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  • Encuentro en bikini con un señor maduro (2)

    Encuentro en bikini con un señor maduro (2)

    En esta ocasión les quiero contar la segunda parte con el señor mayor con el cual tuve sexo estando en bikini, pero esta vez ha sido en tanga y mientras su marido dormía en la planta de arriba de su apartamento.

    Todo ocurrió en el mes de agosto de este verano. Como de costumbre a todos los veranos anteriores, me alojé en el mismo complejo de siempre a pasar el mes entero. A diferencia de otras veces, en esta ocasión era mi familia la que venía para acá porque yo me encuentro viviendo por la isla (en otra zona) por motivos de trabajo.

    Los días y las semanas pasaban, y cada vez me encontraba más cachondo y únicamente satisfaciéndome de unas simples pajas. En un momento de calentura, me volví a instalar mi tan querida app para ver qué era lo que me encontraba.

    ¡Sorpresa! Ahí que se encontraba mi querido amigo inglés, aunque no le hablé de primeras, sino que me limité a buscar otra gente más joven y de mi edad. A pesar de ello, él me habló sin saber que era yo, debido a que no tenía fotos en mi perfil, le contesté y tanteé un poco el terreno, por la curiosidad de si se acordaba de mí y por supuesto que sí, recordaba cada de detalle de nuestro encuentro y me estuvo diciendo cosas que me hacían estar cada vez más cachondo. En ese momento, como no había nadie y estaba solo, a raíz del encuentro la primera vez, mi pasión por la lencería creció y me había hecho durante el año con un par de tangas. Por lo cual, era la única vestimenta que llevaba en ese instante.

    No vamos a mentir, si estaba con la app era por algo, y era por las ganas de tener algo. Quise aprovechar y ponerme uno para así para buscar algo más con el propósito de ser follado, en vez de follar a alguien.

    En medio de esa charla, me recordó el detalle del bikini que le gustó mucho, así caliente y que me dijera eso le dije que llevaba un tanga puesto y como no se lo creía le mande fotos frente al espejo, sin que se me viera la cara. Le dije que cuando podía quedar y me dijo que lo tenía imposible, que estaba con el marido y me llamó puta por tener un tanga puesto y eso me prendió y le dije que sí pero que no me podía follar porque estaba con otro ahora. La cosa quedó ahí, al final solo me hice una paja y desinstalé la app.

    No pasó ni una semana, como un día mi familia salía y sabía que se iban a pegar hasta las tantas, nuevamente aproveché y me puse un tanga. En la tarde me instalé la app y no había gran cosa, estuve la tarde después en la piscina un rato y me volví al apartamento para darme una ducha. Me puse un rato antes con el móvil y me lo encuentro de nuevo en la app. Nuevamente hablamos, le dije de quedar, no en mi apartamento porque no me arriesgaba a que viniera mi familia o por si la vecina nos veía y decía algo, ya que estaba todo el rato en el patio de su apartamento.

    Me dijo que estaba con el marido pero que si me atrevía a hacerlo mientras él se iba a dormir en la planta de arriba y nosotros estábamos en el sofá del salón y sin hacer ruido. La verdad que me lo pensé un poco, pero estaba tan cachondo le dije que sí, que necesitaba tiempo también para darme una ducha y así de paso me limpiaba bien. Él me contestó que perfecto así hacía tiempo para que se fuera a dormir el marido y que me pusiera un tanga. Eso me puso a mil porque lo siento como el único con el que estado en esa faceta y le gusta.

    Por tanto, haciendo tiempo, me di una larga ducha, aprovechando para preparar mi “coñito” para la ocasión, lo cual me iba calentando más. Así ya medio listo, solo faltaba vestirme, me avisó que cuando quisiera, le dije que me ponía el tanga y algo de ropa y que iba para allá, que me recordara el apartamento. Me dio una serie de instrucciones, como que iba a estar la luz del salón apagada, que solo se vería la luz que desprende la televisión encendida, que la puerta del patio estaría abierta y que la del apartamento también, que solo entrara que ahí estaría el desnudo y no hiciera ruido.

    Me puse el tanga, uno de color salmón y una camiseta normal, pero al abrir el ropero la verdad que vi un pantalón corto, tipo “short” de una de mis hermanas, de color azul que pensé por qué no, así más morbo el salir del apartamento y como era de noche ya que seguramente pasaría por un bañador. Así que dicho y hecho, ya vestido salí del apartamento, saludé a la vecina y me fui rumbo a su apartamento.

    Cuando llegué, estaba todo tal como me dijo. Entré en silencio, sin hacer ruido y ahí estaba él tumbado en el sofá y desnudo de cintura para abajo viendo la tele. Al verme, se levantó y me dio un beso, mientras que con sus manos me fue recorriendo todo mi cuerpo. No creo que se percatara del tipo de pantalón que llevaba, porque me lo bajó muy rápido y me vio en tanga, mientras yo me quitaba la camiseta, soltando una leve carcajada y una sonrisa picarona. En este momento, en tanga, en el salón de su apartamento, con el marido en la parte superior durmiendo, me sentí una puta. La verdad que lo que era en ese momento, si no, no estaría ahí y era lo que yo quería, y él lo sabía también.

    Nos estuvimos besando mientras el manoseaba mi culo y yo con mi mano iba a su polla, la cual estaba dormida en ese momento, lo que quería decir que me iba a tocar activarla a base de una buena mamada. Ya que con mis tocamientos no se terminaba de despertar, se quedaba bien morcillona.

    Él seguía jugando con sus manos recorriendo mi cuerpo, sobre todo mi culo. Hasta que me sorprendió, debido a que yo pensaba que estaba ahí como su puta únicamente, que no tenía polla para él en ese momento y es que se sentó en el sofá, me hizo a un lado el tanga por delante, liberando mi polla bien dura, pero que yo no le hacía ningún tipo de caso, para empezar a darme una rica mamada, estuvo así un rato que no paraba de comérmela y que yo por instinto le follaba la boca.

    Pero como digo, yo estaba ahí como puta, era lo quería y lo que se me apetecía. Por lo que saqué mi polla de su boca, me recoloqué el tanga y aprovechando que él estaba ya sentado en el sofá, me puse de rodillas ante mi amante y procedía a comerme su polla, que seguía sin estar dura. Nada más mi lengua empezó a recorrer su polla, el lanzó un leve suspiro y en inglés me dijo que llevaba esperando por tener su polla en mi boca desde la última vez, lo cual me prendió mucho y comencé a comérsela como una puta hambrienta y desesperada.

    Me tuvo a su merced en esa posición comiéndome su rabo un buen rato, no saben lo rico que es meterse en la boca un rabo que no está en acción o medio despierta y sentir que con tu sola boca y lengua se va haciendo cada vez más grande dentro de tu boca. Iba jugando con ella, mamada, lamida por su glande, recorrer su tronco mirando a los ojos de tu amante, darle un beso suave en su rica punta y pasar a comerse nuevamente. No sé cuánto duramos así, pero para mí se me hizo corto.

    En un momento, me paro y me levantó, me dio un rico beso para pasar a tumbarse en el sofá diciéndome que le pusiera el culo en su cara, mientras yo seguía comiéndole su polla. Me ilusionó hacer ese 69, porque ahora sí y no como antes, era la puta que quería ser y que estaba siendo, ya que estaban jugando con mi coño y preparándolo para recibir lo que tanto quería. En cuento sentí su lengua lamer alrededor de mi ano, sentí un escalofrío que me hizo erguirme y dejar de comerle la polla para sentir el placer de su lengua, a la vez que con sus manos me iba abriendo mis nalgas para jugar mejor.

    Como no se podía hacer mucho ruido o prácticamente nada, me comencé a comer de nuevo su polla, con una desesperación mayor. Así estuvimos otro rato, haciendo yo pausas para que no se corriera ya y debido a que ya también había empezado a meterme sus dedos en mi interior. Sabía que ya llegaba mi momento de cabalgar y darme un buen rodeo jejeje. A todas estas, yo seguía con mi tanga puesto y así se iba a quedar toda la sesión, lo que mi amigo ahí estaba bien duro y me dejaba empapado todo el tanga.

    Ya desesperado y con ganas de más, me despegué de él, me di la vuelta, lo besé y le dije “amor, es hora de follarte a tu puta, quiero tu polla dentro de mí”, a lo que él se acomodó y me dijo “como los viejos tiempos”. Quería mirarlo mientras me follaba y cabalgaba su rabo, por lo que, haciéndome a un lado el tanga, cogí con mi mano su polla, dándole una pequeña jalada y la dirigí a la entrada de mi ano, de mi coño esa noche.

    En los primeros centímetros que me fueron entrando, no sé quién tuvo un suspiro más fuerte de los dos, pero se notaba que los dos lo estábamos deseando. Una vez estuvo dentro por completo, me paré y le di un beso con pasión y empecé a moverme lentamente, sintiendo bien cada centímetro en mi coño.

    Una rica subida y bajada que estuve aumentando el ritmo cada vez más, mientras él me iba agarrando de la cadera y manoseándome las nalgas. Cada instante que iba pasando, el ritmo ya era de una rica follada sin parar y bien fuerte.

    Por momentos yo era el que dejaba de cabalgarlo y era el que sujetándome de las caderas el que me follaba sin parar, hasta que se cansaba el pobre y retomaba yo la acción, que iba alternando con movimientos rápidos, suaves y lentos sintiendo todo bien rico y moviéndome con mi culito jugando con mi juguete dentro de mí.

    Estuvimos un buen rato así, así que me dijo que se iba a correr y aunque me lo pensé por un segundo, me la saqué y así como estábamos, yo aun encima de él, besándolo y jugando con nuestras lenguas, con mi mano lo terminaba de pajear hasta que se corrió sobre mi mano.

    Así me levanté y con toda mi mano con su corrida, con mi tanga empapado y demás, me la llevé a la boca, lamiéndomela con la mano y recogiendo los restos para saborear ese néctar. Nos besamos y compartimos su rico semen, hasta que nos despegamos, me ofreció una toalla y una toallita para limpiarme la mano.

    Una vez que terminé de limpiarme, me recoloqué el tanga, me puse mi camiseta, cogí mis cosas y me dirigí a mi apartamento. No me encontré a nadie pero me hubiera dado igual, yo iba con una sonrisa, con un short de mujer y debajo un tanga, después de una rica follada.

    Al llegar, me di una ducha, sin quitarme el tanga, ahí fue cuando me di cuenta de que, salvo el instante que me dio una mamada al inicio, no me había tocado yo aún, normal que estuviera así de dura, dándome cuenta de que pues sí que había cumplido con mi papel de puta esa noche, que había satisfecho a un maduro, se había corrido y yo no había descargado y que lo haría un rato después de todo aquello.

    Aunque esto ocurrió hace unos pocos meses, ha sido la última polla que me comí, y a la vez que les escribo esto estoy usando un tanga otra vez más. Ya sé que a ese hombre si sigue por ahí y vuelvo, si me apetece me dará una buena cogida, si no ya en este tiempo buscaré algo y seguiré explorando esa faceta mientras no tenga pareja o tenga algo con alguna chica por ahí, como ha ocurrido un par de veces y por eso capaz no he hecho nada más, aunque ya hace un mes o más que no tengo nada con ninguna otra mujer, pero son otras historias.

    Espero que les haya gustado, que me imaginen así como les cuento y en tanga también mientras les escribo esta historia, que por cierto alguna que otra ya he ido a la playa con alguno puesto y caminado, aunque ya a oscuras solamente en tanga yendo o volviendo a playa nudistas.

    Cualquier cosa no duden en dejarme un comentario.

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  • Activo y pasivo también

    Activo y pasivo también

    No sé si lo que voy a contar a continuación me sucedió a mí solo o a otros hombres también. Necesito que me cuenten sus experiencias para ver que no soy el único que hace esto.

    Mi nombre es Sebastián, tengo 38 años y estoy en pareja con Andrea de 36 años. Ella es una mujer de cabello oscuro y de largo hasta los hombros, mide aproximadamente 1,70 cm, su cuerpo es normal, no es ni delgada ni gorda, y si me tengo que quedar con algo de su cuerpo me quedo con sus tetas que son medianamente grandes, a pesar que tiene una buena cola.

    Vengo acá a contarles que somos una pareja que quisimos experimentar algo nuevo en nuestra vidas. Queríamos tener nuevas experiencias en el ámbito sexual, así que realizamos un trío con otro hombre. Esta experiencia fue realmente increíble, ella y yo los disfrutamos un montón y pudimos vivir aquello que anhelábamos. A ella nos las cogimos entre los dos de varias maneras diferentes y en distintas posiciones. Mientras uno se la cogía, el otro disfrutaba de una espectacular chupada de pija por parte de ella. También le hicimos una doble penetración lo cual la hicimos gritar como nunca en su vida. Luego vino el momento de acabar y sucedió algo en ese momento.

    Este hombre que era conocido nuestro acabó dentro de mi mujer. Él se la estaba cogiendo en posición de perrito y en un momento la empezó a embestir con mucha fuerza, las tetas de ella se empezaron a mover para todos lados, luego empezó a gritar y a gemir junto con ella y segundos más tarde todo fue silencio porque el tipo le lleno la cueva de leche.

    Después de él me tocaba a mi hacer lo mismo, entonces me preparé como él lo hizo, pero cuando estaba colocando mi pene dentro de mi mujer empezó a salir hacia afuera todo el semen de este hombre. Entonces yo me quedo viendo semejante espectáculo porqué lo era y de la nada hago algo de lo cual no estoy nada arrepentido. Aquello me pareció delicioso así que quise probarlo, de modo que apoyé mis dos manos sobre las nalgas de mi mujer y llevé mi cabeza a su raja. Entonces me puse a succionar y a degustar todo el semen que mi mujer expulsaba de su cuerpo. Mantuve mi cabeza allí hasta que no quedó nada, me la tomé toda y me encantó.

    Ellos se sorprendieron al igual que yo, es más me preguntaron porque lo hice, y yo respondí que me pudo la tentación. Luego de esto metí mi pene dentro de mi mujer y me la cogí como nunca en mi vida hasta acabarle dentro de ella al igual que él. Si se lo están preguntando, no me tome mi leche, ya era un montón hacerlo. Esa noche terminó allí.

    A la semana siguiente volvimos a hacer un trío con este hombre y yo nuevamente me volví a tragar el semen de él. El volvió a acabarle dentro de mi mujer y luego de hacerlo me invito a que yo volviera a succionarle la raja a ella, lo cual lo hice sin ningún pudor. Esto no fue todo, luego de tragarme todo el semen del culo de mi mujer ocurrió lo siguiente. Este hombre todavía con su pene medio erecto me pidió que se la chupara que todavía tenía algo de leche que expulsar, entonces yo me arrodille en frente de él y como si fuese mi mujer agarre su pene con mi mano y me puse a chupárselo. Esa noche trague por primera vez leche del pene de un hombre.

    A la otra semana volvimos a juntarnos con este hombre y antes de irnos a la habitación siempre hay una previa en donde mi mujer nos chupa la pija a los dos, ahora no fue solo mi mujer, sino que yo también le chupe la pija a él, ella y yo sé la lamimos juntos y a la vez. Luego en la habitación además de cogernos a mi mujer sucedieron nuevas cosas. Por un lado, yo se la chupaba cuando dejaba de embestir a mi mujer, se la lubricaba con mi boca. Me ponía encima de mi mujer cuando ella se encontraba boca arriba para que me la chupe mientras él se la cogía, y cuando se detenía yo se la chupaba a él y ella a mí. Por otro lado, me volví pasivo por primera vez.

    El en un momento de la noche me pregunto si quería que el me la metiera y le dije que sí, entonces me puse en cuatro sobre la cama y luego que mi mujer me lamiera el ano el me la enterró hasta mi estómago. Primero fue algo lento y doloroso, debía abrirme primero el ano, pero cuando ya lo tenía bien abierto el me embistió con mucha fuerza y me trato como si fuese su mujer, literalmente se montó encima y me agarro de los hombros para embestirme. Yo sentí por primera vez lo que era tener una pija dentro y que te estén dando matraca. Me encantó y obviamente gemía del placer que tenía.

    Esa noche el no acabó dentro de mi mujer sino acabó dentro de mí y fue mi mujer la que se chupo todo el semen de él desde mi culo. Pasamos de ser heteros a bisexuales y nos encantaba y los disfrutábamos más que antes.

    Unas semanas después hicimos un cuarteto con otro hombre también y fue realmente increíble. Mi mujer le chupaba la pija al nuevo y yo a nuestro viejo amigo, después en la cama nos cogieron a mi y a mi mujer, ambos se intercambiaban para rompernos el orto a pijazos. Ella y yo nos besábamos mientras ellos nos metían su pene por detrás, luego ambos degustamos el semen de cada uno de ellos ya que nos colocaron juntitos y nos acabaron en la cara y en la boca. Me volví adicto al semen a pesar no ser gay, quizás soy bisexual pero no lo sé.

    ¿Ustedes también tragaron semen siendo hetero y les gusta ser pasivos alguna que otra vez? Me gustaría escucharlos y saber que no soy el único que disfruta de una buena poronga siendo hombre.

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  • Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 8)

    Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 8)

    Este relato es la continuación de “Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 7)”.

