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  • Me toma en el probador y me compra una bolsa

    Me toma en el probador y me compra una bolsa

    Hola, me llamo Alegra y tengo 25 años. Estudié comunicación y soy asistente de dirección en una compañía de marketing digital, la cual le lleva las redes sociales a muchos influencers aquí en México.

    Me voy a describir para que se imaginen perfectamente lo que estoy a punto de contarles… mido 1,64 cm y estoy delgada, tengo pelo corto a la altura del mentón, café y ondulado, ojos rasgados tono avellana, una nariz que siempre recibe elogios por respingada y una boca llena que te invita a besarla, mis orejas están llenas de piercings y tengo dos en las tetas, uno en cada pezón.

    Tengan claro que mis senos están que te cagas de enormes en comparación a mi cuerpo pero mis pezones están chiquitos y rosas, casi siempre duros por mis aretes, si van bajando por mi cuerpo se encontrarán con mi cintura pequeña y más abajo con mi culo, del cual estoy muy orgullosa porque está muy trabajado y firme, piernas rellenas por genética pero largas, siempre doradas como si acabara de regresar de Acapulco, para terminar llevo tatuajes en mis brazos. Un signo de rebeldía pero muy coquetos que siempre atraen miradas de todos, buenas y malas.

    Hoy salí temprano de la oficina y me fui al palacio de hierro en Santa Fe. Me encanta ver las bolsas de diseñador y soñar que me las compro todas con el esfuerzo de mi trabajo, jajaja justamente eso paso. No por nada tengo ahorita colgada de mi brazo una bolsita Prada en color negro.

    Hoy estoy vestida con un mini vestido color rojo que me queda pegadito que casi no deja nada a la imaginación pero lo combiné con una cazadora negra y unas botas de combate altas para disimular. Estoy probándome unos tacones altísimos cuando veo a un señor con su esposa, un sesentón (esos son los que me excitan más) con algunas canas salpicándole la cabeza, en traje como si lo hubieran arrastrado de la oficina al shopping.

    Me le quedo viendo la verga, que al verme la tiene un poco parada, porque estaba sentada abrochándome los tacones y seguramente se me salía un poco la vulva de la tanga, y como mi vestido esta como el de una zorra, vio cómo mi rajita está limpia y totalmente depilada. En ese momento fue cuando me mojé, me distraje de comprar y empecé a pensar en sexo. Otra cosa que deben saber de mi es que soy prácticamente ninfomaníaca. Tengo novio pero él es muy soso y aunque cogemos con regularidad, no me hace las guarradas que me gustaría que me hiciera.

    Nos quedamos en que yo estaba lubricando pensando en cogerme a ese señor, que se le notaba enorme a través del pantalón. Me la imagine venosa, con pelos y unos huevos llenos de leche. Me lo imaginé tomándome de perrito y apretándome los pezones. En eso veo cómo su esposa le da un golpe en el brazo para que me deje de ver y se van.

    Que decepción. Y yo ya ando cachondisima. Tú me cogerías?

    En eso abro una aplicación para ver si hay algo aquí cerca que me quite estas ganas. Nada.

    Me doy por vencida aunque sigo chorreando. Estoy de camino a un probador con la idea de darme placer hasta acabar cuando veo a un señor más joven que el otro (como de unos 50) pero aún maduro y sin anillo de bodas. Me quito la chamarra para atraer su atención, mis tatuajes lo logran y me sigue recorriendo con la mirada hasta que termina en mis tetas. Estamos en el área de ropa de deporte de caballero y no hay nadie.

    Se acerca a mi y de inmediato empieza el juego. Me aparto pero lo veo a los ojos y sigo caminando y lo guío hasta el probador más cercano. Lo volteo a ver para cerciorarme que me sigue y en efecto, caminando y comiéndose mi culo con la mirada. Llegamos y solamente hay un probador de esos grandes con muchos espejos y puerta. Perfecto. Hay una sillita y pongo mi chamarra. Él llega por atrás y me besa el cuello y suspiro. En ese mismo momento me desabrocha el cierre del vestido y me lo quita por arriba. Mis tetas son liberadas y solo tengo mis botas altas y mi tanga negra. Pezones duros como piedra, piernas húmedas y yo jadeando. Él se quita la corbata seguido de su saco y su camisa. El hijo de puta está tiene un sixpack de ensueño y unos brazos gigantes, es calvo y me recuerda a uno que sale en esas películas para adultos y solo deseo que su verga sea así de gigante. No tardaré en descubrirlo. Primera palabra y me dice

    -como prefieres que te tome, zorrita?

    Y yo sin palabras, simplemente jadeando me coloco encima del banco en cuatro y me abro las nalgas para que vea lo mojada que estoy.

    Lentamente se empieza a bajar el cierre del pantalón y sale disparado su miembro enorme, con el pelo recortado y con una ligera inclinación a la izquierda.

    -a la madre, me vas a romper en dos.

    Me rompe la tanga.

    -te voy a romper en cuatro, te voy a volver a armar y te voy a volver a romper.

    Y yo como la putita que soy, salivé.

    Se acerca a mi boca y me da una probada. Esta calientita y con líquido pre seminal en la puntita. Sabe salado y me la como hasta el fondo de mi garganta. Aunque no llegó a tomarlo todo porque en verdad es la polla más grande y gruesa que he visto nunca. Siento las venas en mi lengua. Me gane la lotería de las putas. Sigo con mi trabajo, probando la punta, pasando me lengua a lo largo y ancho. Besando, lamiendo y babeándola toda.

    Y así estamos 5 minutos donde él me está cogiendo la boca y yo sin poder respirar, aunque ya tengo mucha experiencia y práctica en comérmela toda. Mis ojos lagriman y tomo esa oportunidad para pedirle con los ojos que pare. Lo hace y pruebo sus huevos, están colgados y gordos, pero poco a poco se van haciendo más pequeños, Con cada lengüetazo y beso. Jadea porque le encanta mi boca sucia. Le suplico que me la meta por fin.

    -por favor méteme esa polla gigante y conviérteme en tu putaaa, papiii esta enorme la quiero adentro.

    Quiero que vea que tan editada estoy por lo que meto dos dedos a mi sexo, sale chorreando y le lo chupo. Me encanta mi sabor.

    No dice nada, solo se pasa para atrás y empieza a mover su gran verga entre mis nalgas ya mojadas. Pone la punta en mi culo y eso me excita. Poco a poco y pasando desde mi clítoris hasta mi entrada, introduce su glande en mi vagina. Poco a poco pero con seguridad.

    -Puta madre métela toda por favor una putita como yo necesita que se la cojan rápido, métela toda Dios mío, rómpeme

    -cállate y déjame disfrutar tu cuerpo a mi antojo, eres mía, mi muñeca.

    En eso me toma del pelo, me lo jala y es un dolor delicioso mientras me empieza a embestir bestialmente, yo estoy tan mojada que solo siento como entra y sale sin problema. Él se aprieta la base de la verga mientras me la mete. Él la está metiendo y sacando como un desquiciado, empiezo a gritas, olvidando que estamos en palacio de hierro, y me tapa la boca con esa mano gigante que tiene. Con la otra me pellizca los pezones duramente y pasa a mi clítoris que está inflamado de tanto placer. Me toca con movimientos circulares al punto que veo borroso y no entiendo cuánto placer me está dando y corro como nunca. Mojo todo a mi alrededor. Nunca había tenido un squirt antes pero con semejante polla era probable que me pasara. Saca la verga y con toda su mano hace que mis jugos se disparen para todos lados. El empieza a jadear y a excitarse por mi corrida. Me mete un dedo en el culo y eso me lleva a otro espiral de orgasmo

    -en corro papiii me corro, dame por el culo por favor métemela al culo

    Y me hace caso

    Me mete la verga al culo y bombea tres veces hasta llenarme de su leche caliente. Se queda pegado a mi espalda. Me encanta escuchar a un hombre jadear y venirse así de delicioso.

    Me da un beso en la espalda y se sale de mi todavía durísimo.

    Me paro y se me escurre su venida, la tomo con mis dedos y la pruebo. Me hubiera gustado que se viniese en mi boca.

    Nos vestimos en silencio y salimos del probador.

    Me pregunta:

    -que hacías aquí? venias a comparte algo? Yo a mis putas las trato muy bien y te mereces lo que quieras por ábreme regalado ese culito tuyo.

    -bueno, la verdad es que si. Me apetece una bolsa que he querido desde hace ya un tiempo y me encantaría que me la regalaras.

    Vamos por la bolsa, el encargado me la muestra y le digo que si la quiero. De tanto tiempo de quererla ya me sabía el modelo y estaba segura. El me pregunta que cual va a ser mi forma de pago, a lo cual yo volteo a ver a este señor que ni nombre tiene todavía y le digo:

    -lo va a pagar mi papá.

    Él se me queda viendo como excitado por la idea, ya que si tiene la edad de ser mi papá.

    La paga y descubro su nombre. Pablo.

    Que rica verga tiene don Pablo, pienso y me rio para mis adentros.

    Llegó el momento de despedirnos y me da su tarjeta, me dice que se va a encargar de mi si yo me encargo de él.

    Acepto gustosa.

    Con el culo adolorido pero bien cogida me subo al uber y me voy a mi departamento estrenando mi bolsa nueva, esperando volver a ver a Pablo.

    Hay muchas más historias de donde viene esa. Todas las noches me vengo leyendo sus historias y espero que ustedes hayan disfrutado la mía. Hoy me voy a meter un jueguito mientras leo de orgias y amor filial.

    Saludos!

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  • Conocer a Axelle

    Conocer a Axelle

    Mi primer amante como mujer, tenía 59 años y se llamaba André, casado de Chartres a poco más de una hora de París; me invitaba a tomar algo en un club que dos días a la semana los dedicaba a lo que llamaban tercer género “au Lys en l’île” en la isla de San Louis, un local de encuentro entre travestís que he frecuentado muchísimo y que desgraciadamente cerró definitivamente en noviembre de 2019 si bien las amistades que hicimos allí todavía perduran.

    No dudé en aceptar la invitación, André me había dicho que había un cuarto donde poder cambiarme de ropa pero insistió en retarme a ver si era capaz de salir del hotel como una mujer, decía que además él me acompañaba y todo el mudo iba a respetarme.

    Imposible olvidar la fecha, el miércoles 4 de septiembre de 2002, unas diez estaciones de metro y varios centenares de metros de la mano de André con un vestido muy ajustado (había sido de mi ex) de dibujos geométricos en beige y negro con mis botines recién estrenados, un conjunto de lencería dibujo de leopardo con relleno en el sujetador y medias auto ajustables, perfectamente maquillada, recuerdo que cuando me veía reflejada en los escaparates de las tiendas me sentía orgullosa de mi transformación.

    Axelle era una travestí de entre 45/50 años y digamos la encargada o relaciones públicas del club y se dirigió a nosotros apenas entramos en el local. Al principio fue André con el que más habló pero una vez se dio cuenta de que no éramos pareja habitual sus palabras y gestos iban cada vez más dirigidos a mí.

    Nunca hubiera pensado que yo pudiera ser tan atractivo o sensual para tanta gente diferente en mi faceta de “mujer”. André estaba claro que había decido cambiar de montura aquella noche y le vi tontear con diferentes “chicas”. Axelle era reclamada por uno y otro sitio por motivos de trabajo y hubo un instante que se acercó a mí y con una sonrisa pícara me susurró al oído un “no te escapes”; lo bueno de estos lugares es que si bien no todo está hablado de antemano todo el mundo sabe a lo que ido el otro y nada sorprende o molesta. Tuve varios acercamientos por parte de algunos hombres y trans pero allí estaba atenta a todo y todos Axelle y llegaba a mi rescate.

    El club cerraba sus puertas a las dos de la madrugada, había flirteado con varias personas, travestís como yo todas y había mamado un par de pollas en un rincón, quedamos dentro siete personas, a excepción de mí y de otra crosdresser el resto tenían que ver con el local.

    Alguien dio un “mangerazo” con agua a un espacio que antes no había visto, oscuro con unas colchonetas de skay en el suelo y una pantalla gigante de vídeo, es cuando Axelle se acercó a mí con intención de no separarse. Había encendido algunas de las luces generales del local y aunque era evidente que tenía casi veinte años más que yo me resultaba enormemente atractiva.

    Terminamos a eso de las tres de la madrugada en casa de Axelle, ella, yo y tres amigas más. No sé si era la calentura pero a mí me parecía que físicamente estaban todas perfectas, una de ellas era de la edad de Axelle, luego supe que las dos tenían 47 años, y las otras dos eran de mi edad, al principio era una melé de besos y abrazos, me preguntó si tenía inconveniente en que grabara con el vídeo, bueno, en 2002 nadie imaginaba que iba a ser todo tan viral y público como es ahora y no me preocupé de las posibles consecuencias futuras aunque tampoco me arrepiento hoy.

    Que yo sepa, de mi entorno personal o familiar solamente han visto cosas mías las personas a las que personalmente se lo he mostrado.

    En pocos minutos, apenas dos sorbos de champagne las cinco estábamos en ropa interior, todo me resultaba extremadamente morboso y la manera de mirarme de Axelle me prometía una noche muy especial; su polla era gruesa y larga, más que la mía y me acerqué a ella acariciándola. Las otras tres estaban en el sofá, una de ellas sentada y otra en el suelo, de rodillas, mamándosela mientras la tercera, también de rodillas sujetaba su polla tratando de llevarla a la cueva de esta última.

    Axelle me llevó al sofá, de rodillas sobre él, con mis brazos apoyados en el respaldo sentí la punta de su glande revolotear alrededor de la aureola de mi ano, me incliné a mi derecha para besar en la boca a aquella a la que la estaban mamando la polla y en ese instante sentí como Axelle entraba en mi hasta el fondo ¡joder! era maravilloso, quizá estuvo dentro doce o quince minutos, me estaba llevando al cielo cuando salió de mi pero antes de darme cuenta otra entró en mi hasta que su pelvis chocó contra mis nalgas, dijo algo de que mi culo era perfecto y comenzó a follarme con intensidad, con movimientos rápidos entrando y saliendo de mi con sus manos agarrando mis nalgas.

    me estaba llevando al límite, repentinamente se quedó inmóvil apretando su pelvis contra mis nalgas sentí nítidamente como se estaba vaciando dentro, yo no me había corrido todavía, salió lentamente y tras quitarse el preservativo lo vació sobre mi espalda utilizando sus dedos como unas pinzas para estrujarlo bien, alguien lamió mi espalda limpiando los jugos de esta última, yo continuaba sin correrme.

