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  • Vacaciones en Brasil (parte 2)

    Vacaciones en Brasil (parte 2)

    Desde que llegamos a casa en Argentina, los mensajes eran permanentes con Marcia y algunos con Cristiano. Siempre recordando lo que había pasado ese día. Ellos más jugados al poco tiempo nos empezaron a mandar fotos desnudos desde la cama, desde su patio o donde estén, aunque ya los conocíamos muy bien, esas fotos nos provocaban, nos subían la temperatura y muchos de nuestros polvos eran pensando en ellos.

    A mí me daba miedo mandar fotos con nuestras caras, así que solo les mandábamos sin cara, mías en tanga o de mis tetas. O de la pija de José cerca de mi cola. Ellos siempre subían la apuesta y nos regalaban fotos y videos cogiendo, teniendo sexo oral, masturbándose o practicando besos negros. Que nos ponían los pelos de punta y nos hacía coger bien rico pensando en ellos.

    Marcia me escribía que quería estar conmigo para que ellos solos nos miren, diciendo que eso lo calienta mucho a su marido. Cristiano en sus mensajes me decía que se quedó con ganas de cogerme, que la próxima vez no me voy a salvar de su vergon. Siempre adjuntando una foto o video.

    Los días pasaron hasta que una noche de sábado hicimos una videollamada. Apenas nos contestaron estaban desnudos en un sillón. Nosotros con bastante ropa es que acá en Argentina ya era otoño y estaba fresco para estar desnudos.

    Mientras charlábamos, Marcia se encargaba de que la pija la tenga bien dura, se la acariciaba suave y cada tanto se la chupaba dejándola bien empapada. Él con sus dedos la penetraba, bien delante de la cámara para que veamos bien. A mí me empezó a agarrar mucho calor, José fue y puso el calefactor al máximo, nos fuimos sacando todo lo que teníamos hasta quedar en bolas tirados sobre el sillón de casa. Ya no nos importó que se nos vea la cara.

    Me senté sobre la pija de José bien delante de la cámara para que nos vieran tan bien como nosotros lo veíamos a ellos. Marcia me copio y empezamos a coger en simultaneo, mientras Cristiano me empezó a decir que quería que yo sea la que se siente así arriba de él, que cuando nos veamos me va hacer tragar toda esa verga por todos mis agujeros. Marcia le decía a José que extrañaba su pija en el culo y que la quería de nuevo. Eso provocó a que Cristiano la ponga en cuatro y con un poquito de gel que tenían le arrimara ese pedazo de carne a su culo.

    Con un poquito de esfuerzo vimos cómo se le dilataba y entraba despacio, notamos su cara de dolor, no es para menos, es muy gorda y muy dura. Empezaron a olvidarse de la cámara, cada vez le daba empellones más fuertes, donde se notaba cara de placer mezclada con dolor, los gemidos también eran una mezcla. Toman un vibrador, estaban súper preparados y ella se lo pone en su clítoris lo que le provoca enseguida un orgasmo fabuloso. Mientras Cristiano le da cada vez más duro por el culo y acababa sacándosela para que veamos su leche como se esparcía sobre la espalda.

    Toda esa vista que teníamos, sentir ese orgasmo me hizo empezar a moverme cada vez más rápido sobre la pija de José y tocarme para llegar enseguida al mío. Yo soy de gritar mucho y fuerte cuando lo alcanzo, así que fueron unos segundos de gritos, gemidos y de retorcerme sobre la pija que ya estaba por explotar de José. Me paro, me doy vuelta para que me tire toda la leche sobre mis tetas.

    Ese fue el principio de muchas videollamadas. Todas muy excitantes, calientes. Parecía que no podíamos coger sin ellos. Que los polvos no eran tan ricos como cuando estábamos conectados.

    Fueron pasando los meses y empezamos a planificar nuestras vacaciones, por supuesto que a Brasil. No nos coincidían las fechas con ellos, cuando nosotros podíamos ellos no, todo por razones laborales. Así que buscamos un finde largo para ellos que no están lejos. Ellos iban a estar en Canasvieiras desde un viernes a un domingo. Nosotros por supuesto nos íbamos a quedar más días para justificar el viaje hasta allá.

    Llegó la fecha de salir para Brasil, no veíamos la hora de encontrarnos con ellos. Si bien nosotros íbamos a llegar unos días antes para aprovechar el viaje. Por supuesto que ni bien llegamos al día siguiente fuimos a la playa nudista. Ahí el primer día nos acercamos a otra pareja nudista Argentina con la excusa del mate, el ambiente también era excitante, José no podía dormir su pija tal como pasó el año anterior. Se le paraba y era una situación muy parecida a aquella, yo también estaba caliente.

    Sol y Esteban, eran más jóvenes que nosotros, se los notaba muy calientes, él igual que José con la pija dura, la concha de ella brillaba de mojada. Los chicos iban juntos al agua para bajarla, pasar por el bar a buscar cervezas, esta vez yo no tomé mucho, la otra vez no me cayó muy bien… jajaja. Verlos venir caminando con las cervezas y las pijas moviéndose me traía recuerdos y cada vez me calentaba más. Si bien Esteban no era tan dotado, la tenía muy parecida a la de José. Sol era joven, piernas flacas, pocas tetas, colita carnosita, pero bien paradita que me daban ganas de tocarla cada vez que la tenía a tiro.

    Todo era risas, charlas, ir al mar y seguir tomando. Quedamos un rato a solas con Sol, ellos se fueron al agua y ahí le empecé a contar que mañana llegaban unos amigos nuestros que el año pasado nos habíamos encontrado en este mismo lugar y le conté con detalle tal como lo relaté aquí todo los que nos pasó. Cuando estaba por terminar llegan ellos, Sol me miraba atónita, sin poder creer lo que le contaba, así que tuve que empezar a contar todo otra vez a Esteban. Lo que le provocó una erección enorme en él mientras se tocaba permanentemente y ella, si bien disimulaba, también se la notaba que la historia la calentó.

    Llegó la tardecita, empezamos a caminar hasta el auto, ellos tenían el hotel cerca de la playa, no quisieron que lo alcancemos. Los invitamos otra vez a cenar juntos, a lo que nos contestaron que no, que si bien son nudistas, ellos no son swingers y no quieren compartir nada con otros. Quedamos que mañana viernes, nosotros íbamos a venir con Marcia y Cristiano, pero que nos encantaría que se acerquen, sin ninguna intención de nada y nos despedimos.

    La charla con José en el camino fue sobre ellos y cuan caliente estábamos. Los dos nos habían gustado, pero no se dio. Así cuando llegamos a nuestra posada recalientes, nos dimos un polvo de esos con gritos, chirlos, revolcones a morir. Pero esta vez pensando en Sol y Esteban.

    Al otro Marcia y Cristiano debían llegar pasado el mediodía y quedamos que los esperábamos para ir juntos a la playa. Nos despertamos, sentíamos la adrenalina de la llegada de ellos, sabíamos que esta noche iba a pasar todo lo que nos prometimos durante todas las videollamadas que hicimos en el año, yo estaba ansiosa, no sé si nerviosa, pero con una cosquilla en la panza. Con José sabíamos que nos íbamos a compartir, él me dice: ¿estás lista para la vergon de Cristiano? Sabes lo que me calienta la idea de verte con él; como para sacarme esa ansiedad que vio en mí.

    Desayunamos y recibimos un mensaje de ellos que habían tenido un desperfecto eléctrico en el bus y tuvieron que parar sobre la ruta. No sabían a qué hora iban a llegar, se habían asustado mucho. Que nosotros vayamos a donde queríamos y si ellos llegaban no muy tarde nos encontraban. Después de almorzar, por supuesto salimos con José a la playa nudista, les escribimos que los esperábamos ahí.

    Llegamos, y lo primero que miramos fue si estaba Esteban y Sol. No estaban. Los dos pensamos: ¡Los asustamos! Jajaja. Lo que nos extrañó. Nos acomodamos en el lugar de siempre, había otras parejas a nuestro alrededor. Al rato caen, pero se ubican lejos como para no juntarse con nosotros.

    Esperamos un momento, vamos caminando hacia el bar para encontrarnos con ellos. Le contamos lo que les había pasado a nuestros amigos y empezamos a charlar. Lo invitamos a ir a nuestro lugar que es más tranquilo, ahí cerca el bar hay más gente, muchos chicos. Esteban no me sacaba los ojos de encima, me comía con la mirada, se notaba que la historia que le contamos ayer lo había puesto del tomate y Sol era la que lo frenaba, porque la acariciaba, la besaba y no podía contener las erecciones. En un tiro le digo: ¿Estás caliente por lo que te contamos?; y me dice: Sí, te miro y te imagino haciendo todos eso.

    A eso de las 5 de la tarde veo que llegan caminando ya desnudos Marcia y Cristiano. Me subió un calor que me transpiré toda, se me aceleró el corazón y no le pude sacar la vista a los dos. Sobre todo, a Cristiano con su verga moviéndose de un lado para el otro. Marcia me abrasa con un beso y una caricia que me recorrió toda la espalda hasta mi cola. Mientras se saludaban ellos.

    Cristiano viene hacia mí y me abraza con fuerza, apoyando su trozo de verga en mi regazo y apretando mi nalga con la mano, y me susurra: que ganas tengo de esta cola. Si mi corazón latía a 100, ahí empezó a latir a mil. Mientras Marcia también abrazaba y le susurraba algo a José. Presentamos a Los chicos, Esteban y Sol, que miraban asombrados. Ellos se querían ir para dejarnos a solas. Enseguida le dijimos que no, que íbamos a pasar un rato más en la playa y que su compañía nos gustaba.

    Cristiano no me dejaba de decir que quería mi cola con una erección delante de todos impresionante, yo respondía siempre que no, que no quería ese semejante pedazo en mi culo. Marcia no perdía la oportunidad de tocarme, hablarme suave al oído, lo que me hacía mojar toda. Sol y Esteban, solo miraban prácticamente no emitían sonidos.

    Llega la tardecita y empezamos a caminar hacia el auto, Cristiano dice: vamos a comer todos al mismo restaurant del año pasado. Responden los chicos que no, que ellos se quedaban cerca de su hotel. Insiste, vengan la vamos a pasar bien. Ahí Sol le explica que ellos son nudistas, pero no están en la onda de intercambio, ni swinger. Pero no importa, vengan a comer y después se vuelven o los invitamos a ver, sin que participen si es que no quieren.

    Esteban se notaba que se moría de ganas, pero Sol insistía que no. Así que nos despedimos y no fuimos a la Posada. Durante al viaje el aire se cortaba con un cuchillo, José manejaba y Cristiano a su lado, yo estaba caliente, nerviosa, con miedo, ansiosa. Marcia acariciaba mis piernas, hasta que llegó a mi concha que debe haber estado empapada.

    En la posada cada uno a su habitación, ellos estaban cansados, querían descansar del largo viaje que se les hiso. Quedamos a las 9 ir a cenar. Nosotros llegamos a la nuestra y esta vez no cogimos, los dos estábamos igual de ansiosos, nerviosos; nos bañamos, nos sentamos en la cama y me pregunta: ¿Estás segura? Si, claro es lo que queríamos le respondo, pero no voy a dejar a Cristiano que me dé eso por el culo. Jajaja.

    Continuará.

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  • Mi primera vez, con un maduro y dos whiskys

    Mi primera vez, con un maduro y dos whiskys

    Empezaré por presentarme como Raúl y lo que contaré es completamente real.

    Actualmente tengo 56 años, casado y aunque aparento menos, me lleva a tener algún éxito con las mujeres ya que siempre he tenido buenas relaciones con ellas. Y eso no me ha privado de fijarme en hombres, sobre todo mayores. Y así es como empieza mi primer contacto real con un hombre mayor. Vivo en Bogotá, Colombia. Me considero un heterosexual curioso y sin ninguna clase de prejuicios.

    Sucedió aproximadamente hace 20 años, tendría yo unos 35 o 36 años y empezó con mi curiosidad de tener un contacto con un hombre que me ofreciera seriedad y total reserva, así como la que ofrezco yo. Empecé por ver anuncios en una red gay, tal vez fue en Terra, muy de moda en esa época y allí encontré que un hombre chileno viajaría a Bogotá y quería conocer a lo que hoy llamamos un hetero-curioso. Me contacté con él y quedamos en que lo visitaría el sábado en el hotel en que se hospedaba, como un ejecutivo de la empresa que representaba.

    Llegué muy puntual a la cita fijada en horas de la tarde con Mario (así lo llamaré) a su lugar de hospedaje y me presenté en la recepción. De inmediato me autorizaron pasar a su habitación y así no tuvimos problemas de visitarlo directamente en su habitación, como lo deseábamos.

    Llegué a su habitación y me recibió como si fuéramos dos viejos amigos que se reencuentran después de mucho tiempo, aunque en realidad era la primera vez que nos veíamos ya que ni fotos nos habíamos enviado. Me hizo seguir y me ofreció tomar algo. Debido a los nervios que yo llevaba, le pedí un whisky para calmarme. Nos sentamos a charlar ya más relajado y observé que era un hombre de más o menos 50 años, alto, bien parecido ya con algunas canas que lo hacían ver muy interesante. Después de una corta charla y otro whisky me invitó a pasar al dormitorio para que me relajara y pudiéramos aprovechar el tiempo.

    Empezó por quitarme la chaqueta y a besarme en el rostro y por el cuello. No fui capaz de responder a sus besos en la boca. pero me hacía sentir muy bien cuando me besaba el cuello y empezó a quitarme la camiseta que llevaba puesta y me seguía besando y chupando mis tetillas. Ya en ese momento me sentía muy excitado y Mario se dio cuenta y me bajó el pantalón para hacer saltar mi verga de 17 cm que parecía de mucho más debido a la excitación que estaba sintiendo. Allí pude sentir su boca, sus labios, su lengüita posarse sobre mi miembro que ya empezaba a emanar líquido preseminal.

    Fue muy excitante y delicioso el sentir esa primera mamada que me estaba dando un hombre, me chupaba muy delicioso y con su lengua recorría muy rico por todo mi verga y mis testículos, cosa que no había sentido con ninguna mujer de las que había estado.

    He de reconocer que Mario sí tenía experiencia y me sabía llevar en medio de mi inexperiencia con un hombre. En medio de esa excitación que estaba teniendo, supo en qué momento debía parar con esa espectacular mamada que me estaba proporcionando y que no quería hacerme derramar aún. Aprovechó el momento para desnudarme completamente y de igual manera lo hizo para quedar en igualdad de condiciones. Allí pude observar una linda verga que le colgaba medio erecta así como dos grandes testículos que se movían de manera muy deliciosa para mis ojos que iban descubriendo una nueva fuente de placer.

    Me invitó a recostarme en la cama, ya desnudos, y teniéndome así se arrodilló para empezar de nuevo con una deliciosa mamada y a jugar con mis güevas y pasar su deliciosa lengua por debajo de mis testículos haciéndome saltar de placer. Mientras chupaba mi verga me daba suaves masajes con sus dedos en forma circular de mi ano. Nunca había sentido ese placer y Mario lo sabía ya que me hacía saltar a su antojo. Le hice saber que estaba sintiendo tanto placer que pronto me iba a hacer derramar a lo que me dijo que deseaba que me derramara en su boca.

    Y así sucedió, por que continuó con una deliciosa mamada a mi verga, chupándome las güevas y jugando con sus dedos alrededor de mi virginal ano y que me hizo gritar de placer cuando comencé a derramarme. Mario empezó a recibir todo el semen que emanaba mi verga como una dulce fuente de placer. Sentí como llenaba su golosa boquita que iba derramándose por sus labios y que chupaba y tragaba con gran ansiedad. Terminó de chuparla toda y limpiarme la verga con gran placer para mí.

    Después de ese momento de placer que no sé si duró 5 o 25 minutos quedamos tendidos y exhaustos. Ya un poco recuperados, le agradecí sus enseñanzas y lo bien que me estaba haciendo sentir. No quería perder tiempo y empezó de nuevo a darme una excitante mamada y se colocó de manera que yo pudiera tener a mano su verga que ya empezaba a colocarse bien paradita. Con la excitación que tenía y lo bien que me estaba haciendo sentir me decidí a tocar, coger por primera vez una verga la cual empecé a masturbar suavemente.

    Al notar mi aceptación se acomodó de manera que yo la pudiera tener más cerca de mí y me decidí a buscarla con mi inexperta boca. Así llegamos a empezar con un espectacular 69 en el cual yo estaba completamente acostado. Mario se colocó por encima mío para ofrecerme su verga y se prendió de la mía. Empecé por llevarme su verga a mi boca y creo que lo hice de una buena manera ya que sentí un gran gemido de placer.

    Sentí su verga en mi boca y tenía una linda vista de sus testículos y su gran culo. Chupé de manera suave y con gran placer por primera vez una verga que me estaba haciendo sentir muy rico. Con ese enorme placer que estaba sintiendo perdía la noción del tiempo. No sé cuánto duré chupándole la verga, pero fue una experiencia muy deliciosa.

    Recibiendo su deliciosa mamada, ya tenía mi verga nuevamente parada. Mario lo sintió y cambiamos de postura. Me dijo que me colocara de pie al borde de la cama y él se acostó boca-arriba y coloco sus piernas sobre mis hombros invitándome a penetrarlo en su delicioso culazo. Con la excitación que tenía no dude en poder penetrar por primera vez a un hombre. Era algo que había deseado hacer y por fin lo iba a hacer y no sobra decir que lo hice con todas las ganas. Empecé suavemente teniendo a la vista su verga y sus bolas que se las levantaba para ayudarme a tener una mejor vista de la penetración que empezaba a hacerle.

    Mi humedecida verga iba penetrando suavemente y sentía como taladraba ese rico hoyito. Me pidió que lo penetrara de una sola vez y por supuesto que le di gusto y me di el gusto. Nunca había sentido mi verga tan apretadita y bien recibida. empezamos un mete y saca mientras empecé también a masturbarlo. Lo veía gozar y Mario sabía lo delicioso que me estaba haciendo sentir al poderlo penetrar y masturbarlo al mismo tiempo.

    Sudábamos muy rico mientras teníamos una excitante y deliciosa sesión de sexo entre dos hombres. De nuevo perdí la noción del tiempo mientras gozábamos de nuestros cuerpos. Llegó el momento en el cual sentí que nuevamente me iba a derramar y se lo hice saber. Me pidió que dejara toda mi lechecita dentro de él.

    Arremetí mi mete y saca de su goloso ano y empecé a sentir una de las mejores derramadas que había tenido en mi vida y era dentro de un hombre. ¡Excitante! Aun así, seguía masturbándolo y dándole placer por lado y lado hasta que también empezó a derramarse sobre su propio pecho. Fue un gran momento para los dos ya que sentíamos como nos habíamos dado placer y sobre todo para mí era una nueva sensación. Ya más tranquilos me volvió a chupar la verga ya que me decía que le encantaba sentir mi lechecita en su boca hambrienta. Nos despedimos muy agradecidos y nunca lo volví a ver ni a saber de Mario.

    Así fue mi primera experiencia con un hombre. He tenido otros encuentros con hombres, pero serán materia de otros relatos si así lo desean.

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  • Te tengo miedo, pero también te tengo ganas (2)

    Te tengo miedo, pero también te tengo ganas (2)

    Cada mañana después de despedir a mi esposo al trabajo y a mi hijo a la escuela acostumbro a tomar café en la pequeña e improvisada sala de la casa, como toda señora de barrio me doy cuenta de las actividades de los diferentes grupitos de mujeres que se juntan en la calle ya que la ventana del cuartucho da hacia la calle precisamente.

