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  • Seducido por mi subordinada (1.2)

    Seducido por mi subordinada (1.2)

    Estaba aún recuperando el aire cuando me besó con pasión y se acostó sobre mi cuerpo, rozando sus senos con mi pecho. Esa caricia hizo que gimiera en su boca. Me sonrió y siguió besándome, aunque en forma un poco más romántica. Se separó unos centímetros y, mirándome a los ojos, agarró despacio mi miembro. Se introdujo solo la punta y sin soltarme empezó a moverse en círculos. Intenté mover mi cadera para penetrarla, pero me lo impidió.

    -Todavía no te lo ganaste, jefecito –dijo ante mi cara de sorpresa– ¿qué estás dispuesto a hacer para metérmela?

    -Todo –contesté cegado por la calentura. Micaela mordió su labio inferior y bajó un poco más, haciéndome gemir con fuerza.

    -Esa es una respuesta un poco vaga

    -Lo que haga falta.

    -Mmmm –descendió otro poco– mejor, pero todavía no es suficiente.

    -Lo que quieras –mi subordinada sonrió de felicidad y terminó de penetrarse

    -¿No lo decís solo para cogerme? –subió y bajó despacio y después dejó quieta su cadera y me mordió el cuello esperando mi respuesta

    -No Mica –contesté agitado

    -¿Cualquier cosa que yo te pida? –volvió a moverse lentamente, pero esta vez no se detuvo.

    -Ahhh si –aumentó su ritmo y empezó a moverse en círculos. Me estaba volviendo loco de placer y estaba a punto de explotar.

    Justo antes de que eyaculara se sacó mi pene de su interior. Gemí frustrado y le rogué que me dejara terminar, que estaba a punto de hacerlo. Me acarició con dulzura y me dio un beso corto en los labios.

    -¿Confiás en mi? –la pregunta me pareció extraña dada la situación, pero asentí– Bien. Vas a tener el orgasmo más intenso de tu vida, te va a salir una cantidad de leche que ni siquiera imaginaste que fueras capaz de producir. Pero para eso vas a tener que hacer exactamente lo que te diga. Sin ningún cuestionamiento. ¿Estás de acuerdo jefecito?

    -Si –asentí sin pensarlo, preso de la excitación. Micaela sonrió ante mi respuesta. Me besó y desató mis manos.

    -Las manos siempre en la cintura –dijo antes que pudiera llevarlas a sus tetas o su cola.

    -Mmmm pero que obediente que resultó mi jefecito –dijo Micaela al ver que cumplía con su petición. Después volvió a amordazarme con la corbata y la enrolló con fuerza sobre su mano derecha– Vas a moverte solo como te lo indique con la corbata –tiró fuerte, atrayéndome hacia ella. Yo gruñí entre mis labios sin soltar su cadera, a pesar de las ganas que tenía de mover mis manos más arriba.

    Micaela sonrió y acomodó sus rodillas al costado de mi cuerpo. Tenía sus tetas a centímetros de mis ojos e instintivamente me acerqué a besarlas. Un fuerte tirón en mis labios me hizo levantar la vista, encontrándome con la severa mirada de mi subordinada– sólo podés tocarme como, donde y cuando yo te lo diga. ¿Está claro?

    -ji, coo odehes –contesté bajando la cabeza.

    No me di cuenta del significado que mis palabras habían tenido hasta que sentí aflojar la presión en mi boca y al mirar a Micaela verla sonreír ampliamente. Acarició despacio mi pecho y mordisqueó mi cuello. “Muy bien jefecito. Así me gusta” susurró melosa a mi oído. “llevame a nuestra habitación, vamos a estar más cómodos” completó. El hecho que dijera “nuestra habitación” encendió mis alarmas e hizo que demorara en levantarme

    -Si. Dije “nuestra habitación” –dijo remarcando el “nuestra” y leyendo otra vez mi mente– no me tomé más de un año seduciéndote para que sea solo por una noche. Te tengo en mis manos y no voy a dejarte escapar –un escalofrío recorrió mi espalda– pero te aseguro que después de hoy –se introdujo mi pene hasta la mitad y empezó a moverse en círculos– no vas a querer que lo haga.

    Inmediatamente bajó mi corbata y me comió la boca. La voracidad de sus besos contrastaba con la lentitud del movimiento de su cintura. El continúo roce de sus pezones al subir y bajar por mi cuerpo me estaban llevando a estar otra vez a punto de correrme. Micaela se detuvo de nuevo antes de que lo hiciera, aunque esta vez no le rogué que me dejara hacerlo. “Vamos” fue lo único que dijo después de sonreírme. La tomé con firmeza de la cintura y me paré con esfuerzo. Ella me rodeó con sus piernas y me besó.

    Apenas pude llegar hasta mi cama. La apoyé de espaldas sin dejar de besarla. Inmediatamente giró para quedar encima de mí. Sin soltar su cadera me acomodé sobre la almohada. Micaela sonrió al notar que, a pesar de ser lo que cualquiera hubiera hecho en ese momento, no la agarré de la cola. Después pegó mis brazos a la cabecera de la cama y volvió a atarlos con mi cinturón que al día de hoy no sé cómo lo llevó con ella. Finalmente cubrió otra vez mis labios con la corbata y empezó a descender a besos por mi cuerpo.

    Yo gemía y me retorcía sobre el colchón cada vez que sus labios, su lengua o sus dientes rozaban mi piel. Cuando alcanzó la altura de mi pene este ya me dolía de la excitación. Se lo introdujo en la boca despacio y sin sacárselo se dio vuelta, quedando su cola y su concha a pocos centímetros de mi boca. Acerqué mi rostro y acaricié el exterior de su vagina con mi nariz. Mientras succionaba con parsimonia volvió a correr su falda y su bombacha y llevó un pie a tientas hasta la corbata, el cual mordisqueé en cuanto alcanzó su objetivo.

    -Lamé jefecito –ordenó dejando su planta sobre mi boca. Aún dudaba si obedecerle o no cuando volvió a meterse mi miembro por completo en su boca y masajeó la punta con su lengua– exactamente lo que diga sin cuestionarlo –dijo antes de volver a ocuparse de mí, sabiendo que esa muestra y su recordatorio serían suficiente para que le hiciera caso.

    La primera lamida fue algo tímida, pero el suave gemido de Micaela me animó a seguir. El sabor salado de los pies transpirados me resultó menos desagradable de lo que imaginaba. Ya más confiado di el siguiente lengüetazo, que fue respondido con un beso en mi tronco. De a poco fui ampliando la superficie que recorría cada vez. Esto fue premiado con besos de mayor intensidad y pequeños lametones en mi miembro. Al darme cuenta de esta relación puse mayor ahínco en cada lamida.

    -Mmmm que rápido que aprende mi jefecito –dijo cuando pasé mi lengua entre su pie y sus dedos y antes de volver a lamer todo mi tronco y llevarlo entero adentro de su boca.

    Empezó a subir y bajar mientras yo besaba, chupaba y lamía sus deditos. Después de unos minutos empezó a masturbarse, metiendo y sacando rápidamente primero uno y más tarde dos dedos de su empapada conchita. A medida que aumentaba la velocidad de su penetración también aceleraba sus movimientos sobre mi pene. La succión que hacía con sus labios estaba llevando cada vez más rápido el semen hasta la punta. Finalmente su necesidad de gritar por el placer que recibía fue demasiado intensa y se separó de mi miembro aullando como poseída.

    Contrario a lo que pensé en ese momento su estado de éxtasis no la hizo olvidarse de mí y llevó su mano libre a mi tronco, rodeándolo con firmeza. Sin dejar de gritar empezó a jalarlo como si quisiera arrancármelo. A pesar del dolor que me provocaba yo empecé también a gritar de placer, dejando desatendidos sus pies. Como respuesta llenó mi boca con sus dedos, obligándome a expresarme con estos dentro de mi “mmm jefecitooo seguí chupando”, “si, asi. Así”, “mordeme el pie y correte” fueron las palabras que logré entender de todo lo que vociferó. La última frase estuvo acompañada de una nueva aceleración de su masturbación.

    En cuanto apoyé mis dientes sobre su pulgar me relajé y supe que había alcanzado el punto de no retorno. Antes de que el primer chorro escapara de mi cuerpo Micaela sacó su pie y colocó hábilmente su sexo sobre mis labios. Tenía su cola rozando mi nariz y seguía tirando de mi pene con fuerza. “Chuparme el clítoris” me ordenó, dirigiendo mis esfuerzos a dónde más placer recibiría. A pesar de tener la boca llena mi grito liberatorio sonó con fuerza en la habitación, solo tapado por los de mi subordinada, quien una vez que mis dientes atraparon su objetivo empezó además a balancearse sobre mi rostro.

    No se cuanto tiempo estuvimos corriéndonos. Después de terminar de eyacular Micaela seguía frotándose encima de mí mientras me exigía a gritos que no parara. Luego de un largo y último gemido su balanceo rápido se transformó en movimientos circulares más lentos. Yo seguía lamiéndola como podía mientras dulces gemiditos llenaban mis oídos. Uno o dos minutos después suspiró satisfecha y se bajó de mi rostro. Sin darme tiempo a respirar me besó con pasión, logrando que mi aparato retornara a la vida. Cuando sintió mi incipiente erección sonrió y se separó de mí.

    -Que grata sorpresa jefecito –dijo sopesando mis testículos con una de sus manos– pero me gusta que mis hombres estén llenos de leche cuando los cojo y después de lo de recién vas a tardar en estar listo –me dio un beso corto en los labios– pero quizás más tarde podamos hacerlo –se levantó de la cama– ahora vuelvo. No te vayas a ningún lado –sonrió con malicia sabiendo que era imposible mientras caminaba hacia el baño.

    Verla alejarse con la falda por la cintura y el pelo cayendo a su espalda y la promesa de volver a tener relaciones ese día hicieron que mi pene terminara de despertarse, pero sabía que no servía de nada en ese momento.

    Regresó del baño ya vestida y arreglada, aunque todavía descalza. Me besó y desató con cariño, reacomodando la corbata alrededor de mi cuello. Nos quedamos abrazados unos minutos hasta que nuestros estómagos rugieron juntos, recordándonos las horas que hacía que no comíamos. Iba a sacarme la corbata para ponerme más cómodo, pero Micaela me lo impidió agarrándola con suavidad.

    -Dejátela puesta, jefecito –dijo casi rogando mirándome a los ojos, aunque ya sabía que más que un pedido era una orden.

    Me vestí con ropa de entrecasa y nos levantamos de la cama. Tener la corbata debajo de una remera se me hizo algo incómodo al principio, pero luego de unos minutos me olvidé que la tenía.

    Cenamos sentados uno frente al otro. Hablamos de temas profundos y mundanos, sorprendiéndome por lo formadas que estaban sus opiniones para alguien de su edad. Tácitamente evitamos mencionar como cambiaría desde ese momento nuestra relación profesional.

    Después de tragar su último bocado se levantó hambrienta de algo más. Se sentó en mis piernas y empezó a besarme, con sus manos atrapando mi rostro. Nos dimos cariño sin ningún apuro. Nuestras manos recorrían el cuerpo del otro sin dejar de besarnos. Cuando la intensidad de las caricias aumentó se levantó y me ofreció su mano. Nos dirigió hasta el sofá. Me empujó suavemente sobre este y se desabrochó con sensualidad su camisa. En ese momento descubrí que además de su calzado tampoco se había repuesto el sujetador. Quise agarrarle las tetas pero me frenó sujetando mis muñecas con gracia.

    -No, no ,no –dijo sonriendo– Solo cuando te lo indique.

    -Pero… –intenté responder sorprendido, aunque sin mucha fuerza de voluntad para oponerme.

    -Sin peros jefecito –contestó seria– mmm así está mejor –finalizó cuando mis manos se posaron en su cintura antes de volver a besarme.

    Me desnudó sin ninguna prisa. Después se paró y me dio la espalda. Terminó de sacar su camisa y la arrojó sobre el sofá. Continuó con su falda, bailando al ritmo de una música imaginaria. Cubrió sus pechos con una mano y se sentó sobre mí, agarrándose de mi cuello con la otra. La tome de la cintura, dándole el equilibrio necesario para levantarse y bajar su bombacha. Agarró y me puso un preservativo que había preparado sobre el sillón antes de volver a sentarse. Luego acarició mi pecho casi rasguñándome.

    Después empezó a enrollar la corbata en una mano y llevó la otra a mi mejilla. Me besó con dulzura y acercó su cuerpo hasta rozarme con sus pechos. Gimió al notar mi pene totalmente erecto y palpitante. Al separar nuestros labios tiró de la corbata hacia abajo con suavidad. Con mi rostro a la altura de sus senos la miré suplicante. Me tomó de la cabeza llevando mi boca a su teta derecha. Lamí y chupé despacio. Conmigo pegado a su piel se penetró y empezó a moverse en círculos lentamente. El contacto de mi miembro con el suyo hizo que la mordiera suavemente cuando un gemido intentó escapar desde lo más profundo de mis entrañas.

    “Aahhh” gritó con sorpresa y placer mi subordinada al sentir el contacto de mis dientes, mientras aumentaba momentáneamente su ritmo presa del gozo. Pocos segundos más tarde retomó su velocidad anterior. “Seguí lamiendo jefecito” dijo una vez recuperado el control sobre su cuerpo. “Chupame el pezón”. A pesar de no verla pude sentir la sonrisa de satisfacción de Micaela cuando cumplía sus órdenes. “Mmmm mordeme despacio”. Cada deseo satisfecho fue acompañado de un gemido y una leve aceleración de sus movimientos.

    Una vez alcanzada la cadencia adecuada para su gozo me separó de ella y empujó contra el sillón. Volvió a amordazarme y tomó mi rostro con sus dos manos, acercando nuestros labios a pocos centímetros. Me besó sonriente sobre la corbata, mi barbilla y mi cuello. Mis manos seguían aferradas a su cintura. Apoyó sus manos en mis hombros y alejó levemente su cuerpo. Tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta. Aproveché la oportunidad para contemplar el bamboleo de sus senos. Quería apretarlos con mis dos manos, pero había sido muy clara en que no lo hiciera.

    Abrió los ojos y me sonrió un segundo antes de empezar a moverse a toda velocidad. Mi pene entraba y salía de su concha completamente. “ay así si jefecito” “un poco más” “no pares ahora” fueron las pocas frases que logré entender que gritó entre sus gemidos. Yo también estaba al límite y me concentraba en no acabar.

    Después de que tuviera un orgasmo intenso pensé que era mi turno, y me relajé dejando fluir las sensaciones de mi entrepierna. Todavía montándome, aunque ya más calmada Micaela me miró y me dijo “todavía no jefecito. Quiero disfrutarte un poco más”. No sé cómo hice para evitar mi explosión eyaculatoria, pero logré hacerlo. El ritmo pausado con el que mi subordinada se movía seguramente haya contribuido. Apoyó sus manos en mi pecho y empezó a moverse en círculos. Yo mordía la corbata con fuerza y la miraba con los ojos abiertos de par en par.

    -¿Te gusta jefecito? –me susurró con la respiración entrecortada.

    -Ji Mica –Contesté también jadeando.

    -¿Es cómo te lo imaginabas?

    -Mejod –sonrió ante mi respuesta. Agarró mis dos manos y las colocó en mis hombros

    -Me encanta tenerte así –susurró acercando su rostro hasta que nuestras narices se rozaron– no sabés hace cuánto que lo deseaba –me besó suavemente sobre la corbata y se penetró con mayor profundidad.

    Gemimos al unísono cuando mis huevos chocaron con el exterior de su vagina. Se alejó lo suficiente para que pudiera contemplarla entera. Tenía su mano izquierda aun sosteniendo mi mano derecha, la boca entreabierta y los ojos cerrados. La corbata daba una vuelta sobre su mano derecha la cual mantenía al lado de su cabeza.

    Estaba completamente estirada y me obligaba a mantener la cabeza levantada. Micaela se hamacaba despacio sobre mí, haciendo sus pechos bambolear al mismo ritmo. Las penetraciones eran largas y profundas. Me sonrió al notar como la observaba cuando abrió los ojos. De repente empecé a sentir su sexo contraerse sobre el mío. Lo envolvía con una cálida caricia. Sus gemidos se hicieron más intensos.

    “Acabá conmigo jefecito” llegó a decirme antes de que le llegara su orgasmo. En ese momento relajé mi próstata y sentí la explosión de placer partir de la punta de mi miembro. Bufaba mordiendo con todas mis fuerzas la corbata mientras sentía como uno tras otro chorro escapaba de mi cuerpo. De a poco el fluido empezó a demorar más su escape y lo hacía cada vez en menor cantidad. Finalmente di una última sacudida y me desplomé agotado en el sillón.

    Micaela tampoco tenía más energía y se dejó caer encima de mí. El último gemido escapó de sus labios cuando se sacó mi pene de su interior. De los míos cuando me retiró el preservativo. Me bajó la corbata y me besó con dulzura. Nos abrazamos en silencio unos minutos. Cuando la miré estaba dormida. La contemplé descansar unos instantes y luego la cargué hasta la cama. La tapé y me acosté a su lado, sin siquiera sacarme la corbata. En menos de un minuto ya estaba completamente dormido.

    Cuando me desperté Micaela ya se había levantado y preparado el desayuno. Estaba vestida y arreglada. Me dio los buenos días y me dejó alistarme. Quise volver a tener intimidad, pero me dijo que ya era tarde y teníamos todo el fin de semana para no salir de la cama. El viaje al trabajo fue animado. Una vez en la oficina empecé a sentirme extraño. Me costaba mirar o hablar con Micaela. Me sentía raro estando a solas con ella. Por su parte mi subordinada no dejaba de lanzarme miradas. En cuanto todos se fueron Micaela se colgó de mi cuello y me comió la boca, lo que ayudó a que no pensara tanto y me sintiera más tranquilo.

