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  • Anal a Carolina

    Anal a Carolina

    Le acariciaba sus piernas con suavidad, ella solo me miraba y sonreía, me dejaba darle masaje en sus pies, los besaba, mi lengua también recorría sus pantorrillas hasta el inicio de sus muslos, esos muslos carnosos de color blanco que cada día se ponían más duros.

    Ella traía su minivestido floreado, con el cual hipnotizaba a todos, mostrando su bien trabajado físico.

    Ese día fuimos a cenar mariscos, pero mi intención era cogérmela nuevamente, ya que sabía que tendría posibilidad de gozar su riquísimo cuerpo nuevamente y es que ella había quedado encantada con el trabajo que le hice aquella primera vez.

    Regresando a donde estaba, ya me había despojado de la camiseta, ella me acariciaba la espalda mientras con mi boca la despojaba de su tanga, siempre había tenido la fantasía de darle sin que se quitara sus mini vestidos y ese día quería cumplirla.

    L: ¡Que rica vagina!

    C: ¡Haz lo tuyo!

    Comencé a devorar su vagina, mi lengua lamia con suavidad sus labios vaginales, le daba de besos en los muslos y llevaba mi lengua de ahí hasta su clítoris, lo lamia con velocidad, ayudado de mi mano se lo apretaba y estimulaba con fuerza su pivote, ella me acariciaba la cabeza, le comencé a apretar las tetas por arriba de su vestido, ella tarto de quitárselo, pero yo se lo impedí, quería cumplir mi fantasía, quería darle pito con todo y su ropa sensual.

    C: ¿Porque no me dejas quitarme la ropa?

    L: ¡Porque así te quiero dar!

    C: ¡Jajá, pero se va a manchar!

    L: ¡Te compro otro vestido!

    C: Hay Luisito, ¡eres tremendo!

    L: ¡Y tu una diosa Carolina!

    Bajé la parte que cubría sus pechos y los comencé a morder, me encantaba ahogarme en medio de sus firmes tetas, ella gustosa apretaba mi cara a sus duras tetas, mordía sus pezones, con mi mano la masturbaba, me encantaba frotar su clítoris y sentir su humedad, nos besábamos muy rico, le mordía su labio ella el mío, su cuello también era probado por mí, me quito la trusa y empezó a jugar con mi verga, ahora yo estaba acostado mientras ella exploraba debajo de mi ombligo.

    C: ¡Me encanta, mmm!

    L: ¡Uff, si así, sigue!

    C: ¡Sabes delicioso!

    L: ¡Agh, que rico lo haces!

    Carolina continuaba mamando maravilloso, succionaba mi verga hasta ahogarse con ella, subía y bajaba de forma magistral, le apretaba la cabeza para dejarla sin respirar, mi verga salía llenísima de saliva de su boca, luego ella solita se empujaba todo lo que podía, tomándola de su cabeza empecé a mover mi pelvis, ¡le estaba follando su boca muy rica!

    L: ¡Así nena, que maravillosa eres, uhm!!

    C: ¡Agh, esta rica tu cosa!

    L: ¡Es tuya nena, devórala!

    C: ¡Asi, mmmm!

    L: Uf, mamacita, si así, ¡agh!!

    Subió su vestido a su cadera y subió a cabalgarme, se ensartaba riquísimo, movía su cadera maravillosamente, yo acariciaba sus tremendas piernas y metía mis manos debajo del vestido para cariar su abdomen, ella hacia sus mejores movimientos de cadera, ¡un momento se puso en cuclillas y se dejó caer en sentones de forma maravillosa!

    L: ¡Así nena, muévete, muévete!

    C: e gusta como lo hago?

    L: ¡Me encanta, agh!

    C: ¡Disfruta, goza, que yo lo estoy haciendo!

    La acosté en la cama y levanté sus piernas, me la puse de patitas al hombro y la embestí fuerte, el mete y saca que le daba la hacía gemir rico, ella movía su cadera para que se aumentara el placer, me encantaba sentir su vestido en mi cuerpo, ver como se lo subía mientras la embestía dándole mi verga con todo.

    La puse de pie apoyándose en la luna de su cama, ella se agarraba el vestido mientras le abría las nalgas para ver como escurría, comencé a pasar mi verga por encima de su ano, ella movía rico su cadera evitando ser penetrada por mí, yo solo me reí y le di una fuerte nalgada, la tome del hombro y la penetre fuerte en su concha, el vestido cubría la acción, le apretaba sus muslos y ella se hacía para atrás para besarme, le empujaba con fuerza mientras le susurraba al oído que quería darle por su rico culo!

    L: ¡Caro, déjame darte por ahí, se ve delicioso!

    C: ¡No me gusta mucho por ahí!

    L: ¡Ándale hermosa, uf, déjame cogerte toda!

    C: ¡Y si me duele, la tienes grande para mi colita!

    L: ¡Déjame, seré cuidadoso!

    C: ¡Bueno, pero solo la punta, no más!

    Se puso en cuatro en la cama, se empino delicioso, primero le di unas lamidas a su culo, mientras mi lengua recorría su ano, ¡mis dedos entraban y salían de su vagina empapándose de a combinación de nuestros fluidos!

    C: Métela suave, ¡el otra vez me dejaste toda adolorida!

    L: ¿Pero te gusto?

    C: Me encanto, pero hoy solo la puntita, ¡mañana tengo que levantarme a grabar y no quiero dolor en mi cola!

    L: ¡Jajá, me encanta eso, bueno amor, ahí va, tu aguanta!

    ¡Empecé a introducirle la cabeza de mi pene, ella gemía delicioso, poco a poco entraba en su culo estrecho que apretaba magnifico, le daba de nalgadas mientras le introducía más y más!

    C: ¡Agh, te dije que solo la punta!

    L: ¡Pues es solo la punta!

    C: ¡Agh, la siento más, agh, eso no es la punta, me duele!

    L: ¡Tu aguanta hermosa, te encantara ser empalada!

    Introduje más de la mitad, ella lanzo un grito de dolor combinado con placer, la tomé de sus manos y comencé a embestirla con velocidad, a veces se la sacaba por completo y se la dejaba ir de un solo golpe, otras solo el típico movimiento de penetración, Carolina sudaba y gritaba, hacia sonido de asfixia, parecía que s ele iba el aire, ¡pero en vez de detenerme más duro le empezaba a dar a la guapa periodista!

    L: ¡Que rico culo!

    C: ¡Agh, auch, me duele, agh!

    L: ¿Te la saco mami?

    C: ¡No, no lo hagas, mejor dame más, cógeme toda, hazme tuya, hazme tu perra!

    L: ¡Nena, uf, que rica perras eres, tu culo que hermosos aprieta, además estas buenísima, uf!

    C: Dame duro, agh, así, ¡agh!

    L: ¡Toma, uf, toma toda mi verga!

    Le estaba destrozando su rico ano, ella casi llorando, pero de placer estaba recibiendo por completo mi verga, me decía que sentía que vomitaría que bajara la velocidad, pero más duro le daba y más violento me ponía, el empalamiento estaba al 100 ella sudaba y gritaba, ¡yo disfrutaba el culo de Carolina Rocha ye so no cualquiera!

    ¡En eso ella comenzó a tener un orgasmo, su vagina empezó a escurrir como llave de lavadero, yo más duro le daba, quería llenarla de semen, quería tener un orgasmo al mismo tiempo que ella!

    C: ¡Ah, asi amor, así!

    L: ¡Me vengo nena, me vengo!

    C: ¡Uf, dame tu leche, dame tu semen!

    L: ¡Agh, toma, dios!

    C: ¡Ah, que rico, que caliente, dios mío!!!

    ¡Llene de semen todo su culo, termine encima de ella mojando su hermoso vestido, ambos disfrutábamos el orgasmo, nos reíamos y besábamos, la noche había sido maravillosa, peor tenía que dejar descansar a mi jefa, así que me vestí y me fui de su casa!

    En el trabajo era solo su asistente, pero al salir ella se convertía en mi puta y me dejaba destrozarle su rico ano y así serían unas ocasiones más, que luego les contaré.

  • Le hago un favor a Fanny

    Le hago un favor a Fanny

    Me cogí al papá de mi amiga con su consentimiento, lo caliente de Fanny definitivamente viene de familia.

    Un día sábado llegué a casa de Fanny, ella solo vivía con su papá porque sus papás se habían separado y su hermano vivía con su mamá. Su papi era una persona llena de vitalidad,  siempre alegre y de aquí para allá, Don Ángel era un señor de 48 años, igual que mis papás los de Fanny se habían casado muy jóvenes, el ejercicio era una costumbre porque al igual que Fanny, Don Ángel se veía muy bien para su edad, ligeramente alto, moreno y musculoso, músculos grandes pero no tan marcados. Siempre me gustó pero nunca intente nada por respeto a mi amiga, sólo me deleitaba con verlo cada que íbamos a su casa.

    Ese sábado yo me quedaría a dormir con ahí, eran aproximadamente las 7 de la noche cuando me levanté para pasar al baño y escuché que de la habitación de Don Ángel salía un sonido de alguien llorando, supuse que era él, cuando regrese con Fanny le comenté:

    -Creo que tu papá está llorando -yo

    -Me imagino, desde que se separó ha tenido días difíciles -Fanny

    -Mira, entre tú y yo hay mucha confianza. Necesito que me hagas un favor, sube a su cuarto y cógetelo -Fanny- no puede continuar con su tristeza.

    -Mira, te entiendo y por verlos bien por supuesto que acepto pero no quiero que tú papá lo vaya a tomar mal -le dije.

    -No te preocupes, sube y verás que no pasa nada, solo hazlo de una vez como sabes -decía- quiero escucharlos.

    Eso último no entendí en qué sentido lo dijo pero igual subí, frente a su puerta me quite el suéter y mi pants para quedar en tanga, brassier y una remera. Abrí la puerta y entre de golpe, la cerré detrás de mí y Don Ángel estaba acostado con la luz encendida. Solo traía puesto un bóxer, me acerque a él y lentamente volteó a verme.

    Cuando nos vimos de inmediato me quite la remera y me quedé en mi conjunto de ropa interior.

    -Fanny se quedó dormida, no tenemos mucho tiempo. Quiero coger con usted, siempre lo he deseado -le dije de pie.

    Él se puso de pie y se quitó su bóxer empezando a masturbar su pene. Era una locura, había accedido sin más y su miembro era enorme, el más grande que había visto en persona.

    -La tienes… descomunal -le dije riéndome ante mi incredulidad y un poco de miedo.

    -Acércate, hay que apurarnos –dijo.

    Me lance sobre él, besándonos y yo empecé a masturbar su pene, poco a poco fue alcanzando su erección hasta que mi mano no alcazaba a cerrar por no gorda.

    Entonces me quitó la brassier y me empezó a mamar como desesperado los pechos, yo me fui quitando la tanga, lo empuje y me acosté en la cama con las piernas abiertas.

    Se hinco y me empezó a chupar el sexo. Pasando su lengua por toda mi vulva y después intentando meterla lo más posible hasta el fondo de mi intimidad, yo empecé a tocarme los pechos y escurrir como una sucia puta. A lo mucho duró 5 minutos dándome el oral, se puso de pie y me la empezó a meter. Yo me sacudí y eché la cabeza hacia atrás, nunca había sido penetrada por algo tan grotesco.

    -Don Ángel! Hágalo lento, la tiene enorme ufff! -le dije.

    -Cuando termine contigo me la vas a pedir para llevar Angie -dijo- y háblame siempre de usted.

    Empezó a darme lento pero me la empujaba hasta los huevos, en cada gemido sentía que la tenía en la garganta.

    -Ahhh! Pártame en dos! Hazlo! Ayyyy!

    Descubrí que aquel músculo sacaba un lado masoquista en mi, disfrutaba enormemente ser apenas suficiente mujer para albergar toda esa carne viril, me dolía pero me gusta.

    -Te gusta cómo te uso?!

    -Me duele! Ahhhh! Ayyy! Pero no se detenga, eyacule adentro ayyy! Si quiere! Mmm!

    -Uhhh! Aprietas bien rico -Don Ángel

    -Es que la tienes bien grande! Ay ay ay! La siento mucho!

    -Pues ahora te aguantas! Te voy a coger hasta terminar -Ángel

    -Te aguanto con gusto cabrón! Así papito! Duro!

    Empezaba a acostumbrarme a semejante cosa, y en mi útero disfrutaba de su rico camote. Me alzaba recargándome sobre mis codos para poder enfermar más mi mente viendo su virilidad saliendo de mi interior bañada en fluidos de los dos. Fue cuando me la saco.

    -Hazme una rusa Angie -me pidió.

    -Ya te vas a venir? Te quedaste con la eyaculación en la punta? -le pregunté mientras nos acomodábamos en la cama.

    .Cuando me vaya a venir te lo vas a tomar todo perrita –Ángel.

    Empecé a masturbar con mis pechos su escultural miembro viril, parecía una columna tallada en mármol, era hermosa. Mis senos no alcanzaban a envolver tanta carne y pero lo hacía con entrega chupando su glande cada vez que salía.

    -Te gusta?! Te excita mucho como puedes tenerme?! -le pregunté provocativa para después escupir de manera generosa entre mis tetas y su cosa.

    -Síguele perra! Qué todavía te quiero coger otro rato! Ah -Angel

    -Usame! Violame mi rey! Tu vergota te da el derecho de tomarme como tu puta personal -le decía esperando calentarlo.

    -Te voy a llenar de leche, te vas a ahogar con todo lo que me va a salir.

    -Quieres que vaya por un vaso? -le pregunté traviesa- o prefieres venirte adentro y dejarme embarazada? Tú elige, tú eres mi macho.

    -No tienes novio? –preguntó.

    -Sí, pero no tiene algo tan grande colgándole entre las piernas, tú sí y eso me convierte en tu perra -dije- viólame sin clemencia.

    -Tan joven y tan perra -contesto excitado- ufff te voy a partir pendeja.

    -No porque tengas una pinche vergota me puedes decir así -le dije mientras me subía encima, mirando sus ojos.

    Me empale hasta el fondo de aquel músculo y temblé de manera involuntaria.

    -Uyyy! Que sabroso papito! Ahh -grité- Ten cuidado, siento tu glande muy, pero muy adentro.

    -No era eso lo que querías, que te violara?! Oooh! Qué húmeda –Ángel.

    -Hazme lo que quieras, si quieres violarme hazlo pero tu eyaculación me la vas a dar directo en mis ovarios… -le dije con una sonrisa- aunque si me quieres embarazada eyacula hasta el fondo.

    -Se ve que te han cogido mucho -me dijo.

    -Me he acostado con quién tenía ganas, no soy una santa pero si no te gusta podemos dejarlo así -le dije.

