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  • ¡Si me duele, pero me gusta sentir su verga en mi culo!

    ¡Si me duele, pero me gusta sentir su verga en mi culo!

    En estos días festivos que han pasado y por esto de la pandemia hemos evitado celebrar en grande y esto se ha limitado con estar con la familia más allegada. No lo había pensado tanto, pero desde la segunda semana de diciembre no me había llevado a ninguna chica a la cama y de repente ayer por la mañana recibo una llamada de una linda chica que conocí hace ya cinco años. Sofía es una chica muy hermosa que hoy debe tener alrededor de unos 32 años y la última vez que me la follé, quizá haya sido hace un par de años. La verdad que no me recordaba de ella, pues debo decir que Sofía, es una chica de renta.

    La primera vez que follamos fue una grata experiencia que narré por estos medios. La segunda vez me lo dio gratis un mes después. Luego me la he follado una vez por año por dos años consecutivos y cada vez le pagué $300.00 por la hora, aunque en realidad hemos pasado follando más de una hora. Ayer por la mañana me sorprendió pues han pasado ya dos años desde la última vez y me hizo una oferta que fue difícil de rechazar, especialmente que tenía ya tres semanas sin echarme un buen palo. Me llama y me dice: -Tony, tengo una amiga de 19 años que se quiere iniciar y pensé en ti, pues tú le podrías dar una buena follada a mi amiga.

    Al principio me habló de $700.00 por hora, pero finalmente quedamos que le pagaría $500.00 y que haríamos un trío pero que quería darle la oportunidad a su amiga que comenzara la sesión conmigo y que luego le diera mi opinión de cómo se había desenvuelto en su inicio como chica de renta. Me envió unas fotografías de Marisol vistiendo unos bien ceñidos leggings color negro y una blusa de un color rosa pastel. Me gustó mucho su rostro y su cabello largo y oscuro que le llegaba a media espalda, pero su trasero se miraba divino y la sola idea de quitarle esos leggings y follarme ese culo me provocó una potente erección y después de más de tres semanas sin follar, realmente sí que era una potente erección. Quedamos en que llegaría en una hora, que no habría tiempo estipulado, que podría follármelas las veces de que quisiera y como yo quisiera y esto incluía sin lugar a duda sexo anal, pues ya Sofía me conoce muy bien pues a ella le he echado unos cuantos polvos y la he hecho acabar dándole por el culo. Lo único que me pedía era que la sesión la comenzaría Marisol para ver cómo se manejaba y que luego ella se uniría para hacer un trío.

    Me dio el domicilio, pues cada vez que la he visitado es un domicilio nuevo. Llego a un edificio de apartamentos en una zona muy bonita de la ciudad y toco la puerta. Es Marisol quien la abre y veo a una chica esbelta de aproximadamente un metro sesenta y cinco vistiendo los leggings que les mencioné y cuando ella da la vuelta para dirigirme a la sala, veo como esos leggings se le meten en una bien pero bien definidas nalgas. Obviamente mi amiguito se despertó, especialmente que lo he tenido descansando por varias semanas sin taladrar ningún agujero. Caminó frente de mí y me gustó ver ese vaivén sensual de sus caderas. Me invitó a algo de tomar y tan pronto le di un par de tragos a un jugo de naranja, me hizo la oferta de pasar a bañarnos.

    Me tomó de la mano y me llevó por un pasillo y Marisol comenzó ayudándome a desvestirme. Yo le asistí con su blusa y su sostén. Tiene unos pechos redondos de medio tamaño, quizá de una copa C, sus pezones café estaban ya erectos, pues por esta zona hace frío. Ella misma se quitó los leggings y no lleva bragas y solo pude observar que en sus leggings queda pegado una toalla femenina. Me he acercado a Marisol y huele a uno de esos perfumes dulces y juveniles. Tiene poco maquillaje y se cubre el cabello con una gorra plástica y me dice que no se quiere mojar su rostro. Marisol tiene unas piernas alargadas y quizá se le miran así, pues está en la línea de las chicas esbeltas, abdomen plano, glúteos puntiagudos y unos pechos que sobresalen pues sus extremidades son de aspecto delgado.

    Ella se encarga de echarme jabón y prácticamente ella me baña. Ella remoja su cuerpo, me permite que la restriegue con una esponja y aprovecho para besar sus pezones. Me dice que tiene cosquillas. En ese momento aprovecho para hacer plática y conocerla un poco antes de conllevar el coito. Le pregunto:

    -Así… que hoy te inicias… ¿Nerviosa?

    -¡Un poco! Bueno… mucho.

    -¿Tienes novio?

    -¡Si! En Honduras.

    -Imagino que él no sabe nada de esto.

    -¡Por Dios! Me mata si lo supiera.

    -¿Y por qué lo haces? ¿Te convenció Sofía?

    -Bueno… más que todo es esa curiosidad. Sofía me habló de esto el año pasado que vine a visitarla y me dijo que le iba muy bien. Yo no vivo aquí, solo tengo visa y vine por dos meses y ya en dos semanas me regreso. Hace dos días he escuchado como Sofía gozaba de unos buenos orgasmos y me puso cachonda pues no he visto a mi novio por más de dos meses y ella me lo propuso para saciar mi curiosidad y quizá mis ganas.

    -¿Te coge seguido tu novio?

    -¡Realmente no! Últimamente le ha tocado viajar mucho a Panamá y nos hemos visto muy poco.

    -¿Estas deseosa de una buena cogida?

    -¡Honestamente si! – y Marisol se ríe.

    Mientras me restregaba la verga y mis bolas hacíamos esta plática. Vio como esta se puso erecta cuando la masajeó con sus manos y me dijo con un sentido de sorpresa y con su acento centroamericano algo así:

    -¡Usted tiene una cosa muy grande y… muy gruesa!

    -¿Te parece? ¿La de tu novio es algo similar?

    -No creo… quizá un poco más de la mitad de la suya y menos gruesa.

    -¿Se te antoja una verga así de grande o más grande?

    -La verdad que siempre he fantaseado con una verga grande, pero nunca la imaginé gruesa como la suya. Sofía me habló de usted y me dijo que además de tener un buen miembro, tiene muy buena experiencia con el sexo.

    -¿Qué es lo que más te gusta del sexo? ¿Cuál es tu posición favorita y que te gusta que te hagan y que te gusta hacer?

    -Bueno, me gusta el sexo oral, dar y recibir. Me gustan todas las posiciones, pero me gusta de perrito, aunque nunca regularmente me voy. Cuando estoy ya cerca de correrme, mi novio regularmente se corre antes que yo.

    -¿Sexo anal?

    -¡Sexo anal! Nunca lo he experimentado, aunque Sofía me habló de que es algo que usted quiere y que me da a mí la curiosidad experimentar.

    -¿Sofía te habló de que haríamos un trio? ¿Has hecho un trío antes?

    -¡No… nunca! Eso también me despertó el morbo para decidirme a hacer esto, pues me enciende imaginar que alguien me ve cogiendo y también nunca he visto a nadie coger ante mi vista en persona. He escuchado cuando alguien experimenta un orgasmo, pero nunca he visto el acto en sí.

    -¿Qué te parece la idea de hacerlo con una persona mayor como yo?

    -La verdad que Sofía nunca me habló de su edad. Me dijo que usted le parecía un hombre muy guapo y todo un caballero. La verdad que creo no se equivoca. ¿Cuántos años tiene si se puede saber?

    -Tengo 53. ¡Podría ser tu padre! – ella solo ríe.

    -Mi papá tiene 47, pero no está tan cuidado como usted. No lo digo por quedar bien con usted, pero usted se mira más joven. Se nota que se cuida.

    Nos secamos y a mí me parecía que, hacía suficiente calor, pues por aquí es época de invierno, pero Marisol además de la calefacción central, tenía un aparato adicional para crear esa sensación del ambiente subtropical de donde ella es. Nos envolvimos en una cobija y comencé a besarle el cuello y sus dos redondos y sólidos pechos. Sus pezones estaban erectos y su piel se erizaba al contacto de mi lengua. Como ella tenía todavía frío y yo mucho calor, se cobijó de la cintura para arriba y me dejó esa conchita pequeña y bien afeitada y me di gusto al ver como se miraba su brillo de sus jugos vaginales al abrirle las piernas. Me lancé a lamerle su conchita donde comencé con un ritmo semi lento y delicado. Solo escuché su expresión con su voz sensual: ¡Qué rico! Ya me vas hacer entrar en calor. -me dijo.

    Era una cama de tamaño matrimonial y cuyo espaldar era un espejo. A un lado había un tocador con un enorme espejo y al otro lado otro espejo de esos que se usan para verse de pie a cabeza y ver como alguien luce cuando se viste. Subí la velocidad del movimiento de mi lengua sobre su clítoris y se lo chupé con intensidad hasta verla corresponder con ese vaivén de sus caderas al sentir la sensación que se le acercaba su primer orgasmo. Creo que ambos necesitábamos de una buen follada y Marisol no tardó mucho en correrse, no creo haber pasado más de diez minutos chupándole la conchita cuando escuché sus gemidos y me dijo: ¡Me estás haciendo correr!

    Se la seguí chupando hasta que se calmó de nuevo y no mucho tiempo después en esa posición del misionero le dejo ir mi verga lentamente. Dio un quejido, pero luego me dijo con una expresión de placer: ¡Qué rico… que rica se siente su verga! En ese momento de un sexo semi lento y viéndole a sus chispeantes ojos oscuros comenzamos con una erótica plática:

    -¿Te gusta?

    -¡Uf…! ¡Qué rica se siente su verga después que me acabas de hacer acabar!

    -Estabas caliente… te has corrido en unos cuantos minutos.

    -De solo imaginar que me meterías tremenda verga me habías calentado.

    -¿Te gusta así lento o quieres que le dé más verga a tu conchita?

    -¡Así está rico! Sentir como esa tremenda verga entra y sale es una delicia.

    -¿Te gusta?

    -¡Me fascina! Y dígame don Tony… ¿le gusto?

    -Tú me fascinas igual… eres una chica muy linda.

    -¿Qué es lo que más le gusta más de mí?

    -Me la pones muy difícil… me gustan tus pechos, tienes un rostro muy lindo, me gustan tus labios… los de arriba y los de abajo.

    -Eso le iba a preguntar… ¿Cuáles? Sabe lo que me gusta más de usted… usted es un hombre muy guapo, pero ver esa pija, a cualquier mujer enciende.

    -¿Te provoca tanto?

    -Si… especialmente como la mueve. Me gusta el ritmo y como la mueve que siento que me va hacer acabar otra vez.

    -Marisol… ¿Te puedo decir algo al oído?

    -Dígame. -me dijo mientras seguíamos con ese vaivén y me le acerque al oído.

    -Sabes… me gusta como aprieta tu conchita, solo imagino como ha de apretar tu culito.

    -¿Usted cree que me entra? -lo decía con un gemido.

    -¡Haré todo lo posible para sentir mi verga adentro de tu precioso culo!

    -¿Le gusta mi trasero?

    -Me gusta tanto que, pienso comérmelo a besos y quiero sentir como la punta de mi lengua se hunde en él.

    -¡Eso me provocó escalofríos! De solo escucharlo me está haciendo acabar. -dijo.

    Marisol comenzó con un vaivén más acelerado y yo comencé con unos embates más potentes. Solo escuchaba que decía: ¡Ay… así… siga así… me voy a correr por Dios! -De repente me abrazó y sus piernas le temblaban. Me metió sus uñas en la espalda y comencé con un taladreo y solo se podía escuchar el golpeteo de la cama y como mi pelvis chocaba con su pubis y Marisol gimió anunciándome su orgasmo. No paré ese taladreo hasta que sentí esa electricidad por mi columna vertebral y recorrió mis piernas. Le descargué una buena corrida que llenamos las sabanas de la cama. Y salimos de nuevo al baño a darnos una corta ducha.

    En esta ocasión estaba tan agitada que el frío desapareció cuando salió de la ducha. Yo la esperaba y ella me vio sentado a la orilla de la cama y mi verga ya había tomado esa condición pasiva. Se sentó frente a mí y me dijo de esta manera: ¿Puedo chupársela? – No esperó por mi respuesta y se dirigió a mi verga que reaccionó con el toque de sus manos, jugó con masajear mis testículos y se metió mi pene flácido y Marisol se sorprendió de cómo en segundos volvía a tomar grosor y después de tenerlo todo adentro, solo podía con meterse mi glande a su boca. Ella solo me dijo: ¡Usted tiene una cosa inmensa! -me chupó los huevos y estuvo pajeándome y chupándome la verga por unos diez minutos.

    Me había parado la verga de nuevo y le pedí que se pusiera de perrito y le dije en una manera amenazante en broma, que le llegaba la hora para cogerme ese culito. Ella respondió también en forma de broma: ¡Hoy quizá me toca pagar algo a mí! -Le pedí que se pusiera en la orilla en posición de perrito, puse una especie de banca acolchonada, algo que en algunos lugares he escuchado le llaman otomán. En esa posición ella podía ver lo que pasaba en los espejos, pero en vez de asomarle mi glande me senté en esa banca y me dirigí a chuparle el ojete a morir. También a mí me daba la oportunidad de mirar a través de los espejos las expresiones faciales de esta niña, que disfrutaba plenamente cuando paseaba mi lengua a través del canal de sus dos hermosas nalgas y chupaba su conchita hasta llegar a su clítoris. Ella solo exclamó algo así: ¡Por Dios! Así me vas hacer acabar rápido… Usted si sabe lo que hace. – Me decía.

    Su conchita se mojó rápidamente y su culo solo miraba como apretaba el ojete cada vez que sentía mi lengua. Podía observar su piel erizada y sus dientes frontales mordiendo sus labios. Me paré y la puse con su cuerpo más horizontal y no con ese ángulo de sus tetas chocando con la superficie de la cama. Ella podía ver cómo le acerqué mi glande, le escupí el ojete y comencé a hundirle uno de mis dedos. Reaccionó a la invasión con un gemido y le pregunté: ¿Te dolió? -Me explicó que era una sensación rara e incómoda, pero me dijo que le gustaba. Le dije que si quería mientras yo le invadía el culo con mis dedos, que se masturbara. Ella respondió que le daba pena hacerlo… que nunca se había masturbado en frente de nadie. Le insistí un poco y pude ver que se comenzó a tocar el clítoris. Eso muchas veces relaja a las chicas mientras uno intenta invadir ese apretado ojete.

    Le comencé a restregar su ojete con mi glande pues a pesar de mi edad produzco mucho líquido pre seminal. Le golpeaba el culo con mi verga y Marisol volteaba a ver al espejo y me dijo: -¡Que rico se mira eso! En ese espejo se le mira mucho más grade su cosa. – Me decía sonriendo. Ya mi pulgar se había hundido y el dedo de en medio se había hundido en su totalidad. Le volví a escupir el ojete y le empujé mi glande para empezar la invasión. Gimió cuando apenas se le hundió diciendo: ¡Cabrón… si duele, pero que rico se siente! -Me fui despacio y podía ver todas esas expresiones faciales de Marisol y parecía que aturraba la cara del dolor y se lo tuve que preguntar: ¡Si me duele, pero me gusta sentir su verga en mi culo! – me contestó. Estaba toda adentro y ya sintiendo como su ojete se contraía, yo también le contraía mi verga. Marisol comenzó con esta plática:

    -¿Le gusta? A mí me gusta como la mueve por dentro.

    -¡Estas rica Marisol… tienes un culo muy deseable!

    -¡Me cogió el culo… nunca imaginé que podría con esa tremenda cosa!

    -¿Te lo imaginabas así?

    -Sabía que me iba a doler, pero era algo que quería intentar. Nunca pensé que me tocaría una verga como la suya.

    -Nunca lo intentaste con un vibrador o algo así.

    -No tengo… vivo con mis papás y me moriría de vergüenza que algún día ellos encontraran algún aparato así en mi habitación. Sofía me lo aconsejo, pero no me gusta esa sensación del plástico. Pienso que lo natural es mucho mejor.

    -¿Te gusta esta posición o quieres intentar algo que te haya pasado por tu mente?

    -Me gustaría experimentar cabalgando, pero siempre he fantaseado que alguien me coge analmente y yo estoy sobre él con mis espaldas por sobre su pecho.

    -¿Quieres hacerlo así?

    -¡Me gustaría!

    Le pompeé el culo por unos cinco minutos en esa posición de perrito y luego tomamos posición y me acosté por sobre mis espaldas y Marisol se vino sobre mí, con su espalda acostada sobre mi pecho. Tuvimos un poco de contratiempo al acomodarnos, pero luego ella ponía sus piernas alargadas por sobre las mías en esa posición donde a la vez yo podía masturbar su clítoris. Le gustaba que le besara el lóbulo, le tomara de los pezones mientras mi verga le pompeaba en esa posición el culo. Para esto, se me había olvidado de que Sofía tendría que ser parte de un trío y quizá ya teníamos alrededor de una hora cogiendo con Marisol cuando escuchamos la puerta que se abre. Escuchamos la voz de Sofía diciendo: ¿Interrumpo algo?

    ¡Mira quién se lo está pasando de lo más rico! Imagino que te la estas gozando Mari. – Sofía llegaba casi semidesnuda, con solo un calzón cachetero que hacen ver más espectacular sus pronunciadas nalgas y con las tetas de una copa D, completamente desnudas. Marisol no dice nada y siento que Sofía se sube a la cama y no sé lo que hace, pues las espaldas de esta linda chica de nombre Marisol me bloquea en algo, pero escucho que dice lo siguiente: ¡Cabrona! ¿Qué haces? – Luego siento la lengua de Sofía chupándome los huevos y las entrepiernas.

