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  • Mi sobrino y yo

    Mi sobrino y yo

    Hola, me llamo Clara, tengo 54 años, cumplidos hace unos días, estoy casada, tengo tres hijos, dos chicos y una chica y trabajo como limpiadora en un centro público. Físicamente soy rellenita, aunque dicen que tengo unas buenas tetas y un buen culo.

    La historia que quiero contarles comenzó hace un par de meses, cuando aún tenía 53 años jajaja, era comienzos del mes de agosto, y hacia un calor terrible, mis cuñados viven en un chalet con piscina y me habían invitado a pasar la tarde con ellos, después les surgió un imprevisto y debieron irse pero un poco avergonzados por la situación me dijeron que me quedara, que podía usar su casa, y su piscina como si fuera la mía, así que en una de las habitaciones me cambie, me puse un traje de baño normalito y me dispuse a tomar el sol, pero no estaba sola, conmigo se había quedado mi sobrino un joven de 18 años, al que se veía bien potable jajaja, y sentía como me miraba.

    En realidad entre nosotros había un secreto desde hacía un tiempo, no lo recuerdo exactamente, un día habíamos quedado toda la familia en casa de mis suegros para celebrar el cumpleaños de mi suegra con una comida familiar, mi marido y yo llegamos y mientras él se quedó con su familia yo me subí a descansar un poco, estuve un momento viendo cosas en mi móvil y me puse a cambiarme de ropa, en el momento es que estaba completamente desnuda la puerta se abrió y el apareció, yo me tapé rápidamente como puede y el también avergonzado volvió a cerrar la puerta y me dijo que le había enviado su abuela para decirme que la comida ya estaba lista que bajara.

    De momento no le di más importancia, me vestí y bajé, pero al observar la mirada de mi sobrino sentí que me miraba de otra forma, durante la comida a mi sobrino se le cayó un tenedor, no parecía nada raro se agachó a cogerle. Pero cuando se le cayó una segunda vez comencé a pensar que no era normal, y no sé si por morbo, pero el caso es que me abrí bien de piernas por si él podía verme que viera lo máximo posible.

    Fue el principio de un juego entre los dos, cuando coincidíamos en reuniones familiares yo notaba como el me abrazaba de una manera que no me parecía la propia de entre parientes, sino que sentía que era como un hombre y una mujer que se desean.

    Cuando veía que me miraba yo procuraba que el viera el máximo trozo de mis muslos posible y si eran mis bragas mejor, lo mismo hacia con mi escote y el yo sentía que jugaba a verme lo máximo posible, e incluso una vez le puse como si fuera de broma mis manos en su culo y se lo acaricié.

    Recordaba todo ello y me empecé a fijar en su polla que me pareció no debía de tener mal tamaño, me decidí a dar un paso más en nuestro juego, le llamé y le pedí que se me acercara, él lo hizo, le dije que quería darme el protector solar, el aceptó yo se lo eche del bote en su mano y el comenzó a untármelo por mi espalda, luego le pedí que me lo hicieran por delante al lado de mis tetas, un poco ruborizado lo hijo, y después por mis muslos, note como su bulto, debajo de su short de baño, había aumentado de volumen.

    Me tocaba a mi dárselo, primero por la espalda, a él se le notaba que estaba disfrutando, le pedí que se diera la vuelta se lo hice primero por las piernas y luego por el pecho, su polla seguía a tope, en esos momentos yo también me estaba calentando, llevaba un tiempo enfadada con mi marido y mi coño pedía leche, haciéndome la inocente le pregunté si tenía novia, él se ruborizó y me dijo que no yo le dije que era un chico muy guapo, se volvió a ruborizar, entonces me decidí a coger el toro por los cuernos y le pregunté directamente por ese día en que había comenzado todo, el seguía ruborizado me dijo que apenas había visto nada, entonces yo le dije:

    -¿Te hubiera gustado ver más?

    Y me quité el bañador quedándome completamente desnuda, luego le volví a preguntar:

    -¿Te gusta lo que ves?

    Noté como el miraba hipnotizado mis tetas y mi coño, no lo llevo depilado, pero me gusta cuidarlo, después me giré, para que él pudiera ver mi culo y cuando me volví, él tenía sus manos sobre su polla, acariciándosela por encima del bañador, en esos momentos le dije:

    -Sobrino la tía te lo está enseñando todo, ¿Tu no le vas a enseñar nada a ella?

    Él estaba tremendamente excitado, como yo, jajaja, dudó un poco que hacer, pero finalmente se quitó el bañador y dejó su polla al aire, bien dura, y desde luego con un buen tamaño, como yo pensaba que tendría.

    -La tienes muy grande y gorda sobrino, le dije, más grande que la de mi marido, en realidad no creo que haya tanta diferencia, pero si una tiene cierta experiencia con los hombres sabe que les gusta que les digas que la tienen grande.

    MI sobrino vino hacia mí y se puso a tocarme las tetas.

    -¿Te gustan las tetas de tu tía le pregunté?

    La verdad es que sus lengüetazos sobre mis pezones eran una buena respuesta a esta pregunta, después de lamérmelos se introdujo uno de mis pezones en su boca, con verdadera ansia, me recordaba a cuando de bebe mamada de las tetas de la mujer de mi cuñado. Pero ahora eran las mías las que mamaba y el muy cabrón me estaba dando un placer increíble, mi marido hacía mucho tiempo que no me lo hacía así.

    Mi coño se estaba humedeciendo y tenía ganas de hacerle una cosa, así que le dije:

    -Ahora me toca a mi hacerte feliz.

    Me arrodille ante él, le di unos besitos en su polla y después la introduje en mi boca y mi sobrino empezó a lanzar unos gemidos tan intensos que me dio miedo que nos oyeran en los chalet de alrededor, yo hacía tiempo que no se la chupaba a mi marido, más por desidia que por otra cosa y tener a mi disposición ese pedazo de carne grande y fresca me puso a mí, así que me la tragué y empecé a comérmela con verdadera ansia, el seguía gimiendo y no tardó en correrse, se le notaba avergonzado, e dijo:

    -Perdona tía por no haberme aguantado más, es que era la primera vez que una mujer me la comía, y además tú me gustan tanto que no lo he podido resistir.

    Mientras él decía esto, yo continuaba arrodillada, el hecho de que fuera virgen, al menos bucalmente, hizo que tuviera más deseos de tragarme toda esa leche, que estaba deliciosa, para mí era como si catar esa polla me hubiera quitado treinta años de encima.

    -No te preocupes cariño, al final le contesté, chupar tu polla y beberse tu leche ha sido para tu tía una experiencia deliciosa, bueno no ha sido, está siendo, cariño, porque esto no está haciendo más que empezar.

    Levantándome le bese en la boca, juntándola con la mía, que estaba llena de su leche y que de esta manera volvió, parcialmente, a él. El contacto de nuestros cuerpos hizo que su polla se volviera a poner durísima y la notaba contra mi vientre, en esos momentos le pregunté:

    -Dime sobrino ¿Eres virgen?

    El pareció avergonzado, me confesó que, sí que había salido con algunas chicas y que había habido toqueteos con ellas, pero que no había llegado a follar con ninguna, aunque sí que varias le habían hecho pajas, igual que él a ellas.

    -Bueno, le dije, pues la tía tendrá el privilegio de hacerlo, le dije, eso sí, si como hacen los bocazas de tus primos, puedes decir que te ha iniciado una mujer vieja, pero nunca tu tía.

    Yo algunas veces oía como mis hijos conversando con sus amigos hablaban de lo que hacían con las chicas, de una manera que me daban ganas de darles cuatro pescozones, aunque también debo reconocer que pensar que mis hijos resultaban atractivos a las chicas me encantaba.

    Aclarado esto con mi sobrino, le ordené que se tumbara sobre el césped con las piernas juntas, le acaricié un poco su polla que se puso muy dura, y colocándome encima de él me introduje su polla en el interior de mi coño, él comenzó a gemir de una manera muy intensa, me daba miedo de que alguno de los vecinos de los chalés de al lado le oyeran, mientras decía:

    -Tía esto es divino, nunca me hubiera imaginado que mi primera vez fuera tan fantástica ¿Puedo tocarte las tetas?

    -Por supuesto mi amor, son todas tuyas.

    Y llevé con una de mis manos la suya sobre mis tetas el que comenzó a amasarlas, lo hacía con verdaderas ganas, como si yo fuera la única mujer del mundo que tuviera tetas, sus caricias me resultaban muy placenteras, mientras me decía:

    -Tía muchas gracias por el placer que me estas dando,

    -Mi amor tú también me estás haciendo gozar a mí y que me entregues tu virginidad es un gran regalo para mí.

    Mientras conversábamos en este tono yo seguía haciendo que su polla se moviera en el interior de mi coño, mientras el acariciaba mis tetas de una manera deliciosa, para los dos estaba siendo la culminación de un sueño, en esos momentos sentí que él se venía regándome el coño con su leche, por cierto, muy abundante, en esos momentos el me dío de nuevo las gracias.

    -Gracias, tía por haberme desvirgado, ya estaba pensando en hacerlo con alguna profesional, o con alguna de mis compañeras de la uni facilonas, pero es mucho mejor que mi primera vez haya sido contigo.

    -Para mi sobrino, esto también ha sido delicioso, desde hace mucho tiempo solo he follado con tu tío y últimamente se ha vuelto algo monótono, creme lo haces muy bien, vas a gustar mucho a las chicas a las que folles.

    En esos momentos estábamos los dos desnudos y nuestros cuerpos cerca y los dos manchados por el abundante semen que había salido de su polla, afortunadamente teníamos a piscina al lado así que le propuse meternos en ella desnudos, mi sobrino aceptó, los dos nos metimos en el agua y estuvimos nadando un momento, pero de nuevo nos acercamos, mi sobrino me rodeó con sus brazos y me beso de manera apasionada, le devolví el beso y el llevó sus manos a mi culo y comenzó a acariciármelo mientras decía:

    -Tía te adoro.

    -Yo a ti también mi amor, le respondí.

    -¿Alguna vez has follado dentro de la piscina?

    -No mi amor, tuve que confesarle

    -¿Me dejas que te lo haga?, me preguntó.

    Nunca había pensado en hacerlo en la piscina, ciertamente allí ve una a tíos macizos a los que apetece quitarles el bañador, pero follar allí, nunca se me había dado la oportunidad y en esos momentos se me había dado.

    Llevé una de mis manos hacia la polla de mi sobrino, y para mi sorpresa, pese a estar en el agua, estaba durísima, así que la cogí y se la meneé mientras le decía:

    -Lo que me he pedido yo, por no haber sido más espabilada estos años.

    Dado que él es más alto que yo, le mantuve abrazado y llevé mis piernas a rodear su cuerpo, el manteniéndome en brazos me apoyo contra la pared de la piscina y me besó y después movió mi cuerpo hasta colocar su polla a la entrada de mi coño y empujó, sentir su polla dentro del agua era divino, nos dábamos unos morreos impresionantes mientras su polla jugaba con mi coño.

    Parece que mi sobrino había abandonado cualquier trauma relacionado con la primera vez y se movía como un verdadero macho en el interior de mi coño, me provocó varios orgasmos y pese a haberse corrido anteriormente volvió a hacerlo, sentí como su leche inundaba mi coño, afortunadamente estábamos en una piscina, así que bastó que él se saliera para que con un poco de ayuda de nuestra parte nuestros sexos se quedaran limpios.

    Salimos de la piscina, afortunadamente mis cuñados aún tardarían en llegar, así que le sugerí a mi sobrino que tomáramos el sol los dos desnudos.

    Tumbados en la toalla y sexualmente más calmados, o al menos eso pensaba yo, podíamos gozar del sol y conversar, pero aunque comenzamos hablando del instituto, mi sobrino lo acababa de terminar y al mes siguiente iba a ir a la universidad, la situación fue derribando hacia el sexo:

    -¿Tía te gusta que te coman el coño?

    -Claro, le respondí, me encanta.

    -¿Y el tío te lo hace?, me volvió a preguntar.

    La verdad es que no era de las cosas preferidas de mi marido, aunque si me empeñaba al final me lo terminaba haciendo, así se lo expliqué y el me pidió:

    -Tía enséñame a comerlo, así te o puedo comer a ti, y si tú me dejas tener otras chicas a alguna de ellas que me guste mucho.

    La petición de mi sobrino me encantó, por supuesto acepté ser su profesora y me abrí bien de piernas, le pedí que metiera su cabeza entre ellas y sacando su lengua de la boca se pusiera a lamer mi coño. Al principio sus lametones eran torpes, pero no cabe duda de que le ponía ganas, le fui asesorando sobre cómo hacerlo y poco a poco fue mejorando y me estaba haciendo gozar hasta que terminé por correrme, creí necesario dejar clara la naturaleza de nuestra relación:

    -Cariño tú y yo haremos cositas, de vez en cuando, si a los dos nos apetece, pero yo quiero a tu tío y seguiré con él y respecto a ti, tienes que follar con amigas, compañeras de universidad, seguro que encontraras a más de una facilona e incluso alguna profe si se te pone a tiro.

    Mi sobrino volvió a acariciarme las tetas y de repente me dijo:

    -¿Tía le haces alguna vez una cubanita al tío? ¿Sabes lo que es?

    -Claro que lo se cariño, a tu tío de joven le encantaba meter su polla entre mis tetas y mover su polla entre ellas, mientras yo me las apretaba, como si fuera un coño, la verdad es que se ponía muy caliente y más de una vez se corría de esta manera y me dejaba mis tetas llenas de su semen.

    -¿A mí también me lo harías, tía?, me preguntó.

    -Por supuesto cariño, le contesté, ven aquí y métemela entre ellas.

    Y mi sobrino como un rayo se colocó encima de mis tetas y puso su polla entre ellas, yo me las apreté y el comenzó a mover su pene como si estuviera dentro de mi coño, mientras decía:

    -Tía esto es delicioso, me encanta, gracias por haberme dejado hacerlo.

    Mientras yo seguía con mis tetas apretadas tener una polla joven y vigorosa entre ellas me pareció algo increíble. Sus gemidos de placer me hacían ver que él estaba gozando mucho y me hacían sentir que estaba rejuveneciendo, mientras recordaba mis aventuras cuando tenía la edad de mi sobrino, primero con diferentes enamorados y luego con su tío, mientras el seguía follando mis tetas y furto de sus movimientos se corrió entre ellas, pese a que llevaba ya varias corridas esa tarde su polla desparramo sobre mis tetas una abundante cantidad de leche, que llenó mis tetas, parecía que había estado dando de mamar en vez de recibir leche, jajaja.

    Me hubiera encantado seguir haciendo cosas con mi sobrino esa tarde en la piscina, pero ya llevábamos un tiempo y existía el peligro de que sus padres regresaran y nos pillaran con las manos en la masa, así que debíamos, por precaución poner fin a nuestro encuentro, le convencía de que era el momento de lavarnos, nos fuimos los dos a la ducha que había en la piscina, él se puso debajo del agua, ver como le caía el agua sobre su cuerpo me calentó, así que me ofrecí voluntaria para limpiarle la polla, esta al sentir mi mano de puso dura otra vez, así que la ofrecí una sesión con mi mano, se notaba que él estaba caliente y otra vez se corrió, le limpie la leche.

    Luego fui yo la que se duchó, debía de limpiarme de la cantidad de leche que mi cuerpo había recibido esa tarde, él me miraba mientras lo hacía, me da que esa noche se masturbó pensando en mí, yo no pude evitar hacerlo mientras me duchaba, después nos pusimos los bañadores.

    Poco después llegaron mis cuñados, los dos estábamos tranquilos como si no hubiera pasado nada, pero si había pasado, de hecho, era el principio de algo.

