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  • Amiga y amante de voluptuosa mujer, una maestra del sexo

    Amiga y amante de voluptuosa mujer, una maestra del sexo

    Todo comienza por el año 1997, me encontraba por terminar la secundaria, si bien en esa época todo es ilusión y sueñas con ese primer amor. era todo un chico romántico y atento con las chicas por ese entonces sin que me imaginara aparecería es amor que me rompería esa primera ilusión.

    Ella era “Jessy” estaba en quinto de secundaria y era nuestra auxiliar, miembro brigadier de escolta de la escuela. Era de buen trato y muy inteligente en sus conversaciones, de contextura normal, pero sin imaginar que con el tiempo formaría una linda figura, me hice muy amigo de ella pues colaboraba en lo que necesitase en el salón en ciertos días.

    Jessy aquel año acabaría la secundaria y postularía a una universidad, nos apoyaba con las clases de inglés y razonamiento verbal, era una capa y tenía mucha paciencia con nosotros y en especial al final conmigo.

    Aunque en el aquel entonces no tenía pareja porque se dedicaba sus estudios pues me decía que lo importante para ella era su desarrollo profesional, era desde entonces ya una mujer empoderada y muy admirable.

    Y en unas de nuestras casuales conversaciones surgió lo impensable

    D: Jessy y vas a postular a la universidad san marcos

    J: Si, y estoy que me preparo, aunque estoy con mis clases a full en la academia y espero ingresar a la primera

    D: Si yo creo que si lo conseguirás… eres una chica muy linda y te ira bien

    J: ¿Linda??… ja, y dime eso que tiene que ver con que ingrese

    D: ¿Eh?! Este… -me puse nervioso pues sin querer le mandé una indirecta

    J: Tranquilo, no te voy a meter tampoco preso por lo que me has dicho, relájate

    Dándome un gesto de ternura y jocosidad

    D: Lo siento, no me diste, o sea… eres el tipo de mujer que no da el tiempo de pensar

    J: Ya tranquilo, te entiendo niño lindo… bye

    Despidiéndose de mi dándome un beso en la mejilla casi rozando mis labios, como dicen un beso de casi media luna, el cual me puso nervioso y feliz; una bella sensación que hizo ilusionarme con ella.

    Así pasaron los días y casi al terminar el año, solo me atreví a pedirle su teléfono y su correo electrónico, el cual ya se estaba poniendo de moda la nueva tecnología.

    Me acerque a ella y sutilmente fuimos para un lado para despedirnos

    D: Te voy a extrañar… yo quería decirte antes que te vayas… que, que tú me gustas y que, aunque quizás no te guste y tengas otros planes, te deseo lo mejor y que puedas ingresar a la universidad y logres todas tus metas… Te deseo lo mejor.

    J: Bueno, me halaga lo que me dices, y no es que… no es que no me gustes, estoy en otra etapa en mi vida y tu estas aún por vivir cosas aquí en la escuela, aprovecha esta oportunidad que tienes, sal con otras chicas, disfruta tu momento

    Aunque la escuchaba algo triste aún me sentía nervioso, pero finalmente llegó la hora de despedirnos, cuando empezaron a irse con su grupo de promoción.

    D: ¡Cuídate mucho!! Ten una linda Navidad y buen año nuevo

    J: Tú también… al menos llámame para que me saludes por navidad, ¿o no?

    D: ¡Sí!, claro que te llamaré –algo triste y emocionado en mi tono de voz

    J: No estés triste… eres muy lindo y respetuoso, nunca demuestres debilidad… tienes que aprender a jugar a ser fuerte o sino el que pierdes eres tú, ven dame un abrazo

    Nos dimos un cálido abrazo y al oído me repitió.

    J: Quizás en algún momento… quien sabe… escríbeme y eres un buen chico y un gran amigo

    D: Me va hacer falta tus consejos y tu amistad… cuídate Jess, bye

    Sonreímos y cada quien se fue por su lado, por un momento me quedé con un gran vacío, Fui directo al baño para lavarme la cara, ya que tenía esas ganas de dejar caer unas lágrimas de pena.

    Al pasar los días espere para llamarle a su casa para saludarle por navidad, y para mi grata sorpresa contesto mi llamada.

    D: aló, buenas noches con la señorita Jessy

    J: No creí que llamarías chico bonito, ¡me das una gran alegría… como estas!

    D: ¡Jessy!!!… hola eres tú que nervios pensé que me contestaría tus papás estaba nervioso

    J: ja, tranquilo, ¿y qué planes para navidad en familia?

    D: Si, si nos juntaremos con unos tíos también y unos primos… ¡y tú que tal como vas con tus clases en el pre, cuando es tu examen?

    J: Aún es marzo, pero ya sabes no hay tiempo que perder

    D: Si bueno, espero saber que lograste ingresar… me alegraría mucho

    J: Espero me llames para contarte… o mejor aún porque no me visitas un día en mi academia, la primera semana de enero tengo simulacros los viernes… ¿qué dices tienes tiempo?

    D: Ir a verte, ¿en serio?

    J: Si, tranquilo se te escucha nervioso… ya pero ese día quiero que estés tranquilo demuéstrame que eres un chico maduro… ¡o no lo eres?

    D: Claro, ese día estaré tranquilazo

    J: ok eso espero… bueno te deseo que pases una linda navidad tengo que ayudar a mis papas, estamos hablando

    D: Estamos hablando. ¡Feliz navidad!!!

    Así quedamos en días previos llamarla y quedar para ir a verla, junte de mis propinas para ese día al menos poder invitarle a comer unas hamburguesas.

    La vuelvo a ver.

    La esperé afuera de su academia muy formal con camisa para lucirme ante ella, entre la multitud que salía, la pude divisar de lejos que venía con una amiga, al acercarse a mí se despidieron y muy feliz se me acerca para darme un tierno abrazo.

    J: Como has estado niño bonito

    D: bien, y más ahora que vuelvo a verte… pero no soy un niño, soy…

    J: ¡Ah no! Entonces eres un hombre

    D: Ya no falta nada para serlo

    Reímos ambos y le ayude con su mochila camino por la av. Arequipa para tomar un bus al centro de Lima, como jironeando. Mientras me hablaba de sus clases, sus opciones a la carrera a postular y temas relacionados, a lo cual, ya comiendo por el centro, empezamos a tener una conversación más profunda sobre ambos y que posibilidades podrían existir.

    D: Y entonces… crees que tenga posibilidades de ser más que tu amigo

    J: Es muy pronto para que me digas eso, si me agrada tu compañía y si me alegra saber que sobre todo eres un buen amigo… porque somos amigos… ¡cierto?, y lo que pase más adelante una relación de enamorados… creo que sería algo difícil por las etapas en la que estamos

    D: Si lo entiendo, pero también quiero que entiendas que tú me importas mucho

    J: Eres muy joven… para saber qué es lo que sientes, aún estas en esa linda etapa del descubrimiento

    D: Lo único que quiero es estar contigo… ¡a mi basta tu compañía y darte todo mi amor!

    J: Tranquilo…, mira no voy a negar que, si me gustas, pero tener una relación es algo mucho más que pasar tiempo juntos, si tú por ejemplo te enamoras de alguien más de la escuela y sé que será así pronto te olvidaras de mí y lo entiendo porque hay que pasar etapas, pero te ofrezco mi amistad y mis consejos por si te hacen falta

    D: De acuerdo, pero sé que algún día cambiaras de opinión y ese día tú me buscaras y me dirás que me quieres y estarás loquita de amor por mí.

    J: ¡¡¡Wao!!! Que confianza la de este chico jajaja, pero me gusta esa actitud, ya es de noche se me va hacer tarde me acompañas al paradero.

    D: Si, es más te acompaño hasta tu casa, está en camino a la mía, vamos

    En el bus mientras estábamos, sentados me atreví a tomarle de la mano, éramos dos adolescentes jugando a ser grandes, finalmente a unas cuadras de su casa, paramos y mirándome a los ojos me dijo.

    J: Pase lo que pase tienes en mi a una amiga… y si quieres ser mi amigo siempre contarás conmigo hoy, mañana y cuando quieras no hay tiempo para poder aconsejarte y seas una gran persona, nunca cambies tu esencia y nunca dejes de ser tú.

    D: nunca dejare de serlo, y eres especial porque eres como ese primer amor, que, aunque no lo eres mi corazón lo siente así

    Se acercó a mí y me dio un fuerte abrazo y mejilla con mejilla, gire para darle un tierno beso en su mejilla y al separarse ligeramente mirándonos a los ojos me replico.

    J: Quizás… algún día, quien sabe

    Dándome un tierno beso, el cual sentí de despedida… fue un momento mágico que recuerdo hasta el día de hoy, un recuerdo de ternura y de amor. Estaba algo nervioso quedándonos frente con frente repliqué:

    D: ¡Si así será!, ya verás que si… es cuestión de tiempo

    Luego se fue con dirección a su casa y ya camino a la mía, me estaba llevando ese recuerdo en el corazón, siendo sinceros el verano me trajo otras distracciones, me fui de viaje al norte con mi viejo, iba a la playa y así antes de empezar las clases volví a llamarla.

    D: ¿Aló con Jessy? de parte de “dije mi nombre” un amigo del colegio

    -Está en sus clases de la academia, pero le hare presente que llamaste

    D: Si quería saber cómo iba para su examen de admisión… en fin vuelvo a llamarla. Gracias

    Pasaron los días y volvieron las distracciones, la nueva etapa, las nuevas amigas y amigos y responsabilidades de aquel año, finalmente tuvo razón cada quien vivió su etapa, le escribí a su e-mail y finalmente logro ingresar a la universidad; perdimos comunicación pasaron los años, me enamore de distintas chicas, me rompieron el corazón una y otra vez como parte, pero siempre recordaba que “uno tiene que aprender a jugar, o el que pierde será uno”

    Cumplí mi mayoría de edad, y viviendo la etapa de las fiestas, las salidas con nuevas chicas, me emparejé de “Margareth” una relación algo inmadura, con el descubrimiento del sexo para ambos, fuimos muy atrevidos y apasionados en nuestros encuentros, sin tener límites, al final solo éramos sexo y nuestra relación se tornó algo tóxica. Y demás amiguitas de turno de las cuales me enseñaron como complacer a cada tipo de mujer.

    Luego por mucho tiempo anduve solo y enfocado en acabar mi carrera, mientras hacía mis practicas pre profesionales, pero por finales del año 2006, volvieron a ponerse de moda las redes, como el popular HI5, y al contactarme con viejos amigos… llego un mensaje al buzón

    “Hola niño bonito, que ha sido de tu vida… espero que estés bien, saludos de una vieja amiga que siempre te recuerda y que espera hayas tenido una buena etapa en tu vida en tu día a día, y que seas un buen hombre”

    Respondiendo a su inbox:

    “Claro que lo soy, y me da gusto saber de ti… me hace feliz saber de ti, ¿y dime nos vemos en algún momento?, espero que sea pronto”

    La vida siempre te da revanchas y esta era una de ellas, ambos ya estábamos grandes y recordé de esa promesa que nos dijimos, aunque exactamente no fue como lo imaginé, tuvimos nuestros encuentros candentes; estaba más linda, más mujer con una sexy figura y más atrevida al hablar, sin dejar de ser ella misma, y al momento de reencontrarnos, quien habla se encontraba con más seguridad de sí mismo y con mucha experiencia sexual, gracias a toda la practica obtenida por mis ex amantes de turno.

    Finalmente se juntaron la pasión y el deseo, y fuimos los mejores amantes de turno de muchas noches de pasión, en diferentes circunstancias siendo muy jóvenes, estando en nuestra madurez sexual y posterior a que formase una familia.

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  • Mi historia con una milf

    Mi historia con una milf

    Pocas cosas me rompían más las bolas que ir a las reuniones sociales del colegio de Alana e intercambiar opiniones con los padres de sus compañeras. Todos eran de esa clase media engrupida de zona norte que, por tener un relativo éxito comercial o de negocios, creen que son la raza superior. Supuestos progres que rápidamente llaman a la cana si ven por el barrio a un vagabundo sin hogar que “afea” su entorno o son capaces de apoyar a un presidente si les consigue que su economía mejore un poco, olvidándose que sea misógino, corrupto o poco democrático.

    Mi señora lo sabía y aceptaba que yo dé la cara, salude un poco y me escape ni bien podía a pasear. Ella hacía las sociales y alentaba esa idea de que yo era un poco solitario y reservado.

    Así pasó cuando fuimos a la reunión que hicieron por la primavera. Quince minutos después de llegar, estaba paseando por los jardines del campo deportivo donde se realizaba el evento hasta que encontré un hermoso banco oculto entre unos árboles y me senté a esperar que un llamado de mi señora en el celular me avise que ya era la hora de irse. Me puse a pensar en la novela que estaba escribiendo.

    No porque mi trabajo sea de escritor, sino porque tengo ese hobby y me encanta. Trabajo como terapeuta de parejas con una modalidad nueva, yendo a las casas de los que están con problemas y trabajando con la familia y el entorno de la relación. Y me va muy bien en eso. La cosa es que estaba perdido en mis pensamientos cuando una voz me sorprendió.

    -“Perdoná, no quería molestarte, pero no encontré otro lugar para sentarme. ¿Vos sos un alma poco dada a estas reuniones como yo, o te escondiste acá por otro motivo?”, me preguntó la dueña de esa voz. Una treintañera bien conservada, de buena figura y una estética de vestimenta, maquillaje y arreglo que me encantó. Con una voz, además, muy cálida y serena.

    -“Soy un cascarrabias antisocial”, contesté, “que me escapo de estas reuniones. Algo así como lo que vos dijiste, pero más intenso” Se rio del comentario y me corrí indicándole que el asiento era para compartir. Se sentó y preguntó si fumaba. Mi negativa la tranquilizó

    -“Menos mal. Puedo soportar el humo, pero habría estropeado el momento. Lindo lugar, una compañía aparentemente culta y amena con la cual espero que nos acompañemos hasta que esta fiesta de vanidades se termine. ¿Tenes hijo o hija estudiando acá”.-

    -“Hija. En tercer año. Adolescente en la etapa obscura, pero no muy grave”.-

    -“Me hacés reír. Mi hijo está en 4° y su etapa más que obscura es de vagancia, desorden y constante mal humor”.-

    La media hora que trascurrió (hasta que el llamado en el celular me marcaba el tiempo de reaparecer para dar los saludos de despedida) fue muy agradable. Así fue como conocí a Yanai, contadora, separada, con un único hijo (Sergio) y que vive en uno de los nuevos emprendimientos edilicios en torre que están proliferando cerca del río.

