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  • Enseñando las nalgas

    Enseñando las nalgas

    En Marcos encontré un buen espécimen que con la formación adecuada se convertiría en un potente y muy capaz amante, así que decidí hacer una labor social y enseñarle a cogerse bien a sus perras.

    Un día en la mañana le llamé por teléfono

    -Hola?- contestó

    -Hola, Marcos! Soy Angie. Cómo estás?

    -Bien, gracias! Y tú?

    -Pues yo también, pero necesito que me ayudes con varias cosas, podrías?

    -Claro! Yo te ayudo!

    -Hoy en la tarde podrías?!

    -Si, salgo a las 2 de clases

    -Ok! Entonces te veo en la tarde. Bye

    Lo llevé a un hotel en dónde lo iba a coger hasta mañana, él iba a salir seco y yo probablemente embarazada jaja. Apenas entramos le expliqué todo

    -Quítate la ropa, quiero ver tú pitote -le exigí.

    Él se comenzó a quitar la ropa con prisa, se quitó todo hasta dejar al descubierto su miembro listo para meterse en mi vagina y darme hasta hacerme ver estrellas.

    -Hoy te voy a dar la oportunidad de que aprendas como se fornica a una puta, una que solo te busca para que le metas tu miembro con todo y huevos, no es una mujer que esté enamorada, es una que quiere coger por placer solamente -le decía- hoy tienes que sentir que eres mi dueño, me vas a dar hasta reventar, si quieres hacer algo me lo haces y ya, no me pidas permiso porque eso no es sexy, si quieres violarme hazlo, lléname profundo y sabroso, amor. Entendiste?

    El sólo asintió con la cabeza, estaba incrédulo el pobre! Jaja y con sus 18 años pienso que nunca le habían propuesto algo así.

    -Siéntate en el potro -le pedí.

    Me comencé a desnudar rápidamente, traía un vestido suelto color azul y debajo un ligero con tanga y brassier negro, todo en encaje.

    -Te voy a dar una mamada brutal, tú tienes que aguantar y hacerme sentir que no es suficiente para ti -le dije

    -Si, Angie- contestó

    Entre me hinque y le pedí que abriera las piernas para tener total acceso al miembro a reventar hasta poner los ojos en blanco.

    -Acuérdate que tú eres mi macho y yo soy una perra hambrienta de sexo, trátame a tu antojo porque yo vine por esto -le dije sacudiendo su musculoso y erecto pene.

    Este joven de 18 años metió de forma tímida sus dedos en mi boca mientras yo los chupaba y lamia.

    -No seas tímido, hoy soy una zorra que está bien caliente, en un rato más vas a estarme metiendo toda tu verga, sé un hombre y úsame.

    Metió todos sus dedos hasta dónde cabían, me metía dos dedos hasta el fondo de mi garganta, y los sacaba llenos de saliva que untaba en su miembro

    -Ya vas entendiendo, pequeño cabrón -le dije lascivia.

    Entonces empecé a chupar sus huevos, metía uno a mi boca y lo succionaba, le daba ligeras mordidas en su escroto después le pasaba toda mi lengua por en medio de los huevos de forma obscena y grotesca, todo mientras él se masturbaba levantando su hombría para facilitar mi trabajo. Me incorporé un poco y escupí abundante saliva sobre el glande.

    -Si quieres lubricación dime.

    -Abre la boca -me dijo.

    Y tomándome de los cabellos me la dejo ir hasta las amígdalas, yo puse mis manos sobre sus muslos mientras él me cogia por la boca, en la habitación se escuchaba el sonido mojado de su pene entrando y saliendo de mi boca junto con el sonido propio de mis arcadas. La saco y mi saliva escurría por mi barbilla y pechos, desdé su glande hasta bañar sus bolas.

    -Te excita?! Ya estás haciendo que me ponga a escurrir, sigue siendo hombre y fornícame sin piedad, busca tu placer -dije.

    Le quité toda la ropa, dejándolo acostado en el potro, ahí empecé a chupar sus hermosos pies. La pasaba la lengua por toda la planta del pie, le chupaba los dedos y lamí entre ellos.

    -Hoy soy tuya, tu perra, tu esclava, tu puta, ponme como quieras, hazme lo que te más te excite para que puedas estar erecto más tiempo. Méteme tu enorme y venudo miembro hasta que ya no se te pueda parar.

    -En serio?! -preguntó sorprendido.

    -Pues para que crees que se te pone dura?! Tienes que usarla en cogerte bien rico a una mujer que te abra las piernas, tienes que volverla loca y hacerla tuya –dije.

    -Pues chúpame la verga perra! –Marcos.

    -Eso quiero, que tengas el carácter de ser un hombre también en la cama.

    Imagínense ustedes en su lugar, ustedes a sus 18 años siendo obedecidos durante el coito por una chica 6 años mayor. Entonces me acerque a su deliciosa y caliente macana, abrí sus piernas para comenzar a lamer y succionar sus huevos, masturbaba su suave pero duro tronco, me levanté un poco y deje caer saliva directamente en su glande entiendo empecé a esparcirla con mi mano en su barra de carne, miraba a este joven perdida yo en mi lujuria, sabiendo bien que él me haría volar mi cabeza con tanto sexo al que nos íbamos a someter.

    -Te gusta la felación? Te excita mi húmeda y caliente boca comiéndose tu pene?

    -Se ve que tienes práctica, Angie

    -Obviamente! He chupado los penes de varios, los he dejado escurriendo, listos para me los clavaran y mientras me daban una santa cogiendota yo me ponía a gritar sus nombres -le decía muy caliente mientras masturbaba su pene- Quieres escuchar como grito tu nombre mientras me clavas?

    -Quiero que grites que eres mi puta –dijo.

    -Bueno, eso depende de ti, yo soy una hembra receptiva, tú tienes un trozo lo suficientemente grande, sólo debes cogerme rico para que yo grite lo que se te antoje -le dije llenando mi garganta de toda su obesa verga, solo los huevos quedaron afuera.

    Empecé a hacerle garganta profunda mientras escuchaba como gemía, me excita sexualmente oír como un hombre gime y grita.

    -Te estoy ganando niño, se más dominante  le pedí.

    -Acuéstate en la cama boca abajo -me pidió y así lo hice- Agarra con tus manos tus tobillos y abre la boca –Marcos.

    -Viólame la boca -le pedí gimiendo jaja

    Tomó mi cabeza apretando mi cabello entre sus dedos y dirigió su juvenil pero desproporcionado miembro directo a mi boca, gustosa recibí las embestidas de este jovencito para que se diera gusto. Se masturbaba el glande con mis amígdalas y yo estaba concentrada en no vomitar, entonces en un movimiento rápido me gire y quedé sentada en la cama, agarré a Marcos por las nalgas y me la metí hasta que sus huevos toparon con mi barbilla, mi saliva escurría por mi boca y su verga estaba bañada en ella.

    -Sientes ganas de cogerme? Ya quieres que grite tu nombre mientras me clavas tu pene bien erecto? -pregunté excitada- a mi si se me antoja sentir como me abres con tu verga, sentirte gritando y llenándome de tu semen.

    -Ya te quiero coger! –Marcos.

    -En la mesa hay unas fotos, son de posiciones en las que quiero que me pongas, y también quiero que me llenes de mecos, como si quisieras dejarme embarazada… hasta el fondo.

    Fue rápido por las fotos y las empezó a ver.

    -Ya has hecho todas? -Marcos

    -Pues claro! Jaja estás hablando con una mujer de experiencia! Jaja

    -Quiero la de piernas al hombro -Marcos

    -Pídelo bien

    -Acuéstate para que ya te la meta, la traigo babeando -Marcos

    -Que rico se escuchó, me pone más húmeda.

    Se hinco frente a mi y subió mis piernas en sus hombros, estaba apuntando su paradísima polla a mi coño húmedo y caliente pero antes de que me la metiera lo detuve.

    -Papi, los verdaderos amantes se cogen sin nada, sin condón, solo piel y fluidos -entonces tomé su pene y le retiré el condón- así está mejor, siénteme y lléname profundo.

    Empujó y entró fácil, empezó un metesaca delicioso, sentía lo gruesa que la tenía, como sus venuda macana tallaba mis paredes vaginales.

    -Te gusta? Eh?! -le pregunté mientras era penetrada.

    -Me gusta!

    -Me gusta más cuando me echan todo su peso encima, hazlo, sirve que la vas a meter con todo y huevos -entonces lo hizo- ah! Ah! Ah! Me siento muy vulnerable cuando me ponen así, a mi exnovio le gustaba usar esta posición para eyacular.

    -Que rico! Se nota que estás bien cogida!

    -No sé! Ay! Pero como he gozado! Ah! Ah! Exprime mis tetas! Siento que tu glande me va a salir por la boca! Ayyy! Así! Entra muchísimo! Dame! Fuerte! Viólame papi!

    Mis rodillas estaban casi a la altura de cara y mi vagina totalmente expuesta, escurriendo de nuestras secreciones sexuales, yo estaba gimiendo como una puta, el apretaba fuerte mis senos y me daba mucho miembro, mientras mis manos se aferraban a la cabecera.

    -A tu novio como le gusta echártelos?! -Marcos.

    -El muy cabrón me pone como su perra y me da bien duro hasta que me deja escurriendo su semen -le dije cachonda.

    -Ponte en 4 puta, me estás poniendo muy caliente -Marcos- te vas a ir escurriendo leche mamacita.

    -Báñame! Úsame de recipiente para deslecharte!

    Me saco su miembro brillante y baboso, se veía riquísimo. Yo lo mire a los ojos.

    -Me dejas mamártela un poco? De verdad se ve riquísima -le pedí.

    -Te voy a dar el gusto, pero no me hagas terminar

    Entonces me agaché y cuando tenía su pene a la altura de mis labios, él tomó su larga y babosa verga para pedirme que sacara la lengua. Abrí mi boca y saqué mi lengua al máximo, el empezó a golpearla con su pesado miembro, le daba con energía, hasta que me tomó del cabello y me dijo que ya me pusiera como perra. Eso me enardeció y con una cara de degenerada lo volteé a ver, reprochando que había jugado con mis deseos. Me puse en 4 y el sin más preámbulo me sujetó del culo y me la dejo ir, sin condón obviamente.

    -Que rico se te para, Marcos! Quiero que me hagas tu perra! Tu puta! Tu ramera!

    -Has sido la perra de otros?!

    -De varios! Ayy! Estoy acostumbrada a ser sometida! Penetrada! Mmm! Eyaculadaaa! Ahh! Así cómo me tienes me han puesto varios! Pero hoy soy tuya! Ah ah! Hoy deseo ser tu perraaa! Marcos! Reviéntame! Marcos! Embarazadme!!

    -Te voy a dejar embarazada! Por puta! Vas a parir hijos míos! Ahh!

    -Eres un verdadero macho! Ayy! Ayy! Que cogida tan rica me estás dando! Marcos! Ya soy tu perra! Hazme lo que quieras, amor! Ah! Ah!

    -Te quiero dar por el culo!

    -Lo harás! Te juro que te doy mi ano! Para que lo uses como quieras! Para que lo destruyas con tremenda verga! Ayyy! Me vengo! Marcos!

    -Yo también! Ahhh

    -No pares! No pares! No pares! -gritaba desesperada- vente adentro! Lo más adentro que puedas papi!

    -Sientes rico?! Te gusta cómo te la meto?! –Marcos.

    -La tienes bien parada! Ayy! Ah! Ah! Méteme hasta los huevos! Ahhh! Hasta que me salga por la boca! Ayyy!

    Entonces nos empezamos a venir casi al mismo tiempo, yo gritaba como loca y todo mi cuerpo se retorcía y temblaba, sentí entonces sus chorros impactando contra mi útero, su leche estaba caliente, sentí como me un calor intenso en cada chorro que me llenaba, él me sujetaba con violencia de un hombro y la nalga.

    -Marcos! Siento como me llenas! Ahhh! Ahhh! Está hirviendo tu semen! Ahhhh! Ahhh!

    -Ahhh! Acostúmbrate! Ahhh! Ahh!

    -Se te puso enorme! Ahhh

    Me fui de bruces contra el colchón, solo mi delicioso culo quedó de pie para que mi hombre pudiera seguir dándose placer, su pene estaba erecto todavía. En esa habitación de hotel una mujer más había sido penetrada y llenada por su esposo, novio, amante o amigo. Cuántos años de gritos, orgasmos y embarazos habrán visto esas paredes y esa cama. Ahora era testigo de cómo respirábamos con mucha dificultad después de haber “sufrido” esa pequeña muerte que es el orgasmo.

    -Ya quedé embarazada -dije agitada- te hubieras puesto condón! Me llenaste lo suficiente para que te haga papá.

    -Nos quedan tres horas más para estar seguros –Marcos.

    -No, aún tenemos mucho que hacer. Te haré una bestia, todavía quiero enseñarte más -dije mordiendo mis labios de solo pensarlo- dejarme embarazada es lo más tranquilo del día de hoy, cabrón…

    -Sigue disfrutando porque voy a partir tu ano

    -Si me gusta, si me revientas con pasión, seré tu novia

    -Vas a salir de aquí embarazada y adolorida -dijo Marcos- serás mi perrita

    -Tu perra ya soy Marcos, pero si me sigues dando una buena cogida hasta te voy a querer jaja

    -Pues me vas a amar! -contestó tratando de provocarme.

    -Bueno, entonces lo siguiente es meter tu verga en mi ano y sodomizarlo, hasta venirte en mi recto -le dije- te gustaría usar mi culo para masturbar tu gorda y venuda herramienta? Eh? -me acerque a su oído y le susurré- Pequeño hijo de puta, voy a gritar tu nombre mientras me clavas.

  • Dos maduras muy ardientes

    Dos maduras muy ardientes

    Este relato ocurrió durante una convención a la que estaba invitado como ponente, no era en principio de mucho atractivo, pero el lugar donde se celebraba era un hotel a las afueras de la ciudad de muchas estrellas y los tres días que duraba me animó. El ambiente no estaba del todo mal aunque la mayoría de la gente era madura, pero interesante. La mañana del primer día fue más que nada de presentaciones y de “reconocimiento” me llamaron la atención dos señoras ya maduras, una alta con el pelo completamente blanco y le acompañaba otra más bajita pelirroja, me las presentaron de una forma protocolaria como a mucha otra gente y ahí quedó la cosa.

    Por la tarde ya comenzó propiamente dicha la convención. Di mi conferencia seguida de un coloquio con los participantes que resultó ameno, y entre los participantes estaban estas dos señoras, la de pelo blanco en especial estuvo sugerente al formular sus preguntas por lo que le presté más atención que a las demás.