    Axelle se sentó en el sofá e hizo que me acercara a ella, su polla estaba dura y apuntando arriba cuando me indicó que pasara mis piernas alrededor de su cuerpo, ostensiblemente se quitó el preservativo que llevaba puesto e hizo que me sentara sobre ella dejándola entrar, me besaba en la boca, lamía mi cuello y mordía suavemente mis pezones mientras agarrando mis nalgas y con suaves movimientos de pelvis hacía que su polla limara suavemente las paredes internas de mi ano.

    en apenas siete u ocho minutos sentí su néctar caliente estrellándose con las paredes de mi ano mientras al tiempo yo me vaciaba con mi polla pegada a su vientre, cuando nos separamos alguien vino a lamer y limpiar mi vientre con su lengua.

    Era casi mediodía cuando me desperté, estábamos Axelle y yo solos en la casa y ni me preguntó si quería quedarme en su casa; simplemente dijo que nos acercábamos al hotel a traer mis cosas.

    Antes de ello Axelle me arrinconó frente al lavabo al salir de la ducha, mientras nos mirábamos fijamente a los ojos a través de espejo sentí como iba entrando en mi, parecía estar más dura que la noche anterior, mordía suavemente mi espalda y mi cuello mientras entraba y salía de mí lenta pero rítmicamente, mordía mis hombros, mi clavícula, mi cuello, sus manos pellizcaban mis pezones y se movía dentro de mi en un mete-saca casi a ritmo de vals, la dije que me estaba volviendo loca, sí, me refería a mi mismo en femenino, quédate en París respondió; que cómo podía convencerme para que me quedara con ella en París.

    Disfrutamos casi media hora de aquel polvo en el que ninguno de los dos llegamos a corrernos pero que fue intenso y durante veinte minutos me tuvo sentado en una silla con los ojos semicerrados mientras ella misma me maquillaba ¡Dios mío! no creía ser yo cuando mi vi reflejada en el espejo y a pesar de estar casi totalmente empalmado me enseñó a disimular lo máximo posible mi “paquete” cuando me ayudó a vestirme con unos pantalones enormemente estrechos de piel negra que se pegaban a mi como una segunda piel. Tras comer algo y recoger mi equipaje para llevarlo a su casa en un taxi volvimos a salir

    Creo que fue aquella tarde, viéndome reflejada en los cristales de las vitrinas de las tiendas cuando decidí que me gustaba salir a la calle como una mujer. Axelle supo engancharme desde el primer instante, supo mezclar el sexo conmigo y con alguna que otra mujer que trajo a su casa y para mi resultaba excitante como nada ver masturbarse a una mujer mientras observaba los juegos entre Axelle y yo. Es lo único que para mi es comparable a tener sexo como mujer: ver con una verdadera mujer se excita y se masturba mirándome tener sexo.

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  • Economista y prosti: Luna de miel con mi papá

    Economista y prosti: Luna de miel con mi papá

    ¡Hola!

    Como saben, terminada la noche especial, que he llamado de “luna de miel con mi suegro” (nada que ver con luna de miel real), la noche del sábado al domingo estaba reservada para la “luna de miel” con papá. Les reitero, ya hemos intimado reiteradamente y muy satisfactoriamente con papá. No piensen en una luna de miel porque vamos a empezar a tener sexo, lo digo en el sentido de que vamos a tener toda la noche solos, uno para el otro (y lo deseamos). Mi suegro se había ido a media mañana del sábado y yo quedé realmente agotada.

    En cuanto llegó Tommy de su visita sabatina a la fábrica donde trabaja, le propuse que lo postergáramos hasta la noche del domingo al lunes. Por supuesto aceptó.

    Le consulté también acerca de una sorpresa muy muy especial para mi papá, y estuvo totalmente de acuerdo y sugirió un detalle adicional que me encantó.

    Llamé a papá , le expliqué y estuvo de acuerdo, lamentando que se postergara “esa partida de póker que tengo ganas de integrar cuanto antes”.

    Le pregunté como quería que lo recibiera el domingo en la tarde/noche cuando llegara, y fue muy claro: “quiero que me recibas totalmente desnuda dentro de tu casa o casi desnuda en el jardín, llegaré cuando ya sea noche”.

    Nos tomamos con Tommy el resto del sábado y el domingo hasta las 8 pm para nosotros, tuve fuerzas y ganas para que me poseyera dos veces en la noche, pero el domingo nos despertamos casi a mediodía ja ja. Preparé mis outfits, mas que nada uno muy muy especial. Y todo estuvo listo.

    Dado que Tommy permanecería en casa, dejándonos solos en la suite principal, pensamos que sería correcto que recibiera y saludara a mi papá y luego se ausentara.

    Le dije a papi que cuando estuviera cerca de casa avisara, para poder esperarlo como se merece. Así lo hizo, ya eran mas de las 8 de la noche, nuestra zona es de casas, no edificios. Tommy abrió el portón del jardín que permite acceder al camino al garaje.

    Tommy permaneció junto al portón para cerrarlo de inmediato a la entrada del coche. Cuando pasó a su lado mi papá lo saludó y Tom le dijo que estacionara el coche, con las luces apagadas, y bajara del mismo.

    Tommy cerró el portón y se fue a la casa; papá bajó y quedó como esperando, supuso que yo aparecería vestida al estar en el jardín. Pero el jardín, siempre iluminado y con alarmas perimetrales, estaba totalmente a oscuras.

    Hasta que aparecí casi a su lado. -Bienvenido papá. Se giró y lo que vio lo dejó casi petrificado, ¡pero al mismo tiempo encantado! No es que me confundiera con un fantasma, pero quedó tan sorprendido como si hubiera visto uno.

    El motivo fue verme avanzar vestida con mi auténtico vestido de novia, con larga cola, y tocado de tul cayendo a mi espalda; como homenaje a él, que hace unos seis años me llevó con ese mismo vestido a casarme con Tommy.

    -¡Hija! ¡Que sorpresa! ¡No puedo creerlo!

    Y por respuesta avancé a besarlo. A besarlo mucho.

    -¿Ves papi? Hoy te queremos recordar aquel día tan importante, cuando me acompañaste y me entregaste en matrimonio a Tommy. ¿Te gusto? El vestido me queda tan bien como aquel día, estoy igual.

    Lo tomé de la cintura y caminamos hacia la casa mientras me decía cosas hermosas.

    Llegamos, Tommy nos esperada con copas de champagne. Brindamos, la verdad sea dicha los dos me alabaron por como luce mi vestido de novia, y Tommy aventuró: “Bien, creo que debo dejarlos solos, lo prometido es deuda”.

    -Yerno, la noche es larga, y si bien fue una entrega muy diferente la de hace seis años cuando llevé a Sofía al altar, quisiera que si ustedes lo aceptan, me la entregues ahora para el resto de la noche, que será una larga noche”.

    Saltamos y aplaudimos de alegría, ¡mi papá es un genio! , y uno muy generoso.

    Nos miramos con Tommy e hicimos memoria de lo ocurrido en nuestra propia luna de miel. En la suite del hotel en el cual pasamos la noche de bodas, había un gran sofá similar al que tenemos en casa (bueno, todos se parecen en tamaño al menos), y nuestro primer sexo de casados fue en cuanto entramos a la suite, cuando Tommy me penetró inclinada sobre el sofá.

    -Suegro, usted va a revivir exactamente lo que ocurrió aquella noche tan especial para nosotros. ¡Le sugiero se desvista y esté cómodo!

    Papá se quedó en bóxer y se acomodó en un sofá pequeño.

    Nos abrazamos y nos besamos con Tom, me quitó el velo. Luego, desató los cordones que ataban la larga cola al vestido (solución que encontramos con el diseñador del vestido para poder bailar cómodamente en la fiesta post ceremonia religiosa). Solamente quedaba ahora el vestido y sus 24 botones que lo cerraban a la espalda. Y un detalle. Ese detalle so lo mostró Tommy a mi padre: me llevó al lado de donde él estaba sentado mirando todo atentamente, y comenzó a levantar lentamente el vestido. Para cuando mi culo apreció, no se vio ninguna lencería.

    -¡Hija no tienes nada bajo el vestido!

    -Hoy seré su novia putita papá, las putitas somos así, muy liberales…

    Tom me hizo girar con el vestido levantado. Frente a su cara quedó mi chochito primorosamente depilado. Papi se relamió los labios, me lo lamió un momento y dijo: “¡te queda hermoso así, tan suave!”

    Lo dejé al alcance de su boca. Yo sostenía el frente del vestido levantado mientras mi esposo, desde atrás, desprendía ese sin fin de botones.

    Desprendió primero, sabiamente, los inferiores; para que mis tetas permanecieran cubiertas. Cuando desprendió los últimos, él pasó a sostenes el vestido en mi cintura y yo me bajé el frente.

    Saltaron las tetas, mis adoradas tetas, que mi padre acarició aún sentado, levantando sus manos.

    Tommy me llevó hacia el sofá grande, yo caminé sosteniendo mi vestido a la cintura, las tetas bamboleándose y yo toda sonrisas mirando a papi.

    Decididos a que con papá se repitiera la penetración de la noche de bodas, me incliné en el posabrazos del sofá, dejando caer el vestido al piso, no me importó pisarlo. Doblé la cintura sobre el posabrazos, y mi cara y brazos se apoyaron en el asiento del sofá. Mis piernas, entreabiertas, dejaban ver a pleno mi esfínter y los labios de mi concha.

    Tommy ensalivó mi cuca con sus dedos mientras papá se acercó, ya desnudo. Y sujetando su verga con una mano, la comenzó a restregar por los labios de mi femineidad.

    -Tommy, la noche será larga, ¿antes de dejarnos solos quieres ver como me cojo a mi hija?

    -Gracias. Me quedo si ella acepta.

    -Sííí amor, sé que te gusta verme, y a mi me excita que veas como me cogen.

    Papá no necesitó mas. Su verga dejó de pasearse por mis labios genitales y por mi clítoris y sentí que la ponía en posición a la entrada de mi concha.

    Mi esposo atendió mis tetas que estaban casi apoyadas en el sofá. Y mi padre empujó suavemente y a fondo hasta tocar su pubis en mis nalgas. Estiré mis brazos hacia atrás, un poco forzados, y comencé a acariciar sus bolas.

    Entraba y salía rítmicamente, a veces cuando la sacaba un poco, escupía sobre ella, le apasiona hacer eso, aunque ninguna lubricación extra era necesaria.

    Yo deliraba, porque por un rato tenía a mis dos hombres mas amados, y, ya lo saben ustedes, me pone a mil que sea mi propio padre quien está cogiéndome.

    Como otras veces, grité al llegar al orgasmo, papá ni se inmutó al ver que mis piernas temblaban y al sentir que apretaba mas sus huevos. Siguió y casi enseguida aceleró, señal de que se acercaba su eyaculación (con ocho o nueve días de abstinencia). Sentí el chorro de semen como un lanzallamas; ¡bueno, no tanto! Pero sentí su esperma vivificador regando mi matriz, como siempre, enloquecí de placer… ¡la leche de mi padre en mí! Y tremendos chorros por la abstinencia a que mi cronograma de clientes lo había obligado. Loca de alegría. Supe que quería tener un testimonio de ese día. Me moví para que se saliera de mi concha, y al instante un pequeño chorro de su semen cayó sobre mi vestido de novia.

    Lo consideré un tesoro a conservar… leche paterna en mi vestido de novia. Ya le pediré a Tommy que también él lo riegue, y guardaré toda la vida ese trofeo.

    Y no solo eso, tomé cierta resolución en el momento, excitada al máximo con el polvo de papá y la bondad de Tom. Ya se los haré saber.

    Mis tetas relucían de la saliva de Tom, mi padre comenzó a manosearlas, y papi le dijo a Tom: “si te vas, duerme un rato, a eso de las 5 am te necesitaremos, si aceptas” (eran apenas 11 pm de la noche anterior).

    -Estaré disponible con todo gusto. Y me besó cálidamente y se fue al que sería su dormitorio esa noche.

    -¡Gracias por todo papá! Eres muy bueno con Tommy y conmigo. ¡Que lindo me has cogido! Y me arrodillé a premiarlo. Su verga estaba caída pero aún con algo de dureza, gomosa como solemos decir, típico de una verga que recién hace tres o cuatro minutos ha salido de una cueva de amor.

    Limpia y reluciente su cabeza de color rojo oscuro, así quedó la poronga de papi luego de chupársela y lamerla a gusto.

    Era momento de irnos a la suite de casa. Allí jugamos, como no puede ser de otra manera,

    Me puse boca abajo en la cama para que que me acariciara el culo. Lo hacía con delicadeza y besándomelo, y a veces besando mi nuca por debajo de mi cabello rubio. A veces derivaba a las tetas, a veces acariciaba la concha.

    -¡Quiero ese culo hijita! ¡Me tenés loco! No paro de pensar en cogerte, en tus tetas. ¿Como no te había mirado con ojos de hombre? Juro que no puedo creerlo. A veces hasta en casa se me pone dura pensando en ti.

    -¡Que divino! A mi también me encanta, y sííí quiero que ahora me hagas el culo, pero preparándolo bien, hoy traje aceite de bebé en vez de gel, y quiero que me lo untes bien. Quiero tenerlo preparado cuando me la metas toda y despacito, quiero disfrutarla.

    Le volví a chupar la herramienta y me puse en cuatro. Sentí que me la metió en la concha y se movía muy despacio mientras yo le alcancé el baby oil. Aceitó bien el pulgar derecho. Apoyó los otros cuatro dedos al final de mi espalda y con el pulgar me aceitaba el culito. Lo sentí tibio. Mas baby oil y mas caricias del pulgar, hasta que me lo fue metiendo. Mas y mas, un par de palmadas con la otra mano en mi nalga izquierda y el pulgar salió de mi hoyo.

    Untó su verga con el aceite de bebé, me lamió un poquito el orificio, apuntó y se apoyó con firmeza.

    ¿Como fue? ¡Glorioso!

    Así, gritando de placer y mas que nada de excitación por ser culeada por mi padre, sentí como se deslizaba dentro de mi sin fricción, sin esfuerzo como una serpiente en su cueva. Por cierto ¡qué bien actúa el baby oil!

    ¡Dame nalgadas! Le pedí. Y me las daba no muy fuertes, acompasadas a su ritmo de vaivén. Se detuvo, sacó la verga y la untó nuevamente, me escupió el culo y dejó caer aceite en el agujero semi abierto.

    Me conoce, comenzó a sacarla y meterla frenéticamente, sentía mis entrañas estremecerse. Mi intuición me dijo que iba a acabar.

    Se la pedí en la cara, me puso boca arriba y a la cara me la tiró. Tres chorros, frente ojos, boca, salpicó todo. Abrí la boca, pasé la lengua por mis labios recogiendo lo que había en esa zona y el me lamió la cara y la frente, recogiendo su propio fluido. Lo capté y abrí la boca me transfirió toda su saliva y los fluidos, boca a boca, lo disfruté, lo tragué y lo besé mas.

    Se imaginan que enseguida fui a su pija, la chupé gozosamente y logré que se endureciera, así de excitados estábamos (a la mañana, charlando confesó haber tomado una pastilla azul al llegar a casa, ja ja).

