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  • Mei, la esposa de mi amigo

    Mei, la esposa de mi amigo

    Mei es la esposa de mi amigo Enrique, es una mujer de 27 años ya con dos niños es una mujer morena clara, de ojos claros, tetas grandes y piernas gruesas, sus caderas un poco anchas y unas buenas nalgas, su rostro es muy bonito tiene unos labios que a simple vista provocan devorarlos.

    Todo comenzó cuando mi amigo Enrique tuvo que ser hospitalizado y aislado por presentar los síntomas del covid 19 dicha hospitalización duró 2 semanas, para esto tuvo que ser trasladado a la ciudad capital, los niños habían quedado con la mamá de Enrique y solo nos fuimos Mei, Enrique y yo. Mientras duraba la hospitalización mi objetivo era hacer mía a Mei como no podíamos tener contacto con Enrique por recomendaciones del doctor nos dedicamos a salir a comer y beber ya para el tercer día había un poco más de acercamiento con Mei. Nos quedamos en el apartamento que tenía Enrique en la capital, una noche después de llegar de la calle nos pusimos a tomar cervezas y a bailar y mientras bailamos yo la pegaba a mi y sentía sus tetas aplastarse en mi pecho y le recostaba en su cuca mi guevo tieso y sentía el calor que de ahí salía.

    Entre tanta conversa llegamos al tema sexual y le pregunté qué tan activa era su vida sexual con Enrique a lo que me respondió que en la actualidad no estaba nada activa porque tenía casi dos meses que ni la tocaba y claro como la iba a buscar si Enrique estaba empeñado con una prima de Mei que estaba igual de buena que ella pero de apenas 19 años y justamente Enrique tenía dos meses cogiéndose ese culo tierno.

    A su confesión le dije “bueno debe ser por stress laboral o preocupaciones” ella me dijo “si él siempre me dice eso que está cansado que esto que lo otro o sea ya no está casi pendiente de hacerme su mujer”, yo le dije “que mal porque eres una mujer muy bella que a cualquier hombre le gustaría estar contigo”, en eso la apreté más a mi y le empecé a besar el cuello y me decía “deja eso tontito mira que no soy de piedra y además soy una mujer casada” le dije “casada, bella, pero poco usada” en eso soltó una sonrisa “jajaja si eres tonto” y seguí con mi ataque al cual ella se espantó y me dijo “tengo hambre voy a hacer algo para picar” y se zafó de mi y se fue a la cocina.

    Ella estaba en camisón de dormir nada más y yo en short me acerqué a ella y la atrape entre el mesón de la cocina y mi cuerpo en eso me dice “que haces tonto” le respondí “nada Mei solo veo lo que haces” y empecé a besarle el cuello y ella se rehusaba le pegué mi guevo en sus nalgas y empecé a lamer el lóbulo de su oreja solo decía “uff que malo eres” en eso le di la vuelta la vi de frente y le estampe un beso en sus labios al cual oponía resistencia, pero al final se dejó llevar y cedió.

    Nuestras lenguas se enlazaron en un beso lleno de lujuria y pasión ella solo decía “esto no puede ser” mientras le besaba el cuello “no puede ser tontito” la bese nuevamente en sus labios, pero esta vez le agarré sus nalgas y me dijo “oh que haces deja”, pero sin moverse la arrastre al sofá donde estábamos y caímos ella sobre mi y luego caímos a la alfombra esta vez yo encima de ella.

    Le tenía la posición ganada y mi lengua enlazada con la de ella que se había entregado en su totalidad le agarré su cuca tocando su tanga y pude comprobar que era grande y gorda de labios gruesos “aah que haces loquito uff”, hábilmente me deshice de su tanga y solo estaba en camisón, pero sin nada que me separara de esa cuca que acababa de sentir húmeda y caliente la seguí besando y pasaba mi dedo medio a lo largo de toda su raja ella solo gemía y retorcía le quité el camisón y ahí si la tenía toda desnuda para mi me apodere de sus tetas las besaba, mamaba y ella solo se mordía los labios y gemía “aaah que rico” cuando la volví a besar le metí el dedo de un solo golpe en su cuca “aaah tontito que rico uff” yo le decía “te gusta”, “si me encanta no pares oooh si”. Me quite el short y me le monte encima besándola busque la entrada de su cuca y le metí los 19 cm de guevo que tengo “aaah nooo puede ser tontito aaah sácalo me partes uff es más grande y grueso que el de Enrique” me decía.

    Lejos estaba yo de sacárselo empecé a cogerla frenéticamente abría sus piernas con mis brazos y le daba con todo ella estaba entregada sus ojos brillaban de lujuria “aah que rico uff dame” así estábamos en el piso sobre la alfombra y eso no le importo le daba con todo estábamos sudados ella movía sus caderas como queriendo arrancarme el guevo yo solo pensaba que tremenda hembra me estaba cogiendo en una de esas le saqué el guevo y le dije “vamos a tu habitación te cogeré como merece ser cogida una hembra como tú”.

    La levanté y nos fuimos a su cuarto antes de acostarla la besé y le dije “es guevo lo que te voy a dar esta noche” me respondió agarrándome el guevo que estaba lleno de sus fluidos “eso es lo que quiero” y se agacho y se lo metió en su boca dándome una gran mamada de guevo que casi acabo en su boca, la agarre y la tire en la cama y la voltee y le dije “colócate en cuatro” y así lo hizo le dejé ir nuevamente mi guevo en su jugosa cuca “aaah que rico” me decía yo le decía “rica estas tu Mei de ahora en adelante te cogeré muchas veces y cuando quiera”, “ah oh si recuerda que soy casada aah si que rico y con dos hijos uff que guevo te gastas aah”. Yo sentía como las paredes de su cuca apretaban mi huevo sentía su sangre hervir, la puse a que me cabalgara y así le mamaba sus tetas y agarraba sus nalgas “aah siii” alcanzando otro orgasmo cayó en mi pecho cansada y sudada.

    La puse en posición de misionero y así la estuve cogiendo otro rato ella solo decía “que locura uff” pero rico la besaba y le decía “este es nuestro secreto tontita” agarre sus piernas y puse sus tobillos en mis hombros y se lo deje ir todo “oooh uff” le dije “voy a acabar aah” y empecé a soltar chorros de semen en su cuca “ooh Dios que rico” decía ella. Me vacíe por completo en sus entrañas quede desmadejado sobre ella cuando le saque el guevo aún estaba duro y de su cuca empezó a salir leche que le corrió por el culo llegando a la sábana, “que locura hemos hecho tonto” allí estábamos en su cama matrimonial sudados y ella con la cuca llena de semen de otro hombre.

    Le dije “te hice sentir mujer eres una hembra y hay que cogerte como tal y de aquí en adelante las veces que pueda y tú quieras te voy a coger y te dejaré esa cuca así como ahorita chorreándose leche y una cosa te digo este es el primer polvo que te doy esta noche porque no creas que esto termina aquí”. Ella solo sonrió y me dijo “hazme lo que quieras a partir de hoy soy tuya ya no preocupa que Enrique no me coja ya te tengo a ti que estás dispuesto siempre hazme lo que tú quieras amor” y empezó a besarme a los pocos minutos ya estábamos en el segundo polvo de la noche. Me decía que Enrique fue su primer hombre, pero que nunca la había tratado en la cama como lo acababa de hacer yo me dijo que quería entregarme la virginidad de su culo por supuesto que le dije que no había problema y que llenaría de mucha dicha hacerlo.

    Al tercer día de haber estado cogiéndola me entregó su culo y se lo enterré hasta el fondo de sus tripas y la inundaba de leche en cada cogida por todas partes.

    Durante esas dos semanas estuvimos viviendo como una pareja eso era guevo todas las noches y en las mañanas no dejé lugar donde no la cogí ella feliz de sentirse dichosa, hoy en día después de la recuperación de Enrique cada vez que podemos salimos y cogemos. El otro día me comento que el día anterior a esa salida Enrique la cogió en la noche y le dijo que tenía la cuca hirviendo y chorreando y que la notaba más abierta ella solo decía que eran cosas de él y en su interior pensaba claro me estas batiendo la leche de mi verdadero macho. Enrique aún sale con la prima de Mei y mientras él se coge a su prima yo voy y le reviento el culo a su mujer.

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  • Ya me dijo tu madre lo puta que eras

    Ya me dijo tu madre lo puta que eras

    El ascensor de obra se paró de repente cuando llegábamos al piso 56 casi al final de la torre,  fue el que accionó el botón de paro y no precisamente para admirar las magníficas vistas sobre toda la ciudad, sabía que ya empezaba el juego, un juego de negocios al que yo no me había prestado, pero que era necesario que jugara, sin mediar palabra y simplemente mirándonos a los ojos me di la vuelta y esperé, esperé a sentir su aliento por detrás de mí, notar como sus manos sobre mis hombros iban bajando despacio por mi cuerpo, rozando mis pechos y abrazándome en la tripa, apretando su cuerpo al mío notando su erección por detrás de mí.

    Si al menos fuera un hombre atractivo, si al menos hubiera sido de mi edad, pero ninguna de las dos cosas, quizás hace años fuera atractivo, pero ahora a sus 65 años era todo menos eso, solo un viejo poderoso y verde que utiliza su posición para coger lo que le apetecía y lo que le apetecía ese día era yo, eran mis pechos que agarraba con fuerza mientras me besaba el cuello, levantándome un poco la falda y metiendo su mano por debajo me apretaba con fuerza mi sexo, sus dedos intentaban meterse furtivamente sin que los hubieran invitado por debajo de mis bragas, pero daba igual la invitación, ya que él estaba acostumbrado a que todo el mundo le dijera que sí.

    Tenía la mirada perdida en el horizonte, dejando que aquel hombre me metiera mano y todo por culpa de mi madre, tenía sus dedos metiéndose en mi vagina, dedos ásperos como él que entraban sin que yo estuviera preparada sin ningún tipo de lubricación, tenía que cambiar de actitud porque si no lo iba a pasar mal, sabía que no había marcha atrás y que aquel viejo me iba a follar así que tome la determinación de dejarme llevar, no podía hacer otra cosa si no quería que me hiciese daño, me costó, pero empecé a sentir sus dedos moviéndose dentro de mí ya no como extraños, sino como a un familiar que no aguantas pero tienes que sonreír.

    Giré mi cabeza para sentir sus labios sobre los míos y que mi mano buscara su pene por debajo del pantalón, sus dedos seguían metiéndose en mi vagina que empezaba a humedecerse, con fuerza me dio la vuelta y me empotro contra el cristal del ascensor tirando mi casco de obra al suelo, su pelvis se apretaba con fuerza contra mis nalgas sintiendo nuevamente su polla, me besaba con su lengua sin descanso y sus manos volvían apretar mis pechos con fuerza, tenía miedo, tenía mi mejilla en el frio cristal y mi aliento dibujaba en él mi respiración, cerré los ojos cuando con decisión sus manos buscaron mis bragas bajándomelas hasta las rodillas y sujetándome de la tripa me separo un poco del cristal flexionando mi cuerpo, mi mirada ahora al suelo embarrado del ascensor esperando a notar como me penetraba con su polla.

