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  • El amigo de mi hijo

    El amigo de mi hijo

    Los que hayan leído mi anterior relato sabrán como tras hacérmelo con mi hijo, le prometí a este ayudarle a hacérselo con más mujeres maduras, y lo cumplí ayudándole con nuestra vecina Sandra, con la que mi hijo se lo hizo, mientras yo veía la escena por una cam.

    Pocos días después al quedarnos solos, mi hijo Iván y yo en un descanso de nuestra follada me preguntó:

    –¿Te gustó verme follar por la cam?

    La pregunta era bastante tonta, dado que él me había encontrado, cuando termino, con mis dedos en el coño, pero me limité a decirle que me había encantado, en esos momentos mi hijo, demostrando ser tan pervertido como su madre me propuso algo increíble, que me follara a uno de sus amigos, mientras el me veía por la cam, y dado que dentro de pocos días iba a ser mi cumpleaños ese sería su verdadero regalo.

    Yo un poco mosqueada le pregunté si no sería que a la vez el deseaba tirarse a la madre de su amigo, el me confesó que sí, pero que también tenía curiosidad por ver cómo se veía un polvo de verdad por la cam, lo que no estemos las madres dispuestas a hacer por nuestros hijos, acepté, y seguimos follando.

    En los días siguientes lo planeamos todo, mi hijo le ofreció a su amigo una sudadera, pero él tenía que venir a recogerla a casa, se suponía que mi hijo no estaba en casa, la verdad es que estaba escondido en su habitación, y colocamos la cam en un lugar estratégico de mi alcoba matrimonial, y entre los dos elegimos la forma de seducir a su amigo, según me contó mi hijo, este era un chico muy tímido, pero se le notaba que se volvía loco por los muslos y los escotes de las tías, por todo ello elegimos la ropa que yo debía de usar, un conjunto de lencería transparente, un vestido rosa muy corto y unas medias blancas, parece que su amigo era algo fetichista.

    Todo ello completado con unos zapatos blancos con unos tacones muy altos que estilizaban mi figura.

    Cuando sonó el telefonillo, mi hijo se fue a su cuarto y yo a contestar, por el tono de su voz me di cuenta de que estaba algo nervioso, parecía cierto lo de que era muy tímido, le abrí la puerta de la calle y esperé en la puerta su llegada cuando llamó le abrí, me preguntó si era la madre de Iván, le dije que, si y le hice pasar, yo iba delante y notaba como su mirada se clavaba en mi culo.

    Llegamos a mi habitación, donde estaba la sudadera y le pedí que se sentara un momento en la cama, le empecé a preguntar por mi hijo, si él sabía si tenía novia o amigas y cosas por el estilo y luego derive el tema a que, si la tenía él, en esos momentos me di cuenta de que sus ojos se posaban en mi escote muy generoso, le dije que él debía de tener mucho éxito entre las chicas, el parecía nervioso, yo me hice la melosa y le dije que seguro que todas las chicas de su edad querían tener sexo con él.

    En esos momentos acerque mis labios a los suyos y le bese, en un primer momento sus labios permanecieron cerrados, pero poco apoco se fueron abriendo y nuestras bocas se juntaron, yo le pregunté si le gustaban mis tetas, el no dijo nada se le notaba que si pero su timidez le podía.

    Yo cogí una de sus manos y la llevé hasta mis tetas, mientras seguía besándole, poco a poco su mano se fue agarrando a mi tetas y comenzó a acariciármelas por encima del vestido, yo con mi mano libre, la lleve hasta su polla, que en esos momentos sobresalía dentro de su pantalón y comencé a acariciársela, desde luego no era pequeña precisamente, mi hijo me había dicho que él creía que era virgen, si era verdad yo me iba a ocupar de que dejara de serlo.

    En esos momentos pensé en mi hijo viéndome por la cam, y era una idea que me excitaba.

    Todo ello hizo que me decidiera a liberar su polla le desabroché el pantalón y diciéndole que se alza un poco se lo baje, lo mismo hice con su short, y ante mi quedó una polla de un buen tamaño, la posibilidad de que esa polla no la hubiera catado nunca ninguna mujer, me pareció algo alucinante, era algo con lo que yo iba a acabar, me levanté de la cama y me arrodillé, e introduje su polla en mi boca,

    Era un buen pollón que casi no me cogía, y comencé a mover mi boca, la idea de ser la primera mujer que se tragará esa polla me resultaba alucinante así que me puse a chupársela con muchas ganas, y él rápidamente se corrió, creyó que tenía que disculparse.

    –Lo siento, es que es mi primera vez y no estoy acostumbrado.

    Le sonreí y le dije:

    –Tranquilo cariño, le dije, esto solo demuestra que te gusto y te ha gustado lo que te he hecho.

    Y continuando de rodillas, volví a chupársela, primero con mi lengua limpié todos los restos de su semen, no todos los días tiene una la oportunidad de comerse la leche de un chico virgen, me la tragué todita. Luego comencé a darle besitos, su polla estaba otra vez durísima, desde luego los jovencitos se recuperan rápido.

    Nuevamente introduje el pollon dentro de mi boca, y comencé a chuparlo, el parecía menos nervioso que anteriormente y más dispuesto a gozar, dejó de cortarse por gemir y sus gemidos se fueron haciendo cada vez más fuertes, me daba que a mi hijo no le hacían falta los cascos para escucharlos, jajaja, yo también más calmada se la seguía chupando procurando que no se corriera, era, muy posiblemente la primera mujer de su vida, y quería que el gozara al máximo de esta experiencia, así que cuando veía que se iba a correr, paraba y cuando estaba con más calma reanudaba el ritmo, mi coño estaba que parecía una fuente.

    Finalmente decidí que ya se había prolongado lo suficiente y le hice terminar, como en la anterior mamada, me tragué toda la leche, no todos los días ordeña una a un macho que no ha sido ordeñado por otra mujer.

    Mi hizo una señal para que me levantase y el se puso de pie, me besó nuevamente, vaya ya estaba tomando la iniciativa y eso me gustaba, luego se puso detrás de mí, su polla rozaba contra mi culo, me besó en el cuello, era delicioso, después llevo sus manos a la zona de mis tetas, y moviendo las hombreras de mi vestido, las dejo al aire, en ese momento me dijo con voz muy melosa:

    –Mami tienes unas tetas preciosas.

    Me sorprendió un poco, pero en esos momentos y solo pensaba en follar, así que no le di importancia si por mamarme las tetas me llamaba mami, bienvenido sea, y estuvo un rato acariciándome las tetas, me volví con sus labios besaba mi cuello, me lo estaba haciendo pasar divinamente, al rato el empujo mi vestido al suelo dejándome con un conjunto de lencería y diminuto, yo me volví y le quité la camisa, le tenía completamente desnudo frente a mí, se le notaba que iba al gimnasio, le acaricie el pecho, el me pidió:

    –Mami vámonos a la cama.

    Mientras estábamos así, ¿Él pensaba en su madre? La verdad es que me daba igual quien estaba disfrutando de sus caricas era yo.

    El me quitó el vestido y me dejo con mi conjunto interior pequeñito y trasparente, no le fue difícil volver a dejar mis tetas al aire, parecía que le gustaban y me las volvió a acariciar, yo estaba calentísima, así que le hice tumbarse en la cama con las dos piernas juntas, me aparté un poco el tanga hacia un lado e introduje su polla en mi interior, montándole, su polla ya más calmada, aguanto bien estar dentro de mi coño yo comencé a llevar un ritmo que sé que a los hombres les gusta y el gemía de manera intensa.

    Mientras le montaba, el comenzó a acariciarme las tetas, parece que le tenían impresionado, y eso por supuesto era algo que me encantaba, y pensar que mi hijo me estaría viendo a través de la cam, aumentaba mi excitación quisiera que me viera tan puta que no pudiera evitar las ganas de cascársela.

    Cabalgaba a su amigo y la verdad estaba disfrutando muchísimo, estaba descubriendo que follar con jovencitos debería de ser una actividad que todas las mujeres cincuentonas deberíamos de realizar todas las semanas, mientras el gemía y acariciaba mis tetas y a pesar de mis intentos para evitarlos él se corrió y llenó mi coño con su semen, en esos momentos más tranquilos yo sentí el impulso de hacer de madre y le dije:

    –Cariño, esta vez te he dejado que te lo hagas en mi coño por ser nuestra primera vez, pero nunca debes de olvidar que, si follas con varias mujeres que sean un poco putas, como yo, jajaja, debes de usar condón.

    Y le besé en la boca y el me lo aceptó, sus manos volvieron a acariciar mis tetas que al parecer para él se habían vuelto algo muy apetitoso, mientras yo llevé mi mano a su polla y se la acaricié para hacerla recuperar la forma, y esta reaccionó rápidamente y se volvió a poner durísima, estaba claro que íbamos a volver a follar, entonces él me pidió:

    –Mami, ahora quiero ponerme yo encima.

    –Como tú quieras mi amor le dije.

    Y me tumbé en la cama con las piernas bien abiertas. A él se le notaba nervioso;

    –Va a ser la primera vez que voy a montar a una mujer, me dijo, lo de antes no vale porque eras tú la que llevaba el ritmo.

    –Me alegro de ser yo quien te estrene mi amor, le respondí.

    Él se situó entre mis piernas y cogido su polla y la introdujo en el interior de mi coño y comenzó a moverse, sin duda de una manera un poco torpe, pero se le notaba que tenía ganas de disfrutar, mientras metía mis pezones entre sus labios, aunque parezca contradictorio todo ello me proporcionaba un pacer muy especial, tuve claro que quería seguir desvirgando jóvenes.

    Me vine varias veces antes de que él sintiese que estaba a punto de correrse, en esos momentos paró y me preguntó:

    –¿Te puedo pedir algo muy especial?

    –Por supuesto mi amor, le respondí.

    –Quiero correrme encima de tus tetas, me pidió.

    –Soy toda tuya le dije.

    Y sacando su polla de mi coño se puso encima de mí, yo se la chupé un poco hasta que vi que se iba a venir y me retiré y todo su semen cayó sobre mis tetas.

    Después de esto nos sentamos a descansar, tumbados uno al lado del otro y cogidos de la mano, yo le pregunté porque no tenía novia, el un poco nervioso me contestó que era muy tímido y que además las chicas de su edad no le interesaban, que prefería a las mujeres más maduras.

    –¿Te gustan las amigas de tu madre?, le pregunté, su nerviosismo aumentó.

    Parecía que la idea de unir las palabras sexo y madre le ponían nervioso, yo al notarlo, desvié el tema y le dije:

    –Pues aquí tienes una viejecita a la que le encantas.

    Nos besamos dulcemente y entonces el me volvió a preguntar:

    –¿te puedo pedir, otra vez, algo especial?

    –Mi amor, ya has visto que estoy aquí para complacerte, pídeme lo que quieras.

    –Me gustaría metértela por el culo, lo veo en las pelis porno, pero mis amigos dicen que es algo a lo que las mujeres soléis negaros.

    –Cariño, me has ofrecido tu virginidad, no te puedo negar nada.

    Y le besé apasionadamente, después llevé mi mano a su polla y se la acaricié, y una vez más, su polla comenzó a crecer, cuando me pareció que ya estaba bastante dura me puse a cuatro patas, encima de la cama, y lo primero le pedí es que besara los cachetes de mi culo y que me pasará a lengua por ellos, lo hizo, noté que ponía mucho amor en ello y eso me gusto, después le pedí, que metiera uno de sus dedos dentro de mi culo, en esos momentos le dije:

    –¿Ves cómo cabe bien? Porque mi marido y algún otro, con sus pollas me lo han adaptado lo suficiente, así que estate tranquilo no me vas a hacer daño.

    Dije esto para tranquilizarle, lo siguiente que le pedí fue que me restregara su polla contra mi culo para que se pusiera más dura aún, lo hizo y con ella preparada le había llegado el momento de penetrarme, le animé a hacerlo y le fui indicando el ritmo, primero, aproximar su polla a mi culo enchufarla, y luego meterla de golpe y luego moverla a buen ritmo como si fuera un coño.

    Como un chico aplicado así lo hizo, y yo sentí como entraba en el interior de mi culo y se empezaba a mover con muchas ganas, lo hacía muy bien, como si fuera un experto y consiguió que gimiera como una cerda, desde luego si el chico vencía su timidez podría llegar a hacer maravillas con las mujeres.

    Los movimientos que hacía en el interior de mi culo me encantaban, me estaban haciendo alucinar, me hicieron tener, otra vez varios orgasmos, mientras el intentaba no correrse, se le notaba que quería prolongar el momento, y yo encantada, en un momento determinado le pedí que introdujera sus dedos en el interior de mi coño y que me masturbara con ellos, otra vez volvía sentir esa sensación tan agradable de mezcla de inexperiencia y pasión, yo seguía teniendo órganos finalmente él dijo:

    –No puedo más

    Y se corrió en el interior de mi culo, otra vez mi cuerpo se cubrió con su leche, lo cual me encantaba,

    –¿Repetiremos?, me preguntó.

    –Si tú quieres mi amor, le respondí.

    Pero eso sería otro día, el ya no podía más y yo quería hacer otras cosas antes que mis otros hijos volvieran a casa, él se vistió, yo me puse una bata y le acompañe a la puerta intercambiamos los teléfonos para quedar otro día, después se fue.

    En cuanto se fue me quité la bata y me fui hasta la habitación de mi hijo, quería saber si a él le había gustado el espectáculo, la respuesta la tuve nada más abrir la puerta, mi hijo me esperaba desnudo, con su polla al aire, bien dura, en cuanto llegué él se abalanzó sobre mí, me tumbó en la cama, me abrió las piernas, introdujo su polla en el interior de mi coño y comenzó a cabalgarme como si en ello le fuera la vida, mientras me decía:

    –Que puta eres, mira cómo me has puesto.

    Siguió follándome como si nunca hubiera follado, hasta que se corrió dentro de mí.

    –Veo que has disfrutado con el espectáculo, le dije, ¿me traerás a más amigos?

    –So zorra, varias veces he tenido la tentación de ir a donde estabais y unirme a la follada.

    –Igual debería de animarte le contesté

    Pero eso sería otro día debíamos vestirnos antes de que los demás de la casa llegaran, y así lo hicimos, nos sobraba algo de tiempo, y le dije a mi hijo de quitar la cam que muy disimuladamente habíamos instalado en mi habitación de matrimonio para que él pudiera ver lo que hacía con su amigo, pero mi hijo me respondió:

    –¿Es necesario mami? Me ha encantado verte follar y me encantaría seguir viéndote.

    Ósea que mi hijo sentía curiosidad por verme follar con su padre, la verdad es que era algo que me resultaba muy morboso, esa noche, pese a la paliza que me había dado el chico esa tarde cuando mi marido y yo nos acostamos me pude muy melosa, pero le pedí hacerlo con la luz encendida, mi marido me puso muchas pegas, los chicos podían despertarse y al ver luz en nuestro cuarto venir a ver qué pasaba.

    A sus lógicos argumentos yo respondía con mis insinuaciones de perra en celo y claro mi marido terminó aceptando todas mis peticiones y tuvimos una noche muy apasionada, hacia mucho que no me la metía por todos mis agujeros, yo pensando en que mi hijo me estaba viendo mes sentía todavía más excitada y no tuve ningún problema en que mi marido me la metiera todo lo que le apeteciera y por donde a el le apeteciera, alguna vez mientras lo hacia no podía evitar hacer gestos o echar miradas sabiendo que mi hijo estaba al otro lado mirando y quizá menándosela, mi marido casi agotado dijo:

    –Parece que la proximidad de tu cumpleaños te ha aumentado la libido

    Estuvimos hasta que mi marido terminó completamente agotado, y se durmió.

    Yo decidí seguir un poco más con el espectáculo y comencé a masturbarme, la verdad es que me sentía una autentica ninfómana.

    Después reflexione sobre lo que me había ocurrido ese día, por primera vez en mi vida, había recibido tres pollas, algo impensable no hacía mucho.

