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  • Araceli, camuflada

    Araceli, camuflada

    Más allá del deseo que va creciendo por Araceli, viene de la mano por el amor que nos empezamos a profesar el uno por el otro, nos comentamos situaciones diarias tratando de verles el lado positivo a la turbulencia que nos rodea, recordamos pasajes de nuestras vidas y los comentamos, nos reímos o burlamos de los mismos, ella ya entiende mucho más mi humor así que más allá de ofenderse también empieza a hacer críticas acidas a los temas.

    Pero no todo podía ser miel, no se podía tapar el sol con un dedo, en casa ella ya no tenía sexo con su esposo, lo cual lógico le hacía ruido a él y empezaba a tocar el tema del “amante”, me comentaba que en las discusiones ella estaba “mal cogida”, por lo del mal humor que aparentemente ella tenía y que el “pendejo” (ese soy yo), hiciera bien su trabajo, a lo que le respondía a ella… si me conociera, me diría más adjetivos… y si supiera todo lo que hacemos se vuelve loco, al parecer ya había modificado su forma de vestir también que lógico se notaba y generaba fricciones que según ella tenía bajo control.

    El plus es que también sus hijos estaban sobre ella cuestionando cuanto tiempo pasaba en el celular, ya que se podía ver su estado de conexión y curiosamente no había mensajes de ella con alguno de ellos, y para prevenir más inconvenientes decidimos usar Signal, si fue antes de que todo el mundo pensara que Whatsapp robaba información, así que de un modo seguíamos en contacto sin que le cuestionaran el tiempo en línea.

    Y efectivamente como lo comento Araceli en la parte de su relato, con las fotos que nos tomábamos y/o videos tenía la inquietud de subirlos a la red, lógico después de pasar los estándares de calidad de ella. De inicio fue su negativa, ya que un argumento es que alguien nos reconocería, que alguien pudiera verle la “cicatriz” o el “lunar”, a lo que respondía… ¿pues cuantos han visto tu lunar en la nalga?… algo que me daba mucha risa, pero a ella no.

    Así que buscando una respuesta donde los dos pudiéramos estar cómodos con mi petición, conseguí unas pelucas y antifaces, así podríamos mantener un poco de misterio en lo que haríamos, por fin llegó el momento de volvernos a ver, seguíamos subiendo las escaleras del deseo a pasos agigantados y si no era regla u obligación para Araceli orinar en mi boca lo hacía para satisfacerme de cuando en cuando.

    Llegamos a nuestro encuentro, para variar se veía exquisita, la ropa justa marcando sus deliciosas piernas, sus generosas nalgas, sus tetas jugosas, su cabello rubio cubriendo su rostro, llegue y la bese, me beso, nos abrazamos, nos dirigimos a nuestro base de amor, ya entramos con más naturalidad, sin nervios, pero sin con ansiedad de aprovechar cada minuto juntos.

    Si bien pensaba yo sorprenderla con las pelucas y antifaces el sorprendido fui ¡¡yo!!, llevaba unas medias negras, que contrastaban con su bella piel blanca, no podía dejar de devorarla y lógico, ella de llenar mi boca de sus flujos, tener esas ansias de apretarle las nalgas, que sus piernas rodearan mi cintura, mamarle sus tetas, morderlas lo cual le dolía y me decía, pero honestamente hacia que me calentara más, por lo cual la mordía más.

    Sentir esa comunión a su lado haciéndonos uno es maravillosa ya que si bien hay gran parte de deseo ya hay amor, empatía y cariño ¿así son los amantes?

    Después de nuestro primer encuentro y de seguir admirando su silueta con esas medias, le mostré lo que yo había llevado.

    Eran dos pelucas, de cabello corto una negra y la otra roja, que más bien parecía caramelo, el antifaz negro tomando la bolsa, se recogió el cabello, se puso el antifaz y la peluca negra, aun con sus medias, sus ojos resaltaban sobre ese antifaz, en ese momento se me puso dura la verga, acerco su boca con la lengua de fuera y empezó a darme una mamada exquisita, sintiendo como pasaba la lengua sobre mi verga, la sensación era maravillosa, ella es experta en todo y sin preguntar se volteó poniéndose en cuatro dejándome admirar ese culo maravilloso, dándole duro como me gusta (y a ella) termine dentro de su conchita, admirando como goteaba mi leche desde su conchita hermosa.

    Y sin decir algo más se probó la peluca roja, como como era lógico me calentó de inmediato y por inercia metí mi verga en su boca a lo cual respondía dándome otra mamada inolvidable, me recosté y se puso sobre mi cabalgándome, apretándole las nalgas maravillosas que tiene y sin dejar de mamarles sus tetas color rosa. Lógico el momento quedo captado en video, de los cuales han sido varios e increíbles.

    Algo que es parte de nuestro rito de amor es bañarnos antes de irnos, yo le he pedido que nos vayamos así sin bañar, pero aún tiene inquietud porque en su casa la huelan a mí, ya que en las primeras ocasiones a pesar de bañarse le preguntaban del olor de ella, así que nos metimos en la regadera y ella delicadamente me baña de pies a cabeza, a lo que le regreso el favor, aunque seré honesto hay veces que en lugar de bañarla me la termino cogiendo de nuevo.

    Le he pedido en varias ocasiones practicar sexo anal, el cual se niega alegando que podría lastimarla, pero no quito el dedo del renglón, pero hemos ido compensando esa situación con otras distintas igual de excitantes y placenteras para los dos.

    Y si bien se nos han olvidado algunos aretes también hemos olvidado ropa, que por lógica no preguntamos si aún las tienen, pero mínimo nos deberían de hacer un descuento de cliente frecuente.

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  • Engañando a mi novio

    Engañando a mi novio

    La monotonía ya me aburría, tenía ganas de algo divertido…

    Hacía varias semanas un chico me escribía por Instagram, siempre que mi novio trabajaba nos escribíamos y el desde un principio quiso algo más. Al principio yo mucha bola no le daba, pero estaba aburrida un día y pintó seguirle el juego… la conversación se puso hoy, y en una me manda la foto de su pija, ¡que verga!, media unos 26 cm, superaba la de mi novio por casi 8, quedé hipnotizada. Me encantó.

    Quise hacerme la difícil y cuando me preguntó que me parecía le dije que estaba bien. Me pidió fotos mías y accedí. Sabía que él estaba caliente (la foto de su poja lo demostraba), así que me quité toda la ropa interior y me puse mi camisón blanco largo de lencería (se trasluce un poco), y le mande una foto en que se remarcaba mis tetas… en el relato anterior conté que tengo muy buenas gomas. Y como era de esperarse, quedó enloquecido… quedamos en conectarnos al otro día a la misma hora y hacer una videollamada hoy. La idea me encantó.

    Llegado el otro día, esperé a que mi novio se fuera a trabajar y a los 20 minutos, estaba ya en línea. A la hora exacta, me mandó un emoji para ver si estaba lista y a los minutos me cayó la llamada… me había puesto el mejor conjunto de lencería que tenía el cual mostraba todo con lujo de detalle… Atendí y él ya estaba tocándose el bulto sobre el bóxer. Me dijo que estaba ansioso por verme y que la noche anterior se había clavado varias pajas en mi nombre. Me palpitaba la concha a mi.

    Quedé en llamarlo por Skype por la compu así nos veíamos mejor. Me puse frente a la cámara y a medida que él me iba pidiendo cosas, yo las hacía… fue 1 hora de videollamada, ambos tomándonos en todo momento, el mojó todo de leche. De ahí pasamos a Instagram de nuevo.

    Me pidió para vernos, estaba desesperado, (yo también), me dijo que quería verme cuanto antes. Recordé que mi novio al otro día trabajaba toda la noche, así que quedamos en vernos en la playa a las 1 de la madrugada.

    Cuando llegue al lugar indicado (era un lugar oscuro de la playa), él ya estaba ahí, había llevado 2 latas de cerveza y un porro. Apenas me acerqué me agarró del culo y me clavó un beso. Me dijo que estaba ansioso por probarme toda. Nos tomamos las cervezas y partimos a su casa (en la playa había gente y no queríamos levantar sospechas).

    Mientras íbamos en la moto él acariciaba mi pierna, y yo me atreví a manosear le el bulto por encima de su pantalón. Cuando llegamos a su casa, guardamos la moto y entramos. Era una casa humilde, me contó que se había mudado hacia un par de meses y que la había hecho él a base de su trabajo (era carnicero).

    Ya dentro, me llevó a su cuarto y me comenzó a besar, nos manoseábamos todo… me quitó la remera y la falda que tenía y yo hice lo mismo con él. Antes de proseguir, me invitó a fumar me un porro con él, así la pasábamos más que rico. Accedí y mientras estábamos acostados en la cama meta caricias, nos fumamos ese. A medida que íbamos terminando el faso la cosa se ponía mejor. Me comenzó a manosear y chupar las tetas, me abrió las piernas y se puso encima de mí entre mis piernas, su bulto rodaba mi tanga y se notaba que estaba duro. Mientras se rozaba, me dijo que cuando me vio por primera vez en la carnicería que él trabaja, quedó embobado.

    -Vivo soñando que me chupas la pija…

    -Te hago el sueño realidad, vení

    -Apa, putita y petera, cada vez me embobada más nena

    Se puso de pies en la cama y yo me arrodillé quedando a la altura de su pija. Estaba re dura, así que le quité el bóxer y me atragante. Bien hasta el fondo, pasando mi lengua en todo su largo, sus ojos se pusieron blancos. Meta y saque. Mientras le hacía un buen pete, le manoseada los testículos, le encantaba.

    -Que rico la chupas, putita… seguí así que en nada te lleno de leche la boca…

    Como bien advirtió, a los segundos me llenó de leche y como buena puta, me la tragué toda.

    -Ay bebé, como te gusta la lechita… acostate y abrite de piernas y que te voy a comer toda

    -Mmm si papi, comeme toda

    -Como te abrís putita, que rica conchita tenés

    Me chupó la concha de una manera que ¡por favor! la mejor chupada de concha que me han dado… cuando estaba toda mojada, sin aviso previo, me metió la verga hasta el fondo.

    -Ahhh

    -Como me gusta verte así bebé, con la pija bien hasta el fondo

    -Mmm

    -Te gusta? Te gusta que te mande verga?

    -Mmm su papi sí, mandamela toda

    -Ay como suplicas mi amor, que pasa el novio no te llena???

    -No papi quiero la tuya toda adentro

    -Mmm bebé, mira cómo te tengo toda para mi, que puta resultaste…

    Se hicieron como las 5 de la mañana, yo estaba llena de leche. Me encantaba, estábamos agotados. Metimos varios polvos en esas horas, fue espectacular. Recordé que mi novio saldría a las 8, y yo tenía que bañarme, lavar la ropa y acostarme antes de que él llegara. Así que después de recuperados, me llevó a casa y quedamos en vernos cada tanto…

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  • Las tareas de mi prima Patricia

    Las tareas de mi prima Patricia

    Cuando era más joven, época post adolecente,  y universitaria, tiempo en el que coger con cualquier chica era la meta de casi todos, para decir llegué a home y no decir que salí con una amiga y me quedé en segunda base (tocar los senos). Estudiaba ya el segundo semestre de la ingeniería, y en la misma facultad estaba mi prima Patricia, más o menos de mi edad, nada fea, de un hermoso y delineado cuerpo, en apariencia algo distraída, Pero se las traía, el que no la conocía pudo haber dicho que ella no rompía un plato. Pero los que si dirían que no quedó nada de la vajilla.

    Un día llegó a casa, sus padres y los míos le decían Paty, bien arregladita, rara vez visitaba la casa pero ese día fue a que le ayudara con unas tareas sobre una cartografía; ya que ella al parecer no entendía, y yo tenía cierta facilidad para algunas cosas de estas materia. La asignación tenía varias semanas asignada ya que era trabajo de fin de trimestre y ella por andar descuidada con su grupo de amigas no las había hecho y sus padres le pidieron a mi madre que yo le ayudara con sus dibujos que, “está retrasada con las tareas”.

    Quedamos en que sería el otro día en la mañana; a eso de las 10 de la mañana, cuando llama a la puerta yo estaba en el baño viendo videos porno cortos en mi teléfono, aprovechando la ausencia de mis padres y que ella llegaría a eso de las doce, entonces yo disfrutaba de un bello pajazo, que no terminé, y que me dejó con una calentura de mil por hora, calentura que se avivó al entrar Paty, ella traía puesto unos pantaloncito color crema bien ajustado que hacían notar su camel toe, de una manera que casi llegaba a lo vulgar y una delicada blusa blanca que hacia destacar su bien delineado busto.

    La saludo con un beso en la mejilla, pero sin quitar la mirada en su camel toe y mis pensamientos millón, ya que no me había terminado de masturbar, ella me abraza y de manera espontánea me saludó con mucho cariño.

    Pasado un rato de saludos y conversar todo aquello de tareas y esas cosas, no ponemos manos a la obra, yo sin quitar de mi mente y su escultural cuerpo y la ganas de hacerle el amor a este monumento de prima.

    Luego de un rato ella me pide mi teléfono prestado por según el de ella no agarraba señal y se pone a hurgar, sin darme cuenta y consigue se mete en el historial de navegación y abre sin darse cuenta la página porno en la que estaba y le baja el volumen al celular, se sonroja, me doy cuenta, y noto sus pezones duros, y le digo:

    -porque estas roja, que tienes?

