Blog

  • De mal cogida a amante multirogásmica

    De mal cogida a amante multirogásmica

    Hola amigos, mi nombre es Manu, tengo 19 años. Les relataré como pase de ser una chica común con una sexualidad frustrante a una mujer dueña de mi misma y multiorgásmica gracias a la persona que menos creía. Yo soy una joven típica de Medellín. 160 de estatura, blanca, ojos verdes, cabello rojo tinturado, senos y cola paradita por mi edad.

    Todo empezó con José. Él era un amigo de mi prima. Es moreno, pero yo siempre le decía negro. De 30 años de edad, buen cuerpo, buenas piernas, y después me fije, muy buenas nalgas, pero no muy atractivo de rostro, sin embargo, se mantenía bien organizado. A mí nunca me llamó la atención además de que era casado. Ocasionalmente lo encontraba en casa de mi prima. Ellos se tenían mucha confianza y la familia de mi prima lo quería mucho. A pesar de no ser tan atractivo era de conversación agradable. Pero ustedes saben cómo somos a esa edad. Solo nos gustan guapos. Total, fue que un día tuve un gran problema con una materia en la U. Le pedí ayuda a mi prima y ella a él. El tipo tardó como tres segundos en resolver un problema de cálculo que me tenía cabezona durante tres días. A partir de ahí nos hicimos más cercanos. Al principio las conversaciones normales. Pero a medida que les cogí confianza terminaban en lo sexual.

    En ese entonces yo había terminado con mi novio. Él había sido mi novio de 5 años y fue con el que perdí la virginidad, sin gloria, pero con mucho dolor. No me había gustado la experiencia me dolió mucho. El no supo calentarme, no lubriqué casi y me lo había metido de golpe. Antes de siquiera calentarme él ya había acabado. Típica historia de nuestra edad. Habíamos tenidos 7-8 relaciones más con similares resultados.

    Con José por otro lado la amistad fluía mucho. A pesar de que era negrito y feíto jajajaja. Yo le decía a cada rato que era feo y a él no le interesaba igual se reía y seguíamos igual. Mi prima por ese entonces me contó que la amistad con él era de mucha confianza y la conversación podía ser pesada en el buen sentido. José le decía que yo era muy rica. Que un día nos iba a descubrir en la habitación de mi prima cogiéndome en 4, que ojalá yo usara brasileras blancas que él eso lo enloquecía y otras cosas.

    Yo me reía cuando ella me contaba eso sin saber qué ocurriría unos meses después. José y yo empezamos a tener confianza sin embargo con mis ganas de novio volví a hablar con mi ex y volvimos, como las conversaciones con José por el Whatsapp podían ser muy picantes decidí no buscarme problemas y lo bloqueé. Grave error. Las cosas con mi novio siguieron exactamente igual. Mucho amor porque yo lo quería, pero el sexo era horrible y yo me sentía cada vez más frustrada y hacía lo posible porque no tuviéramos relaciones.

    Hasta ese glorioso diciembre. Mi prima y sus padres organizaron una fiesta para toda la familia el día de las velitas. Su casa es de dos pisos y la fiesta fue en la terraza o tercer piso se podía decir. Yo fui con mi novio y José por supuesto, como amigo de la familia fue. Yo me había vestido con un jean que realzaba mi colita y una blusa de flores, inconscientemente me había puesto unas tanguitas blancas brasileras muy pequeñas y un brasier a juego, me había depilado bien mi vaginita pues me encanta que este rosadita sin un vellito. José estaba divino ese día pantalón beige impecablemente planchado y una camisa vino tinto que resaltaba su figura.

    La cosa iba normal mucho baile, José bailaba con todas mis primas y mis tías. José es muy alegre y bailaba todos los ritmos. Cuando bailaba salsa no pude evitar ver sus nalgas y su paquete. Ahí empezó todo. De repente colocaron Reggaetón y mi novio, que ya estaba bien tomado con 5 aguardientes, no quiso salir. Así que algo enojada porque me gusta mucho salí y cogí a José, que estaba riendo con mi prima y su madre, y lo saqué a bailar. Él no se cortó y bailo conmigo muy pegado. Yo solo quería molestar a mi novio, pero el baile con José me ponía muy caliente a medida que yo rozaba mis nalgas contra su entrepierna notando un firme paquete, aparte de que José bailaba muy bien. Él se me acerco al oído y me dijo: – Manu estas hermosa, me encanta tu cuerpo, tu culito- yo no respondida y me hacia la desentendida pero la manera de hablar en mi oído me ponía la piel erizada.

    -Manu ingrata, te me perdiste desde que volviste con tu noviecito, pero ya me di cuenta que te tiene mal cogida y por eso andas de mal genio-

    Era verdad. Le había contado a mi prima que estaba súper frustrada y eso me había hecho irritable. Llevaba casi dos meses enojada con todo. Y ahora este negro feo me lo restregaba en la cara, mientras me restregaba su paquete en las nalgas.

    La verdad fue que me molesto. Pero al parecer a mi concha no, porque empecé a sentir algo que nunca había sentido antes. Un cosquilleo comenzó en mi clítoris que sumado a la música y a los movimientos de José iban provocando humedad en mi vagina que poco a poco se humedecía como nunca lo había logrado antes. Aunque el comentario de José fue molesto y quería que el Reggaetón terminara para separarme de él. Mi cuerpo no. Se pegaba con más fuerza a él y restregaba mis nalgas contra él, quizás buscando poder tocar ese pene aprisionado en ese pantalón beige o quizás estirar el pantalón y con eso la tanga provocando rose de esta en mi clítoris. Ya estaba perdida.

    Cuando terminó la música mi prima y mi familia me aplaudió y yo entre enojada y excitada salí corriendo para el baño del segundo piso donde me noté completamente mojada. Estaba enojada y de la rabia me salían unas lágrimas de coraje, pero también por primera vez sentí urgencia de tocarme y con gran pena, pero muy curiosa y excitada, comencé a frotar mi clítoris en el baño de manera rítmica hasta que empecé a hacerlo de manera frenética. Estaba húmeda. Me sentía excitada, rozaba mi clítoris y metía un dedito en mi concha empapada. Creo que solo lo había hecho dos o tres veces en la vida. Solo quería continuar y terminar con esa lubrica sensación. Pero sentí algo de pena y decidí salir.

    Al salir mi sorpresa. José llevaba a mi novio a la habitación de abajo y me picó el ojo. Aún estaba excitada y esa invitación me éxito más. Le ayudé a José a llevar a mi novio lejos de nosotros y cuando me disponía a volver a la fiesta. José me haló y no metimos a la habitación de mi prima. José se acercó lentamente y comenzó a rozar su rostro contra el mío lentamente. Era muy tierno pero firme. Acercó su boca a la mía y me besó. Un beso húmedo tierno, pero poco a poco más fuerte. Con más saliva. Nos escurría levemente por las comisuras de los labios jajajaja. Sus manos bajaron lentamente por mi cuerpo y se introdujeron con cuidado por mi pantalón. Con maestría se introdujo por mi tanga y encontró mí ya preparado clítoris. Con el cuidado de un experto lo rosó levemente y al encontrarlo suave comenzó a acariciarlo. Con cada roce me mojaba más y más hasta que yo misma pedí:

    -más rápido José, restriégame esa cuca!!!

    José obedeció. El metía su dedo, ligeramente y acariciaba mi clítoris con el pulgar. Se hizo detrás de mí y empezó a rozar su pantalón, en donde ya se notaba una prominente erección contra mis nalgas. Besaba mi cuello mientras que con su otra mano tomó mi cuello con cuidado. Yo ya había perdido la noción de mi misma. Me sentía como nunca. Líquido chorreaba a cantaros de mi vagina. Mi cabeza daba vueltas a medida que me sentía más excitada y mi vagina empezó con contracciones rítmicas, tuve el primer orgasmo de mi vida. Fue estruendoso. Mi abdomen se contrajo lo mismo que mis piernas y deje escapar un gemido tras otro. Jose dejó su mano en mi vagina y mientras yo continuaba mi convulsivo orgasmo. Jose me besó y se acercó a mi oído: -Ahora te voy a dar una buena cogida!!!

    Me llevo a la cama de mi prima y me puso boca abajo. Yo aun con el impacto de mi anterior orgasmo me deje hacer. Conmigo boca abajo me bajo el pantalón y la tanga al mismo tiempo mientras besaba mis nalgas. El rocé de sus labios con mi piel me excitaba más. Me volteé y me quité la blusa y me levanté el brasier. Algo apenada le mostré mis tetitas. -Estas son pequeñitas, pero son tuyas- El me miró y sonrió. -Son hermosas, me las comeré toda la noche-

    Se pegó de una de ellas lo que hizo de inmediato poner mis pezones duros. Yo lo quería dentro. Le ayude a bajarse quitarse la camisa. Descubrí un torso delgado pero tallado de músculos bien definidos- Y yo pensado en lo feo que era- Pero las sorpresas no paraban allí. Le baje el pantalón y el bóxer cuando salió ese animal. Jose no es una persona jactanciosa, pero no podía dejar de admirar ese miembro moreno, venoso, grueso de 18 cm, con un pubis y huevos bien depilados. Jose me dijo su medida después aclarando que no es ni más grande ni más chico. Curioso porque mi novio me había dicho que tenía 20 cm y no alcanzaba las dimensiones de Jose.

    Me encantó esa verga y sin pensarlo llevé mi mano hacia a él y comencé a mamárselo. Que deliciosa sensación esa enorme verga en mi boca con unas gotitas de semen en la punta. Lo hupe primero tímidamente. A mi novio se lo había intentado hacer, pero no me llamo la atención. Ahora era diferente. Quería mamar esa verga, deseaba hacerlo. Luego de ensalivarlo muy bien lo chupe como frenética obteniendo de Jose una sonrisa de satisfacción como premio. Pero a él no le gustaba el papel pasivo así que se acomodó junto a mí y comenzó a besarme la concha que aún no se recuperaba del orgasmo que acababa de tener y la empezó a besar, a morder ligeramente mis labios y acariciar mi clítoris. Metió sus dedos en mi vagina y siguió con sus besos en mi concha. A pesar de que me quería concentrar en mamársela como la perra en celo que me sentía junto a él, su trabajo en mi vagina me impidió seguir, y solo puede seguir emitiendo gemiditos y separarme de su hermosa verga para tener mi siguiente orgasmo. Nuevas contracciones de mi vagina, nuevos movimientos convulsivos, la incapacidad de hacer algo que no fuera sentir ese inmenso placer y mis piernas que se sacudían con fuerza.

    Mi orgasmo terminó con una nueva sensación de que orinaría y la salida de una cantidad abundante de líquido de mi vagina, como si me hubiese orinado, cayó sobre el rostro de Jose que se rio ante la situación. Yo me sentía apenada. Había hecho un squirt. Lo había visto en películas porno, pero pensé que algo voluntario para aumentar la intensidad de la escena. Me daba cuenta de la manera más placentera que no. Pasado unos segundos siguió moviendo los dedos en mi vagina. Pero yo deseaba su pene, que digo pene, esa VERGA!! Tímidamente le pedí: -José, quiero sentirte adentro, métemela!!

    Jose muy atento se ubicó junto a mi en posición de cucharita, la puso en la entrada de mi vagina. El tamaño me asustaba un poco pues obviamente era más grande que el de mi novio, pero la excitación podía más. El la deslizó lentamente yo fui sintiendo un ligero dolor morboso, que era más placer que otra cosa. Finalmente, me la metió toda. ¡Qué placeeerrrr!!! ¡Sentí un pequeño orgasmo cuando la metió hasta el fondo y sentí que mi pequeña vagina se permitía albergar a ese animal!!! Perdí por un momento la fuerza de mi cuerpo y quedé quita como un muñeco de trapo.

    – ¡Me encanta tu verga José, dame por favor amor, dame muy duro!!- le susurré

    José empezó lentamente, pero al ver mi humedad, que era inmensa, continuó su bombeo. ¡Qué puta maquina! El maldito negro feo lo sabía meter y ¡como lo sabía meter! ME bombeo muy rico, me daba duro y parejo. Esa verga de 18 cm gruesa venosa y dura, dura como una piedra. Le agarré as nalgas, eran grandes y duras. Ya sabía cómo mantenía ese ritmo. Con esas putas nalgas ricas.

    El no paró me dio parejo por hay tres minutos, pero duro, duro, en la habitación se oía el ruido de mis nalgas estrellándose contra su pelvis y sus huevos estrellándose contra mi vagina. ¡Qué rico! Yo gemía y con cada nueva metida me acercaba a un nuevo orgasmo. El cuarto de la noche. Un idiota en casi 6 años no pudo sacarme uno y José en una noche ya me llevaba por el cuarto. Que rico. Yo estaba hecha una perra, quería sentir su leche. Quería sentirlo todo. Él se separó un poco y me puso en 4. Ahí vino lo mejor. Me la metió de nuevo muy suave. Yo sentía algo de dolor porque en esa posición me daba muy al fondo, pero de nuevo ese dolor morboso se transformó en placer. Cuando él lo notó volvió a darme duro, duro en serio.

    No paraba parecía no cansarse. Sudaba mucho y yo también. Esa verga entraba y salía de mi vagina hasta que en cuestión de un minuto tuve un nuevo orgasmo, pero él no paraba de darme por lo que la intensidad de mi orgasmo aumento exponencialmente y le pedí que parara un poco que me dejara descansar, pero esta vez él no me obedeció siguió con su verga bombeándome en la vagina. No lo aguante y grité sin importar si despertaba mi familia o a mi novio. En ese momento en medio de la visión borrosa que me provocaba mi nuevo orgasmo noté una silueta familiar en la puerta que rápidamente desapareció. Mientras José había parado pues le agradecí ese nuevo orgasmo con un nuevo baño de mi caliente liquido vaginal que salía de nuevo en cantidades industriales. Estábamos sudados, cansados, llevábamos una hora en esas pero una hora intensa. De puro jaleo. Pero el aún no se venía.

    Me volteó y por primera vez en la noche se hizo sobre mí como si fuera un misionero, sin embargo, dobló mis rodillas sobre mi abdomen una vez más me bombeo esta vez sin misericordia en vista de mi humedad. Me dio muy duro y en medio de los gemidos me aviso que estaba próximo. Yo no sabía qué hacer, lo quería en mi vagina en mi boca en mi cara. José se separó rápidamente y se paró yo me arrodillé e instintivamente abrí mi boca y se lo mamé. En ese momento salió una cantidad brutal de semen, tanto que no lo pude tragar y lo devolví lanzándolo sobre mi cuerpo, el semen cayó en mis tetas y él complacido me lo unto por mi cuerpo y nalgas. Fue delicioso. No tuve remordimientos. Jose se acostó junto a mí y lo abracé lo besé y le dije:-mi hermoso negrito feito gracias por esta cogida, la verdad sí estaba mal cogida.- Y me reí. Nos quedamos dormidos. José siempre dormía en la habitación de mi prima por lo que nadie fue a revisar que pasaba y habíamos dejado a mi novio en la habitación del primer piso donde los huéspedes y todos pensaron que estaba con él. Fue la mejor cogida de mi vida. José me despertó a las 5 am con un beso. Me puse la ropa y me fui a la habitación de mi novio. Cosa que me molesto. Pero José había que guardar las apariencias.

    En la mañana José me llevo la comida a la cama a mi novio y a mi. Me trajo leche y le dijo a mi novio que yo necesitaba tomar mucha. Lo que respondí con una sonrisa. Seguimos hablando. Y con el tiempo me enamore de Jose aunque continué con mi novio. Ocasionalmente nos encontramos y me pega unas mega cogidas. La relación con José es de amor amistad y sexo, y he sabido entender que el está casado pero en otra ocasión les contare como es su relación con su mujer.

    Loading

  • El amigo de mi hijo me hizo su mujer (I)

    El amigo de mi hijo me hizo su mujer (I)

    Nunca me imaginé que terminaría siéndole infiel a mi marido y menos con al amigo de mi hijo. Mi nombre es Isabel y tengo 37 años, desde que me case hace ya 18 años solo me he dedicado a las tareas del hogar y del cuidado de Juan mi único hijo.

    Un día mi hijo Juan llego de la escuela acompañado de un amigo, su nombre era Adrián y tenía 18 años, mi hijo me dijo que se acaba de mudar y que era nuevo en la Preparatoria, desde ese día era muy común ver a Adrián en mi casa después de la escuela al menos 2 o 3 días por semana, llegaban comían y rápidamente se iban a su recamara a jugar video juegos.

    Una tarde después de comer mí hijo y Adrián se fueron a jugar videojuegos como siempre, por mi parte me puse a lavar la ropa sucia que tenía acumulada, termine por lavar todo y ya solo me faltaban unas cuantas prendas que se encontraban en un cesto en el fondo del baño.

    Al llegar al baño abro la puerta y me encuentro a Adrián con mí brasier oliéndolo y masturbándose con el, me quede sorprendida con lo que estaba viendo, Adrián y yo nos vimos a los ojos y sin saber que decir cerré la puerta y me fui a la cocina, a los pocos minutos llego Adrián con la cara toda roja tratando de darme una explicación le dije que no era necesario y pretendiera que no pasó nada.

    Pero Adrián insistió y me dijo que desde la primera vez que me vio quedo fascinado por mí, sus palabras me dejaron impresionada, yo soy delgada pero no tenía un cuerpo tonificado y aun que tenía los pechos grandes y estaba nalgona la verdad es que yo no me sentía nada atractiva.

    Adrián continua diciéndome lo hermosa que era y me dijo que lo que más les gustaba eran mis grandes pechos y que se moría de ganas por verlos, me quede asombrada por su confesión me dijo “disculpe señora Isabel pero ya no soporto más, usted me vuelve loco, déjeme ver sus pechos por favor”, le dije que no y que se fuera pero Adrián siguió suplicándome que le enseñara mis pechos.

    No sé por qué, pero hubo algo en su forma de implorar que me ablandó y accedí a su petición pero le dije que solo sería una vez y que nunca le dijera a nadie, coloco mis manos en mi blusa levantándola y baje mi brasier mostrándole mis pechos, Adrián se quedó impresionado me dijo que eran mucho más grandes de lo que había fantaseado y que siempre las había querido ver.