    Supe que su nombre era de origen quechua (que, ¿ustedes no hubieran preguntado?), que era onda super tranqui como yo, que hacía yoga y que todavía estaba transitando el duelo de la separación de hacía dos años. Me despedí para volver a la reunión y, si bien me quedó grabado lo hermosa que era y rápidamente la había catalogado como milf (mother I´d like to fuck), no pensé que nada más iba a pasar entre nosotros.

    Hasta que… el colegio inició un taller de teatro y hubo un llamado a una reunión de padres para explicar los límites de una actividad donde se jugaban muchas sensibilidades, se ponía el cuerpo en acciones compartidas y, como se trataba de adolescentes y la Dirección quería curarse en salud, todos los progenitores de los que se anotaron para el taller necesitaban concurrir, enterarse de como se iba a encarar y aceptar los términos de la actividad. Así fue que volví a ver a Yanaí.

    Terminada la reunión, los pibes se quedaban para empezar la primera clase de teatro y los padres fuimos invitados elegantemente a irnos. Cuando llegamos a la puerta nos enteramos que se había desatado una lluvia bastante intensa. Yanaí no tenía nada con que cubrirse y sus sandalias de hilo tejido eran muy lindas pero totalmente inapropiadas para mojarse. Además había venido sin auto pensando en caminar un poco después de la reunión. Tras mucho insistirle, aceptó que vaya por mi auto y la pase a buscar para que no se empape.

    Cuando llegamos a su casa, estacioné en una especie de garaje abierto techado del cual podía ir a resguardo hasta su casa. Me invitó a tomar un café e insistió que me lo debía por el viaje. Entramos en su living y me dijo que me saque los zapatos. Dentro de la casa no usaban, me indicó un sofá para sentarme y me dijo que se iba a cambiar. Volvió con una camisa liviana y una pollera bastante cortita y preparó café. No sé si por mi trabajo doy la sensación de ser buena oreja para los dramas o necesitaba a alguien para volcarlo, pero en diez minutos estábamos hablando de su ex, sus heridas, sus rabias y se puso sentimental y lloriqueaba entre hipos.

    -“Perdoname Andrés, soy una bruta. Apenas te conozco y te cuento mis dramas, pobre. Perdoname, pero no sé por qué no pude contenerlo”

    -“No hay problerma ni tenes nada que disculpar. Descargate si te sirve. Además, te pones más bonita cuando te enojás”.-

    -“Tonto”, me dijo sonriendo.

    -“Ningún tonto. Sos muy hermosa y ni bien mandés al desván del pasado a tu ex, vas a tener una fila de tipos esperándote”.-

    -“No puedo borrarlo y además estoy sola y no puedo soltar mis penas con mi hijo. Es el padre. Un reverendo turro conmigo, pero su padre”.-

    -“Yanaí, me voy que estarán esperándome para comer. Pero cuando necesites una oreja, invitame a un café, que lo hacés muy rico y vengo”.-

    La despedida fue con un cálido abrazo, que duró más de lo esperable y un muy amoroso beso en mi mejilla. “No pensés boludeces, tarado”, me dije, “es sólo por las gracias de escucharla. No te dés manija”. Pero eso era difícil con una belleza como Yanaí. Igual, una semana después ya la había borrado de mis pensamientos. Por eso me extrañó su wasap preguntándome si tenía tiempo de hablar. Me dijo que el jueves su hijo se quedaba con el padre y, si yo podía, le encantaría que vaya a su casa. “te preparo el mejor café posible” prometió, con un emoticón de beso.

    Obvio que fui. Le dije a María (mi mujer) que tenía una pareja que solo podía tarde y que no se preocupe si tardaba. Ella sabía que mis sesiones eran de horario abierto, de modo que lo tomó como algo normal. La tarde del jueves toqué el timbre en la casa de Yanaí sin saber mucho que iba a pasar. Cuando me abrió la puerta intenté ser normal, pero me costaba. Estaba vestida con un vestido ajustado que le marcaba todos los contornos de su cuerpo y era … ¡¡fantástico!! Tenía el pelo suelto y un maquillaje remarcado en los ojos con un contorno tipo princesa egipcia. Todo en ella era sensual.

    Nos sentamos a tomar el café y empezó a relatarme un episodio de cierta violencia con su ex y después pasó a confesarme su vida de casada, monótona, rutinaria y con poco sexo y sin variantes fuera del misionero. Describía a su ex como controlador, tosco y apocado. Fueron novios en secundaria y no conoció a otro hombre hasta su separación, cuando tuvo una fea experiencia con alguien que la usó y se aprovechó de su vulnerabilidad afectiva. Después se cerró como ostra y así pudo funcionar mejor. Me contó toda esa historia para rematar en algo que shockeó.

    -“Hasta que te vi a vos bajo el árbol y es como si todos los deseos me hubieran revivido de golpe. Desde que te ví en ese parque no puedo parar de pensar en vos. No te asustes, no es algo romántico, no quiero que seas mi novio. Es que me calentás mucho y no aguantaba más no decírtelo”.-

    -“Uauuu, Yanaí. Te juro que ni soñaba que me dijeras algo así”.-

    -“Perdoname, pero es lo que siento ¿no te gusto?”

    -“Si, totalmente, pero estoy casado”

    -“Lo sé y no quiero complicarte la vida. Pero… ¿no te gustaría tenerme como amante? Solo sexo, nada más”.-

    -“No sé Yanaí. Me tienta, obvio, porque sos muy bonita… y sensual. Pero no salgo de la sorpresa”.-

    Se acercó a mí, se paró a mi lado, corrió los breteles del vestido y dejó que cayera a sus pies, quedando en un brassier diminuto y una tanguita minúscula.

    -“Quiero que me abraces Andrés ¿podrías?”.-

    Me levanté, la abracé. Ella se pegó a mí, levantó la cara y me besó

    -“Llevame a la cama y mimame. No tengo mucha experiencia en el sexo, como te conté. Pero estoy dispuesta a aprender y hacerte caso. No sé por qué pero confío en vos.”

    Le pasé el brazo por abajo de sus rodillas mientras con el otro la tomaba por la espalda, la cargué y ella se acomodó abrazándome y sin hablar. La dejé en la cama y empecé a desvestirme, ella mientras abrió las cobijas y las sábanas, se acostó mirándome.

    -“¡¡Qué lindo que sos!!, me dijo.-

    -“Vos no te quedas atrás, hermosa”, le contesté acostándome a su lado ya desnudo. Le bajé nl brassier para dejar suelto uno de sus pechos y empezar a lamer y besar su pezón mientras le acariciaba todo el cuerpo Ella suspiraba y me miraba sin decir nada mientras se desprendía el brassier y lo sacaba, ofreciéndome sus tetas. Me entretuve un largo rato con ellas. Me encantaban y se notaba que a ella le gustaban esos mimos.

    -”Me encanta mirarte mientras me besas las tetas. Me calienta mucho cuando me lames y chupás. Es delicioso”

    -“Perdona, pero ¿tu marido no las besaba?”

    -“Casi nada. Unos besitos y a ponerme de espalda para que me penetre”.-

    -“Ayyy, bebe. Podría besarte estas tetitas por horas. Me encanta”

    -“Besalas todo lo que quieras. Me gusta mucho”.-

    Le acaricie, besé y lamí los pechos, le acaricié todo el cuerpo y después me ocupé de su conchita, de su clítoris, al cual lamí y chupé mientras le acariciaba la vagina con mis dedos lo cual la hizo acabar con un profundo gemido y sus dedos enredados en mi cabello y empujándome contra su cuerpo.

    -“¡Ahhh! Nunca acabé así. Mi dios, que lindo.

    Fui a abrazarla y besarla y le llevé la mano a mi miembro. Lo acarició suave y bajó a chuparlo. Pero lo hizo en forma mecánica con chupadas rítmicas. La paré.

    -“¿Lo estoy haciendo mal?”, preguntó preocupada

    -“Veni, se ve que no tenés tampoco mucha experiencia en esto”.-

    Y le dije que no a todas las personas le gustaba de la misma manera. Le pedí que lo haga suave, lamiendo todo el tronco, besándolo y chupándolo poquito y solo de vez en cuando metiéndolo todo en su boca. Se preocupaba en seguir mis instrucciones.

    -“Así me gusta más a mí también”, dijo levantando la cara sonriente como alumna aplicada.

    No quería repetir el misionero y por eso me acosté y le pedí que se suba a caballito, le levanté el cuerpo y , mientras con una mano le tenía la cola, con la otra le apuntaba mi pija en su conchita. La hice mover despacito hasta que entró la cabecita y después ella misma fue bajando hasta tenerla toda dentro.

    -“¿Cómo me muevo?”.-

    -“Como quieras, pero primero quedate quieto y sentime dentro tuyo ¿te gusta?.-

    -“Mucho y no solo es tu pija grandota que se siente lindo sino el sentir que estás acá conmigo, que me cuidas, que me mimas, que me te preocupa mi calentura. Todo”

    Le tomé la cara y la besé y luego le dije al oído -”Sos mi nena, mi hembra, mi putita y me voy a preocupar de que goces mucho y disfrutes todo”.-

    -“Gracias. Nunca me cogieron así”

    -“Nunca te hicieron el amor. A mi no me gusta cogerme a una mujer, me gusta disfrutar con ella, hacer el amor ¿entendés?”.–“Si. Totalmente. Pero cuando quieras cogerme, hacelo como quieras”

    La tomé de los cachetes de la cola y la llevé marcándole el ritmo hasta que tuvo un nuevo orgasmo. La abracé y le dije que se quede quieta y lo disfrute. Después disfruté a esa hermosa mujer cogiéndola estilo perrito, de pie contra la pared, sentado con ella contra mí y después en estilo misionero. Acabó dos veces más.

    -”Quiero que acabes vos. ¿Qué tengo que hacer?”.

    -“Tardo en acabar, pero me encanta que me acaricies la pija, me masturbes y la chupes hasta hacerme venir mientras te miro. ¿te animás a tragarte mi leche?”

    -“Lo que quieras”

    Y fue a acostarse en medio de mis piernas, tomo mi pija y se dedicó a masturbarme, lamerla, besarla, chuparla mientras me miraba seductoramente

    -“Quiero tu leche papi, damela en la boquita”, dijo haciendo un mohín y volviendo a chuparla mientras me masturbaba. Le tomé la cabeza y la tuve quieta mientras, con mi pija bien dentro de su boca, acababa un montón. Mientras sentía como me chupaba y lamía y siguió haciéndolo un rato largo después de tragarse mi leche.

    -“¿Te gustó?.-

    -“Muchísimo. ¿a vos?”.-

    -“Me encantó. Sentir como te calentás, como se te pone tensa la pija antes de acabar, poder llevarte a ese estado. Divino”

    Al rato le dije que tenía que volver a casa. Mientras me vestía ella me preparó un café y me dio un cálido beso.

    -“Desde ahora soy tu amante, sin exigencias. Pero cuando quieras venir, te voy a estar esperando. Toda para vos, entera.”.

    Mientras volvía a casa me dije que no iba a poder dejar pasar mucho antes de volver a cogerme a esa mamita preciosa y deseosa de sexo.

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  • Problema con las gemelas (3): Convertí a mi cuñada en mi mujer

    Problema con las gemelas (3): Convertí a mi cuñada en mi mujer

    La policía estaba en mi puerta, debido a los ruidos y gritos, la vecina chusma llamó a la policía a que pensó en un caso de violencia doméstica.

    Al verla aparecer, mi vecina confundió a Mara con mi mujer, las personas que estaban en la puerta se quedaron de piedra al ver a Mara aparecer desnuda y después de decirle:

    Mara: Que pasa uno no puede tener sexo con su hombre sin que molesten, estoy bien, más que bien, y oficiales, sino les molesta, todavía no hemos terminado -acto seguido cerró la puerta en su narices, tomo mi mano y fuimos a mi habitación.

    De un empujón me tira sobre la cama y yo me dejo caer

    Yo: ¿tú hombre?

    Mara: no puedo permitir que el padre de mi hijo vaya preso por violación.

    Yo: ¿violación?

    Mara: claro, y menos si no hemos terminado.

    Mara me miraba, sobre todo a mi pene que estaba más que listo con todo lo anteriormente vivido, se acercaba a mi como una pantera a su presa, parecía quererme comer con la mirada. Llego hasta mí y se arrodillo entre mis piernas, miraba mi pene y me miraba a los ojos, mientras se lamia los labios, como si fuera a comerse la golosina mas sabrosa para ella. En un segundo se tragó todo mi pene, hasta que su nariz toco, y su pera se posó en mis huevos, en ese mismo instante levantó la vista y nuestras miradas se cruzaron, vi la mirada de una hembra en celo, sus ojo transmitían fuego.

    Y yo supe que esa mujer no iba a parar sin dejarme seco los huevos. Me sostuvo la mirada unos segundos, los suficiente para lanzarme un desafió, que estaba acostumbrada a tener a los hombres bajo ella, y no como hasta ahora que yo había tenido el control.

    Empezó una furiosa mamada, casi se la sacaba y la volvía a meter completa, la velocidad con qué lo hacía era muy rápida, después de unos minutos yo ya estaba en mis limites, se la sacó y dejo solamente el capullo en la boca y empezó a jugar con su lengua, mientras que sus manos masajeaban mis huevos, mientras me miraba fijamente a los ojos, se la saco de la boca, y empleo toda su lengua para recorrer todo mi pene, cuando se cansó se metió un huevo en la boca y lo chupaba, y alteraba entre uno u otro, mientras me masturbaba, yo estaba al borde del orgasmo, no quería acabar tan rápido qué era lo que ella quería. Cuando pensaba que iba a aguantar, ella se enderezo y puso mi pene entre sus tetas, fue una sensación inigualable, esas masas de carne duras y suaves apretaban mi pene, subía y bajaba y cada tanto ella lo escupía, y lengüeteaba el capullo, treinta segundos aguante, hice una erupción como un volcán entre sus tetas y cuello. Ella se montó sobre mí, me pego un tortazo qué me dolió y se sentó en mi cara.

    Mara: Es hora de devolverme el favor.

