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  • Encuentro caliente

    Encuentro caliente

    Estaba esperando en el cuarto, sentada en la cama. Mis rulos estaban más alborotados que de costumbre, mi piel olía a vainilla y se notaba brillante, mis ojos tenían un brillo único de éxtasis. Estaba sentada en la cama, enfrentada a la puerta, tenía una bata de seda blanca traslúcida y un conjunto de ropa interior de encaje del mismo color, muy delicada.

    Habíamos hablado el día anterior, ya no aguantábamos la desesperación de no poder encontrarnos realmente y de sólo explorarnos virtualmente. Habíamos quedado en vernos en un hotel intermedio para los dos, acordamos qué habitación, a qué hora y todo lo demás. Ambos queríamos que todo sea perfecto. El cuarto estaba ambientado con luces bajas, música sensual de fondo, una gran cama de sábanas rojas con aroma exótico y hasta sensual.

    Escuché cómo alguien metía la llave en la puerta y me senté derecha de inmediato. Cuando la puerta se abrió un chico alto, castaño y de ojos claros se presentó, tenía una camisa blanca sencilla y unos pantalones negros, estaba informal pero elegante a la vez. Y apenas nuestras miradas se encontraron no pude evitar mojarme un poco más de lo que ya estaba. Esa noche ambos íbamos a disfrutar.

    Mordiéndome el labio me puse de pie, me acerqué a él lentamente con mi mirada clavada en la suya, cuando estuve a unos centímetros estiré mis manos para acariciarle el abdomen sobre la camisa, sentí cómo él suspiró silenciosamente y bajé mi mirada a mis manos, las apreté en puños y me acerqué hasta rozar mis piernas desnudas con su pantalón.

    —¿Te gusta? —Me preguntó con un tono medio serio pero medio divertido, sonreí y asentí con la cabeza, volví a mirarlo a los ojos y él subió su mano a mi cuello— No te haces una idea de cuánto esperaba esto —y sin pensárselo estampó su boca contra la mía. Primero nuestros labios se movían lentamente, mi brillo labial con olor a uva pintaba los suyos con calma; después me mordió el labio e inconscientemente abrí un poco mi boca, metió su lengua y el ritmo subió, con el sabor a menta en su boca y el olor a uva de mi brillo labial nuestras lenguas se movían desenfrenadas una contra la otra, apasionadas tratando de apagar un fuego que no estaba ubicado en la boca, sino un poco más abajo.

    Poniendo mis manos en su pecho me alejé para tomar aire, sentí como él se rio y me ruboricé de inmediato, sus manos empezaron a masajear mis hombros y yo cerré los ojos. Sentí su boca en mi oreja y después en mi cuello, de repente su boca empezó a chupar la piel de mi cuello con fuerza, provocándome un fuerte gemido, haciendo que él baje mi bata al suelo. Agarré su cara y, después de besarlo con fuerza, lo guie a la cama, hice que se sentara y empecé a desabotonar su camisa, mis dedos temblaban levemente mientras él exploraba mis piernas con sus manos.

    —No estés nerviosa —me dijo en tono bajo, mientras de fondo se escuchaba un grito agudo y sensual que provenía de la radio, la música era perfecta para hacer el amor.

    —No lo estoy… —le saqué la camisa y me mordí el labio al ver su pecho desnudo, él sonrió y me obligó a acercarme más a su cuerpo, mis manos fueron a parar a sus hombros y los apreté al mismo tiempo que él apretó mis nalgas.

    —Entonces mírame —nuestros ojos se encontraron y volví a ruborizarme haciendo que él sonría con suficiencia, sus manos volvieron a apretar mis nalgas y me pegó a su cuerpo por completo, rozó sus labios con mi mandíbula y me mordió levemente la piel.

    —Eso se siente rico —dije en voz baja y él, sin pensarlo, me mordió con mucha más fuerza en el hombro, provocándome un gemido fuerte.

    Me senté sobre sus piernas y sentí lo duro y grande que estaba su verga, desabotoné su pantalón y lo baje un poco para que él termine por sacárselo completamente. Apretaba sus brazos mientras él guiaba mi vaivén con sus manos en mi culo, adelante y atrás era el movimiento que mi pelvis hacía contra su verga dura. Mientras acariciaba sus brazos con mis manos me animé a bajar mi boca a su cuello, él lo estiró para darme más acceso; primero empecé a dejarle besos cortos en toda la piel, dejando brillo por donde pasaba; después mi lengua hacía caminos desde sus hombros al comienzo de su mandíbula, lamiendo todo el brillo y saboreando su piel; y por último, con mis manos sosteniendo su cara, succioné bien fuerte su cuello, produciéndole un gemido fuerte y que me dé una buena nalgada, haciéndome sacudir.

    Me sobó bien rico las nalgas y yo seguí con mi balada de gemidos bajos, mientras seguía moviéndome contra sus piernas y su bulto. Percibí cómo desabrochaba mi sostén y lo tiraba a algún lugar del cuarto, lamió uno de mis pezones rosas y sentí un escalofrío en el vientre, él lo percibió porque me dio un beso corto en la boca y, con ayuda de su mano, empezó a lamer sin prisa mi pezón que ya se estaba poniendo duro. Y así empezó a torturar mis tetas, me lamía los pezones, los chupaba con fuerza, mordía mis tetas y las sobaba con sus manos; cada cosa que hacía producía que me moje más de lo que ya estaba, mientras gemía y me movía con más presión sobre sus piernas.

    —Vení acá —me puso sobre la cama y se echó encima de mí, movía su verga contra mi vagina ya empapada y me besaba con ganas mientras mis manos le acariciaban la espalda.

    Bajó su boca a mi cuello otra vez y succionó con fuerza pero esa vez no gemí sino que grité muy fuerte por el éxtasis que llevaba acumulado y quería soltar. Con su sonrisa volvió a besarme y bajo su mano a mi vagina, pasó los dedos por encima de mi tanga blanca y gemí mientras temblaba por un escalofrío, por instinto mi mano bajó a su bóxer y apretó lo primero que encontró haciendo que él se muerda el labio. Me bajó de una las tiras de la tanga y me la sacó con urgencia, mientras yo seguía apretando lo que de seguro era su verga; él bajó su mano a mi húmedo centro y empezó a acariciar mi clítoris con uno de sus dedos, haciendo que me retuerza en la cama y suelte un gemido prolongado y fuerte.

    —¿Te gusta, nena? —me preguntó mientras me metía un dedo y empezaba a moverlo con rapidez.

    —¡Dios, si! —exclamé en un gritó mientras sentía cómo me mojaba más, me quejé aunque sin dolor y empecé a mover mi vagina contra su mano, buscado liberarme— Metemela, por favor —lloriqueé.

    Metió otro dedo en mi vagina y empezó a moverlos con rapidez, se podía escuchar el ruido de sus dedos adentro de mi agujero, el sonido de mis jugos en mi vagina cuando hacían contacto con sus dedos. Bajó su boca y con su lengua empezó a torturar mi clítoris, provocándome un grito muy fuerte.

    —¡Dios, que rico se siente! —tiré la cabeza para atrás y llevé mi mano a su pelo, los apreté y saqué su cara de mi vagina, nuestros ojos se conectaron y suspiré— Por favor, necesito que me la metas.

    —¿Que te meta qué? —él subió su cara hasta la mía y rozó nuestros labios, me mordió el labio inferior con fuerza y me lo chuponeó después.

    —Tu verga, metemela —gemí cuando sacó sus dedos, sentía mi vagina fría y resbaladiza, y pegué un salto cuando sentí la punta de su verga rozar mi agujero inundado de jugos.

    —¿Te la meto? —asentí con la cabeza con mucho entusiasmo aunque me arrepentí un poco porque él me metió sin lentitud su verga hasta el fondo de mi vagina, haciéndome gritar muy fuerte y tirar mi cabeza para atrás, podía sentir como mis paredes húmedas bombeaban alrededor de su verga, la cual tenía un buen tamaño— ¿Y? ¿Cómo se siente? —me hizo abrazar su espalda y bajó un poco su cuerpo para lamer mis pezones.

    —Riquísimo, se siente muy sabroso —gemí y me mordí el labio cuando él se estampó con fuerza otra vez contra mí, cerré los ojos cuando lo hizo por segunda vez y grité cuando pasó una tercera.

    Su pija se movía con fuerza y lentitud en mi vagina mojada, con cada embestida que me daba mi cuerpo se sacudía un poquito hacia arriba y volvía a bajar, mientras con sus manos me masajeaba las tetas y mientras yo le rozaba la piel con mis uñas pintadas de rojo fuego. Enredé mis piernas en su cintura y mis brazos abrazaron su cuello, su boca dejaba chupones fuertes en mi cuello mientras yo le gemía en el oído y escuchaba cómo el gruñía.

    —Más fuerte, por favor… —Susurré agarrando su cara y pasando mi lengua por sus labios, de repente sentí cómo se estampó con fuerza y grité— ¡Ah dios! —mis uñas se clavaron en sus hombros y mis piernas se apretaron en su cintura, él siguió con sus embestidas fuertes, las intercalaba con movimientos lentos y tortuosos y después empezaba otra vez a penetrarme con fuerza. Sin imaginármelo y cuando ya estaba por llegar al orgasmo bendito él paró y me sacó su pija de golpe, haciéndome soltar un fuerte quejido— ¿Qué haces?

    Después de reírse me besó y pasó un dedo por mi vagina, aprovechó que tenía la boca entreabierta y me lo metió, lo chupé con fuerza y lo lamí, sintiendo el sabor algo salado de mis jugos.

    —Date la vuelta —me puse en cuatro y sentí cómo se estampó con fuerza en mi agujero bombeante, grité como llevaba haciendo y él siguió con sus embestidas, pero ahora eran cortas y rápidas, podía sentir mi vientre y mis piernas temblar. Me agarró del pelo con fuerza y empezó a intensificar sus movimientos, mientras me apretaba una de las nalgas. Salían muchos grititos y gemidos de mi boca, mientras que él me elogiaba o gemía también pero con menos intensidad.

    —Nalgueame, por favor —le dije en un gemido mientras estiraba mi cabeza para atrás, y él lo hizo, me nalgueó bien fuerte que después sentí cómo mi piel empezaba a arder e imaginé que en mi pálido culo se estaba formando una maca roja de su mano. Mientras me penetraba con fuerza y velocidad y mientras me tiraba del pelo, con su mano libre me nalgueaba con ferocidad, dejándome con mucha seguridad su mano marcada. Mis piernas empezaron a temblar violentamente y sentía cómo mis paredes se cerraban con velocidad contra la pija del hombre, al parecer él también lo sintió porque me soltó el pelo para agarrarme la cadera y hacer movimientos más duros y rápidos, y sin más me corrí en su pija, mis jugos salieron explotados mientras gritaba—¡ Ah mierda sí! ¡Que rico, dios! —mis tetas chocaron con el colchón de la cama, dejando mi culo bien paradito, sentí como él me nalgueó las dos nalgas a la vez, haciéndome gritar, me sacó su pija y me levantó.

    —¿Querés leche, pendeja? —me mordí el labio cuando lo escuché decirme pendeja y sin pensarlo asentí, me hizo agacharme en el piso y él se sentó en la cama, su pija estaba bien parada aunque bastante húmeda, una de sus manos tenía su pija y la otra me agarró del pelo— Dale, chupamela, zorrita hermosa —y gracias a cómo me llamó me metí toda su pija en la boca de una, me atraganté pero valió la pena, empecé a chuponearla de arriba a abajo con fuerza, él me agarró el pelo con ambas manos y empezó a hundirme la cabeza contra su pija, escuchaba cómo gemía y cómo me llamaba— Ah, sí, así, pendeja, dale —lo miraba desde abajo y volví a excitarme, así que me metí dos de mis dedos en la vagina y empecé a moverlos con fuerza— Así, zorrita, tragate mi pija, si —traté de succionar con más fuerza pero sin querer rocé mis dientes con su pija, haciendo que él temblara en mi boca y gimiera muy fuerte, me tiró más fuerte del pelo y me sacó su verga de la boca, me golpeó la cara con ella y me pasó la punta por los labios— Chupa bien la punta mientras me masturbo, vamos a ver si podes con la leche, putita —asentí con la cabeza y me metí un poco menos de la mitad de su pija en mi boca, empecé a chuparla mientras yo me metía dos dedos y me masajeaba mis tetas. Él empezó a jalarse con fuerza la pija mientras yo succionaba la punta, escuché cómo gritó y con rapidez me hundió la boca en su pija, al mismo tiempo que soltaba la leche. Tragué un poco pero no pude así que me la saqué de la boca y su leche me chocó en la cara y en las tetas, me la saqué despacio mientras miraba atenta cómo él se calmaba.

    —¿Lo hice bien? —me lamí los dedos y cuando crucé la mirada con él me volví a mojar.

    —Perfecto —me agarró la cara y me besó con fuerza mientras me acariciaba el ano— Decime… ¿Te animas por el culo o te la sigo metiendo por la vagina?

    (Perdón por las faltas de ortografía)

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  • Adriana, una mujer multiorgásmica

    Adriana, una mujer multiorgásmica

    Tuve la ocasión de conocer a Adriana, en una reunión de ex alumnos de la escuela donde realice mis estudios de preparatoria, venia acompañando a un ex compañero, después de presentarnos y saber a lo que nos dedicábamos cada una, me busco para solicitarme una cita en mi consultorio, para hablar sobre ella.

    Pocas son las mujeres que tan abiertamente y con esa iniciativa, se acercan a mí. Desde el principio me cayó bien, cada sesión con ella era fascinante, me obligo a leer mucho, para satisfacer la cantidad de preguntas que me hacía y así llegar a un buen diagnóstico de su caso, el diagnostico final fue mujer con capacidad de tener multiorgasmos múltiples.

    Estas son algunas de sus historias.

    Hola, mi nombre es Adriana, actualmente tengo 36 años, soy soltera, profesional con estudios de posgrado, vivo con mis padres, mi hermana mayor, mis perros y mis gatos. Mis padres, de condición humilde, pero con una educación fuerte en cuanto a valores y respeto a las personas, nos educaron a mis dos hermanas y a mí, bajo una estricta doctrina católica, inculcándonos también sus valores y sus tabúes, sobre todo en lo sexual.

    Mi descripción física, es muy sencilla, pequeña de estatura (1.55 m.), muy delgada, con muy poco pecho y pocas curvas. Fina de cara, en realidad considero que no soy fea, pero honestamente, poco atractiva para los hombres (tal vez por la falta de atributos físicos).

    Desde pequeña, me hice asidua a la lectura y al estudio, toda una nerd (otro obstáculo para interrelacionarme con el sexo opuesto), poco atlética y para colmo, con gustos alimentarios muy vegetarianos. Lo único que me unía a mis compañeros y compañeras de escuela, era el gusto por la música, el baile y la bebida, siempre contaban conmigo para las fiestas, y aunque a los chicos les encantaba sacarme a bailar, hasta ahí llegaba el encanto. Tuve poco novios y pretendientes en mi vida estudiantil y no fue sino hasta después de esta, que por fin conocí a alguien que quisiera pasar a una relación un poco (solo un poco) más amistosa.

    En lo referente a mi sexualidad, fue aproximadamente a los 12 años, cuando me di cuenta, que había algunas zonas de mi cuerpo, que me producían una sensación diferente, pero mis fuertes convicciones católicas inhibían cualquier posibilidad de preguntar o informarme lo referente a estas. No fue sino pasados mi adolescencia, que empecé a auto explorar mi cuerpo y a disfrutar los resultados de esto. Ahí me di cuenta lo satisfactorio que era tocar mis partes íntimas y lo fácilmente que podía lograr auto estimularme para llegar a un orgasmo. Pero siempre, la información y las deducciones que tenia de esto, eran gracias a libros y consultas en el internet jamás se me ocurrió consultar esto con otra persona.

    De esta forma, también reconocí, que había otras formas como también obtenía un estímulo tal, que podía llegar en una noche, a varios orgasmos. Pero pensar en tener una relación de tipo sexual con un chico, era totalmente impensable.

    Así trascurrió mi adolescencia y los primeros años de mi mayoría de edad, hasta que conocí a Guillermo, un compañero de trabajo, con el que tuve que hacer equipo, para llevar a cabo las funciones y responsabilidades que me habían asignado en la empresa. Frecuentemente teníamos que trabajar hasta tarde y organizar algunas operaciones propias del negocio, que se llevaban a cabo en unas instalaciones retiradas de las oficinas corporativas. Guillermo era 6 años mayor que yo y técnicamente era mi jefe, tenía mucho tiempo más que yo en la empresa y era quien tenía la experiencia operativa, yo hacía más una labor de apoyo administrativo. Soltero, con una hija pequeña (la cual vivía con su abuela paterna en una población cercana), jamás hablaba de la madre de su hija, totalmente dedicado a su trabajo excepto dos fines de semana al mes, que era cuando visitaba a su hija.

    Teníamos poco más de un año de trabajar juntos y habíamos hecho una gran amistad, no solamente en lo laboral, sino que nos habíamos vuelto amigos fuera de la oficina, casi diario comíamos juntos, algunos fines de semana íbamos a bailar a algún lugar (más por mi gusto al baile que por el suyo), y en otros íbamos a algún juego de americano (más por su gusto que por el mío), sino habíamos formalizado nuestra relación, era por el temor a que esto perjudicara nuestro trabajo. Pero la convivencia diaria y el estar hasta tarde solos, nos llevó por consecuencia al siguiente nivel.

    Un día que nos encontrábamos en la planta operativa, después de que todos se habían retirado y que ya solamente nos encontrábamos los dos, empezamos a hablar sobre mis experiencias en lo relacionado al sexo, lógicamente poco o nada tenía para contarle, pero si le mencione al respecto de lo que había experimentado a solas. De una u otra forma, nos fuimos acercando, tanto física como espiritualmente, los dos teníamos ganas de romper los límites y esta fue la oportunidad.

    Llego un momento en que empezamos a tener contacto físico, nuestras manos se buscaron y después fueron nuestros labios los que se encontraron unidos. Y de ahí, llego lo que tanto deseábamos.

    Unidos por un beso largo y apasionado, nos dirigimos a la sala de espera y nos recostamos, sus manos acariciaban, mis piernas, mis nalgas, mi espalda y mi busto en una serie de caricias largas y sensuales, mientras sus labios buscaban mis oídos, mi cuello, mi cara y sobre todo mis labios, musitando, lamiendo, chupando y besando todo pedazo de piel que encontraba. Con solo esto, Guillermo me estaba llevando a un paraíso que ni en mis mejores auto sesiones había llegado.

    Yo estaba como despistada, sin haberme dado cuenta, me encontraba semidesnuda, mi blusa y mi corpiño se habían abierto por arte de magia, mis pantalones abiertos, empezaban a bajar sobre mis piernas. Tiernamente mi amante acomodaba mi cuerpo para ir retirando toda esa ropa que le estorbaba hasta tenerme totalmente desnuda frente a él.

    Entonces su boca y su lengua, aprovecharon mi desnudez para ir bajando por mi pecho, mi ombligo, mi vientre hasta llegar a mi entrepierna, solamente fue tocar con su lengua mi sexo, la explosión de un primer orgasmo broto desde dentro de mi ser, una oleada de placer recorría todo mi cuerpo, las contracciones no cesaban, perdí la noción del tiempo y del espacio, ni siquiera lograba reconocer lo que mi pareja hacía en todo ese tiempo, no fue sino hasta varios minutos después, que recupere la conciencia de lo que estaba pasando, Guillermo continuaba dándole placer a mi zona vaginal con su boca y lengua. Cuando percibió que yo estaba de vuelta, subió a besar mis hinchados pezones mientras sus dedos iniciaban el ataque a mi humedisima caverna. Sus dedos empezaron a adentrarse por mi coño, sin problemas, ayudados por lo mojado que se encontraban aquellas paredes, sin dudarlo, sus dedos empezaron a jugar dentro de mi cuerpo, buscando y explorando, hasta que por fin encontraron el lugar que me llevo a otro espasmo de placer, era increíble la forma en que mi cuerpo se entregaba de nueva cuenta al placer de un orgasmo, mi mente se perdió en un delirio de pasión, entre sueños veía y sentía a mi pareja como sacaba y metía repetidamente sus dedos medio e índice dentro de mí, aquel juego me estaba volviendo loca, quería más, quería hacer aquello que nadie todavía había hecho en mí, pero estaba tan sumergida en aquel placer, que no podía pensar. Aquello parecía una fiesta, los orgasmos venían y desaparecían, sus arremetidas seguían y yo loca de placer sumergida en un orgasmo inacabable, gritaba y gemía hasta que agotada le pedí que parara, mis piernas y mi cuerpo temblaban incontroladamente pero mi felicidad era enorme.

