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  • La panty de mi vecina

    La panty de mi vecina

    Hace seis meses me mudé a un edificio de departamentos a las afueras de mi ciudad, el cual cuenta con una área de lavado de ropa para aquellos inquilinos que no tenemos lavadora/secadora propia en nuestro departamento.

    Al principio, cuando bajaba a lavar, lo hacía con normalidad sin siquiera fijarme en la ropa que estaba tendida en las sogas del área de secado, hasta que un día vi tendidas unas panties que despertaron en mí un instinto muy bajo y unas ganas tremendas de masturbarme con ellas. Al principio solo fue una fantasía que no llevé a cabo, pero con el paso de las semanas, y al ver que constantemente había panties deliciosas, empecé a idear el plan para hacerlo con la justa medida de adrenalina y precaución.

    Cabe resaltar que la zona de lavado es como si fuera un departamento más, necesitas una llave para entrar y está completamente cubierto de la vista de otros departamentos. La única forma de que te vean es por la ventana trasera que da a un jardín común en el que casi nunca hay nadie. Por tanto, el plan consistía en entrar, ir directo a la zona de secado con el pretexto de recoger algo de ropa mía que hubiera dejado ahí, tomar una de las panties de mis vecinas, bajarme los pantalones y empezar a masturbarme.

    En caso de que alguien quisiera entrar, me daría el tiempo suficiente para escuchar las llaves y el momento en que estuvieran abriendo la puerta, por lo que podría subirme el pantalón, dejar la panty y continuar “recogiendo mi ropa”. Y así lo hice…

    Cierto día que estaba muy caliente, bajé al área de lavado y entré sin más inconveniente, encontré una panty azul de esas que tienen corte trasero que muestra medio culo, y empecé a contemplar con mucha lujuria el material de mis pasiones ocultas.

    Con la adrenalina a tope y el corazón latiendo fuerte, me bajé el pantalón y los boxers hasta los tobillos, y empecé a manosear mi pene para lograr una erección. No tardé prácticamente nada en lograrlo debido a la gran excitación que traía acumulada, y acto seguido procedí a colocar la panty alrededor de mi pene, pasándola por mis huevos y masturbándome suavemente. Quería ser lo suficientemente cuidadoso como para no mancharla, pero a la vez quería sentir la suave tela entre mis genitales.

    Me pasó por la mente la sucia idea de venirme en esa panty, pero me contuve y terminé en el suelo, cuidando de no manchar ninguna parte de la tela. Esa primera vez fue muy excitante, breve y llena de adrenalina, pero no se compara con lo que pasó la siguiente vez…

    A la semana siguiente, al bajar a lavar me encontré con una panty negra de encaje que me cautivó desde que la vi. Pronto el corazón empezó a latir con fuerza, y un impulso más fuerte que la decencia salió desde lo más profundo de mí. La tomé del tendedero, la escondí entre mi ropa limpia y subí a mi departamento. Al llegar a mi habitación procedí a desnudarme por completo, y mi primer impulso fue ponerme la panty.

    Obviamente tenía una erección enorme, y por alguna razón me excitó demasiado verme a mí mismo desnudo, erecto y con la panty de la vecina. Mis testículos salían por un costado y mi pene por la parte de arriba. Esta vez no me importó ensuciarla. La restregaba por completo en mi verga, humedeciéndola poco a poco con mi lubricante natural. Por momentos me la quitaba y la enrollaba alrededor de mi pene mientras me masturbaba, y después me la volvía a poner y me tallaba con una almohada. Intenté durar lo más posible antes de venirme, porque no quería que esa sensación terminara pronto.

    Sabía que ya no había vuelta atrás, y que tendría que lavar de nuevo esa panty antes de dejarla de nuevo en el tendedero, así que decidí ir con todo. Después de unos 20 minutos de lo que considero una de las masturbaciones más ricas de mi vida, me vine de forma abundante sobre la parte delantera de la panty, mientras aún la traía puesta. Fue una gran cantidad de semen que se extendió por toda el área ya mojada anteriormente por mi lubricante pre-seminal, por lo que la panty quedó completamente ultrajada.

    Al final tuve que lavarla nuevamente antes de regresarla al cuarto de lavado, aunque con un olor distinto de suavizante al que tenía originalmente. No sé si la dueña de esa panty se habrá dado cuenta, pero desde ese día no he vuelto a ver esa panty ahí. No sé si es porque no coincidimos en días de lavado, o ya no se atreve a dejarla nuevamente al alcance de traviesos como yo.

  • Confesiones íntimas de una suegra revindicada sexualmente

    Confesiones íntimas de una suegra revindicada sexualmente

    Querido diario íntimo. A ti que has sido el receptor de mis amargas reflexiones de los últimos años, te escribo estas letras para contarte lo dichosa que hoy me siento después de haber vivido en estos últimos días una experiencia que me ha devuelto mi autoestima como mujer.

    Estuve tentada de contárselo a mi querida amiga Claudia, receptora y confidente de toda mi vida, pero dudé mucho por la persona involucrada, pensando que ella no podría mantener el secreto, lo cual sería fatal para mi familia. Por eso, y porque me siento tan feliz que no puedo callarlo, por lo menos me veo tentada a escribirlo para recordarlo cuantas veces lo necesite.

    Todo empezó hace más de una semana cuando después de una noche tremenda donde no podía dormir pensando en lo triste y aburrida que resultaba mi vida sintiéndome una vieja olvidada, por la mañana me despertó el timbre de mi departamento. Era mi yerno. Muy sorprendida abrí la puerta y me lo encuentro muy sonriente diciendo que pasaba cerca de mi casa y sintió deseos de saludarme. Esa sola enunciación después de la noche que había pasado, me robó el corazón.

    Yo estaba con el pijama puesto aún, y como tú sabes duermo sin corpiño. La tela del pijama es muy liviana y trasluce, por lo que seguramente él pudo observar mi cuerpo en detalle. Un raro sortilegio se produjo, pues muy suelto de cuerpo me echó un piropo exaltando mis formas. Imagínate, no lo podía creer y menos oírlo de parte de mi yerno que nunca había insinuado ningún avance al respecto. No lo podía creer y traté de que la cosa quedara allí, pero de una forma u otra el volvió sobre lo mismo.

    Creerme que dudé si cortarlo o seguir su locura, pero me tomó con las defensas bajas y acepté su propuesta. Te diré que por un momento pensé en mi hija y lo que haría si se enterara, pero el deseo y la pasión pudieron mucho más. La presencia en solitario de ese hombre tan joven me cautivó y derribó todos mis prejuicios.

    Fue mirarnos a los ojos y liberar los instintos pasionales. Nos abrazamos y comenzamos a besarnos con una desesperación como dos amantes que hace tiempo no se veían. Sus labios se pegaron a los míos y nuestras bocas se abrieron para que nuestras lenguas se entrelazaran en un juego que duró largos minutos, mientras sus manos se solazaban dándome apretones en mis nalgas que permitieron que mi sexo y su verga se juntaran en una aproximación letal para mis olvidados deseos carnales.

    Todo se precipitó, tomados de la mano rápidamente marchamos al dormitorio en donde las sábanas todavía tenían los restos de mis lágrimas nocturnas. Fue una vorágine en donde fui perdiendo la noción de las cosas. De lo que recuerdo es que me vi desnuda en mi cama y mi yerno mirándome como si fuera la primera vez que viera una mujer desnuda. Temí, por un momento, que su arranque pasional se desvaneciera cuando pudiera observar el cuerpo de una vieja como yo, que, aunque se cuida físicamente no puede ocultar sus arrugas y algunos defectos propios de la edad.

    Por fortuna para mí, nada de eso ocurrió, al contrario. Empezó a acariciar todo mi cuerpo desde el cuello y cara hasta los pies, lo hizo de frente y de espalda. No te imaginas las sensaciones que empecé a sentir cuando esas manos jóvenes se posaban sobre mis carnes. Era algo raro pero hermoso, una suerte de cosquillas con cargas eléctricas, al menos así lo sentía, lo cual me estaba llevando a un estado de éxtasis que como verás a continuación solo era el comienzo de un goce total, infinito y desconocido hasta entonces por mí.

    Así desnudos en la cama, comenzó a besar todo mi cuerpo en un nuevo recorrido total de cabeza a los pies. Se me revolucionaron todas las hormonas adormecidas y ya te darás cuenta cómo me puse, estaba en una nube. Volver a sentirme mujer, deseada, acariciada y besada eran cosas que ya tenía olvidadas y que mi yerno me hacía revivir. Mi mente volaba hacia aquellos días de juventud cuando en mis encuentros sexuales encontraba la satisfacción que mi cuerpo demandaba.

    Pero vuelvo al relato. Sus caricias y besos abundaron sobre mi cuerpo, pero la situación llegó a su apogeo cuando con su boca llegó a mi vulva. Fue un shock tremendo sentir que mis labios vaginales recibían nuevamente la presencia masculina. Nada de mis toqueteos nocturnos con que hasta esa mañana me auto satisfacían. Esta vez era una boca masculina que recorría vorazmente mis entrañas produciéndome un goce inenarrable. Esa lengua no se cansaba de hurgar en mis rincones y me llevaba a derramar mis jugos sobre su boca en forma que no recordaba de mis experiencias anteriores.

    Hasta mi agujerito anal recibió su lengua, situación que me sorprendió mucho porque era la primera vez que recibía ese tratamiento. Pero lo mejor estaba al llegar. Con sus manos abrió los pliegues de la vagina y dejó al descubierto mi clítoris que empezó a recibir toda clase de embestidas. Besos, lamidas, chupones y hasta suaves mordiscos que me llevaron al máximo estado de deleite y dieron rienda suelta a un orgasmo brutal en intensidad y duración, del cual quedé rendida y transportada a otra galaxia.

    Sin embargo, mi yerno parecía estar empeñado en mi vulva. Siguió chupando y lamiendo con una ferocidad que yo recibía con gran satisfacción y que me llevó a derramarme en otro orgasmo de esos que parecen sacados de lo más profundo de tu interior.

    Cuando recuperé parte de mi aliento, sentí la necesidad de recompensar a mi yerno por tanta felicidad que estaba recibiendo y me apropié de su verga que estaba durísima. No tienes una idea de lo que fue reencontrarme con un miembro en todo su vigor. Ese macizo cilindro de carne, además de tener un largo respetable era de un grosor más allá de todo lo que había conocido. Estaba rodeado de gruesas venas que por su estado de excitación parecían reventar por lo tensas que estaban. De su punta aparecían gotas perladas que me indicaban su estado de calentura.

    Acaricié ese pene como si fuera la primera vez que tuviera uno en mis manos, lo llevé a pasear entre mis senos y mi cara. No lo podía creer, tenía un falo de esa envergadura en mis manos y era todo para mí. Lo miraba una y otra vez como queriendo retener esa imagen en mi mente, lo acaricié, lo besé y le hice una paja suave hasta que me lo llevé a la boca para chuparlo como se lo merecía. Así estuve chupando, lamiendo y besando todo su recorrido una y otra vez, de arriba hacia su cuerpo, y de su base hasta el glande. El juego aumentaba mis deseos y ponía a mi yerno en estado próximo al estallido, su cara y sus gestos así lo demostraban.

    Veía como se mordía los labios y gemía mientras aguantaba lo inevitable. Así estábamos hasta que sentí llegar un torrente de semen que me inundó la boca. Por primera vez en mi vida bebí semen. Todo lo que salió de esa verga magnífica era mío y lo saboreé con mi paladar y lengua, y debo decir que me gustó mucho. Tanto que lo que se derramó en mi cuerpo lo recogí para llevarlo a mi boca y terminar de degustarlo.

    Mi yerno quedó como aturdido por un rato, hasta que lo reanimé. Yo no quería que la función acabara sin probar esa picha en mi cueva. Tenía que hacerlo revivir, para ello con caricias y besos en el aparato logré al fin que resucitara en todo su esplendor. Él estaba de espalda y con su verga enhiesta parecía un gran barco con su mástil sin sus velas, en un rapto de audacia me subí sobre su cuerpo y me quedé mirándolo fijamente. Antes que dijera nada, tomé su polla y la llevé a mi vagina. No te puedo contar, porque me faltan las palabras, la tremenda sensación que sentí en ese momento.

    Casi se me paraliza el corazón cuando la tuve adentro, me moría de la emoción y del goce. Parecía latir dentro mío produciéndome un placer tan intenso que no quería que acabase. Lo cabalgué en repetidas oportunidades para sentir esa picha entrando dentro de mí una y otra vez. Yo no quería que eso acabara rápido porque tal era el goce que sentía, los roces de esa verga en, mis paredes vaginales me excitaban sobremanera y mi vagina respondía con un fluir de mis líquidos que nos encharcaba a ambos. Pero no importaba, yo era muy feliz.

    Mi amado yerno resistió todo lo que pudo, pero no tuvo más remedio que rendirse y se vino en un orgasmo que inundó mi cueva con su espeso esperma, que yo recibí encantada.

    Logrado el éxtasis total, los cuerpos demandaban reposo y así estuvimos de espaldas tomados de la mano largo rato, contándonos nuestras sensaciones sobre lo que habíamos vivido hasta ese momento. Ambos nos sentíamos satisfechos y felices de ese encuentro matinal.

    La hora había pasado rápido así que decidimos ir a ducharnos para terminar la faena, pero encontrándonos desnudos frente a frente besándonos bajo el agua renació la pasión con mayor intensidad y con una sorpresa para mí. Reanimé con caricias la alicaída verga. La ocasión fue propicia para mi amado yerno me propusiera penetrarme por mi agujero anal. A pesar de la calentura que llevaba tuve mucho miedo, pero la pasión pudo más y me sometí. Dolor hubo, claro está, una verga tan gorda no entra fácilmente, pero él lo hizo de una forma tal hábil que el dolor pasó muy rápido y dejó espacio a un placer tan grande que no lo puedo describir con exactitud.

    Tantos años negándoselo al difunto por temor y me vengo a dar cuenta que me perdí una buena parte del placer sexual de mi vida. Por eso lo viví plenamente y con sumo goce, y me encantó recibir en mi tripa los restos de semen que mi yerno me brindaba. Fue exquisito.

