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  • De Daniel a Daniela (parte 1)

    De Daniel a Daniela (parte 1)

    Parte 1: “La llegada de Cecilia y el descubrimiento de la sumisión”

    Este relato es una introducción, aun no hay tanto contenido sexual, pero en las próximas partes habrá más.

    Comenzaré por describirme soy alto, con piernas algo grandes y debido a que soy alguien rellenito tengo algo de grasa en el pecho, toda la vida batalle con eso hasta que cierta persona me hizo sentir diferente, tengo los ojos cafés.

    Siempre he sido alguien tranquilo de una sola mujer y siempre me he considerado hetero o bueno eso era lo que creía.

    Todo comienza con la llegada de una nueva jefa a mi área, Cecilia es una mujer de piel blanca, alta y con unos pocos kilos de más que están bien proporcionados en unas caderas y tetas grandes, desde que llegó a la oficina se notó su autoridad y su personalidad dominante, el día de su presentación ante el equipo me dio la sensación que se la paso observándome, creo que enseguida noto mi personalidad algo sumisa.

    Los primeros días transcurrieron con normalidad hasta empezamos a tener una carga de trabajo mayor y para terminar con todo en tiempo me empecé a quedar más horas en el trabajo, Cecilia igual lo empezó a hacer y eso conllevó a que quedáramos solos en la oficina, al estar solo ella y yo me empezó a pedir favores como preparar café y subirle una taza, salir a recibir sus paquetes de comida, revisar algunas de sus redacciones en su oficina, yo lo hacía todo por qué ella era mi jefa y para servirle de apoyo.

    Siempre me daba las gracias hasta que un día o mejor dicho una noche de horas extras me dijo “Daniel ya hasta pareces mi secretaria de tan al pendiente que estás de lo que necesito y de lo que yo ordene”, al principio lo tomé como un comentario de risa pero después lo analice y comencé a pensar en por qué uso la palabra “secretaría” y no secretario”, y lo otro que me hizo pensar fue la palabra “yo ordene”, será que todo este tiempo he estado acatando sus “ordenes” de manera sumisa y no por simple apoyo.

    Esa noche al llegar a mi casa me la pasé pensando en esa frase, hasta que me quedé dormido, soñé con ella dándome órdenes y teniéndome de rodillas a su lado.

    Después de esa noche y de ese sueño comencé a leer acerca de la dominación, todo lo hacía en el teléfono y en mi despacho donde nadie me podía ver, hasta que encontré un relato que me atrapo y quería seguir leyéndolo, pero mi teléfono ya no tenía batería, así que decidí usar la computadora del trabajo para seguir leyendo al final solo era una lectura de un relato, no pensé que ocurriera algo, pero estaba muy equivocado.

    Durante las horas extras de ese mismo día me llegaron mensajes al número personal, no tenía registrado el número, pero por el mensaje supuse que era Cecilia “Sube inmediatamente tenemos que hablar sobre tu desempeño laboral”, por un momento pensé en qué me felicitaría por todas las horas extras pero me lleve un sorpresa.

    Al llegar a su oficina ella estaba de pie a un lado de su computadora y dijo “Daniel esto que acabo de ver es inaceptable, debería darte de baja del equipo en este mismo momento”, eso me dejó impactado no sabía lo que pasaba así que no sabía que explicación dar, Cecilia me señaló su computadora y me dijo “Siéntate en mi silla y mira lo que está en mi computadora”, al sentarme a lado de ella me sentí pequeño ella estaba de pie y denotaba mucha autoridad.

    Todo se derrumbó cuando vi lo que estaba en su computadora, era mi historial de actividad en la computadora de trabajo en la cual tenía señalada la página y el relato que estuve leyendo, no sabía que decir hasta que ella tomo la palabra “Sabes que esto es una falta grave, no quiero pensar en lo que hacías en tu despacho leyendo esto, así que toma aquí esta tu carta de renuncia”, en ese momento comencé a llorar iba a perder mi trabajo solo por la curiosidad que ella indirectamente había despertado en mí, al verme en esa situación ocurrió el siguiente dialogo:

    D: Por favor Cecilia hare todo lo que me pidas, pero por favor no me hagas renunciar ni hagas publico esto

    C: No estás en una posición para negociar, no tienes nada que ofrecerle a la empresa

    D: En verdad Cecilia no puedo quedarme sin trabajo, es lo único que tengo, hare lo que sea por ti

    Al escuchar esto último vi como se le iluminaron los ojos, como si de una revelación divina hubiera sucedido en su mente.

    C: Ok lo pensaré, pero creo que debemos comenzar por como te refieres a mí, no estamos al mismo nivel como para que te dirijas a mí por mi nombre.

    D: La llamare como usted quiera, pero por favor no me despida.

    La vi pensando por un momento hasta que me miró fijamente.

    C: Sabes leí un poco el relato con el que estuviste entretenido el día de hoy y creo me agradaría que te refieras hacia mi como tu señora o ama.

    D: Pero Cecilia…

    Ni bien terminé de decir su nombre sentí su mano jalando mi cabello y poniendo su cara frente a mi mencionó con demasiada autoridad lo siguiente:

    C: Que no escuchaste tú y yo no estamos al mismo nivel así que no vas a volver a dirigirte a mí por mi nombre, entendiste o quieres que toda la oficina se entere que eres una pajero que se excita leyendo relatos de sumisión.

    Escuchaba lo que decía, pero no lograba procesar todo, como era posible que termine en esa situación, pero por alguna razón el que me estuviera jalando el cabello y teniendo su cara tan cerca de la mía me comenzó a excitar y ella lo notó.

    C: Parece que al pajero le excita que lo jalen del cabello.

    D: Lo siento en verdad hare todo lo que me pida mi señora.

    C: Así está mejor, pero te dejare elegir para que sepas que soy alguien buena, si aceptas acatar todas mis ordenes en este momento quiero que te pongas de rodillas y beses mis botas, sino simplemente firma tu renuncia.

    Dude por un momento, pero realmente me excitaba la situación y si aceptaba su propuesta no sería exhibido ni perdería mi trabajo, así que me puse de rodillas y pensé en que no podría ser tan malo.

    C: Que esperas ya estás de rodillas, decide que harás renunciar o estar a mis pies

    Después de escucharla decidí besar sus botas, no eran una botas sexys eran unas botas algo desgastadas de las que usan para salir a campo, le di un par de besos rápidos a ambas botas y pensé que eso bastaría

    C: ¿Quién te dijo que dejaras de besar mis botas?

    D: Perdón Ceci….

    En ese momento sentí un golpe en la cara, no había sido del todo fuerte pero fue un golpe al fin y al cabo, me había golpeado con su bota.

    C: Que sea la última vez que me llamas por mi nombre en privado entendiste, y mas ahora que aceptaste acatar mis órdenes.

    Me sentí demasiado humillado pero lo hice, seguí besando esas botas y seguí hasta que ella misma me hizo una seña para que me pusiera de pie.

    C: Ya que harás todo lo que te ordene, primero te hare unas cuantas preguntas, ¿Tienes novio?

    D: No no tengo novio y no me gustan los hombres, aunque no tengo novia en este momento

    C: ¿Vives solo o con tus padres?

    D: Vivo solo a unas cuantas cuadras de la oficina

    C: Perfecto entonces no costara nada que te pases a vivir en mi casa, cuando me refería a acatar todas mis ordenes me refería a las 24 horas del día

    No sabía que hacer, esto se estaba saliendo de control, no solo tendría que atender sus exigencias en la oficina si no también en su casa.

    D: Pero señora, segura que usted quiere que viva con usted

    C: Claro que si, de ahora en adelante harás todo lo que ordene sin ninguna queja, o todos sabrán que eres un pajero y que lo hace en su oficina

    D: Esta bien señora, usted dígame que día quiere que me mude a su casa

    C: Mañana mismo lo harás, no haremos horas extras, tú te iras a guardar todas tus cosas en cajas y las llevaras a mi casa, te dejare las llaves en la entrada por que yo estaré realizando unas compras

    D: Si señora, aunque no tengo muchas cosas así que lo haré lo mas rápido posible

    C: Perfecto ya estás entendiendo como te debes dirigir a mí, antes de irnos necesito que hagas otra cosa, desnúdate

    Cuando escuche eso me quede en shock, una cosa era besar sus botas que era algo asqueroso pero nada explícitamente sexual, pero el desnudarme frente a ella rebasaba una linea que no pensé que se fuera a cruzar.

    C: Que esperas para cumplir con lo que te ordene, quieres que te vuelva a golpear o quieres firmar tu renuncia

    Ante lo que dijo no me quedo otra opción mas que comenzar a quitarme la ropa quedándome en bóxer.

    C: Maldito pajero que no entiendes la palabra “desnúdate”

    D: Si señora

    Con la vista hacia bajo, procedí a bajar mi bóxer, sabía que el intentar tapar mis genitales sería un caso perdido así que tome una posición de firmes

    C: Vaya que tenemos por aquí, un pequeño amiguito, muy pequeño como para satisfacer completamente a una buena mujer, ahora entiendo por qué leías ese tipo de relatos

    Cada palabra que ella me decía se me clavaba como un alfiler en mi orgullo y solo podía ver hacia abajo, no podía responder a nada de lo que ella decía por qué muy dentro de mí, sabía que ella tenía la razón.

    C: Como no contestas supongo que aceptas todo lo que digo, y por lo que veo también eres algo lampiño y sin barba así que no costara mucho hacer los cambios que tengo pensados.

    No sabía a que cambios se refería, pero me dejo la mente llena de dudas.

    D: Si señora tiene razón, nunca he sido alguien se mucho bello corporal

    C: Muy bien Dani ahora quiero que hagas algo por mi, vas a bajar mis pantalones y retiraras mis bragas

    Procedí a acercarme a ella y ponerme de rodillas para poder retirar su pantalón, al bajar un poco el pantalón me topé con una bragas para nada sexys, eran de una tela brillosa y con algo de faja, cuando estuve por retirarla con las manos ella me detuvo.

    C: No tan rápido, las vas a retirar utilizando tu boca y no quiero que las vayas a dañar por nada del mundo

    No sabía cómo lo lograría pero poco a poco fui bajando la parte de la faja, hasta que logre enrollarla y bajar la parte del calzón, cuando ya lo tenía en sus muslos pude ver sus pubis con el bello recortado y también me llegó un olor muy distintivo un olor a hembra excitada, no lo había pensado pero a ella igual le debe estar excitando esta situación, ese olor me estaba volviendo loco.

    C: Ahora que ya lograste cumplir con bajar mi braga ahora encárgate de este detalle

    Lo dijo señalando su vagina visiblemente brillante por sus flujos, poco a poco fui acercando mi boca a sus labios y con mi lengua fui recorriendo el interior y exterior de su vagina y en cuanto salió a relucir su clítoris lo tome suavemente con mis labios y dándole pequeños apretones, lo comencé a lamer, supe que estaba haciendo algo bien al escuchar sus gemidos y sentir su mano presionando contra ella, hasta que sentí unos espasmo y posteriormente sentí sus fluidos recorrer mi boca y no pude evitar tragar un poco.

    C: Uuf perfecto Dani, al parecer sabes usar bien tu lengua, ahora limpia este desastre con tu lengua y quítame totalmente las bragas, por tu buen trabajo te dejare terminar de quitarlas con tus manos.

    Comencé a recorrer sus muslos y pubis con mi lengua hasta dejar todo sin ningún rastro de sus fluidos, solo de mi saliva, retiré sus bragas y las tenía en la mano cuando me dio otra orden.

    C: Ya te puedes vestir, pero ponte mis bragas.

    Me detuve un momento al contempla esas bragas, si de por si eran de una tela brillante brillaban aún mas por los restos de sus fluidos.

    C: Que esperas tienes que regresar a terminar tu trabajo.

    Comencé a ponerme esa prenda, lo primero que note fue la suavidad de la tela que iba subiendo poco a poco por mis piernas, al llegar a la parte de la faja sentí como comprimía un poco mi estómago, no era sofocante solo se sentía una presión constante, era una ola de sensaciones que nunca había sentido y para rematar cuando termine de colocarla sentí la humedad de sus jugos en mi piel, no pude evitar tener una erección.

    C: Ya veo que aparte de pajero, te gusta usar ropa de mujer.

    D: No, nunca he usado ropa de mujer no sé que pasa.

    C: Tranquilo ya podrás usar mas ropa si te portas bien, ahora ya lárgate de mi oficina a trabajar

    Inmediatamente salí hacia mi despacho, era una combinación rara de sensaciones me sentía humillado, sin salida y mal porque estaba excitado con todo esto que estaba ocurriendo.

    Continúe trabajando aunque me costaba concentrarme por la sensación que esa prenda me provocaba.

    C: Vámonos ya termino el trabajo por hoy, para mañana quiero mis bragas limpias así que tienes que llegar a lavar.

    D: Si señora, mañana a primera hora se la daré limpia.

    Guarde mis cosas y la espere para cerrar la oficina, cuando estábamos saliendo Cecilia se despidió de mi con una sonora nalgada, que no hizo mas que hacerme sentir de su propiedad.

    Aquí termina la primera parte de esta serie, espero sea de su agrado. Cualquier duda dejarme un comentario.

  • Mi cuñada y mi hijo

    Mi cuñada y mi hijo

    Hola, me llamo Clara, tengo 54 años, cumplidos hace unos días, estoy casada, tengo tres hijos, dos chicos y una chica y trabajo como limpiadora en un centro público. Físicamente soy rellenita, aunque dicen que tengo unas buenas tetas y un buen culo.

    Los que hayan leído mi anterior relato sabrán como me lo hice con el sobrino de mi marido, que acaba de alcanzar la mayoría de edad, en la piscina del chalé de mis cuñados, había sido la primera vez que había engañado a mi marido, pero me había gustado tanto que era algo a lo que no estaba dispuesta a renunciar. La verdad es que el marido de mi cuñada no me preocupaba nada, sabía que enseñándole las bragas podía hacer con él lo que quisiera, me preocupaba que mi cuñada se enterara de lo que hacía con su hijo, las circunstancias me ayudaron.

    Había pasado una semana desde mi encuentro con mi sobrino, seguía siendo agosto y el calor apretaba, mis cuñados, en parte para presumir de chale, nos invitaron ese fin de semana a una barbacoa, después de comer nos pusimos todos en la piscina a tomar el sol, por la familia de mis cuñados estaba el matrimonio y mi adorado sobrino, por mi familia, mi marido, mis dos hijos, mi hija y yo.

    Estábamos todos en traje de baño, parecía una reunión familiar normalita, pero, quizá porque el ladrón piense que todos son de su condición, tuve la sensación de que mi hijo mayor, Iván de 21 años miraba de una manera especial a mi cuñada, que dicho sea de paso llevaba un bikini pequeñísimo, que dejaba ver la mayoría de sus impresionantes tetas. Esa tarde no paso nada, pero al volver a casa busqué la forma de quedarme a solas con mi hijo y le pregunté:

    –¿Ver a tu tía en bikini te ha calentado?

    Entre mi hijo y yo siempre ha existido mucha confianza, incluido las cosas del sexo, llevaba varios años comprándole los condones, la verdad es que es muy guapo, y por el ritmo al que me los pedía parecía que tenía mucho éxito con las chicas y de hecho me contaba lo que hacía con alguna de sus amigas, yo le animaba a disfrutar, aunque advirtiéndole de que tuviera cuidado, no era cuestión de que dejara a ninguna embarazada y eso nos complicara la vida a todos, comenzando por él.

    Ante mi pregunta él se quedó pensativo, anteriormente mi hijo me había confesado que le atraían las madres de algunos de sus amigos, yo ahí le paraba los pies con el argumento de que podía tener problemas si intentaba seducir a mujeres mayores que él y además costarle la amistad con su amigos, pero después de lo corrido con mi sobrino yo sabía que no tenía autoridad para recriminarle nada si mi hijo se decidía seducir a alguna de ellas, tras un de reflexión mi hijo me respondió, un poco avergonzado:

    –Lo siento mama, pero es que la tía Luisa, con ese bikini que llevaba, estaba espectacular, la verdad no he podido evitar pensar en follar con ella, pero te prometo que no hare nada con ella, además es mi tía sería incesto y eso está mal.

    Vaya parece que en ese momento mi hijo era el adulto de la familia y yo la adolescente con las hormonas revueltas jajaja, tras un momento le respondí:

    –Cariño, no sé si es que me estoy haciendo vieja, ya soy una cincuentona y quizá eso me está empezando a hacer ver la vida de otra manera, si te apetece hacerlo con la tía Luisa, inténtalo, no te quedes con la duda de que hubiera pasado si lo hubieras intentado, si sale mal y hay problemas tu madre te ayudará a salir de ellos. Y lo mismo te digo respecto a las madres de tus amigos, cuéntame cuando quieras intentar algo y tu madre te ayudará.

    Y diciendo esto le abracé, tuve la impresión de que nuestra relación madre hijo se había hecho más estrecha.

    Quedaba buscar las circunstancias para que este encuentro entre la tía y el sobrino tuviera lugar. Pero tampoco era tan complicado cuando yo tenía un espía en casa de mis cuñados, me refiero a mi sobrino, al que no me costó mucho convencer de que nuestra relación se consolidaría si pillábamos a su madre haciéndolo con su primo.

    Por lo que me contó la mejor hora para que esto sucediera era por las mañanas, mi cuñado estaba trabajando, en esos momentos en casa solo estaban mi cuñada y mi sobrino, así que le dije a mi hijo, que estaba de vacaciones que quedara con su primo por la mañana para charlar en la piscina.

    Siguiendo mis instrucciones, mi sobrino poco antes de la llegada de mi hijo, le dijo a mi cuñada que le había salido una entrevista de trabajo, después aprovechando que mi cuñada se hallaba en la otra parte de la casa hizo como que salía, pero disimuladamente fue a su cuarto que estaba situado en el piso superior de la casa.

