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  • Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 2)

    Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 2)

    Ya en su consulta, hablamos sobre mi estado de ánimo, de como me encuentro, de mis medicaciones y mis futuras revisiones y consultas. Amo escuchar su tierna y cálida voz, gruesa pero suave al mismo tiempo. Me transmite mucha paz.

    Su cabellera larga, ondulada, abundante, salvaje, como las olas de un revoltoso mar bajo el nocturno cielo iluminado por el destello de su profunda y eterna mirada, de sus ojos grandes y brillantes como dos estrellas. Su flequillo recto, como una pacífica nube en el orbe presidiendo la luz del sol, que es el destello de su hermosa e invicta sonrisa llena de vida, que además puedo recrear mientras contemplo el cielo en las noches de luna en sus fases de cuarto creciente y menguante. Su blanca piel, el sensual rubor en su rostro como besos de pétalo de rosa roja. El brillo y el café que provoca desvelos de su cabellera y su mirada de jaspe.

    Es tan perfecta. Me sonrojo como siempre. Me pide que me siente en la camilla y que me debo quitar el vestido de cintura para arriba y desabrochar el sujetador, algo que hago con mucho gusto. En primer lugar, me hace abrir la boca y sacar la lengua para revisarme con un palo de madera (algo que, no sé por qué, me parece tremendamente sensual), seguidamente me ausculta y finalmente me toma la tensión. Yo sentada en la camilla medio desnuda con mi espalda casi pegada a la pared, ella de pie. Me encanta esta postura en la que estamos, muchas imaginaciones en forma de escenas románticas y altamente eróticas entre nosotras invaden mi mente.

    Por momentos la miro de reojo. Siento un brillo intenso en su mirada posándose en mi cuerpo, un peculiar rubor en sus mejillas y una discreta sonrisa un tanto extraña que no sabría cómo definir, como si anhelara con desespero ocultar algo. No sé si serán imaginaciones mías influidas por las ilusiones que me hago desde la faceta más irracional de mi persona, pero… Es que parece tan real. En fin, empiezo a sentirme que no sé qué pensar ya.

    Acto seguido, me tiene que masajear y mirar bien la espalda, los hombros y las costillas para ver cómo estoy de los dolores musculares que me han quedado como secuela del accidente. Me tumbo y me quedo con el vestido medio puesto de cintura para abajo y con el sujetador desabrochado de cintura para arriba. Me masajea, escribe los resultados y me pregunta si me duele o no.

    Es indescriptible esta sensación de sentir el contacto de sus manazas recorriendo mi piel. Poniéndome en sus manos (nunca mejor dicho), me siento flotar en un puro y diáfano cielo azul repleto de tiernas y blancas nubes de algodón. Entonces volteo mi cuerpo para que termine de masajearme.

    –Tienes un cuerpo precioso, de verdad –me dice, mirándome ruborizada.

    –Muchas gracias –le respondo, entre dulces palpitaciones y mariposas en el estómago.

    Entonces procede a masajear mis costillas. La verdad es que no es la primera vez que halaga mi físico y mi cuerpo. Cada vez que lo hace, me percato más de como le brilla la mirada, como se ruborizan sus mejillas y como se entrecorta su respiración. O tal vez son imaginaciones mías fruto de las ilusiones que me hago.

    –Muy bien, cariño mío –me dice al terminar.

    Me percato de lo sonrojadas que tiene las mejillas y de como le brilla la mirada.

    A raíz de sus miradas, de su cariñosa manera de dirigirse a mí y de sus halagos acerca de mi cuerpo, esa sensación que tengo cuando percibo la atracción hacia mí por parte de otra persona se empieza a hacer patente. No dejo de sopesar la posibilidad de que sea una percepción mía influida por todo lo que siento por ella y que solamente me tiene mucho cariño y le parezco muy guapa, pero es que su manera de mirarme, el sonrojo de sus mejillas y el destello de sus ojos cafés posados en mi cuerpo me dice otra cosa muy diferente de la simple admiración hacia la belleza femenina.

    Todas las veces de mi vida que a mí me han asaltado estas dudas la intuición nunca me ha fallado. ¿Y si hay algo más allá del afecto? ¿Y si Gunilda no es tan hetero?

    Acto seguido, se dirige al almacén para buscar varios utensilios porque al terminar tiene que administrarme una dosis de un medicamento vía intramuscular. Verla caminando de espaldas con su bata blanca, su cabello suelto y bien peinado, sus anchas caderas, sus fornidas y largas piernas y sus atrevidas botas de cuero y plataforma hace que me sonroje, que mis latidos se aceleren y que sienta ese dulce calor en mi cuerpo.

    Ella vuelve con los botes y tubos con el medicamento, la jeringa y el algodón. Le da una imagen imponente que me atrae en sobremanera aunque paradójicamente sufra un poco con las inyecciones. Me pide que me siente en la camilla, ya que me tiene que inyectar el medicamento. Ya conoce muy bien mi aversión a las inyecciones y es muy cuidadosa conmigo. Debo de reconocer que finjo más temor del que realmente siento, puesto que amo en sobremanera lo protegida que me hace sentir. Amaina mi nerviosismo y mi (medio fingido) temor muy cariñosamente.

    –¡Venga, cariño! –me toma de mis delicadas manos con sus manazas, sonriéndome y mirándome a los ojos presa de ternura y de instinto protector– Con todo lo que has pasado y todo lo que estás luchando, si ningún obstáculo ha podido contigo, esto todavía podrá menos. Tú puedes. Nosotras podemos. Recuerda: tú y yo somos un equipo. ¿Sí? –me hace un ligero apretón de manos y me guiña el ojo. Acto seguido, me besa la frente. El destello en su mirada y el rubor en sus mejillas continúa haciéndose demasiado patente.

    Asiento, llena de mariposas en el estómago ante tantas muestras de afecto hacia mí por su parte y sintiéndome todavía más dulcemente menuda y vulnerable ante ella.

    –Ahora, cuando te inyecte el medicamento, tú puedes soplar y si lo ves necesario, poner tu otra mano encima de la mía con la que te sostengo el brazo. ¿Sí?

    –De acuerdo, perfecto –respondo sonrojada, con un fino hilo de voz.

    Entonces me besa de nuevo la frente. A cada muestra de afecto suya, mi intuición se hace todavía más patente. No obstante, tampoco dejo al aire el beneficio de la duda. ¿Y si simplemente es una gran ternura e instinto protector al haberle mostrado mi yo más vulnerable y no atracción ni amor romántico lo que siente? ¿Y si son ambas cosas? Soy más que consciente de lo mucho que le gustan mis manos, siempre encuentra alguna ocasión para tomármelas.

    No solo yo amo con todas mis fuerzas sentir el contacto así como el sensual contraste entre mis manitas y sus manazas. Ambas lo amamos. Tengo la sensación de que, además del cariño, los abrazos y que me tome de la cintura con su imponente brazo mientras caminamos juntas, es principalmente esto lo que despierta una increíble química entre nosotras.

    –Tienes unas preciosas manos, de verdad. Podrías tocar el piano.

    –Ay, muchas gracias –le respondo con un fino hilo de voz, muy ruborizada. No es la primera vez que me lo dice.

    Me suelta las manos y prepara la inyección con la medicina. Ya preparada, dirige la inyección hacia mí.

    –Venga. ¿Preparada, cariño? –me dice, con una confiable sonrisa.

    –Preparada –le respondo.

    –Mira como sostengo tu brazo con esta mano. Ahora pon tu otra mano encima de la mía.

    Lo hago sin pensarlo ni un segundo.

    –Muy bien, cariño. Ahora sopla.

    Entonces me inyecta el medicamento. Le sostengo con fuerza la mano y soplo. Acto seguido, me cubre el sangrado del antebrazo con un algodón con el que me aguanto con la mano y empiezo a sentirme mareada. Mi cabeza da vueltas, siento escalofríos y temblores que se acaban convirtiendo en sofocos y mi rostro palidece.

    —¡Uf! Me encuentro mal.

    Empiezo a suspirar de dolor físico. Me silban los oídos y tengo una sensación de hormigueo en las manos y en los pies. Gunilda me pide inmediatamente que me vuelva a tumbar en la cama. Acto seguido, pone una mano en mi frente y otra en mi pecho para tomarme el pulso y va rápidamente a por una pequeña toalla que moja con agua fría y me la coloca en la frente sujetándomela con una mano, mientras que con la otra me toma dulcemente las manos como una manera de tomarme el pulso. Empiezo a temblar y a ponerme nerviosa.

    —Como ya sabes, es un medicamento fuerte y este es el efecto inmediato, pero una vez entre en la sangre te encontrarás bien y a medida que avancemos las dosis te irás acostumbrando. Tranquila, cariño mío, tranquila —me dice, con su dulce tono de voz.

    Acto seguido, Gunilda empieza a acariciarme suavemente el cabello y las mejillas, a la vez que sujeta la toalla en mi frente con su otra manaza, que por algunos instantes me la pone en el pecho para tomarme el pulso.

    —Ya está. Tranquila. Respira hondo. Inspira… Espira… Inspira… Espira… —me dice unas cuantas veces con dulzura.

    —Gracias. Gracias. Gracias. —le respondo, agonizante.

    —Te doy un vaso con agua y una Biodramina —me dice en un momento dado. Se dirige hacia una estantería de la que toma un pequeño vaso de color blanco con un corazón rojo dibujado y acto seguido hacia la máquina de agua, juntamente con la pastilla que toma de un bote. Después vuelve hacia mí.

    Intento levantar la mitad de mi cuerpo para sentarme en la camilla. Nada más hacerlo, todo me da vueltas, vuelvo a percibir mi vista algo borrosa y a sentir que me silban los oídos, además de una sensación de adormecimiento y hormigueo en mis extremidades.

    —Muchas gracias —me da el vaso e intento beber. Me vuelvo a sentir mareada y por un momento casi derramo el vaso, solo me ha alcanzado tiempo para tomarme la pastilla.

    —Uy, te veo mal, te veo mal aún. Túmbate, túmbate, tranquila. Tú estate tranquila sobre todo.

    —¡Uf! Todavía no puedo levantar mi cuerpo. No puedo sentarme. A la mínima me mareo —le digo, entre sollozos de malestar físico.

    —De acuerdo, Clío. Venga, calma. Tómate tu tiempo para recomponerte. No pasa nada. Cuando te encuentres mejor ya sabes.