    Pero ahora, en particular, observo al grupillo de malvivientes que se reúne en la contra esquina, al parecer, no tienen vida social, se emborrachan y se drogan durante todo el día, y ahí han estado siempre, solo que ahora observo a uno en particular y al parecer él me observa a mi sin bajar la mirada, aun a pesar de la cortina que nos divide y que no permite ver de afuera hacia adentro siento su mirada buscándome.

    Su aspecto desgarbado con sus pantalones cholos negros, sus botas tipo militar, su playera de tirantes negra y su gorro lo distinguen entre los demás, aparte su risa burlona y estridente que antes me molestaba ahora lo hace ver lindo.

    Se que me comprometí a verlo cuando él quisiera, por eso no me siento mal cuando lo veo enfilarse hacia la casa, un mar de sensaciones me invaden, inconscientemente y pensando que el momento llegaría tarde o temprano, desde nuestro encuentro intimo a diario me he arreglado el pelo y el maquillaje, debo admitir que solo uso tangas para la intimidad con mi esposo pero esperando la ocasión siempre tengo listos mis coordinados de brasier y tangas de diferentes estilos, con la única minifalda de mezclilla que tengo desde antes de casarme y que ahora me queda a la perfección, apretando y sujetando mis nalgas con firmeza.

    Sin prisas desabrocho un par de botones de mi blusa blanca transparente de manga larga, me quito las chanclas y me coloco las únicas zapatillas de tacón alto que tengo, son las de mi boda, pero aún me quedan bien.

    –Buenos días, ¿está el Pato?, así le dicen a mi hijo

    –No, está en la escuela –le digo disimulando mi emoción pues va con sus amigos.

    –¿Gustas esperarlo? –Ya no tarda, deseando que entre.

    Un rotundo “no gracias” me aterriza, se suben en sus motos, se alejan dejándome decepcionada y triste.

    En fin, comprendo la situación, demasiado bueno para ser verdad, me repito una y otra vez, me cambio cubriéndome con mi bata de baño, me resigno a hacer las tareas propias de una ama de casa, no sé cuánto tiempo pasa, mi hijo llega de la escuela y me avisa que va a salir con su novia yo solo atino a decirle que no llegue tarde pues estoy dándome una ducha fría esperando que se me bajen un poco mis ansias de hembra herida.

    Salgo del baño con mi bata y la clásica toalla sobre mi cabeza intentando no resbalarme, levanto la mirada y él está ahí, en la puerta, mirándome con los brazos cruzados, bajo la mirada y veo su enorme bulto, mis pezones empiezan a erectarse al ver semejante paquete, olvidando su desdén le sonrío entrando a la casa, él me sigue.

    –¿Le puedo pedir un favor?

    –Dime –pensando en que me va a salir con una tontería.

    –¿Puede ponerse la ropa que traía en la mañana?

    Le sonrío, encaminándome al cuartucho que usamos de recámara con mi marido, él no me sigue, se queda fuera esperando, con tranquilidad me coloco una a una las prendas, arreglándome para él y es que a pesar de mis 45 años soy una mujer muy bonita y de buen cuerpo con un trasero parado y firme y mi delantera, aunque no grandes, pero si redonditas, firmes y paraditas.

    Salgo, sus ojos pigmentados de negro no hacen más que mirar mis pechos, clava sus miradas en mis pezones rígidos, me acerco y apoyo mis pechos en su pecho, él me toma de las nalgas apretándome contra él, una mano en cada nalga, mientras lame mi cuello, lentamente desabrocha uno a uno los botones de mi blusa, me la quita, me quita igual el brasier.

    El dragón agarra mis senos con sus dos manos y me los empieza a chupar y a morder, como si fuera un bebe muy hambriento, le quito la gorra y le doy besitos tiernos en los tatuajes que tiene en la cabeza, va de un pezón a otro constantemente, succionando cada uno de ellos, incluso también por momentos juguetea con ellos utilizando su lengua.

    Es algo diferente y placentero ver a alguien que no es mi esposo disfrutar de mis pechos, disfrutando sus caricias comienzo a tocarme la vagina, masturbando mi clítoris.

    Luego de unos minutos suelta mis tetas, se desabrocha el pantalón y saca su verga completamente rígida rezumando su líquido pre seminal copiosamente, se masturba mirándome.

    –Chúpemela –me ordena.

    Me resisto de momento, pues nunca he chupado un pene, su tatuaje de demonio en su pubis me mira retador, coloco mi manita sobre su verga, lo masturbo.

    –Chúpemela –jadea.

    No me queda de otra, quiero complacerlo, así que me hinco y comienzo a lamerla con recelo, el me mira, conforme voy lamiendo me doy cuenta que su sabor y olor no me disgusta, así que mis lametones suben de intensidad.

    –Métasela en la boca –bufa.

    Y así lo hago, primero solo la punta oyendo como él gime levemente, gemidos que van aumentando a medida que meto más su instrumento en mi boca, su sabor acido y agridulce me hacen que se la chupe con fuerza.

    Su excitación crece, me toma de la nuca con sus dos manos y me empieza a jalar hacia delante y hacia atrás como si estuviera cogiéndome por la boca.

    –Glup, gluop.

    La saca junto con mucha de mi saliva, lo miro con algo de vergüenza pensando en que quizá piensa que me da asco, sin embargo, noto que a él le excita ver mi saliva cayendo hacia mis pechos, así que vuelve a meter su pito en mi boca con la misma brutalidad provocando que lo sienta hasta mi garganta, se queda quieto, estoy prácticamente besando su demonio tatuado en su pubis.

    Explota en mi garganta sin soltar mi nuca, trato de zafarme ya que lo considero asqueroso, pero en mi último acopio de fuerza de voluntad me restriego en su bola que tiene por testículo intentando tragármela, siento sus gruesos chisguetes en mi frágil garganta, ahora ya no lo considero asqueroso si no excitante, su sabor no me disgusta.

    Me siento extremadamente sucia entre tanta saliva y semen por mi boca, cara y pechos, pero a la vez feliz viéndolo ser feliz.

    –¿Te gustó? –Le digo mientras limpio su gloriosa verga con la lengua

    –Mucho –me contesta

    Quiero seguir, pero la voz de mi marido gritándome para que abra la puerta porque olvidó sus llaves nos hace sonreír.

    De nuevo como si fuera una chiquilla lo tomo de la mano, me acerco a la ventana abriendo lo necesario enrollándome en la cortina colocándolo detrás de mí para que no lo vea.

    –¿ Que chingados haces? ¡ábreme!

    –Este, me estoy bañando –respondo.

    A pesar de las circunstancias, el dragón empieza a tocarme al sentir mi complicidad.

    –pues pásame las pinches llaves o ábreme –bufa.

    Los ágiles dedos de mi joven amante hurgan en mi sexo, como puedo, me las arreglo para contestar:

    –Deja voy por ellas –le digo respingando en un pequeño saltito ya que Dragón inserta un dedo en mi ¡ano!

    –¿Qué chingados te pasa? Olvídalo, voy a tragarme unos tacos, que pendeja eres.

    Me dice pasándome su mochila de herramientas casi aventándomela, quiero reclamarle al pendejo, pero las piernas se me doblan al sentir la lengua de mi amante lamiéndome el ano.

    Como puedo lo separo de mi para cerrar la puerta con llave y seguro para estar más tranquilos, incluso prendo la bocina que tengo en una esquina, pongo música y le subo casi todo el volumen previniendo lo que se me avecinaba intuyéndolo porque el se desnuda viéndome ir de un lugar a otro.

    Me toma sin prisas, hace que le dé la espalda inclinándome sobre la pequeña mesa que está en el cuarto para incrustar de inmediato su cara en medio de mis nalgas.

    –Ah, um.

    Comienza a recorrer cada esquina con su lengua mientras con sus manos separa mis nalgas llegando a lo más profundo de mi intimidad, volteo hacia atrás, veo los oscuros ojos de mi dueño sobresaliendo en medio de mis nalgas, fuertes corrientes eléctricas recorren mi cuerpo, mi piel chinita de placer responde a los fuertes lametones de mi amante.

    Se detiene, por unos instantes me quedo quieta hasta sentir su glorioso hongo a la entrada de mi ano, me dejo caer sobre la mesa aplastando mis tetas con la superficie fría sabiendo de antemano lo que va a suceder.

    Y así es, empieza dejarse ir contra mi anito despacito.

    –ah, si

    A cada empeñón que da me introduce más y más su tatuada verga, candente y palpitante.

    –Ah, sí, ¡dios! ¡vaya pedazo de pito que tienes!, mi rey –le digo jadeando.

    –oh Dragón, ¡la siento hasta el fondo!

    –¿le gusta cómo me la cojo señora? ¿le gusta?

    –¡Ay dios! Si, me gusta, ah chingada madre, me matas, oh dios como te adoro mi amor.

    Empieza a bombearme salvajemente por un buen rato hasta al punto de oír sus gritos y gemidos a pesar de lo alto de la música, ¡Plas!, me descarga una inesperada pero riquísima nalgada; ¡plas, plas!, lo hace de nuevo, mientras mi frente se restriega con el plástico que cubre la mesa a causa de las cada vez más furibundas entradas de mi amante, quien me está estrenando el culo a su completo gusto, mis manos se aferran fuertemente a la endeble mesa que rechina estrepitosamente, buscando mantener la pose adecuada para recibir tan deliciosa culeada.

    –¡Me vengo! ¡Me vengo! –Grita mientras clava sus uñas en mi colita.

    Aumenta la velocidad de sus pistoneadas mientras que por mi parte me restrego con fuerza contra él.

    –¡Ah! ¡Si cariño! Dame.

    Me la entierra hasta el fondo soltado sus chorros de leche caliente dentro de mi culo, aúllo de placer al sentir sus espermas calientes inundando mis entrañas, me toma del cuello mientras descargaba sus últimos chisguetes, siento mis intestinos repletos de su semen, meneo mis nalgas sobre su tranca, la sensación es indescriptible, no quiero que me la saque.

    Al final se desprende lentamente, siento mi orificio anal muy dilatado palpitando con vida propia, muy abierto.

    Me observa, me doy vuelta para ir por algo para limpiarnos pero me detiene fuertemente, se tiende en el suelo, entiendo la señal, lo monto delicadamente, beso su cuello, lamo cada tatuaje que tiene en especial le doy besitos a la santa muerte de su pecho terminando en su boca, nuestras lenguas se entrelazan en un beso largo y apasionado mientras siento su dureza reponerse poco a poco de bajo de mi sexo, toma su herramienta, la masturba un poco mientras no dejo de besarlo de decirle lo feliz que me hace.

    Me la entierra, esta dura nuevamente, me penetra lentamente, poco a poco hasta estar todo dentro de mi, siento su único testículo duro como una bola de carne intentando introducirse, empiezo a cabalgarlo con frenesí, mientras el soba mis senos, entregándonos al sexo de la forma más brutal y lujuriosa que hubiera experimentado en este día.

    –Oh, sí, sí, te amo, te adoro

    –¡Mia! Solo mía señora

    –Ah, tuya mi amor, ¡tuya!

    Me penetra como loco, con toda la fuerza de su juventud, mis orgasmos me invaden uno tras otro apretando su glorioso pito.

    Mi amante me ordena que se la chupe, obedezco desprendiéndome de él y chupándosela con una glotonería inusual para mí, saboreando mis fluidos en su gloriosa verga para después paladear su glorioso semen que choca con el techo de mi paladar y lengua una y otra vez. derramándose entre mis labios y chorreando por mi mentón.

    Estamos rendidos, satisfechos, de nuevo tocan a la puerta y tenemos que separarnos, el queda en que me va a indicar cuando volveremos a vernos, yo encantada le doy un tierno besito antes de verlo saltar la barda de al lado para perderse en la oscuridad de la ya casi noche.

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  • Economista y prosti: Primera vez con pija gigante

    Economista y prosti: Primera vez con pija gigante

    Sin lugar a dudas, recapitulando acerca de la nueva actividad que desde hace ocho meses he sumado a mi profesión de economista, llego a la conclusión de que aún tengo tiempo libre para más clientes. Obviamente, hacer publicaciones de mis servicios en páginas de escorts no es el método, con lo cual me puse a pensar como sería bueno incorporar nuevos “amigos”.

    Una actividad que me causa gran placer y, no lo niego, me excita, es desfilar y lucirme delante de hombres (aún no se me ha dado desfilar delante de mujeres), me encanta calentarlos a full.

    De modo que comencé a pensar como podría armar algo así. Como referencia, mi desfile y subasta en Punta del Este, que fue un éxito rotundo.

    Pero si hubiera otra opción además de simplemente repetir aquello, me encantaría, y nos pusimos a pensar, primero Tommy y yo, luego sumamos, se lo imaginan, a papá y suegro. Y pensar y pensar…

    Tommy descartó, y yo estuve de acuerdo, ofrecerme a compañeros o jefes de su trabajo; la sociedad de nuestro país no está preparada para eso.

    Podíamos ofrecer realizar un desfile a alguno de los contactos en los hoteles que ya les he contado, pero sería forzar las cosas, ellos llamarán cuando alguien requiera servicios de mi nivel, que no es todos los días, ja ja.

    Se me ocurrió una idea que planteamos a papi y a mi suegro:

    ¿Y si ellos tratan de sugerir mis servicios?

    Puede parecer desubicado o grosero que ellos ofrezcan mis servicios, pero si Tommy y yo se los pedimos, ¿qué hay de malo? La idea inicial, sujeta a elaboración les pareció bien. No es que les encante que yo me entregue a altísimo costo, pero lo aceptan como resolución de Tommy y mía. Al igual que me cogen y me disfrutan en gran forma, nos disfrutamos, mejor dicho.

    Pensando, papá sugirió que podrían tener fotos mías, muy demostrativas, pero que no se vea mi rostro, en sus celulares, y en alguna reunión con sus compañeros de Club, (mi papá también es miembro del club al que pertenece Tomás) dejar los celulares a la vista, como sin querer.

    Tommy sugirió que su padre podría hacer una reunión de reencuentro y despedida de 2024 con gente de campo que hace mucho tiempo que no se ven, gente que conoce desde antes de vender su gran campo y tornarse rentista.

    Eran (o al menos eso nos pareció) buenas ideas. Y yo agregué que yo sola, o acompañada con Tommy, podría ir un algunas veces a tomar un cóctel al anochecer, o almorzar sola algún sábado y ver si podía conocer a alguien.

    Pasamos a la acción, lo primero fue una sesión de fotos para los celulares de mi suegro y de mi papá. No quisimos hacer videos ni fotos con rostro. Y las tomas fueron las que les detallo:

    -Bikini “escándalo”, el del crucero y el de seducir.

    -En lencería completa, tomas de frente y de espaldas, con mini tanga hilo, medias y liguero, además de sostén de media copa.

    -Con mi amada boa de plumas blancas, los brazos y la boa tapan los senos y la boa cae tapando mi intimidad.

    -La última, me encantó, y será usada si se da algún desfile. Acostada boca abajo, mi cabello atado con una moña tipo ‘mariposa’ o ‘pajarita’, de seda negra, y desde la moña, sale una trenza de tres cordones de terciopelo negro que va desde la moña, por todo el centro de mi espalda hasta la raya entre las nalgas y se desliza entre ellas. La foto es hermosa, y cuando lo desfile será un éxito sin duda. Además, va prendida con velcro a la moña que ata el cabello, con lo cual al desfilar, la podré arrancar y quedar totalmente desnuda por sorpresa.

    De inicio, dos de las iniciativas comenzaron a destacarse: mi suegro comenzó a planificar el reencuentro y despedida de 2024 con sus ex colegas poseedores de campos y actividades agropecuarias; y en un intervalo de una reunión del club, mi padre y mi suegro se pusieron a mirar las fotos cerca de un cierto socio y a hacer comentarios hot entre ellos.

    Hombre al fin, el amigo los oyó y se acercó. Al ver las fotos, preguntó: “¿Quién es?”

    La respuesta, pre acordada con nosotros: “Una putita de confianza, la mejor y más cara del país”. ¿Es muy cara? Y una vez más, la respuesta pre acordada: “3.5k”.

    (Lo cual deja margen para rebajar, pues pedir rebaja es un deporte nacional aquí). “Uff un poco caro”, “como valer, creo que los vale pero…“¿hay manera de ubicarla?

    A lo cual, la respuesta fue simple: “si ella nos autoriza te diremos como contactarla, pero no sin hablar con ella, desde ya que es una joya de lo mejor”, porque tiene su actividad privada y es muy cuidadosa para tomar nuevos clientes. ¡Ja ja, buenos propagandistas! Fingieron contactarme y que yo los autoricé. Cuando Carlos me llamó, el acuerdo fue rápido.

    Tarde o temprano tenía que ocurrir. Los promedios se basan en que así como hay pocos datos por debajo del promedio matemático, también debe haber algunos datos por encima del promedio. Y esta vez me tocó alguien por encima, bien por encima del promedio. Mi nuevo cliente del club, transó, milagro en ¡3k! Admirable macho, lo digo claro. Yo le acariciaba aquella especie de tronco que tiene por miembro, largo, grueso, venoso, cabeza espectacular y huevos grandes y peludos.

    Él se dedicó a acariciarme el culo, luego a lamerlo con total dedicación. Luego fue el turno de recoger leche del primer polvo que escurría de mi cuca y untármela en el culito. Era sabido, primero entró un dedo. Luego vinieron dos untados en gel.

    Lo de los dos dedos pasó a prácticamente cogerme con los dedos. Y en cuatro, mientras él sujetaba mis tetas, llegó el momento de recibir aquel monstruo, lo mas grande que jamás me metieran.

    Le pedí que fuera cuidadoso. Apoyó el glande bien untado de gel en mi orificio sagrado , jugó un poquito y empujó. ¡Empujó en serio! Lo soporté, pero no entró. Mas gel, y vuelta a enfrentarlo y empujar, debe haber entrado media cabeza…”que apretado lo tenés Sofi”. Retroceso, lo sacó y decidí tomar la iniciativa: cuando lo enfrentó, con mas gel, le dije “sujetame fuerte las caderas” ; lo hizo y volvió a meter la cabeza de la pija, y entonces, di un violento empujón hacia atrás, ¡grité pero entró!, me dolía. Le dije: “quieto”.

    Y esperamos. En dos minutos le dije “despacio”, y comenzó a moverse. Había dilatado bien, sentía fuego, pero fuego agradable en el culo, lo sentía ir y venir dentro de mí. ¡Creí que no lo aguantaría, y estaba gozando! ¡Que hermoso culear con esa verga!

    Pero aun así, dedicada a sentir todo lo que le pasaba a mi culo, disfrutaba sus caricias en las tetas o que me diera a chupar un dedo. Y ni que hablar del delicioso golpeteo de sus huevos en mi concha, y de a ratos me masturbaba yo misma. Sentía fuego en el esfínter, sin saber del todo si era el fuego del infierno, o si en el paraíso se siente ese fuego anal.

    No perdí las referencias, aun gozando como poseída por el diablo, le dije que quería la leche en la cara, no me gusta en el culo.

    Con un sonoro ¡Plop! Me la sacó, y no sé si dolió mas al meterla o al sacarla. La salida del reborde del glande fue dolorosa, pero quedé con la típica sensación de bienestar posterior a que me la saquen.

    Se montó sobre mí y comenzamos una espectacular paja rusa. Que hermosura esa tremenda verga yendo y viniendo entre mis tetas. Levanté la cabeza y podía ver esa gran cabeza aparecer y desaparecer entre mis tetas. Con sus manos apoyadas en los costados de mis tetas, las apretaba contra la verga que iba y venía entre ellas. Yo con la cabeza levantada miraba como se masturbaba con mis pechos, hasta que brotaron tres o cuatro chorros blancuzcos, viscosos, que se estrellaron en mi cara, párpados, algo en el pelo.