  • Profesora caliente (2)

    Profesora caliente (2)

    Como mencioné en el relato anterior, en mis años de estudiante, tuve una profesora de inglés muy bella y sensual, ella era (aún lo es) extremadamente caliente, muy linda de piel morena clara, de rostro delgado, ojos grandes de color café oscuro muy expresivos, nariz afilada, labios gruesos y carnosos, cabello negro, largo hasta la cintura, de complexión delgada, pero unas curvas tremendas, de piernas largas muy torneadas, caderas anchas, tetas grandes.

    Después de un encuentro caliente en un aula del Instituto de Investigaciones de la Facultad, iría a una reunión con motivo de la celebración de las Fiestas Patrias, con compañeros de su trabajo.

    Salimos del aula con mucha fuerza de voluntad, al acompañarla a su auto me dijo que me había ganado un premio muy especial, se acercó a mi oído para susurrar “quiero esa verga dentro de mi culo”, al subirse a su auto puso sus manos en la cintura, se empezó a mover de manera extraña, se sentó dejando sus pies fuera del auto, entonces me di cuenta lo que hacía, se estaba quitando la tanga, al verla sacar su ultimo pie ya estaba muy excitado, ella abrió las piernas deliberadamente para dejarme ver sus muslos y su aún húmeda vagina, mientas se acomodaba en el asiento, me dio la tanga al tiempo que me sonreía muy sexy y me decía, “te la ganaste a pulso”.

    Yo la tomé, se sentía caliente y húmeda, le dije que la seguiría en mi auto hasta el lugar de a reunión con sus compañeros de trabajo, al ir hacia mi auto iba oliendo la tanga que ella me había dado, era un aroma que mezclaba su perfume con su olor a hembra caliente muy excitante, yo quería ir en ese momento al motel más cercano, pero ella ya tenía un compromiso al que no podía faltar, en el camino al lugar de su reunión, yo iba pensando en su culo, en tenerla desnuda, recorriendo cada palmo de su piel caliente y penetrándola por todas sus cavidades.

    Al llegar al salón donde era su reunión, se detuvo antes de la entrada al estacionamiento, yo también me detuve, bajé de mi auto para acercarme al suyo, ella me dijo que estaríamos poco tiempo, porque estaba caliente y quería coger, además me comentó que estaría un tipo muy pesado que trataba de conquistarla, era un tipo al que yo también conocía, demasiado engreído y molesto. Yo estuve de acuerdo, le dije que si por mí fuera ya estaría adentro de su culo, besando su espalda, ella sonrío seductoramente al tiempo que me decía, que fuera paciente, que lo disfrutaríamos mucho.

    Me regrese a mi auto, entramos al estacionamiento para acomodar los dos vehículos, bajé de del mío para ir al de ella, abrí la puerta para que bajara, ella tenía el vestido muy arriba, lo que dejaba admirar ese par de muslos y un poco más, al bajar de su auto abrió sus piernas nuevamente, permitiéndome ver sus húmedos labios vaginales, como seguían llegando más automóviles al lugar, se acomodó el vestido, me tomó del brazo y nos dirigimos al salón.

    Al entrar al salón, muchas miradas se volvieron hacia nosotros, ella atraía la atención de muchos hombres y mujeres, algunas personas me miraban a mí, con sorpresa o tal vez intrigados por saber quién era yo, hubo varias personas que nos invitaban a su mesa, sin embargo, ella ya sabía a donde se sentaría, una mano a lo lejos le hizo señas, nos dirigimos allá para sentarnos, me presentó a sus compañeros de oficina, ella mencionó que yo era amigo de hermano desde hacía muchos años, que ya casi era parte de su familia.

    Cabe señalar que para ese entonces yo ya estaba trabajando, así que todos los días vestía de traje, ese día no era la excepción, por lo que no desentonaba con la formalidad de la fiesta, puedo decir que hacíamos una linda pareja, mis trajes de oficina eran de tonos oscuros, negro, azul, gris, lisos o estampados, pero en esos colores, ese día llevaba un traje gris con estampado escocés y casualmente, corbata roja con gris.

    Ya sentados, la forma cuadrada de la mesa, nos ayudaba a darnos caricias bajo la mesa, sin que se notara demasiado, ella acariciaba mis piernas y mi verga constantemente, yo devolvía las caricias a sus muslos, a pesar de que ella subió un poco su vestido, no era suficiente para que mi mano pudiera llegar a sus calientes labios vaginales sin hacerlo demasiado evidente; entre pláticas, risas comida y tragos transcurrieron los minutos.

    De pronto se acercó el tipo nefasto que la pretendía, sorprendido me miró, para después preguntarle a ella ¿qué haces con éste? (refiriéndose a mí), ella le respondió que no era de su incumbencia, para ignorarlo y continuar platicando con los demás, yo lo mire con burla y de manera retadora, él optó por retirarse de nuestra mesa.

    Transcurrieron unos minutos más, ella me dijo que bailáramos un poco antes de irnos, estuve de acuerdo, así que me levanté, la ayudé a levantarse de su silla, después de que acomodara su vestido, nos encaminamos a la pista de baile, ella traía muchas miradas, lucía espectacular con ese vestido rojo, camino a la pista de baile me presentó a su jefe, un tipo muy agradable y amable, continuamos nuestro camino a la pista, una vez instalados, empezamos a bailar, la tomé de la cintura, pegándola mucho a mi cuerpo, la poca iluminación y juego de luces en la pista ayudaron a disimular el rose de nuestros cuerpos, sentía sus tetas en mi pecho, cuando dábamos vueltas o el algunos movimientos ella pegaba sus piernas o nalgas a mi pene erecto.

    Nos estábamos divirtiendo mucho en verdad y disfrutando el momento, pero de pronto teníamos al lado al tipo nefasto, que le prestaba más atención a mi pareja que a la suya, intentaba llamar la atención de mi bella y caliente profesora, pero lejos de atraerla, lo único que consiguió fue quedar en ridículo, su presencia en la pista ayudó para que ella decidiera retirarse de la fiesta, lo que yo agradecí infinitamente, pues ya quería tener mi falo dentro de ella.

    Nos despedimos de sus compañeros, fuimos al estacionamiento, hablé con el encargado para dejar un auto en el lugar, después de una propina aceptó.

    Nos fuimos los dos en mi auto, al abrir la puerta para que ella subiera, pegó sus nalgas a mi pene, cuando subió, abrió sus piernas para mostrarme nuevamente sus húmedos y brillantes labios vaginales, mientras sonreía seductoramente.

    Subí al auto para dirigirme al motel más cercano, ella empezó a acariciar mi verga encima del pantalón, mientras besaba mi oreja, mi mejilla, mi barba, de pronto se incorporó, subió su vestido sobre sus muslos, se acomodó en el asiento de copiloto, de tal manera que quedo de rodillas junto a mí, entonces bajó el cierre de mi pantalón para liberar mi falo erecto, primero besó la punta, después lamió todo el líquido que había expulsado de tanta excitación, en seguida devoró mi verga completa, podría sentir su garganta, así como las arcadas que le ocasionaba tenerlo todo dentro.

    El camino se me hizo eterno mientras ella subía y bajaba acariciando con sus labios y lengua todo mi miembro, finalmente pude ver el anuncio del motel, en la entrada toqué desesperado el timbre, de inmediato me indicaron a qué habitación dirigirme, una vez dentro, ya con la cortina abajo, intenté bajar del auto, pero ella no se despegaba, aumento de intensidad sus movimientos, al tiempo que acariciaba mis bolas con sus uñas de una forma deliciosa, ya sentía que iba a explotar dentro de su boca, en último esfuerzo traté de retirarla, pero ella se aferró a mi falo, tragando toda mi leche, fue una de las mejores mamadas que he recibido, después de que limpió todo mi tronco con su lengua, quedé unos minutos en el asiento recuperando fuerza.

    Mientras me recuperaba ella me miraba sonriente, me preguntó si me había gustado, le respondí que me había encantado, ella me dijo que la noche era larga y que esperaba un buen desempeño de mi parte, ya recuperado bajé del auto, fui a su puerta para abrirla, ella ya la había abierto, me esperaba con los pies en el piso, el vestido arriba de sus muslos, las piernas abiertas sus manos separando sus labios vaginales al tiempo que me decía “está hambrienta de ti”.

    Le ayudé a bajar, la levante para entrar a la habitación, nos besamos apasionadamente, nuestras lenguas se envolvieron en juego sensual, la deposité en la cama, su mirada lasciva era una invitación al placer, mientras ella se quitaba el blazer, yo abrí sus piernas que dejaron ver una vagina brillante por los líquidos que escurrían, una vez que se quitó el blazer, ambos nos empezamos a desnudar mutuamente, hasta quedar sin ropa, mi verga ya había recuperado su firmeza.

    Nuevamente la tumbé en la cama, mientras nos besábamos y acariciábamos, ella me dijo, “ya métela en mi culo”, al tiempo que acariciaba mi verga con su mano, sin embargo, la metí primero en su vagina mojada y caliente, no tuve que bombear mucho para sentir como mojaba nuevamente todo mi tronco al tiempo que su cuerpo se tensaba, me abrazó fuerte, yo besaba sus tetas, su cuello sudoroso, mientras bombeaba un poco más, ella suplicaba “ya la quiero dentro del culo”.

    Saqué mi miembro mojado de su vagina, me deslicé hacia abajo recorriendo con mi lengua su boca, su cuello, sus tetas, en donde me detuve para morder sus pezones, continué bajando hasta llegar a sus labios vaginales, se sentía el calor que desprendían, recorrí con mi lengua los húmedos pliegues, seguí bajando hasta llegar a su culo, estaba mojado con sus propios jugos, recorrí con mi lengua el contorno, con mis manos separé su apretado ano, para introducir mi lengua, haciendo que ella dejara escapar algunos gemidos, me gritó “ya métemela, quiero sentirla dentro” me incorporé para tomar mi falo con una mano y guiarlo a su mojado ojete, mojado como estaba no fue difícil que entrara.

    Una vez que entró la cabeza de mi verga, el tronco fue resbalando sin problema, su culo se ajustaba como guante a mi pene, empezamos a movernos acompasadamente, llevé sus piernas a mi pecho, la intensidad de los movimientos aumentaba, así como sus gemidos que se convirtieron en gritos, sus tetas se movían al ritmo de nuestros cuerpos, yo empujaba mi falo lo más adentro que podía, mis bolas chocaban en sus nalgas, mis labios besaban sus pies, la intensidad aumentó.

    Ella llevó sus manos a su tetas, las apretaba, seguí bombeando mientras ella gritaba que no parara, se acercó una teta a la boca para morderse un pezón, yo sentí como escurrían jugos de su vagina en mi falo, mi excitación aumento al máximo, no pude aguantar más, embestí profundo al tiempo de soltar mi leche dentro de su recto, rendido me dejé caer encima de ella, para sentir sus brazos en mi espalda y darnos un apasionado beso.

    Así permanecimos unos minutos, ella me dijo que obtuve una calificación sobresaliente, pero que aún la noche era larga y que seguiría examinándome, me intenté levantar, pero ella me pidió que permaneciera así, en esa posición quedamos varios minutos, después nos fuimos a dar un baño y la noche continuó con otras deliciosas experiencias que les contaré más adelante.

    Kazador69

  • En el hotel pagado por Pedro

    En el hotel pagado por Pedro

    Unos días después de la fiesta en casa de Pedro, sonó mi celular, no sabía quién era, ya que no reconocía el número. Contesté y me di con la sorpresa que era Mariela.

    -Hola Gonzalo –dijo– Soy Mariela, quería ver si estabas libre mañana en la noche.

    -Hola ¿Cómo estás? –respondí– claro que sí, para ti estoy libre siempre.

    -Que bien, mira, le saqué plata a Pedro –dijo– ¿Qué te parece si nos vemos en el hotel? ¿te parece bien a las 10?

    -Está bien, justo tengo unas cosas que hacer en la tarde, pero a las 10 ya estaré libre –dije, para sonar ocupado– igual si se demora, lo dejo y voy a verte. Te tengo unas ganas.

    -Yo también –respondió contenta –con decirte que, al día siguiente de la fiesta, Pedro quiso coger y ni siquiera me mojé y ya se había venido.

    -Jajaja –reí– que tal imbécil. Pero no te preocupes, que mañana te vas a correr por lo que no te corriste ese día.

    Al día siguiente, nos encontramos cerca del hotel, entramos de la mano, nos registramos, pagó la noche y nos fuimos a la habitación. Al entrar, rápidamente se fue al baño con su bolso, dijo que se pondría cómoda. En la habitación había una cama Queen, una mesa redonda con dos sillas y un jacuzzi. Me desnude, hasta quedar en bóxer. Tenía un bóxer negro, muy pegado, me pene estaba a media erección, pero ya se notaba un buen bulto en el bóxer. Esperé unos minutos hasta que salió Mariela. Vestía un babydoll blanco medio transparente, que dejaba ver que en la parte de arriba no llevaba sostén.

    Se veían sus hermosas tetas, con unos pezones duros. En la parte de abajo, llevaba un hilo negro, con un pequeño triangulo que tapaba su vagina, pero dejaba ver sus vellos púbicos. Por la parte de atrás, el hilo se metía entre sus nalgas y dejaba ver ese hermoso culo.

    -¿Cómo me veo? –preguntó, mientras modelaba– ¿te gusta?

    -Me encanta –respondí sentándome en la cama– te ves riquísima.

    -Lo acabo de comprar –dijo– con la plata que me dio Pedro, lo estrenare contigo y después, manchado con tu semen, lo usaré con él.

    -Jajaja –reí– te lo dejaré bien manchado entonces, jajaja.

    Se acercó a mí y nos besamos muy apasionadamente. Comencé a masajear sus nalgas, levantando ligeramente el babydoll. Ella sobaba mi pene por encima del bóxer, que ya estaba bien duro. Los besos se hicieron más calientes. Le saqué el babydoll, sus tetas quedaron frente a mí. Las comencé a besar, le lamia los pezones. Luego, ella se arrodilló frente a mí, comenzó a besar mi peen por encima del bóxer, pasaba su lengua por el tronco. Con los dientes, comenzó a bajar mi bóxer, hasta que mi pene saltó. Se lo metió en la boca rápidamente, mientras me terminaba de sacar el bóxer.

    Mientras me chupaba el pene, yo masajeaba sus tetas. Una vez más, su mamada dejaba mucho que desear, pero cumplió con el objetivo, mi pene estaba muy duro y lubricado. La levanté, la recosté al borde de la cama. Me agaché y comencé a lamerle la vagina. Estaba muy húmeda, así que no demoré mucho ahí. Tenía muchas ganas de metérsela. Me acomodé frente a ella, abrí sus piernas, corrí el hilo a un lado y se la metí sin compasión hasta el fondo.

    -¡ahhh! Que rica pinga tienes –dijo, soltando un pequeño gemido– métemela hasta el fondo.

    -Te gusta duro ¿no, perrita? –dije, mientras aceleraba las embestidas– te voy a coger tan duro que cuando te coja Pedro, ni lo vas a sentir.

    Comencé a meterla fuerte, su vagina se sentía muy húmeda y caliente. Le besaba las tetas, le mordía los pezones. Mariela gritaba de placer. Levanté sus piernas, las puse en mis hombros, le agarré de las nalgas y comencé a embestirla fuertemente. Le apretaba las tetas fuertemente mientras la penetraba.

    -¡me corro! ¡no pares por favor! ¡sigue así! ¡Ahhh! –comenzó a gritar Mariela mientras se venía– ¡que rico! ¡si! ¡ahhh!

    -¡si! ¡córrete! Mójame la pinga con tu corrida, zorra –dije– te gusta que te cojan duro como a una perra ¿verdad? ¡puta!

    -¡si! Hazme tu perra. Dame como a una puta –dijo, aun gimiendo– soy tu perra, tu puta. Cógeme duro.

    Mariela se estaba volviendo loca, le encantaba que le diga perra, que la coja duro como a una puta. Le pedí que se ponga en cuatro patas. Me puse detrás de ella y se la volví a meter. Volvió a gritar muy fuerte. Se la metía con fuerza, mientras le daba nalgadas. después de unos minutos, me quería venir, así que se la saqué de la vagina y la recosté boca arriba en la cama.

    -Te voy a tirar toda la leche encima y lo que no te tragues, lo limpiaras con el babydoll –dije, mientras me masturbaba frente a ella, apuntando a su cara y sus tetas– ¡Ahhh! –grité lanzando un gran chorro en su cara y tetas.

    -¡que rico! Cuanta leche. Esta calientita –dijo, mientras saboreaba el semen que cayó en su cara y su boca.

    Le pasé el babydoll y se limpió las tetas con él, para luego chupar el semen que quedó manchado. Fui hacia el jacuzzi y lo prendí. Comenzó a llenar y me acosté a su lado para besarnos mientras le sacaba el hilo, manchado por sus jugos. Nos besamos unos minutos, mientras nos manoseábamos. Nos comenzamos a masturbar mutuamente. Su vagina estaba muy mojada y mi pene se puso duro rápidamente. Se subió encima mío, se ensartó mi pene de un sentón y comenzó a moverse deliciosamente. Saltaba encima de mi pene, mojándolo todito, se resbalaba fácilmente.

    Cuando se llenó el jacuzzi, nos metimos. Una vez dentro, se recostó encima mío, dándome la espalda. Sus nalgas encima de mi pene. nos quedamos un rato así, mientras amasaba sus tetas, ella frotaba sus nalgas en mi pene y se masturbaba metiendo dos dedos en su vagina. Le comencé a besar el cuello. Giró su cabeza hacia mí y nos besamos. Su lengua jugaba dentro de mi boca, la mía hacia lo mismo en la suya.

    De repente, se levantó, acomodó mi pene en la entrada de su vagina y de un sentón se lo metió todo. Podía ver sus nalgas rebotar encima del agua, mientras hacía desaparecer mi pene dentro de su caliente vagina. La comencé a nalguear y ella seguía moviéndose. Le apretaba las nalgas. Se sentía muy rico mientras se movía y sonaba el chapoteo en el agua. Mariela estuvo unos minutos sentándose encima de mi pene, hasta que me levanté, la puse en cuatro patas y la comencé a embestir yo. Le daba unas embestidas fuertes y rápidas, el agua salpicaba por todos lados, cada vez que mi cuerpo chocaba contra sus nalgas.

