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  • Mi primera cita con un casado

    Mi primera cita con un casado

    Me llamo Juliana, soy colombiana, actualmente tengo 22 años. He sido un poco activa en el aspecto sexual, pero quisiera contarles mi primera experiencia con un hombre mayor y casado, que para mi caso ha sido algo espectacular durante un poco más de un año que llevamos saliendo. Y si les gusta, puedo seguirles contando anécdotas con él.

    No fue nada planeado, pero todo se dio sin querer. Nos conocimos en diciembre del 2019 en una rumba, cuando yo tenía 21 y el 42, desde el principio se sintió la química y para nuestra suerte su esposa estaba de viaje.

    Bailamos súper rico, tal vez un par de horas, tiempo para el cual ambos estábamos interesados en otra cosa, él no había dado el paso de proponerme algo distinto, supongo que le daba cosa por la diferencia de edad, entonces fui yo la que dio el primer paso.

    Momentos después estábamos en su auto rumbo a un mote, estaba súper ansiosa, antes jamás había estado con un hombre así de mayor y menos casado.

    Al llegar al cuarto nos quedamos uno parado frente al otro como congelados, pensando quien sabe que cosas, él tomó la iniciativa y empezó a acariciarme y tocarme suavemente aun vestida, su cara de morbo era no sé espectacular. Luego me giró y quedé de espaldas, y empezó a manosearme con más ganas hasta el punto de meter su mano por mi falda, yo me sentí al principio un poco extraña, pero a la vez emocionada.

    Empezó a quitarme la ropa muy despacio, como disfrutando cada momento, finalmente estaba yo desnuda frente a él, en ese momento me tumbó a la cama y se arrodilló a mis pies, no se imaginan lo bien que me empecé a sentir cuando empezó a lamerme y chuparme, mi cabeza empezaba a comparar lo distinto que lo hacen los hombres de mi edad y empezaba cada vez más a relajarme y empezar a pasarla bien.

    Cuando se detuvo se puso de pie y muy ágilmente quedó desnudó y fue subiéndose hasta mi rostro y sin palabras fue invitándome a que lo chupara, lo hice con extremo gusto, él lo había hecho igual conmigo.

    Poco a poco fuimos explorando nuestros cuerpos, besándonos y tocándonos súper delicioso, para un momento yo estaba más que lista y quería cabalgarlo, en nuestra primera cita usamos condón. No se imaginan yo me fui hundiendo despacito como disfrutando cada instante, entré y salí algunas veces, pero así despacio, finalmente me quedé hundida como congelada.

    ¡Yo estaba emocionada porque era como si el supiera siempre lo que yo quisiera. ¡¡¡Y no quería que acabara!!!

    El me volteó, yo estaba bocarriba solo viéndolo mientras se aproximaba a mi cuerpo para hundirse en mí, empezó a hacerlo con un ritmo delicioso, yo la verdad estaba turbada y solo quería no terminara, cuando él se salió y vi el condón vacío, el hasta se rio de mí diciéndome, tienes una cara de pervertida. Yo solo atiné a decirle que me encantaba que durara.

    Le quité el condón como pude, y empezamos a jugar con nuestras bocas, con calma, como dando tiempo a relajarnos. El me chupaba delicioso, mi cuerpo sentía su experiencia y habilidad.

    Después de jugar un poco él empezó a chuparme con tantas ganas, yo nada más atinaba a revolcarme en la cama, me sentía súper rico, era una chupada que antes jamás había sentido, hasta que finalmente contorsionándome exploté, creo que jadeé por un buen momento mientras él estaba recostado a mi lado.

    Cuando me calmé le dije que como quería terminar, a lo que el sin decir nada se puso de pie, y me hizo arrodillar, yo pensé wao, no voy a quedar mal, voy a darle lo que merece, primero lo hice con calma como tomando helado, y poco a poco fui aumentando el nivel, ya en la cúspide el mismo tomo mi cabeza y la movía algo brusca mientras yo seguía chupando, finalmente explotó en mi boca y rostro, estaba súper atollada, el nada más jadeando me lo hizo limpiar todo.

    Después de eso descansamos los dos en la cama un buen rato, esa noche el me hizo terminar otras dos veces, cosa que con los de mi edad es muy raro.

    Así fue mi primera noche con él.

  • Economista y prosti: Cojo con papá, suegro trae nuevo cliente (2)

    Economista y prosti: Cojo con papá, suegro trae nuevo cliente (2)

    Y el domingo de tarde, de nuevo, llama Tomás, diciendo que Oscar le había dicho en una llamada que el lunes, antes o después de la reunión del Club al que pertenecen, quería hablar en privado con él.

    Por supuesto mi suegro imaginó el posible temario de la conversación, accedió a reunirse con Oscar y nos preguntó que camino debía seguir. La respuesta fue muy clara. No confirmar, no decir precio, pero sí dar a entender que a veces tengo actitudes sospechosas al salir a cenar con amigos o conocidos o al invitarlos al campo.

    Según mi suegrito, en la reunión las cosas se dieron más o menos así, (resumiendo y de acuerdo a lo que él nos contó):

    -¿Sabés Tomás? Me declaro profundamente admirado por la belleza de tu nuera, como te dije, tu hijo es muy afortunado.

    -Sí, indudablemente es muy linda, físico espectacular que uno no puede dejar de admirar, ¿verdad? Y como te dije, a veces es hasta demasiado liberal, o se toma demasiada confianza, en el crucero y en la piscina de casa se dio eso con vestimentas de escándalo. Y a veces también lo hace en la casa de campo que tienen, a donde suelen invitar amigos que casi siempre concurren solos.

    -¿Los amigos van solos? Que extraño. -Sí, y a veces Tommy tiene que irse por medio día o un día a la fábrica y ella queda sola con los amigos.

    -¡Tendría que pedir para ser amigo de ellos! A lo mejor hasta logro verla con esa ropa que dijiste que es de escándalo.

    -Te lo aseguro que te dejaría impresionado. Pero si realmente querés conocerlos mejor, ¿por qué no arreglas para invitarlos a almorzar? Seguro que Sofía puede pedir toda una tarde libre, para que hagan larga sobremesa, y Tommy también puede estar, si no lo retiene la fábrica. Además de linda, es un encanto, tiene muy linda conversación, es una chica de sociedad. Si quieres arregla para tener un almuerzo así y yo les digo, no sé si llevarás a tu señora.

    -¡Iré solo! ¡Y claro que quiero arreglar ese almuerzo!

    -Yo les adelantaré algo. Y tú los llamas y les propones.

    Así nos lo relató Tomás, aunque lógicamente el diálogo fue mucho más largo.

    Se imaginan, el plan surgió de inmediato, convinimos con mi amor que almorzaríamos, pero el padre en determinado momento lo llamaría haciéndose pasar por alguien de la fábrica, y Tommy se ausentaría por razones de trabajo. ¡Yo estaría libre de invitarlo a tomar café a casa! Si Oscar parecía interesado, lo cual era de suponer que sí.

    Nos llamó Oscar, habló con Tommy acerca de que le había gustado conocernos y quería almorzar con nosotros, él solo, “para estar tranquilos”.

    Fijamos restaurant y fecha, el 17 de octubre a mediodía en un lugar que tiene salón de dos pisos y arriba siempre es más tranquilo. Tommy y yo pedimos nuestro día libre a cuenta de vacaciones. Me vestí con tacones casi exagerados, que estilizan las piernas al máximo, medias negras, mini (no tan mini) negra y top blanco apenas por encima del cinturón de la falda, eso sí, sin soutien, je je.

    Nos encontramos, saludos, nos instalamos cómodamente y ordenamos. Quise pedir muy liviano pues ya antes de salir de casa me había preparado por si pasaba algo, y de bebida, pedimos limonada con jengibre, pues todos deberíamos conducir al salir y en límite de alcohol es cero absoluto.

    La conversación fue fluida y con algunos toque de picardía, por citar algunos:

    -Que elegante se te ve. -Seguro no voy a pasar calor. -Me dijo Tomas que lo pasaron muy bien en el crucero. -Pasamos muy bien salvo el día que le sugirieron a Sofi irse de la piscina. -¿Y cómo fue eso? -¡Mmm ya te enterarás! -También me dijo Oscar que suelen invitar amigos a la casa de campo. -Sí, amigos especiales que gustan de pasar uno o dos días de relax absoluto, quizás algún día te invitemos… En eso estábamos cuando el papá hace sonar el teléfono de Tommy, que se retira de la mesa para atender la llamada. Al regresar, Tommy argumentó que debía volver a su trabajo, y que quizás yo invitara a Oscar a café en casa, “ya que tienen la tarde libre”.

    Yo dije que era una buena idea si Oscar podía, y Oscar aceptó encantado.

    Seguimos conversando sobre lo lindo que es “ver una pareja que se quiere tanto y que parecen entenderse de maravilla” y mi respuesta fue que “afortunadamente así es, en parte por mérito de Tommy que siempre me acompaña y apoya en todo, hasta en mis ideas y deseos más locos”.

    Terminamos el almuerzo, y le di la dirección de casa para encontrarnos a tomar café y seguir “con esta conversación tan amena”. -No sabes, Sofía, cuan a gusto estoy, totalmente desligado del tedio de mi día a día.

    Caía de su peso que íbamos por muy buen camino, ¡así que en casa jugaría fuerte!

    Llegamos a casa casi juntos, lo hice pasar y ponerse cómodo, trataba de lucir mi minifalda mientras caminaba. Hice café y nos sentamos a tomarlo, yo tratando de mostrar muslo hasta en enganche del portaligas en las medias. Oscar no retiraba los ojos de mis piernas.

    Palabras que van y vienen, miradas de admiración de parte de él y yo muy a gusto, es muy buena persona, logré llevarlo al tema del crucero.

    -¿Como es eso de que te sugirieron irte de la piscina del crucero?

    -Una de las guardavidas, muy estricta, dijo que mi bikini era demasiado atrevido para estar en público. Yo no lo veía así, parecía que a todo el mundo le gustaba, pero debí cambiarlo por otro… allí mandaba ella.

    Después volví a usarlo en casa de mis suegros en Punta del Este, y aunque no creas, mi mamá y mi suegra se escandalizaron.

    -¿Y Tomás y tu papá? -Ellos nada, papá cero reacción, y Tomás mas bien que le gustaba. ¿Te sirvo otro café y me disculpas cinco minutos?

    -Sí claro, te espero, se está muy a gusto ¡y el café es rico!

    -Mérito de la máquina que lo hace, ja ja.

    Le hice otro café y al servírselo me agaché más de lo necesario.

    Me ausenté solamente tres minutos, y volví luciendo mi bikini del escándalo con sandalias playeras de tacos altos. Le hablé desde lejos, sin que me viera.

    Para los que no lo recuerden del relato de como seduje a mi suegro, el bikini son tres mínimos triangulitos atados con delgados hilos. La única diferencia es que en aquel entonces, febrero, no tenía pelitos, y ahora se ve una parte de mi landing strip por encima del triangulito tapa concha.

    -A ver Oscar, decime si era para hacer escándalo… yo lo veo muy normal.

    Y llegué frente a él… primero de frente y luego giré.

    -En realidad, ahora se ve algo que en aquel momento no había dejado crecer, espero no te moleste ni te ofenda…

    Decir que lo sorprendí es poco, pero se recompuso y me respondió.

    -Para nada escandaloso, ¡un precioso bikini para lucir donde sea! Admirable todo, lo cual me imaginaba y ahora lo entiendo. ¿Has tomado sol así en la casa de campo con vuestros amigos?

    -Sí, obvio y con mi suegro también y a veces estando papá, ¿por qué no lo haría?

    -Me los imagino encantados en realidad, como yo ahora.

    -¿Sí? Ves que no era atrevido como para que me lo hicieran cambiar? Y la verdad, a los amigos y papá y mi suegro terminó gustándoles. Y me di otro giro bien lento para que apreciara todo, los pelitos, mi culo y las tetas, que pugnaban por salirse.

    -Bueno, los amigos en realidad habían hecho méritos para verme así.

    -¿Y cómo es que hicieron méritos?

    -Ayyy qué curioso sos Oscar. Dejame ponerme cómoda y te cuento.

    Salí de allí, me cambié y volví a nuestra sala.

    Nuevamente, stilettos negros, y nada más que un babydoll negro a medio culo, totalmente transparente, obviamente sin soutien y una micro tanga negra que apenas me cubría la cuca.

    -¡Ahora sí estoy más cómoda sin ese bikini que me apretaba todo!

    Solamente atinó a decir: ¡Por Dios!