    Un grito salió de mí y no de placer, sino de dolor, me acababa de clavar toda la polla, sin meterme tan solo su glande, sin meterla poco a poco y despacio, a él no le importaba nada de eso, a él no le importaba si yo disfrutaba o no, la sentí entrar como papel de lija, pero el dolor poco a poco fue pasando cuando la sentía entrar una y otra vez, sus manos sobre mis caderas ayudándose en cada empujón, su polla iba entrando mejor pero sin darme placer alguno, sin hacerme daño pero sin disfrutar hasta que se apartó para correrse entre mis muslos, ni un gemido de placer, tampoco de dolor salvo cuando me penetro, estaba fría como el hielo y sabía que él lo notaba y a pesar de haberme follado yo sabía que no estaba contento, si quería su firma en el documento de mi madre tendría que dar más de mí, ser más cariñosa, ser más puta, ser una verdadera zorra.

    Todo había empezado aquel lunes de mañana cuando mi madre me invitaba a una comida de negocios con un inversor, quería que viera de primera mano unas negociaciones que se preveían duras, yo acababa de terminar la carrera de arquitectura y me faltaba un año para licenciarme también en empresariales, estaba sobradamente preparada y ya estaba trabajando con ella, en su empresa de construcción.

    Fuimos las dos muy guapas al restaurante donde este inversor ya nos esperaba, ya desde un primer momento me resultaba una persona repulsiva, no sé que era, quizás su forma de andar, su forma de hablarnos como si fuéramos dos mujeres tontas, sus expresiones machistas y salidas de tono, mirando nuestro escote continuamente y haciendo pequeños chascarrillos sobre la diferencia entre una y otra, era un ser repulsivo pero en esos momentos vital para el negocio de mi madre, notaba como me miraba y como me desnudaba con sus ojos, me sentía tan incómoda que me disculpe con la excusa de ir al servicio a retocarme no sin antes escucharle decir que si necesitaba ayuda para bajarme las bragas que se las pidiera y no sé qué me molestó más si aquella grosería o la risa de mi madre, al volver ya no estaba pero la cara de mi madre era todo un poema y reflejaba que algo había pasado.

    -Mamá de donde los sacas ja, ja, ja, que tío más -En ese momento mi madre me interrumpió.

    -Lara ya está hecho, mañana firmará.

    -Anda que me he perdido, estupendo mama, felicidades.

    -Firma con una condición Lara

    -Vale y cuál es

    -Tú

    -Como que yo

    -Quiere que pases un día con él

    -Ah bueno si solo es eso, haremos de tripas corazón y de niñe… ¿Cómo que pase un día con él, mamá?

    -Quiere estar…

    -A no, no, no, no, ¿quieres que sea su puta?

    -Es necesario hija, compréndelo yo si pudiera…

    -Ya, si pudieras, pero no puedes, pues sabes qué, que paso, paso de ti, de tu negocio y del puto viejo verde.

    Me levanté de la mesa como alma que lleva el diablo y me fui de allí corriendo, al día siguiente daba mi brazo a torcer cuando mi madre me comento el estado de la empresa y que necesitábamos esa inyección de capital o iríamos a la quiebra y eso nos lleva otra vez al momento actual, saliendo del ascensor en la última planta de un edificio ya terminado, solo faltaba parte del interior y allí en medio de aquella estancia nada más salir del ascensor había un montón de cajas amontonadas en el suelo, todo el material de electricidad, fontanería y carpintería para que los obreros pudieran terminar la obra, de hecho ya lo estaban haciendo y menos mal que no había nadie al estar en la hora de la comida porque me sentiría muy incómoda, lo malo que por otro lado nos encontrábamos solos en la planta.

    Le notaba molesto, parecía que no había sido lo que él esperaba o lo que mi madre le había vendido, así que respire hondo.

    -Juan le gustan las vistas.

    -Bueno, las he visto mejores y sobre todo las he disfrutado más.

    -Esas no Juan, estas.

    Cuando miró hacia donde yo estaba, le cambio la cara, estaba sentada en una de las enormes cajas llenas de materiales, el casco en el suelo y con la melena suelta, mi blusa a medio abrir dejándole ver mi sujetado blanco de encaje, mis piernas abiertas con la falda recogida en mi cintura y mis bragas, mis bragas negras en una mano, amarrándolas con fuerza sin soltarlas, estaba abriendo y cerrando mis piernas invitándole a mirar como mi coñito se abría y cerraba, como mis labios se pegaban y despegaban, ahora si, ahora sí que le estaba invitando, ahora sentía como se humedecían mis labios, ahora si me estaba comportando como lo que él quería, como una puta.

    -Que, le gustan estas vistas.

    -Estas si, estás claro que me gustan niña.

    -Si quiere puede verlas más de cerca. -Al decirle esto me abría bien de piernas y con los dedos de una mano abría los labios dejándole ver la rosada piel mi vagina.

    -Lo estoy deseando niña, lo estoy deseando.

    -Pues no lo desee, acérquese porque tengo esto y mucho más para usted.

    -Ya me dijo tu madre lo puta que eras, pero se queda corta niña, ya que lo digo yo que he conocido a muchas zorritas como tú.

    Estaba curada de espanto en esos momentos y no me afecto lo que decía, estaba más pendiente de su polla que estaba fuera de su pantalón cuando llego a mí, la recuperación fue increíble, ahora parecía más grande y más dura, esta vez no la metió directamente sino que jugo con mis labios mientras me desabrochaba la blusa y me quitaba el sujetador, su boca sobre mis pezones jugando con su lengua y su polla sobre mi coño, pasando su glande por toda mi abertura pero sin meterse y si, esta vez si consiguió sacar un gemido de placer, esta vez mi coño estaba húmedo, preparado para que me follase, empezó a besarme, a buscar mi lengua con la suya a la vez que mis manos rodeaban su polla acariciándola, masajeando sus testículos y esta vez fui yo la que abrazada a él, la que mientras me besaba el cuello fui poco a poco metiéndome su polla en mi vagina, despacio la dejaba meterse dentro de mí, que fuera deslizándose por mi carne hasta tenerla entera dentro de mí.

    Juan esta vez me la metió muy profundamente y sin dolor, esta vez solo me daba placer al follarme sacándome varios jadeos y gemidos, mis manos alrededor de su cuello y él con su polla entre sus manos que la había sacado para frotarse contra mi clítoris, para metérmela y sacarla nuevamente y volver a frotarse contra mi clítoris, ya no había problema de lubricación, estaba tremendamente mojada por fuera y por dentro, acariciándole el cuello, arañándole la espalda cuando me la metía y la casaba otra vez toda para jugar con mi clítoris, fue la primera vez que sentí que quería que me follara, quería realmente follar con aquel viejo verde, que me la metiera y que no la sacara, estaba disfrutando que si, al final había sacado a la puta que llevaba dentro.

    Su polla me penetró una vez más pero esta vez para quedarse, Juan puso sus manos sobre mis nalgas, eche mis brazos hacia atrás sujetando el peso de mi cuerpo y mis piernas rodeándole el cuerpo aprisionándole las caderas con ellas, Juan empieza los movimientos hacia adelante y hacia atrás mientras yo le dirigía la profundidad y la fuerza que yo quería con mis piernas, presionándoles con mis pies en sus nalgas, esta vez si estaba aguantando, esta vez sí que me daba placer, el eco de los gemidos y gritos al sentirla cada vez más dentro se desplazaban por toda la planta.

    Los dos nos mirábamos a los ojos para ver crecer el placer en los ojos del otro, era tan excitante verle como cambiaba el gesto, como el verme a mí gemir disfrutando de cada penetración, como cada centímetro robado en mi vagina por su polla me hacía volar, sintiéndole cada vez más dentro y alegrándome de la decisión tomada al final, estaba despertando de mi letargo sexual, cada empujón me hacía perder un poco más el control, mis brazos se vencieron al final y me tumbe por completo en la caja, mis pies seguían apretando sus nalgas empujándole hacia mí cada vez con más fuerza y rapidez y mientras mis manos acariciaban mis pechos pellizcando mis pezones.

    Juan me cogió de la cintura y empezó a mandar él, empezó a meterme su polla más y más rápido, más y más fuerte y dentro hasta que intento salir, se iba a correr pero no le deje, mis piernas lo presionaban con fuerza, mis pies sobre sus nalgas hacían presión, yo estaba a punto de correrme y quería su leche, ya puesta a ser puta, sería la más puta.

    Los dos empezamos a gemir con fuerza, mis gritos empezaron a viajar por toda la planta cuando su polla empezó a lanzar su semen en mi interior, cuando mis piernas dejaban de entrelazarse en su cuerpo y empezaban a temblar, ya estaba aquí un orgasmo, algo de lo que me había olvidado que existía, ya no me acordaba de lo que era y de lo que se sentía, hacia tanto que no tenía relaciones sexuales que me había olvidado y él, el ser más repulsivo de la tierra, un viejo verde de 65 años me follaba para recordármelo.

    Ahora que me había reencontrado con el sexo y a pesar de que mi pareja fuera 41 años mayor que yo, no quería dejarlo, ahora quien quería follar era yo, quería que me volviera a follar y no le di tiempo ni para respirar, bajándome de la caja le cogí la polla y se la empecé a chupar, estaba pequeña, flácida, había que trabajarla bien para ponerla nuevamente en forma y saciar mi apetito, empujándolo y apoyándolo ahora a él sobre las cajas de cuclillas le estaba lamiendo su polla, metiéndomela entera y notándola como poco a poco crecía en mi boca, un poco más y ya estaría, un poco más y ya la podría sentir en mi interior nuevamente bombeando y sacando los gritos de mi cuerpo.

    Mientras se la iba chupando me quitaba la blusa dejándola en el suelo, mi sujetador y de un costado me desabrochaba la cremallera de mi falda quitándomela también, solo me deje los zapatos de tacón, no muy apropiados para una obra pero no pensaba que fuéramos a quedarnos allí, me levante desnuda frente a él ya con una erección incluso mayor que la segunda que le había provocado, me miraba incrédulo pero feliz porque estaba recibiendo más de lo que esperaba, a sus 65 años no se iba a ver más en una como ese seguro, levante mi pierna derecha poniéndola encima de las cajas con mi rodilla a la altura de mis pechos y le cogí la polla metiéndola en mi coño.

    Una vez más saboreaba el dulce placer de tenerla dentro de mí, mis flujos habían empapado toda mi vagina, mis flujos y su semen, hacia que penetrase con gran facilidad, él no tenía que hacer nada, ya lo hacía yo todo, con mi pierna izquierda estirada, bien apoyada en el suelo al igual que la derecha pero flexionada sobre la caja, me iba inclinando hacia él haciendo que su polla se fuera metiendo en mi vagina, hacia delante y hacia atrás en un baile de gemidos, en un baile con sus manos sobre mis pechos, chupándome mis pezones, me acercaba a él para besarle y juntando por completo nuestro sexo, nuestras lenguas en un baile erótico fuera de nosotros, en esos momentos sentía su polla tan dentro de mí que me encantaba esa sensación, casi la notaba palpitar dentro de mí.

    Una vez más mis gritos inundaban la estancia y se hacían presentes cuando un nuevo orgasmo paralizaba mi cuerpo haciéndome temblar, teniendo su polla bien metida en mi interior, Juan cogiéndome de las nalgas empeño a meterme su polla con rapidez haciéndome disfrutar más y más hasta que exploto nuevamente, esta vez ni se inmutó, dejo que su polla me llenara de su semen como una manguera que saca el agua en el incendio, un incendio que tenía en mi interior y necesitaba apagar, nuestros labios se juntaban nuevamente y mordiéndonos los labios disfrutaba de un tremendo orgasmo que todavía en esos momentos me atravesaba el cuerpo y que hizo que le mordiera más de la cuenta haciéndole sangre en su labio.

