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  • Historias de un matrimonio cornudo: Pandemia

    Historias de un matrimonio cornudo: Pandemia

    Ciertamente casi el siguiente año no cambiaron muchas cosas, mi esposa ya tenía un buen de amantes que le daban bien y bonito lo que obviamente no le podía dar en casa, se acostaba con sus tres compañeros de la escuela donde da clases, y cuando las cosas se salían de control en fiestas (por ejemplo, la de fin de año o las que se hacían antes de que salieran de vacaciones) invitaban a dos profes más de otra escuela, aunque casi siempre se los cogía estando borracha.

    Por otro lado, estaban sus excompañeros de la universidad (Armando y Alejandro) que normalmente la veían una o dos veces al mes, tenía mucha química sexual con ambos, a pesar de que con sus compañeros de trabajo ya tenía tríos y hasta cuartetos, me contaba que disfrutaba muchísimo más con estos dos; yo creo que tiene mucho que ver con el hecho de que a ella le fascina el sexo rudo, entre más rudo mejor y Armando así era, en cambio ninguno de sus compañeros de trabajo tomaba ese rol.

    Finalmente, el nuevo amante era nuestro vecino Enrique, exmilitar que ahora estaba en la Guardia Nacional, este también era muy dominante, el problema es que también era muy serio, casi no hablaba, y cómo era normal por su trabajo viajaba mucho por mucho tiempo, es decir, lo acuartelaban en otros estados por meses, eso sí, cuando regresaba le daba tremendas cogidas a mi mujer, impresionantes; naturalmente no era tan común que yo los viera (lo que lamentaba muchísimo), sobre todo porque los niños no me lo permitían.

    Pero había noches en que mi esposa se iba a casa del vecino y cuando al fin dormía a mis hijos me iba a ver como se chingaba a mi esposa, los gritos y gemidos eran increíbles, me gustaba mucho estar presente a pesar de que mi mujer sin falta me ponía a atender a Enrique en cuanto acababa, cada que tenía el honor de estar presente, me tocaba lamerle los huevos, limpiarle la verga e invariablemente terminaba haciéndole sexo oral a mi vecino que no parecía molestarse, al contrario, terminaba siempre tomándome de la nuca y clavándome su tremenda vergota hasta la garganta.

    Yo pensé que esta situación sería conflictiva para mí, pero nada más lejos de la realidad, como decía mi mujer, me encantaba ser una putita chupa vergas y creo que ayudaba mucho que mi esposa se mega excitaba mientras me ordenaba limpiar y atender a Enrique, ella misma me ordenaba que me pusiera de rodillas a limpiarle el rabo o me decía burlona que un pito chico como yo debía agradecerle a un macho de verdad como Enrique que se cogiera a mi esposa lamiéndole esos huevotes que tenía, ella se calentaba tanto que o se masturbaba o besaba y tocaba a Enrique mientras yo seguía con mi labor de lame huevos.

    También encendía mucho a mi esposa que el vecino terminara directamente en mi boca mientras ellos se besaban y manoseaban y al final nos tragáramos la lechada de Enrique; yo solo me dejaba llevar por la calentura, porque cuando en frío pensaba lo que hacía me daba hasta asco, pero en el momento ni lo pensaba, solo disfrutaba.

    Esta dinámica duró poco más de un año, pues llegó la pandemia del COVID-19 y en México fue especialmente fuerte, yo que me dedicaba a los sistemas, me pasaron de inmediato a home office y mi esposa en el sector educativo también; fueron meses que se transformaron en años muy complicados, con los niños y nosotros 24/7 en casa y sobre todo que de la noche a la mañana se acabaron las aventuras de mi esposa con todos sus amantes, pues justo antes de declararse la pandemia en el país, mandaron a Enrique a Chiapas (un estado muy alejado de donde vivimos), por lo que estuvo alejado prácticamente toda la pandemia (recuerdo que mi esposa regresó a clases hasta inicios del 2022), por lo que fueron prácticamente dos años sin poder ver o acostarse con sus amantes.

    Debido a esta situación, mi esposa y yo tuvimos muchísimo sexo durante la pandemia, es más, el uso del dildo que le compré a mi mujer era prácticamente cotidiano, pues ella cuando se calentaba le gustaba insultarme diciendo que no sentía mi pitito, que ya extrañaba las vergas de verdad de sus amantes, que yo era un pito chico y encima eyaculador precoz poco hombre, por lo que en esos momentos era que me pedía el dildo para terminar de satisfacerla.

    Pero después de unos meses con la misma rutina mi esposa empezó a ser cada vez más fuerte en sus insultos y humillaciones hacia mí, ya tranquila me decía que estaba cada vez más caliente, que necesitaba sentirse sometida, desde la primera vez le dije que yo no podría hacerlo, que la amaba y la respetaba muchísimo, y sobre todo no me calentaba ser dominante, que la verdad me excitaba más ser sometido, por lo que ella viéndome de la manera más maliciosa posible me dijo que una forma de desfogarse sería someterme completamente, y quería intentar algo, que si estaba de acuerdo, le pregunté qué quería y ella sin tapujos me dijo que quería penetrarme con el dildo.

    Me saqué mucho de onda, le dije que eso no le daría placer directamente a ella, pues el penetrado iba a ser yo, ella me contestó que si se excitaba tantísimo viéndome de putita mama vergas de Enrique que creía que se calentaría aún más penetrándome y sometiéndome a lo que ella quisiera, aún con algunas dudas acepté su propuesta, ella se puso muy, pero muy alegre.

    Esa noche en cuanto los niños se durmieron me dijo qué hacer para tener mi culito muy limpio, y después de eso, tuvimos sexo bastante caliente, le hice sexo oral, la penetré en cuatro y ella completamente loca de placer (después me comentaría que en realidad estaba ansiosa por penetrarme) al fin la hice terminar solo con penetración, pero no se calmó, por lo que saqué el dildo para terminar el trabajo y me dijo que no, que esa noche yo sería el penetrado que no se lo metiera, por lo que le pregunté como quería hacerlo, ella de inmediato me dijo que la mejor manera de hacerlo era con las piernas abiertas, pero que eso no la calentaría.

    Directamente me ordenó que me pusiera en 4 en la cama justo como ella estaba antes, con mi cara pegada al colchón y que me abriera las nalgas, que ella haría lo demás, la obedecí, primero sentí muy frío pues me embadurnó mi orificio con lubricante mientras me decía con una voz muy ansiosa que prácticamente nunca le había escuchado que me relajara, que el secreto era trabajar un poco la colita para que se dilatara lo más posible, por lo que empecé a sentir un dedo penetrándome, primero hizo círculos alrededor de mi anito para después meterlo hasta el nudillo, sentí incomodidad, pero como solo había sido un dedo me relajé aún más, ella me preguntaba si me gustaba.

    Yo le contestaba que se sentía incómodo, ella me decía que al principio era así, pero que después disfrutaría muchísimo, y después de jugar un ratito con su dedo medio me introdujo dos dedos, la verdad es que no me sentía tan incómodo, solo sentía raro, cuando ella notó que no me quejaba fue cuando me introdujo 3 dedos, y ahí sí empezaba a meter y sacar los dedos, ella empezó a calentarse porque me dijo, parece que tu culo si va a aguantar todo y a la primera, hay amor, estoy muy emocionada de desvirgarte el ojete, para acto seguido tomar el dildo y empezar lenta, pero inexorablemente a penetrarme con él, no sentía dolor, pero si extrañeza e incomodidad.

    Ella me dijo al oído que ya era toda una putita que había logrado meter más de la mitad y yo como si nada, así que me lo fue clavando hasta el fondo, ya que lo tuve todo adentro ella me besó apasionadamente y me dijo que estaba orgullosa de mí y empezó a hacer el típico movimiento del mete saca con el dildo, he de aceptar que en ese momento sí me dolió aunque durante muy poco tiempo, mientras me penetraba cada vez más fuerte yo empezaba a dar quejidos, y ella se masturbaba con sus dedos diciéndome, aguanta maricona, aguanta puta.

    Para ser completamente sincero no me dolió tanto a pesar de que mi esposa estaba completamente enloquecida penetrándome, eso sí, terminé quejándome, aunque se escuchaban más como gemidos que como quejidos además de que me prendía mucho todas las cosas que me decía mi esposa, era muy excitante como me humillaba. No se cuanto tiempo pasó mi esposa dándome por el culito pero ella acabó de manera muy escandalosa masturbándose.

    Después de la euforia me preguntó si me había gustado, le dije que no me había molestado y que podía llegar a gustarme pero que debía acostumbrarme, que no sabía como ella lo recibía prácticamente siempre; ella se empezó a reír y me dijo que ya que le agarras el gusto es delicioso y hasta adictivo; me preguntó muy seria si íbamos a repetir, yo sabiendo todo lo que había disfrutado ella le dije que cuando quisiera, que quería acostumbrarme; lo que no esperaba es que se volviera tan adictivo para ella; aunque no me quedaba claro si lo que le encantaba era insultarme o penetrarme.

    Ese mes no la penetré ni una vez, en cambio ella me lo hizo al menos 3 veces por semana, llegó el punto en que tenía que caminar de manera muy incómoda y sentarme de lado porque me ardía el culo, pero ella no quería detenerse, solo se burlaba y me decía que no fuera tan mariquita, que si ella aguantaba yo también.

    Pero la inversión de roles no terminó en ese mes, es más, se profundizó, porque un día muy alegre recibió un paquete de Amazon que escondió como una niña traviesa y me dijo que era un regalo para la noche, sabía lo que significaba y me intrigaba mucho qué sería, llevábamos más o menos semana y media que no me penetraba porque queríamos que me sintiera mejor y más cómodo, a lo que me ordenó que me aseara bien el culo, pero en cuanto llegué al cuarto de dormir a los niños veo una imagen increíble de mi mujer con una verga en su entrepierna viendo hacia arriba, me dijo que ya que nos gustaba tanto nuestro juego de inversión de roles ella quería llevarlo al completo.

    Y había comprado un strapon doble, ni siquiera entendía qué era cuando ella me dijo que me pusiera de rodillas a chuparle la verga, que quería ver a la maricona de su marido comiéndole el rabo como una buena putita, uf, ahora sí me calentó y mucho, después de eso me empinó y me estuvo cabalgando durísimo por bastante tiempo, y al lado de sus insultos habituales ella gemía muchísimo, tanto que la verdad me los contagiaba, pero la verdad era que llevaba un poco de tiempo disfrutando de sus penetraciones, pero ahora eran mucho más profundas y fuertes porque las hacía con todo el cuerpo, hasta que terminó en un escandaloso orgasmo.

    Ya que estábamos acostados en la cama veo como se quita el strapon y entiendo porque disfrutaba tanto, tenía un dildo por dentro que ella se clavaba mientras me cabalgaba a mí.

    Esto se volvió aún más adictivo para ella, pero con la diferencia que ahora a mí también me gustaba; me culeaba prácticamente a diario, solo cuando necesitaba descanso se lo pedía y ahora que al mismo tiempo que me penetraba ella también era penetrada estaba encantada, me insultaba y me sometía de lo lindo, hasta me tomaba del cabello mientras me la enterraba hasta los huevos (porque el dildo que venía en el strapon por fuera era muy realista y enorme, tenía hasta huevos, y me dijo que lo pidió así para que no extrañara las pelotas de Enrique); así vivimos por todo lo que restaba de la pandemia, y poco a poco me iba gustando cada vez más, ya gemía y pedía más, y eso la mega prendía.

    Pero también me iba excitando cada vez más por lo que ya tenía erecciones cada vez más fuertes mientras era sodomizado por mi esposa que cada vez era más agresiva; tanto que como a las 2 o 3 semanas me vine por primera vez mientras mi esposa me penetraba por detrás, ella se dio cuenta y estaba encantada, en cuanto terminamos me llenó de besos y me dijo que ya era tan putita como ella, que lograba terminar como una verdadera nena, igual que ella, que me acostumbrara a tener mis orgasmos clavado por el ano porque mientras no terminara la pandemia ese sería nuestro sexo cotidiano.

    Y vaya que lo cumplió, aún faltaba al menos un año para que se abrieran las escuelas, yo no regresaría a mi oficina porque la mayoría lo haría por home office; y durante lo que faltó de toda la pandemia mi mujer no me permitió penetrarla ni una vez, me dijo que era su putita, eso sí, más o menos un mes antes de que se regresara a la normalidad regresó Enrique y se encerró prácticamente un fin de semana completo con mi esposa, la traía muy atrasada y se quería desquitar, no tuve el honor de verlos pues estuve cuidando a los niños, les dijimos que su mami tenía muchas ganas de ver a su abuela, jeje.

    Cuando regresó me burle bastante de ella porque caminaba como yo cuando abusaba demasiado de mi culito, por lo que en cuanto se recuperó me dio tremenda cogida por el culo con el strapon para dejarme igual que ella.

    Continuará.

  • Mi hermano me humilla y obliga a follar con él

    Mi hermano me humilla y obliga a follar con él

    Mi hermano me humilla y obliga a follar con él
    Mi hermano me humilla y obliga a follar con él
    Este relato ha sido grabado en audio para que cualquiera lo disfrute, especialmente personas con visibilidad reducida o nula.

    Grabarlo y editarlo supone mucho trabajo, por esto me gustaría conocer tu opinión y si te resulta útil.

    Escúchalo narrado por su autora

    Relato

    El segundo sábado de julio por la mañana, yo estaba jugando con mi raqueta en el jardín, una de esas unidas a la pelota con una goma, de las que golpeas la pelota y vuelve. Mis padres me la regalaron siendo niña, y a mis años sigo jugando con ella.