    Ella se hace la desentendida y contesta:

    -nada vale.

    -nada!! –le digo yo.

    -Jum que va cuéntamelo todo y exagera.

    Y me levanto y me acerco, y me fijo en el celular y veo de reojo la pantalla y veo las imágenes y rápidamente mi mente se activa y me percato que está en la página porno que tenía abierta minutos antes de ella llegar a casa… Y le digo:

    -ya sé porque estas así!

    -yo que!! así como? –me dice ella.

    Y dejo salir una breve carcajada y le quito el teléfono con la página abierta y unos de los videos aun en reproducción, yo sonrío y ella se pone más roja.

    Entonces se me activan las ganas de coger y le pregunto que si le gusta ese video y se queda callada por unos breves segundos y me mira y dice que no le vaya a decir nada a mis tíos, porque se enojarían con ella y la castigarían, y quizás no la dejarían salir por un largo tiempo, ya que mis tíos tiene cierta conducta religiosa algo ortodoxa o chapada muy a la antigua…

    Y yo le pregunto:

    -¿y eso a cambio de qué?, mis tíos son chapados a la vieja escuela, pero los míos son de mente abierta, y a mí no me dirán nada. Yo que ganaría si no hablo -le comento yo

    -no se!!

    Mi mente se fue al cielo y le digo:

    -Y si imitamos el video.

    Ella me queda mirando dubitativamente, y contesta muy ávidamente.

    -pero es que somos familia, somos primos, y eso no se puede.

    -al Carajo! Eso de familia, yo quiero hacerlo, ya estoy empalmado, antes de tu llegar, dime si quieres si o si, o les digo a mis tíos -le digo en tono algo agresivo, pero con el huevo a mil de las ganas de penetrarla y morder esos grandes labios…

    Ella dice que sí, pero que la trate con suavidad, con cariño, que ya hace más de un año que no lo hace.

    -o sea es cierto que decían que te habías tirado al hijo del rector. -Ella dice sí. Pero más nunca he repetido eso.

    La atraigo hacia mí, y comienzo a quitarle la blusa y le digo “que lindos senos tienes, son hermosos”, luego me voy a su espalda y aflojo el brasier y dejo al aire sus delicados senos, que destacan por unos pequeños y lindos pezones con unas aureolas hermosamente delineadas con el mismo color de piel, parecían los senos de una bebe recién nacida y los acaricio de manera muy suave y coloco mis labio sobre ellos y sentí como se ponían duros ¡muy duros! dentro de mis labios, además de sentir como ella sufría un espasmo de excitación. Que hacían que mi huevo se pusiera más duro.

    Entonces sigo bajando hasta llegar su ombligo y ella me acaricia la cabeza, y entonces me levanto y le pregunto. “¡Así? O más delicado”, ella me mira y asiente con la cabeza. La invito a mi habitación y me dice:

    -si mis tíos nos descubren se arma…

    -mis padres viene a la una de la tarde, nos da tiempo de disfrutar y hacer las tareas.

    Ella me mira con una sonrisa pícara, entramos a mi habitación y le pido que se quite el pantaloncillo mientras yo me quito la poca ropa que tenía puesta.

    Levanto mi cabeza y quedo atónito con aquel monumento de prima, parecía a Silvia Saint en sus mejores tiempos, lo que hizo que mi pene se pusiera a reventar y ella me dice: “me vas a matar con ese pene así tan duro como se ve”, aun con la impresión de lo bella de esos delicados muslos más atléticos que los míos y los senos más paraditos que misiles, le comento “tranquila, te voy a hacer disfrutar este bello rato sin el más mínimo dolor, más bien disfrutaras y desearas volver a repetir y hacer todas las posiciones del Kama Sutra, vendrás todas las semanas a que te haga la tarea”, a lo que ella responde con un franco suspirito.

    La acerco hacia mí y vuelvo a lamer sus delicados pezones mientras voy acariciando la suave piel de sus nalgas y hago que abra un poco su entre piernas para acariciar su vagina que emanaba olores a almizcle en todo el cuarto, lo que me dice que estaba lista para ser penetrada, me coloco detrás de ella y beso su cuello y meto suavemente mi lengua en sus oídos lo que la hace vibrar y pegarse a mí un poco para sentir mi calor corporal, entonces yo me agacho un poco y hago que abra un poquito más sus piernas y coloco justo debajo la entrada se vagina mi pene, lo que la puso a mil en un grado de excitación que pensé que se iba a desmayar.

    Meto mi dedo corazón en su vagina y busco su clítoris para acariciarlo mientras la tengo e un roce muy delicado con la cabeza de mi pene. En ese instante me dice que ya está bien que lo hagamos que estaba demasiado excitada, tanto que tenía muchas ganar de orinar, yo le sugiero que vaya al baño y va.

    Allí demoro más de cinco minutos en lo que yo me acosté en mi cama allí la espere con mi pene como un cañoncito de 18 cm, cuando sale del baño me ve en la cama y no dijo nada, solo se fue a la cama y me planto un besos de esos estilo películas románticas, y me dijo que estaba demasiado húmeda a lo que yo me dije que ahora si tocaba, la deje acostada y coloque una almohada debajo de sus nalgas para ganar altura.

    A lo que me quede enamorado de sus cachetes hermosos y no me aguanté la ganar de besar y chupar su clítoris y le hice un rico oral un buen rato, lo que la hizo ponerse a mil, parecía gata rabiosa de tanto gruñidos hasta que lanzo uno fuerte demostrando que había logrado un gran orgasmo, así quedó un rato y para que descansara me acosté a su lado, lo que ella no aguantó ya emoción y se inclinó y empezó a mamármelo como actriz porno de las películas de brezzer, sin quejas me lo mamó por un rato como toda una diva hasta que le sugerí no me hiciera llegar para llegar de otra manera lo cual aceptó.

    Descansamos un rato tomamos jugo y comimos galletas y le dije “Paty ahora si hay que disfrutar porque hay que terminar la tarea”. Ella puso sus ojos grandotes, y solo movió los hombros, la coloqué en la orilla de la cama y levanté sus piernas y la fui penetrando muy delicadamente y ella abría y cerraba sus ojos de placer, excitación, a lo que empecé con el mete y saca y ella empezó a gruñir como al minuto, allí paré y veo sus ojos y volví a dale más fuerte, entonces ella grito ¡!unju! y eso me activó le di más duro y repitió ¡!unju!! ¡!unju!! varias veces.

    Bajé un poco, sentía que entraba y salida mi pene como de un pozo de gelatina blancuzca, volví a darle más duro y grito y dijo ¡!dale dale!!, a lo le di más duro, un breve momento, y pare , le sugerí que se pusiera en cuatro y muy de malas ganas lo hizo, dijo que ya casi llegaba, no le hice caso y la acomodé a la altura de mi verga, en ese perfil se le veía un hermoso y delicado culito que en otras tareas fue mío. Allí se lo acaricie y metí mi dedito un poquito humedecido con sus propios jugos.

    Puse mi pie en la cama y metí mi verga muy suave mente en su vagina y ella lanzo un gran suspiro, allí empecé a dale suave y duro, a escuchar sus gruñidos, griticos, hasta que logre llevarla a dar griticos y la hice llegar y luego explote yo dentro de ella, casi de forma unísono, luego de tan rico rato de sexo descansamos un rato en la cama ella se aseó, y yo también, por precaución le di su pastillita del día siguiente y salimos casi a las doce del cuarto.

    Comimos algo y realizamos la tarea, mis padres nos consiguieron haciendo los dibujos, Paty viene al menos cada 15 días a hacer tareas, a veces viene dos veces en una semana y más por un rico sexo que por tareas, más adelante les contaré como le penetré de forma rica y gustosa su delicado culito.

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  • Luna llena (parte 3)

    Luna llena (parte 3)

    Salgo de la habitación y pido el ascensor, entro y me veo en el reflejo del espejo que se encuentra allí así que retoco mi maquillaje y acomodo mi vestido. Se abre las puertas y me dirijo al lobby para solicitar información de la ubicación del restaurante del hotel; un hombre muy guapo me indica donde se encuentra ubicado le doy las gracias pero en el momento de dirigirme hacia el restaurante siento que mi cuerpo no reacciona es como si mis pies se hubiesen quedado pegados al piso, la mirada de aquel hombre y su sonrisa espectacular como si le alegrará mi presencia no me permite irme de ahí.

    –¿Aceptarías una invitación a cenar esta noche?

    –Eh… (claro que de un desconocido no, pero no sé qué me pasaba con él).

    –¿Aceptarías?

    –Si, acepto.

    Sale del lobby y me ofrece su brazo para tomarme de gancho de él así que lo hago.

    –¿Cómo te ha parecido la atención del hotel?, claro tu opción me sirve para mejorar la atención

    –No me ha dicho su nombre

    –Ah si que grosero he sido, mucho gusto me llamo Franco; soy administrador de esta cadena de hoteles .

    –Mucho gusto me llamo Gabriela; así que eres el jefe aquí

    –Ja ja ja… si lo quieres ver así, si lo soy pero me gusta ser cordial con los empleados de los hoteles

    Me gusta su sonrisa y el trato hacia sus colaboradores de los hoteles… me siento muy a gusto con Franco. Llegamos al restaurante, es hermoso, alrededor se ven varias plantas y árboles pequeños y la música acorde con el ambiente. Como todo un caballero corre la silla para que tome asiento y luego él de sienta en frente a mí…

    –¿Cuál es tu plato favorito?

    –Le puedo decir que no me gusta ,así queda más fácil

    –Ja ja ja si, tienes toda la razón. Puedes tutearme tranquila

    –Ok está bien, no me gusta las ostras almejas… nada de esa comida costosa. Me gusta la sencillez

    –¡Sabes que somos iguales! También me gusta la sencillez, así que te puedo recomendar unos espaguetis marinados ¿Te parece?

    –Es uno de mis platos favoritos así que me encantaría. Sabes es como si ya me conocieras

    Al escucharla recuerdo verla ahí desnuda en aquel balcón. No pude ser mas afortunado que encontrarme con ella sin buscarla, solo el destino me la trajo hacia a mí.

    –¿De tomar que te apetece?

    –¿Qué recomiendas para acompañar los espaguetis?

    –¿Quieres bebidas alcohólicas?

    –Eh si por qué no, esto no es de todos los días

    Quería vivir en mis vacaciones cosas diferentes y entre ellas la comida.

    La cena con Franco fue espectacular reímos mucho tenemos gustos similares y aparte me encanta su forma se ser y por supuesto es muy guapo; en mi mente perversa ya me he imaginado cosas candentes con él. No deja de observarme, he notado varias veces su mirada sobre mi escote y hace que mis pezones se marquen en mi vestido y como tengo mi cabello recogido no lo puedo ocultar.

    –¿Me aceptas ser tu guía turístico?

    –Claro que sí yo encantada  (mi cuerpo reaccionó al roce se su mano en mi espalda descubierta)

    –Vamos, mi carro está afuera

    Gaby aparte de ser hermosa su sencillez y carisma me encanta, se nota que no es para nada interesada como otras mujeres. Como todo un caballero así me educó mi madre, le abro la puerta del carro y la invito a seguir; luego rodeo el carro y entro en él; quiero llevarla a recorrer la ciudad en esta noche tan hermosa, el cielo esta despejado con la luna llena grande hermosa. Al finalizar el recorrido que duró toda la noche la llevó al hotel nuevamente y le pido acompañarla hasta su habitación así sabré donde la puedo encontrar.

    –Gracias por la cena y el recorrido por la ciudad

    –Gracias a ti por aceptar y disfrutar de tu compañía. ¿Podemos desayunar mañana?

    –Claro que sí, ¿pasas por mí?

    –Por supuesto Gaby que vendré por ti, ¿a las 8 am te parece bien?

    –Perfecto. Deseo que pases una excelente noche

    Le doy un beso en la mejilla y entro a mi habitación.

    ¡Wao! Este hombre me encanta, sentir el roce de su mano por mi espalda hizo poner mis pezones más duros y mi entrepierna húmeda, no lo puedo negar pero deseo tanto a este hombre que debo apretar mis piernas. Me retiro el vestido y me dirijo al balcón para tratar de refrescarme pero la brisa y el deseo por Franco hace que mi calentura aumente, tanto así que corro a un costado mi tanga y acaricio mis labios notando que estoy tan mojada que la verga de Franco entraría sin esfuerzo, si, no me importa decirlo en estos momentos pero me gustaría que él me cogiera aquí.

    Hundo mis dedos y empiezo a follarme, la brisa sopla más fuerte así que suelto mi cabello y me permito dejarme llevar por el deseo que tengo por Franco; en mi mente me imagino las cosas más sucias… aumento la velocidad de mi mano… pellizco con fuerza mis pezones hasta que siento espasmos, si varios espasmos… Me agarro fuerte del barandal y me inclino… ¡Uff! Nunca había deseado a alguien tanto como a Franco.

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  • Entre mi mujer y mi suegra (parte 3)

    Entre mi mujer y mi suegra (parte 3)

    A partir de ese día, la casa se convierte en domicilio conyugal para los tres, pasamos largas jornadas juntos nos permitíamos andar por casa desnudos para disfrutar de la vista de nuestros cuerpos, duchas conjuntas que casi siempre terminan en masturbaciones, masajes en los pies que terminan en comidas de coño, hacemos sexo casi todas las noches, pasando de una habitación a la otra, hasta que decidimos dormir juntos, los tres damos largos paseos por la playa sin impórtanos que alguien pueda vernos mientras yo sujeto su traseros.