    Fantástico, maravilloso, era lo que pensaba y me decía a mi misma por dentro, Juan saco su polla y apoyándonos sobre la caja jadeábamos los dos con fuerza, su mano tocándome la vagina, metiendo un dedo y sacándolo mojado con su semen, enseñándomelo y llevándomelo a mi boca me lo hacía tragar, un momento tan erótico que me hubiese gustado follar otra vez, pero en ese momento sentimos subir el ascensor y oímos como los obreros volvían a su trabajo, algunos pasos ya por los pasillos acercándose a nosotros, los dos nos tuvimos que vestir deprisa, Juan lo tenía más fácil, ya que solo era subirse el pantalón, pero yo estaba desnuda y tuve que ponerme las bragas deprisa y corriendo, la falda, abrocharme el sujetador y la blusa y meterla por dentro de mi falda que estaba toda arrugada, los pelos alborotados y con el casco mal puesto empezaba a saludar a los obreros.

    Algunos de ellos no venían de abajo, pensábamos que estábamos solos, y no era así, los que subían me miraban con extrañeza al verme tan mal vestida, pero los que ya estaban allí me miraban de arriba abajo sonriendo, desnudándome con sus miradas mientras se tocaban disimuladamente la polla con su mano, lo habían oído todo, quizás nos habían visto follar, estaba tan avergonzada que no podía mirar al frente, tapándome con mi casco la cara y una vez en el ascensor les oía gritar y reír, poniéndome de puta para arriba, Juan me miraba y me decía que no les hiciera caso a pesar de que él también lo pensaba, es más él me iba a pagar con su firma en un papel.

    Ya bajando Juan me decía que encuentro llegáramos firmaba los documentos y así lo hizo, los documentos que certificaban que había pasado con nota la asignatura de puta.

    Al llegar a casa mi madre lo primero que hizo fue preguntarme si lo había conseguido, si había firmado, no me pregunto como estaba solo si había firmado y yo subiendo las escaleras con dirección a la ducha solo le conteste una cosa.

    -Mamá, tu puta ha cumplido.

    -Ya, pero ha firmado hija.

    Ya desde lo alto de las escaleras me volvía a dirigir a mi madre, pero esta vez llorando y gritándola.

    -Como te he dicho mama, tu puta ha cumplido, su semen mojando mis bragas lo certifican.

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  • Semen de otro en el culo de mi esposa

    Semen de otro en el culo de mi esposa

    Un día, mientras conversábamos viendo tv, mi esposa me comentó que la había contactado su ex novio, para ser precisos, su primer novio. Que habían estado hablando por unos días y habían quedado en verse. Me preguntó si eso me molestaría y le dije que por supuesto que no. Ella me repreguntó y le respondí lo mismo.

    Conocía, de sus relatos, a su primer novio. Fue su primer hombre, de hecho, todo lo buena que ella es en la cama se lo debe a él. Le abrió todo y, por lo que ella misma me contaba, era el más dotado de los hombres con los que había estado. Estuvieron poco más de un año juntos. Terminaron pues ella se fue a estudiar lejos de su pueblo y conoció otros hombres. Por lo que ella misma me dijo, y alguna vez me mostró fotos en el Face, su primer novio era bastante feo, pero con lo importante para las mujeres bastante grande, aunque de esto último no tenía fotos para verificar.

    Desde que me comentó que se encontrarían supe que el encuentro iba a terminar en la cama, no en un simple café como ella me decía. Lo supe por la forma en la que me lo comentó. Quizás pensaba que me negaría y con esa respuesta ella podría no caer en la tentación. Pero, sabiendo en que terminaría, igual yo quería que lo hiciera. Me excitaban mucho sus relatos de como se había iniciado al sexo con él y como se había entregado completamente, en calles oscuras o un auto abandonado, en su casa a escondidas y la de él, en el baño del colegio y de un restaurante. De eso ya muchos años antes, pero saber que lo volvería a ver me calentaba.

    No se lo dije. Le dije que éramos adultos y que si ella lo consideraba un amigo, bien por ella y por él. Que seguro tendrían temas para conversar y me parecía bien.

    Finalmente, quedaron en almorzar juntos. El día anterior se depiló. Usualmente se corta los vellos púbicos muy cortos, algunas veces se depila totalmente, pero no es lo usual. Al descubrir que se depiló previo a su encuentro, confirmé que iba con todo. El día del almuerzo se bañó hacia las 11 am, se colocó un juego de lencería que usaba poco, una tanga muy pequeña y un brasier muy coqueto. Se puso la ropa que normalmente una para salir, jean y blusa, pero debajo iba mucho mejor que de costumbre.

    Salió hacia las 12.30 del mediodía y volvió hacia las 5 pm. Tiempo muy largo para un almuerzo y perfecto para una tarde de sexo. Volvió sin ninguna actitud que pudiera hacerme sospechar que habían tenido sexo y de hecho me dijo “conversamos mucho, nos reímos y se nos pasó la hora”. Esa noche quise tener sexo pero ella se negó. Al día siguiente, lo primero que hice fue revisar su tanga en la ropa sucia, tenía rastros de semen en la zona de la vagina y el culo. Imaginar que lo había hecho, por ambos lados y sin condón me puso a mil, me masturbé oliéndola.

    A los 10 días o poco más, me dijo que volverían a almorzar. Le dije que ok, que estaba bien. La misma rutina y horario. Pero esa noche insistí en tener sexo con ella. Se resistía y me decía que no tenía ganas pero insistí tanto que finalmente no pudo negarse. En un descuido de ella, baje hasta su vagina y enterré mi lengua en ella, ella quiso resistirse, pero no la deje. Sentí su vagina húmeda, con sabor a semen. Seguí lamiéndola y pase a lamerle el culo. Lo encontré dilatado, palpitaba cuando lo recorría con mi lengua. Imaginar la vergota que lo había usado me ponía a mil. Estaba loco por sentir el coño y el culo de mi esposa recién usados por otro hombre, con una verga mucho más grande que la mía. Cuando la penetré, fui directo a su culo. Entró más suave que nunca y llegué quizás en 1 minuto, ella igual.

    La abrace y nos dormimos. Supongo ella pensando que no me di cuenta de nada y yo siendo feliz por tener una esposa puta.

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  • Luna llena (parte 4)

    Luna llena (parte 4)

    Suena el teléfono.

    -¡Aló!

    -Buenos días Gaby, ¿Dormiste bien?

    -Si gracias -sonrío al escuchar su voz..

    -En una hora paso por ti

    -Te espero

    Me levanto y salgo a correr al baño, quiero estar lista para cuando Franco pase por mí. A la hora llega tocando a mi puerta.

    -Hola Gaby, ¡Que hermosa estás!

    -Gracias, ¿vamos? Tengo mucha hambre

    -Ya somos dos… vamos

    Me toma por la espalda nuevamente y ya saben que causa esto en mí. Esta vez me lleva a un restaurante a las afueras del hotel cerca a la playa, el clima y sol resplandeciente hace más hermoso el lugar; pedimos desayuno tipo americano y pasamos un momento muy agradable entre risas chistes malos y demás.

    -¿Quieres pasar el resto del día conmigo o tienes algún plan?

    -Espero no intervenir con tu trabajo

    -No para nada tranquila

    -Está bien acepto nuevamente tu invitación

    Hoy quiero pasar el día con ella, después de ver el espectáculo tan erótico de anoche en el balcón no pude dormir, solo quería estar con ella. Está tan hermosa con lo que lleva puesto su short corto, la blusa que deja al descubierto uno de sus hombros; alcanzó a notar que no lleva brasier veo que no le gusta usar y yo feliz. La invito a subirse a mi auto para ir al muelle y llevarla a una isla cerca de la ciudad.

    Al llegar la ayudo a subir a la lancha y nos dirigimos rumbo a mi lugar preferido el cual tengo una cabaña que compre hace mucho tiempo, es el lugar donde paso más tiempo cuando vengo a la ciudad.

    -Llegamos Gaby

    -¡Wao! Es hermoso este sitio… ¿Es tuyo?

    -Si es mi lugar preferido

    La cabaña es hermosa tiene una piscina pequeña y tiene acceso a la playa. A lo lejos veo más cabañas del mismo modelo… en fin es un lugar paradisíaco y en compañía de él esto es mucho mejor.

    -¿Puedo pasar la baño? Quiero ponerme mi vestido de baño

    -Claro Gaby estas en tu casa

    Ingreso al baño y me miró al espejo estoy algo despeinada por el trayecto así que tomo una ducha rápida para refrescarme ponerme mi bikini negro con mi salida de baño en tul, recojo mi cabello y me pongo mis sandalias. Al salir Franco no disimula y fija su mirada en mi cuerpo..

    -¿Me puedes ayudar a ponerme el bloqueador?

    -¡Claro hermosa!

    Me toma de la mano y me lleva a la playa que ahí se encuentran un par de sillas asoleadoras que están cubiertas con toallas blancas y en medio hay una mesita pequeña.

    -Ven hermosa acuéstate boca abajo

    Hago lo que me pide y me pongo cómoda estoy algo nerviosa porque no sé cómo mi cuerpo va a reaccionar al sentir sus manos.

    -¿Te puedo soltar el brasier?

    -Si por favor, no quiero que me queden marcas

    Él aplica el bloqueador haciendo una línea por mi espalda esto me hace estremecer por el choque térmico, al ver mi reacción sonríe. Al sentir sus manos tocando mi piel gimo sin darme cuenta… ¡Oh por Dios! mi cuerpo me traiciona y soy evidente lo que él me hace sentir… baja a mi cintura y hace una leve presión allí… gimo nuevamente, de un momento a otro se acerca a mi oído.

    -Relájate hermosa y disfruta

    Esa voz me hace estremecer, ya perdí y solo abro mi boca para tomar aire.

    -¿Me permites retirar la tanga?

    -Si, hazlo

    En estos momentos ya quiero que me tome a su antojo y me haga suya, estoy excitada al sentir como y con que delicadeza retira mi tanga brasilera, el roce de la tela por mis piernas hace que por inercia las separe.

    -Sabes que tu cuerpo es tan hermoso y te confieso que desde que te vi desnuda en el balcón te he deseado

    Abro mis ojos al saber que él me vio mientras disfrutaba de mi desnudez con la brisa.

    Continúa aplicando el bloqueador por mis caderas y mis nalgas bajando lentamente hacia mis piernas, al terminar sube lentamente llegando a mi entrepierna; siento el roce de sus dedos por mi vulva buscando tener acceso así que levantó un poco mis nalgas y separó un poco más mis piernas. Siento como abre mis labios y juega con mi clítoris… ¡Ah! Gimo al sentir como hunde sus dedos en mi coño… mi deseo se hizo realidad

    -Estas como te imaginé desde aquella tarde, estas tan caliente y mojada que mis dedos resbalan con facilidad

    Hunde otro dedo en mi hoyito y me folla al tiempo por mis dos orificios… me apoyo sobre mis antebrazos para poder disfrutar mejor el momento… giro mi rostro en busca de su rostro para besarlo… él suelta mi cabello y me toma de él para besarme mientras continúa follándome…¡Wao! siento que cada vez mojo más y más… él aumenta la velocidad de sus dedos y dejo de besarlo para gritar.

    -¡Ah, ah… si así por favor!