    -Te cuento lo de mis amigos: y allí, sentada a su lado, le hice todo el relato de como comencé a prostituirme, cuando Tommy me preguntó si me faltaba algo en nuestra vida sexual y yo le respondí que me faltaba estar con otro hombre (hasta ese momento solamente con Tommy) y que me encantaría que me pagaran, para reafirmar mi confianza en mí misma.

    Si antes estaba asombrado, creo que ahora desbordé su capacidad de asombro.

    -Pero… pero entonces… ¿te entiendo bien?

    -Sí, lo entiendes… al más alto nivel. ¿Has entendido todo?

    -No comprendo lo de que te admiran también tu suegro y tu padre.

    -En realidad es muy fácil de comprender…

    -Ufff. ¿Y cómo acceden a ti tus amigos?

    -Conocernos… Confianza… Coordinación… lógicamente también pagan. Pero debo pedirte algo, por favor, no sé cómo te he dicho todo esto y además me has visto, que esto no arruine tu amistad con Tomás.

    Él te aprecia mucho y nos habló muy bien de ti en todo sentido. Por eso quizás me excedí en la confianza y te pido mil perdones.

    -¿Que dices? Si estoy encantado. Y ahora que lo pienso, yo le comenté a Tomás que busco alguien especial pues mi matrimonio es todo rutina. ¿Puedo preguntarte algo?

    -Que bueno que no te has ofendido, ¡pregúntame lo que sea!

    -Mmm… seré claro… ¿cuánto pagan tus amigos?

    -No me ofendes, soy putifina por placer y con consentimiento de Tommy. Los amigos pagan 2.5 k, porque les doy derecho a estar cuanto quieran y a hacer lo que quieran.

    A veces van al campo sábado y domingo, imagínate, pagan lo mismo que si fueran una tarde o una hora.

    -Mmm ¡y yo casado! Nunca podría mas de dos horas.

    -Por ser tan amigo de Tomás, digamos 2k entonces.

    -¡Y yo que vine a almorzar! No traje esa cantidad de dinero.

    -Ayyy Oscar, ¡no pienses en mí como una cajero automático! ¿Te gusto?

    -Me enloqueces.

    Miré el reloj.

    -Son apenas las cuatro de la tarde, tenemos dos o tres horas por delante. Podemos hacerlo y me haces el giro cuando te queda cómodo.

    -Y hay algo que no te mencioné… sé quien eres, mi suegro nos contó que tipo de persona de bien eres. Podemos hacerlo al natural con toda confianza mutua.

    -¿Sin cargo?

    -Sí Oscar, sin cargo. ¡Pero quiero mucha! Ja ja.

    -Ja ja, ando siempre lleno. Y una mano acarició mi teta derecha.

    A partir de ahí, lo desnudé, la pija a media dureza. Me desnudé yo, y pidió verme parada frente a él, lo hice, giré y me acarició el culo.

    Se la chupé diez segundos y ya estaba dura, y me hizo doblarme de espaldas sobre el posabrazos del sofá. Nunca estuve con alguien tan desesperado.

    Al momento sentí que me entraba en la concha, por suerte húmeda, pues todo el diálogo previo me excitó. La sentía caliente y él me amasaba las tetas.

    Me daba y daba entrando y saliendo como poseído por un demonio, pero le dije que prefería ir a la cama.

    Fuimos casi corriendo, de la mano. Tirada de espaldas en la cama se me arrojó encima y me la metió nuevamente como un toro. Este hombre tenía ganas y en sólo unos días desde que nos conocimos había desarrollado deseos evidentes de tenerme.

    Entraba y salía, casi no pude moverme ni seguirle el ritmo, hasta que ¡zas! Unos chorros super tibios me llenaron de leche y de gozo, ¡me gusta!

    Me puse yo encima. -¡Que animal! ¡Que cogida! Me dejaste casi sin respiración y llena. Le dije mientras con una mano le acariciaba la pija y me lamía la palma de la mano.

    -Desde la cena en lo de tu suegro me tenías loco, cada vez mas caliente. Y cuando tu suegro me sugirió que a veces eras hasta demasiado sexy, comencé a pensar que a lo mejor hasta podía tenerte. ¡No sabía que sería posible, y no sabía que sería tan caro!

    -¿Tan caro te parece? Ni me has dado tiempo de lucirme. Y para que lo sepas, todos pagan y todos repiten y repiten, por algo será.

    -Sí, tienes razón, y espero que tengamos tiempo para hacer más hoy.

    -Yo me encargo. Dije.

    Al momento le estaba susurrando cosas sucias al oído, le mordisqueaba la oreja, y comencé a besarlo de lengua. Besa bien, ¡por suerte! A su vez él me hablaba, como todos ja ja, de mis tetas. Todos aman mis tetas, pero yo mas que nadie, las adoro y sé que son hermosas, en gran parte responsables de la fortuna que voy haciendo.

    Bajé besando todo su cuerpo, le chupé la verga, lamiendo y chupando hasta que comenzó a endurecerse, y entonces lo puse al borde de la cama, aún podía él acariciarme las tetas, y comencé con un lento beso negro.

    Lo hice levantar las rodillas, y comencé a lamer primero sus bolas, luego me deslicé al perineo, y finalmente me dediqué a su esfínter, sin prisa, sin pausa.

    Lamer, ensalivar, chupar, puntear con la lengua… y repetir… luego de largo rato se retorcía y gemía… hora de meterle un dedo repetidamente, lo cual no le disgustó.

    La verga estaba ya como piedra, le di a chupar mi concha y soportó bien que tenía varios chorretes de leche.

    Entonces lo hice sentar en el borde de la cama, los pies apoyados en el piso, y lo monté de espaldas.

    De a poco, me fui metiendo la pija, primero la cabeza, luego el resto, gozando. Comencé a subir y bajar, a veces me detenía y le hacía una especie de remolino con mis caderas, él me manoseaba las tetas. Me salí, lo hice tirarse en la cama y lo monté de frente, con la pija a full adentro me incliné y le di las tetas a chupar. Sentía mis pezones ardientes y me vine, un hermoso orgasmo, temblaba montada sobre él. Y no me detuve, seguí y seguí hasta hacerlo venirse por segunda vez, entre gemidos y exclamaciones de: ¡Sí sí, haceme acabar divina!

    Lo desmonte, le limpié la verga y me tomé todo lo que pude recuperar.

    Lo siguiente fue mimarlo, quería fidelizarlo, le dije cosas lindas, lo besé todo. A su pedido le chupé el culo nuevamente, y de nuevo probé de meterle un dedo, y pareció gustarle, tomé nota ja ja.

    Eran casi 5 y 45p.m. Llegó Tommy. Nos encontró lado a lado en la cama, desnudos, una mano acariciaba mis tetas y yo pajeaba lentamente a Oscar; y le dije a mi marido:

    -¡Mirá amor, un cliente nuevo! ¡Gracias a tu papá!

    -Cuando les dije que vinieran a casa, ya no tenía dudas de que te contrataría, se notaba en tu mirada, Oscar, que te gusta.

    -¡Me encanta! Y voy entendiendo por que parece que tiene varios clientes. Y yo soy uno de ellos.

    -Siempre te atenderé, ¡sos un potro! No sabés amor como me ha cogido, me hizo acabar…

    -¡Que bueno! Espero que la próxima vez yo pueda estar y por lo menos pueda verlos. ¿Has visto Oscar que cuerpo divino tiene mi señora?

    La veo y desespero, cuerpo sin igual, pero te digo la verdad, ya sé que puedo ser claro, lo mejor es entrar en esa concha, me enloqueció, me ordeñó la verga.

    Tommy se acercó y comenzó a acariciarme, incitando a Oscar a que también lo hiciera. Me manosearon un rato hasta que fue la hora de Oscar de irse a su casa.

    Lo despedí, totalmente desnuda y con los muslos manchados de su leche. Lo besé, le abrí la puerta sin salir al jardín y sin importarme si alguien pudiera ver algo. ¡Se fue con la pija dura! Jurando volver y que al día siguiente me giraría lo debido.

    Tommy aprovechó mi excitación, los clientes nuevos me ponen loca, y cogimos muy lindo.

    Al día siguiente, viernes, casi cuando iba a salir hacia mi trabajo, llega un mensajero con un hermoso ramo de rosas.

    “Por un encuentro inolvidable, y con deseos de que me recibas nuevamente cuanto antes. Gracias bella”.

    “P.D. Puedes llamarme libremente al xxx… en horas de oficina.”

    Corrí a mi agenda, ¡ese hombre sabe hacer las cosas! (Y otros dos mil mas siempre vienen bien).

    Consulté mi agenda y mi cuenta, agenda libre de mañana tres días después y depósito efectuado.

    Lo llamé, atendió al momento.

    -¿Podés hablar libremente?

    -Sin restricciones divina.

    -Hermosas las flores. ¡Que detalle! ¿De verdad vas volver a estar conmigo?

    -¡Mereces esas flores y mucho mas! Y por supuesto quiero volver a verte, ¿cuándo puede ser?

    -En tres días, tengo tres horas de mañana si puedes venir a las 7 o dos horas si vienes a las 8.

    -Ya veré el horario y te giraré el día antes.

    -Cuando quieras. Me encantó conocerte y la próxima será mucho mejor.

    -Eres un sueño, tu marido un genio, y Tomás me llevó a ti con delicadeza y habilidad. Me doy cuenta de que sabe que haces esto. Y me pareció entender por algo que me dijiste que tú y él también…

    -También cogemos, se puede decir abiertamente ya que sos mi cliente, y antes que preguntes… mi papá también.

    -¡Increíble! ¿Alguna vez podremos reunirnos?

    -Si eres reservado y nadie mas se entera sí que nos reuniremos, pero solamente yo se lo puedo decir a nuevas personas; reserva ante todo.

    -Mañana de tarde consulta tu cuenta, y el lunes nos veremos, te confirmaré si a las 7 o a las 8.

    -Besos amor.

    -Que lindo, ¿puedo yo también decirte amor? ¿Nadie se ofende?

    -¡Puedes decirme lo que desees! Nadie se ofende, ya me aceptan como soy ahora.

    Nos despedimos y así quedó fijada la siguiente cita, por cierto memorable por lo que hicimos (lo que le hice, en realidad). Ya lo sabrán.

    ¡Besos!

  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (12)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (12)

    Nuestro ritual matutino de cada lunes volvió a la rutina y sus prisas, nuestros hijos ya se habían ido a la universidad. Vestimos nuestros mejores atuendos ya que teníamos negocios importantes que atender, ella tenía una cita a primera hora. Se vistió con un traje tipo sastre ajustado que resaltaba su maduro y sexy cuerpo.

    La miré con deseo y deseando que la jornada laboral pasara rápidamente, me sonrío con malicia, sabia cuanto la deseaba y que la noche anterior fue diferente y solo fue preludio a lo que vendría, tanto por la reunión con nuestros amigos el próximo sábado, la promesa del desfile de lencería invitando a Enrique y además hoy pensaba llamar a Juan para saber los avances de la reunión de Sandra.

    Desayunamos y nos fuimos al despacho, llegando se puso a organizar pendientes del día con la ayuda de nuestra asistente, hice lo mismo con Ramiro el pasante de derecho en mi oficina. Revisé correos, intentando mantener mi mente, no podía evitar pensar en la tarde en la Sex Shop, la lencería que mi hija y mi esposa habían elegido. La imagen de la piel y culo de Sandra en esos atuendos me volvía loco.

    Le envié un mensaje de texto a Myriam tratando de llamar su atención desde mi despacho ya que estaba absorta en su trabajo. Desde mi oficina tenía una clara visión de lo que sucedía en la recepción. “No puedo dejar de pensar en la noche de ayer, estuviste muy… Puta y bueno me apena un poco la confesión de mi fantasía de anoche incluyendo a Sandy y no dejo de pensar que pronto hay la posibilidad que vaya sola a una reunión swinger con desconocidos”.

    Al llegarle el mensaje, voltio a verme y desde su posición me contestó sonriendo y enviándome un beso con un emoji de carita sonriente con ojos en corazón que no dejaron duda alguna de su aprobación.

    Esto solo intensificó mi excitación. A lo lejos, escuché el sonido de la puerta de la oficina abrirse y entraron los primeros clientes; la cita de Myriam. En el silencio de mi despacho acompañado de Ramiro, mi respiración pesada por momentos se escapaba de mis labios afortunadamente se confundía con el murmullo del aire acondicionado. La idea de Sandy, mi princesa que tanto cuide y cele en el ojo del huracán de nuestras fantasías y el recuerdo de la sex shop era simplemente irresistible.