    Se la chupé mas, le lamí el culo y le metí un dedito, la pija se le puso a mil nuevamente. Se sentó al borde de la cama, y yo ya supe lo que sucedería.

    Tomé el teléfono, desperté a Tommy y le dije que viniera. Lo monté en vaquera inversa con él sentado.

    Llegó Tommy y me vio de frente, con la pija de mi padre a full dentro de mi. Con la vista le señalé el aceite de bebé, vino ya excitado.

    Se aceitó la verga, yo me tiré hacia atrás, casi apoyando la espalda en el pecho de papá. Tommy puso sus piernas por fuera de las de papá, flexionó las rodillas, volvió a aceitarse la pija y la apoyó en mi concha. Comenzó a empujar.

    Centímetro a centímetro, mientras yo gritaba de placer, con la ayuda del aceite, me la metió y sus pijas quedaron hermanadas dentro de mi. Jadeaba, gemía y gritaba, era el Edén y el Averno al mismo tiempo.

    Y no decaían, papá no movía moverse demasiado, pero Tommy sí, y fue el primero en acabar y salirse.

    Papá me hizo levantar y salirme. Girá, me ordenó, y se subió a la cama totalmente, quedé sobre el en vaquerita. Volvió a guiar su pija a mi esfínter y entró gozosamente. Me puse a saltar sobre él mientras Tom nos echó mas aceite, dejándolo resbalas desde mi espalda hasta llegar al culo donde nos lubricó.

    Y papi se acabó en mis entrañas. Divino. Cuando se salió le dijo a Tommy que me cogiera, que quería vernos.

    Se la chupé, se le paró y me cogió en misionero con mis piernas sobre sus hombros. Me acabó y su semen chorreaba de mi concha papá fue a buscar el vestido de novia que estaba en el living, lo trajo y me lo dio. Entendí el mensaje, me limpié la concha con el vestido que ahora sí quedó manchado de leche de mis dos hombres, de mis dos amores. Será reliquia. Nunca se limpiará.

    Ya eran casi las 5 y 30 am. No valía la pena dormir. Tommy se duchó y se preparó a desayunar e irse a la fábrica, mas temprano que de costumbre.

    Para desayunar esperó que papá y yo nos ducháramos, fuimos a desayunar, yo en babydoll y papá en bóxer.

    Cuando Tom se fue, lo acompañé al jardín mientras sacaba el coche, lo besé, y le dije que quiero hacerme los análisis correspondientes junto a papá para saber si junto a él y a su padre, puede participar de mi fecundación, ¡los quiero a los tres como padres de un futuro bebé, sin distinguir entre ellos!

    No es necesario decir que Tommy me dijo que lo hiciéramos, que él lo acepta encantado.

    Entonces, por picardía y por si alguien del vecindario nos veía, llamé a papá, y despedimos, abrazados, en babydoll y en bóxer, a un Tommy que se fue, riéndose de mi actitud de despedida de poco menos que desafiar al vecindario. Fuimos así a cerrar el portón de reja. ¿Que si nos vio alguien? No lo sé, pero si alguien nos vio no me importa.

    De hecho, algo dentro de mi me empuja a mas. Cerramos el portón reja y lo tomé de la mano, estaba con el fresco del amanecer, casi frío. Mis pezones duros, mi culo ardiendo pero sin dolor, de mi concha sentía aún escurrir alguna gota de leche de Tommy. Lo llevé a caminar por el jardín, hasta detrás de la casa, guie su mano a mi culo y caminamos así , volvimos a la zona del frente. Otra vez pasamos frente al portón y al acercarnos vi a alguien en la acera del frente paseando su perro. “Tocame las tetas” le pedí, poniéndolo a él de espaldas a la acera. Lo hizo. “Sacame el babydoll”, me lo sacó y lo besé bien profundo y largamente.

    Pude ver que el hombre que paseaba su perro nos miraba, pero es desconocido, seguramente vive a cierta distancia. Nos fuimos de la mano a la casa. Al llegar, vi que la pija le abultaba bajo el bóxer. “¡Papá, está como un adolescente!” “Me tomé una pastilla azul, hija querida, no quería fallarte”.

    “Se le paró de nuevo”, le dije. Y por primera vez me dijo algo que me llenó de ternura: “te veo y se me para, amor” ¡Me dijo AMOR! Enloquecida me lo llevé de vuelta a la cama.

    Le hice y me hizo de todo, besar, chupar, lamer todos nuestros cuerpo.

    -¿Te quedará leche? -¡Algo quedará!

    Y le hice la mas larga y caliente chupada de pija que hayamos tenido, chupabas mis tetas, nos metíamos dedos en el culo, me pajeaba la cuca… hasta que se vino en mi boca y ¡como lo disfrutamos!

    Entonces me recosté, apoyé mi cabeza en su pecho y comencé a hablarle.

    -Sabes ¿papi? Recién cuando despedí a Tommy, le pedí permiso para algo muy especial. Algo que nos incumbe a nosotros dos. Algo muy serio. ¿Qué es eso hijita? Me preocupas, dijo mientras deslizaba, pura ternura, una mano por mis tetas.

    -A fin de 2025 planeamos embarazarnos.

    -¡Excelente noticia!

    -Ya determinamos que Tommy y su papá me cogerán en los días fértiles, para ese entonces dejaré las pastillas que tomo, obvio.

    -Tienen un corazón de oro, un gran gesto para con Tomás.

    -¡Estuve leyendo un poco… y con unos análisis, podríamos incorporarte a que me insemines también papá! Quiero que participes de eso, y Tommy está totalmente de acuerdo.

    -Somos padre e hija, no se puede.

    -Se puede papi. Ahora hay análisis genéricos que permiten saber si hay genes recesivos, y si ninguno de nosotros dos los tiene, podríamos hacerlo tranquilamente. Además, me cogerían tres y nunca sabremos el padre, sería secreto. Hace días que estudio el tema. Hasta podríamos hacernos los análisis en otro país mara mayor privacidad.

    La respuesta fue un largo y tierno abrazo mutuo. ¡Todo está en buen camino!

    Y el resto fue despedirnos. Papá se fue a relatar como estuvo el póker, ja ja; y yo me preparé para ir a mi trabajo, ya era lunes de mañana.

    Estaba y estoy eufórica. Mis tres machos más cercanos son personas de oro, me aman, cada cual a su manera. Mi marido es un ser inigualable que me acompañó siempre en mi etapa de chica seria y que me respalda y hasta me empuja a seguir en mi etapa de putifina.

    ¡Hasta la próxima! Besos a todos.

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  • Con mi vecino septuagenario

    Con mi vecino septuagenario

    Gracias por leer mis relatos y por escribirme para expresarme su agrado por ellos. Les comento que no publico para conocer a nadie; tampoco hago video llamadas, no vendo packs, ni nada. Sólo publico algunas de mis experiencias. Besos.

    En el condominio en el que vivo hay un señor ya mayor –se llama Sergio y tiene poco más de 70 años- que muy seguido me lo encuentro caminando, platicando con vecinos y eso. Hace un par de meses empezó a saludarme y ya después me hizo la plática. Es muy amable y atento; cuando salgo a caminar me acompaña, me acompaña a la tienda, se ofrece a traerme algo del súper cuando me lo topo, me ha ayudado a cargar mi súper a la casa y esas cosas. En una de esas pláticas le dije en qué trabajaba y salió la oportunidad de hacer negocio con un amigo suyo y ambos sacaríamos una buena comisión.

    Pocos días después de hacer el negocio y recibir nuestra comisión, Sergio llegó a mi casa en la noche con un par de botellas de champaña, me dijo que era para celebrar por el negocio y para agradecerme por ayudarle a hacer al productico, por así decirlo; vaya, algo par distraerse, aunque no fue mucho en realidad sí acordamos en hacer más negocios con conocidos suyos.

    Estábamos en la primera botella cuando le pregunté si con la comisión le compraría algo lindo a su esposa o algo y me dijo que su esposa había fallecido en la pandemia; la verdad me sentí mal por él, pero también porque me di cuenta de que no le había preguntado nada personal, solo sabía que era jubilado, asumí que vivía con su esposa.

    Por supuesto no hablamos mucho de su pérdida como tal, pero sí me dijo que después de casi 50 años juntos sentía mucho su ausencia, que se sentía muy solo, por eso salía tanto a caminar, para distraerse y socializar un poco; “Así puedo conocer algunas personas interesantes y mujeres guapas, como tú, Anita”; me sonrojé un poco y le agradecí el piropo. Los hombres mayores con recatados pero coquetos, eso me gusta mucho. Seguimos platicando y tomando la champaña, y así llegamos a la segunda botella.

    Yo: Pues cuando quiera platicar, don Sergio, encantada; viene y nos tomamos un cafecito o una copa y echamos una platicada. Me chismea de lo que pasa en el condominio –reímos-.

    Sergio: Ya te dije que no me hables de usted; ya sé que soy viejo, pero no me hagas recordarlo, Ana.

    Yo: No, viejo para nada; además se mantiene muy bien; digo, te mantienes muy bien.

    Sergio: Gracias, gracias. Y gracias por el ofrecimiento, Ana, pero no quisiera interrumpir si estás con algún enamorado; que me imagino tienes muchos.

    Yo: Jajaja ay, claro, que no; ¿por qué lo dice?

    Sergio: Pues las razones saltan a la vista, Ana; eres una mujer muy atractiva.

    Yo: Ay, muchas gracias.

    Sergio: No, gracia a ti por dejarnos admirar tu belleza, tu atractivo.

    Yo: ¿Jajaja y cuál es ese atractivo, oiga?

    Sergio: Vas a hacer que me apene, Anita.

    Yo: Para saber.

    Sergio: Digamos que tiene una excelente defensa y una delantera espectacular.

    Yo: Jajaja ay, Sergio es de cuidado, eh. Seguro usted también tiene varias galanas.

    Sergio: No, Anita; en mis tiempos sí era yo de cuidado, no dejaba muñeco con cabeza, la verdad. Muchas me aguantó mi esposa. De unas supo de otras no, pero sí, era yo tremendo.

    Yo: ¿Sí era muy travieso?

    Sergio: La verdad, sí,

    Yo: A ver cuénteme algo; confiese.

    Sergio: Pues dos secretarias que tuve fueron mis amantes, tuve algunas aventuras con algunas vecinas de aquí; mi esposa no supo, por supuesto; y también uno que otro encuentro con una de sus hermanas; tampoco supo mi esposa, claro está.

    Yo: ¡Ah, caray! Pues sí era usted tremendo, Sergio –de hecho ya tenía rato que sentía su mirada en mi escote-.

    Sergio: Culpable de todos los cargos. ¿Y tú, Ana?

    Yo: Jajaja oiga, a una dama no se le preguntan esas cosas.

    Sergio: Tienes razón; discúlpame. Es la champaña hablando. Pero bueno, eso era antes, desde que enviudé he sido célibe.

    Yo: ¿En serio? Ay, perdón.

    Sergio: No te preocupes, Ana. Sí, desde hace cuatro años no toco a una mujer, ni me ha tocado una mujer. Y no creas, me han buscado algunas de mis… aventuras del condominio, pero…

    Yo: Pues, cuando esté listo hágalo, Sergio. Además es muy guapo y agradable, qué más se puede pedir.

    Sergio: Pues tú no sé, pero yo pediría una mujer como tú, Ana –me incliné para tomar mi copa, dejándole ver mis tetas asomándose por mi blusa abierta- ¿y tú qué tan traviesa eres, Anita? –sonreí-.

    Yo: Lo suficiente.

    Sergio: O sea que sí eres traviesa; qué bueno, sería un desperdicio si no lo fueras.

    Yo: ¿Tanto así?

    Sergio: Lo que se ve no se juzga, guapa. ¿O a poco no sientes que te comen con la mirada? –sonreí-.

    Yo: A veces.

    Sergio: Y te gusta que te admiran, Ana; te gusta que te vean.

    Yo: Ah, caray; ¿por qué lo dice?

    Sergio: Pues porque muchas veces que llegas del trabajo te veo y te vistes un poco coqueta; como ahorita que andas con la blusa más abierta de lo normal para que te vea y seguro ya sentiste mi mirada en tu escote; ¿y seguro te gusta, o me equivoco? –levanté las cejas y le sonreí coqueta-.

    Yo: No, no se equivoca me recargué sobre una mano de tal forma que se me abriera más la blusa, como invitándolo- me gusta provocar, me gusta que me vean, me gustan unas manos masculinas en mi cuerpo –con una mano me abrió suavemente la blusa y apenas rozó el borde de mi brasier-.

    Sergio: Estás exquisita, Ana –me excitó muchísimo-.

    Yo: ¿Qué rico se siente… le gustan mis tetas?

    Sergio: Tienes unas tetas deliciosas, Ana; no sabes cómo me la he imaginado. La verdad no creí llegar a tocarlas –me descubrió un hombro, me bajó el bra de un lado y me acarició muy suavemente el pezón-.

    Yo: No sabe cómo me calienta que me agarren las tetas –se acercó y me besó muy apasionadamente, sentí mucho su deseo al besarme y manosearme; me abrió la blusa por completo, me agarraba también las nalgas; en un momento me echó un poco de champaña en la boca y se derramó hasta las tetas, me lamió el cuello y las tetas; eso me puso súper caliente- qué delicia, Sergio; me está calentando mucho.

    Sergio: No sabes cómo te deseo, Ana. A ninguna mujer he deseada como a ti –lo monté, seguimos besándonos, me quitó la blusa, metió las manos debajo de mi falda y me agarraba fuerte las nalgas, nos movíamos como si estuviéramos cogiendo- vamos a tu cuarto.

    Yo: ¿Quiere ir a mi cama, Sergio? ¿Quiere cogerme en mi cama?

    Sergio: Es lo que más deseo, preciosa –me paré, me quité la falda, lo tomé de la mano y lo llevé a mi cuarto; obvio en el camino sentí su mirada en mis nalgas; al llegar enseguida nos besamos de nuevo y empecé a desvestirlo, le quité la camisa y le besé el pecho, le bajé los pantalones y se notaba su erección debajo de los bóxers, no estaba a full, pero ya estaba poniéndosele dura; nos acostamos, me quitó la tanga y se preparó para metérmela de misionero, pero no podía, le faltaba que estuviera más dura y pensé en ayudarlo; a veces pasa-.

    Yo: ¿Quiere que se la ponga bien dura? –se la agarré un poco- acuéstese –se acostó, se veía un poco molesto por no tener una buena erección, le di besitos mientras se la jalaba- quiero que me coja, Sergio, quiero sentir su verga adentro de mi, quiero sentir su lechita sobre mi…-empezó a ponérsela más dura, entonces me acomodé entre sus piernas para mamársela.

    Sergio: Ay, Anita…hace muchos años que no me la chupaban.

    Yo: ¿y quién fue la última, eh?

    Sergio: Una vecina; híjole, qué rico lo haces, Ana.