    Lo embestía rápidamente, todo el cuerpo de Mariela se movía con fuerza, mientras la embestía. Sus tetas chocaban contra el agua y salpicaba el agua. Luego, me salí de dentro de ella, puse mi cara entre sus nalgas y comencé a chuparle la vagina, pasaba mi lengua desde su vagina y llegaba a su ano, lo ensalivé bastante. Y metí dos dedos de golpe.

    -¡si! ¡así! Ábreme el culo, pero métemela en la concha –dijo Mariela– quiero tu pinga en la concha, de ahí me la metes por el culo.

    -Tómala entonces –dije, mientras se la metía de golpe, nuevamente en la vagina– Me encanta tu culo, te lo quiero partir en dos –dije, mientras metía dos dedos rápidamente en su ano.

    -¡si! ¡Ahhh! Yo también quiero que me lo partas –dijo gimiendo– ese cabrón no quiere cogerme el culo.

    -Yo te lo voy a dejar bien abierto, no te preocupes –dije.

    -¡si! ¡por favor! ¡sigue! ¡así! ¡no pares! –gritó.

    Después de unas buenas embestidas en su vagina, y con su ano bien dilatado. La saqué de su vagina y se la metí de golpe en el ano. Lo había dejado bien abierto con los dedos, además los fluidos de su vagina, habían embarrado mi pene, lubricándolo, así que entró de golpe. Comencé a moverme rápido, realmente quería romperle el culo. Estuvimos un buen rato en esa pose, hasta que me dieron ganas de cambiar de posición.

    La levanté, salimos del jacuzzi, la arrodillé en la alfombra, pegué su cara al piso, y así, con el culo levantado, me acomodé encima de ella, y se la metí de golpe por el ano. Me coloqué de tal manera que le daba la espalda a su cabeza. Al entrar en su culo, nuestras nalgas chocaban unas con otras.

    -¡ah! ¡que rico! Extrañaba sentir una buena pinga en el culo –gemía ella– ¡sigue! ¡por favor! Rómpeme el culo.

    -No sabe lo que se pierde Pedro –dije, sin dejar de penetrarla– que rico ano tienes. ¿Te gusta cómo te cojo? ¿mejor que Pedro?

    -¡si! Mucho mejor. Igual, con la pinguita que tiene el cabrón, casi ni la siento –dijo.

    No sabía si era verdad todo lo que decía de Pedro, pero me alegraba. Después de unos minutos, de culearla, me dijo que le dolía, que quería que le llene la vagina de leche. Así que la recosté boca arriba y se la metí de golpe en la vagina. Su vagina estaba muy mojada, se debió haber corrido varias veces, mientras la cogía por el culo. No tardé mucho en venirme.

    -Ahí viene –dije, sin parar de moverme– pídeme que te de leche, suplica perra.

    -Por favor, dame tu leche caliente, lléname de leche la concha –suplicaba– por favor, quiero tu leche. Dámela toda que me corro contigo.

    -¡si! ¡Ahhh! Toma tu leche, zorra –dije mientras me corría dentro de ella– ¡Ahhh! ¡Ahhh!

    -¡Ahhh! Yo también me corro ¡Ahhh! ¡si! ¡Ahhh! –gritó ella.

    Caí encima de ella, agotado. Caí directo a chuparle las tetas, se las lamia, las besaba, le mordía los pezones. Por más cansado que estaba, quería seguir cogiéndomela. Quería dejarla más que satisfecha, solo con la intención de joder a Pedro. Nos quedamos unos minutos en la alfombra, desnudos, abrazados.

    Después de unos minutos, nos levantamos y nos fuimos a la cama, nos comenzamos a besar, le metí dos dedos en la vagina, la cual ya estaba húmeda. Comencé a mover rápido mis dedos dentro de ella. Ella gemía y su vagina se mojaba cada vez más. La besaba desesperadamente en la boca, nuestras lenguas jugaban entre sí. Pasé a chuparle las tetas, lamia y chupaba sus pezones, que ya estaban bien duros. Mi pene ya estaba completamente erecto nuevamente. comenzó a temblar y mis dedos chapoteaban dentro de su vagina.

    -Me vas a hacer correr de nuevo maldito –gritó– ¡Ahhh! ¡sigue así! ¡Ahhh! –se corrió fuertemente, con mis dedos en su vagina.

    -Me encanta como te corres –dije– eres una putaza. Me encantas.

    -Dame tu pinga, te la quiero chupar –dijo, acostándose encima mío, poniendo su vagina en mi cara– pero bésame la concha.

    Se metió mi pene a la boca mientras frotaba su vagina en mi cara. Sus jugos me mojaban la cara. Pasaba mi lengua por su vagina, sorbiendo sus jugos. Que rico sabia su vagina. Estuvimos así un buen rato, mi pene estaba durísimo. Se levantó y se sentó encima de mi pene, metiéndoselo de golpe. Sus nalgas rebotaban en mi abdomen, mientras ella saltaba encima mío, haciendo desaparecer mi pene. la nalgueé muy fuerte. Ella seguía saltando encima mío, se movía delicioso.

    Después de unos minutos, fue girando, lentamente, quedando primero de costado, moviéndose rápidamente, de adelante para atrás. Luego volvió a girar, para quedar frente a mí, sus tetas saltaban con cada movimiento. Las agarré y las comencé a masajear, le di unas cuantas palmadas en las tetas, pareció gustarle, así que seguí. Me pedía que le dé más fuerte, así que golpeaba sus tetas con fuerza.

    -Así dame duro, golpéame las tetas –dijo, gimiendo– me gusta que me golpees.

    -¿si? Te gusta que te trate como puta ¿no? –dije, mientras la golpeaba en las tetas.

    -¡si! Me encanta que me golpees –dijo– dame en la cara, quiero que me trates como a una puta barata.

    -Será mi puta entonces –dije, mientras le daba bofetadas suaves en las mejillas– toma perra.

    -¡si! ¡así! Mas fuerte –suplicaba ella mientras saltaba encima de mi pene.

    La di dos bofetadas fuertes en las mejillas. Ella gemía, le gustaban las bofetadas. Seguimos así unos minutos más, hasta que me pidió que le dé en misionero. La cargué, con mi pene aun dentro y la lancé en la cama, tirándola como si fuera un paquete. Apenas cayó abrió las piernas estirándolas hacia los lados. Me tiré encima de ella y la penetré fuertemente hasta el fondo. Lanzó un pequeño quejido, pero me agarró rápidamente de la cintura y comenzó a mover sus caderas para frotar su clítoris con mi pelvis. Me comencé a mover rápidamente, mientras le daba bofetadas fuertes en las mejillas, las cuales comenzaron a ponerse rojas.

    -¡si! Así me gusta –gritaba– cachetéame fuerte que me voy a venir. Vente conmigo por favor.

    -Toma zorra –dije moviéndome cada vez más rápido– te gusta duro ¿no zorra? Me voy a correr y llenarte de leche puta.

    -¡si! ¡así! No pares ¡Ahhh! Me corro otra vez puto de mierda ¡Ahhh! –gritó mientras se corría temblando y convulsionando.

    -Ahí va tu leche zorra –dije, corriéndome dentro de ella– ¡Ahhh! Que rico. ¡Ahhh!

    -Que rica se siente tu leche dentro –dijo.

    -Que rico coges, me encanta lo puta que eres –dije, dándole un beso muy ardiente en la boca– quiero cogerte siempre. Deja a ese imbécil y se mi puta.

    -No puedo dejarlo –dijo– será un imbécil, pero ahora necesito que me mantenga.

    -Entonces quiero ser tu amante a tiempo completo –dije– quiero que cuando te llame vengas corriendo y me cojas.

    -Eso sí me encantaría. Yo también quiero que me cojas siempre –dijo.

    Después de eso, nos vestimos, y nos fuimos cada uno a sus casas. Después de eso, nos vimos muchas veces más. Cogíamos casi todos los dias, nos habíamos vuelto adictos el uno del otro.

    Un día, se organizó una feria en la universidad, las diferentes especialidades exponían sobre lo que realizaban en sus diferentes carreras. Pedro llevó a Mariela. mientras estábamos ahí, ellos estaban dando vueltas solos, yo paraba en grupo con mis amigos. De vez en cuando nos mirábamos, cómplices. Decidí mandarle un mensaje, me la quería coger ahí.

    -Te ves deliciosa, quiero cogerte ahorita mismo –escribí.

    -Ahorita no puedo, esta Pedro acá –respondió.

    -La vez pasada prometiste que cuando te quiera coger, dejas todo y me coges –dije.

    -Pero, ¿Cómo hacemos? –respondió.

    -Voy a mandar a un amigo a distraer a Pedro, cuando llegue, le dices que iras al baño. Ahí nos encontramos.

    -Ok, pero ¿Qué baño?

    -Me sigues –dije.

    Hablé con Carlos, le pedí que vaya a preguntarle cualquier cosa a Pedro y que lo distraiga un rato. El aceptó. Me separé de mi grupo y me fui a camino a uno de los baños. La esperé. Un rato después, apareció Mariela, la tomé de la mano y la llevé a un salón un poco alejado. Entramos, cerré la puerta y la apoyé en una carpeta. Felizmente iba con un vestido de verano, suelto. Así que le subí el vestido a la cintura, bajé su calzón, hasta las rodillas. Me bajé el pantalón y se la metí de golpe. Comencé a embestirla rápidamente, se la metía con fuerza, con una mano le jalaba el cabello con fuerza y con la otra le daba nalgadas muy fuertes. Mariela no paraba de gemir.

    -¡así! ¡no pares! Sigue así –dijo gimiendo fuertemente– me encanta como me coges.

    -¿te gusta perrita? Te gusta que te coja con tu novio tan cerca ¿no? –dije, embistiéndola más fuerte.

    -¡si! Que se joda ese cabrón.

    La cargué y la recosté boca arriba encima del escritorio. Le saqué los tirantes del vestido, sus tetas salieron a la vista, ya que no llevaba sostén. Puse sus piernas en mis hombros y la penetré fuertemente. Estaba en la gloria, dándole con mucha fuerza. Mariela se corrió, gritando.

    -¡Ahhh! Que rico. Me corro –dijo– apúrate que se va a preocupar.

    -Te voy a llenar la concha de leche, hasta que se escurra en tu calzón, y así vas a ir con el imbécil de tu novio –dije sin parar de embestirla.

    -¡si! Quiero que te huela –dijo la muy perra.

    La volví a apoyar en el escritorio, dándome la espalda. Se la metí de golpe y me moví lo más rápido que pude, para poder venirme rápido. Mis embestidas eran muy rápidas. Mariela seguía gimiendo, creo que se corrió una vez más. Seguí, hasta que ya no aguanté más y me vine dentro de ella. lance varios chorros dentro de ella. me estaba viniendo con mucha fuerza. Mariela gemía fuertemente. Saqué mi pene de su vagina y rápidamente subí su calzón. Al instante pude notar como se humedecía con mi corrida que salía de su vagina.

    -Así quiero que te vayas, oliendo a mi leche –dije.

    -Quiero probar tu pinga, y con ese delicioso sabor, besa a Pedro –dijo burlonamente.

    Se agachó, se metió todo mi pene a la boca, lo lamia, lo saboreaba, chupaba cada resto de corrida que quedaba. Yo aprovechaba para sobarle las tetas, que aún estaban al aire. Cuando termino de limpiarme el pene, se levantó se acomodó el vestido y el cabello. Salí primero yo, para ver que no haya nadie y le dije que salga. Cuando salía por la puerta, la retuve un momento, metí mi mano entre sus nalgas y metí un dedo en su ano.

    -Este te lo rompo en la noche –dije– estaré solo en casa hoy.

    -Pero temprano tiene que ser, que me ha invitado a cenar con sus papás –dijo sonriendo.

    -No te preocupes, te reviento el culo rápido y te vas a cenar con tus suegros, oliendo a mí –dije burlándome.

    Se fue y un minuto después salí yo, fui donde estaban mis amigos. Al verme Carlos se rio. Nadie más entendía por qué. Busqué donde estaban Pedro y Mariela, cuando los encontré, Mariela me miró, sonriendo, y le dio un beso en la boca a Pedro. Me reí.

    Ese día en la noche, Mariela fue a mi casa, bien vestida, imagino que la cena seria elegante. Cogimos un par de veces, le rompí el culo, me vine una vez más en su vagina y una en su boca. Así se fue a su cena familiar.

    Al día siguiente me contó que Pedro le había pedido matrimonio y ella había aceptado. Sabía que, así, tendría la vida asegurada. Lo malo fue que al estar comprometida, quería serle fiel a Pedro. Ese fue el último día que cogimos. Después de un tiempo, se casaron. Su matrimonio duró unos 5 años, hasta que se separaron y Mariela se quedó con su dinero. Nunca más los volví a ver.

    Fin

  • Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 2)

    Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 2)

    Aunque hace demasiado tiempo de mi anterior relato, ofrezco la continuación del mismo, prometiendo, si os gusta, continuar la historia más asiduamente.

    ***************

    Rápidamente, fui a la cocina. Ni siquiera me molesté en guardar mis pechos en el suje. Para qué, pensé.

    En la cocina, dudaba. ¿Qué podía ofrecerle?, ¿Una cerveza? Mi marido y yo no somos de beber mucho y casi no tenemos botellas de alcohol en casa. Pero, para ocasiones especiales, tenemos una botella de Ron Cacique guardada en uno de los armarios inferiores de la cocina.

    La saqué y preparé dos copas. Una, bien carga, para Pepe. La otra, algo menos llena, para mí. De mi copa, apenas di un traguito. Como dije en mi anterior relato, no soy de beber mucho y no quería estropear esa noche.

    Cogí las dos copas y me dirigí, aún con mis pechos por encima de mi suje, al salón.

    Cuando llegué, casi se me caen las copas al suelo por lo que vi.

    A Pepe, totalmente desnudo, sentado en el sofá, mirándome, muy serio. Su ropa, arremolinada en el suelo. Yo le contemplaba desde el quicio de la puerta que separa el salón del pasillo.

    Veía esa descomunal barriga, llena de vello cano. Su escaso pelo cano ya estaba perlado de sudor (hacía calor).

    -¿Te vas a quedar ahí o qué? –Me dijo, muy serio

    Caminé hacia él mientras notaba como un escalofrío recorría mi espalda. Le entregué su copa y bebí un trago de mi copa. Trago, que casi escupo de la emoción al escuchar sus palabras:

    -Venga, puta, hazme un striptease mientras me toco. Y más vale que el bailecito sea sexy, porque si no, me largo sin darte lo que te mereces, puta.

    Con una mano, sostenía con la copa. Con la otra, se tocaba su miembro. Ese miembro, pequeño, grueso, que me había metido en la boca en el coche.

    Me quedé petrificada unos instantes. Un striptease. En mi vida, había hecho alguno. Sí, me gusta bailar, claro. Pero hace tiempo que no salgo a bailar y menos con mi marido. Y encima, había dicho “más vale que el bailecito sea sexy”. Tenía que hacerlo bien. Muy bien.

    Empecé a mover la cintura y las caderas, levantando mis brazos. Al hacerlo, mis pechos se movían. Pepe, no me quitaba ojo. Me miraba, serio. Me recorría con su mirada de sátiro.

    Sus ojos, clavados en mi cuerpo, me hacían sentir, aún mas puta. Me saqué la blusa y se la lancé, riendo. La cogió al vuelo y la tiró cerca de donde estaba su ropa. Sin dejar de mirarme.

    Aunque mis pechos estaban, desde hacía tiempo, fuera del suje, decidí liberarlos del todo. Desabroché el corchete de mi sujetador negro. Mientras lo hacía, mi cintura se movía como jamás pensé que pudiera hacerlo. Esta vez, dejé caer mi suje, al suelo.

    Por fin, mis pechos estaban totalmente a la vista de Pepe. Pepe, emitió un gruñido, mientras su mano derecha, subía y bajaba, lentamente por su miembro. Se incorporó un poco, moviéndose, inquieto, en el sofá. La izquierda, aún sujetaba la copa, de la que dio un gran trago.

    -Joder, qué melonacos –Me dijo, mirándome, con esa mirada de sátiro que tanto me ponía.

    -¿Te gustan? –Le respondí, cogiéndomelos, con ambas manos.

    -Joder qué ganas tengo de meter mi polla entre ellos.

    -Cuando quieras –Le dije, excitadísima.

    -Ahora, no. Continua con el bailecito.

    Continué, como loca, menando cintura y caderas. Mis pechos, se movían frente a Pepe, mientras él los seguía con la mirada.

    Hasta que, excitada, como nunca antes lo había estado en mi vida, me di la vuelta, y empecé a mover el culo. Quise hacer como hacen ahora las chicas jovencitas. El perreo ese. Pero me salió un movimiento de caderas (y de culo) algo torpe.

    Temí que a Pepe, ese movimiento no le gustará. Giré mi cabeza y vi como tenía sus ojos clavados en mi culo. Su copa… en los labios.

    Mi mano, alcanzo la pequeña cremallera de la mini falda. La bajé y, en un rápido movimiento, la dejé caer por mis piernas.

    Mi culo, apenas quedaba envuelto por mi tanga negro. Sin duda, aquella visión debió de parecerle a Pepe, una maravilla, porque dijo:

    -Hostia, qué culo. Diosss, como te lo voy a reventar.

    Oír aquello, me puso, aún más cachonda, si es que eso era posible. Decidí acercarme a Pepe, de forma que, apenas, unos pocos centímetros nos separaran. Doblé mi cintura, apoyándome en el frío suelo del salón.

    Lo siguiente que recuerdo es un duro azote. Con ambas manos. Una en cada nalga.

    -Joder, puta, qué ganas de follarte –Dijo Pepe, sin soltar sus pequeñas manitas de mi culo.

    Esta vez, no dije nada. Permanecí en esa posición unos pocos segundos más. Disfrutando, y mucho, de esa situación. De estar en tanga, siendo mi culo, manoseado por un tipo de 67 años.

