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  • Mi hijo y la madre de su amigo

    Mi hijo y la madre de su amigo

    Hola, me llamo Clara, tengo 54 años, estoy casada, tengo tres hijos, dos chicos y una chica y trabajo como limpiadora en un centro público. Físicamente soy rellenita, aunque dicen que tengo unas buenas tetas y un buen culo.

    Los que hayan leído mis anteriores relatos saben que, desde hace un tiempo, tampoco tanto tengo relaciones sexuales con mi hijo mayor, además de otros chicos de su edad, le prometí ayudarle a tener relaciones con mujeres mayores sui le apetecía y lo estoy cumpliendo. El por su parte me pidió que me lo hiciera con uno de sus amigos, y lo hice por supuesto, la cosa resultó satisfactoria, pero me chocó que durante las mismas el chico me llamara varias veces mama.

    Lo hable con mi hijo después de follar y entre los dos decidimos que al menos había que conocer a esa señora, pese a las reticencias del amigo de mi hijo, al final consiguió averiguar que era una señora cincuentona, como yo, divorciada y con unas buenas tetas.

    A mi hijo le picó la curiosidad por follar con ella y yo por supuesto me comprometí a ayudarle, ideamos un plan yo debía de atraer a su amigo a casa, y tenerle entretenido, lo cual además de fácil me parecía muy agradable, y a la vez, lo más difícil, con el móvil apagado, pero por supuesto lo logré.

    Por su parte mi hijo debía de ir a por la madre de su amigo que se llama Mar, esta es la historia de lo que les pasó, según me lo contó mi hijo:

    Llegué a casa de la madre de mi amigo y esta, como yo esperaba me contestó por el telefonillo que su hijo no estaba, le dije que tenía que entregarle una cosa y me dijo que subiera, lo hice y me abrió la puerta una mujer muy sexy, llevaba un vestido muy sexy que dejaba al descubierto una parte muy importante de sus tetas y de sus piernas, le di lo que llevaba para su hijo, unos apuntes de clase y me preguntó si quería tomar algo, le dije que una cerveza y me invitó a que me sentara en el salón.

    Al poco rato volvió y me trajo la cerveza y ella se sentó conmigo mientras me tomaba otra, me dio las gracias por ser amigo de su hijo, al parecer tuvo miedo cuando entró en la universidad de que con su timidez no hiciera amigos, pero al final no había sido así y se consideraba agradecida con nosotros, me pregunto por novias y si sabía si su hijo salía con alguna chica, aquí me puse un poco nervioso, no le podía decir que su hijo se estaba follando a mi madre en ese momento, respecto a mí, decidí probar suerte y le conté que las chicas de mi edad no me interesaban, que prefería a las mujeres de su edad, ella puso cara de interés y dijo:

    –¿Pues sabes una cosa? El sexo me interesa mucho y lo hago con hombres, algunas veces varios a la vez y mujeres también, por favor eso no se lo digas a mi hijo, pero con un chico de la edad de mi hijo, nunca lo he hecho.

    Eso me animó a atacar me lancé contra ella y la besé apasionadamente, ella me lo devolvió y dijo:

    –Para ser tan joven besas muy bien. Pero mejor besémonos de pie

    Por supuesto hice caso a su sugerencia, nos volvimos a besar apasionadamente y antes de que me diera cuenta la tenía arrodillada ante mí, lo que me proporcionaba un primer plano de sus tetas que me parecieron aún más impresionantes, y rápidamente, sin darme tiempo a reaccionar me bajó los pantalones y el short dejando mi polla al aire, cuando la vio exclamó:

    –Esto es una buena polla y todo lo demás son tonterías

    Y se lanzó a chupármela con una gran ansia, se la notaba que era experta, además de estar hambrienta, su boca se tragó mi polla y comenzó a moverse de una manera divina, no obstante, cuando me iba a correr paró y me dijo:

    –Jovencito mejor sigamos en la cama.

    Y de la mano me llevó a su habitación, una vez allí me hizo sentarme en la cama, puso una música muy sexy, mi madre dice que es de una peli llamada “Nueve semanas y media”, allí con un baile erótico se quitó el vestido, llevaba un conjunto de lencería amarillo, se bajó las copas del sujetador dejando al descubierto dos tetas impresionantes:

    –¿Te gustan?, me dijo

    Por supuesto que me gustaban y así se lo hice saber con un movimiento de cabeza, ella se arrodilló ante mí y se introdujo mi polla entre sus tetas y comenzó a moverlas, apretándoselas con las manos, con todo ello mi polla se puso a mil, yo temía que me iba a correr, pero al cabo de un rato ella paro y dijo:

    –Jovencito ya hemos calentado mucho a tu polla, ahora toca que tu calientes a mi coño.

    Y se tumbó en la cama con las piernas bien abiertas, su coño estaba completamente depilado, se la notaba que se lo cuidaba mucho, me arrodillé al lado de la cama, y agachando mi cabeza, metí mi lengua en su interior, sus gemidos me demostraron que estaba acertando, entre ellos dijo:

    –Que bien lo comes so cerdo, se nota que lo haces con frecuencia.

    Seguí comiéndoselo y ella gimiendo a tope, noté como la venían varios orgasmos, que yo me tragué y ellas se mostraba encantada de que lo hiciera, hasta que se corrió por tercera vez y dijo:

    –Nunca me imaginé que un jovencito comiera tan bien el coño, está visto que tendré que meter a alguno, entre ellos tú, en mi lista de amigos y amigas especiales.

    –¿Te lo haces con mujeres también?, le pregunté

    –Por supuesto amor, dijo ella, ¿Tu madre tiene pareja?

    La contesté que sí, que seguía casada con mi padre, aunque no la conté nada de lo que hacía con ella, aunque la idea de un dúo lésbico de mi madre con esa mujer comenzó a rondar en mis fantasías.

    –Lástima, dijo ella, podíamos ser muy buenas amigas, pero dejemos de hablar y sigamos con lo nuestro, túmbate sobre la cama.

    Lo hice, ella abrió la mesilla sacó un paquete de condones y añadió:

    –Me da que mi hijo me está cogiendo condones, ¿tendrá ya alguna amiguita?, Ojalá no debe seguir siéndolo virgen mucho más, ¿Tú sabes si está con alguna chica?

    Por supuesto no le iba a decir que estaba con mi madre, así que le dije que no ella, sacó el condón del paquete y me lo puso en la polla, que al sentir su mano sobre ella se puso aún más dura, después se puso encima de mi e introdujo mi polla dentro de su coño, era un coño muy calentito y la muy zorra se notaba que estaba acostumbrada meter pollas en él, sabía moverse muy bien, además tener esas pedazo tetas encima de mi resultaba increíble, no pude contenerme las ganas y comencé a acariciárselas. Ella me decía:

    –Que bien las sobas amor, me encanta como lo haces.

    Sus palabras aumentaban mi excitación y continue acariciándoselas, mientras ella gemía sin parar y marcaba un ritmo delicioso, mi polla estaba llegando al límite, y no pude aguantarlo más, por lo que me corrí, ella al notarlo me dijo:

    –Lo haces muy bien amor, decididamente si tú quieres vas a ser uno más de mis novios, eso si mi hijo no puede enterarse de esto, que iba a pensar de mí.

    Le prometí que no, ella se bajó de mi aproximo su cuerpo a mi polla y me dijo:

    –Normalmente no hago lo que voy a hacer con los tíos que follo, pero tu estas siendo muy especial.

    Y mientras decía esto me quitó el condón y sacando su lengua comenzó a lamer los restos de mi semen, me la dejó bien limpia, pero lo que no había previsto es que ante su lengua mi polla recuperara su dureza, al verlo exclamó:

    –Caramba, ya te has recuperado, pocos de mis amantes lo hacen

    –Si, tu lengua la ha hecho ponerse dura de nuevo, dije yo.

    –Pues sigamos follando, dijo ella, pero ahora déjame a mí ponerme más cómoda.

    Y diciendo esto se puso a cuatro patas encima de la cama.

    –¿Quieres que te la meta por el culo?; dije yo impresionado

    –¿Sabes hacerlo?, Dijo ella con cara de asombro

    –Por supuesto la respondí.

    –Ya veremos, me contestó, pero de momento el asunto es que me la metas desde atrás en el coño.

    Me dio el paquete de condones, se le veía que estaba segura de que yo sabía cómo utilizarlo, y la demostré que sí, primero besé con delicadeza los cachetes de su culo, después restregué mi polque misa él y finalmente introduje, en posición de rodillas, mi polla dentro de su coño y comencé a moverme al ritmo que he aprendido con mi madre sus gemidos me demostraron que estaba acertando, mientras que la visión del primer plano de su culo hicieron que mis ganas de penetrar en su agujero trasero aumentaran, mi polla se encontraba otra vez en la gloria y yo procuraba utilizar todo lo aprendido con mi madre y las otras maduras que últimamente pasaban por mi polla.

    Ella no cesaba de decirme:

    –Eres fantástico, debes tener más experiencia que muchos de los otros que han pasado por esta habitación.

    Sus halagos hicieron que mi excitación aumentara, me contuve hasta sentí como se venía de nuevo, y poco después me corrí yo también, me salí y me tumbe a su lado, ella abandonó su postura de cuatro patas y se tumbó a mi lado, nos besamos de nuevo, me preguntó si su hijo me había contado cosas de ella, lo primero que me advirtió es que él desconocía su actividad sexual, esta debía de seguir siendo parte de nuestro secreto.

    Luego me explicó que era divorciada, además de mi amigo tenía una hija llamada Lidia, me señaló una foto de la habitación y se parecía mucho a su hija, ¿Sería igual de puta?, era divorciada su marido la dejo por otra mujer más joven y como una especie de prueba comenzó a hacerlo con los amigos de su marido y luego a probar muchas cosas que surgían. Pero después añadió.

    –Ya hemos descansado bastante, vamos a seguir con lo nuestro.

    Me volvió a pedir que me tumbara en la cama, yo pensaba que quería repetir nuestro primer polvo, pero me lleve una sorpresa, cuando se puso de rodillas, pero de espaldas a mí, lo que, aunque me quitaba la visión de sus tetas, me permitía tener un primer plano de su culo, que resultaba alucinante.

    Me volvió a poner otro condón, y bajando acopló mi polla a su maravilloso coño, y comenzó a subir y bajar, yo no podía dejar de pensar en o tonto que debía de ser el padre de mi amigo para desperdiciar semejante manjar, lleve mis manos hacia su trasero y comencé a acariciárselo, mientras ella subía y bajaba a un ritmo delicioso, sabía lo que se hacía, mi polla estaba a punto de estallar, pro entonces ella paraba en muchas cosas me recordaba, follando a mi adorable mama, de repente la oí decir:

    –Sigue así mi niño.

    –¿Se lo haría también con su hijo?

    Seguimos follando hasta que no pude aguantar más y de nuevo me corrí, ella se salió y que quitó el condón en esos momentos cogió su tanga y me limpio con él la polla.

    –Así cuando lo lavé pensaré en ti, me dijo.

    No pude aguantarme las ganas de preguntarle si se lo hacía con mi amigo, puso cara de horror.

    –¿Acaso te lo haces tu con tu madre?, me preguntó.

    La expresión de su cara hizo que me abstuviera de confesarle que sí, referí decirle que no, aunque la idea de que ella y su hijo lo hicieran se me paso con la cabeza e hizo que mi polla se recuperara, cuando ella lo vio, se quedó asombrada y olvido por completo de que estábamos hablando.

    –Ya la tienes otra vez pidiendo guerra, jajaja, me dijo, nunca me había pasado con ningún hombre, pero por mí que no quedé.

    Se tumbó en la cama y me propuso una nueva postura, ella se tumbó en el borde de la cama de manera que su coño quedará así y me pidió que me pusiera un condón y que me la follara de pie. Nunca lo había probado de esta manera, ni siquiera con mi madre, aunque en nuestra próxima follada desde luego lo íbamos a probar.

    Una vez que tenía el condón colocado me acerqué a su coño y se la introduje, ella comenzó a gemir con gran intensidad, yo quería volverla loca de placer, y parecía que iba por el buen camino dados sus gemidos.

    Era una mujer extraordinaria, y quería que formara parte de mi vida, y si se dejaba, y seguro que la convencería de la de mi madre, la seguí penetrando, mientras ella seguía gimiendo, note como se corría, ese era mi deseo, pero mientras mi polla aguantara, quería que lo hiciera muchas veces, y seguí entrando y saliendo de ella, aguantándome las ganas de correrme, pero ante una diosa como ella quería que mi corrida durara todo lo posible, pero mi aguante tenía un límite y terminé por correrme, cuando me salí ella me pidió que me tumbará a su lado para quitarme el condón, antes de hacerlo me beso y me dijo:

    –Eres de los machos más potentes que he probado nunca.

    Después me quitó el condón y nos volvimos a besar, viendo la cantidad de semen que me había salido añadió:

    –Menuda cantidad de semen debes de producir, con la cantidad de leche que has soltado esta tarde se podría alimentar una familia, jajaja.

