Blog

  • Luna llena (parte 2)

    Luna llena (parte 2)

    Acabo de llegar a la ciudad que me recibe con una calidez y amabilidad, ya he venido varias veces por negocios ya que soy administrador de una cadena de hoteles en esta ciudad.

    Entro a mi habitación para ducharme y ponerme cómodo para más tarde ir a cenar. Es una habitación muy amplia con vista al mar; dejo mis cosas y voy caminando hacia el balcón ya que me gusta sentir la brisa y el sonido de las olas es un momento que me da paz y calma.

    Al estar un buen rato ahí me llama la atención algo o en esta ocasión alguien, es una mujer que acaba de salir al balcón de su habitación que por cierto explico el hotel su estructura es en forma de U así puedo ver a esta mujer en diagonal a mi habitación.

    Está en toalla, se nota que acaba de salir de la ducha porque su cabello y cuerpo están mojados, de un momento a otro deja caer su toalla y puedo ver su desnudez en totalidad ya que el barandal es de vidrio; quedo sin palabras solo me limito a verla, es hermosa o bueno para mí. Es delgada, de senos medianos, piel blanca, cabello largo. Apoyó sus manos al borde del barandal haciendo que sus senos se unan… ¡Wao! Tienen una forma perfecta para mí gusto, sus pezones son cafés, sus areolas son medianas es un degrade en tonos cafés.

    Veo que cierra sus ojos y está disfrutando de la brisa, su cabello lo mueve el viento. No sé qué me pasa pero siento celos de la brisa ya que en este momento es él quien acaricia su cuerpo. Mi cuerpo está reaccionando, mi falo se está endureciendo siento más calor del que el clima me da. Aquella mujer después de un rato se retira y yo no aguanto más y me dirijo al baño.

    Me retiro mis prendas y entro a la ducha, me gusta sentir la fuerza del agua fría caer sobre mi cuerpo me apoyo contra la pared y dejo caer el chorro por mi espalda; en mi mente sigue aquella mujer, su desnudez tan hermosa se nota que lo disfruta y no le importa el que dirán.

    Tomo el jabón y lo paso por todo mi cuerpo, cuando llego a mi falo es inevitable ya que se encuentra duro, en punta; comienzo a pasar el jabón por esta zona y la temperatura aumenta a pesar del agua fría; comienzo a tocarme cada vez más y más, está muy dura y caliente que la venas se brotan.

    Mi mente continúa en aquella hermosa mujer, es tanto el deseo que suelto el jabón y aprovecho la suavidad de la espuma y empiezo a frotar mi verga muy lento, paso mi mano por mis huevos y los amaso suavemente para después continuar frotando mi verga. A medida que mi calentura sube aumento la velocidad; con esa velocidad y esas ganas por ella mi mano está a mil con mi verga, mi cuerpo no aguanta más y exploto de placer… un hormiguero invadió todo mi cuerpo… veo caer mi leche espesa deseando que ella lo probara.

    Después de satisfacer mis ganas salgo de la ducha así desnudo y mojado y me dirijo al balcón para sentir la experiencia que ella vivió en ese momento; ahora entiendo todo, es una sensación muy placentera. Quiero saber de ella así que me coloco ropa para la ocasión, mi colonia que no puede faltar, tomo mis llaves y la tarjeta y me dirijo a cenar, posteriormente averiguaré sobre ella.

    (Este relato fue en colaboración por un amable caballero)

    Loading

  • El padrastro castiga

    El padrastro castiga

    Laura, con dieciocho años recién cumplidos, abrió los ojos y miró la esfera fluorescente del reloj de mesa.

    No era todavía la una de la mañana.

    Tratando de hacer el menor ruido posible se levantó de la cama y descalza, sin dar la luz, caminó con sigilo en dirección al cuarto de baño.

    Tras una puerta a medio cerrar, al fondo del pasillo, oyó con claridad los golpes, e imaginó la escena. El cinturón de su padrastro impactando contra los apretados glúteos de su madre.

    Laura se aproximó a la puerta y se atrevió a mirar por la rendija.

    Su madre estaba tumbada boca abajo. Tras una pausa, los viejos muelles de la cama de matrimonio comenzaron a chirriar como quejándose al tiempo que una voz femenina, pedía en éxtasis más y más mientras los huevos de su marido golpeaban rítmicamente su trasero.

    Más tarde, sentada en el retrete pensó en su madre. Estaba enferma. Cada día, a primera hora, desde hace una semana, su padrastro preparaba con precisión la medicina llenando con líquido blanco una gruesa inyección.

    -¿Hoy toca en la derecha o en la izquierda?

    -La nalga derecha.

    La larga aguja se clavaba sin piedad y el líquido blanco, dolorosamente, penetraba en el cuerpo.

    Su madre apretaba los dientes cada vez que la inyectaban.

    Laura contrajo el culo durante un instante mientras revivía la escena, avergonzada de encontrar erotismo en el dolor. Luego, relajando el esfínter, dejó escapar el pis.

    De vuelta en su cuarto pensó en otra mujer, la madre de su amiga.

    Aquella dama que acababa de cumplir cuarenta tenía estilo y se cuidaba. Un día se habían quedado a solas y, para su sorpresa, la mujer le había dado un beso en la boca.

    Esperó una disculpa, pero Paula, que así se llamaba la madre de su amiga, dijo.

    -¿Te gustaría acostarte conmigo?

    Aquello era inapropiado y sin embargo, quizás por curiosidad, Laura accedió.

    Paula se quitó toda la ropa y la joven la imitó.

    Luego se besaron con lengua.

    Después Laura, siguiendo indicaciones de su compañera se tumbó boca abajo y Paula, arrodillándose sobre la cama, apartó las nalgas de la chica y hundió su rostro en el joven culo besando y lamiendo el ano.

    Los pensamientos de Laura volvieron a su habitación. Miró de nuevo el reloj y constató que había pasado media hora.

    La experiencia con Paula había estado bien, pero faltaba algo.

    *******

    La enfermedad de su madre pasó en unos días. La mujer madura, agradecida, siguió un tiempo con su marido. El sexo con él era bueno, muy bueno, sin embargo, el castigo físico, los azotes que precedían al paraíso dejaron de gustarle. Al principio, cuando estaba enferma, cuando tenía que convivir con un culo dolorido, el escozor de los azotes era bien recibido, quizás su enfermedad no fuese más que el resultado de desear pecar carnalmente. Esas nalgadas, ese cuero calentando sus maltrechas posaderas, actuaba en su mente como un elixir psicológico, era una chica mala, merecía ser castigada y con la ayuda de los dioses volvería a recuperar la salud.

    La salud trajo la libertad y una mañana, la madre de la joven se despidió de su familia.

    ************

    Laura podía haberse ido, pero la universidad y los estudios no se pagan solos. Podía haberse puesto trabajar a tiempo parcial por un pírrico sueldo, pero eso no iba con ella. Le gustaba la vida nocturna, salir con amigas y, de vez en cuando, frotarse con la madre de su amiga.

    Sin embargo, esos días de niñata mantenida estaban a punto de acabar. Su padrastro, una tarde, habló claro. Podía seguir en casa, pero había normas.

    Laura se saltó las reglas y una noche, sin previo aviso, su padrastro la dio una nalgada con fuerza.

    -Son las dos de la mañana. No has llamado y en esta casa hay unas normas. Si no cumples, vete.

    Laura, algo achispada por el alcohol, protestó y dijo que hablarían por la mañana.

    ********

    A las nueve del día siguiente la puerta del cuarto de Laura se abrió de golpe. La chica abrió los ojos y vio al hombre con el que vivía. Pantalones vaqueros, camisa a cuadros arremangada y un cinturón en su mano.

    La joven, en pijama, se sentó en la cama.

    -¿Qué haces aquí?

    -Vengo a calentarte el culo.

    Laura notó un nudo en el estómago. Tenía miedo, pero también estaba excitada, su padrastro era un tipo atractivo a su modo.

    -Perdóname, no lo volveré a hacer. -Suplicó.

    -Eres libre, puedes largarte de esta casa o, como te dije, seguir las normas.

    Laura tragó saliva. No tenía ganas de irse. Tampoco quería que la zurrasen.

    -Oye, sabes que eres un tipo atractivo. ¿Qué tal si tú y yo lo pasamos bien?

    Su padrastro se acercó a ella, le acarició la mejilla y acercándose a ella le susurró.

    -Túmbate boca abajo y prepárate para una buena tunda.

    Laura no reaccionó y el hombre la empujó sobre la cama.

    -¡En posición, obedece o será peor para ti!

    La chica, sin salida, adoptó la posición.

    Su padrastro la miró con severidad y descargó el golpe de cinturón sobre el trasero.

    Laura notó el ramalazo en sus carnes, pero apenas se movió.

    Cinco nuevos azotes, muy seguidos, impactaron en las nalgas.

    Dolían, pero se podían aguantar.

    Laura, más por una rabieta que por otra cosa, respondió con un exabrupto

    -Deja de pegar coño.

    -Ah sí. Tu desvergonzada quieres dar órdenes… y besitos también. Ahora verás.

    Y tirando del pantalón del pijama expuso el culo de su hijastra.

    -Serás…

    Un nuevo azote cayó sobre sus posaderas antes de que pudiera acabar la frase.

    Laura notó como su respiración aumentaba. Sin pensar se llevó la mano a su sexo y mirando a su padrastro empezó a frotarse.

    Un nuevo latigazo la hizo gritar y justo después empezó a gemir.

    El hombre estaba empalmado y su rostro rojo era prueba de que todo aquello no le resultaba indiferente.

    Laura se tumbó de lado sin dejar de frotarse con la mano. Estaba mojada y el deseo no paraba de crecer.

    -Quítate los pantalones y fóllame como hacías con mamá

    Su padrastro solo dudó unos segundos antes de desabrocharse los vaqueros y bajarse los calzoncillos dejando su pene crecido al aire.

    Luego, besó con pasión a Laura en la boca. Manoseó sus pechos y finalmente, la penetró.

    Laura estaba acostumbrada a hacer el amor con Paula. A veces habían usado juguetes, pero aquello, aquel pene henchido y palpitante era algo que nunca había experimentado.

    El culo escocía, pero ese escozor, ese calor, se mezclaban con la sensación única de tener dentro a aquel hombre.

    Se dejó llevar.

    Luego, para acabar se puso a cuatro patas.

    El pene entró por detrás mientras las manos varoniles agarraban sus pechos.

    De alguna forma sus labios se encontraron, sus lenguas se tocaron y, entre embestida y embestida, entre gemidos y jadeos, ambos amantes alcanzaron el clímax.

    Laura se quedó con su padrastro durante meses.

    Muchas veces acabó sobre sus rodillas, con los azotes haciendo bailar sus nalgas.

    Compartieron ducha y bañera y llegaron a probar el sexo anal.

    Fin

    Loading

  • Entre mi mujer y mi suegra (parte 2)

    Entre mi mujer y mi suegra (parte 2)

    Entre mi mujer y mi suegra (parte 1)

    Me encuentro en el aeropuerto esperando la llegada de mi suegra, cuando veo que se acerca ¡suegra, suegra! La llamo y alzo la mano para que me vea, nos abrazamos y ella me besa en la mejilla. “¿Qué tal el viaje?”, “¡bien!”, Me contesta ella. cojo una de sus maletas y un bolso y nos dirigimos a mi coche que está estacionado fuera. Le comento que su hija sale del trabajar más tarde de lo normal que ya pensaríamos que hacer durante todo el día.

    Mientras conduzco, ella me pregunta qué me pareció la lección que me dieron su hija y ella. Me quedo sin saber que decir, sabía que en algún momento tocaría ese tema, pero no pensé que sería tan pronto, continúa diciéndome “¡la idea fue mía, pero la decisión la tomó tu mujer! ¡no tienes por qué avergonzarte por lo sucedido!”. La conversación me incomoda y ella parece entender que no quiero hablar del tema y sonríe burlonamente.

    Una vez en casa me pregunta si tengo vino, le sirvo una copa y me siento junto a ella “¡se me hincharon los pies!” Se queja ella quitándose los zapatos “¡deja que te ayude con eso!”, le digo haciéndole un gesto para que aproxime sus pies sobre los míos. Mientras masajeo sus pies le pregunto qué quiere hacer primero, “¡descansaré y luego ya veremos!”. Continuamos hablado de cosas banales, en medio de la conversación me pongo algo nervioso y descolocado.

    Ella nota la razón, sus pies están sobre mi polla erecta ninguno de los dos hacemos nada por evitarlo, ella disimuladamente mueve uno de sus pies sobre mi polla presionándola discretamente como si nada, me pongo cachondo mientras masajeo su otro pie, ella decide cuando parar levantándose y dirigiéndose al baño para darse una ducha.

    Descolocado intento distraerme mirando mensajes en el móvil, no sé cuánto tiempo ha pasado cuando oigo su voz.

    “¡Yerno!”. Subo la mirada y la encuentro envuelta en una pequeña toalla que apenas le cubre su grueso cuerpo “¿Qué ocurre?”, “¿Dónde has dejado la maleta pequeña?”, “¡se me quedo en el coche!”, “¡la necesito, mi ropa íntima está en ella!”, “¡no se preocupe enseguida bajo a buscarla!”.

    Mientras me dirijo al coche en busca de la maleta, no dejo de pensar en lo que acabo de ver, me pongo muy cachondo y fantaseo con arrebatarle la toalla, dejarla en pelotas, follarla. De regreso con la maleta, aún continúa envuelta en la pequeña toalla esperándome “¿Dónde dejo la maleta?”, “¡sobre el sillón!”. Ella se inclina para abrirla, hipnotizado contemplando sus grandes y blancas nalgas y como poseído me arrodillo frente a ellas y me quedo atónito contemplando su ano. Y sin poder evitarlo sujetando sus nalgas, le doy una intensa lamida con mi lengua. Al sentirme se estremece “¡Ohhh!” ¡Seguramente nunca antes se lo han lamido pienso, mientras continúo pasando mi lengua por su ojete! Ella se aparta bruscamente, la miro perplejo temiendo su reacción, su cara colorada refleja un intenso apetito sexual. “¡Vaya, no sabía que te gustara tanto mi culo!”, “¡no hE podido evitarlo!”, Confieso avergonzado. Mi suegra ríe satisfecha mientras empuja de nuevo mi cara a su culo “¡pues continúa lamiendo si tanto te gusta!”. Continúo lamiendo su ojete, mientras pienso que mi suegra debe verse exultante y poderosa mientras su yerno de rodillas lame su culo.

    Ella decide cuando parar nuevamente y apartándose, se despoja de la toalla y me enseña su coño sin depilar “¡Ven aquí, ya verás cómo me vas hacer disfrutar de aquí en adelante!”. Agarrándome del pelo empuja mi cara contra su coño. Comienzo a lamer, mientras pienso que ha querido decir con eso de aquí en adelante.

    Ella me mira desde arriba con gesto de superioridad “¡Come, come!”, dice mientras yo paseo mi lengua por todo su húmedo coño, los vaivenes de su cadera me indican que está disfrutando, localizo el clítoris y lo estimulo suavemente con la lengua “¡mmm, si, si, no pares, mmm!”, me dice entre suspiros, mientras continúo lamiendo sintiéndome orgulloso de mí mismo, al sentir como disfruta.

    No sé cuánto tiempo llevo lamiendo el clítoris, cuando le viene un orgasmo con fuertes movimientos pélvicos “¡Aah, Aaaah!”, suspira ella sujetándome por el cabello contra su coño “¡vamos a la cama, allí estaremos más cómodos!”, dice dirigiéndose hacia la habitación, yo detrás de ella contemplando el contoneo de su grueso culo excitándome aún más.

    Me desnudo, mientras ella clava sus ojos en mi polla que está a punto de reventar por la excitación. Nos tiramos sobre la cama y me voy sobre ella como un poseso la abro de piernas y se la meto en su coño peludo, las gotas de sudor corren por mi espalda mientras la follo con todas mis fuerzas.

    Me vuelve loco el rostro emputecido que refleja su cara “¡Oh, yerno, aah, aah, aah, mas, mas!”, dice mientras sujeta mi trasero con sus manos enterándose más mi polla, sus fuertes gemidos me existan aún más “¡aah, aah, aah!”, se corre fuertemente levantando su pelvis “¡Oh, Oooh, si, si! ¡cabrón dame, más, no pares”. Continúo bombeando como un poseso hasta que tiene otro orgasmo “¡Oooh, Ooooh, mmmm!”, atrapándome entre sus gruesos pies.

    A pesar de mi juventud treinta años menor que ella que tiene cincuenta, reposo exhausto sobre su abdomen, aun no me he corrido y pretendo continuar, ella parece leerme el pensamiento y me hecha a un lado, masajea mi polla pienso que me va a montar, pero se van a mi polla y con su lengua se desliza por mi miembro chupa y lame el glande devorándolo, no aguanto más y me corro, ella parece orgullosa de sí misma mientras observa como el semen se desliza por mi miembro.

    “Voy a preparar algo para comer” dice levantándose de la cama. Al rato, voy a la cocina junto a ella, está en braga con el pecho descubierto, miro sus tetas, pequeñas, pero seductoras, me siento en la necesidad de preguntarle “¿Qué quiso decir con eso de aquí en adelante?”.

    Mi suegra suelta una carcajada. “¿Qué pasa?”, pregunto sin entender su reacción. “¿Es que mi hija aún no ha hablado contigo?”, “¿Sobré qué?”, “¡he vendido la casa del pueblo, y vengo a vivir con vosotros!”. Me quedo perplejo y no sé qué decir “¡suponía que vosotros dos ya estabais de acuerdo, aunque tú no has tenido problema para comerme el culo!”, dice un poco pensativa, acercándome a ella, la beso brevemente “¡será un placer que vivas con nosotros!”.