    Finalmente, metí mis dedos en la pequeña tela de mi tanga, dispuesta a bajarlo. Pero, para mi sorpresa, escuché la voz de Pepe, decirme:

    -Espera, no te lo quites aún. Así como estás, arrodíllate y cómeme la polla.

    De un salto, pase de estar doblada por la cintura, de espaldas a Pepe, a estar frente a él, arrodillada en el salón de mi propia casa.

    Él seguía sentado. Me miraba, muy serio. Con mi mano, cogí su miembro, como paso previo a metérmela en la boca. Pero Pepe, me dio un golpe en la mano.

    -Sin manos, solo con tu boca. Vamos, ¿No quieres ser puta? Las putas se la tragan, sin manos.

    Esbozó una ligera sonrisa. De maldad. A mí, ese trato, era lo que más me gustaba. Así que, abrí mi boca, no sin antes dirigir una mirada a ese hombre. Ahora, el sudor, había bajado a su barriga y formado un pequeño engrudo con sus vellos canos. Su miembro, olía a orín. Abrí mi boca, dispuesta, como estaba a tragar esos 13 o 14 cm de Pepe.

    Así lo hice. Encantada. A continuación, saqué su miembro de mi boca y le miré a los ojos. Sonreí.

    -¿Estás disfrutando, eh, puta? –Dijo, Pepe, riendo.

    Asentí. Y volví a tragar su pequeño miembro. Esta vez repetí el movimiento, despacio. Así, su miembro desaparecía por completo en mi boca para volver a aparecer.

    Estaba concentrada en la mamada, disfrutándola tanto, que no me había dado cuenta que Pepe, se había incorporado a dejar su copa, vacía en la mesa. Pero lo que escuché a continuación, me dejó paralizada.

    Como digo, estaba concentrada en engullir el miembro de ese hombre de 67 años cuando, me sacó de esa concentración… un eructo. Sí, habéis leído bien. Un eructo. Allí, en el salón de mi casa. Mientras estaba de rodillas, tragando su miembro, Pepe, había eructado. Y no fue un eructito de esos pequeños que, a veces, en un mal movimiento, se escapan. No. Había sido un sonoro eructo.

    Saqué su miembro de mi boca, fui a decir algo, cuando de repente, mirándome, muy serio, se puso de pie y me dijo:

    -Se acabaron las tonterías, abre esa puta boca.

    Como hipnotizada, abrí mi boca. De repente, Pepe, metió todo su miembro en mi boca. De golpe. Mientras lo hacía, sus manos se posaron en mi nuca.

    Y así, comenzó a follarme la boca. Sus movimientos de cadera, eran violentos. Sus testículos golpeaban mi barbilla. Mi frente chocaba contra esa masa blanda que era su barriga.

    Nunca he permitido que mi marido hiciera tal cosa. Pero ese hombre, no era mi marido. Era un desconocido que me trataba como a una puta. Yo estaba en el cielo. Encantada.

    Cuando de repente, después de unas cuantas fuertes embestidas a mi boca, Pepe, paró un momento. Me miró a los ojos. Os juro que pude ver, en sus ojos, una agresividad que me hizo sentir un escalofrío de placer porque sabía que algo tramaba.

    Efectivamente, enseguida noté varios escupitajos, seguidos, en mi rostro. A continuación, Pepe, con su mano, restregó la saliva sobre mi cara. Creo que solo mis ojos y una pequeña parte de mi frente habían quedado sin cubrir de saliva. Yo estaba encantada. Encantadísima. Notaba una humedad en mi sexo. Mi vagina, ardía de placer.

    Estaba tan concentrada en la sensación que me producía todo aquel trato que no vi venir la mano de Pepe, dura, violenta, sobre mi mejilla izquierda. Sí, Pepe me dio una bofetada. Dura. Seca. Casi me caigo al suelo, si no llega a ser porque apoyé mi mano.

    -Te gusta, ¿Verdad puta? –Dijo él, cogiéndome, esta vez, del pelo.

    -¡¡Siii!! –Le contesté, ida de placer y gozo.

    -¿No querías emociones?, ¿No querías que te tratara como a una vulgar zorra?, Ahora te voy a enseñar como trato yo a las zorras.

    Después de esas palabras, Pepe, con su mano derecha cogiéndome del pelo, continuó embistiendo mi boca. Una y otra vez. De vez en cuando paraba y me escupía. Mi cara, era una laguna, un mar de babas. Algunas, cayeron sobre el frio suelo de mi salón. Tres veces más, abofeteó mi rostro. Con fuerza. Mis mejillas ardían.

    Estuvimos así unos 10 minutos. Tal vez 15. De repente, Pepe, paró. Le vi que se separó de mí. Tomó un poco de aire y bebió de mi copa (que aún estaba en la pequeña mesa de centro).

    -Solo es un pequeño descanso. La edad, ya sabes. Ahora, mientras me recupero un poco, quiero que hagas una cosa.

    Yo seguía de rodillas, con mi cara empapada (y no solo mi cara). La humedad en mi sexo, era más que patente.

    -Lo que quieras, Pepe –Le dije.

    Algo no debió gustarle, porque vi como su rostro se endureció. Se dirigió donde yo estaba, aun de rodillas, puso sus manos en mi cara y me dijo, hablando muy despacio, pero enérgico.

    -Mira puta. Tú, esta noche, eres una puta, ¿Verdad? –Mientras lo decía, yo, asentí– Bien, pues toda puta, tiene un chulo. Y eso es lo que soy yo. Tu chulo. Así que nada de llamarme Pepe. Me llamas, don José. ¿Entendido, puta?

    Si mi sexo estaba húmedo, creo que casi me corro en ese instante. ¡¡¡Qué gozada!!! Estaba encantada.

    -Por supuesto, Pe… don José –Dije, sonriendo.

    -Bien, ahora, quiero que vayas a tu habitación y me esperes… escúchame bien, porque tu chulo, no admite fallos –hizo una pausa– quiero que me esperes totalmente desnuda –Yo aún llevaba el tanga negro– a 4 patas y que te pongas en el borde de la cama.

    Creo que, en ese momento, casi llegué a sentir un orgasmo. Y eso que, aún no había empezado a follarme. Nerviosa, excitadísima, cachonda perdida, le dije:

    -Por supuesto, don José.

    Un azote, duro, seco, en mi mejilla, me hizo tambalearme.

    -¡No he terminado! –Gruñó Pepe– te pondrás a 4 patas, en el borde de la cama. Con tus brazos estirados, como si quisieras coger el otro lado de la cama. Quiero que tu espalda se incline hacia adelante Quiero ver esas mejillas de puta tocando el colchón –Hizo una pausa– ¿Entendido, zorra?

    -Por supuesto, don José –Creo que jamás en mi vida he dicho algo tan rápidamente.

    Pepe se apartó de mí, me incorporé y comencé a caminar, encima de mis tacones, por el pasillo, directa a la cama.

    Me puse como Pepe me indicó. De espaldas a la puerta. Mi espalda inclinada. Solo me incorporé un poco para guardar la foto de mi boda que tengo en la mesita, en uno de los cajones.

    Cuando estaba volviendo a la postura que Pepe me había pedido, oí sus pasos por el pasillo. De nuevo, un escalofrío recorrió mi espalda.

    Pepe entró en mi habitación. No le vi, pero llevaba mi copa, en la mano. A la copa le quedaba, apenas, una fina línea de Ron.

    -Bien, zorra. Veo que eres una putita obediente. Ahora, como premio a tu obediencia voy a follarte.

    Noté como Pepe acercaba su miembro a mi sexo. De repente, me acordé. Los condones.

    Así como estaba, sin ni siquiera girar mi rostro, le dije a Pepe que se pusiera un preservativo.

    -Y una mierda. Te voy a follar sin. Estoy hasta los cojones de irme de putas y tener que plastificarme el rabo cada vez.

    -Por favor, don José –Mi voz sonó como un sollozo. Como una súplica. En realidad, lo era.

    -Joder… está bien. Pero me debes una. ¿Dónde tienes los condones? –Respondió Pepe.

    Le agradecí que accediera a ponérselos y le dije que estaban en mi bolso. En el suelo del recibidor, junto a la puerta.

    -Pero recuerda. Me debes una y una bien gorda.

    -Por supuesto que sí, don José –No me imaginaba como se la debería. Mi agradecimiento, sonó sincero.

    -No te muevas de como estás, enseguida vengo.

    Pasaron un par de minutos. Cuando Pepe volvió a entrar en la habitación, ya tenía puesto un preservativo y la caja, en la mano. Nada más entrar tiró la caja donde yo estaba, para que la viera.

    Sin decirme nada, me dio cinco o seis azotes. Duros. Secos.

    -Ahora, zorra. Sin súplicas. No te voy a permitir ni una más.

    -No, no. Claro.

    -Así me gusta. –Mientras dijo esto, Pepe, puso la cabecita de su miembro en mi sexo y empujó, con fuerza.

    No costó nada, porque mi sexo, ya estaba húmedo por el trato dispensado. Así que Pepe, comenzó una violenta penetración. Él marcaba el ritmo, a veces, lento y con fuertes embestidas. Otras, rápido y no tan bruto.

    De vez en cuando, paraba, azotaba mis nalgas, y seguía.

    Yo, apretaba la sábana que, ni siquiera había quitado. Gemía. Gozaba. Estaba, en el Nirvana.

    No sé cuanto tiempo estuvimos así. Tal vez unos 20 minutos. Tal vez, algo mas. Sentía mis nalgas ardiendo. De repente, Pepe, se quedó quieto. Con su sexo dentro del mío.

    -Ahora, muévete, joder, no voy a hacerlo yo todo. Que me canso, coño.

    Empecé a moverme mi culo. Para continuar con la penetración.

    -Vamos, seguro que puedes hacerlo mejor –Pepe, inclinó su cintura hacia mí. Su boca, en mi oído, añadió– Seguro que puedes follarte a tu chulo mucho mejor, ¿Verdad, ramera?

    Ni que decir tiene, que tras oír esas “dulces palabras” mi cintura comenzó a moverse más rápido. Pepe, de pie, puso sus manos en jarras, echó su barriga hacia adelante. Parecía que era yo la que lo follaba y el solo “ponía” su miembro. Bueno, no lo parecía, lo era.

    Mi sexo era ya una laguna. Un volcán a punto de estallar.

    No pude evitarlo. Tampoco quería. Me corrí. Como una loca. Mis flujos emanaban de mi sexo, mojando mis muslos, manchando mi sábana.

    Un gemido, largo, prolongado, dulce… anunció que mi éxtasis había finalizado. Durante unos segundos, tal vez, minutos, Pepe, dejó que yo disfrutara. Sin moverse.

    Después de un tiempo que no sabría especificar, pero que fue breve, Pepe, dijo:

    -Bien, puta, has disfrutado. Y mucho, por lo que veo. A mí, no me queda mucho, pero antes, tu chulo quiere una cosa.

    Con los ojos entrecerrados, aun disfrutando del orgasmo, me giré a decirle.

    -Lo que desee, don José.

    Y era cierto. No sé qué iba a proponerme ese cerdo. Pero me daba igual. Estaba dispuesta a aceptar lo que fuera.

    -Hazte un poco hacia adelante –Me dijo.

    Pepe se subió a la cama. Permaneciendo de pie. Intrigada, giré la cabeza en el momento exacto en el que vi como, con su mano derecha rodeando su miembro, Pepe, apoyaba su cabecita, enfundada en un arrugado condón, en mi culo.

    -Voy a darte por el culo.

    Comenzó a descargar lentamente su peso sobre mí. Su cabecita presionaba sobre mi pequeño agujero.

    -Soy virgen por ahí –Le dije. No era del todo cierto, porque en mi época de universidad, antes de conocer a mi marido, con un ex novio, había hecho, dos o tres veces, sexo anal. Pero era casi cierto.

    -Me la suda. Ya he cedido bastante con los condones. Así que te voy a follar el culo.

    Su cabeza presionaba, cada vez más. Mi esfínter, resistía. Poco a poco, milímetro a milímetro, fui cediendo. No sin notar dolor. Pepe, no cedía. Yo intentaba no quejarme por el dolor, pero alguna queja, algún sollozo… se me escapó. A ellos, reaccionó Pepe, azotando mis nalgas. Sin contemplaciones.

    Los azotes ayudaban a que mi tensión se relajara y mi esfínter cediera. Hasta que, finalmente, POP.

    Toda su cabeza, dentro.

    -Ahora, hay que dejarla ahí, un ratito. Que ese culo de fulana se acostumbre –Al terminar de hablar, me cogió del pelo, tirando hacia él.

    Mi cuerpo, dibujo una S. Me hizo daño. Pero aguanté. Sin quejarme.

    Estuvimos así un buen rato. No sé especificar cuanto tiempo, pero varios minutos, seguro. Finalmente, Pepe, aflojó un poco, sin llegar a sacar su miembro del todo, para volverlo a introducir.

    El dolor, sin llegar a remitir, cedía un poco. De nuevo, el placer, llegaba a mi cuerpo. A mi alma.

    Pepe, aumentó el ritmo. Nunca hubiese dicho que ese hombre, de 67 años, fuera capaz de hacer sentadillas a esa velocidad…

    Yo, de nuevo, estaba ida de placer excitadísima. Lástima que aquella situación, aquella penetración en mi culo, no durase demasiado.

    Como si de un rugido se tratase, Pepe, anunció que iba a correrse.

    Pensé que lo haría en el condón. Dentro de mi culo. Pero no. Pepe, sacó su miembro de mí, anteriormente, pequeño agujero. Vi como, violentamente, se quitaba el condón y este volaba por el cielo de mi habitación hasta caer cerca de la mesita de noche.

    Pepe, sujetándose su miembro, rugió.

    -Abre esa puta boca, joder.

    En un rápido movimiento, pasé de estar a 4, empalada entre Pepe y el somier, a ponerme de cuclillas en mi cama.

    Apenas había abierto la boca, cuando Pepe, metió su miembro en mi boca, a la vez que aflojaba su mano.

    Noté, por fin, ese líquido, blanco, caliente, espeso, caer en el interior de mi boca. Mi cavidad bucal se llenó. Parecía como si Pepe no hubiera “descargado” en semanas. Aún con su miembro taponando mi boca, era tal cantidad de semen la que emanó que, algo, salió, escapándose, por la comisura de mis labios. Manchando mi sábana.

    Pepe, emitió unos gruñidos de placer. Su cuerpo, se convulsionó, mientras mantenía su miembro en mi boca.

    Después de unos pocos segundos, sacó su miembro de mi boca y me dijo, muy serio:

    -Trágatelo. Todo. Hasta la última gota. Me debes una, ¿Recuerdas?

    Se separó de mí. Yo aún tenía todo aquel semen en mi boca que casi no podía retener. Me quedé paralizada. Mi culo, ardía. Varios de mis ex, y mi marido, mientras aún éramos novios e incluso, los primeros años después de la boda, se habían corrido en mi boca. Pero nunca lo había tragado.

    La situación era nueva para mí. Como el sexo anal. Como todo lo que había sucedido esa noche. Miré a Pepe, a los ojos, asentí. Tragué todo aquella cantidad de semen.

    -A ver, abre esa boca. –Me dijo Pepe, sonriendo, mirándome. Aún de pie, sobre mi cama.

    Abrí la boca.

    -Buena fulana –Dijo, mientras acariciaba mi cabeza.

    Si queréis que cuente como continuó no solo esa noche, si no el resto de días que estuve sola en la gran ciudad, dejadme un comentario.

    Cris.

  • Sexo alejado de la gente

    Sexo alejado de la gente

    Airu Maeda (24). Altura: 155 cm. Peso: 48 Kg. Medidas: (B)81F – (W)62 – (H)86 Cumpleaños: 27 de octubre

    –… «Está bien que yo lo invite»… Inoue… ¿Te gustaría ir a la playa conmigo?… –susurró Airu con su voz suave y seductora.

    Hajime sintió cómo su pulso se aceleró, intrigado por la propuesta.

    –Por supuesto Maeda… –respondió Hajime, emocionado por la idea de pasar tiempo a solas con ella.

    Esa fue la razón por la que hoy Hajime vino a la playa y al encontrarse con Airu fueron a los vestidores públicos a cambiarse.

    Airu era una joven de apariencia tímida, pero con una llama ardiente que la quemaba por dentro y hoy anhelaba liberar, habiendo invitado a Hajime a pasar un día en la playa, tenía en mente algo más que solo disfrutar del sol y las olas del mar.

    Escapar a un lugar más privado e íntimo donde dar rienda suelta a sus deseos.

    Mientras se preparaba para la ocasión, se enfundó en un escandaloso bikini blanco que no dejaba nada a la imaginación provocando un cosquilleo sobre su piel, su cuerpo estaba perfectamente delineado a través de la tela.

    Mirándose en el espejo resultó que el bikini era tan ajustado que permitía vislumbrar la suave curva de sus senos y las líneas de su cadera, era una invitación tentadora al pecado.

    Saliendo de los vestidores ambos se encontraron y cuando Hajime la vio quedó instantáneamente hipnotizado por su belleza, perdiéndose en su figura seductora el bikini realzaba cada una de sus tentadoras curvas.

    Airu miró nerviosamente a Hajime y antes de que pudiera hablar lo tomó del brazo y salieron caminando juntos.

    –¡Uhmm!… Maeda…

    –Ya te he dicho que me llames Airu … pero dime… ¿pasa algo malo?…

    –Lo siento… Airu… solo quería decirte que te ves muy linda… «No le puedo decir que sus senos están tocando mi brazo»…

    Hajime podía sentir la mirada de todos los demás hombres sobre la escultural figura de Airu mientras caminaban, por lo que buscaron una zona apartada de la playa donde hubiera pocas personas y poder tener algo de privacidad.

    Una vez que estuvieron a salvo de miradas indiscretas, Airu se detuvo y se giró hacia Hajime, con una mirada llena de deseo y una sonrisa traviesa en sus labios, ella había sacado una botella de bloqueador solar y mientras se acercó sin más le susurró al oído.

    –¿Te importaría ayudarme a ponerme bloqueador solar, Hajime?… –Con voz suave y melódica, para luego morderse el labio inferior.