    Me levanto muy descansada y llena de energía. Muy cachonda. No sé qué habré estado soñando, pero seguro que me lo he pasado bien en el sueño. Me miro al espejo y me veo genial. Me alegra descubrir que mis nalgas ja no están casi enrojecidas y que por fin podré estrenar mi pequeño bikini rosa. Para ello, debo volver a rasurarme bien porque empiezan a reaparecer pequeños puntitos de los pelos y se me verían con las braguitas minúsculas de niña. Pero bueno, en un momento termino y me queda el pubis liso como el de un bebé.

    Consigo ponerme el bikini aunque me cuesta. La parte de arriba prácticamente solo me cubre los pezones y las aureolas, pero me deja todas las tetas al aire. Me parece que me han crecido un poco estos días. Me encanta. Las braguitas… bueno, el pedacito de tela rosa consigue apenas taparme los labios y veo que por poco que me mueva, se me verá todo. ¡Qué bien!

    En la playa causo sensación. Aunque me hago la distraída, me doy cuenta de que todo el mundo me mira. También me halaga ver que, más o menos disimuladamente, muchos me toman fotos y me graban en vídeo. A ver, a mí no me causan ningún problema. Al contrario, me agrada ver que gusto tanto a los hombres. Y si luego ellos, viéndome en el móvil o en el ordenador, se ponen cachondos, pues mejor para ellos. Sintiéndome tan observada y admirada, hago muchas posturitas sensuales y sexis cuando estoy en la tumbona, cuando juego a palas con los chicos, yendo a meterme en el agua…

    Incluso, para alegrar más la vista a mis admiradores, juego con unos niños que hacen un castillo en la arena y así me puedo poner a cuatro patas y enseñar bien el culo a todos, procurando que los pequeños no lo vean, claro. Soy consciente de que, si alguien se fija bien, en algún momento me puede ver el ano, según cómo me ponga. Y seguro que más de uno se fija. Y yo me aseguro de que me lo vean bien. No son pocos los que toman fotos de mi culo.

    Después, disimuladamente, en el agua, me aparto unos milímetros la parte de arriba para enseñar un pezón durante unos segundos hasta que hago ver que me doy cuenta y que me avergüenzo y me tapo enseguida. Repito este juego varias veces ante distintos desconocidos. Algunos hacen ver que no se dan cuenta, pero se nota que me miran. Más de un bulto aparece debajo del bañador, incluso estando en el agua fresca. Eso me encanta y me excita.

    -Oye, Esther, este bikini…

    -¿Qué pasa, mamá? ¿Es que tampoco te gusta?

    -A ver, hija, no es que no me guste, pero…

    -¡Pues ya está!

    -Con lo bonitos que son los bikinis que compramos antes de venir y tú…

    -¡Mamá, por favor! ¡Que estamos en la playa!

    -¿Pero no ves que todos te están mirando, que parece que…?

    -¡Mamá, va, por favor, no me hagas enfadar! – sé que mamá tiene toda la razón en disgustarse, pero no se la puedo dar, claro.

    -Tú misma, pero creo que no…

    -¡No hago mal a nadie! Yo no me meto con tu bañador, ¿verdad? Que, por cierto, es muy bonito y escotado.

    -Ay, hija, pero no…

    -Te queda genial. Estás muy sexy con él.

    -Pero…

    -¡Ya está, me voy a dar un paseo cerca del agua!

    -¡Yo te acompaño, Esther!

    -Vale, Leo, ¡qué bien! Pero, oye, ¿no le sabrá mal a Bea?

    -No, ¿por qué? Ahora mismo está dormida en la toalla.

    -Pues vamos, venga.

    -Este bikini es una pasada, Esther.

    -¿A sí? ¿Te gusta? Es nuevo.

    -Veo que también es de niña pequeña.

    -No, o sea… a ver… no es que…

    -Me gusta, me gusta. En realidad, más que gustarme el bikini, que sí, me gusta tu cuerpo.

    -Gracias, Leo, eres muy amable. – camino moviendo las caderas consciente de que muchos me miran.

    -Es que es como si fueras desnuda.

    -¡No será tanto!

    -¡Ya te digo! Este bikini no lo podría llevar una mujer sin un cuerpo así de pivón.

    -A ver, yo creo, que cada uno puede ir como le dé la gana, como le guste, tenga el cuerpo que tenga. Y más en la playa.

    -No, sí, sí, ya, pero… bueno… quiero decir…

    -Te entiendo, que te gusto con el bikinito, ¡je, je, je! Es por eso por lo que lo llevo, ¡para gustar!

    -Ya, claro. Oye, Esther, hace mucho calor. ¿Te parece que paremos un momento a tomar algo en el chiringuito este?

    -Vale, por mí, sí. Pero pagas tú ¡ja, ja, ja!

    -Sí, sí, no hay problema.

    Nos sentamos en una terraza en la misma playa. Hay una pareja de turistas cerca de nosotros y el marido no para de mirarme. Yo hago cómo que no lo veo, pero aparto solo un poquito el sostén sabiendo que así se me ven algo las aureolas. Leo se da cuenta de que enseño casi completamente los pechos, pero no me dice nada, solo me los mira y sonríe. El desconocido disimula hablando con su esposa, pero me va mirando, cada vez más descaradamente. Me aguanta la mirada unos cinco segundos. Decido jugar un poco más:

    -¡Ay, oh, pero si enseño las tetas! Leo, ¿por qué no me has avisado? – simulando arreglarme el bikini, me lo aparto un poco más sabiendo que así Leo y también el turista me ven los pezones durante un momento.

    -¿Yo? Esto… no me había fijado.

    -Que me lo creo. ¡Ya está bien! Eso no es ser buen amigo. – mientras me tapo las tetas lo poco que se puede, riño en broma a Leo, pero mirando al marido. – Por favor, tú mira bien y si ves que enseño más de la cuenta, me avisas. ¡Es que este bikini es tan, tan pequeño!

    -De acuerdo, te voy a estar mirando fijamente los pechos, Esther. Será un placer.

    -¡Ja, ja, ja!

    Al cabo de un minuto, aparto un poquito la tela. Pero cuando Leo está a punto de decirme que se me ven las tetas, le hago un gesto para que no me diga nada. Le guiño un ojo. Él se alegra de verme de nuevo casi todo el pecho. Giro un poco la silla para que la mesa no me tape nada y el turista me vea mejor. Es entonces cuando veo que él, haciendo como que mira algo en el móvil, me está tomando fotos. Para que sean aún mejores, me atrevo a separar algo los muslos, sabiendo que a la fuerza él me podrá ver algo el chichi.

    El problema es que eso me excita y noto que empiezo a emitir flujo. Bueno, quizá no será un problema, sino que eso gustará más al mirón. Así que separo un poco más las piernas, nada, unos centímetros, pero eso es más que suficiente para que las minibraguitas queden a un lado y le muestre todo el potorro. Veo que Leo se da cuenta de mi jueguecito y hace cara como de reñirme, pero sonríe. Seguro que él también se está excitando.

    Para que el turista pueda tomar más fotos de mi cuerpo, hago como que se me cae la servilleta y así puedo levantarme de la silla, darle la espalda e inclinarme un poco, sabiendo que la braguita no obstaculizará que le enseñe bien las nalgas e incluso el agujerito del culo. Alargo unos segundos mi postura, como si me costara recoger la servilleta. Yo cada vez estoy más mojada. Seguro que el mirón se da cuenta. Cuando me siento de nuevo, veo que la mujer del turista le habla enfadada y se levantan de golpe para irse.

    Él se da la vuelta un momento para mirarme y yo le lanzo un besito y, por menos de un segundo, me bajo el sostén totalmente debajo de los pechos. Espero que no reciba una bronca muy dura de su esposa y que por lo menos pueda mirar bien las fotos que me ha tomado y disfrutar con ellas.

    -Leo, voy un momento al baño y nos vamos, ¿vale?

    -Ya se terminó tu exhibición, ¿no?

    -Je, je, ya vi que te diste cuenta.

    -Me has puesto a cien.

    -¡Pues yo estoy a mil! Me gusta que los hombres me miren.

    -Sí, sí, ya me di cuenta hace tiempo.

    -¡Tienes la braguita empapada!

    -Es del agua del mar.

    -Ya, ¡ja, ja!

    -Bueno, vuelvo enseguida.

    -Te acompaño.

    -¿Cómo?

    -Te acompaño. Voy a pagar y también a los servicios.

    -De acuerdo, nos vemos aquí.

    Estoy en el lavabo de señoras. Necesitaba mear urgentemente. Veo que es verdad que tengo el bikinito rebosando de mis jugos. Ahora me avergonzará un poco andar por la playa porque seguro que se nota a la legua que está mojado y no precisamente de agua del mar. En fin.

    -Oye, Esther, abre, abre un momento.

    -Leo, espera, ya termino.

    -No, no, abre, por favor.

    -¿Pero qué pasa?

    -¡Una urgencia!

    -¿Cómo? A ver, espera. – me subo la braguita y abro. -¿Qué?

    -¡Que estoy que me van a explotar los huevos!

    -¡Leo!

    -¡Toda la mañana exhibiéndote en la playa y ahora aquí en la terraza! ¡Te voy a follar! -se baja el bañador y tiene la verga empinada y con la punta rezumando.

    -No, Leo ¡y menos aquí en un lavabo!

    -Pues me haces una paja, va, ¡por favor! – me quita el sostén y se amorra a mis pechos, me los chupa, parece que me los va a arrancar de tanto que sorbe.

    -Venga, va, sí, una paja rápida, que no quiero que nadie nos descubra. Y porque estoy también muy cachonda. Mira, siéntate en la tapa del váter, vale, así, muy bien. Espera, que me aparto las braguitas, así, a un lado. Ahora yo me inclino y acerco mi culo y mi coño a tu cara, hmmm, va, huéleme, lame mi chocho y yo te agarro la polla, oh, qué caliente está, y te acaricio los huevos, duros y llenos de tu leche y te masturbo, lame, lame mi ano, Leo, aprovecha, que es todo para ti, cielo, chupa mi chichi caliente, méteme la lengua, va, sé que te gusta el sabor de mi culo… lámelo… corre… ay… yo ya… casi… oh…

    -Córrete, córrete en mi cara, Esther… guau, sí, sí, hum, qué rico… venga, mastúrbame con más fuerza, sí, sí, ay, ay… que me la vas a arrancar, Esther… me gusta, me gusta… ya, ya… oh, ¡ah!

    Se corre en mi mano y cuando la tengo llena de su esperma, me la llevo a la boca mientras le sigo masturbando ahora con la otra mano hasta que también me la llena y me la limpio con la lengua y labios. Él me sigue sorbiendo, besando, lamiendo y mordisqueando el sexo y me corro varias veces en su cara. Él se bebe todas mis ambrosías aunque no consigue secarme

    -Va, uf, ya… ya está, Leo, va, que nos van a descubrir.

    -Esther, la polla no me baja… deberás chupármela y a ver si así… -alguien desde fuera intenta abrir la puerta – ¡oh, vaya!

    -Oye, chica, ¿estás bien? Es que debo entrar, ¡que me meo!

    -Ya, ya salgo, ya… es que… ¿Y ahora qué hacemos, Leo?

    -¿Pues qué vamos a hacer? Tendremos que salir tan dignamente como podamos.

    -¡Oh, qué vergüenza, Leo! No tendrías que haber entrado.

    -Bien que te ha gustado. ¡Te has corrido no sé cuántas veces!

    -Ya, sí, es cierto. Pero…

    -¡Señorita, por favor! ¡Que no aguanto más!

    -Es que no hay manera de meterme la polla en el pantalón, es que no me cabe.

    -Debemos salir. Va, abro la puerta.

    -Oh, pero… ¡ahora entiendo!

    -No, no, de verdad que no es lo que parece. Es que el otro servicio, el de hombres…

    -¡No me vengas con cuentos, niña! ¡Pero si apestáis a sexo! ¡Vaya una guarra!

    -¡Es usted una maleducada! -le contesta Leo.

    -¿Qué, qué pasa, Herminia?

    -¡Estos dos, que estaban follando aquí mientras yo casi me meo encima!

    -No, de verdad que no… o sea…

    -¡Calla y vístete un poco, guarra! ¡Hueles a semen, puerca!

    -¡Herminia, no te pongas así, mujer!

    -¿Pero no ves qué bikini lleva esta guarra? ¡Y no te la mires tanto, Casimiro!

    -No, si yo no…

    -Anda, señora, entre y mee tanto como quiera. ¡Vámonos, Esther!

    -¡Vete, guarra! ¡Os voy a denunciar a la policía, gamberros!

    -Herminia, déjalo, mujer, que te va a subir la presión.

    Mientras vamos regresando a la playa con los demás, es genial ver como todos me miran. Yo sigo muy cachonda. Leo me confiesa que ha decidido acompañarme para ver si me podía follar porque estaba muy cachondo. Me agrada saberlo y noto que empapo más la microbraguita, que no puede contener tanto flujo y me resbala algo por los muslos. Me gustaría que se dieran cuenta los hombres que me miran y me toman fotos, pero no sé. Antes de encontrarme con mis padres y amigos me meto en el mar y así cuando me vean, ya no notarán que tengo la braguita empapada de mis jugos.

    Leo, aun con la verga empinada, me acompaña al agua y, aunque todo el mundo nos vea, nos besamos y abrazamos. Pegamos nuestros cuerpos y noto su pene duro en mi barriguita. Él disfruta de mis pechos en su piel. Me pone una mano en las nalgas y yo la mía en su paquete y me acompaña un poco más adentro hasta que el agua nos llega un poco más arriba del ombligo. Sé que también ahí hay quien nos mira, pero no impido que Leo me baje la braguita hasta los tobillos y me acaricie el sexo y el culo. Enseguida le saco su miembro del bañador y lo masturbo con las dos manos.

    En ese momento, a un par de metros de nosotros, saca su cabeza del agua un joven que va con unas gafas de bucear. Yo le guiño un ojo y pego más mis tetas a Leo. El chico vuelve a sumergirse y me pongo muy cachonda al saber que está mirándonos bajo el agua. Entonces, decido separar mi cuerpo al de Leo, sin dejar de masturbarle, y me pongo de cara al mirón. Me bajo el minisostén bajo los pechos para que me vea bien las tetas. Leo me da mucho placer al tocar mi clítoris y meterme varios dedos en la vagina y en el culo.

    Cuando el buceador aficionado vuelve a meterse bajo el agua después de respirar, aparto un momento la mano de Leo para enseñarle bien mi coño abierto. Cuál es mi sorpresa cuando el joven se corre con gemidos y gruñidos y eyacula en el mar. Yo le saco la lengua y me relamo mirando fijamente su tranca bajo el agua, cómo diciéndole pícaramente que lástima que se desaproveche su semen. Me vuelvo a pegar a Leo y doy la espalda a nuestro espectador, sabiendo que ve que mi amante tiene casi la mano entera en mi ano. Al cabo de unos minutos, Leo explota en un orgasmo y yo empiezo mis conciertos de ayes y uyes en varias corridas.

    No me corto un pelo y no evito gemir escandalosamente, sabiendo que mucha gente nos mira, pero que nadie me conoce. Cada vez estoy más feliz de ser una chica multiorgásmica. Cuando estamos a punto de salir del agua, oímos una voz desde la arena:

    -¡Leo, eh, venga, ya está bien! – es Bea -Has estado mucho rato de paseo sin mí ¡Va, ven!

    -Bea ¡hola! Entra, entra en el agua, amor, ¡que está buenísima! – cuando dice esto me mira los pechos.

    -¡No, no, sal tú, va, cielo!

    -¡Métete, va, verás que está buena! – el muy cabrón me toca el culo al decir eso.

    -¡Vale, va! ¡Ya voy!

    La novia de Leo se mete en el agua y viene nadando hasta nosotros, dónde su novio ha eyaculado, así como el buceador mirón, y dónde yo he lanzado cantidad de mis ambrosías. Muy mimosa y cariñosa, hace como que riñe a Leo por haberla dejado más de una hora sola y él se excusa diciendo que es que estaba dormida y eso. Empiezan a besuquearse y abrazarse, él le dice que ya la echaba en falta y eso. Yo les digo que ya salgo, que estoy cogiendo frío, aunque no es verdad. Al caminar por la arena, me parece que la gente me mira incluso más que antes. Hay quien me mira mal, con cara de reprobación.

    Me temo que bastante gente se ha dado cuenta de lo que hicimos en el agua, pero tampoco me importa mucho. Me pregunto si nos grabaron en video. Con las cámaras de los móviles de hoy en día se pueden tomar fotos y grabar a mucha distancia. Bueno, si es así, que disfruten viendo las imágenes. Siempre y cuando no lleguen a verla ni mis padres ni mi novio, claro. Eso sí que sería un problema. Decido que iré con más cuidado a partir de ahora. Pero eso no impide que me contornee y mire sensualmente a más de uno. Incluso hago una pose ante un hombre que me está fotografiando descaradamente y le miro a los ojos.

    -Oh, perdona, yo… -me dice avergonzado.

    -No, tranquilo, señor, no me importa. ¿Está bien así? – voy cambiando de postura como si estuviera en una alfombra roja.

    -Sí, sí, muy bien. Oye, es que eres muy guapa, hija.

    -¡Y muy cariñosa, señor! – le guiño un ojo.

    -¡Qué amable!

    -¡Gracias, señor!

    -Te he visto en el agua con tu novio. Toda la playa os ha visto.

    -Ah, bueno… o sea… no es mi novio en realidad.

    -Ya, los jóvenes no le llamáis novio.

    -No es eso, es que él no es mi novio. O sea, mi novio no está aquí, está trabajando.