    Realmente era una sensación rica y única, sentir unos labios mamándome los huevos mientras mi verga está en el culo de una linda chica. Se dedicaba unos dos minutos a mí y otros a darle placer oral a Marisol, quien explotó con tremendo orgasmo y yo no me pude aguantar, pues creo que le volvía loca aquella excitación y gimió como poseída y le descargué el segundo polvo en su rico culo. Realmente no me lo esperaba, primera vez que vivía algo así haciendo un trío con dos lesbianas o bisexuales. Luego Sofía abiertamente me decía que era una de las fantasías de Marisol, quería sentir placer oral, mientras alguien le perforaba el ano.

    Nunca me había sentido confortable haciendo un trío, pero en esta ocasión lo disfruté al máximo y quizá fue así por el sencillo hecho que estas dos mujeres eran bisexuales. Lo había hecho con mujeres heterosexuales y lo único que uno puede hacer es penetrar a una y dar placer oral o dedear a otra, pero en esta ocasión mientras penetraba anal o vaginalmente a una, una le daba placer oral a la otra y eso creo me encendió un morbo nunca experimentado. Cogimos por un poco más de tres horas y me sacaron cinco polvos y no sé cuántos provoqué en ellas. Eso de penetrar a una chica mientras la otra te chupa el culo, eso lo quiero repetir y este próximo fin de semana hemos quedado darle la despedida a Marisol. Y debo ir, pues pasó algo que les hizo reír a ambas chicas. Al final me bañé y les he dado un beso a ambas de despedida y minutos después en el camino recibo una llamada y es Sofía y dice:

    -Tony, disculpa que te moleste. Dice Marisol que nunca le diste la plata acordada.

    -¡Disculpa Sofía! Todo transcurrió de una manera inesperada que también a mí se me ha olvidado.

    -¿Puedes regresar o nos vemos el viernes?

    -Si no le urge el dinero, lo llevo el viernes… ya estoy a medio camino.

    -¡No hay problema Tony! Y confío en ti… Marisol va a necesitar de esa plata.

    -En ese caso voy a regresar… solo dile que quiero que me dé su culo una vez más.

    -De eso no hay problema… de seguro que te las querrá dar… dice que te da el culo las veces que tú quieras.

    Regresé y mi verga se puso sólida y después de otra mamada de Marisol, le quebré el culo una vez más y me vine en ella, y me vine para mi casa y olvidé de nuevo el pago. Este viernes voy por otra gran follada y le voy a pagar lo que se merece Marisol. Esta chica coge rico y me gusta que desee experimentar lo que ella quiere. Solo deseo volver a llegar a ese apartamento, bajar sus leggings y follarme ese culo hasta morir.

  • Una chica sumisa

    Una chica sumisa

    Cuando cursaba mi segundo año en la institución, comenzaron a llegar los de nuevo ingreso, me llamo la atención una chica, blanca cabello negro liso y largo que llegaba casi a sus caderas, su rostro es hermoso de labios carnosos y ojos claros, alta, con un cuerpo perfecto, a pesar de su belleza su personalidad la concebía a ser mu callada, quería hacer amistad con cualquiera que se le presentaba, habla poco, parecía que acabara de salir del cascaron, aquí me detengo un poco, quiero contar un poco de su historia, de su pasado.

    La ubicación donde nos encontramos es la extensión de la ciudad, es una mezcla de campo-ciudad, rural-poblada, pero también hay personas de bajos recursos, en este sector el gobierno construye viviendas de interés social, esta chica pertenece a este estatus social, el sector donde vive es particular y está marcado como zona roja, claro no todos sus habitantes son delincuentes, son gente humilde y trabajadora, pero hay pequeños grupos que le dan mala reputación y controlan el lugar para sus fechorías.

    A pesar de que su madre no pudo terminar el bachillerato, las educo y le inculco el estudio, digo las educo porque ella tiene una hermana menor, aquí en esta familia paso de todo, el padre que es colombiano saco a la madre de su hogar muy joven, experimentadamente se escaparon, prácticamente vivieron en la pobreza, en un rancho de mala muerte, sin los servicios necesarios, la situación se volvió insoportable, el padre desesperado se lanzó a la fechoría para poder llevar comida a su familia, pero termino en la cárcel, al cumplir su condena por ser extranjero indocumentado fue deportado a su nación. Sin poder entrar de nuevo a este país. La madre al verse sola con sus hijas no tuvo más remedio que regresar a su casa con el rabo entre las piernas. Más adelante en mis secuencias de mis relatos le contaré más de lo acaecido.

    Volviendo al tema, sucede lo que sucede, el problema de Alejandra, así es su nombre, mi bella y sumisa Alejandra, ella creció sin afecto paternal, y las mujeres buscan la protección de un hombre ya sea en el seno familiar o buscando un amor en pareja, ella siendo muy de su casa no tiene la malicia para relacionarse con otras personas, y las primeras en acercársele fueron las chicas de malos vicios, como quien dice las mala conducta de la institución, en algún momento nos cruzamos me di cuenta que nos gustamos o eso asumí, intercambiamos algunas palabras, cuando llegan sus “amigas” y se la llevan, es hermosa y muy educada, pero sus amigas me la están echando a perder, desde este momento siempre que la veo me acerco para platicar con ella y ganar su amistad, hasta que un día todo dio un giro de 180 grados, salgo en mi moto para un parque biométrico cada vez que puedo, me gusta ejercitarme para estar en forma, en ese momento llegan otros tipos se ejercitan también, yo lo he visto rondando la institución, hablan de que le van a presentar a una chica, que está muy buena, toda una ricura, el tipo ha estado atrás de la Paturra para que se la presente, le voy a invitar unos tragos le meto una yumbina a la bebida y me la llevo para el hotel, me la tiro toda la noche hasta el amanecer y después veré que hago con ella, yo los escucho sin que se den cuenta, y supe que la famosa Paturra es la amiga mala conducta de Alejandra, disimule para seguir escuchando, todo está cuadrado para salir el próximo viernes, así le da chance de buscar dinero para pagar las birras y el hotelucho, es cuando caí en cuenta que estos tipos son los que venden sicotrópicos a los estudiantes de la institución, de todos modos debo saber quién es la chica, y si no me equivoco podría ser Alejandra, si es ella debo prevenirla.

    Al llegar a la institución busco apresuradamente a Alejandra y la ubico, antes de que lleguen sus amigas le invito un café y una empanadita que acepta con mucho gusto, la hice una invitación para el viernes para salir a comer una pizza o helados lo que le gustara, pero me rechazo la invitación, porque ya la habían invitado para salir, le pregunte que con quien saldrían y me contesto con la Paturra y unos amigos de ella, me dijo también que se reunirían en una fuente de soda y luego irán al centro, lo único que le dije en son de broma, cuidado con lo que tomas, los tragos están saliendo adulterados, y ella me dijo inocentemente, no te preocupes por eso yo no bebo licor, reímos un poco hasta que aparecieron las amiguitas y no pude decirle más nada, entre saludos y despedida se la llevaron y se regresa la Paturra se acerca y me dice:

    Olvídate de ella que no es para ti, pronto será mujer de otro y tu estas de mas.

    Me dio rabia, algo tengo que hacer, y en ese momento se me prendió el bombillo, tengo un amigo policía, mejor dicho amigo de mi abuelo, hablare con él para saber que se puede hacer, al saber todo los pormenores se cuadro una redada para ese día, la acción se llevaría en la fuente de soda, Alejandra llego sola y entra a esperar, los tipos llegan después en motos de esas baratas que es el vehículo mas económico que hay con la Paturra, la policía espero que se bajaran de las motos y los interceptaron antes de entrar a la fuente de soda, fueron revisados y por mala suerte de ellos cargaban algunos gramos de droga y pastillas yumbina aparte del dinero de la venta, y fueron arrestados, incluyendo a la Paturra que se la dio de alzada, tengo algunos días para estar con Alejandra mientras estos están en el bote, ella fue simplemente una espectadora no se inmiscuyo en el pleito, al pasar el alboroto Alejandra se dirige a su casa un poco alterada, dejo que camine un trecho y la alcanzo en mi moto, la saludo y pregunto como si no supiera nada lo que paso en la fuente de soda, ella me responde perturbada

    Los amigos con los que iba a salir fueron arrestados, por tener drogas en los bolsillos, gracias a dios y yo no estaba con ellos

    Le dije tuviste suerte, para una próxima debe cuidarte de ellos,

    Ella dice: tengo nervios no debo llegar a la casa así, mamá se daría cuenta de lo que me paso y no me volverá a dejar salir

    Le dije: si quieres te invito algo, lo que tú quieras, a lo mejor se te pasa el susto.

    Okey, acepto lo que tú quieras dijo Alejandra.

    Móntate a la moto y ponte el casco, tengo hambre y conozco un sitio para comer, cerca del centro,

    Ella se sube y como nunca se ha montado en una moto se agarra fuerte a mí, y salimos rumbo al sitio, comeremos hamburguesas full colesterol las mejores de la ciudad, nos sentamos en una mesa y conversamos hice que se olvidara de lo sucedido, agarro su mano y no me esquiva, limpio su boca con una servilleta y se deja, come de mi hamburguesa y yo de la suya, hablamos y reímos, al terminar la tomo de la mano y caminamos agarrados hasta la moto y ella disfrutaba el momento, ella me dice que es hora de regresar a la casa, no debe llegar tarde por lo peligroso de la zona, si Alejandra se entera de lo que le iba a pasar no se qué sería de ella, pero las cosas salieron bien, de regreso en casa de Alejandra, que vive en una zona de apartamentos me estaciono a la entrada del edificio, ella me dice que le gusto la velada, y yo le dije me gustas tú, la agarre por la cintura y la pegue a mi cuerpo, ella cerró los ojos y coloco sus labios a la espera de un beso, la bese y mi cuerpo se estremeció sus labios rozaban los míos y nuestra lenguas se tocaron dándonos un beso largo y apasionado, pero desde el último piso donde ella habita se escucha el llamado de su hermana interrumpiendo un beso profundo, diciendo:

    Mamá la está esperando, quiere que subas ya

    Alejandra le dice: Mariangel dile a mamá que ya voy, me despido y ya

    Alejandra me dice: eres mi primer novio y me gustas mucho, te quiero, me da un beso y se despide diciendo, nos vemos en la institución.

    Hay cielos, esta chica no ha tenido novio, veremos cómo me resulta, por ahora voy en buen camino, monto mi moto y regreso a la finca.

    Pasado el fin de semana, comenzando un lunes espectacular nos volvemos a encontrar, ella espera donde yo siempre estaciono mi motocicleta, siempre tomo el desayuno en el cafetín del instituto, la invito, nos sentamos en una de las mesas, cuando aparece la Paturra, al verla conmigo se me vino como una fiera, pidiendo que me alejara de Alejandra, porque ella ya tenía un pretendiente, cual pretendiente, le respondí, aquí el novio de Alejandra soy yo, sino que lo diga ella, la Paturra la reto a decirlo, Alejandra dijo es cierto Sergio es mi novio, además ese pretendiente que tú querías para mí es un delincuente, quiero que te alejes de mi, déjame en paz, la Paturra dijo, está bien si eso es lo que tú quieres, se retiro sin antes decir, esta me la debes, no se queda así. Más adelante sabremos de ella.

    Le dije, Alejandra esa no es tu amiga, quiero que te alejes de ella, no la frecuentes, ese es el carácter de Alejandra, me hizo caso y no supimos de la Paturra por algún tiempo, un viernes cualquiera salimos más temprano de lo común del instituto, la invito a la finca pero antes compramos pizza para llevar y cenar antes de regresar a su casa, hace mucho calor y la instigo a pasar a mi casa, tengo aire acondicionado y preparo té helado, veo por la ventana de la cocina a Pegatina montar bicicleta, llevo el té y nos sentamos en el sofá de la sala, Alejandra es callada y siempre se deja llevar, nunca dice que no, nos abrazamos y comienzo a besarla, es una joven hermosa, ella besa desesperadamente y se calienta demasiado rápido, mis manos traviesas exploran todo su cuerpo dibujando cada curva, acaricio sus pechos bien suspendiditos y suaves, sus pezones están bien paraditos, quito cada botón de su blusa, quiero acariciar su piel, su cuerpo tiene un olor divino, su aliento es fresco, su pelo sedoso y suave, provoca tocarla todo el día, quito el broche de su pantalón, bajo su cremallera y tengo el espacio suficiente para meter mi mano, y tocar esa rendijita en medio de los muslos, ella abre sus piernas y mis dedos se deslizan hasta sentir sus labios inferiores marcados en su blúmer, ella me deja de besar y mira mi mano ya dentro de su pantalón y la apretuja buscando placer, busco sus naranjas, levanto su sostén, y miro por primera vez esos pezones bien rosaditos y paraditos, con mi boca lo busco uno a uno, chupando con una sutileza disfrutando cada minuto, Alejandra está extremadamente excitada, su reparación esta agitada, mi dedos abajo y mi lengua en sus pechos no le daba tiempo para mas nada, solo para respirar, Paco quiere salir, esta duro y alborotado, y le dije sácalo por favor, ella un poco torpe trata de abrir mi pantalón, logrando sacarlo, lo agarra con su mano dócil y suave, sin saber qué hacer con él, solo lo sostiene, le doy un respiro, quito su blusa por completo y su sostén, veo su rostro y sus labios tiemblan, su mano acaricia a Paco, en este momento nos exploramos, con tranquilidad, cuando ella me dice:

    Nunca lo he hecho, quisiera parar pero no puedo, es incontenible lo que siento. Mi mente dice que no, pero mi cuerpo dice que sí. Quiero entregarme a tu fuego y arder, hazme sentir mujer.

    Ella seguía mimando a Paco, se le queda mirando fijamente, deje sin decirle nada para saber cuál era su próximo movimiento, entonces me expresa:

    Quiero que me cuides

    Y poco a poco su boca busca a Paco, sus chupones son como monerías, su boca lo atiza, su lengua gira alrededor del glande, me vuelve loco, que rico, Alejandra deja de atiborrarse y se reclina en el sofá, le quito el pantalón y sus tacones, me quito la camisa, mis pantalones y botas, ahora a cada uno le queda solo una prenda, la beso desde la cabeza hasta la punta de sus pies, beso alrededor de su ombligo y cerca del meollo, agarra mi cabeza y con sus manos me la lisonjea, abro sus muslos y meto mi mano, rozando toda la rajita y le digo adiós a su ultima prenda, su totonita se parece a la de una Barbie, esta rasurada tipo militar, mis dedos dibujan sus labios inferiores, separándolos para sentir su calor interno y buscar su clítoris, zambullo mi rostro entre sus piernas, mi lengua saborea sus jugos, y me chupo esa pepita que la hace vibrar, está bien húmeda esperando ser penetrada, Paco está bien tieso y espigado, abro su vagina y su himen está indemne, y le digo:

    Alejandra, prepárate voy para adentro con Paco, quiero que me mires a la cara

    Ella responde: suave por favor, lo quiero tener adentro, hazme tuya, de aquí en adelante seré tu mujer.

    Coloco a Paco a la entrada de su vanito, juego un poco rozando toda su rendijita, llego la hora, Paco está en la entrada deslizándose lentamente, empujo seguro Alejandra dejara de ser virgen, ella mira mi cara y yo la miro a ella, Alejandra cruza sus brazos sobre mi cuello abrazándome fuerte, dejo caer mi cuerpo, Paco con su cabecita traspasa ese liencillo, Alejandra siente el ramalazo y sacude su cuerpo, pero no deja de mirarme, busco sus labios y la beso, la penetro bonitamente, hasta que Paco llega a la mitad del recorrido, lo saco y se lo muestro a ella, está manchado de sangre, sinónimo de que su virgo fue roto,

    Ella me dice: concibo un ardor, pero eso no me contendrá, sigue y hazme gozar

    Ella misma agarra a Paco y lo lleva a la recepción, envisto suavemente, lo meto y lo saco hasta llegar al fondo, a medida que desaparece el dolor aumento las acometidas, la hago gozar, solloza, gime, esta mujer esta divina, su vagina es bien apretadita, mis movimientos van con ritmo, Alejandra no se aguanta y clama en un orgasmo lleno de espasmos, y sin dejarla que se afloje la coloco en la posición del perrito, y desde atrás la aguijoneo y la avivo de nuevo, ese huequito bien caliente mantiene a Paco bien erguido, ataco duro sin tregua, Alejandra sigue gimiendo, su vano bien apretado me tiene agitado, mis movimientos están a un ritmo persistente, me estoy dando un deleite con la fricción, ella sigue gimiendo aumento el ritmo y llega el soplo no resisto mas Paco esta a reventar, Alejandra vuelve a llegar, afloja sus piernas y se desploma dejando solo su cola paradita, en un santiamén desalojo a Paco de la covachita y en medio de las nalgas eyaculo a chorro parado que la primera expulsión de leche le llego casi a los hombros, y con cada chorrito disminuye la presión bajando por su espalda hasta el ano, me despeño rendido al lado de Alejandra, ella se acerca a mí y se mete a un costado para estar más juntos y retozar unidos, Alejandra se tiro dos orgasmos y aguanto mis envestidas, nada mal para ser su primera vez, en ese momento me habla con sinceridad.

    Me dice: Sergio por favor no me dejes, no sé qué paso y fui débil, prometo no decir nada de lo que paso entre nosotros, hare lo que tú quieras, pero no me eches después de esto, solo quiero estar a tu lado.

