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  • Mi hermano mayor nos rompe el culo a mi amiga Sonia y a mí

    Mi hermano mayor nos rompe el culo a mi amiga Sonia y a mí

    Mi hermano mayor nos rompe el culo a mi amiga sonia y a mí
    Mi hermano mayor nos rompe el culo a mi amiga sonia y a mí
    Este relato ha sido grabado en audio para que cualquiera lo disfrute, especialmente personas con visibilidad reducida o nula.

    Grabarlo y editarlo supone mucho trabajo, por esto me gustaría conocer tu opinión y si te resulta útil.

    Escúchalo narrado por su autora

    Relato

    El día que propuse a mi hermano Álex practicar sexo anal, yo afirmé tener virgen el agujerito, y él confesó no haberlo probado nunca. Seguimos un plan progresivo para que me doliera lo menos posible. Le dije que me lo había recomendado una amiga, una tal Mariloli que presumía de ser una consumada adicta a esta práctica. Mi hermano descubrió al final que yo no era tan adicta como mi amiga, pero poco me faltaba, pues recibía por detrás desde un año antes. Este plan no fue sino una artimaña mía para tomarle el pelo, para hacerle sufrir como venganza por algo que me hizo días atrás. Quedamos en empate y fumamos la pipa de la paz.

    Desde entonces, el sexo anal se ha convertido en otra forma de gozar juntos mi hermano y yo.

    Un par de días después de aquello, confesé a mi hermano que la tal Mariloli existía, solo que no se llamaba así, sino Sonia. Álex no la conocía porque no pertenece a mi grupo de amigas habituales. Le expliqué que es una compañera de estudios en la universidad, de 22 años y de Tarragona como nosotros, y añadí que la invitaría esa misma tarde, junto con las otras, a bañarnos en la piscina que tenemos en casa.

    Se la presenté cuando todas estuvimos en topless, y el pobre quedó embobado. En un momento dado, Álex me habló en plan secretitos. Confesó que había quedado prendado de Sonia, y destacó que le encantaban sus tetitas menudas, mucho más su culo un tanto rellenito pero proporcionado. Finalmente dejó caer que le costaba disimular las ganas de joderla allí mismo. Aspectos sexuales a un lado, opinó que de carita estaba bien, y que le encantaban las mechas azul celeste en su cabello largo y moreno.

    Hablando con mi hermano por la noche, comenté algo que le dejó perplejo.

    -Ahí donde la ves, Sonia es una niña pija de buena familia. El primer año en la universidad, me miraba por encima del hombro, porque sabía que mamá es mexicana y papá español. Luego cambió en segundo curso, desde entonces va por la vida de gótica, yo creo que es una forma de rebeldía, y nos hicimos buenas amigas.

    -Teniendo en cuenta lo rica que está y sus manías estéticas -dijo él, admirado y nervioso-, añadido al hecho de que es una porculera, mis ganas de joderla son mayores.

    Reí con ganas porque su respuesta era apropiada para lo que habría de venir. Le dije que ella también se había interesado por él, y que le tenía tantas ganas o más. El pobre quedó ojiplático, asombrado cuando añadí que me gustaría que follara con ella, alucinado cuando afirmé que me encantaría ver cómo le daba por el culo.

    Álex estalló en carcajadas y no había forma de hacerlo callar. Por un momento temí que tendría que llevarle a urgencias. Cuando se calmó, me llamó celestina, alcahueta y lo peor de todo, embustera y manipuladora. No concebía que yo le arrojara entre los muslos de mi amiga y detrás de ellos. Su conclusión final fue que pretendía tomarle el pelo. No obstante, con motivo de ver por dónde le salía, me dejó al frente de la planificación, pero impuso una condición:

    -Tienes que decir a Sonia que soy un tipo peculiar, uno de esos que les gusta mandar y tener a la hembra para lo que uno disponga.

    Me dejó intrigada el hecho de que negase y acto seguido aceptara con aquella extraña condición. Algo le rondaba la mente y yo no era capaz de intuirlo.

    El viernes noche le comenté lo planeado.

    Sonia vendría a comer a casa el sábado, aprovechando que nuestros padres estarían fuera el fin de semana. La comida serviría para romper el hielo y crear un ambiente cómodo para ella. Luego yo me ausentaría con la excusa de ir con las amigas a la playa, subiría al dormitorio de mi hermano por la escalera trasera y me escondería en el armario, donde podría ver todo a través de la puerta laminada.

    Sonia llegó a la una del mediodía, vestida de negro riguroso con top ceñido, minifalda y sandalias. Yo también me arreglé, pero mi hermano, tan campechano como siempre que anda por casa, en bañador y chanclas. Su atuendo no me pareció adecuado. Cierto que no precisaba seducirla porque ella sabía a lo que venía, pero qué menos que dejar una buena impresión. Supe que esto no le pasaba por la cabeza cuando pasó a la acción.

    -Sonia, dime una cosa -dijo Álex y las dos prestamos atención-. ¿Tú eres tan golfilla como Laura? -preguntó al tiempo que introducía el pie descalzo en su entrepierna por debajo de la mesa.

    Sonia dio un saltito en el asiento al notarlo.

    -No entiendo el sentido de tu pregunta -respondió aguantando el tipo.

    Álex incidió con el dedo gordo en la zona cero y Sonia repitió el saltito.

    -Me refiero a si te gusta el sexo tanto como a Laura.

    -Diría que no tengo la menor idea porque desconozco este dato. -Sonia contuvo el aliento porque sintió el dedo entre la vulva empujando la braguita.

    -¿Y mojas las bragas si un chico te hace cositas? -preguntó Álex de nuevo.

    -Si me gusta lo que me hace, como cualquier otra -murmuró ella.

    Su respuesta inconcreta y el rubor en las mejillas indicaban que había mojado las braguitas. Álex confirmó que su dedo también lo había notado.

    Viendo a mi amiga metida en un apuro, pedí a mi hermano que me ayudara a retirar los platos y me acompañara a la cocina.

    -Si la sigues hostigando de este modo -dije con aire inquisitivo-, lo más seguro es que se avergüence y se vaya.

    -No entiendo por qué -respondió con aire indiferente-. Ella sabe a lo que viene y yo quiero averiguar su grado de implicación.

    Convenimos que dejaría de atosigarla al menos durante el resto de la comida, momento en que yo les dejaría solos.

    Después de comer, con el café en la mesa, Álex dijo que le apetecía tomarlo en el jardín. Anonadadas vimos cómo se quitaba el bañador y sus vergüenzas quedaban al aire, lo dejó en el respaldo de la silla, cogió la taza y se fue como si tal cosa. Le miré con ojos de qué coño haces, esto no es lo que habíamos planeado. Le dio igual y siguió su camino. Entonces sospeché que algo tramaba.

    Sonia fue con Álex diez minutos después, y se sentó en una tumbona junto a la que él ocupaba. Yo les observaba desde la ventana del dormitorio de mi hermano.

    -¿Tienes claro a lo que has venido? -preguntó él.

    -Por mi parte sí -respondió ella mirándole a los ojos y añadió desviando la vista a su entrepierna-. Laura dice que tú también.

    -¿Y te ha dicho que soy muy peculiar? -Sonia asintió con los ojos y Álex prosiguió-. No quiero que pienses que soy un machista, es solo que me gusta conocer el grado de motivación de las chicas con las que tengo sexo.

    Sonia seguía mirando el miembro y se relamió los labios al escuchar la palabra sexo. Álex se sentó en el lateral de la tumbona frente a ella y le pidió que se pusiera en pie. Ella lo hizo con las piernas ligeramente separadas, él metió la mano derecha entre ellas y restregó varios dedos por encima de la braguita. Luego dijo con autoridad:

    -Quítate la minifalda y baja la braga hasta donde termina el culo, pero no del todo, solo lo justo para insinuar.

    Cuando Sonia obedeció lo mandado, Álex se puso en pie junto a ella y la besó, al tiempo que sus dedos se abrían camino entre los labios vaginales.

    -Me gustan las chicas que tienen la vulva muy cerrada -susurró en su oído-. Es un reto placentero abrirla y descubrir lo que guarda -añadió introduciendo los dedos índice y corazón en la vagina.

    Sonia gimió un par de veces y se mordisqueó el labio inferior cuando la penetró repetidamente.

    -Ayúdame a quitarme el top – rogó Sonia conteniendo el aliento-. Tiene cremallera y no me resulta fácil.

    Sonia mintió porque no era complicado, fue tan solo un modo de tomar cierta iniciativa. Álex consintió a medias, se limitó a bajar la cremallera. Luego se sentó en la tumbona y observó cómo ella se lo terminaba de quitar. Lo hizo convertida en una stripper profesional, para mayor regocijo de mi hermano. Entonces los pechos menudos y erguidos le parecieron más apetitosos que la primera vez que se los vio, solo que ahora los pezones estaban duros y puntiagudos.

    -Ahora quítate la braga -exigió Álex-, camina muy despacio hacia el rincón donde está la barbacoa y te detienes allí sin girarte, quiero ver cómo meneas el culo mientras lo haces.

    Que la mandara a esta zona, no solo era un capricho, también era la zona más privada del jardín y no se veía desde donde yo estaba. Pretendía hacerme sufrir por la incertidumbre de no saber qué ocurría.

    Álex se aproximó a Sonia cuando ella se detuvo, se pegó a su espalda y apretó el miembro erecto contra el culo, luego abarcó los senos con las manos.

    -Seguro que muchas veces te han dicho que tienes un culo espectacular -susurró en su oído al tiempo que le pellizcaba los pezones.

    -No recuerdo cuántas veces me lo han dicho. Imagino que muchas porque los chicos vivís obsesionados con los culos, pero solo me importa ahora que te lo parezca a ti -respondió ella entre jadeos.

    Sonia es ligeramente más baja que el metro setenta y cinco de mi hermano, y este tuvo que flexionar un poco las rodillas para introducirle la verga entre los muslos. Ella gimió cuando la sintió rozando la zona genital, como si la follara sin penetrarla.

    -Dice mi hermana que te gusta el sexo anal -volvió a susurrarle al oído-. No se sí ha cometido una indiscreción.

    -Me gusta mucho y es un secreto a voces entre la gente que me interesa -respondió ella-. Sería una indiscreción si no estuviéramos como estamos.

    El desparpajo que Sonia mostraba con cada respuesta y su predisposición, no le parecieron a mi hermano propios de alguien confabulada conmigo para tomarle el pelo, pero faltaba la prueba definitiva.

    -Ven conmigo -dijo Àlex, tomó su mano y juntos entraron en casa.

    Yo esperé en la puerta del dormitorio, pero tardaban en subir. Caminé de puntillas por el pasillo y llegué a la barandilla al final de la escalera.

    Los dos estaban de pie junto a la mesa del comedor, abrazados y comiéndose la boca mutuamente. Dejaron de hacerlo y Álex la forzó por la espalda, hasta que los pechos y estómago de ella besaron el tablero de la mesa. Las piernas apoyadas en el suelo quedaron entreabiertas y el culo a placer.

    Me sorprendió que mi hermano la preguntara si tenía objeciones en hacerlo sin condón. Ella negó con la cabeza y afirmó que solo follaba a pelo con algunos chicos de su pandilla, en los que confiaba plenamente. Álex iba tan lanzado, que ya la estaba penetrando el coño antes de que ella acabara con las explicaciones. Inexplicablemente, a los pocos segundos se detuvo con el propósito de ver cómo reaccionaba ella. Lo hizo moviéndose adelante y atrás, cada vez más insistente, gimiendo como una perra en celo. Álex supo con certeza entonces que ella iba muy en serio y se plegaría a sus caprichos.

    Salió de ella, abrió el cajón de las servilletas, cogió una, la enrolló en diagonal y dijo:

    -Me muero por probar tu espectacular culo y voy a vendarte los ojos. Quiero privarte de la vista para que te concentres en lo que importa. ¿Te parece bien?

    Sonia contuvo el aliento unos segundos y consintió susurrando repetidos síes, con un tono tan excitante que costaba creer que fuera real.

    Álex le puso el capullo en el ano y fue penetrando lentamente. Ella no emitió sonido alguno de queja, tampoco cuando comenzó a sodomizarla con cierto ritmo.

    -Veo que te lo han abierto a base de bien -dijo Álex al comprobar la facilidad con que la verga entraba y salía sin ayuda-. Al final va resultar cierto lo que dijo Laura.

    -¿Qué te dijo? -preguntó Sonia entre gemidos.

    -Dijo que no solo te gusta el sexo anal, que también eres una porculera de categoría.

    Sonia soltó unas risitas y respondió abiertamente y sin pudor.

    -Desde que me lo abrieron, hará unos tres años, reconozco que me gusta más que por el coño.

    -Eso está bien y es bueno para los dos -dijo Álex sonriendo de oreja a oreja-. Hoy estoy en forma, tenemos tiempo de sobra y pretendo encularte hasta que uno de los dos diga basta. Pero antes quiero observarte un ratito tal y como estás desde la butaca. Procura no moverte.

    No lo vi venir, pero mi hermano volvía a dar un giro inesperado. En lugar de sentarse en la butaca, se descalzó y subió la escalera con sigilo. Debió intuir que yo les espiaba, porque en ningún momento le vi mirar hacia mi posición. Me encontró tras la esquina del pasillo, me hizo girar hasta ponerme cara a la pared, levantó la minifalda, bajó la braguita un palmo y ordenó que no hiciera ruidos mientras me la clavaba en el agujerito. Yo no dije ni pío, estaba sorprendida y fascinada a partes iguales, suspirando levemente mientras me sodomizaba.

    -El culo de Sonia es un prodigio, pero el tuyo no lo cambiaría por ningún otro. Ni siquiera por el suyo -dijo entre susurros, tapándome la boca para que no le respondiera, y añadió con cierta prepotencia-. Pienso encularos por turnos hasta que me canse.

    Ahora entendía por qué cegó los ojos de la otra. Era un regalo inesperado para mí y lo disfruté unos pocos minutos. Entonces regresó con Sonia y volvió a encularla.

    Ella gritó al sentirse atravesada por sorpresa. Después gemidos de placer. La muy puta movía el culo describiendo pequeños círculos, rogando con la voz quebrada que le diera más y más.

