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  • Viaje de negocios

    Viaje de negocios

    Era jueves, alrededor de las 11 de la mañana. Suena el intercomunicador interno:

    “Ece, ¿podés venir un momento?” -era el délégué-exécutif, la máxima autoridad en la oficina, yo soy la officielle-exécutive, segunda en orden jerárquico.

    Su nombre es Didier Arberet, francés, pero cuya familia se radicó en Uruguay cuando él era un niño. De ahí la vinculación de la empresa en la que trabajamos, dedicada a negocios agropecuarios, pero que responde ante la sede central en Grenoble, Francia.

    “Ece, mirá, habría que acompañar a Felipe Macedo a Córdoba, para concretar con Atenas S. A. la compra e importación de la cosechadora que Macedo quiere comprar. Viajan a Buenos Aires, y de ahí en avión privado los trasladan a la planta industrial en Córdoba.”

    Inmediatamente pensé: «¿A Argentina? ¿Yo sola con un tipo que apenas conozco? ¡Éste está loco!»

    “Creo que deberías ser tú quien acompañe a Macedo, eres la máxima autoridad en la oficina. No me parece bien ir sola con un tipo, casi desconocido; me va a querer levantar por todos lados…” Respondí, algo sorprendida y quizás titubeante.

    “¡Eh!, no, pará turquita, las cosas no son así. Macedo no es un desconocido. Es un buen cliente con el que venimos tratando hace tiempo, es casado, sé que tiene nietos, es bastante mayor para vos, podría ser tu abuelo. Pero fundamentalmente te pido esto porque vos sabés bien, ya te he comentado, que estoy complicado con mi padre; está con internación domiciliaria, con oxígeno, su situación es delicada. Además, también ya te lo he dicho, mi suegra anda con problemas de salud. Es por eso que te pido que vayas vos.”

    “¿Y Alberto o Javier no pueden ir?”

    “Ingresaron hace muy poco a la empresa. Sabés bien que no están en condiciones. Ninguno de los dos tiene facultades para cerrar un trato. Son empleados que por ahora están para cosas menores.” -respondió con un tono y un gesto como diciendo: «¿A estos inútiles voy a mandar?»

    “A Alejandro no le va a gustar que yo vaya.” -dije.

    Alejandro era un hombre mayor con el que yo estaba saliendo en ese momento. Su respuesta inmediata fue:

    “¡¿Qué Alejandro qué?! ¿Vos me estás tomando el pelo Ece? No me vengas con «Alejandro» que hasta los perros de la calle saben que tiene como 30 años más que vos, que es casado, y que te tiene para satisfacer sus apetitos sexuales con una chica joven y bonita como vos. ¡No jodas Ece! Vos misma me lo has dicho. ¿Ahora te ponés condescendiente con el viejo ese?”

    Hubo un silencio en la habitación. Era verdad, eso mismo yo se lo había dicho casi con las misma palabras.

    Pensé que como curriculum, acompañar al productor Macedo a Argentina y concretar la importación de la cosechadora seguramente iba a ser bien valorado por nuestra central en Francia. Ya me habían insinuado la posibilidad de transferirme, en un futuro, a algún lugar de Europa o, por mis conocimientos del turco, el farsí y algo del árabe, a algún país del Cercano Oriente. ¡Cómo me gustaría volver a Turquía! Aunque por el momento ahí no tienen filial.

    “Ok, voy con él a Argentina, pero nos quedamos en habitaciones separadas, y si es posible, en distintos pisos del hotel. A Alejandro le digo que voy sola.” Dije finalmente respirando hondo.

    “¡No pienses tanto en Alejandro!, Ece. Pero sí, me parece bien: decile que vas vos sola. Le comunico a Macedo que lo acompañás, y le digo a Olga que organice con la agencia las reserva de pasajes y hoteles.”

    “No olvides decirle que habitaciones separadas, y si es posible pisos distintos también.”

    “Ok, tranqui. Le digo eso.”

    Así quedaron las cosas, y así se llevó a cabo lo planeado. Con Felipe Macedo tomamos el avión con destino a Aeroparque Internacional Jorge Newbery. Durante los 50 o 55 minutos del vuelo fuimos conversando sobre la vida de cada uno.

    “Tu nombre y apellido, Ece Varal” -me preguntó Macedo, “son turcos, ¿verdad?. ¿Vos sos turca?”

    “Sí, nací en Trabzon, Turquía.”

    Y por supuesto explicarle toda la historia de cómo vinimos a dar a al Uruguay. Las diferencias en costumbres, los idiomas y todo lo que envuelve a los emigrantes que dejan un país y se trasladan a otro con distinto lenguaje. Y claro, la infaltable pregunta.

    “¿Estás casada, en pareja o algo por estilo?”

    “Estoy saliendo con un señor, un poco mayor que yo.”

    “Veo que te gustan los hombres maduros. ¿Viven juntos?”

    “No. Nos vemos algunos días de la semana, o algún feriado.”

    “¡Aja! ¡Mmmmmm! «¿Algunos días de la semana, o algún feriado» y los fines de semana no?… No quiero ser atrevido ni indiscreto, pero sospecho que es casado. No quiero que te ofendas. ¡Por favor!”

    “Sí, tiene una familia.” -le respondí al hijo de puta.

    Me contó de su vida, de su esposa, de sus nietos, de sus padres, de su establecimiento rural y hasta de su afiliación política y su amor por Nacional en fútbol.

    “Llamame Felipe, no me digas usted, decime «tú». Yo te llamo Ece. ¿Cómo se pronuncia en turco?”

    “Eye. La C en turco suena como Y o LL rioplatenses.”

    Y así fue transcurriendo la conversación hasta llegar a Aeroparque. Allí nos estaba esperando un empleado de la empresa Atenas que de inmediato nos llevó a otro aeropuerto bastante lejos que se llama San Fernando.

    Tomamos un avión de 6 plazas más los pilotos. Todos los asientos ocupados. El vuelo duró más tiempo que el de Montevideo-Buenos Aires; según mi reloj una hora y media. Nuevamente nos sentamos juntos con Felipe, quien mientras acomodábamos los bolsos aprovechó para agarrarme de la cintura y subió la mano hasta escasos centímetros de mi seno derecho. «Bueno Ece, no te puede sorprender, ¿verdad? Estaba en tus cálculos» me dije a mí misma.

    Durante el viaje seguimos hablando con Felipe, quien cada vez se acercaba más y cada tanto me tocaba mientras hablaba. Era marzo, y parecía que el verano se había extendido un poco más de sus límites, por lo cual todos íbamos ligeros de ropa. Yo tenía puesto una blusa roja y un short que como cinturón tenía una cuerda blanca gruesa.

    “Muy bonitas piernas, Ece. Tenés todo en la medida justa.” Me dice Felipe en determinado momento.

    ¿Qué podía hacer en un momento así? Sonreí complacientemente y respondí:

    “No es para tanto. Soy una chica como la mayoría, quizás me vista y me maquille un poco más cuidadosamente, pero nada más que eso.”

    “Que vestís elegantemente me di cuenta desde que te conocí, pero no te me achiques, también sos rebonita e inteligente.”

    “¡Gracias!” -dije sonriendo nuevamente y me puse a mirar por la ventanilla.

    Después de varias disquisiciones, por fin llegamos a Córdoba. Allí, como en Buenos Aires nos estaban esperando y en una hermosa camioneta Renault nos llevaron a la planta industrial. Las autoridades de la empresa nos recibieron muy amablemente. Visitamos las oficinas y después nos llevaron a conocer la fábrica, más tarde nos trasladaron a un establecimiento rural, cerca de ahí, donde pudimos apreciar en funcionamiento la maquinaria agrícola y donde, además, y muy importante, almorzamos.

    Cuando empezaba a caer el sol nos dejaron en el hotel. Habitaciones distintas para los dos; yo estaba en el piso 4° y él en el 6°. Cenamos, charlamos, y cada uno se fue a su cuarto.

    Eran las 23:00, hacía calor, pero mi intuición me decía que de un momento a otro Felipe iba a aparecer por mi habitación. Me puse una bata que me llegaba algunos centímetros por encima de la rodilla. Arreglé la ropa en los placares. Inspeccioné lo que había en el minibar; lo de siempre, botellitas de whisky, chocolates, jugos, bebidas gaseosas, etc. Ya me había bañado y secado el pelo. El panorama desde la ventana no era nada del otro mundo: techos de casas, pocos autos, además era de noche y no se distinguía mucho en profundidad.

    Tok, tok, tok, tok. Golpes en la puerta, notoriamente con los nudillos de los dedos. «¿Será el viejo verde éste?» me pregunté a mí misma. Abro la puerta, y por supuesto: allí estaba Felipe Macedo (nombre ficticio, cambiado para evitar posibles molestias) muy orondo en busca de complacer su libido con una chica mucho más joven y sola, a 850 de kilómetros de su casa. ¡¿Qué mejor oportunidad que ésta?! «Bueno, a ver Ece cómo resuelves esto» me dije a mí misma. Pensaba y no encontraba las palabras adecuadas para no dejarlo pasar y rehusarlo. Traía una botella de vino blanco.

    “Buenas noches…, ¿cómo debo llamarte, señora o señorita Varal?”

    “Cómo más te guste, en el avión me decías Ece.”

    “Ok, ok. Buenas noches señorita Ece. Disculpa que haya llegado sin avisar. Pensé que te gustaría compartir este buen vino blanco y charlar un rato.”

    “Disculpa Felipe, es tarde, ya estaba por dormir, y me parece que un señor casado no debería estar en este escenario.”

    “No Ece, ¡por favor! No pienses mal de mí. Simplemente estaba un poco aburrido y pensé en compartir este vino y charlar unos minutitos contigo. Prometo no molestarte. No es fácil encontrar una chica tan agradable para conversar como vos.”

    “Bueno Felipe, pasa, toma asiento en esa banqueta.”

    “¡Qué mujer más educada, fina y elegante! Con permiso, ¡gracias! Me gusta que me llames Felipe”.

    Entró, tomó asiento en una de las banquetas (o silla con reposabrazos) que había en la habitación. Dejó la botella sobre la mesita, cerré la puerta, me miró de arriba a abajo con un aire de fascinación. No tardó mucho en soltar un halago:

    “Nena, con esa batita estás para que te coman toda…, terrible piernas tenés. Supongo que debajo de esa bata no debe de haber mucha más ropa… ¿eh?”

    “Felipe, no olvides que tienes familia, esposa, hijos, nietos. Hay mucha diferencia de edad entre nosotros. Éste es un viaje de negocios y acá estamos para concretar la compra de una cosechadora. Te ruego que te ubiques y te comportes como una persona respetable, como un caballero.”

    Como si le hubiera hablado a la pared. Siguió mirándome con una sonrisa socarrona. Me senté en la otra silla tratando de que la bata no dejara ver mi interior. En este caso el silencio no era conveniente, algo había que decir, por lo que empecé con un:

    “¿Cómo estás?”

    “Muy bien. Excelente. Imagínate, un viejo de 64 años con una chica de 32 tan bonita y sensual como vos, ¿qué más puedo pedir? Es un privilegio estar aquí contigo. Diría que es una condecoración.”

    “Bueno, ‘tá, calmate. Sos un tipo casado. Me dijiste que querías a tu esposa…”

    Me interrumpió…

    “Que quiera a mi esposa no significa que no sepa admirar una belleza como vos.”

    Después de unos segundos, continuó:

    “Traete unos vasos, vamos a escabiar este vino. Dale.”

    Fui al minibar y traje dos vasos comunes; no había copas de vino, pero no importaba. Me acerqué a la mesita y apoyé los dos vasos. Estaba a pocos centímetros de él, quien para nada lerdo en lugar de llenar los vasos con el vino estiró su mano derecha para tocar mi pierna, subió a la rodilla y siguió hasta el muslo, muy cerca de mi santuario. No opuse resistencia, lo admito. Me excitó, me excitó mucho, casi le digo «¡cogeme!», pero no, me contuve.

    “No Felipe, ¡por favor! ¡Calma! Creo que es mejor que te vayas para tu habitación.”

    “Tranquila nena. No te voy a hacer daño. Ponete cómoda. Vamos a tomar este vinito.”

    Tomamos el vino, yo no mucho, evito el alcohol si tengo planificado dormir enseguida. Hablamos de todo lo que vimos durante el día, de lo que le rendiría esta nueva cosechadora. Levantó su cabeza, quedó mirando hacia arriba algún rato. Bajó la vista, me miró. Me hizo una especie de brindis-saludo en silencio con el vino. Y habló:

    “Ece, vení, sentate acá.” -me señaló la mesita ratona frente a él donde estaba la botella y su vaso de vino.

    “Dale Ece, vení, no pasa nada mija, vení sentate acá. No te voy a morder querida.”

    “Podemos charlar así como estamos.” -repliqué.

    Silencio. Quedó inmóvil, hasta que finalmente se paró. Caminó lentamente dando un rodeo a la mesita y se acercó donde yo estaba sentada. Pensé que se iba a sentar en el reposabrazos, pero no, se puso a mis espaldas. Me acarició el pelo. Con el dorso de su mano izquierda me rozó la mejilla. Delicado. Me excitó. Se acercó a mi oído y me susurró:

    “Te quiero coger.”

    No me dio tiempo a responder. De inmediato su mano se introdujo entre mi bata y se adueñó de mi seno derecho. Al mismo tiempo me besó en la oreja, en la mejilla, en los labios. Su mano en mis tetas me transmitía una sensación de confianza, seguridad, firmeza. Ahora sí se sentó sobre el reposabrazos. Una mano la puso sobre mi muslo desnudo y lo acarició con delicadeza y cariño. Olió el aroma de mi cabello. Tomó mi vaso de vino y lo depositó en el suelo lo más lejos posible.

    Me rendí, me venció, capitulé. Ahora soy yo quien toma la iniciativa: tomo su cabeza por la nuca y la acerco a mí. Con la punta de mi lengua recorro sus labios y lo beso lentamente. Su mano recorre cada parte de mi cuerpo.

    Es incómodo el lugar, la silla no es para este tipo de actividades… Se para agarrándome de la mano y me lleva a la cama. Primero nos paramos pegaditos. Siento su pierna acariciar la mía, también siento su pene erecto a través del pantalón. Tira de la cinta de la bata permitiendo se abra por completo. Recorre mi cuerpo con su mano hasta que se apodera de mi pecho para apretarlo ligeramente mientras continúa besándome.

    Me encanta lo que hace, me encanta el sabor de sus labios, mi cuerpo ha empezado a experimentar cambios en mi interior, siento la humedad entre mis piernas y mis pezones tremendamente sensibles, mi excitación va en aumento.

    Ni una palabra entre los dos, me enfrento a él con mi cuerpo desnudo, espero. Me mira desnuda y veo claramente una erección que crece dentro de su pantalón. Le acaricio su virilidad a través de la ropa. Su mano derecha me agarra del mentón.

    -Arrodillate. -me dice. ¿Me dice o me ordena? Evet sultanım ne buyurursan (Sí mi sultán, lo que usted ordene).

    Ante de arrodillarme su mano recorre mi cuerpo, empezando por mis piernas, mirándome a los ojos y deleitándose con mis expresiones. Recorre mi vientre y sube a mis pechos y luego juega con mis pezones, y continúa subiendo, recorre mis labios con la punta de los dedos, me besa y deja que mi lengua juegue con la suya.

    Estoy temblando, miles de voltios atraviesan mi cuerpo, es excitante ver en la oscuridad como su pene está completamente empalmado, como mi vagina se ha mojado tanto con tan solo el paseo de sus dedos, mis pezones estén tan sensibles que solo piden ser consolados con su boca, mis labios con sabor a él, con su lengua jugando al juego de la pasión con la mía, estoy viviendo una fantasía, una de mis fantasías sexuales y la estoy viviendo con él.