    Había pasado todo muy rápido, como en un sueño. Después de una mala noche, un despertar con una mañana que nunca hubiera imaginado. El encuentro con mi yerno, esta vez mi amante, me reconcilió con la vida. Volver a sentir el cuerpo masculino y joven junto a una fue tremendamente reconfortante. Sentir en mis manos otra vez una verga enhiesta y vigorosa, y además poder degustarla en mi boca, sentirme penetrada e inundada del semen vivificador de mi yerno, fue algo que siempre recordaré pues me volví mujer a los 62 años.

  • Me follan en el jardín tres pollas

    Me follan en el jardín tres pollas

    Más allá de la cabaña en donde nos hospedábamos no había más que bosque y soledad. El lugar estaba rodeado de árboles y espesos pinos que impedían ver qué estábamos haciendo, pero si eh de ser sincera, sentía los nervios palpitarme en el pecho como fuegos artificiales. Sabía que mi esposo y sus dos amigos me estaban esperando afuera, así que decidí dejar el miedo atrás y salí al jardín.

    Salí descalza y con una tanguita rosa y un sostén de encaje del mismo color. La tanguita se me metió por completo entre las nalgas y me rozaba cada vez que caminaba, pero como era una sensación bastante rica, la dejé pasar.

    Mi esposo se hallaba hablando con Santiago y Marcos, los tres sentados en los camastros como los que suelen colocar en los hoteles de la playa. En cuanto me vieron, no pudieron evitar lanzarme una mirada lujuriosa y una sonrisa. Ya para ese día los cuatro habíamos adquirido bastante confianza. De hecho, más de la que me gustaría admitir.

    —¿Nerviosa? —me preguntó Santi cuando me acerqué a uno de los camastros y él me agarró por la cadera hasta pasar uno de sus dedos en el delgado hilo de la tanguita.

    —Tengo un poco de frío, pero supongo que se me quitará pronto. ¿Están seguros que nadie nos va a ver?

    —Tranquila, que si nos ven les habremos dado espectáculo gratis —Marcos me sonrió— Ven, guapa, siéntate aquí.

    Me senté en medio de Santiago y Marcos, y apenas lo hice Marcos cogió los tirantes de mi sostén y comenzó a bajarlos mientras me besaba el hombro. Por su parte, la mano de Santiago acarició mis piernas y empezaba a subir para buscar mi coñito cubierto por la tanguita.

    —Qué bonita y obediente.

    —¿Sí? —sonreí coqueta— ¿Te gusta así?

    —Justamente así, preciosa, estás riquísima.

    Decidí que era momento de dejarme llevar. Estar en el exterior y a punto de ser follada por tres tíos me ponía bastante cachonda y caliente. De pronto, Keev se acercó a mí y me dio un largo beso en la boca, tan fuerte y delicioso; dejé que su lengua entrara en mi boca y sus dientes me mordieran el labio inferior mientras me saboreaba.

    —Desnúdate —me dijo apenas se apartó de mí.

    Obedecí al momento. Me levanté del camastro y me quedé delante de ellos. Primero abrí el broche del sostén y lo fui bajando suavemente. Quería que me vieran y me desearan. Cuando la prenda abandonó mi cuerpo, me acaricié las tetas y me pellizqué los pezones mientras comenzaba a gemir. Me sentía muy caliente y mi coñito comenzaba a palpitar y a ponerse jugoso.

    Santi me acarició las nalgas, deslizó su dedo en el hilo de la tanga que cubría mi culito y fue entonces que sintió el tapón del dilatador anal.

    Me sonrió y entonces me dio un besito en el ombligo mientras me chupaba el resto del abdomen.

    —Buena chica —Marcos comenzó a besarme el cuello.

    —Se los dije —la voz de mi esposo sonó a mi espalda—: zorra, caliente y muy complaciente.

    La piel se me erizó al escucharlo. Keev se acercó a nosotros, me agarró del cabello y me dio dos azotes fuertísimos en las nalgas. Después me hizo acostarme en el camastro y me indicó que levantara mis piernas para que pudiera retirarme la tanguita. Al quitarla, mi conchita quedó expuesta, llena de juguito y lista para ser penetrada.

    Keev se arrodilló y comenzó a chupármela mientras Santi y Marcos me mantenían las piernas abiertas. Yo estiré mis manos y sujeté la almohada del camastro. Comencé a gemir y me sentí tan libre que dejó de importarme si mis gemidos atraían a cualquier curioso.

    Keev hundió su lengua en mi interior, me chupó la campanita y me lambió todo el coñito, bebiéndose mis jugos que se mezclaban con su saliva. Luego de unos minutos, se puso de pie y dejó que Marcos me degustara. Mis pezones estaban durísimos, Santiago lo notó y comenzó a pellizcármelos. Abajo, Marcos me dio varios besos en los muslos y después se concentró en mi coño. Me lambió un par de veces y después introdujo uno de sus dedos. Lo metió y lo sacó; una y otra vez mientras su lengua se concentraba en mi coño.

    Uff, lo estaba disfrutando como no tienen idea. Rico. Unas buenas succiones para esta gatita en celo a la que el coñito le escurría a mares. Sentí cómo mis jugos escurrían por mis piernas y caían en el camastro.

    El siguiente en hacerme sexo oral fue Santiago, solo que no lo hizo como Marcos y mi esposo. Me pidió que me pusiera en cuatro sobre el camastro y levantara mi culo. Me retiró el dilatador y fue justo después cuando hundió su rostro entre mis nalgas y comenzó a chuparme mi culito. Su lengua pasaba de mi concha a mi ano que se dilataba con cada roce de su lengua. Una y otra vez hasta que las piernas me temblaron y estuve a punto de caerme.

    Los tres me ayudaron a ponerme de pie, me tocaron algunas partes del cuerpo como los senos, el coño y las nalgas. Les gustaba manosearme y por supuesto a mí también. Los dejé que me tocaran, incluso dejé que Santiago me diera una bofetada de la que terminaron riéndose los tres.

    En cuanto terminaron, Marcos se acostó sobre el camastro y yo me acosté sobre él, dándole la espalda y sintiendo como me agarraba de la cintura para no caerme. Santiago se colocó frente a mí, masturbándose la polla para meterla en mi cavidad.

    —¿Lista? —Keev me acarició la mejilla— Recuerda que duele, pero eso te gusta. ¿Verdad?

    —Sí— le sonreí.

    El primero en meterse dentro de mí fue Marcos. Su enorme pene entró en mi culito y yo sentí como ejercía más fuerza para penetrarme completa. De mis ojos escurrieron un par de lágrimas, pero Keev me dio un beso en la frente.

    Santi fue el segundo en entrar. Su rostro de excitación y el gruñido que dio me hicieron cosquillas en la tripa. Su verga se sentía tan bien. Alivió el deseo que sentía por tener algo dentro de la vagina follándome.

    Los dos comenzaron a moverse, y apenas coincidieron en el ritmo, el calor del orgasmo me inundó el cuerpo. Me sentí bastante sexy; la doble penetración me sabía riquísima. Llevé una de mis manos hacia mi cabello y lo retiré de mi rostro. Keev no dejaba de mirarme; estaba maravillado y eso a mí me encantaba. Estaba guapísimo el hijo de puta, sobre todo cuando le brillaban los ojos y las mejillas se le ponían rojas. Su verga se le remarcaba en el bóxer. Ya la imaginaba; grande, gordita, rosa y llena de venas.

    —Tócame —le pedí y él me agarró los senos que se movían de arriba y abajo por las envestidas de Marcos y Santiago.

    —¿Así? —me apretó los pezones hasta que se me pusieron rojos.

    —Sí, así, papito.

    Abajo, mi culito y mi conchita se estaban poniendo rojos de tanta fricción. Un dolor fuerte pero tan rico. A las zorras como yo nos gusta que nos revienten los coños.

    Santiago deslizó su mano entre nuestros cuerpos y a la penetración de su polla le agregó dos dedos. Pero cuando Keev se acercó a chuparme el cuello, no pude contenerme más y dejé salir un delicioso squirt. Y si bien no fue tan grande como el de las películas porno, sí consiguió mojarle las piernas a Santi.

    —Ostia… ¡me corro! —el cuerpo de Santiago tembló un par de segundos después y se descargó dentro de mí. Todo su semen me llenó la concha y se desbordó hasta caer en la verga de Marcos que seguía dentro de mí.

    Marcos me soltó y permitió que me levantara. Lo único que deseaba era montar a mi esposo y cabalgar sobre él. Le pedí a Keev que se desnudara y después se acostara, al hacerlo, me subí sobre él. Su verga estaba durísima cuando la agarré para metérmela.

    —Marcos, sujétale las manos a la espalda, me la voy a follar duro—llamó al único en pie, pues después de tremenda descarga, Santiago yacía sentado en otro de los camastros, con los ojos llorosos y la polla flácida.

    Tenía el coño lastimado, pero deseaba que fuera mi esposo el que me llevara al orgasmo y terminara dentro de mí. Ya después dejaría a Marcos que se siguiera follando mi culito para que él pudiera terminar.

    Una vez que Marcos me agarró las manos con fuerza, Keev me sujetó el cuello, las venas de sus brazos se le marcaron por el esfuerzo y entonces comenzó a follarme.

    —¡Aaaah! —grité bastante fuerte. Mi esposo me estaba follando con una fuerza bruta. Me apretó del cuello con ambas manos mientras me embestía una y otra vez.

    Nuestros cuerpos hicieron ruido; piel contra piel. Mi sudor escurría sobre mi frente y mi espalda. Rico. Por detrás, Marcos me azotaba las nalgas a aparte de sostenerme las manos.

    —Qué bien hueles, hermosa —no pude evitar sonreír ante el comentario de Marcos. Sabía que mi aroma de hembra era debido a que ya iba por mi segundo orgasmo.

    Y cuando más caliente me sentía, Keev se vació en mi interior. Un temblor nos sacudió a los dos mientras sentía su semen entrar en mí. Cuando terminó, me soltó del cuello y se limpió las lágrimas de sus ojos.

    Por su parte, Marcos volvió a azotarme el culo.

    —Vamos, preciosa, que yo soy el único que no he terminado. Pero no quiero ninguno de tus dos agujeros. Quiero terminar en tu boca.

    No puse pretextos, bajé del camastro y me arrodillé en el suelo, justo encima de la almohada que Keev me pasó.

    Marcos me acercó su polla y comencé a chuparla como si fuese una paleta. Le pasé la lengua sobre su cabecita y sobre el agujerito de esta. Después de una buena follada, su verga me sabía bastante rica. Le chupé las bolas y le besé parte de sus muslos, mientras regresaba a su palo y me lo metía hasta dentro.

    —Joder, te siento la campana de la boca —me dijo.

    Seguí chupándola un par de minutos más, hasta que él me indicó que parara. Se la jaló un par de veces y después me vertió su leche en la cara y en la lengua. Me tragué hasta la última gota y le mostré mi lengua cubierta de su semen antes de pasármelo.

    —Joder, Keev —desde su asiento, Santiago se colocó su bóxer—, préstala más seguido.

    Keev le lanzó una mirada de pocos amigos y a mí no me quedó más que soltar una carcajada.

    Esa noche dormimos, cada uno en su respectiva habitación ( mi esposo y yo juntos en una, por supuesto) y al día siguiente regresamos a casa. Nuestra vida normal debía continuar.

  • Historias de un matrimonio cornudo: Macho (1)

    Historias de un matrimonio cornudo: Macho (1)

    En cuanto mi esposa regresó de la pandemia a su escuela se dio cuenta que su director no lo hizo, pues falleció a causa del COVID; por lo que llegó un nuevo director mucho más joven (tenía 45 años) llamado Fernando que tenía fama de exigente; pero eso no le importó a mi mujer para ponerse al “corriente” con sus compañeros; por lo que desde el inicio se fue vestida muy sexy con minivestidos, pantalones muy apretados, transparencias y ropa muy sugerente, prácticamente a diario se iba con alguno de sus compañeros para coger y los viernes volvieron a salir en grupo; yo le comenté que fuera un poco más discreta.

    Pero ella me dijo de plano que después de la pandemia de lo que estaba segura es que disfrutaría de este estilo de vida a tope; también empezó a salir con sus excompañeros de la escuela sobre todo los sábados (Armando y Alejandro) para seguir sus aventuras como esposa puta.

    Dos meses después el jefe de mi esposa la mandó llamar dándose el siguiente diálogo:

    -Estimada profesora B no tenía el gusto de conocerla, los alumnos están encantados con usted y sus compañeros también. Empezó diciéndole él.

    -Muchas gracias, señor, a nosotros nos han comentado que usted es un director muy capaz y exigente. Contestó mi esposa en el mismo tono, aún no sabía qué esperar del nuevo director.

    -Me habían comentado que usted es una maestra muy brillante, pero por lo que me he estado enterando en estos primeros meses no muestra el menor atisbo de inteligencia. Dijo con una mordacidad bastante fuerte.

    -No entiendo a qué se refiere señor. Contestó mi esposa muy desconcertada y con un hilo de voz, ya que no esperaba esa agresividad.

    -Pues mire, para empezar, sé que usted no tiene más que 15 horas en propiedad en la escuela y algunas veces le asignan entre 3 y 5 horas para que al menos llegue a medio tiempo, por lo que entonces creo que no le interesa tener tiempo completo, ¿verdad? Le preguntó muy seriamente.

    -Claro que me interesa, pero el director anterior solo les daba horas a sus allegados, ya sabe cómo es esto. Le contesta mi mujer tratando de mostrarse madura e inteligente.

    -Pero por lo que he visto y me cuentan, usted tiene las herramientas y la disposición de ganarse más horas. Le sonrió socarronamente.

    -¿Cómo? No entiendo. Respondió mi mujer.

    -A ver maestra, no nos hagamos pendejos, aquí todos saben que anda de putita nalgas prontas con varios de sus colegas. Le espetó y se levantó para recargarse en su escritorio frente a ella.

    -Pe, pe, pe. Intentó contestar mi esposa.

    -Mire, no hace falta negarlo, lo sé de una fuente muy confiable; y realmente a mí me interesa muy poco lo que haga con su culo, lo que me sorprende es que usted siendo tan guapa y tan inteligente, no se dé cuenta que anda de ofrecida con los pendejos equivocados, si eligiera mejor a sus amantes podría mejorar su situación laboral. Le explicó el director de manera calmada.

    -¿Y usted piensa que es la persona indicada para mejorar mi situación laboral? Preguntó mi esposa, ya muy excitada por la situación.

