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  • Me como a un colágeno (sobrino de mis jefes)

    Me como a un colágeno (sobrino de mis jefes)

    El sobrino de mis jefes me escribe ya después del trabajo, me coquetea y le respondo; le mando foto en ropa interior y acaba yendo a mi departamento a cogerme.

    Mis jefes tienen un sobrino que trabaja mucho con la oficina y debido a que yo la administro, él y yo tenemos mucho contacto, incluso a horas o días no laborales. Casi desde que me conoció -Saúl, así se llama- me invitaba a salir, me hacía cumplidos, me hacía uno que otro regalo y así. La verdad nunca le hice caso, porque está muy joven, tiene 22 años.

    Cuando me invitó a salir, le dije que podía ser su mamá y me dijo, “Sí, pero no lo eres, Ana; eres una mujer que me gusta y mucho”. De cualquier forma, no le hice caso y siempre le dejé en claro que yo no quería nada con él, porque estaba muy chico. Igual, él siguió haciendo la lucha. Y así estuvo un año, hasta hace unos días que se le hizo encamarme.

    El domingo pasado, ya estando en casa me empezó a escribir Saúl porque nos quedamos con algunos pendientes de la oficina para el lunes. Se alargó un poco la plática, entonces me preguntó si quería ir a tomar algo, le dije que ya me iba a acostar.

    -Tan temprano? No te creo, Ana, apenas son las 7.

    -Sí, de hecho, ya estoy en cama. ¿Pero qué no estás en Valle de Bravo?

    -Estoy de regreso, entrando a la ciudad. ¿A poco ya estás en pijama y todo?

    -Digamos que sí.

    -¿Cómo?

    -Es que no uso pijama –en ese momento pensé en dárselas y probar un chavito en sus veinte, además ha insistido mucho y pues es sobrino de los dueños, hay que quedar bien-.

    -¿En serio?

    -Sí, mira –le mandé una foto acostada en mi cama en ropa interior-.

    -¡No chingues, Ana, estás bien pinche buena! ¡Qué tetas! ¡Mándame otra, no seas mala!

    -¿Así? -le mandé otra metiendo la mano en mi tanguita y mordiéndome los labios-.

    -¡Ufff no sabes cómo me la pusiste, Ana!

    -Ándale, te invito algo, paso por ti ahorita.

    -¿No, como crees? Ya te dije que estás muy chavo; confórmate con la foto, Saúl.

    No contestó, creí que se había enojado, pero minutos después me llamaron los de seguridad, preguntándome si autorizaba a pasar a un visitante –obvio era Saúl-. Sólo me puse una camisa blanca abierta y la ropa interior negra con la que me tomé la foto; medio me tapé y le abrí la puerta, puso los ojos como platos.

    -No te arreglaste, Ana; pero mejor, la verdad.

    -Pues te dije que no iría, Saúl.

    -Bueno, pero invítame a pasar, ¿no? Así te veo más de cerca y en vivo.

    -No quitas el dedo del renglón, ¿verdad? –sonreí- Pásale.

    Le ofrecí algo de tomar y me pidió algo que tuviera alcohol; le serví un ron de esos que se toman solos. Como era de esperarse no estaba acostumbrado a ese tipo de bebidas; se le notaba en la cara cuando tragaba el ron, aunque trataba de ocultarlo para impresionarme. Me abroché un par de botones de la camisa, pero dejándole ver mis tetas sin problema.

    Después de un rato me paré al bañó, fui al de mi cuarto, cuando salí estaba Saúl en la puerta de mi cuarto esperándome, enseguida se me abalanzó y me besó, arrinconándome contra un pequeño clóset; me manoseaba toscamente. Me resistí un poco, aunque eso era lo que yo quería.

    -No, Saúl, espérate.

    -No te hagas, Ana, me te has apretado desde el año pasado; pero tienes tantas ganas como yo.

    -Podría ser tu mamá –él seguía besándome y manoseándome-.

    -Pero no eres, chinga, eres una vieja que está bien buena y que me quiero dar (coger).

    -No, Saúl –yo estaba calentándome bastante-.

    -Entonces por qué tanta sonrisita y ojitos en la oficina, ¿eh? Para qué me mandaste esas pinches fotos, Ana, ¿si no es para que viniera y te cogiera?

    -Para que me creyeras que estaba acostada.

    -Ni madres, Ana; andas caliente y quieres que te coja –agarró mi mano y la puso en su paquete- ¿ya viste cómo me tienes? ¿No se te antoja un colágeno, Ana? –me besó el cuello y lo mordisqueó; eso me súper calienta-.

    -Pero no digas nada, eh. Va a ser nuestro secreto, Saúl.

    -Igual que es secreto que se las das a varios cabrones; ¿o creías que no sé de mis tíos? ¿O de Hugo? ¿O de Abraham?

    -No soy un culero, pero tampoco pendejo, Ana; también vas a ser mi puta; o me las das o se entera quien se tenga que enterar –esa actitud me sorprendió-sácamela y mámamela, Ana; eso hice, se la saqué, me hinqué y empecé a mamársela-.

    -Ay, no chingues, pinche Ana, ¡qué rico te la devoras!

    -Mmmmm… -la verdad una verga joven sabe y huele diferente, empezó a desvestirse y luego me cogió la boca-.

    -Ándale, cómetela todita, Ana; así, chiquita, así.

    -Mmmm…

    -¿Ya ves como si andabas con ganas de verga? –me puso de pie, me quitó la camisa-.

    -Vamos a la sala.

    -No, quiero cogerte aquí, en tu cama. Siéntate en la cama y quítate el brasier, quiero ver bien tus tetas -lo hice, él se desnudó mientras me veía; tenía la verga bien tiesa- ¿Te gusta? ¿Se te antoja, Ana? –asentí-.

    -Ven quiero saborearte más.

    -¿Me quieres mamar la verga?

    -Sí, quiero mamarte la verga –se acercó, se la agarré, la olí, la lamí y después empecé a mamársela- mmmmm…

    -Esos culeros que te cogen tienen razón; la mamas de poca madre.

    -¿Eso te dicen? Mmmmm…

    -Sí y que coges bien pinche rico.

    -¿Qué más?

    -Que te gusta por el culo. ¿Es cierto, Ana, te gusta por el culo? –asentí-ándale, déjame oírte.

    -Mmm… me gusta que me den por el culo, Saúl; ¿has cogido por el culo?

    -No.

    -Es riquísimo… mmmm… -en ese momento se hincó, me quitó la tanguita, me acercó a la orilla de la cama y empezó a comerme la panochita-.

    -Traes recortadita la puchita, Ana…

    -¿Te gusta así?

    -La neta me da igual, pero se ve muy rica…

    No lo hizo tan mal, pero la verdad se le notaba la inexperiencia comiendo panochita; solo la lamía como si fuera paleta. Por eso le dije que quería montarlo, entonces se acostó en la cama, se la jalé tantito para ponerla bien dura otra vez y entonces me senté en su verga y empecé a cabalgarlo.

    -Ay, la tienes muy rica, Saúl; está durísima, qué rico.

    -Te gusta, Ana, ¿te gusta mi verga?

    -Está rica; eres muy cogelón, ¿verdad?

    -Cuando se puede.

    -Tienes muchas amiguitas para coger, ¿verdad?

    -Algunas; siempre hay alguna que quieren verga. Pero ninguna está tan rica como tú, Ana.

    -¿Ah sí? ¿Estoy más rica?

    -¡Cómo no!

    -¿Por?

    -Tienes mejores tetas.

    -¿Ah sí? ¿Qué más?

    -Tienes mejores nalgas y las mueves bien sabroso; además estás caderona; te ves bien rica.

    -¿Y ya te cogiste a alguien de la oficina, canijo? –sonrió- sí, ¿verdad? Eres un cabroncito, Saúl. A quién te cogiste, ¿eh? ¿A quién se la metiste? –aceleré mis movimientos-.

    -Te mueves bien rico, Ana. No mames qué rico se te ven las tetas.

    -¿Te gusta? –cambié mis movimientos-.

    -Ay, cabrón, ¡qué rico!

    -A quién te cogiste, ¿eh?

    -A Jimena.

    -¿A la novia de Hugo?

    -Sí, la invité de antro y luego hotelazo.

    -¿Estuvo rico? ¿Coge rico?

    -Sí, además le metí un fajesote en el coche y me la mamó bien rico, pero tú la mamas mucho mejor.

    -¿Ah sí? ¿Te gustó cómo te la mamé?

    -Un chingo, Ana. Ya me habían dicho que eras muy buena para mamarla.

    -¿Quién te dijo?

    -Mis tíos y Hugo.

    -¿Y qué más te dijeron?

    -Que se las mamas en la oficina, que te han cogido en la oficina, que te gusta tragártelos y también que te los echen en las tetas. ¿Es cierto?

    -Sí, me encanta sentir cómo me caen en las tetas.

    -¿Es cierto que Hugo te cogió en el estacionamiento?

    -Sí; un día que nos quedamos hasta tarde, ya nos íbamos y empezamos a besarnos afuera de los coches, nos calentamos, nos metimos a su coche y acabamos cogiendo.

    -¿Sí eres bien puta, verdad, Ana?

    -Es que me encanta la verga, me encanta coger, Saúl. Me encanta que me la metan –estaba a punto de venirme, entonces me incliné poniéndole mis tetas en la cara para que me las comiera-me encanta sentirla adentro; me voy a venir, chúpame las tetas –lo hizo y poco después me vine- ay, qué rico… tienes la verga bien dura, Saúl –seguí montándolo suavemente-.

    -Qué rico te vienes, Ana, qué rica cara pones. No puedo creer que por fin estemos cogiendo.

    -¿Tanto así?

    -Desde que te vi me gustaste, te me antojaste cabrón.

    -Mmm… qué rico.

    -No sabes cómo me calienta verte; me encantan tus escotes y tus nalgas se ven deliciosas –en ese momento me di la vuelta para montarlo de espaldas y me viera las nalgas y cómo entraba su verga en mi panocha- puta madre, qué rica te ves así, Ana. Te mojas un chingo la pucha.

    Después de unos pocos minutos se cansó de estar acostado, pero quería seguir viéndome las nalgas, así que me puse de perrito poniéndome en la orilla de la cama, él se puso de pie debajo de la cama y empezó a darme rico.

    -Pinches nalgotas ricas que tienes, Ana.

    -¿En serio te gustan?

    -¿Cómo no? Están bien pinches ricas.

    -Dame nalgadas, Saúl, me gusta, me calienta –me dio una-un poco más fuerte.

    -¿Así?

    -Mmm, sí, así… ay, qué rico –siguió con las nalgadas, ahora sí en poco más fuertes-.

    -Qué ganas tenía de verte así, Ana; no mames, estás bien pinche buena –en ese momento empecé a apretarle la verga con mi panochita- ay, no jodas qué rico; no mames, ¿cómo le haces?

    -¿No te la habían apretado así?

    -No y se siente poca madre, Ana; puta madre síguele, síguele.

    -¿Así? ¿Rico? ¿Así te gusta que te apriete la verga, Saúl?

    -Sí, Ana, sí… ay, no mames –estaba cerca de venirme de nuevo-.

    -¿Te gusta que sea una puta?

    -Uy, sí… estás bien buena, Ana.

    -Dime “puta”, dime que soy una puta –eso me excita muchísimo-.

    -Eres una puta riquísima, Ana.

    -Síguele, dime más.

    -Eres una puta deliciosa, eres la puta más rica de la oficina, Ana. Me la pone dura tu cara de puta. Eres la puta de la oficina, ¿verdad? –me dio una nalgada-.

    -Sí, Saúl, soy la puta de la oficina. Me encanta que me llenen de sus mecos –en ese momento me la sacó y me los echó en las nalgas-.

    -Ay, no mames… aaaah… ay, cabrón, qué rico… -yo me vine al sentir su semen en mis nalgas-.

    -Ay, qué rico… sí, vente, Saúl, vente… ay, échamelos todos, papito.

    -Ay, no mames, qué rico, pinche, Ana –me agarró de la cadera y siguió vaciándose en mis nalgas, después me la volvió a meter hasta que poco a poco se le bajó la erección-.

    Nos acostamos un rato, platicamos un poco, me dieron ganas de acariciársela, se le fue poniendo dura otra vez, empecé jalársela y después a mamársela. Se la acaricié con mis tetas, con los pezones en la punta de su verga. Me acomodé para hacer el 69 –tampoco lo había hecho él antes- después de unos minutos le dije que abriera mi cajón y sacara lo que había, era un dildo, le dije que me lo metiera, que me bombeara con él. Así me vine de nuevo, entonces me concentré en hacerlo venir a punta de mamársela. Después de unos minutos lo hizo, no tanto como la primera vez, pero lo suficiente para saborear su lechita.

  • Follada otra vez (cap. 11)

    Follada otra vez (cap. 11)

    Hola amores. Quiero contarles de un amiguito muy guapo portador de una hermosa polla que me folló inesperadamente comenzando una nueva y linda relación en mi vida. Estábamos los dos en un su casa bebiendo una cervezas como amigos, creo que él no sabía de mí, o sea, de mis preferencias, aunque al parecer tenía sus sospechas por lo que pasó.

    Conversábamos y quise ir al baño, él me siguió como para desaguar también, al entrar como de broma me tomó por detrás y me pegó su bulto en las nalgas. No me quité ni dije nada, él empezó a empujar por encima de la ropa y me abrazaba fuerte, mientras reía nervioso. Puso sus manos en mi cintura y me bajó el pantalón y la trusa, de inmediato puso su pene en la zanja de mi trasero y lo colocó en la entrada de mi orificio anal.

    Todo esto pasó tan rápido que yo estaba paralizada por la sorpresa y la emoción hacía saltar mi corazón, esperando lo inevitable y deseado con gran ilusión, o sea, ser penetrada por Chucho. Puso saliva en su pene y me lo empezó a meter poco a poco, yo me hice la novata sin experiencia, que no sabía qué hacer y simplemente me dejé hacer.

    Entonces, me dijo al oído, -Ay putito, sabía que te gusta la verga-, respondí con un gritico de mujercita trans caliente, abriendo mis nalgas con ambas manos.

    Como tenía unas semanas sin ser cogida mi ano estaba muy apretadito y sensible, le dije –Ay Chucho, me lastimas un poco-, él me sacó lo que había clavado de su pito y le puso más saliva, entonces, volvió a intentarlo y esta vez entró toda su herramienta de macho hasta el fondo de mi ser, me dolió, pero aguanté ya que mi colita hambrienta de ser perforada no estaba dilatada, aguanté el dolor hasta que mi ano se dilató alrededor de esa polla deliciosa.

    Comenzó a moverse sacando su verga y metiéndola, taladrando mi culo sin piedad, pues lo hacía con fuerza, su ritmo se aceleró en un par de minutos y me cogía con gran velocidad. Mi ano aún tardaba en dilatarse completamente a su grosor, pero yo aguantaba e instintivamente lo abría y empujaba mi trasero hacía atrás.

    Comenzamos ambos a gemir con fuerza y yo comencé a sentir un enorme placer acompañado de un raro ardor, pero contuve unos griticos en la garganta, quería soltarlos y que todo el mundo supiera que me estaban follando de lo lindo.

    Chucho me siguió cogiendo unos minutos más y de repente explotó dentro de mí. Sentí que tocaba el cielo, unas pequeñas explosiones en mi entresijo y su semen tibio inundó toda mi intimidad. Así parados como estábamos, nos quedamos quietos y gozando de lo mejor que puede pasar en el mundo que es el amor.

    Su pene se puso flácido, lo sentí muy bien, pues estaba muy atento a todas las nuevas y maravillosas sensaciones con este hombre. Me la sacó escurriendo de su propio semen, me acomodé la trusa y pantalón y salimos a cenar.

    Yo deseaba tomarlo de la mano, pero él parecía olvidarlo todo y hacer como si ni hubiera pasado nada. Más tarde, me fui a casa y desde luego, casi no pude dormir pensando en esa tarde.

    Cada día me convencía de que había elegido el mejor camino del amor, dando mi culito para ser perforado por una deliciosa polla. Ciao amiguitas, ojalá les guste.

  • ¿No me vas a coger?

    ¿No me vas a coger?