  • Con la novia de mi enemigo

    Con la novia de mi enemigo

    Normalmente no soy de tener conflictos, trato de llevarme bien con todo el mundo. Pero conocí a Pedro, en la universidad. Pedro estudiaba conmigo, casi todas nuestras clases las llevábamos juntos. Siempre traté de llevarnos bien, pero con Pedro no se podía. Pedro era el típico engreído con dinero. Su familia tenía mucho dinero y Pedro era hijo único. Sus padres lo consentían en todo lo que quería. Cada vez que Pedro llegaba a la universidad, en su auto deportivo obviamente, trataba de hacer sentir menos a los demás. Se jactaba de tener más dinero que nosotros y se sentía superior.

    A mí, ese tipo de actitudes nunca me han gustado. Además, que un día tuvimos un problema jugando futbol que terminó de hacer que lo odie.

    Estuvimos estudiando bastante tiempo juntos, yo tenía un grupo de amigos que casi siempre estábamos juntos en los break. Pedro, al ser tan creído, no pertenecía a ningún grupo, pero siempre quería acoplarse a alguno. Un día, en la universidad, vimos como Pedro iba de grupo en grupo, entregando unas hojas. Cuando llego a nuestro grupo, nos entregó unas hojas con unos dibujos y unas letras raras.

    -Estoy haciendo una fiesta en mi casa de playa –nos dijo, mientras entregaba las hojas– están invitados todos, porque mi casa es grandota. Además, yo pondré todo, así que no se preocupen en llevar nada –dijo y, sin dejar que respondamos, se fue a otro grupo.

    Al ver el papel que nos había entregado, se veía un dibujo de gente bailando, bebidas, piscina, entre otras cosas. “Gran Fiesta en la Playa” “Trae tu Ropa de Baño para la Piscina”. Además, se veía la fecha, hora y lugar de la fiesta. La fiesta era en una de las playas más bonitas y exclusivas de la ciudad. Entre mis amigos y yo conversamos para ver si iríamos, nos caía muy mal Pedro, pero la fiesta parecía que sería muy buena. Decidimos ir en grupo. Nosotros éramos 5, Carlos, Guillermo, Sandra, Lorena y yo. Fuimos en el carro de Lorena, que no tomaba, así que podría manejar de regreso.

    El día de la fiesta, llegamos, dimos nuestros nombres al encargado de la puerta de ingreso a la playa, nos indicó como llegar a la casa de Pedro y nos fuimos. Al llegar, nos dimos cuenta que Pedro tenía razón, realmente su casa era muy grande. Era de 3 pisos, con una fachada muy amplia. Al entrar, nos encontramos con una sala muy grande, al costado de esta, un comedor con una gran mesa ovalada. La cocina se separaba por una barra del comedor y era muy amplia. Tenía unas mamparas de vidrio que llevaban a una gran terraza, luego bajabas unos escalones y llegabas al jardín con una gran piscina, iluminada con unas luces azules. Realmente era una casa impresionante.

    Saludamos a Pedro, pero rápidamente nos fuimos a servir tragos. Yo no quería tomar mucho, ya que estaba un poco enfermo, así que me decidí a tomar cerveza. Mis amigos se servían tragos rápidamente y Lorena bebía agua. Estuvimos ahí, conversando, tomando, bailando en grupo un buen rato, nos metimos a la piscina, nadamos un rato, jugamos en el agua. La estábamos pasando bien.

    En un momento salí de la piscina para ir al baño. Cuando estaba saliendo del baño, pude ver bajando del segundo piso a una chica hermosísima. Tenía el cabello castaño, le llegaba a la mitad de la espalda, unos ojos marrones claros, muy bonitos. Llevaba un vestido corto, muy pegado al cuerpo, color rojo. Su cuerpo era espectacular, unas tetas que se veían muy bien al estar apretadas por el vestido y un culo redondo, de buen tamaño.

    La vi bajar de lejos, se paseó por la sala, yo la seguía con la mirada, pensando en que hacer para acercarme. Hasta que llego donde Pedro y le dio un beso en la boca. Me dio rabia que tremendo imbécil pueda estar con una chica así. Pero quería conocerla, así que me acerqué.

    -Pedro, que buena fiesta amigo –dije, tratando de sonar sincero– y tu casa es espectacular.

    -Lo sé –respondió el, en tono pedante– pero creo que vamos a venderla y comprar una mejor. Por eso hice la fiesta, para despedir la casa –cada palabra que decía me molestaba, pero no importaba, quería conocer a su novia.

    -¡Que chévere! –solo atine a decir.

    Pedro seguía hablando, mostrándome y explicándome todas las partes de su casa, yo solo podía mirar a su novia. Ella miraba como Pedro hablaba de su casa. De repente volteó a mirarme, le sonreí, me sonrió de vuelta y nos quedamos mirando unos segundos, sin decir nada. Pedro seguía en lo suyo, me explicaba de lo que había en el segundo y en el tercer piso.

    -Amor ¿no me vas a presentar? –dijo ella– hablas de tu casa, pero no de lo mejor que tienes –dijo, poniendo pose de modelo.

    -Jajaja, perdón amor –dijo Pedro– él es Gonzalo, de la universidad. Gonzalo, ella es Mariela, mi novia.

    -Hola ¿Qué tal? –dije mientras le daba un beso en la mejilla– y, tiene razón Pedro, tu casa es muy bonita, pero tu novia es lo mejor que tienes –dije sonriendo.

    -Gracias –dijo Mariela.

    Seguimos conversando un rato y me fui con mis amigos. Pero realmente el que se fue, fue mi cuerpo, mi mente seguía con Mariela, y mis ojos también. La miraba de rato en rato, me quedaba mirando unos segundos. Varias veces ella volteó a verme, pero no hacía nada, me miraba unos segundos y seguía a lo suyo.

    -¿Qué haces? –me preguntó Carlos

    -¿Has visto a la novia de Pedro? –respondí– esta buenísima.

    -Pero deja de estar mirando –dijo.

    -No me importa, me cae tan mal ese imbécil, que me cogeré a su novia –dije sonriendo.

    -Jajaja –rio Carlos.

    Estuve en ese plan alrededor de una hora, mis amigos me molestaban, pero no me importaba. De repente, mientras la miraba fijamente, Mariela volteó, me miró fijamente también y me sonrió. Ahí vi la señal de que podría pasar algo. Luego, me salí de la piscina y, desde la puerta de la casa, la miré, cuando me vio, le hice una seña para que me siga. Apenas la vi, fui caminando lentamente hasta el baño. El cuál era el único ambiente que podía pasar desapercibido. Entre al baño, mirando a Mariela y cerré la puerta. Unos segundos después, entró Mariela.

    -Mira –dijo rápidamente– me he dado cuenta que me miras mucho, yo estoy con Pedro y no puedo hacer nada ¿ok?

    -Está bien –respondí– lo que pasa es que me pareces hermosa y no entiendo cómo puedes estar con un tipo como Pedro.

    -Y a ti que te importa –respondió un poco molesta.

    -Perdón –me disculpé– pero no puedo evitar mirarte. Me encantas –dije, noté un poco de duda en ella, me acerqué y por un momento pensé que me dejaría besarla, pero reaccionó, se dio vuelta y se fue.

    Salí del baño, fui otra vez con mis amigos y seguí en la fiesta. Un rato después pude ver como Pedro, notablemente borracho, discutía con Mariela. Se alejó de él y se fue a la casa. Un rato después, volvió a salir, yo estaba sentado en el jardín, conversando con mis amigos, cuando la vi salir. Miraba por todos lados, como buscando a alguien. Cuando se quedó mirando a un lado fijamente, seguí su mirada y pude ver a Pedro, completamente dormido en una tumbona. Volví a ver a Mariela y la vi, mirándome, se dio media vuelta y se fue. Me levanté rápidamente y la seguí.

    Cuando entré a la casa, Mariela estaba subiendo las escaleras. Cuando llegó al último escalón, volteó, me miró y me hizo una seña para que suba. Esperé un minuto, miré que nadie me vea y subí. Al llegar al segundo piso, vi dos pasadizos, con puertas a los lados de cada uno. No sabía cuál era, abrí lentamente el primero, era un baño. Abrí la siguiente puerta, era un cuarto, y vi a una chica, con unas tetas gigantes, que cabalgaba a un chico tumbado en la cama. Cerré suavemente sin que se den cuenta. Luego seguí a la siguiente puerta y estaba con seguro. Pasé al otro pasadizo. De igual manera, abrí las puertas hasta que encontré la indicada.

    Abrí suavemente la puerta y ahí, mirando por la gran ventana, estaba Mariela, parada mirando hacia el jardín. Cerré la puerta con seguro y ella se dio la vuelta. Se veía preciosa. Me sonrió y me acerqué.

    -Tenías razón –dijo, mientras me acercaba– no sé qué hago con él. Para colmo, se queda dormido, después de haberme prometido que cogeríamos toda la noche.

    -Realmente hay que ser imbécil para no querer estar todo el tiempo cogiendo contigo –dije, cada vez más cerca de ella– pero no te preocupes, que hoy te vas bien cogida.

    Llegué donde estaba ella, me acerqué y la besé fuertemente. Abrimos nuestras bocas como si nos quisiéramos comer el uno al otro. Comencé a manosearla por todo el cuerpo, ella se dejaba tocar. Luego se separó de mí, se acercó a la ventana, vi como miraba hacia Pedro, que seguía dormido en la tumbona y cerró la cortina. Se levantó el vestido, hasta pasarlo por encima de su cabeza y lanzarlo al suelo. No llevaba ropa interior, así que pude ver unas tetas hermosas, grandes, con unos pezones también grandes y oscuritos. Tenía la vagina sin depilar, pero sin mucho vello púbico.

    Cuando se dio la vuelta, pude ver su culo, era de tamaño mediano, pero redondo y bien parado. Se sentó en un sillón, levanto una pierna, poniéndola en el apoyabrazos y comenzó a masturbarse. Me desvestí rápidamente y fui hacia ella.

    -Chúpame la concha –ordenó.

    -Claro que si –respondí– tengo unas ganas de saborearte.

    Me acerqué a su vagina, tenía un olor muy agradable. Pasé mi lengua por toda su vagina, luego la comencé a chupar, succionando su clítoris. Mariela gemía suavemente, mientras agarraba mi cabeza, jalándome suavemente el cabello. El sabor de la vagina de Mariela era delicioso. Su vagina estaba caliente y muy mojada. Mariela me apretaba fuertemente contra su vagina, se movía, restregándose contra mi cara. Sentí como se corrió, mientras la besaba.

    Se levantó del sillón, me empujó a la cama, se arrodillo y se metió mi pene en la boca. La verdad que no lo chupaba tan bien, fue su único puto bajo. Pero igual yo estaba muy excitado. Dejé que me lo chupe un par de minutos y la levanté. La tiré en la cama, cayó boca abajo y, sin dejar que se dé vuelta, me subí encima y la penetré suavemente. Su vagina se sentía deliciosa, apretaba muy rico mi pene. Fui acelerando mis movimientos, cada vez más rápido. Sentía como sus nalgas chocaban contra, mientras mi pene entraba hasta lo más profundo de su vagina.

    -¡así! ¡cógeme duro! –dijo gimiendo.

    -¿te gusta duro? –pregunté

    -¡si! Dame duro por favor –dijo mientras la embestía fuertemente.

    -Seguro el imbécil ese no sabe ni cogerte –dije.

    -No es tan malo, pero me gustaría que me coja más duro –dijo– ¡ahhh! Sigue por favor, dame duro, como a una perra.

    Le seguí dando un buen rato en esa pose. La levanté y la llevé a la ventana. La apoyé en la ventana, aun cubiertos por la cortina, y la penetré desde atrás. Se la metía con fuerza, lo que hacía que la cortina se mueva. Por ratos podía ver el jardín y vi a Pedro aun dormido en la tumbona. Mariela estaba con la cara pegada a la ventana. Nadie nos veía desde afuera, pero el morbo de que estábamos muy cerca de ser descubiertos, me excitaba. Le daba nalgadas, Mariela comenzó a gemir cada vez más fuerte. La llevé al sillón, me senté y se sentó en mi pene, dándome la espalda. Comenzó a moverse en círculos, luego saltaba encima de mi pene. se movía muy bien.

    -Que rico te mueves, putita –dije, mientras le agarraba las tetas.

    -Me encanta tu pinga, se siente grande –dijo.

    -Sigue moviéndote, no pares –le dije.

    -¡ahhh! ¡si! ¡Me encanta! –dijo casi gritando.

    Me volví a levantar y la llevé a la cama. La recosté boca arriba. Me subí encima de ella y la penetré fuertemente, la besaba, luego me pasaba a sus tetas. La penetraba fuertemente, mientras ella gemía y gritaba suavemente. Los besos en la boca eran muy apasionados, nuestras lenguas jugaban entre sí. Sentí que Mariela se iba a correr de nuevo y yo ya no iba a poder aguantar mucho más. Aceleré mis movimientos, la penetraba muy fuerte y rápido. Comenzó a temblar y a respirar muy agitadamente.

    -¡ahhh! Me vas a hacer correr de nuevo ¡sigue! ¡no pares! –gemía fuertemente.

    -Yo también me quiero correr –dije mientras me movía muy rápidamente.

    -¡sigue! ¡no la saques! Vente dentro –dijo para mi sorpresa.

    -Ahí viene. ¿quieres que te llene de leche, perra? –dije.

    -¡si! ¡ahhh! Lléname de leche, por favor –gritó mientras se corría.

    -¡ahhh! Toma tu leche, zorra –dije, botando un gran chorro dentro de su vagina.

    -¡Que rico! Se siente calientita –dijo– me encanta.

    Me recosté a su lado, metí un par de dedos en su vagina y recuperé un poco de nuestras corridas, le puse los dedos en la boca, y la muy zorra los chupó. Nos quedamos un rato recostados, conversando un poco. Aun desnudos, mientras le sobaba las tetas.

    -Me encantó preciosa –dije– seguro que Pedro no te coge así.

    -No, nunca –dijo, molesta– ese puto me coge suavecito y en dos minutos ya se vino.

    -Y, ¿Qué haces con él? –pregunté.

    -La verdad, es por su plata, me lleva siempre a restaurantes ricos, me trae a la playa, me da regalos caros –dijo– pero cada vez lo aguanto menos.

    -Bueno, yo no te podré dar regalos caros, pero si quieres, te puedo coger duro como te gusta –dije, mientras le apretaba fuerte una teta.

    -Me encantaría, pero tiene que ser a escondidas –dijo con una cara de zorra increíble.

    -Si quieres, te doy mi número y cuando ese imbécil te deje insatisfecha, me avisas y te cojo como te mereces –dije, dándole un beso en la boca.

    Nos levantamos, nos cambiamos, intercambiamos números, nos dimos un beso muy caliente y salí de la habitación. Bajé como si nada y fui donde mis amigos. Al rato la vi salir a Mariela. me miró a lo lejos y se fue donde estaba Pedro. Intentó cargarlo, pero no pudo, nadie se ofrecía a ayudarla, así que fui yo. Se sorprendió al verme, pero trató de disimularlo. Levanté a Pedro, lo ayudé a caminar y lo llevé a su cuarto, junto con Mariela. entramos al cuarto donde unos minutos antes me había cogido a su novia. Lo echamos en la cama y siguió roncando.

    Iba a salir del cuarto, pero no me pude aguantar, me acerqué a Mariela y le di un beso muy ardiente. Ella trató de evitarlo al comienzo, pero luego se dejó llevar. Nos besamos unos minutos ahí, frente a Pedro que dormía profundamente. La manoseé un poco, ella agarró mi pene por encima del pantalón. Mi pene estaba muy duro, levanté su falda para tocarle las nalgas, metí una mano y comencé a sobar su vagina, la cual estaba muy húmeda.

    -Te quiero coger otra vez –le dije– este imbécil no se va a despertar.

    -No, estás loco –dijo sin parar de besarme y frotarse contra mí– si se despierta me muero.

    -Por cómo te frotas, creo que lo quieres tanto como yo –dije, pegándola a mí– un rapidito no más.