    -Veo que no es tan pendeja, le aseguro que si elige bien, en menos de un semestre tendría no solo tiempo completo, sino ventajas laborales. Dijo de manera firme pero tranquila, aunque sin dejar de sonreír.

    La verdad amor, solo con esa muestra de prepotencia y cabronería de don Fernando me mojé como nunca, estaba super excitada, recuerda que esa es una de mis más profundas fantasías, que un superior me someta completamente. Acotó mi mujer.

    Inmediatamente mi esposa se puso de rodillas pues sabía lo que quería el director y estaba no solo de acuerdo, sino que ella también lo ansiaba, se acercó mirando a los ojos a don Fernando mientras le abría el pantalón.

    Al bajarlo se dio cuenta de la tremenda erección que se adivinaba debajo de sus boxers, le bajó éstos últimos y se enfrentó con tremenda herramienta, me dijo que era la verga más varonil que había visto, gruesa y grande, pensativa, me dijo que no creía que fuera tan grande como la de Armando, pero casi, además de que era más gorda y venosa, que olía muy limpia aunque varonil al mismo tiempo, le encantó que además tuviera unos huevos acordes al tamaño de semejante animal, grandes, gordos y muy peludos, justo como le encanta a mi mujer.

    No perdió el tiempo, de inmediato se puso a lamer y besar la punta mientras le acariciaba las pelotas, y con sorpresa se dio cuenta que don Fernando era muy vocal, pues mientras ella le hacía tremenda mamada, él no paraba de decirle que no le habían mentido, que era tan puta y complaciente como le habían dicho, que con tremendos dotes podría llegar lejos en su carrera académica, además de darle instrucciones, le ordenaba cuando chupar, cuando lamer y cuando besarle los huevos, ella estaba súper mojada y excitada, sobre todo cuando el director la tomó de la nuca y empezó a cogérsela por la boca.

    Me decía que cada vez la penetraba más duro, ella estaba dando arcadas, pues nadie con una vergota tan grande había sido tan agresivo con ella mientras le cogía la boca y le decía, que ya iba a terminar que se tragara toda la crema como buena puta barata, hasta que empezó a vaciarle los huevos profundamente en su garganta, que aunque le costó trabajo, logró tragar absolutamente toda la venida y que no le soltó la cabeza hasta que estuvo completamente complacido, pero en cuanto la soltó le dijo que aún no terminaba, que no podría trabajar así, que debía limpiarle la verga, mi esposa encantada le lamió todo hasta que él estuvo satisfecho.

    Ella pensó que después se la tiraría, pero el cabrón se subió el bóxer y el pantalón, se fue a sentar y la mandó a su clase, no sin recordarle que debía regresar a las 3 para checar la salida.

    Bastante después de las 3 mi esposa fue a la oficina del director a “checar” su salida (me comentó que no quería encontrarse con nadie mientras iba a la oficina), el cabrón le dijo que pensó que no iría, que se había asustado, pero que le complacía que fuera fiel a su palabra, pero que las cosas no podían quedarse así, que las putas debían ser obedientes, le ordenó que se pusiera de rodillas, él mismo se desabrochó el pantalón, se sacó la vega y empezó a darle de vergazos en la cara, ella hacía el intento por atraparla con la boca pero no podía.

    Porque don Fernando lo hacía bastante fuerte y rápido mientras la increpaba, diciéndole que si iba a ganarse su plaza con el sudor de sus nalgas, debía hacer todo lo que él le dijera, sin cuestionamientos, que iba a ser su puta nalgas prontas y que no podía quejarse de nada, al fin, él dejó que ella le empezara a mamar la verga, me contaba que estaba super caliente, que no esperaba que su fantasía se cumpliría tan al pie de la letra teniendo un jefe que prometía someterla completamente, que hasta llegó a venirse en cuanto el director empezó a vaciarle los huevos en la garganta de nuevo.

    Que cuando terminó de venirse y después de que ella tragó toda su leche él empezó a darle de cachetadas a mi esposa mientras le decía que quería ver como se había tragado todos sus mecos, ella abrió la boca y el cabrón le escupió, de inmediato el director se subió el pantalón, se fue a su sillón y le dijo que la esperaba mañana a las 7 de la mañana, a lo que mi esposa, extrañada le informó que le tocaba entrar hasta las 10 de la mañana, a lo que él visiblemente molesto, le contestó que aunque su tiempo completo se tardaría en llegar más o menos un mes, debía ganarse esa plaza.

    Que a partir del día siguiente debía comportarse como una profesora de tiempo completo, con el horario de 7 a 3 y que si alguien le preguntaba algo, ella respondiera que el director la había comisionado y socarronamente le dijo que ya había decidido comprar a una putita con esa plaza que ahora no se echara para atrás, a lo que mi esposa de manera totalmente sumisa le contestó que para nada, que haría todo lo necesario por la plaza.

    Después de contarme todo eso mi esposa estaba visiblemente excitada, y como no, si después de dar dos mamadas de campeonato y de que su director la usó como ella quería no tuvo ningún tipo de gratificación, por lo que yo solito me bajé a hacerle sexo oral, mi esposa de manera muy cruel empezó a burlarse preguntándome si su cornudo pendejo estaba feliz de que ella hubiera encontrado un macho de verdad que supiera como tratarla, yo ocupado en tratar de arrancarle un orgasmo con mi lengua lo más rápido posible solo gemía y asentía con mi cabeza, ella estaba super mojada, ahí notaba que eso le encantaba.

    No tardé mucho en hacerla venir, en cuanto termino ella me apresura con que no era suficiente, que le trajera el strapon, porque quería mostrarme como su macho se la iba a chingar al otro día, obedientemente lo hago, me desnudo, me empino y ella de forma super agresiva solo me escupe en el culo y me viola de manera brutal, nunca me había cogido así, diciéndome que ojalá y así la tomara don Fernando, que me acostumbrara a la cogida que me estaba dando porque con alguien tendría que desquitarse después de que su macho la utilizara como la puta que era, uf.

    Con todo eso yo también me excité muy pero muy fuerte, y hasta acabamos casi al mismo tiempo, fue una experiencia muy erótica.

    Al siguiente día ella se despertó igual que yo para ir a trabajar, se vistió y me preguntó como la veía, llevaba un pantalón jean muy pegadito a la cadera, realmente se veía sabrosa pero no espectacular, me animé a decirle la verdad, que a lo mejor iba a ser la primera vez que don Fernando se la iba a chingar y que debía ir lo suficientemente arreglada, que debía verse no sólo sabrosa, sino ofrecida, muy sexy, en una palabra tenía que ir putona, ella con una sonrisa pícara me dijo, por eso eres mi marido pendejo, haces lo mejor para tus cuernos.

    Así que me dio manga ancha para elegir el vestuario, le escogí un putivestido rosa de tirantes ligerito y con una franja ancha en la cintura de color rojo, le dije que la ropa interior era muy importante y ya que el vestido a pesar de ser muy sexy y decir que estaba completamente disponible era muy tierno por el color, entonces el interior debía ser mucho más sugerente, así que le escogí una tanga de hilo dental muy fino con solo un pequeño triangulito por el frente completamente roja, con un discreto pero coqueto moñito en la parte de atrás y encima del triangulito una transparencia, el bra era a juego, rojo, de encaje y de media copa, en donde la mitad de sus aureolas se veían.

    Entusiasmado le entregué unos tacones también rosas, mi esposa se veía espectacular, muy putona, pero al ser rosa el outfit parecía más tierna e inocente de lo que en realidad era.

    Ella encantada me besó en la boca y me dijo que era el marido perfecto, solo yo escogería tan bien un atuendo para que ella se le ofreciera a un macho de verdad.

    No supe nada hasta que nos vimos por la tarde, ella estaba muy pero muy feliz, en cuanto m vió me abrazó y besó muy profundamente, me dijo que estaba hecho, que al fin tenía macho principal, ya en la noche con los niños dormidos me contó más o menos lo siguiente:

    “Amor, estaba super caliente desde que me fui de aquí, por lo que llegué 15 minutos antes de las 7 y para mi sorpresa no solo la escuela estaba abierta, sino que quien había abierto era don Fernando, en cuanto entré a su oficina sonrió ampliamente y me dijo que así le gustaba, que se notaba que quería ganarme ese tiempo completo, me acerqué a su silla y de inmediato me empezó manosear las nalgas por debajo del vestidito, sin siquiera levantarse, algo que me encanta es que es muy vocal, se la pasa diciéndome de cosas, me decía que estaba bien buenota, que tenía unas nalgotas, que como deseaba usarme por el culo.

    Yo solo le acariciaba tremendo rabo por encima del pantalón, después de tremenda manoseada me toma de la nuca y me dijo que era hora de checar, así que me arrodillé y se la chupé mientras don Fernando seguía diciéndome de cosas, que era una gran mamadora, que se notaba que tenía experiencia como chupa pitos, y cosas aún más sucias. Solo que ahora no acabó dentro de mi boca, me tomó de la barbilla, me levantó y me dijo que era hora de seguir ganándome el tiempo completo, me levantó el mini vestido y sonriéndome dijo, veo que vienes lista y preparada para entregarme las nalgas.

    Me tomó de la cintura por delante y me hizo empinarme en el escritorio, me subió el minivestido, me hizo a un lado la tanga y empezó a meterme los dedos, se sentía extrañamente agresivo pero muy rico, como si fuera de su propiedad, mientras lo hacía me decía que me traía un montón de ganas, que le andaba por culearme, no pude aguantar más y le pedí que ya me penetrara, que me hiciera su puta, él me dijo que esperara a que sacara el condón, le dije que no, que a pelo, que no había riesgo de embarazo ni de enfermedad, que estaba sanita.

    Por lo que de inmediato sentí su tremenda vergota en mi panochita y de un solo empujón la metió hasta dentro, solo sentí sus manazas y sus huevotes en mis nalgas, estaba tan excitada y tan mojada que entró como si nada, como mantequilla, estaba delicioso, pero traté de no gemir ni gritar, no quería que se dieran cuenta de lo que pasaba en la oficina, pero don Fernando me daba cada vez más duro y sin bajar la voz me decía puta, perra, nalgas fáciles, que no se había imaginado tirarse a una culona como yo, que estaba deliciosa y que le encantaba que fuera tan obediente, me decía que me iba a reventar y que iba a terminar pidiendo más, a pesar de que ya había tenido, el menos un orgasmo.

    Seguía solo suspirando y gimiendo lo más discretamente posible, pero cada vez era más difícil pues aumentaba sin parar el ritmo al que me estaba cogiendo, lo máximo fue cuando me la sacó, me escupió en la colita y así sin avisar me la metió durísimo por ahí, casi me derrito, me dijo que me sentía muy apretadita, que no podía creer que una puta tan usada aún se sintiera como si fuera virgen, me dijo que usaría mi culito tanto como quisiera, lo bueno del ritmo endemoniado que traía es que no aguantó tanto, pero de repente (y yo ya iba por mi tercer orgasmo) me dijo que nunca había tenido la oportunidad de venirse en la cara de la puta que se estaba parchando.

    Así que de inmediato me puse de rodillas mientras él se masturbaba frenéticamente, traté de hacer la cara más de puta que pude y sacar mi lengüita al mismo tiempo, él estaba sudando y bufando y cuando al fin terminó me dijo, así puta de mierda así, recibe la crema caliente de un verdadero hombre y vaya que terminó pues a pesar de haberse venido tres veces en menos de 24 horas me manchó hasta el cabello, aunque la mayoría de la lechada cayó en mis mejillas y frente, fue increíble, aún sucia de leche le limpié la verga.

    Cuando terminamos él se subió el bóxer y el pantalón y se fue a sentar a su lugar, mientras me alcanzaba unas toallitas húmedas que guardaba en un cajón, a lo que empecé a limpiarme lo mejor que pude con una enorme sonrisa en el rostro.

    Mientras me limpiaba se dio la siguiente conversación:

    -Maestra, estuvo deliciosa la cogida que le acomodé, me sorprende que aún con la famita de puta que se carga apriete tan rico de todos sus orificios, lo único que me decepcionó es que me habían dicho que era muy escandalosa, pero parece que no es así. Dijo mientras se peinaba y arreglaba la corbata.

    -Maestro, me costó mucho trabajo aguantarme los gritos y gemidos de placer, sobre todo por tremendo vergón tan delicioso que se carga, pero no quiero dar de que hablar, imagínese que van llegando las secretarias y escuchan gritos y gemidos de placer y después me ven saliendo de la oficina. Contesto de manera pícara mientras me limpiaba los restos de leche de mi cara.

    -Jajaja, no sea pendeja maestra, usted ya debe saber que una escuela es pueblo chico, infierno grande; todos terminan sabiendo todo de todos, por lo que en menos de un mes hasta el personal de intendencia se va a enterar que usted es mi puta personal. Se carcajeó el director.

    -Usted debe saber mucho de eso ¿no? Lleva casi 12 años de director y antes fue subdirector, sugiero de manera no muy sutil.

    -No se equivoque maestra, nunca había hecho algo así, pero cuando fui subdirector sí aprendí mucho del que era mi director, pero lo verdaderamente importante de lo que me di cuenta fue que siendo el director eres amo y señor de la escuela, pues aunque no tengas la libertad de correr a quien quieras, sí puedes hacerle la vida de cuadritos a quien se lo merezca y como mi plaza es permanente pues es más fácil que renuncien o pidan su cambio, por lo que nadie, absolutamente nadie va a decir nada sin importar que tan enterados estén de como le meto la verga en la oficina y tampoco se preocupe, no creo que le digan nada tampoco a usted, porque se arriesgarían a molestarme.

    Contestó de manera muy calmada don Fernando. Pero también quería preguntarle algo maestra, también me informaron que usted está casada, y no me molesta comerme a la vieja de otro cabrón, pero no quisiera que su marido viniera a alborotar el gallinero cuando llegue toda adolorida y no pueda ni quiera atender al pendejo. Dijo sarcásticamente el director.

    -Uy profesor, veo que sus fuentes aún no son tan confiables y no lo enteraron bien de todo el chisme, mi marido no solo está enterado de todas mis aventuras, sino que es por él que hago todo esto, su fantasía es que le ponga los cuernos, entre más lo haga, él más se excita, y más me anima a hacerlo. Le aclaré de manera muy divertida.

    -¿En serio su marido es quien la anima a que sea una putita nalgas prontas maestra? Pregunta incrédulo don Fernando, con una cara de sorpresa que es una delicia.