    -Ah, me estás diciendo que tienes novio y que aun así…

    -O sea… en realidad, sí, tengo un novio al que quiero mucho.

    -Ya, pero…

    -Ese es solo un buen amigo. Ahora está con Bea, que sí es su novia.

    -Vale, vale, ya entiendo.

    Después de tomarme fotos por delante, por detrás, así y asá, le digo que me gustaría tenerlas. Él me dice que claro, que me las va a enviar. Se atreve a pedirme si puede tomarme fotos en toples y yo le digo que nunca hago toples en la playa.

    -Pero bueno, como es usted tan amable… -me quito el microsostén para que me haga las fotos que desea.

    -¡Qué guapa eres!

    -Bueno, no será tanto.

    -Oye, ya puestos y viendo que no tienes muchos reparos, ¿no me dejarías tomarte unas fotos de…?

    -A ver… la verdad es que me gusta enseñar mi cuerpo, pero… aquí… o sea…

    -Solo será un momento, nadie se va a fijar…

    -¡Venga, va!

    Me doy la vuelta y aparto unos centímetros la minibraguita para que me pueda fotografiar bien el culo. Me inclino para que me vea también la figa, que noto empapada. Luego, me siento en una toalla enfrente de él, con las piernas flexionadas y las separo durante un momento. Seguro que más de uno aprovecha para tomarme también fotos y para grabarme, pero mejor para ellos. Y para mí, porque eso me excita.

    Registramos nuestros números de móvil con el caballero. Su nombre es Joaquín. Joaquín Garboz. Se le ve todo un señor tan amable. Me despido de él con un par de besos. Antes de llegar a mi tumbona, ya recibo las fotos. La verdad es que estoy irresistible en ellas. Pero también me envía unos vídeos de cuando he estado en el agua con Leo. La imagen es muy clara lo que confirma que el zoom de su móvil es magnífico. Me pone cachonda ver la escena con Leo, pero empieza a preocuparme que quizá demasiada gente pueda tener esas imágenes. ¡Quién sabe cuánta gente nos ha grabado corriéndonos en el mar!

    Me porto bien en lo que resta del día. Incluso, me cubro un poco con la toalla, algo preocupada de tanta exhibición. Cuando ando por la arena y cuando juego con Fernando y los otros, procuro que no se me mueva mucho el bikini. Leo y Bea tardan mucho en volver. Me pregunto si es que han estado discutiendo o, por el contrario, él ha repetido con su novia lo que hizo conmigo. No creo que Bea se atreva ni que él exponga así a su novia. Me estoy dando cuenta de que a ella la trata como a una señorita y a mi como… bueno, de manera distinta.

    Comemos en unos de los mejores restaurantes de la zona. Tengo la mala suerte de tener a Lucas al lado en la mesa y me pone una mano en el muslo. Se la aparto, pero él, muy descarado, me la vuelve a poner e incluso la sube algo bajo la faldita. Antes de que se dé cuenta de que no llevo bragas, las del bikini me apretaban demasiado, le lanzo una mirada asesina y le indico que o para o Juani se va a enterar y él, por fin, me deja en paz.

    Por la tarde, decido echar una buena siesta para estar en forma para la fiesta de Raúl y sus amigos. Iremos todos los jóvenes y los mayores irán al teatro. Cierro la puerta de la habitación para que nadie me moleste. Mañana ya volvemos a la ciudad y quiero pasármelo muy bien en estas últimas horas.

    Te cuento cómo terminaron mis deliciosas vacaciones en “Profesora particular (6): Unos días de vacaciones (parte 9 y última)”.

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  • La mujer de mi compañero de piso

    La mujer de mi compañero de piso

    Hace unos meses me mudé a una casa compartida, es una casa con cuatro habitaciones además de la del anfitrión, yo estoy en la más pequeñita porque estaba pasando un momento de transición y quería ahorrar gastos.

    Lo demás cocina, sala y lavandería es todo compartido.

    En esta casa en los seis meses que he estado viviendo, ya me han pasado varias cosas que con suerte y si le gusta lo que leen, les iré contando por aquí.

    Uno de mis roomates es un colombiano que trabaja en el mundo minero aquí en mi país, por lo tanto pasa tres semanas fuera, en el interior del país y tres semanas aquí.

    Hace unos meses trajo a vivir a la novia con él, una psicóloga, también colombiana que suele trabajar todo el día como todos en la casa.

    Yo trabajo a unas pocas cuadras de la casa así que vengo a almorzar y otras veces salgo temprano y trabajo remotamente.

    La convivencia es muy cordial, cada uno en lo suyo y a veces compartimos si nos encontramos en las áreas comunes y tenemos ganas de echar una cerveza viendo algún partido o algo de música en la tv de la sala.

    Todo transcurría muy normal en relación a esta pareja y ella se veía muy seria y formalita, con esa forma tan especial que tienen las paisas de hablar que sin querer suenan sensuales.

    Nada era fuera de lo normal con ella, nos cruzábamos en la cocina frecuentemente, intercambiamos palabras un par de minutos y era todo.

    Ella es una chica de 1.66 cm delgada de tez blanca, cabello negro de largo medio ondulado con un cuerpo muy bello.

    Se nota mucho que le da o ha dado con constancia al gym y aunque todo está armonizado en su cuerpo con unos senos redondeados de tamaño mediano a grande y un trasero redondito que se movía acompasadamente a cada paso que daba, lo que más me llamaba la atención en ella eran sus piernas, trabajadas al máximo, como las de una deportista, sin ser aparatosas, estaban perfectamente marcados los músculos, completando una hermosa parte inferior que empezaba en ese hermoso trasero redondeado pasando por esa belleza de piernas y terminando en unos hermosos pies, siempre bien cuidados de rasgos delicados y suaves; yo particularmente soy un declarado admirador de pies femeninos y estos entran en mi top ten de los conocido hasta hoy.

    Todo ese detalle lo advertí discretamente porque mi reputación en la casa es de un chico serio y educado, lo que realmente soy pero eso no evita que pueda admirar y disfrutar de la hermosa figura de una mujer, los detalles de su físico y sus maneras al caminar o interactuar.

    Aun y con todo lo relatado hasta aquí, mi instinto había estado controlado por varios motivos, el principal que estaba tranquilo, no tenía una época de gran sequía sexual como había ocurrido en otras ocasiones y además quería permanecer alejado de cualquier tipo de problema, menos aún con mis roomates o sus parejas.

    Todo empezó a tornarse diferente a partir de un detalle.

    Para ingresar a mi cuarto, tenía una gran ventaja, podía ingresar por la puerta trasera que daba directamente a la escalera, por lo que evitaba el pasar por las áreas comunes sociales, algo que me agradaba mucho, pero lo único que perjudicaba esa ventaja era que mi cuarto daba directamente a la lavandería y mi ventana tenía una directa y nada alejada vista al tendedero, lo que resultaba en ver toallas, pantalones o polos colgados y ropa interior como no.

    Un día al salir de mi cuarto me topé cara a cara con esta chica que estaba tendiendo unos pequeños hilos y un conjunto de encaje que me hicieron volar la imaginación.

    Esto coincidió con la llegada del novio de la mina donde trabajaba, así que trate de evitar las miradas y limitar las conversaciones, más aún porque el novio andaba detrás como perro guardián, sin dejar escapar ocasión para marcar territorio, algo conocía él que no se notaba a simple vista o era la naturaleza posesiva común del macho que afloraba para exhibir y a la vez preservar a su hembra.

    Pasaron las semanas y no caí en cuenta que el tipo había regresado a la mina, así que salí de mi cuarto al trabajo como todos los días y me encontré con ella nuevamente tendiendo ropa interior y las demás prendas que había lavado temprano.

    Mientras colgaba uno de aquellos hilos tan sugerentes, me miró con un gesto entre pícara y avergonzada, sonreí, saludé y seguí mi camino.

    Esa mañana no pude sacarme su imagen de la cabeza, imaginaba su perfecto culo vestido con ese hilo negro delicado viendo alejarse mientras me lanzaba aquella mirada, fue perturbadora y excitante aquella visión, no pude concentrarme esa mañana, decidí volver a casa para el almuerzo y no retornar por la tarde, necesitaba despejarme.

    Volví y decidí ver una película en el sofá de la sala, a esa hora no había nadie en la casa así que me tomé la libertad de ponerme cómodo y sentarme frente al televisor disfrutando de una cerveza helada y algo para picar.

    No pasaron 15 minutos de haber iniciado la película cuando sentí el ruido del ascensor subiendo a mi piso, me fastidié porque significaba que ya no estaba solo y por alguna razón eso me molestaba.

    Se abrió de pronto el ascensor que daba directo a la sala y era ella, tenía puesto un vestido largo muy formal y unos tacones medianos que estilizan mucho más la parte baja de sus piernas que por cierto era lo único que dejaba ver ese vestido.

    Saludo amablemente y fue directo a su cuarto, eso me tranquilizó, su prisa me convenció que su estancia sería breve, quizás olvidó algo o estaba de paso, sin embargo volvió aquella imagen de la mañana otra vez a mi cabeza, a pesar del discreto vestido mis ojos solo veían esas nalgas a cada lado del hilo que vestía ese hermoso culo.

    Sacudí la cabeza y traté de disipar y enfocarme de nuevo en la película, aún no completaba mi intento cuando sentí abrirse la puerta de su habitación y apareció en el pasillo.

    El cabello amarrado en una media cola, una camiseta negra sin mangas abierta en los lados, sin sujetador y aun así alardeaba sus firmes senos que me dejaron sin aliento, más aún cuando pasó cerca de mí, haciéndose más evidente la abertura a los lados, que revelaba la descarada desnudez de sus senos, completaba el outfit con un short blanco que dejaba poco a la imaginación no porque fuera muy cortito sino más bien suelto como de tul y descaradamente transparente que dejaba en evidencia el hilo negro que parecía vestir adrede para perturbarme, sandalias bajas de casa y una batea con algunas prendas lo que hacía notar a donde se dirigía.

    No pude evitar mirarla sin reparos, total eso parecía desear y no dude en tomarlo como evidente, mis ojos se posaron sobre sus tetas y se acercó a mí, en ese micro segundo pensé que quizás fuera a decirme algo sobre mi mirada pero no, solo me dijo con un gesto más marcado que que el de aquella mañana “¿será que me invita una? Estoy que ardo de calor” y prosiguió su camino sin voltearse.

    Demoré un minuto en recobrar el aliento y dejar de cuestionarme si estaba soñando o acababa de ocurrir aquella escena, me paré con aplomo aun conservando mi cerveza, me dirigí al refrigerador y saqué otra cerveza, la abrí y sin titubear me acerque frente a ella con ambas cervezas en la mano y le dije: “¿aplacamos el calor?”, sonrió recibió la cerveza y bebió un sorbo rápidamente, hizo un gesto de satisfacción y me dijo mientras miraba las cuerdas de tender, “¿será que le incomoda que cuelgue mis prendas íntimas tan cerca de su ventana?”.

    La mire con lujuria ya inocultable y le dije “no, es un buen ejercicio para mi imaginación”, me miró frunciendo el ceño y dijo “mire al señor ten seriecito y ahora tan atrevido” mientras tomaba un sorbo más de cerveza, voltee y abrí la puerta de mi cuarto y deje mi botella en una mesita que estaba a ingreso, me volví hacia ella y le dije: “ser serio no significa que no sepa divertirme y menos aún apreciar y disfrutar las cosas buenas de la vida, como la cerveza que acabo de dejar o como la linda vista que tengo frente a mí”.

    Pareció ignorar lo que acababa de decir, cogió uno de sus dichosos hilos de la batea y lo retorció para quitarle el agua, cogió dos ganchos y se estiró sobre el tendal para colgar, el movimiento fue tan normal como sexy, mi puerta entreabierta me aconsejaba entrar y tratar de ahogar mis instintos, a la vez mi lado animal quería abalanzarse sobre ella sin ningún reparo, finalmente la razón pareció tomar leve control sobre mí y volteé hacia mi puerta, sin embargo no pude evitar intentar dar una última mirada a esa tentación que a escasos metros destilaba sensualidad y lujuria, me miró cogió su botella y dio un sorbo súbito tirándose la cerveza encima con evidente intención y mirándome ya sin ningún atisbo de decoro dijo “me mojé, ¿será que me ayuda?” .

    Mi reacción fue automática, la cogí de la muñeca y la atraje con violencia hacia mi, dejándola descalza y apretada a mi cuerpo.

    Me miró enojada y me espetó a dos centímetros de mis labios “¡atrevido!” mientras me tiraba lo que quedaba de la cerveza sobre la cabeza, le quite no sin poco esfuerzo la botella con una mano protegiéndome de un probable golpe, mientras la sujetaba de la cintura fuertemente con la otra, apenas liberó su mano, intento golpearme pero la sujeté con más fuerza y la besé apasionadamente.

    Sin analizar pensamiento alguno en mi cabeza, solo dejándome llevar por el instinto, la giré hacia mi cuarto y apenas dos pasos atrás estaba el inicio de mi cama, nos besamos y la resistencia cesó para ser anuencia, sus brazos alrededor de mi cuello eran la confirmación de que ambos no nos detendríamos, se separó de mí súbitamente y levantó los brazos, me acerqué con deseo y levanté su camiseta sobre su cabeza dejando ahora si completamente descubiertas sus bellas tetas.

    Me envicie de ellas, las devoré con avidez, las chupé, las mordí, jugué con sus pezones con mi lengua, las juntaba con mis manos para comerme sus dos pezones al mismo tiempo, literalmente le estaba comiendo las tetas como un loco, no pude más de la excitación, ya me había despojado de la camiseta para poder sentir el calor de su piel, pero quitar sus shorts convencionalmente se me hacía un trámite muy largo a seguir, así que los arranque con violencia sintiendo un sobresalto en ella que rápidamente apacigüé metiendo mi lengua en el fondo de su boca.

    Ella cogió el botón de mi pantalón y lo arrancó con violencia mientras tiraba de la cintura del mismo hacia abajo, sobó mi verga con lujuria y algo de tosquedad pero fue a la vez endemoniadamente excitante, la recorría con la mano de arriba abajo y exploraba con las palmas de sus manos mis huevos, como si los pesara, yo solo pensaba en poseerla pero ella estaba haciendo de los previos, una fiesta de lujuria.

    Deslizó su lengua por mi pecho y cayó de rodillas metiéndose mi verga de una sola vez hasta su garganta, dubitó con un sonido seco, como si su boca rechazara el bocado ofrecido, pero no se detuvo, succiono mi verga con deseo, haciendo que contraiga el abdomen, en mi desesperado intento por tratar de no venirme en ese instante dentro de esa boca deseosa de darme placer.

    Sentí sus dientes mordisqueando la base de mi verga, para luego recorrerla con toda su lengua y volver a tragársela entera, pensé que no podría más, la cogí de la cara y estiró sus manos para que la levantara, hasta ese momento ninguno de los dos había dicho una sola palabra, la arroje a la cama y me quite lo que sobraba de ropa, pude haber quitado su hilo convencionalmente, pero el animal salvaje que habita en mi solo atino a arrancarlo de un tirón y sin darle tiempo enterré mi cabeza entre sus piernas para saborear ese manjar que me ofrecía y borboteaba gracias a la excitación que nos habíamos producido.

    No pasó un minuto de devorar esa concha deliciosa cuando arqueó la espalda y con un gemido casi desesperado tuvo un intenso orgasmo, apretó mi cabeza a su sexo y tiró de mis cabellos llevándome de un jalón hacia sus tetas donde otra vez me perdí.

    Gemía y jadeaba intensamente, mi verga se hinchaba y palpitaba con cada gemido mientras la sobaba contra su muslo.

    Estaba encantada con mi boca en sus tetas, a pesar de chuparlas con dureza e incluso morderla cada tanto que perdía el control, ella solo reaccionaba con un gesto de “me encanta” y apretaba mi cabeza sobre esos hermosos senos que acababa de conocer pero que devoraba como frutas exquisitas, deslicé mis manos por sus muslos sin dejar de comerle las tetas, apreté sus nalgas y me puse de rodillas rápidamente frente a ella, instintivamente temeroso que se cortara el momento ante la petición del preservativo, separé sus piernas e ingrese con premura, con una exactitud que celebro.

    Le introduje toda mi verga a lo que ella reaccionó arqueándose y ofreciéndome su conchita empujando hacia mí, ya estaba dentro, la sensación era casi indescriptible, el calor y la humead de su sexo no me permitían dejar de embestir con lujuria, levanté sus hermosas piernas sobre mis hombros admiré de cerca esos deliciosos pies que había incluido en mi ranking personal de mi afiebrado fetichismo.

    No cesó la intensidad pero me encandilé con sus hermosos pies y empecé a lamerlos y chupar sus dedos, ella solo atinaba a gemir y jadear cada vez con más fuerza y se vino descontroladamente lanzando un fuerte grito y estremeciéndose hasta la agonía.

    Me eche a su lado y abrace su cuerpo aún tembloroso desde atrás, dejando descansar mi verga entre sus nalgas, reaccionó ante su dureza y se giró rápidamente para montarla, ese momento es uno que reproduzco en mi mente con más frecuencia de la pudiera aceptar.

    Esa mujer era un espectáculo montado, nunca usó las manos para metérsela hasta el fondo cuando se montó, ni ninguna de las veces que mi verga escapó de su vagina por la intensa humedad que nos habíamos provocado.