    Álex se encontraba en su dormitorio con la ventana abierta. Enloquecía con el sonido repetitivo y cansino de los golpes. En un momento dado, dejó de escuchar el soniquete y pensó que me había cansado o aburrido. Poco después escuchó mis gritos pidiendo auxilio. Bajó corriendo a socorrerme, y no era capaz de entender la escena que se encontró.

    -¿Se puede saber qué haces? -preguntó conteniendo la risa.

    Para mi vergüenza, yo estaba atrapada en la malla metálica que delimita la propiedad, en una pequeña abertura detrás del seto. La escena le resultó cómica. Ahí estaba yo, a cuatro patas, en bikini, con medio cuerpo fuera hasta la cintura y el culo expuesto ante sus ojos.

    -Se ha roto la goma y la pelota ha saltado la valla -respondí quejosa-. Solo quería recuperarla y he quedado atrapada.

    Soy su hermana y me quiere, pero algunas veces me toma por tonta. En esta ocasión lo fui, porque nadie sensato haría lo que yo pretendía.

    -Solo tienes que gatear hacia atrás -dijo tapándose la boca para disimular la risa.

    -No seas imbécil -dije elevando el tono y añadí-, porque me pincho con las puntas si hago lo que pides.

    -No es buena idea ofender a quien pretendes que te ayude -respondió mi hermano con cierto tonito-. Ya me estás pidiendo perdón.

    -Vete a la mierda y ayúdame de una puta vez -repliqué gritando.

    Ya no pudo contener la risa, y decidió divertirse más a mi costa.

    -Has desaprovechado una oportunidad de oro. Ahora mismo voy a por el celular, pienso tomar fotos de tu hermoso trasero, y compartirlas en todas las redes.

    El propósito buscado surtió efecto. No tardé en implorar su perdón varias veces.

    Satisfecho, me pidió que le concediera un par de minutos, que buscaría algo que sirviera en la caja de herramientas de mi padre. Yo no lo supe entonces, pero la caja contenía alicates de varios tamaños, también una pequeña sierra para metal, justo lo que necesitaba.

    -No hay nada que nos pueda servir -dijo tan pancho, luchando contra el impulso de partirse de risa-. Ya conoces a papá, no es amigo del bricolaje o las chapuzas.

    -Entonces prueba con las tijeras de podar -propuse al borde de un ataque de nervios.

    -Con esas tijeras, ¡imposible! -Su respuesta fue rotunda, la matización siguiente una burla-. No imagino a papá, explicando cuando las compró, que las quería para podar el seto, pero también para cortar la malla metálica, por si la torpe de su hija quedaba atrapada algún día.

    -¡Eres un cabronazo! -grité malhumorada-. Te aprovechas de mi desgracia para burlarte, pero ya te pillaré cuando salga de aquí, vas a conocer la contundencia de mis puños.

    Álex no pudo contenerse y estalló en carcajadas.

    -A pesar de tus amenazas, pienso ayudarte. Dame un par de minutos para estudiar un plan, pero debes prometer que acatarás lo que te diga.

    Prometí, y mi hermano fingió pensar. Yo le observaba girando el cuello hacia él.

    -Veo que llevas puesto tu bikini favorito -dijo como lo haría un investigador audaz-. Si te quito la parte de arriba, las tetas colgarán, esto empeora el asunto, pero puede romperse si no lo hago. Lo mejor es quitarlo y sujetar los pechos con mis manos según vayas saliendo. Dime si aceptas.

    Acepté y Álex siguió cavilando.

    -Por otro lado, ahora que lo pienso, puede que sea mejor empujarte el culo, para que salgas hacia afuera.

    Se arrodilló detrás de mí y abarcó mi culo con las manos, simulando que comparaba el volumen con el hueco.

    -Tampoco es posible, porque lo tienes como una plaza de toros visto desde aquí -bromeó.

    -La misma plaza de toros donde pienso cortarte las orejas y lo otro -respondí enojada, no soporto que blasfemen respecto a mi espléndido trasero, la parte más preciada de mi anatomía.

    -No te enojes porque tan solo es una broma, pero me estoy acordando de lo que hicimos en la noria, allá por Veracruz. Entonces estaba oscuro, no pude verlo desnudo. No es lo mismo cuando vas en bragas por casa, o en traje de baño como ahora. Deja que lo vea y seguimos negociando.

    Irrepetibles los insultos y frases soeces que le dediqué; pero le vinieron como anillo al dedo, como excusa para llamar a todos los servicios de emergencia, suficiente para que yo claudicara.

    -Haz lo que quieras. Eres un caprichoso, pero lo ves y luego lo tapas, no vayas a pasarte mirando el resto del día.

    Lentamente fue bajando la braga del bikini hasta las rodillas. Era cierto que nunca me lo había visto desnudo del todo, y aseguró que la imagen se le quedaría grabada en la retina para los restos.

    -Deja que la meta en el coño -dijo mientras me acariciaba las nalgas con ambas manos.

    Una nueva andanada de insultos y amenazas se cernió sobre él. Ahora se puso serio de verdad.

    -Eres egoísta y aprovechada. Aquella noche, en la noria te aprovechaste de mí, con argumentos similares, y yo cedí. Luego no quisiste repetirlo.

    -Reconozco que estuvo mal, pero no es lo mismo. -Mi respuesta vino acompañada de un tono dulce.

    -No es lo mismo porque fuiste tú la caprichosa -me reprochó-. Tampoco lo es ahora que soy yo quien lo desea. -Álex hizo una pausa y sentenció-. Niña, ponte de acuerdo.

    -Álex, eres un tonto -respondí sollozando-. Te dije que no se repetiría, pero deseaba lo contrario. Ya me conoces, sabes de sobra que me guío por impulsos, por intuición, y temía que pasaras de mí cuando volvieras a estar con tu novia. Fue una forma de protegerme ante una posible decepción.

    Mis palabras le conmovieron.

    -Laura, estabas muy equivocada. A ella más o menos la quiero, cinco meses juntos no dan para mucho, pero tú eres infinitamente más importante para mí. Aquella noche bajé la guardia, cedí a lo que nos debería estar prohibido, pero siempre estarás por encima de cualquiera.

    Dejé de lloriquear con intención de cambiar la estrategia.

    -Si dices la verdad, ayúdame a salir y lo hacemos en tu cuarto.

    Algunas veces soy un poco sinvergüenza, sobre todo con Álex, y mi palabra dura el tiempo que tarda en sacarme del apuro. Habían sido tantas veces, que ahora mi hermano no se fiaba de mí.

    -No es mala idea, Laura, pero el morbo que me da esta situación, no tiene precio, vale más que una semana follando contigo.

    -Sea como quieres -dije con cierta desidia-, pero hazlo rápido, ya no aguanto más así -añadí resignada.

    A mi hermano también le convenía ser rápido, tenía el miembro a punto de reventar. Rápidamente se desnudó y arrodilló detrás de mí.

    Ahora, con ilusiones renovadas, mi culo le pareció incluso mejor. Le dedicó un leve masaje y luego deslizó el capullo entre las nalgas, recorriendo la raja desde lo alto, pasando por el agujerito, hasta terminar entre los labios vaginales. Aquí se entretuvo restregando el glande con ligeros golpes de cadera, simulando que lo follaba sin penetrar.

    -Es curioso la cantidad de veces que te he visto en bragas por casa, y yo como si nada -dijo Álex-. Por no hablar del bulto entre las piernas -añadió y se puso ñoño-. Nunca estuvieron tan ciegos los ojos de un hermano.

    -Eso que llamas bulto, es la vulva -expliqué entre gemidos-. ¿Por qué no usas los dedos? Lo que estás haciendo, apenas me roza el clítoris.

    -Si pretendes que te masturbe, solo tienes que pedirlo. Quiero que lo supliques -exigió.

    Ahora mi hermano se mostraba caprichoso. Yo cedí, lo entendía como parte de su juego, y añadí picante.

    -Álex, te suplico que lo hagas, quiero estar mojada antes de que la metas.

    Separé las rodillas lo que pude, dejando vía libre entre los muslos. Mis prisas por quedar liberada, quedaron en un segundo plano.

    Álex retiró la verga y rozó el clítoris con las yemas de los dedos. Cierto que tenía la zona algo reseca, pero gemí de gusto cuando empezó a moverlos, cada vez más aprisa, provocando que mi culo se moviera adelante y atrás, instintivamente, como si tuviera vida propia animado por el placer que recibía.

    -No imaginas las ganas que tenía -dije entre jadeos-. Lo vengo deseando desde Veracruz, me encanta que me toquen ahí, aunque lo prefiero con la lengua, pero en esta situación no es posible.

    Sin pretenderlo daba pistas a mi hermano sobre mis preferencias sexuales, información que nos vendría bien en el futuro.

    Dejó de masturbarme, sin venir a cuento, y protesté, pero, lo que vino a continuación, era mejor y por partida doble.

    Álex separó la vulva con los dedos y me penetró lentamente. Se limitaba a follarme el coño con calma, inclinado sobre mi espalda, lo justo para introducir la mano por delante y frotar el clítoris al mismo tiempo.

    Así me lo hizo durante un rato, hasta que priorizó sus ansias de correrse. Aumentó el ritmo de las penetraciones, aferrado con las manos a mi cintura, procurando que mi cuerpo se desplazara lo menos posible, jodiéndome como un poseso. Me arrancaba de la garganta ligeros grititos, que yo trataba de acallar tapando la boca con la mano.

    Tenía frente a mí el chalet de los vecinos, pero, aunque nos separaba una parcela intermedia, tenía miedo, pánico a que alguien me escuchara y viera la situación en que me encontraba. Puede que este temor tuviera parte de culpa, porque no tardé en correrme como una cerda entre gemidos, luego, cuando el orgasmo fue historia, solo suspiros de relajación.

    Entonces, para mayor sorpresa, mi hermano sacó la pija, metió dos dedos y los retorció a izquierda y derecha, como si repetidamente girara una llave en la cerradura. Los sacó empapados por mis jugos, se los llevó a la boca y los chupó con ansia, afirmando que le fascinaba hacerlo, pero se lamentó porque su novia no se lo permitía, a ella le parecía una cochinada.

    Volvió a penetrarme con intención de terminar, preguntó si me seguía cuidando, le dije que sí, que terminara dentro, si así lo deseaba. Mis palabras le parecieron más un deseo que una concesión, y me dio una buena follada, hasta descargar varios chorros de leche.

    -¡Qué a gusto me he quedao! -exclamó Álex-. La sensación de que me iban a reventar la polla y las pelotas, ha desaparecido.

    -No subas la braga todavía -dije cuando Álex pretendió hacerlo-. Dame un minuto, dejemos que salga la mayor cantidad de semen.

    Le hizo gracia que, estando yo en la situación que estaba, priorizada la higiene de mi traje de baño favorito. Finalmente, me subió la braga y se vistió con prisa, mis rodillas no aguantaban más.

    -Ahora, quiero que salgas hacia adelante cuando yo te diga.

    Me dio la señal y salí sin contratiempos. Pero, cuando me giré para ver lo que yo había hecho, la expresión de mi rostro era digna de un retrato. Alguien con ingenio y mala uva lo titularía, por ejemplo, “Se la metieron doblada”.

    -¡Eres un cabronazo! ¡Eres lo peor de lo peor! -grité amargamente, notando como la ira se apoderaba de mí-. La solución era sencilla y me has tomado el pelo -añadí encolerizada, mientras pasaba caminando por la abertura en la malla metálica.

    Álex retrocedió corriendo hacia atrás, huyendo como un cobarde para que no le alcanzara, dando explicaciones para no cobrar su merecido.

    -¿Ya no te acuerdas del verano pasado? -preguntó dibujando una sonrisa socarrona-. No recuerdas que papá quería poner un mástil intermedio aquí. Para ello cortamos la malla a lo alto, con intención de unirlo al poste por ambos lados. Vamos, lo que viene siendo un empalme común y corriente. Luego, cuando le surgió aquel viaje de trabajo, me encargó remendarlo hasta mejor ocasión. Yo hice una especie de costura con alambre y unas cuerdas. Algunas debieron romperse y quedó un hueco mayor, por eso has podido entrar, pero, al hacerlo, has debido forzarlo y luego ha cedido. Yo simplemente he descosido hasta el borde superior.

    -Pienso estrangularte cuando te pille, ¡pedazo de cabrón! -repetí descontrolada corriendo para alcanzarle.

    Álex abandonó el jardín y se refugió en su dormitorio. Tuvo la puerta bloqueada con cerrojo hasta empezada la fiesta. Entonces no podría estrangularle delante de tantos testigos. Aun así, procuró evitarme. Cuando la fiesta terminó y todos los invitados se fueron, vino implorando perdón con un gesto de las manos.

    Le perdoné y dormimos juntos aquella noche, sin cochinadas, solo por el placer de hacerlo abrazados.

    La moraleja del cuento es que yo no estaba enojada con Álex por follarme con engaños, sino porque me vi obligada a confesar que, cuando dije nunca más en Veracruz, querría haber dicho lo contrario.

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  • Mis amigas

    Mis amigas

    Esto sucedió hace unos meses, fue real y de solo recordarlo me excito y me vienen muchas ganas de levantar el teléfono y llamarlas. Fernanda y yo estamos casados, tenemos hijos y nos reencontramos luego de unos años sin vernos por temas laborales. Las ganas de coger a esa morocha venían de facultad y no se pudo dar. En una conversación entre mate y mate nos confesamos aquellas ganas, “si en aquel baile me dabas bola te juro que te partía la boca”, así sin vueltas Fer me dijo que le gustaba en mis tiempos jóvenes.