    La escena era brutal y no pude contenerme. Me quité la braguita, abrí las piernas y las flexioné para agitar los dedos en el clítoris. No tardé en lograr un orgasmo y noté como los fluidos vaginales recorrían la cara interna de los muslos. Sofocada miré a los otros y mi hermano la follaba el coño. Ella no tardó en correrse también, gimiendo enloquecida al tiempo que agitaba la melena.

    Ambos sudaban como pollos en el asador, y Álex propuso un descanso para refrescarse. Indicó a Sonia donde estaba el aseo de la planta baja, y él subió al de la planta superior, afirmando que allí tenía una toalla especial para su piel delicada. Tuve que taparme la boca para silenciar las carcajadas, alucinada con semejante excusa.

    Total, que pidió a Alexa que reprodujera una lista de música, volvió a subir las escaleras, me tomó de la mano y tiró de mí hasta su dormitorio. Allí me empujó por la espalda, caí boca abajo en la cama y quedé completamente estirada.

    -No entiendo de dónde sacas tanta energía -dije cuando se sentó a horcajadas sobre mis muslos, abrió los glúteos y volvió a sodomizarme.

    -Me hice una paja a eso de las once -confesó al tiempo que me daba por el culo, apoyado con los puños cerrados en el colchón-. Es un experimento para aguantar más, y parece que funciona.

    Y vaya si funcionaba. Me la clavaba repetidamente y el tipo aguantaba como un campeón. No obstante, cuando me tenía en lo mejor, la zorra de mi amiga me cortó el rollo.

    -En un rato vuelvo -dijo al escuchar que Sonia le llamaba y salió pitando.

    Giré en la cama, abrí las piernas y tuve que consolarme de nuevo con la mano.

    Cuando regresé al balconcillo de la escalera, escuchaba los gemidos de Sonia, pero no veía a ninguno de los dos. Presté mayor atención y los encontré de aquella manera justo debajo de mí. Resulta que Álex había colocado la butaca allí. Sonia estaba arrodillada en el asiento y se apoyaba con los antebrazos en el respaldo. Respecto a mi hermano, estaba a su espalda y la sodomizaba sin compasión.

    Yo veía con todo lujo de detalles como la verga entraba y salía del ano. Pensé que mi hermano lo había dispuesto así con este propósito. El rostro de Sonia no podía verlo, pero debía ser todo un poema a juzgar por los grititos que lanzaba.

    -Solo me falta una doble penetración para redondear la tarde -dijo gimoteando de gusto la muy guarra.

    -No me digas que también te lo montas con dos al mismo tiempo -dejó caer Álex mirando hacia arriba, clavando sus ojos en los míos.

    Extrañamente me puse celosilla, sospechando en qué terminarían las confidencias. Sonia respondió como si tal cosa.

    -En alguna que otra ocasión. Mis amigos no tienen tanto aguante como tú, que me tienes fascinada, y recurro a dos de ellos cuando estoy súper motivada, como ahora.

    Álex redujo el ritmo de las embestidas. Parecía sumamente interesado en el asunto, tal y como yo me temía.

    -Un día de estos podemos organizar un trío con uno de esos amigos -dijo el cabronazo sin apartar la vista de mí.

    Sonia soltó un par de carcajadas y dijo en plan putón verbenero:

    -Lástima no haberlo sabido antes, porque ya no hay remedio. Aunque, ahora que lo pienso, si sois ellos dos y tú, para mí, mejor que mejor.

    A estas alturas de la historia, yo no era capaz de decidirme, me debatía entre el título del más cabrón del mundo para él, o el de la zorra mayor del reino para ella. La muy viciosa se tenía bien guardada esta perversión. Sin embargo, me dio qué pensar. Yo nunca me lo he montado con dos al mismo tiempo, y puede que vaya siendo hora de probar.

    Los gritos de Sonia anunciando que se corría, me devolvieron a la realidad. Mi hermano la llenó el recto de leche poco después.

    Cierto que la idea de juntarlos partió de mí, pero ya había visto y oído suficiente. Corrí a mi dormitorio, tomé el celular y llamé por teléfono a mi hermano. Tardó porque lo tenía en la mesa del comedor.

    -Manda a esa petarda a la mierda -le dije malgeniada-. Dile que me he quedado tirada con el coche y tienes que recogerme.

    Mi hermano acató la orden a regañadientes, se vistieron y la despidió en la fachada. Él dijo que tardaría un poco porque debía sacar el coche del garaje.

    -¿A qué coño viene eso de follaros a Sonia entre dos o tres? -pregunté con malos modos cuando volvió conmigo.

    -Lo he dicho por decir -respondió Álex encogido de hombros, temeroso de que le diera una bofetada o algo peor, que le reventara las pelotas de un puntapié.

    -Espero por tu bien que sea cierto -dije algo más calmada y añadí guiada por cierta locura-. Una cosa te digo, Álex, antes de que la jodas con otro, o con otros, prefiero que pienses en alguien que pueda gustarme, pero que no sepa que somos hermanos. Mira por dónde, me ha entrado el gusanillo de probar un trío.

    Mi hermano se carcajeó delante de mis narices, pero aceptó el reto de darme el capricho.

    La moraleja del cuento es que soy bastante caprichosa. Mi madre suele decirme culo veo culo quiero. No tuve celos de que mi hermano jodiera a Sonia por delante y por detrás; Sin embargo, que participara de las perversiones de ella, significaría que le interesaba más de lo que yo había previsto. Pero bueno, al menos me había animado a probar algo impensable hasta la fecha.

    Cada vez que pienso en cómo y cuándo sucederá, mojo las bragas y turba mi mente la idea de joder con dos machos al mismo tiempo.

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  • Amaneceres

    Amaneceres

    Deseo sentir tu lengua

    Recorriendo por mis pezones;

    Deseo sentir como lames

    Muerdes, chupas, halas

    Cada una ellas.

     

    Deseo que me bañes

    Con tu elixir bien caliente,

    Para esparcirlo por mis pechos

    Y llevarte como mi perfume

    Favorito.

     

    P.D.: No soy poeta y no es mi campo, solo me gusta escribir a mi modo las cosas que siento en ciertos… amaneceres.

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  • Comenzaré a relatar todas mis experiencias. Introducción

    Comenzaré a relatar todas mis experiencias. Introducción

    He decidido relatar por este medio todas mis experiencias; todas estas reales. Aunque cambiaré algunas localidades y nombres.

    Mi nombre es Dante, tengo 32 años. Siempre he sido una persona muy curiosa, no puedo contener mis ganas de experimentar lo que sea; siempre que sea de mi agrado.

    Desde hace un tiempo… 10 años aproximadamente, decidí hacer realidad todas las fantasías que tuviera, todas y cada una de ellas de la forma más lujuriosa posible, con mis parejas o con amistades. Lo importante siempre fue llevar a cabo mis perversiones.

    La vida rutinaria siempre fue algo que me tenía decepcionado, así que, cada vez que tuve la oportunidad de hacer algo “extraño”, lo hacía. En ocasiones en las micros me gustaba apegarme a mujeres y muchas veces lo conseguía y hacía que ellas pudieran sentir mi pene en sus nalgas, era lo máximo. En muchas ocasiones recibí respuestas satisfactorias, mujeres que les gustaba o quizás estaban en la misma sintonía que yo y buscando que las manosearan en el transporte público. Entendí que era más común de lo que pensaba.

    Bueno, continuando con mi intención realice un listado de 10 fantasías que haría lo que fuera por lograr y efectivamente lo logré.

    A continuación, detallaré ese listado:

    1. Tener sexo en un lugar público (no me importaba que lugar fuera pero tenía que ser fuera de una casa).
    2. Tener sexo con algún familiar (decidí que mi hermana era la persona adecuada ya que ella siempre fue promiscua).
    3. Tener sexo con alguna amiga, pero primero debía emborracharla (esta me costó, pero se logró).
    4. Dejar que algún amigo manoseara a mi novia (esta me llevo a la 5ª).
    5. Dejar que se tiraran a mi novia a cambio de dinero.
    6. Hacer un trío (hombre mujer hombre).
    7. Tener sexo con 3 mujeres el mismo día.
    8. Tener sexo con la novia de algún amigo con su consentimiento.
    9. Masturbarme delante de una mujer desconocida.
    10. Hacer que alguna amiga sea la puta de una fiesta a cambio de dinero con varios de mis amigos con cámaras escondidas.

    En los próximos relatos contaré las experiencias detalladas de cada fantasía.

    Lo haré en el orden que ustedes pidan en los comentarios… Quedaré atento, detallaré al máximo cada experiencia, los detalles son los importantes.

    Un saludo a todos los lectores.

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  • Trío con un ex

    Trío con un ex

    Quiero contarles una experiencia maravillosa que viví junto a uno de mis ex.

    Todos me conocen soy Lau, y con José tenemos varios años de casados, y nuestras experiencia sexuales son muy buenas, yo soy muy abierta a nuevas cosas y hemos probado todo lo que hemos podido, a medida que vamos avanzando en nuestro matrimonio vamos subiendo un escalón más.

    Hace algún tiempo (varios años), a José le excitaba que le cuente mis experiencias sexuales mientras teníamos sexo, el me preguntaba de los otros hombres que había tenido, como lo hacía con ellos, si me masturbaba pensando en alguno de ellos hoy en día, yo notaba que a medida que le contaba él se excitaba más, hasta que explotaba como nunca.

    Al principio me daba vergüenza contarle, muchas veces le inventaba historias, pero él se daba cuenta, me pedía que le cuente la verdad yo comencé a hacerlo como él quería. La verdad es que recordar los hombres que me cogieron en la vida, tenía un morbo muy interesante, sobre todo teniendo sexo con José esa situación me excitaba muchísimo, entonces le pedía que me penetrara con alguno de los consoladores que tenemos, que no son pocos, yo cerraba los ojos y seguía imaginando que me estaban cogiendo mis parejas anteriores. Era un juego que nos gustaba.

    Todo esto se volvía muy excitante, tenía muchos orgasmos cada vez que lo hacíamos y era un alivio saber que a José no le molestaba, o incluso le gustaba que yo tuviera fantasías con otros hombres mientras me cogía. Me sentí siempre con él muy libre de sentir lo que quería.

    El próximo paso fue para mí un poco más peligroso, un día mientras se la chupaba, me empezó a preguntar quién hombre me calentaba, yo le dije que cualquiera y el me insistía con que le diga un nombre de alguien, yo no quería porque pensé que podía molestarle, pero el insistía y le dije uno de mis ex.

    Él contesto con el nombre de Fabricio, al principio me sentí incomoda, porque además de ya no fantasear sino ponerle un nombre, ya todo se volvía un poco más real y me daba mucha vergüenza, pero la verdad es que de todos los ex, el que más me podía es Fabricio, hasta que decidí seguirle el juego.

    Cerré mis ojos y deje volar mi imaginación, él me decía si me gustaría chuparle la pija a Fabri, yo le dije que sí, que me calentaba mucho, seguimos fantaseando, me preguntaba si le entregaba la colita y yo le decía que sí, el agarro uno de los consoladores y me penetraba mientras yo lo chupaba, tuve un orgasmo increíble, no terminaba más de explotar con el consolador y el a medida que yo le chupaba más rápido me penetraba más rápido. Tuve orgasmos seguidos, hasta que él exploto. Nos recostamos y nos dormimos sin decir una palabra.

    Él se fue al trabajo y yo me quede en casa. No pensé más porque si no mi cabeza iba a explotar de tantas fantasías.

    Pasaron un par de semanas y José insistía que le cuente mis aventuras con Fabricio y bueno fue una de las primeras que le conté y es esta:

    – Fue un asado en casa de Fabricio, vinieron amigos con sus parejas. Éramos cuatro parejas y Matías que estaba solo, 9 personas en total. Fabricio siempre quería que hagamos un trío sea con una chica o chico, pero la verdad es que era una fantasía nuestra. Matías siempre me gustó… era amigo de Fabricio y en esa época Fabricio se había dado cuenta que me gustaba.

    Después de cenar, los tres nos sentamos en uno de los sillones laterales, en los otros sillones estaban las otras parejas.

    Yo estaba vestida con un vestido hasta las rodillas, no paraban de hablar como siempre los hombres haciendo bromas y gritando.

    Fabricio en un momento se apoyó contra él apoya brazos del sillón y yo me senté media de costado contra su pecho y Matías quedo en la punta del sillón, tenía un vista privilegiada de mis piernas. Fabricio comienza a acariciarme el cuello y haciéndose el nabo me empieza a tocar las tetas por encima del vestido, yo le saco la mano, y lo miro un poco enojada. Porque todos nos veían.

    Los hombres siguen gritando y hablando de mujeres como si fueran niños, empiezan a hacer bromas, como si volvieran locos, todas las mujeres los gastamos con que son muy pajeros.

    Fabricio se notaba que estaba caliente, medio borracho, sigue metiendo mano y ya no me molestaba tanto, cuando me doy cuenta ya tenía su mano dentro del vestido, acariciándome un pezón y dándome besos en el cuello. La verdad es que ya me estaba excitando bastante.

    Cuando miro hacia el costado, lo veo a Matías que miraba fijo la mano en mis tetas, cruzamos las miradas y él enseguida miro la tv, como pidiendo disculpas por mirar lo que no se debe. Yo seguí mirándolo fijo, aunque él no me miraba y cuando giro nuevamente la cabeza me quede mirando sus ojos, al principio estaba como dubitativo, yo seguía mirándolo fijo mientras Fabricio me apretaba las tetas, no nos dijimos nada, solamente miraba mis tetas y mis ojos, yo no deje de mirarlo en todo el tiempo, estaba muy excitada, mi entrepierna estaba completamente húmeda. Las charla siguieron y cerca a las 2 de la mañana ya todos dijeron que se iban, que era muy tarde.

    Nos despedimos y las parejas comenzaron a irse de a poco, quedábamos solo una pareja, Matías y nosotros, le dijeron ¿te llevamos? Fabricio les respondió, no deja que yo lo alcanzo que ustedes van para el otro lado, me puse demasiado nerviosa, estaba adivinando las intenciones de él, una cosa era la fantasía, pero yo ya veía que las cosas se me iban a ir de las manos.

    La pareja se fue, y quedamos solo los tres, yo estaba juntando los platos de la mesa, poniéndolos en remojo, ellos me fueron trayendo todas las cosas para lavar. Ellos se quedaron en el sillón con la luz prendida y hablando no sé de qué.