    Yo le di las gracias por sus halagos, y la volvía besar en la boca, la dije que, si repetiríamos, ella me dijo que por supuesto, que siempre que yo deseara ella sería mía, pero, me volvió a insistir, que no debía de contarle nada de lo que hacíamos a su hijo, no estaba muy seguro de cumplir esta parte, en mi mente se estaba empezando a desarrollar la idea de que mi amigo disfrutara de su ardiente madre.

    Ella se volvió a poner a cuatro patas y me dijo:

    –Te has ganado el premio supremo, puedes hacérmelo por el culo, si quieres.

    Claro que quería, llevé mi mano a mi polla para que la acariciara y la pusiera dura de nuevo, y mi polla ante el premio que le acababan de ofrecer reaccionó y se puso otra vez durísima, ella me pidió que me pusiera un condón, la verdad es que los farmacéuticos le deberían de estar agradecidos a esta señora y no me extrañaría que entre ls que se la follan hubiera farmacéuticos o farmacéuticas, una vez que lo tenía puesto, me puse detrás de ella, tenía un primer plano de ese objetivo tan maravilloso, así que fui arrimando mi polla a él, y se la metí de golpe, la facilidad con las que entro me demostró que estaba acostumbrada a ello.

    Así que me puse a moverme en su interior, si había tenido otras experiencias por ahí yo debía de demostrarle que lo podía hacer igual o mejor que los otros, quería volverla loca de placer, sus gemidos, una vez más esa tarde parecían demostrarme que iba por el buen camino, sentí que se corría varias veces, en un momento dado introduje, como había hecho con mi madre y alguna otra, mis dedos en su coño, le tenía que parecía una charca, así que me decidí a masturbarla, ella me daba las gracias mientras seguía gimiendo intensamente hasta que finalmente me corrí, solo sentí que mi leche fuera a parar a un condón me hubiera encantado que regase su culo.

    En ese momento ella miró el reloj que había sobre la mesilla y dijo:

    –Por desgracia me parece que tenemos que terminar mi hija no tardará en venir y ella no sabe la clase de madre que tiene.

    Llevaba razón, pero me hubiera encantado conocerla, en la foto, como ya he dicho se la veía cierto parecido con su madre y aunque siempre me habían atraído las mujeres mayores, no descartaba hacerlo con las chicas de mi edad, cosa que mi madre me insistía, siempre después de que folláramos.

    Pero de momento era sólo una idea en mi cabeza, me vestí ella me acompañó hasta la puerta, venía completamente desnuda.

    –Me voy a duchar, me dijo, la próxima vez lo haremos juntos.

    Y me volvió a besar, se colocó en la puerta en una posición donde no se la podía ver desde el exterior, salí y cerró la puerta, bajé en el ascensor, al salir del portal me crucé con una chica más o menos de mi edad que llevaba una falda cortísima y muy ajustada, la reconocí rápido era Lidia, la hermana de mi amigo, tenía un culo fantástico, pero no era el momento de decirla nada.

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  • Entre mi mujer y mi suegra (4)

    Entre mi mujer y mi suegra (4)

    Después de que los últimos invitados a mi fiesta de cumpleaños se marcharon, mi mujer y su madre deciden ir de compras, quedándome solo en casa, me siento en el sofá y cierro los ojos retrocediendo en el tiempo, buscando los acontecimientos que han marcado mis veinticinco años de vida ¡cómo ha cambiado todo! Me digo a mí mismo, desde que me case mi vida a dado un vuelco para bien, acompañado de una mujer maravillosa, y desde que mi suegra se vino a vivir con nosotros a casa mucho mejor, no solo con el mejor sexo de toda mi vida.

    En lo económico también hemos mejorado. Nuestros dos holgados sueldos y mi suegra con su pensión nos permiten vivir muy holgadamente. Ellas también han cambiado se cuidan mucho más hacen dietas, entrenan en general parecen más felices y alegres. Mi mujer está muy apegada a su madre, siempre están juntas, se quieren mucho entre las dos hay buena armonía, me miman mucho y yo también a ellas.

    Recuerdo las vacaciones de hace dos años, en Cancún, México al llegar nos alojemos en el hotel, nos registramos y una chica joven muy simpática, nos guio hasta nuestro bungalós, todo el complejo estaba al aire libre, caminamos a través de los jardines, mientras la chica nos informaba sobre las comodidades del complejo, de la playa privada, y los distintos servicios en el bungalós nos sorprendió descubrir que al salir a la terraza podíamos disfrutar de la vista del mar, las palmeras, la playa también vimos las cabañas de madera que estaban en la playa junto al mar.

    Entremos al bungalós para deshacer las maletas habíamos comprado mucha ropa para estas vacaciones bañadores, pantalones cortos, camisetas, bikinis con tangas, trajes playeros para ellas y cosas de mujeres.

    Cuando por fin terminamos de ordenar las ropas en los armarios nos fuimos a la playa privada, pasamos por nuestra cabaña privada que había sido reservadas para nosotros en la playa privada descubrimos los primeros turistas disfrutando del mar y el sol desnudos, animado por las vista las anime para desnudarnos también y pasar más desapercibidos, mi mujer no se hizo rogar se quitó el bikini diciendo ¡que estas vacaciones serían un buen momento para experimentar sensaciones nuevas, además la probabilidad de toparse con alguien que conozcamos aquí era cero!

    A mi suegra le costó un poco más, pero animada por su hija también se quitó él bikinis, nuestros cuerpos blancos llamaron la atención de los que estaban alrededor ¡pensé para mí mismo! Pasamos los días disfrutando del mar, centro de bienestar, masajes, clubes nocturnos, tiendas y restaurantes, decidimos pasar el día en la piscina, mientras tomábamos el sol en las hamacas y mi suegra se daba un baño en la piscina, me fije en mi mujer, que seguía con la vista muy atenta al camarero de la piscina, un joven negro alto y atlético, con la excusa de ir a pedir unas bebidas al bar se ausento.

    Más tarde mientras mi suegra y yo manteníamos una conversación muy entretenida ella apareció acompañada del camarero que traía las bebidas.

    El camarero se presentó se llamaba Basilio nos pareció muy agradable y simpático, nos señaló algunos sitios para visitar en el interior procedía de Guinea ecuatorial antigua colonia española no tuvimos ningún problema para entendernos mientras hablamos los cuatros de reojo mire a mi mujer observe como su mirada brillaba al mirar sin disimulo el gran bulto que Basilio escondía debajo de su pantalón corto que apenas lo disimulaba. Más tarde me sentí un poco se loso, que disimulé como pude al oírlas susurrando entre risitas nerviosas refiriéndose al tamaño del miembro de Basilio.

    Esa noche después de haber cenado en el bufe del complejo mientras nos dirigíamos a nuestro bungalós, mi mujer nos recuerdo que ella a un no había realizado su fantasía sexual como su madre si había experimentado y yo prácticamente las vivía cada noche. Mi suegra y yo nos miramos de reojo y nos quedamos de piedra al oír sus pretensiones, quería follase al camarero, pero además pretendía nuestra ayuda, como ya sabíamos a ella le pone muy cachonda sentirse observada ¿y cómo pretendes lograrlo? Pregunto mi suegra sin poder creerse lo que había oído.

    Por mi parte, la idea de que mi mujer me hiciera cabrón consentido no me gusto, pero que podía hacer teniendo en cuenta que me follaba a su madre con su consentimiento y además estaba muy satisfecho de mi vida conyugal con las dos. Mi mujer es muy lista y lo tenía todo bien planeado, lo único que nos pidió insistentemente que cuando ella nos avisara con un SMS con el móvil nos metiésemos en el vestidor y mirásemos entre las lamas de las puertas sin hacer ruido. Su madre y yo aceptamos perplejo sin saber que decir sabíamos que no podíamos negarnos.

    En el bungalós con ayuda de su madre, se arregló y se vistió con lencería negra de encaje, un traje corto playero de color rojo y unos zapatos negros de tacón, todo el conjunto le quedaba de mil maravillas y la mostraba muy sexi, con un beso en la mejilla de su madre y otro en mis labios se despidió, cogiendo un bolso negro de mano de mujer se fue rumbo a la sala de baile del hotel donde savia que Basilio trabajaba esa noche.

    Mi suegra y yo nos quedamos en el bungaló a la espera, sin perder el móvil de la vista, sabíamos las consecuencias si nos despistábamos y decidimos ponernos a jugar a las cartas y dejar aún lado la idea de pasar las horas, haciéndole sexo oral que tanto le gustaba.

    El cansancio y el sueño van apareciendo cuando llega el SMS al móvil ¡en cinco llegamos! A toda prisa nos encerremos en el vestidor y serramos por dentro, pasados unos minutos nos dimos cuenta que nos sobraba ropa, por el calor que hacía dentro del vestidor, aunque la vista atreves de las lamas de las puertas era inmejorable desde nuestra posición, la puerta del bungalós se había abierto las voces y risitas de dos personas llegan hasta nuestros oídos mi mujer había llegado con el camarero, los dos entran en la habitación, los besos entre ellos al principio me provocaron repulsión.

    Mi suegra mira embelesada entre las lamas de las puerta mientras ellos comenzaron a desnudarse, mi mujer lo ayudó bajándole el bóxer y pudimos ver el enorme pollón de Basilio de al menos 16 cm completamente flácida, su área púbica estaba completamente afeitada, de hecho no había un vello en todo su cuerpo, el glande de la polla era grande y gordo mi mujer se arrodillo frente a ella, la tomó entre sus manos y comenzó a lamer lentamente la punta.

    Que comenzó a tomar tamaño era de unos 24cm erecta, 6cm mas grade que la mía y más gorda. El de pie con sus manos en las caderas admiraba la posición en la que se encontraba mi mujer que con su lengua lamia la punta de su polla, ella abrió la boca y tragó la cabeza de la polla, era increíble ver como ella se metía el glande en su boca y lo re chupaba ¡No la chupa mal, nada mal! Susurro mi suegra de pronto ¡que es mi mujer! Susurré por decir algo, el calor comenzó hacer insoportable dentro del vestidor nos sacamos la ropa, muy despacio para no ser descubierto quedándonos en ropa interior y sentados en el suelo descansando la espalda en la pared del vestidor.

    Continuemos observando muy atentos atreves de las lamas de la puertas a la pareja, una mirada de puro deseo se tornó en el rostro de mi mujer, que Basilio supo reconocer, sacó su polla de su boca, la tomo entre sus brazos y la colocó a cuatro patas en el borde de la cama, Basilio la sujetó por la cadera con una mano mientras que con la otra llevo su polla al coño, mientras ella coge las dos almohadas y se las colocó debajo de su estómago elevando más su hermoso trasero, Basilio comienza a frotar su polla de arriba a abajo en el coño de ella, que a la vez subía y bajaba sus caderas coincidiendo con los movimientos de Basilio.

    Los gemidos ella inundan toda la habitación está muy excitada, él la penetra con un poco de resistencia por parte de ella, después de un buen empujón entra en su totalidad ella levantó la cabeza con una mueca de dolor en su rostro, estaba a punto de ser follada por una enorme polla negra de 24 cm con sus manos apretó las sábanas, ella permanecía con su trasero levantado, cuando Basilio comenzó a follarla en serio agarrado a sus caderas, la embestía con fuerza golpeando su pelvis en el trasero de ella que apoyo su cabeza en la cama y mordía la sabana.

    Los gemidos se escuchaban por toda la habitación y través de la puerta de madera ¿Qué tío, no te da rabia? Me susurro mi suegra ¿estás empalmado? Volvió a susurrarme, lo más bajo que pudo señalando con su dedo mi bulto que sobresalía del bóxer ¿Te has puesto cachondo? ¡mirando como follan a tu mujer, cacho guarro! Me susurra esta vez más cerca de mi oído, mientras liberaba mi polla del bóxer ¡No, no es por eso! Logre decir cabizbajo y un poco avergonzado ¡Qué más da decirlo, yo también me he puesto muy cachonda! Me dijo, con su mano tapo mi boca, y con la mano libre atrapo mi polla dura como el acero.

    La escena frente a nosotros hizo que mi suegra excitada por lo que estaba viendo, acelere el ritmo de la paja frenéticamente, y goce del vigor y la pasión con la que me estaba masturbando.

    Mi suegra se había transformado en una bestia en celo, incapaz de controlar sus instintos con la mirada clavada en la pareja, acercando sus labios a mi oreja me susurró ¡Venga córrete, dame tu leche! Un reprimido gemido de placer se escapó de mi boca, y un abundante chorro salió despedido dejando una línea de semen en la puerta, seguía tapándome la boca, sin dejar de pajearme nuevos chorros de semen salieron disparados de mi polla, esparciéndose por todos lados, mientras que a ella le caían gotas de sudor.