    -Voltéate

    Deja de follarme y me coloco boca arriba, mi respiración esta agitada por la excitación. Pone bloqueador sobre mis tetas y los amasa con firmeza apretando mis pezones varias veces, aplica más bloqueador por mi abdomen y termina en mis piernas.

    -Aplícame ahora a mi por favor

    Cambiamos de lugar y él en frente de mí se retira su short … salta su verga en mi rostro, eso hace que salive al verlo tan grueso y venoso.

    -¿Quieres?

    -Si

    -Todo tuyo

    Me arrodillo y lo tomo con una mano, está muy tieso y caliente… fijo mi mirada en él y me dispongo a disfrutar de mi chupete… paso mi lengua desde el tronco hacia la punta varias veces… también lamo sus huevos no dejo nada sin lamer… con la otra mano amaso con suavidad sus huevos mientras me llevo a la boca su pedazo de carne, lo hundo hasta llegar al fondo de mi garganta esto me produce ancadas pero no me importa, mi saliva se escurre por mis comisuras… lo saco de mi boca para pasar mi lengua por mis labios mientras lo miro con deseo. Con su verga me golpeó el rostro, una mejilla y luego la otra varias veces… abro mi boca sacando mi lengua para golpearla también.

    -¡Uff! Que rico cosita hermosa así quiero que te pegues con él

    Le sonrió y nuevamente me lo llevo a mi boca para chuparlo, lamerlo mientras deslizó mi mano hasta la base…

    -Quiero correrme en tus tetas, quiero ver mi leche sobre ellas

    -Todas tuyas

    Uno mis senos con mis manos y lo miro con picardía mientras él se da una buena paja… cada vez aumenta la velocidad y yo como gatita hambrienta espero mi lechita sobre mis pechos…

    -Prepárate para recibirlo… ¡Ah!

    De un momento a otro sale con velocidad sobre mis pechos… se siente caliente, se masturba para ordeñarse hasta la última gota de su elixir… paso mis dedos por mis pechos para llevarme un poco a la boca… chupo mi dedo disfrutando de él…

    -Eres una puta

    -Pero te gusta, ¿no?

    -Claro que me fascinas hermosa, ven dame un beso

    Me da la mano para ponerme de pie y me toma de la cintura para llevarme a su cuerpo… me besa con pasión como si no quisiera que esto no termine y yo quiero disfrutar más de él… quiero terminar mis vacaciones con él.

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  • Compartiendo a mi esposa con mi hermano (parte 7)

    Compartiendo a mi esposa con mi hermano (parte 7)

    Aquí comenzó mi esposa a contarme como mi hermano se la follo y la lleno de leche, me dijo al principio que todo fue normal como siempre coqueteo en la oficina y algo de provoque para ver si le tocaba las nalgas pero nada; ya al llegar a casa normal preparo el almuerzo para los dos y al terminar ella se fue a cambiar para hacer ejercicio en el pequeño gimnasio que teníamos en casa como todos los días, pero esta vez no se puso ropa deportiva sino que quiso hacerlo desnuda para provocarlo más ya que siempre lo hacía con deportivos muy sexys y así lo provocaba.

    Luego del ejercicio se paseaba por la casa así sudada y sexy, el si la miraba pero no hacía nada; entonces ese día decidido estar desnuda e hizo lo siguiente, como mi hermano estaba en su cuarto, fingió que se cayó de la caminadora grito y lo llamo, el llego rápido y al verla en el suelo y desnuda se apeno pero se preocupó y le pregunto:

    Pedro: Marcela que te paso

    Marcela: Estaba aquí en la caminadora y di un paso mal y resbale cayendo al piso, creo que me torcí el tobillo (Tu hermano me miraba y no sabía que hacer yo estando desnuda y solo en tenis deportivos)

    Pedro: Que pie te duelo

    Marcela: El pie izquierdo

    Pedro: Ven te ayudo a quitártelo

    Marcela: Si cuñado, no sé porque me caí siempre soy cuidadosa (cuando me quitaba el tenis fingí que me dolía y él se asustó un poco, yo abrí un poco mis piernas para que mirara más)

    Pedro: Disculpa no quise hacerte daño, pero menos mal estaba yo aquí para auxiliarte, porque si hubieras estado sola, no sé qué habría pasado

    Marcela: Si cuñado tienes toda la razón al menos estabas tu para socorrerme; ven ayúdame a levantarme y llévame al cuarto (yo fingí mi caída cuando ya estaba a punto de terminar mi hora y media de ejercicio así que ya estaba toda sudadita todo mi cuerpecito)

    Pedro: Claro apóyate en mi hombro

    Marcela: Gracias (Ya estando en el cuarto y sentada en la cama, me quito el otro tenis)

    Pedro: Es con gusto, aunque no estes lastimada, te quise seguir el juego porque quería seguir mirando ese rico cuerpo sabroso y sudado el cual se come mi hermano y que tanto me provoca desde que llegué, tienes un rico culo, se ve que su hermoso y lindo coño peludo que tienes es muy exquisito; tus tetas se miran sabrosas con esos espectaculares pezones

    Marcela: Perdón cuñado, y gracias por lo que me dices, pero tenía que hacer algo porque desde que estas aquí tengo ganas de que me hagas suya, me tomes como mujer me folles haciendo cosas ricas y sucias

    Pedro: Pero mi hermano que, no quiero ser malo con él

    Marcela: Él no se va a enterar yo no le diré y creo que tú tampoco dirás nada y además si come callado, repetirás todos los días cuando mi esposo no este y en el trabajo cuando vaya a tu oficina podrás tocarme por debajo de la falda del uniforme y esto será nuestro secreto

    Pedro: ¡Oh, que rico regalo! Y será un gran secreto, pero eso no va a impedir que yo consiga alguna novia por fuera para follarla también; creo que desde ahora seremos amantes

    Marcela: Cuñado tú lo has dicho, unos amantes nada más y podrás tener tu novia (mientras yo decía eso él se desnudó y dejo a la vista su verga peluda como la tuya amor de igual tamaño y grosor y venosa era como estar mirando tu rica verga; podría decir mi vida que tu esposo mío y Pedro tienen vergas gemelas porque son totalmente iguales)

    Pedro: Marcela tu planificas, sino para ir por unos condones a mi cuarto

    Marcela: Si planifico, sino ya hubiera tenido hijos. A mi esposo y a mí no nos gusta el condón así que vente donde tú quieras

    Pedro: Marcela te voy a confesar algo

    Marcela: Dime cuñado

    Pedro: Sabes desde hace tiempo te deseo y desde que estoy aquí en esta casa todos los días me masturbo escuchándote gemir mientras mi hermano te folla todos los días, porque veo que lo hacen a diario, los escucho toda la noche y me hago la paja mucho hasta que ustedes terminan y cuando ya están dormidos salgo a la sala a oler y lamer tu ropa interior cuando las dejan en la sala

    Marcela: Cuñado que rico escuchar eso (Mientras me decía eso ya me estaba tocando y metiendo un dedo en el coño)

    Pedro: Que hermoso y rico coño peludo mojado tienes, eres muy caliente

    Marcela: Oooh sí que rico cuñado

    Pedro: Desde hoy te lo voy hacer todos los días como mi hermano sin parar, porque no hay día que no los escuche coger; incluso intuyo e imagino que lo hacen en tus días del periodo, al siempre escucharlos

    Marcela: Si cuñado todos los días lo hacemos incluyendo mis días menstruantes

    Pedro: Que rico yo también te voy a coger todos los días que mi hermano no esté, pero incluirán tus días de menstruación

    Marcela: Cuñado eres un caballero como mi esposo ya que los verdaderos caballeros no temen ensangrentar la espada y andar en caminos lodosos (le doy una sonrisa pícara y el también ríe)

    Marcela: Entonces tu hermano se fue hacia abajo y comenzó a mamarme el coño lo devoraba como un niño a un dulce, mientras me daba dedo y jugaba con mi clítoris; mientras chupaba mi coño y me hacía gemir, también me lamia el culo y metía su lengua en el culo mi panochita, me daba placer en mis agujeritos, me decía que rico saben tus hoyitos tu hermano se come un gran mangar, los sabores de tu coño peludo y tu ano son exquisitos, buenos sabores y como humedeces ya estas muy mojada puta.

    Mi hermano se casó con una zorra que siempre tienes los calzones mojados por estar en celo siempre, eres una sucia perra que siempre quieres leche y verga por todos lados y dentro de tus agujeros, luego me voltio y quede de espaldas y siguió lamiendo mi culo y metiendo la lengua dentro de mi ano hasta donde le alcanzaba toda su lengua dentro de él, yo gemía y jugaba con mis tetas mientras el metía su lengua en mi puerta trasera si dejar de jugar con mi botoncito del clítoris.

    Luego se paró acomodo su verga en al principio de la entrada de mi ano y antes de meterla dijo toma mi daga en tu apestoso, delicioso, sabroso rico ano, exquisito y sucio culo de perra que tienes infiel esposa de mi hermano, y la metió de un solo empujón yo di un grito de placer como tú me los haces dar cuando la metes de un solo golpe, y acompañe ese grito con gemido, y dijo esto se me rece tu sucio trasero de puta y te voy a tratar como la puta que eres.

    Y comenzó con su mete y saca en mi culo y también mientras me la metía tocaba mis tetas y mis coño y me decía eso perrita gime, gime mientras te doy por este estrecho agujero que tienes de zorra, que apretado culo y tienes a pesar de que mi hermano se lo rompe todos los días, me seguía dando y sus huevos chocaban con mi ya muy mojado coño y el seguía su mete y saca; hasta que dio un empujón y se quedó quieto y siento como descarga toda su leche dentro de mi culo mientras doy un buen gemido y el también da un gemido como un mugido.

    Luego dio un suspiro, después dijo toma tu leche cremosa en tu sucia alcantarilla anal e inundo tus entrañas de la leche que tanto te gusta tener adentro puta.

    Todo eso me decía y me excitaba mucho amor, yo mojaba mas mi coño, apenas la saco de mi culo cayeron unas gotas de leche en mis pies aprete mi ano para que no saliera más de mi ano y se quedara adentro, me bajo y me la meto en la boca y comienzo a chuparla esa rica verga con sabor a leche y a mi culo, él me dijo eso zorra cómele la verga a tu cuñado saboréala, devórate mi sucio garrote con tu boca de puta limpiadora de vergas que para eso es lo único que sirve esa boca de una infiel yo lo miraba con mi cara de golosa que siempre pongo cuando tengo tu verga en mi boca.

    El me empujo a la cama e hicimos un 69 yo quede abajo y el encima de mí y seguí chupando su verga comiendo sus huevos. Amor sabes que soy muy sucia en el sexo y pues también le comía el culo a tu hermano; a el le encanto eso y me dijo eres toda un experta puta, come todo lo que quieras; seguimos en un buen ritmo de sexo oral mientras yo gemía soltando mis jugos vaginales que sabroso y hermoso coño peludo tienes, que delicioso sabe tu asqueroso coño de perra, luego caímos en un orgasmo los dos yo le llene de mis jugos su cara y boca, y él se vino en dentro de mi boca yo me trague su espesa y rica leche.

    Yo deje algo de su leche en mi boca y el algo de mis jugos en su boca nos besamos mezclamos su leche y mis jugos con nuestras salivas en nuestras bocas para luego tragarnos esa mezcla los dos.