    Sin decir una palabra Hajime asintió, pues era incapaz de resistirse a los deseos de ella.

    Hajime tomó el bloqueador solar y lo abrió, mientras Airu extendió una toalla y se recostó boca abajo.

    Arrodillándose al lado de ella, Hajime solo vertió una generosa cantidad de bloqueador solar en sus palmas, antes de que sus dedos rozaran la piel de Airu, moviéndose con suavidad y destreza, acariciando su espalda, sus hombros y deslizándose hasta su cintura.

    Incluso sintió deseo por tocar las nalgas de ella, pero al mismo tiempo sabía que sin el consentimiento de Airu sería un delito, por lo que cuando terminó se lo hizo saber.

    –Termine Airu… «Esto es de alguna manera demasiado erótico»…

    –Más abajo por favor… –Susurró ella, con su voz llena de deseo.

    –¿Segura Airu?…– Pregunto Hajime quien parecía incrédulo.

    –Por supuesto…

    Al fin tenía su consentimiento y no lo dudó dos veces, tomando un poco más de bloqueador solar, Hajime siguió obedientemente sus instrucciones, deslizando sus manos hacia abajo, acariciando suavemente los contornos de sus caderas, deslizándose hacia su trasero y muslos.

    La respiración de Airu se volvió más agitada y sus suspiros se convirtieron en gemidos que le costó trabajo contener, mientras Hajime continuaba su atrevido masaje explorando cada centímetro de su cuerpo, despertando sensaciones que ella nunca antes había experimentado.

    Cuando Hajime finalmente terminó de aplicar el bloqueador, Airu giró su cabeza y sus miradas se encontraron, había un deseo latente entre ambos.

    –Ahora si, ya terminé Airu…

    –Muchas gracias, pero bueno ahora… ¿Haces lo mismo sobre mis senos?…

    –… Sobre tus senos… ¿Es una broma?… «Acaso escuche mal… será mejor que le pregunte»… –Fue lo que pensó Hajime.

    Sin embargo, no obtuvo respuesta por parte de Airu la cual se sintió avergonzada por lo que Hajime volvió a preguntarle.

    –¿Es una broma verdad?… «Por poco y casi cometo un delito»…

    Pero ella antes de responderle solo se sentó y desató el nudo de la parte superior de su bikini dejando sus senos al descubierto, para que Hajime supiera que no era una broma y pudiera tocarlos.

    –Podrías… en realidad frotar un poco de bloqueador solar en mis senos…

    Esta vez fue Hajime quien no pudo responderle ya que se encontraba petrificado mirando los senos de Airu, por lo que para traerlo a la realidad de lo que pasaba ella lo beso.

    –«Airu me acaba de besar…»…

    –¿Qué tal si mejor nos apartamos de este lugar?… Alguien podría vernos… Sus ojos brillaban con anticipación mientras le guiñaba un ojo.

    –¡Está bien!…

    Airu se puso de pie y tomando la mano de Hajime se adentraron en un rincón solitario de la playa, rodeados por altos acantilados y ocultos de las miradas del resto de personas.

    Acomodando su toalla una vez más y al arrodillarse también se despojó de la parte inferior del bikini quedando expuesta ante los ojos de Hajime que no salía de su asombro, ella comenzó a deslizar sus manos por sus voluptuosos senos, sintiendo cómo sus pezones se endurecían bajo sus delicadas caricias.

    –«Estoy tocando mis senos frente a Hajime»…¡Hghhh!…

    –«…Quiero tocar los senos de Airu… pero no es el lugar»…

    Hasta que en medio de su excitación, Airu tuvo una idea perversa que se apoderó de ella y llevó los dedos de una de sus manos hasta su boca y los humedeció con su propia saliva antes de bajar lentamente por su vientre y aventurarse a tocar la sedosa textura de su exquisitamente depilada vagina.

    Un gemido incontrolable escapó de sus labios entreabiertos, mientras su cuerpo se retorcía de placer.

    –¿Estás listo para jugar Hajime?… susurró ella con voz seductora.

    Perdida en la lujuria, Airu se deleitaba al descubrir la exquisita humedad que envolvía sus dedos al bañarse en sus propios jugos íntimos, mientras su otra mano acariciaba sus senos, sin embargo Hajime estaba más preocupado por ser descubiertos.

    –¿Acaso no te gustaría sentir lo mojada que estoy?… –susurró una vez más en voz seductora y llena de deseo.

    –¿Y si nos descubren Airu?…

    –¡Huuu!…

    Airu ni siquiera le puede responder y cerrando sus ojos se deja llevar por lo que está haciendo, muerde su labio inferior y cada vez se excita más, frotando su clítoris seguía esperando a que Hajime satisfaga sus ganas.

    Sus pezones ya estaban sensibles y no puede contener más sus gemidos, el cuerpo de Airu necesita algo más que solo sus dedos para dar rienda suelta a sus fantasías y su respiración empezaba a acelerar y se ayudaba con un movimiento de sus caderas para así poder liberar su primer orgasmo.

    –…Ven te necesito en este momento… no hay nadie alrededor… ¡Ughhh!…

    Sus palabras y acciones aumentaron el fuego que ardió dentro de Hajime llevándolo más cerca al precipicio del placer.

    Sin poder resistirse más solo se lanzó sobre Airu y la besó, mientras igual que un pulpo aprovechó para tocar todo su magnífico cuerpo.

    –Hajime… si que me tenías ganas…

    –No te lo puedes imaginar…

    Sus lenguas se entrelazaron y Airu se dejaba llevar al sentir como le apretaba los muslos, Hajime le beso el cuello y fue bajando hasta sus senos.

    Sus labios devoraban los senos de Airu con hambre insaciable, yendo de derecha a izquierda jugueteaba con sus pezones haciéndolos endurecerse aún más, provocando en ella un deseo desmedido de sensaciones que la consumía por completo.

    –Deseo sentirte dentro de mí…

    En medio de ese torbellino susurró con voz entrecortada, anhelando que el pene de Hajime penetrara su sedienta vagina, nada más importaba en ese momento y sólo ansiaba unirse a él en un acto carnal inolvidable.

    Impulsados por un deseo irrefrenable la excitación nublaba toda conciencia de la relación laboral que compartían y de la cual ya se preocuparían cuando se volvieran a ver en el trabajo.

    –Tus… senos son hermosos…

    –Hajime…¡Nhhh!…

    Los dedos de Airu se deslizaron con audacia, desabrochando los botones del shorts de Hajime, mientras su mano ansiosa se aventuraba en busca de su recompensa y se encontró un pene que se erigía majestuoso y robusto, despertando en ella una mezcla de admiración.

    Sin embargo Hajime tenía otra idea en mente y con destreza hizo que sus caricias descendieran por el abdomen de Airu hasta llegar a su vientre, provocando deliciosas sensaciones que la hacían estremecerse.

    –Quiero… hacer más cosas con Airu… que solo jugar con sus senos…

    –¡Haaa!… Increíble… ¡Ahhh!…

    Admirando su suave y húmedo tesoro era una visión tan provocativa que lo incitó a acomodarse entre las piernas de Airu y se entregó a la deliciosa tarea de devorar su intimidad con ansias insaciables.

    –Estás extremadamente mojada…

    –¡Más… tócame más!…

    Abriéndose camino en la vagina de Airu cada lamida era una invitación a desvanecerse al sentir como Hajime exploraba cada rincón de su intimidad, su cuerpo se arqueaba de placer cuando succionaba su clítoris con un arte exquisito, mientras sus dedos se adentraron en ella.

    El deleite que lo invadía era enloquecedor y en medio de esa intensidad estaba a punto de alcanzar un nuevo orgasmo, Airu estaba al límite ante la exquisita habilidad oral de Hajime y entregándose, sintiendo cómo su cuerpo temblo antes de contraerse.

    –¡Huuu!… No puedo… contenerlo más…⁠

    El movimiento de su lengua hizo que Airu tuviera un nuevo orgasmo, sin embargo esta vez ella no quería que parara, así que sujetó la cabeza de Hajime con sus manos y se aseguró de que no abandonara su cálida gruta manteniéndolo firmemente en su lugar.

    En ese momento Hajime sentía como Airu se vino y la sujetó por las caderas, pues eso lo excitó, bebiendo todos los fluidos expulsados por ella que no paraba de gemir y por lo apartado nadie la escuchó.

    –«Ya quiero poner mi pene dentro de ella»…

    –¡Nhaaa!.. Esto… se sintió… increíble…

    Por lo que cuando Hajime se apartó y se puso de pie se despojó de sus prendas quedando completamente desnudó para dar rienda suelta a sus deseos más profundos, pero Airu sentía el deseo de retribuir el favor, aunque en realidad deseaba saborear su pene desde que lo tocó.

    Con una mirada por parte de Hajime esa fue la invitación donde el placer oral se convertiría en un vínculo íntimo que compartieron.

    –… Y pensar que he estado… preocupada por este día…

    –¿Preocupada por qué?…

    –De que no aceptaras salir conmigo… y sobre todo que no te gustara hacer este tipo de cosas…

    –En realidad, siempre he querido tenerte así Airu…

    Lentamente y sin perder el tiempo Airu acercó su rostro antes de envolver su boca alrededor del pene de Hajime que ya se encontraba empapado.

    –Incluso cuando… estás exponiendo… tu lado atrevido… ¡Hmmm!…

    –¡Lo entiendo Hajime!…

    Airu comenzó a saborearlo con su lengua demostrando su devoción, mientras sus manos acariciaban sus propios senos de manera seductora, aumentando aún más la intensidad del momento que ambos compartían.

    –¿Te gusta esto Hajime?…

    –¡Sí!… ¡Mhmmm!… Solo no pares… «Todavía no puedo creer que Airu este lamiendo mi pene»…

    El placer que Hajime experimentaba era inigualable, ya que aquel momento de sexo oral por parte de Airu superaba todas sus anteriores experiencias.

    –Nunca había sentido algo tan increíble… –susurró entre jadeos de deleite y se entregaba al placer proporcionado por ella.

    Hajime ardía de deseo por penetrarla y Airu por su parte anhelaba ansiosamente ese mismo momento, mientras sus miradas se encontraban ambos sabían que el momento había llegado.

    Apartándola para no llenar la boca de Airu con su semen, Hajime se sentó sobre la toalla que estaba en la arena.

    –Sube, quiero verte sobre mi pene…

    –Está bien…

    Por lo que Airu con determinación se colocó encima y sin preocuparse por el condón sintió como el pene de Hajime se abrió paso perfectamente dentro de su vagina que estaba siendo penetrada.

    –… Hajime… ¡Ahhh!…

    –«Está muy apretada… esto es increíble… sus caderas se mueven a un ritmo…»

    Ella era una verdadera experta en cabalgar y pronto Hajime comenzó a deleitarse con sus movimientos, llevándolo al límite del placer. Sin poder contenerse, Hajime se aferró a ella por la cintura, sincronizando sus movimientos con los suyos, combinando ritmo y fuerza que los consumía a ambos.

    –¡Ahhh!… Hajime quiero más… que rico se siente…

    –Eres la mejor…

    –Y tú qué buen pene tienes… ¡Hyaaa!…

    –Es tuyo Airu… así que asegúrate de disfrutarlo… «Siento que podría correrme en cualquier momento»…

    Incluso cuando ella misma decidió cambiar de posición, anhelaba más y lo necesitaba desesperadamente, así que adoptó la posición a cuatro patas.

    Sus pechos rozaban suavemente la toalla mientras sus dedos se adentraron en su interior, encontrando su lugar húmedo y resbaladizo, deleitándose en su propia autocomplacencia.

    –¡Hmmm!…

    –Airu… eres toda una pervertida y me gusta…

    Sin contenerse se tocó y sus caderas se movían con un ritmo frenético sin descanso, su espalda se arqueaba y los fluidos descendían por sus muslos dejando un rastro a su paso, mientras Hajime tomó su posición.

    –Hajime… está bien para mí… si te pones algo rudo…¡Hghhh!…

    –Aquí voy…

    Buscando la abertura de su vagina al estar detrás de Airu con un movimiento preciso introdujo por completo su pene de manera decidida y ella comenzó a jadear de placer.

    Hajime bombeaba su pene sin descanso en la estrecha y sumamente mojada vagina de Airu, manteniendo el ritmo disfrutaba también al darle nalgadas.

    –¡Haaa!… Que bien me la metes Hajime… me estoy corriendo otra vez…

    Sujetando con fuerza a Airu por las caderas solo arremetía y era como si la estrecha vagina de ella estuviera masticando el pene de Hajime, golpeando una y otra vez ella aguantaba tanto placer y disfrutaba la forma en cómo se movía dentro de ella.

    –«Todavía no puedo creer… que este teniendo sexo con Airu»…

    –Esto es… increíble Hajime… ¡Hghhh!…

    –Y yo… solo quiero… hacerte sentir aún mejor…

    Cuantas veces no se tocó frente al espejo de su habitación imaginando este momento donde se veían reflejados teniendo sexo y eso la ponía más excitada, tumbada boca abajo con el rostro desencajado sobre la toalla.

    Sentía el pene de Hajime entrando y saliendo de ella con movimientos fuertes y a la misma vez Airu necesitaba más placer por lo que llevo sus manos hasta sus senos y los acarició de tal manera que ese estímulo la llevó a un nuevo orgasmo.

    –«… Quiero seguir jugando con ella… aunque no sé cuánto más podré resistir»…

    –¡Hmmm!… Sigue… manteniendo tu… pene dentro de mi vagina…

    Una sensación de calor y placer envolvía el cuerpo de Airu provocando que se estremeciera, Hajime sentía como la vagina de ella se contraía inundada de fluidos y lo único que podía hacer era disfrutar la forma en la cual ella gritaba su nombre.

    Los fluidos no dejaban de escapar de ella y el sonido era como si estuvieran saltando sobre un pequeño charco de agua, su cuerpo no reaccionaba y Hajime solo se la sacaba antes de volver a entrar de manera rápida y con fuerza calando en lo más profundo de su ser.

    –¡Hajime… Increíble… ¡Haaa ahhh!…

    –Todavía no he tenido suficiente… dime qué puedes seguir…

    –¡Hmmm!.. Está llegando hasta el fondo…

    Nunca había experimentado tener un orgasmo detrás de otro, mientras el pene de Hajime invadía su vagina Airu no quería que parara, sabía cómo moverse y lo hacía espectacular, era como si tocará cada fibra de su cuerpo.

    Incluso Hajime le advirtió que muy pronto se correría, pero a ella poco le importó y solo le rogó que la llenara con su semen, obedeciendo su petición solo se dejó llevar por el placer.

    –Lo siento Airu… creí que podría… seguir, pero creo que… estoy llegando a mi límite…

    –… ¡Hmmm!… Entonces córrete… dentro de mi…

    En ese momento ella era una puta que estaba teniendo el mejor sexo de su vida y sobre todo con el hombre que amaba, mientras Hajime se movió más rápido y comenzó a correrse dentro de Airu quien dio un grito liberador.

    –¡Ahhh…Haaa!… No puedo soportarlo más…

    –Y yo también… he sobrepasado… mi límite Airu…

    Habiendo terminado Hajime reposo su rostro en la espalda de Airu, mientras recuperaba algo de fuerza en sus piernas para así descansar al lado de ella, tomándose unos minutos para recobrar el aliento.

    –… Lo siento, se sentía tan bien… «Esto es malo me vine dentro de ella»… hice algo terrible…

    –Está bien… después de todo siempre he soñado con este día… así que por favor asegúrate de darme más…

    –Airu eres fantástica…

    Recostado al lado de ella descansaron juntos antes de que Airu bajará hasta el pene de Hajime y comenzó a lamerlo lentamente pasando su lengua para así limpiarlo y eso provocó que se le pusiera duro nuevamente ante sus ojos.

    –… ¡No sé si querías limpiar mi pene… o que tengamos sexo de nuevo!…

    –¿Acaso… no te gusta?…

    Esas palabras la excitaban de sobremanera y aumentó el ritmo de sus lamidas antes de meterlo dentro de su boca tocando la campanilla de su garganta y eso provocó que tuviera arcadas.

    Por lo que ella también lo masturbo utilizando sus senos mientras al mismo tiempo le lamía el glande, lo cual provocó que Hajime terminará disparando su semen nuevamente pero está vez sobre los senos de Airu quien luego empezó a lamer sus propios senos para limpiar todo el semen con su lengua mientras Hajime veía el improvisado espectáculo.

    Cuando todo había terminado se miraron con complicidad y ambos se volvieron a vestir, aparentando ser dos personas normales.

    –No te lo dije, pero ese bikini se mete entre tus nalgas… y eso me gusta…

    –…Lo hice pensando en ti… pero no esperaba que hubiera tanta gente…

    –Bueno eso ya no importa Airu…

    **

    Aquel día en la playa sería solo el comienzo de sus encuentros, mientras el sonido del océano se desvanecía en la distancia, caminaron entre la multitud como si nada hubiera pasado, Airu sintió como el semen de Hajime empezaba a salir de su vagina manchando su bikini y eso la excitó nuevamente.

    –Será mejor ir a la estación…

    –Descuida le dije a mis padres que no llegaría a casa hoy…

    –Tu planeaste esto desde un principio… ¿Verdad?….

    –Tal vez… ¿Pero dime qué te gustaría hacer?…

    –Llevarte a mi casa… pues aún tengo muchas ganas de estar contigo Airu…

  • Alenté a mi novia a que chatee hot con otro (parte 1)

    Alenté a mi novia a que chatee hot con otro (parte 1)

    Ella es uruguaya y estaba en pareja con un tal Daniel hacía unos 8 años, flaco al que le metió los cuernos de mil maneras y cuando me contó puso como paliativo que era adicto al juego a sus espaldas y muy alcohólico. Pero la realidad es que Natalia es bastante trola.