    -Ok, pero en serio hazlo rápido –dijo, levantando su vestido.

    Me bajé el pantalón y se la metí de un solo empujón. Comenzó a gemir suavemente, le daba cada vez más rápido. Hasta que comencé a darle muy rápido, su vagina estaba muy mojada. Mi pene entraba muy fácilmente. Lo estaba haciendo a gran velocidad, para poder venirme rápido. Ella trataba de ocultar sus gemidos, mordiendo una almohada que cogió de la cama. Seguí cada vez más rápido, hasta que comencé a sentir que me iba a correr.

    -Me voy a correr –dije, mientras se la sacaba de la vagina, y le pedía se arrodille frente a mí– quiero que te la tragues toda.

    Se la metió en la boca y rápidamente salió un gran chorro de semen directo a su garganta. Cuando terminé de botar todo, saqué mi pene y vi como Mariela botaba un poco de mi corrida en su mano, para luego tragarse lo que quedaba en su boca. Luego se acercó a la cabeza de Pedro y pasó su mano por su cabello, poniéndole mi semen como si fuera shampoo. Me subí el pantalón, le di un beso en la boca, mientras le pasaba la mano por la vagina, recogiendo sus fluidos. Rápidamente los olí y me los metí a la boca.

    -Que rico sabes –dije– me encanta el sabor de tu concha.

    -Tu leche también sabe muy bien –respondió ella, dándome un beso en la boca– no puedo esperar a que me cojas otra vez. La próxima nos vamos a un hotel para coger toda la noche.

    -Me encantaría –dije –pero quiero que lo pague este imbécil.

    -Jajaja –rio –ok, le pediré plata para cualquier cosa y con eso pagamos el hotel. Jajaja.

    Nos despedimos con un beso y me fui a seguir con mis amigos. Cuando llegué, le conté a Carlos que me había cogido a Mariela dos veces y que habíamos quedado en coger otro día. Carlos se rio y seguimos un rato más, hasta que Lorena nos dijo que ya se quería ir. Nos subimos al carro de Lorena y regresamos, Lorena nos dejó en su casa y de ahí, cada uno se fue en taxi a su casa.

    Unos días después, me llamo Mariela, para ir a un hotel, que le había sacado 400 soles a Pedro para comprarse unas cosas, que costaban solo 200, así que con los otros 200 nos fuimos a un hotel con jacuzzi y cogimos toda la noche. Ya les contaré otro día esa historia.

    Fin

  • Un día para nosotros, no desaprovecharemos la ocasión

    Un día para nosotros, no desaprovecharemos la ocasión

    El destino es caprichoso y hay veces que juega en nuestra contra, pero otras, juega a nuestro favor, nos dejó darle esquinzo a nuestras familias para poder pasar un día de lujuria solo para nosotros.

    Laura tenía un viaje planificado en el que iban a ir a visitar Francia en grupo familiar, sus padres y hermanos con sus respectivas familias cada uno. Todo estaba preparado tanto reservas como los alojamientos, trabajos, todo organizado hasta aquella llamada telefónica, una prueba que tenía pendiente desde hacía más de dos años, se la habían puesto justo en medio de los días en los que iban de viaje. Tras mucho hablarlo entre ellos, dado que cambiar la fecha era una locura y anularlo una pena por todos los demás, Laura se quedaría en casa y todos los demás se irían.

    Por mi parte, me coincidía con un viaje de trabajo en el que estaría inmerso en un congreso con actividades y cursos.

    -Que putada… ojalá hubieras estado aquí esos días… -Dijo Laura.

    -De verdad… y encima estas cosas son a saco, todo al milímetro… -contesté yo, pero no podía escaquearme, estas cosas son así.

    Pasaron los días y se aproximaba el fin de semana, pasó lo impensable.

    -Laura… acaban de cancelar la actividad del martes… -mi congreso iba de lunes a jueves y su cita médica era el lunes por la mañana…

    -Entonces… ¿me invitas a cenar el lunes si voy a verte? -Estaba dispuesta a recorrer 300 kilómetros por estar conmigo, yo lo hubiera hecho también.

    -Cuenta con ello –seguimos hablando un poco y colgué el teléfono.

    Mi coartada era fácil, los asistentes al congreso iban a preparar actividades adicionales de presentación de productos improvisados totalmente prescindibles, pero ideal para poder pasar todo el día sin tener que hacer acto de presencia.

    Fueron pasando los días y llegó el congreso, estaba tranquilo, pero a la vez ansioso, nervioso, quería que llegara el final de la conferencia del lunes que por fin llegó. Quedamos en encontrarnos en las afueras, y ahí estaba ella, esperándome al lado de su coche, con un precioso vestido rojo ni muy corto ni muy largo y con una maravillosa sonrisa, mezcla de ángel y demonio, como solo ella sabía poner. Me acerque a darle dos besos como de costumbre, y en lugar de eso, metió su lengua dentro de mi boca y al salir pinzó levemente mi labio inferior con sus dientes.

    -Aquí no nos conoce nadie… -y volvió a besarme a la vez que yo la agarré del culo-ahora sí, ahora si me doy por saludada.

    -Pues que empiece la noche… -dije cogiéndola de la mano y llevándola a la puerta del coche y abriéndole la puerta-suba usted, señorita.

    -Vaya, parece que hoy me vas a tratar como a una princesa –dijo sonriendo

    Me acerque lentamente a su boca, le di un beso, y fui a su oreja, le mordí el lóbulo y le susurre:

    -Como una princesa y como una puta…

    Eso la hizo estremecerse y morderse el labio. Cerré la puerta dirigiéndome a la mía para empezar a conducir. Todo lo tenía más que planeado, la primera parada era en un restaurante especializado en comida Poke.

    -¿Me vas a dar pescado crudo? -dijo un poco asustada

    -No mujer, elige la combinación que más te llame la atención -le contesté entre risas, pedimos y puso su mano sobre la mía dejándome un pequeño mandito azul.

    -¿Qué es esto? –pregunté

    -Eso es el control de un pequeño vibrador que llevo dentro… -dirigió su mirada a su entrepierna–y confío que le darás buen uso… amo

    -Quieres decir que si le doy aquí –dije sonriendo malévolamente a la vez que de daba al botón con el símbolo de encender y sus ojos casi se pusieron en blanco por un instante– eso empieza a vibrar dentro de ti…

    -Si –dijo como acomodándose a la silla

    -Y supongo que si le doy al más así –le di varias veces seguidas al botón “+” lo que hizo que Laura se apoyara contra el respaldo de su silla a la vez que ponía los brazos sobra la mesa– Es bueno saberlo –y le di al símbolo “-“ para bajarlo al máximo hasta llegar a apagarlo.

    -Si, veo que has aprendido como funciona, pensaba que era menos potente al ser tan pequeño, no había querido probarlo, lo compré pensando en ti…

    -Perfecto, le daré buen uso, estate tranquila –y justo en ese momento se acercaba el camarero con nuestra comida, mi boca dibujo una sonrisa un tanto pícara y Laura entendió lo que se le venía encima, pulse el botón de encendido y varias veces el símbolo “+”.

    -Aquí tienen la comida –dijo inocentemente el camarero– ¿necesitan algo más?

    -Si, por favor, una botella de vino –le dije al camarero para entretenerlo un poco mientras Laura intentaba contenerse- ¿Cariño, como es el vino ese que te gusta tomar?

    El camarero dirigió su mirada a Laura, que abrió mucho los ojos mirándome, estaba concentrándose en no gritar ni gemir y yo la hacía pensar en vino, no sabía ni que contestar, pensé en ayudarla un poco así que volví a darle al botón “+”.

    -¡Frizzante! –Grito Laura para salir del paso– Frizzante, tráiganos Frizzante…

    El camarero se retiró a por la botella sin entender muy bien porque le habían gritado, y yo apague el vibrador sonriendo.

    -Me lo vas a poner difícil –dijo llevando su pie a mi entrepierna y acariciando mi miembro que ya estaba guerrero…

    -No, ciertamente no, cena, tengo ganas de llevarte al hotel –dije cogiendo los cubiertos y empezando a comer, sus ojos se iluminaron, quería jugar, pero queríamos tenernos.

    Acabamos de cenar, nos montamos en el coche y nos dirigimos al hotel. Por el camino de vez en cuando pulsaba el botón para recordarle quien tenía el control de su entrepierna.

    -Me encanta este juguetito y que seas tú quien lo controla -dijo recomponiéndose en el asiento con la voz entrecortada.

    Llegamos al hotel, era uno de esos que no tienes que pasar por recepción, directamente con el coche entramos en un parking privado que daba a la habitación, una habitación pensada para disfrutar, cama gigante, jacuzzi. Abrí el maletero y saqué una bolsa de viaje que había preparado para la ocasión.

    -¡Qué bonito es esto! -Fue directa a al jacuzzi y empezó a llenarlo.

    -Sabía que te gustaría –y la abracé por la espalda a la vez que la besaba en el cuello y mis manos agarraban fuerte sus pechos…

    Empezó a rotar su cuerpo para ponerse frente a mí y besarnos apasionadamente.

    Mi mano jugaba con su culo, levanté su vestido y jugué con sus cachetes, sus manos se enredaban con mi pelo, subí mis manos por su espalda hasta encontrar el cierre del vestido, que poco a poco fui abriendo la cremallera, hasta dejarlo caer en el suelo y dejándola con una preciosa lencería roja, a la vez que Laura por su parte había desabrochado mi camisa, sin dejar de mirarme con su mirada pícara fue desabrochando mi cinturón y el botón del pantalón, a la vez que empezó a descender colocándose de rodillas, me bajo el pantalón dejando mi polla a la altura de su cara, colocó las manos en su espalda, sonrió pícaramente y dijo:

    -Amo, ¿puedo chuparte la polla? –me dijo sin retirar sus ojos de los míos, asentí con la cabeza a la vez que active el vibrador, casi la hizo desaparecer dentro de su boca, empezó a hacerme una mamada lenta, jugando con su lengua por debajo de mi polla, haciendo presión, ensalivando mucho, tuve que agarrarme a la cómoda que tenía al lado para no caerme, se la saco de la boca– Creo que lo estoy haciendo bien… espero que seas capaz de darme el postre…

    Y volvió con la mamada, cada vez más intensa, su boca me mata, tenerla de rodillas, con las manos a la espalda, comiéndome la polla con tanta maestría no me iba a dar mucha tregua, aquello era excitante por donde lo miraras, me abandoné al placer de sus labios, de su lengua, me dejé llevar por el placer que recorría cada milímetro de mi polla y no pude parar lo inevitable…

    -Me voy a correr… -dije por instinto, cosa que aprovecho Laura para parar el movimiento y aumentar la presión, aumentar la fuerza de succión, me estaba corriendo, le estaba dando su tan ansiado postre… así estuvo unos segundos hasta que ya no quedaba ni una gota que salir, comenzó a retroceder lamiendo, como si quisiera dejar mi polla totalmente limpia para el siguiente round. Como pude dije -Madre mía… si tenías hambre…

    -No podía desperdiciar esta ocasión para disfrutar de tu polla… me traes muy caliente con el juguetito…

    La ayude a levantarse y la llevé a la cama, aquella lencería merecía jugar, saque de la bolsa mi cámara pequeña y empezó a posar para mí, unas bonitas fotos en lencería y semidesnudo guardo de aquel día. Poco a poco sus poses eran más sugerentes y mis planos más cercanos.

    -Quítate el tanga, y el vibrador, que no salga la cuerda en las fotos -estaba tan cachonda que no me hubiera dicho que no a nada– Siéntate en la cama, a ver, así cógete los pechos, pon la cabeza en la almohada separa las piernas –Le hice una foto de primer plano enfocando a su clítoris, que sus piernas hicieran de marco y ella se viese desenfocada agarrándose los pechos, a día de hoy os confieso que me sigo haciendo alguna paja viendo esa foto- mira ahora al techo, no te muevas, un momento- y justo en ese momento que ella no me estaba mirando mi dejé la cámara a un lado para recorrer con mi lengua sus labios se le escapó un gemido y empezó a retorcerse suavemente…

    -Ahora buscas tu postre… -dijo con la respiración entre cortada.

    Separé mi boca de su cuerpo para que pudiera ver mi sonrisa pícara y continué con mi lengua, esta vez la metí dentro de ella, me encanta sacar sus fluidos y mezclarlos con mi saliva para repartirlos por sus labios y clítoris, mi lengua iba saltando de uno a otro labio, bajando otra vez por el centro lamiendo su vulva, atrancándose en la entrada de su sexo y bajando hasta su ano, no podía olvidarme de él, volvía a subir para pararme en su clítoris, dándole vueltas con la punta de lengua y empujándole para arriba y para abajo, para un lado y para otro, me lo metía entre los labios y succionaba.

    Laura lanzaba pequeños gemidos, su respiración cada vez era más rápida, sus movimientos erráticos, aquello indicaba que estaba haciendo bien mi trabajo y que el fin estaba próximo, ver aquel espectáculo me había hecho recuperarme para otro asalto así que decidí atacar más fuerte, metí mi lengua dentro de su sexo y empecé a follarla literalmente con ella, la saque y fui directo al clítoris, succionando incluso mordiendo un poquito, no pudo aguantar más, sus piernas empezaron a temblar, sus gemidos se convirtieron en pequeños gritos, se estaba corriendo me aferre fuerte y continué pero bajando un poco la intensidad para que disfrutara de su orgasmo.

    Fui ascendiendo por su cuerpo dando pequeños besitos por su ingle, ombligo, vientre, pechos, cuello, lóbulo, mejilla y me perdí en sus labios jugando con su lengua, la miré, estaba preciosa, aún con aquella bonita lencería roja puesta, con sus medias y su liguero, pero sin el tanga así que la puse a cuatro en el filo de la cama.

    -Eres un espectáculo –no pude evitar decirle al ver aquel culo, al ver aquella mujer

    -Pues fóllame ya –replicó

    Como os podéis imaginar, después de los preliminares, mi polla entro sola dentro de su sexo, tan lubricado tan acogedor y empecé con el vaivén dentro de ella, primero un poco despacio, pero no podía parar mi instinto animal, estábamos a cientos de kilómetros de casa, donde nadie nos conocía, así que empecé a follarla más fuerte, sus gemidos eran gritos, mi dedo gordo se metió dentro de su culo como si quisiera controlar así sus movimientos…

    -Me encanta -decía entre gemidos, cosa que me animaba a seguir dándole más fuerte.

    Aguante un poco en esa postura pero sabía que así, aun siendo el segundo asalto y aguantando más, me iba a correr antes de tiempo, así que decidí cambiar la postura para buscar algo que retardara el orgasmo, así que salí de dentro de Laura y la tumbé boca arriba, el misionero es muy satisfactorio pero retarda el orgasmo, además, conocía bien a Laura, aproveche para cogerla con una mano fuerte del cuello mientras con la otra liberaba sus pechos del sujetador jugando con ellos y aproveche para ir con mi boca de sus pechos a su boca a la vez que la follaba.

    Ella no pudo resistir tanta excitación y la noté como se corría una segunda vez, justo en ese momento empecé a morder sus pezones, a follarla más fuerte, gritaba de placer, esa postura había dado el fruto que esperaba, el orgasmo había sido bastante brutal, me tumbé boca arriba y Laura entendió lo que quería, así que rápidamente se recuperó y se subió cogiendo con su mano mi polla y metiéndosela ella sola para empezar a follarme de frente a mí.

    Mis manos jugaban con sus tetas, me encanta jugar con ellas, arqueaba su cuerpo hacía delante y yo aprovechaba para llevar mi boca a sus pezones, mientras me cabalgaba, mientras mi polla entraba y salía de ella, empezó a subir el ritmo, cada vez más, me estaba follando ahora ella a mi salvajemente, aquello me volvió loco, aquello me hizo explotar dentro de ella gimiendo de placer, se quedó inmóvil, sobre mi pecho, besándonos, ensartada, notando como poco a poco iba perdiendo fuerza mi polla, hasta que ella sola se salió.