    La cita de Myriam era con dos jóvenes que fueron sobre información para iniciar un juicio testamentario de sus padres, era su primera cita, dos chicos de no más de 23 años, la secretaria les ofreció café y se sentaron en un amplio sillón de cuero. Mi esposa, se acercó a los jóvenes caminando sonriente y segura de sí misma, el traje mostraba perfectamente el contorno de su figura, sus lentes la hacían lucir a la vez inteligente y sexy. De pie, su presencia dominaba el ambiente, y no pude evitar imaginarme la reacción de los muchachos si pudieran verla en la lencería que había abajo de su falda.

    Se sentó con gracia en su silla de oficina, cruzando suavemente una pierna por encima de la otra, exponiendo de manera sutil y elegante sus muslos. La tela delgada del traje no podía ocultar la sugerente sombra de su ropa interior, que se adivinaba a la perfección. Los dos jóvenes no pudieron evitar echar un vistazo disimulado, sus pupilas se dilataron ante la visión, Myriam, consciente del impacto que causaba, se acomodó aún más, haciéndome una mueca disimulada que solo yo pude detectar desde mi cubículo. Sentí mi miembro palpitar de emoción al imaginar lo que pasaba en la cabeza de los jóvenes.

    La conversación entre ellos fluía, y la seducción no se limitaba a mi imaginación; El maquillaje de mi esposa resaltaba sus labios carnosos y sus ojos brillando transmitiendo deseo, era un juego que teníamos con “Vainillas” (Personas fuera de nuestro ambiente swinger). La atención de los visitantes se dividía entre la atractiva imagen que les ofrecía mi mujer y el negocio que tenían que atender. Con cada movimiento de su pierna, la falda se levantaba un poquito más, mostrando la curva del muslo que se adentraba en su coño, la tensión erótica se hacía cada vez más evidente.

    La cita finalizó y mi esposa antes de levantarse cruzo y abrió las piernas para darles una última visión clara de sus pantaletas y lencería que recorrían sus piernas y con la gracia de una pantera se levantó los saludo de mano y los encamino y acercó a la puerta, acompañando a los jóvenes con su andar sensual. Con la puerta abierta, se inclinó para despedirlos empujando sus senos para que pudieran ver un poco de lo que ocultaba su blusa, ella sabía que yo la observaba, la puerta se cerró detrás de los jóvenes, enseguida se dirigió a mi oficina, le pedí a Ramiro si me podía dar algo de privacidad y salió.

    Se sentó frente a mí y en susurro me dijo “¿Te gustó el espectáculo, mi amor?” haciéndome estremecer. “Sabes que me excitan mucho esos juegos, seguramente esos chicos van a regresar y te tendrán en sus masturbaciones” le respondí con una sonrisa pícara.

    Y sin más me dio los pormenores de la cita con los jóvenes se levantó lentamente y se alejó moviendo su hermoso culo. El día continuo en la oficina. La escena con los chicos me hizo divagar nuevamente con la emocionante posibilidad de involucrar a alguien que no estuviera dentro de nuestro ambiente, personas inocentes de este estilo de vida que se dejarían arrastrar por nuestros deseos. Decidí que era hora de compartir mi más reciente fantasía con mi cómplice que estaba nuevamente en recepción con nuestra asistente.

    Y le envié otro mensaje a su móvil “Amor, esta vez te vi más atrevida. ¿Te gustaría que algún día pudiéramos compartir nuestros juegos con alguien más? ¿Alguien que no sepa de nuestros secretos?”

    A la distancia vi cuando le llego el mensaje y al leerlo me envió una sonrisa que me indicó que la idea la excitaba, se acomodó el pelo detrás de la oreja y cruzo una pierna para enseguida textearme de regreso. “¿Quién tienes en mente, cariño?” Me respondió “Se me ocurren varias personas como fantasías, incluso clientes, personas que estén abiertas a la aventura, podríamos ir midiendo el terreno, obviamente ser selectivos, me excita la idea. ¿A ti no?”.

    Le sonreí desde mi escritorio y le envié el nuevo texto sabía que su mente ya se adelantaba a la mía. “¿Sabes?, antes jamás pensé hacerlo con alguien joven hasta que probe a Mario, entonces. ¿Tal vez los chicos que vinieron hoy? Están muy lindos. ¿O quizá alguien de la oficina?”

    Su respuesta supero mi inquietud, Le envié un beso y un nuevo mensaje “no había pensado en alguien de la oficina. ¿Piensas en Ramiro?, siento es demasiado tímido hijo de familia muy tradicional” Envié el mensaje. Al leerlo aprovecho que estaba sola ya que nuestra asistente fue a recibir otra de las citas. Hizo un ademan sacando su lengua y metiéndose los dos dedos anulares en la boca emulando que mamaba dos penes, seguramente uno era el de Ramiro, Me contesto enseguida “¿y por qué no? Es tímido, atractivo, joven y varonil”.

    Su respuesta me sorprendió y me excitó aún más. La idea de abrirnos para introducir a alguien del mundo cotidiano y ser nosotros los que los iniciemos era un desafío excitante. Le envié otro texto “No tenía idea que Ramiro te pudiera resultar atractivo, él era tu alumno en la universidad, me parece excitante que lo puedas seducir sería un proceso muy caliente, prácticamente le doblas la edad, lo confieso me excita la idea. ¿Qué te resulta atractivo de “nuestro” Ramiro?”

    Me pareció ver sonrojo en su cara, dudo un momento en contestar, con una seña abriendo los ojos me dio a entender que la respuesta me llegaría en breve. “Que es muy atento, formal, serio y sus nalgas enfundadas en esos pantalones, además siempre me ha gustado su inocencia e inexpresiva conducta, podría ser una divertida sorpresa”.

    Con ese último mensaje, la conversación terminó y fue interrumpida por la siguiente cita. Con la respuesta de mi esposa a mi sugerencia, mi corazón empezó a latir con mayor intensidad. “Me encanta que estemos en el mismo canal y sea algo a desarrollar”, le respondí con un guiño en mi texto. Ella sonrió misteriosa y se levantó a atender la siguiente cita.

    Antes de salir de la oficina al terminar la jornada llame a Juan para saber los preparativos del próximo sábado, también necesitaba saber si había conseguido algún contacto para organizar la reunión de nuestra hija, solo que no me atrevía a hacerlo directo tenía la esperanza que el tocara el tema.

    “Hola Juan, como están, que dice la buena vida? Estoy con Myriam estamos por salir del despacho solo para confirmar y saber sobre los preparativos para la reunión del sábado. ¿Te parece bien que lleguemos a las 7?

    “La hora esta ideal, Mario llegará un poco más tarde, No se preocupen por nada, Martha se encargará de los bocadillos y yo tengo las bebidas adecuadas, será una noche muy especial. Un beso para Myriam”

    “Igual te envía besos, espera ella quiere hablar contigo” Ante la insistencia de mi esposa de hablar con Juan puse el teléfono en altavoz.

    “Juan, ya conoces a Miguel a veces no va a al grano, estoy enterada que organizas una reunión para Sandy, confiamos totalmente en ti y en tu discreción sé que elegirás las personas adecuadas. ¿Algún avance?”

    “El sábado pensaba darles la noticia, creo que he dado con la pareja ideal para la primera experiencia de su hija. Se trata de Carlos y Valeria, son jóvenes, atractivos y con muchas ansias de explorar. Llegaron recientemente al swinger, andan en busca de una chica sola que les permita probar un trio, y al hablarles de la situación sin mencionar que se trata de la hija de unos amigos, me dijeron que les encantaría tener un encuentro con ella. Estoy seguro de que van a encantar a Sandra”

    “Suena fantástico, Juan, gracias por tomarte el tiempo de buscar a alguien tan adecuado. ¿Te parece si nos envías algunas fotos de ellos para compartirlos con nuestra hija? -Intervine ya confiado.

    “Se las solicito con gusto, no sé si sea buena idea enviarles unas de Sandy” Pregunto

    “Estamos de acuerdo de enviar un par de fotos” -Contesto mi mujer

    “No se hable más, antes del sábado les envió las fotos y espero las de su princesa, los esperamos. Un consejo no tenga mucho sexo en la semana, Mario amenaza con quedarse a dormir en casa lo cual nos lo tendrá que explicar ya que mi nuera dudo que le de permiso de faltar en casa” Se despidió.

    La idea de que una pareja joven, deseosa de probar la carne fresca de nuestra hija, era un pensamiento que hacía que mi miembro se erizara en mi pantalón. Myriam me miraba con una sonrisa de complicidad, su respiración se aceleraba al pensar en la inminente aventura que nuestra hija iba a experimentar.

    Durante la semana, el volumen de trabajo se intensificó de una manera excepcional, lo que mantuvo a Myriam y a mí sumergidos en nuestros respectivos mundos laborales. Nuestros hijos, por su parte, se enfrascaron en sus disciplinas académicas y deportivas en la universidad. Cada noche, la tensión sexual se acumulaba, ya que cada conversación entre mi esposa y yo, cada toque casual y cada sonrisa se cargaba de un deseo que se volvía insoportable. El jueves por la tarde decidimos mi esposa y yo ir de nuevo a la sex-shop para adquirir aceites especiales que ella tenía en mente utilizar en la reunión, así como un tapón o plug anal por un artículo que leyó sobre el tema.

    Al ir a pagar a caja nos atendió directamente el chico que me sugirió adquirir la membresía para las cabinas y me recordó que aún tenía la oferta de 3 personas por $ 200.00 dólares anuales.

    “¿Hola señor gusto volver a verlo, le agrego la membresía?

    “Si, agréguela a mi cuenta por favor” Le contesto mi esposa entregando nuevamente su tarjeta de crédito.

    Al llegar a casa con nuestras compras encontramos en nuestra sala a nuestra hija con unas visitas.

    “Papá, mamá, éstos son mis amigos de la universidad, Alejandro y Laura, vinieron a preparar un proyecto. Ya les he hablado un poco de Alejandro”, dijo Sandy, presentando a los jóvenes y viendo la bolsa que traía mi esposa en las manos que reconoció era de la tienda.

    Recordé que nuestra hija nos había contado que empezaba a salir con un chico que le agradaba.

    Les dimos la bienvenida como cualesquiera padres de familia y nos despedimos para ir a nuestras habitaciones a dejar las compras, Sandy fiel a su carácter levanto las cejas señalando la bolsa con los ojos y nos dijo al subir las escaleras:

    “¿Que compraron, algo para mí?

    Al entrar en la habitación Myriam abrió la bolsa y después de revisar las indicaciones de los aceites y el plug anal me dijo que se daría un baño y necesitaba la ayudara a ponérselo cuando saliera.

    Al salir sin perder un instante, me acerqué a ella, la tome de la cintura y la jalé suavemente hacía la cama, la toalla se deslizó al piso revelando su hermoso cuerpo que jamás me cansare de admirar. Su excitación era palpable, sus pechos se alzaron, la vagina ya emanaba jugos que resbalaban por sus piernas. Entregándome el juguete lo analice ya que nunca había visto uno; Era de metal con una diadema al final emulando una cola de zorra, me indico cuál de los lubricantes usara, la esencia del producto emanaba un aroma afrutado y sensual.

    Con cuidado, vertí unas cuantas gotas en su ano y alrededor de la punta del artilugio, le pedí que se acostara boca abajo, abrí sus piernas y acerque mi rostro a su entrepierna, lamiendo su vagina suavemente y la piel alrededor de su agujero anal, lo que la hizo jadear y mover su cintura ansiosamente.

    Gimió al sentir la punta del artefacto, comencé a insertarlo lentamente, deteniéndome en cada centímetro para que se acostumbrara a la sensación. Ella me guio con susurros, apretando los glúteos y empujando contra el juguete, y pronto el plug se encajó completamente en su interior dejando la cola de zorro afuera, es increíble como algo tan pequeño agrega tanto morbo. Note que al instalar el juguete dentro de su ano su vagina se ensancho en flor, quizá la excitación de los últimos días la habían hecho masturbarse ya que sus labios vaginales y su clítoris se veían hinchados, fue una invitación a chupar y lamer.

    Se retorcía de placer, con la yema de mis dedos, recorrí el contorno de su abertura, la masajeé, acariciando cada centímetro. La presión del plug en su interior la hacía gemir cada vez más, y su coño se humedecía. Me pidió que la penetrara, que la llenara de mi leche, que la hiciera sentir que era mi puta. El deseo era palpable en la habitación, y la tensión sexual que habíamos ido acumulando a lo largo de la semana explotó.

    Con la lentitud del que sabe que la recompensa vale la pena, comencé a penetrarla, llenando su coño, Desde el primer instante en que sentí su calor interior supe que no iba a durar demasiado. En cinco minutos eyacule y fueron suficientes para que también mi mujer se viniera, su explosión fue intensa, sus piernas temblaron y cayo de bruces sobre la cama con mi verga y el tapón anal dentro de ella.