    Continuamos observando extenuados atreves de las lamas de la puerta, Basilio continúa embistiendo contra las nalgas, metiendo y sacando sus 24 cm de polla del coño de mi mujer, ella en cada embestida gemía de placer. Un orgasmo estaba a punto de aparecer en mi esposa, ella mantiene su mirada en nuestra dirección mientras es embestida, estaba casi sin aliento mirándonos con su cara de entre dolor y placer y con su boca completamente abierta.

    Cuando Basilio le pregunto ¿Estás lista para el mejor orgasmo de tu vida? Ella no pudo responder solo asintió con la cabeza sin dudarlo, el comenzó a follarla con fuerza y determinación sacando su polla casi por completo y la volvía a meter a toda velocidad, haciendo que ella gimiera más alto, las embestía con fuerza, mientras sus manos se aferraban firmemente a las caderas de ella, el único sonido que se escuchaba en la habitación era el de las caderas de Basilio chocando con las nalgas de ella ¡Plaaf! ¡Plaaf! ¡Plaf! Y los de mi mujer gimiendo ¡Aaah, aaah, aaah! Mientras él empujaba su enorme polla dentro y fuera a toda velocidad ella logro decir entre gemidos ¡Oh, joder… me estas partiendo en dos!

    Sus ojos destellaban lujuria ¡Me encanta tu gran polla! Estaba disfrutando como yo nunca antes la había visto, un gemido fuerte salió de su boca ¡Oooh! Su orgasmo se acercaba el soltó la cadera izquierda y sujetándola por el cabello, acelero sus embestidas con furia, ella levantó la cabeza y comenzó a gritar de placer en un continuo estado de euforia ¡aaah, aaah!

    Las embestidas que Basilio le estaba propinando la tenía en un puro éxtasis, su rostro esta abrumado por tanto placer el continuaba estrellando su polla contra el coño de mi mujer sus bolas golpeaban el clítoris eso la perdió por completo, ella gritó en voz alta ¡Me estoy corriendo, me estoy corriendo, mas, mas! Se corrió como una bestia salvaje entre gritos y gemidos ¡Aaaah, Aaaah, Aaaah!

    Su orgasmo casi la hizo desmayarse Basilio saco su polla y un fuerte estallido de esperma aterrizan en las nalgas de mi mujer, seguidos de dos más que caen en la espalda, mientras ella continua a cuatro sobre las almohadas, agotada con su coño rojo y abierto, recibe una fuerte nalgada de Basilio, que ella recibe con dolor ¡Ay, Cabrón! Él se viste y mientras se marchaba, echo una última mirada hacia atrás dejando a mi mujer echa unos trapos sobre la cama.

    Cuando estuvimos bien seguro de que Basilio se había marchado salimos del vestidor con nuestros cuerpos sudorosos del calor que hacia dentro del vestidor, mi suegra mirando a su hija casi desmayándose en la cama, le pregunto ¿estás bien? ¡Dios, siii! Gimió suavemente mi mujer, con un guiño a su madre ¡si no te ocupa de eso, avísame y lo haré yo! Señalando con su dedo mi nueva erección. Con ambas manos en mi pecho desnudo mi suegra me empujó con fuerza hacia atrás, acabando boca arriba en la cama, me libera de mi bóxer y se despoja de su braga.

    En un acto tan rápido como rudo, entró en la cama flexionando sus piernas y cayendo en mis entrepiernas sentí todos los kilos de ella sobre mi dura polla mi suegra estaba muy excitada y comenzó con movimientos de cadera rozando su vagina con mi polla ¿te gusta, así? Asentí con los ojos inyectados en deseo. Ella miraba como su coño rosaba mi polla, apretaba todo lo que podía su sexo contra mi pubis con su mano, agarro mi polla colocándosela en la entrada de su coño que esta empapado de sus fluidos y cayó sobre el con fuerza, sabiendo que la dilatación no iba a ser un problema, grito de placer ¡Aaah! Sujete ambas nalgas con las dos manos.

    Sus movimientos de cadera eran rápidos, a ella le caían gotas de sudor en mi pecho. En poco tiempo llegó lo más esperado, su espalda se arqueó y un placer inhumano apareció, ella apretó sus dientes y sus piernas todo lo que pudo. En ese momento notó mi dedo corazón entrar en su culo, incrementando aún más su orgasmo ¡cabrón, cabrón! Me susurró en mi oreja, sin parar de correrse ¡Oooh, Oooh, mmm!

    Acabó apoyada en mi pecho mientras su respiración se relajaba, el orgasmo había sido épico, mi mujer a un lado nos observa muy atenta. De nuevo muevo mi polla en su vagina, le hago saber que aún no estoy satisfecho, mi suegra gimió muy bajito posó sus labios por mi baca atrapando mi labio inferior y lo mordió llena de lujuria, susurrándome al oído me dijo ¡te vas, a enterar, cabrón! Se levantó y aprovechó para quitarse el sujetador, me lo tiró a la cara impidiendo mi visión al quitármelo veo como ella de nuevo se sienta sobre mi polla, dándome la espalda contemplo como su trasero subía y bajaba

    ¡Tanto llamarme guarro y como disfrutaste viendo cómo Basilio follaba a tu hija! Dije mientras con las manos en sus nalgas la ayudaba a subir y a bajar ¡Cabronazo…! Giró la cabeza para intentar ver, con una sonrisa maligna ¡cómo no me folles bien, yo también pienso fallármelo en tu cara!. Con mis caderas le doy unas fuertes entradas ¿esto, no es follarte bien? ¡Cállate… cállate…y continúa!

    Ella comenzaba a gemir mientras yo la penetraba, su mano rápidamente se dirigió al clítoris masajeándolo con furia hasta que tuvo otro orgasmo, con un grito de placer ¡Hooo, Hooo!

    Mientras llenaba mi polla con su corrida, va por el segundo orgasmo le pido que salga de la cama pongo las manos en las caderas e hice que se inclinara, ella ya sabía lo que pretendía, colocó las manos delante apoyándose en la cama me pegó a ella por detrás ¡Me toca follarte! Dije ¡vamos a ver de lo que eres capaz¡ introduje mi polla con determinación en su interior, lo hice con fuerza haciendo que ella se estremeciera de placer, animado por el desafío comencé frenéticamente a embestirla el choque de mis genitales contra su clítoris comenzaba a producirle placer, sus grandes nalgas seguían el movimiento hipnótico que mi polla producía.

    Mis manos se aferraban a sus caderas embistiéndola como si la quisieran partir Eso mismo pensaba ella mientras notaba como mi polla entra y salen a toda velocidad diciendo ¡me va a partir! ¡El sexo se intensificó con su espalda totalmente sudada mi suegra no pudo contenerse más mientras me la follaba sin piedad, ¡El orgasmo estaba allí, había llegado de nuevo el tercero, ¡Me voy a correr, dame duro! Me gritaba ella mientras el orgasmo la absorbía por completo, se corrió chapoteando mi polla cada vez que entraba ¡Ooooh, Ooooh, si, siii!

    Resopló dejando el tercer orgasmo correr, yo estoy a punto y vuelvo a la faena con mi suegra colocada en una inmejorable postura, no me lo pienso y cambio de agujero.

    ¡Yerno! Gritó al sentir como mi polla le atravesaba el culo ella asió las sábanas y apretó los labios varias fueron las acometidas algo más suaves que las anteriores ella las aguantaba con los ojos cerrados ¡Cabrón… acaba ya… o te mato! Me dijo acabo con varios chorros de semen caliente dentro de su culo, veo como mi corrida sale fuera de su culo llegando hasta la vagina y después corriendo veloz por las piernas. Agotados entremos dentro de la cama al lado de mi mujer que había presenciado todo con mucho interés, y antes de quedarnos dormido mi suegra me soltó ¡lo del culo me lo pagas, cabrón! Provocando las risitas de mi mujer.

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  • Mi vecino. Ventana con ventana (parte 2)

    Mi vecino. Ventana con ventana (parte 2)

    Después de esa noche que por fin el vecino nos vio hacer el amor, yo moría de vergüenza al día siguiente de encontrármelo.

    Después de esa noche que el vecino nos vio coger pasaron unos días sin ninguna novedad, no lo noté más detrás de la ventana, aunque yo seguía paseándome totalmente desnuda, realmente no sé si el vecino de alguna manera también estaba avergonzado, y tratábamos de evadir otro momento de esos, aunque solo pensarlo me excitaba. Hasta que un día paso otra situación.

    Una tarde sola, acababa de pasar por mi regla por lo que no se me antojaba masturbarme, saliéndome de bañar, escuche afuera ruido, y abrí un poquito la cortina para ver si el vecino estaba espiando, cuál fue mi sorpresa que si era él buscando para ver si lograba ver algo, quizá esperando verme desnuda, puse atención y pude ver que también él estaba desnudo en la habitación con su pene duro, acariciándolo y sacando toda la cabeza, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al ver aquella verga blanca, una cabeza grande.

    Inmediatamente mi concha respondió, lubricándose, mis pezones se paraban, sin pensarlo dos veces abrí más las cortinas y mi vecino inmediatamente oculto su preciosa verga con las manos, yo haciéndome a la sorprendida solo abrí los ojos, él se quedó mirándome a los ojos con su verga en la mano, yo no sabía qué hacer, obvio no quería que se fuera, pero tampoco quería que se hiciera falsas esperanzas que me iba a coger, sin embargo el cómo buen macho atendió lo que esta hembra quería, escaneo todo mi cuerpo y soltó esa verga maravillosa que tenía en sus manos para mostrármela, cuando la vi más detenidamente mis piernas empezaron a temblar y mi respiración se hizo entre cortada y agitada.

    Comenzó a masturbar su pene mostrándomelo todo en su esplendor, yo como todo una hembra me retire y me senté a la orilla de la cama, abrí mis piernas para mostrarle lo que él estaba provocando, mi conchita súper mojada respondiendo a él, pare mis tetas y el miraba mis pezones, miraba mi vulva, me miraba a mí y me mostraba su delicia de verga, en eso empecé a masturbarme, y no le despegaba la vista a su preciosa verga.

    Quería mamársela, quería que me penetrara, quería que me pusiera esa verga linda en mis nalgas, que frotara mi clítoris, me recosté en la cama y levante mis piernas separándolas lo más que pudiera, el seguía masturbando su verga y me miraba a los ojos, yo acariciaba mis tetas con una mano y con la otra aun le daba masaje a mi vulva y pasaba mis dedos por mis labios vaginales.

    Vi que el empezó a agitarse y me dijo:

    -¿Mira mami como me has puesto la verga, mira mamita quieres ver cómo le sale la leche?

    -Oh si bebé dale a mami tu lechita dámela la quiero ver papi.

    -Si mamita hay te va ohhh.

    En eso vi como soltaba abundante leche, que caía un poco en el piso y otro poco quedaba en su mano, termino de venirse y sin más se dio la vuelta y se marchó.

    Yo me levante y quedé recordando todo aquello que instantes antes me acaba de pasar, recordaba esa cantidad de semen abundante que me había regalado el vecino, como me hubiera gustado sentir esa leche en el interior de mi vagina, en mis tetas, en mi boca, ese semen blanco y espeso hermoso, como me hubiera gustado que el olor de ese semen se me hubiera quedado en mi vulva, en mis manos. Pero aún no era el momento.

    Espero les haya gustado este relato amigos, y ya les iré contando que más pasó.

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  • Me acosté con el amigo de mi hijo

    Me acosté con el amigo de mi hijo

    Hola, como ya les dije mi nombre es Maribel pero todos me dicen Mari, soy una mujer de 39 años, alta, blanca, no me gusta ser presumida pero aún me conservo bien, tengo mis pechos bien firmes y mis nalgas son anchas y duras, están bien formadas ya que soy instructora de un gym, soy divorciada a causa de una infidelidad que yo misma cometí pero de la cual no me arrepiento. Actualmente vivo en Medellín con mi único hijo de 18 años, pero somos de Michoacán. Pero bueno ahora paso a relatarles cómo fue que termine acostándome con el amigo de mi hijo.

    Como les dije soy divorciada, y a causa de mi divorcio nos venimos con mi hijo a Medellín, nos habíamos mudado a nuestra nueva casa y pronto inscribí a mi hijo en la prepa, empezó a ir y al tercer día de clases era su cumpleaños, pero el solo tenía un amigo pues apenas había empezado hacer amistades. Ese día le dije a mi hijo que después de clases invitara a su amigo para que lo acompañara pues le había preparado una comida y pues yo pensé que ya era lo suficiente grande mi hijo y su amigo como para tomarse una botella de vino junto conmigo así que se las compre.