    Sigue sosteniendo la pequeña toalla de agua fría en mi frente y acariciándome. ¡Qué segura me hace sentir esta mujer! Poco a poco, mi angustia y mi malestar se van disipando y mi rostro recupera el color. A medida que me voy encontrando mejor, me concentro más en ella. Sus dulces caricias. El destello de su cabellera y su mirada de jaspe. Su cálida voz hablándome con ternura. La misma sensación que contemplar el mar en calma, escuchando el sonido del pacífico oleaje y sintiendo una suave brisa acariciando mi rostro. La misma sensación que tomar una taza de chocolate negro bien caliente con un corazón grabado en la espuma.

    —Te encuentras mejor, ¿verdad? —me pregunta, con una tierna sonrisa mientras me acaricia las mejillas y el cabello.

    —Sí, me encuentro mejor. Muchas gracias por todo lo que estás haciendo y haces por mí, de verdad. Por todo y por tanto —le respondo.

    Voy levantando mi cuerpo y bebiendo lentamente el agua que me ha dado, poco a poco, sorbo a sorbo, mientras ella me mira con afecto y con este rubor y brillo en su mirada que todavía dudo de cómo descifrar.

    —¡Eres una campeona! —me dice. Acto seguido, me da un beso en la mejilla. Yo sonrío y me sonrojo. Siento mi estómago y mi vientre ya contraídos de tantas mariposas.

    Entonces, Gunilda va recogiendo las cosas mientras yo me visto. Me fijo en ella. Es tan y tan hermosa. La miro disimuladamente y sonrojada, no sabiendo qué cara poner, sin sonreír, apretando mis carnoso labio inferior hacia dentro y mordiéndolo sensualmente. Me fijo en su larga cabellera castaña y ondulada con flequillo recto, en sus fornidas y largas piernas por debajo de sus pantalones tejanos, en sus botas altas marrones de cuero, plataforma y tacón grueso, bien combinadas con el color y el brillo de jaspe de sus ojos y de su cabello.

    «¡Qué mujer, qué diosa!», pienso. Me sonrojo todavía más. De nuevo, mi corazón se acelera, mi respiración se agita y mi cuerpo se estremece. En pocas palabras, vuelvo a sentir calor. Por un instante, nuestras miradas se encuentran y ella se sonroja, entrecierra sus ojos y me lanza esa sonrisa que no sabría cómo descifrar, entre tímida y seductora, de sentirse deseada y tal vez de deseo hacia mí, la misma sonrisa nerviosa que mientras me masajeaba.

    En repetidas ocasiones me ha sorprendido mirándola de esta manera. Tengo la sensación de que ya se percata de mi atracción hacia ella. Sabe de sobras de mi bisexualidad y de mi atracción preferente a las mujeres ya que le expliqué el detonante principal de mi depresión, que era todo por lo que pasé por la primera mujer de la que me enamoré (limerencia, dependencia emocional, en resumen, TOC), a lo que me escuchó atentamente y terminé llorando desconsoladamente entre sus brazos, sus dulces palabras de consuelo y sus besos en mi frente y mi mejilla.

    Ella, por su parte, en esta misma conversación me dijo que había tenido solo relaciones con hombres en toda su juventud y que ha estado casada con un hombre durante bastantes años, con el que ha tenido un hijo ya adolescente rozando la mayoría de edad, por lo tanto, es más que obvio que es heterosexual y a su edad y siendo una mujer totalmente hecha y derecha, es difícil que eso cambie. También me explicó que lleva dos años divorciada del que fue su marido, aunque han quedado en buenos términos y a día de hoy se llevan bien, simplemente porque ambos ya no sentían lo mismo, como que «se acabó el amor», aunque esto no significa que se tengan que odiar ni llevar mal.

    No obstante, por muy divorciada que esté, en teoría sigue siendo heterosexual, nada cambia. Eso, naturalmente, me derrumba un poco, sí, pero bueno, que le vamos a hacer. Como buena Asperger ya estoy demasiado acostumbrada a los amores platónicos y no va a ser menos ahora.

    La faceta más racional de mi persona me repite con sus incesantes y castigadoras voces que no debo hacerme ilusiones, que solo me tiene un gran cariño y simpatía porque me ve muy vulnerable, que es hetero y que punto y final. Pese a ello, siento que con el paso del tiempo y todo lo vivido, se ha ido mostrando cada vez más cercana, cariñosa y protectora conmigo. Además, sus muestras físicas de afecto hacia mí (abrazos, caricias, besos…) son ya muy frecuentes, tal vez demasiado. ¿Y si es que simplemente me tiene mucho cariño y ella acostumbra a ser así con sus pacientes?

    No pretendo hacerme ilusiones, aunque, ay, no sé. ¡Es inevitable no hacérmelas! Es que por otro lado siento que está surgiendo una obvia (al menos para mí) química entre nosotras y esto, obviamente, despierta en mí un atisbo de esperanza. Minuto a minuto y mirada a mirada, tengo la sensación de que se percata de mi atracción y de mis sentimientos hacia ella. Aunque claro, si a ella no le interesara se mostraría más distante conmigo, cosa que no sucede, sino todo lo contrario. Mi instinto también me dice que ella jamás jugaría conmigo por el simple hecho de sentirse deseada.

    Intuyo en ella algo mucho más allá del cariño hacia mí y de verme solo como una posible amiga. Lo veo en el rubor de sus mejillas, en el destello de sus ojos, en su manera de mirarme y en su respiración entrecortada estando en mi cercanía, sobre todo las veces que me ha tomado de mis delicadas manitas con sus manazas, que me ha acariciado el cabello y el rostro, que me ha besado la frente y las mejillas y todavía más cuando me ha mirado estando yo con el vestido puesto de cintura para abajo y desabrochado y sin nada más ni nada menos que el sujetador puesto de cintura para arriba.

    La verdad es que, hablando claro, parece que me hace el amor con la mirada, que me posee, que me hace completamente suya. Siento que hay algo más, algo más allá del cariño y que nada tiene que ver con la típica admiración de la belleza femenina por mero deleite estético.

    Minuto a minuto, percibo con más claridad que aquí hay química, atracción y deseo. Deseo del bueno. Percibo lo deseada que me estoy sintiendo por su parte, que no es precisamente poco. Ahora sí que ya de manera racional, empiezo a llegar a la conclusión de que esta química que se respira entre ambas puede dar paso a algo más. Y, sobre todo, que este «algo más» no es precisamente unidireccional.

    ¿Y si Gunilda, pese a ser hetero, sintiera también algo? ¿Y si Gunilda no es tan hetero como pienso? La verdad es que mi monólogo interno respecto a sus sentimientos hacia mí va cambiando gradualmente y de manera radical y esto son ya palabras mayores. Esa dulce, cálida y creciente llama de esperanza e ilusión arde cada vez más y más dentro de mí.

    Una vez estoy vestida, se vuelve hacia mí, que sigo sentada en la camilla.

    —Si ves que te encuentras mal, tómate la Biodramina transcurridas ocho horas –procede a darme uno de sus botes con pastillas Biodraminas– Ahora vuelves a casa, tranquila, sin prisas… O… Si quieres te acompaño yo a la estación donde debes tomar el tren, que pronto va a oscurecer y además son vísperas de San Juan y es todo más inseguro. En fin, como lo veas mejor. Además, vives lejos y tienes que subirte al último tren, ¿verdad? —me dice, mientras me mira con gran afecto y acaricia mi cabello y mi mejilla. Me encanta lo protectora que es conmigo. Yo me sonrojo y siento que mi corazón y mi estómago dan definitivamente un vuelco.

    —Vale, como quieras, te lo agradezco —le digo.

    —Como te vaya mejor, sin compromiso —me dice, afectuosamente.

    Sigue acariciando mi cabello y mis mejillas. Me sonrojo todavía más. Sonrío. La miro tímidamente. Mi corazón late con fuerza. Mi cuerpo se estremece todavía más. Llegadas a este punto, es ya más que obvia la química entre nosotras y es ya imposible que ella no sienta lo mismo.

    –O… Si quieres puedes quedarte a cenar y a dormir a mi casa –me dice repentinamente.

    Asombrada me quedo.

    –¿Seguro que te va bien? Lo digo por tu hijo y por no darte más faena.

    –¡Sí, descuida! Mi hijo está con su padre esta semana.

    –Sí. Bueno… Vale… Como quieras –balbuceo tímidamente, haciéndome la indecisa. En el fondo estoy que no quepo en mis ganas.

    –¡Perfecto pues! Termino de recoger mis cosas y nos vamos. Además, al ser vísperas de San Juan salgo más temprano. Podemos ir a pasear un rato por la ciudad y después vamos a mi casa. ¿Qué te parece? –me mira con una amplia sonrisa. Intuyo una inmensa alegría en su rostro y en su voz.

    –Me parece muy bien, muchas gracias de verdad –le digo, con una sonrisa de oreja a oreja.

    Acto seguido, me abraza con fuerza y me besa la cabeza y la mejilla. Me asombra como busca constantemente el contacto con mi cuerpo. Se me eriza la piel inevitablemente, en especial mis pechos y mis pezones por debajo del vestido. Siento humedad en mis braguitas. Estoy realmente excitada con solo sentir el roce de nuestros cuerpos, además de mi enamoramiento y deseo hacia ella y de su cada vez más obvio deseo hacia mí. Un torbellino de sentimientos y sensaciones demasiado intenso.

    –Ay. Pero un momento. –me dice– A ti, los petardos…

    –La verdad es que me dan miedo –le respondo tímidamente a modo de interrupción con un meloso y suave tono de voz.

    Los petardos sí que me dan realmente miedo, esta vez no finjo. Me está mal decirlo, pero reconozco que amo mostrarme ante ella como una damisela en apuros.

    –Entiendo perfectamente que siendo Asperger como eres seas especialmente sensible a los sonidos fuertes y repentinos. Tranquila, no estás sola, estarás conmigo, no temas –me toma la mano y me besa la frente.

    Acto seguido, procede a quitarse la bata. Entonces me fijo más y más en ella. Lleva puesta una camisa abotonada de manga larga de color marrón con topos blancos, totalmente a juego con su cabello, su mirada y sus seductoras botas de plataforma y taconazo. Mi mirada se va directa a sus pechos, ahora sí que puedo fijarme mejor y lo que intuyo me encanta en sobremanera. Tiene unas tetas realmente grandes y bien puestas y me fijo discretamente en la senda que mena hacia ellas.

    Transcurridos unos segundos, se voltea y mi mirada se va directa a sus piernas con las botas altas de cuero bien ajustadas, a sus pantorrillas, a sus anchas caderas y a sus preciosas y abundantes nalgas por debajo de sus pantalones. Estoy salivando, en todos los sentidos. Entre otras sensaciones, siento mayor salivación en mi boca y mayor humedad en mis braguitas.