    Ya habían pasado unos días desde que mi vecino me había hecho su ¡puta! Me encontré con él un par de veces, en una iba con su esposa, nos limitamos a un saludo cordial, y la otra ocasión iba solo. Obviamente aprovechó para decir merlo: ¡puta! y yo respondí con un susurro: Mande. Se rio y seguimos con nuestro camino.

    Por un momento pensé que sería un evento que no se repetiría, una parte de mi quería que así fuera pues no quería tener algún problema por temas de privacidad ya que somos vecinos. Pero también otra parte de mi deseaba que volviera a ocurrir. No podía sacar esas imágenes de mi cabeza, de cómo me tenía en 4 y me daba unos empujones de verga que hacían sonar mis nalgas y me hacían gemir como nunca lo había hecho, es decir sin fingir, gemir realmente de la mezcla de dolor y placer que me hacía sentir, claro y no se diga la humillación que me hizo sentir al tratarme como una verdadera ¡puta!

    Tres largas semanas pasaron en las que iba perdiendo las esperanzas de que se repitiera y no pude aguantar más. Vi por la ventana un día que su esposa salía y le mandé un mensaje:

    Holi

    Fue lo único que escribí esperando no molestarlo ni comprometer nada con un simple saludo pero que se notara lo femenino del mismo.

    Te lo dije ¡puta! tu sola me ibas a buscar, fue su respuesta.

    Auchh, eso me hizo sentir más humillada pues tenía razón, estaba buscando al hombre que vino a mi casa, me usó sexualmente a su antojo, me cacheteó, me metió la verga sin el menor cuidado, se burló de mi cuando me vio llorar, me llenó la boca de semen y me tuvo lamiendo sus huevos. A ese hombre, lo estaba yo buscando ¿Qué me está pasando? Pensé arrepentida

    ¿Ya tienes lo que te pedí?

    Esa pregunta me puso muy nerviosa ¿Qué me pidió? No lo sé ¿En verdad me pidió algo o solo me estaba poniendo a prueba?

    ¿A qué te refieres? Respondí con temor

    ¿Porque siento temor de no cumplir sus expectativas? Me pregunté al mismo tiempo, pero mi cuerpo ya temblaba nervioso esperando su respuesta

    ¡Pendeja! te dije que para la otra te encerraras ese clítoris en una jaula ¿La tienes o no? Y debe ser la más pequeña que encuentres

    Es cierto, había dicho eso cuando salió de mi casa, pero con la incertidumbre que me dejó y en las condiciones en las que lo hizo lo olvidé por completo, no podía mentirle, si decidía venir y no lo tenía me iría peor, así que enfrenté mi problema y le confesé que no la había comprado aún.

    No me vuelvas a hablar si no me muestras que la tienes.

    Si papi, le respondí, pero ya no recibí respuesta alguna.

    Me sentí una tonta, me enojé conmigo misma y después no pude comprender porque me molestaba por no cumplir sus peticiones, algo me estaba pasando y no lo lograba comprender. Mientras mi cabeza se hacía bolas con esas dudas me metí a buscar jaulitas de castidad, había tanta variedad que quedé sorprendida, las había visto un par de veces en videos, pero yo era más de buscar BBC que a chicas trans, así que poca atención le había prestado.

    Estuve comparando había de 3cm, 2cm 1cm 5 milímetros y… auchh encontré una que no solo no permitía ni la más mínima erección, sino que además tenía una especie de tubo que empujaba hacia adentro mi ahora nombrado clítoris. Dudé mucho, nunca había usado una ¿Y si me lastima? Pero si compraba otra y él se daba cuenta que no era la más pequeña se molestaría, así que no me quedó de otra y la agregué al carrito, enseguida las sugerencias llegaron a mí y me recomendaron una faldita que apenas tapaba la mitad de la cola, así que decidí darle una sorpresita y también me la compré.

    Ahí estaba yo, buscando ropa sexy para ponerme y ofrecerme al hombre que me humilló sexualmente, vaya loca en la que estoy convirtiendo.

    Me lo encontré un día en la calle, iba solo, lo miré con timidez preparándome para decirle que ya la había pedido y solo estaba esperando que llegara, pero pasó y no me dijo nada, ni si quiera volteó a verme, fue tan indiferente que dolió. Voltee incluso a verlo, pero él no lo hizo.

    Me sentí doblemente mal, primero porque no me saludó y después porque dentro de mi estaba esperando esa palabra, esa que tanto odié, ahora la deseaba, la imaginé una y otra vez en mi mente que no escucharla me hizo sentir molesta, insatisfecha, necesitaba ahora que me la dijera, no me sentía completa si no me la decía, pero entendí que estaba molesto por lo de la jaula, así que no podía hacer otra cosa más que esperar a que llegara.

    Dos días tardó en llegar y en cuanto cerré la puerta de inmediato la saqué, nunca había tenido ese objeto en mis manos ni si quiera lo había visto con mis propios ojos en físico. Era un aro metálico con una especie de tapita con hoyitos que tenía un tubo de 2 cm, los mismos que empujarían mi clítoris y lo harían desaparecer y una manguerita. Lo acomodé en el sillón, aquel donde me quedé dormida en faldita con mi cachetero en los tobillos después de haber sido usada sexualmente y le tomé una foto.

    Estaba a punto de enviarla cuando veo que se pone en línea, me puse super nerviosa y me arrepentí. Me siento orgullosa de haberme arrepentido porque tome una mejor decisión, y fue ponérmela y enviarle la foto así.

    Debo decir que nunca he tenido un pene grande de hecho todo lo contrario, en condiciones de frío o hasta normales puedo hacerlo desaparecer utilizando un solo dedo, mil veces lo hice imaginando que tengo una vagina y hasta me di placer alguna vez abriendo las piernas y acariciándome con 2 dedos forzándome a que no pudiera tener una erección para simular una masturbación femenina, eso mientras en mi culito tenía algún juguetito improvisado porque no podía comprarme uno real arriesgándome a ser descubierta.

    Esto me facilitó mucho las cosas y aun así no fue nada sencillo colocarme la jaulita. Primero mis bolitas pasaron por el aro, después introduje con incomodidad la manguerita en mi orificio y cuando ya no hubo más espacio comencé a empujar con la tapita. Lo vi desaparecer milímetro a milímetro hasta que lo único que pude ver era la tapita plana y con emoción vi como el seguro llegaba a donde tenía que cerrarlo, así que tomé la llave y la cerré.

    Que éxtasis más increíble sentí. Sin tomar en cuenta la forma en la que fui usada por él, nunca me había sentido tan femenina como ahora que algo me prohibía ver si quiera que tenía un pene, ni se diga de las erecciones que ahora eran prácticamente imposibles. Mientras veía videos para informarme, me di cuenta que algunas chicas usaban unas cintas que se amarraban a la cintura para que la jaulita no se fuera hacia abajo y mantenerla derechita, se veía tan lindo que busqué unas cintitas rosas en la casa y me las puse, me volvía loca, no quería quitármela nunca, me encantaba ¿Cómo es que nunca se me había ocurrido usar una?

    Ahora si estaba lista, me acomodé, tomé la foto y se la envié sin ninguna palabra más. 2 horas tardó su respuesta, yo estaba impaciente, nerviosa ¿Y si ya no quiere, que tal que se molestó mucho? Por eso no me habló ese día, pensaba mientras revisaba a cada ratito mi celular, a veces lo veía en línea, pero no me escribía. ¿En qué me he convertido?

    Mismo día, misma hora. Fue el mensaje que recibí y que me elevó al cielo, no estaba molesto, si vendría de nuevo y repetiríamos aquel momento que aún sigue impregnado en mi mente. Si lo sé, me va a hacer sentir humillada, me va a doler lo que me va hacer, pero si algo había aprendido es que al final lo iba a disfrutar y mucho.

    Era miércoles, así que tenía que esperar un par de días, decidí no quitarme la jaula hasta que fue necesario hacerlo. Aun así el jueves me la volví a poner y así estuve todo el día, incluso salí a la calle con ella puesta y me sentí en las nubes.

    Por fin llegó el día, esta vez no me sentía tan nerviosa, sino más bien emocionada, contenta, feliz tenía mi jaulita, tenía sus cervezas y yo estaba lista. Hacía frío, pero eso ayudaba más a que ponerme la jaulita fuera algo super sencillo, arreglé los listoncitos para que se vieran bonitos y me puse la faldita que había comprado. Era más pequeña de lo que imaginaba, apenas podía tapar un par de centímetros de mi colita prácticamente era un accesorio y no una falda, enfrente lo mismo, se podía ver toda mi jaulita expuesta y agradecí que me la pidiera, pues no me gustaría la escena si no la hubiera traído puesta.

    Como travesti sueño todos los días con despertar un día y ver que eso que tengo entre las piernas simplemente desapareció y se convirtió en un hermoso clítoris de verdad, pero eso nunca pasará así que lo más cercano a ello es verme con esa jaulita. Me gustó tanto que decidí que no usaría el cachetero y lo dejé en la esquina del sillón.

    Me maquillé, me puse mi peluca, mis zapatillas y estuve lista en la sala esperando a mi macho, contenta porque hoy volvería a ser una hembra. Sonreía como una tonta, me sentía feliz, él me lo dijo, esta será tu nueva vida y me encanta.

    Lo escuché salir, puntual como siempre, lo vi revisar que no hubiera nadie, dio un par de pasos hacia mi puerta y sin dudarlo abrí la puerta. Entró a la casa, se puso detrás de mí, cerré la puerta y cuando aún se escuchaba el sonido del seguro cerrarse ya lo tenía detrás de mi empujándome contra la puerta que hizo un sonido ahogado de haber llegado a su límite. Me pegó completamente a la puerta, se pegó contra mí, sentía su verga dura en mis nalgas que ahora no tenían prácticamente nada que las tapara.

    Con todo mi cuerpo pegado a la puerta y su cara a un costado de la mía escuché por fin su voz: ¡No quiero que vuelvas a hacerme esperar ¡puta!! ¿Entendiste? Me sentía incómoda en esa posición, me estaban regañando por no tener la jaula pronto y aun así solo podía sentirme feliz por escucharlo llamarme ¡puta! con ese tono que ahora me hacía poner la piel chinita, aunque no dejaba de ser despectivo para oídos ajenos.

    Me dio la vuelta, me metió una cachetada durísima, me agachó y comenzó a sacarse la verga enfrente de mí. Quedé en cuclillas, con las piernas abiertas pegada a la pared, su verga ya reventaba, me encantaba lo dura que se le ponía a diferencia de la mía que prácticamente no existía, me la metió en la boca y comenzó a cogérmela sin que pudiera moverme a ningún lado pues la puerta no me lo permitía.

    Me ahogó, me la sacó, me la volvió a meter, a veces poquito a veces hasta dejarme sin aliento y solo escuchaba su voz diciendo: Mama ¡Puta mama verga hoy vas a aprender a no hacerme esperar, soy tu macho y me tienes que respetar! Siguió cogiéndome por la boca un buen rato, pero de pronto se detenía, esperaba y volvía a empezar, no se quería venir.

    En un momento, me tomó por la cabeza, me la pegó a su cuerpo con toda su verga dentro de mi boca y comenzó a caminar hacia atrás, mis rodillas cayeron al piso, y me hizo caminar así sin sacarme su verga de la boca, me llevó al sillón en donde se sentó con las piernas abiertas y dijo: Te voy a soltar y quiero que seas una buena perra lamehuevos. Me soltó la cabeza, yo me paré rápido, tosiendo un poco fui por su cerveza, se la abrí, se la puse en la mano y regresé al que sé que es mi lugar. Le chupé la verga, se la besé, se la acaricié e hice lo mismo con sus huevos.

    ¡Puta! lamehuevos me decía cada determinado tiempo, cuando lo hacía, yo le soltaba una miradita, y hacia una tímida sonrisa. Vas a ser una buena perra, ya verás que sí. Pero tienes que aprender a obedecer y si te equivocas necesitas ser castigada para que aprendas a satisfacer a tu macho, y esta vez te equivocaste al no estar preparada con lo que te pedí a tiempo así que hoy no te voy a coger.

    Mis ojos se abrieron de inmediato ¿Qué? dije sorprendida y dejando de atender su verga. Me soltó otra cachetada ¿Quién dijo que dejaras de mamar? Regresé a lo mío con una sensación de desilusión. No por favor estoy lista para ser cogida, necesito ser cogida, necesito a un verdadero hombre dentro de mi ¿Qué hago? Me pregunté mientras le besaba los huevos y lo veía a los ojos rogándole que no me dejara sin su verga.

    Después de tanto estar en mi lugar necesitaba su semen, así que comencé a chupársela más fuerte, me iba a servir solita mi premio, pero se dio cuenta, me la sacó de la boca, me dio una tercer cachetada, siempre lo hace tan fuerte que suena en toda la casa, solo ahogado por el grito que sale de mí. ¡Quieta perra! ¿Quién dijo que te mereces mi semen? Estas castigada acuérdate, recibirás solo lo que yo te quiera dar.

    Por favor le dije y de inmediato exploté mentalmente ¿Qué acabo de decir? Le estoy pidiendo por favor que me dé su semen, debo estar loca. Una carcajada salió de él, cuando hace eso me siento humillada, ¿Qué dijiste ¡puta!?

    Tuve que repetirlo más por la orden que porque realmente quisiera hacerlo, ya que no tendría ningún efecto sobre lo que yo deseaba, sino más bien era él quien quería escucharme rogar. Por favor, repetí. ¿Qué quieres? Me dijo con tono dominante. Tu semen papi, le respondí de una forma tan tímida que me sorprendí de lo natural que me salió esa voz, y es que era real. Así me sentía, intimidada, chiquita, dominada, humillada y mi súplica también era real, de verdad deseaba volver a sentir su semen en mi boca, me había encantado la última vez y quería que se repitiera eso, todo lo que me hizo la vez pasada y más aún.

    Se puso de pie, su verga se restregaba en mi cara, la busqué con mi boca, pero él se hizo a un lado, bésame los huevos perra, dijo despectivamente. Me acerqué y lo intenté, pero él se hizo a un lado ¿Qué esperas? Dijo, volteé y lo intenté de nuevo, pero dio un paso hacia atrás, ¡Muévete pendeja quiero que me beses los huevos! Grito de pronto, caminé arrodillada y lo intenté una y otra vez, pero solo me paseó por la casa de rodillas buscando su verga, me sentía frustrada, en verdad se los quería besar, quería lamérselos quería chupar su verga y que me llenara la boca de semen, pero lo que más quería era ser cogida y no me estaba dando nada.

    Dos besos le alcancé a dar a sus huevos de aproximadamente 50 intentos que me tuvo haciendo caminando por toda la casa. Eso te enseñará perra, cual es tu lugar y que debes ser obediente cuando te pido algo. Es todo lo que recibirás hoy.

    No pude con esas palabras, No no no por favor necesito que me cojas, dije sin pensarlo. De nuevo esa carcajada, mírate ¡puta! te lo dije, te lo dije ¿Te acuerdas? Te dije que me ibas a rogar porque te cogiera, que te iba a traer lamiéndome los huevos que ibas a ser mi perra y mírate ahora ¿te lo dije o no ¡puta!? Si papi respondí con un coraje interno producto de mi frustración y de la humillación que me estaba haciendo pasar.

    Te chingas, para que aprendas cuál es tu lugar ¡Quítate de la puerta! me dijo, pues después de mi humillante paseo por la casa terminé frente a la puerta, ya se iba, yo no podía permitirlo, iba a quedar insatisfecha y no quería eso. Lo vi subirse el pantalón y me abalancé a su verga, lo sorprendí, no se lo esperaba porque logré detenerlo y metí su verga en mi boca empezando a succionar rápido y sin control. ¡pinche puta! gritó. Me sacó la verga, me metió otra cachetada, ya me dolía mucho mi mejilla, todas me las daba en la misma. Esta vez no perdí tiempo y lo hice, mientras escribo esto no se si sentirme orgullosa o humillada, pero lo hice.

    Le supliqué que me diera verga, que por favor y repetí mucho esta frase por favor cógeme, méteme la verga, hazme tu puta, por lo menos lléname la boca de semen, déjame probar tu semen lo necesito, te necesito a ti.