    Días después cumplió años y le dije que mi regalo eran unas cervezas artesanales, ambos teníamos ganas, nos mirábamos, nos mandábamos mensajes, buscábamos historias sexuales para enviarnos, famosas que fueron filmadas, tríos que confesaron jugadores en una entrevista, fotos hot en redes sociales de gente que conocíamos y hasta confesiones sexuales; ese fue el tono de las charlas antes de llegar a ese bar.

    Con la segunda cerveza nos liberamos.

    Fer: “te conté que una madre del liceo se equivocó de grupo y mandó fotos hot que eran para su marido?”

    Yo: “no, quizás sean para el amante”

    Fer: “mirá, dice que es para el marido, antes que borrara los mensajes capturé la pantalla”

    Aproveché y en vez de aceptar su teléfono me puse atrás de ella a mirar, no había nadie en ese bar y el baño estaba hallado. Todo eso pasó por mi mente en 3 segundos. Me paré atrás de ella, miré el celular, le hice masajes en los hombros, bajé la mano, me dejó, se movió para que llegue a su escote, nos besamos y nos metimos en el baño.

    Me hizo el mejor sexo oral en años, y justo cuando le iba a explotar la leche en la cara me mira y me dice:

    “quiero tu pija en mi cola”

    Me senté en el inodoro, ella se paró, le bajé el pantalón y le hice su mejor sexo oral vaginal y anal en años, gracias a mi lengua tuvo 2 orgasmos y dejamos la penetración para el motel.

    Se imaginarán que empezar así una relación de amantes, todo lo que vino después ha sido cumplir una fantasía tras otra. Así que volvemos a Mariana y Fer.

    Fuimos juntos a una fiesta y Mariana tomó demasiado, la llevamos a su casa y nos quedamos a cuidarla, cuidarla era una forma de coger rico sin tiempo y sin que nos molesten.

    Mientras Mariana dormía en su cuarto, nos matamos en el sillón, desnudos, y comiéndonos todos nuestros cuerpos hicimos un parate para una cerveza.

    Y surgió un video amateur de un trío, dos chicas y un pibe, ese video nos excitó y empezamos a hacer un 69 de película.

    Yo: ” que tetas que tiene la del video”

    Fer: “porque no le viste las de Mariana”

    Yo: “me las imagino, son grandes para comerlas toda”

    Fer: ” Lástima que está durmiendo”

    Yo: ” Les hago de todo un poco a las dos”

    Esa charla se dio mientras cogíamos, no paró de mojarse toda. Se paró y desnuda recorrió el pasillo hasta el cuarto.

    Fer: “Vení que hay lugar”

    Fuimos y empezamos a besarnos en el borde de la cama y le hablábamos a Mariana que tenía una tanga mínima y una remera vieja que traslucía sus tetas hermosas. Se despertó y nos quedó mirando cómo nos besábamos.

    Penetré por atrás a Fer y quedamos los dos mirándola a Mariana que se masturbaba mientras nos veía. Se me acercó y me dio los pechos para comérmelos todos. Mientras le comía la cola a la amiga masturbaba por todos sus agujeros a Mariana y no pasó un minuto que entre las dos empezaron a besarse y me dejaron de lado.

    Verlas tocarse, besarse las tetas fue hermoso.

    Terminamos bañándonos entre los tres, llenos de olor a sexo y el broche final fue una chupada de pija de campeonato entre las dos hasta que les tiré toda la leche en sus caras bocas y tetas.

    Luego de esa noche me dolió la verga por 3 días, fueron 3 o 4 horas de locura, sexo y fantasías hechas realidad.

  • Las clases de Alicia

    Las clases de Alicia

    Alicia, mi bella Alicia otra vez se le había caído el lápiz de las manos y al recogerlo del suelo me ofrecía una vista increíble de su bonito culo de 26 años. Pero que hacía yo en su casa, los dos solos y esperando a que se le cayera el lápiz otra vez. Todo empezó hace algunos meses…

    Yo tengo 47 años, divorciado, maestro de inglés y tengo mi propia empresa. Me dedico a ir dando clases extraescolares por varios colegios de la zona. También tengo mi propia academia. Esto hace que todos los años tenga un gran número de jóvenes graduadas en magisterio con ganas de trabajar y muchas ideas nuevas. No me va mal la verdad. En general son casi todas guapas, pero no suelo hacerles mucho caso y para evitar estupideces evito siempre todo contacto directo o amistad. Una acusación de tipo sexual y mi empresa se iría al traste. No se puede trabajar con eso en los colegios.

    Alicia fue diferente desde el principio. Si imaginas como es una princesita de Disney ella es así: rubia con unos grandes bucles, ojos azules de mirada dulce e inocente, de un metro sesenta y muy delgada. Tiene una buena figura y proporcionada, de pechos pequeños, un culo increíble con forma de corazón y muslos trabajados de gimnasio. Alicia no solo es guapa, sino que es de esas personas que te alegran el día nada más hablar con ella y te hace parecer mejor persona y más contento desde el mismo instante que la saludas. Alicia siempre fue diferente y los chicos en clase la adoraban.

    Al poco de estar trabajando, me pidió un aumento y poder reorganizar su jornada, pues necesitaba aprobar las oposiciones y le había salido la oportunidad de apuntarse a un buen grupo. Yo no quería ni lo uno ni lo otro. Me ofrecí a ayudarla yo mismo, también he preparado a opositores a magisterio y en su día aprobé mis oposiciones. Si lo dejé es porque los opositores son un grupo muy neurótico que rara vez atiende a razones, son mejores los niños, dan menos problemas y aprenden mejor. Le extraño la idea, pero el hecho de no tener que modificar la jornada y que se iba a ahorrar un pico la convenció rápido.

    Así que desde hace unas semanas voy a su casa todos los viernes por la tarde y le ayudo a prepararse para las oposiciones. Normalmente estamos solos, vive con su madre aún que es divorciada y trabaja en el cine de unos grandes almacenes hasta las tantas de la noche o así. Así que durante toda la tarde estamos solitos dándole duro a los estudios. Tengo que reconocer que es una esponja y cuando te mira con esos profundos ojos azules te exprime como una naranja hasta la última gota de conocimiento. De los temas y los casos prácticos pasamos rápidamente a los secretos de la exposición, que si bien parece más fácil pide mucha concentración y un gran entrenamiento mental para decir lo que hay que decir en el momento que hay que decirlo.

    Pero hoy no estaba en su mejor día estaba despistada, lejana, en otro mundo. Le decía las cosas y era como hablarle a la pared. No paraba de caérsele el lápiz y se dejaba caer en la silla para recogerlo con lo que su precioso culo en tensión bajo aquellos vaqueros quedaba a la vista. Hacía rato que no paraba de desear que se le cayera el lápiz. Lo cual me hizo pensar que tal vez no era ella la que estaba espesa, sino yo.

    —Esto, Alicia, ¿estás bien?… ¿O soy yo el que no está bien? —pregunté sin ambages.

    —¿¡Eh!? —No perdona Javier, es que no estoy donde tengo que estar, tengo la cabeza en otro lado —respondió con una media sonrisa.

    —Vale, si quieres lo dejamos.

    —¡No! Mejor si estoy ocupada.

    —Vale, mira de la última exposición, hay dos cosas que no tienes que hacer —dije mientras le daba al play de la Tablet para que se viese a sí misma exponiendo el tema. (Es habitual que la grabe en video exponiendo y tengo que reconocer que a veces miro y remiro sus videos, es algo enfermizo lo sé). Ella se arrimó a mí para ver mejor la pantalla y nuestros hombros se tocaron. Era algo que normalmente hacía, así que no le di más importancia. La clase continuó y en un momento dado señaló algo de la pantalla y al guardar la mano debajo de la mesa después de preguntar la dejó caer sobre mi pierna. Me quedé congelado, no sabía qué hacer.

    —Esto Alicia, ¿qué haces? —dije entrecortadamente y como pude con mi boca totalmente seca mientras su mano seguía allí como si tal cosa.

    —¿No te gusta?

    —¿Qué quieres decir? Joder Alicia ¿Qué estás haciendo?

    —Nada que no hayas deseado muchas veces, ¿verdad? O te crees que no he visto como me follas con los ojos cada vez que nos vemos. Al principio pensé que eras un viejo verde asqueroso y te odié, pero me hacía falta el trabajo. Luego pude comprobar que solo me mirabas a mí, a nadie más. Hablé con las compañeras y…

    —¿Qué has hecho qué? Madre mía madre mía —empecé a lamentarme sin saber cómo quitar aquella delicada mano de mi pierna que pesaba como si fuera una gran roca y me tenía preso sentado en la silla y muy aterrorizado. Con el cuidado que había tenido siempre con esto. Empecé a ponerme en lo peor.

    —La verdad es que todos me miraron como si fuese un bicho raro —siguió diciendo como si no la hubiese interrumpido. —La verdad es que fui muy correcta y solo les pregunté si me tenía que asustar, porque había tenido malas experiencias. Todos me aseguraron que eras un ángel. Pero… las miradas seguían ahí. Poco a poco, y sabiendo que era la única empezaron a gustarme.

    —Pero yo…

    —De hecho, cuando te ofreciste a darme clases pensé que ibas a saltar sobre mí como un toro en celo, fantaseé con esa idea durante días. Pero no fue así. Llevo meses esperando y nada.

    —Pero, ¿qué dices? Si tienes 26 años, yo…

    —Tú haces que yo me vaya de clase a mi casa mojada como una perra en celo sabiendo que mientras voy andando me vas comiendo con los ojos. Tú haces que tenga ganas de tirar el lápiz al suelo y te deje mi culo bien puesto a ver si lo coges con fuerza con esas manos tan grandes que tienes. Tú has hecho que corte con mi novio, porque no siento nada con él y no me mira con el deseo que tú, ni siquiera cuando me tiene desnuda delante de él. Joder me paso el día desenado verte por el rabillo del ojo como me follas con la vista, porque no me miras, ¡no! Tú me follas con la vista. Si me esfuerzo casi puedo notar tus manos manoseándome todo el cuerpo y tu poya penetrándome. ¡Joder!

    Y todo esto lo decía con esos preciosos ojos azules que te hacía sentir que todo estaba bien. No esperó a que yo contestase y por fin movió la mano que tenía en mi pierna, pero no para quitarla, sino para llevarla a mi entrepierna, donde mi poya estaba ya bastante dura desde hacía rato. Ella solo sonrió pícaramente al notar el tremendo bulto que ya había.

    Su cara era todo deseo y mi cabeza era un montón de pensamientos metidos a presión en una olla exprés a punto de explotar; pero en cuanto empezó a tocarme la poya todo fue calma. Alargué la mano y le cogí la nuca y acercándome a ella la besé con pasión. Le comí la boca al principio despacio y con besos quedos y suaves, pero a medida que la pasión se apoderaba de mí los besos fueron más profundos. Ella solo suspiró de placer y empezó a bajarme la cremallera del pantalón. Le lamí la oreja y le mordisqueé el lóbulo, a lo que respondió apretando las piernas, aquello la excitaba mucho. Seguí besando su cuello, lamiéndolo y soplándolo después, sus piernas seguían apretadas y había metido un dedo contra su coño para hacer presión. Intentaba sacar mi poya del pantalón, pero su coordinación estaba decayendo por momentos.

    Mientras bajaba por el cuello en dirección al pecho con mis besos, le desabroché todos los botones de la blusa y subiendo mis manos por su espalda le desabroché el sujetador. Soltó un quedo “¿cómo?” a modo de pregunta. Seguramente porque cuando estaba con su novio era ella la que tenía que desabrocharle todo y ahora se veía indefensa. Sus piernas seguían apretadas. Al desabrochar el sujetador, sus pequeños pechos quedaron al descubierto, eran pequeño y tiesos. Tenía unos pezones pequeños y morenos, los besé y chupé con deleite. Ella empezó a jadear, dejó de intentar liberar mi poya y se llevó algunos de esos dedos a la boca para chuparlos con deleite.

    Le desabroché los vaqueros y tirando de ellos la obligué a levantarse. Se los bajé un poco y cogiéndola de las axilas y la senté en la mesa. No me costó mucho, pesa tan poco. Por fin sus piernas estaban separadas. Tiré de los vaqueros y cayeron como las hojas en otoño al suelo. No le hice mucho caso a sus braguitas que con un fuerte estirón cayeron también. Creo que le hice algo de daño, pero gimió de placer. Me acomodé delante de sus piernas abiertas. Ante mí se abría un coñito rubio, apretado de carnosos y rosados labios rosados. Sabía que no era virgen porque me lo había dicho ella, pero no tenía mucho uso. Era precioso, pequeño y ya estaba muy húmedo. Me comí su coño con deleite, disfrutando cada uno de sus rincones y sabores, disfruté más que un condenado a muerte con su última cena. Hasta me lo follé con mi lengua.

    Tenía dos dedos metidos de mi mano en su coñito y le mordisqueaba suavemente el clítoris mientras, con la otra mano le pellizcaba un pezón cuando, se corrió salvajemente. Gritó a lo bestia, y se tapó la boca cuando se dio cuenta de que estaba gritando. Antes de que se le relajara la respiración, se volvió a correr cuando aprovechando sus flujos le metí el dedo gordo por el culo. Me recosté sobre la silla mientras me limpiaba con una mano la boca. Acto seguido me saqué la polla y esperé a que reaccionara.

