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  • ¡Me corro contigo, papá!

    ¡Me corro contigo, papá!

    A ver cómo lo cuento, pues empezando por el principio. Un domingo por la tarde estábamos mi amigo Federico y yo en el monte debajo de un pino huyendo de las putas restricciones, sin mascarilla ni hostias. Federico fumaba sus ducados y yo, a morro, le ayudaba a vaciar la botella de Coca Cola que había rellenado con vino blanco de su bodega. Me dijo:

    -… Lo que te voy a contar que no salga de aquí.

    En broma, le dije yo:

    -¿Mataste a alguien?

    -Casi me matan a mí. ¡A polvos!

    Federico hacía más de cinco años que quedara viudo, así que pensé que me la estaba metiendo doblada. Fui a por él.

    -¿La hermana de la zurda, la hermana de la derecha o las dos?

    -Mi hija.

    Esas dos palabras me dejaron anonadado.

    -¡¿Carmen?!

    -¿Tengo otra hija?

    -¡¿Te la follaste?!

    -M folló ella a mí.

    Aquella historia me interesaba, ya que alguna paja me hiciera pensando en la hija de mi amigo.

    Carmen tenía 32 años y estaba separada de su marido, era morena, de estatura mediana, tetuda y nalgona, sus ojos eran marrones, su boca pequeñita… estaba para coger pan y hacer sopas. Le dije:

    -Cuenta, cuenta, cuenta.

    -Te cuento. Ayer a la tarde fui a su habitación para decirle que quedara sin tabaco y la encontré sentada frente al ordenador. Iba a mirar una película. Al salir el título: “Tarzán”, me animé y me acerqué, pero cuando vi el nombre del protagonista, reculé.

    -Fijo que no era Jhonny Wessmüller.

    -No, era Rocco Siffredi.

    El nombre del actor me sorprendió.

    -¡Coñooo! El rompe culos

    -El mismo. No sé cómo, pero mi hija me había oído llegar. Me preguntó:

    -¿Quieres mirar conmigo una película de Tarzán, papá?

    -Qué película ni que hostias, esa es la versión porno de Tarzán.

    Se dio la vuelta en la silla giratoria y vi que estaba vestida.

    -“Película es. ¿Tienes miedo a mirar una película porno con tu hija? ¿Qué podría pasar? Lo máximo sería que nos hiciéramos una paja juntos!”

    -¿Eso te dijo? Si parece una mosquita muerta.

    -Parece, pero es una leona en celo.

    -Ya no será para tanto.

    -Lo es, lo es.

    -¿Y tú que le contestaste?

    -¡Menuda pieza saliste! Cuando acabes de mirar esa cosa vete a buscar tabaco que quedé sin él.

    -“Cagado -dijo-. Eres un cagado. Si con la que está cayendo a lo peor el mes que viene ya estamos los dos muertos.”

    -Tenía razón, pero enrollarse con una hija no lo veía ni un poco bien, por eso le dije: Puede que sí, pero moriré con la conciencia tranquila.

    -“Y los huevos llenos de leche.”

    -Tenía razón de nuevo, pero me fui para la sala y me puse a mirar la película que daban en la Paramount. Mirándola la sentí decir: “¡Dame, dame, dámela en la boca, dame, fóllame duro…”, y muchas cosas más, algunas obscenas, muy obscenas. Dos veces sentí cómo se corría mi hija, pues lo anunciaba por todo lo alto. Me estaba provocando. El primer día que viene a vivir conmigo y la que montó.

    -¿Cuándo entregaste la cuchara?

    -Cuándo la polla me pidió coño a gritos, en ese momento eché el alma a la espalda y volví a su habitación. En la pantalla del ordenador vi cómo Rocco le estaba rompiendo el culo a una joven y a mi hija decir:

    -“¡Dame, dame, rómpeme el culo!”

    -Saqué la polla, bordeé la silla y la vi totalmente desnuda con la mano derecha en el coño y la izquierda acariciando sus gordas tetas. Le puse la polla en los labios. Fue cómo si mi hija viera el manjar más rico de la tierra. Abrió la boca y me la mamó sin manos, en realidad no me la mamó, me la devoró. Al rato, al sentir que me iba a correr, sacó la polla de la boca y me dijo:

    -“Siéntate en la silla.”

    -Me senté en la silla giratoria y ella se sentó sobre mi polla. La miré. Era un cuadro de su madre. Me besó con lengua y me folló a todo trapo. Al sentir que me corría dentro de ella echó la cabeza hacia atrás y dijo:

    -“¡Me corro contigo, papá!”

    -¡Como temblaba, cómo se estremecía, cómo se corría la muy puta, y digo puta porque al acabar de correrse, se levantó y me puso el coño en la boca, y con voz autoritaria, me dijo:

    -¡Cómeme el coño!

    -Lamí el coño con todo lo que estaba saliendo. No porque quisiera, que yo le iba a lamer el clítoris, fue porque ella cogió mi cabeza con las dos manos y la apretó contra su almeja babosa. Tuve que lamer y tragar mi leche y su corrida. Mi hija se frotó con mi lengua y no me soltó la cabeza hasta que se volvió a correr en mi boca.

    Su historia me había puesto cachondo y se lo dije:

    -Me acabas de empalmar, carallo.

    -Empalmar me iba a empalmar ella a mí. Supongo que a ti también te cuesta que se te levante después de correrte y a veces ni se te vueve a levantar y tu mujer te manda a tomar por culo.

    -Supones bien

    -Pues a mi hija le importó una mierda que mi polla estuviese arrugada, que estuviese casi cómo una tripa después de correrme. La viciosa se arrodilló delante de mí, y mamó y meneó, mamó y meneó…, hasta que la volvió a poner dura. Cuando lo consiguió, se levantó, me puso el culo en la boca, y me dijo:

    -“Cómeme el culo, papá.”

    -Magreándole las tetas le mordí las nalgas y le lamí y le follé el ojete con la lengua hasta que volvió a sentarse sobre la polla y la clavó en su coño peludo. Luego la sacó, la frotó en el ojete y bajando su culo la clavó hasta el fondo. Me folló subiendo y bajando el culo y mirando cómo Tarzán se la clavaba en el culo a una joven mientras otra que estaba debajo de ella le comía el coño, Gemía y decía:

    -Dame, Roco, dame duro…

    -Yo viendo cómo mi polla entraba y salía del culo de mi hija me fui poniendo enfermo. No quería correrme dentro del culo de mi hija por si me lo volvía poner en la boca, pero cuando se corrió no lo pude evitar y me corrí yo también. Mis sospechas se confirmaron. Al acabar de correrse me puso en culo en la boca, pero esta vez me zafé, ya que mi leche la desparramó en la cara, de lo que no me zafé, y lo agradecí, es de que volviera a poner el coño en mi boca y me lo diera a comer hasta que se corrió de nuevo, gritando:

    -“¡¡Sííí, siii, siii…!!”

    -Lo malo vino después. Yo ya no podía más y ella se empeñaba en menear y mamar, en menear y mamar… Esta vez solo la puso a media asta, pero fue igual, la metió en el coño, me folló y me acabé corriendo de nuevo cuando se corrió ella.

    -“¡¡Me matas, papá, me matas!”

    -La cabrona me estaba matando a mí y decía que la mataba yo a ella.

    A mí se me pusieran los dientes largos y la polla seguía dura cuando le dije:

    -Te quejas de vicio.

    -¡Y una mierda! Muerto, acabé medio muerto. Miedo tengo de volver a casa, ya que cuando regrese de trabajar del supermercado me va a rematar, carallo, me va a rematar.

    -Si te puedo ayudar en algo, aquí estamos.

    -¿No le tienes miedo a la muerte?

    Eché un trago largo de vino, limpié la boca con el dorso de mi mano, enrosqué la tapa de la botella, y le dije:

    -De algo hay que morir.

    Es obvio que no me mató, ya que estoy escribiendo esto. En fin, yo no la vi cómo su padre, no era guarra, era lo siguiente. ¡Si yo os contara lo que me hizo…!

    Quique.

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  • Crónicas de Luján, la enfermera

    Crónicas de Luján, la enfermera

    Me considero una mujer de bajo perfil 1.70 de altura, de tez blanca, mi color de pelo es negro y suelo llevarlo a veces alisado y otras con bucles según mis constantes cambios de ánimo. Soy una capricorniana de carácter y si me caes mal de entrada puedo ser tu peor enemiga. Me caracterizan mis ojos muy expresivos (un hombre muy mentiroso una vez me dijo que si te miro a los ojos te destruyo… ¿vendría a ser algo así como Medusa? Jaja) y algunos me dicen que los enamoro con mi tono de voz. ¿Será cierto?

    Me encanta mantenerme en forma activa y hacer mucha gimnasia, me atrevo a decir que soy un tanto obsesiva con el cuidado físico. De profesión enfermera aunque ya no ejerzo pues actualmente soy personal trainer y es lo que más amo hacer en el mundo entero.

    Hace poco me casé porque el amor golpeó a mi puerta ya entrada en las cuatro décadas ya más adelante se los contaré en detalles.

    Y a propósito de ser una loca por la gimnasia y el cuidado del cuerpo quiero darme a conocer un poco más remontándome a mi adolescencia en donde desarrollé una parte de mi cuerpo en especial, mi arma de destrucción masiva y lo que más les gusta a mi platea masculina, estoy hablando de mi cola.

    Y si… Me da un poco de vergüenza admitirlo pero esa parte de mi cuerpo desentona con mi carita finita y mi delgadez, tal vez no tenga un gramo de panza y Dios no me tuvo en cuenta en el reparto de senos porque me dio unos pequeños, pero tengo la dicha (o la desdicha) de tener un metabolismo algo extraño, ya que todo lo que engordo va a parar a mis nalgas, cosa que desde que tengo uso de razón cada vez que me miraba al espejo me hacía sentir un poco acomplejada. Todos me conocen como Luján “la culona” o “La profe Sex”, como me dicen mis alumnas y un novio que supe tener me puso de apodo “La Channel Preston argentina” según él por mi parecido a una pornostar norteamericana.

    Y eso tuvo su inicio en mi adolescencia, soy hija única y con unos padres que me inculcaron la cultura del deporte tanto es así que me anotaron en un club de hockey, iba a danza y sumado a esto formaba parte del seleccionado de baloncesto del colegio… Y como broche de oro mamá cocinaba como para un ejército y eureka: Luján desarrolló un culo de otro planeta.

    Y ya era el centro de las miradas, sobre todo de alumnos de divisiones mayores a la mía y reconozco que me sentía halagada por esos varones más grandes en edad, llenos de vigor y personalidad ya que mis compañeros estaban en la edad de la idiotez, uno más inmaduro que el otro.

    Y a pesar de mi cuerpo algo exuberante para mi edad siempre fui una tonta y sumisa a la que mis padres no me dejaban tener novio. Mis amigas no podían entender lo mojigata que era teniendo semejante cuerpo pero yo nada podía hacer, era algo impuesto.

    Al alcanzar la mayoría de edad tuve mi primera vez con el chico que tanto me gustaba. Lucas, esa personita que idealicé y no me equivoqué al elegirlo.

    Lucas mi primer novio me traía como loca. Me llevaba un par de años y era el hermano mayor de una amiga. Nos gustamos desde antes pero cada vez que se acercaba a mí mi padre castrador le ponía un freno. Y él prometió esperarme y así lo hizo y por su paciencia lo compensé entregando mi cuerpo por primera vez.

    Llegamos a su casa y solo éramos él y yo, no alcanzamos a subir a su habitación ya que las ganas de ambos hicieron que apenas cerramos la puerta nos quedamos ahí en el living y Lucas más experimentado que yo con suma maestría me sacó la ropa dejándome solo la bombacha puesta, una vedetina con puntillas color rosa, me acuerdo de eso como si fuera ayer jaja.

    Lucas me puso en cuatro sobre el sofá y se centró en mi culo, se masturbo un rato viéndome sin ropa hasta que de a poco me hizo entrar toda esa carne erecta que colgaba entre sus piernas en mi virgen vagina. Mi novio me dio una primera vez hermosa aún mejor de como me la había imaginado.

    Pasaron los días y obviamente eso que mi novio me hizo por primera vez me gustó y mucho, Lucas me tenía muy enamorada y con las hormonas a full y las encamadas se hicieron algo cotidiano.

    Me enseñó a hacerle sexo oral y yo siendo su aprendiz me llevaba un diez felicitado. Y no pasó mucho tiempo para que Lucas me pidiera que le entregara la cola. Y a pesar de todo yo en el fondo seguía siendo algo tímida y no me animaba ya que él venía algo dotado por así describirlo y me daba un poco de miedo que me meta esa pija larga y gruesa por atrás, puesto que mi culo era lo último en estado puro y virgen que quedaba en mí.

    Y me convenció, busqué información acerca del sexo anal y me interioricé en el tema, me higienicé previamente y estrené por primera vez una tanga muy pequeñita que me había comprado para tal ocasión.

    Fuimos a un hotel alojamiento, no dábamos más del deseo de estar juntos y así fue. Y como era costumbre Lucas me cogía cada vez más rico, y tal vez por un fetiche propio de él me desnudó toda pero me dejó con la bombachita puesta y me cogió intensamente haciéndola a un lado. Se puso como loco al verme en tanga y como anécdota de esta anécdota hasta creo que eso le dio poderes sexuales jaja. Y yo agradecida porque mi amorcito me hacía sentir muy mujer y me dejaba por demás satisfecha.

    Y estando yo boca abajo muy entusiasmada con él sobre mi cuerpo sentí que me la sacó y su glande empezó a jugar en mi agujero menor buscando entrar. En fin, era a lo que vinimos y había llegado el momento.

    Un tanto me asusté, pero en el fondo necesitaba dar ese primer paso. Era hacerlo con la persona que amaba así que decidí dejarlo. Lucas venía muy experimentado y con la presión justa se fue abriendo camino en mi esfínter.

    Lo sentí adentrarse y lo hacía con un ritmo parejo, llevó mis manos a mi húmeda entrepierna e hizo que me masturbe al ritmo de sus embestidas, y a pesar de que me sentía rara por tenerlo a Lucas metido entre mis nalgas la presión que ejercía era la justa y me hacía poner los ojos en blanco. Yo estaba en posición de perrito en cuatro patas, nos encantaba hacerlo en esa pose y como tanto me lo prometió me hizo la cola respetando mis tiempos pero a su vez estaba cumpliendo su sueño de ser el primero en conquistar esa tierra prometida.