    Loading

  • Noches de donación y exhibicionismo (parte 3)

    Noches de donación y exhibicionismo (parte 3)

    Erika y Román, este es nuestro relato escrito con mucho amor de nuestras aventuras, romance, exhibicionismo, infidelidades consentidas, entre otras cositas. (parte 4)

    Y como había mencionado en el relato anterior, ¿Qué tan lejos mi novia piensa llegar?

    Y recordé que yo le había dado luz verde a ella porque le había dicho que llegase hasta donde ella quisiera, pero no pensé en que la excitación y calentura hablara por ella, dicho eso se me vino otra cosa en la mente:

    ¿Será que realmente está pensando en coger con ellos? ¿O les hará un oral? ¿O solamente está jugando con ellos?

    Fue una incertidumbre en ese momento, ya me estaba preparando para verla con un verga aunque sea de un vagabundo en la boca. Pero el giro fue inesperado ¿La razón? Los tres se negaron a sacárselas y eso nos desconcertó.

    Eso nos desconcertó a nosotros dos, por lo que les dije: “Oigan no se preocupen que sea mi novia, la estamos pasando bien y ustedes claramente también se están divirtiendo” señalando sus erecciones, “y yo también” e hice ver mi erección para simpatizar con los tres.

    Antonio que al final actuaba como ayuda de los otros dos nos responde:

    –No es eso, o sea tu novia si está muy buena, jamás una mujer nos había dado tantas atenciones como ella, enseñarnos sus pechos, estar desnuda en la calle, enseñarnos su culo y dejar que le pasemos el dedo, y sobre todo querer estar aquí con nosotros todos mugrosos.

    Mi novia al escuchar eso se levantó y sacó su otra cara: La de enfermera quien vela por los demás.

    Inmediatamente habló con ellos tratando de resolver el problema, de una manera amorosa y tranquila, de la manera en que me enamoré de ella y decidir amar a mi bella esposa. Al final nos dijeron que les daba pena.

    Y ella les respondió con toda seguridad: “Si se refieren al tamaño eso no cuenta aquí”. Y ellos le respondieron: “No es el tamaño Erika (primera vez que la llaman por su nombre) lo que sucede es que como nosotros pasamos en la calle nuestros penes andan con muchos pelos y están sucios, no de enfermedades, pero si sucios, llevamos 2 días de no bañarnos porque no siempre conseguimos quien nos deje bañarnos…”.

    Mi novia sabe hacer las cosas a su favor, así es como consigue que sus pacientes hagan caso, entonces dice: “Sucios o no, yo los quiero ver pues ya llevamos un buen rato compartiendo momentos, no se preocupen por esas cosas con nosotros…”.

    Dicho eso en media plática ella se hincó sobre sus tacones frente a Antonio y mi novia empezó a quitarle el lazo al pantalón de Antonio y cayó al suelo dejando ver su verga que en efecto estaba bien peluda con algo de canas, se percibía un poquito de olor a orines, aunque la cabeza de su pene se miraba limpia, lo demás de su verga si estaba algo sucia. Antonio tenía la verga bien erecta similar a la mía de unos 15 cm y un poco gordita, con la punta bien rosada apuntando a la cara de mi novia.

    En ese momento me preparé mentalmente para verla meter esa verga mugrosa en su boca, pues tal como había dicho, si estaba sucia, pero para bien o mal. No lo hizo, solo le pasó el dedo en la punta en forma de burla, luego se pasó a donde estaba Adrián, el pantalón si estaba bien del broche por lo que lo quitó y dejó salir su verga, de él lo que puedo decir es que era una selva también, pero no olía mal y a lo mucho tenía unos 14 cm con un grosor mediano, su verga era color negra aunque él era trigueño, él no tenía liquido preseminal.

    Y por último Héctor la sorpresa de la noche pues cuando mi novia le bajó el pantalón salió a relucir una verga de 16 o 16,5 cm probablemente y era bastante gordita. Mi novia quedó con la boca abierta, pero con la misma la cerró pues como no calculó distancia tenía la punta de la verga cerca de sus labios, y tenía demasiado pelos en su base del pene, su pene sí que estaba sucio con manchas de tierra desde medio pene hasta la cabeza y con una mezcla de olor entre sudor y orines, ella solamente le pasó el dedo en la punta para quitar su líquido.

    Mi novia se levantó y les dijo en tono de burla: “Lo ven no aguantaron nada” diría mostrando los dedos. Ellos se rieron ante eso, pero aún se sentían un poco inseguros.

    Pude observar que mi novia miraba de reojo la verga de Héctor y no la culpo ya que no era de menos pues admitiendo que era al menos un centímetro o centímetro y medio más larga, y más gordita que la mía.

    Guardé mi celular y vi la hora 12:45 am, ya casi era hora de irnos, ya ni los demás vagabundos estaban despiertos, y le dije a mi novia la hora, y ella me dijo:

    –Espera.

    –Sí dime -le respondí.

    –Es que cuando tú te fuiste a repartir las colchas habíamos prometido en que bailaré un poquito con ellos…

    Petición a la cual accedí y le dije:

    –Bueno unos 15 minutos más, además también quiero bailar.

    Y ella se puso feliz, pero a la vez me dice:

    –Mi amor esta vez solo serás espectador, verás como tu chica baila –a la vez que me tiraba un beso.

    Antonio sugirió adentrarnos más hasta donde estaba la camioneta, lo cual acepté porque de esa forma podría poner música en mi celular y vincularlo con el bluetooth de la camioneta, ellos a subirse los pantalones iban cuando mi novia les interrumpe y les dice: “¡Sin pantalones! Como dije si estaré desnuda, ustedes también estarán sus vergas al aire”. Y ahí iba mi novia desnuda con el culo resaltado por los tacones, detrás de ella tres vagabundos con la verga de afuera.

    Se pusieron frente al baúl de la camioneta, yo puse una canción no recuerdo cual, pero era para bailar pegados, abrí el baúl y me senté a disfrutar del espectáculo, empezó a sonar la música en los altavoces del auto, mi novia agarró a Antonio y se pegó a él… Su verga quedó pegada a su abdomen, pero Antonio casi no se movía y pidió disculpas pues ya no tiene mucha habilidad en eso. Mi novia entonces dijo que ella le bailaría a los tres. Les pidió que se acercaran un poco hacia mi e hicieran un mini circulo, pero un poco separados, entonces los tres quedaron viendo hacía mi. Estaba claro que mi novia no quería que yo perdiera detalle.

    Me pidió en específico una canción: Booty de Becky G, y que buscara en youtube el modo extended que sacaban los usuarios, se quitó los tacones, y le pregunte porque hacía eso y me dijo:

    –Es que no voy a quedar a la altura de ellos.

    Empezó a sonar y empezó a mover las caderas frente a ellos, giró viéndome a mí y sonriéndome mientras continuaba moviendo las caderas, me tiró un beso y empezó de izquierda a derecha, comenzó con Adrián se pegó a él sobando su pecho pegando su pelvis con la de ella, su verga quedo apuntando hacia abajo.

    Luego giró hacia atrás de él para volver a quedar frente a él pero antes levantó el píe izquierdo y terminó de girar, eso lo hizo para que lo largo de la verga de Adrián quedara entre medio de sus piernas y luego bajo meneando las caderas haciendo que la verga de Adrián rosara su pelvis untando sus jugos y cuando terminó de bajar su pene quedo frente a su boca, llevo sus manos a los huevos de él los agarro suavemente y con la misma subió no sin antes hacer el prepucio de su verga hacia atrás, terminó de subir.

    Giró dándole la espalda a Adrián (Fue cuando entendí porque se quitó los tacones pues la verga de ellos iban a quedar a la altura de sus nalgas), y se movió para quedar de lado hacia mí, entonces se inclinó hacia él sin flexionar las rodillas y empezó a hacer tipo twerk, yo nomas miraba como la punta de la verga de Adrián topaba en las nalgas de mi novia y ella empujó su culo hacía atrás y la verga de Adrián quedo entre sus nalgas, cuando eso pasó ella sacudía sus nalgas y después se retiraba, giró a quedar de espaldas hacia mí y se inclinó enseñándome su culo, vi el líquido preseminal de Adrián en los cachetes de su nalga.

    La música seguía sonando, era el turno de Antonio quien moría porque fuese turno hasta que por fin llego su turno, yo había aprendido de Antonio que era el más osado del grupo, el que más se aventuraba y se lanzaba, y claramente el que más se quería coger a mi novia, sabía que este baile iba a ser interesante.

    Antonio pasó al frente quedando de lado pero frente a mí y nuevamente mi novia comenzó con la misma coreografía improvisada, se acercó bailando hacia él, se pegó a su pecho y el astutamente la agarro de la cintura y le siguió un poco el ritmo, luego la agarró de la cintura la hizo hacia atrás de la parte de arriba, quedando sus pechos a su altura y luego él le pasó la lengua a su pezón y el otro pezón lo empezó a chupar, mi novia solo soltó un pequeño gemido, ese pequeño gemido fue como una victoria de Antonio, pues vio a los otros como un “Vean y aprendan”.

    Luego la soltó y ella continuó girando hacia atrás de él siempre sobándolo e hizo lo mismo que con Adrián, levantó su pie izquierdo para que la verga de Antonio quedara entre medio de sus piernas, y empezó a bajar, la verga de Antonio paso rozando también el vientre, pero cuando iba a media bajada Antonio la pegó más hacia él, entonces todo su pene fue rozando desde el abdomen de ella hasta la quijada y mi novia fue mas rápida y movió la cabeza y la punta de su verga quedo a la par del cachete de ella.

    Continuando con la coreografía, a él también le agarró los huevos y mientras subía, luego giró para quedar de espaldas a él, y Antonio nuevamente la agarró y la pego hacia él, y le hizo la cabeza hacía atrás, yo escuché bien lo que le dijo: “¿Así te gusta verdad puta?” Y mi novia solo asintió diciendo “Si” con la cabeza.

    A lo que Antonio le dice: “No te escuché”

    Mi novia con más vigor en su voz dijo: “Sí así me encanta”

    Antonio hace un no con su cabeza: “¿Qué es lo que te encanta pues?”

    Y mi novia le responde: “¡Estar aquí de puta! ¡Enseñando el culo!”

    Antonio continúa aseverando más su voz: “¿Y te gustó que te chupara las tetas?”

    Mi novia nuevamente asiente con la cabeza diciendo que Sí. Entonces Antonio le responde: “Héctor también te las va a chupar…”. Cuando él dijo eso a mi novia le brillaron los ojos y pues sabía que desde hace ratos le miraba la verga a él por ser la más grande.

    Antonio la soltó para que continuara la coreografía, entonces ella se inclinó sin flexionar las rodillas y se pegó a Antonio, e hizo un twerk mientras la punta de la verga topaba en los cachetes de su culo, luego empezó a mover hacia los lados su culo hasta que la verga de Antonio quedó entre sus nalgas y empezó a sacudirlo, mientras ella jugaba en la verga de Antonio con su culo, sus ojos me miraban pero ella estaba con la mirada perdida y sus pezones durísimos de la excitación, cuando terminó nuevamente se giró quedando de espaldas hacia mí y se inclinó abriendo sus nalgas para mostrarme los restos de líquido preseminal de Antonio.

    Después de finalizar el baile, ya teníamos publico pues 4 vagabundos se habían acercado para ver lo que mi novia hacía, Antonio la apartó de nosotros, le dijo algo en el oído y ella con su mirada vio a Héctor y solo asintió con la cabeza.

    Llegados a ese punto asumí por completo que otra barrera se había roto, dejaron de tratarla de princesa y con delicadeza a tratarla y a llamarla como puta y por lo visto no había ya reparos en tocarla y ella no ponía objeción, además que el objetivo de finalizar el baile sacudiendo el culo en sus vergas era quitarles el líquido preseminal con sus nalgas, y por último estaba ansiosa por bailarle a Héctor. Yo solo me preguntaba si esta noche iba a terminar siendo penetrada por alguno de ellos, la excitación y la intriga me mataban… A todo esto, yo no decía nada cuando la trataban de puta, ni cuando le chuparon las tetas, pues era mi objetivo darle libertad para conseguir mi objetivo.

    Esta vez era turno de Héctor, pero antes que se acercara al centro, ella fue por él y lo agarró de la verga para llevarlo frente a mí y lo puso de lado hacia mi como a los otros dos, Antonio y Adrián miraban con atención lo que ella hacía, lo mismo yo. Sabía que esta coreografía tal vez iba a ser distinta pues era ella quien hacia las cosas diferentes.

    La canción ya casi acababa así que la retorné al inicio, entonces ella pudo comenzar, vio a Antonio y luego inició de una manera diferente, pues en vez de ir bailando hacia él, se puso en 4 y se fue gateando hasta Héctor, le agarró la verga y le preguntó: “¿Puedo jugar con tu verga como una puta?”.

    Antonio vio a Héctor con un ademan que siguiera el juego, Héctor le dijo: “Por supuesto que si putita… ¿Qué quieres hacer exactamente?”.

    Mi novia con los ojos viendo su verga desde abajo le dijo: “¡Quiero bailarte y menear mi culo en tu verga peluda!”.

    Ella a estas alturas ya ni le importaba como hablaba ni lo que pedía y su vagina era un charquero… Solo quería restregar su culo en Héctor.

    Héctor a lo que le responde: “Entonces hazlo…”

    ¡Definitivamente iba a ser diferente este baile!

    Pues como estaba agachada, ella empezó a subir lentamente pasando la lengua desde un poco arriba de la pelvis hasta llegar a su pecho, pude ver algo de tierra mojada en su abdomen producto de la saliva de ella, luego le sobo el pecho, y el al igual que hizo Antonio, le agarró de la cintura e hizo para atrás su espalda para poder lamer sus pechos, mi novia nomas le sonrío en agradecimiento, luego seguía la vuelta a su espalda, para regresar del otro lado, levantó su pierna izquierda para que su pene quedara debajo de su vagina, pero esta vez cerró la pierna para aprisionar su verga con su vagina, Héctor empezó a besarle el cuello, luego mi novia siguiendo la coreografía iba bajando pero a la vez besando.

    En ese momento como ella iba bajando y besando sin parar pues me preparé para el momento por si mi novia se terminaba metiendo la verga de Héctor a la boca, pero no lo hizo pues justo dejó de besar, su verga quedó en su cachete y luego le agarró los huevos llevando su mano a su verga lo masturbó un poco, luego subió, para girar y quedar de espaldas a él, luego se inclinó para poder hacerle el twerk para que la cabeza de su pene tocara sus nalgas, luego empujó su culo para acomodarse la verga de Héctor entre sus nalgas y empezó a mover el culo en circulo e hizo algo totalmente diferente, que me dejó fascinado, extasiado, y es algo que se lo agradezco siempre…

    Ella le pidió a Héctor que la agarrara de ambos hombros y que continuara pegada a ella, y como yo estaba sentado en la orilla del baúl de la camioneta, se acercó a mí con Héctor pegado detrás de ella, y me da un beso en la boca el cual yo inmediatamente se lo correspondo mientras ella continúa moviendo su culo en círculos.

    Entonces mi novia me pregunta: “¿Mi amor me veo bien puta así?”

    Y le respondo:” Claro que si mi amor y es algo que me encanta de ti”.

    Y ella me dice: “¡Mi amor, pero su verga está muy sucia y su cabeza ahorita está dando círculos en mi ano!”. A la vez que detiene su movimiento en circulo para mover su culo adelante hacía atrás un par de veces.

    Ante esa acción de ella, me volví a preparar para ver a mi novia para soltar un gemido o un pujido de dolor en caso que Héctor la llegase a penetrar, pero mi novia me empujo hacia atrás, ella quedo con el culo parado, entonces Héctor lo que hizo fue frotar por encima y mi novia nuevamente me besó, me sonrió y luego se separó de Héctor.

    Después que Héctor se separara, ella me desabrocho el pantalón y empezó a hacerme un oral descomunal creo que estaba desatando toda la excitación de lo que estuvo haciendo, se separó de mí y me dijo que me acostara en el suelo, y viendo hacía ellos se sentó de un solo, era increíble lo húmedo que estaba su vagina y empezó a subir y bajar rápido, sus piernas empezaron a temblar supe que había tenido un orgasmo por el chapoteo que se escuchaba, ya no aguanté más y terminé rellenando de semen a mi novia, se apartó de mí y le enseño su vagina abierta a los tres para que vieran como salía mi semen de su vagina.

    Vi a los 4 espectadores que se estaban acercando a mi novia, pero Antonio, Héctor y Adrián les salieron al paso y los echaron de ahí, en medio de todo eso, recordé que me habían dicho que no iban a dejar que nadie se acercara a mi novia, cosa que agradecí que cumplieran, eso me hizo confiar en ellos.

    Casi al instante cae un mensaje era la mamá de Erika preguntando si ya íbamos a terminar, me asusté vi la hora y eran la 1:10 am… Increíblemente este rato que parece eterno solo duró 25 minutos, a lo mejor duré unos 5 minutos cogiendo con mi novia, pero con los huevos hinchados de semen ¿Quién no?

    Rápidamente me ingenié una mentira y le dije a mi suegra que habíamos esperando hasta los últimos porque ya no queríamos regresar, pero eso fue hace ratos y que estábamos comiendo en el 24/7. Mi suegra me dijo que la llevara a casa pues como eran solo 2 grupos todos se fueron para sus casas. Entonces le dije: “Muy bien así lo haré doña Cecilia”.

    Me acerqué a mi novia quien se había sentado en la pierna de Antonio y le dije que teníamos que irnos ya, a lo que ella asintió con la cabeza, las cajas ya estaban en el asiento de atrás del auto, entonces los tres vagabundos nos preguntaron si regresaríamos algún día, vi a mi novia y luego respondí: “Si trataremos de pasar por acá de vez en cuando.”.