    Cuando me recuperé del todo, empecé a ser consiente de mi total desnudez, de la posición tan inapropiada, con las piernas totalmente abiertas y mis brazos por encima de mi cabeza, de la gran cantidad de humedad entre mis piernas y el exceso de sudor en mi cabello, mi cara y mi pecho. Además de esto, mi garganta la sentía seca e irritada debido a los fuertes gritos y gemidos emanados desde el fondo de mi pecho. Guillermo, estaba sorprendido, el deseaba seguir con mas, veía la oportunidad de poseer a una mujer totalmente entregada, pero cuando empezó a desabrochar su ropa, mis tabúes y mis miedos salieron a relucir, jamás había visto a un hombre desnudo, mucho menos un pene, le explique que todavía no estaba preparada para eso, que me diera oportunidad, con la promesa de que, en la siguiente cita, llegaríamos al coito, y era cierto, aparte de mis aprensiones morales, físicamente estaba muerta y no creía poder resistir otra aluvión de orgasmos.

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  • Las pajas con mi prima Camila (2)

    Las pajas con mi prima Camila (2)

    Era el día del Carmen. Había fiesta en el pueblo. Desde muy temprano andaba la charanga dando la alborada. Los perros no sabían dónde meterse con el ruido que hacían las bombas. Los hombres, en la taberna, se ponían hasta arriba de aguardiente, coñac, ponche, cada loco con su copa, y en casa, cada loca con su copa, ya que las mujeres le daban bien al Sansón, a la Santa Catalina y al anís las Cadenas o al del Mono. Mis padres y los de Camila compraran un cordero ya sacrificado y lo repartieran a la mitad. Era un día tan especial que hasta el tonto del pueblo estrenaba ropa. Se respiraba aire de fiesta por todas las esquinas.

    Me encontré con Camila en el camino. Traía el pelo recogido en una trenza que le caía por el lado izquierdo de su cuerpo. Llevaba puesta una falda verde que le daba por las rodillas y una camiseta blanca. Calzaba unas sandalias blancas de tacón alto. Las medias eran de color carne, de las de liguero y eran nuevas como todo lo que llevaba puesto. En las manos llevaba dos cubos. Me preguntó:

    -¿Vas a jugar el partido de solteros contra casados?

    -¡Estás guapísima!

    -Y buenísima.

    -Y buenísima.

    -Sí, estoy como un tren, pero no me contestaste. ¿Vas a jugar ese partido de fútbol?

    Ella era así. Decía las cosas como las sentía.

    -Sí, lo voy a jugar y lo vamos a ganar los solteros.

    -No lo juegues.

    -¿Por qué? -le pregunté mientras caminaba a su lado, vestido con mis Lois, mi camisa blanca y mis zapatos nuevos.

    -Por qué te pueden dar una patada mal dada y se jodería la marrana.

    -¿Qué planes tienes?

    -Esta noche quiero que nos pajeemos uno frente al otro, que me comas el coño de aquella manera que me dijiste y que me des por culo. Quiero correrme tres veces.

    -Algo inventaré para no jugar el partido.

    -Estás cojo.

    -No te entiendo

    -Que te hagas el cojo.

    Empecé a cojear al caminar.

    -¿Adónde vas?

    -A la taberna.

    -De eso nada que vas a empalmar una borrachera con otra y después no me vales. ¿Adónde decías que ibas?

    -Contigo.

    Le cogí los cubos y, cojeando, fui con ella a la fuente.

    Eran las once y media pasadas. El vocalista de la orquesta Poceiro, mal cantaba la canción “Delilah”, de Tom Jones. La plaza del pueblo estaba petada. Vinieran de todas partes, pero aun así, los niños corrían entre la gente, más de uno para tocarles el culo a las mujeres. Yo estaba bailando con Camila. Me llegaba su olor a colonia y a desodorante. Sentía sus tetas contra mi cuerpo. Estábamos bailando el agarrado. Haciendo que cojeaba, le iba frotando la polla contra su ombligo.

    -Estás muy guapa y hueles muy bien -le dije mirándola a los ojos.

    -Tú también. Hueles mejor que el cordero asado. ¿Qué te echaste?

    -Varón Dandy.

    -Tengo unas ganas locas de comerte la boca -me dijo al oído.

    -Y yo a ti.

    Camila, ya no aguantaba más.

    -Al acabar la canción me voy. Te espero en mi casa. No tardes.

    Al acabar la canción, se fue. Un minuto más tarde dejé la fiesta y enfilé el camino a su casa. Vi a un perro temblando con el miedo. Seguían echando bombas. Llegué a la casa de Camila. La puerta estaba abierta. No quise llevar ninguna sorpresa:

    -¿Está en casa, tía? -pregunté.

    -Pasa y cierra la puerta -reconocí la voz de mi prima.

    Entré en casa. Cerré la puerta. Camila estaba sentada a la mesa de la cocina con un parchís delante. ¿Tan pronto le bajara la calentura? ¿Se estaba riendo de mí?

    -Siéntate -me dijo.

    -¿Crees que nos va a sobrar tiempo para jugar al parchís? – pregunté, extrañado.

    Separó la silla de la mesa. Se levantó la camiseta blanca. No llevaba sujetador. Vi sus tetas, con sus areolas marrones y sus grandes pezones. Tenían una redondez casi perfecta.

    -Borrachos como están, los oiremos venir a la legua. Si alguien viene nos dará tiempo a sentarnos a la mesa y hacer que jugamos. Ponte enfrente de mí.

    Pusimos las sillas frente a frente, a unos dos metros de distancia. Abrió las piernas y levantó la falda. Tenía unas piernas preciosas, moldeadas, ni gordas ni delgadas. Se echó hacia atrás. No llevaba bragas. Vi las ligas negras donde se empezaban a ver sus blancos muslos, una gran mata de pelo negro y la raja de su coño. Camila comenzó a tocarse las tetas. Saqué la polla. Me dijo:

    -No te corras antes de que me corra yo.

    -Esperaré por ti.

    Con la cabeza echada hacia el lado izquierdo, el mismo por el que bajaba su trenza, y mirando para mi polla, acarició las tetas con una mano y metió dos dedos en el coño…. Los metía y los sacaba… Acariciaba con los dedos mojados el clítoris… los volvía a meter en el coño… A veces me miraba a los ojos para saber cómo iba mi paja, me sonreía y volvía a mirar para mi polla, otras cerraba los ojos…. Seis veces tuve que dejar de menearla para no correrme. Me acuerdo que se sentía la canción de Karina: “Romeo y Julieta•” cuando comenzó a gemir.

    -Me voy a correr. ¿Estás listo? -me preguntó.

    -Cuando quieras nos corremos -le respondí.

    Camila se folló el coño con dos dedos a toda pastilla y a toda pastilla frotó el clítoris con los dedos de la otra mano. Cuando quitó los dedos del coño salió de él un squirt que se cruzó en el aire con el chupinazo de leche que había echado mi polla. Camila, encogiéndose, temblando, con sus ojos vidriosos, y gimiendo, miraba como salía la leche de mi polla. Yo, sintiendo un gustazo, veía como Camila dejaba perdida la silla con su jugo.

    Aun tirando del aliento, subió la falda y bajó la camiseta. Cogió un trapo y limpió el jugo de la silla y la leche que había caído al piso de cemento de la cocina.

    -Hay que borrar las huellas del delito -me dijo.

    Mi polla había quedado mirando al piso. Daba pena verla. Mi prima no era tonta, sabía que esto iba a suceder.

    -¿Me la comes ahora como me dijiste que me la comías en tus pajas? -me preguntó, de pie, abriendo las piernas.

    Me levanté de la silla y le pregunté:

    -¿Puedo besarte?

    -Ya estoy caliente…

    -¿Y las tetas puedo comértelas?

    -¡Tú eres tonto, carallo! Me vas a comer el coño y me preguntas si me puedes comer la boca y las tetas.

    Empecé a besar a mi prima al tiempo que el vocalista de Poceiro empezaba a cantar la canción de Raphael: “Yo soy aquel”. La besé en el cuello y en la boca. Ella, me acariciaba la polla. Le levanté la camiseta, cogí sus tetas con mis manos y se las magreé. Chupé y lamí una teta y después la otra, muy, muy lentamente, saboreando las tetas y el momento. Al agacharme, mi prima subió la falda. Una gran mata de pelo negro apareció ante mis ojos. Abrí con dos dedos la raja. Al separar los labios vi que de un labio al otro iban docenas de hilillos de jugo. Pasé mi lengua y le limpié el coño de jugo, un jugo pastoso. Me gustó. Más le gustó a Camila que comenzó a gemir. Le eché las manos a las caderas. Mientras el vocalista de Poceiro destrozaba la canción de Elvis Presley: “Suspicious Mind” le lamí y chupé los labios del coño, se lo follé con la lengua y chupé y lamí su clítoris, que cuando se empalmó, como decía ella, era enorme. Al empezar a cantar la canción de Adamo: “Un mechón de tus cabellos”, se dio la vuelta y comencé a jugar con mi lengua y con mis dedos en su culo. Al follarle el culo con la lengua los gemidos de mi prima eran deliciosamente excitantes. Al meterle el dedo me lo folló con su culo como si estuviese follando mi polla. Estaba acabando la canción, se dio la vuelta y me puso el coño en la boca, supongo que con idea de correrse. Se lo volví a lamer. Estaba otra vez empapado. No sé los planes que habría hecho Camila, pero al sonar la canción, “Que será, será”, se olvidó de ellos:

    -Levántate -me dijo.

    Me levanté. Camila rodeó mi cuello con sus brazos, me besó. y empezó a bailar. Al principio me desconcertó, pero antes de un minuto ya tenía la polla dura como una piedra.

    -Siéntame encima de la mesa, primo.

    La senté. Luego se echó hacia atrás y se levantó la falda. Se sentó en el borde de la mesa, acto seguido se echó sobre ella. Sus piernas colgaban. Sus tetas pedían ser comidas. Su coño y su culo estaban a la altura de mi polla.

    -Métemela -me dijo, casi susurrando

    -¿No quieres que te la coma hasta que te corras?-le pregunté.

    -Métemela.

    Puse mi polla en la entrada de su ojete. Camila la cogió con la mano y la llevó a la entrada de su coño.

    -Métemela -me dijo por tercera vez.

    Le metí el glande en su coño, despacito, mientras sonaba el “Que será, será”. Era su primera vez. Camila me cogía las manos y me las apretaba a medida que se lo iba metiendo.

    -Me gusta que seas el primero -me dijo al tener mi glande llenando su coño.

    -Y a mí serlo -le dije, luego se la fui metiendo hasta el fondo y depués la follé despacito.

    -¡Qué gusto da sentirla dentro! Jódeme de pie.

    La cogí en volandas. Ella rodeó mi cuello con sus brazos y mi culo con sus piernas. Besándonos la fui follando. No sé el tiempo que pasó, sólo sé que se desgañitaba el vocalista de la orquesta Poceiro cantando “El Rey”, cuando su pequeño coño apretó mi polla.

    -Me muero de gusto, primo -dijo con voz temblorosa.

    Su boca comenzó a chupar mi lengua y se corrió con una fuerza brutal. Su cuerpo se sacudía como si estuviese pegado a un cable de corriente eléctrica. Fue un milagro que aguantara, pero esperé a que acabase de correrse. Le quité la polla, muy despacito. Al tenerla fuera de su coño comenzó a salir cantidad de jugo. Acerqué mi polla empapada a su ojete. Le metí la puntita. Camila, empujó con su culo, y me corrí. Ella, sintiendo mi leche calentita dentro, me comió a besos.

    Al acabar de corrernos, Camila, estaba exultante.

    -¡¡Que corrida!!

    -¿Tan buena fue!

    -¡¡Fue la mejor de mi vida!! -me dijo, luego me besó.

    Nos arreglamos la ropa. Limpiamos con dos trapos lo que habíamos manchado. Los echamos dentro del fogón de la cocina de hierro, que aún tenía brasas, y quemamos las pruebas del dulce delito. Volvimos a la fiesta. Una fiesta inolvidable.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

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  • Mi mujer es una puta escort y yo un cornudo voyeur

    Mi mujer es una puta escort y yo un cornudo voyeur

    No imaginaba esta faceta de mi mujer y mucho menos que trabajaba como puta en un servicio escort en un sitio muy conocido de la web. Ella era toda una zorra en la cama, pero ahora yo sabía que no solo estaba conmigo, al parecer mi mujer María Luisa tenía una cartera de clientes bastante importante y eso explicaría de donde sacaba la plata para ayudar a su madre en su operación de caderas, que costó un ojo de la cara. La coartada de mi esposa era que había pedido un préstamo a una financiera, otra de sus falaces y burdas mentiras, pero según una fuente amiga, la puta de mi señora juntó plata chupando pijas y fue penetrada más veces que la propia Cicciolina.

    Debo confesar que me enojó mucho el engaño que esta perra me hizo durante algo más de dos años. ¿Con cuánta gente me habrá metido los cuernos esta zorra? Nunca iba a saberlo. Como dije antes, María Luisa tenía muchos clientes y ella siempre me decía que se reunía con sus amigas cuando en realidad algún flaco se la empernaba y se reía de mí cuando ella les decía que era casada.

    Todo esto de que mi mujer ejercía la prostitución me entere por un amigo que fue a uno de estos sitios y se contactó con ella sin que ella siquiera sospechara que José Luis era un viejo amigo mío. Para el colmo mi “amigo” sabiendo que ella era mi mujer, se la cogió y me lo contó.

    Cuando María Luisa (Demi López para los clientes), llegó tarde a casa el sábado por la noche, sentí impotencia pero no le reproché nada porque tenía un plan para dejarla mal parada ante mis propios ojos. El plan consistía en buscarla en el sitio web para adultos donde ella aparecía para contactarla y hacerle hablar con mi amigo para que se encontrasen en algún lado, yo desde luego los iba a seguir.

    Cuando entré al sitio porno de escorts encontré unas fotos de ella desnuda y un seudónimo: “Demi López”. Vi las fotos y ella está siempre contra la pared mostrando el gran culo que tiene, nunca pude ver su cara, pero mi amigo sabía que era María porque se había acostado con ella, (debo confesar que me calentó mucho imaginar a mi amigo cogiendo con mi señora), según él, toda una profesional en la garganta profunda y el sexo anal. A María le gustaba mucho que se la metan por el orto hasta el fondo y adoraba apretar su ano cuando le dejaban la pija dentro por un rato.

    Como dije antes, en las imágenes no podía verse su rostro pero si su cuerpo desnudo, habían debajo muchos comentarios positivos de sus clientes y también obscenidades como: “tu marido es un cornudo y ni se lo imagina”, “me encantas porque estas casada y sos re-puta”; entre otros comentarios obscenos. Todo esto fue un baldazo de agua fría para mí, yo quería vengarme de esta zorra y para eso tenía que esconderme en lo de mi amigo y cuando éste forro la llevase a mi mujer a su casa, yo la sorprendería in fraganti.

    Llegó esa noche y mi amigo me dio un juego de llaves de su bulín. Yo entré allí como si fuera mi propio hogar, mientras tanto José se encontró con mi esposa en un bar cercano y hablaron un rato, era cuestión de tiempo para sorprenderla con las manos en la masa, o mejor dicho con las manos en la verga de José.

    “¡Puta, puta, puta!” Susurre cuando los escuche entrar. Yo estaba escondido en el placard del dormitorio de mi amigo y ellos reían y hablaban de todo lo que harían. Mi mujer estaba vestida como una verdadera putona: muy linda y sensual a tal punto que se me había parado la pija y le tenía muchas ganas en ese momento. Estaba esperando que ambos cruzaran esa puerta para sorprenderlos hasta que ella entró primero y se sacó toda la ropa.

    Los dos se besaban como locos, como si se cogieran con la boca. En un abrir y cerrar de ojos, José Luis la puso de cuclillas a María Luisa y le metió toda la pija por la boca. Ella sonriendo se la tragaba toda y se la metía hasta el fondo de la garganta. No le molestaba para nada atragantarse con su saliva y el semen de José, eso a ella parecía encantarle. Como había dicho hasta el cansancio: “no imaginaba que mi esposa fuera tan puta”.

    Mi mejor amigo y mi señora no perdieron el tiempo e hicieron de todo. Él le hizo el orto porque ella se lo pidió casi rogando y luego de que José se la metiera hasta los huevos, se la sacaba y se la metía por la boca. Así estuvieron un buen rato y ella no dejaba de gemir como una puta. Toda esta situación era una mierda para mí, pero para él, que jugaba con el culo de mi esposa, no.

    María Luisa estaba en cuatro cuando José se la metía por la concha. Se la cogió durante un buen rato mientras ella jadeaba y le decía que era el mejor cabrón que se la había cogido (imaginen como me sentía yo de que mi propia mujer me metiese los cuernos con mi amigo y que para el colmo él era mejor que yo cogiendo) La verdad es que me sentí desbastado pero tampoco quería dejar de ver ese espectáculo pornográfico de como la ninfómana de mi mujer era penetrada por este imbécil, que disfrutaba mucho haciéndoselo por atrás y por adelante.

    Finalmente cuando ambos se venían, él le acabo en su cara de puta y yo salí del ropero para pedirle explicaciones mientras ella se relamía los labios. Al verme allí quedó estupefacta y no sabía que decir. Me propuso que sigamos cogiendo, pues María tenía ganas de seguir acabando y yo accedí a su pedido, me quité los pantalones y la puse de rodillas para que me chupase la pija. La muy puta sonreía porque sabía que ella cumpliría una de sus tantas fantasías y yo contento también porque cobraría el 50% por sus servicios sexuales.

    FIN

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  • Gloria y su abuelo

    Gloria y su abuelo

    Gloria era una joven de una aldea muy remota a donde aún no había llegado la luz. Estaba entrada en carnes, sin llegar a ser obesa. Medía 1.56 cm. de estatura, era morocha, de ojos negros, el cabello lo tenía largo, recogido en dos coletas. La joven andaba semanas con la misma ropa y por eso la apodaban La Cerda. Vivía con Jaime, su abuelo, un hombre de 64 años, alto, al que apodaban El Seco, por ser muy delgado. Vivían de los productos que cultivaban en el campo y de sus animales, como todos los vecinos de Tronada, una aldea de menos de treinta habitantes, donde Gloria era la única joven, ya que los mozos y las mozas se había ido a la ciudad, unas a servir y otros a trabajar en la construcción.

    Un día, poniendo patatas en una huerta, Jaime, se cayó y rompió una cadera. Era un hombre rudo, pero en el camino al hospital, que quedaba a más de setenta quilómetros, el viejo, encima del carro de vacas que lo llevaba, lloraba como un niño con el dolor que sentía. Gloria se tuvo que quedar, ya que alguien tenía que dar de comer a los animales.

    Un mes más tarde volvía Jaime en una ambulancia con una cadera nueva. Lo metieron en casa en una camilla.

    Uno de los camilleros, de unos 25 años, guapo y fuerte, en la puerta de la casa, y antes de irse, le dijo a Gloria.

    -A tu abuelo hay que moverlo de posición y lavarlo todos los días, de lo contrario cogerá llagas en el culo. ¿Estás tú sola en casa?

    -Mayormente.

    -¿Qué significa eso de mayormente?

    -Que a veces también está el perro.

    -El perro no va a lavar a tu abuelo.

    -No, pero si lame una herida, la herida sana, tan cierto como que si no cagas te mueres.

    -Muy fina se ve no eres

    -No, Fina, es Fina y yo soy yo.

    -Fina es educada.

    -¡¿Fina?! ¡Si la oyeras jurar! Se caga en lo que no hay. El otro día fue a cagar al monte, en el medio de los fentos le iba una ortiga y bajó todos los santos del cielo.

    -No me has entendido, te quise decir que fina quiere decir educada, pero..

    -¿Y tú de qué conoces a Fina?

    -Olvídalo. Sólo por curiosidad. ¿Cómo se curó las ampollas de las ortigas?

    -¿Curar? Ahora se frota el monte de los pelos con ortigas.

    -Estás de broma.

    -¡Que va! Llevaba 40 años sin picarle

    -¡Cómo tendrá ese sexo!

    -¿El sexo es el coño?

    -Sí.

    -Y como lo va a tener a los noventa años, como un bebedero de patos.

    El camillero mayor, le dijo al joven.

    -Vete al grano que nos van a dar aquí las uvas.

    Por las uvas, Gloria, se acordó de lo que le decía su abuelo: “Cuando llega una visita a casa no se debe marchar sin tomar un vaso de vino. Hay que ser hospitalarios”.

    -Esperad aquí que vengo ahora.

    -No podemos…

    Era excusado, Gloria ya se había ido. Al momento volvió con dos tazas grandes de barro llenas de vino tinto.

    -Tomad, que no se diga que en esta casa no tratamos bien a los hospitalarios.

    Los camilleros le echaron un trago. Dijo el camillero joven:

    -¡Está buenísimo!

    Al camillero mayor también le gustaba.

    -Deja un sabor a fresa, delicioso.

    Gloria, sonriendo les dijo:

    -Y mete unas borracheras de cojones.