    Llegaron los dos como a eso de las 3 de la tarde y empezamos a comer, yo miraba y miraba a su amigo, la verdad se reconocer y pues aunque era muy joven estaba muy guapo el chico. Terminamos de comer y empezamos a tomarnos las primeras copas, mi hijo nunca había tomado y luego se le subió y se fue a dormir a su cuarto. Yo y su amigo seguíamos tomando pero yo más por obligación que por gusto, no quería dejarlo solo; ya a eso como a las 8 de la noche le pregunte que si pensaba quedarse a dormir con mi hijo pues era viernes y el sábado podrían dormir hasta tarde y el me contesto que sí, que ya le había mandado un mensaje a su madre para avisarle. Y como les digo yo y el amigo de mi hijo seguimos tomando y la verdad yo ya estaba algo mareada, el me sacaba platica, ya nos estábamos durmiendo cuando se le vino la idea de sacarme a bailar y pues lo hicimos, pusimos música con el volumen muy bajito y empezamos, en momentos sentía como su mano me la ponía en mis nalgas y yo se la subía, siendo sincera yo ya me había puesto caliente con el baile y las manoseadas que me estaba dando el chico, ya tenía más o menos unos 5 meses sin nada de sexo y seguramente eso fue lo que me hizo excitarme.

    Decidimos sentarnos otra vez en la sala y nos pusimos a platicar nuevamente yo hasta la orilla del sillón y el por un lado mío, y me empezó a preguntar:

    -señora y el papa de Manuel? (así se llama mi hijo)

    Yo como les digo ya estaba mareada, mejor dicho borracha y sin ninguna vergüenza le conteste:

    -me divorcie de el porque le fui infiel y él se dio cuenta.

    Al decirle esto al chico se puso colorado y algo nervioso, pude notarlo, pero él fue muy astuto, al decirle esto él se arrimó más a mí y puso su mano sobre pierna. Ese día yo traía puesto una minifalda muy coqueta, una blusa de tirantes, regularmente uso tanga y ese día no fue la excepción, obvio también traía sostén, y unos tacones que me hacían ver aún más alta. La plática se iba subiendo de tono al igual que la mano del chico, hasta que logro tocarme mi vagina y fue cuando me estremecí y rápidamente le saque la mano y pensé: que estoy haciendo?

    Es el amigo de mi hijo? Pero el insistente volvió a meter su mano y logo hacerme la tanga a un lado y empezó a tocarme el clítoris, el muchacho tenía experiencia y se le notaba, yo lo deje seguir, acerco su cara a la mía y yo como una quinceañera lo comencé a besar, nos besamos como un par de jovencitos de prepa, el sí lo era pero yo noo, yo ya tenía 39 años, saco su mano de debajo de mi falda toda húmeda de mis flujos y con ella me saco mis pechos de la blusa y del sostén y empezó a lamérmelos, yo ya estaba muy cachonda y no podía pararlo y no quería hacerlo, mientras me lamia los pechos con una de sus manos tomo la mía y me hizo que la metiera por debajo del pantalón, empecé a sentir como su pene palpitaba, se sentía grueso y lo era, el muchacho estaba muy bien dotado y eso me atrajo aún más, desbrocho su pantalón y pude apreciar su pene era largo y grueso, quite su cara de mis pechos y así sentados como estábamos me incline y empecé a mamarle su verga, tenía tiempo sin hacerlo y la verdad lo extrañaba, así estuve buen rato hasta que mi propia calentura me hizo levantarme y levantar mi falda, me puse de espaldas a él y le mostré mis nalgas mientras bajaba mi tanga, apenas había sacado mi tanga cuando él me jalo hacia el donde estaba sentado y caí sentada exactamente con su verga entre mis nalgas, claro no se me metió, si no hubiera dado un buen grito. Trato rápidamente de metérmelo pero yo lo pare y le dije: espera, mejor vamos a mi cuarto. Lo agarre de la mano y se vino caminando atrás de mí.

    Apenas entramos a mi cuarto cerré la puerta nos desnudamos los dos completamente me recosté en la cama, el enseguida se subió y se colocó entre mis piernas y comenzó a besarme nuevamente, parecíamos recién casados, mientras me besaba yo sentía su verga rozar mi vagina hasta que no aguante más y le dije: “métemela ya”. El enseguida no lo pensó dos veces y me la enterró toda de una, yo solo di un pequeño gemido y empezó a bombearme, estuvimos un rato así y le dije: “date vuelta, ahora acuéstate tú que ahora te cogeré yo”, se recostó boca arriba y yo me le monte de frente a él y empecé a cabalgarlo, me di vuelta pero aun cabalgándolo, ahora ya estaba de espaldas a él. Estuve cerca de 20 minutos montándolo y ahora él fue quien me dijo: “doña Mari podemos hacer otra posición?” Yo: “si hijo”. El: “puede ponerse a cuatro patas?”. Apenas me lo pregunto y enseguida me levante y me puse como me dijo. Se puso detrás de mí y empieza a halagarme: “ay señora que buenas nalgas tiene, que nalgotas”. Yo le dije: “por hoy son tuyas hijo, aprovéchalas, vamos cógeme ya que ya me quiero dormir”. El: ·como usted diga doña Mari”. Estuvimos ahí coge y coge y hasta que se vino dentro de mí, obvio ya estoy cuidándome si no nunca lo hubiera dejado.

    No supimos ni a qué hora nos quedamos dormidos, al otro día desperté, me mire toda desnuda, a el enfrente de mi igualmente desnudo y en la cama y que lo levanto y lo corrí a su casa antes de que mi hijo se despertara.

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  • La gitanilla Leila

    La gitanilla Leila

    Tarde de verano de agosto de 1972.

    Justino, era un joven moreno, espigado y de complexión fuerte, estaba sentado en una especie de banco de piedra que había al lado de su casa leyendo La Canción del Pirata de José de Espronceda. La gitanilla llegó con una cestilla debajo del brazo en la que traía encajes. Era alta, delgada, vestía un vestido largo, verde, con flores azules y rojas. Calzaba sandalias. Su cabello rizado, negro azabache, le llegaba a la cintura. Sus ojos eran negros y muy grandes, su boca sensual, sus dientes blancos. De los lóbulos de sus orejas colgaban dos grandes aros de cobre. Sus tetas eran grandes, su cintura de avispa, sus caderas anchas y su culo redondito. Era una preciosidad. Y la preciosidad, le preguntó a Justino:

    -¿Qué eztá eztudiando, payo Juztino?

    -Leo poesía.

    -¿Y ezo da parné?

    -Yo lo hago porque me gusta, no por ganar dinero con ello algún día.

    Se sentó a su lado. La gitanilla olía a jabón Lagarto. Le dijo:

    -Le un poquito a ve ci me guzta a mí también. No ce que ez la poezía. ¿Qué ez la poezía?

    Justino, no leyó, la miró a los ojos y le dijo:

    -¿Qués es poesía?, dices mientras clavas

    tu pupila en mi pupila azul.

    ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

    Pesía… eres tú.

    La gitanilla se levantó como si un muelle la hubiera despedido del banco. Las rimas de Bécquer la pusieron en posición defensiva.

    -Tengo novio, payo, y lo zabe.

    -Yo, no.

    -¿Te pienza que por que zoy fabeta me puede engañá?

    -No se dice fabeta, se dice anal, analfabeta.

    -¡Ja te maten! Anal, para la paya. La gitana zomo gente honrá. Me voy que tengo todo lo encaje por vende. Y tú no me va a dar de comé, payo.

    Aquella gitanilla, desde niña, le gustaba a Justino más de lo que le había gustado ninguna muchacha. Era un peligro seducirla porque los gitanos por nada quitaban la navaja, y si un payo tocaba a una gitana tenía las horas contadas, pero le importó una mierda. Justino sabía que los gitanos comían los animales que murieran de alguna enfermedad. Lo sabía porque más de una vez le preguntaran a su abuela si había enterrado alguna gallina recientemente. Le dijo:

    -Ya que hablas de comer… Esta mañana enterró mi abuela un cerdo.

    Una sonrisa se dibujó en los labios de la gitanilla.

    -¿Dónde, payo? ¿Dónde eztá enterrao er celdo?

    -Para decírtelo tendrías que dejar que te magrease las tetas, y que te besase en la boca y en el chocho. ¿Qué dices?

    -Que er celdo erez tú.

    -¿No hay trato?

    La gitanilla se ofendió.

    -Mira, payo, ci me hubiece pedío un beso en la boca, por un celdo, hazta puede que te dejase dármelo y hazta puede que te dejace tocarme la teta, pero er coño, ¡Mi coño ez sagrao! Da gracia a Dioz por que no zaque la tijera y te crave.

    -Pues nada. Voy a seguir leyendo.

    La gitanilla se fue. Al ratito volvió, y le preguntó:

    -¿Ez mu grande er celdo?

    -Casi cien kilos.

    -¿Zabe de un citio dónde nadie noz pueda ver?

    Justino fue delante, la gitanilla lo seguía a una distancia prudencial. En el monte, Justino, se metió en su Cueva Picadero, en la que había un colchón. Al entrar la gitanilla en la cueva, Justino la cogió por los hombros, la besó en el cuello, y le dijo:

    -Te voy a comer viva, Leila.

    La respuesta de Leila fue otra pregunta.

    -¿Y ece corchón?

    -Para quien lo quiera usar.

    Leila, puso la cestilla con encajes en en el suelo, se dio la vuezta, y le dijo a Justino:

    -Acaba pronto que aquí hace frío.

    Justino besó a Leila en los labios. Después buscó la lengua de la gitanilla y le dio un beso casi interminable. A ese beso siguió otro, y otro, y otro… Leila, con los brazos caídos se dejaba besar. Era la primera vez que la besaban y su coño se humedecía más con cada beso, pero no devolvía ni uno solo. Minutos más tarde, cuando Justino le quitó el vestido a Leila, vio que por debajo no llevaba nada, nada más que una gran tijera que colgaba de un cordel que tenía atado a la cintura. Se separó de la gitanilla, y exclamó:

    -¡Dios mío!

    -Ci te azusta la tijera, quítala, payo.

    -No es la tijera, eres tú. Eres la perfección hecha mujer.

    -Por ma palabra bonita que me diga no me va a hacé er amó. Lo acordao ez bezo en la boca, teta y bezo en er coño.

    Justino no mentía. Su cuerpo moreno era el de una diosa. Sus tetas, grandes, eran casi triangulares y duras como el granito. Sus grandes pezones, sus negras areolas. Su cinturita, sus grandes caderas y el cabello rizado, y todo, todo su talle, la hacían única.

    -No te adulo. Eres más bella que un atardecer.

    Justino le acarició las tetas, de tacto aterciopelado, como si fuese porcelana fina, suavemente, con miedo a romperlas. Lamió los pezones con dulzura, hizo lo mismo con las negras areolas, luego chupó tetas y pezones. Leila seguía con los brazos bajos. Estaba empapada pero parecía una estatua. Después de saborear aquellas deliciosas tetas, Justino, sacó la polla. No la tenía grande, unos 15 centímetros, pero a Leila le pareció enorme.

    -¡Quieto con eze monztruo que cuando me cace tengo que pasá la prueba der pañuelo!

    Justino, sonrió, y le dijo:

    -No te preocupes. Me voy a hacer una paja.

    Justino, se agachó. Vio que por el interior de los muslos de Leila bajaban dos reguerones de flujo. Meneando la polla pasó la lengua por ellos. Después le lamió el coño. Leila, la gitanilla, no pudo evitar que un gemido saliese de su garganta. Justino, al oírlo, le preguntó:

    -¿Te echas en el colchón?

    -¿Para qué, payo?

    -Para hacer que tengas un orgasmo.

    -¿Por qué?

    -Por qué me da a mí que nunca tuviste uno.

    -No, no tuve. ¿Ez cómo dicen la gitana casá?

    -¿Qué dicen?

    -Que un orgazmo ez un guzto grande como un piano.

    Le volvió a lamer el coño, y después le dijo:

    -¿Me lo dices después de tenerlo?

    Leila se echó sobre el colchón. Justino ya era el coño número doce que comía, y sabía cómo, cuándo y dónde comer…

    Leila, al correrse, soltó un chorro de flujo que le puso perdido el cuello a Justino, los otros ya puso la cara para que lo bañasen. Justino, no pudo aguantar más y se corrió en el vientre de Leila.

    Leila, al acabar de correrse, le dijo a Justino:

    -Er guzto er ma grande que una catedrá, ez como una montaña.

    Justino limpió con un pañuelo de mano la cara y el vientre de Leila.

    -Vístete que te voy a enseñar donde está enterrado el cerdo.

    -Er celdo no ce va a ezcapá. Quiero hacé er amó contigo.

    Justino era un cabronazo, pero no llegaba a tanto. No le quiso joder la vida a la gitanilla, y es que sentía algo por ella, aunque no sabía que era.

    -¿Y la prueba del pañuelo?

    -Yo zoy mujé de un zolo hombre.

    -¿Y qué me dices de tu novio?

    -Tiempo tendré de ezcaparme de la chabola.

    -Yo no me voy a escapar contigo.

    -¡¿Quién te cre que ez, er Cla Gable ece? Cometí er fallo de darte mi coño y ahora quiero que… ¿Quiere folla o no?

    -¿Y qué va a ser de ti?

    -¡Yo que cojone ce! Lo que ce ez que quiero que me dezvirgue tú.

    Justino, que ya estaba empalmado otra vez, se echó a su lado, y le dijo:

    -Si quieres, fóllame tú a mí.

    -Yo no ze follá, payo.