    Nos conocimos por Facebook. Al principio se hizo un poco la difícil, pero cuando amagué con cortar el tema aflojó. Ella, en su país, yo en Argentina así que empezamos a chatear y las charlas se ponían cada vez más calientes hasta que llego el tiempo de fotos, videos, audios, pedidos de ella a mí, pedidos míos a ella… Eso duró 2 meses hasta que justo tuve que viajar a Montevideo -ella es de Treinta y Tres- así que el día de mi llegada se tomó un bus nos encontramos en el hotel donde yo paraba y cogimos usando todas las fantasías y el morbo que habíamos creado durante los chats.

    Yo le hacía preguntas mientras la bombeaba que la empujaban a confesar sus cosas sucias, de lo cornudo que hacía a Daniel, de lo puta que es. Natalia ardía y me contaba historias contestándome cada pregunta con historias muy zarpadas.

    Al otro día volví a Mar del Plata y recibo un mensaje en el que me cuenta que se separó de Daniel y se había ido a vivir sola. La noté muy embalada, porque ya imaginaba una vida juntos y eso se plasmaba en los chats, en las charlas calientes por WhatsApp y arreglamos para que venga a visitarme cosa que hizo en poco más de un mes y la pasamos genial esos 3 o 4 días.

    Claro, la relación a distancia, virtual, necesita motivaciones y ya no alcanzaba con mandarnos videos, fotos, audios, charlas, etc. Pero había que agudizar el ingenio para mantenernos calientes y motivados.

    Más o menos al mes siguiente recordé su propia confesión: “soy retrola”, también los cuernos a su ex pareja y eso, sumado a que quería ponerle un escalón más a nuestros contactos virtuales calientes. Entonces ideé un plan. Si con Daniel, con quien vivía, Natalia no pudo contener su necesidad de ser infiel ¿qué me esperaba a mi viviendo en países distintos?

    Puse manos a la obra creando una cuenta de Facebook con el nombre de Julián llenándola de fotos del mismo flaco -uno que encontré Googleando- con el perfil de hombre que más o menos era su tipo: barbudo, medio hippón y artista plástico. Le pedí amistad y esperé un par de días pero como no me aceptaba decidí dar un paso más hacia el desbarranco y una noche, mientras chateábamos, caliente le pregunté si eran muchos los hombres que le pedían contactarse. Me respondió que más o menos, pero no solía aceptar a nadie.

    Y ahí di el paso “Se me ocurrió una idea bien sucia” le escribí en el chat. Intrigada me preguntó cual era a lo que le contesté “Fijate entre los flacos que solicitaron ser amigos, si hay alguno que te gusta, agregalo y chateá bien puta, bien zorra, hacelo calentar y me vas contando”. Se quedó perpleja por mi loca idea aunque reconoció que era caliente. “Total” me escribe “si el que acepto vive en Argentina no se corre ningún peligro ¿no?” demostrándome que el fato la excitaba. “Te voy a pasar la contraseña de mi cuenta así entrás y ves lo que hablamos y de paso me vas dando letra ¿te parece?”.

    Acepté y al toque: ¡plin! Julián era amigo de Natalia así que abrí otro navegador con el que ingresé a su perfil mientras en el Chrome me logueé como Julián y sin esperar un minuto, le hablé como tal mostrándome muy interesado en que ella sea mi modelo para realizar unas estatuillas, invento que tenía ya preparado. “Hola, Natalia. Al fin me aceptaste. Te cuento que además de pintar también soy escultor y hace varios meses que tengo en mente crear una obra basada en la misma modelo, obra que consta de 7 estatuas de un metro de alto cada una con distintas poses de la musa inspiradora así que cuando vi tus fotos supe que había encontrado a la indicada”.

    Natalia me pregunta “¿Estás leyendo?” y la respuesta era obvia. “Si. Decile que te cuente más” le escribí empezando a empujarla mientras leo que ella teclea “Que halago, Julián. Contame más ya que es muy interesante y me dio curiosidad”. Así que desde la cuenta de Julián, escondido entre las sombras tiré toda la carne al asador. “Natalia. El tema es el siguiente. Vos tendrías que venir un fin de semana a mi estudio, queda en Caballito, Buenos Aires. Yo te tomaría la cantidad de fotos apropiadas de las cuales elegiría cinco para una parte de la obra” a lo que mi chica, intrigada, le escribe “¿Cómo? ¿No eran 7 las estatuillas? ¿Por qué cinco?” y en el traje de Julián le contesto “Claro.

    En cinco de las 7 figuras estás vos sola. Por eso te dije que vengas todo un fin de semana. Viernes, sábado y domingo. Estaríamos los dos solos, desnudos los 3 días, tomando vino, mientras va creciendo la comunión entre el artista y su musa. Las otras 2 esculturas serían de ambos, vos y yo, besándonos teniendo sexo. Por eso fuiste a quien elegí: no encontraba quien me inspirara y a la vez me excitara hasta que di con tu perfil y te vi”. Natalia rápidamente me escribe “Amor. ¿leés? Este tipo es un desubicado. Recién empezamos a charlar y mirá con que propuesta me sale” a lo que yo respondo “Vida. ¿La idea no era que calentaras a un hombre?

    Bueno, el chabón abrió la puerta para que entres” y como mi plan era que se mande con todo (ya que dudaba de su fidelidad a distancia ¿qué mejor que hacerla excitar virtualmente con otro, que complete su necesidad de ser infiel y que encima soy yo?) agregué “Seguile el juego, no recules, mostrate interesada y caliente”. Yo estaba seguro de que a pesar de sus palabras sobre la desfachatez de Julián toda la escena que le inventé bajo mi alter ego la había calentado. Me responde, decidida: “Ok. Se la voy a poner redura ¿A vos te calienta?”.

    Y para que negarlo. Cuando se empezó a soltar, aunque su nuevo amigo era yo mismo saber que ella no lo sabía me daba un poco de celos pero saberla caliente con otro me excitaba así que le respondí rotundamente “Uff. Estoy al palo, Nati. Quiero leerte a vos, siendo su puta y seguro que me hago una paja”. “No me digas así, vida, que me estoy poniendo muy lubricada. Me estoy enchastrando. Ahí le escribo”. Y fue nomás.

    Natalia: “Julián. Es muy osada tu propuesta y a la vez muy excitante ¿Cómo podría negarme ante semejantes elogios?”

    Julián: “Uy, Nati. Yo sabía que eras la indicada, por eso te elegí”

    Natalia: “¿Por qué soy una puta calentona? Mirá que mientras te leía me quité el vestido y estoy solo en tanga y con las tetas desnudas. Si seguís llenándome de morbo el cerebro esto termina en una tremenda paja, Juli” lo provocó y lo nombró con un cariñoso y compinche diminutivo.

    Julián: “Nati, seguí por favor. Seguí, que ya la tengo dura, afuera y me la voy a sacudir para vos nombrándote. Así que si te vas a manosear, grabate con el celular y mandameló por favor. Eso si, hermosa. Decime Jules y no Juli porque así me decía mi madre que era francesa”.

    Nati me habla a mi: “¿Que hago, amor? Estoy recaliente pero porque sé que vos estás mirando mientras me empujás y todo esto también te está calentando. Porque ¿te calienta la charla con Jules, cierto?”.

    Yo: “Si, Nati estoy dándole y dándole a mi pija. Me pone hirviendo ver como mi chica charla sucio con otro. Y eso que no empezaste a mandarle ni fotos ni videos. Cuando lo hagas voy a explotar de calentura, te lo juro”.

    Nati, a mi: “¿Sabés que acabo de descubrir? Yo, que fui infiel muchas veces o sea: engañaba a mis parejas por la espalda. Pero esto es muy distinto. Tu presencia lo hace novedoso es decir que si vos no estuvieses leyendo y yo sabiendo además que te calienta verme putaneando con otro quizás lo hubiera mandado al diablo. Así que, si te parece le voy a blanquear esto. El trato es este: él tiene que saber y aceptar que cada vez que chateemos vos tenés que participar porque es nuestro pacto y me doy cuenta que me afiebra más así que hacerlo de trampa. Ahí le hablo” dijo con total seguridad.

    Nati: “Jules. Estoy muy excitada por todo lo que me estás formulando pero tengo que decirte algo muy importante para que nuestras charlas continúen”.

    Julián: “Estoy extremadamente caliente, Nati. Contame mientras me sigo sacudiendo mi tronco” le escribió (escribí) tratando de empezar a tener palabras en común entre ella y él (yo). “Tronco”. Así denominaríamos a partir de ese momento a mi pedazo de carne.

    Nati: “¡Pará, que me voy a deshidratar! La verdad es que yo tengo pareja que vive en Argentina. A él se le ocurrió que te agregue y resultaste ser un demonio perverso y me encanta. Bah, nos encanta: mi chico no solo está leyendo todo. Me empuja constantemente a que me libere con vos y para vos es decir… tengo su permiso para ser tu puta pero él tiene que estar siempre participando. ¿Está claro?”

    Y ahí, como Julián, contraataqué ya que personificado en otro podía ser posesivo, dominante, exigente.

    Julián: “No, no, no, Nati. No acepto en lo más mínimo ese planteo. Esto es entre vos y yo, musa y artista, modelo y creador. ¿Qué tiene que hacer tu pibe husmeando conversaciones ajenas?” y redoblé la apuesta. “Encima que le gusta ser cornudo ¿también quiere ser voyeur? No. Si no arreglás esto para que hablemos en privado voy a optar por cortar el contacto”.

    Nati: “Lo que te expreso, Julián es que sabiendo que él está mirando nuestra charla, para el lado que llevaste ese planteo de un fin de semanas solos, desnudos, vos y yo, cogiendo, tomándonos fotos, en tu taller en donde se debe oler el aroma a pintura, arcilla, madera, etc. (lo escribo y me sigo empapando la bombacha. Me la voy a sacar). Bueno repito. Sabiendo que mi chico está leyendo como otro tipo me hace calentar, me convierte en su puta y además me alienta a seguir hablándote me hace volar la cabeza mucho más que nada. Ya he sido infiel pero esto, de que mi pareja me ponga en las garras de un depredador como vos y mire excitado es lo máximo”.

    Estábamos jugados. Y el juego empezaba a crear otros caminos. Instantáneamente me propuse la férrea intención de lograr que Julián convenza a Natalia para que acepte chatear a solas. Si lo hago, lo hago completo. Volviéndola tan complaciente con un amante virtual inexistente, los riesgos de que me cuerneé a la distancia se iban a reducir tremendamente. Julián va a ser posesivo y dominante.

    Julián: “Entonces, mi querida, me retiro ya mismo. No me interesa para nada que el cornudo de tu noviecito (tenía que ser bien guacho para marcar la cancha y diferenciarlo de mi) esté pajeándose el manicito ese que debe tener mientras vos actúas de putona caliente”

    Nati: “Jules” -arrancó como para bajarle la espuma- “No quiero que trates así a mi pareja por favor y mucho menos quiero que te vayas, al final ya venía la parte buena. Es más: mi chico acepta que me dedeé me grabe y te mande el video. No seas así de drástico. Yo estoy recaliente por vos y todo el morbo que creaste en mi cabeza pero también porque descubrí que me vuelve loca saber que mi novio está mirándonos celoso y afiebrado. Dale: hablame como vos sabés asi tendrás como premio tu video de tu musa toqueteándose mientras te nombro cuando acabo. ¿Si?”.

    Julián: “No. Chau” le escribió (escribí) y me desconecté. Por unos segundos hubo “silencio” de mensajes. ¿Nati estaría desilusionada por mantener firme nuestro pacto? ¡En el momento en el que estaba por estallar, el tipo desaparece! Ese “silencio de chat” me pareció interminable.

    Nati, a mi: “Bueno, me quedé caliente, vida. Pero el flaco este resultó ser tan pervertido como intolerante.”

    Yo: “Bueno, Nati. Acabar vas a acabar. ¿Sabés cómo? Hablemos de Julián. De lo que te produjo toda esta situación. Él, vos, yo. Mi novia putaneando con un desconocido aceptando su proposición de pasar 3 días cogiendo encerrados”.

    Nati, a mi: “Seguí, amor, seguí. ¡Cómo me calienta que vos me estés recordando que otro macho me invitó a cogerme, emborracharme, tomarme fotos desnuda, caliente, toda sudada con olor a sexo! Seguí, por favor, que me estoy re pajeando”.

    Yo: “¿Sabés como me excité viendo que mi chica aceptaba ser la puta de otro? A todo le decías que si, y te dejabas llevar por el macho dominador. ¿Te diste cuenta?”.-

    Nati, a mi: “Ah! Acabo. Si. vida, no te lo voy a negar. Me recalenté con Julián, lo imaginé poniéndome “su tronco” como él lo llamó en mi concha, en mi culo, en mi boca. Sentir su semen de macho posesivo entrando en todos mis orificios. ¡Uf! Ese pibe me excita y mucho, amor, en 3 minutos me hizo empapar, te lo juro, Pero porque vos estás mirando: pensarte caliente y celoso ¡es lo más!”.

    Si. Por el momento, ella seguía siendo leal a nuestro trato. Pero en mi cabeza, que empezaba a dividirse en dos, el plan de lograr que “Julián” la seduzca y excite tanto como para que Nati se corte sola estaba en marcha.

    Continuará.

  • Una noche con mi amigo

    Una noche con mi amigo

    Felices 18, recuerdo que me dijo mi amigo con su mano transpirada, luego del partido de fútbol en el parque.

    Puede quedarse a dormir –le pregunto a su madre.

    Sí, claro, pero avisen a los padres –contesto al tiempo que me acariciaba el pelo.

    Eso alcanza para correr al teléfono y decirle a mi madre (la cual no se encontraba en la ciudad) que me quedaría a dormir en lo de Alejandro (solo el nombre es ficción).

    La noche llego rápido y con ella un regalo de su padre. Justo cuando estábamos mi amigo y yo en su cuarto, solo contenidos por el brillo de la televisión que proyectaba un partido de básquet, nos acercó unas revistas de mujeres desnudas y títulos estruendosos, mientras con una mueca de sonrisa nos decía: disfruten, ganadores.

    Le agradecimos tímidamente, las tomamos y al escuchar el sonido de la puerta nos reímos. Tanto Alejandro como yo éramos vírgenes. Entre nuestra timidez y falta de correspondencia, llegamos a la mayoría de edad sin sexo, viendo revistas y con nuestras pijas paradas, tanto que parecía querer salirse del short.

    -Basta, vámonos a dormir. Estoy cansado –le dije luego de un rato de ver tetas y conchas.

    -¿Ya? –me pregunto. Mira lo que tengo.

    De un cajón, sacó unas cervezas. Cervezas que estaban calientes las cuales había robado a su hermano mayor. ¿Vamos a tomar o no?

    Finalmente accedí y tomamos. El calor de la cerveza rápidamente llego a mi cerebro, embriagándome no de forma sutil, sino molesta y jaquecosa. Brindamos por pronto acabar con nuestra virginidad y nos acostamos.

    Todavía recuerdo cuando decidimos hacerlo en aquella posición. Vos con la cabeza a un extremo y yo en la otra, me dijo. Teníamos mutuamente nuestros pies al ras de nuestras orejas y nuestros muslos rozándonos, pero no me importaba, no era la primera vez que por vagancia preferíamos dormir así y no armar otra cama.

    Y aquí amigos. intentare empezar a recordar con lujo de detalles. De hecho, lo recuerdo tanto que necesito escribir esto paso por paso, puesto que son años los que llevo masturbándome con este momento.

    Esa noche, el silencio invadía la casa. Solamente se escuchaba alguna risotada del su viejo que de madrugada se quedaba viendo el futbol en el comedor.

    Nosotros habíamos dejado de conversar y estábamos dispuestos a dormir. Sin embargo, nos movíamos o tosíamos o cualquier gesto que indicaba que aún estábamos despiertos. No me pregunten porque, podría decir el alcohol (si, ayudo) pero no fue lo único, había ganas y lo hice.

    Lentamente empecé a subir mi derecha por su pierna. Veía que su respiración de a poco se aceleraba y que no me frenaba. Iba escalando por sus pelos, primero su rodilla, luego sus muslos y al final su paquetito. Recuerdo cuando lo agarré todo con mi mano por encima de su pantalón, era como tener un pichoncito bebe al cual empecé a acariciar. Al cabo de unos minutos y sin hablarnos, el solo se bajó el calzón, dándome paso a pajearlo. Primero suave y después fuerte, como tantas veces me había comentado que le gustaba.

    El también tomo mi pija, no se quedó atrás, y en silencio, sin decir nada, nos estábamos sacando la leche. Su pija era más gorda y grande que la mía, de hecho, él era más robusto, algo que en esa escena me encanto. Al cabo de unos minutos salto su lechita, viscosa y caliente sobre mi mano. Seguí, lo único que le dije, pidiéndole que su eyaculación no cancele la hermosa paja que me estaba haciendo y que como regalito le daría mi leche.

    Luego de terminar nos quedamos en silencio. Tenía vergüenza, fingí que me dormía, aunque era poco creíble. De un momento al otro, él se levantó y se fue al baño. Cuando volvió, su actitud dominante me sorprendió. Se quitó la remera y el calzón, y ahora sí, se acostó arriba mío en la misma dirección de mi cara. Esta noche es para nosotros, basta de virginidad, me dijo y en seguido me tiro la boca.

    Yo me corrí. Esto va a ser secreto –pregunté por temor.

    Secreto- contestó.

    Con eso me alcanzo para besarlo y sentir su saliva y su aliento a cerveza caliente en mi boca. Un beso exagerado, pornográfico, hormonal, donde la forma se pierde y la lengua mueve la saliva de un lugar a otro.

    Los roles estaban definidos, él me iba a dominar y yo iba a ser su sumiso. Nunca había estado tan excitado en mi vida. Mi amigo me chupaba el cuello mientras yo abrazaba su espalda y acariciaba sus lunares. Con la torpeza de un recién iniciado me saco el calzón y nos apretamos la pija mutuamente durante un largo rato. Nuestros pelos eran testigos de la leche y transpiración. Por momentos escondía su cabeza en su nuca y por otros me metía la lengua más allá de lo real.