    Mi mano acaricia su pene apretándolo por encima del pantalón, siento su respiración, consigo atravesar las barreras de la tela y ahora, siento la piel suave de su miembro en mi mano. Otra vez recorre mi cuerpo, pero ahora ha empezado por mi boca, ha pasado por mis senos y mis pezones y continua hacia abajo.

    Me besa mientras continúa bajando por mi cuerpo, mientras mi mano comienza a jugar delicada y suavemente con su pene y apaga mis gemidos con otro beso. Ahora lleva la punta de sus dedos a mi escondite y comienza a jugar en él, roza mis labios vaginales mientras emito gemidos. ¡¡Wow!! Hace una pequeña invasión en mi templo, entra un poquito, solo un poquito, me hace desear, enloquezco.

    Mi mano continúa jugando con su pene mientras, vuelve a meter su dedo en mi vagina, poquito, lo saca, lo vuelve a introducir, apenas. Me había pedido que me arrodille, pero es él quien baja la cabeza y lame mi intimidad, se detiene.

    “Creo que esto merece un brindis.” Dice y toma la botella de vino, luego la alza.

    “Por nosotros Ece.”

    Me dice e inclina la botella sobre mis pechos, solo un poco, mi cuerpo reacciona al frío y sonrío, vierte un poco más y comienza a chupar de mis pechos, supongo que el sabor del vino y mi piel saben más que deliciosos y vierte un poco más para beber del vino. Me saborea por completo.

    Con la botella en la mano, baja hasta mis piernas, las abre para dejar caer el líquido en mi monte de Venus, mientras su otra mano comienza a acariciar mi vagina, humedeciendo por completo mi vulva, junta su boca a mi vagina y comienza a lamerla, el vino aumenta la delicia de probarme, así que vierte un poco más, y comienza a comerme la concha, completamente hambriento de mí.

    No puedo parar de gemir, siento como su lengua recorre mi cuerpo dándome el placer que tanto deseaba, como un líquido frío recorre mi piel y como poco a poco él lo va bebiendo, provocándome escalofríos en todo el cuerpo. Me mira, cierro mis ojos, quiero sentirlo solo con mis otros sentidos, el oído, el olfato, el tacto de sus dedos sobre mi cuerpo, de su lengua recorriendo mi figura, lo deseo, deseo tanto que me bese, que me haga el amor que intento llegar a su pene para agradecerle lo que está haciendo por mí, pero no puedo, no llego.

    Se ha dado cuenta, lo deja todo por un momento y se desnuda completamente, ahora sí sin decir nada sus manos me empujan desde los hombros hacia abajo para que se cumpla el «arrodillate» que me había pedido anteriormente. Bajo lentamente, recorriendo con mi lengua desde su boca hasta quedar frente a su pene. Consigo lamer con la punta de mi lengua su glande, introduzco su miembro dentro de mí, balanceándose en mi boca, gime, huelo el olor a sexo, a vino, permito que su pene vaya muy adentro hasta mi garganta provocándome esos gemidos-arcadas que encantan y excitan a los amantes.

    Mi boca abraza su pene, de una forma lenta y delicada. Lo aprieto con mis labios y mi lengua lo recorre. Ya sentí la acuosidad de tu fluido preseminal. No resiste más, perdió el control, me sujeta de la cabeza y mantiene su miembro hasta el fondo. Acaba. Acaba en mi boca. Así lo deja varios segundos mientras descarga totalmente su esencia. Cuando finalmente lo saca de mi boca, dejo caer su semen sobre la moquete.

    No hablamos. No nos miramos. Quedamos con la mirada como extraviada. Así pasamos algunos minutos hasta que llevó su boca hasta mi vagina. Junta mis labios vaginales, me hace vibrar, su dedo índice ataca mi clítoris y suelto un grito debido a un orgasmo, un grito tan alto que seguramente en las otras habitaciones se habrá oído, se levanta poco a poco, recorre mi cuerpo con besos, recreándose un poco con mis pechos y luego en mi boca.

    “Quiero más de vos.” Me susurra al oído mientras acaricia mi entrada con sus dedos de forma tranquila y lenta.

    Me viene a la mente el comentario que me hizo en el avión: «te gustan los hombres maduros». Se pone encima de mí con su pene en mi estómago, su torso aplasta mis pechos que sienten que se funden con su cuerpo, yo también quiero más de él, quiero que me haga el amor lentamente, que me mire a la cara mientras me penetra sintiendo su miembro entrar en mi vagina hasta hacerme temblar.

    Abro mis piernas para que quede en medio, siento como su mástil se va recuperando y con una mano lo acompaña a mi entrada, entra suavemente, veo mi cara reflejada en la suya cuando su glande como punta de lanza empieza a traspasar la puerta de mi templo.

    Su pene sigue creciendo dentro de mí, en poco rato podrá sacarlo y meterlo con ese ritmo que me encanta, ese ritmo que me permite disfrutar esos empujones lentos que lo meten tan a fondo que pueden llegar a dar con la mismísima entrada de mi útero. La tiene tan metida en mí que ya no hay espacio para más, estoy tan dilatada que su miembro es como la ficha que falta en un puzzle, la unión perfecta, tan perfecta que mis gritos vuelan por toda la habitación obligándome a que mis brazos lo abracen y mis uñas lo arañen cada vez que lo siento entrar.

    Continua el vaivén mientras junta nuestras frentes, puedo ver como mis pechos suben y bajan al ritmo de sus embestidas y eso me encanta, se detiene para besarme. Se sale y me da vuelta con sorprendente facilidad, como si yo fuera de papel, quedo bocabajo en la cama y vierte más vino sobre mis nalgas. Me levanta de mi pelvis para lamer el vino de mi piel, y se coloca sobre mí con la intención de meter cada centímetro de su pene en mí culo.

    Inicia una paciente tarea: con sus pulgares y pequeños toques de su glande me va dilatando para hacerme una penetración anal. Estoy muy excitada. Pocas veces hablo cuando tengo sexo. Quisiera decirle que se ponga un condón lubricado, pero no me salen las palabras. Finalmente su glande ingresa en mí sin inconveniente. Lentos empujones permiten que su pene se introduzca cada vez más. Besa mi cuello. Nuestros cuerpos chocan. El balanceo va de menos a más. Aumenta su velocidad.

    Con una mano toma una de mis tetas y dos dedos de la otra mano se zambullen en mi vagina. Salvo gemir, gemir y gemir con fuerza poco puedo hacer, tan solo dejarme arrastrar a un mundo de placer. Siento que me voy a morir de placer. Asoma un orgasmo. Continúa penetrándome. Me agarro de una almohada, mi cuerpo se convulsiona debido a otro orgasmo.

    Sus movimientos se hicieron frenéticos y acaba dentro de mí. Sublime la sensación de sentir el calor de su esperma en mi culo. Ralentiza sus movimientos. Grito de placer. Se detiene. Continua dentro de mí. Hasta que se desploma a mi lado. Veo como su pene ha perdido rigidez. Su semen comenzaba a salir de mi interior

    Ha conseguido hacerme olvidar del mundo exterior. Un orgasmo antes de que acabara dentro mí ha sido como estar en el nirvana, no quiero olvidar esta noche, soy feliz de que sus negocios y mi actividad laboral nos hayan hecho viajar juntos y solos a Córdoba. Está a mi lado con los ojos cerrados, exhausto por todo lo que me ha dado, lo beso. Se ha dormido. Me río de mi exigencia a Didier para que nos dieran habitaciones separadas y en distintos pisos. ¡Qué contrasentido!

    Es la primera vez que hacemos el amor, no sé si habrá una segunda vez. No quiero ni debo interferir en su familia. Mañana, después del mediodía salimos para Buenos Aires y enseguida para Montevideo. Volveremos a nuestras rutinas.

  • Pareja libertina

    Pareja libertina

    Soy Mariela, 23, bonita, cuerpo sensacional, alta, morena, muy tetona, culo redondo, piernas largas, casada con Pepe, 25, alto cuerpo firme, atlético, moreno claro, gran verga recta, cabezona, rosada, cualquier mujer diría que es bella. Ambos trabajamos, yo somo secretaria y él es empleado público. Nos da para vivir arrendando y nada más, nada de restoranes o salidas los fines de semana. Conversando con una amiga llegamos al infaltable tema sexual. Entre otras cosas me contó que estaba de escort, o sea puta de acompañamiento autorizada por su esposo y les ha mejorado la vida cien por ciento.

    Le dije, pero estás de puta, si me contestó, pero no engaño a nadie y mi esposo está muy contento pues autorizada por él tengo clientes que me pagan excelente, voy a orgías los fines de semana muy bien pagadas porque debo tirar con cuatro o seis tipos durante las tres horas que duran y nadie me ha reprochado nada, aunque si lo hacen me limpio el culo con sus opiniones. A mi esposo le di libertad para que se montara a las chicas que le gustan sin problema ninguno para recompensarlo por su excelente comprensión.

    Llegué a casa y conversé con mi esposo y tratando el tema decidimos hacer porno en pareja. Nos presentamos a un casting y nos fue bien. Claro que antes yo me tuve que acostar con tres tipos para dar muestras de mi experiencia y él con dos tipas que lo “evaluaron”. Nos dejaron en claro que empezaríamos como pareja pero que luego seguiríamos las instrucciones de la empresa, esto es, culear con el que nos designaran al rodar las películas.

    Empezamos con un corto de prueba para acostumbrarnos al equipo de filmación a cargo de una directora, ex puta del porno y ahora empresaria. Nos dio una serie de indicaciones y nos dijo lo que ganaríamos. Estuvimos de acuerdo y nos fuimos a casa muy contentos.

    Conversamos sobre todo esto y concluimos que como se daban las cosas mejor darnos libertad sexual sin restricciones, y así no habría motivos de celos ni reclamos. Luego empezamos nuestra carrera pornográfica. Hicimos varios cortos en pareja, pero luego a él le dieron un papel en una película y bien pagado. A mí la directora me dijo que con el cuerpo que tenía estaba asegurada por años en el porno y que ganaría millones y me dejó muy entusiasmada.

    La primera película era una de enredos entre varias parejas así es que me culearon varios tipos, mamé semen por litros, ja,ja,ja, y menos mal que Pepe me tiraba por el culo desde hacía un año pues me encanta, así es que tuve varias escenas en que me penetraban por el ano, para mi goce personal, y tuve mi primera experiencia lésbica con una reconocida actriz de esa especialidad. Me encantó y desde allí me he declarado bisexual y tengo pareja en una vecina que hacía tiempo que me miraba y me decía cosas sin darle yo la pasada. Pero ahora le dije que estaba su disposición y ha resultado todo a la perfección.

    Es un poco más baja que yo y rellenita, besa y me chupa los pezones de película, tiene una champa enorme en la que encanta revolcar la cara antes de mamarle el clítoris y llega a gritar con los orgasmos. En eso soy más “recatada” porque soy de la tiritonas como eléctricas cuando acabo y sus jugos me han encantado dulzones y abundantes pues se calienta o mejor hierve conmigo y me mama mis jugos con fruición. Ya nos entendemos bien y me preguntó si, de vez en cuando podría prestarle a Pepe para calmar las hormonas que le pasan la cuenta por falta de verga adentro.

    Hable con él y me dijo que si yo no tenía problemas le dijera que sí. Así lo hice y mi amiga lesbi tiene ahora una verga a su disposición cuando lo desee. La primera vez me dijo que Pepe era un campeón en la cama y que la había hecho gozar como salvaje. Al parecer así es porque le ha pedido ya varias veces que se la mande y dos veces en nuestro apartamento y en mi presencia pues quería ver a Pepe culeando, así es que he gozado como nunca masturbándome mientras miró a pocos centímetros todas las maniobras y poses que ejecutan. Fantástico ser voyerista.

    Como ven es un cuento corto, pero espero que muchas sigan mi experiencia pues he ganado o mejor hemos ganado una fortuna y ahora tenemos auto, apartamento propio y nos damos la gran vida. Ello gracias a nuestra experiencia pornográfica de ya seis años.

    Y lo mejor, nuestro matrimonio anda mejor que nunca pues nos quedarán, supongo, unos seis años más y luego veremos como compensar el dinero que ya no tendremos, aunque ya estamos pensando en poner nuestro propio negocio porno, el que empezaremos este año que viene con una tienda especializada de artículos y juguetes porno y con muchachas muy jóvenes que atiendan en bikinis de tiras, como el mejor anzuelo para los aficionados.

    No le teman al qué dirán, a los comentarios ni nada de esos prejuicios sociales y échenle para adelante con sus cuerpos que como decía un tío viejo… “un coño y un ano bien administrados dan más que una hacienda feraz casi sin molestias y con deliciosas experiencias”.

  • Locktober. Disfruto mientras mi sumiso está en castidad

    Locktober. Disfruto mientras mi sumiso está en castidad

    Es curioso como muchas veces los sueños pueden hacerse realidad. Otras, vamos construyendo esos sueños ladrillo a ladrillo, conjuntando deseos propios y ajenos, aquí y allá. La historia que os voy a contar comenzó un 10 de octubre de 2024. Y para más detalles, comenzó en un sueño que tuve.

    Estaba a punto de cumplir un mes en castidad para mi ama, y a pesar de que aún me quedaban por delante otros 21 días para terminar el famoso mes de octubre (Locktober si le das un toquecito picante al asunto), estaba feliz y orgulloso de llevar 30 días sin correrme, de entregarle a mi Dueña mis orgasmos.

    Llevaba tres o cuatro días más puta de lo normal. Quizás el hecho de que las últimas 36 horas hubiera estado con una jaula de castidad, y que toda mi jornada laboral del miércoles la pasara con un plug anal dentro de mí, con el que mi dueña jugaba a distancia (bendita tecnología que nos acerca cuando físicamente estamos lejos, ¿verdad?).

    El caso es que esa noche me fui a dormir bastante cansado y antes de dormir, me puse crema en mi ridícula pollita, tal y como mi dueña me había ordenado, ya que había estado un periodo prolongado encerrada, y como ella siempre cuida de mí, no quería que mi piel sufriera ninguna laceración por la presión contra el metal.

    Me puse el pijama, empecé a escuchar la radio, y me quedé dormido casi inmediatamente… todo lo que viene ahora, no es sino la descripción de lo que soñé en algún momento entre las doce de la noche y las seis y cuarto de la mañana. Así que, allá va mi sueño, o lo que recuerdo del mismo.

    Yo estaba en la oficina, trabajando, mientras tú te habías quedado en un piso que habías alquilado a escasos 300 m para “tenerme siempre a mano”. Todavía no vivíamos juntos, así que no podía despertarte como era tu deseo lamiendo tus pies y subiendo lentamente a tu precioso y depilado coño. Por contra, tuve que llevar a los niños al colegio, llegar a la oficina, aparcar en la plaza y, en vez de subir a mi despacho, volver a salir del edificio para llamar al timbre del piso que habías alquilado.

    Tuve que llamar varias veces, e incluso probé llamándote por teléfono, pero no contestabas. Después de un buen rato intentándolo, y cuando estaba a punto de rendirme y volver a la oficina pensando que te habrías quedado completamente dormida, escuché tu voz en el telefonillo.

    “Perdona, cariño… me estaba duchando, sube”

    No tuve que decir una palabra más. Empujé la puerta y me metí en el ascensor que llevaba hasta la quinta planta. Al salir al descansillo, tu puerta estaba entreabierta. Empujé y pasé dentro. Recorrí el pasillo buscándote y al llegar al salón te encontré desnuda, con un bote de crema hidratante en la mano.

    “Pasa mi amor. Llegas justo a tiempo para aplicarme la crema. Ponte de rodillas y hazlo bien, bonita”

    No cogí la crema, y agarrándote suavemente del cuello, te acerqué a mí y te besé, diciéndote:

    “Se dice buenos días, ¿no mi amor?”