    Me levanté sacando su miembro de mi vagina pero antes de sacarlo por completo tomo mis caderas y me la embutió hasta en fondo, yo grité sintiendo que en ese alarido su verga me iba a salir por la boca. Entonces me empezó a penetrar con rapidez, me usaba como una muñeca. Sentía una especie de quemazón en mi útero pero era mi orgasmo en proceso.

    -Uyyy! Así! Ahhh! Que gorda! Ay! Ay! Asiiii! Ahhh! Ahhh! Me partes!

    -Toma por puta! Ohhh!

    Y así pasaron varios minutos hasta que mi orgasmo estalló.

    -Ahhh! Ahhhh! Me vengo!!! Ahhh!

    -Vente perra! Mójame la verga! Ohhh!

    Me aventó y me tomó de la cintura, yo lo volteé a ver como pidiendo tiempo fuera pero él me la clavó y me siguió dando duro y tupido. En una cogida así me alegro no usar condón, hubiera terminado rosada de tanta intensidad. Estábamos acostados, sentía todo su peso de hombre maduro sobre mi juvenil cuerpo, me jalaba del cabello con fuerza mientras me coge con desesperación, a veces mete sus dedos en mi boca o me da alguna fuerte nalgada. Yo sólo estoy haciendo lo posible por aguantar su admirable copulación.

    Pasaron más de treinta minutos de tan salvaje capitulo sexual, la cama rechinando y las sábanas revueltas y húmedas, ambos estábamos bañados en sudor yo sentía la garganta seca de tanto gritar. Me había venido dos veces bañando su verga, es un macho increíble.

    -Ya desayunaste? Ahh -preguntó

    -Si por qué?! Ah! Ah! -contesté

    -Porque aquí te va la leche -dijo poniéndose de pie y masturbando toda su longaniza que estaba escurriendo.

    Yo me hinque y observaba su verga con admiración.

    -Parece que haces bizcos! Abre la boca.

    Entonces se me ocurrió hacer bizcos mientras veía su verga con la boca abierta

    -Me vengo! Ahhh! Ahhh!

    Yo metí su pene en mi boca y sentía como sus chorros caían mi garganta, lengua y dientes pero, empezó a sacar muchísimo, se me empezó a salir y yo me tomé un poco pero otra parte escurrió cuando abrí la boca por la impresión.

    -Qué es esto?! -pregunté con leche escurriendo de mi boca hacia mis pechos y abdomen.

    Seguí mamándole su macana para relajarse

    -Tenía 3 meses sin coger, ahhh! Así chúpala! Ohhh -Ángel

    -Se nota que venías cargado -yo

    -Quiero seguir cogiendo. Te vas a ir? -preguntó

    -Me voy a ir pero a comprarte unos condones, sacas tanto que seguro me dejas embarazada jajaja

    -No que me ibas a dar un bebé? -preguntó

    -Si quieres te doy gemelos, hay leche de sobra jajaja -le dije hincada frente a su virilidad bañada en leche.

    Y así siguió la noche, cogíamos, nos veníamos gritando. Cogimos durante dos horas más, él se vino 3 veces, dos en mi cara y boca, la última vez lo hizo hasta el fondo de mi útero. Yo me sentía muy abierta y sucia porque nunca me limpie el semen, solo se iba secando o quedando en su piel y las sábanas.

    Angie.

  • Mi primera experiencia con una mujer madura

    Mi primera experiencia con una mujer madura

    Yo tenía 23 años y era como la mayoría, un hombre joven con ansias de conocer la vida, pero desde entonces casado. Siempre había rondado mi mente la loca idea de hacer el amor con una mujer que fuera mayor que yo, creyendo que eso me daría más y mejor experiencia en el sexo. Fue entonces que me dispuse a colocar un anuncio clasificado en un sitio para contactos, pero la patanería que existe en este tipo de páginas me hizo difícil la labor. Me dispuse entonces a leer las publicaciones en la sección Mujer busca hombre durante varias semanas y respondiendo los mensajes que se acomodaban a mi situación y propósito.

    ‘Mujer casada busca hombre discreto para cumplir fantasía’. Decía el título. La publicación decía al interior ‘Soy una mujer entrada en los cuarenta que desea experimentar lo que es estar con otro hombre que no sea mi marido, con un hombre serio y respetuoso’. A lo que respondí: ‘Buenas tardes, soy Luis, hombre de 23 años, casado. Nunca he tenido otra experiencia en mi vida que no haya sido con mi esposa vi su anuncio y me ha interesado espero poder contactarla. Ofrezco exactamente lo que pido, discreción, seriedad y respeto de mi vida personal, solo deseo saber lo que es estar con otra mujer sin que eso afecte mi vida y es lo mismo que ofrezco’.

    Pasados unos días y revisando el sitio encontré una respuesta de esta mujer que para efectos de respeto llamare R. ‘Hola buenas tardes fue una gran sorpresa recibir tu respuesta y te dejo un teléfono de contacto puedes marcarme entre las 9:00 am y las 2:00 pm pregunta por la lectura de cartas y sabré que eres tú’.

    Me dispuse al día siguiente a llamarle, tuvimos charlas largas e interesantes durante los siguientes días y cuando ella se sintió cómoda me pregunto: ¿Aun quieres que nos veamos? A lo que respondí: por su puesto, en ese momento me pregunto cómo es que te gustan las mujeres, y yo respondí que el físico para mi es una determinante que las pláticas que tuvimos me dejaban ver que era una excelente mujer. Ella respondió inmediatamente respondió tengo 45 años cabello negro chino, soy alta con mucho busto y lonjas bastantes. A lo que respondí. Eso me gusta tendré más de ti para acariciar y amar. Y Acordamos el lugar y la fecha.

    Un par de días después llegue al puente que me indico, sobre el periférico esperando ansioso y nervioso la camioneta color verde en la que ella habría de llegar. Espere y espere ella demoro un poco más del previsto, pero finalmente lego. Me acerqué a la camioneta pregunto entre ansiosa y temerosa Luis? Si. Le respondí, a lo que respondió con una sonrisa sube. Nos dirigimos a su casa a un par de minutos del lugar donde nos encontramos, me invito a pasar a su casa, me llevo al estudio donde me ofreció y me sirvió una taza de café. Conversamos un poco para romper el hielo y desnudarnos de la pena y las ansias, antes de despojarnos del resto de nuestras fachadas de desconocidos.

    Es una mujer de talla grande, una hermosa mujer de talla grande entrada en edad que al mirarla me hizo respirar profundo, hizo que estomago diera un vuelco y desato lujuria con su mirada mientras se acercaba a mí, en ese vestido negro de una pieza en color negro con un ligero pero elegante y coqueto escote. Mientras me decía me gustas, me atraes, deseo que me tomes, deseo que me hagas sentir mujer…

    Se acercó mientras yo estaba sentado, levanto i cabeza y me dio un beso en los labios un delicado beso en los labios que me invito a desatar mi ansiedad de poseerla… mientras nos besábamos mis manos se deslizaron bajo su vestido, acariciando sus piernas, y al paso de la respiración agitada mis manos recorrían y jugueteaban por el contorno de sus piernas hasta llegar a sus caderas una y otra vez hasta que su mirada y su respiración me invitaron hasta su entrepierna… mis manos recorrían locamente en una carrera frenética su cuerpo mientras mi mano derecha acariciaba su pelvis por debajo del vestido acariciando sus bragas que me dejaban sentir con las yemas de los dedos un delicado encaje m mano izquierda de escapaba entre ese delicado escote para permitirme descubrir sus delicados senos… esos deliciosos y delicados senos, como frutos maduros y perfectos que se me entregaron como un obsequio dulces discretos y dispuestos.

    Deslicé mi mano dentro de un sostén negro con encaje que guardaba celoso tan majestuoso par de pechos perfectos, y delicadamente los saque para poderlos admirar, me detuve un instante para observarlos y acariciarlos con las yemas de mis dedos a lo que ella respondió, bésalos por favor. Me acerque a sus senos respirando profundamente el aroma de su piel que se mostraba blanca y dulce como reflejo pálido de luz de la mañana. Bese delicadamente la punta de sus pezones con un discreto y delicado beso en cada uno de esos pezones cual botones de flor que esperan el calor del sol en una tarde de verano. Dibuje con pequeños besos el contorno de sus pezones mientras veía como se posaban duros y erectos como flores que despiertan tras la lluvia de un día soleado. Para terminar, lamiendo sus pezones introducirlos a mi boca y succionarlos uno, a la vez mientras mi respiración se había más profunda y se sincronizaba con los pequeños gemidos que ella dejaba escapar aguantando las ganas de gritar…

    Mi mano se encontraba ya dentro de sus bragas y acariciaban su deliciosa intimidad que despertaba con el roció de la mañana, humedeciendo de poco en poco mi mano que jugueteaba buscando alcanzar el preciado tesoro de su ansiado y despierto sexo que clamaba por el inevitable encuentro.

    La recosté sobre el escritorio, y acariciando sus piernas termine de levantar el vestido negro que trataba de esconder de mi vista tu tibia y lista vagina que gritaba por sentirme dentro… bese sus piernas hasta llegar a sus rodillas… acaricie sus muslos para abrir con besos en las entre piernas ese refugio de mi ansiedad y mi locura desatada, y me vi ahí parado con ella recostada íntimamente dispuesta. Aspire profundamente entre sus piernas ese delicioso aroma que me invitaba a descubrirla plena humedad y completa. Dibuje con besos pequeños el contorno de su vagina un par de veces y termine lamiendo de su piel ese delicioso néctar que nacía de su vagina.

    Comencé a levantarme lentamente con mi cabeza entre sus piernas besando sus entrepiernas poco a poco hasta llegar a sus rodillas mientras ella permanecía recostada en el escritorio, hasta que me halle ahí justo frente a ella recostada entre sus piernas abiertas frente a mí y completamente dispuesta… tome pene y apreté con la palma de mi mano hasta sentir ese cosquilleo que me recorrió, presione mi glande con las yemas de mi dedo índice y pulgar y juguetee con mi pete en el contorno de su vagina húmeda y lista para recibirme dentro de ella… deslice mi pene hasta que roso la punta de du clítoris sin penetrarla e introduje solo la punta de mi pene mientras regresaba dibujando lo largo de su vagina húmeda y me retire un poco… para regresar firme introduciendo mi pene poco a poco dentro de su vagina mientras escuchaba un profundo y ahogado gemido y un ligero abrazo de sus piernas apretándome cuerpo mientras entraba mi pene dentro de su vagina que poco a poco dejaba fluir un poco más de humedad mojándome un poco más…

    Al sentir su delicada y tibia humedad presione mi cuerpo con fuerza contra el suyo tratando de ir lo más adentro de ella que me fue posible como intentándome perder en su carne, en su olor, en su sabor en su propia existencia y me mantuve dentro, quieto, inmóvil, apacible como quien desea que por un momento el tiempo se detenga. Hasta que un gemido suyo me saco de ese pequeño transe que me absorbía… respire profundamente y retire un poco mi pene para volver a introducirlo lentamente en ella, repitiendo un par de veces hasta que las ansias me dominaron por completo y comencé a moverme poco a poco más rápido entrando y saliendo de ella inhalado el aire que se había entibiado en la habitación.

    Tome sus piernas y las recargue sobre mi pecho, cruzándolas sobre mí y alrededor de mi cuello, su tobillo izquierdo, sobre hombro izquierdo y su tobillo derecho sobre mi hombro derecho. Y la penetre con fuerza una vez más apretando sus piernas contra mi cuerpo. Mientras me empujaba con fuerza lo más adentro de su vagina que nuestra excitada y alterada humanidad lo permitía movía mi cadera para que mi pene jugueteara dentro de su húmeda y deliciosa vagina. Repitiendo una y otra y otra vez, mientras ella ahogaba los gemidos con su boca cerrada.

    Procedí a abrir nuevamente sus piernas sin sacar mi pene de su vagina, la jale contra mi cuerpo abrazando sus piernas con mis brazos… y ella soltó un ligero y corto gemido -¡ahhh!

    Moví mi pene dentro de su vagina un par de veces y me retiré despacio casi al punto de que pi pene se saliera de su húmeda vagina y arremetí rápido y con fuerza con mi pene golpeando mi pelvis contra sus nalgas… una y otra vez… y otra vez hasta que esa pequeña pausa para sacar el pene de poco a poco fue desapareciendo hasta que me haya golpeado mi cuerpo contra el suyo en un movimiento repetido y frenético lleno de deseo pasión y lujuria que provoco que me perdiera en sus gemidos que poco a poco fueron más claros y fuertes. Cuerpo golpeando su cuerpo con fuerza y yo intentando arremeter cada vez con más fuerza hasta que la excitación, la pasión y la lujuria llegaron a su máxima expresión y cuando ella grito simplemente para mí fue inevitable, su reacción provoco en mí una profusa eyaculación que terminé golpeado varias veces mi cuero contra el suyo y apretando sus deliciosas piernas que se estremecían abrazando mi cuerpo contra el suyo… y recosté mi cuerpo contra el suyo, ahí, de pie, mientras ella permanecía recostada sobre el escritorio.

    Pasado un rato, me dijo que ya casi era hora, me levante, me vestí, mientras ella acomodaba ese coqueto vestido negro con ese sobrio pero visible escote que me invito a acariciar sus senos y desacomodar su sostén mientras la basaba y la apretaba contra mi cuerpo…

    Me ofreció una taza de café y me confeso que llego tarde porque al vestirse, se miró al espejo y solo pudo ver a una mujer entrada en años, con varios kilos de más que buscaba algo que ni siquiera ella sabía que era… y que a punto estuvo de no llegar, pero después, pensó que lo peor que podía pasar es que me fuera.

    Le agradecí haber asistido, la bese la abrace, y le dije que quería volver a verla… ella acepto y nos volvimos a ver un par de veces más, hasta que por las cosas de la vida y el trabajo perdimos el contacto.

    Y escribo este relato, porque he visto un perfil en Facebook y sé que es ella, le he escrito hace un par de días comentando. Me ha recordado a una persona que hacía lectura de cartas hace varios años, pues estaba interesado en una lectura de cartas.

    Pero no recibo respuesta, y no sé si decirle que soy yo que hace años tuvimos la dicha de conocernos y que aún hoy como hace más de 10 años me gustaría verla, que aun mueve dentro de mi algo como hace tantos años…

  • Rompiendo el pacto

    Rompiendo el pacto

    Dicen que las cosas pasan por algo, no son casualidad y lo que sucedió ese viernes por la tarde al entrar a un hotel con Manuel supongo debí verlo venir.