    Ella se dejó caer de la mesa y cayó al suelo torpemente, aunque con un objetivo claro. Se arrodilló entre mis piernas y se metió toda mi poya en la boca. Gimió de placer como si llevara días sin comer nada. Empezó a chuparla de arriba abajo con los labios y me acariciaba los huevos. La chupó a conciencia, se la metió hasta casi darle arcadas y se folló su propia boca con toda mi poya sin dejar un centímetro sin su ración de poya. Cometí el error de abrir los ojos y mirar lo que hacía. Nuestras miradas se cruzaron y aquellos ojos azules tan dulces y cándidos fueron más de lo que podía soportar y me corrí sin avisar. En cuanto notó las convulsiones apretó los labios y tragó con devoción todo lo que mi poya le metió en la boca, que no fue poco.

    Después de terminar se levantó y se sentó en mi regazo y empezó a besarme nuevamente.

    —¿Vas a tardar mucho en tenerla dura otra vez? La quiero dentro de mí —me dijo entre besos dulces y mojados.

    —Solo lo que tardes en llevarme a tu cama corazón —contesté, y era verdad, mi poya volvía a crecer rápidamente, Alicia tenía un poder hipnótico sobre mi poya y quería probar aquel coñito apretado.

    Se levantó rápidamente y me cogió de la mano llevándome casi corriendo a una habitación al fondo del pasillo. Era una habitación aún de adolescente, aquello por alguna razón me la puso muy dura de golpe. Ella se dio cuenta y me miró con malicia y me llamó pervertido. Acto seguido se lanzó sobre su cama y abrió sus piernas ofreciéndome una imagen magnífica de su precioso coñito.

    Me quité la poca ropa que me quedaba y me dejé caer encima de ella con cuidado. Fui moviendo la pelvis hasta que noté que mi glande apuntaba a su agujerito. Hice un poco de presión y ella se mojó los labios con la lengua esperando con ganas lo que iba a suceder. Apreté un poco y su coño se abrió como una flor al sol, tragándose toda mi poya que no es pequeña. Ella gimió de placer y dolor y se me abrazó. Llevó su boca a mi oreja y empezó a susurrarme preguntas entre gemidos: —¿Es esto lo que deseabas? ¡Ahhhh! Fóllame toda.

    Aquel coño era fantástico. Le di varias embestidas profundas y se corrió nuevamente. Lo cual me permitió cambiar de postura varias veces. La puse a cuatro patas y le di de forma rápida y violenta, nuevamente la meter un dedo por el culo se volvió a correr entre grandes gritos. Así que le tiré dos grandes escupitajos en su agujerito del culo.

    —¿Me vas a violar el culo?

    —Dime que no y paro.

    —Reviéntame el culo por favor —fue toda su respuesta.

    Así que hice lo que deseaba. Así a cuatro patas le metí toda la poya que estaba enorme por su pequeñito y virgen agujerito. Sus gritos no fueron de place. Alargué la mano y empecé a tocarle el clítoris con ganas para que la excitación superase al dolor. Pronto empezó a mover la cadera y empecé a follarme aquel agujerito tan estrecho. Mi poya empezó a palpitar y me corrí dentro de ella con todas las ganas del mundo mientras ella nuevamente al sentir mi semen dentro de ella y mientras le masajeaba el clítoris se volvió a correr.

    Nos desplomamos sobre la cama y nos quedamos allí bastante rato sin saber muy bien que hacer. La rodeé con mi brazo y ella se recostó sobre mi pecho. —¿Me follas otra vez antes de que venga mi madre? —Y dicho esto se quedó dormida a mi lado y yo también.

  • Nohemi y un invitado sorpresa

    Nohemi y un invitado sorpresa

    A esas alturas era complicado guardar el secreto de mi relación con Nohemí, pero laboralmente no teníamos problema y a nivel personal lo manejábamos por fuera, pero le hermana de ella seguía muy insistente en no dejarla sola, ya sabía de nuestra relación y lo veía con malos ojos debido a que “descuidaba” a sus hijos, trataba que nuestra relación no afectara la dinámica con sus hijos y más por los comentarios de su hermana, pero al poco tiempo llego un compañero nuevo, muy divertido por cierto y a Nohemí se refería como “cuñada”, lógico le pregunte a que se refería con esos comentarios e inocente me respondía… es que le gusta mi hermana…

    Como comenté todas ellas tienen unas nalgas enormes, así que me dirigí a él y le pregunte, a lo que contesto, no solo me gusta, ya me la cogí y es una ¡¡maestra para coger!!, nos hemos quedado fines de semana en el hotel, cosa que me molesto porque criticaba de lo que ella misma hacía, pensando en mi siguiente salida y tratando de hacer algo nuevo y de remate fastidiar a su hermana de inicio nos fuimos a un sex-shop.

    De inicio podía ver sus ojos abiertos, viendo consoladores, vaginas, revistas, videos, lubricantes, lencería, etc. etc. Estuvimos ahí poco más de media hora, yo le insistí en un consolador, pero ella argumento que donde lo guardaría, contestándole que, en su conchita, cosa que no le hizo mucha gracia.

    Decidimos por algo más “discreto” un baby doll negro, con una tanga que más bien era hilo dental, vimos un hotel pequeño antes de llegar al sex-shop, y entramos ahí, a esas alturas ya no había nerviosismo de entrar, se sentía segura, deseada, al subir por las escaleras le besaba las nalgas sobre su pantalón, soltando risas, y entrando a la habitación me acostaba en la cama y me bajaba el pantalón para mamar mi verga que lo hacía mejor y mejor, ella se desnudó y metiéndose así al baño, salió con el baby doll y tanga puesto, se veía impresiónate, esas piernas, sus tetas rosas, esas nalgas que se delineaban por los hilos.

    Sin decir nada se puso en cuatro y abrió sus nalgas y diciendo… es tuyo amor, le metí la verga dura por su conchita, sentir ese calor, la humedad, los espasmos de su vagina era maravilloso, ver como se movía su culo, la incorpore y la senté sobre el tocador, levantándole sus piernas a mis hombros besándole sus pies era un espectáculo increíble, esas tetas deliciosas las disfrutaba mucho, se bajó y se fue a la pared, recargándose sobre ella y parándose de puntas dejando sus nalgas al aire, llegue por detrás y se la metí de un golpe, lo que me calentó aún más y también a ella, que en ese momento soltó un grito, largo estridente, la tome por sus tetas apretándoselas y mordiéndole el cuello, empecé a darle más duro, a lo cual gritaba más y más, movía su cabeza, le temblaban las piernas, cerraba sus manos, su cuerpo bañado en sudor, terminando llenándole su conchita de mi leche.

    Terminamos tumbados en la cama, la abrace, la bese y me decía… yo creo que me escucharon… y más allá de reírme la felicite, que por fin había liberado una parte más de ella, con esa mezcla de pena y orgullo sonreía, a lo cual la besaba más. Yo había conseguido una cámara digital y le dije que quería tomarle fotos y video, pero que me gustaría que alguien nos grabara y para mi sorpresa accedió y agregando… te tengo una sorpresa… se metió al baño y salió con un conjunto de micro tanga y micro bra color azul rey, se recostó en la cama y empecé a tómale fotos, hacia poses cual modelo, caras, había fotos de sus nalgas, de sus tetas, de sus ojos, puse la cámara en el tocador y nos grabe haciéndome sexo oral, ella sobre mí con la lencería puesta, en cuatro viendo a la cámara ella.

    Al entrar vimos a una mucama joven no más de 20 años, pequeña de estatura, delgadita, que escuchábamos como hacia sus tareas y como de seguro ella nos había escuchado, entre abriendo la puerta, la alcance a ver, yo con una toalla puesta, le pedí que se acercara y nerviosa pero amable me dijo que si me podía ayudar, a lo que con una sonrisa y me imagino que con el rostro de color rojo le dijo “si”, le comente que era lo que queríamos, simplemente que nos tomara video a ella y a Nohemí tenido relaciones, se puso pálida a lo que comente que me disculpara que no era mi intención ofenderla o incomodarla, pero antes de seguir pidiéndole disculpas se metió a la habitación pidiendo la cámara.

    La tuvo en sus manos, Nohemí me quito la toalla y empezó a mamar mi verga agachándose, esta chica nos tomaba desde lejos y atrás, enfocando el culo de Nohemí, acercaba la cámara para grabar como me mamaba, la chica se veía nerviosa, temblaban las manos pero seguía viendo atreves de la pantalla y a nosotros, volví acomodar a Nohemí sobre el tocador abriendo sus piernas lo más que pude la ensarte de un golpe, la chica parecía mosca de un lado a otro tratando de grabar por todos lados, esto duro cinco minutos, ya que el celular de Nohemí empezó a sonar, la chica viéndonos completamente desnudos, le ofrecí un pago por ayudarnos lo cual negó, se veía muy nerviosa, excitada y salió de la habitación.

    En el celular era su hermana que seguro suponía donde estábamos, pero eso no era todo, Nohemí no me había comentado que su esposo había regresado y mientras su hermana la regañaba por “descuidar” a sus hijos, le dijo… aquí está tu esposo esperándote y quiere hablar contigo… como sabemos ese silencio sordo y dramático del hotel es inconfundible… se escuchaba cada palabra que salía del auricular, y el al hablarle a ella se escuchó… ¿Dónde andas?, andas de culera ¿verdad?… a lo que ella le decía que estaba en un taller por parte del trabajo, pero en ese momento me puso más dura la verga y se la metí en la boca a Nohemí haciendo que me la mamara mientras el, la seguía regalando de donde estaba, la acosté en la cama y le empecé a dar duro, apretándole las tetas, Nohemí se tapaba la boca para no guitar, o gemir o lo que fuera, saque mi verga y la lleve a su cara pidiéndole que con su mano me masturbara hasta que termine eyaculando en su cara y terminando la conversación con su esposo.

    No podía respirar, por los nervios de la plática y la cogida que le había metido, le pregunte que por qué no me había comentado que su esposo había regresado, diciéndome que él estaba en casa de sus papás como ella en la de los suyos, ni nos bañamos y salimos corriendo, no sin antes buscar de nuevo la chica que nos ayudó con el video pero al parecer se había escondido ya que no la encontramos, ya de caminos a la casa de Nohemí se fue en silencio, pero con o sin marido habíamos dado un paso grande que se vería nuestra evolución en los próximos encuentros.

  • Incesto con mi prima Paola (parte 1)

    Incesto con mi prima Paola (parte 1)

    Mi familia es bastante grande, si bien soy hijo único, mi familia por el lado de mi madre es bastante grande. Tengo dos tías, un tío, tres primos y seis primas. Mis primos son bastante menores que yo y entre mis primas, tres son muy cercanas a mi edad y las otras tres son también menores que yo. Esta historia es de cuando tenía 20 años. Paola, tenía 23, era muy guapa, la más bonita de mis primas y un cuerpo muy bonito. Unas tetas y un culo grandes. Siempre fantaseaba con ella.

    Un día mis padres me dicen que mi tío iba a organizar una fiesta muy grande en su casa de campo por el cumpleaños de mi abuelo. Su casa era muy grande, así que entraría toda la familia sin problemas. Me dijeron que al ser tan lejos, nos quedaríamos a dormir. Iríamos un viernes en la noche y regresaríamos el domingo en la tarde.

    Llegó el viernes, yo tuve clases todo el día en la universidad, por lo que estaba muy cansado. El viaje duró alrededor de una hora. Cuando llegamos, estaba muy cansado y lo único que quería era acostarme. Cuando llegamos, saludé a mis tíos y a dos de mis primas, ya que los menores estaban durmiendo y Paola hablaba con su novio, mis abuelos recién llegarían al día siguiente. Después de los saludos, me disculpé, diciendo que iría a descansar, que había tenido un día difícil.

    Fui al cuarto que me habían asignado, era un cuarto compartido con mis primos. Fui por el pasillo, buscando la habitación. Cuando pensé que la había encontrado, abrí la puerta suavemente para no despertar a mis primos, pero me di con la sorpresa que era el cuarto de mis primas. La luz estaba apagada, pero se iluminaba con la luz de una laptop. Mis primas menores dormían, pero, para mi sorpresa, pude ver a Paola, sentada en su cama, haciendo video llamada con su novio. Ella estaba completamente desnuda, masturbándose, mientras su novio hacia lo mismo.

    Pude ver las hermosas tetas de Paola, una mano se las apretaba intercaladamente, mientras la otra, se frotaba la vagina. Me quedé un par de minutos mirando cómo se masturbaba mi prima, frotándome el pene por encima del pantalón. Me fui a mi cuarto, me metí al baño y me hice una paja increíble, pensando en mi prima. Después de eso, me cambié y me fui a dormir.

    Al día siguiente, me levanté temprano, me puse mi ropa de baño y bajé para meterme a la piscina. La casa estaba vacía, imaginaba que todos dormían. Cuando salí al jardín, pude ver a Paola nadando en la piscina. Tenía puesto un bikini que dejaba ver un poco sus tetas y se metía entre sus grandes nalgas. Al verme, salió corriendo y me abrazó.

    -Primo, tiempo que no te veía, anoche, me dijeron que te fuiste a dormir temprano –dijo.

    -Si, estaba cansado –estaba nervioso, en mi cabeza estaba la imagen de Paola masturbándose.

    -Vamos, metete a la piscina y seguimos hablando –dijo, jalándome de un brazo.

