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  • Blanca la tetona, separada y caliente

    Blanca la tetona, separada y caliente

    Blanca, la esposa separada, le falta atención y mantenimiento. El inicio.

    Ella es una mujer casada, separada, tiene familia, pero hace tiempo que no vive con su esposo. Es chaparrita lo que conocemos con gordibuena, unos pechos grandes que al caminar rebotan y solo quieres seguir contemplando, unas caderas coquetas, tiene una cara simpática, es amable con todo el mundo, pero detrás de esa carita se encuentra una mujer erótica.

    Todo comenzó con una solicitud en las redes sociales, la cual acepto al instante.

    Nos conocimos y platicábamos de la vida, no paso por mi cabeza coger con ella solo quería mirar sus fotos y tocarme con ellas, pues era muy amable.

    Tras varios meses de plática, un día sin querer le dije “estoy cansado solo me dedico a trabajar necesito un desestres”.

    Ella respondió “uy si yo también necesito uno vamos”.

    Contesté, “vamos está en $250, 6 horas”.

    Ella, “ay bebé te pasas, como crees que pena que me vean entrar a un lugar así”.

    Me quedé sorprendido porque no negó que quisiera intimar conmigo, solo que la reconocieran pues ella es casada.

    Le dije “pena robar”, a lo cual le pregunté “pues hace cuánto que no coges con tu esposo”, me dice “ay cariño, no vivo con él pues me fue infiel y me cambio, pero no porque el cabrón lo hizo yo también. Pero si tiene tiempo que no disfruto de ese placer de la vida”.

    Le dije “pues falta de confianza, yo le puedo dar su mantenimiento cada vez que lo necesite”, hablando en doble sentido, ya que me fascinan las indirectas directas.

    Ella me dice, “cabroncito me saliste, pues mi equipo es grande y necesita que le echen una buena mano. No tengo dinero, pero te invito a comer”.

    Yo contesté, “uy sabe me encantan las pechugas son mis favoritas, y las piernas y muslos las disfruto”.

    A lo que me dice “solo si lleva chile, porque a mí me encanta el chile, hace que mis piernas y muslos saquen mucho jugo”.

    Ya entrados en calor le dije “a ver enséñame sus pechugas”, y llega un video de unas tetas si bien un poco caídas, pero jugosas, grandes, las cuales ella tocaba y cargaba y dejaba caer, demostrando lo grande que eran y con los dedos pellizcaba sus pezones estaban durísimos.

    “Uy que delicia blanca, que pendejo es tu esposo, cambiar este par de lolas por otra”.

    Me dice “jajaja que cosas dices, pero si es un pendejo dejo todo esto”.

    “Ay blanquita” yo ya todo excitado por esas tetas que quería probar, ella me dice “además yo soy de sangre caliente y mi esposo solo me la metía y a mí me gusta el cachondeo por eso quizá fue mejor que se fuera”.

    Abrí más los ojos al leer esto y le dije “¿así? ¿Pues como eres?”.

    Me dice “me gusta coger, me gusta que jueguen conmigo que me exciten, que me toquen, me gusta sentir como me aprietan mis tetas, como las chupan, las manosean, me gusta sentirme un objeto sexual, me gusta sentir como me mojo y gotean de mi vagina mis jugos, soy muy sensible y siempre que me dedean tengo orgasmos abundantes”, terminaba de leer cuando llega otro video donde esta ella abierta de piernas y metiéndose los dedos, gimiendo con ganas cuando tiene un squirt abundante y ella solo dice “si que rico sii, así me gusta…”.

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  • Una mansión que acoge infinidad de orgías (8)

    Una mansión que acoge infinidad de orgías (8)

    Una vez que ya se quedó sola Marisol en la garita, al haberse marchado su compañero Julián, esta comenzó a hacer zapping por los diferentes monitores que conectan con las habitaciones.

    En la habitación 4 observa que hay tres parejas muy apuestas y atractivas. Cada una de ellas pone en práctica una postura diferente del Kama Sutra.

    La primera pareja está compuesta de un chico de 1,90 m, rubio y con ojos azules. La chica andará en el 1,70 m y es pelirroja y con pecas. Los dos parecen dioses bajados del Olimpo. Ella está de pie, contra la pared, y se agarra a unas anillas. El chico la está empotrando con saña. A veces se la enchufa en el coño y otras veces lo hace por el ano. Va alternando las entradas, pero sin perder la comba y el ritmo.

    La segunda pareja la componen un maromo de 1,86 m, rapado al cero y con una copiosa barba. La fulana medirá 1,65 m, pelo corto y con labios muy carnosos e hinchados. Esta pareja también está de pie, con la diferencia de que la hembra está colgada, como un koala, del cuello del mocetón. Las hermosas y contorneadas piernas las coloca rodeando la cintura del chaval. Este, sujetándola bien por las cachas, va marcando el ritmo. Gracias a sus desarrollados y considerables bíceps y tríceps, no le cuesta nada subir y bajar el cuerpo de aquella cortesana, para así proporcionarle placer y su correspondiente orgasmo.

    La tercera pareja la forma un chaval de 1,70 m, pelirrojo y algo escuchimizado. La hembra es una auténtica loba. Una rubia despampanante de ojos negros y con el cuerpo lleno de tatuajes. Esta pareja practica la postura del sofá (él sentado y ella a su vez sentada sobre él, pero dándole la espalda). El ritmo del fuelle lo marca la chica. El chico bufa, le cuesta mantener la concentración para no correrse tan pronto. La golfa marca un buen ritmo de mete-sacas. A veces, la furcia, se la mete por el culo, y aunque entra de forma más trabajosa, no por ello baja el ritmo.

    Así estuvieron una buena media hora. El acaloramiento les daba un cierto brillo a sus cuerpos desnudos. Los cabellos comenzaban a estar un poco chorretosos, por el sudor.

    El primer chaval, cuando se corrió, lo hizo sobre las nalgas de la chica. Esta, después, fue pasando sus dedos por la zona encharcada. Recoge algunos restos de esperma y se los lleva a la boca, para saborearlos. Puso cara de que le agradó.

    La segunda pareja se corrió al unísono, quedando enganchados algún tiempo más. Cuando la chica decide descolgarse del chaval para ir a buscar una cerveza, se observa cómo se le va escurriendo el semen por los muslos.

    El tercer chaval se vació en el trasero de la manceba. Con las palmas de las manos eleva un poco las cachas de la chica, para tener la holgura suficiente y poder petarle el culo con rudeza y conseguir una eyaculación placentera. Después, la chica, lo mandó tumbarse en el suelo. Ella se colocó en cuclillas sobre su cara y le vació todo el esperma para que lo saboreara, y ya de camino, que le pegara un buen morreo al ano.

    Marisol se puso tan cachonda que no pudo resistir el llamar a esa habitación, para que los tres maromos fueran a la garita de seguridad y tirárselos a un tiempo, en su noche de guardia. Los chicos aceptaron.

    Mientras esperaba la llegada de los tres guarros, Marisol hizo zapping a la habitación 1. Allí se encuentra una condesa muy peripuesta. Pertenece a la directiva de la mansión El Edén y es una de sus mayores accionistas. Es una mujer de unos 66 años, 1,60 m de altura y con casi 100 kg de peso. Su cuerpo es como un colchón de agua. Es muy fofa, no es de carnes prietas.

    La mujer está sentada sobre la cara de un puto. La cama en la que se ubican es de estilo rococó, muy señorial. Ella ni se mueve. No hace el menor gesto de frote intentando buscar su propio placer. Tampoco hacía falta. Por la cara de golfa babeante que pone, se nota que el chico le está trabajando los bajos a conciencia. Aunque no se ve nada (por el inmenso volumen corporal de la señora), es obvio que el gigoló le proporcionó, por lo menos, tres orgasmos en lo que llevan de sesión de cunnilingus.

    –Siempre habrá clases, cariño. Siempre habrá quien esté arriba, gozando de los placeres de la vida y de buenos orgasmos, y quien esté abajo, haciendo el trabajo sucio de lamer culos y rajas ensangrentadas. Por lo menos, conmigo, no tendrás la preocupación de si te vas a tragar restos de la menstruación, ¿verdad? –dijo la condesa, con sorna, y soltó unas carcajadas.

    Por fin llegaron los tres chicos a la garita. Aunque Marisol solo tiene 26 años no se amedrenta ante tanto macho musculado. Al que mide 1,70 m, por ser 5 cm más bajito que ella, lo convertirá en el esclavo del grupo. Le encanta utilizar a uno de sus amantes, cuando monta orgías, como chivo expiatorio, y así vengarse de la sociedad patriarcal en la que le tocó vivir.

    Marisol se desprendió de su uniforme en un santiamén. Ellos venían en albornoz y quedaron en pelotas en un plis plas, también. Sus rabos, en vivo y no a través del monitor, se veían más grandes y gordos. Se nota que utilizan bombas de vacío para muscular y alargar, más aún si cabe, aquellas nada despreciables pollas.

    Marisol, al ver la copiosa barba de uno de ellos, se acordó de que tenía que pedir cita con la habitación 25, que es una sala de rasuración (una mezcla de salón de belleza, peluquería y barbería). Marisol acude a este lugar una vez por semana. Cambió al monitor 25, para observar qué ocurría en la Sala de Rasuración.

    La Sala de Rasuración tiene 20 sillones. Un biombo separa los sillones utilizados por hombres de los utilizados por mujeres. Allí se rasura la parte del cuerpo que el cliente pida. Las zonas más rasuradas en esta sala son las axilas, el pubis (con todo su contorno), y las piernas.

    Los y las maestros tienen unos ayudantes. Hay ayudantes que se dedican a utilizar sus bocas y lengua a modo de bálsamo. Lamen y besan las zonas del cuerpo recién depiladas, para que las clientas no sientan demasiado el escozor. Cuando el rasurado se practica a navaja o con cuchilla, que es la mayoría de las veces (en contadas ocasiones se utiliza la cera o el láser), pues hay otro grupo de ayudantes que se dedica a cambiar los cuencos (que suelen contener agua caliente), por otros nuevos, cuando ya el agua está turbia y con abundantes micro pelos en el fondo del recipiente o flotando en la superficie.

    Pero en esta mansión nada se desperdicia y esta agua turbia los ayudantes la vacían en sus gargantas. Beben con ganas. Se relamen recogiendo los micro pelos que pudieran quedarles en la comisura de sus labios.

    La segurata estaba tan salida (viendo las guarradas que los ayudantes de los maestros exponen con tanta lascivia), que se puso de inmediato manos a la obra con sus putos, los cuales ya tenían sus rabos en posición de firmes.

    Al rubio de ojos azules lo mandó tumbarse en el suelo. Marisol lo montó, dándole la espalda y metiéndose por el culo la verga del mancebo. Bombeó con rabia aquella tranca, durante unos minutos. Después se recostó un poco y ordenó al calvo de barba copiosa que se la metiera en el coño. Estuvieron practicando este peculiar sándwich un buen rato. El pelirrojo escuchimizado en ocasiones le metía el rabo en la boca a Marisol y otras veces hacía de mamporrero, metiendo en sus orificios correspondientes las pichas que por descuido se salían y lamiendo los bajos de los tres actores en acción.

    Marisol decidió darse la vuelta. Ahora en el suelo se colocó el pelirrojo. La segurata se enchufa su verga en el coño. Se inclina un poco para lamer los pezones y el cuello al chaval. El rubio, aprovechando que Marisol tenía en pompa y bien abierto el trasero, se le acerca y la ensarta por el culo en dos estocadas. Con esta modalidad de sándwich (a diferencia de la modalidad anterior), es el esfínter anal el que recibe con furia las emboladas, mientras que el coño solo se limita a albergar la polla. El chico de abajo apenas se puede mover y bastante hace con conseguir que la polla no se desinfle.

    La chica besa al pelirrojo y le lame las orejas. El calvorotas se coloca enfrente, para que Marisol le haga una felación. La muy guarra no se lo piensa dos veces y engulle aquel falo de 18 cm, al completo. Estuvo practicando una buena garganta profunda con aquel rabo alrededor de un cuarto de hora. Las babas que se le iban escurriendo por la comisura de los labios y deslizándose por los huevos del barbudo, caían en la cara del pelirrojo. Marisol, en ocasiones, se sacaba la polla de la boca y soltaba unos abundantes y espesos espumarajos sobre la cara del chivo expiatorio.

    –Abre la boca y trágatelo todo. Es un alimento muy nutritivo, mi amor –le dijo al mancebo escuchimizado, guiñándole un ojo.

    Decidieron cambiar de postura. En esta ocasión lo harían de pie. Marisol se cuelga del pescuezo del barbudo y con sus piernas lo abraza por la cintura. El fulano se la clava en el chocho. El rubio se coloca detrás de ella y abriéndole bien las nalgas se la calca por el culo. Hicieron un sándwich, pero esta vez de pie. Marisol levitaba, los chicos la sujetaban por los muslos, nalgas o por la cintura. Entre los dos podían, con cierta comodidad, manejar bien a aquella hembra endiosada.

    El pelirrojo se coloca bajo palio y va lamiendo todo lo que se le pone a tiro. Cuando algún rabo se sale, el chaval le pega unos cuantos chupetones y lo vuelve a incrustar en su agujero correspondiente.

    Los chavales sudaban lo suyo dándole fuelle fuerte a la chica. Los dos, a un tiempo, la clavaban y desclavaban de sus respectivos orificios. Sincronizan sus movimientos de emboladas. Marisol empalmó tres orgasmos seguidos. Tan intensas fueron sus corridas, que le provocaron unos espasmos salvajes. Su squirt no se desperdiciaría. Lo recoge el pelirrojo en su boca. Coloca los morros al modo de estar bebiendo de un botijo. También lame los cachos de polla que van quedando a la vista y los huevos de sus compañeros, buscando restos de squirt. Lo paladea, saborea y después se lo traga todo. ¡Es el mejor champagne del mundo!

    A los veinte minutos de estar trajinándose a la hembra en esta posición, los chicos deciden ponerse de acuerdo y correrse al unísono. Se concentran, y al rato, inundan las entrañas de esta zorra insaciable de una ingente cantidad de esperma. Después de correrse siguen con sus pollas en el interior del coño y el culo de la potranca, hasta que, con el paso de los minutos (al volverse flácidas), fueron saliendo de sus escondrijos ellas solas. Detrás de ellas salieron unos buenos chorros de líquido viscoso. Los que salían del chocho mantenían su original color blanco, pero los que lo hacían por el trasero, eran de un color más oscuro, como de café con leche.

    El guarro pelirrojo lo sorbía y tragaba todo con sumo placer. Los chicos seguían sujetando a la furcia en aire, para que el pelirrojo pudiera lamerle el ojete y el conejo a gusto, buscando los restos de las cuajadas de sus colegas. También chupeteó los capullos de sus pichas, extrayendo las últimas gotas de oro blanco.

    Cuando Marisol se bajó de su particular tiovivo, se puso de rodillas y le comió el rabo al pelirrojo. Este estaba tan cachondo que se corrió enseguida. Marisol hizo unas gárgaras y luego escupió en una copa toda la lechada. Volvió a meterse todo el líquido en la boca y volvió a hacer otra sesión de gárgaras. Lo escupió en la copa. Esta vez había más contenido, pues al semen había que añadirle una buena cantidad de saliva espumosa. Marisol puso en práctica una tercera sesión de gárgaras, volviendo a sorber el líquido de la copa.

    Cuando lo escupió por tercera vez, la copa estaba prácticamente llena de semen y espumarajos. La golfa se lo dio a beber al pelirrojo. Este se tragó todo, sin dejar una sola gota en el interior de la copa. Los restos de semen y saliva espumosos que quedaron pegados en los laterales de la copa, los recogió con un dedo y se lo fue chupando.

    Marisol quedó encantada con este chivo expiatorio. Contactaría con él sin dudarlo, para otros encuentros. No es fácil conseguir a un excelente cuckold con el cual poner la guinda a una morbosa y excitante sesión de sexo duro. Se despidió de los tres dándoles un fabuloso morreo y les agradeció la sesión de sexo que le habían regalado.

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  • Hotel Spa (parte 2 y final)

    Hotel Spa (parte 2 y final)

    Mientas Anthony termina su jornada laboral me dirijo al baño a darme una ducha para retirar el aceite, retoco mi cuerpo y aplico crema; quiero darle una sorpresa así que me coloco una lencería roja muy sexy, es un brasier que realza mi busto en encaje con tiras sobre el busto y por debajo, brasilera del mismo material con un triángulo pequeño y el resto son tiras hundiéndose entre el medio de mis nalgas; me coloco un liguero que tiene un moño coqueto y sandalias negras. Dejó mi cabello suelto lápiz labial rojo y para que mi cuerpo ilumine un poco me aplico una cera corporal, perfume y listo me encanta la mujer perra en celo que está en frente al espejo.

    Toc toc… tocan a mi puerta… abro y es Anthony cambiado de ropa bañado y oliendo delicioso.

    -Entra por favor

    -Que hermosa te ves

    -Y eso que no has visto lo mejor

    Me retiro la bata de satín negro y lo dejo caer al piso.