    Manejaba los tiempos de penetración con una maestría difícilmente encontrada en una mujer, la recorría de la punta a la base, acariciándome la verga con sus paredes vaginales, embestía fuerte y cuando estaba a punto de llenarla completa, se detenía y doblaba mi sexo como una palanca, como retrasando mi eyaculación y yo me sentía en las nubes mientras la veía subir y bajar, dar círculos pequeños en sentido y contrasentido, alternados, acompasados, lujuriosamente perfectos.

    Debo de aceptar que esa ha sido la montada más divina que una mujer me ha pegado pero donde casi pierdo la cabeza fue cuando se puso de cuclillas y se arqueo para atrás para no solo alejarme de sus tetas que apretaba con fuerza y desespero mientras me montaba, sino que dándome un primer plano exquisito de como mi verga entraba y salía su concha empapada, de pronto y otra vez sin mediar palabra y sin sacarse la verga de adentro, puso los dedos de sus pie en mi boca para que los chupara y sin esperarlo, giró y empezó de nuevo a cabalgarme pero esta vez mostrándome el culo.

    Esa visión era como presenciar una escultura de Bernini en movimiento, mi verga estaba embelesada en esa concha, se sentía consentida mientras yo miraba ese culo perfecto, como se contoneaba y me daba placer, ya no podía más de la excitación y aún es un misterio para mí como evite la eyaculación todo ese tiempo.

    No sé como tenía el perfecto timing para intuir que mi orgasmo estaba cerca y parar para luego de a pocos volver a empezar, fue un disfrute alucinante.

    Ese mismo timing uno para desmontarse de mi ágilmente y con una avidez que me sorprendió, fue hacia mi verga y se la metió a la boca, saboreando sus jugos y los míos, la sintió palpitar dentro de su boca y obviamente previó lo inevitable, ajustó fuerte sus dedos sobre la base de mi verga y se preparó para tragarse una de las venidas mas intensas y placenteras que tuve en la vida, se tragó hasta mi última gota y puso esmero en limpiar cada resto que escapó por la comisura de sus labios con su lengua.

    Se paró, se puso la camiseta y otra vez sin mediar palabra, recogió los restos de sus short e hilo y caminando con el culo al aire salió de mi cuarto.

    Yo no tuve tiempo a reaccionar, aún estaba ensimismado y absorto en las sensaciones de placer que había experimentado, sin saber si la volvería a ver o si ese había sido uno de aquellos momentos que cuando pasa el tiempo, aun te preguntas si fue verdad o solo un sueño elucubrado por tu imaginación.

    Afortunadamente esas preguntas se respondieron pronto y tuvieron un poco más de historia, si les gustó esta con gusto se las contaré.

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  • Cogiendo en la oficina con mi jefe, su hijo y su sobrino

    Cogiendo en la oficina con mi jefe, su hijo y su sobrino

    Hola amigos lectores de esta estupenda página, ya tenía algo de tiempo que no escribía algunas de mis aventuras y ahora les quiero contar algo de lo que me sucedió hace algunas semanas.

    Para los que no me conocen soy Karina, soy contadora de profesión y trabajo en un despacho contable, vivo en la ciudad de México, soy casada y tengo 2 hijas.

    Bueno aquí les dejo mi aventura.

    Tenía que salir de viaje junto con mi jefe a la ciudad de puebla, esto porque teníamos que realizar una auditoría a una empresa a la cual le llevamos la contabilidad, para esto tenía que preparar algunos documentos, así como algunos programas para poder realizar mi trabajo, ya que saldríamos al siguiente día muy temprano y no quería que por las prisas algo se me fuera a olvidar, ese día vestía (para no variar bien puta) un coordinado de bra y tanga en color lila, blusa negra escotada, minifalda y zapatillas.

    El día había transcurrido de forma normal y tranquilo y algo cachondo, por los toqueteos que mi jefe me daba cada que podíamos, en las piernas, nalgas, tetas y en mi panocha, yo al igual le acariciaba la verga por encima del pantalón. Después de la comida mi jefe que estaba ahí en su despacho de igual manera alistando sus cosas por que como les dije saldríamos muy temprano al siguiente día, cuando de pronto llego su hijo acompañado de su primo, los cuales al verme me saludaron de beso en la mejilla y se metieron al despacho de mi jefe, el cual después de saludarlos salió de ahí, yo me senté en el lugar de la secretaria y estaba apagando la computadora de ella ya que era la que estaba usando, pero desde el despacho de mi jefe se ve todo y supongo que no me di cuenta y al sentarme separe las piernas y pues ya se imaginaran el espectáculo que les estaba dando a esos chicos, sentí sus miradas pero no hice por cerrar las piernas, al contrario las abría un poco más para que pudieran observar mi tanga que apenas y cubría mi depilada panocha, los veía discretamente como se agarraban la verga por encima del pantalón, y algo se decían, esa situación me estaba poniendo muy cachonda.

    Entonces termine de apagar la computadora y acomodar las cosas que había utilizado y mi jefe estaba ocupado hablando por teléfono, me dirigí al tocador y al pasar por donde estaba mi jefe me agarro las nalgas muy rico y yo le pase la palma de mi mano por su verga, esto debieron verlo los chicos, ya que después de ir al tocador me dirijo al despacho de mi jefe y escuche que los chicos platicaban de mí. El sobrino de mi jefe le preguntaba a su hijo que si yo era la secretaria y él le contesto que no que era una de las contadoras y le dijo “además está bien buena a poco no?” Y el otro chico contesto “siiii, buenísima, yo si me la parchaba” y contesta el otro chico “si yo también me la cogía, pero por lo que vimos creo que mi tío se la anda cogiendo no?” Y el hijo de mi jefe dijo, “si mi papa se la anda parchando, ya los vi coger aquí en la oficina, es bien putona y le encanta la verga, porque ese día que se la estaba cogiendo, mi papa le decía que era una puta, que se comía la verga bien rico y ella le decía siii soy tu putaaaa no dejes de meterme tu vergota papiii me encanta como me cogesss, y después que termino de cogérsela mi papa le pregunto que como le había ido con el sr. Arturo el de la empresa de los filtros de aire al que también le llevan la contabilidad y la muy puta le contesto que bien que la había llevado a su casa y ahí se la cogió, y que cogió con el unas cuantas veces más, así que si me diera chance si le aventaba unos buenos palos, a la muy puta”, y su primo le dijo “pues como dices que es bien putona igual y nos la podemos parchar, vamos a darle unos rozones en las nalgas así como no queriendo a ver cómo reacciona igual y se pone cachonda y nos afloja las nalgas”.

    Al escucharlos hablar así me puse más caliente de lo que ya estaba.

    Me moví rápido de ahí para que no se dieran cuenta que los había escuchado e hice como que salía del tocador y ellos dijeron que ahorita regresaban que iban a la tienda que si quería algo les dije que sí que si me podían traer una botella de agua por favor y dijeron “si ahorita la traemos”. Al salir ellos se acercó mi jefe y comenzó a manosearme muy rico y yo a él, y me dice “ya viste como se te quedan viendo esos cabrones?” Le dije “cuáles?”, “mi hijo y mi sobrino”, “ah si ya me di cuenta”, “y a poco no te gustaría cogértelos puta?” Le dije “siii como no” y que me dice “pues cógetelos”, “ok ahorita que regresen a ver qué puedo hacer”, “si cógetelos que prueben lo que es coger con una buena puta y cuando te estén metiendo la verga entro yo y también te cojo y te damos verga los tres puta” y dije “ok papi”.

    Nos besamos muy rico y mientras lo hacíamos el metió sus manos bajo mi falda y me acariciaba las nalgas y después hizo a un lado mi tanga y metió un dedo en mi panocha y me dijo “mira nada más puta ya estas mojadita que perra eres mami por eso me gustas puta” y gimiendo por lo rico que metía su dedo en mi panocha le dije “si papi estoy bien cachonda de solo imaginar la verga de tu hijo y la tu sobrino”, y dijo “pues entonces cógetelos puta”, saco su dedo de mi panocha y lo chupo diciendo “mmm que rico sabe perrita” y se fue a buscar unos papeles y archivos a otro de los despachos. En eso llegaron los chicos, me dieron mi agua y se quedaron ahí conmigo, y así como no queriendo comenzó el roce de sus manos con alguna parte de mi cuerpo, y como yo no les decía nada y solo les sonreía pues eso les dio más ánimos de seguir y de repente ya no solo eran pequeños roces si no con todo el descaro del mundo me comenzaron a acariciar las piernas y pasaban la palma de ser mano por mis nalgas y yo cada vez estaba más cachonda y súper caliente que ya quería acariciar sur vergas, entonces sin decir más los dos comenzaron a acariciarme por todos lados, cerré los ojos y me deje llevar por sus caricias, sentí sus manos en mis piernas, nalgas y tetas, aun con los ojos cerrados busque con mis manos sus vergas para comenzar a acariciárselas, de pronto uno se colocó detrás de mí y el otro enfrente, el de atrás me besaba el cuello y el lóbulo de mis orejas poniendo aún más cachonda de lo que ya estaba, mientras me besaba con el chico que tenía enfrente y ninguno de los dos dejaba de manosearme súper rico.

    Y sin decir más nos metimos al despacho de mi jefe y entre los dos me desvistieron dejándome solo con las zapatillas puestas, me chupaban las tetas una cada uno, yo estaba en la gloria era delicioso sentir sus bocas chupando cada una de mis tetas de una manera diferente y tan rico, no supe en qué momento se desvistieron pero ya tenía ahí las dos ricas vergas paradas y se sentaron cada uno en una silla y yo me hinque para comenzar a chuparles la verga alternadamente, ellos me agarraban las tetas, las nalgas y decían que rico les chupaba la verga. El hijo de mi jefe decía “aaaah que rico mamas el pito puta” y le decía a su primo “ya ves te dije que era bien puta esta vieja” y su primo decía “siiii se ve que es toda una experta mamando verga y además lo hace bien rico”.

    Así se las estuve mamando a los dos, hasta que uno de ellos se paró y me dijo “para las nalgas que te voy a meter la verga puta”, yo me acomode y sin dejar de chuparle la verga al otro chico abrí las piernas y pare mis nalgas y de repente sentí como me ponía la punta de su verga en la entrada de mi panocha y comenzó a meterla mientras yo seguía chupándole la verga al otro chico, me la metió hasta el fondo de un solo empujón y lance un largo gemido, y después le dije “que rico me la metiste bebe”, y él dijo “ahhhh que rico te la comiste toda putaaaa” y ahí la dejo un rato, sentí como sus huevos chocaron con mis nalgas, y pase la mano por debajo y le acaricie los huevos y el soltó un “mmmm ahhh que bien se siente eso putaaa” y después comenzó a bombear bien rico y yo a moverme para sentir más rico su verga en mi panocha, y decía “no mames primo se mueve bien rico la putaaa mira como se la come toda”. Yo me movía para que sintiera rico y después de un rato, el chico al que se la estaba chupando le dijo “ya primo déjame meterle mi verga quiero ver como se la come toda y sentir lo caliente de su pucha”, cambiaron de lugar y ahora el otro chico era el que me metía su verga y se la chupaba al que me había cogido antes.

    Y el chico que ahora me cogía decía “siii, aaaah mueve bien rico el culo la muy perraaa” y me lo metía hasta el fondo muy rico y me acariciaba las tetas mientras me cogía y entonces al chico al que se la estaba chupando dijo, “vamos a meterle la verga por el culo y la panocha al mismo tiempo” y les dije “siiii, chicos vamos cójanme así, pensé que nunca lo dirían”, y los dos rieron y uno de ellos dijo “eres bien putona y golosa perrita”, y rápido nos acomodamos para que me pudieran meter la verga los dos, se acostó uno y me subí en él, me la metió bien rico y el otro chico me puso saliva en mi culito y le chupe la verga y se la deje llena de saliva para dejársela bien lubricada y el chico que me estaba cogiendo por la panocha dejo de moverse, y con ambas manos me abrió las nalgas y el otro puso la verga en la entrada de mi culito y me la comenzó a meter despacito hasta el fondo, así como me iba entrando toda su verga gemía y le decía “aaah, que rica verga bebe, tienes que ricaaa”, una vez que la tuve toda adentro él dijo “siii que rico culo tienes puta” y me dio una tremenda nalgada que me hizo gritar y decir “que ricooo” y comenzaron a moverse al mismo tiempo. Era delicioso estar ensartada por la panocha y el culo por estos chicos, yo estaba disfrutando mucho esta rica cogida que ambos me daban gemía y les decía “siiii cójanme asiii de rico no paren, que rico me están cogiendooo, por favor no paren ahhh que delicioso”. Después de un rato sentí como se comenzó a tensar mi cuerpo y tuve en orgasmo súper delicioso, y les grite que me estaban haciendo tener un orgasmo riquísimo y súper intenso cuando termine de venirme, uno de ellos dijo “bueno vamos a cambiar primo quiero probar ese culito”, y cambiaron de lugar, ahora el hijo de mi jefe me la metería por el culo, y su primo le dijo “a ver si le cabe tu pito primo, ya que lo tienes grande y grueso”, y le contesta “claro que le cabe a la muy puta, si le cabe el de mi papa que es más grande y gruesa que la mía, entonces también le cabe todo mi pito verdad puta?”.

    Yo apenas podía hablar por el placer que estaba sintiendo y entre balbuceos le dije “si bebe claro que me cabe todaaa tu verga”, apenas me metió la verga en el culo dijo “siii tenías razón primo que rico culito tiene esta putaaa y mira como si le entro todo mi pitote a la muy perra”, y el que me la metía por la panocha dijo “siiii también su panocha esta rica” y así continuaron cogiéndome bien rico hasta que no aguantaron más y se vinieron pero al hacerlo me lo sacaron y se las chupe para comerme su leche y decían “si chúpanos el pito porque te vamos a dar los mecos puta”.

    Se vinieron y trague toda su rica leche, les deje la verga limpia y para mi deleite sus vergas seguían paradas (bendita juventud) así que sin descansar volvieron a acomodarse para cogerme entre los dos nuevamente, no nos dimos cuenta en que momento entro mi jefe ni a qué hora se quitó la ropa, solo escuchamos que dijo “mmm que bien eh, se ve que están disfrutando de mi puta” y se acercó a mí y me dio un beso en la boca y dijo “se ve que tú también lo estas disfrutando mucho puta”, no podía hablar así que solo moví la cabeza afirmando que si lo estaba disfrutando. Después de eso me puso su verga en la boca, y empecé a chupársela, y les decía “disfruten de mi puta cójansela, prueben lo que es una buena puta”, al poco rato le dijo a su sobrino “ahora ven a que te la chupe déjame darle por el culo a esta puta”, y me dejo ir toda su verga en mi culo de un solo empujón, y diciendo “ahhhh tienes el culo bien abierto puta se te fue toda la verga”, yo lance un largo gemido y le dije “ahhhh papi que rico me la metiste, me encanta que rico”, mientras su hijo me daba por la panocha y a su sobrino se la chupaba y después volvieron a cambiar de lugar y así hasta que los tres probaron mi culo, panocha y boca para luego venirse cada uno en el lugar que ocupaban en ese momento. Mi jefe se vino en mi boca, su sobrino en mi culo y su hijo en mi panocha, terminamos de coger y los tres se sentaron quedando frente a mi sus ricas vergas las cuales comencé a chupar para dejárselas bien limpias.

    Después de eso comenzamos a vestirnos y al terminar los tres me dieron un rico beso diciendo que a ver cuándo se volvía a repetir pero en otro lugar donde estuviéramos más cómodos, les dije que sí que cuando quisieran.

    Entonces mi jefe se me acerco y me dio un largo y cachondo beso y me dijo al oído “que puta eres Kari espero que lo hayas disfrutado”, le dije “siii papi y mucho” y dijo “ya te cogiste a mi hijo y sobrino a ver que día me prestas a tus putitas” refiriéndose a mis hijas ya que en algunas ocasiones hemos fantaseado y hablado de que se las quiere coger “para que me las coja o mejor aún vamos a reunirnos tus hijas, tu, mi hijo, mi sobrino y yo y les damos una muy buena cogida a las tres putas, que te parece?” Le dije “si papi me agrada la idea” y quedamos en que muy pronto nos darían una buena cogida.

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  • Larga noche de invierno

    Larga noche de invierno

    Sabía que era lo que pretendías con ese juego y aun así acepté. No sé muy bien porqué, pero nunca he sabido negarte nada. Así que ahí estaba, tumbada en la cama de la habitación de hotel, vestida tan sólo con un pequeño tanga negro, esperando a que llegases.

    Sentí un pequeño golpe en la puerta y mi corazón dio un vuelco. Ahí estabas. Me dirigí a abrir despacio, con miedo de lo que pudiese pasar esa noche, muerta de vergüenza por sentirme tan vulnerable. Podría decir que me tranquilicé al verte pero no sería cierto, tú nunca me provocaste tranquilidad precisamente. Deseo, atracción… eso era lo que me provocabas, lo que aún me provocas.

    Nada más abrir, sin que te diese tiempo a mirarme, te abalanzaste sobre mí. Me encantan tus labios, tan carnosos; y tú lengua, tan hábil que cuando me besas tan desesperadamente sólo puedo suplicarte que sigas, que bajes con ella recorriendo mi piel y no pares hasta perderte entre mis muslos. Acababas de llegar y yo ya había perdido el control.

    – Hola preciosa, me alegra que hayas aceptado.

    Esa mirada… Intenté quitarte la ropa pero no me dejaste; todavía no, me dijiste.

    – ¿Por qué no te arrodillas?

