Blog

  • Mi esposa y sus dos amigos

    Mi esposa y sus dos amigos

    Mi esposa Carolina es cinco años menor que yo, ella tiene 30 años. La conocí cuando entró a la facultad en la universidad y yo ya estaba terminando. Nos casamos antes de que ella terminara sus estudios así que tuve que ayudarla para que termine la universidad. Yo trabajaba hasta las 8 pm haciendo horas extras para tener más ingresos, eso no me daba tiempo de ver mucho a mi esposa en los últimos semestres ya que a ella le tocaba horarios en la noche y hacer las pasantías.

    Todo iba bien, pero el último semestre noté que ella empozó a cambiar. Llegaba tarde tipo 10 pm a la casa, decía que se quedaba por los proyectos finales, yo siempre confié en ella ya que desde que la conocí fue muy tranquila y hogareña. Pero algo no me cuadraba, las amigas que se hizo en el último semestre eran muy fiesteras. El cambio fue tan grande que decidí hackear su teléfono. Tenía acceso a todas sus conversaciones de WhatsApp.

    Tenía una amiga en particular, con la cual conversaban, ahí pude ver que llegaba tarde porque se iban a la discoteca, a los karaokes y bares. Esa amiga le inquietaba a que vacile con los compañeros. Ahí incluso decía sus nombres, y le incitaba. Un día en sus conversaciones me enteré que vaciló la noche anterior con Paul, uno de sus compañeros, y al siguiente Erick, otro de sus compañeros. Según su amiga a los dos le gusta mi esposa y a ella también.

    Lo que más me dolió fue enterarme que un viernes salieron temprano y se fueron al departamento de la amiga de mi esposa, y mi esposa se fue con su compañero Paul y tuvieron sexo. Yo no dije nada a mi esposa, quería saber hasta dónde era capaz de llegar. Algo que sin duda me dio cierto orgullo fue que mi esposa le dijo que no fue la gran cosa, que fue mucho alarde de su compañero y que su esposo (Yo) la tenía más grande y lo hacía mejor.

    Dos semanas después de ese engaño, tenían la visita de campo final del semestre. Se iban a una ciudad en la costa. Por los mensajes de su amiga, iban con la intención de tener relaciones, esta amiga con otro compañero y mi esposa con alguno de los dos compañeros que estaban detrás de ella. Enterarme de eso me llenó de ira, que cuando teníamos relaciones le daba con más ganas a mi esposa, en el anal le metía la verga hasta el fondo, hasta oír sus gemidos y ver como se retorcía cuando le ensartaba mi verga en su culo.

    Se iban dos días y una noche a la visita de campo, el día todo fue normal, mi esposa me mandaba fotos y decía lo que hacían, pero claro, con su amiga estaban planeando a donde ir en la noche. Mi esposa a eso de las 10 ya se despidió porque se iban a dormir, pero en el chat con su amiga estaban listas para salir a la discoteca con sus amigos. No fue hasta media noche que la amiga de mi esposa le escribe para decirle que se vaya tranquila, que ella se va a un hotel con uno de sus compañeros. Mi esposa le responde que está con sus dos compañeros con los que había vacilado, pero que no se decidía con cual terminar la noche. A lo que mi amiga le dice que se vaya con los dos, a ver qué pasa.

    A la mañana siguiente se vuelven a escribir para ir a desayunar y contarse cómo les fue la noche anterior. Me quedé sin más noticias de qué hizo mi esposa esa noche. No fue hasta que volvió a la casa cuando mi esposa empezó a escribir con uno de sus amigos, habían hablado antes y mi esposa le insistía que no estaba borracha, que sabía que habían grabado todo. Hablaban de un video. Luego de la insistencia de mi esposa este compañero Paul le pasó un link hacia un video, por suerte lo descargue para verlo cuando mi esposa se haya dormido. Ella le decía a su amigo que borre todo, que eso no puede pasar a nadie.

    En la noche empecé a ver el video, tenía como 40 minutos de duración. Supuestamente prendían la linterna del teléfono, pero era el video lo que ponían. Al donde se veía a los tres sentados en el piso, con botellas de cerveza y platicando, cuando mi esposa se besa con Paul, y luego con Erick, empiezan las risas de que quien la tiene más grande, así mi esposa les dice que no se los dirá. Fue ahí que me enteré que había tenido relaciones con Erick, pero eso incluso ni a su amiga le contó, o quizá fue de hace mucho tiempo antes de que hackeara su teléfono.

    Entre besos se fue fueron desvistiendo, mi esposa indecisa si seguir o no trató de parar, pero uno la abrazó por detrás mientras el otro la besaba de frente, Erick que estaba detrás le bajó el cierre del vestido, dejando a mi esposa solo en brasier y tanga. Fue cuando Paul que estaba en frente bajó su brasier y comenzó a besar las tetas de mi esposa, que se notaban más grandes y duras. Mientras Erick bajaba su tanga y le apretaba las nalgas.

    En poco mi esposa estaba desnuda. Fue cuando los dos compañeros se pusieron de frente a ella y sacaron sus vergas. Preguntándole a mi esposa que cual era más grande. La de Erick se veía más grande, y mi esposa lo dijo así. Me causó algo de morbo que en ese momento ella mencionara que la de su esposo era más grande entre los tres. En ese momento más que ira tenía más curiosidad de hasta dónde llegó mi esposa y el morbo de verla con otros hombres.

    Con las dos vergas de frente, ella comenzó a chuparlas, como estaba casi borracha se veía los movimientos torpes al tratar de chupar de lado a lado las dos vergas. Fue cuando Paul la tomó de la cintura y la puso en cuatro cobre la cama. Se la dejó ir mientras Erick se acomodaba en la cama para dejar su verga en la cara de mi esposa. Empezó el bombeo y mi esposa con la verga en la boca, gemía de placer. Cuando iba a gritar aprovechaba para meterse la verga de Erick y gritar con la boca llena. Luego intercambiaron lugares. Se veía que con la verga de Erick disfrutaba más, casi no se metía la verga de Paul en la boca porque gemía más de placer. Al parecer estos dos compañeros ya tenían planeado esto, ya que luego acomodaron a mi esposa para tratar de penetrarla entre los dos al mismo tiempo.

    Mi esposa sabiendo sus intenciones mandó a Paul por detrás, le dijo que su verga era más pequeña. No fue la primera vez que mi esposa tenía una doble penetración, ya lo hacíamos seguido, yo con mi verga en su culo y un juguete en su panocha. Claro que como mi verga es más grande, ese culito estaba más que abierto. Lo que mi esposa seguro quería experimentar era tener dos hombres, no solo una verga y un juguete.

    Fue mucho para esos dos chicos, al poco tiempo se vinieron, noté la expresión de que le faltó a mi esposa. Su cara no mentía. Ver eso me dejaba tranquilo, pero encendió en mí el morbo de verla nuevamente, así que repetí el video para ver cómo mi esposa era penetrada por sus dos compañeros. Ver cómo su culito se abría. Y el final que de cierto modo me dejaba tranquilo.

    Luego de eso ya salió de la universidad mi esposa, vi que sus compañeros le escribían para verse pero ella les decía que no tenía escusas para salir, y claro, esos días que veía eso era cuando con más ganas le daba por su ano, como reafirmando que no le hace falta nada que buscar afuera. Más sin embargo yo sí me doy mis escapadas y mis vaciles. Justo ahora estoy tirando las redes a ver si concreto con una sobrina suya que está cada vez más buena. Espero concretar y compartir el encuentro.

    Loading

  • Sorpresa en el trabajo

    Sorpresa en el trabajo

    Trabajo resguardando unas canchas de futbol sala y de pádel, y ese domingo estaba lloviendo, y aunque la mayoría de las canchas tienen techo, no había ningún usuario, los dos muchachos de la cantina y de la oficina se agarraron una cancha de pádel para jugar ellos, y yo me fui al sanitario a orinar.

    Al entrar al baño, vi el material de limpieza, pero no vi a más nadie, entré hasta el fondo a usar el último urinario, ya estaba terminando cuando sentí a mi lado izquierdo que alguien estaba mirándome, no presté atención hasta que escuché –”muy bonito, ¿no ves que estoy limpiando el baño?– era la señora Keli, que al entrar estaba metida en el cuarto de ducha y por eso no la vi.

    –Disculpe señora Keli, no sabía que estaba aquí. –le dije aun con mi pene en la mano, el cual ella veía y no hice ningún esfuerzo por cubrirlo. Para mi sorpresa, ella se me acercó y me preguntó –”¿por qué te sale tan poquito?”– y yo le dije que es porque ya tengo rato orinando.

    Al yo terminar de orinar con ella a un lado mirando descaradamente, tal vez intimidándome un poco, me dijo –”yo quiero ayudarte, porque parece que tuvieras algo trabado ahí que no te permite orinar”– lo dijo a tan baja voz y tan dulce, que sentí como se abría una puerta efectiva a una pequeña aventura. Me agarró por un brazo y me dijo “ven”, y nos metimos en el cuarto de la ducha, al que ella le cerró la puerta por dentro con seguro.

    –”A ver” –dijo agarrándome el pene y acariciándolo suavemente, se me erectó rápidamente y me dijo –”sácatelo más”– y me desabroché la correa y el pantalón y ella misma a la vez que se agachaba me bajó el pantalón hasta las rodillas y comenzó a masturbarme lentamente, y me decía –”ya vas a ver como te saco eso que no te deja orinar bien”– y me metió una mano entre las piernas agarrándome los testículos y masajeándolos suavemente al mismo tiempo que me masturbaba.

    Yo estaba muy emocionado, porque esa mujer siempre me miraba con malos ojos y a penas me devolvía el saludo cuando me veía, además el lugar, la hora, la posibilidad de que alguien entrara al baño, todo eso me tenía muy excitado.

    Me miraba y miraba mi pene, una y otra vez, y me preguntó –¿quieres acabar?– le respondí que sí, que me hiciera acabar, y sin dejar de mirarme a la cara, me pasó la lengua por el glande como si fuera un helado, varias veces, primero suavemente y luego más fuerte y rápido, hasta que me hizo temblar al mover la lengua muy rápidamente y con la punta haciendo contacto con mi glande, sentí un cosquilleo impresionante, hasta que se metió el glande en la boca y lo chupó muy fuertemente, y con mi glande dentro de su boca volvió a hacerme temblar por como lo trató con su lengua.

    Se lo sacó y me pasó la lengua desde los testículos hasta el glande, varias veces y se introdujo todo mi pene en su boca y comencé a mover mi pelvis cogiéndole literalmente la boca, le agarré la cola que se hizo en el pelo, y le apretaba su cabeza contra mi, ella apoyó su brazo en mi piel y con solo el movimiento de su muñeca me lo pelo bien hasta atrás y así bien estirado me masturbó chupándome el glande con mucha destreza, yo le decía –”que rico”– y ella me dijo –”avísame cuando estés a punto de acabar”.

    Me lo chupó así largo rato hasta que sentí que me venía y se lo dije, lejos de sacárselo, tuvo mucho cuidado de tenerlo dentro de su boca como si no quisiera que se le escapara nada, yo la tenía agarrada por la cabeza con ambas manos y movía mi pelvis con el fin de frotárselo adentro, ella volvió a levantar la mirada y aceleró el ritmo con que me masturbaba y toda mi semen terminó saliendo en cinco abundantes chorros que terminaron dentro de su boca, vi el gesto que hizo al yo eyacular, porque sé que me hizo acabar mucho, fue delicioso.

    Loading

  • El club de la lujuria

    El club de la lujuria

    Pablo era un afamado jurista y socio fundador de El Club de la Lujuria, un club secreto que tenía ramificaciones por toda España y cuyo lema era: “La medida de la lujuria es la lujuria sin medida”. Los siete abogados de su bufete, siete treintañeros se unieran al club antes de casarse… Uno a uno se fueran casando sabiendo que sus futuras esposas tenían que formar parte del club y para eso debían iniciarse, una iniciación muy peculiar, de masturbación… Mejor os lo cuento. La primera novia se tuvo que masturbar encima de una mesa sobre la que había una colchoneta fina y un cojín que hacía de almohada mientras los ocho la miraban. Después de correrse fue bautizada con leche y después follada por los ocho. A medida que el club fue creciendo follaban a la novia ellas y ellos.

    El afamado jurista fue el último en casarse. A los sesenta años había encontrado su media naranja, una viuda de 50 años, morena, de estatura mediana, rellena, con buenas tetas, buen culo… Con un buen polvo.

    Cenando en un restaurante, a media luz y con música romántica de fondo le dijo:

    -Me gustaría que fueses mi esposa, pero antes te tengo que contar algo.

    Adela trinchando una langosta, sonrió, lo miró y en broma le dijo:

    -¿Mataste a alguien, Pablo?

    -Lo que te voy a decir no es ninguna broma, es algo muy serio y no debe saberlo nadie.

    -Me has intrigado, cuenta.

    Le contó lo de del club y lo de la iniciación. Adela después de escucharlo atentamente limpió la boca con una servilleta, y le dijo:

    -Sois un grupo de degenerados. Sabes que estudié en un colegio de monjas.

    -De eso hace más de treinta años, Adela.

    -¿Y qué? Jamás haría algo tan obsceno.

    -Mujer, obsceno, lujurioso es la palabra adecuada

    -Mira, Pablo, lo de follar con ellas y con ellos, a pesar de ser obsceno aún lo podría entender, pero masturbarse delante de todos. ¿A qué diablos viene eso?

    -Es un acto de sumisión.

    -¿Sumisión? Soy feminista, y lo sabes.

    -¿Y no te masturbas?

    -En la intimidad. Elige, tu club o yo.

    -Dame un tiempo para pensarlo.

    -Eso significa que no me quieres lo suficiente.

    -Te quiero más de lo que te puedas imaginar.

    Siguieron comiendo en silencio. Adela se mandó tres vasos de albariño en un espacio muy corto de tiempo y le volvió el habla.

    -¿Follaste con las siete?

    -Sí.

    -¿Y con ellos?

    -Solo en las orgías.

    -¿Eres bisexual?

    -¿Tú no?

    Pablo le hizo señas al camarero para que trajese otra botella de vino.

    -No estamos hablando de mí.

    -Eso quiere decir que algún coño comiste.

    -Aunque así fuera no es lo mismo.

    -¿Quién fue? Cuéntame.

    -No te voy a contar.

    -Sé buena.

    Adela lo complació, pero lo hizo porque llevaba años deseando contarle a alguien cómo fuera su primera corrida con una mujer.

    -Fue hace mucho tiempo con una monjita muy guapa, y solo una vez.

    -¿Por qué mientes?

    -Fueron algunas más. A los abogados no se os escapa una.

    -Dime cómo fue, dame detalles

    -Eres morboso.

    -Mucho, cuenta.