    Después de un breve descanso, intenté quitarle suavemente el artefacto, mi esposa se volvió a mí y me sonrío. “Deja que siga ahí la idea es que me acostumbre a la sensación”

    Descansamos unos minutos, nos vestimos con cuidado, para bajar a preparar la cena, mi esposa se ajustó un vestido casual suelto sin ponerse bragas. Se hizo una cola de caballo y bajamos a la sala con el plug instalado en su culo, cada paso suyo hacía que su culo se meciera de una forma que me recordaba constantemente lo que ocurría debajo de su vestido. Saludamos nuevamente a los chicos.

    “Se van a quedar a cenar?” -Pregunto mi esposa

    “Por supuesto mami, ya los había invitado, además ellos saben que son excelentes cocineros -Contesto mi princesa.

    La idea me excitó aún más, la imagen de mi esposa, nuestros invitados inocentemente ajenos a lo que ocultaba bajo su ropa.

    En la mesa durante la cena la conversación fluyó con naturalidad, Enrique llego y se integró al grupo, los 4 universitarios ya se conocían entre sí, observe a los chicos y note que era evidente que entre Alejandro y mi hija había química, me pareció un buen chico. Myriam no podía dejar de moverse en su silla seguramente en busca de la sensación del plugo que horadaba su orificio, al parecer ya se había acostumbrado me miraba de reojo, su sonrisa tenía un placer malicioso buscando como siempre mi complicidad.

    Laura, una chica pecosa y muy delgada que se encontraba al otro extremo de la mesa, era la más seria de los 4 me pareció que noto el ambiente eléctrico que se formaba entre mi mujer y yo, su rostro se ruborizó al cruzarse con mi mirada.

    Alejandro, por su parte completamente atrapado por el hechizo que desprendía Sandy no podía quitar los ojos de su escote que a partir de la visita al sex shop opto por vestir más atrevida, La tensión sexual se respiraba de alguna manera, quizá las feromonas de mi mujer permeaban el ambiente, era una extraña energía sexual. No dejaba de moverse a los lados sobre sus nalgas, inevitablemente mi mente empezó a divagar, imaginando a todos desnudos en la mesa enredados en una orgia de carne joven y apetitosa.

    Continuará.

    La tormenta se avecina.

  • Los espejos de Laura

    Los espejos de Laura

    Se había hecho muy tarde en el estudio, soy arquitecta, 50 años y placeres que conquisto en todos los espejos en los que me descubro erótica, provocadora y sensual. Tengo amigos, amigovios y también otros cómplices de mis pecados, algunos de esos pecados tienen precio, a otros los llamo «touch on go» por ser más ligeros y por supuesto, esos que no dejan sino una toalla mojada o un bikini olvidado en el cuarto de un hotel.

    Me volteo y me vuelvo a mirar en el espejo del ascensor que tarda lo suficiente desde el piso veinticuatro hasta la cochera del edificio, cuando mi cabello sobre mi blusa provoca el roce con mis lolas, acusando una provocación sobre el escote de mi camisa desabotonada, las pecas como cataratas se precipitan y desaparecen hacia mis pezones; —toda una zorra—; sacudo revolviendo mi cabello y ese placer de sentirme una puta se hace más perverso.

    No tenía ganas de conducir por New York hasta mi depto. en Queens, noche de viernes con el tráfico atascándome y para demorar dos horas hasta el supuesto placer de darme un baño en mi jacuzzi, con velas, aromas y un champagne que me espera en mi apartadado mundo, en aquel piso sesenta y nueve sobre la noche encendida de esa New York. ¡Pero no!, lo deseaba sí, pero un buen trago me tentaba mientras caminaba por las calles de Manhattan.

    En una de aquellas perdidas calles me tentó otra vez el deseo, porque acaso en esos momentos la perdida era yo, entré en uno de esos bares con aromas que se confunden con mucho humo de cigarros; pedí un «on the rocks», cuando sola me senté en un apartado, conjugando mis largas piernas, que desnudas estaban cubiertas con una minifalda negra; alguien me tomó del hombro, era suave el roce de aquella mano, era la de una mujer.

    —Hola Lau. ¡Que placer verte en esta intimidad!, ¿Cómo te atreviste?, ¿Vos siempre tan purita? (…)

    —Ya vez Mena, siempre hay una primera vez.

    —¡Una escapada secreta!

    —Quizá, pero veo que esta, ya no lo es tanto… ¡Me encontraste!

    Mena era una amiga de esas tardes de tenis en el club, nos habíamos hecho muy amigas y habíamos compartido también a aquel profesor de tenis, entre tangas húmedas, duchas y orgasmos. Aunque casual el encuentro con Mena fue tomando su erotismo, cuando las copas de champagne remplazaron a mi «Jack Label», el ambiente, y cada vez más cerca de medianoche aumentaba los placeres en toda aquella escenografía de ostentaciones eróticas. Ese «Night Club» era ideal para ir en busca con quien terminar la noche de un viernes en N.Y.

    Los ojos verdes de Mena se deslizaban sin miramientos sobre mi escote, los que se abría aún más, para que ella deseara cada una de mis pecas, hasta que notara que, sin «soutien» mis lolas todavía estaban firmes. Sin darse cuenta ella, advertí que también se mordía los labios cuando la comencé a provocar con algunos comentarios, mientras a sorbos cortos bebía sobre una nueva copa un «rosé frappé»…

    Descrucé mis piernas con alta soberbia y provocación que le dejé ver que tenía puesto un «culotte less» y como los encajes eran translucidos, se evidenciaba lo depilado de mi pubis, y por tal, mi monte de venus apenas dibujado por una tira de vellos delicadamente delineados —como siempre—… Mena no resistió mi provocación, su tentación llegó a cumplirse cuando comenzó a acariciar mis piernas, yo sentí correr ese escalofrío en mis pezones que se volvieron a descubrir en ese bajo relieve de mi camisa de seda negra, y aún más, se abrían sus ojos mientras iba clavando su mirada en la mía, se prolongaban más los silencios que se convirtieron en excitantes deseos.

    Sin pensarlo dos veces, de un solo impulso la tomé del cuello y le di tal beso en los labios que nuestras salivas se conjugaron asquerosamente en una. Yo gimiendo, mientras ella encontró con sus caricias la forma de correr mis encajes, penetrándome, mojando sus dedos en mí, los que quitó después de un largo rato de mi húmeda vagina. Yo volví a abrir los ojos luego de sentir ese morbo lésbico, cuando Mena llevó sus dedos húmedos con todos mis flujos hacia sus labios y sin más me dijo: —Almíbar para mi deseo de tenerte—.

    Yo sentí otra vez ese escalofrío, mirando hacia todos lados, buscando no ser reconocida en ese boliche, aunque después de todo nada me importaba a esas alturas de la noche; pero caí en la cuenta que era uno de esos boliches para Solos y Solas, ¡Suspiré aliviada! humedecí mis labios provocativamente y volví a besar a Mena, ahora más suavemente, como aceptando su deseo.

    No me sentí una lesbiana en ese momento junto a Mena, pero había descubierto ese algo diferente sobre mi piel y ¿por qué no? en mi sexualidad, ¡por algo me había humedecido toda! y no solo eso, sino que yo tomé la iniciativa de confundirnos en un «chupón» de labios terriblemente mojados por demás. Mirando los ojos de Mena —siempre en silencio—, mi vida pasó en ese instante, como sucede ese replantearse que a los cincuenta años me estaba haciendo. Mena volvió a besarme, sin antes meter su índice en la copa de champagne para rozarlo sobre mis labios, lo que me electrizó. Tenía que ir a la toilette…

    Cuando estuve delante de ese espejo, vi como afloraban todos mis pecados, las infidelidades a mi esposo que estaba en Buenos Aires, la traición a mis hijos… Algunas lágrimas corrieron el rímel de mis pestañas, que desdibujé agresiva sobre mis mejillas, sintiéndome más, más y más puta; supe que no volvería a ser la misma al salir de esa confesión que me estaba dando a mí misma… ¡Ya no sería la misma!, y tal vez nunca fui una sola, sino muchas en mis desvaríos. Sentí que mi vida había pasado tan violentamente que apenas podía recordar que estaba haciendo allí.

    En ese momento entrando Mena a la toilette me apartó también de mis recuerdos y de mis pensamientos; me tomó por detrás apoyando su cuerpo sobre mi espalda mientras que con sus manos apartando mi cabellera comenzó a besarme el cuello; cerré los ojos y me volví a entregar a su juego lésbico y perverso. No resistí, dejé a un lado mis pensamientos y mis fantasmas; giré, la abracé solo nos separaban nuestras lolas, la volví a besar, y me entregué. Le sugerí que volviéramos a mi estudio, que fuéramos por mi auto y nos iríamos a mi departamento en Queen; consintiendo me devolvió una leve sonrisa, y me volvió a besar; ¡yo enloquecía conteniendo mis orgasmos!

    No sé cómo pude conducir cruzando las autopistas desde New York hasta Queens teniendo a mi lado el morbo lésbico que nunca había sentido, me temblaban las piernas tratando de volver a contener mis orgasmos, con solo pensar que pasaría esa noche con Mena en mi cama, mientras ella jugaba ese erotismo con sus palabras, sin dejar que su mano jugando, apartara otra vez mi falda, hasta que descubría lo mojada que yo seguía.

    Siempre dejo en el living, encendidas las luces tenues que se conjugan con los cielos y con la silueta de la ciudad a lo lejos, como esos fantasmas que me persiguen siempre. Llegamos, Mena se deslumbró ante tal vista desde aquella altura; le ofrecí que sirviera un par de tragos, jugamos un poco más con caricias, cuando ya la noche nos invitaba desbordándose otra vez; en mi viejo equipo de música hice sonar un long play, «All the things you are», el erotismo nos fue envolviendo y comenzamos a bailar «cheek to cheek». Debo confesar que la excitación que sentía mi cuerpo debía contenerla aún contra mi delirio, aún no me sentía tan libre como para entregarme…

    —Me doy una ducha y vuelvo —le dije, sin que mis labios se despegaran de sus labios.

    —Te deseo Laura, —dijo suspirando un gemido erótico.

    Me fui desnudando frente al espejo que juega con mis perversas curvas, me tentaba en el recuerdo de mis pecados, me metí en la ducha; dejé que el vapor empañara el vidrio de la mampara y allí apoyé mis senos, los pezones sintieron la calidez de ese vidrio, con esa calentura ardiente empecé a masturbarme, tratando de calmar la lujuria que me había encendido… ¡Fue en vano! No quise acabar, imaginé mis orgasmos en los brazos de Mena, sentí que ahora estaba dispuesta a ello, pero antes, debía pensar en ser yo quien la sedujera al salir de ese baño.

    Me calcé otro culotte más sensual, con un camisolín entreabierto blanco sin sostén, con sandalias de tacos altos, y me fui acercando al living llevando mi dedo índice a mi boca —como incitando la imagen—. La música seguía sonando, pero Mena ya estaba en el cuarto y de rodillas sobre mi cama, desnuda, apenas se dibujada su silueta a contra luz del ventanal que la enmarcaba en ese brillar de luciérnagas de los edificios de New York, me quedé contemplándola mientras ahora era yo quien se servía una copa de champaña, retrasando el momento.

    Estaba a punto de experimentar mi bisexualidad, abrí mi camisolín dejándole ver mis lolas, pero Mena se fue acercando, descubrió mis pezones y comenzó a besarlos, a mordisquearlos con tanta ternura, con tal delicadeza, que mi cuerpo se electrizó y aún más, mis pezones crecieron entre sus labios. Sus manos acariciaban mi cola sobre los encajes blancos. Ella alzó su boca, nos volvimos a fundir en otro «salivar» de mieles, volvía a penetrarme con sus dedos jugando con mis labios mojados y provocando que mi clítoris pidiera a gritos también la saliva de su boca.

    Perdí la conciencia y caí sobre ella en un abrazo, girando en la cama sobre las suaves sábanas blancas, todo se confundía con su piel, quedé atrapada bajo su sodomía, entre su aroma y mi perfume; con su lengua fue dejando rastros de saliva desde mi boca hacia mis caderas, me giré y le ofrecí mi cola, mi esfínter sintió su lengua enterrarse y sus dedos en mi vulva arrancándome el primer orgasmo. Fue intenso e interminable ese placer, ella recostó toda su desnudez sobre mi cuerpo; miré sus hermosos ojos verdes que brillaban sin decoro, me besó y cerrando mis ojos acaricié su desnudez que me daba ese entusiasmo de aceptar ese momento lésbico.