    Me imagino recorriendo su cuerpo entero y sus grandes pies con las botas y demás calzados de plataforma y tacón con mis manos, con mi boca y con mi lengua y quedándome sin aire entre tanta y tanta abundancia y voluptuosidad, como si no existiera un mañana. ¡Uf! Deseo con todas mis fuerzas amar su cuerpo como si no existiera un mañana, durante toda la eternidad. Y si en esta vida no alcanza, durante toda una otra vida.

    Transcurridos unos minutos, ella se pone su chaqueta, una chupa de cuero marrón totalmente a juego con sus botas. Se viste de una manera discreta e informal y al mismo tiempo lleva unos calzados muy atrevidos y sensuales. Al mismo tiempo, yo me pongo mi chupa de cuero negra, totalmente a juego con mis sandalias negras de cuero y que me hace verme muy bien con mi vestido granate, discretamente ajustado a mi cuerpo.

    Tenemos un estilo bastante distinto. Ella más bien informal, yo más bien fina y formal. Irónicamente, debo decir que dejándonos llevar por estereotipos y por nuestro aspecto, cualquiera diría que la lesbiana o bisexual es ella y la hetero yo, aunque tal vez debemos empezar a superar ya estas cosas. Por ejemplo algunas de mis amigas no es que sean precisamente el culmen de la feminidad y no son más heteros porque no pueden. Esto es cierto, aunque dejando ya de lado estereotipos o no, llegadas ya a este punto, cada vez dudo más de la (supuesta) heterosexualidad de Gunilda.

    Ya apagadas las luces y la alarma de su consulta, cierra con llave y salimos, bajando por un grande ascensor con espejo, a través del cual nos miramos. Viendo la reflejada imagen de ambas, me percato todavía más de nuestra notable diferencia de altura y tamaño y la verdad es que es algo que me encanta en sobremanera. Me imagino cómo sería ella capaz de hacerme el amor, de poseerme, de hacerme suya. Lo que su grande y fornido cuerpo haría con mi menudo cuerpo. Mi instinto concibe una relación entre ambas siendo ella la más dominante y yo la más sumisa.

    Continuará.

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  • De morbos y sesiones

    De morbos y sesiones

    Las charlas se venían poniendo intensas, la dama comenzaba a soltarse, mostraba sus uñas y exponía sus morbos. En algunos coincidíamos, otros no tanto y unos cuantos solo lograban causarme temor. Soy muy obediente, no soy masoquista, no disfruto de los castigos, pero tengo claro que es el derecho de quien me domine. Como si habláramos del desayuno, se habían tocado temas como jaula, penetración uretral, distintos dispositivos para ejercitar mi ano, dilatadores, juguetes de los más variados, castigos diversos, spanking, velas, uñas y hasta homosexualidad forzada.

    Todo eso estaba en la cabeza de mi dueña, todo daba vueltas y yo lo había aceptado. Puse mis condiciones, mis límites, y me entregué a sus deseos. Ella sabía lo que podía y lo que no. Yo sabía que se venía algo, pero no que ni cuándo. Mi rutina diaria había cambiado, mi día de sumiso arrancaba a las 9, al llegar a mi trabajo debía ponerme una joya anal que ella me había pedido comprar, en un mes pase de tamaño s a L, y enviarle foto o video del proceso, con eso le daba los buenos días. A las 13, debía retirarlo y poner el juguete que la dama controla por la web.

    Ahí comenzaba mi penar, la tenía en mi interior, ella podía encenderlo en cualquier momento, sin saber en qué lugar estaba o con quien. Me desesperaba saber que en cualquier momento podía comenzar a vibrar. Y así nomás pasaba, debo reconocer que es bastante piadosa, arranca suave, y me da unos segundos para pedir auxilio si estoy en una situación complicada. Pero hace lo que desea, un día le avisé de una reunión, rogué porque no lo usara, pero yo cumplí con mi deber y lo llevé puesto, en el medio de la reunión me encendió, suave, lo suficiente como para hacerme sentir que era suyo, que sufriera, pero no tanto como para que tuviera problemas.

    Comenzó a planificar la próxima sesión, tirando tema al azar, de los cuales decidió dejar, velas, flogguer, pinzas para pezones, y luego me dio a elegir, penetración uretral u homosexualidad forzada. Me quedé estupefacto delante de la pantalla, no podía elegir entre esas cosas, sentía terror y claro ella lo disfrutaba. Tic Tac me dijo, elegís o van las dos. No por favor no me haga eso respondí, y me dio un minuto para que diera mi respuesta. Uretra contesté cuando apenas faltaban unos segundos. Ok dijo, mi bull va a tener que esperar a la próxima sesión entonces para poder romperte bien ese culo hermoso que tienes, vas a tener tiempo de seguir entrenando para que te sea más fácil.

    Te garantizo que el caballero se va a hacer sentir, comento sabiendo que mi temor ya no solo iba para esta sesión, sino que ya se extendía a la próxima. Era su derecho, nada podía decir al respecto más aceptarlo como ella decidiera que se dé. Nos encontramos con la dama, no dio demasiadas vueltas fuimos a un hotel e inmediatamente me ordenó desvestirme. Me puso muñequeras, tobilleras y me ato a la cama boca abajo. Primero puso aceite en todo mi cuerpo, mientras dos importantes velas se consumían en la mesa de luz. De su bolso tomó un floguer, comenzó a utilizarlo en mi espalda, se sentía, si bien no me gusta el dolor, este en particular lo disfrutaba.

    Con delicadeza retiró el plug de mi culo, sacándome un buen gemido. Al oído me dijo, pero mira lo caliente que estás puta, hermoso, me encanta añadió. Mientras yo me consumía en mi vergüenza. Continuó el spank con sus manos, se hacía sentir y a medida que se sacaba las ganas mi culo ganaba en color. Llegó el turno de las velas, simplemente tomó una, y comenzó a verter un fino hilo sobre mi espalda, no dije nada, se sentía lindo calentito. Ella comenzó a acercar la vela a mi cuerpo y a medida que lo hacía se sentía cada vez más. Cuando escuchó mi primer quejido simplemente paró, dejo pasar unos segundos y repitió en mis piernas con idénticos resultados.

    Tomo un cuchillo y con sutileza comenzó a retirar la cera de mi cuerpo. Cuando terminó fue hasta su bolso se calzó su strap, lo lubricó y sin mediar palabra me penetró hasta el fondo. Grité, no tanto por dolor, más bien por la sorpresa y algo de impresión. Ella no se inmutó y me cogió con ganas, hizo con mi culo lo que le vino en ganas, hasta que decidió que era suficiente. Se retiró, me soltó y exigió que le diera sexo oral cosa que hice con total placer. No tenía jaula puesta y estaba desesperado, con la pija parada a full, desenado como nunca poder penetrarla y tener un poco de sexo, pero eso no estaba en sus planes.

    Acabó unas cuantas veces, se levantó me puso boca arriba, y me uso para darse placer, me cabalgó lindo, claramente no tenía permitido de acabar. De repente se retiró tomó algo de su bolso y me dijo ahora es cuando. Era una pequeña bolsa, alcohol, vaselina líquida y una varilla metálica bien finita. Sabía perfectamente lo que era, ella con una mano mantenía mi erección mientras con la otra preparaba las cosas. Abrió la jeringa delante de mí y la llenó con vaselina, la puso en la cabeza de mi pene y volcó el contenido dentro de mi uretra.

    Con un pequeño paño desinfectó la varilla y la puso en el glande de mi pene erecto. Abrió el pequeño orificio y comenzó a penetrar mi pene. Fue suave, me miraba constantemente, me ordenaba quedarme quieto, y yo era una estatua, estaba aterrado. Debo reconocer que no dolió, bueno solo un poco o más bien era molesto, raro, pero ver su cara de concentración y disfrute lo valía todo. Siguió, hasta que de la varita solo quedó el pequeño cabezal afuera. Me miró a los ojos y comenzó a masturbarme, no por favor rogué. No solo te voy a pajear concéntrate porque vas a acabar me ordenó.

    La dama sabía lo que hacía, mi pija se ponía cada vez más dura, se sentía terrible y de pronto simplemente exploté. Siguió un rato, hasta que me puse sensible, retiró con suavidad la varita, algo de semen terminó de salir. Compartimos unos chocolates, nos duchamos vestimos y retiramos, antes de bajar del auto sentenció, la próxima vas a conocer a mi bull, y te garantizo que va a ser antes de lo que esperas. No podía irse sin dejarme un nudo en la garganta.

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  • El baile exhibicionista de año nuevo y una confesión

    El baile exhibicionista de año nuevo y una confesión

    Después de tener sexo anal y haber descansado al menos dos días, finalmente desempacamos todo para ser oficial la mudanza, el día transcurrió muy tranquilo pues queríamos descansar de todo el ajetreo del mes, aunque se acercaba la noche del primero de 2022 lo tomábamos con calma, ya mi novia había buscado una rutina de baile… Por lo que nos centramos en nosotros.

    Creo que fue un 30 de diciembre que mi mejor amigo David nos visitó, por lo que le dije a mi prometida que el vendría de visita por un momento, aunque el ya conocía la casa desde su infancia, aun así, quería verla de nuevo.

    El vendría en 20 minutos, por lo que mi novia me dijo que se iría a cambiar, a lo que me negué, entonces mi novia me dice: ¿Pero amoor no dijiste que con nuestras amistades no?

    -Se lo que dije, pero vamos… es mi mejor amigo, es como tú y Sofi (Sofi es la mejor amiga de Erika), además ya sabes que él es como una caricatura ni se inmutará –le dije animándola

    Ella quería cambiarse porque andaba una camisa de tirantes sin bra y que le llegaba a 3/4 del muslo, y abajo una tanga celeste.

    Pasaron los minutos y tocaron el timbre, mi prometida fue a abrir la puerta, era mi mejor amigo, entonces ella abre la puerta, David al ver a Erika se quita los lentes y escucho a la distancia que dice: Ni mi miopía evita que vea lo guapa que eres.

    Voy a la puerta y le tiro una bola de aluminio que agarré de la cocina, mi novia solo hace un “No” con la cabeza y sonríe por su comentario, por otro lado, David solo se reía.

    Luego me saludo a mí con un abrazo y con un golpe en la espalda como siempre hacíamos.

    El resto de la tarde la pasamos viendo una película, David chisteando como siempre, era como estar en un circo, la tarde se pasó entre risas y películas. Yo sabía cómo era David de tranquilo, le hacía piropos a mi novia, pero no lo hacía en mal sentido .

    Mi novia se levantó a la cocina a preparar unos sándwich, a lo que aprovechó David y me preguntó: ¿Oye tu novia no anda bra verdad?

    -¿No es obvio? –le respondí con cierta retorica

    -Y yo que creí que me habías mentido cuando me dijiste por whatsapp que no usaba nada –me dijo el.