    -Aprende.

    Leila, le hizo a Justino lo que le hiciera a ella. Lo besó, pero sin lengua, cogiéndole la cara con las dos manos y mirándole a los ojos antes de besarlo. En cada beso parecía que quería asegurarse de que se lo daba a él. Después le lamio y le chupó las tetas y le lamió la polla. Justino, tampoco le dijo como hacer el trabajo correctamente. Poco después, Leila le decía a Justino:

    -¿Qué, me folla ya? Eztoy ardiendo.

    Justino, viendo a aquella diosa morena, trabajo le costó decir:

    -Sube encima de mí y fóllame tú. No quiero que después digas que te quité la virginidad.

    -¿Y quién me la va a quitá, la minga del celdo?

    -Es mejor que subas, bonita. Yo te podría hacer daño, pero si te la metes tú, a tu aire, te va a doler menos.

    Leila, subió encima de Justino. Cogió la polla en la mano y la acercó al coño mojado, la movió entre los labios, de arriba abajo y de abajo arriba. Se tocó con el glande el clítoris. Le gustó. Siguió frotando, frotando y frotando… Sintió como Justino se corría. La leche empapaba su mano cuando comenzó a correrse. Puso la polla en la entrada de su coño. Empujó y metió la cabeza. Una mezcla de dolor y placer hizo que su cuerpo se sacudiese… Acabó metiendo la polla del todo y volvió a follar a Justino hasta que quince minutos más tarde, más o menos, se corrieron juntos. Fueron dos orgasmos espectaculares. Sus bocas se unieron y se comieron mutuamente. El placer dejo sus cuerpos exhaustos.

    Al acabar, le dijo Leila a Justino:

    -Te tengo que contá un cecreto. Eztoy enamorá de ti dezde que era una niña. Dezde que venía con mi mama a ver ci ce oz muriera alguna gallina.

    -No sé qué decir.

    Yo sí sé que decir. Hoy en día. Leila y Fustino viven en Francia y son abuelos.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

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  • Nuestra primera experiencia: Esposa compartida

    Nuestra primera experiencia: Esposa compartida

    Voy a contar la historia de como mi modosita mujer, pura e inocente se acabó convirtiendo en una verdadera puta.

    Mi mujer es preciosa, de curvas marcadas, con muy buenas tretas y unas ganas de polla que ni yo mismo hubiera nunca imaginado. Ahora tiene 44, y ahora además la experiencia. Somos de la misma edad, nos conocimos en el cole, con 14 años, y desde ese momento supimos que estaríamos siempre juntos.

    Como cualquier pareja fuimos creciendo y por el destino nos tuvimos que separar unos años, tiempo en el que ambos aprovechamos para conocer otras personas y para finalmente darnos cuenta de que sólo podíamos estar juntos.

    Bueno, entremos en materia…

    Nos casamos con 26, y como comenté ella non me dejo follar hasta el altar, la verdad es que de novios, un par de años antes ella empezó a chuparse la polla y poco antes de casarnos se dejaba meter la polla por el culo, de alguna manera no la estaba descargando. Debí sospechar que debajo de esa carita buena se escondía una pervertida.

    La verdad es que haber esperado al matrimonio tuvo sus cosas buenas, estuvimos follando durante toda una semana en casa, antes de la Luna de miel. Estuvimos en París y luego de crucero. No hacíamos otra cosa que follar, en todos lados y sin avisar. Lo pasamos de fábula.

    A partir de aquí, y con la llegada de Internet, empecé a descubrir lo que era un swinger los intercambios de pareja, los contactos, etc…

    Todo esto era excitante y nuevo. Empecé a fantasear con la idea de ver a mi mujer follar a con otro tío.

    Un día mientras lo pasábamos bien le dije que me gustaría colgar fotos de ella, desnuda, sexis… en una página de contactos. Para mi sorpresa no fue difícil convencerla. Así hicimos y las colgamos. Al instante empezaron a entrar mensajes. Al principio los gestionaba yo, pero ella tenía mucho más mano para los contactos. Ahora empezó a hacer contactos con varios chicos uno de ellos de Girona, un chico de unos 20 años, jovencito pero muy salido. Estuvieron hablando durante al menos un año, había tanta confianza entre mi mujer y yo, que ella se conectaba con el chico y pasaban sesiones de cibersexo tremendas. Nunca llegamos a juntarnos pues somos de Canarias, y aunque nos movemos mucho nunca encontramos la ocasión.

    Finalmente me decidí, y le propuse a mi mujer tener un encuentro con el catalán, así que aprovechamos un viaje relámpago a Murcia para desviarnos a Barcelona y llevar a cabo nuestro plan.

    Elegimos un hotel cerca del aeropuerto del Prat, de lujo, una habitación para nosotros y otra para él. No lo sabía, pero las habitaciones eran contiguas.

    Cuando llegamos nos acomodados y comenzamos a hablar de las normas a seguir, inicialmente, e inocentemente le pedí a mi mujercita que sólo se la chuparla y que bueno lo conociera un poco, yo tenía sentimientos muy contradictorios, no tiene nada que ver una fantasía con la realidad. Tenía unas mariposas en el estómago intensas, no sabía si al final, dejaría que ocurriera.

    Por fin, llamó, ya había llegado y estaba en la habitación. Mi mujer se puso muy nerviosa, aunque se conocían por web, ahora se iban a conocer en persona.

    Se vistió muy sexy con un vestidito y salió en su busca.

    En este momento comenzó a correr mi imaginación, desde pensar estaba siendo tocada hasta que el tío podía ser un loco asesino. Hubo momentos de algo de desesperación, al final pude reprimir todos estos pensamientos e imaginar que estaba ocurriendo en la habitación de al lado.

    Me pegaba a las paredes a ver si oía algo, no se oía un carajo. Al final llamé a su teléfono para quedarme tranquilo. Después de varias llamadas, finalmente contestó y me dijo que todo iba bien, fue muy corto, pero me tranquilizó bastante, ahora me tocaba esperar. Y así estuve como dos horas o tres, estaba desesperado, ya me había hecho varias pajas.

    De pronto… tocan en la puerta, me apresuro a abrir, y a allí estaba ella, muy feliz y contenta, entró y lo primero que le pregunté fue, follaste? que hiciste? Su contestación fue… todo, si, eso me puso a 100 la cogí, la tumbe en la cama y le abrí las piernas, tenía el coño mojado, oliendo a polla y relleno de la corrida del catalán. No me lo pensé dos veces, y me lancé a comerle el coño, me encantó, es más nunca me supo mejor su coño, saborea su coño y el semen del carbón que estuvo follandose a mi mujer durante un par de horas.

    Después de comerle el coño le metí la polla en posición misionero, tenía el coño bien abierto y mojado, le estuve dando duro hasta que nos corrimos.

    Cuando termine, y casi sin darle tiempo para recuperarse le pedí a la puta de mi mujer que se adecentara y fuera a darle placer a nuestro invitado. Tendríais que haber vista la cara de felicidad de mi mujer, recuerdo como me dijo, en serio?, no te importa que vuelva con el catalán?… No tardó ni un segundo en llamarle para decirle que iba para allá.

    Dicho y hecho la puta de mi mujer salía de la habitación rumbo a ser follada por todos los agujeros de su cuerpo y otras cosa que luego me enteré. La muy puta le chupo el culo y le metió los dedos. Tuvieron una sesión fantástica de sexo.

    Así estuvieron una hora hasta que ella volvió, fallamos y luego caímos rendidos.

    Sobre las 8 de la mañana nos despertamos y antes de desayunar mi mujer, mi puta, mi fantástica esposa salió a darle una despedida al catalán. Le hizo una buena manada después de correrse de nuevo en su coño.

    La cuenta la pagamos nosotros, así que cuando él se marchó la muy puta bajo con él y le pagó la cuenta, me imagino la cara de los tipos de la recepción, cuando baje yo para hacer el check out, se tuvieron que dar cuenta de la movida. La muy puta se lo pasó pipa.

    Fue toda una primera experiencia swinger. Me encantó y a partir de este momento nuestra relación es más fuerte y estable y nos encanta poder compartir nuestras perversiones sin sentirnos mal. Se lo recomiendo a todos, compartid vuestras fantasías con vuestras parejas, es maravilloso.

    Después de esto, mi mujer ha probado 5 pollas más, pero eso son otras historias que contaré más adelante.

    Un abrazo a todos.

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  • La señora Antonia y la promotora

    La señora Antonia y la promotora

    Antonia regresaba a su hogar después de una extenuante jornada en el Hospital donde trabajaba de enfermera. A su edad, llegando casi a los sesenta, estas largas guardias la dejaban muy cansada, deseaba llegar a su casa para descansar y reponerse.

    Decidió hacer unas compras en el Súper que quedaba a solo una cuadra de distancia de su vivienda, tenía apetito y seguramente en su heladera no encontraría nada que la gratificara antes de irse a dormir. Una vez dentro del Súper, se puso a recorrer las góndolas sin decidirse que comprar cuando llego al sector de congelados y en un rincón habían puesto un pequeño mostrador donde ofrecían algún producto para que probaran los clientes.

    Antonia quedo impresionada por la visión de una escultural belleza rubia que daba a probar un jugo de extraño color azul. La promotora era una chica de no más de 19 o 20 años y estaba ataviada con un uniforme también azul que le llegaba a medio muslo. Era alta y lo parecía mas por su calzado, unas sandalias de taco alto que realzaban las espectaculares piernas de la muchacha, de un bronceado que le daba un aspecto deportivo y sensual.

    Antonia se olvidó por completo de comprar algo y se acercó hacia el pequeño mostrador para ver más de cerca a esa celestial criatura. La chica estaba concentrada llenando pequeños vasos con jugo y al ver a Antonia le dijo “Quiere probar este jugo de arándanos, no tiene aditivos ni colorantes” repitiendo lo que le habían enseñado en el curso preparatorio.

    Antonia asintió sonriendo mientras decía “Si gracias, con el calor que hace me viene bien” y se quedó parada tomando el jugo mientras miraba sin disimulo a la belleza que tenía enfrente. La chica era preciosa de cara y tenía una expresión aniñada que la hacía aún más deseable. Desde donde estaba parada Antonia tenía una visión apropiada del cuerpo de la chica, su uniforme no hacía más que resaltar sus curvas pero lo que tenía enloquecida de deseo a la mujer mayor eran las piernas de la joven, sintió la tentación de alargar su mano y sentir la suavidad de esos muslos.

    La chica sintió, un poco extrañada, como la miraba esa señora, una forma de mirar que reconocía como cuando la miraban los hombres, ya sea chicos o mayores y pensó, con un poco de morbo “Me parece que si yo la dejo, me hace de todo” y sintió un calorcito entre las piernas.

    Como Antonia no se retiraba la chica le dijo “Le gustó? quiere otro vasito? y se inclinó para buscar más refresco bajo el mostrador, al hacerlo su corta pollera se subió aún más y la visión de sus piernas dejo sin habla a la mujer mayor que notaba que estaba sintiendo una atracción irresistible por esa chica.

    Como pudo, Antonia disimulo su excitación y le dijo “Si te agradezco” y mientras aceptaba su segundo vasito agrego, como para entrar en conversación:

    “Debe ser cansador estar parada aquí tantas horas”

    La chica la miro sonriendo y dijo “Por suerte ya cumplo el horario y me voy, es muy cansador estar parada tanto tiempo sobre todo con estos tacos” y le adelanto una pierna para que viera, a lo que Antonia, que ya se moría por tocarle las piernas, dijo: “Claro, mucho rato con esos taquitos, nena te tiene que cansar” y no apartaba la vista de esas espectaculares extremidades.

    “Lo único malo es que me tengo que ir sin duchar porque acá no hay duchas y recién cuando llegue a casa me puedo bañar” dijo la chica haciendo un gracioso mohín.

    Antonia decidió arriesgarse y le dijo “Mira, yo vivo a una cuadra y para mí no es molestia si querés darte una ducha así viajas cómoda a tu casa”

    La chica la miro indecisa, se daba perfecta cuenta que esa mujer quería llevarla a su casa, no podía disimular lo caliente que estaba con ella y la situación la ponía un poco temerosa y a la vez la excitaba. Había estado con chicas anteriormente pero nunca con una señora tan mayor, que podía ser su abuela, quien sabe todo lo que le haría tomando en cuenta la afiebrada mirada que sentía en su cuerpo.

    Finalmente dijo “Pero yo no quiero molestarla, me gustaría pero me parece un atrevimiento de mi parte si me baño en su casa”

    “No es ninguna molestia, nena, y te vas bien fresquita después de un día de trabajo”

    “Bueno” dijo la chica “Si no es molestia entonces voy, espéreme un segundo que voy a buscar mis cosas y ya nos vamos”

    Antonia no podía creer que le estuviera pasando esto, mientras esperaba trataba de controlar su ansiedad y la excitación brutal que tenía.

    Cuando la chica volvió, todavía ataviada con su uniforme, se marcharon hacia la casa de Antonia.