    Y yo lo hice, sabiendo lo que vendría a continuación. Te desabrochaste el pantalón y sacaste tus 20 cm. Me gustaba verme así, desnuda y arrodillada frente a ti. Tanto que no podía esperar para tener tu miembro en mi boca y empecé a besarte, a lamerte, a jugar con tus huevos y meterme la polla hasta el fondo con auténtico placer. Me cogiste la cabeza con una mano para guiar mis movimientos y después, tan caliente que no podías controlarte, empezaste a follarme la boca. Me sentía como una zorra, ansiosa y cachonda, tan sólo deseando que me llenases con tu leche. Para mi sorpresa cuando estabas a punto de correrte me tiraste con fuerza del pelo hacia atrás, haciéndome gemir de dolor y desesperación al sacarme tu polla de la boca para comenzar a masturbarte frente a mi cara. Yo quería volver a comerte, te miraba suplicándote que me dejases acercarme de nuevo e intentaba llegar con mi lengua hasta tu polla. Por toda respuesta me sonreías con esa mirada pícara, de niño malo, que no hacía más que acrecentar mi deseo; y me alejabas de nuevo justo cuando estaba a punto de rozarte con mis labios. Seguiste jugando conmigo, masturbándote frente a mí hasta que tu sonrisa se transformó en un gemido y te corriste sobre mi cara y mi boca abierta. Mmm… que ganas tenía de saborearte. Seguías teniéndome agarrada por el pelo y con tu otra mano te cogiste el miembro, aún duro, y lo restregaste contra mi cara para arrastrar los restos de leche que me cubrían hacia mi boca, que los recibía ávida. Te divertía tanto tenerme así…

    Cuando me levanté me temblaban las piernas de excitación, me dirigí hacia la cama y te supliqué… te supliqué que me follaras de una vez. Te desnudaste y te acercaste a mí para susurrarme al oído, mientras deslizabas una mano desde mi ombligo hasta mi coñito, totalmente empapado.

    – Me gustaría pedirte una cosa, aunque creo que ya sabes lo que es…

    Tu mano siguió acariciándome, metiste un dedo dentro de mí, suavemente; y yo no pude evitar sonreír. Tenía tantas ganas de que me follases, bien duro, que aceptaría lo que fuese. Es más, tu propuesta me atraía tanto que no tenía sentido negarse.

    – ¿Siempre te sales con la tuya verdad? Entonces tendré que conocerla…

    Tu reacción no se hizo esperar, buscaste tu teléfono entre la ropa y la llamaste. En unos minutos, me dijiste, estará aquí. Serás cabrón, lo tenías todo preparado, apenas unos segundos después de tu afirmación sonó un tímido golpe en la puerta. Al menos, pensé, espero no ser la única nerviosa ante esta situación.

    Tengo que reconocer que siempre has tenido buen gusto. Nunca creí que llegaría a sentirme atraída por otra chica, pero en este caso lo estaba. Quizás fuese que estaba tan caliente que necesitaba correrme desesperadamente y no importaba con quién pero… tenía muchas ganas, y curiosidad, de que empezase el juego.

    Te acercaste a ella y comenzaste a desnudarla mientras le magreabas esas tetas que a mí me estaban dando ganas de morder y lamer. ¡Joder! ¿Qué me estaba pasando? Lejos de sentirme celosa, como esperaba, me excitaba mucho veros acariciándoos y no pude evitar empezar a masturbarme. Mis dedos se hundían sin ninguna dificultad en mi coño totalmente empapado cuando decidiste que ya era hora de presentarnos.

    – Como espero que todos nos llevemos muy bien, podríais empezar dándoos un beso, ¿no creéis?

    Me acerqué hasta ella gateando sobre la cama y la chica se agachó para besarme mientras tú nos mirabas. Empezó siendo un beso dulce, tímido, pero la excitación nos venció y casi sin darme cuenta acabé mordiendo sus pezones, gimiendo como una loca y hundiendo mis manos entre sus piernas, con la esperanza de que ella hiciese lo mismo. Me encantaba el contacto con su piel, su mirada turbia, como la mía, que me encontraba cuando nos dábamos un respiro. Entonces reparamos en ti, te habías acercado a la cama y estabas de pie frente a nosotras. Nos sonreímos cómplices y nos acercamos a tu polla. Debía de ser una visión increíble, las dos peleando entre bromas y besos por lamerte, turnándonos para meternos esos 20 cm. en la boca, mientras la otra te lamía los huevos.

    Estuvimos así un buen rato, hasta que me apeteció probar algo nuevo. Dejé a Sara, (la llamaré Sara, pues nunca me dijiste su nombre), comiéndote y me coloqué detrás de ella. Empecé a besarle la espalda y fui descendiendo. En esa posición tenía una visión perfecta de su coñito húmedo y depilado así que no pude resistirme a lamerlo. Sara se estremeció de placer y se movió para dejarme más sitio pero yo necesitaba algo más y tú lo comprendiste enseguida. Mientras yo jugaba con su clítoris y hundía mis dedos dentro de ella tú me colocaste a cuatro patas sobre la cama y comenzaste a follarme. Lo hiciste de golpe, sin avisar, metiéndomela hasta el fondo con movimientos duros y secos, mientras me dabas azotes con una mano y hundías más mi cabeza entre sus piernas con la otra. Me gustaba tanto que no podía aguantar más. No dejaba de oír vuestros gemidos y me imaginaba tu cara de vicio viendo en primera línea nuestras caricias así que fui la primera en correrme. Lo hice entre temblores, con mis gritos ahogados en el coño de otra, totalmente enloquecida.

    Vosotros lo hicisteis poco después y no sería la última vez en esa larga noche de invierno, de la que no desaprovechamos ni un solo minuto. Pero el resto… el resto prefiero que lo cuente Sara.

    Y que estas palabras sean mi despedida.

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  • Soy el macho y amante de mi madre

    Soy el macho y amante de mi madre

    Nunca imaginé que aquella mañana de enero mi vida tendría tal vuelco, que hasta el momento no he podido asimilar todo lo que me ha pasado estos años. Mi relato quizás busque una catarsis que puede amilanar un poco lo que mi consciencia a veces me recuerda. Provengo de una familia de clase media; mi padre un ingeniero de petróleos y mi madre una arquitecta de cierta notabilidad en mi ciudad. Tengo una hermana mayor que se casó hace 3 años y se fue a vivir con su marido.

    Aunque sé que el matrimonio de mis padres siempre estuvo signado por la rutina o el desgano de mi madre, y las continuas aventuras de mi padre, a quien no justifico, no pensé que la separación fuera tan inminente. Vivimos en una ciudad muy calurosa durante todo el año, puesto que el trabajo en la multinacional petrolera de mi padre queda a dos horas de donde residimos. Un mes antes, al regresar de la facultad donde estudio ingeniería civil, me sorprendió encontrar a mi madre en casa, bastante descompuesta, con una vaso de licor en las manos, algo inusual puesto que eran apenas las cinco de la tarde. La saludé como acostumbraba con un beso en la frente, y me dirigí a mi cuarto para tomar una ducha, vestir algo cómodo, comer y pegarme de mi laptop a hacer mis deberes.

    Al bajar a la cocina, ella, un poco turbada por el licor, estalló en un llanto que me angustió. La abracé y le pedí que me contara que pasaba. Me comentó que mi padre había tomado la determinación de irse definitivamente de la casa y aunque la verdad que él permanecía casi toda la semana por fuera, pues ahora quería iniciar los trámites del divorcio. Para ser sinceros esta noticia no me afectó, puesto que era preferible que todo acabara en buenos términos y no tener que vivir el infierno de dos seres que apenas si se dirigían la palabra en casa. Para rematar mi madre me dijo que debíamos mudarnos de apartamento puesto que mi padre había decidido venderlo, y ante la oferta que era buena, eso le facilitaba que ella pudiera tomar su parte en los bienes que le correspondían. Conclusión; a comenzar a empacar y prepararme para la mudanza, lo cual ocurrió un mes después.

    Mi madre había comprado un apartamento en las afueras de la ciudad, en un proyecto inmobiliario para el que trabajaba. Ante la premura debimos ocuparlo sin los acabados necesarios, es decir sin puertas interiores y otras cosas, ya que ella que es en extremo cuidadosa, prefería importar todos los interiores para hacer de éste sitio algo muy lindo. A mi, la verdad me importaba un carajo todo. El apartamento era realmente pequeño, con dos cuartos, un estudio y un área de servicio. Sin embargo la vista era preciosa puesto que ocupábamos el piso 12.

    El cuarto de mi madre tenía su baño privado y yo decidí que como nadie nos visitaba, el baño social sería mío. De lo único que nos ocupamos fue de comprar unas cortinas provisionales para evitar que los vecinos de los apartamentos vecinos pudieran espiarnos, sobre todo a mi madre Nos instalamos pues en nuestro nuevo hogar, y ese evento de la mudanza despertó entre nosotros algo desconocido; un afecto increíble que nos hizo demasiado bien a los dos. Bromeaba permanentemente con ella, le daba abrazos fuertes para levantarle la moral y le preparaba un trago en la tarde cuando regresaba de su oficina. Aparte de eso tuvimos que seleccionar muchas cosas que no usaríamos para regalarlas, debido a lo reducido del espacio.

    Desechamos algunos muebles, utensilios y otras cosas las llevó papá a su nueva casa. Mi madre entonces se dio cuenta que su guardarropas debería sufrir un recorte muy grande y sentados en su cama, comenzamos a escoger entre los dos, que cosas no usaría más. Al observar varios de sus trajes, descubrí que muchos de ellos jamás se los había puesto, por lo que ella decidió colocárselos para que yo pudiera opinar si los guardaba o no.

    Los modelaba con cierta coquetería al tiempo que se colocaba unas zapatillas abiertas de tacón bastante elevado lo cual resaltaba mucho más lo gracioso y voluptuoso de su figura. Yo la observaba atento, pero de un momento para otro, la sensación de admiración y respeto hacia esa mujer, fue diluyéndose y transformándose en una extraña mezcla de curiosidad por descubrir más de esa piel que por momentos ella me permitía apreciar, al tirar un vestido y ponerse otro, quedando en sostén y pantaletas que por cierto eran diminutas.

    De todas maneras y dado que muchos de los trajes le quedaban bastante ajustados le pedí que los guardara puesto que en realidad se le veían bien, aunque en realidad se notaba extremadamente vulgar por el tamaño de sus grandes nalgas. Convivir en esas circunstancias dio origen a lo que se convirtió no en una estrecha relación filial, sino en una indefinida y tácita relación de macho y hembra, y ese es el motivo que me lleva a relatarles esto. Esa mañana de enero de la que hablaba, nuestras vidas cambiaron para siempre.

    Resulta que Sofía, que es el nombre de mi madre y como la llamo desde entonces había olvidado su toalla de baño y me pidió que por favor la alcanzara una. Entré desprevenido a su cuarto y como la ducha era de acrílicos transparentes sin querer la observé como Dios la trajo al mundo. Desde muy niño la había visto en paños menores pero nunca reparé en ella como hasta el día que se probó sus vestidos y más en ese momento.

    Ella sin darle importancia a mi presencia, tomó la toalla y comenzó a secarse. Salí del cuarto con la impronta de su total desnudez martirizándome; quemándome las entrañas y para qué negarlo, con una inquietud que terminó en una maldita erección como pocas veces tuve en la vida. Haberla visto así, en la plenitud de su piel blanca y sus cabellos húmedos surcándole los hombros, su pubis ligeramente rasurado, enmarcando ese triángulo en medio de sus muslos, era algo para lo que no estaba preparado. Decidí entonces regresar a contemplar ese precioso espectáculo, y cuidando de que no se percatara, pude verla de espaldas a través del espejo de su tocador.

    Era preciosa. Me impactó el tamaño de sus nalgas redondas y provocativas, así como sus piernas gruesas. Mientras esparcía la crema por su cuerpo, mi pene comenzó a crecer exigiéndome ese monumental pajazo que me hice inmediatamente en la ducha. Ese día no pude apartar su imagen de mi cabeza, y lo único que deseaba era regresar a casa para poder verla de nuevo, al salir de su baño. Sabía que era mi madre, y era consciente de que estaba ad portas del incesto, pero nada me importaba como no fuera disfrutar su belleza.

    Sin embargo a pesar de la convivencia permanente, solo hasta ese momento pude comprobar que si bien ella despertaba en mi, ciertas emociones inexplicables, lo cual en un principio atribuí a nuestra relación filial, no estaba exento de experimentar esas mariposas en el estómago cuando ella dedicando toda su ternura jugaba conmigo en la cama, por lo cual la imagen de su semi desnudez no me era extraña, pero si fue lastrando una curiosidad mucho más allá de lo que supuestamente me era permitido. De todas maneras dada la presencia de papá en casa, cualquier inquietud quedaba de lado, puesto que inconscientemente la imagen de otro macho apaciguaría en mi, cualquier deseo hacia ella. Por eso a partir del momento en que vivimos juntos, las cosas dieron un giro de ciento ochenta grados y el volcán del deseo, hasta entonces dormido, despertó con toda la furia al tener tan cerca su precioso cuerpo y poder observarlo furtivamente, tal como Dios la trajo al mundo.

    Los días siguientes fueron un tormento cada vez mayor. Comencé a madrugar para poder espiarla a las 5 y 30 am, y me encantaba mirar como se jabonaba en un ritual mas de complacencia que de higiene. Tomaba la afeitadora y procedía a rasurar la entrepierna de su vello púbico, dejando intactos los de la entrada de sus labios y una pequeña área de su monte de venus, lo mas cercano al cielo que tuve en mi vida. Queriendo no perder un solo detalle en lo sucesivo, cambié el sitio de su cama y su tocador, para que pudiera verla tranquilamente por el espejo, que además reflejaba la ducha también.

    Aunque nada podía compensar la magnitud de su desnudez, comencé a experimentar unos estados de ánimo que no conocía, y que oscilaban entre la euforia y la depresión luego de haberme masturbado pensando en ella. No sé si notó estos cambios pero de un momento para otro comenzó a hacerme ciertas preguntas acerca de mi sexualidad, que no eran frecuentes. Le comenté acerca de un par de nenas, hijas de amigos de la familia, con quienes tuve sexo pero la verdad que todo fue muy insulso. Ella fingidamente sonreía con mis comentarios, y en un momento me dijo que cuál era el tipo de belleza que me hacía perder la cabeza. Por poco le respondo que precisamente era ella, pero de todas maneras si le dije que quizás por ser su hijo, me hubiera encantado una mujer así de su porte, su figura y su color de piel.

    Se rió demasiado y queriendo bromear conmigo me dijo que podríamos ser novios pero platónicos, ya que era mi madre. Yo me reí mucho también y le dije que aceptaba encantado, pero que si podría invitarla a salir al cine, y porqué no acompañarla a tomarse sus tragos. Queriendo sellar nuestro pacto de esa conversación aparentemente inocente, la abracé con fuerza y le di un sonoro beso en su mejilla, pero al tratar de zafarse de mis brazos, su boca rozó la mía y fue inevitable que nuestros labios tuvieran ese contacto. Nos miramos a los ojos sorprendidos pero queriendo evitar reacciones de su parte le dije que me disculpara pero que ella se había movido y por estar jugando conmigo pues le había besado su boca, que además era muy hermosa… Me miró extrañada, pero no demostró disgusto para nada, y creo que ella esperaba que por las circunstancias algo pasara entre nosotros a pesar de la maldita prohibición que la sociedad nos imponía por ser madre e hijo. Seguimos conversando banalidades, y ante la inminencia de un fin de semana decidí irme a mi cuarto a terminar una investigación pendiente para el día siguiente viernes.

    Sé que muchas cosas pudieron pasar por nuestras cabezas a partir de ese día. Y estoy seguro que muchas veces que Sofía se detuvo en mi ducha para comentarme algo; y era inevitable que observara mi cuerpo desnudo. Tengo 1.78 de estatura, soy delgado, pero atlético y sin presumir creo que mi miembro es normal para mi tamaño, aunque mis huevos si son bastante grandes. Sofía tiene 1.68 de estatura, unas caderas que miden 115 centímetros, 36 de sostén, y unas piernas bastante gruesas, las cuales se enmarcan de manera deliciosa cuando usa ciertas prendas ajustadas, como faldas o jeans.

    Sé que esos kilos de más que tiene, se encuentran justamente en el tamaño de sus nalgas inmensas, deliciosas. A pesar de haber parido dos hijos su vientre es perfectamente alineado aunque de hecho, por ser una mujer blanca si tiene estrías, pero no son desagradables. Es más, creo que es el prototipo de la mujer que sin ser gorda es voluptuosa, exuberante y con formas que llaman la atención a todos, menos al cabrón de mi padre cuya afición por las putas hizo que mi madre terminara cogiéndole fastidio. Y era apenas natural que así ocurriera puesto que mi madre al único hombre que tuvo en su vida fue a mi papá, alguien que no se distinguía precisamente por su fidelidad. Por eso hoy en día entiendo que la frigidez de mamá se debió al maltrato e incomprensión de un hombre como mi padre acostumbrado a manejarse entre prostitutas, y cuyas actitudes debieron afectar demasiado a una mujer inexperta como Sofía.