    -Ocurrió porque yo era muy rebelde. Un día que la monjita me estaba reprendiendo en su despacho, para burlarme, le agarré el culo, me apreté a ella, la besé y le metí en la boca la puntita de la lengua. Sentí cómo le temblaban los labios y me mojé, pero más mojada estaba ella, lo supe al agacharme, levantarle el hábito y ver sus bragas blancas. Tenía una macha muy grande de humedad. Me excitó ver lo cachonda que la pusiera. Le bajé las bragas lentamente. Cómo no intentó evitarlo se las bajé hasta los tobillos. Lamí su coño peludo y mojado, una vez, solo una. Las piernas le comenzaron a temblar y se corrió cómo un río. Vi su corrida bajar por sus piernas, el coño me empezó a picar, a abrirse y a cerrarse y también me corrí yo.

    -Si te pilla Rosa no le duras nada. Es una experta comiendo coños

    -No me va a pillar, pero solo por curiosidad. ¿Cuánto dura la iniciación?

    -El tiempo que te llevase correrte al masturbarte y luego el que les lleve a ellas y a nosotros follarte.

    -¿Uno por uno?

    -De dos en dos y con dobles penetraciones. Ellas te harían correr las siete juntas, dos te comerían las tetas, dos te lamerían los pies, dos te comerían la boca y una te comería el coño.

    -¡Qué barbaridad!

    Una semana después…

    La habitación estaba iluminada por las velas de cuatro candelabros y se oía música instrumental lenta. Adela estaba desnuda, con los ojos vendados y encima de una gran mesa con las piernas colgando. Una cadena salía de la argolla que sujetaba una de sus muñecas, pasaba por debajo de la mesa y llegaba a la argolla que sujetaba el otro pulso. A su izquierda, de pie, desnudos y con sus pollas en la mano estaban Luis, Arturo, Germán, Andrés y Braulio, altos, morenos y cachas, Pedro y Alfonso, rubios y cachas y Pablo, flaco y con el pelo cano, sentado en una silla, con los ojos vendados y atado con las manos a la espalda. A su derecha, también de pie y desnudas estaban Andrea, Felisa, Carmen, Dolores, Alba y Marta, todas morenas, con bunas tetas y mejores culos, Rosa al lado de la mesa besó su clítoris. Con una mano magreó sus tetas y las amasó y con dos dedos tiró de sus pezones. Las mujeres hicieron todas lo mismo que le hacía Rosa a Adela. Los hombres las siguieron pelando, después Rosa le metió dos dedos de la mano derecha dentro del coño y con tres dedos de la izquierda acarició el clítoris. Se oyeron las primeras palabras de la noche.

    -¿Gozas, puta? -le preguntó Rosa.

    -Sé quién eres. Me las vas a pagar.

    Los dedos entraron y salieron de su coño a toda hostia, Adela exclamó:

    -¡Ooooh! ¡Cabrona!

    Las mujeres se dieron caña. Pablo sintiendo el ruido de los frotamientos se empalmó y Rosa sabiendo que se estaban masturbando viéndola, se excitaba más y más… Al rato Rosa se llevaba los tres dedos a la boca, los chupaba y volvía a frotar el clítoris con ellos. Rosa comenzó a gemir al sentir gemir a las otras. La polla de Pablo tenía vida propia. Rosa le folló el coño con ganas y con más ganas frotó el clítoris y le preguntó:

    -¿Quieres correrte?

    -Sí.

    -¡No te oí!

    -¡Sí, puta, sí!

    Las ocho mujeres se masturbaban a la misma velocidad que Rosa masturbaba a Adela y fueron cayendo cómo fichas de dominó. La primera en correrse fue Felisa, y tras ella se corrieron las otras. Adela oyendo los gemidos de placer se corrió con ellas.

    -¡Me corro, cabrona, me corro!

    Al acabar de correrse Rosa lamió los jugos de su corrida. Adela supo que si Rosa seguía lamiendo se correría de nuevo y Rosa siguió lamiendo. Adela sintió la cabeza de una polla mojada rozar sus labios, dos bocas comiendo sus tetas y otras dos chupando los dedos de sus pies. Abrió la boca, la cabeza entró en ella y se la mamó. Luis masturbó su polla y en segundos se corrió en su boca. A Luis siguieron Arturo, Germán, Andrés, Braulio, Pedro y Alfonso, Adela se hartó de tragar leche mientras la comían viva. Pablo sentía los gemidos de la que iba a ser su mujer y desesperaba. Marta se sentó sobre su polla empalmada dándole la espalda, Felisa lo besó por encima de la mordaza y no necesitó más, se corrió dentro del coño de Marta. Adela tenía el coño cómo un bebedero de patos. La lengua de Rosa chapoteaba en ella al lamerla. Sintió que se corría. Quiso levantar las manos para coger la cabeza de Rosa, pero las cadenas se lo impidieron. Las mujeres vieron cómo se ponía tensa. Dos apretaron sus tetas y las chuparon cómo queriendo sacar leche, otras dos chuparon lo cinco dedos de cada pie y Rosa lamió a toda mecha, Adela explotó diciendo:

    -¡Diooosss!

    Se corrió temblando y chillado. En su vida sintiera tanto placer, tanto fue el placer que sintió que al acabar de correrse casi no podía respirar. Parecía una perra asmática después de una carrera. Cuando se recuperó les dijo:

    -Hijas de puta, me vais a matar de gusto.

    Pablo le dijo:

    -¿También te secuestraron, cariño?

    Adela no estaba para palabras dulces.

    -No digas gilipolleces, Pablo. No quise por las buenas y lo estás haciendo por las malas. Soltarme ya, coño.

    Pablo se quitó la careta.

    -No jodas, Adela, le dijiste a las que llamas putas que me durmieran y me trajeran aquí.

    Mientras les quitaban las vendas y los soltaban Adela, miró a las mujeres y les dijo:

    -Además de putas, chivatas.

    Ellas sonrieron, Pablo le preguntó:

    -¿Y qué te pareció?

    -¿Pareció? Faltan las dobles penetraciones.

    Faltaban. Pablo les dijo a las mujeres:

    -Prepararla, chicas.

    Alba se agachó delante de Adela y comenzó a lamerle el coño, Felisa se agachó detrás, le abrió las nalgas y le lamió el ojete, Carmen y Dolores se encargaron de una teta cada una y magreando y mamando, Carmen le besaba y le lamía el cuello, Marta y Andrea le comieron la boca, Adela se sentía cómo una diosa adorada por sus sacerdotisas. Viendo cómo Rosa se hacía un dedo en una silla de las muchas que había en la sala y viendo a los hombres masturbándose, le agarró la cabeza a Alba y frotó el coño contra su lengua. Rosa punto de correrse le dijo:

    -¡Córrete conmigo, córrete conmigo!

    Se corrieron cómo dos lobas mirando la una para la otra.

    Antes de las dobles penetraciones, Adela, incorporó algo nuevo, al decirles a las mujeres.

    -Quiero que os corráis todas en mi boca. ¿Quién empieza?

    Dolores le dijo:

    -¡Yo!

    Adela se echó sobre la alfombra. Dolores le puso el coño en la boca, y lo frotó contra su lengua Andrea lo frotó sobre una pierna, Carmen sobre la otra y Felisa frotó su coño contra su teta derecha, Rosa. Alba y Marta se masturbaron para ponerse a punto y darle sus corridas, y se las dieron en la boca, una tras otra, en boca, en la cara y el cuello que quedaron pringados de jugos de todas clases.

    Después de escuchar un rosario de gemidos y ver las caras de gozo de sus mujeres los hombres tenía unos empalmes brutales.

    Andrés la levantó del piso, la cogió en alto en peso y se la clavó hasta las trancas, Braulio que era más bajo que él se la clavó en el culo. Adela rodeando el cuello de Andrés con sus brazos, exclamó:

    -¡Me encanta!

    Más le encantaba a ellos, que la follaron cómo leones y se corrieron cómo pajaritos. Con la leche saliendo de su coño Andrés se la pasó a Luis. La follaron Luis y Arturo, Luis se la pasó a Germán, Germán le folló el coño y Pedro en el culo, Germán se la pasó a Pablo. La follaron Pablo y Alfonso. Al follar con su marido después de follar con los otros y mientras le daban por el culo, sintió tal morbo que se corrió cómo una fuente, diciendo:

    -¡Te quiero, Pablo!

    Adela ya era un miembro más del Club de la lujuria.

    Ahora dime tú, sí, tú, la que está leyendo esto. ¿Te gustaría haber sido Adela? Es simple curiosidad.

    Puedes comentar en privado en el correo… [email protected]

    Quique.

    Loading

  • Maricela, la madura

    Maricela, la madura

    Ya les platiqué de Maricela la madura sexy que me cogí, pues aquí les traigo un nuevo encuentro sexual con ella.

    Habían pasado unos meses desde que me la comí, nos escribíamos muy seguido.

    Honestamente no pensé que eso se repitiera ya que con lo del pleito con Ivette y su distanciamiento creí que esa noche sería la única que pase con ella, pero algo ocurrió.

    Ella se ponía celosa y me reclamaba cuando me veía con Ivette y con Estela, de hecho, Estela le contó lo que pasó entre nosotros y más me reclamaba, que como seguía saliendo con ellas y a ella solo la utilicé, yo aprovechaba eso ya que le sacaba fotos de su rico cuerpo.

    Y es que, a pesar de ser tan odiosa, era muy mensa y caía en mis juegos, así que ella me invitó a su departamento a cenar, así que acepté.

    Al llegar su puerta estaba abierta y me dijo que pasara, yo entré y de inmediato ella me dijo que entrara a su cuarto al entrar vaya sorpresita, ella estaba acostada con una lencería negra muy excitante.

    M: ¡Ven aquí papi! te estaba esperando.

    T: ¡Guau!! Oye pero que pasa aquí porque esta así??

    M: ¿No te gusta? porque puedo quitarme lo que traigo si quieres!

    T: Claro que me gusta, ¡pero no pensé que sería tan rápido esto!

    M: ¡Pues ya te estas tardando papi!

    Sin decir más me lancé sobre ella, comencé a besarla salvajemente mientras le acariciaba sus piernas, le mordía los labios y su cuello.

    Ella me mordía a mí, mientras poco a poco me fui quitando la ropa, los besos eran muy intensos, comencé a jugar con sus pechos duritos y firmes, los apretaba suave y luego duro, jugaba con sus pezones mientras ella me acariciaba el pene.

    Maricela andaba muy caliente, no sé por qué, pero que fortuna sentía el ser el elegido para desahogarla.

    Yo seguí dándome gusto con sus pechos, se los comencé a chupar, lamía los pechos que sabían rico y mordía suave sus pezones.

    T: ¡Que tetas!!

    M: Si, pruébalas toditas.

    Ella gemía y me acariciaba con sus pies, yo seguía comiéndome sus tetas mientras mi mano llegaba a su jugosa vagina.

    Comencé a bajar mi lengua por en medio de sus pechos hasta llegar a su pelvis, la cual se estremecía cada vez que mi lengua la rozaba.

    Le quité la tanga y comencé a comer de su tesoro, ella se convulsionaba de placer, tenía su conchita rasurada así que se sentía suave, comencé a jugar con su clítoris y mientras le metía un dedo con mi lengua la hacía seguir gimiendo de placer.

    M: ¡Dios!!! ¡Qué rico, uhm!!

    T: Que hermosa concha, ¡sabe delicioso!

    Después de juguetear un rato con su jugosa vagina y lograr que tuviera un orgasmo, me puse de pie ya que era su turno.

    Pese a que ella es de alta sociedad, eso no le quitaba lo puta y ramera que es, ella estaba si para que me alejara de las otras, pero no me importaban sus intenciones, solo disfrutaba sus mamadas.

    Como desesperada comenzó a tragar mi verga que poco a poco se fue poniendo dura, yo observaba como comía mis 17 cm de carne venosa, me gustaba como su lengua jugaba con mi cabecita y con sus dientes raspaba desde la cabecita hasta mis bolas, era un oral riquísimo que admito logro que me viniera ya que andaba muy caliente.

    T: ¡No mames!! uhm, Maricela!! Agh!!!

    M: ¡Mmm! que rica leche, ¡uhm!!

    Se tragó mi leche, mi verga explotaba como manguera y ella con su boquita abierta recibía mi blanca lluvia y también se metía la punta a su boca para tragarla directamente.

    Jamás pensé que ella hiciera eso, pero que rico se sentía, mi orgasmo fue espectacular y eso que aún no al penetraba.

    M: ¡Me encanto tu leche, uhm!!

    T: ¡Eres una sucia nena! comete mi verga que esto apenas empieza!

    Después de acomodarnos ambos en un rico 69 y estimularnos mutuamente, la puse en cuatro y con mi verga bien firme comencé a penetrarla, ella movía su cadera lo cual me hacía sentir muy rico, yo le acariciaba sus nalgas y sus ricas piernas.

    Ella se movía más rápido lo cual me llevo a darle de golpes en las nalgas y jalarle su cabello.

    T: ¡Ah!! Que rico, muévete, uhm, muévete, ¡devora mi verga!!

    M: Que rico coges, uhm, ¡que rico!!!

    Me acosté en su cama y ella invertidamente comenzó a cabalgarme, sus movimientos eran como una licuadora me hacía gritar de lo bien que devoraba mi verga con su coño, yo mientras le daba de nalgadas y agarraba sus manos para enterrarle mejor mi verga.

    Admito que lo hacía mejor en esa pose que Ivette o Estela, ella movía más su cadera y me tenía viendo el cielo.

    M: Tyson, que rico, así, ¡uhm!!

    T: ¡Uf!! ¡Maricela, uhm!!

    M: ¡Me vas hacer venir papi, uhm, agh!!

    Ella comenzó a moverse como terremoto se dejaba caer en mi palo tan rápido y fuerte que incluso se escuchaba como nuestras partes chocaban de pronto un chorro salió de ella y sus convulsiones y gritos aumentaron.

    M: Ah, que rico, ah, ¡por dios!!

    T: ¡Así nena! mójame! Mójame todo!

    Ella tuvo un orgasmo y quedó como inmóvil, pero yo aún no terminaba, la acosté boca arriba y le levanté las piernotas, agarrándola de sus pies comencé a darle tremendas penetradas mientras me comía sus tetas.

    T: Tienes unas patotas, uhm, ¡que rico!!

    M: ¡Ah, si!! ¿Ah, te gustan?

    T: Estas bien buena, ¡cómo no me vas a gustar!

    Gemía y trataba de mover sus caderas, pero el orgasmo la había dejado un poco débil, yo seguí penetrándola fuertemente, le levanté las piernas y me las puse en mis hombros, me levantaba y dejaba caer sobre ella, la velocidad de mis movimientos aumentaba.

    Yo le mordía su cuellito y a veces le jalaba el cabello, su cama temblaba y el cuarto estaba lleno de gritos de ambos, que rico cogía esa mujer, no pensé que me las daría solo por envidia, pero ahí estaba yo disfrutando de su cuerpo.

    ¡Una embestida tras otra hasta que finalmente combinando nuestros movimientos me vine dentro de ella!

    T: ¡Maricela!!! ¡Toma mi leche!!!

    M: ¡Lléname de ti!! ¡Si, uhm!!!

    T: Toma tu leche, ¿esto querías no?, ¡tómala!!