    Yo: la tiene muy rica, Sergio… y se le está poniendo bien durita, qué rico.

    Sergio: Carajo, un día quiero vaciarme en tu boca, Ana; lo haces de poca.

    Yo: cuando quiera… me encanta sentir cómo se vienen en mi boca… -ya la tenía bien dura, entonces lo monté, me acomodé para sentarme en su verga y ponerle mis tetas cerca de la cara; él me agarró las nalgas fuerte llevando mis movimientos- me encanta lo fuerte que me agarra –empecé a gemir un poco- ay, qué rico se siente; se le puso bien dura, Sergio.

    Sergio: Así me la pusiste, Ana… hacía mucho que no se me ponía así, chiquita. No solo tienes un cuerpazo, haces maravillas con esa boquita.

    Yo: ¿En serio le gustó?

    Sergio: ¿No se notó? –le acerqué más las tetas a su cara al recargarme en la cabecera de la cama, entonces me las chupó- pinches chichotas ricas.

    Yo: Mmm me encanta que me coman las tetas… me pone súper caliente –la verdad no tardé en tener mi primer orgasmo; ¿después me dijo que lo montara de espaldas, así que me di la vuelta para que me viera las nalgas mientras cabalgaba su verga- así?

    Sergio: Así mero, Ana; qué ganas de ver cómo se da sentones en mi pito.

    Yo: Y lo tiene riquísimo, mmm.

    Sergio: Todo tuyo, princesa.

    Yo: ¿Y fue la calentura del momento o ya me traía ganas, Sergio?

    Sergio: Hace un buen que quería encamarte; desde la primera vez que te vi caminar en pants por el condominio se me antojaron esas exquisitas nalgas; y ni qué decir cuando te vi en playerita luciendo tus chichotas, Ana.

    Yo: Qué rico que se le antoje mi cuerpo.

    Sergio: Y a quién no; mira nada más estas nalgotas –me dio una nalgada- y cómo te entra el pito, chiquita: ¡te lo devoras! –me inclinaba un poco para que me viera mejor todo el culo- me la estás poniendo más dura, Anita.

    Yo: Ay, sí, la siento más dura, qué rico –quedé de frente al espejo de mi tocador y veía mis caras al ser cogida por mi vecino septuagenario; siempre he tenido debilidad por hombres mayores; estaba súper excitada- dedéeme el culito, Sergio.

    Sergio: ¡Ah la madre! ¿Te gusta que te den dedo en el chiquito, Ana?

    Yo: Ay, sí, me pone mega caliente… métame el dedo, por favor… -lo hizo y enseguida sentí que me tendría otro orgasmo- ay, así, así, qué rico, no mames… puta madre me voy a venir otra vez, Sergio.

    Sergio: Vente, chiquita; embárrame el pito con tus jugos.

    Yo: Ay, no mames, no mames… ay, qué rica verga tiene, ¡Sergio! Ay, qué rico –apreté su verga con mi panochita-.

    Sergio: Ah la madre, aprietas el pito, ¡Ana! ¡Hija de mi vida! ¡Estás muy cabrona, chamaca!

    Después hicimos un par de posiciones más y luego me puso de misionero, aunque tuve que mamársela un poco de nuevo para que se le pusiera bien durita otra vez.

    Sergio: Así quería tenerte, Ana. Quiero ver cómo rebotan esas tetas mientras te meto el pito en esa deliciosa puchita que te cargas.

    Yo: Métamela, Sergio; me encanta su verga.

    Sergio: Ahí te va, chiquita –me la metió y gemí-.

    Yo: Mm… ay, sí, papito… la tiene riquísima –poco a poco fue metiéndomela más fuerte-.

    Sergio: Qué rico se bambolean tus chichis, Ana.

    Yo: Son suyas, Sergio; puta madre, ¡qué rico me coge! –me daba más duro-.

    Sergio: Quiero darte por atrás, Ana.

    Yo: ¿Por el culo?

    Sergio: Sí, quiero darte por el culo; ¿me dejas?

    Yo: Hoy no.

    Sergio: ¿Por?

    Yo: Hoy no.

    Sergio: Me la debes.

    Yo: Sí se lo voy a dar, pero hoy no.

    Sergio: ¿En serio?

    Yo: Sí; también quiero que me la meta en el culo, Sergio. Y que me lo llene de leche –en ese momento se vino, me la sacó y me echó sus chisguetazos en mi abdomen y las tetas- sí, échemelos, échemelos… ay, sí, papito, ¡qué rico!

    Sergio: Aah la madre… puta, saqué mucha leche…- se la jalaba y seguía saliendo lechita; lo último cayó en mi panochita, después me puse a gatas en mi cama y se la mamé, él se acostó pero se la seguí mamando hasta que se puso flácida de nuevo.

    Yo: qué rica…

    Sergio: Eres increíble, Ana. Coges increíble.

    Yo: Estuvo riquísimo –me acosté sobre él y le acariciaba un poco su verga-.

    Sergio: No va a ser la única vez, ¿verdad? –sonreí-.

    Yo: Si no quieres, no. Además, tenemos algo pendiente.

    Sin duda habrá más visitas de este nuevo vecino que me coge.

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  • Estrenando mi culo

    Estrenando mi culo

    Cada vez que cogíamos me lo pedias, “se me antoja mucho” (decías), cuando más prendidos estábamos, besándonos, chupándonos y frotándonos, siempre me lo pedias.

    Cuando cogíamos comenzabas por tocándome el ano, chupabas tus dedos y comenzabas a tocarlo en círculos, con mucha saliva, sabias cuando; cuando estaba más caliente para no detenerte, ya que lo sentías más palpitante, iniciabas metiendo el dedo, poco a poco…

    En esa ocasión yo estaba sobre de ti, azotándome y frotando mi pucha para lograr mi orgasmo, cuando te sentí dentro con tu dedo, logré venirme, fue una nueva sensación; me encantó, aunque fue mi primera vez, pude gozarlo y trataba de imaginar que era tener toda la verga dentro, después tu terminaste y sentí como escurríamos de nuestra leche combinada, después de recuperarnos me hiciste la propuesta… “déjame cogerte por el culito”… ¡Yo temía el dolor ya que con tu dedo sentí mucho placer, pero el pensar que tienes una verga enorme y ancha! Te dije que para la siguiente tal vez lo haríamos…

    Después en nuestro siguiente encuentro llevaste un lubricante y un dildo (de pilas), comenzaste a besarme como desesperado, ¡te sentí tan ardiente! Ya estabas más que listo… Yo llevaba un falda, la levantaste y encendiste el dildo, comenzaste a frotármelo en la pucha con mucho lubricante, de esos que tienden a calentar más el clítoris, estábamos en la recamara, tratamos de no hacer ruido porque era de día y se escuchaba un poco los sonidos hacia el departamento de al lado.

    Yo me sentí mucho muy caliente con esa vibración del dildo y después, ya que me sentiste lubricada me dejaste ir toda tu vergota en mi vagina… Mis ojos se perdieron con tan deliciosa metidota, comencé a moverme como nos gusta sin dejar de azotarme ya super lubricada, besabas mi cuello e iniciaste a dedearme el culo, en ese momento solo quería tener la sensación anterior, ya que tenía más dilatado el culo te dije: “mételo, mételo” me metiste un dedo y luego dos, después…

    Llenaste el dildo de lubricante y lo fuiste metiendo poco a poco, fuiste gentil por ser la primera vez… ¡Uff, es una sensación, tan deliciosa! Tener las paredes vibrando palpitando, ¡la pucha toda hinchada!, comencé a frotar mi clítoris, casi pude sentir un orgasmo, pero sacaste el dildo y ahora sí…

    ¡Llenaste de lubricante toda la cabeza de tu verga! ¡Ay papito! Comenzaste a meter la cabeza, pude sentir como se abría más el culo, sentí un poco de miedo, pero mi calentura era más grande, quería que me la metieras toda, trate de no moverme, para que hicieras tu trabajo, pude sentir tus gemidos de placer, fuiste tan delicado al meterlo, ¡ayy! “me duele un poco amor; hazlo lento”.

    Una vez que la pude sentir toda dentro, sentí como el dolor se combinaba con placer y comencé a moverme como puta, ¡”me encanta tenerte en mi culo! ¡¡Me vueles loca!! ¡Seguiste metiéndolo y sacándolo varias veces! Es inexplicable esa sensación de ardor, dolor y placer, sentí como no podía soportar el dolor, ¡pero no quería que me lo sacaras! ¡Por dios! ¡¡Es tan delicioso!!

    Te pedía más y más, froté mi clítoris rápidamente en círculos, ¡¡metí mis dedos en mi vagina!! Uff y logre tener un orgasmo maravilloso y seguiste tú! Wow! ¡La leche comenzó a escurrir por todos lados! ¡Estábamos tan mojados y extasiados! Terminados casi desmayados, sin aliento, muriendo de placer juntos… ¡Mi amor me encantas! ¡¡Gracias por tanto!!

    Completamente tuya.

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  • El cabrón

    El cabrón

    Un agradable hormigueo en su ombligo despertó a Ricardo. Poco a poco, esa sensación fue descendiendo hasta que un cálido aliento se posó sobre su polla que empezaba a reaccionar. El paso de una lengua caliente comenzó a deslizarse a lo largo del grueso tronco de su miembro ya erecto. Suspiró profundamente al sentir como los labios carnosos besaban primero y abrazaban después su gordo capullo. El hombre levantó la sábana y, en la tenue luz de la primera hora de la mañana, adivinó a ver la cara de Pilar, su mujer:

    -Buenos días. -Saludó ella antes de engullir el pollón de su marido.

    -Buee… nos dí… aaahhh… -Se entregó Ricardo a la ardiente boca de su mujer.

    Pili era una magnífica feladora. Desde el comienzo de su relación, cuando aún eran dos casi adolescentes ella se había distinguido por su excelente dominio del francés. Pero a medida que pasaban los años y su relación se mantenía ella había dado muestra de su facilidad para otros idiomas. Así dominaba el griego a la perfección y hablaba un excelente cubano (ruso en otras culturas). Y es que si bien Pili tenía un precioso cuerpo en general, eran sus maravillosas tetas las que acaparaban las miradas más lascivas. Pese a la doble maternidad, aquella mujer de 45 años era una auténtica MILF de tetas perfectas que aún ganaban la disputa a la gravedad.

    Aquel matrimonio había llegado a superar las dos décadas después de muchos vaivenes. Él había sido un mujeriego empedernido. Ella una mujer que transpiraba sensualidad y, dado los escarceos de su novio, entonces, ella también había disfrutado de los placeres de la carne (propia y sobre todo ajena). Pero desde que se unieron en matrimonio la estabilidad parecía dominar a aquella pareja.

    Y ahora, Pili, despertaba a su marido, Ricardo, con una de sus maravillosas mamadas mañaneras:

    -Sigue Pili, sigue… Joder, que puta comepollas eres… Aaaggg…

    La mujer no tuvo problemas (ni reparos) en tragarse hasta la última gota de la abundante corrida de su marido.

    ***************

    Cuando Ricardo salió de la ducha su mujer estaba desayunando en la cocina vestida con una camisa de él. El hombre tomó un café rápido nada más:

    -Hoy voy al gimnasio antes de ir al estudio. No vengo a comer.

    Pili esperaría a que los niños se despertasen para prepararlos y llevarlos al colegio. Ricardo, tras el gimnasio, iría al estudio de arquitectura donde trabajaba desde hacía 20 años, cuando acabó la carrera. Era habitual que comiese fuera de casa. Pilar sabía de la importancia de cerrar negocios con los adinerados clientes del estudio.

    Durante toda la mañana, Ricardo estuvo con temas burocráticos. Frente a él, Carla, su compañera en el estudio, había estado centrada de lleno en un gran proyecto. Había sido contratada un año antes y desde el principio la química fue altísima. Ella era seis años menor que él (40). Era una mujer guapa, de físico bien trabajado, tetas medianas y un culo espectacular. Casada y con una hija, parecía encantada de la vida. Pero sus marcas bajo los ojos denotaban un mal día:

    -¿Te pasa algo Carla?

    -Bah, ya sabes…

    Dejó en el aire una cuestión que parecía ser un habitual tema de conversación entre ellos:

    -¿Comemos juntos?

    -Sí, por favor… -La mujer parecía ansiosa por su compañía.

    Ricardo y Carla estaban liados. Por tópico que suene, todo había comenzado en la primera cena de navidad a la que la mujer asistió en la empresa, 8 meses antes y cuando llevaba 4 trabajando allí. Se podría decir que lo suyo había sido un flechazo. Él carismático y con un atractivo sexual casi magnético. Ella una mujer segura de sí misma y con carácter. Pero había algo más. Ricardo era un mujeriego incorregible. Carla, aunque tratara de disimularlo, una frustrada sexual. Aquellas navidades, en los baños del local de copas, donde terminaron los empleados de RT Arquitectos, Ricardo se folló a Carla por primera vez.

    *************

    Ricardo solía decir a su mujer que no iría a comer a casa cada vez que le apetecía buscar algo con Carla. Y este era uno de esos días. Por eso, a las 14 horas, los compañeros de trabajo se encontraban comiendo en un restaurante céntrico:

    -Estoy harta de Arturo. Es un hombre tradicional y aburrido. -La mujer criticaba la nula iniciativa de marido. -Le quiero, no puedo decir lo contrario, pero necesito más… mucho más… -Decía esto mientras apuraba su segundo gin tónic de sobremesa.

    -¿Tienes mucho curro esta tarde…?

    -¿Me estás proponiendo algo Ricardo?

    Un minuto después subían por el ascensor del edificio donde estaba su estudio de arquitectura. Pese a compartir el reducido espacio con otro trabajador de aquella torre de oficinas, Ricardo pellizcó el impresionante culo de Carla, arrancándole un suspiro que hizo incomodar al convidado de piedra. Por fin llegaron a la sexta planta. El hombre seguía a la mujer que se apresuraba en abrir el despacho.

    Ricardo cerró tras entrar y Carla se abalanzó sobre él. Enganchada a su cuello lo besó apasionadamente, mordiéndole el labio inferior antes de meterle la lengua. Él la abrazaba y buscaba abrir la cremallera de aquel ajustado vestido que, definía de manera sensual, el cuerpo de ella.

    Entre suspiros y jadeos, acabaron desnudos sobre un sofá de cuero negro que decoraba elegantemente aquella oficina. Carla tumbada boca arriba, recibía la boca de Ricardo que recorría desde sus labios hasta sus tetas, previo mordiscos en su cuello. La saliva caliente de su compañero de trabajo le resultaba excitante. Sus pezones se endurecían entre los carnosos labios de él cuando los succionaba.