    Hasta que no pudo contenerse, se quedó inmóvil y acabó dentro de mí. Y si bien no era lo que habíamos planeado previamente Lucas no pudo evitarlo y no tuvo tiempo a sacarla y confieso que deseé sentir su leche en mí. Quedamos abotonados un rato y cuando esa tensión se disipó no hicimos otra cosa que reír. Pasé mi primera vez por atrás y me gustó mucho, Luquitas fue mi maestro y yo me sentía muy feliz a su lado.

    Tras esa primera vez por atrás vinieron muchos revolcones más, y la tímida Luján ya era una experta en entregar concha culo y boca a su amor. Lucas era el centro de mi universo.

    Pero las cosas buenas llegan a su fin. Él debió dejarme pues se mudaba a la capital, me rompió en mil pedazos esa separación pero tuve que asimilar que todo era parte de la vida y hasta hoy en día nunca lo pude superar, sin dudas fue mi gran amor.

    Después de que Lucas me dejó nada me gustaba, dejé de practicar deportes y engordé un tanto. Y yo también me mudé a la capital para seguir la carrera de enfermería. Allí estudiando me puse de novia con Miguel, un compañero con quien me llevaba de maravillas pero tenía un pequeño problema: la eyaculación precoz.

    Y otra vez me surgieron complejos con mi culo. Miguel no me podía coger en cuatro porque acababa al segundo. Buscamos hacerlo en posiciones distintas, ambientar nuestra habitación, darle un toque especial pero nada, todo seguía igual. Yo por mi parte vivía estrenando lencería, o usaba unos jeans unos talles menos para que se excite conmigo pero esto último hacía un efecto adverso, me veía así con los denims más que ajustados y no lograba a desnudarse y ya tenía una aureola húmeda en sus pantalones.

    Nos amábamos mucho pero por ese pequeño inconveniente la insatisfecha era yo, la pobre Luján se quedaba con las ganas entonces con sutileza decidí dar punto final a esa accidentada relación. Pasó el tiempo y logré recibirme. Y gracias a mis atributos conseguí trabajo en un nosocomio importante.

    Tuve un affair con un médico que se obsesionó con mi cuerpo y si bien era una relación clandestina ya que él era casado me dio unos polvos increíbles y teníamos muy buena química en la cama. Siempre con la promesa de que se iba a divorciar para que estemos juntos pero eso nunca pasó.

    Hasta que llegó a mi vida Pablo, un camillero que me supo seducir con suma paciencia y no paró hasta llevarme a la cama y hacerme suya. Y si bien era algo violento a la hora del sexo los mejores orgasmos los tuve con él. Tanto que a la tercera encamada lo llevé a vivir conmigo a mi departamento. Me calenté tremendamente con ese chico (y digo chico porque yo era 7 años mayor que él) que me hacía de todo. Éramos dos seres netamente sexuales, vivía con el pene erecto y yo no podía decirle que no, me cogió por proa y popa a su gusto y antojo hasta incluso me convenció para hacer un trío con su compañero de trabajo y yo muy sumisa accedí a esa doble penetración.

    Pablo me tenía muy bien atendida sexualmente hablando, el tema es que cuando más sexo tenía más quería y hacerlo con dos hombres a la vez creo que no fue una buena idea.

    Resumiendo: después de esa D.P estaba hecha una puta, tanto que empecé a frecuentar a escondidas a Cristian, es decir su compañero de trabajo que me destrozó el culo aquella vez del trío.

    Cris venía dotadísimo, la tenía más grande que Pablo y eso me volvía loca, tanto que en nuestras guardias nocturnas en el hospital nos hacíamos un tiempo y cogíamos con locura en nuestro lugar de trabajo. Yo estaba descontrolada últimamente pero hablando con total sinceridad esa pija era mi perdición. Cristian era aún más joven que Pablo y nuestra diferencia etaria era de diez años. Muy joven pero con unas ganas de coger increíble.

    Al tiempo blanqueamos lo nuestro, sin dudas Cris me volvió loca sexualmente hablando y lo cambié a Pablo por su amigo.

    Y Cris con su pedazo de carne disponía de mi culo a su antojo. Teníamos por ejemplo un mes entero de solo sexo anal y a mí me encantaba eso, era mi macho dominante y amaba tenerlo de marido.

    Pero no todo es sexo lastimosamente, el costo de vida aumentó y la inflación hacía estragos en el día a día de los argentinos, y como nuestros sueldos no alcanzaban tuvimos que buscar trabajos de medio tiempo.

    Una colega me comentó de un paciente que precisaba de una enfermera full time en su residencia, le dije que sí y me recomendó a ese señor viudo que buscaba alguien que lo atienda. Era un hombre de unos 70 años con problemas de salud que vivía en una zona de casas quintas.

    Ese día mi novio/marido me llevó, yo estaba muy nerviosa ya que no tuve oportunidad previa de conocer a ese señor. Desde el interior me abrió las rejas de la casa quinta e ingresé. Me hicieron subir hasta su habitación y ahí pude verlo por primera vez. Un hombre de pelo cano y bigotes haciendo juego con el color de su cabellera, y se presentó muy formal, su nombre, Antonio.

    Antonio tenía fama de testarudo, el personal le duraba poco debido a su mal genio y fui advertida previamente de eso por su hija Amanda, una solterona de 48 años de edad.

    El señor era dueño de una fundidora de metales, su familia tenía un buen pasar económico y yo en lo personal quedé deslumbrada por el lugar y el interminable verde césped de la quinta. En cuanto a mi futuro paciente lo tomé como un desafío personal, quizás no era tan mal tipo como me lo describieron y en una de esas mi presencia le iba a hacer bien.

    En primer lugar procedí con los controles rutinarios, le coloqué el brazalete para tomar su presión, la temperatura y su nivel de oxígeno. Hasta ahí todo bien, se prestó a colaborar sin problema, hasta que le di la espalda para dejar mis elementos de trabajo sobre un mueble contiguo.

    Fue ahí cuando sentí apoyarse una mano en mi nalga izquierda. Tragué saliva y decidí ignorar eso, era mi primer día de trabajo y a decir verdad necesitaba el dinero. Al finalizar la jornada recibí mi remuneración y un dinero extra, fue más que generoso en la paga.

    Cuando volví a casa y ya estando en la cama se lo conté a Cristian, quien lejos de entender mi incomodidad por lo vivido reaccionó con una tremenda erección diciéndome: “Y bueno Luján, ¿qué esperabas? Si tenés un culazo hermoso amor… Obvio que el viejo quedó loquito por vos”. Acto seguido terminamos haciendo el amor de un modo intenso como solo él me lo sabía hacer y tuve un orgasmo memorable.

    Al día siguiente volví a la quinta y Antonio me esperaba sentado en la cama y de buen ánimo. Yo me puse un ambo color salmón que resaltaba mis redondeces, procedí a suministrarle su medicación y noté algo muy peculiar: estaba desnudo en la parte de abajo y solo se tapaba con una fina sábana.

    Al notar eso me salió la Luján perversa y decidí hacerle el juego a ese viejo calentón, provocarlo “sin querer”. Me di vuelta para atarme los cordones dejándole mi culo a su alcance, y obviamente sus manos se posaron otra vez ahí y no conforme con eso me dio una sonora palmada y vi que con la otra mano se tocaba el pene que tímidamente empezó a levantarse.

    –Antonio que está haciendo!! –exclamé haciéndome la sorprendida. Puse una mano en mi cintura fingiendo enojo y el viejo me suplicó que lo masturbe, me dio algo de pena ya por su avanzada edad y bueno… Tomé coraje y le cumplí el pedido. Si bien no estaba parada a pleno le puse ganas a la situación, y con la mano agarrando su miembro desde la base me puse “mano a la obra”, valga la redundancia.

    Mirándolo a los ojos le decía “¿Lo hago bien, le gusta?” Con mi mejor expresión de puta. Antonio no duró mucho y un lechazo saltó apuntando al techo, emitió un gemido y desvanecido me dijo “Nena sos la mejor” y se quedó dormido.

    Desde aquel día se hizo rutina la paja matutina y mi culo lo volvía loco.

    Obviamente fui adquiriendo más soltura y hasta me atrevo a decir que me gustaba ponerle el pene duro con mis manos, y cuando llegaba el momento de ese jueguito tan chancho de la enfermerita y su paciente mayor yo cerraba la puerta con llave, me gustaba estar en total intimidad sin que nadie nos interrumpa.

    Todo marchaba viento en popa y tal como me lo propuse le caí muy bien a mi paciente. Su estado de ánimo cambió de un modo notable, tanto que logré sacarlo al patio a que tomé sol, hacía ejercicios y hasta mirábamos juntos alguna película en el living… Cosa que no logró ninguna de las personas que antes de mí estuvieron con él. Ahh y las manos en mi parte de atrás se hicieron algo habitual y sentirlo ahí ya no me molestaba.

    Un día me propuso que pasara el fin de semana junto a él en la quinta y le tuve que contar mi situación sentimental y no pareció molestarse, al contrario, me elevó generosamente la suma de mis honorarios y me tentó.

    Las cosas con Cris no venían bien, lo despidieron del trabajo y lo tenía en casa las 24 horas sin hacer nada, si bien me cogía como el primer día la que tenía la cabeza en otro mundo era yo, no sé… Tal vez una nueva ilusión me sonreía y me gustaba ese juego de seducción que tenía con Antonio. El sí era todo un caballero, me sorprendía con sus buenos tratos y atenciones, y pasábamos juntos más tiempo de lo normal.

    Y volviendo a Cris reconozco que fue un grosero error contarle que el viejo me manoseaba porque desde ese día no paró de decirme que yo era una cualquiera y además de la violencia psicológica ejercía violencia física sobre mí.

    Y las agresiones continuaron, estaba enfermo de celos y me prohibió que use ropas ajustadas, peleábamos por todo y la convivencia se hizo insostenible.

    Hasta que un día por última vez soporté sus maltratos, definitivamente no iba a cambiar pese a todas sus promesas y cuando se durmió junté algo de ropa y me fui.

    Antonio me recibió feliz, me mudé con él y las cosas fueron diferentes. Me hacía sentir una reina y me llenaba de atenciones y ya no me bastó con hacerle miles de pajas y empecé a chupársela y después de eso pasamos a otra cosa. Era distinto a mis machos jóvenes que estaban llenos de vigor pero me fui acostumbrando y Antonio de a poco fue recuperando su performance sexual, mantenía erecciones más prolongadas y contenía la eyaculación mucho mejor que en las primeras relaciones.

    Tanto que salíamos a cenar, íbamos de compras y estábamos muy juntos, retomó su actividad en la empresa y sus ganas de vivir se acrecentaron y no sé si era una relación de novios/amantes pero pasé de ser su enfermera a su mujer.

    Me pidió que fuese su esposa a la antigua, poniéndose de rodillas y dándome un anillo por demás costoso. Y le di el sí entre lágrimas, jamás imaginé que alguien tendría ese detalle tan romántico conmigo.

    Nos casamos ahí en la quinta, y en nuestra noche de bodas casi lo pierdo… Me lo monté desaforada porque mi flamante marido quería cogerme con las medias de liga y el tocado puestos y logró una considerable erección. Le cumplí la fantasía y le di unos sentones muy animados como lo hacía con mis ex, porque Antonio a pesar de llevarme años de diferencia edad me volvía loca en la cama.

    Y en la noche de bodas estando yo encima montando de lo mejor se descompensó, tuvimos que llamar a emergencias e internarlo. Y yo con las medias de liga, la minifalda de lycra y los zapatos blancos de taco iba a su lado en la ambulancia, hoy lo recuerdo como una anécdota disparatada jaja.

    Después de varios días de internación volvimos a casa, el doctor nos prohibió las emociones fuertes, va, que hagamos el amor nos dijo, mientras me miraba con lascivia de pies a cabeza y un poco más se ofreció de voluntario para cogerme.

    Y al volver a la quinta lo malcrié y mucho. Me pedía que me siente en su cara y me estimulaba con su lengua y nariz justo ahí, en ese puntito tan erógeno y así me hacía tocar el cielo con las manos. En Antonio encontré el verdadero amor, tiene un no sé qué pero a mi me gusta un montón.

    Y mi marido se puso muy atrevido y mano inquieta y lo pienso y reafirmo lo mucho que nos gusta jugar y excitarnos mutuamente.

    Aunque en el fondo moría de ganas de que me coja, creo que ese detalle le faltó para convertirse en el hombre perfecto. Todo ese jugueteo de su parte me ponía muy hormonal y necesitaba descargar las tensiones sexuales.

    Y así encontré una nueva forma de amar, si bien no hay penetración mi septuagenario esposo me propicia un sexo oral como nadie nunca lo hizo en mis 43 primaveras, me hace sentir una puta en la cama y al salir del dormitorio soy “La señora de la casa”.

    Y en el presente somos felices, ya no necesito una pija dura para estar satisfecha (aunque tengo algunos juguetitos y adminículos sexuales guardados en el cajón de mi ropa interior y de vez en cuando los uso jaja). Antonio me roba los mejores orgasmos y últimamente con sus dedos me provoca unos squirts increíbles que me nublan de placer y mis líquidos mojan toda la sábana.

    Estoy más degenerada que nunca.

    Me da toda la libertad y hasta permiso de acostarme con otros hombres si así lo desease pero no…. Decidí serle fiel y así seguiré.

    Ya con mi nueva vida de casada me dediqué de lleno al fitness y soy personal trainer, sigo siendo Luján “la culona” y estoy orgullosa de eso. Con los años asimilé que esa cola grande que me llenaba de prejuicios y me bajaba el autoestima hoy me da las mejores alegrías de mi vida y le estoy sacando provecho.

    Antonio es mi seguidor número uno y sabe de la cantidad de hombres que me siguen en redes sociales, es más, se excita con mis fotos y más al leer los comentarios de mis seguidores. Y gracias a eso y desobedeciendo a su doctor de cabecera volvimos a hacer el amor. Y como dije antes no tendrá el vigor y el aguante de un chico de veinte pero me satisface a su manera. Es el esposo más bueno y lo amo con locura. Encontré al amor de mi vida entrada en los cuarenta, tengo total libertad de mostrarme, acepté mi cuerpo y asumí que tengo una cola por demás llamativa y me pagan por verme desnuda. ¿Qué más puedo decir?… Soy por demás feliz.

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  • El deseo oculto (3)

    El deseo oculto (3)

    Hoy es 20 de diciembre y la cena de Navidad avanzaba con el bullicio propio de una oficina festejando y libre de ataduras. Las risas, las copas que se llenaban una tras otra, y la música de fondo creaban una atmósfera cálida. Iván, sentado al fondo de la mesa, apenas prestaba atención a las conversaciones, rodeado de compañeros de trabajo. Su mirada encontraba a Raúl cada tanto, cruzando la distancia que los separaba en un juego que llevaba meses desarrollándose: una palabra al oído, un roce de manos al entregar un informe, mensajes que parecían inocentes en el móvil… pero que siempre escondían algo más grande.