    -Madre mía -dije besándola- que bien me follas

    -Ídem -contestó ella sonriendo

    Nos quedamos un poco tendidos en la cama, pero eran tantas las ganas que nos teníamos que no nos íbamos a conformar con tan poco, Laura miró al jacuzzi, me sonrió, se incorporó y se fue al lado, empezó a quitarse toda la ropa sensualmente y yo me senté al filo de la cama, me lanzaba lo que se iba quitando hasta quedar totalmente desnuda, se metió en el jacuzzi y me hizo un gesto para que fuera a acompañarla. Cogí una botella de vino y dos copas, a mí no me quedaba ropa que quitarme, así que me metí directamente.

    Estuvimos bebiendo y hablando, besándonos, jugando con la espuma, hasta que los besos cada vez eran, más largos y la conversación más corta, nuestras manos recorrían nuestro cuerpo de lado a lado.

    -¿Recuerdas que tenemos una cosa pendiente? -me dijo Laura mirándome a los ojos

    -Tantas tenemos… -dije yo haciéndome el místico, pero sabía por dónde iban los tiros- especifica

    -Pues –se incorporó y señaló su culo- creo que este podría ser el sitio perfecto para que me desvirgues el culo…

    Si, sabía por dónde iban los tiros, pero escucharlo salir de su boca eran temas mayores, Laura tenía mucha curiosidad, pero nunca se había dado la ocasión, por una cosa u otra, lo habíamos dejado pendiente y ahora estaba en una habitación de ensueño, totalmente lubricada y con mi polla dura como una piedra solo de pensar que iba a estar dentro de aquel culo que tantas veces había deseado.

    Ni me lo pensé, la puse recostada en el borde del jacuzzi, busque un lubricante que llevaba en la maleta, me unté bien dos dedos y se los metí fácilmente, entre el agua y lo relajada que estaba, tenía claro que iba a ser fácil, además cogí el vibrador y lo metí en su sexo, ya estaba todo preparado, me puse un poco de lubricante en la polla también, era su primera vez, tenía que ser la primera de muchas.

    Ya habría tiempo de hacer locuras o salvajadas en otra ocasión, apoye mi glande en la entrada de su culo y poco a poco fui entrando dentro de aquel culo delicioso, sin prisa pero sin pausa, sin dejar de hacer presión, retrocediendo un poquito y volviendo a entrar más, Laura gemía, empezaba a estar un poco tensa, así que activé el vibrador cosa que la empezó a relajar, movía su pelvis para acomodar el vibrador y a la vez facilitaba la entrada de mi polla, que ya casi la tenía dentro del todo, hasta que entro del todo.

    -Ya tienes mi polla dentro de tu culo -susurré a su oído

    -Uff… es raro… pero me gusta… -dijo a la vez que no paraba de moverse por el vibrador-muévete despacio, me encanta sentir esa presión.

    Y yo obediente empecé un movimiento lento, saliendo un poco y volviendo a entrar, cada vez salía más y entraba hasta el fondo, cada vez ella controlaba más la situación me movía despacio, no quería lastimarla, pero entre el agua y el lubricante, poco mal podía hacerle, la barrera psicológica ya la habíamos rebasado, me quitó el mando del vibrador y le dio más potencia.

    -Iguala ese ritmo –dijo sonriendo

    No había duda, aquello la estaba gustando ya, así que me permití el lujo de empezar a follarle el culo más rápido, tal como me estaba pidiendo, sus gemidos eran gritos, pero no gritos de dolor, gritos de placer, estaba como loca, disfrutando de su primera follada de culo, y yo como loco estar abriendo aquel culo para mí, estaba tan excitada que su cuerpo empezó a indicarme que iba a correrse en seguida.

    -¡Fóllame fuerte! -gritó- ¡rómpeme el culo… es tuyo… haz con él lo que quieras!

    No iba a hacerle caso, pero reconozco que en aquel momento empecé a darle más fuerte, incluso cachetadas, mientras ella gritaba de placer, mientras se corría, y yo no soy de hielo, imaginaros en mi situación, no pude evitar correrme a su par, llenar aquel deseado culo con la leche que me quedaba, saqué mi polla mirando aquel dilatado ano.

    Me miró recuperando el aliento hice un gesto enseñándole tres dedos para que se hiciera una idea de lo dilatado que lo tenía, se mordió el labio sonriendo con esa sonrisa que solo sabe ponerme ella, donde un diablo se esconde detrás de un ángel, nos dejamos caer en el jacuzzi y estuvimos abrazados un buen rato, salimos del jacuzzi y fuimos directos a dormir, mañana sería otro día.

    Como os digo siempre, estos relatos se alargarán en el tiempo en función de vuestros comentarios y valoraciones, cuantos más comentarios, más durará. Disfrutadlo.

  • Seducido por mi subordinada (1.1)

    Seducido por mi subordinada (1.1)

    Me es difícil definir la relación que tengo con Micaela. Si bien es formalmente uno más de los analistas que tengo a cargo, sus funciones, responsabilidades, autoridad dentro del equipo y, por consecuencia, su remuneración difiere significativamente de las de sus compañeros. Es en realidad mi mano derecha e inmediata y natural sucesora. Y se lo ganó en poco más de un año de trabajar conmigo.

    Aunque siempre me pareció atractiva nunca imaginé que terminaría siendo suyo. Ni siquiera pasó por mis pensamientos insinuármele, ya que, además de los conflictos que la relación laboral podía traer, la diferencia de edad (le llevo 10 años) hizo que no considerara posible ningún tipo de vínculo que no estuviera relacionado con el trabajo.

    En cuanto reaccioné a su sutil juego de seducción ya me tenía totalmente cautivado. Primero me atrajo su profesionalidad. En menos de tres meses de haber comenzado a trabajar conocía a la perfección todo el sistema, destacando de sus compañeros más antiguos por los aportes que una mirada nueva suele traer. Luego de haberse ganado mi confianza me conquistó con su forma de ser al trabajar cada día en forma más cercana. Era seria y responsable a primera vista, pero entendía perfectamente los momentos en que era posible ser descontracturada y jovial, lo que ayudaba mucho al ambiente laboral, sobre todo en los días que debíamos quedarnos después de hora.

    Al mismo tiempo fue despertando de a poco mi curiosidad por su cuerpo. Si bien nunca dejó de vestirse de manera profesional y adecuada, sabía como lucirse para que la mirara cuándo y dónde ella quería. Variaba su atuendo con aparente naturalidad, pero al menos una vez por semana se preparaba para destacar algo de su figura. Un pantalón un poco más ajustado, un botón de la camisa desabrochado que me permitía ver el inicio de su corpiño cuando se colocaba a mi lado, sus labios pintados de un color casi imperceptiblemente más rojo son algunas de las pequeñas insinuaciones con las que solía tentarme.

    El comienzo del fin fue cuando casi sin darme cuenta me descubrí pensando en Micaela mientras me masturbaba. Al día siguiente me sentía culpable y me costó comportarme con normalidad hacia ella. Si bien intenté no demostrar nada estoy convencido que debió haber algo en mi que me delatara, ya que, mirando hacia atrás, puedo afirmar que a partir de ese momento sus avances, aunque todavía sutiles, comenzaron a ser más osados.

    Dada la confianza que habíamos generado no me extrañó que un lunes, charlando sobre qué habíamos hecho el fin de semana, me mostrara fotografías suyas con sus amigas en un boliche. Hoy puedo decir con seguridad que ese fue una etapa más en su plan de conquistarme, pero en ese momento fui incapaz de notarlo. Lo que si noté, y recordé detalladamente esa noche, fue lo bien que le marcaba su pecho y lo poco que cubría de sus muslos el vestido negro sin mangas que se había puesto.

    Este ritual lo repitió la semana siguiente y, desde entonces, lo hacía con frecuencia pero no luego de cada fin de semana. Como consecuencia después de casi dos meses me preguntaba cada domingo a la noche si me deleitaría al día siguiente con una imagen suya arreglada para salir y, luego de un mes más, ser directamente yo quien le insinuara que quería ver cómo se había vestido. Nunca olvidaré que cuando se lo solicité sonrió casi imperceptiblemente satisfecha y preguntó con falso enojo

    -¿De verdad quiere ver dónde fui el fin de semana o es que mi jefecito quiere ver cómo me visto fuera de la oficina?

    A pesar de intentar negar sus insinuaciones me fue imposible hacerlo con firmeza, lo que le demostró que mentía. La vergüenza de verme descubierto y la sensación que me produjo escucharla llamarme “jefecito” hicieron inviable cualquier tipo de defensa por mi parte. Lo positivo de la situación fue que solo tuve que pedírselo una vez, ya que desde entonces no se hizo rogar y me regalaba imágenes de su atuendo cada semana, aunque nunca dejaba pasar la oportunidad para bromear conmigo y decirme pervertido.

    El golpe de gracia llegó junto al aumento de temperaturas que suele acompañar a esta zona del mundo desde la mitad de la primavera. Para ese entonces sus avances eran diarios y su cuerpo era el único presente en mis cada vez más frecuentes fantasías masturbatorias. Aun así me negaba a ser quien diera el último paso. Además de evitar avanzar por los motivos antes expuestos una parte de mi quería creer que todo era producto de mi imaginación. A medida que se acercaba el verano Micaela empezó a utilizar prendas que cubrían menos su figura. Primero fueron camisas con las que insinuaba su escote, y bajo las cuales siempre podía ver su sujetador de encaje.

    Continuó por cambiar sus pantalones por polleras, luciendo sus hermosas piernas desnudas. Luego de descubrirme dos días seguidos mirándolas embobado comenzó a usar faldas y medias color piel o negras. Finalmente, junto con el arribo de los días más calurosos, empezó a llevar puestas sandalias abiertas permitiéndome apreciar sus delicados pies con las uñas prolijamente pintadas, cada día de un color distinto.

    El día en que finalmente caí rendido a sus encantos fue un jueves. Habíamos tenido que quedarnos horas extras por un problema que surgió después del almuerzo. Una vez descubierta la forma de arreglarlo dejé ir al resto del equipo y nos quedamos Micaela y yo a ultimar los detalles. Para cuando terminamos éramos casi los únicos en el edificio. Estaba sentado en mi silla, relajándome unos instantes antes de marcharme, con la camisa arremangada y la corbata aún puesta pero ya aflojada. Micaela se sentó sobre el escritorio, cómo normalmente hacía en estas situaciones, con las piernas cruzadas.

    Tenía las uñas pintadas de rojo, dentro de unas sandalias chatas beige claro, que se ataban por detrás de los tobillos y los cruzaba una tira gruesa un poco debajo del final de sus dedos. Balanceaba cansinamente sus pies. Yo los seguía hipnotizado. Luego de unos minutos se quitó una de las sandalias y acarició desde su pie hasta la pantorrilla, casi masajeándose y emitió un gemido, mezcla de placer y cansancio.

    Repitió el proceso con su otro pie y después empezó a mover sus deditos. Yo no perdía detalle e inconscientemente comenzaba a excitarme. Tan concentrado estaba en mirar sus piernas que no me percaté que me iba a hablar y el sonido de su voz me sobresaltó y sacó violentamente de mis pensamientos.

    -Así que a mi jefecito le gustan mis pies –Otra vez intenté negarlo mientras Micaela sonreía divertida mirando a mi entrepierna. Quise balbucear una respuesta que mi adormilado cerebro no podía articular– No trates de negarlo –llevó un pie hasta mi pantalón, haciéndome gemir– sos un pervertido que se la pasa mirándole los pies a su asistente 10 años menor –solo pude asentir derrotado.

    En ese instante agarró mi corbata y subió por esta hasta cerrarla. Luego volvió a colocar sus manos en el borde inferior y, como si subiese una persiana, fue ascendiendo con sus dos manos obligándome a mirarla. Tenía su boca pintada también de rojo. Guiándome con la corbata me acercó a centímetros de sus labios, haciendo que me levantara. Me dejé llevar como un cordero al matadero. Yo respiraba con dificultad y solo pensaba en besarla. Ella sonreía mirándome a los ojos. Bajó su vista un segundo a mi entrepierna y me acarició el pene con su pie zurdo.

    Gemí largamente. Enrolló la corbata en su mano derecha y tiró de esta acercándonos hasta que nuestros labios se fusionaron. Llevé mis manos a su cintura y la levanté, para después dejarme caer sobre la silla. Nos separamos sonrientes. Mi asistente empezó a frotar su entrepierna con la mía. Besé su cuello y bajé a su seno derecho. Empecé a chupar y morder sobre la ropa. Ella gemía sin soltar la corbata, apretándome contra su pecho. Iba a comenzar a desnudar su torso cuando me detuvo. “acá no” dijo entre jadeos “puede vernos alguien”.

    Antes de que pudiera atraparla se levantó sin dejar de mirarme ni soltar la corbata. Se calzó y me atrajo para volver a besarme, rodeándome con sus brazos. Mordió mi labio inferior. Todavía colgada de mi cuello me susurró mientras jugueteaba con mi oído “me hiciste esperarte un año, podés esperar unos minutos más”. Se dio media vuelta y agarrando mi mano con suavidad nos guio fuera de la oficina.

    Sin mediar palabra nos subimos a mi auto. Se descalzó y colocó sus pies en el parabrisas apenas cerró la puerta del acompañante. No llegué a encender el motor cuando ya la tenía de nuevo jugando con mi corbata. Me abrió un botón de la camisa y chupó mi cuello. Después se acomodó y me dijo “vamos”, volviendo a dejarme con ganas La miraba de reojo mientras manejaba. Ella también me miraba sonriendo. En un semáforo llevé una de mis manos a sus piernas. Rápidamente se acomodó para que besara su pie.

    En ese momento apretó sus dos tetas y dijo “mmm jefecito, de haber sabido lo que le gustaban mis pies no habríamos perdido tanto tiempo”. Distraído por sus pies, sus palabras y la incomodidad que mi erección me provocaba no escuché los primeros bocinazos y tuvo que ser Micaela quien me hiciera notar entre risas que debía avanzar.

    El resto del camino fue sin mayores novedades. Eso me dio tiempo a que se me bajara la erección y pudiera volver a pensar con claridad. A pesar de interesarme e incluso sentirme halagado porque Micaela se fijara en mí, rechazarla me parecía lo más razonable. De todas formas, no quería lastimarla, ni que pensara que no me atraía. Una vez alcanzada esa conclusión traté de no volver a mirarla, pero como durante todo el año previo se las ingenió para que lo hiciera. Un suspiro, una caricia o un movimiento de sus piernas fue todo lo que necesitó para que fijara mi vista en ella.

    Cuando llegamos a mi casa le dije que se pusiera cómoda y le ofrecí una copa. Tenía que hablar con ella antes de que pasara algo más, pero Micaela interpretó mi ofrecimiento de otra manera. Me esperaba recostada en el sofá, acariciando sus piernas y había desabrochado un botón de su camisa. Al verla dejé las bebidas y empecé dubitativo a decir lo que había planificado.

    -Mica, tenemos que hablar –antes de que pudiera continuar se levantó segura y con pasos lentos se acercó a mí. La vi caminar hipnotizado y cuando reaccioné ya la tenía rodeándome con sus brazos y sus labios a unos centímetros de los míos.

    -Ya sé lo que vas a decirme –clavó su mirada en la mía– no crees que sea buena idea –asentí en forma automática– tenés miedo sobre cómo puede afectar nuestra relación laboral –en mi cabeza se agolparon infinidad de preguntas pero dos volvían recurrentemente: “¿cómo podía leer mi mente con tanta facilidad?” Y “¿Cómo alguien a quien llevaba 10 años de edad podía ponerme en ese estado de duda y manejarme a su antojo?” Antes de seguir hablando sonrió, supongo que notando mi turbación– yo también pensé en esto –me agarró la corbata con una mano mientras seguía colgada de mi nuca con la otra– pero si no nos afectó hasta este momento, ¿por qué habría de hacerlo ahora?