    Al rato viene Fabricio y me apoya por atrás y me besa el cuello, le digo para que estoy con las manos mojadas, él me agarra las dos tetas con sus manos por detrás, y empieza a apretarme contra la mesada de la cocina, le digo que pare que estaba Matías mirando, y él dice, ¿no te gusta Matías? Me puse muy incómoda, porque lo dijo fuerte, seguro que escucho, lo empuje con mi cola y le dije córtala.

    Yo ya me daba cuenta que algo había hablado con Matías, quería saber hasta dónde sería capaz de llegar.

    No hice nada y esperé, había tomado bastante vino en la cena y lo notaba más alegre que de costumbre, demasiado zafado en sus comentarios en voz alta con Matías, hablaban de minas, Matías en una de esas dijo “bueno Lau está bastante buena…” Y yo escuché bien claro, hubo un silencio de unos segundos, yo pensé se armó el lio, pero enseguida siguieron y vinieron risas entre ellos.

    Fabricio me llama que dejé los platos de una vez y que tomemos algo, que después él me ayudaba a lavar, fui al living, me los encontré muy animados, para todo esto eran como las 3 de la mañana.

    Fabricio me mira y me dice que a Matías yo le gustaba, Matías se puso colorado, yo me reí, y seguido me dice, porque no le muestras un poquito así da una opinión cierta sin imaginarse nada, yo le contesté que estaba demasiado en pedo (yo también había tomado bastante, y ustedes saben cómo me pongo cuando tomo) que mejor lleve a Matías a su casa y se deje de joder, me senté en el sillón y se me vino encima, empezó a besarme, agarrarme fuerte las tetas, yo estaba caliente y Fabricio me estaba exponiendo a su amigo, el amigo que más me calentaba, y a esa altura no tenía ganas de despreciarlo para nada.

    Accedí al beso de Fabricio, él siguió adelante, levanto un poco mi vestido, mientras seguía con su lengua en mi boca, comenzó a tocarme por encima de mi tanga, enseguida noto mi excitación porque estaba empapada, pude ver a Matías que me miraba con una mirada muy penetrante, me sentí muy deseada por dos hombres, parecía un sueño y de los más húmedos.

    Fabrico lo miro a Matías y le dijo, ¿querés o no ver las tetas de Lau? Matías un poco tímido le contesto, “si ella quiere sería un placer…” yo los mire a los dos totalmente entregada y le dije que, si quería verlas que se las gane, que me ayude Fabricio a quitarme el vestido.

    Él me miro a los ojos, se fue a un lado del sillón, yo me quede mirando a Fabricio desafiándolo, demoro unos segundos, hasta que reacciono y fue hacia mí, me estiro la mano, me puso de pie, me dio vuelta y bajo el cierre del vestido, muy lentamente, bajo los tirantes y el vestido se deslizo hacia el piso, quede solamente con mi tanga negra, me dio vuelta, me miro las tetas y dijo, están buenas.

    Después, yo le di una mirada que decía todo, paso los brazos por atrás mío, abrazándome, cuando se alejó un poco de mí, quedaron mis tetas a su vista, ni siquiera intento tocarlas, solo se alejó y las miro, mis pezones estaban duros, Matías me miraba a los ojos y me dijo, si están muy buenas tus tetas Lau, yo comencé a acariciármelas, le dije que no se imaginaba lo bien que se sentía tocarlas, él extendió sus manos, me las agarro las dos juntas, paso su dedo por mis pezones, logrando que se pusieran durísimos, yo cerré los ojos y él se animó más, me acaricio por unos segundos, hasta que se decidió a besarme.

    Yo seguía con los ojos cerrados, le devolví el beso, mi humedad crecía a pasos agigantados, hasta que sentí el cuerpo de Fabricio por detrás, que me apoyaba su pija contra mi culo y me besaba el cuello, ese realmente fue el momento más tenso de la noche, no sabía qué hacer para parar todo esto que habíamos empezado con una fantasía una noche de lujuria y la verdad no quería pararlo.

    Le comencé a desabrochar la camisa a Matías, hasta dejarlo en cuero, le quite el cinturón y abrí su pantalón, notaba su erección, su bóxer estaba mojado de los líquidos que su pene emanaba, me arrodille y comencé a bajarle el bóxer, cuando libere su pene, apuntaba al cielo, comencé pasándole los labios alrededor de su glande, el comenzó a gemir, Fabrico nos guio hasta el sillón y Matías se sentó desnudo, Fabricio me tomo de la cintura y me hizo poner en cuatro patas, me agarro del pelo y me llevo hasta el pene de su amigo.

    Seguí chupándolo muy despacio, sin dejar salir su glande, él se retorcía, hasta que no aguanto más, y también me agarro del pelo, llevando su pene hasta mi garganta, según Fabricio en esa época, para él era mi especialidad, sentí ya su pene desnudo en mi boca, pase mi lengua por toda la cabeza de su pene, el sabor era diferente al de Fabricio, todavía me acuerdo, ambos me gustaban pero era diferente.

    Fabricio se había colocado debajo mío y me estaba pasando la lengua por mi clítoris, tuve mi primer orgasmo en la boca de él, fue un momento infinitamente maravilloso, me encargue que Fabricio reciba todo mi jugo en su boca, no lo dejaba respirar, Matías gemía mucho, su pene cuando sintió que estaba teniendo mi orgasmo parecía explotar, pero yo me detuve y finalmente no acabo.

    Fabricio se puso de pie y dijo, al final todos están gozando menos yo…. Nos reímos y le dije, cambia de lugar que yo te voy a enseñar lo que es gozar, se sentó en el sillón y se la empecé a chupar como a mí me gusta, Matías se colocó al lado mío, el muy sucio empezó a agarrarle la pija a Fabricio, mientras yo se la chupaba, se agacho, me besaba la boca un poco a mí y otro besaba la pija de Fabricio, quedé como dura, no esperaba eso, dejé de chuparla y él también dejo.

    Me pregunto, ¿te puedo coger? Yo ya totalmente zafada le dije, méteme la pija ya, nos reímos los tres, sentí enseguida la punta de su pene en mi entrada totalmente empapada, entro sin ningún problema, el pene era muy similar al de Fabricio, le seguí chupando la pija a Fabricio y su amigo me estaba envistiendo en cuatro, estaba tan excitada que tenía que parar de chupar para poder respirar, Fabricio me obligaba a seguir, le mordí varias veces el pene, por acto reflejo, él se quejaba y me decía que era muy puta, ahí Matías empieza a acabar me la saca y enseguida la puso cerca de mi boca, junto con la pija de Fabricio.

    Yo se las agarre a los dos juntos y ellos agarraron cada uno la pija del otro, como que se masturbaban entre ellos bien delante de mío y como que se habían sincronizado, porque los dos al mismo tiempo se descargaron, gimiendo y gritando de placer. Me senté en el sillón y ellos quedaron a un costado mío, Matías bajo, le limpio la pija a Fabricio con una buena chupada, mientras que Fabricio todavía tenía las manos sucias con la leche de Matías, nadie hablo, hasta que bajo la calentura un poco, estábamos no sé si arrepentidos pero un poco como que no podíamos creerlo que había pasado, yo por lo que pudieran pensar ellos de mí, y ellos por lo que paso entre ambos.

    Fabricio rompió el hielo diciendo, que buen polvo. Matías asintió. Yo los mire y les dije ni sueñen que termina acá, a mí me había calentado mucho verlos a ellos.

    Después de un rato, me di cuenta que todavía podían y los hice poner en cuatro apoyando sus pechos en el sillón y las rodillas en el suelo, comencé a lamerle el culo a ambos, yo sé que eso le encanta a Fabricio, y con mis manos le tocaba los huevos, enseguida sus penes reaccionaron, mientras le acariciaba la cola al otro.

    Me di cuenta que Matías quería más que caricias en su ano, de nuevo le tomo el pene a Fabricio, le acariciaba el culo, a lo que Fabricio lo miraba como incrédulo. Aproveché y con un dedo penetre a Fabricio, sé que le gusta, Matías se acostó en el sillón ofreciéndole el culo a Fabricio, él escupió sus dedos y lo penetró, mientras yo seguía con él.

    Los dos la estaban pasando muy bien, yo re caliente con la situación, le saqué los dedos del culo a Fabricio y me senté sobre su pija, me la metí hasta el fondo, comencé a cabalgarlo a Fabricio, y él le seguía dando con los dedos a Matías.

    Le puse mis tetas en su cara para que me las chupe, agarre su otra mano, se la pase por mi culo, quería que me penetre a mí también, entendió el mensaje rápidamente, escupió sus dedos, forzó un poco la entrada y enseguida mi culo se adaptó, estaba totalmente loca, lo que sé es que nunca estuve en esa situación donde veía a Matías como se movía con los dedos metidos en el culo gimiendo como un putito y me encantaba, sentía que el pene de Fabricio en mi concha y su dedo en el culo, Fabricio me hablaba al oído y me decía, te gusta?.

    Matías en eso abre los ojos y le dice a Fabricio que quiere que lo penetre, fue unos segundo donde no nos movimos ninguno, me paro, Fabricio me saca los dedos y su pija, y le dice querés que te coja por el culo? Y él (Matías) le dice si y quiero que Lau me dé la cola.

    Nos miramos y ¿Fabricio le dijo yo te doy a vos y vos a Lau? Sí eso quiero dijo Matías. Fue unos minutos donde quedamos como mirándonos sin saber que decir, que hacer. Hasta que Matías le agarra la pija a Fabricio y le dice: ¿me la vas a dar? Veni Lau ponete en 4, ya mi cola estaba dilatada con los dedos de Fabricio, cuando me apoyo Matías entro sin esfuerzo.

    Fabricio quedo mirando, como que se le estaba pasando la borrachera, me miraba como me cogía por el culo su amigo. Matías se soltó y me empezó a decir, ¿te gusta cómo te la doy? ¿La querés hasta el fondo? ¿Te gusta puta? Yo entré en una locura de placer y morbo por la situación, y ahí le dice a Fabricio, veni dámela vos por el culo.

    Fabricio seguía parado mirándonos, quieto, con la pija dura, y le dice te estás culeando a Lau, yo te voy a culear a vos y se ríe. Se acomoda atrás de Matías y hasta yo pude sentir como se la ponía. A Matías se le puso la pija más dura, le empezó a decir ¿te gusta cómo se la pongo a Lau? Porque a mí me encanta tener la pija dentro de ella, vos culeame fuerte y vengarte, en eso me mató la curiosidad, nunca había visto a dos hombres, me saqué la pija de Matías y me puse a ver de muy cerca como Fabricio le daba bien fuerte por el culo, fueron unos minutos.

    Hasta que empezó a descargar su leche y vi cómo se le llenaba el culo a Matías que gemía no sé si de dolor o placer. Nuevamente quedamos rendidos en el sillón, Fabricio me besaba en la boca, Matías me acariciaba todo el cuerpo. Ellos estaban totalmente relajados, hipnotizados ante esa escena y yo también.

    Matías le pregunta a si le gustaría que él lo penetre. Fabricio lo mira y le dice que no, que hasta acá llego.

    Después me pregunta a mí, si la quiero otra vez. Yo a esa altura obnubilada por lo que vi, era como que no quería más nada. Matías se sienta entre nosotros dos y le vuelve agarrar la pija y le dice a Fabricio, culee a tu hembra, pero lo que más te gusto fue culearme a mi putito, le toma la mano, hace que Fabricio le agarre la pija para que lo masturbe y después con la otra agarra mi mano y entre las manos de Fabricio y las mías y las suyas le sacamos toda la leche que le quedaba.

    Sentí como Fabricio se la apretaba, me di cuenta que entre ellos no iba a quedar así, que Matías un día se lo iba a culear. Esa noche Fabricio dijo que no, pero yo estaba segura que a él le habría gustado también que se la pusiera Matías.

    Cuando nos despertamos, seguíamos agotados y algo confundidos.

    Fabricio llevo a Matías a su casa, yo me fui a bañar, estuve en la bañera un buen rato y cuando recordé lo que había pasado, no pude evitar masturbarme, tuve muchas experiencias. Ustedes ya lo saben, pero ésta es difícil o imposible de olvidar, cogerme al amigo de Fabricio. Y ver que mi ex después lo culeaba, lo masturbaba, ver la leche de un hombre en la mano de Fabricio. De solo recordarlo me vuelvo a mojar.

    Esta historia se la conté muchas veces a José (mi marido actual), es una de las que más le gusta. Espero que a Ustedes también.

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  • Noche de telo con mi madre: Nuestro incesto

    Noche de telo con mi madre: Nuestro incesto

    Era época de finales en la facultad, ya me quedaban dos finales y la tesis para recibir mi título, era verano, las últimas clases en la «facu» y a disfrutar las vacaciones, de las playas en Río de Janeiro y en casa de mi abuelo. Todo esto era parte de la conversación que tenía con Graciela «Gachi» mientras ella se fumaba un cigarrillo y yo atendía mi celular, viendo que quien llamaba era mi madre, a la cual tenía registrada como «Xochi». —Hola Richard, —dijo mi madre del otro lado del teléfono— te paso a buscar a la salida de la facu. —Ok, mirá que salgo a las once, —le confirmé.

    Graciela que había escuchado la conversación, me preguntó ¿si todavía era un nene de mamá, que me cuidaba tanto? Le devolví una sonrisa socarrona, le saqué el cigarrillo de sus labios y le di una pitada, cual humo eché en su rostro.

    —Si Querés, te presento a mi «vieja» o a Xochi

    —¿A tu madre o a Xochi? —me devolvió la pregunta

    —Creo que esta noche te presento a Xochi

    Gachi es de esas pibas «chetas» que van a la universidad privada a pescar estudiantes con guita y de buena posición y aunque ella también lo era, le gustaba (también por lo bonita que es y el buen lomo que tiene) levantarse y salir con esos chicos, a los que más de una vez nos entretenía con sus «petes» en los recreos y arriesgándonos en los descansos de las escaleras interminables de la facu. Cuando salimos a las once clavada estaba el auto de mi vieja en la puerta de la facu, le hice señas que estaba con Gachi, mi vieja asintió con un gesto afirmación, canchero yo, le abrí la puerta delantera a Gachi y dejé que se sentara junto a mi madre.