    Me sentía bastante excitada por los comentarios de Adrián, nos tardó en pedirme que lo dejara tocar mis pechos, en ese momento me sentí tan deseada que sin explicarme aun ahora accedí a su petición. Coloco sus manos en mis pechos y gentilmente los fue apretando y masajeando, sus manos recorrieron cada parte de mis pechos.

    Mis pezones se pusieron duros por las caricias de Adrián y sin darme cuenta coloco su boca sobre ellos chupándolos, di un pequeño gemido que rápidamente ahogue por temor que me escuchara mi hijo, llevaba mucho tiempo desde que lo hice por última vez con mi marido, Adrián seguía chupando y piñizcando mis pezones, de repente se detuvo para sacar su miembro duro del pantalón “Ya no aguanto más señora Isabel -dijo sacando su miembro del pantalón- por favor déjeme masturbarme viéndola”.

    Su miembro estaba totalmente rígido, no puedo creer que estuviera así de duro por mis pechos, estaba tan caliente que accedí nuevamente, Adrián chupaba y masajeaba mis pechos al mismo tiempo que se masturbaba, tenía que terminar esto rápido antes que me hijo nos pudiera descubrir. Intentando hacerlo acabar rápido coloque mi mano sobre su miembro y comencé a masturbarlo.

    Movía mi mano con rapidez pero Adrián no parecía eyacular, me sorprendió la resistencia que tenía, mi marido jamás hubiera aguantado tanto, Adrián me dijo que su máximo sueño era meter su miembro entre mis pechos y que se lo frotara con ellos. Estando excitada y con temor a que mi hijo se fuera a dar cuenta acepte.

    Me puse de rodillas y acomodo su pene entre mis pechos, junte mis manos apretando su pene, comencé a moverme de arriba abajo recorriendo todo su miembro con mis pechos a un ritmo lento “Me voy a correr señora Isabel, esto es un sueño hecho realidad –dijo mirándome a los ojos– no sabes todos las veces que me masturbe imaginado esto”.

    Al sentir su respiración agitándose acelere el movimiento de mis pechos, Adrián no aguanto más y termino eyaculando sobre mis pechos cubriéndolos con su semen, su pene seguía pulsando y soltando hasta la última gota de semen. Nunca pensé que fuera a eyacular tanto, algunas gotas de su semen llegaron hasta mi cara, sentía lo caliente de su semen en mis pechos “Gracias por cumplir mi fantasía señora Isabel dijo recuperado su aliento”.

    Me sentía orgullosa de haber despertado tanto desea en un jovencito y tenía un sentimiento de satisfacción que había olvidado hace mucho tiempo, me levante y le dije que mantuviera esto en secreto, en especial de mi hijo y le ordene que regresara con mi hijo.

    Me sentí aliviada de que mi hijo no se dio cuenta de nada, me dirijo al baño para tomar una ducha y quitarme el olor del semen de Adrián, estaba algo sudorosa y aun sentía mis pezones duros, me puse bajo el agua lavando mi cuerpo y pude sentir que mi vagina estaba mojada, nunca pensé que un jovencito fuera a excitarme tanto.

    Loading

  • Luna, mi hermana desconocida

    Luna, mi hermana desconocida

    Siempre guardé un profundo resentimiento hacia mi padre. Había abandonado a mamá cuando ella estaba embarazada de mí, y nunca quiso hacerse cargo.

    Pasé mi niñez y adolescencia sin una figura paterna. Mi madre se mataba trabajando limpiando casas y oficinas por hora, mientras yo me educaba solo en la calle, y viendo televisión.

    Había ciertas ventajas en mi vida solitaria, debo admitirlo. Siempre fui mucho más precoz que la mayoría de mis compañeros de escuela. Tenía la casa sola para mí, y podía ver el programa de televisión que quisiese. La importancia de esto último ha de ser difícil de comprender para quienes se hayan criado en la era digital, pero los más grandes sabrán a qué me refiero. De adolescente, Me pasaba las tardes viendo videos porno, y tomando cualquier tipo de bebidas alcohólicas. Invitaba a tres o cuatro compañeros de escuela, y la pasábamos excelente tomando, pajeándonos, y jugando a la playstation que alguno de ellos traía de su casa, ya que yo no tenía porque mi madre ganaba muy poco.

    Al poco tiempo las películas me empezaron a aburrir. Ya me sentía grande y tenía ganas de experimentar. Como trabajaba un par de veces por semana repartiendo volantes para una panadería, tenía unos mangos ahorrados, así que un día, compré el diario y busqué en el rubro cincuenta y nueve a la puta más cercana a mi barrio.

    Elegí pasar con una chica de veintitrés años (toda una veterana para mí). Tenía unos quilos de más, pero era la que mejor cuerpo tenía. Entramos a un cuarto oscuro. Ella se desvistió rápido. A pesar de su leve sobrepeso, tenía el culo bien firme. La abracé y apreté mi torso con sus tetas. Ella me dio besitos tiernos en el cuello y la oreja. Yo exploré sus cavidades y la descubrí repleta de gel lubricante.

    Me le chupó unos minutos, y cuando se dispuso a ayudarme a ponerme el preservativo, yo le rogué que la siguiera chupado sin el forro, pero ella sólo dio un par de lengüetazos al glande, y me colocó el profiláctico con una velocidad asombrosa.

    Me la chupó un rato con el preservativo puesto, pero, si bien la mamada era agradable, no se comparaba con el tacto de la lengua babosa en la pija desnuda. Así que le dije que la quería penetrar.

    Ella se acostó boca arriba. Abrió y flexionó las piernas. Yo me desnudé por completo y fui a la cama con ella (no recuerdo su nombre). Mi pija, la cual me enorgullecía de ser la más grande entre los chicos de mi edad, entró como si nada en semejante agujero lubricado. Apenas sentía la fricción de nuestros sexos durante la penetración. Pero aun así lo disfruté mucho. La puta me daba besos eróticos en todas partes, y se dejaba meter mano por todos lados (cosa que luego descubriría que no hacen todas las putas). Tenía la piel muy suave, y despedía una fragancia dulce y agradable.

    Acabé pronto, y de hecho ni siquiera me di cuenta de haberlo hecho. Sólo dejé de embestir cuando sentí la pija fláccida. Luego la puta, previa verificación, me confirmó que ya había eyaculado.

    A pesar de no haber tenido una gran performance, me gustó mucho mi primera vez, y siendo muy joven me convertí en un putañero profesional, que se conocía los tugurios de toda capital y provincia, y que se había acostado con más mujeres de las que mis amigos soñaban con tener.

    Pero, en fin, me fui de tema. Estaba hablando de mi viejo. Al tipo solo lo vi dos o tres veces en mi vida. Y la ausencia de un mayor que me vigile me convirtió en un adolescente dado a la bebida, y a las putas. Pensándolo bien, tuve una suerte inmensa de no haber caído en la droga o en otras cosas turbias.

    Pero cuando mi mamá empezó a tener problemas de salud y a no poder trabajar todos los días para mantenernos, tuve que ponerme las pilas y conseguir un trabajo fijo.

    A mis veintiún años ya era todo un señor, que ya había vivido todo tipo de aventuras, y había adquirido experiencia, por lo que los vicios ya no me tentaban en lo más mínimo. Sólo iba de putas, cada tanto, porque me gustaba estar con mujeres que luego no me estaban molestando con exigencias ni celos.

    Nunca me enamoré. Alguna que otra vez creí estarlo, pero cuando la chica de turno mostraba su verdadera cara (casi todas eran unas putas), enseguida me desencantaba del hechizo en que había caído. Muchos de mis amigos me envidian la capacidad que tengo de dejar las cosas malas atrás, y no entienden cómo puedo hacerlo. En el caso de las mujeres es fácil. Cuando descubro que a la chica con la que salgo no le alcanza sólo con mi pija, o resulta ser una obsesiva, o tiene cualquier tipo de hábitos que van en contra de mi filosofía de vida, simplemente dejo de quererla, porque la persona que me había gustado en principio ya no existía, o quizá nunca existió.

    En todo caso, no es para dar lástima ni mucho menos, pero para las personas que sufrimos pérdidas como la muerte o el abandono de un padre (que es casi lo mismo), estamos mucho más curtidos, y los desengaños no nos afectan igual que a otros.

    La otra cara de la misma moneda es el hecho de ser un tanto insensible con los otros. Pero, en fin, nadie es perfecto.

    A pesar de esto, el tema con mi padre me cuesta superarlo, y cada vez que veía a mi vieja cansada de tanto trabajar, y cada vez que pienso en cómo perdió su juventud por cuidar de mí, me viene una ira asesina hacia ese tipo que nunca en la puta vida se dignó a pasarnos unos mangos para comer.

    Así y todo, nunca me decidí de hacerle ningún reclamo. Y, aunque más de una vez, en mi mente elucubré alguna maldad hacia él, jamás la concreté. No me parecía justo tener que gastar energías con alguien como él.

    Ahora tengo treinta años. Tengo un buen negocio y una casa propia. Y lo mejor de todo, ahora soy yo el que cuida de mi vieja. No somos ricos, pero no nos falta nada.

    Desde hace días que pienso en mi viejo con más regularidad que de costumbre. No sé por qué, pero así es.

    A pesar de vivir en una época de hiperconexión, donde se puede conversar con personas de otros continentes sin ningún problema, nunca me tomé el tiempo de buscarlo en ninguna red social, y si alguna vez se me pasaba por la cabeza hacerlo, me deshacía de la idea enseguida.

    Sin embargo, ayer los busqué. Y lo encontré.

    Para mi sorpresa, casi me pongo a llorar cuando revisé su Facebook. Tenía poca información, se ve que no es muy dado a la tecnología, pero su foto de perfil era demasiado parecida al hombre que vi un par de veces, hace veinte años.

    Es abogado. Vive en Barrio Norte, por lo que se deduce que no le va nada mal al desgraciado. No hay muchas fotos. Sólo algunas de las navidades del dos mil doce, y de unas vacaciones en punta del este (cheto) del mismo año.

    En aquellas imágenes aparecía con un montón de familiares alrededor de una mesa bellamente decorada, repleta de comida navideña. Él se sentaba a la cabecera. Tenía barba, y su pelo era rubio, aunque tirando a castaño. Vi que tenía ojos azules. De eso no me acordaba. Yo por suerte salí a mamá, y tengo los ojos marrones.

    A su lado. En medio del montón de parientes (y quizá amigos) había una mujer bastante bella con un vestido elegante y sexy a la vez. Supuse que era su mujer actual, porque salían en todas las fotos juntos, y en una se tomaban de las manos. Era una veterana que estaba bastante buena. Me pregunté si llevaba puesta una bombacha rosada, como acostumbran a hacer algunas mujeres en navidad.

    La mina me estaba calentando. Me imaginaba agregándola a Facebook, para luego, mediante muchas charlas, invitarla a salir. ¡Qué bueno sería cogerme a la mujer del viejo! Se lo merecía.

    Pero claro, sólo eran fantasías. Nunca gastaría tantas energías en una mujer. Además, ya pasaron cinco años de aquello. Y en una mujer que ya rondaba los cuarenta, ese tiempo es mucho.

    Luego noté que había otra persona que se mantenía cerca de mi padre en muchas fotos. Era una chica de doce años más o menos. Me pregunté si era la hija de la pareja. Y apenas pensé en eso me emocioné.

    No solía pensar en la posible existencia de hermanos. Aunque, de hecho, era obvio que era muy probable que existan. Pero me convencía de que no importaba, de que si no se criaron conmigo no eran hermanos reales. Me decía que, si el tipo que me abandonó tenía otra familia, no tenían nada que ver conmigo, ya que mi familia solo éramos mamá y yo.

    Pero me había mentido toda la vida, porque cuando vi la foto de esa nena, una emoción incontrolable se apoderó de mí.

    Seguí pasando las fotos, y cuando llegué al álbum de las vacaciones, comprobé que la nena estaba con ellos todo el tiempo. Leí los comentarios, y más de uno no me dejaron duda alguna. Era mi hermana.

    La nena estaba etiquetada en todas las fotos. Así que hice clic, y abrí su perfil.

    Y eso fue lo que desencadenó toda la locura en la que estoy metido ahora.

    3

    Al principio creí que me equivoqué, o que habían puesto mal las etiquetas a las fotos. La nena que había visto junto a mi padre no estaba por ninguna parte. El nombre coincidía: Luna Perrucci (lindo nombre Luna), pero en lugar de la niña que acababa de conocer como mi hermana, había una adolescente de una belleza tan angelical como peligrosa.

    Me dediqué unos segundos a ver las fotos. En la mayoría aparecía la chica sola. La primera era una selfi que se sacó en el baño. Vestía una musculosa blanca y un diminuto short azul. En la siguiente estaba con cuatro amigas, todas jóvenes y lindas, aunque ninguna tanto como ella. En otra estaba en bikini al lado de una pileta. Llevaba unos anteojos negros y su pulgar tocaba los labios en un gesto que no logré comprender. Estaba de perfil, y esta era la única foto en la que mostraba la cola, ya que comprobé, que a pesar de que le gustaba posar sexy, no era nada vulgar. Una foto que me gustó mucho era una en donde aparecía su rostro en primer plano: Tenía los cachetes colorados, aparentemente unos segundos antes estuvo corriendo o haciendo algún ejercicio, y sus ojos celestes, clarísimos, casi líquidos, brillaban como un hermoso diamante bajo el sol. Pero mi foto preferida era una en donde estaba disfrazada de papá Noel. En realidad, el disfraz, en lo único que se parecía al del barbón del polo norte, eran los colores. Por lo demás, era completamente deferente. Constaba de un top y minifalda rojos, y una gorra polar del mismo color. Luna tenía las manos en jarras, y sacaba la lengua en un gesto tan infantil como sexy.

    La chica me pareció tan divina, que me quedé un buen rato viendo sus fotos, perdiendo la noción del tiempo. Estaba excitado, y ya podía sentir mi erección. Sólo entonces me di cuenta de mi error. ¡si yo mismo había visto que la foto en el perfil de mi padre era de hace cinco años! Entonces, esta chica con la que me estaba deleitando, tranquilamente podía ser la nena que vi al principio.

    Di un rápido paneo a las imágenes, hasta que encontré una en la que posaba con una camiseta de Boca Juniors, abrazada a un hombre con una camiseta del mismo club de fútbol. Se trataba de su padre. Que es lo mismo que decir que se trataba de mi padre, y por ende, Luna, definitivamente era mi hermana.

    Me sentí durante un rato asqueado de mí mismo. Esa chica preciosa, blanca, de labios rojos, a la que estaba stalkeando como un pajero, era mi propia sangre.

    Sin embargo, nunca fui un moralista, y pensé, que en definitiva no estaba haciendo nada malo. Las cosas que pasaban por mi cabeza eran perfectamente normales, o al menos eso me decía yo. Qué culpa tenía de enterarme de un momento para otro de que la pendeja preciosa a la que estaba espiando era mi hermana. Mi excitación no se iba a ir de un momento para otro. Seguí viendo las fotos. En algunas aparecía con un chico que parecía ser su novio. Pero eran fotos de hace más de un año, y el tipo no aparecía en fotos recientes. Pero en casi todas seguía mostrándose sola, siempre con ropas que le calzaban como guante. Tenía cientos de likes, lo que me hizo pensar que se trataba de una chica bastante ególatra y superficial. Pero era perdonable debido a la corta edad que tenía, y sobre todo, a su extrema belleza.

    Esto me hizo preguntarme qué edad tenía Luna. Además, ya me estaba poniendo al palo de nuevo, por lo que necesitaba dejar de ver las fotos durante un rato. Fui a la solapa de información y si bien me enteré de su fecha de cumpleaños, no decía el año en el que nació. Recordé que, al principio, cuando vi la foto de la navidad del dos mil doce, pensé que tenía unos doce años. Rogué haberme equivocado por al menos un año, y que ahora tenga dieciocho o más, porque si no, encima de ser un pervertido con tendencias incestuosas, también sería medio pedófilo. Encontré el enlace que me dirigiría a su cuenta de Instagram y lo cliqueé.

    En esta red había muchas más fotos. Incluso había una en donde solo llevaba un corpiño negro y una minifalda con transparencias. Estaba arrodillada sobre una cama, y miraba a la cámara con gesto de bebota. Me di una bofetada fuerte para salirme de mi estupefacción.

    Comencé a husmear los comentarios. La mayoría eran de sus amigas, que la piropeaban. Pocos hombres se animaban a escribirle en público, aunque no dudaba de que recibía decenas de mensajes de desconocidos todos los días. Noté que en todas sus fotos había un mensaje de algún organizador de boliche en el cual le dejaba el número de teléfono y le ofrecía pase libre, entrada sin hacer la fila, y bebida gratis. No era para menos, una chica como Luna habría de atraer a muchos adolescentes al boliche donde decidiera pasar la noche. Me pregunté si era modelo, o promotora, pero todas las fotos que había subido eran sacadas con su propio teléfono celular, y casi todas tenían el mismo fondo, el cual supuse que era su casa.

    La erección volvió, con una fuerza implacable. Ya me había olvidado por completo el motivo que me llevó a revisar su perfil. Sólo existía la fascinación por esa adolescente con quien compartía el mismo padre. Estuve a punto de masturbarme, pero a mi edad, ya no me gustaba hacer esas cosas.

    Cuando se hizo la noche, comí algo, y fui a la cama. Pero pronto me desperté para hacer pis, y tuve que sentarme en el inodoro, porque la potente erección con que me había despertado no me dejaba mear de parado.

    Me decidí a abrir la computadora y buscar en mis páginas de escorts preferidas a una puta que me saque la calentura.

    Tardé casi una hora viendo todo tipo de mujeres hasta que encontré la ideal: el perfil decía que tenía veintiún años, pero tenía cara de nena. De piel blanca, petisa, con lindo cuerpo, y ojos claros. La llamé por teléfono y pude concretar una cita esa misma noche.

    La chica se vio muy sorprendida cuando, tomándola por la cintura, la levanté y la tiré sobre la cama con violencia. Balbuceó una queja, pero yo ya estaba encima de ella, arrancándole la poca ropa que tenía. La penetré sin piedad, mandándole la verga hasta el fondo en la primera embestida. Ella gritaba de dolor y se retorcía en la cama, pero yo no podía parar de cogerla. Esa noche era imposible parar. La di duro, hasta que su sexo se dilató y ya no gritó. Estaba arriba de ella, y no podía dejar de ver su rostro joven, casi adolescente, estremecerse ante la potencia de mi verga. Era muy linda. No tenía los ojos celestes como Luna, sino verdes. Pero aun así el parecido era suficiente como para poder imaginarme que a la que estaba poseyendo era a mi hermanita.