    Ni que decir, por supuesto recogí todo con los dedos y me los chupaba, Carlos me siguió restregando la pija en las tetas, hasta tenerla limpia, aunque lo complementé con una linda chupada, a boca llena, ¡la tiene enorme!

    Carlos me contactó cuando mi papá y mi suegro le dieron mi número. No fue necesaria entrevista previa, era suficiente con que sea amigo de ellos. Curiosamente no se resistió casi al arancel y acordamos ¡3k! Si se sabe donde buscar se encuentra gente dispuesta a pagar por un servicio excepcional, que es lo que trato de brindar, y siempre lo logro. Super feliz, prometí a papá y a mi suegro que en cuanto puedan, pasaré una noche con cada uno de ellos, a solas, y tipo ‘luna de miel’, disfrutándonos a pleno, a full y solos, ya tengo el visto bueno de Tommy.

    Convinimos con Carlos ir a un hotel por horas. Fuimos al de siempre, muy cómoda ubicación. Dejé mi coche en un shopping cercano y él pasó por mí.

    Nos presentamos, nos saludamos con un beso de labios ¡y al telo! Es un hombre agradable, llegando quizás cerca de los 50, pero por debajo, ¡y con una sorpresa indescriptible!

    Ya en la habitación pasamos al baño un momento, primero yo y luego él. Para cuando salió, lo esperaba en una lencería de estreno, de encaje estampado en motivos florales color pastel. Como corresponde, había comprado el soutien de un talle menos, ja ja y las lolas se me desbordaban. Por su mirada puedo asegurar que le gusté tanto como aparentemente le habían gustado mis fotos. ¡Pero la mas sorprendida fui yo! Salió del baño desnudo, y lo que colgaba entre sus piernas era algo tremendo.

    Le colgaba una verga impresionante aún caída, gruesa sin dudas, con abultada cabeza cubierta de piel, y huevos muy grandes y peludos. En la pija y hacia arriba lucía algo de vellos, pero muy recortados. Nunca había tenido frente a mi algo igual. Ser putita tiene estas sorpresas, quince minutos antes lo saludaba diciéndole: “Un placer conocerte, soy Sofía”, y le di un beso en la mejilla; y ahora estoy admirando su portentosa verga y a punto de recibirlo en todos mis agujeros, estoy segura que no omitirá ninguno. Me encanta esto de pasar de desconocidos a recibir su leche en mi matriz, ¡y cobrando muchísimo!

    Encantado con mi lencería, pasó directamente a manosearme sin recato.

    Primer punto de atención fueron las tetas, que desbordaban de mi corpiño, las amasaba, las chupaba y me daba pequeños mordiscos en los pezones. Al mismo tiempo, no me dio tiempo a buscarlo para besarnos, lo hizo él y de entrada me metió lengua a fondo, bien de macho. Lo inundé en saliva, insinuando que mi boca estaba pronta a satisfacer sus deseos.

    Cuando me bajó la tanga, supe que llegaba mi momento, sentía su verga casi dura golpeando en mi concha, sus manos amasaban mi culo. Y lo tendí en la cama, ¡que espectáculo! La verga casi dura, ya la piel corrida hacia atrás de la cabeza, los huevos deseables pese a los pelos.

    Y por allí comencé lamiéndolos, sin importarme si algún pelo pasaba a mi lengua. Lo descartaba y seguía lamiendo, su verga cada vez mas dura, estaba lista y comencé a chuparla. ¡Una experiencia vital! Me costó metérmela en la boca luego de lamerla un rato, la cabeza es realmente grande, el tronco grueso, ¡y es muy larga! Espero que mi cuerpo se adapte a ella. Mientras se la chupaba y lamía, Carlos no paraba de acariciarme las tetas y de darme pequeños pellizcos en los pezones, que casi me hacen acabar.

    Me pasé a 69, se la seguí chupando y le coloqué bien en la cara mi conchita y mi culo, para que se deleitara (a todos les encanta hacerme oral).

    A esa altura su verga ya estaba bien dura, y supe que el momento de sentirla dentro de mi había llegado, más aún sabiendo que él tenía encima más de una semana de abstinencia.

    Decidí montarlo. Me incorporé, la vulva y culo chorreando saliva de Carlos, me dejó hacer… Montada sobre él tomé su verga y me la comencé a pasar por los labios de la concha. De a poco la enfrenté a mi raja y fui haciendo intentos de meterla. No fue fácil pero tampoco doloroso, yo estaba totalmente excitada y mojada. Centímetro a centímetro fue entrando, cuando tuve más de la mitad adentro, me dejé caer suavemente y entró hasta la base.

    De ahí en adelante, solamente me dediqué a subir y bajar sobre él, gozando como poseída me sentía llena (obvio), y plena, que es diferente y es una sensación de alegría inexplicable, salvo por el subir y bajar sobre ese tronco que me daba sensaciones desconocidas. Mientras subía y bajaba Carlos me chupaba o manoseaba las tetas, o yo le daba algunos dedos a chupar.

    Me acabé, temblé, gemí y seguí y seguí hasta sentir que un chorro de lava ardiente cubría las paredes de mi cueva. ¡Un chorro, dos, tres, cuatro! Y al momento sentí que aquella melaza blanca y espesa comenzó a salir de mi cuca. Por cierto, la verga ya se ablandaba y mas líquido cubría mis muslos.

    Me dejé caer sobre Carlos, lo besé desesperadamente, con perdón de mi marido Tommy, nunca había gozado así. Me sentía desfallecer, pero al mismo tiempo eufórica, lo besaba, le echaba mi saliva en la boca y él acariciaba mi culo. Y yo sabía perfectamente, deseando y remiendo al mismo tiempo, que mi esfínter sería sometido a un sacrificio extremo. No tenía dudas, me iba a sodomizar.

    Bajé a limpiarle la pija, estaba caída de costado, blanda, cubierta de leche y flujo. Me puse a chuparla desesperadamente y le ensalivé el culo y le metí un dedo, se quejó, pero dijo: “me gusta”.

    De allí pasamos a la culeada que les relaté más arriba en esta crónica.

    Luego de montarlo y de que me “analizara” seguimos jugando. No pude resistirme a decirle cosas dulces y lindas, y él lo mismo. En un arranque de gozo me olvidé de la economista que hay en mí, y le dije que si me coge así dos veces al mes le rebajaba de 3 a 2.5k por vez. Aceptó encantado. “¡Que putita generosa y que divina persona! Se nota tu educación y lo buena gente que eres”. Me encantó eso, y no demoré en acelerar la chupada que le daba y más besos de lengua… y lo tuve listo para un tercer round, y yo sabía bien lo que quería, y pensaba que él también lo deseaba.

    Mientras volví a ponerme en cuatro, le dije: “culo, por favor” y él: “¿segura? ”, y yo: “¡meteme eso, me muero de ganas!”.

    Le pasé el gel, me untó el hueco y se cubrió de gel la pija, de la cabeza a la base.

    Me sujeté a la sábana, me apoyó la cabeza en el culo y yo respiré profundamente. No lo esperaba, se apoyó firmemente y me la metió a fondo.

    Y… solamente placer, un placer tan grande como su pija. La culeada de un rato antes, mi deseo y el gel habían obrado un milagro. Lo gocé desde que me entró en un segundo. Jadeaba, me movía para excitarlo más y él redobló la apuesta, simplemente preguntó: “¿te animas?”

    No precisé más, su propuesta era evidente. “Sí, sí, por favor”. Me la sacó y la metió de nuevo, con más gel. Si la vez anterior me sorprendió y aún así gocé, ahora fue goce sin sorpresa… y otra vez y otra vez… “¿Te gusta puta?”, “¿Aguanta tu culo?”. “Seguí, seguí, pero no acabes”.

    Me la dejó adentro y me hizo unos segundos de vaivén infernal, mi concha chorreaba de excitación. Y se dio cuenta, me la sacó y me dio vuelta.

    Para demorar su acabada, estuvo algunos momentos esperando antes de metérmela en misionero. Se dejó caer a besarme y decirme cosas… y me propuso: “Quiero acabarte en la boca, ¿puedo?” Yo no deseaba otra cosa…

    La sacó, abrí la boca, y montado sobre mis tetas se masturbó hasta avisarme que se venía.

    Abrí la boca, y sin meterme la pija me acabó hacia adentro, justo en los labios.

    Recibí en mi lengua todo lo que salió, bastante para ser un tercer polvo.

    Con toda picardía decidí probarlo, a ver si se atrevía.

    Le mostré mi lengua cubierta de leche, le pasé los brazos por detrás del cuello y lo atraje suavemente hacia mí.

    Ni lo dudó ni se resistió. Nos besamos de boca abierta, entrelazamos las lenguas y compartimos su leche; nos acariciamos y seguimos besándonos, le limpié la pija lamiéndola y me lamió la concha y el culo.

    Mi culo se sentía caliente, sentía ardor, pero aun así culo y concha me decían que quiero que vuelva. Se lo dije, ya no podíamos seguir, era de mañana y ambos debíamos ir a nuestros trabajos.

    Me pidió por favor que la vez siguiente tuviéramos más tiempo. Le pregunté si podría librar una noche. Y, milagrosamente, dijo que sí, que cree poder liberar toda una noche. Lo invité al campo, le conté que estaría mi marido y no le molestó; aceptó y no hubo más que besarnos y acariciarnos un poco más, ducha y ¡a trabajar!

    Lejos estaba yo de saber la sorpresa que me depararía el encuentro en el campo.

    Ya en mi coche, y antes de salir del parking donde lo había dejado, llamé a papá y a mi suegro, en conferencia los tres, les agradecí por el nuevo cliente, los puse al tanto de la tremenda verga que tiene, y en razón de haberme conseguido ese cliente, les confirmé que Tommy ha accedido a que cada uno de ellos disfrute de una “noche de luna de miel” conmigo.

    En cuanto podamos organizarnos lo haremos, y por cierto se los relataré.

    Mi suegro me confirmó que organizará un reencuentro y despedida de 2024 con amigos que hace tiempo no ve. Mi papito se sumó a la organización, y mi desfile será un regalo para todos los presentes, servirá para que me conozcan y… ¡ojalá alguno se interese!

    A continuación, llamé radiante a Tommy, le conté todo, me felicitó y eso me puso aún más alegre.

    Me fui a trabajar, y ya les contaré los acontecimientos siguientes.

    Besos.

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  • Vacaciones en Brasil (parte 3)

    Vacaciones en Brasil (parte 3)

    Llegó la hora de encontrarnos para ir a cenar, me puse un vestidito corto, sin corpiño; salimos al patio y ellos todavía no estaban, nos sentamos y a los pocos minutos salen de su habitación. Bueno vamos a comer dice Marcia que tengo hambre y ganas de sexo, riéndose. Nos sentamos en el restaurante y apenas llega el mozo Cristiano pide 4 caipiriñas para brindar. Después cada uno pidió lo que quería para comer. Con el estómago con un nudo no tenía hambre, seguía nerviosa, ansiosa y caliente.

    Como siempre tomamos otra y otras caipiriñas, me empecé a relajar y darme cuenta que estaba otra vez borracha, no solo yo sino los 4, porque no nos importaba nada. Cristiano no paraba a tocar a Marcia, ella me tocaba sin tapujos y José igual metía manos donde podía, sin importarnos nada.

    Salimos para la Posada, yo igual que la otra vez, se me movía el piso, no podía caminar derecha solo que esta vez me tenía agarrada de Cristiano donde aprovechaba a tocarme todo lo que podía en plena calle, José traía a Marcia unos metros más atrás. Al llegar a la Posada con José vamos a nuestra habitación y ellos siguen, fuimos al baño. José me abrazo fuerte, me beso y metió sus manos en mi tanga que estaba empapada. Me dijo: no la vas a necesitar, así que me la saco y la tiro sobre la cama.

    Golpeamos la habitación de ellos, grita Marcia pasen, al abrir la puerta, por supuesto que ya estaban desnudos, él preparando más caipiriña y Marcia tirada en la cama boca abajo, con un vibrador y consoladores a su lado dejando todo ese hermoso culo a la vista. José se arrima a ayudar con las caipiriñas y Marcia me dice ven vamos quiero empezar con vos, mientras me voy acercando a la cama me voy sacando el vestido, me tiro sobre ella a morder un cachete de ese carnoso culo, gira, me abrasa, me empieza a besar, nos vamos tocando, empieza a bajar a mis tetas, sigue hasta mi concha brillosa, con su lengua hace maravillas, empieza a girar para ponerme la suya en mi cara para que haga lo mismo.

    No sé cuánto estuvimos así, pero me había olvidado de todo, lo disfrutaba con ganas, hasta que me pone uno de los consoladores. Ahí salta Cristiano y dice: esto me encanta, pero quiero tu cola Lau. Lo miro, tenía en una mano el vaso y en la otra su pedazo.

    -No en la cola, no. pero dámela, vení.

    Se corre Marcia y vino él sobre mí. Siento como me penetraba, me llenaba, como se me estiraba para que entre esa pija gruesa y dura, siempre insistiendo que quería mi cola. Le digo la tuya no, quiero la de José como la otra vez la tuvo Marcia, ahí giro conmigo, quedé arriba, empecé a moverme a mi gusto para sentirla bien, se acercó José y con gel me la apunto bien en el centro del orto, para penetrarme. Ahí noté que iba acabar rápido, empecé a gemir, gritar, sacudirme, a sentir como se movían dentro mío, me daban chirlos fuertes, me encantaba, hasta que llegó mi orgasmo, sentía las dos bien adentro, cubriéndome los dos agujeros. ¡Mis gritos y gemidos fueron épicos!!

    Conmigo acaban ellos también, José llenándome el culo de leche y Cristiano en el preservativo. Nos habíamos olvidado de Marcia que estaba mirando con el consolador en la mano y el vibrador en la otra, pasándoselos por su empapada concha. Veo que no va a ver pija inmediatamente para mí; dice. Estoy caliente quiero que me hagan acabar ahora, dice.

    Se acostó me dio el vibrador, José tomo el consolador tirándose entre sus piernas, se la empezó a chupar, yo a tocarla, Cristiano le arrimaba la pija en la cara para que la chupara, luego José hace lo mismo y con el juguete a penetrarla. Yo enciendo el vibrador y se lo arrimo al clítoris y veo como le chupaba la pija a los dos para que se le endurezcan lo más rápido posible.

    Pero los movimientos del consolador y el vibrador juntos, más lo caliente y borracha que estaba, y sus balanceos se notaba que llegaba su orgasmo, que no tardo. Ella no grita mucho, pero tiene unos gemidos muy profundos, con unos movimientos bruscos, empezó un squirt que mojo toda la cama. Nunca había visto uno en vivo, fue algo de locos ver como se movía, como salpicaba las sábanas y el piso.

    Nos calmamos, aunque José ya tenía otra vez la pija dura, por las chupadas y por lo que vio en vivo. Me senté en la silla, Cristiano se acerca para que se la siga chupando y José hiso lo mismo. Las dos juntas no entraban en mi boca, así que mientras chupaba una a la otra la tomaba con la mano.

    Cristiano quería que se la ponga dura para dármela por el culo, yo no quería más nada estaba exhausta, y satisfecha. Le digo a José: ayudamos a limpiar y vamos, ahí se para Marcia y con un trapo limpia el piso, no sé cómo hicieron para dormir, la cama estaba toda mojada. Nosotros nos fuimos a la nuestra.

    Al día siguiente estábamos desayunando y llegan con cara de picaros y sonriendo, nos saludamos y planeamos el día. A la playa de la posada, almuerzo liviano y a la nudista. Le escribo a Sol nuestro plan, para ver qué onda ellos, me responde a la nudista. Genial no vemos ahí.

    Llegamos, ellos ya estaban y nos arrimamos para estar juntos, pasamos la tarde entre mates, cervezas y unas pocas caipiriñas. La noche anterior nos dejó mal. Jajaja. Esteban pregunta: ¿Qué tal anoche? Y Marcia contó todo lo que pasó con lujos de detalles, mientras Cristiano le recordaba: -vieron lo que se perdieron por no venir… Se notaba que Esteban estaba muy caliente, que quería venir por lo menos a ver, a la que hay que convencer es Sol.

    Pasó la tarde y mientras caminamos hacia el auto, Marcia preguntó: ¿Van a venir a cenar con nosotros? Después hagan lo que quieran. Esteban mirando a Sol, respondió si vamos. Lo que fue un festejo de todos.

    Quedamos para las 9 en nuestra posada, de ahí al restaurant. Ellos llegaron, dejaron el auto dentro del estacionamiento y salimos a cenar. Se los notaba nerviosos, Sol a cada rato aclaraba que solo iban a ver, no participar en nada. Marcia siempre con chistes rompía el hielo. Nos sentamos, llega el mozo y como siempre Cristiano pide 6 caipiriñas. Yo enseguida le digo que traiga 5, a mi agua. La noche anterior me pego fuerte y durante todo el día estuve con dolor de cabeza.

    Las rondas de caipiriña se repetían, Sol y Esteban se notaban más relajados, mas sueltos. La única que estaba fresca era yo. Ellos como siempre perdían la vergüenza, los gritos, risas y tocarse permanentemente en la mesa.

    Salimos hacia la posada, hoy yo caminaba bien derecha no había tomado nada, mientras pensaba que no estaba caliente como las otras veces, que no estaba desinhibida. Vamos a nuestra habitación con José para ir al baño y acomodarnos. Los invitamos a Sol y Esteban, que seguían aclarando que ellos solo iban ver.

    Golpeamos en la puerta de la habitación de Marcia, entramos, ellos por supuesto ya desnudos. José y Esteban se acercan a Cristiano para preparar caipiriñas, Sol se sienta en una silla y yo en la cama con Marcia. Se acerca y me ayuda a sacarme el vestido, va donde están los chicos y amaga a desabrochar el cinto de Esteban, que se corre y se niega. Lo hace con José que queda desnudo en un segundo. Pasa por mi lado y me tira en cama para sacarme la tanga y empezar a tocarme, y pide que yo la toque también a ella. No era como las otras veces, yo estaba muy fresca y ella muy borracha… jajaja.

    La llama a Sol que venga, por supuesto se niega, toma el consolador y empezamos a jugar entre nosotras. Nos miraban asombrados, Esteban se notaba que explotaba de calentura. Se aproxima Cristiano la toma de la cintura poniéndola en cuatro y de un golpe le pone su trozo para bombearla fuerte. José hace lo mismo conmigo. Cara a cara en la cama con ella me besa, me acaricia, mirando a los chicos que estaban en la silla. Esteban empieza a desbrochar su bermuda, dejando su pija cubierta solo con la remera y sus manos moviéndose como para masturbarse. Sol se nota caliente, Esteban le sube el vestido quedando en tanga notándose todo lo mojada que estaba.

    Cristiano quiere que cambiemos y se sienta en la cama, me pide que me suba sobre ese pedazo duro y grueso de pija. Marcia quiere la de José por el culo, mientras Sol saca su tanga se empieza a tocar, agarra la pija a Esteban, se sienta de espalda a él sobre su verga, y seguir mirando el espectáculo que dábamos nosotros 4 en la cama. Marcia toma el vibrador y se lo tira. – usaste alguna vez uno? Pregunta a Sol. Ella contesta, no, Esteban lo prende y ella moviéndose rítmicamente lo coloca en el clítoris, provocándole gemidos que intentaba contener, respiraciones profundas, rápidamente llega su orgasmo y el de Esteban juntos.