    -¡Uf!… que es todo eso tan delicioso -me mira con deseo mientras se muerde los labios

    -¿Te gusta? -Mientras doy un giro sobre el mismo lugar

    -¡Uf!… de rojo me pones como un toro

    -Entonces dame una buena corrida esta noche

    Se va directo a mi besándome con ganas mientras con el pie cierra la puerta.

    -Te dije que te ayudaría a relajarte durante tu estadía, así que te iras renovada

    -Dame con toda

    Me lleva al balcón y me apoya sobre el barandal haciendo que suba una pierna mientras me besa con descaro.

    -No sabes cuanto me gustas desde que te vi al llegar

    -¿Por eso fuiste muy atento conmigo?

    -Quería llamar tu atención

    -Y tu al darme el servicio de masajes

    -Todo fue un plan

    -¡Oh vaya!.. pues lo lograste y acá me tienes caballero

    Suelta mi brasier y se va directo a chupar mis tetas mordiendo cada una por varias partes… las une, las olfatea, las amasa, las lame… en fin la está dándola toda y yo feliz ganosita por más.

    -¡Ah, si que rico las chupas

    Continúa bajando por mi abdomen llegando a mi ombligo y hunde su lengua haciendo círculos mientras no deja de mirarme. Continúa bajando y olfatea mi sexo.

    -Mnn… hueles a perra en celo

    Corre a un costado mi tanga y le la una lamida, luego abre los labios y chupa de una manera loca.

    -¡Oh si, que rico papí!

    Coloca una pierna sobre su hombro y alarga esa lengua para llegar a mi hoyito.

    -Estas muy rica

    Me gira y abre mis nalgas corriendo la tira de la tanga a un lado y continúa lamiendo desde mi coño llegando a mi hoyito, juega con la punta de su lengua tratando de entrar… es una delicia ese beso negro.

    -Tengo tantas ganas de hundirme en él

    -¡Gánatelo!

    Se levanta se desnuda y se sienta en una silla que allí se encuentra ofreciéndome su pedazo de carne.

    -Ven siéntate aquí -me muestra su verga erecta

    Su verga es delgada en la punta y va engrosando hasta el tallo y es larga que alcanza al esternón.

    Camino hacia él y antes de sentarme llevo una mano a mi boca pasando la lengua y corro a un costado mi tanga y me froto mi coño; él se muerde los labios y se frota su verga… abro mis piernas y me voy sentando sobre su regazo mientras froto mi coño… no dejo de mirarlo, lo guio con mi mirada para que vea lo que hago.

    -Dime que deseas

    -Que te claves mi verga

    -Como, ¿Así? -me apunto con su verga y solo hundo su punta y luego la saco

    -Me estas provocando

    Hago el mismo movimiento y él trata de hundirse levantando su cadera. Llevo nuevamente mi mano a mi boca y me froto mi coño.

    -Eres una puta ¿lo sabias?, una mujer fascinante. Veo que disfrutas del sexo, de tu cuerpo… del auto placer

    Abro mis labios y me dejo caer sobre su verga haciendo que salga un gemido intenso profundo y Anthony suelta una respiración profunda cerrando los ojos. Muevo mis caderas en círculos mientras me agarro del espaldar de la silla. Anthony me toma de la cadera y me aprisiona contra él y así nos quedamos unos minutos; luego pasa sus manos por mi espalda arañándola y posteriormente me toma del cabello y hace que arqueé mi espalda.

    Muevo mi cadera de adelante hacia atrás y en círculos también, él suelta mi cabello y lleva una mano a mi raja buscando mi hoyito para estimularlo… aceleró mis movimientos y él hunde un dedo y me folla el culo… no decimos nada solo se escucha nuestros gemidos y nos miramos con lascivia.

    Empiezo a darme unos sentones y él hunde otro dedo en mi culo y continúa follándome.

    -Ese dedo me pone cachonda

    Acelero mis movimientos hasta que grito y exploto en mi cuarto orgasmo de la noche.

    -Quiero correrme en ese culo delicioso

    Me levanto y giro quedando a espaldas y me voy sentando de nuevo abriendo mis nalgas.

    -Dale todo tuyo, te lo has ganado por esos cuatro orgasmos

    Él me ayuda a meterme su verga lentamente hasta quedar sentada sobre su regazo me quedo quieta para adaptarme y él me besa mi espalda mientras me da unos masajes.

    -Gracias Gabriela

    -Gracias a ti por esta noche

    Al no sentir dolor me dejo caer sobre su pecho y apoyo mis piernas a cada lado de la silla y él me toma por la cintura y empieza a follarme el culo, levanto un poco apoyándome a cada lado de la silla para que él pueda moverse mejor, es una pose algo incómoda pero me gusta.

    -Déjate caer Gabriela

    Me dejo caer y él corre mi tanguita a un lado y empieza a follarme con cuatro dedos en mi coño mientras muerde mi espalda… sentir esa doble penetración hace que gime como loca, llevo mis manos a mis tetas y las amaso con fuerza… me folla velozmente hasta que llego a un quinto orgasmo.

    -Ahora déjame correrme dentro de ti

    Bajo mis piernas y me levanto yendo al barandal, lo miro sobre mi hombro mientras me doy una nalgada y abro mis nalgas para él.

    -Ven papi todo tuyo, lléname de mucha leche

    Él se levanta y me toma por el cuello apretando con algo de fuerza… pasa su lengua por mi mejilla mientras con su verga apunta mi culo.

    -Abra esas nalgas para mí

    Las abro halando el hilo y él me apunta y se clava suavemente hasta entrar totalmente.

    -¡Uy! Como aprieta de rico

    -Fóllame el culo toda la noche o lo que queda de ella.

    Sin soltarme del cuello me toma por mi cintura y empieza a embestirme con fuerza… se escucha el choque entre su pelvis contra mis nalgas.

    -¡Oh si que rico culo!

    -Eso papi dame más, lléname toda

    Corro mi tanga a un lado llevando una mano a mi coño y me froto el clítoris para darme más placer. Me suelta y me agarra de la cadera para aumentar sus embestidas… Mis tetas rebotan, sigo frotando mi coño hasta lograr mi orgasmo nuevamente mientras él se clava duro disparando su leche en mi… de lo morboso se retira y ve como su leche sale de mi hoyito escurriendo por mis piernas.

    -¿Me regalas una foto de tu culo así dilatado y chorreando mi leche?

    -Si papi pero lo tomas con mi celular

    Le paso el celular y toma una captura y un video corto.

    -Mira como se ve

    -¡Wao! Es la primera vez que puedo ver mi hoyito así y chorreando leche… Wao me excita quiero más

    -La verdad me sorprendes

    Terminé mi estadía en aquel lugar con toda, Anthony dándome unas buenas cogidas por mis tres orificios sobre todo anales.

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  • Mamadas en el carro

    Mamadas en el carro

    El viernes después de la oficina pasarías a mi casa para salir a cenar, me pediste por favor llevarme falda corta, supe de inmediato tus intensiones para ello.

    Estaba un poco cansada pero deseosa de verte ya que tenía días sin saber de ti, tomé una ducha por la tarde y rasuré mi parte intima, por “si acaso”, usé perfume por todo mi cuerpo y la tanga negra que me va bien, (eso siempre me dices) veo que te pones caliente cuando la uso, un sostén transparente que dejaba ver como mis pezones se ponían erectos a la más mínima excitación, una blusa sin mangas con escote amplio, falda pegada y corta hasta la mitad de mis piernas, zapatillas de tacón relativamente alto.

    Enviaste un mensaje para saber que estabas fuera, salí y como todo un caballero me besaste, abriste la puerta para que yo subiera, volteaste a ambos lados y me metiste una nalgada apretando después la nalga, “tonto” ¡siempre me haces reír y excitarme con eso! Subiste y no dejaba de sonreírte por “tu travesura” pude percibir el olor de tu perfume que me encanta, te besé en la boca y claro que apreté mi caramelo preferido para saludarlo.

    Fuimos a cenar cerca de ahí, hicimos comentarios graciosos y de vez en vez me manoseabas bajo la mesa cuando nadie nos veía, metías la mano bajo mi falda y llegabas a tocar por encima de la tanga, yo volteaba para ver a los otros comensales, pero nadie se percató, yo ya me sentía muy caliente, chupabas mi cuello y llegabas a lamer mis labios, yo te decía al oído que ya estaba caliente, el color de mi cara ya era rojo, lo pude sentir y comencé a sudar también…

    Todo el juego fue por debajo de la mesa, ¡pude tocarte y sentir lo duro que ya estabas papito!, traté de bajarte el cierre para sentir su piel, pero me detuviste…

    Fui al baño para poder refrescarme, sentí tu mirada deseosa y morbosa al verme caminar, volteé para verificarlo y si, me estabas viendo todo cachondo… Entre a hacer pipi, ya sentía como palpitaba mi puchita, quería meterme los dedos, pero preferí esperar para sentir los tuyos, solamente la sequé y salí para poner agua sobre mi cara y mi cabello.

    Al regresar ya habías pagado la cuenta y estabas mas que listo para salir, tomaste mi mano y salimos rumbo al carro, no dejabas de tocar mis piernas de arriba abajo, arrancaste y lo seguías haciendo hasta tocar la pucha que ya estaba húmeda “¿a dónde vamos? Ya estoy bien caliente”…

    Sin más que decir te abrí la bragueta y comencé a mamarla, ya la tenías más que dura, brillosa, venosa, olía delicioso, estaba mojadita también aproveché para jalártela con esa lubricación, ¡oh! I tu cara de deseo, jalaste mis cabellos y me la metiste hasta la garganta varias veces, mi saliva ya había mojado todo el rededor de su pantalón, te encanta verme llorar por la atragantada que me das, yo ya tenía más que hinchada y mojada la pucha, comencé a meterme los dedos, ya estaba muy caliente, tu seguías manejando hasta que encontramos un lugar oscuro cerca de ahí, sin más nos estacionamos.

    Nos bajamos para ir a la parte trasera, me jalaste y acomodaste en el asiento me abriste e hiciste a un lado la tanga para empezarme a mamar ¡uf! ¡Mi vida! Amo tus mamadas, me la chupas tan rico, comienzo a mover las caderas toda caliente, empiezas a dedearme y sentí como ya tenía mojadas las nalgas, apretabas mis senos y metiste la mano para tocarme los pezones después me levanté para seguir mamándote yo… Que rica saliva combinada con tus jugos, que delicia tu cabeza mojada, tu frenillo, lo toco con la lengua y succiono para hacerte gemir, me gusta succionarte de arriba abajo escupirla y volverme a tragar todo…

    ¡Después de eso, comenzaron a tocar las ventanillas! ¡Nos detuvimos de inmediato, nos enderezamos la ropa y nos pasamos a los asientos de enfrente como pudimos ja ja ja era un policía!

    Te pidió tu nombre y licencia… Tu solamente dijiste que ya nos íbamos… ¡después solo sentí como acelerabas el carro! Estaba muerta de nervios e igual tú, me preguntabas si nos venían siguiendo, yo volteaba, pero no veía nada… ¡Llegamos como pudimos a mi casa! ¡Terminamos riendo y temblando de tanto estrés y adrenalina jajaja… Amo esa aventura!

    Completamente tuya…

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  • El morbo por el culo de doña Felisa fue mi perdición (2)

    El morbo por el culo de doña Felisa fue mi perdición (2)

    El camino del infierno está lleno de buenas intenciones. Me lo repetía una y mil veces cuando recordaba la depresión que tuve inmediatamente después de la revolcada sexual con doña Felisa. Pues a pesar de la misma, mi pensamiento volvía recurrentemente a recordar aquella tarde donde me venció el morbo por el culo de mi vecina. Lo cierto es que ese culo me había dado una tremenda satisfacción y me costaba olvidarlo.

    Para aquellos lectores que no hayan leído mi anterior experiencia y que titulé “El morbo por el culo de doña Felisa fue mi perdición”, corresponde decir que la Felisa de marras es una vecina española de 60 años portadora de un culo de esos que difícilmente pasen desapercibidos y que era motivo de mis más locos deseos sexuales.

    Como se recordará, mi experiencia sexual con doña Felisa se limitó a un solo encuentro, pues a pesar de haber saciado su apetito sexual esa tarde, Felisa tuvo miedo de que se pudieran anoticiar su marido Pancho o alguno de sus hijos, y el temor se superpuso a sus grandes deseos de vivir nuevamente la experiencia que no le brindaba su marido. Repito que me había prometido a mí mismo no volver al asunto, pero cada tanto venía a mi mente lo sucedido esa tarde y lo mucho que había gozado haciéndole el dichoso culo español de Felisa.

    Recordaba cada centímetro de ese portento, su piel suave y su redondez frutal, tanto como su ojete fruncido y luego abierto para la gran faena. Tanta era la fantasía que me había quedado grabada, que una noche recordándolo me tuve que hacer una descomunal paja para calmarme. Aunque quería evitarlo, finalmente me tuve que convencer que ese culo me seguía provocando y quería volver a disfrutarlo. Así estaban las cosas, cuando unos meses después me comentaron que Pancho, su esposo, había dejado este mundo a causa de un fulminante infarto cardíaco.

    En la primera oportunidad que nos encontramos después de ese suceso, tuve la ocasión de darle un cariñoso beso y mi pésame a doña Felisa. Recuerdo que la encontré desmejorada, supuestamente por lo mal que lo había pasado. Había perdido unos kilos y se la notaba pálida y desganada. Con el correr de los días la seguía viendo por la calle y en el dichoso almacén de nuestros repetidos encuentros.

    Nos cruzábamos saludos amistosos, hasta que, pasado un buen tiempo de la partida de Pancho, nos encontramos nuevamente por la calle y me saludo sonriendo y hasta me guiño un ojo picarescamente. Me quedé pensando en esa actitud y dudé mucho en llamarla para saber de qué motivaba ese guiño.

    Mientras yo dejaba pasar los días dudando si hacerlo o no, una noche de esas para sorpresa mía, recibo un llamado suyo.

    —¿Hola Marcos, como estás muchacho lindo?

    —¿Yo muy bien Felisa y tú? ¿A qué se debe la sorpresa de esta llamada?

    —Bueno ahora estoy bastante mejor. Lo de Pancho fue muy sorpresivo y nos afectó a todos en la familia. Pero ya está y no lo podemos remediar, la vida sigue adelante. La soledad te permite pensar y recordar muchas cosas lindas y también de las otras, entre ellas la falta de sexo en que me tenía el finado. Mira no voy a dar rodeos. Te llamo porque desde hace muchas noches vengo soñando contigo y de lo bien que la pasé aquella vez cuando me llevaste a ese hotel. Para que te voy a engañar chaval, aquello me gustó mucho y ahora que estoy sola me pongo cachonda recordándolo, con decirte que hasta me tuve que tocar ahí abajo porque no aguantaba más el picor de mi chocho.

    —¿Te hiciste una pajita Felisa? ¿Es para tanto? —le dije haciéndome el sorprendido.

    —Y mucho Marquitos. No fue una pajita fue una paja descontrolada a puro dedo en mi raja. Estoy tan caliente que había pensado que tal vez tú querrías repetir ya que decías que te gustaba tanto mi culo. Ahora que estoy libre no tengo ataduras ni miedos.

    —Y me sigue gustando Felisa. Qué bueno que hayas perdida el miedo y recuperado el apetito sexual. Por supuesto que estoy por la labor. —dije traicionando mis convicciones previas.

    —¿Estupendo, y cuando puedes? Disculpa, pero estoy muy ansiosa. Parezco una chavala.

    —A ver, que te parece pasado mañana. Como la vez anterior te recojo en el mismo sitio a las 15 horas, ¿vale?

    —Vale mi muchacho, ya sabía yo que no me podías fallar. Ahí estaré esperándote.

    Ese día pasé a buscarla como habíamos convenido. Allí estaba puntual luciendo una pollera bien ajustada que resaltaba su poderoso culo y una blusa, prendas livianas teniendo en cuanta el calor que hacía ese día. No bien subió a mi auto, y luego del beso de bienvenida no perdimos tiempo y nos empezamos a toquetear recíprocamente. Felisa me acariciaba la polla por encima del pantalón y yo retribuía levantando su pollera y metiendo mano a su entrepierna hasta tocar su chocho. Poco a poco mi picha fue tomando volumen y su braga empezó a mojarse, era el preludio de un encuentro con mucha carga de ansiedad carnal.

    Decidí cambiar de hotel y fuimos a uno más alejado, pero mucho más moderno. Tiene yacusi y unos muebles apropiados para follar en distintas posiciones. No bien entrados a la habitación, Felisa se abalanzó para abrazarme y darme un beso mientras me apretaba la verga con una mano. Mirando en derredor abrió grandes los ojos cuando vio los muebles extraños para ella. Me lanzó una mirada inquisidora.

    —Es una sorpresa Felisa. Son para que podamos disfrutar con más facilidad.

    —¿Y cómo diablos es eso? —Preguntó.

    —Ya lo verás. Te prometo que lo vas a pasar muy bien.

    —Si tú lo dices.