    Terminada la conferencia enseguida vinieron a saludarme y felicitarme y ya de paso se presentaron, la del pelo blanco se llamaba Carla y tenía 62 años y la pelirroja Marisa de 58. Ya relajados tomando unas cervezas que habían preparado la conversación fue más distendida, y pude comprobar que eran un par de hembras, Carla con un vestido ajustado marcando tetas y culo, y Marisa con unos ojos y unos labios que eran como un imán, de tetas redonditas en su justa medida y de la conversación pasamos a las risas y a las indirectas por parte de Carla.

    -No te estaremos aburriendo estas dos viejas

    -Ni mucho menos lo estoy pasando muy bien y ya les gustaría a muchas jóvenes tener semejantes cuerpos.

    Se echaron a reír.

    -Eso se lo dirás a todas -contestó Marisa.

    -Lo digo muy en serio yo con estas cosas no bromeo, están pero que muy bien.

    -Se va a quedar toda la Convención? -preguntó Carla.

    -Teniendo esta compañía por supuesto que si.

    -No te preocupes que estas viejas se encargaran de que no te aburras.

    Y mirándose la una a la otra se volvieron a reír, Carla me da un beso en los labios y me susurra al oído.

    -Esta noche te vas a enterar.

    Por la noche había una cena para todos los asistentes, así que quedamos en sentarnos juntos. Cuando llegué al salón allí estaban en una de las mesas más retiradas, me hicieron un seña para que fuera con ellas, que cosa más linda, llevan dos vestidos a cual más ceñido que remarcaban todo el cuerpo, con unos escotes que hacían que sus tetas estuvieran a puntos de salir, Carla con la espalda al aire y Marisa con sus pezones casi atravesando el vestido.

    La cena transcurría entre risas, mis ojos no sabían dónde acudir, pues estaba sentado en medio de las dos, con indirectas siempre relacionadas con el sexo, cuando de repente siento unas manos acariciando mi paquete, por debajo de la mesa, las muy putas me estaban metiendo mano en plena cena, que agilidad tenían para en unos instantes tener mi pija fuera del pantalón, menos mal que el mantel tapaba lo que estaban haciendo, comenzaron a pajearme de una forma suave mientras que Carla sacaba su lengua y se la pasaba por su labios de una forma bien sensual, y cada vez más caliente, así que era el momento de corresponder, con una mano me puse acariciar los muslo de Marina y con la otra los de Carla, se abrieron de piernas para que profundizara, hasta que llegue a sus coñitos, el de Marisa era como ella pequeñito, pero tenía un clítoris que enseguida lo encontré, la sorpresa vino cuando le fui a meter mis dedos al de Carla, no llevaba bragas y note un cordoncito y algo duro, me la quede mirando y me dijo:

    -Estas bolitas siempre van conmigo.

    Llevaba metidas en su chocho unas bolas chinas, así que estuve jugando con ellas un ratito, cuando siento la boca de Marisa que debajo de la mesa me estaba dando una mamada, ya no sabía cómo ponerme, las ganas de follármelas allí mismo eran inmensas. Como pude me repuse y pudimos terminar la cena, pero ya los tres a cual más encendidos. Ya terminada la cena les propuse ir a tomar unas copas, por supuesto que aceptaron y Carla dice:

    -Si pero en nuestra habitación.

    Tomamos las llaves de nuestras habitaciones y para el ascensor, en las primera planta como había gente solo puso el culo bien pegado Marisa, pero cuando se vació el ascensor, íbamos al último piso, Carla me metió la lengua hasta la garganta mientras apretaba sus tetas contra mi pecho y yo le estrujaba sus nalgas y Marisa sin ningún tipo de pudor por encima del vestido se acariciaba su coño.

    Nada más cerrar la puerta de la habitación se tiraron como lobas y en cuestión de segundos estaba completamente desnudo, le quité los tirantes del vestido de Carla y apareció todo un cuerpazo, tetas grandes y duras, el coño depilado y unas piernas largas y torneadas, nos volvimos a besar nuestras lenguas luchaban mientras con mis manos intentaba abarcar tus tetas, Marisa no perdía el tiempo y me pajeaba con sus manos y me masajeaba los huevos.

    Pasados los primeros instantes paramos un momento a respirar, Marisa se fue desnudando lentamente delante de Carla y de mí que no dejamos de meternos mano sentados en la cama, sus tetas eran más pequeñas que las de Carla y su coñito bien abultado, desnuda fue a buscar una botella de vino fresco, los tres desnudos en la cama tomando una copita de vino brindamos por el encuentro. Ya repuesto del primer sofocón, Carla tomó el mando, con su lengua fue recorriendo mi pecho mordisqueando mis pezones hasta que llegó a mi pija tiesa como un palo mientras yo me comía los pezones de Marisa, cuanto más los chupaba más duros se ponían. Carla seguía tragándose mi pija y mis huevos. Marisa me ofreció su coño que gustosamente me comí y pude comprobar el clítoris tan grande que tenía, y que suavecito que estaba, todo un manjar.

    Después de un rato cambiamos, ahora me comía la cuca de Carla, era más grande, pero igual de deliciosa y mis dedos pellizcaban su pezones mientras Marisa lamia mis muslos, la ingle y por supuesto mi polla que ya estaba a punto de explotar, después de tomar un sorbo de vino, enfilé mi polla hacia el coño de Carla que lo recibió de un solo golpe, mientras Marisa le comía las tetas. Ver la escena aun me excitó más y más duro que le daba hasta que le solté un chorro de leche, Marisa enseguida se puso a limpiar mi polla y el chocho de Carla.

    Los tres tumbados en la cama, tomando un poco de aire, un poco de vino y un cigarro cuando Carla me dice:

    -Relájate cariño que ahora nos toca a nosotras.

    En un instante las dos hembras se estaban haciendo un 69 majestuoso como se lamían y yo sin perder detalle, eran unas auténticas maestras, después del 69 le tocó el turno a sus tetas y después a sus culos, no se dejaron ni una sola parte de su cuerpo de lamer y yo de espectador privilegiado ya tenía de nuevo la verga preparada, cosa que aprovechó Marisa para clavársela despacito, para que sintiera como entraba por ese chochico, entraba como un guante, yo mientras jugaba con las tetas y coño de Carla.

    Después de un rato de cabalgarme las dos se pusieron a lo perrito y esta vez fue Marisa quien susurró:

    -Queremos que nos culees bien rico a las dos.

    Allí estaban dos culos a mi disposición, así que no perdí ni un instante, al principio con un poco de cuidado, pero enseguida pude comprobar que entraban con facilidad en los dos, fui alternando culos y chochos hasta que estuve a punto de venirme, las dos se dieron la vuelta y con su boca me provocaron un eyaculación como nunca la había tenido, no sé de donde saqué tanta leche, la dos se la bebían y se besaban para no dejar escapar una gota agotados nos tumbamos una de mis manos en el chocho de Carla y la otra en la tetas de Marisa y así nos quedamos dormidos.

  • Compitiendo en otra ciudad

    Compitiendo en otra ciudad

    Les cuento que esta grandiosa historia sucedió cuando estaba cursando el primer semestre de la universidad.  Para ese entonces a los estudiantes de nuevo ingreso nos realizaban un examen para medir a los más inteligentes del aula todo esto para ir a representar la universidad en una pequeña competencia de administración y finanzas que hacían en una ciudad cercana.

    Esta prueba generalmente lo hacían cada dos años y aunque no era algo extraordinario sabía que la universidad siempre quedaba en uno de los primeros lugares esto para medir el conocimiento de los nuevos prospectos ya que la universidad donde estoy se toma muy en serio estas cuestiones académicas y sería una tremenda decepción el no llegar hasta las primeras instancias.

    El director llegó exclusivamente para tomar lista y asegurarnos en dar el máximo esfuerzo en ese examen. Whatever el examen fue algo sencillo quizá porque desde chica fui destinada a estudiar y manejar bien los números así que no había problemas. Para esa tarde al salir de clases ya estaban los resultados pegados en el pasillo, me acerqué y los puntajes más altos era de una compañera llamada Sandra y yo ¡Que novedad! Imaginé en ese entonces.

    Al día siguiente el director nos explicó cómo sería la competencia, nos explicó que ellos nos aplicarían nuevamente un examen y en un salón nos encargaríamos de resolver un problema que ellos nos plantearían con los miembros del jurado. Tanto show para una simple hoja de reconocimiento, por un momento quise declinar en ir pero al decirnos que asistiríamos el jueves al pequeño evento él nos daría el viernes libre solo por haber obtenido el puntaje más alto y desde ahí me llamo la atención.

    La universidad nos proporcionaría el traslado y también dos profesoras irían con nosotras. Todo iba bien así que se los comenté a mis padres y sin más el día de la competencia aliste una pequeña maleta con mis cosas personales para asistir a la uní y alrededor del mediodía zarparíamos hacia nuestro destino.

    Llegué como comúnmente llegó a la universidad, tomé las dos primeras clases y me dirigí a la dirección como punto de encuentro. Al llegar vi que solo estaban mis profesoras y el director y en cuanto me acerqué me comentaron al instante que mi compañera no habría podido asistir y que hace un rato se había comunicado con el director. “Chin” solo respondí. Sabía que desde no verla en el salón me parecía extraño. “Mira Denisse tú serás la única que asistirá, trata de dar tu mayor esfuerzo y concéntrate en llegar en los primeros lugares, sabemos que eres inteligente y harás un buen papel allá” me dijo el director.

    Más allá de sentirme halagada por sus palabras sentí un chingo de presión. Primera vez que me ponía nerviosa y todo por culpa de las palabras de él. Abordamos una van por parte de la universidad con mis dos profesoras y nos dirigimos al lugar del examen. En el trayecto tuve una plática con mis profesoras sobre la presión, el nerviosismo y el miedo que sentía para lo cual me animaron y me comentaron que pasara lo que pasara no importaba mucho siempre y cuando me esforzara.

    Me tranquilicé un poco, tomé mis audífonos y decidí recostarme un rato. Nos encontramos con mucho tráfico al entrar a la ciudad pero al dirigirnos a la universidad parecía que iba disminuyendo.

    Al llegar había aproximadamente unas 30 personas en un auditorio. Yo iba muy cómoda con unos pants y una blusa súper fresca. Parecía que venía del gym. Al entrar nos identificamos con nuestras credenciales y nos hicieron sentar en otra fila. Para no hacerles el cuento largo nos dieron la bienvenida y para demostrar la destreza con los números y la habilidad en finanzas nos programaron unos pequeños problemas para resolver. Pasaron unas hojas para llenar nuestros datos y así darnos una hora fija para volver a regresar ya que no nos podían hacer esperar sabiendo que éramos 5 estudiantes contemplados para la evaluación y bueno para mi mala suerte me tocó ser la última así que nos dirigimos al hotel para descansar y esperar la hora del examen.

    La tarde iba pasando poco a poco y alrededor de las 6 pm le marcan a mi profesora para explicarnos que aproximadamente a las 7 pm me aplicarían el examen y que estuviera preparada. Yo estando con ella escuché la llamada, tomé mi mochila y nos dirigimos de nuevo a la universidad. Al entrar al auditorio vi que apenas iba saliendo uno de los tantos estudiantes que venía representando a su universidad.

    Me senté y solo observé a dos señores para luego presentarse como los miembros del jurado de la competencia, me dieron mi examen y mi profesora me dejó a solas con ellos en el auditorio. Las cosas no empezaban bien para mi porque hasta eso olvidé un papel sumamente importante que tenía que entregarles a ellos parecido a un tipo admisión para presentar el examen pero al final me dieron la oportunidad de entregarlo al día siguiente que ya fueran otorgados los lugares del pequeño certamen.

    El examen estaba de lo más meh, nada complicado o fuera del mundo así que al terminar me dirigí hacia ellos y le entregué mi hoja. “Bien, ahora toca el otro examen, nos iremos al salón de al lado” me dijo uno de los presentes. Al salir del auditorio noté que ya era de noche y al parecer éramos los únicos tres en esa universidad ya que no veía a mi profesora ni de lejos.

    Al entrar escuché cómo cerraban lentamente la puerta del salón, tomaron asiento y me dictaron dos ejercicios de los cuales apenas pude responder uno ya que el otro apenas y lo dejé a medias quizá por el nerviosismo de no hacer un buen trabajo y el miedo de decepcionar a mi salón, no sé, en ese momento pensé muchas cosas.

    Al evaluar los ejercicios en el pizarrón y comentarse unas cosas entre ellos que no pude escuchar muy bien me respondieron con un “cómo es posible que hayan traído a alguien sin el menor conocimiento de lo que hablamos”, continuaron señalándome con cosas como “no puede ser que hayan enviado alguien así, no quedarías ni en el último lugar”, en fin, se me empezaron a salir unas lágrimas y a cómo pude les pregunté qué estaba mal a lo que me respondieron que todo, al principio la hoja de admisión que no fue entregada en tiempo y forma, el examen fue lo poco rescatable y los ejercicios ni hablar, apenas pude con uno.

    Quería abrazar a alguien en ese instante y llorar pero no podía hacerlo, tenía que mostrar fuerzas y les pedí otro ejercicio para rectificarme. “No hay tiempo” me respondieron. Justamente en ese instante comenzaron las ideas de miedo y decepción, intenté no pensar y volver a pedirles otra oportunidad mientras guardaban sus cosas. “Haré lo que sea por otro ejercicio por favor” les respondí. Uno de ellos me vio muy frío y serio para luego preguntarme “¿Si te diéramos otra oportunidad lo cumplirías?” “Ah, ¿perdón?” Les respondí. “Ya viste, no va a cumplir mejor vámonos que ya estoy cansado de este día” respondió uno de los dos señores presentes. “Bueno para cerrar todo esto e irnos por qué ya es tarde aceptarías salir esta noche con nosotros dos” respondió el otro.

    “¿Perdón, que?” Les dije. “Ya sabes, salir a dar una vuelta, hasta crees que no sabes” oh maldita sea, ¿porque a mí? pensaba. “Eres la que menos probabilidades tienes de quedar en los 5 primeros lugares pero nosotros podemos ayudarte aprovechando la situación”. Ya no sabía ni qué pensar, en un rato estaba entre querer llorar y ahora estaba en shock. “¿Si aceptó salir con ustedes dos quedaría en primer lugar?” Les pregunté. “Jajaja no, estarías en segundo o tercero, ya tenemos a un ganador y nos demostró ser bueno pero puedes competir por esos lugares, no es malo, serás reconocida en esta universidad y en la tuya pero ya es decisión propia”.

    La idea no estaba del todo mal pero salir con ellos sabía que implicaba algo más que salir, no sabía a donde me llevarían pero después pensé era eso o de plano quedar como alguien que no pudo demostrar su capacidad en otra institución. “Está bien…” les dije muy cortante. Cuando dije eso inmediatamente uno de ellos me pidió que me volteara y luego un “Bájate ese pants” mencionó el otro.