    -Bueno, vayamos al grano.

    El grano allí era el cereal, Gloria pensó que quería algo de comer.

    -¿Qué quieres de picar?

    -Nada. Lo que quiero es hablar de tu abuelo.

    -¿Es muy grande el grano?

    -Era una manera de hablar. A tu abuelo tienes que lavarlo con agua y jabón perfumado.

    Gloria puso cara de, ¿qué dices?

    -¿Perfu, qué?

    El camillero más joven, le dijo al mayor:

    -Dale un par de pastillas de jabón del nuestro.

    El camillero fue a la ambulancia. Gloria le dijo al camillero joven:

    -¿Al lavarlo todos los días no encogerá? A lo largo no importa, pero a lo ancho, ya no es nada…

    Gloria tenía la ropa y la cara manchada. El joven aguantó la risa, y le preguntó:

    -¿Cuánto tiempo hace que no te lavas?

    Gloria se puso en plan coqueta:

    -¿Me estás tirando los tejos?

    -¡No!

    -¿Entonces para qué quieres que me lave?

    -Te pregunté cuanto tiempo hace que no te lavas, no si te querías acostar conmigo.

    -Así se empieza, así se empieza.

    Volvió el camillero. Le dio el jabón. Gloria lo olió, y le dijo:

    -Esto huele mejor que mi coño.

    El camillero joven, dijo:

    -Houston, tenemos un problema.

    Gloria miró para el camillero mayor, y le dijo:

    -No le hagas caso, Houston, el problema lo tiene él. Quería que me lavara y todo.

    -Y debes lavarte. ¿No pensarás lavar a tu abuelo con las manos llenas de tierra?

    -¡¿Todos los días?!

    -Todos, y con jabón perfumado. Y cambia esa ropa.

    -¡Otro! En la ciudad andáis salidos.

    -Me has mal entendido, pero una cosa te voy a decir, creo que bajo toda es roña hay una joven bonita.

    -No me decían eso desde… desde nunca. Debe ser el vino el que te hace hablar así. ¿Quieres otra taza?

    El camillero, sonriendo, le respondió:

    -No, gracias. Dentro de un mes volveremos para llevar a tu abuelo al hospital.

    Los camilleros le dieron las tazas vacías y se marcharon. Gloria entró en casa y se puso a hacer la comida. Iba a asar un pollo.

    Al llegar la noche, Gloria, se fue al río con el jabón perfumado y ropa limpia. Se bañó, se cambió de ropa y volvió a casa. Con una palangana mediada de agua, un trapo y jabón se fue a la habitación de su abuelo.

    -Vamos a quitar la mierda, abuelo.

    Jaime se incorporó un poquito y Gloria le quitó la camiseta.

    -El can famélico del Desaborido tiene más carne que tú. Como me encojas vamos a tener un disgusto.

    -No encojo, mujer, no encojo.

    Le lavó el pecho, los sobacos y la espalda. Le quitó el calzoncillo y la vio.

    -¡Pedazo de bicho! No sabía que los carallos de los hombres eran tan grandes.

    Le tocó con un dedo para ver si estaba viva.

    -¡Menos mal que está muerto!

    Al lavarla y lavarle los huevos, la tralla empezó a engordar. Gloria hablaba sola.

    -Con el agua engorda. Houston, tenemos un problema.

    El abuelo le preguntó.

    -¿Quién es Houston?

    -Uno de los ambulancieros. No me dijo que hacer en este caso, y me jode.

    -¿Por qué?

    -Porque se me está mojando el coño y lo acabo de lavar. Ponte de lado para lavarte el culo.

    Gloría le lavó el culo y Jaime ya se moría por follar a su nieta.

    -Acabarás por empalmarme, Gloria.

    -Pues te la pelas, abuelo.

    -¿Me dejas que te la lama yo?

    -¡Ni borracha! Después vas a querer que te la chupe yo, abuelo.

    -¡Es que hoy hueles tan bien y estás tan limpita!

    -Siempre pasa igual. Una se lava y todo dios la quiere llenar de mierda.

    El viejo hablaba con voz dulce.

    -Estás muy guapa.

    Gloria, bruta como era, le metió un dedo en el culo a su abuelo, y al quitarlo, le dijo:

    ¡A ver si así te callas, coooño!

    El viejo se dio la vuelta y Gloria vio que la polla estaba casi empalmada. Se quedó mirando para ella como hipnotizada. Dejó de mirar cuando sintió que se le caía la baba. Se limpió la boca, y dijo:

    -¡Condenado bicho! Al verlo mi coño se abre y se cierra.

    -¿Te gustaría tenerlo entre tus piernas?

    -No, me gustaría tenerlo dentro de mi coño, pero no te quiero romper.

    Jaime, agarró la polla y comenzó a menearla. Gloria vio que empezaba a echar flujo preseminal, y le dijo a su abuelo:

    -Tu, correr, te correrás, con ese bicho de un ojo solo, pero quedas así hasta mañana, yo no te vuelvo a lavar.

    Gloria, cogió la palangana y se fue. A Jaime, al irse su nieta, se le fue bajando la polla.

    La siguiente noche, después de lavarle al viejo el pecho, la espalda y las axilas, cuando le iba a quitar el calzoncillo, vio un gran bulto. Le preguntó.

    -¿Estás empalmado, abuelo?

    El viejo sonrió con picardía

    -Es para que la cojas mejor.

    -¿No será para ponerme cachonda?

    Jaime conocía a su nieta. Basta que le dijeran que hiciera algo para no hacerlo, y viceversa.

    -No, dame el paño que me lavo yo mis partes.

    -¡Y una mierda! Te lavas por partes, te sale pus en el culo y tengo que cuidarte meses y meses.

    Le quitó el calzoncillo y vio la polla, una polla que ya estaba fumable… Lavándolo y lavando los huevos, le dijo a su abuelo:

    -Este bicho me sigue metiendo miedo y al mismo tiempo al tocarlo se me moja el coño.

    -Métela un poco, si quieres.

    -¿Y si te rompo?

    -Con cuidado no pasaría nada.

    -Mejor, no, si no te rompo te mato a polvos y ni por las vueltas que hay que dar para hacer un entierro.

    -¡Exagerada! ¿Ya te chupaste las tetas?

    -Si me dieran un céntimo por cada vez que me las chupé ya era rica?

    -Yo sí que las como rico.

    -Ya sabía yo que me querías calentar.

    Gloria ya no le lavaba la polla a su viejo, se la estaba meneando. Notó que se le puso dura. Jaime seguía machacando.

    -¡Y no veas cómo como el coño! No hubo mujer que se lo comiera que no se corriera en mi boca.

    Gloria, viendo la polla de su abuelo soltar aguadilla y sintiendo como le picaba el coño, le dijo:

    -¡A tomar por culo! Si rompes, rompiste, y si mueres, te entierro.

    Gloria quitó el vestido. No llevaba bragas ni sujetador. Sus tetas eran inmensas, sus areolas oscuras, grandes y sus pezones pequeñitos, como granos de arroz. Su coño tenía una gran mata de pelo negro que hacía juego con el de sus axilas. La bruta tenía un polvazo criminal. Subió encima de su abuelo, cogió la polla y la metió suavemente, pero de una culada. Con su coño lleno con la tremenda verga, le dijo a su abuelo:

    -Estate quieto que la que jodo soy yo. Y sin besos que eso es pecado.

    Jaime se quedó quieto. Lo que no esperaba Gloria era que su abuelo tuviese tanto aguante. A los veinte minutos, más o menos, se corría, diciendo:

    – Me voy a correr. No te corras dentro de mí que te estrangulo. No te, no te. ¡Me corro!

    Gloria se derrumbó sobre su viejo, temblando con el placer de aquel grandioso orgasmo.

    Descansó unos segundos con la cabeza en el pecho de su abuelo, y después volvió a follarlo.

    Unos minutos más tarde, le decía:

    -¿Me lames el culo?

    -Date la vuelta.

    Gloria se dio la vuelta, Jaime, con la lengua, le lamió y le folló el culo y el coño. Ella le chupó la polla, hasta que exclamó:

    -¡Te voy a sulfatar!

    Dicho y hecho. Se corrió soltando un squirt que dejó perdida la cara de su abuelo. No contenta con esto, le frotó el coño por toda la cara durante el tiempo que la recorrió el placer.

    Al acabar de correrse le lamió toda la cara y la limpió de jugo. Después le preguntó:

    -¿Estás cansado?

    -¿Estás tú?

    -No, pero ahora mismo me bebería una jarra de vino tinto. Estoy seca.

    -Trae otra para mí.

    En pelotas, Gloria, fue a la bodega con una jarra que había cogido en la cocina. Abrió la billa de un barril, medio la jarra y la bebió. El vino tinto le cayó por las tetas y le bañó los pelos del coño antes de caer al piso de la bodega. Limpiando la boca con la mano, dijo:

    -¡Esto es vida, carallo!

    Después volvió a llenar la jarra y fue junto a su abuelo.

    -Ya estoy aquí, abuelo.

    -Trae esa jarra para acá.

    El viejo bebió la mitad del vino de la jarra y la puso sobre la mesita. La polla la tenía a media asta.

    -Vas a tener que chuparla para que se ponga dura.

    Camila, que ya estaba contenta, le dijo:

    -Vale, pero no te corras en mi boca que mezclar me hace daño.

    Quien se volvió a correr en la boca de su abuelo fue Gloria, en su boca y en su polla.

    Una hora y pico más tarde, mientras el viejo le daba por culo. Gloria sintió que iba a tener su primer orgasmo anal, y le dijo:

    -¡¡¡Córrete conmigo, abuelo!!!

    El viejo se corrió en el culo de su nieta, quien sintiendo como su coño se abría y se cerraba, exclamó:

    -¡Vuelo, vuelo, vuelo!

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

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  • El mejor amigo de una mujer casada

    El mejor amigo de una mujer casada

    Antes de conocerle, temí las consecuencias. Y es que, ya no recordaba ni cuando había empezado a fingir el orgasmo con mi marido. Como os cuento, no fue algo premeditado, simplemente el hecho de que Martín me preguntara qué me parecía si dejábamos que otro hombre se quedara unos días en casa, me pareció una incitación tácita a serle infiel, prácticamente un requerimiento formal para que le pusiera de una vez los hermosos cuernos que sin duda merecía. Por lo visto, un antiguo amigo de la universidad que era enfermero y estaba de vacaciones. Si bien, sólo pasaría un par de días en Cuenca con nosotros.

    Estaba harta, hace meses que estaba empachada e insatisfecha con el rumbo estático, conocido y tedioso del día a día. Ya no podía seguir amañando mi propia vida para eludir que jamás había triunfado ni fracasado lo suficiente. En fin, era la suma de las partes, y nada en concreto. No es que estuviese enojada con eso de dejar de ser yo para ser la “mamá de Bárbara”, tampoco tener un marido improcedente, ó que me hubiese convertido en la prisionera de la seguridad que siempre me había obsesionado.

    Mi naturaleza suspicaz y por momentos maliciosa me ha supuesto un lastre social, sobre todo para forjar y conservar amistades sinceras. Pero ese fenotipo que siempre me hacía recelar de las intenciones ajenas y fiarme sólo de la madre que me parió, me había ayudado al menos a sobrevivir en la vida. Y sin embargo no me sirve esta vez para trazar ninguna ruta de escape del foso en el que se ha convertido mi vida.

    No, Martín es… bueno. Es muy cariñoso, respetuoso, atento, dulce y sin ser condescendiente es siempre correcto e indulgente. La verdad es que cuando lo conocí, me quedé prendada de su ambición, su inteligencia, caballerosidad, pero sobretodo de su amor insensato y suicida.

    Así, Martín me fue conquistando con paciencia, gesto a gesto fue ganando la fortaleza en que se había convertido mi desconfiado corazón. Hasta que tras cinco años de novios incluso consintiera casarme con él por la iglesia, tomándole como esposo ante Dios siendo yo atea y roja de pedigrí de toda la vida.

    Los años en pareja se fueron consumiendo con sosiego, pero con la inquietud diaria de pensar que le había dado mi vida a él, como se la podría haber dado a cualquier otro, idea que me chirriaba en la boca del estómago como una tiza vieja arañando una pizarra. Al ver que la vida se escapa estaba echando en falta algo, un cambio, divertirme, emoción, quizá alguien más temperamental, impulsivo, salvaje, que sé yo.

    Le dije que sí, que lo invitara, deseando en mi fuero interno que fuera un hombre interesante y seductor. En realidad llevaba meses masturbándome con esa fantasía, serle infiel. Me tenía obsesionada la idea de liarme con otro hombre de una vez. Así que, cuando Martín me dijo que su amigo Rober se quedaría con nosotros un par de días, no pude evitar que mi pícara mente se pusiera a imaginar. –Roberto, desde luego suena bien.

    Ya sé que sonará estúpido, pero conforme se acercaba el día me sentía inquieta y alterada, como una adolescente a mis 39 años. No le ponía cara, la verdad. Con eso que era viajero a lo mejor se parecía a uno de esos héroes aventureros, ummm…

    Por otro lado, Martín es demasiado delgado como para resultar varonil, y con la excusa de ser alternativo va siempre bastante descuidado, con barba de tres o cuatro días, vestido con lo primero que se encuentra al abrir el cajón del armario, etc. Además, ocurre que en la cama mi marido es poco innovador y nada transgresor. Tampoco es, digámoslo claro, de esos exageradamente dotados, de esos que sobrecogen a una mujer. Hace tiempo que no siento aquel deseo de que me penetre… Por Dios, ya lo he soltado.

    Cuando mi marido me hace el amor ya apenas me divierto ni excito, y si intento llevar yo la iniciativa para disfrutar algo es inútil porque él eyacula enseguida. Así que en no pocas ocasiones acabo imaginándome que estoy con otro hombre, casi siempre el mismo la verdad. Uno de los chicos a los que rechacé en mis años de acné, aparato de ortodoncia y amor para toda la vida. El que fuera hijo del panadero de mi barrio, un chaval sin sustancia que nunca llamó mi atención pues me parecía un inmaduro como todos los de mi edad. Siempre pensando en divertirse, en las motos, en mentir a cualquier tonta para meterle mano, y sin más horizonte que continuar con el negocio de papa. Pero que por cosas de la vida, y unos disturbios en una manifestación, reencontré al cabo de un montón de años convertido en un oscuro subcomisario de Policía Nacional que según los cuchicheos, no sólo carecía de escrúpulos con los maleantes. Delgado, de un moreno casi pardo, y bien conservado a pesar de sus ojos de noches en vela y de las marcas de decepción en su rostro. Un hombre maduro como yo, que ahora me resultaba terriblemente atractivo, lamentándome de no haber intuido en su día aquella mutación.

    La cosa es que unos días antes durante el recreo, soy maestra, incluso me había sorprendido a mí misma escuchando a una compañera en trámites de separación. Prestando atención a los detalles de papeleo, abogados, reparto de las propiedades, etc. Estaba hecha un lío. Aunque ya no estaba segura de seguir queriéndole, sí le necesitaba. Sufría por él, y no deseaba hacerle daño, hemos compartido mucho. Además, mi hija necesita a su padre.

    Sin embargo, para qué nos vamos a engañar, yo siempre he pensado que soy una mujer atractiva, aunque mi marido dejase hace tiempo de hacérmelo saber. Quizás no esté hecha para alguien como él. Mido casi 1’70, salgo a correr a menudo lo que mantiene mi cuerpo a tono y mi piel bronceada. A pesar de ser madre ostento un culo menudo, mis pechos están en su sitio, y si bien ya no soy una chiquilla, mis ojos azul turquesa, nariz respingona, y dientes perfectos me siguen dando un aire fresco e inquietante para los hombres. Pero eso sí, las uñas siempre largas y afiladas para mantenerlos a raya.

    En fin, siempre he creído que me merezco algo más, esa siempre ha sido una constante en mi vida. Un coche deportivo, una casa mejor, otro trabajo, y por qué no, un hombre que haga que me tiemble el pulso al acercarse y que me falte el aire cuando me mire. Alguien que me anime y ayude a hacer las locuras que dan sentido a la vida, y no que me reprima mis ganas de adoptar el perro que he deseado desde niña. Quiero disfrutar de una vez con alguien que me haga perder la razón, que me haga suplicarle sexo, que me trate como a su diosa pero me someta destrozándome de placer. Tengo que saber qué siente una mujer estando así con un hombre.

    20 de Septiembre de 2018.

    El día que llegó nuestro invitado me arreglé un poco más de lo habitual. Ya era media tarde, por lo que quería que mi aspecto fuera el ideal para salir de cañas por ahí. Me puse informal, pero mona. Vaqueros pirata ceñidos de color claro (las faldas no me van) y blusa blanca entallada que acentuara mis pechos y mi piel morena. El pelo, rizado y con mechas rubias naturales, en un recogido sexy, apenas maquillada, lo justo para resaltar mis ojos azules y labios sugerentes, y por supuesto, taconcitos (sé que suena engreída, pero una mujer conoce sus armas).

    A las 17h sonó el timbre, y Martín que estaba en el despacho fue a abrir. Entonces lo vi…

    Me quedé impresionada, quiero decir, no era el tipo de hombre que me imaginaba, no sé, tipo Indiana Jones con ropa caqui, no, nada de eso, era un caballero corpulento, moreno, elegante y fresco a pesar de los años vividos. Con pelo muy corto y mirada intensa, dientes blanquísimos y facciones marcadas entorno a una sonrisa inquietante de chico malo… Y Dios, ¡qué brazos!… Llevaba una camiseta entallada de color gris, que dejaba a la vista unos bíceps fornidos de piel tostada y unas grandes manos que sujetaban como si nada su equipaje.

    Después, al pasar me fijé que con tacones no era más alto que yo. Me fijé en sus vaqueros envejecidos, en su trasero redondito y en ese bulto al lado izquierdo de la cremallera. Caminaba altivo, casi arrogante sobre unas sandalias, y en el tobillo derecho intuí un misterioso tatuaje. Me quedé como tonta mirándolo, admirándolo.

    -Rober, te presento a mi mujer, Adoración. Bueno, Dora.

    -Dora, un placer conocerte. Me dijo acercándose. Mirándome a los ojos me dio dos besos en las mejillas. Su olor era una mezcla de alguna fragancia sport y sudor, muy intenso y masculino. Olía a un hombre seguro de sí mismo y te hacía sentir a salvo a su lado, pues parecía de esos tíos con nervios de acero que siempre lo tienen todo bajo control. Cuando Martín se apartó, me quedé inmóvil mirando sus ojos, de un verde ceniza que parecían escogidos para su tono de piel y su cabello negro. Era un sueño hecho realidad. Comprobé por el hueco de su camisa que llevaba un colgante metálico, era un silbato metálico sujeto al cuello con una cuerda negra. Vamos, un tío sexy, muy sexy.

    -Hola, soy Dora. Encantada.

    Así empezó un tonteo de miraditas que de una forma u otra parecían destinadas a encontrarse. Tenía una mirada apasionada que volverían loca a cualquier mujer, pero él también se fijó en mí, estaba segura, y no pude evitar sentirme afortunada, orgullosa y algo más…

    Ese fue mi primer encuentro con él. El resto fue un sueño, un sueño húmedo como jamás habría imaginado.

    Durante la tarde preparé una cena especial para darle la bienvenida a nuestro huésped. Luego me duché. En la ducha, miré la cuchilla de afeitar y pensé que tal vez… bueno, decidí afeitarme un poco el pubis, quedándome por primera vez en mi vida con sólo unos tres centímetros de pelo justo en el centro, y que luego dejaría bien cortito con las tijeras. Al principio me sentí extraña, pero más sexy. Me miré supuse que así quedaba más sensual, más exquisito y lo rematé con tres gotitas de colonia de mora de Ives Rocher que va tan bien ahí. Es un aroma fresco y ligeramente dulce que siempre me sugiere encuentros comprometidos. No quise ni plantearme la razón por la que lo hice, me apeteció y ya está.

    No podía dejar de pensar en cómo me había mirado, atravesándome el alma. Creo que yo le había mirado igual a él, como lo haría su propio reflejo en un espejo. Ansiando estar cerca de él, deseando que él me diera todo el placer del mundo.

    Después me fui al dormitorio y muy nerviosa me dispuse a arreglarme un poco. Me miré en el espejo y me puse de perfil. Bueno, a pesar de mis “treinta y tantos” me considero una mujer atractiva para los hombres, recuerdo que pensé. Bien formada, alta, con un trasero respingón de esos que tanto les gustan a los hombres.

    TOC – TOC – TOC

    -¿Sí?

    -Disculpa Dora… (Era Rober desde el otro lado de la puerta) ¿Puedo utilizar la ducha?

    -Claro, estás en tu casa. Dije lo más normal que pude, añadiendo. Tienes toallas limpias en el armario. Guau, al descubrir que ese hombre estaba ahí mismo sonaron todas las alarmas de mi cuerpo, dejándome sin respiración.