    Antes de que pudiera contestarle me besó. Confundido y sin pensar con claridad me dejé llevar. Sólo separó nuestras bocas unos instantes para verme a los ojos y comprender que me había entregado a la lujuria. Cuando nuestros labios volvieron a unirse la tomé de la cintura. Ella me arrastró hasta que tropezamos con el sofá.

    Caí encima de ella y llevé mis manos a sus pechos. Rompió el beso para gemir con fuerza. Sin dejar de apretar sus tetas besé y mordí su cuello. Micaela no paraba de gemir y retorcerse. Desabroché de a poco su camisa y descendí por su cuerpo besándola. Cuando iba a empezar a quitarle la falda me detuvo y, en un solo movimiento, se colocó sobre mis piernas. Bajó su camisa hasta debajo de sus hombros y apoyó sus manos en los míos. Estaba tan hermosa que quise tomarme unos instantes para apreciarla bien.

    La camisa por los codos y su sujetador negro de encaje la hacían verse sexi. Tenía la boca entreabierta. Sus ojos parecían más grandes de lo que en realidad eran. Su pelo, prolijo como siempre, caía suelto a su espalda. Me perdí un segundo en su mirada antes de besarla de nuevo. Fue un beso lento que poco a poco fue ganando intensidad. Al verme a los ojos supo que ya era suyo.

    Estuvimos besándonos cariñosamente unos minutos. Yo la sostenía de la cintura o acariciaba su cabello y ella tomaba con suavidad mi rostro o rozaba mi pecho con sus manos. Después desabrochó mi camisa y subió mi corbata hasta mis labios, haciéndome morderla. Empezó a besar mi cuello mientras seguía desnudándome y yo hacía lo mismo con ella. Una vez que mi torso estuvo desnudo descendió a besos por el mismo. Desabrochó y sacó mi cinturón, dejándolo al lado mío. Cuando siguió con el pantalón mi pene saltó ante sus ojos.

    Sonrió con malicia antes de bajar mi prenda de vestir junto a mis calzoncillos. Introdujo despacio mi miembro en su boca y con la misma parsimonia se lo quitó. Grité de placer dentro de mi improvisada mordaza durante todos los segundos en que sus labios recorrieron mi piel.

    Se incorporó de a poco sin dejar de mirarme a los ojos. Acompañé su ascenso tomándola de la cintura. Sin quitarme la vista de encima llevó sus manos a su espalda y desabrochó el corpiño. Bufé ante la visión de su torso desnudo e inmediatamente acerqué mis manos a sus pechos, acariciándolos primero y masajeándolos después de escuchar el gemido de mi subordinada. En ese momento Micaela cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás y colocó sus manos sobre las mías.

    Luego de unos instantes pasé a clavar mis uñas en su cola atrayéndola a mí. Arrimé mis labios, aun sosteniendo la corbata, a sus senos queriendo besarlos y chuparlos. Micaela rio ante mi intentó y se apiadó de mí bajando la última prenda que me cubría nuevamente hasta mi cuello.

    En cuanto mi boca estuvo libre me lancé a morder sus pechos.

    -Mmmm así jefecito. Cómeme las tetas.

    En ese momento no fui consciente de que más que un ruego producto de su excitación me estaba dando una orden y, estimulado por sus palabras, ocupé mi boca entera con uno de sus senos, rozando el pezón de arriba abajo con mi lengua. Micaela me tomó por la cabeza y me apretaba contra su ser mientras no paraba de gemir.

    Sin soltarse de mí se subió a mis piernas. Me volvió a colocar la corbata en mi boca y agarró el cinturón que descansaba a mi lado. Mordió mi barbilla y luego unió nuestros labios a través de mi accesorio, sonriendo sobre este. Yo gemía desesperado ante sus besos y mordiscos. Tomó mis muñecas con una mano y extendió mis brazos sobre mi cabeza, atándomelos con el cinto.

    Después apoyó sus manos en mis hombros y colocó su cola sobre mi ya muy erecto pene y empezó a moverse, haciendo que alcanzara su mayor tamaño. No creía que pudiera aguantar mucho más, pero era incapaz de comunicárselo. El único sonido que salía de mi boca eran los continuos bufidos de placer que sus movimientos me provocaban.

    -¿Querés cogerme, jefecito?

    -Jii –alcancé a contestar como la atadura sobre mis labios me lo permitía. Micaela sonrió ante mi desesperación y me acarició con cariño mirándome a los ojos.

    -Rogámelo –dijo, otra vez con tono levemente imperativo, llevando una uña a mi cuerpo. El leve rasguño me hizo gritar de placer. Era incapaz de decir nada. Solo bufaba como un animal.

    -Pod favod… -le imploré tanto con mis palabras como con mis ojos. Sentía como, además, mis brazos comenzaban a cansarse debido al tiempo que llevaban levantados.

    -¿Por favor qué?

    -Quiedo cogedte

    -Yo también quiero que me cojas jefecito, pero no sé si es justo darte ese premio después de lo que me hiciste esperar. Vas a tener que esforzarte más para compensarme –la miré extrañado– decime que me deseás

    -Te dejeo –entre la corbata y mi agitación se me dificultaba hablar– mad que a nada –empezó a moverse de nuevo sobre mi miembro– ahhh haje mejes que holo pienjo en vos

    -¿Ah sí?

    -Ji –solo la desconcentración que me producía el dolor de mis brazos me impedía acabar.

    -Está bien –dijo parándose y recogiendo su falda– pero antes de cogerme vas a tener que hacer algo por mí.

    -Aha –me empujó despacio, haciendo que me recostara en el sofá y descansara mis brazos en el lateral– lo que jea –no pudo evitar una sonrisa de satisfacción

    -Vas a hacerme la mejor comida de concha de mi vida

    Apenas terminó esas palabras se acomodó encima de mí y corrió su bombacha y mi corbata. En cuanto su sexo estuvo a mi alcance empecé a lamerlo de arriba abajo. Micaela me fue indicando lo que quería que hiciera: “lameme”, “chupá”, “mordeme despacio”. De a poco sus órdenes fueron haciéndose más espaciadas, mientras las reemplazaba por gemidos. Pasados unos minutos me agarró de la cabeza, pegándome a ella con fuerza y gritando “así jefecito” o “seguí, no pares”. Por último, me tiró fuerte del pelo y gimió durante algunos segundos, sin casi dejarme respirar. Yo seguía lamiendo con todas mis fuerzas hasta que finalmente me liberó.

  • El taxista de mi cuñada

    El taxista de mi cuñada

    Hace tres meses me quedé sin trabajo, traté de conseguir algo de mi profesión, pero pasó el tiempo y nada, así que como tenía mi auto decidí trabajar como taxista en una plataforma. Ya llevo dos meses como taxista. La primera semana no me fue muy bien, así que entre los conocidos y familiares les comenté que si querían un taxi me podían llamar. Fue así que hace un mes mi cuñada me pidió que la llevara al trabajo en las mañanas y la trajera de vuelta en las tardes.

    Mi cuñada Tatiana es profesora de un colegio, tiene como 42 años y se conserva muy bien. La primera semana fue todo sin novedad, la llevaba y conversábamos, todo normal. Ya la segunda semana empecé a verla con otros ojos, más que nada porque por los problemas de dinero en mi casa empezaron los problemas con mi esposa y ya era semanas sin nada de intimidad. Así que los lunes cuando veía a mi cuñada, con traje tipo ejecutiva, falda pegada al cuerpo, blusa blanca que se notaba el brasier blanco por debajo y los tacos que realzaban aún más sus nalgas. Fue ahí cuando empecé a ver como mujer a mi cuñada, además que ella es madre soltera con una hija de 20 años.

    Los demás días Tatiana se vestía casual, a veces con faldas con licras y blusas escotadas. Tanto ella como mi esposa son de senos grandes. Otras veces Tatiana vestía vestidos tipo coctel, y sí que sabía sacarles provecho a sus pechos. Yo los miraba al disimulo, pero más de una vez me pilló mirándolos. Cuando vestía de leggins se veía que aún traía unas buenas nalgas redonditas aún, no tan buenas como las de su hermana, pero claro, tienen 10 años de diferencia.

    El viernes me pidió que no la vaya a ver en la tarde porque se iba con unas amigas. En la tarde casi noche me escribió que la vaya a recoger en un restaurante, cuando llegué estaba bebiendo unas cervezas con sus amigas, y me invitó a quedarme. Salimos casi a las 7 pm, Tatiana un poco mareada me preguntó que me pasaba, que me notaba poco callado y que no soy así.

    Le comenté de los problemas en mi casa y otras cosas. A lo que ella me responde que eso no es nada que una buena noche de sexo no resuelva. Le comenté que ni eso teníamos con su hermana, en tono de burla le dije que hasta sexo me falta. “No sé cómo hacen los solteros sin sexo”, ese comentario dejó un silencio incómodo. A lo que Tatiana responde: Yo tengo sexo, aunque soy soltera, así que eso no aplica para mí. Entramos en confianza y empezamos a hacer chistes sobre el tema.

    Entre risas le volví a preguntar a Tatiana cómo hace para tener sexo si es soltera, a lo que ella responde:

    Tatiana: puedo tener al hombre que quiera, soy guapa y estos bustos dejan loco a cualquiera, ¿quieres que te muestre?

    Yo: claro, a ver cómo.

    Tatiana aprovechó un semáforo en roja y me pidió que volteara a verla y me besó.

    Tatiana: así de simple, ya luego caen redonditos

    Yo: pero eso no es sexo

    Tatiana: ¿quieres que siga?, bueno entonces, llévame a mi departamento y te muestro cómo termina esto.

    Ya estábamos cerca de su departamento, llegamos y pasamos a la sala. Sin más preámbulos nos abrazamos y besamos como locos, yo con las ganas que tenía de comérmela. Mientras no besábamos el bulto en mi pantalón creció, y Tatiana empezó a acariciarme, y bajando la cremallera sacó mi pené que ya estaba bien duro. Mientras yo empecé a besarle el cuello hasta llegar a sus pechos, grandes como dos melones. Tatiana llevaba una blusa de tirante y fue fácil sacar sus pechos sin quitarle el brasier. Empecé a chupar esas tetas como si me estuviera amamantando, esos pezones grandes se notaba que le chupaban seguido, a esa altura no me importaba nada.

    Tenía a Tatiana sin nada en la parte superior, solo quedaba quitarle los leggins. Yo en igual situación, con el pantalón aún, pero con la verga fuera, en las manos de mi cuñada. Eso me prendió más, saber que es mi cuñada, que toda la semana la veía y la deseaba más. Fue cuando le di media vuelta, y bajé besando su espalda hasta llegar a sus nalgas, le quité todo y le comí ese culo, le pasé la lengua por su panocha y por su ano. Fueron los gemidos más excitantes que escuché. Sentía como se fue humedeciendo toda su panocha y su culito.

    Tatiana: ahora me toca comerme esa verga que tienes, no sé cómo mi hermana no se la come todos los días, si fuera mía estuviera bien deslechada todas las noches.

    Se dio la vuelta y se arrodilló para chupar mi verga. En un momento ya tenía todo hasta su garganta, lo dejaba ensalivado, chupaba mis bolas y pasaba su lengua por todo mi tronco. Era toda una experta en chupar verga, lo mamaba y chupaba, y por último una rusa con sus tetas, me chupaba la verga mientras hacía una paja con sus tetas. Luego se acostó en el sofá para que la penetrara, esa panocha estaba apretadita, se nota que a pesar del uso no he han dado una buena culeada. Tremenda cogida que le di, en cada movimiento sus tetas se movían rico. Luego la puse en cuatro, ese culito pequeño pero redondito recibía mi verga apretadito.

    Con mis manos en sus dos tetas y de pie empecé el bombeo hasta que todo fue humedad en mi verga, los chorros de fluidos de la panocha de Tatiana. No pude más y ahí le vacié toda la leche. Se fue chorros cuando le saqué la verga. No quedó más tiempo para el segundo round.

    Al día lunes siguiente fue normal cuando le fui a dejar al colegio en la mañana. En la tarde ya salió la conversa de lo que hicimos el viernes, y sin más ya tenía a Tatiana chupándome la verga mientras yo conducía. Llegamos a su departamento y esta vez nos acomodamos para hacer el 69, mientras me comía esa panocha depiladita, aprovechaba para meterle las puntas de los dedos en el ano. Le dije que quería hacerle sexo anal, así que fui preparando el terreno, le lamia el ano mientras le metía más y más los dedos, hasta que el pulgar entraba suavemente.

    Era tiempo de probar ya con mi verga. Con Tatiana en cuatro empecé a abrirle el ano con mi verga, ella dio un suspiro cuando al fin entró todo en ese culito, se notaba que no le habían penetrado por ahí, o al menos en mucho tiempo.

    Le llené ese culito con toda la leche que tenía, nos duchamos luego y seguimos con una buena mamada. Tatiana ahora quería tomar mi leche, así que fue como diez minutos de una chupada y mamada como yo le digo, de una experta, hasta finalmente sacar la leche. Desde esa vez, todos los viernes y lunes nos encontramos en la tarde para comernos. Y entre semana mientras le voy a dejar o traer ella siempre aprovecha para darme una mamada y sacarme la leche.

    La próxima les cuento cómo fue el trío que armamos con Tatiana y una de sus amigas.

  • Tuve sexo con mi hermano por primera vez en la noria de una feria

    Tuve sexo con mi hermano por primera vez en la noria de una feria

    Tuve sexo con mi hermano por primera vez en la noria de una feria
    Tuve sexo con mi hermano por primera vez en la noria de una feria
    Este relato ha sido grabado en audio para que cualquiera lo disfrute, especialmente personas con visibilidad reducida o nula.

    Grabarlo y editarlo supone mucho trabajo, por esto me gustaría conocer tu opinión y si te resulta útil.

    Escúchalo narrado por su autora

    Relato

    Cuando terminé la relación con mi novio, estaba muy deprimida. Le mandé a paseo cuando supe que se veía con otra. Para mí, fue vergonzoso, el chisme ya corría de boca en boca, desde hacía tiempo, y fui la última en enterarme. Cuando se lo comenté a mi hermano Álex, tuve que frenarle, porque quería castrarlo. Su bravuconada, fue lo único divertido en esta lamentable historia.

    Mamá es mexicana, del estado de Veracruz. Allí conoció a papá hace muchos años, un ingeniero enviado por su empresa a Veracruz, a colaborar con una compañía local en cierta reforma del puerto. Estuvo medio año, los dos se enamoraron, y ella vino a España con él. Mi hermano y yo nacimos aquí.

    Como buena mexicana, mi madre tiene carácter y coraje, mi padre es más tranquilo. Dicen que las hijas heredan el carácter de las madres, y los hijos de los padres, en nuestro caso fue lo contrario. Yo tengo 21 años, y sufro más ante los problemas, mi hermano es más lanzado con 24, y siempre me protege y ayuda en lo que puede.

    Álex no soportaba verme decaída, todo el día triste. Por esto, propuso a mis padres que nos enviaran, la primera semana de julio, de vacaciones a casa de los abuelos en México. Yo no tenía ánimos, pero Álex me convenció, dijo que sería bueno para mí, cambiar de aires.

    En estos días, el barrio de mis abuelos estaba en fiestas. La principal atracción era una feria, y nos dijeron que estaba muy animada. La segunda noche, Álex propuso divertirnos después de cenar. Acepté de buena gana, desde chiquita me gustaron las atracciones de las ferias.

    Cuando llegamos, todo era color, luces y diversión. Yo presté especial atención a una noria enorme. Álex no quería subir, tiene cierto pánico a las alturas, pero accedió porque soy su niña consentida, y me notaba ilusionada.