    Yo había dicho a mi hijo que me las apañaría para que su primo no estuviera en casa, la verdad no le di muchos detalles y él no me los pidió, el asunto es que se presentó en casa de mi cuñada cuando estaba, eso creían ellos, ella sola, ella le recibió, llevaba el bikini, dad el calor que hacía era normal, le contó que su primo había tenido que salir, pero que podía esperarle en casa y usar la piscina. En esos momentos ella podía acompañarle, podía cambiarse en el baño que había en la planta baja del chalé.

    Mi hijo lo hizo y los dos se encaminaron a la piscina donde hacia una semana mi sobrino y yo habíamos tenido nuestro encuentro, en esos momentos, según lo convenido mi sobrino me avisó y yo que estaba en las cercanías fui al chale, mi sobrino me abrió antes de que llamara y me condujo al piso de arriba desde cuya habitación se veía la piscina y a la parejita.

    Poco después mi hijo me contaría lo sucedido, y lo cuento tal y como él me lo contó:

    Llegamos a la piscina y nos pusimos a tomar el sol, le dije a mi tía que estaba estupenda que el tía debía de estar muy feliz con ella, ella se rio y dijo que ya estaba vieja, que no creía que inspirara deseos, yo la desafié a que si de verdad creía eso se quitara el sujetador y dejara sus tetas al aire, mi tía dudo un momento y se lo quitó, sus dos tetas impresionantes quedaron libres ante mis ojos, le dije que tenía un par de buenas tetas, ella se rio y me dio las gracias por el cumplido, yo le dije que no era ningún cumplido y para demostrárselo me quite el bañador y deje mi polla al aire.

    Supongo que mi hijo y mi cuñada creían que estaba solos pero no era así, desde una de las ventanas de la habitación del piso de arriba se podía ver perfectamente la piscina y lo que ellos hacían, aunque no se escuchara lo que decían, y allí estábamos mi sobrino y yo mirando el espectáculo, pero dejo seguir contando a mi hijo.

    Cuando mi tía me vio la polla me dijo:

    –Menudo pollón tienes sobrino, cuantas mujeres desearan metérselo en el coño, me dijo

    –Está muy dura porque tus tetas la ponen así dije yo

    –Pero si las tengo feas y viejas, dijo ella

    Ante las palabras de mi tía yo me lancé a acariciarlas, temí que ella me contestara con un tortazo, pero ante mi sorpresa ella se dejó, estuvo un poco pasiva y luego ante mi sorpresa comenzó a acariciarme la polla que se puso durísima.

    Me quedé todavía más sorprendido cuando mi tía se agachó ante mí y se puso a chuparme la polla, y debo de reconocer que mi tía la chupa muy bien, mejor que cualquiera de las chicas de mi edad que me la habían chupado con anterioridad, yo apreté su cabeza contra mí, ella seguía chupándomela de manera magistral y no tardó mucho en lograr que me corriera.

    Pero antes de que lo hiciera ella con un gesto me indicó que la soltase su cabeza y sacó mi polla de su boca, aunque la meneo lo poquito que la faltaba para que me corriera, y dada la posición que tenía, toda mi leche fua a parar a su cuerpo, especialmente a sus tetas, verlas manchadas de semen les daba un aspecto muy erótico. En esos momentos sentía una gran envidia de su marido que sin duda disfrutaba de ello con una cierta frecuencia.

    Yo sentía que estaba en deuda con ella, así que la empuje hasta que quedó tumbada sobre la hierba, nos dimos un beso, tenía ganas de besarla y no me importó que su boca estuviera impregnada con el sabor de mi polla.

    Después la abrí bien de piernas y aproximé mi boca a su coño, en ese primer plano me encanto, mi tía tiene un coñito precioso, con pelo, pero muy cuidado, se nota que se lo prepara para que se lo miren con frecuencia, y luego introduje mi lengua en su interior, ella comenzó a gemir, mientras decía:

    –Que delicia sobrino, nunca me lo habían comido así de bien.

    Eso me excitó y me llevó a comérselo con más ganas, sentí como se venía en mi boca, sus jugos me encantaron, seguí chupándoselo, hasta que se corrió otra vez. Y entonces ella tomando la iniciativa me dijo:

    –Sobrino me lo has comido muy bien, pero creo que ha llegado el momento de que te de tu premio supremo, túmbate tú ahora sobre la hierba, con las piernas muy juntas.

    Lo hice mi tía me acaricio mi polla un momento para asegurarse de que estaba dura, y pudo comprobar que estaba durísima, así que se arrodilló encima de mí y dirigió su coño lasta las cercanías de mi polla, y la introdujo en el interior de este. El coño de la tía era el más caliente de los que yo he probado, y ella comenzó a jugar con mi miembro moviendo su coño a un ritmo que me provocaba muchísimo placer, era la hembra más caliente que yo había probado.

    Encima yo veía esas esplendidas tetas moviéndose encima de mí, su visión me resultaba muy excitante, así que llevé mis manos hacia ella y las comencé a acariciar, mi tía dijo:

    –Me encantas lo que me haces cariño, sigue tocándomelas.

    Pero yo quería algo más, y levantando un poco mi cara aproximé mi boca a las tetas de mi tía y comencé a besarlas, ella dijo:

    –Que delicia sobrino, al cabrón de mi marido nunca se le ocurre hacer esto.

    Yo seguía tocándoselas y de otro lado mi polla experimentaba el calor de su coño que la rodeaba, nunca pensé que se pudiera gozar tanto con una mujer.

    Mi cuñada y mi hijo estaban follando despreocupados, pensando que nadie los observaba, no se les ocurría pensar que desde la planta superior del chale donde estaba su piscina, y donde vivía ella, dos pares de ojos y la cámara de un teléfono móvil les estaban observando.

    Mi idea era simplemente observarles, pero lo cierto es que el espectáculo me estaba poniendo muy caliente, hasta el punto de que no puede evitarlo, sin darme cuenta de que mi sobrino estaba presente, me subí el vestido que llevaba puesto, me bajé las bragas que llevaba puestas y me puse a meterme mis dedos en el coño, estaba muy húmeda, me masturbaba con rabia y me corrí varias veces pero no era suficiente, hasta que de repente sentí como una mano acariciaba mi culo, en esos momentos me di cuentas de que mi sobrino estaba a mi lado.

    Mientras no podía dejar de mirar como la zorra de mi cuñada cabalgaba sobre la polla de mi hijo y de como este no dejaba de estrujarle las tetas como si fueran las ubres de una vaca lechera, dejemos que sea mi hijo quien siga contándolo.

    Mi tía me seguía cabalgando con mucha pasión, yo seguía sobrando ese maravilloso par de tetas que tenía, me parecía una verdadera diosa, la dije, de forma espontánea sin ningún tipo de reflexión:

    –Tía te adoro

    Ella por sus gestos se la notaba que estaba teniendo varios orgasmos, seguía cabalgando sobre mí, en el entorno de la piscina con tanto frescor me parecía estar en el paraíso, al final sentí como iba a venir, y le pedí que se saliera, pero ella dijo que no me preocupara ya no estaba apta para da para luz, así que podíamos seguir follando con plena libertad.

    Mientras la parejita seguía follando en la piscina, mi sobrino, después de sobar un rato mi culo, restregó su polla contra mi culo, se ve que sin que yo me diera cuenta se había bajado los pantalones, y además de ver el mismo espectáculo caliente que yo, estaba viendo como yo me masturbaba, quizá todo junto explicaba que tuviera su polla más tiesa que el palo de una bandera.

    Por todo ello tras meter sus dedos en mi coño, para comprobar que yo estaba cliente, introdujo su polla en mi coño y comenzó a moverse como si yo fuera la única mujer sobre la tierra, yo entre la visión de mis ojos y los movimientos de la polla de mi sobrino dentro de mí, me sentía en una nube, era increíble lo que estaba disfrutando, mientras mi sobrino me seguía follando.

    Mientras mi hijo estaba llegando al límite con mi cuñada, según sus palabras: Yo estaba intentado aguantar todo lo que podía, no quería que nuestro polvo se terminara, pero finalmente no pude aguantarme y me corrí, mi tía al sentir como me venía me dijo:

    –Pero cariño ¿Qué tenías ahí dentro, un río?

    Y es que de mi polla había salido un verdadero torrente de semen que llenó todo su coño, después ella se levantó sonriente, ella tiene una sonrisa preciosa y se dirigió a la ducha que hay al lado de la piscina, allí abrió el grifo y el agua comenzó a deslizarse por su cuerpo mientras ella se tocaba con sus manos para limpiar su cuerpo, verla así me resultó muy excitante y sin poder evitarlo fui hacia ella y sin mediar palabra, me metí con ella y fueron mis manos las que acariciaban su cuerpo.

    En el piso de arriba mi sobrino seguía jugando con su polla en el interior de mi coño, la verdad es que esta combinación de mi vista y el tacto que sentía en mi coño era extremadamente placentera, mi sobrino había aprendido muy rápidamente y me estaba llevando al éxtasis, adoraba a ese chico, e por su parte por sus jadeos se le notaba que estaba a punto de correrse y así lo hizo llenándome el coño con su leche.

    Fuimos un momento al baño a limpiarnos, cuando volvimos la parejita estaba otra vez sobre el césped follando, pero de otro lado yo ya tenía suficiente para responder en caso de que mi cuñada descubriera lo que yo hacía con su hijo, así que había llegado el momento de irnos, salí yo primera, había quedado con mi sobrino volver a vernos en un bar a una cierta distancia de su casa.

    Mientras mi cuñada y mi hijo seguían a lo suyo, como me contó mi hijo, ducharme con mi tía y que ella acariciara mi cuerpo hizo que mi polla se pusiera dura de nuevo, así que le dije:

    –Tía vamos al césped otra vez.

    Ella se tumbó en el césped y yo me puse encima de ella e introduje mi polla, otra vez en su coño, mi tía comenzó a jadear mientras me decía:

    –Cariño que feliz me estás haciendo, hace años que no tenía una sesión de sexo como esta, me estás haciendo sentirme una jovencita, te adoro.

    Las palabras de mi tía me estaban haciendo sentir muy bien así que seguí follandomela, quería que ella disfrutase a tope. Al fina me corrí de nuevo, y me salió, otra vez, una gran cantidad de leche.

    Cuando mi tía se levantó, en un momento determinado se puso de espaldas a mí y pude contemplar un trasero divino, y visto que ese día todo parecía posible, la dije:

    –Tía tienes un culo increíble.

    Ella me echo una de sus sonrisas maravillosas, yo me levanté, la rodeé con mis brazos y la besé apasionadamente mientras bajaba mis manos hasta que estas tocaron su culo, me encantó acariciarlo, y muy animado por todo lo que estaba sucediendo, la pregunté:

    –¿Me dejas que te lo folle?

    Ella me sonrió se puso a cuatro patas y me dijo:

    –Es todo tuyo cariño.

    Animado por sus palabras me acerqué a ella por detrás e introduje mi polla en su culo, y comencé a bombearla, mientras ella con sus gemidos me demostraba que había acertado con mi petición, fue el último acto de un encuentro maravilloso.

    Mientras tanto yo llegaba al bar donde había quedado con mi sobrino y nos pusimos a hablar de lo sucedido, aunque era mejor que nadie se enterase de nuestra aventura, en el caso de que quien lo hiciese fuera su madre tendríamos con que hacerla callar, de otro lado el me reconoció que espiarlos le había dado mucho morbo, quizá era algo que debíamos tener en cuenta para hacer cosas juntos

    Mientras hablábamos yo sentí como los dedos del pie de mi sobrino se ponían en mis piernas y poco a poco iban subiendo hasta alcanzar la altura de mis bragas y comenzó a acariciármelas con su extremidad inferior, de otro lado estábamos en un lugar público, vimos que los baños estaban en el piso inferior y eso nos animó a ir al servicio a los dos, y allí dimos rienda suelta a nuestros deseos.

  • El mensaje

    El mensaje

    Hacía rato había hablado con una dama, que tiene sumiso, charlamos, establecimos algunos límites y me preguntó si me interesaba sesionar con ella y su sumiso.

    Soy hetero, pero no me trauma estar con un hombre, y llegado el caso tener que ceder ante los deseos de una dama a pesar de mis gustos y preferencias me quema la cabeza.

    Cruzamos algunas fotos y la cosa quedó ahí, no volví a saber de ella.

    Hasta la otra semana, donde para mi sorpresa veo un mensaje en mi Telegram, mañana 19 h. Zona Belgrano.

    Chan, un llamado así prende todas las alertas, pero ya había tenido comentarios de otro usuario de la página que había compartido una sesión con la dama, y todo había ido más que bien.

    Ambos sabemos que por las buenas la interacción con su sumiso no se va a dar, por lo menos hasta que me eduque para hacerlo. Pero aceptamos, a mi me resulta tremendamente morboso ser obligado a traspasar límites, y evidentemente a ella estar del otro lado.

    Nos encontramos directamente en el hotel sin vueltas, tomamos algo para cortar el hielo, charlamos, aclaramos límites, algunas otras cositas y cuando todo estaba dispuesto la dama me ordenó desnudarme y a su sumiso pasar al baño a cambiarse.

    Ella caminaba a mi alrededor examinándome como una mercadería, viendo detalles, tocando lo que por ese momento es suyo.

    Me besó, puso dos pinzas en mis pezones y apretó hasta que mis ojos dijeron basta. Se sentían y mucho, ella no lo sabía, pero las pinzas sacan lo mas sumiso que hay en mí, ya era su puta.

    Vino el caballero, vestido solo con un arnés de pecho de cuero. Sin mas lo puso contra la pared, y con las manos llenó de color sus nalgas, luego seguí yo con igual tratamiento.

    Fuimos a la cama y ambos servimos a la dama, besamos, lamimos tanto como ella pidió. Perdí la cuenta de sus orgasmos, estábamos realmente muy calientes, ella lo sabía, nos quería así para lo que se venía.

    Me puso de rodillas, ató mis manos y del bolso sacó un ring gag, me lo mostró y me dijo, hoy vas a chupar pija, vos decidís si por las buenas o por las malas, lo que no vas a poder es evitarlo. Ordenó al caballero venir hacia mí, puso su pene erecto delante de mi cara, pero cuando avanzó instintivamente di vuelta la cara.

    A la dama no le gustó nada y yo sabía que estaba en problemas, como primera medida, de su boldo sacó un floguer, apoyo mi cabeza contra el piso y me azotó.

    Me hizo gritar lindo, picaba como el demonio. Fueron unos diez creo. Luego me reincorporó, tomó el ring y lo puso en mi boca, lo acomodó lo mas atrás que pudo, y dijo, será por las malas entonces.

    Me tomó de los pelos, y me puso frente al caballero, que sin problema introdujo su pene dentro de mi boca.

    Con una mano, sostenía mi cabeza y con la otra me spankeo varias veces, y luego ordenó, ahora quiero que muevas tu lengua, quiero que lo sientas en tu boca.

    La saliva, comenzaba a caer por mi pecho, al oído me dice, hoy se acaba tu heterosexualidad. Un último manotazo fuerte en la nalga me convenció de comenzar a mover la legua. Su pene se hinchaba más y más, ahora estaba bien duro y caliente y claro adentro de mi boca.

    Despacio, pero un poco mas adentro ordenó la dama y así lo hizo el caballero, sacándome mi primera arcada. Saliva por todos lados, los ojos llorosos y el anillo ese que no me permitía mover la boca.

    Al oído me dijo, si te comportas te saco el anillo, pero si no obedeces lo pongo nuevamente. Asentí con la cabeza, retiró el anillo, me dolía la mandíbula. Rápidamente el caballero volvió a poner su miembro en mi boca, no opuse resistencia, y sin que dijera nada comencé a mover mi legua y mi cabeza, si por mas que no lo podía creer le estaba chupando la pija.

    Luego de un rato me ayudo a reincorporarme, me desató y puso muñequeras y tobilleras. Me ato a la cama boca abajo, cuando esperaba lo peor, la dama montó a su sumiso y comenzó a cogerlo. Sus gemidos eran un festival, divino escucharla gozar así.

    Luego de un rato, le preguntó ¿quieres acabar? Si señora, se lo ruego contestó. Hoy va a ser tu día de suerte. Le cambió el preservativo y le ordenó que se sacara las ganas conmigo. Me quedé pasmado sin decir nada, sin moverme, sin oponerme, no atiné a hacer nada.

    El caballero me lubricó y sin mas comenzó a penetrarme, sin problemas su glande venció mi esfínter y me sacó un buen gemido. Ah, pero muy bien mira como goza la putita dijo la dama entre risas.

    El caballero siguió su faena con delicadeza, hasta que sentí sus caderas contra mis nalgas.

    Miró a la dama como pidiendo permiso y le ordeno, sacarse las ganas. Me aferré a mis ataduras como pude, sabiendo lo que se venía. Y el caballero definitivamente se sacó las ganas, me hizo gemir y gritar, intercaló, delicadeza con fuerza y estocadas que siempre sacaban un grito.

    Estuvo un buen rato, no lo podía creer, pero quería que acabara, no aguantaba más y el seguía más que intenso.

    Miró a la dama le dio el ok, me tomó de la cintura, dio tres estocadas intensas, acabó y se retiró.

    Me latía todo, estaba mas que sensible, la dama le comía la boca al caballero por el buen trabajo realizado.

    Me soltó, me puso boca arriba, me beso, y sentenció, la próxima quiero que sea por las buenas, si señora respondí. Haré lo que usted ordene.

    Me beso, me soltó y comenzó a masturbarme, mi pene poco a poco comenzó a excitarse, llamó al caballero y ordenó que me la chupe, mi cabeza decía no, pero mi pene respondía de la mejor manera, el placer era bien recibido, viniera de quien viniera.

    La dama, me puso un preservativo y me montó, me prohibió acabar y cogió con ganas. Tuvo sus orgasmos, me beso y dijo, vos también vas a tener tu premio.

    Estaba desesperado, necesitaba acabar, no aguantaba más. Se retiró, puso a su sumiso en la cama en cuatro, y me ordenó cogerlo hasta acabar. No lo pensé demasiado, aproveché la erección que me había dejado la dama, lubrique, penetré con delicadeza y luego de unas pocas bombeadas, acabe y me retiré.