    Mi relación con mi marido estaba llegando a un punto que nunca imaginé, cuando nos conocimos éramos una pareja de novios “normal” y así lo aceptamos, detalles aquí y detalles allá nos fueron encaminado a lo que somos hoy día: un matrimonio abierto dispuesto a experimentar lo que nos de placer, al grado de ser madre ya de un hijo que es de mi amante y ser aceptada así por mi esposo; parece que fue hace mucho tiempo cuando empezamos a salir y poco a poco nuestras salidas se volvieron más intensas, caliente siempre he sido, pero aceptar eso frente a mi novio fue algo diferente, me costó trabajo asimilarlo.

    Recuerdo que en una reunión con compañeros y compañeras de la universidad, alguien sugirió el juego de pasarnos un papelito ensartado en un palillo de boca en boca, al terminar cada ronda, cortaban un pedazo del palillo para acercarnos más los labios al momento de pasarlo, terminé besando a los compañeros que tenía a mi derecha e izquierda, la cara de mi novio era de celos… Pero tiempo después me confesó que el ver a su novia inocente hacerlo lo excito mucho…

    El tema de coger con otros hombres surgió desde antes de casarme, un día fui al teatro con mi entonces novio -ahora esposo, y en la obra hubo un desnudo masculino, me puse muy inquieta y él me preguntó que tenía, le dije que ver un cuerpo masculino desnudo me ponía muy cachonda y que tenía ganas de estar así con hombres, dejarlos verme y acariciarme desnuda para su placer, él me dijo que sí sabía lo que era una pareja swinger y me dio detalles de cómo viven su sexualidad.

    Me encantó la idea! Poco a poco cambie mi manera de vestir dejando cada vez más ver mis piernas y pezones, poco tiempo después de casarme se dio mi aventura con Israel y él fue quien acabo de despertar a la mujer cachonda que soy hoy día, empecé a vestirme para él, mi marido pensaba que era él quien me estaba liberando y enseñando a ser más sexy, pero lo que yo quería era excitar a mi amante, me hice adicta a su semen, buscaba mamarlo en todos lados, le he mamado en el estacionamiento del trabajo, antes de entrar a trabajar, en mi descanso, a la hora de la comida y afuera de casa de mis papás muchas veces, afuera de mi casa estando mi esposo ahí sin que él supiera, hasta que un día teníamos una reunión con los amigos de mi esposo en casa y mi macho Israel me llevó de regreso a casa de la oficina y antes de entrar me dejo mamarlo hasta venirse, cuando entre a la casa y saludé a mi esposo se dio cuenta… Al darme un beso me dijo entre sorprendido y excitado: ‘hueles mucho a semen en tu boca…!’.

    Le di una mirada cachonda y le dije: sí, vuelo mucho porque acabo de recibir una cantidad grande en la boca de mi amante… El resto de la noche el me perseguía para pedirme detalles, lo sentí excitadísimo y me di cuenta que no le molestaba, lo ponía celoso pero muy caliente, al final de la reunión cogimos con mucha pasión mientras le confesaba que llevaba meses ya con un amante y me sentía muy contenta de tenerlo, él me preguntó cómo me sentía al estar casada y tener un amante mientras me penetraba la raja profundo y le dije: me pone muy caliente Israel, adoro su verga… Tanto que ya le di mi ano, me coge por ahí siempre…

    Eso hizo que mi marido se viniera a chorros, habíamos acordado de antes de casarnos que solo él me daría por el ano, pero descubrirme en ese estado de sumisión con mi amante lo puso caliente y muy celoso…

    Haberle confesado a mí marido de mi relación con Israel acabó de transformarme, me volví muy descarada al vestir y fue en esa época también que acepté empezar a tener relaciones o hacerles felatio a compañeros de trabajo en mi oficina, mi popularidad en el trabajo aumentó muchísimo y cada vez que eso pasaba, regresaba a casa a contarle a mí esposo lo que acababa de hacer.

    El no dejaba de sorprenderse y excitarse de saberme tan caliente…

    Eso pasó meses antes de embarazarme de Israel:

    Un día, en una de tantas reuniones en casa con amigos de ambos, en plena fiesta con muchos invitados ya medio borrachos, fui a la cocina a buscar más hielos y cuando me di cuenta ahí estaba uno de sus amigos viéndome las nalgas parado cerca de mí…

    Riendo le dije: ‘con permiso, pero justo al pasar junto a él me jaló y me plantó un beso francés…’ Me metió

    La lengua en la boca mientras me acariciaba las nalgas…

    Después de besarlo me separé sorprendida y le dije: ‘que haces? Los demás nos van a ver!’

    Sonriéndome me dijo acercándose a mí oído:

    “No veo que te haya incomodado el beso”, te gustó?

    “mmmm, eso no sé, ándale!, Vamos a los sala antes de que haya problemas!”

    Mi esposo y yo teníamos el pacto de no intimar con ningún amigo del otro, así que pensé que ahí acabaría eso pensando que su amigo estaba ya algo tomado también.

    La reunión continuó con mucho que tomar y brindis, acababan de promover a mí esposo en su trabajo y todo era felicidad, ya avanzada la noche algunos de los invitados empezaron a irse y se quedaron los más íntimos amigos de ambos.

    Cerca de las 3 am el único invitado que quedaba era el amigo de él que me había besado en la cocina, mi marido insistió en que se quedará a pasar la noche porque no quería que manejará de regreso a su casa así borracho, el acepto intercambiando miradas conmigo de complicidad y aproveché el momento para excusarme y subir a mi recamara a cambiarme y ponerme algo más cómodo.

    Me puse solamente una camiseta grande que me llegaba al inicio de los muslos y unos tenis, baje de nuevo y los encontré brindando y riendo, me uní a ellos y me di cuenta de que su amigo Manuel no dejaba de verme las piernas, decidimos terminar la reunión y subir a dormirnos, mi esposo se fue directo a la cama y yo llevé a su amigo a la recámara de junto a darle ropa para la cama.

    Le entregué las frazadas y al decirle “buenas noches” Manuel se acercó de nuevo a mí abrazándome intensamente y dándome otro beso francés que está vez correspondí ampliamente…

    -Sabes lo que estás haciendo? -Le pregunté sin dejarlo de abrazar… Mira que soy muy caliente…

    Dándome la vuelta para salir de la recámara y regresar a la mía…

    -Ya me di cuenta! -Alcancé a oír que decía él mientras cerraba su puerta, entre a mi recámara y mi esposo estaba ya acostado esperándome para dormir…

    Me acosté con él y dejé que se quedará dormido mientras escuchaba atenta los ruidos de Manuel preparando la cama…

    En cuanto sentí que mi esposo dormía me levanté lentamente y salí rumbo a la recámara donde estaba Manuel, estaba rompiendo descaradamente el pacto entre nosotros pero mi calentura pudo más y abrí con cuidado la recámara de huéspedes…

    Entré y cerré la puerta detrás mío acercándome a Manuel que estaba boca arriba durmiendo -pensaba yo-, con mucho cuidado me quite la camiseta quedando totalmente desnuda, no llevaba nada debajo.

    Lentamente destapé a Manuel y empecé a besarle el pecho con mucho cuidado, delicadamente, Manuel era un hombre de más de 1.85 contra el 1.50 mío, se veía enorme en la cama!

    Me subí junto a él y seguí besando su cuerpo hacia abajo acariciando su musculoso frente con lujuria y al levantar la vista un momento me di cuenta de que me estaba observando completamente despierto.

    .Te gusta verme desnudo? -preguntó mientras sus manos acariciaban mi cabeza…

    -Sí, siempre me has sido atractivo pero eres amigo de mi esposo, por eso no he iniciado nada contigo… Hasta ahorita, y yo? Te gusto?

    -Siempre me has parecido muy atractiva, desde la vez que fuimos toda la bola de amigos a Cuernavaca y te vi en bikini me excitaste mucho… Es noche me masturbe escuchándolos coger.

    -Sí, recuerdo ese viaje, me gustó mucho usar ese bikini frente a todos, me di cuenta que varios de Uds. no me quitaban de encima una mirada de lujuria, me imaginé cómo se verían desnudos… Te imagine desnudo aunque nunca lo mencioné a mí esposo

    -Pues mira! -Dijo Manuel bajándose el calzón y dejándome ver su verga por primera vez…

    Ufff… La tenía totalmente erecta ya y estaba muy cabezona, guiñando un ojo seguí besando su estómago bajando cada vez más rumbo a su pene mientras él me acariciaba la cabeza, cuando llegué a su tolete lo besé despacio y él empezó a gemir…

    -Shhh! -Dije poniéndole un dedo en sus labios- no hagas ruido papi, no vayamos a despertar a mí esposo y entonces si se arma…!

    Manuel me levanto en vilo y me puso sube él, empezamos a besarnos con lujuria mientras sus manos acariciaban mi desnudo cuerpo y dejé que me tocará todo…

    -Te gusta mi raja velluda? -Dije frotándola contra su verga…

    -Sí, ya sabía que la tenías así, en Cuernavaca todos se dieron cuenta de cómo la tenías, cuando te metiste a nadar y saliste de nuevo, el bikini se transparentaba y los vellos salían a los lados también… Jajajaja

    -Y por qué no me dijeron nada? -dije sonriendo…

    -Lo comentamos mucho cuando no estaban Uds. dos, varios de nosotros comentamos que ya te habíamos visto entre las piernas por cómo te sentabas con esas minifaldas que usas en alguna reunión, de hecho uno de los presentes -dijo algo que me dejó pensando…

    Dijo que le parecía haberte visto un día por Coyoacán con otro hombre en un bar vestida muy provocativa con una minifalda muy pequeña negra y tacones altos, y los demás nos quedamos así de: ‘en serio?’

    (Fue con Israel, solíamos ir a menudo a la cantina más popular de Coyoacán a tomar una copa y seguro me vieron con él) -no dije nada- y sonriendo regresé a besar a Manuel de nuevo hacia abajo no dejando duda de lo que quería hacer: llegué a su verga y empecé a mamarla con intensidad mientras él me acariciaba los pezones.

    -eras tú? -Me preguntó con curiosidad…

    -Sí, sí era yo, iba con un “amigo”…

    -Ahhh… Eres más aventada de lo que pensaba! -dijo empujando su vergota en mi boca- mmm… Mamala Marie! Te deseo tanto!

    -Yo también!! -Dije metiéndome toda su verga en la boca deseando sentir su semen llenarme…

    Seguí mamando mientras él me acariciaba y me jaló para ponerme sobre él en posición de 69…

    Lentamente baje mis caderas para poner mi raja directamente sobre su boca y cuando me tomó de las nalgas y metió su lengua en mi raja velluda se me salió un gemido de placer intenso!, baje la cabeza y empecé a mamar su verga rápidamente.

    -Ahhh ahhh! Me vengo! Me vengooo!! -Chillé gimiendo de placer al sentirme derramar mis entrañas respondiendo a la lengua de Manuel…

    Al terminar de venirme, Manuel me levanto de nuevo en vilo y me puso en la cama boca arriba, abrí mis piernas recibiéndolo y mientras me la metía profundo le dije:

    -no sabes cuánto deseaba esto, desde que te conocí me gustaste pero no me atrevía a ofrecerme por ser amigo de mi esposo…

    Penetrándome profundo me contestó:

    -yo también! Siempre me has gustado mucho y poderte coger finalmente es muy caliente! -empezamos a movernos con ritmo intenso y luchaba por hacerlo venirse con mi vagina apretándolo fuerte mientras nos besábamos con lujuria…

    -Sí, sí, cógeme duro Manuel, cógemeee!! -Gemía sintiendo su verga entrar y salir potentemente en mi vagina velluda…

    Nuestras miradas se encontraron justo cuando comenzó a venirse en espasmos intensos derramando su semen dentro de mí.

    -Ayyy cabrón! Que rico! -Dije sin disimular mi alegría, qué palo tan rico me acabas de echar!!

    -Ufff… -Exclamé satisfecha por el momento cuando recordé en dónde estábamos…

    Dándole un beso tierno en la boca me levanté para regresar a mi recámara con mi marido y antes de que me pudiera de regreso la camiseta me jalo a su lado sentándome en la cama junto a él y sacó su teléfono para tomarnos una selfie, con la luz de la lámpara del buró nos veíamos muy contentos en penumbras y al sacarla se podía ver mi pezón derecho al límite de las foto, podía entenderse que estábamos desnudos en una recámara…

    -No me van a creer cuando vean esta foto y les platique que era en tu casa!

    -Ahhh ya quién se la vas a enseñar?

    -a nuestros amigos, a los que me han dicho que les gustas, está bien?

    -Ok, les vas a decir que ya me cogiste?

    -sí, seguro varios van a querer hacerte lo mismo! Jajajaja

    -Ok, solo diles que sean discretos con mi marido.

    -así será -me dijo dándome un beso de despedida mientras me saluda de su cuarto.

    Regresé a la cama con mi marido, acababa de coger con su amigo en la otra recámara!… La verdad, me gustó la situación y al día siguiente cuando se despidió de nosotros me dijo al oído discretamente:

    -me hubiera gustado tomarnos más fotos desnudos…

    -Pues no las tomaste porque no quisiste! -Dije riendo.

    -Que? De qué hablan? -Dijo mi esposo regresando de la sala…

    -De las fotos que tomamos ayer en la reunión -dice Manuel que hubiera tomado más…

    -Ah ya! -Dijo mi marido, hubieras tomado más, ya ves que a esta le encanta posar jajajaja.

    (Yo seguía solo con la camiseta y los tenis), abrazándome de la cintura, Manuel le dio su teléfono a mí marido y le dijo:

    -tomamos una para el álbum de las borracheras… Jajaja

    Nos colocamos en la puerta de la casa viendo hacia adentro y tomó algunas fotos.

    -Mándamelas luego -dijo mi esposo, se despidieron y regresamos a la casa.

    Al rato sonó su teléfono recibiendo las fotos y después de verlas detenidamente me dijo:

    -Mira Marie, el efecto del sol a sus espaldas…

    Me acerqué y vi las fotos… Se veía mi silueta perfectamente desnuda bajo la camiseta!

    -Jajajaja… Ya ves? para qué andas tomándonos fotos!! -Le dije riendo animadamente y él contestó algo serio:

    -Se dará cuenta Manuel que estabas desnuda debajo!? No quiero que te empiecen a ver con lujuria esos locos…

    Obviamente, Manuel me mandó mensaje esa misma mañana diciéndome que quería repetir…

    Le contesté de inmediato:

    -pues yo también, cuando?

    -El lunes?

    -ok, pasa por mi al trabajo

    Cogimos muchas veces, cada vez con más lujuria y en cada ocasión nos tomábamos fotos, antes de coger, llegando al hotel y después de coger… Desnudos.