    Al cabo de unos minutos, le pedí que vaya abajo. Quiero probar algo argumente. Sin saber cómo y con dudas, bajé hasta su verga, gorda y caliente, me la metí en la boca. Empecé, seguí y no podía parar. En ese instante, veía a mi amigo extasiado y saboreando su miembro, pensaba: ¿cómo puede ser que hayamos tardado tanto en hacer esto? Que delicia. Me dije a mi mismo.

    Al cabo de unos pocos minutos, una correntada de semen apareció y decidí tragar. Nos miramos y reímos. Subí a su lado, le di un beso y me dormir en su pecho.

    Su mano en mi pija, la mía en la de él. Mientras el sueño se apoderaba de nosotros, nuestras vergas se iban desinflando.

    Al día siguiente me desperté y estaba solo en la cama. Me puse el calzón y confundido por lo de anoche me dirigí a la cocina. La madre nos esperaba con el desayuno. Mi amigo estaba sentado a la derecha de su padre que me insistía en que me apure para después ir a jugar futbol al parque.

    Desayuné en silencio y me fui a bañar. Con culpa y excitación recordaba el episodio de anoche.

    En un momento siento la puerta, era Ale que me traía la toalla. Para mi sorpresa se quedó más tiempo del otro lado de la cortina buscando no sé qué.

    En un momento el agua deja de salir. Me asomo y estaba el desnudo.

    -Cerraste la llave -le pregunte.

    Si, me dijo corrió la cortina y se metió. Antes había trabado la puerta.

    -Date vuelta hermoso -me dijo mientras un dedo escarbaba en mi ano.

    No, acá no Ale, basta. Le dije –mientras el placer me consumía y también mi tonta culpa heterosexual.

    Quería, pero no me animaba.

    A pesar de todo me puse de espaldas. En la metió entre mi cola, pero no entraba. Si bien estaba dura, no entraba. Sus bolas se sentían que empujaban y yo más me excitaba, pero más culpa religiosa tenia.

    basta –le dije nervioso

    El entendió y salió. Me dijo que vaya directamente para el parque cuando estuviera listo que sus padres ya estarían ahí.

    Finalmente fui, jugamos y nos divertimos. Al poco tiempo me puse en pareja con una mujer. Hoy tengo hijos y a él lo vi muy poco luego de terminar el secundario y siempre en espacios donde había gente.

    Hoy lo veo desde esta mesa donde tomo champagne, el me mira desde una ronda de charla con otros.

    Y por dentro, me muero de ganas de que terminemos lo que empezamos.

  • Una mansión que acoge infinidad de orgías (7)

    Una mansión que acoge infinidad de orgías (7)

    Julián es el guarda de seguridad que reemplazó a Vega en la garita de control. Esta se despidió de él dándole un pico y palpándole el paquete. Julián le deseó suerte en su comienzo “académico” en la Sociedad de los Regresados a El Edén y le ofreció sus servicios de machoman para ayudarla a progresar en su carrera. Vega le tomó la palabra.

    Julián es un chico de 38 años, 1,80 m de altura y 90 kg de peso. Está muy musculado pues participa en competiciones de halterofilia. Es un enamorado de sí mismo. No hace más que mirarse al espejo cuando está desnudo y admirarse de su hipertrofia muscular y de su vientre plano en forma de tableta.

    En la habitación -5 hay un grupo de 100 mujeres, las cuales se hacen llamar “Las Féminas Chefs”. Se dedican a elaborar varios menús para la clientela a la que le apetezca degustar manjares exquisitos. Los hay para veganos, vegetarianos y para omnívoros. Julián posó su atención en ellas, pues le gusta mucho aprender sobre dieta fitness.

    Pero en esta mansión de lujuria y perversión todo tiene sus peculiaridades. La comida debe ser masticada por las chefs y escupida en unas ollas grandes. Para que la comida no se haga excesivamente pastosa, de vez en cuando una de las féminas orina dentro de la olla.

    La carne, el pescado, las verduras, las patatas, la fruta, etc., etc., deben ser bien trituradas por los dientes de aquellas hembras cachondas. Hay que convertir los alimentos sólidos en una copiosa papilla. Para evitar que por algún despiste o fallo humano se cole algún alimento mal masticado, una de las chicas, remangándose los sayolos, se mete dentro de la olla y al viejo estilo de pisar las uvas, machaca con sus pies descalzos toda la papilla que sus amigas van escupiendo en el interior de aquel gigantesco recipiente, hasta dejarla como un puré acuoso.

    Un grupo de chicas mete sus pies en una tinaja llena de agua caliente. Se cortan las uñas de los pies, cuando comienzan a ablandar. Con una lima se van deshaciendo de las pieles muertas de los talones. También aprovechan para cortase las uñas de las manos. Todo ello lo echan en la tinaja. Lo remueven con el agua, ya oscurecida por la suciedad que desprenden aquellos piececitos cuidadosamente poco higienizados. Cuando sospechan que esa agua podría ya tener el correspondiente sabor a potaje de pezuñas, la vacían en la olla.

    También le echan a la olla moquillo, mocos y unos buenos gargajos verdes arrancados de sus gargantas con brío y maestría.

    Aquellas inmensas ollas cuarteleras las ponen a fuego lento para que la comida se sirva tibia. En la habitación -6 hay un gran salón comedor en donde los y las clientes, en fila y con su correspondiente bandeja, plato, cuchara y vaso van pasando por el mostrador. Dependiendo del menú que deseen se acercan a unas camareras o a otras. Las ollas tienen un letrero identificativo: dieta vegana, omnívora, etc. Las camareras con sus respectivos cucharones van sirviendo la comida. Cuatro cucharones por plato.

    Una vez sentados los clientes en sus mesas, las camareras les van sirviendo la bebida. Cogen el vaso de vidrio, lo colocan en el suelo. Ellas se inclinan un poco haciendo una ligera sentadilla, y a modo de como se escancia la sidra, van orinando en el interior de aquellos vasos de tubo. Los clientes lo paladean y saborean con devoción antes de tragarlo. Son unos caldos exquisitos de diferentes cosechas, dependiendo de la edad de la hembra productora.

    En la habitación -7 hay 100 “Machos Chefs” que repiten el mismo proceso de elaboración de menús que sus compañeras, con el añadido de que estos vacían buenas descargas de semen sobre sus ollas. La extracción de lefa la provocan practicando el onanismo, haciéndose felaciones mutuamente o rompiéndose el culo en algunas ocasiones.

    Los machos se desacoplan de las bocas y traseros de sus amantes instantes antes de correrse para luego apuntar sus falos al interior de las ollas y soltar sus ocho o nueve escupitajos de líquido blanquecino viscoso. Otros machos eyaculan en las bocas y culos de sus respectivas “hembras”, después estos vacían sus “recipientes”, bien cargados de leche, en las ollas.

    En la habitación -8 hay un salón comedor también, donde los y las clientes degustan a placer los menús, en esta ocasión elaborados con materia prima masculina. Como bebida, los camareros utilizan sus pollas a modo de sifón, y van rellenando los vasos según sus clientes les vayan pidiendo.

    Algún cliente o clienta pide una tostada con “salsa bechamel” recién elaborada, a ser posible delante de la mesa. Entonces uno de los camareros se masturba en el salón, junto al cliente, y cuando ya está a punto de correrse, coge dos o tres tostadas y las va rellenando de su lechada recién exprimida. La chica o el chico las engulle encantada.

    En estos salones comedor del subsuelo, donde se practica la dominación y la humillación, el menú cuesta 30 euros el plato, a más de caprichos extra que se pagan con 10 euros más por ocurrencia (como lo de pedir tostadas con “salsa bechamel” o un café capuchino con una buena carga de “nata montada”).

    Julián en las 8 horas de su jornada laboral aprovecha para cascarse la polla de lo lindo. Se corre 5 veces dentro de un termo el cual contenía café. Llama por teléfono al comedor de los “Machos Chefs” para que manden a alguien a buscar su humilde contribución a la causa. El chico que acude a la garita del segurata le dice a Julián que se fije en una manceba pelirroja que está sentada en la mesa 7 con su novio, pues el café se lo van a servir a esa pareja. Julián le dio las gracias al chico por la información y quedó pendiente de esa mesa.

    Cuando la fulana pelirroja pide dos cafés bien cargados de “nata” para ella y su novio, el camarero se acerca con el termo de Julián. Les sirve el café. Pero la chica protesta diciendo:

    –No tiene pinta de estar bien cargado.

    –Le aseguro, señorita, que el dueño del termo, que es el guarda de seguridad, se vació cinco veces en su interior –aseveró el camarero.

    –Pues yo quiero que se note más la espuma en la superficie. Cinco corridas en un termo de un litro no es mucho, ni siquiera afecta al color.

    Entonces el camarero llama a tres compañeros y entre los cuatro consiguieron complacer a la chica. Se pajearon sus miembros de casi 20 cm de largos, con furia. La chica se relamía esperando su ración de crema montada. Su novio fue acercando las tazas a las pollas según se iban corriendo. Tanto la taza de la pelirroja como la de su novio quedaron bien cargadas de abundantes copos de esperma… sin contar los lechadas de Julián.

    El novio pagó un suplemento de 60 euros, que se añadieron a los 60 euros de los menús, por aquellos cafés bien cargados.

    El camarero siguió sirviendo en otras mesas el resto de café que aún quedaba en el termo de Julián, hasta agotarlo. Muchas chicas y chicos se maravillaban del sabor tan especial de aquella mezcla.

    Julián hacía dos horas que había acabado su turno (ya estaba Marisol, su reemplazo), pero se quedó un poco más para ver cómo aquellas guarras y guarros se tragaban su simiente.

    –Eres un insolidario. Te vaciaste 5 veces para complacer a esas furcias y chaperos pero para tus compañeras de trabajo no guardaste nada, ¿no? –le soltó con sorna Marisol.

    Marisol es una buena hembra de 1,75 m. Es rubia con melena hasta la cintura. Una diva del Metal Sinfónico. Canta en un grupo llamado Lilith y Las Valquirias. Le encanta enfundarse trajes de cuero ajustados, casi todos de color negro, aunque también tiene alguno rojo, gris o blanco. Marcan a la perfección su talle, con esos pechos prominentes y sus glúteos y muslos bien trabajados por infinidad de sentadillas y zancadas practicadas en la “Sala Gym” de la mansión. Es una Regresada de categoría Gris, por cierto.

    Julián quiso complacerla pero su pene no daba para más. Entonces lo suplió con su lengua. Le hizo una buena comida de almeja a Marisol. Esta es una loba insaciable. Una diosa celosa de sus súbditos. Muy exigente. No permitió que Julián abandonara su cueva hasta que no le proporcionara cinco buenos orgasmos.

    Julián la obsequió con cientos de lamidas de chocho; morreos y besos de tornillo hasta casi tocar el útero con la punta de su lengua, no faltaron tampoco; sorber y tragar mililitros y mililitros de zumo de coño de su exuberante amante es una obligación que cumple con embriagado placer. Aquella sesión de lavado de bajos duró cuarenta y cinco minutos. Cuando ya, Marisol, consigue las cinco corridas indicadas anteriormente, deja libre a Julián para que se vaya a casa a complacer a su esposa, aunque será con un dedo o un dildo (pues la polla y la lengua, Julián, las tenía muy dormidas y cansadas).

    Pero de Marisol y de las muchas guarradas que pondrá en práctica durante su turno de trabajo, y de la mansión El Edén seguiremos hablando en el siguiente relato.

  • Economista y prosti: Cogiendo con don Roque

    Economista y prosti: Cogiendo con don Roque

    ¡Hola! Ya les relaté anteriormente mi pedido a Tommy de estar a solas con don Roque, así lo llamamos siempre al cuidador de nuestra casa de campo, que tiene su propia casa al fondo del campo, y que lo cultiva en su provecho, y además le pagamos su sueldo, obvio.

    Tenía yo, no sé bien por qué unas ganas muy acentuadas de coger con él a solas, y Tommy, mi amor estuvo totalmente de acuerdo. ¿Será que me gusta por su manera de ser un tanto ‘de gaucho’? ¿O su físico magro, alto y musculoso de trabajar, no de gym? ¿0 por sus manos grandes y de campesino? No lo sé, quizás un poco de todo eso, o quizás simplemente el deseo de ver si logro atraerlo, sabiendo que tal vez me ve como inalcanzable.

    Pasando el 20 de agosto, se avecinaba un fin de semana feriado y sin clientes, pues ya todos me habían cogido, algunos dos veces, en ese mes, y también alguno había reservado turno para noches de la semana siguiente. Un mes excelente, tal como ya me voy acostumbrando, +20k.

    Planificamos ir a la casa de campo el viernes 23 de agosto después del trabajo. Y Tommy se volvería a Montevideo el sábado 24 a la mañana, argumentando que en la fábrica donde trabaja se harían importantes tareas de mantenimiento durante sábado y domingo.

    El comienzo del plan estaba claro, el viernes a la mañana hacerle saber a Roque, lo llamaré así aunque siempre le digamos don Roque, que iríamos a la noche y que nos encendiera la calefacción de la casa.

    El sábado de mañana, iríamos a verlo temprano, para comunicarle que yo me quedaría sola, y en un aparte, a solas, Tommy le pediría que se ocupara de mi seguridad pues me ponía un poco nerviosa quedar sola.

    ¡Y de ahí en adelante, sería cuestión mía ver como lo metía a la cama!

    El sábado a eso de las 8 de la mañana ya fuimos a la casa de Roque, que a esa altura ya había hecho algunas tareas y estaba tomando su mate mañanero con pan. Me fui con un sweater grueso, campera corta y el jean más ajustado que tengo, complementando con botas texanas. Me dijo Tommy que mi trasero lucía esplendoroso. Le dijimos a Roque que Tommy debía ausentarse por mantenimiento especial en la fábrica, pero que yo estaba con ganas de quedarme, pues me encanta nuestra casa allí (lo cual es cierto).

    Argumentando que nunca voy por esa zona del campo, salí de la casa y me dirigí a la parte trasera, dejándolos solos.

    El diálogo que se dio fue más o menos así, según Tom:

    -Roque, le pido por favor que la cuide un poco. Es miedosa y creo que la preocupa quedarse sola, pero le gusta tanto que quiere quedarse igual. Además va a aprovechar a hacer limpieza especial dice.

    -No se preocupe, yo me encargo, nunca anda nadie por aquí, pero de noche me voy a ocupar de vigilar lo mejor que pueda.

    -Buenísimo Roque, usted sabe cuanto lo apreciamos, y creo que ese aprecio es parte de que ella se quede sola sin mayor angustia, sabe que cuenta con usted.

    -Vaya tranquilo señor (Siempre muy respetuoso en el trato).

    Regresé, segura de que Tommy ya habría arreglado todo, y comencé mi tarea ‘de pesca’, aunque no era mi idea acelerar demasiado las cosas.

    -Roque, ¿me acompaña a almorzar?

    -¡No quisiera molestarla!

    -Ninguna molestia, y además me da opinión acerca del asado que voy a tratar de hacer.

    -¡No se preocupe! Yo lo hago.

    Nos despedimos y Tommy se fue deseándome suerte en mi aventura de ‘falsa infiel’. Como Roque ofreció hacer el asado, en la barbacoa de la galería externa a la casa, yo aproveché para ponerme a limpiar (muy poco había para realmente limpiar, pero me vino bien el pretexto), la calefacción estaba realmente fuerte, lo cual me dio motivo a ponerme un short blanco bastante pequeño y un top blanco, que apenas cubre las tetas, sin corpiño. ¡ Ya lo imaginan! Ja ja. Cerca del mediodía, Roque llegó a buscar la carne, mientras se encendía el fuego. Se la entregué y le dije que mas tarde, cuando ya estuviera la carne en la parrilla, lo invitaba a un vermut y aceitunas a modo de aperitivo.

    Cuando se hizo esa hora, acomodé una pequeña escalera debajo de la lámpara de techo que ilumina el living, anexo al comedor. Brindamos, degustamos las exquisitas olivas… y le pedí que mirara el asado y que volviera a ayudarme en algo.

    Fue, volvió diciendo que en 15 minutos comeríamos, y le pedí que me vigilara al limpiar la lámpara de techo pues si resbalaba o caía de la escalera no tendría de donde asirme. Me subí a la escalera, el quedó debajo, a la orden, cuidándome.

    Y yo levanté los brazos todo lo posible para limpiar la lámpara, y de paso mostrar por debajo del top una buena parte de mis tetas, las cuales él no podía dejar de ver. Al bajar, me tendió una mano, que yo tomé y como descuidada al bajar de la escalera tomada de su mano, hice que me rozara una teta. Igual, no quería precipitarme.

    Almorzamos, hablamos de todo un poco, me interesé por su soledad “uno se acostumbra” dijo; de sus hábitos “al vivir solo uno debe esforzarse en mantenerse limpio y prolijo, para no decaer en poco tiempo” etc. etc.

    Aproveché a invitarlo a cenar, aceptó gustoso, lo cual me vino al dedillo.

    -Quisiera decirle una cosa…

    -Lo que sea Roque, dígame.

    -¡No se asuste si llego armado a la cena, Su esposo me pidió que la cuide!

    -Tommy siempre exagerado, pero de cuerdo. Y ya que me cuida… ¿por qué no duerme aquí? Hay dos dormitorios libres. Y me tranquiliza su presencia, armado además, y supongo que bien armado, dije con picardía.

    -Si lo acepta, me parece bien.

    Y yo pensé que ya todo se encarrilaba, tenía que pensar como concretar, pero ya lo había situado conmigo toda la noche.

    Hice una simple picada de cena. Seguimos conversando, me confirmó que se quedaría en un dormitorio de la casa y le pregunté: -¿Vino armado? ¿Buena pistola? Con un cierto tinte de picardía en mi voz, que no estoy segura de si lo captó.

    -Traje revólver, que siempre funciona, no se atasca.

    -¡Ahhh bien!

    Se hacía hora de dormir, el calor de la calefacción era intenso y Roque dijo que miraría un rato de televisión antes de irse a dormir. Yo manifesté que ya me iba a dormir.

    Me retiré, y decidí comenzar a provocar, sin exagerar. Me vestí de babydoll negro semi transparente, no demasiado corto justo tapando las nalgas y tanga hilo negra como siempre (me reservé otro mas transparente y que solamente me llega a mitad de las nalgas, que yo llamo ‘de medio culo’).