    Yo me acomodé detrás cuando mi madre antes de poner el auto en marcha, mirándome por el espejo, me miró abriendo sus ojos interrogatorios; le guiñé un ojo y seguimos. Dimos unas vueltas, por Palermo y mi madre que llevaba una minifalda y una blusa blanca que traslucía sus pezones, dejó que Gachi fuera viendo el color blanco también de la tanga que traía puesta y que descubría su pubis depilado, al abrir más sus piernas con la excusa de los pedales.

    —¿Te llevamos a tu casa?, le preguntó mi madre.

    —Si por favor, vivo en Núñez — Pero su voz temblorosa dejaba sentir su nerviosismo, cuando comenzó a escribir en su celular, me estaba escribiendo a mí. «Decime que esta tremenda mina no es tu madre, porque me la «garcho» acá mismo, me está calentando y yo estoy toda mojada, te voy a dejar el tapizado manchado».

    —Tranquila, le respondí, ella te va a coger cuando sea tu oportunidad, esta noche tenemos otro programa.

    —¿Te cogés a tu madre, por eso la llamas Xochi?, sos un HDP. Es una tremenda diosa, ¡¡¡flor de putaaa!!! Tiene el pubis depilado, me lo está mostrando, y cada vez abre más las piernas, —me seguía escribiendo— —Si, porque le gustas y sabe que a vos te gusta el sexo oral. —¿Le contaste eso? —Si, por eso te dejé ir adelante y que te vayas preparando, levanta de a poco la falda y enséñale tus piernas también.

    Cuando Gachi comenzó a subir su falda también, mi madre me miró por el espejo y me devolvió un guiño de ojo. Delante de mí, mi madre y mi novia de entonces estaban compitiendo con sus faldas, yo ya estaba al palo a punto de explotar. Dos putitas muy húmedas, dos pares de tetas compitiendo con sus erectos pezones y yo disfrutando, pero deseaba que la noche cumpliera su plan de terminar en el «Telo» con mi madre y no con Graciela.

    Menos mal que así fue, dejamos a Gachi en su casa, pero al despedirse de mi madre en el auto, —no sé si fue exprofeso o al pasar, pero se besaron rápidamente en los labios, Gachi acarició la tanga húmeda de mi madre, como me lo revelara en un mensaje al rato. «—Me volvió loca el sabor que tiene tu madre o Xochi, no le prohíbas que me coja», tengo mis dedos en mi boca saboreando el resto de sus jugos vaginales. ¿Se van a coger?, Uds. Dos me dieron vuelta la cabeza, ¡te amo Richard!

    Me pasé adelante en el auto junto a mi madre, cuando se desbrochó un botón de la camisa y sus lolas pretendían escaparse de su corpiño. Me miró y sonriendo me confesó: —Me gustó tu noviecita, tiene buen lomo y sabe acariciar a una mujer, seguro que le gusté también. —Si Xochi, —mostrándole el celular con la conversación que habíamos tenido hace unos minutos, cuando entró una foto que me mandaba, entangada masturbándose y con la frase que decía «Para que cojan pensando en mí».

    Y así fue, cuando mi madre me tomó la cara con sus dos manos y nos besamos ardientemente, mientras nuestras lenguas salivaban el deseo erótico de coger esa noche, mi madre, sin despegarme de sus labios me murmuró —¿vamos al «telo» o vamos a casa. —Vamos al «telo» putita. —le respondí, mientras sentía en mis dedos que su concha empapada me dejaba penetrarla suavemente hasta hacerla gemir mientras seguíamos con ese juego de lenguas cada vez más ardientes.

    —Vamos pendejo, vamos a coger, mami está muy caliente y muy putita esta noche. —Sus labios como los míos de tanto beso y de eróticos mordiscones ya estaban hinchados y purpúreos—.

    —Pero por favor conducí vos, estoy temblando.

    Agarré el volante y tomé hacía la Panamericana, haciendo que el viaje provocara más calentura, yo estaba al palo, mi jean marcaba mi erección prominente, cuando sentí que la mano de mamá comenzó a acariciarme, nos miramos y en un segundo estaba dándome una felatio, atragantándose con mi pija y suavizando mi glande con el placer suave de sus labios; tenía que contenerme, iba conduciendo después de todo.

    —No me pajees, chúpame, pero no me hagas acabar.

    —Quiero toda tu leche en mi garganta bebe.

    —No, quiero acabar bien adentro de tu concha; pero no me hagas acabar ahora putita. —Mientras sentía que por mi erección ella dejaba correr las mieles de su saliva. Tremenda puta, me estaba dando colosal chupeteada.

    Llegamos al «telo» me tiré en la cama y ella con su arte sensual me fue desvistiendo hasta que solo quedé con mi bóxer blanco, mi pija se dibujada mientras mi diosa madre se iba desnudando sin quitarme los ojos, hasta quedar en perfecto compose erótico de mini soutien, tanga de tiras, medias y ligueros, ella sobre sus tacos altos y yo no apartando tampoco mi mirada de sus ojos verdes, ¡Hermosa… y muy puta mi madre!, le tomé una foto con mi celular y se la mandé a Graciela, (lástima no poder compartirla en este relato), a lo que al rato recibí su mensaje:

    «Me estoy pajeando, cierro los ojos pensando en Uds. Me calentó el «lomo» de tu madre y tu pija delante de esa foto, sos un hijo de puta con todas las letras, estoy acabando con Uds.» le mostré ese mensaje y mi madre me sonrió perversa…

    —Estás exquisita mami, tanto como la primera vez en Río. —mientras seguía acariciándome la pija sobre el bóxer.

    —Sacate ese bóxer y mostrale a mami la pija que tenés. —me ordenó mientras desabrochando dejó caer su soutien y sus pecosas tetas erguidas, con sus rozados pezones desafiaron a mis ojos, esos que había mordisqueado aquella primera vez en Río de Janeiro hacia algunos años, ¡pero parecían excitarme aún más esa noche!

    Mi madre entre la penumbra de ese cuarto de hotel se fue arrastrando como una gata sobre la cama dejando que esos pezones los dejara sentir sobre mis piernas, esa caricia me obligó a apretar mi pija desde el fondo de mi tronco para que mi glande creciera aún más, más cuando lo devoró con su boca, besándome con sus labios y jugando con su lengua rozando mi esfínter. Cerré los ojos tomé su cabellera acompañando su ir y venir golpeteándola contra mi vientre, sintiendo las arcadas de su garganta. Otra vez el placer máximo, ¡coger con mi madre!, porque es hasta hoy que nos preguntamos ¿quién se coje a quien en ese placer extremo?

    —Te quiero coger. —Le dije, mientras apretaba mi pija entre sus labios, dejando correr otra vez un derrame de saliva sobre mi pubis depilado mojando hasta mi ano.

    —Me gustas pendejo, tenés la pija que mami necesita, mientras me seguía chupando desesperada y a dos manos haciéndome una paja para enloquecerme más.

    La revolqué sobre la cama hasta quedar en un juego de besos sobre ella, me deslice y cuando la tuve bajo mis antojos, ella acostada con sus tetas y su sexo hacia el espejo del techo, la tomé y fui abriendo sus piernas, apenas corriendo esa tanga con mi pija y comenzando a sentir que estaba acabando dentro de mi madre otra vez; de un envión me enterré dentro de ella y comencé a cogerla juntando sobre mi hombro sus dos piernas para que ella no solo sintiera mi erección sino toda la leche que le estaba dejando en su vientre; ella llegó al orgasmo pellizcando sus pezones, sus ojos giraban en el placer.

    —Vení, tirate sobre mí y besame hijo de puta, pero no me saques esa pija, mami sigue acabando.

    No se cuanto tiempo estuvimos desmayados después de ese orgasmo, de ese polvo que eché en su vientre; mientras seguía sobre ella comencé a besarla nuevamente, mi madre me conjugó ese placer de confundir nuestras salivas en esos «chupones» perversos, yo había derramado demasiado semen el que brotaba y se deslizaba de sus labios. —Vamos a la ducha. —Me ordenó, y mientras ella se perdía hacia las luces perversas de ese cuarto yo me deleitaba mirando sus piernas, sus caderas y las pecas de su espalda. Toda desnuda como esa ninfa que uno sueña mientras se masturba, yo la tenía ahí y era mi madre, Yocasta entregada al deseo de Edipo.

    Nos metimos en la ducha, así como estábamos totalmente desnudos, mientras siguieron los besos húmedos y ahora mojados bajo el agua que corría por nuestros cuerpos, mi madre levantó sus brazos haciendo que sus tetas se elevaran hacia mi boca, entendí el juego y volví a mordisquear esos pezones, la di vuelta cuando sus tetas y su cara dieron contra pared, ella levantó su cola, me arrodillé y abriendo sus nalgas su esfínter hizo un gesto cuando lo puntee con mi lengua, el chorro de agua corría, pero aun así, sentí ese amargo sabor cuando me enterré en ese culo.

    Necesitaba dilatarla, ella más se elevada en sus piernas y más enterraba mi lengua; unté mis dos dedos con champú introduciéndolos en el ano de mi madre, que jadeaba bajo la ducha —cogeme la cola, abrime to…— no terminó con la frase cuando mi pija se clavó como una estaca en ella. La cabalgué con ese sonido de golpetear y ella gritando de placer, —así, cogete a mami—; mi furia se aplacaba conteniendo el explotar en su cola, estábamos otra vez en el éxtasis; pero no quise acabar, entraba y salía del culo de mi madre viendo cómo se contraía en esa dilatación; volví a enterrarme.

    Pero cuando aceleré ese golpeteo en sus caderas, se dio cuenta que yo estaba por acabar, de un giro se arrodilló y exploté todo mi semen en su garganta, viendo como debajo de la ducha, esa puta me clavaba sus ojos verdes disfrutando y disfrutándonos de placer. Me mostró sacando la lengua cuanto yo había eyaculado y de un trago tragó mi semen hasta su vientre.

    Nos volvimos a la cama, nos tumbamos desnudos boca abajo y mirándonos solo nos dijimos, ¡Que placer!… Su mano acarició mi cara —¿hasta cuándo vamos a coger de esta manera? —me preguntó mordiéndose los labios— Está bien que mami sea una perversa ninfómana, pero… ¿vos disfrutas más conmigo que con tus amiguitas? —Le acaricié el cabello hasta alcanzar las curvas de sus caderas bajando por su espalda y acariciando la incipiente raya de su cola, —Claro que sí, el juego perverso es lo que me excita con vos, –le confesé—; Entonces cogeme de nuevo.

    Me puse de rodillas detrás de mi madre, mientras ella como una perrita en celo me dio su colita otra vez mientras calzaba una almohada bajo su vientre elevando su geografía hasta que comencé a rozar otra ves mi glande en su raja depilada, aunque flácida mi pija entró suavemente en esa concha puta y húmeda, pero así suavemente mientras golpeteaba —otra vez— su carnes con las mías, ella volví a gemir y sentir que mi pija estaba firme, cuando gritó otra vez saboreando otro orgasmo, su cabeza cayó sobre la almohada.

    La agarré bruscamente de los pelos hasta que sobre su espalda la giré dándole un cachetazo en las mejillas, nos comimos otra vez las bocas, mientras yo poco a poco volvía a acabar dentro de mi madre. —Así, hijo de puta, así me gusta que me cojas. —dijo, toda perdida y llena de leche. Volvimos a caer sin separarnos, sin dejar de estar conjugados en ese último orgasmo de la noche. Sonó mi celular, era Graciela y le volví a mandar otra foto, la de mi madre desnuda y exhausta, desparramada sobre los húmedos orgasmos de las sucias sábanas y salpicada de semen su pecosa espalda.

    Me devolvió el mensaje, «tremenda perra envuelta en esos orgasmos, la putita de tu mami ahora tiene que ser mía, le limpiaría con mi lengua toda tu lechita desparramada sobre ella; chau puto». Me mandó una foto de su cuerpo desnudo frente a un espejo, se la enseñé a mi madre que solo me dijo —nos la vamos a coger juntos a esa pendeja—.

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  • Amanece

    Amanece

    Amanece y mi cuerpo está que arde con ganas de ser acariciado, manoseado, hurgado lo que se le pase por la mente del diablo; por eso quiero al diablo en persona aquí a mi lado.

    Cierro los ojos e imagino a este personaje, meto por debajo de mi camisón mis manos llevándolos a mis pechos, los uno y amaso con fuerza pellizcando mis pezones en forma de pinza; muevo mis caderas en círculos… también de arriba hacia abajo.

    Ya siento crecer mi humedad, bajo una mano llegando allí para abrir mis labios y sentir el calor empapado de deseo, lujuria y porque no de morbosidades; hundo uno luego dos y cuando aumento mi ritmo llego a cuatro… abro más mis piernas y aumento la velocidad… escuchando el chasquido por mis jugos.

    Con una mano juego con mis tetas y con la otra mi coño invocando al demonio para que sea él quien me coja a su antojo y me haga suya… froto cada vez más rápido para lograr obtener mi anhelado orgasmo… me digo cosas sucias porque eso me prende más… siento como mi interior aprieta un poco mis dedos, mi respiración se acorta… aprieto mis ojos y mi cuerpo se arquea hacia adelante.

    Caigo otra vez sobre la almohada cerrando mis piernas y disfruto por un rato de mi humedad llevando mis dedos a mi boca.

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  • M. (parte 1)

    M. (parte 1)

    Extrañaba a M, es decir, extrañaba juntarnos y reírnos, mirarlo a los ojos y sentir ese algo; sentir en mi piel el deseo de acercarme más a él.

    Una vez, de tanto pensarlo lo soñé. Estábamos los dos en el pórtico de la casa, fumando un cigarro compartido. Era de noche, una noche de verano porque estábamos con ropas de esa estación, la luna resplandecía y teñía nuestros rostros de un color pálido, ya que su luz se filtraba por el lugar, que era un garaje abierto, sin puertas.

    Recuerdo mirarlo fijamente a esos ojos claros, y sentir un escalofríos recorrer mi espalda. En mi mente quería escapar, lo tenía muy cerca, moví mis manos y toqué la pared detrás de mí, de pronto mi espalda dio contra esa pared y él se acercó más, sin dejar de mirarme ni un segundo, sus ojos eran un fuego intenso. El ambiente comenzó a tornarse pesado, y me repetí “algo va a pasar”. Nos inundó un silencio, que ni siquiera hoy puedo decir si fue incómodo, porque realmente estaba con todos mis sentidos puestos en tratar de averiguar qué quería él de mí.