    A partir de esas conversaciones tuve dificultades para conciliar el sueño. Elucubraba mil fantasías, pensando en ella, a su lado, besándola, acariciándola y olvidando por completo lo que nos unía. Sofía se convirtió en mi obsesión, en el único motivo para ser feliz, para sentirme absolutamente enamorado de ella, de sus ojos cafés, de sus cabellos castaños, de sus manos delicadas y de la locura de su cuerpo hecho deseo para mi. Pienso que cambié demasiado a partir de entonces pues ella lo notó y me lo hizo saber.

    Era extraño que quisiera estar ayudándole en las labores de la casa y ofreciéndome para hacer lo que fuera con tal de estar a su lado. Para acabar de dañarme la mente, ella permanecía en casa con unos pequeños shorts de tela muy liviana que se partían en medio de su vulva y entraban ligeramente en medio de su precioso culo. Usaba unos tops que me dejaban observar su vientre hermoso con ese ombligo profundo que no tardaría en chupar hasta enloquecerme. Calzaba unas sandalias que le iban perfectas a la belleza de sus pies largos, delgados y con unos dedos divinamente arreglados y sus uñas pintadas de varios colores nacarados.

    Y esa parte de su cuerpo despertó en mi, un fetichismo que me trajo toda la complacencia, sobre todo cuando ella al regresar de su trabajo, se descalzaba y sentándose en el sofá procedía a masajearlos puesto que la altura de sus tacones le cansaba un poco. Una tarde cualquiera le pedí que me dejara darle su masaje, a lo cual no se rehusó. Tomé un poco de crema en mis manos y procedí a esparcirla por sus plantas, dedos y tobillos, acariciándolos suavemente, y tratando de disimular la excitación que me producía el contacto de sus hermosos pies. Esa primera vez comprobé como el contacto de mis manos le causaba una sensación de placer que tampoco pudo ocultar, puesto que su respiración se notaba agitada. Había vestido una pijama de tela vaporosa que le llegaba hasta las rodillas, por lo cual le pedí que se recostara en el sofá totalmente, mientras yo desde la esquina opuesta continuaba con mi labor supuestamente para desestresarla.

    Estuve frotando sus pies por lo menos una media hora, y poco a poco fui subiendo mis manos hasta la altura de sus pantorrillas, y sin poder evitarlo al encoger sus piernas dejó ante mis ojos toda la belleza de sus muslos y su ropa interior, por lo que ella procedió a cubrir su intimidad con la pijama pero descubriendo un poco mas sus muslos, algo que me dejó atónito, puesto que el grosor de éstos, y una ligera celulitis en la cara interna de sus piernas eran algo demasiado provocativo para todo lo que se fraguaba en mi mente al comenzar a verla con toda la lascivia y falta de pudor.

    Esas supuestas atenciones se repitieron los días siguientes, en un contubernio en el cual ella disfrutaba mis caricias, mientras yo aumentaba el deseo por tenerla conmigo, en esa actitud en la cual la suavidad de sus pies, la belleza indescriptible de estos y el espectáculo de sus piernas hacían que una vez acabara buscara cualquier pretexto para masturbarme en su nombre. Una tarde no resistí y viéndola ligeramente adormecida, luego de limpiar la crema de sus pies, los acerqué a mi boca, pasando mi lengua suavemente por su empeine y sus plantas, chupando sus dedos imperceptiblemente, ante lo cual Sofía retorciéndose me miró riendo y me dijo que esas caricias jamás las había sentido y que le producían una cosa muy rara… no dije nada, y mordí suavemente sus deditos, diciéndole que eso no tenía nada de malo. No respondió nada, pero su turbación era evidente, así que decidimos dar por terminado el masaje.

    De un momento para otro comenzó a usar ciertas prendas para dormir que dejaban muy poco para mi imaginación. Vestía unas pijamas transparentes de color negro y rojo cuyo tejido me permitía apreciar totalmente la dimensión de sus senos y sus pezones grandes, así como también el tamaño de sus pequeños interiores que entrando en medio de sus nalgas daban toda la libertad para que estas armónicamente se mecieran cuando ella caminaba.

    Sé que en cada una de sus actitudes había una cierta coquetería o desafío, y pienso que encararme de esa manera perseguía, o bien que se me quitara la bobada con respecto a ella, y me acostumbrara a verla como mi madre o, a acabar de generar ese clima de morbo infinito en el cual convivíamos. Para bien o para mal ocurrió esto último y la tentación de estar solos, de vivir en esa intimidad peligrosa habló mas alto. Sin poder evitarlo comencé a buscar un contacto cada vez mas cercano, abrazándola por el menor motivo y queriendo apartar cualquier prevención de su parte, comencé a jugar con sus cabellos, a cargarla a pesar de sus 65 kilos de carne deliciosa, y a llevarle el jugo a su cama en las mañanas de los fines de semana, cuando entraba a su cuarto, me sentaba en su cama y le estampaba un beso en su frente acariciando sus cabellos y despertándola con frases melosas.

    Quería convertirme en el macho que nunca tuvo, en ese hombre tierno, atento, detallista, que la consintiera y la hiciera sentirse la nena que nunca pudo ser. La cercanía de nuestros cuerpos era cada vez menos inocente, y yo en casa dejé de usar pantaloncillos y me colocaba únicamente un short que le permitiría dimensionar y sentir en su piel el tamaño de mi pene. Cuando la abrazaba al comienzo evitaba que mis piernas entraran en contacto con su cuerpo, pero decidí que era preciso que tomara la iniciativa y empecé a juntarme mas al suyo, abrazándola con fuerza, pasando mis manos por su talle y acercando mis labios a su cuello, cuya cercanía le producía una sensación inocultable que se expresaba a través de lo erizado de los preciosos vellos de sus brazos. Solo faltaba un pretexto para terminar amándonos como hasta ahora lo hacemos.

    No había pasado un mes cuando llegaron las puertas interiores y ella contrario a lo que pensaba, las dejó de lado diciéndole al maestro de la obra que las instalaría cuando todo llegara y no por partes. Eso me confirmó que ambos podríamos estar deseando espiarnos mutuamente, y que ella sabía que yo vivía pendiente de sus entradas a la ducha para darme el espectáculo de su piel de marfil, acariciándose con el jabón y reprimiendo el deseo insoportable que sentíamos y que estaba a punto de enloquecernos. Un viernes en la noche tuve que ir a un compromiso de la facultad. Cuando regresé estaba muy cambiada y de un pésimo humor. Había vestido una trusa negra que la cubría totalmente, y al mirarme, el disgusto en su mirada era evidente. Me preguntó si quería comer algo, pues debía estar muy hambriento después de haber estado con todas las puticas de la facultad, y que en eso era igualito a mi padre.

    No podía creer lo que ella me estaba diciendo. Sofía estaba celosa, enloquecida de pensar que otra mujer y no ella se hubiera acostado conmigo. Me quedé mudo, y mirándola fijo a los ojos me fui acercando poco a poco. La tomé de las manos y le expliqué que si me había demorado se debía a que precisamente ese día, era la despedida de la facultad y que a pesar de que todos se citaron en una discoteca de moda, y que la fiesta presagiaba todo el desorden del mundo, yo preferí regresar a casa puesto que nada compensaba la alegría de estar a su lado.

    La abracé con fuerza; quería fundirla a mi cuerpo, en tanto que ella abandonándose por completo comenzó a sollozar pidiéndome perdón por ser tan celosa cuando yo no era su macho sino su hijo. Me rodeó con sus brazos por mi cuello como implorando ese perdón y esa protección que no quería perder. Sentir su aliento tan cerca, el perfume de sus cabellos aún un poco húmedos por el bálsamo que se aplicaba y sus senos totalmente aprisionados a mi pecho, me hicieron sacar a flote todo el cúmulo de emociones reprimidas, de sentimientos, de amor y deseo inaguantable.

    Estuvimos así; quietos, sin querer apartar nuestros cuerpos en un abrazo que nos condujo a ese nuevo universo en el cual nos sumiríamos para siempre. Comencé a besar su frente, a murmurarle que era la mujer mas preciosa del mundo; la mujer mas tierna y amorosa y que por nada ni nadie estaría dispuesto a dejarla sola. Sentí como se estremecía mientras mis labios imperceptiblemente se posaban en sus párpados cerrados, y mis manos la asían con mas fuerza por su talle delicado. Tomé su carita entre mis manos y sin que pudiera evitarlo posé mis labios suavemente en los suyos. Nos miramos intensamente sin que ninguno de los dos tratara de evitar ese contacto, hasta que enloquecido abrí mi boca y con mi lengua fui abriendo lentamente sus labios, mordisqueándolos sin que ofreciera resistencia.

    No sé cuánto tiempo pudimos estar besándonos con esa fragilidad en la que era preciso estar totalmente entregados, sin hablar, para que el hechizo no fuera cortado. En un momento reaccionó y apartándose de mi, me miro aterrada. “¡Por Dios, que estamos haciendo?”, fue lo único que alcanzó a decir puesto que nuevamente callé su boca con la mía, y cargándola la llevé hasta su cuarto. Sofía comenzó a gemir como una chiquilla pidiéndome que me detuviera puesto que se hallaba demasiado frágil emocionalmente y tan confundida, que estaba al borde de la locura conmigo.

    Sin decir nada la acosté en la cama, me recosté a su lado, y seguí abrazándola, ya no con ternura, sino dejando que mis manos bucearan por toda la extensión de inmaculada espalda, hasta sus caderas, al tiempo que mi miembro totalmente enloquecido se refregaba en sus piernas para que su voluntad fuera doblegándose por el contacto de un macho. Ella respirando agitada solo murmuraba “no, no, no por favor, mi vida, esto no está bien mi cielo, no, nooo… qué estamos haciendo por Dios“; aunque ya sus manos se aferraban a mi espalda llevando la contraria a lo poco que quedaba de su cordura y sus prejuicios.

    Sin soltarla comencé a bajar el pantalón de su trusa, lo cual quiso evitar pero dada mi fuerza no pudo impedirlo. Pude palpar por primera vez la delicadeza de toda su piel de fuego, la lisura de sus piernas y sus nalgas descomunales y perversas. Acaricié su hermoso culo con sevicia, pero sin llegar a lastimarla, mientras se excitaba cada vez mas cerrando sus bellos ojos de los cuales brotaban unas deliciosas lágrimas que secaba con mis labios. Me detuve con mi mano izquierda a recorrer la suavidad de su vientre en cual un día me tuvo y hoy estaba dispuesto a disfrutar de nuevo en toda la plenitud de un placer diferente.

    El sentir su dermis me quemaba, me dejaba completamente enloquecido, por lo cual aflojé mi pantalón y lo tiré a un lado… Continué besándola y recostándome encima de ella, abrí sus piernas poco a poco para que su sexo empapado de un gozo diabólico y extraño para ella, experimentara la dureza del mío. Los gemidos de mi princesa eran mas y mas intensos cada vez. Abrió sus piernas de par en par, para sentir todo el volumen de mi verga estrangulada por el bóxer y a punto de penetrarla. Besé su cuello, lamí sus orejas y sin decirnos nada, levantándose un poco, tiró su blusa y aflojó su sostén. El espectáculo de sus tetas desafiantes me llevó a besarlas con ternura, aumentando mis caricias con mi lengua y mordiendo delicadamente sus pezones duros.

    Relamí cada centímetro de sus pechos, hasta llegar a sus sobacos lo cual me pareció increíble, pues ella se retorcía como una perra en celo. Bajé mi lengua por sus caderas y tiré de su tanga con mis dientes hasta sus rodillas, regresando a sumergirme en toda la extensión de sus labios vaginales, chupándolos, pasando mi lengua por todo ese vértice de lujuria que ahora era mío y que estaba dispuesto a beber por todo el tiempo del mundo. La besé y chupe con sevicia, como un poseído, relamiendo sus labios y su clítoris, pasando mi lengua por toda el área de sus piernas abiertas, hasta la entrada de su precioso ano; degustando cada gota de sus fluidos que manaban desde su alma entregada al deseo. El sabor y el aroma de su sexo era el mas poderoso lenitivo que jamás bebí, hasta que mi hermosa mujercita no pudo mas y estalló en un delicioso orgasmo, sollozando como una jovencita recién desvirgada.

    Sabía que en ese momento no contaba mi placer sino el de ella, y que debía continuar hasta que todas sus dudas, temores y remordimientos quedaran atrás ante la grandeza de nuestro mutuo amor y nuestras mas perversas pasiones. Ad portas de ser poseída y habiendo atravesado el umbral del no retorno, Sofía clavó suavemente sus uñas en mi espalda, y mirándome fijamente a los ojos, me obligó a confirmarle que en ese momento no me estaba acostando con ninguna perra de la facultad, pues una de esas zorras había dejado un mensaje en el contestador de mi casa, ofreciéndose para estar conmigo en la fiesta y anunciándome que estaba loca por hacer lo que yo ya sabía con ella. Mi hermosa mujer sentía celos, y no precisamente de madre: sentía celos de su macho, rabia de pensar que otra pudiera estar conmigo, cuando ella desde hacía mucho había dejado volar su imaginación al igual que yo, soñando con ese momento.

    Me reí mucho de sus ocurrencias y sabiendo que ese momento era irrepetible le confesé que estaba perdidamente enamorado de ella desde que estábamos viviendo juntos. Que hacía mucho tiempo había dejado de mirarla como mi madre y que todo el tiempo la observaba como la deliciosa mujer que era. Me confesó entonces que desde que llegamos a ese apartamento había comenzado a sentir lo mismo, y que vivía loca de celos cada que cualquiera de mis compañeras llamaba, y que muchas veces optó por no darme los recados, en particular en dos ocasiones en que había una fiesta bastante interesante, y que sin que yo me diera cuenta, desconectó el teléfono para evitar que llamaran a casa y entrando en mi cuarto apagó mi celular. No sabía que decir y simplemente solté una sonora carcajada.

    Continué besándola colocándola de lado, después de pasar mi lengua por su cuello, espalda, cintura y sus caderas donde me detuve a mordisquear sus nalgas infinitas. Sofía estaba enloquecida; gemía como una gata… regresé de nuevo a la indescriptible sensación de chupar su vulva, cuyos labios aumentaban de grosor… me dediqué a lamer cada poro, cada milímetro de piel de su culo vulgar y delicioso. Abrí su pierna derecha y la puse encima de mis hombros, y abriendo sus grandes nalgas exploré la delicia de su ano cuyos pliegues perfectamente delineados me acabaron de alucinar.

    Introduje mi lengua lo que mas pude tratando de dilatar ese orificio de placer, lamiendo todo lo que de ella bajara, pues todos sus fluidos, eran lo único que necesitaba para vivir desde entonces.. Dispuesto a que sintiera todo aquello a lo que tenía derecho, seguí lamiendo su sexo y su clítoris hasta hacerla sentir no sé cuantos orgasmos mas. Mi madre era multi orgásmica y no me explico como el imbécil de mi padre no se percató de semejante hembra tan lúbrica en su vida. Dándome vuelta y mientras chupaba su preciosa cuquita fui colocando mi pene cerca de sus labios, hasta percibir como su lengua comenzaba a lamerle la cabeza, y en uno de sus arranques de locura optó por meterlo todo en su boquita mamándolo con una delicadeza que no pude resistir vaciando todo el semen que no pude retener y que para mi sorpresa ella bebió encantada, queriendo extraer hasta la última gota. Sin embargo esa eyaculación no hizo mella en mi, y dispuesto a concluir nuestro pecado subí sus piernas a la altura de mis rostro besando y lamiendo sus bellos pies, mientras le colocaba en la entrada de su vulva todo aquello que tanto deseaba sentir en sus entrañas. La penetré con decisión, con fuerza, mientras ella daba un grito de placer y sus gemidos aumentaban así como el vaivén de sus caderas… me abrazaba durísimo y como cosa extraña comenzó a musitar palabras de grueso calibre, lo cual aumentó mi excitación y queriendo que mi verga entrara hasta su corazón le di las estocadas mas fuertes que pude, hasta que comenzó a gemir mas y mas, estallando en el orgasmo mas prolongado que pude experimentar en mujer alguna, mientras yo inundaba sus entrañas con el semen que hasta ese momento pude haber reprimido y guardado en su honor. Sofía evitando mirarme a los ojos, con una falsa vergüenza y un discutible pudor se aferró a mi, pasando sus manos por mi espalda, suspirando como una quinceañera enamorada, y recostándose en mi pecho fue adormeciéndose en esa nebulosa que ahora le demostraba que un nuevo amor, quizás prohibido pero esta vez el definitivo, había llegado a su vida.

    A partir de entonces y sin detenernos a pensar o a cuestionar nada, nos hemos convertido en marido y mujer. Siento que la amo cada vez mas; que la deseo las 24 horas del día, y que a pesar de dormir juntos totalmente desnudos, y hacer el amor en las noches, las madrugadas, las mañanas y cuando tenemos la oportunidad de estar solos, cada nuevo apareamiento es mas intenso y nos conduce a un estado de placer del cual ninguno de los dos quiere descender. Adoro su cuerpo y su piel blanca está cada vez mas expuesta a mis miradas. Tan pronto llega a casa prácticamente se desnuda a mi espera, o simplemente se coloca esas pijamas que nada cubren realmente.

    No veo la hora de regresar después de las clases y terminar mis obligaciones, para esperar que se abra esa puerta y poderla abrazar con todo el amor y estamparle el beso mas delicioso en su boca de fuego. No la dejo que se duche cuando regresa de su trabajo, hasta tanto yo no haya saboreado la delicia de su sexo y su culo sudorosos y acalorados, de su excitación con ese inconfundible aroma de sus hormonas y el sabor delicioso de sus orines y sus fluidos que se pegan a la entrepierna de sus tangas, las cuales relamo con locura. Amo olfatear y lamer también el sudor de sus axilas, y le prohibí que usara desodorantes puesto que el sabor de estos me molestaba y me dejaba un sabor desagradable en la boca.