    Antonio me dijo a mi: “Oye, pero traes a tu novia, si no, no tendría sentido”. Y le respondí: “Claro que la traeré…”

    Los tres se alegraron y Antonio me vuelve a decir: “Espero venga igual de putona como siempre, porque eso de estar desnuda y bailar desnudos son de una vez en la vida.”.

    Mi novia les dice: “¿Les gustó como bailé?”

    Antonio le dice: “Todavía nos preguntas, si nos dejaste con la verga bien parada”.

    Mi novia ante su respuesta ella se ríe.

    Adrián le pregunta: “¿Oye nos volverás a bailar verdad?”

    Mi novia les responde: “Si por supuesto sin problemas, ¿verdad amor?”

    Entonces la apoyo diciéndole que sí, entonces Adrián le dice: “¿Pero si prometes que lo harás verdad?”

    Mi novia le vuelve a decir: “Si, se los prometo.”

    Héctor ante la respuesta de mi novia, me dice: “¿No te enojas que tu novia sea bien putita?”

    Y le respondí: “Si así fuera que ratos hubiera parado esto, pero no me molesta pues ella sabe hasta donde llegar, solo siéntanse afortunados.”

    Agregué, además: “Bueno despídanse de ella con una nalgada”. Y así lo hicieron.

    Mi novia igual les agradeció por la noche que le hicieron pasar y por la nalgada de despedida.

    Nos subimos al auto, ella seguía desnuda ya que les dejamos la ropa a ellos de todas forma es ropa de la barata, entonces ya estando en marcha, empezamos a platicar de todo lo que había sucedido.

    Mi novia fue la primera en comenzar: “¡Mi amooor! Pensé que te ibas a enojar”. Y le respondí agarrándole la mano: “Para nada mi amor, además nos divertimos y nos calentamos a mas no poder, y se te miraba un brillo en tu rostro que te gustaba”.

    Entonces le pregunté: “¿No te dio asco sus penes mi amor?”

    Y ella me dice: “Nooo para nada” dice riendo.

    Pero luego agrega: “Pero Héctor sí que me puyo mucho el ano con la cabeza de su pene, mis jugosos vaginales habían llegado hasta ahí por cómo me movía, entonces por un momento creí que la iba a meter en mi ano porque cuando empecé a mover mi culo hacia adelante y hacia atrás, el acomodó la cabeza de su verga en mi ano, entonces sentí la presión de su cabeza, por eso me hice hacia adelante empujándote para que no me penetrara”.

    En ese momento analicé la última parte “por eso me hice hacia adelante empujándote para que no me penetrara.”. Había optado por decirle esta misma noche que quería me hiciera cornudo, aunque sea una vez, pero recordé las veces que evadió poner su boca en los penes de ellos y evadió ser penetrada, supuse que aún no estaba lista, pero a raíz de esto también supe que solo sería cuestión de tiempo y sería aún mejor si ella se dejara penetrar por su propia cuenta sin yo pedírselo…

    –Bueno mi amor hay que ir viendo que otra noche podemos visitarlos.

    Y ella me dijo que también lo estaba pensando, además pensando en qué hacer con ellos.

    Entonces le digo: “¿Harás otro baile?”

    Ella me ve y me dice: “Si quisiera algo más preparado, ya veré o si tú tienes alguna idea dámela.”

    En mi mente la idea era que se dejara coger de al menos uno de ellos tres, pero decidí esperar a que ella cediera su culo para ser penetrado.

    Al final ella terminó de cambiarse, se puso un protector en su vagina por los restos de semen, llegamos a su casa, nos despedimos con un beso caliente. Esa noche me fui satisfecho porque supe que me fui con medio cuerno puesto.

    Llegué a mi casa, mis padres dormían, me fui directo a mi habitación a darme una ducha, me tiré en la cama pensando sobre lo de esa noche, al final el sueño me venció.

    Loading

  • M. (parte 3. Final)

    M. (parte 3. Final)

    Martis

    ¿Me arrepentiré de esto?

    La razón de haberme ido lejos un tiempo estaba frente a mí. La mujer de mi amigo, mi amiga. A la cual le tenía tantas ganas que ya no sabía de qué forma acercarme sin que se notara demasiado. La causa por la cual volví también, de nuevo al país, a la ciudad.

    Me observaba con sus hermosos ojos de gata, color ámbar, alejándose un poco de mí hasta que su espalda se topó contra la pared. Sus labios estaban entreabiertos, dejando escapar un profundo suspiro, podía jurar que su piel se había erizado al oírme decir eso. Pero no replicó palabra alguna.

    Luego de mirarla de arriba hacia abajo y extasiarme con lo bien que le quedaba ese vestido, mostrando su provocador escote, y la abertura que dejaba expuesta su pierna derecha hasta la altura de su cadera, revelando su hermosa piel dorada por el sol, que me hizo preguntarme toda la noche si traía pantys o no; no hizo más que enfurecerme de deseo.

    Estaba en mi despacho, en mí casa, había mucha gente y entre ellas Caitlyn, mi futura esposa, dando vueltas por ahí. ¿Qué hacía aquí con Circe? Vamos, no podía hacerme el desentendido, en primer lugar, desde que le dije que viniera hasta aquí supe lo que quería hacer con ella. Más sabiendo que Eric está todo alterado por mi culpa, me genera morbo probar a mi querida y sexy amiga. No mentiría.

    ***

    Circe

    Cerré mis ojos y se me escapó un gemido, que él cubrió atrayendo sus labios a los míos, de repente palpé con mi boca un sabor a dulce y alcohol; sintiendo también la tibieza y humedad perfectas de sus labios. Sus manos comenzaban a ejercer un poco más de presión atrayéndome aún más hacia él, a medida que nuestras lenguas se exploraban y el beso se tornaba más mojado y profundo. Tenía un poder sobre mí, que no podía explicar, nuestras lenguas jugaban y danzaban al compás, entendían cada movimiento. Lo oía gemir profundo cuando se alejaba para llevar algo de aire a sus pulmones.

    Se llevó sus manos hacia su cinturón, desprendiéndolo en un segundo, junto con su cremallera. Y por primera vez pude hacer algo que durante mucho tiempo imaginé. Metí mi mano por debajo de su bóxer tomando por primera vez su gruesa y dura verga.

    -Ohh, mierda… arrodíllate -gimió cerca de mi oído.

    Su tono dominante me encendió tanto que no dudé en colocarme sobre mis rodillas, frente a él, mi rostro quedaba a la altura justa para permitirme poder ver y conocer de una vez su verga. Tantas veces la había imaginado, observado por encima de sus pantalones, pero nunca pensé ver tal cosa.

    La tomé entre mis manos y decidí dejar caer un suave beso con mis labios húmedos, mientras volvía mi mirada hacia Martis. Sus ojos eran color fuego en ese instante. El contacto con la piel suave de su verga se sentía tan bien, era momento de llevarme todo ese pedazo a mi boca para saborearlo de una buena vez, y no me privé de nada. Paseé con mi lengua desde la punta de su verga hacia su base, una y otra vez, sosteniéndola con una de mis manos, y con otra agarrando la cadera de M, procedí a introducirla en mi boca, jugando con la intensidad de mis labios al apretar su grueso y venoso miembro.

    El juego de metérmela y sacármela, llevarla hasta el fondo de mi garganta, aguantando un lapso hasta no poder más y sacarla nuevamente, hizo que mis ojos soltaran algunas lágrimas, su verga estaba bien mojada, fruto de mis bruscos movimientos, tenía tantas ganas que enloquecía haciendo que prácticamente Martis comenzara a mover sus caderas cogiéndome la boca.

    Oír sus roncos gemidos provocaba en mí apretar cada vez más mis piernas, podía sentir como empezaba a mojarme y esa viscosidad corriendo por mi piel. Juraba que ya estaba preparadísima para sentir su verga de una puta vez.

    En ese momento volví a mirar a Martis a los ojos. Cargaba tanto deseo en su mirada que me sentía desnuda aunque no lo estuviera, cada fibra de mi piel ardía de ganas. Me puse de pie nuevamente y él se acercó, con sus dedos pulgares secó mis lágrimas, mordió mi labio inferior y comenzó a introducir nuevamente su lengua en mi boca, sus manos bajaron desde mi cintura hasta mis nalgas, donde su afirmaron y me pegó contra él. Su boca desprendía un elixir que me volvía loca, el beso tomaba más y más fuerza, aprovechaba para seguir frotando su verga con mis manos, lo cual le provocaba soltar gemidos, mientras gruñía mi nombre por lo bajo.

    -Circe… d-desde que te vi llegar quise saber si realmente tenías algo puesto o no. -sentenció.

    Me alejé un poco de él para apoyar mi espalda contra la pared, por su parte Martis se arrodilló frente a mí, haciendo a un lado la tela de mi vestido que se interponía entre su boca y mis labios vaginales. Por favor, ¡hazlo ya!, pensaba. Regó la piel suave de mi pubis con pequeños besos que me provocaron pequeñas descargas en todo el cuerpo, fue bajando con sus besos, presionando un poco cada vez más con sus labios, mi clítoris casi sobresalía por lo excitada que estaba, no podía disimular tanta calentura, podría jurar que caían gotas de mi fluido.

    Martis colocó su cara perfectamente entre mis piernas y de repente sentí su húmeda y suave lengua dar una profunda lamida desde mi vagina hacia mi clítoris, donde se detuvo para presionarlo suavemente. Sentía mis piernas temblar y trataba de aguantarme los gemidos, en otra situación y lugar estaría gritando de placer.

    Cada movimiento de sus labios junto a su lengua provocaba que mis caderas lo buscaran. Sentía sus chasquidos mientras su lengua hacía un viaje por todo mi sexo, acercó dos de sus dedos a la abertura de mi vagina moviéndolos lentamente en círculos y presionando suavemente para entrar, y cuando estuvieron bien lubricados, los metió.

    -Oh, sí, sí Martis -gemí.

    -Me gustaría saber qué tan húmedo y apretado se siente aquí… -habló mirándome.

    Para luego volver a su labor, su lengua comenzó a jugar con mi clítoris mientras que sus dedos se movían lentamente, al mismo compás, haciendo movimientos circulares. Sentía tanto placer que agarré a Martis del cabello para hundir su cara aún más entre mis piernas. Quería todo, quería sentir todo el placer que este hijo de puta tenía para dar. Lo anhelé tanto, sentía entre una mezcla de culpa y a la vez satisfacción de tenerlo arrodillado frente a mí, comiéndome el coño.

    -No sabes todo el tiempo que estuve deseando sentirte así… -volvió a mirarme, sus labios brillaban producto de la humedad de mi sexo, yo me derretía con cada palabra.

    Repentinamente me alzó en sus brazos y me ensartó su verga, mientras mis piernas rodeaban sus caderas.

    -Joder Martis -lloriqueé.

    -Oh mierda… tan apretada y mojada como te imaginé -su voz sonaba grave, como si sus palabras vinieran de lo profundo de su ser.

    Se aferró con sus manos a mis nalgas y repoyando mi espalda contra la pared comenzó con sus movimientos, se movía lento, permitiéndome sentir cada centímetro de su vigoroso miembro. Escondió su cara en mi cuello para besarme, morderme y chuparme, lentamente al principio y luego más fuerte a medida que sus caderas iban tomando ritmo. Ay por dios, ¿cómo explicar el sabor de lo que no debería ser probado?

    -Estás tan rica como imagine… -murmuraba a mi oído.

    Sentía todo su miembro entrar y salir, mientras los fluidos de mi vagina corrían a su alrededor, haciendo que la penetración fuera suave. Por mi parte mis caderas se hincaban contra él, sentía un fuego recorrer desde mi bajo vientre hasta el resto de mi cuerpo. Mi piel ardía de placer, tenía a Martis cogiéndome, estaba en sus brazos y me estaba jodiendo tan rico.

    Volvió su mirada a mí y no pude evitar querer comer nuevamente sus labios, estaban rosados e hinchados, perfectos para darles una mordida. Me acerqué a su boca para morder su labio inferior y nuevamente comenzar a explorar su boca con mi lengua, su sabor me provocaba mojarme más.

    Cuando nos faltó el aire nos alejamos y volvía a abrir mis ojos. Martis sacó su miembro de adentro mío de repente y sentí un gran vacío. Me bajó de encima de él y mis pies tocaron el suelo. Sin mediar palabras me giró para ponerme de espaldas a él, hizo a un lado mi vestido con una de sus manos y con otra sostuvo mis dos manos cruzadas contra la pared, agarrándome fuerte, en un punto en que sentía un breve dolor que sólo me excitaba más.

    Mi culo redondo quedó al aire y miré por encima de mi hombro para encontrarlo deleitándose con la vista. Eso provocó sensaciones en mi cuerpo que me hicieron estremecer. Me hacía sentir tan deseada.

    Con su mano libre tomó su verga para volver a introducirla adentro mío, estaba tan empapada que entró de una sola vez, hasta el fondo. Lo que provocó que ambos gimiéramos de placer. Uf, qué rico se sentía esto.

    Sus caderas comenzaron a moverse hacia adelante y atrás, y yo moví las mías al mismo ritmo para sentir bien hasta el fondo de mi ser el impacto. El sexo se tornó cada vez más salvaje, apretaba mis piernas y podía sentir que casi iba a correrme sin necesidad de tocarme. Sus movimientos eran secos y persistentes. Acercó su rostro a mi hombro, lo oía suspirar, gemir, gruñir, maldecir.

    Nuestros cuerpos comenzaban a desprender sudor. Era todo tan placentero, tan prohibido, que quería más. Quería todo. Sentí su mano afirmarse a mi cadera mientras su verga salía y entraba de adentro de mi vagina, se oía el chasquido de nuestros cuerpo al chocar por lo mojada que estaba el área.

    -Voy a venirme en cualquier momento Cir… -murmuró.

    Yo solo asentí. Las penetraciones fueron cada vez más duras, al punto de que mis sentidos estaban puestos sólo en lo que mi sexo sentía, era un polvo tan rico que no podía evitar querer llegar al clímax. Apreté tan fuerte mis piernas como pude, el roce mismo entre mis piernas me provocó sentir cada vez más placer, hasta empezar a perder poco a poco mi cabeza, y entregarme a los dulces espasmos del orgasmo.

    El apriete de mi vagina contra el miembro de Martis hizo que él no pudiera parar de cogerme y joderme hasta que su mundo se desmoronó dentro mío. Llenando de semen mi interior, la cabeza de su verga se expandió hasta explotar de placer. Él soltó un gran gemido ronco y me tomó por el pelo, inmovilizándome, mientras sus caderas daban los últimos golpes para dejar depositado todo su semen dentro de mí.

    De repente una sensación de culpa me invadió, era la primera vez que engañaba a Eric, y lo hacía con la persona que él sospechaba, M.

    Mi querido M.

    Algún día sabrán si esto ha de seguir o si aquí se encontraron el principio y el fin.

    Loading

  • Regalito de Navidad

    Regalito de Navidad

    Elizabeth trabaja en un organismo del estado. Sus labores por años las realizó en una oficina que compartía con una compañera; pero hace un tiempo atrás la dependencia a la cual pertenece, reestructura y unifica varios sectores. Pasando de ser dos personas a quince compañeros.

    La relación entre sus compañeros es muy buena, ya que se conocen hace muchos años, pero que hasta ese momento no compartían oficina. Ellos comparten entre 7 u 8 horaas diarias durante 5 días a la semana. La buena onda es tal que cada tanto, se reúnen a compartir alguna comida o a celebrar algún cumpleaños que otro.

    Los últimos en incorporarse son tres muchachos, que son trasladados de otro Ministerio.

    Uno se llama José, el otro Aníbal, y el tercero Fernando. (25, 21 y 26)

    Fernando es incorporado a la tarea que Elizabeth realiza, en forma de ayuda al comienzo para más luego dividirse la tarea y alivianar el trabajo de ella. Así su relación comienza a ser más fluida.

    Como les conté anteriormente, Elizabeth es una mujer muy apetecible. Tiene una figura perfectamente contorneada con unos buenos pechos. Ella está transitando casi los 50 años, pero me atrevo a decir que cualquier hombre desearía tener algún acercamiento con ella. Hasta los más jóvenes se atreven a decirle algo, piropeándola. Como hoy en día se diría, a tirotearla. Este también es el caso de sus compañeros de trabajo. Entre bromas y gracias, siempre está el piropo de doble sentido, con ella y con alguna compañera más.

    Todos los días al llegar a la oficina, no pasa desapercibida. Siempre perfumada, muy bien arreglada, y por sobre todo muy femenina. Su color favorito es el rosa. Así que siempre lleva alguna prenda de ese color. También sus implementos personales como el teléfono, la agenda, la mochila etc. etc. etc., son de ese color o en esa gama. Es por esto que le han puesto el sobrenombre de Pinky. Así que para llamarla, lo hacen con ese apodo.

    Fernando es un muchacho bastante estilizado y se nota que su cuerpo está trabajado en el gym, de 1,80 cm de altura.

    En esta oficina no es necesario llevar uniforme alguno, pero él siempre va vestido con algún ambo, camisa y sin corbata. Así que podríamos decir que siempre está bien vestido y presentable. Se ve que es un muchacho que cuida su estética.

    La relación laboral, y el contacto estrecho con ella, por la tarea que deben cumplir hacen que cada uno se sienta cómodo y puedan hablar abiertamente de cualquier cosa.