    Tiró el cigarrillo al suelo, yo miré el recorrido que hizo hasta llegar al piso mientras él lo pisaba para apagarlo. Lentamente volví mi vista hacia M, y sentí como mis piernas se juntaban, en tanto el entreabría sus labios, remojándolos con su lengua. Yo solamente mantenía presionada mi boca para que no se me escapara un gemido, mierda, había sido lo más sensual que había visto en mis cortos veintidós años y ni siquiera me había tocado.

    Al comprender su gesto, miré directo a sus finos labios, y repasé en mi mente la situación. Estábamos los dos en el garaje de casa, cerca, muy cerca uno del otro. De repente volví a la realidad cuando sentí su mano tocar la piel de mi cintura, que dejaba notarse al traer puesto un top que no cubría enteramente mi cuerpo. Sus largos y gruesos dedos se tambalearon sobre mi cintura y me atrajo hacia su cuerpo. ¿Íbamos a besarnos? Mierda, se suponía que éramos amigos, y que esto nunca debía pasar.

    Pero como en todo sueño, cuando quieres hablar y no puedes; no podía hablar, no podía reaccionar, solo sentir.

    —Te quiero besar…

    Susurró esas palabras muy cerca de mis labios, su respiración se mezclaba con la mía y yo no podía soportar más esas ganas que me prendían fuego por dentro. Lo siguiente que recuerdo, es que él sujetó fuerte mi cintura con sus brazos y me apegó más hacia su cuerpo, se escapó de mi boca un pequeño gemido, al notar lo excitado que estaba. “Mierda, bésame ya”, pensaba.

    Coloqué mis manos en su cuello y finalmente miré a sus ojos, y entendí que esto era ese “algo” que sentía cada vez que nos juntábamos, mi piel se erizaba porque mi cuerpo entendía que lo deseaba, que nos deseábamos.

    Sin mediar palabras, cerré mis ojos y relajé mi cuerpo, mis labios se entreabrieron y sentí la humedad de su boca encontrarse con la mía. De pronto sentí tanto placer que tuve que agarrarme de sus hombros para poder comenzar el recorrido de mis labios contra los suyos. Al principio fue suave, succionaba mi labio superior con su boca, su aliento a menta y cigarrillo se impregnaba en el ambiente. Mordí suavemente su labio y desaté todo su deseo, luego de esto comenzamos a jugar con nuestras lenguas, moviéndolas en una danza sensual.

    Era todo tan real, M estaba besándome, M estaba dándome a entender que me deseaba tanto como yo a él, que se comportaba como un idiota solo para que yo no me diera cuenta de que le atraía.

    Era un sueño.

    Me desperté escuchando unos golpes en la puerta de mi habitación ¡Toc, toc! Seguido a esto oí la voz de alguien que acababa de sacudir mis pensamientos y mi cuerpo entero.

    —Circe, ¿estás ahí? —el sonido de su voz suave y rasposa de pronto me calentó muchísimo más.

    Traté de acomodar mi voz, con miedo de soltar un gemido involuntario, intentando no pensar en la humedad que había entre mis piernas.

    —¿Qué quieres Martis? —traté de sonar enojada, al fin y al cabo me estaba despertando de un sueño bellísimo.

    Acto seguido, él abrió la puerta, lo miré sentándome en la cama y las sábanas cayeron de mi cuerpo dejando mi torso al descubierto. Si no hubiera captado su mirada posarse en mis tetas no me habría dado cuenta de ello. Tragué saliva y en esos segundos que parecieron eternos subí la sábana volviendo a cubrir mi cuerpo.

    —Lo… lo siento, siento lo de ehm… —su voz sonaba titubeante, mientras señalaba hacia mis senos, entendía que se disculpaba por haberme mirado así.

    —Da igual, ¿por qué me despiertas a esta hora? ¿Qué te pasa? Hoy no tengo que ir a la oficina.

    —Eric y tú, Caitlyn y yo vamos a pasar este fin de semana a las cabañas, bueno, digo, quizás Eric ya te lo haya dicho, pero te estoy avisando que te levantes porque, ehm, él me mandó, en media hora salimos.

    —Ok, cuando salgas cierra la puerta, ¿sí? —me recosté de nuevo en la cama y me tapé hasta la cabeza.

    Después de todo, sí había sentido algo de pudor a que me viera de esa manera. Mientras volvía a apoyar mi cabeza en la almohada oía como se cerraba la puerta. Al fin estaba sola en la habitación.

    Entreabrí mis piernas mientras cerraba mis ojos, acaricié mis pechos con mis manos hasta que mis pezones reaccionaron al tacto, fui destapando mi cuerpo a medida que una de mis manos bajaba hacia mis piernas y se colocaba suavemente entre ellas, con mi dedo índice abrí mis pliegues y pude sentir cómo éste se deslizaba al contacto con la humedad que había allí, sentía mi clítoris súper erecto, jugaba pasando suavemente mi dedo por ahí y sólo pensé en Martis; en su mirada deseosa al verme desnuda, y realmente no supe si me lo estaba inventando, pero tocarme imaginándolo se sentía muy placentero.

    Solté un gemido suave que me lo provocó pensar que mi mano era la suya, y seguí jodiendo mi clítoris hasta abrir un poco más mis piernas e introducirme lentamente dos de mis dedos todos mojados por mis propios fluidos.

    —Mhm… —se me escapó otro gemido.

    —Sigue… —oí una voz susurrando.

    Dios, ¿debería abrir mis ojos o dejarme llevar? Era mi momento. Sabía que era él, no se fue en ningún momento de mi habitación. Estaría loca, corriendo un riesgo tan alto, sabiendo que Eric podría entrar en cualquier momento en la habitación, sinceramente me dio igual, toda la situación me calentaba aún más. Abrí mis ojos y seguí tocándome, mientras mis caderas se hincaban hacia mi mano para poder rozar mi clítoris. Clavé mis ojos en Martis, sus claros ojos parecían brillar de una forma que nunca había visto, no dejaba de mirarme fijo mientras yo me tocaba. Y yo no paraba de sollozar anhelando llegar al clímax, sentía que estaba muy cerca de hacerlo.

    Lo vi apoyar su espalda contra la puerta para mirarme desde un mejor ángulo, se relamió los labios y los mordió suavemente mientras su mirada me devoraba lentamente, paseando por cada zona de mi cuerpo y volviendo hacia mis ojos, seguí haciendo movimientos en círculo sobre mi clítoris y sentí que podía tocar el cielo con mis manos, entre tanto solo susurré su nombre

    —Martis…

    Mi cuerpo se incendió por completo, sentí como los latidos de mi corazón palpitaban de igual manera y vigorosidad entre mis piernas, sentía que mi mirada se perdía en sus ojos. Espasmos de ese gran orgasmo aún movían mis piernas por inercia, alcé mi vista y lo vi acercarse a mí, se arrodilló al costado de la cama y sostuvo con su fuerte mano la mía, acercándola hacia su nariz.

    —Mhm, qué bien hueles… —dijo mirándome a los ojos, acercó más mi mano hacia su rostro y lamió mis dedos suavemente con su lengua sedosa, me miraba con placer y lujuria, no pude evitar gemir de nuevo, sus ojos se tornaban cada vez más de un color oscuro.

    No me pregunten qué hacía una persona que se suponía era mi amigo, probando de mi néctar. Era insólito y tan prohibido que parecía inimaginable. Y pesaba en mi mente la culpa de haber sentido tanto placer con sólo miradas.

    —Martis… —volví a repetir su nombre como una idiota, sin poder decir nada más.

    Él me sonrió y volvió a cubrir mi cuerpo con las sábanas. Una sonrisa pícara se le escapó y cuando se alejó de mí para ir en dirección a la puerta, volteó a verme y lo vi apretar sus mandíbulas, como masticando todo lo que había pasado, tratando de procesarlo. Me regaló una mirada lasciva y salió, cerrando la puerta tras de sí.

    Estaba jodida.

    ***

    Jodidamente dormida me había quedado prendada a ese sueño. Por un instante quise refunfuñar de saber que había sido sólo eso, pero luego me sentí aliviada. Pasé toda la mañana y parte de la tarde en la oficina y en ningún momento pude sacarme de la cabeza todo aquello.

    Hacía exactamente 4 años que había visto a Martis por última vez. Aunque en mis sueños siempre se le daba por aparecer.

    Manteníamos contacto y de hecho conocía a mi pareja y yo a la suya. Creía que todo esto de haberlo soñado venía a raíz de la noticia que había llegado a mí. Eric iría a recoger en unos días a Martis y a su novia al aeropuerto.

    Y todo esto me traía sensaciones, recordaba muchas miradas de Martis, muchas caricias que rozaban la línea de lo prohibido, ¿durante cuánto tiempo se puede disimular tanto deseo? Quizás estaba a pocos días de averiguarlo.

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  • Amigas del alma

    Amigas del alma

    A Paula no le sedujo la idea de ir de acompañante de la pareja. Hacía semanas que su amiga Alba había insistido en hacer las presentaciones y se la veía tan ilusionada que no quiso negarse. No le importaba conocerlo, lo que no le apetecía en absoluto era ir a una fiesta con ellos y hacer de farolillo.

    Las dos amigas estaban divorciadas. Paula ya llevaba dos años y Alba poco menos de un año, pero, así como Paula tenía muy claro que no quería comprometerse de nuevo con ningún hombre, su amiga parecía necesitar a alguien a su lado que la mimara y la entendiera. Obviamente era más dependiente, y cuando conoció a Alex vio en él a su media naranja y también a la persona ideal para rehacer su vida. No hacía más de tres meses que salían juntos, pero para Alba era tiempo más que suficiente y desde luego, tenía claro que le amaba.

    Aunque Paula y Alba eran amigas desde la infancia y parecían dos almas gemelas, eran bien distintas la una de la otra. Las dos contaban treinta y cinco primaveras. Parecía incluso que se hubiesen puesto de acuerdo en quedarse embarazadas al mismo tiempo, tener el mismo número de hijos, por lo que ambas tenían dos, de cuatro y ocho años, así como también parecía que se hubiesen puesto de acuerdo en divorciarse, distanciándose la una de la otra tan sólo en un año.

    Ambas eran atractivas, pero el físico de Paula siempre había destacado sobre el de Alba, e invariablemente era la que acaparaba la mayor parte de las miradas, aun así, nunca existió una rivalidad entre ellas, y si la hubo, había sido sana. A sus treinta y cinco años, Alba seguía siendo una mujer atractiva, pero con dos partos a sus espaldas, sus caderas se habían ensanchado considerablemente. Pero lo que le importaba era que Alex la quería y eso le bastaba. Por su parte, a Paula le pareció un buen tipo, además de un hombre atractivo y varonil, reconociendo el buen gusto de su amiga.

    Alba hacía los preparativos para la cena mientras Alex le comentaba que pertenecía al cuerpo de bomberos, relatándole también algunas de sus anécdotas. Paula le reía sus gracias e incluso estuvo a punto de aportar también su toque de humor añadiendo un símil para su profesión y determinando que el de apagafuegos era más apropiado, pero lo reconsideró y se abstuvo de hacer comentarios fuera de tono que pudiesen ser malinterpretados. Del mismo modo que a Paula, Alex le gustó más de lo que cabía esperar. A él tampoco le pasó inadvertido el atractivo y el glamour que Paula desprendía, de manera que, sin pretenderlo surgió un magnetismo entre ambos, ajeno a Alba.

    Paula no estaba habituada a ese tipo de fiestas donde apenas se podía hablar y había que gritar para hacerse entender. Hacía años que no acudía a esas veladas donde el bullicio existente impedía mantener una conversación sin tener que levantar la voz. Los camareros intentaban abrirse paso con las bebidas ante una muchedumbre agobiante, donde el Dom Pérignon desaparecía de la bandeja en pocos segundos. Alex se hizo con tres copas que repartió entre sus acompañantes.

    La mansión era extremadamente grande y se había habilitado la parte inferior para la macrofiesta en la que había un espacio para la gente que deseaba bailar, otro con sofás y unas pequeñas mesas auxiliares. La terraza se reservaba para los que querían un poco más de intimidad, aunque pensar en encontrar tranquilidad en aquel lugar era casi imposible. El humo de la gente fumando provocaba una atmosfera irrespirable para Paula, en la que se mezclaba el humo de los cigarrillos con el de la marihuana, pero, a pesar de la molestia, también le provocaba una sensación de felicidad y de falta de control de sí misma y, con ello, una dificultad para procesar la información coherentemente.

    Alba fue a saludar a unos amigos y Alex sacó a bailar a Paula para que se sintiera cómoda. No puso ninguna objeción, aunque se preguntó si a su amiga podría molestarle. De todos modos, si había sido una decisión de su novio, nadie mejor que él para saber si aquella actitud era normal para la pareja o no.

    Las dos amigas habían acudido a la fiesta con un vestido ceñido al cuerpo que terminaba más arriba de las rodillas y delimitaba de forma voluptuosa las formas de su cuerpo. Ambos eran de color negro, pero el de Paula presentaba un escote más pronunciado que mantenía al novio de su amiga obnubilado. La cogió de la mano, la llevó a la zona de baile y se puso a bailar siguiendo el ritmo de la música y alentándola a ella a soltarse, pues Paula parecía encontrarse como pez fuera del agua. Alex la invitó a seguir sus movimientos cogiéndola de la cintura para que se moviera a su compás, y con esos meneos fingidos, en pocos minutos perdió la vergüenza y se estableció una química que cualquiera que no los conociera hubiese pensado que eran pareja. Alex volvió a cogerla ejecutando un sensual movimiento, y con la presión de sus manos en la cintura la alentó a que también le imitase con los sugerentes meneos. Sus manos la atrajeron más de la cuenta, y al sentir su excesiva cercanía, se sintió incómoda, pero no por la sensación, sino porque no quería ofender a su amiga.

    No sabía qué pretendía Alex con aquellos rozamientos. Ella no era su pareja e intentó mantener cierta distancia de seguridad, pero la mano de su pareja de baile se deslizó muy sutilmente hacia su trasero, incluso hubiese jurado que le estrujaba ligeramente su nalga izquierda. Sin embargo, ya no sabía si tenía la cabeza embotada por el humo de la marihuana, o si realmente Alex la estaba manoseando. Con todo ello, a pesar de la violenta la situación, estaba receptiva y confirmó que el atractivo novio de su amiga era más pirómano que bombero, y prueba de ello eran los repentinos calores que sufrían sus bajos.