    Mientras esperábamos nuestro turno para subir, yo estaba tan emocionada, que me cogí de su mano, y no quería soltarla, le hacía daño, a pesar de ser más pequeña que la suya. Cuando nos tocó subir en la góndola, con capacidad para cuatro personas, solo quedábamos nosotros dos. Tuvimos suerte porque, podríamos disfrutar sin molestar, o que nos molestaran. También, porque disponíamos de más espacio, un asiento amplio para cada uno, frente a frente.

    Todo iba bien durante las primeras vueltas, pero, de repente, las luces del barrio se apagaron, también las de la feria y la noria. El frenazo fue tan brusco, que instintivamente me aferré con las manos a los laterales, y abrí las piernas para ejercer fuerza con los pies. Antes de detenerse, Álex se había percatado de que se me veían las braguitas por debajo de la minifalda. Luego, cuando todo quedó a oscuras y abrí las piernas para sujetarme, no me las veía, pero intuyó que el panorama habría cambiado en mi entrepierna. Incomprensiblemente, su mente comenzó a fantasear.

    Pasado un rato, la luz no volvía. Yo empezaba a preocuparme, temiendo que los bomberos tuvieran que rescatarnos. A la noria la llamaban el reloj, porque tenía doce cabinas, una por hora, y nosotros habíamos quedado justo en lo más alto, a las doce. Álex me dijo, para tranquilizarme, que debía tratarse de una sobrecarga en la central eléctrica, que pronto volvería a funcionar, pero los minutos pasaban sin solución.

     

    Llevaríamos un cuarto de hora parados, cuando se levantó viento, no muy fuerte, pero suficiente para que la góndola se balanceara ligeramente. Yo me asusté, di un saltito y me senté de lado en sus rodillas, abrazada fuertemente buscando su protección, igual que hago siempre que tengo miedo.

    Yo sabía que empecé a gustar a mi hermano desde los 17 años, cuando mi desarrollo físico fue más brusco, y ahora me tenía sentada en su regazo, con mis piernas tentadoras delante de sus ojos, y los pechos aplastados contra el suyo. Álex quiso ahuyentar los sucios pensamientos con algo de conversación.

    ―Estoy contento de estar con los abuelos. ―dijo Álex―. Creo que deberíamos visitarlos al menos una vez al año.

    ―A mí también me gusta estar con ellos. ―dije con tono triste―. pero pensaba que olvidaría a mi ex, el muy canalla, y no es así. De los novios que he tenido, ninguno era como tú. Siempre que conozco a un chico, deseo que me quiera como tú, que sea como tú, que siempre estás ahí, para lo bueno, y para lo malo.

    Álex sonrió de oreja a oreja, feliz por el tono cariñoso con que yo le hablaba.

    ―Algún día lo conocerás, y será incluso mejor que yo, ―añadió Álex mientras me acariciaba el cabello.

    Aparté mi mejilla de la suya y le miré fijamente, mis ojos marrones brillaban iluminados por las luces que venían desde lejos.

    ―Algunas veces querría que no fueras mi hermano, sino un chico corriente y correcto, que me hiciera su esposa algún día.

    Antes de que pudiera negarse o rechazarme, posé los labios en los suyos. Le abrazaba tan fuerte, que no podía apartarme de él. Le besaba tan rico, que fue cediendo, hasta que el impulso de rechazarme, se convirtió en deseo de retenerme.

    ―Laura, esto que hacemos no está bien, ―dijo como buenamente pudo―. Has olvidado que somos hermanos.

    Separé mínimamente los labios.

    ―Ya sé que somos hermanos, ―susurré con la voz melosa―, pero últimamente te veo de otro modo. Finjamos solo por esta noche, imaginemos por un momento, que somos un chico y una chica que se desean, como tantos otros, ―añadí al tiempo que me desabrochaba los botones de la blusa.

    Tomé su mano con la mía y la puse sobre uno de los pechos, unos segundos, después la orienté para que lo acariciara. Lo percibió suave como la seda, y algo más voluminoso de lo que había imaginado. Apenas podía respirar por la boca, porque mis besos eran más intensos, y le faltaba el aliento. De repente, solté mi mano y Álex seguía acariciando uno, luego el otro.

    ―Sabía que te gustarían, ―susurré nuevamente―. Lo haces tal y como había imaginado tantas veces.

    Álex no respondió, consciente de que diría incoherencias en tal estado de confusión. Tampoco cuando volví a tomar su mano y la puse sobre mi muslo. Nuevamente la dirigí hasta que las yemas de sus dedos me rozaron la zona íntima.

    ―¿Notas la braguita húmeda y caliente? ―pregunté suspirando.

    Álex asintió con la cabeza, yo retiré la prenda a un lado, lo justo para palparla sin obstáculos.

    Álex solía jugar con la mano en el sexo de su novia, pero en este momento ni se acordaba de ella. Tal vez por esto, y porque me percibía como una chica corriente, como yo había pedido, los dedos recorrieron varias veces la unión de los labios vaginales. Pero esto no era suficiente para mí. volví a tomar el control de su mano, y la forzaba para centrarse en el clítoris.

    Comencé a intercalar besos con gemidos casi inaudibles, consciente de que había personas en otras góndolas, especialmente las más cercanas. Su resistencia había caído, yo era la persona más importante de su vida, a la que nunca negaría nada, y se entregó a darme placer.

    ―¿Tienes idea de cómo terminará esto si seguimos? ―preguntó cuando introducía dos dedos en el interior.

    ―Soy consciente de ello y lo deseo. Deseo sentirte dentro de mí.

    Álex no sabía qué pensar, tampoco tenía claro si razonaba.

    ―Laura, esto es una locura, cualquiera puede vernos.

    ―Solo tienes que echarte en el suelo, lo que puedas, que yo hago el resto, ―dije antes de separarme de él y sentarme en el otro asiento. Así vio cómo me quitaba la braguita y la depositaba a mi lado. Con este acto confirmaba que iba en serio.

    Álex obedeció, pero el espacio era tan pequeño, que apenas podía sentarse con las piernas estiradas. Para mí fue suficiente y pude bajarle el pantalón hasta las rodillas, luego siguió el slip. Creyó desfallecer, ilusionado, cuando me arrodillé situando las rodillas a sus costados.

     

    Su verga estaba erecta y excitada, la tomé con la mano derecha y la puse en mi entrada, luego me dejé caer y entró por completo.

    ―Álex, tú no hagas nada, deja que yo tome el control, ―dije en su oído.

    Empecé a dar saltitos sobre él, al tiempo que repetía, una y otra vez, que solo sería un poquito, lo justo para saber qué sentía teniéndole dentro de mí. Pero este poquito se convirtió en otro y otro, gimiendo cada vez más, al tiempo que mis pezones rozaban su piel por efecto del vaivén de los senos.

    No sabría precisar cuánto tiempo estuvimos jodiendo, no demasiado, pero suficiente para que yo me revolviera conmovida por el orgasmo.

    ―Estaba segura de que sería tan rico, ―dije al tiempo que le mordisqueaba el lóbulo de la oreja, sin dejar de moverme sobre él.

    En esta insólita situación, mis palabras le sumían en un estado de excitación tal, que terminó eyaculando, irremediablemente dentro de la vagina.

    ―Follas mejor que cualquier otro que me lo haya hecho, ―dije jadeando.

    ―Pero si yo no hice nada, ―se quejó Álex―. De todos modos, esto se nos ha ido de las manos, ―añadió resignado porque ya no había remedio. Luego restó importancia bromeando―. Imagina que quedas embarazada, que tenemos un niño con cara de foca, o una foca con cara de niño.

    Solté varias risitas burlonas.

    ―Sigo protegiéndome para no quedar embarazada. Ahora no estoy con el idiota, pero nunca se sabe quién puede surgir, como tú ahora.

    Lo gracioso vino cuando quise levantarme. Lo hice tapándome la vagina para que no goteara el semen, pero no veía cómo librarme de eso, sin manchar alguna parte de la góndola. La solución inmediata fue lanzarlo, sacudiendo la mano al vacío detrás de la noria, suponiendo que no quedaría nadie debajo, pero, con todo a oscuras, no estaba segura. Cuando volvió la luz, y vimos la cantidad de gente que quedaba, reímos imaginando que aterrizó sobre alguien. Fue una forma de olvidar por un momento lo que habíamos hecho.

     

    El resto de la velada, la pasamos de atracción en atracción, cogidos de la mano como una de tantas parejitas.

    Cuando regresamos a casa de los abuelos, en la fachada, antes de entrar, me detuve y con rostro serio le dije:

    ―Álex, lo que ha pasado esta noche, ha sido algo extraordinario, pero no debe repetirse.

    De golpe y porrazo su mundo se vino abajo, como si la carroza se convirtiera de nuevo en calabaza. Sospechaba que era una forma de pedirle que no se pusiera tonto estando en casa de los abuelos, pero el mensaje era contradictorio para él, yo tuve la culpa, porque le puse mis braguitas en la almohada mientras dormía, y despertó con ellas a su lado.

    Los diarios locales comentaron el incidente el día siguiente. Según confirmaron las autoridades, lo ocurrido fue culpa de un cúmulo de sucesos, lo llamaron “la tormenta perfecta”. Por un lado, un accidente de tráfico, provocado por un camión de gran tonelaje, dañó una torre de alta tensión, por otro, la noria disponía de un sistema auxiliar de energía, pero no funcionaba por falta de mantenimiento, por último, el conductor del camión había resultado gravemente herido, y se dio prioridad a este, antes que a las reparaciones. El resultado fue cuarenta minutos sin suministro eléctrico, cientos de personas afectadas, y propuesta de sanción para dos atracciones, casualmente del mismo empresario, por no ceñirse a la legislación.

    Álex quiso hablar de lo sucedido muchas veces, pero yo me negaba pidiendo que lo olvidara. No pudo hacerlo, debido a que yo iba ligera de ropa por la casa todo el día. Tampoco cuando íbamos a bañarnos, torturaba sus ojos vestida con un traje de baño talla mini, con los pechos amenazando con salirse, y el trasero prácticamente desnudo, si algo tiene la tanga, es que cubre lo mínimo indispensable.

    El pobre pasó todos estos días empalmado, y se consolaba solo, convencido de que yo pretendía torturarlo, pero no era tal.

    Durante el viaje de vuelta en avión, como no tenía donde escapar o esconderme, le confesé que había estado, sin que lo supiera él, un par de veces con el hijo de los vecinos. Álex no sabía si era cierto, si lo decía para hacerle daño, y quitarle la idea de la cabeza, o si mentí con el mismo fin.

    Yo empezaba a ser un rompecabezas para él, una tentación que amenazaba con sorberle el seso, y se propuso planear una estrategia para revertir la situación, o desistir para siempre.

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  • La tostada

    La tostada

    Estoy en un hotel de Portugal. No es un hotel normal, como tal: es un hotel para parejas homosexuales que se ha especializado en un tratamiento muy liberal y comprensivo.

    Es la primera vez que estamos en él (mi “marido” y yo). Lo hemos conocido a través de una pareja amiga que pasó aquí una especie de luna de miel y nos los recomendaron: playa, tranquilidad y actividades de buceo.

    El hotel es pequeño. No creo que pase de quince habitaciones, cinco por piso en un edificio aislado cerca de la playa de cinco alturas. Las habitaciones se ubican en las plantas 1, 2 y 3. La planta baja tiene la recepción, un comedor, un bar y una sala de lectura y televisión.

    Yo soy un hombre de 48 años. Mi marido tiene 52. Llevamos cinco años juntos. Y mi marido ha sido mi primer hombre, porque he despertado un poco tarde al mundo homosexual.

    Siempre he tenido una piel con poco vello, pero desde que empecé con mi marido, las cremas, la depilación láser y los estrógenos que tomo, mi piel se ha vuelto aún más suave y apenas me queda algún pelo por el cuerpo, excepto en mi triángulo sexual.

    Llegamos ayer por la tarde. Cenamos y nos acostamos, muy cansados del viaje en coche.

    Hoy, mi marido se ha levantado muy pronto porque tenía una actividad de buceo a la que yo no he querido apuntarme.

    Me levanto tarde. Me ducho y me miro en el espejo para pensar qué voy a hacer y qué me voy a poner.

    Hace una buena temperatura y el día parece despejado, así que me decido por ir a la playa a dar un paseo y a tomar el sol.

    Me pongo una braga de bikini verde claro que se abrocha a los costados con dos lazos. No llega a ser un tanga, pero la parte posterior es lo suficientemente estrecha como para poder guardarla en el culo y tomar el sol sin marcas. No tengo mucha dotación y las pastillas me han dormido aún más mi pene, así que no tengo problemas en taparlo.

    Encima me pongo una especie de camisa larga (si se puede entender como larga que me llegue un poco por debajo de las braguitas, como un par de dedos) con aperturas laterales que llegan hasta la cintura y que se puede interpretar como un vestido.

    El comedor aún está abierto para el desayuno. No voy a tener que darme prisa: aún quedan treinta minutos para que cierren y no tengo mucha hambre.

    El comedor está preparado para el desayuno con un buffet puesto en los laterales. A la derecha, frutas, lácteos, cereales, zumos… A la izquierda, fiambres, embutidos, quesos, unos huevos, unas tiras de bacon y algo parecido a una tortilla de patatas. En un rincón separado, como una especie de habitación separada, veo la cafetera, una tostadora y una mesa con pan.

    Hay varias mesas sin limpiar, con los restos de desayunos anteriores. Pero veo dos mesas limpias, aunque en una de ellas hay un vaso de zumo de naranja. Dejo mi llave en la otra y voy a coger algo de fruta.

    Cuando vuelvo, la mesa de al lado está ocupada por un hombre mayor que me mira mientras me siento.

    Buenos días.

    Buenos días.

    Me como la fruta. Me levanto y doy un paseo por el buffet. Decido que solamente me voy a tomar un par de tostadas con un café. Me acerco a la mesa del pan y me parto dos rebanadas de una barra ancha y grande. Cuando las voy a poner en la tostadora veo que mi vecino de mesa se acerca y se queda mirando cómo me peleo con la tostadora para ver cómo funciona.

    Es una tostadora de esas que tienen una cinta que se desplaza por dentro de una máquina y que suelta el pan por el otro lado. Pongo mis rebanadas en un lado y cojo un plato para cuando salgan. Miro a ver si puedo dejar el plato en algún sitio mientras me hago un café, pero no veo dónde ponerlo, así que me quedo con él en la mano.

    Yo he desistido de hacerme una tostada. Si usted lo consigue, ¿le importaría prepararme una?

    Tiene una apariencia de abuelo entrañable. Debe tener, por lo menos, setenta u ochenta años. Le sonrío.

    Claro que no. En cuanto acaben las mías le preparo una para usted.

    Se pone detrás de mí. Me quedo mirando fijamente la tostadora.

    De pronto noto su mano en mi muslo. Pego un respingo y me adelanto un paso para alejarme de ese contacto.

    ¡Pero qué hace!

    Perdón por el susto, pero tiene usted una piel que parece tan suave que he querido comprobar si es como parece.

    ¡Hombre, pero no se toca a alguien así! Se tiene que pedir permiso.

    Tiene una cara tan inocente, que mientras le reprendo se me va pasando el enfado.

    Tiene usted razón. ¿Puedo?

    Estoy a punto de soltar una carcajada. La situación me parece increíble.

    Está bien. Pero no se pase.

    Mientras le contesto, vuelvo a la situación que tenía antes, dejando que su mano alcance mi muslo. Tiene una piel suave, pero la mano es fuerte y ancha y la caricia es rotunda, bajando por la apertura de la camisa hasta medio muslo y volviendo a subir hasta la cintura. No retira la mano. La deja en la cintura y sus dedos juegan con el lazo de mi braga, contorneando la piel alrededor del lazo.

    Mi primera tostada cae. Me acerco. Está casi tan blanca como antes, con un poco de color y un poco caliente. Pero la vuelvo a dejar al inicio para darle una nueva vuelta.