    Cuando me percaté, él solo me veía y sonreía viendo como me había humillado yo sola. Que buena ¡puta! vas a ser dijo y comenzó a cogerme por la boca. Yo estaba feliz, al menos me daría su semen, abría toda mi boca para que me la metiera toda, jugaba con mi lengua y a pesar de que él tenía el control de como me cogía yo hacía lo que pudiera por incrementar su placer, lo escuche gemir un montón de veces, decir ¡Ah no mames que bien mamas la verga perra!

    De pronto me empezó a coger más rápido, me sentí hasta mareada de lo mucho que movía mi cabeza con cada empujón de verga que parecía que se había olvidado que era mi boca y no mi culo el que se estaba cogiendo y de pronto me la sacó de un golpe, dio un paso esquivándome y empezó a eyacular, todo su semen cayó al piso y no se ni como ni porque, pero dije en voz alta: No, era para mi. Viendo su semen caer en el piso desperdiciado.

    Dije que estás castigada puta, no mereces ni mi semen hoy. Se subió el pantalón, me hizo a un lado y salió de mi casa.

    Durante unos segundos no supe que hacer, lo vi por la ventana irse, yo estaba aún agitada por la cogida de boca que me acababan de dar, volteé al piso y ahí estaba su semen, mi premio por ser una buena puta tirado en el piso. Era mío, era para mí, me repetía una y otra vez en mi cabeza y seguro que sabes lo que hice. Me agaché, mi colita quedó totalmente expuesta y abierta mientras me empinaba para lamer el semen que yacía en el piso. Yo solo podía pensar es mío, es mío, me lo gané y puedo disfrutar de él.

    Lo lamí del piso, cada gota lo más rápido que pude esperando que no se secara pronto, a veces no conseguía traerlo a mi boca y tenía que aspirar un poco o ayudarme con las manos, pero así mi piso volvió a estar limpio y yo más o menos satisfecha. Cuando me di cuenta que ya no había nada más, me incorporé sentándome sobre mis piernas y en ese preciso instante escuché que tocaban la ventana, era él. Se había regresado y está pegado a la ventana haciendo casita con sus manos para poder ver a través y me había visto lamer su semen del suelo. Un rayo recorrió mi cuerpo me sentí totalmente avergonzada, llevé mis manos a la cara gritando “¡Ay no!” él se quitó y se fue a su casa sonriendo.

    Ahí quedé insatisfecha, humillada, con el único bonito recuerdo de los dos momentos en los que me cogió por la boca, aunque no me desagradaba pensar en como me tenía paseando a gatas buscando su verga. Eso me había gustado. Pero yo necesitaba algo dentro de mí no podía quedarme en falda, usando por primera vez una jaulita de castidad de la cual ni si quiera me dijo nada, con el sabor a verga y semen en mi boca y no sentir placer en mi colita, en verdad sentía que lo necesitaba. Así que comencé a buscar con que darme ese placer cuando escucho mi teléfono sonar. Era él, no sabía que hacer, pero ignorar su llamada no era una opción así que respondí: ¿Holi?

    Sabía que lo harías ¡puta! por eso me regresé, Se que quedaste insatisfecha y así quiero que te quedes, sé que me obedecerás porque tienes potencial para ser una buena ¡puta! ya lo vi, así que confiaré en ti, no quiero que te des placer de ningún tipo hasta que yo decida que puedes sentir placer. Si te portas bien la próxima vez vas a gozar más que cuando te quité la virginidad ¿Entendido?

    Si papi, respondí impresionada de que tan bien me estaba conociendo o manipulando ¿Cómo sabía que buscaría darme placer? ¿Quién es mi perra? Dijo con un susurro que me encantó

    Yo soy tu perra papi, respondí y sin más terminó la llamada.

    Por extraño que parezca esa llamada me tranquilizó, me dejó más calmada, y me volví a recostar en el sillón sonriendo, con mi culo al aire, cansada de mi boca, con el sabor de su verga y su semen en ella, mejilla rojita y adolorida y una jaulita que durante todo ese tiempo me recordaba que las erecciones son exclusivas de los hombres y yo era una hembra, una ¡puta! con potencial me había dicho, una hembra que tenía macho.

  • Nuestro juego de las llaves

    Nuestro juego de las llaves

    Después de nuestro trío con Hugo, se nos metió otra idea a la cabeza. Como ya comenté, a Sara y a mí, nos gustaba experimentar con el sexo. Siempre que podíamos tratábamos de hacer algo diferente. Diferentes posiciones, juegos de rol, lugares raros para hacer el amor y lo ultimo los tríos. Ahora venía algo más, una orgia con intercambio de parejas. Aunque lo de intercambio de parejas no era tan real, ya que, de los integrantes de este grupo, Sara y yo, éramos los únicos en pareja.

    Cuando decidimos hacer este pequeño juego, pusimos algunas reglas, como que nunca correrse dentro o dejar que se corran dentro, el sexo seria en la sala de su casa, la cual es amplia, y podríamos asegurarnos que se cumplan las reglas, los besos en la boca estaban permitidos, sexo oral y anal también y algunas otras más. Para decidir a quienes invitaríamos, pensamos rápidamente en Claudia y en Hugo. Ellos serían los primeros en confirmar su asistencia. Para las otras dos invitaciones, yo pensé en Raúl, un amigo de infancia, que sabía que le gustaba mucho el sexo. Sara pensó en Ximena, una amiga de la universidad que, por lo que me había contado Sara, era bien puta.

    Cuando conversamos con ellos, todos aceptaron la invitación, al comienzo, Ximena y Raúl, se asustaron un poco, pero después de explicarles, los convencimos. Comenzamos con los preparativos. Acomodamos la sala de tal manera que haya muchos lugares para coger. Estaba el sillón de tres cuerpos, el de dos y el solitario, los colocamos separados, movimos un poco la mesa del comedor, la mesa del centro también la movimos y dejamos la alfombra libre, con un par de cojines, para más comodidad. Hicimos unas tarjetas plastificadas con forma de llaves, con los nombres de Raúl, Hugo y el mío. A Sara le gustaba hacer ese tipo de cosas.

    De relatos anteriores ya conocen a Claudia y a Hugo. Pero para recordarlos un poco. Les voy a describir a cada uno.

    Claudia: es una chica no muy alta, de rasgos un poco toscos, pero muy guapa. Cabello largo ondulado, color marrón, con piel ligeramente oscura, sin llegar a ser negra, unas tetas de tamaño regular, pero de muy buena forma, y el culo perfecto.

    Hugo: es un chico alto, con un físico musculoso, bien trabajado en el gimnasio, moreno, de cabello corto de color negro, de cara no es muy guapo, pero, por lo que me dice Sara, tiene una cara de malo que a las mujeres las excita, bueno, si ella lo dice, le creo. Y, aunque me cueste aceptarlo, un pene bastante grande.

    Raúl: es un chico no muy alto, cuerpo normal, no va al gimnasio, pero hace mucho deporte, así que se mantiene bien. Tiene piel blanca, ojos verdes y cabello rubio. Cuando le comenté a Sara, me dijo que estaba bien, que le parecía muy guapo. Luego, me enteraría que también tiene el pene de buen tamaño.

    Ximena: es una chica alta, casi del mismo tamaño que yo, de piel blanca, cabello rubio no muy largo, ojos azules hermosos. De cara es muy bonita, la más bonita de las tres. Tiene muy bonito cuerpo, sin ser muy exagerado, tetas medianas, culo mediano, pero con un cuerpo muy bien formado.

    Coordinamos con todos, el día, la hora y el lugar de encuentro. Sería un sábado a las 10 pm en casa de Sara. Como mis suegros viven en el campo, Sara siempre tiene la casa sola, así que no hay ningún problema en hacer fiestas ahí. Habíamos comprado bastante trago, para amenizar la reunión, pusimos buena música. Como habíamos acomodado la sala de tal manera que todos tengamos buenas posiciones y podamos vernos los unos a los otros, la reunión la hicimos parados en el espacio donde solía estar la mesa del comedor.

    Primero llegó Hugo, luego Claudia y casi al mismo tiempo llegaron Ximena y Raúl. Comenzamos a conversar, a tomar y a bailar. Durante la fiesta, vimos cómo se iban conociendo, y vimos como congeniaban Hugo con Ximena y Raúl con Claudia. Estuvimos así largo rato, hasta más o menos la media noche. Cuando decidimos que ya era hora de comenzar el juego. Sara fue a buscar una pequeña bolsa de tela negra y las tarjetas de las llaves.

    -Bueno, chicos, llegó el momento que estábamos esperando –dijo dirigiéndose a todos– acá tenemos nuestras llaves y las pondremos en esta bolsita –dijo mostrando las tarjetas, que luego metió en la bolsa– por turnos las chicas iremos sacando una llave cada una. Luego nos alistaremos y comenzará lo bueno. Jajaja.

    -Hay algunas reglas que debemos seguir –continué yo– para que estas reglas se cumplan, todos estaremos en esta parte de acá –dije señalando la sala– los besos en la boca, sexo oral y anal están permitidos, ahí hay lubricante para el que desee. como los conocemos a todos, no hay riesgo de enfermedades así que el sexo puede ser sin condón, para los que quieran, también hay ahí. Si se hace sin condón, no venirse adentro. Chicas, si hay algo que no les gusta y quieren que pare y, por la excitación, no se detiene, la palabra clave será “JUMANJI” jajaja. Chicos, si escuchan esta palabra, se detienen inmediatamente.

    -Bueno, eso es todo, a ver chicas, escojan un papelito –dijo, mostrándoles 3 bolitas de papel arrugado– para que sepan el orden en que cogerán su llave.

    Primero pasó Ximena, le tocó el número 2, luego Claudia el número 3 y Sara se quedó con el primer lugar. Se acercó a mí, que ya tenía la bolsa negra con las tarjetas dentro, y metió la mano, haciendo bromas y fingiendo cara de miedo al elegir. Sacó su tarjeta y se fue a un lado, sin mirarla. Luego pasó Ximena, hizo lo mismo y por último Claudia. Luego, Sara leyó su tarjeta, se fue acercando a nosotros y tomó de la mano a Raúl y se lo llevó a la sala. Luego pasó Ximena, se acercó a nosotros y me tomó de la mano, fuimos a la sala, seguidos de cerca por Hugo y Claudia, también de la mano.

    Apenas nos sentamos todos, nos comenzamos a besar. Ximena me besaba con lengua, mientras nuestras manos frotaban nuestros cuerpos por encima de la ropa, me comenzó a besar el cuello sensualmente. Mientras me besaba, pude ver como Sara estaba encima de Raúl, besándolo con locura, mientras el manoseaba su trasero por encima de la ropa. En el sillón de tres cuerpos, Hugo estaba echado encima de Claudia, besándola y manoseándole las piernas y los pechos.

    Luego, las chicas se levantaron, llevaron sus carteras al estudio y se comenzaron a alistar. Hugo, Raúl y yo nos desvestimos, quedándonos desnudos, con los penes a media erección. Unos minutos después se corrió la puerta del estudio y pude ver a las tres, paradas una al costado de la otra, Sara vestía un sostén rosado, que combinaba con el hilo del mismo color, se veía divina.

    Claudia tenía el mismo conjunto de la vez pasada, sostén negro que transparentaba y el calzón que dejaba ver a la perfección ese culo delicioso. Ximena llevaba un sostén celeste, muy pequeño, que con las justas cubría sus aureolas, un hilo del mismo color, que cubría su vagina con un delgado triangulo. Las tres se veían espectaculares. Al verlas así, a los tres se nos puso un poco más dura.

    Cuando se acercó Ximena, se arrodilló frente a mí y comenzó a besarme el pene, lo lamia entero, se metía la cabeza, la succionaba y luego se lo metía todo hasta el fondo. Veía como Sara y Claudia también chupaban los penes de sus parejas. Ximena se sacó el hilo, me dejó ver su vagina, completamente depilada. Se trepó encima mía, quedando de cabeza, se metió mi pene a la boca y puso su vagina en mi cara, comencé a chuparle la vagina. Estuvimos haciendo un 69 delicioso, mientras le sobaba las tetas por encima del sostén.

    Después de unos minutos se levantó, se sacó el sostén y pude ver sus tetas hermosas, con unos pezones grandes y rosaditos. Se sentó encima mío, y comenzó a cabalgarme. Se movía delicioso. Le chupaba las tetas, sabían delicioso. Saltaba encima de mi pene, subiendo lentamente, hasta casi sacarlo, para luego caer fuertemente hasta que sus nalgas chocaban con mis muslos. Vio como Hugo, le daba a cuatro patas a Claudia, amasando su culo perfecto. Sara estaba sentada apoyada en el respaldar del sillón solitario, con Raúl embistiéndola fuertemente por la vagina.

    Sentía como la vagina de Ximena se contraía y se mojaba demasiado. Se estaba corriendo, gemía delicioso, se mordía el labio inferior y no paraba de moverse. Sentí como sus fluidos se escurrían y chorreaban por sus piernas, empapándome la pelvis. Se levantó de encima mío y se subió en la mesa del comedor. Se puso boca arriba, puse sus piernas en mis hombros y la embestí fuerte, me movía muy rápido y Ximena gritaba.

    Pude ver a Sara, esta vez, recostada en la pequeña mesa de centro, su abdomen apoyado en la mesa, sus piernas y brazos caían por los lados, Raúl detrás de ella la penetraba rápidamente por la vagina. Hugo estaba recostado en la alfombra, mientras Claudia se movía de adelante hacia atrás encima de él.

    -¿te la puedo meter por el culo? –pregunté al oído de Ximena, mientras la penetraba hasta el fondo.

    -Pensé que nunca preguntarías –respondió– pero con lubricante, porque tremenda cosa me va a doler –fui a la sala, a recoger el lubricante, Sara me vio.

    -¡y se viene el primer anal, señores y señoras! –gritó entrecortadamente, mientras gemía.

    Todos sonrieron y siguieron en lo suyo. Se la volví a meter en la vagina, mientras embadurnaba mis dedos con lubricante, para meterle uno por uno. Empecé con uno, luego dos, hasta llegar a meter tres dedos. Apretaba muy rico ese ano. Una vez bien dilatado, acerqué la cabeza y empujé. Entró con facilidad, seguí empujando, hasta que entró la mitad. Ximena se mordía los labios para no gritar. Empujé suavemente, hasta que entró todo. Lo hice despacio, ya que no quería ser el primero al que le gritaran “JUMANJI”. Comencé a moverme despacio, hasta que vi la cara de Ximena, que pasaba de dolor a placer, ahí, comencé a acelerar los movimientos.

    -¡que rico! ¡así! No pares. Me gusta que me cojas el culo –dijo Ximena.

    -¡lubricante! –escuché gritar desde la sala a Raúl, varios rieron.

    -Ahí va –dije, lanzándole el lubricante.

    Asumí que Raúl le iba a coger el culo a Sara. Yo seguí en lo mío, dándole cada vez más rápido al culo de Ximena, mientras metía dos dedos en su vagina y masajeaba su clítoris. Claudia estaba sentada al borde del sillón de tres cuerpos con las piernas levantadas y pegadas a su cuerpo, mientras Hugo le chupaba la vagina y el ano, metiendo ya dos dedos en el ano. Yo seguía dándole por el culo a Ximena, que estaba disfrutando de mis embestidas después de correrse un par de veces.

    Ximena se dio la vuelta, apoyó sus tetas en la mesa y la volví a penetrar por el ano. Le daba nalgadas fuertes y ella acompañaba mis movimientos, moviendo sus caderas. De la sala venían gemidos y gritos de placer, las tres parejas estábamos teniendo sexo anal. Estábamos reventando tres culos al mismo tiempo. Las chicas gemían y se corrían varias veces. Era una orgia tremenda. Comencé a sentir que me quería correr, pero no quería sacárselo del ano.

    -¿está prohibido llenarle el culo de leche? –pregunté gritando– se siente muy rico este culo.

    -Si ella quiere, si, en la concha no se puede –gritó Sara.

    -¡si! ¡lléname el culo de leche por favor! –gritó Ximena.

    -A mí también –gritaron al mismo tiempo Sara y Claudia.

    Casi al mismo tiempo los tres gritamos mientras descargábamos nuestra leche, llenándoles los intestinos. Nos fuimos a sentar a los sillones, de los culos de las chicas chorreaba leche. Estuvimos buen rato sentados, riendo y bromeando sobre lo que había pasado. Pero queríamos continuar. Sara se levantó y recogió la bolsa, metiendo las tarjetas dentro.