    “Ja ja ja… tienes toda la razón, mi chico. Soy una maleducada. O quizás estaba pensando en otras cosas y me he descentrado”

    Sin prestarle atención a tus palabras volví a besarte hasta que me apartaste suavemente y me dijiste:

    “Pedro, no me líes que nos conocemos. Tú tienes una reunión dentro de una hora y yo tengo cositas que hacer. Ponte de rodillas y encárgate de la crema”.

    Sin dudar un instante y ya excitado por el beso que acabábamos de darnos y por ponerme de rodillas ante la mujer de mi vida y el Ama de mis sueños, comencé a aplicarte la crema por todo el cuerpo, con mucho mimo. Aprovechaba la mínima ocasión para excitarte. Al pasar mis manos por tu entrepierna, al rozarte con el dorso de mi mano tu precioso coño, o al acariciar descaradamente tus tetas, con los pezones mirando al cielo, señal inequívoca de que estabas excitada.

    Estuve más de diez minutos disfrutando de ese momento tan sensual. Tu cuerpo es tan bonito… y yo… estoy tan enamorado de ti, que no puedo creerme que tenga la suerte de pertenecerte. De ser tuyo para el resto de nuestras vidas. Debí quedarme medio “empanao”, porque en un momento dado me dijiste:

    “Pedro, cariño… que te vas a quedar dormido de rodillas. Levántate y vete a prepararme el desayuno mientras me voy vistiendo”

    Me puse de pie y antes de darme la vuelta y dirigirme a la cocina dijiste:

    “Espera, espera… no tan rápido. ¿Qué es esto que tienes aquí?” dijiste agarrándome la polla por fuera del pantalón de pinzas.

    “Eso es tu pollita, ama”

    “Ya lo sé, zorra. ¿Crees que soy tonta? Y ¿qué es lo que pasa? ¿Mi pollita se alegra de verme?

    “Siempre se alegra de verte, cariño. Vive pendiente de ti”.

    “Genial, cariño… me encanta que lo esté, pero hoy va a pasar el día enjaulada, así que antes de preparar el desayuno, saca de la mochila la jaula de castidad y póntela”

    Agaché la mirada siendo consciente de que estabas excitada, y que me quedaban 20 minutos para estar en una ridícula reunión que no tenía ganas de tener, y encima no tendría sexo contigo antes de irme, como ocurría muchos días desde que te habías mudado a Madrid.

    Cogí la jaula de la mochila y me la puse. Me dirigí a la cocina y al pasar por tu habitación vi que te habías puesto unos leggins de látex negros que estabas subiéndote en el preciso instante que pasé al lado de la puerta. Pude ver un tanga negro de encaje. El mismo tanga negro que me habías enviado por correo con tu humedad el día que te follaste al fisio en Galicia. Pero eso es otra historia.

    El caso es que mientras te preparaba las tortitas y el café, mi mente no dejaba de pensar que algo tenías en mente. Sentí el olor del café recién hecho mezclarse con mi humillación. Era amarga, pero contrastaba con el dulzor de las tortitas con dulce de leche que te estaba preparando. El ying y el yang. La humillación y el placer. Siempre tan cerca, siempre tan lejos.

    Entraste en la cocina y solo pude quedarme quieto mirándote. Llevabas los leggins negros de látex que te había visto ponerte, unos zapatos de tacón de aguja que estilizaban tu figura, y una camisa blanca semitransparente. Era obvio que no llevabas sujetador, porque tus pezones estaban muy marcados. Llevabas el pelo rizado, algo húmedo, y te habías maquillado perfecto, como lo hace siempre. Puff… eres tan guapa!! No me puedo creer que me hayas elegido a mí para pasar el resto de tu vida. Me siento un afortunado.

    “¿Qué pasa cariño? ¿Por qué me miras así? No es la primera vez que me pongo esta ropa. ¿Ocurre algo?

    Te conozco muy bien, y fui plenamente consciente de que me estabas tentando. De que querías que sacara lo que tenía en mente. Pero mi orgullo entró en juego y se negó a darte ese placer:

    “No mi amor. Simplemente observo lo preciosa que eres, y lo espectacular que te sientan esos leggins con esa camisa y mis zapatos de tacón favoritos. Estás increíble, mi amor. Como siempre, por otro lado”

    Me miraste y te mordiste los labios. Soy perfectamente capaz de saber tu nivel de excitación simplemente observándote. Tu lenguaje no verbal es demoledor, y soy capaz de interpretar tus pensamientos a kilómetros de distancia. Pero me callé y serví tu desayuno, retirándote la silla para invitarte a tomar asiento.

    Nada más sentarte, miraste a la mesa y me dijiste:

    “Cariño, solo hay un café. Prepara otro anda”

    “No mi amor, ando con prisa y apenas quedan 10 minutos para mi reunión. Hoy no puedo acompañarte, mi niña. De hecho, debería irme ya, si das tu permiso”

    “Ja, ja, ja. Eres una puta orgullosa, mi amor. Sabes perfectamente que el café que vas a prepararme ahora mismo no es para ti, sino para Pablo, aquel chulito gaditano tan gracioso con el que estuvimos hablando una temporada. Me contactó ayer por Skype, y voy a invitarle a desayunar. ¿Te parece bien, bonita?”

    Apretando la mandíbula, me di la vuelta para tratar de ocultar mi expresión, y te dije que me parecía perfecto. Preparé el café con leche para tu juguete y lo coloqué en la mesa. Saqué otro plato y lo coloqué en la mesa, junto a unos cubiertos y una servilleta de papel para tu invitado, pero sonriendo, dijiste.

    “No mi amor. No te preocupes porque Pablo no va a desayunar en la mesa. Coloca tu bol de perro en el suelo y vierte el café y una tortita. Hoy será otro quién desayune a mis pies”.

    “Sí, ama, como desees” contesté agachando la mirada al suelo y colocando las cosas tal y como habías indicado.

    Tratando de mantener la compostura e intentando que la humillación que estaba sintiendo no saliera demasiado a la luz, miré apresuradamente el reloj y te dije:

    “Joder, se me ha pasado el tiempo volando, mi amor. Tengo que salir pitando. Disfruta del desayuno y de Pablo, cariño. Vamos hablando”

    “Espera puta. ¿Dónde crees que vas sin darme un beso?”

    Volví sobre mis pasos apresuradamente y te besé. Me agarraste del cuello y me demostraste tu excitación con un beso increíble. Justo antes de dejarme ir, bajaste una mano a tu entrepierna y mojando tus dedos en tu coño, los pusiste en mi boca y dijiste:

    “Chupa, zorra. Chupa esta humedad y esta excitación que va a disfrutar otro. Y ahora, vete… y ten cuidado al salir no vayas a encontrarte con Pablo, que debe estar al caer”

    Salí con la cabeza llena de pensamientos. Estuve a punto de cancelar la reunión de las 10, pero era con la matriz de Tailandia y no se me ocurrió una buena excusa. Además, conociéndote… perfectamente podrías haberme dicho que si había cancelado era cosa mía… que tú estarías bastante ocupada toda la mañana.

    A paso ligero salí del edificio y me dirigí a la oficina. Ni rastro de Pablo en los 300 m que tuve que recorrer. Me quité la americana, conecté el portátil y me conecté a la conference call. Pero no le presté demasiada atención a lo que ocurría. No paraba de entrar en Skype y en WhatsApp por si tenía algún mensaje tuyo. Pero de vuelta, lo único que encontraba era tu ausencia, y un reloj que, de forma inmisericorde, avanzaba lentamente diciéndome:

    “Última conexión hace 58 minutos”

    Al terminar la reunión y volver a comprobar que no tenía señales de ti, resignado me levanté a por un café. Me encontré con un par de compañeros que me entretuvieron un poco, y diez o quince minutos después, estaba sentado en mi despacho. Abrí Skype y vi un mensaje tuyo:

    “No sabes qué buena lengua tiene Pablo, cariño. Acabo de pedirle que vaya a por mi strapon para follármelo y he querido venir a decirte que te quiero muchísimo, y que soy muy feliz de que seas mi puta. Ah por cierto, apunta 6 orgasmos en el Excel, ¿vale? Luego te actualizo la cifra. Que tengas una buena mañana mi amor. Te quiero.”

    Mierda. Justo me habías escrito cuando no estaba. Joder, qué rabia. Me hubiera encantado poder hablar contigo. A toda prisa, y con poca esperanza, contesté:

    “Hola mi amor. Ahora mismo incluyo tus 6 orgasmos. ¿Disfrutaste el desayuno, bonita?”

    Pero no hubo respuesta, salvo la del famoso relojito de Skype:

    “Última conexión hace 6 minutos”

    La mañana pasó entre reunión y reunión. No era capaz de estar concentrado. No quería estar en la oficina, pero sé perfectamente que tampoco podría llamar a tu puerta y esperar a que me abrieras, porque tus instrucciones a ese respecto son clarísimas. Estaré cuando tú quieras, no cuando a mí me gustaría.

    No sé cuántas veces abrí Skype esa mañana. No sé las veces que puede mirar el puto mensajito con la hora a la que te habías conectado por última vez. Y no podía dejar de pensar que era otro el que estaba disfrutando a tus pies. El que te estaba haciendo disfrutar y correrte una y otra vez. Mi corazón estaba desbocado, pero por otro lado, cada vez que lo pensaba, mi ridícula polla de 11 cm empujaba fuerte contra el metal de la jaula que la aprisionaba por expreso deseo tuyo.

    Esa mezcla de humillación y placer no me estaba dejando concentrarme. Escribí varios mensajes en Skype y en tu WhatsApp, pero no obtuve respuesta. Por fin, alrededor de la una de la tarde, apareció un mensaje tuyo en mi pantalla:

    “Pedro, mi amor. Llevamos toda la mañana follando y tenemos muchísima hambre. Encarga algo de comida y haz que nos la manden por Glovo. Hazlo ahora. Ah, por cierto, cuando lo hayas hecho quiero que vayas al baño y te quites la jaula. Te haces una foto de tu pollita y me la mandas. Pablo no se cree que tengas una polla tan ridícula… y no me extraña, porque la suya puede ser perfectamente el doble que la tuya… de larga y de ancha. Estoy bien, bonita. No te preocupes por mí y no lo pases muy mal. Soy tuya. No se te olvide jamás, ¿vale?”

    Ni siquiera me molesté en contestar. La rabia y la frustración me estaban devorando por dentro. Cogí el teléfono y encargué algo de comer para que os llegase a los dos en la siguiente media hora, y me bajé a comer solo al japonés que hay en la plaza debajo de mi oficina.

    Ni que decir tiene que me pasé la comida mirando el móvil, pero no tuve señales de ti. Lo único que supe fue que el pedido había sido entregado en la dirección, lo cual me pareció paradójico. Yo comiendo solo un plato de ramen, y tú follándote a Pablo desde las 10 de la mañana, y comiendo con él a menos de 300m de mí. Notaba un vacío en el estómago, aderezado por mi propia excitación. Estaba volviéndome loco de celos, pero a la vez, me encantaba saber que estabas disfrutando, y que daba igual con quién estuvieras, porque yo siempre seguiría contigo, a tu lado… a tus pies.

    La tarde estuvo llena de reuniones, pero a las 5.30 terminé la última. Seguía sin tener señales de ti y me preocupé un poco. Miré la pantalla de Skype y parecía un monólogo de frases cortas por mi parte y silencios por el tuyo. Mis frases no decían nada. Eran simples ganchos para tener alguna respuesta por tu parte. Estaban escritas una tras otra, con descansos a veces de 5 minutos, a veces de 12… pero me puse a contar y había más de 35 frases sin respuesta. Tenía claro que no pasaba nada. Simplemente estabas disfrutando con otro hombre, como habías hecho cientos de veces. Pero daba igual cuándo. Daba igual cómo, y daba igual con quién.

    La dualidad de querer compartirte y odiar hacerlo era absolutamente intrínseca a nuestra relación. Ambos disfrutábamos de ello, pero a veces me tocaba apretar la mandíbula más fuerte de lo normal, justo a la vez que tu coño se contraía en otro orgasmo más.

    Te dejé un mensaje diciéndote que tenía pensado marcharme sobre las 6.30. Todavía quedaban 45 minutos para esa hora, pero tenía ganas de verte. Nada cambió en Skype, y yo sentía que me iba a volver loco. Por fin, vi que estabas escribiendo:

    “Genial, cariño. Pasa buena tarde. Nosotros nos quedaremos follando un rato más y después quiere invitarme a cenar en un sitio muy chulo de comida oriental. Deja Skype, no quiero que vuelvas a conectarte ni una sola vez más hasta mañana por la mañana. Estoy y estaré bien. Estoy disfrutando mucho cuando entro en Skype y veo decenas de mensajes tuyos. Amo lo frustrada y humillada que te sientes ahora, cariño. Me excita muchísimo… y tú quieres que esté excitada y que disfrute, ¿verdad? Si no es así, dímelo y le diré a Pablo que se vaya a su hotel”

    Leí el mensaje dos o tres veces. Tuve tentación de decirte que le podías ir despidiendo. Pero apreté una vez más la mandíbula y tragándome toneladas de orgullo, escribí:

    “Sí, ama. Siempre quiero tu placer, y yo soy tu placer. Si no te importa, recuérdale a Pablito que está allí, entre tus piernas, porque yo se lo permito. Apagaré Skype cuando me vaya de la oficina, mi amor. Te quiero muchísimo. Disfruta y no dejes de pensar en mí, ¿vale?”

    “Pedro, mi amor… en cada uno de los más de 25 orgasmos de hoy, eres tú quien está en mi mente. Eres tú quien está lamiendo mis orgasmos aunque sea su lengua la que lo hace. Eres tú mi placer, bonita. No se te olvide a ti”

    “Gracias mi dueña. Te amo infinito. Disfruta mucho”

    “Lo haré, zorra… tenlo por seguro. Ah por cierto, apunta los 25 orgasmos y mañana, cuando vengas a casa a las 9 para prepararme el desayuno, te cuento qué tal y te vuelvo a actualizar el número final. Como no tienes reuniones, mañana vas a teletrabajar aquí, conmigo. ¿Te apetece, bonita?

    “Sí, ama… me muero de ganas de estar contigo. Disfruta mucho, por favor. Te amo”

    Apoyé mi espalda contra el respaldo de la silla y sentí el fuego subir desde mi estómago hasta mi cabeza. Cerré Skype y después cerré la sesión del portátil. Bajé al parking y me fui a casa masticando mi humillación, y siendo consciente de lo que soy. Tu puta obediente y complaciente. Para todo lo que quieras hacer conmigo. Para siempre.

  • Cuckolding

    Cuckolding

    Estoy casada hace cinco años con un arquitecto muy guapo y decidimos no tener hijos, somos una pareja de mente abierta ya que nos gusta vivir experiencias sexuales así mantenemos la llama encendida.

    En la empresa donde trabaja mi esposo llegó un pasante de arquitectura el cual es un chico simpático se nota que le gusta hacer deporte por su cuerpo trabajado y es muy tímido. Hemos notado con mi esposo que cada vez que voy a la oficina él se queda mirándome y bueno me gusta vestirme resaltando mis curvas; soy abogada y por mi profesión uso prendas formales, pero sin perder mi sensualidad.

    Entre las prácticas sexuales que tengo mi esposo está el verme teniendo relaciones sexuales con otro hombre y hemos decidido que esta tercera persona será este chico, claro sin que él sepa vamos aprovechar que mi esposo se tiene que reunir para un proyecto así que lo va a invitar a nuestra casa.

    Llego el día esperado, es sábado en la tarde mientras mi esposo está con el chico en la casa yo me encuentro en el gym. Ya han pasado tres horas de estar reunidos cuando llego a casa y me dirijo a saludar a mi esposo y noto la mirada del chico en mi cuerpo ya que llevo un enterizo licrado con un resorte entre el medio de mis nalgas, escote en V en la espalda y en el pecho (esto fue planeado para llamar la atención) paso por entre el medio de los dos y beso a mi esposo mientras prácticamente mis nalgas quedan al frente del chico.