    El hombre siguió descendiendo por el definido abdomen de la mujer hasta situarse entre sus piernas. Un coño rasurado del que manaba gran cantidad de flujo era la espectacular visión que tenía Ricardo:

    -Cómeme, cabrón. Cómete mi coño…

    El hombre no dudó en pasear su lengua por la desafiante raja vaginal. Con las manos separó los labios y lamió la rosada cueva, entre gritos de placer de Carla. Ricardo le metió dos dedos a modo de garfio y encontró el punto G de ella mientras le mordía el clítoris. Antes de que llegara al orgasmo la hizo ponerse a cuatro patas.

    Carla, con la cabeza apoyada en el asiento y el culo en pompa, le ofrecía a Ricardo una espectacular visión de su ano y vagina. El hombre dirigió su boca hacia su objetivo y comenzó a pasar su lengua del coño al culo y del culo al coño. Durante 10 minutos, estuvo practicándole una comida espectacular al tiempo que ella se masturbada entre gemidos:

    -Fóllame, cabrón. Méteme ese pedazo de polla que calzas, joder.

    Ricardo se colocó de rodillas tras ella. Dio un cachetazo en una de las nalgas de la mujer y, tras escupir directamente en el ano, comenzó a dilatarlo con un par de dedos:

    -¿Quieres culo, cabrón? ¿Quieres partirme el culito? -lo desafiaba ella mientras lo movía como una brasileña en el sambódromo.

    El ano de Carla demostraba una tremenda flexibilidad. No es que la sodomía fuera una práctica habitual con su marido pero desde que Ricardo le partiera el ojete, una noche en la habitación de un hotel al poco de comenzar, sí era frecuente que éste le diera por culo. Y esta tarde de viernes la iba a empalar de nuevo.

    Con cuidado, el hombre colocó su grueso capullo en la entrada de su culo y empezó a empujar. Carla gritaba al sentir que el ariete de carne era de mayor diámetro que su esfínter. Trató de relajarlo y confió en su flexibilidad. Por fin, la cabeza de la polla de su compañero de trabajo atravesó el anillo muscular de su culo. Tras unos segundos para acomodar el tamaño de la polla al del conducto rectal, y un nuevo salivazo, el hombre volvió a penetrar el culo de Carla. Se la incrustó hasta los huevos:

    -Aaayyy… Sí joder. Esto es lo que yo necesito. Un tío que me folle como la puta que soy…

    -Qué culo joder. -El hombre alababa el tremendo culo de jugadora de vóley que tenía Carla.

    Ricardo comenzó a penetrar el culo de la mujer agarrado a sus caderas. De manera pausada al principio, disfrutando de cada centímetro conquistado dentro de aquel ardiente culo. Después acelerando poco a poco, hasta provocarle un duro castigo anal a aquella casada insatisfecha:

    -Vaya culo perra. Joder y pensar que el capullo de tu marido no lo sabe disfrutar…

    -Dame fuerte cabrón. Quieto ser tu puta. Fóllame como merezco.

    Ricardo fue un paso más allá y tiró de la melena rizada de su compañera. La mujer ahora llevó su mano a su clítoris y comenzó a masturbarse al tiempo que aquel cabrón le partía el culo. La polla del hombre se endureció aún más en el interior del culo de Carla. Al final estalló en una formidable corrida. La mujer aceleró el ritmo contra su clítoris hasta alcanzar el orgasmo cuando su compañero inundó sus tripas de lefa. El grito de los dos se oyó en toda la planta de aquel edificio de oficinas.

    Minutos después, el hombre estaba sentado en el sofá con la polla flácida y manchada con restos de la batalla. La mujer permanecía tumbada boca abajo, con el ano enrojecido y palpitando por volver a su tamaño original. El semen salía y resbalaba por sus muslos. Aquellos polvos furtivos con Ricardo le servían a Carla para sobre llevar su frustrante vida sexual. Cuando volviera a casa no dudaría en besar a Arturo, su marido. Lo quería con todo su corazón pero no colmaba sus necesidades sexuales. Su pasividad y actitud conservadora ante algunas perversiones la obligaban a buscar fuera lo que no le daban en casa.

    El móvil de Ricardo recibió un whatsapp. El hombre lo buscó entre su ropa y lo leyó. Sonrió:

    -¿Tu mujer?

    -Sí. Ahora le contesto.

    Se vistieron. Se besaron y Ricardo marchó a su mesa en el despacho. Durante el resto de la tarde siguió trabajando delante del ordenador. Contestar correos, enviarlos, clientes, proyectos… Unos metros más allá, Carla estaba colgada del teléfono. Quizá hablando con su marido. Ricardo sonrió de manera malévola.

    *************

    A las 9 de la noche, Ricardo llamó a su mujer. Le sería imposible volver a casa a una hora lógica. Eso quería decir que hasta bien entrada la madrugada. Recién colgó, Carla se despidió de él con un beso en los labios:

    -No te quedes hasta tarde.

    -No te preocupes. Me iré pronto.

    -Gracias.

    -¿Por qué?

    -Porque necesitaba ese polvazo que hemos echado.

    Ricardo le sonrió y la besó apasionadamente. Ella le mordió el labio inferior y le agarró el paquete:

    -Uf, cómo me pones cabrón. Me voy que me pierdo…

    El hombre alcanzó su IPhone 12 y buscó el listado de whatsapp. Allí estaba, aún sin leer, el mensaje de Andrea. Esta era una chica de 23 años que trabajaba de camarera en un restaurante y poniendo copas en un garito los fines de semana. Se habían conocido por casualidad una noche en un famoso local de copas. Ricardo había salido con unos amigos un sábado y coincidieron en el mismo lugar. El novio de la chica era un allegado de uno de los amigos del arquitecto. Las miradas de Andrea y Ricardo se cruzaron un par de veces de manera lasciva. Volvieron a verse una par de semanas después en el mismo local. Esta vez, la joven logró que su novio se fuera antes a casa y ella tuvo vía libre para quedar con aquel maduro de irresistible atractivo sexual. Esa actitud altiva, casi chulesca, esa pinta de cabrón empotrador. Ese porte elegante, era algo que le daba un morbazo increíble a la joven Andrea. Y aquella noche acabaron follando en el BMW de él.

    Andrea estaba estudiando periodismo y trabajaba para sacarse un dinero. La chica, que seguía con su novio aún después del encuentro con Ricardo, era una guapa morena de melena lacia. Ojos negros y boca grande. Era algo baja y constitución delgada donde sobresalían dos impresionantes tetas. Verla tras la barra del garito con una camiseta ajustada era un espectáculo. De vez en cuando ella le llamaba para quedar y echar un polvo. Aquella tarde le había enviado un whatsapp para decirle que había logrado quitarse a su novio de encima y que podrían verse en el garito donde servía copas.

    Ricardo salió de su oficina con el tiempo justo para pillar sitio en un restaurante para cenar. Luego quedó en verse con Andrea.

    El K’ntaro era un tugurio oscuro con música noventera para una clientela en la cuarentena. El dueño vio en la chica un gancho perfecto para atraer a maduros agarrados a una juventud que se les escapaba entre los dedos. Cuando llegó Ricardo, el bar estaba ambientado con mucha gente. Saludó a alguno de los conocidos habituales y alcanzó su lugar en la barra. Una esquina junto a la entrada al interior de ella. Allí solía estar el dueño del bar, Pedro, muy amigo del cliente. El personaje, perro viejo de la noche (como se autodefinía) conocía los escarceos del arquitecto con su camarera. De manera que cuando lo veía llegar sabía que la chica se perdería durante un rato con su amigo.

    Después de un par de horas (y varias copas), Andrea le hizo señas a Ricardo, antes de acercarse a la pareja de amigos y anunciarle a su jefe que salía un momento. Pedro le dio unas llaves y Ricardo siguió a Andrea, en medio de la masa de gente, hasta una especie de almacén que hacía de reservado.

    La chica abrió la puerta y ambos se colaron rápidamente. El habitáculo eran apenas unos metros cuadrados donde se apilaban cajas de bebidas. En un rincón había un arcón frigorífico. Hasta allí llegaron los dos besándose. La joven se agarraba al cuello del maduro apretándole por la nuca contra su boca. El hombre recorría el cuerpo de Andrea con especial interés en sus impresionantes tetas. Le levantó la camiseta y empezó a comerle los dos melones de dureza casi virginal y tamaño inabarcable:

    -Qué tetas tienes niña.

    -¿Te gustan? Cómemelas.

    El hombre no lo dudó y se las sacó del sujetador para morderlas y succionar aquellos pezones de fresa que formaba un precioso conjunto rosado con la aureola. Ella gritaba de placer y excitación mientras la voz de Liam Gallager entonaba Whatever al otro lado de la puerta del almacén. Ricardo buscó con su mano la entrepierna de la camarera. Separó el tanga y logró alcanzar los labios vaginales cubiertos por una fina capa de vellos negros.

    Logró meter los dedos en el interior de aquel volcán en erupción:

    -Estás caliente zorrita. Voy a follarte.

    -Sí. Joder. Estoy deseando de tener ese pedazo de rabo entre mis piernas.

    Ricardo se bajó los pantalones y su polla saltó como un resorte. Erecta, dura, ardiente. Con las venas marcadas y el capullo lagrimeando líquido pre seminal. Cogiéndosela por la base, la paseo por la raja de la camarera, que ya se había despojado de su tanga y esperaba la estocada subida al arcón frigorífico:

    -Aaahhh, qué caliente la tienes, joder.

    El hombre le metía solamente la punta de la polla. Lubricándola con el flujo vaginal. Pero sin penetrarla del todo:

    -¿Tienes goma?

    -Espera joder, que controlo.

    -No quiero que me la metas sin condón.

    Ricardo buscaba la boca de la camarera sin hacerle caso a las peticiones de la joven:

    -Venga joder Ricardo. Ponte un condón…

    -Déjame un momento metértela a pelo…

    Sin darle más opciones se la clavó de un golpe. La chica gritó como una gata cuando notó como el pollón de aquel maduro le abrió el coño de par en par. Sintió como que la iba a partir en dos. Ella se agarró al cuello del tipo:

    -Cabrón, te he dicho que sin condón no quería… Aaahhh.

    -¿Quieres que te la saque?

    -Nooo. Joder. No pares ahora. Dame fuerte.

    Ricardo comenzó a bombear contra el coño peludo de aquella camarera 23 años más joven que él. El hombre aceleró el ritmo de la follada mientras Andrea berreaba de gusto atravesada por el inmenso trozo de carne caliente de aquel casado infiel. Ella le rodeaba con sus piernas evitando que se saliese de su vagina:

    -Me corro, putita, me corro.

    -Dentro no joder. Dentro no. Cabrón.

    La chica intentaba zafarse del tipo pero él la agarraba ahora por la cintura para descargar sus últimas reservas de lefa en el interior del aquel coño joven.

    Con un desgarrador grito el hombre soltó los últimos chorros de semen que le quedaban después de todo el día. Andrea muy enfadada le golpeaba:

    -Cabrón, te dije que no te corrieras dentro. Hijo de puta.

    -A ver niñata. Yo follo sin condón. Si no te quieres quedar preñada toma pastillas.

    -Te odio cabronazo.

    La camarera se limpiaba los restos de lefa de su coño antes de volver a la barra del bar. Ricardo se terminó de vestir y tras despedirse del dueño del bar le guiñó un ojo a la camarera y le hizo un gesto para una posterior llamada de teléfono. Ella le contestó levantando el dedo corazón de su mano derecha.

    Sobre las 2 de la madrugada, Ricardo llegaba a su casa después de una larga jornada. Su mujer dormitaba cuando se metió en la cama:

    -¿Qué tal el día…?

    -Cansado…

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  • Mi cuñado, un verdadero semental

    Mi cuñado, un verdadero semental

    Salía por la puerta de la cocina desnuda y contoneando mi cuerpo para que él lo viera bien, estaba contenta, pero con un sabor agridulce, ya que me había sabido a poco, acababa de follar con mi cuñado y le dejaba allí con ganas de más, con las mismas ganas que yo tenía, pero David tenía que probar de su propia medicina, acababa de tener orgasmo, un señor orgasmo con él a pesar de que ese no había sido mi plan, realmente mi plan se había ido al traste.

    Todo empezó aquel sábado de chicas donde en un momento de la noche con varias copas ya de más, totalmente desinhibidas contábamos nuestros secretos de alcoba con nuestros chicos, historias muy excitantes que nos hacían gritar y reír como histéricas, posiblemente a más de una se le mojaron las bragas aquella noche hasta que llego mi hermana y nos bajó del cielo… al infierno.

    Nos contaba que con su marido los preliminares y juegos sexuales no existían, nunca le… ni le… solo se dedicaba a metérsela, correrse enseguida dentro de ella y dándose la vuelta se ponía a dormir y roncar, poniéndose incluso agresivo con ella si un día no quería follar, en ese momento nos quedamos todas de piedra porque todas conocíamos a David y para nada daba esa sensación, él era un tipo genial, agradable, divertido y siempre se la veía muy cariñoso y atento con mi hermana.

    Yo me fui con una sensación agridulce, ya que era quien más le conocía, de hecho había sido compañero desde antes de la carrera, desde que estábamos en el instituto y yo fui quien gustándome a mí se lo presento a mi hermana, no sé por qué una nube de maldad empezó a rodearme la cabeza y más cuando a la mañana siguiente estando mi hermana y yo solas me ratifico punto por punto lo que contó la noche anterior y esa nube negra penetro en mi interior y empecé a maquinar una venganza en pos de ayudar a mi hermana, quería hacerle lo mismo que él a ella y la ocasión se presentó en forma de reunión a las tres semanas, cuando mi padre celebrara su cumpleaños y reuniera en su chalet a sus dos niñitas como él nos llamaba.

    Llego el día y ya en la comida estuve bastante cortante con David, luego en la piscina casi discutimos por una conversación entre hombres y mujeres donde saque el lado más feminista, un feminismo radical llegando a ponerle de machista recalcitrante donde venía a decir que todos los hombres estaban enfermos y que solo querían nuestros cuerpos, claro está que omitía el deseo de una mujer por el cuerpo de un hombre, aunque esto último David no se calló echándomelo en cara.

    – Joder tía, pero a qué coño viene todo esto, me conoces desde hace cuánto Lara y sabes que yo no soy así, sabes cómo pienso y me duele que pienses que no os respeto.

    – Pues que sepas que los hombres como tú os creéis que somos frágiles, dependientes, simplemente princesitas que necesitamos a un hombre a nuestro lado para que nos defiendan, pero nunca os paráis a pensar que nosotras somos las que tenemos realmente la fuerza, somos las que realmente dominamos las situaciones, somos las que tenemos ese cuerpo que todos deseáis, ese cuerpo que os vuelve locos y que harían lo que fuera por tenerlo, por follarnos, pero ahora pregúntate ¿quién folla a quién?