    -¿quieren las mismas parejas o volvemos a elegir? –dijo mostrando la bolsa.

    -Creo que podríamos variar un poco. Yo me quiero coger a las tres la verdad –dije sonriendo.

    -Bueno, chicas a elegir –dijo– si sale repetido, vuelven a elegir. Ya para el tercer polvo, nos cogemos al que nos falta. Jajaja.

    Volvieron a elegir una tarjeta. Comenzó esta vez Ximena, le salió otra vez mi nombre, así que volvió a elegir y le salió Raúl. Cuando iba a coger el papel Claudia, nos dimos cuenta de que ya había cogido con Hugo, así que solo quedaba yo. Y Sara cogería con Hugo. Me alegró la noticia, ya que a Sara me la podía coger cuando quería y el culo de Claudia me estaba llamando desde hacía buen rato.

    Nos acomodamos otra vez, con nuestras nuevas parejas. Apenas Claudia se sentó en mis piernas comencé a besarla desesperadamente, sobándole las tetas y el culo. Sara de frente fue a besarle el pene a Hugo, sigo pensando que sentía algo por él, o por lo menos por su pene. Ximena ya estaba cabalgando a Raúl. Yo me tomaba mi tiempo con Claudia, después de besarla, le pedí que se siente dándome la espalda. Se comenzó a mover de arriba hacia abajo, que placer ver ese culo rebotar encima mío. Apreté sus nalgas mientras la ayudaba a moverse. Que rico se sentía.

    Después de disfrutar de ver su culo saltar encima mío, la cambié de posición. Le di la vuelta, la recosté boca arriba en la alfombra y comencé a penetrarla suavemente. Podía ver a Ximena a cuatro patas y Raúl detrás de ella, dándole con fuerza. Por otro lado, estaba Sara cabalgando a Hugo. Yo seguía penetrando a Claudia, ahora un poco más rápido, mientras besaba su cuello y manoseaba sus tetas.

    -Que rico me coges –susurró en mi oído– quiero que otro día me cojas igual.

    -Tú también me encantas Claudia –respondí– tu culo me tiene loco.

    Claudia se incorporó, se sentó en mis rodillas, aun con mi pene dentro. La tomé de las nalgas y se las apretaba, mientras la movía de adelante para atrás. Sus tetas se frotaban con mi pecho. Nos seguimos moviendo un buen rato. Unos minutos después, vi como Raúl sacaba su pene de Ximena y le tiraba un gran chorro de leche en las nalgas y la espalda. Fue el primero. Lo siguió Hugo, que se paró frente a Sara, que arrodillaba recibía la leche en la cara y la boca.

    La puse en perrito a Claudia y la comencé a embestir con fuerza, le daba nalgadas y ella gritaba de placer. Estábamos dándoles un gran espectáculo a Ximena que, sentada encima de Raúl, lo masturbaba y se dejaba manosear las tetas, y Sara que le chupaba el pene a Hugo. Los cuatro nos miraban. Metí el pulgar en el ano de Claudia y aceleré los movimientos hasta que sentí que se corría.

    -¡Ahhh! ¡puto! ¡que rico coges! ¡sigue así! ¡Me corro! –dijo gimiendo fuertemente.

    -Yo también me voy a correr. Te quiero tirar mi leche en el culo –grité, sacando mi pene de su vagina y lanzando un gran chorro en sus nalgas.

    Estábamos exhaustos. Nos sentamos a seguir conversando, pero esta vez emparejados con la única persona con la que no habíamos cogido aún. Sara se sentó en mis piernas. Ximena en las de Hugo y Claudia en las de Raúl. Tomamos unos tragos más. Manoseábamos sus tetas. Yo metía dos dedos en la vagina de Sara. Todos estábamos conversando amenamente, hasta que Sara comenzó la tercera y última sesión de sexo. Se agachó y se metió mi pene a la boca, regalándome una de las mejores mamadas que me ha hecho. Luego siguieron las otras dos parejas.

    Después de un rato chupándomelo y masturbándome con sus grandes tetas, comenzó el show de Sara. Como ya dije antes, nos gusta experimentar, y hemos probado infinidad de poses, algunas un poco incomodas, pero otras quedaron en el repertorio. Se recostó en la alfombra, levantó su cuerpo, quedando apoyada sobre su nuca, la agarré de los muslos y la penetré desde arriba. La penetraba rápidamente.

    Mientras Sara gritaba, podía ver como Raúl tenía a Claudia echada boca abajo en el sillón de tres cuerpos y el, encima de ella se la metía por la vagina, Claudia me miraba fijamente, y se relamía los labios y me mandaba besos. Al otro lado, Hugo le daba a cuatro patas a Ximena. De repente, sintiendo la corrida de Sara, saque mi pene de su vagina y un gran chorro salió de su vagina y saltó por el aire.

    La ayudé a levantarse, la cargué y parados en el medio de la sala la penetré cargada. Se agarró de mi cuello, la tenía agarrada de las nalgas y ella estiró sus piernas hacia los lados. La jalaba hacia mí y hacía que se meta mi pene hasta el fondo. Sara seguía gimiendo. Estaba muy excitada. Claudia ahora cabalgaba a Raúl, mientras él le chupaba las tetas. Ximena también cabalgaba a Hugo, besándolo en la boca. Sara se acercó a mí, abrazada de mi cuello y me lamia y mordía la oreja.

    -Te amo –susurró– gracias por seguirme en estas locuras.

    -Yo también mi amor –respondí– me encanta que podamos compartir nuestras locuras.

    La recosté en el sillón, subí una de sus piernas en mi hombro y la penetré hasta el fondo. Mi pene entraba con facilidad en su vagina. Comencé a pellizcar sus pezones mientras la embestía con fuerza. Ahora Hugo cargaba a Ximena y Raúl le daba a cuatro patas a Claudia. Sentí que me quería correr, quería venirme dentro de Sara, pero la regla me lo impedía.

    -Te quiero llenar de leche –dije suavemente.

    -Se cancela la regla de correrse adentro –gritó Sara– ¿Qué dicen chicas?

    -¡si! –gritaron las dos al mismo tiempo.

    -Llénennos de leche muchachos –gritó otra vez Sara.

    Esta vez, fue Hugo el que se vino primero, mientras la cargaba a Ximena. Ximena se corrió con él. Después fue mi turno, aceleré mis movimientos y lancé un gran chorro dentro de Sara. Unos minutos después, Raúl se apretó al culo de Claudia y, sobándole las tetas, dejó salir su leche dentro. Todos caímos rendidos donde estábamos. En la sala había seis cuerpos desnudos desparramados, después de una gran orgia.

    Después de descansar unos minutos, nos levantamos, nos vestimos y comenzamos a conversar un poco mientras tomábamos unos tragos. Todos agradecían la invitación, dijeron que la habían pasado genial y que esperaban una nueva invitación. Nosotros agradecimos que hayan venido y que se hayan soltado de esa manera. Luego Sara me sorprendió tomando la palabra.

    -Bueno chicos y chicas, ha estado muy rico todo –comenzó diciendo– espero que lo hayan disfrutado tanto como yo. Espero pueda haber otra oportunidad de repetirlo, pero si no se da, ya se conocen, así que intercambien números, así se pueden buscar entre ustedes también. Y chicas no se preocupen, a mi Gonzalito también lo pueden buscar –dijo guiñándome un ojo.

    -Ahí está, chicas –dije– tienen permiso para llamarme y nos vamos a coger bien rico, jajaja –dije riendo– chicos, ustedes también la pueden llamar a Sara. Pero se la cogen bien por favor, me la devuelven bien satisfecha, jajaja.

    Nos reímos, intercambiamos números entre todos, llamamos varios taxis y se fueron, conforme iban llegando. Quedamos Sara y yo solos, recogimos algunas cosas y nos fuimos a acostar. Ya en la cama, completamente desnudos, la abracé para dormir, pero no me quería quedar con la duda de lo que había dicho, era broma o en serio.

    -¿era en serio lo que dijiste de dejarme coger con Claudia y Ximena? –pregunté.

    -Si, amor –respondió segura– vi cómo te miraba Claudia mientras se la cogía Raúl. Además, sé que mueres por su culo.

    -¿cómo tú te mueres por la pinga de Hugo? –dije.

    -Bueno, sí, tiene una buena verga. Y Raúl coge muy bien –respondió para mi sorpresa– no quiero que tengamos límites y podamos disfrutar del sexo, juntos o separados. ¿te molesta?

    -No, claro que no. Me encanta que seas tan libre –respondí.

    Le di un beso en la boca, y nos quedamos dormidos. Esa noche soñé con el culo de Claudia. Soñé que me la cogía en muchas poses, que le rompía el culo, que le llenaba la concha de leche, que se tragaba mi leche. Al día siguiente desperté con una erección tremenda. Sara se dio cuenta y me dio una mamada espectacular, para terminar, masturbándome con sus tetas y manchándoselas con leche.

    Unos días después me llamó Claudia para vernos. Quería ir a un hotel conmigo y que me la coja toda la noche.

    Fin

  • Economista y muy prosti. Con dos diplomáticos (3) Final

    Economista y muy prosti. Con dos diplomáticos (3) Final

    Llegados al hotel, nos fuimos a nuestras habitaciones a ducharnos, y nos citamos en la habitación de “B”, a eso de las 21, sin cenar pues habíamos almorzado y merendado en gran forma en el viaje.

    Hice mis preparativos del caso y propuse a Tommy una variante. ¿Qué tal si pasaba yo la noche del sábado al domingo con uno y la noche del domingo al lunes con el otro? Eso los fidelizaría y se gozaría de manera diferente.

    Igual dejaríamos el hotel el domingo de mañana, tendríamos hasta la noche para nosotros en casa y yo volvería al hotel a dormir con el otro. Le encantó la idea, actualmente acompaña entusiasma todo lo que se me ocurra, y habíamos visto que son de confianza.

    En cuanto nos reunimos los tres en la habitación de “B”, les hicimos la propuesta. ¡Les encantó! Era seductor para ellos pasar una noche entera conmigo, solos, en intimidad. ¡Además, es un hecho que les gusto! Decidimos sortear el turno. Moneda al aire y ganó “B”, lo cual no molestó a su colega, “pues tendré 24 horas más para juntar leche” ja ja.

    A las 10 de la noche, quedamos solos. Yo estaba de trench, que sembraba incógnitas sobre que traería debajo. Me había decidido por una de mis tantas lencerías “de falsa novia” o sea toda de blanco, pero menos ceremonial.

    Soutien marco, sin copa, que solamente rodea las tetas y las deja libres, culotte y liguero con “musleras”, que es sólo un elástico en cada muslo.

    En cuanto Tom y A se retiraron, me lancé a besar a B, suavemente, tratando de crear un ambiente mas romántico para toda la noche, aún con la trench puesta, lo guie al sofá, nos sentamos a acariciarnos y besarnos muy dulcemente, sin testigos y sin apuro. En cierto momento me saqué la trench y le dije que se quedara en bóxer.

    -¡Que divina estás! Me dijo.

    -¡Gracias! Lo merecen tú y tu amigo, espero gustarles también estando vis a vis.

    -¡Encantadora! Fue una excelente idea, espero que lo pasemos muy bien.

    -Mmmm dije, y metí mi mano en su bóxer.

    Comenzamos a acariciarnos íntimamente, sin desnudarnos, suaves besos, caricias por todos lados, muchas frases cariñosas, ¡poco menos que novios!

    La temperatura sexual iba subiendo y nos fuimos a la cama. Me desnudé, me pidió que lo dejara verme parada, me miró larga ente, giré, me miró de espaldas. ¡Susurró “Bellísima” y se quitó el boxer… pueden imaginar como estaba!

    Retomamos los juegos, bajé a chuparle la pija, suavemente, sin apuro, no quería hacerlo acabar. Luego de un rato, le ofrecí las tetas para que me las besara, y cuando sentí los pezones como fuego, le dije que se arrodillara al lado de la cama y me senté al borde, con las piernas bien abiertas.

    ¡Comenzó a lamer, sin que nos miren y sin apuro es más disfrutable! Lo guiaba sugiriéndole a veces que hacer, chupar, lamer, frotar el clítoris o hasta pedirle que me metiera la lengua. ¡Que lindo! ¡Me recordaba a cuando me lo hace Tommy en casa! Sentí que me venía y no se lo dije, quise acabarme en su cara.

    Mi cuerpo comenzó a temblar, mis piernas se abrían y cerraban y mi concha comenzó a gotear. ¡Más y más lengua fue su respuesta!

    Logré decirle: “Quiero coger” le dije. Lo guie a ponerse boca arriba y lo monté “vaquerita inversa”. Quería que viera como yo subía y bajaba en su verga. Me la metí lentamente, y comencé a subir y bajar. “No te acabes, avisame”.

    Sabía que el espectáculo le encantaría, veía mis nalgas resplandecientes, redondas… y mi esfínter rosadito y cerrado. Que yo de tanto en tanto guiñaba.

    Y pasó lo inevitable, unos momentos después de montarlo y cabalgarlo, ya tenía un dedo ensalivado y adentro, como una pequeña doble penetración.

    Supe que se acercaba la eyaculación, porque dijo “Casi llego”. Me salí, giré y lo monté de frente. Me la metió a fondo, me acariciaba los pelitos que me dejo como landing strip, y yo fui inclinándome hacia adelante ofreciendo mis tetas.

    ¡Las saboreó y acarició como es debido, notaba su respiración agitada y llegó el momento en que me llenó con su licor de vida!

    Fue un momento de placer para los dos. Se aferró a mis tetas y me dijo “como me gustas, divina” yo sentía el calor de su esperma en mí, y cuando su pija se ablandó y se salió, dejé que nuestros fluidos se escurrieran de mi concha a su vientre. Continué tirada sobre él, refregando nuestro cuerpos y bajé a lamerle todo lo que de mi cuerpo había escurrido sobre el suyo. Me acariciaba la cabeza. Cuando terminé de limpiarlo, sin importarle nada, me hizo subir a su cara y comenzamos a besarnos largamente.

    Luego del paseo de todo el día y de ese hermoso polvo, nos mimamos un rato y nos dormimos, de costado, frente a frente y abrazándonos.

    Era de esperar, en cierto momento de la noche, sentí que me acariciaban. Era él que se había despertado después de unas tres horas de sueño, y comenzó a acariciarme las tetas y la entrepierna. Respondí mimosa, me estaba sintiendo muy bien, y comenzamos a besarnos y acariciarnos por todos lados.

    Me amasaba las nalgas con ganas, y como siempre, las tetas eran foco de atención. ¡Deberé hacer un monumento privado a mis tetas!

    Ya estaba en erección total, gracias a mis caricias. “Quiero cogerte” me dijo. Me giré y me puse en cucharita delante de él. Comenzó a refregarme el miembro entre las nalgas, lo sentí húmedo de su pre seminal. “¿Donde me lo pones? Pregunté.

    “Me gustas toda, donde lo quieras”. “Me gusta mas en la concha, y que me acabes”.

    Acostada sobre mi lado derecho, levanté un poco la pierna izquierda, y con eso y mi concha húmeda, entró fácilmente a mi raja. Me sobaba las tetas y comenzó a moverse, y yo comencé a gozar.

    Unos minutos después le dije para cambiar de posición. Pasamos a estar de costado pero de frente. Una delicia. Besos a las tetas, caricias, besos de lengua, y mayor posibilidad de movernos los dos, acompañando el ritmo.

    Nos hicimos de todo tipo de caricias, hasta que se vino en mí. “No la saques” le pedí.

    Y no se salió, dejé pasar un minuto o dos, y vi que su pija se ablandaba. Lo tomé de la cara, lo besé profundamente y comencé a moverme. Milagrosamente respondió y la comencé a sentir dura nuevamente. ¡Me encantó! Pero a los o tres minutos, se ablandó definitivamente, ¡era inhumano pedirle más!

    Lo usual, mimos, besos, muchos besos, le lamí el miembro un rato.

    Ya eran las seis de la mañana, nos duchamos juntos. Sobre las 7 am nos despedimos, prometiendo volver a vernos cuando ellos vuelvan de gira de inspección, en seis meses, pues ya el martes parten a Buenos Aires para inspección allí.