    Guiñándome un ojo desapareció para el baño, para asearse bien las partes, según me dijo. Al rato reapareció luciendo solo un sostén y un cachetero, ambos de encaje y color negro. Me sorprendió que hubiera conseguido un cachetero que pudiera contener semejante pedazo de culo. Era evidente que la veterana se había preparado para la fiesta, y a decir verdad estaba mucho mejor que la vez anterior.

    Los kilos perdidos habían modelado un poco su silueta y respetado la dimensión del hermoso culo, que lucía a mis ojos, mucho más tentador que la vez anterior. Por lo demás su figura parecía haberse mejorado y aparentaba unos años menos. Se vino hacia mí y comenzó a desvestirme al tiempo que me decía.

    —¿Qué pasa Marcos que todavía estás vestido?

    —Es que me quedé pensando en que cosas te gustaría vivir hoy. ¿Mi bocado será tu culo, pero y tú?

    —A mí todo me va bien, pero me encantaría comerte ese pedazo de verga que he soñado cada noche desde hace varios meses.

    —Pues vale Felisa. ¿Ves esa silla rara que está ahí? Pues está preparada para que me comas la picha o bien yo te coma tu chumino.

    —Pues ahora que ya estás desnudo ven y siéntate, no perdamos tiempo que llevo mucha prisa por comerte ese paquete que llevas.

    Me senté en la silla erótica bien abierto de piernas de modo que mis cojones y la verga quedaron colgando a disposición de Felisa quien sin pérdida de tiempo dio manos a la obra. Arrodillada frente a mí, comenzó a trabajar con sus manos y la boca. Mientras me acariciaba los testículos, con su lengua comenzó a lamerme el falo desde la base hasta el glande. Sus labios carnosos recorrían todo lo largo de mi aparato succionándolo y cada tanto me daba suaves mordidas que acentuaban mi goce.

    Lo bueno, para mí, era que lo hacía muy despacio como disfrutando de cada milímetro. Y lo disfrutaba enormemente pues sus ojos parecían iluminados cuando me miraba para observar mis reacciones. Y hasta me hacía guiños de complacencia. Tan bien lo hacía que rápidamente mi falo creció en su boca llenándosela.

    —¿Te apetece? —preguntó quitándose la verga de la boca por un momento.

    —Mucho, muchísimo. Si sigues con esa intensidad me voy a derramar en tu boca.

    —Qué más quisiera yo. Me encantaría saborear y beber tu leche.

    —No Felisa todavía no. Tenemos otros juegos para gozar antes de derramarme.

    Siguió un buen rato dándome y dándose placer. Estaba como enloquecida saboreando mis jugos preseminales y chupando desenfrenadamente. Paseaba su lengua a lo largo de mi falo y se detenía en el glande para chupar y chupar. Sintiendo que empezaba el cosquilleo pre derrame, le ordené que se detuviera.

    —¡Qué malo que eres Marcos! Yo quería que me llenaras la boca de tu lechita. Estoy loca por probarla. Sabes, nunca me bebí una corrida.

    —Ya te darás ese gusto, pero ahora, si me permites intercambiemos los lugares así puedo comerte el chocho que lo veo muy mojado.

    —Es que jugando con tu picha me he calentado mucho.

    Me arrodillé frente a Felisa que ya se había sentado y abierto sus piernas para que dispusiera de su almeja. Mi boca y lengua entraron en acción. Lentamente rocé sus pliegues y chupé el veterano chocho. Con una mano le abrí la vulva y ahí sí que comenzó la fiesta. Mi lengua recorrió las profundidades de esa vagina hambrienta de sexo una y otra vez, arriba y abajo, derecha e izquierda. Sabiendo que cuando llegara a su clítoris Felisa estallaría, demoré tocarlo. A todo esto, mi amante gemía y resoplaba y me pedía más y más.

    —Sigue, sigue cabrón, que me gusta mucho como me comes el chocho.

    —Ya mujer, que recién empiezo —dije sin apartarme de mi cometido.

    —Esto es algo fantástico, joder que bueno.

    —Y ahora viene lo mejor —dije

    y acometí hacía el clítoris Apenas lo toqué con mi lengua, Felisa dio un brinco en el sillón. A partir de ahí pasé y repasé mi lengua por su hinchado clítoris mientras ella se revolvía loca de placer. Cuando con mis labios lo chupé, Felisa no aguantó más y apretando mi cabeza contra su sexo y revolviéndose, se entregó en un orgasmo impresionante mientras repetía una y otra vez.

    —La madre que me parió, esto es llegar al cielo. Marquitos eres mi rey. Quiero más, más. Nunca me habían mamado el chocho de esta manera. Que delicia, por favor.

    —Tranquila Felisa que ya tendrás más.

    —Es que me vuelves loca chaval. Nunca he gozado tanto follando como contigo. Que el cielo me perdone, pero mi Pancho nada sabía de esto.

    Ya calmada y habiendo recuperado el aliento, llevé a Felisa a la cama para descansar un poco. Nos entretuvimos haciéndonos caricias. Tomé sus dos grandes tetas y me puse a degustarlas chupando sus pezones y amasándolas, mientras Felisa apoderándose de mi picha, me hacía una suave paja. De pronto me dijo:

    —Marcos, hoy quiero que me rompas bien el culo.

    —¿Quééé?

    —Lo que oíste majo, que me romas el culo. Sé que te gusta mucho y como tú me has dado tanto placer con mi chocho, quiero recompensarte de algún modo. Cuando tú quieras a tu disposición —dijo llevando una de mis manos a uno de sus glúteos.

    Ante tal invitación y con mi verga endurecida por las ganas. La llevé a uno de esos aparatos tipo sofá donde la mujer deber echarse y poner el culo en pompis. Ya tenía en mi mano la crema facilitadora de la penetración que unté en su ojete y en mi pene. Abrí sus cachetes y coloqué el glande en su arrugado agujero. La tomé por la cintura y empecé a pujar. Felisa respondía con un ronroneo. De un empujón logré que el glande superara la barrera del esfínter, lo que dio lugar un suave quejido de Felisa. Superado ese escollo, el resto fue puro placer.

    Con la ayuda de la crema, la penetración fue más fácil a pesar de lo estrecho del ano de Felisa. A medida que mi polla se introducía lentamente mi veterana amante me dejaba saber su satisfacción.

    —Eso Marquitos, así se vale. Siento ese pedazo de carne llenar mi tripa y me está dando una cosa rara que me gusta mucho.

    —Más me está gustando a mí. Meter mi picha en ese culo tuyo era obsesión, y ahora que estoy adentro lo estoy gozando muchísimo. Pero ahora viene lo mejor, prepárate que voy a darte candela.

    —Pues dale que estoy más caliente que agua hirviendo.

    Con todo el pedazo adentro empecé a trajinar con un mete y saca lento. Sacaba mi verga de su ojete y me extasiaba mirando el hueco que dejaba mi pene en su agujero. Luego lo volvía a meter y así sucesivamente para placer de ambos, pues si bien yo estaba en la gloria satisfaciéndome con mi anhelado culo, Felisa me demostraba con profundos suspiros y su respiración agitada que no la estaba pasando nada mal. Cuando aceleré mis movimientos comencé a sentir que me venía el orgasmo. Quité la verga y ayudé a Felisa a arrodillarse frente a mí para llenarle boca con mi semen.

    —Me corro Felisa, abre bien la boca que te voy a dar mi leche.

    —Pues vente Marcos que estoy ansiosa —gritándome desesperada.

    —Ahí voy, voy, voy —y descargué mi semen casi dentro de su garganta.

    Con la avidez de esperma que Felisa traía, no dejó ni una gota. Bebió todo luego de saborearlo en la boca, mientras me miraba sonriendo y feliz.

    —Te has dado el gusto, ¿no? —alcancé a decir luego de calmarme un poco después de la corrida.

    —Estuvo genial, me bebí todo. ¿Sabes? me gusta más tu leche. Me sabe a gloria. Y lo del culo, ha sido muy bueno también. Sentir ese tronco de carne entrando en mi culo es una sensación rara pero placentera. Esta vez ni siquiera tuve una molestia. Fue todo goce. Chaval, te has portado como un semental.

    —Es que ese culo tuyo Felisa es monumental, yo soñaba cada noche con este momento.

    —Pues sí que la hemos hecho bien, los dos estamos satisfechos. ¿Y ahora?

    —Ahora tenemos que esperar que mi polla recupere su vigor para darte por el chochito, ¿no te parece?

    —Vale hombre, así será.

    En esta oportunidad después del polvo no tuve ningún ataque de conciencia. A decir verdad, estaba satisfecho y quería algo más con la viejita. Vueltos a la cama para recuperar energías, Felisa se ubicó junto a mi dándome la espalda de forma tal que yo pudiera jugar con su hermoso culo. Y así lo hice. Lo acaricié, lo apreté con ambas manos, y hasta volví a meter dedo en su ojete que todavía estaba bien abierto. También jugué con sus tetas, magreándolas y pellizcando sus pezones a pesar de los rezongos de ella.

    Mientras mi verga se recuperaba, tuve tiempo de jugar también con su chocho peludo. Con una mano me hice de él y pasaba mis dedos por su raja mientras oía como Felisa ronroneando me agradecía mis juegos. Cuando toqué si clítoris, su cuerpo comenzó a sacudirse entregando otro orgasmo.

    —Qué bien lo haces Marquitos, estar contigo es una gozada de placer inmensa.

    —Y tú también Felisa. Lo haces muy bien.

    —Pensar que tuve que llegar a esta edad para conocer los mejores momentos del sexo. ¡Cuántos años perdidos, joder!

    —¿Pero tu Pancho no le daba bien al sexo?

    —Que va, el pobre solo sabía meter la picha y derramarse. No salía de ese libreto, y al final ni eso.

    —Pues entonces tienes que aprovechar la ocasión Felisa.

    —Eso me propongo contigo, claro si tú quieres.

    —Mientras mantengas ese culo hermoso aquí estaré para gozarlo.

    A estas alturas de la conversación, mi falo ya volvía a pedir candela, así que puse de espaldas a Felisa y me monté sobre ella para darle por su chocho. Ella no quitaba sus ojos de mis movimientos. Se abrió bien de piernas, mejor dicho, todo lo que sus piernas le permitían, y me sorprendió con una movida que no esperaba. Tomó mi picha con una mano y la colocó en medio de sus labios vaginales diciéndome…

    —Ahora a pujar Marcos que la quiero toda adentro. Quiero sentir esa barra de carne en mi cueva. Hasta los cojones.

    —Tienes la concha algo cerrada, pero de a poco lo lograremos. Ten paciencia.

    —Paciencia poca, ganas de que me folles duro, mucha.

    —Ya está la cabeza adentro, ahora empieza el meneo.

    —Pues yo te ayudo —dijo tomándome de mis caderas tratando de ayudarme.

    —De a poco, de a poco, así tiene más morbo la penetración Felisa.

    —Ya, ya. Pero yo la quiero toda, toda hasta los cojones.

    Le empecé a dar caña con mucha energía. Entraba y salía de ese viejo chocho cada vez con mayor intensidad. Felisa me alentaba pidiendo más y más. Estaba totalmente fuera de sí entregada al placer. Los meses de abstinencia los estaba recuperando rápidamente con mi ayuda. Con el dedo de una mano hice círculos en su ojete y eso dio motivo a que la veterana se volviera a derramar en un bruto orgasmo. Se revolvía de pies a cabeza suspirando y gimiendo con los ojos cerrados y los labios apretados.

    —Me estás matando de placer Marquitos, que gozada santo cielo. Esa picha es lo más. Eres mi rey.

    —Qué bueno que te guste Felisa. Te veo gozar y yo también gozo.

    —Tú sigue por favor, sigue clavándome que me muero de goce. No te detengas. Quiero más candela.

    —¡Mujer! ¿Qué pasa hoy que estás tan desatada?

    —Es que nunca me han follado de esta manera.

    Seguí con mi tarea, pujando cada vez con mayor fuerza e intensidad hasta que empecé a sentir que mis huevos se contraían anunciando mi corrida. No supe si se debió a la locura de Felisa que me contagió, pero me descargué en su almeja como nunca me había ocurrido antes. Fueron cinco a seis lechadas intensas que inundaron su sexo. Ese polvo tan intenso nos llamó a sosiego. No teníamos fuerza ni para hablar. Toda la energía parecía habérsenos ido en ese tremendo polvo. Cuando mi verga flácida después de la faena salió de su encierro, me eché a su lado, tratando de recuperar la respiración mientras Felisa hacía otro tanto.

    —Joder Marcos, qué polvo nos hemos echado. Realmente estuvo brutal —dijo Felisa todavía con la respiración entrecortada.

    —En verdad Felisa que estuvo genial. Por un momento creí que con mi leche se iba me el alma.

    —Madre mía, que manera de gozar, santo cielo. Mira lo que yo me estaba perdiendo con el gilipollas de Pancho. Pobrecito él tan primitivo.

    —Es que, a mí, tu culo me calienta tanto que me da fuerzas para follarte como un animal.

    —Y tanto. Hoy me has dejado liquidada. Sin embargo, algo me queda por hacer Y uniendo la acción a la palabra, se volvió hacia mi verga para llevársela a la boca y chuparla.

    —Es que quedaba un poquitín de semen y no me los quería perder —dijo.

    —Tú estás chiflada, mujer.

    —Chiflada no, hambrienta de verga.

    Después de haber limpiado mi picha con su boca, Felisa se echó a mi lado acariciándome todo el cuerpo y hablando.

    —No sabes lo bien que me siento. Parezco otra mujer. Esto del sexo es algo tremendo, y yo me lo estaba perdiendo. En verdad Marquitos eres mi rey. Tú con esa polla tan divina me han hecho gozar como nunca antes. Ya sabes, que, si te sigue apeteciendo mi culo, yo estoy siempre a tu disposición de ahora en más.

    —Gracias Felisa por los cumplidos, pero quiero que sepas que tú también me has dado mucho placer. Tu culo, para mí, es un portento de placer. Y de ahora en más será solo mío, ¿verdad?

    —Pues claro hombre, solo tuyo para lo que tú dispongas —y agregó— repetiremos, ¿no?

    —Por supuesto Felisa.

    Interrumpió el diálogo la llamada del conserje anunciando que se nos había terminado el turno. Teníamos solo diez minutos, tiempo para una ducha rápida y marchar, y yo mucho tiempo más para saber si reincidía con el culo de Felisa.

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  • Mete la polla en mi culo a ver que se siente

    Mete la polla en mi culo a ver que se siente

    Llegué al aeropuerto Internacional General en Jefe Santiago Mariño de la Isla Margarita un viernes por la tarde, de allí cogí un taxi hasta el hotel Hesperia en el valle de Pedro González.

    Ya en mi habitación y después de darle una propina al botones que me había llevado la maleta, cerré la puerta, puse la maleta sobre la cama de dos plazas y fui a echar un vistazo. Desde el ventanal de la habitación se veía la gran piscina del hotel y a lo lejos el mar, al fondo bajo el cielo azul casi sin nubes se alzaban orgullosas una serie de montañas. Era un lugar paradisiaco tal y como me habían dicho. No deshice la maleta, tiempo tendría. Sin cambiarme de ropa. Bajé al bar de la cafetería y me tomé una par de cervezas antes de cenar, después volví a mi habitación, una habitación que no me voy a molestar en describir.

    Cuando viajo a un lugar me gusta conocer algo más que el hotel donde me alojo, por eso visité el puerto y bahía de Juan Griego, la bahía de Plata. Pesqué en Punta de Piedras. Visité la basílica menor de Nuestra Señora del valle del Espíritu Santo donde vi la hermosa Virgen del Valle. Vi las tetas de María Guevara. Vi iguanas, cotorras y cabras en el valle de San Juan Bautista. Vi bellezas venezolanas en la piscina del hotel, en la playa del Agua…, pero donde vi a la mujer más bella fue en la rueda del parque Diverland. Estaba mirando cómo giraba. Era preciosa, su cabello era rizado, su sonrisa angelical, era alta y fuerte, o sea entrada en carnes, su culo gordo me pareció un diamante sin pulir. Le entré.

    -¿Vas a subir?

    Me miró de abajo a arriba. Lo cierto es que ese día le debí parecer un pánfilo de mediana edad con bermudas, camisa de flores, gafas de sol y sandalias de goma. Como si fuera gallega, me respondió con otra pregunta.

    -¿Vas a subir tú?

    -¡Ni borracho! Tengo vértigo.

    -¿Tan grandote y tienes miedo a subir en una rueda?

    -Miedo, no, vértigo.

    -Miedo.

    Tenía razón y se la di.

    -Va a ser que sí. ¿Vas a subir?

    -Solo si subes tú y me pagas la vuelta.

    Estaba buena, estaba muy buena, pero le dije:

    -Ni por todo el oro del mundo me subía yo a esa cosa, pero te invito a beber algo.

    -No bebo con desconocidos.

    -A la noria, sí, pero al bar, no. ¿No soy el mismo desconocido?

    -Ni a la rueda iba a subir, lo dije por qué sabía que no subirías, tengo una amiga que tiene vértigo y no se sube ni a una silla.