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  • Masajes con Sara

    Masajes con Sara

    Como ya conté en relatos anteriores, mi relación con Sara era muy diferente a las demás. Nos gustaba experimentar bastante. Hacíamos el amor en lugares raros y con la posibilidad de ser encontrados, probábamos nuevas y raras poses, hicimos dos tríos, una pequeña orgia con intercambio de parejas, nos dábamos permiso de hacerlo con otras personas, etc.

    Esta historia comienza, cuando, un día, Sara y yo estábamos descansando en su cama, me pidió que le haga masaje y terminamos cogiendo. Comenzamos a hablar del tema de los masajes eróticos hasta que acordamos ir a un salón de masajes. La idea era buscara un lugar en el que den masajes para parejas con servicio completo.

    Para esto, necesitábamos la ayuda del internet, comenzamos a buscar en foros y páginas, en los foros preguntábamos cual era el mejor de estos lugares. Mientras íbamos recibiendo respuestas y sugerencias, las íbamos buscando en internet. Encontramos uno bastante bonito, se notaba limpio, no había fotos de los masajistas, pero por los comentarios, estábamos casi seguros de que habría chicos guapos y chicas guapas. Además, que el precio era ligeramente elevado. Así que decidimos ir ahí.

    Llegamos al local de masajes y, al entrar, nos encontramos con una recepción algo pequeña, con una recepcionista muy guapa. Era alta, morena, vestía una falda pegada y una blusa blanca con dos botones sueltos. Por el escote se le veía un par de tetas redondas, medianas. La falda apretada, mostraba un trasero hermoso. Lo primero que pensé fue que si así estaba la recepcionista, como estarían las masajistas.

    Hablamos con la recepcionista y pedimos un masaje en pareja, nos dio el precio del masaje y nos indicó los adicionales. Sara y yo nos miramos, sonreímos y pedimos servicio completo para ambos. Pagamos y nos pidió que esperemos. Unos minutos después nos llevó a una pequeña sala con un sillón grande. Pasamos y nos sentamos.

    Esperamos unos minutos y comenzaron a salir una por una las masajistas. Salieron tres chicas, las tres eran hermosas, pero la que más me gustó fue Valentina, al menos ese dijo que era su nombre. Valentina era rubia, con ojos azules muy bonitos. De cara era muy bonita. Estaba vestida con su atuendo de masajista, blanco, muy pegado, mostraba un escote pronunciado, lo que dejaba ver un hermoso par de tetas con un sostén de encaje negro. El atuendo era corto, le llegaba ligeramente por debajo de las nalgas, tenía unas piernas muy bonitas y el culo se le notaba bastante grande y bien puesto.

    Cuando elegí a Valentina, comenzaron a salir los hombres. Salieron tan solo dos. Sara eligió a Piero. Era un chico bastante musculoso, llevaba un polo de gimnasio pegado y un pantalón ligeramente pegado, el cual mostraba un paquete bastante grande. Tenía el cabello negro, un poco largo, amarrado con una cola. Era bastante atractivo, también con ojos claros. Sara estaba encantada con él.

    Después de elegir, la recepcionista nos llevó a un cuarto, nos pidió que nos ducháramos y luego nos recostemos en las camillas, completamente desnudos. Sara y yo nos duchamos, aprovechamos para besarnos y manosearnos un poco. Salimos de la ducha y nos recostamos boca abajo, completamente desnudos sin taparnos. Tocamos un pequeño timbre que había en el cuarto para avisar que estábamos listos, tal cual nos había indicado la recepcionista.

    Después de un par de minutos, ingresaron los dos masajistas. Piero entró solo con un bóxer, muy pegado. Su pene se notaba a media erección. Valentina llevaba un sostén negro de encaje y un hilo del mismo color.

    Comenzaron echándonos aceite en la espalda y masajearon suavemente. Luego fueron bajando, hacían el masaje lo más parecido posible. Pasaron por nuestras nalgas, luego bajaron a las piernas. Hasta ahí, el masaje era normal. Después de masajear las piernas fueron subiendo lentamente y abrieron nuestras piernas. Piero frotaba suavemente las nalgas de Sara y sobaba suavemente su vagina. Valentina, me sobaba los testículos y el pene suavemente.

    Nos pidieron que nos demos la vuelta. Echados boca arriba, el masaje fue un poco más provocativo. Valentina se puso al lado de mi cabeza y masajeaba mi pecho, cada vez que bajaba hasta mi abdomen, sus tetas se ponían a centímetros de mi boca. Piero hacia lo mismo con Sara, pero se demoraba bastante en sus tetas. Luego se pusieron al costado de nosotros, y comenzaron a masajearnos en nuestras partes íntimas. Valentina sobaba suavemente mi pene, me atreví a masajear sus nalgas, se sentían duras.

    Después de unos minutos, ambos se desnudaron completamente. Se subieron encima de nosotros y comenzaron a masajearnos con sus cuerpos. Valentina pasaba sus tetas por todo mi cuerpo, tenía unas tetas hermosas. Piero se colocaba encima de Sara y en un momento puso su pene entre sus tetas y comenzó a masturbarse con ellas mientras las masajeaba. Valentina hacia lo mismo, colocó mi pene entre sus hermosas tetas y comenzó a masturbarlo.

    Piero se recostó en la camilla y Sara se puso encima, hicieron un 69, al igual que Valentina y yo. Su vagina sabía deliciosa, comencé a lamerle toda la vagina, metía mi lengua entre sus labios vaginales y la movía de arriba abajo rápidamente. Valentina me hacia una mamada espectacular, sabía lo que hacía, masajeaba mis testículos y se metía mi pene rápidamente en la boca. Empecé a sentir la humedad de su vagina. El sabor era intoxicante.

    Después de unos minutos, se levantó y trajo dos preservativos. Le dio uno a Piero y me puso el otro a mí. Se acomodó encima mío, dándome la espalda y se sentó en mi pene, metiéndoselo todo de golpe. En la otra camilla, Sara estaba recostada boca arriba, al borde de la camilla y Piero, parado al costado, embestía fuertemente a Sara, que gemía suavemente. Valentina, saltaba encima mío, yo apretaba sus nalgas. Piero aprovechaba para lamer y besar sus tetas e ir intercambiando con besos muy calientes en la boca.

    Decidimos cambiar de pose, Valentina se recostó en la cama, me subí encima de ella y la penetré suavemente, amasaba sus tetas y la besaba en la boca con locura, que rico besaba, su lengua jugaba con la mía. Sentía como su vagina mojaba mis vellos púbicos. Comencé a lamerle las tetas, sus pezones rosado y duros estaban deliciosos. Pude ver cómo, ahora, Piero le daba en cuatro patas encima de la camilla a Sara. La cara de placer que tenía Sara era increíble, se notaba que lo estaba disfrutando a mil. Hasta, lamento decir, podía ver que disfrutaba más que conmigo.

    Yo seguía con Valentina, disfrutando de esas hermosas tetas. Comencé a frotar un dedo en su clítoris mientras la penetraba cada vez más rápidamente. En la otra camilla, Sara gritaba como nunca la había escuchado. Realmente estaba disfrutando del polvo, ya se debía haber corrido varias veces. Si bien siempre hemos sido liberales en ese sentido, esta vez, me desconcentraba un poco el verla tan excitada con otra persona que no sea yo. Pero luego volvía a ver a Valentina, y me concentraba en disfrutar a tremenda mujer.

    Piero levantó a Sara y comenzó a cogérsela cargada. Decidí dejar de ver a Sara, ya que la cara de puta que estaba poniendo me ponía mal. Me concentré en Valentina. Puse a Valentina apoyada en la camilla, boca abajo, con las tetas aplastadas a la camilla. Me agaché, metí mi cara entre sus nalgas y comencé a besarle la vagina, ella gemía delicioso, me decía que le encantaba que siga. Le lamia toda la extensión de su vagina, hasta que llegué a la entrada de su ano, le pasé la lengua y no dijo nada, metí dos dedos en su vagina, mientras le daba un beso negro.

    Después de un rato, me levanté y se la metí de golpe. Las embestidas esta vez eran más rápidas, además de ir jugando con un dedo en la entrada de su ano.

    Aceleré mis embestidas y metí suavemente mi dedo en su ano. Estuvimos un buen rato en esa pose, dándole rápidamente mientras escuchaba los gritos y las obscenidades que decía Sara. Solo pude meter un dedo, ya que Valentina me dijo que no hacia anal, y que hasta un dedo podía llegar. Acepté a regañadientes y le pedí que me cabalgara. Me tiré boca arriba en la alfombra y se subió encima mío. Se movía delicioso, intercalaba los movimientos de arriba hacia abajo, luego de adelante hacia atrás, luego en círculos, y volvía a empezar. Mis manos amasaban sus tetas, pellizcando sus pezones.

    Sara se arrodilló enfrente de Piero y le comenzó a chupar el pene, después de haberle quitado el preservativo. Luego colocó su pene entre sus tetas y le hacia una paja rusa espectacular. Piero no tardó mucho en correrse, lanzando varios chorros de espeso semen en las tetas y en la cara. Yo tenía a Valentina a cuatro patas, dándole con furia por detrás, mientras ella gemía con fuerza. Empecé a sentir las ganas de correrme, pregunté si me podía correr en sus tetas y ella aceptó. se la saqué de la vagina, me quité el preservativo y me masturbé rápidamente, hasta botar una gran cantidad de semen en sus tetas.

    –Chicos, todo estuvo muy rico, si desean se pueden bañar, y por ser su primera vez, pueden tener media hora de jacuzzi o sauna –dijo Valentina– me dicen cual desean.

    –Creo que el sauna estaría bien –dije– y ¿no nos quieren acompañar un ratito en el baño?

    –Claro –respondió Valentina– pero sería en dos duchas separadas.

    –No hay problema –respondió Sara.

    No fuimos a duchar. Entré con Valentina y aproveché de meterle mano por todos lados, nos besábamos en la boca. Besaba delicioso. Le chupaba las tetas, mientras ella me masturbaba suavemente. Yo estaba otra vez muy excitado. Luego me dio una corta, pero deliciosa mamada. Al cabo de unos minutos, ya limpios, salió, me dio una bata y me llevó al sauna. Nos despedimos con un gran beso de lengua. Unos minutos después, llegó Sara, también en bata.

    –¿Qué te pareció? –pregunté.

    –Estuvo buenísimo –respondió– en la ducha, Piero me manoseó todita, no me pude contener, se la chupé un rato y me la metió un ratito. Lo malo es que nos salimos, justo cuando estaba a punto de correrme.

    –Maldito –dije– Valentina también me la chupó delicioso, pero no me dejó que se la meta.

    –O sea que también te quedaste con las ganas –dijo, con cara coqueta–nos tendremos que sacar las ganas nosotros.

    Se acercó, se sacó la bata, se subió encima mío y me comenzó a besar muy apasionadamente. Me quitó la bata y se metió mi pene rápidamente en la vagina. Comenzó a saltar como desesperada. Sus tetas chocaban contra mi cara cada vez que saltaba. Su vagina estaba chorreando. Después de unos minutos la levanté, la puse a cuatro patas, me acomodé atrás de ella, le abrí las nalgas y le escupí en el ano. Metí dos dedos rápidamente, los metía y sacaba y de rato en rato escupía de nuevo para lubricarle el ano.

    –Me quedé con las ganas de darle por el culo –dije.

    –Yo también quería que me rompa el culo –dijo Sara entre gemidos.

    –Ahora tu sufrirás las consecuencias –dije, mientras lamia y penetraba su ano con dos dedos.

    –Nada de sufrir, lo voy a disfrutar –dijo.

    Me levanté, acomodé mi pene en la entrada de su ano y la penetré con fuerza. La embestía rápidamente mientras ella se metía dos dedos en la vagina. Gemía deliciosamente. Yo aprovechaba y le daba fuertes palmadas en las nalgas.

    –Veo que no pierden el tiempo –oí a alguien desde la puerta del sauna– ¿se puede? –al voltear pude ver a la recepcionista que nos miraba.

    –Claro, entra –dije– pero estas muy vestida.

    La chica se sacó la falda y la blusa y no llevaba ropa interior. Se le veía buenísima. ¡qué cuerpo por Dios! Se acercó a mí y me dio un caliente beso en la boca. Luego fue donde Sara y también la besó. Se recostó y le puso la vagina en la cara a Sara, quien no dudó ni un segundo en comenzar a lamer y chupar.

    Saqué mi pene del ano de Sara, me acerqué a la chica y se lo metí sin preguntar en la vagina. Comenzó a gemir. Sara se sentó en su cara. La chica le chupaba la vagina con desesperación. Yo la penetraba con fuerza y rápidamente. Me quería correr, ya no aguantaría mucho más.

    –¡me voy a correr! –dije.

    Se levantaron y se arrodillaron frente a mí. Apunté mi pene a sus caras y me masturbé hasta que varios chorros salieron disparados hacia sus caras. Sara se volteó y le lamió la cara a la chica para limpiarle la cara y tragarse mi leche. Luego la chica hizo lo mismo. Cuando terminó, se paró, salió del sauna, recogió su ropa y se fue.

    Sara y yo salimos unos segundos después, nos dimos una ducha rápida, nos vestimos y salimos. Cuando pasamos por la recepción, os encontramos con la chica, ya vestida. Nos despedimos y salimos.

    Camino a casa de Sara, hablamos de todo lo que habíamos hecho. De lo mucho que lo habíamos disfrutado.

    Después de ese día, algo cambio con Sara. Seguíamos teniendo nuestras aventuras consentidas. Yo con Claudia y ella con Hugo, de quienes ya les hablé en relatos anteriores. Pero cuando lo hacíamos nosotros, ya no disfrutábamos igual.

    Un día, tocamos el tema de la falta de pasión en la relación. Sara me contó que había vuelto al lugar de masajes, que se había atendido con Piero y que lo habían hecho otra vez. Que le pidió su número y que se encontraban al menos dos veces por semana para coger. Así que, ese día rompimos y nunca más nos volvimos a ver.

    A valentina tampoco la volví a ver, pero un día volví al salón de masajes, me encontré con la recepcionista y le pedí atenderme con ella. no quiso, dijo que no lo tenía permitido. Pero que nos podríamos ver en otro lado. Le di mi número y unos días después me llamo para encontrarnos en un hotel. Pero esa historia la contaré en otro momento.

    Fin

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  • Compartiendo a mi esposa (parte 2)

    Compartiendo a mi esposa (parte 2)

    Hola, les adjunto el término del relato anterior, se los dejo;

    Fue entonces cuando sentí que Luis se acomodaba, pase mi mano a la entrepierna de mi mujer, y comencé a acariciarla como sé que se estimula de mayor manera, obligándola en un quejido de placer a retroceder con su cola hasta Luis, prácticamente entregándosela, este último sin aguardar indicación alguna se acercó a ella y la beso al tiempo que con un movimiento rápido se pegaba a su cuerpo, típico movimiento de mi esposa cuando quería ser penetrada, lo que Luis no hizo desesperándola, así en un momento de álgida lujuria ella se dio vuelta para besarlo mejor con un beso profundo y apasionado.

    Yo a su espalda me preguntaba porque aún no había tomado la iniciativa ella de tomar a Luis, pues sabía que ella no tenía ni la fuerza de voluntad ni la paciencia para dilatar la penetración cuando estaba caliente, más aun escuchando el nivel de excitación en el que estaba y la humedad que la empapaba y que acompañaba de forma ruidosa cada caricia que procurábamos en su intimidad.

    Entonces lo entendí, llegar a ese nivel dependería de mí. Debería tomar la decisión de llegar mas allá y la tome, así que tome su cola y aproxime mi miembro a la entrada de su Vagina y con un suave movimiento la penetre, ella se estremeció al instante en un quejido casi de llanto, lo que me hizo ver lo mucho que esperaba desesperadamente ese momento, ahora ya habíamos llegado a otro nivel ya no jugábamos a besos y tocaciones, ahora nos follaríamos a mi esposa.