    En ese momento mi padre cortaba la discusión de raíz llamándome la atención y enfadándose bastante, mientras David me miraba con los ojos encendidos realmente enojados conmigo, moviendo la cabeza de un lado a otro sin entender nada, ni de cómo habíamos llegado hasta allí, pero era muy fácil de explicar, David y yo aparte de cuñados éramos grandes amigos desde el instituto, le conocía tan bien que sabía dónde tenía que tirar para hacer daño, sé que me comporte como una zorra, pero era esencial para mi plan tenerlo descolocado y enfadado, sabía que más tarde vendría a mí para hablar y para pedirme perdón por algo que hubiera dicho yo que me hubiera molestado como así fue.

    El resto de la tarde paso volando, sabía que me miraba todavía enfadado y sabía que poco a poco se iría calmando, David, era un libro abierto para mí, yo sabía que en su día le guste, le guste y mucho como él a mí, pero fue cuando mi hermana apareció en escena y la cosa se enfrió, pero a pesar de ello notaba que siempre había una conexión entre los dos, lo bastante fuerte como para excitarle en según qué momentos y ese era uno de ellos, así que empecé a posar para él, intentando que nadie más lo notara, hacia poses con una clara intención, enseñándole el canalillo de mis pechos o pellizcándome los pezones para que los viera en punta, agachándome muy cerca de él mostrándole toda mi vulva por detrás casi, casi rozándole en la cara.

    Prueba superada, sabía que se había fijado en mí, sabía que le había excitado cuando se puso las gafas de sol sin sol y más adelante cuando coloco una toalla sobre su bañador y esa excitación la corte de golpe cuando me fui a cambiar dejándole empalmado sin poderse mover siendo el último en levantarse y subirse a cambiarse para ir a cenar.

    – Voy a hacer que me desee y quiera follarme y le voy a dejar con las ganas.

    Eso fue lo que le dije a mi hermana cuando me pregunto qué es lo que estaba tramando, al principio mi hermana me miro extrañada como desaprobando mi plan, al fin y al cabo era su marido y estaba seduciéndole para que me follara, pero al cabo de un momento se echó a reír y me animo a ello, la verdad que me extraño su aptitud, como si no le importara nada David y al terminar de cenar, todos volvimos a casa y tras la última copa en el salón todos se fueron despidiendo y acostando, quedándome yo recogiendo un poco las cosas junto con mi cuñado en la cocina.

    – Lara, podríamos hablar un momento

    – No tengo nada de qué hablar contigo David

    – Joder, no entiendo nada

    – Que hay que entender, ¿qué eres un cerdo egoísta?

    – Pero que mosca te ha picado tía.

    En ese momento me agarro de un brazo con fuerza y me giro, quedándonos los dos frente a frente.

    – Que haces, déjame, que me has hecho daño.

    – Per… Perdona si te he hecho daño Lara, no era mi intención, pero me estás volviendo loco.

    – ¿Loco? A ti te gusta que te empujen, ¿qué te gusta?

    – Lara déjalo por favor, está visto que ha sido un error venir.

    – Que, ya no me empujas, que pasa que no te gusto lo suficiente para empujarme.

    – Déjalo Lara, déjalo ya.

    – Que, no te parezco bonita,

    Estaba continuamente dándole pequeños empujones para que se enfadara, que me empezara también a empujar y así tener un pretexto para acercarme más él, seduciéndolo porque sabía que yo aún le gustaba.

    – Lara déjalo estar por favor, si no…

    – Si no que, me darás un azotito en el culo.

    – A ver valiente si no…

    No pude acabar la frase, mi cuñado por fin se rindió a mí, me echo con fuerza contra la encimera besándome, sujetando mis manos sobre ella y pegando su cuerpo al mío, frotando su pene endurecido contra mi vulva, ya era mío, pero en realidad yo era suya, porque no paraba de besarme el cuello apretándome con las dos manos mis pechos, lo fui buscando durante todo el día, pero no me esperaba esa reacción en mí, me había excitado más de la cuenta, me gustaba lo que hacía con sus manos y con sus labios, sabía que de una manera platónica aún me gustaba, pero solo eso, el plan era, solo quería excitarle, que me sobase un poco, calentarle hasta tal punto que quisiera follarme y luego yo marcharme y ahora… ahora estaba dispuesta a dárselo todo.

    Sus manos seguían bajando por mi cuerpo hasta mis muslos y levantando mi falda me bajo el tanga de un tirón hasta dejarlo más haya de mis rodillas, la gravedad hizo el resto hasta que mi tanga cayera al suelo, apartándolo con una pequeña patada quedándose a la mitad del suelo de la cocina y mientras mi cuñado metía su cabeza entre mis piernas lamiendo mis labios y mi clítoris, notando mi excitación, succionándome entera y obligándome a dar mis primeros gemidos.

    Mis piernas abiertas dejándole espacio, miraba hacia abajo y solo veía mi falda moverse, le había cubierto la cabeza con ella y no podía verle trabajar mi coño, su lengua como si fuera una vaca me lamía desde mi vagina hasta mi clítoris, con su nariz continuamente me frotaba mi clítoris y sus dedos corazón y anular se metían en mi vagina continuamente, yo no podía más que gemir silenciosamente, agarrarme fuere a la encimera, a su cabeza y otra vez a la encimera disfrutar de todo aquello.

    Mi cuñado se levantó de repente y con sus manos me subió en la encimera quitándome la camiseta que llevaba y levantándome el sujetador empezó a lamer mis pechos, pasando suavemente su lengua sobre mis pezones y metiéndose parte de mi pecho en su boca succionádmelos mientras me los apretaba, David me estaba desmontando todo lo que había planeado, el placer de tenerle hacía templar mi cuerpo, no sabía que me pasaba, solo sabía que me gustaba en exceso todo lo que me hacía, sentía mi sexo realmente mojado, mis manos sobre su nuca apretándole contra mí para que no se separase de mis pechos, eché en falta sus manos que ya no estaban, las había bajado y con ellas su pantalón o eso deseaba yo al oírlo caer al suelo.

    El deseo hecho realidad, ya que su glande recorría mis labios, era algo que me excitaba ver y desabrochando los dos botones de mi falda me la quite antes de que empezara a follarme, quería ver como su polla desaparecía en mi interior, como se metía poco a poco en mi vagina, quería sentir las descargas eléctricas en mi cuerpo con cada penetración y estaba segura de que David lo iba a hacer posible, ya me había olvidado de mi hermana, de la venganza, de mi plan, ahora el plan era otro, el plan era disfrutar con su polla, que me devorara por dentro, que me hiciera temblar, gemir, gritar y ya comenzaba mmm.

    Su polla se fue deslizando por la abertura de mi vagina ensanchándola a su paso, la veía desaparecer y quedarse dentro mientras me besaba, la notaba salir y volver a entrar, mi respiración unida a la suya, nuestros latidos como un solo corazón bombeando todo el oxígeno disponible, pensaba en mi hermana y no sabía que decir, David era todo lo contrario a lo que ella nos había descrito, hubo preliminares, hubo juegos, para mi era un verdadero semental, cada penetración era un gemido, un grito perdido en el aire, su polla me llenaba, me vaciaba, se metía como un cuchillo caliente en la mantequilla, mi vagina era un lago y su polla una barca queriendo llegar a buen puerto.

    Mis manos le abrazaban clavándole las uñas en su espalda cuando me hacía sentir y cuando digo sentir es sentir de verdad, hacerme olvidar todo lo de mi alrededor, solo él y yo en un espacio infinito, flotando en el aire mientras sentía sus empujones metiendo su polla en mi interior.

    David sacó su polla y cogiéndome en brazos me bajo al suelo dándome la vuelta, castigándome cara a una ventana que solo dejaba ver la oscuridad de la noche, con su mano guio su polla nuevamente a mi interior, subí una de mis piernas como pude a la encimera para facilitarle la penetración, los dos de pie con sus manos sobre mis pechos y su boca mordisqueando mi cuello, su velocidad había aumentado, mi corazón, mi respiración, mis gemidos, era un placer que nunca había probado, cada vez que la metía era un pequeño orgasmo para mí, uno tras otro hasta tener el que llamaría el señor de los orgasmos, brutal, duradero, delicioso, un orgasmo que me hizo gritar con cada penetración, que mi espalda se arquease con sus manos sujetándome los pechos, mis pezones se salían entra sus dedos, mis piernas temblaban y mi vagina se inundaba intentando ahogarle.

    Mi cuñado seguía metiendo y sacando su polla a gran velocidad, hubiera sido mi venganza apartarme de él y dejarle así, pero todo aquello tenía su premio, quería que se corriera en mi interior, que me llenase con su semen y que disfrutara de mi coño y según pasaban mis pensamientos, notaba como su semen caliente salía disparado a mi interior, llenándome como a un recipiente vació de su leche, sus besos pararon por un momento, ahora solo se dedicaba a metérmela más profundo y gemir.

    Dejo de moverse, dejo de follarme y me di la vuelta para besarle con pasión, sin dejar tiempo casi a que respiráramos, recogiendo mi ropa me fui contoneando mi cuerpo sabiendo que él me observaba, justo en la puerta con el enorme pasillo oscuro delante de mí me gire y con un dedo, solo con un dedo le señale que me siguiera, David iba detrás de mí subiendo por las escaletas los dos desnudos, dejando en el primer piso las habitaciones de su mujer y de mis padres y subiendo hasta mi habitación situada en la buhardilla, al entrar lo primero que vio fue mi cuerpo tumbado en la cama con las piernas abiertas, las abría y cerraba invitándole a que se metiera entre ella y volviera a clavarme esa espada que tenía entre las piernas, que acariciara mi cuerpo, que me besara, que me follara una vez más.

    Y una vez más su polla me penetraba partiéndome en dos, aquella noche hizo horas extras, quizás las horas que no hacía con mi hermana o quizás las que mi hermana no quería hacer con él, ya no sabía si creerla porque mi cuñado había resultado ser un excelente amante, quizás mi hermana iba buscando otra cosa, quizás la que tenía realmente un plan era ella y eso lo vimos a la mañana siguiente.

    Mi hermana no tardó en acusarnos de acostarnos, acusarle de haberla puesto los cuernos conmigo, con su hermana, quería matarla, me había utilizado como siempre hacia, era la niña mimada, la niña buena que nunca había roto un plato, pero esta vez el tiro le salió por la culata, en el mismo día se separó de mi cuñado visiblemente afectado y a los tres días estaba ya con un chico mucho más joven que ella y a los dos meses David y yo formalizábamos nuestra relación, relación que ella nos robó años atrás.

    Ella se quedó con un yogurin que la dejo al año y yo…

    Yo me quedé con un verdadero dios del sexo, un verdadero semental.

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  • Mi primer lésbico

    Mi primer lésbico

    Yo tenía 20 años y decidí con mi amiga Ana, ir a trabajar a la costa junto con una chica conocida de ella. Ella conocía de años anteriores a alguien que nos podía alquilar una habitación a precio barato y además ayudarnos a encontrar trabajo ese verano, con un buen sueldo y horario.

    Al final, Ana no pudo ir ese año a trabajar a la costa, fui sola, al llegar allí estaba María esperándome en la casa donde tenía alquilada la habitación. Que era grande con un baño, tres camas chicas, una mesa y 4 sillas. Trabajaríamos juntas en un almacén de lunes a viernes y en un horario cómodo con lo que tendría parte de la tarde libre y los fines de semanas.

    Al día siguiente comenzaría el trabajo, María después de trabajar me invita a ir una playa que conoce, que se llega en bus. Cuando salimos de trabajar allí estaba María con la bolsa de la playa y un vestido corto. Había tomado la precaución de llevar las cosas de playa con lo que no tendría que pasar por la habitación.

    Fuimos en autobús y luego caminamos por un sendero hasta llegar a una playa con un pequeño bosque detrás. Elegimos una pequeña duna donde estaríamos cómodas y no a demasiada distancia del agua. María dejó la bolsa, se quitó el vestido y enseguida el corpiño. Ella tenía 26 años, era rubia, de estatura similar a mí, dos pechos medianos rematados en dos rosados pezones que miraban al cielo. Un culo redondo con dos cachetes que se besaban.

    Yo estaba nerviosa, no la conocía demasiado, solo habíamos hablado un par de veces y lo que habíamos compartido desde mi llegada. Ana me había contado que ella creía que María era lesbi o por lo menos bi, porque nunca se le conoció ningún chico y que se iba siempre con chicas a algún lado de vacaciones.

    Me dice, me encanta esta playa, es tranquila, estaremos casi solas, te puedes poner en bikini, top–les o como prefieras, toda desinhibida.

    Me quité el vestido y quedó en un bikini rojo que contrastaba con mi piel todavía blanca, por el poco sol que tomé. Extendió la toalla, se arrodilló y cogió la crema solar aplicándosela en las partes a las que tenía acceso, a su vez me pidió que se la echase en la espalda. Luego lo hizo por las nalgas y los muslos.

    María tomó la iniciativa e hizo que me tumbase boca abajo. Desabrochó mi corpiño y echó crema en los omoplatos y la fue extendiendo poco a poco, muy lentamente hasta que toda la espalda estuvo llena de crema. Lo hacía tan lento, acariciando en lugar de extendiendo, siguió por los gemelos pasando a la zona trasera de las rodillas donde apretó ligeramente. Fue subiendo los dedos por los muslos, cuando María llegó a mi cola intentó correrme la tanga para aplicarme la crema, digo:

    –¿Qué haces? –Girándome y mirándola.

    –Nada solo quiero pasar bien la crema –contesta.

    Los días fueron pasando, íbamos juntas al trabajo y cuando podíamos siempre a la playa. A esa misma u otra que nos quedaba más cerca. Ella en la habitación no tenía ningún problema en andar desnuda delante mío todo el día, tenía la concha depilada con un puñadito de pelos rubios arriba.

    Yo tampoco, cuando salía de bañarme, pero enseguida me ponía mi tanga y quedaba en tetas. Comíamos así, dormíamos así.

    Un sábado después de cobrar nuestro primer sueldo, decidimos salir a un bar. Tomamos demasiado, jodimos con chicos que se nos acercaban, nos reímos mucho, nos contamos cosas hasta que decidimos salir del bar ya que no llego ningún chico que nos llamara la atención, solo se nos habían acercado tipos insípidos, cuando llegamos a la habitación encendimos un cigarrillo y nos servimos un par de copas más, comenzamos a bromear acerca de que la falta de vergas ricas en la ciudad y de las ganas con que nos habíamos quedado.

    –Quizás somos muy mamonas –dijo– deberíamos dejarnos coger por cualquiera– las dos reímos a carcajadas.

    –Deberíamos hablarle al primero que pase por la calle y que nos coja a las dos –dije yo.

    Ambas reímos nuevamente, yo lo había dicho en tono de broma, pero María corrió la cortina y abrió la ventana, se asomó afuera y dijo:

    –allá viene uno, comenzó a hacer un baile provocativo y a subir su vestido lentamente.

    –estás loca –le dije

    –ven acá –dijo, extendiendo su mano para ponerme de pie.