    Una noche mientras cenamos mantenemos una charla de sexo sobre las fantasías. Como si nada mi suegra deja caer que le gustaría experimentar por sí misma el penetrarme como había hecho mi mujer, con una mirada cómplice hacia su madre mi mujer disimuladamente me recuerda cuantas veces le supliqué para repetir el trio con su madre después que entre las dos me habían roto el culo aconsejándome que debía complacer a su madre.

    No pretendo romper la buena sintonía que hay entre los tres con el mejor sexo de toda mi vida, y apresar de mis dudas no me queda otro remedio que ceder a las pretensiones de mi suegra. Nos ponemos de acuerdo entre los tres, esta noche prevalece los deseos de mi suegra, ellas se van al dormitorio para prepararse mientras yo recojo las sobras de la cena y me doy una ducha. Cuando salgo de la ducha, me dirijo hacia el dormitorio envuelto en una toalla de cintura para abajo las encuentro a las dos en bata de encaje, y la lencería a juego.

    Mi mujer con mirada lasciva me hace un gesto con el dedo para que me acerque y quitándome la toalla comienza a sobar mi polla y masajea mis huevos, le da un lametón desde los huevos hasta la punta, lame alrededor de mi glande con su lengua y noto cómo empieza a reaccionar cobrando dureza dentro de su boca.

    Mientras mi suegra detrás de mí, ata mis manos a la espalda con una cuerda ¡Ponte a cuatro sobre el borde de la cama cariño! con ayuda de mi mujer me pongo a cuatros en el borde de la cama, ella misma me extiende la vaselina por el culo con la yema de su dedo ¡Oh! un largo suspiro sale de mi boca, cuando notó su dedo entrar y salir barias veces de mi culo, sospecho que ella también está disfrutando cuando oigo sus risitas.

    Su dedo entra y sale de mi culo a la vez que juega con mi polla con su otra mano ¡creo que ya está listo! haciéndose a un lado para dejar espacio a su madre. Un sentimiento de miedo me invade cuando veo a mi suegra quitarse la bata y colocarse los cinturones del strap-on de 20 centímetros. Se sitúa detrás de mí entre mis piernas y juguetea entre mis nalgas con la polla de goma, deja caer el peso de su cuerpo sobre mi acercándose a mi oído ¡esta noche serás, mi puta!

    Colocando la cabeza de la polla de goma en la entrada de mi culo, empuja levemente metiendo la punta encontrando algo de resistencia ¡sé que te dolerá algo al principio pero tienes que relajarte! sujetándome por las caderas y con un fuerte empujón mi suegra me penetra el culo metiendo la polla de goma hasta el fondo ¡Oh! un fuerte alarido sale de mi boca cuando la notó entra, hinco mis dedos en las sábanas y jadeo ya de forma clara mi cuerpo se tensa y vibraba con cada estocada, comienza a follarme más rápido ¿Te gusta, puta? me pregunta mi suegra, casi no puedo ni contesta con voz entrecortada.

    ¡Me duele, aaah! Ella continúa embustiéndome, tirando de mi cabello hacia tras me propina varias embestidas como una yegua salvaje. Con las manos inmovilizadas y las fuertes sacudidas pierdo toda visión de donde me encuentro y solo puedo prestar atención al embiste rítmico y potente que estoy recibiendo, ella aminora el ritmo de sus embestidas y saca lentamente la polla de goma ¡túmbate boca arriba! como puedo me tumbo sobre la cama con las manos atadas debajo de mí, ella sube mis piernas apoyándoselas en sus hombros y vuelve a introducir de un golpe, la polla de goma entera dentro de mi culo ¡Aaah! Vuelvo a gritar sintiendo placer y dolor a partes iguales ¿estás bien? me pregunta ¡Síii!

    Y continúa fallándome con embestidas más rápidas y pajeándome con una mano al mismo tiempo, busco con la mirada a mi mujer que está sentada en el diván con la bata abierta masturbándose y mirado embelesada el espectáculo que su madre y yo le estamos.

    Mi suegra continua con sus embestidas fallándome más fuerte, y subiendo el ritmo de la paja. Por mis gemidos sabe que estoy a punto de correrme, ella deja de pajearme, quiere que me corra solo con el placer que me está proporcionando ella. Cuando un alarido anuncia el inminente estallido, me propina varias embestidas más. Contemplando como una yegua salvaje, cómo mi leche sale con tal violencia que llega a manchar sus pechos, la visión de los largos chorros de semen que salen de mi polla, hacen que ella se corra igualmente, con fuertes convulsiones.

    Mi suegra continua con sus embestidas fallándome más fuerte, y subiendo el ritmo de la paja. Por mis gemidos sabe que estoy a punto de correrme, ella deja de pajearme, quiere que me corra solo con el placer que me está proporcionando ella. Cuando un alarido anuncia el inminente estallido, me propina varias embestidas más. Contemplando como una yegua salvaje, cómo mi leche sale con tal violencia que llega a manchar sus pechos, la visión de los largos chorros de semen que salen de mi polla, hacen que ella se corra igualmente, con fuertes convulsiones.

    Sin sacarla se tumba sobre mí, llevado por la lujuria lamo todo su pecho y pezones limpiando todo aquello mientras ella sonríe, me besa tiernamente y saca la polla de goma nos incorporamos con su ayuda, y mientras me libera de las ataduras mi mujer se incorpora de su asiento, en su cara se refleja la mirada lasciva, signo de su latente deseo, sé que como mínimo, me esperar un buen polvo.

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  • Tuve que someterme a sus deseos

    Tuve que someterme a sus deseos

    ¡No puedo entender como terminé así! Llena de deudas y en la calle. Empecé a jugar como diversión y en pocos meses me arruinó la vida. Sola, sin poder recurrir a nadie y en una ciudad desconocida.

    Les cuento, soy Viviana, tengo 19 años, morocha, buen cuerpo, tetas chicas pero una colita que se dan vuelta a mirar, parada y respingona. Una catamarqueña que llegué hace un año de mi pueblo con la ilusión de triunfar en la Capital y todo se fue al carajo. ¿Volver derrotada a la estrecha vida de mi pueblito? Ni loca. Algo tenía que hacer, lo que sea. Fui a ver a la única persona que podía pedirle algo.

    – “Hola Juan”, le dije cuando abrió la puerta

    – “Hola Vivi, te hacía volviendo a tus pagos, pasá”

    – “No quiero volverme”, le dije mientras entraba en su living y dejaba la valija y la mochila en el sofá, “¿no me aguantás esta noche? Necesito un lugar”

    – “¿Te echaron de la pensión?”

    – “Si, le debo la semana y ahí no te aguantan ni un día de atraso”

    – “¿Y la plata que me debés?

    “Aguantame que me reponga y te la pago, lo juro”

    Juan era un pibe un poco más grande que yo, de unos 25 años, que conocí en el trabajo que tuve ni bien llegué. Una noche de farra terminamos cogiendo y después le corté el rostro. Pero recurrí a él para manguearle dinero y ahora para que me banque para dormir.

    – “¿Vos te pensaste que soy la Casa de la Beneficencia?”

    – “”Porfi. Una noche nada más”

    – “Y después ¿a dónde vas?”

    – “No sé. Algo se me ocurrirá“

    – “Mira Vivi, me cansaste con las promesas. Te podés quedar acá no una noche, sino una semana o dos. Pero algo vas a tener que hacer para compensarlo”

    – “No entiendo ¿Qué querés que haga?”

    “¿Sos boluda o te tengo que hacer un dibujo nena? Tenes que hacer lo que yo quiera. ¿te queda claro?”

    – “¿Te vas a aprovechar así de mi situación?”

    – “¿Yo me aprovecho? ¿Me cagas la guita que me debes, me pedís cobijo y morfi y soy yo el que me aprovecho? Aceptá o agarrá tus cosas y andate.”

    Y así fue como terminé de sirvienta para todo rubro que Juan quisiera. Yo sabía que me tenía ganas y me vi obligada a aceptar. No estaba mal el flaco y muchas más opciones no tenía. Me dijo que me acomode (y que me bañe) mientras hacía la cena. Cuando bajé a comer enfundada en una bata que tenía me vi con una mesa toda servida con una bondiola a la cerveza negra con puré y un tinto de buena calidad.

    Era la primera comida decente en meses ¡¡y qué comida!! Estaba exquisita. Comimos, charlamos y nos bajamos el vino. Después un cafecito y puso una peli. Nos sentamos en el sofá los dos tranqui mirándola. Me relaje totalmente y me olvide del trato, pensando que había sido una cargada. Hasta que apagó la tele y le pregunté donde iba a dormir.

    – “Vení que te muestro”, dijo y me llevó de la mano a su habitación y me mostró su cama. “Vas a dormir conmigo y quiero que te acuestes toda desnuda”

    – “No, ¿es en joda, no?”

    – “No. Es eso o toma tus cosas y andate”, me respondió con un chirlo. “Acá yo pongo las reglas y vos obedecés”

    No encontraba forma de zafar, de modo que fui al baño y cuando volví me metí bajo las sábanas y allí me saqué la bata, quedando en bombacha y corpiño bien pegada al borde y sin moverme. Al rato sentí una mano por mi cuerpo, otro chirlo y un reto.

    – “¿Qué parte de desnuda no entendiste?

    Me saqué todo y esperé a ver qué pasaba. Él acarició mi espalda y mi cola para cerciorarse que estaba desnuda, se dio vuelta, me dijo buenas noches y apagó el velador. Al rato roncaba suavemente. A la mañana me desperté tarde. Juan no estaba, pero había una nota en el espejo del baño “Vuelvo a las 15 h con un hambre de perros. Preparate algo para comer. Esperame con la ropa que está en la silla al lado de la cama”. Era un vestido corto y suelto con mi bombacha y unas sandalias, todo apilado. Pero no pude encontrar por ningún lado mis corpiños. Aun los que traía en la valija no estaban. Así vestida y con el almuerzo listo lo esperé.

    Entró, fue derecho al sofá donde yo estaba viendo tele y me pidió que le sirva la comida. Yo fui a calentar la olla y cuando estaba en eso, él me abrazó por detrás, me masajeó un pecho y me dio un beso en la nuca y se sentó a comer, charlando conmigo de su trabajo, del tiempo y de todo un poco.

    – ¿Querés ver una peli?, preguntó y yo acepte. “Vamos a ver una de colección, de las mejores películas que conozco. Es “La secretaria” ¿la conocés?”

    No tenía ni idea, pero estaba buenísima. La vimos los dos sentados en el sofá y tengo que confesar que me fue calentando, es una peli muy erótica sobre una piba con muchos traumas y represiones que descubre su veta masoquista y encuentra el placer sexual siendo dominada. Juan pasó un brazo sobre mis hombros y me arrimó contra él. Cuando terminó me dijo:

    – “Así te quiero mientras estés acá ¿entendiste?”, me acarició las tetas, se bajó el jogging que traía puesto, sacó su pija y me dijo “empezá por una buena mamada”

    – “¿Estás loco?, ¿quién te crees que soy, tu putita?”

    – “Algo así Vivi, te dije que tenías que pagar por todo, por la guita que te presté, por el bulo y la comida. Además, no te disgusta que te dominen, ¿o no disfrutaste cuando cogimos que te esposé a la cama?

    – “Pero eso era un juego”

    – “Bueno, esto es en serio. Mamas o tomas tus cosas y te vas”

    – “No podés ser tan turro”

    Ni me contestó, me tomó de los pelos y me llevó la cabeza contra su pija y no vi modo de zafar, de modo que empecé a chupársela y masturbarlo, para hacerlo acabar rápido. Pero me tiró de los pelos para hacerme levantar la cabeza a la vez que me hacía temblar la cola con un fuerte chirlo.

    – “No me quieras hacer acabar rápido turra. Mamame lindo como vos sabés. Con todas las artes de putita que tenés” y volvió a llevarme la cabeza contra la pija. Me esforcé en volverlo loquito, lo lamía, le daba toques de lengua, besitos, le soplaba el glande, lo envolvía con mi boca un toque apenas y volvía a soplarlo y pasarle solo la puntita de la lengua por el tronco. Tenía la pija dura y se tensaba de calentura.

    – “Qué lindo mamás guachita, te voy a acabar en la boca y quiero que te tragues todo. Si algo se cae y me mancha el bóxer comes solo fideos al aceite con agua. Si no, te hago un manjar y tomás vinito de primera”

    En realidad a esa altura yo, entre la película y el lindo pedazo de Juan, la estaba gozando. No sé si fue eso o la promesa de la comida, pero cuando se vino en mi boca no solo me tragué todo sino que lo seguí chupando y lamiendo un rato largo. Cumplió su palabra y comí una empanada gallega que me hizo acordar a las de mi vieja, de buena que estaba. Después, a la cama desnudita, esperando que se aproveche de mí. Pero solo me dio un beso y se durmió. Así me tuvo tres días, con buena comida, chirlos, ordenes, sólo algún toqueteo y nada más. ¿no le gustaré o se hizo gay, pensé?