    “Cómo te llamas preciosa” le pregunto la mujer mayor, a lo que respondió la chica “Me llamo Denisse y usted, señora?”

    “Antonia y por favor no me digas señora que me haces sentir más vieja”

    Llegaron a la casa y Antonia le indico a la chica donde estaba el baño, le proporciono una toalla y le dijo que podía cambiarse en el cuarto.

    Mientras la chica se bañaba, la mujer se desesperaba de ansiedad y pensaba que hacer para poder disfrutar de esa belleza.

    Al rato, Antonia sintió que una voz la llamaba y fue hasta el cuarto. La chica se había cambiado y lucia ahora una infartante minifalda, estaba descalza al borde de la cama y ni bien la mujer entro le dijo “Me duelen mucho los pies, Antonia, no me harías unos masajes?”

    Antonia no daba crédito, parecía un sueño, pero ni lerda ni perezosa se acercó hasta la cama y dijo “Si preciosa sentate aquí y dejame hacerte unos masajes”

    Denisse percibía claramente lo que estaba por ocurrir, se sentó en la cama y estiro sus piernas hacia la mujer que tomo uno de sus delicados pies y comenzó a masajearlo con suavidad. Lo acaricio por su empeine y luego por la planta haciendo masajes muy sensuales en los pies de la chica que comenzó a gemir en voz baja mientras le decía “Hmm que bien masajea, Antonia, que bien me hace”

    “Que lindos pies tenés chiquita, y que lindas piernas” dijo Antonia que ya no aguantaba la alta tensión sexual que le provocaba ese monumento de mujer. No pudo reprimirse y empezó a acariciarle las piernas, muy suavemente y con caricias que iban subiendo lentamente. De repente Antonia tomo el pie que tenía más cerca. Se lo llevo a la boca y empezó a chuparle los dedos. La chica entrecerraba los ojos y suspiraba quedamente mientras decía “Hmm me gustan sus masajes señora Antonia”. La desquiciada mujer siguió lamiendo hacia arriba por las piernas y llego hasta los muslos que acariciaba febrilmente mientras lamia esa suave y aterciopelada piel, dándose cuenta que la chica no se resistía, sino que al revés parecía disfrutar de las caricias y lamidas que le proporcionaba.

    Llego un momento que la lujuria se desbordo y Antonia busco con desesperación sacarle la minifalda a la chica, lucho unos momentos y lo logro mientras la muchacha suspiraba de placer, Antonia vio la minúscula tanga que llevaba Denisse y comenzó a acariciarla la concha sin sacarle la tanga, y prácticamente se zambullo sobre esa concha pasando la lengua por encima de la tanga a lo que los suspiros de la chica se intensificaron lo que enardeció a Antonia.

    Tomo con ambas manos los tirantes de la tanga y la despojo en dos tirones para abalanzarse con su boca y lengua sobre la mojada concha de Denisse, la chupo ávidamente y le metió la lengua buscando el clítoris en forma salvaje, la chica profería pequeños gritos de placer y Antonia estaba en la gloria disfrutando de una hembra que jamás creyó que pudiera tener.

    Acrecentó los lametones y le introdujo dos dedos en la concha a la chica que en pocos momentos lanzo un gemido profundo al alcanzar un enorme orgasmo.

    Antonia se subió sobre la chica, le levanto su blusita para mamarle las tetas y sorberle los pezones mientras frotaba su mojada concha contra las piernas de la chica y de repente experimento un brutal orgasmo. Continuo frotándose contra la chica que gemía sin cesar y así se quedaron un buen rato.

    Luego, después de un largo rato, Antonia, mirando el espectacular cuerpo de la chica, le dijo “Nena, me parece que vas a tener que bañarte de nuevo”.

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  • Haciendo un favor a Karina

    Haciendo un favor a Karina

    Karina es una chica de 30 años, es divorciada y tiene dos hijos. Karina es una de las mejores amigas de mi esposa y es una mujer delgada y de cabello rubio y rizado, mide aproximadamente 1.65 de altura, sus piernas son torneadas es poseedora de una bonitas nalgas. Si cintura es delgada y sus senos que a pesar de no ser muy grandes son bonitos. Otra belleza de Karina son sus ojos verdes como esmeraldas que embrujan a cualquiera.

    Karina por motivos de trabajo, casi siempre tiene que usar ropa de vestir y por lo regular usa faldas a la rodilla y blusas de diferentes modelos, siempre usa medias y zapatilla de tacón las cuales hacen ver su trasero más rico; hablando de su lencería es más conservadora, sin dejar de ser sexy pues la usa con un poco de encaje.

    Las preferencias de Karina son el sexo oral, vaginal y anal.

    Desde hace tiempo mi esposa y Karina son amigas, por lo menos, diez años. Yo trabajaba en una empresa con un alto cargo ejecutivo. Ese cargo me lo había ganado gracias a la imagen de seriedad y rectitud que se formaron mis jefes en todas las acciones y responsabilidades que me fueron delegando en la empresa.

    Un día sonó mi celular y era Karina, la amiga de mi esposa. Me pidió que nos encontremos en un lugar del centro de la ciudad ya que debía hablar un asunto muy importante conmigo. No tenía idea de qué se trataba pero acepté. Nos encontramos en un café muy discreto y el diálogo se desarrolló en los siguientes términos:

    -Voy a ir directo al grano pero antes necesito que estés de acuerdo con lo que te voy a decir: voy a contarte y a pedirte algo, si estás de acuerdo con lo que te voy a pedir, seguimos charlando, si no, por favor, sólo dime que no estás de acuerdo sin enojarte, sin recriminarme nada; dejamos esta conversación, salimos de este lugar y nos olvidamos de lo que te he dicho.

    Karina estaba muy nerviosa y toda esa conversación me parecía de verdad muy rara. En fin, acepté sin tener idea de qué se trataba todo ese rollo.

    -No sé si recuerdas que en la fiesta que hicieron para festejar tú cumpleaños, cuando ya estábamos bastante tomadas, las dos nos pusimos a hablar largo y un poco separadas de los demás. En esa ocasión, le conté lo mal que me sentía sin un hombre a mi lado. Ella trató de animarme y entre charla y charla me confesó que era muy feliz contigo y que sexualmente se sentía muy satisfecha porque tú la tratabas muy bien y la colmabas cada vez que estaban juntos en la intimidad. Desde esa ocasión no he podido sacar de mi mente la confesión de mi amiga. Desde que me divorcie no he tenido sexo y cada vez se incrementa más mi deseo de estar con un hombre. No quiero sonar a una quita-maridos pero necesito estar con alguien sin que nadie se entere. Estoy al borde de la locura. He aprendido a masturbarme y ya no me basta. Paso excitada todo el tiempo y me está cambiando el carácter: como no tengo cómo satisfacerme término gritándoles a mis hijos y a mis padres.

    Mientras Karina hablaba mi cabeza era un hervidero de ideas: ¿me estaba poniendo una trampa en acuerdo con mi esposa? ¿Quería que le ayude a buscar un macho o estaba pensando en que yo le haga “el favor”? Lo único que se me ocurrió fue decir:

    ¡Qué confesión! Jamás me hubiera imaginado lo que estás viviendo.

    -Paco, te he pedido esta conversación porque eres la única persona en quien tengo confianza total. Necesito discreción y alguien que sepa que me va a tratar bien. Quiero tener sexo contigo. Por favor, sólo dime si estarías de acuerdo o no para quedarme o irme ahora mismo.

    -Esto es muy raro, Karina. Siempre te he visto como una mujer seria. ¿Cómo sé que lo que me estás pidiendo no es una prueba que tú y mi esposa me están poniendo para saber si soy fiel a ella o no?

    -Tu esposa no sabe nada de esto, te lo juro. No me hagas pasar más vergüenza y dime si estás de acuerdo en ayudarme.

    No podía creer que esto me estuviera pasando a mí. Claro que quería cogérmela; además era ella la que me lo estaba pidiendo. Pero debía aparecer como lo que ella pedía: que le estaba haciendo un favor. Por eso, demoré la respuesta y traté de no parecer ansioso. Respiré profundo y hablé pausadamente:

    -Karina, eres una mujer hermosa. Siempre me gustaste aunque no podía exteriorizarlo por ser la mejor amiga de mi esposa. Acepto lo que me pides pero debo poner tres condiciones.

    -Adelante, lo que tú digas.

    -La primera es que tienes que estar dispuesta a hacer todo lo que yo te pida. Por mi parte te aseguro que no te haré daño físico. La segunda, es sólo sexo: no quiero enamoramientos ni rollos. La tercera, es obvia: esto queda entre nosotros y garantizando el máximo de discreción para que nadie se entere.

    -Estoy totalmente de acuerdo. Tú dime la forma, el día y la hora y se hará como tú digas.

    Estábamos en un café grande y relativamente vacío (era un día miércoles).

    -Antes, quiero estar totalmente convencido que esto no se trata de una trampa. Quiero que vayas al baño de mujeres, te asegures que no hay nadie y me esperes fuera. Yo voy a ir en un minuto hacia el baño de hombres; cuando esté llegando me haces una seña para entrar contigo al baño de mujeres.

    -¿Ahora mismo?

    -Ahora mismo.

    Me miró a los ojos y se dio cuenta que no estaba jugando. Entonces se levantó y se dirigió al baño. Al poco rato lo hice yo; me estaba esperando según lo acordado, me hizo una seña y entramos al baño de mujeres. Cerré la puerta y ahí mismo empecé a besarla y a tocarle las tetas y el culo. ¡Waw! Era una hembra caliente que se encendía enseguida. Me bajé el pantalón y le dije:

    -Chúpamela como mejor lo sabes hacer.

    Inmediatamente se agachó y mirándome a los ojos comenzó a darme una mamada deliciosa. Lo hacía como desesperada; se veía que efectivamente estaba hambreada de sexo. Le dije que se detuviera, que se bajara el pantalón y que se sentara en el borde del lavamano. Le abrí las piernas y comencé yo también a comerme su rica cuevita. Fui directo a su clítoris y pegó un grito que refrenó casi en el mismo instante para que no nos oigan fuera. Puso sus manos atrás, cerró los ojos, se mojó los labios con la lengua y se dedicó a disfrutar. No habían pasado ni dos minutos cuando, de golpe, dejé de chuparla, me separé y le dije:

    -Es suficiente. Espera mi llamada. Te llamaré cuando tenga todo listo. Quiero que te compres ropa interior que usarás sólo conmigo.

    Me arreglé la ropa y salí. Fui directo a la caja a pagar el consumo y cuando ella estaba saliendo del baño me acerqué y le di un beso en la mejilla, despidiéndome lo más natural que pude.

    Era una situación nueva para mí, así que tardé casi una semana en arreglar todo: decidir el lugar en el que nos encontraríamos sin levantar sospechas, armar una supuesta reunión de trabajo sin que mi esposa me busque por teléfono y ausentarme de la oficina argumentando un supuesto trabajo que necesitaba concentración, etc.

    Finalmente, llamé a Karina y le dije a dónde debía ir y qué hacer. Era un hotel de mediana calidad en un lugar periférico de la ciudad. Ella llegaría media hora antes y me esperaría ahí. Yo ya había hecho la reservación con anticipación. Cuando llegué a la habitación y ella abrió la puerta, lo que vi me encantó. Karina tenía puesto un juego de lencería muy sexy y estaba con zapatos altos de tacones. Entré y frenando mis impulsos, sin tocarla, le dije que cerrara los ojos y que se ponga a bailar sensualmente tocándose todo el cuerpo. Puse música suave, le di unos segundos para que tome confianza y el resultado fue espectacular. Pasaba sus manos por sus piernas, sus nalgas, sus pechos; se metía un dedo en la boca y agitaba su cabello; movía el culo deliciosamente y comenzó a tocar su sexo por encima de sus bragas. Yo, mientras tanto me desnudaba lentamente sin perderla de vista un segundo. Desnudo, me paré tras ella y le dije que detuviera su danza sin abrir los ojos. Entonces, la fui besando muy lentamente, primero en el cuello, luego la espalda, las nalgas, sus pantorrillas. Mientras la besaba, con mis manos iba acariciando lentamente otras partes de su cuerpo. La guie hasta el pequeño sillón que se encontraba junto a la cama, la senté y comencé a besarla de igual forma por delante pero ahora quitándole su sostén y sus bragas mientras le besaba y chupaba los senos, el ombligo, los pelos de su vagina, las piernas. Cuando le retiré las bragas, le chupé el dedo gordo del pie izquierdo y Karina arqueó todo su cuerpo. Con mi cabeza le fui abriendo las piernas y al llegar a su sexo lo encontré mojado y brilloso. Tenía una cara de mujer en celo que jamás me hubiera imaginado. Respiraba rápidamente, pellizcaba sus pezones y tenía su boca abierta, se mordía el labio y pasaba su lengua por ellos. Esa hembra estaba a punto de venirse y ni siquiera había tocado su sexo. Me separé un momento para contemplarla y sin abrir los ojos, contorneándose y tocándose, me dijo:

    -Papito, ya no aguanto más, dame verga o me voy a morir.