    Todos habíamos tenido nuestro premio, yo aún no caía en todo lo que había pasado, en la cantidad de límites que había traspasado.

    La dama me miró fijo, me beso y entre risas dijo, creo que ya podes poner hetero flexible en tu CV jajaja.

  • Compartiendo a mi esposa (parte 1)

    Compartiendo a mi esposa (parte 1)

    Como cada viernes de fin de mes, ese día quedamos con nuestro grupo de amigos, todos cercanos y aunque algo más distanciados de lo que éramos en nuestra época de universidad, producto del trabajo y las responsabilidades, habíamos logrado desde esa época el reunirnos para distraernos al menos una vez al mes, contarnos nuestras vidas, reírnos y apoyarnos, entre ellos destacaba Luis, uno de nuestros mejores amigos, en definitiva, el mejor amigo de mi esposa, y a quien conocí a través de ella.

    Ambos habían forjado una amistad desde el inicio de los días de facultad que mas bien era una hermandad, y aunque en aquel entonces se les molestaba constantemente con que eran pareja jamás dieron señales de una relación más allá de una de una fuerte amistad.

    Lo detallo tan particularmente porque fue por el que ese fin de semana cambiamos nuestro panorama habitual de baile y optamos por algo más retirado, ese fin de semana nuestro grupo se retiró a unas cabañas en un pueblo bastante turístico, que aunque era pequeño tenía todas las comodidades y diversiones imprescindibles para nosotros, baile licor y espacios con grata comida, y es que Luis quien era tan querido por todos venia saliendo de un rompimiento con su pareja de hace un par de años y aunque no lo comentara sabíamos que estaba afectado.

    Habíamos alquilado una cabaña con suficientes habitaciones para las 5 personas que éramos.

    Así un grupo de nosotros partió antes por un imprevisto de la pareja que nos acompañaría así que mi esposa Luis y yo saldríamos esa misma noche con intenciones de fiesta, baile y alcohol.

    Durante el viaje, entre bromas y conversaciones habíamos dejado ver a mi esposa que esa noche debería hacerse cargo de ambos en el baile, pues era la única mujer entre nosotros, a lo que ella rio indicando que incluso con ambos no seriamos capaces de seguirle el ritmo, lo cual no estaba lejos de la realidad pues ella era una entusiasta bailarina, sobre todo con algo de alcohol.

    Por lo cual y tras un consenso habíamos logrado un acuerdo en vista de la fascinación de mi esposa por el baile y mi falta de coordinación para acompañarla en los ritmos más efusivos, de que Luis la acompañaría en los bailes más rítmicos y yo la acompañaría en mis favoritos, los lentos, en los cuales la verdad es que me interesaba solo apegarme a ella para acariciarla, lo cual se volvía mucho más estimulante cuando la bebida había hecho efecto, pues ella cuando yo la acompañaba.

    No se limitaba en el trago a sabiendas que yo me encargaría de ella, y era precisamente eso lo que volvía tan agradables esos bailes, pues en ese contexto cada baile era una oportunidad de acariciarla y tocarla de formas que en otro contexto no me permitiría y que de hecho en esas circunstancias ella propiciaba y profundizaba ese toqueteo, con besos y movimientos lentos que acompañaban a mis manos en cada caricia.

    Lo anterior era tremendamente erótico considerando que todo aquello era en la pista de baile donde todo el mundo nos podría ver y algunos casos lo hacían directamente, no en pocas ocasiones algunos hombres intentaban unirse a nuestro baile buscando lo que imagino sería una gran noche para ellos, pero siempre los rechazábamos.

    En todo caso esas noches al finalizar el baile y de vuelta en casa su borrachera no le permitía hacer nada más que caer rendida en la cama, en alguna ocasión tras acostarla, jugueteé con su parte intima, reconociendo en ella la excitación producida por nuestro baile, y los roces, entonces aprovechaba de dar rienda suelta a mis deseos y la acariciaba lentamente lo cual después de breves minutos lograba liberar la humedad de su cuerpo al tiempo que su respiración se agitaba, me encantaba ver sus pechos levantarse.

    Primero lentamente, luego de forma más pronunciada, acusando que ya empezaba a sentir lo que ocurría en su intimidad, era entonces que con mis dedos a veces y otras con los juguetes de los que disponíamos entraba en su cuerpo con suaves movimientos, circulares que buscaban acariciar las paredes internas de su feminidad, mientras ella en ese punto, y sobre todo cuando usaba sus juguetes se arqueaba, amuñaba las sábanas entre sus manos y susurraba palabras que por el alcohol y su excitación casi no entendía.

    En ocasiones, cuando detectaba que su excitación era muy alta, lo que solía ocurrir cuando no habíamos podido intimar durante la semana, utilizaba mi dedo pulgar o algunos de nuestros juguetes más pequeños para ingresar por detrás y llenarla completamente y cuando lo hacía no demoraba mucho en oír un prolongado y ronco suspiro que acusaba su orgasmo.

    Tras eso se dormía y aunque esas noches yo no podía liberarme en ella, me encantaba, pues siempre más que el coito en si he disfrutado verla en la intimidad, su rostro, su respiración y sus gestos han sido mi deleite y es por ello que esas noches las esperaba con ansias.

    Pero esa noche sería diferente y lo tenía asumido, la presencia de nuestro amigo no me permitiría al menos en el baile comportarnos de esa forma, aunque en la cabaña ya vería.

    La noche transcurría como generalmente lo hacía con nuestros amigos, aunque ahora menos, al principio con una mesa llena de conversación risas y algún picoteo, me sorprendió ver que mi esposa no limitaba el alcohol como lo imagine, dada la ausencia esta noche de su amiga, sino más bien bebía como generalmente, lo cual me dio a entender que se encontraba en un ambiente de confianza más aun cuando Luis prendió uno de sus famosos porros y ella sin titubear lo comenzó a disfrutar al con nosotros incluso más.

    Me llamo la atención de forma placentera ver que mi esposa como siempre atraída las más variadas miradas, esa noche vestía uno de mis vestidos favoritos para estas ocasiones una prenda negra que lograba cubrir su trasero pero más que eso, la parte de arriba consistía en un modelo tipo encaje que remarcaba el generoso busto que tanto me gustaba y aunque ella siempre mencionaba reconocerse como rellenita, la verdad es que eso solo lograba acentuar sus esplendidas curvas que la volvían, en esas prendas, una verdadero monumento de mujer.

    Mas entrada la noche comenzó la fiesta con cantos y sorteos que animaron al extremo el ambiente, al punto que ya no quedo más remedio que liberar la música y todos comenzaron a bailar de forma alegre, las luces bajaron y tal como habíamos acordado Luis y mi esposa se unieron al lado de nuestra mesa para bailar los alegres ritmos de las canciones más efusivas mientras yo esperaba en nuestra mesa acompañado por mi vaso.

    Desde allí vi a mi esposa alegre y como siempre sensual bailando de una forma como nunca la vi, lo cual me daba a entender lo mucho que se limitaba cuando bailaba conmigo para permitir que mi torpe compas la acompañase. Ahora con Luis que era un mucho mejor bailarín que yo, danzaba girando, disfrutando entre risas y conversaciones que yo no alcanzaba a escuchar.

    Al rato se detuvieron para beber mi esposa se veía divertida y algo tomada, al igual que Luis, lo cual se acentuó en mi esposa cuando bebió de la copa que yo tenía en la mesa pues me había pedido un trago algo fuerte, de los que ella no acostumbraba tomar.

    Aun así entre risas y toqueteos juguetones típicos entre amigos de años, volvieron a levantarse para durante un rato continuar con su baile, hasta que por fin fue mi turno, pues sonó una canción más lenta, con ritmo, de aquellas latinas pero que permiten bailar de cerca o a distancia con lo cual mi esposa me miro con una sonrisa y me extendió sus brazos invitándome para que baile junto a ella, la abrace y pude notar por su respiración y su mirada que ya estaba borracha lo cual se me confirmo cuando me beso profunda y sensualmente, con esos besos que solo me da cuando ha perdido el pudor producto del alcohol.

    Lo cual me excito mucho, pero para mí frustración nuestro amigo bailaba solo con su copa en la mano a unos pasos de nosotros, a ratos solo, a ratos con otras parejas que reían con él y en ocasiones con nosotros, lo cual después de un par de pasos paso a ser lo definitivo, quedándose con nosotros, y dado que mi esposa y yo estábamos pegados el cerro distancias, bailando a espaldas de ella pero muy cerca.

    Así pues mientras yo bailaba de frente con ella él lo hacía desde atrás y aunque sus manos siempre estaban arriba con su vaso o en el aire, podía sentir que su cuerpo se acercaba a ella pues la presionaba contra mí, lo cual me parecía incomodo, aunque no era más contacto que él sus bailes anteriores pensé, pero aun así me incomodaba la idea de que nuestro amigo le estuviese apretando su bulto contra el trasero de mi esposa, lo que me incomodaba aún más pues en cada apriete mi esposa me besaba y podía sentir en ella una energía especial, inesperado.

    Entonces vino a mi mente el recuerdo de aquellos días de universidad en que tras nuestros típicos partidos de futbol nos cambiábamos en camarines en los cuales en alguna ocasión pude percibir que mi amigo poseía un prominente miembro, que en alguna ocasión fue incluso motivo de risas para el equipo y posteriormente para las risas de nuestro grupo de amigos, aunque tanto mi esposa como nuestra amiga solo reían irónicamente como no creyendo esas bromas.

    Y aunque jamás había tenido ningún problema con mi esposa referente al tamaño de mi miembro, que es promedio, lo cierto es que en algunas ocasiones cuando me montaba haciendo el amor la sentía empujar con fuerza, como queriendo que llegase a lugares que no tenía oportunidad de alcanzar, por lo cual asumía, sin complejos, que deseaba sentir las embestidas de un miembro más grande, algo que la llenara, incluso la llevase al límite entre el placer y el daño, idea que se me reforzo con pequeños gestos que tenía ocasionalmente, como en las compras de nuestros juguetes, de los cuales siempre prefería tamaños más notables.

    Y en ocasiones cuando los usábamos en nuestros juegos, ella intentaba disimular sin mucho éxito la preferencia que sentía por esos juguetes intentando acomodar los tiempos de su uso para llegar al clímax con esos objetos logrando fuertes orgasmos que yo notaba que buscaba retener, seguramente para no herir mis sentimientos.

    Aunque en lo personal no me molestaba en lo más mínimo y hacia todo lo posible por liberarla y verla explotar así que yo le acompañaba con palabras en su oreja, mordiendo sus orejas, sus pezones, a veces acompañando a los juguetes con lamidas en su intimidad o a veces como ya comente entrando por detrás llenándola por ambos lados, lo que para ella no era lo favorito pero cuando lo lograba obtener eso le sacaba escandalosos orgasmos que la demolían.

    Todo eso recorrió mi mente tan rápidamente que me lleno de incertidumbre y de una excitación que tenía mi miembro a reventar, y aunque deseaba seguir sintiéndola junto a mí me alivio el cambio de música de nuevo a algo más alegre que motivara el movimiento y las distancias, dado que había logrado ver que no era el único con una erección.

    Luis estaba igual y dada sus circunstancias era drásticamente evidente, entonces mi esposa con un grito de alegría se giró tomando de la mano a Luis y girando bajo su brazo para quedar de espaldas contra él y comenzar con el típico meneo de esas canciones, que si hace un rato me pareció que le restregaba su miembro contra su cuerpo ahora lo tenía claro y lo peor es que ahora era ella quien lo hacía al parecer había descubierto durante el baile el don de nuestro amigo y borracha como estaba se estaba dejando llevar y aunque solo fue por un momento me quede perplejo, con sensaciones extrañas que me intentaba explicar mientras volvía a la mesa y a mi vaso.

    Ya había pasado un rato desde que tras nuestro baile habían vuelto rellenar sus vasos con tragos algo más fuerte que les acompañaron en sus peripecias que cada vez, producto del alcohol, pensé yo, los llevaba a bailar casi piel con piel apoyándose mutuamente adicionalmente hace rato habían aparecido canciones para nosotros dos, así que solo bailaba con Luis y aunque los movimientos eran fluidos y al son de melodías más tropicales no me pasaban inadvertidos esos momentos en que se pegaban uno al otro.

    En algunos momentos veía claramente como ella de espadas a él echaba su cuello hacia atrás para escuchar cosas que él le decía mientras ponía su mano en su vientre, a momentos me parecía que su mano se deslizaba lentamente desde su vientre hacia el inicio de sus senos y que al retirarlas lo hacía deslizándola suavemente por el costado de su pecho derecho, como acariciándolo.

    En esos momentos yo me levantaba y los miraba con una sonrisa fingida que mi esposa respondía con un rostro alegre que acusaba su borrachera, en otros momentos veía como en medio del baile y con una destreza que yo no poseo Luis acercaba de frente a mi esposa hasta quedar casi cara con cara, en una ocasión vi que juntaron sus frentes y que algo le dijo Luis que le saco una risa que no se escuchó pero que por su cara fue estridente, más aún fue cuando en medio de las parejas y cuando fueron rodeados casi ocultándomelos me pareció ver que acercaban sus rostros en lo que podría haber sido un beso y aunque no lo creí me acerque a ellos, encontrándolos alegres en medio del baile.

    En frente de ellos me pareció ridícula mi impresión y con vergüenza intente dar la mejor explicación que mi borrachera me permitió dar a mi repentina aparición indicándole a mi esposa que iría al baño, a lo que ella respondió con un beso impregnando de aliento de alcohol, un beso en el que recorrió mi lengua con la suya, acariciándola, cosa que solo hacia cuando estaba muy caliente, lo que me dejo perplejo.

    Así que me encamine hacia el baño moje mi cara, allí estuve unos minutos entre la espera para entrar y el uso del mismo. Al volver me sorprendí al ver que la música había cambiado, ahora tocaban una canción lenta, y más aún me sorprendí al ver a mi esposa pegada a Luis, pero nuevamente de espalda girando lentamente, meneando sus caderas con tal lentitud que aprecia que ella estaba intentando disfrutar de la evidente erección del miembro de nuestro amigo cuyo rostro enrojecido por la borrachera como el de ella estaba como extasiado, parecía casi al borde de un clímax ante esos sensuales movimientos.

    Entonces vi la mano de Luis en su vientre y su cara en su cuello susurrando cosas mientras ella echaba su cabeza para atrás para escucharlo, de pronto giraron lentamente y me quede viendo la espalda de Luis, pero logre notar como el brazo de él se deslizaba hasta la zona inferior y cuando estuvo allí vi el cuerpo de mi esposa casi derrumbarse contra él, al igual que lo hacía conmigo cuando bailábamos y tenía oportunidad de tocar su entrepierna.

    Eso me sorprendió pero más me escandalizo la súbita energía que me recorrió, mi cuerpo más que rechazar esa situación se encendió con esa situación cosa que solo pude explicar por el alcohol y el porro que habíamos fumado hace un rato.

    Me dirigí hasta ellos ahora uniéndome yo al baile, mi esposa al verme pareció sorprenderse, lo que me hizo pensar que todo este rato pensaba que bailaba conmigo, lo que me tranquilizo, pues Luis se veía muy borracho también y eso aminoraba, creía yo, la culpa de ambos, entonces ella me beso al tiempo que note que mantenía la mano de Luis tomada y lo empujaba contra ella quedando nuevamente apretada entre ambos con mis manos en su cintura que sentían los dedos de Luis que poyaba sus manos en el trasero de mi esposa mientras ella lo movía sugestivamente.

    Allí bailamos los tres hasta altas horas de la madrugada, y aunque mi esposa me besaba cada vez con más frecuencia pude notar que sus manos tomaban confianza con nuestro amigo llevándoselas al vientre o al pecho disimuladamente en los momentos de baile, intentando ocultar con muy poca destreza, producto del alcohol seguramente su deseo de ser tocada por Luis.

    Estaba realmente excitada y aunque a mí me bailaba notoriamente más eróticamente constantemente buscaba al ritmo de la canción de turno para mover sus manos en dirección a Luis para rozar su entrepierna o dejarse tocar su busto en algún giro o para darme la espalda y al tiempo que apretaba su trasero contra mi miembro que estaba a reventar, se quedaba de frente a Luis y podía notar que su cara se acercaba a la de Luis.

    No alcanzaba a ver qué ocurría pero no tenía dudas que le daba besos cortos y aunque pude haberlo detenido no lo hice pues cuando eso ocurría podía sentir como su trasero se apretaba más contra mí, como si lo empujase Luis lo que por la posición de mi esposa y por los profundos suspiros que mi esposa exhalaba en cada uno de esos momentos, suspiros que yo conocía bien y que me dio a entender que no era con su cuerpo que la empujaba, era evidente, más aún cuando note que la mano de mi esposa estaba hacia adelante tomando la de Luis como guiándola hasta su entrepierna, la que mi amigo al parecer más que acariciar apretaba con fuerza estremeciendo a mi esposa que ahora estaba perdida en deseo.

    Lo anterior lo pude comprobar rápidamente pues cuando tuve oportunidad toque a mi esposa en su intimidad y note como su falda, corta como era estaba más levantada de lo común y que a esta altura bastaba un mínimo esfuerzo para alcanzar su intimidad su calzón algo corrido dejaba paso libre hasta sus labios que estaban húmedos como nunca antes los había sentido, en un momento pude mantener mi mano un momento y sentí como palpitaba como queriendo explotar por lo que comprendí que no fue solo sus labios lo que Luis toco, sino que también su interior, que parecía arder.

    Así nos dio la hora de cierre del local y comenzamos el camino a las cabañas, por el camino tambaleantes, llevamos a mi esposa en medio ella iba prácticamente colgando de nosotros, y entre risotadas avanzábamos, a ratos notaba como se pegaba a Luis y como este la sostenía, intentando en cada contacto manosearla lo más posible, lo que le sacaba a mi esposa miradas picaras de complicidad con nuestro amigo que yo fingía no notar y por lo tanto siguieron en ello a lo largo del camino, sabíamos que nuestros amigos no estaban allí pero al llegar notamos el vehículo de ellos.