    Una foto en especial empezó a circular entre sus amigos, estaba sentada desnuda en la cama del hotel solo con mis zapatillas altas negras y me estaba recargando en el estómago de Manuel que estaba de pie y que tenía la verga bien erecta junto a mi mejilla mientras yo lo abrazaba, la foto no mostraba quién era él porque cortaba desde su pecho pero si mostraba mi desnudez totalmente a punto de mamarle…

    Empezó a llegarme esa foto seguida de comentarios de algunos de nuestros amigos preguntándome si podían aspirar lo mismo y yo divertida les pedía una foto de su verga para aprobarla… Jajaja

    Dos de ellos me encantaron y me puse de acuerdo con ellos para salir y coger, solo cuando me llegó un mensaje de un desconocido, amigo de Manuel, me preocupe un poco y le pregunté qué tramaba…

    -Pues, eres muy popular ya en nuestro círculo y me vino a la mente ofrecerte a buen precio…

    -Queee?! -dije sorprendida y algo enojada- Me estás prostituyendo?

    -mira, son $2500 pesos fáciles de ganar, además, tu buen que quieres, no lo niegues…

    -Mmmm… admito que me éxito las idea pero no por mucho tiempo, no quería pasar como una puta más en la ciudad…

    Lo hice algunas veces con hombres que me contactaron por medio de Manuel y me hice amante de Manuel, siempre insistía en ir a un hotel y no a un motel porque decía le echaba mucho la idea de que nos vieran entrar caminando a ese lugar… Conocimos si casi todos los hoteles de la calzada de Tlalpan hasta ese día en que por una de esas coincidencias de la vida, entramos a un hotel en esa área justo en el momento en que mi esposo doblaba la esquina del hotel, por su trabajo, anda por casi tía la ciudad y sucedió que alcanzó a verme entrar con un hombre al hotel y decidió quedarse por ahí a ver con quién salía…

    Tres horas después, al salir abrazados y riendo, me vio con su amigo Manuel, antes de que lo viera yo sé alejo y en las noche al llegar a casa me confrontó y tuve que confesarle que desde aquella noche me acordaba con él y algunos de sus amigos…

    Sabía que me la iba a cobrar pero no imaginé como ni cuando…

  • Vacaciones con mi prima: El inicio

    Vacaciones con mi prima: El inicio

    Llegué a la casa mi tía y ahí estaba mi prima. Una chica de 27 años con pechos medianos pero con culo de infarto. La saludé con un beso en la mejilla y un abrazo. Ella correspondió las dos acciones, y luego dijo:

    -Hola primo, hace tiempo que no te veía. Creo que la última vez que te vi fue en navidad cuando tenía 15 años.

    Yo reí un poco y luego le dije:

    -es verdad. Si no mal recuerdo, ese día me toco darte un regalo como intercambio.

    -Si… si… si… me acuerdo que me diste un suéter que me quedo grande – Respondió ella.

    -Jajaja… Si es cierto. Me reí yo.

    Ella: Y dime… ¿qué te trae por aquí?

    Yo: Nos invitó tu mamá a pasar estas fechas con ustedes. Al parecer quiere que nos reunamos como antes. ¿A poco no te aviso?

    Ella: No, no me dijo nada. A lo mejor es porque mañana me voy con mi novio a Cancún. Él y yo nos vamos a tomar unas vacaciones en la playa.

    Yo: ¡Genial! Bueno… me pone un poco triste que no vayas a estar con nosotros. Pero me alegra saber que no vas a estar sola.

    Ella: Gracias, primo. Espero que este viaje nos sirva a mi novio y a mí para mejorar nuestra relación. Lo que pasa es que en estas últimas semanas hemos tenido bastantes peleas.

    Yo: ¿Te está engañando? O tú ¿Lo estás engañando?

    Ella: No, ninguna de la dos. Simplemente es que estamos teniendo problemas en la cama. Él siempre busca nuevas formas de tener sexo, pero a mí no me gusta. Tal vez no debería contarte esto, pero yo soy muy tranquila en cuanto a las relaciones sexuales. Y eso a él no le gusta.

    Yo: Wow… sí que es un tema complicado. Y no sé si yo sea la persona más adecuada para hablar contigo de esto. Deberías hablar con alguna amiga o decirle directamente a él lo que piensas sobre el sexo.

    Ella: Ya se lo dije a mi amiga, pero ella solo dijo que fuera más aventada. Más abierta, no sé si con eso se refería a mi mente a las piernas. En todo caso, intentaré en estas vacaciones experimentar nuevas cosas.

    Yo: ¡Esa es la actitud, prima! Enséñale que tú también puedes ser una perra en la cama… jajajaja.

    Ella: Hahaha… te pasas de lanza primo.

    Unas horas después….

    Mi prima va a ver a su novio para ajustar los últimos detalles de su viaje. Pero oh sorpresa… ella lo encuentra con otra chava. Según mi prima, cuando ella llego a su casa y abrió la puerta; escucho gemidos que venían del cuarto y cuando llegó ahí, noto como su novio se cogía a la chava en posición de perrito.

    Yo: Pues ya ni modos, prima. A veces los hombres estamos tan calientes que cometemos este tipo de estupideces. Pero no te preocupes, ya encontraras otro.

    Ella: En realidad no me preocupa tanto la infidelidad, ya que tarde o temprano iba pasar. Lo que realmente me preocupa es que ya compré los boletos y ya reservé el hotel. ¿Y ahora qué hago?

    Yo: Pues dáselos a él y a su nueva novia. No, no es cierto. Fue una broma de mal gusto.

    Ella: No me causo gracia. Pero me diste una gran idea.

    Yo: ¿Cuál?

    Ella: Quiero que tú vayas conmigo. De esta manera, no desperdiciamos los boletos y aprovechamos para divertirnos en la playa, ¿cómo ves?

    Yo: No sé, prima. Mejor invita a tu amiga.

    Ella: Ándale, primo. No me dejes sola en esto. Te juro que nos vamos a divertir.

    Yo: Va que va. Acepto. Pero no quiero que te la pases tristendo por allá… ¿eh?

    Al otro día….

    Mi prima y yo nos despertamos como a las 5:30 y salimos rumbo al aeropuerto. Cabe mencionar que ella se puso una falda de mezclilla muy corta. Tanto, que en el taxi no podía dejar de verle sus piernas. Y podría jurar que el chofer le vi toda su panochita. En fin, luego de un vuelo de 2 horas; llegamos al hotel y aquí empezó lo bueno. Ya que mi prima solo había reservado una habitación con una cama (para ella y su novio)

    Ella: ¿Qué opinas, primo? Solo hay una habitación y una cama para la dos.

    Yo: Esta bien. Yo me puedo dormir en suelo o si tienen algún sillón, pues ahí me duermo.

    Ella: Entonces no se diga más. Vámonos a nuestra habitación.

    Una vez llegamos al cuarto, hicimos un recorrido rápido y luego desempacamos nuestras cosas. Mi prima comenzó a poner sus trajes de baño en la cama y yo me estaba excitando. Ya que eran unos trajes muy pequeños y había uno de color blanco y transparente.

    Ella: ¿Cuántos trajes de baño traes?

    Yo: Traigo tres bermudas de playa. Pero para ser sincero, no me gustan mucho.

    Ella: Que te parece si te lo pruebas y luego me modelas cada uno, y yo ya te digo cual te queda mejor. ¿Va que va?

    Yo: No chingues, prima. Solo son shorts, y además cómo te lo voy a modelar. Me da pena.

    Ella: Ya se. Después que termines de modelarme los tuyos. Yo me pongo los míos y tú me dices cuál me queda mejor ¿te parece?

    Por supuesto yo dije que sí. Ya que solo pensaba en cómo se le vería su panochita con ese bikini semitransparente. También estaba ansioso por ver el tamaño de sus pezones, y por supuesto, su tremendo culo.

    CONTINUARÁ…

  • Las apariencias engañan (4)

    Las apariencias engañan (4)

    Después de levantar la mesa me dijo que me acomodara en el sillón, que iría a prepararse. Volvió a los pocos minutos y su atuendo hizo que me le tirara encima como un animal. Estaba vestida solamente con su delantal de trabajo.

    -Pará un poco Santi –dijo riendo y frenándome con una mano en el pecho– Viendo como te pusiste creo que va a resultar más fácil de lo que pensé –la miré extrañado– Quiero que te resistas. Vamos a hacer de cuenta que estamos en la oficina y a suponer que tenés novia. Yo voy a tratar de seducirte, vos vas a negarte. Si aguantas más de una hora ganás, sino gano yo

    -¿Y cuál va a ser mi premio si gano?

    -Vas a poder cogerme el culo

    -¿Y si pierdo?

    -No vas a acabar por las próxima 24hs –A pesar de las contundentes evidencias de lo contrario creí que podía ganar, cegado por la carnada que hábilmente me había lanzado– ¿aceptás?

    -Si, acepto.

    -Antes de empeza vamos a poner unas reglas. Yo puedo hacer todo excepto besarte en los labios y desnudarme. Se considera que gano si vos me sacás el delantal, te desvestis o me das más de dos besos. También si me agarrás la cola o las tetas

    -Me parece bien Ani.

    -Excelente –buscó su celular y me lo mostró. Acababa de encender la cuenta atrás en una hora– Empecemos.

    Analía salió del living para que entrara en papel y me acomodara. No noté en ese momento que estaba tan segura de su victoria que me estaba dando uno o dos minutos de ventaja. Me senté en la mesa con mi computadora, fingiendo que trabajaba.

    Volvió a ingresar calzada con unas sandalias chatas con suela de madera. El sonido de sus pasos lentos me hizo voltear a verla. Sonrió y se acercó a saludarme, dándome un beso muy cerca de mis labios. Se sentó en la mesa, al lado de mi notebook. El recuerdo de la comida de concha de la noche anterior vino a mi mente, poniéndome la piel de gallina. Sonrió coqueta.

    Durante cerca de cuarentaicinco minutos creí firmemente que ganaría la apuesta. Sus avances eran interesantes, pero no hizo nada que pudiera hacerme perder la cordura. Era como si la magia con la que me había seducido durante los últimos días hubiera desaparecido. Sin embargo, en un momento dijo “deja de resistirte, que sé que me deseas” y mi cerebro se apagó. No pude seguir oponiéndome. Simplemente me paré, corrí su delantal y me dispuse a penetrarla agarrándome de sus caderas. Antes que pudiera hacerlo me miró sonriendo y me entregó un preservativo.

    “Acordate que no podés acabar” me dijo después del primer gemido, con su torso aplastado contra la mesa y sus piernas estiradas y ligeramente abiertas. Yo la estaba cogiendo duro, casi hasta con enojo. Mis manos se sostenían al costado de su cuerpo mientras mi pene entraba y salía de su concha a toda velocidad.

    Analía gemía poseída. Estábamos a punto de acabar los dos cuando me detuve. Me miró sobre su hombro derecho, sin despegar su cuerpo de la madera. Tenía un mechón de pelo pegado a su piel y cubriéndole un ojo.

    -Seguí –alcanzó a rogarme

    -Si sigo voy a correrme.

    -No es mi problema bebé. Hacé algo que también estoy a punto.

    Saqué mi pija y la reemplacé por cuatro dedos de mi mano derecha. El pulgar y mi mano izquierda me sirvieron de sostén. Después de empezar a moverme dentro de ella, estirando y retrayendo mis dedos me agaché y como pude intenté abrir sus nalgas. Analía me ayudó con una mano, sin separarse de la mesa. Busqué su ano sin preámbulos, metiendo mi lengua todo lo humanamente posible.

    El doble estímulo la hizo gemir y apretarme con la misma fuerza. Sus cachetes apretaban levemente mi nariz, dificultando mi respiración. Aun así seguía esforzándome en complacerla. Podía escuchar el chapoteo que generaba mi mano dentro de su vagina mientras Analía luchaba por no gritar. Retorcía mi lengua en su ano al mismo tiempo que mis dedos hurgaban en su sexo. En más de una ocasión las dos partes se rozaron en el cuerpo de la chica de limpieza. En esos momentos sus gemidos aumentaban. Al notar esto centré mi atención en hacerlo la mayor cantidad de veces.

    Su pugna por no elevar el tono de su voz llegó a su fin luego de las continuas caricias de mi lengua y mi mano en su interior. Para entonces ya estaba de pie, con una mano en mi cabeza y la otra apretando sus pechos. Un largo y sonoro grito me avisó que había comenzado a correrse.

    Animado por las expresiones de gozo de la chica de limpieza continué dándole placer hasta que un último ronroneo escapó de sus labios y soltó mi cabeza. Inmediatamente se desplomó en mi silla con la respiración entrecortada. Yo la miraba desde abajo con mi pantalón y calzoncillo por los tobillos y mi pene totalmente erecto.

    -Agradecé que tu lengua hace maravillas –dijo aún agitada– pero igualmente vas a tener que comprarme un consolador –me sorprendieron sus palabras pero no me atreví a contradecirla– no quiero volver a cortar una cogida, mucho menos como la que me estabas dando, porque no puedas contenerte.

    -¿Pensás dejarme caliente seguido?

    -No sé, a lo mejor. Me gusta verte caliente…

    -Me calentás vos, no hace falta que me quede con las ganas

    -Ya sé bebé. Pero cuando te dejo bien calentito tu acabada es más intensa, más animal. Además, me calienta mucho verte caliente pero que igualmente te ocupes de mi –No me animé a contestar, pero el rojo de mis mejillas debió ser suficiente respuesta– verte de rodillas, con la pija bien dura y muerto de ganas de metérmela o pajearte hasta acabar pero esperando que yo lo desee para hacerlo.

    Mientras terminaba de hablar acarició mi cara. Yo tomé la mano con que me mimaba y le di un beso suave. Unos minutos más tarde me dijo que necesitaba bañarse y que podía seguirla si lo deseaba, pero si lo hacía sería solo para complacerla.

    Pensando obviamente con la cabeza equivocada la seguí a la ducha. Mi excitación aún no había disminuido en su totalidad y la imagen de Analía bajo el agua volvió a endurecer mi miembro por completo. Estaba de espaldas a mí, con el pelo mojado y alisado por la humedad llegándole hasta el inicio de su cola. Las gotas resbalaban por su piel aumentando su sensualidad. Me pegué a ella, haciéndola gemir al apoyar mi paquete en sus nalgas, la abracé por la cintura y besé su cuello. Lavé su espalda dándole un suave masaje.

    Cuando terminé con su espalda di un pequeño apretón a sus nalgas. En ese momento la chica de limpieza tomó mis manos y las guio una a sus pechos y la otra a su vagina. Juntó su cuerpo al mío y giró para besarme. Sin separar nuestros labios apretaba sus senos alternativamente mientras colaba mi mano en su órgano sexual. La dureza de mi miembro era tal que empezaba a dolerme. Adicionalmente el subibaja de su cola sobre el mismo a medida que la penetraba me acercaba más y más al prohibido final.