    Al cuarto día llegó y sin decir palabra me llevó de un brazo a la habitación, me puso una venda, me subió a la cama, arrodillada contra el respaldo, me ató al mismo y me dio unos cuantos chirlos mientras me aclaraba que esa noche iba a empezar a ser su putita y que más me valía esforzarme, sino me ponía de patitas en la calle. Me desató y se dedicó a cocinarme mi plato favorito, lasagna, que comimos regada por un Lagarde Malbec. Al salir del baño, me hizo desnudar y después me esperaba con la venda, que me puso, las sogas con las que ató mis manos atrás. Me hizo acostar boca abajo, me masajeó, acarició, besó y lamió hasta calentarme.

    – “Hoy vas a servirme de putita. Mañana me voy a ocupar de atenderte bien. Se acostó contra mí y puso la punta de su pija en mi culito

    – ¡¡No!! Por ahí no Me dio un chirlo y me dijo que obedeciera o me iba a la calle

    – “Porfi, hacelo despacio”

    Otro chirlo mientras me decía que me iba a cuidar, pero que yo tenía que hacer lo que él decía. Y cumplió la palabra de tomarse todo el tiempo necesario para que entre suavemente. Cuando tenía toda su pija en mi cola me desató y empezó a moverse despacito. Dos minutos después yo estaba acompañando sus movimientos y cinco minutos después mordía la almohada para ahogar el grito que acompañó mi orgasmo. Esperó que me serenara, me hizo parar, me volvió a penetrar la cola y me cogió contra la pared.

    A esa altura yo acompañaba sus acometidas sacando mi cola para que me pueda penetrar mejor hasta que acabé y él también. Me abrazó un rato largo hasta que las ondas del orgasmo se calmaron.

    – “Aprobaste tu primer examen de putita, Vamos a ver mañana”

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  • Me volví la puta de la Uni usando mis pies

    Me volví la puta de la Uni usando mis pies

    Como les conté en mi relato anterior, recibí muchos mensajes obscenos de mis pies diciendo que me los querían chupar, que querían venirse encima de ellos, que se la jalaban viendo fotos de mis pies y me pedían que los masturbara con ellos, pero me ofrecían mucho dinero… así que accedí.

    El primer día acepté la petición de un chico que quería chupármelos por $500 pesos. Nos vimos en uno de los salones de la uni que siempre estaban vacíos. Como era mi primer cliente, quise dar una buena impresión y me arreglé muy bichota: me puse un short de mezclilla para que resaltara mi silueta (porque estoy muy caderona), me puse un top blanco para enseñar mi abdomen, me puse unas arracadas grandes, me hice un chongo en el cabello, me puse una gargantilla en el cuello, me puse unos tacones altos de color beige y mis uñas las pinté de blanco para combinar con mi blusa.

    Hacía mucho calor y yo estaba muy nerviosa, entonces cuando llegué al salón estaba toda sudada y mi blusa estaba muy mojada y se transparentaban mis pezones (nunca uso brasier). El chico ya estaba en el salón cuando llegué. Me acerqué a él y nos presentamos. Me pagó lo que habíamos acordado y me dijo:

    —¿Qué hago primero?

    —Sólo siéntate ahí y yo te voy a guiar papi. —Le respondí.

    Yo no podía creer que estuviera ganando dinero tan fácilmente usando sólo mis pies. El chico se sentó y me quité los tacones. Puse una silla frente a él, me senté también y extendí mi pierna acercando mi pie a su cara. Empecé a mover los dedos de mi pie delante de su cara, empecé a abrirlos y cerrarlos y a apretarlos frente a él, y le pregunté:

    —¿Te gustan? ¿Te gustaría tenerlos dentro de tu boca?

    El chico ni siquiera respondió, solo abrió la boca y se metió todos mis dedos en ella. Empezó a meter su lengua en medio de mis dedos y a moverla en círculos. Entonces me agarró la pierna con ambas manos y me la empezó a apretar mientras me chupaba los dedos de los pies. Inmediatamente mi vagina se empezó a mojar y no pude evitar gemir, primero muy despacio, pero mientras más me los chupaba mis gemidos comenzaron a ser más intensos.

    El chico entonces se sacó la verga y se empezó masturbar mientras me chupaba los dedos. Por curiosidad le acerqué mi pie izquierdo a la verga y le dije: —déjame hacerlo a mí. —Él dejó de jalársela y yo comencé a darle pequeñas caricias usando mis dedos de los pies. Eso fue demasiado para el chico y se vino inmediatamente al sentir mis dedos tocando su verga. Su semen cayó sobre mi pierna y el chico se avergonzó mucho por venirse tan rápido y salió de ahí casi corriendo. Sólo se subió los pantalones y fue sin siquiera despedirse.

    No supe qué más hacer porque me dejó toda caliente, así que me limpié su semen de la pierna con mi mano y me lo embarré en los dedos de los pies. Luego me empecé a masturbar hasta que acabé; me puse mis tacones y salí de ahí.

    Unos días después acepté otra invitación un poco más atrevida: un par de chicos querían que los masturbara al mismo tiempo usando los pies. Me pareció muy curioso y excitante y acepté. Nos citamos en el mismo salón y empezamos la acción. Los dos se sentaron uno junto al otro, se quitaron la ropa y yo me senté frente a ellos con las piernas abiertas. Con mis pies empecé a estimular el pene de ambos chicos, usando un pie para el pene de uno y mi otro pie para la verga del otro.

    Al principio fue un poco difícil coordinar mis dos pies para masturbarlos al mismo tiempo, pero poco a poco todo empezó a fluir. Las vergas de ambos ya estaban muy duras y mis habilidades con los dedos para masturbarlos iba mejorando. Fue muy cansado tener piernas levantadas para masturbarlos a ambos, pero finalmente uno de ellos se vino. Yo le estaba apretando la cabeza de la verga con mis dedos cuando de pronto sentí salir la leche de su verga y escurrirse encima de mis dedos.

    No hay nada que me ponga tan caliente como sentir el semen caliente caer sobre mis pies, así que yo también empecé a masturbarme. El otro chico aún no se venía y le pregunté:

    —¿Qué quieres que te haga para sacarte la leche, papi? ¡Ya la quiero sentir toda aquí encima de mis pies!

    —Ponte en 4 y déjame verte el culo mientras me la jalas con las patas. —Me respondió.

    Sin pensarlo dos veces obedecí, me puse en 4 y lo empecé a masturbar con mis pies. El otro chico aprovechó que ya se había venido y empezó a tomarle fotos a mi culo y a mis pies mientras masturbaba al otro sin que me diera cuenta. Finalmente el otro chico acabó, me aventó la leche en las plantas de los pies y yo lo disfruté mucho. Los chicos se despidieron, salieron del salón y yo me puse mis sandalias con los pies embarrados de leche.

    Pasaron los días y cada vez tenía más clientes. Me convertí en la atracción principal de la universidad porque todos querían venirse en mis pies. Se venían en mis dedos, en mis plantas, en mis piernas… a veces era uno, a veces 2, 3 o hasta 5 chicos aventándome su leche en las patas. Y con el tiempo incluso algunos de mis profesores llegaron a contratarme para hacerlo.

    Subieron tantas fotos mías y de mis pies a internet, que me empecé a volver famosa incluso en otras universidades y hasta en otras ciudades. Me llamaban “la patona”, “la puta de los piesotes”, “la chaparrita” y “la dedos mágicos”. Pero entonces empezaron los problemas.

    Una ocasión me contactó un chico de otra universidad. Todo parecía normal, pero me pidió que lo hiciéramos en los baños de la uni. Yo ya lo había hecho antes ahí, pero ese día el chico cerró la puerta con seguro sin que me diera cuenta. Me pidió que me sentara en la taza del baño y que lo masturbara con mis pies, pero completamente desnuda. Así que primero me quité la blusa, luego me quité los huaraches que llevaba puestos, me bajé el pantalón, las pantis y quedé completamente desnuda.

    Me daba mucho asco sentir el suelo mojado del baño en las plantas de mis pies, pero a la vez me daba cierto morbo pensar que estaba pisando la pipí de completos desconocidos. Después me senté en la taza y lo empecé a masturbar con los pies por varios minutos, hasta que me empecé a mojar. Me metí los dedos como de costumbre y empecé a gemir despacio, hasta que de pronto el chico me agarró las piernas, me las levantó y me quiso coger.

    Nunca me había pasado algo así y no supe cómo reaccionar, así que me quedé paralizada; puse las manos en las paredes para no caerme y el chico simplemente me la metió toda. Pero me la metía tan rico que mis gemidos aumentaron. Me empezó a chupar los pies mientras me la metía y yo sentí que estaba en el paraíso. De pronto me la sacó y me tiró al piso, me puso en 4 y me la empezó a meter por el ano.

    Me estaba cogiendo muy rico y la verdad yo lo estaba disfrutando, pero de pronto pasó algo inesperado. Sin darme cuenta, dos amigos del chico entraron al baño. Sin previo aviso uno de ellos se puso detrás de mí y me la metió en la vagina. Me asusté mucho porque me tomó por sorpresa sentir dos vergas adentro, y nunca lo había hecho con dos al mismo tiempo.

    Intenté levantarme y grité, pero el tercer chico se acercó, me tapó la boca y me agarró con mucha fuerza para evitar que me levantara. Entonces uno de ellos dijo:

    —Valiste verga pinche Paola puta. Esto te pasa por andar ofreciendo tus patas como una perra.

    Al principio quise resistirme, pero estaba tan caliente y excitada que ya no pude resistirme más. Los dejé cogerme con libertad. Tenía dos vergas adentro de mí, una en la vagina y otra en el ano, y lo gocé como nunca lo hubiera imaginado. Hasta que uno de ellos dijo:

    —Vamos a ver qué tan apretadita estás Paola.

    Entonces sacó su verga de mi vagina y poco a poco empecé a sentir que me la intentaba meter en el ano junto con su amigo. Dos vergas en el ano era algo completamente nuevo para mí, y por supuesto doloroso. Empecé a gritar y decirle que no, pero obviamente no me hizo caso. Intenté forcejear pero era inútil, los tres chicos me agarraban con mucha fuerza y no me dejaban moverme. Centímetro a centímetro la segunda verga empezó a penetrarme el culo y mi ano se dilataba poco a poco mientras su glande entraba en mí.

    Dos vergas estaban dentro de mi culo. Mis gemidos eran cada vez más fuertes, gritando por dolor y placer a la vez. Yo seguía puesta en 4 y de repente uno de ellos me agarró de las muñecas y me jaló los brazos hacia atrás, me caí al piso y mi cara se golpeó contra el suelo. Quedé en 4 con mi cara y mis pechos contra el suelo y con el culo levantando. En esa posición me empezaron a coger y el tercer chico se masturbaba y me escupía mientras decía cosas sucias y humillantes:

    —Gime puta, eso te mereces por perra. Eres una perra sucia. Mírate, toda chaparrita y con unos piesotes… y ve esas pinches piernotas de gorda… Así me gustan, piernudas y caderonas…

    —Hasta que finalmente se vino y me dejó caer toda su leche en el cabello.

    El dolor en mi culo comenzó a disminuir, y empezó a convertirse en placer. Empecé a disfrutar cada roce de sus penes entrando en mi culo, tratando de identificar de quién era la verga que me entraba o salía. Empecé a disfrutar cada centímetro de verga penetrándome el ano y por alguna razón me excitaban las palabras humillantes del otro chico, así que puse de mi parte y ahora yo también empecé a mover mi culo para hacerlos disfrutar.

    Escuché que uno de ellos dijo que se iba a correr y rápidamente le grité:

    —¡En mis pies! ¡Por favor córrete en mi pies! ¡Quiero tu leche aquí, aquí papi!

    Levanté mis pies, le mostré mis plantas y extendí mis dedos. El chico me sacó la verga del ano y empecé a sentir su semen cayendo en mis pies. Fue una gran corrida. Mis pies estaban totalmente llenos de su leche. Unos segundos después el otro chico, con toda su verga metida dentro de mi culo, no tuvo tiempo de avisarme y se vino dentro de mí. Estaba exhausta, adolorida y muy excitada. Mis piernas empezaron a temblar y no podía levantarme.

    Cuando el chico terminó de venirse dentro de mí, me sacó la verga y me dejó ahí tirada en el piso, acostada en 4 con mi cara y mis pechos contra el suelo mojado, llena de semen en el cabello, en mis pies y en el ano. Fue una experiencia que no me esperaba, y aunque al principio me asusté, al final fue muy satisfactorio. En ese momento supe que lo mío era ser sumisa y humillada.

    Los chicos me empezaron a tomar fotos tirada en el piso, pero yo no podía moverme por el cansancio y el dolor en mi culo que aún palpitaba y dejaba caer algunas gotas de semen. Cerré mis ojos y les susurré a los tres con voz tierna:

    —Gracias guapos… me dejaron seca…

    Cuando abrí los ojos los chicos ya no estaban, habían salido corriendo. Pero cuando me levanté me di cuenta de que se habían llevado todas mis cosas, se llevaron mi bolsa con el dinero, mi teléfono y toda mi ropa, sólo dejaron mis tacones.