    Creo que fue la primera vez que sentí una pasión intensa por una mujer, claro que Mena era una amiga íntima, pero fue más que íntima a partir de ese momento, cuando mis manos que se deslizaban sobre su piel rodeo su cola, —era perfecta, suave—, volvimos a girar sobre nosotras, ahora estaba yo dominándola y fui bajando hasta que sentí en mis labios el sabor de su sexo, mi lengua jugaba sin penetrarla dejando chorros de mi saliva sobre sus pliegues; tomé entre mis labios su clítoris y lo apreté hasta que un chorro de su flujo se internó en mi garganta, Mena había acabado en mi boca, como yo antes en la suya.

    Terminamos gimiendo entre besos como dos putas zorras. Entrecruzadas nuestras piernas y nuestros abrazos no dejaban de excitarnos; comencé a moverme sobre ella frotando nuestros pubis como si la estuviera o me estuviera penetrando, esa era la sensación, y otra vez, y otros orgasmos ahogándonos en un nuevo juego de húmedos besos entre nuestros labios.

    Mena después de tantos orgasmos se quedó dormida, su silueta mientras estaba boca abajo era una curvilínea que no dejaba de excitarme, la volví a desear, pero no podía despertarla, había sido demasiado para ser la primera noche. Me serví más champaña y volví a mis pensamientos ¿Cómo íbamos a continuar con esta relación? ¡Esta tentación! Me relajé mirando su desnudez y de fondo las ventanas donde quizá otras anónimas perversiones se iluminaban en ese New York, cerré los ojos, acaricié mi desnudez, mis pezones apuntaban hacia la noche; ¡me dormí con el último aliento de placer después de masturbarme sintiendo y rozando la piel de mi amante dormida!

  • Mi vecina madura (4): Las primas se divierten

    Mi vecina madura (4): Las primas se divierten

    Yo a esta altura no podía emitir palabras, solo mirar. Sofía tomo una llavecita y me quito las esposas.

    -Bueno ahora disponga usted de nosotras como guste las veces que guste.

    Solo con las tangas puestas se fueron hacia la habitación contoneando sus culos golosos mientras se seguían besando y chupando.

    Tratando de bajar un poco a la tierra me serví una copa de champagne me dirigí a la habitación, empaladísimo, totalmente duro, las primas me esperaban en la cama, boca abajo besándose y chupándose.

    -Vamos Raulin, no te gustmgh

    No alcanzo a terminar Sofía que me abalancé y le comí la boca, Lucy no perdía tiempo y se abalanzo sobre mi culo, empezó a jugar con sus dedos y me metió un dedo y empezó a jugar con mi próstata. Difícil explicar el empale que tenía, jugaba con dedos y le sumaba lengua chupaba mis cachetes mientras la lengua de Sofía resbalaba de mi boca hacia mi cuello y mis pezones.

    Lucy se trepo con sus botas sobre mí y se acomodó mi pija en su conchita, mientras Sofi giraba y la enfrentaba para comerle las tetas y me ponía su vagina como una hamburguesa sobre mí, sentía el sabor del jugo de su squirt cayendo sobre mi boca, delicioso.

    -Soy multiorgásmica sabias, si me encontras el punto G, ah… ahí es, guacho, si si, es ahí, seguí no pares, no pares…

    Moví mi lengua sobre su clítoris, muy duro muy parado y sentí que se retorcía y se le ponían los ojos en blanco mal, mientras Lucy me cabalgaba arrodillada sobre mí, se sacó las botas y a Sofi , y se volvió a subir mientras le chupaba los dedos del pie. De pronto Sofi empezó a gritar como loca, se venía otro orgasmo, me desplace un poco y empezó a expeler jugos en abundancia por su vagina, mal, Lucy enloquecía me agarro de los pelos y me tiro sobre su vagina para beber ambos mientras me comía la boca y me chupaba el cuello. Me excito muchísimo más ver a Sofía absolutamente sacada sacudiéndose, moviendo las piernas y retorciéndose.

    Cayo aplacada lo que aprovecho Lucy.

    -Ahora el postre papi, agarra aquel aceite untame la cola y la pija y rómpeme el orto.

    Mientras Sofía se recuperaba yendo a buscar algo para tomar Lucy se ponía en cuatro para mí, se untaba bien la cola y se movía de lado a lado su apetitosa cola, así brillosa. Descorrió el hilo dental y me dejo a disposición su culo, embadurné mi pija con el lubricante y la ensarte de una, pego un grito mezcla de dolor y placer, mientras Sofía ya repuesta volvía corriendo y también se ponía al lado descorriendo el hilo para correr misma suerte. Con un consolador que manoteé del bolso empecé a jugar con ambos culos intercambiándolos, pija y consolador. Cabalgaba a Lucy frenético mientras Sofía se calzaba solita el vibrador en la conchita para ir humectándolo.

    -Ahhh que pija tenes papito, y vos prepárate Sofi porque queda algo especial para vos para el final.

    Sofía movió la cabeza y seguía clavándose la pija de goma, chupándola y metiéndola en su conchita, una y otra vez, mientras ponía los ojos en blanco para arriba gozando, de pronto nuevamente como que calzo el punto G así que cambie y la ensarte con todo mientras le daba otro consolador a Lucy, más grueso, que la rubia engullo hasta la garganta y empezó a meter en su culo ya dilatado, abierto, listo para gozar.

    Mientras me preparaba para culear a Sofía sentía que un orgasmo venia ya para su conchita, la vi a Lucy con el consolador en la mano yendo hacia el bolso misterioso. Me enfoque en Sofía y su culo hermoso, brilloso. La puse en 4 y le empecé a chupar el culo, de pronto la vi a Lucy poniéndose un cinturón con un strapon de goma negro, se lo ajusto bien y se puso delante de Sofía para que lo engullera todo y sobre todo lo ensalivaba. Sofía se movía ya que al tiempo que le chupaba el culo le metía un consolador en la conchita, empezó a contonearse desaforadamente.

    -Cogeme hijo de putmgh… -no alcanzo a terminar que Lucy le hundió el consolador en sus labios ansiosos, y a cogerle la boca como una concha. Lucy se inclinó hacia adelante, me dio un beso de lengua, se deslizo por mi cuello y me dijo al oído

    -Ahora el gran final bebe, la doble penetración a Sofía

    Dicho esto, me tiro sobre la cama y empezó a chuparle el culo a Sofía y a jugarle con el strapon en la boca en un 69. Fue breve porque dilatada la tomo de los pelos hacia arriba y la trajo hacia mí.

    -Proceda señor, el culo es suyo -Se sentó despacio sobre mi acomodando su culo en mi pija y se dejó caer suavemente

    Pego un grito que Lucy amortiguo comiéndole la boca, la empujo sobre mí, ensartada lo que aproveche para comerle el cuello con la lengua y la boca girándole la cabeza. Lucy rápidamente levanto las piernas de Sofía, se acomodó abajo y le metió el strapon hasta el fondo. Con la pija en el culo sentía el pijon de goma rozarlo por dentro, ahora Sofía si se retorcía, gritaba, Lucy le mordía las tetas, yo la tomaba de la cintura y la levantaba un poco y la dejaba caer para hacerla gozar más y más. En ese terceto infernal quedamos como abotonados moviéndonos rítmicamente por varios minutos, de pronto Sofía comenzó a temblar y gritar

    -Acabo, acabo, ayyy…

    Un chorro de sus fluidos cayó sobre mi vientre y Sofía se dejó caer exánime sobre la cama.

    -Ahora si sos mío para acabar juntos bebe

    Se sacó el cinturón poronguero y se abalanzo sobre mí, lengua en mi boca, en mi pecho, chupándose sus tetas, levantando su pelo hacia arriba en un movimiento increíble de su vientre que empezó a hacerme sentir que me venía.

    -Veni Sofi, no seas boluda levántate a tomar la leche de Raúl que ya se la estoy trayendo

    Lucy acelero el ritmo, apretando sus muslos

    -Ah… ahhh… Raúl que hijo de puta que sos.

    Cayo de costado también sobre la cama, la tomo a Sofía de la cabeza y le estampo un beso de lengua terrible y ambas se abalanzaron sobre mi pija que sentía venir la leche.

    -Tomen perras, la leche de papito para ustedes

    Las dos con sus bocas abiertas jugaban con su lengua en mi glande, tragaban y soltaban, iban hasta el fondo y sacaban y de pronto sentí que venía. Fueron 5 lechazos que bañaron el rostro de las dos primas, ambas se lamian y compartían el semen en sus bocas mientras se enroscaban en tijereta rozando sus conchas, ya coloradas por el traqueteo.

    -Te dije Sofía que valía la pena, te quedas Raúl no

    -Obvio soy todo de ustedes

    Después de varios ataques más me retiré en bolas cruzando a mi departamento con la ropa en la mano mientras en el fondo vi cómo me observaba otra nueva vecina del fondo, madura también, alta morocha, sacando a pasear su perro, que no conocía. Esto se ponía cada vez mejor

    -Buen día vecino, abríguese no se vaya a resfriar, después más tarde puede pasar por mi departamento, tengo unos, ejem, arreglitos para hacer.

    Y acá vamos de nuevo con Marta, la del E.

  • Menor que yo

    Menor que yo

    En la vida de una mujer llega un momento que la excitación crece, sin embargo, para mí era un fuego que no se podía apagar porque hormonalmente estoy en mi momento y era el combustible que faltaba, eso quizá se irradia.

    Un buen día donde solo sentía fuego que no se apagaba aparece alguien que sin dudarlo se acerca seguro, su rostro inicialmente solo me mostraba amabilidad, pero, el diálogo lleva de una frase normal a palabras que encienden la imaginación, el único inconveniente es su juventud, frente a mi experiencia, pero su cara, sus ojos, sus labios, eran tan atractivos que no pude resistir a condenarme.

    La comunicación era por WhatsApp, pero la intensidad de lo que sentía por él era tan grande que tomé la decisión de hacerlo, quería sentirlo, besarlo, tocarlo, unir mi cuerpo con el suyo solo por probar una aventura tan codiciada como hacerlo con alguien menor.

    Buscamos el momento, la hora, la ropa y la actitud para encontrarnos, sentir que su deseo era igual al mío nos llevó a besarnos inmediatamente nos vimos, los juegos en el chat ahora eran realidad y segura de que no pasaría de besos y caricias, me dejé llevar como si me elevara ante el deseo, todo mi cuerpo era suyo, él podía tomar decisiones sobre mí, pasaba sus manos de mi espalda a mis senos, sin censura, pero sin malicia, recorriendo cada centímetro con detalle.

    Dejó en mi cuerpo las huellas de sus caricias hasta mis nalgas, yo solo permitía que me recorriera como quisiera, mis manos nerviosas querían recorrer todo su cuerpo, pero solo se dedicaron a retenerlo para que siguiera su proceso en mí, pero llegué al punto de ir hasta su miembro, tocarlo, sentirlo, tomarlo con mis manos maravillada de lo que tenía, me hizo tomar la decisión de seguir al siguiente nivel, yo solo quería tener lo que tenía entre mis manos dentro de mí.

    Un hombre más alto como él solo incrementa la imaginación para pensar con creatividad, ya no aguantaba más y solo quería tenerlo dentro de mí, unos bultos fueron cómplices de que tomáramos la decisión, algo que pensamos tan solo un minuto y con la mirada decidimos que sí, él se sentó, yo encima de él y nos despojamos nuestra ropa de la parte inferior e iniciamos una danza majestuosa de penetración que sin duda fue lo más especial que he sentido, un hombre menor que yo, deseándome tanto como yo a él.

    El movimiento que se suscita en el momento incrementa ese deseo que ya era un hecho, yo solo quería que mi cuerpo se rozara con fuerza sobre él y él con sus maravillosas manos y con su fuerza solo ayudaba a mi excitación. Yo gemí con ganas, con fuerza llegué, con gusto sentí el orgasmo más pleno que no tenía hace mucho, pero me excitaba más si sentía que él llegaba al orgasmo, así que con la excitación que me quedaba hice mis mejores movimientos de cadera solo veía su cara de deseo incontrolable y lo vi llegar, algo que me encantó porque vi su vulnerabilidad debajo de mí y eso me mantiene aún con ganas de repetir ese momento.

    Hoy solo sueño con él porque no hemos vuelto a vernos, una historia que tengo en mi alma y revivo cada noche que siento deseo de hacerlo de nuevo, pienso en sus manos que recorren mi cuerpo y repito la ruta hasta llegar de nuevo.