    Sabiendo que por mayor voluntad que tuviera mi explosión era inminente busqué alejarme del estímulo que me la provocaría, llevando mi cadera hacia atrás. La posición era algo incómoda, pero me permitió seguir haciendo disfrutar a Analía sin riesgo de acabar. Concentrado solamente en su gozo apreté despacio un pezón y lo fui retorciendo cada vez con más fuerza. Al mismo tiempo introduje mis dedos en su vagina con mayor profundidad. Una vez alcanzada la mayor hondura con mi mano quieta empecé a abrir y cerrar mis falanges.

    Analía gemía con los ojos cerrados. El agua caliente caía sobre su cabeza y resbalaba a sus pechos y a su espalda. En un momento dado se dio vuelta para besarme. A continuación, se sentó en el borde de la bañera con las piernas abierta y la ducha encima suyo. Me agaché mojándome en forma directa por primera vez. Antes de que llegara a hundirme en su chochito abrió el mismo con una mano. Lo besé bebiendo la humedad de su concha mezclada con la de la ducha que caía encima de mí. Lo hice despacio, sorbiendo su clítoris y mordisqueándolo ocasionalmente. Analía tenía sus manos apretando sus pechos y no dejaba de emitir dulces sonidos de placer.

    Me dediqué sin prisas a comer su conchita. Analía intercambiaba gemidos con frases cortas que me mostraban mi buen trabajo oral. Lamia, mordía y chupaba su vagina y su clítoris sin aumentar el ritmo. A pesar de ser una intensidad distinta a la que había utilizado hasta entonces fue igualmente placentero. Poco a poco fui dedicándome más a recorrer su interior, sin dejar de sorber sus juguitos. Ocasionalmente apretaba su clítoris entre mis dientes. El volumen de voz de la chica de limpieza fue aumentando también lentamente. Pese a que la erección ya me resultaba dolorosa ni se me ocurrió dejar de complacerla. Mi único objetivo era seguir haciéndola gozar.

    Después de unos minutos empezó a acariciar mi cabeza. Tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta. Sus pechos cubiertos de agua subían y bajaban rítmicamente. Con su mano sobre mi pelo o rozando mis mejillas mis penetraciones comenzaron a ser más largas. Seguía lamiéndola despacio, aunque trataba de acomodarme al ritmo de sus suspiros. Su mano libre recorría su cuerpo con sus dedos simulando ser pinceles. Su vientre, sus senos, su cuello para pasar a mi cabello y volver a empezar.

    Sintiendo que le faltaban manos intenté apretar sus pechos con las mías. Me agarró con suavidad las muñecas para apartarlas antes que alcanzaran su destino.

    -Mejor usa tus manitos para abrirme bien el chochito y ayudar a tu maravillosa lengua, que de mis tetas me ocupo yo solita –hice lo que me insinuó, tirando con mis dos pulgares de sus labios. Tenía mis párpados bajos, sintiendo el agua caer por mi rostro, saboreando su excitación y oliendo el adictivo aroma que emitía. Aún sin verla puedo asegurar que sonrió ante mis acciones antes de soltar mi cabeza.

    Con sus manos masajeando sus pechos, las mías estirando sus labios y mi lengua recorriendo su parte más íntima pude sentir que estaba por alcanzar el clímax. Buscando aumentar más su placer coloqué un pulgar y un índice sobre su vagina y llevé la mano liberada a acompañar a mi lengüita. Alternaba penetraciones combinadas con succiones a su clítoris hasta que decidí dejar mis dedos solos en su interior y mis labios sobre su parte más sensible. Moviendo su cadera al ritmo de mis chupetones empezó a correrse. No tuvo ni por asomo la intensidad de sus otros orgasmos, pero fue definitivamente más largo. No paraba de gemir y balancearse. Y yo no detenía mis estímulos.

    Con la noción del tiempo completamente alterada noté que de a poco se calmaba. Di una última y larga succión antes de separarme de su clítoris y buscar su boca con la mía. Fue un beso largo y cariñoso. Aún algo débil se incorporó y me pidió que la bañara. Recorrer su cuerpo con mis manos enjabonadas y ver la espuma formándose sobre su piel me hicieron acordar que aún no me había corrido y que me faltaban cerca de 22 horas más para poder hacerlo. Leyéndome la mente llevó su mano a mi duro miembro y me besó. “Guardame tu lechita bien caliente hasta mañana. Si lo hacés va a ser lo mejor que te pasó en la vida” dijo al separarse.

    No sé cómo no largué todo mi contenido en ese instante; su mano aún apretándome despacio y Analía dada media vuelta mirándome a los ojos con cara de puta y su mirada chispeante. La confianza en que haciéndole caso todo había salido mucho mejor que lo que pude imaginar me hizo querer evitar tentar al destino y aparté su mano.

    Después de vestirnos pedimos algo de comer y vimos una película. Esta vez no se quedó dormida entre mis brazos, pero a punto de hacerlo me pidió que la llevara a la cama como había hecho el otro día. No pude negarme a la ternura con lo que me lo suplicó y por segunda noche seguida la cargué en brazos hasta mi cama, donde, acostándome a su espalda, nos quedamos dormidos.

  • Trío con Sara y su amigo Hugo

    Trío con Sara y su amigo Hugo

    Después del trio que tuvimos con Claudia, Sara me lanzó la idea de un trio con otro hombre. Siempre tuve un poco de recelo en hacer un trio con otro hombre. No me gustaba mucho la idea de tener cerca a otro hombre desnudo, pero no me quedó otra opción que aceptar su petición. Después de conversarlo un poco, para poner algunas reglas, decidimos buscar quien podría ser el candidato ideal para esta experiencia.

    -¿has pensado en alguien? –pregunté.

    -Bueno, hay un compañero de trabajo que me parece podría ser –dijo rápidamente, con lo que me di cuenta que Sara lo tenía todo planeado – lo conoces, ¿te acuerdas de Hugo?

    -Si me acuerdo –dije– que rápido decidiste. Ya lo tenías pensado ¿no?

    -Bueno, así como tu decidiste rápido con Claudia –respondió riendo.

    Hugo era un compañero de trabajo de Sara. Era un par de años menor que nosotros, alto, musculoso, moreno. Lo conocí en una reunión del trabajo de Sara, me cayó bien. Igual no me gustaba mucho la idea, la forma en que se dio todo, me hacía sospechar que a Sara le gustaba Hugo. Pero, como ella había aceptado y realizado mi fantasía, no me quedó más opción que aceptar.

    Sara me dijo que esta vez tendría que conversar con Hugo y quedar con el sobre como seria todo. Yo acepté, pero seguía sin gustarme la idea. Al final lo dejé pasar, tratando de ser mente abierta, tal y como lo había hecho Sara.

    Un día llegó Sara del trabajo a mi casa y me contó lo que había conversado con Hugo. Me dijo que le contó lo que habíamos hecho con Claudia y que habíamos pensado que queríamos experimentar un trio con él. Al principio, a Hugo no le pareció muy buena la idea, pero Sara lo convenció. Habían quedado que el fin de semana iría Hugo a su casa y que tomaríamos unos tragos para soltarnos.

    Llegó el día, estábamos Sara y yo esperando en la sala. Yo me tomaba una cerveza, esta vez si quería estar un poco borracho. Sonará un poco hipócrita de mi parte decir esto, después de lo que pasó con Claudia, pero me sentía incómodo con la situación. Cuando llegó Hugo, Sara se levantó de un salto para abrir la puerta. Yo ya tenía unas tres cervezas encima. Nos saludamos, se sentó y comenzamos a tomar. Una vez avanzados, la conversación se hizo muy amena. Era difícil llevarse mal con Hugo, a pesar de la idea de que a Sara le gustaba. De repente, Sara se levantó.

    -Bueno, creo que el momento ha llegado –dijo sonriendo– espérenme acá, pónganse cómodos –dijo guiñando un ojo y se fue al estudio a ponerse cómoda.

    -¿estás seguro de esto, Gonzalo? –preguntó Hugo, un poco nervioso.

    -Si –dije dudando un poco– es lo que quiere Sara y me toca complacerla.

    -Te veo dudoso –dijo, dándose cuenta de mi duda– no sé si yo podría.

    -Estamos experimentando cosas nuevas –dije, tratando de sonar seguro para no arruinar la noche de Sara– solo no te corras dentro y tú y yo de lejos no más, jajaja.

    -Jajaja, no te preocupes, ni te miro –respondió riendo.

    Hugo y yo nos desnudamos, un poco nerviosos. Cuando estuvimos desnudos, me dio un poco de rabia, ya que el pene de Hugo era más grande que el mío. lo primero que pensé era si es que Sara ya la había visto antes. Unos minutos después, salió Sara, vestida con una ropa interior muy sexy, de color negro. El sostén tenía unos pequeños triángulos que cubrían sus pezones, de los cuales salían tiras que iban hacia su espalda, pero dejaban ver la piel de sus grandes senos. Su tanga, si se le puede llamar de esa manera, eran unas tiras de tela, que se metían entre sus nalgas por detrás y entre sus labios por delante. Se veía bien puta.

    -Que bien se ven los dos –dijo Sara al vernos desnudos, sentados uno al lado del otro– y que par de pingas me voy a comer hoy.

    -Y ¿qué esperas? –dije– ven a comer pinga entonces. Rápido que queremos reventarte la concha y el culo también.

    -¡que rico! ¿me van a reventar todita? Y tú Hugo ¿qué dices? ¿quieres comerte todo esto? –dijo dándose una vuelta, mostrando su hermoso cuerpo.

    -Claro que sí, Sarita –dijo, entrando en confianza– no sabía que estabas tan rica.

    Sara se acercó a nosotros, me dio un beso a mí, luego a Hugo. Se arrodilló frente a nosotros y comenzó a chuparnos los penes, pasando de uno a otro. Mientras chupaba uno, masturbaba el otro. Luego, puso el pene de Hugo entre sus tetas y mientras Hugo se follaba las tetas de Sara, ella me chupaba el pene a mí. Se notaba que lo estaba disfrutando, porque se masturbaba rápidamente. Empujó a Hugo al sillón, cayó sentado, se arrodilló frente a él y comenzó a chuparle el pene, me coloqué detrás de ella y comencé a penetrarla fuertemente.

    -¡si! ¡así! ¡dame duro! –dijo gimiendo– mete dos dedos en mi culo, que quiero que me cojan por los dos huecos.

    Mientras la penetraba fuertemente por la vagina, comencé a meter dos dedos, previamente humedecidos, por el ano. Sara gemía gritando, con el pene de Hugo en la boca. Estuvimos buen rato así. Luego Sara se levantó y se sentó suavemente en el pene de Hugo. Me pidió que me acerqué y empecé a meterle el pene suavemente por su ano. Comencé a embestirla, primero suavemente, para luego ir acelerando mis movimientos. Debajo de ella, Hugo también se movía penetrándola rápidamente en su vagina. Desde arriba, veía como Hugo besaba las enormes tetas de Sara. Sara gemía y gritaba como loca, se estaba corriendo.

    -¡Ahhh! ¡que rico! ¡pártanme los dos! ¡Ahhh! –gritó– ¡Ahhh! Me encanta que me cojan los dos. ¡más duro! –siguió gritando.

    -Te gusta que te llenen los dos huecos ¿no putita? –dije– gritas como zorra.

    Seguimos así, hasta que se dio la vuelta, se sentó encima de Hugo, comenzó a meterse suavemente su pene en el ano. Al ser más grande que el mío, se le hizo más difícil entrar, pero lo logró, haciendo gestos de dolor al comienzo y placer luego. Me acerqué y se la metí de golpe en la vagina. Ella saltaba encima del pene de Hugo, y yo me movía frente a ella. ahora era mi turno de chuparle las tetas. Estuvimos buen rato así. Hasta que se corrió de nuevo.

    -Me voy a correr otra vez putos –gritó– ¡Ahhh! ¡no paren! ¡así! ¡Ahhh! –siguió corriéndose con fuerza– quiero que me tiren la leche en la cara.

    Nos levantamos, se acomodó entre nosotros y comenzó a masturbarnos mientras nos iba chupando los penes intercaladamente. Al haber tomado bastante, duré un poco más de lo normal, así que Hugo se corrió primero. Tirándole una gran cantidad de leche en la cara y en la boca. Cayó rendido en el sofá. Mientras Sara se metía mi pene a la boca y me la chupaba fuerte y rápido. Después de unos minutos me corrí también, al igual que Hugo, una gran cantidad de semen cayó en la cara de Sara. Se limpió la cara con las manos para llevarse las dos corridas a la boca y tragarse todo, disfrutando cada gota.

    Me sentó al costado de Hugo, tomó mi pene con la mano y mientras se metía el pene de Hugo en la boca, me masturbaba a mí. Estuvo buen rato así, hasta que se le puso muy dura a Hugo. Se levantó y se sentó encima, metiéndoselo en la vagina. Mientras se movía desenfrenadamente encima de Hugo, me daba una mamada increíble. Hugo amasaba una teta, y yo la otra.

    Después de unos minutos, se sentó en el sofá y mientras yo la penetraba por la vagina, Hugo le follaba la boca con furia. Decidí levantar las piernas de Sara lo más que pude, Hugo me ayudó, aguantándolas bien alto. Desde esa pose tenía libre acceso a su vagina y a su ano, así que comencé a turnarme para darle por ambos huecos. Unas embestidas en su vagina, luego otras en su ano. Le di varios minutos en esa pose. Escuchaba como Sara se atragantaba con el pene de Hugo, que se lo metía hasta el fondo con fuerza.

    Después de unos minutos cambiamos de posición. Sara se paró, se acomodó doblada detrás del sillón, apoyada en respaldar. Hugo, detrás de ella, ya la penetraba con fuerza, me paré en el asiento del sillón y desde ahí comencé a follarle la boca a Sara. Los empujones que le daba Hugo, hacían que mi pene entre hasta su garganta. Ambos la estábamos follando con mucha fuerza. Luego Hugo hizo lo mismo que yo, y comenzó a pasar de un hueco a otro.

    Sara se debió de correr un par de veces más, por lo menos, estaba muy excitada. De su vagina chorreaban muchos fluidos. Sara gemía fuertemente, por más de que tenía todo mi pene dentro de su boca.

    -¡Ahhh! ¡si! Sigue así Hugo, ¡no pares! –gritaba, aunque se le entendía poco, al tener la boca llena– ¡lléname la boca de leche amor! Rómpeme la boca.

    -Así te gusta ¿no zorra? –dije, uno de sus pedidos era que la trate de esa manera– te voy a partir la boca y llenártela de leche, zorra –dije, moviéndome más de prisa y corriéndome dentro de su boca, empujando mi pene hasta el fondo– ¡Ah!

