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  • La primera vez de una morra insegura

    La primera vez de una morra insegura

    Hola a todos después de unos meses de ausencia vuelvo espero disfruten este relato nuevo. Bueno, lo conocí a él un día cuando iba camino hacer las compras para la semana, nos pasó la típica escena de película cuando se te ruedan las naranjas. Yo toda tímida como siempre me sonrojé y pedí disculpas con la cara mirando al suelo, yo soy insegura de todo y por nada, una nerd uso lentes, cabello suelto lacio y largo. Cuando me levante y me dio el resto de las naranjas me dijo con voz gruesa que lo sentía y se sonrió después se ofreció a llevarme a mi casa yo no sabía que responder pues era muy apuesto tenía una sonrisa maravillosa y unos labios rosaditos y carnosos y unas manos enormes era alto y delgado en mi mente decía – hombre por dios hazme un hijo.

    No hable nadita, entonces él dijo lo tomare como un sí, así que me tomo la mano y me llevo a su carro, como todo un caballero me abrió la puerta del carro y espero a que subiera para cerrar la puerta inmediato corrió al otro lado subió y me dijo que hacía a donde y entonces decidí hablar, aunque me trababa un poco pues estaba muy nerviosa, luego de decirle me empezó hacer platica llevaba un pans súper pegado y yo no dejaba de ver lo que había entre sus piernas.

    Se le notaba tremenda cosotaa, créame que ya sentía que me brincaba el clítoris, bueno en el camino me pregunto mi nombre, si tenía novio según por qué yo le parecía muy bonita, ¿yo le dije como así? Que no vez estos lentes me veo horrible a lo que él me dice ah como crees… eres hermosa y ya le dije pues no, no tengo novio y que me dices tú ¿Tienes chica?

    A lo que él respondió no. Seguimos viéndonos por muchas semanas más hasta que me confeso que le gustaba yo le dije que él también me gustaba le tome confianza desde el principio siempre estaba para mí y me apoyaba en todo era tan lindo tan atento después descubrí que él también era muy introvertido, pero al igual que yo tímida y caliente todo iba bien todo iba perfecto hasta que un día estábamos solos en casa mis padres se habían ido de viaje por unas semanas y lo invite a ver una serie para no sentirme sola.

    Entonces veíamos la serie hasta que paso una escena atrevida y el volteo a verme y yo disimuladamente voltee a ver su pantalón tenía una erección fabulosa fácil eran unos 22 cm en eso me subí sobre él y empezamos a besarnos… empezó a subir la temperatura cuando las prendas iban saliendo de nuestro cuerpo y nos veíamos desnudos uno al otro. Estaba muy nerviosa pues era virgen nunca había estado con nadie yo no era tan delgada y temía que mi cuerpo le decepcionara, bueno seguimos besándonos con mucha pasión y ya iba a bajar mi calzones cuando le dije que se detuviera que no estaba lista entonces me abrazo y me dio un beso súper tierno ella frente y me dijo “tranquila te amo, amo cada parte de tu cuerpo, no temas que para mí es perfecto”.

    ¡¡Sentí tanta seguridad y me sentí tan cómoda que proseguimos… bajo mis calzones y empezó a tomar mi clítoris y suavemente recorría mis labios mientras besaba mi cuello y tetas ya estaba lista bien lubricada y desesperada por que me penetrara lo pedía a gritos!! Sentía tanto placer que lo tome de la mano y fuimos a mi habitación le baje el bóxer y saque un condón que tenía en mi cajón. Me lo había dado mi madre ya saben por protección, entonces me lo puse en la boca y se lo puse esa cosa me llego hasta la garganta…Tal como había sospechado su pene era enorme, me senté sobre el… subía y bajaba a profundidad me tomaba de las caderas y me daba impulso era demasiado placer ni siquiera sentía el dolor que se me había dicho que sentiría era muy rico.

    Mas lo ame pues me aceptaba, me hacía feliz y sobre todo hacía buenas chambas. Después cambiamos de posición íbamos tan rápido sentía que me venía a chorros, gemía y gemía cada vez más alto me excitaba ver su cara de placer me temblaban las piernas me erizaba la piel lo sentía en lo más dentro de mí él también le temblaban las piernas bese todo su cuerpo recorrió no solo mi cuerpo si no también mi corazón y alma me hizo sentir realizada, feliz y plena ambos terminamos muy satisfechos. Me abrazo nos besamos y quedamos rendidos en esa habitación oscura donde la única luz era la que daba la llama tan ardiente y candente de nuestro amor.

    FIN

  • Mi estudiante me envía fotos

    Mi estudiante me envía fotos

    Este es otro relato real, de una ex alumna, quien me buscó unos seis meses después de haber egresado de la prepa. Ella tenía 20 años en aquel entonces. Nos vimos sólo unas cuantas veces pero cada una de ellas fue de lo más intenso que me ha pasado en la vida. Siempre que pienso en Mariel el corazón me da un vuelco.

    Habíamos tenido un par de encuentros previos, y esta narración es de como me mama la verga. Por supuesto terminamos cogiendo ese día como locos aunque yo había iniciado con la promesa de sólo follar su boca.

    “Habían pasado varios días desde la última vez que había visto a Mariel, muchos más días de los que me gustara. Ya podían contarse en meses. Estaba muy preocupado pues no sabía lo que había pasado. Deseaba que las cosas estuvieran bien pero habíamos quedado de vernos y me había dejado plantado. Finalmente, un día y de la nada, me llega un mensaje que decía ¡hola! Y un par de imágenes adjuntas. Una en donde está acostada, con sus dedos en la tanga y con una teta de fuera. ¡Qué delicia de tetas! Las mejores que había visto en mi vida. De hecho hace tiempo Mariel había subido al Facebook una foto tomada desde arriba, en la que tiene una blusa rosa, sin brassiere y en la que se distinguen claramente sus tetas ¡cuántas veces no me había masturbado mirando esa imagen! Pero esta otra serviría para hacer mis noches más largas.

    Y también había enviado otra en donde se ve en tanga, con una blusa transparente (que ha sido parte de mis relatos!!!) con unos labios divinos, hechos para mamar verga y el rostro de ángel que la caracteriza.

    Tomé el teléfono y marqué al número de donde habían salido los mensajes. Mariel me dijo que había estado saliendo con su novio, por lo que no había podido ni siquiera mandarme mensaje. Por supuesto le reclamé y le dije que la vería. No quería pero finalmente decidió venir al día siguiente a la casa.

    Cuando llego a verme venía muy arreglada y hermosa como es ella. La invite a pasar y una vez que entramos le dije:

    -Además de vestirte como una puta, te comportas como perra.

    -Como me vista o comporte es mi problema, no el tuyo. Me dijo.

    -¡Cállate cabrona!, te la pasas todo el puto día en la calle y ni un mensaje me puedes mandar. Le grité

    -¡Que te valga un millón de vergas! Me contestó casi a gritos…

    Este tipo de juegos la calentaban mucho. Le gustaba sentir la adrenalina de que estuviéramos peleando (aunque no fuera así, sólo fingíamos)

    Me abalancé sobre ella. Giramos y en ese momento se quedó sobre mí y le dí una nalgada. Se quedó como estatua, no supo qué hacer. Entonces le dí un beso en la boca y aunque ella volteaba la cara para evitarlo, cuando lograba besarla ella misma metía su lengua en mi boca, entonces bajé la mano y la puse entre sus piernas. Pataleo un poco pero seguí besándole el cuello mientras metía mis dedos en su puchita.

    Se quedó quieta mientras le subía la camisa y dejaba su cuerpo totalmente desnudo. Proseguí a chupar sus pezones y meter sus dedos en la boca… como si fuera una verga… los cuales por alguna razón desconocida o por hábito comenzó a lamer y chupar.

    Estaba muy caliente y entonces imploró: “méteme tu verga, no aguanto más…”

    -Ni madres, -le dije,- hoy por puta solo me mamarás la verga… Me rogo y me suplicó de mil maneras que me la cogiera, y aunque moría de ganas de cogérmela, fui inflexible.

    Y di la orden: abre la boca y metelo dentro, tienes que chuparlo. La agarré fuerte de su pelo corto, recién teñido de rubio y le dije: Hazlo. Y lo hizo. Abrió sus labios para dejar que entrase en su boquita. Quería que me la cogiera pero eso no impidió que yo le fuera dando órdenes de cómo mamarme la verga: Lámelo por la punta. Chupa los huevos… métetelo todo… Era una delicia. Mariel, una chica hermosa y divina, ahí estaba, comiendo mi verga y cada vez más cerca de probar mi semen.

    Porque eso hice. Cuando noté que con sus chupadas no era bastante para venirme, la agarré por la nuca y empujé hasta meter más de la mitad. Aguanté unos segundos. Su carita se iba poniendo colorada. Sentía su boca húmeda y bien rellena de mi carne… Se la saqué para que respirase. Solo lo justo para que se recuperase e iniciar la maniobra final. Ahora ya no chupaba, era yo quien se follaba sus labios, su lengua, su boca… Cada vez entraba más y ella intentaba empujándome hacia atrás tratando evitar lo inevitable.

    Mis embestidas aumentaban. Estaba loco. Veía desde arriba como mi pene se cogía su boca mientras ella me miraba con los ojos acuosos… Su carita me puso aún más cachondo y noté que ya llegaba… Tres embestidas más y descargué mi leche en su garganta mientras mis huevos hacían tope con su barbilla. Así la mantuve unos 15 segundos. Hasta que las descargas cesaron. Se puso roja, apenas pudo tragar mi semen. No deje que escurriere fuera ni una gota. La saqué. Tosía. Pero había dejado de suplicar. Entendía que ahora era mía, sólo mía y que esto no había hecho más que comenzar.”

  • Nohemí, dejando atrás la piel

    Nohemí, dejando atrás la piel

    Nohemí seguía visitándome en la oficina, los besos y los toqueteos eran cada vez más intensos, los mensajes, las llamadas y a partir de nuestro primer encuentro la insistencia de salir de nuevo era mayor, ella trataba de buscar el espacio para salir, pero como siempre había un imprevisto, su hermana, que trabajaba cerca de ahí y curiosamente a últimas fechas ya quería regresar junto a Nohemí, algo que nos apretaba el horario y la posibilidad de escaparnos.