    Me arrodillé entre sus piernas y directamente, sin aviso, clavé mi boca en su cueva, succionando fuerte y buscando su clítoris. Karina comenzó a rebuznar de placer: gemía, gritaba, se ahogaba.

    -Ayyy papi, ¿qué me estás haciendo?

    Le di la mejor chupada que podía dedicarle a una mujer. A mi mujer le encantaba que yo combine rapidez con lentitud, fuerza con ternura. Y eso hice. Karina chillaba y se contorsionaba en el sillón y yo tenía bien sujetadas sus caderas para que no se me escape ese rico caramelo de mi boca. De pronto, subió sus pies al borde del sillón, me agarró la cabeza y empezó a gritar.

    -Ay, me muero, me viene, me viene!!! No puede ser, que rico, que rico!! Soy tuya papi, soy tuya, hazme lo que quieras!!!

    En medio de su orgasmo, me separé, la levanté con fuerza, me senté yo y la jalé para que se siente sobre mi pene que estaba duro a morir. Fue una maniobra rápida. Cuando la senté en mi verga, Karina casi se desmaya. Le metí la verga en medio de su orgasmo. Eso desencadenó una serie de orgasmos incontrolables en ella. Mientras me cabalgaba se venía una vez tras otra. Yo, prácticamente no necesitaba moverme. Ella estaba como poseída. En un determinado momento, me incorporé sobre la silla y le agarré un pezón con mi boca, tomando fuerte todo su cuerpo y obligándola a que se quede quieta. Comenzaron una serie de espasmos cada vez más lentos hasta que después de varios minutos se tranquilizó. Recostó su cabeza en mi hombro y nos quedamos así un buen rato. La llevé a la cama y se acomodó en mi pecho. Me acariciaba el pecho, los hombros, el cuello; entonces bajó su mano y sintió mi miembro más duro que asta de bandera. Se fue directo a mamármelo. Lo hacía deliciosamente; la giré y comencé yo también a darle lengua pero esta vez tomaba sus jugos y hurgaba el agujero de su culo. Hice un trabajo calmado pero contante hasta lograr meterle tres dedos; cada vez que añadía un dedo, Karina apretaba su boca en mi palo y aceleraba el ritmo de su mamada. Cuando estuvo lista, la saqué de encima, la puse en cuatro al borde de la cama y le metí la punta de mi verga en su hueco.

    -Ayyy, me duele papi. Tienes una cosa bien gruesa y yo no estoy acostumbrada a que me lo metan por ahí.

    -Respira, aguanta un poco y vas a ver cómo te gusta.

    Así lo hizo. Yo empujaba poco a poco y le tocaba sus pezones.

    -Tócate el clítoris, le ordené.

    Entonces empezó a moverse de delante hacia atrás de una manera desenfrenada mientras gritaba como loca.

    -¡Qué rico! ¡Rómpeme mi amor! ¡Qué es esto! No puede ser. ¡Más… más… más!

    Yo ya no podía aguantar más. Me vine con todo en sus tripas y nos apretamos tanto que pensé que le iba a romper la cadera o algo así. Karina cayó casi desfallecida. Su cabello caía sobre su rostro y apenas alcanzó a decir:

    -¡Cuánto tiempo he perdido! Yo pensé que mi marido era bueno en la cama.

    Yo también caí rendido. Nos quedamos dormidos y al despertar calculé que ya debía irme. Me metí a la ducha y a los pocos minutos Karina entró. Nos enjabonábamos, nos tocábamos, nos besábamos. De pronto me dijo:

    -No sé cuándo volveré a gozarte así que tengo que aprovechar.

    Apoyó sus manos sobre la pared de la ducha y echó su culo para atrás.

    -Por donde quieras, papi.

    Se la metí por su vagina un rato mientras nuevamente iba estimulando su culito. Después de un rato se la metía alternadamente en uno y otro agujero. Mi amiga gemía y gozaba sin parar. Me excitaba lo que decía:

    -Eres delicioso… No pares…. Culéame, así, así… Más, papi, más.

    Finalmente, me derrame en su hueco delantero. Nos quedamos así un buen rato, sintiendo cómo caía el agua de la ducha sobre el inicio de su trasero. Cuando mi pene comenzó a perder rigidez, se la saqué. Ella, dándose la vuelta me dijo:

    -Puedes hacerme lo que quieras, cuando quieras y donde quieras. Y no preocupes que a partir de ahora estaré más cerca de tu esposa que nunca. Vamos a ser más amigas que antes y estaré cerca de ustedes sin que ella siquiera sospeche cómo me culea su rico marido.

    Nos vestimos y salimos del hotel cada uno por su lado. Había empezado una nueva etapa en mi vida.

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  • Esclava de los compañeros de trabajo de mi hijo

    Esclava de los compañeros de trabajo de mi hijo

    Esta historia comenzó hace unos meses, pero para que ustedes puedan ubicarse comenzare por el principio de todo, mi nombre es Karina y tengo 45 años, aun me considero joven y mi afición a todo tipo de deporte ha hecho que siga manteniendo una hermosa figura, no soy ninguna mujer 10 pero considero que no estoy mal.

    Me case hace 18 años con mi esposo Juan y pronto tuvimos a mi único hijo Rober, que ahora tiene 18 años, Rober comenzó a trabajar hace unos 2 años en una empresa de electrodomésticos cercana a casa, cuento esto porque sus compañeros de trabajo tienen mucho que ver en esta historia.

    Yo no soy una mujer del todo fiel, en mis 18 años de matrimonio no creo que haya engañado a mi marido en más de 3 ocasiones, pero la última de ellas fue la que me ha traído más problemas, el jefe de mi hijo resulto estar casado con una de mis grandes amigas, que hacia un par de años no veía, el caso es que a pesar de que él estaba casado y yo también, sentimos una mutua atracción que nos condujo a una relación más sexual que amorosa.

    El problema vino cuando en uno de nuestros encuentros sexuales fuimos grabados por los compañeros de mi hijo en la oficina de la empresa, empleados que pretendían gastarle una broma al jefe pero que no imaginaban con lo que se iban a encontrar, una grabación muy jugosa que desde luego decidieron utilizar muy a mi pesar.

    Un día que fui a buscar a mi hijo al trabajo, varios de sus compañeros me llamaron para hablar conmigo, lo que dijeron me dejo helada.

    “Tenemos una cinta muy divertida en la que salís tú y el jefe en situación más que amistosa, el caso es que si no quieres que esa cinta llegue a manos de tu esposo te convertirás desde hoy en nuestra putita particular”.

    Yo estaba aterrada, como podía ser tan tonta, teníamos que haber quedado siempre en lugares más alejados de gente que pudiera vernos, aunque no podía imaginar como esos desgraciados nos habían grabado, estaba claro que no tenía otra alternativa, al parecer ellos no pretendían putear a su jefe, a fin de cuentas ellos podían destruir su matrimonio pero el podía ponerles a todos en la puta calle, en cambio yo no tenía ningún poder con esos jóvenes, los compañeros de trabajo de mi hijo me tenían en sus manos.

    Yo era ama de casa, nunca había trabajado, nuestra acomodada situación se debía al sueldo de mi marido, ejecutivo de una importante compañía, si el descubría que yo le era infiel él se separaría de mí y me dejaría en la calle, sin ningún ingreso.

    Les dije que lo haría, siempre y cuando mantuvieran al margen de todo a mi hijo, no quería hacerle pasar por la humillación de saber que sus compañeros de trabajo me usaban a su antojo.

    Empecé como su esclava sexual al fin de semana siguiente, mi marido estaba trabajando fuera de la ciudad y mi hijo había ido con 2 amigos a pasar el sábado y el domingo a la playa, tenía mi casa para mi sola, bueno, para mí y para los 6 empleados que estaban en el ajo de la cinta.

    Cuando llegaron se desnudaron por completo y me ordenaron que hiciera lo mismo, querían que estuviéramos desnudos todo el fin de semana, sabía que no tenía otro remedio si no quería acabar en la calle sin ningún bien y sin esposo.

    Los 6 tenían más o menos la edad de mi hijo, entre los 18 y los 23, en cuanto se desnudaron no pude evitar fijarme en sus herramientas, ni grandes ni pequeñas, pero eso sí, bien duras dejando claro que me iba a costar caro el a ver follado con el esposo de mi amiga.

    No puedo explicar cómo, el caso es que no tarde en mostrar cierta excitación ante la situación, esos 6 jóvenes, dispuestos a follarme por todos mis agujeros, que esos chicos sintieran cierta atracción hacia me ponía algo cachonda la verdad.

    Me pidieron que les sirviera el desayuno y así lo hice, me iba a sentar con ellos cuando me dijeron:

    “¿Qué haces?, tu no vas a comer tostadas, debajo de la mesa tienes 6 churros para ti sola, además van acompañados de leche calentita”

    No tarde en comprobar que lo que pretendían era que me metiera bajo la mesa y empezara con mi trabajo de esclava, así que sin otro remedio me metí bajo la mesa y empecé a desayunar pollas.

    Mientras yo chupaba sus pollas, ellos hablaban de sus cosas aunque alguna vez se dirigían a mí.

    “Vamos zorra, sigue comiéndote mi polla”

    “Vamos esclava, sigue moviendo tu lengua por mis cojones”

    Yo me mostraba sumisa- Si amos, como ordenéis

    Después de desayunar me mandaron que me pusiera sobre la mesita del salón, sacaron unas cuerdas de las que usaban en el trabajo y me ataron a ella, yo estaba asustada pero sabía que no tenía elección, ya era participe de ello, no solo les había comido sus rabos, ahora estaba atada boca abajo ante ellos, con mi coño a su disposición.

    “Bueno Karina cielo ha llegado la hora de follarte”

    “Vamos allá Karina, abre el coñito tal vez luego usemos tu culito”

    Y de un empujón el primero de ellos me la metió de un golpe, adentro con todo, sin darme ocasión de respirar, aquel joven continuo penetrando mi agujero, el agujero de la madre de su compañero.

    “Vamos córrete golfa, córrete mientras te follo guarra”

    Ho, ohh, yo no podía evitar jadear ante los empellones de aquel muchacho.

    “Pero que puta que eres, al final ya sabía yo que gozarías de ser nuestra putita”

    “¿Alguna vez te han metido una buena polla por el culo Karina?”

    Yo sabía lo que se avecinaba, mi agüero trasero era virgen y tonta de mí se lo dije a aquellos muchachos con la esperanza de que se olvidaran de mi entrada posterior.

    “Bueno cielo, entonces hoy dejaras de serlo”

    Con un súbito impulso, aquel joven inserto su polla en mi indefenso culo, después de un rato de enérgica follada por el culo, un nuevo orgasmo me inundo al mismo tiempo que el joven se corría con abundancia en mi culo.

    Las siguientes horas del sábado las pase siendo follada por el coño y por el culo por aquellos jóvenes e innumerables humillaciones.

    Me desataron de la mesita y dejaron que me sentara en el sofá con mis agujeros rebosando leche, había sido follada y sodomizada, era su puta y no habían hecho nada más que empezar.

    De repente pude sentir como el coche de mi hijo entraba en el jardín, al parecer sus planes habían salido mal y habían vuelto a casa mucho antes de lo esperado, me asusté mucho, les dije que mi hijo estaba a punto de entrar.

    “Vale putita parece que el capullo de tu hijo nos ha jodido la fiesta pero no hemos terminado por hoy”.

    Me ordenaron que me apoyara desnuda en la puerta de entrada de la casa mientras ellos se vestían muy rápidamente.

    “¿Quién folla mejor Karina, tu marido o nosotros?”

    Vosotros amos, vosotros pero por favor vestiros rápido que mi hijo está a punto de entrar.

    “¿te gusto como te follamos?”

    Si mucho, amos, mucho.

    Cuando ya estaban vestidos, uno de ellos entro en la cocina y salió de ella con dos plátanos, no entendía que hacía con eso hasta que me dijo que me inclinara sobre la puerta, me metió uno de los plátanos por el coño y el otro por el culo, esos cerdos querían humillarme bien.

    Me dieron un cachete en el culo y me dijeron que más valía que me dejara los plátanos bien metidos en mis agujeros durante unas horas o se enfadarían y mi video podía llegar a la oficina de mi marido.

    Me vestí mientras ellos salían por la puerta de atrás justo al tiempo que mi hijo entraba en casa y me contaba que uno de sus amigos se había puesto enfermo y habían decidido posponer su salida al próximo fin de semana.

    Yo no podía dejar de pensar en mi hijo, en como hacían escasos minutos sus compañeros habían estado allí mismo donde estaba el, enculandome a su antojo, si doloroso era para mí pensar que mi marido descubriera el video, más lo era el que mi hijo se enterara que sus compañeros me follaban a placer.

    Aquí termina mi historia por hoy, pero esto es solo el comienzo, desde ese día mi vida cambio, mi única ocupación hasta ese momento había sido quedar con mis amigas pero ahora también tenía otras obligaciones, chupar pollas y ser follada por el culo era el inicio de mi etapa como esclava sexual.