    M: ¡Si!! Lléname, que rico, lléname!!!

    Me vine como manguera, la llene toda de hecho al sacársela mis líquidos escurrían de ella, reposamos unos minutos y seguimos cogiendo toda la noche, la cena nunca llego, pero lo que si llego fue una confesión una confesión que tal vez esperaba con ansias.

    M: ¿Oye te puedo confesar algo?

    T: ¿Que paso nena?

    M: ¿Quiero hacer un trio contigo?

    T: ¡Me late!! Me parece bien y con quién más?

    M: ¡Contigo y con Ivette!

    Mi verga se endureció solo de escucharla, imagine tenerlas a las dos, así que buscamos la forma de convencerla, pero eso se los contare después.

    Tyson.

    Loading

  • Mi historia con Paloma

    Mi historia con Paloma

    Mi nombre es Eva, esta es mi propia historia ocurrió hace algunos años…

    Desde que era muy joven me di cuenta que no soy normal. Siempre me he sentido atraída hacia las formas de ser de los chicos y me identificaba con ellos más que con mis compañeras. Cuando fui siendo mayor, me di cuenta que los chicos no me llamaban en absoluto la atención, y no puedo negar que, sobre todo al principio, saliera con alguno, pero era más bien intentar ser como mis amigas y cubrir el expediente.

    En cambio, qué decir de las chicas. Siempre me han gustado. Siempre me controlé. No quería que nadie supiera de mis inclinaciones. Así llegué hasta los dieciocho años.

    Tengo que decir que la culpa de todo lo que pasó en esta historia es de mi hermana Paloma. Vivíamos en Sevilla junto a mis padres. Cuando yo tenía dieciocho años, ella tenía veinticinco. Os llamará la atención esta diferencia de edad. Se debe a que fui lo que se llama “un despiste”. De todas formas, no somos más que nosotras dos. Ella era muy distinta a mí. No digo físicamente, pero sí de carácter.

    Paloma y yo somos de pelo negro y ojos marrones. Yo soy más alta que ella ahora, pero entonces éramos casi iguales. Eso sí. Yo con dieciocho años era un palo de delgada, y ella a sus veinticinco años, no voy a decir que estuviera gorda, ya que gorda no ha estado nunca, sino que tenía las carnes muy bien puestas. Yo solía vestir con ropa de deporte, pues me ha gustado mucho tener fuerza y estar ágil y he hecho siempre deporte. Ella era en cambio muy coqueta, aunque siempre con elegancia.

    Yo siempre he usado una melena que no me cubra el cuello, mientras ella luce siempre una cabellera que a veces lleva suelta y otras veces con coleta, falda por encima de la rodilla, camisas que desabrocha, zapatos de medio tacón.

    La coquetería de Paloma no está tanto en su forma de vestir como en su carácter. Le gusta que la mimen, ser el centro de atención, sentirse admirada. Siempre ha tenido un montón de pretendientes, y siempre ha jugado con ellos, como pretendía jugar conmigo. Yo en cambio soy seria de carácter, y aunque soy la menor, tengo que decir que por el carácter de mi hermana he sentido a menudo que me faltaban los mimos de mi familia.

    Como quiera que fuera, como tengo un carácter tímido, no me atreví, en un principio a buscar mi media naranja dentro de mi mismo hemisferio. Mi hermana era muy femenina. Se paseaba frecuentemente en braguitas delante de mí. Sólo en braguitas, o en un camisón que siempre se me antojaba trasparente. El cuerpo de mi hermana era totalmente distinto a los que había visto en los vestuarios. Era una mujer hecha y derecha.

    Empecé a masturbarme pensando en los senos que se le veían a través del camisón, o cuando al salir de la cama, se ponía una camiseta. En las nalgas contenidas por las siempre inmaculadas y blancas bragas, que temblaban al pasear mi hermana por el pasillo, en los muslos que le asomaban cuando se sentaba a mi lado en el sofá.

    El verano de 1995 tuve que quedarme en Sevilla preparando la selectividad, pues me habían cargado en junio. Le hice la puñeta en parte a mi familia, pues mientras yo me quedaba en Sevilla estudiando, con mi padre que tenía que trabajar, mi madre y Paloma se fueron a un apartamento que tenemos en la playa, en Matalascañas, Huelva. Mi padre y yo íbamos a visitarlas los fines de semana.

    Me cundían los días estudiando y también le hacía de comer a papá, y le planchaba y lavaba. Por las tardes me iba a hacer footing, y después de correr, cuando estaba en la ducha, me masturbaba, pensando en mi hermana. Me divertía pensar que le provocaba a Paloma el mismo placer que yo me provocaba a mí misma con el dedo.

    Cuando mi padre y yo íbamos a la playa, yo era una esponja que absorbía todo lo que significaba sexualidad en Paloma. Sus top-less. Sus paseos con una toalla alrededor del cuerpo, las noches con nuestros amigos comunes. Cada gesto, cada movimiento me excitaba.

    Un fin de semana coincidimos mi hermana y yo, iba con mis amigas, en la misma discoteca. Era una discoteca cercana a la playa. Yo la vi a ella y me disponía a saludarla cuando me di cuenta que se le acercaba un chico con el que parecía mantener una relación “especial”. Yo lo conocía. Era Mariano, un amigo suyo de hacía tiempo. Estaba claro que estaban saliendo.

    Mi hermana estaba dando un espectáculo delante de mis amigas. Se besaban a brazo partido y dejaba que Mariano la toqueteara por todas partes. Yo estaba roja de vergüenza… y de celos.

    — La muy guarra. Se lo voy a decir a mi madre nada más llegar.

    No paraba de repetirme y de decirles a mis amigas. Mis amigas la disculpaban. Pero sé que esa noche no pararían de hablar de ello y de reírse de mí, por mi hermana.

    En un momento dado salieron de la discoteca. Yo, los seguí. Les dije a mis amigas que iba a pedirme una cerveza a la barra, pero lo cierto es que lo que hice fue seguir disimuladamente a mi hermana y Mariano. Se metieron en el coche de Mariano, pero en lugar de arrancar, vi que seguían besándose.

    No debí hacerlo, pero tras estar espiándole un rato, comencé a acercarme, primero deprisa, pero conforme estaba más cerca, me iba parando viendo la cabeza de Paloma. La cabeza de Mariano no aparecía por ninguna parte. Me interesó lo que sucedía, así que di una pequeña vuelta para acercarme sin que me vieran.

    Allí estaba. Paloma tenía la camisa abierta y el sujetador desabrochado. Sus pechos desnudos aparecían como manchas claras en la penumbra. Mariano tenía la cabeza entre las piernas. No pude ver si mi hermana se había quitado las bragas o no, pero sí que mi hermana tenía el “eso” de Mariano, que asomaba en la bragueta desabrochada, en la mano.

    Esa noche lloré al llegar a casa. No tenía más motivo para llorar que los celos. Paloma me lo notó y me quiso sonsacar, pero no le dije nada.

    El caso es que desde ese día, la obsesión por mi hermana fue creciendo. Y en un momento dado de la semana que transcurrió a continuación me propuse hacerla mía. No sabía cómo lo haría, pues yo no tenía experiencia ni nada.

    Quiso la casualidad que cayera en mis manos unas revistas porno que mi padre había comprado y que dejó debajo del colchón, para que yo no las viera, pero claro, al hacerle la cama, las vi.

    En las revistas aparecían fotos muy claras de cómo una chica tiene que tratar a otra, a parte de algunos relatos que me parecieron algo bestiales. Me empapé de todo aquello, todas las mañanas me veía las revistas y no paraba hasta que me masturbaba. Mamá me encontró más delgada que de costumbre el fin de semana siguiente. Un buen día, las revistas desaparecieron. Supongo que las compró papá en un mal momento.

    Comencé a cambiar de actitud con Paloma. Procuraba quedarme a solas con ella. Un día entré al cuarto de baño mientras ella se duchaba, y me dediqué a hablar con ella y a observarla mientras se enjabonaba. Me pidió que le diera por detrás, y la enjaboné. Luego le alargué la toalla…

    ¡Qué magnífica mata de pelo negro cubría su sexo! Y en medio, se distinguía la hendidura que esconde su clítoris. Qué lindos pezones, que estaban rugosos por el agua que le había caído y el frío que pasaba mientras le entregaba la toalla lentamente.

    Comencé a tomar por sistema la medida de entrar en el baño cuando ella estaba, especialmente si no estaba papá. Un día escuché el chorrito de pipí a través de la puerta. Entré. Creía que me echaría una bronca, pero no me dijo nada. No le pareció mal. Comencé a pintarle las uñas de las manos, también la convencí para que se pintara las de los pies. Comencé a ayudarle a depilarse (Yo no me he depilado en mi vida). Indudablemente, le comencé a echar crema bronceadora y protectora donde no llegaba su mano.

    Primer intento.

    Un día nos alejamos mucho de la urbanización, porque Paloma quería hacer top less y la playa estaba vacía. Me dijo que le echara cremita por todo el cuerpo. Estaba tentadora. De espaldas al sol, me ofrecía un trasero redondo y moreno en parte. Comencé a broncearle las pantorrillas, mientras pensaba si hacer o no hacer lo que estaba pensando. Sus pantorrillas dieron paso a sus muslos. Los amasaba intentando inculcar una presión y un ritmo que le aseguraran a mi hermana que aquello era un reclamo sexual.

    Le pedí permiso para darle crema en el trasero. Aceptó. Le dije que le apartaría el bañador para extenderla bien. No me contestó. Comencé a embadurnarle de crema las nalgas y el interior de los muslos. Me sentía excitada y mi respiración se aceleraba. Estaba segura de que si hablaba, Paloma lo notaría, así que pasé a extenderle la crema por la espalda.

    Mi mano se escurría por los laterales, deseaba tocarle los senos. Cada vez mis manos iban más hacia abajo. Esperaba que de un momento a otro Paloma diera media vuelta, y me quitara el bote o me cortara el rollo de alguna manera. Pero en lugar de eso, se dio la vuelta, para que le extendiera la crema por la parte delantera.

    Comencé por la cara, primero por la frente, luego por la mejilla, la barbilla y alrededor de la boca. Calculaba mentalmente los efectos que le produciría. Luego le di crema en el cuello y en los hombros, el ombligo, y finalmente, las tetas. Mi mano se llenó de crema que extendía sobre todo el pecho de Paloma sin distinción. Luego comencé a rozar sus pezones con la palma de mi mano. Paloma me miró con desaprobación.

    — Es… la zona… más sensible

    Le dije con la voz entrecortada por la excitación, queriendo explicarle lo que sólo podía explicarse de otra manera bien distinta. Si mi hermana hubiera sido de otra manera, me hubiera quitado la crema y me hubiera mandado a hacer puñetas, pero es una calentona. Le gusta sentirse admirada y deseada, y aunque no dudo que aquello era nuevo para ella y le pilló desprevenida, actuó incitándome.

    Pasé a extenderle la crema en las piernas, pero por delante. Evidentemente, ella estaba tumbada con las piernas entreabiertas. Mis manos le acariciaban la parte interior de los muslos, cada vez más cerca del conejito, hasta que la rocé un par de veces con la muñeca. Mis manos incluso se posaron y pude sentir la calidez de su sexo.

    Comencé a darle con el dedo en la ingle, hasta que conseguí mi objetivo: introducir un dedo a través del bañador. Yo jadeaba de excitación. Ella se levantó de repente y se dirigió al agua. Me quedé compuesta y sin novia.

    No tardé en seguirla. Había cierto oleaje, y ella se divertía esquivando las olas, a lo cual me sumé yo. Intentaba acercarme a ella, y cuando estaba cerca, abrazarla, pero se chafaba siempre. Yo insistía. Conseguí tocarle un par de veces la suave piel de las nalgas. Hasta que me gritó:

    — ¡Eva! ¡Vale ya! ¡Déjame tranquila de una puta vez!

    Salió del agua, cogió sus cosas y se fue. Me fui detrás de ella, pero dejando pasar el tiempo, quería que si se lo contaba a mis padres, que me recibieran con toda la violencia que requería la situación. Vamos, quería saber nada más verles la cara a mis padres si se lo había contado a no.

    Mi hermana no les contó nada a mis padres. ¡Qué alivio! Pero en cambio, hubo un cambio radical en su actitud. Se cerraba con llave al entrar en el baño, dejó de darse los paseos que tanto me excitaban. Incluso me hablaba con frases cortas. Estaba enfadada conmigo.

    Me di un tiempo en la persecución a la que sometí a Paloma. Seguí masturbándome mientras pensaba en ella, o viceversa. Pero al final del verano, mi mamá y Paloma volvieron de la playa. Era mitad de agosto. Surgió un problema en las tierras que tenemos en Córdoba y mi papá se vio obligado a ir hacia allá dos fines de semana seguidos. Comenzó entonces el acoso a Paloma de nuevo.

    Me ponía a ver revistas porno, aquellas que tenía escondidas papá, delante de ella. Me paseaba desnuda para que me viera, e incluso, más de una vez me pilló masturbándome. Vamos, que me puse a masturbarme delante de ella, mientras clavaba mi mirada en sus ojos oscuros. Ella se ruborizaba siempre. Una de las veces coincidió que yo estaba en el baño y ella entró.

    Comencé a hacerle posturitas. Ella no quería mirarme, pero me miraba. Cuando salí de la bañera, ella se miraba delante del espejo, y al pasar a su lado, le di un achuchón, y restregué mi cuerpo contra su trasero. Cerró la puerta tras de mí. Sentí la ducha. Salió en toalla hacia su cuarto. Si me abalanzaba sobre ella y le quitaba la toalla tras tirarla al suelo ¿Qué haría?

    La seguí por el pasillo, encantada de observar el rítmico movimiento de sus caderas, hasta que entró en su cuarto y escuché cerrar el cerrojo. Pensé en ese momento que Paloma nunca sería mía. Me acerqué al baño, desesperada y vi sus braguitas en el suelo del baño.

    Cogí sus braguitas y las olí. Olían a sexo… y pude ver una manchita húmeda en la tela que tapaba su almejita.

    ¡Paloma se excitaba al verme!

    La gran lotería me tocó al siguiente fin de semana. El jueves, Paloma, tras una larga conversación telefónica con Mariano, comenzó a llorar. Se encerró en su habitación. Fui a consolarla. Me la encontré sentada en la cama. Llorando…

    — ¿Qué te pasa, Palomita? -Le decía mientras me sentaba a su lado y le besaba la cabeza, triste yo también de ver a mi hermana tan desangelada.

    — Nada, que todos los chicos son iguales. Este cabrón nada más irme de la playa se ha liado con Nuria, y me ha dicho que lo nuestro ha acabado.

    — Pero si estabais tan bien hasta hace unos días. Eso ha sido la zorra esa que se ha metido por medio

    Paloma comenzó a llorar desaforada. Algo había detrás que no me quería decir. Le costó reconocer que no se llevaba bien con Mariano. Había tenido sobre todo, un problema de relaciones sexuales. Lo habían estado haciendo durante el verano. Ella no se había corrido ni una vez. Era incapaz de llegar al orgasmo.