    Yo al verlos me calenté mal, me empecé a moverme rápido y fuerte sobre Cristiano, él pone saliva en una mano y con un dedo me penetra el culo que tanto deseaba, eso hizo que mis gemidos y gritos empezaran a salir, con un orgasmo hermoso que me daba esa verga tan gruesa dentro mío. Me tiro en la cama, veo a Marcia con una sonrisa en 4 con José. Cristiano pasa acerca de Sol con su pija dura sin acabar todavía y la invita a tocársela, ella no acepta. Se acuesta en la cama y Marcia gira para subirse e invitar a Esteban que se arrime, no acepta.

    Entonces le dice a José seguí vos en mi cola con doble penetración, e insiste a Esteban que la tenía media dormida por recién haber acabado, que se acerque. Él esta vez se acerca, ella lo toma de la mano y lo arrodilla delante para empezar a chuparla, miro a Sol, veo que se para de la silla acercándose.

    Marcia con todos los agujeros tapados, atendiendo a los tres, se empieza a sacudir fuerte, José le pega chirlos cada vez más fuertes moviéndose más y más duro, en un ratito llega lo que todos queríamos, al unísono acaban, ella con gemidos profundos, Cristiano que se doblaba debajo con ruidos extraños y José que saca su pija del culo, tira el preservativo para desparramar su leche en el culo y espalda. Ella sigue con las manos masturbando a Esteban chupando hasta el fondo, logrando otra acabada de él, desparramando leche en su cara, boca, tetas y algunas gotas sobre Cristiano que todavía estaba debajo. Yo no podía creer lo que veía. Pero estaba calma, al estar fresca, sin alcohol.

    Sol y Esteban enseguida se visten, quieren irse a su Hotel, lo hacen mientras nosotros nos quedamos un rato tirados en la cama.

    Al día siguiente, que es domingo, Marcia y Cristiano se van a su pueblo. Desayunamos y vamos a la playa hasta la hora en que lo alcanzamos al bus con nuestro auto. Nos despedimos, con la promesa de volver a vernos pronto.

    Le escribo a Sol un mensaje para ver dónde están y poder juntarnos lo que resta de la tarde. Me responde que están en Jurerê. Hacia ahí vamos, caminamos mientras los buscábamos, no los podíamos encontrar. Hasta que los vimos que estaban en el agua.

    Pasamos la tarde entre caminatas por la playa, mates y cervezas. Al terminar la tarde nos vamos a comer a un bar, al finalizar los invitamos a nuestra posada, ellos no accedieron y se fueron derecho a su hotel con su auto. Previamente nos pusimos de acuerdo para mañana, los chicos querían ir a la nudista y nosotras a recorrer otras playas. Ganamos nosotras y encargamos una excursión a Campeche.

    Al día siguiente es nuestro último día de vacaciones, desayunamos temprano y pasamos a buscar a los chicos para embarcarnos en la excursión. Tuvimos un día hermoso, Esteban no me sacaba la vista en ningún momento, lo que me dio pie para provocarlo durante toda la excursión, rosándole mi cola por su pija cuando podía, clavándole la pierna, la espalda con mis uñas, preguntándole si tenía la pija dura, si le gustaba esta noche tocarme el culo. Notaba que eso lo calentaba, hasta que me dice que le encantaría cogerme esta noche, genial la vamos a pasar le digo. Mientras José me incitaba a que lo siga provocando, él se quería coger a Sol.

    Termina la excursión y todavía quedaba un rato de sol, así que José dice vamos a la nudista un rato, porque mañana se no termina y no sé cuándo vamos a poder venir otra vez. Caminamos hasta la playa una vez que dejamos el auto. Con José no desnudamos enseguida, Esteban me comía con la mirada, ellos demoraron un rato hasta que se sacó su malla y vi su pija dura, no perdí el tiempo y le digo así la vas a tener esta noche. Nos provocó risas… jajaja.

    Emprendemos la retirada de la playa, proponiendo ir a comer cerca de su hotel, para no ir hasta nuestra posada y volver a juntarnos. Comemos, tomamos varias caipiriñas, las que me subieron rápidamente a la cabeza y alborotaron mis entrepiernas. Les digo: ¿nos invitan a su habitación? Se miran y Sol aclara: – vamos, pero cada uno con su pareja, no quiero ningún intercambio. Ok, no hay problema, la vamos a pasar bomba. Cuando me levanto de la silla me doy cuenta que otra vez todo se mueve. Jajaja. Me agarro de Sol para caminar hasta llegar a su habitación.

    Ni bien llegamos José pide a Sol permiso para bañarnos para sacarnos la mugre del día. Nos desnudamos dejando tirada nuestras mallas sobre una silla, se la chupo delante de ellos un ratito, estaba saladita por el agua de mar. Nos duchamos, nos tiramos en la cama de ellos, mientras ellos se bañan juego con la pija. Sale Esteban primero y le digo que se acueste a nuestro lado, primero me dice que no, que no era el trato, pero no se puede resistir a mi boca y lengua sobre su pija. Cuando sale Sol la miro, con cara de asombrada, le digo ven seguí vos.

    Me subo a José, empiezo a moverme fuerte, estaba caliente aparte de borracha, si bien me había hecho bien la ducha. Acariciando a Esteban por el pecho le digo: Sol vení monta que mira como la tiene, sino me subo yo. Jajaja. Ella se acerca subiéndose sobre él, ahí me dieron unas ganas locas al sentirla tan cerca de tocarla, estiro la mano, la toco en su parte húmeda junto con la pija que la penetraba. Eso lo hizo calentar mal a Esteban, notando que empezaba a acabar dentro de ella. Gritando, no, no. Ella se levanta hacia el baño, como avergonzada, queda tirado a nuestro lado. Sigo cabalgando y le digo ponela dura que Sol no acabo mientras yo se la frotaba con una mano para que tome dureza otra vez.

    Sol sale del baño y nos pide por favor que nos vayamos. Que, si bien le gustó compartir la experiencia, no se sentía cómoda. Al verla me bajo de José, tomo mi ropa y voy al baño. José seguía con su pija dura y Esteban ya casi dura. Sol suéltate, disfruta de la noche… Ella vuelve a pedir que no vayamos. Así que José también toma su ropa. Nos despedimos proponiéndole volver a vernos en Argentina.

    Al día siguiente nos volvimos a casa.

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  • Mi hijo y mi vecina Sandra

    Mi hijo y mi vecina Sandra

    Hola, me llamo Clara, tengo 54 años, cumplidos hace unos días, estoy casada, tengo tres hijos, dos chicos y una chica y trabajo como limpiadora en un centro público. Físicamente soy rellenita, aunque dicen que tengo unas buenas tetas y un buen culo.

    Los que hayan leído mi anterior relato sabrán como me lo hice con mi hijo, y como le había prometido que le iba a ayudar a hacérselo con las madres de sus amigos, unos días después mi hijo y yo llegábamos de hacer unas compras y llamamos al ascensor en esos momentos llegó mi vecina Sandra, es una mujer más o menos de mi edad, somos vecinas desde hace muchos años, y nuestros hijos siempre han jugado juntos.

    Quizá fuera por los calores del mes de agosto, pero Sandra, que, por otro lado, vestida de una manera muy elegante, llevaba una falda que apenas le tapaba medio muslo y un escote muy generoso que dejaba ver una amplia porción de sus tetas, la verdad es que mi vecina tiene unas tetas grandísimas, yo sospecho que se ha operado, y una figura que me da envidia, supongo que debe de ir al gimnasio, y tiene unos labios que parecen estar hechos para chupar pollas.

    El ascensor llegó y subimos los tres, me di cuenta de que mi hijo no quitaba los ojos de encima a los pechos y los labios de mi vecina, mientras manteníamos una conversación muy normalita, cuando llegamos a nuestro piso, nuestros apartamentos están uno enfrente de otro, nos despedimos y vi como mi hijo se giraba para contemplar el culo de Sandra que entraba en su casa, en la mía estaban mi marido y mi hija, así que no pudimos hacer nada.

    Pero busqué la manera de hablar con él a solas, fue a la hora de la siesta cuando me levanté con la excusa de ir al servicio fui al cuarto de mi hijo mayor y le pregunté directamente, con voz muy baja:

    –¿Te gusta Sandra?

    Mi hijo se quedó sorprendido por la pregunta, en un principio lo intentó negar, pero finalmente lo reconoció y yo le dije:

    –Te prometí que te iba a ayudar a hacerlo con todas las mujeres maduras que te apeteciera y voy a cumplir mi promesa.

    Y mientras decía esto le acaricie la polla con mi mano. Al día siguiente, conversando por el móvil, le dije a mi hijo que mantenía mi promesa, pero con una condición, yo debía ver lo que hacían escondida, mi hijo aceptó la idea, quedaba preparar el terreno y buscar la ocasión.

    Lo primero fue al día siguiente, fui a ver a mi vecina en un momento en que sabía que ella estaba sola, y hablando de los chicos, ella tiene uno que debe de rondar los treinta, bien guapo y con mucho éxito con las chicas, le comente una supuesta anécdota, inventada que según mi mentira me había ocurrido en mi casa, según me inventé jajaja, mi hijo Iván un día a la que salía de la duchas se le había caído la toalla que llevaba puesta y su polla había quedado al aire, y según le conté, esto no es mentira del todo jajaja, la polla de mi hijo era de casi veinte centímetros.

    Noté como lo que le había contado la perturbaba un poco, aunque trató de disimular y me dijo que a ella le había pasado algo muy parecido con el suyo, ella tiene la parejita y el chico es más o menos de la edad de mi Iván, me dijo que no le diera importancia.

    Unos días después mi hijo mayor, y yo nos quedamos solos en casa, mi marido y mis otros hijos querían disfrutar de los últimos días de agosto en una piscina de un amigo, pero a mi ese señor me caía mal e Iván dijo que se quedaba conmigo, esperamos un rato a que se fueran y llamé a Sandra, le dije que me había ido con mi marido y mis otros hijos a la piscina y que Iván se había quedado solo en casa, que estaba intentando llamarle por el móvil y que me salía que estaba apagado.

    Me dijo que iría a ver si todo estaba bien, y así lo hizo, al llamar a mi casa la abrió mi hijo, solo estaba cubierto por la toalla de baño, mi hijo la mandó pasar y cerró la puerta de casa, ella le contó lo que había pasado y mi hijo, que previamente había apagado el móvil, confirmo que si que se había quedado sin batería y no se había dado cuenta, ella me llamó a mí, tenía puesto el móvil en silencio para que ella no lo escuchara y no la respondí, ella me dejó en wasap, aquí si la respondí y la di las gracias.

    Una vez que ya había confirmado que mi hijo estaba bien se suponía que su estancia en mi casa había terminado, pero aquí comenzaban las habilidades de mi hijo, primero la dio las gracias con un beso en la mejilla y un abrazo, Sandra llevaba un vestido corto de estar por casa en ese tiempo de calor y mi hijo la dijo que se la veía muy sexy, y antes de que mi vecina pudiera reaccionar la rodeó entre sus brazos y la besó en la boca, ella se dejó, mi hijo la empujo un poco hacía el salón y la tumbó en el sofá, al lazarla el vestido vio que no llevaba bragas, se intentó disculpar:

    –Estaba sola en casa, y con estos calores y cuando ha llamado tu madre no me he dado cuenta de ponérmelas.

    Mi hijo se río, beso los muslos de Sandra y fue subiendo poco a poco hasta alcanzar su coño e introdujo su lengua en él, ella comenzó a gemir.

    Lo que sin duda ignoraba Sandra es que yo estaba observando la escena, habíamos instalado una cámara de manera disimulada que yo podía contemplar desde mi móvil.

    Iván seguía comiéndole el coño a Sandra, que no tardó en tener un orgasmo, entonces mi hijo, tras dejarle bien limpio el coño, se apartó y la dijo:

    –Siento no tener más experiencia en esto, seguro que Alberto, tu marido te lo hace mucho mejor.

    Alberto lleva años sin hacérmelo, loque me acabas de hacer supone para mi revivir experiencias de hace muchos años, gracias cari, y añadió, ahora me toca a mi darte las gracias.

    Se agachó, le quitó la toalla y le dijo a mi hijo:

    –Menudo chorizo tienes, me lo voy a comer enterito.

    Y se lo metió en la boca, la verdad es que desde que nos conocimos, viendo sus labios que ella resaltaba con sus lápices, siempre había tenido la imagen de Sandra chupando pollas, y en esos momentos mi visión se estaba confirmando, Sandra le estaba haciendo una mamada deliciosa a mi hijo, que gemida de manera que sus jadeos llegaban a mi dormitorio, desde donde yo seguía la escena, no tuve más remedio que llevar mis manos a mi coño.

    Mi hijo apretaba la cabeza de nuestra vecina contra su cuerpo, y ella seguía comiéndole el chorizo, la verdad es que debía de tener mucha gana por el ansia en que lo hacía, jaja, efectivamente Sandra era una buena comedora de chorizos, mi hijo estaba en la gloria y se le notaban los esfuerzos que hacía para no correrse, pero no pudo evitarlo y finalmente se le veía como se corría, Sandra por su parte se estaba tragando toda la leche de mi hijo, aunque no pudo evitar que una pequeña parte se saliera de su boca y fuera a parar a sus labios a los que daba una nota aún más sexy.

    Tras esto los dos se tumbaron en el suelo, y mi hijo comenzó otra vez a acariciarle las tetas, ella tardó un poco en reaccionar, pero llevó su mano al aparato de mi hijo y se lo comenzó a acariciar, mi hijo la beso, ella seguía con sus manos sobre su polla y esta poco a poco comenzó a reaccionar, Sandra le preguntó:

    –¿Has follado con muchas tías?

    Con algunas, pero pocas, respondió el mentiroso de mi hijo, jajaja, pero a la que siempre he deseado es a ti, añadió.

    –Pues vas a follar conmigo, pero como se lo cuentes a alguien te la corto, le advirtió Sandra.

    –Será nuestro secreto dijo mi hijo.

    Sandra acarició la polla de mi hijo un poco más, hasta ponérsela bien dura, mi hijo llevó su mano hasta su pantalón y de allí sacó un condón y se lo dio a Sandra para que se lo pusiera, pero esta lo rechazó porque con Alberto tomaba otras medidas anticonceptivas, así que mi hijo se lo puso él solito, en esos momentos Sandra le volvió a agarrar la polla y con mi hijo tumbado en el suelo, se colocó encima e introdujo la polla de mi hijo en el interior de su coño, mientras ella sentada sobre él le cabalgaba como una jinete a su caballo.

    Contemplando la escena yo me puse a tope, primero me acaricié los pezones, pero pronto esto resultó insuficiente, y finalmente tuve que apartarme la bata que llevaba puesta, e introducir los dedos de una de mis manos en el coño, mientras que con la otra intentaba taparme mi boca, para que mis posibles gemidos no descubrieran a nuestra vecina mi presencia.

    Mientras ella seguía cabalgando sobre mi hijo que acariciaba sus tetas, la verdad es que Sandra tenía unas tetas increíbles, no me extraña que las manos de mi hijo las estrujaran con ansia, y ella también estaba gozando a tope sus gemidos hicieron que fuera innecesario para mí los auriculares de la cam para escucharlos, ya que podía oírlos a viva voz. Entre ellos Sandra decía cosas como:

    –Menuda polla tienes cabrón, vaya rato que me estás haciendo pasar, no gozaba tanto desde antes de casarme.

    Mi hijo seguía aguantando los envites de la vecina intentando no correrse, pero en su cara se le notaba que estaba alucinando de placer, y pese a sus intentos al final se corrió, cuando Sandra lo notó se tumbó encima de él, le beso en la boca y le dijo:

    –Muchas gracias, mi amor esto ha sido fantástico

    –Cariño espero que con uno no te conformes, dijo mi hijo

    Mi amor, dijo ella, si tú quieres follaremos hasta que no te quede una sola gota de leche.

    Ella primero sacó a mi hijo el condón de su polla, y restregó sus dedos sobre los restos del esperma de mi hijo, y llevándoselos a la boca dijo:

    –Esta leche sí que es rica.

    Y tumbándose al lado de mi hijo comenzó a lamerle la polla dejándosela bien limpia de cualquier resto de semen.

    Después los dos se quedaron tumbados el uno junto al otro, mi hijo la preguntó:

    –¿Le habías puesto antes los cuernos a tu marido?

    –Del todo no, dijo Sandra, he enseñado las bragas aposta muchas veces y alguna vez he masturbado a algún compañero de trabajo, pero dejar que me la metieran eres el primero.

    –Espero que lo repitamos, dijo mi hijo.

    Por supuesto cariño, pero como te he dicho antes debes de ser muy discreto, si Alberto o tu madre se enteran de esto nos matan.

    –Mi hijo dibujó una sonrisa en su cara, y es que su madre, o sea yo, se estaba enterando, jajaja.

    Iván cogió una de las manos de Sandra y la llevó hasta su polla, ella se dio cuenta de sus deseos y comenzó a acariciársela y la polla de mi hijo reaccionó rápidamente.

    –Oye que rápido te recuperas, dijo Sandra

    Mi hijo se puso encima de ella, primero la dio un beso en la boca, como hacen los amantes, después fue bajando por su cuello hasta llegar a sus tetas, ahí se entretuvo bastante, la verdad es que las tetas de mi vecina son increíbles, pero poco a poco fue bajando hasta su vientre y después su coño, ahí se entretuvo un rato, hasta que fue Sandra la que le suplicó:

    –Por favor cariño, follame.

    –De acuerdo, dijo mi hijo, pero antes quiero que me la tengas entre tus tetas.

    Y sin pedirla permiso acercó su polla a las tetas de ella y la introdujo entre ellas, como si se tratara de un coño, ella cogió sus dos manos y se las apretó y mi hijo comenzó a mover su polla como si fuera un coño.

    Así estuvieron un rato hasta que mi hijo vio que su polla se había puesto muy dura, en ese momento se salió de las tetas de Sandra, alargó su mano hasta coger de nuevo el paquete de condones, se puso uno y colocando sus piernas entre las piernas de mi vecina introdujo su polla en el coño de esta que comenzó a gemir, mientras besaba a mi hijo y después bajo sus manos hasta acariciar su trasero, mientras mi hijo, con mucha rabia marcaba un ritmo que a su acompañante parecía encantarle y comenzó a decirle palabras fuertes:

    –Fóllame cabrón

    Mi hijo muy obediente siguió marcándola un ritmo que a ella parecía encantarle, y así estuvieron durante un buen rato hasta que mi hijo dijo:

    –¡Sandra me corrooo!

    Y el gesto de su cara daba a entender que estaba diciendo la verdad, cuando hubo terminado mi hijo se bajó de ella y se quitó el condón y sacó de sus bolsillos un pañuelo de papel, mi vecina le limpio la polla y le dijo:

    –Cuanta leche tienes en tu interior pareces una vaca lechera.

    –Es que tu provocas que sea así, Sandrita, dijo mi hijo.

    Ellos se besaron de nuevo, entonces mi vecina dijo:

    –Estaría contigo toda la tarde, pero puede llegar alguien a tu casa, o a la mía, es mejor que me vaya, ya encontraremos la manera de repetirlo.

    Y diciendo esto se vistió, beso a mi hijo por última vez y los dos se encaminaron a la puerta, al llegar a ella, antes de que mi hijo abriera, Sandra le beso de nuevo y le dijo:

    –Recuerda lo que hemos hablado tu guardarás silencio y repetiremos.