    Aun así, tratamos de huir de su hermana y encontramos un sábado en la tarde un par de semanas después de nuestro primer encuentro, regresamos al mismo hotel y la diferencia a la vez anterior, nos empezamos a besar desde el elevador, me sobaba la verga dura y yo le apretaba las nalgas que me encantaban.

    Al llegar a la habitación la aventé a la cama y bajándole el pantalón de mezclilla le hice de lado la micro tanga blanca que traía y sin darle oportunidad de algo le metí la lengua en su conchita, soltó un gemido largo y mientras la mamaba le fui bajando el pantalón, subió sus piernas pasándolas por mi cabeza apretándome a su conchita, cabe señalar que tiene unas piernas grandes, bien torneadas, me tomo de la cabeza y me pegaba más a ella, mis manos subían abriéndole la blusa y levantando el bra para jugar con sus pezones.

    Levante más sus piernas para poder mamar su culo que por momentos no sabía Nohemí que hacer que de algún modo se entendía porque era la primera vez que le hacían sexo oral, subí besando su abdomen y empecé a mamar sus pezones, en ese punto los mordía y chupaba fuerte, veía su cara de dolor pero no había expresión de detenerme ante tal manjar, me puse de lado de ella y me empezó a mamar la verga, al principio solo jugaba con la lengua pero al meterla a su boca me mordía o se ahogaba algo que la sonrojaba mucho pero le comentaba que no teníamos prisa, que se tomara su tiempo, mientras yo metía mis dedos en su conchita, una vez más quiso acostarse a lo que le dije… aquí no es así… y sentándome yo en la orilla de la cama, le pedí que se volteara, y se fue sentando poco a poco sobre mi verga, le levante una pierna, puse atrás de mi cabeza su brazo y le pedí que moviera sus caderas en círculo, así podía mamarle una teta y masturbarla, con su pierna de apoyo podía sentir como temblaba, su respiración agita pero aun muda.

    Me acose en la cama y le pedí hacer un 69 que también pude ver un momento de confusión al no saber cómo acomodarse sobre mi así que fue divertido la parte didáctica que vivimos, amaba ver sus enormes nalgas, su culo y concha rosa, sin vello, su piel blanca y sentir como e lamia la verga, hasta que eyacule en su boca, en ese instante pensé que posiblemente le daría asco y vomitaría o mínimo le debí haber avisado pero pude ver como su culo y conchita se contraían, metí mi lengua y sentía como me apretaba y ella no dejaba de mamarme.

    Hasta que sintió mi verga flácida se paró y recostó de lado, me puse junto a ella y la abrace, le pregunte qué había pasado respecto haber eyaculado en su boca y me contó que había tenía una plática con una compañera de ella referente a sexo y quería tener esa sensación del semen salado en su boca, entre otros temas que se podía practicar sexo menstruando, entre otras cosas más, incluyendo sexo anal, que en ese momento no se sentía preparada para practicarlo y lógico las posiciones, pero según ella se sentía torpe ya que no podía visualizar como moverse ya sea yo sobre ella o ella sobre mí.

    Reí mientras ella se seguía sonrojando por la situación, pero ya no se escuchaba triste ni frustrada, sonaba impetuosa por seguir probando y molesta porque su esposo no le había dado la oportunidad de satisfacerse.

    Le pregunté que, si era tan “cerrado” él y más ella por no buscar su propia satisfacción, como usaba esas micro tangas, a lo que muy seria me dijo… todas (ella, su hermana la molesta y otra más) usamos tangas en casa…, a lo que reí mucho más ya que no entendía si usaba ese tipo de ropa no le interesaba satisfacerse a ella.

    En fin empecé a besarla por la espalda y acariciar sus nalgas, le dije que me encantaban que porque siempre iba tan tapada, a lo que su respuesta fue el nombre del compañero que la molestaba que para esas alturas él sabía que ella y yo salíamos y menos la molestaba así que por fin podía vestirse como quisiera, me comento que su esposo como yo y como quien la viera le gustaban sus nalgas, cabe señala que sus hermanas están igual de nalgonas que ella, pero que su esposo era muy celoso y si alguien la veía lo quería golpear, a lo que pensé… si supiera donde estamos en este momento… pero que se sentía complacida conmigo.

    Ella seguía hablando y yo no paraba de besarla, me puse entre sus piernas, tomándola de los talones y de un golpe hice para atrás sus piernas, llevando sus rodillas hasta sus orejas encorvando su columna abriendo grandes sus ojos y metiendo mi verga de un golpe a lo que comenté mientras le daba duro… quien te viera, ves cómo eres más flexible de lo que crees… tenía una sonrisa en su boca y yo le seguía dando. La volteaba y al tenerla en cuatro le pregunte… su tu esposo es admirador de tus nalgas, ¿Por qué nunca te puso en cuatro?… a lo cual pude ver su rostro invadido por la duda que desapareció al momento al dejarse llevar por el placer.

    Nos metimos a la ducha, caía el agua caliente y yo frente a ella, la tomé por sus nalgas, levantándole una pierna y metiendo mi verga de golpe, mamando sus tetas y ella arañando mi espalda, la quise cargar, pero no me lo permitió argumentando que era muy pesada, seguimos hasta que eyaculé en su conchita, sentía como mi verga se desahogaba dentro de ella y no paraba de besarme.

    Salimos de la ducha y nos tumbamos en la cama, platicamos un rato mientras yo la seguía tocando, metía mis dedos en su conchita y empecé a explorar su culo, sacaba mi dedo para chuparlo y solo cerraba los ojos de nervios, se nos había terminado el tiempo, que era hora de partir, pero ese día había sido un gran paso para ella y seria los primeros de los muchos que dimos.

  • La influencer influenciada (cap. 6): Culminación (parte 1)

    La influencer influenciada (cap. 6): Culminación (parte 1)

    Presenciar cómo aquella chica era capaz, no sólo de aguantar las hostias que le daba, sino de permanecer inmóvil, e incluso parecer disfrutar de ello, más zorra le empezaba a parecer, y por lo tanto, con más saña le apetecía infligirle tanto guantazos como improperios de todo tipo.

    -Mi pequeña, voy a dejarte la carita roja. Igual que el culete. Quiero que todo el mundo sepa lo zorrita que has sido. Que durante una semana entera no lo puedas esconder. ¿Quieres?

    -… Sí. -Dijo Lara

    -¡No te he oído! ¡Más alto! ¿Quieres que todo el mundo sepa lo zorrita que has sido?

    -¡Sí! Sí quiero. -Le contestó Lara. Esta vez vociferando con más ímpetu y empleando un hilillo de voz que sonó fogoso e irresistible para Juan Ignacio.

    En cuanto le escuchó pronunciar esas lindas palabras, se apresuró a apartar la mano derecha de su rostro, al tiempo que ella cerraba los ojos como advirtiendo aquello que le antecedía.

    Aguardó unos segundos y, ”¡plas!”. Estampó esa misma mano contra la cara de su pequeña, provocando un golpe seco que retumbó hasta la escalera de la comunidad.

    Semejante tortazo estuvo cerca de hacer que se desestabilizara y precipitase para un lado, aparte de desencadenar una lluvia de lágrimas que estropeó el delineado de sus ojos y la hizo moquear como si fuese una adolescente castigada sin poder salir.

    Progresivamente, Lara fue descubriendo cómo, tanto el escozor de los golpes, como aquellas situaciones humillantes que Juan Ignacio no dudaba en pergeñar cada vez que veía la ocasión, se traducían en toda una variedad de estímulos, así como en un disfrute del todo excelso para ella.

    Excitación por medio de unas actividades que nunca antes había conocido, y que a lo largo de esa tarde habían ido consiguiendo que saliera de la caja, se enfrentara a su otro yo y aceptase, de una vez por todas, a esa parte de ella misma de la que solía renegar.

    Cada vez que una vejación le transmitía un profundo frenesí, hallaba excitación en un tortazo o sentía apego por lo turbio y lo desagradable, florecían en ella las aptitudes necesarias para, por fin, poderse reunir tanto con sus vergüenzas como con sus filias más inconfesables y acercar posturas.

    Para ese entonces, Juan Ignacio ya había dejado de besarla. Obnubilado por sus llantos y su manera de encajar cada bofetada, solo podía centrarse en eso ahora.

    Al tiempo que con una mano la golpeaba sin clemencia, la otra yacía amarrada a su barbilla, dejando libre sólo el pulgar que introducía a intervalos en la boca de Lara.

    Cansado de pegarle, se detuvo por un momento para admirar el estado en que se encontraba. Le entusiasmaba sobremanera poder apreciarla así, con el rímel corrido, mocos afluyendo por las mejillas… Pero sobre todo, lo que más le enamoraba de esa imagen eran sus mofletes. Habían alcanzado un color rojizo muy intenso en su centro, que se extendía por todo el contorno de su cara; que debido a su blancura y a disponer de grandes manos, con envite que le propinaba conseguía abarcar gran parte de ella.

    Después de contemplarla durante un intersticio, se llevó finalmente la mano a la polla, que a esas alturas pedía desesperada poder disfrutar de aquella chica.

    La extrajo de entre las nalgas de Lara donde llevaba alojada desde un inicio, lo cual hizo que al hacerlo le rozara el coño por primera vez.

    Mientras eso ocurría, apuntaba sus ojos inyectados en sangre directamente a sus retinas. Al terminar de tomar un poco de aire, le habló.

    -Mi pequeña. Mi pequeña zorrita. ¿Has visto lo gorda que me la has puesto? ¿Te gusta? Quiero ver como desaparece toda dentro de tu boca. ¡Venga, agáchate! ¡Vamos!

    -Voy, espera que me limpie antes la cara, que la tengo llena de pintura y mocos-. Expresó Lara, al mismo tiempo que hacía el amago de levantarse.

    -¡No, no te limpies nada! Si te vas a volver a ensuciar ahora. Anda, venga, bajate al suelo y abre la boquita. -Le interpeló Juan Ignacio.

    Detuvo su intención de ir a asearse tomándola rápidamente del brazo, a la vez que la agarraba de la cabeza por su parte superior y presionaba sobre ella para provocar que se deslizase hasta el suelo, para una vez allí poder metérsela en la boca.

    Viendo que no la dejaba irse, se dejó guiar por él, y apenas unos segundos después, ya se ubicaba en el suelo de rodillas, a los pies de él.