  • Necesito relajarme y acudo a mi vecino Miguel

    Necesito relajarme y acudo a mi vecino Miguel

    El domingo pasado no pude ver a mi novio porque estuve todo el día haciendo quehacer en la casa; barriendo, trapeando, lavando ropa, cambiando ropa de cama, planchando, etcétera. Anochecía y estaba cansadísima, necesitaba relajarme, pero también cargarme de energía, porque el lunes empezaría una semana de mucho trabajo. Necesitaba sexo, necesitaba una buena cogida, así que le mandé una foto enseñando las tetas a mi vecino Miguel, diciéndole: “Será que te puedas escapar de tu esposa para darme… un masaje?”. No tardó en contestarme: “Voy, putita”.

    Dejé la puerta abierta de la casa y le escribí: “Abierta y esperando; solo entra”. Así que me acosté completamente desnuda y masturbándome un poco. Miguel no tardó en llegar, entró a mi recámara, se paró al pie de la cama viéndome completamente desnuda y masturbándome.

    -Te ves deliciosa, Ana.

    -¿Te gusta verme?

    -Mucho.

    -¿Te gusta ver cómo me masturbo?

    -¡Un chingo! Quiero ver cómo te vienes mientras te masturbas –enseguida me toqué para venirme en poco tiempo-.

    -Quítate la ropa –empezó a desvestirme mientras yo me masturbaba-.

    -Qué rica carita pones, putita… estás ardiendo, Ana.

    -Quiero que me cojas, Miguel; quiero tu verga, vecino.

    -Por supuesto que te la voy a meter, puta, pero primero quiero ver cómo te vienes, Ana –me agarré las tetas, me pellizqué los pezones, eso me pone a mil y me vengo más rico; estaba lista para venirme-.

    -Ay, no mames, me voy a venir, vecino.

    -Sí, vente, putita –él se masturbaba viéndome, se hincó entre mis piernas viendo como me venía-.

    -Ay, no mames, qué rico… -mis espasmos reflejaban lo intenso de mi orgasmo- ¡puta madre, qué delicia!

    -Ahora sí ahí te va, perrita –me abrió más las piernas, restregó su verga en mi panochita, la golpeteó y luego me la ensartó de una estocada hasta el fondo- ándale, cabrona; ¿eso querías, verdad, Ana?

    -Ay, cabrón, ¡qué rica verga tienes!

    -¿Te gusta, putona?

    -Puta madre, me encanta tu verga, vecino.

    -Te calienta que le pongamos los cuernos a tu güey y a mi vieja, ¿verdad puta?

    -¡Un chingo! ¿Te acuerdas cuando fui a llevarle cosas la vez que estaba con el bicho y me cogiste, cabrón?

    -¿Cómo no me voy a acordar Ana? Mi vieja en cuarentena en la recámara y tú mamándomela y dándome las nalgas en la sala, canija.

    -¡Ay, me cogiste delicioso! Cómo siempre que me coges, Miguel; no manches.

    -Me encanta la pinche cara de puta que pones cuando te entra, Ana.

    -Ay, es que tu verga es deliciosa, vecino; está durísima, no manches.

    -¿Sí la sientes?

    -Puta, la siento cabrón, Miguel. ¿Cojo más rico que tu vieja?

    -Estás mucho más rica, Ana y coges de poca madre. Tienes unas pinches tetas y unas nalgas espectaculares, cabrona… y los sabes, putita. Por eso te coges a tanto cabrón –me puso de lado para darme de tornillo, creo así le dicen- mira nada más estas nalgas, culona –me dio una nalgada y siguió bombeándome- me encanta cogerte así, pinche Ana; te agarró las nalgas y las tetas.

    -Cógeme como quieras, vecino, nada más no dejes de metérmela.

    -Por supuesto que no Ana; de pendejo dejo pasar este culo –empezó a dedearme el culito mientras seguía metiéndome su verga en mi panochita- además eres bien cogelona, mamita. No mames, qué suerte tener una vecina tan rica y tan putona.

    -Ay, no chingues, me fascina tu verga, vecino.

    -Jajaja cómo aprovechamos esa cuarentena de mi vieja, Ana.

    -Sí, vecino; cogimos como conejos, ¿verdad?

    -A veces nomás ibas a mamármela, Ana. Tomaste muchos mecos, ¿no?

    -Me encanta cómo sabe tu lechita, Miguel.

    -¿Te gusta que te dedeé el culito, Ana?

    -¡Ay, mucho… se siente riquísimo! Síguele que me voy a venir, vecino.

    -¿Te vas a venir, putita?

    -Sí, vecino… ay, no mames, qué rico, qué rico.

    -¿Te gusta que te dedeen el culo, Ana?

    -Ay, sí, ¡sí… es delicioso!

    -Vente, putita, vente, Ana –en ese momento me vine riquísimo; después de unos minutos me puso boca abajo y me la metió así-tienes un pinche culote delicioso, Ana.

    -Ay, no mames, ¡qué rico me coges!

    -¿Te acuerdas qué rico cogimos en el estacionamiento cuando la fiesta del condominio, putita?

    -Sí, Miguel, me llenaste las nalgas de tu semen, no manches; regresé toda embarrada a la fiesta.

    -Puta madre, me encantan tus nalgas, pinche Ana –después de unos minutos, puso una almohada debajo de mi cadera, me puso lubricante en el culito y me la metió poco a poco para que mi ano se adaptara a su verga dura-.

    -Ay, qué rico, vecino.

    -Te gusta por el culo, verdad, ¿Ana?

    -Me encanta que me den por el culo –me bombeaba con firmeza pero suavidad-.

    -No sabes cómo me gusta metértela en el culo, Ana.

    -Tu esposa no se deja, ¿verdad?

    -No, solo una vez, pero no le gustó.

    -No sabe de lo que se pierde; es riquísimo –le apreté la verga con mi culito-.

    -Hija de la chingada, qué rico me la aprietas, putita.

    -Quiero que me lo llenes de tu semen, Miguel.

    -¿Te gusta sentirlos en el culo, zorrita?

    -¡Es riquísimo sentir cómo me llenan el culo de lechita!

    -Eres una puta golosa, culona; ¡me fascinas!

    -¡Necesitaba una cogida así! ¡Qué rico, no mames!

    -¿Y qué nueva verga te has comida, Ana?

    -Al sobrino de mi jefe… vino a cogerme hace unas semanas.

    -¿Sabes que el nuevo velador quiere darte, putita?

    -Me encanta tu verga, vecino. ¿El chavo?

    -Sí; estuve platicando con él y está loco por tus tetas y tus nalgas –aceleró un poco sus embestidas-.

    -Ay, vecino, dame tu lechita, ¿sí? Vente en mi culo.

    -¿Te lleno el culo de mis mecos, putita? ¿Quieres mi lechita, Ana?

    -Sí, por favor, Miguel; quiero sentir cómo me llenes de tus mecos.

    -Eres una perra exquisita, pinche Ana.

    -Me encanta tu verga, vecino; soy tu puta… me voy a venir otra vez, no mames.

    -Yo también voy a acabar, putita –segundos después acabamos juntos; fue riquísimo cómo me llenó el culo de su semen mientras yo tenía mi segundo orgasmo- ¡ay, cabrón ahí te van, Ana… aaah… puta madre!

    -Ay, sí, amor, vente… ay, no mames… qué rico, carajo… -después de venirse me la sacó del culo y acabó de vaciarse en mis nalgas; se acostó a mi lado- no mames, estuvo delicioso… es justo lo que necesitaba,

    -Delicioso, no chingues. Eres una bomba, pinche, Ana. Me encanta cuando andas así de caliente.

    -Ahora sí voy a poder dormir a gusto. Gracias, vecino.

    -Cuando quieres, vecina. Es un pinche placer cogerte, Ana.

    -Mmmm… riquísimo.

    Minutos después se fue y yo me quedé acostada; me dormí en minutos. Fue justamente la cogida que necesitaba para descansar y estar lista para una semana de mucho trabajo. Es una bendición tener vecinos tan atentos y buenos en la cama jejeje.

  • Alenté a mi novia a que chatee hot con otro (parte 2)

    Alenté a mi novia a que chatee hot con otro (parte 2)

    Enlace a la primera parte:

    Alenté a mi novia a que chatee hot con otro (parte 1)

    En los días sucesivos al primer chat entre Nati (mi novia, en Uruguay) y “Julián” (o sea yo, con otro perfil) me conectaba como mi Némesis y le hablaba para ir tanteando su humor. Ella respondía a mis saludos, pero ni bien Julián (yo) iniciaba un diálogo más zarpado, ella le respondía “Jules, me encanta y excita todo lo que me decís, cómo me lo decís, realmente. Pero ya sabés. Si querés que empecemos a jugar pasando límites, tengo que avisarle a mi chico. Así es lo pactado con él porque -no te miento- la infidelidad tramposa ya la experimenté y noté como me pone saber que él me entrega a vos, me da letra, me deja ser tu puta… cuando nos mira”. Julián, claro, no aceptaba su inquebrantable nobleza para conmigo.

    Durante los días subsiguientes, él (yo) tras 2 ó 3 intentos de convencerla sin lograrlo, situaciones que ella, fiel y franca conmigo me contaba, aunque a nuestros chats hot comencé a agregarles el componente “Nati, háblame de Julián, decime que te pasaba con él. Dale, que me caliento” y además le pedía que me mande videos pajeándose y nombrando a “Jules” logrando producir en ella mayor excitación que la que tenía al filmarse tocándose solo para mí. Con cada video o chat yo iba percibiendo como su calentura por él iba en aumento. Pero indefectiblemente cuando la volvía a contactar como él Nati repetía “Es con mi novio mirando o nada”.

    Así que mi mente perversa se pasó esos días demostrando cuánto me ponía verla tan puta con su macho, pero a la vez, pensando cómo hacer para que como ya les dije, se entregue a su amante virtual inexistente. Ya saben: Julián era yo, con una cuenta falsa creada para mantenerla caliente, tan febrilmente puta con él que, de acuerdo a su historial confesado a mí por ella misma, dada la relación a distancia (Nati en Uruguay, yo en Argentina) calmara sus deseos eternos de serme infiel. Hasta que se me ocurrió algo muy muy perverso.

    Yo, por WhatsApp, a las 11 am: “Nati. Te cuento que tengo que viajar a Trenque Lauquen por trabajo si bien llevaré mi celular, no se si tendré conexión las 24 horas, quizás en algún lugar de reunión, o quizás en el hotel en el que esté alojado. Salgo con un compañero de trabajo en su auto alrededor de las 15 h. hoy mismo, amor. Creo que vuelvo pasado mañana”.

    Nati, por WhatsApp, me responde: “Bueno, vida. Hablaremos cuando tengas internet. Te voy a extrañar mucho” escribió con ternura.

    Yo: “Yo también mi amor. Voy a preparar alguna muda de ropa y las cosas de trabajo que me piden llevar. Te hablo antes de irme”.

    Nati, a mi: “Dale. Te amo mucho”.

    En el tiempo que mediaba entre informarle de “mi ausencia” y el horario de la misma creé otra cuenta de Facebook: esta vez para ella con el nombre de Natalie, ilustrado con fotos de perfil y de portada que tomé de su propio perfil. Las horas parecían eternas mientras ella me mandaba algún que otro WhatsApp con palabras dulces y chanchas, alguna foto desnuda, alguna idea que se le había ocurrido para que juguemos a mi regreso y cosas así a las que yo respondía en el mismo tono. Al fin se hizo la hora de mi “partida”. Esperé unos minutos más y a eso de las 15:12 le envío el que sería mi último mensaje del día.

    Yo, por WhatsApp: “Nati. Me vinieron a buscar. Tengo un nudo en el estómago” -exageré- “porque te voy a extrañar horrores”.

    Nati tardó un rato en contestar. Esos minutos produjeron que esa sensación que inventé se materializara. Estaba en el trabajo, dudo que me estuviera engañando. Al fin sentí vibrar el móvil.

    Nati, por WhatsApp: “Ay, ¡dulce! Vamos a estar igual. Que salga todo bien lo que vayas a hacer y porfi, tratá de conseguir señal así tengo mensajes tuyos y nos extrañamos menos. ¡Te amo!”.

    Yo, por WhatsApp: “Sos lo más hermoso del mundo. Me voy que me tocan bocina. Te amo también”. Y cerré la aplicación.

    Estaba nervioso. Ya se los dije: el vínculo que yo estaba queriendo forjar entre ella y Julián (yo) me tenía caliente, seguro -ella tenía que engancharse tanto con él que no necesitaría de otro- pero, no lo voy a negar- dado que ella ignoraba mi doble personalidad, revelarme cuánto se calentó esa vez con él (conmigo, bah) me ponía celoso.