    Comencé a bajarlo hasta enseñarles mi cachetero blanco de encaje. Uno de ellos se acercó para tocar mis glúteos mientras yo me sostenía del pizarrón. “Mira aquí no podemos hacer mucho, a las 11 pasaremos al hotel donde estás, si te ven invéntales qué saldrás con alguien y te vemos abajo” me dijo uno de ellos. “Los veo abajo a esa hora” les respondí.

    Al salir los tres del salón comenzaron apagar las demás luces y en la entrada estaba mi profesora esperándome para regresarnos al hotel y en el camino me preguntaba cosas sobre el examen, si pensaba que iba a salir bien y shalala cosas así. No debía mostrarle signos de derrota y con determinación le comenté que había hecho mi máximo esfuerzo sin saber que todavía ellos iban a mejorar mi posición en ese examen.

    Cabe mencionar que en ese hotel estaban todos los que fuimos a representar a nuestra universidad por lo tanto esos maestros sabían dónde estaba alojada. Llegué a mi habitación, prendí mi iPad y me puse a investigar sobre ellos. Ambos con un brutal curriculum, uno de nombre Jorge y otro Erick ya pasados de 50 años aunque en la ceremonia dieron su nombre olvide quién era quién. Encontré sus perfiles y me entretuve viendo sus fotos sin saber que dentro de unas horas estaría a merced de ellos dos y lo peor es que los dos les serían infiel a sus esposas con una chica de universidad y eso sonaba feo.

    No tenía más opción así que alrededor de las 10 de la noche comencé a mentalizarme más. Al salir de bañarme como había traído muy poca ropa opté por el mismo pants y otra blusa, me puse una tanga rosita y esperé que fueran las 11 para bajar. Mientras esperaba en el lobby observé que se estacionó una camioneta frente a la entrada y bajó el profesor Erick a saludarme para luego abrirme la puerta y subir.

    Pasamos por el anillo vial para luego dirigirnos a un motel y entrar. Una vez adentro Jorge abrió la puerta de la habitación y comenzamos a entrar los 3. Había demasiado frío aunque la habitación estaba de lujo. “Y bueno, sé que te llamas Denisse y quieres mejorar tu lugar así que échale ganas” mencionó Jorge. Con un tímidamente “¿Que quieren que haga?” les respondí mientras ya veía a los dos sentados en la cama desabrochando sus pantalones. “Quítate la ropa” dijo Erick. Sin más les di la espalda, comencé quitándome la blusa y el pants demasiado lento de manera que vieran todo mi lindo cuerpecito y cuando lo hacía escuchaba que ambos ya estaban masturbándose.

    “Acércate”, fui con Jorge y comenzó a besarme. La idea de estar con señores no me desagrada pero estos ya estaban algo viejos pero no podía hacer más. Mientras seguía besándolo Erick tocaba mis pechos y mi parte baja. Comenzaron a quitarse la ropa y cuando vi los miembros de ambos ¡oh sorpresa! Erick era el que lo tenía más grande, grueso y bonito, el otro profesor lo tenía como un pene promedio así que sin más idealice que terminara primero Jorge para luego disfrutar del miembro de Erick, si ya estaba ahí tenía que disfrutar. Recosté a Jorge y continuaba besándolo hasta que Erick comenzó a bajarme la tanga y tomarme mis redonditos glúteos.

    Cómo estaba acostada con don Jorge el otro profesor pasaba su miembro por mi espalda y glúteos. Le hablé seximente al oído a don Jorge con un “¿puedo chupar?” Y el afirmando con su cabeza me dirigí hacia abajo para practicarle sexo oral. Mi idea era que acabara rápido así que no lo disfrute y comencé a chuparlo rápido. “Ya ves cómo estás chicas de ahora son tan calientes” escuché que hablaban.

    Me lo metía hasta el fondo, lo jalaba, le tocaba sus huevos y pasaba mi lengua por ahí para hacerlo terminar pero no podía. “Ahora conmigo” dijo Erick, ese miembro la verdad ya quería metérmelo a la boca, estaba exquisito a cómo nos gustan. Se acercó y con este fui más lento, iba disfrutándolo cm por cm, lo veía a los ojos para ver su cara de satisfacción y cada vez más me ponía caliente, muy caliente.

    Don Jorge se levantó e hizo levantarme de forma que mientras seguía chupando el miembro de don Erick dejaba expuesto mis nalguitas para él. Por un momento creí que iba a penetrarme pero solo masajeaba su miembro con mis nalguitas cosa que no me desagrado. Yo seguía y seguía succionando ese hermoso miembro de un señor de alrededor de 50 años hasta que Jorge me despegó, me acostó en la cama y comenzó a penetrarme.

    Es la peor cogida que me habían dado en la vida imaginé por un segundo. El señor este solo se subió encima y comenzó a darme pero sin más, yo solo esperaba que terminara mientras veía a Erick alejarse para ver lo que su colega me hacía. “Voy” dijo Jorge, “¿te gustó?” “Ah sí, claro” le dije, a pesar de haber terminado en el condón lo aleje y me levanté para buscar mi tanga y ponérmela. “¿Sigo yo verdad?” Me dijo Erick y yo con cara de “ven a penetrarme” me acercó a él y ahora me tocaba disfrutar a cómo debía.

    Lo acosté en la cama y le pregunté si no quería probarme para lo cual accedió. Me di la vuelta y puse todo mi pussy en su cara mientras yo continuaba masajeando su miembro en mi boca. “Mmm” era lo único que decía cuando tenía todo eso en mi boca y mis manos, cuando continuaba haciéndolo notaba que en su puntita lograba verse un poco de esperma así que con mi lengua fui pasándola encima para notar el sabor y ver si valía la pena probarlo. ¡Delicioso! Erick parecía disfrutarme aunque ya estaba húmeda ya quería ser montada por el así que me senté en su ya duro miembro y comencé a moverme.

    No gemí al instante pero si cerré mis ojos y tocaba mis pechos. Erick me tomaba de la cintura y hacía que nuestros movimientos fueran más rápidos. “Si si si si” comenzaba a gemir y a darle lo mejor de mi. “Ay ay ay” comenzaba a dolerme pero quería más cuando en eso siento que Jorge acerca su miembro a mi rostro e inmediatamente me lo meto a la boca en señal de lo caliente que estaba. Solo escuchaba el sonido de la cama de la embestida que nos dábamos Erick y yo así que me detuve un rato y le pedí que me cambiara de posición, me puso la clásica en 4 y comenzó a darme más y más” al pobre de Jorge solo lo masturbaba quería que ellos escucharan mis quejidos de placer y la verdad me estaba rifando con ellos quizá por lo caliente que estaba ahí.

    Cuando escucho a Erick decir que ya no podía más explota justamente cuando decido ir a meterme su miembro a mi boca de manera que termino en parte de mi abdomen, tomé un poco de su semen para probarlo y no me desagrado ahora tocaba esperar que Jorge terminara así que de buena onda continué haciéndolo sexo oral hasta hacerlo venir. ¡Dios que pena! Les dije.

    Comenzamos a vestirnos y en el trayecto me pidieron que asistiera más temprano para cambiar los lugares y llevar la hoja de admisión y para terminar mi número de teléfono para no perder comunicación. Seguramente se los iba a dar aja.

    Al llegar todo estaba normal, me dirigí a mi habitación, me di un baño y al día siguiente en la ceremonia llevé el papel para recibir mi constancia de segundo lugar y todo terminado. Creo que me hubiera ahorrado todo eso si no hubiera sido descuidada y en ponerme nerviosa pero son situaciones que pasan.

  • Búsqueda del placer

    Búsqueda del placer

    Aún continuo sin llevar a cabo mi fantasía, pero al menos ya tengo más en claro que es lo que me gustaría.

    Quiero que un hombre varonil, de preferencia con mucho vello en el cuerpo y con barba me posea, si es casado mucho mejor ya que quiero que me cojan con la ropa interior de su esposa.

    Quiero verlo, comenzar a recorrer su cuerpo con mis manos, besar todo su cuerpo y lentamente irlo desnudando, y una vez desnudo, comenzar a mamar su pene erecto, comenzando por la cabeza y pasando mi lengua por su tronco y luego por sus huevos mientras una de mis manos juega con sus nalgas y la otra lo masturba al ritmo de la mamada.

    Después, que me haga a un lado la ropa interior y me penetre en la posición que él quiera, me tomé del culo fuertemente y lo nalguee mientras le grito entre gemidos de placer que él es mi macho y acabe en mis nalgas.

    Espero poder hacerlo algún día.

    No me cierro a probar otras cosas.

  • Cuernos consentidos con Claudia

    Cuernos consentidos con Claudia

    Unos días después de nuestro juego de llaves, recibí una llamada de Claudia. Desde nuestro trio y orgia, tuvimos una conexión con Claudia. Desde que la conocí, me gustó, pero después de coger con ella, la veía de manera diferente. Amaba a Sara, pero me excitaba Claudia. Volver a ver ese culo y, por fin reventarle el culo. En ninguna de las dos veces que nos encontramos pude darle por el culo. Como ya dije, su culo perfecto me tenía loco.

    -Hola Gonzalo ¿Cómo estás? –preguntó.

    -Hola Claudita –respondí– bien, tu ¿Qué tal?

    -Bien, solo que desde el sábado que pienso en ti –dijo– anoche soñé contigo y desperté con un charco de fluidos en mi cama. Jajaja.

    -Jajaja –reí– yo también he pensado en ti. Apenas Sara dio el visto bueno, lo primero que pensé fue en reventarte el culo. Jajaja.

    -¡Uy que rico! –dijo– entonces ¿te podré ver hoy?

    -Claro, ¿dónde nos vemos? –pregunté.

    -En el hotel “xxx”, te espero ahí a las 8 pm –dijo rápidamente– más tarde te digo que habitación. Y sepárame toda la noche, que te quiero coger hasta mañana.

    -¡Wow! No te preocupes, ahí nos vemos –respondí sorprendido.

    Cuando salí de trabajar, fui a mi casa rápido y me bañé y cambié rápidamente. A eso de las 7 recibí el mensaje de Claudia, era una foto, en la que encima de una cama había una llave con el número 208 y con el logo del hotel “xxx”. Pero eso no fue lo mejor de la foto. Al costado de la llave había un hilo negro muy chiquito. Lo primero que pensé fue en lo hermoso que se vería su culo con eso puesto. Me dirigí al hotel y apenas llegué, me registré. Claudia había dicho que era su novio y que llegaría un poco más tarde, ya que tenía una reunión. Me explicaron cómo llegar a la habitación y subí. Claudia me había dicho que cuando llegue toque la puerta y cuando le abra, espere a que me diga que pase.

    Cuando me abrió, esperé afuera y unos segundos después escuché que me dijo que entre. Entré y rápidamente se veía una cama muy grande, en la cama estaba Claudia, en cuatro, con el culo hacia mi con el hilo metido entre sus nalgas, ligeramente girada, para mirarme mientras entraba. Por su cintura se veía la tela del hilo, pero entre sus nalgas no se veía nada, se había perdido entre esas dos hermosuras. También lucía un sostén muy pequeño, que dejaba ver los bordes de sus tetas. El sostén solo tapaba el pezón prácticamente.

    Al fondo de la habitación había un ventanal grande. Claudia había corrido la cortina y se podía ver el parque del frente del hotel y un edificio al lado del parque. De varios departamentos de este edificio, se podía ver nuestro cuarto. Claudia había puesto la luz un poco tenue para que se pueda ver desde afuera, pero que aún se vea oscuro para no ser reconocidos.

    -Quiero que me cojas así. Que nos vean desde afuera, pero no te preocupes, que no nos reconocerán –dijo, con una cara de puta espectacular.

    -Que rica estas. Me gusta la idea que nos vean –dije– que me vean cómo te rompo el culo.

    -Ven entonces, que muero de ganas de sentirte dentro.

    Me acerqué a ella, mientras me sacaba la camisa. Ella se levantó, la besé en la boca, metí mi lengua dentro y nos besamos apasionadamente. Mi desabroché el jean y su mano entro rápidamente a tocar mi pene por debajo del pantalón y el bóxer. Mis manos fueron rápidamente a sus nalgas. Claudia me bajo el pantalón rápidamente, mi pene saltó completamente erecto.

    Claudia se agachó y se lo metió a la boca y comenzó a chupármelo con desesperación. Le desabroché el sostén, se lo quité y le apreté las tetas con fuerza. Claudia se metió todo mi pene en la boca, hasta el fondo, dejándolo adentro. Volví a agarrar sus nalgas y le hice a un lado el hilo, para poder frotar un dedo por su ano.

    Se dio la vuelta, se puso en cuatro y me pidió que le lamiera el culo. Me ti mi cara entre sus nalgas. Le lamí el ano, la vagina, ensalivé todo, desde su vagina hasta su ano. Su vagina estaba caliente y mojada, tenía un olor y un sabor deliciosos. Metí un dedo en su ano. Soltó un suave gemido. Seguí lamiendo su vagina, para luego meter dos dedos en su ano. Mi pene estaba por reventar. Me incorporé y sin esperar ni un segundo, se lo metí de golpe en la vagina, que ya chorreaba. Mis dos dedos seguían jugando dentro de su ano. Me movía rápidamente dentro de su vagina, entraba y salía, Claudia gemía fuertemente.

    -¡que rico coges! ¡me encanta tu pinga! Dame más duro, mete otro dedo en mi culo, puto –dijo gimiendo– ¡dame más duro, perro!

    -Que rico Claudita, muero por reventarte el culo –dije, mientras me movía cada vez más fuerte– pídeme que te parta el culo. Grítalo como puta.

    -¡si! Rómpeme el culo por favor –gritó– quiero sentir toda tu pinga hasta el fondo. ¡no pares! ¡me corro! ¡Ahhh!

    Sentí como se corría, chorreando sus fluidos por sus muslos y empapando mi pene. una vez se terminó de correr, se la saqué y, así, embarrada de sus fluidos, se la metí por el culo, la mitad entró fácilmente, luego fui empujando suavemente, hasta que entró toda. Comencé a embestirla suavemente, para luego ir subiendo de a pocos la velocidad. Se sentía delicioso penetrar su ano, mientras sus hermosas nalgas rebotaban contra mí. Claudia se metía dos dedos en la vagina y gemía, casi gritando. Yo no quería parar, tenerla así había sido mi sueño desde que tuvimos el trio. Pero la excitación era mucha.

    -¡me voy a correr! Que rico culo tienes por dios –dije.

    -Lléname el culo de leche por favor –gritó– que también me voy a correr.

    -Ahí viene, prepara tu culo que te voy a llenar hasta que se te salga por la boca, zorra –dije, cuando un gran chorro de semen salió de mi pene y le llenó los intestinos -¡Ahhh! Toma tu leche, perra. ¡Ahhh!