    Entonces nos asomamos a la puerta y dado que yo tenía la llave deje a Luis sosteniendo a mi esposa, mientras con dificultad intentaba abrir la puerta, entonces algo realmente me perturbo, pero de un modo diferente, me excito, a mis espaldas creí escuchar el ruido de un beso uno de esos que mas que un beso es una comida de boca.

    Aun así, decidí omitir ello considerando mi borrachera y la de ellos, de todas formas, al cruzar la puerta la noche habría terminado y ella volvería a ser solo mía.

    Al entrar a la cabaña notamos las evidencias de la llegada de nuestros amigos de hecho la habitación de Luis, la que ocuparía esa noche estaba ocupada por ellos, y por los ruidos estaban en plena faena, así que Luis quedo de dormir en el sofá de la cabaña, pero para nuestra sorpresa estaba lleno de cajas y bolsas traídas por nuestros amigos, con víveres y otras cosas que impedían a Luis descansar allí, mi esposa entonces tomo a Luis de un brazo y a mi del otro y partimos a nuestro cuarto.

    Mi intención era que mi esposa durmiese en el rincón y yo dormir en medio, y así lo espere durante un rato en la cama tirado al igual que Luis, mientras mi esposa en el baño se preparaba para dormir, pero producto del alcohol y el cansancio me dormí lo suficiente como para despertar cuando ella se instaló entre ambos y allí se quedó, al lado sentía como Luis respiraba profundamente rendido por el sueño y yo aun borracho y soñoliento preguntándome si todo lo vivido había sido real o solo la imaginación incitada por el alcohol.

    Entonces decidí probar besándola profundamente lo cual ella contesto con un beso que me dejo ver el deseo que la embargaba, la besé por unos minutos sintiendo su respiración agitarse cada vez más y sentí sus manos acariciar mi rostro y luego tomar las mías para llevarlas a sus senos, los que cuidadosamente descubrí con el morbo que significaba tener a Luis a un costado quien cada vez parecía menos dormido, y su respiración había pasado de profunda a agitada.

    Aun así continue tocando el pecho de mi esposa, lo bese inclusive hasta que en un momento y llevado por la curiosidad tome la mano de Luis quien apenas puso resistencia y la puse en el seno de mi mujer, y pude notar que ella lo reconoció de inmediato pues tuvo un profundo suspiro de placer, de quien sabe estar experimentando algo inesperado y nuevo allí nos besamos y acariciamos borrachos durante 20 minutos o 30.

    Cuando un ruido que me saco de mi beso y dado que estaba todo tan oscuro que no se veía nada puse mayor atención y entonces escuche a mi esposa con la respiración aún más agitada, como cuando la tocaba en nuestras noches, y balbuceando algo, me acerque a ella para escucharla y logre oír claramente como su voz entrecortada exhalaba palabras que más que palabras eran gemidos, eran de placer, la recorrí con mis manos de forma delicada y note que no solo tenía sus senos al aire, sino que su camisón de pijama estaba levantado, exhibiendo no solo sus hermosas piernas sino que prácticamente su trasero entero y sus manos estaban abajo.

    Me sorprendió y excito pensar que producto de la borrachera y el estímulo mi tan tímida esposa se estaba masturbando entre nosotros pero cuando baje la mano hasta su entrepierna note que no era su mano la que la acariciaba, Luis pasaba su mano delicadamente desde atrás hacia adelante en un ritmo que evidentemente la tenía alucinada pues cuando mi mano topo la de Luis pude notar que su mano estaba húmeda sino que literalmente mojada.

    En ese momento no pude evitar darle un beso a mi esposa que me lo respondió de forma que dejo salir en mi boca un profundo suspiro saturado de alcohol que en un segundo se convirtió en un gemido. Desde ese momento ya no tuvimos vuelta atrás.

    Así pues, termine de quitar su camisón dejándola completamente desnuda con sus senos al aire, que me hacían notar al tacto lo duros que estaban sus pezones los cuales comencé a mordisquear al tiempo que note que ella giraba su rostro hacia atrás para dejar a Luis besar su cuerpo yo por mi parte comencé a bajar mis besos y lamidas desde sus pezones hasta su vientre.

    Fue entonces cuando sentí que Luis se acomodaba, pase mi mano a la entrepierna de mi mujer, y comencé a acariciarla como sé que se estimula de mayor manera, obligándola en un quejido de placer a retroceder con su cola hasta Luis, prácticamente entregándosela, este último sin aguardar indicación alguna se acercó a ella y la beso al tiempo que con un movimiento rápido se pegaba a su cuerpo, típico movimiento de mi.

  • Follada por mi esposo y dos amigos de él

    Follada por mi esposo y dos amigos de él

    Hace un par de días, decidí comentarle a mi esposo la loca idea que llevaba varios días rondando en mi cabeza, y la cual consistía en que fuesen tres hombres los que me follaran. Deseaba que uno me follara el coño, el segundo el culo y finalmente el tercero me follara la boca. De solo imaginarme en esa postura, comenzaba a calentarme, pero por algún motivo, se lo comenté a mi esposo apenas hace unos días.

    Él se quedó observándome mientras pensaba, y luego de unos segundos me respondió:

    —Tiene que ser un par de tíos que estén limpios para que no necesiten ponerse preservativo. Creo que tengo dos amigos que nos pueden ayudar.

    Me puse muy feliz y esperé a que él arreglara el trato. Después de unos tres días, me dio la respuesta. Ambos habían aceptado, solo que se reunirían con nosotros en un par de cabañas rentables.

    Para no prolongar el relato, el día acordado se llegó y tanto mi esposo como yo nos dirigimos hacia ese lugar. La idea era pasar todo el fin de semana y regresar el domingo por la noche para descansar y comenzar nuestra jornada laboral al día siguiente.

    Antes de subir al auto, Keev me había pedido que me diera una ducha profunda y después me ayudó a ponerme el dilatador anal. Si me pensaban follar por el ano, al menos debía estar preparada. Keev manejó durante casi dos horas, y cuando llegamos, sus dos amigos ya nos estaban esperando. En esta historia vamos a llamarlos Santiago y Marcos.

    Keev los saludó con mucho gusto, mientras que yo sí me puse un poco nerviosa. Tenía ropa puesta, pero los nervios me estaban congelando.

    —Sarah —me dijo Keev—, ve a la habitación que quieras y ponte algo de ropa cómoda, yo hablaré con ellos un momento y después iré a buscarte.

    Obedecí y subí mi pesada maleta. Los escuché reírse y hablar de cosas triviales como de sus empleos. Una vez en mi cuarto, comencé a desempacar, la maleta de Keev se había quedado abajo, pero pensé que él ya la subiría cuando viniese a buscarme.

    Comencé desempacando un par de prendas, mi bata azul y finalmente mi lencería. Había traído casi todo mi cajón y por el momento no sabía por cual decidirme, pero al final opté por una tanguita negra de hilos muy delgados y un sostén que no tenía tirantes en color negro. Me vi en el espejo y la idea de que tres hombres fueran a follarme, comenzó a calentarme.

    Me coloqué la bata azul y esperé a que Keev subiera por mí. Cuando lo hizo, me sonrió y besó en la frente.

    —¿Nerviosa? —me preguntó.

    —Un poco.

    —Será divertido.

    Salimos de la habitación. Yo me encontraba descalza y sintiendo cómo el dilatador se movía en mi culito mientras caminaba hacia otra de las habitaciones. Al llegar, me di cuenta de que en ella había una gran cama céntrica con sábanas blancas y cabecero de madera. Los dos amigos de mi esposo, Santiago y Marcos, estaban sentados en dos silloncitos diferentes.

    —Sarah —Keev pasó los dedos de su mano sobre mi brazo y aquello me causó un escalofrío—, quiero que te dejes llevar. Todo va a estar bien. ¿Sí puedes comportarte como una zorrita?

    La palabra me erizó el vello del cuerpo. Siempre me ha gustado que los hombres me deseen y que a la misma vez me traten como a una zorra. Cuando voy en el metro o me subo a algún autobús, me gusta sentir cómo se le quedan viendo a mi culito o a mi coñito, pues normalmente procuro que mi parte íntima se marque en mi pantalón. Me gusta rozar mi trasero con cualquier extraño y a veces que por “accidente” sus manos o codos golpeen con mis senos.

    Santiago y Marcos tomaron la iniciativa de acercarse a mí mientras mi esposo se servía una copa de vino y se sentaba a observarnos. Ambos hombres me llevaron a la cama y fue Marcos el que comenzó a quitarme la bata azul. La tela se deslizó y cayó en el suelo, seguido de eso, mi cuerpo se quedó totalmente descubierto.

    Ambos hombres me miraron sonriendo mientras me tocaban; Santi me pasaba sus dos manos alrededor de mi cintura y mi culo, y Marcos me envolvía los senos. Continuaron un buen rato acariciándome, y cuando llegué a cerrar los ojos, uno de ellos me golpeó el culo tan fuerte que el sonido resonó en toda la habitación.

    Entre los dos me llevaron a la cama y me hicieron subirme a ella de rodillas. Me acariciaban el culo y fue entonces que notaron el dilatador porque golpearon la piedrita verde con un dedo.

    Comencé a gemir y llevé una de mis manos hasta mis nalgas para abrirlas y mostrarles mi conchita que se llenaba de jugo. Después me senté y Santi regresó a mis senos, los apretó y pellizcó por encima de la tela, tomó el borde inferior y lentamente comenzó a bajarla hasta que mis pezones, duritos y rositas quedaron descubiertos, seguido se inclinó y empezó a pasarme su rica lengua sobre mi pezón.

    —¿Te gusta? —movía su lengua rápidamente arriba y abajo.

    —Sí —sonreí. El simple hecho de que mi esposo nos estuviera viendo ya me dejaba muy caliente.

    Marcos me sujetó del cuello y me besó en la boca, ahogando mis gemidos de sentir a Santiago chupándome los senos.

    —Ven, nena, vamos a chuparte ese coñito —Marcos me ayudó a sentarme en la orilla de la cama y me retiró la tanguita, la cual estaba empapada.

    Yo misma me abrí de piernas para que ellos pudieran ver mi conchita mojada y el dilatador que seguía en mi culito.

    Santi fue el primero en arrodillarse y en darme el primer lengüetazo. Me pasó su lengüita arriba y abajo y después me la metió en mi hoyito. Yo seguí gimiendo, cada vez más y más fuerte mientras Marcos me ayudaba a sostener mis piernas en alto. Después también él se arrodilló y me chupó la campanita.

    Sentí bien rico y procuré abrirme más para que sus lenguas entrasen hasta el fondo. De pronto, sentí como alguien me retiraba el dilatador y procedía a chuparme el ano. Ya para este momento estaba gimiendo tan fuerte que los ojos se me llenaron de lágrimas. Tenía a dos hombres lambiendo mi coñito mojado y mi ano.

    Keev dejó su copa y se acercó a nosotros. Al llegar, me pidió que me arrodillara en el suelo y yo lo obedecí. Los tres se bajaron al mismo tiempo sus bóxeres y me pusieron sus vergas frente al rostro para que las chupara.

    Fui turnándome entre todos ellos; les chupé las puntitas y las bolas mientras ellos me las untaban sobre los ojos, las mejillas y las tetas. No pude resistirme y comencé a masturbarme la conchita. Cogí aire y traté de meterme las tres vergas en la boca al mismo tiempo.

    —Vamos zorrita, muéstrame esa lengua —me dijo Santiago.

    Abrí la boca y saqué mi lengua mientras ellos me frotaban sus pollas en ella.

    Después de unos minutos, volvieron a llevarme a la cama y se prepararon para follarme.

    Santiago apoyó su espalda contra el cabecero mientras yo me montaba sobre él y me ensartaba su larga polla.

    —¡Eso! —Keev me dio una nalgada.

    Marcos se colocó detrás de mí, pegó su cuerpo a mi culo y comenzó a deslizar su polla en mi anito.

    —Ostia, Sant, te siento dentro de ella —le dijo a Santiago.

    El dolor me revolvió el estómago, pero rápidamente fue consumido por el deseo, sobre todo cuando Santiago empezó a chuparme los pezones.

    Traté de moverme, mi clítoris moría de ganas por frotarse contra la piel de Santiago, pero tener las dos vergas dentro de mí casi no me lo permitió. Keev fue el siguiente en acercarse, se arrodilló junto a Santiago y me indicó que comenzara a mamarle la polla.

    Se lo chupé y sentí que me acariciaba la cabeza indicándome que todo estaba bien. De pronto, Marcos aumentó sus movimientos y comenzó a follarme el culo con fuerza, empotrándome cada vez más sobre Santiago.

    Me aparté de la polla de Keev y le pedí que parara porque me estaba lastimando, pero este no lo hizo. Santiago me agarró con fuerza para que no pudiera moverme y también aumentó su penetración.

    —Quédate quieta, Sarah —Keev me agarró del cabello—. Querías que te tratáramos como a una puta, ahora soporta.

    Ambos hombres siguieron con sus envestidas cada vez más violentas y morbosas, pero entre más recibía, mi cuerpo comenzaba a acostumbrarse al escozor de sus vergas entrando y saliendo de mis agujeritos.

    Después de unos minutos, ambos me soltaron y yo brinqué sobre Marcos, me monté sobre él y me ensarté su verga. Lo cabalgué disfrutando mientras Santiago me azotaba el culo y Keev me masajeaba los pezones.

    —No sabes las ganas que tengo de follarte en el jardín —mi esposo me habló al oído. Su voz sonaba bastante ronca.

    Y por supuesto que lo haríamos, pero eso lo contaré en la parte dos.

    Tras follarme a Marcos, Santiago me alejó de él, me colocó sobre la cama y al abrirme las piernas, se introdujo en mí con una fuerza bruta. Me folló con tanta fuerza que un squirt salió de mi coñito.

    Después Keev hizo que me arrodillara sobre el suelo una vez más, me ordenó levantar mi culito y abrírmelo con las manos mientras ellos se masturbaban y descargaban todo su rico semen sobre mí.

    La tarde la terminé con las nalgas cubiertas de semen, bien follada y sabiendo que eso no se detendría ahí, pues aún sentía muchas ganas de bañarme con los tres y sentir sus bocas recorrerme el cuerpo.

    Pronto les contaré qué pasó después.

  • Mi hermana me provoca todo el día y al final la estreno el culo

    Mi hermana me provoca todo el día y al final la estreno el culo

    Mi hermana me provoca todo el día y al final la estreno el culo
    Mi hermana me provoca todo el día y al final la estreno el culo
    Este relato ha sido grabado en audio para que cualquiera lo disfrute, especialmente personas con visibilidad reducida o nula.

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    Escúchalo narrado por su autora

    Relato

    Desde que mi hermana Laura y yo regresamos de Veracruz, donde cometimos el pecado de follar por primera vez, y luego repetimos en el jardín de casa, mis ojos no la ven como a una hermana, sino como un objeto de deseo. Ella me ve ligero de ropa y no se la nota, pero yo la veo en bragas o bikini por la casa, y me cuesta disimular las erecciones, todo el rato pienso en joder con ella.

    Nuestros padres trabajan todo el día fuera de casa, y el riesgo a que nos pillen es nulo. Esto es una ventaja, pero también un inconveniente. Llevamos casi una semana follando a diario, y Laura piensa que se está convirtiendo en rutina, en algo fácil y habitual porque las posibilidades son muchas.

    Que no haya vuelto a ponerle la mano encima a mi novia, carga de razón a Laura. Mi novia me encanta, está incluso más rica que mi hermana, pero el morbo que Laura me provoca, es mucho mayor.

    Discutimos el asunto un buen rato, sin ponernos de acuerdo. Entonces ella me recordó lo ocurrido el día anterior, cuando fui a su dormitorio con ganas de echar un polvo. Eran las once del mediodía, ella apenas se había desperezado y no tenía ganas, pero accedió porque me puse muy pesado y no quería que me sintiera rechazado. Para evitar este tipo de situaciones, propuso el reto de ponerlo difícil, de llevarnos a tal punto de desesperación, que follar se convirtiera en todo un acontecimiento.

    No me quedó muy claro lo que pretendía decir. Lo supe el día siguiente.

    Fuimos con la pandilla a pasar el día en la playa. A la hora de comer en el chiringuito, mi hermana pasó todo el rato charlando con el amigo que tenía a su derecha. Yo estaba sentado con mi novia frente a ellos, viendo como Laura reía con cualquier comentario del otro. Esto me mataba porque no sabía lo que hablaban.

    En un momento dado, mi hermana fue a los aseos. Yo la seguí con la misma excusa y esperé a que saliera.

    -Si tengo celos de que lo pases bien con otro, ¿podría llamarse morbo? -pregunté fingiendo la sonrisa.

    Laura rio con ganas.

    -Yo lo llamaría estupidez más que morbo -respondió mirándome con ojitos burlones -. Morbo es esto, si eres capaz de contenerte -añadió antes de ponerme la mano en el paquete y apretar. Por un momento pensé que me cascaba los huevos.

    Se fue sin más, soltando risitas a medida que se alejaba.

    Más tarde, mientras todos nos bañábamos, Laura vino a mí con aire misterioso.

    -¿Ves aquellas rocas? -Las señaló con el dedo y yo asentí con la cabeza-. Pues allí me gustaría que me follaras ahora mismo, pero no es posible porque todo el mundo nos vería.

    ¡Joder con la morbosa! Ya tenía claro en mi mente lo propuesto el día anterior.

    Esperé pacientemente el momento oportuno para responder a sus provocaciones. Lo hice cuando todos salieron del agua menos ella, mi novia y yo. El agua nos llegaba por el cuello y aproveché la ocasión para abrazar a Laura por la espalda, fingiendo que jugaba a sumergirla. En medio del forcejeo, la cogí de los pechos y los sobé. Luego saqué la verga del bañador, tomé su mano y forcé que me la tocara.

    -Esto es lo que te pierdes por calentorra -le dije al oído.

    Dejé de retener la mano y ella no la retiró.

    -No recuerdo que la hayas tenido tan dura y grande como hasta ahora -dijo ella mientras la acariciaba-. Si nos damos prisa, llegamos a casa antes que los papás.