    Raúl levantó la vista un instante de su copa y sus ojos se encontraron con los de Iván. Fue solo un instante, pero bastó. Era una invitación silenciosa, una que Iván no podía ignorar. La excusa llegó minutos después, cuando Raúl se levantó de la mesa con un gesto casual, dirigiéndose hacia los pasillos del restaurante.

    Iván esperó a que Raúl desapareciera de su vista. Contó hasta diez, veinte… Aunque el alcohol ya hacía de las suyas. Después se levantó también, algo mareado, asegurándose de que nadie notara su ausencia. Todos estaban casi borrachos ya, recién comidos, y las copas ocupaban un lugar especial ahora para desinhibirse al completo. Caminó hacia los aseos con una calma aparente, aunque sentía que su corazón latía tan fuerte como aquellas veces inesperadas, pensando bajo los efectos de las bebidas que cualquiera podría oír cómo retumbaba esos latidos con fuerza en su pecho.

    Al abrir la puerta, el ruido del restaurante quedó atrás con un pequeño zumbido, y lo primero que vio fue la figura de Raúl, apoyado contra la pared, soportando un poco el mareo de tanto beber, meando en el urinario. La penumbra del lugar parecía envolverlo, y sus ojos, brillando con intensidad, lo miraron de reojo cuando se puso a su lado, a mear como lo hacía él, con una sonrisa pícara, imposible disimular la ilusión que le hacía verlo ahí, a su lado.

    —Pensé… que no ibas a venir —susurró Raúl, con una voz baja, apenas audible, pero cargada de todo lo que no habían dicho en meses.

    Iván no respondió. No hacía falta. Se sacudió las últimas gotas del rabo, se lo metió como pudo dentro de los pantalones ajustados de nuevo y se giró hacia él hasta que la distancia entre ellos desapareció totalmente. La cercanía trajo consigo el calor de sus cuerpos, un calor que había estado acumulándose en cada mirada, en cada palabra no dicha. El aroma de sus alientos por el alcohol liberaba mucho más las tensiones que mantenían e Iván llevó su mano hacia el paquete de Raúl, llenándose la mano entera de los grandes huevos que tenía.

    —No recordaba esto tan grande… —comentó Iván, meciendo su mano por el peso de esos grandes testículos.

    —Hay cosas que no sabemos del otro. Es más, están cargados desde la última vez… con el móvil, ¿recuerdas…?

    Raúl, cuando acabó de hablar, levantó una mano y la colocó suavemente sobre la nuca de Iván, atrayéndolo hacia él. Sus labios se encontraron en un beso que comenzó lento, donde las lenguas jugaban dentro de la boca del otro, pero que pronto se convirtió en algo más. El roce de sus manos al recorrer la espalda de Iván, la forma en que este apretó ligeramente los grandes huevos de Raúl, hablaban de una pasión contenida que finalmente encontraba su escape de una manera más fuerte gracias a la borrachera de la cena de empresa.

    Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban con dificultad, pero sus miradas seguían conectadas, llenas de una mezcla de deseo y complicidad. La polla de Raúl estaba dura como la piedra encima de esos grandes testículos, e Iván no podía disimular su gran erección dentro de su pantalón.

    —Espero que no te arrepientas mañana… —murmuró Iván, con una sonrisa que Raúl respondió al instante.

    —Nunca —contestó Raúl, antes de volver a acercarse—. Nunca me he arrepentido de nada desde que empecé esto contigo, Iván.

    Iván se sonrojó y notó cómo el rabo de Raúl latía con fuerza ante lo que dijo. Miró hacia abajo y vio cómo unas gotas transparentes salían de su gran y gordo rabo encima de su mano. La excitación que tenía encima era tan fuerte que unas simples palabras y unos simples besos podían hacer que estuviese así, deseoso de más.

    —Te la voy a chupar, Raúl —dijo mientras se lamía la mano manchada de preseminal.

    —No aquí… —respondió, apartándole las manos—. Métete en el aseo… Quiero hacer otras cosas.

    Raúl, aun sujetando las manos de Iván, lo arrastró a uno de los cubículos de ahí dentro y lo sentó con agresividad en el aseo. Raúl empezó a desvestirse, desabotonando los botones de su camisa, dejando ver su cuerpo cubierto de pelo. Se quitó el cinturón seguidamente, y los pantalones cayeron solos al suelo. No llevaba ropa interior, y frente a Iván, Raúl estaba completamente desnudo, con una gran erección goteante de placer y unos buenos huevos llenos, como bien dijo antes.

    —No me vas a chupar el rabo, Iván… Te voy a follar la boca, que es diferente.

    Raúl cogió la cabeza de Iván y le introdujo lentamente todo su rabo hasta el fondo, hasta que sus grandes pelotas chocaron contra su cara. Iván soltó una arcada, pero Raúl metió su gran rabo hasta algo más al fondo, empujando sus caderas contra su cabeza repetidas veces.

    —¡¡Arf…!! Cabrón, me vas a hacer vomitar… —advirtió Iván, con una sonrisa grande en su boca—. Sigue… me gusta.

    Raúl empezó a follarse la cara de Iván como si fuese su culo, golpeando sus grandes pelotas cargadas de leche en su barbilla. Sin parar ni un instante, Iván comenzaba a desvestirse para seguir con el juego que tenían entre manos. Sin que Raúl dejase de meter y sacar su polla, sujetándole la cabeza para que no pudiese escapar de eso, Iván se iba descamisando y quitando los pantalones hasta quedarse completamente desnudo.

    Aunque Raúl estaba algo más borracho que Iván, pudo observar cómo empezaba a pajearse con rabia mientras estaba siendo follado por la boca, viendo cómo, al igual que le pasó a él, gotas transparentes bañaban todo el rabo de Iván.

    —I… Iván, qué pedazo de rabo tienes, joder… —dijo mientras gemía por la mamada que estaba recibiendo—. Vamos a cambiar las tornas, quiero probar cosas nuevas…

    Raúl le sacó la polla de la boca, le dio un beso intenso y se puso de cuclillas mientras Iván se ponía de pie, frente a él, viendo cómo ese gran rabo goteaba cerca de su cara y de su boca.

    —Tú tampoco vas falto de buenas pelotas, ¿eh? —dijo cogiéndole los huevos con la mano y pesándolos—. Me gusta todo de ti, Iván… Me pones muchísimo y lo sabes…

    —Calla y cómeme el rabo. Ahora yo mando. ¿Quieres jugar? ¡Vamos a jugar bien!

    Raúl se sorprendió, pero se alegró de encontrar esa parte oculta que parecía no tener Iván a pesar de su aspecto más inocente. Raúl comenzó a pajearse en cuclillas mientras Iván lo hacía delante de él, manchándole la cara con su preseminal.

    Sin aviso alguno, le cogió la cabeza por detrás y, de una asestada fuerte, le metió el rabo en la boca, pero no hasta el fondo. A Iván le gustaba sentir cómo su rabo no daba en la campanilla si el otro no quería. Sus movimientos de caderas eran más controlados que los de Raúl, pero sabía moverse bien, pues de vez en cuando veía cómo su compañero volteaba los ojos en blanco por lo que estaba sintiendo.

    Raúl, sin previo aviso, se echó hacia adelante, introduciéndose hasta la garganta su rabo. Iván soltó un fuerte gemido y, a garganta profunda, Raúl continuó mamándole el rabo un buen tiempo.

    —Para… que me corro —comunicó Iván.

    —¿No quieres eso…?

    Y sin decir nada, Iván cogió del cuello a Raúl y lo levantó del suelo, dándole un beso como el que recibió antes. Lo giró con fuerza y lo puso de espaldas a él. Raúl colocó sus manos contra la puerta y se abrió ligeramente de piernas, mirando hacia atrás para saber qué iba a suceder.

    —De… déjate llevar…

    Iván se agachó esta vez y empezó a comerle el culo a Raúl sin que este pudiera hacer nada, sorprendiéndolo.

    Raúl comenzó a gemir casi sin control. No sabía que tal cosa podía despertar en él ese placer, mientras Iván comenzaba a pasar su lengua por el ano de Raúl, lamiéndolo con ganas. Pasaba su lengua por el perineo, chupando algo sus grandes pelotas que colgaban y recorriendo todo su cuerpo, intentando abrir con su lengua su culo.

    —Iván… Esto es demasiado —dijo Raúl, gimiendo—. Métemela, quiero que me revientes. Quiero sentirla dentro como me abre el culo… Quiero que me hagas lo miso que el primer día te hice a ti.

    Iván se levantó, con la polla chorreando de líquido preseminal y se la apoyó en el culo. Raúl mientras se masturbaba con fuerza, excitado al máximo por lo que estaba pasando y por lo que estaba a punto de suceder. Sin que diese tiempo a que Iván comenzara, Raúl hizo el primer movimiento.

    Iván, quieto aún, vio cómo Raúl se echaba lentamente hacia atrás, introduciéndose poco a poco su glande. Apretó el culo, intentando relajar la musculatura, cosa que a Iván le encantó, sintiendo la presión en su polla. Iván se movió un poco, lo justo para que entrase por completo su capullo. Un alarido salió de sus bocas, de ambos a la vez, por lo que estaba sucediendo. Y sin detenerse, con calma y lentitud, Raúl se echaba del todo hacia atrás hasta introducir por completo el rabo de Iván, hasta que su cadera tocó su culo.

    —Muévete como quieras… ¡Fóllame duro, Iván!

    Raúl, con las manos apoyadas en la puerta y con la cara girada hacia Iván, se mordía el labio inferior mientras este comenzaba a sacar y meter su rabo de su culo. Iván iba poco a poco; quería que el culo de Raúl continuase prieto lo máximo posible, pero Raúl arqueaba algo su espalda para que los movimientos fueran más rápidos, más fuertes.

    Iván aceleró el ritmo, sacando casi de forma entera su rabo de dentro e introduciéndolo a golpes fuertes, sonando húmedo por la excitación que había en el lugar. Iván lo cogía con fuerza de la cadera; no quería que hubiese escape alguno. Raúl, por el contrario, mantenía su postura sumisa, sin tocarse, notando cómo dilataba y encogía su ano con cada embestida que le daba Iván con su buen rabo.

    Raúl empezó a notar que Iván estaba a punto de alcanzar el límite, ya que su cuerpo comenzaba a jadear de forma muy entrecortada y a temblar ligeramente por lo que le estaba haciendo. Raúl se adelantó a lo que iba a pasar a escasos segundos y apretó con ganas su ano, atrapando casi al completo el rabo de Iván dentro de él, haciendo presión fuerte en su polla.

    —… ¡Ah…! Sigue así, joder… —gemía de placer Iván por lo que hacía Raúl en su rabo—. ¡Me voy a correr como sigas así…!

    —¡Co… córrete dentro, como yo hice contigo! —dijo jadeante y temblando también—. ¡Suelta tu leche dentro de mí!

    Iván aceleró el ritmo, apretando con fuerza las caderas de Raúl hasta que, en un gemido casi sincronizado, su cuerpo tembló por completo, dejándose llevar por el momento.

    Su polla empezó a correrse dentro de él, soltando fuertes chorros que le costaba salir por la presión que hacía Raúl en su rabo. Sin previo aviso, el ano de Raúl comenzó a realizar espasmos de gran potencia, apretando más y más a la vez que relajaba casi por completo, haciendo que Iván soltase aún más chorros dentro de él y sintiese un placer incontrolable y totalmente nuevo.

    —¡Aah, aah…! —dijo Raúl casi a la vez que Iván—. ¡Me… me estoy corriendo, Iván!

    Se estaba corriendo sin manos, por eso las contracciones en su ano. Iván, al ver eso y al notarlo, continuó follándolo con fuerza, haciendo que el placer entre ambos fuese más y más intenso. Con cada arremetida que le daba, Raúl soltaba nuevos chorros de su gran polla, chocando contra la puerta que tenía enfrente, dejando una cascada de semen brutal. Iván, con cada espasmo de Raúl, también soltaba nuevas lechadas en su interior, haciendo que el momento fuese increíble.

    Tras largos minutos de eyaculaciones y placer incontrolable, Iván se dejó caer sobre la espalda de Raúl, exhausto de la follada tan tremenda. La polla de Raúl goteaba aún leche, dejando un pequeño charco frente a él y la puerta. Iván, al sacar el pene aún duro del culo de su compañero, lo acompañó de un pequeño gemido por estar casi a presión en su interior y comenzó vio como empezaba a caer del ano bastante semen de la espectacular eyaculación suya.

    —Me… me tiemblan las piernas aún, Iván… —decía agitado aún Raúl—. Nunca antes me había corrido así…

    —¡Puff, Raúl…! —continuaba diciendo Iván—. ¡Ni yo! ¡Joder, esto… esto ha sido increíble!

    Un silencio se formó entre ellos, estando uno frente al otro, aún erectos, mostrando todavía la excitación de verse tal cual son.

    Raúl cogió el rabo de Iván, que todavía bombeaba de la pasión, viendo que sus buenos huevos estaban algo más pequeños. Iván hizo lo mismo, un gesto que parecía calculado, pero en verdad era improvisado en los dos. Y notó lo mismo: que los grandes testículos de Raúl habían encogido algo, pero muy poco, estando aún muy empalmado y duro, cayendo gotas blancas de su glande.

    —Me gustas, Iván… Me gustas mucho —soltó por su boca con fuerza, como soltó por su rabo semen.

    —Raúl… —pensó en un instante todo lo que llevaba soportando desde que lo vio por primera vez en la oficina—. Me pasa lo mismo. Creo que me gustas más de lo que imaginas.

    Un silencio continuó a su sinceridad, roto por la respiración agitada y los latidos venosos de sus rabos recién eyaculados en sus manos aún.

    —Iván, creo que me tengo que sincerar contigo por lo que siento —dijo de una forma diferente—. Quiero que sepas algo antes de nada. María, de contabilidad… es mi mujer.

    Iván no podía creer que estaba ocurriendo ahora, y más después de lo que había sucedido entre ellos, con la sinceridad expuesta de esa manera. Parecía que Raúl escondía una vida que no mostraba a todos por igual o al nos a Iván no le había mostrado en absoluto.