    — Pero mujer. ¿A quién se le ocurre ponerse a hacerlo en un coche a la salida de una discoteca?- Paloma se quedó sorprendida de que supiera aquello.

    — Yo estoy segura de que tú, en condiciones normales te corres como la primera.

    Paloma me miraba desconsolada, pero ya no gimoteaba al menos…

    — ¿Crees eso realmente? ¿Cómo lo voy a saber yo? ¿Qué más me da ya, si Mariano me ha dejado?

    — Yo, esto de los chicos lo he tenido siempre muy claro. Le dije a Paloma.

    — Mira, tonta, Si ese te hubiera querido, te hubiera llevado a un sitio más romántico. Y no te preocupes, que detrás de ese vendrán más.

    Comencé a besarle las sienes y a beberme las lágrimas que le caían por la mejilla. Mientras, mi mano se posó en su muslo. La respuesta negativa no se hizo esperar…

    — Déjalo, Eva. Llevas razón, pero tengo que desahogarme. No me agobies- No la agobié.

    Al día siguiente, seguía en el mismo plan lloroso por más que mamá se empeñaba en animarla. Mamá no sabía, lógicamente todo el problema. Yo me hice mi plan. Paloma pasaba por un momento malo y yo me tenía que aprovechar. Ese fin de semana era vital para mí.

    Pero por poco me lo chafa todo papá, pues al ver la cara de Paloma, se empeñó en que fuéramos todos a la casa de Córdoba. Yo le eché por achaque que tenía que estudiar para la selectividad. Al quedarme yo, por fuerza tenía que quedarse Paloma.

    Estuve toda la tarde del viernes con Paloma. Estuvimos como en los viejos tiempos. La depilé las piernas y le afeité el sobaco. También le ayudé a hacerse las tiras. Le ayudé a pintarse las uñas de los pies. Yo pensaba que me iba a comer a un bomboncito la noche siguiente.

    Nos quedamos viendo la tele. Pusimos la película más erótica que porno de la noche, pero fue suficiente para ver que Paloma se divertía viendo aquellas escenas y no le daba ninguna repugnancia las escenas de lesbianas, aunque, eso sí, se ponía colorada.

    Me masturbé pensando en las perrerías que pensaba hacerle a mi hermana la noche siguiente. No podía apartar de mi mente la imagen de la entrepierna de mi hermana, cubierta apenas con las bragas mientras le hacía las tiras. Hasta mi nariz llegaba el aroma de su sexo mezclado con el perfume de la ropa recién lavada.

    Por la mañana me percaté de que Paloma no cerró la puerta al meterse al baño. Entré y me ofrecí a enjabonarla. Paloma se dejaba enjabonar todo el cuerpo, y tan sólo me apartó la mano cuando quería adentrarme con la esponja entre las piernas. Luego cogí la manguera y comencé a enchufarle por las zonas donde tenía jabón. Por todas las zonas. No opuso resistencia, hasta que su excitación fue ostensible…

    — Déjalo ya, Eva.

    No quería presionarla, por no echarlo todo a perder. Le ofrecí la toalla, y ella vino a mis brazos a refugiarse de la frescura del ambiente.

    Nos preparamos de comer. Nunca he dado tantos besos en la cara a mi hermana como mientras preparamos aquella comida. Luego comimos y le propuse a Paloma la idea de preparar una fiesta para esa noche. Aceptó, así que compramos refrescos y una botella de ginebra. Paloma se reía que una deportista como yo fuera a beber algún combinado.

    También compramos pan de molde para hacernos unos montaditos. La tarde pasó en la cocina. Nos pusimos a preparar los montaditos. Cada vez que podía, como de broma, le pegaba a Paloma un achuchón, que ella me devolvía. Cada vez los achuchones eran más fuertes. Entre achuchón y achuchón nos fuimos bebiendo los primeros combinados. Yo era la que los servía, y no los servía iguales.

    Paloma pronto tenía más que un puntillo. Por eso, cuando tras un achuchón que me pegó, yo la agarré por la espalda, noté que la resistencia que ponía era más ficticia que real. Le mordí en el hombro, siempre como de cachondeo, y ella echó el culo para atrás, pero se encontró con mi pelvis. Sólo le dije una cosa…

    — Vete preparando, que esta noche vamos a tener movida.

    No contestó ni sí ni no, sólo sonrió con malicia. Lo tuve entonces muy claro. Le puse un par de combinados más. Comimos una sentada frente a la otra. Yo llevaba mi típico pantalón de chándal y una camiseta, debajo de la cual no llevaba nada. Paloma vestía una falda y una camisa de botones, con unas zapatillas. No me gustaba como vestía para esa ocasión, por eso, tras tomarnos los montaditos, le dije que íbamos a bailar, pero que era necesario que cambiara de aspecto.

    La llevé de la mano a su dormitorio y le saqué del armario una ropa que mi hermana no se ponía desde hacía diez años. Eran faldas que le quedaban mucho más cortas y suéter que le quedaban súper ceñidos. Después, mientras ella comenzaba a cambiarse, fui al cuarto de mamá y le saqué unos zapatos de verano, de esos que son tres o cuatro tiras cruzadas, con un tacón muy alto.

    Al volver a su cuarto, pude verla en ropa interior. Le ordené que se quitara el sostén, ya que no lo necesitaba con el suéter. Luego fui a buscar unas bragas mías, y le ordené que se las pusiera. No quería violentarla, así que salí de la habitación, pero sólo al comprobar que comenzaba a cambiarse las bragas. Yo también me cambié. Me puse una camisa blanca de papá, que me estaba anchísima y unos pantalones del traje, que me estaban igual. El conjunto remataba con unos zapatones. Cuando llegué, Paloma comenzó a reírse al ver mi aspecto estrafalario. Luego me dijo, de broma…

    — No le da vergüenza, hacer esperar a una dama.

    Puse un disco de Carlos Gardel y nos pusimos a bailar tangos. Imagínense. Ella con esos zapatos de tacón y la falda cortísima. Yo con aquella ropa anchísima. Aquello me sirvió para que con el meneo, Paloma estuviera todavía más mareada, y de paso, para que le perdiera el miedo a mi contacto.

    Tras los tangos pusimos un disco muy romántico, de Roberto Carlos, que sabía que le encantaba. Comenzamos a bailar agarradas, con los zapatos de mamá, ella estaba muy alta. Comencé a hablarle…

    — Querida mía. Creo que la adoro. No puedo vivir sin usted. Ella se reía. Su risa me exasperaba. Me ponía nerviosa.

    – ¿Qué le ocurre? Se ríe de un caballero- Mi cara se acercaba a la suya. De pronto, una de las manos que caballerosamente conservaba en la cintura la agarró de la nuca y acercó la boca suya contra la mía.

    – Eso ha estado muy mal, muy mal.- Me dijo tras el primer beso. Pero no opuso ninguna resistencia al segundo beso. Esta vez fue ella la que llevó la voz cantante, introduciendo su lengua en mi boca. Yo quise morderla con mis labios pero se escurrió.

    Como antes me había comido los montaditos, ahora empezaba a disfrutar el trabajo del día anterior. Mis manos comenzaron a subirle la falda y a acariciarle el trasero, En efecto, mis bragas le estaban minúsculas a Paloma. Sentí el frío de sus nalgas, que se calentaban rápidamente en mis manos. Tiré de ellas hacia lados opuestos y sentí como las bragas se le iban metiendo entre los cachetes. Ella con sus manos se limitaba a agarrarse por detrás de mí.

    El suéter señalaba los pezones de Paloma, ahora mejor que nunca. Nuestras bocas no paraban de pelear entre sí, intentando conquistar cada una el territorio de la otra.

    La boca de Paloma me sabía a miel. Era un caramelo que tenía que deshacer en mi propia boca. Metí una pierna entre las suyas y se la clavé en el sexo. Sentía la excitación de Paloma en que cada vez se entregaba más. Ahora era yo la que había triunfado en la lucha por su boca. Mi lengua se introducía en cada rinconcito…

    — Hoy vas a saber lo que es un orgasmo, putita

    Le dije al verla entregada. Ella me escuchaba concentrándose sólo en mis caricias. Notaba mi propia excitación como un peso en el vientre. Le di un tirón al suéter que se desgarró. No nos importó, por lo viejo que era. No conseguí mucho, así que volví a tirar de él, y ahora si asomó uno de sus senos. Rápidamente lo agarré con las manos, presionándolo, y me lo llevé a los labios.

    Lamí ese seno varias veces, alrededor de la aureola. De pronto, me metí el pezón en la boca y miré a Paloma a la cara, entornado la vista. Paloma me miraba placenteramente y hasta agradecida. Comencé a sentir crecer la punta del pezón entre mis labios y apretar estos a la vez. Jugué con él como si quisiera arrancárselo de un mordisco, moviendo la cara hacia un lado u otro. Paloma comenzó a susurrar un ronco gemido. Mi otra mano se adentraba por detrás en la zona trasera de su sexo.

    Me incorporé. Noté el muslo que había entre las piernas de Paloma un poco húmedo y me acordé que los pantalones eran de Papá, así que rápidamente me los quité, sin quitarme los zapatones. Me costó. Por poco me caigo, pero salieron. Paloma se desabrochó la falda mientras tanto y calló al suelo. Mis braguitas, por delante no le cubrían ni la mitad de la barriga. Se le adivinaban los dos labios del sexo, y pensé que debían de estar acariciándole el clítoris. Se iba a quitar el suéter, pero se lo impedí. Me gustaba verla así, con el suéter roto y un seno al aire.

    Comenzamos de nuevo a bailar, pero esta vez más tranquilas. La besaba en el canal del pecho, en los hombros, en el cuello. Paloma me musitaba susurrando palabras de reprobación, que no servían sino para ponernos más calientes a las dos.

    Le di un beso cuando pasaron unas cuantas canciones, le dije que fuéramos a su dormitorio. Ella fue delante. Yo veía media espalda desnuda y un culo con los dos cachetes desnudos por lo pequeñas de las bragas. Mantenía el equilibrio como podía con los altos tacones. Me fui desabrochando los botones de la camisa de papá, y me deshice de ella, dejando al descubierto mis pechos pequeños y bien puestos. Paloma se quería quitar los zapatos, pero yo no la dejaba.

    Llegamos a su cuarto. Me fui a abrazar a ella, pero cuando estaba próxima a mí, le di un empujón que la hizo caer de golpe sobre la cama. Paloma me miró confusa y sorprendida, pero se podía adivinar su excitación…

    — Te voy a hacer una mujer.

    Le dije, mientras ella se llevaba las manos al pelo, alisándoselo, esperando la próxima jugada. Me coloqué de rodillas frente a ella y tras besarla en la boca y el cuello, volví a disfrutar de la excitación de su pezón. Mientras, de un tirón terminé de romperle la costura del otro tirante y comencé a manosear con fuerza el seno recién descubierto. Paloma me daba besos en la sien mientras repetía mi nombre…

    — Eva, Eva, Evaaa

    Puse la mano sobre el sexo de Paloma, apenas cubierto por las bragas, y lo encontré empapado. Me acordé entonces de la negativa y la oposición que había encontrado hacía unas semanas, y decidí vengarme.

    Agarré las bragas por la parte trasera del cuerpo de Paloma, y tiré de ella con fuerza. Sentí como se agitaba su cuerpo y se abrían sus piernas, buscando seguro un poco de sosiego para su almejita.

    Comencé entonces a besarle entre los muslos, mientras ella acariciaba tiernamente mi cabeza. Tiré de sus piernas hacia arriba para que se tumbara sobre la cama, y deposité sus piernas sobre mis hombros. Comencé a bajarle las bragas. Las bragas se enrollaban sobre sí mismo al discurrir a lo largo de su muslo.

    Se las terminé de bajar, pero se la dejé enganchadas en las pantorrillas. Paloma sólo conservaba en su sitio los zapatos de mamá, y yo tenía puestas mis bragas y los zapatones de papá. Me empeñé en meter la cabeza entre las piernas, que se me abrían sumisas. Allí estaba el tesoro con el que había estado soñando. Pude ver más abajo otro agujero con el que nunca había ni soñado en poseer y que ahora era mío.

    Comencé de nuevo a besarle los muslos, mientras mi mano se le acercaba lentamente, hasta llegar a su tesorito. Por otra parte, yo mismo comencé a acariciar mi sexo, metiendo mi mano por debajo de mis bragas. Separé los labios que tapaban su clítoris, y acerqué ambos dedos por cada lado de su botoncito. Cuando estaba así, mi boca se abalanzó sobre él, lamiéndolo con la lengua violentamente.

    Paloma se retorcía de placer y podía sentir en la palma de mi mano como su almejita soltaba el líquido viscoso con sabor a mar y a miel.

    Me recordaba a un osito goloso que le roba la miel a las abejas. Las convulsiones de Paloma eran cada vez más violentas. Empezó a soltar unos alaridos casi exagerados. Tuve miedo de que nos escucharan en toda la casa, pero ya no me podía detener.

    Para terminar de follarme a mi hermana, así, tal como estaba la mano, con la palma vuelta hacia su sexo, comencé a introducir lentamente el dedo pulgar. Mi hermana reventó de placer al sentir el dedo pulgar introducirse en su húmeda almejita. Yo seguí moviéndolo esperando prolongarle el orgasmo hasta el fin de sus días, o al menos hasta que me viniera a mí, como así sucedió al poco tiempo. Entonces perdí los papeles y me limité a restregar mi cara contra su sexo y su monte de venus mientras repetía el nombre de mi hermana.

    Nos quedamos así un rato, hasta que decidimos ducharnos. Nos duchamos juntas, por supuesto. Le enjaboné de nuevo, mientras ella aguantaba la lluvia bajo su cabeza pacientemente. Había conquistado un agujero de mi hermana, pero aún me quedaba por conquistar el otro. Metí la esponja entre las nalgas de Paloma, mientras nos miramos con mirada cómplice. Le di fuerte entre las nalgas.

    Mi hermana estaba prácticamente abrazada a mí, y nos besábamos de vez en cuando. Entonces la cogí de la cintura para obligarla a ponerse de espaldas a mí. La cogí de los senos mientras le mordía la oreja, y luego, la puse contra la pared. Yo me puse de rodillas, frente a sus nalgas y hundí mi cara entre ellas.

    El agua bajaba por su espalda y lo inundaba todo. Entonces le separé las nalgas para acariciar con mi lengua su agujero. Mi sorpresa fue observar a la puta de mi hermana separarse ella misma las nalgas.

    Entonces comencé yo misma a acariciarme de nuevo y a posar la otra mano sobre su coño. No duramos mucho tiempo así, porque ella se empeñó en acariciarse el clítoris, aunque yo le aparté varias veces la mano violentamente.

    Así que tuve que quitarme la mano de mi coño y separarle la nalga que dejó libre. De nuevo le introduje el dedo, primero el corazón, pero luego también el índice. Ella los rozaba con los dedos con que se acariciaba el clítoris. No tardó en ponerse a chillar, esta vez bajo la lluvia. Dejé de lamerle el ano, para lamerle la parte trasera de su coño.