    Me fui al centro a hacer unos trámites para que pasaran 2 o 3 horas, porque ahora venía la 2da parte del plan. Julián iba a atacar de nuevo. Y esta vez ella no iba a decirle “Ya sabés. Si querés un chat sucio, esperá que llamo a mi chico porque te lo digo siempre, Jules. Que él nos mire y se ponga cachondo, me moja más que una tonta y común y corriente infidelidad”.

    Volví a casa a eso de las 17.45h. Nati trabajaba en la radio de 08h a 16 h., por lo que supuse que ya estaría en su casa de soltera. Abrí el navegador que usaba con la cuenta de Julián, fui a su perfil y puse “enviar mensaje”.

    Julián, por Facebook: “Nati. Estoy en llamas. No puedo más, chateemos y culminemos lo que empezamos la primera noche y que nos quedó trunco”.

    Nati, a los 20 segundos: “Hola, Julián. Sería caliente y una experiencia inolvidable” leí y mi cabeza imaginó que le cortaría el rostro nuevamente, pero sin darle detalles. Pero no: para mi sorpresa y estoy seguro que fue totalmente consciente, mi chica le respondió “Mi novio acaba de irse de viaje por trabajo y estará ausente dos días así que como estoy sola y él no tiene conexión me va a ser imposible avisarle que mire nuestro chat…”. ¿La muy zorra estaba tirándole una data a propósito? ¿O a fuerza de ser lo más honesta con nuestro trato estaba nuevamente y con una causa inexpugnable frustrando los intentos de ese flaco que la ponía caliente en minutos?

    Julián le contesta: “Perfecto entonces, mi musa, mi modelo. Él no está, vos no tenés que rendirle cuentas. Al fin y al cabo, está ausente por su razón y no por tu culpa, podemos chatear, experimentar, jugar y le contarás a su regreso. ¿No te das cuenta que vos no estás rompiendo el pacto? ¡Si él se fue!”.

    Nati, leyó el mensaje, tardó en contestar hasta que tecleó: “Si, viéndolo así, estás en lo cierto. Pero ya te dije reiteradas veces que a mí me excita que él mire… no es solo nuestras reglas de hacerlo así, con mi novio presente: yo deseo eso también”.

    Julián: “Mirá, Nati. Te cuento que creé un perfil para que vos uses conmigo. Vos y yo solos ya que es tan enorme lo que me movilizás que pensé que puedo permitir que por momentos el rarito de tu chico (la costumbre de probarla tratándome de perdedor, cornudo, pibito, etc., no podía detenerla: yo, como Julián, era el macho dominante y ganador) comparta alguna de nuestras enriquecedoras charlas, pero a cambio vos me podrías dar un gusto… algunas veces abrir esta 2da cuenta, que él desconoce, y cortarte sola conmigo. Respetás en parte el trato con él, yo lo acepto, pero me demostrás que realmente te intereso, te caliento, te pongo puta, complaciéndome en eso. Usando una cuenta para nosotros dos. ¿No te parece justo y morboso?”. Nati leyó en silencio sin responder. ¿Que estaría pensando? Así que apuré el tema.

    Julián, de nuevo: “Sabés, porque tu entrepierna ya lo experimentó, que soy un cofre lleno de ideas tan sucias como novedosas y que tan solo con chatear un rato conmigo tu cuerpo comienza a transpirar. Tus axilas, entre tus tetas, chorros de sudor corren por tu espalda y que decir de tu concha, tu riquísima concha… ¿no está deseosa de probar mi Tronco?”. Y le pasé toda la data del nuevo perfil, así, sin esperar respuesta.

    Al minuto, desde el correo de Natalie: “Hola, Jules. Acá estoy. Que lindas fotos mías elegiste para el perfil y para la portada. Y que ocurrente como perverso sos. La verdad: sos un vicio muy caliente, loco”.

    Julián (yo), triunfante: “Ah, al fin sos mía, Nati. Por acá podemos cogernos tranquilos. Yo ya tengo ‘mi tronco’ duro y desenfundado”.

    Nati, entregada: “Muéstramelo, dale Jules. Muéstrame ‘tu tronco’, el que soñé que me garchaba como lo puta que me volvés”.

    Previsor, porque estaba jugado con todo con este papel de macho dominante, ya había bajado varias fotos de tipos desnudos, con el tipo de físico del Julián del perfil, con tatuajes y barba, con la verga afuera, pajeándose. Procuré que fueran pijudo y les corté la cara, por lo que solo se le veía el mentón peludo. Elegí una y se la envié.

    Nati: “¡Tu ‘tronco’ es más de lo que imaginé, Jules! Estoy transpirando toda” le respondió mi “fiel” y leal novia.

    Julián: “Te lo dije porque imagino que te conozco desde hace años, mi puta caliente. No veo la hora de conocernos personalmente y oler tu cuerpo el que debe tener el aroma a una yegua en celo…” y ordenó, dominante: “Pajeate para mí, como me prometiste, mándame el video nombrándome”.

    Nati: “Ya me había desnudado, demonio irresistible, estoy en mi cama, metiéndome el frasquito de desodorante en la concha imaginando, como hice desde que te conocí, con tu ‘tronco’ entrando y saliendo de mi concha como si fuera tu puta y ya estoy por acabar. Corto de chatear y te mando el video”.

    Julián: “Mi puta hermosa, mi musa más promiscua, la amante más caliente que he conocido, estoy a punto de acabar, de llenar todo mi atelier de mi leche”.

    Nati: “¡Aghhh! ¿Cómo podés calentarme tanto, Jules? Grábate vos también y mándame el video por favor… te dejo que acabo y me quiero filmar”.

    Bueno. Acababa de aparecer otro problema ya que si le mandaba un video pajeándome se iba a dar cuenta que todo era un ardid mío porque, claro, ella conocía mi pija, mi cuerpo, mis muebles. Pensé y caí en la cuenta de que estaba chateando desde mi computadora (ella no tenía: todo lo realizaba con el celular). Pues, para no enfriar su calentura y cortarle la acabada, hice silencio, pero ella lo rompió muy caliente.

    Nati: “Decime algo sucio, Jules, que ya me viene. Haceme acabar como vos sabés, poneme bien puta… me viene…”.

    Julián, con ingenio: “Te amo, Nati. Sabelo. Acabá pensando que Jules te coje, te mete y saca su tronco te hace su puta, te mira a los ojos y te dice ‘Te amo, mi amor’. ¿Lo escuchás en tu mente?”.

    Nati solo escribió: “Si, lo escucho. Y me arrastrás a vos… te amo, Jules… ah”.
    Otra vez, silencio de chat. Y veo como llega un video. Era ella, mi novia, desnuda, en su cama, toda transpirada, gimiendo, dándole mete y saca a su concha con un envase de desodorante a bolilla del tamaño justo para lograr su introducción. Sus largas piernas abiertas dejaban ver como se cogía a si misma cuando sus gemidos se entrecortan mezclándose con un suspiro tipo “Ay, ah…”, su cuerpo empapado tembló en ese orgasmo y junto a él escucho “Te amo, Jules. Me hiciste tu puta. Ah”.

    Mi cometido con mi novia iba por los carriles pensados. Peligrosos. Pero sabía que si ella tenía con quien calentarse a distancia mientras estábamos separados cada quien en su país no iba a serme infiel. Si. Ya lo estaba siendo, pues había roto nuestro pacto y eso no dejaba de ponerme celoso pues para Nati complacer a Julián la empezaba a volver loca ya que ella desconocía que él era yo, por consiguiente, me estaba engañando pero no con alguien real, al menos. Y a mí me estaba calentando muchísimo verla así, tan puta con otro ya que, en el personaje de Julián yo podía liberarme y ser perverso, dominante, mandón, extremo, autoritario, avasallador, turbio, tan sucio que no me reconocía. ¿Una suerte de Dr. Jeckyll y Mr. Hide ó estaba sufriendo trastornos de personalidad? Escucharla diciendo su nombre con un “te amo” a otro hombre mientras tenía un orgasmo violento me hizo acabar a mí. Porque ¿que creían? Yo también me estaba pajeando…

    Continuará.

  • Mi morocha amante

    Mi morocha amante

    Ese 2013 fue un gran año sexual, no solo me comía a la ricura de Ivette, sino que también mi amiga Estela de vez en cuando me daba unos ricos momento de placer.

    Habían pasado un par de semanas desde el último palo que tuvimos, esa noche había sido muy buena, pero las ganas que teníamos de estar juntos eran notorias, así que aprovechando que salimos con un grupo de amigos, nos escapamos ella y yo.

    Con Estela la cosa era que cogíamos, pasábamos la noche y al día siguiente me aventaba el choro de que estaba mal, pero aun así seguíamos cogiendo cada que podíamos.

    Estábamos calientísimos ya que tenía semanas que nos mandábamos mensajes eróticos y fotos desnudos, al entrar a la habitación inmediatamente la acosté en la cama, besos pasionales acompañaban mientras nos desnudábamos mutuamente.

    Ya se me estaba haciendo vicio mirarla desnuda, probar su sexo y gozar su rico cuerpo pese a que ella es muy fácil y sé que terminaba siempre con varios tipos.

    Yo baje directo a comerme su conchita, ella jadeaba mis dedos jugaban con su vagina que estaba humedecida a mas no poder, mi lengua entraba y salía al mismo tiempo la llevaba a su ano donde me deleitaba de igual forma metiendo ¡mi dedo!

    E: ¡Uhm!! ¡Que rico!

    T: ¡Ay Estela!! sabes delicioso!

    Succionaba sus fluidos, mi lengua estaba escalda, el aroma que desprendía su sudada vagina me excitaba al máximo, prácticamente hacia buches con sus fluidos y ella gemía de lo rico que sentía.

    Me acosté en la cama y ella se fue directo a mi verga, la lamia como paleta, sus dientes rasgaban mi tronco y les daban pequeñas mordidas a mis bolas, su lengua bajaba y subía para después tragar de un solo bocado la mayoría de mi verga, con sus tetas comenzó a hacerme una rusa, yo gozaba, de verdad ella me encantaba mucho.

    Era muy buena devorándome el palo, le apretaba su cabeza y la guiaba para que se tragara lo más que pudiera, su boca apenas se abría lo suficiente para mi grosor, pero aun así me daba un placer enorme.

    T: ¡Uy!! ¡Que rico nena, uhm!!!

    E: ¡Me encanta tu verga bebe!

    T: Uhm, ¡ya lo noté!!

    E: ¡No me la acabo!!

    Después de su rica mamada, yo seguí acostado y ella subió a cabalgarme, se movía muy despacio pero rico su cadera, yo acariciaba sus pezones y sus piernas, ella aumentaba la velocidad de sus cabalgatas, me encantaba ver sus gestos y como brincaban sus tetas, nos acomodamos en una pose sentados frente a frente, nos besábamos y mordíamos cada parte de nuestro cuerpo.

    La acosté en la cama y la abrí como compas, comencé a penetrarla suave mientras mordía sus tetas, mis penetraciones aumentaban de velocidad y ella gozaba.

    E: ¡Ay papi! Así que rico, ¡ah!!

    T: ¡Estelita, uhm!!

    Sus palabras me excitaban más le levante las piernas y se la deje caer fuertemente, el sonido del choque de nuestros cuerpos me aceleraba todo, sentí como se estaba viniendo ya que no solo escurría si no también se convulsionaba…

    E: ¡Ah papi! me vengo!

    T: ¡Ay bebe como me mojas, uhm!

    Ella tuvo un orgasmo duradero, pero yo aún no me venía, así que la puse en cuatro y comencé a embestirla mientras le apretaba los pechos se inclinó un poco dejando sus nalgas paradas, yo se la metía fuertemente, le daba de nalgadas, ella se movía un poco para apretar más rico mi verga, sus ricos movimientos hicieron que no aguantara más y me viniera llenándola de mi semen.

    T: Toma mamacita, ¡uhm!!!

    E: Si, uhm, dámela, ¡uhm!!!

    Solo a un pelotudo como yo se me ocurría cogérmela sin condón y aparte llenarle su vagina fértil de mi leche, pero aun no terminamos ahí.

    Una vez que me vine muy rico dentro de su concha, comenzó nuevamente a chuparme mi verga, limpiaba nuestros fluidos con su lengua mientras yo le lamia su anito, lo estimulaba para poder dársela por ahí.

    Me encanta el anal, y el rico culo prieto de ella se me antojaba desde hacía tiempo y quería aprovechar que andaba entregada para hacerlo mío.

    T: ¡Mamacita!! ¿Me vas a dar tu culo?