    -Jajaja, si maestro, en serio, es más ¿Usted quién cree que eligió este outfit para venir a ofrecerme como su putita? Pregunté de la manera más sexy posible.

    -Entonces el pendejo de su marido no sólo la anima, sino que encima le ayuda a que venga arreglada a dar las nalgas, bueno, no conozco hombre más pendejo. Pero ¿Él qué gana con todo esto? ¿Cómo obtiene placer de que usted ande de facilota? Se interesa mucho el director.

    -Pues mire maestro, él se excita muchísimo cada que le cuento como me usa un macho de verdad mientras me hace sexo oral ya sea en mi panochita o en mi colita, se pone como loquito, imagínese, ha llegado a terminar sin siquiera tocarlo, solo de contarle lo rico que me lo hacen. Le explico lo más detalladamente posible.

    -Entonces su marido es un pito corto o un impotente o ambos, ¿no? Ya que usted menciona a “machos de verdad”, su marido entonces no es uno de ellos, es un macho menos, ¿no? Jajaja. Se burla ya más abiertamente don Fernando.

    -Pues realmente como amante es muy bueno dándome sexo oral, pero ciertamente él prefiere que lo dominen a dominar y pues la verdad a mí me gusta más un tipo de sexo mucho más agresivo, pero creo que estamos en perfecto equilibrio, porque al dar rienda suelta a mis gustos con otros hombres, necesito como un lugar en donde me sienta querida, cuidada y amada, y él me da todo eso, por eso es que creo que puedo dejarme llevar con otros hombres. Trato de ser lo más explícita posible, me gustaba mucho que alguien fuera de nosotros se interesara tanto por nuestro estilo de vida y relación, sobre todo y por lo que estaba viendo en estos encuentros, la relación va a ser de largo alcance.

    -Entonces no habrá problemas con su marido, ¿también podrá salir a coger cuando sea? Siguió preguntando don Fernando.

    -Mire, en realidad lo único que va a ocasionar es hacer mucho más feliz a mi marido cada que me coja, y la verdad y para ser completamente sincera también a mí. Respondí con un exceso de sinceridad.

    -A ver, a ver, eso último no lo entiendo ¿Por qué usted va a ser más feliz? Siguió el interrogatorio.

    -Pues porque siempre fue mi fantasía que un superior en el trabajo o en la universidad me dominara, me sometiera sexualmente. Sentí que me ruboricé con esta última confesión.

    -Jajaja, pues habérmelo dicho antes, creo que nuestro trato será muy fructífero y pleno, porque a mí me encantaría someterla completamente, que sea mi putita personal, ya estuve casado y me di cuenta que no es para mí; por lo que no está de más probar algo así, no crea que tengo mucha experiencia, solo con relaciones casuales, pero normalmente se asustan cuando se dan cuenta que puedo llegar a ser un cabrón de cuidado, sobre todo las zorras casadas, ya que no había conocido a ninguna con permiso. Acotó mi jefe.

    -Don Fernando, no dude en hacerlo, por eso me sintió tan mojada hoy, nunca pensé encontrar un verdadero macho, tal y como lo había buscado en usted, haré lo que pida, y naturalmente mi marido también. Le aclaré ya totalmente entregada.

    -Perfecto maestra, ahora le voy a comentar cuál va a ser la dinámica, pues aunque toda la escuela se va a enterar que usted es la funda de mi verga no puedo justificar un tiempo completo con eso, así que la pondré como encargada del laboratorio de cómputo, no tenemos a nadie y es la forma perfecta de justificar una plaza nueva; por otro lado, ya no quiero que ande de zorra fácil con los maestros, solo yo le voy a dar rabo en la escuela, eso sí, si me asegura que se cuida entonces por mí no hay problema en que ande de nalgas prontas con otros cabrones, pero fuera de la escuela ¿entendió?

    -Claro maestro como diga. Respondí completamente en mi papel; solo con eso me estaba mojando de nuevo.

    -Entonces ya puede irse al laboratorio, recuerde, cada que no tenga clase tendrá que estar allí; por otro lado, y para finalizar, dígale al pendejazo de su marido que mis putas me gustan completamente depiladas. Terminó el director. Hay amor, en este momento y con esas órdenes casi me vengo de la emoción.

    -Si maestro, mañana arreglamos ese detalle. Respondo y salgo de la oficina.

    Continuará.

  • Engaño a mi hermano y me rompe el culo como castigo

    Engaño a mi hermano y me rompe el culo como castigo

    Engaño a mi hermano y me rompe el culo como castigo
    Engaño a mi hermano y me rompe el culo como castigo
    Este relato ha sido grabado en audio para que cualquiera lo disfrute, especialmente personas con visibilidad reducida o nula.

    Grabarlo y editarlo supone mucho trabajo, por esto me gustaría conocer tu opinión y si te resulta útil.

    Escúchalo narrado por su autora

    Relato

    El tema del sexo anal surgió con mi hermano Álex hace unos días.

    Yo le provoqué durante todo el día, y el pobre estaba desesperado por la noche. Por un momento tuve pánico a que estuviera enojado conmigo. Yo afirmé que lo tenía virgen con veintiún años. Álex confesó no haberlo probado a sus veinticuatro ni siquiera con su novia. Decidí ofrecerle mi culito para contentarlo, y esa noche probamos, pero yo me quejé de que dolía.

    Probamos nuevamente el día siguiente.

    La idea era hacerlo poco a poco, varias veces cortas a lo largo del día y con ayuda de algún lubricante especial. El problema es que apenas me dolía al meterla, pero me quemaba al sacarla. Propuse hacerlo en la ducha para que el agua me refrescara la zona.

    A mediodía estábamos en una farmacia. Yo no quise pedir el producto porque me daba vergüenza. Imaginé al farmacéutico mirando mi rostro angelical, tomándome por una adolescente porculera. Lo compró mi hermano y nos fuimos la mar de contentos. Se trataba de vaselina especial para sexo anal, y en la cajita se leía con letras bien grandes, “Efecto polar”. Entendimos que refrescaría el agujerito más que el agua tibia que sale por el caño en julio.

    Llegamos a casa con prisa, fuimos a la ducha, nos desnudamos, me coloqué cara a la pared y saqué el culo todo lo posible.

    -Esto tampoco funciona -dije con tono de resignación-. Ahora recuerdo algo que me dijo Mariloli.

    -¿En serio existe la tal Mariloli? -preguntó mi hermano frunciendo el entrecejo-. Anoche la nombraste tanto, que pensaba que la habías inventado.

    Solté varias risitas, asentí con la cabeza repetidamente y añadí:

    -Ella dice que es importante hacerlo en una postura que permita separar las nalgas cuanto más mejor.

    Álex hizo un gesto con la mano, expresando que se le había ocurrido una idea. Se secó con prisa, fue corriendo al jardín y regresó con un banco de madera, sin respaldo y con un cómodo cojín. Me pareció que podría estropearse con el agua, pero mi hermano explicó que era especial para exteriores, que aguantaba las inclemencias del tiempo incluida la lluvia.

    Ordenó que me tumbara boca arriba y me abrió las piernas al tiempo que las alzaba. Luego pidió que me las cogiera con las manos para que no cedieran. Era imposible hallar mejor postura, y lo intentó con abundante vaselina un par de veces, pero yo seguía quejándome de quemazón al sacarla. Decidimos intentarlo pasado un buen rato; no obstante, ya que estaba como estaba, le pedí que me diera una follada por el coño hasta correrme. Él quiso hacerlo también, pero le pedí que se abstuviera por razones obvias.

    Estas razones se resumen en que mi hermano es un tanto flojo, le cuesta muchas horas motivarse de nuevo tras eyacular. Esto le impediría ponerse a tono cuando probáramos otras tantas veces. Le costó resignarse y repetimos seis o siete veces antes de que regresaran mis padres. Al final de la noche, cuando los papás dormían, fuimos al cuarto de la lavadora en el otro extremo del chalet, y allí nos desfogamos los dos.

    Seguimos este mismo proceso los dos siguientes días. En todos los intentos me quejé con motivos similares y apenas se producían cambios significativos.

    El tercer día ocurrió algo inimaginable.

    Yo había regresado de mi salida con las amigas y estaba en mi dormitorio hablando por teléfono con Sonia, una compañera y amiga de universidad. Cuando la colgué, bajé a darme un baño en la piscina. Me extrañó ver a mi hermano sentado en el bordillo, cabizbajo y con cara de cabreado. Yo sabía que iba a cenar con la novia y luego irían al cine a la sesión de las once. Le pregunté por su repentino regreso y respondió de mala gana.

    -Hemos discutido por una tontería después de cenar y cada cual a su casa. Lo peor de todo es que tenía ganas de follar con ella para desahogarme. -Hizo una pausa, me lanzó una mirada matadora y añadió golpeando el agua con el puño cerrado-. La culpa es tuya, que me has tenido a dos velas todo el día.

    Me sentí devastada. Nunca me había hablado de un modo tan cruel, pero tenía razones sobradas para hacerlo. Le contenté proponiendo coger el coche de mamá, ir a un lugar discreto y follar como animales. Yo no entendía por qué, pero me echó el polvo más rápido de la historia, apenas cinco minutos de intenso mete-saca, lo justo para correrse. Yo me quejé amargamente porque ni tiempo tuve para imaginar un orgasmo.

    Lo interesante de esta historia vino el día siguiente.

    Yo dormía la siesta y desperté sobresaltada. Álex estaba sentado a horcajadas sobre mi estómago. Le pregunté qué hacía y respondió con incógnitas.

    -No preguntes porque rompes la magia del momento. -Sonrió de un modo sospechoso y añadió-. Siempre te quejas de que no te sorprendo y quiero hacerlo ahora. Solo dime si quieres que siga. Te garantizo que te gustará.

    Vacilé un instante y asentí con los ojos intrigada.

    Tiró de mis brazos para incorporarme, me quitó la camisetita que uso para dormir y pidió que volviera a tumbarme con los brazos estirados hacia atrás.

    Una vez estuve como había ordenado, rebuscó con la mano detrás de sí y mostró un par de cinturones. Dijo que eran de nuestros albornoces, suaves porque pretendía atarme al cabecero de la cama. Mi mente comenzó a fantasear y pregunté sonriendo si pretendía torturarme. Álex afirmó varias veces con la cabeza, amarró mis manos e hizo lo mismo con los pies, tras despojarme de la braguita y sacar otros dos cinturones. También había desvalijado los albornoces de nuestros padres. Quedé con el cuerpo y las extremidades en forma de equis.

    -Ahora quiero que cierres los ojos y no los abras hasta que te diga -ordenó con tono misterioso.

    Obedecí y supe que salía del dormitorio al alejarse el sonido de sus pasos. No tardó en regresar, y sentí que algo suave me acariciaba los pechos. Pregunté de qué se trataba. Respondió que era la boa de visón de mamá.

    Gemí de gusto por las placenteras caricias de semejante instrumento de tortura, me mordí el labio inferior y rogué pidiendo más.

    -¿Quieres que te muerda los pezones? -preguntó Álex y se puso caprichoso-. Si quieres que lo haga, tienes que suplicarlo.

    Ya venía rogando, pero no me importó cambiar el verbo y supliqué.

    -Me encantan tus tetas redondas y firmes -dijo al tiempo que las acariciaba con las manos-. Ahora mismo, aplastadas contra el pecho, parecen dos huevos fritos -bromeó y soltó varias carcajadas. Luego siguió regalándome los oídos-. Las areolas son las yemas y los pezones puntiagudos… -Hizo una pausa porque se le habían terminado las metáforas-. Los pezones son lo que me como primero.

    No se los merendó, pero me mataban de gusto los mordisquitos que propinaba, al tiempo que deslizaba un extremo de la boa por el coño, y yo levantaba el culo para que abarcara mayor superficie. El muy cabrón me estaba poniendo a mil y supliqué que me jodiera de una vez.

    -Es gracioso que supliques sin que yo te lo pida -dijo satisfecho-. Ha bastado una vez para que lo tomes como una imposición permanente.

    -Me alegra que te regodees en la victoria -respondí jadeando de gusto-, pero métela de una vez, por dios te lo suplico.

    -Mi estimada Laura, no vayas tan aprisa porque pretendo que dure -replicó Álex.

    Abrí los ojos y sus labios dibujaban una sonrisa socarrona. Parecía recrearse en mi desesperación. Lo estaba y me puse exigente.

    -No entiendo por qué demorarlo. Tampoco tengo claro tu propósito.

    Mi hermano me miró fijamente a los ojos y respondió algo que me dejó helada.

    -Tiene que ver con dilatarte el agujerito. Según mi amigo Josemari, lo mejor es poner a la hembra cuanto más cachonda mejor, de este modo es más receptiva.

    Un mal presentimiento cruzó mi cuerpo de la punta de los dedos de los pies a los de las manos. Con la voz temblorosa, pregunté de dónde coño se había sacado este amigo. Álex respondió de modo enigmático, afirmando que mi amiga Mariloli, no lo era tanto, porque no me habló de su hermano Josemari.

    Pensé que me tomaba el pelo, pero abandoné este pensamiento cuando su lengua recorrió los labios vaginales, y se concentró en lamer el clítoris. Quise tomar su cabeza con las manos y dirigirle. Fue un impulso inconsciente e imposible, olvidando por un instante que estaba atada. Lo importante es que me lo comió de lujo al tiempo que follaba el coño con los dedos. Así no tardé en alcanzar un intenso orgasmo.

    Me encontraba en pleno estado de relajación cuando, colocando una segunda almohada debajo de mi nuca, mi rostro se inclinó hacia adelante, situó el glande en mis labios y forzó con la verga para que se abrieran. Sujetándome la cabeza con las manos, comenzó a follarme la boca sentado sobre mi pecho. Apreté los labios cuando lo ordenó, y temí que se corriera antes de tiempo debido a su ímpetu.

    -Ahora sí pienso joderte en serio, pero tiene que ser a mi manera -dijo pasados un par de minutos, mirándome a los ojos. Yo recibí la noticia ilusionada y sonreí feliz.

    No me preguntó si aceptaba. Yo entendía que la pregunta iba implícita en su exigencia y acepté sin rechistar. Álex salió del dormitorio y regresó enseguida portando el banco del jardín. Volvieron a mi memoria los buenos momentos pasados bajo la ducha los días anteriores, pero mi hermano me tenía preparada una sorpresa.