    A penas si podía respirar, ella apretaba su vulva contra mi cara, me quería humillar y tratar como un juguete sexual, empecé a comer todo lo que tenía delate de mí, sus flujos eran abundantes, era tanta su calentura que acabo en muy pocos minutos, realmente la excitaba dominarme, pero eso no era lo que yo pretendía, la podía dejar jugar un rato, pero debía someterla, sino no sería más que un juguete siempre para ella.

    Aproveche ese momento donde ella estaba ida, sentada sobre mi cara y con sus manos apoyadas sobre el cabecero de la cama, para salirme de esa posición, ella quedo de costado, le abrí las piernas como una tijera y me situé sobre ella, como ya me había repuesto, era anormal esto, estaba mejor que en mi adolescencia, esta mujer hacía que estuviera duro en minutos nada más. De una la penetre por su vagina, era una laguna, la humedad de esa mujer era impresionante, la penetre hasta el fondo.

    Mara: Déjame descansar un poco, maricón.

    Ni caso que le hice, la penetraba profundamente, con fuerza, como golpeándola con un ariete, a los pocos minutos empezó a reaccionar, y clavaba sus uña en la almohada y la mordía. Sus gemidos se oían apagados por la misma. Cuando me cercioré que estaba en el máximo de placer, llegando a su clímax, cambie de objetivo y la penetre por su ano. La almohada amortiguo un poco el grito, se puso tensa y su ano se contrajo apretándome muy fuerte el pene. La deje que se acostumbrara un poco, y empecé lentamente un mete y saca de sus entrañas, a cada penetración ella se iba relajando más y yo me iba moviendo cada vez más violentamente, hasta que el ritmo se volvió endiablado.

    Mara: Puto de mierda, seguro que te gusta romperle el culo a los hombres así, que eres un maricón.

    Que mal que me caía, o no. Pero en ese momento quería destrozarle el culo. La saque y tironeé de ella hasta que se puso en cuatro, se dejó hacer. Puse mi pene en la entrada de su ano, y le penetre lentamente hasta el fondo, quería sentir todo, la tome del pelo y hice que se arqueara su espalda, me acerque a su oreja, la mordí y le dije:

    Carlos: No, solamente así someto a las zorras callejeras que se tiran a sus cuñados.

    Mara: Ex cuñado, me tiro a mi ex cuñado, jajaja

    Y empecé una rotura de culo monumental, que ella gritaba, por supuesto, pero no le pensaba dar tregua. La iba a usar para mi placer, la convertiría en mi yegua. Nuestro ritmo volvió a ser intenso. Me dolía todo, mis piernas, mis glúteos, mi mano tanto nalguearla, mis huevos de tanto chocar contra sus labios. Pero no pensaba detenerme, seguía con mis estocadas, hasta que ella empezó a acabar, sus brazos se vencieron y apoyo su cara en la almohada, y empezó la acabada de su vida, parecía que se estaba meando, y su ano se contraía constantemente llevándome a mi propio orgasmo.

    Quedamos tirados en la cama, como estábamos, ni nos movimos, ya era de noche y estábamos acabados, lo habíamos hecho de forma violenta, yo había acabado cuatro veces y ella seguro que perdió la cuenta. Ni cuenta me di cuando me dormí, lo que si se es que lo último que pensé es que ella había admitido que quería estar conmigo, o algo parecido, yo no hablaba de violación o abuso.

    Sentía una tenue brisa, y un ruido lejano, y empecé a despertarme y acordarme de todo, hacía tiempo que no dormía tan bien, de hecho, mucho tiempo. Miré la habitación y era un desastre, olía a sexo, tal vez por eso Mara abrió la ventana, se oía la ducha del baño, por lo que deduje lo obvio ella se estaba bañando. Entre al baño, y ella se estaba enjabonando, empecé a orinar mientras admiraba el cuerpo de mi cuñada o ex cuñada.

    Mara: Eres un salido, no te has podido esperar a que termine, cerdo.

    Ella se dio cuenta de cómo la miraba, y creo que hasta miedo le dio, ya no era la pantera de la noche anterior, yo seguía orinando y tocándome el pene.

    Mara: Oye no pienses que lo que paso ayer entre nosotros cambia algo, que yo tengo las hormonas alborotadas, y tú solo eres el padre de mí bebe.

    Entre a la ducha con ella, y seguía tocándome el pene, y la miraba con cara de loco, con hambre, pero de mujer.

    Mara: No pienses que entre tu y yo va a ver algo, solamente hazte cargo del bebe, que me falto decirte que mañana tengo el primer turno con el obstetra.

    Ella miraba como me masturbaba y me acercaba lentamente, mirando sus pechos y su baca, sus pezones estaban erectos y la traicionaban, su miraba era de duda, su carácter no era el combativo de siempre. Llegue junto a ella, la tome del cuello y bese, al principio no colaboro, pero después de unos segundos lo hizo.

    La apreté contra la pared, y metí mi lengua dentro de su boca, parecían dos serpientes danzando, lleve mi mano a su vagina y estaba lubricada, no tanto como en la noche, la di vuelta que me diera la espalda, y baje mi mano introduciendo dos dedos en su vagina desde atrás, me esmere mucho, cuando pensé que estaba preparada retire mis dedos y los sustituí por mi pene, cosa que agrado a Mara, y lo hizo notar con un gemido que parecía más un aullido, fue más tranquilo pero igual de placenteros, tuvo un pequeño orgasmo ella, momento que aproveche para darla vuelta.

    Ella levanto una pierna y me rodeo, la volví a penetrar de frente, todo era mucho más tranquilo, lo que me permitía besarla, acariciar sus pecho o amasar sus nalgas, al final los dos terminamos en un orgasmo mucho más tranquilo, nos miramos a los ojos mientras sucedía, en su mirada vi dulzura, no me resistí y le di un tierno beso.

    Carlos: Yo voy a cuidar de ti y de nuestro bebe. Y te tomare como mi mujer. Voy a hacer el desayuno, te vas a quedar.

    En su mirada vi temor, duda y muchas sensaciones más que no sabía describir, no era la zorra que yo conocía.

    Mara: He quedado en almorzar con mamá, le escribí ni bien me levanté.

    Mientras ella se fue a cambiar yo prepare el desayuno, ya eran las once, nos sentamos en la cocina y conversamos, de cosas simples, el clima, la consulta médica y su madre. Me pareció una mujer agradable que conocí y juzgué mal.

    Mara: Debes pensar que soy la Hija de puta más grande, o no.- yo sonreí un poco.- Yo no planee esto, llevo un par de meses de mierda. Una relación mala, con una persona patética, y sabía que era así. Lo que paso entre nosotros, esa noche, yo.- sus ojos se llenaron de lágrimas.- le hice daño a muchas personas, aunque no fue mi intención, lo hice.

    Vi mucha tristeza en su mirada, se levantó llorando en dirección a la puerta, la agarre, la traje hacia mí y la abrace, ella lloro en mi hombro, la dejé.

    Carlos: Lo hecho, hecho esta, ahora tenemos que ver como lo afrontamos, y ver por nuestro bebe, no podemos hacer nada por el pasado, pero si por el futuro.

    Se separo de mí, me miro y me volvió a abrazar.

    Mara: Me voy o mamá se preocupará.

    Antes de irse le di un piquito que ella no rechazo, pero me miró fijamente unos segundos, como pensando algo.

    Esa tarde empecé a limpiar como loco, algo en mi había cambiado, no es que me había enamorado de mi cuñada, no podía negar la atracción que sentíamos mutuamente, pero no era amor. Decidí que debía hacer algo con mi vida, tenía que dejar de lamentarme y llorar, y hacerme cargo.

    Al día siguiente asistí al turno con mi cuñada embarazada, la obstetra fue muy amable y buena explicando, y la cuenta que saco de embarazo daba justo para el día del amigo, fecha que me acosté con Mara. Nos hizo escuchar el corazón del bebe, cosa que me puso los pelos de punta y casi me largo a llorar, Mara si lo hizo, yo le sostenía la mano todo el tiempo, cosa que paso naturalmente. Parecíamos una pareja, yo le quería preguntar cuando podía hacer un ADN, cosa que no hice y no me pareció necesaria.

    Salimos muy contentos y fuimos a almorzar a un lugar cercano, conversamos de todo. Mara estaba muy contenta y tenía un brillo especial en su mirada, después de almorzar fuimos a una heladería cercana, porque tenía antojos de helado, donde se nos pasó el tiempo conversando, acto seguido cruzamos al parque que estaba del otro lado de la calle y caminamos, en un momento dado y sin darnos cuenta estábamos caminando tomados de la mano, como una pareja, cuando sonó su teléfono nos dimos cuenta que habíamos pasado más de seis horas juntos, era su madre.

    Después la lleve a su casa, ella no quería irse, pero giro hacia mi, me beso muy suavemente, un beso tierno. Y me dijo que seguíamos hablando por teléfono, señalando su celular.

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  • La vida sexual de Pilar

    La vida sexual de Pilar

    Me llamo Pilar y vivo en Madrid, en una urbanización de chalets, soy una mujer atractiva de pelo moreno 1.67 de altura, ojos verdes y un cuerpo con muchas curvas, 90 de pecho, cintura estrecha y un culito redondito y respingón. No es por presumir, pero a mis 31 años soy de esas mujeres que los hombres se vuelven para mirar.

    A lo largo de mi vida he experimentado todo tipo de relaciones tanto con hombres como mujeres y quiero contaros mis excitantes encuentros.

    El chalet de enfrente al mío estaba en alquiler y desde el balcón de mi dormitorio se ve el balcón y el dormitorio del chalet de enfrente, a menudo veo al comercial enseñando la vivienda, pero un día me llamo la atención una visita en especial, era una despampanante rubia de pelo largo y una cara angelical. Me llamo la atención su escote cuando se apoyó en el balcón para ver el jardín, sus pechos eran perfectos algo mayor que los míos que formaban un precioso canalillo que dejaba ver su blusa blanca y ajustada, en ese momento me estremecí y sentía como mi coño empezaba a palpitar.

    Pasados unos días llego un camión de mudanzas y al rato la vi, era ella y seria mi nueva vecina.

    Una vez se fue el camión de mudanza ella subió a su dormitorio, tras colocar un poco la habitación comenzó a desnudarse y pude observar el esplendor de su cuerpo, sus pechos duros y con unos pezones rosados y puntiagudos estaban pidiendo guerra, se dirigió al baño y observe su culito terso redondo, era perfecto, mi coño estaba empezando a mojarse con la belleza de esa mujer, mi mano buscaba mi coño, empecé a acariciarme y frotar mi clítoris, ya estaba toda empapada.

    Al rato salió de la ducha desnuda y se tumbó en la cama boca arriba, podía ver su coñito rubio el cual se lo acariciaba abriendo sus labios y jugando con su clítoris. Yo estaba chorreando y sin darme cuenta me estaba masturbando mis pezones erectos, uy, comencé a jadear cuando vi como ella se masturbaba introduciendo 2 dedos en su vagina, los sacaba y palmeaba su coñito rubio para volver a introducirlos. Su cuerpo empezó a contorsionarse de placer, con la otra mano magreaba sus pechos. Yo estaba a cien, a punto de correrme, quería comerme ese coñito y disfrutar de sus jugos y que ella se comiera el mío. Las caricias de mi vecina se intensificaban hasta ver en su cara el placer de su orgasmo que me hizo correrme a la vez, empapando mi mano con mis jugos que no paraban de salir de mi coño.

    No sé como pero tengo que conocer a esa mujer…

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  • Mis inicios lésbicos

    Mis inicios lésbicos

    Hola antes que me presento, me llamo Noelia, es la primera vez que escribo acá, aunque soy lectora fan!!!

    Actualmente tengo 29 años pero voy a empezar contando mi primera vez a los 18 años, para ese entonces el sexo no era muy importante en mi vida, no me masturbaba y había estado una vez con un chico y no fue nada extraordinario y luego encuentros con amigos novios de turno que no pasaron de besos y algunos juegos.

    Vivo en un pueblo a 300km de capital en Argentina, muy chato y aburrido con mi amiga Amelia empezamos en el verano como no teníamos nada que hacer a ir a la pileta de su prima Patricia mayor que nosotros 30 años con un físico muy llamativo y una simpatía que desbordaba.

    Ella era esteticista y tenía su consultorio y sala de masajes en la casa, nosotras estábamos toda la tarde ahí con ella y luego solas cuando ella tenía clientes.

    Una tarde mi amiga se tenía que ir a su casa por unos trámites y nos quedamos con patricia, mientras tomábamos sol hablamos de chicos, yo le conté mi poca experiencia y ahí ella me conto que era bisexual y que le encantaba el sexo pero la charla no duro mucho porque tenía que cambiarse para atender clientes.

    Al rato me llama y me dice Noe “no querés aprovechar y te hago un masaje ya que me cancelaron 2 clientas”, yo como sabía que ella era muy buena profesional y nunca me había hecho masajes dije que si sin dudarlo…

    Pasamos a la sala de masajes como ya estaba en bikini me hizo acostar, tenía prendido un sahumerio, música suave y luz tenue.

    Me acuesto boca abajo y comienza a hacer su trabajo, primero las piernas una a una desde los dedos y plantas del pie hasta mis muslos casi rozándome pero sin llegar a ese punto, eran muy suaves y deliciosos esos mimos para mí y me relaje…

    Luego siguió haciendo masajes en la espalda, y me dice “uy estas muy contracturada, ves es por falta de sexo” y lanza una risita, yo me rio y ella sigue…

    Comienza a bajar por la espalda, me acomoda la bikini y empieza a dar masajes en los glúteos, se sentía raro pero agradable, y bajaba hasta las rodillas y volvía a subir y en algunas ocasiones su dedo apenas rozaba mi bikini, y era una sensación muy agradable…

    Al ratito me hace dar vuelta, me coloca una toallita en los ojos y continúa…

    Otra vez las piernas muy suave llegando casi hasta mi conchita y a veces rozándola muy por arriba, yo me empecé a sentir rara pero me gustaba y me dejaba llevar sin omitir palabra…

    Luego me dice, “sacate la parte de arriba de la bikini así trabajo mejor”, yo sin pensarlo lo hice y ella continuo…

    Me hacía masajes por la panza, los hombros y comenzó a hacerlos por mis lolas cosa que me gusto, y se notó al segundo porque mis pezones comenzaron a ponerse súper duros, cosa que no me había pasado nunca así, menos con una chica…

    Al darse cuenta comenzó a acariciar ambos pezones y darle un leve pellizco a uno, cosa que me hizo escapar un leve gemido…

    Ella enseguida me dijo –te gusta? A lo que respondí –si, sin dudarlo y ella me dice –relajate que voy a descontracturarte…

    Siguió acariciándome y una mano bajo suave hasta mi conchita acariciándola suave sobre el bikini.