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  • Un cumpleaños sorprendente

    Un cumpleaños sorprendente

    Tengo 45 años, soy madre de una hija de 23, Julia. Cumplimos años el mismo día. Hace mucho que nos hemos acostumbrado a celebrar este evento juntas. Esta noche competimos por ser las más atractivas a pesar de nuestra diferencia de edad.

    Estoy muy feliz porque mi marido me satisface cada vez que hacemos el amor y son muchas. Él sabe darle razón a mi vida pero nunca sin ir más allá de la intimidad de nuestra pareja.

    Para Julia, las cosas son diferentes. Fue después de una cena, cuando tenía dieciocho años, cuando me pidió la pastilla y desde entonces la he visto salir todos los fines de semana. Tengo la impresión de que sus amantes deben ser una legión.

    “Mamá, ya conoces nuestro acuerdo, todos los años festejamos juntas nuestro cumpleaños. El año pasado fuiste vos quien eligió el lugar. Este año he preparado una velada increíble y novedosa para vos.”

    Acepté seguirla en la noche que me ha preparado. Se trataba de un pequeño restaurante. Un menú variado con especialidades de la cocina nacional. Andrés siempre nos acompaña, pero esta vez tenía un campeonato de voleibol.

    Él es el hombre de vida: después de ducharme, se une a mí y me hace chupar su pene largo y delgado. Me permite exprimirlo en mi boca hasta sus bolas. Me agarra por la cabeza y dirige la velocidad a la que lo chupo hasta que me dispara sus ráfagas de semen. Luego sale de la ducha y sin darme tiempo a nada me lleva a la cama. Es algo que sigue siendo divino, porque me penetra haciéndome alcanzar dos orgasmos antes de que él tenga una eyaculación increíble.

    De vez en cuando practicamos sexo duro en nuestros intercambios. Al inicio de nuestra relación, estaba confundida, pero aprendí a gustar e incluso a pedir más porque ese sexo duro es un medio para aumentar mi placer. Me pone en cuatro patas y mi ano se alegra de recibirlo hasta que me vuelve a regar con largas y sorprendentes eyaculaciones.

    Estuve a punto de llamar a Julia para posponer nuestra velada, pero cuando me enteré de que Andrés esta noche tendría una semifinal como entrenador del equipo de voleibol que dirige, opté por disfrutar de la noche que Julia organizó.

    A las 20 llegamos al restaurante reservado por Julia. La comida estuvo espectacular. No faltó una buena botella de vino tinto. La cuenta pagada por mi hija. Una vez terminada la cena salimos del restaurante para ir a la segunda parte de la velada. Llegamos en su auto a una paralela de 21 de setiembre.

    Pensé que mi hija me iba a va a llevar a un cabaret o algo por el estilo. Pero no se veía nada por el estilo ni ningún letrero. Casas de una, dos o tres plantas y dos edificios relativamente modernos.

    “¿A dónde vamos Julia?” pregunté.

    “Tranquila mami, te voy a llevar a un «club privado».”

    “No veo nada que se parezca a un club. Ni veo ningún letrero. Nada.”

    “Ya vas a ver.”

    Nos acercamos al portón de una casa de tres plantas, pienso que de la década de los 40 o 50. Se abre la puerta sin que Julia toque timbre y un hombre enorme se hace a un lado para que entremos. ¡Mmm! Aquí no entra cualquiera, pensé.

    “Buenas noches, señorita Julia, veo que ha traído a una amiga. Bienvenida señorita, ¡diviértanse!”

    ¡Qué amable, me trató de «señorita», ¡wow!

    “Gracias Cristian, nos sacaremos el estrés de la semana, como siempre.”

    Atravesamos un telón rojo y fuimos recibidas por una bella mujer en corsé con medias de rejilla y tacones altos que, como Cristian, abraza a mi hija.

    “¡Oh! De nuevo Julia, te extrañábamos.”

    “Gracias Carolina, el trabajo me ha obligado a aislarme.”

    Apenas entramos veo el error que cometí al acceder a este lugar: en el bar que tengo frente a mí, hay varias parejas. ¡Vaya! Los hombres tienen una toalla alrededor de la parte baja del abdomen y las mujeres se cubren con un pareo de diferentes colores, pero lo suficientemente transparentes para que se vean las intimidades.

    Un club libertino, es en un club libertino donde Julia, que parece ser muy conocida por la cantidad de hombres y mujeres que vienen a saludarla.

    “Julia, yo me voy, soy leal a tu padre, no hay forma de que lo engañe en un lugar como éste.”

    “Vos lo prometiste, cada uno eligió su tipo de fiesta. Él se fue al voleibol, la vez pasada elegiste vos y estuvo perfecto, pero mi club es mejor. Quedate en el bar para observar. Vení al vestuario para cambiarte y ponerte el pareo. Este de color naranja aumenta tu tono de piel bastante blanco. Yo me pongo este azul porque cada vez que vengo y estoy de azul soy la reina de la noche.”

    La increíble Julia, mi hija, de quien sabía que era adicta al sexo, dada la rotación de hombres en su vida, es una libertina. Se desnuda frente a mí sin ningún tipo de vergüenza, lo cual es un problema para mí, porque estar desnuda frente a mi hija es impensable.

    Irme les dará a los amigos de Julia la sensación de que soy una energúmena. Así que me siento en un taburete de la barra y veo a la tal Carolina pasar a través de una segunda cortina que no puedo saber que hay detrás. Vuelve trayéndome una copa de champagne y cuando le pregunto cuánto debo, la guapa camarera me hace una revelación:

    “No bonita, sos la invitada de Julia, ella paga todo, tenés crédito ilimitado.”

    Si Andrés se entera donde estamos seguramente saldrá corriendo de nuestra casa.

    “Hola Solange, Julia me envió a presentarte mis respetos.”

    La toalla atada descuidadamente en la parte delantera me permite ver un pene muy negro de un volumen nunca antes visto. El diámetro y la longitud de todo eso en reposo, me hace imaginar el tamaño máximo de ese artefacto cuando esté erecto.

    “Soy Solange, reconozco que eres un hombre muy guapo con todos esos músculos, pero si me permites, me quedaré esperando.”

    “Qué lástima, me gustan las mujeres de tu clase.”

    Se aleja aparentemente avergonzado por mi negativa, lo que debe ser raro en este lugar de libertinaje. A los pocos minutos después de rechazar tres invitaciones de otros dos hombres y una pareja, cuya mujer que me miraba con cierta codicia, veo a Julia volver de detrás de la cortina.

    “Mamá, te niegas a jugar, ¿cómo puedes rechazar la invitación de Pedro?, el semental número uno del club, todas las mujeres se lo han levantado. Yo misma me negué a pasar un rato con él porque te lo reservé para vos. Viví un poco, hacé estallar tu cuerpo, estarás seca antes de tiempo y te arrepentirás toda tu vida de no haber querido pasar un rato con él.”

    “¿Y tu padre?”

    “¿Dónde está, qué está haciendo? ¿Crees que, como todos los hombres, si una gata bonita pasa a su alcance, se negará a darse placer?”

    “Vos sabés como somos con tu padre.”

    “Claro que sí. Los he oído cada vez que cogen, te escucho gritar de placer. Aquí hay mujeres como vos que aman a sus maridos. Aquella es Constanza, la esposa de un médico. Esa allí es Faustina, su marido me está esperando, prometió cuidarme esta noche y le dije que sí. ¿Te vas a quedare bebiendo champán?”

    Tengo que admitir que mi propia hija me desestabiliza. Veo a Pedro que vuelve a pasar el telón y se acerca a mí otra vez.

    “Entonces hermosa mujer, ¿lo has pensado?, ¿estás lista para seguirme al jardín de los placeres?”

    “Eeee… el jardín de los placeres…, ¿ese jardín existe en este club?”

    “Por supuesto, aunque la mansión tiene muchos años, un arquitecto la reformó y creó ese espacio; diseñó diferentes lugares para que cada uno de nosotros encuentre su punto de interés y deseo. ¡Vení!”

    No tengo la fuerza para resistirlo cuando toma mi mano. Me lleva por un pasillo con habitaciones a los costados, tengo tiempo de ver a mi hija en un jacuzzi interior en manos de dos hombres que parecen estar muy interesados en su anatomía.

    Mi seductor me lleva hasta donde hay una puerta con una caja para digitar un código.

    “Mira, este botón abre la parte inferior, si una o más parejas usan este espacio sin querer ser molestadas, escribe un código de cuatro dígitos y se bloquea la entrada de otras personas. Si quieres permitir la entrada de visitantes no pones un código y el lugar está abierto para todos.”

    Escribí 6969, seremos los únicos que podremos pasar por aquí. Se abre la puerta y descubro «El jardín de los placeres». ¡Las revelaciones de mi hija Julia! Esta noche después de una excelente comida en un pequeño restaurante me llevó a un lugar de perdición. A mí, la mujer fiel que he sido con mi esposo Andrés. Él, como muchas noches, está dirigiendo un equipo de vóleibol con posibilidades de obtener el campeonato.

    Entré con Pedro hacia el jardín de placer. Un lugar extraordinario, un verdadero jardín cuadrado de unos 20 metros de lado con flores, césped, un banco y un pequeño jacuzzi. A ambos lados de este patio interior el diseñador colocó unas falsas ventanas. Todo decorado: el techo simulando una noche estrellada, las paredes pintadas como si fueran edificios que nos rodean.

    “Mirá mujer bonita, si me aceptas como tu pareja por un tiempo haremos el amor imaginando que estamos bajo las estrellas. Por ahora, vení y sentate en el banco, pero permitime quitarte el pareo, el decorado tiene todo el derecho a tener la misma suerte que yo ahora contigo.”

    «Semental» pero galán. Me encuentro completamente desnuda frente a él. El diseñador del lugar ha planeado todo, incluso el banco donde me siento: se calienta cuando la temperatura es fría.

    Ahora mismo, son mis pechos los que tienen la atención de este hombre al que he aceptado. Sabe muy bien que me estaba muriendo por ser poseída por él. Entonces, me deslizo frente a él y, mientras abre sus piernas haciendo dejando caer su toalla, su pene salta hacia mí en etapa de crecimiento.

    “Bueno querida, veo que estás lista para cuidar a «Moisés» quien te ha estado esperando desde que entraste aquí.”

    Me río del nombre que Pedro le dio a su sexo el cual parece autónomo de su cuerpo.

    “Es grande, pero siento que vas a poder llevártelo a la boca.” Me dice.

    Es con dificultad, a diferencia del sexo de Andrés, que lo hago ingresar en mi boca. El glande pasó, ¡¡entró «Moisés»…!! Soy un ganso blanco en balanceo, pero he sido muy buena succionando, chupando, acariciando con mi lengua el único sexo que he tenido disponible para mí. Así es como el de Pedro alcanza rápidamente su pico de tensión, lo cual me asusta un poco.

    Mi amante, porque me convertí en su amante, al cabo de unos minutos me hace levantarme para acostarme en el banco con las piernas colgando en el suelo dejando mi vagina abierta de deseo a su disposición. Siento que estoy mojada como nunca antes y cuando se ocupa de mi vulva, por primera vez, es una caricia de su lengua gruesa lo que ataca mi clítoris.

    Percibo una sensación completamente diferente al que me daba mi esposo. ¿Será lo prohibido la causa del escalofrío que comienza desde el fondo de mí? Estalla en mi botón y esa lengua que lo encuentra y que lo acaricia con insistencia me da un primer orgasmo adúltero.

    El jardín de los placeres, aquí todo es diversión. El banco calefaccionado, el jacuzzi. Lo cierto es que entré en un mundo completamente nuevo. Sueño despierta hasta que Pedro me levanta, se acuesta en el suelo sobre la hierba fresca y me lleva de la mano hacia ese tronco que estoy a punto de montar sin pudor.

    “Vamos, es tuyo, disfrutalo al ritmo que quieras. «Moisés» está aquí para vos esta noche. «Moisés» hará lo que vos quieras. «Moisés» es tuyo, ya ni siquiera me pertenece.”

    Cierro los ojos negándome a ver lo qué voy a hacer: abro mi sexo para ubicar el eje de la máquina que admito haber deseado desde los primeros momentos que la vi. Estoy tan mojada que lo introduzco dentro de mí sin ningún dolor. Mi vagina se abre como corolas de flores. Gano unos centímetros más subiendo rápidamente hacia la cima de este Everest que quiere entrar de lleno en mí. Se necesitaron tres idas y vueltas para que me sienta sobre él, orgullosa de haberlo asimilado todo.

    “Bueno, bueno, eres una de las pocas que esconde totalmente a «Moisés». Está bien, evita moverte por unos segundos mientras saboreo tu hazaña.”

    Estoy orgullosa del cumplido… Apoyo mis manos en su musculoso pecho para hacerlo entrar y salir dentro de mí. Cuántas veces he disfrutado, cuántos kilómetros he subido hasta la cima de la montaña más alta del mundo.

    Agotada me voy a separar, pero Pedro aprovecha que su pene está casi completamente afuera para tomarlo en su mano y colocarlo en mi ano. Debo de haber perdido la cordura, porque en lugar de evitarlo, me apoyo en él, sintiendo que entra unos centímetros como lo hizo en mi vagina. Por primera vez desde que accedí a entrar en este hermoso jardín de mis placeres, mi boca emite sonidos que pensé que no podría pronunciar.

    Me acabo de convertir en una puta que descubrió lo que es el verdadero placer. Volvería y le daría mi culo como ahora, ¡uy!, voy a acabar, siento que me voy…!!

    Así es como el pene de mi amante, escondido en mi ano, hace que mi cuerpo se estremezca en todas direcciones. Agotada pero satisfecha con el placer que este hombre que supo darme, desinhibirme y que eyacula dentro de mí.

    Es tiempo de descansar. Acabo de coger por primera vez con alguien diferente al que le había prometido fidelidad. ¡Hija, ¿qué has hecho conmigo?!

    Puede que me arrepienta, pero lo disfruté tanto que la visión de mi hija viendo lo degradada que me ha puesto es completamente indiferente para mí. Saber que soy vista como una puta en mi propia mente se va volando porque todos mis tabúes de engañar a alguien a quien he jurado lealtad se han ido.

    Andrés se estará divirtiendo mucho dando órdenes a sus jugadores mientras yo me divierto en el Jardín de los Placeres. Salimos del jardín. Él me lleva por el pasillo, sigo a Pedro hasta la barra sin darme cuenta de que dejé el pareo debajo del banco. Estoy desnuda, ¡¡brindo por mi iniciador al libertinaje!!

    “Entonces mamá, ¿qué piensas de esta noche?”

    “Principio y fin, sería indecente continuar un momento tan placentero aunque Pedro y «Moisés» sean amantes maravillosos.”