    Créanme que a Paloma le fallaron las piernas y fue escurriéndose en mí hasta quedar en cuclillas entre mis piernas.

    Nos secamos, comimos y dormimos en su cama. Bueno, dormimos a ratos. Nos tumbamos desnudas en la cama y nos clavamos las piernas en nuestros coños mientras nos acariciamos. Como yo no me había corrido, y estaba muy excitada, me tumbé encima de ella y comencé a moverme entre sus piernas, rozando mi clítoris contra el suyo, cada vez más rápido hasta que me corrí. Pero la cosa no acabó ahí, ya que volví a masturbarla con mis dedos, un rato más tarde.

    El fin de semana pasó. El domingo las dos estábamos avergonzadas. Al pasar la borrachera nos entró la resaca. Pero la resaca no duró mucho. Un día me puse a estudiar de noche en la habitación de Paloma. Paloma se acostó con las bragas ortopédicas de siempre y un camisón de monjita. Mi papá me dijo que era mejor que fuera a estudiar a otro sitio donde no molestara a Paloma. Pero Paloma intervino…

    — Déjalo, papá, si no me molesta.- No tardaron en dormirse mis papás cuando yo estaba de rodillas junto a la cama de Paloma, “ordeñándole la almejita”.

    Desde aquella noche, mi hermana era mía, pero lo teníamos que hacer de espaldas a mis papás. Esperábamos a los fines de semana. Mi hermana se deshizo de los complejos estúpidos y pronto encontró a otro chico con el que se comportaba como una verdadera puta en la cama.

    Yo, por mi parte, encontré pronto mi media naranja en mi mismo hemisferio.

    Paloma se ha casado y tiene un hijo. Me parece que sus relaciones conyugales empiezan a ser aburridas en el plano sexual. De vez en cuando nos miramos como con cierta complicidad. Tal vez sea el momento de visitar a mi hermana un día que no haya nadie en su casa.

    Loading

  • Después del ejercicio

    Después del ejercicio

    En una mañana fresca, con el sonido de los pájaros al alba y después de ejercitarnos un poco, sentir ese rico sudor que resbala por el pecho, entre tu maraña de vello y entre mis senos.

    Se me antoja tomar agua y ver tus labios húmedos y tu lengua mojada, acercarme para saborearte, provocarte con la mía, morderte suavemente el labio inferior, decirte al oído que me encanta sentirte cerca y mojado, que me gusta percibir la figura de tu pene apenas despertando a la insinuación, tus manos y respuesta no se hacen esperar.

    Me recorres con tu lengua hasta el cuello, subes al oído murmurando que se te antoja que mi boca se deslice hasta tenerlo de frente, tus manos se mueven delicioso en mi espalda mojada y bajan para acercarme a ti, con una sutil provocación, con un toque atrevido, lo desnudas, apenas erigiéndose me llama y con tus manos acaricias mi cabello me acercas para probarlo.

    Subo por tus ingles, recorro tu cadera, pasando por el centro de tu cuerpo, estás mojado de sudor y eso me excita, te saboreo y beso tus pezones, los mordisqueo y lego hasta tu boca para besarnos como nos encanta, atrapándonos la lengua mutuamente, tus dedos ya sienten la humedad entre mis piernas pero los retiro porque deseo tu lengua abriendo mis labios vulvares, dejando ese sabor en tu boca que compartes conmigo, nos movemos de forma rítmica. Mis gemidos te piden que sigas, nuestros cueros mojados se funden y, las manos tocan esos puntos sensibles a las caricias. Mis peso es están erectos al igual que tu pene que me grita ponerlo en mi boca.

    Una maniobra basta para tenerte frente a mí y lograr que también puedas ver entre mis piernas

    Que sublime sensación poder darnos placer mutuo. Poder tenerte y lamerte desde los testículos hasta l apunta, gozarlo al máximo y si entiendo al mismo tiempo tu lengua deslizarse entre mis labios, llegar al clítoris y que lo lamas suavemente, lo rodees con tu lengua y penetres tus dedos en mi humedad, tu pene penetra mi boca cual si fuera mi vagina erótica recibiéndote,

    Jugamos,

    Lamemos,

    Gemimos,

    Pedimos,

    Reímos,

    Hasta llegar al clímax inevitable,

    Yo montada en ti,

    Mojados al máximo,

    Llegamos plenos…

    Al compás del deseo…

    Besarnos después de gritar al unísono de placer es un regalo maravilloso que disfrutamos al máximo!!

    Loading

  • El plan (1)

    El plan (1)

    Siempre he tenido una rara obsesión por los hombres masculinos, me fijaba en los hombres de revista y los actores de las grandes películas. Cuando mi cuerpo se desarrolló hice todo el esfuerzo por ser muy femenina para así buscar a mi hombre perfecto.

    Hoy después de 20 años de casada y con 40 años, puedo decir que mi vida es casi como la imaginaba, si tan solo no hubiera un pequeño desarreglo en todo mi plan de vida.

    Soy una mujer de 41 años recién cumplida, no es por presumir pero soy lo que hoy en día se llama milf, mi cuerpo es delgado y aunque no poseo grandes cualidades dado que mis pechos son pequeños pero firmes al igual que mi trasero, pero sé sacarle provecho vistiendo calzas y poleras apretadas. Mi esposo es un adonis, con musculatura suficiente para que sus camisas de oficina le queden apretadas pero no molestas, su pelo es largo hasta los hombros y se hace una coleta atrás que cada día que lo veo salir para ir a trabajar debo contenerme para no hacerle todo lo que nos gusta.

    Mencione antes que solo había un desvío en mi plan de vida, y es lo que me tiene preocupada mi hijo Miguel de 19 años, es el fruto de nuestro amor y siempre lo criamos dándole todo lo que quiso, pero desde hace un tiempo se alejó de mi crianza y comenzó a vestir con poleras brillantes y pantalones apretados, luego su pelo fue creciendo y ahora incluso se maquilla.

    -Buenos días mami, el desayuno huele muy bien

    Pidiendo que se espere un momento y que se siente en la mesa, procedo a servir su desayuno, hoy se vistió más rosa que siempre por lo que mi angustia y preocupación no para de aumentar.

    -Hijo, ¿no crees que esa ropa es un poco femenina para ti ?

    -Mami, ¿otra vez con eso? Ya te he dicho que así es como me siento más cómodo además hoy tengo una salida con Adam y quería verme más bonito ¿De verdad no te gusta como me veo?

    -¿Otra vez Adam? Hijo no se trata de como te ves, si te ves muy bonito pero de noche puedes parecer perfectamente una chica con ese pelo largo y esos colores.

    -Mamá no quiero discutir otra vez, nos vemos a la noche

    Sin decir nada más, tomó su mochila y se fue. Adam era el amigo de mi hijo, quien siempre fue un niño extraño que para mi opinión estaba hipersexualizado, de todos los amigos que mi hijo ha traído a casa es el único que me mira obscenamente, además últimamente él se ha declarado bisexual por lo que su junta con Miguel no me da buena espina. Todo esto ha hecho de mi plan de criar a un caballero perfecto, un galán de teleserie se ve arruinada, y por más que le insisto a mi esposo él solo opina que debemos dejar al muchacho tranquilo y apoyarlo en todo.

    Como él vive en su oficina no comparte más que los domingos con nuestro hijo, incluso mi hermana dice que estoy exagerando y que mi pensamiento es anticuado, nadie entiende mi punto de vista y ya estoy muy frustrada si esto no cambia tendré que tomar medidas muy drásticas.

    Esa noche con mi convicción al fuego vivo empecé mi plan. Lo primero fue interrumpirlo mientras estaba en la ducha, Al principio se sorprendió y se tapó pero lo que alcance a ver me dejó impactada, era muy grande unos 23 centímetros, era incluso más perfecta que la de mi esposo, sin percatarme me sonrojé.

    -¿Mamá? Está ocupado, sale ahora por favor

    -Lo siento hijo pero es una emergencia

    Sin dejar tiempo para reaccionar, me bajé los pantalones que había elegido para esta ocasión ya que eran delgados y consideraba que eran provocadores pero no ordinarios. Me senté en el excusado e hice la mímica de estar orinando, todo esto ante la atónita mirada de mi hijo, quien tenía más incomodidad que otra cosa.

    -Tu padre está mal del estómago y lleva mucho tiempo en nuestro baño, y no pude aguantar más, tampoco es algo extraño

    -Lo entiendo…

    Su comportamiento era como si un animalito estuviera siendo intimidado, eso me genero mucha ternura maternal, pero a pesar que luchaba por mirar a su cara para ver algún signo de interés por mi cuerpo, mi mirada siempre iba a su parte más desarrollada, sin perder tiempo me limpie, dándole la espalda muy lentamente me subí mi pantalón, dándole un show de primera categoría de mis nalgas, ante este movimiento mi hijo se da la vuelta quedando de espalda a mi pero hace que termine mostrándome sus preciosas nalgas, fue en ese momento en donde todo cambio de tono, en su espalda habían rasguños, para ser exactos 6 de estos eran perfectamente dos marcas de manos que se aferraron con tanta fuerza que dejaron huellas.

    -Miguel ¿Quién te hizo esos rasguños?

    -¿Qué? Espera mamá… ¿Qué estás haciendo?

    Sin importarme nada fui hasta la ducha y abrí la puerta de vidrio, Miguel como podía se tapaba y se iba a la orilla más alejada de mí, en su intento de esconder la evidencia de esos rasguños se la vuelta quedando frente a frente a mi, sin importarme nada lo agarré de los hombros con mis dos manos y le pedí explicaciones.

    -Hijo, dime la verdad por favor ¿Qué significa esto? ¿Quién te hizo eso?

    No hubo ninguna respuesta, esta situación me estaba doliendo a un nivel que no podía explicar, en el fondo sabía la respuesta pero no quería escucharla.

    Debido a la adrenalina no me había fijado que estaba toda mojada debido a la ducha, mis pezones se marcaban a través de mi polera al igual que mi entrepierna, mi hijo estaba en estado de shock debido a mi comportamiento y al ver sus ojos con miedo no pude evitar abrazarlo, no quería demostrar excitación solo ternura, no quería que esto terminara con él odiándome, en ese momento nuestros cuerpos se pegaron bajo las gotas de lluvia, Miguel al principio reacio me correspondió el abrazo dejando que un calor se sintiera entre mis piernas.

    -Perdóname hijo, no sé que me sucedió

    -Esta bien, pero mamá por favor hablemos afuera, me siento incomodo

    El calor que irradiaba su pene pronto inundó toda mi entrepierna, aún no estaba erecto y ya podía sentirlo entre mis labios vaginales, pero algo me molestaba incluso con mi cuerpo tocando y presionando no lograba que él se erecta, mi orgullo como mujer se vio afectado y a su vez recordé por que estaba en esa situación, mi plan para corregir a mi hijo. Mi mano derecha pronto dejó el abrazo y se dirigió directamente a su pene, el cual agarre con cuidado envolviéndolo con mis dedos, luego acerque mi boca a su hijo para hablarle de manera casi de susurro.

    -Que tenemos por acá, no te asustes es normal en los hombres es algo que no pueden controlar

    -Mamá por favor, esto está mal

    Sin importar las palabras de mi hijo, seguí con el agarre de su pene y comencé una y otra vez a masturbarle, intercalaba con suaves caricias, arriba mis tetas se apretaban contra su pecho y poco a poco su cuerpo comenzaba a dar signos de excitación, su respiración se hacía más agitada hasta el punto en el que no aguanto y rápidamente que me abrazó más fuerte dejándose tocar por mi a placer. A este punto la ropa me estaba molestando por lo que me quite la polera, su mirada se posó en mis pechos, pero no se atrevía a hacer ningún movimiento, por eso aproveche su estado y me agache frente a él, esto revivió su mente por unos instantes.

    -Mamaaá, No detente… esto no está bien

    -¿Se siente rico?

    -Eso no importa…

    Aún con su pene en mis manos siendo masturbado, sus gemidos eran cada vez más notorios, yo seguía masturbando con total suavidad, hasta que llego el momento y me introduje totalmente su hermoso pene a la boca, no pude evitar sentir malestar al chocar con mis amígdalas debido a lo grande que era, pero no importaba, esto ya no era mi plan de madre sino mi instinto de mujer actuando, Miguel al principio se rehusó mi acción pero a mi segunda intervención de tragarme todo, tomó mi cabeza y comenzó a penetrar mi boca.

    Su fuerza era violenta estaba embistiendo con todo lo que tenía y yo recibía gustosamente cada carga con todo el deleite del mundo, por fin mi hijo mostraba rasgos de masculinidad, me estaba usando como su masturbador y no le importaba como estaba solo buscaba su propio placer y eso me estaba prendiendo cada vez más, mi mano en algún momento llego a mi conchita y mis dedos estaban jugando dándome más placer del que había sentido en mi vida, pero todo cambió de golpe al oírlo.

    -Mamá me corrooo

    Una increíble cantidad de leche salió disparada dentro de mi boca, mucha se derramó por mis labios, fue tanta la carga que no pude tragar y se chorreaba hasta mis pechos que terminaron impregnados por toda la corrida de mi hijo, era una vista morbosamente deliciosa.

    -¿Te gustó lo que mamá te hizo?

    Con picardía le pregunté a mi hijo mirándolo directamente a sus ojos desde mi posición aun tocándome con mi mano, él sin responder, sale de la ducha sin ni siquiera limpiarse y se va directo a su habitación.

    La verdad no sabía si estaba bien o mal, seguirlo o quedarme, pero sin dudas lo que estaba haciendo me excitaba mucho, mi conchita más bien mi cuerpo estaba deseosa del pene de mi hijo, quitándome los pantalones me quedé bajo el agua, aprovechando de estimularme recordando todo lo sucedido, mis dedos jugaban con mi clítoris y otra mano esparcía toda la leche que mi hijo descargo y aún estaba en mi pecho, esta sensación era demasiado no pasó mucho para lograr un orgasmo que grite con todo el aire de mis pulmones.

    Luego de terminar ese delicioso baño, me fui a mi habitación, pase de largo por la habitación de mi hijo, al llegar a mi habitación veo un mensaje de mi esposo “Iré a celebrar con mis amigos, no me esperes despierta”

    Continuará.

    Loading

  • Incesto con mi prima Paola (parte 2)

    Incesto con mi prima Paola (parte 2)

    Después de la fiesta en casa de Paola, ella se fue a la universidad, la cual está un poco lejos de donde vivimos. Pasaron dos semanas en las que Paola y yo nos mandábamos fotos y videos en los cuales nos mostrábamos desnudos y masturbándonos. Después de esas dos semanas, Paola tenía unos días libres, así que iría a la casa de sus padres, la cual está cerca a la mía. Cuando llegó, coordinamos para ir a buscarla, con el pretexto de ir al cine. Fui a su casa y me abrió mi tío.

    -Gonzalo, ¿Cómo estás? –me saludó– Pasa, Paola se está alistando.