    Me di por vencido.

    -Bueno, que no se diga que no lo intenté.

    -¿Qué intentabas?

    Cómo sabía que no iba a conseguir nada, le dije:

    -Devorarte.

    -Has visto a una gorda, y te has dicho a ti mismo que era una mujer fácil.

    -Al contrario, te veía tan inalcanzable que dije lo que me vino a la boca, aunque en el fondo es lo que quería, llevarte a mi cama y devorarte.

    No alcanzaba a comprender mis palabras.

    -Si crees que estoy buena lo de llevarme a la cama y devorarme lo entiendo, pero… Inalcanzable, ¿por qué?

    -Por tu belleza…

    Me interrumpió.

    -Gracias, sé que fea no soy, pero soy gorda y eso no gusta a los hombres.

    -Eso no le gustará a los muñecos, pero yo soy un hombre, un hombre de los que lo comen todo.

    Surgió la curiosa que llevaba dentro.

    -¡¿Todo?!

    -Todo lo que te puedas imaginar.

    De modo despectivo, y antes de darme la espalda, dijo:

    -Turistas, comen cualquier cosa.

    Compré dos tickets para la noria, volví a su lado, se los mostré y le dije:

    -Por estar un rato más contigo hago lo que sea.

    -Guárdalas -me volvió a dar la espalda-. No eres mi tipo.

    Un joven me puso una mano en el hombro, me giré y dijo:

    -Deje en paz a mi esposa, caballero, a no ser que ande buscando pelea.

    Me quedé de piedra, la muchacha estuviera jugando conmigo.

    Dos días después, vistiendo un traje de color marrón con rayas negras y con mis zapatos negros brillando más que una estrella entré en un restaurante para cenar. Vi a la chica de la noria comiendo en una mesa con su marido. La miré, me miró fugazmente y siguió hablando con él.

    Al rato ya estaba cenando y bebiendo un vino tinto que dejaba mucho que desear. Yo no le quitaba el ojo de encima y ella lo sabía, ya que me miraba, siempre fugazmente y después le sonreía a su marido. Cuando me fui del restaurante la muchacha y el joven quedaban tomando café.

    El tercer encuentro fue en plena calle. Iba a pasar de largo, pero se detuvo delante de mí y me dijo:

    -Parece que estamos condenados a encontrarnos.

    -Eso parece, si no tuvieras marido te invitaba a cenar.

    -Yo no lo veo por ninguna parte.

    Vamos al turrón.

    Sin saber su nombre supe que había debajo de sus ropas, unas tetas gordas con areolas rosadas que mis manos amasaban y unos pezones desafiantes que mi lengua aplastaba. Estábamos desnudos encima de la cama de mi hotel. Abrió las piernas de par en par. Mi lengua en lento descenso hacia su coño lamió su monte de venus y sentí el picor de los pelillos que haría tres o cuatro días que no afeitaba, luego lamí el coño de abajo a arriba, me tragué sus jugos salados y después le clavé la lengua dentro de la vagina, para acto seguido apretar mi lengua sobre su clítoris, lamer de abajo a arriba, meter dos dedos dentro de su coño y acariciar con ellos su punto G. Al rato una corrida mojó mis dedos, su vagina los apretó, y temblando, me dijo:

    -¡Me vengo!

    Quité los dedos y bebí de ella hasta que terminó de descargar… Luego subí besando su cuerpo hasta llegar a su boca, volví a besar sus frescos labios, unos labios pintados de rojo que hacían juego con los vaginales. Cogió mi polla y la meneó mientras nuestras lenguas se hacían amigas. Después subió encima de mí, la metió hasta el fondo de su coño empapado, y me dijo:

    -Te voy a matar a polvos.

    -Lo dudo.

    Se inclinó, me volvió a besar y follándome, me dijo:

    -Estás casado, ¿verdad?

    -¿En qué se me nota?

    -En lo bueno que eres en la cama.

    -¿Saber que estoy casado te da morbo?

    Se incorporó y posó sus manos sobre mi pecho.

    -¿Por qué lo preguntas?

    Le eché las manos a las tetas y se las magreé.

    -Por qué a mí follar contigo sabiendo que tienes marido me lo da.

    Comenzó a follarme más aprisa.

    -Respecto a eso las mujeres no somos diferentes a los hombres, pero te tengo que decir una cosa.

    -¿Cuál?

    -Que no estoy casada. El que te dijo que era mi marido no es ni mi novio, es un amigo, un compañero de trabajo.

    -En este momento me da lo mismo que estés casada o soltera, ya tengo mi polla dentro de ti.

    -Eso se puede arreglar.

    Quitó la polla y me puso su coño en la boca. Lo recibí con agrado, cogiendo su culo y lamiéndolo, le dije:

    -¡Qué, rico, ay que rico, que rico está este coñito!

    La muchacha después de multitud de lamidas se puso perra.

    -Vas a hacer que me venga otra vez.

    Lamí a toda hostia su clítoris, y ahora fue ella la que dijo:

    -¡Qué rico! Sigue, sigue, sigue. ¡Ya, ya, yaaa! ¡¡Me vengo!!

    Se corrió en mi boca. Sentí sus jugos calentitos en mi lengua y oí unos gemidos de placer inolvidables por lo sensuales que eran.

    Al acabar de correrse se echó boca arriba sobre la cama. El interior de sus muslos brillaba con la humedad que los cubría. Sus pezones estaban erectos y sus areolas me llamaban. Con la polla mojada y dura cómo la rama de un árbol, volví a disfrutar de aquella mujerona… Mamé las tetas, despacito, con calma… Mamaba, la besaba, volvía a mamar… Luego le metí un dedo en el culo y se lo follé con él mientras comía sus tetas y su boca. Disfrutando de ella, le pregunté:

    -¿Te gustaría que te follase el culo?

    Sonrió al preguntar:

    -¿Con tu polla?

    Le devolví la sonrisa.

    -Sí.

    -¿Me gustará o me dolerá?

    -Ambas cosas, ¿Te lo desvirgo?

    -Okis.

    -¿Qué?

    -Desvirga, bebé.

    Aún hoy no sé qué quiso decir con bebé, lo que sé es que le dije:

    -Date la vuelta.

    Se dio la vuelta y vi su culo, era un señor culo, un tremendo culo, un culazo. Le abrí las nalgas con las dos manos y lamí el ojete. Le encantó.

    -¡Qué gustito da!

    Le metí y saqué la lengua de él, lamí, follé, lamí, follé… Se puso a mil.

    -Mete la polla en mi culo a ver que se siente.

    Metí la polla en su coño y la saqué pringada de jugos. La acerqué al ojete y de un golpe metí la cabeza. Me dijo:

    -¡Ufff!

    No le había dolido. Buena señal. Le agarré las tetas y se la fui clavando hasta que mis huevos toparon con su coño mojado. La follé con cuidado al principio y a toda pastilla después. Mis huevos chocaban con su coño cada vez que la polla llegaba al fondo de su culo… Tiempo después sentí que me iba a correr y paré de follarle el culo. La muchacha me folló a mí moviendo el culo de delante hacia atrás y de atrás a delante… Sentí un picor que fue en aumento hasta que se transformó en un gusto brutal que hizo que mi polla soltase dentro de su culo toda su leche. Al sentir mi polla latiendo y la leche calentita dentro de su culo, me dijo:

    -¡Creo que me voy a venir!

    Acabé de correrme y seguía follando mi polla. La muchacha jadeaba, pero no conseguía correrse. Saqué la polla del culo, se la metí en el coño y después de una docena de folladas, su coño apretó mi polla y la bañó con una deliciosa corrida, mientras decía:

    -¡¡Sííí!!

    Eugenio, en la terraza de un bar de mi ciudad tomó un trago largo de vermut, y acabó diciendo:

    -Si los venezolanos supieran lo buena que estaba dejarían de llamarle “La Perla del Caribe” a la Isla de Margarita, pues “La Perla del Caribe” era esta muchacha que me follé.

    Quique.

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  • Una chica punk en una aldea

    Una chica punk en una aldea

    En los setenta en algunas aldeas gallegas la mayoría de los viejos no sabían leer ni escribir, sus hijos, poco o nada y los nietos, salvo en contadas ocasiones, lo que sabían era trabajar, con esto lo que quiero decir es que había mucha ignorancia. Creían en las brujas, en los hombres lobo, o sea, que imagínate tú en una aldea de estas, de poco más de cincuenta habitantes que llegue una joven flaca, de un metro cincuenta y seis de estatura, con la cabeza rapada por los lados, con los pelos de punta, los labios pintados de negro, una camiseta negra con una calavera blanca pintada en ella, un aro en la nariz, pantalón de cuero negro y botas a juego. Si a eso le añades que estaba empezando a anochecer. ¡Hasta los perros desaparecieron de los caminos!

    Esta joven era nieta de señora Luisa, apodada la Torcida y venía desde Irlanda a darle una visita a su abuela. Lo que le dio fue un susto de muerte, tanto que al verla en la puerta de la casa la Torcida, que era una mujer de sesenta años, morena, que vestía de luto y tenía el pelo recogido en un moño, cayó desmayada en el piso de cemento de la casa. Su primo Javier, que era un joven muy guapo, de pelo negro rizado, moreno, de casi un metro ochenta de estatura, un bicho de 120 kilos, al ver a su abuela tirada en el piso cogió una horquilla de quitar el estiércol de las cuadras y se fue a por ella.

    -¡Tuuusa, biiicha!

    La joven, reculando, le dijo:

    -¡¿Qué haces, primo?! ¡Soy Tomasa, la hija de tu tía Asunción! La de Irlanda. La que le tirabas de los pelos. ¿Te acuerdas?

    -¡A mí no me engañas, bruja!

    Javier siguió con su embestida. Si la muchacha no da un salto hacia un lado la ensarta. Tuvo que tirar de ingenio.

    -¡Tira con la horquilla o te convierto en sapo!

    Javier tiró con la horquilla y acojonado se arrimó a la pared. La joven se había hecho con el control de la situación.

    -Ayuda a la abuela y no me enfades.

    Javier cogió en brazos a su abuela y la llevó a la cama. Al ponerla en ella despertó, miró para Tomasa y se persignó.

    -¿Quién eres?

    -Tu nieta Tomasa.

    -¿Vienes del infierno?

    -No, de Lodonderry, no es el infierno, pero se le parece mucho.

    Tuvo que dar mil y una explicaciones, pero al final los convenció de quien era, aunque a la abuela no le cuadraban las cuentas, y le preguntó:

    -¿Y la maleta?

    -Seguro que anda en algún aeropuerto.

    Se la habían perdido, pero como no se lo dijo, quedaron mirando para ella, después se miraron entre ellos y le dieron a la cabeza. Si perdiera la maleta muy lista no era. La abuela le preguntó:

    -¿Tienes hambre, irlandesiña?

    -Sí, me comería un elefante.

    A la abuela ya no le cupo duda, a su nieta le faltaba un tornillo, o dos. Le dijo:

    -Elefante no tenemos, pero vas a comer hasta reventar.

    Al rato la vieja sacó de la tartera una fuente de cocido con repollo, pollo, chorizos, tocino, panceta, morro, costilla, oreja, carne de ternera y patatas. Javier fue por el vino tinto a la bodega y volvió con una jarra de dos litros.

    Cenaron, hablaron y después se fueron cada uno para su cama.

    A la hora y algo de estar en cama hacían tal ruido los muelles del metálico de la cama de la abuela que despertaron a Tomasa. Le vino a la cabeza lo que os está viniendo a vosotros.

    -Estos dos están follando.

    Se levantó de la cama, fue a la habitación de su abuela y se encontró con la puerta abierta y la luz pagada. En la oscuridad vio el bulto de un hombre de rodillas detrás de su abuela dándole duro, Luisa, a cuatro patas, gemía en bajito. Oyó cómo le decía:

    -Métela un poco en el culo.

    Volviendo a su habitación, dijo en bajito:

    -Joder, cómo está el patio. El cabrón se está follando a la abuela.

    Dos horas tardó en quedarse a dormir, o sea, hasta que los jodidos muelles del metálico de la cama dejaron de hacer ruido.

    A la mañana siguiente llegó a la cocina y vio una botella de aguardiente de hierbas encima de la mesa. Su abuela y su primo ya se habían ido a trabajar a la huerta, pues era el tiempo de recoger las patatas. Le quitó el corcho a la botella, olió y echó un trago a morro. Frunció el ceño, limpió la boca con el dorso de la mano y dijo:

    -¡Joder cómo pega el orujo!

    En esas estaba cuando volvió su primo. Había roto el mango de la azada. Le entró cómo se le entra a una puta:

    -¿Cuánto quieres?

    -¿Lo qué?

    Javier le echó un trago largo a la botella de aguardiente de hierbas y después se acercó a su prima.

    -Por joder. ¿Cuánto quieres por joder?

    Tomasa reculó.

    -¿Se te fue la olla, Javier?

    Miró para la olla.

    -No, está allí. ¿Cuánto quieres?

    -¿Tú no sabes lo que es un incesto, verdad?

    La arrimó a la pared con su cuerpo y sintió su polla dura en el vientre.

    -Un cesto y una olla sé que es, lo de incesto ya es para estudiados.

    Lo empujó con las dos manos, pero fue cómo si empujara por un buey. Javier le levantó la camiseta y vio sus pequeñas tetas con areolas de color marrón oscuro y pequeños pezones, se agachó para comérselas. Tomasa empujando su cabeza, le dijo:

    -Déjame, pedazo de mulo.

    -¿Cuánto?

    -Yo no cobro por follar

    -Mejor.

    Le mamó una teta metiéndola toda en la boca. Al meter la otra en la boca y mamarla ya dejó de empujarlo. Le dijo lo primero que le vino a la boca.

    -No me extraña que te lo quieras montar con una prima si te lo montas con tu abuela…

    Le lamió la cabeza por donde la tenía rapada y después, le dijo:

    -¡¿Yo?! La jode el Ataulfo, entra por la ventana y no deja dormir en toda la noche. Putos muelles -se agachó y le abrió la cremallera del pantalón-. A ver que hay aquí.

    -No sigas.

    No le hizo caso. Le bajó el pantalón. Vio su coño rodeado por una gran mata de pelo rizado. Le metió su nariz aguileña en la raja y olió profundamente.

    -¡Qué bien huele! -lo lamió con su enorme lengua-. Sabe a pescado.

    Tomasa ya estaba cachonda y quería follar con su primo, pero lo disimuló.

    -Eres un bruto.

    Sonrió y se le puso cara de tonto cuando dijo:

    -¿A qué sí?

    Le metió unas lamidas de abajo a arriba entre los labios y después en el clítoris que la dejó deseando polla. Viendo que era un experto comiendo coños, le preguntó:

    -¿A quién le comiste el coño antes?

    -A la Dolores, mis dineros me costó.

    Tomasa no hizo más preguntas. Se quitó la camiseta. Javier supo que se dejaba. Le quitó las botas, los calcetines y el pantalón, ya que bragas no llevaba. Tomasa le puso la pierna derecha sobre el hombro. Javier le clavó la lengua en el coño, y después apretó la lengua contra él y lamió de abajo a arriba, cada vez más aprisa.

    -¡Me vas a hacer correr, cabrón!

    -Para eso te la como.

    Le echó las manos a su pequeño y duro culo. Le dio un azote, dos, tres, cuatro, cinco. Tomasa se corrió cómo una fuente y diciendo:

    -¡Qué buenooo!

    Javier se hartó de tragar los jugos de una inmensa corrida.

    Al acabar de correrse de tanto temblar no la sujetaban las piernas, la echó al hombro y la llevó a su cama. En el camino le dijo Tomasa:

    -Pareces un hombre de Cromañón.

    -Pero soy un hombre de Castro de Arriba.

    Al llegar a la habitación la echó sobre la cama y se desnudó. Tenía un cuerpo de gimnasio hecho en las huertas, por tener tenía unos pectorales y una tableta más marcada de lo que la tenían muchos culturistas, o sea, que tenía un cuerpazo, aunque la polla la tenía normalita, unos dieciséis centímetros, y ni gorda ni flaca. Tomasa se levantó, se la agarró, la metió en la boca y le dio una mamada, Javier, mirándola anonadado, le dijo:

    -¡Qué puta!

    Tomasa se sorprendió. Miró para arriba y meneándosela, le preguntó:

    -¿Nunca te la habían chupado?

    -No encontré ninguna tan puta cómo tú.

    -Delicado no eres.

    -Sabes que no, soy Javier.

    Siguió meneándola y mamando… Debió ser por la novedad, ya que Javier se corrió en la boca de su prima en segundos.

    Al acabar de correrse Javier, Tomasa se levantó y le dijo:

    -¿A que soy más puta de lo que pensabas?

    -Lo que eres es una cerda de carallo, pero si hay algo que me guste son las cerdas.

    Con la polla dura y mirando al techo cogió a Tomasa por las nalgas y la levantó cómo si fuese una pluma, se dio la vuelta, la arrimó a la pared y le clavó la polla hasta las trancas. Tomasa rodeó su cuello con los brazos y sus piernas con las suyas y apretó su cuerpo contra el de su primo para rozar el clítoris contra él mientras la subía y la bajaba y se la metía y se la sacaba. Lo besó con lengua y Javier volvió a reaccionar a su manera.