    Por el tiempo que estuve dentro de ella Luis besaba sus senos, su boca y según mi impresión ella lo tocaba con desesperación en su miembro, masturbándolo, eso me llevo a recordar lo portentoso del miembro de nuestro amigo y pude entender por la energía con que mi esposa movía sus manos lo desesperada que estaba por sentirla, por llegar a esos lugares que yo sabía que quería sentir invadidos, conquistados.

    Así pues la gire hacia mí y besándole la boca le pregunte si sabía lo que estaba haciendo y si quería seguir, a lo que ella respondió con un “si”, que más fue un gimoteo, más llanto que una palabra, entonces la tome de la cintura y la empuje contra Luis, quien en un movimiento lento pero sin pausa entro en ella liberando un bufido que me dio a entender que la había llenado completamente de una vez, así se quedaron quietos un momento en el que ella me besaba con desesperación hasta que la note comenzar a mover lentamente su cadera, en círculos, como lo hace cuando quiere sentir que mi miembro le acaricie cada pared de su intimidad.

    Cada vez más rápido sus caderas liberaban una respiración aún más agitada, con gemidos que subían de tono convirtiéndose en verdaderos gritos hasta que rompió en uno que se apagó como si se hubiese quedado sin voz y que termino en un quejido que propicio un estremecimiento, un temblor en su cuerpo que no había visto antes, su cuerpo entero presa de espasmos que la llevaron a derrumbarse en la cama como ida, aunque aún muy agitada.

    Tras eso y después de una serie de besos que le di acompañándola en ese nuevo momento, en esa nueva sensación que había experimentado ella me beso, tiernamente, acaricio mi rostro y volvió a besarme, ahora más profundamente, con amor profundo, con complicidad, con entrega y gratitud, allí me miro a los ojos con una mirada que entendí como una promesa y una declaración de amor, entonces y mientras volvía a besarme se montó sobre mí y aun besándome me llevo a su interior, durante unos minutos disfrute de su cuerpo y aunque podía notar una diferencia en el rose de su interior que parecía más amplio, más resbaloso.

    Aunque puede haber sido solo una impresión dada por la imagen aun latente del miembro de Luis en su interior o por la prolífera humedad que aún tenía en su entrepierna, lo disfrute, más allá de la penetración, por la profunda ternura con la que lo hacía, así durante unos minutos su agitación volvió al tope, sobre todo con los besos de Luis en sus senos, su espalda y caricias que creo que daba en otras partes, no estaba seguro pero creí notar que Luis acariciaba la entrada de su trasero, incluso que al menos una falange estaba en el interior de ella, pues en un momento dio un bufido corto pero significativo y miro a Luis con una mirada de desesperado deseo.

    Yo note que en ese momento con su mano derecha masturbaba a Luis lo que me dio a entender que el aún no había terminado, las constantes estimulaciones a ella la habían llevado al clímax primero y ahora ella quería más.

    Entonces como guiado por la comprensión de sus deseos la tome del rostro y de la cadera y levantándome la lleve a montar a Luis sobre el cual volvió a liberar un delicioso bufido y a quedarse quieta como intentando acostumbrarse a esa nueva herramienta de placer, su nuevo juguete, yo por mi parte la tome de espalda y bese cada parte de ella, mientras mi esposa gemía suavemente acompañada de los movimientos y el ritmo que ella ahora establecía, en esos momentos ella me beso e intentando pasar su mano a mi espalda me empujo contra ella, me dio a entender lo que quería y yo lo cumplí, sin dificultades.

    Debo agregar pues su parte inferior estaba tan húmeda que en cuanto encontré la entrada a su trasero pude penetrarlo sin problemas lo que me confirmo la faena de Luis de hace un momento, lo había dejado listo para mi, para mi entrada a lo que ella respondió con un bufido aun mayor a los anteriores y arqueando su espalda sobre mi pecho acaricio mi cuello al tiempo que me dedicaba palabras de amor y deseo, yo por mi parte la tome de sus senos y los aprete con fuerza mientas allí, dentro de ella, pude sentirla más estrecha que nunca y en cada uno de sus movimientos pude sentir la presión que Luis hacía en su interior y ella también lo sentía.

    Pues cada vaivén de ella se volvió aún más rápido, más intenso como sus gemidos y gritos que empezaban a ser acompañados de palabras de lujuria como nunca antes se las había escuchado hasta que yo termine corriéndome completamente en su interior tan intensamente como jamás antes lo hice, tanto que al sacar mi miembro de su cuerpo mi esperma se rego hacia el exterior en un prolifero chorro que a ella no le importo en absoluto pues comenzó a montar sobre Luis aun con mayor vigor, su rostro se había deformado en un gesto de placer y dolor que asumo era producto del fuerte vaivén de sus senos que ante sus embestidas se sacudían con fuerza.

    Así que me posicioné tras ella nuevamente y tome sus senos, conteniéndolos al tiempo que besaba su cuello y decía palabras de amor a su oído que ella respondía con agitados “te amo”, lo que la llevo a acelerar su ritmo liberando sonidos de humedad que retumbaban en la habitación junto con unas palabras gimoteadas y repetidas “Así, así” hasta que ella rompió en otro tremendo orgasmo al tiempo que le arrancaba a nuestro amigo un gemido intenso y prolongado que me dio a entender que se había vaciado completamente en mi esposa quien temblaba con notorios espasmos sobre su miembro y aun gemía casi al borde de las lágrimas.

    Tras eso ella se dejó caer en la cama entre Luis y yo, aun temblando y con fuertes espasmos musculares no hablaba, solo sollozaba extraviada en esa sensación de pérdida de control de su cuerpo, ambos nos acercamos y comenzamos a recorrerla con besos en su espalda Luis y yo en su cabeza y rostro, así al cabo de unos momentos se calmó y los tres en aquella cama dormimos abrazados.

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  • No sabía que era un trío, ni que mi culo era el premio

    No sabía que era un trío, ni que mi culo era el premio

    Hace unos años, tuve el mejor trío de mi vida aunque no fue muy consentido que digamos.  Trabajaba para la misma empresa, pero en otra sucursal. Mi jefe y yo teníamos una obsesión con el cuerpo del otro. Siempre se me ha considerado muy sensual y no solo por mi cuerpo aunque mi 1.70 y mi contextura delgada de buenos atributos ayudan sino por mi forma de ser tan femenina, risueña pero muy disciplinada. Mi jefe tenía 47 años y un cuerpo atlético además de una actitud muy sexy. Siempre hubo roces físicos entre nosotros, miradas seductoras y bromas en doble sentido. Él, casado y yo, en ese tiempo, en una larga relación. No recuerdo bien como sucedió pero terminamos cogiendo casi día a día en su oficina, hasta que se transformó en una deliciosa rutina.

    Un día recibo un mensaje que decía si esa noche me podía quedar con él.

    -¿Tienes planes? Te quiero coger toda la noche.

    -Me ofrecen lo mismo en casa jaja. Cuéntame más.

    -Esta será inolvidable. Lo prometo.

    -¿Hay algo especial?

    -Te espero en la sala de reuniones a las 21:30

    No me imaginaba que podría ser pero de todas formas avisé en casa, al salir de la oficina a eso de las 19:00 horas, fui a comer con unas amigas para tener energía durante la larga noche que se me venía. Todo trascurrió de maravilla hasta que llegó la hora de cruzar la avenida principal y dirigirme a la sala de reuniones.

    Tomás me esperaba sentado, tomando una copa de vino. Me serví una para mí.

    -Vamos a jugar –me dijo mientras me miraba con lujuria.

    -¿Tenemos 5 años? Jaja Dale, dime que se trata

    -Te encantará. Ven. -Dijo mientras yo bebía mi tercera copa de vino, pues con las chicas ya había consumido.

    Comenzó a desvestirme mientras mencionaba lo que mi cuerpo provocaba en él, me hablaba al oído y rozaba mi piel con las yemas de sus dedos y besaba mis hombros. Yo ya estaba muy excitada respirando agitadamente. Quedé en ropa interior entonces comencé a desvestirlo. Aparte de un cuerpo atlético, su 1,86 es tan proporcional como al tamaño de pene. Es una bestia. Para que dimensionen, no cabe en mi boca pero siempre hago el esfuerzo. Bajé sus calzoncillos con mi boca y cuando estaba a punto de comerlo, me detuvo.

    -Aquí comienza el juego, mi amor. ¿Te acuerdas de mis fantasías? Es el día.

    -Lo que quieras, pero tú sabes mi condición. –esta constaba de no tener sexo anal pues las veces que lo intentamos terminé desgarrada y sin éxito para ninguno de los dos.

    Se trataba de amarrarme y vendar mis ojos. Eso me excitó más y me dejé. Me volteó y amarró mis manos a la altura de mis muñecas, vendó mis ojos a tal punto que no veía una pizca de luz. Me tomó en brazos y me subió a la mesa de juntas. Comenzó a lamer mis pezones, a respirar en mi oído y a acariciar la parte interna de mis muslos sin llegar a tocar mi vagina. Me tenía loca de excitación. Volvió a tomarme en brazos esta vez, cruzando mis piernas por mi cintura. Podía sentir la cabeza de pene rozando mi vulva y estaba lista para recibirla. Comenzamos a besarnos cuando siento una mano extra tomando una mis nalgas por lo que doy un respingo.

    -Tomás ¿Qué es esto?

    -Una sorpresa mi amor.

    -¡¿Quién es?!

    -De eso se trata el juego.

    Esto me sorprendió tanto que hasta sentí que perdí mi libido. No sabía si me agradaba la idea de tener sexo con alguien más de la oficina y sin mi consentimiento por lo que puse un poco de resistencia hasta que escucho decir “ponte lubricante” y entonces siento un dedo que está masajeando mi culo con toda la intensión de entrar. Debo admitir que me gustó.

    -Relájate mi amor. Ahora dime, quién crees que es. Si adivinas, te suelto y decides si quieres seguir. Si pierdes, meterá el dedo hasta el final de ese delicioso agujero del que no puedo disfrutar libremente ¿Comprendes?

    ¡Estaba impresionada! Era tanta gente la que trabajaba con nosotros que no se me ocurría un nombre. Tomás no tenía amigos en la oficina y era un jefe más bien distante.

    -¿Pero lo conozco? –decía mientras ese dedo intentando penetrarme me comenzaba a calentar más de cuenta y ya daba mis primeros gemidos.

    -Claro, dame un nombre.

    -¿Carlos?

    -No. –y antes de que terminada de decir esas dos letras, el dedo del desconocido ya estaba dentro de mi cavidad anal entrando y saliendo. Explorando cada centímetro.

    -¡Ohhh! mi amor, ¡no sé quién es!

    -Dame otro nombre. ¿Quién te gustaría que fuera? –Me preguntaba exponiéndome ante un desconocido.

    -¡Ay! No sé. ¿Raúl? ¿De finanzas?

    -No mi amor. Perdiste. Debe entrar otro dedo –decía a mi oído y de manera lujuriosa. Sentía como Tomás disfrutaba mientras el extraño metía otro dedo y yo me mojaba y arqueaba mi espalda. Sentía como mi culo se iba abriendo ante él.

    -Ponte más lubricante. No quiero que le duela. Otro nombre. Piensa bien porque no sé si otro dedo puede entrar ahí. –decía mientras intentaba abrir más mi culo con sus manos.

    -¿Es hombre? ¿Profesor? ¿Es un estudiante? ¡Ohhh mierda! ¡¡¡DAME UNA PISTA!!!

    -Jajaja ¿ves? Podría haber traído hasta la profe en la que pensamos jaja –le decía a su amigo– Si amor. Es hombre y trabaja en el piso de nosotros. Es administrativo. No es profesor ni menos estudiante, aunque suena interesante.

    Sus dos dedos me tenían muy caliente. Tomás ya se había sentado conmigo en brazos y le abría mi culo con las manos para que el otro entrara con más facilidad mientras chupaba el lóbulo de mi oreja y con su pene rozaba mi vulva.

    -¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! –Casi había olvidado el juego sintiendo como esos dedos me penetraban una y otra vez.

    -¿Nombre?

    -¡Luis! –ya casi no podía pensar. Estaba disfrutando mucho pero tenía miedo de quién podía ser el misterioso amigo de Tomás.

    -Error. ¿Cabe otro dedo? –mientras decía eso, siento un líquido caliente caer en grandes cantidades por todas mis nalgas. Era lubricante.

    -¡Mi amor, no! Paremos con esto –decía pero en realidad estaba muy caliente.– ¡Ohhh! Ya no puedo más.

    -Mi amor, te queda una oportunidad. Si no adivinas, tu culito será todo de él – decía mientras seguía abriendo mis nalgas para darle más espacio a los 3 dedos que salían y entraban con dificultad de mi culo.

    -Tomás, te… ¡Oh! Te dije que sin sexo anal.

    -Pero mi amor, yo te prometí que no lo haría. Será él quien te follará el culo en mi presencia.

    Estas palabras en mi oído sintiendo como me penetraba con los dedos me volvieron loca.

    -Tomás, penétrame.

    -No mi amor. Vamos a continuar jugando.

    -Estoy muy caliente y chorreando. Siento tu pene duro ¡¡¡Penétrame por favor!!! –Le rogaba.

    -¿Quién puede ser? ¿Quién tiene tu culo en sus manos? Vamos, que quizás te libras.

    -Es Roberto –dije solo por decir un nombre.

    -¿Segura? No mi amor. Lo siento. Ahora a disfrutar, decía mientras se levantaba conmigo en sus brazos para entregarme al ganador de mi culo.

    -Mi amor, por favor penétrame. Mira como estoy.

    Me ignoró y me llegó hasta el sillón de la sala de reuniones donde el misterioso ganador se había acomodado para recibir su premio. Vendada y con las maños atadas a mi espalda, sentía como me dejaba en su duro falo.

    -No me iré a ninguna parte. Sabes que conmigo siempre estás segura. Hay mucho lubricante en tu culo –dijo mientras me lo agarraba como si me fuese a sacar– y él también tiene mucho lubricante. Disfruta mi amor. Te tengo otra sorpresa para más ratito.

    -¡¡Quita mi venda!! Quiero saber quién… ¡Ayyy!

    En ese momento, sentí como un erecto y grueso pene entraba en mi culo mientras me iba sentando. Grité de placer y dolor mientras escuchaba la respiración agitada del señor X. éste me agarraba los pechos y torcía mis pezones mientras lamía mi cuello. Lo sentía sediento de sexo, caliente.

    Estaba sentada en el pene de un supuesto compañero de oficina. Era muy morbosa la situación. El comenzó a moverme a su antojo y descansé un poco en su pecho mientras gemía por el placer de estar siendo enculada tan duramente.

    -Tócame la vagina, por favor –le decía al desconocido. ¡¡Era una tortura llevar 15 minutos sin haber sentido nada en mi mojada vagina y necesitaba que tocar mi clítoris o metieran algo en ella!!

    -Shhh…

    Tomás me decía que él no podía hablar hasta que descubriera quién era pues lo podíamos repetir. Pero yo necesitaba con urgencia, mientras estaba siendo fuertemente penetrada analmente, que alguno me tocara. El desconocido me movía y me penetraba. Gemía como loco y gozaba de todo aquello tanto como yo. Tomás mencionó que ya volvía y le pedí, por favor que me tocará.

    De pronto sentí como sus dedos entraban violentamente en mi vagina como si quisiera partirme en dos.

    -Confórmate con esto –decía en mi oído mientras suspiraba y gemía

    -¡¡Ahhh!! ¡Sii! No te detengas. ¡¡Dame más!!

    Mi vagina era un grifo en donde escurría todo el fluido posible. Su mano quedó empapada en un segundo. Yo gritaba y me movía como una desesperada. Era delicioso lo que estaba viviendo.

    -No puedo tocarte más –decía en voz baja con miedo a que descubriera quién había ganado mi culo.

    -Pégame en la vulva. Te lo ruego. No está Tomas.

    -Pero no grites.

    Sus fuertes golpes al ritmo de las penetraciones anales me tenían a punto de perder la conciencia. Me gemía al oído, me penetraba y daba deliciosos agarrones en mi vulva mientras ella, seguía chorreando, demostrando lo caliente que estaba. Metió sus manos a mi boca para que chupara sus dedos.