    4

    En los días siguientes traté de no pensar en ella. No quería estimular esos sentimientos enfermizos. Trabajé duro toda la semana en mi local, y cuando estaba aburrido iba a lo de algún amigo a tomar una birra. Hasta que llegó el viernes y estando con Kevin, un amigo del barrio, se me cruzó por la cabeza una idea que no sabía de dónde vino:

    — Vamos a un boliche a bailar. — le propuse.

    — ¿y desde cuando te gustan a vos lo boliches? — Rió Kevin.

    — No sé. Quiero hacer algo diferente. — le contesté.

    — Bueno, vamos a pinar. A ver si nos levantamos a alguna.

    — No. Vamos a Brooklin. — lo corté yo, sin esperar su opinión.

    Nos empilchamos y perfumamos tardando casi tanto como las chicas con las que salíamos, y nos fuimos en mi auto hasta el boliche.

    — Debe estar bueno Brooklin que preferís ir hasta allá antes que a Pinar que no tardaríamos ni la mitad. ¿Cuándo fuiste?

    — Nunca, pero me dijeron que estaba bueno. — le contesté.

    El boliche habría de estar bueno para los chicos de veinte años. Era el lugar de moda. Pero la música ridículamente fuerte y la multitud de personas reunidas en un solo lugar nunca me agradaron.

    Me encontré buscando a alguien, aunque no estaba seguro de a quién. Miraba por todas partes para ver un rostro familiar, pero nada. Kevin ya estaba bailando con una chica que ojalá ya haya terminado la secundaria. Le susurraba algo al oído y ella reía histéricamente. Mi amigo no dormiría solo en la noche. Solo esperaba que al otro día no fuera preso. Esto me hizo percatarme del verdadero motivo por el que había decidido ir Brooklin. Uno de los organizadores que le dejaba un comentario en casi todas las fotos de mi hermana Luna, trabajaba ahí. El chico insistía con que los sábados “eran de Brooklin” y le ofrecía todo en cuanto estaba en sus manos para convencerla de que asista con sus amigas a ese lugar. Seguramente esos mensajes quedaron grabados en mi subconsciente y eso me llevó a decidir pasar la noche ahí. Una parte de mí (la más sensata) quería encontrarse con ella y hablar un rato, para saber cómo le iba en la vida a mi hermanita. Me consta que en las redes sociales es todo color de rosas, pero la realidad, en general, no es tan linda. Si tuviese algún problema, quizá yo, como hermano mayor, podría aconsejarla o ayudarla de alguna manera. Además, su padre no debería ser una buena imagen paterna, después de todo, tenía tendencia a abandonar a sus hijos, si lo sabré yo. Pero otra parte de mí (la más retorcida) fantaseaba con un juego más perverso. Un juego que no es necesario explicar en qué consiste.

    De todas formas, era improbable encontrarla, ya que podría haber ido a cualquier otro boliche, o a ninguno. Me quedé en la barra un rato, tomando unos tragos. En un momento se acercó una chica y me saludó. No estaba nada mal, además con la oscuridad y el alcohol encima, me parecía mucho más linda de lo que realmente era. Se trataba de esas zorras que se acercaban a uno en busca de que le pagues los tragos. Yo la invité y luego la saqué a bailar. Tenía las tetas grandes y cuando nuestros cuerpos se arrimaban al ritmo de la música, los sentía presionándolo con mi tórax. Tenía lindo cuerpo. Puse la mano en su cintura, y cada tanto la bajaba un poco para sentir el inicio de sus generosas nalgas. Tenía una linda carita redonda, que me tentó a besarla. En el primer intento me esquivó, pero la siguiente vez la agarré con fuerza de la cintura y la atraje hacia mí, y le comí la boca. Tenía un fuerte aliento etílico que no me gustó mucho, así que para compensarlo aproveché para estrujarle el culo. Pero cuando le estaba metiendo la mano debajo de la pollera, se apartó de mí.

    — ¡No te zarpes! — me recriminó.

    Pero la zorra siguió bailando conmigo. Seguramente en la intimidad se dejaría meter mano sin problemas. Yo tenía una erección, y la chica, a la cual jamás le pregunté el nombre, frotaba su cadera en mi tronco cada vez que podía. Estaba más caliente que yo. Esa noche estaba de suerte, con solo estar un rato en Brooklin, ya tenía un polvo garantizado para más tarde.

    Pero justo entonces creí ver a Luna. Era difícil estar seguro de que era ella. De hecho, solo divisaba una silueta borrosa mezclada con un montón de otras chicas. Pero sus facciones, las que veía muy borrosamente, me hicieron pensar que podría tratarse de mi hermanita.

    Le dije a la chica con la que estaba bailando que iba al baño y ya volvía. Me acerqué a donde creía que estaba mi hermana. La chica vestía una remera negra muy ceñida, un short diminuto del mismo color, con un cinturón grueso. Los cabellos castaños estaban teñidos de rubio en las puntas. Estaba espléndida, bailando bajo los haces de luces multicolores rodeada de un grupo de amigas.

    No me animé a acercarme. En cambio, me puse a bailar muy cerca de ella, con una gordita escandalosa que se sabía todos los pasos de las canciones. Cada tanto la miraba de reojo, y cada tanto mi mirada se cruzaba con la hermosa mirada azul de Luna. No cabía duda, era ella. Mi hermana.

    Unos chicos quisieron sacarla a bailar. Ella no aceptó ni rechazó, sólo se limitó a seguir moviéndose al lado de sus amigas, mientras los pibes se movían como monos a su alrededor. Alguno quiso robarle un beso, ganándose a cambio un cachetazo. Me gustó su actitud. Se hacía respetar. No era cuestión de que por vestirse de tal manera tenga que aguantarse los arrebatos de cualquier pajero.

    Yo seguí bailando con la gordita, y más de una vez sentí la mirada de Luna clavada en mi nuca. Pero cuando me daba vuelta a mirarla, ella desviaba la mirada, y fingía decirle algo a su amiga.

    Me dio mucha ternura estar tan cerca de mi hermanita. ¿Ella sabría de mi existencia? Quizá también me conocía de las redes sociales y por eso me miraba con la misma insistencia con que yo la miraba.

    O quizá sólo me miraba porque le parecía un tipo interesante… Y en ese punto mi parte más perversa desplazó a la más sensata. Cada movimiento que hacía era exquisito. Su sonrisa me encandilaba, sus ojos me fascinaban, su cuerpo, esbelto, elástico, ágil, y sensual, me maravillaban. En un momento me encontré bailando solo, muy cerca de ella. Había dejado a la gordita bailando con otro tipo. Me sentía un poco ridículo, pero el alcohol que había consumido se encargó de sofocar esos sentimientos negativos.

    De repente Luna se me acerca.

    — Hola ¿te conozco? — me pregunta, sin dejar de bailar. Cosa que me tomó por sorpresa.

    — Creo que no. — dije, cauteloso.

    — Como me mirabas mucho… — me dijo sonriendo.

    Yo pensaba qué decirle. “te miraba porque creo que sos mi hermana”, pensé. Pero era muy exagerado decirle las cosas tan directamente. “pensándolo bien, creo que sí te conozco”, pensé en decirle después, creyendo que eso me ayudaría a llevar la conversación hacia donde yo quería. Pero lo que le dije fue muy distinto a las dos frases que se me ocurrieron primero.

    — Sólo te miraba porque sos muy linda.

    Ella rio, y luego intentó parecer seria.

    — Pero creo que sos muy grande para mí. — dijo, casi gritando, para hacerse oír en medio del barullo.

    — Solo tengo treinta. — le dije. — pensé que a las chicas le gustaban los tipos más grandes.

    — Sí, pero no tanto. — me contestó ella, con simpatía. Parecía que quería que la convenza de que estaba equivocada. — yo tengo dieciocho. Me siento una beba al lado tuyo.

    — Sos una bebota. — le dije yo, y ella rio. — podemos hacer de cuenta que soy tu hermano mayor. — agregué. — y te defiendo de los sátiros que quieren acosarte.

    Ahí empezamos a bailar. Se sentía muy rico poner la mano en su cintura, y percibir así la curva de su cuerpo. Era muy simpática. Nada que ver con la chica agrandada que me había imaginado. No hablamos mucho. Incluso cuando la invité un trago sólo nos dijimos cosas básicas.

    En un momento me dijo que ya tenía que irse con las amigas. No me animé a pedirle el número. Y de hecho pensé que lo mejor era no volver a verla. No tenía que alimentar esos deseos retorcidos por ella. Pero cuando nos estábamos despidiendo Luna me miró a los labios, y yo pensé que quería que la besara. No lo hice. Pero ella acercó sus labios rojos como frutilla, y besó los míos. Fue el beso más lindo del mundo: un beso que tenía la ternura fraternal de una hermanita menor, y la lujuria atrevida de una adolescente caliente.

    Me sacó el celular del bolsillo de mi pantalón y anotó su número.

    — Llamame. — me dijo. Y a pesar de que lo dijo con dulzura, era una orden.

    5

    No llamé. Al menos la primera semana no lo hice. Ya para la segunda buscaba su número y comenzaba a escribir unas palabras, pero pronto me arrepentía, y guardaba el celular.

    A la tercera semana me llega un mensaje por whatsapp. “No me llamaste, cagón (carita enojada)”

    Pensé que era un mensaje que me habían enviado por error. Pero cuando vi la foto de perfil, descubrí que se trataba de mi hermanita.

    Me preguntaba de dónde había sacado mi número. Pero eso lo averiguaría más adelante. “hola (carita sonriendo) perdón. Es que en realidad tenés razón. Soy muy grande para vos” le puse.

    “como son los hombres…” me escribió ella. “Ni sueñes que te daría bola. Sólo me molestan los cobardes”

    Ese comentario llevó a una conversación absurda en donde yo intentaba demostrarle que no era ningún cobarde, y ella intentaba convencerme de que el hecho de que me estuviese escribiendo no tenía nada que ver con sentirse atraída hacía mí. Sin embargo, una vez que limamos asperezas, seguimos conversando y nos conocimos mejor. A Luna no le gustan los chicos de su edad, ya que considera que la mayoría son unos boludos. Es fanática de Boca, le gusta casi todo tipo de música, y a pesar de lo superficial que pueda parecer en las redes sociales, está a punto de entrar a la universidad sin necesidad de hacer el curso de ingreso, ya que tiene el mejor promedio de su escuela.

    A lo largo de dos un par de semanas nos escribíamos casi diariamente. No me animaba a invitarla a salir, porque en el fondo, sabía que lo que estaba haciendo me traería problemas. Pero era demasiado linda para dejar de hablarle. Ella tampoco me invitaba a salir, pero más de una vez dejó caer que estaría en tal boliche. Pero yo siempre inventaba una excusa para no ir.

    Mi actitud amigable y cortes, pero algo distante, hacía que Luna se sienta más atraída por mí. Le gustaba mandarme mensajes muy de tarde. Yo sospechaba que quería saber si yo estaba con alguna mujer. Ya le había dicho que no tenía novia, pero por supuesto ella no sería tan tonta de pensar que yo no tenía a nadie que me calentara la cama de vez en cuando.

    A veces tardaba en contestarle. Incluso llegué a demorar dos días en responder un mensaje, cosa que hería su orgullo, y como venganza era ella misma la que dejaba de escribirme. Sin embargo, por suerte para mí, sólo podía aguantar un par de días sin hablarme. Y luego de echarme en cara mi desinterés, y de que yo inventara alguna excusa absurda, empezábamos a hablar de nuevo. Yo le recomendaba libros, ella me recomendaba series. Hablábamos hasta de política.

    Una tarde estaba en mi local donde me dedico a vender todo tipo de productos importados para la decoración, cuando veo que mi preciosa hermana aparece atravesando el umbral de la puerta. Llevaba una camisa blanca con estampado de rosas a la altura del pecho, y un pantalón de jean que le quedaba perfecto. Tenía la sonrisa más encantadora del mundo, y sus cachetes y pómulos estaban colorados, dándole un atractivo tierno que me enamoraron.

    — Hola, luna — saludé sorprendido y alegre — Qué hacés acá.

    — Vine a comprar ese duende de madera que me encanta. — dijo, haciéndose la tonta. — lo voy a poner en mi cuarto.

    — Ah, pensé que viniste a visitarme. — le contesté, fingiendo tristeza.

    — Ni en pedo. — dijo cruelmente.

    — Y supongo que averiguaste dónde trabajo de la misma manera que conseguiste mi teléfono.

    — No. — respondió Luna. — lo de tu teléfono fue más difícil. Pero esto fue un juego de niños. Si te la pasás publicando cosas de este negocio en tu Facebook. Y en tu información dice que trabajás acá. O, mejor dicho, que sos dueño.

    — Así que la señorita anda revisando mi Facebook.

    — Como si vos no lo hicieras. — me respondió ella de inmediato.

    Le di el muñeco en cuestión, sin cobrárselo. Cuando ella insistió en hacerlo, yo le propuse que en lugar de pagarme, me haga compañía un rato.

    Se quedó toda la tarde conmigo. La tarde más linda que recuerdo. Su extrema juventud me contagiaba de una vitalidad impresionante. Su sonrisa me hacía olvidar de cualquier problema que pudiese tener. Su fragancia me hacía querer estar cerca de ella todo el tiempo. Cuando terminé de atender a un cliente, nos abrazamos detrás del mostrador y nos besamos. ¿Cómo explicar qué se siente besar a la chica que más te gusta, y que además es tu hermanita? Aquellas descripciones que yo leía en ciertas novelas que se tornaban, por partes, románticas, y que yo tachaba de estúpidas, encajaban a la perfección con lo que me hacía sentir Luna. Mariposas en la panza, deseo desenfrenado, amor puro, inviolable. Besé sus labios de frutilla, y saboreé su lengua mentolada. Acaricié su espalda a través de la suave tela de la camisa. La abracé con fuerza. No quería que se separe de mí. No quería que se vaya a ninguna parte. Era la niña de mis ojos. La hermanita que nunca pude tener. La mujer que siempre quise conocer. Era el cielo. Era el infierno. Era la felicidad y el desastre. Era mi Luna. Y también era mi sol y mis estrellas.

    Mi amigo Kevin solía decirme que ya llegaría mi turno de perder la cabeza. Y ahora sé que tenía razón.

    Cerré el local uno rato antes del horario habitual. Luna se había quitado el pantalón y la camisa. Sólo llevaba su ropa interior blanca. No podía ser más hermosa. Nos tumbamos en el piso y empezamos con el hermoso acto incestuoso.

    Le desabroché el corpiño. Besé sus tetas, pequeñas, preciosas. Me ayudó a desvestirme, acarició mi sexo, se sorprendió por el tamaño.

    — Metémela despacio, por favor. — rogó.

    La besé. Una y otra vez. En la boca, en la nariz, en los ojos, en las orejas. Estaba riquísima. Me puse el forro y apunté mi falo al pequeño volcán que estaba entre sus piernas. Me miró a los ojos con cierto temor, como repitiendo su súplica anterior con su mirada celeste y acuosa. Apoyé el glande en la entrada de su sexo. Empuje despacio. Ella gimió, y cerró los ojos. Empujé de nuevo, y metí la cabeza entera. ¿koooooooooooooooooiAsí está bien? Le pregunté. No quería lastimarla. No quería que por nada del mundo sufra. “así está bien” me contestó. “Metémela más adentro. Quiero sentirla toda adentro. Pero despacito”.

    Se la metí más adentro. Cada movimiento pélvico enterraba mi verga un poco más honda. Ella se mordía los labios y cerraba los ojos. Pero luego los abría y me iluminaba con su hermoso brillo. Me abrazó fuerte, y rasguñaba mi espalda cada vez que me metía más adentro. Aumenté la velocidad de mis embestidas. Ella comenzó a jadear. “me gusta mucho” me susurró sin que yo se lo preguntara. “me gusta mucho” repitió.

    Su cuerpo estaba caliente. Casi parecía afiebrado. El calor me envolvía y me hacía sentir en un lugar cálido y acogedor. No quería salir nunca de adentro suyo. Estuvimos copulando un tiempo que desconozco, pero que estoy seguro de que fue mucho más extenso de lo normal. Fui el primero en acabar. Descargué mi eyaculación mientras la seguía penetrando. Por un momento deseé no haber usado preservativo y llenarla de semen. Le estrujé los pezones cuando largué mi último chorro.

    Ella estaba en el piso. Con las piernas abiertas. Agitada. Se secó la transpiración de la frente con la mano. Su rostro también estaba lleno de gotitas de sudor, y su rostro más colorado que nunca. Me arrodillé y metí la cabeza entre medio de sus piernas. Comencé a acariciar sus gambas mientras le succionaba el clítoris. Ella pareció sorprendida. Empujó mi cabeza como pidiendo que sea menos brusco. Yo lamí en rededor del clítoris, pero enseguida, cuando creí que ya estaba lista, volví a chupárselo, y a apretárselo con mis labios.

    Luna me acarició la cabeza “ahí voy. No pares” me susurró. Y enseguida explotó en un orgasmo que convulsionó todo su cuerpo, y largó sus fluidos vaginales en mi cara.

    La imagen era demasiado hermosa. Luna, despeinada, agitada, colorada, desnuda, y transpirada, con las piernas abiertas y el sexo hinchado y empapado. Agarré el celular y le tomé una foto. Ella me miró con reproche, pero luego, como cambiando de parecer, me sonrió. Le saqué otra foto.

    6

    Luego de aquel encuentro nuestra relación se afianzó más. No era necesario que uno le pida al otro que seamos novios. Ya dábamos por sentado que así era. Hablábamos todos los días por mensaje, o videollamadas, y nos veíamos día por medio. Ella no tenía motivos para pensar que yo tenía a otra, pero cada tanto me hacía escenas, cuando tardaba en responderle algún mensaje, o descubría que alguna chica comentaba alguna foto que yo subía a Facebook. Pero estas escenas solo servían para darle un poco de sabor a nuestra relación, y lograban que no se torne tan monótona. Como mucho, pasaba un día y ya estábamos amigados, cosa que coronábamos con una hermosa noche de sexo.