    -¡Eres muy, muy cerda!

    Se dio cuenta que era su primer beso con lengua.

    -¡Calla y folla, bruto!

    Sonrió y le dijo:

    -¿A qué si? Soy el más bruto de la aldea.

    La subió y la bajó cómo si fuera un ascensor estropeado… Pasado un tiempo de besos y de mete y saca, el coño de Tomasa goteaba y tenía el interior de los muslos empapado con sus jugos. Sintió que se corría. Su coño apretó la polla y su cuerpo se tensó, sus ojos se cerraron, echó la cabeza hacia atrás, y dijo:

    -¡I´m coming!

    Javier viendo su cara de gozo, le dijo:

    -No te caming, te corres, prima, te corres.

    Tomasa ya no lo oyó. Sentía un placer tan intenso que su cuerpo era puro temblor.

    Al volver de su viaje, le dijo:

    -Follas de miedo, Javier.

    Javier levantó a su prima un poco, sacó la polla del coño pringada de jugos y se la frotó en el ojete. Tomasa se puso de uñas.

    -¡¿No te atreverás?!

    -Sí que me voy a atrever.

    -Es que nunca tuve sexo anal.

    Javier seguía frotando.

    -Yo no quiero esa cosa, quiero darte por el culo.

    Frotando le metió la puntita, quiso besarla y Tomasa le hizo la cobra.

    -¡Para! Dar por culo es sexo anal y no quiero hacerlo.

    -Ya verás cómo te gusta.

    Frotando le metió la mitad de la cabeza.

    -¡Bájame!

    Le metió a cabeza.

    -¡Cabrón!

    Con una sonrisa de oreja a oreja, le dijo:

    -¿A qué sí? ¿A qué lo soy?

    Metió y sacó la cabeza de culo cantidad de veces… Tomasa ya lo besaba cuando le preguntó:

    -¿Quieres más?

    -Vale, métela un poquito más, pero solo un poquito.

    -Métela tú.

    Tomasa bajó el culo y la polla le entró entera de un solo viaje. Lo besó y después le dijo:

    -Te saliste con la tuya.

    -Sí, soy terco cómo un mulo.

    -No hace falta que lo jures.

    Lo volvió a besar y volvió a frotar el clítoris contra el cuerpo de su primo mientras la polla entraba y salía de su culo. Tiempo después y a punto de correrse, le dijo:

    -Métemela ahora en el coño.

    Hizo lo que le dijo y en menos de que canta un gallo Javier se corrió dentro de ella.

    -¡Quítala, cabrón, quítala que me dejas preñada!

    La iba a quitar cuando se comenzó a correr ella.

    -¡Métela, métela!

    Se corrieron los dos jadeando como perros, comiéndose las bocas y con un tremendo temblor de piernas él y sacudiéndose ella.

    Al acabar le dijo Javier.

    -Si quedaste preñada me caso contigo.

    -¡Ni loca me casaría contigo! Bájame.

    La volvió a echar sobre la cama.

    -Lo decía por quedar bien y quedé mal. A lo mejor no quedaste. ¿Seguimos?

    -Te va a venir a buscar la abuela.

    -¡Qué va! Fue ella la que me dijo que de paso que cogía la azada te echara un polvo.

    -¿Eso te dijo?

    -Sí, me dijo: “Échale un buen polvo a esa gallina portuguesa.”

    Una gallina portuguesa es una gallina fea de cojones, que no tiene plumas en el cuello ni por los lados de la cabeza y que tiene plumas y una cresta en lo alto de la cabeza.

    -¡Qué puta!

    -Lo es, es muy puta.

    Se echó a su lado y le volvió a comer las tetas. Esta vez con los dedos jugaba con un pezón y con la lengua jugaba con el otro… Jugaba aplastándolo, lamiéndolo y luego mamaba la teta chupando la areola. Después los dedos y la lengua cambiaron de pezón… Le dio un buen repaso.

    Al dejar las tetas se metió entre sus piernas y empezó a comerle el coño, un coño asqueroso, pero eso sí, jugoso cómo a Javier le gustaba.

    -Estás muy rica.

    -Y tú eres muy cerdo.

    De nuevo la sonrisa de oreja a oreja.

    -Sííí.

    Javier abrió el coño con dos dedos de una mano y con otros dos de la otra tiró el capuchón del clítoris hacia atrás. Su lengua se posó en el glande del clítoris y muy lentamente y con la puntita lamió alrededor y hacia los lados. Del coño, un coño que se abría y se cerraba, no paraban de salir las corridas, y de su garganta no paraban de salir gemidos. Aquella cosita menuda era la cosita más sexy que Javier se había echado en cara, y la estaba disfrutando, saboreando, mimando, y esa cosita le dio lo que andaba buscando, una corrida brutal.

    -¡Qué bueno eres, cabrón! ¡¡Me corrooo!!

    De su coño salió una catarata de jugos espesos que Javier se tragó con lujuria.

    Esperando a que se recuperara fue a echar un trago de aguardiente, largo, muy largo, después volvió y echándose a su lado, le preguntó:

    -¿Me jodes tú a mí?

    -¿Quieres que te monte?

    -Sí, a ver que me haces.

    -Tú no quieres saber que te quiero hacer.

    -Sí que quiero.

    Le agarró la polla, con una mano y los huevos con la otra, le mamó la polla y le lamió y chupó los huevos.

    -¡Te voy a ordeñar, tarugo!

    Javier seguía en su mundo.

    -Así me gusta, que cojas confianza con mi carallo.

    Le dio un repaso de película… Cuando vio que se iba a correr le metió un dedo en el culo, y de nuevo con una sonrisa de oreja a oreja, le dijo:

    -¡Qué cerda!

    Le apretó los huevos con suavidad y de la polla salió un chorro de leche con tanta fuerza que llegó al techo y quedó colgando en él. El resto de la leche se la tragó Tomasa, casi toda, ya que el último chorro cayó dentro de su coño al sentarse sobre la polla. Follándolo a todo dar, le dijo:

    -¡Te voy a matar a polvos!

    -Mata, puta, mata!

    Mató hostias, de tanto cabalgar al galope acabó bañando la polla de su primo con otra de sus espectaculares corridas.

    Al acabar de correrse, echada sobre él, le dijo:

    -Creo que me voy a quedar aquí un tiempo.

    No volvió a Irlanda.

    Quique.

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  • Xochi, incesto de mañanas satisfechas con mi madre

    Xochi, incesto de mañanas satisfechas con mi madre

    Como todas las mañanas mi padre salía de casa muy temprano, los negocios aún en vacaciones no le dejaban estar mucho tiempo con nosotros.

    Era muy temprano en la mañana y como de costumbre nos quedábamos solos mi madre y yo cuando mi padre salía a sus negocios, generalmente sentía cuando él se despide de mi madre, que luego de cerrar la puerta se apoyaba contra ella con su salto de cama blanco, corto y muy provocativo.

    Yo me levanté para ir al baño y ella que estaba acariciando su tanga de encaje también blanca, me sonrió.

    Esas mañanas tempranas cuando mi padre salía de la casa, sin tardar mucho llegaba Mingo o Paulo, cualquiera de los amantes de mi madre, —ya que muy ramera ella no se conformaba con uno—. Esa mañana le tocaba a Mingo, pero este no llegaba y mi madre mordisqueando sus labios, yéndose a su cuarto me sugirió volver a mi cama, ya que era temprano. Luego de salir del baño con mi pija tremendamente erecta sobre mi bóxer, verla sensualmente caliente fue el éxtasis, espié en su cuarto viendo que mi madre que se encontraba tendida en la cama, pero esta vez se había puesto sus sandalias blancas de tacones y acariciaba su pubis por sobre la tanga.

    — Que hacés? —me sorprendió en la puerta del cuarto.

    — Me volvés loco ma.

    — ¿Te gusta verme así?

    — Me gusta verte coger con tus amigos, ver como te cogen y sentir como gemís y gritas.

    — Vos me viste coger, sé que te gusta espiarme cuando estoy con mis amigovios.

    — Si, muchas veces, pero Mingo es el que más te coge y del que vos estás enamorada.

    — Veni, sentate a mi lado, —Vos sabés, ya que me viste, y sé que me espias, y que a mí me gustan muchos los hombres, esos que me calientan apenas me tocan o me apoyan.

    — Vos sos una puta, una ninfómana, que no puede vivir sin coger, sin sexo cada día.

    — Sí, eso me pasa y hoy no va a venir Mingo, ¿vos lo sentís cuando viene tan temprano?

    — Si, lo veo y como te chuponea la boca y vos te le subís encima y te pega tremenda cogida en la mesa de la cocina y vos terminás chupando la leche.

    — Pero a vos también te lo hice en Río y me gustó como me cogiste, fuiste el primero en cogerme el culo y me calienta todavía. Tenemos que repetir, tu pija tiene más leche (…)?

    — Me encanta que seas mi madre, y a la vez tan puta.

    No eran las once de la mañana cuando todavía estábamos en su cama hablando de sexo y de sus amantes, cuando tocaron a la puerta, era mi amigo de adolescencia Eduardo y ya estudiábamos juntos en la facultad, pero de vacaciones compartíamos también encuentros en la playa.

    Dejando caer su bata de seda frente a la ventana, como mostrando o incitando a alguien, dejándome ver una vez más su espalda ardiente y poblada de lunares y sobre su cola esa tanga blanca perdiéndose en la lujuria.

    — ¿Quién será?, pregunté a mi madre.

    — Es Eduardo, mirando ella por la ventana.

    — Hacelo pasar, ya me levanto.

    — Hacelo pasar vos, que les preparo el desayuno.

    — Hola Richard, me pareció ver a tu vieja en la ventana.

    — Pasá Edu, vamos a desayunar, antes de irnos a la playa.

    Mi madre demoro el salir de su cuarto, cuando aún estaba con su corto camisón blanco, que le dejaba ver su tanga blanca; pero sus pezones que se habían asomado sobre la seda, se estaban endureciendo, convirtiéndose en dos ápices sobre el camisón… Yo no sabía qué hacer… Me había puesto nervioso y a la vez me calentaba verla frente a mi amigo con esa actitud, no pensaba que podía calentarse también con Eduardo. Él me miró sorprendido, cuando ella lo abrazó y apoyándole esas tetas sobre su pecho, le dio un beso y se alejó hacia la cocina, llevándose un dedo a su boca y mirándome.

    — Richard, que potra está tu vieja, con razón se la comen con los ojos. Tremenda perra.

    — ¿Qué sentiste Edu, ahora que te besó?

    — Me hizo sentir los pezones en mi pecho, estoy al palo viéndola con ese camisolín.

    — ¿Te la querés coger?

    Mi madre apareció desde la cocina, viendo que estábamos aún en el living y con un gesto adrede dejó que su mano al levantarse hacia su cabello se enredara con el camisolín, mostrando que solo llevaba esa tanga, se me acercó y puso sus brazos alrededor de mi cuello, mirándome a los ojos y sintiendo mi erección.

    — ¿Qué pasa, bebe?… ¿No crees que tu madre también es sexy para tu amigo?

    — Claro que eres sexy y creo que Eduardo también lo cree, mira su short.

    — ¿Entonces seguimos con lo que comenzamos en la cama?

    Casi antes de que ella terminara de decir esas palabras, me comió la boca delante de Eduardo. Pero esta vez fue tan profunda su lengua en mi boca que logró chupar la mía con morbo de insatisfecha. No pude contener más y finalmente comencé a besarla, dejando que Eduardo viera como nuestras lenguas iban y venían en nuestras bocas. Acariciando la espalda de mi madre, comencé a levantarle la bata dejando a los ojos de mi amigo la desnudez color canela de sus piernas, de sus caderas, de su cola y de su espalda desnuda, mientras nuestras salivas se mezclaban.

    — Ahora te toca a vos, le dijo mi madre a Eduardo. —Que estaba mudo, pero acariciando su pija.

    — Hijo de puta (me dijo) te coges a tu vieja, ahora va a ser mía también.

    — Eso según como te portes. –Le respondió mi madre, tomándole la pija con una mano y acercando sus labios para besarlo.

    Eduardo, no podía creerlo, me miraba de reojo mientras franeleaba a mi madre con sus manos, sin despegar sus labios de su boca. Me calentaba ver que mi madre se iba a coger delante de mí a mi amigo y que ello iba a cambiar toda nuestra relación con Eduardo, ahora la complicidad de la conducta de mi madre era un secreto compartido, ya que muchas veces nos pajeábamos con Eduardo en nuestros dormitorios con alguna que otra porno; ahora la porno estaba desnudándose delante nuestro.

    Eduardo bajó con su boca hasta las tetas y mordisqueándole los pezones; así como si hubiera recibido una descarga eléctrica, mi madre flexionó todo su cuerpo mientras se arqueaba hacia atrás y dejaba escapar un gemido, mientras guiñándome un ojo apretaba la cara de Eduardo entre sus tetas.

    — Ahora vas a conocer los Secretos de Laura, la mami de tu amigo. — Le dijo mi madre.

    Eduardo se bajó el short ente sus piernas musculosas y peludas pelando una pija que yo conocía de tantas pajas que nos hicimos, pero nunca la había visto tan erecta y brillosa. Me acerqué, lo miré a los ojos y se la tomé con una mano, hasta que arrodillándome me la metí entera en la boca; hacía tiempo que, entre las calenturas con mi madre y la pija de Eduardo, yo también quería sentir como me iban a romper el esfínter y me calentaba pensar que podía ser Eduardo. Se la pajeaba con mis labios apretando su glande y con mis manos sosteniéndolo desde las pelotas que golpeaban en mi cara, pajeándose.

    Mi madre nos miró, dejó caer su camisolín y se acomodó sobre el sillón ofreciéndonos su concha y su culo húmedo de deseo.

    — No le acabes en la boca. —Le ordenó mi madre.

    — Ahora que me la mojaste bien putito, se la voy a enterrar a tu mami.

    — No, primero cógetelo a Richard delante mío, los quiero ver coger a Uds.

    Yo lo miré a Eduardo, y sabía que me iba a coger, pero yo quería que mi primer macho fuera también el amante de mi madre, Mingo, que tenía un tubo no una pija, quería sentir lo mismo que ella en mi esfínter, pero las cosas se precipitaron y Eduardo fue mi primer macho.

    Mi madre metió sus dedos bien profundos en su vagina, abriéndose los labios, para luego humedecer así mi orificio, introduciendo sus dos dedos húmedos y dilatando mi esfínter.

    —Ahora vas a sentir que lindo es ser una puta y que te cojan por el culo, te va a arder, pero también te va gustar mucho.

    —Acomodate putito, te voy a desvirgar ese culito. —me dijo Eduardo mientras también se salivaba la pija.

    Apoyó su glande entre mis piernas y comenzó a hundirse en mi culo, el ardor era infinitamente placentero, más cuando mi madre toda desnuda apoyó sus pezones en mi boca, y luego dejando que yo chupara los labios de su concha; era un perfecto sesenta y nueve mientras Eduardo la sostenía del cabello para chuparle la boca; los tres explotábamos de calentura extrema. La pija de Eduardo fue a enterrarse en lo profundo de mi grito cuando sentí sus pelotas junto a las mías, me había roto el culo y mamá comenzó a hacerme una paja con su boca.

    — ¡Vamos hacer esto bien!, dijo ella y se apartó de nosotros.

    Mamá, se acercó al sillón del living, se subió y se arrodilló sobre él, mirando a Eduardo con una mirada casi animal en sus ojos, lo señaló y con su dedo le indicó que se acercara, separando con sus dedos los labios de su húmedo nácar. Eduardo, mostrándole su pija bien dura, le dio algunos frotamientos con los dedos, desde la concha hasta por encima del culo, pero pronto comenzó a lamerle la abertura de esos labios vaginales nacarados.

    Cuando ella comenzó a retorcerse por su goce oral, se volvió hacia mí… Sus ojos me dieron una mirada aún más caliente que antes. — Richard, vení aquí, déjame devorar también esa pija dura.

    Ya estaba ella de rodillas cuando Eduardo comenzó a pajearse sobre los labios de mi madre y yo frotándole mi glande sobre sus tetas, veía como se ponían sus pezones aún más duros.

    —Vamos a ver quién de los dos me coge más duro. —dijo mi madre.

    Me calentaba verla chupándome la pija, —Eduardo sonrió…

    —Putita ahora te vas a comer esta poronga por el culo. Te vas a portar como la buena puta que sos…

    Mi madre se puso en cuatro sobre el sillón dejando que yo me sentara delante de ella mientras me comía la pija, Eduardo apoyando su glande comenzó a enterrarse en su esfínter y tomándola de las caderas se la clavó de un solo empujón, mi madre devoró mi erección, teniendo que contener mi eyaculación de tanta calentura, ya que el vaivén de la cogida que le estaba dando Eduardo repercutía entre la boca de mi madre y mi glande.