    -Hola tío, gracias –pasé y me senté en el sillón.

    -Quiero agradecerte, porque Paola me contó lo que había pasado en la fiesta –dijo– me contó lo de su novio, que se sintió muy mal y que tú la ayudaste y la consolaste.

    -Si, tío. Lo que pasa es que la vi mal en la fiesta, así que fui a ver como estaba –respondí.

    -Me contó que conversaron mucho y que le ayudaste bastante y se divirtieron en la fiesta –dijo.

    -Si, por eso quedamos para ir al cine hoy y conversar un poco –dije.

    Al rato bajó Paola, vestía un jean pegado, que marcaba su gran culo, un top cortito que dejaba el ombligo al aire y una casaca corta. Se veía muy bien. Nos despedimos de mi tío y salimos. Le había pedido prestado el carro a mi padre, así que nos subimos y nos fuimos a un hotel, en el camino, nos besábamos desesperadamente en cada semáforo. Mientras manejaba, Paola me sobaba el pene por encima del pantalón.

    Fuimos a un hotel con cochera privada, entramos por la puerta de la cochera, hay otra puerta para peatones, en el mismo carro nos piden los documentos, pagamos y nos dieron un control remoto. Entramos y había un gran patio, con varias cocheras con puertas levadizas. Abrimos la puerta con el control y entramos.

    La cochera era pequeña, con las justas entraba el auto, al fondo de la cochera había una puerta de vidrio oscuro. Nos bajamos, cruzamos la puerta y encontramos una habitación con una cama muy grande, un pequeño sillón de dos cuerpos, una mesa de centro y un baño pequeño. Prendimos la luz y tenía un tono medio rojo. Nos comenzamos a besar desesperadamente. Habían pasado dos semanas, estábamos muy excitados.

    -Te extrañé –dijo.

    -Yo también –respondí– todos estos días solo he pensado en cogerte de nuevo.

    -Igual yo –dijo, volviendo a besarme.

    Le saqué la casaca, ella me quitó el polo. Levanté su pequeño top y no tenía sostén. Le manoseé las tetas, sin dejar de besarla. Nos desabrochamos los pantalones al mismo tiempo y cada uno tiró del suyo hacia abajo, yo en bóxer y ella con un hilo que casi dejaba al descubierto su vagina, con la tira de atrás metida entre sus nalgas. Mi pene se notaba completamente erecto. nos seguimos besando.

    Rápidamente nos sacamos las únicas prendas que nos quedaban. Paola se recostó en la cama, con la cabeza al borde de los pies de esta. Pidió que le folle la boca. Estaba casi de cabeza, metí mi pene suavemente y me comencé a mover dentro de su boca. Me agaché encima de ella y estiré mi mano, para meter dos dedos dentro de su vagina. Paola daba arcadas cada vez que mi pene entraba hasta lo más profundo de su boca, pero no se quejaba. Mis dedos estaban completamente mojados.

    -Quiero que me cojas –dijo, después de levantarse– quiero que me la metas hasta el fondo y me llenes con tu lechita.

    -Prima, pero ¿si quedas embarazada? –pregunté.

    -No he dejado de tomar mis pastillas, tranquilo, quiero sentirte dentro –respondió.

    Se recostó boca arriba, jaló sus piernas hacia arriba lo más que pudo, dejándome ver su hermosa vagina y su ano. Me tiré de cara, para lamerle la vagina y el ano. Que rico sabor tenía. Me levanté y se la metí de un solo empujón. Se sentía delicioso como estaba de mojada su vagina. Comencé a penetrarla fuertemente, ella seguía agarrando sus piernas muy arriba. Me apoyé en sus muslos y la embestí fuertemente, mis movimientos eran muy rápidos. Comenzó a temblar, mientras decía que se corría.

    -¡Ahhh! Sigue ¡no pares! ¡así! –dijo entre gemidos y gritos de placer.

    -Yo también me voy a correr, he esperado esto mucho tiempo –dije.

    -¡lléname de leche! No pares primito –dijo– más rápido ¡Ahhh! ¡si!

    -Ahí va ¡Ahhh! Toma tu leche primita –dije mientras varios chorros de espesa leche salían para inundar su vagina– ¡Ahhh!

    -Que rico se siente tu leche, primito –dijo mientras nos abrazábamos tendidos en la cama– que rico estuvo.

    -Disculpa prima por venirme tan rápido, pero hace mucho que esperaba esto –dije– me tenías muy caliente.

    -No te preocupes, tenemos bastante tiempo para seguir cogiendo –dijo.

    Nos recostamos un rato, abrazados, conversando de cualquier cosa, nos acariciábamos el cuerpo mutuamente, mis manos pasaban por sus tetas, recorrían todo su cuerpo y apretaban sus nalgas. Ella acariciaba mi pecho y bajaba hasta sobar mi pene y mis testículos. Mientras nos manoseábamos, salió el tema de su ex novio.

    -¿Sabes que cuando llegué, él no sabía nada de que lo había visto? –preguntó apenas salió el tema– el primer día lo saludé normal, el muy pendejo quería coger, me inventé una excusa. Quería planearlo todo para vengarme. Hay un chico en la universidad que siempre me para buscando, mi ex novio siempre se burlaba de él, porque no es muy guapo ni atlético –continuó– le conté lo que había pasado y quería que él me coja para vengarme.

    -Jajaja –reí– ¿y qué te dijo?

    -Aceptó al instante –respondió riendo– la cosa es que estuvimos en mi departamento, cogimos un rato. No lo hacía muy bien, pero si tenía una pinga enorme. Antes de cogérmelo, le mandé la foto que vimos y le dije que me vengaría cogiendo con este chico. Él tenía llave de mi departamento, así que se apareció en el departamento, me encontró en el segundo polvo, con tremenda verga hasta el fondo de mi concha.

    -¡Wow! –atiné a decir– ¿y qué hizo?

    -Lo quería matar, así que lo comencé a empujar, a dar cachetadas hasta que lo boté –terminó riendo.

    -Bien hecho –dije– por desperdiciar a una ricura como tú.

    -Si pues primo, él se lo pierde y yo gano, porque ahora me coges tu mucho más rico –dijo dándome un beso.

    -Y hablando de coger, ¿te lo seguiste cogiendo al chico? –pregunté.

    -Nada, con todo el escándalo, se asustó y se le bajó –dijo molesta– por más que intenté, no se le volvió a parar. Después de eso, ya ni me miraba, creo que se avergonzó.

    -Mejor, más para mí –dije riendo.

    Después de tanto relato, tenía otra vez el pene erecto. Paola se puso en cuatro, pasé mis dedos por su vagina, la cual estaba muy mojada. Me metí los dedos en la boca y comencé a penetrarla despacio. Comencé a moverme cada vez más rápido. Al golpear sus nalgas, estas vibraban de una forma deliciosa. Paola gemía y movía sus caderas de arriba abajo, haciendo más rica la penetración. Su vagina chorreaba, yo la seguía embistiendo fuertemente. Ensalivé un dedo y comencé a jugar con su ano. No se quejó. Así que metí el dedo, sin parar de embestirla.

    -¡Que rico! ¡sigue así por favor! –dijo gimiendo– me gusta que me dedeen el culo mientras me cogen la concha.

    -Quiero darte por el culo, me tiene loco –dije, metiendo cada vez más rápido mi dedo en su ano.

    -No, por el culo no, nunca lo he hecho por ahí –dijo, para mi mala suerte.

    -Lo haré despacio, te va a gustar –insistí.

    -Ahora no, de repente otro día –dijo.

    No me gustó su respuesta, pero no quise insistir. Seguí penetrando su vagina, mientras metía mi dedo en su ano. Estuvimos así un buen rato. Luego le pedí que me cabalgara. Me senté en el sillón, ella se acomodó dándome la espalda y de un sentón se metió todo mi pene en la vagina. Comenzó a moverse delicioso. Subía y bajaba rápidamente. Yo aprovechaba para apretar sus nalgas. La ayudaba a moverse de arriba abajo.

    Estuvimos en esa pose un buen rato, porque me encantaba ver ese culo rebotar encima mío. pero después de un rato, se cansó, así que me pidió cambiar de posición. Nos levantamos y fuimos a la cama, se recostó al borde, de costado, me acomodé en el borde de la cama y así, de costado, la comencé a penetrar fuertemente. Las embestidas eran muy rápidas, Paola gemía fuertemente.

    -No pares. Sigue así. Dame duro –dijo –¡Ahhh! ¡si! No pares. Me vengo otra vez. ¡Ahhh!

    -Yo también. Quiero llenarte la concha de leche. –dije.

    -¡si! Lléname toda –dijo mientras se seguía corriendo.

    -Ahí va. ¡Ahhh! Toma tu leche zorrita. –dije corriéndome fuertemente.

    Nos recostamos un rato. Nos abrazamos, pegando nuestros cuerpos el uno con el otro. Estuvimos ahí un rato en silencio. Ya habían pasado unas tres horas desde que salimos de su casa para “ir al cine” no nos quedaba mucho tiempo. Debíamos regresar rápido para no despertar sospechas. Pero yo estaba con ganas de darle por el culo. No me sacaba de la cabeza esa idea.

    -Pao. Sé que me dijiste que no, pero no me saco de la cabeza el darte por el culo –dije.

    -No lo sé, me da miedo –dijo, un poco asustada.

    -Lo hacemos despacio, si no te gusta, me dices que pare y lo dejamos así –dije– ¿te parece?

    -Ok, pero despacito –respondió.

    La acosté boca arriba, levanté sus piernas y le pedí que las sostenga lo más alto que pueda. Comencé a lamerle la vagina, para ir bajando a su ano. Olía bien. Comencé a lamerlo despacio, mojándolo bastante. Le metí dos dedos en la vagina y seguí lamiendo. Luego, comencé a meter un dedo, ya húmedo con sus jugos, en su ano. Paola no decía nada, cerraba los ojos y se mordía el labio inferior. Continué haciendo eso un buen rato, luego metí otro dedo. Después de unos minutos más en eso, Paola gemía, le pedí hacer un 69.

    Mientras me chupaba el pene, yo seguía con mi trabajo. Le pedí que lo ensalive bastante, para lubricarlo y hacer más fácil la penetración. Su ano ya estaba bastante dilatado y lubricado. Paola estaba haciendo un gran trabajo con mi pene, lo lubricó bastante bien, así que decidí penetrarla.

    La acomodé boca arriba nuevamente, con una almohada debajo de su cintura, levanté sus piernas lo más que pude. Acomodé mi pene en la entrada de su ano y comencé a empujar suavemente. Después de tantos preparativos, la cabeza entró con facilidad. La dejé un momento adentro, sin moverme. Luego comencé a empujar un poco más. Para luego volver a detenerme. Así lo hice hasta que entró toda. Me volvía detener.

    -¿estás bien? –pregunté.

    -Si. No me duele tanto –dijo.

    -Me voy a mover despacio, cuando quieras más rápido me dices –dije– mientras tanto anda masturbándote, eso lo hace más fácil de llevar –le aconsejé, sin saber si era cierto o no.

    Comencé a moverme suavemente. Paola se comenzó a meter dos dedos rápidamente en la vagina. Estuve un buen rato dándole despacio, hasta que me pidió que le dé más rápido. Comencé a acelerar mis movimientos. Paola comenzó a gemir, estaba disfrutándolo. Pero no creo que tanto como yo. Que rico se sentía desvirgar tremendo culo. Mia movimientos eran bastante rápidos, al igual que los de sus dedos. Estábamos bastante excitados.

    -No pares. Rómpeme el culo –dijo casi gritando– ¡sí! Dame duro.

    -Me encanta ser el primero en romperte el culo –dije, embistiéndola más fuerte.

    -¡si! ¡Ahh! Me corro puto –dijo mientras se masturbaba muy rápidamente –no pares, dame más puto, párteme en dos.

    -Córrete putita. Te voy a dejar el culo abierto –dije dándole con todas mis fuerzas.

    Paola seguía gimiendo fuertemente, mientras yo le daba lo más fuerte y rápido que podía. Se sentía delicioso darle por el culo. Sus tetas se movían con cada embestida. Empujé sus piernas hasta dejarlas al lado de sus hombros. Y la penetré con fuerza. estaba por venirme.

    -Me voy a correr. Pídeme que te llene el culo de leche –dije.

    -¡si! Dame toda tu leche y que chorree de mi culo –dijo.

    -Ruégame –pedí.

    -Por favor. Sigue y lléname de leche, quiero tu leche, primo –dijo casi gritando.

    -¿Quieres leche putita? Eres una zorra ¿no? –dije sin parar de embestirla –quieres la leche de tu primo.

    -¡si! Dame toda tu leche mierda –dijo.

    -Ahí va. Ahí va tu leche, perra –dije, mientras un gran chorro llenó todo su ano.

    Después de venirme, caí rendido a su lado. Paola se tumbó encima mío y me comenzó a besar en la boca. Nos dimos un beso muy caliente. Y nos quedamos unos minutos así. Hasta que nos dimos cuenta que ya nos teníamos que ir.

    Nos levantamos, nos vestimos y salimos del hotel. Camino a su casa, hablamos de lo bien que lo habíamos pasado y que lo teníamos que repetir. Fui a dejarla a su casa, pero me detuve cerca a su casa para besarnos apasionadamente, ya que en su casa no lo podríamos hacer. Después de besarnos unos minutos la dejé en su casa y me fui a la mía.

    Al día siguiente regresó a su universidad. Unas semanas después me escribió, para contarme que el chico con el que se había acostado en venganza le había pedido para salir y que le había dicho que sí y que después de salir con él, y mucho pensarlo, había decidido ponerse de novia con él. Ya que se había llevado muy bien con él y lo nuestro no tenía futuro. Me disgustó la idea, pero la entendía.

    Así terminó mi relación incestuosa con Paola. Pero nuestra relación de primos continuó de buena manera. Aunque unos meses después me escribió, para vernos, ya que su novio, al tenerla tan grande, no le podía dar sexo anal. Así que cada cierto tiempo, me pedía que lo haga yo.

    Fin

    Loading

  • Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 7)

    Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 7)

    Es ya muy tarde y lo amigos de Raúl se van. Por mí, me habría quedado toda la noche con ellos, pero entiendo que deban volver a casa, con sus esposas y novias y eso. Aunque Raúl es muy amable y me dice que me puedo quedar a dormir, creo que en realidad desea echarse a la cama a descansar ni que sea un par de horas. Así que decido irme y me visto. Pero no encuentro las bragas por ningún lado. Seguro que uno de mis fugaces amantes se las ha llevado como recuerdo. Eso me halaga, pero me preocupa tener que ir con la faldita minúscula y sin nada debajo.

    Raúl me dice que puedo tomar prestadas unas bragas de su mujer. Pero bueno, al ir con el coche y tan cerca, le digo que gracias pero que no pasa nada. Así que nos despedimos con un par de besos, me dice que soy una chica genial y que desea que vaya a la fiesta el domingo. Yo le digo que gracias por todo y que ya veré si voy a ir.