    -Imagino que te ha gustado hasta ahora -dijo con rostro optimista-. ¿Quieres seguir con el juego de follar atada?

    Caramba con la preguntita. No era capaz de imaginar cómo sería, pero nuevamente acepté.

    Me pidió que me tumbara boca abajo en el asiento del banco y dejara las piernas colgando a los lados. Lo hice con ellas flexionadas, las ató a las patas traseras y los brazos a las delanteras. Yo estaba asombrada; sin embargo, no tenía temor alguno, pensaba que las nalgas estaban suficientemente separadas si pretendía intentarlo por el ano. Aun así, le recordé que debía hacerlo con cuidado.

    -Conozco de sobra cómo va esto -dijo cuando estuvo arrodillado detrás de mí.

    Fue todo un detalle que comenzara follándome por el coño. Lo hizo aferrado con las manos a mis caderas e impuso un ritmo brutal desde el principio. Yo gemía y chillaba de gusto con cada penetración, sin contenerme, abandonando los sentidos al pleno disfrute. Estuvo dándome de lo lindo un rato hasta que me corrí como una cerda por segunda vez. Yo no era capaz de comprender de dónde sacaba tanta energía, pero jugaba a mi favor y me sentía feliz por ello.

    -¿Dónde guardas la vaselina? -preguntó Álex.

    -Está en el suelo del armario, en el interior de uno de los zapatos rojos -respondí entre risitas-. Lo escondo porque no me gustaría que mamá lo encontrara por accidente. Ella sabe de sobra que no debe hurgar en el armario

    Álex rebuscó donde le había indicado, lo abrió, echó un buen chorro en el ano y lo esparció a conciencia. Para mi sorpresa, volvió a penetrarme el coño y comenzó a follarme. Mientras lo hacía, introdujo el dedo corazón en el ano y lo metió y sacó varias veces. Luego repitió añadiendo el índice, y los retorcía juntos cuando entraban y salían.

    -Veo que no te duele cuando lo hago con los dedos -dijo después de sodomizarme con ellos un par de minutos.

    Gemí varias veces y suspiré otras tantas. Me daba mucho placer, pero debía tomarme tiempo para responder. Algo en su comentario olía a cuerno quemado.

    -Ahora que lo comentas, empiezo a notar ciertas molestias -respondí quitando hierro al asunto, sin atreverme a girar el cuello y mirarlo a los ojos.

    Mi hermano sacó la verga, se puso en pie y salió de la habitación sin dar explicaciones. Regresó unos segundos después portando en la mano su celular, se arrodilló otra vez, lo dejó en el suelo y noté otro chorro de vaselina en el ano.

    -Eres la mayor sinvergüenza que he conocido, una golfa de cuidado -dijo con tono agresivo. Acto seguido tomó el teléfono, desplazó el dedo por la pantalla y añadió-. Escucha atentamente.

    Le dio al play y creí que mi mundo se derrumbaba cuando escuché.

    -Claro que se lo ha creído el tontorrón. -Era mi voz y unas risitas a continuación-. Aunque creo que lo de Mariloli fue excesivo, me ha costado convencerle de que existe.

    Vino una pausa y mi hermano aprovechó para clavármela de un empujón en el ano. Grité sorprendida y rogué que la sacara, pero Álex insistía en encularme gritando, una y otra vez, que era la más golfa que había conocido. Volvió a sonar mi voz en el altavoz.

    -Es un chico que conocí hace unas semanas. Con el asunto de estrenarme por el culo, y mira que lo tengo estrenado hace más de un año, poco antes de cumplir los veinte. -Otra breve pausa en la que se escucharon mis risas-. Ha venido los tres últimos días y me ha regalado de gratis un montón de orgasmos diarios. Ya he perdido la cuenta. -Más risas al tiempo que añadía-. Lo mejor de todo, es que lo he tenido a dos velas hasta la noche.

    Quise que me tragara la tierra cuando mi hermano paró la reproducción. Evidentemente, sobraba fingir y seguir con el cuento. Tenía que afrontar la situación. Gimiendo de gusto porque me daba por el culo a base de bien, le pregunté por qué tenía aquella grabación. Resoplando como un jabalí herido, respondió que me había escuchado en el pasillo la noche anterior, cuando regresó repentinamente de su cita con la novia. Dejó de escuchar y grabar cuando hubo tenido suficientes argumentos para fraguar su venganza. Por esto estaba de mala uva cuando lo encontré en la piscina. Por esto me había pegado el polvo más rápido de la historia, para dejarme a medias y con las ganas.

    -Ahora que todo está claro -dijo Álex tras las explicaciones-, suplica que te destroce el culo, reconoce que eres una golfa y olvido esto. Por el contrario, si no lo haces, aquí termina todo.

    A estas alturas, él ya sabía que no me producía dolor alguno, sino todo lo contrario. Me lo puso fácil en este sentido, era un gesto generoso teniendo en cuenta lo que le hice. Por esto no me costó suplicarle que me diera por el culo y reconocer que era una golfa.

    Podría decirse que soy un tanto rara, puede que se debiera a la situación, pero esta fue la primera vez que tuve un orgasmo solo con sexo anal, para mayor sorpresa, justo en el momento en que me llenaba el recto de semen.

    Más tarde, cuando todo esto quedó en una anécdota, recobré el ánimo y la confianza para suplicarle por última vez, esta vez para que me perdonara.

    La moraleja del cuento es que mi hermano erró el tiro porque estaba obcecado. No se paró a pensar que, pretendiendo darme una lección o castigo, me premió con algo que sabía que me gustaba.

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  • Usando una aplicación de ligue

    Usando una aplicación de ligue

    Estaba hospedado en un hotel por la zona centro de la ciudad de México, no era muy tarde aun, si acaso como las 2 de la tarde, recién había llegado a la ciudad por cuestiones de trabajo, así que ya hospedado y dentro de la habitación, me dispuse a descansar, también aprovechando y usando mi smartphone, utilizando las diferentes aplicaciones de ocio que tiene, así que me metí a una aplicación de esas que sirven para concretar encuentros.

    Buscando en la pestaña de personas cercanas, habiendo modificado mi perfil, con una foto de perfil, mostrando lo que digo yo, es mi atractivo, mi trasero, así como poniendo como estado, “Busco algo real”, estaba buscando encuentro con alguien activo, así que navegando, estaba viendo las diferentes fotos de perfil, poniendo especial atención en las que mostraban su atributo delantero, habiendo algunas de muy buen ver, pero no tome el atrevimiento de mandar algún mensaje o “toque” mostrando mi interés.

    Una vez hube deleitado un poco la pupila, decidí el tomar un baño para bajar la temperatura y la libido, para poder salir a buscar que comer, así que habiéndome quitado la ropa al completo e ingresado al baño, me di un buen baño con agua caliente y también habiéndome pasado mano por todo el cuerpo y también dándome una buena limpiada a mi parte trasera.

    Al salir, vi que tenía notificaciones en mi smartphone de parte de la aplicación que previamente estaba usando, al revisar, varios toques de parte de usuarios de la aplicación, a los cuales contesté, así como también algo que atrajo mucho más la atención, una conversación iniciada, mensajes nuevos, los cuales venían de lo que primera vista parecía mujer, pero al abrir, me di cuenta de que era una chica transexual, con nombre de usuario TS Ale, en los cuales de inicio me decía:

    TS Ale: Hola

    TS Ale: Vi tu foto y me llamaste la atención, me gustaría que me contactes y lo podemos pasar muy bien tú y yo, se ve que tienes un culo muy rico y muy tragón.

    Al haber leído los mensajes, me dispuse a contestarlos a la brevedad posible, diciéndole:

    M: Muchas gracias, te ves muy bien tú también en tu foto, por donde estas, me gustaría concretar algo real.

    A lo que me contesto:

    TS Ale: Yo estoy por Metro Garibaldi, estoy hospedada en un hotel, puedes venir a visitarme, me dedico al trabajo sexual, cobro $$$$, si gustas, soy Inter.

    Posterior de su mensaje, me envía una foto, en donde muestra su verga erecta, rasurada y afeitada, de unos 18 cm de largo y de un grosor apreciable.

    Leyendo el mensaje y ubicando en el Maps el lugar, veo que no está demasiado lejos, también, al ver la foto, de verdad que, si me gusto y mi cuerpo reaccionó sintiéndose excitado en ese momento, así como un ligero palpitar en mi culo (cosa rara) pensando en el costo que me ofreció, no se me hizo mal trato, por lo que le contesto:

    M: Me parece muy bien, mándame bien tu dirección y llego en un rato más por allá donde estas.

    A lo que me manda su ubicación exacta, al revisar bien, llegaría en unos 30 minutos caminando, así que le digo, que me voy a cambiar y voy para allá, a lo que luego de eso, me puse rápido algo de ropa cómoda, un pants color gris, una playera negra con líneas amarillas, unos tenis y una gorra negra, el clima no estaba frio, así es que no hubo problema por salir así o llevar algo de ropa abrigadora, agarre mi cangurera y salí rápido encaminando a su lugar, mandándole mensaje a su contacto de que ya iba en camino, contestándome que muy bien, que me esperaba con ansia.

    Durante el camino, de vez en cuando entraba a la aplicación y me llegaban otras notificaciones las cuales de momento ignore, luego me manda ella otro mensaje, en donde me dice:

    TS Ale: Ven, te espero papi, quiero saborearte.

    Junto con unos emoticones de besos y una foto en donde está de lado, con su verga parada y tomándola con su mano, como ofreciéndola a la cámara.

    Una vez llegué al hotel que me dijo, entré y de inmediato ubiqué y me dirigí a la recepción, diciendo que iría a la habitación que me dijo había dicho ella previamente, respondiéndome ellos que se encontraba en la tercera planta, que podía llegar por las escaleras a mano derecha, al retirarme de la recepción, la persona que atendía me dijo “Suerte con tu caza” y soltó una leve risa.

    Me dirigí a las escaleras, las cuales subí rápido, una vez llegue a la habitación, toque a la puerta, abriéndose casi de inmediato, como si ya estuviera esperando con la mano en la chapa, agarrándome de mi brazo y haciéndome pasar rápido al interior, cerrando la puerta tras de sí, ya una vez dentro, pude ver detenidamente a esta persona.

    Ante mi tenia a la vista una hermosa mujer, de 1.76 m, complexión delgada, de tez morena clara, no se notaba realmente una figura masculina, sin senos eso sí, vistiendo un camisón de color rojo, que llegaba hasta las rodillas, con una abertura en medio, dejando ver un calzón tipo bikini de encaje color negro con vivos rojos, estando descalza, luego de dejarme admirarla, me toma de la mano y se pone frente a mí, sin acercarse, diciéndome en un tono de voz bastante femenino:

    TS Ale: ¿Te gusta lo que ves?

    A lo que le contesto que sí, para luego acercarse a mí y abrazarme, al estar casi de la misma estatura ambos, nuestras bocas se acercaron sin mayor problema y me empezó a besar con bastante pasión, luego de un momento, se separa de mí y me dice:

    TS Ale: Bueno, dame lo convenido y empezamos.

    A lo que le di lo acordado en los mensajes, para luego de que ella lo guardo en un lado, se acercó nuevamente a mí y me tomo con sus brazos de mi cuello, para acercarme a su cuerpo y empezar a besarme nuevamente, mientras me besaba, bajo sus manos de mi cuello y me tomo con una de ellas de mi cintura, de tal forma que me hiciera pegarme aún más a su cuerpo, su otra mano, la paso por detrás y empezó a sobar mis nalgas por encima del pants, de arriba abajo, apretándolas, luego soltó mi cintura y con sus manos me estuvo agarrando mis nalgas, apretándolas, abriéndolas, con el pants puesto, sin dejar de besar.

    En un momento deja de besarme, con sus manos me toma de la cintura y me hace girar, haciendo que yo quede dándole la espalda, a lo que me toma con fuerza y me jala hacia atrás, hacia su cuerpo, pegando su cuerpo por completo al mío, acercando su cara a mi oreja, empezando a pasar su lengua por ella, provocando con esto que soltara ligeros gemidos de placer y entre ese jugueteo que me estaba haciendo, me da lo que le llamamos un “Arrimón”, pega su verga, aun recluida dentro de su calzón, contra mis nalgas, sintiendo yo, ya su erección en ese momento, pero no sintiendo su forma por completo.

    Al sentir su “arrimón”, doy un ligero respingo hacia adelante, a lo que ella me toma con fuerza y se pega a mí y empieza a subir y bajar su cadera por mi parte posterior, haciéndome sentir con cada subida y baja su verga como quiere abrirse paso por su ropa, cambiando también su cara de lugar y empezar a jugar con mi otra oreja, empezando también a bajar por mi cuello, con sus besos y lamidas, deja un momento de sostenerme y con sus manos sujeta mi playera, sacándola por encima de mi cabeza.

    A lo que se separa un poco y empieza a pasar su boca y su lengua por mi espalda poco a poco hacia abajo, llegando hasta donde está mi cintura y subiendo poco a poco, de pronto con sus pies, con unos cuantos movimientos, logra quitarme mis tenis, haciéndolos a un lado con rapidez.

    Me toma por la cintura con sus manos y hace que me dé la vuelta, estando de frente a ella, para acercarse, empezar a besarme y empezando a bajar por mi cuello, llegando a mis pezones, empezándolos a chupar y darles algunas mordidas ligeras, con todas estas sensaciones que me ella me estaba provocando, ya no podía parar de estar gimiendo, se detiene, se pone nuevamente a mi altura, me besa nuevamente, para acercarse a mi odio y decirme en una voz bastante sensual y cachonda:

    TS Ale: ¿Lo estás disfrutando verdad? Todavía falta lo mejor.

    Luego de decirme eso, con una de sus manos, me empuja hacia la cama, haciéndome caer de espaldas a la misma, para luego, tomar mis piernas con sus manos y soltando una de sus manos, toma mi pants por la cintura, subiéndolo por mis piernas, sacándolo por completo de un jalón, con todo y el bóxer que traía puesto.

    Aprovechando y quitando de una vez los calcetines que traía puestos, dejándome completamente desnudo con ambas piernas hacia arriba, estando sostenidas con una de sus manos y con la otra libre, moviendo con sus manos mis piernas, de tal forma que se pegaran un poco a mi pecho, para ella dar un vistazo y decir en voz alta:

    TS Ale: Ya estaba ansiando ver ese culito que te cargas, se ve rico, lo voy a dejar bien satisfecho.