    Nos manoseamos el me dio dedo y yo le hacia una paja a su verga, cuando ya la tenía dura otra vez me la introdujo en mi coño tirados en la cama el encima de mío me penetraba queo coño tan mojado, caliente y estrecho tienes zorra, el metía y sacaba su verga de mi panocha, después cambiamos de posición el abajo y yo encima de él, al estar yo arriba frente a frente comencé a cabalgarlo y montarlo, elme decía eso perra monta a tu macho que rico se ven juntos tus pelos con los míos, mete mi verga en tu sucio coño de puta, yo gemía mientras brincaba en su verga donde cada metida era muy excitante era como tener tu verga adentro Amor (como ya te dije tienen vergas gemelas).

    Yo tuve primero mi orgasmo bañándole su verga y su vientre de mis jugos, seguí cabalgándolo y gimiendo en pequeños orgasmos, después de unos minutos de mi orgasmo tu hermano se vino dentro de mí coño dejándomelo lleno de su leche, me tiré sobre el sin sacarme la verga nos besamos.

    Después amor nos paramos de la cama yo me agacho y se la comienzo a chupar, el me decía si que eres una puta limpiadora de vergas sucia, yo me seguía comiendo sus huevos y verga y lo miraba mientras lo chupaba hasta que se vino en mi cara y tetas, me paro así bañada en su leche le limpio la de la cara y me la como, no besamos y ya el dice que se va a cambiar porque tu estabas por llegar yo le dije que también haría eso que me bañaría.

    Me entro al baño para disimular le limpio con un pañito húmedo mi cara me pongo mi brasier de la mañana y mi tanga me visto algo sexy así como me encontraste él pensó que me bañe y me limpie para ti pero tu ya sabes que estoy sucia para ti llena mi culo y coño de la leche de tu hermano y con la boca con sabor a su verga y leche para que tu disfrutes amor de tu esposa.

    Fabio: Amor que rico escuchar eso me encanta saber que eres una sucia perrita que amo tanto por eso te elegí como esposa

    Continuará.

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  • Mi primera doble penetración

    Mi primera doble penetración

    Este relato es como una continuación del relato “Mi primer lésbico”.

    Con María al año siguiente volvimos a alquilar un departamento en la costa, esta vez de un dormitorio, conseguimos el mismo trabajo.

    El primer encuentro fue muy fogoso con ella, la mismísima primera noche. Los días fueron pasando, trabajábamos, íbamos a la playa y siempre conseguíamos a alguno para coger. Nos turnábamos para usar el dormitorio, una cogía ahí y la otra en el sillón del living. Hasta que conocimos dos chicos amigos ellos, con los que empezamos a salir, yo con Daniel y ella con Mauri.

    La confianza entre los cuatro fue creciendo, de tal forma que Mauri solía salir desnudo de la habitación hacia el baño delante de mí. Y Daniel igual delante de María.

    En charlas con ella me contó varias de sus aventuras sexuales, pero la que más me calentó fue cuando estuvo con dos chicos y le hicieron doble penetración. Mas haber visto alguna película porno y las revistas del hermano de Ana donde chicas tenían dos vergas entrando en cada agujero. Era algo que tenía ganas de probar le conté a María.

    Mauri, me había visto desnuda muchas veces también, hasta que una noche mientras cogía con ganas a Daniel en el sillón, veo que él estaba parado desnudo con su pija erecta mirando a menos de un metro nuestro y María parada en la puerta del dormitorio. Eso provocó, que con Daniel le hagamos lugar en el sillón, que él se siente y María lo monte, quedando los cuatro cogiendo en el sillón.

    La noche siguiente comimos los cuatro juntos en el departamento, ellos en bóxer y nosotras solo en tanga con las tetas al aire. Bebimos demasiado todo nos causaba risas y los temas casi siempre eran de sexo. La guacha de María le había contado a Mauri que yo tenía ganas de una doble penetración. Cosa que después me entero porque Dani me cuenta que su amigo le había preguntado si podía ser que me cojan entre los dos. Si él se enojaba. Cosa que le respondió que claro que le gustaría cogerme junto con él.

    Con María nos ponemos un vestidito y vamos a comprar helado. Cuando llegamos, me encuentro a los dos machos en la cama, cada uno a un lado de la cama, en bóxer negros. Dani me dice ven trae el helado con una sonrisa, me siento en medio contra el respaldar, beso a Dani y me doy cuenta que me excito al ver a los dos a mi lado con sus pijas duras a mi lado. María trae cucharas sin el vestido y se sienta en la punta de la cama. Mientras tomábamos el helado los cuatro del mismo tarro. Dani me levanta el vestido tirándolo sobre una silla, con besos y usando sus manos para tocarme.

    Quedo despalda a Mauri, donde aprovecha a pegar todo su cuerpo al mío, quedando los tres pegados, enredados, piel con piel. Mientras María queda en la punta de la cama y Dani sigue apretándome, con sus manos y con beso profundo, tocando una teta con una mano y con la otra me agarra el culo. Mauri me agarra la otra teta desde atrás y me separa las piernas, mete sus dedos entre mis labios y me los enseña empapados, Y Dani acompaña los suyos, haciéndome vibrar con todas esas manos tocando todo lo tocable, dedos dentro de mi coño, separando mis labios, jugando con mi clítoris.

    Dani me levanta de la cintura, y de un tirón arranca mi tanga dejándome en cuatro, me separa las cachas del culo. Mientras Mauri se sacaba el bóxer y María se tocaba con una mano las tetas y con la otra la concha diciéndome que los aproveche para todo lo que yo quiera. Le tomo la pija a Mauri, tumbado delante de mí para llevármela a la boca, trato de metérmela entera, sin conseguirlo del todo porque además de tener un señor rabo, lo tiene como una piedra. “qué pedazo de pija” le digo. Dani arrima la suya y tengo las dos a mi disposición.

    Les chupo los huevos mientras los masturbo con una mano cada uno, me las meto en la boca lo más profundo que puedo. Dani se pone detrás mío y me la mete con fuerza, concentrándome solo ahora a la mamada y mi culo que se mueve en círculos a compás de sus embestidas y azotes.

    Protesto y agarro fuerte las sábanas, sigo masturbando a Mauri y metiéndome su pija en la boca desde la punta hasta el tronco, lamiéndole los huevos cada vez que bajo, sin mover mi cadera, que Dani sujeta con sus dos manos y de vez en cuando me azota el culo, mientras bombea. No puedo aguantar más y me saco la pija de la boca, voy a acabar. Mauri observa con cara de placer la escena. Los mechones que Dani ha tomado como riendas y de los que tira hacia atrás con fuerza, mientras sujeta mi espalda, arqueada, y me coge con embestidas secas, duras, hasta hacerme sentir que va a partirme por la mitad.

    Después de acabar de forma salvaje sin apenas respiración por tener la cabeza tan echada hacia atrás, lo que convierte cada bocanada de aire en un placer adicional que sacude el resto de las sensaciones y las intensifica. Me pone como una perra además tener a Mauri justo delante de mí, mirando la escena, tocándose.

    Me tumbo boca arriba, recuperando el aliento. Los dos acercan sus vergas a la vez a mi boca. Me encanta tener sus capullos juntos, delante de mi lengua, cogérsela fuerte con la mano, estoy como una niña con juguetes nuevos, mis dos juguetes, dos buenas pijas para mi placer, y sonrío y las lamo alternativamente, las chupo, juego con sus frenillos, les masturbo y las disfruto mientras recupero el aliento.

    Mauri quiere cogerme y yo quiero que lo haga, se pone de pie en el borde de la cama y me arrastra tirando de mis piernas de las piernas, separa los labios de mi concha con los dedos para meterla hasta el fondo. Sentirle entero dentro de mí, y los dedos de mi Dani enredando por mi clítoris me provoca otro orgasmo imprevisto, que me sacude entera por inesperado y por completo, de esos que vienen por muchos estímulos a la vez y que te dejan temblando las piernas.

    Mauri está a punto de acabar también. Le miro a la cara, caliente como una perra como estoy, lo tomo por las nalgas para que me penetre más hondo, cuando siento su primer chorro le tomo la pija con la mano para sacarla de mí y empiece a desparramar leche en mi abdomen, tetas, entre gemidos y gruñidos de placer, que me encienden. Es tan gratificante ser la culpable de esa sensación, de esa expresión de satisfacción.

    Se va a la ducha, mientras Dani busca en mi neceser lubricante, él sabe dónde está lo usamos en varias oportunidades. Se echa en la mano y me mete los dedos en el culo, y me azota con la otra mano, yo boca abajo.

    -y… ¿no se cansa nunca? -pregunta Mauri saliendo de la ducha

    -no… -ríe Dani, mientras me folla el culo con su mano.

    Ven le dice a Mauri. Vamos a cogerle este culito. Se para delante de la cama, yo me acomodo en cuatro patas en el borde. Pone la punta de su pija a la entrada de mi culo, la apunta, pero no la mete. Me la deja ahí, presionando sólo un poco, lo justo… para hacerme desearlo. Muevo el culo un poco en círculos, acomodando su verga más adentro cada vez. Él no empuja más que antes y yo me estoy muriendo de ganas porque me la meta. Levanto un poco el culo, me acerco cada vez más a su cadera y siento cómo ya no hace falta ni más lubricante. Me retuerzo.

    Empiezo a disfrutar de la pija de Dani otra vez en mi culito. Sigue sin moverse y me está volviendo loca de ganas, yo no puedo esperar, quiero moverme, pero aún voy despacio, sintiendo. Mauri se tira en la cama debajo mío y con su lengua y manos empieza a jugar con mi clítoris, viendo bien de cerca como entra y sale la pija de Dani de mi culito.

    Jadeando de placer, gimo, me arqueo, me azota el culo, mientras con la otra mano agarra mi cadera, me empuja su pija hasta el fondo, hasta los huevos. Ya deseaba las dos pijas dentro de mí. Le digo a Mauri que se acueste que quiero cabalgar sobre él. Sacando la de Dani de mi cola. Me acomodo sobre él, le tomo la pija para sentarme sobre ella, mientras subo y bajo para sentirla. Dani coge mi cadera y apoya la verga en mi culo dilatado y lubricado. Echo la cabeza hacia atrás. Este es el momento que había estado esperando, esta es la sensación que buscaba. Tú no te mueves, dice sujetándome. Quieta. Obedezco.

    Esperando la pija de Dani entrando en mi culo, llenándome toda, aprovechándome bien. Mauri le siente, porque está dentro, cuando entra, sonríe diciéndome –ahí tienes tu doble penetración Lau, queda todo el espacio ocupado. Les siento a los dos dentro de mí y no puedo evitar gemir al sentirlos, despacio, volviéndome loca. Cómo me gusta, les digo. Mauri aprovecha y me come la boca con un beso.

    Dani me agarra del pelo y me azota al compás de sus embestidas, que empiezan a coger ritmo y siento que me falta el aire, que se me sale el corazón por la boca, que me voy a deshacer y cuando parece que no puedo más, me aprieta contra su verga y las sensaciones estallan, acabo entre gritos de placer, mientras mi cuerpo se retuerce en un orgasmo interminable, intenso, como no he tenido hasta ese momento. Dani llena mi cola se semen como otras tantas veces lo hizo. Y Mauri debajo sigue moviéndose para intentar acabar otra vez.

    María que estuvo sentada, teniendo todo ese espectáculo para ella, aparece en escena y dice: -la próxima es para mí.

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  • Aprendiendo a mamar tu vergota

    Aprendiendo a mamar tu vergota

    Me dices que no tengo que comparar, pero de verdad, ¡tu verga es muy gigantesca!