    Ahí es cuando se me acerca la linda rubia que me había invitado con su marido, me toma de la mano y me lleva al otro lado de la cortina. Sin que yo haga el menor gesto para hacerle entender que a mí las mujeres no me gustan.

    “Entrá al agua, te daré un masaje. Conozco bien a Pedro aunque también entró por mi puerta como vos. Julia me dijo que tu nombre es Solange, me encanta tu nombre, me llamo Adela.”

    Mi hija, ¡de nuevo mi hija! y Adela que tuvieron que presenciar la renuncia a mi fidelidad para saber que mi sexo ha aceptado los veinte centímetros de él. Sin mencionar este diámetro bastante más grande que mi única referencia hasta la fecha.

    El agua del jacuzzi está a buena temperatura, es con gusto que me sumerjo en ella con mi nueva amiga. Es entonces cuando se enciende una de las tres lámparas ubicadas sobre el jacuzzi.

    “Aquí, hay algunos que acaban de entrar al jardín de los placeres como tú lo hiciste antes.”

    Comprendo que esas lámparas se utilizan para advertir a los presentes que algo comienza en aquel lugar.

    “¿Para qué sirven las otras dos lámparas?”

    “Mi dulce querida, para enterarte tendrás que ir allí, pero de momento aprovecha lo que hiciste con Pedro para esta noche y del masaje que te voy a dar.”

    Me rendí. Me entregué al hermoso Pedro con una vara que me hizo desear tanto que lo seguí al Jardín de los Placeres. Me cogió como a la puta en la que me he convertido, aceptando que me pusiera su pene en mi vagina y en mi ano que se relajó sin mucho problema, sorprendiéndome a mí misma.

    Para que penetrara en mi vagina dejé entrar esos 20 centímetros hasta tocar sus bolas. Ahora me doy cuenta que creyendo estar a solas con mi amante, hay muchos libertinos advertidos por las lámparas que se encienden en el club ejerciendo el voyerismo.

    De vuelta en el bar, tengo la firme voluntad de dejar de engañar a Andrés. Pero la guapa rubia que se me acercó con su marido me sugiere que me vaya a bañar con ella. Camino detrás de la cortina y en el jacuzzi siento sus manos entrar en contacto con mis pechos, que inmediatamente se elevan.

    Mis tetas son muy sensibles sobre todo cuando Andrés en nuestros momentos de sado me las agarra con pinzas para hacerme gritar. Un día eran dos pinzas para la ropa que colgaban de cada una de ellas haciéndome sufrir ignominiosamente, pero al cabo de un rato el placer que vi en su rostro me trajo una sensación de plenitud.

    Por mucho que hubiera sido impensable para mí, así como le di mi trasero a Pedro, los labios de Adela en los míos terminaron rápidamente con su lengua buscando y encontrando la mía. Mis manos exploran su cuerpo y es un gran placer que dos de mis dedos entren en otra vulva que no sea la mía.

    “Continúa Solange, tus dedos han sabido encontrar el camino de mis deseos que se dispararon en mí tan pronto como te vi. Tengo un sentido especial para encontrar lesbianas que se desconocen como tal, como parece ser en tu caso.”

    “¡Wow!, eres la primera mujer que beso y acaricio su vagina, si esta noche cuando salí de mi casa me hubieran contado todo lo que me iba a pasar, no lo hubiese creído.”

    “Siéntate en esos escalones donde mi lengua va a cuidar tu botón que vi cuando te levantaste de tu asiento en la barra y que me parece que se está desarrollando con fuerza.”

    Siempre tuve un clítoris tan grande que de niña se lo comuniqué a mi ginecólogo, convencida de que estaba discapacitada.

    La hace reír y me explicó la función de este botón que entra sin problema en la boca de quien noto desde ese momento se convierte en mi amante. Voy a tener que tirar de las orejas a mi hija que en este momento entra a la habitación con el marido de Adela y con Pedro quien parece haberse recuperado.

    Mi vista se nubló bajo la carga de esa lengua traviesa que rápidamente elevó la tensión en mi cuerpo. El estremecimiento que siento es distinto al que me estalló cuando Pedro me penetraba. Siento que mi cuerpo está reaccionando de manera diferente.

    Especialmente cuando mete tres dedos en mi vagina. Todo hierve dentro de mí hasta que salen chorros inundando el rostro de mi nueva amiga.

    “Oh Solange, eres una mujer manantial, es raro y me encanta. Déjame tu lugar, verás que yo también puedo hacerlo.”

    Me dejé deslizar en el agua reconfortante, mi privacidad en gran medida está en demanda desde que la zorra de mi hija me arrastró a este lugar de perdición. Mi voluntad de detenerme allí se pone cada vez más a prueba, especialmente porque la posición en la que estoy ahora me permite verla responder a los asaltos de sus dos amantes.

    Pedro se ha posesionado de su vagina mientras que el segundo hombre la enhebra por el ano. Tomada entre dos hombres, ¿por qué no?, para eso tendré que volver a engañar a Andrés nuevamente, pero los espasmos que parecen atravesar su cuerpo me dan ganas.

    Adela acapara mi atención. El mechón rubio que me presenta es muy bonito de ver. Adelanto mi boca como ella lo hizo conmigo. La puedo chupar haciéndola reaccionar como había reaccionado yo hace algunos minutos.

    He visto sus dedos y sentí la parte superior interna de mi sexo masajeado cuando ella los curvaba, lo que desencadenó la expulsión de secreción que Adela había apreciado.

    “Más fuerte, sí más fuerte, tenés talento, ya te lo había dicho. ¡Oh! sí, ya voy…”

    Ella está en la imposibilidad de terminar su frase y mi boca está mal colocada al momento en que los chorros son propulsados, es mi cara la que ella inunda.

    Me reacomodo y acelero mi movimiento, lo que hace que vuelva a salir un nuevo torrente…

    “Excelente Adela, como siempre veo que has encontrado una boca para recibir tus jugos del amor.” Así se expresaba mi hija Julia.

    “Sabés, Julia, tu linda mamá también es una mujer chorreante. Me llenó la boca antes de que la vieras honrarme como lo hizo ahora.”

    “Casi no pude ver todo. Mamá, tendrás que intentar que te hagan una doble penetración.”

    “Para eso, tendría que volver y me es imposible engañar a tu padre nuevamente.”

    “Mañana le diré que hemos decidido que en lugar de tener una noche de chicas todos los años, saldremos todas las semanas.”

    “Prefiero que sea una vez al mes, sería mejor.” ¡¿Qué estoy diciendo, todo está empujando en mi cabeza?!

    En el vestuario con mis nuevos amigos, agradezco que Adela al ponerse el vestido me demuestre que es capaz de cosas impensables para mí. Sin bragas, con su sexo al aire, así vino y así se va. Su mirada de desaprobación me hace dar un paso más en mi decadencia de mujer burguesa. Es casi la una de la madrugada, cuando salimos nos besamos en los labios con Adela.

    “Hasta la semana que viene, me gustaría verte coger con mi marido.”

    “Sabes que esta noche fue excepcional, pero creo que será única en mi vida. Amo a mi esposo y lo engañé por falta de voluntad a pesar de que mi cuerpo dijo que sí a todas vuestras peticiones.”

    “Dame tu número de teléfono te llamaré durante la semana. Nos vemos en un restaurante, las invito a ambas.” Es Jorge quien envía la invitación.

    Cuando llegamos a nuestro apartamento, me voy a duchar después de haberle dado las gracias por la velada haciéndole entender que la aprecio mucho pero que será única en mi vida.

    * * * *

    Después de refrescarme y maquillarme, me puse el conjunto más seductor que tengo. En mi cabeza, vestirme de una manera más elegante y atrevida será el toque ligado al cambio que reconozco que tengo que hacer para mantenerme en el espíritu que me han inculcado Pedro y Adela, mis amantes.

    En la cocina está mi hija, que también se va al igual que Andrés. Ella está más resplandeciente que de costumbre. Haberla visto hacer el amor con dos hombres me podría preocupar, pero no. Nuestros estilos de vida están lejos.

    “Mamá, le pregunté a papá, si él está de acuerdo en que salgamos todas las semanas que él va al voleibol.”

    “Cada semana no, es mucho, una ida a un restaurante por mes será suficiente.”

    “Tenemos partido el próximo sábado, así que pueden disfrutar.”

    Es una locura, esta palabra «disfrutar» suena a estímulo a volver al club libertino y sobre todo los sábados, el día que cierro mi agencia de viajes.

    Estando n mi negocio suena mi teléfono.

    “Hola, ¿Solange?”

    “Sí, soy yo.”

    “¡Qué bien!, soy Adela. ¿Estás libre al mediodía? Jorge está de guardia hasta las 19 h. Te paso por WhatsApp la dirección exacta. Voy a prepararnos un almuerzo romántico. ¿Qué te parece?”

    “De acuerdo, al mediodía cerramos y voy para ahí. ¡Te quiero!”

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  • Comiéndome por última vez el culo de mi prima

    Comiéndome por última vez el culo de mi prima

    Aquella tarde llegue después de que mi prima confirmara que mis tíos ya habían salido de viaje, me pidió que pasará el fin de semana con ella pues sería la primera vez que me dejaría comerme su culito toda la noche con el apoyo de su juguetito sexual… le dimos por sus dos deliciosos agujeritos complaciendo sus más morbosos fetiches.

    Llegué en un taxi con un pequeño maletín llevando lo necesario pues aquel fin de semana lo único que haríamos era follar y estar completamente desnudos entregándonos al placer.

    K: ¡Hola… Pasa!

    D: Hola

    Nos dimos un tierno beso al cerrar su puerta y por un instante quise follármela ahí misma, pero me hizo esperar pues tenía una grata sorpresa para mí y que tenía que tener calma que haríamos de la A a la Z ese fin de semana.

    Me llevó a la habitación que quedaba en la azotea, tipo dúplex independiente con lunas polarizadas y grandes cortinas, habitación que no solo era de ella sino también con la que compartía con su marido. Una habitación amplia con una cama king con su cabecera y su banca acolchonada al filo de la cama, en frente tenía un tv grande de 55 pulgadas y sobre su repisa de tv tenía varios tragos (quien eran de su marido) y un baño independiente.

    Pero lo que más me gusto de aquel ambiente era los espejos que tenía en su habitación que reflejaban de sus closets el cual hacía reflejar su cama y pues era el ambiente perfecto para follar… obvio que mi prima y su marido habrán tenido sus grandes faenas y sabiendo que mi prima era toda una hembra en el sexo entraría a terreno prohibido a un terreno el cual lo iba a disfrutar.

    K: Ponte cómodo… tenemos tiempo de sobra para disfrutar de lo que queramos hacer.

    D: ¡Tenemos todo el tiempo del mundo entonces para follarme tan rico culito!

    Besándonos sobre el filo de la cama empezando a manosearnos, lo más rico de todo era que llevaba tan rico vestido de playa corto sin ningún brasier debajo lo que se me hizo más fácil manosear sus ricas tetas, olía tan rico, su piel suavecita me excitaba hasta que me pidió que me sentase pues tenía un fetiche que quería hacer.

    K: Quítate la ropa… párate frente a la cama y mira lo que voy hacer, si te mueves paramos todo… tienes que seguir indicaciones.

    Parado desnudo con la verga a media asta, se quitó ágilmente su vestidito y sacaba de su cajón su consolador con lubricante, ella ya desnuda se echó en la cama abriéndose de piernas y echándose lubricante en su rica vulva empezando a frotarse su consolador alrededor de su concha y su culito, iba poco a poco poniéndose excitada hasta que se lo introdujo en su concha, gimiendo de excitación… yo estaba confundido sin saber que hacer solo pajeándome por sutilmente… a lo cual repetía ella muy excitada.

    K: Me faltan tus pelotas… ah, ah… dámelas… ¡ven y dámela!

    Sutilmente me puse a un costado viendo por el reflejo del espejo como se empalmaba su consolador y iba excitándose cada vez más, yo al extremo de su cara me puse al costado ofreciéndole mis huevos a su placer.

    D: eres toda una caja de sorpresas…

    Excitado con la verga a punto de explotar de tan excitante escena empezó a mamármelo con tanto placer mientras se auto complacía mientras se auto penetraban y con su otra mano me jalaba de las pelotas… éramos en ese instante ella, su consolador y yo cumpliendo uno de los tantos fetiches de aquel fin de semana, siguió chupándome las bolas y las olía a placer.

    K: ummm, ¡que ricas tu bolas!… ven párate bajo la cama, ¡comete mi culo amor!

    En aquel momento se puso boca abajo y yo abriendo su nalgas empecé a lamer y chupar el culo de ella, disfrutaba de meter mi cara entre sus nalgas, sentía ese olor a sexo poco a poco fui abriendo su ano con mi lengua y frotando con mis dedos. Sentía que derramaba mucho liquido pre seminal sobre su banca baja pero no hubo límites aquella vez.

    D: ¡Que rico tu culote mi amor… me vuelve loco! Uhmmm uhmmm… ¡riquísimo!

    K: ¡Ya cachame! ¡Estoy mojada!

    Ya echados en la cama empecé a follármela de culo algo estrecho, pero defiendo ya a placer, repentinamente se introdujo su consolador y esos dos ricos agujeros estaban siendo complacidos, por ratos se metía el consolador en su boca para saborear su propios fluidos… era toda una perra en la cama.

    D: ¡Te gusta por los dos agujeros por lo veo! Uff uff, y si hacemos un trío… ¿te animas?

    K: ¡Cállate! ¡Sigue… hazme venir!

    D: ¡tus deseos son órdenes!

    Seguí bombeando tan rico culito y ella se seguía metiendo el consolador al mismo ritmo. Hasta que me atreví a agarra su consolador con ella y empecé a clavarla… se excitaba más y más, hasta que no resistió y se corrió, sentir ese coño tan mojado y mientras exhalaba de placer, previo a venirme subí rápidamente a su boca apuntando mi verga a esa lujuriosa boca.

    D: ¡Ahh! ¡Fuck!

    Llenando la leche en su hambrienta boca succionándome todo el semen para sesear su fetiche, ambos sudados envueltos en la lujuria del momento.

    Luego a ello caí rendido junto a ella sobre la cama, y con mis dedos iba tocando su figura ardiente, saboréame mi semen de sus labios y cuál mujer insaciable sigo acariciando mis bolas.

    D: ¿Quieres más?

    K: Siempre voy a querer más

    D: dame chance… tenemos todo el día, que tal si vamos a bañarnos para quitarnos el sudor y bajamos a tu jardín para respirar un poco… quisiera cumplir otro fetiche contigo.