    No supe qué hacer, estaba en el baño de hombres de la escuela completamente desnuda, solamente con mis tacones, llena de leche en los pies, en el pelo y en el culo. Pasaron varios minutos y no sabía qué hacer, así que empecé a llorar. Pero no por mucho tiempo. Entró en mí una valentía que no puedo explicar y me dije:

    —Sal de aquí Paola, sal de aquí y no te avergüences de tu cuerpo. Eres perfecta, sal de aquí desnuda, exhibe tu cuerpo, enséñales a todos que una chica chaparrita de 1.52, con sus caderas anchas, sus piernas gordas, con nalgas gigantes y pies enormes que calza del 7,5, puede hacer lo que ella se proponga. Muéstrales a todos la mujer tan perra que eres.

    Levanté la cara, me limpié las lágrimas, me puse mis tacones, abrí la puerta y salí caminando del baño, desnuda y sin ninguna vergüenza.

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  • Mi primer anal

    Mi primer anal

    La historia fue con un ex, que estuvimos de novios oficialmente casi un año. Sergio venía a mi casa yo a la de él. Teníamos mucho sexo, todas las veces que podíamos. Yo a esa altura ya había tenido muchas aventuras con chicos y chicas. Él solo con una ex. Pero ninguno de los dos habíamos practicado sexo anal.

    A medida que fue pasando la relación el sexo era más fuerte, más jugado. Él cada mes que me practicaba oral, metía sus dedos en mi concha, e intentaba con mi cola, sin lubricar que estaba apretada, cerrada, no consiguiendo nunca atravesar mi esfínter. Cada vez su pedido era más enérgico para que yo dejara penetrar mi cola. La idea me gustaba, pero no me podía relajar para abrir y dejar que entre su dedo.

    En casa empecé a practicar mientras me masturbaba a penetrarme sola con mi dedo, primero con saliva y después con lubricante, me di cuenta que me gustaba, que con lubricante era más fácil.

    Una noche mientras me chupaba la concha (cosa que le encantaba y lo hacía muy bien), intenta con su dedo y le propongo que lo haga con mucha saliva para lubricar. Fue la primera vez que logro atravesar mi cerradito culito. Mi placer fue total, sentí poquito dolor, pero el placer fue tanto que no le di nada de importancia. De ahí él empezó a insistir en dármela. Y yo a desear que me la ponga.

    En esa fecha teníamos planeado irnos de vacaciones a las montañas de mochileros, dormir en carpa. Yo tenía un lubricante que usaba para poner mis tampones y cada vez que me masturbaba penetrando mi cola. Así que lo lleve conmigo.

    Llegamos, nos instalamos en el camping. No cerca de ninguna otra carpa. Durante el día recorríamos mucho, caminábamos, llegábamos muy cansados. Pero a la noche y a la mañana mucho sexo.

    El segundo día, llegamos a la tardecita y teníamos una carpa instalada bastante cerca, eran unos chicos. Eso no modifico nuestros planes de sexo por la noche, Sergio empezó besándome y acariciando mi cuerpo, con su pene prisionero entre mis piernas, perfectamente lubricado con todos mis jugos, comenzó a moverse frotándolo de arriba para abajo sin nada de dificultad, como juego previo, y yo ya estaba “en mi punto”; loca por el deseo y entregada a mis instintos, mi mente y mi cuerpo ya se encontraban totalmente a su merced, con su mano empieza a frotar mi ano haciendo que arqueara mi espalda y parara aún más mis nalgas, mientras me sigo moviendo sobre él.

    Así que, con la voz más dulce y sexy, le dije que lo hiciera, que entrará en mí, que me hiciera suya, pero parecía no escucharme. Le tuve que repetir, que quería que lo intente por el culo, que traje lubricante para eso. Me baje, saque del bolso mi lubricante me puse de cucharita, puso otra vez su mano en mi pubis y metió dos dedos en mi vagina contra él; inevitablemente me arrancó unos gemidos, pero no era suficiente, quería sentirlo a él, aunque en este momento y con casi nada ya estaba a punto de llegar a un orgasmo, en otro momento hubiera tomado la situación en mis manos me hubiera incorporado y lo hubiera cabalgado, pero la quería en mi cola.

    En ese momento lo sentí, mi mente regresó brevemente por un sentimiento de ligero de temor que recorrió mi cuerpo. Ayudado por su mano izquierda lubrico su pija y con el dedo mi cola entregada, sin sacar sus dedos de su mano derecha de mi vagina, puso la cabeza de su verga en la entrada de mi ano.

    Lubricada y excitada como estaba mi esfínter cedió sin que yo pudiera oponer resistencia, había permitido que entrara casi sin resistencia lo que imagino era la punta de su pene; entonces sentí algo que nunca había experimentado, una sensación mezcla de un leve dolor, de placer que recorrió todo mi cuerpo e hizo que me sobresaltara, el último lugar virgen que resguardaba celosamente estaba siendo invadido y no oponía resistencia (ya antes otro ex novio trataron, torpemente, de hacerme sexo anal, pero ninguno logró introducir ni una pequeña fracción de su pene pues mi esfínter no cedió ni un milímetro y mi miedo al dolor hizo que me levantara, impidiendo que lo volvieran a intentar).

    Con su pene en el borde de la entrada de mi ano, lubricada como estaba y con mi esfínter cediendo y dilatándose Sergio me tenía a su merced… Entonces me susurró al oído

    -¿Me dejas seguir?

    Rápidamente le respondí entre gemidos que lo hiciera, que me lo hiciera despacio con amor y él me dijo:

    -Te voy a hacer el amor como nunca antes.

    Y apretó un poquito, solo un poquito más su pene contra mi ano mientras me decía tiernamente al oído que me dejara llevar por el momento, que no pusiera resistencia para que lo disfrutará. Mi cuerpo traicionaba a mi mente y sentí como palpitaba mi culo pidiendo más de ese invasor, sin embargo, le pedí que no siga, que me dolía. Él diciéndome al oído que eso iba a hacer, pero que quería intentar otra vez. Embriagada de lujuria y deseo le dije, con una voz entrecortada por la excitación, que claro, que la quería su pija en mi culo.

    Entonces él se retiró de mí y sentí lo poco que había entrado de su pene en mi ano, ahí sentí que mi ano quería volver a sentirlo en mi interior; así que con mi voz aún más sexy le supliqué que regresara, no aguantaba más la quería, mientras él hacía nuevamente presión sobre mi ano.

    La Introduce quizás un milímetro más que la última vez, casi sin resistencia por parte de mi esfínter por la lubricación, despacio empujo la cabeza en mi ano; recuerdo haber pensado en un momento de estúpida que, aunque con muy poco de su pene en mi interior, definitivamente en ese momento ya no era virgen de esa parte tan íntima de mi ser y casi de inmediato, regresé a la sensación de placer, pues el invasor provocó que nuevamente recorriera por mi espalda ese escalofrío de excitación haciendo que arqueara mi espalda.

    Entonces casi involuntariamente comencé a contraer mi ano, tanteando si sentía dolor, acción que hizo que “palpitara” sobre la cabeza del pene de Sergio; por supuesto él lo sintió, y lo pude confirmar pues me dijo al oído que siguiera con eso. Ya no iba a esperar y aunque nunca había tenido sexo anal, estaba tan caliente que lo impensado hasta ese momento salió de mi boca y le dije, así que tratando de ocultar mi deseo (por orgullo) pero sin poderlo hacer por los gemidos que emitía, con la mente casi en blanco por el placer, que entrara que lo hiciera ya…

    Supongo que él estaba tan concentrado en no meterse más de lo que ya se había metido, esperando mi reacción y envuelto en el placer que mis contracciones le causaban, la vista de mi espalda desnuda y mis nalgas sometidas a su deseo que no me escuchó bien, por lo que me dijo:

    -¿Qué?

    Y entonces ya desesperada y un poco “molesta” le grité casi suplicantemente lo que nunca había pensado siquiera decir.

    -Que entres, ¡entra ya por favor!

    Y entonces, sentí como Sergio empujaba su cuerpo contra el mío, mientras su verga se abría paso por mi esfínter llegando casi en su totalidad, casi sin resistencia al interior de mis entrañas… Abrí los ojos a más no poder, aguanté la respiración y di un respingo, sentí como era invadida, como entregaba mi último lugar virgen y me encantó.

    Los primero segundos no se movió, supongo que me dio tiempo a procesar esa nueva sensación, por mi parte no podía creerlo, tanto tiempo negada a probar el sexo anal por miedo al dolor y ahora que lo probaba y lo sentía tan bien, lo quería todo; así que con la mano hacía atrás, tanteando su pene y mis nalgas, corroboré que aún quedaban unos centímetros fuera, imaginé que sí así me estaba gustando, tenerlo por completo dentro de mí me iba a encantar, así que empujé mi cadera hacia atrás mientras abría mi nalga con la mano, de esta forma fui yo la que terminé de comer su verga entera, permitiendo que entrara por completo en mi interior.

    Al sentir que mi espalda y mi trasero ya no podían ir más allá, que mi ano se comía toda la verga de Sergio, sus testículos tocaban mis nalgas, voltee mi cara buscando sus labios. Por la altura de Sergio nos costó un poco de trabajo pero apoyándose en mis caderas al mismo tiempo que arqueaba en “S” mi espalda dejando paradas mis nalgas al 100%, logró posicionarse de tal forma que nos permitió fusionarnos en un romántico beso, luego, sin dejar de besarnos Sergio comenzó a moverse, comenzó a bombearme…

    Sentí puro placer, al principio, ligero movimiento de meter y saca, pronto estuve pérdida en el placer que me estaba provocando y el movimiento se hizo más frenético lo que me llevó a disfrutar como poseída.

    Al poco rato me puso por completo boca abajo empujando mi espalda poco a poco, aprovechando que estaba a su completa disposición y acostados de esta forma, él metió sus manos por debajo de mi cuerpo, sujetando mis pechos mientras siguió con empujones dentro mío. En esta posición abrió mis piernas ayudándose se las suyas y en un movimiento rápido, me tomo por la cintura eh hizo que me pusiera en 4 patas mientras él se hincaba, así siguió cogiéndome mientras yo me perdía en un mar de nuevas sensaciones.

    Mis manos tocaban mis pechos, rozaban mi clítoris, metí un par de dedos en mi húmeda vagina. Por la intensidad de sus movimientos me estaba llevando al cielo, sentía el palpitar de su verga, así que, usando mi cabeza de apoyo, usé mis manos para abrir por completo mi trasero para permitir que la verga entrara por completo, hasta sentir que sus testículos rebotaban en las paredes de mi vagina. Solo de recordarlo me estremezco, mi vagina se humedece y mi ano palpita, pues de esta forma obtuve mi primer orgasmo anal y el placer inundó todo mi cuerpo. Con gritos, gemidos y retorciendo mi cuerpo.

    Al momento que deje de venirme mi cuerpo perdió su fuerza y ahora si me desmaye con él aun taladrando en mi interior, cuando sentí que comenzaba a eyacular y un líquido llenaba mi dilatado ano, se había venido ¡En mi interior!

    Finalmente, su cuerpo cayó sobre mí, también estaba agotado, entonces Sergio tomó mi cabello y como si de una cola de caballo se tratara lo jaló hacía arriba mientras besaba mi cuello. Al poco rato sentí como el invasor que me había llevado al cielo perdía volumen y salía de mi interior dejando salir un poco de su eyaculación. Me dieron unas ganas intensas de ir al baño, así que me incorporé.

    Me puse una salida de baño, abrí el cierre de la carpa y corrí al baño. Dejé salir todo el semen que pude que minutos atrás había depositado en mi interior. Al regresar, me acosté sobre el colchón inflable, nos tapamos y dormimos abrazados hasta la mañana siguiente, esa es la historia…, de esta forma fue la primera vez que tuve sexo anal y a partir de esta experiencia disfruto seguido de las sesiones de sexo anal porque he de decir, me encanta.

    Espero les gustara este relato, si tienen dudas del mismo o quieren saber más, soy toda suya, muy pronto regresaré con más de mis experiencias con otros amantes. Y con José que hoy es mi marido.

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  • Con la madura del trabajo

    Con la madura del trabajo

    Hace unos años, estuve trabajando en una oficina de abogados de un amigo de mi padre. Mi trabajo consistía en llevar documentos de oficina a oficina, sacar copias, entregar artículos de oficina según me pedían. En otras palabras, era el mandadero de la oficina. Tenía 26 años. No pagaban muy bien, pero era un trabajo fácil y no demandaba mucho tiempo, así que podía estudiar a la par.

    Estuve trabajando ahí unos 6 meses. Ahí conocí a la secretaria de uno de los abogados principales, se llamaba Julieta. Tendría unos 43 años aproximadamente. Era alta, delgada, con unas tetas medianas, pero que se veían muy bonitas, ya que siempre iba con ropa muy provocativa. Su culo era también mediano, pero con los pantalones que usaba, se le notaba bastante grande. Se veía muy guapa y siempre sonriente.

    Un día, mientras entregaba documentos, pasé por la oficina del doctor Suarez, su jefe, Julieta no estaba en su escritorio, así que pensé que habrían salido, ya que siempre iban a hacer diligencias y casi no paraban en la oficina. Intenté entrar y estaba cerrado con seguro. Toqué y de adentro escuché la voz del doctor diciendo que esperara un momento. Abrió la puerta Julieta, salió un poco asustada y pude ver que estaba con un botón de la blusa sin abrochar. Entré y le entregué los documentos al doctor y me di cuenta que estaba con el cierre del pantalón abierto. Unos días después, me atreví a preguntarle.