    -¡si! Se siente caliente, deliciosa. También me corro –gritó– ¡Ahhh! ¡si!

    Nos recostamos en la cama, de mi pene seguían saliendo gotas de semen y de su ano, chorreaba gran cantidad de semen. Recostados, nos besamos largo rato. Luego se separó de mí y se metió otra vez mi pene a la boca. Estaba a media erección, pero con la mamada que me dio, rápidamente se puso duro de nuevo. la tomé de la cintura y la puse encima mío, le comencé a besar la vagina, seguía muy mojada, se notaba que estaba muy excitada.

    -Estas mojadísima –dije, mientras le chupaba la vagina y me tomaba sus fluidos.

    -Te voy diciendo de una vez, que soy insaciable –dijo– la vez del trio me masturbé dos veces en mi casa y el fin de semana también.

    -Bueno, te aseguro que mañana no te quedaran ganas de masturbarte, te voy a dar hasta que me digas basta –dije, mientras intenté meter un dedo en su ano.

    -¡no! Por favor, deja que descanse el culo un ratito –dijo– realmente me lo partiste –dijo riendo.

    Se levantó, se subió encima de mi pene y me comenzó a cabalgar, poniendo sus tetas en mi cara, las cuales besé. Se comenzó a mover delicioso, mientras yo amasaba sus nalgas. No podía evitar apretar esas nalgas deliciosas. Claudia se movía muy bien, su vagina seguía chorreando, sus tetas seguían frente a mi cara y yo no paraba de chuparlas y lamerlas. A lo lejos, por la ventana, odia ver una luz prendida en un departamento del frente y una silueta se dibujaba en la ventana. Alguien nos estaba viendo, lo que me excitó un poco más.

    -Creo que tenemos nuestra primera espectadora –dije, mirando hacia la ventana.

    -Qué bueno, que vea lo rico que me coges –dijo, moviéndose un poco más rápido.

    -Debe estar contento, mirando a tremenda ricura moverse tan rico –dije.

    -Que nos vea –dijo, bastante excitada.

    -Que nos vea bien entonces –dije.

    La levanté y la llevé a la ventana, la apoyé en el vidrio y la penetré desde atrás. Claudia pegó sus tetas y su cara al vidrio, mientras yo la embestía fuertemente, Claudia comenzó a lamer el vidrio. Mientras se frotaba el clítoris rápidamente. Se corrió gritando y chorreando gran cantidad de fluidos por las piernas, hasta llegar al suelo. Yo la seguía embistiendo, apretándole las nalgas y dándole palmadas muy fuertes.

    -¡Ahhh! ¡si! Nalguéame duro –gritó.

    -Creo que se está masturbando –dije, mirando a nuestra espectadora, que, a lo lejos, parecía meter su mano dentro de su pantalón y en la otra mano parecía tener su celular– creo que nos está filmando.

    -¿te molesta? –preguntó.

    -No. ¿a ti? ¿estás lista para hacer tu primera porno? –pregunté sin parar de embestirla y nalguearla.

    -No me importa, tu sigue cogiéndome que me vas a hacer venir de nuevo –dijo gimiendo.

    La comencé a penetrar muy rápidamente, hasta que se volvió a correr. Luego me salí de su vagina, la arrodillé y lancé mi semen en su cara y sus tetas. Todo esto a vista de nuestra espía. Cuando la ayude a levantarse, se limpió el semen de la cara y las tetas y se lo metió a la boca para tragárselo todo. Nos besamos y al separarnos, vimos y las luces estaban apagadas y no había nadie.

    Nos volvimos a recostar en la cama, nos abrazamos y nos besamos nuevamente, Claudia se volvió a subir encima mío, frotándose con mi pene, pero este estaba completamente flácido y sin señales de poder recuperarse tan pronto. Así que la tumbé boca arriba en la cama, levanté sus piernas lo más que pude y metí mi cara entre ellas. Comencé a lamerle toda la vagina, metía mi lengua y la movía dentro. Luego metí dos dedos mientras lamia su clítoris.

    La masturbaba rápidamente y frotaba su clítoris. Seguí así un rato, hasta que sentí como comenzaba a temblar, aceleré los movimientos de mis dedos, hasta que sentí que se corría, saqué mis dedos y un gran chorro salió de su vagina, comencé a frotarle el clítoris fuertemente y no paró de lanzar chorros por los aires, manchando la cama y el suelo, varios chorros me cayeron encima.

    -¡que rico! Solo tú me puedes hacer venir así –dijo, tendida en la cama, con su vagina aun chorreando– me encanta coger contigo, quiero que me cojas siempre.

    -A mi también, eres excelente, me encanta que te corras así y que seas insaciable –respondí, besándola en los labios.

    -Solo soy insaciable contigo, cuando cojo contigo no quiero parar –dijo– antes de ti, cogía máximo dos veces.

    -Y conmigo ¿Cuántos polvos quieres? –pregunté.

    -Quiero batir récords. Cógeme de nuevo –suplicó.

    Me subí encima de ella, mi pene estaba medio erecto, mientras la besaba, me frotaba contra ella, pasando mi pene por su vagina. Nos besábamos desesperadamente, mi pecho se frotaba con sus tetas, sentía sus pezones duros. Una vez más, mi pene se puso muy duro. Ambos estábamos muy excitados. Me levanté, me arrodillé frente a su vagina, levanté sus piernas hasta mis hombros y la penetré por la vagina, hasta el fondo. Después de dos polvos, su vagina estaba abierta, además de muy mojada, mi pene deslizaba fácilmente dentro de ella. Mis movimientos eran muy rápidos. Sus tetas se movían deliciosamente al compás de mis embestidas.

    Mientras más la penetraba, ella iba arqueando su columna, para quedar ligeramente levantada. Mis embestidas se volvieron furiosas, Claudia gritaba fuertemente. De repente, me salí de ella, fui a la ventana, la abrí de par en par y cerré la cortina. Volví a la cama y la volví a penetrar de la misma manera.

    -Ya te vieron coger, ahora quiero que te escuchen gritar como a una zorra –dije, mientras la embestía con mucha fuerza.

    -¡Ahhh! ¡si! –gritó fuertemente– que sepan que soy tu perra –dijo– ¡Ahhh! ¡mas! ¡dame más duro! ¡Ahhh! ¡si! –volvió a gritar.

    Los gritos de Claudia eran muy fuertes, definitivamente, al estar en el segundo piso, llegaban hasta la calle. Estuvimos un buen rato así, Claudia se debió correr un par de veces más. De repente tocaron la puerta de la habitación. Seguimos sin hacerle caso. Claudia seguía gritando muy fuerte. Los golpes en la puerta se hicieron más fuertes. Paramos y decidimos ir los dos, así, desnudos, a la puerta. Abrimos la puerta, la recepcionista se quedó con los ojos abiertos, no esperaba que salgamos desnudos los dos. Yo con el pene completamente erecto, Claudia completamente desnuda, con sus fluidos chorreando de su vagina.

    -¿sí? –pregunté.

    -Disculpen –dijo la recepcionista, saliendo de su asombro– hemos tenido quejas por el ruido, no sé si podrían bajar un poco el volumen.

    -Ay, disculpa –dijo Claudia– nos dejamos llevar, no sabes cómo coge este maldito. Y con la pinga que tiene –dijo, agarrándome el pene.

    -Perdón, pero no te preocupes, que ahora la castigo por hacer tanta bulla –dije, dándole una fuerte nalgada a Claudia.

    -¡auch! –se quejó– no te preocupes, vamos a coger más bajito entonces.

    Me jaló hacia ella, me comenzó a besar en la boca, mientras caminábamos de vuelta hacia la cama. Manoseándonos todo el cuerpo. Todo esto, con la puerta abierta y la recepcionista aun mirándonos. La puse en cuatro patas en el piso y se la metí de golpe en la vagina. Nos colocamos mirando hacia la puerta, la recepcionista, seguía ahí, de pie, mirando atónita, mientras embestía con fuerza a Claudia. Ambos la mirábamos, hasta que salió del shock y cerró la puerta sin dejar de vernos. Nos reímos y seguimos cogiendo un rato mas así, hasta que le tiré toda mi leche dentro.

    Me recosté en la cama y Claudia fue al friobar, sacó dos cervezas, las abrió y me dio una, abrazados en la cama, comenzamos a beber, mientras hablábamos de lo que habíamos hecho. Habíamos cogido, dejando que una persona en el edificio del frente nos filme, luego Claudia había gritado tan fuerte, que la recepcionista tuvo que pedirnos que bajáramos el volumen y, por último, habíamos cogido frente a la recepcionista. Nos reíamos de la situación. Seguimos bebiendo un buen rato más. Claudia había abastecido el friobar con varias cervezas, bocaditos y demás. Todo con la intención de poder coger toda la noche.

    De repente, de la mesa de noche, sacó un consolador. Se lo metió en la boca y me dijo que quería que se lo meta por la vagina, mientras yo le cogía el culo. Me levanté, me puse al borde de la cama y Claudia, sentada en el borde, comenzó a chuparme el pene deliciosamente. Agarré el consolador y se lo metí en la vagina suavemente. Era un consolador, mediano tirando para grande. Se lo metía suavemente, mientras ella me seguía lubricando el pene.

    Se puso a cuatro patas, comencé a lamerle el ano, mientras le metía el consolador en la vagina, ahora un poco más rápido. Una vez bien lubricado ese ano, le di la vuelta. Hice que se levante bien las piernas, dejando su ano y su vagina a mi disposición. Metí primero el consolador en su vagina, luego, suavemente fui metiendo mi pene en su ano. Una vez entró todo, comencé a moverme rápidamente. Al comienzo se me hizo un poco difícil coordinar los movimientos de mi pene y del consolador, pero después de unos minutos, le agarré el ritmo. Claudia estaba que gozaba como loca.

    -¡si! ¡así! ¡no pares! –dijo, mientras gemía– ¡me encanta que me llenes mis dos hoyos!

    -Te gusta ¿no? –dije, sin parar de moverme– no sabía que eras tan puta. Me encanta.

    -Tú me has vuelto puta, desde que me cogiste por primera vez, solo pienso en tu pinga –dijo.

    Seguimos así un buen rato, Claudia no paraba de correrse. Estaba excitadísima. La embestía fuertemente por el culo, mientras metía rápidamente el consolador en su vagina. Después de un buen rato así. Me pidió que pare. Me salí de su culo, se sacó el consolador de la vagina y se levantó. Me sentó en el borde de la cama, se trepó encima mío, se metió mi pene en la vagina y comenzó a saltar rápidamente. Sus tetas me golpeaban la cara con sus movimientos. Yo la cargaba de las nalgas y la ayudaba a moverse. Mi pene estaba a punto de explotar otra vez.

    -¡me voy a correr! –dije.

    -Yo también, lléname de leche, quiero que mi vagina chorree tu leche –dijo– ¡Ahhh!

    -¡Ahhh! –dejé salir mi semen dentro de ella.

    -¡Ahhh! ¡si! Se siente calientita ¡Ahhh! ¡que placer! –gemía ella, sin dejar de moverse.

    Caí rendido en la cama, ella cayó encima mío, con mi pene aun en su vagina. Así nos quedamos dormidos. Estábamos exhaustos. Ni con Sara había tenido unos polvos tan espectaculares, y eso era decir bastante, ya que con Sara no había límites.

    Al día siguiente despertamos, abrazados, satisfechos. Nos besamos, nos fuimos a duchar y volvimos a coger una vez más en la ducha y una más en la cama. Nunca había cogido tantas veces en tan corto tiempo, fue espectacular. Cada vez me gustaba más Claudia, antes era solo por su cuerpo, el cual era exquisito, pero ahora era por cómo se desenvolvía en la cama. Nunca pensé que sería tan puta.

    Al medio día, hicimos el check-out, salimos de la mano, la llevé a su casa, nos besamos en la boca al despedirnos y me fui a mi casa. Después de eso, nos veíamos cada 3 o 4 días, para coger. Sara sabia de estos encuentros. Ella tenía los suyos con Hugo, de vez en cuando. Nunca volví a coger con Ximena. Luego me enteré de que empezó a enamorar con Raúl. Después de la orgia comenzaron a salir juntos.

    Un día recibí un mensaje de Claudia, era el link de una página porno. Al entrar, pude vernos cogiendo, no se notaban nuestras caras, pero si me di cuenta que éramos nosotros. La verdad que no se veía muy bien, por la lejanía de la toma, pero se podía ver a Claudia pegada al vidrio, sin reconocérsele.

    -Somos famosos –escribí.

    -Si somos nosotros ¿no? –respondió Claudia.

    -Claro. Con decirte que, de solo verlo, me acordé y me puse duro –respondí– te quiero coger, ¿te recojo en tu almuerzo por un rapidín? Jajaja.

    -Bien rapidín, tengo solo media hora –escribió ella– cerca de mi trabajo hay un mall, con un estacionamiento bien oscuro. Vamos ahí y me coges en tu carro.

    -Ok, te busco a la 1 pm entonces –escribí.

    A la 1 pm ya estaba estacionado frente al trabajo de Claudia. Ella salió y se subió al carro, me dio un beso en la boca y me dijo a donde ir. Mientras manejaba rápidamente hacia el mall, Claudia se sacaba el calzón por debajo de la falda de su uniforme y me lo tiraba en la cara, estaba empapado. Me imaginé como estaría su vagina y saqué mi pene, completamente erecto. entramos al estacionamiento del mall, con Claudia chupándome el pene y tocándose la vagina. Me paseé por todo el estacionamiento, buscando el lugar más oscuro.

    Cuando lo encontré, me estacioné y Claudia se subió rápidamente encima mío, se ensartó mi pene y se comenzó a mover mientras me besaba. Se movía desesperadamente, había estado muy excitada. Después de unos varios minutos, nos corrimos juntos. se levantó y se colocó el calzón rápidamente, para contener las corridas que querían salir de su vagina.

    -Voy a trabajar toda la tarde con tu leche en mi calzón, pegada a mi vagina. –me dijo, besándome en la boca.

    -Uy, ya me dieron ganas de renunciar y cogerte toda la tarde –dije riendo– Jajaja.

    -Que rico seria –respondió sonriendo– pero ya me tengo que ir.

    La llevé a su trabajo, se despidió con un beso muy caliente y se fue. Volví a mi trabajo pensando solo en Claudia. Después de eso cogimos muchas veces más.

    Un día, Sara me dijo que había quedado con Hugo para ir a un hotel. Yo también había quedado con Claudia y decidí llevarla donde Sara, ya que tenía llave de su casa y sabiendo que no habría nadie. Al llegar, entramos besándonos, para encontrarnos con Hugo reventándole el culo a Sara. Se sorprendieron al vernos, pero nos invitaron a entrar. Pero esa historia la contaré en otro momento.