    Me di cuenta que esta chica necesita quien la proteja, y necesita mucho amor, pero me la puso difícil, mi mujer es Ximena y tenemos una hija, mi compromiso lo tengo con ellas, veré hasta dónde puedo llegar, y al momento de decidir le partiré el corazón a alguien, llegara el tiempo y veremos, por ahora a esta flaca me la sigo tirando. De pronto me dice, tengo hambre y recordamos que llevamos pizza para comer, recorrimos la casa desnudos, me siento y me la siento en mis regazos y a comer esa rica pizza, me gusta Alejandra, ella es inhibida, disfruta del sexo como si no hubiese sido su primera vez, muestra su cuerpo sin pena alguna, su inocencia me mata, sumisa, manejable, disciplinada, mansa, fiel, y no sé que mas decir de ella, iría conmigo hasta el fin del mundo, y aquí me detengo, ahora pregunto ¿Qué sería de ella si yo no actuó con la policía como lo hice? No lo puedo imaginar, yo que no tengo malicia y siempre me porto de buena manera, tengo dominio sobre ella, ahora que sería de ese tipo que es de mala sociedad.

  • Dobles inicios

    Dobles inicios

    Aitor y Ana habían empezado a salir hacía poco. No se consideraban una pareja o por lo menos no todavía. Quedaban para hacer planes, follaban y cada día estaban más unidos. Habían empezado incluso a hablar de sus fantasías sexuales. Él tenía la típica de muchos hombres que era, por lo menos ver a dos mujeres follar e incluso poder besarse y acariciarse con ellas. A ella no le desagradaba. No era su fantasía, pero bueno, le atraía la idea, pero la suya era ver a dos hombres follar, de manera ruda, además. Él no lo había pensado, pero le excitó la idea.

    El jueves Ana llamó a su chico por teléfono.

    -Hola, cari, tengo algo que contarte. ¿Te acuerdas de lo que hablábamos de cumplir nuestras fantasías y que se podía hacerlo en el club liberal ese al que antes íbamos cuando era un pub?

    -Creo que me acuerdo, sí -respondió Aitor.

    -¿Pues el otro día estaba curioseando en una red social y vi que Marta, la prima de Nuria, sabes de quien te hablo no? Aquella que en verano decías que podía partir nueces con sus glúteos. Jijiji. Pues bueno ella daba a me gusta a ese pub, pero no como pub sino como club liberal. Entonces la hablé, pero no fui al grano, sino que establecí otra vez la confianza que tenía con ella. Cuando ya la tenía le pregunté por el club. Entonces me contó que ella ha ido un par de veces y que está muy bien. Puedes tomar solo una copa, aunque entonces sería malgastar el dinero de la entrada. Entrar al cuarto oscuro y acariciarse y besar con todo el mundo y luego sino ya pasar a las camas para follar con quien uno desee. Le comenté sobre las fantasías y me dijo que allí podría encontrar lo que desee.

    -Entonces podemos ir mañana por la noche a ver que se cuece por lo menos para ver si repetimos o no.

    -De acuerdo, te recojo a las 21 y vamos hasta allí. Le diré a Marta que iremos y que ya le contaremos cuando volvamos.

    Lo que no sabían es que ese viernes en el cuarto oscuro había una fiesta de antifaces donde todo el mundo tendría los ojos tapados.

    El viernes llegaron al local y aparcaron a la vuelta de la esquina. Salieron del coche. Ana llevaba una blusa abierta los dos primeros botones y unos pantalones muy entallados que remarcaban su figura. El vestía una camiseta y unos pantalones de pinzas. Pagaron la entrada y se sentaron en la barra viendo la entrada del resto del local. El Dueño se acercó a ellos y se presentó. Vio que eran nuevos y les contó lo de la fiesta de los antifaces.

    Marta le había contado que se hacían fiestas, pero no le dijo nada que ese viernes había esa fiesta. Daba igual, iban a disfrutar. Dio un suave beso a su chico y le dijo que se unieran a la fiesta. Aitor estuvo de acuerdo. Bebieron el resto de la copa y traspasaron el umbral del oscuro salón poniéndose el antifaz que el dueño les dio.

    Enseguida notaron alguna mano que tocaba y palpaba. No veían nada. Respondieron a los toqueteos con más manoseos. A los besos con besos.

    Marta estaba esperando con un amigo en una esquina del bar del local donde no podía ser vista. Entraron a la fiesta fijándose aproximadamente donde estarían Ana y Aitor, al de media hora en el primer descanso salieron todos al bar. En el bar había sillones donde pasar la noche. Marta con su chico se dirigió a un sofá pasando expresamente delante de su amiga.

    Ana la reconoció y la dijo:

    -Capulla como no me dijiste que vendrías. La fiesta que tampoco me dijiste que habría está siendo muy divertida.

    -La verdad no te dije nada porque no pensaba venir, pero me llamó mi amigo y me animé a venir. Además, ahora que lo pienso igual es mejor que pasemos de la fiesta y vayamos a las camas.

    -Os comento como funciona, aquí empezáis jugando con quien queráis siempre que esa o esas personas evidentemente acepten jugar. Los baños son unisex. Pensándolo bien tengo que ir al baño a hacer pipí.

    Marta fue al baño. Aitor tenía ganas también y entonces se encaminó también al mismo lugar que Marta. Ana no quería dejarle solo con Marta así que también fue y David el chico de Marta para no quedarse solo también.

    Marta se metió en uno de los cubículos. Se bajó los pantalones y la braguita antes de sentarse. El resto no podía verles porque estaban separados de donde estaba ella. Aitor se puso en uno de los meaderos de pared. David iba a ponerse separado a él, pero se lo pensó mejor y se puso justo en el de al lado. Aitor se la sacó y comenzó a orinar. Ana se imaginó la jugada de David y no se confundió.

    David cuando el chico terminó de orinar le cogió de la punta y le sobó la polla. Ana estaba muy interesada en ver la reacción de Aitor y éste se dejó hacer, era como si se abandonase en los brazos del hombre. Marta salía abrochándose los pantalones del cubículo, vio la escena y como Ana comenzaba a acariciarse por encima de la ropa y a intentar meter la mano bajo los pantalones.

    -Venga chicos, vamos a las camas y terminemos bien la noche. -Dijo Marta.

    David se situó detrás de Aitor, empujó su cara contra la pared bajó los pantalones a medio muslo y restregó su polla contra su culo. Viendo ese movimiento brusco Ana fue a intervenir, pero Marta la hizo un gesto tranquilizador.

    Fueron a las camas. Entonces Marta se acercó a Ana y la besó. Un dulce y delicado beso. Se acercaron los dos chicos y se fueron besando todos, primero dulcemente poco a poco y luego más apasionadamente. Marta retiró la blusa de su amiga y acarició los pechos apretándolos con dulzura y haciendo que los pezones se endurecieran. Lo mismo hizo Ana con la camiseta de Marta. Ana se agachó y empezó a adorar los pechos y pezones de Marta para luego llamar a su chico y soltó los pantalones de Marta. Los bajó y vieron cómo le quedaba el tanga. El culo era tan duro como imaginaban. Bajó los pantalones de la traviesa Marta y seguidamente el tanga. David cogió a Ana y la hizo tumbarse. Con ayuda de su amiga acabaron de desnudar a la elegante y tímida Ana.

    Marta se tumbó al lado de Ana y comenzó a besarla y a acariciarla. A estas caricias respondió Ana con más caricias. Luego Ana se sentó delante de Marta. Esta mordía y besaba su cuello a la vez que la acariciaba mientras veían como David que se había desnudado abruptamente a Aitor para seguido meterle la polla en la boca y directamente follarle la boca.

    Eso excitaba mucho a Ana y cogió la mano de Marta e hizo que esta le masturbase. Gemía y estaba sumamente entregada. Marta se tumbó boca arriba y Ana lo hizo a horcajadas sobre ella en un gran 69. Marta abrió las piernas para que Ana la comiera su coño lo mismo que Marta comenzaba a lamer los muslos de Ana, penetraba su vulva con los dedos. Ana observó como David situaba a cuatro patas a Aitor y le hundía la cabeza contra el suelo. Ana no quitaba ojo, aunque seguía lamiendo el sexo de su amiga porque quería ver en el momento en que hundían la polla en el culo de Aitor.

    David agarró de las caderas al chico y tras lamer su ano, mover su lengua apretando el agujerito, acercó su polla y cogiendo de las dos caderas enterrar la polla hasta dentro. Luego la follaba de forma continuada pero duro y masturbarle. A su vez hacía que comiera el coño de Marta ayudándola a Ana.

    Miró a un lado y vio a Amaia masturbarse. Nunca se hubieran imaginado ver a esa mujer allí. Una mujer que por ideología nunca se lo hubieran imaginado. El pelo casi completamente rapado, sentada con las piernas completamente abiertas y masturbándose como una loca.

    Amaia se corrió tocándose viendo como Marta se corría en un gran squirt que mojó las caras de Ana y Aitor. Ana con ese squirt se excitó tanto que emitió un chillido que anticipó un orgasmo que casi la llevó al desmayo. Por su parte los chicos. David se la sacó y junto con Aitor se levantaron y las tres chicas se arrodillaron bajo ellos recibiendo su semen en sus caras y pechos.

    Luego se ducharon en las duchas del local para tomar una copa los cinco. Ana y Marta se besaron apasionadamente con Amaia y metieron mano a sus chicos lo mismo que lo hacía Amaia. Quedaron para repetir.

  • En la regadera con Mariel

    En la regadera con Mariel

    Después de un encuentro en el motel no pude ver a Mariel en un par de semanas. Un día estaba leyendo en casa cuando sonó el timbre. ¡Era mi adorada Mariel!

    -¡Hola! -me dijo con una sonrisa- estaba por aquí y me dio mucho calor. ¿Me puedo dar un baño rápido? Pero no vayas a entrar, sólo me bañaré, eh?

    -Sabes bien que esta es tu casa, pasa y báñate, por favor. ¿Te puedo ofrecer algo de tomar?

    -Un vaso con agua estaría bien, respondió.

    Pasó a mi casa, le di agua y entró al baño. Espere unos minutos que a mi me parecieron años. Tenía una lucha interna: no sabía si entrar al baño o no. Finalmente decidí que la vida es aquí y ahora por lo que me desnudé y me fui al baño y me metí debajo del agua con Mariel. Cuando me vio se mordió el labio inferior y enseguida se abrazó a mí, por fin después de tantos días notaba su cuerpo desnudo pegado al mío y esa sensación nunca la olvidaré.

    —¿sabes? pensé que no te atreverías a entrar, me gusta que no me hayas obedecido

    —No aguantaba más Mariel, necesito sentirte.

    —Cariño, quiero que me llames puta, zorra o como quieras decirme, me vuelve loca cuando lo escucho de tu boca.

    —De acuerdo putita, respondí.

    Nos fundimos en un beso largo, lleno de vicio y deseo, nuestras manos no estaban quietas y acariciaban nuestros cuerpos. La piel de Mariel era como la seda, suave y cálida, mis labios se fueron hacia su cuello y empecé a besar lamer y mordisquear esa zona tan sensible. Los gemidos de Mariel se hicieron más profundos, mis dedos jugaban con su anito y su clítoris y mi boca llegó a sus tetas, generosas, con un pezón delicioso que era casi como una fresa que pedía ser chupada y una areola marrón y pequeña. Mis dedos seguían jugando entre sus piernas y mi boca devoraba esas tetas divinas, chupando y mordiendo esos pezones espléndidos mientras que con la mano que me quedaba libre amasaba y acariciaba ambas tetas.

    —Oye… me tienes muy excitada, quiero sentir tu boca en mi coño, quiero que me lamas la panocha como lo hiciste el otro día en el motel…

    Mariel apoyó la espalda en la pared y puso un pie en la taza del baño y poniendo sus manos en mis hombros me indicó el camino para que mi boca se apoderara de su panocha. Había visto varias panochas en mi vida, pero me enamoré de la de Mariel. Cerradito, pequeño, con unos labios mayores suaves y mullidos y unos labios menores pequeños cubriendo mínimamente el clítoris que se veía rojo y fuera de su capuchón. Mi boca no tardó en apoderarse de él, de lamerlo y mimarlo. Mi lengua jugaba con su coñito y la penetraba hasta que ya no podía más, la postura era algo incomoda así que me limité a su clítoris, y metí dos dedos dentro de su coñito para poder cogerla con ellos.

    —Me corro Ramón, anunció Mariel con la respiración acelerada, no pares mi amor… así… asiii… aahhh.

    Sus manos se aferraron a mi cabeza para que no dejara de chupar, su cuerpo temblaba y sus muslos aprisionaban mi cara. Noté su corrida cayendo por mi mano y mi brazo, inundando mi boca y mojando mi barbilla y cuello. Eso me volvió loco, su sabor era como la adrenalina, todavía estaba recuperándose de su orgasmo pero yo no aguantaba más, me puse en pie, y con algo de violencia la di la vuelta y ella sabiendo lo que iba a hacer apoyó sus manos y su cara en los azulejos y sacó su culito provocativamente.

    Doble un poco las piernas para que la disparidad de estaturas no fuera tan diferente, apunte mi verga a la puerta de su panocha y le dije:

    —Te voy a coger Mariel, te voy a coger hasta que te arda la panocha y se te salgan y escurran mis corridas.

    —Ahhh… mi vida si, cógeme, vamos hazlooo.

    Mi verga buscó la entrada de su coñito y se la clavé hasta los huevos despacio pero sin pausa.

    —¡Ahhh! Que gusto por diooos… cogemeee.

    Por fin mi deseo se hacía realidad por tercera vez y la sensación de estar cogiéndome a Mariel era increíblemente mejor de lo que me imaginaba. Su coño era estrechito o mi verga demasiado grande, no lo sé, el caso es que su vagina aprisionaba mi pito deliciosamente, notaba la suavidad de su interior, como mi glande la abría sin problemas mientras ella gemía pidiendo más y el calor abrasador que emanaba de esa cueva del placer. Mi orgasmo estaba ya en puertas, muchos años deseando esto y ahora mis cinco sentidos se estaban inundando de ella. Me agarré a sus tetas mientras bombeaba furiosamente su coño y Mariel literalmente se moría de gusto.

    —Mariel, me corrooo, no aguanto maaas.

    —Dentro mi amor, hazlo dentrooo… diooos me corro… me corro… si… si.

    Noté como su vagina exprimía mi verga, como se aferraba a ella y la estrangulaba para sacar toda la leche de mis huevos. Clavé mi polla en lo más hondo de su ser hasta rozar su matriz, Mariel arqueó la espalda y echó su cabeza hacia atrás gimiendo de placer. Creo que en mi vida me he corrido de esa manera tan brutal, mi verga no paraba de soltar leche que golpeaba en el útero de Mariel haciéndola gemir de deseo.

    —Mi amor para, paraaa por lo que más quieras. Decía intentando recuperar la respiración.

    —Te quiero Mariel, le decía besando su espalda.

    Mi verga seguía en su interior, dura como el diamante, sentía las pulsaciones de su orgasmo todavía sobre mi pito eso me mantenía encendido. Eso y el saber que estaba follándome a la mujer de mis sueños. Mis caderas tomaron la iniciativa y empecé un bombeo lento en el coño de Mariel.

    —Mi amor que me haces… ummm… sigue.

    Quise cambiar de posición, necesitaba ver su cara, besar sus labios. Me Salí de su interior y la di la vuelta estaba preciosa, con su carita arrebolada y sus ojitos brillantes de deseo. Nos abrazamos, levanté una pierna suya pasando mi brazo por la corva de su rodilla y la volví a penetrar de nuevo.

    —Dios que rico, gimió Mariel.

    Empecé a bombear de nuevo sabiendo que esta vez iba a durar mucho más. No pasó mucho tiempo cuando vi como Mariel hacia su respiración más profunda y me besaba con pasión, mi otra mano estaba aferrada a una nalga suya, notando su dureza y su suavidad, amasándola, atrayéndola hacia mi para hacer la penetración más profunda. Sus caderas empezaron a moverse sin control y pego un grito que se tuvo que escuchar en toda la manzana.

    —Me vengo… me vengo.

    La abracé contra mí y busqué su boca para acallar sus gritos. Ella se aferró a mi cuello y noté como sus caderas se movían sin control, su cuerpo temblaba y bufaba presa del placer que estaba sintiendo. Yo no dejaba de bombear ese coñito divino, con una cadencia constante, aunque de vez en cuando la follaba salvajemente, creo que no había terminado su orgasmo cuando le sobrevino otro y al poco otro más, yo no aguantaba, mi orgasmo crecía imparable y con un bufido descargue mi corrida dentro del coño de Mariel. Nos costó tranquilizarnos, recuperar la respiración, por suerte seguíamos bajo la ducha, si no creo que estaríamos empapados en sudor, Seguíamos muy abrazados, Mariel con un movimiento de cadera suave sacó mi miembro de su interior, deje que se apoyase con sus dos pies aunque no deshicimos el abrazo, seguíamos besándonos pasionalmente.

    —Mi vida ha sido impresionante, me encanta lo que me has hecho sentir, dijo Mariel con mimo, mientras apoyaba su cabeza en mi hombro.

    -Mariel hermosa, Mariel de mi vida, eres mi sueño hecho realidad. Te quiero.

    —Yo también te quiero mi amor. Anda, vamos a lavarnos y a secarnos y vamos a la cama.

    Eso fue música celestial para mis oídos, Mariel y yo nos enjabonamos mutuamente poniendo especial atención en nuestros sexos y fue inevitable que mi verga se volviese a erguir altiva y desafiante, preparada para un nuevo asalto. Mariel la miró hipnotizada y le dio un par de mamadas.

    —Bendita juventud, me vas a dejar los huevos totalmente vacíos.

    Cerramos la regadera, nos secamos sin dejar de acariciarnos y besarnos. Cuando estuvimos totalmente secos caminamos y subimos a mi cama. Pero esa ya es otra historia.

  • Déjalas, estas no tienen remedio, nunca lo han tenido

    Déjalas, estas no tienen remedio, nunca lo han tenido

    Hace poco que leí un relato que me hizo recordar mi primera vez con una mujer, éramos muy jóvenes no cumplíamos todavía los 20 años y aunque nos gustaban y nos gustan los hombres eso no quitó para que exploráramos ese campo con el que disfrutaríamos durante unos años a pensar de tener pareja las dos y esta es la historia de cómo empezó, nuestra historia… juntas.