    -Hola amor

    -Hola hermosa, por fin llegaste para almorzar

    -Si amor, ya llego tu postre lo hago de forma traviesa.

    -Buenas tardes, Leonardo es un placer tenerlo acá en nuestra casa

    El chico pasa saliva y tartamudea al responderme ya que me inclino para que pueda tener una excelente vista de mis senos.

    -No al contrario el placer es mío al invitarme a su casa

    -Tranquilo Leo, estas en tu casa así que relájate le guiño el ojo.

    Después de almorzar pasamos a la sala y les ofrezco a los dos tomar cervezas bien frías ya que estamos en verano y hace calor.

    -Leo ¿Me aceptas un trago?

    -Señora Gabriela gracias

    -Leo estamos en confianza, me puedes llamar Gaby

    -Está bien, Gabriela

    Mi esposo no dice nada, él solo nos observa.

    -¿Amor un trago?

    -Si hermosa por favor estoy que ardo entiendo lo que me quiere decir

    -Yo estoy igual amor

    Leo al escucharnos carraspea. Así pasamos la tarde del sábado y llega la noche; el proyecto lo dejan para terminar más adelante y nos disponemos a relajarnos y escuchar música.

    -Leo, ¿Me aceptas una pieza?

    -Gabriela no soy un buen bailarín

    -Yo tampoco solo quiero bailar

    Tomo de la mano a Leo y invitó a bailar, es un ritmo que se presta para ser sensual así que es mi momento de seducirlo. Le doy la espalda y empiezo a bailar pegadita a él muy sensual, hago que me tome por la cintura y me pegue más a su cuerpo; muevo mis caderas para restregarle mis nalgas.

    -Gabriela su esposo se puede molestar

    -¡Shii!, tranquilo él me permite hacerlo. Solo quiero que te relajes y disfrutes

    -Esto es una locura

    -¿Alguna vez has hecho una locura?

    -La verdad no

    -Entonces darte la oportunidad ya que tienes mi permiso y el de mi esposo

    Continúo bailando muy sensual y Leo es torpe al tocarme solo mira a mi esposo y él le da una señal con su trago ¡Salud!

    -Leo, ¿No te parece mi esposa una mujer muy hermosa?

    -Si señor es muy linda

    -Entonces le doy permiso que disfrutes de ella, eso sí quiero que seas muy reservado en la oficina y tenga presente que esto es solo por placer

    Leo me mira y luego a él no sabe qué hacer.

    -Leo, si no estás seguro está bien no hay problema

    -Gabriela es que me sentiría muy incómodo que él nos viera

    -Olvídate que él está acá, solo déjate llevar por tus deseos

    Llevo mi brazo por encima de sus hombros y lo beso apasionadamente, al inicio su beso es torpe, pero a los segundos siento que se va relajando y me corresponde al beso. Mientras lo beso continúo bailando y él empieza a pasar su mano por la espalda llegando a mis nalgas y las aprieta pegándome a su cuerpo, siento su miembro duro.

    -Eso Leo cógeme hazme tuya

    -Gaby me prendes

    -Y tú a mí Leo así que dejemos llevar

    Mientras estamos en medio de la sala mi esposo nos rodea mientras continúa bebiendo.

    Leo empieza a besarme el cuello bajando hasta mi hombro al tiempo desliza la tira del enterizo; me gira quedando a la vista de mi esposo, me deja al descubierto mis tetas y las agarra a dos manos para apretarlas mientras besa mi nuca. Fijo mi mirada a mi esposo y él pasa su lengua por sus labios mientras me mira con lascivia… sé lo que siente esta excitado no es la primera vez que él me entrega a otro hombre.

    Leo me lleva al sofá para terminar de retirarme el enterizo, abre mis piernas y con deseo empieza a demorar mi coño, chupa y lame con desesperó restriega su cara en él… juega con su nariz sobre mi clítoris.

    -¡Ah, ah, así Leo que rico lo haces!

    Hunde sus dedos y estimula mi punto G mientras me mira con deseo… cierro mis ojos y arqueo mi espalda gimiendo cada vez más duro.

    -Que rica te vez amor

    -Leo, fóllatela

    Le pasa un preservativo y se aleja de nosotros. Leo se desnuda sin dudarlo y me lleva a uno de los descansabrazos del sofá para apoyarme ahí y quedar a nivel de su cadera; se pone el preservativo y me clava su verga con fuerza.

    -Eso Leo fóllatela duro, así le gusta a ella

    Así lo hace, me embiste con fuerza… sus huevos pegan con mi hoyito… agarro mis tetas para apretarlas y amasarlas es; una delicia ser observada por mi esposo mientras otro me folla.

    Leo me gira para quedar en cuatro y nuevamente me penetra, me nalguea varias veces, mi culo me arde y me prende más… aumenta la velocidad y la fuerza; el hombre tímido quedo a un lado, solo veo a un hombre con hambre por una mujer que habrá deseado y ahora su sueño se le hizo realidad. Gime también hasta que explota y se disfruta de su orgasmo, su respiración está agitada se deja caer sobre mi cuerpo y besa mi nuca por un rato.

    Pasado unos minutos Leo se retira y mi esposo me lleva al baño para lavar mi cuerpo en la tina. Pasamos una noche candente de sexo lujuria y pasión; así somos los dos una pareja que nos gusta llevar nuestra vida sexual a otro nivel.

  • Nos sacamos las ganas

    Nos sacamos las ganas

    Siempre nos tuvimos ganas, siempre.

    Nos gustábamos mucho, pero solo nos habíamos encontrado en un beso, y nos quedamos con ganas de más, de mucho más, pero nos habíamos conocido en un tiempo en el que no podíamos llegar a más.

    El tiempo pasó, no volvimos a cruzarnos, pero aún nos teníamos en nuestras fantasías.

    Hace un par de días nos vimos, cruzamos miradas vergonzosas, nerviosas, el recuerdo de aquel beso volvió y las ganas escondidas durante todo este tiempo también.

    El formaba parte de mi pasado, de mis recuerdos, de mis ganas y mis deseos. Era parte de aquella época libre, de estudiante y soltería que ya formaba parte de mi pasado.

    Hace ya varios años atrás, una noche, en una reunión organizada por un compañero de facultad, nos presentaron y la conexión fue instantánea, se podía sentir la atracción entre nosotros.

    Recuerdo aun esa noche, estaba sentada junto a unas amigas, riendo de cosas de chicas, cuando se acercó sonriendo y se sentó a mi lado.

    Pasamos la noche juntos, bailamos, coqueteamos, él tomaba mi cintura para hablarme al oído con la excusa de la música a alto volumen, podía oler su cuello cada vez que se acercaba y me excitaba cada vez que lo hacía.

    En un momento de la noche buscamos un lugar más apartado de la gente para poder hablar mejor, conocernos un poco más. Nos sentamos en un sillón, en el patio, lejos de nuestros amigos.

    Aprovechamos la privacidad para tornar la conversación más privada también.

    Nuestros cuerpos se acercaban cada vez más, se rozaban, parecía inocente, pero nos buscábamos, nos tocábamos, nos sentíamos.

    Me acerqué sutilmente a su boca y lo besé tímida, pero acaloradamente, sentí sus manos en mis pechos y las mías buscaban su entrepierna, olía exquisito, pero besaba mucho mejor.

    Y nos encontró la mañana, la luz del día se hizo presente y nuestros cuerpos debían separarse, la noche había llegado a su fin y con ella se iba nuestro intenso encuentro.

    Y nos quedamos con ganas, con muchas ganas.

    Esa madrugada quedó en mi memoria, y estaba segura que también en la de él.

    Pasaron varios años sin saber el uno del otro.

    Por cuestiones laborales volví a la ciudad donde estudié mi carrera, y por esas causalidades de la vida, nos encontramos nuevamente, frente a frente.

    Él era el representante legal de la firma en donde yo comenzaba a trabajar.

    Me hizo una entrevista de trabajo y cuando leyó mi nombre en el currículum vitae se le dibujó una sonrisa pícara en su hermosa cara, al mirarme y comprobar quien estaba delante suyo, sus ojos brillaron y los míos respondieron de igual manera.

    En la intimidad de su oficina volvimos a sentarnos juntos, nuestras bocas se encontraron en un beso largo y caliente, las lenguas se buscaban y se encontraban y nos excitamos mucho. Lamentablemente estábamos en su lugar de trabajo y su secretaria arruinó el momento llamando a la puerta.

    Cruzamos teléfonos, la entrevista llegó a su fin y nuestras ganas mutuas volvieron a nuestros cuerpos excitados.

    Unos minutos después de salir del lugar recibo un mensaje suyo; quería verme y terminar con un sexo explosivo nuestros encuentros anteriores.

    Quedamos en encontrarnos por la noche en un bar céntrico. Elegí un vestido negro y el pelo recogido como outfit de esa cita.

    Él vestía un jeans, camisa blanca y un saco negro.

    Nos sentamos en una mesa en el centro del lugar, tomamos unos tragos y conversamos mucho, nos reímos mucho y nos coqueteamos con ganas y memoria de aquella noche.

    Ya entrada la madrugada, la calentura y el descontrol nos encontró bailando. Yo rozaba mi cuerpo contra el suyo, mis caderas se balanceaban sobre su pelvis y su pene se agrandaba y endurecía con mis movimientos sobre él.

    Y nos fundimos en un beso caliente, nuestras lenguas se rozaban, jadeantes nos acercamos a una pared, sin soltar nuestros labios apoyé mi espalda y tomé su cintura acercándola hacia mi cuerpo.

    Sus manos se deslizaron por mis muslos subiendo mi vestido, en un acto salvaje y casi instintivo gire mi cuerpo, apoye las manos contra la pared y arquee mi espalda para que mi culo encuentre su pene.

    Sentí su virilidad, su dureza sobre mi excitado y hambriento trasero.

    Tomó mi cabello y apoyó su jadeante boca sobre mi cuello. Casi con desesperación corrí mi ropa interior y bajé el cierre de su pantalón.

    Sentía su placer en mi oído, sentía su calentura, sentía nuestras ganas de más, busqué con mis manos su pene y lo humedecí con mi éxtasis y me lo metí.

    Con movimientos fuertes me cogía contra la pared. Sus manos apretaban mis caderas en cada arremetida, jadeaba en mi cuello y podía sentir su corazón galopar en mi espalda.

    Yo estaba empapada, me calentaba todo, el lugar, su cogida, él, yo, su calentura, todo era muy sexi.

    Pero tenía ganas de más, quería saborearlo.

    Giré rápidamente y mordí su boca agitada mientras jugaba con su pene duro y mojado entre mis manos. Lo sujeté de sus nalgas y me puse de cuclillas frente a él.

    Y lo saboreé. Lamí con placer nuestra excitación, succioné y mordí su miembro mientras él sujetaba mi cabello acompañando los movimientos que mi cabeza realizaba bajo su cintura.

    Podía ver su calentura, sentí su placer y tragué su éxtasis.

    Me puse de pie acomodando mi vestido y mientras mis besos invadían su boca, acariciaba su pene y subía el cierre de su pantalón.

    Tomó mi cara con sus manos y mordió mi boca, y un sonido casi gutural salió de él, -¡me enloqueciste!- me dijo.

    Bueno, volvamos a vernos entonces, le contesté, mientras apoyaba mis tetas en su pecho.

    Me tomó con fuerza de la cintura, nos besamos fuerte y con la certeza de un nuevo encuentro, pero teníamos que despedirnos.

    Subimos a su auto y me llevó hasta el hotel, no podía bajar conmigo porque yo compartía habitación con una amiga que me había acompañado.

    Al llegar al hotel y acercarme para besarlo, siento su mano colarse por debajo de mi vestido, abrí mis piernas para facilitar la caricia y desaté mi vestido dejándolo caer y quedando desnuda frente a él.

    Sus manos recorrieron mi cuerpo, mi piel, apretaba con firmeza mis pechos al momento que los succionaba, deslizaba sus manos por mi espalda y sujetaba mis caderas que se movían buscando sus caderas, quité su camisa y rozamos nuestras pieles, sentí su pene dentro de mí. Su boca se ahogaba entre mis pechos y yo me movía sobre su pelvis con calentura y placer.

    Y nos sacamos las ganas de todo, de aquella primera vez, de la siguiente y de la próxima. Nos tocamos un largo rato después, mientras nuestros corazones encontraban la calma, nos acariciamos y masturbamos mutuamente hasta casi entrada la mañana.

    Y con beso corto le dije: -hasta luego, nos vemos.

    Me bajé del auto y llegué a mi habitación para ducharme y empezar el viaje de nuevo a mi ciudad.

    Esta primera semana recibí un par de mensajes donde me decía que nuestro encuentro debía repetirse cuanto antes…

    Estoy contratada y con nueva aventura.

  • Despedida de soltero de Carlos

    Despedida de soltero de Carlos

    Hace un tiempo, mi amigo de la universidad, Carlos, decidió casarse. Se casaba con mi amiga Sandra, también de la universidad. La despedida de soltero fue una semana antes de la boda, sus hermanos la organizarían, ya que eran muy puteros.

    El día de la despedida, nos citaron a un hotel. El local estaba preparado para este tipo de eventos. En el sótano del hotel, bajando por una escalera, llegabas a un pasadizo, que tenía dos habitaciones, en cada habitación solo había una cama, con algunos juguetes sexuales y una caja de condones en la mesa de noche. Seguías por el pasadizo y llegabas a un ambiente, con muchos sillones alrededor de una pequeña plataforma con dos tubos. En una esquina había una barra, donde podríamos servirnos los tragos.

    Cuando llegamos, nos fuimos sentando en los sillones, conversando y bebiendo, los invitados iban llegando de a pocos, cuando terminaron de llegar los invitados éramos unos 10 hombres. Estuvimos un buen rato conversando y bebiendo. Hasta que, en un momento, el hermano de Carlos, pidió silencio y comenzó a hablar.

    -Bueno, estamos acá para celebrar a mi hermano Carlos, que se va a casar en unos días. Espero que la estén pasando muy bien. Pero ahora viene el plato fuerte de la fiesta. Sin demorar más, les presento a las chicas.

    Se encendieron unas luces de discoteca, comenzó a sonar música y empezaron a desfilar las chicas. Una por una fueron entrando 11 chicas, una más hermosa que la otra, Todas las chicas vestían una lencería blanca similar, muy sexy, con un velo blanco, iban disfrazadas de novias putas. Todas tenían unos cuerpos espectaculares. Fueron paseándose enfrente de nosotros, coquetamente. Se colocaron en el centro del salón, donde estaban los tubos de striptease. El hermano de Carlos volvió a tomar la palabra.

    -Muchachos, les voy a pasar una bolsa, con unas tarjetas con números. Cada uno irá sacando una tarjeta y pasará la bolsa al siguiente. Luego las chicas también elegirán su número para ir emparejándose. Carlos no sacará número, ya que hay dos chicas reservadas solo para él.

    Cada uno cogió su número, luego las chicas tomaron los suyos. Hubo dos chicas que no cogieron número. Juntas, se acercaron a Carlos, lo llevaron al centro del salón, lo sentaron en una silla y comenzaron a bailarle. Las dos chicas eran muy guapas, definitivamente eran las más guapas del grupo. Las demás chicas, decían su número, al escuchar su número, cada uno de los invitados levantaba la mano y la chica se acercaba a él. Cuando una de ellas dijo mi número, levanté la mano y se acercó a mí. Era una chica morena, de cabello largo y ondulado. De cara no era muy bonita, pero si tenía muy bonito cuerpo.

    Unas tetas muy grandes, al igual que el culo. Si bien no era la más guapa de las que quedaban, me había gustado la que me había tocado. Se acercó a mí, me dio un beso en los labios.

    -Hola, soy Alondra –se presentó– vas a ver lo rico que lo vamos a pasar hoy. ¿Cómo te llamas?

    -Gonzalo –respondí– de solo verte, ya sé que lo vamos a pasar delicioso.