    Alba regresó al finalizar el sugerente baile e instó a ambos a unirse al grupo de amigos haciendo las presentaciones con la intención de que Paula conociese a gente y se divirtiera y, a pesar de que estaba receptiva y caliente por lo acontecido, no había nadie en el grupo que le sedujera, pese a que el sector masculino sí que parecía interesarse por ella, sin embargo, Paula sólo tenía ojos para el bombero, aunque únicamente fuese una fantasía, con lo cual, no dio pie a nadie a un interés que no fuese única y estrictamente formal.

    Después de haber salido de la fiesta, y ya un poco más serena, en el coche pensó que todo podrían haber sido imaginaciones suyas suscitadas por el efecto de la marihuana, contribuyendo, en cierto modo a materializar sus perversos pensamientos. Lo cierto era que, real o imaginario, una vez en casa, se dirigió a su habitación, encendió la lamparita, se desnudó, se desmaquilló, se tumbó en la cama, y sus manos recorrieron su cuerpo imaginando que eran otras manos las que rozaban sus partes más íntimas. Los dedos de Paula atendieron su gelatinosa raja y su nódulo del placer, dándose el gozo y la intensidad que necesitaba, alternando los dos hasta que sintió la necesidad de introducir dos dedos para incrementar el goce, mientras con el dedo corazón de la mano izquierda trazaba círculos presionando el clítoris hasta que el clímax acudió a su encuentro.

    Al mismo tiempo, en otra parte de la ciudad, dos amantes copulaban en la habitación de un coqueto apartamento. Alex estaba arriba de Alba penetrándola, mientras ella recibía con las piernas completamente abiertas las acometidas de Alex. Sus manos agarraron sus nalgas mojadas por el sudor y presionó con la intención de que arremetiese con más fuerza hasta que la violencia de las embestidas los llevó a ambos a un orgasmo, en el que Alba suspiró de gozo y Alex se recreó pensando que era Paula la que recibía su descarga, puesto que había estado toda la noche bajo el efecto hipnotizante de la amiga de su novia. No sabía cómo podía haberle sentado el llevar sus roces y algunas caricias un poco más allá de lo supuestamente permitido, en cualquier caso, no hubo ninguna resistencia por su parte. Sólo tenía dos opciones que ponderar: por un lado, parecía ser receptiva a sus caricias y podía serlo en un futuro a sus deseos, por otro lado, podría haber omitido decir nada para no montar un espectáculo y no ponerlos en un aprieto delante de todos. Por lo tanto, no llegó a ninguna conclusión y se durmió con la incertidumbre de no saber a qué atenerse, pero con la complacencia de haber tenido un orgasmo con una fantasía que le apremiaba desde que su novia le presentó a su amiga divorciada.

    —¿Te lo pasaste bien el viernes?, —le preguntó Alba el lunes siguiente, sin embargo, Paula no sabía si en la pregunta había una doble intencionalidad, reprochándole su pasividad ante los manoseos de su novio.

    —Sí, tenía la cabeza embotada, pero sí, me lo pasé bien.

    —Deberías salir más.

    Paula asintió con una sonrisa forzada.

    —Por cierto, hay alguien bastante interesado en ti. Parece ser que le causaste muy buena impresión.

    En un primer momento Paula pensó que hablaba de su novio (o era lo que ella quería pensar).

    —Un amigo de los que te presenté el viernes me ha pedido tu número de teléfono, pero no se lo he dado hasta que no me des tu consentimiento.

    —No me apetece tener una relación, de momento.

    —¿Y quién habla de relación?

    —Te lo agradezco Alba.

    —Por cierto, el viernes podrías venirte a cenar. Sé de un restaurante que te gustará. Piénsatelo y me contestas, ¿de acuerdo?

    —Ok.

    Evidentemente sabía la respuesta, aunque esperó al día siguiente para que no pareciera tan obvio que deseaba volver a ver a Alex.

    ¿A qué estaba jugando? Ni ella misma lo sabía. De lo que sí que era consciente era de la química que se había desplegado entre ambos, y aunque no pasara nada, deseaba sentir cerca su presencia.

    El camarero los acompañó a su mesa reservada de tres comensales y después de pedir un Ribera del Duero, sirvió primero a las mujeres para que decidieran si era de su agrado, y ambas confirmaron que era un vino excelente.

    Alba tomó el hilo de la conversación y hablaba sin parar ante el júbilo de revivir la llama del amor ante la persona que parecía estar hecha a su medida, en cambio Alex había desconectado y estaba sometiendo a Paula a un exhaustivo acoso visual, en el que ella empezaba a sentirse de nuevo incómoda por el asedio. Al margen de la incomodidad que le generaba su mirada persistente, pensó que su amiga podría molestarse por el hostigamiento que su novio le estaba procurando, pero Alba parecía no percatarse de las indiscretas miradas de su amado, ni tampoco de las furtivas miradas de su amiga. La verdad fue que Paula no se sintió a gusto ante una situación que se hacía más evidente y al mismo tiempo, cada vez más embarazosa.

    Cuando llegó a casa le pagó a la niñera y fue a darle un beso a sus hijos a la cama. A continuación se puso el pijama, se acostó y se masturbó dejando volar su imaginación hasta que el orgasmo sació sus perversos pensamientos, provocando que se sintiera mal por desear al novio de su amiga. Lo malo no era que ella lo deseara. Eso podía controlarlo y mantenerlo en secreto. Lo preocupante era que Paula sabía que el deseo era compartido y no quería dañar, ni perjudicar de ninguna de las maneras a su amiga, de ahí que decidiese distanciarse de Alba, al menos intentó no coincidir cuando estuviera Alex.

    Y así lo consiguió durante unas semanas evitando cualquier quedada en la que estuviera él, hasta que no pudo eludir el cumpleaños.

    Alex abrió la puerta y ambos se saludaron con un cordial “hola” acompañado de un beso amistoso, mientras Paula le ofrecía una bolsa con una botella de vino y él pudo embriagarse de su perfume.

    —He traído una botella de vino.

    —Estupendo.

    Paula llevaba unos pantalones negros y una cazadora de cuero que Alex se encargó de quitarle para colgarla en un perchero.

    —¿Dónde está Alba?

    —Ha tenido que ir a atender una urgencia en el trabajo. Me ha dicho que no tardará, pero no te preocupes, el cocinero soy yo.

    —¿Puedo ayudarte?

    —No. De ninguna manera. Eres nuestra invitada.

    Mientras Alex preparaba la cena y le hablaba de su afición por la cocina, Paula permanecía apoyada en el banco de la cocina observándole sin prestar demasiada atención a sus palabras, por el contrario, su interés se centraba en su vestimenta. Iba con un pantalón corto de deporte con una camiseta blanca de tirantes mostrando gran parte de su trabajado cuerpo, pero el delantal que llevaba por encima le daba un aire cómico, sin embargo, eso no fue impedimento para que la vista de Paula se recreara en su fisionomía.

    —¿De verdad no quieres que te ayude? Me siento un poco inútil aquí mirando sin hacer nada.

    —Está bien. ¡Pela estos pepinos y córtalos en rodajas que no sean muy gruesas!

    —De acuerdo.

    Paula observó las hortalizas y recordó otro uso que en alguna ocasión les había dado, aparte de su utilización en la ensalada.

    —¿Te apetece que abramos la botella de vino?, —preguntó Alex.

    —¿No esperamos a Alba? —quiso saber Paula.

    —Tomaremos sólo una copa, el resto lo guardaremos para la cena.

    Paula asintió y Alex descorchó la botella, sirviendo el vino primero en la copa de ella y después en la suya, seguidamente ambos golpearon sutilmente el vidrio y brindaron.

    —Por nosotros, —dijo Alex.

    Paula levantó la copa y asintió, sorbiendo de la copa. No sabía muy bien ese “por nosotros” qué significaba.

    Se hizo un breve silencio que a Paula le pareció eterno. La mirada penetrante de Alex la puso nerviosa y sin saber qué hacer con la copa, le dio vueltas al tallo con las dos manos hasta que Alex detuvo el movimiento circular y posó su mano sobre la de ella, quitándosela para colocarla sobre el banco.

    —La vas a marear, —le advirtió mientras acercaba su boca a la de ella para darle un aterciopelado beso en sus labios en el que pronto, ambos entremezclaron sus lenguas. Era lo que había deseado, pero tras unos segundos morreándose, Paula se separó de él consciente de lo que estaba haciendo.

    —No podemos hacer esto, —le advirtió.

    —Sí que podemos, —respondió—. Me deseas tanto como yo a ti.

    —Tu novia es mi mejor amiga, —añadió buscando una excusa con la que autoconvencerse que lo que estaba haciendo era una felonía hacia su mejor amiga, pero la boca de Alex buscó de nuevo la suya y después de otra protesta poco convincente se abandonó a las sensaciones.

    Las manos de Alex bajaron por su espalda y se detuvieron en sus nalgas, presionándolas y acercándola para que no hubiese ningún resquicio entre el contacto de ambos cuerpos. Paula notó la erección de Alex más arriba de su sexo, mientras él presionaba su hombría sobre ella como si tuviera el cuerpo de arcilla y él quisiera dejar una impronta de su huella.

    Como si el tiempo de las caricias y de la ternura hubiese llegado a su fin, le dio la vuelta e hizo que apoyara las manos en el banco de la cocina, después cogió sus pantalones y se los bajó violentamente para, a continuación, hacer lo mismo con las bragas, dejando al aire un divino culo que le hizo perder el norte.

    —Menudo culo tienes Paula.

    Ella no respondió, pero acabó de quitarse los tacones, los pantalones y las bragas con sus pies. Sin perder ni un segundo, Alex se deshizo del delantal y se quitó sus shorts dejando al aire una suculenta polla que Paula —volteada hacia atrás—miraba con anhelo sabiendo que pronto iba a tenerla dentro.

    Una fuerte palmada hizo que se quejara, y una segunda y contundente palmada aplicada con relativa fuerza le dejó la marca y la nalga tomó un tono rojizo. A continuación, notó el glande presionar en la entrada de su raja, y con un empujón, su vagina engulló la polla del bombero en su interior, haciendo que despareciera aquel picor provocado por los fuertes cachetes. Tras aquella primera estocada siguió un movimiento repetitivo que fue ganando en intensidad y contundencia del miembro entrando y saliendo de su cavidad, mientras Paula gemía y sus ojos se tornaban blancos. Se percató de que el novio de su amiga no se andaba con ñoñeces. La cogió del pelo y tiró de su melena hacia él mientras la intensidad y rapidez con la que arremetía le arrancaba un gemido en cada embestida.

    —¿Te gusta Paula? ¿Es lo que querías? —le preguntó mientras jadeaba.

    Paula no respondió, aunque era lo que deseaba.

    —Qué culazo tienes… qué buena estás, cabrona —le susurró al oído mientras la cogía del pelo y el percutor entraba y salía de su interior a una velocidad acelerada.

    Los improperios, lejos de molestarle, la ponían cada vez más cachonda y entró en un estado de excitación como hacía meses que no experimentaba. No sabía si era algo innato en él el hecho de injuriar mientras fornicaba, en cualquier caso, en ese momento le daba igual, dado que el placer que le estaba infligiendo era soberbio.

    Paula notó un gran vacío cuando el bombero extrajo su polla. La cogió en brazos y la llevó a la habitación, soltándola en la cama como si fuera un muñeco. Le abrió las piernas y la volvió a penetrar, logrando que retomara de nuevo el placer con la reciente posición. Las manos de Paula recorrieron el culo de su amante y sus uñas se clavaron en él como si la presión que ejercía fuera un indicador del gozo que estaba obteniendo.

    —Me encantas… ¿lo sabías? Me moría por follarte, Paula, y sabía que el otro día me deseabas igual que yo a ti. Te hubiese follado en la pista de baile delante de todo el mundo.

    La excitación de Paula iba in crescendo. Si seguía embistiendo con tal vehemencia y continuaba diciéndole obscenidades, no tardaría en obtener su orgasmo, sin embargo, Alex abandonó el hoyo y se dio la vuelta, colocándose boca arriba. Paula se apoderó de su polla, la palpó y se aplicó a hacerle la mejor mamada que ninguna mujer le había hecho, ni siquiera Alba.

    —Eres una experta mamadora, Paula. Si sigues así harás que me corra, cabrona.

    Paula lamió el glande y luego descendió por el tallo hasta encontrarse con dos huevazos que lengüeteó. Seguidamente la lengua retomó el camino de vuelta hasta la punta para abrazar con la boca la apetitosa polla. El bombero no perdía detalle de los movimientos oscilantes de su cabeza, y mientras engullía el cipote, su mano se balanceaba arriba y abajo por la verga sin aminorar la cadencia hasta que su amante le aventó la leche dentro de su boca, y lejos de retirarse, Paula la ingirió con complacencia. La verga empezó a perder su dureza, pero ella no abandonó la felación con el único interés de endurecerla de nuevo, y tras dos minutos sumida en la labor, la herramienta ya estaba más que dispuesta para retomar la cópula. Se montó sobre él, se ayudó con la mano y la verga desapareció en su cavidad en su afán de dar y recibir placer. Paula inició la cabalgada y Alex se aferró a sus nalgas presionándoselas, y mientras su boca se encargaba de sus pezones, ella se contorneaba intentando que la verga encontrara cada rincón de su canal con movimientos circulares, de delante hacia atrás, de lado a lado y de arriba a abajo. Movimientos que buscaban sentir cada centímetro de la polla que arremetía en su coño hambriento.

    —¡Eres una excelente jinete! Como te mueves, cabrona.

    —¡Y tú un potro salvaje, cabrón! Me voy a correr, —afirmó totalmente desinhibida.

    —Eso es, ¡córrete!

    El sexo de Paula estalló en un violento y prolongado orgasmo de más de treinta segundos gimiendo sin parar. Después, sus fuerzas la abandonaron y se dejó caer encima de Alex completamente exhausta. Pero ahora su amante, en plena vorágine carnal, no estaba por la labor de dejar de deleitarse con aquella fogosa mujer.

    —Estoy muerta. Me has dejado hecha un higo.

    —No. Hecha un higo voy a dejarte ahora, cabrona. Me has puesto muy cachondo y vas a recibir tu merecido, zorra.

    Paula estaba extenuada, pero le gustaba el subyugante juego al que parecía querer jugar el novio de su amiga.