    Sofía y yo nos conocemos desde primaria, siempre juntas, siempre unidas, mi mejor amiga desde que tengo uso de razón, crecimos las dos en un barrio de Valencia, siempre metiéndonos en jaleos y saliendo de ellos como mejor podíamos las dos juntas, realmente éramos dos niñas rebeldes, malas no, curiosas, íbamos cumpliendo años y empezaron los problemas… Los chicos, nuestros primeros novios, nuestros primeros besos, la perdida de nuestra flor en el mismo año, en el mismo mes, casi en el mismo días, cierro los ojos y es como si fuera ayer, la veo entra en mi casa corriendo como si alguien la persiguiera buscándome, saludando a mis padres apresuradamente y hablando con ellos emocionada, convenciéndoles y convenciéndome para que la acompañe el fin de semana a Madrid, para ir al auditorio nacional al concierto de música clásica donde iban a tocar unas amigas, no hacía ni cuatro meses que llevábamos las dos recién estrenados como quien dice los 19 años.

    Mi madre a regañadientes y tras varios besos y mismos de Sofía dio su brazo a torcer, nos hubiéramos ido de todas maneras, pero era mejor así, aparte de tener una aliada para que mi padre se ablandara, aparte de los mimos que las dos le dimos una por un lado y la otra por otro con sendos besitos en la mejilla para que nos dejara uno de sus coches y así ese 5 de julio empezamos nuestra aventura a lo Telma y Louis, conduciendo el coche de mi padre a una ciudad que hasta entonces no conocíamos con la intención de arrasar y pasarlo bien, vestidas con nuestros pantalones vaqueros cortos y unas camisetas insinuantes y en el maletero dos bolsas de viaje con algo más de ropa más recatada para el concierto.

    Llegamos a Madrid aproximadamente a las 6 de la tarde, con tiempo suficiente para registrarnos en el hotel, dejar las bolsas y salir de aventura, la aventura que resulto ser ir de tapeo por el centro, contonearnos con algunos chicos que nos miraban y nada más, para que a la una de la mañana entráramos en el hotel, una duchita y a la cama como niñas buenas.

    El sábado hasta el concierto más de lo mismo, visita diurna por Madrid y a las cuatro en el hotel para arreglarnos, maquillarnos y vestirnos, a las siete y media teníamos que estar en el auditorio nacional y allí estuvimos después de coger un taxi, Sofía salía del taxi guapísima con un vestido azul oscuro con dos tirantas por los hombros, un vestido muy corto por encima de las rodillas, más bien por encima de la mitad de sus muslos, un vestido bien ceñido al cuerpo insinuando unas curvas de infarto, piernas brillantes, la piel tostada por el sol, su melena castaña ondeando por su espalda y sus ojos verdes, unos ojos que han sido siempre la perdición de muchos y mi envidia.

    Detrás de ella salía yo con un vestido no menos bonito, no menos corto, un vestido color azul celeste de palabra de honor con mis hombros desnudos, bien ceñido a mi cuerpo resaltando mis pechos, mis caderas y terminando de una forma bien bonita mi culo, mi melena cayendo por la espalda y unas sandalias del mismo color del vestido, las dos con sendos bolsos a juego pequeños para meter lo justo, nada más salir empezamos a dar besos a diestro y siniestro a todas nuestras amigas, mientras todas nos decíamos lo guapas que estábamos.

    El concierto precioso, la cena todas justas maravillosa, donde las cinco amigas reíamos junto con otros dos compañeros de la orquesta, unos chicos bien guapos, pero novios de dos de nuestras amigas, que pena pensábamos Sofía y yo, así que… nada que hacer, estuvimos en una discoteca en el centro donde disfrutamos bailando, bebiendo y hablando de todo un poco hasta que todos se fueron menos nosotras dos que seguimos la marcha hasta las tres de la mañana y como siempre al final nos tuvimos que ir, ya que siempre hay algún baboso que no sabe cuando está de sobra.

    Allí conocimos a tres chicos la verdad que guapos a más no poder, hablamos, reímos y bailamos con ellos incluso dejamos la puerta abierta a que pudieran pasar más cosas, pero como siempre… Las dos íbamos despampanantes es cierto, las dos con ganas de ligar también y de más por supuesto, aquella noche queríamos triunfar en la plaza y follar, pero no sé qué les pasa algunos chicos que cuando lo tienen todo a favor van y la joden, tanto la jodieron que les dijimos al final que éramos lesbianas.

    Para convencerlos y que nos dejaran al final en paz no hay nada mejor que un baile sensual en la pista, las dos acariciando nuestros cuerpos, agachándonos y empezando por los muslos, cintura y pechos, terminando y esto si era novedad con un pico en los labios que al final se convirtió en un beso pequeño, en ese momento las dos nos miramos a los ojos y sin decir nada las dos cogiéndonos de la cintura nos volvimos a besar, pero esta vez más profundo, bailando nuestras lenguas en nuestro interior, los tres nos miraban excitados queriendo participar, pero sabiendo que no podían al quedarse sorprendidos y no fueron los únicos, ya que las dos sentíamos sorprendidas que también nos había gustado, no tardamos en irnos en cuanto dejamos de interesarlos, pobres no saben la noche que se perdieron por gilipollas.

    Llegamos al hotel a eso de las cuatro de la mañana, siempre me acordaré el hotel Santo Domingo junto a la Gran Vía siempre bulliciosa, un hotel fantástico con una habitación deliciosa con un ventanal enorme de arriba abajo que nos mostraba una plaza llena de gente aun a esas horas, ya de camino al hotel las dos íbamos hablando de que quizás habíamos sido tontas y exigentes, que quizás podríamos haber aguantado más las estupideces de aquellos niñatos, total no los conocíamos y nunca más los íbamos a ver así que más hubiera dado que nos magrearan un poco aunque no les hubiéramos invitado todavía.

    Sofía se daba la vuelta diciéndome que ella se volvía, que quería follar, las dos nos reíamos y amarábamos con volver, podríamos terminar la noche y el viaje un broche de oro, poco a poco y con mala cara nos alejábamos de allí y la conversación dio un vuelco al beso, a los besos que nos dimos, conversación que no dejaríamos hasta llegar a la habitación del hotel y al final encontramos la oportunidad de terminar el viaje con el broche de oro que tanto ansiábamos, pero que ni ella y yo esperábamos, todo empezó en el ascensor mientras Sofía me quitaba el pelo de la cara.

    – Esta noche estás guapísima Lara.

    – Gracias, pero mira quien fue hablar.

    – Y besas…

    – Que te ha gustado como beso ja,ja,já.

    – Hay Larita besas muy bien, lo sabe, que si lo sabes, sabes que besas muy bien… perrilla.

    – Ja,ja,já anda no digas tonterías.

    – Que si tía, que hasta me has excitado.

    – Ja,ja,já anda no seas tonta tía.

    – Joder Lara que me has mojado las bragas.

    – Pero no seas burra Sofía, ja,ja,já.

    Sofía me iba haciendo pequeñas cosquillas en mi cintura, pequeños pellizcos en mi culo, las dos riendo y gritando por el pasillo hasta llegar a la puerta y allí en la puerta mientras yo sacaba la tarjeta de entrada, Sofía seguía con sus bromas, abrazándome por detrás apretando mis pechos con sus manos y con su pelvis empujando mi culo, apretando su sexo contra mí, moviéndose como si me estuviera follando y las dos no parábamos de reír mientras Sofía con voz grave me decía.

    – Toma, toma polla ja,ja,já.

    – Te puedes estar quieta Sofía que no consigo meter la tarjeta jajajá.

    – Esos, eso, te voy a meter toda la polla ja,ja,já.

    – Serás boba.

    – Polla, polla ja,ja,já.

    La muy tonta seguía metiéndome mano hasta que entramos en la puerta y encendí las luces, en ese momento y sin previo aviso quizás para callarla, para cortarla y que me dejara en paz me di la vuelta y la plante un beso en sus labios nuevamente, un beso donde desde un principio fueron protagonistas nuestras lenguas, un beso que fue más largo de lo que yo había pensado, hacerla callar lo hice, pero desate otra tormenta, una tormenta de deseo entre las dos, una tormenta que ahora sí que estábamos mojando las bragas a las dos.

    Al separar nuestros labios nos miramos fijamente a los ojos, sin decirnos nada, el tiempo parecía detenerse y un segundo parecía ser un minuto, un minuto una hora, quizás si alguna hubiera dicho algo, quizás si hubiéramos roto el silencio con alguna gracia, pero no fue así y sin decir nada nuestras miradas lo decían todo, sabía lo que pensaba y ella lo que pensaba yo, nos conocíamos demasiado bien, estábamos llenas de deseo la una por la otra, quien quería chicos esa noche teniéndonos la una a la otra y no sé el tiempo que paso, pero en un momento, en un segundo delicioso nos volvíamos a besar esta vez con más pasión, tanto que nuestras leguas se habría paso para encontrarse de nuevo, tanto que nuestras manos recorrían nuestros cuerpos acariciándolos, tanto que… nuestros vestidos se quedaron en la entrada de la habitación tirados en el suelo.

    Al pie de la cama abrazadas y besándonos, nuestra piel tan solo cubierta por nuestros tangas abrazadas sintiendo sus pechos contra los míos, piel contra piel, mujer contra mujer, las dos de rodilla en la cama presentándonos y descubriendo nuestros cuerpos, explorando sus pechos con mis dedos, sus pezones, su cintura de avispa, su piel suave y cálida, Sofía hacía lo propio conmigo, pero atreviéndose a lamer mis pezones, a chupar mis pechos y yo a quitarle el tanga despacio dejando libre su sexo, su monte de venus con poco vello, depilado y perfilado solo el pequeño triángulo para no verse de más en la playa con el bikini, igual que el mío que empezaba a ser liberado también por ella.

    Las dos nos tocamos a la vez mientras nos mirábamos, las dos gemimos a la vez mientras nos acariciábamos el clítoris circularmente con dos dedos, las dos sentimos la humedad de la otra al pasar nuestros dedos entre nuestros labios y las dos sentimos el placer de meternos dos dedos en nuestras vaginas mientras nos besábamos, nuestras manos sobre nuestros sexos, metiendo y sacando los dedos de nuestro interior, con nuestra respiración disparada con gemidos continuos despacio nos fuimos tumbando, aquella habitación iluminada solo por la luz que entraba del gran ventanal abierto al cielo de Madrid, a sus gentes que todavía paseaban y reían en la plaza de abajo, todos eran testigos de lo que estaba naciendo entre la dos, amistad, amor, sexo.

    Nos tumbamos buscando nuestros sexos, mi cabeza sobre el suyo y la suya sobre el mío, las dos con las piernas abiertas, yo debajo y ella arriba, las dos lamiendo nuestros clítoris y penetrando con los dedos en nuestras vaginas, silencio, gemidos, ruidos de besos y succiones al meter sus labios en mi boca, mi clítoris en la suya, supongo que la situación, supongo que la compañía, pero no recuerdo que nadie me comiera el coño igual, con tanto tacto, con tanta suavidad, sus dedos suaves me penetraban y me hacían gemir, las dos nos regalamos un tiempo con pequeños gemidos y gritos, unos minutos siendo suya y ella mía, unas horas que disfrutamos la una de la otra.

    Demasiado excitadas, demasiado mojadas, bebiendo nuestros flujos, las dos seguíamos amándonos, Sofía empezó a gatear hacia delante, apartando su vagina del alcance de mi boca hasta llegar a alcanzar mi vagina con la suya, se iba agachando, hasta que nuestros sexos se juntaron, movía sus caderas de forma circular y nuestros labios empezaron a tocarse al igual que nuestros clítoris, esa primera sensación fue única, maravillosa, despacio, suavemente nos rozábamos los clítoris, los gemidos aumentaron, una sensación de placer me empezó a recorrer el cuerpo, nuestras caderas bailaban uniendo nuestros sexos una y otra vez, ahora más rápido y más fuerte, los labios parecían besarse, los clítoris fundirse y nuestros gemidos inundaban la habitación traspasando puertas y ventanas.

    Le pedí por favor que se acercara a mí, la pedí que me besara porque necesitaba de sus besos, Sofía se incorporó y se tumbó encima de mí agarrándome de la cabeza y yo de su cintura besándonos apasionadamente, con giro rápido la puse debajo de mí, habíamos cambiado los papeles, ahora era yo la que estaba encima y la empecé a besar por el cuello, por sus hombros, cayendo sobre sus pechos y pezones, oyéndola gemir, seguía bajando por su tripa y metiendo mi lengua en su vagina una vez más, saboreando sus flujos.

    Me incorporé y abriéndola de piernas me senté sobre una de ellas a horcajadas y sujetándole la otra pierna con mis manos, ahora era yo la que buscaba su sexo para juntarlo y rozarlo con el mío y empecé a moverme hacia adelante y hacia atrás, como si la estuviera follando con una polla imaginaria, pero eran nuestros sexos los que se juntaban, primero despacio y luego más rápido íbamos rozando nuestros labios humedecidos y entrelazados con nuestros clítoris fundiéndose juntos, Sofía al igual que yo no paraba de mirarme, de gemirme, de tocarse los pechos y pellizcarse los pezones, las dos íbamos llegando juntas al orgasmo, las dos estábamos a punto de estallar y empezamos a gritar cuando sentimos nuestros cuerpos temblar, arder, inundando nuestras vaginas y mojando nuestros sexos.

    Caí rendida entre sus brazos, rendidas y sudorosas nos besábamos y reíamos, acabábamos de hacernos el amor, dos amigas, las dos siempre unidas y anidadas por una misma pasión, jamás ninguna de las dos hubiera imaginado cuando nos conocimos de niñas que acabaríamos en la cama teniendo sexo, un sexo tan maravilloso y placentero, como si la una supiera lo que le gustaba a la otra en ese mismo momento, una caricia aquí o un beso allí.

    La noche no termino, la noche siguió con más besos caricias y orgasmos, la unión de las dos empezaba más allá de la pura amistad, salvo dos personas nadie supo de lo nuestro hasta que llegaron ellos y por respeto lo nuestro termino, los dos aunque recelosos lo han entendido y en parte lo comprendieron, aquella noche por desgracia termino y al día siguiente salíamos para Valencia a la cuatro de la tarde y cuando llegamos a casa por fin, mi madre nos preguntó con un pequeño lapsus.

    – Que, os gusto Madrid, que tal el concierto, os gusto como os “tocaron”, perdón tocasteis, perdón estoy tonta como tocaron.

    – A pues… pues muy bien, muy bien, tocar… tocar, nos tocamos muy bien, la verdad que disfrutamos. – Le respondía Sofía

    – Si, si, sobre todo eso, la verdad que disfrutamos mucho tocándonos.

    – Pero mucho… mucho, verdad Lara.

    – Verdad Sofía verdad.

    Mientras las dos explotábamos en una sonora carcajada mis padres se miraban extrañados viendo como nos reíamos las dos, diciéndole mi padre a mi madre, una frase que desde entonces recordamos como lema y cuánta razón tenía.

    – Déjalas… estas no tienen remedio, nunca lo han tenido.

  • Lo que no le da el marido se la da su suegro

    Lo que no le da el marido se la da su suegro

    Suficientes problemas amenazaban su matrimonio como para visitar a sus suegros y seguir alimentando fricciones. Al final fue Carol la que dio el brazo a torcer y Emilio quien se salió con la suya. La propuesta de él era pasar un día en el pueblo, estar con sus padres y volver a la capital por la tarde, en cambio Carol no estaba por la labor de viajar con un temporal amenazante, y menos a la sierra. Ese parecía el principal de los motivos, el otro era el de la tensión generada por el problema sexual que él parecía no tener interés en solucionar y que estaba deteriorando la relación paulatinamente.

    Carol manifestó desde el principio su rechazo a viajar con una borrasca, pero en contra de todo vaticinio, la nevada superó todas las predicciones y el pueblo quedó aislado durante días, con el agravante de impedirle ir al trabajo en los días sucesivos.

    La relación con sus suegros no era ni mala, ni buena, simplemente no existía relación alguna, pero no porque ella se opusiera, sino porque él parecía desvinculado por completo del pueblo y de sus padres. Desde que se casaron apenas se vieron una vez por año y Carol pensaba que la distancia, el trabajo y la apatía habían sido los motivos de no alimentar una relación más cordial y afectuosa.

    Matías era un hombre recio, de rudos modales, pero sincero y afable. En muchas ocasiones, Carol detectó que no había buen feeling entre ellos y quizás ese era un motivo más que suficiente para no querer visitar a su padre más a menudo. Lo paradójico era que eligiera el temporal para visitarlos.

    Emilio tuvo claro desde siempre que no quería pasar toda su vida como un ermitaño y se buscó la vida desde bien joven en la gran ciudad, puesto que el campo y el monte no entraban dentro de sus expectativas. Ambos tenían treinta años y ya llevaban dos casados, de los cuales, el último había sido un mar de dudas para ella, dado que el sexo brillaba por su ausencia. Emilio sufría una disfunción eréctil y parecía no querer solucionar ese obstáculo que se interponía entre ellos, pues por más que Carol insistiera que tenía un problema, él se resistía a visitar a un especialista. El hecho de hacerlo comportaba echar por el suelo su hombría y Carol entendía que eso podía ser duro para él, pero sino intentaba resolverlo, el problema no se iría solo.