    Fin

  • Cornudo por futbolero

    Cornudo por futbolero

    Le mando wasaps a mi novio para que venga a mi casa, desde ayer sábado ando muy cachonda y necesito que me atienda, le escribo que lo necesito urgente acá para apresurarlo y cogérmelo, pero el muy huevón me dice que tiene partido de fútbol a la 1 pm, que terminando pasa a mi casa.

    Bien, me dije, termina su juego a las 3 y en lo que llega como 3:30 pm anda por acá, suficiente tiempo para prepararme, me depilé la conchita, me bañé, me puse una tanguita roja de encaje que sé le excita mucho, zapatillas rojas de tacón, una faldita no muy corta blanca, y una blusita blanca de encaje que deja ver un poco mis pezones.

    Pues dieron las 3:30, 4:30, 6:30 y el huevón no aparecía, estaba como loca y mejor decidí hacerme un trabajito yo sola, saqué mi vibrador, me senté en el sofá, me levanté la falda, me hice aún lado la tanguita y comencé a juguetear con el vibrador en mi panochita. Estaba muy concentrada clavándomelo que no escuché el auto de mi novio llegar, solo escuché las llaves sonar en la puerta, lo que me hizo sobresaltar, no me pude ni acomodar bien la tanga y solo aventé el vibrador por debajo del sofá y me levanté.

    Voy abriendo cuando veo la sorpresa, llegó mi novio con un amigo, ambos ebrios, pero mi novio notablemente más que su amigo, entre balbuceos le entendí que se habían quedado a tomar después del juego y que había invitado a “el gorila” a ver el clásico de fútbol, pero que como le dije que le urgía verlo en vez de llevárselo a su casa, lo llevo a la mía.

    Los dejé pasar y me metí rápido a mi cuarto a ponerme una chamarrita que tapara mi pecho, me dio un poco de pena que el gorila me viera con esa blusita. Yo ya lo conocía, mi novio y el son amigos desde que se conocieron en el equipo de fútbol, a veces acompaño a mi novio a los juegos y ahí lo conocí, sin embargo, nunca cruzamos palabra. Era un tanto obvio porque le decían así, era alto, muy moreno y músculos marcados por el gimnasio y el deporte.

    Se acomodaron en el sofá, fui por unos vasos y hielos ya que habían pasado al Oxxo por una botella de vodka, jugos y botana, aún con las peripecias, yo seguía muy caliente, el que ellos no se quitaran su uniforme después de jugar lo empeoraba todo, su olor a sudor me estaba excitando todavía más, en lo que veíamos el juego no paraba en fantasear que entre los dos me daban una cogida de campeona, no pudo ser así.

    Habrán pasado como 20 minutos del juego y mi novio se quedó dormido, el gorila me preguntó si tenía más hielos que le regalara y ahí comenzó todo.

    Cuando regresaba con la bandejita de hielos, poco antes de ponerla en la mesita accidentalmente se me resbaló, quise atraparla en el aire, pero solo logré que golpeara el vaso de mi novio que estaba casi lleno y el líquido dentro saliera disparado al short del gorila.

    Me sonrojé de la vergüenza, no pude evitar ver como el short mojado se pegaba al pene del gorila, el solo ver el tamaño de aquel trozo de carne me hizo apretar la vagina, sin duda lo tenía más grande que mi novio, fui corriendo por unas toallas y una jerga a la cocina, le di una al gorila para que se secara y yo me hinque a recoger los hielos y el tiradero, de reojo miraba como el se secaba aquella vergota y ahí mi calentura y mi puta que llevo dentro no pudo más.

    Así hincada le pregunté que si necesitaba ayuda, el me estaba diciendo que no era necesario cuando yo ya había puesto la mano sobre la toalla y empecé a frotar el bulto, mire hacia mi novio y seguía totalmente perdido, en poco tiempo el bulto se empezó a hinchar hasta quedar duro como piedra, no me aguante las ganas de darle una mordida con todo y short, entre mis dientes sentía como palpitaba aquella vergota, mi vagina hacía lo suyo y empezaba a escurrir como sabiendo lo que iba a suceder.

    Comencé a recorrer mis manos por sus piernas hasta subirle el short a la cadera, el se sacó el pene por un costado e inmediatamente me lo introduje a la boca, trataba de tragármelo todo, pero no me cabía, al grado que pego en mi garganta, lo que hizo que me diera un ataque de tos y me despegará de aquella vergota.

    Mientras tosía miraba a mi novio para ver si despertaba pero no, aún no me recuperaba cuando el gorila me tomo por las axilas y me levanto como si fuera una muñeca, me paro sobre el sofá, me quito la chamarra y sobre mi blusa me empezó a chupar los pezones, me quito la blusa y entonces mordió mi pezones, suavemente mordía uno y lo estiraba hasta soltarlo y se pasaba al otro.

    Así estuvo un rato hasta que me giro e hizo que apoyara mis manos en el respaldo del sofá sin flexionar las piernas, me las separo un poco, me levanto la falda, y me hizo a un lado la tanga, me comenzó a comer la panocha con una desesperación como si nunca hubiera probado una, nunca me la habían comido tan rico, mi vagina no paraba de palpitar y de soltar fluido pero el gorila se comía todo.

    Despegó su cara y me comenzó a dedear, me metió dos de sus dedos en la panocha mientras que con el pulgar me acariciaba el ano, en poco tiempo su mano ya estaba bañada y el cada vez me presionaba más fuerte como queriendo meter toda su mano dentro.

    Después de un rato me quito la falda y me dejó en la pura tanguita, se bajó el short y jalándome por las caderas acercó mi vagina a su gran verga y de una me la clavo, lo que sentí fue indescriptible, mi panochita estaba tan hambrienta que a pesar de nunca haber tenido dentro una verga tan grande, está se la comió completa, fue una mezcla de dolor y placer que no pude evitar soltar un gemido, el gorila con una mano rápidamente me tapó la boca, me había olvidado de mi novio, con la otra presionó mi vientre contra su verga.

    Me clavaba con tanta fuerza que podía sentir como su glande golpeaba mi útero, me quería atravesar, me estuvo clavando a ese ritmo como por 20 minutos, le quite la mano de mi boca y le dije que ya me soltará, pero no le importo y me siguió cogiendo hasta que quiso, solo se tomó un tiempo para ponerme en 4 y me la volvió a clavar, con una mano me jalaba del cabello contra su verga y un dedo de su otra mano me lo clavo en el ano, así me estuvo clavando con la misma intensidad, se escuchaba como sus huevos impactaban contra mi puchita y yo tenía a mi novio de frente, ya no me importaba si se despertaba, al contrario, quería que viera como debe tratar a su hembra cuando está caliente.

    Finalmente, el gorila se sentó en el sillón y me hizo cabalgar mientras me mordía los pezones, movía mis caderas lo más rápido que podía para hacerlo venir rápido, pero fue en vano, de repente sentí como aflojó el cuerpo y traté de pararme rápido para que no se viniera dentro de mí pero fue inútil, él se aferró y a mi cadera y me dio sus últimas estocadas mientras se vino dentro de mí.

    Ambos quedamos rendidos, para cuando todo terminó ya iba a terminar el juego, él se fue y mi novio tardó todavía en despertar, le dije que me sentía mal, que me llevara a la farmacia, compré unas Aspirinas y unas pastillas del día siguiente, a partir de ese día ya no siento nada cuando mi novio y yo cogemos, mi novio sigue yendo a jugar todos los domingos, pero el gorila falta ocasionalmente.

  • Accidente afortunado

    Accidente afortunado

    Me saqué la cresta en la moto. Me quebré la clavícula izquierda y la muñeca derecha. Me pusieron una aparatosa enyesadura en el hombro y otra en la muñeca y quedé prácticamente inútil con las manos. Me cuidó una enfermera vieja, de unos sesenta años que me limpiaba completo y me daba la comida. Resultó que en varias ocasiones estaba excitado y con la vega dura y firme.

    Ella muy diligente, se dio a chupármela y a recibirme mis eyaculaciones con maestría y sonrisas y me decía que estaba feliz de mi comportamiento caliente y firme. Se refocilaba pasándose la verga por la cara y las tetas muy caídas que tenía, aunque los pezones eran enormes y duros, lo mejor que tenía. Yo feliz pues me calmaba de mis calenturas que, como buen joven, eran casi diarias. Pero era cara y mi madre decidió cuidarme ella.

    La vieja se despidió con una montada. Muy suelta, las tetas caídas y pellejos al por mayor, pero me cabalgó con ganas y se pegó un orgasmo bien tiritado y gemido. Al otro día mamá llegó temprano para lavarme y darme el desayuno. Para variar me encontraba con la verga dura y sin poder disimular ni nada. Muy tranquila me sacó el pijama y me dijo:

    -Que linda verga tienes amor, más grande que la de tu padre QEPD.

    -¿Te gusta mami?

    -Claro que sí amor.

    Y me empezó a masturbar.

    -Pero mami, ¿me vas a pajear?

    -Si mi amor para que te calmes.

    -Pero ¿no está mal?

    -Para nada mi cielo. Es todo absolutamente natural.

    -Pero esto es incesto.

    -Claro cielo, el mejor incesto es madre e hijo y el otro hermano con hermana, ambos naturales y que te retribuyen muy bien.

    -Me vas a hacer acabar mami.

    -Acaba amor que te facilitaré las cosas. No te avergüences de nada y haremos todo excelente.

    Entonces cambió la cosa porque echó la verga en la boca y aceleró el bombeo. Eyaculé gran cantidad de semen y ella tragó rápidamente y con experiencia apenas botó algo que le cayó en el cuello. Me mamó las chiqueteadas menores y cuando estuve listo terminó de limpiarme el semen con los dedos y se los chupó hasta la última gota.

    -Que delicia mi cielo, que tiempo que no mamaba una verga rica y familiar, libre de toda sospecha.

    -Desde mañana vamos a follar para poder tener una vida sexual como debe ser ¿te parece?

    -Como quieras mami tú eres la que manda.

    Y así fue, al otro día tuve una de las mejores cachas de mi vida con mi mami como una experta en la cama, activa, caliente o mejor hirviente, jugos, babas, todo riquísimo y los besos que creo que nunca los tendré mejores.

    Seguimos igual por varios días hasta que me dijo

    -Mira amor, he conversado con tu hermana para que me reemplace pues me ha dicho que quiere follar contigo y le dije que bueno así te compartiremos cada tantos días cada una.

    -Fantástico mami pues me encanta la Iris y con sus 18 años relativamente nueva follando, será un placer enseñarle de todo pues no creo que esté experta como tú.

    -¿Con cuántos has follado mami?

    -No recuerdo bien, pero por lo menos con unos cuarenta de todos los tipos. He tenido sexo para regalar jajaja.

    Bueno, al otro día apareció la Iris totalmente desnuda.

    Una visión fantástica.

    -Hola mi lindo, vengo a reemplazar a la mami, ¿estás listo?

    -Contigo de inmediato, pero sácame el pijama y me puedes satisfacer a tu gusto.

    Mientras me desvestía se me puso como fierro, me sacó todo, tomó la vega y se la echó a la boca mamándola casi tan bien como mami. Con 18, está magnífica, piel tersa, tetas grandes y bonita, duras y sus pezones grandes como los de mami aunque no tanto pues los de mami incluyen la maternidad. Que forma de mamar por la gran puta. Y correrle mano es una fantasía, rica la piel, toda durita y tiene pocos pendejos y muy suaves lo que le resaltan el coño y su gran raja. Le eyaculé muy fuerte y abundante, pero se la tragó integra sin chistar.

    -Tienes rica leche amor y muy abundante.

    -si caliente, podrás mamarme cuando desees y a cualquier hora.

    El accidente fue muy favorable en este aspecto y me ha permitido incestuar con madre e hija y disfrutar de tal degeneración del modo más delicioso.

  • Mi hijo, mi cómplice y mi amante

    Mi hijo, mi cómplice y mi amante

    Mis viajes a Río de Janeiro siempre fueron una provocación para mis deseos eróticos, mis vicios sexuales se despiertan apenas toco las arenas de esas playas y más, cuando llegando a mi casa en Cabo Frio, lejos de tanta multitud me entrego al juego de mis deseos lujuriosos. Para ello siempre voy provista, no solo de mis deseos, sino de mis intimidades y de mis pensamientos más perversos. Este viaje de negocios también de placer —y vaya que placeres— lo estábamos haciendo con mi marido y con mi hijo mayor Richard, mi fiel cómplice.

    Sabía que del otro lado de estos negocios estaba mi primo Ronaldinho, a quien había dejado de ver hacia más de veinte años y aunque siendo jóvenes tuvimos un «approach» nunca le permití avanzar más que de sus besos cariocas. Me preguntaba ¿Cómo estaría?, la fantasía me llevaba a excitarme y a elaborar estrategias, quizá para seducirlo si ahora se concretaba la excitación que me provocaba mi propia fantasía.

    Estando mi marido acompañándome en estas reuniones, sabía que iba a necesitar de un cómplice para mis aventuras, —no lo dude— mientras pensaba todo esto, y mientras íbamos en el avión giré mi cara hacia mi hijo y le sonreí dulcemente, él me devolvió la sonrisa y una sensación erótica me atravesó todo el cuerpo, la sentí desde mis pezones hasta esa leve sensación de sentir que se mojaba mi tanga, sin duda estaba en el sumun de mis fantasías y mi hijo desde ese momento fue mi cómplice y después mi amante perfecto; ¿quién iba a sospechar de nuestro incesto y de estos juegos eróticos?

    Efectivamente llegamos a Río y la noche siguiente tuvimos esa cena en la recepción, allí estaban Ronaldinho encargado de negocios, mi padre embajador y mi marido (el cornudo de siempre) —¡¡¡Ufff!!!— Estaban todos, pero también mi hijo.

    La noche se fue haciendo larga y en un momento me quedé charlando con él, con Richard; quien descubrió el erotismo con el que me había vestido para esa gala; no dudo en acariciarme la mejilla cuando me dijo, — estás para el pecado más perverso—, me descrucé de piernas mostrándole que tenía una tanga de encajes negro, a lo cual él abrió sus ojos y desabrochando un botón de mi blusa le dejé ver que mis pecas descendían hacia mis lolas sin soutien, pero todavía firmes como mis pezones. Ante su mudez me acerqué con mis labios y le di ese piquito en los labios, lo que le encendió la provocación de sujetarme por la cintura y devolverme ese besito con un «te amo mamá».