    Sin soltarle la cabeza en ningún momento, descendió esa misma mano que había empleado para agacharla, hasta dar con su nuca, por medio de la cual hizo presión, estampando así su cara contra el pene, que ya había sido agarrado por él y colocado en posición.

    Una vez la tuvo así, antes de llevársela a los labios, golpeó varias veces su rostro con su erecto miembro.

    Le daba la impresión de que con cada impacto que le daba, más partes de ella le arrebataba.

    Durante el tiempo que la había estado pegando había ocurrido lo mismo. Apreciar cómo poco a poco le iba despojando de su dignidad, como esa chavalita tan perfecta, tan joven y delicada terminaba destruida y completamente irreconocible, le embelesaba hasta límites que desconocía.

    La llamó putita varias veces, mientras no paraba de arremeterle con su gran polla. En un momento dado, se dispuso a aplastar con ella su pequeña nariz; luego de lo cual, siguió restregándose con ansia por todo el área de sus ojos, pómulos y resto de su expresión facial.

    Al mismo tiempo, se ocupaba también del silencio, pues no cesaba nunca de volcar en él todas y cada una de las pervertidas divagaciones que en ese instante transcurrieran por su mente.

    Antes de hincársela en la boca, dejó caer un gran escupitajo sobre su falo, que en parte terminó salpicando sobre la faz de Lara.

    Tras ello, se lo colocó entre sus labios y empujó con fuerza.

    Su polla, que no era excesivamente larga, albergaba sin embargo un diámetro bastante pronunciado. Lo que le produjo una arcada inmediata nada más metérsela hasta dentro y tener un primer contacto con su paladar.

    Debido a un acto reflejo del cuerpo, Lara reaccionó echándose hacia atrás, al tiempo que conducía su mano derecha a la base de aquel pene con intención de detenerlo.

    Pero ambas cosas fueron evitadas por Juan Ignacio, gracias a la impenitente palma de su zarpa que en ningún momento se despegaba de la nuca, impidiendo que la cara de aquella chica pudiera alejarse de su capullo mucho más de unos milímetros. Y con su mano pasó lo mismo. En cuanto vio sus intenciones, se la apartó de un manotazo, dándole a entender de este modo que a partir de entonces, solo iba a emplear la boca.

    Esperó hasta que hubo recobrado un poco el aliento y en cuanto dedujo que se había recuperado lo más mínimo, volvió a la carga sin brevedad. Le retiró un poco el pelo llevándoselo detrás, y esta vez, colocando sus dos grandes manos a la altura de su nuca, emprendió el camino para meterle la polla hasta rebasar su garganta.

    Esta segunda incursión la emprendió con más tino, metiéndole la polla poco a poco hasta apreciar como su capullo desaparecía en el interior de su cavidad. Momento del que quiso disfrutar sin precipitarse, para, entre otras razones, evitarse de nuevo escenas como la anterior, durante la cual se había visto obligado a aguardar varios minutos hasta que hubo parado de toser y tragar mocos.

    Una vez que Lara percibió que por el momento solo iba a introducir el pene hasta el término del capullo, se sintió aliviada. Eso se tradujo en que comenzase a lamerlo lentamente, y que a medida que esa calma se prolongaba, se fuese abriendo a jugar con él cada vez más.

    Mientras tanto, Juan Ignacio estaba a punto de ocuparse de sus brazos, asunto que derivaba de la situación anterior, pues mientras se recuperaba de su primer atragantamiento, estos habían quedado alojados en mal lugar.

    Su pequeña se había ido acomodando a su antojo, terminando con las manos situadas sobre aquellos imponentes y velludos muslos, dejando algo así como un palmo de distancia con su aparato reproductor.

    Era una visión alterada del conjunto, pues si un observador detuviese la escena justo ahí, podría tener la impresión de que esa chica contara con algún tipo de albedrío o decisión sobre su cuerpo.

    Algo como eso resultó intolerable para Juan Ignacio, que después de apartarlos velozmente, los sujetó de inmediato a la altura de los codos para emplazarlos detrás, quedando ahora sí, bien colocaditos en su espalda.

    Entonces fue cuando ella comprendió al fin cómo aquel hombre deseaba que se la mamase.

    Para poder cumplir con ello, acercó su cuerpo más al sofá, alojando sus tetas en la parte baja de su miembro e inclinándose después sobre él, para seguidamente regresar sus brazos al lugar donde se los había puesto él y comenzar, ahora sí, a tragar con más decisión.

    Mientras se encontraba sentado sobre aquel sofá, se deleitaba al comprobar cómo su pequeña se iba familiarizando con su falo, tanto con su olor como con el sabor, aparte de ir haciéndolo también con parte de sus reglas y costumbres. Pues para poder conservar la solidez del vínculo que comenzaba a forjarse entre ambos, era importante que se fuese amoldando incluso a esos hábitos y obsesiones que todavía le resultaban inconfesables.

    Le encantaba observarla e imaginar en lo que pensarían sus amigas o sus propios padres si descubrieran esa faceta tan indecorosa, cómo reaccionarían estos últimos si pudieran verla hacer lo que estaba haciendo y cómo se iba sumergiendo cada vez más en un papel que parecía destinado a interpretar desde que nació.

    Mientras Lara mamaba su capullo con deferencia, no dejaba de atender al hecho de cómo sus enormes pechos yacían apoyados sobre sus piernas. Instintivamente sus manos querían dirigirse a ellos para agarrarlos con fuerza, pero no debía soltar la nuca de Lara, pues al hacerlo, podría descontrolarse y separarse de su polla, algo que bajo ningún concepto concebía que pasara.

    Lo estaba haciendo muy bien; incluso algunas veces era ella la que decidía tragar de más por pura voluntad, llevando sus labios más allá del glande para abarcar así más centímetros de polla, que como buena conquistadora de rabos en la que se estaba convirtiendo, dejaba firmada con su saliva para la posteridad.

    Cada vez que su miembro se introducía más en el interior de su boca, ya fuese por su insistencia al empujar su cabeza contra él o por iniciativa de la propia Lara, no la dejaba volver a retroceder. Pues cada milímetro ganado le pertenecía, por mucho que su diámetro bucal se viese estirado al límite y comenzase a brotar de este un reguero de babas. Jamás le concedía retroceso alguno.

  • Recreo del trabajo

    Recreo del trabajo

    Me desperté muy caliente. Era hora de ir al laburo, abrí la app a ver si coordinaba algo para la tarde, con suerte encontraba a alguien que me saque la leche de los huevos. Ya en el trabajo me habla un flaco que quería chupar pija (dijo tener lugar, eso sumaba). Le dije que podía al salir. Dejó de responder. Era un flaco lindo, petiso, delgado. Al mediodía le pedí foto de cola, y le pasé foto de mi verga (dura como acero).

    Me mandó 2 y me dice: “te la presto, vení a sacarte la leche”. Cómo estaba cerca y yo casi hirviendo, dije en el laburo que tenía que salir un rato, pero que volvía. Me fui y a los 20 minutos ya estaba llegando y me pide que consiga forros porque él no tenía, así que pasé por un kiosco y compre una cajita de lubricados.

    Una vez dentro empezamos a franelear, nos metimos a la cama y lengua por aquí y por allá, le mordí los labios. Empezó a mamarme la pija y que bien lo hizo, se metía toda la verga, yo sentí su garganta en la punta de mi pija. Hicimos en infaltable 69, él arriba metiéndose mi chota y yo comiéndole la cola. Le metí la lengua lo más que pude, luego mi dedo, cuando vi que estaba listo le pedí que se ponga en 4. Así lo penetré, así lo empecé a coger. Lo cogí un buen rato en 4, patita al hombro (así le gustó más porque entró toda). En un momento ya no aguantaba más y me pide que salga, empezó a mamar y pajearse, yo le metí mi dedo y lo cogía con él.

    Me chupaba la verga, se pajeaba y le metía dedo, él no paraba de gemir. Antes de lanzarle la leche en la garganta le pedí que se ponga una vez más en 4, tenía linda cola era linda verla. Y empecé a jugar sin forro con mi cabecita se la restregaba, estaba muy caliente la entrada, le consulté si podía entrar un ratito me dio el “Si”. Seguí masajeando la zona con mi verga y empujé y entró la cabecita, la saqué, la volví a meter, así estuve yo también sentí la punta caliente cuando entraba. Lo hice poquitas veces, la última vez que lo hice, se la metí hasta el fondo, él grito un toque. Enseguida la saque, vi que la cola quedó abierta, y lo puse a mamar, me dijo que le gustó sentirme la verga.

    Mamó hasta que me sacó toda la leche de los huevos cargados, me dejó asearme en su baño.

    Luego me fui al trabajo, y hasta me quedé un poco más de lo relajado que estaba.

  • Un rato de exhibicionismo con mi esposa

    Un rato de exhibicionismo con mi esposa

    Erika y Román, este es nuestro relato escrito con mucho amor de nuestras aventuras, romance, exhibicionismo, infidelidades consentidas, entre otras cositas.

    Primero que nada, no sé cuánto se extenderá todo lo que debemos de contar entre mi esposa y yo, pero este relato de hoy será algo rápido, algunos relatos abarcan un pasado de un par de años y el presente, o en el mismo relato una mezcla de ambos momentos temporales, por lo que dividiremos estos relatos, tratar de contar de manera cronológica y lo más detalladamente posible y sobre todo que sea comprensible.

    Contarles que somos un matrimonio muy joven, ambos tenemos 24 años, ambos profesionales en el ámbito de salud, pues somos enfermeros desde hace 2 años, nos casamos al mes de graduarnos, es decir a los 22 años de edad. Nosotros hacemos todo juntos, e incluso trabajamos en la misma clínica privada, en la misma área, ya que la jefa fue nuestra docente y habíamos congeniado con ella en la universidad.

    Mi esposa Erika es una persona sumamente inteligente y capaz de trabajar bajo presión constante, muy buena bailarina, muy servicial, estatura de 1.65 m, cabello negro a media espalda, piel blanca (no pálida) con un par de pechos relativamente grandes puedes poner la mano y sobra una parte aún, pero no caer a lo burdo, lo mismo su culo redondo que hace honor a sus vestidos y uniformes de enfermera, cuyos doctores se la comen con la mirada, pero ella los manda a volar.