    Reí con ganas y le recordé que habíamos llegado con los demás, que no sería educado irnos por nuestra cuenta, tampoco responsable, porque mi novia me la cortaría si la dejaba plantada.

    Nuestros padres ya estaban en casa cuando regresamos.

    A eso de las nueve, mi padre veía las noticias en la tele y mi madre preparaba la cena en la cocina. Laura y yo coincidimos en el pasillo de la planta superior, donde se ubican los dormitorios.

    -Ya no la tienes tan dura como en la playa -dijo al plantarme la mano en la verga. La retiró, la introdujo entre mi pantalón corto, comenzó a masajearla despacio y añadió-. Ya va creciendo, tal y como me gusta. Te la comería ahora mismo -hizo una pausa al escuchar los gritos de mi madre desde la cocina-, pero mamá me reclama. La he dejado a medias con lo que hacíamos, solo por ti, porque me moría por jugar un poquito con tu juguetito.

    ¡Hija de la grandísima…! La muy zorra me la había puesto dura de nuevo, pero esos diminutivos finales fueron la estocada final. Me encerré en mi dormitorio con intención de hacerme una paja, pero nuevos gritos de mi madre anunciaban la cena. Lo dejé pendiente, mamá se pone muy tonta si nos retrasamos.

    El suflé ya se me había bajado al terminar la cena. Laura quedó tumbada en el sofá viendo la tele con mi padre y yo fui a mi dormitorio. Rato más tarde recibí un mensaje de Laura por whatsapp. Preguntaba dónde estaba y qué hacía. Le dije la verdad, que estaba en mi cuarto buscando motivación para pajearme.

    Laura no respondió. La pantalla tampoco indicaba que estuviera escribiendo. Me mataba la espera. Lo hizo un par de minutos después, ordenando que dejara las manos quietas, porque se moría por comerme la polla. Añadió que la esperara en el cuarto de baño.

    La vi llegar por el pasillo andando de puntillas, entró en el aseo y se puso en cuclillas apoyando la espalda en la pared.

    -Es improbable a estas horas, pero vigila por si sube alguno de los dos -dijo cuando me bajaba el pantaloncito y el slip.

    Yo saqué la cabeza del marco de la puerta mientras ella me cogía la pija con las manos.

    -Me muero por follar ahora mismo -dijo Laura entre lengüetazo y lengüetazo en el capullo-, pero es peligroso habiendo moros en la costa.

    La engulló varias veces, luego volvió a lamer el glande y le dedicó varios besitos suaves. Pero Laura es morbosa y provocadora, de las que no saben estar calladas.

    -Lo que se está perdiendo tu novia -dijo la muy golfa, con cierto recochineo-. Ahora debe estar metiéndose una zanahoria, una banana o puede que una berenjena, porque seguro que tiene el coño como la boca de un tiburón.

    -Creo que estás obsesionada -dije entre jadeos, sujetando su cabeza para que tragara la polla por completo-. Tiempo atrás ni te acordabas de ella.

    -Tiempo atrás no tenía que compartir esto con ella -respondió cuando dejé de forzarla contra mí.

    Yo no tenía ganas de conversación. Empujé su frente hasta que la nuca apoyó contra la pared, quedó inmóvil y comencé a follarle la boca, procurando hacer el menor ruido posible, solo se escuchaba un leve chapoteo en su boca.

    -Es suficiente por ahora -dijo la muy cabrona cuando me faltaba poco para correrme, y se puso en pie con intención de marcharse.

    La retuve empujándola contra la pared.

    -Me tienes hasta los mismísimos -dije enrabietado.

    La hice girar forcejeando con ella, le bajé la braga del bañador y tanteé la entrada del coño con la polla en la mano. Ella no protestó.

    -De aquí no te vas de rositas -aseguré antes de penetrarla repetidamente.

    Ella controlaba el volumen de los gemidos, pero nuevamente atormentaba mis oídos con su verborrea. Sin venir a cuento, giró la cabeza, me miró a los ojos y preguntó:

    -¿Tu novia te deja darle por el culo? Yo nunca lo he probado, pero dice mi amiga Mariloli que es lo más de lo más.

    -Mi novia no se deja, pero, ya que le gusta tanto, tendré que probar con la tal Mariloli.

    Laura contuvo la risa y negó con la cabeza, afirmando que prefería que lo hiciera con ella, pero no por las bravas, sino poco a poco.

    -Al principio duele mucho -aseguró Laura-, y escucharían mis gritos en el hemisferio sur. Según Mariloli, el ano tiene un tope por el propio proceso biológico, y solo es cuestión de abrirlo un poquito más con ayuda de vaselina o algo similar.

    Dejé de follarla porque la referencia escatológica me había bajado la moral.

    -Bueno, lo piensas y mañana me cuentas -dijo la muy lagarta y se fue corriendo por el pasillo.

    Volvió a escribirme media hora más tarde.

    -¿Qué hace mi follador favorito? -preguntaba Laura.

    -Déjame en paz, que no soy capaz ni con vídeos guarros -respondí añadiendo emoticonos llorones, cabreados y demonios.

    Ella envió un par de corazones, seguidos de caritas sonrientes y un stop. Este último resultaba enigmático. Mientras le peguntaba por su significado, Laura irrumpió en mi dormitorio y me pilló con la pija en la mano.

    -Menos mal que llego a tiempo -dijo sofocada. Había subido las escaleras y recorrido el pasillo corriendo.

    La mandé literalmente a la mierda, asegurando que ya no quería nada con ella. Pero Laura es insistente y se puso a mi espalda, tras la silla giratoria donde yo estaba sentado. Me abrazó el cuello y trató de lamerme la oreja, pero yo retiraba la cabeza para impedirlo. Viendo que esto no le funcionaba, bajó las manos y trató de cogerme la verga, nuevamente se lo impedí forcejeando. Se marchó con cara de patito enfadado y refunfuñando.

    Un rato más tarde, la puerta se abrió y ahí estaba ella. Mi cerebro era incapaz de procesar lo que veían los ojos. Estaba apoyada con el hombro en el marco de la puerta, chupando la punta del dedo índice, apretando los labios y poniendo morritos. El cabello negro lo tenía recogido y se había maquillado, destacando sus preciosos ojos marrones, colorete en los pómulos y los labios, chiquitos y carnosos con forma de fresa, con carmín rojo. Lo mejor de todo es que vestía una camisa abierta, dejando al descubierto la mitad de los pechos desnudos, debajo una braguita de encaje y color burdeos.

    Dejó de chupar el dedo, se abrió la camisa con él y dijo con un tonito que, madre de dios qué tonito:

    -Si piensas rechazarme de nuevo, ahora que voy con pintas de puta para ti, te juro que salgo así a la calle y me follo al primero que pase.

    Me hizo gracia el comentario y su iniciativa me había perturbado. Quise saber hasta dónde estaba dispuesta a llegar, pero tratándola como lo que parecía.

    Me bajé el pantaloncito, volví a sentarme y di un par de palmadas en mis muslos. Ella entendió, se acercó a mí y se arrodilló en el suelo. Entre mis muslos esperó mirándome a los ojos. Le hice un gesto con los míos señalando la verga, la cogí del pelo y obligué a que inclinara la cabeza.

    -Ahora quiero que me comas la polla -dije al tiempo que empujaba su cabeza, hasta que los labios rozaron el capullo-. Luego ya veré qué hago contigo.

    -Haz conmigo lo que quieras -respondió Laura-. He fregado la escalera y he dicho a los papás que no suban antes de media hora -añadió, dejándome perplejo, antes de engullir la polla.

    Pensé que la muy lianta se las sabía todas, pero abandoné este pensamiento cuando empezó a demostrarme su maestría con la boca. Primero me lamió el glande con lengüetazos pronunciados y largos. Sabe que esto me gusta y lo acompañó con breves pero intensas succiones, al tiempo que recorría el tronco, arriba y abajo, con la mano derecha. Luego la tragó por completo y me dedicaba la mejor mamada hasta la fecha. Yo le acariciaba el cabello y me admiraba con los leves vaivenes de su culo perfecto. Lo tenía muy salido respecto a la espalda arqueada, la muy cabrona sabía que se lo miraba. Extendí los brazos y se lo sobé con ambas manos, entonces me acordé de la conversación sobre el sexo anal y le dije con tono autoritario:

    -Ahora te voy a follar por el coño, pero quiero terminar probando por el agujerito.

    Laura levantó la cabeza y me miró con cierto terror en los ojos.

    -¿Tiene que ser ahora? -preguntó con tono ronco.

    Sonreí al tiempo que fruncía el entrecejo.

    -No es una imposición, salvo que te conformes con follarte al primero que pase por la calle.

    Laura recordó su comentario anterior y asintió con los ojos.

    La pedí que se arrodillara en el borde de la cama, pero ella se negó, temía que quisiera encularla sin ayuda tras follarla el coño, y propuso hacerlo en su dormitorio, donde tenía algo que podría servir como lubricante.

    Cedí, fuimos a su habitación, se quitó la braguita y se arrodilló en el borde de su cama. Me puse detrás de ella, forcé a que abriera las piernas y le fui metiendo la verga en el coño hasta enterrarla del todo. Comencé a follarla enrabietado, motivado porque tenía su espléndido trasero ante mis ojos. Mientras la embestía una y otra vez sin compasión, introduje el dedo corazón en el ano y lo metí y saqué varias veces, luego probé con dos, añadiendo el índice, y ella lo admitía sin quejas, se limitaba a moverse adelante y atrás, a mi ritmo y gimiendo de gusto.

    -Saca eso que decías que sirve como lubricante -ordené fuera de control-, que ya tengo ganas de llenarte el culo de leche.

    Laura saltó de la cama y tomó del tocador un botecito transparente.

    -Es un aceite hidratante -dijo al tiempo que me lo daba-. Es similar al que se usa con los bebés. Creo que servirá para intentarlo.

    La volví a joder por el coño al tiempo que abría el botecito, eché un buen chorro en el ano y lo esparcí por la zona.

    -Entra muy despacio -dijo Laura-, luego ya veremos.

    Me eché otro tanto de aceite en la polla y coloqué el glande en la entrada. Ella me abarcaba la verga echando la mano hacia atrás, controlando la profundidad a medida que yo entraba. Varias veces se quejó con leves gritos, pero aseguraba que de momento todo iba bien, que pasado el glande había superado lo peor. Cuando entré hasta la mitad, quise sacarla para entrar de nuevo, pero ella se quejó amargamente, asegurando que le quemaba, que dolía más al salir. Probamos varias veces con el mismo resultado.

    Yo estaba desesperado por correrme y tomé una decisión drástica. Volví a follarla el coño hasta que noté que me iba, la saqué en el momento justo y se la volví a clavar en el ano sin avisar. Ella protestó, asegurando que le dolía, al tiempo que trataba de librarse yendo hacia adelante y yo la sujetaba para evitarlo. No le dio tiempo a más porque ya estaba soltando la leche.

    -Eres un cabronazo -dijo Laura conteniendo las ganas de gritarlo-. Te he dicho que pararas.

    -Tú me has estado tocando los cojones todo el día, y pienso que estamos a la par -respondí y volví a penetrarla el coño, impidiendo que ella se retirara.

    Dejó de intentarlo a medida que el placer se apoderaba de ella, y no tardó en alcanzar el orgasmo poco después. Al menos, sirvió para que dejara de refunfuñar.

    Luego, cuando ella se hubo aseado la zona en el cuarto de baño, vino a mi dormitorio vestida con la braguita y la camiseta corta con que duerme.

    -A pesar de los pesares -dijo en clara referencia al hecho de forzarla-, para mí ha merecido la pena esperar todo el día.

    -Yo también lo he pasado mal por cierta toca huevos -respondí con una sonrisa cómplice-, pero también ha merecido la pena para mí.

    Pasamos un rato aportando ideas para sorprendernos en adelante, pero ninguna resultaba seria, estábamos tan felices que solo soltábamos tonterías.

    Sin embargo, mientras yo trataba de conciliar el sueño, estuve pensando seriamente en formas de sorprenderla y surgió una con tintes interesantes.

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  • De Daniel a Daniela (parte 2)

    De Daniel a Daniela (parte 2)

    Parte 2: Los cambios comienzan

    En esta parte de la historia podremos leer como la vida de Dani va cambiando y va descubriendo nuevas sensaciones que lo mantendrán muy excitado.

    Llegué a mi casa y comencé a guardar mis cosas en unas cajas que tenía guardadas, es raro ver que todas tus pertenencias caben dentro de 4 cajas, todo esto lo hice aun con las bragas puestas y todo el tiempo disfruté la sensación de la tela sobre mi piel.

    Dejé lavando las bragas y me acosté, no pude evitar masturbarme recordando todo lo que había ocurrido y después de esa masturbación me sentí muy culpable, comencé a llorar sabía que esto estaba mal, como iba a disfrutar tanto el ser humillado y usar esas bragas.

    Después de llorar un rato más me quede dormido, desperté muy temprano para verificar si la braga estaba bien seca y guardarla, no me gustaría que la señora Cecilia se molestara. Se sentía raro pensar en ella como señora y no hacerla enojar, guardé todo en mi mochila y me dirigí hacia la oficina.

    El día transcurrió de manera normal hasta la hora de la salida en la que ella me mando mensaje “Deje la llave en una planta al lado derecho de la puerta, lleva tus cosas a mi casa y las guardas en la bodega bajo la escalera”, al leer esto supuse que no tendría una habitación en donde dormir.

    Estaba inmerso en mis pensamientos cuando escuche de nuevo mi teléfono por la llegada de otro mensaje “Casi lo olvido, deje algo para que uses en la mesa del comedor así que te quiero con las bragas y la sorpresa que te deje en la mesa puestas y esperando de rodillas en la puerta”.

    Cuando vi a Cecilia salir de la oficina sabía que era momento de ir a llevar mis cosas a su casa, llegue y busque las llaves para abrir la puerta, era una casa bonita y amplia, al menos todo estaba limpio.

    Guarde mis cosas donde me indico, así que fui al comedor a ver la “sorpresa” que me había dejado, encontrando unas bolsas rosas que al abrirlas me quede petrificado, en la primera bolsa que abrí encontré un par de medias negras que tenían como una goma a la altura del muslo, en otra bolsa había unas bandas con broces igual negros y en la última bolsa encontré un brasier blanco del mismo tipo de tela brillosa que las bragas, no sabía que hacer nunca había usado este tipo de ropa.

    Después de un momento comencé a tomar las prendas y sentir la suavidad de su tela, no me imaginaba lo bien que se sentiría usarlas. Procedí a quitarme mi ropa, realmente no sabía por dónde comenzara así que inicie por lo que ya había probado antes la braga, se seguía sintiendo igual de bien que la primera vez que me la puse, tome una de las medias para ponérmela, pero me fue algo imposible al intentar subirla por mi pierna, sentí que se iba a atorar en mi pie, no quería romper nada.

    Intenté ponerme el brasier pero no sabía cómo hacerlo, no lograba abrocharlo en mi espalda, aparte de sentirme humillado igualmente me sentía inútil, decidí tomar el riesgo de solo esperar a mi señora solo con las bragas puestas y de rodillas como había indicado.

    Espere durante casi una hora, no me moví de ahí sentía que en el momento que me levantara a estirarme o caminar un poco se abriría la puerta, ella estaba jugando conmigo mental y físicamente, pero por fin llego, verla cruzar la puerta se sintió un alivio seguido de un sentimiento de angustia al no haber cumplido completamente con lo que me ordeno hacer.

    C: Veo que no te pusiste todo lo que te deje, ten toma estas bolsas

    No me había percatado, pero llego con muchas bolsas y algunas se parecían a las que me había dejado en el comedor.

    C: Me puedes dar una explicación del por qué no te pusiste toda la ropa que te deje.

    D: Lo intente, pero no pude, sentí que se rompería al ponérmela.

    C: Ok Entiendo que te gusto tanto la ropa que te dio lastima ponértela rota, al menos sé que no me mentiste y que nunca te habías puesto ropa de mujer, ustedes los hombres siempre creen que es fácil ponerse toda esta ropa.

    D: Si señora, jamás me había puesto nada de ropa femenina.

    C: Perfecto pues iras aprendiendo a colocarte todo tipo de ropa femenina, pero primero trae todas las bolsas que traje, te enseñare en donde te quedaras.

    Tome las bolsas y la ropa que no me pude poner, la seguí hasta llegar al segundo piso de la casa en la cual pude observar que había dos habitaciones, ella entro en una y me señalo que yo entrara a la otra habitación.

    La habitación era algo pequeña, pero al menos tenía una cama y un baño para mí solo. Coloque todas las bolsas sobre la cama.

    C: Es momento de que abras todos tus regalos y los guardes.

    Dijo esto señalando un closet con varios cajones, pensé que ni de chiste podría llenar todos esos cajones nunca he tenido tanta ropa, pero estaba muy equivocado.

    C: Apúrale comienza a sacar las cosas de las bolsas

    A este punto no fue ninguna sorpresa, comencé a abrir las bolsas y solo sacaba ropa femenina bragas que parecían boxers, unas que solo parcial unas cintas gruesas, brasier de varios colores, juegos de medias y pantimedias, algunos camisones y otras prendas que no les encontré forma.

    Fui guardando todo en los cajones que ella me iba indicando, ya estaba cansado y solo me quería acostar.

    C: Ven vamos al baño, trae las prendas que no te supiste poner

    Al entrar al baño me fije que estaba todo lleno de productos de higiene femenina

    C: Bueno lo primero que harás es desnudarte y bañarte.

    Enseguida me quite la braga y me metí a la regadera, tome un jabón y olía muy femenino al igual que todos los productos que me hizo colocar, me indico que me untara una crema que olía algo mal y que no me lo retirara hasta dentro de unos minutos. Comencé a sentir un ardor en todo mi cuerpo.

    D: Señora es normal que sienta tanto ardor.

    C: Si es normal, es momento en que te lo retires.

    Me volví a meter a la regadera, la crema se iba, pero junto a mi bello corporal, no sabía cómo justificaría eso ya no podría usar shorts en público sin que se dieran cuenta que estaba depilado.