    Dentro de la piscina, estuvimos conversando un buen rato, pero yo seguía nervioso, lo que hizo que la trate un poco cortante. Al parecer se dio cuenta, porque comenzó a hablarme de otra manera. Al rato, salieron todos los primos, y dejamos de hablar. Salieron mis tíos y mis papas luego. Tomamos desayuno y volvimos a la piscina, estuvimos jugando un buen rato. Un rato después salí de la piscina y fui al baño. Al salir, me encontré con Paola.

    -Primo, está todo bien, te noto raro conmigo –dijo.

    -No, no pasa nada –mentí, pero no me creyó.

    -Primo, ya pues, dime que pasa –insistió, siguió insistiendo ante mi negativa.

    -Lo siento prima, lo que pasa es que anoche que llegué, me confundí de cuarto y entré al tuyo –dije nerviosamente– y te vi con tu novio –su cara cambió rápidamente, sus ojos y su boca se abrieron de la sorpresa.

    -Ay, qué vergüenza. Por favor no le digas a nadie –dijo, avergonzada– pero no te pongas así, solo estaba haciendo unas cositas –dijo coquetamente– seguro tú las haces también con tus noviecitas

    -Bueno, si tienes razón, pero igual me sorprendió –dije.

    -¿Por qué? ¿tan fea me veo? –dijo, un poco triste.

    -Al contrario, no sabía que estabas tan buena –dije sin pensar, ella se sonrojó y nos fuimos a la piscina de vuelta.

    Durante toda la mañana, miraba a Paola, disimuladamente, aunque ella se dio cuenta un par de veces. Lo mismo pasó al revés, la descubrí una que otra vez, mirándome. El día transcurrió con normalidad, conversando y jugando con mis primos menores. En la tarde comenzaron los preparativos para la fiesta del abuelo, que llegó alrededor de las 7 pm.

    En la noche, comenzó la fiesta. Había DJ, dos personas atendiendo en la parrilla, varios mozos y dos bármanes. Mi tío tenía mucho dinero, ya que era gerente de una empresa muy grande. Paola vestía un vestido pegado, color rojo, se veía hermosa. La fiesta estuvo divertida, bailamos, tomamos y comimos bastante.

    En un momento de la fiesta, ya bastante tarde, pude ver a Paola que revisaba su celular, la noté muy rara. De repente, entró rápido a la casa, parecía que lloraba. Todos en la fiesta estaban bastante tomados, así que fui el único que se dio cuenta de esto. Seguí en la fiesta un momento, hasta que, al ver que Paola no volvía, me preocupé y fui a buscarla. Al llegar a su cuarto, toqué, pero no obtuve respuesta, abrí suavemente la puerta y encontré a mi prima, sentada en la cama, llorando. Me acerqué a ella.

    -Prima ¿Qué pasó? ¿estás bien? –pregunté.

    -No, mi novio es una mierda –dijo, mostrándome una foto en su celular, en la que se veía a su novio, besándose con una chica en una discoteca.

    -Pero, ¿estás segura que es él? –dije, tratando de ayudar– ¿has hablado con él?

    -No, pero no necesito hablar con él, seguro inventará algo –dijo, aun llorando– estoy segura que es el, y ella es su ex. No puedo creer que sea tan idiota.

    -Pero no te pongas así, piensa que el que se lo pierde es el –dije, tratando de consolarla– una chica como tú, no se merece esto.

    -Gracias primo, pero me siento mal –dijo– no puedo creer que me haga esto, y con ella todavía.

    -No te llega ni a los talones prima. –dije.

    -¿en serio lo crees? –preguntó, calmándose un poco.

    -Prima, estas buenísima, y con ese vestido más todavía –dije, estaba un poco tomado, al igual que mi prima.

    Me abrazó y me agradeció por consolarla. Al separarse de mí, nuestras caras quedaron frente a frente, muy cerca. Debido a que había tomado, no pensé, me acerqué y la besé. Ella respondió a mi beso. Nos besamos como dos enamorados, nuestras lenguas jugaban entre sí. Se levantó y se subió encima mío. Al sentarse, el vestido se le subió hasta la cintura, dejando libres sus enormes nalgas. Las comencé a manosear y me di cuenta que no llevaba calzón. Mi pene comenzó a endurecerse, ella lo sintió y comenzó a frotarse contra él.

    -Sé que esto no está bien, pero que rico besas –dijo.

    -Desde que te vi anoche, no he dejado de pensar en ti, me encantas –dije, mientras seguía manoseando sus nalgas.

    -Cuando me contaste, me dejaste intrigada, también pensé en cogerte –dijo.

    Se levantó el vestido y se lo sacó por encima de la cabeza. Tampoco llevaba sostén, sus tetas salieron y cayeron en mi cara, comencé a besarlas y lamerlas. Desabrochó rápidamente tres botones de mi camisa y me la sacó por encima de la cabeza. Se levantó y me sacó el pantalón rápidamente. Mi pene, completamente erecto saltó, se lo metió a la boca hasta el fondo. Me la comenzó a chupar de una manera deliciosa. De repente, se levantó de golpe y fue a la puerta, le puso seguro y volvió hacia mí.

    Nos acostamos en la cama, me la chupaba mientras yo le besaba la vagina, la cual ya estaba muy mojada. Rápidamente, se recostó boca arriba y abrió las piernas. Me acomodé encima de ella y la penetré rápidamente. Entraba y salía a gran velocidad. Ella se tapaba la boca para tapar sus gemidos.

    -Hazlo rápido que pueden venir a buscarnos –dijo– pero no te vengas adentro.

    Se la fui metiendo cada vez más rápido. Estábamos muy excitados. Se la metía con fuerza mientras le chupaba las tetas y apretaba sus nalgas. Ella seguía conteniendo sus gemidos. Pude sentir que se corrió, su cuerpo temblaba y su vagina apretaba y mojaba más mi pene. Se sentía muy bien cuando se corría.

    La seguí embistiendo unos minutos más hasta que sentí que se acercaba mi corrida. Sin pensarlo, me salí y me acomodé en su boca, para mi sorpresa, Paola abrió la boca. Metí la cabeza de mi pene en su boca y me comencé a masturbar rápidamente, ella succionaba la cabeza de mi pene, hasta que dejé salir una gran cantidad de semen, llenándole por completo la boca. Se lo tragó sin chistar.

    Nos levantamos, nos vestimos rápidamente, asegurándonos de estar bien vestidos y salimos rápidamente del cuarto hacia la fiesta. Cuando llegamos, seguimos como si nada hubiera pasado. pero en un momento mi padre se me acercó.

    -¿Dónde estaban? –preguntó seriamente.

    -Estábamos conversando –dije lo más tranquilo que pude– es que ha tenido un problema con su novio, la vi llorando y fui a ver como estaba.

    -Ah ya, pero, ¿todo bien? –dijo, un poco preocupado.

    -Sí, creo que ya se le pasó –dije, tratando de no sonreír.

    La fiesta siguió un buen rato más, hasta que se comenzaron a ir uno por uno a dormir. Yo me quedé hasta el final, para ver si podía quedarme a solas con Paola. Pero al final, mi prima Julia, la mayor, se la llevó a dormir. Hice lo mismo y me fui a dormir.

    Al día siguiente, todos despertamos muy tarde. Tomamos desayuno, nos metimos a la piscina. Comenzamos a jugar unos juegos de luchas en la piscina, disimuladamente froté las nalgas de Paola debajo del agua un par de veces, ella me sonrió. Ella también aprovechó para sobarme el pene erecto. Antes del almuerzo, le pedí las llaves del carro a mi padre para ir a comprar algunas cosas. Paola se ofreció a acompañarme.

    En el carro, rápidamente me bajó la ropa de baño y se agachó a chuparme el pene mientras yo manejaba. Lo hacía delicioso. Se metía un dedo en la vagina, haciendo a un lado su bikini, por debajo de la faldita que llevaba. No podía concentrarme muy bien con tremenda mamada que me estaba dando.

    -Que rica verga tienes –dijo, levantándose– en la siguiente entrada dobla a la derecha. Tengo un sitio secreto por acá.

    -Muero de ganas de cogerte de nuevo –dije, mientras seguía sus indicaciones.

    Se sacó el polo y el bikini, subió su faldita hasta la cintura y se bajó la tanga. Con una mano me masturbaba y con la otra se metía dos dedos. Se notaba muy mojada. Mi pene estaba durísimo. Se volvió a agachar y volvió a chupar mi pene. Con una mano manejaba y con la otra sobaba sus tetas. Que ricas tetas.

    Llegamos a un lugar bastante escondido y me dijo que parara. Apagué el carro y tiré el asiento para atrás. Paola se subió encima mío y se metió mi pene de un sentón. Entró hasta el fondo fácilmente. Comenzó a moverse mientras nos besábamos muy apasionadamente. Manoseaba sus tetas y sus nalgas con fuerzas. Ahora ya no contenía sus gemidos.

    -Que rico coges primo –dijo, entre gemidos– que rica verga tienes. ¡Ahhh! ¡si! ¡que rico!

    -Te mueves delicioso, prima –dije, mientras besaba sus tetas– y tus tetas son perfectas.

    -¡Ahhh! Me voy a correr –dijo, mientras se corría– ¡Ahhh! ¡si! No pares ¡Ahhh!

    Después de correrse, se levantó y se dio la vuelta, era un poco incomoda la pose, pero su culo se veía perfecto así. Saltando encima mío, sus nalgas rebotaban en mi abdomen. Comenzó a saltar encima mío, gimiendo fuertemente, yo apretaba esas enormes nalgas y les daba palmadas suaves. Paola se movía muy viene en esa posición.

    Le pedí que se levante un poco, que se apoye en el volante. Así, con el culo un poco levantado, me comencé a mover yo, levantaba mis caderas, para metérsela rápidamente. Así estuvimos unos minutos, hasta que me cansé de la pose. Abrí la puerta, salimos, se acomodó doblada, apoyando los brazos en el capó del auto, levantó una pierna y la puso encima también. La comencé a penetrar rápidamente. En esa posición, se veía espectacular. Así que no pude aguantar mucho más.

    -Que rico me coges primo –dijo, entre fuertes gemidos– me encanta tu verga.

    -Tu culo me vuelve loco –dije, sin parar de embestirla– va a hacer que me corra.

    -Córrete, quiero tomarme tu leche otra vez –dijo mientras gemía– me voy a correr ¡Ahhh! ¡que rica verga! ¡Ahhh! ¡así! –se corrió gritando fuertemente.

    -Yo también. Agáchate –dije, mientras sacaba mi pene– ahí va ¡Ahhh! ¡Ahhh! –me corrí, tirando una gran cantidad de semen directamente a su boca.

    Se tragó toda la leche, se metió mi pene en la boca para limpiarlo, cuando lo dejó limpio, se levantó, le chupé las tetas, mientras masajeaba su hermoso culo. Nos besamos largamente, ahí frente al carro. Luego nos acomodamos la ropa y nos fuimos a comprar un par de cosas.

    Regresamos a la casa, pasamos todo el día conversando, bañándonos en la piscina, comimos y en la noche, mis padres y yo, regresamos a casa. Pero antes de regresar, mientras arreglaba mis cosas, Paola entró al cuarto. se acercó a mí, me dio un beso en los labios, suave.

    -Mañana me voy a la universidad –dijo casi susurrando– pero en dos semanas estaré en casa de mis papás. Quiero volver a cogerte, pero esta vez sin apuros.

    -Yo también, me encantas primita –dije, mientras apretaba sus nalgas y la pegaba a mí, haciéndole sentir mi pene, otra vez erecto– pero quiero darte por el culito.

    -Bueno, depende de cómo juegues tus cartas, primito –dijo, apretando fuertemente mi pene por encima del pantalón– te aviso para coordinar ¿ok?

    Esas dos semanas fueron eternas. Además, que no ayudaba que Paola me mande fotos desnuda, videos masturbándose o chupando un consolador. También le mandaba fotos de mi pene y uno que otro video masturbándome, soltando chorros grandes de leche. Cuando al fin llegó el sábado en que habíamos quedado. Me llamó y me dijo que quería ir a un hotel, que en su casa diría que íbamos a ir al cine. Nuestra excusa era, que, en la fiesta, debido al problema que tuvo con su novio, nos comenzamos a llevar muy bien, después de mis consejos.

    Continuará.

  • El deseo oculto (2)

    El deseo oculto (2)

    Los días en la oficina continuaron llenos de miradas y sonrisas contenidas entre Raúl e Iván. Cada encuentro, por pequeño que fuera, parecía cargar el aire con una energía invisible, palpable solo para ellos. El roce de sus manos al pasarse documentos, las miradas prolongadas desde sus escritorios opuestos… todo contribuía a la creciente tensión.

    Una tarde, después de unas semanas especialmente intensas después de lo ocurrido, Iván estaba en su apartamento, todavía pensando en Raúl, cuando su teléfono sonó. Era él. La pantalla brillaba con su nombre “Raúl compañero”, haciendo que el corazón de Iván latiera un poco más rápido.

    —… ¿Hola? —contestó Iván, tratando de sonar relajado.

    —Hola —respondió Raúl, con voz baja, algo contenida, pero con ese tono que Iván había aprendido a identificar—. ¿Te pillo en mal momento, distraído?

    La conversación empezó con banalidades, charlando sobre trabajo y proyectos, pero ambos sabían que había algo más detrás de cada palabra.

    La charla fue derivando lentamente hacia un terreno más personal. Raúl preguntó por la tarde de Iván, y este, medio en broma, confesó que estaba bien, “pensando en sus cosas” para relajarse. La risa de Raúl al otro lado de la línea fue suave, pero cargada de entendimiento.