    Me considero una mujer pequeña y delgada, no trato de comparar, pero tu miembro es hermosamente y sorprendentemente grande, tenemos que aceptarlo.

    ¡Aprendí a tenerte dentro de mí porque cuando iniciábamos, no sabía qué hacer con tanto!

    Quiero decirte que cuando me coges es maravilloso tener esa sensación de plenitud, y en ocasiones ni siquiera soy capaz de moverme tanto pues llenas cada espacio, cada rincón cada pared estrecha en mí, ni siquiera es necesario buscar el punto exacto para disfrutar, tú lo llenas todo y lo que más me encanta es abrirte las piernas lo más que pueda para disfrutar de tu vergota hinchada dura y venosa soy realmente muy feliz cuando me coges, siento que me pierdo, vuelo y me satisfaces como nunca antes en mi vida lo había sentido, ¡ni siquiera sabía que yo era multiorgásmica! ¡Oh por dios! ¡Eres mi amante perfecto!

    -¡Me gustaría hacerte sexo oral! -Te dije- ¡quiero verte disfrutar papacito!… guíame”

    Comencé por hincarme frente de ti, tu estabas sentado en la orilla de la cama, ¡ya con una erección estupenda y brillosa! Lo único que quería era saborearte, olerte, sentirte dentro de mi boca, yo ya llevaba el cabello recogido con una coleta, podías tirar de ella para hacerlo a tu ritmo…

    Comencé por juntar mucha saliva y escupir la cabeza, ¡oh! ¡Tus ojos de deseo eran tan lujuriosos! ¡Tan excitantes! Con mis manos comencé a mojarla toda, te di unas jaladas bien húmedas, subía y bajaba con presión y ritmo en ella, pude sentir como se te hinchó más, quitaste mis manos y la tomaste desde la base, me la embarraste en toda mi cara, así… ¡Bien húmeda me la azotaste y frotaste en mis labios! ¡Después me la ofreciste ya en la boca, pude olerla! ¡Que delicia! ¡Ya estaba mojadita de ti también, con ese fluido transparente, lechosito y babosito abrí mi boca y me la dejaste ir hasta dentro! ¡Ay papito! ¡Fue tan rico!

    Con la otra mano jalaste mi cabello, metías y sacabas la verga a tu placer, ¡hasta la garganta! ¡Te gusta profundo y a mí me fascina sentir como me ahogo con tan grande y delicioso miembro! Me haces gemir de ahogo y placer, la baba espesa comienza a salir en forma de hilos, mojada toda, lo haces de forma más acelerada, me haces llorar del ahogamiento, los ruidos de mi garganta son tan excitantes, ¡no puedo evitarlo me vuelves loca de placer! Me miras fijamente a los ojos, no paras de gemir, de calentarte más y más…

    La sacas y así toda, escurriendo besas mi boca con toda esa saliva espesa, succionas mi lengua, y me das una cachetada ruda y caliente, me la vueles a meter toda! Hasta la garganta, otra vez la tomas de la base y ahora la mueves un poco en circulo, la sacas y metes varias veces, la azotas en mi cara una y otra vez… ¡Siento como se hinchan mis pezones ya de tanta humedad que escurre sobre de ellos, no puedo con tanto! ¡Mi pucha ya está hinchada y húmeda! ¡Quisiera que me la metas por ahí!

    ¡No puedo parar de llorar, de cogerte con mi boquita ya me cansé de tanto mamarte! ¡Pero no puedo parar tampoco me ahogas de tanto placer! Empiezas a gemir, jalas más rápido mi cabello, ¡estás por terminar! ¡Uff! ¡Siento tu leche caliente hasta la garganta, ese sabor exquisito! ¡Ese sabor saladito y delicioso! Mmmm me trago casi todo, lo demás sale por las comisuras de mis labios, llega a mis senos, me los embarro…

    ¡Ufff con mis dedos lo vuelvo a meter a mi boca, los chupo, me los trago todos, me besas como nunca, exhalas de placer en mi boca, con tu respiración acelerada y húmeda agradeces con un beso profundo, me encanto sacarte toda mi leche! ¡Gracias por guiarme a tu placer, a nuestro placer!…

    ¡Completamente tuya!

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  • Me abrí de piernas por un libro, por un incunable

    Me abrí de piernas por un libro, por un incunable

    El año pasado tuve aquel sueño tan placentero, tan real que me negaba a que solamente fuera eso, un sueño, incluso lo había dejado por escrito para que no se me olvidase, un sueño tan delicioso con aquel hombre de color negro que con su polla de ébano penetraba en mi vagina rosada, dándome el más grande de los placeres y un año después busque con insistencia durante días, durante semanas aquel acantilado donde tanto disfrute en mi sueño, recorrí la costa palmo a palmo, sabía que existía, sabía que lo había visto y al final casi al final del verano por fin di con él, era tal y como lo recordaba, exactamente igual que en mi sueño, una cala pequeña rodeada por paredes casi verticales y una sola entrada, un camino pedregoso y de difícil acceso por donde se bajaba a cala de no más de seis metros de arenas blancas y aguas cristalinas.

    Durante dos semanas estuve yendo todos los días, dos semanas ataviada solo con un pequeño bikini y un pareo casi transparente, bañándome desnuda en aquellas aguas cristalinas esperando y mirando ilusionada el camino, esperando ver bajar de un momento a otro aquel hombre ataviado con su toalla, su libro y con aquella camisa blanca que dejaba ver su torso atlético, el hombre que en mis sueños que me hizo gozar tanto, aquel semental negro que me follo provocándome aquellos orgasmos tan deliciosos, pero pasaban las horas, pasaban los días y lo único que hacía era dorar mi cuerpo desnudo al sol, bañarme, refrescándome un poco y sin embargo…

    Sin embargo en todo momento no paraba de sentir que alguien me observaba, que no estaba realmente sola en aquella cala, dentro del agua cuando me refrescaba salpicándome con las manos mis pechos, cuando saltaba para que las olas no me golpeasen el vientre antes de haberme mojado entera, cuando salía despacio y las gotas resbalaban por mi cuerpo secándose sentada en la orilla mientras las olas mojaban mis pies, notaba que alguien me miraba, mi cuerpo era un espectáculo, la distracción perfecta de un momento de excitación para alguien y de haber bajado su templo de placer, porque fuera de raza negra, blanca o asiática, yo estaba allí por un propósito, gozar como lo hice en mi sueño, follar con el primer hombre que bajara aquel camino pedregoso.

    Las vacaciones llegaban a su fin, me despedía desilusionada de aquella cala con la que tanto disfrute en mi sueño, pero que aún me tenía reservada una sorpresa no allí, sino en Valencia, no más de tres semanas más tarde, casi al final de septiembre cuando todavía hacía calor, me encontraba disfrutando de una maravillosa tarde sentada en una terraza tomando una horchata bien fría junto a la playa de la malvarrosa leyendo un libro con mi vestido corto de flores y zapatillas blancas, me encantaba ese sitio, una terraza ideal para pasar una tarde tranquila leyendo, observando a la gente pasear, me encantaba ver a los abuelitos cogidos de la mano, con miradas de complicidad en sus ojos después de tantos años juntos, me encantaba imaginar sus vidas cuando observe como un hombre de mediana edad, aproximadamente de 56 años no me quitaba ojo, me miraba fijamente mis pechos a pesar de estar al abrigo del vestido, pero mis piernas y mis muslos no, a pesar de estar sentada con las piernas cruzadas, realmente al principio no me importaba, estaba acostumbrada a que los hombres me miraran, pero era tanto la insistencia que me empecé a poner nerviosa.

    Era un hombre guapo, pelo y barba canosa, llevaba unas gafas redondas con unos ojos penetrantes de color azul, alto y fuerte con un pantalón corto muy ancho y una camisa blanca prácticamente desabrochada dejando ver el vello de su pecho, tomaba un café y tenía encima de la mesa varios periódicos y un par de libros, su lectura paso a un segundo plano ya solo me miraba, hacía que leía y de vez en cuando me observaba de reojo y cuando levanté mis ojos miré y ya no estaba, se había levantado, volvía a estar sola con mi horchata y mi lectura o eso pensaba yo.

    -Buenas tardes, señorita.

    Aquel hombre se dirigía a mí por mi espalda, tras saludarme y presentarse me pidió permiso para sentarse a mi lado, aquel hombre la verdad que me intrigaba, lo recordaba de algo, pero no sabía de qué e intuía que estaba a punto de descubrirlo como así fue, empezamos hablar, a darme pistas de que nos conocíamos y entonces caí en la cuenta, para mí en aquel entonces no era más que un pescador, aquel hombre que durante dos semanas me crucé en aquella cala siempre con una caña de pescar en la mano, cada vez que bajaba y subía por el camino él estaba allí con su moto, nunca le di importancia, pero averigüe por fin que era el quien me observaba, quien miraba y deseaba mi cuerpo, me lo iba contando con todo detalle, pero con mucha educación, sin pretender ser grosero ni mal educado en ningún momento.

    La verdad que era un hombre que tenía una conversación muy extensa, muy agradable y muy culto, me contó que era dueño de una pequeña librería de libros antiguos, de donde presumía de tener un incunable y a partir de ese momento la conversación solo se enfocó en aquel libro que me parecía increíble que tuviera, tanto que a la media hora estaba nerviosa como una adolescente que espera su primer beso, esperaba delante de la puerta de su librería a que abriera solo para mí para observar aquella joya, un libro con grabados medievales, abierto por la mitad y metido en una campana de cristal con todo el cuidado y mimo del mundo.

    No me lo podía creer, me estaba dando unos guantes blancos muy finos para que me los pusiera y lo pudiera admirar mejor, era increíble, a pesar de los guantes, su tacto, su olor, estaba tan abstraída del mundo en esos momentos que en ningún momento me di cuenta de que mi admirador se cansó de admirarme y me abrazaba por detrás tocándome los pechos y acariciando mi cuerpo, estaba en otro mundo abstraída de todo y que solo hasta que sus manos no levantaron mi vestido y sus dedos se metieron por debajo de mis bragas y empezaron acariciar mi clítoris no me di cuenta de que me estaba metiendo mano y en ese momento en que noté sus dedos meterse en mi vagina provocándome un pequeño respingo con un jadeo ya más que evidente, no desperté de mi mundo, no llegué a ser consciente de lo excitada y caliente que estaba.

    A pesar de eso yo quería disimular y le hablaba del tesoro que tenía allí, de sus grabados, él insistía en sus caricias y ya no era un dedo sino dos los que metía y sacaba de mi vagina buscando un punto en el que mi cuerpo se retorciese como el de una culebra, con la otra mano masajeaba circularmente mi clítoris, ya mis gemidos más que evidentes y hacía rato que aquel libro había pasado a un segundo plano, estaba tan excitada que no pensaba racionalmente, solo pensaba en que siguiera metiéndome mano, en sentirle entrar y salir de mí y no precisamente con sus dedos, necesitaba algo más grande y duro y así se lo hice entender moviendo mi cadera, echando uno o dos pasos hacia atrás abriendo un poco mis piernas y apoyando mis manos en el borde de la mesa.