    Acababa de llenarle la boca de leche a Sara, saqué mi pene de su boca y Sara, lagrimeando, se lo trago todo. Hugo seguía detrás de ella dándole fuerte en la vagina y en el culo. Sara recobró el aliento para seguir gimiendo y pidiendo más duro, hasta que Hugo se salió y eyaculó un gran chorro en su espalda.

    Después de eso, Hugo se comenzó a vestir, diciendo que ya era tarde y que se tenía que ir. Nos agradeció, le dio un gran beso en los labios a Sara, me dio la mano y se fue. Después de eso, Sara me dijo para bañarnos.

    -Vamos a bañarnos, quiero que me cojas de nuevo –dijo, tomándome de la mano y llevándome al baño de sus papas, que tiene la ducha más amplia – estuvo rico, pero me faltó que me llenes la concha de leche.

    -Qué bueno que te haya gustado –dije– a mí me encantó verte tan zorra.

    Fuimos a la ducha, nos metimos rápidamente y una vez que comenzó a caernos el agua caliente, se agachó y comenzó a chuparme el pene, lo masturbaba, se lo metía a la boca, masajeaba mis huevos y jugaba con la entrada de mi ano. Mi pene no demoró en ponerse muy duro. Lo colocó entre sus tetas y comenzó a moverlas de arriba hacia abajo, masturbando mi pene de una manera deliciosa, se metía la cabeza de mi pene en la boca cada vez que se acercaba. Se levantó, se pegó a la pared, levantó una pierna y la apoyó en la pared del frente. Comencé a penetrarla en esa posición. Mis embestidas eran rápidas, su vagina estaba abierta y muy húmeda, lo que hacía más fácil la penetración.

    -¡que rico, mi amor! ¡me encanta sentir tu pinga dentro! ¡Ahhh! –gemía Sara, mientras se la metía mas fuerte– ¡así! ¡dame duro!

    -¿te gusta más que la de Hugo? –pregunté– es más grande que la mía.

    -Será más grande, pero tú la usas mucho mejor, mi amor –dijo– nadie me coge como tú.

    -Entonces tómala toda –dije, dando empujones muy fuertes, hasta que mi pelvis chocaba contra ella– así te gusta ¿no zorra? que te cojan duro.

    -¡Ahhh! ¡si! ¡así! Me gusta duro ¡dame más duro! –gritó.

    La seguí embistiendo muy fuerte mientras le chupaba esas hermosas tetas, metí mi cara entre ellas y pasaba mi lengua por la ranura entre sus tetas. Sara gemía, comenzó a temblar, se estaba corriendo, las piernas no la podían sostener. La tuve que tomar de la cintura para que no se caiga. cuando se pudo poner en pie, saqué mi pene de su vagina y la arrodillé en el piso de la ducha, me arrodillé detrás de ella y la penetré de nuevo, con fuerza. Le estuve dando muy fuerte hasta que sentí que me corría, aceleré mis movimientos y aumenté la fuerza de mis embestidas hasta que dejé salir una gran corrida dentro de ella.

    -¡Ah! ¡ahí está tu leche, zorra! te gusta chorrear leche de la concha ¿no? –dije, corriéndome fuertemente.

    -¡dame más leche! –gritó, pidiéndome que no pare– ¡no pares! Que me corro otra vez.

    Seguí embistiéndola fuertemente y mi leche seguía saliendo, hasta que se corrió gritando con fuerza. Después de unos segundos, nos levantamos, nos terminamos de duchar y nos fuimos a acostar. Al día siguiente, despertamos muy tarde, almorzamos juntos y nos pusimos a ver una serie que nos habían recomendado.

    La serie se llamaba “el juego de las llaves”. Trata de un juego que realizan un grupo de amigos en una reunión. El juego consiste en colocar las llaves de los hombres dentro de un bol y en un momento de la reunión, las mujeres sacan las llaves sin ver. Luego las mujeres buscan al dueño de las llaves y tienen sexo con ellos. Es un juego de swingers.

    Una vez más encontramos nuestra nueva experiencia sexual en la televisión. Que les contaré en mi próximo relato.

    Fin

  • El sometimiento de Karen (parte 4)

    El sometimiento de Karen (parte 4)

    A Francisco casi se le quita lo ebrio por lo que acababa de escuchar.

    -¿Perdón? –dijo Francisco extrañado.

    -¿Si te la cogiste?

    El capataz se enderezó para sentarse bien. Se tomó un trago de cerveza.

    -Yo los veía, los vi muchas veces. Tú, mi tía y Hortensia, vi cómo te las cogías.

    Francisco se quitó la gorra y se rasco la cabeza. Veía para todos lados de lo nervioso que estaba.

    -¿Me va a correr? –preguntó.

    -¡No! Para nada, no te preocupes. Solo quería pedirte algo –dijo Karen con la voz temblorosa- Por favor, enséñame tu verga.

    Francisco no asimilaba lo que estaba pasando, no daba crédito a lo que escuchaba. El recordaba a Karen como una niña educada, siempre vestida con faldas largas, es más, nunca la vio con malas intenciones, con el culo de su tía y de Hortensia le bastaba, además de muchas mujeres del pueblo, ya que no era secreto que su verga era de buenas dimensiones, no en balde le apodaban el Toro.

    Karen volvió a pedirle con una sonrisa nerviosa y suplicante.

    -¡Anda, se bueno conmigo Francisco! Sácala.

    Francisco seguía pasmado. Karen se empezó a desabotonar el abrigo y lentamente le mostro su hermoso cuerpo. Francisco vio esa obra de arte envuelto en el baby doll negro que dejaba ver su liguero, sus medias, vio el tamaño de sus tetas.

    -¡Santo Dios! Señorita Karen por favor, no me haga usted hacer una barbaridad.

    -Hortensia se fue al pueblo. Estamos solos. Anda Francisco, enséñame tu verga, por favor. No sabes cuánto he deseado este momento, si supieras cuantas noches me masturbe pensando en tu aparato, recordando cómo se la metías a mi tía y a Hortensia. Me encantaba ver como se la metías por el culo, como saboreaban ellas chupándotela y más cuando te sacaban la leche, como se la regabas en sus cuerpos.

    Francisco sintió que la sangre le hervía, su polla ya había despertado, no era para menos, ver el tentador cuerpo de la señorita Karen y escuchar lo que le decía.

    Ella tomo la iniciativa, se acercó y se puso frente a él quitándose por completo el abrigo. Se desabrocho el sostén, sus tetas saltaron. Se empezó a acariciar el cuerpo sensual y sugestivamente para excitar a Francisco, cosa que sin duda estaba logrando. Se acercó más, se inclinó hasta que sus rostros estuvieron cerca, pudo percibir ese olor a licor que despedía Francisco.

    El hombre no pudo resistir más, tomo las tetas de Karen, ella sintió como las manos callosas de el capataz aprisionaban sus pezones, se estremeció sintiendo lo rasposo de sus garras, era como si una gran bestia aprisionara a una sierva. De inmediato la vulva de Karen se mojó, lo pudo sentir. Francisco que al parecer ya había salido de su shock, acariciaba con más fuerza.

    -¡Que chichotas tiene señorita Karen!

    -Ya no me llames señorita, llámame puta, zorra, perra, ramera, o como se te ocurra, pero ya no me digas señorita porque ya no lo soy.

    En ese momento Karen empezó a desabrochar el cinturón de Francisco, el solo observaba, desabotono su pantalón, bajo el zipper con mucho cuidado, hizo a un lado el bóxer y ahí estaba, se veía un pedazo de ese enorme trozo de carne. Francisco le ayudo a bajarse los pantalones para que se le facilitara, ella tomo la enorme verga y la jalo del bóxer quedando al descubierto. Karen sintió que su piel se erizaba, como que se le iban las fuerzas, por fin su sueño dorado estaba frente a ella, la enorme verga de 10 pulgadas de Francisco.

    La tomo con sus dos manos, la observo como cuando un arqueólogo encuentra una antiquísima pieza de oro, como si fuera algo sagrado, le bajo la piel quedando la cabeza al descubierto. Francisco sintió que la sangre le empezó a recorrer la polla, poniéndola cada segundo más dura y roja.

    Karen sentía como la verga de Francisco se empezaba a endurecer entre sus manos, sentía como palpitaba como si fuera una enorme serpiente. Su corazón latía fuerte, su vagina se inundaba. Karen recorría con su mirada desde el tronco hasta la punta de la enorme pinga de diez pulgadas.

    -¡Señorita!

    -¡Puta, puta por favor! –dijo con voz suave.

    Karen se acercó la verga a la boca, tuvo que abrirla a lo más que daba para que la cabeza entrara, dándole las primeras chupadas ¡Sintió la gloria! por fin la polla de Francisco estaba en sus labios, lo que por años había deseado hoy era una realidad, el sabor le pareció exquisito. Francisco ya no pudo más.

    -¡Haaa puta! Que rica boquita.

    Karen alzo la mirada, fijando sus ojos a los ojos negros de su empleado. El capataz vio como con trabajo se metía la punta de su verga a la boca, vio como sus tetas le colgaban, vio las nalgas de Karen traslucirse en la tela trasparente del baby doll, eso lo elevo su calentura en segundos.

    -¡Chupa, chupa putita!

    Karen noto que la polla de francisco se había puesto como fierro, la tomo y la abrazo besándola de abajo hacia arriba, y cerrando los ojos empezó a recorrerla con su lengua de un extremo a otro, su sueño era ya una realidad.

    -¡Esta hermosa! ¡Que rica verga tienes! –decía Karen ya muy excitada.

    Era la bella y la bestia, lo delicado de Karen y lo brusco del campesino, lo que Karen no sabía era que en verdad Francisco era un loco caliente. Si bien la polla de don Carlos que apenas hace unos días había estrenado su vagina era grande, no se comparaba con la de Francisco. Y si bien el usurero era un depravado y vil en el sexo, Francisco era salvaje, corriente y más cerdo.

    Acostumbrado a follar putas de la peor calaña, sus favoritas para que aguantaran sus dimensiones habían sido las veteranas de grandes traseros, de vaginas anchas, de fundillos abiertos ya de mucho uso, acostumbrado a lo guarro, había follado en el campo, en el rio, sobre las rocas, en la calle. Había desgarrado infinidad de vaginas. Muchas putas al verlo se escondían por miedo a ser lastimadas. Nuevamente Karen iba a ser víctima de un despiadado animal.

    Karen no dejaba de disfrutar la enorme pinga morena y dura, hasta podía sentir en su boca las formas de las venas. Empezó a lamerle los huevos, recordaba cuando el capataz se follaba a Rosario por atrás, como estos rebotaban en el enorme culo de su tía. Francisco sintió un exquisito placer, la lengua de Karen jugaba con ese par de pelotas a la vez que con su mano masturbaba su verga llegando a la punta y jugando la cabeza que ya le salían gotas brillantes de lubricante, facilitando que la manita fina de Karen la enjuagara.

    Karen paro a Francisco jalándolo de la polla, y como si en verdad fuera un toro lo jalo de su rienda de carne hacia la recamara. Francisco vio como las nalgas de la chica eran firmes y grandes, se notaban bajo los encajes de sus bragas.

    -¡Que culote tienes! ¡Qué pedorrote! –dijo mordiéndose los labios y dando el último trago a la cerveza que llevaba en la mano.

    Agarro ese par de nalgas que se movían como gelatinas. Karen se quitó el baby doll, mientras Francisco templaba su enorme espada. Karen rápido se puso de rodillas, tomo la verga del capataz en sus manos y siguió mamando, lo llenaba todo de saliva, le jugaba los huevos que estaban muy velludos.

    -¡Estas bien chula! Lo mamas bien rico.

    Se puso a un costado dejándola hincada y metió su polla por un lado de su boca librando la punta, de tal manera que no entrara si no que de esa forma Karen pudiera recorrerla, cosa que la chica empezó hacer, la recorría mordiéndola y chupándola. Francisco le retiró el fierro y esta la quiso retener con la lengua, la puso de pie y la sujeto con fuerza de la cintura empezándola a besar. Karen sintió la lengua gruesa del campesino buscaba la suya, su barba de dos días sin afeitar le raspaba la cara erizando su piel, su aliento a cerveza la mareo y su pecho estaba lleno de bellos que eran como alambres.

    Francisco besaba y lengüeteaba la boca, la cara y cuello de Karen.

    -¡Que preciosa hembra! ¡Me calientas! ¡Que chichotas!

    Mamaba sus tetas con una práctica de profesional, abría sus enormes fauces entrándole casi la mitad de las ubres de Karen. Francisco no iba a darle rodeos, ni a ponerle lubricante, ni había asistentes para auxiliar a Karen. El toro, que ya bramaba de lo caliente que estaba, busco la vagina de Karen, metiéndole los dedos hasta el fondo, se los metía y sacaba con fuerza produciendo un sonido que calentó más a los dos.

    -¡Eres igual de puta que tu tía! –le dijo.

    La empujo en la cama con fuerza, le jalo las bragas rasgándolas. Le abrió las piernas como si fuera una muñeca de trapo, sin dudarlo le metió la boca en su vulva, metió su lengua en la vagina rosada de Karen, la barba rasposa de Francisco motivo tanto los labios vaginales de Karen que le provoco un delicioso orgasmo, que por un momento pensó que estaba alcanzando el paraíso divino.

    -¡Haaa!

    Francisco sintió como los caldos tibios de Karen le cubrían la boca, no derramo ni una gota chupándoselos todos.

    -¡Eres bien caliente y bien puta!

    La alzo las piernas, Karen vio como Francisco preparo su barreno jalándose la piel quedando la cabeza de su verga al descubierto como si desenvainara su espada, lista para ser enterrada. Sin miramientos le puso la punta en la vagina y empujo un pedazo y sin esperar más clavo su gran estaca.

    Karen sintió una punzada que la hizo gritar, la enorme víbora morena se metía con fuerza en la delicada vulva de la patrona de la finca. Se agarró de las sábanas para poder resistir el dolor, no dejando de gritar.

    -¡Ayy! ¡Aah!

    -¿Eso querías perra? ¿Sí?

    Francisco empezó a bombear. Karen dentro de su dolor y gritos no dejaba de ver como la enorme verga entraba y salía, vio con terror que Francisco no se la estaba metiendo toda.

    -¡Despacio! ¡Despacio! –dijo suplicante.

    Y trato con sus manos parar un poco el vaivén de Francisco. Pero este se las hizo a un lado y empezó a mover más fuerte la cintura, una cintura muy entrenada con las prostitutas más veteranas de los congales y señoras infieles del pueblo.