    -Uy mi amor, ni te imaginas –dijo mientras comenzaba a bailarme, subiéndose encima mío.

    Se sentó encima mío, se frotaba contra mi pene y pegaba sus tetas a mi pecho. Se movía delicioso, mi pene comenzaba a endurecerse. Comenzó a besarme el cuello, mientras desabrochaba mi camisa. Se acercó a mi boca y me dio un beso muy caliente con la boca abierta, pero sin meter la lengua. Nos besamos unos segundos, mis manos comenzaban a sobar sus nalgas, acompañando sus movimientos.

    Luego me ofreció sus tetas, las cuales besé sin sacarlas del sostén. Se desabrochó el sostén y un enorme par de tetas salieron saltando. Tenía los pezones grandes y oscuros. Me los puse en la cara y comencé a chupárselos. Se seguía moviendo encima de mi pene, frotándose rápidamente.

    Volteé a ver a los demás y pude ver a varios de los invitados besándose con las chicas. Los hermanos de Carlos estaban sin camisa, las chicas se movían encima de ellos, también con las tetas al aire, ellos las besaban y manoseaban. Vi a mi amigo Guillermo, que ya estaba en calzoncillo, masajeando el culo de su chica, mientras ella se movía dándole la espalda. Carlos estaba en el medio de todo, chupándole las tetas a una de sus chicas, mientras la otra, arrodillada frente a él, le lamia el pene por encima del bóxer.

    Alondra se levantó, me sacó la camisa y el pantalón, dejándome solo con el bóxer puesto. Se dio la vuelta, y, agachándose mostrándome el culo, se quitó el calzón. Retrocedió lentamente y me puso el culo en la cara. Se notaba bien aseada, olía muy rico. Comencé a lamerle la vagina, tenía un sabor medio raro, pero no sabía mal. Masajeaba sus nalgas, mientras las abría y metía mi lengua en su vagina. De repente se sentó encima mío y comenzó a moverse, frotando sus nalgas en mi pene que estaba durísimo, aprisionado por el bóxer. Estaba muy excitado.

    Pude ver ahora a varias chicas, chupándoles los penes a los invitados, se estaba convirtiendo en una orgia gigante. Carlos ya estaba desnudo, sentado en el suelo, con una chica chupándole el pene y la otra sentada en su cara. Guillermo también recibía una gran mamada. Esa parte de la fiesta duró un buen rato.

    Alondra, me sacó el bóxer, se metió mi pene a la boca y comenzó a darme una súper mamada. Sabía lo que hacía, la chupaba delicioso. Después de unos minutos, dejo de chupármela, para subirse encima mío, al moverse se frotaba la vagina directamente con mi pene, me besaba, esta vez con lengua, mientras le amasaba las enormes tetas. El hermano de Carlos, frotaba su pene en la vagina de su chica, la cual estaba sentada al borde de su asiento. Le chupaba las tetas. De repente, se levantó y volvió a tomar la palabra.

    -Muchachos. Tenemos que pasar a la siguiente fase de la fiesta –decía riendo– todos saben su número, así que, el que tenga el número uno, puede ir pasando al cuarto, ahí encontrarán todo lo que necesitan. El otro cuarto lo usará Carlitos. Una vez que terminen, irán saliendo y luego entrará el siguiente número, todos en orden por favor. Recuerden es un polvo por persona, solo Carlos puede tomarse todo el tiempo que quiera. Vayan pasando.

    Carlos se levantó y se llevó a las dos chicas a la habitación, luego paso un primo de Carlos a la otra. Yo seguía con Alondra, besándonos, se frotaba con mi pene, aprovechaba para masajearle las tetas y las nalgas. Mi número era el 6, así que tendría que esperar bastante. Levanté a Alondra y la senté en el asiento. Me arrodillé delante de ella y comencé a chuparle la vagina. Ella gemía delicioso, su vagina comenzaba a humedecerse. Metía dos dedos que entraban con mucha facilidad. Con la mano libre, masajeaba fuertemente sus tetas.

    Todos seguían haciendo lo mismo, puros besos, manoseos, sexo oral por todos lados. De los cuartos se escuchaban gemidos y gritos de placer. El hermano de Carlos, el que había organizado todo, ya se estaba cogiendo con su chica. luego me enteré de que las había conocido a todas mientras organizaba la fiesta y uno de los tratos, era que él podía coger las veces que quiera y donde quiera. Al final el pagó toda la fiesta, así que se lo merecía.

    Al rato salió el primo de Carlos, contento, se fue a la barra a tomarse un trago. La chica se cambió y se retiró. Pasó el número dos, Guillermo. Fue casi corriendo, se notaba que lo había excitado mucho. Así fueron pasando uno tras otro. Cuando llegó mi turno, yo me estaba besando con Alondra, mientras ella se movía encima mío. La levanté y la llevé rápido a la habitación. Apenas entramos la tiré en la cama, me puse el preservativo y me lancé encima de ella. La penetré de golpe, comencé a moverme rápidamente, estaba muy excitado, después de tanto juego previo. Le chupaba las tetas como loco.

    Después de unos minutos, le pedí que me cabalgue. Se movía delicioso, sus tetas saltaban de forma increíble. Le apretaba las tetas, que eran una delicia. Le apretaba las nalgas, metía mi mano y le frotaba el clítoris. Estuvimos un buen rato así, hasta que se dio la vuelta. Esta, definitivamente era la mejor pose. Ver esas enormes nalgas rebotar mientras ella saltaba comiéndose mi pene, era increíble. Luego la puse en cuatro patas y la clavé con fuerza. me comencé a mover muy rápido, mientras la nalgueaba. Ya no aguanté más y me vine con mucha fuerza. Nos recostamos unos segundos, para recuperar fuerzas.

    -Estuvo buenísimo –le dije– eres excelente.

    -Gracias –respondió– a mí también me gustó. Pero ya vamos, que le toca a otro.

    -Una consulta más. Ya me habían contado como sería la fiesta –dije– así que vine preparado. ¿Cuánto me cobrarías por un par de polvos más?

    -Pero las reglas dicen que solo un polvo –respondió– no podemos hacer más.

    -Ya sé, por eso reservé una habitación acá en el hotel –dije– por eso quiero saber cuánto me cobrarías y nos vamos para allá.

    -Ah bueno, realmente viniste preparado –dijo, sonriendo– mira, ya que nos han pagado bien por la fiesta, te puedo cobrar 150 por dos polvos.

    -Está bien –dije contento– entonces vamos y te doy la llave para que me esperes en la habitación. No te preocupes que seré discreto.

    Nos levantamos y nos fuimos al salón principal. Saque de mi billetera la tarjeta de la habitación, había pedido dos llaves a propósito. Se la di sin que nadie lo notara. Me dio un beso en la boca y se fue. Me cambié y me senté a tomar un trago. Ya le había dicho que vaya a la habitación y en unos minutos subiría. Unos minutos después salió Carlos, con las dos chicas. Me hizo una seña de tres con la mano. Entendí que se había metido tres polvos. Un rato después, le dije a Carlos que me tenía que ir, que la había pasado genial.

    Salí disparado al ascensor, subí al tercer piso, donde se encontraba la habitación. Prácticamente corría por el pasillo para ir a la habitación. Abrí la puerta y encontré a Alondra sentada en la cama, con un abrigo negro que le llegaba hasta las rodillas. Cerré la puerta detrás de mí.

    -Pensé que ya no vendrías –dijo con cara triste– pensé que te habías arrepentido.

    -No te imaginas lo desesperado que estaba por salir de ahí –respondí– con lo rica que estás.

    -Ven entonces, que muero de ganas de sentir esa pinga de nuevo –dijo, abriéndose el abrigo, mostrando su hermoso cuerpo en la lencería blanca.

    Me acerqué a ella, sacándome la camisa y el pantalón, mi bóxer estaba en mi bolsillo. Ella se sacó el abrigo y lo tiró al suelo. La comencé a besar en la boca, metía mi lengua lo más profundo que podía. Comencé a manosear sus nalgas, esas enormes nalgas. Ella metió su mano en mi bóxer y frotó mi pene suavemente. El cual ya estaba duro. Le saqué el sostén y comencé a besarle las tetas. Ella seguía masturbándome. La empujé a la cama y le bajé el calzón. Comencé a besarle la vagina, se la lamia, jugaba con mis dedos en sus labios. Comenzó a humedecerse ligeramente.

    Después de unos minutos saboreando su vagina, me levanté, me recosté en la cama. Ahora ella me estaba chupando el pene. lo hacía delicioso, tenía una técnica muy buena. Luego acomodó mi pene entre sus tetas y comenzó a moverlas de arriba hacia abajo. Se sentía increíble mi pene entre tremendas tetas. Luego se levantó, me dio un preservativo que había sacado de la caja de la fiesta, se recostó en la cama de costado y levantó una pierna. Me arrodille frente a ella, encima de su pierna y con su otra pierna levantada en mi hombro. La penetré rápidamente, se la metía fuerte, hasta golpear contra su cuerpo.

    -¡así! ¡duro! Me gusta duro –dijo gimiendo– ¡dame más! ¡que rico!

    -¿te gusta duro? –pregunté– me encanta como se siente tu concha.

    -¡si! Dame duro por favor –continuó ella.

    Estuvimos unos minutos en esa pose, luego la llevé al sillón tántrico, la senté en la parte más alta, se recostó hacia abajo, puse sus piernas en mis hombros y la comencé a embestir rápidamente. La vista de sus tetas moverse a cada embestida era genial. Sus nalgas no dejaban de vibrar cuando las golpeaba con mis muslos en cada embestida. Comencé a frotar su clítoris rápidamente con un dedo.

    Luego, me senté en el sillón, ella se sentó encima mío, con las piernas abiertas, una a cada lado del sillón. Sus tetas quedaron a la altura de mi cara, mientras ella se sentaba, se agarraba las tetas y me golpeaba en la cara con ellas. Comenzó a moverse encima mío deliciosamente. Debe haber usado ese sillón miles de veces, porque se notaba su experiencia.

    Hice que se recueste un poco para atrás, apoyada en la parte baja del sillón, la tomé de la cintura y comencé unas embestidas muy rápidas. Las tetas saltaban para todos lados. Ella subió sus piernas a mis hombros y así era más rica la penetración. Estuve un rato dándole en esa pose, hasta que ya no aguanté más.

    -Me voy a correr. ¿Te lo puedo tirar en la cara? –pregunté.

    -Sí, mi amor, embárrame la cara de leche –dijo para mi sorpresa– pero no pares un ratito que me corro yo –seguí embistiéndola, tratando de contenerme lo más que pude, hasta que se corrió– ¡Ahhh! ¡si! Que rico. Me corro. ¡Ahhh!

    -Ahí va, yo también –saqué mi pene de su mojada vagina, me quité el preservativo y comencé a masturbarme rápidamente, dirigiendo mi pene a su cara– ¡Ahhh!

    -¡Ahhh! Toma leche perra –dije mientras lanzaba un gran chorro directo a su cara, cayendo algunas gotas en su boca.

    -Que rico, cuanta leche –dijo, frotándose mi corrida por la cara y metiéndose un poco en la boca– y sabe riquísima –se acercó y se lo metió en la boca.

    Me comenzó a chupar el pene hasta limpiarlo completamente. Nos recostamos para descansar un poco. Se recostó encima mío, pegando sus grandes tetas en mi pecho. Le comencé a acariciar las tetas. Ella comenzó a masturbarme suavemente. Mi pene aun no reaccionaba. Comencé a besarle las tetas, mientras ella seguía masturbando mi pene, aun a media erección.

    -Hazme un masaje erótico –le pedí– quiero sentir tus tetas en todo mi cuerpo.

    -Ok, mi amor, es una de mis especialidades –respondió.

    Me recosté primero boca abajo, ella comenzó a frotar su cuerpo con el mío. Pasaba sus tetas por mi espalda, por mis nalgas y mis piernas. Se sentó en mis nalgas, pude sentir su vagina, húmeda, encima de mis nalgas. Comenzó a masajear mi espalda. La verdad que no le tenía mucha fe, solo quería que me caliente frotando su cuerpo contra el mío, pero el masaje lo hizo muy bien. Mientras me frotaba los hombros, cuello y espalda con sus manos, se movía frotando su vagina contra mis nalgas. Sentía como se mojaban mis nalgas.

    Después fue bajando, se frotaba con una de mis piernas mientras masajeaba mis nalgas. De repente, metió una mano entre mis piernas y comenzó a masajear mis huevos y mi pene. me daba besos en las nalgas. Siguió bajando, esta vez, se frotaba la vagina con mi talón, sentía como se mi talón abría su vagina. Hizo que levante un poco el culo, metió su cara entre mis piernas y comenzó a chuparme los huevos, mientras me masturbaba. Todo lo hacía sin dejar de frotarse con mi talón.

    -Que rica verga tienes –dijo– ahora quiero que te des la vuelta.

    Me di la vuelta, mi pene ya estaba un poco más duro, sin llegar a estar completamente erecto. Se subió encima nuevamente. su vagina se frotaba con mis piernas, mientras, sus tetas se paseaban por mi abdomen y mi pene, me lamía los pezones. Fue subiendo de a pocos, hasta que quedamos cara a cara. Nos dimos un beso muy ardiente, con mucha lengua, sobaba sus tetas y ella frotaba su vagina, que chorreaba, encima de mi pene.

    Se dio la vuelta, nos acomodamos en un 69. Se metió mi pene hasta el fondo de su boca, me hacia una garganta profunda, mientras le lamia toda la vagina. Su vagina chorreaba sus fluidos dentro de mi boca, me los tomaba. Amasaba sus grandes nalgas y ella me sobaba los huevos. Se alejó un poco de mi cara, para poner mi pene entre sus tetas. Me comenzó a masturbar con ellas, mientras chupaba la cabeza de mi pene. comencé a meter dos dedos en su vagina, mientras le sobaba el ano, con el dedo gordo.

    -¿puedo darte por el culo? –pregunté– me encanta tu culazo, quiero reventártelo ¿puedo?

    -Sí, mi amor, pero por 50 soles más –dijo– con tremenda verga me vas a partir.

    -Está bien –respondí –eso quiero, partirte en dos– dije, mientras, sin sacar los dos dedos de su vagina, metí otro en su ano, previamente ensalivado.

    Mientras ella continuaba con la rusa, yo metía dos dedos de una mano en su vagina que ya chorreaba muchos fluidos y dos dedos de la otra mano en su ano, el cual ya estaba bien dilatado. Agarró un preservativo, me lo puso con la boca. Siguió mamándome el pene un rato más. Luego se levantó, se puso en cuatro y se abrió las nalgas.

    -Primero métemela en la concha –dijo– que lubrique bien y después me partes el culo.

    Metí los dedos que habían estado en su vagina en su ano, estos ya estaban bien lubricados y comencé a meterle el pene en la vagina. Entraba fácilmente por lo mojada que estaba. Después de un par de minutos así, se lo saqué de la concha y se lo metí de golpe en el culo, entró fácilmente, aunque dio un pequeño salto al sentirlo todo adentro. Me comencé a mover rápidamente, mientras Alondra se metía dos dedos en la vagina. Gemía y gritaba mientras la embestía, por el espejo que había frente a la cama, podía ver como sus tetas se movían en todas las direcciones. También se le veía la cara, con la boca abierta y los ojos cerrados.

    -Que rica se siente tu verga en mi culo –dijo casi gritando– tiempo que no me cogían así, me estás haciendo venir como nunca.

    -Me encantas, ya entiendo porque te contrataron –dije, sin dejar de moverme– eres una tremenda puta. Que rico culo tienes.

    -Soy la mejor puta que vas a cogerte en tu vida –dijo– y eso que aún no me has visto eyacular. Antes de irme, te bañaré con mi corrida.

    -Que rico –atiné a responder.

    -¡Ahhh! ¡así! ¡sigue! No pares de romperme el culo, puto –dijo gimiendo fuertemente.