    Y decidí mostrarme, solamente que me viera y nada mas. Mas tarde haría que pasaran otras cosas.

    Salí, me acerqué a él, no demasiado, y le dije que se sintiera en su casa y que “puede servirse lo que quiera de lo que hay aquí” le deseé buenas noches y lo dejé mirando tele.

    Me dormí un buen rato y puse alarma a la 1 am. Al despertarme, me cambié el babydoll a uno negro transparente, a medio culo y me quité la tanga. A oscuras me asomé hacia el living y obviamente estaba todo sin luz alguna y en silencio, sin dudas Roque dormía.

    Me fui a la cocina, y deliberadamente, siempre sin luz, hice caer una olla al piso con gran estruendo, y me puse a simular que buscaba el interruptor de la luz. Al instante oigo: “¡Quien anda ahí estoy armado!” -No se preocupe Roque, soy yo que vine a la cocina a buscar agua fría y tiré una olla al piso.

    Apareció Roque en bóxer y revolver en mano. -Pensé que fuera alguien extraño… -No Roque no se preocupe.

    A todo esto yo había encendido la luz y descaradamente, de espaldas a él, doble mi cintura agachándome a recoger la olla que había tirado al piso ja ja.

    Me demoré dos segundos y recogí la olla, que puse en un estante alto del armario de cocina, para lo cual debí ponerme en punta de pies, y resultó que de nuevo mostraba el culo.

    -¿Quiere agua? Hace mucho calor. -Sí, por favor, me desperté y me puso nervioso el ruido. Usted debe tener calor también, tiene menos ropa que hoy al acostarse.

    Dejó el revólver en la mesa.

    -Ayyy que detallista Roque, sí, me moría de calor y al levantarme me puse lo primero que encontré a mano, en realidad, duermo sin ropas siempre, y mas con esta calefacción. Siéntese que le sirvo agua y yo también me sirvo.

    Nos sentamos a la mesa. No podía no ver mis tetas, el babydoll es transparente y escotado, y mis tetas dos conos duros, capaces de pinchar la tela con los pezones ja ja.

    -Bueno, menos mal que no había ningún intruso dijo él luego de un sorbo de agua. -¡Sí, y menos mal que ya comprobé lo rápido que reaccionó para cuidarme! Le agradezco mucho. Y quiero pedirle otro favor, es el momento oportuno.

    No quise hablar, quería sacarme las ganas de coger con un hombre así, aunque temía que me rechazara.

    -¡Claro! ¿qué favor?

    -Un favor muy especial Roque. Y me paré. Me saqué el babydoll sin decir nada… y entonces, desnuda frente a él le dije: -Cogeme.

    Casi se le saltan los ojos.

    -¿Que?

    -Quiero coger. Por favor. Y me acerque un poco mas.

    -¿Está loca? ¿Y su marido? ¡Nos va a matar si vuelve!

    -Se fue para dejarnos solos. Le dije que quería que me cogieras. ¿No viste que siempre viene algún amigo? Esos me cogen. Y entonces ya me puse prácticamente a medio metro de él. No tengas miedo, mi marido me autoriza, nos queremos pero me autoriza a estar con otros. A veces me mira. Pero Roque, ¡se te está endureciendo!

    ¡Se tapó la entrepierna con las manos! Ja ja.

    -No puede ser, gente como usted, rica, fina ¡y quiere conmigo! Seguro es una broma pesada.

    -Vení Roque, tocame. Si no querés, me voy al pueblo a buscar alguno.

    -¿Pero, de verdad querés? Soy viejo.

    -Me encantan los mayores, y si llevan mucho tiempo sin coger, mejor.

    Le tomé una mano y la llevé a mi cintura, le tomé la otra mano y la llevé a las tetas.

    -No sé que hacer.

    -Seguirme el juego y pasar el resto de la noche conmigo, eso quiero que hagas.

    -Pero…

    -Nada, sin peros… acariciame.

    Ahí se decidió, comenzó a acariciarme la espalda y las tetas. Le ofrecí la cara como para besos, pero no se animó.

    Lo dejé acariciarme mas, llegó a pasarme las manos por la cuca, no dijo nada pero se detuvo en los pelitos. Entonces me alejé. “Mira lo que te vas a coger le dije”, luciéndome y girando. -No lo puedo creer, una mujer así y rica (se ve que nos considera ricos), y se regala.

    -El regalo, Roque, es para vos, si lo aceptas…

    Me acerqué de nuevo, le bajé el bóxer, que estaba tirante, y oh sorpresa; surgieron una lindísima verga y unos huevos enormes, los huevos, los mas grandes que he visto. Me arrodillé, le acaricié los huevos y la verga. Cero recorte, pelos totales, pero no me importó.

    Comencé a chuparle la verga, dura, por cierto. Y ahora que lo pienso, lo que ocurrió fue lógico. En dos minutos, sin aviso, se vino totalmente en mi boca y no lo culpo.

    La acabada me sorprendió, aunque quise retener la verga en mi boca, él hizo movimiento de retirarla. Como resultado, una buena parte de la leche me la tragué y otra parte cayó a mi mentón y a mis tetas leche espesa y amarillenta, de hombre que ha estado mucho tiempo sin coger. El hombre se puso mal, “disculpe señora, yo no quería eso, ¡mil disculpas!”

    -No te preocupes; si algo lamento es lo que se perdió cayendo a mis tetas, ¡me la hubiera tragado toda! Y saqué selfie de tetas y la envié a Tommy.

    Tomó una hoja de papel de cocina y me limpiaba, y yo le decía que no se preocupara, que al cogerme iba a aguantar mas.

    -¿ Igual me va a dejar cogerla?

    -Me vas a coger aunque no quieras.

    -¡Que mujer increíble!

    -Por algo pagan por cogerme…

    -¿Le pagan los que ha traído acá?

    -Me pagan mucho.

    -¿Tan linda y es puta entonces?

    -Me encanta.

    Lo llevé a la cama, los dos desnudos. Me tiré boca abajo y le dije que me acariciara. Por supuesto, abrí un poco las piernas para que me pudiera ver toda la intimidad. Fue un placer sentir esas manos callosas y ásperas pasear por toda mi espalda. No es que supiera masajearme, ni que fuera muy bueno en las caricias, pero sentía un auténtico macho rústico recorriendo mi cuerpo.

    Un poco después me di vuelta, y boca arriba le pedí que se dedicara a mis tetas. ¡Y vaya si lo hizo! Lo sentía raspar mis pezones con sus dedos rústicos, a veces me los chupaba. Lo atraje a besarlo pero no abría la boca ja ja, tendré que enseñarle ese placer nuevo para él.

    De a poco la verga se le estaba parando y ahora yo quería que definitivamente me cogiera. Lo hice acostarse y me dediqué de nuevo a chupársela. Sentí como se excitaba y se le ponía mas dura. Lo lamí y le chupé sus bolas bien grandes y peludas. Y llegó el momento. Decidí ponerme para misionero, y para dejarle mi conchita bien disponible, le pasé las piernas por sobre sus hombros.

    -¡Metémela! Fue mas bien una orden que un ruego. y ciertamente me la metió a fondo, sin miramientos ni juego. Pasó sus manos por debajo de mis hombros, y me empujaba hacia él mientras me cogía fuerte, como desesperado.

    Las manos raspaban mis hombros al sujetarlos, la pija entraba y salía yo acompañaba sus vaivenes. La acabada fue deliciosa, no menos de cuatro o cinco chorros bien tibios. Lo dejé hacer, se dejó caer sobre mi cuerpo y me acariciaba las nalgas. Lo besé de nuevo y lo forcé a abrir la boca. Respondió, por suerte, me encanta besar, aunque no es ningún gran besador.

    Me limpié la entrepierna con la sábana y bajé a chuparle la verga para limpiarla. Una delicia, había abundantes restos de leche viscosa y amarillenta. Cuando estuvo bien limpia , fui yo que me tiré sobre él y lo estuve besando y acariciando.

    Después, le dije de descansar un rato, y lo hicimos. Dormité un rato pero él creo que no. Me desperté, conversamos. Por supuesto quiso saber como y por que me comportaba así. Se lo conté todo brevemente.

    Igual era evidente su asombro por haber cogido a “una señora tan linda y tan fina”. -¿De verdad te parezco linda? Le dije. y sin que respondiera me levanté, caminé varias veces cerca de la cama para que me viera en detalle. Hasta que me detuve y para ver si podía excitarlo nuevamente comencé a masturbarme parada frente a él. Chupaba mis dedos y me masturbaba, alguna vez se los di a chupar. Luego cambié el juego y me puse a acariciar mis tetas y pellizcar los pezones, con eso me auto excito enormemente.

    Después fue el momento de ponerme de espaldas a él y acariciarme las nalgas y el esfínter, para volver a acariciarme las tetas de frente y acostarme en la cama. Le vi la pija prácticamente dura y le dije: -¿Te gustaría paja rusa?

    Y de nuevo sin esperar respuesta lo hice subirse sobre mi pecho y colocar su verga entre mis tetas. Tenía el celular a mano y comencé video llamada con Tommy para mostrarle todo. Tommy nos saludó y le dijo a Roque que está de acuerdo y que disfrutemos.

    Se veía claramente en primer plano la pija de Roque yendo y viniendo entre mis tetas. Le dije a Tom que no cortara y a Roque que me avisara cuando le viniera. Dejé el celular de lado pero conectado.

    Yo apretaba mis tetas contra la pija en vaivén, alguna vez alcancé a lamer la punta del glande doblando mi cuello. Roque dijo: ¡Me acabo! Y yo comencé a transmitir con el celular de vuelta. Tommy me confirmó después que vio todo claramente, los chorros hacia mi cara y lo que fue a dar a mis tetas.

    Por supuesto me hice masajear las tetas por las manos rugosas de Roque, que de a poco se sintieron mas suaves.

    -¡No doy mas señora! -Tuteame y decime Sofía o Sofi. -¿No te ofendes?

    -Claro que no. Y comencé a masajearle las bolas y lamerle la pija nuevamente.

    Ya había amanecido el domingo. Nos bañamos, nos manoseamos. Aclaré sus dudas de si podría cogerme nuevamente, le dije que sí, que ya se lo haríamos saber cuando. Le pedí y me aseguró toda la reserva respecto a esto.

    Y le dije que no se extrañara si mas hacia la primavera o verano me veía coger al aire libre, con uno o mas amigos, que es algo que realmente pienso hacer.

    Roque me aseguró reserva total, que está a las órdenes para lo que sea y que se iba a trabajar un rato.

    Lo invité a almorzar a eso de la 1.30 pm. Pues pienso volver a media tarde a Montevideo.

    Para el almuerzo, una simple ensalada tipo Niçoise y fruta de postre, lo esperé de lencería completa, color verde inglés que contrasta bien con mi piel aún con el tono blanco del invierno. Completa de tacazos a medias, portaligas, tanga y soutien media copa.

    Le hice de todo, insinuarme, restregarme contra él, besarlo, que le sigue costando; y por último, luego de la fruta de postre, me fui a un sofá, abrí mis piernas y le pedí un lindo oral.

    Desplazó el frente de la tanga hacia el costado y me dio lengua como 15 minutos. Y eso fue todo. Ambos contentos, yo con una experiencia nueva.

    Volví a Montevideo, previo apagar la tan útil calefacción, y en casa me esperaba mi Tommy, deseoso de saber todos los detalles y de cogerme como siempre.

    ¡Hasta la próxima! Besos.

  • De sexo telefónico a una extorsión brutal

    De sexo telefónico a una extorsión brutal

    Mi esposa es abogada y se encontraba de visita a sus padres que residen en Europa; se ausentó desde el mes octubre para pasar el día de acción de gracias con ellos y aprovechar para hacer algunos trámites judiciales a clientes de la ciudad en donde residimos.

    Esto sucedió hace un par de años, cuando por los motivos expuestos, la separación de un par de meses nos llevó a experimentar un tipo de morbo sucio entre mi esposa y yo. Luego de que pasaron una par de semanas, el deseo por unas buenas nalgas, un par de tetas y la satisfacción de penetrar un ojete, me llevó a experimentar un sexo telefónico sucio, exquisito y lleno de morbo con mi esposa Rudy, quién se hospedaba en una habitación que le habían brindado sus padres.

    Mis suegros trabajan en oficina en el día y en la noche atendían un negocio pequeño de comida rápida, por lo que Rudy se quedaba en casa sola por periodos largos de tiempo.

    Un día estábamos chateando por teléfono y ella me dijo que estaba tocándose el clítoris y sobándose la vagina y las tetas. Yo le dije que era delicioso y que me encantaría estar con ella atendiendo y partiendo su trasero. Así pasamos algún tiempo, fantaseando que estamos los dos allí mientras cada uno se masturbaba a su manera.

    Pasaron los días y me envió fotos del cumpleaños de mi suegro, en donde habían comprado pastel, velas y comida, sin embargo, me percaté que en la casa de ellos estaba un tipo de unos 45 años más o menos que no conocía y que tampoco me habían dicho quién era. Le pregunté a Rudy por él y me dijo que era un amigo de su padre que había llegado desde Venezuela y que le había pedido quedarse con el algunos días. Yo de mi parte le dije que estaba bien, pero que tenga cuidado con sus joyas y objetos de valor pues uno nunca sabe.

    Una noche, de igual manera y por videollamada, estábamos hablando de sexo y morbo, y bueno, yo le pedí que se desnudara y que coloque la cámara para observarla masturbarse en cuatro, y así lo hizo y mientras veía sus nalgas yo me pajeaba. El clímax subió y ella sacaba más el trasero para que yo me excite, cuando veo que abren la puerta y ella se incorpora rápidamente, la cámara se quitó de foco y sólo pude escuchar unos ruidos y murmullos.

    Luego de unos minutos Rudy me volvió a llamar y me dijo que aquel hombre había entrado a la habitación a pedir unas cobijas y que la había sorprendido en conversación conmigo, le pregunté molesto que si le reclamó o algo y me dijo que lo había sacado a golpes de allí, pero que aquel tipo le había insinuado que él sabía las cosas que hacíamos ella y yo por teléfono, incluso que tenía fotos de Rudy desnuda y que iba a hacerlas públicas.

    Entonces le dije a mi esposa que regrese inmediatamente y me dijo que así lo haría. Pasaron los días y Rudy ya no me decía nada al respecto, yo insistí que regrese y me dijo que tenían que salir unos documentos de una notaría en Murcia y que debía esperar. Dejamos de tener sexo telefónico y pues a ella la sentía medio rara.

    Después de una semana recibí un mensaje en mi celular que decía: “Mira lo que hago con tu esposita, ¡sé que te gustará!”. Me llegó un vídeo al celular en donde al parecer este tipo había colocado una cámara en la habitación que utilizaba Rudy.

    Al principio del video estaba ella descansando, veía televisión, se arreglaba etc., pero después la vi acostada descansando y veo que alguien abría la puerta. Era el tipo ese, que entraba al cuarto con una bata de dormir y mi esposa lo recibía; la luz era tenue, pero en un momento vi que el tipo se quitaba la bata y estaba completamente desnudo. Observé el comportamiento de Rudy, pero ella se levantó de la cama desnuda, es decir, al parecer esperaba al cerdo ese.

    El tipo le hizo arrodillar y ella empezó a mamar su verga de arriba hacia abajo. En un momento vi que el tipo tenía un vergón que le colgaba de su cuerpo musculoso. Rudy después de un momento terminó de mamar y se dio la vuelta dejando ver a la cámara sus tremendas y deliciosas nalgas. El tipo se puso saliva en la verga y jalándosela se acercó y empezó a clavarle en la chepa de una manera desenfrenada.

    La cámara estaba en tal posición que se veía lateralmente la cama y podía ver todo lo que hacían este par de cerdos. En cada embestida el tipo le cacheteaba las nalgas a mi mujer y ella se arrechaba gimiendo, hasta podía ver su cara de excitación. Así mismo pude notar que el cabronazo le escupía en el ano y lo frotaba con la yema de su pulgar. La puta gemía y se daba gusto por la culeada que le daban, hasta que en un momento ella se hizo a un lado y le hizo acostar al cabrón contra el espaldar de la cama.

    El tipo así lo hizo y ella se trepó en su pene para de un sólo movimiento dejarlo caer y empezar a cabalgarlo. El cabrón le mamaba las tetas succionando sus pezones mientras ella hacía lo suyo. Fue difícil, pero vi como la puta empezó a culearlo subiendo y bajando con movimientos circulares sobre el pene de ese cabrón. Este tipo introducía sus dedos en el ojete de Rudy mientras se movían hasta que después de un rato, ella empezó a terminar encima de él dejando litros de squirt en el ombligo, pene, testículos y ano de aquel hombre.

    Luego de unos instantes, Rudy se hizo a un lado y el tipo le ordenó que se ponga en cuatro contra la cama, y así lo hizo. El tipo se puso atrás y ensalivó el ojete de Rudy y luego apuntando al ano ya dilatado lo metió sin ninguna contemplación. Rudy se quejó cerrando sus ojos y mordisqueando sus labios hasta que entró todo ese vergón. Empezó a bombear ese tipo y mientras le daba, le golpeaba las nalgas de una manera brutal. En esas vea Rudy que por debajo se sobaba la chucha hasta que ese puto aprovechador empezó a correrse en el ano de mi mujer dejándolo todo adentro.

    El cabrón dejó hasta la última gota adentro y se quitó de allí. Rudy se levantó y fue al baño mientras el invitado se puso la bata de dormir y salió de la habitación.

    Más adelante, el tipo me envió otros videos de el con mi esposa, así mismo me dijo que si yo le reclamaba a ella, que inmediatamente los publicaría.

    El comportamiento de Rudy fue normal solo que ya no hacíamos sexo telefónico en los siguientes días, me imagino que será porque estaba culea y culea con ese cabrón, que solo llegaba a su habitación para saciar sus bajos instintos.

    Si quieres que te relate los otros videos que me envió, déjame un comentario.