    Conduzco el coche un par de minutos hasta nuestra casa. Aunque estoy cansada y satisfecha, al pasar por delante de algunos locales nocturnos, me atrae la música y el ruido de la gente hablando, riendo, cantando y eso. Pero al final no me detengo. No veo claro ir sola a esas horas, sin conocer a nadie. Y menos, con la microfalda y sin bragas.

    Así que llego a casa y cuál es mi sorpresa cuando me encuentro con Jorge y Ángel, los dos durmiendo en mi cama. Me sabe mal despertarles, pero ya tengo mucho sueño y no me apetece dormir en el sofá de la habitación ni menos sobre la alfombra en el suelo. Les susurro al oído:

    -Jorge, Angelito, Pero ¿qué hacéis aquí en mi cama?

    -Esther… oh… nos hemos quedado dormidos.

    -Vinimos anoche a tu cuarto y….

    -¿A sí? ¿Pero por qué?

    -Te extrañábamos y…

    -Sí, nos supo mal que te fueras a la fiesta y nosotros aquí.

    -Ya, bueno, pero es que la fiesta… o sea… era solo para…

    -Sí, ya, de tu grupo de la universidad.

    -Te hemos estado mirando tus cosas. Tu ropa y eso.

    -Hemos olido tus camisetas.

    -Los pantaloncitos que usabas hoy.

    -¡Huelen muy bien!

    -Ya… bueno… eso me halaga, pero… o sea…

    -También te hemos olido los sostenes que hay en el cajón.

    -Y las bragas.

    -Hemos encontrado las que llevabas esta tarde por aquí tiradas.

    -En realidad, también te las hemos olido y lamido.

    -Pues no sé qué deciros.

    -Hemos olido tus sabanas y hemos decidido quedarnos a dormir entre tu fragancia.

    -¡Que nos encanta!

    -Ya.

    -¡Y mira, Esther!

    Apartan la sabana y, completamente desnudos, veo que Jorge tiene mis braguitas del minibikini blanco alrededor de su miembro y que Ángel tiene el pedacito de tela de la parte de arriba.

    -Nos hemos masturbado con tu bikini de niña.

    -Mira, está empapado de nuestro esperma.

    -Eso no se hace. ¡Sois chicos muy malos! –les guiño un ojo– Pero bueno, en realidad, me gusta que os encante mi olor y mi sabor. A ver si es verdad…

    Tomo mi bikini y me agrada ver que tienen sus vergas paradas cuando las descubro.

    -Oh, veo que tenéis las pollas empinadas. Eso quiere decir que no es cierto que os hayáis corrido en mi bikini –bromeo– oh, sí, aún está húmedo y… sí, huelen a vuestra lefa… y sí, sí, saben a vuestra sabrosa leche. Me encanta.

    Lamo el bikini con placer y lo dejo limpio y seco.

    -Riquísimo, hum, gracias, chicos. Pero ahora debéis ir a vuestra cama. Estoy muy cansada de… o sea… de bailar y eso en la fiesta. Y es muy, muy tarde.

    -Pero Esther, es que… ya sabes… ¡nos morimos por darte bien porculo!

    -¡No, no, pero que decís! Yo no… además hoy… lo tengo muy delicado, me iba a doler. No, no.

    -Mira como tenemos las pollas, Esther, ¡van a reventar!

    -¡Pero si hace poco os habéis corrido en mi bikini! ¿No será por Bea y su microbañador que estáis así?

    -¡No, no!

    -De verdad que es por ti.

    -Si no quieres que te enculemos, pues dejas que te follemos uno tras otro.

    -¡Pero qué os habéis creído! Anda, marchad a vuestra habitación, que ya sabéis que tengo novio y eso.

    -Pues por lo menos, nos la chupas, va, por favor.

    -¡Sí, por favor!

    -Mira, de verdad, si os portáis bien conmigo, quizá algún día…

    -Esther, pues nos masturbas y nos vamos, va.

    -Es que me muero de sueño, chicos. Pero, mira, os voy a hacer una paja porque me gustan mucho vuestras pollas, va. Con la condición que me pueda beber vuestra sabrosa leche.

    -¡Sí, sí, Esther!

    -¡Gracias, Esther!

    Para que aumente su excitación y se corran rápido, me bajo el top hasta debajo de los pechos y dejo que me los manoseen. Tomo una verga con cada mano y les masturbo con mucha habilidad. No puedo evitar que enseguida se amorren a mis pezones y me los chupen. Me estoy calentando mucho y ya noto que mi chichi rezuma. Llevo sus manos a mi sexo para que me den placer y eso les pone a cien, como a mí.

    -¡Oh, vienes de la calle sin bragas!

    -Y eso os gusta, ¿verdad?

    -¡Sí, sí!

    -¡Tienes el coño empapado, Esther!

    -¡Hueles muy bien!

    -Ah, hum, que bien pajeas, Esther, ah, ¡me voy a correr!

    -Sí, y yo… ah, hum… mueve la mano más rápido, Esther, ah… sí, sí, así… ¡oh!

    -¡Esperad, esperad un segundo! –envuelvo el glande de Jorge con la parte de arriba del bikini y el de Sergio con la de abajo y les masturbo todavía más rápido– ¡Ahora, ahora, sí, llenadme el bikinito con vuestra leche mientras mamáis mis pechos! ¡Y frotadme el clítoris con más fuerza, sí, sí, así, mientras os corréis en mi bikini, oh, ah… me voy, ah, hum, cuánto placer!

    Después de gozar de mis varios orgasmos, al cabo de unos minutos se van agradecidos y satisfechos. Agotada, me tumbo en la cama sin desvestirme y huelo y lamo con gusto el esperma que empapa el pequeño bikini blanco. Me quedo dormida al cabo de unos pocos minutos.

    -¡Buenos días, Esther! –mamá me da el besito de la mañana– ¿Qué, cómo fue la fiesta?

    -¿Volviste muy tarde, ¿verdad?

    -Sí, papá, se nos hizo tarde. Fue bien… o sea… me gustó ver a mis antiguos compañeros y eso.

    -Ya, claro. ¡Qué casualidad que la fiesta la hicierais en ese pueblo tan cerca de aquí!

    -Sí, sí, una casualidad.

    -Debes de estar muy cansada, hija.

    -Sí, y con mucho sueño, la verdad.

    Llevo dos noches en que he dormido poco más de un par de horas. Y, además, he tenido infinidad de orgasmos. Me miro al espejo y me preocupa ver que el cansancio se refleja en mi cara. Además, el culo me duele más que ayer. Y los pechos, siguen escociéndome una barbaridad. Pero, así y todo, mojo las bragas cuando me viene a la cabeza cuánto placer tuve en la casa de Raúl y luego con los chicos en mi habitación al volver.

    Pasamos la mañana en la playa. Hoy tampoco es el día para estrenar mi otro bikini nuevo. Tengo las nalgas muy coloradas y eso iba a llamar la atención de mis padres. Y no quiero disgustarles. Así que Bea vuelve a ser la protagonista sexy de la playa. Debo reconocer que está muy, muy guapa con el bikini nuevo que estrena. Todos están a su alrededor y me siento bastante abandonada, aunque ya me va bien porque estoy bien descansando en la tumbona.

    Hemos decidido ir de excursión al atardecer, con el fresco, por el bosque y unas colinas cercanas y luego cenar en plena naturaleza. Pero yo decido no ir y quedarme a descansar. Mamá me dice que puede quedarse conmigo, pero yo le digo que no hace falta, porque me voy a echar en la cama y dormir.

    Cuando llevo un par de horas durmiendo desnuda en la cama, me despierto y decido llamar a mi novio por videoconferencia. Pero antes me maquillo bien, para que me encuentre muy guapa y sin rastro de estas noches sin dormir. No me voy a vestir, sólo me pongo el sostén de encaje blanco y las braguitas a juego. Sorprendo a Gustavo con la videollamada, le digo que vamos a estar tranquilos sin que nadie nos moleste porque estoy sola en la casa, nos decimos cosas cariñosas y después insinuaciones sexuales y enseguida tomo la iniciativa y me bajo algo el sostén, hasta mostrar las aureolas y luego ya hasta debajo de las tetas.

    Acerco los pezones a la boca y me los lamo y chupo. Le digo si quiere que siga y él me dice que claro. Le pregunto si le gusta y dice que mucho. Le reto a que me lo demuestre y él se levanta y se baja el pantalón. Y sí, veo que le gusta porque tiene un gran bulto en los calzoncillos y que están algo mojados.

    Me levanto y juego con mis bragas y le pegunto si quiere que me las quite. Él me ruega que sí. Entonces, cuando me dispongo a bajármelas de manera muy sensual, veo que aparece Marcos en la puerta de mi habitación. Por suerte, la cámara de mi móvil no mira hacia allí. Mi novio le habría disgustado ver que alguien más me está viendo el pecho y, bueno, casi todo. Tomo el móvil y lo dirijo a las braguitas para así poder comunicarme con gestos sin que Gustavo lo vea. Intento hacerme entender preguntando que qué hace Marcos aquí y que se marche, pero él, sin palabras, me dice que se queda pero que puedo seguir con mi striptease ante la cámara.

    No sé qué hacer, pero lo último que quiero es que mi novio se enfade así que disimulo y hago como si estuviera sola en la habitación. Me doy cuenta de que estar así, casi desnuda ante Marcos mientras mi novio me está viendo, me excita un montón. Así que decido pasármelo bien. Ya noto las braguitas empapadas y hago que la cámara tome un primer plano de las manchas de mi flujo en ellas. Le digo a Gustavo si le gusta que esté tan mojada por él –aunque miro a Marcos cuando hago la pregunta– y claro, mi novio me contesta que mucho. Marcos también me hace saber que le gusta.

    Pregunto de nuevo a Gustavo -mirando a Marcos- si quiere que me baje las bragas y los dos me contestan que desde luego. Yo les digo que antes quiero ver que su miembro está contento de verme. Marcos se saca el pene erecto por encima del pantalón para demostrármelo. Y Gustavo, a distancia, se baja los calzoncillos. Me agrada ver que su polla sigue tan genial como siempre. Me bajo las braguitas ante ellos, de manera muy sensual. Juego un poco con ellas en mi coño, las empapo con mi flujo. Las enseño a la cámara, pero se las lanzo a Marcos. Pido a Gustavo que las huela y las lame para que Marcos lo haga.

    -¿Quieres que te la chupe como te gusta, cari? ¿Sí? –invitando con la mirada a Marcos– ¿Te parece que mientras tú me comas el chocho?

    Enfoco la cámara a mi sexo y hago una señal a Marcos para que se acerque y me meta su pene en la boca. Él no se hace de rogar y me da mucho morbo hablar a Gustavo por el móvil, mientras él me ve el coño rezumando mis jugos y Marcos me folla la boca. Casi no se me entiende cuando digo:

    -Por favor, cari, dame toda tu leche caliente, que me encanta y la echo en falta. ¿Te gusta como te la chupo hoy? ¿Sí?

    Marcos ya no soporta más tanto placer y me llena la boca con su lefa. Me la trago con gusto mientras mi coño ya es una fuente.

    -Amor, hora te voy a enseñar mi cara para que te corras en ella ¿sí? –limpio con la lengua cualquier rastro del rico semen de Marcos– Y también te enseño mis tetas, que tanto te gustan. Puedes correrte en mi cara o en mis tetas, tú eliges, cari.

    Y aprovecho que el móvil ya no enseña mi sexo para bajar la cabeza de Marcos y que me lo coma y me meta tantos dedos como pueda, y me acaricie el clítoris.

    -Cari, oh, va… ah… yo ya me corro, ah, ¡hum!

    Ver mi cara que refleja tanto placer hace que mi novio se corra, virtualmente, en ella, mientras Marcos no cesa de darme gusto con sus dedos, lengua i labios. Sé que le estoy dando una verdadera ducha en su cara en mi coño muy abierto para él.

    Cuando nos despedimos de mi novio con besitos cariñosos, le digo a Marcos que qué hace en la casa. Él me cuenta que se ha inventado una excusa para volver antes de la excursión y poder estar a solas conmigo y que le ha encantado participar en mi encuentro virtual con mi novio. Yo se lo agradezco con un par de besos y le pido que salga de la habitación, que pronto van a volver los demás.

    Cenamos algo rápido y yo me acuesto enseguida. Me siento cansada. Le digo a Marcos que cuando regresen, dé las buenas noches a mis padres de mi parte y que pida a todos que por favor nadie me moleste. Cierro la puerta de la habitación. La verdad es que esta noche no quiero estar con nadie y a ver si mañana ya estoy mejor y puedo estrenar el otro pequeño bikini e ir a la fiesta por la noche.

    Me despiertan tímidas llamadas a la puerta de la habitación a lo largo de la noche, susurros, pero no abro en ningún caso, no. Mañana quiero estar bien. Además, creo que es mejor que no crean que pueden estar conmigo siempre que quieran y cuando quieran. Pienso que su deseo será mayor luego, así como su respeto.

    Y sí, esta mañana me despierto genial. Me ha ido muy bien haber dormido tantas horas. Feliz, me preparo para este nuevo día, ya de los últimos con mi familia y amigos en la casa de la playa.

    Si quieres saber lo que pasó, te cuento lo que hice en “Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 8)”.

    Loading

  • Noches de donación y exhibicionismo (parte 2)

    Noches de donación y exhibicionismo (parte 2)

    Erika y Román, este es nuestro relato escrito con mucho amor de nuestras aventuras, romance, exhibicionismo, infidelidades consentidas, entre otras cositas. (parte 3)

    Continuando en donde dejamos el último relato…

    Llegados la noche de volver a ir a los sectores asignados nos pusimos en marcha con dos cajas de colchas, mi suegro nuevamente nos prestó la camioneta, a todo esto, aún no sabía lo que mi novia se había comprado, cuando ya íbamos a medio camino finalmente mi novia se empezó a quitar la ropa, y sacando de la mochila un sujetador en forma de tubo sin tirantes blanco, ella suele comprar media talla más pequeña por lo que los pezones se le mercaban para chupar directo de la tela, su mini falda de cuerina negra al ras de culo, y sus tacones de 10 cm, se miraba sexy lista para recibir cualquier embestida de verga en su culo.

    Habíamos llegado tipo 10:30 pm entonces no queríamos perder tiempo y empezamos a repartir rápido, mi novia como siempre dejándose ver el culo cuando se inclinaba o acercando mucho los pechos en la cara de los vagabundos para alcanzar las colchas, al final dejamos a 5 vagabundos que estaban más o menos cerca al grupo de ayer.

    Nos dirigimos con el auto y lo estacionamos detrás del grupo que queríamos y nos bajamos, dos estaban acostados y uno sentado, tan pronto el que estaba sentado nos vio llegar empujó a los otros dos y se sentaron, al que nos vio llegar de primero en voz alta le dijo a los otros dos: ¡¡Eehh mira es a la que tenían con el culo abierto ayer!!