    Se agradecen sus comentarios a: [email protected].

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  • Una boda muy especial

    Una boda muy especial

    Todo sucedió en el verano del 2017.

    Mi madre y yo fuimos invitados a la boda de un familiar.

    Mi madre es viuda y yo estoy divorciado. Los dos vivimos juntos, solos ella y yo al ser hijo único.

    Yo tengo 52 años y ella 76 años muy bien llevados.

    Mi madre es una mujer muy guapa y no le faltan pretendientes aunque no les hace caso, dice que no le apetece amarrarse a ningún hombre otra vez.

    Sus tetas son grandes y puestas en su sitio, la cuelgan un poco pero se las nota que están duras.

    Su culo no demasiado grande es muy llamativo y su cuerpo todavía define la bonita figura que siempre tuvo.

    Yo me fijo mucho en ella, me atrae sexualmente aunque sea mi madre.

    La boda era en otra provincia y reservamos una habitación en el mismo hotel para pasar la noche y volvernos al día siguiente.

    Ya teníamos comprado todo para la boda, sólo faltaba que ella fuera a la peluquería antes de partir de viaje.

    La tarde anterior a la boda mi madre me pidió que la llevará al centro comercial para comprarse un conjunto de ropa interior acorde al vestido que llevaría.

    En la tienda de lencería mi madre me pidió mi opinión.

    *hijo, dime qué conjunto de braga y sujetador te gustaría que me comprara. Cual creés que me quedaría mejor?, dame tu opinión como hombre.

    *De acuerdo mami, como hombre yo compraría este de aquí. Es un conjunto muy sexi y provocativo para cualquier hombre.

    *¿Y por qué te parece sexi y provocativo?, piensa que tengo 76 años y no soy tan joven.

    *Ya lo sé, pero eres una mujer preciosa y te quedaría muy bien. Es fino, con transparencias, el sujetador deja entrever los pezones y la braguita transparenta el vello púbico, todo eso a mí como hombre me excita muchísimo en una mujer.

    *Pero hijo, que soy tu madre, me vas a sonrojar, jijiji.

    *Jaja, pero ahora te lo digo como mujer que eres, te imagino con ello puesto y me pongo cachondo, me encanta este mami, cómpralo.

    *Pero que cosas me dices hijo, me siento alagada. Está bien, compraré este, la verdad es que también me gusta.

    A la mañana siguiente antes de salir de viaje mi madre llegó de la peluquería. Yo había ido dos días antes.

    Teníamos todo preparado para pasar la noche fuera de casa.

    *¿Qué tal estoy?, ¿te gusta?

    Estaba guapísima, llevaba un recogido dejando todo su cuello a la vista, muy bien maquillada, me sorprendió.

    *Estas preciosa mami, llamas la atención de lo guapa que eres, tengo ganas de verte con el vestido puesto.

    *Gracias hijo, me encanta que me digas cosas bonitas. Ahora vamos a vestirnos que tenemos que salir de viaje.

    Cada uno en su cuarto empezamos a prepararnos. Yo estaba vistiéndome, llevaba puesto el bóxer y la camisa solamente cuando me llamo mi madre. ¿Puedes venir un momento?

    Entré en su cuarto y la vi con la ropa interior que compró la tarde anterior.

    Como yo le dije, sus oscuros pezones se transparentaban y marcaban en el fino sujetador, su vello púbico se veía a través de su braguita que marcaba la raja de su vagina.

    Mi polla empezó a palpitar, creciendo y abultando mi bóxer.

    *¿Qué te parece el conjunto, te gusta, me queda bien? ¿No crees que es un poco provocativo para una mujer de mi edad?

    *Es precioso mami, te hace muy sexi, me encanta como te queda. Si es provocativo, pero de eso se trata, si no fueras mi madre no sé qué te haría.

    *Hijoooo! que me sonrojo, que te noto el bóxer abultado, que no quiero provocarte, a ver si me voy a poner cachonda yo también, jijiji. Me encantan las cosas que me dices.

    Vamos a terminar de vestirnos para irnos ya, la boda es a las siete de la tarde y quiero llegar con tiempo.

    Vestidos y preparados los dos nos miramos el uno al otro.

    *Estas guapísimo hijo, menudo acompañante que tengo, si no fuera tu madre no sé lo que te haría. -Jajaja.

    *-Jajaja, eso mismo te lo he dicho yo antes, no vale, dime otra cosa.

    No dijo nada, se acercó a mi cara y me besó en los labios, su mano suavemente acarició mi paquete por un instante.

    *¿Te vale esto? Jaja.

    Me vale, dije mientras toqué sus tetas y la devolví el beso.

    Llegamos a la ceremonia, mi madre agarraba mi brazo, saludamos a la familia y conocidos.

    Los hombres miraban a mi madre y las mujeres a mí, diciendo lo guapos que estábamos, cosa que nos agradaba a los dos.

    *¿Ves cómo tengo razón mami?, si yo te digo que estás buenísima por algo es.

    Estoy mirando a todas las mujeres y si me dieran a elegir me quedaría contigo.

    *Jaja, tú también estás buenísimo hijo, yo también me quedo contigo.

    En la cena nos divertíamos, lo pasábamos muy bien. Ni mi madre ni yo solemos beber vino, pero esta vez fue una excepción.

    Cuando empezó el baile, los dos teníamos ya un puntillo agradable, no parábamos de reír y bailar.

    Mi madre tenía cola de pretendientes para bailar con ella, yo no tantas como ella pero no me importaba.

    Después de dos horas de baile y unos cuantos gin-tonics yo estaba desinhibido totalmente.

    Busqué a mi madre para bailar con ella cosa que me agradeció.

    *Menos mal que has venido, estoy harta de aguantar a todos estos, que pesados, no paran de tirarme los tejos, vamos a tomar una copa tú y yo tranquilamente.

    Pedimos un par de gin-tonics, mi madre estaba ya bastante alegre, me agarró por la cintura y yo por encima de su hombro acariciaba su espalda.

    *Es normal que tengas tantos hombres revoloteando a tu alrededor, eres muy atractiva y hace que todos los hombres te deseemos.

    *¿Te deseemos? tu también te incluyes hijo? -Jajaja que soy tu madre.

    *Si, yo también me incluyo, jaja. Es que estás buenísima mami y verte esta mañana en ropa interior me puso muy cachondo, ya viste la erección que me provocaste.

    Entre las copas que me he tomado y lo cachondo que me pones, te cogía ahora mismo y te pondría mirando para cuenca. -Jajaja.

    *Vaya, vaya contigo, ¿sabes que lo que me dices me hace sentirme deseada?, es muy agradable y me estás poniendo un poquito cachonda también, Jaja. Será por el alcohol y por lo buenísimo que estás tú también.

    Te lo digo como mujer, no como tú madre.

    Vamos a echar un baile juntos tu y yo a ver si se nos pasa el calentón, ¿te apetece hijo?

    *Si mami, me apetece bailar contigo, así puedo deleitarme de este bomboncito que tengo como madre.

    La acaricie el culo, ella hizo lo mismo y nos fuimos a bailar.

    Bailando, los dos nos mirábamos sonrientes, nuestros cuerpos se juntaban y separaban al ritmo de la música.

    Nos agarrábamos el uno al otro, sintiendo un deseo mutuo que crecía poco a poco.

    Después de un rato bailando decidimos salir a los jardines del hotel para tomar el aire. A los nos hacía falta, estábamos cansados y un poco mareados por la bebida.

    Mi madre se apoyó en la barandilla de un estanque y yo a su lado. No estaba muy iluminado, era bastante íntimo.

    La noche era un poco fresca, me di cuenta que mi madre tenía un poco de frío, le puse mi chaqueta tapando su espalda y me coloque detrás de ella abrazándola.

    *Gracias hijo, que sensación más agradable, que calorcito, como me gusta sentirte junto a mí.

    Creo que bebí demasiado, abrázame un poco más fuerte y pégate a mí.

    La estreché entre mis brazos colocando mi paquete en su culo, con mi cara pegada a la suya, sentía su olor, viendo su escote abultado por sus tetas.

    Mi polla se puso dura, ella lo notó y presiono mucho más su culo contra mí.

    Comencé besándola en la mejilla y poco a poco mi boca recorría su cuello mordisqueándolo.

    Nuestra respiración se aceleró, sus labios buscaron los míos y nos fundimos en un beso corto pero lleno de deseo.

    Recoloco sus glúteos buscando el máximo contacto de mi polla, yo presioné más fuerte para que sintiera toda la dureza que me provocaba.

    Mis manos agarraron sus tetas apretándolas y masajeándolas. Los dos empezamos a gemir suavemente de excitación.

    *No te imaginas lo excitado que estoy mami, que seas mi madre me hace desearte aún más, verte excitada me vuelve loco, quiero hacerte el amor está noche, que disfrutemos, que gocemos los dos juntos como madre e hijo, olvidemos los tabús, esto quedará entre tú y yo, no lo sabrá nadie.

    *Siiii, quiero que me hagas el amor, quiero gozar contigo hijo mío, estoy excitadísima, tengo la braguita empapada por tu culpa, tócala y verás.

    Levanté ligeramente su falda e introduje mi mano en su entrepierna, estaba muy húmeda, sus jugos mojaban su braguita, sus medias y parte de sus muslos.

    Con mi mano apreté su vagina y comencé acariciar suavemente sus labios vaginales presionando su clitorix con un dedo. Quería que tuviera un orgasmo ahí mismo, el cual no tardó mucho en llegar.

    *Ummm, que gusto me das, ahhhh. Hijooo, me voy a correr”.

    Se corrió escondiendo su boca entre mi cuello, amortiguando sus gemidos de placer, retorciéndose entre mis brazos.

    Saque mi mano empapada y me la llevé a la boca oliendo y saboreando su coño.

    Me cogió la mano y la metió en su boca haciendo lo mismo. *Ummm, el sabor de mi coño me excita mucho, ummm, me dijo.

    *Pues quiero que sabores mi polla también mami, subamos ya a la habitación.

    Ella entró al baile y se despidió mientras yo me quedé fuera bajando un poco mi erección.

    En el ascensor mi madre me masajeaba la polla mientras me besaba muy excitada.

    Ya en la habitación directamente nos desnudamos, los pezones oscuros y erectos resaltaban en sus blancas tetas, su húmedo vello púbico un poco canoso, se escondía entre su vagina marcando la raja del coño.

    Sin quitar la vista de mi erecta polla de sentó en la cama, su cara quedó a la altura de mi polla, la agarró y empezó a menearla mientras mis dedos acariciaban sus pezones.

    *Que dura la tienes, ahhh, como me pones, estoy muy caliente hijo, te la voy a chupar para que te corras en mi boca y saborear tu semen.

    La mamada y la imagen de mi madre metiendo y sacando la polla en su boca me provocó un orgasmo con una potente eyaculación que hizo gemir a mi madre cuando sintió mi semen caliente en su boca, tragando todo lo que podía.

    *Que rico sabes, ummm, que ricooo.

    Mientras me recuperaba del orgasmo la tumbe y abriéndola las piernas comencé a lamer su coño húmedo y muy caliente, saboreando y oliendo sus jugos vaginales.

    Mi lengua se centró en el clítoris, apretaba su pelvis contra mi boca gimiendo al ritmo de mis lametadas, mis manos agarraban sus tetas, mis dedos acariciaban sus duros pezones.

    Su cuerpo se tensó y se corrió en mi boca gritando de placer.

    Mi lengua recorrió todo su coño sorbiendo los jugos que emanaron de él.

    Mi polla estaba tiesa de nuevo, me coloque encima y penetré sin esfuerzo su lubricada vagina.

    Nos besábamos profundamente saboreando la mezcla de sabores.

    Mi polla golpeaba el fondo de su vagina una y otra vez, sentía el calor de su coño encharcado.

    Nuestros jadeos se aceleraron cada vez más, mis embestidas cada vez más potentes nos hacían gozar y gritar de placer, nuestros orgasmos se acercaban.

    *Mamiii, ahhhh, que gusto me das, que caliente tienes el coñito mami, que placer.

    Como me gusta follarte, ¿te gusta cómo te folla tu hijo? me voy a correr mamiii, me corrooo.

    *Siiiii, me encanta que me folles hijo, folla a tu madre, te deseo, ahhhh, siiii, que gustooo, me corro también, me corrooo.

    Nos corrimos a la vez, mi madre clavó sus uñas en mi espalda mordiendo mi hombro, mi boca chupaba su duro pezón y mis dedos pellizcaron el otro haciéndola gritar de gusto.

    Extenuados los dos, nos arropamos y abrazamos. No tardamos mucho en quedarnos dormidos.

    A la mañana siguiente nos duchamos los dos juntos e hicimos el amor en la ducha.

    Mi madre y yo seguimos follando sin ningún remordimiento.

    El hecho de ser madre e hijo nos da mucho morbo y hace más placentera nuestra relación.

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