    Luego de decir esto, con su mano libre me da una nalgada que sonó bastante fuerte, para bajar su cara a la posición en donde estaba mi culo a su disposición, empezando yo a sentir a sentir como algo de humedad alrededor de mi culo, era la sensación de su lengua por mi culo, al estar sintiendo su lengua como la iba pasando, empezaba a soltar gemidos, que tal parecían que le animaban o provocaban a que pasara con mayor fuerza su lengua, sintiendo en algunos momentos, como trataba con su lengua de abrirse paso hacia el interior.

    Estaba disfrutando esa sensación, cuando dejo de hacerlo, bajando mis piernas y con sus manos, tomando de las mías, para hacer que me pusiese sentado en la cama, a lo que se acercó a mí, besándome para luego ponerse de pie frente a mí, acercando su entrepierna a mi cara, a lo que, sin esperar más, baje el calzón que traía puesto, dejando salir aquel falo ansioso, que, al sentirse libre de su prisión, salto a la vista, ya en vivo y en directo.

    Se veía más impresionante que en la foto, una vez lo tuvo libre, ella puso una de sus manos en la parte posterior de mi cabeza y me acerco su verga a mi boca, para acto seguido meterlo en mi boca, empezando de a chuparlo, metiéndolo hasta donde me era posible, para luego sacarlo por completo, pasarle mi lengua por todo su tronco, volverlo a meter hasta donde me fuese posible, entre los gemidos y diciéndome:

    TS Ale: Que rica boquita tienes, que rico lo mamas.

    Continuaba haciendo el oral, aumentando cada vez un poco más la velocidad, hasta que pone su mano en mi frente y me detiene, sacándolo de mi boca, para luego tomarme con su mano, haciendo que me ponga de pie, me toma de la cintura y me da la vuelta, poniéndome de espalda a ella, a lo que ella pega su cuerpo al mío, sintiendo el como acomoda su verga entre mis nalgas, empezando a estar pasando su verga de arriba abajo, haciéndome sentir el tamaño que tiene y como va pasando por encima de mi culito.

    Se retira un poco y pone la punta de su verga entre mis nalgas, ayudándose con su mano a separarlas un poco y apuntando la punta a mi culo, poniendo un poco de fuerza, siento como se quiere abrir paso, sintiendo como se empieza a abrir paso a mi interior, ella lo quita y me obliga a ponerme encima de la cama, con los brazos sobre la misma, pero las piernas extendidas, toma con sus manos mis nalgas y las abre por completo, al sentir mi culo expuesto nuevamente, hago el movimiento de fruncirlo a lo que ella al ver eso me dice:

    TS Ale: Vaya, sí que está ansioso ese culito de tener acción, le voy a dar lo que quiere.

    Terminando de decirme eso, se pone de pie y se pone encima, acomodando de nuevo su verga entre mis nalgas, haciéndola pasar de arriba abajo, haciéndome gemir de placer, cada que sentía como se movía encima mío, para luego acercase a mi oído y decirme en un tono excitado y ansioso, pero con autoridad, fuerte:

    TS Ale: Pídeme que te coja, dime que quieres sentir mi verga dentro de mi…

    Entre las pasadas de su verga, los gemidos de placer que me estaba provocando, pude sacar algo de fuerza y cordura, para contestarle en un tono ya deseoso y excitado:

    M: Quiero que me cojas, quiero sentir tu verga dentro de mí, hazme tuyo.

    Apenas estaba terminando de decir esto, ya estaba acomodando la punta de su verga en la entrada de mi orificio anal, empezando a empujarla hacia mi interior, logrando abrirse paso, entrando casi a la mitad de ese primer intento, sacando un fuerte gemido tanto de ella como mío, siguió empujando hacia dentro, entrando por completo, teniéndome bien empalado en ese momento, quedándose dentro por un momento, sintiendo yo, como mi culo estaba palpitando, al sentir aquel pedazo de carne dentro de mí, sintiendo como si lo estuviera a lo que ella también ella se dio cuenta de esa sensación ya que entre gemidos me dice:

    TS Ale: Que rico me está apretando tu culo, siento como me estas apretando mi verga, le encanto sentirse perforado por mí.

    Luego de decir esto, empieza a sacarlo, hasta sacarlo por completo, tomando con sus manos mis nalgas, abriéndolas por completo y dejando a la vista mi culo recién perforado, a lo que exclama con excitación y un tono de satisfacción:

    TS Ale: Ve nada más que rico se abre y se cierra, como pidiendo más todavía.

    Se acomoda de nuevo y me vuelve a penetrar, esta vez entra por completo y luego lo saca, pero sin dejarlo por completo, para introducirlo de nuevo, empezando a meter y sacarlo con cierta calma, dejándolo de momento completamente dentro por un momento, para luego sacarlo por completo y volver a abrir mis nalgas con sus manos, teniendo mi culo completamente a su vista, a su deleite visual por lo que me di cuenta.

    Mete su verga por completo y empezó a meterla y sacarla de manera constante, con cada vez que sentía la fricción en mi culo, solo soltaba gemidos de placer, empezó a meterlo y sacarlo con mayor rapidez, entre sus gemidos y mis ya casi bufidos, de vez en cuando soltando alguna palabra no entendible de su excitación, su verga entraba y salía a placer de mi culo, me estaba cogiendo de una forma que lo estaba disfrutando bastante.

    Era realmente una profesional en esto, mis gemidos y bufidos no hacían más que aumentar, así también como los de ella, de un momento, siento un empujón fuerte, metiendo hasta el fondo su verga, sintiendo también como se acuesta sobre mí, acercando su cara a mis orejas, pasando su lengua en ambas, pasando de una a la otra, sin sacar su verga de mi interior, pero moviéndose de forma circular en mi interior, generando unas oleadas de placer deliciosas, acerca su boca a mi oído y me dice en un tono excitado y de placer:

    TS Ale: Ya me quiero venir. ¿Dónde quieres tu lechita calientita?

    A lo que no logro responder realmente, con las sensaciones en ese momento y el placer que estoy sintiendo, no atino a decirle algo, a lo que ella me dice:

    TS Ale: Bueno, como no sabes, será donde yo quiera.

    Acto seguido, se pone de pie, saca su verga de mi interior, pone sus manos en mi cintura y me jala hacia ella, no permitiéndome poner de pie, sino que obliga a hincarme, pone su verga a la altura de mi cara y comienza a masturbarse frente a mi cara, me trato de meter su verga en mi boca, pero me detiene con su mano, empieza a masturbarse con mayor fuerza, a soltar gemidos y bufidos, entre tanto movimiento de su mano.

    Acerca la punta de su verga a mis labios, poniendo su otra mano, agarrando con sus dedos mi barbilla y obligándome a abrir mi boca, para entonces, empezar a soltar copiosos chorros de semen directo a mi boca, soltando unos 3 chorros con bastante fuerza, que terminaron directamente en mi boca, escurriendo por mi boca a mis labios, para luego meter la punta de su verga en mi boca, chupándola con gusto y tratando de extraer lo último que quedase dentro de ella, tragándome lo que quedaba en el interior de mi boca.

    Habiendo terminado ella, me hizo ponerme de pie, me puso nuevamente en la misma posición en la que me estaba cogiendo hasta hace unos minutos y me empezó a meter dos de sus dedos en su culo, con su otra mano, tomo mi verga y empezó a masturbarme, me estuvo masturbando así y soltando de vez en cuando saliva en sus manos, tantos en los dedos que metía en mi culo, como la mano que me estaba masturbando.

    Cuando empezó a sentir que estaba a punto de eyacular, dejo de meterme los dedos en el culo y puso su mano enfrente de mi verga, eyaculando copiosos chorros de leche caliente, que terminaron en su mano, que ya para ese momento estaba sosteniendo un papel, una vez habiendo terminado, me dio un par de nalgadas, me acerco su verga a mi boca para que me la metiera y la chupara, diciéndome lo siguiente:

    TS Ale: Que rico estuviste, tienes un culo delicioso y aguantas bastante bien, espero tener la oportunidad de volver a cogerte otra vez.

    Terminando de decirme eso, saco su verga de mi boca, me dejo levantarme y empezó a vestirse, vistiéndome yo también, se acercó a mí, me abrazo por la espalda, con algo de fuerza, restregándome nuevamente su verga por mi cuerpo, dándome la vuelta y plantándome un beso apasionado.

    Terminando de vestirme luego de eso, abriéndome la puerta de la habitación, saliendo y dirigiéndome a las escaleras, al llegar a la planta baja, por fuerza se pasa por enfrente de la recepción, al pasar, estaba atendiendo la misma persona que me recibió, al verme exclamo en tono un tanto de burla: “Espero lo hayas disfrutado”. Sin prestarle mayor atención salí y me dirigí a donde me hospedaba para descansar, sintiendo durante todo el camino, como mi culo estaba palpitando, tal vez en otra ocasión la volvería a ver.

    MicifusARM

  • La amiga de mi prima (2/2)

    La amiga de mi prima (2/2)

    Tercer día.

    La mañana del día siguiente la pasamos con unos amigos de mi padre en el pueblo mientras Sara se quedó en casa.

    Al volver, me apartó en su cuarto y me dijo:

    –He hablado con Lucía. ¿Parece que ayer todo fue muy rápido no?

    Me sonrojé de vergüenza…

    –Sí… fatal, Sara…

    Sara me sonrió.

    –¿Tu primera vez? ¡¡No te preocupes!! ¡Me ha dicho que quiere intentarlo hoy de nuevo! Algo habrás aprendido, ¿no?, o eso me ha dicho.

    Nos tomamos la cena en familia. Una gran barbacoa cocinada por mi tío en el patio. Aunque no la miraba, notaba cómo Sara clavaba sus ojos en mí toda la cena. Estaba seria. Y eso era raro en ella. Algo le ocurría.

    –¡Venga chicos! ¿No vais a la verbena? –dijo mi tío– Esta juventud no aguanta ni tres días de fiesta. Aprended de los mayores.

    Nuestros padres se fueron a la plaza a disfrutar de la música en directo de la orquesta. Nosotros nos quedamos un poco más en la casa. Sara tardó una infinidad en prepararse para esa noche: ducha larga, peinado, maquillaje, cremas… Yo me desesperaba en el sofá intentando matar el tiempo con la baja calidad de la programación de la televisión.

    Finalmente apareció portando una minifalda ajustada de cuero y una camisa roja que luchaba por no reventar los botones a la altura del pecho.

    Esa noche teníamos un sitio reservado tras la orquesta, en donde sus amigos ya habían traído las provisiones de alcohol para pasar la fiesta bailando. Comenzamos a bailar y a beber. Pero yo traté de no ingerir mucho alcohol, quería estar lo más sereno posible para mi segundo round con Lucía, que extrañamente apenas me miraba ni mediaba palabra.

    “Una cosa ese que no quiera que la vea desnuda, y otra pasar de mí en público”

    Pero no me importó, sabía que a ella le gustaba. Los fluidos de su vagina delataban su deseo hacia mí.

    Mientras mantenía una conversación con Amparo, Sara y Jonathan se alejaron un poco y comenzaron a discutir de nuevo. La situación se alteró tanto que él acabó dándole un fuerte empujón.

    En ese momento, actué sin pensarlo. La sangre llegó a mis ojos y no pude retenerme. Como un instinto animal. Me acerqué corriendo y le propiné un golpe en el estómago. Me alteré al ver que tocaban a Sara.

    Él se cayó arrodillado al suelo casi sin poder respirar y me miró con odio.

    –¡Hijo de puta! ¡Estás muerto chaval! Voy a…

    No pudo terminar la frase, mi rodilla impactó en su nariz dejándole noqueado. Todos se quedaron mirándome paralizados. Ninguno se esperaba eso.

    Yo estaba harto de que tratase a mi prima como un trapo.

    Ella levantó a su novio y le limpió la sangre de la nariz con su pañuelo, a lo que él respondió empujándola de nuevo. Yo me estaba acercando otra vez para dejarle claro que eso no lo iba a permitir, pero Sara levantó la palma de su mano hacia mí, indicándome que me frenase.

    –Hemos terminado Jonathan.

    Él se fue de la fiesta y nos quedamos un rato más con el resto. Amparo, Borja y Lucía solo tragaban a su ya exnovio porque Sara lo había invitado al grupo. Todos lo despreciaban. Siempre estaba buscando pelea y sintiéndose superior al resto.

    Cuando la orquesta finalizó el primer pase, hubo unos minutos de descanso en los que fuimos saludar a nuestros padres que estaban exhaustos de tanto bailar.

    –¡La noche es joven chicos! ¡Vamos a seguir dándole a las caderas! –decía mi padre con el cubata en la mano.

    Sara y yo nos despedimos de ellos y nos dirigimos a casa:

    –Menudo capullo tu…

    –Prefiero no hablar de eso, primito –me interrumpió.

    Caminamos en silencio hasta llegar.

    –Segunda prueba con tu amorcito, primo. ¿Recuerdas las normas?

    –Sí. ¡Gracias, Sara!

    Sonaron los dos golpes. Me desnudé. Me puse la venda. Y esperé.

    A los pocos minutos entró Lucía. De un salto se tumbó encima de mí de nuevo. Para mi estupefacción, agarró mis manos y las ató a las barras metálicas del cabecero de la cama con una cuerda. En su mano tenía un cubito de hielo que fue pasando muy despacio por mi cuello, bajando al ombligo y terminando en mis testículos. Mi polla ya estaba totalmente erecta, de nuevo, y el contraste del calor de mi miembro con ese hielo hizo que me extasiase de placer.

    Oí como tiraba el hielo al suelo.

    Esta vez no se entretuvo masturbando mi polla. Seguramente no querría que acabase todo antes de empezar (otra vez). Cogió mi mano e hizo que frotase su clítoris un buen rato. La sentía gemir. Como no pronunciaba palabra, el “mmmm” “mmmm” “mmmm” que salía de sus adentros me excitaba aún más, si eso era posible.

    Prosiguió cogiendo mi polla que por unos segundos hizo rozar con su sexo, para introducírsela dentro. Comenzó un baile de caderas que seguía el ritmo de la música que a lo lejos se escuchaba tocando en la plaza.

    Paró tras varios movimientos. Me abofeteó. Bastante fuerte la verdad. Y sacó mi sexo afuera.