    No me acordaba de su nombre y ni falta que hacía, ahora solo necesitaba que me fuera metiendo su pene despacio y que sacara de mí los gemidos, los gritos, hacerme sentir y gozar con él, quería que me follara allí mismo rodeada de libros antiguos, enfrente de aquel incunable que me había enamorado, en eso estaban mis pensamientos cuando sentí su glande abrirse paso por mi vagina tremendamente mojada, me había apartado las bragas y empezaba a meterme la polla hasta el fondo, poco a poco su glande, su tronco iba desapareciendo en mi interior, había inclinado mi cabeza hacia abajo mirando al suelo con la melena cayendo por ambos lados de mi cara y con la boca abierta iba jadeando y gimiendo cuando la sentía entrar una y otra vez.

    Se había quitado el pantalón y su slip, con sus manos sobre mis pechos apretándolos cuando me embestía, cuando me penetraba con fuerza, disfrutando de mi coño mojado, su polla se deslizaba en mi interior provocando a ambos unas sensaciones de placer maravillosas, sentía como él estaba hiperexcitado y al cabo de un rato me la empezó a meter con rapidez y se empezó a correrse dentro de mi vagina, la verdad que era algo que no tenía previsto, me había llenado con su semen mi interior.

    Me di la vuelta para besarlo y abrazarlo, para agacharme y lamerle la polla limpiándosela de la leche sobrante, me había quedado a medias y quería más, necesitaba que aquella polla volviera a la vida y me volviera a follar, en el medio de la tienda había un diván enorme sin respaldo, y cogiéndole de la polla como si fuera una correa me lo lleve hasta allí, sentándome y metiéndome la polla en la boca chupándola una y otra vez, sentía que poco a poco se iba recuperando en mi boca, mi lengua pasaba por todo su contorno, besando y metiendo solo su blande en mis labios, ya estaba dura, ya estaba una vez más dispuesta a penetrar en mi interior y librar una dura batalla con mi sexo, roces, fricciones, caricias en la más absoluta oscuridad e intimidad, su polla tenía el permiso de eso y mucho más si él quisiera dentro de mi vagina, en todo mi cuerpo.

    Sacándomela de la boca y quitándome el vestido por la cabeza, los dos nos mirábamos en silencio, él con deseo de metérmela y yo mordiéndome lascivamente mi labio inferior deseando que lo hiciera, quitándome el sujetador despacio y más tarde mis bragas que se habían mojado con su semen, allí en aquel diván me tumbé esperándole, abriéndome de piernas para él, solo las zapatillas blancas quedaron en mi cuerpo, cuando se tumbó encima de mí, metiéndose entre mis piernas y metiendo su polla en mi vagina.

    Una vez más la sentía desplazarse arriba y abajo, metiéndose ahora si más profundamente en mi interior que antes, sintiéndola más grande y dura haciéndome gemir desde el primer empujón, desde la primera vez que entro suave y sin resistencia hasta el fondo de mi vagina que se iba dilatando más y más a su paso, los gritos de placer no tardaron en aparecer, parecía una gata en celo, sentía como me partía en dos con su espada, mis piernas cayeron a ambos lados del diván abriéndome más de piernas, mis brazos le rodeaban todo el cuerpo arañándole la espalda cada vez que mi vientre temblaba de placer, me estaba follando y estaba gozando igual que en mi sueño, mi vagina se llenaba de mis flujos, apretaba con mis músculos su polla para que la fricción fuera mayor, para que mis gritos despertaran la envidia de todas aquellas historias que nos observaban en silencio.

    Empezaba a sentir un orgasmo, empezaba a gritar su nombre como una gata en celo, su polla se metía y salía de mi coño cada vez con más fuerza, cada vez con más rapidez, mi vientre empezó a temblar, a arder, unas quemazones que se extendieron por todo el cuerpo hasta el punto de que empecé a correrme de una forma como nunca me había corrido, un orgasmo que hizo que lanzara pequeños chorros de flujo cuando me la sacó, terminaba de temblar y me volvía a follar y así varias veces hasta que dejó su polla quieta en mi interior, apretando con su pelvis y metiéndomela más y más hasta que él también explotó, con violencia sentía su semen golpearme, los dos gritábamos de placer cuando se empezó a mover, a meterla y sacarla otra vez, su semen se unía a mi flujo dentro de mi vagina, su polla se hundía en ella hasta dejarla allí dentro quieta mientras me besaba.

    Estaba tremendamente sudada, empapada de flujo y semen, el olor a sexo era intenso en aquella pequeña tienda, había follado primero con aquel que se aliviaba mirándome desde el acantilado mientras me bañaba desnuda y segundo con aquel que lanzó la caña y me pescó para enseñarme un incunable y poder follarme, las dos personas eran la misma sí, pero la primera se corrió sin pena ni gloria, aunque para ser justa me encantó, pero la segunda lo que hizo, lo que me hizo sentir nunca lo había experimentado, había tenido más orgasmos, pero nunca como ese, prueba de ello era su espalda arañada con mis uñas, pero el tercero… como sería el tercero.

    El tercer polvo, el cuarto y todos los que viniesen después estaban todavía por saber y en breves momentos se abriría el telón, en breves momentos sabría ya el veredicto, me había vestido con rapidez, solo el vestido sin bragas ni sujetador, estábamos subiendo a su casa por una escalera de caracol, sentía su semen y mi flujo caer por el interior de mis muslos, una vez arriba abrí la puerta para seguir disfrutando de nuestros cuerpos, seguía con la necesidad de aquel hombre que me espió, aquel que no se atrevió a bajar, aquel que no estaba invitado en un principio a que me follara, me la metiera haciéndome gritar, aquel que se valió de un incunable para abrirme de piernas.

    Y como en aquella cala todo es una ilusión, un sueño, una fantasía erótica ¿o no?, puede que haya fantasía y parte de realidad en estas líneas, de lo que estoy segura es de que mis piernas se abrirán para aquel que me enseñe y me deje admirar un incunable.

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  • Incesto entre un cura y su madre

    Incesto entre un cura y su madre

    Martina con los ojos cerrados se enjabonó las tetas,  más que enjabonarlas las magreó bien magreadas,  enjabonó el coño, más que enjabonarlo lo frotó cómo si lo estuviera masturbando, se dio la vuelta y se enjabonó el culo, más que enjabonarlo, masajeó su periné y su ojete para luego enjabonar las nalgas. Se volvió a dar la vuelta, apretó la yema de dos dedos contra los pezones de sus grandes tetas con areolas marrones e hizo círculos sobre ellos. Tenía la cortina de la ducha abierta. Sabía que su hijo la estaba mirando. Hacía un mes que la espiaba, el mismo tiempo que hacía que volviera del seminario convertido en cura. Estaba esperando destino y mientras tanto se mataba a pajas espiando a su madre en la ducha, en la habitación, follando con su padre… Ella lo sabía y se exhibía. Se masturbaba para él. Nunca pensó que se excitaría al ver cómo la espiaba, pero al hacerlo la primera vez que lo vio asomando la cabeza mientras la follaba su marido, se vició, necesitaba que la vieras, que sintiera sus gemidos cuando se corría.

    Dos dedos enjabonados de la mano izquierda de Martina se habían metido en su coño y cuando los sacó estaban llenos con los jugos de una espectacular corrida. Álvaro con la cabeza de su miembro viril envuelta en un pañuelo para no manchar el suelo se había corrido escuchando los gemidos de su madre al alcanzar el clímax.

    Algo más tarde estaban sentados a la mesa de la cocina hablando cómo si nada hubiese ocurrido.

    -¿Ya sabes algo de tu destino, hijo?

    -Aún no, pero no tardaré en saberlo.

    -Bendice la mesa.

    Álvaro bendijo la mesa y comenzaron a cenar.

    Martina ya no aguantó más las ganas de follar con su hijo, así que fue a por él:

    -Tengo una amiga que es una pecadora

    -¿Necesita confesión?

    -No, necesitaba a alguien que la escuchara, la escuché y no supe qué decirle.

    -¿Es muy grave lo que le ocurre?

    -Juzga tú mismo. Desea a su hijo. Se masturba para él. Sabe que su hijo se masturba viéndola, y no sabe si dar un paso adelante o seguir así.

    Álvaro supo que llegara el momento que tantos años llevaba esperando.

    -El incesto es un pecado muy grave, aunque sea de pensamiento, así que no se agravaría siendo también de obra.

    -¿Entonces le digo que dé un paso adelante?

    -El pecado ya ha sido cometido.

    Damián, el marido de Martina, era médico y esa noche estaba de guardia, y Martina, que era una mujer de 48 años, estatura mediana, de ojos marones, cabello marrón y corto, buenas tetas y buen culo, vistiendo una bata azul y descalza entró en la habitación de su hijo. Lo encontró sentado a una pequeña mesa leyendo una revista religiosa, y le dijo:

    -Vengo a pecar contigo, hijo.

    Álvaro giró la cabeza y vio cómo su madre se abría la bata, la dejaba caer al piso de la habitación y le mostraba todos sus encantos. Se levantó. La sotana y su delgadez hacían que pareciese más largo que un día de mayo. Se acercó a su madre, la cogió por la cintura, la morreó, y después le dijo:

    -El pecado es usted, madre, es un pecado de mujer.

    Martina se arrodilló delante de su hijo, le levantó la sotana y cómo no llevaba nada debajo se encontró con la verga.

    -¡Qué barbaridad!

    Era, era una barbaridad, tenía una verga que entraría justa en el tubo de un papel de wáter, y medía unos diecisiete centímetros, su capullo era puntiagudo y después iba haciéndose más y más gruesa hasta llegar a unos cojones cómo pelotas de golf. Marina rodeó con su mano izquierda el capullo y con la derecha el cuerpo del delito y lo masturbó mientras Álvaro se quitaba la sotana, después metió el capullo en la boca y lo mamó… Luego se la mamó metiendo toda la que le cabía en la boca… Le lamió y chupó los huevos, lamió desde la base al capullo. Le hizo una mamada en toda regla. Se veía que la beata, antes de beata fuera puta, o nunca dejara de ser puta, eso solo lo sabía ella. Cuando se puso en pie y volvió a besar a su hijo sus gordos pezones ya rayaban diamantes de lo duros que estaban. Álvaro lo supo cuando echó a su madre sobre su cama y posó la lengua sobre uno de ellos. Hizo lo que le gustaba, aplastarlo con la lengua y hacer círculos sobre él y sobre las areolas y añadió la mamada. Martina echó la mano al coño y comenzó a masturbarlo, Álvaro le pegó en la mano con la suya, se la quitó del coño, y le dijo:

    -Eso no se hace, madre.

    Martina se resignó.

    -No, hijo.

    Álvaro antes de cura fuera gaitero, ya que después de comer las tetas con maestría su lengua hizo estragos en el coño de su madre desde el primer segundo, ya que en el primer segundo metió todo el coño en la boca, pelos incluidos, y le metió la lengua dentro de una estocada cómo si se tratase de una polla, después lo lamió y succionó el clítoris, al succionarlo salió el glande de él y al lamerlo, Martina le dijo:

    -Si sigues me corro, hijo.

    -¿Quiere que siga o no, madre?

    La respuesta de Martina fue coger la cabeza de su hijo y devolver la boca al lugar que estaba. Unas lamidas después le decía:

    -¡Me corro!

    Martina tembló, se retorció y levantó la pelvis hasta el infinito, pero su hijo no dejó de lamer el clítoris hasta que acabó de correrse.

    Al acabar Martina resoplaba y se daba aire con las dos manos. Álvaro mirándola, le preguntó:

    -¿Disfrutó, madre?

    -Disfruté, hijo. Deja que descanse y haré que disfrute tú.