    Al irme, nos besamos mucho, y él introdujo una mano en un bolsillo de mi trench y al llegar a la habitación encontré un “regalo” adicional muy importante que él había depositado.

    Una noche realmente inolvidable por mucho y buen sexo. No me equivoqué al sugerir que separáramos la segunda vuelta de sexo con ellos. Ahora me quedaba la incógnita de la noche siguiente con “A”. Con “B” fue excelente, porque pusimos onda, nos tratamos realmente como pareja, sin cosas raras y disfrutando yo de sentirlo adentro sin restricciones.

    Le conté todo a Tommy, que escuchaba admirado las andanzas de su esposa en septiembre, ¡cuando en enero aún no había conocido mas hombre que él!

    Me vestí, armamos los bolsos y bajamos a desayunar antes de irnos a casa.

    Obviamente yo volvería esa noche para estar con “A”. Desayunamos, sobre las 8.45 a.m. pasó el Gerente a saludarnos. Ya sabía de nuestro check out y lógicamente no opuso objeciones a que yo volviera esa noche para estar con “A”, como visita. Rápidamente la conversación viró a posibilidades de futuro, aunque ya Tommy lo había hablado con él cuando estuvieron solos. ¡Yo le dije que estoy totalmente de acuerdo y mas aún, ansiosa!

    Fred (recuerden que lo llamo así) dijo que siempre me tendría en mente para solicitudes de mi nivel, pues le habían llegado excelente comentarios de los diplomáticos, y lo había impresionado mucho la foto “Buenas noches papi” que Tommy le había mostrado.

    -Con esa foto logré hacerme una idea de lo que debe ser la señora en realidad.

    Soy de pensamiento rápido, algo importante en una Economista, y le pregunté, mirando pícara a Tom: “¿Su oficina tiene cámaras de seguridad?”

    -No mi oficina privada no, la sala reuniones anexa sí.

    -¿Podríamos hablar allí? -Claro que sí, vamos.

    Allá fuimos, y decidí hacer una pequeña inversión a futuro.

    -Amor, Fred lamente no poder recomendarme con conocimiento de causa, solamente vio la pequeña foto que le mostraste.

    -Foto admirable, por cierto, y sin dudas será mejor la realidad que algún huésped futuro disfrutará, agregó Fred.

    -Siéntate Fred, dije.

    Se sentó, creo que pensando que algo iba a pasar, y en realidad, pasó…

    Para irnos, me había vestido con sencillos zapatos de 8 cm de taco, jean y un sweater relativamente abrigado. Sobre una tanga “cola de ballena” negra y nada más.

    Sin decir nada mas, me quité el sweter, y me acerqué a Fred, mas o menos a medio metro. Agité las tetas, le sonreí y me retiré un poco. Me puse de espaldas y doblando la cintura un poco hacia adelante para resaltar trasero, me quité el jean.

    Según Tommy, los ojos del gerente se abrieron desmesuradamente, y dijo algo típicamente uruguayo: “¡Que orto!” (orto, es sinónimo un poco brutal y callejero, de trasero, cola o culo). Simulé no haber oído nada, y siempre dándole la espalda, me quité la tanga. Ahora veía perfectamente mi esfínter y los labios de mi cuca.

    Me erguí, giré y me acerqué a él, nueva sorpresa pues no tenía idea de la existencia de mis pelitos en landing strip.

    -¿Ahora crees que podrás recomendarme sin tener dudas?

    -¡Eso! ¡Y tendré que juntar dinero para acceder a tan bella dama!

    -¡Mmm… quien sabe! ¡Quizás con importante descuento! ¡Si es que surgen interesados entre los futuros huéspedes! Pero fuera del hotel, para que no corras riesgos en tu trabajo.

    -Mi vida, quizás Fred quiera asegurarse de que lo que ve es tan bueno como parece…

    -Podés tocar Fred.

    Y se dedicó varios segundos a tocar mis tetas, mi culo, y mis pelitos, que parece que lo atraen enormemente.

    -¿Tenemos un convenio señor gerente?

    -¡Sííí, sin dudas!

    De improviso, lo besé en los labios, abrí mis labios y acompañó, le metí la lengua y respondió.

    -Trato hecho dije. Y me vestí mientras Fred miraba encantado.

    Eso fue todo, pagamos en recepción, nos fuimos a casa y de inmediato, a dormir, que buena falta nos hacía.

    Dormimos una hermosa siesta desde la llegada a casa hasta media tarde, tuvimos sexo al despertar, ¡obvio!

    Descansamos un poco más y se hizo la hora de irme a mi encuentro con “A”. Tommy quedó en casa para cenar y prepararse para trabajar el lunes temprano, yo volvería a casa de mañana con tiempo de ir a la Financiera.

    Me preparé para “A” y partí hacia el hotel, con mi coche para no perder tiempo, que dejé en un parking cercano al hotel. Mis expectativas eran altas. ¿Como se comportaría “A”? ¿Lograría yo satisfacerlo? ¿Y quedaría yo más o menos satisfecha? ¿Me daría un regalo complementario como hizo “B”? ¿Como debía yo comenzar el encuentro?

    Decidí una vez más, ser yo misma, y darle una verdadera Girl Friend Experience.

    Había llevado un abrigo largo, liviano pues ya casi no hace frío, abotonado al frente, con cuello bastante cerrado. Y tacos, obvio.

    Llegué, nos encontramos en el lobby, pues lo había llamado avisando que llegaba. Subimos a su habitación y nos sentamos a conversar en un pequeño sofá que hay allí. Obviamente me despojé de la trench, y quedé con un mini vestido ajustado, elastizado strapless negro

    Sentados lado a lado, a cada movimiento mío el vestido se subía mas, siempre nos pasa eso, ¿verdad chicas? En minutos ya apenas me cubría algo de las piernas. Por supuesto, me acariciaba a gusto y nos besábamos. ¡Descubrió encantado que no me había puesto tanga ni soutien! Se pueden imaginar cuanto lo calentó ese descubrimiento.

    Me tocaba toda, me bajó el escote del vestido debajo de las tetas para chuparlas a gusto. Ya me molestaba el vestido, me paré y lo tiré al piso, y “A” acompañó desnudándose.

    Parados comenzó a refregarse en mi cuerpo, dirigiendo la verga erecta a mis pelitos.

    De pronto… plafff una palmada en mi culo, no muy fuerte, me hizo saltar. ¡Nunca lo había probado, pero me gustó! Siguieron otras y a cada palmada mas me calentaba y mi concha era un lago. Me arrodillé frente a él y comencé una mamada lenta, bien ensalivada, con lamida y mordiscos a los huevos.

    Lo decidí, me tomaría toda su leche. Sus manos sostenían mi cabeza, y yo incrementé el ritmo de la mamada, buscando el final. Por momentos me acariciaba la cara, en otros momentos me sujetaba la cabeza y metía la verga hasta mi garganta, la saliva desbordaba mis labios y caía a mis tetas y al piso.

    Hasta que dijo: “Putaaa putaaa” y sentí como se volcaba en mi boca. No el poquito que les lamo cuando se las limpio a todos, ¡una acabada entera, abundante, tibia… la retuve en la lengua como en las pelis porno… se la mostré y tragué todo! ¡Encantada!

    -¿Soy buena puta?

    -¿La mejor que conozco, no ves cómo me has calentado? ¡Y sos preciosa!

    ¡Me sentí gratificada!

    -Ufff dije y fuimos y nos tiramos en la cama. -Cada vez me gusta mas ser puta, sobre todo así, llena de leche de gente de confianza!

    -¡Te aseguro que te llevaríamos con nosotros si pudiéramos!

    -¡Lo cual me encantaría! ¡Estoy a la orden! Nunca gasto todas las vacaciones de una sola vez, lo hacemos progresivamente en el año.

    Yo estaba en tanto acariciando su miembro, lentamente, a veces mojaba con saliva mi mano.

    -¿De verdad viajarías?

    -Ya lo he hecho. A Buenos Aires y Paris. Me pagaron siempre todos los gastos y los honorarios, y el pasaje de Tommy, que se paga su estadía. A Buenos Aires son fines de semana, a París fue una semana.

    -¡Mmm lo tendré en cuenta!

    Me le tiré encima, le restregaba la concha sobre la pija, le entregué mis tetas a chupar, y cuando lo sentí duro totalmente, le pregunté: “¿Y ahora qué hacemos?”

    -¡Vení conmigo, quiero cogerte parada!

    -Mmm.

    Me puso de frente a la ventana de vidrio, por suerte es un puso alto. Yo levanté los brazos, puse los pies un poco hacia atrás, separados de la pared, y abrí las piernas. Sentí que su lengua se metía en mi concha y también me la lamía.

    Super húmeda, sentí como se aferró a mis tetas, me besaba la nuca y colocó su pija en posición para meterla me moví un poquito hacia atrás para facilitárselo y me la metió a fondo, de un golpe. Mi cara y mis tetas aferradas por sus manos se aplastaron contra el vidrio por el envión con que me metió la verga.

    ¡Apretándome las tetas comenzó el vaivén, que placer! Casi nunca lo hacemos de parados con Tommy, y “A” lo hacía muy bien. sentía su pelvis darse contra mis nalgas, la pija a fondo en mi vagina. Mas que acariciarme las tetas, las estrujaba, ¡un poco salvaje pero agradable! ¡Y que linda sensación hacerlo contra la ventana del hotel! De noche y piso alto nadie nos veía.

    Hasta que aceleró el vaivén y con mordiscos en la nuca, me volvió a tirar su licor de macho bien adentro.

    Fue inevitable, quedamos jadeando, con la pija dentro de mí, y al sacarla, la leche corrió por mis muslos y parte se fue al piso.

    Nos tiramos en la cama, agotados.

    Lo siguiente fue una linda ducha juntos, nos jabonamos mutuamente, y aproveché enjabonar todo su cuerpo, con una idea para el despertar.

    Lo siguiente, fueron mimos, conversar largo y tendido sobre como me va en todo, y sobre mis dos viajes.

    Casi sin darnos cuenta nos dormimos. Habíamos puesto alarma para las 6 am.

    Al despertar, nos acariciamos, nos dimos los buenos días con besos apasionados, jugamos un poco, y lo puse en cuatro. Lo había pensado ya desde que nos bañamos juntos.

    Así, con él en cuatro, me dediqué a hacerle beso negro. ¡Lo enloquecí! ¡Deliraba! Y lo máximo fue cuando suavemente le hice círculos en el esfínter húmedo con mi pulgar. Debo confesar, hasta se lo metí un poco y no protestó, con lo cual me dije a mi misma que la próxima vez traería un strap on, ¡o a Tommy!

    Vestidos, bajamos a desayunar, pasó el gerente a saludarnos con cara de pícaro y se permitió recordarme: “No se olvide de nuestro convenio” .

    Y le respondí: “Lo recuerdo y lo confirmo”.

    Eran más de las 9 de la mañana, me fui casi que corriendo, aunque en coche, a casa, ¡para prepararme y comenzar mi semana laboral!

    Así concluyó este gran servicio de fin de semana, conociendo a dos diplomáticos, con un convenio para que el Gerente me refiera clientes del hotel, y habiendo sembrado la semilla para, quizás, ser invitada a algún nuevo viaje.

    Ésta serie ha sido un poco larga, debo seguir poniendo al día a mis lectores con otros tres relatos ya atrasados:

    –Con Tommy, mi suegro y mi papá.

    –Con Don Roque, el cuidador de la casa de campo (me quise dar un gusto a solas con él, obviamente gratis ja ja).

    –Y algo que me revolucionó cuerpo y mente: ¡una propuesta de hacer un pequeño show con un trans!

    ¡Besis amigos!

  • Infiel y puta

    Infiel y puta

    Tengo 36 años, soy bonita, alta, buen cuerpo, tetas grandes y firmes aún a pesar de tres hijos y de las muchas cogidas. He tenido unos ocho hombres y soy infiel por naturaleza pues mi madre una infiel empedernida, siempre terminó echada de la casa al ser sorprendida culeando con un amigo de mi padre y mi hermana fue infiel, dos meses después de haberse casado, con un ex y sigue igual hasta ahora.

    Hace ya un buen tiempo que mi esposo me tiene bastante botada y las cachas son fomes y más que nada por obligación. Resulta que me encontré con una amiga de siempre y nos fuimos a tomar unos tragos. Naturalmente salió la conversación sexual y le pregunté cómo le iba en la cama.

    -Malazo con mi esposo, pero tengo solucionado el problema con dos amantes, uno casado de 48 y otro joven, casado también, de 29. Ambos con sus gracias y muy bien armados, incluso el mayor tiene el mayor pico que me he comido en mi vida, diría que unos 18 o 19 centímetros y grueso… ¿y tú ¿qué me cuentas?

    -Yo como las huevas, mi esposo me tiene casi botada y querría preguntarte que me aconsejas pues no me decido a la infidelidad.

    -Tres cosas… ser decidida y directa… conseguir siempre tipos con dinero para ojalá explotarlos y vestirse adecuadamente para conquistarlos, yo tengo una buena entrada gracias a mis amantes y tú, que eres mucho más bonita y tienes un cuerpazo, te hará la América.

    -Pero entonces eres puta también.

    -Exacto mi linda, pero nadie tiene idea porque me cuido y lo soy eligiendo bien a mis presas. Son más amantes que me financian que otra cosa.

    Conversamos más y me aconsejó vestimentas adecuadas, lugares mejores para cazar y otros detalles.

    Llegué a casa y revisé mi guardarropas… nada especial, entones tendría que comprar alguna más adecuada.

    Eso hice y me surtí de cinco juegos de ropa interior, un peto semitransparente, dos blusas trasparentes y una chaquetilla que me venía con una falda antigua, medias especiales y, por si acaso, un juego de ropa interior erótica con sostén que deja afuera los pezones y el calzón abierto abajo, todo para poder culear sin sacarse la ropa.

    Hice mi primera salida muy arregladita, sin ropa interior, con el peto y la chaquetilla y una falda en juego. Fui a un banco grande en pleno centro, a ver si había algo interesante. En realidad, le apunté medio a medio. Me coloqué en uno de los escritorios públicos haciendo como que escribía un depósito. Se acercó un tipo muy elegante, alto y buenmozo y se puso al frente mío, me miró, le respondí con una sonrisa al mismo tiempo que me abría la chaquetilla y mostraba el peto o más bien los pezones erectos que se apreciaban perfectamente. Tomó un depósito y escribió algo, me lo pasó y leí. ¿en qué andas, trabajando? Exacto. ¿Cuánto cobras?

    -Soy nueva y aficionada y necesito dinero, lo que tú desees si te gusta el servicio, aunque con un mínimo de 60 la hora.

    -¿Como, o sea no ejerces propiamente tal?

    -Exacto amor, tiene la absoluta seguridad de mi limpieza total en todos los aspectos.

    -Entonces vamos a mi oficina y ahí conversamos.

    Obviamente la conversación consistió en culearme con dos polvos y yo alcanzar dos orgasmos reales pues no solo andaba cargada sino el tipo tenía una excelente pico grande y contundente y lo manejó en magnífica forma. Yo me esforcé chupándole un buen rato, y después cabalgándole para que jugara con mis tetas y pezones, le chupé el pico sacándomelo rápidamente luego de eyacularme y poder mamarle las eyaculaciones menores. Estaba feliz.

    Tiene un semen agradable, nada ácido, blanco y espeso que me agradó. Quedamos en que iría a verlo todos los jueves a esa misma hora. Me pasó 120 pues estuvimos hora y media. Salí feliz y contenta pues pagué toda mi nueva ropa sin más esfuerzo que el de una rica cacha bien gozada. Un principio sensacional.

    Al otro día hice la misma jugada sin resultados. Pero al tercer día cayó un tipo de unos sesenta o más. Me llevó a un motel bastante bueno. Nos desnudamos y me dijo que me tendiera patas abiertas a borde de cama. Se fue de lleno a mi concha restregándose la cara en mi matorral para luego hacerme oral formidable, chupándome y mordiéndome el clítoris que es bastante grandecito y fácil de sacar de la capucha lo que me hizo tener un riquísimo orgasmo. Pero la sorpresa fue que pidió ser amantes y me ofreció una excelente suma.