    -Vale, gracias.

    Hubiera querido decirle que entrara, y preguntarle si estaba guapa así ó si prefería que me pusiera un vestido. Pero no lo hice, evidentemente. Pero, sí decidí ponerme uno de mis favoritos, un vestido “camisón” negro con bordados muy elegantes y que me quedaba a medio muslo. Dudé un instante si llevar medias o pantis. Provocadora, quise probar unas medias muy discretas que mi marido me había regalado, color carne y aspecto suave. Inconscientemente deseaba estar deslumbrante, y por supuesto no pensaba pasar desapercibida esa noche. Pasé a decidir que zapatos me pondría, después me repasé el maquillaje y me recompuse el recogido sexy, dejando unos mechones caídos a cada lado de la frente. Me puse unas gotas de Cocó Channel y unos comedidos zapatos de tiras sin apenas tacón, para que se apreciaran mis uñas pintadas color morado.

    Al salir de nuestra habitación escuché el agua. El tío se estaba duchando y no había cerrado la puerta. Me pregunté si no lo habría hecho de forma intencionada, pero recordé que el pestillo de esa puerta hacía meses que no funcionaba y que Martín no hacía caso de arreglarlo. Mi marido estaba en el salón, tenía la tele encendida. ¿Y si…? Al menos un vistazo, ¿qué mal hacía eso a nadie? No era nada malo… sólo deleitarme un poquito, calmar mi inquietud con una miradita inocua que no haría daño a nadie. Además, seguro que la había dejado abierta para inducirme a pecar, pero como la puerta quedaba justo al lado de la ducha sólo implicaba acercarme y mirar un instante… sin fisgonear ni hacer nada. Caí en la tentación, e intentado no hacer ruido me aproximé un poco a la puerta del cuarto de baño.

    Como una cazadora furtiva, dirigí mi mirada hacia esa presa prohibida. Yo, una mujer casada mirando a otro hombre enjabonándose el pelo con champú con los ojos cerrados, ¡Qué músculos!, ¡Qué brazos! ¡Qué todo! Apenas cabía en nuestra ducha, Dios mío. Entonces, se giró para coger el gel de la repisa al otro lado y pude intuir unos grandes pectorales. Tenía el cuerpo de uno de esos nadadores de los Juegos Olímpicos. Su piel era morena, sus hombros robustos, sus brazos enormes y su vientre plano, y su sexo… Tenía la polla a media erección, ligeramente levantada, y se le balanceaba de un lado a otro al mismo ritmo que la esponja recorría su cuerpo, tan grande, tan amenazante que no me sorprendió cuando noté seca mi boca sin poder cerrarla. Alucinada e inquieta por mí descaro, al girarse vi cómo se tambaleaban sus testículos. Eran como, no sé, como dos pelotas de golf, lo juro. Impresionante. Tuve que moverme como si estuviera haciéndome pipí, cruzando las piernas para aguantar cierta sensación de incontinencia. Finalmente, me llegó ese olor corporal tan fuerte, tan explícito, tan salvaje y delicado al mismo tiempo… De pie en la puerta del baño pensé que si aquel tío me calentase la cama, yo misma lo bañaría después agradecida.

    -¿Dora Cariño?

    Di un respingo. Era mi marido, voceando extrañado desde el salón. El corazón me latía a mil por hora.

    -¡Dime, amor! ¿Qué quieres?

    -Vienes ya o qué.

    -Tengo… que hacer pipí y está ocupado.

    -¿Está Rober?

    -Sí.

    -Pues ve a nuestro baño.

    -Ya. A eso iba.

    Me fui corriendo y me encerré en el baño de nuestro dormitorio. Estaba atacada, el corazón desbocado. La mezcla del miedo a que mi marido me hubiera pillado, y lo cachonda que me había puesto la imagen de aquel tío duchándose hizo que perdiera los papeles. Me subí el vestido y vi que estaba mojada, ¡mis braguitas! Pensé cayendo en la cuenta de que hacía años que no me pasaba aquello. Me toqué por encima y sentí el tejido empapado en mis dedos. Apoyada sobre el lavabo, sin darme cuenta de lo que hacía, empecé a batir en mi sexo aquel fluido transparente.

    Con los ojos cerrados, me esforzaba por recordar aquel vistazo a la polla del amigo de mi marido. ¿Qué me ocurría? No dejaban de volar en mi mente los tormentos a los que me podría someter. Esos brazos, me aguantarían suspendida abrazada a él mientras me clava en su polla ó me acariciaría la espalda mientras yo le galopo en el suelo; Esa polla, me obligaría a chupársela de rodillas ó me comería él el coño abierta de piernas sobre la mesa; Ese cuerpo divino, me zarandearía como a un animal mientras me somete a cuatro patas ó se mecería dulce sobre mí en la cama; Esa boca, ¡ah!, ¡ah!, ¡¡AH!!…

    Me había metido varios dedos de mi mano derecha mientras me frotaba, hasta que un orgasmo maravilloso mi hizo desfallecer, obligándome a agarrar el grifo para no caerme al suelo. Allí estaba yo, con las bragas a medio bajar, fantaseando con ese hombre, disfrutando de la imparable propagación del orgasmo por todo mi cuerpo, ¿por qué? ¿Por qué no podía controlar aquello? Esperé unos minutos para serenarme, luego me limpié. La primera noche iba a ser muy difícil con aquel tío en casa.

    Durante la cena, apenas pude probar bocado. Mi marido se sentó a mi derecha, y Rober se puso frente a mí. Llevaba un polo azul marino, ajustado, de cuello tunecino con una fila de botones abiertos hasta dejar entrever su pecho. Aquel colgante adornaba un torso musculoso y perfectamente definido. Tampoco pude apartar la mirada de sus brazos. Sus bíceps se abultaban con cada leve movimiento, y esas venas que los recorrían. Nunca creí que la visión de unos brazos así me alteraría de esa manera.

    Confieso que al comienzo de la cena, pensé excitada que quizá Rober aprovecharía nuestra posición en la mesa para tratar de tocarme por debajo. Que acariciaría mis tobillos con sus pies descalzos, subiendo hasta donde le resultara posible. Aquella idea junto al hecho de que nuestras miradas se cruzasen o mejor dicho, chocasen de forma continua me provocaron de tal forma, que pronto me di cuenta de que la fuerza de mis pezones comenzaba a poner a prueba la tela bajo mi escote.

    Pero a medida que avanzaba la cena y ver que nada de eso ocurría, cierta desilusión fue haciendo presa de mí. Contrariada, no podía evitar sentirme decepcionada al tiempo que me relajaba darme cuenta de que me había dejado llevar por unas estúpidas e insanas fantasías.

    -¿Voy por más vino? -preguntó mi marido.

    -Por mí de acuerdo -dijo Rober levantando su copa casi vacia y dedicándome el último trago cortésmente.

    Con mi marido en la cocina me sentía indefensa, no me atrevía a mirarle a los ojos. No quería perder los estribos.

    -Estás preciosa, Dora.

    -¿Cómo? -pregunté.

    -Estás deslumbrante con ese vestido -me dijo mirándome intensamente con sus ojos verdes.

    -Gracias.

    -Y esa colonia que llevas, casi no me deja pensar. Es muy sensual, ¿cuál es?

    – Cocó Channel.

    -Channel. No, no puede ser. Tú hueles como flores de verano, como un jardín que hay a orillas del Bósforo. ¿Has estado en Estambul?

    No contesté. Estaba petrificada. Rober había olido la colonia de mora con la que me había impregnado el pubis. ¿Cómo? No era posible. ¿Por qué diablos tardaba tanto Martín?

    -Si supieras como me la estás poniendo… Prosiguió -Te haría el amor ahora mismo, aquí, encima de la mesa si tú lo desearas.

    -¿Perdona?

    Joder, joder. ¿Qué había dicho? ¿Había oído bien? Disimulé como si no hubiera oído nada ya que mi marido volvía a la mesa.

    -Aquí traigo el vino. No lo encontraba. Un Cinco Almudes, tú preferido ¿no, Rober?

    -¡Estupendo! ¡Ahora mismo no querría otra cosa! -exclamó Rober guiñándome un ojo.

    Incómoda, me levanté inmediatamente. Estaba tan nerviosa que volvía a tener ganas de orinar.

    -¿Qué te ocurre cariño? -me preguntó mi marido.

    -No nada, tengo que ir al baño, perdonad.

    Cuando pasé al lado de Rober vi su mirada de deseo, y tuve tomar aire para no tirarme sobre él como una leona en lugar de seguir caminando hacia el baño.

    Llegué hasta el servicio y me encerré dentro. Otra vez en el cuarto de baño, pensé. No comprendía cómo me había encoñado con aquel hombre de esa forma, me tenía loca, como una adolescente en plena ebullición hormonal. Era increíble la atracción que sentía, me palpitaba el corazón como se me fuera a dar un infarto, sentía cosquilleos por todo el cuerpo. ¡Me mojaba entera con solo acercarme a él! En ese momento, tocaron a la puerta.

    -¿Dora? ¿Te encuentras bien?

    ¡Era Rober!

    -Sí. Salgo enseguida.

    ¿Cómo había dejado a mi marido en el salón? Qué pensaría allí solo sin saber qué ocurría. Martín parecía confiar ciegamente en él. Seguro que Rober le habrá dicho que él vendría a revisar que todo iba bien, como es enfermero…

    Abrí la puerta y Rober se abalanzó sobre mí. Yo me resistí débilmente, intenté apartarlo pero él ya me devoraba el cuello. Me inundó de su fragancia, fuerte, dura, implacable. Aquello me volvió loca y le besé. Le besé como si le hubiera estado esperando cien años. Nuestras lenguas se revolvieron con fuerza, nerviosas e impacientes.

    -Rober, déjame. Nos va a ver.

    -Por Dios, Dora. Eres una mujer increíble, fascinante. Ojalá te hubiera encontrado antes que él.

    -Mi marido… shhhh, ¿está en el salón?

    Él no me respondió sino que me metió mano por debajo de la falda, acariciándome sobre las bragas, apretándome el culo con brutalidad.

    -Tienes unas piernas tan sexys. Me encanta que te hayas pintado las uñas de los pies. Lo has hecho para mí ¿verdad? Me estás volviendo loco.

    -Oh Rober, déjame, déjame por favor. No, así no.

    Sin dejar en ningún momento de besarme con angustia, las manos de Rober avanzaban imparables hacia su destino en mi cuerpo y pronto, apartándome las bragas a un lado, sentí que empezaba a hurgar con uno de sus dedos en lo más profundo de mí ser, en mi sexo. Yo luchaba por no entregarme a él, por no ceder a la tentación, al hambre. Pero ya no podía oponerme, en aquel instante mi cuerpo era suyo, y mi piel arcilla que Rober moldeaba con sus manos. Así que no tuvo problemas en meterme aquel dedo al que acogí con frenesí dentro de mí.

    -Rober, ¿Qué haces?

    -Sssh, ¿por qué no? Es lo que quieres, lo sabes igual que yo. Desde la primera vez que te vi.

    Intenté huir, negarme, pero claudiqué, caí y… empecé desquiciada a comerle la boca a aquel hombre. Los siguientes diez segundos se consumieron pesadamente, como la mecha de un cartucho de dinamita.

    -¿Estás mejor? -preguntó enseguida mi marido desde la puerta del cuarto de baño.

    Rápidamente nos separamos. Me alisé el vestido y me recompuse.

    -Ya parece que está mejor -dijo Rober con tranquilidad-. Debe haber sido una bajada de tensión como te he dicho. Hoy ha hecho mucho calor.

    ¡Casi nos pilla mi marido! Pensé.

    -¿Qué te pasa, cariño? ¿Estás muy colorada?

    -Oh, nada amor. Estaba un poco mareada, pero ya estoy mejor.

    -Vaya, quieres que vayamos al médico.

    -No, no, gracias. Debo de estar a punto de empezar con la regla.

    Miré a Rober justo antes de incorporarnos a la mesa, sonreía con los ojos entrecerrados. Es un cabronazo, quién se cree que es para tratarme así.

    Una vez en la mesa, brindamos con vino. Martín dijo algo así como “Por nosotros” y chocamos las copas. Cuando tomé el primer sorbo me distrajo aquel frenesí que habían dejado los dedos de Rober dentro de mí. Casi me atraganté con el vino ya que por la rugosidad de sus manos, casi tenía la sensación de haber tenido un pene en mi vagina segundos antes. Era como esa extraña sensación de gustazo cuando haces pipí después de estar mucho tiempo aguantándote. Me puse la mano en la frente, agaché la cabeza y me mordí el labio para no gemir. Tuve que cruzar las piernas, y entonces miré hacia Rober totalmente alborotada. ¿Cómo se ha atrevido? El muy sinvergüenza.

    -Dora, estás muy rara. Dijo mi marido visiblemente preocupado. -Será mejor que vayamos al médico. Tal vez te haya sentado algo mal.

    -Qué no. No insistas Martín, no me pasa nada, será el vino. Dije al tiempo que trataba de atenuar aquella incómoda sensación de gustazo vaginal e intentando hablar con naturalidad, pero fue un desastre. No podía soportarlo, tenía el coño perturbado, tanto que empecé a pensar que quizá Rober me hubiese puesto algo ahí.

    Dios, suplicaba con la mirada a Rober, mientras cruzaba y descruzaba las piernas para soportar las oleadas de gozo. Mis bragas estaban empezando a filtrar la humedad de mi entrepierna, estaba teniendo como pérdidas, era muy raro y de seguir así pronto se empaparía la tapicería de la silla.

    De pronto, Martín se agarró a la mesa casi tambaleándose.

    -Vaya sueño que me ha entrado… Joder…

    -Tío, no estás acostumbrado a beber o qué – le preguntó Rober con tono de sorna.

    -Pues no sé. Todo me da vueltas…

    -¿Qué ocurre? -pregunté mirando primero a mi marido y luego a nuestro invitado, ya que algo me decía que él tenía algo que ver con el malestar de mi marido. Y qué guapo es, arrrghhhhh. Que rabia me daba pensar eso.

    -Martín, vaya sueño te ha entrado, si te hubieras echado la siesta… Será mejor que nos vayamos todos a dormir.

    Martín hizo ademán de levantarse, pero se derrumbó sobre la mesa.

    -Martín, ¿estás bien? ¿Nos vamos a la cama? ¿Qué le has hecho? Le has echado algo en el vino, ¿verdad? -le pregunté muy alterada a Rober.

    -Tranquila, es sólo Valium de un miligramo, nada más. Lo que pasa es que mezclado con vino… Estará durmiendo como una marmota hasta mañana.

    -Y a mí, que me has puesto a mí. Tengo el coño ardiendo, imbécil.

    -No, Dora. Perdona pero tú te has puesto así solita. Lo que pasa es que nadie te ha dado lo que yo. Dijo Rober con cierto enfado, levantándose de su silla.

    -Bueno, ya basta. Será mejor que hagamos algo, no lo vamos a dejar aquí hasta mañana. Rober cogió a mi marido como a un niño pequeño y lo llevó a nuestro dormitorio de matrimonio. Yo fui detrás alucinada y un poco asustada. Lo dejó en la cama, le soltó el cinturón y le quitó los zapatos.

    -Pero… es qué estás loco… seguro qué no le pasará nada -pregunté como una boba.

    -No, a él no… a ti. Sé cuándo una mujer piensa en comerme la polla. Dijo mirándome a los ojos, como acusándome de ser yo la culpable por no controlar mi deseo.

    Ufff. Sonó tan implacable, tan duro, tan chulo que me deshice literalmente. Noté las rodillas débiles y casi no me pude sostener en pie. Él me cogió con sus fuertes brazos y me besó. Le daba lametazos a mi lengua y yo cerraba los ojos como una universitaria en su primer beso.

    -¿Por qué haces esto? Dime…

    -Creo que está bastante claro, por ti. He pasado al otro baño después de que salieras, sabes. Lo has perfumado con el olor de tu sexo. Tú olor me ha vuelto loco, Dora.

    -Cállate por favor.

    -Ya eres una mujer, no una chiquilla. Una mujer lo que necesita es un hombre que la folle bien y la deje muerta de gusto. ¡¡Sí o No!!

    -Sí o no. Repitió ante mi silencio.

    -ssSí. Mascullé.

    Humillarme así fue el no va más. Darle la razón era como suplicarle a aquel hombre que me follara. Eso hizo prender hasta el último poro de mi piel, y aquel fuego me lleno de energía para lo que estaba por llegar.

    -Es más, ¿seguro que quieres hacerlo aquí? Me preguntó Rober tendiéndome en la cama, ¡¡JUNTO A MI MARIDO!!

    -No, aquí no. Supliqué.

    -Se lo tiene merecido Dora, si tú fueras mi mujer cuando vinieran a cenar mis amigos ó tus amigas, te obligaría a chupármela debajo de la mesa. Imagínatelo, cuando salieras de debajo todos sabrían quién es tu hombre.

    -Calla, cállate Rober. Hazme lo que quieras.

    Rober sonrió al tiempo que se escurrió hacia los pies de nuestra cama. Se entretuvo un buen rato en lamerme los deditos de los pies, sin quitarme los zapatos. A él le deben volver loco los pies. Su lengua era como una serpiente venenosa deslizándose entre mis dedos, capaz de lamerlos, saborearlos, y devorarlos. Catando después con sus labios cada centímetro de mis piernas, mordiendo, besando, explorando con la punta de su lengua la cara oculta de mis piernas.

    Volvió sobre sus pasos y se dedicó a lamerme el empeine, los tobillos, los gemelos, pellizcándome la piel, comprobando su elasticidad y firmeza. Aquel preámbulo me estaba aturdiendo, me retorcía de cosquillas y placer, reía y gemía a partes iguales. Sus mejillas rasposas sobre mis piernas, su lengua, sus labios. Subiendo y subiendo, ummmmm, hasta conseguir apartarme las bragas y llevarse a la boca mi sexo. Sexo que en realidad, ya era suyo pues yo se lo entregaba completamente embriagada por las delicias de aquel hombre.

    Recuerdo que no dejaba de pensar. -Soy una “puta”, estoy casada pero abierta de piernas como una “puta”, y me muero de ganas de que este tío me coma el coño hasta que me mate… Era extraño, no podía dejar de pensar esa clase de cosas. Tantos años casada y Martín y yo nunca habíamos hablado sobre si nos permitiríamos alguna infidelidad. Pero ya era tarde para eso, mientras pensaba en las situaciones más rocambolescas, Rober había llegado a mi sexo y estaba dedicándole toda su atención, revolviendo con su lengua aquel cenagal pringoso e indecente.

    -Estás muy mojada, Dora. Mírate, tienes las bragas empapadas.

    -No, eres tú. Es por tu culpa, yo no soy así… Dije intentado excusar mi obsceno comportamiento.

    Rober se acomodó y volvió a meter uno de sus dedos en mi interior. Entonces buscó con tiento mi clítoris y se puso a jugar con su lengua alrededor. Yo lancé un chillido muy infantil, cuando vi que intentaba romperme las bragas. Era excitante, salvaje. Un animal salvaje enfrentándose con ferocidad a mi delicada lencería.

    -Bonitas braguitas.

    -Cómetelas, cabrón -dije fuera de mí. Hacia vibrar su dedo cosquilleando en mi vagina y ya empezaba a no poder soportar aquello.

    Rober me sonrió y me empezó a chupar y a morder.

    -Delicioso, y recién arregladito, ¿verdad Dora? Lo sabía, te mueres de ganas ¡eh, zorra!

    -¡Sí, cabrón! Es todo para ti. Cómetelo. Le dije.

    Me encantaba que utilizara esas expresiones tan fuertes conmigo, “zorra”, ¡¡OH, Sí!! Así me sentía: Una zorra desesperada porque Rober recorriese con sus manos todos los caminos de mi cuerpo, porque hallara cada senda en mi piel.

    El chapoteo en mi sexo sonaba alto y claro. Yo pellizcaba la almohada, la mordía, me metía la mano en la boca para no gritar. Pero entonces, Rober suavizó y se puso a lamerme el coño con una delicadeza y dulzura suprema. Dibujó con la punta de su lengua las letras del abecedario sobre mis húmedos labios. La A empezaba desde mi clítoris, dos líneas y luego cruzaba los labios de derecha a izquierda. La B fueron dos delicados círculos, con uno envolvió mi clítoris y con el otro la entrada de mi sexo. La C, un arco fascinante desde el clítoris hasta el mismísimo ano. D, F, G, H –Ummmmm, me volvió loca ya que rozaba el clítoris sin tocarlo, la mejor fue la minúscula “i” ya que el tío repasó verticalmente toda mi rajita y al final se puso como loco a succionarme el clítoris… Y estallé de gusto. Su dedo jugueteando y la lengua de aquel tío, eran una combinación difícil de tolerar por mucho tiempo. Grité, y grité mi orgasmo y todo el caudal de placer que derramé se vertió mojando hasta la colcha de la cama.