    —¿Distraído, eh? —preguntó Raúl en tono grave, bajando aún más la voz—. ¿Y qué es lo que te tiene así?

    Iván sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Se acomodó en el sofá, con una sonrisa jugando en sus labios, sabiendo perfectamente hacia dónde se dirigía todo esto, mientras se tocaba el paquete de su calzoncillo.

    —Tú sabes muy bien lo que es… —respondió Iván, con voz ahora más seria, más baja, un gemido más bien.

    El silencio entre ellos se prolongó un segundo, un instante cargado de electricidad. Raúl respiró hondo, y el sonido, aunque distante, pareció llenarlo todo.

    —Dime —murmuró Raúl, su voz casi en un susurro—. ¿Estás pensando en lo que yo, verdad?

    Iván cerró los ojos, dejando que la imaginación tomara las riendas y se mordió el labio inferior antes de responder.

    —Estaba pensando cuando nos cruzamos en los aseos. En cómo me miraste allí… y en cómo me dejaste luego.

    La respiración de Raúl se hizo más pesada al otro lado de la línea.

    —¿Así que te afecta verme? —preguntó Raúl, con un tono ahora cargado de deseo—. ¿Se te pone igual de dura que a mí cuando estamos juntos?

    —Sí, demasiado —respondió Iván, notando cómo su propia voz también había cambiado—. Me afecta más de lo que debería. Ahora estoy entre manos con algo más grande, literalmente entre manos…

    La conversación continuó por ese camino, ambos lanzándose indirectas cada vez menos sutiles, hasta que Raúl propuso algo que hizo que el pulso de Iván se acelerara.

    —¿Por qué no hacemos una videollamada? Quiero verte —dijo Raúl, con voz más firme, pero con una clara invitación.

    Iván dudó solo un instante antes de aceptar. Al momento, la pantalla del teléfono se iluminó con la videollamada entrante. Iván la aceptó, y de pronto, ahí estaba Raúl, en la pantalla. Su rostro tenía esa misma intensidad que Iván había visto tantas veces en la oficina, pero ahora, sin el filtro de lo profesional, era mucho más cercano, más íntimo que cuando consumaron.

    —¡Hola de nuevo! —dijo Raúl, recorriendo el rostro de Iván a través de la pantalla.

    —Jajaja, ¡hola! —respondió Iván, con su voz ronca y con el corazón latiendo rápidamente.

    La distancia física que los separaba se sentía insignificante en ese momento. Sus miradas eran todo lo que necesitaban para encender la chispa que había estado acumulándose durante semanas. Ninguno de los dos dijo mucho más después de eso. Simplemente, se quedaron mirándose, con un gran deseo palpable en el aire, atravesando la pantalla, dejando que el silencio hablara por ellos.

    Iván no pudo evitar llevar una mano a su paquete, acariciándolo lentamente mientras sus ojos seguían fijos en Raúl, quien, del otro lado, imitó el gesto, recorriendo su propia piel con las yemas de los dedos, aumentando la intensidad del momento, mostrando en la pantalla lo abultado que tenía también su ropa interior.

    Ambos sabían lo que estaba ocurriendo, pero ninguno necesitaba decirlo en voz alta. La conversación, ahora silenciosa, estaba cargada de una complicidad que solo ellos entendían. La tensión no solo era lo que crecía, y cada segundo que pasaba, parecía acercarlos más y más.

    —¿Estás haciendo lo mismo que yo, verdad que sí?

    —Sí —confirmó, volviendo su teléfono hacia lo que no se veía, revelando un gran rabo oculto en una fina tela de ropa.

    Una gran polla se intuía, marcando el calzoncillo, manchado por la excitación de ver de nuevo a su compañero.

    —Mira como me pones, Raúl —mientras se bajaba la ropa interior, saliendo de golpe y golpeando en su barriga un rabo duro.

    —… Joder, Iván. Me van a reventar los huevos con solo verte así. Quiero… quiero correrme de nuevo dentro de ti, ¿lo sabes?

    Lo que siguió después fue una explosión de deseo entre ellos. El calor de la pantalla se trasladaba directamente a sus cuerpos. Cada respiración, cada gemido no dicho intensificaba la conexión que compartían.

    Iván, con la mirada encendida, deslizó su mano por la longitud de su rabo, acariciándolo con una mezcla de lentitud y desesperación. La mano temblaba ligeramente mientras su piel se tensaba con el deseo creciente. Sus ojos, fijos en Raúl, quien, al otro lado, también había dejado escapar su propia polla fuera de su calzoncillo. Estaban llenos de lujuria, esa misma lujuria que les había unido en el trabajo, aquel día.

    Raúl no aguantaba más. La presión en sus huevos y la imagen de Iván hacían que todo en su interior explotara de gusto. Se pajeó con más fuerza, mordiéndose el labio al ver cómo Iván se movía, tocándose cada vez con más rapidez. El sonido de sus respiraciones pesadas llenaba el espacio vacío, sustituyendo cualquier palabra.

    —Iván… —gimió Raúl, con voz ahogada por el placer—. No aguanto más, joder. Me tienes al límite.

    Iván, con una sonrisa grande en los labios, aceleró el ritmo. Su cuerpo reaccionaba a cada palabra de Raúl, a cada mirada lasciva que compartían a través de la pantalla. El deseo mutuo era palpable, y aunque estaban separados físicamente, en ese momento, parecían estar más conectados que nunca.

    —Córrete, Raúl —susurró Iván—. Hazlo conmigo… yo me voy a correr ya…

    En ese instante sus mentes conectaron tras la pantalla. Sus rabos estaban duros, gordos y venosos por lo que iba a pasar, por lo que estaba pasando.

    Con un gemido profundo, Raúl no pudo contenerse más. Su cuerpo se tensó, y con una serie de espasmos incontrolables, expulsó grandes chorros blancos y espesos sobre su pecho, salpicando todo a su alrededor, manchando su barba espesa. Iván le siguió casi al instante, dejando salir todo lo que llevaba dentro en un torrente lento que se deslizaba por su gruesa polla hasta llegar a sus huevos, dejando toda la leche espesa escurrirse con calma.

    Ambos se quedaron unos segundos en silencio, jadeando con dificultad. Las imágenes en sus pantallas estaban aún cargadas de esa electricidad sexual, de deseo y manchadas un poco de su semen. Ninguno dijo nada, pero no hacía falta. Sabían que, aunque la distancia los separaba, lo que compartían iba mucho más allá de lo físico.

    Y en ese momento de agotamiento y satisfacción, lo único que quedaba era el eco de sus respiraciones, la pantalla compartida y la promesa de que no sería la última vez que algo así ocurriría.

  • Al fin volvió mi primo (parte 1)

    Al fin volvió mi primo (parte 1)

    Al día siguiente que Lucas, el primo de mi primo, partiera hacia Barcelona, llegaba mi primo Martín de regreso del campeonato provincial de natación.

    Mi tía me pidió que lo fuera a buscar a la terminal de ómnibus de la ciudad vecina en el auto de él y lo llevara a la casa de fin de semana, para que nos alojáramos ahí unos días. Ella se iría a las termas con las amigas y mi tío se había ido a cazar a una estancia de otros amigos.

    El micro llegó con un par de horas de retraso y al bajar se sorprendió al verme a mí y no a sus padres. Le conté lo que había ocurrido y fuimos hasta su auto.

    -¡Es mi auto!, exclamó sorprendido. -Y no se lo presto a nadie.

    -Pero tu madre sí me lo prestó y tenemos que ir a la quinta porque en tu casa estarán los pintores toda la semana, le dije mientras no le sacaba los ojos del escultural cuerpo que había desarrollado, enfundado en una remera ajustada y en pantalones deportivos ceñidos a sus caderas y piernas. -¡Qué lomazo sacaste!, no pude evitar decirle. -¡Y qué bien te queda el pelo rubio y bien cortado de costado! Había quedado realmente embobado con Martín.

    Pero él estaba contrariado porque iba a conducir yo hasta la casa (él no tenía la licencia de conducir consigo) y antes de salir me dijo que no me dejaría hacerlo ni si le chupaba la pija.

    -Eso vamos a verlo, porque primero tenés que darte una ducha, después de tantas horas de viaje.

    Llegamos a la quinta, entré el auto mientras él iba a su habitación a dejar bolso y mochila y luego salió en cueros, mostrando un torso que estaba para lamerlo todo, con pectorales y abdominales bien marcados y una espalda que con sus hoyuelos en las caderas era un recreo para la vista.

    -¿No te ibas a duchar?

    -Me voy a bañar en la ducha de la pileta, si te parece bien, me respondió con sorna.

    Al tiempo que iba hacia la punta de la pileta donde estaba el cuartito de baño exterior y la ducha adosada, se quitaba los pantalones ceñidos, mostrando un slip de competición celeste flúo que le destacaba sus atributos, un bulto apreciable y un trasero que parecía la manzana perfecta.

    No dudé en seguirlo con la excusa de ir juntando su ropa y abrir las llaves de paso, sin sacarle los ojos de encima. Se empezó a duchar con el slip puesto, pero notó que no tenía jabón a mano y me lo pidió.

    -Por favor, ¿no?, le dije.

    -Sí, por favor, ¿me alcanzás el jabón y el cepillo para la espalda?, algo más calmado.

    -Acá tenés, jabón y esponja, pero no hay cepillo para la espalda. Si querés, te doy una mano, mientras me quitaba la remera y las bermudas, quedando sólo con bóxer.

    Cuando se empezó a enjabonar por delante, le pregunté si se iba a bañar vestido y me respondió que teniendo el slip puesto era casi como estar desnudo.

    -Pero no es lo mismo, le dije yo acercándome por detrás. Ni me respondió.

    Tomé la esponja y le pedí el jabón. -Es para enjabonarte la espalda, le dije. Me lo dio de mala gana.

    Cuando comencé a pasarle la esponja enjabonada y la mano por la espalda se sobresaltó y le dio un escalofrío. ¿Te asustaste?

    -No, me respondió. Es que tenés las manos muy suaves, son como caricias.

    -¿Viste? Es que soy muy tierno yo, le dije, y comencé a pasarle la esponja con la otra mano. Con una le enjabonaba la piel directamente y con la otra le pasaba la esponja, con lo cual se fue relajando.

    Al llegar a las caderas, yo debía meter las manos debajo de su slip o quitárselo. -¿Te saco el slip o te enjabono por adentro?

    -Por ahora me lo dejo así.

    Así empecé a enjabonar sus glúteos que eran una dulzura de piel, pero estaban bien firmes, así que no pude reprimir un suspiro de placer. Y él también, para mi sorpresa.

    -Parece que te gusta, le dije. -Sí, algo. Creo que a vos también, ¿no?

    -Es que tenés la piel tersa como de durazno y además tus nalgas son bien duritas. ¿Querés que siga por adelante?

    -¿Te animás?

    No respondí y le pasé las manos y el jabón por los huevos y la pija, que ya la tenía bien al palo. -¡Uy! ¡Qué dura la tenés! ¡Está durísima!, le dije mientras se la sobaba con las manos enjabonadas, pasando de la poronga a los huevos y volviendo a acariciarla una y otra vez, haciéndolo estremecer de placer, mientras yo le susurraba al oído que no podía parar.

    -¡Qué puto sos!, me susurró con voz ronca al oído mientras se recostaba sobre mi hombro.

    -¿Cómo me dijiste?

    – ¡No! ¡Perdoname! No quise…

    -¡No! Quedate tranquilo, es que me gusta cómo me lo dijiste.

    -¿De verdad?

    -¡Claro! Decimelo otra vez, con el mismo tono, por favor.

    -¡Qué puto sos!, en voz muy baja y al oído, volvió a repetir.

    -¡Qué lindo cómo lo decís! Me gusta mucho. ¿Sigo?

    -¡Sí! ¡No parés, por favor!

    Mientras le seguía enjabonando y acariciando la pija y los huevos, con una mano comenzaba a bajarle el slip de competición y me agachaba detrás suyo lamiéndole el cuello primero y la espalda después, con suaves lengüeteos giratorios, haciéndolo gemir de placer. Mi objetivo era claro, terminar de desnudarlo y comerle esos preciosos y redondos glúteos. De a poco le quité el slip por los tobillos, a lo que él colaboró levantando una pierna a la vez y lo hice girar en redondo, quedando cara a cara. Martín estaba arrebatado de placer y tenía los ojos llenos de lágrimas. Nos miramos a los ojos y le pregunté si estaba triste.

    -Para nada. Me gusta mucho cómo me lo hacés. Nuestras pijas paradas se tocaban y frotaban a voluntad hasta que lo tomé del cuello y él hizo lo mismo con mis nalgas, metiendo sus manos dentro de mis bermudas. Casi instantáneamente me besó en la boca, con una pasión irrefrenable. Besaba como los dioses y casi me hizo perder el aliento morreándome de lo lindo, como si fuera un experto.

    Varios minutos chuponeando estuvimos hasta que paramos a tomar aliento. -¿Seguro nunca besaste a una chica? ¿O a un chico?

    -¡Seguro! Es la primera vez que beso a alguien en la boca.

    -Entonces naciste para besar porque lo hacés muy bien. Nadie me besó como besas vos, le respondí mirándolo a los ojos y atrayéndolo más aún hacia mí, como queriéndome fundir con su cuerpo escultural. Retomamos los besos que no quería abandonar, particularmente yo, varios minutos más, profundizando nuestras caricias en las nalgas y el culo del otro.