    La cena resultó tensa, por no decir violenta. Padres e hijo hablaban de algunos cambios en el pueblo, pero Carol permanecía apática y no le apetecía conversar porque sabía que si abría la boca explotaría ante una situación que ella ya le advirtió que pasaría. El día siguiente tenía que defender a un cliente en un caso importante en los juzgados y estaba claro que no iba a poder acudir, dadas las circunstancias. Carol era abogada, Emilio vendedor de equipos médicos. Para él no era más importante un día que otro. Le daba igual vender más o menos, pero un juicio no se podía posponer sin más, después de estar el cliente meses esperándolo, por lo que tenía motivos más que suficientes para estar enojada.

    Después de la cena tampoco había muchas cosas que hacer, sólo contemplar el fuego de la chimenea o ver las continuas noticias que alertaban a no salir de casa ante semejante nevada. Ya era tarde para eso. Ahora estaba a ciento diez kilómetros de Madrid, en un pueblecito en medio de la sierra, totalmente incomunicada y sin internet, con un caso importante que defender al día siguiente y ante la impotencia de no poder hacer nada al respecto. Por otro lado, existía la posibilidad de verlo desde otro prisma e intentar encontrarle a la situación su lado positivo. Podrían aprovechar para intentar recomponer su maltrecha vida sexual, sin embargo, cuando Carol lo intentó, Emilio la rechazó de nuevo y se dio por vencida, dando por perdida aquella batalla.

    Emilio se durmió, pero en la cabeza de ella pululaban demasiados problemas para poder conciliar el sueño. Tenía ganas de sexo, pero estaba claro que tendría que hacerlo sola si quería liberar endorfinas y relajarse, de modo que intentó aliviarse con la ayuda de sus dedos. A los pocos minutos, escuchó los sonidos de la batalla que se estaba librando en la planta de arriba. Los crujidos de la cama de sus suegros delataban una frenética actividad y Carol abandonó su paja para ir a beber agua y no tener que escuchar el sonsonete. Desde la cocina se oían los gemidos de su suegra y Carol, movida por el morbo y la calentura subió a la planta superior a hurtadillas como si fuese una vulgar mirona.

    Nunca había hecho nada parecido, ni siquiera en su época estudiantil cuando compartía piso con otras compañeras, pero las circunstancias ahora eran las que eran y su excitación la impulsó a hacer algo que consideraba que no estaba bien.

    Conforme se iba acercando, los sonidos iban ganando nitidez y Carol pensó que la cama iba a venirse abajo de un momento a otro. La puerta estaba semiabierta y se asomó para ver la escena. Su suegro estaba encima de su esposa y ésta debajo con las piernas abiertas y en el aire, recibiendo las embestidas del que parecía un toro en celo resoplando una y otra vez mientras Consuelo disfrutaba de los embates.

    Carol envidió a su suegra y reconoció que después de tantos años de matrimonio, su vida sexual era activa, y por lo que comprobó, extraordinariamente satisfactoria.

    Matías se hizo a un lado para cambiar de posición y se tendió boca arriba para que Consuelo subiera encima, de tal modo que Carol pudo observar la tremenda polla de su suegro en completa erección a la espera de que el coño de su esposa la engullera. Ahora entendía la euforia de su suegra. Con semejante verga, ¿quién no gritaría de gusto? Carol ratificó que en ese sentido, su marido en poco se le parecía a su padre, ya no por el tamaño, sino por lo eficiente y enérgico que era sexualmente.

    Mientras contemplaba el voluminoso trasero de Consuelo saltando alegremente sobre aquel puntal, Carol deslizó su mano por dentro del pijama y sus dedos patinaron por los hinchados labios vaginales. Después de un buen rato brincando sobre la verga de su esposo, Consuelo decidió cambiar de posición y se apoyó en la cama sobre sus codos quedando su retaguardia a su merced. Matías se cogió la enhiesta polla (brillante por los caldos de su esposa), entretanto Carol no perdía detalle. La puso a la entrada y de un empujón se adentró sin hacer paradas.

    A aquellas alturas la raja de Carol hacía aguas y los flujos se deslizaban por sus piernas. Matías cogió a su esposa de las caderas y arremetió una y otra vez con gran exaltación, hasta que un bramido evidenció el orgasmo de Consuelo, desplomándose poco a poco en el lecho. A continuación Matías se colocó boca arriba y a Carol se le abrió involuntariamente la boca mientras observaba la divina polla en toda su magnitud esperando las atenciones de su dueña. A la par que le hacía una mamada de escándalo, los dedos de Carol se movían con vida propia, y al mismo tiempo que su suegra se tragaba la verga de su esposo, Carol disfrutaba de un orgasmo contenido, ahogando un gemido de placer para no delatarse. Todavía no daba crédito a como aquella mujer de pueblo disfrutaba del sexo con su esposo. Ahora se afanaba chupando y relamiendo los restos de la corrida de su esposo.

    Cuando el ambiente recuperó la calma, Carol bajó de forma sigilosa las escaleras y regresó a su habitación. Ahora, ya más relajada pudo conciliar el sueño hasta que la luz de la mañana la despertó.

    Lo primero que hizo fue hacer unas llamadas para avisar a su cliente e intentar aplazar la vista, habida cuenta del inevitable percance sufrido. Tuvo suerte, dado que Madrid quedó paralizada casi por completo por los efectos de la nevada, con lo cual se suspendieron la mayor parte de los juicios. A partir de ahí, se tranquilizó e intentó afrontar el tiempo que tuviese que permanecer en el pueblo con más sosiego. Se acordó de la noche anterior y de su papel de voyeur ante unos suegros de cincuenta y ocho años para los cuales parecía que el tiempo en aquel lugar no transcurría con la misma celeridad. Aquel par de maduros disfrutaban más del sexo que ella con treinta años y con un marido con el que empezaba a alimentar dudas con respecto a su sexualidad.

    Carol se colocó la toalla sobre el cuerpo y fue a darse una ducha junto a su esposo, pero cuando entró, era su suegro quien se enjuagaba los restos de jabón de la cara. Carol se sorprendió. Pensaba que estaría su marido en la ducha y se quedó boquiabierta ante el cuerpo maduro de su suegro adornado con una polla medio dilatada a causa del agua caliente. Carol se disculpó ruborizada y salió rápidamente del baño hacia su habitación. La polla de su suegro aún permanecía grabada a fuego en su cerebro por las imágenes de la noche anterior, y ahora se habían reavivado al ver el miembro a medio crecer de aquel hombre rudo, con la consiguiente revolución de sus hormonas. En cualquier caso, no por ello se sentía menos abochornada por la controvertida escena que acababa de compartir con su suegro. Cuando Matías terminó de ducharse se puso la toalla en la cintura, se calzó sus zapatillas y en la puerta de la habitación le dijo a Carol con la mayor naturalidad que ya podía ducharse. Ella le dio las gracias y pese a su tímida mirada, su vista no perdió detalle de la forma que dibujaba el miembro a través de la toalla.

    La ducha fue reconfortante. El agua caliente sobre su cuerpo junto a sus dedos dándose placer la llevaron a otro orgasmo en el que pudo liberar el gemido reprimido de la noche anterior.

    A los dos días remitió la nevada y Matías invitó a ambos a acompañarle a ver el estado del camino que llevaba a la carretera. Como solía ser habitual, si había que ayudar a evacuar nieve, harían falta todas las manos posibles. Así era la gente de pueblo. Siempre dispuestos a colaborar en lo que hiciera falta.

    —No gracias, —fue la respuesta de su hijo.

    —Vale. No me acordaba que a ti no te gusta doblar el espinazo.

    —Yo sí que voy, —dijo Carol, dado que tampoco había muchas cosas que hacer y no le apetecía estar encerrada en casa otros dos días, de modo que consideró que un poco de actividad física no le vendría mal.

    Matías colocó las cadenas en el cuatro por cuatro, a continuación subió al coche y Carol hizo lo mismo. El coche se puso en marcha y se fue alejando mientras las cadenas iban rompiendo nieve y hielo a su paso.

    —Es muy señorito. Yo no le enseñé así, pero desde siempre tuvo muy claro que no quería hacer su vida en el pueblo, por eso se marchó a la ciudad. Y no le culpo. La vida aquí es dura, pero más gratificante, te lo aseguro. Se fue a la capital, estudió y se labró un porvenir. Después te conoció a ti y os casasteis.

    —Bueno, eso tampoco es tan malo.

    —No, no lo es. Lo que es malo es tenerle miedo al trabajo y no querer ser solidario. Aquí nos ayudamos unos a otros. Creo que si está aquí también podría arrimar un poco el hombro. Te agradezco que vinieras. Dos manos más nunca vienen mal.

    —Me vendrá bien estirar los músculos.

    —Por supuesto que sí. Por cierto, ¿cómo os va? Mi hijo no habla mucho. No sabemos nada de su vida.

    —Bien, nos va bien, —mintió.

    —¿Seguro? —preguntó incrédulo.

    —¿Por qué no habría de irnos bien?

    —No lo sé, por eso pregunto.

    —Por algo lo habrás dicho.

    —Bueno, él no quería vivir en el pueblo, pero se marchó porque sus gustos eran otros, ya me entiendes.

    —No, no te entiendo, —dijo intrigada.

    —Bueno, ya sabes. Este es un pueblo muy pequeño y todo se sabe, por eso cuando dijo que quería casarse contigo me sorprendió, pero me alegré gratamente. Al final parece que encontró el camino correcto. O eso creo. Por eso te he preguntado.

    —¿Estás diciéndome que tu hijo es gay?

    —Bueno, creo que ya no lo es. Ahora está casado. Eso debe significar algo.

    —Me estás dejando alucinada.

    —¿No lo sabías?

    Carol respondió moviendo la cabeza. No podía articular palabra ante semejante aseveración, pero ahora entendía la poca motivación en la cama, su disfunción eréctil y su apatía para hacer terapia.

    —Supongo que te hará feliz en la cama ¿no? —preguntó sin contemplaciones y Carol pensó que aquel hombre no tenía ningún filtro para hablar, ni para exteriorizar sus pensamientos. Quizás toda la gente de pueblo se expresaba así de abiertamente sin contemplar las consecuencias de ciertas afirmaciones. Sin embargo, el silencio por respuesta de Carol constató la verdad y su suegro supo que su hijo apenas la tocaba.

    —Yo pensaba que tenía un problema, —dijo ella al fin.

    —Pues ya sabes donde está el problema, aunque yo pensaba que ya lo había resuelto. ¡Que desperdicio de mujer!

    —¿Cómo dices?

    —Una mujer como tú se merece un hombre de verdad. ¿No te parece?

    —Supongo, —dijo indignada por haber vivido en una mentira durante dos años.

    —¿Entonces qué haces, pasar la mano por la pared?

    —Más o menos. Pensaba que teníamos que ir a terapia por ver si teníamos un problema…

    —La mejor terapia es un buen polvo, —aseguró sin dejarla terminar. —¿Le has puesto los cuernos? —preguntó de nuevo sin cortarse lo más mínimo.

    —Nooo…

    —Pues deberías. El orificio hay que mantenerlo engrasado o acaba oxidándose.

    —Sí, eso pienso yo, —dijo Carol empezando a soltarse. Empezaba a gustarle la franqueza y la espontaneidad con la que le hablaba su suegro.

    —¿Y qué haces cuando las ganas aprietan? ¿Te masturbas?

    —Eso no es asunto tuyo, ¿no crees?

    —No, no lo es, pero el otro día vi como lo hacías mientras mi mujer y yo follábamos. Incluso vi como te corrías, ¿o no?

    Eso sí que no se lo esperaba. Aparte de que desconocía que su suegro era sabedor de su condición de mirona, nunca había hablado con nadie con semejante desparpajo y osadía para llamarle al pan pan y al vino vino.

    De nuevo se quedó sin palabras y fue Matías quien rompió el breve silencio que se produjo después de aquella afirmación.

    —No te preocupes. Soy una tumba. Si te digo la verdad, era en ti en quien pensaba cuando descubrí que estabas tras la puerta.

    Matías detuvo el cuatro por cuatro, cogió la mano de Carol y la posó sobre su polla hinchada.

    —Esto es lo que necesitas y no al inútil de mi hijo, —afirmó mientras él mismo le presionaba la mano sobre su miembro.

    Carol no salía de su asombro, sin embargo no quería soltar aquel bulto que empezaba a ganar dureza.

    —Ya la has visto en acción y sabes de lo que es capaz. ¿Qué me dices? —le preguntó al mismo tiempo que desabrochaba su pantalón y extraía la enorme polla nervuda con un sonrosado, brillante y apetecible glande.

    —No es necesario que te conteste, —le replicó ella mientras cogía el madero y lo movía arriba y abajo.

    —¡Vamos, cómetela que te mueres de ganas!

    Carol no se hizo de rogar, se agachó y su boca se abrió para abrazar el pilón de carne del que hacía gala su suegro, y su cabeza inició un movimiento oscilante ayudado por la mano de su suegro en su cabeza. Por un momento abandonó el cipote para contemplarlo y piropearlo.

    —Menudo pollón tienes, —Matías.

    —Ya veo que te gusta. Está enteramente a tu disposición.

    Carol se aplicó sus palabras al pie de la letra, lo apretó y volvió a tragarse la mitad de aquella barra de carne. Matías echó el asiento hacia atrás e intentó desnudar a su nuera, y ella le facilitó la labor, de manera que pronto quedaron los dos desnudos dentro del vehículo. El hombre maduro la cogió de tal modo que la ensambló acoplándose ambos en un perfecto sesenta y nueve en el que los dos se afanaban en dar y recibir placer. Los caldos de Carol resbalaban directamente en la boca de Matías mientras la lengua repasaba cada rincón de la hambrienta raja. En aquella posición, el pequeño botón permanecía esquivo, pero el dedo del hombre maduro acudió en su ayuda esforzándose en complacer a una nuera, ávida de hombre.

    Al otro lado, la lengua de la joven se esmeraba en repasar cada centímetro de la polla de su suegro. En su trayecto de descenso se encontró con dos huevazos cargados y los golpeteó, a continuación los cogió con la mano y los sopesó, después con la otra mano aprisionó el manubrio y lo volvió a engullir prosiguiendo con la mamada. Al cabo de diez minutos dedicados a dar y a recibir, el coño de Carol explosionó en la boca de Matías y este se recreó sorbiendo toda la ambrosía. Carol abandonó su condición de mamona unos segundos para recibir el clímax, pero seguidamente continuó con la felación hasta que su suegro estalló en su boca. El primer trallazo se perdió en su garganta, provocándole una arcada, los siguientes fueron impactando en su boca cerrada y en la cara.

    —¡Joder! Eres una mamona de primera. Lo que se pierde el imbécil de mi hijo… Con una mujer como tú estaría todo el día follando.

    Carol se incorporó y se montó encima de su suegro. Le cogió la polla y se la metió.

    —¡Fóllame!

    —¡Joder! Voy a follarte hasta que te salga la leche por las orejas.

    Carol notó como la verga de su suegro ganaba dureza dentro de su coño y empezó a saltar sobre el cipote, mientras sus tetas bamboleaban delante de la cara de Matías. Su boca se apoderó primero de un pezón, después del otro, de manera que iba alternando, entretanto las manos aferraban con fuerza las nalgas de una nuera desatada que gritaba con la polla de su suegro bombeando en su interior.

    —¡Dame polla Matías! —pedía una y otra vez, mientras un dedazo se aventuraba en su ano, añadiendo una nueva sensación al placer que ya de por sí le estaba proporcionando la soberbia polla.

    —Me voy a correr cabrón. Qué gusto me das. ¡Dámela toda!… ¡Fóllame!… ¡No pares! —gritó disfrutando del prodigioso orgasmo que se negaba a abandonarla, hasta que tras muchas convulsiones el clímax pareció retirarse, dejándola con una gratificante sensación de bienestar, acompañada de una complaciente y desencajada sonrisa que le dedicó al padre de su marido. Sin embargo, aún notaba el ariete bien metido en sus entrañas golpeando contundentemente en busca de su placer. Matías sacó la verga del mojado agujero, le dio la vuelta a su nuera y se la volvió a ensartar con un contundente golpe de cadera al que siguieron otros muchos, entretanto Carol volvía a gozar del pollón reventándole su desatendido coño, y después de pocos minutos sintió el espeso líquido golpeando en su interior, lo que la condujo a un nuevo e inesperado orgasmo.

    Matías quedó tendido encima de Carol y su polla fue perdiendo la rigidez hasta que escapó del orificio con un sonoro pedo, al que le siguió un reguero de semen escabulléndose de la abierta raja. Matías posó el flácido miembro en la regata del culo mientras permanecía apoyado sobre ella. A Carol le gustó la sensación de sentir su peso encima y notar su hombría entre sus nalgas después de haberle proporcionado tres extraordinarios orgasmos, algo que su hijo no había hecho jamás.

    Cuando se vistieron retomaron la ruta y se unieron al grupo de gente que ya estaba pala en mano quitando la nieve del camino. Fue una mañana vivificante. Se sentía viva como hacía años. La constructiva charla con su suegro, los polvazos que le dio, y después el fresco de la mañana, le aclararon las ideas. Ahora sabía a qué atenerse y lo que tenía que hacer.

    Al llegar a Madrid Carol le planteó la separación y Emilio le preguntó por qué.

    —Creo que te estoy haciendo un gran favor, —aseguró ella.

    —¿Por qué dices eso?

    —¡Dime que me equivoco!

    Emilio la miró y no contestó ratificando con su silencio la verdad. No hubo explicaciones. No hubo tampoco lamentos, ni siquiera reproches, puesto que era lo que ambos querían. Lo que ella no deseaba bajo ningún concepto era romper el vínculo con su exsuegro, y al parecer, era un deseo compartido.