    Con los pacientes es un tanto diferente el asunto ya que hay que dar un buen trato y siempre he notado que los hombres entre más viejos más picaros, osados y con buenas mañas se vuelven, pues ya he visto como le tocan las nalgas a mi esposa, o bien, viejitos que llevan ratos ingresados y saben cuándo está realizando algo y no puede usar sus manos por no contaminar (como por ejemplo curar una herida operatoria) entonces aprovechan a posar sus manos en sus nalgas y ella los deja hacer eso y luego les retira la mano de sus nalgas cuando termina de curar y amablemente les explica que no deben de hacer eso, aunque luego se vuelve a repetir.

    Yo soy consciente de lo que sucede porque soy cómplice de eso entonces me retiro sigilosamente para que el paciente disfrute tocarle o pellizcarle el culo a mi esposa, además de ver que no venga algún compañero.

    Describiéndome a mí mismo soy una persona también de tez blanca, me considero una persona inteligente, capaz de resolver problemas a la brevedad, y también me gusta bailar, es una de nuestras actividades favoritas, mi estatura de 1.80 m, con complexión delgado emparejado por el trabajo de gimnasio y por el duro trabajo que es ser enfermero.

    ¿Y cómo nos llevó a lo que contaremos más adelante?

    Pues como suele ser, las calenturas de la vida y los deseos, pues siendo demasiado sincero desde mi adolescencia me ha gustado ver videos eróticos por lo que tuve una búsqueda de lo que era placer para mí, y con mi primer novia tuve mi primera relación sexual, con ella experimenté muchas cosas y en efecto me gustaron, pero en mi afán de querer buscar morbo finalmente encontré el tema de ser cornudo, de la exhibición.

    Al principio no podía concebir lo que era compartir a una novia o esposa, ver como eyaculaban en su interior y el esposo o novio excitado por el momento, pero al final toda esa indignación me llegó a excitar y por ende caí en esas placenteras garras, quería mi primera experiencia, tontamente se lo dije a una novia que tenía antes de conocer a mi esposa Erika, lo primero que pensó es que yo quería enmendar alguna infidelidad, cosa que no fue así en lo absoluto, y ese fue el meollo del fin de esa relación…

    A mis 20 años conocí a mi actual esposa, precisamente en la universidad durante el horario de almuerzo, congeniamos inmediatamente, a los 3 meses nos hicimos novios.

    Un poco cómica la situación porque ninguno de los 2 teníamos pensado en tener una relación, pero teniendo la oportunidad lo hicimos, a los 5 meses de ser novios empezamos a coger, con mucha locura, pero aún más locura de su parte, que en el momento no le tomé importancia del porqué su buena experiencia y es que yo no soy de los que juzga el pasado de las personas, mucho menos cuando no las conocía, pero en fin ella hacía un oral increíble y no se cohibía con nada, se tragaba todo el semen que le podía ofrecer, sexo anal, terminaba donde yo quería con ella y ella de igual forma lo disfrutaba tenía buenos orgasmos, me pedía posiciones, entre otras cosas…

    Y como había dicho, en el momento no me puse a pensar de porque tanta soltura.

    Y así continuamos nuestra relación, cogiendo y estudiando, estudiando y cogiendo, era increíble todo, de como ella me metía mano o se dejaba meter mano sin ningún pudor cuando salíamos a pasear… Al año de relación me presentó a sus papás, sus padres bastante abiertos de mente, muy actualizados pues el papá es arquitecto y la mamá ingeniera, y yo dije en mi mente: Increíble combinación de vida, con razón ella muy inteligente, pues es algo de lo que siempre me siento orgulloso.

    En ese mismo momento apareció su abuelo de nombre Julio de parte de su papá, un señor de 66 años que a su edad se miraba bastante activo, aunque un poco cojeante debido a una lesión de tobillo y tibia que tuvo años atrás, cosa que me contó durante la conversación que empezamos a tener, los papás en esos momentos se regresaron a su estudio de trabajo al ver que el abuelo nos haría compañía. El abuelo un señor bastante agradable, simpático y empático.

    Nosotros aún permanecíamos de pie, pues estábamos entre el pasillo de la puerta y la sala de estar, y entre la pequeña conversación que teníamos hasta llegar al sofá, recién me percaté que mientras el abuelo caminaba llevaba su mano entre la cadera y el culo de mi novia, eso me excitó, pero no le di más vuelta al asunto pues dije: Se va apoyando para caminar sin dificultad.

    Cuando mi novia termino de ayudar al abuelo a sentarse, ella se fue inmediatamente pues me dijo que iba a terminar de cambiarse, pues teníamos una salida al cine y la función era a las 6 o 7 pm según recuerdo, por suerte mi esposa es de las mujeres que no hacen esperar pues ya había avanzado con el maquillaje, únicamente le faltaba el vestido y los zapatos.

    A los 15 minutos regresó y sinceramente si me había excitado ver la mano del abuelo prácticamente en su culo, verla con ese vestido color azul y pegado a su cuerpo, que el borde le llega unos 10 centímetros más abajo del inicio de su culo, combinado con sus tacones, ese culo parecía que iba a reventar la tela, fue la gloria ver eso y no se le marcaba ropa interior pues supuse se puso hilo.

    Saliendo de lo estupefacto, giré mi cabeza viendo al abuelo pues creí que la había liado al quedar viendo directo, pero con el rabillo del ojo vi el típico movimiento que un hombre hace cuando tiene una erección, acomodar el pene con un movimiento rápido. En efecto había tenido una erección el abuelo con su propia nieta, pero no me molestó en lo absoluto. Además, era su abuelo, no iba a hacer un escándalo por eso, pues sabía que mi novia estaba bien rica.

    Entonces el señor Julio, o sea el abuelo, se levantó dijo que tenía que ir al baño, pasando a la par de Erika, al quedarnos solos le dije que se miraba increíble, muy hermosa, total llenándola de rosas, y nos besamos de una manera cariñosa, mi erección era total para ese entonces, y lo notó pues llevo su mano a mi paquete y me sonrió, posteriormente se levantó y dijo que le iba a ayudar al abuelo y le dije que no había problema, a los minutos regreso…

    Nuevamente me quedé estupefacto viendo su culo que pareciera que iba a romper la tela de su vestido, pero entre tanto mirar y mirar, noté algo más… su vestido estaba un poco más arriba de lo normal, es decir, justo al inicio de sus nalgas y ella venía más exaltada, y le pregunte ¿Qué sucedió? Me dijo que su abuelo perdió fuerza en su rodilla pero que estaba bien y únicamente le ayudó a llegar a su cuarto, entonces relacioné la subida del vestido y lo exaltada con eso.

    Luego de eso nos fuimos de su casa directo al cine, ya en el auto ella iba bastante ruborizada y nerviosa le pregunté si se sentía mal y me dijo: No te enojes, pero… no me puse ropa interior, al decirme eso mi corazón empezó a latir de una manera inhumana, y no pude evitar tener una enorme sonrisa de oreja a oreja, pues como conté muy al principio ya me había hundido en los temas de ser cornudo o de exhibir, o lo que viniese, inmediatamente le hice saber que no pasaba nada y que me encantaba la idea, aprovechando le pregunté ¿Desde cuándo te gusta hacer eso?

    Me dijo que desde que era adolescente siempre eso le ha excitado pero que no sabía cómo iba a reaccionar, en eso la interrumpo y le digo ¿Cómo iba a reaccionar? Agarré su mano y la llevé directo a mi paquete y le dije: Eso dice todo. Ella suspiro de un alivio, pero a la vez noté algo y es que sus acciones eran más bien de “tantear” el terreno, aprovechando la misma situación agarré el toro por los cuernos y le dije de manera directa, sincera y que no quedase duda: De mi parte fueras desnuda o con los pechos al aire hasta que lleguemos al cine, más aun así te ven los pechos.

    Ella se sorprendió y me dijo: Cuando traiga otro vestido que sea más fácil de la parte superior lo haré y bajaré la ventilla acentuó de último. Era ahora o nunca de cumplir mi fantasía de exhibir a mi novia (en ese momento novia), aproveché el momento y con una mano logré sacar mi pene, mi pene de unos 15 cm y grueso sin caer en la exageración, un grosor decente.

    Cuando ella lo vio supo que hacer… sentada solo giró su cintura y a bajar su rostro iba cuando la detuve y me miró y vio que yo estaba viendo la ventana e inmediatamente entendió que era lo que yo quería que hiciera, se puso en cuatro con el culo hacia la ventana y comenzó a hacerme un oral muy tierno, pero aún faltaba algo más…

    Y se lo hice saber: Oye aún te falta algo más y con la misma subí su vestido, ahora así estaba como yo siempre había fantaseado, ella en 4 con el culo expuesto hacia la venta mientras me hacía un oral placentero, por si alguien, ya sea peatón o conductor viera hacia mi auto lo que vería fuera a mi novia enseñado el culo y eso la excito de sobremanera pues su vagina era un charco de fluidos, y así hasta llegar a nuestro destino, ella solo se limpió con clínex pues por ir manejando despacio nos habíamos atrasado, ya en el mall mientras caminaba iba pensando en todo lo que había sucedido…

    ¿Recuerdan cuando llegó a la sala de estar y parecía que no llevaba nada? Pues sí, no llevaba nada y yo tontamente había creído que era hilo. Pensaba además muchas maneras de exhibirla o ponerla en situaciones similares, era una locura para mi pensar en que finalmente podría llegar a ese punto.

    Entramos a la sala del cine, en el cine no ocurrió absolutamente nada, un agarrón de pecho y ya, luego cenamos ahí mismo en el mall así que omitiré esa parte.

    Una vez terminados de cenar, nos íbamos a dirigir a un motel a sacar la calentura, precisamente faltando dos calles para llegar ella recibió una llamada de sus padres que por favor regresara pues su abuelo tenía calambres en el estómago, por lo que rápidamente tome ruta alterna a su casa pero faltando poco para llegar a su casa me dijo que me estacionase en un lugar apartado, cosa difícil por la zona, pero encontré una, apagué el motor y las luces del auto, no sin antes bajar un poco la ventanilla de mi lado.