    David se retiró de mi porque venia Erika con un plato con varios sándwich y por casualidad de la vida, de esas casualidades bonitas mi novia se agachó olvidando que no traía brasier, la camisa de tirantes por lo holgada bajó, dejando ver sus dos pechos colgando, a lo que ambos instintivamente reaccionamos viendo.

    Mi novia se percató tarde de lo que había hecho y se puso recta de un solo, David únicamente le dijo: ¡Vaya botones rosados!

    Mi novia se puso roja (o tal vez solo fingiendo algo que a la fecha no he sabido) y ella le responde: Bueno al menos sacaste provecho de la visita, baboso.

    David es tranquilo, aunque pervertido por lo que solo siguió el juego y chisteando con nosotros, hasta que llegó la hora de irse, se despidió de nosotros y ya estando en la puerta le dice a mi novia: ¡Adiós rosadita! A la vez que sale corriendo. Era una caricatura.

    Cuando David se fue le dije a mi novia: Ves que es tranquilo

    -Si, pero hay que andar un baño con él porque nomas riéndonos solo da ganas de orinar –me dijo

    Bueno voy a preparar la cena le dije a ella, y ella me dijo que iba a subir a nuestro cuarto para seguir practicando un poco su baile. Lo cual aprovecha y me dice: A propósito ¿puedes conseguir tres sillas de esas plegables?

    -¿Que se te ocurrió ahora? –le dije intrigado

    -Ya verás, tu solo consíguelas… ¿O no quieres ver como les bailo desnuda a esos vagabundos? –me preguntó y a la vez besándome

    -Así te quiero ver siempre sin ropa como puta en la calle –le devolví el beso

    Saltando la parte de año nuevo para no alargar pues no hubo nada interesantes mas que la propia fiesta.

    Llegados la noche acordada, Erika iba saliendo de la ducha y comenzó a arreglarse, Erika se fue colocando un vestido alicrado muy ajustado color negro, después de un rato de planear todo fuimos rumbo a la Exconstructora, no sin antes pasar por una gasolinera que nunca habíamos ido pues vivíamos del otro lado de la ciudad en perspectiva de la casa de nuestros padres.

    Una gasolinera de muy mala muerte, a 15 minutos de la Exconstructora pero era 24/7 su market así que ni modo…

    Entonces llegamos al lugar, como siempre aparcamos en el mismo sitio, bajamos del auto, yo baje las cervezas, los snacks y por supuesto la bocina que sería un instrumento de mucha ayuda, mientras mi novia bajaba las 3 sillas… Antonio y Héctor nos salieron al encuentro, nos saludaron como siempre, aunque más alegres de ver a mi novia pues sabía a lo que venía.

    Nos sentamos un poco a orilla de calle donde siempre lo hacemos, solo que en esta ocasión ellos ya tenían sillas nuevas, nosotros nos sentamos en las cubetas… comenzamos a platicar sobre todo lo que habíamos hecho en las últimas semanas, sobre año nuevo… bueno, aunque ellos no tienen mucho que contar, después de un rato de platicar les preguntamos por Adrián pues era el único que faltaba…Respecto a eso Héctor nos dijo que ya tenía 3 días de no venir.

    -Qué raro que haya faltado sobre todo hoy sabiendo lo que haríamos–dije yo

    -Tal vez se quedó dormido de borracho –dijo Héctor

    -No creo que el haya conseguido para tomar algo –recalcó Antonio

    -Ya aparecerá –les dije yo

    -Si, pero se perderá a esta belleza que tienes de novia –me dijo Héctor

    -Eso si –les dije riendo

    A la hora entre platica y plática se había terminado el segundo paquete de cervezas, el ambiente ya olía un poco más alcohol y calentura, esta vez fue ella la primera en dar el paso hacía ellos.

    -Bueno permítanme saber si estas sillas son buenas –dijo levantándose y sentándose un poco arriba de la entrepierna de Antonio y presionando hacia abajo con su culo.

    -Ummju si resiste –dijo levantándose y yendo hacia Héctor

    -A ver contigo Héctor –dijo sentándose también en la entrepierna de él

    Héctor ante esa acción la agarró de la cintura y le dijo: Bueno si resiste, pero quédate aquí sentadita.

    -Está bien –dijo ella mientras presionaba más su culo a la entrepierna de Héctor

    Héctor le huele el cuello y le dice: Nosotros también nos hemos bañado hoy.

    Sorprendida mi novia les dice que no se había dado cuenta, entonces Antonio le dice

    -Aunque, así como eres de puta te hubiese dado igual como estuviéramos –le dice sonriendo

    -¿De verdad se bañaron hoy? –pregunta mi novia un poco incrédula

    Antonio se estira a la vez agarrando la mano de mi novia y le dice:

    -Si no nos crees ven y compruébala tu misma –le dijo Antonio a la vez con un trasfondo

    -¿Qué quieres que haga? –le dice ella pícaramente y siguiéndole el juego

    -Ven aquí –dijo tocando su entrepierna

    Mi novia se levanta de las piernas de Héctor y se arrodilla entre medio de las piernas de Antonio, entonces ella baja un poco el pantalón desgastado de Antonio, él ya tenía una gran erección.

    Mi novia estaba arrodillada frente a la verga de Antonio, entonces el le agarra la cabeza y le lleva el rostro hacia su pelvis frotando su cara contra sus pelos, mi novia solamente se deja llevar por las manos de Antonio.

    Entonces Antonio le dice: A ver huele y dime si te gusta

    Mi novia bien obediente empieza a oler y le dice: Si así me gusta limpia también

    Héctor se levanta y mi novia estando aún de rodilla, hace lo que hizo la última vez y le pone los huevos peludos en la nariz y le pregunta: ¿Y mis huevos también huelen bien zorrita?

    Mi novia le dice: Claro que si –dándole una sonrisa

    Héctor, como la última vez, desliza sus huevos sobre la cara de mi novia pasándolos por sus labios y le dice: Bueno putita veamos que nos traes hoy.

    Mi novia sonríe agarrando las manos de Héctor y Antonio, llevándolos más adentro alejándonos de la orilla de calle, los vagabundos más cercanos siempre podían ver, pero no estaríamos prácticamente en medio de la calle. A la vez que ella se levantaba yo estaba conectando el celular de ella en la bocina y llevando las dos sillas.

    Cuando llegamos al mismo lugar donde les bailó la primera vez, mi novia les dijo que no era necesario que se subieran los pantalones, entonces ellos quedaron así con sus vergas paradas, mi novia ubicó a Antonio frente a ella y a Héctor atrás, quedando en medio ella.

    Mi novia me hizo una señal con la cabeza, entonces reproduje directamente de youtube una canción llamada Buttons, mi novia seguía con su vestido alicrado puesto, comenzó a bailar en medio de los dos.

    Teniendo de frente a Antonio, bajo ondeando su cuerpo quedando su verga aun lado de su cara, luego subió, giró quedando frente a Héctor, mi novia agarro las manos de Héctor y se las puso en su hombro, se pegó a él mas aun su pelvis e hizo la espalda hacia atrás bajando quedando la cabeza de ella apoyada en el pecho de Antonio. Luego bajo nuevamente frente a Héctor, agarrándole la verga y masturbándolo un poco, para luego subir, quedando siempre a espaldas de Antonio empezó a mover su cintura de manera circular, luego le dio la espalda a Hector y empezó a realizar lo mismo.

    Como estaba frente a Antonio él lo notó entonces mientras mi novia seguía bailando, él le agarraba los pechos, mientras que Héctor paseaba su verga en el culo de mi novia, llegados a un momento en que los dos estaban bien pegados restregando sus vergas sobre Erika.

    Mi novia ya estaba bastante caliente, subió sus brazos entonces ellos entendieron que debían de quitarle le vestido y así lo hicieron, mientras mi novia continuaba bailándoles sin ropa entre medio de los dos. Héctor giró a mi novia para lamerle los pechos, la temperatura del ambiente hacia hervir la sangre.

    La canción terminó, entonces mi novia a regañadientes se separó de ello, dirigió su mirada sobre mí y me lanzó un beso, a la vez pidiéndole a Héctor y a Antonio que se sentaran en las sillas, y así lo hicieron.

    Antes de comenzar a bailar, mi novia se sentó sobre Héctor quedando la verga de el en unos de sus cachetes de su culo, estiró su cuerpo para ver bien la verga de Antonio, la agarró e hizo el prepucio un poco hacia atrás y dijo: Es verdad que hoy si se han bañado.

    Entonces ella dirige su mirada hacia mí y me pide que reproduzca la música y así lo hice, comenzó a sonar.

    Ella a empezar a bailar iba cuando un vagabundo que no conocíamos se acercó a ver, pero se sentó en el suelo tomando distancia, mi novia lo vio, pero no le importó y comenzó a bailar.

    La música de fondo que había escogido esta vez era 12 Straight To… Number One a un ritmo lento, a todo esto, se preguntarán quien hace esas modificaciones de canciones… pues la respuesta es Sofi la mejor amiga de mi novia, que hasta la fecha sigue pensando que todas estas cosas son para mí.

    Como había dicho, mi novia comenzó a ponerse en posición con el ritmo de la batería y bajo del intro de la música, cuando la música comenzó definitivamente caminó rodeando la silla donde estaba Héctor para volver a quedar en medio de los dos.

    De lateral a ellos bajó su torso sin flexionar las rodillas, dio un giro de 360 grados en el mismo lugar, esta vez bajó hasta arrodillarse y subió levantando su culo, dio otro giro de casi 360 grados, quedando a espaldas de Antonio retrocediendo hacia él, para luego sentarse en su entrepierna pero antes ella bajo la verga de Antonio para poder sentarse, ella quedó sentada arriba de la base del pene de Antonio.

    Después abrió sus piernas para mostrarle su vagina a Héctor que lo tenía adelante, después levanto una pierna haciendo un arco para luego levantarse, y repetir la misma acción con Héctor de sentarse sobre la base de su verga, solo los pelos de su verga tocaban los labios vaginales de mi novia.

    Se levanto nuevamente, y dio otro giro meneando su culo, fue a la parte de atrás de Héctor y con sus manos le sobó el cabello, luego se volvió a sentar en una de sus piernas para acostarse sobre ambas piernas, cuando mi novia se iba a volver a parar Héctor la detuvo para mordisquear un poco sus pezones, luego la soltó, cuando ella se terminó de levantar le dio una nalgada muy fuerte que le dejó la mano figurada en su culo, mi nova lo vio de reojo en señal de que le había gustado lo que hizo.