    Alex le dio la vuelta y le hundió la cabeza en la almohada, le abrió las piernas con las suyas y la penetró de nuevo con una ferocidad inusual. Paula tenía la cabeza de lado, medio hundida en la almohada intentado ver a su amante, pero él se la presionaba impidiéndole que se moviera. Alex extrajo la polla embadurnada de los jugos de aquel hoyo encharcado y lo introdujo en el de más arriba, cogiéndola desprevenida. A pesar de que el miembro estaba bien lubricado, no hubo preparación previa y aquella primera estocada le dolió considerablemente, sin embargo, su amante estaba tan excitado que desoyó sus protestas y siguió presionando para alojar todo el rabo en el interior del pequeño agujero.

    —Me haces daño Alex, —protestó.

    —¡Cállate! Pronto vas a disfrutarla. Me has puesto muy cabrón y vas a recibir tu merecido.

    Después de las primeras y dolorosas penetraciones, Paula empezó a notar también las primeras sensaciones de gozo con aquella enculada, y el dolor fue desapareciendo gradualmente, dejando paso a un placer del que hacía tiempo que no disfrutaba y que se evidenció con sus gemidos.

    —Ya veo que no es la primera vez que te dan por el culo, Paula. ¿O me equivoco?

    Alex estaba en lo cierto, pero ya hacía tiempo que no disfrutaba de una buena polla por culo y ahora el novio de su amiga la estaba sodomizando y tratándola como a una vulgar ramera. Sea como fuere, estaba gozando de los pollazos que le estaba dando, y por consiguiente, ya tendría tiempo para enfadarse más tarde por vilipendiarla de aquel modo. Ahora lo que quería era seguir gozando de aquel potro salvaje.

    Alex siguió martilleando en su ano con enérgica intensidad. El sudor resbalaba por su cuerpo, goteando sobre el de Paula. Los violentos chasquidos que se producían cuando golpeaba en su culo se mezclaban con los jadeos de ambos amantes. La tranca de su agresor penetraba con gran violencia en su pequeño agujero una y otra vez y ambos jadeaban ante el inminente orgasmo intentando sincronizarse, y después de muchos gritos y resoplidos derivados de aquella cópula, los dos amantes se corrieron a la vez en un fortísimo orgasmo, en el que ambos gritaban de gozo compartiendo el descomunal clímax que se vio truncado por un chorro de sangre que impactó en el rostro de Paula. Alex se apartó de ella, como por inercia, sin saber qué había pasado, pero sin poder respirar con su tráquea perforada y su yugular reventada. La sangre brotaba sin contención salpicándola a ella y desparramándose por la cama y por toda la estancia como si fuese un aspersor, del mismo modo, el semen seguía manando de aquella verga serpenteante que continuaba dando latigazos, mezclándose sangre y semen en la cama y sobre Paula. Ella gritó aterrorizada viendo a Alex agonizar, presionándose la yugular y desangrándose encima de ella. Pero si la escena no era lo suficientemente espeluznante, Alba le asestó otro golpe contundente en la cabeza con aquella barra de hierro punzante, y definitivamente su novio se desplomó encima de Paula, quien estaba a punto de sufrir un colapso. Todavía no sabía muy bien qué estaba pasando. Se encontraba en la cima de aquel clímax inigualable y de repente se mezclaba el placer con el horror y, a continuación, aquel portentoso orgasmo se cortaba, mientras su cara y su cuerpo se cubrían de la sangre de su amante.

    Ninguno la vio llegar, ni siquiera la habían oído abrir la puerta. Los frenéticos gritos de placer mitigaron cualquier otro sonido que no fuera el de la euforia que se estaba viviendo en la habitación.

    Conforme pudo, Marta se quitó el peso muerto de encima e intentó retroceder y ponerse a salvo de su amiga que, al parecer había perdido la cordura. Retrocedió reptando hacia atrás — resbalando sobre el cuerpo ensangrentado e inerte del bombero— hasta el cabezal de la cama, sabiendo que no podía recular más. Alba estaba allí de pie, impasible, con aquella barra de hierro en la mano, viendo la dantesca y sangrienta escena que ella había provocado, en la que su novio yacía muerto, totalmente cubierto de sangre y de semen en su cama. Una cama y una amistad que había sido profanada por la que creía ser su mejor amiga.

    —Eres una zorra. ¡Dame un motivo para no abrirte la cabeza en canal! —la exhortó.

    No pudo darle ninguno.

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  • Con las manos en la masa

    Con las manos en la masa

    E: ¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Qué haces?

    T: En el trabajo, ¿y tú?

    E: En casa, tengo un regalito para ti ¿por qué no vienes?

    T: Trataré de acabar pronto y te caigo en una hora.

    Faltaba poco para su boda, pero aun así nosotros le seguíamos poniendo bien y bonito, ya casi no veía a Ivette y aunque conocía nuevas chicas no podía dejar de fornicar con Estela.

    Puntualmente llegué a su casa, estaba a punto de tocar, pero noté que había un letrero para mi ¡Sube! Obedecí el escrito y subí a su habitación.

    Al entrar ¡Dios mío!, estaba ella en lencería roja, acostada en su cama y con una cara picara.

    T: ¿Oye, no es peligroso?, él puede llegar en cualquier momento!

    E: ¡No te preocupes, el llegara tarde, ven aquí amor!

    Y es que como lo dije en mi relato anterior ella ya vivía con su pareja que tiene de nombre Fernando y solo se casarían para formalizar más las cosas.

    Me quité mi camisa y me lancé sobre ella, comencé a besarla pasionalmente y acariciarle su delicioso cuerpo.

    Ella hacía lo mismo su boca mordía mi cuello y su mano acariciaba mi pene, el saber que en cualquier momento nos descubrirían me excitaba mucho y es que ella era muy buena calentándome, pasaba más tiempo con ella que con algún otra últimamente.

    Mis manos acariciaban sus muslos hasta llegar y apretar sus ricas y firmes nalgas, mi boca besaba su cuello y ella lanzaba suaves gemidos, poco a poco besando mi pecho bajo a mi pelvis, quitó mi pantalón y trusa y comencé a devorar mi carne que tanto le gustaba, ella besaba la cabecita y luego con su lengua recorría mi tronco ¡uf! era maravilloso sentir su lengua y como succionaba mi verga, la devoraba hasta casi ahogarse con ella.

    Se había vuelto una experta mamando mi gruesa verga, le apretaba la nuca, le acariciaba al frente, disfrutaba al máximo de sus lamidas y con ligeros movimientos acompañaba sus chupadas.

    E: ¡Sabes rico amor!

    T: ¡Síguele bebe hermosa!

    No quise quedarme atrás, así que la tomé de su cintura y la acomodé para darle unas ricas chupadas, mi lengua recorría sus ingles y besaba sus labios vaginales, mi lengua entraba suavemente para juguetear su clítoris hasta ponerlo durito, ambos nos dábamos rico placer.

    E: ¡Amor que rico! chúpame más.

    T: ¡Si bebe chupas rico! continuemos!

    E: Mejor ya métela papi, te quiero dentro de mi

    T: ¡Que desesperada eres nena!

    La acosté de forma fetal o de cucharita, levante su pierna y comencé a penetrarla suavemente mientras nos besábamos salvajemente, ella se movía como si se estuviese convulsionando, mi mano apretaba con firmeza sus pechos y sus piernas, mis movimientos aumentaban de velocidad y ella me miraba y gemía delicioso.

    Con ella esa pose era lo máximo, su lengua probaba mis dedos, apretaba su clítoris y mi verga le entraba ms rico.

    E: ¡Así Tyson! dámela así!

    T: ¡Me vuelves loco amor! muévete que rica!

    Ella me pidió que me acostara y se puso a cabalgarme, sus movimientos eran rápidos, ¡dejaba caerse sobre mí para que le entrara toda uf! era una licuadora.

    Yo acariciaba sus piernas y sus tetas, las besaba y mordía fuertemente ya que sus movimientos me enloquecían mucho.

    T: ¡Así! que rico amor!

    E: ¡me encantas! que rico pene tienes!

    T: ¡Destrózalo amor!

    En algún momento pase de decirle perra a decirle mi amor, no sé, tal vez desarrolle algún sentimiento hacia ella, pero el sexo era más fuerte y solo quería seguir cochándomela.

    Ella me comenzó a cabalgar, pero esta vez invertidamente, sus nalgas eran apretadas y arañadas por mí, la tomé de su cintura y acompañaba sus movimientos los cuales ella hacía empinándose hasta besar mis pies ¡que rico! el éxtasis estaba llegando, sentí como ella comenzó a mojarse, se estaba viniendo.

    E: ¡Ah! amor que rico! me vengo! que rico!

    T: ¡Si bebe! córrete rico amor!

    Sus fluidos me mojaron todo, pero aún no estaba listo para terminar, la puse en cuatro y apoyándome en su espalda la embestí brutalmente, metía y sacaba mi verga con violencia, le daba de nalgadas y le jalaba el cabello, ella gritaba de placer y mis dedos comenzaban a juguetear su ano, ese ano que me pertenecía y estaba dispuesto a poseer.

    E: ¿Me la vas a meter por ahí?

    T: ¡Si mi perra, te destrozare el ano!

    E: ¡Si amor!, soy toda tuya! ¡Me encanta tenerte ahí dentro!

    Ella se había vuelto una especie de adicta al sexo anal que le hacía, por eso, aunque le dolía lo disfrutaba mucho.

    Primero comencé a meterle la cabecita, sus fluidos ayudaron a entrar más rápido, ella empinadísima gemía y mordía una almohada.

    Cuando le metí casi tres cuartos de mi pene comencé a moverme fuertemente, con toda mi fuerza la embestía, ella gritaba y movía sus caderas.

    E: ¡Ah me duele!

    T: ¡Pero te gusta perra! ¡Aúlla, aúlla como loba!

    E: ¡Tyson te amo!, nadie me lo ha hecho como tú!

    T: ¡Si mi amor eres mi perra!

    La conversación me calentaba aún más, mis movimientos cada vez eran más fuertes, ella gritaba, pero me pedía más y más, de pronto sentí como me estaba inflando y ella me dijo:

    E: ¡Dámelos en mi cara amor, te quiero probar!

    T: ¡Si mi perra lo que tú digas!

    Se la saqué, me puse de pie y tomándola de su cabeza comencé a llenarla de semen, mi verga parecía manguera y chorreaba demasiado, ella tragaba y se embarraba mi semen en su cara, solo ese placer fue interrumpido por un grito de cólera y furia.

    F: ¡Que carajos pasa aquí!

    E: ¡Mi marido!!!

    F: ¿Estela pero que haces? ¿Qué diablos?

    E: ¡No es lo que crees!

    F: ¡No! si estás llena de semen como toda una puta! ¡Vete!

    E: ¡Pero amor!

    C: ¡No me digas amor, vete antes de que llame a la policía! Y sobra demás decir que no habrá boda.

    En lo que ellos peleaban yo me vestía, una parte de mí se sentía mal el ver la relación de mi amiga esfumarse, pero otra estaba feliz de que nos vieran.

    La acompañe por sus cosas y cuando estaba por salir él me dijo:

    F: Espero que valiera la pena el ser culpable de que terminemos y espero no te pase a ti.

    T: ¡Si valió la pena! y no me arrepiento de nada!

    Salimos rumbo a casa de su amiga, ahí la dejé y me fui, eso ocasionó una ruptura en nuestra relación de amantes ya que de ahí cambió todo.

    De hecho, esa fue la última vez que cogimos, aun somos amigos, no como en esa época, en la actualidad vive con un tipo menor que ella, ya que en esta actualidad ella ya tiene 37 años, pero sigue estando igual de rica.

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  • Forma de ser

    Forma de ser

    Era verano, un viernes cualquiera. Una amiga suya se casaba dentro de un mes y habían decidido hacerle una despedida de soltera. Primero querían pasar unas cuantas chicas de la cuadrilla por un sex-shop a ver si encontraban algo divertido para ese día.

    Por su parte. María una mujer madura en la sesentena dominante estaba en el mismo sex-shop para ver si habían traído alguna novedad y recoger un aparato de castidad anal. En ese sex-shop alguna vez incluso había ligado pero esta vez solo iba a hacer ese recado. Le apetecía encontrar una sumisa pero no tenía ninguna prisa ya que buscaba algo concreto, alguien que con solo verla ella supiera que interiorizaba la obediencia como ninguna y entonces la vio.

    Vio a Julia entrar, iba la última en ese grupo de chicas algo escandalosas, pero ella tenía otro estilo. Era más seria, la verdad no sabía si era sumisa o no, pero esa distinción al caminar y comportarse le gustó. Ella estaba en el mostrador hablando con la encargada y pagando su encargo. Las chicas se distribuyeron por el local. Julia se detuvo en la zona donde tenían la ropa y artículos BDSM. Lo hacía de forma disimulada como que no se notase que le gustaba. Había en la pared un grabado en el que una chica estaba atada mientras una mujer sujetaba su mentón mirándola con actitud dominadora.

    María se dirigió a donde estaba la chica y se situó detrás de ella. Antes vio que sus amigas desde donde estaban no podían verlas. Susurró al oído de la chica:

    Veo que te gusta. ¿Con cuál de las dos te identificas?

    La chica iba a girarse, pero instintivamente antes de hacerlo respondió balbuceando:

    La chica que está atada.

    Pues entonces si te gusta ella, no te gires y en media hora te espero en la terraza de la cafetería … y hablaremos de las sensaciones que te ha producido el cuadro. La dirección de la cafetería está en la tarjeta que te acabo de meter en el bolso.

    Julia se quedó de piedra y no se movió. María con las dos manos desde atrás fue levantando la falda de la chica. Julia dijo:

    ¿Qué haces?

    María soltó la falda, pero Julia con su mano buscó la mano de la mujer y la acercó al borde de la falda y susurró:

    Por favor, sigue.

    María empezó a subir la falda, pero primero miró que nadie desde donde estaban las amigas pudiera ver nada. Levantó poco a poco la falda hasta que pudo tener acceso a su tanga. Tras ello, sacó una navaja y con ella cortó la tela de la prenda íntima de Julia que cayó al suelo lo mismo que la falda volvió a su sitio. Julia de forma instintiva se agachó a coger el tanga y cuando se giró María ya estaba fuera del local. Este tenía dos puertas y había salido por la trasera que Julia no conocía.