    Le dije que estaba muy bien pero que me reservaba por lo menos tres días a la semana para ejercer mi profesión pues me ha gustado bastante el probar varios hombres. Increíblemente aceptó. Así empecé mi carrera de puta y amante. A poco me conseguí otro viejo en la misma forma que el otro. Entre ambos me financió perfectamente, no son gran cosa en la cama y no me preocupa pues estoy pensando en recolectar otro y así puedo de putear y me hago un sueldo permanente y abultado.

    No me quiero alargar con el cuento pormenorizado de las cachas pues todos sabemos como son y lo que hacemos, solo les digo que ofrezco toda mi batería de conocimientos y entrego también el culo sin problemas pues me agrada mucho. ¿Y mi esposo? jajaja ahí está el huevón fome y ya no me molesto porque me toque de vez en cuando pues paso llena de leche y de dinero todo el tiempo gracias a mis amantes y a mi carrera de puta, muy bien administrada en el tiempo.

    Les recomiendo a todas este modo de proceder. Serán felices y gozarán como no se imaginan. Dejen de la tontera de los complejos, los remordimientos, el qué dirán y culeen tranquilas con otros hombres pues la vida se va y los tiempos perdidos no vuelven.

    Chao Maribel.

  • Fiesta, deseo y secreto

    Fiesta, deseo y secreto

    Una noche y una fiesta más. Esta vez de mi pareja, su cumpleaños número 32 marcaba una nueva oportunidad para celebrar. Su casa, con un extenso patio, invitaba a la decoración. Caída la noche, las luces y las botellas empezaban a protagonizar la visión de aquellos hombres perfumados y mujeres escotadas que iban llegando. Mi mujer estaba hermosa, lo admito. En otra oportunidad, hubiese puesto mi vista en ella. Bah que digo otra oportunidad, tal vez algunos años antes, donde el fuego de la pasión aún ardía entre nosotros.

    Sin dudas, mis ojos se detenían en cada montaña que se elevaba entre la cintura y las rodillas de sus amigas o bien, en la división que el escote me permitía ver. Siempre me parecieron mágicos los escotes, nos permite ver un poco para que nosotros, probablemente en nuestra intimidad, al compás de una mano que transpira y aprieta, completemos el resto.

    Su prima de 22 sin dudas era la que se llevaba todas las miradas. Mariela me había comentado que le gustaba calentar, pero no chupar el mate, frase celebre en mi país que sirve para bautizar a quienes seducen, pero no concretan. Yo no la conocía, pero de inmediato, al verla, supe que era ella. Riendo entre una ronda de hombres, manejándolos como bobos, como un titiritero maneja a su marioneta. Les sacaba de sus tragos, les tocaba el hombro, hasta a uno lo hizo que le vaya a buscar un sándwich a la barra improvisada que estaba por delante de la cocina. Ella era la jefa.

    No voy a juzgar a los muchachos. La piba tenía un vestido negro y bien apretado. No tenía mucha teta, pero si las hacía lucir, paraditas y sin corpiño, para que más de uno se pierda tratando de adivinar el tamaño de ese pezón. Su cintura era perfecta, aunque lo mejor estaba debajo. Unas piernas depiladas y gruesas, pero en su justa medida, no perdían la femineidad y te invitaban al combate de la cama. Un poco más arriba, el culo más gordo, redondo y perfecto que haya visto en mi vida. Para peor, el vestido era tan apretado, que ante cualquier movimiento se le marcaba la bombachita. El santo grial que cualquier hombre desearía pasar por su nariz y su boca.

    Recuerdo cuando una amiga, después de cogérmela me pregunto: ¿Qué obsesión tienen los tipos con nuestra ropa interior? Me reí y le contesté que ahí están los olores que nos llaman a nuestro instinto animal. El aroma a su flujo y a todo lo que rodea la zona, es la mejor señal para que nuestro amigo se ponga en pie de guardia y penetre, como ellas se lo merecen. Acto seguido me regalo una tanguita que por supuesto aún conservo a escondidas de Mariela y que jamás voy a lavar. De hecho, es como el vino, mientras más pasa el tiempo mejor se pone su sabor.

    -Amor, ¿me preparas un trago? –me dijo Mariela mientras se reía con las amigas bailando una canción de reggaetón.

    Agarré el vaso y fui directo a la cocina. Para mi fortuna, la prima estaba sola, preparando el mismo coctel que yo.

    -Hola, un gusto –me presente– perdón que moleste, pero es que tengo un pedido especial de la cumpleañera.

    -¡Hola! –me respondió sonriendo y besándome en la mejilla- Soy Luli, la prima de Maru. ¿Vos sos Sergio?

    Su perfume de mujer joven me invadió. Mis defensas inconscientemente empezaban a ceder.

    -Si –afirmé.

    -Ay! Tenía muchas ganas de conocerte. Maru me hablo mucho de vos.

    -Espero que hayan sido cosas buenas.

    -De todo me conto jajaja. Las chicas nos contamos todo –sentenció mientras me pasaba el vodka.

    -mmmm… que será ese todo.

    -Y bueno… yo le cuento de mis chicos y ella de los suyos. ¿Sos contador, no?

    -Si.

    -¡Yo estoy estudiando! Me falta mucho, pero Maru me paso tu teléfono por si algún día preciso una mano.

    -Ah bueno, usted ya tiene mi teléfono, –dije acercándome a su cara.

    Ella no se fue para atrás, la pendeja se la bancaba y con mi aliento respirando cerca suyo me dijo:

    -Si, tal vez un día precise una clase.

    Ahí fue cuando agarro su vaso y se fue al extremo opuesto de la angosta cocina. Yo me quede pensando en lo idiota y fatal que podría ser el coquetear con su prima. Una vez que ella había encontrado lo que buscaba, la vi volver por el mismo pasillo.

    Permiso, le dijo a la pareja que estaba unos metros a mi lado. Al pasar por donde estaba yo, también replico la petición, la cedí el paso, pero ella no solo decidió pasar, sino que también, apoyarme todo ese culo en mi pija. El contacto habrá durado tres o cuatros segundos, mucho más de lo que ella necesitaba para salir de ese minúsculo espacio, pero eligió hacer eso.

    Al alejarse volvió su mirada hacía mí y por lo bajo soltó una risita. Era una mujer fatal, no perdonaba, ni tenía piedad. Ni siquiera con su familia. Ahora entendía a los hombres que antes visualizaba como idiotas. En ese instante y con mi pija gomosa, hubiera dado todo lo que tenía para meterme por debajo de la diminuta falda que dibuja el vestido y quedarme allí, horas y horas…

    Volví y le di el trago a mi mujer. Su prima a su lado se reía con el resto de las amigas, mientras juntas bailaban. Se agachaban mientras movían el culo, algunas hasta rebotaban casi en cuclillas al ritmo de los bajos, simulando el movimiento que las mujeres hacen cuando se sientan arriba de nuestro pene erecto. Dios mío, me decía, que época difícil para nacer, que época difícil para ser fiel.

    La noche transcurrió con normalidad, baile con mi pareja y sus amigas. Estas, si bien tenían un poco más de códigos, me apoyaban las tetas cada vez que me venían a hablar o bien, dejaban descender mi mano hasta un poco más allá de su cintura. Les gusta, les gusta como a nosotros, pensaba, mientras mi pija confundida y apretada, liberaba liquido pre-seminal.

    La noche se presta para hacer y decir lo que en el día no nos animamos. Con la certeza de nuestras miradas, excitaciones y manoseos, la mayoría se iban marchando. Mi mujer (que la había pasado excelente) ahora se encontraba bien borracha, al cuidado de su prima, que vivía más allá de la ciudad.

    Nos sentamos los cuatro que quedábamos en ronda. Ella en frente mía cruzadita de piernas. A su lado, una amiga de mi pareja y su novio. Estuvimos conversando y riéndonos. Entre comentarios, veía como Luli, abría cada tanto un poquito las piernas, dejando que vea su bombachita rosa. Yo me hacía el distraído, aunque durante la conversación lo habrá hecho tres o cuatro veces. Nos seducíamos sin hablar y a la vista de todos. Un juego de adultos, un juego de fuego.

    Pasado el rato, la pareja se fue y se quedó solo mi prima y bueno, mi mujer que estaba en el cuarto descansando.

    -Tranquila, pri. Vos dormí que yo te cuido –le decía Luli mientras le ponía un paño de agua fría en la frente y le apagaba la luz para que descanse.

    Yo en la cocina, escuchaba como lentamente le hablaba mientras me acariciaba por encima del jean mi pija gomosa.

    -Bueno ya está. Se durmió y mañana prontito va a estar mejor y contenta de como salió su cumple.

    -La verdad salió bárbaro. No saque ninguna foto yo, la única cagada.

    -No! Yo saque un montón, mira:

    Ahí se puso de espaldas y se dejó caer sobre mi hombro para que de frente veamos los dos la pequeña pantalla. Su perfume mezclado con el olor a alcohol me invitaba a hacer todo. De a poco la tome por la cintura, que esta vez, no reposaba de frente, y en consecuencia mi pija aún no hacía contacto con su culo.

    -¡Que lindas, luli! Me encantan.

    -Si! Mañana se las mando todas. Ahora me voy a pedir el Uber.

    -¿Te parece? Mira que si te querés quedar no nos jode. De hecho, Maru ya me había avisado.

    -¡No tengo ni pijama!

    -¡Pero eso no es molestia! Le saco uno a la gorda y te lo doy. Anda al cuarto y ahora te lo alcanzo.

    Ella se fue y yo tranquilo, entré a la habitación de mi mujer. Le di un beso en la frente y se sonrió. Te amo, me confeso. Y yo más le respondí, sosteniendo el pantalón y la remera que le estaba llevando a su familiar. En ese instante me sentí un buen hombre, sentí que había coqueteado hasta el límite, pero ahora tranquilo, dejaría a la chica dormir, y yo volver al lecho con mi mujer.

    Estaba borracho, lo admito. Tal vez no tanto, pero la decisión la hubiera tomado también consciente solo que borracho me dio el impulso para hacerlo. En la puerta del cuarto que le había designado me detuve. No toque la puerta, simplemente entré, así sin más.

    Aún recuerdo cuando la vi, de tan solo pensarlo se me viene una erección mientras escribo estas palabras. Estaba sentada sobre el borde de la cama. Sin remera, con su cuerpito esbelto y hermoso. Lo único que la cubría era la tanguita rosa que era más chica de lo que imaginaba y el pelito rubio que le llegaba hasta la mitad de la espalda.

    -¡Ay, perdón! –Exclamé haciéndome el idiota y cerrando rápido.

    Del otro lado escuche una risita, pero nada más. Me quedé unos segundos en silencio esperando la autorización y nada. ¿Puedo pasar? Pregunte al cabo de un minuto.

    -¡Si! Ahora sí. –Exclamó también con la justa medida para que no se despierte mi mujer.

    Al entrar seguía igual, pero ahora sentada en la cama, con la mano adentro de su bombacha lo que dibujaba una montanita en la zona que más nos vuelve locos.

    -Luli… -solo alcancé a decir.

    -¿Que? Si ya me viste la tanguita, y ya me apoyaste la pija. ¿No vas a pasar?

    -Luli… me encantas –confesé– pero sos la prima de mi mujer.

    -Y bueno… mi prima tiene que aprender. Si dice que soy rapidita, puedo llegar a ser rapidita con su marido.

    -Pero… no lo dice mal. Aparte ¿Quién te conto?

    -La familia es chica –me dijo mientras se acercaba.

    Recuerdo en ese momento que me saco el pijama de encima, cerró la puerta y tomo mi mano llevándola hacía su entrepierna. Todo por encima de la bombacha.

    -¿Esta mojadita ya? ¿Querés tocar en serio o te vas a quedar en la orilla?

    La pendeja tenía el pulso de una profesional. Mi cabeza ya no podía pensar, todo lo dominaba mi pija y mi instinto, una fuerza más allá de mí, me decía que tenía que penetrar a esa hembra. Decidí darle rienda suelta a mi parte más masculina.

    -¿En serio querés que te coja bebe? Vení fíjate si te gustan estas dos bolas. –Le agarré su mano y se la puse a la altura de ellas por fuera de mi pantalón.

    -Quiero tocarlas –me dijo.

    Rápido me saco el pantalón y el calzón, casi que todo junto. Ella extendió su mano para agarrarlas y la frené.

    -No, no. Te hiciste la guapa, ahora vas a verlas de cerca bebe –la agarre por su nuca y la hice arrodillar, su boca quedo a la altura de mis huevos peludos.

    -Me encanta –me decía mientras jugaba con una y después con la otra, primero con sus manos y después con se lengua.

    A todo esto, mi pija estaba que explotaba. No podía más. La puse de pie y le comí la boca. Fue un beso de sexo, lleno de saliva y lengua. Nuestro liquido salía por la comisura, el olor a saliva invadía nuestras narices.

    Ahora sí, metí mi mano en su bombacha húmeda. Al tacto se sentía esa viscosidad, acompañada por el roce de pequeñísimos pelitos de concha que me excitaban aún más. Al sentir el roce, recuerdo que me dijo

    -Esos me los tocas solo vos –mientras con su mano me jalaba una y otra vez la pija.

    La tire contra la cama y la penetre. Deje caer todo el peso de mi cuerpo sobre el suyo.

    -Cógeme tranquilo que tomo pastillas –me dijo.

    Eso alcanzo para empujar toda la punta de mi verga hasta su interior.

    -Me encanta, la siento toda –me susurraba.

    -¿Sos mi putita?

    -Sos mi dueño -contestó

    La bombee tantas veces que no recuerdo, sus pechos erectos, su olor a transpiración y su respiración hicieron un coctel explosivo que me hizo venir al cabo de unos minutos. Un torrente de energía se iba con mis fluidos.

    -Avísame cuando acabes –me dijo

    -¿No te puedo acabar adentro? –pregunto escéptico

    -La quiero en la boquita.

    Que puta hermosa, pensé por dentro. Nada me calienta más que una mujer que sabe lo que le gusta y lo expresa.

    Saque rápido la pija, ya que tenía la leche en la punta. La agarre de los tobillos y la tire contra mí. Pase mis rodillas por encima de su torso. Mis huevos le colgaban a la altura de su mentón, mientras me pija eyaculaba en una sola dirección. Su lengua.

    -Me encantó tu regalito –me dijo después de tragársela.

    Nos quedamos en la cama, abrazados y transpirados. Sintiendo nuestra palpitación y acariciándonos. Hacía tiempo no tenía esa sensación, a la que ahora me entregaba sin culpa. Al cabo de unos minutos le di un beso. Le deseé un buen descanso y me fui al baño a higienizarme.

    Al día siguiente, mi mujer no estaba a mi lado y de la cocina provenían voces. Ellas dos estaban conversando alegremente. Las salude y me sume a la charla como un tercero. Al cabo de un rato, Luli manifestó que se iba, no sin antes, dejar el pijama en el cuarto.

    -Sos un amor –le decía mi mujer mientras veía como lo doblaba para guardarlo.

    Al volver se despidió de Maru y también de mí, con un beso en la orilla de mis labios y una rosada de pija sutil pero hermosa.

    -Te deje un regalito en tu almohada –me dijo al oído.

    Una vez que cerró la puerta, rápido fui ahí argumentando que iba a hacer la cama. Al revisar adentro del cobertor, vi su bombachita rosa. Me la había dejado.

    En ella había rastros de flujo y quien sabe, tal vez de orina. Me la pase por la nariz y la boca, me masturbe con ella y la guarde como un tesoro más.

  • La influencer influenciada (cap. 2): El encuentro

    La influencer influenciada (cap. 2): El encuentro

    Se quedó varios minutos mirando aquel mensaje que acababa de enviar.

    Todavía no era del todo consciente de lo que había hecho, ni de hasta qué punto podía tener implicaciones.

    Al tiempo que una gran parte de ella entraba en pánico, de la otra sin embargo brotaba, con más fuerza aun si cabía, un torrente de adrenalina subcutánea que enfrentaba con fruición a su otro yo, hasta doblegarlo y someterlo contra el suelo sin apenas dificultad.

    Había perdido completamente la batalla de la racionalidad y se había entregado al morbo más feroz y desatado, que hasta ese momento, había conocido nunca.

    En realidad, ninguna excusa, llamada de atención o preocupación bien fundamentada, hubiesen sido suficientes para desalentarla.