    Ella se puso en 4 en el suelo e hizo un sutil twerk al ritmo lento de la música, luego fue al lugar de Antonio, levantó su pierna para recorrer ambas piernas de Antonio, y la otra la dejo atrás, había quedado como tipo tijera abierta, flexiono la rodilla bajando hasta casi rozar la punta de la verga de Antonio con sus labios vaginales.

    Entonces ella continuo bailando haciendo movimientos sugerentes, hasta casi finalizar, nuevamente bajo para sentarse en la entrepierna de Héctor, esta vez deslizando sus labios vaginales sobre la verga de Héctor varias veces y miraba con la cabeza de Héctor rozaba sus labios, yo estaba que quería explotar quería verla al fin ensartada con esa verga, si ella hacia un mal movimiento o se levantaba un poco, la verga iba a entrar pues los jugos vaginales de ella eran bastante, hasta que se levantó, giró para quedar de espaldas a Antonio, bajó e hizo lo mismo de deslizar sus labios lo largo de la verga de Antonio, y miraba como los labios rozaban con la cabeza de su verga.

    Solo suspiró y estiró su cuerpo, había terminado el baile. Nuevamente quedé muy irritado y excitado, pero esta vez mi frustración era bastante, no solo yo, Héctor y Antonio habían quedado “picados” pues se les veía con cara de querer cogerla, y los entendía, no era justo que siempre los dejaba con la verga parada a todos, sobre todo a ellos pues yo al final la disfrutaba, pero ellos no.

    Después de eso, mi novia se fue a sentar había quedado agotada, era comprensible pues no es fácil bailarle a dos personas menos mal Adrián no estaba. Aunque el efecto del alcohol seguía en su cuerpo, Héctor y Antonio se levantaron para llevar las sillas y sentarse a la par de ella, yo hice lo mismo.

    Mientras tomaban las cervezas Héctor dice: Que buen año nuevo nos has dado putita.

    -De nada –le responde mi novia

    -Hoy si has venido mas puta, no nos esperábamos ese roce, ¿te gusta parar vergas verdad? –le dice Antonio

    Mi novia riendo le dice: Bueno es que ustedes se portan muy bien –y les guiña el ojo

    -Bueno yo entendí que te gusta enseñar siempre el culo –le responde Héctor

    -¿Oye no te molesta que siempre ande enseñando el culo? –me pregunta Antonio

    A lo que le respondo: Así es ella, es como andar con una braza.

    -Pues sí que su culo es como una braza siempre anda caliente –me responde Antonio

    -¿Y ya te ha tocado tener que batir leche de otros con tu verga? –me pregunto Héctor

    Esa pregunta me agarró muuuy desprevenido, no me esperaba una pregunta directa, pero era obvio habían quedado super calientes, con ganas de cogerse a mi novia y con el alcohol haciendo de las suyas. Pero comprendí la pregunta, de una forma directa y a la vez indirecta me estaban “probando” hasta qué punto dejaría a mi novia llegar, obviamente el objetivo de ellos era cogerla, pero yo no quería ser evidente pero tampoco quería cerrarles las puertas a esa bonita oportunidad, tenía que pensar muy bien en una respuesta.

    -Bueno, eso es secreto –dije a manera de generar misterio y a la vez dejar abierta la posibilidad.

    Hablamos un poco más con ellos, pero nos queríamos ir ya, estábamos un tanto cansado y queríamos seguir cogiendo aprovechando ahora que vivíamos juntos.

    Nos despedimos, ellos lo hicieron a regañadientes pues no querían que nos fuéramos, pero había que descansar, recogimos las cosas, pero les dejamos las 3 sillas, luego de eso nos fuimos.

    Conversamos un poco, yo como siempre adulándola sobre como había bailado, pero no me atrevía a comentarle que me había gustado como había rozado su vagina en la verga de ellos.

    Después de unos minutos de manejar hasta el otro lado de la ciudad, finalmente llegamos casa, ella aún no se cambiaba.

    -Te reto a salir del auto sin ropa hasta que abras la puerta de la casa –le dije retándola

    Mi novia sonrió y me dijo: ¿Pero y si me ven los vecinos?

    -¿No que no te importaba que te vieran el culo? –le dije recordando nuestras primeras conversaciones a cerca de ella exhibirse.

    -Además, son las 2 de la mañana, deben de estar bien dormidos –le dije animándola.

    -Tu ganas –me dijo viendo hacia todos lados.

    Abrió la puerta del carro y caminó algo rápido, aunque los tacones impedían un poco sus movimientos, además que sonaban contra el piso, abrió rápido la puerta entró y me tiro un beso desde adentro de la casa y cerró la puerta, entonces la seguí, entre a la casa, aseguré la puerta y me fui directo al cuarto, sabía que ella estaba ahí y en efecto ahí la encontré parada en nuestra habitación apoyada de frente hacia la ventana que da hacia la calle.

    Guiado al final por la calentura y sin verla a los ojos le susurré: Amor quiero verte coger con algunos de ellos tres –le dije rápidamente

    -¿Amor? ¿Quiénes tres? –me vio preguntándome

    -Amor disculpa quiero verte coger con Antonio, Héctor o Adrián –el dije casi sin voz

    Mi novia en ese momento se sorprendió, no dijo nada, solo se giró y me preguntó:

    -¿Mi amor porque quieres verme coger con ellos tres? –me dijo viendo a los ojos pero con una suavidad en su mirada

    -Es algo que me gustaría ver y me excita pensarlo, lo siento, pero es que siempre termino frustrado cuando no ocurría, y quería saber tu opinión pues se acerca la boda y no quería llevar ese secreto –le dije terminando de confesar

    Pensó ella por un momento, me respondió y a la vez me preguntó de una forma picara: ¿Mi amor sus vergas están muy sucias quieres que se resbalen por todo mi interior así de sucias?

    Yo no podía articular mayor palabra y solo asentí con mi cabeza.

    -Ay amor –me dijo con una sonrisa

    -Sabía que algo así planeabas al ver que no decías nada –siguió respondiendo

    -Pero es que quiero confesarte algo con respecto a ellos tres –dijo ella

    Mi corazón dio un pequeño vuelco y mi mente en el mismo instante se hizo ideas… ¿Será que ya lo hizo por su propia cuenta y no me dijo? ¿Será que si la penetraron y fui yo quien no se dio cuenta?

    -Mi amor lo siento por no decirte… pero es que me gusta mucho la verga de Héctor –dijo confesando.

    -Muchas veces me la imaginé adentro, pero no me atrevía por lo mismo, y no había acordado nada, pero he querido saber esa sensación –dijo terminando su confesión.

    -¿Entonces mi amor? ¿Que tienes que decir en ese caso? –dijo viéndome a los ojos.

    -Amor quiero que te dejes coger de ellos tres –le dije agarrando valor y viéndola a los ojos.

    Más adelante y teniendo la mente fría pude analizar dos cosas: Lo primero, sabía que me iba a casar con la mujer perfecta, no por el hecho de que accediera a mi fantasía, si no que, a pesar de ella tener la misma idea de querer coger, de tener esas vergas rozando su coño, jamás se atrevió a coger con ellos esperando mi visto bueno, era digna de una mujer fiel y yo estaba feliz por ello pues siempre pensó en mi primero. Lo segundo que pensé fue: Porque fui tan cobarde y no decirle eso desde antes… pero trataba de autoconsolarme diciendo que no es que fuera a pedirle algo así por así, como pedir un vaso con agua.

    Hoy en día ella me hace burla en un buen sentido recordándome que todo este tiempo ambos queríamos lo mismo pero que no me atrevía, cuando ella me lo recuerda me dan ganas que la tierra me trague.

    -Y luego le dije… ¿Amor recuerdas cuando me dijiste que te dejara exhibirte y me pediste alguna restricción? –le pregunté

    -Si –me dijo ella

    -Ahora me toca preguntar a mi… ¿Quieres poner alguna restricción? –le pregunté

    -Usaré condón mi amor, si bien es cierto han dicho que no tocan mujeres y les creo, nunca he visto a una en esa calle, pero por las dudas, una cosa es que rosen y otra es que penetren –dijo ella

    Su petición no me molestó, pues era obvio que algo así iba a pedir, además que era otro de los motivos por el cual no se dejaba penetrar.

    -Está bien mi amor, será como te sientas cómoda –le dije dándole un beso en la frente

    -Pero cuando sea el momento no les llegaré directo, les daré por su punto débil –dijo ella

    -¿Cuál de todos sus puntos débiles? Si todo lo que tú haces les encanta –dije riendo

    -Tienes razón –dijo con una sonrisa

    -¿Pero les llegaré con otro baile sabes? Y en medio del baile cuando acuerden les pondré el condón, así no se lo van a esperar –me dijo ella

    -Pero tienes que ser rápida –le dije

    -Luego no quiero quejas de que estoy abierta de mi vagina –me dijo retando

    -Tranquila la mía predominará –le dije regresando su intento de hacerme picar

    -No lo creo, ¿sabes que la de Héctor es un centímetro mas grande no? Un centímetro más donde explorar y un centímetro más donde tal vez tu no has llegado –me dijo

    Sus palabras fueron como un balde con agua, pero agua caliente porque mi verga empezó a despertar por el tono de la conversación.

    -Así que compra esos condones para que me puedan coger frente a ti –continuó con su tono retador.

    -Los compraré mi amor –le respondí ya cediendo

    Ella rio ante mi forma de ceder a su provocación, después de eso, procedimos a dormir hasta casi a mediodía, el sueño era tremendo y el cansancio físico igual, más el de ella por lo que había estado bailando.

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  • Una oportunidad aprovechada

    Una oportunidad aprovechada

    Cuando los buenos modales brindan oportunidades únicas.

    Comenzaré este relato, diciendo que los nombres que usaré no son los reales.

    Los buenos modales abrieron una excelente oportunidad, me encontraba en una empresa laborando como conserje y siempre me he caracterizado por sonreír, saludar, hacer que las personas se sientan bien atendidas. Es mi sello para prestar un servicio, pero en esta ocasión rindió frutos inesperados sin buscar de estos.

    Ella se llama Beatriz una hermosa mujer, con una bella sonrisa de esas que es imposible no notarla, todos los días partía a su trabajo a la misma hora y con solo pasar dejaba un aroma exquisito por su perfume.

    Siempre contestaba a mi saludo con una bella sonrisa y amabilidad y como es de esperarse a ese tipo de personas a uno le nace ser más atento de lo normal, siempre le abría la puerta cuando la veía venir por las cámaras y eso le gustaba mucho y compromiso era esa hermosa sonrisa, además ella tenía un bonito cuerpo, no soy siego y mucho menos santo.