    Después doy un paso atrás para volver a colocarme donde estaba. La mano parece estar esperando y vuelve a deslizarse desde la cintura hacia abajo y luego volviendo a subir. Mientras repite la caricia, me dejo ir un poco más hacia su cuerpo. Me muevo poco, pero lo suficiente para tocar su cuerpo con mi espalda ligeramente. Me da la sensación de que he tocado algo duro. ¿Está empalmado?

    Cae la segunda tostada y vuelvo a repetir la operación: me acerco a la tostadora, pongo la tostada al inicio y doy un paso atrás. Aún no he terminado de dar el paso cuando siento de nuevo su mano en mi muslo. Y cuando termino de dar el paso siento su cuerpo pegado al mío.

    Intento retirarme un poco. La situación es un poco violenta. Pero su mano me presiona la cintura como pidiéndome que no me mueva.

    Tiene usted una piel muy suave. Me encanta.

    Su voz cascada parece no tener maldad, como si el que me esté metiendo mano acariciando mi muslo fuera de lo más normal del mundo. Su caricia repetida en mi muslo y su voz me convencen de que no es nada. Me quedo quieta, dejándome ir de nuevo hacia su cuerpo y notando que, efectivamente, su sexo está duro y se aprieta contra mi culo.

    Noto como su caricia amplia la zona: su mano ahora sigue el contorno de mi muslo, acariciando por delante y por detrás y sube hacia la cintura siguiendo el borde de mi braga. En la siguiente vuelta no sigue el borde de mi braga, sino que lo empuja hacia dentro, haciendo que quede más piel a su alcance y subiendo el borde de la camisa. Ese avance me pone un poco nerviosa.

    No haga eso. Quédese quieto. Ya está bien.

    Cae de nuevo la primera tostada. Aún necesita otra vuelta. La vuelvo a colocar y retorno a mi posición anterior. A pesar de lo que le he dicho, busco el contacto de su cuerpo y tiro un poco de la camisa hacia arriba, esperando que continúe. Cuando su mano vuelve, siento un cosquilleo agradable y me aprieto un poco más a su cuerpo. Noto su respiración en mi cuello.

    ¡Qué bien hueles!

    Noto que ha pasado al tuteo.

    Gracias.

    Ahora no le digo nada cuando vuelve a empujar el borde de la braga hacia mi culo dejando incluso que sus dedos se metan por debajo como si estuviera midiendo lo que le falta para convertirla en tanga. Ni cuando, de camino hacia la cintura, su mano arrastra la camisa y me acaricia la espalda por encima del borde de la braga.

    Cae la segunda tostada. Dejo que termine su caricia antes de ir a ponerla de nuevo al inicio para volver a apretarme contra él.

    Doy un respingo. Al volver a apretarme, he notado su carne entre mis muslos.

    ¡Eso no!

    Vamos, un poquito…

    Sus manos me sujetan por las caderas. No es que me estén inmovilizando. Simplemente me sujetan suavemente como pidiéndome que no me aleje. Me alejo un poco y sus manos no me retienen.

    Suspiro. Cedo y vuelvo a acercarme a su cuerpo aceptando su polla entre mis muslos. Pienso que se me ha ido la situación de las manos. Y mi voz me suena a falsa cuando le contesto.

    Vale. Pero solo un poquito.

    Sus manos abandonan mis caderas para bajar por el lateral de mis piernas y buscar la parte posterior para coger mis bragas y arremeterlas en mi culo tirando fuerte hacia arriba, dejando mis cachas al aire.

    Me aprieta contra él y siento todo su vientre contra mi espalda. Me siento acalorada cuando le devuelvo el apretón aceptando ese contacto.

    Las tostadas han caído de nuevo, pero no las hago caso. Prefiero seguir sintiendo sus caricias y sus empujones que hacen que su polla entre y salga entre mis muslos. La calorina sigue aumentando.

    Sus dedos se enredan en los lazos laterales.

    No me los quites…

    Es que la tela me está desollando…

    Los deshace. Tengo la tela tan metida por el culo que tiene que tirar de ella y separar su cuerpo para conseguir que caiga piernas abajo hasta el suelo. Luego vuelve a meter su polla entre mis muslos y la noto llegar hasta mis huevos. No puedo evitar un pequeño gemido. Repite el bombeo y cada vez que su polla llega a mis huevos vuelvo a gemir.

    En uno de los apretones, su cuerpo sube un poco. Justo para intentar entrar.

    Nooo

    Mientras le digo que no, le siento entrar. Solo un poco. La cabeza.

    No sigas más, por favor…

    No puedo seguir. Ya la tienes toda dentro.

    Joder, sácala.

    La saca entera, pero en cuanto sale vuelve a apretarse.

    Hazme caso… déjalo ya.

    Si te hago caso. La he sacado. Pero la vuelves a tener dentro.

    Déjalo ya… te estás pasando mucho.

    Dime que no te está gustando…

    No se lo puedo decir. Me está gustando y la curva que ha adoptado mi cuerpo lo confirma.

    Suspiro de nuevo, cediendo. Ahora estoy totalmente caliente y echo la cabeza hacia atrás, apoyándola en su hombro, entregándome, sin explicarme muy bien cómo me he ido dejando llevar.

    Siento sus labios en mi cuello y mi calentura aumenta. Suspiro, pero no es un suspiro, sino un gemido de aceptación. Estoy en un estado de nirvana absoluto y cada roce lo siento como una descarga eléctrica que me va quemando.

    Ni siquiera me importa que aparezca de pronto un camarero que está retirando las cosas del buffet.

    Nos ve, pide disculpas y se va diciendo que volverá dentro de diez minutos.

    Mi amigo me sigue taladrando una y otra vez, lentamente, buscando lo más interno de mi cuerpo como si en cada embestida quisiera llegar un poco más lejos. Y cada embestida me saca un gemido, cada vez más prolongado, cada vez más alto, cada vez más intenso, hasta que un gemido se une con el siguiente y ya todo es un solo gemido que anuncia mi orgasmo.

    Cuando me corro, le oigo dar un pequeño grito de triunfo y acelera las embestidas. Está buscando su orgasmo y no tarda en encontrarlo, apretándose contra mi cuerpo para descargar lo más profundo que puede.

    Nos quedamos quietos, respirando agitadamente, recuperando el aire, durante unos minutos.

    Sigo con mi cabeza apoyada en su hombro y mi cuello sigue ofrecido. Me besa suavemente. Uno, dos, tres, cuatro, cinco…

    ¿Te ha gustado?

    Ya lo ves…

    Estás buenísima.

    Hmmm…

    No me apetece separar mi cuerpo del suyo. Me doy cuenta de que es la primera vez que le soy infiel a mi marido. Y tanto: es el segundo hombre que me folla.

    Sus besos suben por mi cuello hasta llegar a mi oreja. La mordisquea un poco antes de hablarme.

    Creo que deberíamos irnos. El camarero está esperando para recoger.

    Contesto con desgana.

    No quiero moverme.

    Vamos a mi habitación.

    No. No quiero más. Yo me voy a mi habitación.

    No discute. Se separa y me indica mis bragas para que las recoja. Están salpicadas de mi leche.

    Miro las tostadas, abandonadas en la tostadora. Y vuelvo a sonreír tontamente porque me hace gracia verlas allí.

    Recogemos lo que tenemos en la mesa y salimos del comedor.

    Apenas me doy cuenta de que me acompaña hasta mi habitación. Le veo a mi lado cuando abro la puerta. No le ofrezco entrar, pero entra. Y dejo que se duche conmigo, que me enjabone todo el cuerpo, que me seque y que me vuelva a follar en la cama.

    Le noto irse dejándome boca abajo en la cama. Mi culo lleno de nuevo de su leche. Mi cuerpo aún electrizado y mi mente sumida en una especie de sueño.

    Cuando consigo despertarme tengo que darme prisa porque ya es la hora de vuelta de la actividad de buceo y quiero que mi marido me vea en la playa.

    Por la tarde veo que mi amigo se va del hotel. Está en recepción liquidando la cuenta junto a un jovencito de veintitantos años, delgado, con apariencia débil y que va haciendo lo que él le dice, disciplinado.

    Le hago un pequeño gesto de adiós y me devuelve un guiño y una amplia sonrisa.

  • En la borda de los pastores

    En la borda de los pastores

    Amaia siempre solía subir al monte a hacer ejercicio. Ella trabajaba en un pequeño negocio en un pueblecito muy pequeño rodeado de montañas. Esos días había hablado con alguna gente y con uno de ellos había quedado para enseñarle las montañas que rodeaban su pueblo. Se había vestido unos leggings y arriba un par de camisetas térmicas y encima una chaqueta. Quedó con el chico cerca de la salida del pueblo y cogieron una senda que rodeaba el pueblo y que comenzaba a ascender, pero de manera tendida y suave. Había buenas vistas, pero había nevado la semana anterior y todavía la nieve no se había quitado.

    Fueron subiendo hasta que llegaron a un collado desde el que se observaba todo el valle donde se asentaba su pueblo. Hacía frio, pero querían descansar un poco a resguardo. Cerca había una pequeña borda de pastores. Entraron, tenía una pequeña chimenea en un extremo, muy rudimentaria. El pastor había dejado leña suficiente para pasar varios días. El pastor era amigo de Amaia y siempre le dejaba refugiarse cuando salía a caminar y le sorprendía la niebla o el frio.

    Encendieron el fuego. Amaia sorprendió a Aitor por la espalda y tapándole la boca le dijo:

    -Calla puta, me dijiste el otro día que eras sumiso y muy obediente pues si de verdad quieres obedecerme empieza por hacerlo aquí y quítate la ropa inmediatamente.

    Aitor dudó, pero el plan le daba mucho morbo y no iba a defraudarla. Se empezó a desnudar muy lentamente. Primero se quitó las botas de monte. Luego los gruesos calcetines. Ahora los pantalones. Después el grueso jersey y la camisa para quedarse en bóxer. La estancia estaba caldeada por el calor del fuego. Entonces ella lo hizo tumbarse boca arriba. Ató sus manos por encima de la cabeza. Las pasó una gruesa cuerda por una polea que había bajo la chimenea, estiró y ató la cuerda en una argolla en la pared. Hizo lo mismo con cada tobillo hasta que quedó completamente estirado. Ella entonces cogió entre los útiles del pastor un cuchillo con el que cortó la tela del bóxer del chico. Luego jugó con sus huevos para por fin empezara jugar con el cuchillo en la polla. Lo calentaba al fuego, pero solo para templarlo y entonces recorría la longitud del pene con él.

    Consiguió que el chico se pusiera cachondo y ella se sentó encima tras haberse bajado los leggings y meterse la polla para cabalgarle. Se había quitado las camisetas y chaqueta para ponerse una camisa de leñador y dejarla entre abierta para que el chico mientras era cabalgado pudiera jugar con sus pechos.

    Por otra parte, el pastor que desde hacía poco era el Amo de Amaia había bajado al pueblo y antes de encontrarse con la sumisa con la que había quedado para adiestrarla y luego juntarla con Amaia se tomó algo con un par de amigos. Con ellos y la sumisa con la que luego se encontró iniciaron la subida. Al de poco de empezar entraron en la vivienda del pastor y este recogió unas prendas que tiró a la sumisa para que se vistiera. La chica lo hizo quitándose la ropa delante de todos como le habían ordenado.

    Ahora subiremos porque he quedado arriba con una sumisa mía que te dominará a ti, pero como tú aceptaste estos dos amigos míos te pueden usar o jugar contigo en cualquier momento. Si no aceptas eso que es lo que prometiste vuélvete a vestir y vete. También puedes pararlo en cualquier momento.

    -Tranquilo Señor, sé dónde me he metido y no solo acepto, sino que me encanta.

    Se puso toda la ropa que la dijeron, una especie de vestido de posadera de la época medieval. Comenzaron a subir los cuatro caminos a la borda, la chica cada vez que se ralentizaba uno de los dos amigos del Amo la azotaba con una fusta.

    En un momento dado, la chica para ver el paisaje se acercó a un muro y se inclinó para ver mejor cuando uno de los hombres se acercó y apretándola contra el muro metió la mano bajo su falda y arrancó sus bragas y la penetró follándola con un ritmo vigoroso e in crescendo. Pero no quería eyacular solo la folló hasta ella estalló en un fuerte orgasmo que hizo que casi se desmayara.

    Volvieron al camino y eligieron una senda más tranquila. Caminaron rápido cuando llegaron a la borda. El Amo se asomó por la ventana y vio como Amaia cabalgaba a Aitor.

    Entraron derribando la puerta. Amaia se giró hacia la puerta en el momento que entraban los cuatro. Ane, la sumisa viendo a su Ama cabalgar metió la mano bajo la falda comenzando a acariciarse, pero el Amo lo impidió. Los otros dos hombres avanzaron hasta los amantes justo cuando Amaia se levantaba con los leggings por las rodillas y cogieron a Aitor poniéndolo de pies y sujetándole.

    Amaia se dirigió a Ane y besó su boca para luego morder el cuello. El Amo se retiró para cerrar la puerta y desde ese punto avanzó. Observaba la espalda y el culo del chico cuando lo cogió de ambas caderas y lo empaló. Lo sodomizó por sorpresa. Lo empujaba hacia delante mientras lo follaba. Luego llevó él solo al chico contra una mesa y lo folló sobre ella. Los dos chicos entonces empezaron a besarse y a magrear a Amaia y Ane las cuales se dejaban querer hasta que uno de ellos se tumbó en el suelo. Amaia ayudó a Ane a sentarse en la polla del hombre por lo grueso de esta. Luego el otro hombre sodomizó a Ane a la vez que Amaia situaba su coño sobre la boca de Ane y se masturbaba hasta estallar en un gran orgasmo.

    Luego Amaia hizo que los dos sumisos se situaran sobre el suelo. Los tres hombres se masturbaron hasta eyacular sobre las caras del chico y chica para después Amaia limpiar el semen con su orina en una dorada lluvia.

    Este relato es imaginario, pero me encantaría escuchar vuestras opiniones.

  • Soy afortunada, para follar no tengo que salir de casa

    Soy afortunada, para follar no tengo que salir de casa

    Le miraba con los ojos de una joven de 21 años enamorada de su hermanastro, todavía dormía en aquella enorme cama de hotel donde pasábamos unos días de vacaciones, el sol se había levantado y sus rayos dorados se posaban en su pelo rubio y blanca piel que al igual que yo le iban recorriendo su cuerpo desnudo recordando como empezó todo, recordando el primer día que le vi parado delante de la puerta del jardín con sus maletas en el suelo.

    La suya hasta ese día no había sido una vida fácil, madre soltera y con problemas de drogadicción, mis padres nunca habían sabido nada de él, mi padre nunca supo que tuvo un hijo con aquella compañera de trabajo, con la que tuvo un desliz hacia 19 años hasta que le llamo aquel abogado, entregándole una carta de aquella mujer explicándoselo todo antes de fallecer y pidiéndole que se hiciera cargo de su hijo, en aquel sobre, había pruebas de paternidad fiables aparte de un parecido increíble no solo con el sino con una hermana mía mayor.

    Hubo una pequeña tormenta en casa esos días, pero al final la decisión se tomó en familia y así como mi madre perdono a mi padre hace 19 años, esta vez fue la primera en querer acoger aquel chico aunque no se esperaba los quebraderos de cabeza que empezarían en cuanto Eduardo que así se llamaba mi nuevo hermano atravesara aquella puerta del jardín.

    Eduardo y yo éramos tan iguales en el carácter, la misma edad 19 años recién cumplidos, él era mayor que yo tan solo nos separaban dos meses, pero había una diferencia entre los dos, yo una niña bien, una niña pija de papa como me empezó a llamar y él un rebelde que no tenía respeto por nada ni por nadie o eso creía yo, de todos modos una mala combinación para esa edad.