    C: Bueno ya que nos deshicimos de tu bello, solo falta detallar unas partes, así que ponte de espaldas e inclínate abriendo tus piernas.

    Hice lo que me pidió, y enseguida me estaba arrepintiendo ella comenzó a tocar mis nalgas y no tardo en ver mi ano.

    C: Uy pues no tienes unas malas nalgas, solo falta retirar unos bellos de tu ano, a los machos no les gustan las peludas.

    Quedé en shock ella acababa de mencionar “machos”, antes de seguir pensando sentí su dedo intentando entrar en mi ano por lo que di un respingo.

    C: Veo que esto esta apretado al parecer eres virgen, por el momento solo te retirare los bellos de aquí, luego jugaremos con él para que no esté tan cerrado.

    D: No señora, por favor nunca ha entrado nada por ahí.

    C: Cállate si me contradices en este mismo momento hago que este culo deje de ser virgen y sin practica por lo que te lo voy a dejar destrozado.

    Inmediatamente me calle y me quede quieto esperando a que terminara con la depilación.

    C: Ya terminamos, ahora ponte estas cremas y cuando acabes vienes a mi habitación.

    Ahí estaba yo colocándome unas cremas que me dejaban la piel brillante y muy tersa, con olor a coco. En el fondo todo esto me estaba gustando, pero tenía miedo de admitirlo.

    Esperé un momento a que mi piel absorbiera toda la crema y salí del baño, me dirigí a su habitación y al abrir su puerta ella estaba vestida con una bata de satín negra, aunque no mostraba nada aun así lucia muy hermosa.

    C: Uy que rico hueles, como toda una mujercita.

    D: Pero yo no quiero ser una mujercita, no me gustan los hombres.

    C.-Si si lo que digas, deja de hablar y comencemos con tu aprendizaje.

    Dijo esto señalando la ropa que no me había podido colocar, la tenía acomodada en la cama y también observé que había una caja de madera bonita (más tarde descubrí lo que era por un castigo).

    C: Bueno comenzaremos con las medias, las tienes que enrollar y meter despacio tu pie, esto con cuidado porque no quiero verte con las medias rotas.

    Tome la primera media enrollándola como ella dijo, al meterla por mi pie e irla subiendo lentamente por mi pierna, fue la sensación más deliciosa que había sentido la tela de la media en mi piel depilada era muy rico, me termine de colocar ambas medias y no pude evitar tener una erección al sentir el roce de mis dos piernas enfundadas en las medias.

    C: Veo que te gustaron mucho las medias “Danii”, ahora te pondrás esta prenda la cual se llama liguero y le colocaras estas bandas.

    El liguero era como una fajita pequeña, me la coloque y me paso las bandas, me costó colocarlas, pero una vez que lo logue me indico que las abrochara en las medias para que no se me cayeran, al terminar de colocarlas estaba sumido en un montón de sensaciones sentía deliciosa la presencia de las medias en mis piernas y las bandas apretando un poco mis nalgas, nunca imagine que se sintiera tan bien.

    C: ¿Sabes por qué te puse el liguero antes que la braga?

    D: No señora ¿Por qué?

    C: Para que cuando quieran jugar con tu colita sea más fácil bajar tus bragas y las ligas no impidan que hagan eso.

    D: Pero señora quien jugara con mi colita, no quiero que nadie me vea así.

    C: No me contradigas, entiende que me debes obedecer en todo, ahora deja de decir tonterías y prosigue a ponerte el brasier, sé que aún no tienes practica para abrocharlo por atrás así que lo abrocharas al frente y cuando ya lo tengas puesto lo giraras colocándolo adecuadamente.

    Hice lo que me pidió, efectivamente fue muy sencillo abrocharlo por delante, pero me costó acomodarlo en su lugar.

    C: Mírate no luces nada mal, hasta tus pechos gorditos parecen tetitas y se te hace una buena colita, ya que sabes cómo ponerte la ropa ahora no tendrás excusas para incumplir mis órdenes.

    D: Si señora, gracias por enseñarme a colocármelas.

    C: Es buena señal que me des las gracias, ahora vete a tu cuarto y no quiero que te quites nada de la ropa.

    Salí de su habitación cada paso que daba sentía el roce de las medias, la presión de las tiras del brasier y del liguero, todo este me estaba encantando, pero sabía que no debía expresarlo no debía de ceder. El llegar a la cama fue lo máximo y no pude aguantar más comencé a masturbarme, no dure ni 5 minutos y tuve una gran corrida, me quede dormido casi enseguida.

    Me quedé tan profundamente dormido que nunca me di cuenta cuando entro Cecilia, solo sentí cuando apretó mis huevos y enseguida me desperté.

    C: – Maldito pajero quien te dio permiso para masturbarte y manchar todo.

    Ella tenía razón no me di cuenta que había manchado las bragas y las sábanas.

    D: Perdón perdón fue un accidente Cecilia.

    C: Y ahora rematas llamándome por mi nombre, sabes que había decidido no hacer esto al ver que te veías tan bien con esta ropa, pero te mereces un buen castigo y no hay mejor castigo para un pajero que ya no poder hacerlo y esto lo lograre con este amiguito.

    D: ¿Qué es eso?.

    C: Es una jaula de castidad y te la vas a poner en este mismo instante.

    Me arrojo la jaula a la cama, la tome, pero no sabía por dónde comenzar hasta que me paso la caja en donde venían las instrucciones, primero pase mis testículos y pene por un anillo y posteriormente coloque la jaula, el candado lo coloco ella, creo que se quería asegurar que todo estaba bien colocado.

    C: Perfecto lo colocaste bien, a partir de ahora solo te masturbaras cuando yo lo diga así que me llevare esta llave, no te preocupes que yo la cuidare bien.

    D: Pero señora esto es muy incómodo.

    C: Pues no debiste ser un pajero y manchar todo, esto es un castigo y si te portas bien en algún momento puede que te levante el castigo.

    D: Ok señora, me portare bien seré bueno.

    C: Por cierto, ten te tienes que cambiar esas bragas manchadas.

    Me paso otras bragas más sexys que las que ya tenía puestas, era negra y llena de encajes con detalles rosas, no salió de la habitación hasta que me las coloque.

    Era delicioso tener esa ropa puesta y la situación, pero cuando comencé a excitarme la jaula se volvió demasiada incomoda, me costó demasiado dormir.

    Aquí termina la primera parte de esta serie, espero sea de su agrado.

  • Jalándosela a Bernie y recordando mis puterías

    Jalándosela a Bernie y recordando mis puterías

    De mis años viviendo con Bernardo, lo que más le gustaba era que lo masturbara y hablar sobre cómo otros me habían cogido o de cuando él me compartía con otros hombres, sobre todo con su amigo Omar y el tío de éste, Joss. Esta fue una de esas veces en que estábamos viendo la tele en su cama –en realidad cada quien tenía su cuarto, a veces dormíamos juntos, pero a veces cada quien en su cuarto-y las cosas se calentaban.

    Bernardo estaba acostado boca arriba solo en boxers, yo recostada sobre él, de lado, solo con una tanguita, nada arriba. Como mi hijo vivía con nosotros, teníamos la puerta cerrada. Como dije estábamos viendo la tele; una de esas películas de terror en las que mujeres salen, al menos, enseñando las tetas. Entre lo aburrida y las tetas de las viejas al aire, acerqué mi mano al bulto de Bernardo y “sin querer” le rozaba su herramienta. Noté cómo se empezaba a poner dura, así que empecé a acariciarla por encima del bóxer.

    -Me gusta cómo se ve y cómo se siente cuando se va poniendo dura.

    -(Sonrió) Te gusta ponerla dura, Ana.

    -Me gusta ponértela dura.

    -No, te gusta ponérsela dura a cualquiera. Eres una puta, Ana. Te encanta la polla, lo sabes bien. Yo lo sé –seguía acariciándole la verga sobre los boxers- Lalo, lo sabe… Omar, lo sabe… el tío, lo sabe… y quién sabe qué otro cabrón con el cojas lo sabe, Ana.

    -¿Te gusta?

    -¿Que seas así de puta? Por eso te dije que te vinieras para acá –empezó a acariciarme las nalgas y yo se la saqué y empecé a acariciarla y a jalársela.

    -¿Sólo por eso?

    -Me la pone durísima ver cómo te manosean, cómo te calientas cuando te están metiendo mano, cuando te agarran las tetas, las nalgas; pones una cara de zorra, fenomenal.

    -¿Te pone muy cachondo?

    -¡Joder, muchísimo! Estás muy buena y verte zorreando es lo mejor.

    -Ah, ¿sí?

    -¿A ti también te pone cachonda, verdad putita? –asentí-. ¿Te acuerdas la primera vez que te dio polla José (el tío de Omar)? –asentí-.

    -Saliendo del antro en la Zona Rosa. Los tres me estuvieron toqueteando toda la noche…

    -Con esa minifalda que traías, Ana… no era difícil meterte mano, hasta se te veían los calzones.

    -Te gusta que me vean, ¿no?

    -Me pone cachondo que enseñes, guarra.

    -Varios me veían lo calzones y hasta uno que otro me toqueteó un poquito. Me besé con ustedes tres en el antro y hasta me tocaron las tetas Omar y José jajaja hasta el top me bajaron en una de esas; son unos cabrones.

    -Y tú una zorra (sonrió). Por supuesto que me acuerdo de eso; además no traías brasier, cabrona, se te marcaban los pezones.

    -De regreso me dijiste que me fuera atrás con el tío de Omar. Enseguida empezamos a besarnos, me quitó la chamarra, me bajó el top, me manoseó las tetas –la verga de Bernardo estaba durísima-.

    -Sí, te decía “me encantan tus perras tetas, putona” jajaja; te tenía un chingo de ganas ese José. Tenía rato que me decía que quería follarte.

    -Ah, ¿sí? ¿Qué te decía?

    -Que se le antojaban mucho tus tetas y tus nalgas. Que lo provocabas con esos escotes y agachándote más de lo necesario, empinándote antojándole el culo. Que movías mucho las nalgas al caminar. Que se te veía en la cara que eras adicta a la polla y a la leche.

    -Me encanta jalártela y que se te ponga así de tiesa.

    -Nada más de acordarme cómo te manoseó en el coche, cómo te devoró las tetazas, cómo te dedeó, cómo lo montaste; se te veía un culo delicioso mientras montabas su polla, Ana.

    -Te calienta mucho eso, ¿verdad? Eres un perverso, Bernie. ¿De qué más de acuerdas, mi amor?

    -Recuerdo cómo le decías lo rica que estaba su verga, que te tenía chorreando el coño, que hasta el culo te escurrían tus jugos, zorra –empecé a mamársela-me puso muy cachondo ver cómo te ensartabas su polla, Ana.

    -Mmmm… mmm…

    -Mueve el culo para acá para poder dedearte, zorra –jaló mi cadera hacia él-. Acabaste varias veces y lo dejaste correrse adentro, guarra. Te encantas los mecos, Ana, o no, ¿puta?

    -Mmm… sí… me encanta la lechita, amor…

    -Me acuerdo que llegando a casa te follaron los dos, guarra. ¿Te acuerdas lo rico que te cogió Pedro (un vecino nuestro)? Se acabó la fiesta, se quedó hasta el último porque te dejaste manosear toda la noche; hice como si me fuera a dormir y te folló en la sala, putita; gemías como guarra, Ana; ¿te acuerdas?

    -Mmm… ay, sí… me folló delicioso y luego me cogiste bien rico, Bernie (sacó un dildo que tenía y me bombeó la panochita) ¡ay, qué rico!

    -Eres una puta exquisita, Ana; me encanta que seas toda una zorra –me di la vuelta, acomodándome para seguir mamándosela y que siguiera metiendo el dildo, pero que ahora me viera las tetas- y qué rico la mamas; te encanta andar de guarra mamando vergas, verdad, ¿guarra?

    -Mmmm… sí, me encanta saborearlas…

    -Y andar de puta; te gusta que anden cogiendo, zorra.

    -Lo hago porque tú me dices, amor… mmm…

    -Jajaja… ni madres… lo haces por puta, Ana, lo haces porque necesitas que estén dando polla –yo estaba súper excitada, dejé de mamársela porque venía un orgasmo intenso; lo vi a la cara mientras me seguía bombeando con el dildo-mira esa cara de puta golosa que pones, zorrita.

    -Puta madre, me voy a venir bien rico, amor.

    -Joder, qué tetas tan más ricas tienes, putona –me vine delicioso, aún después de mi orgasmo no dejó de meterme el dildo-sí, córrete, córrete, guarra; pones una cara de golosa riquísima, Ana. Amo tus puterías.

    -Amo ser una puta cogelona… mmm… -volví a mamársela para que se viniera en mi boquita.

    -Quiero verte coger con alguien otra vez, zorra. Quiero ver cómo te manosean y te follan como la zorra que eres, Ana.

    -Mmmm… ¿quién quieres me folle, amor?

    -Hugo, el de tu oficina; se nota que se le antoja mucho follarte; te come las tetas y el culo con la mirada o Salo o Isaac -mis jefes- quiero ver cómo te emputecen… dime algo, ¿ya te follan, zorra? ¿Ya te tragas sus mecos, puta?

    -Mmm… -negué con la cabeza, pero ya cogía con mis jefes.

    -¿Eres una puta, Ana –estaba a punto de correrse- eres mi puta, Ana, verdad?

    -Mmm… sí, soy tu puta, amor… voy a follar con quien quieras…

    -Sí, zorra, vas a follar con quien te diga… eres mía… mi zorra… me voy a correr, so puta… me vas a sacar la leche, Ana.

    -Mmm… sí, dámela, amor… quiero saborearte –en ese momento se vino, llenándome la boca de su semen; lo saboreé con su verga en mi boca y me los tragué poco a poco; fue perdiendo su erección y fui a lavarme.

    Ya acostados de nuevo sólo me dijo: “Quiero verte follar con alguien de tu oficina, Ana; quiero que sepan que eres mi puta”.

  • La casona

    La casona

    Aquella tarde el día avanzaba distinto a lo planeado, se habían sucedido una serie de percances que habían desmantelado mi planificación y me dejaban en libertad, lo cual me permitió el relajarme y darle una sorpresa a mi esposa que precisamente hace unas horas, me había insistido cariñosamente que le acompañara a un evento al cual asistiría con sus amigas de la universidad, un encuentro de excompañeros que según sabia no se daba hace años y al cual varias asistirían con sus parejas, el evento en una vieja casona sería una fiesta como las de antaño que empezaría al anochecer y duraría hasta el amanecer, ella estaba entusiasmada.

    Yo por mi parte, a esa altura del día estaba impedido por compromisos laborales de asistir, pero ahora podía tomar mi vehículo y llegar, según mis cálculos lo haría un par de horas después de iniciada la fiesta, y así fue, llegue a la casona, y aunque fue fácil encontrar la antigua construcción, estacionarse fue un desafío, realmente estaba repleto finalmente lo logre, aunque quede bastante alejado de la casona.

    Así, después de algunas horas, entre a la casona y busque a mi esposa, tarea difícil por la enorme cantidad de personas, la neblina que emanaba de equipos y que abarcaba todo el interior, las luces intermitentes, coloridas y el ruido ensordecedor de la música que chillaba aquel genero de música más desinhibido y por su puesto las personas en aquella casona se comportaban a la altura, notaba un abrumador olor a alcohol y a algo más, otras sustancias que en mi juventud conocí y que parecían muy presente en aquella fiesta.

    Así busqué entre tal evento, avanzando entre distintos recintos cuando entre la muchedumbre la vi, su grupo de amigas estaba animado, bailaban reirán a gritos y bebían, ella entre todas destacaba, siempre destacaba a mis ojos, pero hoy se veía hermosa, llevaba jeans y unas botas de cuero negras que llegaban hasta sus rodillas, en su parte superior una blusa purpura, delgada, y abajo su blusa aquel body que me encantaba, el de encajes negros el que compre para una cita especial, su hermoso pelo liso y su rostro estaba maquillado como lo hacía siempre que salía, con unos labios rojos intensos, llamativos.

    Todas bebían y ella lo hacía desde un vaso que no soltaba y que podía apostar que no era el primero por su rostro que dejaba evidenciar los efectos del alcohol, así como la mesa que rodeaban, la cual desbordaba de botellas y otras cosas, que compartían entre sus amigas, emitiendo una conocida columna de humo de la cual asumí que mi esposa había participado también.

    Pues básicamente al verla note que comenzaba a estar perdida, en sus excesos, como en la época en que aun jóvenes ella gustaba de celebraciones que la llevaban a extremos en los que habíamos compartido tremendos momentos de pasión.

    Quise acercarme pero me percate que sus amigas a diferencia de lo que ella me había indicado no estaban acompañadas, lo que me provoco cierto pudor, el llegar a un encuentro solo de amigas, se vería como una impertinencia, pensé en retirarme, lo haría en cuanto terminara la cerveza que tenía en mi mano, pero cuando ya me preparaba para partir, en ese momento, vi a un grupo de jóvenes que las abordaron, sin mediar palabras solo con vasos y botellas invadieron alegremente al grupo de mujeres al son de la ensordecedora música.

    Algunas de las amigas se desmarcaron, pero otras, como mi esposa se mantuvo en su lugar y después de un par de movimientos y gestos se acoplaron a algún acompañante con el que bailaron jovialmente un par de temas, de esos que invitan a los roces y coqueteos, y mi esposa no rehuyó la invitación. Yo que hasta ese momento pensaba en irme decidí quedarme, aunque no quise acercarme inmediatamente, hubiese sido vergonzoso intervenir encontrando a mi esposa en esas circunstancias, así que preferí esperar a que el baile cesara y se separarán.

    Pero eso no ocurrió. Mas bien con cada nuevo tema parecían independizarse cada más de sus grupos, como olvidándolos, ahora su baile que en un inicio era más bien de recreación se tornaba más cercano, intercambiaban risas, palabras, se miraban, compartían sus tragos y se mantenían las miradas, miradas coquetas y que acusaban espíritus desinhibidos por la ebriedad y otras sustancia, quise pensar, pues se notaban algo inconscientes con sonrisas constantes, y con un dialogo cercano en el que acercaban sus caras para escucharse, casi topando sus rostros.