    De pronto llegó Tomás y quitó la venda de mis ojos y me besó metiendo toda su lengua en mi boca mientras su amigo seguía moviéndose dentro de mí. Me agarró la cabeza como para que yo no volteara

    -Te has portado de maravilla, mi amor.

    -Tócame la vagina. Mastúrbame.

    -Tranquila jaja eres tan caliente.

    Miré hacia atrás y me percaté que quien me penetraba era Sebastián, el coordinador académico y, dios… ya no lo volvería a mirar si no es con lujuria. Me cogía tan bien que no quería moverme de ahí. Saber que era él me excitó mucho más y comencé a moverme de atrás hacia adelante mientras él me besaba, me tomaba fuertemente del cuello y jugaba con mis tetas. Tuve un orgasmo muy ruidoso y mojado. Gemía y gritaba pero Sebastián seguía comiéndome la boca.

    -¿Te gustó el juego, amor mío? Ven. Abre grande la boca. –Dijo Tomás mientras meneaba su pene directo a mi cara.

    No me seguía moviendo y al parecer, Sebastián también tomaba un descanso pero Tomás me agarró de la cabeza y comenzó a penetrar mi boca lentamente.

    -¡Te dije! Es exquisita. –Le decía Tomás a Sebastián.

    -Sí. Realmente deliciosa –decía mientras acariciaba mis tetas.

    -Y tú que querías contratar a una prostituta. Te di mi palabra que no te defraudaría.

    Mientras ellos hablaban, yo gemía con la mitad de esa verga en mi boca y comencé a dar pequeños saltitos sobre el pene de mi compañero. Esto excito a ambos. Comenzaron a gemir. Sebastián me agarra de las tetas y Tomás del pelo.

    -Mi amor, eres como una puta. ¿Te gusta?

    Yo no podía responder pero emitía sonidos y movía la cabeza.

    -Sebastián ¿le damos juntos? Me encanta verla así.

    Y dichas esas palabras, Tomás y Sebastián comenzaron a darme frenéticamente uno por mi boca y el otro por mí dilatado culo. Escuchaba a ambos gemir y disfrutar. Me ponía más caliente aún.

    Tomás terminó en mi boca, llenándola de su delicioso semen. Era abundante y me encantaba. Me lo trague con mucho placer mientras miraba a sus ojos y relamía mis labios para él. Mientras, seguía siendo penetrada incansablemente por su amigo. En eso, Sebastián me toma del cuello y me tira hacia su pecho. Sentí como su pene se hinchaba y lo ayudé moviendo mi cadera al ritmo, apretando mi culito al subir, hasta recibir la descarga de su semen en mi culo. Ambos caímos al sillón, de costado. Tomás de agachó y me beso.

    -Eres única. Ven que es tu turno de disfrutar.

    ¡Yo ya no podía más! Sebastián se paró y tomo una copa de vino. Tomás sacó un gran dildo realmente muy grueso.

    -Le toca a tu vagina. Abre las piernas. –Me ordenó.

    Sebastián se sentó a mi lado y comenzó a besarme mientras masajeaba mi clítoris. Yo le mordía el labio y gemía mientras Tomás iba metiendo y sacando la gruesa punta del dildo. Me dolía pero ganaba la excitación.

    -¡¡Métemelo ya, Tomás!!

    Y en ese momento, sentí entrar todo ese trozo de goma hasta chocar con mi útero. Grité e intenté cerrar las piernas pero Tomás y Sebastián lo impidieron. Tomás metía y sacaba con gran dificultad el enorme pene de juguete de mi vagina y yo sentía que me rompía. Sebastián me miraba excitado y chupaba y mordía mis pezones. Yo cerraba los ojos y gritaba de placer y dolor. Sebastián una vez más, me tomó y sin ningún cuidado, me volvió a sentar sobre tu miembro penetrándome salvajemente mientras Tomás seguía con el dildo en mi vagina. Estaba llena. No podía pedir más. No daba más. Ambos intensificaron sus penetraciones y yo terminé en un orgasmo intenso y mojado, mientras presionaba mis paredes vaginales y anales. Caí rendida al sillón. Ambos comenzaron a masturbarse mientras veían como mis dedos tocaban mi vulva para cerciorarme de que realmente no estaba dañada.

    Me senté, como pude y quede con mi carita frente a sus vergas, lista para recibir toda la leche. Sebastián terminó primero y su semen mojó mi cuello y mis pechos así que lo recolecté y bebí con ganas. Luego chupé su pene para extraer la última gota. Tomás apuntó directo a mi boca así que pude sentir su leche en mis labios y saboreé con agrado. Lamí y relamí su delicioso miembro hasta dejarlo limpio.

    Exhausta, tomaba una copa de vino junto a Tomás mientras Sebastián se preparaba para irse.

    -¿Te gustó?

    -Me encantó, mi amor.

    -¿Deseas que te vaya a dejar? ¿O nos vamos a un motel?

    -¿Quieres que llegue impregnada de semen a casa? Jajaja ¡Estás loco!

    -Ok. Nos vamos a un motel. Pero sin quejarse…

    Esa última parte no la comprendí bien. Me puse mi ropa interior y recogí mi vestido cuando escucho:

    -Sebastián, ¿te tinca acompañarnos?

    ¡Dios! Esta noche será para recordarla… En otro relato les cuento qué siguió.

    Si te gustó mi relato, puedes escribir a mi correo [email protected].

    ¡Un beso!

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  • Sexo en la madurez

    Sexo en la madurez

    Las cosas no son lo que parecen. Los hechos se suceden de una forma que muchas veces no podemos controlar. A Amaia y Aitor les ocurrió, pero lo que ya de por sí hubiera sido una sorpresa se convirtió en una placentera tarde de sábado y encima acabó como un cuarteto.

    Amaia y Aitor se conocían de vista de toda la vida desde que eran adolescentes. Con el paso de los años además coincidieron en una asociación en sus ratos libres. Ahora, en la época de Internet y las Redes Sociales Amaia pidió amistad a Aitor en una red social. Aitor se sorprendió, pero viendo la cantidad de amistades que tenía ella y que en muchos coincidían pues no le dio mayor importancia.

    Al de un par de días él la saludó. Luego fueron intercambiando frases o reacciones a los distintos posts que ponía cada uno hasta que un día que ella colgó una foto él la piropeó como le quedaban unos pantalones. Se le pegaban a la silueta sobre todo de medio muslo hacia abajo y se quedaba muy sexy. Aitor no lo dijo, pero se había excitado. Fue educado e hizo un piropo más suave y educado. Ella respondió y sin querer la conversación subió de tono.

    Ninguno de los dos tenía miedo de que el otro se escandalizara o pensara mal. Al final Amaia le tentó con verse, pero no para charlar sino para follar. Aitor aprovechó que en el sexo tenían gustos comunes y le propuso un juego. Ella con el calentón aceptó, pero luego, aunque pensó que quizás no era buena idea hacerlo así de improviso, su coño le ordenó que era una idea magnifica.

    Ella a las 15 del sábado debía poner la llave de la puerta debajo del felpudo. Entrar en casa y ponerse tumbada contra la mesa de la cocina comedor. Deberás ir vestida con los pantalones de la foto. Arriba una camisa que no te importe que la rompa la dijo.

    Y llegó el sábado. Ella estaba muy nerviosa. Comió pronto y luego una hora antes de la hora convenida se duchó y depiló la zona púbica salvo un pequeño mechón de vello en la zona púbica como le gustaba a él. Llegó la hora convenida y salió a dejar la llave bajo el felpudo. Aitor estaba escondido viendo la escena. La dio un par de minutos tras ella cerrar la puerta. Él, sigilosamente entró. Caminó con cuidado hacia la zona donde estaba la cocina comedora, pero al pasar al lado del baño que estaba muy cerca entró a orinar. Hizo ruido a propósito. Ella oyó como orinaba y eso la excitó más. Luego Él llegó a la puerta de la cocina comedor y la vio inclinada, con el torso contra la mesa y con los ojos tapados. Con las manos ella se sujetaba en la parte delantera de la mesa.

    Él no dijo nada. Se recreó en desnudarse. Primero los zapatos y calcetines. Luego los pantalones. La camisa y luego el bóxer. Ahora estaba completamente desnudo. La escena le excitaba y ya tenía la polla muy dura. No era muy larga pero sí algo gruesa. Aitor se aproximó a ella y se inclinó sobre la mujer. Los dos en la cuarentena, pero se comportaban como adolescentes. Abrió la camisa de golpe y rompió el botón del pantalón y lo bajó justo hasta la parte baja de las nalgas. Cogió el cuchillo que le había hecho que ella dejara sobre la mesa, frío. Tenía que haberlo tenido en el congelador metido en agua varios días. El agua se había congelado en torno a él y formaba un largo cubito. Cogió del pelo a la mujer y la levantó y con el hielo recorrió sus pezones que se escapaban por la apertura de la blusa.

    Cuando el hielo se derritió bajo el calor del cuerpo de ella con el cuchillo cortó las braguitas y cogiéndola de las caderas y sin miramientos la penetró de una sola vez, una estocada profunda y seca. Se quedó quieto. Ella solo pudo emitir un quejido. No pudo resistir el grito, aunque se había conjurado para no hacerlo.

    Pero en cuanto comenzó a follarla los quejidos se transformaron en placer. Nunca había follado con él. Se había separado hacia un par de años y aunque había follado varias veces desde entonces Aitor la estaba haciendo disfrutar mucho. No sabía si por la situación o por qué, pero era tremendamente placentero. Aitor que también la había hecho traer lubricante. Vertió una buena cantidad en el ano de la chica y luego en su polla. Cuando ella fue consciente donde se la iba a meter le pidió que tuviera cuidado y él lo tuvo, pero los dos primeros centímetros luego la empalaron de un golpe.

    Comenzó a follarla el culo. La daba azotes con la mano abierta. Con esos ruidos no escucharon la puerta. Venían María, una amiga de Amaia que también conocía a Aitor y Carmen que era amiga de la familia de Aitor y tía de María.

    -Amaia, estás en casa? -preguntó María,

    Tenía llaves de la casa y solía abrir ella. Amaia y ella solían acostarse a veces aparte de ser amigas, pero eso era algo que mantenían en secreto. María pidió a Carmen que esperase en la salita. Las dos habían ido a casa de Amaia para disfrutar de la piscina. María solía ir, de vez en cuando, por sorpresa a la piscina. No necesitaba permiso, pero no se acordaba de ello Amaia cuando quedó con Aitor.

    Amaia estaba siendo sodomizada cuando María buscándola escuchó ruidos de la cocina y se acercó. Pero cuando llegó cerca se escondió para ver lo que pasaba sin que la vieran. La escena la dejó sin palabras. Aitor se movía adelante y atrás dando por culo a su amiga. Eso le excitó muchísimo y fue donde Carmen a decirla que se pusiera el bañador y las esperase en la piscina. Carmen, sin sospechar nada, se dirigió a la piscina. Extendió la toalla en el suelo y se tumbó.

    María dentro se dirigió donde sabía que Amaia tenía sus juguetes y cogió el strapon que solía usar con ella. Con él puesto se dirigió a la cocina. Deslizándose sin hacer ruido se situó detrás de Aitor y cuando éste se inclinó sobre su amiga sodomizándola lo metió un dedo lleno de lubricante en el culo y seguido lo penetró con el strapon.

    El chico se vio sorprendido y por la excitación no supo reaccionar. Ella lo estaba penetrando y él a Amaia, la cual preguntó que pasaba. María se lo contó y con la mano la masturbaba. El strapon era doble y llevaba un pequeño vibrador que estimulaba su clítoris.

    Carmen estaba tomando el sol e impacientándose por la tardanza de su sobrina y su amiga entró en la casa. Escuchó ruidos provenientes de la cocina y allí fue y se encontró con todo el pastel, pero en lugar de decir nada viendo que elevaban el ritmo se escondió y metió su mano bajo la braguita del bikini. No se masturbaba muchas veces, pero viendo la escena le entraron ganas.

    Dentro María se corrió empujando con más fuerza a Aitor el cual lo hizo con Amaia. También la mano de María se movía más abruptamente hasta que Amaia también tuvo su orgasmo. María corrigió su posición extrayendo un par de centímetros la polla de goma y al volver a meterla tocó en algún punto que hizo que Aitor no aguantara y eyaculara llenando el culo de Amaia de semen el cual se deslizó por la polla del hombre y salió cayendo por los muslos de Amaia y directamente al suelo.

    Carmen no se había corrido, pero viendo que los otros habían terminado salió de su escondite y dijo.

    -¿Que hacéis? -lo dijo intentando mantener la calma porque la excitación le duraba.

    -Tía, disfrutar. Yo he encontrado a Aitor follando el culo a Amaia y no me pude contener, de todas formas. Mira, así puedes ver desnudo a Aitor que te parecía que era muy mono. -respondió María.

    -Jiji pero que dices, si puedo ser su madre y a mi edad con casi setenta que voy a hacer con él. ¿De todas formas, María que llevas puesto?

    -Bueno, te lo voy a confesar. Amaia y yo de vez en cuando follamos. Sobre todo desde que las dos nos hemos separado. Yo sabía dónde tiene guardados los juguetes y viendo la escena pensé que era excitante follarme a Aitor con el juguete y a tu edad es solo sexo te lo puedes follar igual.

    Las dos mujeres y el hombre fueron a la ducha y luego a la piscina. Amaia a Carmen y a Aitor que eran la primera vez que venían les dijo que podían ponerse el bañador o hacer topless las chicas o desnudos enteros ya que no les podía ver nadie.

    -Pues yo si no os molesta estaré desnudo que no he traído bañador y no me quiero mojar el bóxer.

    Se tumbaron, se dieron crema solar. A Carmen se la dio su sobrina María y a Aitor se la dieron entre María y Amaia.

    Se bañaron y después del baño Aitor se sentó en una silla del jardín cuando Carmen que pasaba por detrás de él no pudo menos que acariciarle la cabeza y luego poner sus dos manos en sus hombros. Aitor acarició con una mano la mano de Carmen. Mientras en la hierba María llamó la atención de Amaia y señaló a Aitor y Carmen para luego dar un húmedo y tierno beso a su amiga. Carmen comenzó un suave masaje en los hombros de Aitor y tras ello se puso frente a él. Aitor se levantó y la besó. Un tierno y delicado beso en sus labios. Las dos bocas se unieron. El beso se hizo más profundo. Las lenguas entraron en la boca del otro.

    Las manos de él soltaron la parte de arriba del bikini de la mujer. Del beso en la boca pasó al cuello donde alternó lametones, besos y mordiscos. Esto encendió a la mujer que dejó hacer al hombre que siguió descendiendo hasta los pechos de la mujer para luego adorar y morder sus pezones. Con la mano hundió dos dedos en el coño de Carmen. Amaia y María se habían acercado y a dúo mamaban la polla de Aitor. María no quería rozar a su tía por su parentesco. Amaia atrajo a María a un lado y le puso de nuevo el strapon y la tiró al agua. Nadaron, haciéndose aguadillas hasta que sentó a la chica con la polla de goma en una de las escaleras de la piscina y se sentó encima ofreciéndola sus pechos antes de caer y ser empalada. Siguieron follando.

    Por otro lado, Carmen que había perdido la vergüenza empujó al hombre para que este se sentara en la silla y cuando él se sentó ella puso su pie encima de la polla del chico y lo apretó con delicadeza. É l aprovechó para soltar los lacitos de la braguita del bikini. Ella completamente desnuda, se inclinó sobre el hombre. Desde la piscina, las dos chicas no les quitaban ojo. Carmen fue bajando poco a poco a la vez que sujetaba vertical la polla del hombre y se la metió entera. Aitor sintió una sensación de cálida humedad que lo puso todavía más a mil. La besaba mientras ella botaba y se movía en círculos y delante atrás. Era viuda. Había enviudado hacía bastantes años y era su primer polvo desde entonces.