    El hecho es que inevitablemente ella comenzaba a frecuentar más seguido la recepción cada vez que tenía oportunidad, en ocasiones llegaba con un café, sobre todo en época de frío, el hecho es que cada vez era más cercana conmigo, al punto que se detenía más tiempo siempre a conversar sobre cualquier tema, lo hacía por poco tiempo dado que decía que no quería interrumpir mi trabajo, era muy educada ella y amable.

    Pasados los días un domingo que por lo general ella los libraba la note algo decida de ánimos aunque siempre sonreía, le pregunte como se sentía y de forma sincera me dijo que no es un buen día para ella, le dije si necesita que le ayude en algo estoy a la orden y sonrió nuevamente y salió del edificio a hacer sus compras regresando le ayude a bajar las cosas de un taxi que la trajo y las lleve hasta el ascensor ella me seguía de cerca mientras yo llevaba sus compras, para mi sorpresa cuando deje sus cosas afuera del ascensor me abrazo me dio un beso en la mejilla mientras me dijo al oído muchas gracias, regio, quiero hablar contigo puedes después de tu turno, a lo que le contesté que sí.

    Me dijo al rato te llamo y como era de esperarse lo hizo me dijo agrégame a tus contactos y así lo hice le escribí desde mi personal al agregarla para que supiera mi número y cuando me encontraba en mi hora de refrigerio me escribió para saludarme y desarme buen provecho, aproveche para preguntarle como sentía y me dijo que necesitaba contarle a alguien por lo que estaba pasando, me contó que encontró a su enamorado con su amiga engañándola y eso la tenía triste y molesta y como siempre, me tratas con mucha amabilidad y me haces sentir bien quise contarte, ya que me inspiras confianza me dijo y me gustaría hablar en persona si no te molesta.

    A lo que le respondí que no hay problema, así que a partir de ese momento las horas se hicieron largas para mí por la incertidumbre, pero faltando escasos 30 minutos para terminar mi turno ella iba saliendo dejando toda la recepción oliendo as u perfume eso era un regalo para mí.

    Un momento después me llego un mensaje que decía te estoy esperando en el parque que está a dos cuadras (no diré el nombre del parque para no ser tan obvio). Así que entregué mi turno y salí rumbo al lugar que me señalo y al llegar están ahí sentada esperándome que hermosa imagen al ver a esa mujer tan hermosa esperando por mí.

    Llegue la salude ella se inclinó hacia mí para saludarme con un beso así como si nos conociéramos de muchos años yo le correspondí y ella me regalo una sonrisa le di un abrazo y preguntándole como te sientes me dijo que mejor, a lo que le conteste cuéntame quiero escucharte, esas palabras fue como un detonante para que ella se liberara en conclusión ella se desahogó bastante ese día.

    Quisiera decirles que paso más ese día, pero no fue así, pero a partir de ese momento la manera en que nos tratábamos era muy distinta a ella le sonrojaba cuando la saludaba diciéndole mi amor, y los mensajes eran constantes y las cosas se fueron intensificando con el pasar de los días hasta que un día dejando sus compras en el ascensor en vez de un beso en la mejilla se lo di en la boca, ella se puso colorada y yo solo sonreí y de ahí en más las cosas cambiaron entre nosotros, esa misma noche.

    Al finalizar mi turno fui a su departamento con la intención de darle un beso de despedida, pero, fue más bien de bienvenida, estaba recién fichada y sus labios estaban todavía fríos, que sensación tan excitante no mediamos palabras nada más nos besamos como dos adolescentes, llenándonos de besos y caricias su corazón latía a prisa igual que el mío, el olor de su piel era esquisto no creía lo espectacular y caliente que era esta mujer, respondía a cada una de mis caricias, y podía ver su piel erizada en respuesta a cada casa que le hacía, sus senos eran hermosos no eran grandes, pero tampoco pequeños con un lunar en una de sus aureolas que invitaba a besarlo una y otra vez.

    Que delicia de mujer, bese cada parte de su cuerpo como quise y ella los disfrutaba, estaba entregada a mí y yo a ella le di placer con mi boca en cada uno de sus labios provocándole la locura y ella con su boca me dio placer a mí en mi miembro disfrute de lo que ella hacía, eso fue solo el preámbulo pues estuvimos dándonos placer y jugando mucho tiempo antes de llegar a la penetración, que para ese punto ella ya estaba supermojada y deseosa de sentirme.

    Hasta que llego el momento en el que pude entrar en lo que fue una mezcla de humedad y calor en él en un vaivén de puro placer y lujuria hasta que ambos llegamos al clímax de la satisfacción, aquella fue la primera vez que estaba con esa hermosa mujer, fue una de las mejores experiencias que he vivido y que difícilmente podría olvidar.

    Espero les gustara mi relato.

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  • Nunca imaginé que quisieras cogerme

    Nunca imaginé que quisieras cogerme

    Hace ya un año que me cambié de trabajo y todo es genial. Suelo olvidar por completo relaciones o vínculos creados en un trabajo anterior, por la razón que sea, dejo de hablar con quienes compartí un trabajo. Por ende, si llego a hablar con algún viejo conocido es porque este me mandó un mensaje o me marcó por teléfono.

    Era un 19 de diciembre cuando estaba en la oficina y me marcó un viejo amigo de mi trabajo anterior. Después de la alegría de volver a charlar y saludarnos, me confesó que había una chica que quería hablar conmigo, que si le aceptaba la llamada. No tuve problema y me pasó a la chica.

    Tímida al inicio, me confesó que nos habíamos visto en contadas ocasiones antes de que me cambiara de trabajo, y que simplemente tenía curiosidad por mi presente sentimental, estaba saliendo de una tormentosa relación y, al parecer, mi amigo le había hablado maravillas de mi como persona. La plática fue muy divertida y quedamos en vernos esa misma noche para conocernos mejor.

    La cita fue a las 9 de la noche. Ella pasó en su carro por mí a mi trabajo y nos fuimos a un puesto de cervezas que tiene un amigo suyo cerca de su departamento. En el camino confirmamos que nos llevábamos genial, había muchísima química y no parábamos de reír. Me confesó, entre otras cosas, que no podía tener hijos y que hacía ya un año que no tenía relaciones. Inmediatamente me di cuenta que esa noche iba a terminar genial.

    Salimos de ahí pasadas las 12 de la noche sin ningún plan previamente dicho, solamente salimos y nos subimos a su carro, como sabiendo perfectamente a donde ir. En el camino me preguntó “¿Quieres que te deje en algún lado? ¿dormirás en un hotel? ¿o quieres que te presuma mi nuevo departamento?”. Le respondí “¡Muero de ganas de conocer tu departamento!”. El camino hacia su departamento era como de 15 minutos aproximadamente, así que tuvimos algo de tiempo en su carro, y ahí fue donde me di cuenta que estaba muy caliente y estaba decidida a cogerme.

    Antes de llegar al departamento, me dijo “Una disculpa si ves muy desordenado mi cuarto… Veras por ahí un par de vibradores, pero no les hagas caso… Una debe aprender a saciar sus ganas…”. En ese momento volteó hacia mí y dirigió su vista a mi entrepierna mientras se mordía el labio inferior.

    “¿Te masturbas mucho?” le pregunté mientras suspiraba y la recorría con la mirada. Me tomó por sorpresa el que decidiera tocarme la entrepierna por encima del pantalón mientras me decía con una voz muy sexy “Me masturbo demasiado… Es que me gusta mucho sentirla dentro de mí, ¿sabes?”.

    Lo que consiguió fue que se me pusiera super dura con siquiera escucharla decir aquello mientras me frotaba la verga, aunque fuese por encima de la ropa. En cuanto sintió la firmeza de mi miembro, me dijo “¡Ay que rica!”.

    Por fin llegamos a su departamento. En la entrada vimos a un par de sus vecinos, amigos de ella, con los que tuvimos unos cuantos minutos de relajo y platica. Era claro que la calentura se controló bastante.

    Entramos a su departamento y fue directamente al baño… “¡Ponte cómodo! En mi cama tengo un par de calzones que me compré en la semana, a ver cuál te gusta más”. Me dirigí a su cuarto para darme cuenta que, en efecto, tenía bastante ropa interior a la vista… Eso, junto con todo lo que me estaba imaginando, me excitó bastante. Y vaya que me atreví… Tomé un par de bragas que tenía en el suelo y apresuré a olerlas. Olían riquísimo.

    Mientras me paseaba ansioso por todo el cuarto, escuché la puerta del baño abrirse. Me giré, y ahí estaba ella, la camisa que llevaba puesta estaba apenas abotonada, lo suficiente como para dejar claro que no tenía brasier. Se había quitado el pantalón y se había dejado únicamente las bragas.

    Se me acercó con un caminar tan sexy que no lo podía creer… Su figura era delgada, de piernas y abdomen bastantes trabajados por el ejercicio, tenía unas nalgas exquisitas, y un par de tetas que no eran voluminosas, pero vaya que eran preciosas. Se me acercó, lo suficiente como para empezarnos a besar de una manera tan apasionada, como si no hubiésemos besado en toda una vida. Se detuvo y me dijo que me acostara en la cama…

    –”¡Quiero que me veas masturbarme!”

    –”¡Ay que rico!” -le decía mientras yo mismo me frotaba la entrepierna.

    Comenzó a bailar de una manera muy sensual, como si el mismo baile le provocara excitación. Mientras bailaba y se tocaba las tetas y la entrepierna me dijo:

    –”Sácate la verga”.

    Me encontraba semi acostado sobre su cama, así que me quite los pantalones y el calzón y quede con la polla al descubierto, totalmente erecta y comencé a masturbarme mientras la veía menearse y tocarse.

    –”¡¡Uy, que rica se ve!!” -se subió a la cama de rodillas y me montó sin quitarse las bragas. Comenzó a mover las caderas para masturbarse con mi verga totalmente dura rozando su vagina. Me comenzó a besar, enseguida la tomé de la cadera y comencé a dirigir aquella montada erótica que ambos estábamos disfrutando.

    –”¡Estás muy mojada, que rica estas!”

    –”Tu verga está muy dura, así es como me gustan”

    Puso sus manos sobre mi pecho para poder levantar las nalgas y poder quitarse las bragas. Se las quitó, mientras bajaba nuevamente su cadera para que su vagina estuviese en contacto con mi verga totalmente dura. Así nos besamos por un buen rato, cachondeándonos con movimientos de cadera sin penetrarla. Yo ya ansiaba metérsela, cuando se levantó y se sentó en mi cara, dejando su vagina sobre mi boca y mi nariz apenas tocándole el clítoris. Me comí su panocha de una manera brutal, lamía, besaba y succionaba mientras podía masajearla los muslos y las nalgas. No paré hasta sentir sus fluidos recorrer mi cara y escucharla gemir de placer me volvía loco.