    El muchacho tiene novia, pero está mujer madura lo estaba conquistando sin buscarlo. Fernando estaba sintiendo una atracción hacia ella. Pensaba que más allá que Pinky le llevaba bastantes años, imaginaba sentir su piel, acariciarla y poseerla. Como perro con su dueño, cada mañana él sentía, apenas ella salía del ascensor, el perfume característico. Tomando todos los recaudos para impresionarla, él se arreglaba el pelo, olfateaba su ropa para saber qué olía bien, y la saludaba con un beso en la mejilla. Fernando deseaba que Pinky posará la mirada sobre sí, disfrutando cada día cuando la saludaba a su llegada a trabajar. Transcurriendo la primavera y con los primeros calores, Pinky se había puesto un lindo vestido primaveral de una tela muy finita lo suficientemente fit que se le pegaba a su cuerpo, marcando perfectamente sus curvas y sus buenos pechos.

    -Buen día a todos!!! Cómo va? Está lindo el clima! Parece que hoy va hacer calor!

    -Hola Fernando!! Cómo estás? -Dice ella.

    -Buen día!! -Le contestan los compañeros!

    -Hola Pinky! -Dice alguno.

    -Hola Hermosa! -dice otro

    -Mmm! Parece que llegó el calorcito!!! -Dice otro, por el vestido que llevaba puesto.

    -Hola Pinky!! -Le da un beso en la mejilla.

    -El vestido te queda hermoso! -Dice Fernando.

    -Soy hermosa Fernando! Jajaja -se ríe ella.

    -De eso no hay duda!! -Dice él.

    Ella se sienta en su escritorio, deja y acomoda sus cosas para arrancar el día.

    -Me voy a preparar un café. Querés uno? -Le dice Fernando.

    -Ehhh bueno! Pero con un poquito de leche por favor. -Ella contesta.

    A los 5 minutos vuelve Fernando con las dos bebidas. Ellos compartían el escritorio, separados por las pantallas de los monitores de sus computadoras enfrentados. Después de unos minutos a Fernando se le cae la cucharita al suelo, ésta rebota quedando a la mitad del escritorio. El muchacho está obligado a agacharse a buscar la cucharita y cuando la estaba por levantar, observa que a Pinky se le podía ver la pequeña tanga blanca al estar sentada con el vestido. No podía creer lo que estaba viendo.

    El pequeño banderín blanco lo había puesto loco. Se queda unos segundos observando el hermoso espectáculo. Pinky entreabría sus piernas, quedando a la vista del muchacho, sin saberlo. Hacia pequeños movimientos de piernas involuntariamente, y como si fuera el telón de un teatro, se abría y cerraba mostrando la blanca telita de algodón con encaje. Él se levanta y se hace el distraído. Comienza a fantasear y pensar en ese banderín, en esa diminuta tanga… Casi intenta ver otra vez, pero quedaría en evidencia si tiraba algo para agacharse. Así que se le ocurre bajar el celular, activar la cámara y grabar unos minutos en video y sacar algunas fotos, inmortalizando el momento para sí. Mientras ella le habla de cosas de trabajo, el asiente con una pequeña sonrisa en su rostro, cómo si escuchara. Pero su mente imaginaba que le decía…

    -Querés ver más? Te gusta mirarme? -Mientras ella se frota los dedos sobre su bombacha.- Querés que te muestre más?

    Todo esto producto de su imaginación y calentura. El muchacho no podía concentrarse en el trabajo.

    El día laboral transcurría con relativa normalidad, pero Fernando estaba disperso. Pinky lo estaba notando y le pregunta.

    -Te pasa algo Fernando? Te noto un poco distraído.

    -No no, no me pasa nada, sólo un poco cansado. Pero estoy bien. -Dice Fernando.

    -por qué no te tomas unos minutos? cambias de aire y volvés. Seguramente te hará bien. -Dice ella.

    -puede ser. Me voy al baño y salgo unos minutos al patio. -Dice Fernando.

    El muchacho sale unos minutos, va al baño, y aprovecha para ver el vídeo otra vez.

    Se mete a uno de los inodoros, y reproduce el vídeo. Se había grabado perfectamente. El triángulo blanco lo estaba excitando, se imaginaba probar esa vagina, tocarla y juguetear con ella. Mientras miraba y fantaseaba comenzó a tener una erección. Empezó a tocarse por arriba de su pantalón, sentado en un inodoro, baja el cierre de su pantalón, saca la pija y comienza a masturbarse mirando el vídeo. Toma su pene por el tronco por debajo de la cabeza, sube y baja una y otra vez. La punta de la pija le brillaba de las gotitas que le salían de la calentura. Hasta que le llega el momento. Toma un trozo de papel, se tapa la pija para no mancharse y acaba violentamente en la carpita de papel. Varios chorros de leche dedicados a Pinky.

    Al acabar descomprime su calentura va al patio y al ratito vuelve a la oficina.

    Ya estaba con otro semblante y Pinky lo notaba.

    -Ahh, se te ve mejor!!! Ya descansaste unos minutos. Lo necesitabas parece! -Dice ella.

    -sí, tenías razón Pinky, necesitaba unos minutos para descomprimir! -Le Dice Fernando.

    De esta manera transcurre el día laboral.

    Ya habían pasado varios meses desde ese episodio, y nada más significativo había sucedió, salvo los pensamientos de Fernando, que ya estaba enganchadisimos con esta mujer. En su intimidad de masturbaba a menudo pensando e imaginando tener sexo con Pinky.

    Estaba transcurriendo noviembre, y en la oficina, a algunas compañeras se les ocurre jugar al amigo invisible. Que es un juego donde uno le regala algo a otro pero sin saber de quién viene el obsequio. Todo a modo de regalo navideño. Introducen los nombres escritos en una urna, y van sacando de a uno por vez un papelito. Cada uno saca un papel y el nombre que figura será su destinatario del regalo de cada uno.

    Llegó el turno de Fernando mete la mano, revuelve y toma un papel.

    Para sorpresa, el nombre era Elizabeth o Pinky para ellos. No podía exclamar la alegría que tenía, así que con la energía contenida, esboza una sonrisa y se guarda para sí el papelito. Mientras seguían sacando los papeles entre jolgorio, él ya estaba pensando que regalarle a la mujer que lo estaba atormentando de calentura.

    Sabía que no podía quedar mal, que tampoco podía ser irrespetuoso ni desubicado. Si fuera por él, le regala una cita para disfrutar juntos y terminar poseyéndola.

    Que podría regalarle que fuera lindo, que le gustará a Pinky y que le diera alguna posibilidad de acercamiento.

    El muchacho pensaba…

    -tendrá que ser rosa! Pero qué?

    Así pasa el tiempo… Una noche estaba mirando la televisión, y en un magazine la entrevistada dice. En forma graciosa.

    -a todos los hombres… Regalen a su mujer, novia o amante una ropa interior rosa!!! Para esta navidad se estila regalar eso! Y tiene varios significados! Desde hace años, es costumbre en nuestro país regalarse entre mujeres una bombacha rosa en navidad para usarla en año nuevo. Cambiemos lo de entre mujeres, y atrévanse a regalar ustedes los hombres y comiencen un año juntos apasionadamente. El mito dice que esto brindará prosperidad para el año entrante. No importa el modelo que sea, puede ser vedetina de encaje, culotte de lycra, tanga o colaless, mientras que sea específicamente rosa. -Dice la entrevistada.

    Fernando exclama…

    -si si es esto. Una tanga rosa!!!

    Con mucha excitación está contento y se pone en campaña en buscar la tanga. Pinky pensará que es una mujer su amiga invisible. Así que le encantará su regalo. Hasta que sepa que soy yo quien le regala la prenda. Veremos qué sucede…

    Ya era casi mitad de Diciembre y Fernando había comprado un tanga de algodón rosa, era bastante simple, pero al tacto era muy suave. Él se imaginaba rosando sus yemas de los dedos por el suave algodón que copia los labios de la vulva de Pinky.

    Faltaba muy poco para el festejo de la Navidad. En la oficina habían preparado un árbol navideño pequeño en un rincón donde ponían las diferentes salutaciones que les enviaban por el trabajo. Así que allí iban a dejar los regalos del amigo invisibles y cada uno se llevaría el último día hábil de trabajo antes de la fiesta navideña. El día llegó!

    -HoHoHoHooo! -Dijo uno.

    Preparo unos vasos plásticos con un poco de sidra, algún pan dulce, para un brindis simbólico. Listos para unos minutos de relax y terminar la jornada laboral.

    Fernando la miraba a Pinky con mucha incertidumbre. Nervios de que pasará cuando sepa quién le regaló la bombachita.

    Brindan saludándose y dando buenos deseos y finalmente uno a uno se retiran de la oficina.

    Pinky abre su regalo, rompe el papel y se encuentra con una caja de forma de corazón con la bombachita dentro. Era hermosa. A Pinky se le iluminaron los ojos, le había encantado el regalo. Era una tanga hermosa de color rosa. Ya casi se habían retirado todos, pero Fernando todavía seguía por ahí dando vueltas, no quería perderse ver la cara cuando abriera el regalo.

    Por dentro Fernando grito gool!! Le encantó!!

    Una de sus compañeras le pregunta a Pinky quien había sido su amigo invisible… que se había portado de tan buen gusto.

    Y de atrás se escucha…

    -soy yo -dice Fernando un poco nervioso y sonrojado.

    -ahhh pillín!! -dice la compañera.- como te portaste ehh! Muy bien!! -Le dice.

    Sonrojado, Fernando se sonríe y se rasca la cabeza.

    Pinky lo mira, se dirige hacia él y le agradece con el lindo abrazo y un beso en la mejilla.

    -que lindo regaloooo!! Me encantó!! -Dice ella.

    -me alegra que te haya gustado. No quise ser irrespetuoso, solo que vi por la tele que era una costumbre regalar para navidad algo rosa. Y que se debería usar para recibir el nuevo año. -Dice Fernando.

    -ahh, que lindooo!! Me la voy a poner para año nuevo!! -Dice Pinky.

    Fernando tomo valor se acerca a su oreja y le dice:

    -te voy a confesar que me imaginaba viéndote con la prenda puesta. Sos una mujer hermosa y te debe de quedar excelente. Cómo me gustaría ser la persona con quién comiences el año con la bombachita rosa!!

    Pinky lo mira, se sonroja…

    Después de la situación y haber escuchado eso, le queda un pensamiento ambivalente, no sabía qué hacer. Estaba confusa pero le gustaba y se imaginaba esa situación…

    Unos minutos después ella le dice:

    -Gracias Fernando por el regalo, me encantó, y de lo que me dijiste, te voy a ser sincera, me encantaría, no sé si está bien o mal. No te voy a decir que no. Dejémoslo acá y veremos.

    Pinky estaba extasiada, sorprendida. Se sentía alagada, pero pensaba también que era su compañero de trabajo, un chico mucho más joven. No quería que está situación le provocara algún inconveniente laboral.

    La semana transcurrió sin sobresaltos, sus miradas se entrecruzaban, y cada uno de ellos podía sentir el deseo sexual por el otro. Llegó la despedida laboral del último día del año. Después del brindis en la oficina todo se despiden con buenos deseos. Ella se acerca a él y le dice:

    -Bueno Fer, pensé mucho lo que me propusiste, y sabes que soy una mujer comprometida y no podrá ser que iniciemos el año juntos…

    Fernando obviamente que tenía claro que esto sucedería, y el No, ya lo tenía, así que no se sorprendió. El muchacho le contesta…

    -Pinky, no pasa nada, sos una mujer hermosa, ya el solo hecho de que supieras y pensarás en la posibilidad me deja satisfecho. Me hubiera encantado…

    -Que tengas un buen comienzo de año, muchas felicidades!!!

    Fernando le da un beso en la mejilla y un abrazo.

    5, 4, 3, 2, 1… Feliz año nuevo!!!

    Entre brindis y saludos Pinky con su familia y amigos celebran el comienzo del año como cada año. Los saludos van y vienen. Y también comienzan los mensajes de los diferentes móviles. Ella vestía un hermoso vestido blanco ajustado al cuerpo, con un gran escote mostrando perfectamente la unión de sus pechos, terminando de la cintura para abajo suelto. Estaba perfectamente maquillada, con los labios pintados de rojo.

    En un momento se va al baño y como es costumbre en las mujeres, se saca una fotos tipo selfi contra el espejo. En ese momento piensa en Fernando y en todo lo que había sucedido con el regalo del amigo invisible.

    Esa noche, en honor a ese momento, se había puesto la tanga rosa que el muchacho le había regalado. Sus pensamientos iban y venían. Se empezó a sacar fotos cada vez más sensuales… Cómo si él estuviera mirando, comenzó a posar para la cámara de su teléfono. Mostraba la unión de sus pechos, se levantaba un poco la falda mostrando el culo. En un momento se sienta en el inodoro, abre sus piernas y cuasi tapando la bombachita con una mano, con una mirada sensual, le muestra a cámara que estaba con el regalo puesto.

    Pinky estaba caliente y realmente quería que Fernando disfrutara del año nuevo con ella. Aunque no estuvieran juntos, le dedicaba la sesión de fotos a él.

    En esa posición, pone en forma de vídeo el celular y comienza a grabar….

    Con sus piernas abiertas, comienza a acariciarse la concha por encima de la bombacha rosa. Sus dedos iban y venían por la rayita que se marcaba en la tela, haciendo caricias circulares en el clítoris. Con la otra mano, sobaba sus pechos, que en un movimiento los saca mostrando sus hermosas tetas.

    Pinky se imaginaba a Fernando viéndola hacerse esa tremenda paja. Con sus ojos cerrados, jadeaba de placer, la tanga se estaba humedeciendo. Se mete los dedos en la boca para humedecerlos, los baja mojados a la concha y comienza a tocarse, introduce dos dedos en su agujero, entra y sale, entra y sale. Su vulva estaba empapada…

    -para vos Fer, para vos!! Espero que te guste!!! Ahhh ahhh ahhh!!

    Cómo me hiciste calentar!! Ahhh ahhh! -Dice Pinky a cámara.

    Su respiración se comienza a agitar y a entrecortar, su vientre se estaba poniendo duro, comenzó a tener unos pequeños espasmo y acaba tremendamente!!!

    -aaah, aaaah, aaahh.

    Acaba toda mojada. Se lleva los dedos empapados a la boca, se los relame y se lo dedica al muchacho!

    -para vos Fer, Feliz año nuevo!

    Deja de grabar y regresa a su festejo familiar contenta y muy relajada.

    Luego Pinky le envía unos mensajes de saludos a Fernando.

    -Muy feliz año Fer!!! Que tengas un buen comienzo!! Tengo un regalito para vos! Le escribe por mensaje, y le envía las fotos y el vídeo…

    Continuará…

    Loading

  • Mi marido me obligó a coger con otro

    Mi marido me obligó a coger con otro

    Después de haberle confesado a mi marido que lo había engañado teniendo sexo con otro, las cosas cambiaron sustancialmente en nuestro matrimonio.

    Para empezar el sexo entre nosotros mejoró considerablemente, lo hicimos con más pasión, como en los primeros tiempos, pero no es solo eso, ahora me obliga a acostarme con hombres que el elige y hacer con ellos lo que él quiere.

    Ha decidido humillarme y degradarme como a un objeto que solo sirve para su diversión, él dice que me lo merezco por haberlo traicionado.

    Y llegó el día del primer encuentro con un desconocido, yo estaba sola en casa y me llamó para decirme que me prepare, que me dé un buen baño, me depile toda completa y lo espere a las tres de la tarde desnuda en nuestra habitación.

    Como ya me lo había dicho, iba a traer a un hombre para verme coger con él.

    Lo hice, obedecí su orden como una autómata, no quería pensar en lo que iba a pasar, mientras me duchaba lloraba sola, fue muy difícil, sobretodo la primera vez, he tenido sexo con algunos hombres en mi vida, antes de casarme, pero nunca lo había hecho delante de mi marido, que además iba a exigirme que me deje hacer cosas impensadas.

    Estaba muy angustiada, pensaba que no iba a poder y estuve a punto de llamarlo y decirle que no traiga a nadie, pero quiero complacerlo, es la única manera que se me ocurre para salvar mi matrimonio, no quiero perderlo, estoy arrepentida por haberlo engañado y quiero recomponer la situación y estoy muy a mi pesar, dispuesta a todo.

    Llego el momento, lo escuché entrar, no pude identificar que decían pero hablaban antes de llegar al dormitorio, se estaban sacando la ropa porque entraron los dos totalmente desnudos, estaba muy nerviosa, atemorizada, nunca había estado en la cama con mi marido y otro tipo, tenia miedo y vergüenza.

    Yo estaba desnuda, sentada al borde de la cama con los pies en el suelo cuando entraron al cuarto, bajé la vista y no quise mirarlos, los dos en silencio, Quique me acarició las tetas y jugó con mis pezones, era la primera vez que lo hacía con otra persona viéndome.

    Me dio vergüenza pero me empecé a agitar, me metió una mano entre las piernas y me las hizo abrir, cerré los ojos y se me hizo un nudo en la garganta, me tocó la concha, comenzó a masturbarme, sentí como se me llenaban los ojos de lágrimas y lo miré, estaba muy apenada por la presencia de ese tipo que no decía nada, al que yo no podía ni mirar, y sola asistía viendo como mi marido me manoseaba lascivamente, hasta que éste dijo…

    -tócala flaco, acariciale los pechos, te la estoy preparando para que te la cojas.

    Trague saliva y volví a cerrar los ojos, el tipo me manoseaba las tetas mientras Quique seguía frotando mi clítoris con las yemas de sus dedos, el tipo me apretó un pezón, mi marido hizo lo mismo con el otro y solté un gritito, estaba agitadísima y se me secaba la boca por tenerla abierta, comencé a mover mía caderas, fue una respuesta natural de mi cuerpo ante lo que me estaban haciendo, me había calentado, perdí el control, bueno hacia un rato que ya no lo tenía.