  • Marc, el negro que me hizo bisexual (parte 1)

    Marc, el negro que me hizo bisexual (parte 1)

    Este relato sucedió hace algunos años, es la primera vez que describo un acontecimiento de mi vida de manera escrita, pero utilizo esta herramienta porque en unas cuantas palabras confesaré un secreto que he estado guardando , soy un joven de 25 años mexicano, soy psicólogo y actualmente me va bien en mi trabajo, creo que a partir de lo que voy a relatar puedo considerar que soy bisexual, pero hasta el momento de lo sucedido era heterosexual. Sin dar tantos rodeos comienzo con el suceso.

    Esto ocurrió hace 4 años yo tenía 21 años, he leído varios relatos y cuando veo la parte en qué las personas se describen pocas veces lo creo, pero trataré de hacerlo con franqueza para que las personas que lean esto se puedan imaginar mi físico, soy delgado, mido 1,75, de pelo castaño, ojos café claro, delgado pero con condición por motivo de practicar bici de montaña, además tengo una barba bastante bien formada y pelirroja por herencia de mi abuelo, mi rostro se tonifica de mejor manera con mi barba, durante mi adolescencia tuve muchas inseguridades porque sufrí de acné, pero en cuanto salió mi barba el acné se fue y tuve un gran cambio físico.

    Tuve que tratar algunas cuestiones de autoestima porque aunque cambié mucho físicamente seguía viendo al adolescente con timidez en el espejo, la principal razón que detonó la cuestión con mi autoestima se debió a qué cuando me di cuenta de mi gran cambio físico fue porque recibía halagos de compañeras y hasta mujeres adultas algunas veces hasta al punto de llegar al acoso, y no es algo que presuma porque fue incómodo, además dentro de mi ingenuidad no me daba cuenta y pensaba que no era en serio.

    Incluso a la fecha recibo insinuaciones sexuales tanto de hombres como mujeres, pero repito no presumo mi físico ya que me costó mucho adaptarme al cambio tan radical el cual se dio cuando comencé con actividad física.

    Para comenzar con el relato diré que hace 4 años me encontraba con algunas dificultades económicas ya que estaba a mitad de la carrera y a raíz de la pandemia mis padres no podían darme todo el dinero para pagar mis rentas y gastos de la universidad, por motivo de que me había mudado a otra ciudad para poder estudiar ya que soy originario de una comunidad pequeña y no existían opciones de universidades.

    Para poder reunir dinero mis opciones fueron irme algunos meses a los Estados Unidos y trabajar con un tío en su compañía de construcción, toda mi familia contaba con la visa de turista y ya había visitado ese país muchas veces, pero solo por motivos de vacaciones familiares, en las circunstancias en las que me encontraba tuve que arriesgarme a trabajar, aunque con algunas precauciones para no perder mi visa.

    Al terminar el semestre compré mi boleto de avión y viajé al estado de california en la ciudad de sacramento.

    El tiempo que trabajaría sería de dos meses y medio, era el total de vacaciones que tenía, desde el momento que llegué al siguiente día comencé a trabajar, la labor consistía en realizar patios y calles con cargamentos de cemento, algunas veces trabajando desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la noche, debo decir que fue uno de los momento más duros de mi vida, las personas que trabajaban eran una mescolanza de guatemaltecos, colombianos, salvadoreños y mexicanos todos con una actitud horrible hacia mi persona por el hecho de ser estudiante, recibía constantes burlas y ofensas y más por estar estudiando psicología.

    Mi ánimo y actitud al pasar de un mes estaban por los suelos, pero la paga era bastante buena y tenía que aguantar. Al juntar suficiente dinero le pedí a mi tío que si me llevaba a un lugar para comprar una bicicleta para poder distraerme cuando llegara de la jornada de trabajo, ya que la zona por dónde vivía había bastantes lugares para poder salir y andar en bici, al siguiente día me llevó a una tienda y compré una bici regular para poder andar por las ciclo vías.

    Mi tío me explicó por que calles debía circular y por cuales no, ya que eran un poco inseguras. También compré ropa para ciclistas ya que es de una tela especial y me puse en marcha, la verdad el solo hecho de comenzar con una rutina en bici me ayudó a relajarme bastante y calmar mi ansiedad, después de unos días memoricé mi ruta y todos los días salía a andar en bici.

    Después de una semana a unas 6 calles de la casa de mi tío siempre veía a un hombre de raza negra haciendo trabajos en su jardín, siempre pasaba y lo saludaba amablemente para que no pensara que era un extraño rondando por su calle, el hombre me respondía siempre muy amable el saludo y me decía “have a good afternoon boy” para mí siempre fue algo normal y hasta cierto punto atento. Al pasar de los días podía notar como siempre a la hora que pasaba por esa calle el estaba siempre ahí afuera de su casa y sentía que me observaba, hasta ese punto nunca me pareció algo extraño.

    A las dos semanas aproximadamente, si mi memoria no me falla en el conteo de los días, iba en mi ruta he hice una pausa enfrente de la casa de este hombre para tomar un poco de agua, ni siquiera había hecho conciencia de que había parado enfrente de su casa ya que traía mis audífonos e iba bastante concentrado en mis asuntos.

    Cuando me di cuenta este hombre ya estaba caminando hacia mí, pude percatarme que me había dicho algo pero al principio no lo escuché porque traía los audífonos, cuando me los quité le pedí que me hablara de nuevo porque no lo había escuchado, debo aclarar que mi nivel de inglés es bueno dentro de lo que cabe, puedo entender algunas cosas a la perfección pero para entablar una conversación todavía me cuesta algo de trabajo y en ese tiempo todavía un poco más, me preguntó si tenía algún problema y le aclare que no, que solo había hecho una pausa para beber agua, justo después de eso le dije que era mexicano y no hablaba tan bien el inglés.

    En ese momento me dijo en un español algo cortado, pero bastante entendible y con una voz muy gruesa “Adoro mexicanos”, y justo después de eso dijo ; “soy Marc mucho gusto”, igual en un español algo cortado pero se entendía bastante bien, me presenté y le mencioné mi nombre que no lo voy a mencionar pero su contestación fue en inglés y dijo “nice name”.

    Antes de continuar con el relato describiré a Marc, era un hombre de raza negra de 50 años en ese momento algo obeso con una barriga que le colgaba y su cabello negro, al igual que su barba la cual era de candado, con unas cuantas canas, bastante alto, creo puedo decir que estaba entre 1’90 y 1’95, usaba lentes y tenía piernas fuertes, me percate desde el principio porque siempre traía shorts, por lo que recuerdo era jugador de basquetbol en su juventud.

    Continuando con lo anterior solo le contesté gracias con un poco de pena, después me comenzó a decir que le encantaba México, que al año iba dos veces de vacaciones a Puerto Vallarta, que por ese motivo aprendió a hablar español, solo le dije que esa playa era muy bonita, y que yo la visitaba por lo menos una vez al año, después me preguntó por qué zona vivía, porque se había percatado que tenía semanas que pasaba por ahí y no me conocía, de una manera resumida solo le dije que estaba apoyando a un tío y vivía a algunas calles, no quería decirle que estaba trabajando para no meterme en problemas, porque nunca se sabe de qué manera reaccionen las personas ante ese hecho.

    Después me dijo que le agradaba ver a un joven en la actualidad haciendo ejercicio por su barrio, que ya no era algo que se veía tanto, me pareció extraño porque en Estados Unidos las personas siempre salen hacer ejercicio, pero si me percaté que por esas colonias no se veían tantos jóvenes solo adultos mayores.

    Se comenzó a oscurecer y le dije que me tenía que ir que no le quería quitar el tiempo a él ni a su esposa, en ese momento me interrumpió y me dijo que estaba divorciado desde hace varios años, me disculpé por su circunstancia y de inmediato me dijo que no había ningún problema que vivía muy feliz el solo, solo le sonreí y le mencioné que tenía que irme, al final se despidió muy amablemente y me dijo que esperaba seguirme viendo por ahí, que le había caído bastante bien.

    Solo le dije que el sentimiento era mutuo porque la verdad a mí también me había parecido bastante agradable el charlar con él, después de algunas semanas de solo convivir con personas tan groseras y ofensivas me sentía bastante bien el poder entablar una conversación con alguien tan amable.

    Al llegar a la casa vi que en mi teléfono tenía varias llamadas perdidas de mi novia, ya que en ese momento tenía una relación íntima, pude percatarme que todas las llamadas fueron mientras hablé con Marc, pensé que solo había charlado un momento con él, pero en todo el encuentro pasó como una hora, en ese momento pensé, valla ni me percaté del pasar de tiempo.

    Al siguiente día justo antes de pasar por la calle de Marc ya iba pensando en si iba a estar ahí, y como siempre ahí estaba, me detuve a saludarlo y el amablemente se acercó, vi que traía algo en las manos y era una pequeña mochila de esas que tienen espacio para el agua con una manguerita incluida, se acercó y me dijo, mira lo que me encontré, antes yo solía salir en bici, ahora ya no lo hago pero todavía tengo todo mi equipo, rápidamente me negué a aceptarlo, pero el insistía, le agradecí y debo decir que me ruborice un poco, el comenzó a reírse y me preguntó si nunca nadie me había obsequiado algo, le dije que si pero que nunca un hombre de su edad y características, y le dio aún más risa.

    Después me dijo que tenía unas bicis en su patio de atrás bastante buenas pero que les hacía falta algo de arreglo, me dijo que desde hace tiempo las quería vender pero que primero las quería arreglar, yo tengo amplio conocimiento en bicicletas y me ofrecí de inmediato a revisarlas, era lo menos que podía hacer por haberme obsequiado la mochila, rápidamente me invitó a pasar.

    Abrió la puerta y me dijo “solo camina hasta el fondo”, que atrás se encontraban las bicis en un pequeño cuarto, debo decir que la casa por dentro era bastante bonita y amplia, atravesé una sala y cocina y cuando salí su jardín trasero también era bastante bonito, escuché que gritó que en un momento más me alcanzaba, entré al pequeño cuarto y estaba lleno de herramientas y artilugios viejos, vi que las bicicletas si eran de una marca bastante cara y de inmediato me percaté que problema tenían, vi la caja de herramientas al lado y de inmediato me puse manos a la obra.

    Después de un momento llegó Marc y vi que traía dos tarros grandes de cerveza y dijo, “aquí está el premio por la ayuda” le acepté la cerveza amablemente. Cuando terminé me invitó a pasar a su casa y me dijo que nos tomáramos la cerveza adentro, la verdad me pareció bastante amable y acepté, creo que no me dio desconfianza porque tenía una manera bastante amable de decir las cosas.

    Ya adentro tomándonos la cerveza me preguntó si tenía novia, le dije que si, el respondió “claro que ibas a tener novia si eres un chico muy apuesto” la verdad me dio un poco de pena y solo le agradecí por el cumplido, y el seguía diciéndome cumplidos “ esa chica tiene mucha suerte” después de ese comentario le pregunté que porqué decía eso, y el contestó “no me lo tomes a mal pero eres un jovencito muy responsable y guapo, quien no quiere algo así actualmente”.

    Después de eso le comencé a platicar unos problemas que en ese momento tenía con mi pareja ya que ella era bastante celosa he insegura y todo el tiempo me decía que yo era un cabron y cosas así, cuestiones que nunca fueron ciertas, quería que Marc con sus años de experiencia me diera algún consejo, el sólo me dijo que nunca entendió a las mujeres.

    Después se puso de pie y me preguntó si quería algo de comer, le dije que no se molestara, se estaba haciendo tarde y le mencioné que me tenía que ir, él me dijo que no me preocupara que era temprano, se acercó a la barra de su cocina y vació un par de botanas en un recipiente, me puse de pie observando todos los detalles de su cocina y viendo que tenía algunos cuadros con pinturas muy bonitas y en ese momento de distracción coloque el vaso con la cerveza en la orilla de la barra y le cayó encima a Marc.

    Me dio muchísima pena porque lo moje todo, la barra era algo alta y le llegaba a la parte alta del estómago así que lo empape de cerveza desde la parte del estómago y toda la parte de su pantalón, de inmediato tome una servilleta que estaba cerca y comencé a secarle lo que pude con mucha pena, de repente me tomó de los hombros y me hizo a un lado, con una voz muy grave me dijo “no te preocupes no pasa nada” en ese momento comenzó a quitarse la camisa y el pantalón y solo se quedó en trusa.

    Recuerdo perfectamente ese momento me quedé congelado al ver semejante hombre de esa magnitud mis ojos y mi rostro se fueron inmediatamente a su cuerpo y observando de arriba hacia abajo de una manera muy lenta y en ese momento no supe que hacer no dije nada, vi que tenía pelo en pecho con un poco de canas blancas y un poco de pecho que le colgaba, no estaba tan caído se veía un poco firme, y cuando baje la mirada vi esa trusa negra, no era un bóxer ni un calzoncillo grande, era una trusa, la cual no dejaba nada a la imaginación podía ver marcada toda su área genital, se veía un bulto abundante.

    En ese momento me quedé petrificado y me quedé absorto en lo que estaba viendo, después el solo sacudió su ropa y dijo, si no tienes problemas me quedaré así, y en ese momento se sentó en su sillón, yo seguía sin decir nada, mis pies no reaccionaban, llevaba dos cervezas y todavía estaba consciente.

    En ese momento me dijo, toma asiento, no te asustes, somos hombres no pasa nada, ¿nunca habías visto a otros hombres en ropa interior? La verdad es que solo algunas veces en reuniones deportivas con chavos de mi edad estaba en situaciones en qué todos estábamos en shorts y sin camisas, pero por alguna razón ese hombre imponía mucho.

    Solo le hice caso y me senté en el sillón grande, él estaba sentado en el sillón individual, todavía tenía un resto de cerveza, agarró el vaso y se tomó lo que le quedaba de cerveza de un trago, se limpió la boca y me dijo, ¿quieres que te diga porque ya no tengo esposa? , yo no supe que decirle pero solo dije que si con la cabeza, en mi mente todo el momento pensaba ¿porque todavía seguía en esa casa?, pero otra parte de mi me tenía una sensación de adrenalina sentado en ese sillón.

    De repente me comenzó a contar una historia de su esposa y la recuerdo perfectamente porque al final todo lo que me contó me dejó helado por unos momentos, “Hace como 20 años fue que me separé de mi esposa y la razón fue por un chico como tú” en ese momento me quedé atónito, pero una parte de mi quería escuchar la historia, me dijo “verás yo trabajé en una academia de deporte, era muy bueno jugando básquetbol, y junto con otro maestro que se llama James entrenábamos jóvenes de entre 20 a 30 años, cabe destacar que James también es como yo, solo un poco más joven y también negro, el trabajo era bastante bueno y yo notaba que varios jóvenes seguían bastante a James, yo pensaba que era por su actitud y voluntad al enseñarles.

    Recuerdo que yo siempre era el primero en irme de la academia y el se quedaba a cerrar todo con llave, yo tomaba mi bici y regresaba a casa temprano, la verdad todo bastante cómodo, un día ya venía en camino para mi casa en mi bici y me percaté que se me habían olvidado las llaves de mi casa, así que tuve que regresar a la academia, regresé con mucha prisa porque no quería encontrarme con todo cerrado, pero cuando llegué me di cuenta que una de las puertas seguía abierta, estaba buscando mis llaves y escuché un ruido en el cuarto donde guardábamos todos los materiales y balones.

    En ese cuarto había pequeñas colchonetas para practicar algunos saltos, la puerta estaba un poco abierta y cuando me acerqué y me asomé me quedé impactado, era James con uno de los alumnos, un chico blanco y delgado como tú, solo un poco más alto y creo que tenía 23 años, pero los vi acostados en una de las colchonetas y James se estaba cogiendo con fuerza a ese chico, recuerdo perfectamente que estaban en la posición de perrito y James le daba embestidas muy fuertes.

    No pude dejar de mirar y debo admitir que me éxito bastante, el ver la diferencia de tamaños y como el gran pene de James penetraba a ese chico me puso bastante excitado, recuerdo que en ese momento me masturbé con fuerza y terminé bastante rápido, me retiré de la escena y fui por mis llaves y me fui de inmediato a mi casa.

    Cuando llegue mi corazón estaba como loco, y mi pene seguía duro aún después de haber eyaculado, mi esposa me preguntó si me pasaba algo, pero yo le dije que no pasaba nada, llegué directamente al baño y me volví a masturbar, fueron de mis mejores masturbaciones, la sensación fue de otro mundo, en la noche en la cama con mi esposa intentamos tener relaciones, pero no pude tener una erección, me sentí algo mal pero mi esposa me dijo que ya sería otro día, así pasaron días y semanas y la verdad no pude tener relaciones con mi esposa, pero sin embargo solo venía a mi memoria lo que había visto en la academia y mi pene se ponía durísimo.

    Mis fantasías e imaginación solo eran con el chico de la academia y el verlo los tres días que entrenaba con él me tenía muy nervioso, al final las cosas con mi esposa terminaron mal por no poder tener intimidad y me pidió el divorcio, todo fue bastante rápido.

    Tiempo después me acerqué al chico que vivía en mi mente, era atractivo, le dije que sabía lo de él con el profesor James, de inmediato me suplicó que no se lo dijera a nadie y aprovechando esa ventaja le dije que si quería que no lo dijera me hiciera lo mismo que a James, al final aceptó y vino aquí a mi casa.

    Yo estaba nervioso pero la experiencia de ver su cuerpo retorciéndose de dolor mientras lo penetraba con fuerza se volvió mi fetiche personal, al final quise intentarlo con hombres mayores o de mi edad, pero no era lo mismo, lo que me excitaba era poner mi enorme cuerpo en jóvenes atractivos delgados y blancos, como tú, y en estos años he perfeccionado tanto el acercarme con chicos como tú qué terminan aquí en este sillón donde tú estás, aunque sean heterosexuales al final les encanta todo lo que les hago”.