    Luego Erika saco mi pene y se sentó frente a mí a como pudo e introdujo mi pene en su vagina, el rango de movimiento era poco por el espacio así que el movimiento de subir y bajar era mínimo, pero el placer era exquisito y casi inmediatamente me abrazo y me preguntó al oído:

    ¿De verdad no te importa si quiero exhibirme o que me exhibas? Y le respondí: Es algo que me encantaría que hiciéramos. Nuevamente me preguntó: ¿Estás seguro que quieres que tu novia salga como una puta sin ropa o más aún que alguien me vea? Y yo respondí: Bueno, dices todo eso ¿Pero tu realmente lo harías? Porque de mi parte estaría perfecto y como te he dicho es algo que me encantaría.

    Decir eso para Erika fue un tono desafiante vio para abajo y luego me besó de una manera tierna, y siento como con dificultad sube los brazos, me dejó de besar para separarse un poco de mí, a la vez abrí los ojos, para mi sorpresa y deleite ahí estaba ella totalmente desnuda pues tampoco se había puesto bra, para mí era la gloria tenerla totalmente sin ropa al aire libre, aunque siempre adentro del auto.

    Ella me agradeció y me dijo: Es que exhibirme siempre me ha gustado desde niña, fue algo que descubrí desde que un señor me vio sin ropa desde afuera de mi casa, bueno, siéndote sincera casi siempre buscaba a verme, pero todo este tiempo no había tenido con quien, y en serio te diré que no me importa si ven los pechos o el culo, o cuando se pueda, estar desnuda en algún lugar.

    Le respondí: Como te he dicho, hablo en serio corazón, si a ti te gusta exhibirte adelante, hazlo, no me va a molestar y ya te lo he demostrado.

    Ella asintió con la cabeza y me preguntó: Pues a cambio de permitirme hacer eso, ¿tienes alguna condición en especial?

    Solo le respondí: No es condición. Pero hay que tener cuidado con amigos y conocidos.

    Ella me respondió diciendo que en ese aspecto tenía razón de cuidarse de eso, pero de lo contrario me desnudaré cuando acuerdes y no me va a importar si al final alguien me ve.

    Después intentó pasarse para su asiento, pero se detuvo, me sonrió con malicia, abrió la puerta de mi lado y se bajó totalmente desnuda rodeó por atrás el auto y se subió, después de eso yo estaba frío de la adrenalina, entonces supe que no bromeaba, luego de eso se vistió y la llevé a su casa y nuevamente nos besamos para despedirnos.

    Cuando llegue a mi casa, salude a mis padres, y subí directo a mi habitación pues la calentura me estaba matando, pero no quería masturbarme, a los minutos Erika me manda un audio diciendo que todo bien con el abuelo y que ya iba a dormir y me recordó de las clases de mañana pues de tanta calentura se me había olvidado.

    Así que ese ha sido el relato de hoy para que se hagan una idea de cómo inició y como evolucionó el asunto con mi esposa.

    Nota: Lo que tenemos que contar y como dije al inicio probablemente sea más extenso de lo pensado por lo que lo dividiremos en varias partes.

  • ¿Cuál es mi fascinación por saberla con otro?

    ¿Cuál es mi fascinación por saberla con otro?

    He tratado de responderme esa pregunta tantas veces. Cuando estoy sereno, no puedo evitar llenarme de culpa e incluso sentir remordimiento por las cosas que le pido que haga. Me repito una y otra vez que a ella también le gusta, y que no la estoy obligando a nada. Es el único mantra que me ayuda a estar en paz. Pero, cuando ya estamos jugando o excitados, ese impulso sale solo de mi boca, y el hambre de saber más y más es devastadora. Es como una adicción a consumir esos relatos de infidelidad que me hacen hervir la sangre y me dejan la verga a punto de explotar.

    Ayer estaba ya por dormir, soñoliento y viendo de reojo una serie animada en mi celular. Cuando mi mujer entró en la habitación, me invadió de inmediato ese aroma fresco que deja una ducha reciente. Noté que traía puesta esa pijama corta que me gusta, y que se había recogido el cabello en una cola de caballo, lo que me dejaba apreciar el contorno de su cuello y hombros. Sin decir mucho, se recostó a mi lado y comenzó a lamer mi cuello y oreja.

    De inmediato, mi estado cambió y mi cuerpo se desperezó. Yo trataba de quitarme la camisa y el pantalón, algo desesperado por comenzar, pero ella me detuvo. Comenzó a bajarme los pantalones lentamente y me dijo con su voz calmada: “Despacio, tengo algo que confesarte”.

    De inmediato, sentí ese calor recorrer todo mi cuerpo. Yo sabía lo que estaba por venir, pero esta vez era serio, no uno de esos relatos surgidos de mis fantasías más perversas, donde le pido que me cuente infidelidades ficticias, siempre al calor de mi verga inflamada. Esta vez era ella quien comenzaba la travesura, y los celos me abrumaban. ¿Esto sería otro juego para complacerme? ¿O será que de verdad lo hizo? No pude más, y de repente mi boca se abrió de nuevo y le exigí: “Dímelo todo, ¡perra!”.

    Mi mujer saboreaba la punta de mi verga ya erecta y dura como piedra. Me miraba traviesa, la sacó de su boca, comenzó a masajearla lentamente, pero con un ritmo constante, y empezó su relato:

    “Ya sabes que llevamos meses fantaseando con ver al vecino dándome verga. Pues hoy, después de que te fuiste, tomé valor y lo llamé con la excusa tonta de que me ayudara a mover algunas cosas en la casa. Ya estando aquí, le propuse que me cogiera. Le dije que sabía que no podíamos tardar, o en su casa se armaría un problema. El tipo me miró dudoso por unos segundos, y sin mediar más palabras, solo se acercó a mí mientras se quitaba la camisa.

    Me tomó con fuerza por la cintura mientras me besaba. Sentí su mano firme agarrando mis nalgas bajo la falda, mientras sus besos bajaban a mi cuello y mi escote. Sin darme cuenta bien de cómo, ya me había retirado el vestido y me hizo recostarme contra la mesa mientras él se bajaba los pantalones. Yo le saqué su verga dura y brillante de los bóxers. Lo detuve por un segundo y me incliné a chupársela.

    Tal como lo habíamos imaginado, era grande y gruesa, acorde con su cuerpo y sus brazos fuertes. Me tomó de la cabeza y se movía rítmicamente mientras yo recibía su pene erecto. Lo mojé mucho, sentía mi propia saliva goteando de mi boca a mis tetas. La saqué de mi boca y le chupé las bolas mientras lo masturbaba con mis manos.

    Me levantó con algo de violencia y me dio vuelta contra la mesa, me posicionó para recibir su verga. Yo ya estaba mojada y su verga, bien lubricada con mi saliva. Me agaché un poco para facilitarlo, y comenzó a penetrarme. Me embestía con fuerza, y yo trataba de contener mis gemidos para no alertar a los vecinos. Me bombeó su verga por unos minutos hasta que no pudo más y se vino. Lo miré y su cara era una mezcla de placer y vergüenza. Solo me moví para sacarla y alcancé a besarlo en los labios. Le dije: ‘Vete antes de que tu mujer venga a buscarte’, y él se fue, subiendo su pantalón, buscando su camisa y saliendo rápido de la casa.”

    Para ese momento yo estaba extasiado, al borde de enloquecer de celos y placer. Solo pude tomarla con fuerza y hacerle el amor como cuando éramos novios, explorando su cuerpo de nuevo y demostrándole que yo la disfrutaría más que él”.

  • Me hago la dormida mientras mi tío me coge

    Me hago la dormida mientras mi tío me coge

    Hacía demasiado calor y, para variar, se había ido la electricidad. Por más que tenía la ventana abierta de par en par, mi cuerpo transpiraba como si estuviese en el desierto. Me desnudé completamente, pero aun así moría de calor. Estaba totalmente inquieta, pero los pasos en el corredor me pusieron en alerta. Se dirigían hacia mi habitación.

    No podía ser más que mi tío Carlos, ya que ese fin de semana se quedaba “cuidándome”, debido a que mis padres viajaron por una urgencia familiar. Al parecer, a pesar de tener dieciocho años ellos creen que necesito que me cuiden. Por suerte la relación con mi tío siempre fue muy buena. Él tiene cuarenta años, es soltero y nunca le conocí pareja, a pesar de ser un hombre de buen cuerpo, lindo rostro y… algo que me enteré recién esa noche.

    Entró en mi habitación y me llamó en susurros. No respondí. Yo estaba recostada de costado, mirando hacia el lado de la pared, con los ojos cerrados y totalmente desnuda. Lo sentí acercarse a la cama mientras mi corazón se aceleraba. Apoyó una mano en mi culo. Primero lo acarició despacio, pero luego lo apretó con ganas. En mi mente solamente estaba la idea de que se acostara conmigo. Al parecer, por suerte, pudo escuchar mis pensamientos. Sentí como algo duro se apoyaba en mi culo. Se sentía grande. Se me hacía agua la boca.

    Se recostó detrás de mi mientras apoyaba una mano en mi cintura. Su pija muy dura se me clavaba en el culo y me fascinaba. Comenzó a acariciarme. Cintura, espalda, vientre. Luego aferró una de sus fuertes manos en mis tetas. Las apretaba, como si no le importara despertarme. Sutilmente moví mi cuerpo, como invitándolo a penetrarme. Me preguntó que si estaba despierta. Le respondí que no. De inmediato empezó a besarme el cuello y a recorrer mi cuerpo entero con sus manos.

    No dábamos más de la calentura. En susurros, le pedí que me cogiera. Sin responder, metió su tremenda pija adentro de mi concha. No pude evitar soltar un gemido de placer. Eso pareció encenderlo, porque empezó a cogerme cada vez con más fuerza. Lo hacía como un animal en celo. Sus gemidos eran fuertes y hermosos. Sus manos me apretaban fuerte la cintura y me atraían cada vez más hacia él. Acabé en el mismo momento en el que me llenaba la concha de leche. A pesar de eso, su pija seguía muy dura.

    Luego de unos minutos de silencio, en el que solo se oían nuestras respiraciones agitadas, comenzó a moverse nuevamente, para luego de varios minutos, volver a acabar adentro mío. Estábamos totalmente empapados de transpiración. Nuestros cuerpos parecían hervir de lo calientes que estábamos. Se levantó un poco, giró mi cara hacia él y me besó en la boca. Nuestras lenguas se encontraron en un beso húmedo y caliente. Sin decir palabra, se levantó de la cama y salió de mi habitación.