    El miraba fijamente sus labios en esos momentos, ella le miraba fijamente, y se acercaba, si me hubiese arriesgado a pensar mal hubiese dicho que se acercaba desafiante, retándolo a besarla.

    Pero eran apenas unos segundos que apenas daban pie para notarlo, por lo que bien podría estar equivocado, sobre todo porque en esos momentos la pista se desbordo de parejas generando un gentío que hacía difícil ver a cualquiera en particular por lo que comencé a moverme para mejorar mi visión.

    Entre el tumulto vi que se hablaban al oído, por el ruido pensé, aunque las sonrisas nerviosas que venían con cada acercamiento me hacían dudar. A ratos y desde ciertos ángulos más parecían besos o caricias.

    Al rato incluso comenzaron a tomarse de las manos mientras el intentaba acercarse más, a lo que ella rehuía, lo cual en parte me tranquilizaba, pues solo bailaba y parecía pasar un rato agradable con alguien, nada tan dramático, pensé, pero en ese momento se me congelo el cuerpo y se erizo mi piel, al ver algo que sinceramente no esperaba ver, no de mi esposa, de la recatada y tímida mujer que conocía, fruto del alcohol, o eso quise pensar, en un sutil movimiento dirigido evidentemente a su acompañante.

    Y cuando el baile los acercaba a una distancia en que prácticamente podían rozar sus narices y sus miradas se conectaban directamente desabrochaba uno a uno los botones de su blusa, acompañada de una vanidosa sonrisa dejaba ver su body, esa hermosa y sexy prenda que destacaba mediante un escote generoso los hermosos senos de mi esposa, que en mi experiencia eran su arma favorita de seducción, ella lo sabía, pues su risa coqueta la delato al ver como la prenda impacto a su acompañante, a tal punto que inmediatamente se pudo notar que le ponía listo para ella.

    Incluso sus amigas que la observaban no podían menos que reír y cuchichear mientras la veían ahora a ella, ebria y desinhibida, acercar su cuerpo de forma provocadora para bailar pegada a ese hombre que restregaba su cuerpo contra ella, haciéndole sentir sin dudas su miembro de que debía de estar bastante duro por las miradas y palabras con las que parecía reprenderlo coquetamente y que le dedicaba mientras bebía de su vaso que cada tanto él se dedicaba diligentemente a hacer que se rellenara, mientras su rostro acusaba a cada minuto su caída o su liberación de sus límites y timidez.

    Su silueta se movía poseída por la sensualidad que de trago en trago se liberaba de la prisión que día a día había creado y que ahora parecía quebrarse en pedazos dejando fluir, como el licor mismo, su verdadero ser, un ente abrasado en un rabioso deseo que como una ola que se revelaba en cada movimiento de su frágil cuerpo, ella ya no era la persona respetable y decorosa que conocía, ahora era una llama consumida por la mirada lujuriosa de quienes a su alrededor respondían a su deseo, que le deseaban tanto como ella misma deseaba lo que preparaba en su ritual danza.

    Su cuerpo era una ola que su acompañante intentaba abordar, paso a paso, giro a giro, tocándola, y en cada toque la sutileza necesaria para, solapadamente, acariciar alguna parte del cuerpo que era solo para mi, y así poco a poco a través de cada compas de la música y de cada sorbo de su trago, se acercaba, la apretaba, primero su cuerpo para luego acercar tímidamente su boca a sus hombros desnudos, a su cuello, besándolos.

    Ella solo se estiraba al sentir sus labios, entregándose a los besos y caricias de su acompañante, como si tal contacto fuese parte del mismo baile, ella misma lo retaba, acercando su cuerpo, apretándose contra él, entregándole sus senos, su trasero, ofreciéndoselos al contacto del excitado acompañante que ya no cabía más en su deseo y que diligentemente acariciaba con roses o bajando su rostro para deslizar sus labios en sus senos cuando la oportunidad lo permitía, mientras ella intentando disimular indiferencia solo se acercaba a el, dejándose apretujar y tocar entre risas y bebida.

    Así fue durante minutos que no quise contar, tenues, lentos, como sus movimientos, vi como ella, cuya timidez era su principal característica, ahora volteaba hacia él poniendo su rostro, colorido por el alcohol frente al rostro de aquel hombre, rozando sus narices, su frente, tal vez sus labios, pero rehuía los besos con una sonrisa y alguna palabra que no alcanzaba a escuchar, como si supiera, y si lo sabía, que a cada minuto el miembro de su acompañante se ponía cada vez más duro, era su juego favorito disfrutaba mucho en la intimidad de llevarme a la desesperación, provocarme para ponerme duro, para torturarme con caricias, insinuaciones y besos que solo buscaban deleitarse en mi desesperación, pero ahora su víctima era él y ella parecía disfrutarlo aún más.

    Ambos en ese momento eran la viva expresión del erotismo, ella del deseo vehemente y coqueto, heroína de una sensualidad que quemaba al verla, el por otra parte del suplicio de la desesperación por poseerla, ambos parecían quererlo, desearlo y en su juego solo un momento de arrebato rompería el cristal que separaba sus cuerpos, y yo lo sabía, más aún cuando de pronto y tras la forma en que el extendió su mano para apretar su trasero y casi chocar sus rostros uniendo sus labios en un contacto tosco pero erótico la vi a ella acercar una de sus piernas a él, rozándola contra la entrepierna de aquel hombre.

    Mientras le sonreía cara a cara, casi labio a labio, su baile se volvió burdo, aunque profundamente sugestivo, ya no era baile, menos cuando me percate que solo veía su mano con la cargaba su copa, la otra estaba perdida mientras bailaba con él, busqué la forma de poder ver con claridad lo que ocurría y comencé a moverme entre la muchedumbre, cargando mi copa con mi mano que no paraba de temblar con la conmoción por lo que observaba.

    Ya desde otro ángulo pude ver que ellos se movían, se restregaban en movimientos que ya nada tenían de baile, la pierna de ella entre las de él y sus caras juntas, respirándose, con ojos entrecerrados, fruto tanto del alcohol como de la excitación de ambos, y entonces lo vi, la mano de ella acompañaba a su pierna, acariciando su miembro sobre su ropa mirándole fijamente a los ojos y susurrándole palabras que jamás sabre pero que pude imaginar sin problemas, de pronto en un compás de la música, que poco ya importaba ella puso su espalda contra el entregándole su cuello y él le correspondió sin pudor alguno primero besando su cuello mientras acariciaba sutilmente sus senos debajo de aquel sugestivo body expuesto durante el baile, para luego sin duda bajar su mano hasta la entrepierna de ella.

    Se que lo sintió, pues su reacción la delato, su cuerpo entero de derrumbo casi cayendo de espaldas sobre el que supo soportarla, pude imaginar claramente la humedad que empapaba su intimidad, humedad que tantas veces hurgue, pero que por su temblor pude percibir que era mucho mayor a la que había tenido en largo tiempo, se comprobaba en la forma que ella meneaba la cola para sentir aún más intensamente esa caricia, no sé si sabía que estaba con otro hombre o si en su borrachera pensaba que yo la acompañaba en ese baile, como tantas otras veces, aunque sin llegar a esos extremos, pero inmediatamente tras ello giro su rostro para recibir la lengua de su acompañante dentro de su boca y fundirse en un beso que nada tenía de tierno.

    En ese momento se detuvieron y casi sin mediar palabra él la tomo de la mano, mientras sus amigas entre risas la veían perderse entre la muchedumbre hacia un lugar desconocido, pero con un destino indudable.

    Yo me apresure a seguirles, pero el tumulto y el trago, que sin darme cuenta había tomado sin cesar ante aquel espectáculo, me hacían difícil la tarea, hasta perderles de vista, solo de asomarme a lo alto de una escalera pude ver como a lo lejos se perdían atravesando una de las puertas posteriores de la casona, una que daba precisamente al patio donde se estacionaban los vehículos esa noche, así que apure paso temiendo perderles si tomaban un auto, cuando ya pude salir, les había perdido el rastro.

    Fue tras unos minutos que entre los autos estacionados de forma espontánea y desordenada en el patio exterior de la casona que pude oír un ruido de quejidos, risas y sollozos, al acercarme la vi abrazada al hombre, recibiendo sus besos en su cuello, y caricias en su entrepierna que más que cariño parecían querer rasgar su ropa, su cara la conocía era su cara de placer, su frente arrugada, su boca entreabierta, sus ojos cerrados y su respiración entrecortada, así como esos espasmos que acompañaban cada movimiento de su ahora amante, la conocía y aunque nuca la había visto tan excitada sabía que debía de estar mojando cada centímetro de su ropa.

    Ella le besaba, le mordía los labios, le tomaba el rostro con ambas manos mientras él ya había bajado sus jeans dejando expuesto la parte inferior de su body, mostrando el diseño de los encajes que tanto me había gustado cuando lo compre para ella, ahora ella lo estrenaba, pero era completamente distinto a lo que imagine, lo estrenaba bajo las caricias y besos de un desconocido.

    Este la besaba y en un movimiento rápido, casi violento bajo la parte superior de su body dejando al aire sus senos lo que comenzó a lamer y según vi también morder, mientras ella solo se apoyaba en el auto contra el que la tenía prisionera.

    Su mirada a ratos se perdía pero constantemente tanteaba el entorno, logre entonces entender que estaba consciente de lo que vivía, buscaba miraba alrededor para evitar ser descubiertos, aunque después de unos minutos dejo de hacerlo, su amante hábilmente metió su mano en su entrepierna provocando que ella se retorciera en ese lugar y lanzara un quejido de placer, pocas veces escuchado, por mí.

    Y su cara de preocupación cambio dramáticamente, sus miradas al entorno cesaron, tan solo cerro sus ojos y se entregó a los besos y caricias de su amante respondiéndoselos, gimiendo a su rostro mordiendo una y otra vez sus labios, llevando con sus manos su rostro a su cuello para ser besado, lamido mordido, mientras ella se retorcía ante el avance de los dedos de el sobre su intimidad, yo sabía que la tocaba sobre sus labios pues su reacción, aunque más apasionada, más entregada, era la que siempre expresaba en nuestra intimidad.

    Fue ese conocimiento el que permitió saber cuándo su intimidad fue invadida por su amante, pues su cuerpo se apretó contra el dejando escapar un agónico gemido, que me impresiono hasta que me percate que no fueron sus dedos los que la invadieron, sin darme cuenta, ante lo absorto que estaba observándola, él había preparado todo para invadirla con su propia intimidad, su miembro ahora la llenaba, lo sabía, pues su rostro desencajado y su gemido que se debatía entre placer y dolor acusaba que estaba llegando a lugares de su cuerpo que no habían sido tocados, ella ahora era levantada apoyada contra el auto y el ímpetu de su acompañante quien la levanto moviendo el auto con cada embestida que le daba, con lo que el gemido se volvió un grito ahogado, había llegado aún más adentro.

    Ella se había perdido, en aquel estacionamiento fuera de aquella fiesta, bajo el cielo nocturno, rompiendo todo limite, entregándose sin restricciones, sin limitaciones, sin timidez ni reparos, nada a su amante le era prohibido, todo permitido deseado, provocado y yo desee con todo mi corazón creer que fruto del alcohol y el exceso de la noche, pero ya sabía que no, que la mujer que conocí, mi esposa había elegido esa noche, ese momento y a ese hombre.

    Durante unos minutos ella se columpio violentamente, furiosamente contra el cuerpo de su amante, como queriendo romper la barrera que les separaba y fundirse en una sola piel, en una sola carne, nunca la vi así, el la soportaba, le besaba le hablaba palabras que hacían que ella respondiese solo con gemidos, con besos, respirando directamente en su boca, dándole gemidos y sollozos que el respiraba y respondía con bramidos, mordidas en sus labios con sus manos apretando sus senos mientras con sus manos tomaba su trasero desnudo en intentaba, por lo que logre intuir de sus movimientos, poseerla por todas sus intimidades, aunque sin éxito y al darse cuenta.

    Su amante comenzó a morder sus pezones mientras ella solo gemía, cada vez más fuerte, yo desde el otro extremo la veía consumirse en un violento orgasmo como nunca antes le vi, su rostro rojo hablaba de la tensión del momento, del alcohol, del desahogo, del placer, pero no del término, aun no acababa, pues él la tomo, la puso contra el vehículo y abría sus piernas al tiempo que mordía su cuello mientras desde atrás la penetraba, ella solo se entregaba agonizaba en cada estocada, pero aun perdida en el profundo orgasmo anterior, mientras el cada vez con más ímpetu le invadía, hasta que en un punto ambos se abrazaron en esa posición y lanzaron un quejido que me dio a entender que había acabado, ella en él y el en ella.

    Yo me aleje de vuelta, atrás ellos se besaban entre suspiros, mientras yo con pasos zigzagueantes, perdido en mis pensamientos, en mis contradicciones, me alejaba. La vi perdida en otro hombre como nunca se perdió en mí, en un desconocido, un hombre al que devoro como nunca me devoro a mí y al cual ella se entregó, sin reservas, de dejo devorar, poseer, y el la hizo suya, camine alejándome de aquel lugar hasta mi vehículo, digiriendo el momento, sabiendo que ella ahora talvez se abrazada o besada con su acompañante, como tantas veces lo hizo conmigo tras hacer el amor, salvo que ahora realmente ella se sentía de él.

    Así esa noche deshice el camino hecho y volví hasta casa, en donde la esperaría y debería decidir, en ese momento jamás imagine el rumbo que tomarían las cosas, pero esa es otra historia.

  • Profesora particular (6) Unos días de vacaciones (parte 6)

    Profesora particular (6) Unos días de vacaciones (parte 6)

    Esta tarde vistamos un palacio bastante antiguo. Yo visto unos pequeños shorts azul cielo, de esos muy apretados y que dejan ver algo las nalgas. Me he asegurado de que no se me vea la parte más enrojecida. Por delante, me marcan bastante los labios. Sé que eso pone a cien a muchos hombres, aunque también es cierto que hay quien cree que es algo vulgar. Pero a mí, no me importa. Y vulgares no son, porque estos pantaloncitos son carísimos. Aunque es cierto que son de un par de tallas menos que la mía y apenas me los puedo abrochar. Pero me encanta llevarlos muy apretados.

    Visto también una camiseta blanca, de esas tan cortas que casi parecen un top. No llevo sostén porque tengo los pechos muy sensibles y me molestaban todos los que me he probado. Así que sé que se me marcan los pezones. Y, por poco que me mueva, se me balancean las tetas. Otra cosa que hay quien opina que es de poca clase, pero a muchos les da morbo. Y a mí, como ya sabes, lo que me gusta es que me miren. Y sentirme deseada y poner cachondos a los hombres.

    Se ve que el palacio y sus jardines son una de las principales joyas de la zona. Nos ha gustado mucho. El guía, Raúl, lo ha explicado todo muy bien, aparte de que ha sido muy simpático y entretenido. Y, además, él es muy atractivo.

    Durante la visita, Fernando ha estado todo el rato a mi lado. Está muy guapo tan moreno. Me ha ido preguntando cosas acerca de lo que veíamos y hemos ido comentando todo. Es un chico inteligente y sensible. Mientras, sus primos estaban distraídos y poco interesados, charlando, riendo y haciendo el tonto. Y les he pillado más de una vez mirándome el culo o las tetas. Bueno, eso me ha gustado, la verdad. Y Leo tampoco ha estado nada interesado en la visita, todo el rato cuchicheando y besuqueando a su novia. A mí, ni me ha mirado el muy capullo.

    Me sorprendo cuando el guía, ya al terminar y cuando estamos todos tomando unas bebidas en la terraza del bar del palacio, se acerca y me dice:

    -Hola ¿Te ha gustado la visita? Esther te llamas ¿verdad?

    -Eh, hola, sí, ¿cómo lo sabes?

    -Oí que se dirigían a ti por Esther.

    -A sí, claro. Y tú eres Raúl ¡je, je, je!

    -Sí, Raúl, como os dije al presentarme. Oye, me ha parecido ver que te ha gustado el palacio.

    -Sí, sí, es muy interesante. Y tú lo explicas todo muy bien, la verdad.

    -Eres muy amable. Sabes, yo a ti te conozco.

    -¿Cómo? ¿De qué? ¿Estábamos en la misma clase en alguna de las asignaturas?

    -No, no. Es solo que llevo un par de días mirándote en la playa.

    -¡Ah, ya!

    -Sí, cuando ayer te vi por primera vez, me quedé impresionado.

    -¿A sí? –ya me imagino el motivo, pero me hago la tonta– ¿Impresionado por qué?

    -Por… porque eres muy atractiva. Y tienes mucha clase. –sin disimular, veo que me repasa de abajo arriba, deteniéndose especialmente en los pantaloncitos y en el pecho.

    -Bueno… no sé… o sea…

    -Y el bikini que llevabas puesto ayer… tan pequeño, tan transparente…

    -¡Sí que te fijaste!

    -Sí, y no sólo yo. Todos mis amigos. Bueno, yo diría que toda la playa te miraba.

    -¡Anda, qué exagerado!

    -No exagero, no. Nosotros te tomamos fotos y todo. Y más de uno, vi que te grababa con el móvil.

    -A ver si me hago famosa en Internet ¡je, je, je!

    -No me extrañaría. Se debe tener mucha personalidad para atreverse a ir así a la playa.

    -Estrenaba ese bikini. Me gustó cuando lo vi en la tienda. Y me lo puse.

    -Y nos encandiló. Tuviste muy buena idea en usar un bikini de niña.

    -¿Tanto se nota? O sea… ya te digo… es el que me gustó más de la tienda.

    -¡Muy bonito! Y con un cuerpo como el tuyo…

    -Oye, Esther, venga ¡que nos vamos!

    -Sí, mamá, ya voy.

    -Espera, mira, que hoy hayas aparecido aquí parece una señal. Me fijé que no tienes pareja.

    -Bueno, en realidad…

    -Estás aquí con la familia y no con un novio. Mira, te invito a una fiesta que damos hoy en mi casa. Me encantaría que vinieras. Y seguro que a todos mis amigos.