    Le pedí que distrajera a mi marido y a mi padre tratando de alejarlos cuando me viera conversar con Ronaldinho; —¿te lo vas a coger? —me preguntó al oído, yo poniéndole mi dedo sobre su boca le contesté, —si me dejás y prometés ser mi cómplice después te daré tu premio— mientras le acariciaba su entrepierna sintiendo su incipiente erección. Yo estaba despertando el incesto de Yocasta y Edito con mi propio hijo. —Me encanta que seas una puta— me murmuró susurrándome al oído, le devolví esa confesión con otro piquito, pero más húmedo en sus labios.

    En un momento me di cuenta que ya estaba hablando con Ronaldinho, mi moreno novio de juventud, cuando la conversación iba subiendo de tono y nuestras copas brindaban a cada instante, miré a mi hijo que guiñándome un ojo, me anunciaba que tenía el plan bajo su control; me acerqué al oído de mi moreno pretendiente y le murmuré que esta noche podía ser suya, él miró mi escote, yo lo abrí aún más, cuando me dijo suavemente, —quiero devorarme cada una de tus pecas— mis pezones reaccionaron y tratando de ocultar el relieve de mi blusa, le di la espalda a mi marido con una sonrisa y otra pero más cómplice a mi hijo, cuando salí tomada por la cintura del brazo de la infidelidad y del pecado de esa noche.

    Llegué a ver que Richard detrás de la ventana tenía controlada mi situación y la de mi marido; me asintió con la cabeza cuando yo dejé que Ronaldinho me besara en la boca llevando su lengua húmeda hasta mi garganta. Me colgué de su cuello y apreté mis lolas en su pecho. Estuvimos jugando con nuestras salivas largo rato, sus manos que fueron descubriendo mis lolas dejaron a merced de su boca también mis pezones que sintieron también el juego húmedo de sus besos, mientras una de sus manos llegó hasta mi tanga y se hundió entre mis jugos vaginales, tuve que reaccionar con un mudo jadeo cuando dejé que me provocara ese inolvidable orgasmo.

    —Te deseo Laura. —Fue lo que llegó a decirme cuando me volvió a comer la boca.

    —cógeme como siempre lo deseaste.

    Mientras metiendo mis manos en su pantalón comencé a sentir su pija de piedra con una suavidad, que solo pude reaccionar cuando arrodillándome la desnudé sobre mi cara y la introduje de una vez, toda en mi boca. Sentí que el placer comenzó a correr por sus sentidos cuando echó su cabeza hacia el infinito y su incipiente flujo seminal apenas dejó un saborcito amargo en mi lengua, le pedí que no acabara…

    Me incorporé, lo fui masturbando suavemente mientras nos volvimos a besar, vi que mi hijo nos seguía observando, me quité con arte mi tanga y poniendo una pierna sobre la cintura de mi negro comencé a sentir esa penetración anhelada; no duró lo suficiente para el gozo cuando una catarata se leche comenzó a correr por los pliegues de mi vulva y a derramarse por mis piernas; me volví a arrodillar y dejar que ese semen me invadiera con su sabor.

    Después de temblar por un buen rato abrazados, mientras retornamos a la realidad, volvimos al salón, atento mi hijo me acercó una copa de champagne y a mi oído mientras me robaba la tanga que tenía en mi mano, me murmuró:

    —Putita, esta tanga ahora es mi trofeo, bébete este champagne que tu aliento sabe a semen.

    —Amor, —le dije— mami ahora también va a ser tuya, si me guardas estos secretos.

    No terminé de decirle esas palabras cuando metió su mano por debajo de mi falda y en ese gesto encontró mi «punto g», le dejé de regalo una catarata de orgasmos que se derramaba en su mano; no sé cómo nadie no nos alcanzó a ver; le pedí por favor que no me masturbara más, porque estaba a punto de caer de rodillas. Le prometí con un beso que íbamos a estar juntos, pero enterró aún más sus dedos en mi húmeda conchita sintiéndola depilada, —júramelo putita—; —te lo juro hijo y sus dedos con mis flujos y el resto de semen de mi negro fueron a saborearse en su boca.

    Cuando volví de esa locura fugaz y mi hijo seguía sirviéndome champagne para quitarme el sabor a semen de mi boca, mi marido se acercó… —Emborrachaste a tu madre Richard, llevala a casa y «que se acueste a dormir la mona» (así decimos en Argentina, cuando estamos pasados de copas). Lo miré a Richard y vi que sus ojos se encendieron igual los míos; me hice más la descompuesta sabiendo que la noche aún no terminaría. Saludé a todos, y con un beso suave me despedí de Ronaldinho, pero acariciando su bulto, —habrá una próxima vez— le prometí —y más sabrosa —me respondió él.

    Cuando subimos al auto con mi hijo, le pregunté —¿me vas a devolver la tanga?, él la sacó de debajo de su camisa refregándosela en la cara, a lo que me contestó; —si me das lo mismo que le diste a tu negro. Me acomodé en la butaca de tal manera que con mi boca alcanzara a su sexo y comencé a desnudarlo, cuando su pija rebotó en mi cara dejé que entrara por mi boca; ahora estaba masturbándolo con mis labios; la locura me estaba envolviendo y mi concha volvió a humedecerse; le pedí que no acabara hasta llegar a la casa, pero no pudo contenerse y yo tampoco cuando comencé a tragar la leche de mi propio hijo; me quedé saboreando su semen y el aroma perfumado de sus rasurados vellos.

    —¿Siempre te perfumas aquí abajo? —le pregunté sin dejar de refregarme en ese aroma.

    —Siempre que tengo la seguridad que me voy a coger a una puta como vos.

    Le comí la boca con un beso, sin antes tragarme su leche; así arrancamos hacia la noche y nos fuimos a perder a la playa «Gruta do Amor», a la que se accede solo caminado, esa distancia entre el auto y la playa fue en silencio, yo me quité las sandalias mientras también desabrochaba totalmente mi blusa dejando mis lolas iluminando mis pezones con la luz de la luna, nos fuimos mojando los pies en las olas hasta que el silencio se convirtió en su voz…

    —Me encanta que seas tan puta y me dejes ser tu cómplice.

    —A mí me gusta que seas vos mi cómplice y mi todo, —le dije colgándome de su cuello y apoyando mis desnudas tetas y mis tiesos pezones en su pecho.

    En ese abrazo nos caímos en las arenas de esa playa y girando quedó sobre mí, terminé por quitarme la blusa y dejé que me mordisqueara los pezones mientras lo sostenía de los cabellos sobre mis lolas; —más hijo, más; mami es toda tuya, —mientras sentí que su miembro otra vez quería escaparse de su jean; me hizo acabar no sé cuántas veces mordisqueando mis pezones y saboreándolos con su saliva que corría por mi piel.

    Él también comenzó a desnudarse y quedamos piel contra piel cuando comenzamos a revolcarnos en la arena. Se incorporó sobre sus brazos, me miró —¿Estás lista?, solo me preguntó, pero no llegué a responderle cuando sentí que mis flujos dejaban que me penetrara suavemente, también con una erección enorme; le consentí con mis ojos y mientras mi propio hijo comenzaba a cogerme le volví a comer la boca desesperada.

    Me estaba entregando toda, mi hijo jugaba refregando su glande entre mis labios, yo seguí comiéndole la boca y más me mojaba y de él, más sentía su erección hasta que me hizo sentir toda esa pija en mis entrañas, yo grité ese jadeo que se perdió en el mar.

    —¿Te gusta cogerte a mami?

    —Sos muy puta, te voy a coger hasta que me cansé de echarte leche.

    —Mami tiene para contarte muchas cositas chanchas, te van a gustar; échame tu lechita en mi cara.

    —Ya lo sé, me vas a contar desde tu primer macho. —me decía mientras lo sentía más dentro mío.

    —No me acabes bebe, quiero montarme en esa pija.

    Me acomodé, volteándome sobre él, dejando que mis tetas se sacudieran en su cara, mis pezones ardientes por sus mordiscos volvieron a su boca, cuando esa erección que tomé con mi mano para guiarla a mi pubis y para que fuera una excitación más perversa a sus ojos, así comenzó a escupir leche a borbotones, fue el instinto y me la clavé de un saque otra vez en mi concha hasta sentir que chorreaba semen entre mis piernas. Caí rendida sobre su pecho, nos abrazamos y nos besamos hasta que la primera claridad nos despertó desnudos en la playa Gruta do Amor.

    Llegamos a la casa, me interné en mi ducha y mi hijo en su dormitorio, mi esposo no había llegado todavía, seguramente también estaría poniéndome los cuernos con alguna carioca. Me calcé otra tanga, pero blanca y un body corto hasta mi ombligo dejando que mis lolas traslucieran mis pecas junto a mis pezones rojizos; así le llevé el desayuno a mi hijo, despertándolo comencé a contarle mis aventuras, me excita que él sea mi cómplice, porque también lo deseo como hombre y en eso se convirtió, en mi macho preferido, ¡nunca lo vi, ni lo volveré a ver como mi hijo!

    —Buen día, ¡bebe!

    —Buen día putita mía, ¿qué tenés para tu bebe está mañana? —me dijo destapándose y dejando su erección a mis ojos.

    —¿Qué querés que te cuente? Vos también vas a ser mi putito. —mientras le acaricié esa pija erecta bajo el bóxer rojo.

    —¿Cuándo empezaste a ser tan puta?

    —¡Uy! cuándo Mena me dijo que Mingo (su hermano), estaba caliente conmigo y que quería cogerme, eso me dio pie para animarme a meterle por primera vez los cuernos a tu padre.

    —Pero Mingo tiene quince años menos que vos, casi tiene mi edad.

    —Por eso, me calientan los pendejos pajeros como vos y Mingo también tiene mucha leche y me sabe coger y muy seguido.

    Le seguí contando, una tarde cuando te fuiste a la facultad, Mingo me abrazó también en la casa de Mena y sin decirme palabra alguna me apoyó su bulto, me comió la boca y sin mediar palabra me dijo —Lau, te quiero coger—, me sorprendió tanto que mirándola a Mena, ella me tiró un besito y me dejó sola con su hermano.

    Mingo me volvió a besar y no me resistí, le di mi boca, cerré mis ojos y desabroché mi jean para que me desnudara, dándome vuelta y apoyándome sobre una mesa le di la espalda, mi pantalón cayó, quebrando mi cintura y él arrancándome la bikini me pegó una cogida como nunca había sentido, yo tenía miedo de quedar embarazada pero nada pude hacer, me cabalgaba de parado, golpeteando, cacheteándome mis nalgas hasta que acabó dentro de mi vientre, mientras más se pegaba a mi cola y pasando sus brazos por debajo de mis axilas tomándome de los hombros, me clavó el mejor orgasmo de mi vida; desde ese momento sabía que iba a ser mi amante y yo una puta infiel.

    Muchas veces tuve que correr cuando me llevaba a un «telo» o escapándonos en la playa mientras Mena nos cubría. ¿Eso vos lo descubriste?, ¡no te hagas el pícaro hijo!

    —Si, putita. Yo te vi y no solo con Mingo…

    —¿Queee…?

    —Mingo, José, Juan, Pablo… ¿Cuántos machos tuviste perrita?

    —¡Ay hijo!, ¿me tengo que confesar con vos? (…) Fueron muchos hasta ahora, pero digamos que Mingo fue el elegido por lo grande de su erección.

    —¿Y esos abortos que te hiciste de quién o de quiénes eran?

    —¡Lo sabes todo hijo de puta, —nunca tan bien dicho—, nunca lo sabré, pero no eran de tu padre!

    Me mordí los labios ante tantos secretos míos, los que conocía mi hijo; y tirando desde una cinta desabroché ese body dejando ante sus ojos otra vez las pecas de mis lolas, mis pezones y mi desnudez ardiente, apenas cubierta con un culote blanco clavado en mis caderas, más erótico que la madrugada que había despertado nuestra lujuria.

    —Vamos a mi cama. —le dije acariciando su pecho depilado y bajando hasta sentir que su glande estaba fuera de ese bóxer rojo.

    —Chupala perrita. —me ordenó—. Le quité el bóxer y comencé a hacerle una paja a dos manos y también con mi boca, hasta que acomodándome en un perfecto sesenta nueve comencé a comerme otra vez esa erección, pero esta vez, dejé sobre su boca los labios de mi concha depilada, húmeda y perversa; yo gemía de placer, de emoción, demasiado perfecto estaba siendo ese momento mientras sentía sus besos y su lengua enterrándose en mi esfínter y en mi vulva nacarada de tantos orgasmos.

    —¡Seguí pendejo cogiéndote a mami! —le decía cuando acomodándonos me recosté sobre su cama y él incorporándose se arrodilló delante de mí, puso mis piernas sobre sus hombros y abriéndome volvió a enterrarme esa erección que yo veía cada vez más grande, tanto como la sentía, mientras yo pellizcaba mis pezones una vez más.

    —Ponete en cuatro putita, quiero esa colita.

    —Vas a ser el primero, hijo de puta, ni tu padre me cogió la cola. —Le confesé mientras me lubricaba con el flujo que me arrancaba metiéndome los dedos entre mis labios, con ese mismo flujo que mi hijo me estaba provocando.

    Sentí que me desgarraba el ano esa pija, el ardor se convertía en placer cuando se fue enterrando en mí; yo arrancaba con mis uñas las sábanas y dejé que mis gemidos mordieran bruscamente la almohada para no gritar, pero seguí gimiendo hasta que sentí que sus pelotas golpeteaban en mis caderas, ahí supe que estaba empalmada hasta lo más profundo de su erección. Explotamos los dos al mismo tiempo en un solo orgasmo y a gritos liberados, él se dejó caer sobre mí, giré mi cara para ver su cara de placer, me comió la boca y yo fui mordisqueando suavemente sus labios.

    Eran las nueve de la mañana cuando después de relajarnos en tremendo orgasmo sentimos el auto de mi marido; yo salí desnuda corriendo por las escaleras chorreando semen junto con mis flujos; me volví a la ducha, ahora dudaba si el mejor polvo de la noche había sido con Ronaldinho o con mi hijo; solo pensarlo inconscientemente me volví a masturbar, sin duda estaba pensando en Richard, cuando pasó por el corredor, se asomó a la ducha me tiró un beso y prometimos quedarnos solos un par de noches más en Cabo Frio y volver a la playa «Gruta do Amor».

  • Después de meses seguimos siendo los mejores amantes, pero…

    Después de meses seguimos siendo los mejores amantes, pero…

    Hola de nuevo. Soy Alonso. Si buscan más atrás, les escribí la primera parte de esta historia.

    En resumen, conocí a Sebastián hace meses solo por chat, pero porque ninguno asumía que era gay o bisexual y ambos teníamos pareja, nunca nos juntamos, hasta que se dio la posibilidad. Nos juntamos en un motel, y en ese encuentro, nos partimos el culo y después varias veces más.