    Se acababa de arrojar a un vacío sin asomarse ni conocer su altura, ignorando si una vez alcanzara el fondo, existiría una red de seguridad que la salvase. Y precisamente era eso lo que más entusiasmo le suscitaba.

    La dulce tentación de arañar el peligro y el innegable atractivo de sufrir las consecuencias le llevaron a no borrar ese mensaje, a quedarse observando durante unos instantes mientras se seguía presionando el coño con su mano izquierda.

    Pasados unos minutos de haber enviado el texto, pudo ver como la aplicación le avisaba de que alguien estaba escribiendo. Juan Ignacio le estaba respondiendo.

    Su cuerpo reaccionó como si se encontrase en la zona cero de una detonación, dejando caer el móvil a unos escasos centímetros de ella, sobre uno de los cojines del sofá.

    La mente de Lara sufría un mar de interferencias que oscilaban entre el terror más abrasivo y el clímax más arrebatador que había experimentado jamás.

    Cada pocos instantes miraba de reojo si seguía poniendo ”escribiendo” en la parte inferior de la aplicación, y preguntándose si una vez llegara la respuesta, sería capaz de afrontarla.

    Al final el mensaje llegó. En cuanto lo hizo su smartphone sonó, emitiendo un sonido que a pesar de ser el mismo que habría escuchado miles de veces sin exagerar, esta vez se le antojaba totalmente distinto. -¿Me estaré volviendo loca? Pensó para sus adentros.

    No podía coger su móvil, ni siquiera mirarlo, porque sabía que fuera lo que fuese que hubiera contestado Juan Ignacio, nada más leerlo tendría que enfrentarlo y hacerse cargo de su atrevimiento. Algo que la aterraba hasta el punto de lograr paralizarla.

    Se levantó de golpe del sofá y se fue corriendo al baño. Desde siempre, desde que tenía memoria para recordar, todos sus nervios, ansiedad o presión de cualquier tipo los terminaba acumulando en el estómago. Personándose en forma de molestias en la tripa o calambres en su abdomen.

    El suceso que estaba viviendo atendía a una de estas razones. A pesar de ser una chica de reacciones mesuradas e ímpetus contenidos, cuando algo escapaba de su control era fácil que le abordaran ese estrés, la ansiedad y posiblemente una visita corriendo al baño.

    Llegó al servicio, levantó la tapa del inodoro, se bajó el pantalón del pijama y se dejó caer sobre él con brusquedad.

    Contuvo esa postura durante unos minutos, pero nada. A pesar de los retortijones que le acababan de dar, tras un par de intentos no pudo lograr más que expulsar unos cuantos pedos, que al menos, consiguieron aliviar un poco la presión de su interior.

    Se mantuvo unos minutos en ”babia”, con la mirada puesta en una pequeña repisa que tenía enfrente, pero sin pensar en nada en realidad. Mentalmente estaba exhausta. El altibajo de emociones que venía experimentando, así como su intensidad, eran nuevos para ella. Por lo que internamente, necesitaba unos instantes de desconexión; algo que logró en cierta manera, hasta que de pronto cayó en la cuenta.

    Ya habría pasado un buen rato desde que Juan Ignacio le había respondido. De hecho, durante su estancia en el váter su móvil había estado propinando una serie de pitidos en señal de aviso.

    Entendió que cuanto más tiempo tardara en contestar, más difícil lo tendría para justificarse, por lo que con cierta premura se puso en pie. No sin antes coger un poco de papel y pasarlo por su culo, papel que por otro lado se descubría estéril y carente de suciedad alguna.

    Llegó a la altura del salón, y tras aguardar unos segundos, traspasó por fin el marco de la puerta. Lo hizo mostrando cierta cautela, como si esperase que al hacerlo, fuese a encontrar algo diferente a como lo dejó.

    Allí frente a ella, se encontraba su smartphone, que todavía sobre un cojín emitía una parpadeante luz blanca por medio de un pequeño lec.

    Lo hizo sin darse cuenta, pero antes de dar el paso de acercarse y desbloquearlo, inspiró con fuerza, colmando su pecho de aire, logrando conferir algo de serenidad a su espíritu y también, proveyendo a su corazón de cierta robustez.

    Cuando la pantalla se iluminó ante ella, pudo leer los mensajes que le había dejado Juan Ignacio.

    -¡No me lo digas dos veces! jejeje. No te imaginas las ganas que tengo de conocerte, pequeña. Te he invitado otras veces, pero nunca te venía bien-.

    -Hoy salgo pronto de trabajar. ¿Qué te parece si paso a recogerte?

    -Que… ¿Te animas?

    Escribió Juan Ignacio, finalizando el texto con varios loguitos con caras sonrientes sacando la lengua.

    Una vez que terminó de leerlo se tranquilizó bastante. Pudo deshacerse de todos esos fantasmas que revoloteaban por su cabeza al ver que no eran tan graves como vaticinaba que podrían serlo.

    Poco a poco se fue dejando llevar hasta alcanzar de nuevo ese estado, aquel en el que sensaciones de todo tipo comenzaban a jugar con ella, ubicándola en un lugar del que no se quería ir, pero en el que tampoco quería estar.

    Antes de ponerse a escribir, volvió a colocar de nuevo su mano izquierda sobre el coño, esta vez dejando que de manera sutil se internasen dentro las yemas de sus dedos índice y pulgar.

    Recapacitó durante unos breves minutos y solo cuando lo tuvo más o menos claro, se puso a ello.

    -Jaja. Sí, vale. Por mi bien. Pero prefiero que no me recojas en mi casa. Por mantener un poco de privacidad-.

    -Entonces. ¿Cómo lo hacemos? -Preguntó Juan Ignacio.

    Lara reflexionó durante unos segundos hasta ocurrírsele una idea.

    -¿Por qué no salgo, camino un rato y luego te mando mi ubicación? ¿Te parece bien?

    -Me parece perfecto. ¡Pero qué lista es mi niña!

    -jaja anda calla -Exclamó Lara en todo burlón.

    -¿A qué hora quedamos, cielo? Yo salgo de trabajar a las dos. Ahora son las doce y cuarto pasadas. ¿Te dará tiempo a arreglarte, maquillarte y eso?

    -¡Si! Aún me tengo que duchar y tal, pero yo creo que si-.

    -Perfecto, pequeña. ¿Vives más o menos por el centro no? Para hacerme una idea y calcular un poco el tiempo-.

    -Sí. Por allí. Cuando ya esté abajo y te mande la ubicación, quiere decir que ya estoy. ¿Vale?

    -¡Estupendo! Cielo, me has alegrado la mañana. Que digo la mañana. ¡El día! -Dijo él.

    -Si, claro. El mes, no te digo jaja. Oye, voy a ir arreglándome y eso para ir más tranquila. ¡Un beso!

    -¡Si, eso! Tú arréglate, que te quiero ver bien guapa. Jejeje. Un besito, pequeña-.

    Inmediatamente después de despedirse Juan Ignacio, cerró Inst., así como todas las demás aplicaciones que tenía abiertas.

    Se quedó pensativa durante un rato. Había sido, sin duda, lo más intento que había profesado nunca. Cuando se quiso dar cuenta, ya eran las doce y media pasadas. El tiempo volaba, pero lo hacía sin ella, así que se levantó de un brinco del sofá y se dirigió de nuevo al baño.

    Cerró la puerta y acto seguido, dejó caer de nuevo su pequeño pantalón del pijama, esta vez para no volverlo a poner después.

    Se arrebató la camiseta que quedó también tirada por el suelo y se metió en la ducha.

    El agua salía caliente. Se empezó a frotar el cuerpo con sus propias manos, que con la ayuda de un poco de jabón recorrieron su piel siendo testigos de cada imperfección. Cada lunar, cada bello, cada centímetro de su cuerpo estaba siendo cubierto de espuma.

    Después de aclararse el pelo, luego haberse aplicado un champú, utilizó un acondicionador especial que favorecía un pelo más liso tras el aclarado.

    Le interesaba porque iba relativamente mal de tiempo y no quería perder aquel que no tenía después con la plancha.

    Mientras hacía efecto, se embadurnó la piel con un gel que olía a aguas termales. Le encantaba.

    Lo extendió por todo su cuerpo, haciendo hincapié en diversas zonas higiénicamente sensibles como lo eran el entorno de sus pechos, las axilas, también el coño y sobre todo, por la zona del culo, entre sus nalgas; para lo cual procuró agacharse, adquiriendo por momentos la postura de alguien que pareciera estar defecando en la calle.

    Al terminar de extenderse el gel, comenzó a aclararse el pelo, aclarado al que le siguió el resto del cuerpo hasta hallarse desprovista de cualquier rastro de loción.

    Cerró el grifo y procedió a salir, alcanzando y poniéndose un albornoz que tenía siempre a mano, en la misma mampara de la ducha.

    Después de secar un poco su larga melena rubia con la toalla y tras pasar un rato cepillándose frente al espejo, decidió emplear el secador, que acompañado siempre por otro cepillo más fino permitía comprobar las virtudes del acondicionador ”Especial Cabello Liso”, que prometía el envase.

    Cuando hubo acabado, se lavó los dientes y comenzó a maquillarse, para lo cual empleó buena parte del tiempo que disponía.

    Cerrado el estuche y habiendo guardado todas las pinturas en su interior, agarró el móvil para ver la hora y -¡Madre mía!-. Se exaltó. Ya eran la una y media pasadas.

    Salió el baño desnuda y se encaminó corriendo a su cuarto. Menos mal que durante la ducha y debido a que bañarse era para ella un acto monótono y bastante rutinario, pudo abstraerse e ir dándole vueltas a la cabeza sobre qué outfit escoger.

    Aun así, no tenía muy claro que prendas de vestir iba a seleccionar. Hacia frío, llovía a ratos y aparte tendría que andar un buen rato por la calle.

    Al final, su sentido de la moda se impuso sobre las vicisitudes climáticas. Lo cual no era extraño, pues dedicaba la mayor parte de su tiempo a eso, aparte de ser una pasión y hoy en día, su medio de vida.

    Lara era bajita, mediría alrededor de un metro sesenta y poco. No está muy claro porque en realidad, nunca se había pronunciado sobre ello, así que su altura exacta era una incógnita; algo que se estimaba por comparación, sobre todo.

    A pesar de su estatura y de poseer un cuerpo delgado para los estándares de las redes, solía encontrarse con diversos problemas a la hora de elegir conjuntos, vestidos u otro tipo de prendas. En concreto, que tuviesen una talla acorde con su cuerpo, porque a pesar de acertar con esta, debido a su pecho, no le terminaban nunca de encajar bien del todo.

    Le ocurría algo similar con los sujetadores. Pues al ser delgada pero a su vez, haber desarrollado un pecho tan voluminoso en comparación con el resto de su constitución, solían quedarle muy desajustados. O acertaba con la copa pero se le quedaban flojos o si se le ajustaban a la espalda, estrujaban sus tetas como una panadera preparando masa madre.

    Para la ocasión, se acabó decidiendo por un vestido blanco tipo ”smock” con flores amarillas dibujadas. Uno corto, más suelto y flojo que ceñido y que se unía a ella gracias a dos tirantes finitos que descansaban sobre sus clavículas.

    Era bastante primaveral para la estación en la que se encontraban, pero iba verdaderamente mal de tiempo y no quería perder aún más teniendo que elegir entre vaqueros y camisetas, además de en cómo combinarlos.

    Se puso un sujetador liso, también de color blanco, de confección sencilla y sin ningún tipo de relleno. Pero a pesar de no llevarlo y de que el vestido fuese holgado, no podía disimularlo del todo. Pues, aunque el escote que ofrecía su indumentaria era prácticamente inexistente, una considerable elevación bajo el mismo delataba aquello que tanto se esmeraba en ocultar.

    Remató el look adhiriendo a sus pies unos botines de tacón bajo y lo finalizó con un bolso de mediano tamaño, fácil de cargar.

    Por fin estaba lista.

    Antes de atravesar la puerta de casa, se paró unos instantes frente a un enorme espejo que se encontraba en la entrada.

    Se observó de arriba a abajo, iba preciosa y lo sabía. Era una verdadera conocedora del arte de gustar. Era consciente del poder que tenía cuando quería y del que secretamente solía disfrutar. Así que, verse tan arreglada, dispuesta a enfrentar aquella aventura, le proporcionó las últimas fuerzas y el empuje necesario para lograr salir, abrir la puerta y de un discreto portazo, cerrarla tras de sí.

    En cuanto comenzó a caminar por la calle, en busca de aquel lugar en el que esperaría a Juan Ignacio, se percató de lo realmente enfurecido que se había vuelto el clima. No solo llovía, también la temperatura había descendido más de lo que creía, además un vendaval de considerables proporciones pareciera que en cualquier momento fuese a llevarse la ciudad con él.

    Su paraguas a penas le conseguía cubrir, pues ante el más mínimo cambio en la dirección del viento, este se retorcía y deformaba, quedando expuesta y arrollada por las inclemencias que le azotaban sin piedad.

    En cuanto pudo, corrió a refugiarse al amparo de unos soportales, los cuales acogían diversas tiendas de barrio y algunos bares.

    Ya pasaban las dos de la tarde, por lo que iba siendo hora de enviarle su ubicación.

    Se encontraba más cerca de casa de lo que hubiera querido estar, pero le era completamente imposible alejarse, no con semejante tormenta.

    Por lo que, tras buscar en Maps y copiar la dirección de su situación, se dispuso a pegarla en la conversación que compartía con Juan Ignacio.

    Tras hacerlo, se sentó fuera, en la mesa de una cafetería, y con un café descafeinado con sacarina como compañía, aguardó atenta su llegada.

    Procuró pasar ese periodo lo más distraída posible. Lidiando con la continua impresión de estar siendo juzgada por el resto del mundo. Una multitud que no paraba de observarle y vedar su comportamiento.

    Mientras miraba hacia la carretera y daba pequeños sorbitos al café con la actitud de quien pretende pasar desapercibido, noto de repente como un coche se detenía más o menos a su altura, quedándose en doble fila y colocando los intermitentes.

    Tímidamente focalizó su atención sobre la ventanilla del vehículo, y observando a través del cristal del copiloto, pudo identificar quién iba a los mandos. No albergaba ninguna duda.

    Unos nervios inconmensurables recorrieron todo su cuerpo como si un rayo de aquella tormenta le acabase de atravesar.

    Se giró apresuradamente y rezó para que él no la hubiese visto. Disimuló tomando la taza que yacía en su mesa y dándole un buen sorbo, con más intención de ocultarse tras ella que de apreciar el suave matiz del grano.

    Pero en el momento en que despegó sus labios de aquel recipiente, advirtió como un hombre alto y trajeado acababa de localizar su escondite. Sintiéndose intimidada hasta el grado de quedarse petrificada y no ser capaz ni de girarse, trató de fingir que ignoraba su existencia, mientras mantenía sus ojos fijos en algún lugar del horizonte.

    Cuando de improviso, Juan Ignacio irrumpió en su divagar.

    -Perdona. ¿Eres Lara?

    -¡Si! -Profirió ella, empleando un tono algo desencajado. Acto seguido, se giró lentamente hacía él y lo miró.

    Cuando sus ojos hicieron contacto, Juan Ignacio le sonrió.

    Parecía ser más mayor en persona que en las fotos, para las cuales sin duda, se empleaba a fondo en mostrar siempre su mejor perfil. Si bien era alto, con el resto de su cuerpo pasaba algo parecido.

    Aquel físico atlético que figuraba tener en los post que subía a sus redes, había dejado hace tiempo de corresponder con la realidad, evidenciando un deterioro propio de la edad y achacable también a la falta de ejercicio.

    -Te he visto de milagro, pequeña-.

    Dijo él a viva voz, o al menos así lo percibió una Lara que internamente, se descubría librando una batalla contra sí misma por no derrumbarse y mostrar cierta espontaneidad.

    Mientras todo esto pasaba por su cabeza, Juan Ignacio proseguía hablando.

    -Te he reconocido por tu melena rubia, ya que en tus fotos sales siempre desenfocada o de perfil. ¡Bribona! Que apenas te dejas ver-.

    -Bueno. ¿No me das dos besos?-. Sentenció Juan Ignacio mientras apoyaba con sutileza su mano derecha sobre uno de sus hombros.