    Estuve un buen rato dándole a ese culo, hasta que me pidió que pare, que la quería en la vagina. Se la saqué del ano, se acostó boca arriba, le puse las piernas en mis hombros y se la metí de golpe. Me movía rápidamente. Ella sobaba su clítoris rápidamente. La jalé hasta el borde de la cama, me paré al lado y se la seguí metiendo lo más fuerte que pude. Ella gemía fuertemente y movía sus caderas. Después de unos minutos, sentí que me correría.

    -Me voy a correr –dije.

    -Quiero tomarme tu leche –dijo– sácate el condón.

    Saqué mi pene de su vagina, me saqué el preservativo y ella rápidamente se agachó para metérselo en la boca. Lo comenzó a chupar rápidamente, mientras me apretaba los huevos y sobaba la zona entre mis huevos y mi ano. Comenzó a masturbarme mientras succionaba la cabeza, hasta que ya no pude más.

    -¡Ahhh! Me corro. Tomate toda la leche, zorra. Déjame seco –dije, mientras lanzaba una gran cantidad de semen dentro de su boca.

    Se metió todo mi pene a la boca y comenzó a succionarlo, para sacar toda la leche. Se lo seguía metiendo y sacando de la boca. Yo seguía sintiendo los espasmos de la eyaculación, pero ya poco semen salía de mi pene. Mientras lo hacía, seguía frotando su vagina. Se levantó, trajo una silla y la puso frente a la cama.

    -Siéntate y prepárate para el show mi amor –dijo, recostándose en el borde de la cama– esto siempre se lo hago a mis mejores clientes.

    Se comenzó a meter dos dedos en la vagina y se los metía y sacaba rápidamente, mientras con la otra mano se frotaba el clítoris. Gemía fuertemente, casi gritando. Me moría de ganas de ir y tirarme de cara en su vagina y masajearle las tetas, pero me había dicho que me quede sentado. Siguió así unos cuantos minutos, hasta que comenzó a temblar, a mover las caderas sin dejar de mover sus dedos dentro de su vagina.

    -¡Ahhh! ¡me voy a correr! Prepárate mi amor –dijo, casi gritando– ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡si! –gritó fuertemente.

    Sacó los dos dedos de su vagina y salieron varios chorros muy grandes de corrida. Se seguía frotando el clítoris con la mano, rápidamente. No paraba de correrse. Su corrida saltaba y caía encima mío, me embarraba el pene, el abdomen, el pecho, hasta la cara. Nunca había visto a una chica correrse de esa manera. Fue increíble.

    -Me encantó –dije– nunca había visto que se corran así, tanto.

    -Me encanta correrme así –dijo, jadeando– mira cómo te he dejado embarrado. Vamos a bañarnos para que te quites todo eso del cuerpo.

    Nos metimos a la ducha, comenzamos a enjabonarnos mutuamente. Mi pene se volvió a endurecer. Se agachó, me dio una mamada espectacular hasta que me volví a venir en su boca. Nos terminamos de asear y salimos de la ducha. Nos cambiamos, ella solo traía la lencería y el abrigo largo.

    -¿vas a irte solo con eso? –dije– ¿o te vas a otro servicio?

    -Así vinimos todas. Era parte del trato –dijo– de acá me voy a mi casa, me has agotado bebé –dijo, aunque no le creí.

    -Y tú a mí, mi amor –dije –no podré coger en varios días, con lo seco que me dejaste.

    -Jajaja. Bueno amor, cuando recargues me llamas y te vuelvo a secar –dijo riendo y dándome una tarjeta con su número.

    -Toma –le dije, entregándole los 200 soles– bien merecidos. Eres una experta putita –dije y se rio.

    Salimos juntos del hotel, la embarqué en un taxi y me fui en otro. Buen tiempo después, encontré su tarjeta, tenía una foto de ella, desnuda, abierta de piernas y eyaculando. Con su número y su nombre. La llamé, pero el numero estaba desconectado. Nunca más la volví a ver.

    Fin

  • La influencer influenciada (cap. 5): Secretos

    La influencer influenciada (cap. 5): Secretos

    Arrastraba desde hacía tiempo una fascinación oculta por este tipo de individuos. Fuese o no consecuencia de un anhelo encubierto en algún lugar del subconsciente y tendente a la subordinación, a una desviación sexual subrayada por lo repulsivo o tal vez al magnetismo que sentía por el riesgo, el peligro y la exposición.

    Algo de todo aquello, o quizás todo a la vez, habían sido los responsables de confeccionar a una chica, cuyos gustos y fantasías sexuales se localizaban bastante apartados de la media convencional. Declinaciones que, de conocerse por parte de amigas o familiares, producirían una hecatombe bajo la línea de flotación de su vida, pudiendo quedar dañada de forma permanente.

    Tal grado de repercusión bastaría como revulsivo para que cualquiera sintiera verdadera animadversión por este tipo de filias. Sin embargo, a Lara, esta clase de amenazas le provocaba justo lo contrario. Por eso llevaba enviando fotos de su cuerpo a diestro y siniestro desde que conocía internet; incluso hoy en día, aunque lo hiciese ocultando su cara, no había abandonado esa costumbre.

    Cuanto más se arrimaba al fuego, más enajenación le inducía, hasta alcanzar unos niveles difíciles de comprender. Pues solo al asomarse peligrosamente al precipicio, lograba ser invadida por aquella exaltación, tan imposible de comparar cómo de llegar a palparse por medio de los estándares tradicionales del sexo.

    Al margen de las razones que la habrían llevado a ser como era, el hecho es que ahora se encontraba en el apartamento de Juan Ignacio, poniendo por primera vez en práctica una de esas fantasías, que hasta el momento solo se había desarrollado en el marco de su imaginación.

    Tras haber aceptado volverse a sentar sobre su regazo, se levantó de nuevo del sofá.

    Esta vez, lo hizo sin la necesidad de atender a sus indicaciones, debido a que ella misma sin ayuda alguna se posicionó enfrente de él, para una vez haberlo hecho, girar sobre sí misma hasta darle la espalda, agacharse y finalmente, apoyar el culo sobre sus muslos.

    -Ummm. Que poquito pesas, pequeña-.

    -Jaja. No es eso. ¡Es que tú eres muy grandote! -Dijo Lara.

    -Jejeje. Es verdad. Pero una cosa no quita la otra. ¡Anda! Levanta un poco el culete, que sino no puedo subirte el vestido para verte la tripita. -Incidió Juan Ignacio.

    -Voy. -Respondió ella, para inmediatamente inclinarse un poco hacia delante.

    En ese momento, Juan Ignacio comenzó a subirle el vestido como ya había hecho antes, pero esta vez mientras lo hacía, pudo descubrir y admirar su culo en todo su esplendor.

    El culo de Lara era redondito y respingón. Varios años de sentadillas en el gimnasio y de ejercicio en general le habían procurado una figura definida, pero que, a pesar de la actividad, nunca había perdido su aspecto femenino.

    Los músculos del abdomen no se le llegaban a marcar, a pesar de tener la tripa dura y delgada. Y si bien los brazos y las piernas los tenía trabajados, estaban lejos de parecerse a los de algunas fanáticas del fitness.

    A él le maravilló. Tenía un culo precioso a escasos palmos de su cara, qué albergado por unas caderas prominentes, le confería a esa joven un cuerpazo envidiable.

    Una vez que terminó de arremangar la tela en torno a su cintura, propinó en ella un pequeño cachete, en señal de que ya había terminado y de que podía volver a sentarse de nuevo sobre su regazo.

    Nada más regresó a su sitio, emprendió el ascenso del resto del vestido.

    Comenzó a subirlo con ambas manos, y cuando apenas llevaba unos pocos centímetros, pudo ver como su pelvis se desvelaba por completo, permitiendo que pudiera admirar su vagina por primera vez sin dificultad, perfectamente depilada e igual de blanca, o quizás más, que el resto de su precioso cuerpo.

    Poder vislumbrar su coño así, en exclusiva solo para él, le producía un éxtasis que a duras penas era capaz de controlar.

    Siguió llevando el vestido hasta la altura del sujetador, pero esta vez, en lugar de enrollarlo y fijarlo en la base inferior de este, continuó subiendo hasta sobrepasarlo y finalmente detenerse por completo allí.

    No podía verle las tetas directamente, pero era capaz de apreciar su contorno y un poco su envergadura, si se asomaba por encima de sus hombros o se fijaba a través de los laterales de su espalda.

    Su sostén era sencillo, sobre todo por su parte posterior, pero no importaba. Tenía a Lara desnuda de cintura para abajo y se moría de ganas por comenzar a sobar cada trocito de su anatomía.

    Sin perder un segundo, empezó a acariciar su vientre con las dos manos. A menudo, dibujaba espirales en su ombligo con alguno de sus dedos, mientras el resto andaban desperdigados por distintas partes de su cuerpo. Prosiguió palpándole las costillas, el área superior del abdomen, la pelvis, etc.

    Algunas veces, cuando acariciaba esa última parte, dejaba que su mano descendiese un poquito más de la cuenta. Aunque pareciera distraído manoseando otras zonas, al final siempre terminaba regresando. Repetía el proceso esforzándose por estirar el brazo lo suficiente, para de esa forma, poder ir apoderándose del pubis cada vez unos milímetros de más.

    Después de realizar varias incursiones y ante la falta de reacción de cualquier tipo por parte de Lara, volvió de nuevo a dirigirse allí, pero esta vez lo llevó a cabo con más osadía y con una voluntad muy diferente.

    La acarició con ternura, como ya venía haciendo las veces anteriores, y de repente, sin previo aviso la agarró del coño con firmeza, mientras que con su otra mano seguía navegando a través de su figura.

    -Creo que eso no es la tripa. -Dijo ella, eligiendo para ello un tono juguetón.

    -¿Ah, sí? Pues no me había fijado. Es que desde aquí no veo. -Replicó en broma Juan Ignacio.

    Permaneció expectante durante unos segundos tras haber terminado de decir su última frase. Pero pasado ese impasse, Lara no abrió la boca. Tampoco hizo ademán por retirársela. Simplemente, le permitió aferrarse a ella.

    Percatándose de cómo se habían ido acelerando las cosas de repente, comenzó a presionarla con cierta armonía, a la vez que algunos de sus dedos se introducían en su interior con picardía.

    Enseguida recaló en lo mojada que se encontraba, algo de lo que se creyó responsable atribuyéndolo a su reciente descaro.

    Pero en realidad, su lubricación se había originado previamente. La última vez que se había reclinado frente a Juan Ignacio para permitirle subir su vestido con más facilidad, sabía de sobras que le había visto el culo. Que en esa posición en la que se puso, era imposible que no se lo hubiese estado mirando. Tal sensación de exhibición la removió por dentro y consiguió configurarla de tal forma, que no solo disfrutó profundamente de aquel momento, sino que también lo hizo de este, de ser sujetada del coño por parte de Juan Ignacio como si se hubiese arrogado su propiedad y fuera su dueño ahora.

    Tras ese descubrimiento, se desenfrenó. Normalmente ya solía ser un hombre muy conversador. Costaba estar al lado suyo y poder disfrutar de unos segundos de silencio, hasta ese punto podía llegar. Así que cuando lograba alcanzar algún grado de excitación, la cosa no distaba mucho de ser parecida.

    Empezó a murmurar frases a su oído, a la vez que seguía restregando los dedos contra su coño, mientras el otro brazo comenzaba a subir desde el abdomen hasta toparse con el sujetador, momento en que se detuvo.

    -Ummm. ¿Te gusta? ¿Te gusta que te toque el coño?

    -… Si. -Respondió una Lara que comenzaba a jadear de forma hiperactiva y sobrecargada.

    Juan Ignacio continuó preguntándole cosas. Si quería que siguiese, si estaba cachonda…

    Cada vez que algo de aquello era respondido, le provocaba un subidón de adrenalina que reflejaba en ella, aplicando más presión sobre su vagina, así como con más comentarios que, poco a poco, iban incrementando en intensidad.

    En un momento dado, a la vez que le acariciaba las tetas por encima de la tela con la mano que tenía libre, se dirigió de nuevo a ella, pero esta vez haciendo uso de un tono de voz mucho más contundente que el empleado hasta entonces.

    -Pequeña, ¿Por qué no te quitas el vestido?

    -¿Quieres que me lo quite? -Dijo Lara.

    -¡Si! Quítatelo. Que quiero verte sin él.

    Sin necesidad de responder, llevó de inmediato las manos a la zona de sus pechos, para agarrarse el vestido desde ahí y retirarlo por encima de la cabeza, cosa que hizo.

    Desprovista ahora tanto de su vestimenta más importante como del ”culote”, que seguía tirado por algún lugar del baño, se sentía completamente desnuda aunque no lo estuviese del todo.

    Juan Ignacio se apresuró a arrebatarle el vestido, que al igual que había hecho la vez anterior con sus bragas, se dispuso a lanzarlo lo más lejos que pudo, a una parte del salón que ella no podía ver. Nada más hacerlo, sus manos se reunieron de nuevo para juntas dirigirse a estrujar sus pechos. Los cuales fueron rodeados por ellas y atraídos hacia sí, consiguiendo comprimir el cuerpo de Lara contra el suyo hasta hallarse completamente pegados el uno al otro.

    Al tiempo que las sobaba sin ninguna piedad, su voz volvió a tener presencia en el ambiente.

    -¡Pero qué tetazas tienes! Ummm. ¿Esto que noto es relleno o es todo tuyo?

    -jaja. Creo que es mi pecho. No suelo usar sujetadores con relleno-.

    -¡Pero qué barbaridad! Con lo delgadita que eres. ¿Cómo es que tienes todo esto?

    -Jaja. Pues no sé, genética supongo… Me empezaron a crecer muy temprano y lo hicieron hasta hace poco con que… será eso. -Dijo Lara como excusa, casi en automático. Pero a posta o por error, le había dicho la verdad. Era así.

    -Pues bendita genética, pequeña. Menudos melones te han salido. Ya te los había notado antes con el vestido puesto; aparte, en algunas de las fotos que me pasabas se insinuaban un poco, ¡Pero madre mía! No te hacían justicia. ¡Cómo te gusta taparte, eh! -Finalizó Juan Ignacio haciendo gala de un tono jocoso.

    Mientras terminaba de decirlo, paró de agarrarle los pechos.

    Dejó caer, como si nada, que iba a hacer lo mismo que acababa de hacer ella, al tiempo que procedía a desabrocharse el nudo del albornoz, mientras apartaba un poco la espalda de Lara para poder acceder a él con más facilidad.

    Se lo abrió completamente, tras lo cual hizo que ella de inmediato volviese a posarse sobre él.

    Nada más regresar a su posición, notó el contacto de su torso desnudo, mullido por el vello que lo cubría, así como su temperatura, en parte debida al calor que ella misma le había transmitido.

    Pero en lo que más advirtió fue en su polla, dura como un barril y tiesa como un pararrayos. Lo que permitía que, pese a estar fuera de su rango de visión, pudiera percibir sin dificultad como yacía apostada contra la parte baja de su espalda.

    La manera en cómo se conocieron desnudos fue un poco atípica. Pero por lo general, nada de lo ocurrido hasta ese punto podría catalogarse de ordinario. Ninguno de los dos cumplía con el estándar propio de un vis a vis. Pero precisamente era eso lo que a ambos les interesaba.

    Antes de volver a sobarle las tetas, Juan Ignacio le pidió que le acercara su vaso para darle un sorbo. Ella obedeció inmediatamente, inclinándose con parsimonia hacia la mesa para hacerlo. Le encantaba ver la forma que adquiría su culo cuando se inclinaba, la manera en que le sobresalía y cómo, por unos segundos, se le separaban un poco los cachetes.

    Después de beber ambos del mismo vaso, regresaron a donde lo habían dejado.