    Siempre nos estábamos peleando, yo siempre le decía que se pusiera de vez en cuando un pantalón porque el ir solo con el bóxer por la casa no es que fuera muy decente, la verdad que mis padres al principio le permitían casi todo y me regañaban a mí diciéndome que tuviera paciencia con él, paciencia como cuando una vez más y después de haberle dicho que se pusiera un pantalón me tiro un vaso de agua en plan de broma en la cocina mojándome toda la camiseta, haciendo que mis pechos y mis pezones se pegaran a ella dejándoles casi visibles para él y recriminándome que me pusiera sujetador.

    Estábamos solos en casa y le odia tanto que esa fue la discusión más fuerte que tuvimos hasta entonces y creo que la última, ya que yo me fui corriendo a mi cuarto llorando y diciéndole bastantes cosas muy hirientes. Al cabo de una hora llamaba a mi cuarto para pedirme perdón, él al que yo había insultado y querido hacer tanto daño me pedía perdón, ese día fue cuando supe el gran corazón que tenía aparte de otras cosas.

    Edu se sentó al pie de mi cama y me hablaba suavemente pidiéndome perdón, yo me hacía la dormida y entonces fue cuando empezó a decirme cosas muy bonitas como que era muy guapa, esas cosas que a una joven de 18 años quiere oír de ella y mientras lo hacía me iba acariciando las manos y la cara, sé que una vez más estaba actuando de forma impulsiva, pero yo le daba pie a ello, ya que él sabía que no estaba dormida y le estaba permitiendo todo tipo de caricias como cuando recorrió con sus dedos mis pezones.

    Me gustaba, solo puedo decir eso en mi defensa, me gustaban sus caricias, sus dedos dibujaban todas mis curvas desde mis labios hasta mi vientre, al principio acompañado con las palabras más bonitas que nadie me había dicho jamás y ahora en silencio, el mismo silencio cuando sus dedos empezaron a escarbar despacio por debajo de mi pijama y de mis bragas acariciando mi clítoris, bajando por mis labios vaginales hasta la abertura de mi vagina, un silencio atronador en la casa solo roto por el movimiento de sus dedos en mi vagina y unos pequeños gemidos de mi interior.

    Gracias a dios que en ese momento sonó la puerta de la entrada y asustado salió corriendo de la habitación dejándome tan mojada, tan excitada y pensativa que no daba crédito a lo que acababa de pasar y lo que yo había permitido que pasara, algo que sinceramente me encanto, tan siquiera mi novio con todo el tiempo del mundo, los dos a solas sin problema alguno de que nadie nos pillara me había tocado con tanta ternura.

    Pasaron dos semanas y nuestra relación cambio por completo, ahora éramos casi íntimos amigos, ahora me defendía a capa y espada con los babosos que no me dejaban en paz cuando salíamos por la noche ante la inacción de mi novio y sus amigos, algo había cambiado tanto en el como en mí, le veía con otros ojos, no sé qué era, pero me atraía enormemente, no podía estar ni un solo momento sin él, siempre con él, siempre pensando en él, además Edu era un chico realmente guapo y con muy buen cuerpo, hasta hacia unas semanas pensaba que sería un drogadicto como su madre, pero para mi sorpresa era todo lo contrario, no bebía, no fumaba, no se drogaba, incluso acudía a centros de ayuda como voluntario y un día cuando le acompañe a uno de esos centros fue cuando viéndole ayudar a todas aquellas personas supe que me había enamorado de mi hermanastro.

    No me atavía a decírselo, ni a demostrárselo, presentía que a él le había sucedido lo mismo conmigo, lo notaba, pero al igual que yo callaba, le deseaba, pero no sabía como acceder a él, hasta que un día llego la oportunidad, mis padres se habían marchado pronto y no volverían hasta la tarde, Eduardo dormía en su cuarto tras haber ingerido una bebida para dormir, ya que solía tener algo de insomnio y sigilosamente como una gata en celo entre en su cuarto y le empecé a besar encaminando enseguida mis labios a su torso, como de costumbre Edu solamente llevaba el bóxer y yo no llevaba mucho más una amplia y pequeña camiseta torera insinuando mis pechos por debajo de ella, mis bragas y un pequeño pantalón de pijama.

    Me senté con cuidado a horcajadas sobre una de sus piernas y me empecé a frotar con ella adelante y atrás mientras tocaba mis pechos por encima de la camiseta, Edu no se despertaba así que seguí un buen rato excitándome y mojando mi braga, me levante y me volví a sentar después de haberme quitado el pantalón, ahora me frotaba nuevamente con él, pero con sola la separación de mis bragas humedecidas contra su muslo, Edu seguía sin despertarse entonces con cuidado le saque su pene y empecé acariciar su glande con la palma de mi mano hasta que empezó a tener una increíble erección, su polla aumentaba de tamaño y era increíble, nunca había visto una polla tan grande.

    Me levanté y de rodillas en la cama empecé a lamerla, a meterla tan dentro que me daban arcadas, mis manos subían y bajaban al compás de mi boca por aquella impresionante polla, Edu seguía sin despertarse, pero si gemía de placer, me quite las bragas y volviéndome a sentar, pero ahora a horcajadas sobre su cuerpo y recorría con su polla mis labios vaginales, metiéndola entre ellos y deslizándose por ellos como si de un tren de mercancías fuera por dentro de los raíles, impregnándose de mí, de mi humedad, veía su glande sobre su tripa y como el resto de su pene iba desapareciendo y apareciendo por debajo de mí.

    Los movimientos cada vez más rápidos rozando continuamente la entrada de mi vagina con el tronco de su polla, inclinándome hacia delante con las manos apoyadas en la cama movía mis caderas hacia adelante y hacia atrás y girando la cabeza hacia el espejo que teníamos justos detrás de nosotros podía ver como su polla desaparecía entre mis nalgas y se metía entre mis labios deslizándose una y otra vez sin que se llegara a meter en mi vagina, era una visión tan excitante ver como su polla mojada por mis flujos se deslizaba por debajo de mí, desapareciendo por completo que no repare en que Edu había despertado o por lo menos había abierto los ojos.

    No dijimos nada, solamente nos quedamos mirándonos con una sonrisa en nuestros labios, su mano me rodeo la nuca y me atrajo hasta él para besarme lentamente, para beber de mis labios y yo de los suyos, mi cuerpo se había detenido y su polla entre mis labios palpitaba al igual que el interior de mi vagina así que empecé nuevamente a moverme, pero esta vez más abajo, permitiendo que su glande también disfrutara de mis labios húmedos y moviendo la cadera intentaba que ya no saliera por delante de mí, sino que se metiera dentro de mi rajita húmeda y mojada.

    Mirándonos con nuestros labios a escasos centímetros el uno del otro tocándonos con la punta de la nariz, viéndome perfectamente como mi boca se fue abriendo de placer cuando su glande por fin empezó a deslizarse por dentro de mi vagina, metiéndose muy despacio en ella hasta tenerla tan dentro que todo su pene había desaparecido dentro de mí, llenándome entera con esa enorme polla que en un principio pensé que no me iba a entrar entera, sus manos bajaron a mis caderas para mover mi cuerpo hacia adelante y hacia atrás frotando mi clítoris con su cuerpo mientras yo miraba en el espejo como me la metía y como su miembro iba desapareciendo en mi interior.

    Cuando mi cuerpo no iba guiado por él hacia delante y hacia atrás, su polla se metía dentro de mi coño arriba y abajo levantando mi pelvis despacio y cayendo sobre él sintiendo como me penetraba entera, era como un pequeño baile acompañado con caricias de nuestras manos sobre nuestros pechos, con cada penetración escapaban de mi gemidos que llenaban la habitación y mientras subía y bajaba me quitaba la camiseta para poder disfrutar de sus caricias, empezábamos a sudar, empezábamos llenar la habitación con nuestros gemidos, después de un buen rato cabalgando sobre él empezábamos a movernos más rápido y sentir que el final que ninguno de los dos queríamos, pero deseábamos iba llegando.

    Mi cuerpo se empezó a estremecer y arquear hacia atrás cuando su polla me proporciono el orgasmo más intenso que había tenido, me había puesto de cuclillas con mi cuerpo hacia atrás y mis manos apoyadas en sus pies moviendo mi pelvis con fuerza y rapidez hacia él, metiendo y sacando su polla de mi coño mientras gritaba escandalosamente, sintiéndole tan dentro de mí que parecía partirme en dos, su polla navegaba por un mar de flujo cuando estallo en tres grandes erupciones y otras menores, soltando su preciada carga muy dentro de mi vagina, en ese momento aun con su polla penetrándome lentamente me desplome de rodillas e incorporándome caí sobre su pecho sudoroso besándonos profundamente.

    Después de habernos dicho todo lo que nos teníamos que decir descansábamos tumbados en la cama, yo mirando por la ventana, disfrutando del día tan maravilloso que había amanecido y él detrás de mí abrazándome y besando mi cuello, nuevamente su polla estaba tan dura como antes y nuevamente la notaba sobre mis nalgas intentando entras entre ellas, a pesar de que nuestros sexos no tenían boca, no fue difícil entenderles, querían estar juntos de nuevo y a la vez que mi boca se abría para él para besarnos sin parar, mi pierna se levantaba y abrazaba las suyas dejando a su pene libre acceso a mi vagina.

    No tardó en estar dentro de mi otra vez, no tardó en hacerme gemir, esta vez los dos mirando el espejo viendo como follábamos, como su polla me penetraba muy despacio y desaparecía para instantes después volver aparecer igualmente despacio, como su mano apretaba mis pechos y recorría mis pezones, veíamos que con cada penetración, con cada empujón que daba con su polla mis pechos bailaba y nuestras caras reflejaba la felicidad de un nuevo gemido al meterla él y sentirla yo tan dentro, esta vez no nos miramos ni una sola vez, esta vez solo teníamos ojos para el espejo, solo veíamos nuestros cuerpos unirse golpeándose con delicadeza, como nuestros sexos se unían desapareciendo el suyo dentro del mío, como nuestras caras reflejaban el placer, mis pechos y mi cuerpo menearse cada vez que me penetraba con mi pierna elevada sobre las suyas moviéndose con cada empujón.

    Solo una vez perdí la visión del espejo, solo cuando nos volvimos a correr y cerré mis ojos con fuerza a la vez que mis manos le agarraban y arañaban del placer a la vez que nuevamente me hacía gritar.

    Últimos empujones y su polla penetraba despacio en mi coño empapado de flujos, los dos veíamos cuando la sacaba como salía de mí su semen, resbalando por mis labios y cayendo por mi nalga hasta las sabanas.

    Así había empezado todo y así continuo durante más de dos años a escondidas, vamos a cumplir los 21 años y nadie sospecha nada, de hecho en casa lo que piensan es que Edu es gay porque nunca ha tenido novia y porque siempre sale conmigo, por mi parte yo deje a mi novio centrándome en mis estudios y en él, no me hacía falta salir era afortunada, para follar no tenía que salir de casa y eso nos lleva al momento actual en nuestras primeras vacaciones juntos, a solas a miles de kilómetros de casa, a miles de kilómetros de miradas indiscretas, aquí no hay que preocuparse, aquí desde hace tres días somos una pareja normal, besándonos y jugando en la piscina o en la playa, acariciándonos en cualquier parte y amándonos, amándonos mucho cuando cae el sol en la cama del hotel.

    No sé lo que pasara cuando dentro de 12 días volvamos a casa, no sé que nos deparara el futuro, pero de momento lo tengo a mi lado y quiero exprimir toda la felicidad del presente porque el mañana esta aun por escribir.

    – Buenos días, princesa ya te despertaste.

    – Si ya hace rato mi amor.

    – Y que haces.

    – Mirarte.

    – Vale, buena distracción… Pero que te pasa princesa, ¿por qué me miras así?

    – Porque quiero que me vuelvas hacer el amor.

  • Otra experiencia

    Otra experiencia

    Un nuevo comienzo, nuevas expectativas, las ganas se renuevan, la sangre fluye de otra forma, el corazón se acelera, y con cada orden late más fuerte.

    Los sentidos se enaltecen, todo se siente más, son las ganas que vuelven y se incrementan.

    Así se siente cada vez que una persona escribe en mi inbox con una propuesta.

    La mayoría no llegan a ser nada, o solo un pequeño ida y vuelta. Mucha gente que comienza en el tema, intentando dar sus primeros pasos, nada más apasionante que arrancar en esto.

    Otras personas que simplemente buscan un polvo, pero de esos ya tengo todos los que necesito y deseo.

    Cada tanto una persona cambia todo eso, por ser gracioso, por mostrarse real, por insistente jajaja, por algún motivo quiebra esa primera pared de defensa.

    Y una vez que se pasa esa pared se llega al sumiso, ese que desea cumplir, obedecer y ceder. Que mas allá de sus gustos y placeres, está para entregarse a los deseos de la otra persona.

    Toda charla comienza con límites, esos mismos que la parte Dominante desea socavar, llevando al sumiso a un nuevo grado de entrega.

    Y se vino una de esas charlas, a los pocos días, me encontraba utilizando un delicado culote blanco debajo de mi traje de trabajo.

    Unos días mas y hacía lo mismo, pero ahora con mi culo lleno con una joya anal.

    Ahora si sentía todos los días que pertenecía a esa persona, que la viera o no, la sentía dentro mío. Pequeñas cosas que me ponían cachondo, o putita como le encanta decirme.

    Luego de unas semanas el combo se completaba, con dos pequeñas pinzas en mis pezones, que se sentían, y que sacaban la parte mas sumisa de mi ser a relucir.

    Es el comienzo del juego, es comenzar a entregar la voluntad en post de su diversión.

    Se apodera de mis juguetes y me hace utilizarlos cuando le va en ganas, y de repente me encuentro en una reunión laboral, con un hook anal con anillo puesto. Sintiendo, con el corazón acelerado, intentando calmarme y continuando con la vorágine del día a día.

    Se vino el primer encuentro, debía ir con mi jaula puesta, odio ese aparato del demonio, derrite mi masculinidad, pero claro cedo y lo llevo puesto.

    El culo lleno con un vibro que se controla a distancia, mis pezones apretados y torturados, y claro, mi culote, prolijamente puesto debajo de mi pantalón.

    Me siento, nos presentamos, un par de birras, una pequeña picada y mucha charla.

    De repente, toma su celular, y el vibro en mi interior comienza a cambiar mi semblante. Colorado de la vergüenza sentía como comenzaba a subir la intensidad. El largo tablón donde estaba sentado que compartía con varias personas mas se hacía eco de lo que pasaba dentro mío.

    Del otro lado sonreían, disfrutaban, intentaba disimular me compenetraba en la cerveza y dilapidaba los maníes, como queriendo abstraerme de lo que me estaba haciendo.

    Pero era imposible, desde mi interior sucumbía, ante su presencia, comenzaba a entregarme. Sin lugar a duda ya era suyo, lo presintió y mientras ponía el plug a toda su potencia yo comenzaba a perder el control, con delicadeza puso una caja sobre la mesa.

    Si deseas ser de mi propiedad, toma la caja, anda al baño y ven con lo que hay dentro puesto, ese va a ser de acá en más tu collar.

    Me levanté tomé la caja y fui para el baño, abrí la caja y dentro había un plug de metal, algo así como una joya anal, pero de tres bolas, era grande.

    Apagué el plug, puse lubricante sobre la joya y comencé a ingresarla con cuidado, se sentía fría, intensa, profunda y todavía quedaba bastante más. Seguí hasta que un gemido indico que ya estaba en mi interior.

    Acomodé todo y fui nuevamente a la mesa, cuando me agaché para sentarme fue imposible no sentirla, todo el mundo se dio cuenta del movimiento raro que hice para sentarme o por lo menos eso sentía yo. A todo el mundo mirándome.

    Terminamos la picada tranquilos, hasta que ordeno que partiéramos, que íbamos a tener nuestra primera sesión.

    Pero eso será otro relato.