    Ambas comenzamos a bailar de forma sensual, parando el culo, subiendo el vestido y tocándonos de forma sexy, cuando el tipo pasó frente a la ventana María hizo un sonido para llamar su atención, el tipo volteó, no era nada feo, María sacudía sus tetas del vestido inclinándose de forma sensual, yo seguía tocándome por encima de la ropa y moviéndome de forma sexy.

    –quieres jugar –gritó María, apretando sus pezones.

    El tipo hizo cara de nada y se fue, nos reímos a carcajadas hasta quedar tiradas en el sillón, cuando recobramos el aliento dije:

    –deberíamos darnos placer solas. Con Ana y otras chicas ya tenía experiencia en masturbarnos juntas y llegar a acabar.

    –Tienes razón –dijo, no necesitamos a esos tipos. Se sentó en el sillón, levantó su falta, se hizo la tanga a un lado y comenzó a frotar su vagina

    –Vamos nena, tócate –me dijo.

    Yo me recuperaba de la risa, me senté en el sillón y la observe un poco, ella saco sus tetas redondas y duras, con los pezones color rosados, abría con sus dedos su vagina depilada, muy húmeda e hinchada, sus labios vaginales carnosos y su clítoris sobresalía, veía como sus dedos iban y venían llenándose de sus jugos, mis pezones despertaron y mi concha también, era hermosa, muy sexy.

    –Qué esperas nena, tócate también –me dijo sacándome de mis pensamientos

    Me reí y me comencé a tocar las tetas por encima de la ropa.

    –sácate las tetas –me dijo jalando mi escote hacia abajo, me tomo por sorpresa y me ruborice un poco.

    –Vamos tócate, haz lo que mismo que yo –me dijo, mientras volvía a recostarse en el sillón y separaba sus piernas, obedecí, me recosté, separé las piernas, hice mi tanga a un lado y puse mis dedos sobre mi concha, la sentí empapada y resbalosa, comencé a frotarla con mis dedos y enseguida el calor me invadió, el alcohol hacia sus efectos también y me sentí un poco más desinhibida.

    Continúe dándome placer, tocaba mis pezones y los pellizcaba con una mano, con la otra frotaba mi clítoris, me perdí un poco en mi placer cerré los ojos y continúe, en un momento abrí los ojos y miré a María, se había incorporado y me miraba sin dejar de frotar su vagina, quise incorporarme pero me detuvo, sigue me dijo, se ve que lo estas disfrutando y yo también disfruto mucho verte, la sangre subió a mi rostro, deje de tocarme y me cubrí la cara.

    –no seas mensa –no pares– me dijo cerca del oído con voz suave y sexy

    Sentí su cuerpo tibió muy cerca del mío, mis pezones se pusieron más duros y un golpe de calor bajó a mi concha mojada, quite mis manos del rostro, abrí los ojos y me encontré con los suyos llenos de lujuria, dos de sus dedos se deslizaron en mí, un gemido salió de mi garganta.

    María sonrió, sus tetas estaban a la altura de mi boca, así que las tome y comencé a chuparlas, lamerlas, eran suaves, tersas, apreté sus pezones con mis labios mientras los lamia con lujuria y deseo, no podía creer lo que estaba pasando, cuantas veces me había masturbado, pensando en una chica, cuantas veces la había visto pasear desnuda por la habitación con sus hermosas tetas al aire, sorprendiéndome a mi misma con el deseo de poder comérmelas, justo así como lo estaba haciendo, mi lujuria se hizo mayor, chupaba, lamia y daba mordiscos a sus deliciosas tetas, absorta de placer.

    Me tomo por las caderas y se puso sobre mí, me incorpore para quedar sentadas, ella encima de mi, seguí comiéndome sus tetas mientras mis dedos hurgaban cerca de su concha, la sentí empapada, metí mis dedos en su cuevita tibia y suave y comencé a frotarla, ella gemía y eso me ponía más caliente, deslice mis manos por sus nalgas, nos sacamos la tangas y los vestidos, se recostó boca arriba sobre el sillón, abrió sus piernas, ofreciéndose a mí, no lo pensé dos veces, metí mi rostro entre sus piernas, bese los alrededores, pasando de vez en vez mi lengua por encima de su mojada cuevita, rozándola apenas.

    –ahhh siii –la escuchaba gemir despacio

    Bajé hasta su culito, pase mi lengua alrededor y después lo chupe con deseo, ella abría sus nalgas con las manos, extasiada, intente penetrarlo con mi lengua pero apenas podía entrar un poco, con mis manos abrí mas sus piernas, su cuevita se abrió ante mis ojos escurriendo jugos, como deseaba beberlos todos, pase mi lengua por la entrada dando toquecitos, el olor de su vagina tibia me invadió, abrí mis labios y chupe todo lo que mi boca alcanzó a abarcar, sus jugos estaban en mi boca por fin, quería devorar ese manjar.

    Pero lo que más quería era ver gozar a María, escucharla gemir, subí mi lengua hasta su clítoris y comencé a dibujar círculos alrededor, sentí la piel de sus piernas erizarse, comencé a lamer suave y sin prisa, lo sentí crecer poco a poco entre mis labios, metí uno de mis dedos y comencé a moverlo hacia arriba en forma de gancho para estimularla por dentro también

    –ah siii –gemía María, –sigue así– decía entre jadeos

    Escucharla me calentó mas y aumente el ritmo un poco, su espalda se arqueo y sentí sus manos en mi cabeza, estaba a punto, quería sentirla acabar en mi boca, seguí entre sus piernas lamiendo su rico botoncito, degustando su sabor, sus jugos se mezclaban con mi saliva y escurrían por la comisura de mis labios, mi lengua comenzaba a entumirse, pero no baje el ritmo.

    –me vengo –me dijo jadeante– ahhh siii, me vengo.

    Convulsionaba de placer atrapando mi dedo, ella comenzó a mover su cadera y a presionar mi cabeza contra su vulva que explotaba, dueña de su orgasmo, buscando prolongar el placer.

    –¡aaaah!, la escuche gritar.

    Sus gritos me pusieron a tope, baje mi mano libre hasta mi rajita que estaba escurriendo y puse mi concha junto con la de ella y la frotamos en forma de tijera para darme el desahogo que necesitaba, me llevo al éxtasis total y estalle, de mi boca salió un grito descomunal, gigantesco, formidable, que llenaba mis labios y mi garganta, era un delicioso orgasmo.

    El verano continuo, tuvimos muchas noches de sexo juntas. Solas y también con chicos. Cogimos todo lo que pudimos y a todos.

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  • De sobrina a sumisa (parte 3)

    De sobrina a sumisa (parte 3)

    Terminamos de coger con Ceci y nos tiramos uno junto al otro. Ella no paraba de acariciarme la pija y yo le pedí que bajara a lamerla.

    – “Si tio” y se fue a darme besitos y lamidas. “Me encanta tu pija ¿Puedo jugar con ella?”.

    – “Por supuesto. Chupala y lamela. Si hacés que se pare, te cojo otra vez”

    Sin dudar se puso a besarme, lamerme y chuparme hasta que logró pararla de nuevo.

    – “Ahora, ponete a caballito mío y metela en tu conchita”.

    Así hizo y mientras le agarraba los cachetes de la cola y le marcaba los movimientos que ella obedecía con gusto. Era un placer ver a esa hermosa pendeja cabalgando con mi pija dentro de ella y regalándome toda su calentura. Estuvo un rato largo hasta que empezó a moverse en forma más intensa, cerrar los ojos, jadear, apretarme los brazos con sus manos mientras le apretaba la cola o le daba chirlitos.

    – “Así, así. Cogeme así ¡¡más fuerte!!… te acabo tío, sentime” dijo mientras se tensaba curvándose hacia adelante y terminaba en un largo gemido entrecortado.

    Después se acostó sobre mí jadeando para recuperar el aire. Cuando pensé que estaba repuesta, la volví a levantar para hacerla cabalgar y volver a ponerme dura la pija. Después la hice levantar, me senté en una silla y la hice sentarse sobre mi, enfrentándome. En esa posición la penetré mientras la abrazaba, le besaba las tetas, la tomaba de las nalgas y la llevaba en un lento sube y baja.

    De vez en cuando le pegaba unos chirlitos y a cada uno respondía con un respingo y un gemido, abrazándose más a mí. Así estuvimos un tiempo y después la puse de pie y la cogí por atrás, ella apoyada en la pared y reclinada para que la pueda penetrar mejor. En esa posición volvió a acabar. La llevé a la cama, la puse en cucharita conmigo y la volvía penetrar así.

    Salí al rato de su conchita y empecé a jugarle en la puerta de su culito, despacio, apenas apoyando la pija y haciendo poca presión. Le pasé dos dedos llenos de saliva y con el anular empecé a tratar de abrirlo. Su culito se calentaba evidentemente con los masajes mientras la abrazaba y le daba besos en el cuello. Pero costaba meter el dedo en ese culito apretado. Volví a ponerle saliva y a acariciarlo y al rato mi dedo apenas había entrado hasta la mitad. Ceci jadeaba y me dejaba hacer, pero costaba dilatarlo. La puse boca abajo y empecé a lamerlo y meterle la lengua, jugarle con el dedo, volver a lamerlo. De a poco se iba aflojando, pero estaba lejos de que pueda penetrarlo con mi pija.

    – “Ceci, esperame que voy a buscar algo que ayude a poder disfrutarte la cola”.

    – “¿Estoy haciendo algo mal, tío?, preguntó preocupada.

    – “No mi cielo, a veces la primera vez cuesta, pero de a poco se va a aflojar. Y si hoy no se puede, otro día será”

    Fui a buscar aceite de oliva, un dildo anal y un vibrador pequeño. La volví a abrazar por atrás y empecé a pasarle aceite y jugarle con el dedo. El aceite facilitó que el dedo entre. Lo fui metiendo y sacando de a poco moviéndolo dentro de ella y Ceci jadeaba y se calentaba más. Le puse el dildo, que entró más fácil y lo moví mientras le aplicaba el vibrador.

    – “Ayyy, eso se siente lindo tío”.

    – “¿Te gusta que te juegue así?”

    – “Al principio hubo dolorcitos, pero enseguida me empezó a gustar. Pero quiero darte todo tío, mi colita también. Y eso último me gustó”.

    La hice poner boca arriba con las piernas abiertas y, mientras le iba acariciando la cola con el dildo, le besaba la conchita, le jugaba con el vibrador en el clítoris y sobre el dildo de su culito, mientras iba diciéndole que era una putita divina y que quería cogerla toda, que me encantaba su sexo, que quería tenerla en mi cama todas las noches desnuda para gozarla, lo cual la calentaba mucho, mientras el dildo cada vez entraba más profundo.

    – “¡¡Quiero tu pija en mi colita, tío!! Porfi”.

    Saqué el dildo, la puse boca abajo, le di unos cuantos chirlos bastante fuertes y le apoyé la punta de la pija en ese cerrado agujerito totalmente lubricado.

    – “Mordé la almohada putita, te voy a abrir esa colita para que la disfrutemos. Si duele mucho avisá”.

    – Si tío, te quiero dentro mío”, dijo y se aplastó contra la almohada.

    Con mucha paciencia, entró la cabecita y ella se tensó, gimió y me quedé quieto.

    – “¿Te duele?”.

    – “Un poquito, pero no importa. Cogeme toda, quiero ser tu putita entera”.

    – “Lo vas a ser, preciosa, pero sin dolor”.

    Y me quedé sobre ella apenas presionando, moviendo en círculos y hablándole al oído de lo linda putita que era y de las ganas que tenía de llenarle el culito con mi pija. Entre los masajes, su calentura, mis palabras y las ganas que tenía de abrirse a mí, de a poco fui entrando en esa cola apretadita hasta que estuve apoyado contra sus nalgas y allí me quedé quieto.

    – “Belleza, ya tenés toda la pija de tu tío dentro tuyo ¿te gusta?”.

    – “¡¡Mucho!! Te siento mucho tío.”.

    – Es que está muy apretadito tu culito. De a poco se va a aflojar y lo vamos a empezar a gozar los dos. Me encantaría acabarte ahí”.

    De a poco ella misma empezó a moverse, suave al principio, mientras sentía calentarse las paredes de su cola y se iba aflojando (aunque siempre me encantó lo apretadito que lo tiene hasta hoy) y un tiempo después, estaba bombeándole despacio la pija, entrando y saliendo de su cola mientras se abrazaba a la almohada y gemía casi sin parar.

    – “Cogeme toda tío, como a una puta. Abrime toda la cola para vos. Me encanta tu pija. Cogeme fuerte.”.

    Empecé a cogerla con rapidez y ella levantaba la cola para que pueda penetrarla hasta que gritó, mordió la almohada para ahogar su grito, volvió a tensarse mientras se aferraba a las sábanas y después cayó exhausta contra la cama mientras yo le disfrutaba su hermoso culito.

    – “¿Dónde querés la leche de tu tío? ¿Te inauguro el culito o querés tragarla?

    – “Donde quieras. Pero me encantaría que me acabes en la cola. Te quiero sentir”.

    – Ok. Te voy a coger fuerte”.

    Le puse una almohada bajo la cadera para levantarle la cola y empecé a cogerla con toda la intensidad.

    – “Mirame. Quiero ver tu cara de putita cuando te abro toda la cola”.

    Dio vuelta la cara y me miró con cara de deseo mientras me decía que era toda mía y que ese culo era todo para mi pija hasta que estallé, la abracé con fuerza y acabé como hacía años no hacía.

    – “¿Te gustó tío?, preguntó.

    – “Me encantó hermosa. Tenes un culo delicioso que te pienso coger muy seguido”.

    – “Ojalá. Porque me re gusta tenerte en mi cola. Me hiciste acabar como loca y quiero que te guste el sexo conmigo”.

    – “Me encanta cogerte bebé”.

    – “Me siento muy feliz de ser tu nena”, dijo, dándome un beso. ”Soy la favorita de alguien y no en segundo lugar como siempre me sentí. Además me encanta como me coges”

    – “Ok. Pero no me llames más tío. Decime papi o Fede”

    – “Papi. Así te voy a decir. ¿Te gusta?”.

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  • M. (parte 2)

    M. (parte 2)

    Verlo de nuevo, 4 años más tarde con una hermosa mujer de la mano sólo provocó en mí un anhelo inexplicable de querer probarlo de una vez por todas, hasta el punto de no mediar ningún tipo de consecuencia.

    Hacía una semana exactamente que había llegado a la ciudad y la sensación de sus brazos rodeando mi cuerpo para fundirme con él en un abrazo fue lo único que había obtenido hasta el momento, el día en que fuimos con Eric a buscar al aeropuerto a M y a su chica.

    Si pensaba en la acompañante de Martis me sentía una sucia, por querer cogerme a su chico. ¿Estaría arriesgando demasiado por un polvo con mi mejor amigo?

    –Cir, amor, ¿puedes venir aquí? –me llamó Eric desde el sofá.