    Donde yo largue otro suspiro y gemido a la vez, ella siguió acariciando más fuerte y al ratito me dijo te voy a sacar el bikini así estas más cómoda…

    Yo no dije nada pero tampoco me resiste…

    Yo para ese entonces estaba bastante mojada…

    Y ella empezó a masturbarme de una forma desconocida y la más placentera de mi vida, me puso primero un dedito lo movía suave muy suave, luego puso 2 y yo no pude evitar empezar a gemir, ella metía sus dedos a la vez que con el otro estimulaba mi clítoris como nunca yo me retorcía del placer y al poco tiempo estalle en un glorioso orgasmo!!!

    No lo podía creer, pensé que había sido lo mejor, pero me equivoque…

    Ella siguió moviendo sus dedos y bajo con su lengüita a mi clítoris y comenzó a lamerlo, chuparlo suave y rápido en forma combinada…

    Nunca había sentido o imaginado ese placer estaba en el paraíso…

    En eso ella sin dejar de mover los dedos me dice… -te gusta? Sigo?

    Yo en forma inconsciente le dije –si si por favor no pares.

    Ella obedeció y siguió dándome ese placer que nunca había tenido, a los minutos me saco otro súper orgasmo y no conforme con eso siguió y siguió, yo no paraba de gemir y retorcerme y mis piernas no paraban de temblar…

    Cuando me saco mi tercer orgasmo yo quede rendida, temblorosa, llena de placer… Ella fue a mi boca y nos dimos unos besos (primera vez que le daba a una chica), y me dijo espero te haya gustado y descontracturado…

    Ese fue el principio de mi vida lésbica, si les gusto seguiré mi crónica.

    Gracias!!!

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  • El extraño incesto que tengo con mi hermano

    El extraño incesto que tengo con mi hermano

    Cuando voy a algún lugar siempre me entran muchas ganas de mear, como la otra vez que salí a comer, recuerdo que llovía copiosamente ese medio día, al terminar y salir a la calle justo me entraron las ganas, de pronto se me puso a hacer un leve bulto el pene y sentía la vejiga llena al tope, será por el litro de jugo que me acabé junto al almuerzo, el caso es que pensando que encontraría un baño pase al frente e ingresé al hospital público, a la entrada me topé con una madura que esperaba en la puerta al parecer un taxi, sostenía una caja entre el brazo y el pecho y por la forma como la sostenía, una teta le quedaba presionada hacia arriba, con solo eso me sentí excitado y con ello mis ganas de mear aumentaron.

    Lo cierto es que traspuse los pies al interior del nosocomio y busque los baños, lamentablemente estaban cerrados así que tuve que salir corriendo de ahí y llegar lo antes posible a casa antes que me ganarán las ganas. Llegué y mi hermano estaba sentado en el sofá viendo la televisión, me miró todo empapado y me pregunto qué me paso, quise contestarle: ¿qué no me ves que estoy empapado porque está lloviendo afuera? Pero mejor le respondí: “tengo ganas de mear no me molestes”. Y me fui corriendo al baño.

    No sé porque me siento más cómodo meando como lo hacen las mujeres, es decir de sentado y con el pene metido entre mis muslos apuntando hacia abajo, y no sé porque presiento que mi hermano sabe cómo me pongo a mear y eso le excita, pero lo cierto es que, ese día, al salir del baño, lo pesqué sacando la mano de entre sus pantalones como si hubiera estado agarrando su pene mientras yo orinaba, y además me di cuenta que para escucharme en el baño había disminuido el volumen del televisor.

    Ese mismo día a la hora de dormir; como compartimos el cuarto con mi hermano, nos vimos desnudarnos mientras hablábamos, eso no tiene nada de extraño porque lo hacemos desde niños, entonces tanto él como yo estamos acostumbrados a vernos desnudos, solo que a mí me excita ver su pene colgándole entre las piernas desde que le creció el vello en esa parte y no sé si a él le pasa algo similar pero le gusta hacer chistes con respecto a mi miembro, y lo hace todas las noches cuando me ve desnudo, esa noche no fue la excepción. Y mientras estábamos, cada uno en su cama, con los dorsos desnudos y mirando al techo mientras hablábamos, sentí como casi todas las noches siento, que mi pene crecía levemente bajo las sábanas y no es que me hubiera dado ganas de mear otra vez, sino es que me despertaba la excitación sentir que mi hermano esta con el dorso expuesto y su pene desnudo bajo sus sábanas en la cama de al lado.

    Generalmente espero que mi hermano se duerna o se haga al dormido para empezar a imaginarme hacer cosas con él, esa noche me imaginé que los dos estábamos en una sola cama y que él se ponía a masturbarme agarrando mi pene mientras yo tocaba su pecho y llegaba con mi mano hasta los velos de su pubis, me excité tanto al imaginar eso que terminé masturbándome bajo las sábanas, y tal parece que él se excito sintiendo que me masturbaba porque no sé si despertó justo cuando acababa o es que esperaba a que acabé de manosearme haciéndose al dormido, para empezar a masturbarse pensando que ya me había dormido.

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  • Mi gusto por los maduros comienza así

    Mi gusto por los maduros comienza así

    Había pasado los primeros 18 años de mi vida al lado de mi madre y mi hermano menor. No recuerdo a mi padre y es muy poco lo que mi mamá ha querido contarme de él. Yo no insisto mucho en el asunto, porque cada vez que toco el tema, mi mamá se pone melancólica y no me gusta verla así.

    Los tres vivíamos en un pequeño departamento, en un viejo edificio al sur de la ciudad. Mi mamá es enfermera en una clínica pública y sus horarios siempre han cambiado constantemente. Cuando yo era niña, y para poder ir a trabajar, mi mamá nos dejaba encargados a mi hermano y a mí con una vecina ya algo viejita, y que nos consentía como si fuéramos los nietos que nunca tuvo. Así fue hasta que doña Evangelina, la viejita, se mudó para pasar sus últimos años en su tierra natal, en el estado de Veracruz.

    Para cuando eso sucedió yo estaba en la secundaria y tuve que hacerme cargo de mi hermano, al que le llevo tres años. Aprendí a cocinar y a cuidar del hogar desde que tenía catorce. Mi hermano siempre fue muy tranquilo y algo tímido, así que cuidarlo era cosa fácil y en cuanto él terminaba su tarea, pasaba las tardes en silencio jugando con una vieja consola de videojuegos que le había regalado uno de mis primos. Recuerdo que en esa época, los veloces cambios que trajo mi pubertad me abrumaban mucho. De niña, fui muy delgada, así que la adolescencia le dio a mi cuerpo una bonita figura, de la cual, lo que más me gusta es mi trasero y mis muslos; aunque no tengo mucho busto, tengo suficiente como para que se dibuje la línea de mi escote si junto un poco los senos.

    Descubrí que no solo a mí me gustaba mi cuerpo. Lo supe sobre todo porque en la escuela, mis amigos comenzaron a pedirme que fuera su novia y muchos otros más atrevidos, me llevaban “a lo oscurito” y nos poníamos a fajar como los adolescentes calenturientos que alguna vez somos todos. A mí me halagaba mucho que se fijaran así en mí y aunque luego descubrí que no estaba del todo bien, hubo un tiempo en que tuve más de dos novios a la vez. En esa época perdí mi virginidad, debo decir que no fue la mejor experiencia, pero aun así, lo disfruté.

    Antes de tener mi primer encuentro y aún tiempo después, por las noches, me gustaba fantasear con que todos los actores y cantantes que me gustaban se iban turnando para penetrarme. Había en mis fantasías quienes me cogían dulcemente y otros que lo hacían con violencia. Yo me masturbaba en silencio mientras esas escenas se desarrollaban en mi mente y me tocaba con cuidado de no dejar escapar los suspiros que provocaban mis orgasmos, pues compartía la recámara con mi hermano.

    Cuando cumplí 18 decidí que estudiaría enfermería, como mi mamá. Yo cursaba el primer semestre cuando al departamento de al lado se mudó una pareja joven. Yesenia, de unos veintitantos y su novio Manuel, de 35. Él, aunque no era especialmente guapo, me atrajo desde que lo vi.

    Casi todos los fines de semana los recién casados recibían visitas y yo aprovechaba cualquier pretexto para salir y ver a Manuel, aunque fuera de pasada. Para llamar su atención, me ponía alguna falda cortita y una blusa pegada y esperaba verlo salir de su apartamento para fingir que nos encontrábamos por casualidad. Me agradaba notar que su vista se desviaba discretamente de mi rostro a mi cuerpo cuando me saludaba. Y por la forma discreta en que lo hacía, se notaba que era un hombre respetuoso de su mujer y eso lo hacía más atractivo para mí. Me imagino que debió costarle mucho trabajo no decirme algún piropo o lanzarme alguna mirada más impúdica cuando nos topábamos solos en el pasillo o en las escaleras del edificio.

    Un día que yo volvía a casa luego de la escuela, por casualidad, me encontré a Manuel en el metro. Al principio, yo no lo había visto y no pude evitar sonrojarme cuando se acercó a saludarme con un beso en la mejilla. Al tenerlo cerca, noté que mi vecino olía delicioso y era más atractivo que visto de lejos “-Qué suerte tiene su mujer.” Pensé, intentando no demostrarle lo nerviosa que me ponía al tenerlo tan cerca.

    Comenzamos a platicar y a cada estación, el vagón se fue llenando más y más, hasta que fue inevitable estar muy juntos. Todavía faltaban 3 estaciones para llegar a nuestro destino. Y en algún momento, un viejo oportunista se quedó muy pegado detrás de mí. Manuel, al darse cuenta, me atrajo hacia sí y en voz baja me dijo –Ven, yo te cuido. Ya casi llegamos- Me colocó delante de él a una distancia prudente y me hizo sentir como una princesa protegida por su héroe. Yo quise premiar su caballerosidad pegándome a su cuerpo, con toda la intensión de dejarlo sentir mi trasero en su paquete. Pero Manuel se hacía para atrás tanto como podía. Sin embargo, al final, no pudo evitar que le frotara la verga con mis nalgas hasta ponerla durita. Llegamos al edificio y nos despedimos como siempre, aunque debo confesar me sentía muy tentada a darle un buen beso en la boca antes de dejarlo ir.

    Por aquellos días pensaba muchísimo en mi vecino, creo que comenzaba a obsesionarme, pero aun así, sabía que no tenía mucho chance con él y poco después, acepté ser novia de René, un compañero de mi universidad. Llevábamos pocas semanas de iniciada nuestra relación, cuando René empezó a insistir en que tuviéramos sexo. Yo no quería ponérselo tan fácil, así que al principio, René tenía que conformarse con besarme y acariciarme en la semioscuridad del vestíbulo de mi edificio cuando pasaba a dejarme en las noches después de clases. Lo malo fue que con el tiempo, yo iba deseando más y más darle gusto a sus peticiones. Sus besos me calentaban horrores y una vez en que me puso muy cachonda, dejé que me dedeara. Hacía tiempo desde que un hombre me metía los dedos, así que sentir de nuevo las caricias de un chico en mi vagina, me puso súper mal, me calentó tanto, que cuando me pidió que le diera sexo oral, no lo pensé mucho y me incliné para complacerlo. Su verga estaba con una erección riquísima y me la comí toda hasta topar con sus testículos. Era la primera vez que mamaba, así que me sentía muy nerviosa. Pero al parecer, lo estaba haciendo muy bien y mi novio estaba excitadísimo, sin perderse un solo detalle de la timidez con que practicaba mi primera felación. Al notar que a René estaba encantado con lo que mis labios estaban haciendo, me animé a darle más acción al asunto y me puse a chuparle la verga en serio, “como una puta” como suelen decir. Jamás me imaginé que me fuera a gustar tanto. Mi saliva acabó escurriendo por sus huevos como mis jugos estaban inundándome las braguitas.

    Estaba en eso, subiendo y bajando la cabeza como toda una profesional, cuando nos vimos interrumpidos por el ruido del zaguán, que se cerraba luego de que Manuel y Yesenia entraran al edificio.

    -Buenas noches- Saludé, apenada, tratando de disimular. Mi novio y yo estábamos sentados en el suelo mientras yo chupaba su verga, así que me incorporé de su entrepierna rápidamente, esperando no haber sido vista.

    -Hola, Samantha ¿Cómo estás?- Preguntó Manuel, haciéndome sufrir por tener que responderle a pesar de mi estado de excitación.

    -Bien ¿Usted cómo está?- No sé por qué, pero le hablaba de usted solo porque me parecía mayor. Y como él nunca me corrigió, yo lo seguí tratando con esa innecesaria muestra de respeto.

    Obviamente Manuel y su mujer se dieron cuenta de lo que estábamos haciendo René y yo. Pero para mi sorpresa, más que avergonzarme, el hecho de haber sido descubierta precisamente por el hombre al que tanto deseaba, me resultó la cosa más excitante del mundo. A partir de entonces, tuve la idea de guardar la mejor parte de mis fajes con René para cuando mi vecino llegara, con toda le intensión de exhibirme para él, y claro, también disfrutar de mi novio. Mi plan daba mejores resultados cuando mi vecino llegaba sin su esposa, porque entonces, hasta se quedaba haciéndonos la plática por un rato, como si supiera cuánto me excitaba que me sorprendiera su llegada mientras estaba con mi novio.

    Una noche, René me dijo que no podía más. –Vamos a coger- Me pidió. –Mañana podríamos irnos a un hotel y así no estaríamos pasando vergüenzas con tus vecinos.

    René tenía razón. Yo también me estaba cansando de la situación y mi vagina suplicaba por ser penetrada de verdad. Así que pensando rápidamente, recordé que mi mamá trabajaría doble turno ese mismo fin de semana y le propuse a mi novio que fuera a verme el sábado en la tarde. –No quiero ir a un hotel. Pero yo tampoco aguanto las ganas de coger. Podemos decirle a mi hermano que se dé una vuelta en lo que tú y yo nos desquitamos en mi cama ¿Qué te parece?

    A René le gustó la idea y para cuando llegó el gran día, me había puesto un vestido negro, ajustado y muy cortito, tanto, que lo tenía que estar acomodando cada vez que me sentaba para que no se me viera la tanga. Como en el edificio hay vecinos que son muy chismosos, quise disimular un poco los planes que tenía con mi novio, así que decidí invitar a mi mejor amiga y a otros dos amigos al departamento, para que todo pareciera una reunioncilla.