    Nos gustaba ir al cine, donde yo aprovechaba para acariciarle las piernas mientras ella miraba alguna película cursi. Aunque también solíamos ir a bailar. Ella atraía las miradas de todos los tipos, cosa que, lejos de molestarme, me gustaba mucho, porque yo tenía la certeza de que Luna sólo me deseaba a mí. También pasábamos fines de semana encerados en mi departamento. En las tardes frescas nos gustaba dormir abrazados en cucharita. Cuando no nos veíamos, como dije, solíamos hablar por chat y por videollamada. En estas últimas ella se mostraba con las prendas más sexis que tenía, y cuando vestía minifalda le gustaba enfocar la tanga que llevaba puesta.

    Un día le mandé un mensaje. La había visto el día anterior, pero estaba necesitado de ella. A estas alturas casi había olvidado que Luna era mi hermana. Y si lo recordaba, en ningún momento ponía en duda mi relación con ella, al contrario, me hacía amarla aún más, ya que sabía que además de la atracción física nos unía algo mucho más fuerte. La relación incestuosa comenzaba a convencerme de que teníamos el privilegio de tener un romance que nadie, o casi nadie podría tener jamás.

    Luna acudió a mi pedido, y llegó a mi casa sin que pasara si quiera una hora.

    Apareció con un vestido corto que yo no conocía. Estaba encantadora. Ya le había dado un juego de llaves, así que entró como pancha por su casa. Apenas me vio saltó encima de mí y me rodeó tanto con sus brazos como son sus piernas. Yo aproveché para meterla mano por debajo del vestido, y le acaricié suavemente las nalgas.

    — ¿Me extrañabas? — me dijo. Su nariz estaba pegada a la mía, y me miraba con esos ojos que me enamoraban.

    — Mucho. — le dije. — ¿Querés tomar algo?

    Ella acercó sus labios a mi oreja y me susurró.

    — Quiero tomarme tu leche.

    Fuimos al cuarto. Me senté en el borde de la cama, y recosté mi torso sobre el colchón. Luna se sentó de cuclillas, y desabrochó mi cinturón. Palpó mi miembro a través del pantalón.

    — Es muy grande. — susurró. Siempre lo decía. El tamaño de mi pija la fascinaba.

    Desabrochó el botón. Bajó el cierre, y luego el calzoncillo. Mi verga era gruesa y venuda, y en ese momento estaba totalmente hinchada y dura. La cabeza grande, parecía un hongo, pero mi hermanita la miraba como la cosa más linda del mundo.

    Se lo metió en la boca.

    — Así te gusta ¿no? — preguntó maliciosamente, porque cada vez que hablaba era un momento en el cual dejaba de chuparla.

    — Sí bebé. — le contesté, y puse la mano en su nuca y empujé la cabeza hacia abajo. Ella mamó como sabía que a mí me gustaba. La llenaba de saliva, y acariciaba mis bolas peludas con las yemas de los dedos. También me masajeaba las nalgas, cosa que me encantaba. Yo veía cómo su cabeza subía y bajaba para darme placer. Y cada tanto se detenía un instante para mirar la expresión de placer en mi rostro.

    — ¿me vas a dar toda la leche? — me decía, y luego se la metía de nuevo en la boca.

    — Sí bebé, toda.

    — ¿toda, toda? — insistía.

    — Sí mi amor. Seguí chupando.

    — Quiero toda tu leche. Quiero tomarme tu esencia. — susurraba.

    Le gustaba chupar mi pija, cosa que me hacía sentir afortunado porque la mayoría de las mujeres que conocí sólo la mamaban como una especie de favor, ya que suele ser lo que menos les gusta hacer. Pero Luna era diferente. A luna le encantaba chupármela, y ese día, mientras lo hacía llevó una mano a su propio sexo, el cual estaba empapado, y se llenó los dedos de flujos vaginales. Luego extendió la mano, y yo me incliné para chuparle los dedos. Estaban deliciosos.

    Luna empezó a pajear con vehemencia.

    — Dame la leche mi amor. — me pidió. Abriendo la boca a la espera de recibir los chorros de semen.

    — Sí mi amor. Tomá. — le dije. Y mi sexo escupió tres veces sobre el rostro angelical de mi hermanita.

    Quedamos abrazados en la cama. Desnudos. El silencio era agradable. Le acariciaba la espalda con las yemas de los dedos, y sentía cómo se estremecía. Luna acariciaba mis piernas.

    — ¿Por qué no te gusta sacarte fotos conmigo? — me preguntó de la nada.

    — No es que no me guste. — le contesté. — Pero nunca subí fotos con mis parejas. No sé, me parece raro. — le mentí. En realidad, temía que nuestro padre viera esas fotos y me reconociera. Eso arruinaría nuestra relación.

    — Pero yo quiero que todo el mundo sepa que te amo. — dijo ella, con un puchero. — ¿te da vergüenza porque sos mucho mayor que yo?

    — Un poco — mentí de nuevo, agarrándome de su propia hipótesis. — no creo que a tu papá le guste que salgas con alguien tan grande.

    — Mi papá es un hombre moderno, mientras sepa que me tratás bien, no va a haber problemas. — levantó la cabeza, y me dijo. — vos le vas a caer bien.

    Ese comentario me perturbó mucho.

    — Hablemos de eso en otro momento ¿querés? — la esquivé, sabiendo que pronto tendría que enfrentarme a ese pedido de nuevo, y pronto me vería obligado a terminar con ella. La amaba, y por eso no quería arruinarle la vida. — a ver date vuelta. — le dije, pensando que mientras dure nuestra relación, lo disfrutaría al máximo.

    — ¿Qué querés hacer? — me preguntó.

    — Quiero enterrarte el dedo en el culo. Nunca lo hicimos.

    Luna giró sobre sí misma. Apoyó su cabeza en la almohada. Cerró los ojos, como queriendo dormir, pero flexionó levemente una pierna, como invitándome a hacer lo que quiera con ella.

    La agarré de un glúteo. Separé sus nalgas. Vislumbré el agujero oscuro. Me chupé el dedo y lo llené de saliva. Acaricié la entrada del ano, y enterré hasta la primera falange del índice en ella.

    Luna exteriorizó su sensación en un leve movimiento corporal. Entonces enterré de nuevo mi dedo, esta vez hasta la segunda falange.

    — ¿Te gusta?

    — Ajam.

    Metí y saqué el dedo una y otra vez, enterrándolo un poco más en cada penetración. Cuando lo sentí dilatado, empecé a escarbar tanto con el índice como con el dedo corazón.

    En principio sólo logré enterrar hasta la primera falange de ambos dedos. Pero fui presionando más y más, y el ano se dilató más de lo que hubiese imaginado. Luna se sacudía en cada penetración, y gemía de placer.

    — Meteme la pija. — me pidió.

    — ¿Qué? — pregunté sorprendido.

    — Meteme la pija en el culo. — dijo, casi gritando.

    Yo estaba seguro de que la iba a lastimar, pero estaba tan caliente como ella, y también quería sentir cómo era hacerlo con ella por ese lado.

    — No te pongas el forro. — me dijo, cuando me vio abriendo el paquete de preservativo. — dale, Metémela en el culo, por favor.

    Esas palabras eran música para mi oído. Separé sus nalgas de nuevo, y con la mano libre apunté mi cañón a su ano. Metí apenas la puntita y ella se retorció.

    — Sí, cogeme. — dijo, percibiendo mi duda. — despacito, pero no dejes de cogerme.

    Fue un trabajo lento y difícil. Y no disfruté mucho de esa penetración, aunque los gemidos de dolor y placer de luna, valieron el esfuerzo. Le enterraba apenas unos centímetros del glande, y cuando ella me indicaba, lo retiraba suavemente. Repetí la acción una y otra vez, pero nunca pude siquiera meter la cabeza entera.

    — ¿Te duele mi amor?

    — Sí, pero no pares por favor. Me gusta sentirte en mi culo.

    Me dolía la cabeza del pene de tanto introducirlo en ese agujero. Pero si Luna se la bancaba, yo también debía hacerlo.

    Cuando sentí que ya estaba por acabar dejé de penetrarla y empecé a masturbarme.

    — No. — dijo Luna — acabá adentro.

    Mi hermanita resultó más guarra de lo que imaginé.

    Aceleré las embestidas. Cada vez que la pija chocaba con su culo, Luna largaba un grito que seguro escuchaban hasta los vecinos. Le di el gusto y le llené el culito de leche.

    Quedé exhausto, abrazado a ella. Luna se levantó y fue al baño. Mientras caminaba pude ver como el semen que había depositado adentro suyo, se chorreaba por sus piernas.

    Volvió luego de darse una ducha. Sonreía como si hubiese hecho una travesura. Me abrazó.

    — Te amo. — me dijo.

    — Y yo te amo a vos hermanita. — susurré yo, sin darme cuenta.

    — ¿Qué? — preguntó ella.

    — que yo también te amo. — dije.

    Esa noche fue la primera en que se quedó durmiendo conmigo.

    Al otro día le di el gusto y me saqué una foto con ella, la cual subió a su Instagram. No puedo decirle que no a nada. Y en todo caso, si el imbécil de nuestro padre se da cuenta de quién es el tipo que abraza a su hija en la foto, confío en que no le diga la verdad, al menos en principio. Sé que está mal ocultarle algo así a Luna, no se lo merece, pero nunca había amado tanto a alguien, por lo que opté por disfrutar de ella, y vivir feliz el tiempo que dure esta mentira.

    Fin.

    Loading

  • En la casa del pueblo, Isa y la prima Montse (2, final)

    En la casa del pueblo, Isa y la prima Montse (2, final)

    Hola Miguel, soy Montse, ¿podemos hablar “en privado” cara a cara?.

    Isa se va mañana temprano a Madrid, yo me quedo dos días más.

    Si te parece bien, dado que esto está apartado podemos hablar en mi casa.

    Mi dirección es: xxx

    Después de pensarlo un momento le escribí, “Nos veremos en la cafetería de la Plaza, a las 10:00”. No quería un entorno en el que se sintiera segura.

    Llegué unos minutos tarde, Montse estaba esperando, había cogido una mesa apartada, se le notaba nerviosa. La saludé con dos besos y pedimos un café.

    -Y bien. ¿Qué era eso que tenías que decirme cara a cara? Y que no podía oír tu prima.

    Se notaba que no estaba cómoda, mirando quién podía oír la conversación.

    -Bueno desde lo que pasó ayer, no he parado de darle vueltas, fue una situación inesperada para mí, pero la disfruté. Quería proponerte encontrarnos algunas veces en mi casa a solas. Puedo darte mucho más, ya has comprobado que cuando dejo a un lado esa represión a la que estoy sometida, soy una mujer con mayúsculas, muy perra, puedo hacerte y dejarme hacer cosas que quizás ni te habías planteado. No quiero que nadie, ni siquiera Isa se entere de que me acuesto contigo, tú puedes seguir con ella si quieres. (estaba poniendo a prueba mi voluntad de aceptarla, queriendo tomar las riendas).

    -Ja, ja que te ha salido un amante que te tenga contenta, solo para ti, pero me das permiso para follarme a tu prima.

    -Bueno dicho así… es que quiero tener cubierta las espaldas.

    -La espalda y algo más, por lo que veo. Espera. Dije mientras sacaba mi móvil le conecté unos cascos y le di al play.

    Se veía a Montse pidiendo ser follada a gritos en el sofá fuera de sí y como le comía el coño a su prima. En la casa del pueblo, al igual que en el piso de Madrid de Isa habíamos colocado cámaras, tan solo había que descargarlas del servidor.

    -¿Como has podido? Vas a hundirme.

    -No, dado que son imágenes de una sesión entre Isa y yo, a la que tu te uniste, no dejarían de ser de “consumo propio”, ahora que se sabemos que vuelves a intentar humillar a Isa las usaremos para sacar la puta que eres y disfrutaremos de ello.

    -Vete al baño y tráeme tus bragas.

    -Se levantó sin pensarlo y volvió a los dos minutos, poniendo sus bragas en mi mano.

    -Están tan mojadas como las de tu prima, será cosa de familia. Mientras metía la mano bajo su corta falda, quedando atrapada entre sus muslos.

    -Por favor, te lo ruego, nos pueden ver y me conocen. Me estoy excitando, solo con la situación. Vámonos a casa y fóllame como quieras allí.

    -No haré nada que te pueda comprometer, si sigues las reglas. Te vas a despedir cordialmente, vas a ir a tu casa, deja la puerta entreabierta, te dirigirás a tu dormitorio desnudándote por el camino, te vas a tumbar boca abajo con los brazos en cruz y el culo hacia fuera, tu prima sabrá darte el castigo que te mereces.

    -¿Como? ¿Isa está aquí?

    -En tu casa, le conté a mi sumisa tu mensaje y que andabas tramando algo, me dijo que tenía una llave de tu casa. Te estará esperando y ni se te ocurra desobedecerla, o tendrás que hacer frente a las consecuencias, dije mirando hacia mi móvil.

    Se levantó con una mueca de resignación y miedo, despidiéndose.

    -Yo solo pretendía…

    -Sé lo que pretendías, humillar de nuevo a Isa y controlar toda la situación, pero ahora serás nuestra puta y te usaremos a nuestro antojo.

    Pedí otro café para darle tiempo a que mi zorra disfrutará del castigo.

    La llamé contándole lo sucedido y avisándole de la vuelta de su prima, ella me contó algunas de sus ideas para “castigarla” pidiendo mi aprobación.

    -Es tu castigo, luego me cuentas.

    Me recreé más de la cuenta con mi café y dando un tranquilo paseo me acerqué a la dirección que Montse me había propuesto.

    Cuando llegué a la casa, me dirigí al dormitorio guiado por los gemidos de mi sumisa, la imagen era excitante mi sumisa estaba sentada en el cabecero de la cama mientras Montse le comía el coño con las manos atadas a los tobillos de Isa, en posición de a cuatro, Isa tenía cogida de los pelos a Montse, marcándole el ritmo de su cabeza, ritmo que le costaba seguir. El culo rojo de Monse fruto de unos azotes dados con la mano llamaba a follárselo, disfrutando de la vista, me acerque a Montse, ella movía su cuerpo mientras comía el coño de Isa, la sujete por las caderas y se la metí de un solo golpe, chilló por lo inesperado. Isa le apretó más la cara contra su coño.

    -Amo es la tercera vez que me corro con esta puta, rómpale el culo, para que no se pueda sentar en un mes.

    -Eso te lo dejaré a ti.

    -Montse volvía a estar fuera de sí, comiéndole el coño a Isa y disfrutando de la cogida por el culo, no podía articular palabra solo sonidos.

    -Mmm. Agg, agg, Isa le tenía apretada la cabeza contra su coño.

    -Aceleré los movimientos y me corrí dentro de ese magnífico culo, salió algo sucia

    -Desátale las muñecas quiero que me la limpie ella, tu mientras vete a por el dildo que más te guste, si te fascina romperle el culo, lo harás tú misma.

    Isa y yo intercambiamos posiciones, Montse seguía a cuatro, el rímel resbalaba por su rostro totalmente desmadejada, le puse la polla en la boca

    -chupa guarra, ya puedes dejarla bien limpia. Con algo de reticencia al principio, la cogí de la nuca y se la metí en la boca, sabía que hacer, se esmeró bastante, pero no quería correrme, la aparté, dejando a Isa que se deleitara con su castigo.

    -¿Puedo castigarla como quiera, amo?

    -Como quieras, es tu esclava.

    -Gracias. Volvió a ponerse en el cabecero. La agarró de los pelos y poniéndole el coño en la boca, se empezó a mear en ella, abre la boca Puta, trágatelo todo, vas a sentir la humillación de estos años, Montse intentó resistirse, pero un nuevo bofetón (parece que a su llegada se llevó alguno a juzgar por las marcas de mano que tenía en su mejilla) y la mirada impasible de su prima la volvió a su realidad, la humillación de su prima en su cama era el colofón para bajarle los humos (o eso creía yo).

    Isa tomó el dildo más grande de los tres, se colocó detrás suya y empezó a jugar con su coño.

    Montse la miro con los ojos como platos.

    -ponle gel o algo.

    -el algo se lo tendrás que poner tú, porque va ir tal cual y hasta el fondo por todos estos años, ¿puedo amo?

    -Es tu decisión. Puedes hacerlo como quieras.

    Isa de lo metió dos veces en el coño y sin miramientos se lo clavó de golpe por el culo.

    -Montse soltó un grito desgarrador, ahhh, por favor me partes en dos, duele, sácalo, te lo suplico

    -Ni de coña, puta te voy a reventar el culo, cada vez que te sientes vas a recordar quien te lo ha dejado así. Continuo de manera brusca hasta que Montse acalló sus quejas, ya no decía nada y se dejaba hacer. Isa continuó follándola por el culo hasta que se corrió.

    -Tirada en la cama, era un juguete roto.

    -Perdóname Isa, solo quería sentirme tan feliz como te sientes tú ahora, mi marido me tiene muy abandonada, seguro que tiene a alguien por ahí, pero sí le doy en menor motivo me deja de patitas en la calle. No me he portado bien contigo, perdóname. Haré lo que me pidas, lo que queráis.

    -Por supuesto, la decisión es tuya, Isa. Tómate tu tiempo.

    Metí mis dedos en el coño de Montse, si en la cafetería estaba húmeda, lo de ahora era un mar de jugos.

    -Todavía hoy no has disfrutado por el coño guarra.

    -No Amo, (era la primera vez que me lo llamaba), es suyo. Yo soy suya..

    -Isa, al entrar he visto una mesa de comedor que puede dar mucho juego, le mostré el mando del vibrador que había usado con ella en su porche, rápidamente captó la idea.

    -Vamos perra, síguenos al comedor como lo que eres, le dijo mientras cogía la bolsa de los juguetes.

    Montse, sin levantar la mirada nos siguió a cuatro patas hasta el comedor. Isa la hizo tumbarse en la mesa, atándole pies y manos, amordazó su boca, la cara de Montse era de terror y resignación, intentando imaginar que se venía encima. Le metió sin miramientos un dildo más pequeño por el culo y en el coño el vibrador, mostrándole el mando.