    -¡Si! Claro. Perdona, espera que me levanto -Dijo ella algo sobresaltada, mientras fruncía el ceño procurando aparentar una especie de sonrisa.

    Una vez que hubo incorporó se giró hacía él, y en ese instante pudo apreciar lo realmente alto que era, sobre todo en comparación.

    Él se agachó un poco, la cogió de la cintura y procedió a saludarla, propinándole dos besos a escasos centímetros de sus mejillas.

    Tras eso, Lara se retiró hacia atrás con cuidado, con la clara intención de volverse a sentar, pero Juan Ignacio intervino.

    -Oye cielo, tengo el coche mal aparcado. ¿Qué tal si nos vamos ya? No quiero que la grúa se me lo acabe llevando-.

    Expresó de forma directa, pero acompañando la frase en todo momento con un cierto aire de hilaridad.

    -¡Es verdad! Perdona. Espera que coja el bolso y nos vamos-.

    -¿Has pagado? -Dijo él, mientras se llevaba la mano al bolsillo.

    -Sí, tranquilo, pagué a la hora de pedir. No te preocupes-.

    Juan Ignacio caminó delante. Cuando estuvo a escasos metros del coche, activó las puertas con el mando y mostrando un bello acto de caballerosidad, se dispuso a abrir primero la suya, la del copiloto.

    Una vez montados y puestos los cinturones, partieron hacia su casa.

  • Cita a ciegas (2 y final)

    Cita a ciegas (2 y final)

    Arturo viajó nuevamente a la ciudad ya que no es de aquí, esta vez me lleva a una cabaña a las afueras de la cuidad; vamos en un carro que alquila cada vez que viene a verme.

    Llegamos a la cabaña y es hermoso me encanta la naturaleza, estar en contacto con el ambiente del bosque. Entramos y el lugar es pequeño pero acogedor.

    -Bienvenida hermosa.

    -Es hermoso Arturo.

    -Sé que te gusta la naturaleza así que quise traerte a este lugar a pasar el fin de semana.

    -Gracias Arturo, tu como siempre atento a todas las cosas que me gusta

    -Solo quiero hacerte feliz

    Cerca de la cabaña hay un lago lo cual paseamos en un bote y disfrutar del sol y el clima cálido.

    -Hermosa ven hazme el amor aquí

    -Ja,ja,ja… ¿Y si nos caemos?

    -Ponemos a secar la ropa

    Me subo sobre él para besarlo mientras él desabotona mi camisa y me despoja de ella quedando solo en mi brasier.

    -Esas tetitas son mi delirio

    -Y la mía tu verga

    -Ja,ja,ja… ¡golosa!

    -Si un poco

    Me retira el brasier y va directo a ellas para lamerlas con descaro mientras me rozo con su miembro que ya deseo tenerlo dentro.

    -Quiero que te claves ya

    Como puedo me retiro el pantalón y quedo solo con mi tanguita, la hago a un lado y me clavo en ese tronco grueso…

    -¡Oh, si… eso así cosita rica!

    -¿Te gusta mi coño?

    -Me fascina

    Continúo moviendo mis caderas en círculos para sentir más placer, gimo como loca mientras lo miro a los ojos.

    -Eso cosita así me gusta, entiérratelo más duro.

    Así lo hago aceleró mis movimientos saltando sobre él mientras él me toma por la cintura para llevar un ritmo.

    -Esta noche tengo una sorpresa para ti

    -Ah si … ¿Cuál?

    -Algo que te va a gustar

    -Ja ja ja por esa mirada perversa tuya creo que más para ti

    -Es para los dos

    Lo que él no sabe es que yo también le tengo una sorpresa; así seguimos haciendo el amor en aquel bote y disfrutar del resto de la tarde.

    Al caer la noche mientras él está preparando su sorpresa yo estoy en el baño para darle la mía; salgo del baño haciendo sonar mis zapatos altos a pasos muy sensual. Llevo puesto un corset de encaje negro que realza mi busto por su escote profundo y mi cintura por sus atadura; una tanga del mismo material, medias liguero cabello suelto con una diadema con orejitas de zorrilla y los más importante de todo mi atuendo un plug anal de cola de zorro.

    Llego a la sala caminando muy coqueta y cuando Arturo me ve y se queda sin palabras, giro para que vea mi colita y este hombre abre la boca.

    -¡Wao! ¿Es lo que creo que es?

    -Si, un plug anal

    -¿Esta noche serás mi zorrilla?

    -Y tendrás mi culito

    Deja lo que está haciendo y se dirige donde estoy, me toma del cabello y me besa de forma lascivia mientras me agarra con la otra mano mis nalgas.

    -Yo también tengo mi sorpresa

    -Muero por saber que es

    -Pues llegamos a pensar lo mismo

    Caminamos hacia la chimenea y encuentro un kit con lubricantes anales, plugs desde el más pequeño al más grande.

    -¡Wao! Veo que viniste con toda la herramienta

    -Jajaja.. si mi zorrilla y como no quiero lastimarte por mi verga gruesa traje todo esto para preparar ese culito

    -¡Entonces que esperamos!

    -Ven y cenemos primero hermosa

    Me lleva de la mano para ir al comedor y preparó la mesa de una forma muy romántica con vino y velas.

    -Ma dame, la cena está servida

    -Esta hermoso todo pero me ayudas con mi colita para poder sentarme

    Apoyo mis manos sobre la mesa levantando mis nalgas; él se ubica por detrás, se arrodilla separando mis nalgas y con mucho cuidado retira el plug luego pasa su lengua haciendo que me estremezca.

    -¡Ah!, ¿si vamos a cenar?

    -Si hermosa solo quería una probadita

    Nos sentamos a disfrutar de la deliciosa cena preparada por él. Luego de cenar me lleva cerca a la chimenea donde hay un sofá.

    -Zorrilla inclínate por favor

    -¿Así cariño? –coloco mis antebrazos sobre el espaldar del sofá

    -Así es, separa un poco la piernas

    Como toda una zorrilla separó mis piernas poniendo en pompa mis nalgas; Arturo abre mis nalgas para lubricar mi hoyito y posteriormente colocar el plug de cola de zorro. Luego me levanto para desfilar mientras él toma asiento en el sofá con su copa de vino.

    Aprovecho la música y bailo para él de forma sensual moviendo mis nalgas, jugando con mi colita de zorro para provocarlo; él de un momento a otro se levanta y se ubica detrás de mí para bailar conmigo, claro lo único que hace es restregar su verga en mi culo. Me baja el corset para sacar mis tetas y amasarlas con descaro.

    -Así te quiero toda una zorrilla para mi

    Se desnuda y hace que me incline un poco para hundir su verga en mi coño, mientras me embiste me nalguea con fuerza

    -¡Ah! –con cada azote me prende más

    -Estas muy mojada zorrilla

    Aumenta la velocidad mientras me toma por el cuello.

    -Quiero darte ahora mi regalo

    Se retira para preparar el orificio más deseado por él.

    -Hermosa inclínate ahora quiero preparar ese hoyito

    Así lo hago de nuevo apoyando nuevamente mis antebrazos sobre el espaldar del sofá, Arturo abre las nalgas retirando el plug de zorro, aplica más lubricante y coloca un nuevo plug que es más grande. Al sentir el frío de este y su tamaño mi hoyito se cierra un poco.

    -Vamos hermosa relájate

    Tomo aire y le indicó que lo haga de nuevo, entra lentamente siento que mi culo se abre a ese plug hasta estar totalmente adentro.

    -Eso hermosa, ese culo se ve hermoso así de abierto

    Hunde nuevamente su verga en mi coño y me embiste, al estrellar su pelvis a mis nalgas siento estímulo también en mi hoyito.

    -¡Ah, ah, si!

    Arturo lleva una mano a mi clítoris para que me excite más y mi hoyito se adapte al nuevo tamaño.

    -¿Te dejo de doler hermosa?

    -Si, por favor cámbialo al siguiente

    Arturo nuevamente se retira y aplica más lubricante para retirar el plug.

    -¡Wao!, si vieras ese hoyito como esta de dilatado!

    Empieza a introducir el último plug al mismo tiempo con la otra mano estimula mi clítoris, por la excitación ni siento entrar el nuevo plug… entra con más facilidad.

    -Perfecto hermosa, ya deseo tener mi verga allí dentro

    -Yo también lo deseo cariño

    -Ponte en cuatro zorrilla

    Rodeo el sofá y me arrodillo para abrir más mi culo y ponerlo en pompa; Arturo se clava de nuevo y me embiste con fuerza al mismo tiempo me nalguea.

    -Ah, ah, ah

    -Eso zorrilla así me gusta ese culo luce hermoso con esa piedra

    En un instante retira el plug y sin decir nada hunde su verga en mi culo.

    -¡Oh por Dios que delicia!

    -Ah, Arturo me arde un poco

    -Tranquila pronto se adaptará

    No se mueve, mientras mi culo se adapta a su verga gruesa estimula mi clítoris y besa mi cuello hasta llegar a mi oreja donde introduce la punta de su lengua. Poco a poco se va el ardor y nace el placer, Arturo empieza a moverse suavemente y poco a poco va aumentando el ritmo… dirán que ¡Garosa! por comerme una verga gruesa por mi culo, pero no me importa solo quería vivir este momento, no es la primera vez que tengo sexo anal pero si con una verga así de gruesa.

    -Dame más Arturo

    -¿Estas segura hermosa?

    -Si por favor

    Arturo me toma del cabello para que arqueé mi espalda y sus embestidas inician cada vez más rápido, ¡Oh! Que delicia el choque contra mis nalgas y nuestros gemidos hace que el mundo se borre y seamos solo él y yo en el placer, la morbosidad y la perversión…

    -Eres una zorrilla muy rica y tu culo no se queda atrás

    -Tú no te quedas atrás tampoco Arturo… tu verga es mi delirio

    Cambiamos de posición, esta vez él me pide que me acueste boca abajo sobre uno cojines que ha colocado en el piso cerca a la chimenea, él se ubica sobre mi y me penetra nuevamente mientras me besa el cuello, hombros y parte de la espalda. Sus embestidas son mas intensas y mis gemidos también, sentir esa verga clavándose en mi culo hace que me sienta una puta en celo… toda una zorra.

    -¡Oh si, que rico se siente como aprieta mi verga!

    -¡Ah Arturo que rico lo haces

    -Te voy a castigar por zorrilla

    -Castígame

    Se sienta sobre mí y me nalguea con fuerza mientras con la otra mano araña mi espalda y otras veces hala mi cabello al tiempo sus embestidas mas intensas.

    -Arrodíllate

    Hago lo que me pide y me toma por el cabello para que me levante quedando juntos arrodillados… me toma por el cuello mientras con la otra mano juega en mi clítoris.

    -Te llenare ese culo con mi leche

    -Varias veces quiero tu lechita ahí

    -¿Eso quiere decir que quieres que te siga dando por el culo?

    -Si guapo, quiero que veas como chorrea tu leche saliendo por mi hoyito

    Continua con las embestidas cuando siento mi cuerpo arder, pasan corrientes por mi espalda. Arturo gime mas fuerte en mi oído cuando en unos segundos deja de respirar y siento como explota en mi interior.. a medida que entra y sale siento como chorrea su leche por mis piernas…  se detiene y saca su verga y caigo rendida dejando mis piernas dobladas así Arturo abre mis nalgas y pasa su lengua por toda mi raja: desde mi coño hasta el final de mi culo. Así pasamos esa noche entre placeres anales y orgasmos intensos.

  • Dolores mi suegra (4): A solas con mi cuñada

    Dolores mi suegra (4): A solas con mi cuñada

    Mi cuñada me observa en silencio, hasta que me dice “¿sabes? ¡Mi tía Pepa habla maravillas de lo bien que sabes usar esa lengua! ¡me gustaría averiguarlo por mí misma! ¡de lo contrario ya sabes, la correa aun continua en el armario! ¿de acuerdo?”. Tardo en responder y recibo una sonora bofetada “¡vas a responder, o debería ir a por la correa!”. “¡Si señora, usare mi lengua como usted desee! “.

    Aun continuo con las manos atadas colgando del techo, ella destensa la cuerda hasta que quedo de rodillas, y se asegura que las manos están bien atadas entre sí, sin mediar palabra se despoja de todas sus ropas. Contemplo su cuerpo regordete de muslos gruesos y caderas anchas, los pechos generosamente grandes y su coño sin depilar de gruesos labios.

    Acerca su coño a la altura de mi boca, sus rizados bellos casi los puedo tocar con mi lengua. Ella reclama mi atención tirando de mi cabello hacia atrás. “¡He tú aquí arriba, ya sabes lo que quiero! ¡pon a trabajar esa lengua!” Me atrae hacia su coño y comienzo a lamer obedientemente.

    Ella me sujeta por los cabellos con las dos manos mientras se estremece de placer “¿Te gusta, cabrón? ¡Chupa… Chupa, puta mamona, chupa!”. Miró hacia arriba y sus ojos conectan con los míos. “¡no lo haces mal, puta! Te gusta, ¿eh? ¡cómo te estás poniendo!”. Ríe satisfecha empujando y hundiendo más mi cara en su coño “¡Cómemelo! ¡Cómetelo entero, puta!” Paseo mi lengua por su coño de abajo hacia arriba ejerciendo toda la presión posible.

    Los vaivenes de su cadera me indican que voy bien y trato de ir más rápido pasando por el centro de su vagina absorbiendo sus fluidos “¡Chupa puta!”. Mi cuñada comienza a hacer movimientos circulares con su cadera “¡chupa puta! ¡más, rápido!”. Se retuerce y gime de placer. ¡ha, ha! Con fuertes movimientos pélvicos se corre, “¡Ha, Haaa, me corro! ¡si, si!”. Un embriagador sabor salado entra en mi boca.

    Sin darme tiempo a recomponerme mi cuñada me agarra de las mejillas y me dice: “¡Me vas a comer el culo, entendido!”. Se gira y me ofrece su culo “¡Todo tuyo, cómetelo todo!”. Tardo en decidirme mi cuñada se impacienta y girándose y me abofetea “¿Qué coño haces? ¿a qué esperas? ¡puto desagradecido!”. Y empuja de nuevo mi cara a su culo, meto mi lengua entre sus nalgas y me centro en su ojete lamiendo con frenesí de arriba a abajo “¡mete la lengua puta! “.

    Cumplo su orden ella usa su mano para empujarme más adentro mientras ríe satisfecha girando su cabeza para intentar verme y me dice “¡Me estás comiendo todo el culo, perro!”. Su intenso olor y sabor me embriagan pierdo la noción del tiempo que llevo lamiendo, mientras ella se masturba “¡más adentro puta!”. Suena impaciente intento introducir mi lengua, con la ayuda de su brazo empuja su culo contra mi cara y comienza hacer movimientos circulares con sus caderas viniéndole un brutal orgasmo “¡Ha! ¡Haaa! ¡come culo, puta!”.

    Mientras mi cuñada se recompone y busca algo, yo me pregunto ¿Qué ha sido de mí? ¿cómo he llegado a esto? Ella deposita una copa de metal delante de mi miembro “¡Bien, cuando vayas a correrte me avisas entendido!”. Y comienza a masturbar vigorosamente, no pasa mucho tiempo para que suelte una fuerte descarga de semen dentro de la copa “¡joder, que rápido te has corrido! ¡menudo macho estas hecho ja jajá! ¡pero necesito más!”. Y continúa masturbándome hasta que me vuelvo a correrme en la copa “¡más entendiste más!”.

    Y de nuevo coge mi dolorido miembro y continúa masturbándome sin importarle el tiempo, mi esposa regresa de sus compras, contempla embelesada a su hermana animándola “¡vamos sácale toda la leche!”. Esta vez se le dificultó un poco más en hacerme eyacular.

    Mi cuñada recoge la copa, “¡a ver abre la boca!”. Intuyo lo que quiere hacer y me niego rotundamente. Mi esposa se sitúa de tras de mí y sujetando mi cabello tira de mi cabeza hacia tras y con la otra mano aprieta mis mejillas forzándome a abrir la boca, mi cuñada vierte mi propio semen dentro de mi boca, mi mujer me sierra la boca con su mano “¡trágatelo todo!”, dice mi esposa, obligándome a tragarlo, las dos hermanas ríen y se felicita entre ellas festejando el ordeñe, recogen las ropas y las bolsas marchándose al interior de la casa.