    Cuando le conté a Claudia que mi vecino me traía loca, ella me contestó -Pero es casado, Samantha. ¿A poco no te importa?-

    -No me importa. Es que me encanta. ¿Y sabes? Llevo como un mes fajando con René en las escaleras para que mi vecino me vea y se le antoje- Le confesé a Claudia.

    -Ay, Sami. No sé si ese sea un buen plan para conquistarlo. Yo digo que tienes que buscar una manera de acercarte a él y que no precisamente exhibiéndote así- Y luego, como si acabara de tener una brillante idea, me dijo -¿Crees que esté ahorita en su casa?

    -Sí, llegó hace poco ¿Qué estás pensando, Claudia? ¿Qué lo invite con nosotras?

    -No tonta. Solo invéntate algo para ir a buscarlo. Yo te ayudo. Vamos.

    Claudia y yo pusimos manos a la obra y cuando René me preguntó a dónde iba, le dije que tenía que acompañar a Claudia por toallas femeninas, para que él no se ofreciera a acompañarnos. Cerré la puerta detrás de mí y me planté frente a la entrada del departamento de al lado, me sentía ridícula y como no me animaba a llamar a la puerta, Claudia lo hizo.

    -Hola, Samantha- Dijo Manuel cuando apareció frente a nosotras luego de unos segundos.

    -Ho… Hola… Yo…- Me sentía como una niña frente a la clase intentando exponer un tema que no preparó. Entonces Claudia actuó rápido.

    -Te llamas Manuel ¿verdad?- Preguntó mi amiga, con total confianza en sí misma. –A Samantha le da mucha pena pedirte que le compartas tu contraseña de “wi-fi” solo por esta noche, es que venimos a tomar unas cervezas con ella y como en casa de Sami no han pagado el internet, no podemos poner música en YouTube.

    Mi vecino asintió y luego de invitarnos a pasar, fue por lápiz y papel para anotarnos la clave de su servicio inalámbrico.

    Claudia, que siempre fue más despierta y atrevida que yo, siguió adelante con su plan, del que apenas si me había dado detalles antes de ponerlo en marcha. –Gracias, eres muy amable. ¿Te parece si a cambio te traigo una cerveza?… Por las molestias- Dijo mi amiga y Manuel aceptó de buena gana.

    Al quedarme a solas con él, no supe cómo comenzar una conversación, así que cuando nos sentamos en su sala, le pregunté por su mujer, a la que no se le veía por ninguna parte.

    -Yesenia se fue a un curso. Todos los sábados tiene clase y cuando termina, se va a visitar a su mamá. ¿Tú tienes fiesta hoy? Te ves muy bonita. Como si fueras a salir a bailar.

    Yo me sentí halagada y luego de agradecerle el gesto, le dije -No es una fiesta, solo invité a unos amigos y a Claudia a pasar el rato. Ellos sí irán a bailar después, pero yo no puedo acompañarlos, porque tengo que cuidar a mi hermano y mi mamá no me dio permiso.

    -Qué pena que no vayas. A tu edad deberías pensar solo en divertirte- y luego de una breve pausa en la que noté que su mirada me recorría el cuerpo discretamente, agregó -¿Qué música te gusta?-

    -Escucho de todo, pero me gusta más la música que se puede bailar ¿A usted le gusta bailar?

    -No, y nunca aprendí. A ver si un día me enseñas.

    Deliberadamente, Claudia tardó más de lo que debería en volver con la cerveza. Tanto que me hizo temer que me hubiera abandonado o que René hubiera sospechado algo. Pero al final le agradecí que tardara, porque mientras tanto pude platicar muy a gusto con Manuel.

    Cuando por fin apareció mi amiga, me sorprendí mucho al ver que se había despojado de los mallones negros que llevaba esa noche y se había quedado solo con su suéter largo y ajustado, luciendo la hermosa piel de sus jóvenes muslos con total descaro.

    Claudia había llevado tres cervezas consigo y se sentó en el sofá cruzando las piernas frente a Manuel, que se resistía como podía para mantener sus ojos fuera del cortísimo atuendo de mi amiga y del mío.

    -Disculpen. Es que hace mucho calor y la tela de mis mallas me picaba- dijo Claudia, para justificar la ausencia de sus mallones.

    Con la llegada de mi amiga, la conversación se desvió a temas más interesantes y cuando la atrevida de Claudia comentó que le gustaban los hombres maduros, Manuel evidentemente turbado, casi se ahoga con su cerveza. -¿A ti te gustan jovencitas, Manu?- Preguntó ella.

    -¡Qué cosas preguntas, Claudia!- La interrumpí -Estás loca. ¿No ves que es un hombre casado?

    Y ella mirándome divertida, dijo –¿Qué tiene de malo? Que esté casado no lo vuelve de palo. ¿Verdad que no?- volteó a ver a Manuel al preguntar esto último –Confiesa, Manu ¿Te gustan más jóvenes que tú?

    -Bueno, mi esposa es doce años menor que yo. Así que se podría decir que sí me gustan más jovencitas.

    -Qué interesante- Dijo Claudia, acomodándose por décima vez en su asiento para atraer la vista de Manuel al borde de su suéter, que le llegaba apenas unos centímetros debajo de las nalgas.

    Cuando Claudia comenzó a hablar de sexo sin ninguna inhibición, yo me sentí algo incómoda y celosa. “Se supone que la que se lo quiere coger soy yo, maldita zorra” pensé y un instante después, le dije a mi amiga que ya teníamos que volver con los demás.

    Al ponernos de pie, cuando Claudia y yo nos íbamos, me di cuenta que Manuel tenía una visible erección debajo de su pantalón deportivo. Llevada por mi deseo, le di a mi vecino un innecesario abrazo de agradecimiento por el internet, queriendo sentir la dureza de su pene aunque fuera solo por un instante. Él me dejó acercarme y por unos segundos puso sus manos en mi cintura. Luego, le coloqué un besito muy cerca de su boca.

    Más tarde, Claudia y mis otros amigos salieron de mi casa rumbo al antro, entonces me quedé sola con René y mi hermano, Cristian, quien como de costumbre estaba pegado a su videojuego. Ya era de noche y pedirle a Cristian que saliera a dar una vuelta, no solo sería extraño para él, sino algo peligroso, así que tuve que persuadirlo de que no le dijera a mi mamá que mi novio y yo nos habíamos quedado solos y encerrados en nuestra recámara. Cris accedió cuando le prometí que le compraría otro disco para su consola si me guardaba el secreto.

    René estaba algo borracho y en cuanto cerramos la puerta del cuarto, me tumbó en la cama, se acostó encima de mí y comenzó a tocarme. –Así te quería tener, Sami… Oh, qué rica estás- Me iba diciendo mientras sus manos recorrían mi cuerpo y se internaban debajo de mi vestido. Yo le quité el pantalón y el bóxer con la misma ansiedad con la que lo besaba en la boca, nunca me había sentido tan caliente. René me bajó la tanga luego de despojarme del vestido y aproximó su verga a mi vulva; quería penetrarme sin condón, pero no se lo permití. –Si quieres al final te quitas el gorro y te lo mamo hasta que te vengas- Le propuse para convencerlo de usar protección.

    Finalmente él aceptó y luego de ayudarle a ponerse el preservativo, me acosté en la cama y abrí las piernas para recibirlo. Él me penetró bruscamente, tomándome de misionero y haciéndome gemir más por el dolor que por placer. Procuré relajarme y al sentir su cuerpo sobre el mío y sus besos en mi cuello y mis senos, me puse tan cachonda que comencé a moverme debajo de mi novio al tiempo que su miembro entraba y salía a toda velocidad en mi vagina.

    Cuando René me alzó las piernas y comenzó a cogerme más fuerte y más profundo pensé que tendría mi primer orgasmo de verdad. Pero para mi mala suerte, René no aguantó mucho tiempo antes de venirse. Ni siquiera pude cumplir mi parte del trato, de hacerlo eyacular con mi boca. Cuando acabó todo, pensé en lo bueno que fue pedirle que usara condón, porque cuando me sacó su pene, había una gran cantidad de semen atrapado en el látex. “Seguro me hubieras embarazado, cabrón”- Pensé.

    Como un animal que satisfizo sus instintos básicos, René me trató con total indiferencia luego de acostarse conmigo y comenzó a vestirse, alistándose para alcanzar a los demás en el antro al que habían ido. Su prisa y su actitud hirieron mis sentimientos. Me hizo sentir utilizada, como si los meses que llevábamos de novios solo hubieran sido un trámite sin significado para cogerme.

    -¿No te quedas? Podemos intentar más al ratito, si quieres. Mi mamá llegará hasta mañana- Le propuse, entregándole la última pizca de dignidad que me quedaba.

    -Pues es que tengo ganas de ir con los otros. Tú deberías venir también. Tu hermano ya está grandecito como para cuidarse solo por una noche.

    -¿O sea, que nada más estabas esperando a cogerme para poder largarte?- Le pregunté desconsolada.

    -No digas eso, Samantha. Es solo que quiero ir a divertirme.

    Horas después, al mismo tiempo que yo me resignaba a pasar la noche sintiéndome triste e insatisfecha; René conocía a Tania, una tipa pechugona con la que se acostó aquella misma noche. Claudia me lo había contado todo en sus mensajes y yo solo quería regresar el tiempo y haberme quedado con Manuel mientras su esposa no estaba, en lugar de haberme entregado al cabrón de René.

    Más de una vez durante esa noche, estuve decidida a ir a buscar a mi vecino, sabiendo que estaba solo. “-¿Pero qué le voy a decir cuando abra la puerta?-“ Me preguntaba cuando ya casi estaba lista para salir de casa sin despertar a mi hermano. Pero al final no encontré el valor para hacerlo y me quedé dormida.

    El lunes siguiente, terminé mi relación con René. Aunque intentó convencerme de seguir siendo novios, yo no quise y al acabar las clases, me dirigí a mi casa. Me sentía triste y desilusionada. En el metro, mi mente divagaba en los recuerdos de mi breve romance con René y no me di cuenta de que al otro lado del vagón, Manuel buscaba cruzar su mirada con la mía.

    -¿Y su esposa, vecino?- Le pregunté cuando finalmente se acercó a donde yo estaba.

    -Se quedará trabajando hasta tarde toda la semana. La esperaré en la casa- Me respondió con su tono amable de siempre. -¿Te pasa algo, Samantha? Te veo triste.

    -¿Se me nota mucho? Porque sí estoy triste… Terminé con mi novio hace rato.

    -Ah, ya veo. Pues no tendrías por qué estar triste. ¿Te digo algo? Él no se me hacía buen tipo para ti, porque eres muy bonita. Se nota que eres muy tierna y él un hijo de puta. Así que no te sientas mal, porque aquí el que perdió, fue él.

    -Gracias… Me hace sentir mejor.

    -¿Quieres que sigamos platicando? No tengo nada qué hacer. Bueno, al menos hasta que Yesenia me avise que vuelve a casa, porque quedamos de cenar juntos. ¿Quieres que mientras vayamos por un café? ¿O algo más fuerte? Ya tienes edad para tomar ¿o no?- Me hizo un guiño cuando me dijo esto último y entonces el hombre me gustó más que nunca.

    -No tengo ganas de ir a ningún lado ¿Qué le parece si compramos algo en la tienda y nos lo tomamos juntos? Claro, si no hay problema con su esposa- Tal vez había ido demasiado lejos, pero nada perdía con intentarlo.

    Para mi sorpresa, Manuel me dijo que sí –Es más, tengo un buen whisky para los momentos bajos, si quieres solo compramos algo para que lo acompañes, a menos que te guste tomarlo solo, como a mí.

    Yo no estaba acostumbrada a beber mucho, así que cuando mi vecino me sirvió el tercer vaso de whisky en su departamento, me sentí alegre y con una rica sensación de mareo. Manuel bebía casi dos vasos por cada uno que yo consumía y entre su animada plática y el alcohol, me fui sintiendo mucho mejor; pero también comencé a experimentar unas inmensas ganas de besarlo. Además la manera en que me ponía atención y me consoló dándome ánimo por mi fallido noviazgo, me llevó a pasar un rato muy lindo con él.

    -¿Quieres que te sirva uno más?- Me preguntó cuándo mi vaso estuvo vacío por cuarta vez.

    -Yo me sirvo ¿Le traigo a usted también?- Le dije mientras hacía mi mejor intento por levantarme del sofá sin trastabillar.

    Ese día yo llevaba el pantalón blanco de mi uniforme de enfermería. Normalmente me incomoda un poco que se adivine mi ropa interior debajo del pantalón, pero aquella noche, aproveché ese detalle y cuando estuve de frente en la mesa, me incliné de más al tomar la botella y así presumirle mi trasero a Manuel. El pequeño truco había funcionado, pues al mirar sobre mi hombro, me di cuenta que mi vecino tenía clavados los ojos en aquella parte de mi cuerpo de la que me sentía tan orgullosa.

    Cuando volví con los dos vasos, me senté más cerca de Manuel. Él me pasó el brazo por encima de los hombros y yo me recosté en su pecho, poniéndole una mano en la pierna, muy cerquita de su miembro. -¿Alguna vez ha engañado a su esposa?- Me atreví a preguntarle.

    -No. Aunque he tenido alguna oportunidad, pero al final nunca he hecho nada.

    -Le quiero preguntar otra cosa, pero me da pena- le dije. Y luego que él me animara a hacer la pregunta, seguí. -¿Qué pensó cuando me vio con mi novio la otra noche que estábamos haciendo cositas malas?-

    Manuel rio algo sorprendido. –Pues que ese tal René tenía mucha suerte.

    -Lo mismo pienso de su esposa- Le respondí. -¿Ustedes lo hacen muy seguido?

    -¿Sexo? ¿O sexo oral?… Bueno, en cualquiera de los dos casos, sí. Lo hacemos casi a diario.

    -¿Ve por qué pienso que su esposa es una suertuda?-Me atreví a decirle.

    -El afortunado soy yo. Es una mujer excepcional- Sentí que esto último lo dijo para poner una especie de barrera entre los dos, porque era obvio que yo quería algo más que estar conversando mientras él me abrazaba casi fraternalmente. Entendí el mensaje y aunque nada en el mundo haría desaparecer las ganas que tenía de acostarme con él, decidí que ya era suficiente, tenía que irme a mi departamento. Mi mamá y Yesenia no tardaban en llegar y lo último que yo quería era que alguna de las dos me encontrara ebria y caliente con Manuel o peor aún, en su cama.