    En ese momento se puso de pie y pude observar que tenía su pene bastante erecto dentro de su trusa, se acercó a la altura de mi rostro porque yo seguía sentado y tomo mi cara con su enorme mano y movió mi rostro hacia arriba para que lo viera a los ojos, en ese momento cambió el tono de su voz y me dijo, “puedo sentir que lo quieres boy” tomo mi mano y la metió a su trusa, yo seguía en shock o no sé porque no podía hacer ni decir nada, pero pude sentir con mi mano todo su pene y sus testículos, nunca había tenido esa sensación.

    Pero mi corazón estaba como loco, justo cuando sentí un líquido bastante pegajoso en la punta de su pene saque mi mano rápidamente de su trusa y reaccioné, le dije que me tenía que ir y justo cuando estaba abriendo la puerta me dijo y lo recuerdo perfectamente “mañana mi puerta estará abierta” y lo dijo bastante convencido como si fuera a volver.

    Tomé mi bici y salí con bastante prisa, llegué a la casa y mi corazón estaba como loco y cuando me di cuenta tenía una erección bastante dura, nunca me había sentido así, pasaba el tiempo y no se me bajaba la erección, me fui a dormir y mi corazón seguía latiendo muy rápido, cerraba los ojos y lo único que veía era el cuerpo de Marc con esa trusa negra, al final lo único que pude hacer fue masturbarme y eyaculé demasiado, recuerdo que tuve que tomar un par de calcetines para poder limpiar todo.

    Al siguiente día no fui a trabajar, era domingo, mi tío iba a salir y me dijo si quería ir con él, al parecer iban a salir a un restaurante, le dije que prefería quedarme en casa, todo el día estuve pensando en lo que había pasado, una parte de mi se sentía culpable, ¿Por qué me había excitado un hombre así? ¿Por qué no me fui de esa casa? ¿Acaso era gay? Toda la mañana me replanteé toda mi vida en base a ese momento.

  • La abuela de mi novia me pone a prueba

    La abuela de mi novia me pone a prueba

    Otro almuerzo familiar se terminaba. Al principio recuerdo que me gustaban, aunque luego de un tiempo, me daba demasiada pereza ir y almorzar en lo de mi suegra. Lo único que me convocaba es que me sentía el hombre de esa mesa. La madre de mi novia era viuda, su hermanita de dieciocho y su abuela. Admito que me gustaba contemplar la belleza genealógica de las mujeres con las cuales compartía largas jornadas.

    Recuerdo también sentirme como un rey. Ellas me atendían, me ponían el plato, me lo retiraban, me preparaban el café. Hacían de todo. Hasta la hermanita de mi mujer, la rebelde adolescente, no dudaba en acomodarme el cuello de la camisa si me notaba transpirado.

    Una tarde, luego de unas pastas de la abuela de mi novia, todas quedaron dormidas. Yo me quedé en el patio, leyendo un libro al tiempo que la brisa primaveral jugaba con mi pelo. Sentado sobre la reposera y de espaldas al salón, siento en un momento una mano, pequeña y repleta de anillos sobre mi nuca. Al voltearme, observe que era Beatriz, más conocida como “la abu”.

    -Qué haces acá sólito? –me dijo.

    -Leyendo un poco, abuela –le conteste.

    -Ay no me hagas reír –dijo haciendo un gesto con la mano- que tu abuela no soy.

    -¡Pero si me conoces hace diez años! Hasta tu marido me decía que era como un nieto más.

    -Roberto…-dijo con la mirada perdida- lo extraño tanto.

    -Imagino… los paseos, las charlas…

    -y las caricias –arremetió ella.

    -bueno. Si también, la ternura es muy importante –respondí nervioso.

    Ella otra vez se volvió a reír, al tiempo que se sacaba la remera, quedando solamente en corpiño con mi mirada clavada en sus dos enormes pechos, exageradamente caídos, pero enormes al fin y muy arrugados.

    -Espero que no te moleste –dijo mientras se acomodaba los pechos, dejando lucir dos enormes pezones de los cuales había tomado mi suegra en algún momento.

    -Para nada, esta impecable. Creo que voy a dejar de decirle abuela –dije saliendo rápido, y a la vez tirando una leve munición.

    Solamente se rió, mientras se recostó en la silla contigua. Dejando lugar para que el sol invadiera su piel gruesa, arrugada y por cierto bronceada, tanto que le quedaba bien con su pelo rubio tenido y siempre alisado. Ella era una señora bien, fina.

    Los minutos transcurrieron y el sol aumento su intensidad.

    -¿Cuántos grados hacen nene? –soltó de repente.

    Mire el celular.

    -33 y contando…

    -Déjame de joder –dijo mientras se paraba.

    Enojada, llevo sus manos hacia la cintura. Yo la veía desde atrás, pero en seguida me ilusione con que suceda un milagro que jamás había pedido pero que ahora lo necesitaba. De a poco se fue bajando los pantalones, quedando solo con una pequeña bombacha rosa que hacía un muy buen juego con su corpiño blanco. Sorprendido por el culo erecto, aunque arrugado y gordo, tuve una erección que se hizo imposible ocultar.

    Al voltearse para pedirme disculpas por haberse puesto en ropa interior, fijo sus ojos a la altura de mi pene. Yo estaba sin remera, así que se notaba aún más.

    -Ah bueno! –dijo sonriendo -me das una buena noticia, todavía sigo calentando jaja.

    -No, Beatriz –respondí completamente avergonzado mientras me la intentaba bajar -perdón. Es que las cosas con Luli están más o…

    -Sh, tranquilo –dijo interrumpiéndome -la erección de un hombre es el mejor regalo hacía una dama, y más si es de mi edad.

    Se quedó unos segundos parada mirándome y me ordeno:

    -Párate y no te la agarres.

    Lo hice de inmediato. Quedamos frente a frente. Ella era mucho más baja, cuanto mucho me llegaba a la altura de los pectorales. Me miraba desde abajo con sus ojos color miel y su boca inyectada en bótox.

    -¿Qué pasa? –me reí.

    -Te gustaría casarte algún día con mi nieta.

    -¿Qué? –respondí ante la insólita pregunta

    -Responde lo que te pregunte –replico.

    -Si –afirme.

    -Entonces vas a tener que pasar la prueba, mi vida –dijo al tiempo que metía su mano adentro de mi pantalón y de a poquito me la empezaba a jalar.

    Yo tenía una mezcla de placer y nervios. En cualquier momento pedía despertarse alguna y arruinarnos.

    -Tranquilo que soy la jefa en esta familia –dijo al verme nervioso- Seguime.

    La seguí por la casa, ambos en silencio como de ladrones. Atravesamos todo el patio y nos fuimos a un cuarto de huéspedes, abandonado prácticamente hace años. Ella entro y me señalo la cama, mientras que en una caja buscaba una llave por medio de la cual trabo la puerta.

    -En esta cama, mi marido me hizo sentir mujer decenas de veces. A ver si tenes la pasta necesaria para hacerle sentir eso a mi nieta.

    Yo embobado no emitía palabra, solamente unas estúpidas muecas. El cielo se me había abierto de par en par, encontrándome cumpliendo una fantasía que jamás me había imaginado ni en mis mejores pajas.

    Ella se desabrocho el corpiño, haciendo caer unos enormes pechos. Me paré y los toque, los levante hasta la altura de mi boca y hundí mi lengua sobre esos pezones arrugados y gastados.

    -mordémelos –me pidió con los ojos cerrados y la cabeza hacía atrás -ya casi no tengo sensibilidad.

    Eso hice, se los mordí y se los succioné, una mezcla entre un bebe recién nacido y un amante feroz. De a poco me iba soltando.

    -¿Me voy a tener que bajar yo la bombacha? –me apuro- ¿no quedan más caballeros? –decía burlándome.

    Yo con mi pija caliente y con sus tetas apretadas ya estaba a punto. La vieja me provocaba y me iba a encontrar.

    Me arrodille y baje esa bombacha rosa. Detrás de ella se encontraba una selva, no pude contemplarla más de dos segundos, porque la vieja jalo con fuerza mi cabeza hacía ella. Hundiéndome la boca y la nariz en los hedores de su vulva arrugada. Orina, transpiración y vaya a saber cuántos sabores más hicieron que me vuelva adicto a estar ahí abajo. La vieja no me soltaba. Comete la entera si sos hombre, me decía desde arriba mientras apoyaba su pie en la cama para que yo quede desde abajo en mejor posición.

    Al cabo de unos minutos, su conchita estaba llena de mi saliva y algo de flujo que aún liberaba. La vieja seguía dominándome y yo con mi verga dure decidí arremeter. Fue entonces que me pare y la tomé del mentón, llevándola contra una pared y metiéndole bien mi lengua hasta el fondo.

    -Te gusta el olorcito que tengo en la boca? –le dije amenazante al oído.

    -Sí, me contesto –casi que pidiendo piedad.

    -De quién es? –replique.

    -Mío –dijo ella mientras trababa la saliva que yo le escupía.

    -Sí, tuyo y de la conchita de tu nieta. Recordá que acá el hombre de la casa soy yo –culminé, mientras en una maniobra casi de judo la puse de rodillas haciéndola ahogar con mi verga, no sin antes cachetearla un poquito en la cara.

    -Para un poco, Manuel, que soy…

    -Sh, usted se hizo la picante y ahora va a comer verga –repetía mientras empujaba su cabeza hacía mi tronco, no dejándola respirar.

    Hubo solo un momento donde me preocupe. Sus ojitos se pusieron en blanco y comenzó a toser. La separé de mi pija y la senté en la cama. Le dí un besito en la boca al tiempo que terminaba de toser.

    -Tranquilo mi amor –me dijo- sos un hombre, se nota. Haces tu trabajo y muy bien.

    -Ya estoy aprobado –bromeé mientras me acariciaba la pija.

    -Todavía falta –contestó, mientras sobre la cama que se garchaba a su marido ahora se ponía en cuatro para mí.

    Recuerdo aún esa imagen. La concha bien peluda y en el medio un agujero enorme, se notaba que por ahí había pasado de todo, pero para mi sorpresa, lo de arriba era aún más increíble. El culo totalmente abierto y a penas marroncito, fruto de alguna entrada el baño que seguramente hizo minutos antes.

    -Por donde te vas a meter –me dijo de espaldas.

    No conteste y entre por el orto. Lo escupí, lo chupé y entré. Bombeé tanto que me termino doliendo la pija. La vieja era sutil en sus gemidos, no exageraba y te trataba mal para que le des más duro. Era una experta.

    -Acábame adentro mi amor, si queres.

    Ahí me acorde. Yo la estaba cogiendo por el culo, pero no quería perderme la oportunidad de eyacular en el mismo lugar donde el abuelo de mi novia lo había hecho para crear a su madre. La saque rápido y le acabe todo ahí.

    -como extrañaba esto –escuche que susurraba mientras mi leche se metía y mi cabeza explotaba.

    Acabé y mi desplome en la cama. Ella puso su cabeza en mi pecho y sus manos llenas de anillos y pulsera, ahora acariciaba mi pija que lentamente se dormía, al igual que yo.

    Unos golpes en la puerta nos despertaron. Era su hija y mi suegra que preguntaba si ahí estaba ella.

    -Ma, estas ahí!

    -Si hija –contestaba su madre al tiempo que se iba parando- me vine a dormir una siestita. Ahora salgo, déjame que me cambio.

    -Nos vas a asustar a todos! –respondieron del otro lado de la puerta- ¿De Manuel sabes algo?

    Nos miramos en silencio.

    -Se debe haber ido a comprar unas masitas a la panadería. Es un gordo ese –dijo mientras me guiñaba el ojo y del otro lado su hija comía la mentira.

    -Te espero en la cocina y tomamos mate, ma.

    La abuela se vistió rápido y antes de salir se volvió hacía mí. Me beso con lengua y yo a ella. Nos besamos ya no como desconocidos calientes, sino como una pareja. Le acaricie su cabello y sus orejas, al tiempo que ella hizo lo mismo con mi nuca.

    -Esta no fue la última vez, mi amor –me dijo.

    -Claro que no Abu.

    Ella se rio.

    -En público, Abu.. Y en privado tu señora –me dijo cálidamente al oído- mientras pasaba mi mano por su mejilla aún roja de la cachetada que le había metido.

    Salió del cuarto y a los minutos salí yo, teniendo que saltar la cerca para no ser visto y obligado a comprar facturas para cumplir con la cuartada.

    Al volver, todas mis mujeres me estaban esperando (así las sentía) me senté en la cabecera, y coloqué el paquete en la mesa. Mientras mi novia me servía un jugo, mi suegra volcaba la leche en el café, mi cuñada me separaba mis facturas preferidas y la abuela mi acariciaba la rodilla por debajo de la mesa.

  • Mi mejor amiga y su amiga

    Mi mejor amiga y su amiga

    Con mi mejor amiga nunca lo había hecho, pero si con amigas cercanas, en la mayoría de las veces el vínculo se fortalece, pero nunca, nunca se deben mezclar los sentimientos o se va la amistad por la borda.

    Al respecto dejo un relato, ojalá les agrade.

    Después de algún tiempo de no vernos, mi mejor amiga, Myrna y yo quedamos de vernos en un bar al que solíamos ir cuando éramos solteros, a ella la acompañaba una amiga suya, Violeta, ambas lucían espectaculares, Myrna con un conjunto negro de falda a la rodilla y una blusa con aplicaciones de trasparencia en el escote que dejaba ver un poco de sus lindos senos, Violeta también de negro, pero con vestido escotado de frente y torso, abierto desde medio muslo, excitantes desde la primera vista.

    Ellas eran como hermanas, desde la secundaria eran muy amigas, se casaron casi al mismo tiempo, quedaron embarazadas y tuvieron a sus hijos en el mismo año, sus hijos eran amigos, y de igual forma se habían divorciado simultáneamente, mi convivencia con Violeta era poca y reservada, con Myrna era todo lo contrario, Violeta muchas veces insinuó que Myrna y yo nos teníamos unas ganas locas, pero que lo negábamos, y parece que tuvo razón.

    Como siempre nos fuimos a la mesa del fondo del bar, era un bar muy discreto, con luz tenue, perfecto para ir en pareja, con una plática agradable fuimos relajándonos, Violeta bromeaba subiendo la temperatura a las bromas, entre bromas, tragos y juegos Myrna y yo empezamos a besarnos, al ver a Violeta sola yo dije que Myrna no tendría problema en compartirme con ella ni yo en compartir a Myrna con Violeta, los tres reímos, volvimos a besarnos, Violeta miraba, la tome de la mano, se la besé mirando con agrado que le gustaba, me sostuvo la mirada, sonrió.

    Myrna también sonrió, así que besé a Violeta sintiendo como se empezaba a excitar bajé una mano hacia su muslo desnudo, Violeta no opuso resistencia así que fui más allá, seguí acariciando bajo su vestido dirigiendo mi mano hacia su vagina, cuando mis dedos llegaron ya estaba húmeda, Myrna se acercó para acariciar mi erección sobre el pantalón, pude notar lo caliente que estaba por lo endurecido de sus pezones que las transparencias de su blusa y la tenue luz dejaban ver, así como su mirada perversa.

    Les pedí que se besaran, rieron nerviosamente, lo empezaron a hacer tímidamente primero, cuidándose de que no las miraran, como las demás personas estaban en los suyo y había poca luz, fueron aumentando de tono, al ver que les gustaba las animé, incluso se empezaron a acariciar el pecho, también pude ver como Myrna metió su mano bajo el vestido de Violeta para dirigirla a su vagina, Violeta se estremeció al sentir los dedos de Myrna llegar a esa zona, los dedos de Myrna y mis dedos hurgaban la vagina de Violeta.

    Ellas se besaron con más pasión mientras frotaban sus tetas y besaban sus cuellos aprovechando la poca luz que había, Violeta con una mano tomó mi cabeza para invitarme a participar en los besos que se estaban dando, con la otra también empezó a acariciar mi erecto miembro, mis manos se encontraban con las manos de ellas prodigando caricias a la otra mientras yo recibía las de ambas.

    Ya al límite de la excitación decidimos ir a un hotel, en el trayecto, les propuse que se fueran en la parte trasera para que no se bajara la temperatura, ellas con gusto lo hicieron, las miraba por el retrovisor, podía ver como subían de intensidad los besos y las caricias, en los semáforos en alto que tocaron, volteaba para ver como las manos de ambas pasaban de sus tetas a sus entrepiernas Violeta con una pierna casi desnuda por completo, Myrna con la falda levantada hincada sobre el asiento casi encima de Violeta, era una escena muy excitante.

    Al fin llegamos al hotel y bajamos casi volando del auto, nos dirigimos a la cama yo fui a llenar el jacuzzi, cuando regresé a donde estaban ya tenían el torso desnudo, pude ver sus tetas hermosas frotándose unas contra otras, ya no pude contenerme, me uní a ellas, empecé a besar a Myrna, Violeta se nos unió en el beso, las lenguas de los tres jugaban intensamente mientras nuestras manos pasaban de un cuerpo a otro, yo tocaba sus nalgas suaves, tersas, sus tetas, sus vaginas húmedas, calientes; ellas hacían lo mismo, entre las dos me desnudaron, Violeta fue quien quitó mi pantalón para empezar a chupar mi verga, Myrna y yo seguimos besándonos, la tiré sobre la cama.

    Le dije a Violeta que se dejará chupar la vagina por Myrna, mientras yo se la chupaba a ella, para ese momento las dos estaban completamente mojadas, muy excitadas, incluso escurrían sus deliciosos fluidos por lo que no se opusieron.