    Álvaro, que le gustaba beber más que follar, se levantó de la cama, abrió un cajón de la cómoda y debajo de la ropa sacó una botella de Terry centenario al que le había quitado el dosificador, y a morro le echó un trago largo. Le preguntó:

    -¿Quiere, madre?

    Martina no daba crédito a lo que estaba viendo. Su hijo parecía un alcohólico y siempre echara pestes sobre el alcohol.

    -¡¿Cuándo empezaste a beber?!

    -En el seminario.

    -¿Y dejas un polvo a medias para beber?

    -Tú necesitabas descansar y yo necesitaba echar un trago. Es lo que hacía en el seminario.

    -¿Eso hacíais para divertiros?

    Echó otro trago.

    -Para divertirnos hacíamos otras cosas.

    Martina sumó uno más uno y le salió polla y culo.

    -¡No! Allí solo había hombres

    -Sí, madre, allí solo había hombres, sexo duro y alcohol. ¿Quiere el trago o no lo quiere?

    -Sí, ahora lo necesito.

    Martina se sentó en la cama y echó un generoso trago de brandy.

    -Nunca lo podría imaginar. Has estado en un nido de maricones.

    Álvaro puso la botella en el piso, y le dijo:

    -Si, madre, salí de una casa de putas y me metí en otro antro de vicio.

    -¿Qué casa de putas?

    -¿Cuál va a ser, madre? La vi dándole al vicio con el jardinero, con su mujer… ¿Quiere que siga?

    -¿Para qué? Fui puta en casa y una señora fuera, pero…

    No la dejó acabar.

    -¿Y yo matándome a pajas?

    -¡¿Ya de aquella?!

    -Ya de aquella, madre, ya de aquella.

    -Pues ahora puedes resarcirte, hijo.

    A Álvaro se le había puesto flácida la verga. Al meterse entre las piernas de su madre, Martina se la cogió y comenzó a jugar con ella… La frotó en su coño mojado, golpeó su clítoris con ella, puso su meato en el glande del clítoris y los frotó… Estuvo así hasta que se la puso dura. Álvaro jugaba con sus tetas. Cachonda de nuevo le preguntó:

    -¿Me dejas que te monte, hijo?

    -¿Es que papá no te deja?

    -No sé, hijo, nunca se lo pregunté. Me cree tan decente..

    -Entiendo. Monte, madre, monte.

    Martina montó a su hijo, cogió la verga. La cabeza le entró apretada. Meter toda dentro de su coño iba a ser tarea casi imposible. Lo folló despacito y metiéndola hasta la mitad. Echándose sobre él para besarlo, le dijo:

    -Es mucha verga para tan poco coño, hijo.

    -Acabará entrando toda, madre, ya lo verá.

    Después de darle las tetas a mamar, de darle su cuello a besar, sus orejas, después dárselo todo, le iba a dar una corrida brutal. Se echó sobre él, y le susurró al oído:

    -Fóllame.

    La folló metiendo la mitad de la verga, tal y como lo estaba follando ella a él… Cogiendo su culo metió y sacó cada vez más aprisa, hasta que le Martina dijo:

    -¡Me corro!

    Al correrse su coño se abría y se cerraba. Cada vez que se abría se la metió un poco más. Cuando acabó de correrse tenía toda la verga dentro. Le dio la vuelta y le dio a mazo. La folló a romper… Al rato ya era Martina la que le cogía el culo a su hijo y tiraba hacia ella para que la verga entrase hasta el fondo de su coño. En una de estas que estaba en el fondo, la verga descargo tanta leche que a Marina le pareció la corrida de un toro. Movió su culo alrededor y cuando su hijo estaba acabando de correrse, se corrió ella. Se corrió cómo una fiera, estremeciéndose, arañando la espalda de su hijo y mordiéndole en un labio. En su vida se había corrido con tanta intensidad.

    Al acabar viendo sangrar a Álvaro por el labio, le preguntó:

    -¿Te hice yo eso, hijo?

    Era obvio que sí, por eso Álvaro le respondió:

    -¡Qué polvazo tiene, madre, que polvazo tiene!

    Martina lamió la sangre de su hijo, lo besó y después le preguntó:

    -¿Quieres seguir?

    -Sí. ¿Ya se la metieron en el culo, madre?

    -No, hijo, aún no.

    Era demasiada polla para tan poco culo, pero también parecía que lo era para el coño.

    Quique

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  • La hija cohibida y el padre cornudo

    La hija cohibida y el padre cornudo

    Era una familia de clase media alta muy peculiar, Basilio, el patriarca, era viudo y putero, pero putero de ir a la casa de putas y pagar por follar, su hijo Simón era un cornudo, pero cornudo de pillar a su mujer follando en la cama de matrimonio con el vecino, o sea, que Josefa era una puta consentida. Estos dos elementos tenían dos hijos, Eusebio y Antonio, el primero era maricón y el segundo cura, un cura que se follaba a todo lo que se movía, y tres hijas, Margarita, que era tan puta cómo la madre, Enriqueta, que era monja y lesbiana y Estrella que era una chica cohibida. Tanto ellas como ellos eran morenos, de estatura mediana y delgados, menos Estrella, que es en la que me voy a centrar.

    Estrella era pelirroja, tenía ojos azules, era chaparrita, rellena y tenía grandes tetas que se marcaban en las camisas a cuadros que llevaba, un gordo trasero que se marcaba en sus vaqueros, vaqueros que también marcabas su gran pelvis.

    Estrella se había criado con sus abuelos, porque el cornudo decía que no era hija suya.

    El día que se murió su abuela regresó a casa. Despidieron a la criada que tenían y pasó ella a ser la criada de su madre, de su padre de su hermano y de hermana. Fregaba, barría planchaba… Era cómo la Cenicienta del cuento pero a lo bestia.

    El cornudo era quien peor la trataba. No le hablaba, le rugía cómo un león, y ella, que era cohibida, bajaba la cabeza y hacía lo que le mandaban.

    Estrella pasado un tiempo se fue contagiando de aquel ambiente viciado. Veía cómo la miraban con lascivia sus hermanos y su padre y no le molestaba, al contrario, le agradaba ser deseada.

    Un día que estaban solos ella y su padre se puso a lavar la loza y rompió un plato. El cornudo fue a la cocina, la cogió por la cintura, se sentó en una silla, la puso sobre sus rodillas, y antes de darle con la palma ahuecada en las nalgas, le dijo:

    -¡No vales para nada, engendro!

    Le dio.

    -¡Plas, plas, plas!

    Estrella con voz lastimera le dijo:

    -Es el primero que rompo.

    -¡Y el último, hija de puta!

    -¡Plas, plas, plas!

    Estrella salió de su cascarón cómo si fuera una pollita cabreada.

    -¡¿Disfrutas, cabrón?!

    Al cornudo lo cogió desprevenido.

    -¡¿Qué me has llamado?!

    -Cabrón. ¿Por qué me tratas cómo a un perra callejera?

    -Eres el fruto del pecado.

    Le volvió a dar.

    -¿Y por qué te mueres por follar con ese fruto?

    El cornudo comenzó a balbucear

    -Yo, yo…

    -Tú eres un cabrón.

    Dejó sus rodillas, y al estar en pie se bajó los pantalones. El cornudo vio el bosque pelirrojo que rodeaba su coño y la polla se le puso dura, y más dura se le iba a poner cuando se volvió a echar sobre sus rodillas, y le dijo:

    -Dame, cabrón.

    El cornudo vio aquel culo gordo y blanco y la polla se le puso a bailar la muiñeira dentro de los calzoncillos. Le largó:

    -¡¡Plas, plas, plas!!

    -Tengo el coño encharcado. Dame más fuerte.

    -¡¡Plas!

    Estrella con el coño tan colorado cómo la cara de su padre se puso en pie, le cogió la cabeza, le llevó la boca al coño, y le dijo:

    -¿Quieres que me corra en tu boca?

    -Sí.

    -Lame.

    El cornudo lamió y la lengua le quedó pringada de jugos parecidos al aceite y con sabor a fresas salvajes. Estrella lo cogió por las orejas y frotó su coño contra su lengua. Pasado un tiempo el cornudo le acarició el ojete con la yema del dedo medio de su mano derecha. Estrella abrió las piernas, y le dijo:

    -¿La quieres, cabrón?

    -Sí.

    -¡¿La quieres?!

    -Sí.

    Movió la pelvis a toda mecha de abajo arriba y de arriba a abajo. El cornudo le metió el dedo dentro del culo, y Estrella exclamó:

    -¡¡Toma!!

    Estrella se corrió echando un chorro de jugos, para luego soltar una catarata de babas que al cornudo le bajaron por la barbilla al no dar abasto a lamer y a tragar.

    Al acabar de correrse se sentó sobre su polla, polla que entró justa por la vagina engrasada. El cornudo le rompió la camisa y los botones saltaron por el aire. Le levantó las copas del sostén y unas tetas grandes, medio duras, con areolas rosadas y pezones grandiosos aparecieron ante él. Mamó cómo si no hubiera mañana. Luego Estrella puso los brazos alrededor del cuello de su padre y comenzó a follarlo. Al rato ya lo tenía frito, cocido, asado, ya lo tenía cocinado, tan hecho estaba, que le dijo:

    -¡Me voy a correr!

    -¿Pero tú cuanto tiempo llevas sin follar?

    -Tanto que ya ni me acuerdo cuando fue la última vez

    -¿Quieres correrte dentro de mi culo?

    -Sí.

    Se quitó de encima, se dio la vuelta y le puso el culo en la boca. El cornudo lamió su culo y cómo si fuera un adolescente con eyaculación precoz comenzó a correrse. La leche bajó por su polla y puso perdido su pantalón. Estrella sintió cómo se estremecía, miró y vio la leche bajando por la polla, se volvió a girar, metió la polla en la boca y aprovechó la última que salió. Al acabar, con algo de leche en los labios, besó a su padre con lengua, y después le dijo:

    -Esas cosas se avisan. No la vuelvas a desperdiciar.

    Se quitó la camisa y el sostén y le volvió a poner el culo en la boca. El cornudo se lo lamió mientras le magreaba las tetas. Luego se levantó, se arrodilló en el suelo, le lamió el coño, se echó boca arriba sobre las baldosas y le dijo:

    -Fóllame otra vez.

    Estrella subió encima de su padre, cogió la polla, la frotó en el coño y después metió el capullo en el ojete y le preguntó:

    -¿Te gusta?

    -Sí.

    Empujó con el culo, la metió hasta la mitad y le volvió a preguntar:

    -¿Te gusta?

    -Sí.

    La metió hasta el fondo, luego le dio las tetas a acariciar y mamar mientras follaba su culo… Le preguntó por tercera vez:

    -¿Te gusta?

    -Sí.

    -Pues a mí, no.

    Sacó la polla del culo, la metió en el coño, le volvió a poner las tetas a su disposición y lo folló a su aire, despacio, aprisa, pausado, normal… El cornudo no aguantaba nada, debía ser por el tiempo que llevaba sin follar, o por el polvazo que tenía su hija.

    -Me voy a correr otra vez.

    -¿Quieres correrte dentro de mí?

    -Podría dejarte preñada.

    -Y yo me alegraría

    -¿Tienes algo en mente?

    -Sí, tú y yo podríamos empezar una nueva vida, sin los buitres que te rodean. ¿Qué te parece?

    -Una gran idea, estoy hasta los cojones de… ¡Me corro!

    -Llena el coño de tu putita, papá, llena.

    Quique.

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