    -¿Le molesta si lo abrazo?- Le pregunté en la puerta, antes de irme. Y luego de que mi vecino dijera que no lo molestaba en absoluto, rodeé su cuello con mis brazos y disfruté de su cercanía mientras él correspondía mi abrazo. Pensé que cuando nos despegáramos, nos íbamos a besar. Al menos eso deseaba yo, pero él sólo me miró fijamente a los ojos y me dijo –Mañana nos vemos a la misma hora ¿Puedes?- Yo le dije que sí y salí de su departamento para ir directamente a mi cama para masturbarme sintiendo el aroma de aquél hombre en mi cuerpo.

    Al día siguiente, cuando nos encontramos en el metro y tomé mi habitual posición delante Manuel, no me rechazó cuando busqué frotarme en su entrepierna. Yo estaba encantada sintiendo crecer su erección deliciosamente acomodada entre mis glúteos. Recuerdo que seguimos platicando como si no estuviera ocurriendo nada durante nuestro recorrido. Yo me paraba de puntitas levantando el culo, moviéndome despacio, hasta que llegamos a la estación en donde teníamos que descender.

     Me sentía ansiosa y emocionada, pero sobre todo, sentía un intenso deseo de hacer el amor con él. Durante el día había estado pensando tanto en eso, que no pude evitar sentirme húmeda muchas veces en la escuela mientras esperaba por volver a ver a mi vecino.

    Cuando llegamos al departamento de Manuel, nos sentamos en su sofá y estuvimos conversando y bebiendo, no tanto como el día anterior, pero no importaba. En un momento, no pude más y me animé a decirle que me gustaba. –No quiero que piense mal de mí. Sé que no es correcto que le esté diciendo esto, pero desde que lo vi, usted me gustó mucho- Le dije, sintiéndome algo avergonzada.

    -Gracias, Samantha… Me halaga saber que te gusto- Yo no sabía muy bien qué pensar. Su respuesta era tan amable como ambigua y estaba por desilusionarme cuando, Manuel añadió –La verdad es que tú también me gustas. Y ¿Sabes? Me gustas mucho cuando usas esas faldas coquetas que te pones los fines de semana.

    -¿En serio? Siempre me las pongo pensando en que usted me mire- Le confesé, sintiéndome complacida.

    -¡Vaya! Eso sí que no lo esperaba. Pues déjame decirte que tienes unas piernas hermosas. Me gustan, más de lo que imaginas- Y cuando dijo eso, colocó una mano en mi rodilla. Yo separé un poco las piernas, mostrándole que podía ir más arriba si quería.

    -No pensé que yo le gustara. Y menos porque usted pocas veces me voltea a ver.

    -Es que no te miraba descaradamente, porque antes que me dijeras tu edad, yo pensaba que tenías unos 15 o 16 años, tienes una carita muy inocente. Dime una cosa. ¿A los cuántos años fue tu primera vez?

    -Se lo diré. Pero no me juzgue ¿Sí?- Yo sentía un poco de recelo por contarle algo tan privado, pero al mismo tiempo, me sentía cada vez más en confianza. –Tenía 14 años. Lo hice con mi primer novio de la secundaria.

    -¿Y te gustó? ¿Cogía rico?- Sus preguntas habían subido de tono inesperadamente y eso me excitó.

    -Pues la verdad me dolió mucho y aunque lo hicimos varias veces ese día, siempre me dolió. Supongo que así es la primera vez de todas.

    -¿Así que lo hicieron varias veces en tu primera vez?

    -Sí. Unas cinco o seis veces- Respondí algo apenada y sintiéndome avergonzada por mi confesión.

    -¿Y tienes una posición favorita?- me dijo esbozando una sonrisa.

    -No se…- Le respondí, riendo.

    -No quise ofenderte.

    -No me ofende, para nada. La verdad es que me gusta la clásica posición de misionero. Sobre todo porque me gusta que me besen mientras me penetran.

    -Ya veo… Oye ¿Y así lo hiciste con René?

    -Pues sí. Pero no lo disfruté.

    -¿Por qué? ¿Volvió a dolerte?

    -No fue eso, sino que duró muy poco. Y ya sabe el resto de la historia.

    -Bueno. Hay mucho cabrón. Te topaste con uno. Tal vez la próxima vez elijas mejor.

    Yo asentí tímidamente, bajando la mirada. Entonces él me acarició la mejilla y me levantó la cara. Mirándome fijamente me preguntó -¿Entonces nunca lo has hecho con alguien mayor que tú?- Yo negué con la cabeza mientras sentía que su dedo pulgar se aproximaba a mis labios. Cerré los ojos y disfruté de la caricia que me hizo.

    Siendo yo la jovencita inexperta que era a mis 18 años, no pude dominar más mis ansias y me acerqué a Manuel, lanzándome a sus labios. Fue un beso largo y delicioso. Él metía su lengua lentamente en mi boca y yo le correspondía rodeándola con mis labios y enredando mi lengua con la suya. Me embargó una sensación tan deliciosa que inconscientemente empecé a gemir, despacito. Nunca me había pasado, pero es que tampoco me había excitado tanto con solo un beso. Quería sentir su boca por todo mi cuerpo y como si Manuel lo supiera, comenzó a besarme el cuello y yo me fui a sentar en su regazo, montándome en él, buscando frotar mi vulva en su pene. Manuel me despojó de la blusa y el sostén y si su boca hubiera permanecido dos segundos más en mis pezones, juro que me habría hecho acabar ahí mismo.

    Me levantó del sofá y me colocó de pie, con las nalgas recargadas en el borde de la mesa y luego de desabrocharme el pantalón, metió su mano debajo de mis bragas. Miré hacia mi sexo y me volví loca de deseo al ver sus dedos húmedos de mis jugos dándome placer y su brazo con los músculos tensos por la fuerza con la que me estaba masturbando. –Quítatelo todo- Me ordenó. Yo lo obedecí y también me bajé las bragas. Luego, como si supiera exactamente cómo me gusta, Manuel comenzó a mover sus dedos dentro de mí, arrebatándome quejiditos que ni yo me conocía. Yo no paraba de besarlo en la boca, quejándome con lujuria por lo que me hacía, al mismo tiempo que me aferraba como podía de la orilla de la mesa, porque el intenso placer que sentía, hacía que me temblaran las piernas. Sentí su pulgar en mi clítoris moviéndose muy rico y entonces todo mi cuerpo se contrajo convulsionándose por la fuerza del primer orgasmo que un hombre me provocaba. Tuve que sujetarme de su brazo para no caer al piso, me temblaban las piernas y sentía que mis nalgas eran un flan que no paraba de sacudirse. Cuando todo pasó, me sentí súper mojada, más que nunca y cuando miré hacia abajo noté que un líquido blanco y espeso fluía desde mi vagina, era como si un helado de yogurt se hubiera derretido dentro de mi cavidad y escurriera en delgadas gotas por mis muslos.

    -¿Qué fue eso? Estuvo riquísimo- Le dije, disfrutando las caricias que me hacía entre las piernas.

    -Es que te viniste muy fuerte- Y cuando lo dijo, con la punta de sus dedos recogió un poco del fluido que el placer había hecho salir de mi vagina y me lo dio a probar.

    Cachondísima como estaba, acepté sus dedos en mi boca y los fui chupando y lamiendo. –Qué rica boquita tienes- me dijo mirando cómo mi lengua recogía el resultado líquido de mi orgasmo. Yo entendí lo que él quería de mí, así que le bajé el cierre de su pantalón y me quedé impresionada por el enorme trozo de carne venoso que tuve frente a mí cuando me hinqué para lo que seguía.

    Puse su glande entre mis labios y empecé a comérmelo a besos. Luego de unos minutos, Manuel me dijo que abriera bien la boca –Me encantaría ver tu carita tierna con mi verga en la boca-

    Cuando abrí más los labios, él me empujó su instrumento hasta la garganta y no lo sacó sólo hasta que yo di un par de arcadas. –Disculpa pero me encanta que me lo mames así ¿Está bien?- Me preguntó.

    Yo lo veía a través de mis ojos llorosos y le contesté que sí –A mí también gusta- y volví a abrir la boca para que ultrajara mis labios de nuevo.

    Estuve mamando de esa forma enloquecida durante un rato, mirándolo a los ojos, sabiendo que le fascinaba la expresión que tenía al comerle la verga, al mismo tiempo que descubría lo mucho que a mí también me excitaba hacer eso.

    Manuel se detuvo en un momento y de la mano me llevó hasta la recámara que compartía con su esposa. Nos acostamos en la cama, nos pusimos de lado, frente a frente. Con él me sentía hermosa y vulnerable mientras estaba completamente desnuda y él permanecía vestido.

    -¿Por qué no me coge?- Le pregunté luego de estarnos besando. –Quiero que me tome como a su esposa.

    -Tengo muchas ganas de hacerlo. Pero no tengo preservativos. Yesenia y yo no los usamos y supongo que tú no estás tomando pastillas o algo. ¿Tienes condones en tu casa?

    -No. No tengo. René se llevó los que nos quedaron.

    Luego de pensarlo un poco, Manuel me preguntó -¿Has tenido alguna experiencia anal?

    Su pregunta me sorprendió. Y solo atiné a decirle -¿Quiere entrar por atrás? No sé si pueda, nunca lo he hecho. Pero si usted quiere podemos intentar.

    -Entonces date vuelta- Yo me acomodé a gatas en la cama y sentí cuando Manuel usó mis propios fluidos vaginales y su saliva para lubricarme el ano. Luego de hacer lo mismo con su pene, lo acomodó entre mis nalgas y empezó a presionar.

    -¡Au! ¡Me duele mucho!

    -Tranquila, tienes que relajarte.

    -Es que no va a entrarme. Está muy grande… No creo aguantarlo.

    Él trató de meter su pene varias veces más y sentí que su glande se deslizó hacia el interior de mi ano, pero cuando quiso meter otro poco, yo grité de dolor y le pedí que se saliera.

    Me acosté boca arriba en la cama y Manuel se recostó sobre mí, acomodándose entre mis piernas. Seguimos besándonos y acariciándonos. Me volvía loca la forma en que me tocaba para consolarme por nuestro fallido intento. Sentir su miembro de hombre maduro en mis manos me hacía desear tenerlo dentro de mi coño. Supongo que en ese momento, Manuel luchaba contra el impulso de penetrarme sin usar protección, porque yo podía sentir cómo movía la cadera haciendo que su pene se deslizara en mis manos.

    Como respuesta a las caricias que yo le hacía en su verga, Manuel me introdujo dos dedos en la vagina y mientras nos masturbábamos mutuamente, el deseo que yo sentía porque me cogiera, fue creciendo, hasta volverse incontrolable.

    -Está bien si lo hacemos así. Ya no aguanto. Quiero ser suya… Métamelo ya, por favor- Le supliqué mientras mi mano dirigía su miembro a la entrada de mi sexo.

    Manuel me miró a los ojos y para convencerlo de penetrarme, usé mi voz más dulce para suplicarle que me tomara-Hágalo, quiero que me lo meta. Él cedió y unos segundos después, me fue penetrando lentamente. -¡Oh, dios mío! Qué grande- Le dije jadeando cuando me tuvo completamente ensartada y me abracé a él sintiendo toda su hombría apoderándose de mi fragilidad de jovencita. Me fue imposible seguir expresándome con palabras, porque de mi boca solo salían gemidos de éxtasis al sentir su herramienta endurecida entrando y saliendo de mi vagina.

    Al poco rato rodeé a Manuel con mis piernas y empecé a moverme debajo de él, como hice con René, haciendo que la fricción entre nuestros sexos fuera mucho más placentera. Apretaba los músculos de mi pelvis cada vez que él me clavaba su pene y así lo atrapaba en el abrazo cálido y húmedo de mi vagina.

    La forma en que mi vecino me estaba cogiendo hizo que me viniera al poco rato, tensando todo el cuerpo mientras me tapaba la boca para no gritar. Y luego de mi orgasmo, cambiamos de posición. Manuel me puso en cuatro para cogerme desde atrás e inesperadamente, comenzó a nalguearme con fuerza mientras me ensartaba muy duro, haciéndome dar un grito cada vez que tenía su verga dentro de mí. Había descubierto cuánto me excitaba sentirme sometida y confieso que no me hubiera importado que él terminara dentro de mí, pero en un momento, Manuel se retiró de mi interior y arrojó su semen en mis nalgas.

    A diferencia de mi ex novio, Manuel me cubrió de caricias y besos después de lo que hicimos. Desde esa tarde quedé fascinada por la forma en que me hacía sentir, como una amante sensual y al mismo tiempo protegida. –Gracias. Estuvo muy rico- Le dije, sintiendo que me estaba enamorando de él.

    -Gracias a ti, Samantha. Espero que te haya gustado tanto como a mí.

    -La verdad fue mejor de lo que pensé. Llevaba mucho tiempo queriendo que esto pasara. ¿Y sabe algo? Ninguno de mis dos novios me había tocado así, mucho menos me habían hecho alcanzar un orgasmo como lo hizo usted.

    Platicamos otro poco y aunque lamentaba dejarlo, tuve que irme. Salí de su departamento cansada y feliz. Al llegar a casa, saludé a mi hermano como sin nada y pasaron varios minutos hasta que, desde mi recámara, escuché el familiar ruido de los zapatos de tacón de Yesenia cuando llegaba de trabajar.

    Espero que mi relato te haya gustado. Es mi primer aporte y cualquier comentario será siempre bienvenido. Besos.

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  • Las hermanastras (Parte I)

    Las hermanastras (Parte I)

    Las vecinas y vecinos del pueblo las llamaban beatas, mojigatas, santurronas, meapilas, remilgadas, puritanas… El cura, un viejo de casi noventa años, decía que eran dos santas viudas.

    Alpidia tenía 38 años, era alta, delgada y vestía de luto de la cabeza a los pies. Llevaba el pelo negro recogido en un moño y era seria hasta para reír. Tenía un hijo de 20 años, Esteban, que no tenía nada de recatado ni era temeroso de Dios.

    Jerónima, que era hermanastra de Alpidia, tenía 39 años, vestía de luto de los pies a la cabeza. Era de estatura mediana, morena, de pelo negro y corto y tenía un hijo de 19 años, Pedro, que como su primo Esteban, hablarle de Dios era insultar a su inteligencia.