    –Julieta, disculpa que te pregunte así, pero tengo esta duda desde hacer varios días –dije.

    –Dime Gonzalo –respondió ella, sin saber lo que se venía.

    –Ese día que fui a dejarle los documentos al doctor vi algo que me dejó intrigado –dije– tú y el, ya sabes, tienen algo ¿no?

    –¿Qué? –respondió ella– ¿Cómo se te ocurre?

    –Ya pues, Julieta –continué– no soy tonto, por lo que vi, era obvio que estaban haciendo cosas ahí dentro. No los juzgo. Sé que él es casado, pero lo entiendo, tener que venir a trabajar y ver una mujer tan hermosa como tu todos los días, como que debe ser difícil contenerse.

    –Gonzalo, por favor, deja de decir tonterías –dijo, bastante nerviosa y se fue.

    Después de ese día, cada vez que pasaba por su escritorio, su actitud iba cambiando, había días que me miraba molesta, y otros, sonreía nerviosamente. Un día, me llamó y me llevó a la oficina del doctor. La oficina estaba vacía.

    –Gonzalo, quiero saber si le has comentado a alguien de lo que hablamos el otro día –dijo.

    –No, no le he dicho a nadie –dije– se meterían en un problema ¿no?

    –Claro que sí, así que, por favor, ni se te ocurra contarle a alguien –dijo, mirándome un poco desafiante.

    –Claro, no te preocupes –dije– nunca haría algo que te pueda traer problemas.

    –Ok, gracias –dijo, yendo hacia la puerta.

    –Pero, lo que pasa es que la verdad, me da mucha envidia el doctor –dije– desde que te llegué y te vi, me pareciste una mujer hermosa –continué, mientras ella regresaba frente a mí y me miraba un poco molesta.

    –Mira Gonzalo, no me vengas con rodeos –dijo– dime de una vez que es lo que quieres por tu silencio.

    –Ok, vayamos al grano –dije, acercándome– te quiero a ti. Quiero una noche contigo, quiero cogerte de todas las maneras posibles, toda la noche sin parar –me acerqué más y puse una mano en su culo– tu culo me vuelve loco.

    –Espera –dijo, alejándose de mi– si te doy una noche, ¿no dirás nada? Solo una noche.

    –Si –respondí.

    –Déjame pensarlo –dijo y salió de la oficina.

    Esos días, seguí con mi trabajo, como si nada hubiera pasado. A los dos días, pasé a dejarle un documento y me entregó un papel disimuladamente. Lo guarde rápidamente en mi bolsillo para que nadie se dé cuenta. Seguí con mi ruta y cuando tuve un momento libre, saqué el papel de mi bolsillo y lo leí.

    El papel decía “Mañana a las 9 pm en mi departamento” y una dirección.

    Lo guardé en mi billetera y seguí con mi trabajo. Cuando volví a pasar frente a Julieta, le mandé un beso volado y ella se rio.

    Al día siguiente, cuando llegué a su edificio, toqué el intercomunicador y me abrió, fui al ascensor, llegué al departamento y toqué la puerta. Me abrió Julieta, con ropa de gimnasio. Un pantalón de licra negro, bien pegado, el cual marcaba bastante bien sus nalgas. Un top de licra, también negro, que a las justas soportaba sus tetas, las cuales parecía que querían salirse. Un poco despeinada y algo sudorosa

    –Disculpa, recién llego del gimnasio, toma asiento –dijo, mostrándome el sillón de su sala– me baño rápido y salgo.

    –No te preocupes –dije y me senté.

    Estuve esperando unos minutos, estaba nervioso esperando que salga. Me paraba, caminaba por la sala, veía fotos de Julieta, con su familia, con amigas, pero había una que llamó mi atención. Estaba ella sola en una playa, llevaba un bikini pequeño, que rica se le veía, mi pene comenzó a endurecerse. Me volví a sentar.

    Cuando Julieta salió, vestía ropa interior de encaje, rojo, y una bata corta negra. Entró en la sala como si nada. Fue a la cocina y trajo dos cervezas. Se sentó a mi lado y comenzamos a conversar. Todo era muy casual, como si fuera normal lo que iba a pasar. Nos tomamos dos cervezas más cada uno, conversando y escuchando música.

    –Gonzalo, no quiero que pienses que soy una cualquiera –dijo– lo que pasa con el doctor es algo que se dio de la nada, al comienzo me dio un poco de miedo rechazarlo y perder mi trabajo, luego comencé a tener sentimientos hacia él. Sé que no está bien, ya que es casado, pero no lo puedo evitar.

    –Entiendo Julieta –dije– por muy joven que sea, sé cómo son estas cosas.

    –Ahora, lo que va a pasar esta noche, será algo de una sola vez –continuó– y no solo lo hago por el miedo a que cuentes algo de lo que viste, desde que me propusiste esto, he pensado mucho y me gusta la idea de hacerlo con un jovencito como tú.

    –La verdad Julieta, que siempre me has gustado, desde que te vi por primera vez, muero por cogerte.

    –Qué bueno, porque hoy día cogeremos mucho –dijo, levantándose y acercándose a mí.

    Se paró frente a mí, se quitó la bata y quedó solo en ropa interior. Abrió sus piernas y se sentó encima de mí. Me comenzó a besar el cuello. Luego se acercó a mí y nos fundimos en un beso bastante caliente. Nuestras lenguas jugaban una con la otra. La tomé de las mejillas mientras la besaba, luego fueron a su espalda, para ir bajando y apretar ese hermoso culo. Comenzó a frotarse contra mi pene, sin dejar de besarme en la boca. Fue desabrochando mi camisa, mientras bajaba, besando mi cuello hasta llegar a mi pecho.

    Después de sacarme la camisa, se dedicó a lamer mi pecho, bajando hasta mi abdomen y volviendo a subir. Me ayudó a pararme, y, así, parados, mientras nos besábamos, comenzó a quitarme el pantalón, mientras yo le quitaba el sostén y lo lanzaba al suelo. Dejó caer mi pantalón y quedé en bóxer, mi erección se notaba por lo ajustado de mi bóxer. Me sacó las zapatillas, las medias y el pantalón y ambos quedamos solo con la parte baja de nuestra ropa interior. Seguimos besándonos, mientras yo sobaba sus hermosas tetas y ella frotaba mi pene por encima del bóxer.

    –No esperaba que la tengas tan grande –dijo– esto se va a poner bueno.

    –Sabía que estabas buenísima, pero no esperaba unas tetas tan hermosas –dije.

    Me tomó de la mano y me llevó a su habitación. Mientras la seguía, no podía evitar ver sus hermosas nalgas, las cuales estaban libres, debido a lo pequeño de su hilo. Tenía una cama bastante amplia. Me sentó en el borde de la cama, bajó mi bóxer y mi pene saltó. Lo tomó con una mano y lo comenzó a examinar. Le pasaba la lengua por todo el tronco. Lo ensalivaba completo, luego se metió la cabeza en la boca y comenzó a mover su lengua alrededor de ella. Después de un rato, se comenzó a meter todo mi pene en la boca, subía y bajaba por toda la extensión de mi tronco. Lo estaba ensalivando bastante.

    Después de una larga y mojada mamada, Julieta se levantó, se quitó el hilo y dejo ver una vagina sin depilar. Se acercó a mí, me besó y se sentó encima de mi pene, entró con mucha facilidad. Comenzó a moverse de arriba hacia abajo suavemente. Sus tetas pegadas a mi cara, comencé a besarlas, lamerlas, chuparlas. Separó sus tetas de mi cara, me hizo levantar la cara y me comenzó a besar desesperadamente. El beso era muy jugoso, delicioso, largo. Comenzó a moverse un poco más rápido de adelante para atrás.

    Me pidió que me pare. Se recostó boca abajo, al borde de la cama, con las piernas abiertas, apoyadas en el suelo. Me paré detrás de ella y la vista era espectacular. Comencé a masajear sus nalgas, mientras frotaba su vagina con una mano. Le daba nalgadas suaves. Recogía los jugos de su vagina y me los metía a la boca. Acomodé mi pene en la entrada de su vagina y empujé despacio. Una vez entró toda, comencé con los movimientos, entraba y salía rápidamente, su vagina estaba bastante mojada y mi pene resbalaba fácilmente. Seguí embistiéndola con fuerza, mientras le daba suaves nalgadas.

    –No te contengas –dijo gimiendo– nalguéame duro. Me encantan las nalgadas.

    –¿te gusta duro? Te gusta que te den duro ¿no? –dije, mientras la nalgueaba cada vez más fuerte– se nota que te gusta.

    –¡si! ¡así! Me encanta que me nalgueen duro –dijo, mientras seguía gimiendo.

    –Y ¿por el culo también? –dije– porque ese huequito me está llamando.

    –¡no! Mi culo siempre será virgen –dijo, volteando a verme un poco molesta– mi culito no aguanta –dijo, calmándose y poniendo cara de inocente.

    –Te tendré que partir la concha entonces –dije, embistiéndola más fuerte y rápido, mientras apretaba sus nalgas con fuerza.

    –¡si! ¡dame así! ¡duro! ¡no pares! –dijo casi gritando de placer– me vas a hacer venir. ¡así! ¡así! ¡Ahhh! –dijo, mientras se corría, temblando y dejando un pequeño charco en la cama.

    Sin sacársela de la vagina, le di la vuelta, la recosté boca arriba, me tiré de cara en sus tetas, comencé a chuparlas, mientras la embestía muy rápido. Julieta seguía gimiendo fuertemente. Seguimos en esa pose un rato bastante largo. Sentía su vagina bastante húmeda. La cara de Julieta no paraba de hacer gestos de placer. Esto hizo que agarre confianza y me atreva a tomar la iniciativa.

    –Maldito, que rico coges, me vas a hacer venir de nuevo –dijo Julieta– me voy a correr.

    Saqué mi pene de su vagina y comencé a lamerle la vagina, mientras con un dedo frotaba rápidamente su clítoris. Ahora Julieta gritaba.

    –¡Ah! Me corro ¡Ahhh! ¡no pares! –gritó.

    Un gran chorro salió de su vagina empapándome la cara y llenándome la boca con su corrida. Seguí moviendo mis dedos en su clítoris y salieron varios chorros más, mientras todo el cuerpo de Julieta convulsionaba. Una vez dejó de correrse, se levantó rápidamente y se metió mi pene a la boca y me hizo una mamada espectacular. Cuando ya quería venirme, la tomé de la nuca, metí mi pene casi por completo en su boca y comencé a eyacular dentro. No se quejó. Al sacar mi pene, un poco de mi corrida cayó en sus tetas y el resto se lo tragó. Nos recostamos exhaustos.

    –Me has sorprendido Gonzalito –dijo Julieta abrazándome– no esperaba que cojas tan rico.

    –Gracias –atiné a decir, sintiéndome un poco tonto– a mí también me gustó, coges muy rico, además que tu corrida sabe deliciosa.

    –Tengo que decirte que tenía tiempo que no me corría así –dijo– por lo menos con Gustavo nunca.

    –Bueno, si me dejas descansar te vuelvo a hacer correr así –dije, un poco orgulloso de la proeza– pero dame un par de minutos.

    –¿un par de minutos? –dijo, un poco sorprendida– tan rápido.

    –Si –dije– con una mujer como tú, con solo verte me pongo duro de nuevo.

    –Jajaja –rio– entonces hoy se goza. Jajaja.

    Seguimos conversando de temas bastante subidos de tono, me contó que cuando era más joven había intentado varias veces el sexo anal, pero que por más que intentaba, nunca pudo aguantar. Lo máximo que pudo aguantar fue con un novio que no la tenía muy grande, y, aun así, solo aguantó la mitad. Desde ahí, nunca más intentó. Me preguntó si yo lo había hecho y le dije que sí, que con mi primera novia lo hacía bastante seguido, pero ella era muy fan del sexo anal.

    Después de tanta conversación sexual, me comencé a excitar de nuevo. Julieta se dio cuenta y comenzó a masajear mi pene suavemente, mientras me besaba el pecho. Yo acariciaba su espalda. Comenzó a bajar por mi pecho, pasando su lengua. Me lamia los pezones, luego fue bajando a mi abdomen, hasta que llegó a mi pene. Se lo metió a la boca y puso sus piernas a los lados de mi cabeza. Dejándome su vagina a escasos centímetros de mi boca. Comenzamos a besarnos mutuamente, su vagina seguía húmeda, mi pene ya estaba duro de nuevo.

    Estuvimos un buen rato así. Luego se levantó, se acomodó mi pene en la entrada de su vagina, dándome la espalda. En esa pose podía ver su culo saltar encima mío. Julieta se agachó tomándome de los tobillos y comenzó a mover su culo de arriba abajo. La vista era espectacular. Mis manos fueron directo a apretar sus nalgas. Se sentían deliciosas, duras y grandes. Julieta se movía delicioso en esa pose, me estaba volviendo loco.

    Julieta se levantó, se tiró para atrás y comenzó a moverse de arriba hacia abajo. Sus nalgas rebotaban contra mi abdomen. Sus brazos se apoyaban en mi pecho y comencé a masajear sus tetas. Julieta se movía muy rápido. Gemía fuertemente. De repente, levantó un brazo derecho, quedándose apoyada solo con su brazo izquierdo. Su mano derecha fue a su vagina y se frotaba fuertemente el clítoris.