    Quique me ordenó que le chupe su pija, nunca lo había hecho en público pero lo hice, el tipo se sentó a mi lado y me acarició todo el cuerpo, mientras le lamía la verga a mi marido me besaba en el cuello y noté que por supuesto estaba totalmente alzado, ese hombre iba irremediablemente a cogerme y nada se lo iba a impedir, supe que debía resignarme.

    Entonces Quique vio que había mirado la pija de aquel hombre y me dijo…

    -Tocale la pija puta, sé que te mueres de ganas, agárrala y acariciala.

    Ese hombre me amasaba las tetas, chupaba y mordisqueaba un pezón, por supuesto me excite, no soy de plástico, gemí y no pude ocultar mi calentura, eso los alentó más a los dos, al tipo a chuponearme y toquetearme toda, y a mi marido a humillarme aún más diciéndome que era una perra y que deseaba que ese tipo me cogiese.

    A esta altura no podía negar aquello, una no es de fierro, sucedió lo que debía suceder, el tipo se paró frente a mí, me agarró del cabello con fuerza y me violó la boca, me obligó a chuparle la pija, me la introdujo todo lo que pudo, era enorme, inmediatamente tuve arcadas pero a pesar de que di muestras de no poder respirar bien, insistió forzándome a soportarla toda en mi cavidad bucal.

    El hijo de puta de mi marido, no solo lo permitió sino que también lo ayudaba reteniendo mi cabeza para que no me la pueda sacar y repetía…

    -chupala perra, vamos hacelo bien como vos sabes puta de mierda.

    Me sentí la peor del mundo pero ya no podía razonar, le chupe la pija a ese desconocido casi con devoción, por un instante se me ocurrió pensar en hacerlo con esmero para hacerlo acabar y que esto termine, pero no fue así, el tipo no quería perder la oportunidad de cogerme, se detuvo y contuvo sus ganas.

    Saco la pija de mi boca y mi marido me hizo dar vuelta, intenté negarme y recibí una bofetada en la mejilla, lloré no solo por el dolor sino también por la humillación que me produjo ser maltratada así, en medio se mi llanto me di vuelta y resignada me puse en cuatro en el borde de la cama como me lo ordenó Quique, exponiendo mis orificios.

    Pensé aterrada que me iba a hacer penetrar por el ano, él se sentó junto a mí, mirando hacia el lado opuesto y con sus dedos separó mis labios vaginales y me abrió bien la concha que a pesar de todo chorreaba por la excitación.

    Mire hacia atrás y ese hombre estaba acariciándose la pija que se veía redura y bien parada, lista para entrar en mi cuerpo, mi marido me metió y sacó repetidamente su dedo medio en la vagina e hizo como si me cogiera con él, luego repitió su acto juntando el dedo medio con el índice y me los metió casi hasta los nudillos, me hizo gritar, estaba tan excitada que no podia más.

    -mirá flaco que mojada está la puta, escupile el orto y chupaselo.

    Nuevamente pensé que me iba a penetrar por el culo y dije…

    -no por favor ¿porque me haces esto? por Dios basta, es suficiente.

    Sentí la lengua de ese tipo lamiendo mi ano y los dedos de mi marido entrando y saliendo con violencia de mi vagina, estaba desesperada, mis caderas se movían solas, yo misma me acariciaba los pechos y tironeaba de mis pezones, no resistía más cuando Quique le dijo al tipo…

    -metesela, dásela por la concha, quiero ver cómo te la coges y como goza esta puta con la pija bien adentro, metesela hasta los huevos.

    -no por favor amor, no permitas que me lo haga, te lo ruego.

    -cállate perra y prepárate.

    Al tiempo que decía eso, me tomó con sus manos de la cintura y me hizo girar haciéndome acostar con la espalda sobre la cama de frente a ellos, creo que por primera vez vi claramente la cara de ese hombre que estaba a punto de penetrarme, hasta ese momento había tratado de evitar mirarlo a los ojos, como si eso hiciera que esto no esté pasando.

    Abrí sola las piernas ya dispuesta a recibirlo, me seguí tironeando yo misma mis pezones, lo mire ansiosa y re agitada esperando que al fin lo haga, tenía una lucha interna entre las dos mujeres que había en mi en ese momento, una que odiaba lo que mi marido me obligaba a hacer y la otra que deseaba ser poseída por ese macho, o en realidad por el que fuese, no importaba, estaba tan excitada que no me importaba quien era el que me estaba por someter finalmente.

    El tipo se inclinó sobre mí y sin miramientos ni delicadeza me penetró, me metió la pija en la concha, yo tenía las piernas bien separadas y flexionadas dejando mi conchita bien a su disposición, y me entró de una sola vez hasta mis entrañas, me entró como una bala al corazón…

    -oh Dios mío, que pija tiene por favor, más despacio por Dios.

    Me pellizque yo misma fuertemente los pezones para atenuar el dolor que sentí en mi vagina y grité, grité como una perra desesperada, pocas veces me habían penetrado con tanta violencia, como con odio, sin importar mi dolor, comenzó a entrar y salir con el mismo desprecio por mi cuerpo y claro, me dilate, me abrí más y me lubrique naturalmente tanto que empecé a gozar lo que me hacía y mis gritos de dolor del principio se transformaron en gemidos y expresiones de placer.

    Lo miré a mi marido, yo estaba con la boca abierta pero no me salían las palabras, el tipo me estaba cogiendo con todo, fuerte salvajemente, entonces solo grité pero ahora solo de placer, Quique me miró y me dijo…

    -que puta sos, come te gusta la pija, sos una perra, me gusta ver como te cogen, desde ahora te vas a dejar garchar por todos los que yo quiera.

    No sé porque razón sentí en ese instante que él era mi dueño, yo estaba entregada totalmente y así debía ser mi vida en adelante.

    Empecé a acabar como una yegua y el tipo lo hizo también adentro mío, sentí como se deshacía dentro de mi vagina mientras me besaba ahora con dulzura y yo me animé a acariciar su cabeza mientras acababa adelante de mi dueño y él me repetía que era una puta.

    Espero que les haya gustado, cualquier comentario pueden hacerlo aquí.

    Gracias por leerme.

    Besos a todos.

    Loading

  • Nada y todo querida sobrina

    Nada y todo querida sobrina

    Después de aquella noche loca, de aquellos días de sexo se atisbaba unos días tranquilidad y relajación en la finca de mi tío, pero una vez más una tranquilidad ficticia, ya que el deseo que tenía era más fuerte.

    Aquella mañana estuve horas pensando sola en aquel colchón tan enorme al pie de la piscina, estaba feliz por el último beso de mi tío sentado en mi cama, no sabía que significaba, pero significaba algo, por otro lado sentía que mi tío sin querer me había vendido y había hecho de mí una puta aunque no era el único responsable claro está, ya que yo, fui la única en tomar la decisión final de ofrecerme para ayudarle incluso desoyéndole, yo me había metido solita en aquella turbia historia.

    Realmente no le culpaba, bueno si, algo si porque los besos fingidos que me dio, parecían reales que antes de estar con Alekséi ya mojaba mi tanga con sus besos y caricias, de hecho en el salón cuando follaba a Alekséi a quien veía era a mi tío, de otra manera no hubiera podido empezar y así, en cada penetración cerraba los ojos y veía a mi tío, siendo el quien metía su polla en mi vagina.

    Era una imagen que ahora se repetía una y otra vez, como miraba su polla desaparecer dentro de mi vagina a la vez que gemía con su entrada, no sé, quizás esa semana con él, con su risa, con las atenciones que tenía conmigo, era el hermano de mi madre, un hombre realmente atractivo de 50 años que siempre estuvo en mi vida desde que nací, de hecho era mi padrino y sabía que algo entre nosotros había cambiado desde que fingimos aquellos besos al pie de la escalera y me lo corroboraba el beso de esta mañana, un beso, unos besos que me sabían a poco.

    Aquella noche en el sofá tuvimos que fingir que éramos amantes, Alekséi nos miraba y estaba en juego aquel negocio que le iba a reportar a la empresa de mi tío pingüe beneficios, pero a qué precio, tuvimos que volver a besarnos como si estuviéramos enamorados, sus labios sobre mi cuello y luego sobre mi boca hasta que nuestras lenguas se juntaron y aquella sensación lo cambio todo, sus besos lo cambiaron todo, Alekséi estaba devorando a su mujer prácticamente desnudándola delante de nosotros, con lo que mi tío mirándome a los ojos y pidiéndome perdón con ellos empezaba acariciar por encima del vestido rojo, besándome los hombros y metiendo su mano por debajo del vestido acariciando mi sexo, nuestros besos cada vez más apasionados y empezaba a notar que aquello ya no era ficción.

    Yo sentía algo en mi interior, algo que me llevaba a estar más receptiva con sus caricias y besos, estaba sintiendo placer con las caricias fingidas de mi tío y sabía que a él le pasaba lo mismo, porque los primeros besos, las primeras caricias eran frías, del frío pasamos a la calidez de sus labios y más tarde al ardor de sus dedos cuando me hicieron gemir por primera vez al meterse por debajo de mi tanga y penetrando en mi vagina, la música sonaba lentamente, lo que aprovechamos a darnos un respiro y quizás el ruso se cansara de aquella pretensión de cambiar las parejas.

    Fue en ese momento cuando bailábamos lentamente, con su mano pasando por mi espalda desnuda, con mi mano en su nuca mirándonos fijamente, sin tener que fingir en ese momento dado que Alekséi no miraba, fue en ese momento cuando nos besamos y aquel beso ni mucho menos era fingido, cuando mi tío me apretó contra su cuerpo y sentí su erección ni mucho menos era fingido, cuando note por primera vez mi tanga húmedo ni mucho menos era fingido y cuando mi tío deshacía mi moño dejando mi melena libre sobre la espalda besándonos y moviéndonos bailando una melodía interminable como nuestros besos ni mucho menos era fingido, hasta que Alekséi nos interrumpió y reclamo su premio por la firma en aquellos documentos y… El resto, el resto era ya parte de la historia.

    Me sentía confundida, el sentimiento hacia mi tío era real o parte de una ficción debido aquel negocio, me tiré de cabeza al agua y un par de largos después, apoyada al filo de la piscina desde donde solo se veía mar a pesar de estar en una pequeña colina, pensaba y disfrutaba viendo el atardecer, veía como los rayos del sol se iba escondiendo por el horizonte llenando un cielo despejado de rojo y naranja a la vez que su calor se apagaba, al salir de la piscina me sentía observada, mi tío había llegado y me miraba detrás del ventanal del salón con una copa de whisky en la mano, tan guapo como siempre, sonriéndome y mirando cada movimiento de mi cuerpo.

    Sus ojos verdes, su barba corta, sus labios hacían de mí una presa fácil, había pasado todo el día pensando en él, pensando en sus besos y caricias, en sus dedos dentro de mi vagina llegando a la conclusión que le deseaba, deseaba que me desnudase y me hiciera el amor, pero… y él, sentiría lo mismo, me desearía también o solo era ficción, un engaño para poder cerrar el trato, una y otra vez me lo preguntaba ¿me desearía como yo a él?, sé que era una decisión difícil sobre todo para mi tío, pero tenía que averiguarlo.

    Sabía que me miraba así que empecé a secarme el cuerpo de forma muy sensual, sobre un marco incomparable, la silueta de una mujer sobre un cielo anaranjado, secándose las piernas con la toalla despacio, agachándose y dejándole intuir mi sexo por detrás, tapado por un bikini blanco, secándome la tripa, el pecho, meneando mi melena de arriba a bajo para al final ponerme la toalla sobre ella, el sol casi extinto, pero dándole de frente, no dejaría ver bien, así que me quite el sujetador del bikini, cambiándomelo por otro seco, al igual que mi braga, dejándole ver en sombras mi sexo y subiéndome la braga de un bikini seco muy despacio de espaldas a él, primero una pierna y luego la otra, subiéndomela despacio por mis muslos hasta dejarla en su sitio, colocándola bien.

    Al girarme mi tío me observaba detenidamente, no se había perdido ni un solo movimiento de mi cuerpo, su vaso vació y un bulto enorme bajo el pantalón que agarraba con la otra mano, sabía que me deseaba, lo sabía, sabía que me deseaba y que no todo fue ficción, ahora solo tenía que esperar que él diera el primer paso y seria mío y yo suya.

    La noche paso, esperando desnuda y despierta en mi habitación, pero me desperté a la mañana siguiente una vez más sola en aquella enorme casa, me extraño aquel día no ver a nadie del servicio, ni el jardinero, ni el personal de limpieza, a nadie.

    A media mañana estaba tumbada en la colchoneta ladeada mirando hacia el mar y entonces note la presencia de mi tío junto a mí, tumbándose a mi lado y sin querer darme la vuelta espere a que me dijera algo, ese algo fueron sus caricias sobre mis muslos, subiendo por mis brazos hasta mis hombros y sentir sus labios sobre ellos, el sonido de la brisa sobre los árboles, el de los besos sobre mi cuerpo, el tacto de sus dedos sobre mis pechos y la sensación de tener la polla de mi tío dura golpeando mis nalgas, era un sueño cumplido, un sueño que la noche anterior no se cumplió y ahora salvo una catástrofe natural nadie lo iba a impedir.

    Los besos y caricias de mi tío se detuvieron.

    – Hola, Lara ¿me esperabas?

    – Si tío, te he estado esperando desde hace tiempo.

    – Lo sé.

    – Te esperé anoche en mi cama.

    – Lo sé.

    – Te he esperado esta mañana.

    – Lo sé.

    – Pero ahora estás aquí conmigo ¿verdad?

    – Lo estoy Lara.

    – Y… y ahora que tío.

    – Ahora nada y ahora todo Lara.

    – ¿Nada? ¿Todo? Pero…

    – Lara, nada porque nada puede pasar entre tú y yo, pero todo porque todo va a pasar si tú quieres que pase y me dejas, porque hoy si quieres soy tuyo, hoy si quiere te voy a hacer el amor durante todo el día.

    – Si tío, si quiero, pero no te entiendo.

    – Ya lo entenderás Lara, pero ahora quiero que te quedes quieta, quiero que me dejes besarte y quiero hacerte el amor, solos tú y yo, no digamos nada, no pensemos en nada, solo quiero que disfrutes mi pequeña niña.

    Entonces volvía a sentir sus besos, a notar como desabrochaba el sostén de mi bikini y sus manos se apoderaban de mis pechos, nuevamente su polla se apoderaba de mis nalgas, frotándose y penetrando entre mis muslos, no me permitía darme la vuelta cuando sus dedos cogieron la braga de mi bikini y empezó a deslizarla muslo abajo, flexionando una de mis piernas para sacarla despacio y dejando el bikini en la otra pierna, ya no me dejo bajar la pierna, sus dedos una vez más acariciaban mi sexo, apretando el monte de Venus y haciéndome gemir, la otra mano acariciaba mi pelo y sus labios bajaban por mi espalda haciéndome temblar de placer, era mío, iba a ser mío, lo deseaba, cuanto lo deseaba.

    Mi vagina más que húmeda, mojada, bien lubricada para cuando su dedo corazón me penetro sintiendo mi excitación, luego subía por mis labios mojando sus dedos en ellos, acariciando mi cuerpo hasta mis pechos y resbalando sus yemas sobre mis pezones, dibujándolos y pellizcándolos, salvo mi cara mi cuerpo se giró un poco sobre él, sus labios habían hecho presa de mis pezones, repasando con su lengua mis areolas mientras su mano acompañaba a su polla entre mis labios vaginales, subiendo desde mi vagina hasta el clítoris, bajando desde el clítoris hasta mi vagina y penetrándome unos pocos centímetros, mojando su glande en mi interior, con la cabeza en alto, mi boca abierta dejaba escapar un gemido, mis ojos cerrarse a la vez que mi cabeza iba bajando despacio y apoyándose en los cojines, cuando la sentía entrar por primera vez en mi vagina aunque fuera solo su glande, excitándome más si cabe.

    – Tío… fóllame, métemela ya mmm

    – Todavía no Lara, quiero que estés más excitada.

    – Ya lo estoy tío, por favor métela ya, quiero sentirte dentro de mi mmm.

    – Todavía no Lara, bésame, bésame Lara.

    Fue entonces cuando gire mi cabeza para buscar sus labios, cuando mis ojos se clavaron en los suyos, cuando nuestras lenguas jugaban libres fuera de nuestro cuerpo y cuando su glande siguió su exploración en mi interior metiéndose y saliendo de mi vagina, subiendo una vez más por mis labios como si fueran los raíles del tren, presionando, acariciando y golpeando mi clítoris con su glande, mis gemidos no paraban ni un momento, no aguantaba más, cada vez que la notaba en mi vagina yo misma apretaba hasta tenerla aún más dentro de mí, pero él enseguida la sacaba y un beso fue el inicio, un beso profundo penetrando con su lengua mi boca buscando la mía para no parar de bailar.

    A la vez que ese beso un empujón suave iba metiendo toda su polla por fin en mi vagina, despacio deslizándose por mi carne realmente mojada para que no tuviera problemas en llegar a su meta, hasta el final de mi vagina, hasta el final de su polla, metiéndomela hasta su raíz, esa sensación de placer, esa sensación de inmenso placer me paralizo, dejándole de besar, con su lengua dentro de mi boca semiabierta y gimiendo, la sensación de sentirla salir de mi vagina y volverla a sentir entrar, una y otra vez, mojándola con mi flujo, repasando cada milímetro de mi vagina con su mano apretándome un pecho, con su boca besando la mía apasionadamente, sintiéndola por fin dentro de mí, por fin era de mi tío, por fin mi tío me follaba.