    No lo pensó dos veces, me quito la sudadera que llevaba, recorrió con su lengua mis pezones y bajó hasta mi entrepierna para después tomar mi verga entre sus manos. Empezó a mamármela.

    –”¡Me gusta que estén bien duras, y la tienes super rica!” -me decía mientras la oía mamar como desquiciada-

    –”Es toda tuya, corazón, haz con ella lo que quieras” -le decía, mientras estallaba en éxtasis por la tremenda mamada que me estaba acomodando– “¡¡Que rico la mamas!!”

    –”La quiero dentro de mí, una y otra vez, ¿puedes hacer eso por mí?” -me dijo con una voz tierna y ligeramente infantil-

    Enseguida se puso en cuclillas, sus palmas de la mano las apoyó sobre mi pecho y comenzó a introducir mi pene en su vagina de manera muy suave y lenta. Subía y bajaba lentamente, era claro que estábamos disfrutando hasta el más mínimo detalle. Pasaron escasos minutos cuando se sentó por completo y pude tener más control en la cabalgada. Ella se conocía perfectamente y sabia como sentir más placer y comenzó a mover sus caderas de atrás hacia adelante y comenzó a gemir aún más.

    La cargué por la parte posterior de los muslos y me puse de pie mientras seguía penetrándola, se sostenía de mi nuca con ambos brazos. Aproveché su ligereza para balancearla y penetrarla. “¡¡Soy tu perra, que rico coges a tu perra!!”.

    La termine acostando en la cama para poder penetrarla y ver sus ricas tetas rebotar mientras lo hacía. Le volví a comer el coño antes de penetrarla, ella estaba tan mojada y tan excitada que me pidió que le pegara mientras la penetrara.

    –”¡¡Pégame papi, pégame que soy tu puta!!”

    –”Quieres más verga?”

    –”¡¡Sii, dámela toda, quiero tu leche!!”

    Antes de penetrarla, golpeaba su clítoris con mi verga totalmente dura. Su respiración me indicaba que eso le excitaba bastante, y de inmediato la penetré como un loco. Algo se apoderó de mí, no sé si la sensación de tenerla tomada por el cuello, ella jadeante y sudorosamente extasiada gemía sin control, las cachetadas que me pedía liberaba más placer en ella y en mí y comencé a penetrarla más y más rápido hasta que se vino de manera descomunal.

    –”Así, así, así, ¡¡no pares… Diooos!!”

    Mientras se retorcía y vivía plenamente su orgasmo, la volteé para poder penetrarla viéndole las nalgas. Tan pronto al vi de espaldas, comencé a besarle el cuello y la espalda, acompañando sus últimos espasmos de placer. Enseguida le acomode un par de nalgadas y me imploró que la penetrara.

    –”Que rico culo, corazón… ¿¿Todo esto es mío??”

    –”Soy tuya, este culito es tuyo… ¿Te gusta como se ve?”

    Le respondí de manera práctica introduciendo de una mi verga, y supe de inmediato que esa posición era, sino una de sus favoritas, una con la que disfrutaba bastante recostada mientras era penetrada. Los dos gemíamos al unísono y de repente empezó a masturbarse con una mano, al tiempo que me decía -Dame tu leche papi, quiero tu lechita calientita–. Fue todo el cuadro que veía y lo que imploraba que me invadieron unas ganas increíbles de venirme.

    –”¡Oh por Dios… Voy a venirme!”

    –”Si amor, dámela, dámela, ¡¡dámela!!”

    ¡Fue un boom! ¡Fue una explosión de placer! ¡¡Acabamos al mismo tiempo!! Mientras eyaculaba podía sentir sus espasmos y fue el mejor orgasmo de mi vida.

    Terminamos extasiados, recostados uno a lado del otro mientras nos reponíamos. Dulcemente se acercó a mí y se recostó en mi pecho. Pasamos un par de minutos cuando por fin le pude decir “Nunca imaginé que quisieras cogerme”, ella me respondió “Nunca imaginé que me dejarías…”. Nos besamos y dormimos plácidamente.

    Al despertar, no solo nos besamos, sino que pude penetrarla nuevamente, ahora de cucharita… ¡¡un mañanero!!

    Aquella mañana desperté tan lleno de vida que no quería dejarla, quería besarla y tocarla todo el día, pero los compromisos que teníamos no nos permitieron coincidir ese día más que la cachonda mañana. Nos despedimos muy cariñosamente antes de que me abriera su puerta, fue un beso que selló aquel encuentro lleno de lujuria. Me despedí de ella y nos prometimos repetir cada que nuestros tiempos coincidieran, o cada que su vibrador se quedara sin baterías.

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  • Mi hermanastra mayor (parte 1/4)

    Mi hermanastra mayor (parte 1/4)

    Antes de empezar con el relato tengo que darles algo de información. Mi madre se había vuelto a casar hace unos meses atrás, y como nuestra casa era grande, su esposo vendría a vivir junto con su hija. Cuando nos presentaron yo algo nervioso le dije:

    -Bienvenida, mi nombre es Marcos.

    Ella todo lo contrario, y sonriendo de oreja a oreja me dijo:

    -Mucho gusto Marcos, yo me llamo Fabiola.

    Tenía un cuerpo envidiable y de piel blanca, su estatura era 1.55 cm, y por mi madre supe que tenía 26 años, seis años mayor a mí que tenía 20 años. Ella con el pasar de las semanas fue cambiando su personalidad, cuando platicábamos se reía mas de lo normal, me coqueteaba cuando estábamos a solas, y más adelante subiría de tono.

    El minivestido blanco:

    Era un sábado y junto a un amigo mío íbamos rumbo a mi casa, para jugar videojuegos, y ya entrando a la casa vi que, en el patio estaba Fabiola colgando la ropa, y al vernos nos saludó a los dos, pero tenía la mirada fija en mí, lanzándome una leve sonrisa. Cuando mi amigo la vio soltó un: ¡wow! Y no era para menos pues Fabiola estaba puesta un minivestido blanco muy cortito que le llegaba a las pantorrillas, además estaba puesta unos tacos del mismo color blanco tipo malla, y para rematar no estaba puesta sostén, obviamente se le marcaban sus senos, pero ella estaba como si nada, paseándose por la casa colgando la ropa y vestida así.

    Mi amigo y yo estábamos en la sala jugando videojuegos, y en media partida me invadieron por mi mente imágenes de Fabiola vestida con ese minivestido cortito, imágenes de como ese minivestido le quedaba tan sexy y coqueto, estilo Kawaii, con tirantes blancos, moño ajustado que le moldeaba su figura, por ejemplo: al colgar la ropa rebotaban sus senos y se marcaban sus pezones, pero a mí lo que más me llamaba la atención de Fabiola era ver como resaltaban sus piernas, y como era de piel blanca se veía una mujerón. Desde ese día comencé a ver a Fabiola con otros ojos, y con ello dio inicio a sucesos que irían pasando más adelante.

    A través de la ventana:

    Era un fin de semana, en casa solo estábamos Fabiola y yo, ella estaba por meterse a duchar, pero antes abrió toda la ventana del baño, esta era la novena vez que lo hacía en lo que iba del mes, y en esta ocasión me invadió la curiosidad y me dispuse a echar un vistazo, no alcanzaba a la ventana y me fui por algo para hacerme grande y poder ver, y lo primero que vi fue un valde de plástico, así que me subí ahí y me asome muy despacio y pude verla lavándose el cabello mientras cantaba cerrada los ojos.

    Pude admirar su cuerpo desnudo, el agua que caía de la ducha pasaba en medio de sus pechos, de pronto se giró, y el agua ahora bajaba como cascada por esa hermosa espalda, y noté que tenía un tatuaje de dos alas abiertas en su espalda baja. De repente el valde en que estaba parado se rompió y salí disparado a la sala. Estaba nervioso pensando en que me iba a decir Fabiola al salir del baño, pero ni bien salió seguía tarareando la misma canción y se metió a su cuarto. Ese día se me perdió las ganas de curiosear por el incidente del valde y me puse a jugar play.

    Ruidos en la pared:

    Era un feriado y mi madre ya tenía todo preparado para ir a visitar a los abuelos, pero amanecí con mucha fiebre y no me quedaba de otra que quedarme en casa. Fabiola tenía trabajo pendiente en la casa, así que le dijo a mi madre que ella se encargaría de darme medicina y atenderme, así que ellos se fueron tranquilos.

    Por la tarde yo estaba en cama adolorido, y Fabiola me dio una pastilla, y diciéndome que me mejore se fue hacer sus cosas.

    Yo estaba durmiendo profundamente cuando un sonido de un auto me despertó, era el disque novio, un tipo que ella había conocido en una discoteca, y ya estaban saliendo por dos semanas. Volviendo al tema, el carro del tipo me despertó, yo estaba más aliviado ya, y al cabo de un rato escuché que abrían mi puerta, era Fabiola que entraba despacio, y con un tono susurrante me decía:

    -¿Marcos? ¿Marquitos, estas despierto?

    Yo me hice el que roncaba y no dije nada, y ella al no escuchar una respuesta mía, cerró la puerta despacio e inmediatamente se fue a su cuarto, eso me intrigó así que me levanté de la cama y puse mi oreja en la pared que daba al cuarto de Fabiola. Cerré mis ojos para concentrarme solo en lo que mis oídos escuchaban, no era difícil adivinar lo que ella y el tipo ese estaban a punto de hacer, ya me di cuenta cuando Fabiola entro a mi cuarto, era para confirmar que yo siguiera durmiendo y así no tenerme de testigo de lo que estaban a punto de hacer.

    Cuando puse mi oreja en la pared, se escuchaba el más mínimo ruido, era como si estuviera presente en el cuarto. Al inicio escuché lo típico: que mi amor, que cariño, que besos, pero el tono subió, y escuché un gemido de Fabiola diciendo:

    -¡Ahh!, ¡Auch! No muerdas

    Después note como que ella se atragantaba, similar al sonido cuando te cepillas la lengua y el cepillo se te va de más, dicho en castellano Fabiola estaba mamándole el pene. La cama comenzó a rechinar más y más y desde ahí vendría palabras de Fabiola que me dejarían anonadado. Sus frases fueron estas:

    -Que delicia… así papito así… no pares mijo no pares… que rica verga papito rico… fóllame duro… ¡auch!

    Casi me quede sordo por los gritos de placer que soltaba Fabiola, y de vez en cuando se escuchaba que sus gritos se ahogaban, era porque ella se ponía la almohada en el rostro para no hacer ruido, pero incluso así se la escuchaba.

    Llevaban en el acto unos 10 minutos cuando, él le comenzaba a decir:

    -¿Ya termino?