    Se sentía excitadísima. Introducía sus dedos entre el cabello del hombre. Él jugaba con sus pechos a la vez que la sujetaba sus nalgas. Las abría y cerraba. Ella marcaba el ritmo. Estaba tan caliente que no pudo aguantarse y se corrió. Por la excitación y el calentón el orgasmo vino acompañado de un fuerte squirt. El notó el caliente fluido bajar por el tronco de su polla y empapar su pubis. Ella se levantó tras darle un beso muy apasionado. Corrió y se tiró a la piscina. Él fue tras ella y también se tiró a la misma. La persiguió y tras atraparla en el borde la giró haciendo que ella le diera la espalda. Ella se sujetó por las manos en el borde y él se acercó y la penetró analmente. La cogía de los pechos.

    Luego de las caderas y con el calentón que tenía tras haber follado con ella en la silla tuvo que parar para no correrse. Se acercaron María y Amaia. Los cuatro estaban a mil y Amaia no se pudo contener y besó a Carmen. Carmen, por convicciones estaba a punto de rechazar a la otra mujer, pero respondió con otro beso más intenso. María besó a Aitor. Amaia con su dedo jugó con el culo de Aitor para luego agacharse detrás de él y comerle el culo al mismo tiempo que lo penetraba con un dedo y masajeaba su próstata. Esto hizo que no se pudiera contener y estallara en un gran orgasmo.

    Los cuatro se ducharon en las duchas de la piscina. A partir de ese día quedaban los cuatro, a veces tres, a veces dos de ellos. Algunas veces, solo Carmen y Aitor. Siempre sexo entre ellos.

    Este relato es imaginario, pero me encantaría leer vuestras opiniones. Si queréis, podéis escribirme a:

    [email protected].

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  • Me cojo a un viejo frente a su esposa sin su consentimiento

    Me cojo a un viejo frente a su esposa sin su consentimiento

    Mi nombre es Janett, y tengo 25 años de edad, y escribo esto para contarles una de mis anécdotas más morbosas que he tenido hasta ahora, porque ya no aguanto más las ganas de contársela a alguien, alguien obviamente que no sea cercano a mi, más que nada porque es algo fuerte la experiencia, y pues ya saben, no es algo que le contarías a un conocido, ni mucho menos a tu familia, y hace poco descubrí esta página, así que mejor he decidido contarla por aquí. Aquí les cuento como fue que cumplí una fantasía que tenía, y que posteriormente se me convertiría en un fetiche.

    Bueno antes que nada los pongo en contexto, yo trabajo como barista en un club para adultos cerca de por donde vivo, así que pues si, como ya se imaginaran trabajo semidesnuda, atendiendo y sirviendo las bebidas que se piden en el club, (para los que no sepan, una Barista es algo así como una stripper, solo que en vez de bailar atiendo a las mesas, obviamente semidesnuda, normalmente en lencería y tacones, pero también a veces en minifalda o minishorts).

    Pero bueno, dejando claro ese punto continuo, no puedo decirles específicamente cuanto me pagan, pero solo les puedo decir que me va muy bien en cuanto a la paga que me dan, y eso sin contar las propinas que me dejan los señores que van ahí, de hecho, de todas las baristas que trabajamos en el club, yo soy la que más propinas recibe de todas, y no es por presumir ni mucho menos, pero la verdad soy la más atractiva de las que trabajamos ahí, soy rubia, de piel blanca, de estatura mediana, tengo nalgas grandes, y también tetas grandes( aunque si les soy sincera mis tetas son operadas, pero aun así considero que no se nota tanto, ya que tampoco son exageradamente grandes, son grandes pero normales, no es muy notorio a la vista) tengo piernas y cadera bonitas y por lo que me han dicho también tengo un rostro bonito, y aparte de todo esto, soy la más joven de ahí con 25 años. Así que no es de sorprender que sea la que más propinas recibe.

    Actualmente vivo sola en una casa que yo misma alquiló desde hace ya más de 6 años, más o menos el mismo tiempo que llevó trabajando como barista en el club. Y como es de esperarse, muchos de mis vecinos y vecinas ya saben de lo que trabajo, la mayoría de ellos son señores y señoras ya grandes, de 50 para arriba, y personalmente a mi no me importa que sepan de lo que trabajo, pero esto me ha creado mala fama en el lugar donde vivo, sobre todo con las esposas de mis vecinos, que por mi trabajo piensan que me gusta ir calentando a sus esposos, y a decir verdad, si me gusta vestirme provocativa y recibir piropos, así que no las culpo por eso, pero como les comentaba, desde que saben de qué trabajo, no tengo una buena relación con ellas, de hecho ninguna de ellas me habla, y la verdad no me importa, con más razón me visto provocativa para calentar a sus esposos y hacerlas enojar.

    Pero como les comentaba, tenía ya mucho tiempo sin hablar con ninguna de mis vecinas, esto hasta hace 3 meses, cuando una pareja (una señora y un señor ya grandes), se mudaron a tres puertas de mi casa, ambos como de unos 60 y tantos. Y a decir verdad yo no esperaba nada de ellos, ni tampoco esperaba caerles bien, ni nada por el estilo, y recuerdo ni siquera haber saludado a la señora, ni darles la bienvenida ni nada.

    Simplemente actúe indiferente ante la situación. Pero un día que salí de mi casa para ir a la tienda, la señora está que se acababa de mudar también iba saliendo de su casa, y cuando me vio me saludo y me dio los buenos días, lo cual me sorprendió bastante ya que era algo que literalmente no me sucedía desde hace ya bastante tiempo, yo también la saludé y también le di los bueno días, entonces se me acerco y se presentó conmigo. (para no revelar su identidad, voy a cambiar su nombre y el de su esposo):

    Laura: Hola que tal, me llamo Laura, y tu?

    Yo: Hola, yo me llamó Janett.

    Laura: Hola Janett mucho gusto, vives aquí?

    Yo: Si jaja, aquí vivo.

    Laura: Ah mira que bien, yo me acabo de mudar con mi esposo aquí como a tres puertas.

    Yo: Si, si los vi que se mudaron. Pues ojalá y les gusté vivir aquí.

    Laura: Si muchas gracias jaja, pues hasta eso se ve muy tranquilo yo creo que si. Oye vas a la tienda?

    Yo: Si voy para allá.

    Laura: Ah, te acompañó, también ocupó comprar algunas cositas, sirve que platicamos en el camino jajaja

    Yo: Si claro, vamos jajaja.

    Así que me fui platicando con ella en el camino, y pues me estuvo contando varias cosas sobre ella, como porque se habían mudado, y también me estuvo contando que era cristiana (lo cual se le notaba bastante, más que nada por la personalidad inocente que tenía, y por su vestimenta) y que era muy apegada a todas estas cosas de la iglesia y cosas así. Y que trabajaba como cajera en una farmacia.

    Después de decirme esto, como era obvio, me preguntó a mi también de que trabajaba, y recuerdo que en ese momento no quería decirle de que trabajaba, más que nada, porque pensé que si le decía, muy probablemente iba a intimidarla e iba a dejar de hablarme al igual que mis otras vecinas. Así que decidí mentirle, y le dije que trabajaba como contadora, para evitar esto. Entonces seguimos hablando, y antes de despedirnos, para ir cada una a su casa, me dijo que quería invitarme a su casa a comer al día siguiente para seguir platicando, yo primero me negué y le dije que no hacía falta, pero ella me insistió y pues me término convenciendo, así que acepté.

    Al día siguiente cuando me estaba arreglando para ir a su casa, me di cuenta de que prácticamente toda la ropa que tenía era provocativa, y no tenía nada por así decirlo formal o por lo menos que no fuera provocativo, pero como era una comida casual, pensé que tampoco habría tanto problema si me iba vestida así, aunque reconozco que si era un poco de mal gusto ya que su esposo también iba estar ahí, y pues no sabía como se lo iba tomar Laura. Pero bueno, trate de irme lo menos provocativa que pude y me fui con una blusa escotada, y con unas mallas negras ajustadas. Entonces llegue, y cuando timbré me abrió la puerta y me recibieron ella y su esposo:

    Laura: Hola Janett como estas! pásale, mira él es mi esposo José. Y ella es Janett (le dijo a su esposo.)

    Yo: Hola mucho gusto. (Le dije a Don José)

    Don José: Hola Janett, el gusto es mío, pásale.

    Mientras me decía esto, pude notar como no paraba de mirarme las tetas, y al parecer la señora Laura también lo notó, pero no me dijo nada ni a mi, ni a su esposo, y simplemente se hizo como la que no vio nada y me invitó a sentarme. Como les había dicho esta señora era muy inocente, y al parecer se guardaba todo para ella. Entonces comimos, y después de esto, nos quedamos platicando un buen rato ahí en su sala, y durante todo este tiempo su esposo (Don José) me recorría el cuerpo de pies a cabeza con su mirada tímidamente, trataba de hacerlo disimuladamente para que yo no me diera cuenta, pero pues es claro que si me di cuenta, y su esposa también se dio cuenta, pero ella no decía ni una sola palabra, y seguía platicándome cosas como para ocultar su incomodidad y desviar la atención. Yo aunque si me sentía un poco incomoda, me calentaba bastante saber que el esposo de doña Laura me miraba con deseo, y ella aunque se daba cuenta y al parecer le incomodaba, no hacía nada para evitarlo.

    Así que después de haber estado platicando un buen rato, y haber llegado la hora de irme, antes de que me fuera Laura me dijo que quería volver a invitarme a comer otro día, aunque se notaba a simple vista que me lo dijo mas por compromiso que porque realmente me quisiera tener de nuevo en su casa, aun sabiendo esto, volví a aceptar.

    Ese día cuándo llegue a mi casa, no podía parar de pensar en las miradas que me dio su maridito, realmente me gustaron y me calentó bastante, sobre todo saber que Laura no dijo nada a pesar de también darse cuenta y sentirse incomoda por ello. Así que la siguiente vez que fui a su casa, me fui vestida más provocativa para ver como reaccionaba Laura, y al igual que la vez anterior, a pesar de que notaba que su esposo (Don José) me recorría el cuerpo con la mirada, ella no decía nada, ni tampoco me decía nada por cómo me iba vestida a su casa, lo cual hizo que yo agarrara más confianza, y cada vez que iba a su casa trataba de irme más provocativa que la vez anterior, y ni una sola vez Laura se quejó o me dijo algo.

    Ella se comportaba muy amable conmigo y me seguía invitando a su casa, a pesar de que yo me iba vestida provocativa solo para calentar a su esposo. Y si les soy sincera, esa era la única razón por la que iba a su casa, para calentar a su maridó, realmente no me interesaba platicar con Laura, pero disfrutaba de calentar a su esposo en su cara y que ella no tuviera el valor de decirme algo, y simplemente se quedara viendo incómodamente como le paraba la verga a su marido.

    Toda esta situación me generaba bastante morbo, y empecé a fantasear bastante con ello, y en un punto me llego la fantasía y el deseo de querer cogerme a su marido (Don José), y ya sé que suena muy loco, mas que nada porque ese señor es como 40 años mayor que yo, y a decir verdad no es para nada atractivo, es de piel morena y pues ya está viejo, pero me causaba mucho morbo calentarlo frente a Laura que se comportaba como una verdadera sumisa.

    Todo esto lo tenía solo como una fantasía, porque obviamente no pensaba pedírselos, además de que Laura era la única vecina que me hablaba y era muy amable conmigo, pero no puedo negar que el solo imaginarme esa situación me excitaba bastante, sobre todo el hecho de pensar que así de inocente como era Laura, probablemente si me cogiera a su esposo frente a ella no tendría el valor de decirme algo, creo que lo que mas me excitaba de esa fantasía, era saber que realmente si la podía cumplir, que era algo posible para mi. Pero pasaron los días, y yo no me podía sacar esa fantasía de la cabeza, y trate de resistir lo mas que pude, pero llegó un día que ya no pude aguantar mas, y decidí cumplir eso que tanto me calentaba.

    Laura ya me había comentado, que pronto iba ser su aniversario de bodas, y que iba hacer una comida especial para celebrarlo ahí en su casa, como ella y su esposo acostumbraban hacer, y como era costumbre me invitó, como su familia no vive cerca de ahí y tampoco conocía a otras vecinas o vecinos aparte de mi, pues solo iba ser una pequeña comida para nosotros 3 (yo, ella y su esposo) faltaba todavía un mes para eso, pero decidí esperar, porque me parecía el momento perfecto para cumplir mi fantasía. Así que paso un mes, y llegó el día de su aniversario, yo con antelación ya había preparado todo.

    Así que ese día me arregle bastante formal para no levantar sospechas, pero en mi bolso me lleve una lencería negra (la mas provocativa que tenía) y tacones altos transparentes ya saben para qué. Entonces sin pensarlo mas, me dirigí hacia su casa, la verdad iba bastante nerviosa, pues no sabía bien cómo iba acabar esto, y a la vez me sentía algo mal conmigo misma por hacerle esto a Laura, pero ya no aguantaba mas las ganas de querer cumplir esa fantasía, y cogerme a su maridó.

    Entonces toque a la puerta, y Laura y Don José me recibieron con con gusto, Laura me agradeció por haber venido, y no tenía ni idea de lo que le esperaba. Estuvimos un buen rato platicando, luego Laura hizo la comida, y ya por ultimo Laura y Don José sacaron sus regalos de aniversario para cada uno. Los dos se veían felices, y yo cada vez estaba más ansiosa y a la vez indecisa por lo que iba hacer, pero al final me decidí y dije:

    Yo: -en tono coqueto: Yo también tengo un regalo para uno de ustedes.

    Laura: -dijo curiosa: En serio, aww no te hubieras molestado Janett, ¡muchas gracias! Y que es?

    Yo: -hablando en tono de juego: A pues es una sorpresita, que te parece si cierran los ojos, y yo de mientras saco el regalo

    Laura: jajaja bueno, está bien. Cierra los ojos tú también José jajaja.

    Yo: jajaja, ok, espérenme tantito no los abran hasta que les diga.

    Laura: no jajaja, tu tranquila te esperamos.

    Sin pensarlo más me metí a su baño y me empecé a desvestir rápido, me puse mi lencería y mis tacones, y finalmente salí:

    Yo: Listo ya pueden abrir los ojos.

    Cuando Laura me vio en lencería y tacones frente a su esposo, se quedó literalmente en shok sin poder decir nada, como ya me lo esperaba yo, y su esposo solo se quedó con la boca abierta mirándome con morbo, pero a la vez de una manera tímida porque Laura estaba ahí viendo todo.

    Yo: -con tono de voz retador: Que te parece este regaló para tu esposó Laurita, te gusta?

    Laura: -literalmente con la voz temblando: que vas hacer Janett?

    Yo: Me voy a follar a tu marido cornudita, ese va ser su regalo, y en tu propia casa y el día de tu aniversario. Y te vas a quedar a ver todo hasta que termine. Ay algún problema?

    Laura: -tímidamente y balbuceando: Pu… Pues no sé qué decirte Janett, es que…

    Yo: Shhh ya ya ya, es que nada, mira mejor ya hazte a un lado, que ya quiero empezar a cogerme a tu marido.

    Laura: -incómodamente: Bueno ya pues, tranquila Janett. No hace falta que me hables así

    Le puse una silla para que se sentara, y ella se sentó. De verdad no me podía creer lo que estaba haciendo, todo estaba saliendo mejor de lo que me esperaba, sobre todo no me podía creer que de verdad Laura fuera tan inocente, y no tuviera el valor de hacer algo o decirme algo, aun cuando estaba en lencería y tacones en su propia sala a punto de cogerme a su esposo frente a ella. Si me sentía un poco mal por hacerle eso, pero eran mas las ganas que tenía de cumplir esa fantasía que el respeto que le tenía a Laura, y en ese momento la situación era tan morbosa y sentía tanta adrenalina y excitación, que la verdad me daba igual mi amistad con Laura, y solo quería cogerme a su esposo. Y me excitaba aún más hablarle así a Laura.

    Don José no prestaba prácticamente ni atención, sólo se quedaba viéndome mis nalgas, sin siquiera voltear a ver a su esposa.