    –Me voy a correr de nuevo. Eres un puto –dijo, mientras gemía como loca– ¡Ahhh! –gritó, levantándose, sacando mi pene de su vagina y lanzando un gran chorro, mientras se seguía frotando fuertemente el clítoris.

    Después de correrse, cayó encima mío. La empujé, cayó en la cama boca arriba. La tomé de las piernas, las levanté y las puse en mis hombros. Se la metí rápidamente en la vagina, que seguía chorreando sus jugos. Me movía rápidamente, mientras le apretaba las tetas. Julieta gemía fuertemente con los ojos cerrados y la boca abierta. La tomé de los tobillos y abrí sus piernas, estiradas, hacia los lados. Seguía con mis embestidas.

    –¡Que increíble eres! Me encanta como coges –dije, sin parar de penetrarla– no tenía idea que eras tan putita.

    –¡si! Soy tu puta. Cógeme como a una puta zorra –dijo, completamente excitada– ¡no pares! Eres un animal.

    –No voy a parar hasta que te corras de nuevo –dije– hasta que te corras como una maldita puta.

    –¡sigue! ¡Ahhh! ¡que rico! –gritó– quiero que te vengas conmigo y me llenes de leche.

    –Si serás puta –dije, envalentonado por sus palabras, sin miedo a ser muy obsceno– te voy a dar mucha leche hasta que se chorree de tu concha abierta.

    –¡si! ¡me encanta así! ¡Ahhh! –gritó una vez más y comenzó a temblar de nuevo.

    Aceleré más mis movimientos y sentí que me corría. Le avisé que me iba a correr y le lancé mi semen dentro de su vagina, mientras ella se corría al mismo tiempo. Saqué mi pene de su vagina y metí dos dedos. Los comencé a mover rápidamente dentro, Julieta gritaba de placer, se estaba volviendo loca. Sentía como se mezclaban nuestras corridas dentro de su vagina. Cuando saqué mis dedos, comenzaron a escurrirse nuestras corridas de su vagina.

    Nos volvimos a recostar, esta vez, abrazados, con su cabeza en mi pecho. Esta vez, demoramos un poco más en comenzar a conversar. Estábamos tratando de recuperar el aliento. Había sido un polvo muy intenso para ambos. Luego de recuperar un poco el aliento, hablamos un poco de lo bien que la estábamos pasando. Me dijo que estaba cansada, que quería dormir, pero que, como al día siguiente era sábado y entrabamos a trabajar tarde, podríamos aprovechar un poco la mañana y volverlo a hacer.

    Al día siguiente, desperté solo, Julieta no estaba en el cuarto, me levanté y salí, desnudo, a buscarla. La encontré en la sala, con una bata negra que le llegaba hasta un poco debajo de las nalgas. Estaba sentada en la sala, tomando un café. Me acerqué a ella y le di un beso suave en los labios. Ella me correspondió. Me senté a su lado.

    –¿Cómo dormiste? –preguntó.

    –Muy bien, después de tan buena noche, no esperaba menos. –dije sonriendo– ¿tu?

    –Excelente. Anoche terminé muy relajada –dijo, también con una sonrisa.

    –¿a qué hora tienes que ir a trabajar? –pregunté, eran las 9 de la mañana.

    –A las 11 todavía –respondió– así que tenemos un poco de tiempo. ¿tienes ganas?

    –De ti, siempre –dije, acercándome para volver a besarla.

    Nos comenzamos a besar, esta vez con lengua. Fue un beso bastante ardiente. Le abrí la bata y sus hermosas tetas quedaron frente a mí. Las comencé a manosear suavemente mientras nos besábamos. Mi pene comenzó a ponerse duro. La recosté en el sillón, boca arriba, comencé a besarle todo el cuerpo, comenzando por el cuello, luego seguí por sus tetas, bajeé por su bien formado abdomen. Cuando llegué a su vagina, Julieta gemía suavemente. Comencé a pasar mi lengua por sus labios vaginales, succioné su clítoris. Con dos dedos, separé sus labios y metí mi lengua entre ellos. Comencé a saborear sus jugos, los cuales eran deliciosos.

    Después de saborear su húmeda vagina, me levanté, acomodé mi pene, que ya estaba durísimo, en la entrada de su vagina y empujé suavemente. Mi boca fue a encontrarse con la suya y nos fundimos en un beso espectacular, mientras mi pene entraba hasta el fondo y volvía a salir, casi por completo, para volver a entrar. Mis manos manoseaban esas hermosas tetas, muy bien cuidadas para su edad. Mis movimientos fueron acelerando. Julieta estaba casi gritando de placer.

    –Me encanta como coges –dijo, entre gemidos– hace mucho no sentía una pinga joven, que delicia.

    –Me encanta como se siente tu conchita mojada –dije– eres espectacular.

    –Ven, quiero cabalgarte –dijo, ayudándome a levantarme.

    Me senté en el sillón y Julieta se subió rápidamente encima de mí, mi pene entró con facilidad. Comenzó a moverse de atrás hacia adelante. Sus vellos púbicos se frotaban con los míos en cada movimiento. Julieta jalaba mi cabello, mientras lamia y mordía suavemente mi cuello. Se le notaba bastante excitada. Yo apretaba sus nalgas, mientras acompañaba sus movimientos. Estaba en la gloria. Julieta realmente sabía lo que hacía en esa pose. Me estaba matando con sus movimientos y sus mordidas.

    –Date la vuelta, quiero ver ese culo rebotar –dije, levantándole de los brazos– quiero ver como vibran esas nalgas.

    Julieta se dio la vuelta, junto sus piernas entre las mías y comenzó a subir y bajar encima de mi pene. Yo aprovechaba para darle palmadas en las nalgas, mientras ella se movía. Unos minutos después, levantó las piernas, puso sus rodillas en el sillón, una a cada lado mío, se apoyó con las manos en el piso y comenzó a moverse. Que espectacular vista. Ver como mi pene entraba por completo en su vagina y sus nalgas vibraban, me estaban volviendo loco. En esta pose estuvimos un corto tiempo, debido a la incomodidad que sentía Julieta. Al levantarse, vio la hora y me dijo que terminemos en la ducha, que ya tendría que alistarse.

    –¡dios mío! Es tarde –dijo– se pasa volando el tiempo con tu pinga dentro –dijo riendo.

    –Jajaja –reí.

    –Vamos, en la ducha terminamos, si no, no llego al trabajo –dijo, jalándome del brazo para ir al baño.

    Al llegar, prendió el agua. Mientras calentaba el agua, nos besábamos y frotábamos el uno contra el otro. Entramos a la ducha, Julieta levantó una pierna, agarró mi pene y se lo metió de golpe. Comenzamos a movernos al mismo tiempo, nuestros movimientos estaban perfectamente sincronizados. Comencé a chupar sus tetas, mientras apretaba sus nalgas.

    –Termina rápido por favor, que ya me tengo que ir –dijo, para disgusto mío, ya que lo estaba disfrutando muchísimo.

    –¿Dónde quieres la leche, putita? –pregunté, sintiendo la inminente corrida.

    –Lléname de leche, puto –dijo, muy excitada– quiero sentir esa leche joven y caliente llenarme la concha.

    Aceleré los movimientos, Julieta también aceleró los suyos. Gritaba como loca, su vagina se sentía cada vez más mojada. Yo seguía aprovechando en besar esas hermosas tetas. Hasta que comencé a sentir que me correría.

    –Me vengo. Vente conmigo, zorra –dije.

    –Ahí va, perro –dijo –vente conmigo, lléname de leche, puto. ¡Ah!

    –¡Ah! Toma tu leche, zorra –dije, botando un gran chorro de semen.

    Nos corrimos juntos de una manera deliciosa. Después de eso, la ayudé a jabonarse, sin desaprovechar la oportunidad de masajear sus tetas, mientras frotaba mi pene, a media erección, entre sus nalgas. Se dio la vuelta, nos besamos como dos enamorados. Cuando terminamos de bañarnos, salimos de la ducha, nos vestimos y salimos, yo hacia mi casa, ella al trabajo.

    Ese fin de semana no hablamos. Cuando llegó el lunes, fui hacia su escritorio, Julieta se veía igual de hermosa que siempre. Me saludó de manera normal, como si nada hubiera pasado. Un día, nos encontramos a solas y me dijo que eso no volvería a pasar, que el doctor le había dicho que se divorciaría para estar con ella, así que no quería perjudicar su relación.

    Nunca más volví a estar con Julieta. Obviamente el doctor nunca se divorció, hasta que Julieta se cansó de esperar, terminó con él y renuncio. Nunca más la volví a ver.

    Fin

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  • Las casadas son honradas hasta que las desatienden

    Las casadas son honradas hasta que las desatienden

    Tenía dieciocho años cuando llegué a Inglaterra. Era enero y desde el taxi que me llevaba del aeropuerto de Heathrow a mi lugar de trabajo vi todo nevado. Sonreía cómo un tonto al ver todo blanco, y nunca mejor dicho lo de tonto, ya que un mes después estaba hasta los cojones de tanta nieve.

    Iba a perfeccionar mi inglés y de paso a ganar algún dinero. Pasé de un colegio a un hospital y luego a otro hospital pensando que iba a trabajar menos. En el segundo hospital un español cincuentón al que le conté lo de los anteriores trabajos, me dijo:

    -A pico y pala te quería ver yo para que supieras lo que es trabajar.

    Ya no me moví de allí hasta que regresé a España, con una mano delante y la otra detrás, o sea, regresé cómo fui, ya que lo que gané me lo gasté en comer, en cerveza, en vino, que era malísimo, y después de abrir los ojos en invitar a beber a mujeres. Por cierto, allí si pagabas una ronda el ligue de turno pagaba la otra.

    Había alquilado una habitación en la casa de un español que se casara con una inglesa. Los dos trabajaban de enfermeros, él en el turno de noche y ella, al igual que yo, en el de día. Hacían esto debido a que tenían que cuidar a una niña de tres años. Me tenían prohibido meter mujeres en mi habitación, pero eso me la sudaba, ya que los primeros meses el inglés se me atragantó, o sea, sabía leerlo y escribirlo, pero hablarlo y pronunciarlo bien ya era otra cosa.

    La casa tenía un pequeño jardín delante y se entraba por una puerta lateral. Al entrar en la casa te encontrabas con unas escaleras alfombradas que llevaban a los tres dormitorios del piso de arriba, uno que daba a la carretera y otro que hacía esquina con el pasillo que llevaba al tercer dormitorio. Tenía unas escalerillas también alfombradas que llevaban al trastero. En el piso de abajo, al entrar en casa, a mano derecha estaba el comedor y a la izquierda la sala de estar, a continuación de esta estaba la cocina y de la cocina se pasaba al baño. La cocina tenía una puerta que llevaba al garaje, al lado del garaje estaba la lavadora, un pilón y más allá un pequeño huerto trasero. Toda la casa tenía las paredes cubiertas de papel pintado, menos la cocina y el baño.

    Llevaba algo más de un mes viviendo allí. Aquella noche, Abby, la dueña de la casa, que tenía 20 años, hacía una suplencia y su suegra quedara al cuidado de la niña.

    Estaba sentado a la mesa de la cocina cenando chicken and chips (pollo con patatas fritas.) y bebiendo una skol en lata cuando Sara, la madre de la dueña de la casa, salió del baño con una toalla cómo única ropa que la cubría. Traía a su nieta de la mano. La niña estaba vestida. Al verme le tiró de la toalla a la abuela y miró hacia arriba para decirle algo. La toalla cayó al piso y Sara quedó totalmente desnuda. Vi sus delgadas piernas, sus tetas medianas, sus anchas caderas y su coño rodeado de vello negro. Se dio la vuelta para coger la toalla, se inclinó y me enseñó su culo gordo y su coño, coño con labios abultados que tenía una buena raja. Se me puso la polla dura. Sara volvió a taparse con la toalla, y le dijo a la niña:

    -Mala.

    La niña no sabía lo que significaba la desnudez de su abuela delante de mí, y le dijo:

    -Yaya, guapa.

    Luego la niña vino a mi lado y quedó mirando para el plato. Eso era lo que le quería decir a la abuela, que quería comer. Le puse el plato delante, cogió una patata frita y después le volvió a dar la mano a la abuela. Solo quería una patata, y por una patata la había montado gorda, bueno, gorda, lo que se dice gorda quedó mi polla.

    Como si nada hubiese ocurrido, me dijo Sara:

    -Buenas noches, Enrique.

    Debí decirle que lo eran, que eran muy buenas y que aún serían mejores si echábamos un polvo, pero le dije:

    -Buenas noches señora Sara.

    Sara y su nieta se fueron.

    Sara era un poco más alta que yo, debía andar en los cuarenta años. Su cabello era corto y negro, sus labios gruesos, sus ojos marrones y de cara era del montón.

    Poco después en la cama de mi habitación, desnudo y con la música de la radio muy bajita, empecé a hacer una paja pensando en ella. Sara estaba durmiendo con su nieta en la habitación de invitados, que era la que estaba a lado de la mía haciendo esquina en el pasillo. Tres veces sentí como se movía en su cama mientras la meneaba. Me pregunté si ella también estaría sintiendo los ruidos que hacían los muelles de mi cama al acelerar los movimientos de muñeca. Me excité aún más pensando que los escuchaba… Pasado un tiempo e imaginando que mi polla se clavaba en su coño me corrí cómo un lobo. Solo me faltó aullar.