    -Mmmm, no has aguantado mucho. Dijo mirándome con sus turbadores ojos verdes mientras que me iba bajando lentamente las bragas. Por fin.

    -Qué hijo de puta eres… Le grité exhausta. Cuando lo que pensaba en realidad es que ese hombre debía ser el ángel más bondadoso que habría en el Cielo, sólo que con una lengua perversa.

    Martín dormía como un tronco, como se duerme una borrachera, con un hilo de saliva brillante recorriéndole la mejilla izquierda. No se había movido ni un milímetro de donde Rober lo había dejado. Tenía cara de estar durmiendo a gusto, aun teniéndome abierta de piernas con la cabeza de su amigo enterrada en mi sexo depilado.

    Yo mientras seguía admirando como si fuera de una obra de arte a Rober, que se afanaba en llevarme a un nuevo orgasmo. Sus robustas piernas, la línea perfecta de sus caderas, un abdomen firme coronado por un ombligo diminuto, unos brazos fuertes y hermosos, y una maliciosa sonrisa que me enloquecía. Podía adivinarse su erección abultando la entrepierna de su pantalón. Toda su piel era parda, bronceada, debía hacer deporte con frecuencia al aire libre para mantener esa complexión y ese color. Su cabello oscuro, muy corto para difuminar sus entradas…

    Entonces, fue pasando su dedo índice por la cara interna de mi brazo, acariciándome sin apenas tocarme. Reconozco que eso me vuelve loca, y él lo tuvo que notar pues el vello de mi brazo se erizó a medida que su dedo quemaba mi piel. No me preguntéis como ni porqué, pero aquel hombre parecía conocer todos los secretos del cuerpo femenino. Sin siquiera haberlo pensado descubrí mi mano encima de su pierna y empecé a hacer lo mismo que él me hacía. Deliberadamente mi dedo subió más de lo debido y pude notar como topaba con algo duro, inmediatamente nuestras miradas se cruzaron y sin cortarse un pelo me mordió la boca. Al principio rehuí su lengua girando la cabeza, pero entonces él comenzó a lamer mi cuello, justo debajo de la oreja. Poco a poco le fui aceptando. Ya no había vuelta atrás, y me iba relajando cada vez más dejándome llevar.

    Entonces, sin avisar me soltó un fuerte azotazo en el trasero que sonó por toda la casa, y luego otro más. Pero aquello no me resultó agresivo, ni violento, no, no era un castigo, ni un ataque, sino la simple exigencia de sometimiento.

    Metió su mano entre mis piernas, sabiendo lo que buscaba. Yo me recliné un poco más para dejarle maniobrar y sus dedos se abrieron paso de nuevo entre mis otros labios, debía estar empapadísima porque casi al instante tenía su dedo corazón moviéndose con plena libertad dentro de mí. Yo hice lo mismo, subí mi mano izquierda a su bragueta y ante mi torpeza de no poder bajarla, él me ayudó. La metí dentro y me encontré un pene de tamaño normal, aunque aún no estaba totalmente duro. Yo no había tenido relaciones anteriores, así que me llamó la atención que estaba operado de fimosis, ya que mi marido no.

    Me estaba devastando con solo un dedo. Mi sexo respondía otra vez a su provocación con un estallido de lubricación, que hizo que pronto se volvieran a distinguir rumores de un chapoteo indecente entre mis piernas. Con mirada picara y cara de traviesa le miré a los ojos, mientras le sacaba el miembro del pantalón, se lo agarré con suavidad y empecé a masturbarle como pude con mi mano izquierda. De pronto hizo algo que no me esperaba, mirándome sacó sus dedos de dentro de mi sexo y me los puso en los labios. El olor jugoso y embriagador de mi sexo invadió mis fosas nasales. Sus ojos de deseo y asombro me hicieron sentir orgullosísima de mi propio coño, totalmente pringoso, ávido e inmoral. Mi cara de éxtasis hizo que repitiera esa operación. Entonces yo solté su pene y me llevé la mano a la nariz inspirando con afán su aroma masculino. Eso tuvo que ponerle a cien, ya que noté claramente como su respiración se aceleró.

    Mientras yo subía y bajaba mi mano agarrando con firmeza la segunda polla de mi vida, él pasó su brazo de manera que pudiese agarrarme uno de mis pechos.

    -Deja que tu maridito descanse, esta noche yo me ocuparé de ti.

    Los dedos de Rober chapoteaban en mi sexo. Luego se desabrochó el pantalón y se sacó la polla tiesa y grande, más esplendida, maravillosa de lo que había imaginado. Supe que iba a empezar a follarme, pero le detuve.

    -¿Qué ocurre? Ahora, te sientes culpable.

    -No, quiero chupártela antes… Sólo se la he chupado a él, y quiero la tuya.

    -¿Te gusta?

    -Ajá… me la comería entera si pudiese. Dije asintiendo con mirada felina y malévola.

    -Ven aquí, anda.

    -Gracias… gracias Rober por dejarme chupar tu maravillosa polla. Fingí con voz de señorita fina, me puse a mil interpretando ese rol de sumisión tácita. Él sonrió y se sentó sobre la almohada con las piernas extendidas, mostrándome sus dotes masculinas. Levantó sus musculosos brazos y agarró los hierros del cabecero de forja. Su sonrisa era malvada, sinvergüenza, prepotente, y… tan perfecta.

    Cuando me enfrenté a aquel rabo puse los ojos como platos. Era como un mástil robusto, respingón y del tamaño de una banana caribeña de esas con las que todas las mujeres han fantaseado alguna vez.

    -Es… ufff… -me mordía los labios totalmente fascinada por aquel miembro viril. Lo acaricié con mi mano derecha, arañándolo cariñosamente con mis largas y cuidadas uñas. La imagen de mi alianza de casada pegada a aquellas venas como tuberías me pareció algo casi grosero, pero increíblemente excitante. Aquel jugueteo parecía gustarle mucho a Rober ya que empezó a echar la cabeza hacia atrás.

    -Los huevos, nena, pasa tus uñas.

    Y yo arañé aquellos kiwis afeitados con mis uñas, cosquilleando sus testículos.

    -¿No la querías probar?

    Por respuesta, se la sujeté por la base con sólo dos dedos, me arqueé, y me la metí en la boca succionando con todas mis fuerzas, saboreándola con pasión. Ya no me importaba que mi marido se despertara y me viera haciéndole una mamada a aquel desconocido, estaba trastornada por el deseo. Una mujer, aun casada y madre tiene necesidades, y aquel hombre irresistible estaba preparado y dispuesto a aliviarlas.

    Empecé a lamer su polla de arriba abajo, a lo largo, deteniéndome en la cúspide para saborearla. Su glande era gordo, esponjoso como un boletus, y yo lo saboreaba en mi boca con verdadera delicia. Después traté de meterme todo lo que pude y aún sobresalía casi la mitad.

    -Mmm… Está buenísima, que pena que no me quepa.

    -Eso te gusta ¿verdad? Que no te quepa… ¿a que sí?

    -Sí.

    Rober había apoyado una mano en mi nuca acompañando los movimientos de mi cabeza, pero sin tratar de forzarme sino como ayudándome con delicadeza a chupársela mejor. Me la tragaba cuanto podía como una víbora que devora su presa, sólo que esta vez yo era la fiera que engullía una y otra vez aquel animal que se alzaba rígido y arrogante, dejándola luego resurgir muy lentamente entre mis labios fruncidos para el deleite de Rober.

    -Oh sí, Dora. Qué bien lo haces, eres única nena… Ya estabas aburrida de los polvos rápidos de éste, que ni se quita los calcetines para dormir. Ya necesitabas comerte una buena polla. A alguien que sepa tratarte como si aún fueras virgen unas veces… y como a una zorra otras, en vez de un cura pálido y abatido como él.

    -Rober, no seas así, cállate por favor. Le suplicaba mientras no dejaba de chupar como loca aquella polla inabarcable. Pues sólo tenía ojos para aquel sexo que devoraba como una mantis cruenta y caprichosa, pues era el sexo del hombre que me tenía borrados los puntos cardinales de la voluntad.

    Entonces, me dio una bofetada en la cara, seca, no muy fuerte pero que me dejó paralizada por un segundo.

    -¡Los dientes, nena! ¡Ten cuidado!

    -Lo siento.

    -Sigue. Cómetela zorra.

    Aquel trato vejatorio logró que estallara en mí una auténtica furia sexual. Me puse loca perdida y creo que le hice la mejor mamada que había hecho en mi vida, o al menos lo intenté perdida en la angustia de un deseo sin futuro.

    -Para, para, ¡¡Joder qué bien lo haces!! Tienes una boca fantástica, Dora. ¡Ven aquí!

    Me cogió del pelo y me obligó a ponerme a cuatro patas, e igual de salvaje y sin ningún miramiento, agarro su polla y me clavó penetrándome hasta las entrañas. Lancé un grito de estupor y placer. Pero él continuó. Continuó hundiendo en mí toda aquella cosa, sacudiéndome con rudos embates hasta lo más profundo de mí ser. Toda la cama se agitaba como en un terremoto, moviéndose al ritmo que imponía Rober en mi trasero, y… perdí la razón.

    -¡¡Sííí!! ¡¡Sííí!! ¡¡FÓLLAME!! ¡¡FÓLLAME!!

    Rober me hacía sentir tan llena y orgullosa, no sé cómo explicarlo, su polla parecía llegar a sitios donde ningún hombre había llegado, tan hondo, tan profundo que me sentí invadida hasta el alma. Sin detener ni un momento su brutal forma de follarme, haciéndome zarandear, obligándome a hundir mis largas uñas en la colcha de nuestra cama. Al mismo tiempo, lamia con su lengua mi nuca, mis orejas ó apartándome el pelo me mordía allí donde se unen el cuello y los hombros.

    – ¡¡Joder, qué bien!! ¡¡Ahh!! ¡¡Así, móntame, fóllame, hazme galopar!! ¡¡Joder!! ¡¡Joder!! ¡¡Joder!!

    – Oh, Dora, me encanta tu culo, zorra. Bramaba Rober, azotándome con fuerza el trasero varias veces, maltratándome, arañándome la espalda, agarrándome el vestido negro por donde me sujetaba a modo de riendas, tratando de domarme.

    Me estuvo follando como una perra un buen rato, no sé cuánto, lo que él juzgó suficiente. Hasta que su polla me concedió una pequeña tregua en aquella especie de adiestramiento para señoras casadas. Himpas que aprovechó para pasarme sus manos por debajo de las axilas, y tirando de mis hombros hacia él me incorporó lo suficiente para que mis manos no alcanzaran a apoyarse sobre el colchón.

    Nuestros cuerpos describían una “V” desnivelada hacia delante, yo en vilo sobre nuestra cama de matrimonio, sujetada por el amante cuyo miembro latía furioso en mi bajo vientre. Ofrenda, a la que respondí arqueando cuanto pude el final de mi espalda para acogerlo tan adentro de mí como pudiese.

    Entonces, en aquella postura inverosímil Rober reinició el tempo de su diapasón en mi tensado pandero, lo cual tuvo como resultado que mis pechos comenzasen a botar agitadamente. Aquella visión me cautivó. Mientras él me seguía follando y sosteniendo en vilo, yo contemplaba embobada como mis tetas se balanceaban convertidas en péndulos hipnóticos, oscilando una y otra vez. Así que, aunque por un instante pensé sujetarlas, acabé posando mis manos en mis riñones para darles todavía más libertad. A veces oscilando simétricas y otras rebotando alborotadas e incontrolables.

    – Dame, ¡¡fuerte!! Le pedí sin pudor y… ¡¡AH!! ¡¡AaH!! ¡¡AaaaH!!

    Entonces, cuando mis músculos se tensaron, en el preámbulo irrefrenable de los atroces fogonazos del placer que me subían por las ingles, me acordé del amor y busqué con verdadero pánico la mirada de mi marido.

    – Vaya, nena. Ya te has vuelto a correr. Sí que tenías falta…

    El tío impuso una velocidad endiablada a su cadera, y con el nuevo orgasmo casi me desplomo si no llega a ser porque Rober me tenía muy bien agarrada. La cama se agitaba con tanta fuerza que el cabecero metálico empezó a sonar contra la pared. Yo no dejaba de mirar a Martín. Era imposible que no se despertara con aquel escándalo. Por un momento, creí ver que los ojos se movían debajo de sus párpados cerrados. ¿Estaría despierto escuchándolo todo? Imaginé por un momento que era así, que mi marido era consciente de todo y que se hacía el dormido tal vez para no mostrar su humillación, por no haber sido capaz nunca de ponerme así. Aquellas ideas me turbaron animándome a ser más depravada aún, y me comporté como una auténtica furcia con su viril amigo… No, su amigo no. Mi amigo, mi mejor amigo.

    -¡Rober! ¡Quiero ponerme encima, vamos!

    Me coloqué encima, buscando con una avidez innegable un trozo de ese hombre con que calmar mi deseo. Sin apartar mis ojos de los suyos, lo atrapé en mi mano apoyándolo en la puerta que yo misma le hice atravesar. Regalándome un gozo febril casi había olvidado. Cabalgué a Rober sin tregua durante un buen rato. Desbocada, movía mi culo en círculos mientras saltaba sobre él, dándole a las penetraciones un pequeño giro de cadera que nos proporcionaba a ambos un fulgor extra de placer. Reviviendo por fin esa plenitud codiciada y fatal.

    -¡Oh, oh, zorra! ¡Qué bien! ¡Qué bien Dora! ¡Sííí! Se nota que has montado a caballo nena, joder si se nota y seguro que Martín te pagó las clases ¿verdad? No olvidaré darle las gracias… Joder, si yo fuera tu marido cabalgarías mi polla a diario nena.

    Sus palabras encendían todo mi cuerpo, cada centímetro de mi piel quemaba con un calor abrasador. Saltaba rítmicamente sobre él en un ciclo infinito, jadeante y sudorosa.

    -¡Adentro, adentro, más, más, más! Gruñí apretando los dientes, trotando contundente sobre él, clavándole mis uñas en sus músculos. ¡¡AaaaH!! Gritaba entre gemidos, saltando y brincando sobre aquel morenazo pura sangre. Pero… ¡¡No!! ¡¡AH!! ¡¡AaH!! ¡¡AaaaH!! ¡¡Joder!! Me había vuelto a correr, quedando paralizada por el fuerte impulso nervioso que atravesó todo el cuerpo.

    ¿Qué me está haciendo? ¿Qué me pasa? Me preguntaba apabullada, apretando mis piernas tratando de controlarme. No sabía que una mujer se pudiese sentir así, estaba hiperexcitada, y cualquier estímulo me provocaba un nuevo orgasmo. Me quedé inmóvil, alucinada y ofuscada.

    Miré a Martín. Seguía inmóvil, pero me dio la impresión de que sé sujetaba a la cama ante nuestros violentos envites, como tratando de no caerse.

    -Si sigues un poco me correré en tu coño, Dora quiero llenarte de semen… -dijo Rober, ahora sí exhausto.

    -No, no. Aguanta más, quiero más… Dije, y hubo un eterno instante de silencio durante el que Rober y yo nos miramos fijamente. Por primera vez pude intuir algo de sorpresa en su mirada. Éste era el momento para las locuras, yo estaba fuera de mí, no parecía yo. Él me enloquecía, era el apropiado, sobradamente dotado, hábil y arrebatador.

    Me incorporé y me puse de nuevo a gatas, esta vez apoyada sobre mis codos, arqueando la espalda mientras miraba con odio a mi marido por haber llevado a aquel hombre hasta mí. Mi culo quedo apuntando hacia el techo de nuestra habitación, expuesto, prominente como un actor protagonista en medio del escenario. Rober, hizo una mueca de complacencia ante lo explícito y humillante de mi postura. Comprendió cuales eran mis intenciones, le estaba ofreciendo lo más sagrado, el altar que todos los hombres veneran para que él lo deshonrara sodomizándome. Nada había ya más intenso en mí, que él deseo de ser poseída por él.

    Se apresuró, acercándose a mí, atacando mi grupa con su lengua mientras introdujo dos de sus dedos en mi vagina. Así paso un rato delicioso, comiéndome el trasero como si de un delicioso postre se tratara. Hasta que finalmente se incorporó y haciendo un alarde de flexibilidad fue a sentarse justo entre mi marido y yo. Para seguido, agarrarme del pelo y hacerme tragar literalmente su polla. Enseguida me di cuenta de qué lo que quería Rober era que no protestara, pues al instante noté como introducía su pulgar en mi culo sin mucha cortesía.

    No me habría quejado, en realidad era yo la que estaba siendo saciada más de lo que una mujer podría anhelar. Martirizándome el trasero con su pulgar, había comenzado a frotar frenéticamente el clítoris con su dedo índice. Era un artista, un maestro manejando su sexo y atendiendo el mío. Lo demostró enseguida logrado sincronizar los movimientos de su pulgar en mi culo, y de su polla en mi boca. Aquel hombre tenía un talento especial para follar. Además un portento de resistencia, un semidiós en erección que me iba a redimir de todos mis años de fiel esposa.

    Instantes después, note como me sacaba su pulgar, y rebañaba todos los flujos de mi sexo untándolos a continuación un poco más atrás. Un territorio nunca antes explorado pero que yo le brindaba, combinándolo a tomarlo como suyo. Y así fue, Rober me volvió a violentar el mismo orificio con al menos dos de sus virtuosos dedos. Serán el índice y el corazón, imaginé plenamente confiada en mi amante. Pues sí, Rober iba a ser el primero. El primer hombre al que permitía introducirme su hermoso miembro por el culo.

    En aquel afanado prólogo, incluso le oí escupir en su mano un par de veces restregándome su saliva después, hasta que sacándome por fin la polla de la boca intuí que se disponía desvirgarme. Rober sabía que yo ya estaba preparada. Haciéndome recostar sobre la cama se tumbó detrás de mí, besándome en mi hombro derecho con dulzura, y apoyando con cariño su pecho contra mi espalda me lubricó por última vez con su espesa saliva.

    -Así es mejor. Dijo, haciéndome entender que había sodomizado a otras antes que a mí.

    Aquellas tres palabras me hicieron sentir tan segura y relajada envuelta entre sus brazos, tan exultante que ni siquiera me inquietó notar que apoyaba su pene contra mí. Estaba preparada. Anhelaba tenerle dentro.

    Poco a poco, pero sin un esforzó exagerado fue aumentando su empuje, sometiéndome a un martirio sublime hasta que con la presión justa le sentí entrar en mí. No fue un suplicio doloroso como yo había pensado siempre, sino una sensación rara e inaudita por lo inverosímil del acto. Rober se quedó inmóvil, sin dejar de susurrarme halagos al oído que yo no llegaba a distinguir. Mientras me acostumbraba a él, sus manos navegaban con calma surcando mi piel en plena marejada, haciéndome sentir segura y protegida a la vez que dominada por él, entregada, sucia, y dichosa. Una vez sodomizada aquel malestar se fue mitigando, dando paso a un placer sucio y vicioso.

    -Nunca te han dado por detrás, ¿verdad?

    -No, no lo he hecho nunca… despacio Rober, por favor.

    -Claro Dora, cómo tú quieras. Aún es pronto, tenemos toda la noche para ti.

    De pronto perdí los papeles y empecé a hablarle a mi marido.

    -Martín cariño, a ti también te gusta esto, verdad. Pero no te atreves a abrir los ojos y poner orden en nuestra cama. Tu amigo me está follando delante de ti y tú, mi vida ahí callado, sin molestar… Gracias, amor, gracias. Esto es demasiado.

    -¡¡Oh, Rober!! ¡¡No te pares ahora!!

    -¡Dora! ¿Qué haces? ¡Cállate! ¡Por Dios! -gritaba Rober fuera de sí, espantado por las cosas que le decía a mi marido mientras él me sometía, intratable y soberbio. Bombeando ahora sí su sexo con contundencia, ya que una vez acostumbrada a tenerle dentro mi culo no oponía resistencia alguna a sus arremetidas.

    -¡¡Oh, amor!! – ¡Mira!, ¡cómo! ¡Me folla¡¡ Ah!!… ¡¡ah!!… !. ¡Mira! Exclamé como pude, jadeando al ritmo enérgico con que Rober me sacudía. ¡¡Ah!!… ¡¡ah!!… ¿Qué vamos a hacer? ¡¡Ah!!… ¡¡ah!!… Dime, ¡¡Ah!!… ¡¡ah!!…¿qué haremos ahora? ¡¡AH!! ¡¡AH!! ¡¡AAAAAAH!!

    Rober y yo nos corrimos enganchados como dos perros en un descampado. Él eyaculó vaciándose en mí, llenándome con su esencia viril cada rincón de mí ser, al tiempo que yo sentía por primera vez un orgasmo siendo sodomizada. Fue como si una pluma con forma de aguijón me rasgara a lo largo de toda mi espina dorsal. Mi musculatura se contrajo aferrando a Rober dentro de mí. Experimentando un estado de shock, conmoción, y un placer perenne que todavía perdura en mi memoria.