    María no estaba segura si la chica acudiría, pero después de la escena de la falda estaba casi segura que así sería. Pidió un café para ella y un botellín para la chica. Eligió una mesa en la terraza alejada de la gente. A su espalda no había nadie y la chica se sentaría delante de ella. Lo tenía todo controlado. Se sentó con su café y esperó.

    Doblando la esquina venía Julia. La chica caminaba muy segura de si misma, pero en la expresión de su rostro había un halo de delicadeza y fragilidad.

    ¿Me puedo sentar? -preguntó educadamente.

    Por supuesto, además me he permitido pedir por ti. Un botellín de agua que espero que te sirva para refrescar la garganta mientras hablamos. Primera pregunta, que te ha empujado a acudir si no me conoces de nada.

    No lo sé ó quizás si lo sé. Me imagino que cuando me hiciste la pregunta del grabado intuiste que acudiría porque cuando me ví reflejada era porque aparte de reflejada interiorizaba lo que podía sentir esa chica.

    Touché, me pillaste. Aunque también lo hice por dos motivos más mundanos. Uno la excitación de ver esa cara junto a ese cuerpo tan bonito y dos que si acertaba quizás te planteases venir, aparte que fue un gran farol. -respondió María

    Creo que antes de continuar tendría que contarte mi historia y así entenderías el por qué he acudido. No soy de esta ciudad, soy de un pueblo a unos 300 km de aquí. Estudie en la Universidad más cercana a mi pueblo y cuando me quedaban dos años para terminar la Universidad me plantearon hacer los dos últimos años en Alemania becada. Me lo pensé y decidí aceptar. Llegué allí sin conocer a nadie, me alojaba en una casa con otras tres chicas. Otra chica holandesa, una americana y una francesa. Hice mucha amistad con la francesa porque como hablaba muy bien español y yo bastante bien francés practicábamos la una con la otra. Ella llevaba más tiempo allí. Un día que estábamos en su habitación hablando vi que tenía el cajón de la ropa íntima abierto. Al pasar para ir a sentarme fui a cerrarlo y que tenía como una polla de goma atada a un cinturón. Ella se dio cuenta y vino a quitármelo de la mano. Nos quedamos las dos una frente a la otra mirándonos y me besó, la rechacé, lo volvió a hacer y esta vez ya nos fundimos en un beso. Luego acabamos en su cama y me enseñó que uso se le daba a lo que había encontrado en el cajón. Estuvimos hablando y me contó su vida en Alemania, bueno digamos que sus gustos y fantasías. Me contó que era sumisa y que tenía un matrimonio como Amos a los que obedecía y que la habían enseñado lo que era el BDSM y la habían adiestrado. Soy una mujer curiosa por naturaleza. Bueno no sé qué hago aquí contándote esto… sentenció Julia.

    Me lo cuentas porque lo deseas. Tu voz es de alguien muy sumiso, por lo menos cuando lo verbalizas, lo haces de forma pausada y en voz baja como con miedo, pero ahora estás excitada seguro. Sigue…

    Pues entonces la chica me hizo una propuesta, pero me pidió que la pensase fríamente porque podía cambiarme. Me preguntó como me había sentido cuando ella me había follado y azotado con la mano y le respondí que como alguien a su merced. Me dijo que eso no era nada con el mundo que descubriría si aceptaba su propuesta. Me dijo que en breve se iba a volver a Francia y que sus Amos iban a quedarse sin sumisa y que había prometido ayudarles a encontrar otra y que ella llevaba varios días pensando en mí. Había pensado en no decirme nada, pero cuando descubrí su juguete vio que tenía una oportunidad. Me dijo si quería aceptar aprender que le dijera y acudiríamos a ver a sus Amos y tardé una semana en pensarlo, pero acepté. Nos citaron en su casa para comer el domingo siguiente. Me plantearon todas las cuestiones. Me indicaron que iban a estar atentos a mis estudios, que debía sacar buenas notas y cuando terminase ayudarme a buscar empleo o si quería seguir la formación ayudarme a elegir. Eso era meterse en mi vida y dudé, pero al final me decidí y me entregué. Al comienzo fue duro pero satisfactorio y con el tiempo me adapté. Cuando terminé de estudiar me ayudaron a buscar un trabajo relacionado con mis estudios para que pudiera seguir allí pero después de dos años surgió una oportunidad aquí, en esta ciudad. No es mi ciudad, pero es un muy buen trabajo. Con una gran estabilidad y que me daría estabilidad. No quería romper con ellos, pero me recomendaron venir y pactamos que, aunque estuviera aquí seguiría perteneciéndoles pero que buscase cuando me estabilizase a alguien a quien obedecer pero que Ellos debían aprobar esa candidatura. Imagino que cuando me dijiste lo de con quien me identificaba y me citaste aquí es porque eres Dominante. Tengo que reconocer que me excitó mucho lo que hiciste y por eso he venido. No necesitaba verte físicamente por lo que me hiciste sentir. No sé que piensas tú.

    ¿Qué pienso? Que te había lanzado un farol pero que cuando te vi entrar en el sex-shop me pareciste una chica con clase y obediente y que me encantaría que eras mi sumisa pero como sabes eres tú la que debes decidir entregarte, pero para eso me debes poner en contacto con tus Amos para que les pida permiso.

    A mí me encantaría obedecerte y que me acogieras como sumisa. Para lo de mis Amos, espera que te enseño una foto y les llamamos desde mi móvil porque si llamamos desde el tuyo igual no cogen. Lo que lo único ellos solo hablan alemán e inglés.

    Oye, no seas insolente. Para tu información domino esos dos idiomas. De hecho, tengo amistades con personas del mundo BDSM en otros países entre ellos Alemania. A ver, esa foto que me ibas a enseñar.

    Julia buscó la foto en el móvil y cuando se la enseño María se asombró. Los Amos de la chica eran dos buenos amigos de ella en Alemania con los que había compartido muchos momentos de risas y BDSM. Julia se dio cuenta.

    ¿Les conoces? -preguntó no sabía si con miedo o más excitada aún.

    Si, son de los mejores Dominantes que conozco. Para que veas que les conozco les voy a llamar desde mi teléfono. Si recibes el mensaje de que aceptan te diriges a mi coche que está en esa esquina y te sientas en el asiento trasero y por supuesto, porque sé que estás entrenada, me tratarás con el protocolo debido.

    María llamó y cogió Kurt, tras los saludos de rigor y en cuanto la Ama le contó lo que había ocurrido esa tarde el Amo alucinaba. Por supuesto, autorizó la entrega de Julia. Su mujer llamó a Julia y se lo hizo saber indicándole que en Alemania seguiría siendo suya. Que supiera que les representaba por lo que su comportamiento debía ser exquisito.

    María se despidió de Kurt justo cuando Julia ya se había instalado en el coche. La Ama se dirigió al coche y montándose arrancó. Mirando por el espejo retrovisor comenzó a decirle a la sumisa:

    Es viernes, pero no sé si trabajas mañana. Me encantaría que te quedases a cenar y pasaras la noche conmigo para una primera toma de contacto. De todas formas, eso lo hablaremos luego en casa.

    De acuerdo, luego lo hablamos en casa, pero por lo menos la noche me quedo -respondió Julia.

    Llegaron a la casa. María guardó el coche en el garaje y caminó hacia la puerta principal. Julia caminaba un metro por detrás. María se dio cuenta y admiró la buena educación, pero se giró y la ordenó:

    Quítate los zapatos

    Julia se quitó los zapatos de tacón. Caminaba hacia la casa y entró detrás de la Ama. La Ama la condujo hasta una habitación en el segundo piso. Era enorme con un gran ventanal.

    Ahora ayúdame a desnudarme y vestirme con ropa de casa.

    María se fue desprendiendo prenda a prenda, pero antes de nada la hizo arrodillar y que la quitase sus zapatos, pero habiéndolos primero lamido y dejado limpio la piel de los mismos. Cuando estuvo desnuda la hizo ayudarse a vestirse con una blusa blanca y una falda tubo negra. La hizo ayudar a calzarse.

    Ahora Julia, debes desnudarte para así cenar conmigo. Si hubiera más gente te haría vestir con una túnica que luego verás, pero hoy que vas a cenar conmigo a solas cenarás desnuda. Pero la ropa te la quitaré yo. Por cierto, lo del tanga ya te compraré uno. Empieza.

    Julia se fue primero desprendiendo de la blusa dejando al descubierto un sujetador de media copa. Luego se quitó esa prenda y María se acercó y con un delicado gesto la hizo levantar los brazos y abarcó sus pechos con sus manos apretándolos y jugando con ellos para luego retirarse y dejar que la chica se quitase la falda. Tenía unas nalgas duras y altas producto del ejercicio.

    Ahora ven que vamos a la cocina y me vas a ayudar a hacer la cena. Tú pon la mesa porque hoy vas a cenar en la mesa, pero muchos días cenarás en el suelo que es tu lugar.

    Julia enseguida puso la mesa y ayudó a la Ama con la comida. María era una madura con el pelo color ceniza muy corto y una gran experiencia. Admiraba la belleza física de la chica y comprobó que tenía una gran obediencia. Cuando terminó de preparar la cena hizo que la chica fuera con ella a un aseo que había cerca de la cocina. Allí cogió un pequeño huevo que introdujo en la vagina de Julia. Luego cogió el mando a distancia y se lo metió en el bolsillo.

    Volvieron a la cocina, se sentaron a la mesa una frente a la otra. La sumisa con las piernas abiertas. María dio varias veces al mando a distancia para ver la reacción de la chica, esta contuvo los gemidos. Manejaba los cubiertos con una gran maestría. Le sirvió una naranja de postre y la sumisa la cortó con tenedor y cuchillo. Se veía que estaba muy bien adiestrada.

    Terminaron la cena y Julia debió recoger, meter al lavavajillas y adecentar la cocina. María le ayudó. Luego la hizo caminar detrás de ella hasta la biblioteca pasando por el baño para que pudiera expulsar el huevo que llevaba en la vagina.

    En la biblioteca la hizo ponerse de pies con las manos en la nuca y las piernas ligeramente abiertas. Entonces se recreó valorar físicamente a la chica. Cogió su barbilla e hizo que abriera la boca. Luego los pechos y pezones. Bajó con las manos hasta su sexo y allí vio que la chica estaba perfectamente recortada el vello y sin vello en los labios vaginales. Luego la palpó los muslos, bien firmes y torneados y el hiso darse la vuelta y apoyarse en la mesa. Sin que la chica lo viera apoyó un supositorio en el ano de la sumisa y empujó. La chica se sorprendió y giró la cabeza, pero la Ama la tranquilizó.

    Sólo es un supositorio laxante. En media hora hará efecto y así te podrás limpiar en condiciones. Ahora acércame ese libro de la biblioteca que tiene un ocho en el lomo.

    Julia buscó el libro y lo cogió, pero al cogerlo se activó un clic y la biblioteca se movió ligeramente. María se acercó y empujó de uno de los lados y se abrió un vestíbulo oscuro. María encendió la luz y se vio una escalera que bajaba. Bajaron por la escalera y llegaron a lo que parecía una gran habitación y efectivamente. Se encendió la luz y era una gran mazmorra. Luego María la hizo pasar a otro espacio donde había un pasillo de ladrillo basto que se introducía en otro espacio donde había varias celdas con barrotes de hierro y un agujero en el suelo en uno de los extremos.

    Aquí es donde a veces pasarás las noches, porque me plazca o para castigarte. Ahora vamos a la sala del trono porque el laxante va a hacer efecto.

    Efectivamente el laxante estaba haciendo efecto y le mostró el baño y allí fue Julia. Luego de evacuar y orinar la hizo entrar en la ducha y ducharse. Cuando hubo terminado la volvió a empujar dentro de la ducha y bajo el agua la hizo arrodillarse bajo ella y la orinó en la cara tras haberse bajado ligeramente.

    Para terminar la noche la llevó a una esquina de la sala del trono. Allí la hizo adorar sus botas. Julia se dedicó a la tarea con deseo y ansia. La verdad es que la Ama le excitaba muchísimo dulce, directa y exigente y atractiva.

    La levantó la barbilla y la propuso:

    Como no eres de esta ciudad y durante la comida me has dicho que estás de alquiler te propongo vivir conmigo en ésta casa. Hay una habitación de invitados donde hay un vestidor para tu ropa. Dormirías en mi misma cama, en el suelo a los pies de mi cama o en alguna de las celdas.

    Si, cien mil veces sí -respondió Julia.

    María la llevó a un tótem donde la ató y luego la azotó con un látigo de dos metros. Julia agradeció cada azote hasta los diez recibidos. La soltó y la abrazó para luego besar sus labios e introducir su lengua en su joven boca.

    Condujo de la mano a la chica hasta su habitación por las mismas escaleras que habían bajado. En el vestidor de su habitación le mostró un cinturón de castidad. Luego le enseñó su nuevo juguete la pera anal. La hizo arrodillarse sobre la cama y agachar la cabeza para colocarla sobre la cama. Entonces introdujo una buena cantidad de lubricante en su ano y luego untó la pera con el mismo. Se la metió forzando un poco y cuando estuvo dentro abrió la pera hasta que parecía que estaba fija y luego le colocó el cinturón de castidad y cerró todo con los candados debidos. Julia se levantó y vio en el espejo como quedaba.

    Ahora queda lo último. El mechón de tu coño de zorra te lo voy a dejar porque me gusta, pero el pelo de tu cabeza lo voy a rapar al cero.

    Julia dio un respingo, pero la miró a María y se levantó esperando las indicaciones mirando al suelo. Entonces María la condujo a su baño y la sentó en la bañera y cogiendo una maquina rapó su pelo al cero. Luego la condujo de nuevo al cuarto donde ella se colocó un strapon con doble polla. La besó, no paró de acariciarle la cara y besar todo su cuerpo antes de penetrarla para por fin darla la vuelta y poniéndose de rodillas entre sus piernas la sodomizó. Julia recibió permiso para masturbarse y luego poder tener un orgasmo. Julia extrajo sus dedos mojados y María los saboreó. María aceleró en su penetración hasta también recibir su recompensa.

    Las dos agotadas y abrazadas se acariciaban y besaban, pero fueron a la bañera para tumbadas las dos en el agua caliente planear la que sería su vida como Ama y sumisa.

    Este relato es imaginario, pero me encantaría conocer vuestras opiniones.

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