    El día de Nochebuena, Alpidia y Jerónima llegaron de la misa del gallo a casa de la segunda. Su hijo ya se había marchado. Le dijo Alpidia a Jerónima:

    -Por no estar sola en mi casa ya dormía aquí.

    -Puedes dormir en la cama de mi hijo. Hasta mañana no vuelve. Ahora vamos a comer unas pasas y algo de turrón.

    Se fueron a la cocina a darse un pequeño capricho, cosa que no se acostumbraban a dar. Al llegar a la cocina se encontraron con dos muchachas de poco más de 20 años, rubias, de ojos azules, altas y preciosas. Tenían dos escopetas recortadas en las manos. No eran del pueblo. Era obvio que entraran en la casa a robar.

    Las hermanastras se persignaron al verlas. La más alta de las ladronas, les dijo:

    -Eso no os va a servir de nada si no nos dais todo en dinero que haya en casa.

    Jerónima se apresuró a decir:

    -Tengo 300 euros en mi habitación.

    -Venga, vamos todas a buscarlos, y darnos también las joyas.

    -En esta casa no hay joyas. Somos pobres.

    Llegaron a la habitación. Jerónima cogió el dinero en el armario y se lo dio a la más alta. La rubia más baja tenía ganas de fiesta, besó en los labios a la más alta, y le dijo:

    -¿Las obligamos?

    -Puede ser divertido ver que hay debajo de tanta ropa.

    La rubia más alta, apuntando a las hermanastras con la recortada, les dijo:

    -¡Desnudaos si no queréis quedar sin cabeza!

    Las hermanastras se desnudaron. La rubia más baja, al verlas, exclamó:

    -¡¡Hostias!! ¡Qué buenas están las lechosas!

    Las hermanastras estaban buenísimas. Su piel era blanca como la leche, lo que hacía que destacasen las grandes matas de pelo negro que rodeaban sus coños y el pelo de sus axilas. Sus tremendas tetas las coronaban unos grandes pezones en medio de unas enormes areolas marrones. Lo dicho, estaban buenísimas.

    La ladrona más alta, le dijo a Alpidia:

    -Besa a tu amiga.

    -Es mi hermana.

    -Mejor, más morbo te dará, bésala.

    Alpidia le dio un pico en los labios a su hermanastra.

    La ladrona más baja, le dijo a la ladrona más alta:

    -Enséñale como se besa, Dori.

    Dori, que era lesbiana como la otra ladrona, le dio un beso a Alpidia que le dejó el coño latiendo.

    Cuando Alpidia besó a Jerónima, reproduciendo el beso que le había dado Dori, ya eran dos los coños que latían.

    La ladrona más baja que ya estaba excitada, sin dejar de apuntar con la escopeta recortada, le ordenó a Alpidia:

    -¡Ahora cómele las tetas y el coño a tu hermana!

    Alpidia le pasó la lengua por las tetas a Jerónima.

    -Así, no. Mira como se hace.

    La ladrona más baja le subió la blusa y el jersey a Dori y le chupó, mamó, lamió y magreó las tetas. Después se puso en cuclillas, le bajó los jeans y las bragas y le comió el coño, coño que tenía completamente depilado. En cuclillas, les dijo:

    -Venga. Queremos ver como os calentáis.

    -Di que sí, Martu.

    A Alpidia no le quedó más remedio que comerle las tetas bien comidas a Jerónima, y después comerle el coño como estaba haciendo Martu con Dori. Al rato, a Alpidia le latía el coño una cosa mala al sentir como su hermanastra se humedecía, más, más y más. Jerónima hacía esfuerzos para no gemir. La hostia es que se iba a correr y acabaría por hacerlo, La salvó la campana, al decirle Dori:

    -Ahora besa tú a tu hermana. Cómele las tetas y después cómele el coño.

    Jerónima besó con lengua a Alpidia. Su hermanastra le devolvía los besos. Se encendió aún más de lo que estaba y le comió las tetas bien comidas y después comenzó a comer el coño, a comerlo con ganas.

    Dori, no aguantó más. Gimiendo y con un temblor de piernas que casi no la dejaba tenerse en pie, se corrió en la boca fe Martu.

    Al acabar de correrse, le dijo Dori a Martu:

    -Será mejor que nos vayamos. Ya tentamos demasiado a la suerte.

    Al rato, Dori y Martu, las ladronas, se fueron. Las hermanastras se volvieron a persignar. Se vistieron. Avergonzada, le dijo Alpidia a Jerónima:

    -Me voy para la habitación de tu hijo.

    Esa noche no rezaron. A la media hora, Jerónima, fue a la habitación donde estaba Alpidia, y le dijo:

    -Tengo frío, Alpidia.

    -Métete en cama y acércate a mí.

    Jerónima se metió en cama. Se acercó a Alpidia por la espalda y se acurrucó junto a ella. Le pasó un dedo por la asa de la enagua, y le preguntó:

    -¿Siempre duermes en enagua?

    -Hace años que no dormía en enagua. Te esperaba. Quiero volver a verte desnuda.

    -Y yo a ti.

    Alpidia se dio la vuelta y se besaron.

    -¿Quieres que empiece yo, Jerónima?

    -¿Y si nos las comemos juntas?

    Entre besos, se desudaron. Se destaparon. Ya no había frío. Se pusieron de lado y comenzaron a comerse los coños. Alpidia llevaba tres años sin correrse, Jerónima, dos. (El tiempo que llevaban viudas) Las lenguas comieron los coños con hambre atrasada. No aguantaron más de cinco minutos. Cuando Alpidia iba a correrse, le dijo a Jerónima:

    -¡Ay qué rico, ay qué rico! ¡¡Ay qué me viene, ay qué me viene…!!

    Jerónima, explotó:

    -¡¡¡Me corro!!!

    Estaban retorciéndose de gusto y bebiendo una de la otra, cuando entraron Esteban y Pedro en la casa.

    -¡¿Esa que dijo que se corría no es tu madre, Pedro?!

    -¡¿Y la que le venía no es la tuya, Esteban?!

    Continuará.

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  • Una follada idéntica

    Una follada idéntica

    A través de los años, me he follado a madres e hijas en diferentes instancias, me he follado a hermanas que se volvieron enemigas entre sí, pero la experiencia con Valeria y Silvana fue única, en una follada idéntica.

    Creo que estaban acostumbradas a esos juegos desde niñas e imagino que le habrán hecho las mismas bromas a más de a uno. En mi caso, al principio se me hizo difícil distinguir la diferencia de sus besos y sus cuerpos, pero eventualmente descubrí que Valeria era un poco más pequeña que Silvana.

    Nunca fueron mis novias. Lo de nosotros fue una relación de buenos amigos que nos atraíamos sexualmente y todo se abrevió en esos meses en los cuales todos estábamos en la espera de comenzar el primer semestre de universidad. Creo que fue Valeria con la que comencé esos encuentros furtivos y que después de dos semanas de conocernos en los eventos del club de tenis, ya me había dado sus dos ricos melones y le había explorado con mis dedos su conchita y ya estaba despejado el camino para llegar a una buena follada. Un día Silvana llegó y al intentarla besar, ella me retiró empujándome y muchos de los que me vieron se rieron, pues fue hasta ese día que me di cuenta que era víctima de las hermanas gemelas.

    Valeria y Silvana son gemelas idénticas. Cada una con su cabello rubio, de tez clara, ojos verdes y almendrados, sonrisa atractiva y muy amigables y ambas se manejaban un cuerpo deportivo típicas de las chicas que juegan al tenis. Sus rostros eran muy lindos y difícil de diferenciarlas, pero a un joven como yo a sus 18 años, mi mirada no solo apreciaba sus bellos rostros y la bajaba cuando podía para apreciar esos ricos culos y bien desarrolladas piernas que ambas tenían. Con certeza sabía que ellas se creían el punto de atención del grupo de chicas en el club y desde que conocí a Valeria, pues creo que nos atrajimos mutuamente y eventualmente, también se involucró su hermana.

    No sé si era realidad en aquellos momentos, pero me habían hecho creer que había estado con ambas en esos encuentros íntimos y que no había sabido distinguir que eran mujeres diferentes. ¿Cómo podría? Hasta los lunares en sus rostros eran iguales. Y para aquellos días que presentía que estaba a punto de follarme a Valeria, Silvana me propuso hacerle una broma a su hermana y hacerle creer que me había acostado con ella, haciéndole creer a Valeria, que yo pensaba que me acostaba su hermana. La misma Silvana me dio la línea que debería decir y de esta manera jugarle la broma a su hermana: Me sugirió que debería decirle a Valeria, que me había gustado el lunar café que tenía en su glúteo izquierdo y como me había gustado la follada que le había dado en el culo.

    En ese mes ya había descubierto que eran chicas muy liberales y no dudé en hacerle la broma. Nos fuimos a un parque cerca de su casa donde regularmente pasábamos horas comiéndonos a besos. Valeria era tan caliente, que ya la había hecho acabar en más de una ocasión, con solo rozarle mi bulto en su concha mientras usaba pantalones y me abría las piernas y nos poníamos en posición del misionero. Aquel día le dije que me sentía excitado, que quería probarla otra vez y que me excitó ese lunar que le vi cuando me daba su culo. Para mi sorpresa, no reaccionó como yo lo esperaba y más que todo me sorprendió con su propuesta:

    – ¿Te lo querés coger otra vez?

    – ¡Si! –le he contestado.

    Aquella tarde buscamos un lugar solitario en el parque y dado que la mayoría de la gente se aparecía por ese lugar después de la cinco de la tarde, nos dio el tiempo suficiente y donde Valeria detrás de algunos arbustos, se bajó su pantalón deportivo, el cual era muy conveniente vestir para aquella aventuras y me dio el culo donde pude observar el tal lunar en su glúteo izquierdo. A esa edad y en esas condiciones, aquella primera culeada habrá durado unos cinco minutos máximos. Con mi calentura, tenía un pene bien erecto y mi flujo pre seminal era abundante el cual lubricó bien el culo de Valeria, y con la excitación que ambos teníamos he hecho caso omiso a los jadeos de dolor que quizá Valeria hubiera sentido. Le llené el culo con una buena descarga y tuve que ofrecerle mi camisa para que se limpiara. Aquella tarde le masaje con mis dedos su clítoris y toda su concha y Valeria también explotó con un tremendo orgasmo.

    Días después me encontraba con Silvana y me preguntaba si le había hecho la broma. Le dije que no, que todavía no me había atrevido a hacerla. Ella solo se sonríe conmigo y me dice de esta manera:

    – ¡Mentiroso! ¿Tienes miedo a cómo vaya a reaccionar?

    – ¡Me temo que sí!

    – Solo es una broma Tony… luego le dices la verdad y todos nos estaremos riendo hasta morir.

    La verdad que se me hizo raro que le haya dicho a Valeria que le había visto el culo antes sin ella inmutarse. Me pareció otra característica de su personalidad liberal. Lo que se me hizo raro es que esa misma tarde que hablaba con Valeria, ella me decía que quería ser por primera vez mía. Pensé que lo decía de esa manera pues no le había penetrado con el pene la vagina, y que eso de darme el culo no contaba como símbolo de mi posesión sobre ella. Cuando le dije que seguía pensando en la culeada que le había dado, ella me dijo:

    – ¿Qué hablas? ¿Cuándo hemos hecho eso?

    Sentí que había caído en la trampa de Silvana y que todo aquello era una descomunal broma de su hermana. Me gritó, me insultó, me dijo tantas cosas y lo único que recuerdo decir al colgar el teléfono: ¡Valeria, lo siento! – Realmente me pareció una mala broma, pero el siguiente día me llamaba la supuesta Silvana y se reía de mí y me confirmaba que era a ella a quien me había cogido. La realidad que coger con Silvana, era igual que cogerme a Valeria, y resolví con seguirme cogiendo a Silvana y por aquellos días no paramos de coger. Regularmente eran dos o tres palos por la vagina y unos dos sin condón por el culo. Por aquellos días eran tan a menudo las cogidas y creo que pasé por unos 10 días consecutivos taladrándole el culo, que eventualmente desarrollé una infección en mi pene, que ha sido la única después de coger con tantas mujeres. Aquello me llevó al médico y a hacer una pausa en mi rutina sexual.

    Me vi obligado a consultarlo con mi madre, quien era psicóloga y ella me ha hecho una cita con el médico de cabecera, quien para colmo de males era la misma mujer que meses antes me había revisado los huevos en ese examen físico antes de comenzar la universidad. No fue una infección para alarmarse y todo aquello se disipo en 5 o 7 días de tratamiento. Tuve que ser honesto con mi médico y tuve que escuchar ese penoso consejo y lo que fue una explicación de cómo tuve que haber adquirido tal infección: <Tal parece que los vellos anales de tu novia han lacerado tu glande. Tony, debes comprender que el tamaño de tu glande es más ancho que el normal y el esfínter o ano de cualquier mujer o ser humano es muy reducido para cualquier penetración>. – Y todavía me da un ejemplo que lo ilustró con mi dedo pulgar. -<Mira tú pulgar, ese es el tamaño promedio de la cabeza del pene. Ahora puedes ver la diferencia con el glande de tu pene. Debes de tener mucho cuidado al penetrar a una mujer y lo más recomendable es que uses preservativos, especialmente si quieres continuar con tus aventuras anales>.

    Realmente me sentí apenado escuchando aquello de mi médico de cabecera, pero uno a esa edad no la piensa tanto. Había rechazado a Silvana a continuar con aquellos encuentros por esos días de mi tratamiento, pero una noche cuando ya me miraba el pene listo para seguir con mis aventuras, quedamos que llegaría a mi casa y nos meteríamos al guarda coche y en cuyo ático había una especie de habitación. Aunque no formal, pero tenía una cama de buen tamaño y un televisor. Nadie la ocupaba en la casa y este fue el nido de mis aventuras donde pasaron una buena docenas de mujeres y donde mi querida madre en más de una ocasión me pilló follando a la chica en turno.