    Violeta se acomodó sobre la cara de Myrna frente a mí, en momentos se agachaba para besarnos, mi cara estaba entre las piernas de Myrna, cuando mi lengua jugaba con los labios exteriores de la vagina de Myrna, había gotas en su muslos, mi lengua entraba a la caliente y mojada vagina de Myrna, al llegar a su clítoris después de jugar un rato con éste Myrna se vino obre mi cara, casi al mismo tiempo Violeta se vino en la boca de Myrna al tiempo que nos dábamos un beso saboreando los jugos de Myrna, para ese momento Myrna me pidió que la penetrara, así lo hice, no sin antes besarla y saborear los fluidos de Violeta que para ese momento estaba boca arriba recuperando el aliento.

    Contigo encima de mi miembro, Violeta se acomodó encima de mi cara, las dos de frente se acariciaban las tetas, se besaban y acariciaban así estuvimos unos minutos, sentía como sus sentones eran cada vez más intensos, Violeta apretaba sus piernas sobre mi cabeza mientras mi lengua hacía lo suyo en su vagina, hasta que casi sincronizadas, entre una sinfonía de gritos y gemidos, una vez más se chorrearon, Myrna sobre mi verga, Violeta sobre mi boca y barba.

    Violeta se puso en cuatro pidiendo también ser penetrada, Myrna bajó de mi verga para que pudiera coger con Violeta, yo no aguantaba más, así que tomé un respiro mientras Myrna se acomodó debajo de Violeta para darle lengua a esa mojada vagina antes de meter mi verga.

    Una vez recuperado el control, penetre a Violeta apretando sus nalgas, dándole nalgadas que Violeta pedía, la lengua de Myrna pasaba de mis bolas a su vagina, nos movíamos a un ritmo deliciosos viendo como sus tetas se balanceaban cada vez más rápido, Violeta se hundía entre las piernas de Myrna para lamer su vagina caliente.

    De pronto Violeta se puso tensa, sus piernas temblaban cuando nos mojó de nuevo a los dos, yo no aguanté más y dejé escapar unos chorros de leche dentro de Violeta, Myrna le pidió que siguiera dando lengua al mismo en su vagina al tiempo que se metió mi verga a su boca y empezó a mamar con gran placer para mí, limpiando hasta la última gota de semen y jugos de Violeta.

    Los tres quedamos tumbados en la cama, todos besándonos e intercambiando caricias, recuperando el aliento

    Para ese entonces el jacuzzi ya estaba lleno. Myrna con más ganas y Violeta con ganas de perder su virginidad anal.

  • A mi ex suegra, le gusta mi verga (cont. – parte 1)

    A mi ex suegra, le gusta mi verga (cont. – parte 1)

    Este relato es la continuación de uno que hice hace unos meses de como empecé a involucrarme con mi ex suegra y como le daba indirectas de que quería cogerla, pues después de todo eso, se logró y les contaré como fue que llegué a ese punto y como va todo a la fecha.

    Si no saben el contexto, búsquenlo como “Necesito opiniones: ¿le gustará mi pene a mi ex suegra?” (lo encuentran en mi perfil).

    Total que en el aquel nos quedamos que le mostré en whatsapp varias veces mi pene erecto en estados, lo deje de hacer por que andaba arreglando mis diferencias con mi ex, su hija, no quise arruinarlo y deje en pausa lo que estaba generando con mi Karla (mi ex suegra), no hubo arreglo de nuevo con su hija, por diferencias decidimos no volver a intentarlo, entonces eso me dio paso libre de nuevo con su mamá, que durante estos meses me ha seguido tratando muy bien y a veces siento que me coquetea, tal vez, solo sea mi imaginación pero así me parece en ocasiones.

    Después de un par de semanas de haber decidido dejar las cosas en paz con mi ex, volví a la carga con Karla, la clásica que ya había funcionado, los estados que solo viera ella, “grabando mi pantalla nueva” y sin querer se me veía el pene marcado en el bóxer, si volvíamos al punto que veía esos estados y no decía nada y hasta me trataba mejor cuando me veía, estaría en el mismo punto que antes, casi seguro que quiere algo conmigo, pues así fue, no hubo queja ni reclamo por ese estado, ese mismo día la vi por la noche y muy sonriente conmigo.

    Karla me veía el pene por las noches y al día siguiente me saludaba como si nada, para mí ya estaba claro que le encantaba al menos verme casi por completo desnudo.

    Ya no podía seguir solo así, necesitaba más de ella, tiraba indirectas que había alguien mayor a mí que me enloquecía, que cada que la veía me hacía pensar en ella de ciertas maneras y todo apuntando claramente a ella y los veía y me saludaba sonriente siempre que la veía, todo encaminado, pero no encontraba la manera de llegar al punto de directamente saber si había chance de tener algo con ella.

    Decidí a comenzar a hacerle cumplidos como ella solía hacérmelos, de repente le decía que se veía muy guapa y se sonrojaba y me decía: “ay gracias, si ni me arreglé” y yo continuaba halagándola: “imagínese si se arreglara”, solo me sonreía sonrojada, así varías veces le decía que se veía muy bien y ella también en ocasiones me decía que guapo te ves hoy, era de ida y vuelta la tensión por dar el paso más adelante.

    Total que de esos días que iba a llevarla a comprar cosas para su negocio en mi carro, tire la plática a apuntar de como había conocido a su esposo y bla bla, cosas que no me interesaban, pero llegué al punto de preguntarle: “y fue su único novio? Me refiero que si así fue, nunca tuvo esa curiosidad de conocer a más hombres?”; volteo a verme y me dice: “como crees que te voy a responder eso” y se rio tímidamente; continúe: “no en mal plan señora, yo sé que lleva años casada y su matrimonio es estable, pero es normal como sentir esa curiosidad de que hubiera pasado si conociera a más hombres, tal vez no a la fecha, pero recién casada”.

    Volvió a reírse y me dice: “tu sentías atracción por otras mujeres mientras estabas con mi hija?”; le contesté: “no mientras estaba con ella pero si llegué a pensar cuando nos dejamos que fue bueno, por que pude conocer un poco más de mujeres y me sirvió para tener más experiencia en todos los aspectos”; solo me asentó con la cabeza viéndome a los ojos, hubo una pausa en silencio y creí que no seguiría con el tema, pero comenzó: “amo a mi esposo, pero como dices siempre hay una pequeña duda o curiosidad de haber conocido más muchachos, porque si fue mi primer novio y único, pero esa duda, es mucho más cuando era joven…”

    La interrumpí y le pregunté: “y actualmente no siente esa curiosidad?”; pasó saliva, me miro nerviosa y me dice: “ay no que cosas preguntas”; empecé a sentir esa tensión sexual de ambos, le sonreí y le dije: “es que sinceramente a veces reprimimos tanto algo que quisiéramos hacer y luego vuelve con mas fuerza”; muy nerviosa respondió: “si, pero es algo que a mi edad y con tantos años casada no debo pensar”; “no debe, pero si piensa en eso” le dije.

    Mordió su labio inferior un poco y muy nerviosa desvió la mirada hacía la ventana del auto, no presione más, había llegado hasta el punto donde quería, llegamos a su casa, bajamos las cosas que compro y me dice con una sonrisa media coqueta: “bueno, nos vemos la próxima semana para ir, gracias y luego seguimos con la plática”. Sentí que se puso durísima la verga, no le incomodo en lo más mínimo la plática, en cambio, se quedó con ganas de más.

    Paso la semana y estaba ansioso por ese viaje de nuevo, iba a llegar un poco más lejos esta vez, llegó el día pasé por ella, muy hermosa se veía, recién bañada por la mañana, me encantaba, necesitaba cogerla, le hice saber enseguida que se veía muy bien y ella igual a mi, se subió al carro y lo primero que me dijo fue que le gustaba mucho el perfume que traía y total pasaron unos minutos y comienza la conversación:

    Karla: ¿oye y que ha pasado siempre con mi hija?

    Yo: pues nada, creo que no nos entendemos, lo dejaremos así

    Karla: lo siento, queríamos que estuvieran juntos

    Yo: a veces no se puede, ni modo, no hay que hacer

    Karla: pues si, mi hija debe entender que perdió a un buen hombre y que no la esperaras toda la vida

    Yo: así es señora, aparte estoy en buena edad de conocer más gente

    Karla: no te vaya a pasar como a mí y te quedes con curiosidad

    Yo: justamente eso pensaba, prefiero conocer a más personas

    Karla: si, aparte estas guapo y eres trabajador, no falta a quien le gustes

    Yo: ¿gracias, puedo comentarle algo?

    Karla: si, dime

    Yo: con todo respeto, siento que está en buena edad para que saque esa curiosidad que tiene, siento que la vida se nos va muy rápido y no debemos quedarnos con las ganas de nada, no me gusta escucharla decir que se quedó con la curiosidad; yo jugando el papel de comprensivo y respetuoso.

    Karla: no como crees que dejaría a mi esposo; visiblemente nerviosa estaba

    Yo: no, a eso no me refería, claro que es casada y eso no lo cambie, pero creo que una escapadita que tenga de la rutina o monotonía de tantos años, solo por no quedarse con la espinita de conocer a otros hombres, con todo respeto se lo digo, creo que es valida

    Karla ya muy nerviosa y viéndome a los ojos: no, como me dices eso, aparte a mi edad ya no es tan fácil que alguien se fije en mí, solo viejitos tal vez

    Yo (sonriéndole levemente): yo pienso que hay varios hombres más jóvenes que usted que estarían encantados de estar con alguien como usted

    Karla: ay como eres, claro que no; sonrió y se voltio a la ventana

    Yo: claro que si señora, si me permite con el respeto que le debo, me parece una mujer muy guapa, es muy buena persona y…; hice una pausa para ver si ella estaba interesada en lo que iba a decir

    Karla: ¿y… Que?

    Yo: pues me parece que tiene un cuerpo muy bien, claramente despierta el intereses de más de un hombre.

    Me miraba, la voltee a ver y solo sonrió y se quedó callada, fue un silencio de unos minutos, llegamos a donde íbamos, compro sus cosas y nos fuimos de vuelta, un viaje normal, pero al poco de unos minutos, ella sola comenzó la conversación:

    Karla: sabes hemos tenido algunos problemas mi esposo y yo

    Yo: ¿en serio? Algún problema en especial?

    Karla: no, solo la rutina del día a día y cosas que pasan en los matrimonios

    Yo: ¿si entiendo y como se siente?

    Karla: confundida, a veces desesperada por que siempre es lo mismo diario

    Yo: ¿ya se cansó de la rutina?

    Karla: si, un poco, ¿quisiera hacer algo distinto un día que me despierte, no sé si me doy a entender?

    Yo: claro, no me lo tome a mal, pero le parecería extraño si la invito a tomar algo para que se distraiga

    Karla se sonrojo y volteo a verme, diciéndome: no, imagínate que van a decir si nos ve alguien conocido, no como crees

    Yo: pero podemos hacerlo sin que sea en un lugar público, en mi casa, para que salga de la rutina solamente

    Karla: es que… No… Imagínate…

    Yo: solo tomamos algo y vuelve a su casa, a fin de cuentas, ahorita no la espera nadie en su casa, todos están trabajando

    Karla: pero si alguien me conoce por tu casa… Es que es mucho riesgo, lo malinterpretaran…

    Yo: mire si es por quien nos vea o nos conozca solamente, le puedo proponer algo si usted quiere

    Karla: no es solo eso, es que se ve mal que tome algo con el ex de mi hija…

    Yo: solo quiero que se distraiga un rato, yo lo tomo como eso solamente

    Karla: es que no se… Me da pena contigo

    Yo: no se preocupe, entiendo, pero para platicar un rato a gusto sin presiones de nada

    Estaba muy nerviosa y se veía totalmente sonrojada, no sabía que responder, pero claro no me decía que no definitivamente.

    Yo: mire no me diga ahorita, ni le digo hoy mismo vamos, piénselo, el día que quiera, me lo dice y vamos, si no, no pasa nada, al fin de cuentas es su decisión

    Karla: está bien, pero es que… No se

    Yo: no se preocupe, todo quedara entre nosotros señora, si me la acepta o no, solo es una invitación y no saldrá de aquí

    Karla: bueno… Platícame de tu carro… Siguió la plática hacía otro lado y ya

    Estaba muy cerca de conseguirlo, la estaba seduciendo y cada día me ponía más caliente de pensar que se podía dar algo, había pasado casi la semana completa, ya casi se llegaba el día de ir a su viaje y 2 días antes esta fue la conversación en whatsapp:

    -Hola, oye si podrás hacerme el viaje esta semana

    -¿Si señora, a la misma hora que siempre?

    -Si, pero te iba a decir, me da pena, ¿pero aún tienes la invitación que me hiciste?

    -Claro que si, está disponible para cuando guste

    -Es que, no sé como hacerle para que no se den cuenta aquí

    -Mire, que le parece si me pasa lo que va a comprar y yo mañana voy a comprarlo y el jueves que se supone iremos, en lugar de ir a comprar eso, vamos a tomar algo y así no se sale más tiempo e igual tiene sus cosas que comprara

    -En serio harías eso?

    -Si, sin problemas páseme la lista y nos vemos el jueves para ir

    -Ok, ahorita te la mando

    Ya estaba hecho, se animó, desde ese momento se me puso erectisimo el pene, era el momento de por fin coger a esa señora que tantas jaladas le dedique, que tanto desee por mucho tiempo. Hice las compras, las deje en mi casa y esperaba paciente al día siguiente.

    Por la mañana del jueves le escribí que la vería a las 12 del mediodía como de costumbre, me respondió que estaba bien que me esperaba, me arregle bien, le deje un buen corte de pasto a mi pene, me perfume, le iba a dar una cogida de época, que me recordara siempre, llegué hasta su casa y sale, no sé si era que ya estaba muy excitado pero se me hizo hermosa ese día, un poco más arreglada de lo normal, pero no tanto para no levantar sospechas, me saluda y me dice: “que vergüenza”, le digo que no pasa nada, nos subimos al carro y le digo:

    Yo: ¿todo bien?

    Karla: con vergüenza, no sé como estoy haciendo esto

    Yo sonriéndole: nadie se enterará, solo iremos por algo y a platicar

    Karla: pues si, pero… Te iba a decir, en tu casa me sentiría incomoda, si mejor vamos a… No sé, otro lugar

    Yo: claro, donde se sienta más cómoda, le parece si vamos a rentar una habitación, compramos algo y ahí nos estamos tranquilos

    Karla: ¿ay que pena, no crees que es demasiado?

    Yo: no, solo para no correr riesgo de nada

    Karla: esta bien, pero de verdad, esto quedara entre nosotros?

    Yo: claro que si señora, esto no saldrá de aquí

    Esbozo una pequeña sonrisa, medio apenada, yo no paraba de verla de pies a cabeza mientras conducía, sabía que por fin después de meses de trabajar seduciéndola se me estaba haciendo realidad.

    Llegamos por algo de tomar, ella quería vino y yo compre cervezas para mi, un poco de comida y la veía súper nerviosa, me imagino que estaba pensando si estaba haciendo lo correcto, de ahí nos fuimos directo a un motel que conocía, medio lujoso, que tiene habitaciones muy buenas, llegamos, yo ya con el pene que me explotaba ya quería cogérmela, pero debía mantenerme tranquilo e ir poco a poco, comencé diciéndole que se veía muy bien y que insistía que a muchos hombres les llamaría la atención.

    Se sonrojo mucho y agacho la mirada, empezó a sentir mucho esa tensión sexual y más nerviosa se puso, me dijo que si comíamos algo de lo que llevamos y empezamos a comer, destape una cerveza, le serví un poco de vino.

    Platicábamos relajados de los problemas de pareja que siempre habían, ella se abrió mucho platicando de lo que sucedía en su matrimonio, en un momento que me platicaba me atreví a tomarle la mano y decirle que no entendía como con una mujer así como ella no la valoraba como tal su esposo, no la quito, solo sentía su nerviosismo al tocarla, en cuanto paso eso, le dije: “venimos aquí a liberarnos de los problemas, hay que dejar de hablar de eso”; me sonrió y me dijo: “tienes razón”; le propuse: “si me permite, se hacer unos masajes muy buenos, para quitarle el estrés”; “ay no sé, que pena contigo” contesto.

    Me coloque detrás de ella, que estaba sentada en una silla, yo parado la toque en los hombros y empecé a masajear, rápidamente soltó la tensión que tenía, aflojo el cuerpo y se empezó a relajar, yo me daba gusto tocándola, sin sobrepasarme aún, solo los hombros y los brazos, se imaginaran que tenía la verga parada e intencionalmente me acercaba de más para que la sintiera en la espalda como me ponía.

    En la primera no hizo nada, también se la repegue muy poco, apenas perceptible, en la segunda ya recargue más mi cuerpo en su espalda, masajeando sus brazos y lo sintió, porque retorció un poco el cuerpo, sintió claramente mi pene erecto en la espalda, en la tercera ocasión ya directamente se lo puse completamente en la espalda, me acerqué a su oído y le dije: “le está gustando?” casi con una voz temblorosa me pregunta: “el masaje?”; yo entre excitación le digo: “ambas cosas”; sonríe y apenas se escucha que contesta: “si, me encanta”.

    La tome de la mano y le dije: “ven, continuo el masaje en la cama”, me vio sumamente nerviosa pero ya en ese punto excitada igual que yo, se sentó en la orilla de la cama y yo parado frente a ella, le dije: “hace mucho que deseaba este momento señora”; con una voz muy conocida, casi entre gemidos y sus ojos viéndome directo al pene: “si? Mucho?” claro esa voz me excito más aún, justo sonaba igual que mi ex, que su hija, me prendió tanto recordar que me estaba por coger a la mamá de mi ex, a la cual me cogí tantas veces también; le tome el rostro y con la otra mano tome su mano y la puse sobre mi pene: “tu júzgalo Karla”…

    Ya de aquí en adelante comienza la pornografía, pero ya siento que es mucho texto, lo hago en otra parte. Es mucho texto lo que falta, se los contaré a detalle todo lo que le hice a mi suegrita Karla preciosa.