    -Ahora puta puedes gritar cuanto quieras, vas a correrte todo lo que no te has corrido estos años, hasta la extenuación, ¿querías un amante para ti?, hoy tu amante (dijo sujetando y moviendo el vibrador dentro de su coño) te va a dejar bien satisfecha, accionó el mando.

    Montse intentó controlar su excitación sin ningún éxito. A los pocos minutos soltó un grito ahogado del orgasmo que acababa de tener. Isa no paró el mando hasta unos instantes después, su cara reflejaba el triunfo que sentía.

    -Amo esta perra me ha puesto muy caliente, sé que se folla cuando usted lo decide pero necesito, culminar este momento. Aceptaré cualquier castigo.

    -Hoy no habrá castigo, entiendo que has liberado mucha rabia y humillación.

    La bese con dulzura, me senté en el sofá, Isa estaba totalmente caliente, bajó a chupármela mirándome con esa cara de vicio que tanto me gustaba, la sujeté del pelo haciéndola subir encima, quería follármela de frente, comiéndole las tetas, pellizcándolas, besándola, se la clavó y permaneció un instante parada, disfrutando el momento, los ojos cerrados, dibujando una sonrisa de satisfacción, luego empezó a hacer pequeños círculos con las caderas, ronroneando, para continuar cabalgando mi polla de una manera salvaje. Estaba totalmente poseída.

    -Si, si soy feliz, gracias, fóllame, córrete dentro, joder que gusto. No tardó en correrse, yo lo hice inmediatamente detrás, nos besamos y después de dejármela bien limpia, se volvió hacia Montse.

    -¿Te ha gustado, como follamos, puta?

    Accionó de nuevo el mando, Montse empezó a hacer pequeños movimientos limitados por las ataduras, comenzó a convulsionar de nuevo, poniendo los ojos en blanco, e intentando gritar, cuando acabó. Isa apagó el mando y la desató.

    Vamos hueles a puta barata, dúchate y haz la habitación por si decidimos usarla otra vez, quiero que vengas muy arreglada, provocativa, como te gusta aparentar, ponte lencería de puta que sé que tienes, girándose me guiñó un ojo. Date prisa, todo lo que pase de quince minutos, te los llevarás en azotes y no serán con la mano.

    Montse se incorporó como pudo, y se dirigió hacia la habitación, Isa la paró en seco.

    -Puta no me has contestado, ¿lo has entendido?

    -Si, señora, (aceptaba el dominio de Isa).

    Isa se volvió hacia mí, sentándose a mi lado, me besó.

    -Gracias, has cerrado un círculo muy doloroso para mi. Gracias, por hacerme descubrir quien soy y lo que quiero.

    Le sonreí mientras bajaba mi mano a su coño, y empezaba a jugar con él, ella se echó hacia atrás abriendo ligeramente las piernas.

    -Sé exactamente lo que necesitas.

    La gire en el sofá y comencé a comerle el coño, de su boca solo salían gracias y pequeños gemidos, estaba extasiada. Levantaba la cadera para ofrecerme ese coño, seguí comiéndomelo durante unos minutos y comencé a follármela con los dedos, cogió con su mano la mía y se la llevó a la boca para limpiarlos, jugando con ellos en su boca volvió a introducirlos en su vagina, proseguí un par de minutos follándomela con ellos, cerró las piernas atrapando mi mano dentro, besándome, haciéndome participe de su orgasmo. Al abrir los ojos vio a Montse en la puerta parada, observando la escena y esperando nuevas instrucciones.

    Vestía con una falda negra ceñida hasta casi la rodilla, una blusa morada abierta los dos últimos botones y un juego de lencería negro que le marcaban los pezones, unos zapatos de tacón de 7 cm y unas medias negras con algún dibujo.

    Se había vuelto a maquillar pero esta vez sus labios eran de un rojo intenso.

    -Ya está todo preparado, dijo

    -Isa se levantó, la hizo dar una vuelta sobre sí misma. Y me la mostró.

    -Amo, esta guarra quiere entrar a nuestro servicio, ¿cree que debemos aceptarla?

    -Depende de lo que sepa hacer, según ella es toda una mujer.

    -Vamos haz un striptease, quiero que nos pongas muy cachondos.

    Se acerco a su equipo de música y conecto el móvil, selecciono una playlist de música erótica.

    Empezó a insinuar sus curvas, que las tenía, mirándonos con deseo, subiendo la falda dejando ver las bragas de encaje negro y tocándose sensualmente las tetas.

    Isa me hacía comentarios de todo tipo sobre su cuerpo, algunos hirientes, para que los oyera.

    Montse también se estaba dejando ir y calentando con el numerito, en un momento dado se acercó a Isa, está apartándole las bragas, le metió los dedos en el coño y me los ofreció para chupar.

    -Es la segunda vez que me ofreces el sabor de su coño, creo que lo debería probar directamente.

    -Tu, túmbate en la mesa de nuevo y abre las piernas, mi amo quiere comerte el coño puta.

    Le abrió la blusa con ambas manos , quería dejar patente su estatus y el de Montse, los botones cayeron al suelo.

    Montse me miro buscando mi aprobación, no le hice caso alguno, se subió de nuevo a la mesa, intentando remangar el vestido, Isa le rasgó el lateral, metiendo su mano le quitó las bragas, Montse quedó con las piernas entreabiertas y recostada hacia atrás.

    -Vamos puta disfruta. Le espetó mientras le comía la boca y metía la mano bajo el sujetador para amasarle las tetas.

    Pasé mi mano por encima de aquella olla a presión, le di un par de palmaditas en el coño, el efecto del vibrador le hacía tenerlo muy sensible, ofrecí a mi sumisa dos dedos para que me los humedeciera con su boca, Isa lo hizo lentamente sin apartar la mirada, recreándose, los puse sobre el clítoris de Montse, ella se revolvía de placer, estaba muy, muy sensible, acerque mi boca a sus muslos lentamente, chupándolos alrededor de su coño, estaba loca porque empezara a comérselo, quería tenerla totalmente excitada, cosa que no era muy difícil pues Isa estaba haciendo un muy buen trabajo en la parte superior.

    -Por favor hacerme llegar, no aguanto más, soy vuestra pero necesito correrme, esto es un suplicio. Soy vuestra.

    Isa le pellizcaba los pezones mientras la besaba e insultaba.

    Comencé a comerle el coño al principio despacio, luego mucho más fuerte, intentaba continuamente aumentar el contacto, decidí follármela, le froté un par de veces el capullo en aquel volcán, y se la metí de golpe, deslizándose en aquel mar de jugos, no aguantó, empezó a correrse encharcando todo y convulsionando de nuevo.

    -Amo esta puta no tiene nunca bastante. Está muy necesitada.

    -Puta has puesto todo perdido, limpia a mi amo con la lengua y luego todo esto. Luego te acostarás en la alfombra que hay a los pies de “nuestra” cama.

    Isa alargo su mano para tomar la mía, nos dirigimos a la habitación a descansar mientras Montse recogía, casi dos horas más tarde desperté y vi a Isa mirándome fijamente con una expresión de gratitud y devoción difícilmente descriptible.

    -¿Que te apetece?

    La mire con cara de adivinar el doble sentido de su pregunta.

    -Pasear contigo por el pueblo para que luzcas esa sonrisa triunfal, luego ya veremos. Si quieres puedes traerte a tu esclava, aunque sabes que las humillaciones son de puerta para dentro.

    -Ok, tengo que pasar por casa a cambiarme, me ha dejado toda la ropa chorreando, quiero lucirme para ti.

    Llamó a Montse, quien apareció por encima de los pies de la cama, sin atreverse a hablar.

    -Zorra, recoge esto y vienes a casa a buscarnos, vamos a comer fuera para celebrar tu aceptación como puta esclava. Haz la reserva y no nos hagas esperar.

    -Si señora, respondió Montse bajando la mirada.

    Isa durante el camino rebosaba felicidad, su cara era de triunfalismo y liberación. Al entrar en casa se abrazó al cuello y nos dimos un profundo beso.

    -Gracias. Por todo. por confiar en mí y dejarme que me liberara

    -Vamos cambiarte, ha sido un placer verte desenvolverte, la ira no es buena consejera deberás ganarte su admiración y ganas de servirte, dejando claro que ahora es tu esclava. Hoy tienes carta blanca sobre ella.

    Isa escogió unos jeans muy ceñidos y una blusa blanca con dos botones abiertos, que marcaba su silueta, dejando ver lo bien que se conservaba y que la hacían muy apetecible. Unos tacones altos y un pañuelo que caía sobre el pecho hacía desviar la mirada hipnóticamente.

    Montse llamó a la puerta, está vez había elegido un vestido por encima de las rodillas y la espalda descubierta. Unos tacones algo más bajos que los de Isa con lo que equiparaban alturas.

    -Todo preparado. El restaurante está en reformas tendremos que coger el coche o si quieren podemos tomar un vermut en la plaza y picar unas raciones.

    -Perfecto, hace un día soleado y me apetece lucirme, dijo Isa.

    Salimos dando un paseo hacía la plaza, Isa, le recitaba normas que había de seguir sin cuestionarse.

    -En nuestra presencia y en tu casa cuando estés sola irás siempre en ropa interior, pondremos cámaras para controlarte.

    -Estarás siempre dispuesta a ser usada por nosotros.

    -Solo podrás unirte a nuestros juegos cuando mi amo o yo te autoricemos.

    -No te podrás tocar, ni follarás con el imbécil de tu marido sin nuestro permiso.

    -Acudirás cuando te llamemos. Justifícalo como quieras.

    -En público nos tutearás, a solas seremos tus amos. ¿Entendido?

    Montse solo asentía, calculando cómo iba a cambiar drásticamente su vida, valorando si había jugado bien sus cartas, sabía que su vida sexual salía reforzada, el precio a pagar era otra cuestión, aunque ya no había marcha atrás. Me retrasé un poco observando aquellas dos mujeres, conviniendo como servir de la mejor manera a su amo.

    Llegamos a la plaza y nos sentamos en la terraza. Procurando estar algo retirados de miradas y oídos indiscretos.

    -Vamos al baño, ¿verdad Montse? Por favor pídenos algo. Dijo Isa.

    Según me dijo Isa al llegar al baño, sacó de su bolso un huevo vibrador, hizo a Montse humedecerlo con su boca, subir los brazos y lo introdujo en su coño, la cara de Montse era de súplica al saber que Isa disponía del mando y que lo usaría a su antojo, sin miramientos.

    -Te dejaré de momento las bragas para que no se caiga y te sientas más segura, pero durará poco.

    La beso dulcemente en los labios y salió delante. Cuando su prima fue a salir del local accionó un momento el mando con lo que se tuvo que agarrar a la puerta como si hubiera tropezado.

    Al sentarse me ofreció el mando, decline la oferta

    -Es tu esclava y tu día. Disfrútalo.

    Me besó en la mejilla junto con un gracias.

    Al sentarse Montse, volvió a accionar el mando, Montse se revolvía en su silla intentando controlarlo, cruzando las piernas. Encontró una postura en la que no era tan palpable lo que le ocurría, aunque las expresiones en su cara eran un poema. Isa la miró sabiendo que tenía el control, con una mueca de superioridad y haciendo comentarios sobre el tiempo y cosas banales. Lo mantenía pulsado intermitentemente. Cuando se hizo patente que había llegado sujeta a mi brazo y la mesa. Isa le hizo quitárselo y limpiarlo con la boca para un nuevo uso.

    Había pedido unos vinos y algo de picar, hacía un sol agradable y decidimos comer de raciones.

    Isa hizo un brindis:

    -“Por la puesta al día de mi querida prima… en tan poco tiempo”.

    Montse pidió permiso para ir al baño, pues parte de sus muslos y vestido dejaban patente, la corrida que había tenido.

    -Déjatelo ya iremos luego, quiero que te sientas expuesta y que me perteneces, primita. Y de dio un beso muy cerca de su boca.

    Montse solamente asintió, pero esta vez no había rabia, ni reproche en el gesto, fue un gesto de aprobación.

    -Os he dicho que acepto ser vuestra, aunque sé que tampoco tenía otra opción, no me arrepiento, ha sido liberador. No estoy acostumbrada a que me humillen y vejen, se está abriendo un mundo que ni me había planteado, pero la adaptación me está gustando y mucho. Gracias. Quiero hacer un brindis:

    -Por mi puesta al día… en calidad y… cantidad ufff.

    Los tres reímos, sellando este acuerdo.

    Esta vez Isa dio un pico en la boca a su prima, mirándose con morbo entre ellas a los ojos, mientras bebían…

    Loading

  • Funcionarios, fetiches y amor

    Funcionarios, fetiches y amor

    Nota: Este relato contiene moderados toques de fetichismo relacionados con el mundo de los azotes y la expulsión de gases. Algunas personas pueden encontrarlos inapropiados por muy moderados que sean. También el relato contiene descripciones gráficas de prácticas sexuales.

    Relato:

    Alberto, cuarenta años, fue uno de los primeros en apuntarse a los cursos de formación especializada del gobierno. Las clases teóricas aportaban nociones básicas de psicología y estudio del cuerpo humano. Como curiosidad, mencionar que había una asignatura llamada “culología” y que, como su nombre indica, estaba dedicada a profundizar en el mundo del culo y todo lo que le rodea. Pero sin duda lo más importante del temario era la parte práctica. Se contaba con modelos voluntarios de ambos sexos y los propios estudiantes, con el fin de familiarizarse de primera mano con el procedimiento, participaban en sesiones de iniciación representando el papel de ejecutores y clientes.

    Para ponerles en situación, decirles que el país del que les hablo en cuestión, decidió poner en marcha un programa piloto para gestionar lo que denominaron comportamientos antisociales. Este programa cubría varios supuestos y adherirse a él era voluntario. De hecho, el título del mismo, bastante largo, describe con bastante precisión su naturaleza. “Programa alternativo voluntario de reintegración social mediante el uso del castigo corporal”.

    Este relato tiene como protagonistas a un hombre y a una mujer. El primero, al que ya hemos presentado, una vez obtenido el título, comenzó a ejercer.

    Un jueves nuboso y cálido cumplía justo una semana de trabajo en la oficina 34.

    Laura, una chica a punto de cumplir los treinta, vestida con vaqueros de tiro bajo, camiseta holgada y zapatillas de deporte, llegó con diez minutos de antelación al lugar que indicaba el GPS de su móvil y se sentó en la sala de espera. Desde su sitio podía ver un pasillo con varias puertas numeradas. En ese momento, esperando a ser “atendidos”, estaba un grupo de dos chicos con acné y una chica de pelo corto, posiblemente cómplices de un hurto, un hombre bastante delgado que rondaría los cincuenta y una mujer madura de grandes pechos, que masticaba chicle para controlar su ansiedad.

    No pasaron ni cinco minutos cuando una de las puertas se abrió y Laura oyó su nombre completo.

    La aludida contrajo involuntariamente las nalgas, respiró hondo y tratando de disfrazar sus nervios lo mejor que pudo, se puso en pie con agilidad y caminó hacia la puerta.

    -Hola, soy Alberto, entre por favor.

    Laura entró en una habitación pequeña muy similar a la consulta de un médico y tomó asiento frente a un escritorio blanco. Alberto ocupó su sitio tras la mesa y tecleó algo en un portátil realmente pequeño. Junto a la pared una camilla y un armario con ruedas. Colgando del techo un fluorescente que emitía luz blanca y al fondo otra puerta. No había ventanas.

    -Le comento, esa puerta lleva a la sala donde mis compañeros Marta y Juan le aplicarán el castigo corporal. También dispone de un pequeño baño que puede usar antes.

    Laura, después de recorrer con la vista la estancia mientras escuchaba la información, posó la mirada en el hombre que tenía frente a ella.

    Le resultaba familiar.

    -¿Te conozco? -dijo movida por la curiosidad.

    Alberto respondió con franqueza.

    -Creo que sí. ¿Eres la vecina del tercero A, calle la Langosta?

    Laura tragó saliva y asintió.

    -No te preocupes, todo esto es confidencial. Veo que estás aquí porque te manda tu empresa, dos faltas de puntualidad y una falta de disciplina. ¿Quieres comentar algo?

    -No. Supongo que es correcto. -se resigno la interrogada.

    -Bien, entonces si no le importa levántese, bájese los pantalones y muéstreme el culo.

    Laura se puso roja. Todo aquello era humillante pero sabía que no tenía más remedio que obedecer.

    A simple vista, el trasero de la chica era apto para la sesión. Pero el funcionario tenía que seguir el protocolo. Tenía a su disposición guantes desechables para practicar un examen más profundo si la ocasión lo requería. No era el caso y se limitó a pedir a la cliente que con ayuda de las manos separase las nalgas. A continuación, con ayuda de una pequeña linterna, proyectó un haz de luz hacia el ano de la joven y le pidió que tosiese.

    -Todo bien, puede vestirse. De salud bien, ¿verdad?. En su ficha lo veo todo ok pero tenemos que asegurarnos. En un par de minutos puede entrar, usar el baño si tiene ganas de orinar o tirarse un pedo y a continuación recibirá los azotes, 12 con la vara según veo. Buena suerte y espero no verla por aquí de nuevo.

    ********

    -¿Qué tal con Laura? -preguntó Alberto a sus colegas.

    Durante el día el trío de funcionarios cambiaba de papel participando en la recepción, la aplicación de los azotes o la ayuda. Al final de la jornada dedicaban unos minutos a comentar incidencias con el fin de aprender y mejorar el procedimiento.

    -Bien, la verdad es que ha sido valiente. -comentó Juan.

    -Eso sí, la di unas nalgadas con la mano para calentar la zona, la vara de primeras “muerde” -dijo Marta.

    -Y se tiró un pedo. -añadió Juan

    -¿Puntual? -preguntó Alberto interesado.

    -No, estaba bastante nerviosa y llena de aire. De hecho la invitamos a ir al baño y oímos más de una ventosidad.

    -Sí, es importante insistir en que vayan al baño, debería ser obligatorio. -concluyó Marta a modo de resumen.

    *********

    El sábado Alberto entró en el portal del edificio de su casa, tratando de recuperar el aliento tras media corriendo. Mientras esperaba el ascensor, apareció Laura.

    -Buenos días. -saludo la mujer.

    Unos segundos después llegó el ascensor y ambos subieron hasta el tercero.

    -Una cosa, ¿puedes venir a mi casa esta tarde? Tengo que preguntarte algo -dijo Laura antes de bajarse.