    Nos quedamos tumbados unos instantes envueltos en el olor a depravación que emana de una mujer sodomizada, apurando las delicias que nos acabábamos de regalar. Aturdidos, esperamos a que su erección fuese cediendo por sí sola, pues una vez relajada sentía tal quemazón que me espeluznaba que Rober moviera su polla siquiera para sacármela. He de confesar que aquel indigno escozor en mi culo no era en absoluto humillante para mí, sino que hacía más vivo el deleite de tener el peso de ese hombre sobre mí, haciéndome sentir tan sometida y dominada como orgullosa y satisfecha.

    Tendida boca abajo como estaba, Rober debió intuir mi tensión dando comienzo a un masaje sedante que me recorrió entera desde los dedos de los pies a la nuca. Bailó con sus manos empapadas en mí sudor en un sinfín de compases que adormecieron toda mi piel. Estremeciendo mis músculos con la fuerza necesaria, deshaciendo toda resistencia con un arte sólo al alcance del amante devoto que ha practicado años con dedicación, yendo y viniendo por cada nervio hasta hallarme el alma. Subyugándome los sentidos, adormeciéndome rememorando el cálido viento de verano, aquella suave brisa que vencía los altos chopos del patio de mi abuela a la hora de la siesta.

    Una vez pasado el efecto narcótico de aquel último orgasmo que me permitía apurar los desastres de aquella tarde que me estaban rompiendo la vida. El tonar del campanario del Cristo del Perdón me espabiló. Sólo entonces, en un descuido reflexioné sobre lo que habíamos hecho. Me sentí asustada y una tramposa, con la sensación de haber llegado a un punto donde podía hacerme mucho daño. A la sazón miré a Martín que parecía seguir dormido, pero sólo lo “parecía”. Una visible erección debajo de sus pantalones de pana le delataba. Entonces comprendí que nuestra relación no volvería jamás a ser la misma.

    21 de Septiembre de 2018, San Mateo.

    La luz entra con maldad a través de la ventana de la cocina. Martín y Rober ya se habían marchado cuando desperté. Hoy es día festivo en Cuenca. Se han levantado temprano esta mañana para ir a Valdecabras, una aldea agraciada de la Serranía, muy cercana además. Por sus alrededores se pueden realizar unas fantásticas rutas de senderismo en plena naturaleza, perdiéndote entre arroyos y frondosidad.

    Son las doce del mediodía, y después de que mi suegro viniera a recoger a Bárbara me he sentado en una de las ridículas sillas de la cocina. Dejándome remozar por el último frescor de la mañana, resacosa, me he puesto a hojear libros de ornitología con una cerveza a mano, intentando no reflexionar sobre lo ocurrido, sin siquiera estar segura de que todo no fuera más que un sueño vaporoso, etílico.

    Llega un sms, es Martín. Dice que en lugar de comer en casa iremos a un restaurante de las afueras, la Cueva del Fraile, pues Rober nos quiere invitar a comer en agradecimiento por alojarle con nosotros. Hay que joderse, pensé, encima el tío nos invita al mismo restaurante donde Martín y yo celebramos nuestra boda.

    A mi llegada, me encuentro a Martín y Rober echando una caña en el patio del restaurante, riéndose recuerdan sus años universitarios. Comentan aquella vieja historia de cómo se colaban en una residencia de estudiantes sólo para chicas, jugándose el tipo y el revolcón saltando desde el grueso muro del patio trasero hasta una de las ventanas de la primera planta. Es cómodo dejarse engañar por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pensé.

    Tras apenas saludarlos, nos vamos para dentro, ya es tarde. El camarero se acerca y Martín le pide que nos ponga en una mesa alejada donde podamos hablar sin dar voces. Pero cuando ya me iba a sentar, mi marido apoyando su mano en mi cadera me dice al oído: No Dora, Amor, tú te vas a meter debajo de la mesa y nos la vas a chupar. A los dos.

    Aquella sería la tarde más tórrida y extasiante de mi vida, y no sólo porque los tres acabásemos agonizando revueltos en nuestro sofá chaise-longe. Tampoco era la alegría por haber recuperado al marido amado y confidente que daba por perdido, aquel que había llevado a casa al mejor amante que una mujer casada pueda imaginar. Si no porque por fin me volvía a sentir libre y emocionada ante el comienzo de una nueva etapa en mi vida, mientras trataba de recordar dónde había anotado el teléfono de un viejo amigo la tarde que salí del calabozo.

    FIN…

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  • Mi novia, mi vecina madura Fernanda

    Mi novia, mi vecina madura Fernanda

    Tengo 21 años, toda esta historia comenzó cuando yo tenía 18, una vecina nueva se estaba mudando a mi calle, nada fuera de lo normal, era una señora ya madurita, estaba con su esposo y su pequeño hijo, no sabía la los grandes encuentros que seguirían desde ese mismo día.

    Era un sábado, hacía calor y yo estaba solo en casa, después de que aquella mujer terminara de bajar sus cosas del camión de mudanzas, fui a comprar algo a la tienda con el motivo en mente de intentar ver algo de aquella familia, estaba la señorita afuera de su casa, descansando, al pasar de regreso de la tienda, ella me hablo, me saludo y se presentó a mi

    -Hola amigo, me llamo Fernanda, mucho gusto, por aquí vives?

    Me quede sorprendido y desde la primera vez que sentí su mirada note algo extraño en ella pero no sabía el que era, le respondí amablemente que vivía a cuatro casas de la suya y que era un gusto conocerla, pero después de esto, ella pidió mi número de celular para tener a alguien como un contacto, me despedí y llegue a mi casa, todo normal, durante mucho tiempo estuve esperando algún mensaje suyo, tenía 18 y era un chico virgen, quería perder mi virginidad y que fuera algo impactante como en los videos porno, una compañera de trabajo, una chica aleatoria o quizás… Una vecina madura.

    Paso una semana y pronto entraría a la universidad, mis padres no estaban muy bien económicamente y no logre conseguir trabajo en esas vacaciones, decidí poner en venta algunas cosas mías y entre ellas un televisor mío, coloque un letrero afuera de mi casa y dos días después alguien llego a mi casa, era la señora Fernanda, pregunto acerca del valor de la pantalla y yo respondí, dijo que en dos días la compraría.

    Pasaron los dos días y llego, me dio el dinero y me pidió que si le podría hacer el favor de llevar su televisor a su casa, lo hice, entramos y me dio las gracias, se puso a plato conmigo, fue algo normal, estuvimos hablando alrededor de una hora, llego su pequeño hijo de la escuela y dijo que estaría ocupada, Me volvió a pedir mi Whatsapp y dijo que platicaremos por ahí, se lo di y esa misma noche me mandó un mensaje, chateamos una hora y termino todo, durante dos meses fue así, platicábamos durante ratos en Whatsapp pero al toparla en la calle, no me saludaba, como si no existiera, hasta que en una plática, un jueves, estaba llegando de la universidad y estábamos hablando acerca del sexo, ella me platicaba el cómo su esposo ya no le hacia el amor, tenía 5 meses sin sexo y ella lo necesitaba, le mande un mensaje diciéndole que estaba cansado de la universidad y dormiría un rato a lo cual ella me respondió:

    Estas muy cansado? no quieres venir a mi casa a que te de una pequeña motivación?

    Sabía que se refería a sexo y no dude en decirle que sí. Ella me pidió que entrara normal y vigilar que nadie me viera entrar y salir, no quería ocasionar un alboroto.

    Camine hasta su casa y llegue, ella me recibió y dijo que me sentara en el sillón, fue a su cuarto y se cambió de ropa, se puso una camisa grande, parecía de su esposo y no traía pantalón, solo una tanga de color blanco, se agacho y me dijo:

    —Desde que te vi, he querido intentar todas mis fantasías y tenerte para mí.

    Después empezó a chupar todo mi pene, lo hacía de una manera fantástica, se sentía muy bien, después de eso ella intento hacer una paja rusa con sus tetas, me masturbaba y se tocaba su vagina mientras me la chupaba, me vine a chorros, manche toda su cara y una parte se los trago, ella me dijo, mejor vete que después alguien podría sospechar, salí de su casa y llegue a la mía, al llegar, veo una foto en el chat de Whatsapp, con un mensaje.

    Listo para otra ronda?

    Esto es solo el inicio de 3 años de muchos encuentros y muchas historias, si les gusta puedo seguir narrándoles mi historia. Esperen más de mí.

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  • Amante del cerrajero

    Amante del cerrajero

    Mi nombre es Pamela, tengo 23 años y hace once meses que estoy casada con Paul, él tiene 25 años, es un hombre muy guapo por eso me case con él y también porque estoy muy enamorada de él. Yo soy una chica delgada, mido 1.70 piel blanca, no soy una mujer hermosa, pero si se podría decir que soy una chica bonita y de buen cuerpo, un trasero parado y firme y mi delantera aunque no grandes pero si firmes y paradas. Recuerdo cuando yo estudiaba mi preparatoria y no falto un chico pelado que me dijera algo acerca de mis pompis pues me gustaba usar unas minifaldas bueno siempre he sido una chica que le ha gustado vestir sexy, por algo Paul se fijó en mí y me hizo su esposa lo conocí mediante una amiga de la universidad en una salida que tuvimos y ella lo invito, después de eso Paul y yo no empezamos tratar más y nos hicimos novios, y según informes de mi amiga Paul era un rompecorazones.

    Paul es contador y trabaja en una empresa de refrescos lleva más de un año trabajando ahí por eso no tuvimos oportunidad de hacer ningún viaje en nuestra boda así que después de nuestra boda nos vinimos a vivir a un departamento que el ya previamente había comprado para nosotros todo era muy feliz Paul me hizo el amor esa noche y me sentí muy bien porque antes de casarnos no lo habíamos hecho y fue mi primera vez y todo eso fue lo que me hizo muy dichosa esa noche desde ahí hasta la fecha Paul siempre me hace el amor de la misma forma con la misma pose del misionero y tampoco me hace propuestas de hacer el sexo oral u otras cosas pues él es un hombre que esas cosas se le hacen obscenas y que solo lo hacen las prostitutas o las mujeres fáciles, algo que no me disgustaba pues me sentía llena y complacida por lo que Paul me hacía en la cama, y también por que no conocía un nuevo mundo del que ahora conozco hace diez meses y es la historia que les relatare que comenzó hace un mes.

    En los departamentos que vivimos hay vecinos muy agradables y sociales pues nos llevamos bien con todos era un lugar muy bonito para vivir no había nada que afectara mi tranquilidad el único problema y algo que me desagradaba mucho es que a un lado de la entrada del condominio había puestos comerciales y el que estaba justo a un lado de la entrada de lado derecho era un local de cerrajería donde siempre estaban un grupo de señores como de unos 40-50 años y siempre se la pasaban bebiendo alcohol y cuando yo salía con Paul siempre se me quedaban viendo como queriéndome desvestir y con lujuria murmuraban entre ellos, rápidamente volteaba la mirada para que Paul no se diera cuenta ya que no quería provocar un problema, un día que yo iba sola a casa de mis papas de visita como ya les he comentado mi gusto por vestir ropa sexy me puse una mini negra bien ajustadita y un top blanco, al salir de los departamentos ahí estaban otra vez la bola de viejos borrachos echando relajo y también como era costumbre bebiendo al pasar por ahí uno ellos se paro era un viejo gordo digamos que con pancita feo de color moreno como de unos 1.80 de estatura al acercarse a mí me dio un poco de temor pues creí que me iba a tratar de agarrar y me asusté mucho pero solo se acercó para decirme

    – mamacita que buenas nalgas, me gustaría tocártelas

    Yo hice como que no oí nada y seguí caminando más aprisa y solo oí que los viejos reían por que había hecho ese tipo, de regreso a mi casa temí encontrarlos de nuevo pero mi alivio fue que el local estaba cerrado imagine que habían acabado briagos y se habían ido a dormir y me fui sin preocuparme dos días después eran como las 3 de la tarde me disponía a ir por unas cosas donde mi mama y pensé que podrían estar otra vez esos viejos en la salida así que salí de los departamentos pero afortunadamente para mí el local estaba cerrado así que ya que no había ni uno de esos tipos ahí afuera pues me dispuse a esperar un taxi que pudiera llevarme a la casa de mis papas estaba parada junto al local de cerrajería donde los tipos se reunión cuando en un silencio donde dejaron de pasar los autos oí alguna voces dentro del local pensé que serían los borrachos bebiendo allá dentro, pero no sé cuál fue mi curiosidad por averiguar que me acerque un poco más para escuchar y pude escuchar una voz femenina y oí

    – quiero más verga!! Don Lucas deme más!

    – mmmm quiero comerme su verga Don Lucas!

    Eso provoco una reacción de sorpresa y a la vez mas curiosidad quería saber lo que sucedía ahí adentro quizás por el morbo de esas palabras y me acerque lo más que pude y por una pequeña ventanita que había hacia un costado del local vi a el mismo viejo que se me había acercado aquella vez y supuse que el cerrajero y encargado del local con los pantalones bajados y una señora medio gorda como de unos 45 años arrodillada y desnuda haciéndole una mamada metía y sacaba un miembro de gran tamaño del que yo quedé sorprendida de como cabía en esa boca aquel enorme miembro se veía una enorme cabeza roja y brillante por la saliva de la señora el tipo solo cerraba los ojos y su rostro lleno de placer mientras aquella señora devoraba ansiosamente su miembro el viejo solo exclamaba

    – siii cómasela todaa

    – asiii chúpemela toda doña Claudia

    – mámamela así puta

    Yo no sé cómo pude estar observando todo eso pero algo no me dejaba irme estaba boquiabierta sorprendida y a la vez un poco excitada por lo que estaban apreciando mis ojos serian como unos 7 minutos en los que yo estaría ahí viendo como esa señora le de pronto pude ver la convulsión del viejo dijo

    – ya me vengo doña Claudia abra la boquita, para que pruebe mi leche!

    Saco su enorme verga de la boca de la señora y la empezó a masturbar más la señora solo con la boca abierta esperando la descarga, de pronto empezaron a salir los disparos de semen de la verga del viejo y se los echo en la boca en toda la cara la señora solo sacaba su lengua para pasarse el semen que había quedado cerca de su boca ya después de haber descargado todo el viejo agarro su miembro y empezó a pasárselo por la cara de la señora y a darle golpes en las mejillas y en los labios con su verga la señora solo sacaba su lengua tratando de alcanzar ese pedazo de carne, todo eso que estaba yo viendo en otro momento me habría parecido asqueroso y obsceno y en ese momento me parecía así, pero también se me hacía excitante no sé por qué descubría algo nuevo en mí, en seguida el viejo dijo

    – ya putita quedaste bien bañadita de mi leche ahora límpiamela bien para que la próxima vez te dé más tu lechita

    En eso la señora empezó a limpiar con su lengua aquel enorme miembro y el tipo cuando hizo su rostro hacia arriba de placer miro hacia la pequeña ventana y yo rápidamente como un impulso reaccione para quitarme de ahí no sé si el me reconocería cuando pretendía alejarme del local un señor pensé que era su amigo me dijo

    – busca a don Lucas señorita

    Yo solo atine a decir

    – si pero creo que no esta

    El viejo me miro extraño y solo contesto

    – si a lo mejor salió o ha de estar haciendo algún trabajo ahí adentro no se ha asomado por la ventana

    – no claro que no solo toque un par de veces pero creo que ya me voy regresare más tarde

    Le conteste y me fui caminando y tome el taxi rápidamente ya en el taxi me sentía aun excitada por lo que acababa de presenciar hace unos instantes y en mi mente solo recodaba aquella imagen de la señora mamando ese enorme instrumento y también preocupada porque pensaba que don Lucas ahora ya sabía su nombre, quizás me habría visto espiándolos y tal vez me habría reconocido, si así fuera qué pensaría de mí que como pude estar viendo esas cosas, quizás pensaría que me habría gustado estar observado aquella escena bastante obscena llegue a casa de mi mama y hasta ella observo mi estado de nerviosismo me dijo que me había pasado solo le dije nada mama es que vengo un poco agitada estuve un rato ahí como hasta las 6 de la tarde después de tomar las cosas por las que fui aborde otro taxi para ir devuelta a mi casa y tras vez en la soledad del taxi imagine esa escena y otra vez volvió en mí una descarga como de excitación yo sabía que no estaba bien sentir eso quería olvidarlo y cuando iba llegando recordé que don Lucas me había descubierto todavía con la esperanza de que no me habría reconocido del todo y no supiera que era yo la que había estado observando, baje del taxi y si ahí estaba el local abierto y afuera don Lucas esta vez estaba solo mi corazón latía por que tendría que pasar cerca de ahí e imagine tal vez me diría algo por haberlos espiado a él y a su amante pero yo no quise voltear a verlo solo camine y en cuanto regrese a ver hacia al ahí estaba el sentado y mirándome de pronto se sonrió con una sonrisa bastante burlona y con eso y su mirada me di cuenta que él ya sabía que yo había sido la que había estado observándolos voltee la mirada y seguí caminando y me metí a los edificios y ahí rápido me metí a mi casa estaba algo asustada pues que pensaría de mi ese viejo que yo estaba ahí viéndolos, ya no quise pensar más en eso y me fui a duchar al salir de la ducha estando sola no pude evitar que volvieran a mi esos recuerdo de la señora bañada en semen de aquel viejo y otra vez esa descarga de excitación no sé qué me pasaba, después más noche como a las 10 llego Paul del trabajo lo recibí con la comida platicamos un poco ese día Paul no me hizo el amor así que nos fuimos a dormir .

    Eran como las 5 de la madruga cuando desperté drásticamente de la cama agitada y con una excitación especial sudada, pues estaba soñando lo que nunca pude yo imaginar que soñaría soñaba que estaba en la cama con don Lucas y que me ponía a mamarle la verga que me tenía solo en un diminuta tanga comiéndome su verga y diciendo muchas palabras obscenas

    -Mámamela puta, sabía que te gusto mi verga por eso me estabas espiando

    -ahora es toda para ti cómetela

    Yo gozaba estar chupando ese pedazo de miembro

    Me pare de la cama y me fui hacia la cocina a tomar un poco de agua estuve ahí un rato recordando aquel sueño como era posible que yo estaba deseando soñando estar en el lugar de aquella señora mamándole la verga aquel tipo sucio que me había asustado mucho como podía yo haber soñado eso estaba engañando a mi marido pero a la vez me había gustado me sentía confundida no sé lo que me pasa como yo habría soñado algo que me parecía asqueroso pero que ahora ya no tanto pues me había excitado y mojado.

    Cuando amaneció Paul se fue al trabajo y yo me quede en casa otra vez sola, así pasaron los días trataba de ya no salir tanto tenía miedo toparme con ese viejo y otra vez sentir su mirada los días fueron pasando seguía feliz con Paul me hacia el amor de igual manera fui olvidando un poco lo que me había pasado unos días antes y una semana después era un lunes tenía que ir al súper por la despensa así que me duche y depile muy bien mis vellos púbicos ya que ese día me pondría una diminuta tanga así que no quería que se me viera mal, me sentía feliz y contenta, como siempre sexy me puse un brasier de encaje blanco y una tanga blanca pues ese día me pondría una pantalón de licra blanco y la panty se me marcaria y opte por ponerme una tanga y un top negro iba muy sexy me mire al espejo y me veía muy bien, salí y aun con el pequeño temor de encontrarme a don Lucas ahí afuera en su local por fortuna eran las 10 de la mañana y estaba cerrado tome un taxi fui al súper, ahí varios hombres se me quedaban viendo como siempre por mis pompis paraditas no me desagradaba pues me veían con poco de discreción hice mis compras regrese como a las 12 y estaba vez el local de don Lucas estaba abierto pero no lo vi a él y pase rápidamente al llegar a mi casa y querer abrir que tonta no encontraba mis llaves las había perdido y ahora que iba a ser mi esposo no tenía llaves así que eran las únicas y yo con la compra tenía que guardarla, molesta conmigo misma por el descuido pensé que haría tendría que buscar un cerrajero y lo recordé don Lucas era el único cerrajero cercano lo pensé por lo que había ocurrido antes no quería ir donde ese señor pero otro más lejos cobraría más caro y tal vez no quería venir hasta acá me arme de valor y le fui encargar la comprar a una vecina mientras yo iba a buscar el cerrajero le comente mi problema y ella como buena vecina acepto .