    Karen se agarró de sus hombros, sintió que eran como de piedra, muy duros. Acaricio la espalda que por su pesado trabajo bajo el sol sintió como que estaba hecha de concreto. Se sintió tan frágil ante ese hombre tan fuerte, pero a la vez se sintió tan excitada que las embestidas le produjeron otro orgasmo.

    Francisco se tiró en la cama.

    -¡Súbete mi Reyna, móntame!

    Saliendo de su vagina gotas de fluidos se montó sobre Francisco, este dejo que ella se ensartara sola, le acariciaba sus piernas, caderas, nalgas y espalda, sus enormes brazos le hacían alcanzar todo el cuerpo de Karen. Ella sentía las manos callosas de Francisco recorrer su cuerpo, en cada sentón que le daba a la polla trataba que fuera más profunda.

    -¡Cómetela, cómetela toda! –decía el capataz.

    Francisco se volvió a meter las tetas que colgaban en la boca, Karen sentía dolor pero también placer. Por fin sintió que sus nalgas tocaron la pelvis de su trabajador ¡Ya le había entrado toda! La verga le entraba entera ¡Sentía la gloria! La polla que tantas veces vio que la vagina y fundillo de su tía y Hortensia se comían y que ella deseaba tenerla toda adentro ahora la tenía atorada en su totalidad en su mojado coño.

    Su cuerpo se volvió a estremecer por otro orgasmo, ella busco la boca de Francisco metiendo su lengua, acariciando el tórax de su penetrador lleno de bellos. El la sujeto de las caderas y empezó a taladrar la escurrida vagina de Karen.

    Francisco se la saco, tomo su caliente fierro y busco el ano de Karen, ella rápidamente y ya conocedora de lo que le esperaba, junto toda la saliva de su boca y se la puso en fundillo. El babeante pene empezó a buscar la entrada, entrada que de inmediato encontró y busco entrar. Ya el ano de Karen sabía lo que era ser visitado por una gruesa polla y no puso mucha resistencia, entro la cabeza. La verga de Francisco se arqueo tensa, el capataz empujo un poco y entro otro tanto.

    -¡Aah!

    Reforzando con su mano la base de su fierro, Francisco dio otro empujón ensartando otros centímetros. Hasta ahí le había llegado hace unos días la verga de don Carlos, lo que seguía era nuevo récord para el culo de Karen. Sabía que su penetrador daría la estocada final, y así fue, el toro empujo toda, Karen dio un grito que se escuchó por toda la casa.

    -¡Ayyy! ¡Me matas Francisco!

    -¡Trágatela toda puta! ¡Toda!

    Karen no dejaba de gritar, sentía como la estaca le partía el cuerpo.

    -¡Aah patrona, que delicia de culo!

    Como si fuera una hoja movida por el fuerte viento, el capataz volteo el cuerpo de la chica diciéndole.

    -¡Ponte de a perrito!

    Karen se puso en cuatro. Francisco le abrió las nalgas, el agujero de Karen estaba abierto, se podía ver el interior de su fundillo. El Toro volvió a embestir con su dura macana, la mitad y en la segunda embestida toda y en la tercera a lo máximo. El grito de Karen se volvió a escuchar, luego otra vez pero un poco más suave, y otra y así hasta que sus gritos quedaron en jadeos. Su cuerpo de inmediato se adaptó a la gran verga de Francisco, un cuerpo que al parecer había nacido para cobijar a grandes pollas.

    -¡Patrona, se le fue toda mi reata!

    El culo de Karen con esto estaba ya preparado, podría ya soportar cualquier cosa. Francisco la saco, había residuos de sangre, y asi sin limpiarla se la dejo ir por la vagina, empezando a cogerla.

    Francisco sintió que se venía.

    -¡Patrona, patrona! –me voy a venir.

    -¡Dame toda tu leche Francisco, lléname!

    Francisco se vació todo. Enormes chorros de leche llenaron la vulva de Karen. Era el acabose, la leche se le escapaba del coño pues a Francisco le salía demasiada.

    Esa noche fue la consumación de Karen. Francisco fornico la vagina y el fundillo de su patrona, dejándole sus agujeros bien entrenados y amplios. A las 5 de la mañana salió del cuarto, dejando a Karen profundamente dormida por el cansancio, tirada en la cama, con las medias n y el liguero rotos. De su vagina roja e irritada aun le salía semen, de su ano le escurrían también unas gotas que se escurrían por sus nalgas hasta el colchón, había restos de semen en todo su cuerpo y hasta en sus cabellos.

    Cuando se levantó como a las doce del día, ya Hortensia le tenía listo su estofado. Karen se sentía muy adolorida, le costó trabajo sentarse por el castigo que Francisco le había dado a su ano, pero se sentía feliz como nunca. Visitaría la finca de vez en cuando, y sin duda volvería a tener encuentros con Francisco.

    Días después Karen era vestida por sus compañeras en el cuarto de las putas, sonreían y bromeaban. Le pusieron un traje como el de ellas, muy sexy. Al estar lista, las ahora ya cuatro putas se presentaron frente a don Carlos.

    -¡Muy bien, Karen te damos la bienvenida! Ya eres oficialmente mi puta. Espero que correspondas lo que se ha hecho por ti, estarás el tiempo que sea necesario.

    Cuando don Carlos consideraba que la deuda estaba saldada, las dejaba ir. Muchas chicas ya habían pasado por la habitación de las putas del prestamista. Tenían que estar siempre pendientes, cuando el las llamara a todas o a alguna en especial. Karen seria entrenada por sus compañeras para asistir cuando don Carlos se follara a alguna dama que no le había cumplido al pagar, o alguna chica a la cual le estaba cobrando algún favor. Así también cuando llegaba ebrio y quería follar, también era buen anfitrión y para agradar a algún invitado especial le ofrecía a la chica o chicas que su invitado quisiera.

    Tenían libres los días de su periodo menstrual, cuando don Carlos salía de viaje por cuestiones de negocios, aunque a veces cuando él lo consideraba se hacía acompañar de alguna o algunas de ellas. Tenían también días libres de acuerdo a los planes personales del patrón.

    Así que mientras estuvieran de servicio debían de estar siempre listas, sin ropa interior, con la vagina y ano limpios y perfumados, siempre dispuestas a todo, a lo más cerdo que don Carlos les podía pedir. El mismo les había puesto un letrero en la pared del cuarto de las chicas, con la leyenda: “Siempre listas y dispuestas”.

    Días después, debidamente uniformada y entrenada Karen no tardo en escuchar.

    -¡Karen!

    Rápido entro a la oficina, encontrando a su amo con la verga bien parada y masturbándose.

    -¡Chúpala puta, chúpala!

    Fin.

  • Complaciendo a mi tío (Final)

    Complaciendo a mi tío (Final)

    Luego de lo ocurrido aquella tarde con mi tío, nuestros encuentros se repetían día sí y día también. Al finalizar mis clases él me esperaba en la propia salida de la universidad para llevarme a su taller donde en aquella pequeña oficina me usaba a su antojo, procediendo siempre de la misma manera.

    Tras atravesar la puerta siempre me atacaba por la espalda como un depredador ansioso de devorar a su presa, sus ásperas manos nunca dejaban un solo centímetro de mi culo sin explorar, luego se arrodillaba y comenzaba a comerme hasta dejarme bien empapada y con su hambre saciada, ya por último y con su verga bien dura debido a tantos estímulos comenzaba a follarme y lo hacía con semejante ímpetu que en apenas dos o tres minutos terminaba corriéndose sobre mis nalgas.

    Durante todo ese ritual yo no podía evitar la tentación de mirar de reojo en dirección a la puerta buscando encontrar oculto tras aquella destartalada cortina la presencia de su ayudante viendo con todo lujo de detalles como su jefe se follaba a aquella preciosa joven todos los días después de almorzar.

    Lo cierto es que saber que estaba allí me producía una motivación extra a la hora de entregarme, una dosis de morbo añadida que aumentaba mi disfrute con cada embestida que mi tío me daba. Me lo imagino a este sacando pecho de cómo se las había ingeniado para conquistar a una joven universitaria y cómo al ver la incredulidad de su ayudante había accedido a dejarlo ver con su propios ojos que eso era verdad, también era obvio que el egoísta de mi tío había dejado claro hasta dónde podía llegar su participación.

    Aquel día quedé exhausta y con la nalgas enrojecidas debido a la furia con la que mi amante me había utilizado, apenas terminar se guardó su cosa y sin decirme nada salió apresuradamente de aquel cuartucho, recomponiéndome usé la ya recurrente caja de pañuelos que allí había para limpiar los restos de corrida que siempre dejaba esparcidos por todo mi trasero.

    Al mismo tiempo trataba de localizar la ropa de la que me habían despojado la cual habían arrojado y estaba desperdigada por toda la oficina, mientras lo hacía me sobresalté al escuchar cómo se abría aquella puerta nuevamente, tras girarme esperando encontrar a mi tío de vuelta me asusté al descubrir que no era él sino su ayudante el que allí estaba mirándome con los ojos bien abiertos, como acto reflejo ante su abrupta irrupción traté torpemente de cubrir tanto mis pechos como mi peludo monte de venus usando mis manos.

    -¿¡Pero qué haces aquiiií!? -grité yo asustada

    -Tranquila no voy a hacerte nada, no tengas miedo.

    Sin duda no mentía, con el paso del tiempo ese hombre se había ganado la amistad y la confianza de su jefe, hasta tal punto que a este no le molestase que siempre y en cada uno de nuestros encuentros estuviese escondido observándonos.

    Ese hombre de unos cuarenta años con sobrepeso y con una calvicie prominente llevaba trabajando para mi tío desde hacía muchos años y era como parte de la familia, de hecho, según me había comentado mi tía muchas veces lo invitaban a comer a su propia casa ya que era una persona peculiar que vivía a solas en un pequeño apartamento muy cerca de su trabajo y que apenas mantenía relación con otras personas. Por lo que nunca se atrevería a dañar el juguetito de su querido superior.

    -Pensaba que no había nadie. -dije yo

    -Los dos sabemos que no es así, sé que me has pillado viendoos como follabais, te he visto mirándome.

    -Bueno… ¿y qué quieres? ¿por qué has entrado así de repente? ¿Dónde está mi tío?

    Al ver su reacción me di cuenta del error que acababa de cometer al preguntar por mi amante de esa forma, sin duda él nunca le revelaría que aquella joven a la que llevaba toda la semana follándose en la oficina era su propia sobrina. Sorprendido ante la revelación que acababa de descubrir hizo cambiar su forma con la que me miraba.

    -Vaya, vaya con la sobrinita jejeje.

    -Por favor no se lo digas a nadie, yo no quería.

    -Si bueno, pues para no querer bien que llevas viniendo toda la semana.

    -No me refería a… bueno… no sé qué… Aish a ver ¿qué es lo que quieres? -asumiendo lo que se venía relajé mi brazos dejando a la vista mi cuerpo al descubierto.

    -Veo que nos vamos a entender muy bien jeje. Ven acércate un poco más -dijo mientras con sus manos se deshacía torpemente de su mono de trabajo y bajaba sus pantalones hasta los tobillos.

    Aquel hombre orondo del que nunca supe cómo se llamaba sonreía al ver cómo me acercaba, mientras tanto con su rolliza mano rodeó su pequeña polla comenzando así a masturbarse delante mía sin pudor ninguno.

    Sin saber lo siguiente que iba a acontecer decidí quedarme de pie sin hacer nada más esperando a que él diese el paso, el pelo que le faltaba en la cabeza lo tenía esparcido en forma de vello corporal por todo su cuerpo, de hecho era tal la exuberancia del pelo púbico que hacía que su miembro pareciese más diminuto aún si cabe, mientras yo seguía reparando en los detalles de su cuerpo él no paraba de menear su miembro cada vez con mayor intensidad, su agitada respiración se unía al sonido del chapoteo provocado por la gran cantidad de líquido preseminal que segregaba.

    -Joder que buena estás niña, la de pajas que me he hecho esta semana mientras te veía detrás de esa puerta.

    -Me lo imaginaba.

    -Pues ya no tienes por qué imaginar nada buf.

    Tras decir eso y dar un par de sacudidas más, varias gotas salieron desprendidas de su cosita llegando algunas incluso a impactar contra diferentes zonas de mi piel desnuda, sorprendida por cómo se habían precipitado las cosas me quedé en silencio viendo como poco a poco retrocedía su polla hasta prácticamente desaparecer entre su alborotado vello púbico. Luego de eso se subió el pantalón a trompicones, se puso el mono de trabajo y sin decir nada abrió la puerta y se marchó no sin antes esbozar una sonrisa de satisfacción tras echar un último vistazo a mi cuerpo desnudo manchado ligeramente por su corrida.

    Mientras volvía a limpiar nuevamente el semen que había dejado un hombre por mi cuerpo la claridad se adueñó de mi sentido, en aquel momento me sentí sucia. ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Por qué me dejaba ultrajar de esa manera? Mi cabeza iba a cien, pero no alcanzaba a entender la motivación que me movía a hacer esa clase de cosas, simplemente me dejaba llevar y por eso mismo estaba allí. Luego de aquello me vestí y me escabullí de aquel taller sin ser vista por ninguno de los dos hombres a los que acababa de complacer.

    A partir de aquel día decidí que lo mejor era alejarme un poco de mi tío y no volver a verme con él a la salida de la universidad, no obstante, no podía evitar la tentación de comprobar si seguía viniendo a esperarme como de costumbre, cosa que hizo varios días hasta que un día no apareció, supuse que se dio cuenta de lo que estaba pasando que realmente no me reunía con él porqué estaba ocupada con las clases si no que en realidad lo estaba evitando. Esa misma noche me llegó un mensaje suyo al teléfono, no me esperaba que llegase a hacer eso de hecho yo nunca le había dado mi número, sin embargo, se lo debió robar a mi tía con la esperanza de volver a recuperar su juguete perdido.

    Ajena a su insistencia vi cómo evolucionaban sus mensajes día tras día. Primero fue un “donde te has metido, ¿Estás bien?” Inicial. Al día siguiente viendo que no le había respondido me llegó un deductivo “¿Por qué me estás evitando?” A la hora del almuerzo, siguiéndole un furioso “qué coño te pasa” esa misma noche. Al otro día me hizo conocer la abstinencia por la que estaba pasando haciéndome llegar un lujurioso “quiero volver a poseerte, mira como la tengo pensando en ti” junto con una foto de su polla erecta entre sus callosas manos. Hasta finalmente llegar al último que me hizo ceder, un “te echo de menos, ¿cuándo nos volveremos a ver?