    Poco a poco me iba dando la vuelta, mi tío saco su polla de mi vagina para follarme en otra postura, mi tío me puso los cocines a modo de almohada, metiendo uno por debajo de mis riñones elevándome un poco, mis piernas abiertas y mis rodillas flexionadas, mi tío con su cabeza metida entre mis piernas estaba lamiendo mi sexo, bebiendo de mis labios y de mi vagina, rozando circularmente mi clítoris con la yema de sus dedos, llevaba ya un buen rato masturbándome y una vez más mi tío quería que gozara, quería que le suplicase que parara y que me la metiese, pero eso ahora no iba a ser posible, mi cuerpo temblando expulsaba de mi cuerpo el flujo que salía a pequeños chorros.

    Mi tío paraba y bebía con su lengua cada vez que expulsaba mi flujo de mi vagina mojando el colchón, un orgasmo intenso, un orgasmo que me hacía gritar y decirle todo tipo de palabras a mi tío para que no para, para que me follara.

    Todavía sintiendo el orgasmo mi tío empezó a penetrarme con su polla, entrando y saliendo de mí como surfeando en un mar embravecido, con olas de placer que van y vienen, los gritos continuos y ahora entendía a Nadia cuando chillaba, ahora entendía lo que sentía cuando mi tío se la follaba, su polla me estaba llenando, llegando y golpeando mis paredes uterinas, era una polla enorme, dura y muy, muy suave, mi tío no dejaba de empujarme, de subirme con cada penetración, sentía como mi cuerpo una vez más me abandonaba, como mis ojos se cerraban, como mis manos se aferraban a su cuerpo, arañándole la espalda, mi cabeza a un lado y a otro, mi espalda se empezaba a arquear de un nuevo orgasmo más intenso si cabe que el anterior, con unas penetraciones profundas mi tío también llegaba a su orgasmo, llenándome la vagina con su semen, tan dentro de mí, que era arrastrado por mi flujo hasta el exterior de mi vagina.

    – Sí, sí, fóllame, fóllame.

    – Aahh!! Sí… sobrina si aahh!!

    – Joder, joder así, así

    – Sigue metiéndola tío, sigue aahh!! Por dios así, así mmm… Si

    Los dos caímos rendidos, sudorosos, besándonos y riéndonos, estábamos los dos felices, mi tío me había hecho el amor, yo me sentía como en una nube después de haber follado con él, su polla seguía dentro de mi cuerpo, entrando y saliendo despacio, dejando salir su semen y mi flujo por mi vagina y resbalando hacia mi ano, sus manos acariciaban mi cara, su cuerpo sobre el mío presionando mis pechos, su cadera no paraba de moverse metiendo y sacando su polla y el semblante de la cara volvió a cambiarnos, de las rizas y besos pasaron a las miradas nuevamente apasionadas, a los gemidos cuando notaba como su polla se iba hinchando y haciendo cada vez más grande dentro de mi vagina.

    No tardamos en volver a follar, nuevas posturas, nuevos orgasmos, un día con su tarde haciendo el amor, duchándonos y arreglándonos para salir a cenar y volviendo pronto a casa porque no podíamos aguantar más, teníamos que volver a follar.

    Lo que la familia supo fue que el negocio salió adelante, pero se torció teniendo que quedarnos durante tres semanas más, él lo que a nosotros respecta fueron tres semanas, 21 días con sus noches para hacer el amor, no salíamos de la finca, no salíamos de la piscina, la cama fue nuestra gran aliada, noches interminables haciendo el amor

    Cuando llegamos nuevamente a Valencia, supe lo que quiso decir mi tío con aquello de nada y todo, todo lo tuvimos allí en Ibiza en aquella villa que no volvería a pisar y nada porque desde que llegamos todo se enfrió, como él decía no podía ser y yo lo entendía aunque me hubiera enamorado de él.

    Loading

  • Madre e hijo en el vestidor

    Madre e hijo en el vestidor

    Carla se encontraba en su habitación cuando sintió que alguien la estaba mirando. Se alarmó al momento y como un rayo se dio la vuelta esperando que no fuera su marido.

    —Joder, Mateo… eres tú —dijo al ver a su hijo y resoplar tranquila.

    —¿Qué haces? —preguntó entrando en la habitación.

    —Nada.

    La mujer siguió subida a la silla colocando un pequeño aparato en una de las estanterías sin pensar siquiera en que su hijo la seguía mirando.

    —Ese cubo… ¿Es un adorno o que es?

    —Cállate, Mateo. —le cortó con frialdad.

    —Tan amable como siempre…

    El joven que observaba como su madre descendía de la silla y la colocaba en su lugar con los leggins de gimnasio ya puestos. Carla sacó el móvil e hizo unas comprobaciones. El joven se acercó mientras esta le daba la espalda y trató mirar con curiosidad por encima de ella.

    —No mires —le volvió a decir la madre con el mismo tono escondiendo lo que se veía en su móvil.

    —¿Se nos ve a nosotros? ¿No habrás puesto una cámara?

    —De verdad, hijo, cállate —volvió a sugerirle Carla con malas formas mientras configuraba su móvil. Al terminar añadió— ya está… hijo de puta… no te escapas.

    —¿No iras a espiar a papá?

    —Pues sí, Mateo, sí que lo voy a hacer, algún problema. —Carla se dio la vuelta encarando a su hijo que le sacaba una cabeza.

    —No es muy ético.

    —Hijo, sabes de sobra que tu padre me la pega con otra, calla ya de tonterías. Le he pillado el móvil y como nos íbamos a ir al gimnasio va a venir con su zorra.

    —¿Y qué pretendes? Enseñar el video en el juicio por el divorcio. —a Mateo nunca le había gustado la idea de la separación de sus padres, pero sabía que era muy difícil hacerles cambiar de opinión.

    —Chico listo, te pareces menos a tu padre de lo que pensaba. Ahora, de esto ni una palabra, que tienes una bocaza que vamos…

    —Mamá, algún día podrías ser un poco más agradable… —desde hacía años que su madre era así de cínica y un poco insoportable. Seguramente debido a la inestabilidad de su relación y diversos factores, los cuales no la daban motivos para justificar su comportamiento.

    —Sí, sí, sí… algún día… bueno, vamos al gimnasio. Mucho te quejas de mí, pero mira que bien lo pasamos yendo a entrenar.

    Mateo había decidido apuntarse al mismo gimnasio de su madre por varias razones. Una, porque el descuento que les hacían por ir dos en vez de uno era bastante elevado. Dos, porque pretendía pasar más tiempo con su madre y estrechar lazos. Y última, aunque algo más secreta, porque ver a Carla en sus ropas de entrenamiento le ponía demasiado.

    La mujer anduvo al vestidor mientras la coleta bien apretada le danzaba de un lado a otro. El chico que apenas había cumplido los veinte años hacia muy poco, miró con descaro como el espléndido trasero de su madre se mecía de forma hipnótica.

    Carla tenía un buen cuerpo, unos generosos pechos y un vientre firme de los 3 años que llevaba entrenando. Sin embargo, lo que a Mateo le revolvía todo el cuerpo era aquel trasero. Aquellas dos nalgas esculpidas en mármol por el mismo Miguel Ángel le hacían perder el norte, no creía que hubiera uno mejor.

    No podía comprender como su padre elegía a otras mujeres en vez de a su madre. Era cierto que los años habían pasado y ya no era la misma mujer que en las fotos, pero se mantenía bella. Aunque su padre, por lo que él sabía, había elegido últimamente degustar una fruta más verde, en vez de la madura.

    La mujer cogió la mochila del gimnasio que tenía guardada en el amplio vestidor. Se echó un vistazo en el espejo y se vio preciosa. El leggins de diferentes colores le hacía unas piernas perfectas, sumado a que la camiseta deportiva dejaba al aire su vientre plano y daba una preciosa silueta a sus pechos, estaba espectacular.

    Pensó en Paul, su joven profesor de fitness. Esperaba que estuviera y le dedicara esas miradas tan lascivas que le encantaban. Era un chico tan joven como su hijo y como le ponía… cuando la corregía, cuando la tocaba, tenía ganas de acabar con el divorcio para darle un buen viaje.

    La mujer su dio la vuelta después de admirarse y vio a su hijo plantado frente a ella. Le miró de arriba abajo, el rostro del joven tenía una gota de sudor por el calor de verano que le cruzaba un rostro muy serio.

    —¿Qué? —le dijo con el tono más frío que pudo.

    —¿No vas a dejar de tratarme así nunca? —preguntó realmente enfadado Mateo.

    El calor en esa época era inaguantable y en el vestidor con tanta ropa todo aumentaba de forma exponencial. A Carla le comenzaba a incomodar tanto el calor como la pregunta.

    —¿De qué te quejas si yo te trato bien?

    —Desde hace tiempo eres una borde, una desagradecida y de dar cariño… de eso ni hablamos. —Mateo soltaba todo lo que tenía retenido desde hace tiempo.

    —Vale, muy bien. Pero ahora no es momento de hablar de esto, va a venir tu padre. Vámonos.

    —Es que ni siquiera quieres hablarlo con él, te has cerrado en banda desde hace años. No sé qué es lo que te pico y porque cambiaste, pero que asco das últimamente.

    —No me hables así que soy tu madre, niñato. —Carla no dejaba que nadie la hablara mal, menos sus hijos. Alzó su dedo índice amenazante y lo puso al ras de la cara de su hijo.

    —Todo esto lo estás tomando como una venganza personal y parece que es contra toda la familia, hasta Manu, que siempre te ha defendido empieza a pensar como yo.

    De los dos hijos Manu era el pequeño, el que siempre la había apoyado pese a sus malos modos. Sabía que llevaba unos años muy malos. Desde la muerte de sus padres había cambiado y ahora con el estrés del trabajo, los niños y los recientes cuernos de su marido, estaba horrible… ¡Ni sexo tenía! Todo mal.

    —Mira, Mateo. Lo hablamos de camino al gimnasio, pero vámonos, ¡YA!

    Pese al mandato de su madre el joven no se movió, se había inflado de valor para soltarle esas palabras y ahora no se quería quedar a medias, ni de broma.

    —Es cierto que papá ahora tiene su parte de culpa, pero es que con tus actos has perdido toda la razón. ¿Qué iba a hacer si hace años que no dedicas una palabra bonita a nadie? Ni una mirada, ni un gesto nada, lo veo hasta lógico lo de papá. Ni te dejas ayudar, ni ayudas ni nada… solo das por culo.

    —Mateo, como vuelvas a decir algo así te enteras. VA-MO-NOS.

    —Mamá —sacó fuerzas de donde no había y se dispuso a decir lo que pensaba— esta familia la has jodido tú.

    Un brazo cortó el aire y después un sonido seco resonó en la habitación. Carla apenas había pegado a sus hijos una o dos veces en el culo cuando había sido realmente necesario. Pero ese tortazo había sido duro y con ganas, con todo el odio reprimido que sentía hacia el mundo en general.

    Mateo giró el rostro del impacto y su mejilla izquierda se coloró al momento, sintió un calor que aumentaba sin parar y una tristeza por sentir como de desquiciada estaba su madre.

    —Mierda… —Carla se sintió culpable al momento. Se llevó las manos al rostro y añadió— lo siento, Mateo. Me has sacado de mis casillas, lo siento. Pero te lo había avisado, es también culpa tuya.

    —Sí… la tendré merecida… —aún con la mano en el rostro que le picaba a rabiar siguió— pero no retiro lo dicho.

    Los dos se quedaron mirándose a los ojos con pena. Carla por un momento se dio cuenta de que perdía a su hijo mayor, al que había sido la luz de sus ojos durante tantos años. El joven en cambio, veía que su madre se alejaba cada vez, imaginándose un futuro donde tendría que explicar por qué no se hablaba con su progenitora ni sabía de ella.

    —Vamos al coche y hablamos por el camino, ¿te parece? —el tono de Carla había cambiado a uno algo más culpable.

    —Vete tú en coche. Prefiero ir andando.

    El joven se dio la vuelta y la madre trató de pararlo, pero como siempre se quedó quieta dejando que las cosas sucedieran sin intervenir, mala decisión. Cogió la mochila y siguió los pasos que su primogénito dejaba. Su niño cada vez era más grande, le había educado bien, pero en ese momento se dio cuenta del error que había cometido estos últimos años odiando a todo el mundo.

    Anduvo con veloces pasos hasta la puerta por donde iba a salir y le cogió del hombro antes de que lo hiciera. Le dio la vuelta con fuerza, quizá con demasiada brusquedad, no tenía ni cariño al hacer eso. Miró a los ojos a su hijo queriendo por una vez soltar toda la mierda que tenía dentro.

    —Escucha, Mateo…

    Un ruido la sacó de su conversación, la puerta de casa se había abierto y estaba seguro de quien era. Metió a su hijo en la habitación sin darle ninguna explicación y ambos se quedaron dentro de esta con la puerta abierta.

    —¿Qué pasa? —susurró Mateo mientras Carla trataba de ponerle la mano en la boca.

    El sonido de la charla que dos personas mantenían llegó hasta sus oídos, estaba claro quiénes eran, su marido había llegado con su “amiga”.

    Cogió de la mano al joven y con fuerza tiró de él hasta meterlo en el vestidor, cogiendo la llave y cerrándose por dentro mientras el joven no daba crédito a lo que pasaba. Este fue a hablar, a preguntar qué estaba haciendo, si se había vuelto loca. Sin embargo, antes de nada, Carla le empujó a lo más profundo del pequeño habitáculo donde los abrigos los escondieron.

    —Es tu padre, ¡Cállate! —le volvió a decir con esa voz autoritaria en un tono realmente bajo.

    La mujer sacó su móvil y lo encendió entre los abrigos, Mateo observó curioso como en la pantalla aparecía la habitación de sus padres. Dos personas entraron en ese momento, su padre con una jovencita que quizá rondaría su misma edad, alucinante.

    —Sal y diles algo —susurró el muchacho.

    —No. Deja que se lo pase bien, con esto tengo el divorcio ganado.

    —¿Qué vamos a estar aquí hasta que acaben? Hace un calor de mil demonios.

    —Cállate, Mateo, joder. Nos van a escuchar.

    Pasaron los primeros minutos pegados al móvil, los besos de la pareja al principio les provocaron repulsión. Pero cuando la pasión les comenzó a envolver, se dieron cuenta de que no podían quitar la vista.

    —No la chupa mal… nada mal —saltó de pronto Mateo con la sangre algo caliente.

    —Hijo, que es tu padre —le respondió Carla por decir algo.

    —Ya, pero ella no. —miró a su madre y una duda comenzó a sugerirle, la cual no se cayó, no tenía ningún sitio a donde ir— ¿Tú le has puesto los cuernos?

    Los ojos de Carla proyectaron una mirada asesina sobre su hijo que no separó la vista de ella, el muy descarado esperaba una respuesta.

    —No —respondió con indignación— ¿Quién te crees que soy yo?

    —Pues pensaba que te tirabas al chaval del gimnasio.

    —Mateo, la hostia, que no me hables así, que soy tu madre. Además que ostias me voy a tirar yo a Paul.

    —Que rápido has pensado en él —el joven apoyó la cabeza en la pared— ¿Lo has hecho o solo lo has imaginado?

    —No tengo por qué contestarte, la vida sexual de tu madre es irrelevante… y silencio —no estaba enfadada, solo quería que se callara.

    —O sea que sí. —Carla le pellizcó el brazo con un rostro de ira tratando de hacerle daño

    —No. Y no te metas en mi vida privada, ¿Qué más te da con quien estoy yo? Mira tu padre que bien lo pasa y no te veo quejarte.

    —Ya, pero mi madre es diferente.

    Carla le miró en la oscuridad del vestidor, aunque era una frase extraña tenía cierta lógica. Ella había sido su mundo, no había pensado en qué pensarían de la separación sus hijos y como les afectaría en el futuro. Parecía que Mateo sí que lo había pensado.

    —¿Insististe para venir al gimnasio solo para ver que no ligase? —su madre sonreía de forma pícara y quizá con algo de malicia… pero sonreía.

    —No. Fue por otro motivo.

    Mateo miró a la pantalla viendo como en la cama de sus padres, una joven tomaba el puesto de su madre y hacia gozar al hombre que allí yacía. Recordó el motivo, como en un principio lo había hecho para pasar más tiempo con ella, para ser más cercanos y también, porque aquella ropa cada vez le ponía más.

    Había pensado que sería una época, una simple racha de obsesión con su joven madre, pero aquello había seguido y aún no se había apagado. Volvió la vista a Carla que le esperaba con paciencia para escucharle, ¿Qué le debería decir?

    —Lo hice para pasar más tiempo contigo.

    —Vaya… no lo sabía… —le sorprendió la respuesta.

    Ambos callaron y siguieron mirando el video que cada vez se iba calentando más, tanto como ellos. Llegó a un punto que el padre de Mateo colocó a cuatro patas a la joven y comenzó a propinarle una fuerte penetración. Los gritos se escucharon a través de la puerta de madera y aunque ninguno lo admitiría, se estaban poniendo.

    —Esto se está volviendo violento —dijo por lo bajo Carla, sin saber por qué aquello le calentaba tanto.

    Mateo se pasó la mano por la cabeza quitándose el sudor y en un movimiento más que lógico se sacó la camiseta. Se sentía en una brasa, allí dentro entre los abrigos y con todo el calor de la tarde harían cerca de 40 grados, se estaba asfixiando.

    La mujer no se resistió a mirar como el torso sudado de su hijo salía a la luz. Estaba húmedo, con gotas que caían por unos pectorales marcados y unos abdominales duros trabajados estos años.

    Un repentino escalofrío le recorrió el cuerpo pensando en Paul. Aquel joven que su hijo pensaba que se estaba beneficiando, para nada tenía el cuerpo de Mateo. Volvió su vista al móvil, viendo los embates que su marido le hacía antes a ella, pero que ahora reservaba para la jovencita. Un picor muy conocido nacido en su entrepierna estaba aflorando, hacia tanto que no le hacían eso…

    —Mejor si dejamos de verlo —dijo en voz muy baja Mateo mientras Carla soltaba una mano del móvil para limpiarse el sudor.