    Ese fue nuestro primer encuentro. Durante los días siguientes la cosa se fue poniendo cada vez más caliente, pero eso se los contaré en un siguiente relato.

  • La influencer influenciada (cap. 6): Culminación (parte 2)

    La influencer influenciada (cap. 6): Culminación (parte 2)

    Al cabo de poco tiempo, la mitad de su falo ya no era visible desde fuera y su garganta empezaba a mostrar la típica protuberancia de quien lo ha logrado. Al ir a empujar su nuca un poco más, le produjo una serie de espasmos que rápidamente desembocaron en una potente arcada que rezumó por toda la estancia. Un mar de babas entonces bañó el pene de Juan Ignacio. Algo que no sólo le enterneció hasta el corazón; también le causó bastante gracia.

    -Jejeje. Pequeña. ¿Me has bautizado el pene o qué? Eres una zorrita babosa. Conmigo tienes que tragar. Inténtalo la próxima vez. ¿Eh?

    Se lo terminó diciendo serio, aún que hubiese comenzado la frase con un tono cordial.

    Ella asentía mientras intentaba contestarle, pero no podía llevarlo a cabo; no podía articular ninguna palabra que fuera legible. Intento que volvió a hacerle mucha gracia, pues verla querer comunicarse con media polla dentro era muy adorable.

    Juan Ignacio volvió a hablarle, adquiriendo esta vez una actitud más tirante y ruda que la anterior. La miró sin pestañear y le dijo, con un tono directo, que iba a metérsela entera. Que sabía que era capaz de tragársela toda, y que aunque fuese poco a poco, no iba a salir de allí hasta ver como su barbilla hacía contacto con sus huevos.

    Cumpliendo lo prometido, de manera paulatina, pero sin darle demasiados respiros, continuó hundiendo su miembro en su cavidad, ignorando tanto las arcadas como sus vanos intentos de retirar un poco la cabeza y echarse para atrás.

    No existía la posibilidad de recular. Era algo que iba asimilando y que pesaba sobre ella, sobre todo cada vez que lograba relajar un poco la garganta, lo que permitía descubrir un nuevo hueco que no tardaba en ser adueñado por el glande de aquel señor.

    Procuraba tragar saliva, pero tal cosa solo conseguía intensificar aún más sus arcadas.

    A esas alturas, no le faltaba mucho para terminar de metérsela por completo, algo en lo que colaboraba lo estándar de su longitud. Su anchura por otro lado no concedía lo mismo, pues era lo que, sin duda, más le dificultaba la tarea. Y no era por falta de ganas, ya que si no fuera por la incomodidad que aquellos espasmos involuntarios le ocasionaban, podría haberla ingerido del todo mucho tiempo antes.

    Al principio de la mamada, que el glande de aquel hombre hubiese invadido su cavidad, le había puesto verdaderamente cachonda. Le gustaba jugar con él y sentirlo palpitar dentro de ella. Empezaba a mimetizarse y a sentirse a gusto con ese personaje por el que Juan Ignacio presionaba tanto para que se pareciera. El de una auténtica puta.

    Solía verse a sí misma desde el exterior como si fuese una espectadora más, sentada en la butaca de una grada, que en su imaginación parecía estar localizada en alguna parte del salón.

    Lo interiorizaba mentalmente y se imaginaba de esa forma, desnuda ante un señor, con su polla metida en la boca y totalmente a expensas de sus caprichos y voluntades.

    Con la dignidad tirada por algún rincón, como también lo estaban sus bragas y su vestido, se dispuso a realizar un último esfuerzo. Para ello, primero tomó aire por la nariz, y mientras procuraba no pensar en nada que no fuese su imagen admirada desde el aire o en conseguir evitar el vómito, se puso finalmente a ello.

    Juntó con fuerza sus manos, que aún seguían dócilmente adheridas a su espalda, y tras ello, bajó del todo la cabeza hasta cubrir el tramo final de polla que le quedaba por meterse en el interior de la garganta.

    Al fin su barbilla descansó sobre los huevos de Juan Ignacio, siendo acogida tanto por ellos como por todos los pelos que los cubrían y que ahora acariciaban su mentón en señal de bienvenida. También fue recibida por un fuerte olor a sudor que desprendía su barriga, en la que ahora su nariz había quedado enterrada, muy cerca del ombligo de aquel señor.

    El orgullo que en ese momento invadió a Juan Ignacio fue indescriptible. Presenciar como el lugar que normalmente solía ocupar su pene acogía ahora la cabeza de un ángel, le provocó unos temblores incontrolables en la zona de su escroto, hasta tal punto, que se vio obligado a ladear su cabeza y ponerse a pensar rápido en otras cosas para evitar correrse antes de tiempo.

    Cuando consiguió hallar un poco de calma, volvió a dirigir su mirada hacia Lara, que muy obediente seguía donde la había dejado. Tenía la boca dilatada casi hasta el extremo, y sus labios parecían haberse fusionado con el tronco de la polla que albergaba en su interior. Estaban tan apretados que parecían una goma de pelo enrollada a una superficie extremadamente ancha.

    La boca de Lara no era excesivamente pequeña, más bien era normal. Pero la anchura del pene de Juan Ignacio rebasaba cualquier media sin ningún problema. Parecía ideado para dilatar orificios, y visto lo visto, cumplía con lo prometido, teniendo en cuenta el estado en que se encontraba la boca de aquella chica y lo que estaba sufriendo por seguir manteniendo dentro su voluminoso miembro.

    La mantuvo así durante unos diez minutos aproximadamente. Antes no fue capaz de reunir la suficiente voluntad para moverla de ese sitio. Era tan adorable presenciarla de esa manera, tan irreal, que le daba miedo mover algo de la escena por miedo a que, por alguna razón, surgiese un error de continuidad.

    Por supuesto, en ningún momento dejó de interpelarla verbalmente de las formas más ofensivas e hirientes posibles. Identificaciones como ”su pequeña” o ”zorrita”, habían caducado hacía rato, siendo reconvertidas en otras más vejatorias del tipo ”Puta o putita” o ”Mi Cerda” o cualquier otro adjetivo del estilo que se le pudiese ocurrir en ese instante.

    Y no era para menos, pues no era tonto y se había percatado de cómo ella interiorizaba aquellos apelativos. Cuando la llamaba puta, su mirada se iluminaba; incluso tragaba con más efusividad cuando se lo repetía con insistencia. Para él estaba claro que aquella chica tenía muchas capas, y que en lo absoluto iba a conformarse solo con haber deshojado las pocas que llevaba. Iba a llegar con ella hasta el final, hasta arrebatarle esa parte exterior que todos conocían y descubrir lo que realmente se escondía por debajo.

    Antes de sacársela, le escupió varias veces. Primero lo llevó a cabo de forma dispersa, al estilo de un aspersor, guardándose así el contenido más espeso para el final.

    Acumuló una buena cantidad de saliva bajo la lengua, y mientras mantenía fija la mirada en sus retinas, la fue dejando caer lentamente sobre su cara, terminando estampada entre la nariz y el pómulo izquierdo.

    -Ummm. ¡Puta! ¿Has visto como yo también sé babear? En cuanto te saque la polla de la boca te voy a escupir dentro. Seguro que te gusta. ¿A qué sí, putita? ¿Vas a tragar lo que yo te diga? -Dijo Juan Ignacio, completamente superado por la situación y al borde mismo de un ataque de nervios.

    Estaba extremadamente excitado. Ya no podía aguantar así mucho más, por lo que corrió a sacarle la polla de la boca de una vez por todas, que emergió de su interior cubierta de arriba abajo por las babas de Lara.

    Antes de inclinarse más hacia ella, le cogió de una de sus mejillas mientras plantaba la mano que le quedaba libre a corta distancia del otro lado de su cara, y nada más hacerlo, procedió a suministrarle varios bofetones, que provocaron de nuevo el desprendimiento de alguna lágrima y algún moqueo.

    Inmediatamente, se abalanzó sobre ella sin apartarse mucho del sofá, al mismo tiempo que sus manos se encaminaban a sus caderas para sujetarla y atraerla hacia él. La levantó con rapidez, y a la vez que regresaba a espachurrar su culo en el asiento, le hacía una seña para que ella misma se acomodara encima suyo.

    Obedeció al instante, sentándose sobre su polla y apoyando sus manos en su peludo pecho, manos que no durarían mucho más allí.

    Se agarró la polla empapada por sus babas, y ayudándose de la otra mano, la levantó del culete lo necesario para conseguir situar su capullo en la posición de entrada a la vagina.

    Terminó instintivamente amarrando su culo con ambas manos, para seguidamente, comenzar a aplicar presión con su cadera y a moverla rítmicamente de abajo a arriba, hasta que por fin sintió como su pene se iba introduciendo poco a poco en el interior de Lara.

    Después de las primeras embestidas, el coño se acopló perfectamente a su contorno. Pudo apreciar cómo al principio le produjo ciertas molestias, pero en cuanto se terminó de lubricar, y gracias a la gruesa capa de babas que ataviaba, la pudo penetrar sin apenas preliminares.

    Primero la hizo botar ayudándose de sus manos, que aparte de para estrujar bien su culo, también servían para sostener todo el peso de su cuerpo. Solo se detendría una vez más y sería para arrebatarle los brazos con los que ella comenzaba a querer abrazarle, colocándoselos de nuevo en la espalda donde permanecerían escondidos hasta el final.

    Gozó todo lo que pudo de ese cuerpecito. Tenerlo encima de él, encajado entre su barriga y sus piernas, brincándole sobre la polla y con sus manos en la retaguardia, le resultaba una escena de ensueño, así como de ese género de porno duro que tanto consumía en la intimidad.

    De vez en cuando la agarraba de los pechos, al tiempo que se aferraba a su preferido, el izquierdo, y volvía a besar una vez más aquel lunar que tanto le gustaba, mientras ella seguía cabalgando sobre él, manteniendo el ritmo que le había marcado.

    Tener los brazos detrás ocasionaba que sus pechos se elevaran y sobresaliesen más de lo habitual. Lo que las recolocaba en una posición perfecta tanto para estrujarlas como para contemplarse. Algo que Juan Ignacio hacía todo el tiempo, a excepción de las veces que su mirada chocaba con los ojos de Lara, sobre todo después de propinarle algún que otro bofetón. Momento en que solía pronunciarse sobre su cuerpo, expresando lo mucho que le volvía loco, lo bonitas que tenía las tetas, las ganas que tenía de comerle el culo, y sobre todo, le seguía repitiendo una y otra vez lo maravilloso que le resultaba aquel lunar.