    Al salir de su departamento me empecé a sentir algo nerviosa y a latir mi corazón pues esta vez tendría que enfrentar a ese viejo y hablarle los recuerdos se hicieron presentes todo vino a mi mente mi sueño estaba nerviosa y temerosa camine hasta afuera y llegue al local ahí estaba él se sorprendió al verme llegar y dije

    – hola buenas tardes

    – buenas tardes señorita que se le ofrece

    – señora por favor le conteste -aun nerviosa hablando le dije- lo que pasa es que perdí mis llaves del apartamento podría usted ir abrir

    – claro que si señora para eso estamos

    En eso don Lucas se levantó y me dijo que lo esperara mientras cerraba bajo la cortina del local y salió con su caja de herramientas cuando me vio allá afuera pude observar cómo me devoraba con la vista estaba viendo mi trasero con poca discreción una mirada de morbo veía en el camine más aprisa al subir las escaleras el mañosamente se quedó un poco atrás de mí e imagine que venía observando mi trasero y seguramente como se repintaba mi diminuta tanga lo venía disfrutando yo empecé a sentir una pequeña excitación de imaginar eso pero pensé otras cosas no quería pensar más en eso llegamos a la casa saco su herramienta y tardo como 5 minutos para abrirla

    – ya esta señora bien abierta y sonrió

    Entre mi pensé pelado

    – está bien cuanto va ser señor quiero que me haga dos copias de la llave

    – me llamo Lucas señora y usted -sonriente me dijo yo no quería contestarle pero pensé que me iba a ver mal el no decirle mi nombre así que le dije que me llamaba Pamela

    – las llaves las tengo que hacer en el local voy a hacerlas y si quiere vaya dentro de unos 30 minutos por ella y le digo cuanto es

    – yo sin decir más le conteste que estaba bien

    – ok señora Pamela la espero allá -y se fue

    Fui por las cosas de la despensa y ya las acomode en mi casa así que pasaron rápidamente los 30 minutos y recordé que tendría que ir por las llaves no pude cambiarme así que me fui al llegar al local estaba cerrado y pensé que no estaría ahí y me moleste pues él me había dicho que para esa hora estarían así que toqué la cortina dos veces y le llame don Lucas.

    Estaba a punto de irme que eso hubiese sido lo mejor que habría hecho, en eso se abrió la pequeña portezuela de la cortina y ahí estaba el viejo en short y una camiseta blanca se veía que estaba comiendo me dijo

    – pase Pamela es que cerré porque estoy comiendo y no me gusta que me molesten cuando como, pero ya tengo sus llaves listas

    Yo no quería entrar empezó a latir mi corazón al entrar al local donde yo había visto aquella escena pero pase tenía un olor raro como a bebida y a sexo estaba un poco nerviosa asustada y excitada a la vez por esta sola con aquel viejo lujurioso y feo, dejo la puerta abierta eso me tranquilizo y me daba un poco de seguridad, camino un poco y empezó a buscar en un cajón yo imagine que las llaves rompiendo el silencio me dijo

    – y a usted pamela que le pareció como doña Claudia me la estaba chupando le gusto por eso observaba con la boca abierta

    Yo me quede paralizada me corazón se puso a latir mas no sabía que decir ni qué hacer ante aquella aclaración me quede muda

    – que le pasa no va a decir nada o va a negar que no le hubiese gustado a usted ser la que estaba chupando mi verga

    Yo seguía muda pero rápidamente detuve esas acusaciones con una voz segura

    – está usted loco viejo pelado no sé de qué me habla, deme mis llaves y dígame cuanto es para que me vaya usted es un pelado

    Se me acerco con las llaves y al momento de extender su mano y yo iba a agarrar las llaves cuando me tomo de la muñeca y me jalo hacia el yo sorprendida no pude resistir alguna fuerza sobre aquel movimiento rápidamente metiéndome junto a el trate de escapar de sus enormes brazos pero fui inútil tenía mucha fuerza

    – le dije déjeme viejo asqueroso voy a gritar pero justo en ese momento

    Sentí sus brazos rodear mi cintura y bajar hacia mis nalgas agarro cada una con una mano y las apretó fuertemente, en ese instante sentí una descarga de éxtasis en mi interior ya parte de mi estaba excitada por aquel fuerte apretón de nalgas, pero aun parte de mí se negaba a estar en esa situación pues yo era una mujer casada amaba a mi esposo como podía traicionar al Paul así que dije

    – déjeme don Lucas por favor soy una mujer casada suélteme!

    El viejo solo me contesto

    – eso no importa mamita está bien buena y te voy a gozar yo te voy hacer gozar y vas a pedir más verga como doña Clau lo pides a gritos te voy hacer lo que el inútil de tu esposo no te hace

    Después de decir eso don Lucas asintió su cabeza sobre mis pechos y en un movimiento fugas sometiéndome mordió levemente uno de ellos de mis labios solo salió un pequeño gemido aahhh…

    Pues nunca nadie me había hecho una cosa así todo en ese momento se juntó y fue una descarga de éxtasis que ya no pude contener estaba ya completamente excitada todo se había acumulado mi sueño aquella escena de don Lucas con su amante y esa situación en la que estaba mi sueño estaba punto de volver ese realidad, don Lucas solo me dijo

    – te gusta mamita sabía que te iba a gustar

    Yo cerré los ojos y don Lucas como un perro hambriento mordía levemente y succionaba mis pechos por encima de mi top mientras su manos masajeaban rítmicamente mi par de nalgas a la vez jalaban por encima de mi pantalón mi pequeña tanga, yo estaba gozando aquella tremenda manoseada que me estaba dando aquel viejo feo y gordo no podía creer como podía yo estar ahí así y además gustándome, de pronto sentí como don Lucas aparto su boca de mis pechos y en un movimiento de manos sentí como subió mi top dejándome en brasier y nuevamente volvió hacia mis pechos lamiendo y mordiéndolos ahora con un poco más fuerza yo solo pegaba pequeños gemiditos como ahhh ahhh ahh, siguiente de eso don Lucas empezó a conducirme así como estábamos a una pequeña mesita donde hace sus llaves me recargo ahí y siguió con su trabajo de pronto sentí como sus manos se apartaron de mis nalgas y las llevo donde estaba el botón de mi pantalón yo como un reflejo de la poca dignidad y rechazo que me quedaba detuve sus manos, pero el mordió súbitamente mi pecho y me hizo hacer mi manos hacia atrás recargándome en la mesa y pegando un gemido ahora su manos había subido hacia mis pechos y levanto mi brasier quedando mis tetas al aire libre

    – que bonitas tetas tienes pamela las voy a saborear como nunca te lo han hecho

    Si supiera don Lucas que mi marido nunca me había mordido mi tetas y mucho menos chupado

    Yo estaba excitadísima agarro con sus manos mis tetas y chupaba y lengüeteaba mis tetas yo sentía estar gozando al máximo con esa situación, lo observaba como locamente no paraba de chupar mis pechos yo estaba recarga en la mesa voltee hacia arriba disfrutando gimiendo de pronto don Lucas se apartó de mis pechos y vi cómo se bajó y esta vez sí desabrocho mi pantalón y lo bajo yo ya no opuse resistencia lo bajo completamente y levanto cada una de mis piernas y lo quito completamente quedando yo solo en tanga y con mi brasier y mi top levantados semidesnuda, don Lucas al ver mi pequeña prenda

    – guooa Pamela sí que eres una caliente mira que hermosa tanguita traes

    Se acercó hacia mi vagina y le pego un beso por encima de la tanga que fue que yo me prendiera aún más, después de eso se levantó y me dijo

    – espere señora déjeme poner su pantalón en un lado que no se vaya a ensuciar y también cerrare la puerta pues no me gusta que me vean cuando me como algo y sonrió

    Yo no conteste solo me quede ahí recargada parada viéndolo tan solo con una tanga y mi brasier levantado esperándolo para que me siguiera gozando ya no había vuelta atrás yo estaba excitada caliente y seguramente don Lucas me iba a coger y hacer lo que el quisiera conmigo en su local como a doña Claudia y quizás otras más señoras, pero ahora tenía a una recién casada de 23 años de buen cuerpo quizás todas sus amantes eran viejas y gordas pero ahora era todo lo contrario ahora iba a gozar un cuerpo joven .

    Don Lucas cerro y regreso me miro a los ojos y me dijo

    – ahora si mami prepárate a gozar como nunca te voy a clavar como nunca vas a pedir más lo tendré bien parado que no podrás resistir tocarlo y chuparlo, lo cabalgaras como una vaquerita en brama

    Yo solo lo mire pero no dije nada bajo hacia mi vagina he hizo a un lado mi tanga

    – mmm está bien depiladita parece que imaginaste que alguien te iba a chupar tu triangulito hoy verdad

    No don Lucas yo no soy lo que usted cree nadie me ha chupado ahí

    – mmm entonces tu esposo es un estúpido como puede desperdiciar este banquete pero ahora te la voy a estrenar te hare una chupada para que no la olvides nunca

    Empezó a succionar y a meter su lengua en mi vagina, yo gemía y con mis manos tome su cabeza y lo empujaba para que siguiera chupando más

    Los gemidos salían de mi garganta estuvo así haciéndome disfrutar como unos 10 minutos chupaba mis jugos seguía lamiendo.

    – que rica sabes Pamela hueles bien rico

    Enseguida se apartó de mí y desabrocho su short se lo quito y solo quedo en una especie de trusa aguada, yo voltee a ver hacia abajo y vi como algo enorme queriendo salir se acercó a mí y me empezó a chupar nuevamente mis pechos y con las manos saco mi top y mi brasier completamente los tiro a un lado en la mesa chupaba mis pezones parados y al estar junto pude sentir el enorme miembro en pequeños vaivenes me lo restregaba a la altura de mi vagina por encima de la tanga yo gozaba y empecé a menear mis caderas estuvimos así un rato se apartó de mí y se bajó la trusa ante mi apareció una enorme verga de unos 20 cm gorda y con una cabeza brillante debido al líquido pre seminal que había arrojado me miro y me dijo al verla me excite mas imagine aquella escena pero ahora yo chupándola

    – ándale mami ahora harás lo que viste haciendo a doña Clau te gusto mucho no? Ahora lo vas chupar como una perrita hambrienta que eres

    Me dio un poco de asco hacer eso así que me negué

    – no don Lucas yo nunca he chupado uno no quiero

    Vas a querer mami tomo mi mano la puso en su miembro, estaba caliente me empezó a dirigir mi mando hacia arriba hacia abajo, yo solo miraba como mi mano ahí pegada en esa verga que no era la de mi esposo, tomo mis hombros y los hizo hacia abajo yo sin resistencia me arrodille como el quería ya mi mano por si solo subía y baja de aquella barra estaba justo enfrente de aquel miembro me dio su olor muy fuerte aun ahí me dio un poco de asco pero mi excitación era mayor la situación era muy morbosa y bastante obscena que nunca habría yo podido imaginar hacer, así que abrí mi boca y empecé a chupársela el sabor en ese momento estando excitada no me desagrado así que empecé a chupar fuertemente ese pedazo de carne no cabía en mi boca así que no me lo metía todo de mi salió pasar mi lengua por la cabeza de su verga fue algo que dio mucho placer a don Lucas ya que voltee a verlo y tenía un rostro de placer y dijo

    – aprendes rápido putita que bien lo chupas y dices que no sabías sigue chupándomela así

    – así mamita, más rápido putita

    Acariciaba mi cabeza y el dirigía mis movimiento más rápidos el solo gemía y yo estaba chupando lamiendo succionando esa verga que diría mi esposo si me hubiese visto ahí arrodillada solo en tanga mamándole la verga aquel viejo dándole placer con mi boca algo que con él nunca había hecho en ese momento sentí un órganos pues esa verga me estaba dando el placer que nunca había imaginado así que pare de chupar, don Lucas se dio cuenta y me levanto, me agarro de mi cintura y me volteo hacia la mesa de espaldas a él me hizo ponerme empinada sosteniéndome yo de la mesa y el atrás mío

    – que precioso culo tienes pamela blanquito redondito y paradito te tengo que decir que nunca he clavado uno así así que le voy a dar a tu culito una buena dosis de verga

    Y es que el contraste de verga morena con mis nalgas blancas era excitante para él, agarro con su verga parada y me empezó a dar pequeños golpes en mis nalgas y con la otra mano jalando mi tanga hacia arriba, yo empecé a menear mi culo en círculos levemente pero notable, pareció que le gusto pues me empezó a golpear un poco más fuerte en las nalgas con su verga y yo echando mi culo hacia atrás tratando de buscar su verga ansiosamente entonces salieron de mi unas palabras que nunca habría imaginado

    – yaa? cójame don Lucas por favor, cláveme esa verga quiero sentirla adentro voltee a verlo y lo vi hacer una mueca de triunfo y de satisfacción pues había logrado lo que desde el principio había dicho que yo le pidiera más me tenía excitada en su local empinada con una diminuta tanga y con mi culo bien paradito, mostrándolo, que espectáculo estaba observando don Lucas teniéndome así una imagen del contraste de nuestros cuerpos y nuestras pieles seguramente muy excitante para él y para mi también

    – sabía que ibas a pedir verga putita claro que te voy a clavar solo que deja disfrutar de tu culo un poco mas

    Sentí como se arrodillo y sentí sus manos callosas que se deslizaban por mis nalgas causándome gran excitación sentí su boca pegando pequeños mordiscos en mis nalgas y pasando su lengua por todas ellas yo pare mi cola muy excitada sintiendo mucho placer estuvo así como 10 minutos yo estaba ansiosa de que me la metiera dejo de hacer eso y se paro

    – espere pamela voy por un condón los tengo aquí en un cajón porque siempre aquí me cojo a las señoras hambrientas de verga como tú y es que no quiero engendrar un hijo ya tengo varios regados por ahí jajaja soltó una risa y yo me quede ahí estática empinada con tan solo una diminuta tanga con un hombre que apenas ese día había cruzado palabra con él y ya estaba a punto de cogerme voltee a verlo y vi como abría el condón y se lo coloca en su verga el condón apenas le cabía estaba bien parado se acercó yo pare mi culo y solo le dije

    – despacio don Lucas me va a doler

    – no te preocupes pamela todo te va a entrar tu solo para bien el culo y disfrútalo

    Con sus manos jalo de los tirantes de mi tanga y los bajos a medio muslo,

    – guao que culote tienes pamela, está bien rico páralo más putita

    Me dio una pequeña nalgada que imagen pensé que diría Paul se me viera así don Lucas estaba a punto de violar mis castidad y mi fidelidad estaba a punto de convertirme por primera vez en infiel y con un viejo como don Lucas sentí como la punta de su verga estaba en la entrada de mi vagina empezando abrirse paso yo me quede estática esperando que el hiciera todo, así que poco a poco fue metiendo su miembro dentro de mi vagina

    – haa que apretadita esta pamela se ve que su marido la tiene muy chiquita que rico me lo aprieta, solo falta un poco más para que te la clave toda

    – yo empecé a sentir riquísimo y a gemir dar pequeños grititos empecé a moverme hasta que sentí de golpe su verga sentí como me partía pero me gustaba una mezcla entre placer y dolor

    – ahhh don Lucas la tiene muy grande

    – ya putita te la comiste toda estas bien rica

    Voltee a ver hacia abajo mi tanga ya estaba en el suelo pues yo ya estaba abierta me la dejo ahí un rato esperando que mi vagina se acoplara aquella enorme verga en ese momento voltee hacia atrás y vi cómo me tenía don Lucas totalmente expuesta para él, después me tomo por las caderas y empezó a culearme lentamente yo lo acompañaba con los movimientos

    – muévete más Pamela

    Ahí estaba aquel viejo feo gordo culeándome disfrutarme y yo disfrutando como una loca gimiendo

    – más don Lucas, así cueleeme deme más recio

    – me vuelve loca su vergaaa mas

    – don Lucas mi esposo no me ha culeado como usted así asiii

    Don Lucas empezó el vaivén más rápido y con más fuerza y yo también aumentando la culeada pare mi culo para que lo pudiera agarrar bien don Lucas, en eso don Lucas paro sus movimientos agarro mis nalgas y empezó a moverla rítmicamente hacia su verga y yo clavándome solita voltee a ver y vi los ojos de don Lucas clavados en mi culo seguramente estaba observando como su verga entraba y salía rápidamente de mi vagina

    – pamela que rico te lo comes, eso putita así

    – clávate tu solita como la perra que eres ahhh que rico coges nadie mueve el culo como tu ahhh

    Así estuvimos cerca de 20 minutos culeando con ganas el local estaba lleno de gemidos y los ruidos que provocaban los golpes de mis nalgas en su vientre en un movimiento con su brazos tomo los míos y los jalo hacia atrás y así en esa pose quizás la más excitante que podría yo imaginar

    – qué bonita te ves asiiii disfrutándolo como una putita

    Yo me quede así y él ahora era el que me culeaba tenía mucha fuerza metía y sacaba su verga de mi vagina de una manera increíble yo solo gemía.

    De pronto mi cuerpo se convulsiono y tuve el orgasmo más rico de toda mi vida, “ahhhhh” solo salió de mi garganta ese gemido y cesaron sus movimientos don Lucas se dio cuenta de eso sentí como saco su verga de mi vagina yo estaba perdida recuperándome del orgasmo cuando empecé a sentir otra vez golpes en mis nalgas productos de su verga ya sin condón

    – te gusto putita

    – si don Lucas respondí mucho nadie me había culeado como usted

    – ya ves putita te dije que te iba gustar y pedirías mas pero ahora te toca tomarte esta leche que esta guardada para ti

    Así que me jalo hacia enfrente de el he hizo que me bajara su verga aun parada igual parecía no cansarse, la tome con una mano y la empecé a chupar

    – más rápido putita más rápido hazme saber que quieres mi leche

    Yo empecé la chupada más recia y rápida

    – así perra asiii más rápido

    Mis mejillas ya me dolían de estar chupando ese miembro tan grande y rápidamente hasta que sentí el cuerpo del viejo convulsionarse y decir

    – me vengo putita abre tu boquita yaaaaa

    Saco su verga y yo abrí mi boca esperando su semen empezaron sus disparos de semen cerré los ojos y sentí los chorros y sentí un líquido caliente y viscoso en mis ojos nariz y boca estaba tan caliente que el que quedo cerca de mi boca lo alcance con la lengua y me lo pase me había gustado que me hiciera así que me tratara como una puta haciendo cosas que con mi marido jamás haría

    – ahora si señorita Pamela ha quedado usted bien cogida y bañada de semen como usted quería.

    Yo solo lo mire con un poco de pena pues el viejo tenía la razón era eso yo lo que deseaba desde aquel día que me culeara y me bañara de su semen, me sentía llena

    – jajaja te ves bien linda con tu cara llena de leche, mira al fondo hay un lavabo puedes lavarte un poco mientras yo hago una tercera llave está bien? Me pregunto

    -yo sabía que me quería decir con eso de la tercera llave, y solo dije

    – si está bien don Lucas hágase una llave para que me visite cuando usted quiera

    Y así desnuda camine hacia el lavado a enjuagarme

    – qué bonita te vez encueradita pamela me gusta tu culo y tus tetas bien paraditas, parece mentira que te acabo de culear me dejaste seco jajaja

    Y si el viejo tenia razón parecía mentira como yo una recién casada había caído en sus manos en las manos de un viejo feo gordo y sucio que solo quería cogerme y lo habría logrado, mientras yo me lavaba oí como hacia la otra llave sabía que esto no terminaría en ese momento y él sabía que había conseguido una nueva puta quizás la mejor de todas las que tenía a quien culear cuando él quisiera y sabía que yo no me negaría pues había gozado al máximo de esa cogida cuando regrese tenía en sus manos mi pequeña tanga

    – quiero que me dejes tu tanga de recuerdo de esta cogida que te acabo de dar es la más chiquita que he visto

    Sonrió

    – no don Lucas como cree como me voy a casa, dije

    – no te preocupes putita tu casa está cerca nadie notara que no la llevas puesta

    Yo acepte sin negarme más le dejaría mi pequeña prenda en señal de triunfo para el

    – está bien don Lucas puede quedársela sonreí un poco

    – eso así me gusta putita que obedezcas

    Empecé a vestirme sin tanga me sentía algo extraña y a don Lucas le gusto pues me dio una nalgadita y me dijo

    – que rica estas sonrió

    – son 100 pesos señorita, se rio de las llaves, no te cobro la culeada sonrió nuevamente

    Yo me quede sorprendería pué pensé que no me cobraría pero no dije nada y le pague cuando me disponía a salir del local me dijo

    – bueno de ahora en adelante serás mi puta y muy pronto te hare una visita la pasaremos muy bien

    – si don Lucas lo voy a esperar con ansias, ya sin ningún recato o pena le conteste

    – así me gusta putita que te muestres como lo que eres sonriamos

    Al salir del local iba llegando el mismo viejo aquel que me pregunto si buscaba a don Lucas don y mevio su mirada rápidamente fue hacia mi entrepierna yo imagine que es lo que veía su rostro mostro una sonrisa maliciosa seguramente imagino que venía de adentro donde don Lucas me había dado una cogida y no estaba equivocado

    – buenas tardes señorita ahora si encontró a don Lucas

    Yo entre cortadamente conteste

    – si

    – veo que la atendió muy bien como a las otras clientas que viene y sonrió nuevamente

    Yo solo le dije

    – sí y lo esquive rápidamente y me fui al entrar al condominio observe hacia mi entrepierna y observe como se repintaban los labios de mi vagina pues el pantalón era de licra y ya no llevaba la tanga por eso aquel viejo directamente miro hacia abajo, entre rápidamente a mi departamento pues no quería que algún vecino me viera así que pensarían de mí, al llegar y estar sola en la casa me llego el remordimiento de mi primera infidelidad y con vejete como don Lucas le había falla a Paul y lo peor de todo me había gustado llore un poco pero después me metí a bañar me sentía algo sucia por lo ocurrido sin embargo a la vez feliz llena satisfecha y también una puta, creo que me gustaba sentirme así salí del baño con una toalla y me metí a las cama desnuda era de tarde y caí rendida completamente dormida me sentía feliz

    Desperté como a las 8 de la noche faltaba poco para que Paul llegara y yo estaba hi en la cama desnuda me pare sin antes recordar lo que había pasado esa tarde sentí una corriente éxtasis en mi interior, imagine lo que me esperaba después don Lucas quizás pisaría mi casa entraría para cogerme solo para eso y yo lo dejaría esa idea me excito me vestí y espere a Paul, después de un rato llego mientras cenábamos me pregunto

    – me dijo la vecina de arriba que se te habían perdido las llaves

    – ha si mi amor en el supermercado como fui de compras

    – y fuiste con el viejo de la salida para que te viniera abrir

    – sí, me abrió rápido

    – dicen que ese viejo es un pelado y depravado que a todas las mujeres anda observando y diciéndoles obscenidades

    – si mi amor pero a mí me atendió bien

    – ha bueno

    Y seguimos cenando mi esposo no se imaginaba que esa tarde aquel viejo me había dado una tremenda culeada.