    K: ¿Quieres que follamos en el jardín?

    D: ¿No te gusta la idea?

    K: Me encanta, aunque tengo miedo… si llega alguien o nos miran

    D: No va pasar nada… ¡vamos!

    Fuimos al baño a limpiarnos un poco cogimos unas toallas y agarramos un trago para libar en su jardín trasero.

    Por suerte ese pequeño jardín con plantas ornamentales era libre de cualquier vista ya que no había ventanas a libre vista y estamos con todo a nieto favor.

    Bajamos solo con las toallas puestas y mientras brindamos con unos shots de whisky. Nos dejamos caer al jardín mientras nos besábamos y nos tocábamos morbosamente.

    D: ¡Me excitas, me encantas como eres de atrevida así has follado siempre!…

    K: Tú me has vuelto así, yo soy una niña buena

    D: ¡Buena para follar y mamarme la verga!

    K: ¡atrevido!

    Mientras nos besamos sobre la toallas empecé a frotar nuevamente su húmeda concha. Hasta que parado sobre ella empezó a chuparme las bolas y mamármelo deliciosamente.

    D: ¡Uff que rico! ¡Sigue, chúpame las bolas!

    Toda excitada recorría mis bolas para lamer las y succionarlas.

    K: No voy a olvidarme de este sitio… Glup, glup… Ni con mi marido me he atrevido a follar acá glup… ¡Ahh!

    D: ¡Siempre hay una primera vez!

    K: ¡Cógeme por el culo ven!

    Se giro y abriéndose de piernas me dio su culo a primera vista para cogérmelo, baje para lamerle su ano. Lengüeteaba a más no poder, metía mis dedos en su culo hasta que poco a poco excita me dijo_

    K: ¡ya! ¡Cachame… Lléname de leche!

    Empine mi verga a la entrada de su culo y está vez ya más dilatado entro sin mucho esfuerzo… Empezando nuevamente a bombear tan rica colita.

    K: ¡ah, ah… que rico! ¡Dame más duro!

    Empecé a friccionar con más intensidad su culito.

    D: ¡Si! Así te gusta. Te gusta que te dé por el culo eh… sí que rico culo mi amor y es todo mío.

    Toda excitada gemía, hasta que me atreví a someterla más tirando su cabeza hacia el césped y pisándole el cuello.

    K: ¡ah ah!… que hac… ¡Ohhh!

    D: ¡ahora no te escapas eh… voy a llenar el culo de leche!

    K: ohh ohhh… ¡dame más lléname de tu leche!

    Mientras me apoyaba de su colita apoyando mi peso sentía que explotaría en cualquier momento así que para hacer las excitante la cosa, la gire hacia mí y patas arriba empecé a clavármela de culo mientras sus piernas sobre mis hombros me presionaban y aprovechaba para besarlas, fue tan excitante sudando, gimiendo de placer llegó ese momento épico… llene toda es concha de mi caliente leche.

    K: ¡Te amo! -susurrándome

    F: ¡Yo más! -fundiéndonos en tiernos besos

    Mi prima necesitaba atención, amor y sobre todo muchas verga, y mientras pueda darle todo eso para hacerla feliz me haría también inmensamente feliz dándome su riquísima colita y sus apetecibles tetas.

    Al pasar las horas, mientras estábamos libando el alcohol de su marido, recibió una llamada del mismo, me pidió que me mantuviera en silencio mientras resolvió sus temas. Hablaron por un rato y al llegar la noche ya calmos y muy exhaustos me confesó que tuvieron una fuerte conversación y que regresaría pronto a aclarar sus temas maritales.

    La abrace aquella noche y estando desnudos nos quedamos dormidos y simplemente lo que fuera a pasar después ya se vería. A media madrugada como toda ninfómana busco mis vergas, olió mis huevos y los acaricio previa mamada dejándome más seco de las pelotas.

    Y es que una mujer descuidada y de falta de amor es capaz de entregarse a placer a falta de sus necesidades… quizás no todas… pero si de las que saben que son tremendas hembras como mi prima K. Mi amante de verano.

    Con el tiempo su marido volvió y perdí contacto con ella. Pues era lo mejor para poder olvidarnos, finalmente lo nuestro en el fondo era una situación únicamente sexual. Con los años volvió a España y tuvieron un hijo, y de cuando en cuando veo sus fotos familiares y recuerdo lo riquísimo que follábamos aquel antaño verano.

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  • Pasión desenfrenada

    Pasión desenfrenada

    Conocí a JJ una tarde de ejercicio. No fui con ningún plan solo hacer mi rutina diaria. La verdad hicimos click de inmediato al punto que quedamos encontrarnos esa noche en la playa, pero la cita fue un desastre. Es verdad que las cosas con JJ empezaron de una manera inusual y después de ese encuentro pensé que no lo iba a volver a ver.

    Mantuvimos comunicación y una noche decidimos volver a intentar porque no podíamos quedarnos con la duda si había algo más que solo letras. Ninguno de los dos se equivocó había una pasión desenfrenada. Esa noche conocí lo que era sentirse libre dejarse tocar como si fuera la primera vez.

    Comenzó por penetrar mi mente con cada palabra que salía de su boca. Combinándolo con su tacto. Lo tenía de frente a mí mirándome con una intensidad que sentía mi cuerpo prender en un calor inexplicable. Tomo mi pierna izquierda y la acarició tal como lo iba explicando. Sus manos firmes tocaron desde la planta de mi pie hasta llegar al talón de Aquiles. Con su boca empezó a chupar cada dedo de mi pie. El calor de su boca subía por mi cuerpo haciéndome gemir cómo una perra sin límites y a mojarme como la puta que soy. Una de mis manos tocaba mis pezones, de vez en cuando chupaba mi dedo índice para pasarlo por esa área y mantenerlos duros y erectos; dándole un espectáculo a JJ. La otra sujetaba con fuerza la ropa de cama. Definitivamente sus palabras aumentaban mi excitación que solo podía gemir y descontrolarme ante su tacto.

    Aún no sentía su piel sobre mi y ya estaba lista para venirme. Nunca dejo de mirarme quería grabar cada gesto que él provocará en mí. Como si nada tuve mi primer orgasmo. No quería parar mi cuerpo quería sentir más. Bajó mi pierna para acomodarse entremedio de ellas y ver cuán mojada me había dejado. Palpó mi panty con sus dedos. Lo observaba mientras sentía mi humedad. Mordió sus labios y yo copié su gesto. Echó mi ropa interior hacia un lado. Mi cuerpo no dejaba de responderle. Sentir su respiración en mi chocha me hacía respirar con más dificultad, pero eso no impedía que siguiera disfrutando de la bellaquera que sentía. Pasó su lengua desde el interior de mi chocha hasta la punta de mi clítoris dónde se quedó para darme el más sublime de los placeres.

    Moviendo mis caderas para hacer de la rica mamada más placentera mis manos acariciaba su cabeza y jalaba su pelo. Sus dedos jugaban con mi interior y culo. Mis jugos recorrían desde su boca hasta llegar a la cama. No sabía dónde estaba solo sé que iba a llegar a mí segunda venida. Me vine en su boca y JJ disfrutó de mi néctar y no conforme me besó para que yo me saboreara. Dándome el beso más sensual que alguien me hubiera dado. Sabiendo lo que hacía pasó su lengua en el cielo de mi boca haciéndome estremecer debajo de su cuerpo.

    Abrí mis piernas para que JJ me cogiera a su antojo. Primero rozó su bicho con una delicia desde mi clítoris hasta un poco más abajo de mi entrada. Mi cuerpo se movía como una serpiente debajo de él. Estuvo rozándome hasta que sintió su bicho mojado con mis jugos. Se acomodó para penetrarme suave quería sentir cuán apretada estaba mi chocha. Por cada centímetro que entraba un rico gemido salía de su boca y yo lo acompañaba con uno mío. No voy a negar que sentir su bicho entrando me causaba dolor. Lo expresaba enterrando mis uñas en su espalda y ahogando mis gritos.

    Una vez que su bicho estaba completo en mi interior el dolor se convirtió en un placer irreconocible uno que había extrañado. JJ me hizo recordar lo que era sentirse una mujer una vez más. Todo fue algo confuso no sabía cómo seguir su ritmo hasta que él se detuvo y comenzamos a movernos en conjunto. No dejaba de besarlo acariciarlo y sobre todo no dejaba de buscar en cada embestida sentir el hueso de su perfecta V en mi pelvis. Entre cada beso no faltaba un roce de lengua en nuestros paladares y gemidos ahogados por nuestras bocas. Llevábamos un ritmo exquisito el cual nos llevó a un orgasmo mutuo. JJ se vino dentro de mí y yo derramé mis jugos sobre su bicho.

    Lo besé con una sonrisa y diciéndole —Nunca antes me sentí tan puta, bellaca, perra y cabrona como contigo.— lo mire a los ojos y JJ se rio besándome una vez más.

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  • Me cogí a la güera enfrente de su esposo

    Me cogí a la güera enfrente de su esposo

    Una noche salí a tomar una copa, estaba muy estresado por el trabajo, así que quise distraerme un poco bebiendo alcohol, llegué al bar donde acostumbro a ir con mis amigos, pero esta vez fui en plan de solitario, quería reposar un poco.

    Pedí un par de tragos mientras observaba el paisaje, la gente estaba muy prendida, había muchas mujeres sexys, pero ese día solo quería relajarme.

    Estaba a punto de irme, cuando un tipo, un poco gordo de mi estatura y con acento de costa me dijo:

    G: Oye, no gustas una copa amigo, ¡ven a mi mesa!

    Yo lo miré de arriba abajo e ironicé por la situación, pero dijo algo que me convenció.

    G: ¡Es que mi esposa quiere decirte algo!

    L: ¿Ah sí?

    G: ¡Claro ven!

    Lo seguí hasta su mesa, en eso llegamos y una mujer güera, de ojos verdes, tetas medianas y lindas piernas estaba ahí sentada.

    Él me presentó con ella y ella me dio un beso en la mejilla y sonriendo me invitó una copa.

    Olía fenomenal, tenía estilo y aunque no es el tipo de mujer que me atrae, ella me hizo erizarme un poco.

    Z: Me llamo Zaira, ¡un placer!

    L: Luis, ¡el gusto es mío!

    Z: Le dije a Gerardo que fuera por ti y te invitara a nuestra mesa, te veías muy solo en la barra.

    L: Si, gracias, pero ya me voy, ¡un gusto chica!

    Z: Espera, ¿gustas una copa? ¡Solo una!

    No pude decirle que no ella tenía algo que te llamaba la atención, tal vez sus ojos o su color de piel que contrastaba con ambos, tomé la copa y le acepté otra, en un abrir y cerrar de ojos ya llevábamos media botella…

    Empezaron a hablarme de su matrimonio, de las crisis y de la situación que hacían por salvarlo, ella tenía 27 años y el 31, se casaron cuando ella tenía 25 y desde hace un año traían problemas.

    La música sonó y Gerardo me dijo que bailara con Zulema, y que a ella le gusta mucho y él no sabía, yo no me negué y la saqué a bailar, Zaira se movía muy bien, era muy buena bailarina, me sonreía a cada vuelta, me arrimaba su rico cuerpo, empecé a verla de otra manera…

    L: ¡Bailas muy bien linda!

    Z: Gracias, ¡tú igual!

    L: ¿Gerardo no se molesta?

    Z: No, ¡no te preocupes!

    Siendo su cómplice continúe bailando con ella, sus movimientos eran más explícitos, en cada vuelta me permitía ver su ropa interior que era de encaje, en la mesa Gerardo solo miraba, serio y sin hacer nada, yo continuaba bailando y acercándome cada vez más a su hermosa güera.

    Regresamos a la mesa y brindamos por la nueva amistad, ellos se miraban raro, así que fui al baño para darles su espacio, cuando regresé, ambos me esperaban como para despedirse, así que después de tan buen rato no me quedaba más que agradecerles, pero fui interrumpido por Gerardo.

    G: Gracias por la velada, ¡ahora queremos proponerte algo!

    L: Tranquilos, no puedo seguirla, ¡mañana trabajo!

    Z: No es eso, ¡mira es un poco penoso!

    L: ¡Pues solo díganlo y ya!

    G: ¡Luis quiero que te cojas a mi mujer!

    No me esperaba esa propuesta, es verdad que Zaira se veía caliente, pero no pensé que fueran así de directos.

    Z: Para salvar nuestra relación, ¡buscamos nuevas aventuras!

    G: Y tú nos llenaste el ojo, ¡se ve que si le cumplirías muy bien a mi güera!

    Sonreí, los miré de arriba bajo y acepté irme con ellos, los seguí en mi carro hasta la Guerrero, una colonia pesada en la ciudad de México, llegamos a una refaccionaria donde guardamos los carros y después nos metimos en una vecindad que estaba al lado hasta el último cuarto del nivel más alto, un cuarto donde tenían todo, cama, televisión, cocinita y un baño, típico de esas colonias.

    Pues bien, una vez dentro, cerró su puerta y Zaira se lanzó a besarme, nos besábamos apasionadamente, mis manos apretaban sus pequeñas nalgas y sus piernas, su marido solo observaba y ponía música.

    Nos tiramos en la cama que ahí estaba, empecé a quitarme la camiseta y los pantalones, ella se despojó de su blusa y mi lengua comenzó a explorar su rico cuerpo.

    Le quité su falda y le olí su rica concha, su marido sentado en un pequeño sillón observaba la acción. Le quité lentamente su tanga, una vagina con vellos rubios, demostrando que era rubia natural, los mordí y le di unos pequeños besos a sus labios vaginales, ella se retorció y me pidió se la chupara más, yo aun dudando porque apenas los conocía, decidí mejor meterle mis dedos, comencé a abrir su vagina y explorar dentro de ella, le masajeaba su clítoris mientras ella gemía y miraba a Gerardo.

    Z: ¡Uhm! ¡Mi amor, mira como me hace esto!

    G: ¿Te gusta linda?

    Z: ¡Uhm, si!

    Gerardo ya se acariciaba su paquete, le excitaba ver a su mujer jadeando por otro, me quité la trusa y me disponía a ponerme un condón, pero Gerardo me dijo que así me la cogiera, yo todo irresponsable e invadido por la emoción así lo hice, me acosté y la cargué para que me cabalgara, ella se emocionó al ver mi verga dura y grande.

    Z: ¡Ay, si esta grande!

    L: ¡Ven, pruébala!

    Z: Que bueno que no usaste condón, ¡no me gusta!

    L: ¡Que caliente!