    Mi hijo abrió la puerta y ella se fue, entonces mi hijo vino a mi habitación, el aún estaba desnudo, a mí me encontró con el coño al aire, se acercó a mi primero me besó, luego me puso sus manos en las tetas, y me dijo:

    –¿Has disfrutado?

    Era inútil negar la realidad, desde luego había disfrutado bastante, y así se lo dije, mi hijo siguió acariciándome y me tumbó en la cama, yo viendo sus intenciones le pregunté:

    –¿Después de lo que has hecho con la vecina aún te queda leche para tu madre?

    –Para ti siempre tendré leche –me contestó.

    Siguió acariciándome las tetas, en esos momentos me di cuenta de que se había traído el paquete de condones, me abrió las piernas, se subió encima de mí y, después de ponerse el condón, introdujo su polla en mi interior.

    Yo estaba muy caliente con lo que había visto y haberme sobado el coño con mis dedos no había sido bastante para calmar mi calentura, así que tener la polla de mi hijo dentro de mí era toda una bendición, de otro lado él, como si lo que había ocurrido un momento antes con Sandra no hubiera existido me embestida con unas ganas increíbles, su polla se movía en mi interior como si le fuera la vida en ello, y mientras lo hacía yo no dejaba de recordar lo que había visto, mi hijo era todo un semental, y yo le había parido y criado, me sentía orgullosa de él.

    Estuvimos un rato, supongo que lo anterior hizo que tardara más en correrse, aunque esto solo hizo que yo pudiera gozar de él más tiempo, pero finalmente se corrió.

    Después nos lavamos, nos vestimos y nos pusimos a ver la televisión, como harían una madre y un hijo normal, en un momento determinado mi hijo me preguntó:

    –¿Te lo haces también con Iker?

    Iker es el hermano de Iván, mi hijo pequeño, hace unos meses cumplió los 18, y por tanto la mayoría de edad, la verdad es que hasta ese momento no lo había hecho, pero la idea comenzó a dar vueltas en mi cabeza.

    Al rato llegó mi marido con mis hijos, la verdad no pude evitar mirar a mi hijo de otra manera, me di cuenta de que ya no era un niño, sino ya un hombre y muy atractivo, seguro que tenía mucho éxito entre las chicas.

    De otro lado no pude dejar de fijarme en Iván tenía la impresión de que se fijaba mucho en mi hija Adriana tres años mayor que él.

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  • El novio de mi madre

    El novio de mi madre

    Quiero aprovechar que escribo de manera anónima para contarles un relato que le ha venido dando vueltas a mi cabeza desde hace un par de semanas.

    Mis padres se divorciaron cuando yo tenía tres años, y quien se quedó con mi custodia fue mi madre, porque según el juez: mi madre ganaba más en su trabajo y podía darme una buena calidad de vida. El asunto es que ella no pasaba mucho tiempo conmigo por lo mismo: por su trabajo. Mi padre nunca se desentendió de mí, me costeó los estudios y cuando entré a estudiar a la universidad, él pagó el alquiler del piso.

    Bueno, el asunto es que cuando yo tenía ocho años, mi madre, que en ese entonces tenía veintisiete, comenzó una relación con un hombre cuatro años menor que ella. Vamos a llamarle Christian. A mí nunca me trató mal ni me rechazó, pero jamás intentó comportarse como un padre.

    Recuerdo que cuando él estaba sentado en el sofá, viendo una película o alguna serie, yo me acercaba y me sentaba junto a él, lo abrazaba y me recargaba en su brazo. Siempre lo llamé por su nombre y él siempre me llamó por el mío. Nunca utilizamos los sobrenombres de “papá” o de “hija”. Christian fue muy tolerante con mi madre; había ocasiones en donde ella se ausentaba por semanas debido a su trabajo y a él no le quedaba más que encargarse de mí y enviarme al colegio.

    Yo crecí y él continuó su vida con mi madre, pero no fue hasta mi adolescencia que comencé a verlo de otra manera. Christian era alto, medía un metro con ochenta, era de piel blanca, le gustaba hacer ejercicio y tenía sus ojos de color verde. Quizá estaba en mi momento más hormonal, pero solo deseaba estar pegada a él. No entiendo cómo no me dio culpa por sentirme atraída por el novio de mi madre, pero me gustaba y no había forma de frenarlo.

    Unos años después, cuando Christian llegó a tener treinta y cuatro, las amigas que yo tenía en el bachillerato me comentaban lo guapo que era, pero yo nunca les dije que también me sentía atraída por él. Lo mantuve como un secreto, algo que ni siquiera a él pensé decirle o demostrarle. No fue hasta cierto tiempo después, luego de que descubriera la masturbación y mi cuerpo pidiera a gritos experimentar la sensación de una primera penetración.

    Christian estaba en la sala, viendo un partido de beisbol. Mi madre había tenido una reunión y no regresaría hasta mañana en la tarde, y cuando ella regresara yo me iría unos días de visita a la casa de mi padre y de su nueva esposa.

    El punto es que, me sentía extremadamente cachonda, mis dedos ya no lograban satisfacerme y me daba algo de miedo comprar consoladores y que mi madre me descubriera. Tenía diecinueve años y pronto me iría a la universidad, así que decidí arriesgarme. Por aquel entonces solo tenía un pedazo de lencería que consistía en una tanguita negra y un sostén transparente. Recuerdo que solía ponérmela para masturbarme en mi cuarto. Había algo en eso que me hacía sentir sexy.

    Me puse una faldita corta, una blusa de tirantes y tras soltarme el cabello bajé a la sala. Christian estaba tan atento a la televisión que ni siquiera me vio llegar. Yo me senté junto a él, me acerqué y me recargué en su brazo. De pronto, y yo creo que sorprendido por mi comportamiento, se da la vuelta y me mira. Primero me miró el escote de mis senos y de inmediato su mirada viajó a mi rostro.

    —¿Qué estás haciendo? —me preguntó un poco confundido.

    —Quiero estar aquí.

    —¿No tienes deberes?

    —Ya los terminé.

    —Está bien —no dijo más y volvió a posar su mirada en la pantalla.

    No estaba segura de cómo actuar, pues ir demasiado rápido podría provocar que se molestara y definitivamente me llevase a mi cuarto. Opté por recostar mi cabeza en su hombro y frotarle con las yemas de mis dedos su brazo. De pronto, Christian estiró su mano y me rascó la cabeza. El gesto me pareció excesivamente tierno, y no era eso lo que yo estaba buscando. Para alejarme y romper las intenciones que él tenía, me puse de pie y fui a la cocina con la intención de buscar un poco de helado, pero cuando pasé frente a él, vi perfectamente cómo su mirada viajó hacia mi trasero, el cual seguramente estaba casi descubierto debido a lo corto de la falda.

    Regresé con el bote y me volví a sentar. Ya para entonces, Christian se había puesto un poco tenso y me dijo:

    —Deberías acostarte ya, ya está anocheciendo.

    —Es temprano todavía —“accidentalmente” se me cayó un poco de helado sobre mis senos y aproveché para limpiármelo, de tal forma que él me estuviese viendo.

    —Sarah, vete a tu habitación.

    —¿Por qué? Yo quiero estar aquí.

    —Porque yo ya me voy a dormir, estoy muy cansado y mañana tengo que irme al trabajo.

    —Solo un momento más —y para evitar que pudiera levantarse, me abracé a él.

    —Sarah, estás muy rara. ¿Qué tienes?

    —Si te lo digo te vas a molestar.

    —¿Qué hiciste? —pero cuando preguntó esto, acosté mi espalda completamente en su regazo. La energía de mi cuerpo hizo que los pezones se remarcaran en mi blusa.

    —¿Extrañas a mi madre? —comencé a preguntarle para llegar al tema que necesitaba— Ella nunca está en casa, y no te culparía si deseas engañarla.

    —¿Me estás preguntando si estoy engañando a tu madre? Porque si es eso, no, no la estoy engañando.

    —Pero ¿lo desearías? —le acaricié el mentón y después subí hasta su mejilla.

    —No.

    —¿Seguro? —finalmente le froté el labio. Que no me retirara la mano ya comenzaba a darme una esperanza.

    —¿A qué viene la pregunta?

    —A nada en especial —con mi mano libre tomé una de sus manos de él y la acerqué a mis tetas. Si no deseaba nada conmigo, este era el momento de frenarme, pero tampoco lo hizo.

    Christian devolvió su mirada al televisor y no dijo nada, tampoco cuando tiré un poco más su mano y esta se posó sobre mis tetas. Sabía que él no buscaría avanzar en nada, así que decidí ser yo quien tomara la iniciativa. Me erguí, él pensó que me levantaría para marcharme, pero en lugar de eso, me senté sobre sus piernas y me abracé a su cuerpo.

    —Sarah…

    —¿Vas a decirme que me vaya?

    —Voy a preguntarte, ¿qué es lo que quieres?

    Hundí mi rostro entre el hueco de su cuello y su hombro y entonces comencé a besarle la piel que dejaba libre su polera.

    —Sarah…

    —Me gustas.

    —Ostia, cómo puedes decir eso cuando yo te crie.

    —Nunca nos hemos tratado como familia.

    —Si tu padre se entera, me arrancaría la cabeza.

    —¿Se lo piensas decir? —por un momento me sentí aterrada.

    —No, desde luego que no. Si tú no deseas meterte en problemas, tampoco yo. Sarah, ¿no tienes novio?

    —Sabes que no.

    —Búscate uno.

    —No quiero uno —volví a tenderme sobre él; con mi estómago sobre sus rodillas.

    Él sonrió, puso su mano sobre mi cintura y comenzó a acariciármela. Pensé que ya no pasaría nada porque permanecimos así durante un largo rato hasta que terminó el partido; cuando de pronto, sentí que su mano comenzaba a viajar al sur de mi cuerpo, hacia mis nalgas y después el final de la falda.

    —Christian.

    —¿Ummm?

    Christian me tocó la piel de las nalgas y me las estuvo sobando durante unos segundos, quizá para ver cómo reaccionaba. Al escuchar que yo gruñía con gusto, sus dedos acariciaron la división de mis nalgas: despacio, suave hasta que bajó a mi coñito y me lo tocó.

    —¿En secreto? —preguntó bastante nervioso.

    Asentí de inmediato. Christian estuvo tocándome el coñito durante un minuto, pasando su dedo sobre la tela y presionando de vez en cuando. Yo comencé a mojarme muy rápido, ya que era la primera vez que alguien, que no fuera yo misma, me estaba tocando. Necesitaba más, experimentar todo. Me puse de pie, me arrodillé frente a él y mis manos se dirigieron hacia el botón de sus pantalones.

    —¿Lo has hecho alguna vez? —él me acarició la cabeza.

    —Solo una vez, y casi me vomito.

    —No te la metas de golpe, poco a poco hasta que te acostumbres.

    Me ayudó a bajarle el pantalón y el bóxer. Es verdad, no era la primera vez que me chupaba una polla, pero ver la de él me tomó por sorpresa. Estaba larga y delgada, rosa y con bastante vello. Me apresuré a llevármela a la boca, pero él me detuvo.

    —Saca la lengua —me indicó y entonces me acarició con ella la lengua. Tenía un sabor salado, un sabor al que no estaba acostumbrada.

    Se la estuve chupando un par de minutos mientras él intercalaba sus miradas entre la televisión y yo.

    —¿Sarah?

    —Dime.

    —¿Eres virgen?

    —Sí —pero al no responderme, decidí preguntar—: ¿Vas a follarme?

    —¿Quieres que te folle?

    —Sí.

    —¿De verdad quieres que yo sea tu primera vez?

    Dejé de chuparle la polla y me senté sobre sus piernas.

    —Sí.

    —Entonces… veamos qué podemos hacer —luego de acariciarme las piernas, me dio un azote en el culo.

    No me llevó a su cuarto en donde dormía con mi madre, sino al mío, pero antes de entrar pasó a su cuarto para ir por un condón. Cuando entramos a mi recámara cerré la puerta con pestillo aun sabiendo que estábamos solos en la casa.

    —¿Me desnudo? —pero no me dejó hacerlo y comenzó a quitarme la ropa. Mis tetas quedaron al aire, con el pezón bien durito. No las tenía tan grandes como las tengo ahora, pero tampoco estaban pequeñas.

    Había adquirido la costumbre de rasurarme el coñito, no porque alguien me lo viera, sino porque me gustaba hacerlo, ya que según yo, se sentía más rico cuando me masturbaba. Christian también hizo lo propio, se retiró la ropa y solo se quedó en bóxer. Estaba guapísimo; no tenía los abdominales marcados pero su cuerpo estaba duro y perfecto para cabalgar sobre él.

    —Abre las piernas —me ordenó cuando me tumbé en la cama.

    —No te vayas a reír, todavía no aprendo a rasurarme bien.

    —Abre que quiero ver esa conchita nueva —y cuando me vio, una sonrisa enorme le hizo brillar los ojos. Comenzó a tocarme, a explorarme el mejillón con sus dedos—. Estás hermosa. Mira esa conchita rica, nueva. Uy hermosa, no tienes idea de cómo voy a disfrutarte. Dime, ¿te han hecho alguna vez un oral?

    —No.

    —No te preocupes, te lo haré yo.

    Christian se arrodilló entre mis piernas, acercó su rostro a mi coñito y tras olerme me dio el primer lengüetazo. Fue una sensación explosiva que me removió todo. Agradecí que nunca le gustara usar barba, porque no deseaba sentir cosquillas y reírme mientras él me comía el coño.

    Christian me chupó todo, me metió su lengüita y presionó con sus labios mi campanita del clítoris. Uno de sus dedos se coló en mi interior y me sacó más juguito; rico juguito que se terminó bebiendo. Con sus succiones hizo una especie de ruido que me erizó toda la piel, su lengua entraba y salía, lambía de arriba abajo, adentro, afuera, excitándome mientras me decía frases que no hacían más que ponerme más y más cachonda.

    —Que rico sabes… Te lo voy a comer todo antes de que alguien más lo haga… Estás muy apretada… Preciosa, tienes un coñito bastante delicioso… Ese culito rosa también pide a gritos que le meta mi verga…

    Me llevé los dedos a mis tetas y me presioné los pezones. Ya desde ahí estaba experimentando el dolor como un buen placer que me incendiaba la sangre. Mi cuerpo se retorció, gemí de gusto y experimenté mi primer acercamiento al orgasmo causado por un hombre, un hombre que aparte me encantaba.

    —Ven, princesa, te quiero reventar ese dulcecito —cuando Christian se bajó el bóxer, me di cuenta de que su erección había agrandado su tamaño.

    —Despacio —le pedí. Mis jugos mezclados con su saliva escurrían sobre las sábanas de mi cama.

    —No te preocupes, te la iré metiendo poco a poco.

    Christian me acercó su polla y frotó su punta sobre mi conchita, arriba y abajo, después cogió el preservativo que había dejado sobre la cama y se lo colocó. La puntita de su rica verga entró en mi agujerito virgen, despacio como él lo había dicho. Pero entre más entraba, el dolor comenzaba a sacarme lágrimas.

    —Espera, me duele.

    —Respira y trata de tranquilizarte. Te duele, pero te gusta… Se va abriendo tu coñito, se está estrenando.

    Su verga entraba más y más, mi coñito se abrazaba a ella, prieto, palpitante y adolorido. La sangre comenzó a cubrir el condón, mi estómago dolía, pero entre más dolor experimentaba, más me gustaba.

    Christian se acomodó, me apretó un pezón con una de sus manos y continuó introduciéndose en mí hasta que la mayor parte de su polla estuvo dentro.

    —Qué rica… Deliciosa… —comenzó a moverse, y si bien al principio el dolor me hizo llorar, pronto me fui acostumbrando.

    —Quiero montarte —le dije, tocándole el pecho duro.

    —Espera, es tu primera vez, te va a doler.

    —Yo quiero montarte.

    —Vale pues.

    Christian salió de mí, se acostó en mi cama, y vaya que sí era un hombrón, ya que debajo de él mi cama se veía pequeña. Me subí sobre su regazo, me dolía el coño y el estómago pero en lugar de molestarme y detenerme, el dolor me estaba excitando.

    —No te la metas —me dijo—, frótate contra mi cuerpo. Ven, yo te enseño.

    Me agarró de la cadera y me puso delante de su polla. A su vez, su verga me la recargó en las nalgas, frotándomela entre la división de mi colita. Sentí la textura del condón, como se arrugaba y se pegaba en mi piel.

    —Frota tu coñito aquí —tras chuparse el dedo pulgar de su mano, comenzó a frotarme el clítoris. Yo agarré su mano libre y me la llevé a una teta para que él me la apretara— ¿Estás bien, Sarah?

    —Bastante bien.

    —Buena chica… muy buena —dejó mi clítoris y me acarició el culo.

    Seguí frotándome contra su cuerpo, su verga seguía entre mis nalgas, rozándome el ano y provocándome una sensación bastante rica.

    —¿Te has masturbado, Sarah?

    —Sí, muchas veces.

    —Me gustaría verte algún día. Quiero ver cómo te mojas y ese coñito expulsa su orgasmo.

    —¿Esto te está gustando?

    —Mucho. Tu olor virgen es delicioso. Que gusto poder estrenarme ese coñito, retirarte la tapita.

    No supe si era la excitación lo que le hacía decir todo eso, pero entre más hablaba, más me gustaba. Su voz sonaba ronca, en sus manos se le remarcaron las venas y sus ojitos le brillaban.

    Intenté acercarme para darle un beso en la boca, esa boca que deseaba probar, pero no me lo permitió.

    —No, princesa, te besaré todo lo que quieras, menos los labios—me agarró del cabello y me atrajo hacia él, llenándome de besos y lengüetazos el cuello.

    —Siento que voy a correrme…. ¡Ah!… me corro… Qué rico… ¡Ah!…

    —Vamos, córrete para mí… Córrete en mí… —volvió a frotarme la campanita y entonces mi orgasmo explotó.

    Fue violento; me hizo gritar, gemir como una loca, me dejó tendida sobre él, sudada, adolorida.

    En cuanto se nos pasó el orgasmo, Christian se puso de pie, tomó su ropa y se retiró el sudor de la frente con su playera.

    —Cambia tu ropa de cama —señaló las manchas de sangre—. Y recuerda que esto es un secreto.

    Entonces se fue y yo me quedé así, desnuda y con su aroma todavía en mis recuerdos.

    ***************

    Tuvimos solo dos veces sexo antes de que me fuera a la universidad. Duró tres años más con mi madre hasta que se separaron, después de eso nunca lo volví a ver, pero cuando me casé con mi esposo Keev, sí le conté lo que había sucedido. Más que nada porque no deseaba secretos en nuestro matrimonio. Y cuando se lo conté, me dijo:

    —Qué bueno que ya no está con tu madre, no me sentiría bien al tener que convivir con él.

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  • El leñador

    El leñador

    –“Maldita sea mi alma”, me dije puteándome a mí misma. “Esto es por el carácter de mierda que tenés”.

    Estaba caminando por las montañas, intentando infructuosamente encontrar el camino de regreso. Había tenido una pelea con Jaime, mi novio/chongo/amante (o como quiera que se pueda definir nuestra relación), una de las tantas peleas inútiles que tenemos y yo, con mi acostumbrada autosuficiencia le dije que me dejara sola, que claro que yo podía regresar sin problema, que se vaya a la mierda. Y me fui caminando, segura de ir en la ruta de regreso a Villa Lago Rivadavia, el pueblo donde estábamos haciendo base para hacer treakking por los bosques andinos.

