de la cama, que rico, ella era tan sexual y cogible que no podía resistirme a darle de todas las formas posibles.

    Y: ¡Que rico me coges, mmm!!!

    L: ¿Aprietas magnifico, te hacía falta esto verdad?

    Y: ¡Como no lo imaginas, soy muy caliente y a veces me tengo que consolar sola!

    L: ¡Tranquila, al menos hoy dormirás satisfecha jajá!

    La puse en cuatro en la cama, la imagen de su trasero sacando fluidos y listo para mi me puso loco, desesperado, me quite el condón, ella me miro con asombro, pero no me dijo nada, la tome de la cintura y puse mi cabecita en su ano, ella se erizo completa, ¡entonces abrí un poco sus nalgas y empecé a empujarle mi pene con suavidad!

    Y: ¿Qué haces??

    L: ¡Que rico culo, uf, aprieta magnifico!

    Y: ¡No, hace tiempo no hago eso, agh!

    L: ¡Pues tengo que reinaugurar tu rico tesoro, uf!

    Y: ¡Agh, despacio, ah, despacio!

    L: ¡Si, así, déjate llevar, agh!

    La penetraba suave, mi verga entraba hasta más de la mitad, ella no gemía ni nada, solo respiraba agitadamente, me encantaba ver las muecas que hacía, una ligera sonrisa de satisfacción a cada movimiento que le hacía, le acariciaba las piernas y le apretaba los muslos, ¡poco a poco fui subiendo la velocidad de mis embestidas!

    Y: ¡Agh, así, mas, dame más papi, agh!

    L: ¡Que rico culo, uf, aprieta delicioso, agh!

    Y: ¿Te gusta rey? ¿Te gusta mi culo?

    L: ¡Es de lo mejor, uf, toma, toma!

    Aumente mis embestidas, eran con más fuerza y más violentas, ella gritaba, pero también se movía hacia mí, le encantaba sentir mi dureza en su ano, le jalaba el cabello y el daba unas nalgadas, tomaba sus manos y como policía se las doblaba simulando una detención, me hacía hacia atrás para tomar más vuelo y darle más rico, mi verga ya la empalaba por completo.

    ¡La misma fuerza de mis movimientos la empujaban hacía en frente en un momento ella quedo boca abajo en la cama, yo aun así seguía empujando mi verga, en es apose era más rico, ella movía sus caderas y agarraba sus nalgas para abrirlas y no le doliera tanto, le mordía su oreja, le daba de nalgadas, estaba haciendo mía a la esposa del dueño de la tienda de abarrotes!

    Y: ¡Agh, que rico, me duele un poco, pero es más rico!

    L: Dios, ¡si tu marido nos viera!

    Y: ¡Ya te hubiera querido matar, agh!

    L: ¡Jajá, así muestra sus complejos, agh, como no puede contigo!

    Y: ¡Agh, olvídate de es panzón, métela, así, agh!

    L: Mmm, que rico culo, agh, ¡lo voy a llenar de semen!

    Y: Mientras sea solo mi culo, ugh, ¡no importa!

    Me moví como loco, apoyado de la cama me empujaba con toda mi fuerza al culo de Yanet, ella gritaba ay me apretaba las nalgas para empujarse más a mí, ¡mi verga empezaba a sentir la presión y empezaba inflarse y prepararse para la explosión!

    L: ¡Agh, me voy a venir nena, agh!

    Y: ¡Si, que rico, termina, agh!

    L: ¡Saldrá mucho, uf!

    Y: ¡Dámelos todos!!!

    L: ¡Ahí va, agh!!!

    Y: ¡Dios, si, que rico, ah!!!!!!!

    Un tremendo chorro salió de mi verga llenándole el ano de semen, nos movíamos salvajes, ambos estábamos en un rico orgasmo, su culo mordía sabroso mi verga y su vagina escurría de placer, ambos quedamos exhaustos en la cama, en un último acto de placer tome sus pies y me masturbe sacando lo último de semen que me quedaba, ella disfruto eso al máximo.

    Reposamos un rato y nos aventamos una rica cogida más, esa noche disfrute como nunca a Yante, ¡sabía que tal vez eso no se repetiría y con esa noche me conformaría!

    Después de esa rica noche, solo la vi unas tres veces más, pero ya no tuvimos sexo, el viejo don Juan al sentirse cornudo se la llevo a vivir a Puebla de donde es originario, pero eso no quitara que su joven y guapa esposa fue mía, ¡la sensual estilista Yanet!