    Ella subió y se dejó ensartar, su vagina era apretada y mi verga empezó a hacerla sentir rico, ella movía muy bien su cadera, yo me comía sus pezones claros, los mordía chupaba, succionaba, mientras mis manos apretaban sus pequeñas nalgas y la dirigían encima de mí.

    Gerardo solo miraba y la animaba a moverse más, Zaira, así lo hacía se levantaba y dejaba caer, yo disfrutaba de sus movimientos.

    L: ¡Ah!! ¿así eres siempre?

    Z: ¡Es que ahorita estoy borracha, no creas que soy así!

    L: ¡La verdad no me importa mucho eso!

    Z: ¡Ah, que rico, uhm!!!

    La bajé y la acosté, abrir sus piernas como compas y empecé a embestirla frente a su marido, ella lo miraba y le decía lo rico que sentía, yo apoyándome de sus blancos pies, me empujaba dándole con violencia.

    G: Si, ¡te gusta mi amor?

    Z: ¡Coge riquísimo!

    Recliné sus piernas hasta que sus rodillas chocaban con su cara, ahí me empujé con más fuerza, ella gemía y gritaba al sentirme entrar por completo en su apretada vagina, su marido seguía observando y jalándosela, yo continuaba empujándole todo mi duro animal.

    Le di bien rico en esa pose por un rato hasta que ella exclamo al sentir su primer orgasmo llegar.

    Z: ¡Ah, me vengo ah!

    G: Si, ¡que caliente eres amor!

    L: ¡Si, vente nena!!!

    Se la saqué y la puse en cuatro, tomándola de su cintura y enfrente de Gerardo empecé a penetrarla con mucha fuerza, le daba de nalgadas, una y otra vez, me empujaba con fuerza, miraba desafiante a su marido y ella movía rico su cadera.

    Z: ¡Amor, la tiene dura, ah!

    G: ¿Te gusta?

    Z: Ah, ¡mucho!!!

    Yo disfrutaba de su conversación, comencé a embestirla más y más, la tome de su cabello y se lo jalé con fuerza, eso puso muy caliente a Gerardo, que se sacó su verga gorda y enana y empezó a jalársela mientras su güera gemía por lo que le hacía.

    L: Toma, uhm, ¡que vea tu marido lo puta que eres!

    Z: ¡Ah, sí más!!

    L: ¡Que rico aprietas, uhm!!

    Z: ¡Mas, dame más rico!!

    Zaira era una puta de primera y Gerardo un voyerista de lujo, contemplaba como su mujer era penetrada una y otra vez, y aunque yo con Lety hago lo mismo, en ellos entendía que era porque él no podía satisfacerla.

    G: ¡Dásela por su culo!!!

    Grito Gerardo mientras se ponía de pie y llevaba su verga a la boca de Zaira, yo con una sonrisa lo obedecí y en lo que ella se la chupaba yo le lamía su culo preparándola para mi dura verga.

    Una vez lista la acosté en la cama, levanté sus piernas y empecé a penetrarla suave ella gemía y se babeaba su ano, pero yo estaba poseído y empecé a empujarme con mucha fuerza.

    Z: ¡Ah, necesito salivita, ah!

    L: ¡Uhm, ya tienes!

    G: ¡Si, cógetela, uhm!!

    Me empujaba fuerte, su culo apretaba fenomenal, ella gemía y gritaba, sin sacársela, la acomodé de ladito, estilo cucharita, pero yo de pie y le daba con todo mientras su marido era testigo de cómo le destrozaba su culo.

    Z: ¡Ah, mi amor que rico!

    G: Si, dásela, ¡cógetela Luis!

    L: ¡Que rico culo tienes tu mujer!!

    Z: Que bueno es, ah, ¡Gerardo este si es bueno ah!

    Continúe dándole verga, ella babeaba, gemía, se retorcía, la puse en cuatro nuevamente y jalándole los cabellos se la di hasta que tuvo otro orgasmo.

    Z: ¡Ah, que rico, ah!

    L: ¡Eso, córrete puta, uhm!!

    G: ¡Ah, sí!

    Gerardo también se vino, creo que los dos estaban satisfechos, pero yo quería venirme ya y le pregunté donde se los dejaba ir, ella me dijo que donde yo quisiera, “en la cara” gritó Gerardo mientras miraba eufórico.

    Se la saqué, ella se acostó, yo la tomé del pelo y comencé a venirme a chorros en su cara, de hecho, salpiqué a Gerardo que miraba como mi semen ahogaba a su mujer.

    L: ¡Que rico, ah!!

    Z: ¡Uhm sabe delicioso el semen!

    G: Vamos, ¡comete tu lechita!!

    Zaira comenzó a mamármela, eso prolongó mi orgasmo, Gerardo sonriendo la animaba a exprimirme todo, yo disfrutaba de su oral y le di hasta mi última gota.

    Una vez terminado, ellos se besaban apasionadamente, embarrándose mis fluidos, miré la escena y bebí la cerveza que ahí me esperaba.

    G: Si gustas te puedes echar un baño, ¡ahí hay agua caliente!

    L: ¡Gracias!

    Z: ¡No! ¡Gracias a ti por cogerme rico!

    Me di un baño y me despedí de Zaira, le di mi número y nos dimos un rico beso, Gerardo me acompañó por mi carro y me despedí de un abrazo, prometiéndole que me volvería a coger a su rica mujer.

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  • El destino estuvo de mi lado: Mi primera madura (Parte 2)

    El destino estuvo de mi lado: Mi primera madura (Parte 2)

    Seguí a Valeria hasta su cuarto, caminando torpemente con el short abajo, levanté su vestido para ver su culo desnudo en el camino. A pesar de haberme venido en su boca apenas un momento antes, mi pinga seguía erecta y durísima, ella me la cogía con firmeza mientras me llevaba hacia su cama. Al entrar a su cuarto, le saqué completamente el vestido, tampoco se había puesto brasier, me había estado esperando muy preparada, contemplé su cuerpo desnudo por un instante antes de lanzarme hacia sus pechos.

    Comencé a chupar sus tetas, siempre me fijé más en su culo, pero me di cuenta que también tenía buenas tetas, eran de buen tamaño y estaban muy firmes. Sus pezones oscuritos se habían puesto duros, yo los mordía con suavidad y los succionaba mientras usaba mis manos para masajear su culo, y ella me hacía una deliciosa paja a dos manos. Después de un rato, ella me ordenó desvestirme, mientras lo hice ella se acostó boca arriba en su cama, me acerqué a acostarme con ella, su mirada me indicaba que la penetrara y yo no podía esperar más.

    Ella abrió las piernas, acomodé mi pinga sobre su rajita, ella cerró los ojos y soltó unos gemidos leves, comencé a penetrarla despacio, estaba muy excitado y nervioso, no podía creer que me estaba tirando a Valeria en su propia cama. Luego de unos minutos me sentí más confiado, le agarré las piernas abriéndola lo más que podía, y comencé a darle más duro, ella empezó a gemir más fuerte. Me dijo que me acercara a ella, me abrazó pegando mi cuerpo al suyo y con sus piernas atrapó mi cintura, teniéndome cerca me susurró al oído “hace tiempo quería tenerte así”, yo seguía dándole duro a su conchita, sentí como me arañaba la espalda y seguía susurrando “que gusto por fin tener tu pinga para mí” sus palabras me enfermaban.

    Después de un rato, Valeria me dijo que me acueste, así lo hice, ella se puso encima de mí, agarró mi verga, puso la punta en la entrada de su concha y bajó despacio hasta que la tuvo toda adentro. Comenzó a moverse llevando el ritmo de la penetrada, se colocó un poco hacia atrás, apoyándose con las manos en mis piernas, yo sólo disfrutaba del espectáculo de sus movimientos y sus gemidos mientras ella disfrutaba de mi pinga. Levanté mi cuerpo llevando mi cara hacia sus pechos, empecé a chuparle las tetas y la tomé del culo ayudando al movimiento que se hacía cada vez más intenso. La abracé y me acosté trayendo su cuerpo hacía mí, ahora el ritmo lo tenía yo, así que empecé a penetrarla con fuerza, me encantaba oírla gemir.

    Le indiqué que me cabalgue dándome la espalda, quería disfrutar de la vista de su culaso. Se apoyó en mis piernas y empezó con una cabalgada intensa, que rico culo se le veía, comencé a nalguearla y me di cuenta que a ella le gustaba, así que seguí hasta dejarle las nalgas rojas. Tomé el ritmo de la cachada levantando mi cuerpo, luego de un rato ella se inclinó quedando en 4, así que me arrodillé detrás de ella y empecé a embestirla mientras le cogía las caderas. Sus gemidos se transformaron en gritos de placer “así, cáchame Darío, que rico, más duro” esas palabras me pusieron loco, levanté una pierna para tener mayor impulso y comencé a cacharla con fuerza.

    Era increíble el ruido que hacíamos, el chillido de la cama, el choque de sus nalgas conmigo, sus gritos de placer y las nalgadas que le daba una que otra vez. Ella me dijo que se estaba por venir, así que me puse más intenso “así, haz que me venga, sigue” la embestía con más rapidez y fuerza, hasta que sentí cómo chorreaba su conchita, ella suspiró de placer mientras se venía. Sentir su corrida en mi pinga y saber que le había dado un orgasmo a Valeria me arrechó como nunca, estaba a punto de vaciarme así que saqué mi pinga y solté mi leche en sus nalgas y espalda.

    D: Que rico polvo!

    V: Mmm sí, hace tiempo que no me lo hacían tan rico.

    D: Yo te lo puedo hacer así siempre.

    V: Que rico, acepto la oferta entonces. -Dijo acariciándome el pecho.

    D: Me encantas, estás riquísima.

    V: Tú también me gustas, desde hace tiempo.

    D: En serio?

    V: Sí, yo me daba cuenta como mirabas mi cuerpo, eso me excitaba, muchas veces me tocaba pensando en ti.

    D: En serio? Yo me masturbé mucho pensando en ti.

    V: Sí, eso me imaginaba, nunca pensé en hacer algo contigo, pero ahora que estoy sola y verte siempre en mi casa estos días, sólo esperaba que tú dieras el primer paso.

    D: Vaya, que suerte tengo de gustarle a una mujer como tú.

    V: Jaja seguro le gustas a muchas, yo no tengo problema en compartirte, de todos modos no podemos ser pareja.

    D: Por qué no? Si nos gustamos.

    V: Porque yo soy mayor para ti, no puedo tener una relación contigo… Pero no pongas esa cara, lo que si podemos es divertirnos juntos. -Dijo acariciándome la pinga y guiñándome un ojo, mi cara de decepción se borró con una sonrisa.

    D: Me gusta la idea, me encantó tirar contigo, nunca lo había disfrutado tanto.

    V: Me doy cuenta, estás sudadito jaja. ¿Quieres que nos bañemos juntos?

    Lógicamente acepté en una, ella me llevó de la mano, apenas entramos mi verga ya se estaba poniendo dura de nuevo, ella la vio y sonrió, me empezó a besar mientras me hacía una paja poniéndola más dura. Entramos a la ducha y seguimos con los besos, me pidió que la enjabone, comencé a hacerlo despacio, disfrutando de cada rincón de su cuerpo, estuve buen tiempo masajeando sus tetas, ella gemía mientras me acariciaba la verga que ya estaba como roca. Me arrodillé para enjabonar sus piernas, lo hice de abajo hacia arriba hasta que mis manos llegaron a ese culo que me volvía loco, después de masajearlo bien con unas nalgadas de yapa, acaricié su conchita, le metí dos dedos y comencé a jugar con su conchita por dentro, ella soltó unos gemidos cada vez más fuerte.

    Después de un rato, me pidió ponerme de pie, yo me quedé quieto mientras ella me enjabonaba a mí, sentía como me acariciaba suavemente con las uñas mientras lo hacía, ella decía que le encantaba mi cuerpo (en ese entonces tenía un cuerpo trabajado), sus manos llegaron a mi verga y comenzó con una buena paja, yo volví a acariciarle el culo. Nos acercamos al agua que caía para quitarnos el jabón, ella se arrodilló y comenzó a chuparme la pinga, me miraba con cara de arrecha mientras lo hacía. Ella estuvo unos minutos saboreando mi verga, me acosté en el piso de la ducha y le ordené que me cabalgara, se puso encima mío y comenzó con un rico movimiento de caderas, no podía creer lo rico que cachaba. Tras un buen rato de cabalgada, sentí que se acercaba mi tercera venida de la mañana, así que nos paramos y la puse contra la pared, justo debajo de la ducha. Comencé a bombearla en esa posición, sus ricos gemidos resonaban con el eco del baño, “quiero tu leche adentro, dámela” esa frase fue suficiente para explotar, me puse a embestirla con fuerza mientras la llenaba de semen, no se la saqué hasta que pene se puso flácido.

    Terminamos el baño entre unos cuántos besos, al salir ella me dijo que no había problema con venirme adentro, pues se había operado para no tener hijos, pensé en todas las veces que la llenaría de leche a partir de ese día. Habían pasado más de 2 horas desde que llegué a su casa, y había disfrutado como nunca en mi vida, los próximos meses la visitaba 3 o 4 veces por semana, iba por las mañanas o algunas tardes cuando su hijo se iba a jugar fulbito con sus amigos. Cuando ella iba a mi casa, o cuando iba yo para ayudar a su hijo, aprovechaba cualquier momento solos para meterle mano, ella fingía preocuparse pero yo sabía cómo le excitaba ese jueguito. Tuve muchas experiencias con Valeria, se podría decir que con ella redescubrí el sexo, desde que me la tiré creció mucho mi gusto por las maduras, en mis próximos años tirarme a mujeres maduras se volvió un deporte para mí y disfruté de experiencias únicas, que tal vez poco a poco iré contando por este medio.

    Saludos, espero les guste.

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  • El destino estuvo de mi lado: Mi primera madura

    El destino estuvo de mi lado: Mi primera madura

    Desde que me inicié en el sexo, tuve una fuerte atracción por las maduras, me hacía muchas pajas pensando en algunas mujeres mayores que conocía, hasta ese momento, con 18 años, me parecía una fantasía poder tirarme alguna.

    Una de las mujeres que más me excitaba era Valeria, una amiga de mi mamá, era una mujer de 36 años, ni alta ni baja, cabello semi largo oscuro, contextura normal, unos pechos normales pero firmes, y lo mejor, tenía un señor culo, era de caderas anchas, y aunque se veía algo exagerado para su contextura, a mí me excitaba ver como sus cachetes apretaban sus jeans.