    Sentí cómo se abría la tapa de un bote. Y entendí que era gel lubricante cuando un generoso chorro cayó en la punta de mi glande. Lo untó bien por toda la punta se elevó. Esta vez había cambiado el agujero, porque lo sentía más prieto y costaba más que entrase. Fue poco a poco introduciendo y sacando cada vez más centímetros de mi polla hasta que por fin llegó al fondo y se sentó con sus nalgas encima.

    Comenzó a subir y a bajar lentamente mientras, con su mano, agarraba por detrás de su culo mis testículos y los apretaba, masajeaba y volvía a apretar.

    Yo estaba a punto de correrme. Pero no podía hablar, asique gemí fuerte para que lo entendiera.

    Y así lo hizo. Se detuvo y se levantó muy deprisa. Yo no estaba entendiendo nada.

    Me desató las manos y sentí cómo salía.

    Tres golpes en la puerta.

    “¿Pero qué cojones? ¿Me ha dejado a medias?”

    Me incorporé y acabé la función con mi mano. La cantidad de semen acumulado por la excitación me sorprendió.

    Cuarto día.

    Me levanté el primero la mañana siguiente. Me serví un café y me salí al patio a disfrutar del aire fresco matinal. A los minutos apareció Sara.

    –Nuestros padres están muertos ¿eh? Han llegado a las 7 de la mañana… para que luego digan…

    Hice una mueca simulando una sonrisa y me quedé callado. Ella se sirvió otro café y se sentó a mi lado.

    –Estoy cansada de estar en el pueblo, primito. –dijo soplando la taza de café.

    –¿Por qué? Aquí es todo tan verde, tan puro. No hay prisas… la gente es acogedora… vivir en una gran ciudad te priva de estas cosas.

    –Exactamente por eso, no quiero que la gente sea tan “acogedora”. No puedo hacer nada sin que se entere todo el pueblo. Quiero irme a estudiar una carrera, sentirme libre.

    –¡Vente a Madrid! A nuestra casa ¿Por qué no? Al menos una temporada mientras te aclaras. ¡Mis padres seguro que están encantados!

    –Suena bien, primito.

    Me miró con unos ojos que jamás le había visto. Se le iluminaron al mirarme a mí.

    –Pero dejemos de hablar de mí. ¿Qué tal te fue ayer con Lucía? ¡Cuéntamelo!

    –Pues me quedé a medias… cuando más excitado estaba, paró y se fue…

    Se rio a carcajadas.

    –Ya lo sé.

    –¿Cómo?

    –Sí. Al terminar me lo contó todo por teléfono.

    –No os guardáis secretos por lo que veo…

    –¡No! Nos lo contamos todo. Con todo lujo de detalles. Y por eso sé que esta noche quiere terminar lo que empezasteis. Esta vez te dejará a gusto. Por lo que parece estáis empatados en orgasmos, ¿verdad?

    –Visto así…

    El último día de fiestas en Sierraniebla comenzó sus actos con la misa patronal a las 12 de la mañana a la que tuvimos que asistir todos (algunos obligados) para después ir a comer al restaurante (el único del pueblo) en donde nos tomamos una enorme paella. Entre todos dejamos la paellera limpia.

    El calor apretaba de nuevo esa tarde, y decidí esa tarde dormir un poco. Ya no estaba tan nervioso y pude descansar a pierna suelta durante mi siesta.

    Nuestros padres estaban medio zombis, pero estaban decididos a terminar la última noche bailando. Se fueron y nosotros tras ellos.

    Nos tomamos algo en la barra improvisada de la plaza. Los amigos de Sara no aparecían.

    –Estarán reventados. Mejor vámonos a casa, primito. Lucía me ha dicho que aparecerá allí directamente.

    Regresamos y cumplimos el ritual por última vez.

    Dos golpes. Venda. Desnudo. Cama. Entra…

    Esta vez no me ató, se tumbó a mi lado y me besó con fervor. Con su mano dirigió la mía para que la masturbase. Con mis dedos recorría toda su vagina distribuyendo uniformemente sus fluidos a lo largo de su coño, introduje mis dedos medio y anular varias veces con suavidad mientras en mi oreja escuchaba directamente sus gemidos que penetraban calientes a través de su aliento. Noté cómo se corría: su mano apretó mi pecho mientras la intensidad de sus suspiros aumentaba. No se pudo contener y abrió la boca para soltar un “aaahhm” al ritmo que su cadera se movía y frotaba contra la mía.

    Tocó mi turno. Se situó entre mis piernas y comenzó suavemente a descapullar mi polla, dejó caer saliva encima y se puso a lamerla.

    ¡Era la primera vez que me la mamaban! Se sentía el paraíso.

    Fue bajando sus labios hasta rozar con mi vello púbico. Su mano acariciaba mis testículos durante la felación. Se animó y empezó más fuerte, desde el principio al final de mi miembro, apretando labios.

    “Glup glup glup” es lo que escuchaba. Notaba toda la zona empapada con babas.

    En ese momento rompí una de las reglas, lo creía necesario:

    –¡Me voy a correr!

    Ella no pareció disgustarse por romper nuestro pacto. Al contrario. Aumentó su ritmo sin sacar mi polla de dentro, hasta que ocurrió, desde la base hasta la punta un desbordante chorro de semen recorrió mi polla hasta vaciarse en el interior de su boca. Ella no paraba, cada vez más rápido. ¡Yo estaba sufriendo de gusto! Sentí cómo una segunda remesa de semen salía disparada, ella no paraba. Una tercera mini explosión hizo que ella abriese un poco los labios para dejar caer el semen recorriendo el tronco de mi polla. Y así terminamos, al fin nos habíamos corrido a gusto los dos.

    Se acercó a mí y me acarició la cara. Yo por mi parte subí con mi mano por su cadera hasta rozar su pecho, lo agarré con mi mano y ahí descubrí todo. ¡Ese pecho que no me cabía en la mano no podía ser de Lucía! Lucía no los tenía tan grandes… ¡era de Sara! ¡Todo este tiempo había sido ella!

    Se levantó y se fue.

    Tres golpes.

    Me quité la venda y para mis adentros sonreí con felicidad. Esa sonrisa refleja me dejó confuso. Lo había entendido todo ahora. Sara estaba enamorada de mí. Y algo en mi interior había germinado y brotando en sentimientos por ella también.

    Quinto día.

    A la mañana siguiente desayunamos toda la familia juntos. Esta vez yo no podía parar de mirar a Sara. De admirar su cuerpo, sus pechos, su sonrisa, sus pecas…

    Mis padres cargaron el coche de nuevo y nos despedimos. Abracé a mis tíos y me acerqué a Sara, le di un abrazo y le susurré al oído: nos vemos pronto en Madrid, Lucía.

  • Noche de Halloween

    Noche de Halloween

    Esa noche fue la apropiada para ser la diabla que llevo dentro, compré el mejor disfraz sexy que encontré en una tienda de Sex Shop. Era un body rojo en transparencia que solo cubría con una tela roja brillante la parte de los senos y bajaba una delgada línea por el abdomen hasta llegar en la parte de abajo formando una tanga muy diminuta, encima de este va una falda corta en tul; botas largas rojas y una diadema de cachos de diabla.

    Tomé un taxi para encontrarme con mis amigas en un bar donde esa noche iba a ver una gran fiesta de Halloween. Llegué a ese lugar y estaban mis amigas también muy sexys con sus disfraces lista para disfrutar la noche.

    Entramos al bar pedimos una mesa para cuatro y unos ricos cocteles. El lugar estaba lleno todos los asistentes con sus disfraces muy creativos.

    Salimos con mis amigas a la pista a bailar solas, la música estaba a todo dar; entre nosotras nos gustaba bailar muy sensuales nos rosábamos nuestros cuerpos una con la otra. Notábamos que algunos hombres nos miraban con deseo se les notaba porque se les veía en sus ojos, se mordían los labios y se rosaban sus miembros por encima del pantalón. Nosotras al ver lo que estaba pasando seguíamos en nuestro cuento y así pasaron por varias horas entre el baile y los tragos que nos estábamos tomando esa noche.

    Ya a la media noche con varios tragos en la cabeza me encontraba bailando en la pista sola mientras mis amigas estaban en la mesa departiendo cuando de repente por detrás sentí que alguien me tomo por la cintura y me apretó fuerte hacia él; yo no sé, pero no opuse resistencia ese hombre tenía un perfume que al inhalarlo me hacía estremecer todo mi cuerpo, la forma en como se movía sensualmente al ritmo de la música y sentir su respiración en mi oído me estaba empezando a excitar.

    Continué bailando al ritmo de él, contorneaba mis caderas pasando mis manos por todo mi cuerpo de abajo hacia arriba hasta llegar a mi cabeza tomando mi largo cabello y recogiéndolo como si quisiera hacerme una coleta; él aprovecho esto y empezó a besarme en el cuello, a morderme el lóbulo de mi oreja mientras me apretaba más hacia él, sentía que me restregaba su verga dura por mi trasero.

    Cada vez me ponía más cachonda este desconocido me estaba haciendo sentir muchas cosas en esa pista de baile, se me olvido que había gente alrededor no me importaba quería seguir ahí y sentir como ese hombre pasaba sus manos por mi cuerpo amasaba mis pechos con fuerza varias veces.

    Luego con una mano bajo por todo el abdomen hasta llegar a mi vientre y rozo con su mano mi vulva por encima de la falda, pero después siguió bajando su mano hasta llegar a mi entre pierna y metió su mano por debajo de mi falda hasta llegar nuevamente a mi vulva que se encontraba muy mojada por mis fluidos que me provocaba este hombre que aún no le veía su rostro.

    Luego de varios minutos entre caricias y besos que sucedían en aquella pista, me halo de la mano y me llevo hacia los baños, entramos a uno cerró la puerta con seguro. En aquel lugar con una luz roja de fondo pude ver en el reflejo del espejo el rostro de este hombre que lo cubría con un antifaz negro y estaba totalmente vestido de negro.

    Este hombre me sentó en el mesón de los lavamanos abrió mis piernas y me empezó a besarme de una forma muy apasionada mientras me iba bajando el cierre del body dejando al descubierto mis pechos, luego bajo a ellos los amasaba con fuerza pellizcando mis pezones; empezó a chuparlos mordiendo los pezones.

    Ese hombre se volvió loco jugando con ellos mientras yo gemía fuerte de placer, luego termino de bajarme el body hasta quedar solo con mi tanga diminuta corrió mi tanga aun lado y empezó a jugar con su lengua por mi vulva separándolos hasta llegar a mi clítoris; ese hombre lo chupaba tan rico que empecé a gritar mis gemidos eran cada vez más fuertes, me follaba con su lengua de una manera que no aguante más y tuve mi primer orgasmo… sentía como ese hombre lamia todos mis jugos.

    Me tomo de la cintura y me bajo de ahí haciendo que girará dándole la espalda, por el reflejo del espejo veía que ese hombre sudaba estaba muy agitado. Corrió el hilo de mi tanga a un lado y empezó a lamer entre mis nalgas hasta llegar a mi hoyito, sentía como jugaba con su lengua alrededor de él y luego metió la punta dentro mientras me follaba con sus dedos en mi vagina, me retorcía arrecostada en ese mesón sentía que no podía más las piernas me temblaban sentía que me faltaba el aire pero quería que me penetrará ya.. me hiciera suya así no lo conociera

    -No aguanto más, quiero sentir tu verga dentro de mi

    Se levantó y mirándome a través del espejo me dijo:

    -Eres una puta, ¿te gusta que te den duro?

    -Si así soy, hazlo ya

    Se desabrochó el pantalón luego con una mano se frotaba su verga mientras con la otra lo puso sobre mi espalda empujándome hacia el mesón y me penetro con fuerza de un solo empujón, solté un grito el aquel lugar y empezó a follarme con fuerza, escuchaba como sus bolas se estrellaban con mis nalgas mientras él jadeaba.

    El dolor que sentí al comienzo cambio por gemidos de placer, me tomó del cabello haciendo que arqueé mi espalda y así empezó a pellizcar mis pezones con fuerza… sus embestidas cada vez eran más fuertes… sentía que llegaba mi segundo orgasmo; cuando él soltó mi cabello y me empujo nuevamente contra el mesón vi cómo se lamió sus dedos y los paso por entre el medio de mis nalgas para después penetrarme con uno de ellos.

    El placer subió a otro nivel ese hombre me estaba follando por mis dos agujeros con una fuerza descomunal, mis laditos estaban a mil estaba muy agitada mis piernas me temblaban… por dios no podía más; sentía que me moría en aquel baño del bar… sentía como mis músculos se empezaron a contraer cuando tuve ese gran orgasmo. Sentí como bajaba mis fluidos por mis piernas mezclados por la leche caliente que expulsaba ese hombre, ¡Oh por dios! que forma de coger este hombre, me hizo suya de una forma incomparable.

    Al terminar aquel hombre mientras se acomodaba su pantalón me dijo al oído:

    -Eres una diabla, ese disfraz te quedo al pelo -me lamió toda mi oreja y se fue.

    Esta noche de Halloween no lo voy a olvidar jamás.

  • ¿Se aprovecha de mí o ambos lo hacemos?

    ¿Se aprovecha de mí o ambos lo hacemos?

    Gracias por leer mis relatos y por escribirme para expresarme su agrado por ellos. Les comento que no publico para conocer a nadie; tampoco hago video llamadas, no vendo packs, ni nada. Sólo publico algunas de mis experiencias. Besos.

    Como he comentado en algunos relatos, las tres parejas con las que he vivido –Norberto (Beto), Gabriel y Bernardo, obvio no son sus nombres reales- me han pedido tener sexo con otros hombres y que les cuente, los deje oír o incluso ver cómo me cogen. Y eso sucedió porque en realidad en los tres casos había más interés que amor dos los dos lados. Les platico a grandes rasgos qué pasó en esas relaciones.

    Con Beto, pues yo estaba embarazada de él, pero empecé a salir con él porque pues él era un señor grande, ya establecido y yo quería salirme de mi casa. Por eso acepté salir con él, además cuando empezaba a salir con él falleció mi papá y pues fue un refugio importante. Desde el principio le dije que quería irme de mi casa y ofreció ponerme un departamento e iría a visitarme algunas veces; obvio en varias ocasiones se quedaba.