    Caminé hacia allí y me subí sobre él, sintiendo de repente como su manos apretaban fuerte mi culo y me atraía más hacia sus caderas. Tomé su rostro entre mis manos y lo observé, no quería presumir pero sí que había elegido a un hombre sexy, lo único que faltaba aquí era que supiera encenderme. Pequeño detalle, ¿no?

    –Martis me dijo que nos espera en su nueva casa, ya pudieron organizar el lugar y quieren ofrecer una cena a sus amigos junto con Caitlyn. Así que, ya sabes preciosa… –me dio un corto beso en la boca– ponte tan hermosa como sólo tú sabes hacerlo y nos vamos.

    –Está bien amor, te diré de antemano que llevará un tiempo todo esto –le dije, soltando una risa.

    Él asintió y volvió a apretar mis nalgas con sus manos, acercándose a mi rostro para besarme profundamente, envolviendo sus labios a los míos y rozando su suave y húmeda lengua con mi lengua. Cerré mis ojos y Martis apareció en mi cabeza.

    Solté un pequeño gemido al sentir como el miembro de Martis comenzaba a ponerse duro a medida que el beso iba haciéndose más profundo. Cuando la ropa comenzó a molestar me alzó en brazos, me prendí a sus caderas con mis piernas, y rodeé su cuello con mis brazos, él caminó hacia alguna dirección, no presté atención porque seguía disfrutando del movimiento sincrónico y progresivo de nuestras lenguas, nuestros labios cada vez se humedecían más, oí como abría la llave de la ducha y comenzó a caer agua tibia sobre nosotros con ropa y todo, allí el me soltó, y abrí mis ojos. Miré a Eric a los ojos y volví a la realidad, no era Martis. Esto iba a volverme loca en serio.

    –Eric, lo siento… no –de repente mis ganas se esfumaron.

    Él me miró, sus ojos se clavaron en mí, en un rápido movimiento me jaló del pelo con una de sus manos y con la otra me giró hasta quedar de espaldas contra él.

    –Circe, lo siento, sí… –gimió cerca de mi oído.

    Un calor hizo arder y palpitar mi sexo entero. Mi siguiente movimiento fue bajar mi pantaloncillo y Eric se encargó de correr la delgada tela de mi tanga para meterme su miembro erecto primeramente asomando la cabeza de su verga en mi vagina, abriendo mis paredes lentamente, y volviendo a salir, para comenzar a hacer el mismo viaje hacia mi interior pero esta vez llegando hasta el tope.

    –Mierda Eric, qué rico se siente así de duro. –solté en un gemido.

    Jaló aún más fuerte de mi cabello y comenzó con una serie de embestidas contra mi culo, mientras las gotas de lluvia caían y el aire se condensaba más y más. –estoy cansado de oír su nombre en tus sueños… –susurró a mí oído, en tanto soltaba mi cabello y aferraba su brazo alrededor de mi cintura.

    Nuestros cuerpos parecían encajar de manera simétrica, sentía que cada embestida era un reclamo por haberme oído decir el nombre de Martis. Mi vagina se contraía apretándolo más fuerte y tuve que apoyar las palmas de mis manos contra la pared porque sentía que mi cabeza se estamparía contra ella en cualquier momento. Eric iba acelerando sus movimientos y oía su respiración entrecortada sobre mi oído, –te dejaré bien cogida para que no vayas con tantas ganas a verle, mi amor –su voz ronca me hizo temblar.

    –Sólo cógeme Eric… por favor… –le supliqué.

    Y esas palabras parecieron desatar toda su furia. Tomó mis muñecas con su mano y las colocó en mi espalda, de un solo movimiento mi mejilla estaba apoyada contra la fría y húmeda pared de la ducha, mi culo quedó a su merced.

    Pasó la cabeza de su verga por la entrada de mi agujerito jodiéndome un poco, haciendo algo de presión, meneé mis caderas y el apretó más fuertes mis muñecas con su mano, con la otra elevó un poco más mis nalgas y se abrió paso para entrar en mi vagina rebosante de humedad, podía sentir como mojaba poco a poco su gran verga, y como mi vagina volvía a amoldarse de nuevo a su miembro.

    Me lo hizo lento, moviendo sus caderas a un ritmo que me enloquecía, sin soltarme las manos, con su mano libre acarició mi vientre y bajó con sus dedos hacia mi vulva, separando mis labios y encontrando mi clítoris hinchado de tanta calentura, comenzó a jodérmelo suavemente con sus dedos, haciendo movimientos circulares y presionando un poco, sin dejar de penetrarme a un ritmo suave pero consistente.

    En un momento sentí que mis pies dejaban de tocar el piso y mi ritmo cardíaco se aceleraba cada vez más rápido, oía como nuestros cuerpos chocaban y sentía tanto placer mientras su mano me tocaba que no pude evitar correrme, mojando con mis fluidos toda su verga, desmoronándome entre sus brazos que seguían sosteniéndome, mientras sus embestidas volvían a recuperar más y más ritmo para unir su placer con el mío. Sentí las paredes de mi vagina latir mientras él explotaba de placer llenando todo mi interior.

    Súbitamente mis pies volvieron al suelo, Eric me soltó, empujándome lejos de su cuerpo, quitándose de adentro mío. Lo miré sobre mi hombro apoyando mis manos sobre la pared para no caerme, y sus ojos parecían fulminarme. Soltó un chasquido y salió de la ducha con su ceño fruncido, parecía enojado. ¿Debía estarlo?

    ***

    Transcurridas unas horas llegamos a casa de M, abrieron los portones del lugar una vez que confirmaron nuestra entrada, Eric iba manejando el auto en completo silencio, no me dirigió la palabra, mi mente era un lío y estaba a unos minutos de ver al dueño de mis tontas preocupaciones.

    Ingresamos al lugar por un camino que nos llevaba hacia la casa, estacionamos a un lado y al pie de las escaleras de la entrada estaba él, de la mano con su chica. Bajé del auto al mismo tiempo que Eric, él se adelantó mientras yo cerraba la puerta, apresuré un poco mi paso para alcanzarlo queriendo agarrar su brazo, él me hizo una mueca que no supe descifrar y volvió su mirada hacia el frente. Fingí una sonrisa al acercarme a Caitlyn y Martis, quienes estaban conversando con otros recién llegados.

    Traté de que el saludo fuera lo más seco posible porque sentía la mirada de Eric clavada en mí, expectante, al tanto de cada uno de mis movimientos.

    Pasamos al gran hall, donde en una de las esquinas había una banda de jazz invitada por Caitlyn, la música, en combinación con la iluminación y la decoración del lugar generaban un ambiente cálido, había quizás alrededor de cuarenta personas, de las cuales sólo conocía a Martis, nunca había tenido mucho trato con Caitlyn, pero tampoco habíamos tenido tiempo de charlar. Y Eric tardó dos minutos en encontrar con quién hablar.

    La gente se reunía alrededor de las diferentes mesas que ofrecían platos de los más variados. Por mi parte sentía un nudo en el estómago, estaba algo preocupada por lo que fuera que le estuviera pasando a Eric, vamos, es que tampoco soy tan jodida, no había hecho nada, otra cosa es el puro deseo.

    Lo que me ocurría con M era algo de hacía tiempo, un mero deseo que al no concretarse no cesaba, pero también sabía que era algo imposible, no podía atravesar esos límites, ¿o sí? Me sorprendía qué tan moralista podría ser de vez en cuando.

    Refunfuñando por lo bajo decidí ir hacia el rincón más tranquilo del lugar a tomar asiento un momento. En camino hacia el lugar agarré una copa que ofreció uno de los camareros, y una vez sentada me dediqué a tomar el vino de esa copa, mientras observaba a la banda de jazz dando su show.

    –Hola Circe, ¿puedo? –oí una voz femenina con acento francés

    –Cait, claro que sí… –asentí, ella se sentó al otro lado de la mesa.

    –Martis ha estado muy nervioso estos días queriendo que todo salga perfecto, –me comentó, sonriendo.

    –No puedo esperar menos de él, tiene algo que… –frené en seco y traté de aclarar mi garganta– bueno, es un–una persona que sabe lo que hace. –le devolví la sonrisa.

    –A veces no puedo creer el hombre que tengo a mi lado –presumió, tenía cómo hacerlo, pensé.

    –Es muy gentil… sí… –respondí.

    Nuestras miradas se alejaron cuando vimos llegar a la persona de la cuál estábamos hablando. –Hermosa, estaba buscándote… –miró en dirección a Cait y se acercó a ella para darle un beso en la boca. Al alejarse de ella dirigió su mirada hacia mí.

    –Cir, puedo jurar que no te había visto, lo siento –sonrió de lado– Eric está esperándote en el despacho. Me dijo que te avisara si te veía.

    –¿Sucede algo? –lo miré aún más extrañada.

    –No lo sé cielo, quizá tiene algo preparado para ti. –dijo en tono burlón, soltando una risita.

    Caitlyn lo miró y le dio un suave golpe en su brazo, luego me miró a mí y sonrió.

    –Qué ocurrente es tu marido Cait, imagino que no se aburrirán nunca –solté, mirando desafiante a Martis.– si me disculpan, deseo averiguar cuál es la sorpresa. –sonreí nuevamente en dirección a Cait.

    Me alejé de ellos para ir en busca de Eric, fue algo difícil encontrar el despacho en una casa tan grande y llena de puertas por todos lados. Estuve varios minutos recorriendo los pasillos, hasta que entré en lo que parecía ser el despacho de Martis. Cerré la puerta luego de entrar y caminé en dirección a la biblioteca, delante de ella había un gran diván.

    Claramente allí no estaba Eric, pensé. Realmente estaba algo preocupada por lo sucedido, aunque en el fondo sabía que era una estupidez. ¿Qué debía hacer? No había pasado nada, no entendía cómo… ¿disculparme por un sueño? Ay, por favor, qué pendejadas. ¿Qué le pasaba a Eric? Lamentándome en mis pensamientos terminé por soltar una sonrisa.

    –Dicen que cada día te vuelves un poco más loca tú. –oí en un tono burlón.

    Alcé mi vista arqueando una de mis cejas, y hallé a Martis mirándome desafiante. –Idiota, hace años que no te veo y decides mostrarme que sigues siendo el mismo. –solté.

    Se le escapó leve carcajada.

    –Costumbre querida Circe, no es tan fácil encontrar con quién reír… hablando de eso, ¿qué le está pasando a Eric? –inquirió, en un tono curioso.

    –Oye, la que necesita saber qué pasa con Eric soy yo, ¿por qué él no está aquí?

    –Porque se fue cielo, quería hablarlo contigo en privado. Lo noté raro. –soltó.

    –¿Cómo que se fue? –dios mío, ¿en serio? Que idiota, pensé.– ¿Sabes? Estoy un poco desconcertada…

    –No entiendo qué pasará entre ustedes Circe, pero si no quieres hablar de eso está bien –miré a Martis a los ojos y decidí soltarle todo.

    –Me llevó entre sus brazos a la ducha con todo y ropa nos metimos ahí.

    –¿Y…?

    –Me desnudó, me jaló del cabello y me puso de espaldas a él… –solté

    Mi voz se iba agravando un poco más al recordar cada sensación, volvía a correr el deseo en mí, tragué saliva, recordando lo salvaje que había sido eso. Los ojos de Martis parecían expectantes de pronto, como con ganas de saber más.

    –¿Y qué más pasó?

    –Lo que te contaré ahora te involucra y en parte me avergüenza…

    –¿A mí? –soltó, elevando sus cejas, sorprendido. Yo solo asentí.

    –Me susurró al oído que está cansado de oírme decir tu nombre entre sueños. –dije, en un hilo de voz. Sentí como un fuego subía por mi rostro y ruborizaba mis mejillas.

    Martis se acercó a mí hasta que sólo nos separaba el diván. Yo posé mi mirada en los libros que había en esos estantes de la biblioteca frente a mí.

    –Vamos, a que tienes sueños húmedos conmigo traviesa. –soltó con una risa un poco ronca, burlándose, justo como pensé que iba a suceder.

    –No lo sé Martis, –decidí volver mi rostro hacia él– hay cosas que no se pueden borrar. Pero no perdería tanto por ti, ni te ilusiones. –repliqué a su burla, él me miró seriamente, apretando sus mandíbulas, y poco a poco se dibujó en su rostro una sonrisa lasciva.

    –Apuesto lo que sea a que piensas en mí cuando él está cogiéndote duro. –su voz estaba cargada de no sé, ¿deseo tal vez?

    –Ni en tus mejores sueños. –traté de no sonar titubeante, pero tuve que juntar mis piernas y mantenerlas apretadas.

    Sus ojos claros me miraron de arriba abajo, yo traía puesto un vestido sin mangas, que dejaba al descubierto mis hombros y mi espalda, la tela se ajustaba tanto a mi cuerpo que remarcaba mi figura, y tenía un corte que permitía mostrar una de mis piernas hasta la altura de donde se supone debería pasar la tela de mi tanga. Luego de recorrer todo mi cuerpo con su mirada se acercó al diván y se recostó plácidamente en él, observándome desde ese ángulo, yo seguía de pie, alejada de él.

    –Estoy bromeando, ahora no entiendo por qué una escena tan estúpida. Qué chico te has conseguido. –volvió a picarme.

    –Ya Martis, odio cuando te pones en ese papel. No diré nada de tu nueva chica, y realmente les deseo lo mejor. Sólo no seas tan idiota, estoy contándote algo que me preocupa, ¿sí? No estoy para que me juzgues. –me aireé.

    –Bueno, lo siento por ser parte de algo que no pedí, se ve que han cambiado algunas cosas en este tiempo. –rezongó.

    –Oh, claro. Si recuerdo muy bien por qué te fuiste. O aún te crees el cuento de que iba demasiado ebria y no recuerdo mucho. –de repente algo se revolvió en mí.

    Sentí que esas palabras prendían fuego mi pecho mientras las soltaba una por una. Sí recordaba como sus manos jugaron por mi cuerpo, por encima de la ropa; nunca olvidaría lo bien que se sintió el calor de su mano paseando por mi cintura, amenazando todo el tiempo con ir más hacia abajo.

    Lo miré fijamente esperando alguna reacción y se formó una mueca en su rostro. Sentía los latidos de mi corazón acelerarse un poco.

    –Bien, no quiero oír nada de ti, ¿sí? Sólo espero que el recuerdo de esa noche te torture tanto como a mí. –me hice a un lado y caminé hacia la salida del lugar.

    Oía sus pasos tras de mí, hasta que me alcanzó tomándome del brazo.

    –Ven… –susurró, y me acercó hacia su cuerpo, rodeando mi cintura con sus brazos fibrosos.

    Nos miramos a los ojos, sus bonitos ojos verdes se habían tornado de un color gris. Su respiración se mezclaba con la mía, soltó mi cintura y atrajo sus dos manos hacia mi rostro, tomándome para acercarme más a él, al punto de que sus labios casi podían rosar con los míos.

    –Volví para acabar con esto de una buena vez. –susurró, muy cerca de mis labios.

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