    -Vale, paso a las seis.

    **********

    A la hora pactada la vecina de Alberto abrió la puerta. Llevaba puesta ropa sencilla y holgada, usaba gafas y calzaba alpargatas. El invitado llevaba puestos unos pantalones vaqueros y una camiseta informal que le hacía parecer más joven.

    Sentados en el sillón de un coqueto saloncito, con unas latas de cerveza sobre una mesilla, iniciaron una conversación. El primero en hablar fue Alberto.

    -Y bien, ¿qué querías contarme?

    Laura se tomo unos segundos en responder y finalmente dijo.

    -Tu vives solo ¿verdad?

    El hombre, algo sorprendido por la franqueza de la cuestión, le contó su historia y corroboró que actualmente estaba sin pareja formal.

    -oye, lo del otro día… no se lo vas a contar a nadie.

    Alberto la tranquilizó incidiendo en la privacidad de todo el proceso.

    -Y te habrán contado lo de bueno, lo nerviosa que estaba y que… -comentó Laura ruborizándose violentamente.

    -Sí, me lo han dicho. Son cosas que ocurren, estamos preparados para ello. También me dijeron que llevaste el castigo muy bien, eres una chica valiente… y muy atractiva por añadidura.

    -Oye, una pregunta… vosotros, bueno… os excita ver eso.

    El varón rio nervioso.

    -Sí, también es algo que se ve en el curso… obviamente lidiamos con un fuerte componente erótico. Incluso aunque todo se lleve a cabo de manera profesional.

    -Estás ahora excitado… -dijo Laura mirándole con una mezcla de curiosidad y deseo.

    -Un poco… las chicas traviesas me…

    -¿Me besas? -le interrumpió la joven apoyando su mano en el muslo del varón.

    Alberto no se hizo de rogar y sujetando el rostro de su vecina con suavidad la besó en la boca.

    El ósculo se prolongó durante varios segundos eternos.

    Luego se miraron a los ojos.

    Luego Laura miró más abajo.

    -Está creciendo. ¿Puedo?

    Esta vez fueron las mejillas de Alberto las que cogieron color. La mano de la anfitriona se posó en su pene acariciándolo a través de los pantalones.

    -Desnúdate. -ordenó la chica mientras se quitaba la camisa y el sujetador dejando al aire dos pechos de lo más apetecibles.

    Alberto se bajó los pantalones y apoyándose en una rodilla se inclinó hacia delante y comenzó a chupar los pezones de Laura que respondió al estímulo cerrando los ojos y arqueando la espalda.

    Seguidamente, el hombre se puso en pie y la chica, de un tirón, le bajó los calzoncillos dejando a la vista el miembro crecido, duro y palpitante.

    -Date la vuelta y déjame verte el culo. -ordenó la chica.

    El varón obedeció.

    Laura sobó las nalgas del hombre, apartó los cachetes y sacando la lengua lamió la raja de arriba a abajo notando como las piernas de Alberto temblaban ligeramente. Después, se centró en atender la parte delantera introduciendo el aparato reproductor masculino en su boca. El sabor era adictivo.

    Poco después, ambos amantes se quitaron la poca ropa que les quedaba. Ella se tumbó boca abajo sobre el sillón, en sus nalgas, apenas perceptibles, una o dos líneas que recordaban el impacto de la vara. Él, arrodillándose, besó los glúteos de la joven por turno y luego, colocando su pene en posición, la penetró por detrás.

    El placer, la ola de placer, recorrió los cuerpos de ambos y durante la siguiente media hora se sucedieron las caricias, los gemidos e incluso, por parte de Laura, la idea de tirarse uno… estaba casi segura que si lo hacía su vecino se excitaría un montón. Sin embargo, optó por apretar su esfínter en el último momento y guardar la flatulencia para próximas ocasiones… quizás para cuando se conociesen mejor o tuviesen más confianza. Para la primera sesión todo aquello que estaban haciendo era más que suficientemente.

    El orgasmo llegó muy pronto.

    Fin

    Loading

  • Una pedida de matrimonio a mi novia Erika (parte 2)

    Una pedida de matrimonio a mi novia Erika (parte 2)

    Continuando el relato anterior…

    Ese mismo día en la noche Erika me manda un WhatsApp: Amor, me estaba recordando, ya casi terminará el mes y no hemos ido a visitar a Antonio y los demás…

    Al leer el mensaje sabía que lo que significaba, pero no me lo quiso decir directamente, entonces le respondí: Tienes razón mi amor, ¿cuándo quieres ir?

    Me responde y me dice: ¡Vamos hoy en la noche! Y les llevamos cosas para comer.

    Me lo pensé dos veces debido al cansancio, pero al final acepté pues si ponía peros entonces pensé que luego le quitaría el impulso.

    Le devuelvo el mensaje: Me parece bien, además que le muestras el anillo de compromiso.

    Me responde: ¡¡Es verdad!! Te espero a las 9.

    Llegados la hora, me presenté a su casa, sus padres me abrieron la puerta muy alegres sabiendo que me iba a casar con su hija, les dije que el plan solo ir por comida rápida. Les dije eso porque no planeábamos quedarnos mucho tiempo con Antonio y los otros dos.

    Bueno nos llevamos unos minutos en platicar, ya nos íbamos cuando sus papás nos detuvieron, y dijeron: Hija

    Ella volteó a ver y casi automático les dice: ¡trataré de regresar tan pronto terminemos de comer!

    Su papá le dice: No es eso cielo…

    A la vez que le da un sobre.

    Erika tomó el sobre lo abrió, y tan pronto vio el contenido empezó a llorar. Entonces ahí si no entendí absolutamente nada de porque lloraba, hasta que vi que era una llave.

    Mis suegros vieron mi cara de extrañeza y me dicen: Es que Erika nunca le habíamos dado una llave de la casa, pero como he dicho, ahora será tu responsabilidad – sentenciaron de último.

    Y en ese entonces no supe si tomarlo como motivación o como amenaza…

    Pero bueno, no retiramos de su casa y pasamos comprando un paquete de agua, sandiwchs otra vez, y compramos alcohol gel para ellos. Llegamos a la zona y ahí estaban, como que si el tiempo hubiese tomado forma de toro y hubiese pasado sobre ellos. Al vernos estacionar, inmediatamente se pusieron de pie, y nos fueron a recibir rápidamente.

    Antonio dice: por dios creí que ya no vendrían esta vez.

    Nos disculpamos con ellos y les dijimos que estábamos ocupados, además le comentamos que nos comprometimos.

    Los tres rieron a carcajadas y cada uno me dio un abrazo con palmadas en la espalda felicitándome, y rayos que si olían bastante a sudor. Igual a mi novia la abrazaron y la felicitaron

    Antonio no tardó para sus comentarios: ¿Así que te vas a casar putita?

    Mi novia se ríe, le muestra el anillo y le dice: Pues claaaro

    Héctor se ríe de mí y me dice: Vas a tener una puta de esposa.

    Entonces Héctor me dice riendo: Tendrás que revisarle el culo cada vez que llegue a casa, si no, pues te la pasaras como Toño

    ¿Qué le pasa a él? –dije intrigado

    Héctor me responde: A él nada, es el que vende licuado y se la pasa batiendo leche.

    Sus comentarios, aunque claro yo mismo había fomentado esas situaciones se me hacía raro y a la vez me comenzaron a excitar de a poco, y les digo: Bueno supongo que tendré que revisar –diría riendo.

    Luego mi novia y yo nos dirigimos al auto a darle las cosas que habíamos traídos, se alegraron mucho por eso.

    Entonces los tres se vieron entre sí y nos dijeron: Se que estas aguas son para tomar, pero agarraremos tres para lavarnos. Entonces les dije que estaba bien de todas formas eran para ustedes.

    Ellos jamás especificaron que se iban a lavar, se fueron detrás precisamente donde Erika les había bailado anteriormente y la llamaron diciéndole: ¡Enfermera! ¡Vamos a necesitar ayuda!

    Mi novia o bueno, mi prometida… Se me quedó viendo confundida y fuimos a ver, estaban los 3 con las vergas de afuera apoyados sobre el muro, entonces Héctor le dice: Enfermera es que vamos a necesitar que nos lave la verga, ya llevamos 3 días sin hacerlo, no nos han dado la oportunidad.

    Mi novia se les quedó viendo a los penes de ellos tres y les dice: ¿Ustedes no perdonan nada verdad? – diría riendo.

    Entonces mi novia me dice: Amor, me quitaré la ropa porque terminaré bien mojada y se quitó su anillo y me lo dio, me dijo que era para que no se ensuciara.

    Yo le respondo: Si mi amor, está bien.

    Se quitó el pantalón y su blusa, quedando solo en ropa interior, una hilo y brasier, pues habíamos planeado una visita rápida.

    Antonio le dice: ¡¡Ehh!! Pero quítate la ropa interior también que la vas a mojar

    Mi novia le dice: No creo que se moje tendré cuidado.

    Entonces los otros dos empezaron a insistir, bueno, era bastante el alboroto por animarla a que se quitara la ropa interior, los demás grupitos de indigentes se levantaron y se sentaron para ver hacia donde estábamos, por último, mi novia les sonrió y se quitó la ropa interior quedando desnuda nuevamente y les dice: Ustedes si que se animan mucho.

    Abrió la primera botella con agua y comenzó con Antonio.

    Antonio le dice: Ay enfermera, es que anda bien sucia, solo mire – mientras le acerca la verga a la boca. Mi novia le responde: Es verdad, hay que lavarla bien.

    Entonces ella se arrodillo y procedió a verter el agua tratando de no desperdiciarla, lo hacía desde la pelvis hasta la punta de su pene, entonces con su mano agarró la cabeza de la verga de Antonio, y la empezó a frotar hacia adelante y hacia atrás, mientras con la otra le vertía más agua, con el masaje el pene de Antonio empezó a crecer hasta ponerse erecta, después procedió a lavarle los huevos, en sus manos había restos de pelos negros de los que se soltaban al frotar hasta que se acabó la botella con agua.

    Luego paso con Héctor, abrió otra botella con agua, a este le hizo con mayor interés pues era la verga que más le interesaba, técnicamente lo estaba masturbando, Héctor notaba también el interés que ella ponía en su verga, cuando mi novia finalizó de lavarla, le preguntó: ¿Enfermera está segura que ya está limpia?

    A lo que ella le responde como que si fuera un paciente: Si don Héctor ya está.

    No creo, le dijo el, con la misma le agarró la cabeza y se la pegó a su pelvis quedando su cara sobre los pelos arriba de su pene, haber huela enfermera para que se asegure.

    Quedé helado ante tal cosa y mi novia quedó sorprendida, parpadeo varias veces, pero al mismo instante reaccionó y empezó a oler y le dijo que si en efecto había quedado limpia. Héctor le pregunta: ¿Si huele rico?

    Por supuesto le dijo mi novia, huele muuuy rico – le diría con una sonrisa y viendo su pene. (obviamente era sarcasmo entre ambos)

    Después de eso procedió con Adrián, pues como había mencionado anteriormente, aunque él era trigueño por las quemadas del Sol, su pene era negro al igual que sus huevos, eso es debido a la pigmentación, algo normal, comentar que como era negro, y sin caer en lo ofensivo, no sabía dónde estaba sucio y donde no, excepto claro en su glande con un poquito de esmegma.

    Mi novia hizo el mismo procedimiento de lavar su verga y sus huevos, y justo cuando terminó, repitió lo mismo que Héctor y le preguntó: ¿Enfermera crees que ya no huela mal?

    Mi novia levantó su cara para ver el pene de Adrián, y ella a poner su cara para oler su pelvis iba, cuando Adrián la detuvo, estando arrodillada, le levantó la cara hacia arriba y le dice: No enfermera, yo me refiero a mis huevos, y con la misma se las puso en la nariz.

    Mi novia tenia los huevos canosos de Adrián en su cara (Adrián era el más viejo de unos 60 años tal vez), mi novia solo asiente con la cabeza

    ¿Enfermera? –dice Adrián

    Mi novia responde tratando de que los huevos no caigan en su boca: Si huelen deliciosos tus huevos.

    Qué bueno dijo Adrián, y le quitó los huevos deslizándolo por la cara de ella pasándolos por sus labios. Antonio y Héctor solo se rieron de mi novia.

    Al final ella se levanta toda roja de la cara, y les dice que ya estuvo el lavado, y les pregunta si les ha gustado como ha quedado de limpias, ellos le dijeron que si de un solo.

    Mi novia sabía que andábamos cortos de tiempo, por lo que se secó con papel toalla del auto, y se dispuso a cambiarse, de hecho solo se había puesto su hilo y a ponerse el pantalón iba cuando escuchó que la llamaron del otro lado de la calle, todos en plan suricata volteamos a ver, era un grupo de unos 4 vagabundos que la llamaban e insistían que se acercara, por lo que solo se puso el hilo y los tacones, haciendo que sus piernas se viesen aún mas fabulosas y sus nalgas mas resaltadas, solo cruzó la calle para ver de qué se trataba.

    Me encantaba estar en ese modo, ver a mi futura esposa en hilo y tacones, atendiendo a otros hombres que sabrá dios quienes son, después de un par de risas, ella les regaló una vuelta y después se regresó.

    Luego se terminó de cambiar ya que nos quedábamos sin tiempo, nos despedimos de ellos y nuevamente nos felicitaron por el compromiso de ambos, cuando ya estábamos arrancando el auto, se nos acercaron otra vez y Adrián le dice: Oye oye putita

    ¿Si? –le dice ella

    Adrián le replica: ¿Oye prometiste volver a bailarnos a los tres, recuerdas?

    Mi novia le dice: Si, no lo he olvidado, pero como les dijimos habíamos estado ocupado, pero se los compensaré moviendo el culo para ustedes el sábado.

    Se despidieron de nosotros, de camino llevándola a su casa le pregunté: ¿Mi amor que sentiste cuando Adrián deslizo sus huevos sobre tus labios?

    ¿Mi amor te puedo ser sincera? –diría ella

    Si, siempre mi amor –le dije

    ¿La verdad es que me excitó que me humillara de esa forma ya que no lo esperaba, no te molesta? –finalizó preguntando

    A lo que le respondí: Mi vida, eres mi prometida y te amo, no me ha molestado para nada si eso te ha excitado entonces no tiene nada de malo.

    Y a todo esto ¿Qué querían los otros cuatro indigentes?

    Aahh… ellos… Pensaron que era prostituta regalada y me preguntaron si podía estar con ellos, a lo cual rechacé y solo les regalé una vuelta.

    Eso hizo que la tapa de mi cabeza saliera disparada hacia arriba por la presión en mi cerebro (figurativamente claro), fue una sensación entre mareo y excitación…

    La verdad no me molestó, pero el trasfondo del asunto era demostrarle ser lo más abierto de mente posible, por mi objetivo de ser cornudo, como había dicho en los relatos anteriores, los dados estaban tirados en la mesa, quería que ella fuera quien cediera su culo sin necesidad de decirle. Yo la amo, pero quería verla cogiendo con alguno de esos vagabundos, aunque la forma en cómo se dirigían a ella en un principio me parecía raro… No sabía si era “putita” de cariño o porque de verdad lo veían como una puta, aunque claro lo mas obvio es eso último.

    Al final la lleve a su casa y nos despedimos con un apasionado beso, sentía un poco salada su boca, recordé que era por los huevos de Adrián, y vaya cosa… Fue algo raro también, esa noche fue de cosas raras…

    Loading

  • Mi vecino. Ventana con ventana (parte 1)

    Mi vecino. Ventana con ventana (parte 1)

    Hola a todos, este relato es uno de muchos que les voy a publicar y que paso con un vecino joven soltero espero les guste. Con él nos cruzamos muy seguido en el barrio, la ventana de mi habitación da a la de él. Están una en frete de otra.

    Todo comenzó un día de mucho calor a la tardecita, casi de noche. Yo con la ventana abierta de par en par, andaba desnuda por mi cuarto, cuando me percato que alguien estaba detrás de la ventana de mi vecino. Cuando me asomé para ver bien alguien se escondió, vi sus ojos y sus pelos morochos. Eso llamo mi atención y comencé a fijarme en esa ventana de mi vecino, que siempre estaba entre abierta y siempre notaba que él estaba detrás espiando. Era Javier, hemos charlado algunas veces de pasada en el ascensor, él es morocho de buen físico, estudia arquitectura y vive solo.

    Todos me conocen, así que aproveche para seguir el juego, me paseaba desnuda sabiendo que él estaba detrás de esa ventana, incluso ponía mis juguetes sobre mi mesita para que los vea. El juego fue subiendo, me tocaba para calentarlo bien. Hasta que un día veo su silueta dibujada en la ventana con una erección gigante, yo que me caliento enseguida me tiré en la cama y empecé a jugar con mi consolador, el negro, el más grande y junto con mi vibrador tuve un orgasmo para él. Para que escuche bien mis gritos, gemidos.

    Estábamos cogiendo con uno de los tantos chicos que pasaron por mi cuerpo, yo estaba montada, tenía la ventana abierta, aunque con las cortinas cerradas, yo estaba gimiendo muy rico porque casi estaba a punto de llegar al orgasmo cuando escuchamos unos ruidos, venían de la ventana del vecino, al escuchar los ruidos deje de gemir y baje la velocidad del movimiento de mis caderas, aunque seguía moviéndome, en eso me dice mi chico con voz baja.

    -Creo que el vecino nos espía, pero no importa tu sigue al cabo no se ve nada las cortinas no se transparentan.

    -No se ve, pero se escucha le dije, entre gemidos

    -No importa que te escuche, él ya está grande ya sabe de estas cosas además le das la espalda a la ventana así que, aunque se viera solo te vería tu silueta montada de espaldas. Jajaja.

    Ese comentario que hizo me excito porque me imagine a mi vecino escuchando mis gemidos y pensando si era verdad que el miraba mi silueta moviéndose sobre la pija de mi chico. Seguí cogiendo, pero yo con más ganas excitada y mis movimientos de cadera eran más rápidos y fuertes hasta que exploté con un gemido intenso y fuerte, mi excitación creció junto con gritos, mientras mi chico continuaba diciendo, quien sabe cuántas veces se ha masturbado escuchando tus gemidos e imaginándose esa deliciosa vagina. Le contesté, no se la imagina, la conoce bien. Me gusta paséame desnuda para que él mire y se masturbe conmigo dije.