    El vagabundo que no conocíamos dijo: ¡¡Ohh con que ella es!! Así de hermosa quien no la tuviera así y empezó a reír

    Mi novia se cortó un poco, y les preguntó cómo estaba y ellos respondieron: Ahora que has venido super bien, como dicen, en alegrón de la noche. A lo que yo le alcanzó la colcha al que no tenía, a la vez nos presentamos, les dijimos que éramos novios y ellos de igual forma se presentaron: Los dos de ayer, uno se llamaba Héctor y el otro quien le había intentado coger a mi novia se llamaba Antonio, y el que no conocíamos se llamaba Adrián, nombres que nunca olvidaremos.

    Entonces nos dieron 2 cubetas al revés para sentarnos, mi novia se sentó frente a los tres para enseñarles su vagina a propósito y yo me senté a la par de ellos, mientras hablábamos los otros tres miraban un rato los ojos de Erika, otro rato los pechos y otro rato la vagina de ella, y así jugaban con la mirada, hasta que Antonio (el que intentó penetrar a mi novia) dice: ¿Por cierto, se fueron a disfrutar de la cogida que te estaba dando tu novio? A lo que ella responde: Si claro cogimos, solo que mi novio me tuvo que limpiar las nalgas por los dedos marcados que dejaste…

    Antonio quedó de cierto modo sorprendido y me vio de un solo pensando en que le iba a decir algo, pero jamás lo haría ya que no quería desaprovechar la oportunidad que la siguieran manoseando, por lo que le respondo con una risa: Jaja igual solo bastó una pasada y Antonio agarró confianza a raíz de mi respuesta y se aventuró a responderme: Es que tenía que aprovechar pues no se ve un culo así toda la vida y menos para nosotros, ¿verdad? Y los otros dos responden que si…

    Entonces mi novia interrumpe y dice: Al menos lo disfrutaron, puedo hacerlo de nuevo si quieren (aunque lo dijo dudosa).

    Héctor el segundo indigente le dice: Sería lo mejor de la noche y los otros dos asintieron con la cabeza.

    Yo secundé lo que dijo mi novia y le dije: Esta bien amor quítate la parte de arriba, para mientras iré al auto… y mi novia me dice: Espera amor, que ellos me ayuden.

    A lo que respondo: Esta bien corazón. Los vagabundos ni bien escucharon eso se olvidaron de sus dolencias e inmediatamente se pararon y le dicen a mi novia: ¿Para qué somos buenos? Y ella nomas ríe y les dice: Agarren uno cada lado del tubo y súbanlo, el sujetador en forma de tubo al ser media talla más pequeña al subirlo sus pechos subió y cuando fueron liberados rebotaron, creo que en ese momento los vagabundos y yo seguimos el ritmo de los pechos.

    El tercer vagabundo Adrián le dice: Ya está princesa, puedes tomar asiento, pero Adrián le dijo: Espera, hagámonos más para adentro.

    Entonces le pregunto a Adrián porque y el me responde: Es que estamos a orilla de calle, solo queremos hacernos más adentro solo para disfrutar nosotros y le digo: Ohh bueno está bien.

    Entonces mi novia a propósito camina y se detiene en medio de la calle con las tetas a la vista de todos: Es verdad estamos muy afuera y se regresa a donde estábamos.

    Recordé lo que mi novia me dijo de dejarla sola por lo que digo de manera general: Bueno, como dije iré al auto sacaré más colchas para seguir repartiendo, los vagabundos desilusionados dijeron: ¿Ya se van?

    Yo solamente les digo: No nos vamos todavía, amor si quieres quédate con ellos hablando, yo iré a repartir esto y luego me les vuelvo a unir. Ella a sabiendas me dice: Esta bien mi amor aquí te espero.

    Justo cuando estaba sacando las cosas del carro se acerca mi novia y me dice: Mi amor una pregunta. Si dime –le respondí–. ¿De verdad me puedo dejar tocar?

    Y le digo: Mi amor ya lo hicieron ayer, y ahora también al quitarte el tubo, no hay problema, como te dije ayer me hubiese gustado ver eso.

    Entonces ella me dice: Si mi amor lo sé –dice con una sonrisa. Y me vuelve a decir: ¿Pero que tan lejos debo de llegar?

    Ante esa pregunta me quedé con las manos en la caja, me quedé en blanco, pero tenía que dar una respuesta rápida, otra vez a tratar de mover las cosas a mi favor…

    ¿Ser demasiado sincero y decirle que de mi parte que esos tres se la cogieran hasta decir ya no? Pero luego recordé que cuando Antonio se empezó a acomodar entre las nalgas de mi novia ella se quitó, entonces en mi mente pensé que probablemente no era el momento, pero si ponía un límite sé que ella lo iba a respetar e iba a perder una futura oportunidad de mi siguiente objetivo: ¡Ser cornudo al menos una vez en mi vida!

    Mi mejor respuesta al instante fue: Amor estas cosas no se dan toda la vida, deberías de aprovechar y que disfrutemos hasta donde quieras – Sinceramente me arriesgué mucho con esa respuesta, pero fue la mejor, pues le daba luz verde de llegar hasta donde quisiera, a la vez permitirle detenerse cuando ella quisiera, además de decirle de manera indirecta: Si quieres que te cojan aquí mismo hazlo, pero, dicho con otras palabras.

    Mi novia me responde: Esta bien mi amor estaré platicando con ellos y ni creas que me voy a cubrir en toda la noche –me diría guiñando el ojo.

    Me subí la caja al hombro pues era absurdo mover el carro a media cuadra, y salgo de la parte de atrás y voy a donde están sentados y le digo a los tres vagabundos: Bueno se las encargo mientras dejo eso.

    Y ellos tres me dicen: Si claro, no te preocupes, igual no dejaremos que nadie se acerque. Eso último me gustó pues me dio a entender que serían protectores a alguien ajeno.

    Cuando llegué a media cuadra vi para atrás y ahí seguía mi novia, un poco más atrás por lo que se movieron, pero aun podía verla, aún seguía con las tetas al aire y los otros tres como zombis viéndoselas. Continué repartiendo hasta casi llegar al último y este me detuvo y me dijo: ¡Oye! –Volteo mi rostro hacía abajo y le respondo: ¿Si?

    Ese indigente me dice: Buena putilla se han encontrado esos tres verdad. Inmediatamente le seguí el juego: ¿Si tienen suerte, has logrado verla?

    Entonces me responde: Pues claro salió con las tetas al aire en plena calle, buena vista me di, bueno al menos ellos tendrán con quien coger hoy.

    Su comentario nuevamente me volvió a poner erecto el pene, aprovechando quise saber más de ellos por lo que le pregunto: ¿Y ellos suelen traer mujeres así a menudo?

    El indigente nomas dice que no con la cabeza y me dice: Las putas son más finas que nosotros. Le interrumpo y le pregunto: ¿Por qué dices eso?

    Y el me responde: Primero que nada, las putas ni nos voltean a ver, segundo solo míranos ni les antojamos y tercero ellas saben que no andamos absolutamente nada que ofrecerles, y por eso te he dicho que han tenido suerte esos tres de allá, esa ha de ser una marrana cogiendo con vagabundos.

    Obviamente él no sabía nada, pero su comentario me lleno de excitación saber que mi novia llegó a un punto tan bajo de ser tocada por gente de la calle, que como el otro me lo confirmó, ni las putas les hacen caso.

    Había terminado de darle la última colcha a una mujer que era sin hogar también, cuando ella me estaba agradeciendo escuché carcajadas más fuertes pues se lograba escuchar a 3/4 de la calle y eso que era un tanto larga la calle y escuché que alguien tiro un beso era un vagabundo que casualmente iba pasando en ese momento pero siguió de largo, cuando vi en dirección a donde estaba mi novia, ya a ese punto no la podía ver porque se habían metido más sin que yo me diera cuenta, por lo que me hice más a la derecha y cuando pude ver finalmente, mi corazón dio un vuelco pues ella estaba de pie, pero su pecho apoyado justo sobre un borde de un muro con el culo parado y sus tacones solo hacían resaltarlo más.

    Se me vino a la mente cuando la estaba cogiendo ayer que así mismo la tenía

    Y vi cómo los tres se acercaron y empezaron a bajarle la falda despacio y su culo quedando al aire libre. Llegado a ese punto me quedé congelado… Creí que finalmente se la iban a coger ahí mismo a la vista de algunos, entonces apresuré el paso pues era algo que no quería perderme, pero a la vez me invadían muchos pensamientos, pero cuando iba de camino vi que ella se puso recta otra vez y camino junto a ellos a sentarse de nuevo…Cuando llegué solo reían y llegué con una sonrisa y dije: ¿Tenías calor mi amor? –dije en forma de sarcasmo y riendo por la adrenalina y la excitación.

    Mi novia se rio y me dijo: ¡¡No mi amooorr!! Es que estábamos hablando de cómo me encontraron ayer –dijo riendo–. Y me pidieron si podía repetir la escena para ellos entonces acepté, de todas formas, desnuda ya estaba –dijo riendo nuevamente.

    Entonces Héctor (el segundo vagabundo) interrumpe y dice: A fin de cuentas, esa falda nada que le tapaba. Y los otros dos asintieron con la cabeza.

    En ese punto mi trabajo era seguir generando confianza para el bien de mi novia porque lo disfrutaba con mucha sinceridad y para el bien mío porque moría de excitación.

    Entonces dije en forma de aprobación: Si es verdad amor, para eso mejor no te pongas nada –y les di la falda a ellos– pueden quedárselo –les dije.

    Cuando íbamos a sentarnos mi novia a apoyar su culo iba sobre la cubeta, entonces Antonio: No te sientes ahí princesa, eso esta sucio, mejor hazlo aquí –dijo abriendo sus piernas.

    Adrián lo interrumpe y le dice: Pero si ahí está más sucio. Y todos reímos ante lo cómico del momento.

    Pero luego vi las piernas de Antonio y definitivamente si estaba bien sucio el pantalón, era de tela delgada desgastada, bastante flojo amarrado con cuerda, con hoyos, y disimuladamente vi su entrepierna pude ver que ni disimulaba el bulto, al ser un pantalón bastante flojo se abultaba bien y se miraba en qué dirección apuntaba su pene, pero no sabía si era grande o normal.

    Mi novia ante todo eso dijo: ¡Calma! –riéndose–. Cuando a Antonio se le duerman las piernas voy a escoger un asiento nuevo –dijo poniéndose de espalda frente a Antonio.

    Antonio como dije, era el más lanzado en lo que mi novia iba bajando para apoyar sus nalgas en su entrepierna, rápidamente se metió la mano adentro del pantalón y puso su pene hacía arriba, pero adentro del pantalón y sacó la mano.

    Cuando mi novia terminó de sentarse pude notar que ella sintió el pene a través de la tela apoyarse en su vagina, por lo que ella astutamente con su culo empujo para atrás y luego se hizo hacia adelante, dejando su pene viendo para abajo. Mi novia le había ganado el juego pues el pene de Antonio había quedado en otra posición.

    Empezamos a hablar de diferentes temas, les dijimos que éramos enfermeros, ellos se sorprendieron por eso, tocamos diferentes temas, hasta llegar a los temas sexuales, obviamente ellos eran los más curiosos al respecto, en lo que íbamos hablando mi novia ya había cambiado y se había sentado en Héctor, solo quedaba Adrián.

    El tema iba un poco así: Nos preguntaban si habíamos hecho sexo anal y nuestra respuesta fue que si solíamos hacerlo varias veces. Héctor era quien tenía a mi novia en sus piernas y le pregunta muy cerca de su boca: Oye… ¿Es cierto que el culo crece?

    Ella nomas alcanza a reír y responde sin pensarlo: ¡¡Noo!! ¡Pero el ano si cambia un poco de forma!

    Eso último fue el detonante para ellos pues se mostraron eufóricos y no querían desaprovechar la oportunidad y Héctor dice: ¡A ver muéstranos!

    Y mi novia la responde: ¿Y cómo piensas comparar si no me has visto desde antes?

    Entonces Adrián los interrumpe y me dice a mi: Seguramente tú tienes fotos de ella así, no seas malo, muéstranos por favor.

    Entonces para seguir con la intriga le digo a mi novia: ¿Amor se los muestro? –dije con mirada cómplice.

    Mi novia siguiéndome nuevamente el juego: Esta bien muestrales cuando recién empezábamos. En lo que buscaba las fotos vi la hora 12:30 am, supe que se nos acababa el tiempo, pero yo quería saber hasta dónde llegaba todo.

    Finalmente la encontré y se la mostré a ella en 4 abriéndose las nalgas con la mano, en esa foto recién habíamos terminado de coger, esa foto la tomé en realidad para tenerla de recuerdo de las primeras veces que terminaba adentro de su vagina.

    Les pasé el teléfono para que la vieran, uno se lo pasó al otro. Para ese momento mi novia ya se había pasado a las piernas de Adrián, y cuando el vio la foto dijo: ¡¡Pero es que si la tenés bien cogida mírala!!

    No me había percatado que habían visto las demás fotos, y precisamente la que estaban viendo era ella con mi semen en su boca y se volvieron a pasar el teléfono y al final todos vieron esa foto igual, entonces Antonio le pregunta a mi novia: ¿Te encanta el semen verdad? Y ella responde con una sonrisa diciéndole que sí. Antonio solamente le dice: Así debes de ser siempre tomar todo lo que te ofrezcan.

    Mi novia con voz pícara le responde: Por supuesto. Después de eso Héctor vuelve a interrumpir y dice: Total no nos mostraste el cambio de tu culo, digo, de tu ano.

    Ella nomas se levanta meneando su culo y dice: Esta bien, para los curiosos –dice poniéndose en 4 en la tierra frente a ellos, los tres se levantaron de un solo y acercaron la mirada para ver mejor y me devuelven el celular.

    Adrián luego dice: Queremos comparar bien… me ve a mí y me dice: Puedes acerca el celular y fue precisamente lo que hice. Entonces Antonio le abrió sus nalgas con sus manos y deja ver al máximo esplendor su ano y su vagina.

    Yo quería eyacular adentro de mi short sin haberme tocado mi calentura era enorme, tener a mi novia en 4, que alguien más le abra las nalgas para que puedan ver todo, es solo algo que deben de experimentar para comprender semejante bendición.

    Entonces ellos en tonos de burla le dijeron: Mira esta que se incendia el culo de ella, te apuesto a que pones algo ahí y con toda esa lubricación se va de paso, y se atrevieron a pasar un dedo cada uno de ellos en medio de la vagina de ella y con los mismos líquidos vaginales dedearon un poco el ano de mi novia y se pusieron a reír los tres.

    Mi novia al sentir los dedos pasar solo cerro los ojos y dio un jadeo excitada, y luego giro su vista por encima de su hombro y respondió a la burla de ellos aun estando en 4: Mucho se ríen, pero desde que vine tienen bien paradas sus vergas, no creas que me di cuenta de tu erección Antonio y por último sentenció: No me lo nieguen que ustedes también estarán hasta con liquido preseminal de afuera, así que sáquense sus vergas para que no sea la única sin ropa.

    Sus palabras me llegaron a lo profundo y por segunda vez me puse a pensar realmente: ¿Que tan lejos realmente piensa llegar?

    Loading