    — Vamos a la cama chicos, así estaremos más cómodos

    Me obligó a acostarme boca arriba cuando puso su concha en mi boca abriendo sus labios para que mi lengua encontrara su clítoris, no tardé nada en encontrar su caramelo y jugar, saboreándolo inmensamente, inagotablemente, hasta que mi nariz fue a perderse junto con mi boca dentro de la concha de mí madre, hasta que alcanzó un profundo orgasmo dejándose caer sobre mí y empapando mi boca de jugos nacarados, cuando Eduardo encontró húmedo el nácar, comenzó a rozar el glande enterrándose también en ella; yo no aguanté mi deseo y acomodándome pude chupar esos jugos de mi madre y la dureza de Eduardo que salía y embestía dentre esos labios.

    — No puede ser que seas tan puta. Le soltó Eduardo.

    — Vos nene, no sabés de lo que soy capaz con una pija como la tuya.

    — Ya lo veo, cométela hasta que mis pelotas se pierdan en tu concha.

    — No nene, quiero que los dos me acaben en la boca.

    — No podés ser tan puta, pero te voy a atragantar de tanta leche. Le repitió Eduardo.

    — ¡Voy a acabar! — gritó Eduardo. No podía más.

    — ¡En mi boca! — dijo mi madre, agarrándonos las pijas a los dos y llevándoselas a la boca.

    — ¡Abrí la boca! — Le dije yo, enterrándole mi pija —toma tu leche puta.

    Eduardo se empezó a pajear con gusto cuando varios chorros de semen empezaron a salir disparados directamente hacia la cara de mi madre., mientras ella se seguía masturbando y pedía más y más con la boca abierta, la que rebalsaba de semen.

    El glande de Eduardo blanco de leche, se introdujo en la boca de mi madre mientras ambas acabadas se escapaban por la comisura de sus labios, sobre los cuales golpeteábamos y sacudíamos nuestras últimas gotas de leche.

    — Jamás voy a olvidar esto. —dijo Eduardo.

    — Y lo vamos a repetir bebe. —respondió mi madre.

    Después del mejor momento sexual de su vida, Eduardo se limpió el resto de semen sobre la cara de mi madre, que le lamió la pija hinchada y larga con profundo deseo, y luego con un tremendo chupón que le pegó en la boca, mi madre jadeó y le recibió abriendo su boca facilitándole su lengua profunda con ese beso. Con una palmada en mi cola, me hizo chupársela también y se fue dejando rastros de semen sobre las sucias sábanas de la cama y en nuestras bocas, las que se juntaron al final en un intercambio de semen y de sabores de pecado.

    Mi verga que había perdido su tamaño, pero aún tenía jugos de su húmeda vagina, después de un descanso, mi madre me pido que la volviera a coger.

    Comencé a enterrarme suave en su vagina dejando que mi pija se fuera endureciendo sin penetrarla totalmente, cuando una vez más el placer entre Edipo y Yocasta se recreaba en la mitología, mientras acabando profundo y duro en su vientre, el morbo de su jadeo fue interminable entre nuestras bocas húmedas de incesto.

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  • La tía que nunca vi

    La tía que nunca vi

    A pesar de mi debilidad por las maduras tengo que confesar que nunca me había fijado en ella. No fue solo después de varias reuniones familiares cuando empecé a mirarla con otros ojos. Mi tía no solía ir a las reuniones por ciertas riñas familiares y la verdad es que tampoco solía ser atento con ella sino simplemente saludarla. Pero como he dicho, después de varias reuniones empecé a notar su sonrisa, sus labios carnosos, sus senos ligeramente caídos alto grandes, sus caderas grandes y esas nalgas por supuesto grandes y carnosas, tengo que decir que no es una modelo, tiene un poco de abdomen y su piel se ve entrada en años aunque esto no mucho pues es muy jovial y coqueta, todo esto me empezó a llamar la atención a tal punto que empecé a fantasear con ella.

    Empecé a subir a la azotea para mirar su ropa interior, unos calzones muy ricos, grandes y que se nota le quedan muy ajustados para esas caderas deliciosas que se suelen ver mejor con sus pantalones de mezclilla. Alguna vez me robe unos y me di las masturbadas más lecheras que he tenido, tuve que tirarlas por supuesto para eliminar la evidencia.

    Con el tiempo nos empezamos hablar más pero yo intentaba que no fuera evidente y más bien cosas naturales para no levantar sospechas o la atención de la familia. En este punto tengo que decir que ella tiene algo así como un novio que a veces se queda con ella pero suele irse por algunos días, la familia dice que es casado pero ella dice que es porque tiene que vender cierta mercancía. Las pláticas eran normales, trabajo, lugares, planes cosas por el estilo.

    Todo empieza a ponerse interesante cuando me dicen en mi trabajo que debo estar en casa, y es que algunos días, en el mismo edificio que tengo, rentaba una oficina pisos más abajo donde vive ella, y yo bajaba en pijama, el tema era que bueno se me marca la polla en la entrepierna, pero como bajaba temprano yo suponía que no había nadie y bueno pues no pasaba nada, pero me la empecé a encontrar, algunas veces ella iba a tirar basura o sacar a su perro, pero así como yo la miraba disimuladamente varias la caché mirándome las nalgas o mi bulto, todo esto empezó a excitarme más y más a tal grado que luego platicábamos en los pasillos casi en susurros para que no se escuchara todo en el edificio, pero platicábamos y nos mirábamos, yo empecé a notar que ella no se ponía sostén y podía mirarle sus pezones marcados, duros y grandes que se veían, yo por mi lado dejé de ponerme bóxers y dejar mi polla colgando al libre en la pijama y por supuesto se marcaba más y ella la miraba a veces muy apenada, yo solía hacerme como que miraba a otro lado pero sabía que ella me miraba y yo a ella.

    En una ocasión me pidió mi teléfono para ver si la podía ayudar con unas cosas de la computadora y le dije que sí. Esas dudas nunca llegaron, pero empezamos a comentar nuestras historias con emojis y hablarnos más.

    En una ocasión, cerca de navidad, publiqué una historia de que los calzones rojos daban buena suerte, y era una trusa (calzón pequeño de hombre por si se conoce con otro nombre en otros países), y mi tía me comentó la historia con un emoji de un diablo morado, yo solo le respondí con un changuito tapándose los ojos, y empezamos una conversación más o menos así:

    -ojalá te traiga mucha suerte hijo

    -Ojalá que si tía pero no uso de esos porque me aprietan hahaha

    -Ay hijo pues compra de tu talla

    -es que se me sale todo tía (yo ya subiendo el tono)

    -entonces ya no te podré dar tu regalo

    -Y qué es tía?

    -Pues una trusa roja

    -ay tía pues me la pruebo para que vea que no me queda

    -si verdad, pero seguro piensas que es juego

    -Pues si tía a poco si la compro?

    En este momento me dejo de contestar y pensé que quizá me había sobrepasado. Al día siguiente ya no la encontré y me puse más nervioso, quizá le diría a mi mamá o algo así.

    Pero en la noche me mando una foto de una trusa roja.

    -hijole tía, pero si la compro

    -Pues si hijo ahora sólo falta que te la midas sino para cambiarla

    -cuando usted me diga

    -Mañana pasas temprano por un cafecito

    -Mañana la veo tía

    Y ahí termino, al día siguiente estaba muy excitado me costó mucho trabajo relajarme para no ir con la verga parada.

    Baje en pijama, como siempre, y ella estaba igual, se le marcaba todo, sus pijama se le metía entre las nalgas, sus tetas se movían a su caminar con sus pezones duros como siempre.

    Nos sentamos y me sirvió café, platicamos de cosas normales y después fue a su cuarto y me dio una cajita, la abrí y ahí venía, oiga tía pero esto no me va a quedar, pruébatelo me dijo y pase al cuarto de ella y me la medí, no me quedó, mi pene salía por un costado apenas y lo cubría, tengo que decir que soy algo dotado y así en reposo me mide 15 cm, entonces es complicado usar cierta ropa o incluso ir al baño, ella toco la puerta y me dijo que si ya.

    Yo estaba muy nervioso, no era lo mismo que WhatsApp, ahí estaba ya a unos instantes, y me dije pues si algo tiene que pasar que pase.

    Abrí la puerta y salí así, ella se me quedó mirando y abrió sus ojos como platos y como queriendo decir algo no lo dijo sino después de unos segundos

    -hijo pero… no te queda

    -Es lo que le decía tía

    -Pero si yo veía que de pequeño ya se veía que tendrías algo así

    En ese momento su cara cambió, ya no se veía jovial y fresca sino perversa y caliente, nos quedamos varios segundos en silencio mirándonos todo menos nuestras caras, yo me acerqué y la empecé a besar la rodee con mis brazos tocándole sus nalgas deliciosas sobre su pijama, nos deshacíamos en besos desesperados, ella me tomó de la cara y yo de las nalgas que apretaba y manoseaba, ella gemía mientras me besaba, después subí mis manos por sus pechos cálidos, sus pezones duros y le saqué la blusa para encontrarme con ellos y comerlos, empecé a chuparle las tetas, ella metía sus dedos entre mi cabello y yo le comía sus lesiones cafés grandes, mi boca salivaba mucho de probar esos senos tersos.

    Después me despego y tomo mi verga y soltó un gemido, se arrodilló y bajo mi calzón liberando mi pene grueso, que ya soltaba un poco de líquido, lo tomo con sus dos manos y mi pene palpitaba y seguía creciendo entre sus manos y ella lo apretaba y jalaba delicioso como si lo ordeñara pero lento como sintiendo como crecía en sus manos, yo gruñía de lo delicioso que lo hacía.

    -hijo que rico, que rico miembro tienes, no me lo imaginaba así de grande cuando te veía con tu pijama, que tengas esta verga (me la apretó algo fuerte pero me tragué el gemido)

    Yo no dije nada pues en ese momento ella abrió su boca y envolvió mi glande, sentí caliente y poco a poco fue introduciendo mi pene sin soltar con sus dos manos mi verga que palpitaba y palpitaba, ella hacía sonidos con su boca, pequeños gemidos y después la sacó con varios hilos de saliva y tomando aire y repitió, esta vez apretándola más con sus labios, yo le recogí el cabello hacia un lado y le tome el cabello con mi mano, eso pareció ponerla más caliente porque empezó a chupar más y más, a sacarla y meterla de nuevo y yo a mover mi cadera siguiendo su ritmo delicioso, intenté meterla más y más pero ella de atragantaba pero no me decía nada, yo forzaba más mi pene para que lo tragara pero no podía más de la mitad de mi trozo de carne, se la sacó empujándome de las piernas

    -ahhh hijo que rica verga morena tienes, mira nada más

    Y me la golpeo con su mano, me dolió un poco y después la tomo con una mano por la base y empezó a pegarse en la cara eso me éxito mucho y después en su boca,

    -ah que rica, soy una zorra sobrino, no debemos hacer eso

    Alternaba entre golpe, lamida, chupada fuerte y se golpeaba de nuevo la cara

    -sobrino vamos pégame, soy una zorra por mírate el pene cada vez que podía, por imaginar cómo me cogerías, por meterme los dedos y masturbarme, hace mucho que no cojo sobrino

    En eso mi pene empezó a palpitar y me empecé a venir, saltaron chorros de leche sobre su cara, varios lechazos abundantes, el primero directo en su ojo que cerró, el segundo en su boca cuando empuje mi cadera, el tercero en su cabello creo porque mi mirada fue al techo y cerré los ojos mientras ella me la empezó a jalar muy rico y a chupármela, sentía su boca caliente en mi cabeza, sus manos jalar mi tronco y sus sonidos al mamar, creo que solté otro par de disparos dentro de su boca.

    Caí a la cama con las piernas débiles y al mirar a hacia abajo ella estaba limpiando mi pene y su cara llena de leche escurriendo pero ella seguía lamiendo mi verga morena, brillosa, sucia que poco a poco limpiaba.

    -que deliciosa leche sobrino, me la voy a comer toda

    Mi semen escurría por su cara y caía en mis piernas y ella lo recogía con su hábil lengua.

    Mi verga empezó a perder volumen pero inmediato ella seguía chupándola.

    -ya hijo mira así dormida es grandota, rica (me la apretó) quiero que me la metas vamos métemela.

    Mi miembro empezó a llenarse de sangre y recobró su virilidad, durísimo se sacó todo y se subió a mi pene, ella lo sostenía y se empezó a clavar sola, mi cabeza abría su vagina bien lubricada y viscosa, ella gemía rico y su cara de placer o dolor me hizo empujar mi pene, ella gimo rico y ahogado y sentía como su vagina no solo me quemaba la verga sino que la apretaba, ah ah entre suspiros ahogados repetía y yo gemía por lo rico que me apretaba la polla, por fin se clavó toda, subió de nuevo y bajo de golpe y sentía delicioso… cuando tocaron la puerta y gritaron

    -se me olvidaron las llaves Isabel! Me abres?

    Y tocaron de nuevo, ambos escuchamos y yo tenía mi verga llena de sus jugos saliendo por los bordes de su vagina, mi verga palpitando, ambos sudando y agitados, se levantó rápido nos vestimos como pudimos.

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  • Mi tímida esposa durante las vacaciones

    Mi tímida esposa durante las vacaciones

    Mi esposa Katia y yo éramos novios desde la secundaria, ambos éramos vírgenes cuando nos casamos a los 20 años y estábamos ansiosos por nuestra noche de bodas pero a la vez con nervios ya que sería nuestra primera vez.

    Ahora en la actualidad ella y yo tenemos 16 años de casados, tenemos un hijo de 4 años, Facundo que nació fruto de nuestro amor.

    Mi nombre es Francisco aunque me dicen Pancho, tengo tez blanca, cabello castaño oscuro y corto, ojos cafés, mido 1.80 y peso 84 kg, no soy musculoso pero me mantengo en muy buena forma.

    Katia tiene 36 años, tez blanca, cabello rubio que le llega hasta la mitad de su espalda, ojos verdes, mide 1.60 de estatura y pesa casi 59 kg. Su silueta es delgada y con la forma de un reloj de arena, ella dice que donde fue mama su cuerpo se arruino, para mí su cuerpo mejoro, ya que ahora es más voluptuosa y con más curvas. Ahora tiene unos pechos copa B y su mayor atractivo… su trasero gordo y con unas nalgas redondas y respingadas. Katia corre mucho y pasa un buen rato haciendo ejercicio viendo videos en casa, le pregunté una vez si quería unirse a un gimnasio, pero por su timidez siempre se negaría.

    Mi polla mide 15cm x 3cm de ancho pero es respetable y abundante para Katia, ya que su coño siempre esta apretado y le toma tiempo hacer que se moje con sus jugos lo suficiente como para que no nos lastime a los dos.

    Desde que nos casamos nuestra vida sexual ha sido buena y ambos estamos cómodos el uno con el otro, aunque tomó tiempo para que Katia comenzara a disfrutar del sexo, ya que ella sigue siendo reservada.

    Como dije, nuestra vida sexual ha estado bien, aunque Katia no alcanza un orgasmo cada vez que estamos juntos, pero una vez que tiene su orgasmo, no quiere seguir teniendo sexo. Por lo que yo tengo que darme prisa y hacer todo lo posible para terminar, ya que ella parece desinteresada en ese momento.

    Aunque a mi me encanta hacerle sexo oral, ella nunca ha querido darme sexo oral, de hecho nunca ha tenido una polla en su boca. Una vez que se dio cuenta de que yo disfrutaba de lamerle el coño, por lo que ella comenzó a cortarse su vello púbico hasta que finalmente se afeito por completo y lo mantuvo así desde entonces, ya que ella dijo que sería más higiénico.

    El sexo con Katia ha sido bueno, pero en los últimos años debido al nacimiento de nuestro hijo, se ha vuelto aburrido, pues nunca experimentamos cosas nuevas. Una vez le propuse hacer sexo anal, pero ella de manera enojada me dijo que ni lo pensara pues nunca pasaría.

    El sexo con ella casi siempre ha sido en la posición de misionero y de vez en cuando ella se pone encima de mí, rara vez se mueve, lo que me permite a mi manejar la acción.

    Mi trabajo como Ingeniero comercial ha ido muy bien, tanto así que me gané un viaje para dos personas a la República Dominicana durante una semana con todos los gastos pagados. Nos alojaríamos en el elegante Resort en Punta Cana, así que le dije a mi esposa y acepto, por lo que dejamos a nuestro hijo con mi suegra.

    Tomamos el avión un domingo hacia Republica Dominicana, una vez llegamos tomamos un taxi. Después de un aventurero viaje en taxi, llegamos al resort, nos registrarnos con una mujer llamada Diana que nos acompañó a nuestra habitación. Todo el complejo estaba al aire libre, Diana abrió el camino a través de los jardines y habló con Katia sobre las comodidades del complejo, Diana también describió las playas y cómo los lugareños interactúan con los invitados. Ella nos aseguró que era completamente seguro ir de paso, mencionó que algunos de los invitados y lugareños no usarían ropa en la playa y que los tomarían desprevenidos, Katia desaprobaría eso, así que rápidamente cambié de tema.