    Los tres primeros días fuimos por las rutas normales y hoy habíamos tomado una ruta que un amigo de Jaime le había indicado. Yo sabía que habíamos salido en la 4 x 4 hacia Chile, que anduvimos unos quince minutos en auto y que después empezamos a subir caminando por las montañas boscosas camino (se suponía) a Lago Puelo, intentando hacer unas cuatro horas en esa senda y volver. Parecía fácil en el mapa, pero uno nunca entiende las dimensiones brutales de estos paisajes. A mitad de ese camino fue la pelea y mi intento de regreso a la villa.

    A las dos horas de caminar tuve la seguridad que estaba totalmente perdida, no tenía ni la más pálida idea de para donde tenía que ir y empecé a asustarme. Si bien era apenas pasado el mediodía, sabía de lo peligroso de pasar la noche sin el equipo adecuado. Y todo el equipo estaba en la mochila sobre los hombros de Jaime. Lo único que se me ocurrió fue subir a un pico para ver si divisaba algo. Me llevó casi una hora llegar a la cima y cuando lo hice, lo único que vi eran montañas tras montañas llenas de alerces, pinos, abetos, colihues, pero ni la más puta señal de civilización.

    Hasta que, muy a lo lejos, vi una columna de humo saliendo de entre los árboles. Esperé un rato largo hasta estar segura que no era un espejismo, sino que era una columna de humo permanente. Calculé que debía de ser una choza o algo así, tomé todas las referencias posibles para no confundirme y salí caminando hacia allí. Aunque parecía cercana, me llevó cuatro horas y media de caminata casi ininterrumpida llegar a ver de cerca el humo y otra hora más hasta golpear la puerta de una rústica cabaña en el medio de ese bosque, de la cual salía el humo que había divisado.

    Yo estaba en estado calamitoso de cansancio y me empecé a poner nerviosa porque nadie salía. La única respuesta a mis llamados fueron los rebuznos de una mula que estaba en un corral. No era una cabaña tan grande, de seguro tenían que escuchar los golpes. Uní mis gritos a mis golpes hasta que sentí una voz detrás de mí.

    –“¿Quién es? ¿Qué hace acá?”.

    Me di vuelta y me encontré con un hombre barbudo, de gran estatura, de fuerte complexión y con un rifle que me apuntaba en su brazo izquierdo mientras en el derecho llevaba colgando de las orejas lo que me pareció un conejo enorme. Le conté mis peripecias y le rogué que me dejara descansar y llamar a alguien para que me vayan a buscar.

    –“¿Llamar? ¿Cómo?”, preguntó

    –“¿No tiene teléfono, handy, radio o algo así?”, pregunté extrañada.

    –“No, nada.”, levantó el animal que traía y dijo “Comida si. Nada más”

    Y sin agregar nada abrió la puerta de la cabaña entró, colgó el rifle sobre el hogar a leña, tomó una olla de hierro y salió pasando al lado mío hasta un tanque de donde llenó la olla y volvió a pasar al lado mio para entrar y poner la olla sobre la enorme salamandra causante del humo que me guió hasta ahí. Todo eso sin mirarme y menos aún sin decirme palabra,

    –“Discúlpeme, pero no entiende. Necesito volver ya mismo a Villa Lago Rivadavia sino se van a preocupar y saldrán a buscarme”.-

    Me miró mientras empezaba a despellejar el animal y tardó un largo rato antes de contestarme que no había modo de avisar a nadie y que él recién en una semana o algo más pensaba volver, pero para Chile. Intenté explicarle mi desesperación, la preocupación de mi novio, la necesidad de avisar que estaba bien. Y su única respuesta fue “Va a estar bien, no se haga problema”, sin dejar, en ningún momento de trabajar con el animal para limpiarlo y trocearlo. Cuando terminó, descolgó el rifle y salió dejándome sola.

    Revisé toda la cabaña y no encontré nada que sirviera de comunicación. Varias hachas, poca ropa, un enorme catre lleno de quillangos y lanas de diversos animales, una mesa rústica y tres sillas haciendo juego y un aparador con los enseres mínimos de cocina. Y eso era todo. Creo que el rifle era el elemento más moderno de todo lo que había allí. Con gran dolor, entendí que estaba en un lugar desconectado del mundo y lejos de él, aislada en medio de los bosques y con escasas probabilidades que me encuentren rápidamente. Me senté y me puse a llorar silenciosa y amargamente.

    El hombre volvió con algunas verduras y empezó a cocinar un guiso echando pedazos gruesos de verduras junto a las piezas del animal en la olla. Creo que ni me miró y cuando lo hizo y se dio cuenta de mi llanto, salió y volvió con un recipiente con agua, el cual me ofreció.

    –“Gracias. Me llamo Sonia. Perdone pero estoy nerviosa, cansada y con la angustia de no poder avisar a nadie”.

    –“No es grave. Tiene para comer, abrigarse y dormir. Que es lo importante En una o dos semanas llegamos a un lugar con comunicación. Me llamo Juan”

    –“¿Una o dos semanas? Eso es una eternidad. No puedo esperar tanto”.

    –“Va a tener que esperar. No tiene forma de ir sola a ningún lado. Conociendo bien el camino, son como unas 15 horas de caminata hasta la despensa del lago Cholila.”.

    –“Léveme hasta ahí y le pago, por favor”.

    –“No, no puedo. No me conviene acercarme a esa zona. Al menos por un tiempo”.

    –“¿Tiene líos con la Policía?”

    –“Digamos que es más sano que no aparezca por allí y punto”.

    –“¿Y que voy a hacer acá ese tiempo?”.

    –“¿No vino a pasear? Eso puede hacer. Eso si, sin alejarse mucho, por los pumas.

    -”¿Pumas?”.

    –“Si, hay una pareja de pumas por la zona. Normalmente no atacan porque les sobra la comida. Pero nunca hay que confiarse. Por eso no salgo sin el rifle”.

    –“¿Hay un lugar donde bañarme?’”.

    –“Si, por supuesto, mañana vamos al arroyo y ahí se puede bañar”.

    –“¿Pero el agua no está helada?”

    –“Podemos calentar agua en la olla y con eso se baña en la zona de la cocina. Allí el piso no tiene cerradas las juntas y el agua se escurre. Ahí tiene jabón y una toalla.”.

    –“Y dónde voy a dormir”

    –“No hay más que el catre. Tendremos que entrar los dos”

    –“¿Dormir juntos?”.-

    –“No queda otra. O si no, tira unos quillangos en el piso, pero se va a morir de frío. Bueno, después decide, ahora vamos a comer”.-

    No sé si era el cansancio, el hambre o qué, pero el guiso estaba delicioso. Después de comer dos platos llenos, los ojos se me cerraban solitos. Intenté discutir sobre como dormir, pero el sueño era tan grande que me dormí tirada en el catre mientras intentaba discutir. A la mañana me desperté bajo una pila de pieles y mantas, vestida como había llegado. Busqué por toda la cabaña pero ni señas de Juan. Salí y el fresco de la mañana andina me terminó de sacar el sueño. Escuché unos golpes rítmicos a alguna distancia y fui a ver, pensando que estaría hachando.

    Y efectivamente eso estaba haciendo. Con el torso desnudo, todo transpirado, estaba dándole hachazos en forma persistente y continúa, llevando un ritmo constante de golpes, cambiando la forma de entrar con el filo en la madera y haciendo el típico corte en cuña. Me quedé varios minutos mirándolo. Era un verdadero monumento de hombre, musculoso, sin un gramo de grasa extra, fibroso, robusto. Me deleite con un erótico placer de verlo hasta que dejó de golpear y se cambió para pegarle al árbol del lado opuesto para voltearlo. En ese momento me vio.

    –“Venga atrás mío. Cuando el árbol caiga ni sé que puede arrastrar con las ramas. Póngase a mi espalda”

    Dicho lo cual volvió al ritmo de hachazos. Cinco minutos después, el crujido de la madera anunció la inminente caída. Juan pegó un grito que me sobresaltó -”¡¡Árbol!!” y le dio los tres golpes finales que hicieron que los seis metros del alerce cayeran con un estrépito de ramas crujientes y un golpe final que retumbó hasta donde estaba.

    –“Venga que le hago el desayuno”, dijo mientras recogía su camisa y se la ponía a la par que caminaba hacia la cabaña

    Con una habilidad que no suponía posible en sus toscas manos, amasó una masa que puso en una parrilla al costado de la salamandra mientras calentaba la pava con agua sobre la misma. Veinte minutos después estaba tomando un mate cocido con un pan casero riquísimo untado con mermelada de grosella. Tenía frascos de varias mermeladas que, después supe, eran de las frutas del lugar como arándanos, frambuesas, rosa mosqueta y otras. Cuando terminé ese desayuno, mi estado de ánimo había mejorado mucho. Bueno, para que mentir, la visión de Juan hachando ayudaba a mi bienestar anímico.

    Me pasé el día ordenando la cabaña y limpiando. Si me vieran mis amigas se desmayan. Le escapo a las tareas de la casa pero acá, un poco por no tener otra cosa para hacer y un poco para agradecerle a Juan, me entusiasmé con el orden y la limpieza. Creo que los platos y la vajilla cambiaron de color después de lavarlos. Cuando vino Juan yo ya había puesto la olla con el guiso sobrante de ayer, contenta por mis logros.

    –“¡¡Qué hiciste!!”, me dijo en un tono para nada de alegría.

    –“Limpié todo”, dije cohibida y sin entender. “Trataba de ayudar”.-

    –“Está bien, está bien. Pero el jabón tiene que durar para dos semanas para los dos.”.-

    Me dijo que se lavaba con tierra, algo que había escuchado de charlas de campamento, pero creía que eran bolazos de los tipos para parecer mas rudos y machazos. Después de comer fuimos al arroyo, que estaba a dos cuadras maso, y me mostró como se limpiaba con tierra. Y debo decir que quedaban bastante bien.

    –“Perdón”, dije mientras me salía un pucherito al sentirme tan inútil.-

    –“No es para tanto”, dijo Juan, mostrando la primera sonrisa que le conocía. “No hagas eso que si no, no te puedo retar”

    Me reí con ganas y le pedí que me dejara acompañarlo a cazar. Me mostró el lugar, los árboles, las frutas, los animales de la zona, bajamos al valle y me obligó a guardar silencio por media hora (a mí, que nunca me callo) hasta que cazó un guanaco. Cuando volvimos le pedí que tardara en traer las verduras y calenté agua y me limpié lo más decentemente que pude y lavé mi ropa interior que era la única que tenía. También le pedí a él que se bañara, si no le molestaba. Salí a la puerta mientras lo hizo. Después trozó una parte del animal y colgó la otra en una especie de red que tenía para que no lo invadan los insectos y volvió a cocinar guiso de guanaco. Delicioso.

    Comimos y de sobremesa casi se puede decir que charlamos, pese a que Juan no decía más de dos frases por minuto como mucho. Es decir, yo hablé hasta por los codos y el metió algunos bocados. Cuando llegó la hora de dormir, me dijo que no convenía que durmiera vestida si quería descansar y lograr el calor corporal necesario.

    –“¡¡Ni loca!! Lavé mi ropa interior y no tengo otra”.-

    –“Quedate de tu lado en la cama y yo hago lo mismo”, dijo y se acostó.

    Dudé un rato largo hasta que transé en dejarme el jogging liviano que llevaba debajo del pantalón de montaña y la remerita. El problema es que yo no me quedo quieta de noche y, ni sé a qué hora, me desperté pegada a Juan, el cual roncaba tranquilamente.

    En medio de la penumbra descubrí que solo tenía un calzón de esos viejos, anatómicos y me pareció que el bulto estaba acorde a sus músculos. Luché con mi conciencia sobre que hacer, pero mi conciencia es muy frágil pobrecita y mis deseos son siempre más fuertes y decididos. Haciéndome la dormida, me pegué a él, esperé un rato y pasé mi brazo por arriba de su cuerpo apoyando mi mano sobre su miembro (¡¡Que sí era grandote como había pensado!!) y me hice la dormida.

    Al calor de mi mano, empezó a endurecerse y Juan empezó a moverse, creo que aún dormido. Pero al rato levantó la cabeza y me miró. Yo cerré los ojos e intenté tener una respiración lenta y regular. Él tomó mi muñeca e intentó sacarla. En ese momento hice como que me despertaba y nos quedamos así un rato. Yo volví a apoyar mi cabeza en su pecho y mi mano en su miembro.

    Él no sabía bien que hacer. Yo sí. Cuando su erección ya era importante, bajé mi cabeza, levanté su calzoncillo y empecé a lamerlo suave y lentamente. Después matizaba las mamadas con besitos y lamidas hasta que sentí que casi explotaba. Me levanté para ir a mi mochila y volver con un preservativo y se lo coloqué mientras me dejaba hacer.

    Me saqué la remera y tomé su cabeza para llevarla a mis pezones y mientras los chupaba y besaba, contorsionándome, fui sacándome el jogging. Él se sacó el calzoncillo, me tomó las muñecas con una mano y las llevó arriba de mi cabeza, me rodeó la cintura con su otro brazo y, poniéndose sobre mí empezó a jugar con su pene en mi conchita. Un minuto después tenía todo su miembro dentro mío. ¡¡Guau!! me llenaba entera.

    Con sus musculosos brazos me sostenía y me abrazaba con una fuerza enorme. Me sentía totalmente sujeta y dominada por esa bestia de hombre. Y me gustó. Estuvo un largo rato disfrutando mi vagina en esa posición para después salir, darme vuelta como una muñeca sin peso, ponerme en cuatro y tomarme dese atrás. Ni hablaba, sencillamente me poseía en la más clara forma posible. Delicada pero férreamente.

    Volcó su peso sobre mí obligándome a acostarme, me levantó las caderas y metió una almohada para levantarme la cola, se acostó sobre mí y empezó a cogerme mientras jadeaba en mi oído mientras seguía sosteniendo mis manos como si tuvieran esposas. Grité y gemí cuando acabé y él se quedó quieto. Esperó un rato, me dio varios besos en el cuello y la mejilla y volvió a bombearme despacito. Recién ahí habló

    -”Levantame la cola”.-

    Así lo hice, el separó su plexo de mí y empezó a meterla con fuerza y rapidez, obligándome a un vaivén de todo el cuerpo con sus embestidas. Al rato empezó a emitir gemidos y ayes, sin parar de cogerme. Cuando lo sentí tensarse y vibrar me llevo puesta y acabé por segunda vez. Nunca me habían sentido tan inerme en brazos de alguien en el sexo y nunca pensé que me gustaría. Siempre creí que cuando un tipo intentara hacer la suya sin tomar en cuenta mis gustos lo mandaría a la mierda. Pero me encantó sentirme totalmente sometida a Juan. Él seguía dentro mío, intentando recobrar el aliento. Al rato cayó de costado.

    Yo lo acaricié y fui a su miembro, le saqué el forro y empecé a besarlo y chuparlo. El acarició mis cabellos mientras lo mamaba y lo lamía y de a poco volvió a endurecerse. Seguí jugando con su pija hasta que empezó a ponerse dura, le puse otro preservativo y me subí a él, lo monté y comencé a subir y bajar para que su pija acaricie mi clítoris y mi vagina. Dos manos de hierro me tomaron de la cadera y me llevaron en un subibaja suave y metódico mientras sentía como se ponía al palo dentro mío. Otra vez me llevaba como quería. Y me sentía bien.

    Me tomó de las nalgas y continúo marcándome el ritmo de ida y vuelta sobre su falo. Entraba y salía de mi vagina y después me llevaba de atrás para adelante, frotando y excitándome el clítoris. Después de un largo rato en esa posición, en total silencio me levantó en el aire y me apoyó en la cama. Se puso de pie, me volvió a tomar para levantarme pegada a él.

    Lo abracé mientras el bajaba las manos para tomarme de las nalgas y penetrarme otra vez. Así, parado, me movía como si no pesara nada y hacía profundas penetraciones en mi vagina. Yo estaba totalmente entregada y disfrutaba de ser acariciada, penetrada, cogida y poseída. En un momento me separó de él, me dio vuelta, me apoyó contra la pared, me abrió las piernas, con la mano me obligó a agacharme y me penetró así.

    –“Agarrate fuerte”, dijo mientras empezaba a dar violentas arremetidas con un ritmo intenso.

    Yo no paraba de gemir y de jadear, solo sentía ese miembro penetrándome y la enorme calentura que tenía. En un momento grité cuando acababa y sentí un líquido caliente en mi pierna cuando Juan retiraba su miembro flácido de dentro mío. Nos acostamos, pegados en cucharita. Juan nos tapó con las pieles, me abrazó con sus brazos de oso y, por primera vez me dio vuelta la cara y me dio un beso. Sin pedir permiso, separó mis brazos para agarrar mi teta izquierda con su brazo y poco después escuché sus sueves ronquidos. Yo me dormí con una sonrisa en la cara pensando que no iban a estar tan mal esos días en la montaña.

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  • Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 3)

    Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 3)

    Notaba como el abundante semen de Pepe corría por mi garganta.

    Me sentía… una puta. Una zorra. Sentía una sensación de felicidad, de autorrealización.

    Pepe, después de acariciar mi cabeza, como si fuera un cachorro, cayó derrengado sobre la cama.

    Durante unos minutos, nos miramos a los ojos. Satisfechos. Exhaustos, sobre todo él.

    –Has estado genial, zorra –Me dijo, con una sonrisa.

    –Gracias – Le contesté yo, halagada, encantada con lo que acababa de suceder. Mi mente, rememoraba lo que había sucedido. Desde nuestro encuentro en la discoteca hasta el momento en que Pepe había penetrado mi trasero o hasta que yo había tragado, orgullosa, su semen. Pepe, me sacó de mi ensimismamiento.

    –¿Cuándo vuelve tu marido? –Me dijo, sin dejar de mirarme a los ojos.

    –Bueno… realmente, la que se ha ido, soy yo. Estábamos de vacaciones… –Le conté toda la situación. Pepe, me miraba, atento.

    –Bueno, entonces, ¿Hasta cuando quieres vivir emociones? –Me dijo, mirándome muy serio. Su mano, ahora, acariciaba mi muslo.

    –Pues…no sé. No lo había pensado, quizás… –Comencé a decir.

    –¿Ah, que lo habías pensado y todo? Joder… –Dijo Pepe, riendo.

    –Bueno… no sé. Me han dicho que mi compañera tiene para una semana. Si no, más. –Por un momento, deseé que fuera más. Pensaba en ella, enferma, delicada. Sentía pena por ella. Pero deseaba que tardara más. Mucho más.

    –Bien, en una semana me da tiempo – Dijo él, volviendo a mirarme a los ojos, muy serio.

    –¿Tiempo?, ¿A qué? –Pregunté entre asustada y excitada.

    –Ya lo verás, puta. Pero quiero que tengas una cosa muy clara. –Hizo una pausa, mientras apuntaba con su dedo índice sobre mi cara.– Durante toda esa semana, eres mi puta. Harás lo que me salga de los cojones.

    Os juro que al oír aquello, casi me da un vuelco al corazón. Una cosa era llevar a cabo una fantasía. Una noche. Una vez. Otra cosa era… Tragué saliva. Miré a Pepe a los ojos. Con un hilillo de voz, le contesté.

    –Por supuesto, don José.

    Ni yo misma podía creer que hubiera dicho tal cosa. Pero la humedad en mi sexo revelaba que estaba dispuesta a todo. Mientras pudiera.

    –Bien zorra, ahora, dúchate. Te lo has ganado. Ya hablaremos –Dijo Pepe, riendo.

    Tras decir aquello, vi como Pepe, se dio la vuelta, colocándose de espaldas a mí. Pude ver su arrugado culo. Lleno de vello blanco.

    Como impulsada por un resorte, me levanté y caminé despacio, hacia el baño que hay en la misma habitación. Pasé por al lado del preservativo que, minutos antes, había utilizado Pepe. Los restos del combate, pensé. Una sonrisa acudió a mi rostro.