    -Creo que te ganaste un premio, le dije, separándome algo y lamiendo sus pectorales, pezones y abdominales, hasta llegar a su dura poronga. Empecé por lamerle el glande, que no tardé en engullirme y empujando sus glúteos hacia mí lo incité a cogerme por la boca. Medio minuto pude aguantar hasta que me detuve para tomar aire, pensando en seguir, cuando noté que se tensaba su cuerpo.

    -¡Casi me hacés acabar!

    -¡No! ¡Controlate! Esa leche la quiero para mí, pero no en la boca.

    Me miró extrañado, casi sin comprender. Así que nos volvimos a besar, volví a lamerle el cuello y lo fui poniendo de espaldas a mí, para poner mi pija entre sus nalgas y acariciarle todo el torso, mientras Martín se recostaba de nuevo sobre mi hombro y me seguía susurrando al oído ¡Qué puto sos! y se agarraba de mis nalgas para apretarme contra su cuerpo. Nos besamos largamente, como habíamos quedado, hasta que empecé a pasarle la lengua por su espalda, otra vez bajando hasta sus preciosas nalgas, que abrí lentamente para lamerle el orificio del culo y tratar penetrarlo lo más posible con mi lengua mientras caía el agua. Volví a detenerme y mirándolo a los ojos le pregunté si le había gustado.

    -¡Estuvo buenísimo!

    Nos seguimos lavando y enjabonando mutuamente, al tiempo que nos frotábamos cuerpos, pijas y culos, hasta enjuagarnos. Sin cerrar la ducha, puse mi lengua a trabajar, unos minutos de mamarle el miembro y los huevos, otros minutos comiéndome su sabroso agujero, haciéndolo gemir de placer casi hasta el éxtasis.

    Nos pusimos uno al lado del otro, y le empecé a poner crema enjuague dentro del culo, pidiéndole que él hiciera lo mismo con el mío. Así nos masajeábamos suavemente la próstata y él estallaba de placer, al punto que le pedí que me penetrara con cuidado, despacio, de a poco, mientras me apoyaba en la base de la ducha y le ofrecía mi culo en pompa.

    Me tomó de la cintura y me la fue poniendo como le había pedido hasta que pudo vencer mi resistencia interna, que no era mucha, y me la metió del todo. Mientras yo berreaba como si estuviera en celo, Martín me preguntó si me gustaba como me estaba bombeando.

    -Sí, me encanta, pero quedate quieto, con la pija hermosa y dura que me pusiste. Y dejá que me mueva un poco yo, por favor. Así lo hizo y lo empecé a coger con mi culo, pero no aguantó quedarse quieto y me siguió cogiendo él también, hasta que llegamos a coordinar el vaivén, o sea que cuando él empujaba hacia adelante, yo presionaba mi culo hacia atrás. Cuando empecé a presionar y aflojar el esfínter acompañando sus acometidas, Martín se puso tenso, aumentó sus embestidas y acabó dentro de mí un chorro inacabable de esperma cálido, bufando como un potro.

    -¡Quedate, no te salgas, por favor! le rogué mientras su leche me empezaba a chorrear por las piernas. Me latía el ano de la calentura y notaba que su poronga no se aflojaba. Así nos quedamos varios minutos hasta recuperar el aliento los dos.

    -Voy a salirme. -¡Pero la tenés bien dura todavía! Esperá un poco más que me gusta mucho tenerla adentro. -¡Sos muy puto!, me susurró al oído recostándose sobre mi espalda. -¡Y vos sos un bombón!

    Seguí contrayendo y aflojando el esfínter hasta que retomó su cogida y yo empujaba hacia atrás. No daba más de placer y quise verlo mientras me cogía. -Vamos al costado de la pileta, que te quiero ver. Nos soltamos y lo llevé tomándole la pija con la mano, me acosté de espaldas y abrí mis piernas. -¡Ponemela ya! Se arrodilló delante de mí y de a poco me la fue poniendo hasta el fondo de mi culo ávido.

    -¡Así primito, así papito hermoso! Se recostó sobre mi pecho sin dejar de cogerme y empezó a chuponearme con pasión, mientras yo lo tomaba de sus nalgas y lo empujaba más adentro de mi culo. No paraba de besarme y cogerme y yo de abrazarlo y besarlo. No me alcanzaban las dos manos para acariciarlo y empujarlo dentro de mí. Parábamos cada tanto para recuperar aliento y seguíamos. -¡Quiero más de tu pija!, le decía y Martín me respondía que era reputo y que me la daría toda.

    Diez minutos o más estuvimos cogiendo así hasta que se irguió y volvió a acabarme adentro en un orgasmo increíble, que terminó cuando se dejó caer sobre mi pecho, agotado de tanto cogerme.

    Continuará.

  • Siempre sometida y caliente

    Siempre sometida y caliente

    Otra vez me mantienes al pendiente de tus mensajes, contando los días y minutos, sin ti me vuelvo loca, solo me antojas al ver tus mensajes calientes y a veces tus videos o fotos de tu verga dura…

    No puedo olvidar la última vez que cogimos, fue tan rico y delicioso; tu boca, tu lenga tu saliva, me encanta cuando me penetras y escucho tu voz tan cerca de mi oído, me haces erizar la piel y me arrancas una sonrisa al igual que mis quejidos…

    Tu aliento sobre mi cuello solo hace que me abra más para que puedas entrar tan profundo que hasta provoques curvearme tal cual un animal en celo.

    Puedo olvidarme de todos y de todo al sentir tu sudor sobre mis senos y escurriendo hacia mi ombligo me obligas a bajar la cabeza y ver como me estas penetrando, tan rápido y profundo que no puedo evitar un gesto de placer combinado con dolor cuando tu verga grande y ancha cada vez está más profunda en mí.

    ¡Oh! Amo el olor de nuestro sudor y fluidos combinados, es una locura ese olor, me tomas el cuello y lo aprietas un poco rudo, me obligas a verte a los ojos diciéndome “¡eres mi putita caliente!” en ese momento siento mis pupilas dilatarse y quererte sentir más y más adentro… Mi primer orgasmo…

    Cuando me tomas de la cintura y me obligas a darte la espalda, me haces reaccionar con una nalgada caliente y fuerte para acomodar mis piernas, bajas mi cabeza, me dejas expuesta, empinada como nos encanta, pero más a ti, escurriendo de fluido vaginal es más fácil la penetración aceleras el ritmo, siento tus testículos golpeando mi vulva con los movimientos de tus caderas calientes, lo único que puedo hacer es sostener el aliento para no gritar de dolor y placer “papito dame más mas mas” ¡uf!… segundo orgasmo…

    Quedas satisfecho por tus resultados, mis piernas no dejan de vibrar y sometiéndome con tu mirada jalas mi cabello para meter tu lengua en mi boca y besarme como solo tú sabes, ¡carajo! Estoy segura que también existen los orgasmos orales porque ese beso me dejo completamente entregada a ti…

    ¡Me penetras una vez más y lo único que hace mi cuerpo al sentirte es abrirme y apretarte tan fuerte hacia mí para que puedas terminar dentro!

    “Mójame papito, dame mi leche, dámela, ¡¡¡dámela!!!

    ¡Gritas! Como un semental abatido y yo estoy más que satisfecha, me escurro toda de tu placer, entre las piernas solo hay leche deliciosa de ti combinada con la mía de mi tercer orgasmo… Muero contigo, agradezco ese dolor, ese placer soy tuya… siempre tuya.

  • En casa del pueblo, Isa y la prima Montse

    En casa del pueblo, Isa y la prima Montse

    Ocurrió a las seis meses de nuestra incipiente relación amo-sumisa.

    Después de su entrega habíamos acordado utilizar nuestro tratamiento durante los encuentros sexuales, la insultaba y humillaba para mantener el rol amo-sumisa.

    Llegué al pueblo sobre las 9 de la mañana, sin avisar, Isa estaba preparándose un desayuno cuando oyó mi coche y corrió a cambiarse, sabía cómo me gustaba que vistiera para mí.

    Al abrir la puerta, dejo caer el albornoz mostrando su lencería para mí, haciéndole una señal para que se acercara la tome por el pelo y la besé con fuerza para que sintiera mi agrado.

    -Buenos días zorra vamos a desayunar, hoy probaremos algo nuevo.

    Se le iluminó la cara, siempre le gustaba que la sorprendiera con algún nuevo juguete o humillación, más cuando era de su ansiada lista. Terminó de preparar el desayuno y después de sentarnos.

    Sonó la cancela del patio y momentos después el timbre.

    -Es Montse. No recordaba que estaría en el pueblo durante el Puente.

    Montse era prima de Isa y parte de su pequeño círculo de amistades. En Una ocasión me había contado que, siendo jóvenes durante las fiestas del pueblo, quedaron con unos chicos y dada su inexperiencia se pusieron en casa a practicar besos, la cosa se fue calentando hasta llegar a manoseos y decidieron cortar cuando sintieron que la situación podría llegar hasta más allá. En aquellos tiempos era tema tabú, un escándalo. Se prometieron que jamás hablarían de lo sucedido, ni se repetiría.

    Más adelante se disputaron hacerse novias del mismo chico, fue Montse quien finalmente dio el paso con él, se casaron al quedarse embarazada. Mario resultó ser un engreído abogado, muy enfocado en su carrera, sin preocuparse mucho de la familia, su hijo hacía años que se había ido de casa y sus ausencias del domicilio debido a su trabajo eran frecuente, Montse se limitó a ser mantenida, solía aprovechar para irse al pueblo en sus ausencias. Siempre que tenía ocasión le recordaba a Isa, que era ella quien al final se había casado con Mario, aun siendo desgraciada en su matrimonio.

    Isa se puso nerviosa, no sabía si decirme que me escondiera – no se atrevía. o hacer frente a la situación.

    -Tranquila lleva el desayuno al Salón y ponte el albornoz.

    Me senté en el comedor, de frente a la puerta del salón.

    -Hola guapa, he visto que había movimiento en la casa, no me dijiste te que vendrías está semana, vamos a desayunar a la plaza y saludamos a los conocidos, oí decir a Montse.

    Montse era castaña de pelo largo, algo más alta y joven que Isa, un poco rellenita, con un culo y piernas firmes y más pecho.

    -Es que no creo que hoy pueda ir.

    -No digas tonterías, arréglate y vamos a lucirnos. Apartando a un lado a Isa para poder entrar.

    -Vaya si enes compañía, Miguel supongo. Ya era hora de conocernos y de que alguien le diera a esta sosa una alegría, siempre ha sido tan cortada, aunque no sé si eso de tenerla siempre a tu disposición

    -Tu eres Montse. ¿Verdad? Me acerque abrazándola hacia mí y dándole dos besos, -ya me dijo Isa que tú has sido siempre mucho más lanzada, a tu prima le encanta que la guie. Siéntate y nos acompañas. Acabamos de empezar.

    -Con el desayuno?

    -Con todo en general.

    -Quieres un café? Balbuceo Isa

    Isa, no sabía dónde meterse, su prima le seguía imponiendo y el ambiente se estada tensando. Decidí que tenía que echarle una mano, literalmente. Me levanté y dándole un beso mientras bajaba su mano hasta el culo, sin ningún disimulo.

    -Deja, ya pongo yo un café para Montse.

    -Te acompaño, quiero un poco de agua.

    Al final acabamos los dos en la cocina, le di un profundo morreo mientras le pellizcaba los pezones, emitió un gemido que se tuvo que oír en el salón, la hice salir primero, llevaba el albornoz entreabierto por indicación mía, con la taza y plato, yo me rezagué un poco con el café.

    -No iríais a follar ahora? Le preguntó Montse a Isa en voz baja.

    -Estábamos valorando las posibilidades, le contesté mientras entraba y le ponía un poco de café.

    Se puso roja como un tomate, intentando controlar la situación.

    -Gracias, pero por mí no os cortéis con lo que estabais haciendo.

    -De momento desayunar, luego ya veremos. ¿Te gustaría verlo?

    -No soy ninguna mirona y ya somos mayorcitos.

    -Entonces quizás lo que quieres es participar. Me ha comentado Isa que andas escasa de buenos momentos.

    -Eso no es asunto tuyo, lo satisfecha que yo pueda estar.

    -Tu prima está recuperando con creces el tiempo perdido y tú parece que tienes también bastante tiempo que recuperar.

    Montse dejó las formas viendo que la situación escapaba a su control.

    -¿Que te has creído? que porqué te folles a mi prima, vamos a ir todas las de la familia detrás, abriéndonos de piernas. Estoy casada.

    -Todas no sé, pero a sí que te gustaría, tu marido no te hace ni puto caso, y tú estás loca porque te follen, solo con esta conversación y ver cómo va tu prima a la que no has quitado ojo, ya se te han puesto duros los pezones y te empieza a arder el coño.

    Instintivamente juntó las piernas y puso sus manos sobre sus pechos y su coño.

    -Tranquila esto no funciona así. Lo que se hace se hace por voluntad propia.

    Cogí a Isa que permanecía a su lado, le desabroché el albornoz, le aparté un poco las bragas y dándole un morreo la acerqué a Montse.

    -Mira que comienzo de semana va a tener tu prima, dime que a no te apetecería empezarlo así.

    Se quedó de piedra no podía dejar de mirar el coño depilado de Isa, sin darle tiempo para decir nada.

    -Si nos disculpas un momento.

    -vamos Zorra.

    Cogí a Isa de la mano y la llevé a la habitación con la puerta abierta, la puse de rodillas y empezó a chupármela, hacía un ruido inconfundible, noté que Montse se había levantado y se acercaba por el corto pasillo a mirar, dejé que nos observara unos minutos, pasados los cuales una de sus manos se tocaba el pecho y la otra la entrepierna, apoyada en la pared.