    Llegó a ponerme chofer un tiempo y pues ya que no estaba enamorada de él, la verdad sí le puse el cuerno varias veces, con el chofer, amigos míos y uno que otro vecino. Incluso ya embarazada lo llegué a hacer; para mi sorpresa les excitaba cogerse a una mujer embarazada de otro.

    Empezamos a vivir juntos ya algunos meses después de haber nacido mi hijo y pues como trabajaba todo el día y salía de viaje, seguí cogiendo con otros. Lo de pedirme que yo tuviera sexo con otros vino después de un problema serio que tuvo de salud y de caer en depresión. Le costaba mucho trabajo lograr mantener un erección, entonces al buscar formas de lograrlo, me pedía que le contara cogidas que había tenido y empezamos a fantasear con hacer tríos o con que me viera coger con tal o cual persona; eso lo llevó a pedirme que tuviera sexo con otras personas y le contara.

    Así tuve sexo con un vecino (Miguel) y un chavo que trabajaba en la tienda del rumbo; después le contaba a Beto cómo me habían cogido. Luego me pidió que me grabara (audio) cogiendo y lo hice. Se masturbaba cuando le contaba o cuando escuchaba mis grabaciones recibiendo buenas dotaciones de verga y leche. Se súper calentaba cuando me oía decirles “qué rica verga, papi”, “qué cogidotas me das”, “me encanta andar de puta”, “échamelos en las tetas” y esas cosas.

    Después los audios no fueron suficientes y me pidió verme coger con otros, así es como un día invité a Miguel –que en realidad fue mi primera infidelidad pedida- y me cogió en mi cama, mientras Beto estaba en el clóset viéndonos. Sólo unas pocas veces me cogieron frente de él, mientras se hacía el dormido de borracho.

    Con Gabriel, mi segunda pareja, empecé a salir cuando yo tenía 28-29 años y él 49. Me lo encontré en la universidad en la que estudié una ocasión que fui a tramitar mi título y me invitó a salir. Esa salida a comer, se convirtió en ir por unas copas y eso se convirtió en ir a coger a un hotel. Por algunas semanas seguimos con esa dinámica, nos veíamos para comer, luego unas copas y luego coger en algún hotel. No teníamos ni dos meses de salir cuando le comenté que tenía que buscar departamento ya que me lo estaba pidiendo la dueña, entonces me dijo que por qué no me mudaba con él.

    Y pues la verdad accedí porque –una vez más- siendo un hombre mayor, ya establecido, pues vivía bien, era estable económicamente, ya divorciado, hijos mayores y además podía ser una imagen paterna para mi hijo, ya que su papá se había ido a vivir a Estados Unidos y no lo veía.

    Pronto me enteré de su fama de cogerse colegas, administrativas y alumnas; además era muy fiestero –lo que incluía alcohol y drogas- y más de una vez lavando su ropa me encontraba manchas de lápiz labial en sus prendas y no sólo en camisas. No le armé drama, pero como tampoco estaba enamorada de él, pues decidí hacer lo mismo y empecé a tener mis aventuras con compañeros del trabajo. Más tarde, con uno que otro de sus ayudantes que iban a la casa a trabajar y como ya tarde Gabriel se quedaba dormido de borracho o drogada, aprovechábamos y me cogían ahí mismo en la casa.

    Un año después de vivir juntos celebramos sus 50 años, hizo una fiesta muy grande en una casa en Cuernavaca, y antes de la fiesta me dijo que de regalo quería tres cosas; una, poder coger con quien él quisiera y yo podía enojarme; dos, que yo tuviera sexo con quisiera, pero que tenía que contarle cuando él me lo dijera; y tres, me lo diría después. Accedí; tuve sexo con dos de los invitados durante la fiesta y con otro ya en la madrugada después. Un par de días después me pidió que le contara, se calentó muchísimo, se vino como nunca y por eso me dijo que lo siguiera haciendo, que podía coger con quien sea, pero que le contara.

    Justamente lo tercer que me pidió, y lo hizo como un mes después, fue verme coger con otra persona. Invitamos a cenar a un amigo suyo y ya entrados en copas, Gabriel fue por otra botella de vino, se tardó mucho y cuando regresó ya estábamos fajando su amigo y yo. Él solo se sentó en la sala a ver; ya cuando me estaban cogiendo, se la sacó y se masturbó hasta que justo antes de venirse me pidió que se la mamara para acabar en mi boca. Ese tipo de cenas se repitió varias veces con otros amigos suyos.

    Con Bernardo fue parecido. Él también era mayor que yo (yo 36 y él 52) y sí estaba establecido, tenía un pequeño negocio, tenía su departamento, coche, en fin, pero no era muy estable; eso lo supe después.

    La cosa es que no tenía trabajo ni dónde vivir, después de separarme de Gabriel viví en casa de una amiga un par de meses y luego otros con una de mis hermanas, fue cuando conocí a Bernardo en una aplicación de citas y me ofreció mudarme con él -junto con mi hijo- incluso en mi/nuestra propia habitación, pero con la condición de que mantuviera limpia la casa, le hiciera de comer, durmiera con él cuando él quisiera y una que otra cosa que me pediría; no aclaró qué. Accedí, porque ya no quería estar de arrimada de casa en casa, además no me desagradaba físicamente, Bernardo; tampoco me encantaba eso sí.

    Los primeros meses me pedía que fuera a su cuarto todas las semanas, pero no diario; después se fueron espaciando las visitas conyugales a su cuarto y noté que no eran tan duras sus erecciones y tampoco eyaculaba tanto. Fue cuando empezó a pedirme que le contara experiencias sexuales que hubiera tenido; me preguntaba cómo me había cogido tal o cual persona, que le contara con detalle, me pedía que lo masturbara mientras le contaba, luego me decía que se la mamara y por lo regular así terminaba.

    Después empezó a decirme que quería ver cómo me cogía Omar –un amigo suyo que se la vivía con nosotros; ya subí un relato sobre esa cogida- o un vecino que teníamos y ya que tuve trabajo, él fantaseaba con que me cogieran en el trabajo, mi jefe o algún compañero y me decía que le contara. Después de que vio cómo me cogió Omar, me dijo que cogiera con los de mi trabajo y me grabara para enseñarle, luego que me cogiera el tío de Omar y así crecía la lista de personas con las que quería verme coger.

    Recuerdo sobre todo una vez que saliendo de un antro –Bernardo, Omar, su tío y yo- me dijo que me fuera atrás con el tío (José) y nos estuvimos fajando, incluso me la metió y se vino; Bernardo y Omar obvio vieron todo. Llegando a casa me hicieron trío Omar y José, Bernardo solo vio, pero me dio por el culo ya después. Otra ocasión hicimos una pequeña fiesta en la casa, me dijo que me ofreciera y me dejara manosear por quien quisiera, pero que escogiera a uno para que me cogiera después de la fiesta; así lo hice y nos vio coger en la sala; el sólo se la jalaba y también me cogió por el culo ya que se fue su amigo. En ambas ocasiones eyaculó muchísimo y la tenía súper dura.

    Mi actual novio es diferente; para empezar es sólo dos años mayor que yo, yo ya estoy estable, tengo mi departamento propio, mi hijo vive solo, así que no necesito más que me traten bien, me respeten y me dejen ser yo; él lo hace. Mi novio me deja coger con quien yo quiera, siempre y cuando sean personas con las que ya haya tenido algo antes de conocerlo a él y de que le cuente, si es que me pregunta.

  • Cuando ella es infiel

    Cuando ella es infiel

    Esta es una breve reflexión sobre la infidelidad femenina. Para aquellos que disfrutan del tema, espero sea una lectura que disfruten. Si pone nervioso a otros, al menos los ayudará a entender una gran verdad.

    Cuando ella es infiel, no pasa igual que con los hombres. Ella no busca satisfacer sus deseos sexuales a toda costa cuando la oportunidad se presenta. Ella no tiene la necesidad de ser complacida más allá de lo que su pareja puede ofrecer. En realidad, es mucho más profundo.

    Cada momento, cada interacción con el hombre que finalmente la lleva a la cama, es un paso de gran importancia en su “caída” a la infidelidad. Desde el momento en que lo conoce, la forma en que ella detecta inconscientemente el valor de ese hombre. Su sonrisa, sus voz, su mirada, la forma en que toma su mano para presentarse, su aroma… eso deja una huella natural en su mente que es difícil de borrar, sin importar nada.

    Las conversaciones que tiene con él, son cada vez más y más profundas. La llevan a lugares en los que nunca había estado; él la invita a imaginar, a soñar, a pensar en lo imposible. Él la hace reír, la hace sentir tan libre de todo problema, solo puede concentrarse en el momento de estar con él, y nada, ni su pareja puede pasar por su mente. Todo sin que ella se dé cuenta.

    Cuando él la toca, la hace sentir única. Esos simples e inocentes toqueteos en su hombro, en su espalda, su cintura. Cuando toca su mano mientras conversan. Cuando se acerca a saludarla y besa su mejilla con delicadeza. Sin saberlo, ella comienza a acercarse más y más a él, a un nivel no solo físico, sino mental y sentimental. La cercanía de él, como hombre, se vuelve natural para ella, y se siente segura… feliz.

    Poco a poco, estar con él no causa en ella sentimiento diferente al de estar con su novio, y ella no lo puede explicar. Es aquí cuando comienza el deseo en ella; cuando lo único que falta para sentir lo mismo que en su relación, es el amor consumarse con él. Para este momento, él sabe que puede avanzar y seducirla más y más, llevarla lentamente al punto donde no habrá marcha atrás.

    Sus toqueteos se vuelven más atrevidos. Ella se vuelve más coqueta con él. Sus interacciones son más emocionantes cada vez. Ella comienza a sentir escalofríos cuando lo saluda, cuando él la abraza. Se siente nerviosa cuando lo mira. Para este punto, ella esta lista y abierta a sentir sus labios en los suyos. Cuando él la besa, en su mente todo cobra sentido; todo lo que ha sentido hasta el momento de pronto tiene su razón de ser. Ella confirma que está enamorada de él, y ese beso es el más dulce que haya recibido. Ahora ella lo mira con amor, con los ojitos más dulces, y haría lo que fuera por él…

    Él está listo para terminar lo que empezó. La va a seducir hasta llevarla a su límite. Interesante es que él no tiene que hacer nada más que causar un deseo tan insoportable en ella, que ella misma dé el paso. Este es el momento más intenso de toda la interacción, cuando es ella la que se entrega, sin presiones, sin ataduras, sin ninguna duda.

    Entregarle su cuerpo a otro hombre es solo la consecuencia de haberle dado su corazón también. Ella se siente llena de amor por él, y ahora necesita sentir su cuerpo lleno de él. Cuando el descubre su cuerpo, es el gran regalo que ella le ofrece. Ella no desea más que ser suya, pertenecerle al hombre que robó su corazón. Ser poseída por él.

    Él comienza a poseerla desde el momento en que desliza el tirante de su vestido. Desde el instante en que libera sus senos, mientras la besa delicadamente. Cuando sus manos se llenan de sus dos hermosos obsequios femeninos, cuando los acaricia, juega con ellos, los jala. Cuando los humedece con su lengua, cuando los chupa y los lame suavemente. Su primer gemido, tan suave, es el quizás el más especial de todos. Es el signo claro de una mujer que se ofrece a sí misma para su hombre.

    Cuando él la desnuda, la mira con deseo, la hace sentir su corazón explotar. La forma en que ella lo besa con pasión se encima en él. La humedad de su vagina que pide a gritos la deliciosa visita de su virilidad. Sus manos obedecen a su cuerpo y se posan sobre su miembro. Para ella no hay un pene más hermoso y atractivo que el del hombre del que está enamorada. Lo acaricia, se asegura de sentirlo, conocerlo. Se vuelve tan cariñosa con él, no que puede más que llenarlo de besos, saborearlo con su lengua, y degustarlo dentro de boca, embriagándose de su sabor. Para él es una vista increíble; la bella chica que conoció hace tan solo unas semanas, desnuda y disfrutando de su falo.

    Finalmente, la consumación de su amor llega. ¿Realmente está siendo infiel? Para este punto, ella ya no le pertenece a su novio, le pertenece a él. Ella dejo su relación desde tiempo atrás, desde que dejó que otro entrara en su mente y su corazón, y recibir su gran pene dentro de ella es solo la consecuencia natural, que ocurriría tarde o temprano. Cada embestida, lenta pero firme, la vuelve loca, y sobre todo, la vuelve más suya. Los besos que recibe de él mientras le hace el amor son mil veces más deliciosos.

    Sus caricias sobre sus senos son mucho más intensas. Los toqueteos se convirtieron en caricias, las risas se volvieron gemidos, los besos en penetraciones. No hay nada más hermoso y erótico, que una mujer entregándose a un nuevo amor. La sensación de sentirse seducida, conquistada… arrebatada de su novio, es inigualable. Nunca se sentiría más mujer que mientras otro hombre la hace suya en la cama. Alcanza su máxima feminidad al encontrarse en celo con él, con otro, mientras su novio la pierde, sin siquiera saberlo.

    Finalmente, en la cúspide de su amor y placer, el termina en su interior, llenando su cremosa vagina con su semen caliente. Sentir su esperma llenándolo la hace sentir plena, amada, segura. Sabe que acaba de dar todo su amor a ese hombre, y recibió el mayor de los regalos; su semilla. Una mujer infiel, siempre está lista para ser preñada por su amante. Es más bien un accidente que no se embarace.

    Todo termina con ella durmiendo en brazos de él, su nuevo hombre. Sin importar lo que pase al día siguiente, ni lo que pase con su novio, ella sabe que se entregó por amor y disfrutó como nunca. Recibió el regalo de sentirse más mujer que nunca antes y nunca jamás, y ahora duerme sonriente, compartiendo el calor de su cuerpo desnudo con el de él, y con la leche tibia aun goteando de su vagina. Toda mujer debería experimentar este calor, el calor de ser infiel, de perderse ante otro hombre y entregarse sin mirar atrás.

    Si se piensa bien, es por esto que películas como “Titanic” o “Diario de una pasión” son tan atractivas para las mujeres. No hay mayor sueño sexual femenino que el sentirse conquistadas por otro hombre, sentir que son el premio que otro logro arrebatarle a su competencia, más aún cuando ella ya le pertenecía a su pareja.

    Espero hayan disfrutado, y sus comentarios son siempre muy bien recibidos.