    Yo: Bueno ahora quiero que guardes silenció ¿ok Laurita? No estés interrumpiendo. Tu solo quédate ahí viendo sin decir nada, como lo haces cuando caliento a tu marido, que te sale muy bien jaja.

    Ni yo me creía las palabras que le estaba diciendo a Laura, pero estaba tan excitada que ni me las pensaba, y la misma adrenalina que sentía en ese momento me hacía decir todo eso.

    Laura completamente impactada y en shock, simplemente asintió con la cabeza y la boca abierta desde la silla donde me estaba viendo.

    Sin más rodeos, me acerque a su esposo que estaba sentado en el sillón, vestida con mi lencería negra y mis tacones transparentes y empecé a besarlo, mientras Laura me veía. Don José no ponía ni resistencia, y yo estaba increíblemente excitada por lo que estaba pasando. Luego me pare y le acerqué su cabeza a mis nalgas para qué me las besara, y el empezó a hacerlo, mientras yo miraba a Laura a los ojos con una sonrisa

    Yo: Bésamelas todas mí amor, sin pena.

    Don José me beso y me lamió prácticamente cada centímetro de mis nalgas, sin siquiera voltear a ver a su esposa, que estaba ahí a un lado viéndonos, literalmente él la ignoraba por completo.

    Yo: Ahora quiero que veas como se la mamo a tu esposó por ti, así que pon atención Laurita jaja.

    Me hinque y le desabroche el pantalón a su esposo, le saque la verga y empecé a mamársela como jamás lo había hecho con nadie, y Laura completamente en silencio sin comentar nada, y solo viéndome.

    Yo: Que te parece Laurita? Te está gustando como se la mamo a tu esposo jaja.

    Yo me metía y me sacaba una y otra vez la verga de su maridó en mi boca, mientras me escurrían sus líquidos por la cara, y le dejaba la verga completamente empapada de mi saliva. Don José estaba casi con los ojos en blanco y haciendo ruidos del placer que le estaba dando.

    Don José: Ahh que rico mamas Janett, enserio que bien lo haces, ahh…

    Yo: Te está gustando mi amor?

    Don José: Me encanta Janett, sigue mamando ahh…

    Yo: Oíste zorrita, ya viste como tengo a tu esposo. Que no se te olvidé.

    Me sentía mal por hablarle así a Laura, pero estaba tan excitada en ese momento que no estaba pensando en mis palabras.

    Laura impactada dijo con un tono algo incómodo -Si Janett ya vi

    Después de mamársela un buen rato a su esposo, lo acosté en el suelo y me monte en su verga quedando de espaldas a Laura, para que viera mejor como mis nalgas rebotaban en la verga de su marido. Don José empezó a meterme la verga, y yo gemía fuerte para incomodar aún más a Laura.

    Yo: Ahh Ahh si, métemela bien mi amor, ahh, que rico ahh, quiero que se te qué bien grabado esto zorrita, mis nalgas rebotando en tu esposo que tanto quieres, lástima que ahora yo la satisfizo por ti cornudita jajaja, ahh si sigue, ahh…

    Laura solo se quedaba viendo impactada como me follaba a su esposo.

    Estuvimos en otras posiciones y finalmente, Don José me dijo que ya se iba venir, así que me acerque a el hincada, y empezó a tirarme toda su corrida en mi cara, hasta dejármela llena de su leche.

    Yo: Bueno, listo Laurita ya acabe con tu esposo, ya te puedes ir (le decía mientras tenía la cara cubierta del semen de su marido, y le soltaba una sonrisa)

    Laura solo se levantó de la silla y me dijo tímidamente: -Bueno ya pues.

    Yo me vestí, me despedí de ella y su esposo y me fui a mi casa. Después de como 1 semana de lo sucedido y no haber visto a Laura en ese tiempo, me la encontré de nuevo, y la verdad no me esperaba una buena reacción de ella como era obvio de esperar, pero me sorprendió mucho su reacción al verme, ya que me saludó como normalmente lo hacía, y me confesó que le había causado mucho morbo lo del otro día, y que a pesar de que se sintió incómoda, le gustó, y me dijo que le gustaría volver a hacerlo. Yo no me podía creer lo que me estaba diciendo, pero para mi mucho mejor, porqué jamás me había sentido tan excitada como aquél día. Así que en días posteriores, lo volvimos hacer. Y desdé ese entonces empezó mi fetiche por cogerme a hombres casados, sobre todo los que eran mayores y frente a sus esposas, que era lo que mas morbo y excitación me causaba. Y se sorprenderían si supieran la cantidad de señoras que me han permitido hacerlo. Es más común de lo que yo pensaba.

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  • Rosa Delia, estrella fugaz

    Rosa Delia, estrella fugaz

    En aquellos ayeres del 2005/2006 trabajaba en la zona norte de la ciudad de México justo enfrente del panteón Jardines del Recuerdo, en ese momento vivía una rutina de relativa calma y que disfrutaba de sobremanera.

    Una tarde de regreso a casa tomé el transporte que regularmente tomaba y en una de sus paradas se subió una mujer que no pude ver más que de reojo, yo sentado justo hasta el frente ella se sentó a mi lado, seguí mirando atreves de la ventana y escucho una voz suave me pregunta… ¿falta mucho para llegar al metro rosario?… sin voltear a verla le conteste que este transporte en particular daba un poco más de vuelta, pero eran 5 minutos así que no debería preocuparse y llegaríamos en unos momentos.

    Ya llegando a la estación, me baje y camine al andén y al poco tiempo vi a esta mujer que se había sentado a mi lado, se veía desorientada y me acerque a ella preguntando si era la misma del transporte de momentos antes y que si estaba todo bien. Me respondió que era una nueva ruta para ella que iba a un compromiso con unas amigas, se presentó… buenas tardes, mi nombre es Rosa Delia.

    Ella era muy bajita tal vez un metro con cincuenta centímetros, llenita, usaba vestido hasta la rodilla, escote pronunciado, de tés morena, piernas bien marcadas, caderas y nalgas generosas, senos enormes, ojos grades, nariz pequeña y delicada, labios carnosos, sonrisa cautivadora, cabello obscuro.

    Me presente con ella y me dice… hoy es tu santo… y sin decir nada me abrazo, pase mis manos por sus caderas apretándola a mí, soltando un suspiro en ese momento iba llegando el transporte y me dice… fue un placer y se fue dándome un beso en la mejilla.

    Estuve recordando la escena y casi un mes de ese verla, regresando a casa después de un día pesado del trabajo quería llegar a casa a descansar así que decidí tomar otro transporte que pasaba más seguido, pero necesitaba tomar uno más pero no importaba solo quería llegar a casa. Vi cómo se acercaba este transporte que a lo lejos se veía vacío pensando… por lo menos no me rosare con nadie. Subí y como mi costumbre de sentarme al frente sentí una mirada y escuche risa nerviosa, solo atine a voltear y enfocar a la única persona que estaba sentada, ¡¡¡era Rosa Delia!!! al verla rio más fuerte y me acerque a ella y me senté a su lado.

    La salude dándole un beso en su mejilla, lógico me pregunto qué hacía, le dije justo ahí trabajaba, me dijo que ella vivía por la zona que hacia un tipo de trabajo social y como la primera vez que la encontré iba en camino a ver a sus amigas, en esta ocasión llevaba otro vestido igual de apretado dejándola ver todo y un postre para su reunión.

    Me pregunto que si tenía pareja le contesté que no que estaba tranquilo a lo cual le hice la misma pregunta, me contestó que sí, que estaba casada con dos hijos de 19 años el mayor y preguntándome… ¿cuantos años crees que tengo?… le respondí… tienes 40 años… sonrojándose me dice… tengo 39, ¿Por qué piensas que tengo 40?… le dije que solo era un año de diferencia y si tenía un hijo de 19 y los meses de embarazo y mínimo un año de novia con el papá de sus hijos los números eran lógicos… cosa que le dio mucha risa. Por fin llegamos a la primera parada donde debíamos tomar el segundo transporte, le ayude a bajar lo cual note que se notaba nerviosa, le dije que si estaba bien y me comento que por esa zona la conocían y le daba nervios que nos vieran juntos y aparte yo era más joven que ella en ese momento 15 años menos que ella, le respondí que no estábamos haciendo nada malo y la edad nada que ver en se momento.

    Al subir al siguiente transporte, que del mismo modo venia medio vacío, nos sentamos casi al final y sin decir nada, la bese, fue largo, nuestras lenguas bailaban juntas pase mi mano izquierda por sus caderas apretándole las nalgas que las tenía durísimas, mi mano derecha abriendo sus piernas y entrando debajo de su vestido sintiendo ese calor y la humedad que empezaba a emanar de su conchita, tomo mi cabeza y bajándose el escote me acerco mi boca a sus tetas las cual mame, mordiéndole los pezones, quise sacar mi verga pero me dijo… aquí no… se acomodó el vestido y como resorte se levantó de su asiento y le hizo la parada, me tomo de la mano y nos bajamos. A un par de cuadras había un hotel, se veía pequeño pero agradable, entramos con mucha prisa y nos dieron una habitación que daba a la calle en el tercer piso, dejando las cortinas abiertas, la empecé a besar subiéndole su vestido, me hinque para bajarles las medias y ese cachetero que antes de hacerlo me detuvo, argumentando que no estaba “arreglada” para la situación, con una risa lo baje y traía el vello un poco largo a lo que pase mi lengua como respuesta a “no me importaba”, la voltee y puse en cuatro en la cama para mamarle ese culo delicioso, le bese las nalgas enormes duras y firmes que tenía, me puse de pie y volteándose me dijo… ahora si… y desabrochando mi pantalón saco mi verga dura y de un bocado se la comió, la mamaba como su nunca fuera a mamar otra verga en su vida, le baje el escote dejando esas enormes tetas al aire, las jugaba con esos pezones grandes y morenos.

    Me recosté en la cama y ella se sentó en mi boca haciendo un 69,, para ser tan bajita estaba muy bien proporcionada, nos acomodamos recargando en la cabecera y sentándose sobre mi verga me puso sus tetas en mi boca, mamadlas, las juntaba y se las mamaba al mismo tiempo, por momentos le subía las tetas y bajaba su cara y entre los dos lamiamos los pezones, sin dejar de mover sus caderas, la puse en cuatro y ella abriendo sus nalgas se la deje ir de un golpe, mientras me la cogía no dejaba de decirle que tenía un cuerpo increíble, nalgas maravillosas, tetas exquisitas, que apretaba delicioso y mamaba como diosa, respondiendo que su esposo ya no la atendía que venía de una educación tradicional y lo mas que había podido hacer era masturbarse a lo que revire mejor con esta verga que con los dedos, diciéndome… mil veces mejor tu verga…

    Ella cada vez se mojaba más y metía mis dedos en su culo, le pregunte si su esposo le había dado por el culo, diciéndome que no que de hecho jamás se lo había tocado, sacando mi verga de su conchita, y con su ayuda abriéndose las nalgas le bese el culo, le pase mi lengua y le metí mi verga despacio y firme, ella gritaba, su respiración se agitaba. Me fui a un sillón y sentándome, ella llego dándome un beso en la verga se volteó y metió de un sentón mi verga en su culo, subiendo sus pies sobre mis rodillas, metía mis dedos en su concha, ella no dejaba de mover sus caderas en círculos, de gemir y gritar, a esas alturas su cuerpo estaba bañado en sudor, se volteó para meterse mi verga en su conchita y mamar sus tetas, se las mordía, se las chupaba , en su piel se empezó a ver las marcas de mi boca a lo que sin dejarme decir más me dijo… no te preocupes, él tiene años que no me ve desnuda… lo cual me calentó más.

    En un punto le dije que quería eyacular con una sonrisa me dijo… Si quieres mi conchita, ya que no hay problema que me embaraces pero nunca han eyaculado en mi boca, así que quiero que me des tu leche… así que me puse de pie sobre el sillón, ella de rodillas la tome del cabello y la empecé a coger en la boca, me chupaba, sacaba la lengua y le daba golpes en ella, le metía mis huevos a la boca los cuales mordía y metiendo mi verga al fondo deje ir mi leche, me tomo de las nalgas y apretándolas con sus manos y mordiendo mi verga se tragó hasta la última gota, dejando mi verga limpia.

    Nos recostamos un rato en la cama comentándole que estaba completamente desperdiciada, solo me miraba sin decir nada, me tomo de la mano y nos metimos a bañar, no dejaba de pasar mis manos por sus curvas, meter mis dedos en ella, solo soltaba risas nerviosas, diciéndome, tengo que llegar a mi reunión de lo contrario hablaran a casa, así que nos apuramos a vestirnos y salimos directo a su reunión, me dio su número de celular y que seguiríamos en contacto. Después de ese encuentro tuve un par de llamadas telefónicas con ella una de ellas en una reunión lo cual me dijo que no importaba que escucharan nuestra plática y en una época sin redes sociales y cambios de número telefónico se perdió el contacto.

    Por cierto, con las prisas de salir dejamos el postre que llevaba a su reunión.

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  • Mi primer oral

    Mi primer oral

    Mis inicios sexuales no fueron muy tempranos. Este que les voy a contar fue mi primera experiencia, con 18 años cumplidos. Aunque cuando conocí lo que era el sexo no paré más. Por eso pueden leer mis otras historias publicadas.

    Yo era una chica muy aplicada en la escuela, me dedicaba a tener buenas notas, a ser la traga, la estudiosa, destinando mi mente solo a ese objetivo. Pero vamos a la narración de mi primera experiencia entonces que es lo que todos quieren:

    Mis padres desde antes que yo nazca se juntan casi todos los sábados con parejas amigas a comer, bailar o solo conversar.

    Con el tiempo fuimos naciendo los hijos de ellos. Primero fue Bruno, segunda yo unos meses después y unos años más tarde vinieron el resto de los chicos. Nos criamos todos juntos entre juegos, peleas, salidas, helados, pileta. Siempre fuimos muy compinches todos, pero con Bruno por la poca diferencia de edad y por ser los mayores lo éramos más.

    Siempre nos contábamos todo, en los juegos hacíamos trampa a los más chicos, compartíamos mucho. Recuerdo que de chicos a él siempre le gustaba andar desnudo en la pileta donde nos juntáramos. Hasta no se bien qué edad, pero lo recuerdo con su pito al aire… jajaja

    Los años pasaron, nuestros padres seguían juntándose casi siempre, nosotros que crecimos ya no siempre íbamos a esas reuniones. Pero un día hacen una reunión un domingo de verano en el campo.

    Llegamos en la mañana, aprovechamos el día en la pileta, que era pequeña, pero servía para juegos y refrescarse. Notaba que Bruno, estaba permanentemente tocándose la pija y se notaba en la malla ajustada que llevaba puesta su erección permanente. Eso hacía que lo mire muy seguido, a lo que él, en lugar de ponerse incomodo era como que le gustaba que yo me diera cuenta que la tenía dura.

    El día fue pasando, él seguía con sus erecciones bien notaria en su malla. A la tardecita salimos a caminar por un pequeño monte de plantas y nos sentamos en un tronco de un árbol caído. Comenzamos a charlar y contarnos todo como siempre lo hacemos. Solo que esta vez una de las primeras preguntas que me hace es si yo había tenido sexo con un chico. Respondí que no, que nunca lo había hecho.

    Cuando yo le pregunto lo mismo, él responde que hace poquito lo había hecho por primera vez con una mujer, que su primo y un amigo lo acompañaron de unas prostitutas. Enseguida le pido más detalles, mientras miraba como se notaba su pija dura detrás de la malla.

    Me cuenta que llegaron a una casa, donde habías dos mujeres mas grandes, pasaron, pagamos y su primo se fue a la habitación con una y el amigo con la otra. Cuando termino su primo, la mujer lo llama con un camisón transparente, donde se veían perfectamente sus grandes tetas y su tanga. Ella lo empieza de desnudar, se le arrodilla y le da unas chupadas a su pija, se para, le coloca un preservativo y se acuesta en la cama abriéndole las piernas, que eso casi lo hace acabar (nos reímos, mientras él no para de tocarse la pija).