    Ahora resulta que han pasado más de 5 meses, en que nos juntamos cada fin de semana, incluso ocupábamos horas dentro de nuestro trabajo para juntarnos y follarnos.

    Los encuentros que tenemos son épicos, es exquisito tenerlo en cuatro, gritando cuando mi pene le entra con fuerza en el culo, así, como yo disfrutaba cuando con mis piernas en sus hombros o en cuatro o apoyado en la pared entra en mi culo también.

    La relación de los dos, sigue siendo “clandestina”, nadie aparte de nosotros conoce esta “relación”, aprovechamos cualquier oportunidad para escaparnos al motel y darnos libertad de querernos.

    A veces cuando pasan cosas “malas” decimos que pasan por algo, y definitivamente tener una relación paralela a mi mujer puede terminar pasando la cuenta.

    Pasa, resulta y acontece que, hace un tiempo mi mujer, mi pareja de más de seis años, decidió terminar nuestra relación, no sin antes invitarme esa noche a una muy difícil de olvidar, subimos al dormitorio, desabrocha y baja mi pantalón y mis bóxers, y baja lentamente mientras me masturba lentamente y cuando ya tiene bien duro mi pene lo levanta y le pasa la lengua desde la base hasta ante de llegar al glande para bajar nuevamente a meterse mis testículos en la boca.

    Les digo que me desconcertó, en todo el tiempo que estamos, siempre dijo que no le gustaba hacer sexo oral, que le daba asco, etc. Etc., entonces me pareció muy extraño que de buenas a primeras sacara su lengua para recorrer mi pene duro.

    Después de ese atisbo de sexo oral, inesperado, por cierto, se deja caer en la cama. Boca abajo me presenta nuevamente su trasero, lo levanta como insinuándome a que me arrodille y hago y deshaga su trasero con mi lengua; sin más, me lancé, la levanté un poco y metí mi lengua en su vagina, su clítoris me esperaba estaba caliente. Iba saboreando su vagina y de paso su culo, metiendo mi lengua en su culo que me encanta.

    Sobre mí, gemidos tras gemidos, su espalda se contorneaba a cada paso de mi lengua por su clítoris o por su culo, apretaba con sus manos las sábanas y los dedos de sus pies encogidos y apretados.

    Le metí y saqué mi lengua de la vagina y del culo, fuerte y a veces muy despacio, abría sus nalgas para llegar más adentro, esperando ese momento en que en un largo gemido levanta el culo y siento en mis labios como palpitan los labios de su vagina y su clítoris a punto de reventar y, su culo ano se dilata y contrae avisando que viene hacia mi boca un orgasmo de aquellos, lo sabía y abrí mi boca frente para que ese chorreante orgasmo para intentar bebérmelo entero, pasa mi lengua tras cada chorro y casi me lo tomé entero, el resto en mi cara y otra parte en mi pecho que cayó de a gotas al suelo. Con sus piernas temblorosas y abiertas se dejó caer a la cama.

    La dejé descansar un momento, mientras me terminaba de quitar la ropa y aprovechando esa posición en que aún se me entregaba. Y desde atrás la penetré lentamente, despacio. Abrí lento su vagina metiendo mi pene y gemía, y de a poco fui aumentando en fuerza y velocidad, y sus gemidos ya no fueron más, ahora eran gritos, que iba callando besándola.

    Ya estaba en cuatro, y la penetraba con fuerza, por sus nalgas la empujaba hacia mí y rebotaba en mis pelvis cuando mi pene le entraba y a punto de acabar, al borde otro orgasmo se levanta se agarra con mas fuerza a las sábanas y dejó salir un grito que acompañó con un orgasmo exquisito, que corrió por sus muslos, y por mis piernas también hasta el suelo.

    Eran tres orgasmos los que llevaba, y a mi de verla me tenía más caliente, y solo quería seguir mirándola y escuchándola moverse y gemir. Despacio dejó salir mi pene de su vagina y se dejó caer a la cama. Yo estaba sudado y desde mi pelvis hasta mis tobillos (me imagino) los orgasmos de mi mujer gota a gota caían mientras mi pene se mantenía duro, sin querer acabar aun para seguir viéndola, es ese espectáculo sexual para mí solo. Se acomodó todavía agitada, se me acerca y me besa, toma despacio mi pene y mientras me masturba con delicadeza, haciendo énfasis en estimular el glande.

    De ahí se tiró a mi lado, y atacó nuevamente a mi pene, que aun duro, no había tenido que hacer en ese rato en que solo mi boca disfrutaba y continuó masturbándome, nuevamente con delicadeza.

    Ella nunca practicó sexo oral, no le gustaba, tampoco le gustaba el sexo anal, y por todo el tiempo que llevamos, nunca le pedí que me chupara el pene o que me entregara el culo, pero mientras seguía masturbándome, se ponía saliva en sus manos para lubricar la masturbación y yo me dejaba querer echándome hacia atrás.

    Me invitó a la ducha, nos tocamos mitras caía el agua; tocaba sus pechos, ella mi pene y dejaba caer mucha agua mientras me masturbaba lento, salimos de la ducha, volvimos a la cama y en eso, algo que jamás hubiese esperado, sin aviso, y totalmente de improviso, pasó su lengua por mi glande y al mirar hacia abajo, la veo como saborea la punta de mi pene con su lengua, y poniéndose en cuatro, se mete mi pene despacio en su boca mientras me mira a saber el placer que me llevaba, con mi pene dentro de su boca su lengua la recorre entera. Se notaba “inexperiencia” pero no lo hacía nada de mal.

    Lo hacía lento, según se, es la primera vez, que lo hacía, pero dejaba que mi pene entrara libremente en su boca y su lengua buscaba saborearlo, mientras su manos jugaban entre mis bolas y mis nalgas incluso entre ellas, aprovechaba su saliva y “lubricaba” sus dedos y por alguna razón hurgueteaba en mi ano que me provocaba placer y ella lo notaba, succionando mas intensamente mi pene y sintiendo el palpitar de mi pene previo a la eyaculación, empujaba su cabeza para meterlo hasta su garganta, ella lentamente metió su dedo en mi culo.

    Mi reacción fue encorvarme soltar inevitablemente un gemido de placer mientras mi pene chorreaba semen en su cara, vuelve a meter mi pene en su boca sin darme cuenta, ella metía y sacaba su dedo de mi culo, sin sacar me pene de su boca.

    Ella con su mano entre mis piernas y sus dedos entre m nalgas dentro de mi culo, saca mi pene de su boca y sube para besarme, y en ese beso coparte conmigo el semen que eyaculé en su boca, y sin más junto con ella bebimos junto esa leche. Después de ese beso, me pide que saque el semen de su cara y, buscando algo para limpiarle, me dice que no, que lo haga como lo hago siempre (con mi lengua).

    Me sonrojé, entendí que esa era la razón de por qué terminada conmigo, de una forma u otra, sabía que yo además de heterosexual; era homosexual, pero, en ese momento con ella era total y absolutamente heterosexual.

    Pero acabó en mi boca y yo en la suya, en un oral exquisito, se sentó sobre mí desnuda, me besó, me daba sus tetas, y sus piernas abiertas entregándome también su vagina, lo que hizo que mi pene en poco se pusiese duro nuevamente, lo que aprovechó para metérselo en su vagina.

    Saltaba, cabalgaba y lo acompañaba con gemidos, y desde encima buscaba mi culo con sus manos y se apoyó en mis muslos con sus manos soltando un gemido caliente suelta un orgasmo; un orgasmo chorreante y caliente y seguía saltando buscando más, hasta que soltó otro orgasmo que choreaba y se esparcían por entre mi pelvis, mis piernas y por cierto por la cama.

    Mi pene aún estaba duro y resistía dentro, pero, ella quería otra cosa. Sin sacar mi pene de dentro de su vagina y sin moverse, me pide que la penetre por detrás, que meta mi pene en su culo, pero, que lo haga como su primera vez, así como la primera vez que se los hice a otra mujer o a otro hombre antes. Y se recuesta boca abajo, levantando sus nalgas y exponiendo su vagina mojada, y por cierto su culo, también mojado y me pide que le entre despacio porque quiere disfrutarlo.

    Así que me pongo detrás de ella, y abriendo sus nalgas meto mi lengua en su culo para lubricar y dilatar ese culo que mi pene se prestaba a partir, mi lengua entraba y salía y provocaba gemidos y que se contorneara mostrando placer de mi lengua ahí dentro y cuando me apresto a darle el sexo anal que quería se tira de espalda a la cama y pone sus pies en mi pecho, quedando muy abierta, pero, no es la posición que quería.

    Le pido que se ponga en cuatro, su piernas bien abiertas y culo parado, para que le dé la opción de moverse y eso. Se pone en cuatro y me entrega su culo, mi pene durísimo se perfila y acomodo mi glande en la entrada de su culo y empiezo a empujar, abriendo sus nalgas y empujando empieza a moverse y cuando siente mi excitación, y palpitaciones en mi pene, me pide que acabe por última vez dentro de ella que había comprobado mi “bisexualidad”, que y con esa última vez, no me quería ver nuevamente.

    Acabé en su culo, a esas alturas tenía dilatado atrás y adelante, y ambos lados llenos de mi semen, porque habiendo acabado, dejó que mi pene mermara su tamaño y me dijo todo y se metió a la ducha, se vistió y se fue. Terminando definitivamente conmigo.

    Pero eso no es todo. En la noche, solo en mi casa sonó mi teléfono, era Sebastián que me llamaba y que quería verme, llegó a mi casa, y obviamente terminamos sin ropa en mi cama en un polvo, pero, esta vez gay.

    Se entregó a mi pene la veces que se paró, me chupaba el pene de manera exquisita, tragaba mi leche 2 o tres veces, y me daba a mí también de su leche. Esta vez éramos dos hombres bañados puramente el semen. Fueron casi 4 horas, después de eso, me llevó a la ducha y cuando salimos sonó su celular. Habló entre cortado y me abraza y me dice que es la última vez que folla conmigo, que ahí y ahora había alguien que lo esperaba con él podía vivir sin esconderse. También terminaba conmigo. Como mi pene, a pesar de eso no bajó, se arrodilló y para no dejarme así me chupó el pene hasta hacerme acabar, me besó (ayudé a limpiar sus labios) y se fue.

    Ambos, el mismo día, bloquearon mi número. Ya va casi una semana y no tengo noticias de ninguno. Me quedé sin pan ni pedazo, usado por ambos a placer, pero, solo; no triste ni abandonado. Pero solo. Ahora son dos los que saben mi condición sexual. Que soy bisexual u homosexual, que se yo. Yo sin ponerle nombre a la condición, me gustan los hombres y las mujeres. Mas las mujeres, pero, no menos los hombres.

    Espero les guste esta historia, que era más que nada para terminar una historia con alguien que ya les había contado y que ahora llegó a su fin. Llegaron a su fin.

    Desde Calama en el norte de Chile. Los saludo.

  • La influencer influenciada (cap. 4): Profundidad

    La influencer influenciada (cap. 4): Profundidad

    Juan Ignacio colocó una de sus manos sobre su estómago, y mientras lo acariciaba, la miraba totalmente obnubilado. Sentía un enorme orgullo hacia ella por lo que acababa de lograr hacer, y sobre todo, por haberlo compartido con él.

    -¿Ya has acabado, pequeña?-.

    -Sí, yo creo que sí. -Respondió, mientras se frotaba las rodillas en señal de timidez y nerviosismo.

    Sin dar lugar a que se lo pidiera o a que pudiera ser ella misma quien lo hiciera, reaccionó inmediatamente alargando su brazo y cogiendo un poco de papel del rollo que se localizaba justo al lado.

    Aproximó la mano con intención de dárselo, gesto que ella entendió perfectamente y que no dudó mucho en aceptar, para de forma seguida, insertarlo a través del hueco que había entre la taza y su pelvis y comenzar a limpiarse.

    Lo llevó a cabo con tal delicadeza, de una manera tan significada y cuidadosa, que podía llevar a pensar que en lugar de limpiarse el culo, estuviese acariciando a una mascota.

    Le siguió ofreciendo papel hasta que entendió que se encontraba a punto de terminar, pero justo antes de que Lara pudiese agarrar el último trozo, echó su mano hacia atrás, con la clara intención de que no fuese capaz de alcanzarlo.

    Su ceño adquirió un aspecto bastante sibilino para, instantes después, irrumpir en el ambiente con su tersa voz.

    -¿Me dejas hacerlo a mí? -Preguntó Juan Ignacio, empleando para ello un tono juguetón y divertido que procuró evidenciar.

    -¿Limpiarme? Pues… No sé-.

    -Me gustaría mucho, pequeña. Anda, déjame solo esta, la última-.

    Lara no contestó. Se limitó a bajar su mano, dando a entender así su conformidad.

    Él reaccionó con la velocidad de un medallista olímpico, encaminándose a acceder por el mismo lugar por el que antes lo había estado haciendo ella.

    Introdujo sus dedos con sumo cuidado por debajo de su coño y continuó avanzando, hasta calcular hallarse a la altura de su ano.

    Una vez se cercioró de haberlo encontrado, lo frotó con calma, ayudado por el papel que traía entre sus dedos. Procurando disfrutar de aquel momento como si fuese a ser el último que afrontara en su vida.

    Era inevitable que la parte posterior de su antebrazo tuviera contacto con la vagina. Algo que, sí cabe, incrementaba más aún la intensidad de su excitación, sumiéndose en un mar de erotismo y receptividad.

    Cuando determinó que ya llevaba el suficiente tiempo frotándolo, soltó el papel, pero tras hacerlo no hizo amago alguno por retirar su mano, que ahora, sin un propósito por el que seguir en el interior del váter, se vio envuelta en otra misión un tanto más atrevida.

    Escasos segundos después de haber arrojado la tira de papel, uno de sus dedos comenzó poco a poco a palparle el ano con extremo celo. Al tiempo que lo llevaba a cabo, dirigía sus ojos a los de ella y le preguntaba.

    -¿Te gusta?

    -Sí… Me da gustito. -Murmuró.

    Respondió ella sonriéndole, lo que le otorgó la confianza necesaria para seguir acariciándolo, a la vez que depositaba la otra mano en su cara, agarrándole el moflete.

    Se mantuvo concentrado en aquella labor por varios minutos hasta que, en un momento dado, comenzó a hurgarle el recto de una forma diferente a como lo había llevado a cabo hasta ese entonces.

    Colocó la punta de su falange en la apertura de su ano, y luego de acariciarlo una última vez, comenzó a empujarlo con la firme intención de introducir en su interior una parte de su dedo índice. Pero cuando el primer tramo de uña apenas se disponía a desaparecer en el interior de su cavidad, Lara le detuvo sosteniéndolo del brazo.