    -Tienes dos opciones, guarra o te unes o te vas.

    Se quedó paralizada con los ojos como platos, no podía dejar de mirar, ni de tocarse.

    -Si te vas cierra la puerta al salir, si te quedas ponte junto a ella, así podrás acabar lo que empezasteis hace años, tienes la oportunidad de acabarlo ahora y además estás muy caliente.

    Permanecía de pie sin reaccionar.

    Isa la miró mientras seguía chupándomela y alargó su mano hacia Montse invitándola a unirse.

    Fue como un chispazo, se quitó la blusa y se tiró literalmente de rodillas junto a Isa compartiendo besos y polla.

    La agarré del pelo y la subí para besarla, no podía a negar que estaba muy cachonda, metí una mano en su entrepierna, ella la apretó más con su mano, para indicar lo caliente que estaba y marcar el ritmo, no había duda.

    -Vamos a la cama, estaremos más cómodos.

    Isa aprovechó para desabrocharle el pantalón. Montse no paraba de besar y sobar a su prima sin soltar mi polla que parecía pertenecerle.

    Desnúdala y dale una bienvenida como a te gusta.

    La empujó sobre la cama y de un tirón le sacó los pantalones, Montse estaba perdida pero muy excitada, Isa metió la cabeza entre sus piernas y apartándole las bragas le escupió en el coño que no estaba depilado, abriéndolo le propinó un largo y profundo lengüetazo, Montse soltó un pequeño quejido de sorpresa y gusto mientras seguía chupando mi polla, Isa empezó a devorarle el coño con ansia y a follársela con los dedos.

    -Eres una puta, vas de puritana, pero te gustaría que mi Amo te follara, seguro que te metes los dedos todos los días. Montse asentía, y se retorcía, movimientos que advertían que estaba a punto de explotar.

    -Si me gusta correrme, soy muy puta y Mario apenas me folla, sigue, sigue, agg, que gusto.

    No tardé mucho en correrme en su boca, la muy zorra sabía hacer una buena mamada, a la vez que Isa se incorporaba con la cara brillante llena de jugos de Montse.

    -Pruebe como sabe esta zorra. Besándome lentamente y metiendo su lengua hasta el fondo.

    Montse desparramada en la cama seguía acariciándose lentamente el coño, satisfecha, una vez recompuesta, intento retomar la situación.

    -Vaya sorpresa prima, no sabía que te gustara tanto comer coños, te voy a tener muy ocupada, Isa se volvió y dándole una bofetada que creo que tenía guardada por sus humillaciones todo este tiempo, la agarró del pelo.

    -Escucha bien zorra aquí mi único dueño es mi amo, sabe lo que pasó hace años entre nosotras y me ha dado permiso para acabar lo que empezamos, pero ni por asomo se te ocurra pensar que seguirás intimidándome, es el primer coño que como porque así lo ha decidido mi Amo. Y ahora veamos que tal se te da a ti, sigues caliente y seguro que necesitas que ahora te follen.

    -Me miro buscando mi aprobación, se tumbó boca arriba con las piernas flexionadas entreabiertas, Montse no quitaba la vista de lo brillante que lo tenía de manera hipnótica fue repitiendo los pasos de su prima, Isa se dejó hacer poniendo las manos sobre la cabeza de su prima, para marcarle el ritmo, mientras la escena me había excitado de nuevo, metí dos dedos en el coño de Montse que rezumaba jugos y los llevaba hasta su culo, empecé a jugar con mi polla de un lado a otro con sus jugos y algo de lubricante, ella al principio se movió sorprendida pero la excitación que tenía encima hizo que continuara comiéndole el coño a Isa.

    No dejaban de emitir sonidos de placer, de insultarse, provocarse y reírse, le hice una señal a Isa para que la sujetara fuerte y se le metí la cabeza de la polla por el culo, ella gritó y empezó a insultarnos,

    -cabrones por el culo no, no me gusta, no quiero, pervertidos. Suéltame

    -No te gusta porque no lo has probado, pregúntale a tu prima.

    -Me duele, sácala, sácala, por favor, -me detuve un instante

    -Cariño, a mí al principio también me dolió, pero fui sintiendo que ese dolor pasó a ser placer y ahora me encanta cuando mi amo de rompe el culo, relájate y disfrútalo, solo hay una primera vez, mira, solo hay que ver cómo te está gustando comerme el coño, guarra.

    Volvió a poner sus manos sobre la cabeza de Monte quien parecía dudar pero movida por la curiosidad y aprovechando la ocasión, continúo afanándose en su prima.

    Montse se giró con cara de súplica y esbozó una leve sonrisa.

    -Hazlo con cuidado por favor,

    -Descuida, está vez lo haremos como tú pides. Añadí un poco de gel a su culo

    Continuó ávidamente con el coño de Isa, poco a poco fui penetrándola más Y entre quejidos de Montse y gritos de placer de Isa que estaba a punto de correrse, se la metí toda empezando un ritmo lento al que Montse inmóvil inicialmente se fue uniendo, ya no había quejido, estaba buscando que la penetrara más, acompasando el ritmo.

    -Parece que también te va a gustar que te follen el culo, guarra.

    La sujeté de las caderas fuerte y aceleré el ritmo, dejó de comerle el coño a Isa que ya había llegado. Monte se centró en su nueva experiencia, agarrada a las sábanas, la estaba disfrutando, empezó a buscar más intensidad.

    -cabrón dame fuerte, me quiero correr sigue, dame, dame, agg, la atraje hacia mí una vez más y me corrí dentro de ese magnifico culo. Montse cayó sobre Isa, y subió trepando por su cuerpo hasta encontrar su boca, se fundieron en un largo beso.

    -Bien hecho guarrilla, verás como la próxima vez lo disfrutas más. Dijo Isa, mientras saltaba de la cama y me dio un beso muy profundo, Montse nos observaba desde la cama.

    -Ve al baño y trae lo necesario para depilarle el coño, mientras me ducho.

    Montse intentó decir algo, pero no le salían las palabras.

    Quería dejarlas intercambiar impresiones a solas sabiendo que mi sumisa las compartiría conmigo más tarde, además era una casa algo antigua con lo que el baño no era muy cómodo y menos para tres.

    Cuando salí todo estaba arreglado, me dirigí al salón estaban hablando

    Sobre lo sucedido. Montse todavía estaba en ropa interior Isa con su albornoz.

    Besé a Isa.

    -Poneros algo, todavía no hemos desayunado y se me ha abierto el apetito.

    -A mi primita se le ha abierto algo más, jeje dijo Isa.

    Montse bajo la mirada avergonzada, pero con rabia, estaba asimilando lo ocurrido, y además no era su territorio, la tome de la barbilla.

    -¿Como estas?

    -¿Como quieres que esté, cabrón? Con el culo abierto.

    -Déjate de enojos fingidos, se nota que te ha gustado y que todavía estás caliente, te chorrea el coño.

    -Eso no tiene nada que ver, me has dado por el culo. Os habéis aprovechado de un momento de debilidad. Sobre todo tú, somos primas.

    Metí la mano entre sus piernas y dos dedos en su recién depilado coño.

    -Joder, eres un cabrón sácalos que me voy a correr otra vez.

    Los saqué en el momento y me los llevé a la boca, para saborearlos, ella se quedó parada, esperaba que yo hubiera continuado.

    -¿Esto es lo que quieres, o que te folle ahora?

    -No había que adivinar mucho. Durante un instante mantuvo la mirada, desafiante, valorando el momento.

    Se tiró a mi boca, besándome casi sin poder respirar, caímos al sofá.

    -Follame, cabrón, follame y lléname el coño. Quiero que me lo estrenes ahora recién depilado.

    Me desabroché el pantalón, indicándole a Isa que participara, se colocó junto a su prima y dándole un morreo empezó a sobarle y pellizcarle las tetas.

    Montse era un manojo de lujuria. Le levanté las piernas, le froté el capullo en el coño, y se la metí de golpe.

    -¿Esto es lo que venias buscando, puta? se deslizaba chapoteando de las corridas anteriores.

    Ella solo gritaba, mas, más, agg, follarme, follarme, quiero correrme, joder que gusto, bajo su mano para frotarse el clítoris, Si, Si, fóllame me voy a correr, más, más, empecé a bombear dentro de ella, estaba extasiada, comenzó a convulsionar a la vez que salía un abundante chorro de su coño, su cuerpo se estremeció temblando por el orgasmo que había tenido.

    Hice una señal a Isa y se tiró a limpiarme la polla.

    -Ahora límpiele el coño a esta guarra, creo que le ha gustado la experiencia. Isa de manera sensual comenzó a comerle el coño poco a poco a Montse, quien pasados unos minutos apoyó sus manos para marcarle el ritmo.

    -Las manos quietas, las dos, la sesión para ha terminado.

    -Vamos a tomar algo.

    -Rápidamente se fueron a la cocina a preparar algo de picar, era muy tarde para desayunar.

    -Isa se me acerco con la primera bandeja.

    -Amo puedo pedirle algo?

    -Habla.

    -Quiero que exhibirme delante de ella, mientras me folla, que vea lo que disfruto de mi nueva situación.

    -Veremos, sigue con los preparativos.

    -Trajeron todo a la terraza y nos sentamos a comer algo.

    Montse se mostraba preocupada, Isa estaba radiante.

    -¿Que te ocurre?, le pregunte

    -Me preocupa que esto se nos vaya de las manos.

    -¿Se nos vaya? Esto ha sido una circunstancia eventual, mi relación con Isa es satisfactoria para los dos y no tenía pensado añadir un tercer elemento a la ecuación. (Una sonrisa asomó en la cara de Isa con esa afirmación).

    Ha estado bien, os habéis quitado ambas un peso, tú te has llevado una alegría, que falta te hacía y una nueva experiencia.

    -Eso es cierto pero ha sido un momento de debilidad, bajo la guardia, no es que no me haya gustado, lo del culo ha sido muy fuerte, me he corrido hoy más veces que con el idiota de mi marido en mucho tiempo, nunca me había atrevido a serle infiel a Mario y menos en el pueblo donde todo se sabe. A veces había pensado en lo que pasó entre nosotras hace tiempo, me he quitado esa espinita, me ha gustado la situación cuando me sujetabais entre los dos, pero no sé, lo de la entrega total, tengo que darle una vuelta, la cabeza me va a mil.

    Estaba empezando a justificarse y no quería mostrar interés por sus excusas.

    -No he dicho que quiera otra sumisa. Lo hablaremos luego.

    -Bien, tu prima tenía una petición y he decidido concedérsela.

    -Isa salto de silla y se colocó con los codos sobre la mesa dejando el culo al descubierto.

    -Zorra, por donde lo quieres

    -“Amo todos mis agujeros son para su disfrute”, lo dijo remarcando su estatus de sumisa. Me gustaría exhibirme delante de esta guarra.

    -Ok, empieza a chupar. Isa se acercó sensualmente, se agachó y desabrocho el pantalón, metiéndosela entera en la boca mientras miraba a Montse, le daba largos lengüetazos y se la volvía a engullir, cuando estuvo bien dura. Me levanté y la puse en la mesa frente a Montse, comencé a jugar con mi polla en su coño, mientras ella cerraba los ojos sintiéndola entrar, empezó a acompasar mis embestidas, me besaba, mirando continuamente a Montse, mostrándole lo puta que podía llegar a ser.

    -Umm, fólleme amo, úseme, úseme, soy su puta, llené mi coño, mi boca y mi culo con su leche.

    -Mira guarra como entra mi amo en mí, como me gusta tragarme su leche y como me pone cuando me lo come. Seguro que con Mario no has disfrutado en tu vida la mitad que hoy, puta.

    Se estaba quitando esa carga de tantos años.

    Oírla hablarle así me estaba poniendo mucho, Montse empezó a meterse los dedos despacio disfrutando mientras follábamos, Isa continuaba con sus reproches.

    -Seguro que te gustaría estar ahora en mi lugar. Agg, Agg que gusto tener su polla dentro Amo, úseme, córrase dentro, deme su leche.

    La situación no podía prolongarse por más tiempo aceleré los empujes y me corrí dentro de mi puta, quien me regaló un beso ardiente mientras me agradecía la corrida.

    Se puso de rodillas y empezó a limpiármela, sin dejar de mirar a Montse, cuando acabó.

    -Vamos guarra, déjate los dedos y devuélvele la limpieza a tu prima, se nota que te gusta.

    -Montse se fue directa a por el coño de Isa y le limpió con la lengua los muslos y el coño vorazmente, Isa me miraba pues se estaba excitando de nuevo, pidiéndome permiso para marcarle el ritmo a su prima, con las manos.

    Asentí, mientras me ponía una copa de vino y me sentaba para disfrutar del espectáculo.

    Isa radiaba felicidad.

    Cuando acabó, vino a besarme. Sentándose a mi lado.

    -Bien y que piensas hacer?

    -No había pensado nunca en un trio, pero no me ha disgustado.

    -Ja, ja, ¿crees que esto es un triángulo amoroso?, estas equivocada, si decides dar el paso, serás nuestra sumisa para todo, tu prima dispondrá de como quiera, y yo dispondré de las dos, sin interferir en vuestras vidas ni vosotras en la mía. Sino esto habrá sido un encuentro y nada más cada uno por su camino, ella tiene mi teléfono, mándame un mensaje antes de dos días, independientemente de tu decisión y ya veremos. Isa te dará la info que necesites.

    Se estaba haciendo tarde y decidí marcharme.

    Al llegar a casa saltó el WhatsApp

    Continuará.