    Miré a Pepe que tenía los ojos cerrados. Aquello, me pareció extraño. Pero no dije nada. Me metí en la ducha.

    Normalmente, suelo tomar una ducha rápida por la mañana, antes de ir al trabajo o llevar a mi niño al cole. Pero esa vez, me explayé en la ducha. Lo necesitaba. Había tenido un intensísimo orgasmo. El mejor de mi vida. Y necesitaba relajarme.

    Me costaba. Mi cabeza daba vueltas a todo lo que había sucedido. Los recuerdos de esa noche no permitían un fácil relajamiento.

    Finalmente, tras bastantes minutos de lucha conmigo misma, el agua tibia sobre mi rostro y mi cuerpo, logró su efecto. Me relajé. Mucho. Como ese deportista exhausto que ha realizado un esfuerzo titánico y por fin, descansa.

    Sentía el peso del mundo sobre mi misma. Estaba cansada. Supongo que mis emociones se habían liberado y ahora, me sobrevenía la calma.

    Cerré el grifo. Noté un ruido raro, fuera de la ducha que, al principio, no supe identificar. Me sequé con la toalla y me miré al espejo. Me vi a mí misma, exhausta, relajada. Feliz. Satisfecha.

    Sí, satisfecha.

    Ese ruido, de fondo, seguía. No, no podía ser. Parecía… ¿un ronquido?

    Desnuda, pero seca, salí de la ducha y al abrir la puerta que separa el baño de la habitación, el ruido se hizo más patente. Sí, Pepe, seguía allí. Desnudo. Ocupando el sitio que, normalmente, ocupa mi marido. Y roncaba. Ya lo creo que roncaba.

    No era, en absoluto ajena a ese ruido. Mi marido, también ronca. Y mucho.

    Sin hacer ruido, saqué un pijama corto. Unos shorts y una camisetita de tirantes. Me los puse. Sin braguitas.

    Me acurruqué lentamente en la cama, tratando de no molestar a Pepe.

    Al día siguiente, el despertador cumplió su cometido. Su zumbido me hizo despertarme. Me costó unos cuantos segundos recordar. Recordaba lo sucedido la noche anterior. De nuevo, la sensación de felicidad, de sentirme realizada.

    Pero, ¿un momento?. Había algo raro. Tardé unos segundos en darme cuenta.

    No se oían ronquidos. Me giré. Ni rastro de Pepe.

    Por un momento, sentí alivio. La noche anterior había sido, con diferencia, la mejor noche de mi vida. Pero me tenía que ir al trabajo y no quería embarazosas despedidas.

    Aún somnolienta, me dirigí a la cocina a por mi café matutino de la misma manera que un yonkie a por su dosis diaria.

    Cuando, de pronto, lo oí. El ruido de mi cafetera de cápsulas.

    Pero, ¿Se había puesto en marcha sola? No, eso no era posible ¿Entonces?

    Casi me da un vuelco el corazón cuando, sentado en las sillas de sky blanco que tengo en la cocina, vi a Pepe. Desnudo de cintura para arriba. Con su inmenso barrigón. Solo llevaba sus calzoncillos. Sus manos, enrollaban, con suavidad, el papel de fumar de un cigarro.

    –Ya era hora, puta ¿Quieres café? –Me dijo, mirándome a los ojos.

    –Ufff, lo necesito –Le dije, entre sorprendida, somnolienta y algo excitada.

    –Pues prepáratelo. Y termina de prepararme el mío. Con leche y sacarina.

    No me lo podía creer ¿Me estaba pidiendo que le terminara de preparar el café? Que se lo hiciera él mismo. Pensé. Además, ¿Qué hacía, aún, en mi casa?

    Pepe, debió notar mis tribulaciones porque yo permanecía quieta, en el quicio de la puerta que separa la cocina del pasillo.

    –¿No querrás que tu chulo haga el trabajo, verdad? –Me miró, muy serio– Venga. Ya sabes, con leche y sacarina –Terminó de decir. Sus ojos, bajaron al cigarro y al papel de envolver.

    Notaba como un sentimiento nuevo, de ira, recorría mi mente. Pero, a su vez, un escalofrío salía de mi entrepierna, recorriendo mi cuerpo. El mismo escalofrío que sentía cada vez que Pepe clavaba su mirada fría y seria en mis ojos o que me ordenaba, con autoridad, algo.

    Sin atreverme a mirarle, pasé por su lado, aparté la taza de la cafetera, abrí la nevera y añadí algo de leche hasta completar un buen café con leche. En el segundo armario, saqué el bote donde guardamos los sobrecitos de sacarina, abrí uno y eché el contenido en la taza. Finalmente, con una cucharilla, removí el café.

    Mientras llevaba a cabo toda la operación me sentía humillada. Pero, para mi sorpresa, aquello, no solo no me molestaba. Me gustaba. Demasiado.

    Me giré hacia Pepe, y le entregué su taza.

    Me miró a los ojos, sonriendo. De nuevo, su boca, amarillenta, a falta de dos dientes. De nuevo, el escalofrío.

    –Bien, puta, ahora, mientras me tomo tranquilamente mi café, me vas a hacer una buena mamada.

    –Pe… pero… –Mi cuerpo temblaba. De sorpresa. Y de placer– Pero, el trabajo, se me va a hacer tarde.

    Pepe, reía, mirándome a los ojos.

    –Seguro que haces que termine pronto –Dio un par de vueltas más a la cucharilla. Cuando terminó, me miró a los ojos, muy muy serio– Venga, de rodillas.

    Ahora, el escalofrío era, prácticamente, una descarga que sacudía mi cuerpo. Como si una fuerza misteriosa me hubiese empujado, me puse de rodillas, frente a Pepe.

    –Vamos, hostia, bájame los gayumbos ¿O no sabes lo que hay que hacer, puta? –Decía, burlón.

    Ahora no hizo falta ningún escalofrío. Ninguna descarga. No había extrañas fuerzas. Era yo, la que ansiosa, deseosa, le bajé los calzoncillos. Esos slips, blancos, un poco amarillentos. Algo asquerosos. En ese momento, eso, me daba igual.

    Fui yo la que, como loca, empezó a chupar ese miembro ajado, con vello blanco. Bueno, más que chuparlo, lo devoraba. Como si no existiera nada más en el Mundo.

    –Joder, vas a conseguir que me corra –Dijo Pepe, entre dientes.

    Normalmente, le habría mirado a los ojos, disfrutando de la expresión de su cara. Pero no quería que nada me distrajera. Es más, aumenté, si es que era posible, la velocidad de la mamada.

    Os juro que nunca, ni a mi marido ni, antes, a ninguno de mis ex, se la había chupado de esa manera. Por momentos parecía que mi cuello se iba a dislocar.

    Mi boca engullía el miembro de Pepe por completo y lo volvía a sacar por completo y todo ello, a una velocidad de vértigo. Mi frente rozaba la barriga, ya sudada pese a lo temprano del día, de Pepe.

    Para mi desgracia, no pasaron ni dos o tres minutos, cuando, entre gruñidos, escuché la voz de Pepe:

    –Joder… que me corrooo.

    Al terminar de decirlo, su manaza se posó en mi nuca, apretando. Aplastándome contra él.

    Al igual que la noche anterior, una cantidad ingente de semen emanó de aquel volcán, directamente, en el interior de mi cavidad bucal.

    –Trágalo zorra. No quiero ver ni una puta gota en el suelo o en mi rabo.

    La situación, el tono duro, mandón de Pepe, me provocaron un orgasmo. Sí, un orgasmo. Justo, mientras mi garganta, de nuevo, tragaba toda esa leche.

    –Bien, puta. Ahora, ve a cambiarte para ir al trabajo. Pero antes… –Hizo una pausa. Pepe, se levantó de la silla de sky blanco, dirigiéndose a la nevera. A mi nevera.

    Pensé que iría a sacar algo. No sé. Más leche. Quizás una cerveza. Yo, me había incorporado, de pie. Desde donde estaba, al lado de la mesa pude ver como Pepe cogió un rotulador de esos de pizarra que tengo junto a una pequeña pizarrita con imán en la puerta de la nevera y me lo dio.

    –Escríbeme aquí –señaló la pizarrita– tu número de móvil. Luego, ya te puedes vestir.

    Al terminar de decir eso, pasó por mi lado. Sin mirarme, me dio una palmada en el culo.

    Se sentó y se metió el cigarro apagado en la boca.

    Le miré a los ojos, pero él estaba absorto, como si pasara de mí.

    Dudé un poco. Mi número de móvil.

    –Pe… pero. ¿Mi móvil? Es muy íntimo y si me llamas cuando… –Quise continuar, pero Pepe, me interrumpió.

    –¿Tu intimidad? –rio– Ya me la vendiste anoche, en la disco. Escríbelo –Me dijo, muy serio. Mandón.

    Se lo escribí. Le miré a los ojos. Pero de nuevo, me ignoraba. Esa manera de tratarme… mi sexo, comenzaba a humedecerse.

    Salí de la cocina. En mi habitación, nerviosa, no sabía qué hacer. Me había duchado la noche anterior, no me apetecía volver a hacerlo. Así que busqué algo de ropa. Formal, seria. Como siempre. Me metí en el baño. Me miré en el espejo. No sé por qué, saqué mi lengua, frente al espejo. Supongo que buscaba restos de semen, como si mis compañeros fueran a examinarme ahí. Evidentemente, no quedaba ni rastro de la huella de Pepe en mi boca o en mi lengua.

    Casi no me doy cuenta del ruido de la puerta de mi casa, al cerrarse.

    Suspiré. Pepe, se había marchado.

    Me peiné y me maquillé. Lo justo, como siempre. Me puse unas sandalias de poco tacón que, junto a unos jeans y una blusa violeta componían mi atuendo. Mientras me vestía pude ver como la caja de preservativos que había comprado el día anterior, ya no estaba.

    El atuendo de la seria administrativa. De la madre y esposa perfecta. Pero en ese momento, de la puta. De la puta de un viejo de 67 años.

    Pensaba en ello, mientras cerraba la puerta de casa.

    Al bajar por el ascensor, me encontré con una de mis vecinas que bajaba a pasear al perro. Nos saludamos, de forma cortés, mientras el ascensor seguía su camino. Era mi vecina del piso de abajo. Por un momento, tuve miedo. Miedo de que hubiera escuchado algo la noche anterior. Pero no. Por si acaso, inicié una conversación acerca del tiempo, del calor que hacía en esa época del año. Una conversación tonta. Banal. Pero suficiente. Por fin, la campanita anunciando que habíamos llegado a la planta baja me sacó de mis pensamientos. La vecina y su perro abandonaron el ascensor y yo seguí hasta el garaje.

    En el trabajo, trataba de concentrarme. Pero era imposible. Mi móvil, que normalmente, lo dejo en el bolso, lo había puesto en una esquina de la mesa y, de tanto en tanto, lo miraba.

    El tiempo pasaba, la mañana transcurría y nada. De repente, cuando menos lo esperaba, mi móvil atronó en el vacío despacho de administración. Al oír su melodía, casi doy un salto de la silla. Aparté la vista de unas facturas que tenía que registrar y miré la pantallita del móvil.

    Toda la emoción, toda la lívido, se cayó al suelo. Era mi marido quien llamaba.

    Con voz de haberse levantado hacía poco (es lo que tiene estar de vacaciones en el pueblo) me preguntaba como lo había pasado el día anterior y, en general, como estaban siendo mis días en la gran ciudad.

    Al principio, nerviosa, mi voz y mis respuestas sonaron frías. Evasivas. A la defensiva. Poco a poco me fui serenando, siendo capaz de tener una charla emotiva en la que expresaba mi tedio y aburrimiento y en la que confesaba que pasaba el tiempo en el centro comercial mirando escaparates, lo que, por supuesto, era una gran mentira.

    No solo me había portado como una vulgar ramera y me había dejado penetrar, incluso, analmente, por un desconocido. Además, estaba mintiendo descaradamente a mi marido. Y lo mejor de todo, es que no sentía remordimiento alguno.

    Hasta yo misma me asusté cuando esbozaba una sonrisa mientras le contaba a mi marido el tiempo que había pasado mirando escaparates en el centro comercial y tomando un café. Sola, por supuesto.

    La conversación duró unos 10 minutos más o menos. En los que, además de lo anterior, mi marido me hizo un pormenorizado detalle de las actividades que habían llevado a cabo en el pueblo. Vamos, lo de siempre.

    Después de colgar, volví a concentrarme en el trabajo.

    Mi móvil, volvió a sonar. Pero esta vez, no era una llamada. Si no un mensaje. De WhatsApp. De un número desconocido.

    Al verlo, os juro que casi me caigo de la silla.

    Era Pepe.

    Reproduzco, a continuación, nuestra conversación, a través de mensajes:

    –Hola, ¿Puedes hablar? –Era el primer mensaje, precavido, de Pepe.

    –Sí, estoy en la oficina –Respondí, con una leve sonrisa.

    –¿A qué hora terminas? –Me preguntó Pepe, seco, como casi siempre.

    –A las 14. Horario de verano –Por momentos, estuve tentada de contarle algo más. De hacerle partícipe de mis pensamientos, de mis sentimientos. Pero Pepe, no era de largas charlas. Lo siguiente que leí, me dejó helada.

    –Cuando termines, ven a mi casa

    –¿A tu casa? –Le respondí, algo sorprendida. La verdad es que no me lo esperaba.

    –Sí, joder, no me hagas repetir las cosas. –Me contestó Pepe, añadiendo el emoji de enfado.

    –Sí, sí, perdón, don José –Dije. Mientras escribía, mi mano, temblaba, tuve que borrar varias veces el texto, porque mis dedos, temblorosos, pulsaban letras distintas.

    –Ah, y una cosa –Añadió Pepe.

    –¿Sí? –Le dije ansiosa. Pasaron unos cuantos segundos en los que Pepe, no escribió nada. Yo me quería morir. De nervios, de excitación.

    –Cuando vengas, quiero que lo hagas vistiendo algo sexy –Esta vez, el emoji era el del guiño.

    –Estoy en la oficina, llevo unos vaqueros y una blusa violeta. Bastante formal, y…

    –Búscate la vida. Eres una puta. Mi puta. Y si te digo que vengas vestida con algo sexy, lo haces y punto.

    –Pe… pero…

    Pepe, ya no escribió más. Solo me pasó la ubicación.

    El resto de la mañana, no pude centrarme en mi trabajo. Mi mente, estaba ocupada en ver cómo me las podía arreglar para satisfacer las demandas de Pepe.

    Esa misma mañana, había mentido a mi marido, estaba dispuesta a cumplir los deseos de un viejo asqueroso que, la noche anterior, me había follado en mi casa como si yo fuera una fulana. Y lo peor de todo, es que me encantaba.

    Pepe me había pedido llevar algo sexy. Necesitaba comprar algo. Así que me puse a buscar sitios, cercanos a la ubicación que me había dado Pepe, donde comprar algo.

    Pepe vivía en el extrarradio de la ciudad. No había cerca ningún centro comercial grande. Había tiendas de barrio, pero ninguna “interesante”. El centro comercial más próximo no quedaba muy cerca. No era muy grande y además, me tenía que desviar un poco, tomar la circunvalación.

    Mierda. Necesitaba tiempo. Como era verano y no hay mucho movimiento, decidí salir un poco antes de la hora de cierre. Así, ganaba algo de tiempo.

    En el coche, conduje nerviosa. Para mi sorpresa, no había mucho tráfico, aun así, me equivoqué un par de veces de salida en la circunvalación.

    Cuando por fin aparqué en el pequeño parking en superficie del centro comercial (no me gusta aparcar en los subterráneos) eran las 14:05. A esa hora, muchos comercios cierran o hacen una pausa para comer.

    Nerviosa, entré al centro comercial. Al ser verano, haber poca gente y la hora, muchos comercios tenían echadas las persianas. De hecho, solo había una tienda de lencería que estaba cerrada.

    Maldición. Qué podía hacer.

    Nerviosa, caminé un poco más por el centro comercial, sin rumbo fijo. Mirando aquí y allá. Parecía un boxeador noqueado que se tambalea en el ring.

    De repente, una tienda aún abierta. Era una tienda de bikinis. Tenían algo de lencería, pero bastante convencional.

    Una dependienta, atenta al ordenador, me dijo que estaba a punto de echar el cierre. A regañadientes, me dejó entrar. Me dijo que tenía 1 minuto y cerraba.

    Rápidamente, descarté la lencería. Demasiado convencional y nada sexy. El tiempo se me terminaba. Me fui donde estaban los bikinis. La chica llamó mi atención. Tenía que irme. Pero antes, cogí el primer bikini que llamó mi atención. Un bikini color turquesa. Lo cogí más por el color, que me “llamó” que por la forma o tamaño del bikini en sí. De hecho, no me había fijado ni en como era. Solo, en el color.

    Se lo entregué a la chica que me cobró 12, 99, no sin antes dirigirme una mirada entre enfado y algo de curiosidad. En ese momento, no entendí la razón. Le pedí una bolsita para guardar el bikini.

    Quería habérmelo llevado puesto. Pero la chica estaba ya cerrando.

    Mi última oportunidad era acudir a los baños del centro comercial.

    No conocía muy bien ese centro comercial, pero, por la señalética de este, logré encontrar el baño de la planta.

    El centro comercial languidecía a esa hora, no había nadie y cuando entré al baño de señoras, no había nadie en él.

    Respiré algo más tranquila. Había conseguido comprar algo. Un bikini. No sabía si era lo suficientemente sexy o no. Había conseguido entra al baño y me lo iba a probar. Sí, seguro que el bikini no estaba mal.

    Cuando saqué el bikini de la bolsa, casi me da un vuelco el corazón.

    En la parte superior del bikini, apenas había dos pequeños triangulitos dispuestos para tapar los pezones. De los vértices inferiores del triángulo salían unas pequeñísimas tiras que se unían a la que cogía ambos triángulos y se cerraban en la espalda. De cada uno de los vértices superiores salía una tira cuyo objetivo era cerrarse en torno al cuello.

    La braguita, no era menos. Apenas un triángulo (algo más grande que los que cubrían mis pezones) pero que apenas ocultaba mi pubis, en la parte delantera de la que salían dos nudos (a ambos lados de la cintura). La parte trasera era un minúsculo triángulo que quedaba por encima de mi culo.

    Como estaba encerrada en el cubículo del baño, no podía contemplarme en el espejo, Así que me hice varias fotos con el móvil.

    No estaba segura si alguna puta usa bikini como uniforme de trabajo, pero si alguna lo hace, debería parecerse a lo que yo misma estaba contemplando en las fotos de mi móvil.

    Pensé en mandarle las fotos a Pepe. Pero no quería dejar huellas en el móvil. Además, quería sorprenderle. Demostrarle que, sí, que yo lo era. una puta. Su puta.

    Caminé rápido hacia mi coche con mi ropa interior en la bolsita de la tienda, mi bikini bajo mi ropa.

    Conduje, esta vez sin equivocaciones, hasta la dirección que me había dado Pepe.

    Esta vez me costó encontrar aparcamiento. Supuse que la gente que vive en los arrabales no tiene tan fácil lo de irse de vacaciones.

    Cogí aire y llamé al timbre del patio. Pepe, me abrió sin preguntarme quien era.

    Cuando llegué a su puerta, la vi entreabierta. Empujé un poco y cerré. Me extrañó que Pepe no viniera a “recibirme”.

    Entré al salón y vi a Pepe. Sentado en un sofá, viendo un absurdo programa de televisión. Alrededor, había varios ceniceros con colillas, ropa tirada por el suelo, restos de comida en platos.