    Esta vez, no solo le agarró las tetas como si se fuesen a escapar. Pretendió introducir sus manos por dentro del sujetador, empleando la parte superior de este para hacerlo. Pero se adhería tanto a su pecho; estaba tan constreñido que apenas fue capaz de colar las primeras falanges de sus dedos.

    Frustrado por lo mucho que le impedía acceder a ellas, le espetó.

    -Cariño, quítate el sujetador, anda, que me está poniendo malo. ¿Por qué lo tienes tan prieto? ¡Qué no te va a llegar la sangre al cerebro!

    -Jaja. Lo siento… Es que me cuesta mucho encontrarlos de mi talla. Este me va un poco pequeño-.

    -Jejeje. ¡Pues libéralas hija! Que no sé ni cómo puedes respirar llevándolo puesto tan apretado.

    Ambos compartieron una risotada, que fue descendiendo a medida que los deditos de Lara, de un hábil movimiento casi imperceptible para él, se dirigían a la parte alta de su espalda con intención de desabrocharlo.

    Al terminar de hacerlo, se encorvó un poco hacia delante, a la vez que estiraba los brazos para favorecer así que cayese por efecto de la gravedad. Pero no ocurrió. Tenía las tetas tan adheridas a él, que tuvo que ayudarse con una de sus manos para terminar de retirarlo por completo.

    Juan Ignacio lo tomó, esta vez siendo ofrecido por la propia Lara, que siendo ya conocedora de esa bella tradición, no se sorprendió en lo absoluto al verlo volar hasta acabar en el suelo de la otra punta del salón.

    Y así, sin apenas darse cuenta, como la incauta rana que aguarda en el interior de una hoya a punto de arder, se vio completamente desnuda. Su ropa andaba desperdigada por todo el apartamento, mientras montada sobre el regazo de un señor era sobada con insolencia y presa de sus murmullos, que sin acreditación alguna se colaban en sus oídos.

    La abrazó con fuerza, rodeándola por debajo de los pechos para poder percibirlos y sentir su peso por primera vez. También le propinó varios besos en el cuello, que ella ladeó para permitirle un mejor acceso. Al tiempo que lo hacía, incrementaba la intensidad de sus susurros.

    -Ummm. Mi pequeña. ¿Te gusta, verdad? ¿Te gusta que te toque? Menudo cuerpecito tienes. Te lo voy a lamer entero. ¡Gírate! Que quiero verte las tetas como es debido-.

    Terminó expresando Juan Ignacio, mientras movía un poco sus piernas para indicar que se levantara.

    Lara se alzó, revelando su culo ante él, momento en que aprovechó para acariciarlo con una mano, mientras con la otra le asestaba un cachete.

    Cuando se cansó de tocárselo, la enganchó de las caderas y le dio la vuelta.

    Sus ojos se iluminaron al instante. Ya había podido apreciar su busto anteriormente mientras la tuvo de espaldas y recostada. Pero ahora que la observaba de frente y estando de pie, podía gozar de una vista exquisita de aquellas bellezas.

    Eran verdaderamente vastas para el tamaño y complexión que tenía esa chica. Hasta lo serían en el cuerpo de una mujer que fuese alta o más grandota en general. Incluso rozando la desproporción, como casi hacían, era indudable que le sentaban formidablemente.

    De hecho, observándola desde detrás se le podían detectar, debido a que le sobresalía un poco por los costados, algo en lo que no había podido evitar fijarse Juan Ignacio.

    Enseguida se allegó a ella y se la montó encima. Aun siendo bajita, sus cabezas en esa posición quedaban más o menos a la par, lo que le permitía morrearla si quería sin tener que inclinarse casi 90 grados.

    Teniéndola ahora de cara a él, la pudo valorar en su conjunto. Sus pezones tenían un buen tamaño, proporcional al de la ubre que los albergaba, pero no tanto al del resto de su figura. Pues si otra chica igual de delgada pero menos tetona los tuviese en su lugar, podría llegar a verse algo descompensada.

    El caso de Lara era un poco distinto, debido a las dimensiones de las ubres ya mencionadas, estos conseguían integrarse en su anatomía con bastante naturalidad.

    Un primer vistazo revelaba que su piel, en torno al área del escote, era tan lisa y blanca como en cualquier otra parte de su cuerpo, ausente de toda tara o elemento que pudiéramos considerar defecto. Sin embargo, mientras contemplaba el contorno de sus pechos, pudo localizar cómo en la parte más inferior del izquierdo escondía un lunar. Lo cual le chocó mucho, sobre todo por su gran circunferencia, y más si se lo comparaba con lo pequeñitos que eran el resto que tenía diseminados por toda la epidermis.

    Le entusiasmó. No se podía creer como un lienzo tan puro y angelical como ese podía, además, ofrecerle un caramelo tan jugoso como aquel.

    Sin demorar lo más mínimo, llevó una mano a su pecho derecho hasta cubrirlo; mientras tanto, su boca se dirigía al izquierdo, que sólo luego de afligir varios besos al pezón, siguió bajando lentamente hasta encontrarse con ese lunar, al que comenzó a besar con tal pasión, que pareciese claudicar a la razón y sucumbir a un estado del todo enajenado.

    Le pasaba la lengua por encima, lo besaba y cuando su boca permitía el suficiente espacio, lo acariciaba cariñosamente con la yema de alguno de sus dedos.

    Durante ese periplo, Lara presenciaba aquel espectáculo de devoción, al tiempo que de forma alterna, cerraba sus ojos e inclinaba la cabeza hacia atrás, para instintivamente interiorizar con más intensidad la descarga de emociones que la poseían.

    Pasados unos diez minutos, todavía permanecía amarrado a sus ubres y besándole el lunar.

    No se contenía lo más mínimo en verbalizar cada pensamiento o tentación que el cuerpo desvestido de aquella joven le producía.

    -Ummm. ¡Cómo me gusta tu lunar! Te lo voy a borrar con la lengua, mi pequeña. ¿Quieres que siga? ¿Quieres que continúe mamándote las tetas?

    -Sí… Sí. Sí, quiero. -Aseveraba ella.

    Respuestas que, la mayoría de las veces daba en formato monosílabo. No obstante, hallados en ese punto, habían abandonado aquella sonoridad robótica y aparentemente intencional a la que antaño había recurrido para expresarse. Esta vez, partían de lo más hondo de su ser.

    El placer era auténtico. Sus propias facciones del rostro lo reflejaban, desatando más arrebatos en Juan Ignacio y de mayor enjundia, que se traducían en comentarios con mayor nivel de perversión.

    Le besó tanto el lunar, que al ir a incorporarse y regresar a una posición más erguida y natural, sufrió un pequeño agarrotamiento localizado en las primeras vértebras de la columna.

    Ya no era ningún chaval, aunque se le olvidase algunas veces y forzase más de la cuenta.

    Molestia que enseguida se vio opacada por el inmenso regocijo que comérselo le había generado. Tras tragar un poco de saliva, le agarró del culo con ambas manos, estrujándolo como si fueran unas bolas antiestrés. Seguidamente, la atrajo mucho más a él, quedando fusionada su barriga con el terso y esbelto vientre de ella.

    Su polla palpitaba enfurecida exactamente bajo el culo de Lara, que permanecía acomodado sobre su regazo, con sus piernas y rodillas apoyadas sobre el consistente asiento del sofá.

    De vez en cuando, Juan Ignacio movía el pene, percutiendo a voluntad contra los cachetes de su pequeña. Sutiles toquecitos que manifestaban su agrado, además de su deseo por darse enseguida a conocer y cobrar más protagonismo.

    -¡Qué culito tienes, cariño! Lo tienes blandito como a mí me gusta. -Dijo mientras le atizaba unos pequeños sopapos.

    -¿Te gusta? -Preguntó Lara

    -Ya sabes que sí. Podría pasarme horas comiéndotelo. A él y a tus tetitas-.

    -Jaja. Si ya me has comido las tetas-.

    -Jejeje. Lo sé. Pero no me cansaría nunca de hacerlo. Voy a pasar todo el día besándotelas. Voy a borrarte a lametazos el lunar ese que tienes escondido. Por cierto. ¿Es el más grande que tienes, no? -Le interpeló Juan Ignacio.

    -Sí… Tengo más, pero el resto son pequeñitos. No sé porqué me salió ese precisamente aquí. No me gusta nada. -Dijo ella, mientras se lo acariciaba unos segundos con cierto aire de repulsa.

    -Jejeje. Pues porque los llevas muy tapados, hija. Deja que les dé un poco el sol. ¡Además, no digas tonterías! Te queda precioso. Oculto ahí bajo tu pecho, esperando a que lo descubran. -Añadió él.

    -Jaja. Apenas hago toples, me da vergüenza. Algunas de mis amigas lo hacen cuando estamos de vacaciones en la playa. Pero a mí me da cosa, no sé, siento que me mira todo el mundo-.

    -¡Normal, pequeña! Con semejantes tetones que calzas. En una chica tan delgada es difícil verlos así. Tienes suerte, cariño. Nunca te avergüences de ellos, al contrario. Es casi un pecado que no los vayas exhibiendo más a menudo. -Terminó diciendo Juan Ignacio, empleando una forma de reír que conseguía contagiarle a ella. Después prosiguió añadiendo.

    -Con que tus amigas hacen toples… ¿Son todas igual de guarrillas que tú?

    -No sé… -Titubeó Lara.

    -Jejeje. Seguro que tú eres la más cerdita. ¿Verdad que sí? -Le insistió él.

    -No lo sé, puede ser. -Dijo ella emitiendo una cándida sonrisilla.

    Aquella reacción fue cazada al vuelo por Juan Ignacio, que inmediatamente la agarró de la nuca y la aproximó hacia él, para comenzar a morrearla con brusquedad en cuanto sus labios se estrellaron.

    Enseguida, esa mano retornó de vuelta a estar junto a la otra.

    Estrujaba su culo procurando que sus dedos se internasen todo lo posible en el interior de su abertura. Acto que interrumpía de vez en cuando para administrarle pequeños azotes, cuya fuerza y frecuencia fueron incrementándose cada vez más.

    Solo detenía el beso para proferir frases y ocurrencias que no era capaz de guardarse dentro. Una de las veces, luego de sacudirle un bofetón bastante contundente en una de sus nalgas, le preguntó si le gustaba que le diera ”golpecitos” como él los llamaba. A lo que ella respondió en silencio, asintiendo.

    Juan Ignacio continuó azotando su culo. Cada golpe producía un sonido tan seco como el de un látigo, reverberando con tal vigor que pareciera ser capaz de atravesar las paredes y encontrar acomodo en el resto de pisos del edificio.

    No le importaba lo más mínimo. La golpeaba aunque eso desencadenase que Lara pegase pequeños brincos, fruto de los espasmos que estos le empezaban a originar.

    -Ummm. Voy a ponerte el culete rojo. Me encanta darle golpecitos. Lo tienes tan redondo, pequeña. Te lo voy a dejar bien marcadito para que te acuerdes de mí estos días-.

    Palabras que pronunciaba mirándola a los ojos fijamente y separando lo mínimo posible sus labios de los de ella.

    Aprovechó su última frase para acercar una de sus manos con rapidez y estamparla contra una de sus mejillas. El primer impacto fue suave… Pero a ese le vinieron otros.

    Cada pocos segundos separaba la palma de su mano, para volver a arrimarla apresuradamente y chocársela contra el moflete.

    Lara no decía nada. Se expresaba por medio de sollozos, que casi siempre venían acompañados por algún minúsculo quejido que otro. Señal que pregonaba ese dolor, que poco a poco iba acumulándose y que le habían ido ocasionando todos y cada uno de los guantazos que hasta ese momento su cuerpo había recibido.

  • Intercambio de pareja

    Intercambio de pareja

    Hola amigos, soy Clara una morena de ojos verdes, muy bonita y con un cuerpo excelente, tengo 26 años y estoy casada hace cuatro con Ignacio, un precioso ejemplar de macho atlético, duro bonito y con una verga respetable. Somos muy activos sexualmente y pensamos en hacer cosas “prohibidas” pero aún no nos atrevíamos.

    En el sexo no tenemos restricción alguna, me coge por el culo, le mamo la leche, en lo que me he enviciado, a veces nos meamos mutuamente, bebemos algo de orina y también nos masturbamos mutuamente mirándonos especialmente cuando nos vienen los orgasmos. Mis orgasmos de culo son espectaculares y el goza causándomelos. Creo que es una de mis especialidades sexuales y los logro a menudo.

    Un día me encontré con Regina, una amiga de siempre desde el cole. Es muy bonita también, rubia clara, alta, delgada pero muy tetona y con un precioso culo redondo. Siempre ha causado sensación por sus tetas las que goza exhibiéndolas sin tapujos, usa petos apretados para resaltar los pezones, pantalones strech muy ajustados para exhibir su raja completa marcando el coño y el culo dejando a la imaginación la realidad de sus encantos.

    Yo soy muy exhibicionista también e incluso me llevé un fiasco cuando se me ocurrió que fuéramos a una playa nudista para exhibirme totalmente desnuda. A Ignacio no le gustó la idea, pero lo convencí pues le también se exhibiría y mostraría su preciosa verga. Llegamos y procedimos a desnudarnos totalmente y empezamos a caminar entre los nudistas. Nadie se extrañó y menos nos miraron interesados. No pensé, la muy tonta, que como buenos nudistas nadie nos daría el caso jajaja fue bastante grotesco.

    Como buenas mujeres, mientras tomábamos un café, salió el tema sexual. Comentamos sobre nuestras cachas, nuestros orgasmos, sobre las vergas, etc. y de pronto Regina me dijo.

    -Oye Clara, ¿has pensado en hacer intercambio de parejas?

    -Si, pero como varias cosas inmorales que piensa una.

    -¿Pero te gustaría hacerlo?

    -No lo he pensado y además tendría que preguntarle a Ignacio.

    -Yo estoy enferma de ganas. ¿Mira, dile a él que te dije que me gustaba y si quisiera follarme?

    -¿Tú crees que le interesará?

    -¿A qué hombre no le gusta montarse a las amigas de su esposa? Hazlo y me dices y vemos que hacemos.

    Conversamos de como lo haríamos si tenía una respuesta positiva y quedamos de tomarnos un café al otro día para ver el resultado.

    Conversé con mi esposo, que me dijo que le gustaría pues Regina es deliciosa y que haría yo.

    -Lo lógico es que hagamos intercambio o sea yo follaré con Leonardo… ¿te parece?

    -Muy buena idea Clara, hagámoslo el miércoles que tengo libre la tarde.

    Llamé a Regina, nos pusimos de acuerdo y esperemos a la pareja el miércoles a la hora del té, para intercambiar en nuestra casa y no en un motel. Así, la confianza sería completa. En nuestra casa y en nuestra cama matrimonial. Genial.

    Llegaron puntualmente y nos pusimos a tomar el té y a conversar sobre la idea que pondríamos en práctica.

    Casi terminando el refrigerio, Regina se paró y fue al baño. Demoró algo, pero cuando volvió venía totalmente desnuda salvo los zapatos altos que resaltaban su estupenda figura.

    -A ver chicos, empecemos esta idea que me tiene hirviendo por ponerla en práctica. Ven Ignacio y muéstrame con que me vas a hacer feliz…. jajaja.

    Ignacio se paró y fue a manosearla empezando por chuparle los pezones mientras le acariciaba el coño peludo, pero muy bien arreglado en un triángulo perfecto. Ella no tardó en sacarle la ropa, le chupó la verga ya firme y besándolo se tendió en la alfombra piernas abiertas. Tiene un coño amplio y precioso y un matorral envidiable de color marrón. Primera vez que veía uno de esos colores.

    Para no ser menos le dije a Leonardo, pongámonos en bolas para follar amor, pero vamos a la cama matrimonial pues allí el intercambio será mejor y más cómodo.

    Así lo hicimos, diciéndole a la pareja que empezaba a tirar que fuéramos a la cama y que lo pasaríamos mucho mejor. Lo hicieron y pude ver la verga de mi esposo mojada con los jugos de mi amiga y dura como fierro.