    —Sí, será lo mejor. Oye, —la madre tenía una cosa en mente y quería resolverla— ¿Por qué piensas que quiero algo con Paul?

    —Te espero todos los días a que salgas. Puedo ver como coqueteáis, es muy claro. Cuando te vas, siempre… pero siempre, te mira el culo cuando te acercas a mí, es asqueroso.

    —¿Cuál, mi culo? —dijo señalándose así misma Carla algo sorprendida, sabía de la dureza de su trasero.

    —No por dios, la mirada y tonteo que lleváis.

    —Bueno, una todavía es joven. ¿Si tu padre puede no voy a poder yo? —Carla no sabía por dónde iban los tiros.

    —Tú puedes, mamá. Eso lo sé, pero no me gusta, es solo eso. Simplemente ese tío me da rabia.

    Ambos deslizaron su espalda por la pared del vestidor mientras escuchaban los sonidos de la habitación. Acabaron sentados en el suelo mientras Carla pensaba en las palabras del joven.

    —Para ti, ¿Qué tío no te daría rabia que estuviera conmigo? Aparte de tu padre, claro.

    Mateo no la miró, quizá porque le hubiera gustado decir que porque no él. Todos estos años el sentimiento de verla como madre se había alejado. Ahora lo que sentía era más como tener a una conocida, tanta lejanía le había hecho aflorar otros sentimientos y… ese culo…

    —Ninguno, ¿verdad? —se contestó Carla a sí misma— ¡MATEO!

    La mujer abrió los ojos de par en par al ver algo que no debía estar allí. Los dos sentados en el suelo, en el pequeño habitáculo, con las piernas pegadas, divisó que en la zona media del cuerpo de su hijo un bulto sobresalía. Sus ojos se salieron de sus órbitas, si su intuición no le fallaba, lo que Mateo escondía era algo terrible. Lo señaló con un dedo tembloroso para que este supiera por qué había dicho su nombre.

    —¿Estás empalmado? —pregunto la mujer lo más bajo que pudo y con una mezcla de sentimientos que no sabía describir.

    El joven miró hacia otro lado y se puso una mano en su entrepierna tratando de ocultarla, aunque al sujetarla, lo único que consiguió era que el pene se notara más. “La ostia, pero, ¿Qué tiene este crío ahí?” rugió la pregunta en el cerebro de la madre que no podía parar de mirar.

    —¿Te has puesto viendo follar a tu padre, cacho guarro?

    Mateo que no se había dado cuenta de la erección que se estaba formando en su pene, la miró avergonzado. No había sido por ver a su padre, aunque tener esa película porno en directo le había puesto un poco. Sin embargo, el principal motivo había sido otro.

    En el vestidor había estado tan cerca de su madre, que con su altura no había parado de otear el escote que esta mostraba. Sumado al calor que hacía dentro y viendo como alguna que otra gota de sudor se escondía entre los montes de la mujer, aquello había sido inevitable.

    —No, no es por eso. —logró decir cabizbajo.

    “¿Qué más da decírselo?” pensaba el joven mirando como su mano apretaba su pene cada vez con más fuerza. “Total, dejó de ser una madre hace tiempo” acabó por decidir mientras su padre al otro lado hacia que la mujer gritara su nombre con suma fuerza.

    —Por ti.

    —¿Cómo? —Carla no estaba sorprendida, sino que pensaba que aquello no podía ser real.

    —Que es por ti, joder. —Mateo hasta parecía ofendido por la confesión hecha y quiso decir más— desde hace años que me pasa. ¿Por qué te crees que tratándome tan mal sigo queriendo ir contigo a sitios? Porque me encantas, mamá. Me fascina verte con esa ropa, voy al gimnasio y no paro de mirarte, estás siempre preciosa. Incluso se me ha puesto dura alguna vez cuando te miro el culo, no lo aguanto.

    —Mateo… ¿Qué me estás diciendo?

    —Estando aquí tan pegados, digamos que… viendo porno, los dos sudados, solos… era inevitable y lo peor que se me está poniendo aún más.

    Carla no daba crédito a lo que oía de su hijo. Alguna vez había escuchado sobre el incesto, pero le parecía algo de ficción, una cosa que a ella no le podía pasar. Sin embargo, allí estaba su hijo, con un pene colosal mientras seguían encerrados en el vestidor con un calor infernal y escuchando como su madre le ponía.

    —A ver, hijo… eso… no está… no está bien —no sabía ni cómo empezar.

    El sudor le había aumentado y se notaba calada, al igual que su pequeño. Por el duro pecho del joven, unas gotas de sudor que no sabía de donde habían nacido, caminaban sin parar hasta llegar a los abdominales. No podía mirar a los ojos a su hijo, no por vergüenza, sino porque aquel torso la tenía embelesada.

    —Estás confundido —siguió sin quitar la vista— las hormonas de la adolescencia, pero bueno… esto no sé… Mateo, eres un poco degenerado.

    Mientras le decía eso con total seriedad, sus ojos se posaron en la mano del joven que apretaba un maravilloso cacho de carne. Se veía tan grande y gorda, algo que ella había deseado tanto tiempo y que tenía tan cerca. Se mordió el labio sin darse cuenta y el corazón comenzó a acelerarse.

    —¿Qué hormonas? ¿Qué adolescente? Mamá que ya soy mayorcito y sé cuando una mujer está buena o no. Te parece esto que es de un niño que no sabe lo que quiere. —La conversación había subido el tono, pero todavía era demasiado bajo para que los dos que a fuera estaban follando y gritando como locos les escucharan.

    De pronto, según su boca se cerró, su mano se movió rápida y se bajó el pantalón. De allí emergió una polla enorme, con una gordura y un tamaño más que considerable que hizo que Carla se llevara una mano a la boca. Los ojos casi se le salen de las órbitas mientras analizaba hasta el último milímetro.

    Un glande duro y rosado. Con la sangre fluyendo por unas venas marcadas y con una dureza que se notaba solo con los ojos. Las pupilas se le dilataron, el corazón se le desbocó y la respiración se le aceleró, Carla estaba descolocada, tanto, que su vagina se empezó a humedecer.

    Lo único que le salió hacer, fue sentarse correctamente y llevar una mano al aparato reproductor de su hijo. La cogió con fuerza y sin pensar que podía hacer daño al joven o no, la trató de esconder de nuevo.

    —Guárdate eso, joder. ¿Cómo se te ocurre enseñarme tu polla así de dura? —Carla seguía agarrando el pene mientras Mateo no dejaba que lo escondiera.

    —¿Qué más me da? ¿Vas a tratarme peor? Menuda sorpresa…

    —Eres un guarro de mierda, guárdatela ahora mismo o… —iba a decir que se lo contaría a su padre, pero seguro no la creería— te la corto.

    Parecía haber un pequeño forcejeó. Una queriendo esconder aquel mástil y el otro sin dejar que el pantalón volviera a guardar su sexo. Se habían olvidado del coito que a fuera seguía siendo frenético, ahora solo se fijaban en las manos que luchaban por aquella polla.

    —Ahora entiendo lo de Paul. Eres un celoso, un niñato que solo quiere a su madre para él. ¿Qué quieres casarte con tu mamá? —lo último lo añadió con una voz que fingía ser una niña pequeña.

    —No.

    La voz sonó inquisitiva. Se había echado hacia adelante contra el cuerpo de su madre que había topado contra la pared sin poder alejarse más de él. Estaban a escasos milímetros, de la boca del joven brotaba un caliente aire que golpeaba en los labios de la mujer. Sus respiraciones estaban agitadas y el corazón les corría como un fórmula 1.

    Los ojos del muchacho no dejaban de mirar a la mujer que esperaba algo más después de aquel no. Toda su autoridad parecía haberse borrado con aquellas dos letras, se sentía atenazada. Los brazos fuertes de su hijo apoyados en el suelo cerca de ella no la dejarían escapar, su robusto cuerpo sería una losa si se pusiera encima. Sin embargo… unos sentimientos afloraron en la mujer, lo que de verdad quería era que no la dejaran escapar jamás.

    —Lo que quiero —le dijo Mateo en un susurro muy cerca de sus labios— es que me vuelvas a querer. Que me trates con amor, que vuelvas a ser mi madre y… si quieres… follarte cuando me lo pidas.

    Las palabras le produjeron asco, pero también un placer tan frenético que su vagina le comenzó a carburar como loca. Nunca le habían dicho algo tan claro, nunca la habían hablado así era lo más erótico que se podía imaginar. Con cualquier otra persona habría sido algo de lo más sexual, pero al escucharlo de los labios de su hijo algo fallaba.

    —Aunque lo mejor de todo —volvió a decir Mateo mirando hacia su entrepierna mientras los pechos de su madre se movían como locos respirando acelerada— es que me sigues sujetando la polla.

    Era cierto. Carla no se había dado cuenta, pero mientras su hijo estaba casi sobre ella, su mano seguía agarrando la polla del joven, aunque con una diferencia, ahora la acariciaba.

    Echó un vistazo entre sus dos cuerpos como el pene de Mateo, tan grande, tan gordo, tan bonito… era acariciado por una mano que ahora se veía diminuta. Su tacto era maravilloso, una capa de delicada seda que cubría el poder de unos músculos duros como la piedra. La calidez de aquel miembro contrastaba con el calor pegajoso que tenían.

    Un rayo de lujuria pasó por la cabeza de Carla que en un momento, posó ambas manos en el pecho desnudo de su hijo y lo empujó con fuerza hacia atrás. Este acabó sentado contra la pared del lado opuesto y la mujer se puso de pie entre todos los abrigos.

    El sonido en el exterior parecía estar cesando, pero los del interior del vestidor no les escuchaban. Carla de pie, miraba con la boca abierta a su hijo mientras aspiraba grandes bocanadas de aire. Su piel estaba caliente, pero por dentro ardía mucho más.

    El pantalón del joven había bajado ya hasta las rodillas, solo le quedaban las zapatillas puestas y… un tremendo pollón que la señalaba como la única culpable. En un acto tan rápido como rudo, flexionó las piernas cayendo en la entrepierna de su hijo.

    Mateo sintió dolor al notar todos los kilos de su madre sobre su duro pene que ahora, estaba debajo del sexo de esta. La mujer con rapidez le puso la mano en la boca para que no sonara ninguna queja por el fuerte golpe recibido. El joven ahogó un grito entre los dedos de esta que notaban el calor que salía de la boca.

    —Dices que no soy una buena madre… que no te trato bien… —comenzó unos movimientos de cadera que hacían rozar su vagina con la polla de su hijo— ¿Quieres que te trate así?

    El joven asintió con los ojos inyectados en sangre que más bien parecía deseo. Carla miró su cadera moverse y como bajo esta, un pene colosal le atravesaba toda la vagina, la ropa le comenzaba a sobrar.

    —¿Qué crees, que te voy a follar así sin más, puto guarro? —Carla se acercó mucho más a él y apretó todo lo que pudo su sexo contra el de su hijo.

    Mateo estaba más caliente que nunca, esperaba que las preguntas de su madre no necesitaran respuesta y lo que en verdad necesitara, era sexo. Alzó ambas manos y sin vergüenza, las dirigió a las dos nalgas de su madre. Las posó allí con delicadeza, aunque hubiera preferido darla unos azotes para devolverla el tortazo, pero podían escucharlo.

    Con las manos allí, apretó. Apretó como nunca antes lo había hecho en un trasero, sintiendo los músculos duros que su madre entrenaba en el gimnasio y quitándose las ganas de palparlo que siempre había tenido.

    Carla apretó los dientes sin dejar de mirar a su vástago que la seguía marcando cada uno de sus dedos en la piel.

    —¿Cómo te atreves? —dijo casi enfadada— ¿te pone como un cerdo mi culo?

    Mateo no respondió, solo paso uno de los dedos que tenía por la separación de ambas nalgas, haciendo que su madre sintiera una presión muy cerca de su ano… que la puso aún más.

    Carla no podía soportarlo más. Tener aquella herramienta entre sus piernas mientras notaba el calor y los fluidos manar de su vagina era demasiado. Ya no se acordaba de que su marido se estuviera follando a otra a escasos metros, lo que ella anhelaba era esa tremenda polla de entre sus piernas.

    Sin dejar de tapar la boca a su hijo, cogió con la mano libre que tenía y de forma nerviosa y acelerada se comenzó a quitar el leggins que tan buen trasero le hacía. Consiguió que descendiera hasta sus muslos, sin poder hacer más recorrido por las piernas de su hijo, pero no hacía falta más, con eso suficiente.

    —Como no valga la pena… —Carla bajó su cabeza hasta la oreja de Mateo y con los labios pegados a esta le susurró— me follo a Paul mientras estés en casa.

    Con la mano libre, asió el pene de su hijo colocándoselo en la entrada de su sexo. Estaba ardiendo y su mojadísima vagina hacia acto de presencia. Algunas gotas ya circulaban por los labios de su sexo sedientos de que su interior fuera llenado. No tardaría.

    Cayó sobre este con fuerza, sabiendo que la dilatación no iba a ser un problema y dejando que los a saber cuantos centímetros la llegaran hasta las entrañas. Hubiera gritado de placer si hubiera podido, pero mejor callar, el placer era demasiado, no obstante, se lo guardaría para ella.

    Los movimientos de cadera eran rápidos y volvía a sentir las manos de su hijo cogiéndola ambas nalgas como si las quisiera guardar para él. Su pene entraba tan bien que no se lo podía creer, hacía mucho que no tenía uno dentro y aquel, era perfecto para ella.

    Cada vez el sexo era más rápido. Con su mano seguía tapando la boca de Mateo que respiraba con mucha velocidad, mientras que a ella le caían gotas de sudor que se estampaban en pecho de su hijo.

    En poco tiempo llegó lo más esperado por Carla. Su espalda se arqueó y notó un placer inhumano que hacía mucho había olvidado. Apretó sus dientes, sus labios, sus piernas, todo lo que pudo para no gritar como una loca el nombre de su hijo. Fue en ese momento que notó algo diferente.

    Uno de los dedos revoltosos de su hijo, de forma independiente se había acercado demasiado a su ano. Con tanta mala o buena suerte que mientras el orgasmo salía de ella, este se introducía en su culo.

    Apenas fue una falange del dedo corazón, pero el placer creció aún más, no se lo podía creer.

    —Hijo… hijo de puta —le susurró quitando la mano de su boca, sin parar de correrse.

    Acabó apoyada en ambos brazos mientras sus respiraciones se relajaban, el orgasmo había sido épico, hasta tal punto que se hubiera dormido si Mateo la dejaba, pero no iba a suceder. El dedo todavía en su trasero le hacía saber que su hijo no iba a estar satisfecho con aquello, ¿y ella? Tampoco.

    —Date la vuelta —le ordenó Mateo a su madre en un tono que apenas era audible.

    —Me daré la vuelta si quiero… —su madre se acercó al rostro de su hijo y con el pulgar y el índice le apretó el rostro— ¿entiendes?

    El joven ante el poderío que quería mostrar su madre, introdujo su pene en su totalidad haciendo también que otra falange del dedo se metiera en su ano. Carla abrió la boca y gimió muy bajito para que nadie más que Mateo la pudiera escuchar. Posó sus labios en la barbilla de este y subió con calma hasta la boca del joven donde le atrapó el labio inferior y lo mordió llena de lujuria.

    Se levantó como le había pedido, sabiendo que aquello solo le traería más sexo. Aprovechó para quitarse el pantalón y las bragas de sus muslos y tirárselas al rostro del joven. Aquella ropa lanzada como precio, le hizo quítale la visión al joven. Cuando se las quitó después de oler el aroma a fluidos que allí había, vio a su madre sentarse de nuevo sobre su pene.

    Ahora no se miraban, era la misma posición, pero esta vez lo que Mateo veía era el trasero de Carla subir y bajar mientras engullía su pene. Era como en el gimnasio cuando la veía hacer sentadillas y tenía que marchar al baño para que se le bajara. Ahora no le hacía falta bajarla, cuanto más duro mejor.

    —Tanto llamarme guarro y como disfrutas. —soltó Mateo mientras con las manos en las nalgas de Carla la ayudaba a subir y a bajar.

    —Es que eres un guarro de mierda, ¿Cuántas veces has pensado en esto?

    —Miles… me he masturbado durante varios años pensando en ti —aquellas palabras tan eróticas a la mujer la hacían que el orgasmo se acercase.

    —Cerdo de mierda… mira que pensar en tu madre para pajearte… con esta tremenda polla.

    Notaba como se introducía hasta donde nadie había llegado, como su capacidad la llenaba más que ninguna otra en la vida. Tantos años pensando que la de su marido estaba bien, y comparando ahora con la que tenía su hijo… “Esta polla es otra cosa”.

    —Vete, corre al gimnasio, llama a Paul ahora…

    —Cabronazo… —Carla giró la cabeza para ver a su hijo con una sonrisa maligna, “es un cabrón. Como me gusta”— de momento no. Pero como no me folles bien, pienso ligármelo en tu cara.

    —¿Esto…? —Mateo masajeó el ano por dentro mientras ayudaba con su cadera con unas fuertes entradas— ¿No es follarte bien?

    —Cállate… cállate…

    Carla comenzaba a gemir mientras su hijo la penetraba con una dureza que no recorvada. El placer era enorme hasta el punto de que se ayudó con la mano para terminar con aquella picazón que la anegaba. Su mano rápidamente se dirigió al clítoris donde un masaje acabó aquel terrible polvo que Mateo le daba.