    Mencionándoselo tan a menudo y con tanta verdad, que incluso a ella parecía disgustarle menos y mostrar una cara diferente cada vez que se refería a él.

    Los movimientos que componían las caderas de Lara, resultaban tan cautivadores que parecían haber sido coreografiados de antemano. Podían resultar familiares si eras conocedor del baile regional polinesio o si habías presenciado alguna vez un espectáculo de danza árabe. Para ojos de Juan Ignacio, era simplemente una chica de su edad, contoneándose como pensaba que también harían el resto de las jóvenes, cuando estas se ponían a bailar en cualquiera de las discotecas de ahora…

    De pronto, el ritmo de su contoneo se tornó más agitado, dejando de ser constante como hasta ese instante lo había sido. Sus ojos se cerraron con rapidez, a la vez que su boca evocaba un sonido que en poco o nada se asemejaba al dolor o al sufrimiento.

    Lo que captaron los oídos de Juan Ignacio, no era otra cosa que el principio del orgasmo que acababa de invadir a su pequeña, y que aquel episodio de sacudidas incontrolables, revelaba sin que ninguna clase de complejo la coartara en absoluto.

    Gemidos que se dilataban tanto en el tiempo como en el corto espacio que los separaba. Verla gozar de esa manera le produjo un efecto contagio, permitiendo que toda esa avalancha de emociones, que venía acumulándose en su cuerpo desde que tenía uso de razón se desmadrara sin remedio y de forma súbita.

    Su polla empezó a convulsionar y a temblar de una forma como nunca antes lo había hecho. Inmediatamente, Juan Ignacio llevó sus manos de vuelta al culo de Lara, el cual fue agarrado con nervio y obligado a moverse de nuevo según las pautas que a él le interesaban.

    Lo terminó de hacer sin que le diese tiempo a mucho más, ya que de inmediato inició su propio orgasmo a la par del de Lara, solapándose ambos en un estallido de sensaciones.

    Su miembro palpitaba como un martillo neumático en el interior de un coño que notaba como le abrazaba, y por el que campaba a sus anchas sin ningún tipo de miramiento.

    En cuanto sus gritos se fusionaron en una única melodía, estrujó el trasero de su pequeña con toda la fuerza de la que aún disponía, y derramó su semen lo más profundamente que el tamaño de su vagina le permitió, terminando con su pequeña apoyada sobre su pecho igual de exhausta de lo que lo estaba él.

    Durante unos minutos permanecieron así, sin decirse nada, manifestando su presencia a través de la respiración y de sus cuerpos unidos todavía por sus genitales.

    La cabeza de Lara se acurrucaba justo bajo su barbilla, donde su cabello rubio se entretejía con los finos pelos de la barba. Mientras recuperaba el aliento, acariciaba cariñosamente el vello de su pecho, así como la barriga de aquel hombre, sobre la que tendía desnuda tanto su cuerpo como su propia mente.

    Permanecieron así, en esa posición, durante más de media hora. Luego de haberse recuperado del todo, emplearon ese tiempo para relacionarse de una manera muy distinta a como lo habían estado haciendo durante esas últimas horas. Acariciándose, palpándose los defectos el uno al otro, encontrando espacios para besarse y huecos para contarse sus secretos.

    Afloraron sus antiguos yoes y enfundaron los actuales, fingiendo que poco a poco volvían a ser los que habían sido, aquellas dos personas que, una eternidad antes, se habían conocido en un chat, quedado después por Inst. y viéndose a escondidas una tarde. Una experiencia que los terminaría marcando a ambos con más fuerza de la que cualquiera de esos rayos, descargados por la tormenta que aún perduraba, tendría de poderlos alcanzar.

  • Inolvidable

    Inolvidable

    Recuerdo su tacto. Suave, firme, recorriendo mi cuerpo. Desde los pies hasta la cabeza. Sus manos no dejaban de moverse sobre mi piel, primero una pierna, luego la otra. Lo sentía subir desde mi pie a mi muslo, casi tocando mi ingle. Y yo con el deseo de que fuera más para arriba. Pero me hacía sufrir. Cuando mis amigas me recomendaron ir con él me dijeron que tenía unas manos maravillosas, que todas habían salido felices y relajadas con él. Fui un poco apenada pero curiosa, me habían dado masajes en otras ocasiones, pero siempre habían sido mujeres.

    Al llegar encontré un lugar pulcro, con detalles de madera, plantas, y un olor a cítricos en el ambiente. Él me recibió, no era un hombre guapo, pero si muy seguro. Su sonrisa me inspiro confianza. Le expliqué que quería un masaje que me relajara porque me dolía la espalda desde hacía unos días. Él me explicó el masaje que me recomendaba. Me dijo que yo estaría desnuda, apenas cubierta con una tanga desechable.

    Mi corazón latió más rápido al escuchar esto. al menos invítame un café -pensé- ¿cómo que me vas a ver desnuda?, ni que estuvieras tan bueno.

    Él continuo con su explicación y a pesar de la pena que empezaba a sentir, acepté. Total, mis amigas ya habían pasado por esto y me lo recomendaban. No será tan malo -pensé- total, basta con que nunca en la vida lo vuelva a ver.

    Me pidió que me quitara la ropa, me pusiera la tanga blanca que dejaba sobre la camilla y me acostara boca abajo en la camilla. El lugar era agradable, todas las paredes pintadas de blanco y verde, todo a mi alrededor indicaba orden y limpieza. El ambiente olía delicioso, las sábanas eran blancas, delgadas y olían a limpio. Él se salió mientras yo me desnudaba y me acostaba en la camilla.

    Cuando estaba completamente desnuda y a punto de ponerme la tanga, un pensamiento invadió mi mente ¿Y si me quedaba desnuda? ¿Cómo me sentiría al estar expuesta ante un desconocido? Estos pensamientos lograron por si solos acelerar mi corazón, sentí como la cara se me ponía roja y mi respiración se cortaba de repente. De manera impulsiva bote la tanga y me acosté completamente desnuda en la camilla, apenas cubierta por una delgada sabana.

    Él entró a la habitación, puso una toalla enorme sobre mí cuerpo y se dispuso a iniciar su masaje. Descubrió mis hombros y mi espalda. Cuando bajó la sabana debió de darse cuenta que no tenía la tanga puesta. Creo que a propósito bajo de más la sabana y la dejó a la mitad de mis nalgas. Ese solo pensamiento me volvió a acelerar el corazón. Él me estaba viendo las nalgas desnudas de manera descarada, y yo sin poder ver su cara.

    Tardó varios segundos en seguir. Por fin lo escuché frotar su manos y empezó a untarme el aceite desde los hombros hasta la cintura, justo adonde se levantan mis nalgas, él llegaba con su manos. En eso momento yo pensaba- ¿Qué será lo que él haga a continuación? ¿Se atreverá a más? Casi deseaba que se atreviera a hacer más, a llegar más allá. Todos mis sentidos estaban alerta. Tenía su cuerpo tan cerca que percibía el olor de su ropa. Todo en él inspiraba pulcritud.

    Sus manos calientes recorrían mi espalda con lentitud, en un vaivén suave, rítmico, se sentían tersas y firmes al mismo tiempo. Una música con sonidos de la naturaleza sonaba de fondo. Yo sentía sus dedos llegar al inicio de mis nalgas y casi deseaba poder decirle que se siguiera. No sé si lo dije, pero de repente el llevó su manos hasta mis nalgas, descaradamente llegó a la cima y bajo por mis caderas a la camilla. Lo repitió en varias ocasiones, con cada toque mi corazón respingaba y mi piel se hacía de gallina. Me relajé y decidí gozar -total, basta con que no regrese en otra ocasión- me decía a mí misma.

    Él cambio de posición y se fue hacia mis pies. Me desilusione un poco, pero pronto me olvide de ese sentimiento, el comenzó a apretar mis pies de una forma suave, pero a la vez profunda. Cambiaba constantemente la presión de sus manos.

    Dejó mis pies, y pasó a una de mis piernas, embarró el aceite calentado en sus manos por toda mi pierna, nuevamente hasta la base de mi nalga, sus dedos casi tocaban mi ingle. Sentía su mirada entre mis piernas. Él había abierto mis piernas después de colocar la sabana completa sobre la pierna contraria, sentía descubierto todo mi cuerpo. Mientras el subía desde mi talón a mi nalga, relajando mis músculos, mi respiración se hacía más profunda, el calor invadía mi cuerpo, sentía sus manos apretar y soltar mi pierna, acariciarla hasta casi tocar mi vulva.

    En un movimiento casi involuntario abrí más mis piernas, botando con esto la sabana y la toalla que apenas me cubrían. El corrió a levantarlas para colocarlas de nuevo. Con voz ronca y entre cortada, apenas audible, le dije que lo dejará, que estaba mejor así. Él regresó a mi muslo, y ahora sus manos embarraban aceite también en mi nalga, y entre mis nalgas. Había entendido mi mensaje. Sus dedos entraban entre mis nalgas, bajaban hacia mi pubis, acariciando todo a su paso.

    Dejó esa pierna y repitió lo mismo en la otra. Mi piel hervía, sentía un calor intenso. Sus manos se paseaban abiertamente por mi espalda, por mis piernas, abrían mis nalgas. Empecé a sentir como acariciaba mis labios vaginales, era un toque apenas perceptible, pero suficiente para hacer que levantará mis caderas, dándole acceso pleno a mi pubis. Estaba fuera de mí, jamás me había imaginado poder hacer eso.

    Me pidió que me volteara, y en seguida me coloque boca arriba, mis senos se sentían hinchados, mis pezones erectos, estaba muy excitada. Una vez boca arriba, yo misma abrí mis piernas, quería que siguiera tocándome. Pero él tenía otra idea, bajo de nuevo a mis pies. Trabajo los dos por un momento y luego paso de nuevo a mis piernas. Suavemente subía por mi pierna, mi muslo y tocaba abiertamente mis labios vaginales con sus dedos. Mis líquidos escurrían ya por entre mis nalgas. -Dios, ¿cómo es que me excita tanto- pensaba.