    I: ¡Uhm!! ¡No sé!

    T: Aun así, ¡lo tomare jajá!

    I: Dios, solo se cuidadoso, la tienes muy gruesa, casi no hago anal, pero a ti te daré gusto.

    Después de estar chupe y chupe, tuve una buena erección la acomode de perrito y se la empecé a meter suave por su culo.

    E: ¡De… espacio! ¡agh!

    T: ¡Si nena ahí te va!

    E: ¡Ay, que rico, uhm, agh!!!

    T: ¡Si! ¡qué rico! que rico culo tienes bebe!

    E: Ay, me duele, uhm, ¡uf!!!

    Comencé a moverme suave mientras ella se agachaba y mordía lo que tuviera en frente, yo le metía poco a poco mis 17 cm de verga dura y gorda, ella gemía, aumenté la fuerza de mis penetraciones, la tomaba de la cintura y le daba fuertemente, ella gritaba, sentía como rasgaba su interior ella se quedaba sin aire, pero seguía pidiéndome más y moviéndose muy rico.

    E: ¡Ah! ¡más! no pares! ¡duele! pero no pares!

    T: Que rica perrita, jajá, pídeme más, nena, ¡hazlo!!

    E: ¡Si! dámela toda, ¡que rico!

    T: ¡Tu culo es mío ahora! Toma mi verga, ¡uhm tómala toda!!!

    Que rico culo tiene, apretaba espectacular mi verga, le jalaba el cabello y el daba de nalgadas mostrándole quien era el que mandaba, ella solo gemía y gemía.

    Me senté en un sofá y ella dejaba caerse, me apretaba tan rico con su culo, era muy maravilloso, yo mordía su espalda y acariciaba sus tetas, me daba gusto con mi morocha.

    Luego se puso boca abajo en la cama y yo se la metía fuerte, en esa pose apretaba aún mejor, me empujaba fuerte, ella se quedaba sin aire, pero yo seguía disfrutando su rico culo.

    T: ¿Él no te coge así verdad?

    E: ¡Ah!! ¡No, no lo dejo!

    T: ¡Qué bueno! ¡Porque este culo es solo mío!

    E: ¡Si, uhm, ah!!!

    Estela estaba súper entregada, yo me movía como loco, mis huevos chocaban con sus nalgas, ella ya ni respiraba bien, comenzó a mojarse nuevamente, yo ya no aguantaba mas, estaba por estallar, le doble un brazo apretándoselo y jalándole el cabello me moví aceleradamente hasta que ya no aguante y le llene su culo con mi leche espesa y caliente.

    T: ¡Mamacita, uhm!!

    E: ¡Tyson!!! ¡Que rico, uhm!!!

    T: Toma, ¡toma hasta la última gota!!!

    E: ¡Lléname papi! ¡ah!

    Le llene su culo de mi leche, esa noche se nos hizo día y al salir y después de desayunar le dije que me gustaría hacer un trio con ella y alguien más, me dijo que lo pensaría, pero eso se lo contare después.

    Tyson!

  • Mi primera vez en un avión

    Mi primera vez en un avión

    Durante los primeros días de enero, compramos un paquete de vacaciones con 2 amigas más (lamentos defraudarlos pero no,  Sofía no viajó conmigo) para la Isla de San Andrés, Colombia.

    Llegamos a nuestra sala de embarque y todo iba excelente. Necesitábamos un descanso de este fastidioso 2020 y lo tendríamos en una de las mejores regiones del Caribe así que solo quedaba disfrutar. Andrea y Amanda quedaron sentadas juntas y yo, varios asientos más atrás. No viajaba mucha gente quizás por el COVID por lo que no tenía acompañante y lo encontraba ideal pues podía escoger ventana o pasillo, ir al baño sin molestar a nadie y disfrutar de mi lectura así que puse mis audífonos, el avión despegó y mi viaje comenzaba sin problemas.

    Pasado unos 40 minutos, sentía que mi asiento se movía levemente o le daban pequeños golpes. Quité uno de mis audífonos y miré hacia atrás como advirtiendo a mi acompañante trasero que me estaba molestando pero no vi quién iba y continúe con mi lectura. Tras unos minutos, vuelvo a sentir lo mismo pero esta vez, me quité ambos audífonos y quedé atenta para escuchar de qué se trataba. Sentí unos pequeños gemidos rápidamente ahogados. Dejé mi libro y me paré para el baño, aunque en realidad sólo quería ver quién era el imprudente que no me dejaba leer tranquila. Era un chico de unos 23 años que, apresuradamente marcó la pantalla del teléfono al verme y nervioso, miró por la ventana.

    Seguí mi camino al baño y de regreso, pude observar (Su asiento era el más próximo al baño) de forma muy cautelosa, que miraba un vídeo porno, haciendo zoom en las penetraciones de una chica. Eso me calentó y me sorprendía, pues no es que desconozca esas películas pero saber que estaba sentado detrás de mí, seguramente masturbándose me puso a mil. Entré nuevamente al baño y comencé a masturbarme pensando en una de mis fantasías: Traía al chico al baño, cerraba la puerta, le hacía un rico sexo oral para luego ser penetrada por él. Al terminar, satisfecha de mi trabajo, volví a mi asiento aún un poco excitada. Dejé mi lectura para poner atención a lo que él hacía. Seguían los pequeños gemidos y los movimientos de mi asiento, supongo que quería estirar sus piernas para alcanzar el orgasmo así que decidí ayudarlo.

    Me paré, miré a mí alrededor y pude constatar que la mayoría dormía. Viajábamos de noche así que no había mucho de qué preocuparse. Lo mire y dije:

    -Te das cuenta que no me estás dejando dormir, ¿verdad?

    El pobre se puso muy nervioso, se sacó los audífonos en cuanto lo miré y me dijo:

    -Disculpa, no… no me di cuenta.

    -¿Qué estás haciendo?, ¿Por qué te mueves tanto?

    -Lo siento… De verdad no me di cuenta

    -¿Necesitas ayuda? – dije mientras me sentaba a su lado.

    -¿Cómo?

    -Eso… Parece que necesitas un poco de estímulo pero más real que ese vídeo.

    Estaba blanco y pensé abortar misión. Tal vez nunca había cogido con nadie o tenía pareja y le era fiel… intenté probar una vez más

    -Podríamos hacer algo juntos… si tú quieres, claro – dije al oído mientras acariciaba su rodilla (sobre la manta) – Sino, solo déjame dormir en mi asiento.

    Puso una cara de baboso mientras miraba mi escote.

    -Puedes tocar, apretar o lamer, si quieres.

    Y dicho esto, se tiró a lamer mi escote como desesperado. Tomé su mano y la puse en mi vulva, por sobre mi largo y veraniego vestido y comencé a mover. Él tomó el mando y buscaba la forma de entrar.

    -¡Tranquilo! Nos quedan muchas horas de viaje. Vamos con calma – Lo miraba a los ojos y el solo asentía con la cabeza – Déjame hacer algo también.

    Lo besé y recibí su lengua y un caliente beso de vuelta. Toqué por sobre la manta y sentía un pene grande y duro. Pasé mi mano por debajo y comencé a masturbarlo mientras mordía su oreja y le preguntaba

    -¿Así te gusta?, ¿Está rico?

    -Está increíble – respondía con los ojos cerrados.

    Seguía besando su cuello, su oreja y parte de su pecho mientras apretaba la base del pene con mucha fuerza y subía y bajaba apretando mi mano. Me separé, lo miré a los ojos y lamí mi mano para que lubricara un poco su miembro y volví a mi trabajo. Se sentía tan rico y con tanto morbo aunque nunca miramos para ver si venía algún aeromozo o si alguien se paraba para ir al baño. Seguí disfrutando de ese momento:

    -¿Me la puedo comer?

    -¡Sí! Cómetela entera.

    -¿Ahora mismo? ¿Sabes? Me fascina que me follen la boca, ¿puedes hacerlo?

    Sus suspiros me causaban mucho placer así que me hice una cola y me agaché para destapar su pene. Me encontré con unos buenos centímetros de carnes y estaba realmente loca por devorarlos. Él tomó mi cabeza y comenzó a moverla y a levantar un poco las caderas. Cómodo, no era pero si muy excitante. Escupía su pene y pasaba mi lengua por todos lados mientras podía pues era él quién tenía el control de mi cabeza. Luego de unos minutos, me solté y comencé a masturbarlo con su glande en mi boca. Lo miraba a los ojos y le mostraba cuanto estaba gozando de su pene. Chupé sus testículos mientras mi mano recorría de tronco a cabeza y lamía de forma lenta todo ese trozo de carne.

    -No podré aguantar más

    Comencé a masturbarlo, saqué mi lengua y le pedí que terminara. No pasó mucho rato hasta que mis sacudidas hicieran efecto y desparramó su semen en mi lengua y parte de mi cara. Como me encanta jugar con ese líquido, lo que cayó en mi boca lo escupí en mis pechos. Él observaba como su semen se escondía entre ellos así que bajé mi vestido y froté mis pechos descubiertos con su leche. El resto, que estaba en mi cara, lo metí a mi boca con ayuda de mis dedos mientras con mi otra mano, masajeaba mis tetas húmedas. Me agarró y me besó desesperadamente mientras tomaba su mano y la metía en mi vagina para que me masturbara.

    -Necesito que me partas – Le decía al oído entre pequeños gemidos y tirones de pelo.

    -Ohhh, que mojadita estás.

    -Me masturbé en el baño… ¡¡Ohhh!!… Pensando en ti y desde ahí que estoy así de mojadita.

    -Que vagina más rica

    Me decía mientras sus dedos entraban y salían frenéticamente dentro de mí. Me hubiese quedado todo el vuelo así pero fuimos interrumpidos por un pasajero de unos 50 años que se aproximaba al baño. Él quiso sacar su mano pero lo impedí y nos hicimos los dormidos, cómo si fuésemos una pareja muy cariñosa. Mientras el baño estaba ocupado, él no quería seguir masturbándome pero yo tomaba su mano y la movía muy fuerte sobre mí

    -¡Ya tócame!

    -Espera a que se vaya

    -¡Volveré a mi asiento si no comienzas a mover tu mano ahora mismo!

    Y no sé si esas palabras lo asustaron pero comenzó a penetrarme tan fuerte que casi grité. Sentía que sus dedos me estaban partiendo en dos y mis fluidos salían y mojaban mi vestido. Me abrió más de piernas levantando la que daba hacia el pasillo e intentó meter un tercer dedo pero esta vez con destino a mi culito. Bajó el escote de mi vestido y sin dejarla furia de sus penetraciones, comenzó a chupar una de mis tetas, mordiendo mi pezón y pasando su lengua por todos lados. Salió el tipo del baño pero no pudimos parar. Estaba a punto de terminar. Tenía una pierna arriba, una mano completa en mi vagina, un dedo en el culo y mis tetas en su boca.

    Miré hacia arriba y vi al hombre con la mano sobre su pantalón tocándose el pene. Me sentí como una estrella porno y entre pequeños jadeos, lo miré a los ojos y saqué mi lengua invitándolo a que se masturbara en ella. El hombre se acomodó, rápidamente sacó su pene durísimo y se masturbó en mi cara mientras seguía siendo penetrada con locura por los dedos del chico. Con mi lengua, trataba de alcanzar su miembro y con mi mano libre, pues con la otra masturbaba a mi primer amante, tocaba sus testículos. Lo miraba fijamente. Él podía leer en mis labios la palabra “dame” una y otra vez mientras me relamía los labios y volvía a sacar la lengua. El hombre puso cara de compungido y moví mi lengua para recibir la descarga que llegó caliente y espesa además de salir a chorros. En ese mismo instante, mi calentura fue tanta que alcancé un orgasmo delicioso.

    Volví a escupir mis tetas, esta vez con la leche del tipo. Lo miraba mientras esparcía su semen por todo mi pecho. Seguía de piernas abiertas y chorreando fluidos. Él pasó su mano por mi vulva como queriendo sentir la humedad de ella y le dio un golpe que me pareció delicioso. Le cerré un ojo mientras sonreía y éste se marchó. Me volví a mi primer amigo y este miraba con una cara de incrédulo que me pareció muy divertida.

    -¿Algún problema?

    -¿Quién era?

    -¿Quién eres tú?

    -Matheo. ¿Lo conoces al él?

    -No, pero me encantaría. Daniela, mucho gusto – Dije mientras le cerraba un ojo de forma jocosa.

    Le di las gracias al joven y volví a mi asiento, esta vez para dormir realmente y descansar de la tremenda escena.

    Espero que hayan disfrutado de mi relato.

    ¡Un beso!