    Un día que eran como las 12 del día, estaba sola me metí a bañar sinceramente se me olvido cerrar las cortinas y salí del baño. Vi las cortinas abiertas y pensé que no había problema ya que a esa hora jamás se encontraba mi vecino, así que las deje para que entrara luz y arreglarme a gusto.

    Encendí mi equipo para escuchar mi música, como me acababa de depilar me estaba poniendo crema para que no se me irritara mi sexo y además mis cremas que uso para el cuerpo, entre la música y lo entretenida que estaba con mi ritual, vi que alguien estaba parado cerca de la ventana, rápido volteé y oh sorpresa! Ahí estaba parado mi vecino sin esconderse, viéndome desnuda a su antojo y con su mirada clavada en mi cuerpo, rápidamente me agache un poco cruzando las piernas y tape mis senos cruzando los brazos, fue lo primero que se me ocurrió.

    Pude ver que solo traía un short donde se le notaba un bulto entre sus piernas, el solo me sonrío y se fue inmediatamente, me puse nerviosa porque esta vez no se escondió, sino que se puso apropósito para que lo viera, pero casi de inmediato recordé que me gustaba que me viera a su antojo… Pensé ¿cuánto tiempo llevaría ahí? ¿Me vio cuando me pasaba crema por mi vagina? ¿se fue a masturbar pensando en todo lo que había visto?

    Todo eso pasaba por mi mente cuando de repente casi sin darme cuenta yo acariciaba mi clítoris y manipulaba uno de mis pezones, me masturbe sentada en la orilla de la cama pensando lo que había pasado minutos antes y pensando en cómo sería el pene de mi vecino y si en ese momento estaría masturbándose pensando en mí. Ohhh que rico orgasmo tuve mojando mis dedos y gimiendo como si estuviera en celo. Quería contarle a mi chico lo ocurrido, pero decidí no hacerlo, al menos en ese momento ya que no sabía cómo tomaría que otro hombre había visto la vagina y tetas que en ese momento eran solo de él.

    Después continuamente cuando cogíamos mi chico me decía cosas como, ahorita el vecino está escuchando como coges y gimes, ¿imagínate que nos viera? Mira nada más que ricas tetas viera el vecino si nos espiara, obvio eso me excitaba porque realmente ahora si ya había visto mi cuerpo. A veces nos dábamos cuenta que se apoyaba a la ventana a escucharnos coger, escuchar mis gemidos y nos excitaba delicioso. Hasta que un día que cogíamos ya pasada la noche paso algo diferente. Quizás estaba más excitado o quizás pensó que era tiempo de pasar a otra etapa, me tenía penetrada de misionero y de repente me dijo.

    ¿Lau puedo abrir las cortinas ya que hace mucho calor y no entra aire?

    -Pero nos va a ver el vecino…

    -No creo, hoy no se escucha que este en casa, además tu siempre que te montas le das la espalda a la ventana, si veo que se asoma inmediatamente me doy cuenta y te tapo rápido y no vera nada.

    -Ok le dije. ¿Quieres que nos vea como cogemos?

    Él se paró con el pene erecto en su esplendor y abrió las cortinas, yo permanecía acostada boca arriba con las piernas separadas esperando a mi chico para que me penetrara nuevamente. Llego a la cama y levante mis piernas bien abiertas para que me penetrara a su antojo me lo metió y empezó a bombear, así estuvo un rato dándome rico cuando me dice.

    -Súbete porque me encanta ver tus tetas paradas y seguro llegas más facial a acabar.

    Me monté y empecé a mover mis caderas hasta tener mi primer orgasmo, justo en ese momento sentí que me tapo, pero a la vez me abrazo.

    ¿Qué pasa amor? Le dije

    -Creo que el vecino nos vio, no se ve bien, pero vi una sombra, igual no es nada, no te preocupes. No pasa nada ya te dije que igual solo vería tu espalda y el movimiento de tu cadera, además esta oscuro aquí adentro no crea que pueda ver mucho pero si quieres me paro y cierro las cortinas pero creo que no hay nadie.

    Ok. Seguí con lo mío cabalgando, en eso lo vi que volteaba mucho hacia la ventana y le dije.

    -¿Si está el vecino verdad?

    -Sí, pero no te preocupes no se ve, vamos sigue déjalo que se imagine y se masturbe a tu salud.

    No respondí nada solo me dedique a mover mis caderas frenéticamente, a gemir muy fuerte cuando de repente me quito la sabana de encima.

    -Dale amor dale preciosa que vea como cabalgas.

    Si, si le decía, ¿estará viendo? Y el respondía, si está viendo como cabalgas.

    -¿Enciendo la tv? Solo vera tu espalda. Le dije que si con la cabeza y el tomo el control y prendió la tv.

    Yo seguía cabalgue y cabalgue cuando me dijo, deja mamar tus tetas para que se paren bien tus pezones.

    Yo me incline hacia él, en eso abrió las nalgas, y dice, deja que vea tu vulva penetrada, y el agujero de tu cola.

    -Si lo que tú digas respondí. Y me empezó a bombear frenéticamente hasta que se escuchaba los chasquidos de mi vagina.

    -Sí que escuche como tu concha chasquea y que vea como tus labios reciben mi verga.

    -Si dame duro, que rico me coges.

    De repente me vine en un orgasmo fuertísimo, me estoy viniendo le digo, y él me dijo:

    -Ahora voltéate de frente, para que te vea de frente el vecino y vea tus hermosas tetas y esos pezones. Así lo hice me pare y vi de reojo que estaba parado casi sin esconderse en la ventana, me hice a la que no vi, se acomodó y yo me monte nuevamente ahora si de frente a la ventana. La verdad por la luz de la tv que iluminaba la habitación no veía bien el exterior.

    Estaba montada de frente y moviendo mis caderas,

    -Hazte un poco hacia atrás para que vea tu concha penetrada me decía.

    Yo obedecía, yo hacía todo lo que decía puesto que cada idea que me daba me excitaba más y más.

    Así pasamos un buen rato hasta que el chasquido de mi vulva, entre el golpeteo que el pubis me pegaba en mis nalgas bien abiertas, entre mis gemidos, pude escuchar los gemidos de nuestro vecino, dándome a saber que se estaba viniendo y empecé a decir regálame tu leche nene, dale a Lau, deja salir tu leche para mami y en ese momento se vino él. Jajaja, aunque esas palabras eran para mi vecino, también el me dio su leche joven, ambos machos me dieron su semen y eso me hacía sentir más excitada, más puta hasta que revente en un intenso orgasmo.

    Apagamos la tv y nos quedamos dormidos, al día siguiente no comentamos nada, me hablo normal y eso me hizo sentir con menos pena y menos cruda moral jajaja. Ya después les publicaré otras travesuras que hicimos con el vecino, claro si no les aburrió mi relato.

    Loading

  • El jubilado me sorprendió (2)

    El jubilado me sorprendió (2)

    Esta es la segunda y última parte del relato “El jubilado me sorprendió”. Es aconsejable que primero leáis “El jubilado me sorprendió 1”.

    Se volvió a acercar más a mí, a la vez que introducía una de sus manos entre mis nalgas. Solo sentir eso me produce como un escalofrío y un respingo. Yo también estoy sorprendido con el nivel de hipersensibilidad alcanzado. Noto como su mano se aplana dentro de mis nalgas para poder colocar su dedo índice sobre mi agujero. Tan pronto noto ese ligero contacto tengo cómo una convulsión y empiezo a temblar. Me siento mareado y entorno los ojos. Él empieza a acariciar mi esfínter y yo empiezo a respirar entrecortadamente y a gimotear. Tiemblo mucho y mi cuerpo se descontrola.

    Para poder aguantar el placer tan intenso que siento y que hace que mi cuerpo se mueva sin control, casi involuntariamente, me abrazo a mi hombre. Rodeo su cuello con mis brazos y pongo mi cara al lado de la suya. Me cabeza descansa sobre mis propios brazos (que rodean su cuello) con los ojos cerrados, tratando de controlar mis convulsiones. En esa posición entierro mi cara en su cuello y siento su viril fragancia a hombre. Me siento congestionado y cómo en una nube. Estoy fuera de mí.

    El no deja de acariciar mi culito y mi placer va en aumento. La verdad es que no se mi ano autolubrica o es que con la excitación estoy sudando; pero noto mucha humedad en toda la zona dónde ese hombre me está acariciando. Él también lo debe notar porque, poco a poco, noto como empuja su yema del dedo índice contra mi esfínter mientras me acaricia. Yo cada vez noto más punzadas de placer en mi ano y más gozo en todo mi cuerpo. No puedo dejar de moverme y removerme. Estoy tan enajenado que dejo de sentir vergüenza.

    Es tanto el descontrol de mi cuerpo debido al placer que necesito sujetarme con más fuerza a ese hombre. Me agarro a él abrazándolo con cada vez con más fuerza. Es tanto el placer que siento, que no puedo atenderlo a él. A duras penas puedo aguantar las oleadas de placer que me vienen sin caerme al suelo. Abrazado a él sintiendo su calor y su olor, me hacen sentir cómo protegido y en un lugar en que quiero estar.

    Finalmente, en uno de los intentos, este hombre consigue ingresar la punta de su dedo dentro de mi esfínter. La excitación que llevo, me hace sentir que mi agujero está mojado y abierto. Siento que he sido yo el que ha provocado y causado la profanación de mi culito. Era imposible que durante sus caricias pudiera evitar que su dedo entrase. Prueba de lo que digo es que, su dedo ingresa totalmente dentro de mí, recién ha traspasado su primera falange. No sé si él me lo ha metido o yo se lo he succionado.

    Una nueva oleada de placer desconocida me invade. Es tal el deleite que siento que se me hace hasta insoportable de aguantar. He perdido toda compostura y autocontrol. Ingreso con más fuerza mi cara en su cuello. Lo abrazo desesperadamente mientras no dejo de gimotear.

    El mantiene el dedo ingresado en mi interior sin apenas moverlo. Lo tiene todo metido dentro y repetidamente hace fuerza con el cómo para meterlo más todavía. No sé que toca en mi interior que todavía consigue arrancar de mi más placer. Cómo ya he perdido todo tipo de vergüenza y pudor, instintivamente, cuando los temblores, los movimientos descontrolados de mi cuerpo y la debilidad de mis piernas me lo permiten; voy separando mis piernas (supongo que para dar más espacio a su manos para que introduzca más su dedo dentro de mí).

    Cómo en el resto de ocasiones, él se percata de mis intenciones. Es entonces cuando supongo que él decide, con todo merecimiento y justicia, apuntarse a la fiesta. Saca el dedo de mi culito (dejándome con una sensación de vacío y añoranza instantánea). Me abraza con fuerza y me levanta. De forma instintiva paso mis piernas por detrás de él abrazándolo. Me lleva con mucho ímpetu, fuerza y decisión a unos metros dónde nos encontramos. Yo no sé que quiere hacer y a dónde me lleva (continúo abrazado a él cómo un Koala con mi cara escondida en su cuello). Me siento de nuevo como un niño o cómo una señorita indefensa.

    Recorrido esos pocos metros noto que afloja su abrazo. Yo dejo de abrazarlo con mis piernas y bajándolas vuelvo a apoyarlas en el suelo.

    Deja de abrazarme y lleva sus manos a mis brazos (que están enroscados a su cuello). Noto que quiere liberarse de mi abrazo. Yo me desperezo (estaba tan a gusto abrazado a él sintiendo su olor). Me separo poco a poco de él, siguiendo sus indicaciones (no sé con qué intención). Lo primero que noto cuando dejo de abrazarlo es que mis piernas tiemblan y a duras penas sujetan mi peso. Lo segundo que noto es una profunda fotofobia: he estado todo el rato con los ojos cerrados. Supongo que ha sentido un acto reflejo llevado por el insoportable placer estaba sintiendo.

    Estábamos recién separando nuestros cuerpos y yo ya encontraba a faltar el sentirme abrazado a él.

    Yo empezaba poco a poco a “despertarme” y recuperar la visión. Lo vi a él de nuevo oteando los alrededores. Supongo que no vio nada porque, ni corto ni perezoso se bajó y sacó sus pantalones. Durante el inicio de la bajada de sus pantalones, su polla salto como un resorte. Me quedé muy sorprendido. Su tamaño era notable. Digo tamaño porque, sus dimensiones eran considerables a nivel de longitud cómo de grosor. No miraba al cielo, pero sí que apuntaba algo más alto que la horizontal. Dado al tamaño y al peso que debía tener aquel trozo de carne, era digno de admirar que venciera con tanto poderío las leyes de la gravedad.

    Resumiendo, aquel señor mayor, estaba satisfactoriamente bien dotado.

    Yo estaba un poco superado por las circunstancias. La excitación y el placer que había experimentado segundos atrás, me habían dejado con una más que notable debilidad física y mental. Estaba aturdido, confundido y falto de toda voluntad. Estaba totalmente en manos de ese hombre. Yo era incapaz de tomar ninguna decisión o/e iniciativa.

    Fui consciente y admiré con satisfacción las bondades de su miembro, pero mi estado de confusión y letargo me impedían tomar ninguna iniciativa. En otras circunstancias muy diferentes a las actuales me hubiera encantado saborear y oler aquella bendición de la naturaleza que tenía ese hombre en la entrepierna.

    Se saco el pantalón corto como pudo (con algo de dificultad) y quedo solo vestido con sus calcetines y sus botas.

    Cogiéndome por la cintura me condujo empujándome hacia un árbol. Me costaba caminar y me flaqueaban las piernas. Agradecí que me guiara. Me dejó en frente del árbol y él se colocó detrás de mí. Buscó con sus manos las mías y cogiéndolas me las llevó al árbol para que me apoyase. Me dejo con las manos apoyadas en el árbol a la altura de mi cabeza. Aprovechó ese instante para besar fugazmente mi cuello.

    Aún detrás de mí, me bajo los pantalones. Yo me dejaba hacer apoyado contra el árbol. A pesar de mi estado de confusión, empezaba a intuir cuáles eran sus intenciones. Se agacho para ayudarme a sacar el pantalón de cada uno de las piernas. Ese ejercicio me costó horrores: sujetar mi peso con un sola pierna cuando debía sacar la otra por el agujero de la pernera del pantalón, supuso para mí un gran esfuerzo.

    Solo pude hacerlo porque él me ayudaba y porque estaba apoyado en el árbol. Una vez sacado el pantalón, certifiqué que me quería 100% desnudo: me sujeto fuertemente por la cintura y empezó a subirme el jersey. Yo alejé las manos del árbol para ayudarle a llevar a cabo su propósito. Me lo sacó con destreza y yo volví a apoyar mis manos en el tronco.

    Él, entonces su puso de nuevo detrás de mí. En esta ocasión, enganchado a mí cuerpo. Lo primero que noté es su caliente cilindro introduciéndose por entre mis piernas (creo que no fue voluntario, si no debido a nuestras pequeña diferencia en las alturas). Yo era un poco más alto que él y además tengo unas piernas largas. Al notar su caliente miembro empotrado entre mis piernas y el pliegue que forma el final de estas, cerré mis piernas para notar más el contacto. Notaba cómo la parte superior de su pene fregaba mi zona perineal.

    Él, entonces, me abrazo, estando él detrás, asiéndome a la altura de mi estómago. Se apretó a mi todo lo que pudo. Su pubis se acercó más todavía, haciendo avanzar más su polla. Yo notaba cómo se habría camino y ocupaba todo el ancho de mi pierna has chocar con mis testículos. Era impresionante sentir todo aquel ardiente cilindro de carne separándome las piernas con su grosor. Eso me excitó de nuevo.

    El empezó de nuevo a besar y a lamer mi cuello y mis orejas. Yo no pude evitar girar mi cabeza para ofrecer mi boca y buscar la suya. Nos besamos y juntamos nuestras lenguas. En esa posición más forzada, el morreo se vuelve más pornográfico y sucio. Creo que eso nos calentó a los dos. Cuanto más nos calentaba. más buscábamos con desesperación nuestras bocas y nuestras lenguas. Él empezó entonces a mover su pubis hacia delante y hacia atrás. Buscaba fregar su polla con mis piernas como un perrillo. Eso me excito y me dio algo de ternura: él también merecía desahogarse. Sentí cómo la necesidad de satisfacerlo y darle placer.

    No sé dónde saqué el atrevimiento (supongo que nació de ese deseo repentino de darle placer al hombre que me estaba haciendo descubrir una faceta de mi sexualidad que desconocía). Le estaba agradecido y deseaba darle placer y sentir cómo era yo quien se lo daba. Quise indicarle que podía penetrarme. Intenté separarme de él y él lo capto aflojando su abrazo. Entonces recoloqué mis piernas. Las fui separando a la vez que el me iba dando el espacio necesario para que lo hiciera. A esas alturas, él, de nuevo, captó mis intenciones.

    Su manera de expresar su aceptación fue acariciando de nuevo mis nalgas con sus manos. Me sentí alagado y deseado con sus caricias. Abrí mis piernas y encorvé mi espalda para ofrecerle mi culito. Con una mano acariciaba mis nalgas y con la otra, de nuevo empezó a juguetear con mi agujerito. De nuevo volví a comprobar lo sensible que era esa parte de mi cuerpo a sus caricias. Empecé otra vez a sentir punzadas de placer que nacían en mi esfínter y que recorrían todo mi cuerpo. De vez en cuando sacaba su traviesa mano para ensalivar sus dedos, para después volver a acariciarme.

    Ya estaba yo de nuevo gimoteando cómo una nena y moviendo el culo nerviosamente debido al placer insoportable que sentía. Era como si mi cuerpo no pudiera aguantar tanto placer y eso me llevara a moverme y convulsionarme (buscando y alejando la caricia). La verdad es que debía ser un espectáculo difícil de describir ver mi culito inquieto moviéndose sin parar. Me metió un dedo con facilidad. Yo resoplé cómo un búfalo cuando noté que su dedo se escurría dentro de mi húmedo esfínter. El empezó de nuevo a dejar el dedo dentro y, en ocasiones intentar introducirlo todavía más.