    Lo llama para que se suba a ella y la penetre. Me dijo que eso duró unos segundos hasta que lleno el preservativo de semen… jajaja. Así fue su primera vez, que le hubiera gustado hacerlo con una chica de las que le gustaba, pero que como experiencia le gustó mucho.

    Luego me pregunta si me masturbaba, no sé porque le respondí de inmediato que no. Era totalmente falso, porque yo lo hacía bastante seguido. Cuando yo le pregunto a él, me responde que todos los días. Nos largamos una carcajada juntos. Jajaja, y que esta noche se iba a masturbar pensando en mí. Uy le digo. Ahí le pregunte, ¿cómo lo hace? ¿Dónde?, con una sonrisa me dijo con la mano (risas) y en cualquier lugar, en la cama, en el baño, en el patio de su casa lo que nos provocó más risas.

    Yo seguía viendo que su pija explotaba dentro de la malla, entonces aprovecho y le digo que note como se tocaba, que todo el día la había dura, que se notaba el bulto dentro de la malla, lo que nos vuelve a provocar risas, y me dice que estaba caliente, que yo era la culpable, que mi malla metida en el culo y mis tetas lo estaban volviendo loco…

    -Uyyy, le digo.

    Me pregunta si quiero verla como la tenía de dura, aunque me estaba muriendo de ganas de verla, le respondo que no. Que nos pueden ver, si bien casi era oscuro y estábamos lejos, alguien nos podía ver. Así que me toma de una mano y caminamos unos metros más lejos, se apoya en el tronco de un árbol y baja su malla hasta los tobillos, de ahí sale su pija que miraba hacia el cielo, dura, delgada, con la cabeza colorada de estar parada todo el día rozando contra la malla y con muchos pendejos a su alrededor.

    Fue la primera vez que veía una pija dura en vivo, había visto con mis amigas unas revistas porno que tenía escondida el hermano de una de ella, donde eran unas pijas enormes, penetrando a chicas por todos los agujeros posibles.

    -Uyyy – le digo otra vez. Estas recaliente… jajaja

    Si, ¿quieres tocarla? me pregunta. Me daba muchas ganas, curiosidad, pero mi primera respuesta fue no. Él la agarró con su mano y se empezó a masturbar, y me vuelve a preguntar, ahí tímidamente me acerque y con mi mano derecha la sujete suavemente, estaba firme como metal, solida, caliente, lisa, tersa.

    Empecé a mover mi mano junto con la de él, me baja los breteles del corpiño dejando mis tetas al aire, acariciando mis pezones que estaban tan duros como su pija, cuando me dice: -dale un chupadita.

    Le respondo, -no sé cómo se hace.

    Ponla en tu boca y mueve la lengua me propone.

    Me arrodillo, al verla tan cerca la pongo entre mis labios, como si le daba besos. Ponla dentro de la boca y con empujón la situó sobre mi lengua. En ese momento comencé a mover la boca y la lengua, sentí un sabor que nunca experimente, fueron unos segundos hasta que un chorro de semen se estrelló en mi paladar.

    Enseguida la quite de mi boca y me di vuelta para escupir varias veces en el suelo, mientras él seguía emanando con presión semen que caía sobre piso lleno de hojas secas. Recupero mi vertical, me limpio la boca con la mano y esta con hojas del árbol, me subo el corpiño, él la malla y caminamos hacia la casa donde estaban todo los demás, con el fuego prendido para el asado.

    La reunión terminó, llegamos tarde a casa con mi familia, me di un baño, me acosté en mi cama con mi concha toda mojada, y me masturbé, tuve un espléndido orgasmo pensando en la pija de Bruno.

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  • La practicante (parte 1)

    La practicante (parte 1)

    Nota del autor: El siguiente relato está basado en una experiencia real que viví hace un tiempo, espero que disfruten leyéndolo tanto como yo disfruté escribiéndolo, este relato puede tener una segunda parte, si la quieren leer déjenmelo saber en los comentarios.

    Quiero confesarles una aventura que tuve hace algunos meses, llevo varios años con mi novia y quienes están o han estado en una relación larga deben saber que el tiempo suele desgastar la pasión, no quiere decir que no la ame, pero algunas veces es bueno vivir eso que ya no se vive en casa.

    Todo empezó a mediados del año pasado; trabajo en una agencia de publicidad y para esa época empezaron a contratar practicantes en distintas áreas, yo estaba inmerso en el trabajo y no prestaba mucha atención a las personas nuevas que entraban a la oficina, sin embargo durante esa temporada llegó una chica que me haría explorar mi lado más oscuro, se llamaba Valentina.

    La vi un par de veces y noté que había entrado a un equipo con el que no tenía mucha relación, así que seguramente mi contacto con ella sería mínimo, me pareció una chica linda, sin embargo no hubo una conexión inmediata; la atracción no siempre llega a primera vista, en algunas ocasiones la interacción y descubrir la personalidad de alguien puede hacer que esa persona se vuelva completamente irresistible, eso fue exactamente lo que me sucedió.

    Mi primer contacto con ella se dio un día después de almorzar. Suelo sentarme en una silla junto a un parque con mis compañeros para hablar un rato antes de volver al trabajo, en esa ocasión Valentina estaba sentada a varios metros con sus compañeros; la miraba de reojo y pude notar que en un momento se levantó de su asiento y se acercó a nosotros.

    –Hola chicos, ¿alguno de ustedes tiene un encendedor? –Estas fueron las primeras palabras que le escuché.

    Tenía una voz dulce, casi tierna, aunque noté que era una chica con mucho carácter, no había estado tan cerca hasta ese momento, así que la analicé disimuladamente, su cabello era negro y largo con un flequillo, podía asegurar que ella misma se lo cortaba; tenía una cara sexy, era alta, no más que yo, pero sí, más alta que el promedio de las mujeres en Colombia; era delgada y solía resaltar este aspecto de su cuerpo con pantalones apretados y blusas que dejaban ver su abdomen, no era un abdomen trabajado en gimnasio, diría que era más bien el resultado de una buena genética, sumado a que tenía apenas 24 años, su edad le jugaba a favor; tenía unos pechos pequeños que no le restaban nada a su belleza y unas nalgas medianas, acordes a su cuerpo.

    Ese día habló con todos, nos reímos un rato y me pareció una chica agradable, divertida y risueña, algo que todo hombre agradece ya que hace más fácil cualquier conversación. Desde ese momento empezó a compartir más tiempo con nosotros, algo que no era usual ya que como lo dije antes, trabajaba en otra área y además era practicante, sin embargo encajó perfectamente. El tiempo siguió pasando y la amistad de ella con el grupo se hizo cada vez más íntima, podíamos hablar de todo, incluso de sexo.

    –Yo prefiero hacerlo con la luz apagada, es que no sé mmm, me da un poco de pena –Comentó Valentina en una de nuestras primeras conversaciones sobre el tema con nuestro grupo de la oficina.

    –¿En serio? ¿por qué? Si tienes un cuerpo muy lindo. No creo que tengas nada que esconder, todo lo contrario jaja–le dije sin ninguna intención de coqueteo.

    Hablar de estos temas era común entre nosotros, por eso, no sentí que mi comentario pudiera interpretarse de otra forma, sin embargo noté como se ponía roja, parecía sentirse avergonzada con mis halagos.

    Poco a poco fui descubriendo las cosas que Valentina disfrutaba en la cama. Para ella que un hombre tome la iniciativa es importante; le gustaba que la guiaran, que la llevaran a probar cosas nuevas, también las nalgadas y que la apretaran del cuello, aunque aclaró que dependía de qué tan excitada estuviera; también nos contó algunas historias; lo había hecho en un par de lugares públicos… Baños, piscinas, etc.

    No solo se limitaba a contarnos sus aventuras, también nos hacía preguntas “¿Qué les gusta en la cama?” “¿Cuál es su pose favorita? ” “¿Qué les gusta de una chica?” eran algunas de sus dudas que nosotros resolvíamos entre risas. Me encantaba tener ese tipo de conversaciones, sus respuestas me abrían la mente y me hacía verla con otros ojos.

    Con el tiempo empecé a notar que se acercaba a mí de una forma diferente al resto de mis compañeros. La primera vez que percibí esto nos encontrábamos en el mismo parque en el que habíamos hablado por primera vez, estábamos unos pocos pasos alejados del grupo.

    –¿Saldrías con una chica que fuma? –me preguntó Valentina mientras encendía un cigarrillo y lo ponía en su boca; fumé un poco en mi época de colegio y le había tomado fastidio a ese hábito, pero debo aceptar que ver su cara de picardía mientras encendía ese cigarrillo y me preguntaba eso, me excitó mucho.

    –Si es una chica como tú, no lo pensaría un segundo. –Le respondí con la misma picardía con la que ella me había hecho la pregunta.

    Sonrió y miró al suelo con un poco de vergüenza, por un momento su irreverencia y rebeldía se transformó en inocencia, un contraste que hacía crecer esa atracción que empezaba a sentir por ella.

    Hasta ese momento no había notado ningún interés de ella hacía mí, pero desde ese día sus insinuaciones continuaron y yo las correspondía en forma de juego, parecía que de forma indirecta nos estábamos confesando lo que sentíamos, sin embargo como en cualquier historia, había un pequeño detalle que se convertía en una barrera o quizás solo en leña que aumentaba la llama del deseo; ambos teníamos pareja. Ella me abrazaba y muchas veces nuestras miradas se congelaban tratando de decir lo que nuestras palabras no se atrevían a hacer.

    Un día, mientras almorzábamos todos en una enorme mesa redonda que se encontraba en el comedor de la empresa, me senté junto a ella, habíamos hablado un par de veces de música y teníamos algunos grupos que nos gustaban a los dos.

    –Te voy a mostrar una de mis canciones favoritas. –Le dije mientras sacaba mis audífonos. Le compartí uno de los auriculares y ella se acercó para escuchar junto a mí una canción de León Larregui llamada “Como tú”.

    –Uuuf, esa canción me encanta. –Me dijo mientras ponía su cabeza en mi hombro.

    –Te la dedico. –Le dije con un tono de humor, como si fuera un chiste, aunque ambos sabíamos que era en serio. La canción describía exactamente lo que sentía por ella y cuánto la deseaba.

    Por unos segundos el silencio nos invadió, pero no era un silencio incómodo, era un silencio cómplice, dejé que esa canción hablara por mí, ella puso su mano sobre mi pierna sin que nadie lo notara y empezó a acariciarla con ternura. En ese momento supe que quería hacerla mía, que quería descubrir su cuerpo, que quería conocer su lado más sensual.

    Los meses pasaron rápidamente y a Valentina le empezaba a quedar poco tiempo como practicante, así que ideé un plan para hacerla mía y no solo para estar con ella sino también, para liberar mi lado más salvaje, un lado que pocas veces me he atrevido a mostrar…

    Habíamos salido un par de veces con todos los del trabajo, en estas salidas solíamos llevar a nuestras parejas; para despedir a Valentina nos reunimos en su apartamento a tomar unas cervezas, era una noche para hablar un poco, nada fuera de este mundo. Vi en esta ocasión la oportunidad perfecta para estar con ella así que como un jugador de póker, lancé mi primera carta para intentar concretar esa noche lo que por varios meses había deseado.

    –Voy a ir solo a tu apartamento, mi novia no me puede acompañar ese día –Le dije a Valentina esperando que ella tampoco llevara a su novio.

    –Ash, qué lástima, espero que a la próxima pueda ir –me dijo, aunque yo estaba seguro que esas palabras no eran lo que ella realmente pensaba. Las cartas estaban sobre la mesa y solo quedaba esperar que mi jugada surtiera efecto.

    El día de la reunión llegué unos minutos tarde esperando que algunas personas ya hubieran llegado al apartamento; eran las 7 de la noche, toqué el timbre y Valentina abrió la puerta, una luz de fondo parecía iluminarla, como si fuera una diosa que me atraía hasta lo más profundo de su reino, me recibió con un abrazo y un beso efusivo, yo solo atiné a decirle que estaba hermosa, se sonrojó y me agradeció por el cumplido. Entré con un poco de nerviosismo al no saber si me encontraría con su novio.

    Crucé el pasillo; en un sofá negro junto a una gran ventada que daba a la calle pude ver a un par de amigos del trabajo, a unos cuantos pasos de ellos había otro grupo que me saludado con alegría desde la distancia, recorrí con la mirada todo el lugar y para mi felicidad puede notar que mi jugada había funcionado, Valentina le había dicho a su novio que esa noche la íbamos a celebrar solo con los del trabajo, una excusa que yo también le di a mi novia.

    El tiempo siguió avanzando; entre cervezas y risas llegaron las 12 de la media noche y muchos empezaron a irse, cuando quedábamos solo 2, actué como si estuviera solicitando un carro desde mi celular para irme.

    –Parece que ningún carro me quiere llevar, me va a tocar quedarme en tu apartamento. –Le dije de forma juguetona, sabiendo que esa noche ella iba a ser mía.

    –Dale, por mí no hay ningún problema. –Me respondió con una sonrisa, esa noche ella había reemplazado el cigarrillo por un vaporizador que inundaba la sala con un aroma dulce.

    El último de nuestros compañeros por fin se despidió y Valentina lo acompañó hasta la puerta, yo seguía con el celular en la mano actuando un papel que pronto cambiaría de argumento. Regresó sola luego de dejar a nuestro compañero en la puerta y la vi recorrer el pasillo, acercándose lentamente hasta el sillón donde yo estaba sentado, eran los últimos pasos de algo que llevábamos meses esperando.

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  • Mi primera vez como sumisa

    Mi primera vez como sumisa

    Es blanco pero tostado y de ojos verdes, poco más de 50 años, se ve duro, bajo, pelo corto y tieso y todos lo tratan con respeto. De verdad me gustó desde la vez que fue solo unos momentos a la fiesta de Cristina. Tiene manos toscas pero cuidadas.

    Esa noche en la casa de la playa, después de jugar a las cartas salimos a la terraza a tomar un trago. Nos dimos unos besitos y luego otros ya con apretón y lengua mientras me recorría piernas y trasero. Entramos a su dormitorio por la cocina para que los que jugaban no nos llamaran. Se sentó en el borde de la cama, me puso de pie frente a él y comenzó a desabrocharme la blusa y luego sacarme el brasier.

    Yo inmóvil trataba que mis nervios no me traicionaran, casi un año sin sexo y más de 20 con la luz apagada, dejaba a sus manos acariciarme la espalda y su lengua y sus dientes en mis pezones me daban escalofríos de lo bien que los sentía. Me hizo retroceder, me desabrochó el pantalón y me dejó frente a él, sola con mis pantaletas. Temí que estuvieran húmedas.

    Luego me tomó con ambas manos por la cintura me dio vuelta y me recostó en la cama, encendió una velas apagó las luces y se sentó a mi lado acariciándome, yo estaba algo mareada por los dos wiskis, pero no podía negarme a esas sensaciones, me encantaba como me recorría esa mano áspera que subía desde mi entrepierna hasta mi cuello.

    —Estas mojándote, putina —me dijo. Su voz sorprendió al silencio y exorcizo ese estado de gracia que vivía, sobre todo porque me pareció una ordinariez que me llamase así.

    —Zarina, —le dije molesta. Muy molesta en verdad.

    —Putina —me dijo más suave sonriéndose.— Y hoy día te voy a bautizar.

    Y siguió acariciándome sin hacerme mayor caso. Luego me puso boca abajo y metió su mano entre mis piernas, devolviéndome a un estado de subordinación que verdaderamente me transportaba. Deslizó mis pantaletas por ambas piernas hacia mis pies y me dejó boca abajo desnuda en la cama. Y ya a punto. Lista. Entregada. Y se dio cuenta de ello. Acomodó una almohada bajo de mis caderas que levantaron mi trasero. Yo me sentía a cien, levantaba mis glúteos para que los tomara y el paseaba su dedo por mi hoyito, luego bajaba su mano a mi rajita que estaba muy muy mojada.

    —¿Sigo? —Me susurró con sus dedos pellizcándome el clítoris.

    —Siiii, por favor —le pedí con una sonrisa entre suspiros susurrándole.