    Sin decir nada retiró lo poco que había introducido de su dedo y, finalmente, apartó su mano del retrete, llevándola rápidamente hacia a la cara de Lara, donde ya tenía colocada la otra mano, viéndose de esa manera tomada por completo.

    Juan Ignacio se le acercó y depositó un dulce beso sobre su frente.

    Ella le observaba con las pupilas temblorosas y antes de que pudiera decir nada o manifestarse de algún modo, percibió cómo aquella mano, que segundos antes había tenido alojada entre sus nalgas, comenzaba a deslizarse unos centímetros hasta cubrir sus labios haciendo uso de ese mismo dedo.

    No lo tuvo quieto mucho tiempo. Enseguida se empleó a fondo en recorrerlos y acariciarlos como si los estuviese embadurnando de cacao.

    Le hacía cosquillas y él lo sabía. Se le notaba en el rostro lo singulares que tales situaciones le resultaban. Pero no se apreciaba abatida, más bien lo contrario. Parecía que se integraba y que lo hacía con más expectación que rechazo, a pesar de la estrambótica experiencia que estaban compartiendo.

    Tras restregar su huella dactilar sobre toda la superficie de sus labios, y ante la falta de reacciones opuestas por su parte, Juan Ignacio se atrevió a meterle el dedo dentro de la boca.

    Para su sorpresa, la abrió sin demorarse lo más mínimo ni mostrar signo de repugnancia alguna; incluso una vez que lo hubo introducido entero, comenzó a lamerlo por sí misma a la par que lo recorría con su lengua y degustaba paulatinamente.

    Se conectaban a través de la mirada. Cuando él le sonreía, ella reaccionaba de alguna forma y viceversa.

    Mantuvo el dedo en su interior, jugando con su lengua y su paladar durante un periodo indeterminado, que solo se vio interrumpido por la tos de Lara, cuando al ir a tragar saliva una de las veces se atragantó.

    Aprovechando este lapso, Juan Ignacio extrajo el dedo de su boca, y mientras que continuaba con la tos, él se agachó con determinación para enfrentar sus labios con los de su pequeña, culminando el acto en un beso que resultó tan inesperado para ella como sugerente para él.

    Notar esos espasmos en su misma piel le produjo un éxtasis exorbitante. Necesitaba profundizar todo lo que fuera posible tanto en su mente como en su cuerpo, y hacerlo durante el tiempo que sus fuerzas tuvieran a bien concederle. Lara se estaba portando muy bien, por lo que se sentía extraordinariamente ilusionado por poder seguir ahondando en sus estratos y deshojándola como si se tratara de una margarita.

    Dejó de besarla en cuanto notó que su tos había concluido. De inmediato, se puso de pie y apartó el taburete a una esquina del cuarto de baño.

    Al verle reaccionar de ese modo, casi por acto reflejo se dispuso a hacerlo mismo, inclinándose para agarrar su ”culote”, con la voluntad de ponérselo y levantarse posteriormente.

    Pero Juan Ignacio la detuvo en el acto.

    -¡Pequeña! No te lo pongas, déjalo ahí-.

    -¿Qué quieres decir?

    -Pues que lo dejes dónde está. -Aseveró, empleando para ello un tono de voz robusto.

    -… Pero me da como cosa ir sin llevarlo puesto-.

    -No te preocupes, cielo. Si además, con ese vestido que llevas no se te ve nada, te tapa todo.

    Vamos, dame el capricho-. Imperó él. Esta vez modulando un poco el sonido y mostrándose más empático.

    -Bueno… Si insistes. -Respondió Lara.

    En cuanto terminó de soltar esas últimas palabras, se volvió a agachar; pero esta vez no fue para subirlo si no para, ayudándose de sus manos, sortear esos botines con más facilidad y retirarlo del todo. Una vez que se hubo desprendido del ”culote”, hizo ademán de ir a apoyarlo sobre el borde de la bañera que se encontraba al lado.

    Pero presto la detuvo, arrebatándoselo en el acto y dejándolo caer al lado del váter.

    -Déjalo ahí. Que de allí no se lo va a llevar nadie. -Dijo él en un tono atrevido.

    Llegados a este punto, Juan Ignacio tenía claro que ya habían cruzado un umbral difícil de desandar.

    Habían compartido intimidades, se habían besado, ¡Rayos, si hasta le había tocado el ano!. Se habían terminado ya las conversaciones banales, los interludios y todos los preliminares.

    Iba a disfrutar de esa chavalita, que Dios o cualquier otra deidad habían tenido a bien concederle. Suerte, que ya tendría tiempo de agradecerles hasta la descoyuntura si hiciera falta, pero no ahora. Ahora solo importaba una cosa y se acababa de quitar las bragas.

    Se inclinó hacia Lara, que seguía de pie delante del retrete y, tomándola de la cintura, volvió a besarla. Esta vez, una de sus manos fue directa al culo, qué a pesar del vestido, podía notar ahora con mayor transparencia.

    Le encantaba pegarse a ella, sentir cómo su moderada barriga la presionaba cuando se juntaban de esa forma… Podía notar el latir de su corazón, no solo mediante la boca, si no a través del propio pecho de Lara, el mismo que ahora descansaba apoyado contra él.

    De pronto dejó de besarla, la tomó de la mano y le sugirió que se fuesen de vuelta al salón. Lo dijo sin esperar respuesta, obviamente, pues en ningún momento tal proposición estuvo sujeta a debate ni a réplica que sirviese.

    Antes de que ella traspasara la puerta, le recordó una cosa.

    -¿No te olvidas de algo, corazón?

    -¿De qué? -Exclamó algo desconcertada.

    -jejeje. De que tienes que tirar de la cisterna. No vas a dejar eso ahí. -Le espetó Juan Ignacio.

    Ella sonrió, a la vez que apeaba un poco la mirada mientras, al unísono, retrocedía unos pasos hacia atrás y pulsaba el botón que había sobre el váter.

    Cuando llegaron al salón, Lara se dirigió al sofá, a sentarse en el mismo lugar donde antes había estado. Pero Juan Ignacio no hizo lo mismo.

    Tomó un trago de su copa, y mientras apoyaba un segundo la palma de su mano sobre la parte del muslo desprovista del vestido, le indicó que iba a ponerse cómodo. Luego de esas palabras y de dirigirse hacia el pasillo, desapareció al fondo del mismo.

    Durante el tiempo que pasó sola, se resistió con todas sus fuerzas a perder ese estado de exaltación que logró alcanzar en aquel cuarto de baño, y por medio del cual se advertía desinhibida como nunca antes lo había estado con él. Se negaba a sentir desafección por ella misma y a extraviarse por ello en un océano donde podría ahogarse, cuando precisamente se hallaba tan cerca de tomar la orilla.

    Casi sin pensarlo, alargó la mano y le dio un buen trago a la copa de bourbon.

    Nada más llevarlo a término le entró un tremendo escalofrío, y no ayudaba en absoluto que los pocos cubitos de hielo que quedaban lucharan a duras penas por poder sobrevivir.

    Pero al margen del sabor, le sentó bien.

    Todavía se estaba recuperando del sorbo cuando el sonido de una puerta estrellándose contra el marco la sorprendió de repente. Después de unos segundos de total silencio, Juan Ignacio apareció de nuevo en la estancia.

    Venía ataviado con un ligero albornoz, de un color gris claro que le alcanzaría a llegar más o menos por la zona de los gemelos. Además de calzar unas mullidas zapatillas de casa que también le cubrían los dedos de los pies.

    -¡Pues sí que te has puesto cómodo! -Dijo ella sonriéndole, empleando un timbre coloquial para la ocasión.

    -Jejeje. Ya lo ves, princesa. De aquí a desfilar por Cibeles directamente-.

    -¡Si!. Jaja, pero en la fuente. -Rio Lara.

    Jejeje. ¡Ui! ¡Pero qué mala eres!

    -¿Yo? Muchísimo. -Respondió ella.

    -Ummm. ¿Cuánto de mala eres, pequeña?

    -Mucho-. Respondió, esta vez intentando cambiar de tema… o de aires. Lo que antes funcionara.

    Alargó su mano y volvió a coger el vaso, esta vez con Juan Ignacio delante.

    Antes de llevárselo a la boca le preguntó si podía beber un poco, algo a lo que él accedió encantado.

    -¡Espera! Voy a preparar dos nuevos vasos, que este se ha quedado ya aguachirri-.

    Ella asintió, pues por muy malo que supiese ese brebaje, siempre sería mejor eso que correr el riesgo de perder aquella relajación de la que ahora disfrutaba, y que tanto le convenía mantener para no padecer algún ataque de ansiedad.

    Pocos minutos después ya había regresado con los vasos preparados. Antes de efectuar el primer trago, brindaron por algunas tonterías y comenzaron a beber.

    Después de degustar sus copas varias veces, Juan Ignacio le hizo saber que había hecho como ella. Cuando esta reaccionó preguntándole a qué se refería, él le contestó que también se había quitado la ropa interior, llevándose la mano al paquete para terminar de indicarlo.

    Ella forzó una mueca de aprobación, mientras añadía que había hecho muy bien. Que seguro que así se encontraría más a gusto.

    Él reía mientras se levantaba de nuevo para alcanzar su vaso. Tras hacerlo retornó a su sitio, pero esta vez, apegándose mucho más a ella.

    Volvieron a brindar, esa vez por la paz mundial. Un clásico que les hizo gracia y del que quisieron formar parte.

    Poco a poco el alcohol iba ejerciendo su efecto en Lara, debido a las atípicas horas que eran para ingerirlo, pero sobre todo, porque hacía un considerable tiempo que no salía de fiesta.

    Si bien es cierto que acudía a eventos con cierta asiduidad, su voluntad nunca era desmadrarse ni perder el juicio. Formaban parte de su trabajo, por lo que una vez allí procuraba ser sociable y ponerle buena cara a todo el mundo. Si se daba la circunstancia de que hubiera organizada una fiesta privada para otros influencers como ella, decidía no ir, a menos que fuese importante asistir por algún motivo, en cuyo caso lo hacía durante unas pocas horas, eligiendo siempre Red Bull u otras bebidas del estilo, que garantizaran poder mantenerla activa sin correr el riesgo de comprometerla…

    El mundo del ”famoseo” de internet es más retorcido y revanchista de lo que pueda parecer desde el exterior, y no pocas individuas estarían encantadas de hacerle daño a Lara, o a quien fuera, con tal de poder ocupar ellas su lugar.

    Cuando el contenido de su vaso había bajado hasta la mitad, empezaba a ser evidente el efecto que aquel brebaje infundía en ella.

    Su aspecto, que anteriormente solía mostrar ciertos rasgos de suspicacia y recelo, proyectaba ahora una apaciguada semblanza, permitiéndole hacer gala de un talante mucho más risueño.

    Juan Ignacio reparó en ello. De hecho, decidió aguardar hasta que Lara hubiese bebido lo conveniente, como para que su desinhibición y la suya se alinearan en el mismo punto. Esperó paciente a que se diera la ocasión ideal de precipitarse sobre su ”pequeña”, como la llamaba él, y en cuanto percibió la más mínima oportunidad, la aprovechó.

    Valiéndose de la necesidad que tenía ella, debido a su achicada complexión, de incorporarse un poco cada vez que quería tomar el vaso de la mesa, extendió su brazo derecho aprovechando uno de esos momentos en los que volvía a dejarse caer sobre el respaldo. Una vez hubo rodeado su espalda, se apresuró a mirarla y a ofrecerle una sonrisa, interacción a la que ella reaccionó obsequiándole también con otra amable gesticulación.

    Sin perder un segundo, Juan Ignacio se pronunció,

    -¿Sabes de qué me están entrando ganas otra vez?

    -No. ¿De qué cosa? -Dijo Lara manifestando interés.

    -Pues de volver a tocarte la tripita como antes. Me ha encandilado lo hermosa que la tienes, lo lisa que es. Es una preciosidad, cariño-. Le contestó él.

    -Jaja. ¿En serio? ¿Aún te han quedado ganas?

    -¡Muchas! No me cansaría nunca de tocártela. Es como acariciar un almohadón de terciopelo-.

    -¡Pero ahora no llevo bragas!. Si me subes el vestido como antes se me va a ver todo-.

    -Jejeje. Mejor. -Acuñó Juan Ignacio, empleando para ello una actitud guasona.

    Rio algo agitada, luego de lo cual, ambos permanecieron en silencio durante unos instantes. Durante este periodo, se afanó en esquivar aquella penetrante mirada que Juan Ignacio tenía depositada en ella, alternando sutiles sacudidas de cabeza que inconscientemente le delataban.

    En cuanto logró recomponerse un poco, dejó de ponerse excusas. Todo a su alrededor le gritaba que se fuese; que ya había descontrolado lo necesario como para lograr saciar su sed de nuevas experiencias por una buena temporada. Su nivel de tolerancia se encontraba realmente cerca de alcanzar la cúspide, un pico que resultaba tan alto que cualquier observador que otease desde su cima se encontraría con serias dificultades para poder reconocerla.

    Lara interrumpió el silencio, pero no lo hizo contestando de inmediato. Primero, se inclinó de nuevo hacia la mesa y acabó de un largo sorbo con el contenido que aún quedaba en su vaso. Lo apoyó con bravura sobre el cristal, impacto que reverberó con estridencia a lo largo y ancho de toda la estancia.

    Se giró de nuevo hacia Juan Ignacio, a la par que empleaba la muñeca para secarse los labios con discreción, y mientras elevaba lentamente sus ojos buscando conectar con los de él, lo hizo.

    -Vale, si quieres-.

    -Por supuesto que quiero, pequeña. ¡Ven! Siéntate de nuevo aquí. -Dijo Juan Ignacio, mientras se daba dos golpecitos en la pierna, indicando donde se debía instalar.

    Había sido vencida por una mezcla de circunstancias, de las que quizás el alcohol tuvo un papel destacado, pero desde luego, en lo absoluto capital. Aquello que de verdad condicionó su decisión de persistir, enfrentándose a una situación que comprendía de sobras que escalaba, fueron las inabarcables palpitaciones en su coño, que debido a los eventos acaecidos llevaban un tiempo estimulándola.

    Y no tanto en un sentido figurado, pues era el receptor físico de todo aquel torrente de oxitocinas, que una vez recorrido cada rincón de su cuerpo, venían a estallar en él como un volcán escondido bajo el océano.

    Estaba profundamente cachonda, pese a que su desempeño hasta ese lapso hubiese sido algo retraído, viéndose opacado por sus razones. Motivos que, sobre todo, atendían a una intensa timidez que, gracias al bourbon, poco a poco iba desapareciendo.

    Aquel hombre, que a cualquier chica de su edad causaría un total rechazo, a ella le atraía. No tenía muy claro el porqué. Tal vez fuese el carácter, su físico depauperado o el afecto y la fascinación que provocaba en ella un varón provecto.