    Al acabar me quedé quieto sobre la cama, boca arriba, tirando del aliento y con leche en mi mano derecha, en mi pubis y en mis huevos.

    Voy a decir cómo era yo por aquel entonces. Medía un metro setenta y no era guapo ni feo, tenía una melena de cabello negro que me llegaba a los hombros y patillas muy largas. Tenía buenos pectorales, bíceps, tríceps… Tenía cuerpo de gimnasio, aunque nunca lo pisara ni tuviera tableta cómo los que van a él, pero si añadimos a lo de antes que era ancho de espaldas y que tenía un culo redondo y duro, pues no estaba mal.

    Pero volvamos al turrón.

    Sentí pasos bajando las escaleras, después sentí ponerle el seguro y la cadena a la puerta de la casa. Los pasos volvieron a subir. Se abrió la puerta de mi habitación, habitación que al tener las cortinas sin correr se iluminaba con la luz de la calle. Apareció Sara en el umbral de la puerta vestida con una combinación de seda, larga y transparente. En el umbral de la puerta cogió una asa del camisón, me miró y me peguntó:

    -¿Lo quitó?

    -Quita.

    Quitó el camisón y desnuda caminó contoneando las caderas hasta llegar a mi cama. Vio la leche de mi corrida en mi pubis y metiéndose en cama, dijo:

    -¿Eso lo provoqué yo?

    -Sí.

    Me cogió la polla, que se había empalmado al verla desnuda, y meneándola lamió la leche de mi pubis, de mis huevos, de mi mano y después me mamó la polla. Mamaba de miedo y al ratito me corrí en su boca. Sara gemía mientras se tragaba mi leche. Al acabar de tragar, me besó y me dijo:

    -Cómeme el coño.

    Yo ya había comido varios coño, coños de mujeres casadas, de una tía, de varias primas y de unas cuantas chavalas de mi pueblo y sabía que a las casadas les gustaban los virguitos, a más de una se lo dijera sin serlo para que fuera ella la que me trabajara a mí, así que le dije:

    -No sé cómo hacerlo.

    Me miro con extrañeza.

    -¡¿Es tu primera vez con una mujer?!?

    -Sí.

    -Así que aún eres virgen.

    Bajé la cabeza, fingiendo que tenía vergüenza, y le dije:

    -Sí, tú eres la primera mujer con la que estoy.

    Su actitud de vampiresa cambió y cómo yo esperaba tomó la iniciativa. Me acaricio una mejilla, luego el cabello, me dio un pico y después me dijo:

    -Echa la lengua fuera cómo si me estuvieras haciendo burla.

    La eché, me la lamió de abajo a arriba, hacia los lados y alrededor, me la chupó y después, antes de echar la suya fuera, me dijo:

    -Hazme lo que te hice.

    Le hice lo mismo, luego me metió la lengua en la boca, levantó mi lengua con la suya, me la lamió, me la chupó… Hizo filigranas con ella dentro de mi boca.

    -Así se besa a una mujer, bésame.

    La besé cómo me había besado ella… Comiéndonos las bocas se oyó en la radio la canción “Sexy Thing” de Hot Chocolate. Se levantó de la cama, estiró los brazos hacia mí y dijo:

    -Ven a bailar conmigo.

    No me podía creer lo que me acababa de decir. Le pregunté:

    -¡¿Ahora?!

    -Sí, es una fantasía que tengo.

    En aquel momento me pareció que era muy rara. ¿Quién prefiere bailar a follar? Pero si había que bailar se bailaba.

    -Tú mandas.

    Salí de la cama, me echó los brazos alrededor del cuello, yo la atraje hacia mí echándole las manos al culo. Nuestras bocas se juntaron. Mi polla se metió entre sus piernas y comenzamos a bailar. Ella bailaba moviendo las caderas hacia los lados y su pelvis hacia delante y hacia atrás. Mi polla se rozaba con sus labios vaginales mojados y sus tetas se frotaban con mi pecho. Se puso de puntillas y mi polla entro en su coño. Siguió besándome y moviendo las caderas… Terminando la canción me corrí como un pajarito. Sara sintiendo mi cuerpo estremecerse junto al suyo y sintiendo mi leche dentro de su coño, me besó con dulzura, después me miró a los ojos, y me dijo:

    -Cosita bonita.

    Al acabar de correrme quité la polla. Me cogió la mano y me la llevó al coño. Empapé la palma de la mano con mi leche y sus jugos. Me dijo:

    -Así queda el coño de una mujer después de correrse una polla dentro.

    Llevó mi mano a su boca y lamió la leche y los jugos de la palma. Los dedos, los chupó uno por uno, para acto seguido besarme. No me dio asco, no era la primera vez que cataba mi leche, luego me separó los dedos medio y anular de la mano derecha y los metió dentro de su coño.

    -Mete y saca presionando hacia delante.

    Se oía la canción “Sailing” de Rod Stewart, cuando comencé a follar su coño con mis dedos mientras nos comíamos las bocas. En un momento dado se me quedó mirando y me dijo:

    -¡Qué lindo eres!

    Yo le dije:

    -Nunca pensé que podría estar así contigo. Te veía tan…

    Me leyó el pensamiento.

    -Las casadas somos honradas hasta que nos desatienden. Mete y saca los dedos más aprisa y aprieta hacia delante con más fuerza.

    Hice lo que me dijo y poco después sus piernas se apretaron una contra la otra y comenzaron a temblar. Su coño apretó mis dedos y mirándome con los ojos vidriosos, me dijo:

    -Me estoy corriendo.

    Sentí su coño apretar y soltar mis dedos mientras se corría. Su cabeza estaba echada haca atrás y jadeaba cómo una perrita. Fue muy dulce ver cómo disfrutaba.

    Al acabar de correrse me besó con ternura, luego volvió a la cama. Me eché a su lado. Boca arriba, me dijo:

    -Ya sabes masturbar a una mujer. Ahora te voy a aprender a jugar con mis tetas y a comerlas -agarró las tetas por debajo-. Las agarras y las aprietas sin fuerza -las apretó-, luego lames los pezones, las areolas y después las chupas.

    Cogí sus tetas medianas y blandas con areolas rosadas y pezones pequeños, las sujeté, las magreé y luego mi lengua luchó con sus pezones. Estuve jugando con ellos un par de minutos, o algo más, dejé de hacerlo cuando me dijo:

    -Lame las areolas.

    Lamí las areolas hasta que me dijo:

    -Ahora magrea las tetas y mama.

    Me harté de comer tetas, ya que me hizo dar varios repasos para que aprendiera bien la lección.

    -Ya estoy otra vez cómo una moto -dijo… Ahora te voy a enseñar a comer un coño. Mete tu cabeza entre mis piernas.

    Me puse en posición. Abrió el coño con dos dedos y vi flujos en cantidad.

    -Lame de abajo a arriba y trágate mis jugos.

    Lamí y me quedó la boca pastosa. Tragué los jugos y volví a lamer hasta que quitó los dedos y me dijo:

    -Abre tú mi coño cómo hice yo.

    Le abrí el coño con dos dedos, ella señaló un labio vaginal con un dedo.

    -Lame este labio.

    Se lo lamí hasta que me señaló el otro. No hizo falta que me dijera nada. Le lamí el otro labio, hasta que me dijo:

    -Lame los dos juntos.

    Sus palabras eran órdenes para mí. Lamí los labios cómo si estuviera lamiendo un helado, y cómo un helado comenzó a derretirse entre gemidos, y entre gemidos, me dijo:

    -Ahora mete y saca la lengua de mi coño.

    Se la metí y se la saque hasta que me dijo:

    -Ahora mete y saca tu lengua en mi coño y después lame los labios hasta que yo te diga.

    Le metí la lengua en el coño varias veces, le besaba un labio unas cuantas veces, le volvía a meter a lengua varias veces, le lamía el otro labio, le volvía meter a lengua varias veces, le lamía los dos labios al mismo tiempo, le volvía a meter la lengua en el coño… Al rato, entre gemidos, señaló con un dedo el clítoris, y me dijo:

    -Lame aquí con la punta de la lengua de abajo a arriba y sin presionar.

    Lamí cómo me dijo.

    -Ahora posa la lengua sobre él, y después aprieta y sigue lamiendo.

    Hice lo que me dijo, al ratito me dijo:

    -Lame con la lengua plana y presionando hacia los lados… De abajo a arriba… Alrededor… ¡Uyuyuy!

    Dejé de lamer y me hice el inocente.

    -¿Te hice daño?

    -No, lo que pasó es que casi me corro. El clítoris es la parte más sensible de la mujer.

    Se dio la vuelta, se puso a cuatro patas y me dijo:

    -Cómeme el culo. Primero se lame el ojete y después se folla con la lengua.

    Le lamí el ojete y sentí como se abría y se cerraba. Después se lo follé… Su ojete al cerrarse quería atrapar la punta de mi lengua y la lengua se le escurría.

    -Dame cachetes en el culo.

    Le di sin fuerza.

    -Plas, plas.

    -Más fuerte y más veces.

    -Ahora lame mi ojete y mete y saca tu lengua en él.

    Se lo lamí y se lo follé mientras ella se nalgueaba el culo, una nalga primero y la otra después.

    Mi polla latía descontrolada y soltaba cantidad de aguadilla. No me pude resistir. Le acerqué al ojete. Ella movió el culo alrededor invitándome a que se la metiese. Le clavé la cabeza y ya me corrí dentro de su culo. Sara empujó y la metió hasta que mis huevos chocaron con su coño mojado. Al acabar de llenarle el culo de leche, me preguntó:

    -¿Te gustó por el culo?

    -Mucho.

    -¡Dame duro!

    Le di a romper y poco después se corrió sin tocarse el clítoris, sin meter los dedos dentro del coño, sin nada. Estaba muy necesitada, y era muy guarra, ya que al sacarle la polla del coño, se dio la vuelta, me la cogió y me la mamó. Después se echó encima de mí, metió la polla en el coño encharcado, me cogió las muñecas con sus manos y me folló sin tregua.

    -¡Te voy a follar hasta que me muera de placer!

    Sus tetas iban de delante hacia atrás y de atrás hacia delante mientras me besaba y me follaba. Sintió cómo me empezaba a correr dentro de su coño, me puso una teta en la boca, y me dijo:

    -¡Lléname, campeón!

    Siguió cabalgando mientras le llenaba el coño de leche… Me cabalgó hasta que gritó:

    -¡¡Me corro!!

    No paró para descansar. Estaba cómo loca sin medicación. Siguió follándome, lento, aprisa… Me folló a su aire. Tiempo después, al volver a llenarle el coño de leche, se volvió a correr.

    -¡Me corro contigo, Enrique!

    Me corrí dentro de su coño con una fuerza brutal mientras ella jadeaba y se movía debajo de mí cómo una serpiente.

    Al acabar de corrernos, tumbados boca arriba, me dijo:

    -Ya fue suficiente por esta noche.

    A mí me supo a poco. Así que le pregunté:

    -¿No quieres acabar corriéndote en mi boca?

    Despertó la niña y llamó por ella:

    -¡Yaya!

    Salió a toda prisa con la combinación en la mano, no fuese que la niña viniese a mi habitación.

    Poco después, cuando la niña se quedara dormida, volvió, se quitó la la combinación y me dijo:

    -¿No querías comerme el coño?

    No le respondí, metí mi cabeza entre sus piernas y le abrí el coño con dos dedos. No se había limpiado. Aquel coño estaba perdido, Lamí. Un gemido salió de su garganta. Después de tragarme aquellos jugos pastosos, lamí un labio, lamí el otro y le metí y saqué la lengua en el coño varias veces, ella me cogió una mano y la llevó a su teta derecha. Le eché las manos a las dos tetas y magreándolas lamí los labios y enterré mi lengua en su coño muchas veces antes de lamer su clítoris con la punta de mi lengua en todos los sentidos. Sentí que cuanto más apretaba la lengua contra el clítoris y cuanto más aprisa lamía más aprisa gemía ella. Sabía que se iba a correr. Con la lengua plana muy apretada sobre su clítoris aceleré a tope lamiendo de abajo a arriba, hacia los lados, alrededor… Sara hizo un arco con su cuerpo y dijo:

    -¡¡Me corro, Enrique!!

    Se corrió en mi boca mientras jadeaba y se retorcía. Me encantaba ver cómo disfrutaba.

    Cuando dejó de retorcerse y de gemir, subí encima de ella, le metí la polla, apoyé mis manos sobre la cama y le di caña hasta que le llené el coño de leche. Corriéndome cerró las piernas, me agarró el culo, me besó y dijo:

    -Sigue.

    Mientras me corría no podía ni moverme con el gustazo que sentía. Después le volví a dar a mazo. Sara me besó en la boca, besó y lamió mi cuello y mordió mis orejas por los lóbulos. Eso me dijo que quería que se lo hiciera a ella, y se lo hice. Lamiendo su cuello levantó su pelvis y me dijo:

    -¡Qué bueno estás! Dame tu leche, dame tu leche, dame tu leche. ¡Oooh! ¡¡me corro!!

    Clavó las diez uñas en mis nalgas y me corrí con ella. Creo que si no fue el mejor polvo de mi vida fue uno de los mejores.

    Al ratito volvió a despertar la niña y se acabó la fiesta.

    No la volví a ver delante.

    Quique.

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