    Al día siguiente Paul y yo nos disponíamos a salir un rato a pasear pues era domingo al salir estaban ahí la bola de borrachón y entre ellos don Lucas me vieron, mientras esperábamos el taxi Paul me mando a comprar unos cigarros a la tienda, así que opte por ir al llegar a la tienda alguien llego tras de mi era don Lucas que se acercó dándome un apretón un mi nalga y diciéndome en voz baja

    – mañana estrenare la 3 llave, no tengo condones prepárate llegare temprano ponte algo acogedor para tu invitado y sonrió con lujuria

    Yo solo lo mire y dije con voz muy suave

    – si don Lucas

    Me despacharon los cigarrillos y salí de la tienda llegue donde mi esposo cuando estábamos a punto de abordar el taxi regrese a ver hacia el local estaba don Lucas tenia me tanga sostenida en uno de sus dedos y los demás dirigiendo su mirada hacia donde estaba yo riéndose…

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  • La cárcel. Fetiches, humillación y sexo

    La cárcel. Fetiches, humillación y sexo

    Nota: Esta historia ficticia contiene un poco de todo. Puede haber gente que encuentre la disciplina y el trato humillante inapropiado. Si las flatulencias y cierta dosis de disciplina y sadomasoquismo no son lo tuyo, no sigas leyendo.

    Sandra es una chica de diecinueve años menuda. Ojos negros, pelo corto del mismo color y cejas pobladas.

    La mañana en la que la detuvieron en la tienda por hurtar perfumes vestía una camiseta de manga corta negra con un slogan en blanco a la altura de sus tetas que decía “¿qué miras idiota?” y pantalones vaqueros que marcaban un culito firme. Complementaban su atuendo un grueso cinturón de cuero con hebilla plateada, pendientes discretos en las orejas y varias pulseras de tela en su muñeca izquierda. Llevaba puestos calcetines blancos y zapatillas de deporte del mismo color.

    Pensó que la dejarían libre, pero la pareja de policías que la esposó, una mujer madura y un hombre más joven, tenían otros planes y le anunciaron que pasaría la noche en una celda.

    -Eso te lo crees tu pringado. -contestó al varón que la detuvo.

    El insulto, para el vocabulario que manejaba habitualmente, era muy poca cosa y sin embargo, para su sorpresa, el agente sonrió y respondió con unas palabras que sonaban a amenaza.

    Sandra, en su interior, sintió algo parecido al miedo. No tanto por las palabras en sí, si no por el tono de voz y la sonrisa. Aquella sonrisa no era normal y lo peor de todo es que la mujer, la policía madura, también sonrió y además de eso la miró de arriba a abajo de una manera que… bueno, una manera que hizo que saltasen todas las alarmas en su cabeza.

    ****************

    Sandra se sentó, cabizbaja, en el retrete de su celda. Era de noche y la escasa luz de la estancia provenía de algún lugar en el pasillo. Había dos catres, uno, el suyo, el otro, el de su compañera, una mujer regordeta de cara redonda y rostro duro que se encontraba tumbada de lado en ese momento.

    Tras dejar escapar un sonoro pedo, el sonido del pis contra la taza resonó en aquel lugar.

    Su compañera dormía, o se hacía la dormida. Eso importaba poco ahora. Quizás antes de esa mañana, que parecía tan lejana ahora, toda aquella situación le hubiese dado vergüenza. Ahora no, no después de lo que pasó.

    De vuelta a la cama, los recuerdos volvieron y con ellos las sensaciones.

    Después de contestar mal, la condujeron, siguiendo el protocolo, a una sala donde entraron ella y la mujer policía. El hombre se quedó fuera.

    En la sala había una silla, una mesa y ropa.

    -Vamos a llevar a cabo un examen… y también te cambiarás de ropa. -Informó la mujer.

    -Pero esto, esto no es una cárcel. -contestó la detenida.

    La policía la ignoró y tras advertirle que no hiciese ninguna tontería le quitó las esposas.

    -¡Desnúdate!

    Sandra tragó saliva. Aquella mujer la miraba con ojos de deseo, apostaría cualquier cosa a que era lesbiana, y no una cualquiera, si no una que goza humillando a otros.

    Sin darse prisa, se quitó la camiseta y a continuación, desabrochándose el cinturón, se bajó los pantalones, luego, sentándose en la silla, se quitó las zapatillas. Dejó la ropa sobre la cama.

    La mujer que había practicado la detención tomó la camiseta y la dobló, luego, tras sacar el cinturón, hizo lo propio con los pantalones.

    -Inclínate sobre la mesa.

    Sandra obedeció.

    -Bájate las bragas.

    La chica no reaccionó a la orden.

    -¡He dicho que te bajes las bragas! -gritó la que mandaba.

    La detenida bajó sus bragas exponiendo “medio” culo.

    Un segundo después el azote la pilló por sorpresa e instintivamente se llevó ambas manos al trasero protegiéndose e intentando comprender que había ocurrido.

    La policía, viendo que sus órdenes no se llevaban a cabo, había agarrado el cinturón y había azotado las nalgas a medio cubrir de la joven.

    -Fuera las manos y bájate las bragas hasta los tobillos, piernas separadas, culo fuera y que sea la última vez que me desobedeces o te pego con el cinturón hasta que te arda el culo. ¿Entendido?

    Sandra se quitó las bragas rápidamente y expuso su trasero y parte de su peludo coño a la vista de aquella mujer, tenía las mejillas de la cara totalmente rojas con la humillación pero ni por un instante pensó en contradecir a aquella loca.

    Por su lado, la policía se enfundó unos guantes de goma, embadurno el dedo índice de su mano derecha en vaselina y pidiendo a la “paciente” que se relajara, le metió el dedo en el ano sin contemplaciones de ningún tipo. Sandra apretó el esfínter cuando su cuerpo notó la desleal invasión de su agujero. La agente de la autoridad le dió una nalgada con la mano izquierda y le ordenó que se relajase.

    Objetivamente el dedo estuvo dentro no más de un minuto, pero a la chica le parecieron horas.

    Después, acostada boca arriba en la mesa, abierta de piernas, le tocó el turno a su vagina. Por último, tras quitarse el sujetador, la guardia le sobó las tetas.

    -Tienes cinco minutos para limpiarte y vestirte. -Dijo la mujer policía entregándole papel de cocina y abriendo y cerrando a su salida la puerta del cuarto de examen.

    El resto del día transcurrió en la celda que le asignaron. Le dieron de comer sopa y pollo con lechuga y por la tarde alguien le comunicó que pasaría la noche allí.

    *******

    Serían las dos de la mañana cuando Sandra notó que alguien la cogía por el brazo. Al principio pensó que estaba soñando, pero luego, al ver a su compañera de cuarto junto a su catre y notar un pellizco en el muslo, se despertó.

    -Oye, te he estado viendo y me gustas. -dijo su compañera de celda.

    Sandra la miró un poco azorada. Las experiencias del día la habían hecho ser más dócil.

    -Me das un beso.

    Sandra, como si fuese un insecto, se quedó muy quieta. Quizás esa tiparraca perdiese interés en ella.

    No funcionó.

    La mujer la sujetó la cara y la besó en la boca pasándole la lengua llena de saliva.

    -Déjame. -dijo la víctima.

    -oye, no grites que nos van a oír… no te gusta mi cara, a lo mejor te gusta más mi culo.

    Y con una agilidad que no se esperar encontrar en alguien de su volumen, la mujer se incorporó en el catre de su compañera, se bajó el pantalón y las bragas blancas de reclusa y asentó la raja de su culo sobre la cara de Sandra.

    -Saca la lengua guarra…

    El olor del trasero era desagradable y Sandra comenzó a toser. Luego, con todas sus fuerzas, empujó a su compañera que cayó al suelo con gran estrépito.

    El jaleo alertó al personal y pronto, un par de policías, varones, se presentaron en la celda con linternas. Uno de ellos era el que había detenido a Sandra.

    -Esta es la tía problemática de la que te hablé. Se merece una lección.

    Sandra protestó, ella no había hecho nada, era todo culpa de la vaca de su compañera.

    -Te lo dije, esta tía es problemática, ladrona y además de las que insulta a todo el mundo.

    -Yo creo que merece que le demos una lección. -intervino el otro agente.

    Entre los dos agarraron a la detenida por los brazos y medio arrastras, medio caminando, la llevaron al cuarto donde aquella misma mañana había sido examinada.

    ****

    -Desnúdate. -dijo con tranquilidad el que la había detenido.

    Sandra mecánicamente se quitó la ropa. Esta vez no espero a que la dijesen eso de “las braguitas también”. Aquellos tipos, como mínimo, iban a tener sexo con ella.

    El sexo no era algo que la asustase, se había enrollado con muchos tíos, incluso algunos que no la molaban nada. Alguno a cambio de favores. Si salir de ahí requería cabalgar ella sería la mejor jinete.

    Decidió tomar la iniciativa.

    -¿Cómo te llamas? -preguntó al que la había detenido

    -Luis.

    -Y yo me llamo Alfonso. -respondió el otro.

    -Me gusta más tu compañero. El pringao. -respondió la joven, posando insinuante en bolas, mientras miraba a Luis.

    -Eres una descarada, esto no va de follar, va de disciplina. -dijo Luis.

    -Ven aquí.

    Alfonso sacó un cigarrillo del bolsillo y lo encendió. Luego dando una bocanada se dispuso a contemplar la escena.

    La chica se acercó a Luis y este la sujetó por la cintura, y con la mano del brazo libre la dio nalgadas hasta que el trasero femenino tomó un color rojo vivo.

    A pesar del escozor, Sandra comenzó a experimentar una oleada de calor en sus partes. Y sin pensar que decía le preguntó al policía que la había azotado.

    -¿Te morreas conmigo?

    Luis puso cara de disgusto, y Sandra temió que aquel tipo reanudase la zurra, pero debió poder más el deseo y finalmente, tras unos instantes de suspense, la besó con pasión.

    Cuando se separaron Alfonso se acercó a la “pareja” y bajándose los pantalones y los calzoncillos, con el pene al aire, ordenó a la chica que se arrodillase y le lamiese el miembro.

    Sandra obedeció y el policía, sujetando con una mano el cigarrillo encendido, se dejó hacer. Luego, con la otra mano, retuvo la cabeza de la chica obligándola a mantener todo el falo en su boca y sin contenerse, descargó el semen dentro.

    -Bruto. -dijo la mujer mientras tosía.

    Luis tomó asiento y habló.

    -Te has pasado tío.

    -Señor. -respondió Alfonso.

    -Ven aquí. A gatas.

    El tipo obedeció a su superior y se acercó a gatas con lo que quedaba del cigarrillo en su boca y el trasero al aire.

    Luis cogió el cigarrillo y se lo dio a la mujer, que le miró sin comprender.

    -La cabeza sobre mis rodillas Alfonso… eso es. Sandra, aplica el cigarrillo en la nalga de este sumiso… no te preocupes, le gusta ser mi esclavo y tiene que pagar.

    Sandra “apagó” el cigarrillo en el glúteo del tío que se mordió los labios para no gritar. A continuación, la joven se sentó a horcajadas sobre los muslos de Luis, con su culo sobre el rostro de Alfonso y levantando su trasero, se tiró un pedo. El sumiso tosió soportando el olor mientras su pene empezaba a crecer de nuevo.

    Luis se puso un condón, Sandra se levantó y apoyó las palmas de las manos contra la pared y el policía que la detuvo la penetró por detrás haciéndola gemir.

    Mientras tanto Alfonso, oyendo como los huevos de su compañero golpeaban a la detenida con cada embestida, viendo el culo peludo de su superior contraerse y recordando a un tiempo la marca del cigarrillo y la inesperada flatulencia de aquella mujer, eyaculó.

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  • Amor de verano (parte 1)

    Amor de verano (parte 1)

    Primer aporte, de una entrega de tres partes de lo que fue mi amor de verano con Regina, una hermosa transexual. Espero que les guste.

    Todo comenzó una calurosa tarde de verano mientras yo me encontraba de viaje en otra ciudad. En ese momento yo no tenía ninguna relación formal, por lo que el uso de plataformas como Facebook entre otras, eran de lo más común para mí.

    Debo reconocer que físicamente me considero bien parecido y en ese momento no me encontraba mal económicamente. Antes de cerrar mi cuenta en una app de citas tenía más de 100 matches y las fotos que subía mostraban mis viajes, brindis en yate, comidas y bebidas… por lo que se podría considerar que mi perfil era bastante atractivo.

    Ese día me encontraba deslizando hacia la derecha en una de esas aplicaciones hasta que vi una fotografía que jamás olvidaré. Un vestido verde entubado que dejaba ver su lindo cuerpo, su cabello largo rizado con un peinado que la hacía lucir hermosa, y su preciosa cara que tenía poco maquillaje, mientras sostenía su celular para tomar la foto al reflejo del espejo. Ese día conocí a Regina (no es su nombre real, pero la llamaré así para no ser muy específico).

    Sin pensarlo di a la derecha esperando que ella lo hiciera al verme también. Es curioso, pero en ese momento sentía que todo se iba a alinear para que ella ni siquiera viera mi perfil, ya sea que no le llamara la atención, la aplicación fallara o lo rechazara por error. Como ya era tarde apagué el celular y me fui a dormir.

    Cuando desperté, me llené de felicidad al ver que a Regina le había gustado mi perfil y me había mandado un saludo, de inmediato lo respondí y empezamos a entablar una comunicación bastante agradable donde platicamos de nuestros sueños, lo que buscábamos en una pareja, lo que queríamos lograr y empecé a sentir algo más que simple atracción por ella. Le comenté que no me encontraba en Ciudad de México, y acordamos vernos al día siguiente al que yo regresaría de mi viaje. Cabe aclarar que en ningún momento mencionó que ella era transexual y a simple vista tampoco lo parecía.

    Por fin, el día de regresar a la ciudad llegó, y en la noche yo sólo pensaba en que me moría de ganas por conocer a Regina en persona, como pude logré dormir y al día siguiente antes de mi cita compré un arreglo de flores, unos chocolates y subí al carro con rumbo al lugar que pactamos para el encuentro.

    Llegué al sitio donde acordamos unos minutos antes y mi corazón latía muy fuerte, veía a todos lados disimuladamente hasta que a lo lejos alcancé a ver su figura. Ella venía con su vestido verde que tanto me gustaba y su cabello se encontraba peinado con un arreglo que la hacía ver inocente y muy tierna. La saludé con un beso en la mejilla, un abrazo y recuerdo bien que le dije “me da mucha alegría conocerte al fin en persona”. Fue hasta ese momento en que me di cuenta que ella era una chica transexual. Sus facciones, aunque muy lindas, hablaban de su pasado y su voz no era igual a como me había imaginado, pero no le di importancia y seguí normal.

    Subimos al carro y decidimos ir a un parque cercano, mientras en el camino continuamos platicando sobre nosotros, ahí ella me contó que no era de la ciudad y que venía a probar suerte en el mercado laboral y a continuar con sus estudios, ya que no había tenido suerte en su ciudad de origen. Nos detuvimos a comprar una pizza, un vino y un postre y yo llevaba una manta que después utilizamos para recostarnos en el césped bajo un árbol.

    Ella seguía siendo tan encantadora y linda como conversábamos en la app, y en un momento de silencio no pude contener mis ganas de decirle que sus labios me parecían hermosos y que me moría por besarlos, ella sin preguntarlo me sostuvo por detrás de la cabeza y me besó.

    Continuamos platicando ahora más sobre nuestras vidas y fue cuando me confesó que era transexual y que llevaba un tiempo tomando hormonas, le dije que no me importaba puesto que yo en ella veía a una preciosa mujer y que me encantaría seguirla conociendo, mientras continuaba platicándome las dificultades a las que se enfrenta la comunidad trans aún en nuestros días.

    Poco a poco la conversación se tornó un poco más intensa y hablamos sobre nuestra primera vez en la cama con alguien, yo no dí muchos detalles, pero ella me dijo que aún la recordaba no con mucho agrado, pues su primera experiencia no fue muy agradable y ya había vivido el rechazo de otros hombres debido a que no se encontraba en sus planes hacerse la operación para cambiar de sexo, por lo que ella todavía tenía su pene.

    Repentinamente comenzó a llover. Corrimos al carro mientras llovía y entre risas le dije que podíamos ir a mi departamento por algo de ropa seca y a calentarnos un poco. Mientras íbamos en camino le propuse ver una película para que se nos quitara el frío y seguirnos abrazando. Cuando llegamos seguía lloviendo y rápidamente preparé un par de mantas para calentarnos un poco, puse la película y nos olvidamos de lo que ocurría en el exterior, yo precavidamente tomé un paquete de condones que tenía en un cajón.

    La película había llegado a la mitad y repentinamente comencé a besarla mientras acariciaba su cara y su espalda, ella me respondió el beso con una mordida traviesa y sus manos comenzaron a bajar intentando quitarme el cinturón, yo levanté su vestido, le quité su brassier y vi un diminuto par de senos con unos pezones alzados, pequeños pero muy lindos. Los besé y pasé mi lengua por ellos, mientras ella suspiraba y gemía del placer. mi pantalón cayó y con su mano acarició mi pene, que ya estaba erecto, sobre mi ropa interior; en ese momento sentí el impulso de hacer lo mismo y ella gimió aún más.

    No me pude contener y decidí quitárselo, ella se detuvo y con mucha pena me dijo que si aún después de verla sin su ropa interior me seguiría gustando, yo no le respondí con palabras, pero sí con un beso en su boca mientras masturbaba su pene con mi mano. Le dije que quería sentir mi pene dentro de ella y me puse un condón mientras me sentaba en el sofá, ella me abrazó, se volteó y acercó mi pene a su ano, que tuvo problemas para entrar debido a la fricción del condón, por lo que repentinamente me lo quitó y poco a poco la empecé a penetrar.

    Fue delicioso. Yo veía su cintura y sus grandes y esculturales glúteos al momento de moverse, ella subía y bajaba y me daba besos muy apasionados, yo la seguía acariciando, besando y lamiendo su boca, cuello y pecho. Cambiamos de posición varias veces a perrito, misionero y otras más, le seguía diciendo lo mucho que la quería y ella a mí.

    Debimos haber durado unos minutos en la última posición, yo recostado boca arriba y ella sentada sobre mi cuando le avisé que ya iba a terminar, a lo que ella me dijo que quería tener mi leche dentro de ella, finalmente el orgasmo llegó y con cada chorro ella únicamente gemía y apretaba mi pene con su delicioso ano al natural; con mi mano volví a masturbar su pene que estaba grande y recto frente a mi, lo hice algo rápido, pero con cuidado y en cuestión de segundos su semen empezó a salir con rapidez hacia mi pecho mientras ella suspiraba de placer, la besé y la abracé; y ya que ella también acabó nos quedamos unos minutos más recostados con mi pene aún dentro de ella.

    Acaricié su cara y los ojos se nos comenzaron a cerrar mientras la noche nos invitaba a dormir, abrazados en mi sofá, desnudos, escuchando la lluvia sin preocuparnos por nada de lo que sucedía fuera de mi departamento, ese era nuestro momento y no lo olvidaré jamás.

    Continuará.

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