    Ahí fue cuando me di cuenta de lo cruel que estaba siendo con él, mi tío era un hombre que llevaba atado a su matrimonio desde bien joven y que cuando ya rozaba los cincuenta se le presentó sin buscarlo la oportunidad de agenciarse a toda una universitaria en su plenitud física casi a diario hasta que un día y sin saber el motivo, ella desapareció de su vida dejándolo de nuevo con la realidad de la que había logrado escabullirse durante ese tiempo. ¿Pero qué podía hacer yo? Lo nuestro no podía seguir, no era algo romántico solo era sexo, sexo visceral movido por la lujuria y el morbo.

    Pero algo cambió en mí después de aquel día en el que me abandonó a merced de lo que su ayudante decidiese hacerme, dejé de sentir aquella atracción irracional que en su día hizo que perdiese la cordura y me llevase a chupársela en el coche o a follar en su taller mientras nos miraban. Mi cabeza le daba vueltas a aquello y decidí que lo más adulto que podía hacer era reunirme con él una última vez para dejarle claro lo que en verdad estaba pasando. “Mañana nos vemos donde siempre” le escribí yo finalmente poniendo fin al monólogo de aquel chat de mensajería. A lo que él respondió casi al instante con un escueto y frío “vale”.

    Toda la mañana siguiente no pude evitar estar distraída en clase pensando en cómo se tomaría lo que le tenía que contar, el que ya no me atraía, que dejase de acosarme y que nunca más va a follarme. Es por ello que estaba muy nerviosa por el encuentro, pero rápidamente llegaron las tres de la tarde, hora de mi salida y afuera como era de esperar estaba mi tío aguardando mi legada en el interior de su coche, sin perder el tiempo fui a su encuentro y me subí con él.

    Tras unos fríos saludos de cortesía arrancó el coche y nos pusimos en marcha, nada más subir hizo un chequeo rápido del atuendo que ese día había decidido ponerme, una camisa a cuadros, una falda y como hacía algo de frío en la mañana me había puesto también unas medias debajo.

    Durante varios minutos traté sin éxito de pronunciar el discurso en el que estuve toda la mañana trabajando sin embargo las palabras no conseguían salir de mi boca, en cambio me mantenía esquiva evitando cruzar mi mirada con la suya, la cual no estaba únicamente concentrada en la carretera como debía si no también en mis piernas a las que acudía a visitar en cuanto tenía la mínima oportunidad, como cuando se paraba en los semáforos o hacía un stop.

    Todo eso hizo que no me diese cuenta que no estaba siguiendo el camino habitual que nos dirigía a su taller, si no otro distinto que nos acabó llevando a su propia casa. Nada más llegar nos bajamos y entramos al interior del edificio en donde aprovechando la intimidad del ascensor comenzó a manosearme el trasero sin mi aprobación.

    -Tío tengo que decirte algo -por fin dije yo mientras él no paraba de tocarme.

    -Que… Que pasa.

    -No podemos seguir haciendo esto.

    -No te preocupes, tu tía ha ido a ver a tus abuelos y no regresa hasta la noche.

    -No es eso… Es que…

    -¿Es qué?

    -Ya no quiero seguir haciendo esto. Ya no me gusta.

    Pensaba que eso sería suficiente para que detuviese en seco sus tocamientos en cambio eso no fue lo que pasó.

    -No me importa que no te guste, a mí sí.

    La puerta del ascensor se abrió en ese momento y de él me sacó arrastrándome mientras me sujetaba fuertemente del brazo, sin dejar de soltarme hasta lograr meterme en el interior de su casa.

    Ya dentro me agarró del cuello y me fue empujando hasta hacerme chocar mi espalda contra la barra americana que dividía la cocina del salón, su forma de mirarme había tornado en la de alguien que había perdido totalmente el juicio y contrastaba con la mía que delataba mi terror ante la forma agresiva con la que me trataba.

    Entonces me soltó el cuello, por un breve instante pensé que lo había hecho para dejarme en paz pero en cambio lo hizo para poder usar las dos manos para agarrar con fuerza mis caderas y girarme, poniéndome así de espaldas a él, luego puso una de sus ásperas manos en mi nuca y empujó mi cabeza hasta hacer chocar mi mejilla contra el frio mármol, haciendo arquear mi espalda y consiguiendo así un fácil acceso a mi trasero, sin dejar de presionarme la cabeza contra la encimera usó su otra mano para subirme la falda por encima de las caderas dejando así a la vista mi tanga rosado el cual todavía quedaba protegido por las medías.

    Sin embargo, poco duró eso ya que lo próximo que hizo fue rasgarlas y apartar a un lado mi tanga para a continuación comenzar a presionar su endurecida polla contra la entrada de mi sexo la cual no mostraba la más mínima señal de aceptación a lo que estaba por venir. Él al detectar que no se me había humedecido como hacía por costumbre al llegar a ese punto, se detuvo en su avance para soltar un escupitajo en su polla para luego sí ensartármela toda de golpe sin pudor alguno.

    Tras eso comenzó a moverse de atrás adelante para follarme sin descanso, mis piernas temblaban al recibir cada una de sus embestidas y en la sala solo se escuchaba el sonido que producía su cuerpo al chocar contra el mío y los bufidos que él emitía fruto del esfuerzo.

    -No me digas que esto no te gusta zorrita. Como te estoy follando toda.

    Yo me mantuve en silencio haciendo caso omiso a lo que me decía, solo quería que aquello se acabase. Entonces me liberó de la presión que ejercía sobre mi nuca para volver a agarrarme de la cadera con las dos manos, y con ello poder aumentar la velocidad y violencia de sus embestidas, a las que a mayores sumó sonoras nalgadas de vez en cuando buscando así hacerme gritar de alguna manera. Pero no lo consiguió, lo único que logró fue hacerme derramar lágrimas de dolor e impotencia. Nada era impedimento para que él siguiese a lo suyo, así lo hizo hasta que finalmente y entre gruñidos terminase por correrse en mi interior.

    Recuerdo que al sentir el palpitar de su polla lanzando sus últimas gotas dentro de mí fue cuando me liberó de la presión que sus manos ejercían contra mi cuerpo. Así poco a poco iba recobrando la cordura que yo le había hecho perder. Lo siguiente que hizo fue despegarse de mí sacando su miembro de mi cavidad por la cual se escurría el semen con la que me la había llenado. Aprovechando la liberación me recompuse como pude y me largué de allí corriendo para nunca más regresar.

  • El deseo oculto

    El deseo oculto

    Iván había empezado a trabajar en la empresa hacía solo un mes, pero rápidamente se había ganado la atención de todos. Era joven, alto, de hombros anchos y una sonrisa fácil que desarmaba a cualquiera a pesar de su apariencia dejada, con algo de barriga. El típico geek. Su manera de caminar, segura y relajada, hacía que algunos se giraran para observarlo cuando cruzaba el pasillo, y no era raro que los comentarios sobre él fluyeran en las conversaciones de la oficina. A Iván le gustaba bromear con todos, especialmente con Raúl, un compañero de más experiencia que lo había tomado bajo su ala desde el primer día.

    Raúl era un hombre reservado, de unos 40 años, siempre bien vestido, con el cabello oscuro apenas salpicado de canas. Su atractivo residía en su elegancia, su forma de hablar pausada y su mirada intensa que parecía atravesar a cualquiera que osara sostenerla.

    Iván, desde el primer día, había sentido una atracción inexplicable hacia él, casi paternal. No era solo admiración profesional, había algo más. Una tensión que se instalaba en el aire cada vez que se quedaban a solas en la sala de reuniones o en la pequeña cocina de la oficina.

    Lo más extraño era que, aunque Raúl siempre se mostraba profesional, Iván sentía que esa atracción era mutua. Había notado los destellos en los ojos de Raúl, cómo a veces sus miradas se encontraban durante más tiempo del necesario, o cómo en una reunión, los dedos de Raúl se habían rozado con los suyos mientras le pasaba unos documentos. No eran cosas que parecieran casuales, pero ninguno de los dos había mencionado nunca nada.

    Todo cambió un viernes por la tarde. La oficina estaba casi vacía, la mayoría de los compañeros ya habían salido, algunos para empezar el fin de semana, otros para reuniones externas. Iván había decidido quedarse a terminar un par de cosas, y Raúl también estaba en su despacho. La tensión entre ellos ese día había sido más palpable que nunca. Desde la mañana, los cruces de miradas habían sido más intensos, más cargados de algo que ambos parecían querer ignorar.

    Iván se levantó de su escritorio y se dirigió al baño. Necesitaba refrescarse, despejarse un poco antes de continuar. El espejo reflejaba su rostro ligeramente sonrojado mientras se echaba agua fría en la cara. Se desabotonó su camisa hasta casi la mitad y dejó al descubierto su pecho peludo para mojarlo también con el agua fría que salía. De repente, la puerta se abrió, y Raúl entró.

    Iván se quedó congelado por un segundo, mirándolo a través del espejo. Raúl no dijo nada, solo caminó lentamente hasta colocarse junto a él, como si fuera lo más normal del mundo. Podían oírse sus respiraciones en el pequeño baño, el ruido de la oficina al otro lado de la puerta parecía tan lejano como si estuvieran en otro lugar, solos en su propio universo. Iván comenzó a abotonarse la camisa con calma, intentando disimular que estaba algo nervioso por verlo así.

    —¿Todo bien? —preguntó Raúl, con una voz más grave de lo habitual.

    Iván asintió, incapaz de encontrar las palabras. Sentía una presión en el pecho, una mezcla de excitación y vergüenza. Raúl dio un paso más cerca y su brazo rozó ligeramente el de Iván, haciendo que un escalofrío recorriera su espalda. Iván giró el rostro para mirarlo directamente. La tensión entre ellos, que había estado latente durante semanas, se sentía a punto de estallar.

    —No puedes seguir mirándome así, y menos con la camisa abierta. Es raro —murmuró Raúl, con sus labios a pocos centímetros de los de Iván.

    —¿Mirarte cómo? ¿Así? —respondió Iván en un susurro, aunque ambos sabían exactamente a qué se refería.

    Raúl no respondió con palabras. En lugar de eso, levantó una mano y la colocó en la nuca de Iván, atrayéndolo hacia sí, hasta que sus labios se encontraron en un beso cargado de deseo reprimido. Fue un beso hambriento, intenso, como si ambos hubieran estado esperando ese momento desde hacía semanas. Iván respondió con la misma urgencia, buscando con sus manos el cuerpo de Raúl, acariciando su espalda, sintiendo los músculos tensos bajo la tela de su camisa.

    El pequeño baño, con su luz blanca y fría, se convirtió en el escenario de algo que parecía inevitable. Raúl lo empujó suavemente contra la pared, sin dejar de besarlo. Sus manos empezaron a desabrochar la camisa de Iván hasta abrirla por completo, y sus dedos acariciaron su piel caliente, jugueteando con el pelo de su pecho entre los dedos. Los gemidos apenas contenidos llenaban el espacio, mientras ambos se perdían en el deseo.

    Iván deslizó sus manos por el cuello ancho de Raúl, desabotonando su camisa también, revelando su piel ligeramente oscura. Sentía el bombeo de la entrepierna de Raúl latiendo con fuerza bajo sus dedos, lo que lo excitaba aún más. Se besaron con más intensidad, las manos explorando, descubriendo, mientras la respiración de ambos se volvía más rápida, más entrecortada.

    —No deberíamos estar haciendo esto —murmuró Raúl entre besos, aunque su cuerpo decía lo contrario—. Estoy a punto de reventar.

    —Ya es tarde para eso —respondió Iván, con voz ronca por la excitación—. ¿Quieres que te la chupe?

    Raúl dejó escapar una risa suave, casi nerviosa, antes de que su boca volviera a buscar la de Iván con más deseo que antes. Las manos de Raúl bajaron por el torso de Iván, acariciando cada centímetro de su piel antes de llegar a su cinturón. Desabrochó con destreza y lo dejó caer al suelo, seguido del pantalón. Iván jadeó al sentir el contacto directo de las manos de Raúl sobre su piel y su cuerpo reaccionando inmediatamente bajo el bóxer como él también estaba.

    Ambos sabían lo que querían. Lo que necesitaban. Iván se agachó lentamente, besando el abdomen de Iván, descendiendo hasta que sus labios encontraron su punto más sensible. Raúl lanzó un gemido ahogado al sentir el calor de la boca de Raúl envolviéndolo, su espalda se arqueó contra la pared fría del baño ante lo que iba a pasar.

    El ritmo era lento al principio, casi torturante, pero rápidamente se convirtió en algo más urgente, más demandante. Raúl no pudo evitar agarrar el cabello de Iván, enredándose sus dedos en las hebras oscuras de su pelo, mientras su cuerpo se tensaba de placer. El ambiente en el baño era sofocante, con el eco de los jadeos, los gemidos y el sonido de piel contra piel llenando el pequeño espacio.

    Iván se introdujo la polla de Raúl de un solo movimiento, notando lo hinchado que tenía su rabo en su boca y miró hacia arriba cruzándose sus miradas por el deseo. La mamada fue fuerte, potente y tras unos instantes de placer, sin decir una palabra, lo giró contra la pared. Iván podía sentir la dureza de Raúl contra su culo, lo que solo aumentaba su excitación. Sentía cómo las manos de Raúl lo acariciaban, lo preparaban, antes de que ambos se fundieran en un movimiento lento y profundo que haría que Iván soltara un gemido grave.

    La cabeza de su polla entró con facilidad dentro de Iván y el ritmo aumentó rápidamente, ambos perdidos en el placer. La sensación de estar haciendo algo en un lugar prohibido, el peligro de ser descubiertos, solo hacía que todo fuera aún más intenso. Sus cuerpos se movían al unísono, cada embestida más fuerte que la anterior, hasta que un sonido ronco salió de la boca de Raúl.

    —Me voy a correr —dijo jadeante.

    —Córrete dentro.

    Raúl alcanzó el clímax, dejando lo más profundo posible su polla en Iván. Sintió cada bombeó de sus eyaculaciones como caían en su interior, lo que hizo que se corriera Iván sin manos, extasiado por la mejor de las folladas jamás experimentadas.

    Cuando finalmente recuperaron el aliento, se separaron lentamente. Iván se apoyó contra la pared, todavía recuperándose, mientras Raúl recogía su ropa del suelo y comenzaba a vestirse. Ninguno de los dos dijo una palabra más, pero la complicidad entre ellos era innegable.

    —Deberíamos volver antes de que alguien note nuestra ausencia —dijo Raúl finalmente, con una sonrisa apenas visible.

    Iván asintió, sonriendo también, mientras se vestía. Antes de salir, Raúl se acercó una vez más y le dio un beso rápido en los labios, como una promesa de que esto no sería la última vez.

    Ambos salieron del baño, intentando actuar con normalidad. Pero sabían que, a partir de ese momento, nada volvería a ser igual.