    Yo volvía a sentir un placer imposible de describir. Tocaba en un sitio que me producía una descarga de placer muy intenso que recorría todo mi cuerpo. Me venían oleadas de placer acompañados de sofocos que me dejaban en un estado de desmayo gozoso. En ese estado comatoso, quedaba a la espera de saber a dónde me podía llevar la siguiente descarga de placer. De nuevo mis piernas temblaban y mi respiración era muy entrecortada. Gimoteaba sin parar y parecía que lloriquease.

    Me saca el dedo. Al cabo de un instante pasa su mano de nuevo por mi culito pero con algo húmedo y viscoso (por fuerza a de ser saliva). Sus dos manos separan mis nalgas.

    Noto la presencia de algo caliente y húmedo en la entrada de mi culito. Imagino que también se ha ensalivado el miembro.

    Así, manteniendo separadas las nalgas, empiezo a notar la presión de su prepucio en la entrada de mi culito. En ese momento, despertando parcialmente de mi estado de letargo, soy consciente de la dificultad de la empresa que se va a librar a partir de ahora. ¿Cómo va entrar todo ese pollón en mi virgen culito?

    Eso que debería preocuparme, realmente no me preocupa. Estoy borracho de placer y no me preocupa en absoluto lo que pueda o no suceder. Es más, presiento que todo el placer sentido en mi sensible culito ha hecho que esté preparado para la batalla que se iba a librar.

    En parte estaba en lo cierto; con relativa facilidad, el glande de mi amante se desliza dentro de mí. Percibo con placer y orgullo el momento en el que el prepucio de la polla de mi amigo traspasa la frontera de mi esfínter. Noto esa húmeda profanación.

    Mi hombre, viendo que ya tiene apuntalada su polla, suelta mis nalgas y coloca sus manos a cada lado de mi cintura. Al soltar mis nalgas, lo primero percibo es el grosor de su miembro al quedar embutido entre ellas. Me resulta agradable notar sus manos asiendo mi cintura.

    Avanza un poquito más, he ingresa algo más de su polla dentro de mí. Cada vez que hace un avance, da un tiempo para que mi culito se aclimate. Empiezo a tomar consciencia de la dificultad de ingresar ese pollón dentro de mí. No siento dolor, todo lo contrario, es placentero sentir como su miembro se va introduciendo en mi interior (noto la fricción de su polla en las paredes de mi esfínter). No siento dolor, pero sí que empiezo a notar que las paredes de mi ano se van tensando aún cuando ese hombre, todavía no ha ingresado ni una tercera parte de su miembro.

    Esa tensión/presión en mi ano hace que me tenga que esforzar en facilitar su entrada. Tengo concentrar mi atención en aflojar mi culito para favorecer la entrada de ese obús. Siento que estoy haciendo un esfuerzo para facilitar la penetración. Es una situación de tensión sexual, deseada, pero que exige un esfuerzo y conlleva un cansancio.

    A este hombre le debo agradecer la paciencia. Se estaba comportando cómo un caballero. A pesar de su aspecto introvertido y huraño, en todo momento, se había comportado de forma impecable. No solo había sido comprensivo y atento, si no que, con su manera de hacer, había propiciado que hubiera yo llegado a dónde había llegado.

    Aunque mi cotidianidad es heterosexual, desde que tengo uso de razón, siempre había fantaseado con tener relaciones sexuales con un hombre 100% activo, tomando yo un papel 100% pasivo. Soy tímido y muy vergonzoso, y estaba seguro que nunca iba a conocer o experimentar esta otra forma de sexualidad. Este señor, no sé muy bien de qué forma, me había llevado a dónde ahora me encontraba.

    Yo resoplaba por el esfuerzo. De hecho estaba empezando a sudar (hasta entonces, a pesar del calor, debido a mi estado de casi desfallecimiento gozoso, recuerdo haber tenido más frío que calor). Mi amante, sin prisa pero sin pausa, iba poco a poco ingresando su polla dentro de mí. En serio, notaba que mi anillo estaba tensado al máximo. No sabía si podría aguantar ese nivel de presión en las paredes de mi esfínter. Eso sí; a pesar de la dificultad y la tensión que conllevaba el ingreso de la polla de ese hombre, la sensación era placentera.

    Sentía placer a través de me culito, por muy tensionado que éste estuviera. Sentía de nuevo un hormigueo en la zona de mi agujerito y un calor que se transmitía hacia todo mi cuerpo. Lo que era increíble e indescriptible era, a medida que ese hombre empotraba su falo dentro de mí, la sensación de sentirme lleno. Sentía como embutía su polla dentro de mis intestinos y eso, además de producirme placer, también me hacía sentir pleno. Es difícil de explicar: además de sentir un íntimo y profundo placer, también sentía algo de orgullo y mucho agradecimiento.

    Poco a poco iba entrando y llenándome por completo. La situación era también excitante, sexual y totalmente pornográfica. Yo con el culo en pompa, totalmente ofrecido y siendo desflorado por aquel macho. En ese momento, un fugaz pensamiento pasó por mi cabeza: deseaba que aquel hombre me preñase con su semen. Quería que dejara todo su esperma dentro de mí.

    No sé qué longitud de polla tenía ya dentro de mí, lo que sí sé es que tocó con su polla un punto dentro de mi recto que me envió una descarga de placer. A partir de ahí, a cada avance, la descarga de placer era más intensa. Empecé a boquear y a gemir ostensiblemente.

    Aunque no lo veía, el debía estar muy excitado porque al oír mis gemidos, con un golpe de cintura, me clavo de golpe todo lo que quedaba de polla (suficiente paciencia había demostrado hasta entonces). Note el contacto de su bajo vientre en mi culito. No me hizo daño, todo lo contrario, me sentí lleno y realizado.

    El hizo un amago de sacar la polla (debió sacar unos 5 cm) y lentamente volvió a introducir la parte que había sacado. Yo sentí un calambre de placer que recorrió de nuevo todo mi cuerpo. Gimoteé de nuevo y sufrí un estertor que me dejo una debilidad en las piernas. Volvía de nuevo a sentirme en una nebulosa y en un estado de abandono.

    El volvió a sacar unos centímetros de su polla, volviendo a ingresarlos con lentitud dentro de mí. De mi boca salió un: -Ohhh!!

    Era imposible sentir más gusto.

    Entonces él, ya no hizo ninguna pausa. Empezó a sacar y a meter su polla con continuidad. Eso fue para mí devastador. Las punzadas y descargas de placer se iban repitiendo una tras otra llevándome a un estado de éxtasis. Volvía a sentir que no podía aguantar tanto placer. De nuevo me sentía húmeda íntimamente. Las piernas a duras penas me mantenían de pie.

    Él se percató y enderezándome, me volvió a abrazar por detrás. Me tenía fuertemente sujeto por la cintura mientras iba empujando y clavando su polla sin contemplaciones dentro de mí. Mis brazos colgaban y con los empellones que me estaba dando, se zarandeaban. Me sentía como un trapo. Cada vez me agarraba y me abrazaba más fuerte. Era cómo un monigote en sus manos.

    El también gemía y emitía rugidos casi guturales. Cada vez iba más rápido. Me estaba sometiendo a una follada salvaje. Estaba totalmente fuera de sí. Había sido muy correcto y comedido hasta entonces, pero ahora se había enajenado. Tanto deseo acumulado le había sacado el instinto animal. No paraba de rugir cómo un salvaje.

    Os podéis imaginar cómo estaba yo; a cada estocada de su polla, una descarga de placer. A cada descarga de placer, mi estado de desmayo gozoso aumentaba. Empezaba a notar una especie de calor infinito que se adueñaba de todo mi cuerpo. Era la primera vez que sentía esto. Tenía la impresión que llegaría un momento en el que no podría aguantar tanto placer y que estallaría.

    Así fue: en uno de sus empellones, mi cuerpo no aguantó más, y colapse de placer. No se puede describir, por más que lo intente. El punto de inicio fue mi culito, pero la devastación del placer explotó en mi cabeza y después en todo mi cuerpo. Creo que me desmayé. Me desmadejé. Mi hombre tuvo que sujetarme. Mi tronco se inclinó para adelante y mis piernas no hacían ninguna fuerza.

    En esa posición de casi desmayo, mi hombre me tenía sujeto por sus brazos. Tuvo que abrazarme más fuerte para evitar que cayera al suelo. Sujeto así, el continuó empalándome sin contemplaciones. En esa posición, su penetración todavía era más profunda. Rugía como un animal. Aunque mi estado era de semiinconsciencia notaba como mi culo estaba lleno de él y cómo él me practicaba salvajemente el coito. Por cómo me tenía sujeto, no podía separarse. Pero notaba que eran sus brazos los que secuencialmente me empujaban hacia él. También notaba los golpes de su cadera.

    De repente, me medio despertó un rugido salvaje. Noté como un golpe dentro de mi recto. Como si algo en mi interior me hubiera golpeado las paredes de mi intestino. Cómo si su polla me hubiera dado una patada. Notaba que su pene se movía dentro de mí (os lo juro). Mi hombre no paraba de rugir. Su polla de no dejaba de tener convulsiones y moverse exageradamente dentro de mí. Empecé a notar que algo ardía en mi interior. Era evidente que se estaba corriendo salvajemente. No pude evitar decirle: -¡¡Córrete cariño, córrete!!

    Madre mía; no sé cuántos chorros de semen me inyectó, solo sé que su polla no paraba de contraerse y de darme patadas. Os puedo asegurar que me inundó de esperma. Me dejó satisfecho y preñado.

    Espero que os haya gustado.

    Loading

  • Madura morena casada del trabajo

    Madura morena casada del trabajo

    Mi trabajo se desarrolla en un centro hospitalario, donde trabaja una persona encargada de la papelería, María, una morena alta de aproximadamente 45 años de edad, casada, con un culo delicioso regularmente con tangas pequeñas y muy marcadas en su ropa, pocas tetas, pero de buen ver en general.

    La relación siempre fue de respeto limitándonos a cuestiones laborales, poco a poco se fue generando una amistad respetuosa que fue aumentando con el tiempo, al grado de utilizar albures sexuales que cada vez iban subiendo más el tono y retándome en cuestiones sexuales, como que me podía pagar el desayuno con sexo y cosas por el estilo, no le daba tanta importancia y seguíamos el juego.

    Hasta que un día el tono aumento y decidí mandarle una foto de mi verga a través del celular, ella en vez de molestarse se limitó a contestar sorprendida y al preguntarle que si le había gustado me dijo que a quien no. Ahí sabía que habíamos cruzado la línea la cual cada vez iba aumentando, comencé a mandarles videos masturbándome diciendo su nombre, y ella indirectamente me los pedía, enviábamos videos porno y stickers sobre sexo y siempre contestaba de manera caliente.

    Llegó el día donde estaba sola en el trabajo me saque la verga y comencé a masturbarme frente a ella, parecía que tenía pena por la situación y me decía que no, sin embargo, no dejaba de mirarme, le pedí que se acercara y sin mirarme procedió a masturbarme, mientras le tocaba las tetas y la vagina haciendo un gemido delicioso que me hizo deslecharme en grandes cantidades.

    Seguimos con las pláticas por mensajes y de vez en cuando la visitaba cuando estaba sola, siempre intentándola convencer de coger, pero siempre ella se escudaba en su matrimonio.

    Pero llego el día donde teníamos que ir a otra ciudad por trabajo, logre convencerla de ir a un motel, al llegar se notaba tensa pero a la vez caliente, comencé a besarla y poco a poco a quitarle la ropa, procedí a meterle el dedo en la vagina por un lado de su diminuta tanga (depilada, sabia a lo que iba), mientras chupaba sus tetas, procedió a hacerme un oral a pesar de que decía que no le gustaba hacerlo.

    Llego el momento de acostarnos y comencé a mamar su vagina deliciosa ese olor característico, lo jugosa me hacía ver que estaba lista para ser embestida por mi verga, así que me puse sobre ella y comencé a penetrarla, por sus sonidos sabía que estaba siendo complacida como no lo era en mucho tiempo, se montó en mi verga y cabalgo delicioso, la puse en 4 y se la metí delicioso, vi su culo abierto y procedí a poner mi lengua en su delicioso ano, esto le genero un poco de contrariedad al grado de quitarse y decirme que no, pero la convencí de hacerlo pocas veces para que probara algo nuevo.

    Aceptó y estuve por varios minutos lamiendo su delicioso ano y ella disfrutándolo, volví a penetrarla y terminé dentro, ella queda escurriendo leche por su vagina. Lo hicimos 2 veces más.

    Hoy en día seguimos frecuentándonos sexualmente y en momentos donde está sola en su área de trabajo me pide que le chupe el culo, lo cual yo accedo gustoso.

    Loading

  • El día que nos encontró el marido

    El día que nos encontró el marido

    Hace un par de meses llegó a mi celular un mensaje de la mujer con la que andamos a escondidas, porque ella está casada, tiene un hijo de 13 años con su marido y nuestra relación estaba en un muy buen momento, incluso yo hasta estaba entrando de a poco a ser amigo de la familia, porque nos encontrábamos “casualmente” en alguna reunión y evento callejero.

    Sin embargo, a partir de ese mensaje todo cambió, “hola, aquél encontró nuestros mensajes en WhatsApp, se fue todo a la mierda”.

    Enseguida me puse en guardia, porque espero en esos momentos algún problema con el marido recién enterado de sus cuernos, o que la relación que estaba en secreto se descubra y se hable en este pueblo por varios días, lo que me complicaría en el trabajo y algunas otras actividades.

    Así que le contesté a ella “¡que boluda! Te dije siempre que borraras los mensajes”

    -Si, ya sé, es que los tenía bajo contraseña, pero él me quitó el celular y me obligó a darle la contraseña. Miró un poco por arriba los mensajes, confirmó nuestra relación, se pasó toda la charla por WhatsApp a su celular, se fue de la casa y se llevó todo.

    -Bueno, sí llegás a hablar con él decile que si comparte los videos o las fotos que tenemos, se le puede hacer una denuncia, porque son cosas privadas.

    -No, no creo que haga eso.

    -Por las dudas, tené ese as bajo la manga en una futura charla.

    -No quiere hablar conmigo, fue a contarle a mi madre que se separaba y que tenía fotos y videos que confirmaban lo que él dice, mamá está como loca, le subió la presión, también le avisó a su madre, a algunos amigos en común, esto es un desastre.

    -Bueno, vos tranquila, en principio, esperá que se tranquilice y tratá de hablar con él.

    Pasaron unas horas y le vuelvo a preguntar cómo estaba ella, a lo que me contesta.

    -Mirá lo que me puso, “hay como para hacer una película porno”

    Me lo tomé en risa y le contesté “decile ¡Ay si amor! ¿Viste qué lindo que puede coger y acabarse tu mujer?”

    Cuando la conocí a ella, hace un año, fue a casa con alguna excusa, pero básicamente cuando empezamos a tener relaciones, me encontré con una mujer que estaba muy insatisfecha, no tenía sexo oral con el marido porque a él le daba asco, aunque ella si le chupaba la pija (usaba mucho los dientes, cosa que después la fui haciendo a mi gusto) y menos le había hecho sexo anal. Llevaban 25 años de pareja, y aquella mujer ardía de ganas de que le hicieran cualquier cosa.

    Eso fue lo que hice en ese año, y dejamos grabado en varios videos, por ejemplo, le compré una colita de zorra para meterle en el ano mientras se lo hacía en cuatro patas, y la hacía caminar moviendo esa colita mientras la filmaba pidiéndome que la coja toda. También le gustaba mucho que le marcara el cuerpo con un cinto, algo que al principio se negaba pero no porque no le gustara, sino porque no quería que él se diera cuenta, igual yo la dejaba marcada mientras le decía que la marcaba porque el cuerpo de ella era del macho que se la cogía y que el otro cornudo si quería que la cogiera como yo la dejaba, eso la excitaba muchísimo y terminaba pidiéndome que le pegara más fuerte.

    Siempre he tenido la idea que en las parejas, más en las que llevan mucho tiempo juntas, saben cuándo la otra persona anda con alguien más, es imposible no notar cambios cuando conocés tanto al detalle a la otra persona. Así que, mediante mensajes que él terminó leyendo, le decía a ella que seguramente él sabía que ella lo estaba cagando, y que probablemente supiera que era yo, pero que aceptaba ese trato, aunque de manera inconsciente.

    El tiempo me dio la razón, porque después de ver los videos de cómo me cogía a su mujer, de ver videos en los que ella me decía que estaba siendo clavada por el culo y que le diera más que se estaba acabando sin tocarle la concha y sólo cogiéndole el culo u otro video en el que la filmé mandándole un mensaje a él mientras yo estaba cogiéndola y le dije, “¿Ya le mandaste mensaje al cornudito?” Y ella me contestaba, “si, cogeme por favor que me encanta tu pija” “¿Pensás en mi pija mientras cogés con él?” “Siiii, y le pido que me haga lo que vos me hacés, pero no sabe hacerlo” “mandale un mensaje diciéndole que lo querés” “No, te quiero a vos”.

    En ese momento en el video se escucha la nalgada que le doy y le contesto “no te estoy preguntando, te estoy ordenando” a lo que ella siguiendo el juego se sonríe y me pide “pero por favor seguime cogiendo, no quiero que me dejes de coger nunca” Mandó el mensaje y ahí se corta ese video.

    Mientras pasaba el día, recibo una solicitud de amistad de su madre en Facebook, así que confirmo que la señora ya estaba enterada de todo y querría contarme algo, pero no acepté su invitación. A la noche le vuelvo a preguntar cómo estaba ella y me dice, todo sigue mal, perdoname, no quería meterte en este lío. Terminé el día contestándole “la verdad que sí, tengo dos relaciones más con mujeres casadas, hace mucho más de un año, pero se cuidan”.

    No nos hablamos más por unos días, supuse que estaba todo el ambiente revuelto. Me extrañó pasar por la casa de ellos y ver los dos autos, así que me reí al confirmar mi teoría y saber que él, pese a haber confirmado sus cuernos y haber visto a su mujer en varios videos diciendo muchas cosas de él y bastante desacatada, hasta en un mensaje de texto me había escrito “Sé que siempre voy a ser infiel, contigo no es la primera vez y siento que nací para coger con varias personas, gracias por no hacerme sentir mal por eso.”, pese a todo eso él, había decidido volver con ella.

    Unos cuantos días después, sonó en mi celular un mensaje de ella en el que se leía… “Hola, ¿cómo estás?”

    Loading