    Llegó Silvana y como siempre nos comenzamos a comer a besos. Aquella vez se tomó más tiempo en mamar mi verga, pues creo que intuía que en el ático nadie nos podría ver o no seríamos pillados en aquellas aventuras. Me hizo acabar con tremenda mamada y me sorprendí pues regularmente eran mamadas breves, de dos minutos máximos. También fue la primera vez que la hice venir chupándole la conchita. Tuvo que morder la almohada para sofocar en algo sus jadeos y gemidos. Teníamos todo preparado para no salir de aquel lugar por un buen rato. En la posición de misionero le volví a dar usando preservativos hasta hacerla acabar. Le pedí que quería venirme es su rico culo, pues quería acabar en ella sin condón. Se pone en cuatro y con una luz semi difusa observo su suculento trasero, mi verga esta tan lubricada de mis secreciones pre seminales acumuladas en el preservativo, y apunto a su rico culo y con el cuidado que me dijo mi médico, veo desaparecer mi verga completa en el culo de Silvana. Ya con un buen ritmo y sintiendo que llego al paraíso remuevo de sus nalgas mi mano, y descubro que en esa luz semi difusa a la que mi vista se ha acostumbrado ya en los minutos, y no veo ese lunar en su glúteo izquierdo de Silvana. Lo pienso pero la excitación es tan grande y estoy en el umbral de una buena corrida. Le lleno el culo de mi semen, tomo el tiempo limpiándoselo y me limpio yo también y le he preguntado:

    – ¿Eres Valeria verdad?

    – ¿Por qué lo dices?

    – ¡No tienes el lunar en las nalgas!

    – En realidad lo de ella no es un lunar, fue una especie de tinta que se froto cuando era pequeña y le quedó impregnada en la piel, como los de un tatuaje. – y se ha reído.

    – ¿Por qué lo has hecho?

    – ¡Me gustas! Quería probar lo que estaba gozando mi hermana. – y vuelve a reír.

    – ¿Siempre hacen lo mismo?

    – No, esta es la primera vez que follamos con el novio de la otra.

    – ¿Ella lo sabe?

    – ¡No creo!

    No me importaba. La verdad ambas lucían igual y lo único que me ayudó a saber a quién cogía, era esa mancha en la nalga izquierda de Silvana. Lo demás, como gemelas idénticas, era difícil de distinguir: ambas cogían igual, jadeaban igual y se corrían con ese mismo escándalo que parecían que las estaba matando. Las pasé follando casi todos los días antes de comenzar la universidad y debo admitir que la infección me volvió a aparecer, pero con lo que me había sobrado de mi tratamiento, la infección se fue y nunca volvió a aparecer.

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  • La hermosa hermana de mi amiga

    La hermosa hermana de mi amiga

    Cuando empecé la secundaria me hice compañero de Sofía, una chica muy buena y linda. Al pasar el tiempo no empezamos a ver más y más seguido, pasábamos tardes enteras juntos, a tal punto que nos hicimos muy amigos. Cuando terminamos la escuela ambos elegimos la misma carrera universitaria, motivo por el cual estábamos juntos prácticamente todos los días. Nuestra relación era de amistad, nunca llegamos a algo más íntimo.

    Un día llegué a la casa de Sofía porque habíamos quedado en ir a ver una película al cine. Toqué la puerta y me atendió una chica muy linda, mayor pero por muy poco. Tengo que ser sincero, no era linda, era totalmente hermosa.

    “Hola” dije casi boquiabierto

    “Hola, vos debes ser el amigo de Sofía, ¿no?”

    “Sí”

    “Pasá. Yo soy la hermana, Brenda. Sofía está en su pieza”

    “Gracias”

    Con mayor detenimiento me di cuenta de su aspecto físico. Tenía pelo negro atado con dos colitas, unos ojos color grises y un cuerpo de ensueño. Era flaquita, pero sus curvas se notaban clara y voluptuosamente. Me dirigí a la habitación encantado por esa chica que me había recibido, una hermana de Sofía que hasta ahora yo no conocía.

    “Hola Sofía”

    “Me vas a querer matar”

    “¿Qué pasa?”

    “Mi jefe me dijo que tengo que ir a buscar unas cosas a la cosmética y es urgente”

    “¿Vas a tardar mucho?”

    “Y sí, tengo que hablar con algunos clientes y firmar papeles, no sé bien a qué hora voy a terminar”

    “No importa, otro día arreglamos. A propósito, ¿desde cuándo tenés una hermana?”

    “Desde siempre. Brenda no vive acá, vino de visita unos días nada más, ella vive afuera. Se me ocurre ¿por qué no la llevas a ella al cine, para que socialice un poco?”

    “No sé, no la conozco bien”

    “Dale, haceme ese favor, además Brenda es bastante conversadora y fácil de llevar, te va a caer bien”

    “Bueno, porque vos me lo pedís”

    Sofía habló con su hermana y ella con gusto aceptó ir conmigo al cine.

    Brenda se fue a ponerse algo más elegante, aunque no era necesario. Al rato volvió bien arreglada, se había pintado y perfumado con un perfume muy sexy. Llevaba puesta una camiseta mangas largas de color negro, y un pantalón vaquero bien ajustado.

    “¿Estoy bien así?” me preguntó.

    “Ehmm… sí, sí, estás muy bien, digo, muy bien vestida”

    Brenda me miró y se sonrió. Luego le dijo algo a la hermana al oído y las dos se rieron. Yo estaba nervioso, temiendo que en cualquier segundo metiera la pata con un comentario fuera de lugar. Salimos juntos hacia el cine, ella me preguntaba cosas sobre mí. Yo no podía creer que me acompañaba una mujer tan bella, sentía la envidia de todos los varones en el lugar. La noche fue espléndida. Después de ver la película la invité a comer algo, pero ella quiso volver a su casa para ver si había llegado su hermana. Cuando llegamos Sofía no había vuelto, estábamos solos.

    “Creo que es hora de que me vaya” dije.

    “Espera un poquito más a ver si llega, mientras preparo un café, ¿querés?”

    “Bueno, la espero un ratito para saludarla y después me voy”

    Ella se sentó a mi lado en la mesa, y comenzamos a hablar.

    “¿Y qué onda hay con mi hermana”

    “Nada, en realidad somos muy amigos”

    “Qué raro”

    “Sí, pero estamos tranquilos, disfrutamos de los momentos que pasamos juntos”

    “¿Y vos disfrutas del momento que estamos pasando juntos?”

    “Por supuesto que sí”

    De pronto sentí su mano acariciando mi pierna. Yo comencé a beber el café de mi taza sin decir palabra alguna, hasta que lo terminé. Ella parecía estar como jugando conmigo, ya que seguía tomando café.

    “¿Querés más?” preguntó.

    “Sí, por favor”

    Luego de servirme más siguió acariciándome sin prejuicio, cada vez más cerca de mi pene. Yo me sentía muy nervioso por la situación, pero no me disgustaba. Ella hablaba de cualquier tema, yo le seguía el juego. Entre palabras sentí que su mano ya estaba sobre mi pene, por supuesto estaba erecto. Sin ningún problema (ni vergüenza) desabrochó mi pantalón y metió su mano dentro. Pude sentir su suavidad sobre mi parte más sensible, aunque la situación seguía siendo extraña y algo incómoda yo me dejaba hacer. Una de sus manos sostenía la taza de café, mientras que la otra me acariciaba sin apuro, cosa que me causaba mucho gusto.

    “Hace calor esta noche”

    “Sí, mucho, mucho”

    Su mano comenzó a masturbarme, primero lento pero luego más rápido, yo sabía que no iba a detenerse hasta hacerme ver las estrellas. Ella recorría la longitud de mi pene sólo para darme más y más placer. Por culpa de la mesa no podía apreciar el espectáculo al que estaba siendo sometido, pero por el gusto que sentía lo imaginaba claramente. Gracias a las caricias el orgasmo estaba próximo a llegar. Un intenso hormigueo se apoderó de mi cuerpo y me petrifiqué como nunca antes, el placer era demasiado para obviarlo. Mi semen comenzó a salir impetuosamente, volcándose sobre su mano y mi pantalón.

    “Sssss” escuché de su boca, algo leve, pero allí estaba.

    No sé cuantos segundos habré durado, pero sentí que habían pasado horas enteras. Cuando terminé ella acarició un poco más mi pene y se restregó por mi pantalón, limpiándose un poco la mano. Luego se levantó para llevar las tazas a la pileta, haciendo como si nada. Yo no pude resistir más su silencio. Me paré y me acerqué a ella por detrás, apretándome a su cuerpo mientras le besaba el cuello. Brenda se dio vuelta y me atacó con sus carnosos labios. Mientras nos besábamos traté de quitarle la camiseta que llevaba, para poder ver de una vez sus senos. Ella me ayudó a quitársela y me mostró orgullosa su busto, como para no estarlo.

    “¿Te gustan mis tetas?”

    Yo no dije nada, sólo me tiré de cabeza hacia ellas. Pasé mi lengua por uno de sus pezones, sobresaliente, duro y rosadito.

    “Por supuesto que te gustan. Así lindo, no parés…”

    Mis manos rodearon su cintura y Brenda abrió sus piernas para que yo estuviese más cómodo. Cuando me acerqué mi pene irremediablemente la tocó no muy discretamente.

    “Epa, parece que tenemos un invitado” dijo ella, “dejame darle la bienvenida, quiero saludarlo”.

    Con su mano tomó mi pene y comenzó a acariciarlo. Sin decir nada se pegó a mí, paso su lengua por mis labios y dijo

    “Esto te va a encantar”

    Comenzó a besar mi pecho y así se fue agachando hasta mi cintura. De un solo saque bajó mi pantalón junto con mi calzoncillo. Mi pene quedó enfrente de ella, ansioso por sus labios. Brenda corrió con sus dedos la piel que cubre el glande y luego lo besó con ternura. Sin perder tiempo pasó su lengua por debajo de mi pene y recorrió todo el palo de principio a fin. Luego lo envolvió con sus labios y lo hizo desaparecer en su boca, llenándome de placer. Brenda lo metía con fuerza casi hasta el fondo de su garganta, lo más que podía. Ningún rincón de mi extensión quedaba libre de sus encantos, yo comencé a moverme como penetrando su boca. Cuando sentí que no podía aguantar más le dije, ella se detuvo.

    “Todavía no, vamos a la pieza de Sofía”

    Esa propuesta era algo morbosa, pero me gustó. En ese momento estaba demasiado excitado para pensar cualquier consecuencia, de venir las afrontaría luego. Brenda fue rápido a la pieza de su hermana, agitando su cola y pechos de un lado para el otro. Apenas entró se quitó la poca ropa que aún llevaba puesta.

    “Desnudate vos también” me ordenó.

    Yo no la hice esperar y me quité toda la ropa, para estar más cómodo. Ella se acostó en la cama con las piernas abiertas y su vagina expectante, mirándome fijamente.

    “Vení, te quiero dentro mío”

    Yo me acerqué algo desesperado y ansioso por lo que iba a suceder. Me puse sobre ella y apunté mi pene a su entrada, bien afeitada y totalmente roja. Aún no podía creer lo que estaba pasando, debía ser un sueño, era mejor aprovecharlo mientras estuviese dormido. Ella no quería esperar, se acercó más a mí y me empujó hacia su gruta.

    “¡Ay!” expresó.

    “¿Te duele?”

    “No, me gusta”

    Las ganas que teníamos eran mayúsculas. Comencé a entrar y salir de ella rápidamente, una y otra vez. Brenda gemía por lo bajo y me decía que siga. Mis manos acariciaban sus piernas, sus pechos, su cara, su pelo, sus labios, todo lo que estuviese a mi alcance. Sentí que sangraba de tanto tocarla. Ella buscaba en todo momento mis labios para besarlos y morderlos, pero yo me apartaba y besaba su cuello de la mejor manera que podía hacerlo. Podía escuchar claramente el sonido que producían nuestros líquidos cuando nos movíamos, era increíblemente excitante. En cierto momento la miré a los ojos y me sorprendí. Por su expresión parecía que iba a llorar, pero todo lo contrario por suerte. Su cuerpo tembló y sus uñas se clavaron en mí espalda como buscando contención. De la nada Brenda empezó a gemir cada vez más fuerte, más fuerte, hasta que súbitamente echó un grito de victoria y se quedó tranquila. Yo seguí moviéndome, ya que mi orgasmo era inminente y quería terminar con lujos.

    “Espera, no me lo tires adentro, afuera por favor”

    Hice caso. Justo en el último momento me salí de su interior y derramé mi semen en su estómago.

    “Así, llename de lechita, bañame” me decía.

    Parecía gustarle la sensación que dejaba mi pegajoso líquido. Muy cansado me recosté a su lado y tomé un respiro.

    Ella de sus ropas sacó un paquete de cigarrillos, prendió uno y me convidó, pero yo le dije que no ya que no acostumbro a fumar. Sólo me quedé mirándola sin decir palabra alguna.

    “Cómo necesitaba eso, que bien que se sintió” confesó.

    “¿No tenés alguien, un novio con quién pasar el tiempo?”

    “No, la verdad es que ahora estoy solita”

    “¿En serio?”

    “Sí”

    Parecía que por fin me estaba sonriendo. De pronto el ruido de la puerta de la entrada me bajó de mi nube imaginaria.

    “¡Ya llegué!” gritó Sofía.

    No podía creer mi mala suerte. Si Sofía nos encontraba así nos iba a matar a los dos después de una larga tortura. Muy asustado me escondí abajo de la cama, mientras que Brenda me pasaba mi ropa para que no quedase a la vista. Sin hacer mucho ruido se fue corriendo hacia el baño antes de que su hermana se diera cuenta. Estando debajo de la cama pude escuchar su conversación.

    “¿Te estabas bañando?”

    “Sí”

    “¿Cómo les fue en el cine?”

    “Perfecto, tu amigo es un verdadero caballero”

    “Sí, cuando está con gente que no conoce”

    “No te preocupes, que me atendió muy pero muy bien”

    No podía creer las palabras de Brenda, estaba rojo de vergüenza.

    “Bueno, me voy a dormir, tengo mucho sueño. Mañana lo llamo por teléfono”

    “Me acordé, dejé una remera en tu pieza, esperame que la busco”

    “Bueno”

    Ella entró a la pieza y mientras simulaba buscar una remera me dijo por lo bajo

    “Voy a dejar la puerta abierta, cuando Sofía se duerma vos aprovecha para escaparte, ¿ok?”

    “Está bien”

    A los pocos momentos Sofía entró a la pieza y vestida como estaba se acostó a dormir. No tuve otra opción, me obligó que pasar la mayor parte de la noche debajo de la cama… un pequeño precio por una gran diversión con la hermana de Sofía. Después de eso tuvimos otros momentos a solas que aprovechamos muy bien.

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