    Repitió la misma operación con mi otra pierna. Subió sus manos por mi pubis pero no se quedó ahí, se siguió a mi abdomen, hasta llegar a mi senos. Por fin pude sentir sus manos en mi senos, empezó acariciando alrededor, como pesándolos. Los rodeaba con sus manos, y con la palma de la mano rozaba apenas mis pezones. Se dedicó a uno de mis senos. Suavemente lo apretó, incrementando la presión. Sus manos resbalaban por el aceite y terminaban presionando mi pezón, repitió esto en varias ocasiones. Yo ya había dejado de estar en mi cuerpo. Mi cuerpo se movía con voluntad propia.

    Masajeaba mis pechos, pasando de uno a otro, apretaba mis pezones. Mi mano estaba agarrando la camilla cuando sentí la dureza de su pene arriba de ella. El mantenía su ropa puesta, pero sentía su miembro caliente a través de la delgada tela de su pantalón, él se retiró al sentir el movimiento de mi mano, sin embargo, lo sujete del pantalón y lo jale hacia mí.

    Sin dejar de sentir sus dedos apretando mis pezones, mi mano atrapó su pene, lo apretaba, lo soltaba, todo por encima de la ropa. Él bajó las manos hacia mi pubis. Lo solté, expectante, él tomó el aceite y con lentitud puso un chorrito de aceite sobre mi pubis. Sentía el frio del aceite contrastar con lo caliente de mi piel. Sentía como se deslizaba hacia abajo, corriendo por entre mis labios y escurriendo por entre mis nalgas.

    Con dedos suaves, esparció el aceite por mi pubis, fue cuando agradecí por la depilación permanente. Deslizó su dedos por mis ingles, suavemente subía y bajaba de ambos lados, cada vez acercándolos más a mis labios, hasta que tomó uno de mis labios mayores entre su dedos. Sentí como lo jalaba, como deslizaba sus dedos de arriba hacia abajo y viceversa. Constantemente cambiaba de labio, mientras su mano libre se paseaba por mis senos, mi abdomen, me abrazaba por la cadera, en fin, parecía un pulpo. Mi cuerpo estaba lleno de sensaciones, no quería pensar en nada, solo en sentir.

    Paseaba sus dedos embarrados de aceite desde mi ano hasta mi clítoris. Cada que pasaba por mi vagina daba un pequeño círculo alrededor de la entrada y seguía de frente. Puso un poco más de aceite sobre mi clítoris y lo comenzó a jugar con sus dedos, como si se tratara de un pequeño pene, subía y bajaba por él. Esto lo hacía mientras mis caderas se retorcían y subían sin control alguno. Mis ojos permanecían cerrados, disfrutando cada toque. Mi cuerpo retorciéndose ante tal destreza en sus dedos.

    Sin dejar de acariciar mi cuerpo penetro mi vagina con un dedo. Fue algo suave, casi sublime. Despacio, con firmeza, la yema de su dedo hacia pequeños círculos en las paredes de mi vagina, Lentamente recorrió cada cm. posible en mi vagina antes de introducir otro dedo y repetir ahora con los dos dedos la misma operación. Nunca había sentido eso. Era un masaje a mi vagina.

    Uno de sus dedos se dobló dentro de mí y sentí como tocaba una zona muy sensible dentro de mí, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo y mi cadera se levantó hacia el cielo. Mi cuerpo parecía poseído, y no dejaba de suspirar y gemir. Tenía ganas de detenerlo, eran demasiadas sensaciones. Sin embargo, la hipnosis a la que estaba sometida era mayor.

    Sus dedos por un lado presionando mis pezones y por otro presionando mi punto G. No había forma de detenerme a pensar nada, eran oleadas de calor que subían desde mi vagina hasta mi cabeza. Mis piernas se apretaban contra su mano, mis manos se aferraban a las sábanas. Mi respiración era inexistente. No pude soportar más el ataque y culminé con un orgasmo que levantó mis caderas de la camilla. Apoyada prácticamente en ella con talones y cabeza, dejando en el aire el resto de mi cuerpo. Cuando pude recuperar el aliento el seguía con sus dedos en mi interior, quietos, completamente inmóviles. No sé cuánto tiempo había pasado, pero mis flujos corrían aun por entre mis nalgas hacia la sabana.

    Abrí mis ojos y me encontré con los suyos, tenía una sonrisa en el rostro. Sus ojos eran amables, cálidos. Movió sus dedos dentro de mi vagina y con la mirada me preguntó si estaba lista, o si quería más, no sé, pero yo dije que sí y el incrementó el movimiento. Unos instantes después cambió su posición, sacando los dedos de mi vagina, jaló mi cuerpo hacia los pies de la camilla y subiendo mis rodillas al aire dejó expuesto mi sexo.

    Acercó su cara y lentamente olfateo la zona, empezó a besar mis muslos en la parte interna, mi pubis, mis inglés, hasta que por fin plantó un beso sobre mi clítoris. Saco su lengua y pude sentir lo frio de su saliva contrastando con el calor de mi zona púbica. Su lengua se paseaba por el interior de mis labios, se metía en mi vagina y subía hacia mi clítoris, ahí lo rodeaba, sus labios lo chupaban. Era una vorágine, mi cadera no podía quedarse quieta.

    Mi cuerpo temblaba, mis manos sujetaban su cabeza, hundiendo su cara en mi sexo, si eso era posible. Sentía su aliento llegar a mi vagina, algo fluía por entre mis nalgas y el de vez en vez lo recogía con su lengua pasando por mi ano. Que delicia, ahora que cuento esto vuelvo a estar tan mojada como ese día.

    Volvió a meter sus dedos en mi vagina y repitió sus movimientos sobre mi punto G, mientras su lengua rodeaba mi clítoris, su mano libre apretaba mis pechos mientras mis piernas apretaban su cabeza. Sentí mi cuerpo tensarse, mi pelvis se movía sin cesar y mis líquidos se desbordaban mientras mi respiración se cortaba. Sentía como flotaba por la habitación, todo daba vueltas y todo era borroso. Cerré mis ojos para llegar al más poderoso orgasmos sentido por mi hasta ese momento.

    Perdí el sentido por unos instantes. Cuando volví en mí, el seguía con la boca pegada a mi vulva, la besaba como si se tratará de mi boca. Cuando se incorporó estaba completamente desnudo y tenía un condón puesto. Se acercó a mí y lentamente me penetró. Su mirada no se apartaba de mis ojos. Mi respiración se cortó nuevamente al sentirlo dentro de mí.

    Permaneció sin moverse por unos segundos. Yo sentía como mi vagina se cerraba y se abría apretando al intruso, dándole la bienvenida. Nuestras miradas se cruzaban sin desviarse. Como adivinando lo que pensábamos. El inicio con un ligero movimiento. Entraba y salía lentamente, casi desesperante. Yo subí mi cadera pidiendo más, y él me detuvo, solo un “shhh” salió de sus labios.

    Sus manos se posaron en mi cadera y tiernamente la bajó hacia la camilla. Su movimiento era tranquilo, relajado. Sus manos no dejaban de recorrer mi cuerpo, las sentía en mis senos, en mis piernas, mi abdomen, nuevamente en mis senos, apretando mis pezones. Subió mis piernas, colocó mis pies en su pecho y esto hizo que sintiera su pene topar contra el fondo de mi vagina. El paseaba su pene por toda mi vagina. Me estaba retorciendo de placer una vez más. Mis ojos cerrados lograban que el placer fuera aún más intenso.

    Metió el dedo gordo de mi pie en su boca y comenzó a chuparlo, lo succionaba, lo mordía, cambio constantemente de dedos, todos mis dedos recibieron ese tratamiento mientras mis gemidos inundaban el lugar y opacaban la música de fondo. Cada que yo quería acelerar el movimiento él me detenía. En algún momento cuando más desesperada estaba, sus dedos fueron a mi clítoris y lo acariciaron, este simple movimiento desencadenó un nuevo orgasmo. Todo se borró, me sentía flotar, no podía respirar, la sensación parecía interminable, mis músculos se tensaron, mis caderas buscaron subir, pero él lo impidió. MI cuerpo convulsionaba, sentí un mareo y pensé que me desmayaría.

    De mi vagina brotaba un río de flujos que escurrían por entre mis nalgas. Él se salió de mí, y gentilmente me coloco de lado en la camilla. Yo me encogí pegando mis rodillas el pecho y me quedé dormida.

    Cuando desperté él estaba acariciando mi pelo. Me veía con ternura, y estaba completamente vestido. Tan pulcro como al principio. Me dijo –espero que haya disfrutado su masaje.

    ¡O sea, me acababa de pegar la mejor cogida de mi vida!, y me sale con que ¿si disfruté mi masaje? -Claro que lo disfruté, ya quiero agendar otra cita-. Claro eso solo lo pensé. Me ruboricé y le dije -me encantó, gracias.

    Me ayudó a levantarme y se salió para que me vistiera. Mis piernas temblaban. Tarde mucho en vestirme, tanto que entró nuevamente para ver si estaba bien. Le dije que sí, solo que me sentía muy cansada. Se ofreció a ayudarme y lo dejé ponerme los pantalones. Aprovecho para acercar su cara a mi pubis y oler profundamente. No lo podía creer me estaba excitando de nuevo. Me ruboricé y terminé de subir mis pantalones.

    Nunca había pasado algo así en mi vida y me sentía confundida. Quería salir corriendo de ahí. Sin embargo, mi cuerpo pensaba hacer otra cosa. Cuando terminó de abrochar mi blusa, se acercó a mí y plantó un beso en mi cuello. Yo lo abrace y busque su boca, era lo menos que se merecía. Nuestras lenguas jugaban entre si y en mi vientre sentí como su pene se ponía duro de nuevo. Me despegue de él sorprendida.

    Amiga, en serio, no puedo aún creer que me haya hecho lo que me hizo, y que yo me haya dejado. No sé si fueron sus manos, su olor, su tacto, su calor, o todo junto. Ningún hombre me había tocado ni me había hecho sentir lo que él me hizo sentir en apenas 2 horas.

    Tengo algo más que confesarte. Eso ocurrió hace dos semanas. Salí de ahí pensando que jamás regresaría. Sin embargo, me sorprendí a mí misma haciendo cita con él para tres días después, y de ahí lo he visto 2 veces más en su spa y 3 veces en mi casa. Ya no me cobra y me toma de una manera diferente cada vez. Sin embargo, esa primera vez, será inolvidable.