    –Te dije que vinieras sexy. Y no lo has hecho –Me dijo Pepe, interrumpiendo mi interrogadora mirada al salón de su casa.

    –Bueno, igual llevo ropita sexy debajo –Le dije, juguetona.

    –Pues quítate la ropa –Y volvió a fijar su mirada en la tele.

    El mensaje estaba claro. Me quite los jeans y la blusa malva que llevaba. Incluso, me descalcé, pese a que el suelo daba un poco de asco.

    En ese bikini turquesa me veía genial.

    –Joder!!! –Me dijo Pepe, al girarse.

    –¿Has visto como sí iba sexy? –Le dije, respondiéndole, aún más juguetona que antes.

    –Acércate –Me dijo, ahora sí, mirándome fijamente.

    Me acerqué a él. Pensaba que se lanzaría a devorarme. Pero no. Miraba. Solo miraba. Desnudándome (más aún) con los ojos. Con esa mirada de sátiro vicioso que tanto me ponía.

    –Date la vuelta –Me dijo, después de unos segundos.

    Me giré, permitiendo que disfrutara de una buena vista de mi culo.

    Sentía como mi corazón se me aceleraba. Escuchaba mi propia respiración. Acelerada, excitada. Y eso que la tarde, solo acababa de comenzar.

    –Mírame –Me dijo de nuevo.

    De nuevo, me volví hacia él. Esta vez, me agarró del culo, acercándome, aún más a él. Podía oler su aliento a tabaco. Ver esos pocos dientes que le quedaban. El sudor, en su cabeza. Y sus manos. En mi culo.

    Se levantó, dándome un azote. Me miró, muy serio.

    –No está mal. Nada mal. ¿Sabes qué vamos a hacer ahora? –Me dijo, con una sonrisa maliciosa.

    –Soy toda oídos –Le dije, como pude. Las palabras salían de mi boca sin pasar por mi cerebro. La excitación no me permitía adueñarme de mis pensamientos.

    –Bien, puta, ven

    Pepe, comenzó a caminar parándose, en el pasillo. Le seguí. Me pare frente a él, dedicándole mi más dulce y mejor sonrisa.

    –Apóyate contra la pared –Me dijo, muy serio.

    No entendía nada. ¿Contra la pared?, ¿Para qué? Iba a decir algo, pero me interrumpió.

    –Te he dicho contra la pared. No me hagas perder mi tiempo.

    Si os ha gustado, decídmelo y pondré la siguiente parte.

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  • Te tengo miedo, pero también te tengo ganas (3)

    Te tengo miedo, pero también te tengo ganas (3)

    El tiempo transcurre sin mayores dificultades debo admitir que nunca pensé en vivir algo así a pesar de vivir en una pocilga de un barrio de mala muerte me considero una mujer normal, no soy ninfómana ni celosa, mucho menos problemática, morbosa o tóxica, mi esposo me busca y yo le correspondo como normalmente pasa en nuestra relación.

    Sin embargo, después de haber estado con el dragón y haber sido estrenada en la boca y ano, como que las cosas son diferentes, siempre quedo con esa sensación de que algo falta y aunado a eso son casi ya tres meses de que no se nada de él, aunque a veces veo a su hermana, no se me hace correcto preguntar ni levantar sospechas en ella o mi hijo.

    –¿a poco no sabe lo del hijo de don Rosendo?

    Sin querer escucho a una señora cuando voy pasando rumbo al mercado del barrio y es que llama poderosamente mi atención porque don Rosendo, el brujo, es el papá del dragón.

    –¿quién? ¿el dragón? Responde otra

    –si pues quien más, otra vez este detenido, pero esta vez por golpear a su mujer

    –cuando no, si él siempre las golpea a las pobrecitas

    –perdón, intervengo, ¿a poco el chavo es casado? –Pregunto ingenuamente

    –¿A poco no sabias? Si tiene como a doce viejas y ocho niños y de ninguno se encarga y cuando se la hacen de emoción termina golpeándolas o golpeando a las familias, nombre, si es bien cabrón el hijo de la chingada.

    En pleno chisme descubro algunas o la mayoría de sus delitos o fechorías, incluso que se llama José pero que no le gusta que lo llamen así porque el nombre se lo puso su mamá la cual lo abandonó cuando estaba pequeño por irse con otro y que le pusieron dragón por sus tatuajes y por ser el líder de la bandita de maleantes de varias colonias.

    –Toda una fichita, dicen una y otra vez

    No sé que decir, ahora estoy mas intrigada, una y otra vez me repito que estuvo mal el haber propiciado lo nuestro, que me costaba ignorarlo o repudiarlo, incluso pienso que es mejor que esté en la cárcel, así todos estamos tranquilos.

    Pasa el tiempo y ahora la pregunta es ¿pensará en mí?

    –¿A ver si entendí quieres que vaya a ver a tu hermano a la cárcel porque tu papá esta fichado? ¿y por qué yo?

    Le recrimino a la novia de mi hijo quien me dice que ya casi es medio año y no saben nada de su hermano.

    –Si, pero ¿por qué yo?

    –Ándale mamá haznos el paro, me suplica mi hijo

    –Está bien, respondo de mala gana

    Me visto con mis clásicos pantalones de mezclilla ajustados, mi blusita blanca de manga larga y una chaqueta gruesa de color negro, pues hace frio, con mis clásicos tenis blancos de a diario, en fin sin nada existente que diera paso al morbo,

    Tomo lo que me pide que le lleve y me dirijo a la cárcel.

    Al llegar, me revisan a la entrada y luego me permiten entrar, no sin antes prohibirme el abrigo y el brasier ya que están prohibidos, haciendo que les rentara una camiseta moradita ya usada y mal oliente.

    –Vengo a ver a José Pérez, le digo al guardia que me recibe

    –Pase, celda 18 me dice malhumorado

    El tiempo se hace eterno entre murmullos, gritos, conversaciones y malos olores de repente aparece, con el torso descubierto, viene golpeado sangrando de la cabeza y de la nariz, sus tatuajes cubiertos de sangre lo hacen ver mas amenazador.

    –¿Qué hace aquí señora? Me dice entre molesto y sarcástico

    Mi instinto materno quiere abrazarlo, limpiarle las heridas, pero me contengo pensando en que soy la mujer no su madre.

    –Tu hermana te envía estas cosas

    –¿Mi hermana? o ¿usted quería verme?

    No sé qué decir, se acerca sacándose la verga del pantalón, me la muestra, la empieza a masturbar frente a mí.

    –¿se acuerda de ella? No me diga que no se acuerda

    Algunos se empiezan a asomar por entre las rejas, de repente entra uno, me parece reconocerlo, empiezan a hacerse de palabras, José con toda la saña del mundo empieza a golpearlo así con la verga de fuera lo patea, lo golpea sin piedad, yo no sé qué hacer, si gritar o echarme a correr, solo admiro la situación.

    Después de un rato, mi defensor sale limpiándose el rostro sin voltear a verme, ahora de nuevo se pone de frente cerrando la puerta violentamente comienza a masturbarse, comienzo a sentir miedo, el sin decir palabra se va acercando poco a poco, algo nerviosa me siento en la única silla que hay, el se para frente a mí, su verga ya está completamente parada, desafiante, esperando por las caricias que iba a recibir.

    A cualquier mujer le parecería una pesadilla, nadie hace nada, solo observan.

    –¡Apriétemela! Obedezco

    –Perfecto, ah, así me gusta, ah

    –No se aguante más señora ¡chúpemela!

    Me ordena mientras baja sorpresivamente sus manos y aprieta mis pechos por encima de la camiseta.

    –Sus tetas me fascinan, ah, son tetas de vaca en celo

    Toma mi cabeza con sus manos y la empuja hacia su tieso pene, mis manos se quedan en la base de su miembro, instintivamente abro la boca y bruscamente me mete su verga, sin saber porque colaboro enrollando mi lengua en su monstruo sobándole sus testículos cauterizados.

    Sin ningún pudor mamo su curtido pene, saboreándolo, nunca tuve ni tendré algo parecido en mi boca, me la saco de la garganta y le paso mi lengua desde el borde del escroto hasta la punta, viendo a los ojos a mi violento amante, y luego, de golpe, me la trago como digna hembra en celo.

    –¡Ah, señora, que rico!

    Me dice visiblemente satisfecho, los reos y policías que nos observan ríen y echan apuestas, yo solo soy una hembra complaciendo a su hombre, me digo a mi misma, sé que necesito esta espléndida “mazacuata” bien clavada en mí, ya nada me importa, estoy dispuesta a darles un buen espectáculo a nuestros mirones, me la saco de la boca y me froto la cara con ella, quien iba a decir que terminaría como la puta de este bastardo que supo aprovecharse de mí.

    –Se le acabó el veinte señora, me dice mientras se retira metiéndose el pito al pantalón, afuera cobra lo que al parecer es una apuesta.

    –¿Qué? ¿Cómo?

    Salgo furiosa llena de vergüenza limpiando mis lágrimas en medio de las risas de todos en especial la risa burlona del dragón, no sin antes decirle hasta de lo que se iba a morir el hijo de perra.

    –¿si supiste que ya desafanaron al dragón verdad? Me dice mi hijo varias semanas después.

    –¿y a mí que chingados me importa que lo hayan liberado?

    –Digo, porque te mandó a dar las gracias por aquella vez que lo visitaste.

    No me inquieta, pues mi marido aun a pesar de ser un mantenido igual tiene cierta fama y respeto en el barrio.

    –Mira quien vino a visitarnos, me dice mi marido casi con emoción

    –¿Es neta? Le digo mientras observo a José mirándome, lanzándome una sonrisita el muy cabrón.

    –pásale, no le hagas caso le dice mi marido visiblemente borracho

    –Disculpe señora, se emborrachó y lo traje, ¿dónde se lo pongo?

    Fúrica lo dejo pasar con mi marido a cuestas al cual acomoda en el viejo sillón que tenemos.

    –¿Que chingados haces aquí? ¡lárgate!

    Le digo lo mas bajo que puedo pues no quiero despertar al pendejo de mi marido.

    –pues, quiero pedirle perdón doña Silvia

    –¿perdón? ¿de qué? Si ni te conozco, órale, a chingar a tu madre

    Por momentos la situación se pone tensa, discutimos como un par de amantes heridos sin importar que alguien nos escuche, hasta que le propino un par de cachetadas, el no responde, se queda quieto apretando los puños, intuyo que quiere golpearme como a sus mujeres, pero no lo hace solo me mira.

    –¡Lárgate!

    –está bien doña Silvia, le prometo que no la voy a volver a molestar, neta

    Su voz seria me para en seco, no sé qué decir, lo observo despedirse de mi marido y salir.

    –Adiós, me dice colocándose su gorra

    Mi hijo llega y acomodamos a su padre en la cama, él se va a dormir pero yo no puedo hacerlo, por un lado está mi marido roncando como un cerdo y por el otro me digo a mí misma que estuvo bien lo que hice, pero aun así algo me pasa, algo me falta.

    Salgo a caminar, aún hay gente en la calle, camino sin rumbo tratando a arreglar mis ideas, pero inconsciente o conscientemente llego a la casa del brujo, ¿Qué haces aquí chingada madre? Me digo a mí misma, vete a tu casa me ordeno.

    –Buenas noches, señora, me dice don Rosendo, ¿quiere una consulta?

    –no gracias, solo caminaba

    –Ándele, pásele, ahorita voy a hacerle una limpia a la mujer del panadero, pero no me tardo, hey tu, cabrón, pasa a la señora y ofrécele algo

    Le dice a su hijo, quien me mira extrañado, no hacen falta palabras, solo esperamos a que don Rosendo salga para abrazarnos fuertemente, quedamos frente a frente a la luz de la luna, en medio de sus altares y fetiches, mirándonos fijamente a los ojos, me toma la cabeza con ambas manos y me atrae hacia sus labios, nos besamos tomados de las manos con besos largos y pausados.

    Los chasquidos de nuestros besos se escuchan con claridad, las manos del dragón recorren mi maduro y curvilíneo cuerpo, estrujan mis redondos senos, me carga en vilo con sus fuertes brazos, aprisiono su cintura con mis piernas, toma mis caderas sin dejar de besarme, llevándome al cuartucho donde tuvimos nuestro primer encuentro.

    Me coloca suavemente sobre la desvalijada cama sin dejar de besarme, me desnuda lentamente y después él lo hace, se posa sobre mí, me besa, empieza a bajar lentamente, separando mis muslos, hunde su cara en mi sexo, arqueo la espalda al sentir la boca de mi amante en mi vagina, mete un dedo en mi boca y lo chupo con delicia como una bebé golosa, lo muerdo mientras me pellizco los pezones con cada lametón.

    Después de un rato él se tumba a mi lado, dejando ver su erecta herramienta lista, gorda, dura, tiesa, me acerco a él haciendo mi cabello a un lado con mi manita al fin tomo su verga en mis manos, acerco mi boca y le paso la lengua por el glande lamiendo en movimientos lentos, el coloca su mano en mi nuca invitándome a tragármela, obediente la cubro de besos, de lamidas.

    El empieza a metérmela en la boca en empujones lentos, hasta que emprende un frenético mete y saca de mi cavidad bucal, tomo aire con dificultad y el disminuye la velocidad para dejarme respirar y retomar de nuevo, me saca su gruesa boa de la boca varias veces para macanearme los labios, la cara, el pecho.

    –Me gusta doña Silvia, siempre me ha gustado, me gusta como se la come, ha, ha, desde chavito la deseaba

    Detengo mi frenética mamada, me recuesto junto a él tomando su poderosa reata en mi manita, lo masturbo mirándolo a los ojos

    –¿Por qué me hiciste eso? Pasando mi pulgar por su hongo

    –por pendejo, me responde, pensaba que usted era igual que las demás, ¿me perdona?

    –¿Y no soy igual a las demás?

    –No, usted es diferente

    No le digo nada, por toda respuesta sostengo su poderosa verga y la empiezo a devorar con ansias, sobándolo y retorciéndolo en mi boca, enrollando mi lengua en su tronco y sobándole los huevos con fuerza.

    –¡Ah, así, ah

    Me dice sujetándome fuertemente de la cabeza, hasta casi sofocarme con su admirable pedazo de carne que bien estoy saboreando, pudiendo notar sus palpitaciones en las paredes de mis mejillas.

    Me pide que cierre bien la puerta mientas él se sienta en la cama, la luz color violeta y sus altares a la muerte le dan un aspecto electrizante y tenebroso al momento, me siento junto a él en la cama, me toma de la barbilla y acerca sus labios a los míos, nos besamos ruidosamente, a base de chupetones ricos y largos, sus ardientes manos no permanecen ociosas, se dedican a manosearme descaradamente hasta mi última curva, me mete dos dedos en la vagina, estimulándome el clítoris con su voluminoso pulgar.

    –ha, dragón, hum

    Le rodeo el cuello con mis esbeltos brazos, necesito agarrarme de algún lado, mi lujurioso dragón sabe lo que hace y un primer orgasmo es inminente, sólo con sus dedos

    –¡Me vengo! le digo al oído, el acelera el movimiento de sus gruesos dedos, arrancándome un alarido cuando me vengo de forma delirante, José recibe mis jugos sobre su mano derecha y me los unta sobre mis redondos y firmes senos, dejándomelos brillantes y pegajosos.

    Ahora usa su peso para acostarme, quedando él sobre mí, me abre bien las piernas, sujetándomelas, doblándomelas, con mis brazos lo mantengo pegado a mí, y no dejo de besarlo, me introduce su lengua en mi delicada boca.

    Me penetra, mi vagina húmeda recibe su falo grueso y tieso, no le cuesta metérmela toda, ya está acostumbrada a él, empieza a cogerme golpeándome el vientre con el suyo.

    –¡Ah, dragón, quiero ser tu mujer!

    Al parecer lo pone a mil esa última frase, ya que me penetra más fuerte; siento que me parte en dos.

    –¿Neta Silvita ¿quiere ser mi mujer? me pregunta, mientras me cabalga manoseándome mis indefensos pechos

    –¡Si! Quiero ser tu mujer, me encantas mi rey, mi amor, ¡mi todo! Le grito fuera de mi

    Así, excitadísima, soy yo ahora la que cabalgo en contra de sus embestidas aumentando nuestro ritmo y lo hago bien porque pronto le cambia la cara a mi fornicador, me toma de mis caderas, gime al igual que yo, lo tengo en el cielo, y él a mí, los dos nos quejamos muy ruidosamente, le abrazo el cuello y lo atraigo hacia mí, para besarlo con desenfrenada lascivia.

    –¡Oh, José mi amor!, Grito como loca sintiendo mi cuerpo aferrado en sus fuertes y curtidos brazos, estremeciéndome en un orgasmo avasallador y el segundo viene como una marejada cuando mi joven amante quema mi vientre con sus semillas.

    –Ah, si, mi amor, ha, ha, que delicia

    –Pepe, pepe, ¿estas bien?, Pregunta don Rosendo tocando a la puerta.

    –No estés chingando jefe, si estoy bien, contesta haciendo un mega esfuerzo ya que se está viniendo en mi

    Se desprende lentamente de mí, con decisión, me da vuelta colocándome a cuatro en posición de a perrita, se coloca detrás de mi y se acomoda, abro la boca al sentir su cabezota empujando el hoyito de mi culo, presiona con fuerza, pero esta vez al contrario de la anterior me duele, me duele mucho.

    –Auch, gimo lastimosamente

    José la retira y de repente siento algo húmedo y cálido en mi anito, José está obsequiándome una rica comida de ano, me transporta al paraíso, alterna su lengua y dedos para ensanchármelo, así como en las pelis porno, me tiene en la gloria, recuesto mi cabecita en la sucia y roída colcha de la cama, me dedico a gemir y a alabarlo, a decirle cómo lo amo, que soy su hembra y el mi macho.

    Se acomoda otra vez y lo intenta.

    –¡Ah! grito, esta vez, sintiendo avanzar su oruga de ardiente carne en mis entrañas.

    –¡Oh, auch, José, me partes! ¡me revientas!

    –¿Quién le dijo que me llamo José?

    Me gruñe y al parecer lo enerva ya que me aferra de la cintura y me sodomiza sin piedad, me aferra con la mano izquierda y con la derecha mete sus dedos en mi vagina, retorciéndolos adentro, logrando que los bañe con mis jugos, clavo mis uñas donde puedo mientras mi macho me sodomiza sin piedad.

    –Órale cabrón, ¿Qué chingados estás haciendo? Le dice don Rosendo tocando la puerta.

    Visiblemente molesto, se desprende de mi y sale a despedirlo a algún asunto, apenas escuchamos la puerta cerrarse de nuevo me la mete toda, siento estallar mis nalgas, tan separadas las siento la una de la otra, mis jadeos dejan de ser por el dolor y más por el gusto, no tarda en explotar en un manantial de interminable leche tibia que inunda mis entrañas hasta repletarme por completo.

    Quedamos exhaustos, me introduce en las sucias cobijas mientras el hace sus ruegos a cada una de las figuras de la santa muerte que tiene en su cuarto, yo lo miro complacida y poniendo atención a lo que hace observando sus tatuajes, después él se mete a las cobijas y me abraza, entre besos y palabras tiernas que le digo nos quedamos dormidos.

    –¿Doña Silvia? Toc, toc, ¿doña Silvia?

    Ya va a amanecer, dice don Rosendo

    –llévala a su casa, le dice a su hijo, quien me mira y me besa.

    –Si jefe. Le dice mientras nos levantamos decididos a seguir con nuestras vidas.

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