    —Viste que eres putita… Mi putina —me dijo.— Reconócelo. Dilo… Mientras me magreaba el sexo.

    —Putina, —le dije después de un silencio, murmurando con la cara enterrada en la almohada y siguiendo con mi cuerpo su mano para que no se despegara de él.

    —Más fuerte, que no te escucho amor. —Me gustó que dijera amor.

    —Putina. Soy tu putina —le dije y me mordí los labios junto a la sábana donde hundía mi cara.

    Y siguió. Yo movía mis caderas buscando el contacto de mis labios mojados con sus dedos. Estaba muy muy excitada ya, como nunca creí que yo señora profesora, señora directora, ejecutiva de banco pudiera estarlo. Solo quería que se sacara su ropa y entrara en mí.

    —Te mueves mucho putina —me dijo, y me dio media vuelta poniéndome boca arriba. Respiré.

    Y acostada en la cama ató mis manos, mis muñecas a cada esquina de la cabecera. Luego separó mis piernas y las amarró desde sobre las rodillas a los bordes de la cama impidiendo que las juntara, dejándome abierta a él, mojada palpitante e hinchada, cualquier roce me aceleraba, me hacía jadear.

    Luego me vendó los ojos.

    La ceguera hizo que escuchara con nitidez las voces de los demás que afuera continuaban jugando a las cartas y olí las velas que alumbraban la habitación. Su mano continuó jugando con mi cuerpo, lo rozaba, lo pellizcaba, buscaba mi boca o colaba sus dedos entre mis labios sin introducirlos en mi vagina, los subía a mi cuello, los enredaba en mi pelo, así por un largo rato que me hacía padecer.

    Por qué no me monta de una vez me preguntaba impaciente, porque no me lo mete de una vez. ¡¡Por dios!! Luego su mano comenzó a bajar por mi estómago, lenta y se acercó a mi clítoris, pensé que si me lo tocaba no iba a poder reprimir el orgasmo. Sí estaba lista. Me tenía lista.

    En el momento que lo hacía que sentía como comenzaba a abrirme esos labios y acercarse y suspiraba ya para explotar, para irme, perderme, en ese preciso momento, sentí traspasar mi pezón por una aguja y no pude evitar un grito de dolor, parecía que un cuchillo lo cercenara. Grité corto y duro. Luego fue un aaag y retorcí mis brazos pero las correas de las manos y piernas me inmovilizaban, era un dolor de agujas que entraban por mi piel y que luego pasó a confundirse con las ansias que despertaba nuevamente su mano que se acercaba a mi entrepierna una vez más.

    Cuando abría mis labios buscando mi vulva y yo levantaba hasta donde podía mi cadera buscando el roce para llegar, para tener ese orgasmo que se acumulaba en mi bajo estómago, y comenzaba nuevamente a jadear, la nariz a dilatárseme y ya me iba cuando la cera caliente volvió a clavarme como miles de agujas en mi otro pezón. Esta vez solo emití un grito ahogado, un quejido que se confundía con un gemido no exactamente de placer.

    Acezaba, y la transpiración me pegaba el cabello a la frente. Lenta su mano en mi pierna devolvía mi excitación, jadeaba de caliente que estaba, creo que si sopla mi clítoris me hace eyacular como un jovencito.

    —Tienes calor putina —me dijo más que me preguntó.

    Sentí sus pasos que se alejaban, el ruido de una botella verter líquido en un vaso y sus pasos hacia mí, luego con una mano en mi nuca enderezaba mi cabeza y con la otra me daba de beber el tercer whisky que me tomé casi de un solo trago.

    Sus pasos se alejaron nuevamente y una brisa baño mi piel desnuda sobre la cama con mis caderas allí levantadas. Sentí que se sentó a mi lado y su mano sobre mi rodilla subió lenta por el lado interno de mi pierna, estaba mojadísima, seguro mojaba la cama ya y hundió brusco dos de sus dedos en mi sexo y yo curvé mi estómago, luego los sacó y deslizó hacia atrás hasta mi ano que sintió que sus dedos mojados ahora penetraban en él.

    Yo levanté las caderas facilitando su clavada por atrás y un escalofrío, un suave calambre me recorrió… Había dejado de sentir el murmullo en la otra pieza… La brisa era de la puerta entrejunta. Quedé helada, laxa. Las lágrimas me brotaron sin control y la fuerza me abandonó, no pensé pero sentí, la puerta entrejunta y que ahora seguro miraban, habían visto como metía sus dedos en mi hoyito y jadeaba y me retorcía toda caliente sobre la cama.

    Estaba paralizada. Iba a llorar mucho. En verdad mis ojos lloraban, pero sentí como me abría y penetraban sus dedos ahora en mi vagina y los sacaba y me los volvía a encajar. Quizás son ideas mías pensé y mi cintura se alzaba independiente buscando esa penetración. “Acá somos todos adultos” me había dicho en la terraza, y me lo repetí, pero no, no podía pensar, mi cuerpo era mas fuerte que yo.

    Seguro se han asomado a la puerta, sino porque el silencio, pero mi clítoris hinchado y duro como un pequeño volcán que me obnubilaba y en el momento que sentía que desde mi estómago me bajaba un dulce escalofrío que se transformaba en un río de fuego en mi bajo estómago, me quemó entre las piernas provocándome un ahogado grito de dolor, un aaggg con miles de agujas que me taladran la pelvis, los labios de mi sexo. Tiritaba de dolor. Resoplaba.

    Sentía mi sudor reunirse con mis lágrimas y gotear juntas desde mi sien hacia el colchón en que me tenía. Jadeaba, babeaba solo por la boca, resoplaba de placer y sufrimiento, de vergüenza de exhibirme allí y de la mayor calentura de mi vida. Sentía su mano en mi sexo, recorriéndome, tensando mis pezones y presentía sus miradas cómplices, de burla, sus sonrisitas de “mírala, tan puestecita”, o “tan digna que se creía”, “ella que se las da de señora” y esa humillación que percibía de “mírala tan damita convertida en puta” esa humillación me excitaba aún más, hacían que mi sexo y esa mano pudieran más que yo.

    Pensé que por suerte me había depilado porque separaba mis rodillas y con mis caderas buscaba de nuevo el contacto, sudaba entre mis pechos, en el cuello, las axilas mojadas, la boca seca de jadear como una perra por sus dedos dentro mío. Mis orejas rojísimas, las narices dilatadas, las venas de mi frente hinchadas, mi cuello que impelía mi cabeza hacia adelante buscando sexo.

    La cera aun tibia sobre mi coxis se endurecía, en mis pezones, en mis piernas. Y nuevamente me conducía hacia el suspiro del éxtasis y la cera hirviendo lo anulaba justo en el último momento, cinco, ocho veces, mil veces hasta que perdí el sentido del tiempo, mareada, ida en esa cama, no tenía voluntad, estaba abandonada a lo que el dispusiera. 24 años de sexo de 5 minutos con luz apagada el sábado, de seis meses de abstinencia y me tenía así. Allí.

    —Si me dices que eres mi putina te hago terminar —me dijo al oído, él, que ahora yo sabía porque los demás lo respetaban y le decían “viento frío”.

    —Soy tu putina —me escuché murmurar

    —Más fuerte —me dijo— que no escucho —y se rio.

    —Soy tu putina —le dije ahora entre jadeos tratando de tener un tono normal

    —No te escucho mi amor —me volvió a decir.

    —Soy tu putina —le dije ya fuerte y entregada

    —No eres mi putina, eres una putina… ¡dilo!

    —Soy una putina, una putina, eso soy, una putina —lo dije asesando, mientras me caían las lágrimas de vergüenza y el sudor de la calentura por mis sienes. Y sentía que esa humillación me hacía sentir mas profunda mi excitación, esa degradación me provocaba una calentura que me enloquecía.

    —No te llamas Zarina, te llamas putina… Dilo

    — Me llamo putina, no me llamo Zarina, me llamo putita porque soy putina —le dije balbuceando entre sollozos de vergüenza y asesando de caliente de exasperada por no poder llegar, explotar, terminar.

    —Y que quiere esta putina?…

    —Que me hagas terminar… Por favor, —agregué.

    — Por favor, hazme terminar, —le imploraba tres, cuatro veces

    Y sentí que algo fresco, una mano helada me tocaba donde antes me ardía como el infierno y había hecho que casi me desmayara, esos dedos toscos con restos de cera rodearon mi botoncito suavemente y este obedeció sumiso, lo acarició, lo pellizcó estirándolo hacia arriba y sentí como desde sobre mis rodillas atadas y desde mi estómago un dulce escalofrío comenzaba a transformarse en delicioso calambre que se concentraba en mi volcán y bajaba, se iba, una dulce agonía paralizaba hasta mis pensamientos mientras temblaba.

    Eché la cabeza atrás y se me enterraron los cordones que me sujetaban las muñecas, levanté en una contorsión mi cintura y mi cuerpo delgado y pequeño dio un largo estertor, tiritaba, me iba, exhalaba, me iba en ese calor que escapaba por entre mis piernas, exhalaba en un grito ahogado mi placer, y entre ese dulce morir presentí que era observada por otros y ello hizo que esta dulce muerte fuera más intensa aún.

    Mareada junto a un gemido ronco dejé de saber de mí por unos instantes, quizás unos minutos. Dejé caer la cabeza doblada al lado, ida, abandonada entre jadeo, sudor, saliva, lágrimas y el flujo de mi vagina que esa mano tosca y mojada me restregó por la cara cuando volvía en mí.

    Estaba echa un bulto, un fardo sobre la cama con la entrepierna aun palpitante y sentí que la puerta se cerraba mientras él me desataba. Me dio vuelta y me puso en cuatro en el borde de la cama, de espaldas a él, yo apenas me sostenía, mi cuerpo aun tiritaba, me sujetó las caderas y sentí que me penetraba por atrás partiendo mi carne. Me sujetaba las caderas levantándolas para que llegaran a la altura de su entrepierna y para que no me cayera. De pie me perforaba por atrás rasgándome, un dolor imposible de soportar me desgarraba y mi hizo suplicarle “me duele, me duele mucho” dije en un murmullo sollozando.

    Sentí que se salía. Metía la mano en su bolsillo porque solo se había bajado sus pantalones y me ponía una crema, “te va adormecer el culito mi putina” me dijo, y sentí que se alejaba y tomaba un trago, luego puso su mano en mi clítoris que aun palpitaba pellizcándolo al tiempo que me provocaba otro suave orgasmo y me preguntó si aún quería más, “pero por tu culito…” me dijo.

    —Lo que tú quieras —le susurré, suelta, con una mejilla pegada a la cama totalmente entregada a sus deseos.

    —¿Quién eres? Me preguntó seguro sonriéndose mientras sentía como disfrutaba el empalarme así, arrodillada de espaldas a él, abierta entera a su disposición, total.

    —La putina, —le dije, asumiéndolo— la putina.

    —Bien, —me dijo— voy a terminar dentro tuyo, acá atrás.

    Y sentí como clavaba de un solo espolonazo y luego de un breve mete y saca llenaba mis riñones de su generoso semen. Se salió de mí dejándome caer exhausta desmadejada sobre la cama. Se subió los pantalones, puso la camisa dentro de ellos, se recostó en la cama y me dijo: “párate allí” señalando a unos pasos de la cama. “vas a ponerte de espaldas a mí y de frente al ropero, con las piernas abiertas, agachándote un poco, y apoyas las manos en él para que no te vayas para delante, quiero ver como chorreas, ahhh y súbete a tus zapatos”.

    Lo hice obediente, excitada aun, mareada, tiritando, con las piernas que apenas me sostenían y las manos apoyadas en el ropero a la altura de mi cabeza. “Mas alto” dijo. Y se paró y me vendó los ojos nuevamente y un escalofrío me hizo presentir lo que vendría. Desnuda allí, apoyada semirecostada contra el ropero, con la piel cubierta de cera, como una niña que ha hecho mal la tarea, sentí como su semen comenzaba a escurrirse desde mi colita y mis líquidos bajaban bordeando mis piernas.

    —Voy a buscar un trago —me dijo— Y no te muevas. Putina.

    Sentí que salía y el aire frío baño la pieza nuevamente… Y los pasos se acercaron, varios, los presentía, me rodeaban, sentía sus sonrisas, sentía sus miradas, su desprecio. Yo me atrevía apenas a respirar… Creo que el pañuelo que me cubría la vista debe haberse mojado igual, no lo sé.

    Pero sí sé que me miraban, miraban como chorreaba un líquido viscoso desde mi ano y desde mi vagina hasta manchar el piso, miraban las huellas rojas aún de la cera en mi piel, mis piernas separadas con las marcas aun de las correas que las habían mantenido abiertas, la huella de la transpiración bajo mis brazos, mi pelo pegoteado por la transpiración y las lágrimas. Y sí sentí con meridiana claridad y estupor como mi clítoris se hinchaba nuevamente, duro, palpitante

    Hacia algo de frío, pero yo estaba caliente, caliente de excitada, de encendida mientras escuchaba el chocar de los hielos en los vasos de whisky.

    Sentí que me quedaba sola de nuevo y los dedos de viento frío enredarse en mi cabello y agarrada así me guiaba a la cama donde me recostaba. Tomó un largo trago de whisky que pasó de su boca a la mía que ayudó a sentirme mejor. Me quitó la última cera que extrañamente casi no me dolió al retirármela.

    —¿Tu marido te produjo alguna vez un orgasmo como el de hoy? —me preguntó

    —No. —le reconocí— Pero tampoco una vergüenza como la de hoy, que van a decir después, que… —Y no pude seguir porque los sollozos no me dejaron.

    —Pero si no pasó nada, —me dijo, cínico, canchero— Y aunque pasara. Acá somos todos adultos. No van a decir nada, porque el que dice algo se va de la mina y en su vida vuelve a encontrar un trabajo como el que tiene, para eso soy jefe y con buenos contactos. Y de las mujeres que hay tampoco. Aunque nadie les va a creer si dijeran algo.

    —Y no me gusta que me digas putina —le dije bajito…

    —Nooo, si te gusta, porque eres una putina, te gusta que te miren, te gusta que te controlen, te gusta que el otro sea responsable, te gusta servir, complacer. Tienes 25 años perdidos, tienes que recuperarlos luego Putina, y yo te voy a hacer gozar como no te imaginas se puede gozar, Putina. Porque eres una putina y medio putita, ¿verdad? —Y se rio.

    Me quedé en silencio, me tenía, me controlaba, “era más fuerte que yo”, como dijo una vez un militar.

    —Si una putita. Eso soy… una putita —le dije casi en un murmullo reconociéndome que me había bautizado.

    —Ahora te vas a masturbar de pie acá delante mío, y cuando termines, me lo mamas y te tomas todo.

    Lo hice sin objeción, sin dudarlo siquiera, obedientemente, luego me dormí en su cama.

    Al otro día, la vergüenza no me dejaba abrir los ojos, pero sin preguntarme me sacó y me bajó a la playa junto a los demás. Las miradas a mis espaldas eran socarronas y las sonrisas de ellas de superioridad, de desprecio. Pero ninguno dijo nada, almorzamos y volvimos a la ciudad al atardecer.

    Me fue a dejar uno de los que había estado la noche anterior jugando a las cartas. Uno de los que me había visto “en eso”. Cuando se despedía me sorprendió preguntándome si me podía llamar cuando volviera a bajar de la mina, que le gustaría invitarme a comer, que había un restaurante recién abierto, de moda.

    Los hombres sí que son una sorpresa.

    No volví nunca más por supuesto a las fiestas de María Cristina y justificándome en la pandemia me encerré en mi casa y me concentré en el trabajo. Fue medio año hasta que acepté una invitación a comer. Luego acepté una segunda en que yo aporté el postre, y me vi envuelta en una relación en que era la amante de un hombre casado con tres hijos grandes y una mujer rubia teñida que había gastado mas de veinte mil dólares en liposucciones y colágenos en Estados Unidos. Lo sé porque tengo acceso a su cuenta donde trabajo. A la de él y a la de sus amigos con quienes juega a las cartas.

    Continúa…

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