    Una vez llegamos a nuestra habitación, Diana nos mostró el diseño, nos dejaron solos para desempacar nuestro equipaje. Nos sorprendió descubrir que también teníamos acceso ilimitado a las piscinas, motos acuáticas, spa y sobre todo a ¡Los masajes!

    Mi compañía realmente hizo todo lo posible por nosotros, cuando Katia salió al balcón, la escuché gemir de alegría. “Oh, Pancho, este lugar es fabuloso. ¡Es mejor de lo que podría haber esperado!” Me apresuré a su lado para disfrutar de la vista del océano, las palmeras y la ligera brisa. Miré hacia la playa y vi a varias personas caminando, incluidos los lugareños, de piel oscura y su ropa modesta, no fue difícil detectarlos. También vi cabañas de madera bonitas que estaban en la playa junto al océano, sabía que ese lugar sería perfecto para nosotros, ya que era privado.

    Le dije a Katia que necesitábamos desempacar y hacer un plan, ella estuvo de acuerdo y nos dirigimos a la habitación. Mientras desempacaba, noté mucha ropa nueva que no había visto antes, hice un comentario sobre ella gastando mi dinero extra en ropa. Para mi sorpresa, ella también comenzó a sacar bikinis con tangas pequeñas y con brasieres pequeños de triángulos que apenas cubrirían sus senos. “Wow, cariño, esos se ven geniales, pero no creo haberte visto llevar algo así”. Dije y Katia respondió: “Lo sé, pero siempre estás tratando de relajarme y pensé que estas vacaciones serían un buen momento para experimentar”. ¿Realmente usó la palabra “Experimentar”? Ella continuó: “Además, la probabilidad de toparse con alguien que conocemos aquí es cero, por lo que puedo obtener un excelente bronceado con estos trajes”.

    Una vez que llegamos a la playa, encontramos nuestro camino a nuestra cabaña privada que había sido reservada para nosotros. Katia aprovechó la oportunidad para tomar el sol en la arena primero con su bikini blanco y con una toalla alrededor de su cintura, su cuerpo era increíble y llamando la atención de todos los que estaban a su alrededor. Pensé para mí mismo: “Wow, finalmente se está relajando”.

    Lo que no le dije a Katia fue el hecho de que había organizado un masaje para los dos. Me aseguré de que ella tuviera una terapeuta y yo un terapeuta masculino. No necesitaba que ella se sintiera celosa de que una mujer me tocara y ciertamente no se sentiría cómoda con otro hombre que la manejara.

    Después de un rato en la arena, fuimos a la cabaña, dentro atravesamos una cortina y ella se detuvo en seco cuando notó las mesas de masaje. Rápidamente le expliqué que estábamos teniendo masajes juntos y que estaba a solo unos minutos de suceder, después de una breve explicación de lo que había planeado, Katia aceptó de mala gana.

    Los masajistas entraron a nuestra cabaña, Katia y yo estábamos descansando cómodamente en las mesas de masaje que nos esperaban. Cerraron completamente la cabaña y pusieron música relajante. Me sentía un poco nervioso, pero decidí desnudarme con una toalla pesada alrededor de mi cintura. Katia, por otro lado, casi temblaba por la idea de que un extraño manejara su cuerpo tapado por su bikini blanco cubierto por una toalla de gran tamaño, mientras estaba boca arriba, Katia estaba boca abajo casi ocultando su rostro del mundo.

    Nuestros masajistas fueron como lo anuncian, la mujer que iba a trabajar en Katia era hermosa y tenía curvas que pondrían celosa a cualquier mujer. El hombre también estaba en una forma fantástica, era alto, extremadamente oscuro y construido como un Adonis, yo me sentía intimidado por su presencia. Mi boca se abrió cuando comenzaron a desvestirse y revelar sus cuerpos, ambos llevaban trajes de baño pequeños. La mujer tenía una piel morena y se notaba que había salido al sol a broncearse, llevaba un bikini amarillo de dos piezas con tiras y tanga, ella estaba mostrando cada curva de su cuerpo. Pensé que iba a explotar allí mismo hasta que miré al Adonis con ella, llevaba un Speedo blanco que estaba ajustado a su piel. Cuando se volvió para mirarme, no pude evitar notar el enorme bulto en el frente, él se dio cuenta de mi mirada y me dio un guiño rápido, yo apoyé mi cabeza contra la mesa y miré a mi izquierda para ver a Katia. Ella también estaba mirando en mi dirección y me di cuenta de que estaba nerviosa, su masajista también lo notó y le dijo que se relajara y disfrutara la experiencia. Los dos se presentaron, la morena se llamaba Patricia y el semental negro de Adonis se llamaba Alex.

    Patricia comenzó a frotar loción en sus manos y se centró en Katia, yo cerré los ojos, volví la cabeza hacia arriba y comencé a sentir que Alex, estaba a punto de hacer lo mismo. Comenzó a frotar loción en sus manos y se enfocó en Katia.

    Al principio me pareció extraño que un hombre me frotara el cuerpo, pero la presión de sus manos me hizo superar mi aprensión. Pronto me sentí relajado cuando escuché a Patricia preguntarle a Katia si estaba bien, me di vuelta para ver que Patricia había bajado la toalla de Katia más allá de su espalda baja, dejando al descubierto sus tirantes del bikini, pero aún cubriendo su hermoso y redondo trasero, Katia gimió diciendo que estaba bien, entonces yo otra vez cerré los ojos.

    Alex había bajado mi toalla debajo de mi pecho hasta justo encima de mi región púbica. Se puso de pie en mi cabeza y comenzó desde mis hombros, bajando por mi pecho y estómago, estaba estirado sobre mí y estaba preocupado porque estaba a punto de sentir su enorme polla descansando sobre mi cabeza mientras bajaba, pero estaba a salvo. Miré a mi izquierda otra vez y Katia nos estaba mirando directamente y pude ver en su boca las palabras: “¡Dios mío!”.

    Cuando Alex se enderezó de nuevo, la cara de Katia se congeló cuando finalmente pudo ver el ajustado Speedo de Damian y la enorme polla que descansaba cerca de mi cabeza. Alex notó la atención y giró ligeramente su cuerpo hacia Katia para darle una mejor vista.

    Le pregunté si estaba bien y salió de su trance y enterró la cara de nuevo en la mesa con vergüenza, mientras tanto, Patricia había logrado quitarle completamente la toalla de Katia y desató su parte superior para darle más acceso a su cuerpo blanco. Recuerdo vagamente a Patricia preguntando si eso estaba bien, pero Katia estaba en un trance mirando la polla de Alex, no creo que se haya dado cuenta de lo que había acordado.

    Patricia estaba levantando las manos hacia arriba y hacia abajo en la espalda de Katia cada vez que se rascaba los costados de sus pechos y se abría camino hasta su trasero, cada vez que oía un pequeño gemido escapar de la boca de Katia.

    Alex se acercó a mis piernas y comenzó a trabajar con sus aceites mágicos, todo el tiempo estuve hipnotizado por la acción de la otra mesa. Patricia se había acercado a la cabeza de Katia y estaba trabajando sobre sus hombros cuando bajó la cabeza y le hizo una pregunta que no pude escuchar. Vi a Katia asentir con la cabeza de acuerdo y Patricia se acercó lentamente al otro extremo de la mesa y me guiñó un ojo tortuoso tal como lo hizo Alex antes. Patricia agarró el costado superior del brasier de Katia y le dio un tirón, haciendo que Katia ligeramente levantara el torso y la parte superior se deslizó por debajo de ella.

    Supuse que Patricia le había preguntado si eso estaba bien, la cara de Katia todavía estaba enterrada en la mesa, así que no podía ver su expresión. Aún no se podían ver sus senos, pero ahora se abultaban de su lado. Patricia luego colocó sus dedos en los costados de la tanga de Katia y comenzó a tirar lentamente hacia abajo. Estaba esperando que Katia protestara, pero me quedé inmóvil cuando ella levantó las caderas y permitió que se quitaran las partes inferiores de su bikini.

    Patricia miraba atónita el hermoso y redondo trasero de Katia, Alex también notó el trasero blanco de mi esposa y comenzó a masajear mis piernas aún más fuerte. Miré en su dirección y noté que el bulto se había hecho más grande y ahora se envolvía alrededor de su cadera, escuché un gemido proveniente de Katia, así que miré hacia atrás solo para encontrar que Patricia había montado la mesa y estaba sentada a horcajadas sobre las piernas de Katia. La entrepierna de Patricia descansaba sobre el dorso de las rodillas de Katia con sus manos agarrando por completo su gordo trasero, cada vez que metía los dedos en las nalgas de Katia, los gemidos se volvían cada vez más intensos, los aceites brillaban y pude ver las caderas de Katia girando.

    Con toda la emoción, pronto me di cuenta de que estaba luciendo una gran erección creando una carpa con mi toalla. Alex también lo notó, casi había dejado de masajearme por completo mientras los dos veíamos la acción a nuestro lado. Estaba tratando de ocultar mi erección y luego decidí preguntarle a Alex si deberíamos tomar un descanso, él estuvo de acuerdo y luego hizo algo que envió gritos a través de mi cuerpo. ¡Estaba caminando hacia Nicole y Tricia!

    Alex fue directo a la cabeza de Katia y comenzó a frotar sus hombros con aceite. Ella se sobresaltó y levantó la cabeza para ver lo que estaba sucediendo, pero ella se encontró cara a cara con el Speedo de Alex, a no más de 10 cm de su rostro había una gran polla negra cubierta solo por una tela delgada que estaba tan cubierta de aceite que se podía ver claramente su contenido.

    Katia bajó rápidamente la cabeza y me miró, ella preguntó en voz alta, “¿qué está pasando?” Alex explicó que sus servicios estuvieron cubiertos por dos horas, así que pensó que ayudaría a Patricia mientras yo tomaba un descanso. Le dije a Katia que estaba bien con eso si ella lo estaba, la cara de Katia mostró signos de pánico, pero no dijo nada, ella solo bajó la cabeza hacia la mesa, mientras Patricia se movía hacia los pies y las piernas de Katia, Alex comenzó su movimiento patentado de estirar su cuerpo sobre los hombros y la espalda de Katia.

    A diferencia de mí, él no se detuvo y agarró por completo el hermoso culo de Katia con sus enormes manos. Me atrajo el contraste de sus manos oscuras sobre la piel blanca de mi esposa. Miré hacia arriba y efectivamente, su técnica de estiramiento colocó su Speedo tenso directamente en la parte posterior de la cabeza de mi esposa. El movimiento hacia adelante y hacia atrás de sus manos hizo que su paquete crujiera por el hermoso cabello rubio de Katia.

    Esto continuó durante varios minutos cuando Patricia finalmente habló, “Hora de voltearse señorita”. Tanto Patricia como Alex se pararon y esperaron a que Katia se volteara, conociendo a mi esposa, sabía que esto no iba a suceder. Solo pensé, Katia respondió: “No puedo hacer esto, soy la única que esta desnuda y estoy demasiado avergonzada para hacerlo”. Justo cuando mi pánico disminuía al pensar en que mi esposa estaba desnuda frente a dos extraños, la respuesta de los dos masajistas me sorprendió una vez más. Patricia dijo: “Bien, entonces nos uniremos a ti en tu desnudez para que estés más cómoda”. Y con eso, Patricia dejó caer su tanga al suelo y tiró de una cuerda para soltar sus hermosos pechos.

    Estaba asombrado de su hermoso cuerpo cuando vi movimiento por el rabillo del ojo. Alex también había dejado caer su speedo y yo estaba en estado de shock, su polla ahora estaba libre de sus limitaciones y era increíble. Estaban colgando al menos 16 cm completamente flácida, era imposible pues mi polla erecta mide eso. Su polla estaba oscura y su área púbica estaba completamente afeitada, de hecho, no había un vello en todo su cuerpo. Pero la parte más impresionante fue la cabeza de su polla, era grande y tenía al menos 5 cm de circunferencia y estaba circuncidado.

    “Bueno, Katia, ¡obtienes lo que pediste!” Dijo Patricia, Katia estaba sacudiendo la cabeza y me di cuenta de que su mente estaba corriendo sobre qué hacer, y yo le dije, “Katia, tienes un cuerpo hermoso y dos personas con cuerpos igualmente de hermosos quieren frotarte. ¿Cuál es el daño?” Katia finalmente cedió y se dio la vuelta lentamente. Sus ojos estaban completamente cerrados y sus manos estaban haciendo todo lo posible para cubrir sus tetas y su coño.

    Alex y Patricia no perdieron el tiempo y atacaron el cuerpo de mi encantadora esposa. Patricia estaba a sus pies y Alex seguía a la cabeza, mientras ambos comenzaron a trabajar con sus manos aceitosas sobre su piel suave, el pecho de Katia comenzó a agitarse. No pasó mucho tiempo antes de que Alex se abriera paso desde sus sienes, hasta sus hombros, hasta la parte superior de su pecho, mientras tanto, Patricia ya había pasado las rodillas de Katia y estaba subiendo por sus muslos hasta su coño cubierto.

    El cuerpo de Katia estaba reaccionando y de pronto ya no se estaba cubriendo las tetas ni el coño, su brazo izquierdo estaba ligeramente debajo de sus senos y su brazo derecho estaba justo encima de su hueso púbico. Fue entonces cuando todos vieron que Katia tenía afeitando el coño, estaba completamente calvo.

    Alex finalmente había comenzado a frotar el exterior del pecho de Katia asegurándose de no tocar sus pezones. Haría movimientos giratorios y pasaría las manos por los hombros de ella, cada vez que él repetía y alcanzaba sus senos, él la apretaba un poco más y empujaba sus encantadores montículos más juntos. Los pezones de mi esposa eran tan duros que parecían estatuas, estaba obsesionado, estaba en trance. Katia se mordió ligeramente el labio inferior y sus ojos estaban cerrados, aún sin ver a sus compañeros desnudos.

    De repente, Katia dejó caer los brazos sobre la mesa y agarró los costados con nudillos blancos que mostraban un goteo mortal. Una mirada de sorpresa cubrió su rostro y sus ojos se abrieron de par en par, miré hacia abajo para encontrar que las manos de Patricia habían llegado al muslo interno de mi esposa. Sus palmas estaban increíblemente cerca de su coño y pude ver ocho dedos descansando en el área de su bikini. Sin embargo, sus pulgares no se veían por ninguna parte, me levanté y noté que sus pulgares se deslizaban lentamente hacia arriba y hacia abajo por los labios vaginales de Katia. Cuando llegó a la parte superior de su coño, los pulgares de Patricia acariciaron suavemente el clítoris de Katia.

    Katia estaba mirando a la bella mujer entre sus piernas y su respiración era agitada. Todo el tiempo Alex estaba masajeando activamente sus pechos aun asegurándose de no tocar sus palpitantes pezones. Pude ver un poderoso orgasmo creciendo en todo el cuerpo de Katia. Después de varios pases más por el ligero toque de Patricia sobre su clítoris, mi esposa no pudo soportar más y dejó escapar un fuerte gemido, sus caderas se levantaron de la mesa y su cabeza cayó hacia atrás contra la mesa. Se desarrolló un arco en su espalda y su cabeza se inclinó aún más hacia atrás, sus ojos se cerraron de nuevo, sin darse cuenta de la polla negra que estaba cerca de su cara. Su respiración era fuerte y rápida, tenía que haber inhalado el aroma del Adonis negro en su cabeza, Katia todavía estaba en medio de un poderoso orgasmo cuando volvió la cabeza hacia mí.

    Damián continuó masajeando sus senos, lo que le permitió no solo ver la acción cerca de su coño, sino que también puso su enorme polla justo al lado de la cara de mi esposa. De hecho, tuvo que mirar más allá de la barra semidura solo para hacer contacto visual conmigo. Ella tenía una mirada perdida en su rostro, ella pronunció las palabras, “¿qué… está… pasando?” Estaba demasiado conmocionado para pronunciar una palabra. Nuevamente preguntó: “¿Qué… me está pasando… a mí?” De nuevo, no hay respuesta de mi parte. No podía creer que estuviera en medio del orgasmo más fuerte que había tenido, sin mencionar que estaba en manos de una mujer y un hombre extraños.

    Cuando el orgasmo de Katia disminuyó, finalmente notó la poderosa polla negra que estaba cerca, supongo que ella podría haber pensado que era el brazo de Alex o algo así, finalmente, la vio su polla tan cerca de su cara que se aterrorizó. Alex notó su sorpresa y dijo: “Oh, perdón” y se movió a su izquierda, ahora su polla estaba detrás de su cabeza. Katia seguía mirándome con la boca “OMG” mientras Alex continuaba asaltando sus senos. Pero ahora que se movió, su polla se frotó contra la oreja de mi esposa una vez que se inclinó para masajearla.

    Sabía que este era un territorio desconocido para Katia, nunca se había sentido tan excitada en su vida. Los dos masajistas sabían exactamente qué hacer y cuándo hacerlo, Alex se abrió paso entre sus pechos en su próximo viaje y con las manos a cada lado de su cuerpo, fue hasta los muslos de Katia. Esto presionó su polla endurecida aún más fuerte contra las orejas y el cuello de Katia. Cuando él comenzó a subir sus muslos hasta su coño, se detuvo y separó sus labios usando sus dedos índices, un jadeo audible salió de la boca de Katia, su rostro se esforzó por mirarme como si pidiera ayuda, pero las palabras no pudieron llegar a su boca.