    Me encanta sentarla en el sofá, tomar sus bellos pies en mis manos, acariciándolos de la manera mas pervertida, haciendo que con ellos acaricie mi pene, hasta hacerla morir de la risa, la excitación y el nerviosismo. La adoro, y adoro todo lo suyo; y me complace saber que es feliz a mi lado, cuando en las tardes nos recostamos a ver televisión o el fin de semana desconectamos nuestros celulares y nos tendemos desnudos en nuestra cama, a amarnos ajenos la mundo. Somos absolutamente felices y solo el maldito hecho de ser madre e hijo empaña a veces nuestra dicha total.

    Cada día está mas preciosa, y si bien ha engordado un poco, esos kilos inexplicablemente se depositan en sus adorables caderas, sus nalgas y sus piernas. Sentimos que nada ni nadie podrá separarnos y no tengo mas ojos que para ella, y sé que a pesar de celarme por todo, muy en el fondo sabe que no fijaría mis ojos en nadie que no fuera ella. La amo con devoción y locura y sé que ambos moriríamos solo de pensar en que un día tuviéramos que dejarnos. Para evitar inconvenientes decidimos que se operara el año pasado, pues no hay día que no hagamos el amor sin tener en cuenta ni siquiera su período menstrual, púes me ha confesado que es en los días que mas excitada está y para ser sinceros, chuparla durante su período me encanta, por el olor y el sabor de sus flujos de sangre y excitación que bajan a montones, mezclados, en medio de sus contorsiones y sus gritos de placer.

    Adoro todo lo suyo, y sé que muchos podrán pensar que se trata de cualquier fantasía este relato, o simplemente es el producto de una mente enferma. Total lo que cuenta es nuestra felicidad, y saber que Sofía es la mujer de mi vida, pues ella misma me dio esa vida, me hace pensar en que solo la muerte podría acabar con todo este universo de lujuria, pasión, amor e incontinencia. Ella a su vez ha demostrado que puede ser la mas depravada de las putas con tal de hacerme feliz, y que mi padre jamás supo llegar a su corazón y menos a su sexualidad.

    Que hemos descubierto miles de cosas, que hemos elucubrado miles de fantasías y que tal vez lo mas loco que pensamos hacer es estar con otra nena para verla haciéndole el amor. Ya tenemos todo planeado para nuestras próximas vacaciones y Sofía está dispuesta a hacerlo con otra mujer y de paso permitirme que también la penetre pero estando con ella. Esa es mi mujer, la preciosa Sofía, a la que cada día parecen crecerle mas sus nalgas y empinarse desafiantes a la espera de mi verga. Esa es mi mujer, mi adorada amante; aquella que me espera cada noche con sus piernas abiertas para sentir su macho hijo explorando todos sus orificios, posando mis labios y mi boca por su sexo inclemente, por su culo de ensueño, inundándolos de semen; su semen que adora beber y refregar por su carita pues sostiene que es la mascarilla ideal para prevenir las arrugas.

    Este soy yo; su macho, su novio y amante, y el hombre que compensó con creces toda la felicidad que sacrificó los años que estuvo con el imbécil de mi padre. Ahora estoy dispuesto a darle todo lo que esté a mi alcance para dedicarme en cuerpo y alma a la adoración apóstata de toda su belleza, de su piel de marfil y deseo, de pasión y ternura, de su boca que sabe llevarme de cabestro por todo el universo del placer para perderme en el delicioso infierno de sus caricias y sus mimos. La amo como nunca pensé que un hombre pudiera amar a una mujer; a mi mujer, a la preciosa Sofía, el motivo mas grande que tengo para vivir.

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  • Las confidencias de Lourdes

    Las confidencias de Lourdes

    Lourdes es una compañera de trabajo con la que tengo mucha complicidad, es de ese tipo de mujer que te quedas mirando cuando la ves por la calle, a sus 48 años no tiene reparo alguno en enseñar su cuerpo enfundado en un vaqueros o vestidos ajustados. Es sin duda, la envidia de sus compañeras y amigas, y el deseo oculto de muchos hombres.

    Por desgracia para mí, no tengo nada que hacer con ella, cuando la conocí enseguida nos caímos bien y hubo mucho feeling entre nosotros, tanto que terminamos siendo amigos y confidentes. Cuando pasa eso el morbo e interés sexual, por lo menos en mi caso, desaparece. Lourdes, además, es una mujer que desprende sexualidad y le gusta el sexo que a pesar de estar casada ha tenido sus aventuras y rollos. Como ella mismo dice, “llevo 25 años casada, me he pasado 20 años comiendo el mismo plátano, irse de este mundo sin probar otras variedades es una ofensa Dios”.

    Aquel jueves llego risueña a la oficina con sus vaqueros ajustados y una camisa sin cuello que resaltaba un escote limpio y despejado que dejaba muy poco a la imaginación. Dejo su abrigo en el perchero, y se dirigió a su mesa moviendo sus caderas de forma desafiante y segura. Este comportamiento, tan suyo, era otra de las muchas cosas de ella que crispaba al resto de las mujeres de la oficina, Lourdes lo sabía y disfrutaba con ello. Cuando dio por finalizado su ritual mañanero se sentó y se puso a trabajar. Un par de minutos después me llego un whatsapp suyo

    – ¿Te has fijado como me miraba la zorrita de María?, a ver si te la follas y le bajas los humos.

    María, era una chica de 30 años que llevaba 6 meses en la empresa, la típica salida de un MBA que llego con aires de superioridad y pronto se ganó la enemistad de toda la plantilla.

    – Jajaja, paso. Está muy buena, no lo niego, pero no la soporto.

    – Que le den. Cambiando de tema por la tarde nos tomamos un vino que tengo que contarte una cosilla. (caritas sonrientes).

    Cuando Lourdes me decía que me tenía que contar “una cosilla” siempre era alguna de sus locuras, locuras que solían tener un fuerte componente erótico.

    Los jueves solíamos salir a tomar un vino un grupo de la oficina, pero aquella tarde se las arregló para deshacerse del resto y quedar conmigo a solas, así que fuimos al casco viejo Bouzas, una zona de vinos de la ciudad alejada del centro y de la ruta habitual de nuestros compañeros.

    Me gustaba hablar con ella, como ya os dije teníamos mucha complicidad y nuestra visión sobre el mundo era muy parecida, creíamos que a cierta edad como la nuestra, había dos tipos de personas los que han renunciado a los placeres del sexo y quienes los seguían disfrutando. Respetábamos ambas posturas aunque no entendiéramos la otra.

    Al segundo vino ya nos habíamos aburrido de criticar el día a día de nuestros compañeros y decidí ir al grano.

    – A ver, ¿qué es eso que me quieres contar?, mira que estoy especialmente sensible que llevo una temporada sin sexo y estoy que me subo por las paredes.

    – Jajaja, pobrecito mío que se tiene que apañar con la manito. A ver, déjamela ver. ¡¡¡Si ya tienes callos!!!

    – Eres una capulla, venga cuenta o te dejo aquí plantada.

    – Vale, no me meto más contigo. ¿Te acuerdas que te hable de un matrimonio amigos nuestros Carmen y Javier?

    – Creo que me tienes hablado de ellos, un matrimonio con el que soléis quedar a cenar.

    – Si, ella es insufrible y el un tipo anodino que suele ir con Víctor al futbol.

    Recordé alguna anécdota que me había contado sobre aquel matrimonio. Ella era una señora presumida y dominante, que no paraba de hablar y juzgar a los demás, sus conversaciones solían girar entornó a que el resto del mundo era una pandilla de vagos y analfabetos, salvo ella y sus maravillosos hijos. Había aprobado unas oposiciones de con 28 años y al año siguiente se casó con Paco, un tipo anodino que trabajaba en un banco y cuya vida giraba en torno al futbol. A Carmen le gustaba ser la protagonista y cuando Javier quería decir algo, en seguida lo cortaba y él se callaba. Víctor, el marido de Lourdes, le tenía aprecio ya que era una buena persona, así que de vez en cuando la convencía para quedar con ellos, no es que le entusiasmará pero le hacía gracia aquella pareja. El típico señor de 50 años con un poco de barriga que de joven debió tener cierto atractivo, y ella la señorona vestida con un conjunto de falda y chaqueta de Cortefiel de hace 7 temporadas adornado por un collar de perlas que llevaba a todo evento social.

    – Me folle a Jaime

    – ¿Qué? ¿Cómo que te lo follaste? ¿Cuándo?

    – jajaja, con calma salido ¿tienes prisa?, hoy Víctor no está así que te lo puedo contar con calma.

    – Eres un peligro con tetas Lourdes Jajaja

    – Bueno cállate, pide otro albariño y te cuento

    El Common People de Pulp comenzó a sonar, me pareció ver un brillo de lujuria en sus ojos cuando le dio un sorbo a su copa de vino. A veces creo que contarnos nuestros rollos, era nuestra forma de follar y evitar que nuestra amistad se rompiese por un mal polvo. Yo estaba impaciente que me contase su historia, ella lo sabía y le gustaba ver mi cara de vicioso impaciente.

    Hacia dos fines de semana Carmen y su marido organizaron una cena en su casa con la disculpa de un partido de futbol, así que no me quedo más remedio que ir. Además de nosotros, vino también otro matrimonio de la pandilla del futbol con los que tengo menos relación. Así que ya te imaginas el panorama, los tres sentados viendo el partido y nosotras sirviendo ganchitos. Carmen le encantaba este tipo de reuniones, como decía ella mientras los chicos ven el partido nosotras podemos hablar de nuestras cosas, de echo durante futbol era el único momento en que dejaba a su marido en paz y ella parecía una esposa sumisa, después volvía a ser la sargento que solía ser.

    A mi aquello me aburría, lo hacía por Víctor ya que él también se tragaba algún tostón mío. Así que allí estaba yo, sirviendo patatas fritas, cortezas, aperitivos y cervezas frías a los tres machotes de la casa y haciendo cariñitos a mi marido. Nosotras nos sentamos en uno de los sofás charlando de cosas intrascendentales, bueno Carmen dándonos la chapa. Yo intentaba prestarle atención por mera educación, pero me resultaba difícil. Así que me fui acomodando en el sofá quedando sentada de lado mirando para ella con cara de que me importase lo que me estaba diciendo. En un momento de la velada me di cuenta de que Javier, miraba insistentemente de forma disimulada hacia nosotras. Al principio no le di importancia, hasta que me di cuenta que eras por mi postura. Mi falda vaquera se había subido hasta el muslo, de tal manera que Javier podía ver perfectamente mis muslos y posiblemente como mis braguitas se metían en mi coño y en el principio de mi culo.

    Javier siempre me había parecido un ser asexuado, el típico cincuentón que había perdido el interés por el sexo, con una mujer como Carmen tampoco no me extrañaba, así que al principio no le di importancia sus miradas furtivas. Decidí que era mi regalo de navidad para alguna pajilla que se haría cuando nos fuésemos.

    – Siempre dije que eras una chica con un gran corazón Lourdes, jajajaja

    Cállate y déjame seguir, dijo Lourdes después de beber otro trago de ese fabuloso albariño que nos estábamos tomando. Por cierto queridas lectoras y respetados lectores, el vino albariño es uno de os mejores afrodisiacos que existen.

    De reojo podía ver que las miradas de Javier cada vez se hacían más insistentes, la situación en vez de incomodarme me estaba empezando a dar muchísimo morbo, sobre todo en los momentos en que Carmen se dirigía a mí para comentarme alguna de sus chorradas. En esos momentos me inclinaba hacia ella, como mostrando mayor interés, pero mi verdadera intención ofrecer una mejor visón de mi triángulo mágico a su marido. Me lo estaba pasando de vicio, nunca mejor dicho, los ojos de Javier, creo que por primera vez en muchos años, estaban más pendientes de las piernas de una mujer que de las de Cristiano Ronaldo.

    Cuando celebraban alguna jugada con los típicos gritos, yo aprovechaba para cambiar de postura y descruzar mis piernas, cuando volvían a prestar atención al partido, las abría ligeramente y esperaba pacientemente a que Javier se percatase, la primera vez casi se le salen los ojos, al ver que su vista no se separaba las cerré por miedo a que Carmen o Víctor se diesen cuenta y me estropeasen el juego.

    Carmen seguía hablando sin parar mientras Inma asentía con la cabeza a cada una de sus sentencias, mientras mi cabeza maquinaba que podía seguir haciendo para poner cachondo a su marido, una idea maliciosa hizo que una chispa de excitación recorriese mi espalda.

    – Perdona Carmen, necesito ir al baño

    – Si claro, ya sabes dónde está

    Me levante excusándome, antes de salir al pasar tras el sillón donde estaba sentado mi marido, me incline sobre él.

    – ¿Qué pasa amor van perdiendo los tuyos?, que mala noche me vas a dar hoy.

    Le dije dándole un beso en la cabeza, aunque mi verdadera intención era otra. Aquella noche llevaba una camisa blanca clásica de botones que disimuladamente desabroche, de tal modo que al inclinarme Javier pudiese apreciar mis generosos pechos que esa noche se sostenían en un sugerente sujetador de encaje blanco que realzando su volumen.

    Cuando me incorpore, mi mirada se cruzó con la Javier que rápidamente volvió a dirigir la suya al televisor, a la vez criticaba árbitro en un claro intento de disimular ante mí pensando que le había cazado mirándome las tetas.

    – Que bobos sois los hombres, de verdad. Os quedáis embobados por un par de tetas y cuando os cazan, actuáis como cuando el profesor os pillaba mirando al examen de un compañero. Jajaja

    – Jajaja, si en más de una ocasión me han pillado en esa tesitura.

    Sonreí y me dirigí al cuarto de baño, no es que tuviese ninguna necesidad pero empezaba a sentir un poco de humedad en mis braguitas. Ya dentro del cuarto de baño me quede mirando al espejo y me dije “pero que puta estás hecha”. Me subí la falda, en el espejo pude apreciar una pequeña mancha de humedad en mi ropa interior, aquello me excito aún más y sin ningún tipo de pudor me acaricie suavemente por encima de la fina tela de mis bragas. Al verme reflejada en el espejo con la falda levantada y mis dedos acariciando mí raja, volví a sentir un escalofrío que erizo mi piel. Javier no me había puesto nunca, pero el dominarlo y excitarlo como un adolescente me había puesto cachonda y mirando a la Lourdes del espejo le dije “Lourdes, te vas a tirar a Javier”.

    Me baje la falda, pase mis dedos por mis labios, el sabor de mis flujos me hizo sentir como una hembra en celo. Prepare la mejor de mis sonrisas y volví al salón.

    Cuando regrese el partido había finalizado, Javier y marido discutían acaloradamente sobre no sé qué jugada hasta que Carmen lo interrumpió.

    – Javier, recoge la mesa y trae algo de beber.

    – Pero Carmen

    – No hay peros que valgan, yo mientras pondré la mesa para cenar.

    – Yo ayudo Javier, que Imna que te eche una mano para poner la mesa del salón. Mientras estos dos que vayan a por tabaco que se ha acabado.

    Dije toda dispuesta a colaborar en aquella velada que se había vuelto interesante de repente. Carmen hizo un gesto afirmando con la cabeza y nos ordenó a todos que nos pusiésemos en marcha.

    Recogí los vasos y me dirigí a la cocina, allí Javier estaba colocando el resto de lo que habíamos utilizado en el lavavajillas.

    – Así que habéis vuelto a perder

    Dije mientras me apoyaba a su lado con mi cintura apoyada en la encimera y le iba entregando los platos de uno en uno dejándolos a la altura de mi cintura y el en cuclillas la colocaba en el electrodoméstico. Mi coño estaba literalmente a un palmo de sus narices únicamente lo separaba la tela de mi minifalda vaquera mientras yo lo contemplaba desde arriba disfrutado de su nerviosismo.

    – Si me parece que este nos vamos a quedar en blanco

    – A mí la verdad el futbol me interesa poco, lo malo es que cuando perdéis, Víctor llega enfadado a casa y se va para cama, muchas veces me quedo con las ganas. ¿tú le haces lo mismo a Carmen?

    – Jajaja, bueno yo, nosotros

    Se levantó cerro el lavavajillas, no supo qué decir de lo nervioso que estaba. Sin decirle nada me acerque más a él, pase mi mano sobre su bragueta, se la baje e la introduje buscando su polla para acariciarla.

    – ¿Te gustaron mis braguitas?, vi como no les quitabas el ojo de encima durante todo el partido.

    Le susurre al oído mientras le apretaba su polla por encima de sus calzoncillos. Javier se quedó sorprendido pero no hizo ningún gesto de rechazo, todo lo contrario gemía de gusto cada vez que la apretaba.

    – Dime, ¿te gustaron?

    Un leve si salió de su boca, mientras le moldeaba la polla con mi mano. Intentaba calibrar su tamaño pero era difícil, cuando conseguir introducirla dentro de sus calzoncillo la sentí caliente y dura como una piedra. Note sus venas hinchadas, la humedad de las primeras gotitas que salían de su capullo que extendí haciendo que mi mano se deslizase con más facilidad por el tronco de su miembro.

    – Así que te gusta verle las bragas a las mujeres de tus amigos, eso no está bien.