    Ya en la cama pareja con pareja al lado, la cosa tomó color pues Regina era una caldera hirviente, aunque yo no lo hacía nada de mal. Estaba exaltadísima con el espectáculo. Ver follarlos con entusiasmo nos contagió y empezamos a follar en misionero. Regina aprovechó de manosearme las tetas y yo la atraje lo mejor que pude para besarla. Esto gustó a los machos que nos pidieron los cabalgáramos para gozar con la cacha y con nuestras muestras lésbicas. Resultó excelente pues pudimos besarnos, chuparnos los pezones y manosearnos a gusto mientras cabalgábamos para lograr orgasmos.

    Yo fui la primera en tenerlo y fue muy tiritón, gemido fuerte y retorcido, luego recibí la eyaculada correspondiente mientras Regina empezó a orgasmear en forma espectacular y gritada. Para incentivar más la acción, me salí y me eché la verga chorreando semen a la boca y recibí las chiqueteadas menores, pero no las tragué pues pensé lo que iba a pasar. Regina se me acercó y me besó, le traspasé leche y las dos que damos jugando con el semen caliente y ligoso un buen rato hasta que lo tragamos todo.

    Descansamos, cambiamos pareja para darnos un nuevo polvo con nueva leche, en otras poses y nuevamente recibimos la leche en la boca y gozamos besándonos y tragándola sin remilgo alguno.

    Finalizamos en una ducha compartida que sirvió para manoseos y besos entre todos.

    Quedamos contentos y felices de esta nueva experiencia y acordamos hacerlo todas las semanas aun un par de veces o más si pudiéramos.

    Esto redundó en que nos transformamos en amantes y no solo follamos juntos, si no que durante la semana nos invitamos para follar en pareja sin encontrar problema alguno. Estamos felices ahora de amantes “lícitos” jajaja. y nuestra vida sexual ha mejorado sin medida.

    Aunque estoy pensando en cómo conseguirme otro macho pues la novedad me ha gustado demasiado. Tener vergas nuevas adentro es mi ambición actual. ¿Cuántas? no sé, pero espero que sean muchas pues estoy muy joven aún y unas tres o cuatro me vendrán perfecto.

    Chao, y no desperdicien las oportunidades que te pide tu cuerpo.

  • Compartiendo a mi esposa con mi hermano (3)

    Compartiendo a mi esposa con mi hermano (3)

    Mientras nos bañábamos mi esposa y yo juntos ella me decía:

    Marcela: Si viste como se le paro a tu hermano mientras me miraba en el short y el top como se me marcaban los pezones

    Fabio: Si mi amor claro que lo vi, me encanto como te miraba con discreción para que nosotros no le dijéramos alguna cosa

    Marcela: yo creo que debe estar haciéndose la paja de lo dura que la debe tener por mirarme

    Fabio: Amor yo sí creo, yo siendo el me la estaría haciendo por ver un manjar tan rico como lo eres tu

    Marcela: Amor tontico, eres todo un coqueto, voy a salir desnuda para que apenas el mire para el cuarto me vea

    Fabio. Amor, te me adelantaste eso te iba decir que hiciera para que él te mire

    Salimos de bañarnos y ella salió primero toda desnuda y su cuerpecito sexy mojado por el agua, apenas salimos mi hermano miro por unos 5 segundo cuando me vio salir a mí se apeno y cerró la puerta, a mi esposa y a mí nos dio risa dejamos la puerta abierta nos secamos el uno al otro le di su cariñito en su coño y ricas tetas y ella me dio el cariñito en mi verga, ya luego le coloque su tanga de hilo color amarillo oscuro en su coñito mojadito por la caricia que le había dado y un brasier azul oscuro, ella a mí me coloco mi bóxer licrado rojo, y ya nos vestimos ella con un jeans negro ajustado y una blusa tipo corset negro también, yo un pantalón azul oscuro y una camisa negra.

    Ya salimos del cuarto sonrientes le tocamos la puerta a mi hermano y salimos a eso de las 2 pm a caminar y luego a un restaurante almorzar.

    Llego la noche fuimos a un bar a tomar unos tragos bailamos, mi esposa también bailo con mi hermano y ella se le pegaba para provocarlo, Pedro no podía ni bailar dos canciones seguidas por la erección que le provocaba mi esposa cada que ella bailaba con él; ya luego salimos del bar y fuimos a comer algo, todos comimos hamburguesas con papitas y refresco, al terminar de comer nos quedamos un rato charlando y reposando la comida, luego mi esposa se levanta y dice discúlpenme un momento voy al baño, ella se fue al baño a cagar lo sé por el tiempo que tardo en el baño, mientras mi esposa no estaba en la mesa mi hermano me dice:

    Pedro: Hermano tu esposa está actuando raro eso creo

    Fabio: No, hermano ella no está actuando raro o extraño

    Pedro: Seguro, veo que está muy coqueta conmigo, y mientras bailamos se me pegaba mucho y yo con pena

    Fabio: Hermano tú sabes cómo es ella, muy alegre y aparte está contenta por estas de visita y puede que te quedes con nosotros, ella te estima mucho y tener un miembro de la familia le agrada

    Pedro: Gracias hermano por colaborarme y dejarme quedar en tu casa, también quiero pedirte disculpas por lo de la tarde que vi a tu esposa desnuda al salir del baño no fue mi intención

    Fabio: Tranquilo hermano no hay problema eso fue un error de nosotros no haber cerrado la puerta (pero en mi mente para adentro estaba diciendo: esa era la intención de mi esposa y mía salir así no cerrar la puerta para que tú la vieras así desnuda y rica como lo es ella, para provocarlo) y eso causo que tu miraras sin querer, no tienes que disculparte, además tu cerraste tu puerta en forma de respeto.

    Pedro: Nuevamente gracias hermano.

  • Nuestra primera vez

    Nuestra primera vez

    Hace unos meses estoy saliendo con un chico que conocí en un café cerca al trabajo; es muy atractivo más alto que yo y su forma se ser conmigo es increíble.

    No ha pasado nada aún (no les voy a mentir me atrae mucho) solo quiero darme el tiempo de conocerlo y hasta el momento soy feliz cuando disfruto de su compañía.

    Una noche después de salir de cine, estábamos caminando mientras nos comíamos un helado cuando de repente y sin dar tiempo de nada empezó a llover muy fuerte y donde estábamos no había donde escaparnos ya que estábamos en medio de un parque. Él me toma de la mano y salimos a correr buscando donde poder meternos mientras llovía; ya estábamos muy mojados la ropa pesaba y el frio era peor.

    Saliendo del parque encontramos unas casas abandonadas, estaban para demolición ya que se iba a construir una avenida por el sector. Él me hala y entramos a una casa para resguardarnos de la tormenta; tiemblo mucho tanto que mis dientes suenan Gus como le digo de cariño me pide que me retire la ropa y así lo hago mientras titiritero quedando en ropa interior, él también lo hace quedando en bóxer.

    En el lugar había muebles viejos y plásticos grandes así que con eso cubro mi cuerpo; mientras tanto Gus rompe unos palos para hacer una hoguera. Gus como buen caballero trata de arreglar el sitio para mí y nos sentamos en un sofá que allí había, la hoguera da calor al lugar y ayuda a que el frío sea menor.

    Gus para darme más calor me pide que me siente en medio de sus piernas y me abraza por detrás mientras ambos estamos cubiertos por el mismo plástico

    -¿Nena ya te sientes mejor?

    -Si Gus gracias

    -No es lo mejor el sitio, pero estás segura a mi lado

    -Tranquilo Gus, es esto o estar afuera mojándonos

    -¿Te incomoda que estemos así los dos?, solo quiero darte más calor

    -No Gus para nada estoy a gusto –le doy un beso en la mejilla

    Seguimos ahí mientras él me abraza con fuerza para unir más nuestros cuerpos mientras la hoguera nos brinda calor. De pronto siento su respiración algo pesada en mi oído y roza su mejilla junto a la mía, cierro los ojos y me dejo llevar por ese momento; él besa mi mejilla varias veces así que inclino mi cabeza hacia atrás y él besa mi cuello… mi respiración aumenta abriendo un poco la boca para dejar salir un leve gemido. Gus sigue besando mi nuca corriendo mi cabello a un lado mientras va bajando la tira de mi brasier; el frío se va yendo y surge el calor entre los dos.

    -Te deseo nena

    -Hazme tuya Gus

    -¿Estas segura?

    -Si Gus, te deseo mucho

    Gus retira mi brasier y pasa sus manos grandes amasando con fuerza mis senos mientras arqueo mi espalda y gimo más duro… con su pulgar hace círculos sobre mis pezones erectos hasta tocar la punta de ellos y luego los pellizca. Después suavemente y muy despacio desliza una mano por mi abdomen hasta llegar a mi entrepierna y roza con sus dedos por encima de mi panti mi clítoris.

    -Estas húmeda nena

    -Es por todo lo que me haces sentir Gus

    Corre a un costado mi tanga y desliza suavemente sus dedos por mis labios, de arriba hacia abajo sin prisa; separa un poco lo labios para seguir deslizando sus dedos en medio de ellos.

    -¡Woo! nena que rico se siente tu coño así de mojado, es tan suave y caliente

    De un momento a otro introduce un dedo por mis paredes vaginales sintiendo las corrugaciones, entra y sale suavemente.

    -¡Uff! Dentro esta aún mejor

    -Quiero correrme en tu mano

    Gus introduce otro dedo y aumenta la velocidad mientras sus besos por mi cuello son más intensos; con la mano libre amasa son fuerza mis senos… separo más mis piernas y muevo mis caderas para llevar un ritmo cuando hunde sus dedos en mi coño. Gimo duro estoy que ardo y Gus también gime, aumenta más la velocidad cuando me corro en su mano.

    -¡Ah Gus!

    Saca sus dedos y hace que los chupe, saboreo mis propios jugos es una delicia.

    -Eso hermosa es el resultado de tu placer

    Me giro quedando de rodillas en frente a él y me retiro mi tanga, llevo mis brazos sobre sus hombros para abrazarlo y lo beso con intensidad; él me toma por mis caderas para unir nuestros cuerpos, separo mis piernas para sentarme en su regazo así siento su miembro erecto.

    -Hermosa no sabes cuanto anhelaba este momento

    Lo miro a los ojos con ternura y continúo besándolo, muevo mis caderas para rozar mi coño sobre ese falo que me apunta pidiendo a gritos ser liberado.

    -Déjame estar cómodo y estar piel a piel contigo hermosa

    -Es lo que más deseo Gus

    Se levanta para retirar el bóxer y salta en frente a mí su falo grande, venudo y grueso aprovecho que lo tengo a la altura de mi rostro y lo tomo para acariciarlo; Gus cierra los ojos tomándome suavemente de mi cabeza y me acaricia. Sin pedir permiso me lo llevo a la boca para saborear sus jugos pre seminales que son de mi agrado… me lo meto hasta donde pueda ya que es largo mientras acaricio sus huevos… si, este momento ando cachonda y mis pensamientos perversos surgen. Gus empuja mi cabeza sin ser brusco buscando su placer y a la vez mueve sus caderas follando mi boca; succiono su verga a medida que lo voy sacando y Gus lo mete de nuevo.

    -¡Oh! Cosita que rico se siente

    No puedo decir nada porque tengo mi boca llena con su verga, salivo cada vez más y esto hace que se escurra por mis comisuras. Con la mano que amaso sus huevos lo llevo a su periné para estimular esa zona, Gus separa un poco sus piernas y esto es señal que le gusta; aprovecho y llevo mi dedo a la entrada de su hoyito para rozarlo.

    -¿Quieres jugar con mi hoyito?

    -Si, ¿Puedo?

    -Si hermosa

    ¡Wao! Son pocos los hombres que permiten esto así que dejo de comerme su verga para lamer sus huevos y por su puesto su hoyito… con la punta de mi lengua juego por esa entrada tratando de entrar en ella al tiempo que tomo su verga con mi mano para frotarlo. Gus gime y eso es una melodía excitante para mi así que lamo y chupo toda esa parte y Gus mueve sus caderas para restregarse con mi rostro.

    -Me voy a correr hermosa

    Sin decir nada aumento la velocidad en su verga mientras juego con mi lengua en su hoyito… hasta que Gus apretó mi cabello y gimió con fuerza sintiendo como su verga se mueve para dar salida a su leche caliente mojando mi cara, una parte de mi cabello y por supuesto mi mano. Dejo lo que estaba haciendo para lamer su lechita dejando limpia su verga aún erecta.

    -Me gusta lo que veo

    -A una gatita tomando su lechita

    -Si, eso es y me fascina

    Se arrodilla para sentarse sobre sus piernas y quedar frente a mí y me toma por mi cabello para besarme con vehemencia, separo mis piernas para sentarme en su regazo y rozar mi coño con su verga.

    -Quiero que te lo metas –me mira con lujuria

    -¿Hasta el fondo? -claro que quiero metérmelo hasta el fondo.

    -Si, hasta el fondo

    -¿Y si no me entra toda? –lo miro de manera perversa

    -Yo hago que te entre toda, por mi hasta los huevos también te metería por ese coño

    Escuchar eso hizo que mi cuerpo se erizara, así que tome su verga y apunte mi coño para luego clavarme con él; me toma por las caderas haciendo que me lo hunda con fuerza.

    -¡Ah! Gus ¿me quieres atravesar?

    -Aja si, te quiero partir

    Así que empiezo a menear mis caderas mientras lo abrazo para comerme sus labios, Gus me clava sus uñas arañando mi espalda varias veces; dejo de besarlo para dejar salir mis gemidos y aumento mis movimientos buscando mi placer.

    -Eso cosita, que rico te mueves

    -Tu verga me quiere romper por dentro

    -Dejarlo nena, clávatelo

    Así que empiezo a darme unos sentones y muevo mi cadera hacia adelante y hacía atrás, así varias veces… gimo cada vez más duro… en estos momentos estoy tan ganosa que en verdad quisiera meterme hasta sus huevos.

    Gus se levanta y hace que me gire sin sacar su verga para quedar en cuatro.

    -Te voy a dar lo que quieres –¡Uy!, como adivino.

    Me toma por mis caderas y empieza sus embestidas con fuerza, siento el choque de sus huevos contra mis nalgas… aumenta la velocidad como si en verdad quisiera meterme sus huevos… gimo más duro mis tetas cuelgan y se baten por la cogida que me está dando Gus. Baja la velocidad y me toma del cuello haciendo que me levante y quedar su rostro junto al mío.

    -Perdón hermosa si fui un animal, pero te deseo tanto que salió ese demonio que llevo dentro de mi

    -Perdonado y me gusta que te preocupes por mi –valoro en verdad que no piense en solo en él sino en mí también.

    -Quiero hacerte mía

    -Hazme tuya Gus

    Sus embestidas ya no son tan fuertes mientras lleva una mano a mi clítoris para darme más placer.

    -Quiero que cabalgues sobre mi

    Gus se acuesta sobre los cartones que yace en el piso y yo me siento sobre él para hundirme nuevamente su verga; cabalgo a mi gusto mientras Gus me ayuda tomándome por mis caderas… llevo mis manos a mis tetas y las amaso con fuerza mientras cierro los ojos y disfruto del placer de ese momento.

    -Eso hermosa disfruta de mí, de mi cuerpo, de mi verga, demuéstrame que te gusta tanto como yo lo hago

    -Gus te deseo tanto

    -Yo a ti más hermosa

    Continúo con mis movimientos hasta que siento espasmos en mi vientre es señal que voy a llegar a ese orgasmo.

    -Lleguemos juntos hermosa

    Aumenta el movimiento de mi cadera gimiendo duro… de un momento a otro siento como dispara su leche dentro de mi mojando su pelvis cuando entro y salgo de él.

    Pasamos esa noche ahí en ese lugar, no era lo mejor, pero para los dos lo era porque era nuestro momento era nuestra primera vez juntos.