    Una vez que Alex la abrió, Patricia se inclinó hacia adelante y pasó la lengua desde el fondo de la hendidura de mi esposa hasta su clítoris. Una vez que llegó allí, chupó su clítoris con sus labios y movió la lengua de un lado a otro, de nuevo Katia estaba en el punto de no retorno. Ella comenzó a sacudir la cabeza de un lado a otro, frotando efectivamente la enorme polla de Alex en su cara, su boca estaba abierta por respirar con dificultad y cada vez que su cabeza se movía de lado a lado, Patricia duplicó sus esfuerzos y Katia comenzó a convulsionarse, sus caderas se sacudían con fuerza y sus manos soltaron la mesa y agarraron la parte posterior de la cabeza de Patricia. Pensé que iba a alejarla, pero en cambio Katia comenzó a apretar su coño con más fuerza en la encantadora Patricia.

    Alex liberó su posición en el coño de Katia y se levantó, su enorme polla ahora completamente hinchada y acostada directamente sobre la cara de mi encantadora esposa. Ella miró directamente a Alex mientras su orgasmo continuaba, su respiración era poderosa y las enormes bolas de Alex descansaban sobre su cabeza. La base de su polla estaba en su frente y su impresionante eje cubría fácilmente los labios de Katia, la cabeza de hongo de gran tamaño estaba a unos 5 centímetros de sus labios. La longitud total de su polla erecta era de unos 26cm x 5cm de circunferencia, se puso de pie con orgullo con las manos en las caderas admirando la posición en la que se encontraba mi esposa. Cada respiro que Katia tomó debe haberse sentido increíble para Alex mientras su polla latía cada vez.

    Cuando terminó el segundo orgasmo poderoso de Katia, se quedó con la vista de esta enorme polla negra descansando sobre su rostro. Alex se agachó y envolvió su mano derecha alrededor de la base de su polla, levantó la cara de Katia muy ligeramente, pensé que estaba retrocediendo cuando se detuvo. La cabeza del hongo se cernía sobre los labios de mi esposa, su boca todavía estaba abierta por el asombro, sus ojos todavía estaban pegados a Alex.

    Miré a Alex y él nuevamente me dio ese guiño malvado, luego comenzó a golpear la cabeza de su polla contra la boca de Katia. No hizo ningún intento de cerrar la boca, ella solo estaba aturdida, después de que Alex dejó caer su enorme cabeza de hongo contra sus labios unas 10 veces, Katia volvió lentamente la cabeza hacia mí otra vez, estaba en agonía por el estado en el que se encontraba.

    Alex ahora estaba frotando lentamente la cabeza de su polla contra su mejilla y oreja. Dibujando círculos como si estuviera deletreando algo, Patricia todavía estaba anclada entre las piernas de mi esposa acariciando lentamente el coño de Katia. De repente, me resultó obvio que los tres miraban en mi dirección, cada uno notando que estaba acariciando mi polla pensando en lo que se estaba desarrollando. Volví a mirar a Katia, su mirada de miedo ahora se mezclaba con un fuerte deseo, ella volvió a pronunciar las palabras: “¿Qué está pasando? ¿Qué hago?” Solo sacudí la cabeza y me encogí de hombros.

    Alex debe haber terminado sus palabras de ortografía porque lentamente permitió que su polla cayera hacia la derecha y apoyara el eje contra la nariz de Katia. La cabeza hinchada descansaba justo en frente de sus labios y nuevamente ella preguntó: “¿Qué hago?” No hice un sonido. Alex luego comenzó a frotar la cabeza de su polla directamente sobre sus labios haciendo que se movieran. Los ojos de Nicole seguían fijos en mí. “¿Qué debo hacer?” ella preguntó de nuevo, esta vez sus labios se frotaron contra su polla mientras decía las palabras. Todavía permanecí en silencio sin atreverme a detener lo más erótico que he visto en mi vida. Justo cuando estaba tratando de encontrar una manera de sacarnos de esta posición con gracia, vi a Patricia sumergirse de nuevo en el coño de Katia. Estaba moviendo delicadamente su clítoris mientras pasaba dos dedos dentro de ella, haciendo que Katia volviera a cerrar los ojos y respirara sin control, estaba buscando su punto G y Katia respondía.

    Con la polla de Alex recibiendo el beneficio del aliento caliente de mi esposa, abrió los ojos nuevamente y tenía una mirada de puro deseo en su rostro. Finalmente pronunció las palabras que me sacudieron hasta la médula. “¿Puedo?” dijo con la boca aún abierta y una polla negra descansando en sus labios. Mis cejas se estrecharon juntas con una mirada inquisitiva “¿Qué?” Le repetí a ella, pero de nuevo, su respuesta fue: “¿Puedo?”

    “¿Puedes qué?” Le pregunté con una mirada perpleja, sabiendo que ella nunca sucumbiría a la situación.

    Ella agudizó su mirada hacia mí y preguntó de nuevo: “¿Puedo?” Pero esta vez su lengua salió de su boca y lentamente lamió la punta de la polla de Alex. Estaba en shock total, sin saber qué decir o hacer, simplemente me senté allí,

    Katia luego cerró los ojos y lentamente plantó sus labios llenos en la polla de Alex, quien aprovechó la oportunidad para agarrar nuevamente su polla y mover la cabeza directamente sobre sus labios. Ella continuó besándolo todo, miré a Alex y él tenía una mirada determinada, se agachó y agarró debajo de Katia y la deslizó hacia él. Ahora su cabeza estaba completamente fuera del frente de la mesa, alineó su polla con sus labios y presionó hacia adelante.

    Mi esposa abrió lentamente la boca y dejó que la cabeza invadiera su boca, apenas podía soportarlo, pero iba a dar su mejor esfuerzo. Alex empujó lentamente hacia adelante y más de su polla desapareció, supongo que en ese ángulo, Katia podría manejarlo.

    Después de unos centímetros más, Katia comenzó a hacer arcadas, Alex se detuvo y le permitió acostumbrarse a su circunferencia, mientras tanto, Patricia todavía estaba trabajando en su coño. Ella había logrado levantar las piernas de mi esposa y presionarlas hacia la cabecera de la mesa, Katia agarró la parte de atrás de sus rodillas y las sostuvo en su lugar liberando las manos de Patricia. Esto solo estimuló a Patricia y regresó al clítoris de Katia con su lengua y volvió a insertar sus dos dedos en el coño mojado y goteante de mi esposa. Con ganas de hacerlo todo, Patricia bajó aún más el pulgar izquierdo y encontró el ano virgen de Katia, con un empujón delicado pudo hundir el pulgar hasta el nudillo. Katia frunció el ceño y gimió de dolor, ya que nunca antes había experimentado esto y su cuerpo temblaba. Los fuertes gemidos fueron amortiguados por la gran polla negra que estaba invadiendo su boca.

    Alex reconoció la oportunidad y comenzó a quitar lentamente su polla de su boca, solo para empujarla una y otra vez. Él estaba efectivamente follando su boca, con cada golpe, más y más saliva cubría su vara negra.

    El tercer orgasmo de Katia duró más tiempo, con cada convulsión, Patricia enterraba su pulgar más y más en el culo de mi esposa, alargando el orgasmo. Después de otros 5 minutos de esto, Katia había tenido todo lo que pudo y casi se desmayó por el orgasmo.

    Patricia lentamente retiró su pulgar y levantó la cara del coño de mi esposa. Katia casi dejó caer las piernas contra la cama por el cansancio y Alex retiró su brillante polla de su boca. “¡Guau!” fue todo lo que pude reunir.

    Mirando a Patricia, Alex dijo: “Bueno, creo que nos quedan otros 15 minutos”, Patricia agregó: “Creo que sí”.

    Alex se dirigió al pie de la mesa mientras Patricia se acercaba a la cabeza de Katia y le susurró al oído: “Cariño, ¿por qué no te das vuelta y deslizas un poco hacia atrás? Te daré una almohada para que descanses el torso”. Inexplicablemente, Katia cumplió y se dio la vuelta, Alex la agarró por los tobillos y lentamente la llevó al pie de la mesa. No estaba segura de lo que estaba pasando hasta que Patricia dobló dos almohadas y las colocó debajo del estómago de Katia. Esto efectivamente elevó su hermoso trasero en el aire e hizo una alineación perfecta para que Alex tuviera acceso a su coño mojado mientras él estaba parado en el suelo.

    Patricia regresó a la cabecera de la mesa, se subió y se sentó frente a la cabeza de Katia. Levantando la cabeza de mi esposa, deslizó su cuerpo debajo de Katia un poco y colocó la cabeza de Katia en su regazo. Katia todavía estaba aturdida, con los ojos cerrados y realmente ajena a su entorno. Patricia me miró directamente y dijo: “¡A ella le va a encantar esto!” Estaba atónito, me acerqué al final de mi mesa y vi como Alex tomaba su polla dura como una roca y comenzaba a frotar arriba y abajo el coño de Katia. Cada vez, la cabeza de su polla estaba cubierta con más de sus jugos, cada vez su palpitante cabeza alcanzaba su clítoris; hizo una pausa y la sacudió un poco. Esta acción fue recibida con gemidos de mi esposa y sus caderas comenzaron a subir y bajar, coincidiendo con los movimientos de Alex.

    Después de unos minutos, Alex me miró y dijo: “Eres un hombre afortunado”, y con eso dejó que su polla invadiera el coño apretado de mi esposa. Ella estaba tan nerviosa que él se deslizó con un poco de resistencia, pues la cabeza de su polla costo que entrara, después de un buen empujón para hundir otros 10 centímetros, Katia comenzó a gemir y levantó la cabeza con una mueca de dolor en su rostro, pues le estaban estirando su coño apretado.

    Katia ahora se estaba dando cuenta de la gravedad de su situación, estaba a punto de ser follada por una enorme polla. En este punto, ella estaba sufriendo por la polla de Alex, pero ella lo necesitaba, por lo que con sus manos comenzó a apretar las sabanas de la mesa de masajes, para aguantar la enorme polla de Alex.

    Katia comenzó a gemir por el dolor, mientras Alex intentaba meterle más de su polla enorme. Katia tenía solo 14 centímetros dentro de su coño apretado y le faltaban otros 12 centímetros para metérsela toda.

    Katia permanecía con su trasero levantado, y con su coño intentando comerse 26 cm de polla negra, mientras que Patricia comenzó a darle pequeños besos delicados en todo el rostro encantador de mi esposa, incluso movió su lengua contra los labios de Katia. Patricia buscó debajo y agarró firmemente las hermosas tetas de Katia, sus pezones ansiaban ser tocados y Patricia no decepcionó. Después de frotar cada pezón entre su dedo índice y pulgar, Patricia tuvo a mi esposa en éxtasis.

    Por lo que Alex aprovecho esto y comenzó a follar a Katia en serio, lentamente estaba retirando su polla y empujándola hacia adentro, metiendo cada vez más su polla, ahora tenía 18 centímetros adentro de su coño y estaba a solo a centímetros de conseguir meterlo todo.

    Alex agarró el culo de Katia y separó sus nalgas, ahora podía ver su esfínter rosado y su coño siendo estirado por la circunferencia de la polla de Alex. Luego saco un poco su polla y agarrando las caderas de Katia embistió con fuerza el trasero de Katia. Ella gritó de dolor y comenzó a sollozar, sentía que la estaban partiendo en dos, Alex comenzó a embestirla golpeando su pelvis con el trasero de Katia, la cual apoyo su cabeza en la mesa y comenzó a morder la sabana, mientras en su rostro se reflejaba el dolor de estar siendo destrozada por una polla enorme.

    Alex estaba metiendo y sacando sus 26 cm de polla, la metía completamente en el coño de Katia y luego la sacaba. Él decía: “Como me encantan los coños apretados, y el tuyo ha sido el más apretado que he probado” decía mientras embestía contra las nalgas de Katia. Alex sentía que la cabeza de su polla chocaba contra el útero de Katia, la cual en cada embestida gemía de dolor, pues no se podía acostumbrar a esa polla, ya que la única que había tenido dentro era mucho más pequeña que la de Alex.

    Katia comenzó a temblar por el dolor, mientras Alex estaba moliendo su pelvis contra el trasero de Katia. Un increíble cuarto orgasmo estaba a punto de explotar en mi esposa, a pesar del dolor se estaba comenzando a excitar, pues cambio sus gemidos de dolor por gemidos de placer. Ella comenzó a mirarme mientras la embestían, estaba casi sin aliento, estaba mirándome con su cara de entre dolor y placer y con su boca completamente abierta.

    Patricia se inclinó y le dijo: “¿Estás lista para el mejor orgasmo de tu vida?” Katia no pudo responder, solo asintió con la cabeza. Patricia miró por encima de la espalda de Katia y le dijo a Alex: “Adelante, fóllala duro”.

    Sin dudarlo, Alex comenzó a follarla con fuerza y velocidad, sacaba su polla casi por completo y la volvió a meter con fuerza, haciendo que Katia gimiera de dolor. Alex estaba golpeando el coño de mi esposa con fuerza, mientras sus manos tenían firmemente agarrado su trasero, el único sonido que se escuchaba era el de las caderas de Alex chocando con las nalgas de Katia “¡Plaaf! ¡Plaaf! ¡Plaf!” Mientras él empujaba su polla en lo más profundo de Katia.

    “Dios, amo este coño apretado”. Dijo Alex, mientras golpeaba el trasero de mi esposa, bombeando su enorme polla dentro y fuera de ella mientras hablaba.

    “Oh, joder… me estas partiendo en dos…” Dijo Katia entre gemidos, ella me miró a los ojos y me dijo “Me duele… pero me encanta esta gran polla”.

    Sus palabras me dolieron a mi, porque aparentemente está disfrutando de la polla de Alex, como yo nunca antes la pude hacer gozar.

    La cabeza de Katia cayó y un gemido fuerte comenzó a salir de su boca, su último orgasmo se acercaba. Alex le soltó la nalga izquierda y se estiró para agarrar un puñado de su cabello dorado, cuando él comenzó a acelerar sus embestidas con furia, la cabeza de Katia se levantó y ella comenzó a gritar de placer.

    Patricia aprovechó esta oportunidad para relajarse y abrir las piernas, permitiendo que su hermoso coño recortado apareciera a la vista. Levantó las manos a ambos lados de la cara de Katia y susurró; “ahora puedes disfrutar de mí”.

    Katia estaba en un continuo estado de euforia, las embestidas que Alex le estaba dando le hacían imposible entender algo más que puro éxtasis. Su orgasmo había continuado durante los últimos minutos y no había vuelta atrás ni parada.

    Patricia extendió la mano y volvió a colocar la mano de Alex en el cabello dorado de Katia, mientras que Patricia se echó hacia atrás y guio la cabeza de Katia hacia su coño mojado, atacando el clítoris de Patricia como ella lo había hecho antes con Katia. El rostro de Patricia ahora también estaba abrumado por el placer, entre la lamida y los gemidos de Katia, ella estaba en el cielo puro.

    La escena frente a Alex solo lo hizo acelerar el ritmo, cada vez que su polla se estrellaba contra el útero de mi esposa, sus bolas golpeaban contra su clítoris. Katia lo perdió por completo, ella gritó en voz alta y fue tras el coño de Patricia con imprudente abandono, esta a su vez miró a Katia y dijo: “Eso es… ¡Me estoy corriendo! ¡Me estoy corriendo!”

    Mientras Patricia estaba moliendo su coño mojado en la cara de mi esposa, Alex sintió que sus bolas comenzaban a estallar. La cabeza de su polla latía y se expandía aún más en Katia, que por su parte, fue superada por la emoción. Su boca se deslizó del clítoris de Patricia y su cabeza cayó a la mesa. Su orgasmo eléctrico de diez minutos casi la hizo desmayarse.

    Alex agarró su polla, la sacó con un fuerte estallido, la enorme cabeza explotó con esperma por todo el culo de Katia. Corriente tras corriente de esperma aterrizaban en las nalgas de Katia. Cuando terminó, frotó lentamente su cabeza desinflada contra el coño rojo y abierto de Katia.

    Alex hizo una última mirada hacia abajo “Creo que estiré este coño apretado. ¿Te gustó?” Me dijo mirándome y nuevamente me dio un guiño rápido y se vistió. Patricia pronto estuvo detrás de él dejando a Katia como un trapo sobre la mesa de masaje. Patricia caminó agarrando mi erección y dijo: “Si no se ocupa de esto, avísame y yo lo haré” Y con otro guiño ella también se había ido.

    Mirando a Katia casi desmayarse en la mesa, finalmente reuní el poder para preguntar: “Cariño, ¿estás bien?”

    Ella gimió suavemente, “Dios, te amo, no puedo esperar para llevarte de vuelta a la habitación… para que me folles duro, ¿de acuerdo?”

    Solo sonreí, ya que sabía que a partir de hoy nuestra vida sexual nunca volvería a ser como antes.

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