    El orgasmo volvió a llegar. Se sentó sobre su hijo, introduciéndose todo lo que este le ofrecía mientras se masturbaba furiosa. Con la mano libre se tapó la boca al tiempo que las gotas de sudor la recorrían las mejillas, perdía líquido por todas partes.

    Un pequeño grito le hizo pensar que alguien les descubriría, pero mientras llenaba la polla de su hijo con su corrida, no pasó nada, los de fuera estarían demasiado entretenidos.

    —Otra vez… hacerle esto a tu madre… —decía la mujer roja de pasión y con unos ojos entrecerrados llenos de placer.

    —Ahora te queda lo mejor.

    El joven se levantó, haciendo que su madre casi se cayera al separarse. Ambos se pusieron de pie, la mujer con más dificultad. Mateo se colocó delante de ella, le sacaba una cabeza y varios cuerpos. Admiraba a su hijo que con tanto ejercicio se había convertido en un hombre… para ella… perfecto.

    Mateo agarró la parte de arriba de la ropa de su madre y la sacó con fuerza, dejando unos pechos al aire y quedándose ambos, solo con las zapatillas de deporte. Los pechos de Carla aunque no excesivamente grandes, eran de una medida más que gustosas… sobre todo para su hijo.

    Sin embargo, Mateo no quería las tetas de su madre, al menos, de momento. Colocó las dos manos en los hombros y la giró con rudeza mientras esta se dejaba hacer. Puso después las manos en las caderas e hizo que se inclinara, Carla ya sabía por dónde iban los tiros.

    La mujer colocó las dos manos delante, justo en la puerta del vestidor y su hijo se pegó a ella por detrás, tanto… que su polla volvió a introducirse en su interior. Lo hizo con fuerza, haciendo que la dilatada vagina de la mujer se estremeciera de placer.

    —Me toca follarte.

    —Menos hablar —el bamboleo ya había comenzado— y más actuar.

    —¿Me vas a tratar bien después de esto? ¿Me vas a tenerme más cariño? ¿Eh, Carla? ¿Por fin vas a querer a tu hijo?

    —Yo nunca te he dejado de querer, pero sabiendo como follas, ahora te quiero más.

    —Eres mala gente… —su hijo hablaba con un tono de voz normal, los susurros se habían olvidado.

    —Hazme ser buena gente… vamos a ver de lo que eres capaz.

    Azuzado por el desafío de la mujer que le sonreía con superioridad, Mateo comenzó un sexo tan frenético que el choque de sus genitales contra el clítoris de Carla comenzó a producirla placer.

    La coleta de Carla se movía arriba y abajo, sus glúteos seguían el movimiento hipnótico que la polla de su hijo producía y las manos del muchacho apretaban como si la quisieran partir. Eso mismo era lo que pensaba Carla mientras notaba todos los centímetros entrar y salir “me va a partir”.

    —¿Vas a correrte? —preguntó Mateo acercándose a su oreja.

    —Si pienso en otros, seguro que sí.

    —Cabrona de mierda —sonrió el joven al tiempo que su madre hacia lo mismo.

    El sexo se intensificó y la madre no podía sostener más aquello. El golpe de la cadera de Mateo la hacía acercarse más y más a la puerta, pegándose finalmente contra ella. Estaba contra la espada y la pared, aunque la espada era el pollón de su hijo.

    Notaba la fría puerta de madera contra sus tetas y detrás la espalda de su hijo totalmente sudada mientras se la follaba sin piedad. Una de las manos del joven reptó hasta uno de sus pechos y los agarró con fuerza como antes había hecho con su culo. Carla siseó como una serpiente, a la vez que apretaba sus dientes queriendo contenerse.

    El orgasmo estaba allí, había llegado de nuevo… “El tercero, mi hijo es un dios” pensaba mientras comenzaba a sollozar en un volumen audible para quien quisiera escuchar.

    —Me voy a correr —escuchó como le decía su hijo.

    —Eso… me encanta… dame duro.

    Carla sintió aún más fuerza si es que aquello era posible. Chocaba su cuerpo contra la puerta mientras el sonido parecía retumbar la casa. Notó como el orgasmo llegaba y comenzaba a chapotear el pene de su hijo cada vez que entraba. El placer era inmenso tanto que deseaba parar para que su vagina palpitara tranquila, pero no quería… su hijo aún no estaba.

    Sin embargo algo sucedió. Con tales entradas y tales golpes a la puerta, el pequeño pestillo que casi era más adorno que útil, saltó y con ello, la puerta se abrió.

    Carla salió trastabillada por el susto, ya no tenía apoyo y sus manos lo buscaban mientras su vagina seguía corriéndose. Tropezó en unos torpes pasos al no sentir apenas las piernas, solo le salvaba la buena sujeción de sus zapatillas.

    Acabó de rodillas golpeándose contra la cama, con medio cuerpo tumbado sobre esta. Levantó la mirada esperando una cara de sorpresa, odio, asco y demás sensaciones que no quería ver y mucho menos mientras se estaba corriendo. Sus ojos lograron abrirse algo a la par que perdían visión mientras el orgasmo la absorbía por completo.

    Consiguió enfocar mientras sus labios temblaban de placer y lo que vio fue… Nada. Allí ya no había nadie, la cama estaba hecha y la pareja se había marchado hacia un rato. Miró a los lados para cerciorarse, no había nadie. ¿Cuánto llevaban allí dentro follando? No lo sabía.

    Resopló dejando el orgasmo correr y aliviándose porque nadie la hubiera visto caer de esa manera. Lo que no pensó era que después verían a su hijo salir con su polla erecta y llena de fluidos, eso hubiera impactado más.

    De pronto Carla notó dos manos que se posaban en su trasero. Su hijo que estaba a punto volvía a la faena y con su madre puesta en una inmejorable postura, no se lo pensó. Lo único que decidió cambiar un poco su estrategia y… eligió otro agujero.

    —¡MATEO! —gritó esta vez Carla al sentir como el prepucio de su hijo le atravesaba el culo.

    —Tu culo me lo está pidiendo, se abre cada vez que la meto.

    Carla asió el edredón cuando este metió un poco más su lubricadísimo pene. Hacía mucho que no practicaba sexo anal y menos con semejante polla dentro. Apretó los labios y cerró los ojos, notando como cada centímetro la saludaba al pasar. Al de unos segundos que se le hizo tan placentero como doloroso, notó que el cuerpo de su hijo topaba con sus nalgas, “¿la ha metido toda?”.

    Salió y entró, salió y entró… varias fueron las acometidas algo más suaves que las anteriores. Carla las aguantaba con los ojos cerrados sufriendo esa mezcla de picor y placer que la hacían seguir quieta y disfrutando.

    —Ahora, sí que sí… después de esto llama a tu amigo Paul…

    —Cabrón… acaba ya… o le llamo… —rogaba sumida en un placer doloroso.

    Mateo que iba a terminar, acabó el polvo levantando la mano y bajándola con fuerza sobre las duras nalgas de su madre. El azote hizo que esta se irguiera un poco más encorvando su espalda.

    —Esto, por la tor… torta de antes —dijo mateo notando un placer extremo y haciendo que su cuerpo temblara.

    —Sí…

    Fue lo que dijo Carla al sentir como la esencia de su hijo se derramaba dentro de su cavidad llenándola por completo. El semen caliente la embriagó, haciendo que cuando su hijo sacara su poderoso miembro, le quedara un sentimiento de vacío tremendo.

    Sintió el fluir de los líquidos de su hijo por fuera de su cuerpo, llegando hasta la vagina y después corriendo veloz por las piernas por los caminos que había fabricado su sudor.

    —Voy al gimnasio, ¿vienes? —le dijo mateo todavía con la respiración entrecortada y jadeante.

    —Paso… ya hice mi ejercicio.

    ****

    Al día siguiente, cuando solo ellos dos se encontraban en la casa, Carla se metió en el baño donde su hijo se estaba duchando.

    —Mateo, ¿te acuerdas de la cámara que puse para tu padre?

    —Sí.

    —Pues tengo un cacho cortado, en el que salimos tú y yo… ¿Te apetece verlo? —ella ya había visionado como su hijo la daba por el culo y se había masturbado con ello.

    —Me encantaría, así hacemos algo juntos… ¿Por qué es verdad que vas a dejar el gimnasio?

    —Sí. ¿Para qué voy a ir, teniendo ejercicio aquí? —ella se rio y abrió la mampara viendo a su hijo desnudo— tengo pensado tratar de arreglar lo mío con tu padre. Puede… que haya sido un poco asquerosa estos años.

    —Creo que es una buena idea, con un poco de ayuda, podríamos volver a ser una familia.

    —¿Qué te parece si te empiezo a tratar mejor a ti? —Carla se comenzó a quitar el pequeño pijama que tenía y se adentró en la ducha junto a su primogénito.

    —¿Qué tienes en mente?

    —Tengo en mente… —le sonrió con ganas y le guiñó un ojo con complicidad sabiendo que su relación iría a mejor— si te parece bien… chupártela hasta que te corras creo que sería un buen comienzo.

    FIN

    Loading

  • Dos ricas maduras

    Dos ricas maduras

    Esta es una de las mejores experiencias sexuales que me han pasado y no porque fuera un trio con dos mujeres, sino porque era con dos de las mujeres que más me han gustado y excitado en esta vida.

    Maricela ya me había dicho que le gustaba Ivette y que quería un trio entre nosotros, yo también buscaba la ocasión, pero no se podía, hasta que quedamos en tomarnos unas cervezas.

    Yo ya le había expuesto la idea del trio a Ivette, pero esta al principio se negaba, ya que decía que Maricela era su amiga y no se imaginaba cogiendo con ella, que, si fuera otra chica, tal vez.

    Pero la verdad yo quería tener a ellas dos en mi cama solo para mí, gozando sus ricos cuerpos y viéndolas tocarse, así que cuando salió el plan de las cervezas sabía que ese era el momento.

    Fuimos al departamento de Maricela ella traía una minifalda negra luciendo sus piernonas una blusa café escotada y sus botas, Ivette llevaba una licra café y una blusa negra, los tres estábamos tomando y platicando, reíamos y hablábamos de todo hasta que la temperatura subió.

    Ante la mirada de Ivette y aprovechando el pretexto del alcohol Maricela y yo comenzamos a besarnos, Ivette nos miraba y sonreía, yo le acariciaba las piernas a Maricela, Ivette estaba confundida, pero seguía mirando atenta mientras nos reclamaba sarcásticamente.

    I: ¡Órale!! ¡Ya paréenle que se me antoja!

    M: ¡Pues únete a nosotros nena!

    T: ¡No te quedes mirando bebe!

    Sin decir más me lance a besarla, ella no se disgustó, mientras Maricela se quitaba su blusa y su brasear, se lanzó a acariciarle las piernas a Ivette, las manos de Maricela subían desde sus pantorrillas hasta las nalgas firmes de Ivette quien por su parte me despojaba de la camisa.

    I: ¿Esto va en serio?

    T: Claro, ¡te va a gustar!

    M: ¡Que piernas tienes!!

    I: ¡Abusadores, jajá!!

    T: ¡Tu solo déjate llevar!

    Nos fuimos a la cama yo le quitaba la blusa a Ivette y nos continuábamos besando mientras Maricela me despojaba de mis pantalones y mi trusa, acostamos a Ivette entre los dos, la desnudamos, besábamos todo su cuerpo desde sus pies hasta su frente.

    Maricela la besaba deliciosamente mientras yo me perdía en sus ricas tetas, luego Maricela le lamía sus ricas nalgas, eso me excito demasiado.

    M: ¡Ya quería estar con los dos!

    I: ¡Que rico, no esperaba esto, pero que rico!

    T: ¡Es un sueño! tenerlas a las dos aquí

    ¡Ya desnudos los tres ambas comenzaron a chuparme la verga! la lamian delicioso al mismo tiempo se besaban, yo estaba en la gloria dos mujeronas mamándome mi verga, yo aún no daba crédito a lo que sucedía.

    ¡Maricela acomodó su vagina en mi cara y yo comencé a chupársela e Ivette continuaba comiéndose mi verga!, la tragaba completa mientras Maricela le acariciaba las tetas y se las chupaba.

    T: Ivette sigue mamando ¡uf que rico!

    M: ¡Ivette eres la mejor!, me encantan tus tetas!

    I: Son unos calientes, ¡pero que rico!

    Ahora le comía su concha a Ivette mientras Maricela devoraba mi verga, observaba como Ivette besaba a Maricela y le comía las tetas, hicimos un trenecito yo se la chupaba a Ivette, Ivette a Maricela y Maricela a mí, estábamos con la boca ocupada mientras ellas comenzaban a escurrir ¡me preparé para penetrarlas!

    Finalmente me iba a dar el lujo de cogerme a las dos, lo que tanto había esperado y soñado estaba por comenzar.

    Acosté a Ivette y le levante las piernas se las abrí y se la deje ir suavemente mientras Maricela le besaba sus tetas, yo con mis dedos estimulaba el clítoris de Maricela, puse a Ivette en patitas al hombro y mientras se lo metía Maricela daba mamadas a mi verga y a su pucha.

    M: ¡Saben delicioso! ¡Uhm!!

    I: ¡Ah Tyson!

    T: ¡Ivette!! bebe que rico coño!

    Cambie y ahora era Maricela quien acostada recibía mi verga mientras Ivette empinada en un 69 con ella lamia nuestras partes, le tomaba la cabeza a Ivette ara que no se despegara de nosotros, mientras seguía empujándole hasta el fondo mi gruesa verga a Maricela, quien disfrutaba al máximo de lo que sentía.

    M: ¡Oh!!! ¡Por dios que rico!!

    I: ¡Uhm!! ¡Qué bien, uhm!!!

    T: ¡Esto es el cielo, uhm!!!

    Levantaba las piernas de Maricela y se lo empujaba rápido, Ivette me lamia las nalgas y mi ano y me empujaba con fuerza a su amiga, que rico sentía eso.

    T: ¡Ay!! Que rico Ivette, uhm, Maricela, ¡agh!!

    M: Así papacito, goza, uhm, ¡agh!!

    I: ¡Uhm!! Así que te gusta, ¡uhm!!!

    ¡Pasé a ponerlas en cuatro! Ambas se juntaron y primero penetraba a una y con mis dedos estimulaba a la otra ¡mientras ellas se besaban!

    M: ¡Que rico!! Son los mejores! Sabía que esto sería fantástico.

    I: ¡Ah! ¡Maricela tú también eres fabulosa!

    T: ¡Las dos lo son nenas!

    Ivette se acomodó boca abajo en la cama y Maricela subía encima de ella rosando su coño, las deje solas un momento mientras se estimulaban, Maricela le besaba el cuello y su oreja a Ivette mientras sus manos apretaban con desesperación esas piernas que ahora se siempre le gustaron.

    Les pedí alzaran un poco sus pelvis y empecé a penetrar a Ivette, el movimiento era magnifico, Ivette sentía el rose de la vagina de Marciera que al mismo tiempo sentía el rose de mi verga que estaba dentro de mi amada Ivette, que rico momento.

    I: ¡Ah, uhm, uf, ah!!

    M: ¡Así corazón! gimes bien rico, ¡uhm!!

    T: ¡Dios santo, uhm, agh!!

    Ahora Maricela estaba abajo y se lo metía rápido repitiendo lo mismo, pero ahora Ivette estaba encima de ella, que rico momento, sentí como ya no aguantaría más, pero aun no quería terminar, quería seguir gozando a estas ricuras.

    ¡Ellas decidieron tijeretear un poco! Se entrelazaron y juntaron sus vaginas, ¡sus movimientos eran ricos y mientras yo les daba verga en la boca y tomaba videos y fotos!

    I: Dios ¡que rico!

    M: ¡Mami muévete que rica pucha!

    Ambas estaban bien metidas, se besaban, se compartían mi verga, Maricela se ahoga en las ricas tetas de Ivette quien gustosa se retorcía al sentir los dientes de su amiga.

    Yo más duro me ponía, necesitaba estar dentro de ellas, pero gozaba el ver como Ivette le mordía las tetas a Maricela y apoyándose en su nuca se movía riquísimo en ella, ambas estaban súper mojadas, habían tenido un orgasmo muy rico.

    M: ¡Por dios, agh!!!

    I: ¡Que rico, uhm!!

    T: ¡Son espectaculares chicas!

    M: Ya te toca, ¡métenosla!!

    I: ¡Si, danos tu rica verga!!

    ¡Las acosté una encima de la otra y mientras sus vaginas seguían raspándose yo metí mi verga en medio con nuestros movimientos podía penetrar a las dos al mismo tiempo, dos ricas vaginas húmedas juntándose y comiendo mi verga!

    I: ¡Ah! Tyson así!

    M: ¡Me encantan! Uf!!

    T: ¡Nenas son las mejores!

    M: ¡Que rico! ¡Así! ¡Muévete tú también Ivette!

    I: ¡Gózame nena!

    Nuestros movimientos subieron de intensidad, una metida para una y luego a la otra, ¡james en la vida había sentido tan rico!

    Estábamos en el éxtasis, hasta que ya no aguantamos más y nos venimos, ¡yo me vine en sus vaginas!, mientras ellas se juntaban y salían sus fluidos.

    M: ¡Ah! que rico! ¡Ay, si!!!

    I: ¡Llénanos de leche! ¡Uhm!!!

    T: ¡Dios!!!

    El orgasmo fue espectacular, besos, mordidas y caricias acompañaron el momento hasta que terminamos agotados llenos de fluidos, pero satisfechos de lo realizado.

    Reposamos un rato y continuamos cogiendo, a veces cogía solo con una, mientras la otra miraba y a veces ellas cogían y yo miraba, fue una noche maravillosa y los tríos que tuve con ellas fueron ¡maravillosos!

    Tyson!

    Loading