    – Lourdes por favor, ¿Qué haces? Nos van a ver

    – ¿No me digas que solo te gusta ver? ¿No te gusta cómo te toco? Así, despacio deslizando mi mano. ¿Notas recorre tu polla?

    – Si

    – Estoy segura que hoy te ibas a hacer una paja en mi honor. ¿A que sí?

    Javier, no decía nada solo cerraba los ojos. Así que apreté más fuerte su polla y le volví a preguntar pegando mis labios a su oreja.

    – Dime, ¿te ibas a hacer una paja?

    – Si

    -¿Si?, ¿sí qué?, dímelo Javier

    – Si, si me iba a hacer una paja pensando en ti.

    Ya era mío, esa sensación de tener a un hombre al borde del orgasmo me excitaba sacaba lo más lujurioso de mí. Note como le empezaba a palpitar la polla, estaba tan cachondo que se iba a correr allí mismo en mi mano.

    – ¿Te vas a correr Javier?

    – Si

    – A si me gusta, venga corete en mi mano. ¿La notas?

    Subía y bajaba mi mano cada vez más rápido, mientras oía las voces de Carmen y a Imna en el Salón. Me sentía completamente perra, estaba haciéndole una paja a aquel tipo que hace un par de horas me resultaba aburrido e indiferente.

    De pronto, note que su polla se hinchaba más y su respiración comenzaba a acelerar hasta que un chorro de leche recorrió el tronco y un chorro salió empapándome toda mi mano y su calzoncillo. La saque de su bragueta y mientras me limpiaba con un papel de cocina le dije.

    – Vamos a hacer una cosa, este jueves me ha dicho Carmen que se va a Madrid a ver a vuestro hijo Javi., así que estaré aquí a sobre las 6 de la tarde. ¿Entendido?

    – Si

    Me dijo casi tartamudeando y con cara de alucinado

    – Bien, Nunca has estado con una mujer como yo, eso te lo aseguro. Ahora límpiate que Carmen va a pensar que te has hecho pis encima so guarro.

    En ese momento Lourdes paro su narración y me dijo ¿pedimos algo para picar me está entrando hambre?

    Continuará…

    Espero vuestros comentarios.

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  • Conchita y su disfraz

    Conchita y su disfraz

    Conchita era una muchacha alta, morena y guapa. Que había recibido una buena educación en un colegio de monjas. Su madre, Concepción, una morena de buen ver, era una mujer católica, de misa dominical, confesión semanal y fiel a su marido. Era la esposa perfecta. Su padre, Federico, era un hombre, alto, moreno, de complexión fuerte y admirado por su rectitud. Decían de él que era el marido que toda madre querría para su hija.

    Carnavales 2017.

    Conchita con su disfraz de Caperucita Roja estaba arrebatadora. La minifalda era tan corta que no se le veían las bragas porque las llevaba tapadas con unos pantis rojos. El escote era brutal. Mostraba la mitad de sus grandes tetas, si a esto añadimos una peluca rubia, sus piernas largas, delgadas y moldeadas, y su careta de Anonimus, más que a un baile de carnavales se diría que iba en busca de un lobo para que la devorase.

    Su padre y su madre se habían disfrazado en las casas maternas, él, de mujer, con la careta de Megan Fox y ella de hombre, con la careta de Donald Trump.

    El baile se celebraba en el local de pueblo y Caperucita Roja era el centro de atención. Todos y todas querían bailar con ella, y es que a la gente le das una careta y salen folladores, maricas y lesbianas hasta de debajo de las piedras, y estoy hablando de gente de pueblo, de un pueblo que hace nada era una aldea.

    Después de bailar con Pluto, Mickey Mouse y Peter Pan, a Caperucita Roja la llamó a bailar Donand Trump, que bailando el agarrado, y apretando tetas contra tetas, le preguntó:

    -¿Follaste con alguna mujer?

    Caperucita Roja reconoció la voz. Casi le da la risa. Negó con la cabeza. Donald Trump, le susurró al oído:

    -Entonces no sabes la maravilla que se siente cuando una mujer te la come y te corres en su boca.

    Caperucita Roja guardó silencio, pero se estaba excitando.

    -¿Quieres que te la coma?

    Siguió en silencio.

    -¿Te la podía comer en el lavabo? ¿Te espero?

    Acabó la canción y Donald Trump se fue al servicio. Caperucita Roja, calentita, se sentó en una silla esperando que la orquesta empezase a tocar de nuevo. Al empezar a tocar, a Caperucita Roja la llamó a bailar Megan Fox.

    Bailando pegados sintió la polla empalmada de Megan rozando su coño.

    -Tienes un polvazo, Caperucita.

    Caperucita Roja, al reconocer la voz, no salía de su asombro, aun así, sonrió.

    -¿Te animas a echar un polvo? Te garantizo dos orgasmos.

    Guardó silencio, pero la polla de Megan rozando su coño la puso más caliente de lo que ya estaba.

    -Tengo fuera el coche. ¿Vienes?

    En ningún momento le contestó.

    Durante toda la noche, Donald Trump y Megan Fox bailaron varias veces con Caperucita y le fueron calentando la oreja, más, más y más… A la sexta vez que bailaba con ella, Caperucita Roja, mojada, muy mojada, siguió a Donald Trump al lavabo. Donald, le puso a la puerta el pasador. Arrimó a Caperucita contra la pared, le bajó los pantis y las bragas, subió la careta, y sin decir palabra le comió el coño. A Caperucita era la primera vez que le comían el coño, y en menos de dos minutos, con un tremendo temblor de piernas, se corrió en la boca de Donald, que después de beber una inmensa corrida, bajó la careta. Al ratito tuvo que abrir la puerta del lavabo, ya que estaban llamando.

    Al acabar el baile, volvía Caperucita a casa, cuando Megan Fox paró el coche a su lado, abrió la ventanilla, y le preguntó:

    -¿Subes?

    Caperucita Roja subió al coche, y Megan, su lobo, la llevó al bosque.

    Al aparcar el coche al lado de un camino y bajo un pino,

    Megan Fox reclinó su asiento. Caperucita se quitó los pantis y las bragas, y sacó las tetas de sus copas.

    Megan, con Caperucita encima, se quitó la careta y le comió aquellas grandes tetas con inmensas areolas rosadas y pezones pequeños como lentejas. Megan, le dijo:

    -¡Joder, estás más buena que Pamela Anderson en sus buenos tiempos!

    A Caperucita Roja le quedara el coño con ganas de más lengua. Se lo puso en la boca a Megan, que le acabó haciendo un cunnilingus aún mejor que el de Donald Trump. Al correrse Caperucita Roja, la aguadilla, que echaba del coño le salía por la comisura de los labios a Megan, ya que era tanta que no daba abasto tragando.

    Al acabar de correrse, Donald, la penetró. Cabía otra polla al lado. Caperucita Roja ya había probado buenas trancas. Como era delgadita, Megan, le dijo:

    -Cierra las piernas con mi polla dentro del coño.

    Caperucita, cerró las piernas. La polla, que era larga, ya entraba justa. La disfrutó como no había disfrutado otra. La sentía dentro de ella acariciando su punto G y rozando las lubricadas paredes vaginales. Quince o veinte minutos más tarde, Megan Fox, sintió como un caudal de flujo calentito inundaba su polla y acababa bajando hasta empapar sus pelotas. Megan comenzó a correrse, Caperucita, corriéndose, quitó la polla y Megan se corrió entre sus piernas.

    Caperucita Roja, sin decir palabra, se limpió con las bragas y puso los pantis, Megan Fox guardó la polla. Encendió el coche y acabó dejando a Caperucita Roja en la entrada del pueblo.

    Al llegar a casa, Caperucita Roja, o lo que es lo mismo. Conchita, se metió en la bañera, y pensando en su padre y en su madre, se hizo una paja como un mundo, aunque no tan grande como la paja que se estaba haciendo su madre en casa de su abuela mientras pensaba en Caperucita Roja.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

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  • Diez años después, me cogí a su hija

    Diez años después, me cogí a su hija

    El día de ayer pensé que sería un día común y corriente. Por estos días a principios de año la mayoría de las amigas que conozco se van de vacaciones o todavía atienden a sus familiares o visitas que se han quedado después de las fiestas de fin de año. Yo me he quedado en casa atendiendo el negocio de mi hermana, pues tuvo que salir a otro estado con su asistente para cerrar algunos negocios pendientes. Y es mi hermana y su asistente la que cambian el rumbo de los últimos días.

    La hija de Lucía, quien es la asistente de mi hermana en el afán de ahorrarse algunos euros ha decidido adelantar su viaje hacia USA. Mi hermana me llama y me pide de favor que vaya por ella al aeropuerto. Es primera vez que visita el país y a su madre, quien viene desde Madrid y aquella tarde pues de alguna manera incomodo, pues estos días hace un frio que no dan deseos de salir, acepto y me voy esa noche por Elisa al aeropuerto. Compro una cartulina para escribir su nombre y así que identifique que soy yo quien ha ido por ella a su encuentro.

    Me envían una foto de su rostro para hacer más fácil la identificación y me han dicho que le han enviado una foto mía a ella. Por la foto, se me hace una chica normal que a mi calculo estimo ha de tener unos 18 o 20 años. Realmente tiene 25 y se acaba de graduar en jurisprudencia, lo cual descubro ya cuando venimos de camino del aeropuerto.

    Viene con falda negra y chaleco del mismo color, blusa blanca y pantalones o leggins negros que sostienen sus bien desarrollados músculos; zapatillas de tacón alto y su cartera también de color negro. Hacemos contacto y nos saludamos con un beso en la mejía. Es sonriente y muy amigable y eso hace que mi mal humor se disipe, pues realmente este favor lo hacía más por mi hermana, que pensar que esta chica sería la que terminaría con esa dieta sexual de los primeros días del año.

    Elisa es muy directa y bastante liberal y eso hizo que todo se conllevase de una manera más suelta y más familiar. Me sorprendió con su cumplido indirecto, pero que me mandaba un mensaje que no daba ni un ápice a ninguna duda:

    – Pensé que eras el novio de mi madre. Me hubiese dolido competir con ella, pero veo que solo será de algunas cuantas miradas y sobrepasar los sentimientos con alguna esposa o novia.

    Lo decía con ese acento de Castilla, pues aunque había nacido en Colombia, esta chica se crio con su padre en la tierra de Santa Lucia. Quizá el halago más grande y que me pareció una insinuación muy directa fue cuando me preguntó mi edad y que para mí era una invitación directa.

    – Usted no parece de 50 años Tony, si mis compañeras tuvieran la oportunidad de conocerlo, dudo que no hubiera una que no quisiera comérselo. No sé cuántos chavalos de mi edad quisieran tener su cuerpo y la pinta de modelo que usted tiene.

    Pasamos a un restaurante a tomar la cena, pues aunque para Elisa eran horas de la madrugada, también mostraba un apetito tan fiero como el mío. Las insinuaciones siguieron y me hicieron sentir que aquel incomodo de mi hermana, bien pudiera valer la pena. Por cuestiones lógicas ella debería dormir en mi casa y llegamos a ella a eso de las 11 de la noche, cuando en España deberían ser las 5 de la mañana. La hago pasar a su cuarto y donde queda sorprendida por la pileta que se encuentra en ella, pero le advierto que esta fría, pues por cuestiones que nadie la usa, aquella pileta tomará un par de horas en calentar el agua. La invito a la que está en mi habitación, y la cual tiene siempre 80 grados gracias a su termostato.

    Sin ningún pudor, se mete a la pileta y deja toda su vestimenta regada a su alrededor y he visto a la hermosa mujer totalmente desnuda ante mí. Tiene cuerpo atlético y mi estimado es que tiene pechos de una copa llegando a C y unos glúteos que se acercan a los 90 centímetros. Me recordó a su querida madre, que 8 años antes, le di tremenda cogida cuando quizá tenia algunos cuantos meses trabajando para mi hermana.

    Yo actuó como si fuese lo normal y sigo viendo televisión desde mi cama y veo a Elisa que me observa. Pasan algunos minutos y creo que se sorprende porque no reacciono a como ella lo espera y me cuestiona:

    – Otro en tu lugar, dejaría de ver televisión y se hubiera desnudado para estar conmigo.

    – No sabía que estabas desnuda Elisa… ¿Quieres que te acompañe?

    – Espero que sea más que algo que una simple compañía.

    – Déjame advertirte de algo Elisa…

    – ¿Dime?

    – Para mí la imaginación va más allá de lo que muchas mujeres quieren llegar. Si te atreves y no hay fronteras para ti, entonces me tendrás en esa pileta.

    – Ven… – me dijo.

    Elisa ha visto como me he quitado mi camiseta y mi bóxer y me he hundido en la pileta. Ella sin ningún preámbulo se va sobre mí y se sienta en mis piernas viéndome a los ojos. Siento como su conchita esta frente a mi verga. Al igual siento como se la hunde hasta lo más profundo de su ser. Y Elisa exclama:

    – Tony, la tienes grande: nunca he sentido algo tan grande en mi cuca.

    Aquello de cuca solo se lo había escuchado a una hondureña cuando me la cogía: Dale verga a mi cuca. Esta chica colombiana criada en España, me decía lo mismo. Mi verga estaba insertada en su canal vaginal hasta lo más profundo que llegaba mi verga, la cual he medido por la curiosidad de algunas mujeres: 22 centímetros.

    Elisa me besaba la parte posterior a mi cuello y yo me gozaba mamando sus pequeñas tetas y sin muchos movimientos alrededor de media hora, Elisa alcanzaba su primer orgasmo: Tony, me voy… me voy… que rico, que rico. Posterior a eso, me dio una mamada muy rica a la verga, pero yo tenía en mente su rico culo y quería realmente cogérmelo. Su madre me lo dio un día, y le hice sentir un orgasmo, y antes de comenzar la faena de cogérmela por el culo me tome un whiskey doble y así hacer tardar mis sensaciones y causarle un orgasmo anal, si es que era posible. Esto lo hicimos ya que nos habíamos secado y la puse en cuatro en la cama.

    Le chupe el culo, le succione hasta hacerle llegar lo más que pude de mi lengua a su rico y exquisito ano. Elisa solo gimió y su lujuria llego a su clímax cuando sintió mi glande en su ano. Solo recuerdo su advertencia de una manera muy sutil e ingenua:

    – ¡Con cuidado Tony, nunca me han cogido por ahí!

    Mi verga se deslizo fácilmente y Elisa solo suspiro. Con mis dos whiskys sabía que podía taladrarla sin que yo sintiera el deseo de venirme por horas o por lo menos una. La he puesto en cuatro sobre mi cama y le he dado tremenda cogida que ella hacía entre llantos y gemidos de placer una delicia para seguirle taladrando. Miré como su culo estaba abierto, pues nunca apagué la luz de mi habitación y tenía todas las cámaras rodando, cosa que Elisa no sabía y quizá nunca sabrá. En esa posición estoy esperando dos cosas: una que me diga que ya no aguanta o que me diga o me de señal que se está corriendo. Su madre Lucía se corrió analmente y estoy esperando que su hija lo haga también.

    Veinte minutos que mi verga desde la pulgada uno, se desliza hasta la pulgada veintidós, donde mis testículos chocan contra sus nalgas. Elisa solo suspira, gime, tiembla y luego dice: Tony, me está haciendo acabar muy rico. Gime y se va en contra la cama y yo caigo por sobre de ella y le taladro el culo hasta que 3 minutos después le dejo ir una corrida tan espesa y abundante, producto de dos semanas de no coger.

    – ¡Me hizo acabar por el culo!

    – ¿Nunca lo habías sentido antes?

    – ¡Nunca! ¡Qué rico Tony! Sin corroborar nada, creo que usted le hizo sentir esta misma sensación a mi madre.

    – ¿Tú hablas con tu madre de tus relaciones sexuales?

    – Regularmente si… ella me contó que es posible el orgasmo anal.

    – ¿Hablas de sexo con tu madre? ¿Le contaras esto?

    – ¡Quizás sí! Aunque nunca mencionamos nombres. ¿Conoces a mi mamá?

    – Si.

    – ¿Te gusta? Te la has follado?

    – ¿Quieres que sigamos follando?

    – Si.

    – Entonces, olvidémonos de tu madre y de todas esas conjeturas.

    Elisa es muy caliente. No tarda uno en mamarle el clítoris por 5 minutos para llegar al orgasmo. Mamarle los pechos y taladrar su concha por otros 5 minutos, es para llegar a orgasmos múltiples. Por el culo tarda un poco más pero son más intensos. Aquella noche le he metido 3 palos y ella se corrió no sé cuántas veces, y por lo que veo, seguiremos follando, pues por texto me ha dicho que me espera mañana en la casa de su madre o que vaya por ella. La verdad que Elisa es un buen palo, al igual que su madre a sus 35 años, hace diez años, la hice acabar por primera vez por el culo.

    Lucía, no sé si lo sospecha o su hija le habrá contado, pero hoy recibí una llamada de ella y me lo insinuó. En mi experiencia con tantas mujeres, esta es la tercera vez que cojo con madre e hija… no me lo esperaba, pero las cosas así suceden:

    – ¿La pasaste bien anoche?

    – Si. –le he dicho.

    – Mi hija insiste saber si tú y yo hemos sido novios.

    – Dile la verdad.

    – ¿Y cuál es esa?

    – Que nunca hemos sido novios, que solo me has dado el culo.

    – ¿Se lo has comido a ella también?

    – Lucía, soy un caballero. No sé lo que hablas y porque lo hablas.

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