    -Una fiesta… no sé… quizá… supongo que pueden venir también ellos ¿verdad? –señalo a Leo, Bea y a los jóvenes del grupo.

    -Me sabe mal, pero no, es que ya tengo muchos invitados y la verdad es que más no íbamos ni a caber. Mi casa está bien, pero no es un palacio como este ¡ja, ja, ja! Contigo iba a hacer una excepción, porque veo que eres una chica interesante.

    -¡Esther, venga, hija!

    -¡Que ya voy! ¡Un momento!

    -¿Así que? ¿Sí o sí?

    -No creo que venga yo sola, no. Lo siento.

    -De verdad que te lo pasarías bien. Mira, te dejo mi tarjeta. Ahí está mi dirección y mi teléfono.

    -¡Vale, adiós! –nos damos un par de besos.

    Durante la cena no paro de pensar en Raúl y en su fiesta. Seguro que me lo pasaría bien. Pero ir sin nadie no me apetece. Por otro lado, tampoco tengo ganas de estar sola en mi habitación toda la noche, aunque quizá alguno de estos viniera a hacerme compañía. Pero hoy no desearía que viniera nadie. Me han tenido desatendida todo el día y solo han estado pendientes de Bea. Si quieren algo, que se lo pidan a ella.

    Además, me duele bastante el ano y los pechos. Es que anoche me pasé. Decidido, esta noche nada de hombres. Si a partir de ahora alguno quiere algo de mí, que se lo gane. Con atenciones, con educación, con amabilidad. Y durante todo el día. No solo cuando están calientes como monos y sólo me quieren para follar.

    Como ya habrás adivinado, al final decido que voy a ir a la fiesta de Raúl. Me ha costado encontrar una excusa, pero al final he conseguido que no se extrañen porque me vaya sola. Cuento que es una pequeña fiesta que dan los de mi grupo del último curso de la universidad, para celebrar que ya llevamos un año con el título y eso. Y que casualmente es en uno de los pueblos cercanos. Cuando se sorprenden, a papa y mama les digo que ya se lo había contado hace días y que a ver si se fijan en lo que les digo. Pobres, les hago sentir mal, pero no se me ocurre nada mejor.

    Raúl no me dijo que clase de fiesta era. Pero, viendo que le gusto, decido que me pondré guapa. Me maquillo muy bien. Visto un top rosa, nada, unos pocos centímetros de tela, y la faldita verde claro, la más corta que tengo aquí. No usaré sostén porque hoy estoy mejor sin y es que los pechos y los pezones me escuecen bastante.

    Les irá bien un descanso de chupetones y mordiscos. Las braguitas son minúsculas y muy bonitas, de color blanco. Me miro bien por delante y por detrás para asegurar que no se me vean y no, no se me ven. Aunque por poco que baile o incluso me mueva, seguro que más de uno me las verá. Pero a mí ya me gusta enseñar. Incluso a desconocidos. Me da mucho morbo y me calienta un montón.

    Cuando me voy de la casa, oigo más de un silbido.

    -Esther, estás muy guapa. ¿Por qué no te quedas y…?

    -Manuel, hoy no. Disfruta con tu mujer.

    -Pero…

    -Y si no, con tu futura nuera.

    -¿Pero qué dices? Esther, mira, si no te vas, yo…

    -Nada, adiós, tito.

    Igual que con Manuel, he tenido que irme quitando de encima a los demás. Supongo que más de uno pensaba que vendría un rato a mi habitación a hacerse pasar la calentura que tienen por ver a Bea y su microbañador. De hecho, Leo es el único que no me dice que por qué no me quedo y eso. Claro, él podrá pasar toda la noche con ese pivón.

    Fernando es muy amable cuando me dice:

    -Esther, que vaya muy bien la fiesta.

    -Me habría gustado que hubierais podido venir, pero claro, es de mi grupo de la facultad y…

    -Sí, entiendo, nos lo pasamos bien en la visita al palacio, ¿verdad?

    -Y tanto, Fernando. Yo siempre estoy a gusto contigo –y le doy un besito de despedida y veo que se ruboriza antes que me dé la vuelta y que seguro que él, y todos, me miren el culo.

    Tomo el coche deportivo de Leo, para no conducir el de papá, que es muy grande, y me voy a la fiesta de Raúl, que en realidad es a un par de manzanas de donde estamos nosotros. Enseguida llego y veo que es una casita al lado de la playa. Sale gente de la casa. Apenas son las doce de la noche, pero por lo que parece la fiesta debió de empezar pronto y algunos ya se van.

    -Oh, hola, Esther. Oh, al final viniste. –Raúl me da un par de besos– Pero ¿cómo vienes tan tarde? La fiesta ya terminó.

    -¿Cómo? O sea… pero si es muy pronto.

    -Bueno, la fiesta era a las siete de la tarde.

    -¿A las siete?

    -Es que todos trabajamos y nos levantamos muy temprano. Además, muchos ya tienen hijos y los dejan con la canguro y eso. Claro, no te dije la hora. ¡Vaya fallo! Como la verdad es que suponía que no vendrías… ¡Adiós, Pedrito, adiós, María, nos lo pasamos bien! ¡Hasta mañana, Vera!

    -Vale, entiendo, Raúl. –le digo decepcionada.

    -Oye, Raúl. ¿Quién es esta preciosidad?

    -Es Esther, Diego. Es la chica de la playa de ayer y de esta mañana.

    -Ah ¡la del bikini de niña!

    -No es de… o sea…

    -¡Causaste sensación ayer en la playa! Bueno, me debo ir, que Susana me espera en el coche. –nos damos un par de besos y el muy descarado me acaricia el culo.

    -Raúl ¡preséntame a este pivón!

    -Es Esther, Joe. La chica de la playa.

    -Ah ¡la del bikinito blanco transparente! Oye ¿sabes que eres muy guapa?

    -Bueno, sí, gracias.

    -Venga, Joe, que es para hoy. Es muy tarde.

    -Voy, Anita. ¡Vale, adiós, Esther! –se despide mirándome descaradamente los pechos.

    -Tus amigos se ven majos.

    -Son buena gente.

    -Bueno, pues yo también me voy a ir, Raúl.

    -Esther. Me sabe mal. Bueno, el sábado, pasado mañana, damos otra fiesta. Esta es en la casa de Dami, una muy buena amiga que acaba de irse ahora mismo. Será a las once o así. Y esa durará toda la noche. Si quieres, puedes venir.

    -No sé. ¿A ella no le va a importar?

    -No creo. Su casa es bastante mayor que esta y le gusta que sus fiestas sean muy concurridas. Y a mí me gustaría que vinieras.

    -Pues no sé, no te digo que no. Me he quedado un poco…

    -Ya, claro, pobre. Llegas cuando ya acabamos.

    -Sí ¡vaya chasco! Bueno, pues adiós, Raúl.

    -Espera, si quieres, te quedas y tomas una copa conmigo. Mejor dicho, me encantaría que te quedaras un ratito, ya que has venido.

    -Pero tu mañana…

    -Sí, me levanto muy pronto, a las seis. Pero si duermo unas horas ya estaré bien. Va, una copa y ya está.

    -De acuerdo –la verdad es que no quiero volver a casa tan pronto ni estar por ahí sola.

    Pone música, me sirve una copa y nos sentamos en el sofá. Hablamos un buen rato y descubro que es un hombre muy interesante. Nos tomamos otra copa. Reímos. Hablamos un poco de todo. Me pregunta si tengo novio y le digo que sí, pero que no está aquí porque trabaja todo el verano. Él tiene mujer e hijos, pero estas semanas ella y los niños están con la familia de ella. Se va haciendo tarde y creo que es educado decidir que me voy a ir. Pero él dice que espere, que esta canción le gusta y si quiero bailarla con él. Es lenta y romántica. Me gusta como huele. Me encanta como me agarra por la cintura. Y como rozan nuestros cuerpos.

    En un momento, nuestras bocas ya se buscan y se encuentran con un ligero beso para enseguida separar los labios y besarnos profundamente. Su lengua juega con la mía en lo que parece una lucha por dominar nuestras bocas. Me huele el cuello y me lo besa y yo acerco su cuerpo más al mío hasta bailar muy pegados. Suspiro. Me baja un poco el top y me besa el escote, casi todas las tetas. Le digo que por favor me trate bien los pechos, que hoy los siento muy sensibles, pero me termino de bajar yo misma el top para enseñárselos y él se admira y me los besa tiernamente. Yo gimo y noto que mis braguitas ya están empapadas.

    Baja sus manos a mi faldita, me la sube un poco y me acaricia las nalgas. Tomo su mano izquierda y la acerco a mi sexo mientras él ya me mama los pechos con suavidad. Me escuecen y me duelen, pero me gusta. Ya juega con mis braguitas y me las quita. Me sienta en el sofá, me sube la falda hasta la cintura y me espatarro para él. Entonces le digo:

    -Raúl, me voy a ir, que para ti es muy tarde –con voz muy sensual.

    -No, no. Espera, Esther.

    Me separa aún más las piernas y acerca su cara a mi barriga. Me besa el ombligo, el pubis. Y yo, ardiente de deseo, le digo:

    -Si no fueras un hombre casado, te pediría que te amorraras a mi chocho.

    -Yo, si no tuvieras novio, te rogaría que me dejarás comerte el coño mojado.

    -Bueno… o sea… mi novio no está aquí…

    -¡Pues mi mujer, tampoco!

    -Pero me sabría mal porque seguro que te iba a mojar el sofá.

    -Sí, sí, Esther, quiero ver cómo lo empapas.

    Me lame el sexo, me besa el clítoris, introduce varios dedos en mi vagina. Al cabo de nada ya me corro y le lanzo cantidad de squirt, como una ducha en su cara. El sorbe y se traga mis jugos. Tengo varios orgasmos.

    -¡Ahora me toca a mí! –exclama muy decidido y se quita el pantalón y los calzoncillos. Veo con satisfacción que su pene es grueso y de cierta longitud, muy apetecible.– ¡Te voy a follar, Esther! ¡Desde que te vi en la playa que sólo pienso en follarte!

    Yo, con la falda en la cintura y el top bajo los pechos, le contesto:

    -No, Raúl, follar, no. A mi novio no le gustaría que follara con otro.

    -Bueno, a mi mujer tampoco. Pero él no está aquí y ella tampoco.

    -Ya, es cierto… pero no sé, no me sentiría bien conmigo misma.

    -¿Entonces qué?

    -Tu polla me encanta y deseo mamártela.

    -¡Hum, vale, perfecto! ¡Sí!

    -¡Verás que soy muy buena mamona!

    -¡A ver, demuéstralo! –sé que en eso me voy a ganar una matrícula de honor, por mi experiencia chupando vergas y porque me encanta.

    Me penetra la boca con su tranca y me la siento muy llena. Me gusta su sabor, su textura. La lamo y juego con mi lengua en su glande. Él suspira y me toma las manos para que le masajee los testículos. Se la chupo y me encanta cuando empieza a rezumar sus líquidos preseminales. Él me agarra las tetas y me las acaricia. Entonces llaman a la puerta.

    -¡Oh, no abras, Raúl, ahora no! –casi suplico mientras le estoy haciendo la mamada.

    -¡Que raro! ¿Quién será a estas horas?

    -¿No será tu mujer?

    -Claro que no, ella tiene sus llaves, Esther. Además, está muy lejos. Eso es que alguno de mis invitados se dejó algo al irse.

    -¡Pues no abras, no, quiero que me sigas follando la boca!

    -Esther, será solo un momento. Espera, espera, mujer. –saca su pene de mi boca y siento al momento que la añoro– Quédate aquí, miro a ver quién es y vuelvo. No hace falta ni que te vistas.

    Oigo que abre la puerta y habla con alguien. Por precaución, me pongo bien el top y me bajo la falda. Escucho que Raúl dice:

    -Pues vaya sorpresa, Diego. Sí, Esther todavía está aquí. Pero pasa, pasa, hombre.

    -Ah, hola, Esther.

    -¡Hola!

    -Esto… me dejé el… la…

    -A ver, Diego, no hagas el tonto. Hay confianza. Esther, Diego, al ver que llegabas a mi casa, ha vuelto para verte.

    -¿Cómo? ¿A mí?

    -Bueno… sí… la verdad. Es que… te voy a ser sincero…

    -¿Pero no decís que os debéis levantar muy temprano?

    -¡Sí, pero… no todos los días puedo conocer a un pivonazo como tú! –sin vergüenza me mira el escote y las piernas. Seguro que se da cuenta que se me marcan mucho los pezones excitados y también que tengo flujo resbalando en los muslos. Entonces, descubre el sofá húmedo y dice pícaramente a Raúl– ¡Uy, me parece que aquí ha habido otra fiesta!

    -No… no creas que… yo… –balbuceo.

    -Mira, Diego, pues sí, nos has cortado… lo que estábamos haciendo… por lo que será mejor que te marches –le dice su amigo.

    -Oye, no seas mal educado, Raúl. Esto no se le hace a un colega.

    -Bueno, Raúl, me sabe mal por tu amigo. –Intervengo– Si acaso…

    -No, no, tú no te vas, Esther. Me muero porque termines tu… trabajo. Y con él aquí, supongo que tú no…

    -No, no me voy a ir, no, Raúl. Iba a decir que… o sea… a mí no me importa, la verdad, que tu amigo se quede. Ven, ven, Raúl.

    Me siento en el sofá y noto que me estoy excitando al saber que Diego me verá haciendo una mamada a su amigo. Al ir sin bragas, el flujo me resbala por los muslos. Me encantaría que ellos se dieran cuenta, pero no sé si lo ven. Bajo el pantalón de Raúl y descubro que su miembro está sólo morcillón. Para ayudar a que vuelva a empalmarse y también para exhibirme ante su amigo, me quito el top y acompaño las manos de Raúl hasta mis pechos. Consciente de que no llevo nada debajo de la falda, me abro bien de piernas para mostrar a todos mi sexo húmedo y sonrosado.

    Raúl me penetra de nuevo la boca y se la chupo, pero no es tanto que se la mame como que me folla, me vienen arcadas, pero me gusta porque sé que esto encanta a muchos hombres. Sin decir nada, Diego ya se ha quitado toda la ropa y se acerca a besar mi cuello y a lamerlo, también la cara, luego baja a mis hombros, me levanta los brazos y me huele las axilas y me las besa. Yo me dejo hacer mientras su amigo me bombea la boca. Creo que su verga pronto va a estallar. Yo estoy a punto de correrme. Y más cuando Diego me besa el pubis, completamente rasurado y baja con su lengua y dedos a mi clítoris y vagina. Pero entonces, vuelve a sonar el timbre.

    -¡Oh, no, por favor, ahora precisamente, no! –casi grito, aunque no se me entienda con el pene de Raúl en la boca.

    -Debo abrir, lo siento. Vosotros quedaos aquí. Esto sí que es raro.

    Raúl sale de la sala, pero Diego no se detiene. Me separa aún más las piernas y me chupa el clítoris. Introduce varios dedos en mi vagina. Cuando me quiere meter también algunos en el culo, le digo que ahí, no, por favor, que lo tengo dolorido y él me dice, muy sarcástico y pícaro, que qué habré hecho que lo tenga tan dolorido y yo le contesto sensualmente que no lo quiera saber y que puede meterme más dedos en el coño si lo desea y lo abro para él, que no se hace de rogar y me mete todos los de una mano y dos o tres de la otra mientras me chupa un pecho como si fuera un bebé.

    Es entonces cuando ya no puedo resistir tanto placer y me corro y eyaculo como una fuente. Y entra Raúl acompañado por dos de sus invitados. Se sorprenden al ver que lanzo tanto squirt aquí y allá, pero no me avergüenza porque me puede más el gusto y también porque sé que a los hombres les encanta que una chica pueda eyacular así.

    -Esther, me podías haber esperado –dice Raúl en plan broma.

    -¡No, no podía, no, hum! –le contesto entre suspiros y gemidos.

    -Oye, estos amigos míos han dejado a sus parejas en casa para venir a ver si aún estabas aquí.

    -Sí, sí estoy, sí, hum, ah, sigue, sigue, Diego, no pares, que… ay, oh, otro… otro orgasmo, oh, ¡me muero!

    -Aparte de estar muy buena, como ya hemos visto estos días en la playa, ¡esta chica es una calentorra!

    -¡Sí, y no se corta un pelo!

    -Se corre así delante de todos. ¡Y le gusta que miremos!

    -¡Sí, sí, me gusta, sí, me encanta! ¡Ah, hum! Pero… me gustaría más que no sólo miraseis. ¡Por favor! –me sorprendo al suplicar que vengan a besarme, a acariciarme, a lamerme, a chuparme…

    Y no se esperan a que se lo pida otra vez. Los tres se quitan el pantalón y toman sus miembros con la mano y me los ofrecen. Yo chupo enseguida el de Raül y agarro los de los otros dos y les masturbo. Diego me sigue chupando, lamiendo y besando las tetas y yo se lo agradezco y le pido por favor que junte su pene al de su amigo en mi boca y él contesta que no le va a caber y lo intenta, pero tiene razón porque el de Raúl es muy grueso, todavía más que antes porque está muy excitado. Entonces, agarro los penes de Pedrito y de Joe con una mano y el de Diego con la otra. Los masturbo con fuerza.

    Hago que los tres glandes choquen con mis pechos para darles mucho gusto y les da tanto que los tres casi al unísono lanzan su semen a mis tetas con gritos de placer. Raúl no quiere ser menos y por fin puede llenarme la boca con su deseado esperma. Muy caliente y gustoso.

    Me lamo los pechos, primero uno y después el otro, les digo que su leche es muy sabrosa y que a ver si me podrían dar más. Ellos, ya satisfechos, me contestan que no, que deben ir a dormir y eso. Entonces yo les pregunto, muy pícara, abriendo la boca y mostrando que ya no me queda nada de su semen en ella, si no tienen más amigos para que me den ellos sus penes cargados de lefa.

    Y la noche no termina aquí. Si quieres saber qué pasó, pronto te lo cuento en “Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 7)”.