    Valeria era casada, con un pata casi de su edad, quizá un par de años mayor, tenían un hijo de trece años, al que ocasionalmente ayudaba con sus tareas, ya que soy bueno en matemáticas, ella me daba dinero por ayudar a su hijo, aunque para mí ver su culo era suficiente pago. Yo no perdía oportunidad para verle el culo, a veces con disimulo a veces no, trataba de retener cada detalle para las pajas que me hacía luego imaginando mi verga entre sus nalgas.

    Cierto tiempo ella comenzó a visitar seguido a mi mamá, me di cuenta que susurraban y ella parecía hacerlo entre lágrimas, supe entonces que podría tener problemas, me dispuse a enterarme de lo que pasaba.

    Una mañana, que por suerte yo no tenía clases en la universidad, llegó Valeria a conversar con mi mamá, ella me pidió dejarlas a solas, pero me escondí cerca de la sala y puse atención en lo que conversaban. Al principio fue una conversación normal, después de un rato, tocaron el tema que me interesaba, cómo lo supuse, el esposo había estado engañando a Valeria, ella había terminado su relación hace unas semanas, después de insistir en que lo perdone, ella no cedió y el pata se acababa de mudar. No podía creer que teniendo ese culo en casa alguien pudiera pensar en engañarla, si yo fuera él me la cachara tanto que no tendría leche para más flacas pensé.

    Estuve todo el día pensando en lo que había escuchado, me preguntaba si es que su separación me daría alguna oportunidad con ella, nuestro trato siempre había sido muy respetuoso, aunque siempre me imaginaba cogiendo con ella, no pensé que algún día podría ser real. Anduve muy arrecho esos días, me hice muchas pajas pensando en Valeria, hasta la imaginé mientras tiraba con una amiga, no podía dejar de pensar en que ahora ella estaba sola y despechada, que podría ser una oportunidad de oro para mí.

    Pocos días después mi mamá me dijo algo que alteró aún más mis pensamientos, Valeria quería que vaya el domingo por la tarde a su casa para ayudar a Beto, su hijo. Decidí jugármela e intentar seducirla, un polvo con una madura y con tremendo culo, bien valía la pena el riesgo. Llegó el domingo y fui a casa de Valeria, ella me abrió la puerta, vestía uno de esos jeans apretados que tanto me arrechaban.

    D: Valeria, buenas tardes. -Nunca la traté de señora. La saludé con un beso en la mejilla, traté de acercarme más de lo normal.

    V: Hola Darío, pasa. Siéntate, voy a llamar a Beto.

    La tarde pasó muy normal, no había pensado en qué no tendría tiempo a solas con Valeria, yo sólo estaba ahí para ayudar a Beto. Las veces que ella pasaba frente a nosotros, o se acercaba a ofrecernos algo de beber, yo le sonreía intentando llamar su atención, pareció notarlo pero no le dio mucha importancia.

    Hice tiempo lo más que pude, ya se hacía tarde así que Valeria me ofreció cenar con ellos, acepté sin pensarlo mucho, quería pasar el mayor tiempo posible en esa casa. Durante la cena, seguí con las miradas y sonrisas queriendo captar su atención, ella se dio cuenta y pareció corresponder al coqueteo.

    Al terminar, Valeria le pidió a su hijo ayuda para llevar los platos a la cocina, como todo chibolo, se puso a hacer muecas y quejarse, me ofrecí rápidamente a ayudarla yo, dije que lo debía ya que me habían invitado a cenar, Beto aceptó mi ayuda, se levantó y se fue al baño. Tomamos los platos y la seguí hasta la cocina, iba deleitando mi vista con el meneo de su culo, al llegar a la cocina me acerqué a dejar los platos parándome detrás de ella pero sin pegarme mucho, ella volteó rápidamente para agradecerme.

    V: Gracias por ayudarme con los platos, disculpa a Beto, ya no sé qué hacer con ese muchacho.

    D: No, gracias a ti por la cena, todo estuvo muy rico.

    Yo mantuve la cercanía aun cuando ella se dio la vuelta, noté que la estaba poniendo nerviosa. Me indicó que la siguiera a la sala, para darme el dinero por ayudar a Beto, hice un gesto con mi mano para que ella pase primero y volví a seguir su culo hasta la sala.

    V: Gracias por todo Darío, ojalá estés libre estos días porque se vienen los exámenes y quisiera que puedas echarle una mano a Beto cuándo estudie.

    D: Encantado, ya sabes que cuentas conmigo para lo que necesites, me gusta mucho visitarte.

    Ella sonrió y me tocó el hombro, me dijo que ya tenía que ir a mi casa, yo me acerqué a despedirme, al igual que en el saludo me acerqué lo más que pude a ella, sentí que se puso nerviosa, supe entonces que había oportunidad, que todo era cuestión de tiempo.

    Los días siguientes visité la casa de Valeria con la excusa de los estudios de Beto, seguí con los coqueteos y las insinuaciones, cada vez con más descaro, a ella se le fueron pasando los nervios y empezó a corresponderme. Su semblante había cambiado, ya no se notaba triste y preocupada, ahora se le veía más alegre, sabía que era gracias a mí, estaba logrando que se olvide del huevón de su ex.

    Tras 2 semanas ayudando a Beto sus exámenes habían terminado, no estaba seguro de cuándo volvería a estar tan cerca de Valeria, así que pensé que tendría que arriesgarme a dar otro paso. Esa última tarde al despedirnos en la puerta de su casa, le di las gracias (me estaba pagando) y le dije en tono pícaro que quería agradecerle de algún modo, ella rio y me dijo que no había necesidad, insistí.

    V: Bueno, y cómo me piensas agradecer?

    D: Con algo que sé que necesitas, un buen vino y una buena compañía. Dije señalándome, ella respondió con una pequeña risa.

    V: Ya vas a empezar jaja. No puedo aceptar eso, que va a decir tu mamá si sabe que tomo vino con su hijo.

    D: Eso no importa, yo soy mayor de edad, y nosotros somos amigos, o no?

    V: Claro que sí, tú lo has dicho, somos amigos, pero creo que tú buscas algo más. Dijo poniendo el dedo en mi pecho y sonriendo. Tomé la mano con la que me apuntaba, hice que toque mi pecho y me acerqué a ella, me miró sorprendida.

    D: Así es, quiero algo más. Con mi otra mano la tomé de la cintura acercándola a mi cuerpo, mi corazón estaba a mil y supe que ella lo sentía al tocar mi pecho, intentó voltear la cara pero no le di tiempo y la besé, quiso empujarme pero se rindió y me correspondió el beso, sentí que era mi primera victoria. Tras unos segundos, se separó de mí, volteo la vista hacia dentro de su casa buscando a su hijo, no estaba cerca.

    V: Oye, no hagas eso, Beto nos pudo ver.

    D: Pero no nos vio. Me acerqué a ella, pero me detuvo.

    V: No, ya anda a tu casa por favor, chau.

    D: No, espera, yo sé que también te gusto.

    V: Mira, no vamos a hablar de eso ahora, ya tienes que irte. Ella seguía atenta por si Beto se acercaba.

    D: Quiero venir a verte cuando estés sola, para poder hablar. Vendré mañana temprano, cuándo Beto esté en el colegio. Ella me miró sorprendida, lo pensó unos segundos, luego me dijo que sí y se despidió de mí con un pico, me sonrió y cerró su puerta. No pude dormir sabiendo lo que podría pasar en la mañana con Valeria, quise hacerme una paja pero decidí guardar la leche para ella.

    Llegué a su casa cerca de las 9 am, ella tardó un poco en abrir, llevaba un vestido floreado, suelto y casi a la altura de las rodillas, un escote muy ligero, la recorrí con mi vista de pies a cabeza, me jaló del brazo haciéndome entrar rápidamente y cerró la puerta. Al instante me puse detrás de ella y la abracé por la cintura, pegando su culaso a mi pelvis.

    V: Estás apurado.

    D: Llevo mucho tiempo esperando esto. Le moví el cabello para besarle el cuello.

    V: Vamos a mi cuarto.

    D: Quiero hacértelo aquí mismo, no puedo esperar más.

    V: No, aquí no.

    No le hice caso, me arrodillé quedando frente a su culo, levanté su vestido, no tenía calzón, quedaron a la vista sus ricas y grandes nalgas, a mí me fascinan las nalgas, así que empecé a besarlas y morderlas como loco, ella me acariciaba la cabeza con una mano, hundiéndome la cara entre su culo. Hasta ese momento, nunca le había practicado el chupado la concha a nadie, pensé que ella se merecía eso, el olor de su sexo me prendió, le presioné la espalda para inclinarla, luego de usar mis manos para abrir sus nalgas, comencé a dar lengüetazos que iban desde la concha hasta el culo, ella gemía suavemente y me tomaba fuerte de la cabeza, frotando mi cara en su conchita.

    Aunque que no tenía mucha experiencia, me esforcé en darle el mayor placer con mi lengua, después de un rato de lamer y chupar toda su rajita, sentí cómo empezaba a humedecer.

    Me puse de pie, me disponía a liberar mi pene que ya se había despertado, ella se dio vuelta me tomó del short y me jaló llevándome hacia el mueble. Se sentó y me puso frente a ella, me bajó el short junto con el bóxer, vi cómo se mordió los labios al ver mi verga, la tomó y comenzó a pajearme.

    V: Que rica la tienes. Te la han chupado antes? Sólo respondí moviendo la cabeza. Seguro no cómo yo lo voy a hacer.

    Me agarró la pinga con firmeza y la acomodó hacia arriba, pasó su lengua despacio desde la base hasta la punta de mi falo, lo metió en su boca y empezó a chuparlo con suavidad. Poco a poco iba metiendo mi pene más adentro de su boca, era una experta pensé, se ahogaba con mi verga, que estaba empapada de su saliva y líquido seminal, me la chupaba mientras me hacía una paja a la vez.

    Ver a Valeria chuparme la pinga de esa forma, me excitó como nunca, jamás me había venido con una mamada pero sentí que estaba a punto de explotar y le indiqué que parara. Ella me vio y se dio cuenta del motivo, lejos de detenerse continuó con mucha más intensidad, me di cuenta que quería mi leche en su boca, así que le cogí la cabeza y empecé a penetrar su boca con movimientos rápidos. No podía aguantar más y disparé varios chorros de leche dentro de su garganta, ella continuó la mamada hasta el final, tragándose toda mi leche, usó su lengua para dejar limpia mi verga y luego me miró sonriendo.

    V: Ahora sí, vamos a mi cuarto.

    Se puso de pie y sin soltarme el pene me llevó hasta su cuarto, yo iba rumbo a disfrutar uno de los mejores polvos de mi vida.

    Continuará…

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  • Calmando el ardor de mi sobrina

    Calmando el ardor de mi sobrina

    Hace unos días llegó a casa, a pasar unos días, una sobrina que vive en el campo. Tiene 18 años y un cuerpo realmente soberbio. Es bastante inocente, pero tiene unas amigas que son un poco mayores y que estudian en la Universidad donde yo enseño.

    Anoche, ya tarde, al subir para acostarme pasé frente a su habitación. La luz del lamparín estaba encendida y sentí unos murmullos que de primera intención pensé que eran del televisor que se había quedado encendido.

    Empujé un poco la puerta, que estaba sólo junta, y el espectáculo que vi me dejó paralizado.

    Teresa, que así se llama mi sobrina, estaba sentada en la cama, arrecostada contra la cabecera, con una bata ligera y transparente que casi caía de su cuerpo. Con una mano se acariciaba los senos, que son realmente bien formados, y con la otra se acariciaba la rajita mientras suspiraba y se agitaba con evidentes muestras de excitación.

    No pude evitar que me viera, pero lejos de molestarse o de ponerse nerviosa, me dijo:

    -Ven tío, ayúdame. No sé qué me pasa. Siento un ardor en la entrepierna que no puedo calmar.

    -¿Desde cuándo lo sientes?

    -Hace media hora. Bajé para tomar un vaso de agua y al pasar te vi en tu escritorio. Tu pene salía, tieso, de tu bata, y no pude evitar un sobresalto agradable, pues es la primera vez que veo uno en la realidad. Sólo he visto las fotos que tienen mis amigas, pero nunca había sentido este ardor. Ven, ayúdame, te necesito.

    Me acerqué y le acaricié el rostro. Estaba ardiendo, y sentí cómo su cuerpo se contraía en evidente deseo reprimido. Me miraba anhelante.

    -Tío, ayúdame, tú sabes hacerlo. Siempre sueño contigo e imagino que me acaricias. Mis amigas me cuentan cómo sueñan contigo y las pajas que se hacen pensando en ti.

    -Habla despacio, te ayudo un momento porque nos pueden escuchar; tienes un cuerpo divino que necesita expeler sus deseos reprimidos.

    Mientras le hablaba comencé a acariciar sus senos. Eran medianos, pero duros y redondos, con pezón sonrosado que cada vez era más grande y duro. Ella gemía.

    -Sigue tío, me derrito, siento el ardor entre mis piernas. Cálmame que no aguanto más.

    Con la mano derecha acariciaba sus senos, uno cada vez, y con la izquierda comencé a explorar la gruta virgen. Una mata venusina, medio rubia, pero que sobresalía, inundó mi mano con los jugos que expulsaba su sexo ardiente.

    Lentamente fui explorando, sobando esos labios evidentemente vírgenes de mano masculina que latían con espasmos de placer. Ella gemía.

    -¡Qué rico, cómo me gusta, qué mano deliciosa. Sóbame más.

    Con un dedo entreabrí los labios, pulposos, palpitantes, mojados, hasta encontrar el clítoris. Lo tomé entre los dedos mientras ella saltaba como si una corriente eléctrica la hubiese traspasado.

    -Ahhhh, sigue, más rápido, así, así, así. Qué delicia, mójame, bésame, chúpame, reviéntame, soy tuya. Así, más rápido, qué rico. Tu mano es maestra y me está enseñando a gozar. Así, así, así. Ahhhh, por fin, qué delicia, cómo me vengo, cómo gozo, ahhhh.

    Después de un momento en que se fue calmando, me dijo:

    -Nunca imaginé que sería tan rico, y que serías tú quien me lo hiciera, pues muchas noches, en el campo o en la ciudad, al soñar despierta te veía junto a mí con tu sonrisa embrujadora y me pajeaba pensando que eras tú quien me acariciaba. Tenían razón mis amigas en decir que eres su mejor profesor.

    -No exageres, es sólo que estabas excitada y necesitabas calmar ese ardor que tenías y que no te dejaba dormir. Ahora descansa, que mañana tienes varias cosas que hacer.

    Ya me retiraba cuando me dijo:

    -Gracias tío, ¿no quieres que te calme? Tienes tu pija muy dura.

    La miré en silencio y sonreí.

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