    Fabiola seguramente estaba con ganas de más porque le decía, casi rogándole:

    -No, continua. No pares por favor

    Pero él le insistía:

    -¿termino?

    Ella con tono de desganada le dijo:

    -Termina

    Ahí cesaron los ruidos, y por mi parte me volví a recostar, y en mi mente me decía a mí mismo:

    -¿Cuánto tiempo tendría que estar en el acto, para satisfacerla?

    Continuará.

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  • Mi primera vez con mi suegro

    Mi primera vez con mi suegro

    Hola, soy Isabel, tengo 65 años y soy una ama de casa a la que le encanta divertirse. En realidad, estoy disfrutando de un estilo de vida de tipo matrimonio abierto y cornudo. He vivido toda mi vida para hacer realidad todas mis fantasías sexuales, ya que solo se vive una vez y no tengo intención de perderme nada. Llevo cuarenta años casada con mi marido, pero eso nunca ha sido un obstáculo para disfrutar de todo, incluso, al contrario.

    Como conté en mi primer relato conseguí convertir a mi marido en un cornudo, maricón que veía como me follaban otros hombres, y en muchas ocasiones les chupaba las pollas o se dejaba dar por el culo por ellos, pero había otros hombres que prefería que mi marido ignorara que me follaran, uno de ellos era mi suegro, es decir el propio padre de mi marido. En este relato quiero contar como comenzó todo entre nosotros.

    Como ya comenté en mi primer relato, la minifalda, que había aparecido en los años sesenta, cuando yo era una niña, reapareció en los años ochenta, y esta vez para quedarse, lo cual fue una bendición para mí y mis gustos exhibicionistas, puesto que me permitía lucir mis piernas, en ocasiones mis bragas e incluso mostrar que no las llevaba, jaja.

    Comencé a salir con mi marido y cuando la relación se consolidó conocimos cada uno a la familia del otro, la madre de mi marido me pareció una puritana a la que no le gustaba para nada que su futura nuera, si ella no podía evitarlo, jajaja, lo fuera enseñando todo, muy diferente era su marido, el padre del mío.

    Jacobo cuando yo conocía su hijo tendría sobre cincuenta años, se conservaba muy bien, parecía inteligente y no notaba como se quedaba mirando mi cuerpo cuando visitaba a su hijo en la casa de ellos, se le notaba que era un hombre muy sensual, me besaba, en plan suegro nuera, siempre que podía y notaba que le gustaba cuando nos abrazábamos, también como suegro y nuera, y todo lo que fuera el roce de nuestros cuerpos.

    Un día, después de que notara una actitud muy antipática de mi suegra hacia mí, decidí que me lo iba a hacer con mi suegro, lo de convertir a mi nuera en cornuda le daba más interés al asunto.

    Puede que a los chicos de hoy en día les sorprenda, pero hubo una época en que los teléfonos móviles no existan, o si existían su uso era aún muy minoritario, así que un día en que sabía que mi entonces novio y su mama no estaban en casa, pero si su padre, me presenté en su casa llamé y el me abrió.

    –Mi hijo no está en casa –me dijo– ha salido con mi mujer y tardaran un rato en volver.

    –Qué pena, –dije yo– ¿Te importa que los espere?

    –No hay problema, –dijo él– pasa.

    Lo hice, me había vestido para la ocasión con una falta cortísima, sabía que a mi suegro le encantaban mis piernas, y desde luego se las enseñaba, entré y el cerró la puerta, yo le abracé para darle el típico beso de saludo, y él rodeó mi cuerpo con sus brazos, de momento ninguno de los dos nos estábamos saliendo de las normas de la relación papa del novio novia, pero respiraba en el ambiente que los dos deseábamos otra cosa, después del beso mantuvimos el abrazo, él, sintiéndose libre ante la usencia tanto de su mujer como de su hijo me dijo:

    –Estas muy buena, mi hijo tiene mucha suerte de tener una hembra como tú.

    –Gracias, –dije yo.

    Y le besé en la boca, él no se ofendió, sino que, al contrario, me aceptó la lengua y nos fundimos en un beso que ya no era el de una nuera y su suegro, cuando nos separamos le dije:

    –Besas mejor que tu hijo, de una manera más apasionada, tu mujer tiene suerte.

    –A ella no le gusta que la bese de manera apasionada, no le gusta el sexo.

    Quizá eso explicaba el aspecto amargado de mi suegra, pero para mí era una buena noticia, pero decidí seguir en plan ingenuo y le pregunté:

    –¿Pero no folláis?

    Él me explico que a él le encantaba hacerlo, pero que su mujer solo lo hacia una vez a la semana, por compromiso y con las luces apagadas, y nada de imaginación solo consentía que su marido se la subiera encima y la descargara, como realizaba cualquier otra tarea casera y sin poner nada de pasión-

    –Pero tú eres un hombre un poco salido, ¿Crees que no me he dado cuenta como me miras las piernas y el culo?

    Jacobo se puso nervioso, pero yo le di un beso en la boca y le dije:

    –Tranquilo es nuestro secreto, y añadí siempre y cuando tu mujer y tu hijo no se den cuenta, y le hice una oferta, ¿Te apetece tocarme el culo?, Tranquilo es solo una manera de agradecerte lo bien que te estas portando conmigo.

    Él dudo un momento, pero después puso sus manos sobre mi trasero y comenzó a acariciármelo con ternura, pero con ganas, teníamos nuestros cuerpos pegados y yo noté como su bulto se ponía tieso.

    –Oye si sigue creciendo tu cosa te va a romper el pantalón creo que es mejor que lo liberemos, le dije.

    Y le baje los pantalones, ante mi quedaron unos calzoncillos blancos que podrían pasar por un pantalón de deporte, pero también se los baje y deje su polla al aire, mi suegro estaba muy bien dotado, no es que mi marido este mal, pero mi suegro estaba aún mejor, al verlo le dije:

    –Menuda polla tienes suegro, si yo fuera mi suegra te tendría así, desnudo todo el tiempo, para poder verte la polla.

    Sois otra generación, con mi mujer sería imposible hacer lo que estoy haciendo contigo, diría que esto es cosa de degenerados y putas, me respondió.

    –¿Entonces nunca te la ha chupado? Le pregunté.

    Me contestó que no, que su mujer consideraba eso de degenerados y me confeso que para saber lo que se sentía tenía que recurrir, de vez en cuando, a las profesionales de sexo.

    –Pobrecito, dije yo, pues para eso desde hoy, cuando quieras, tienes a tu nuera.

    Y agachándome cogí su polla con una de mis manos y comencé a acariciársela, no es que entonces tuviera mucha experiencia mamando pollas, pero de vez en cuando pero alguna vez lo practicaba con algún amigo y con mi novio el hijo de Jacobo, así que cuando vi que su polla estaba en forma me la introduje en la boca, supongo que entonces era un poco torpe para esto, pero el pobre Jacobo solo lo había hecho con putas, que normalmente lo que quieren es que el cliente se corra rápidamente, en cambio yo quería disfrutar del placer de tener una buena polla todo el tiempo que pudiera dentro de mi boca, así que el bueno de mi suegro estaba gozando mucho más tiempo conmigo que con cualquiera de las otras chicas que se la habían chupado.

    Cuando finalmente se corrió mi boca se llenó con su leche, la verdad es que soltó más de la que su hijo había soltado nunca.

    Me pidió que me levantara, y me beso en la boca con una mezcla de pasión y ternura que me encantó, me dijo:

    –Que envidia me da mi hijo, tener una novia como tu es maravilloso, pero quiero devolverte el favor, ¿Me dejas que te coma el coño?

    Acepté su oferta, me subí la falda, la verdad es que no había mucho que subir, jaja y deje que el me bajara las bragas, y luego alzando alternativamente ambas piernas deje que me las sacara, el las cogió con sus manos y las olió, noté como ese olor le encantaba y le dije:

    –Si las quieres te las regalo, para que puedas olerlas cuando quieras, pero ten cuidado con mi suegra, porque me da que va a saber que no son suyas y se puede poner celosa, jaja

    –¿Pero y si mi mujer se da cuenta de que no llevas?, preguntó él

    –Como ya te habrás dado cuenta algunas veces no llevó jajaja.

    La verdad era que llevar a la cabeza de mi suegra que su marido y yo follábamos era una idea que me atraía jajaja

    Él captó mi regalo y se metió mi tanga en uno de los bolsillos de su pantalón, se agachó ante mí y me advirtió:

    –Supongo que en esto soy novato, solo lo he visto en las pelis y las revistas porno, con mi mujer, como te digo, no hay manera y con las putas, cualquiera lo hace, es muy peligroso.

    –Suegro querido dije yo, ya no tiene que ir de putas para experimentar cosas nuevas, para eso tienes a la puta de tu nuera que estará encantada de satisfacer todos tus caprichos, solo debemos tener cuidado de que tu mujer y tu hijo no se enteren.

    Él animado por mis palabras introdujo su lengua en el interior de mi coño, evidentemente no era un experto, en esos momentos en España era difícil encontrar hombres que comieran bien el coño de una mujer, luego las cosas han ido mejorando, jajaja.

    El buscaba que puntos de mi coño lamer, yo le iba indicando sin ningún tipo de problemas donde me daba más gusto y al final le quedó una comida de coño deliciosa, aunque mejorable y a eso dedicaríamos un montón de años, cuando finalmente me corrí el lamio todos los jugos que mi coño soltó, y a la que me levante me beso de nuevo en la boca y me dijo:

    –Gracias nuera por lo que me has dejado hacer, me ha encantado.

    Yo le insistí que mientras fuéramos los dos discretos mi coño era de él cuando quisiera y para lo que quisiera, me volvió a besar en la boca, y me preguntó si podía tocarme las tetas, yo como respuesta llevé su mano a una de mis tetas y el comenzó a acariciármelas, después como con miedo me desabrocho la camisa hasta dejar al aire mi sujetador y me dijo:

    –Me encanta tu gusto por la ropa interior, algún día debes de dejarme que yo te compré algo

    –Por supuesto suegro le contesté seguro que mi suegra no la lleva como a ti te gusta.

    –Desde luego que no dijo él, hasta en eso es una monja

    Pues si tú me compras algo, yo me lo podre, le contesté, así podrás verlo, pero añadí, creo que ya es hora de que follemos, después de lo que hemos hecho si nos pillan nos va a pasar lo mismo que si hubiéramos follado, y yo tengo muchas ganas de tener tu polla dentro de mí.

    –Yo no tengo gomas, dijo mi suegro.

    –No te preocupes tomo precauciones y total si me dejas preñada el niño será de tu sangre, o sea que no hay ningún problema.

    El captó mi idea, le pedí que se tumbara en el sofá y yo de decidí a ponerme encima, el aceptó mi oferta, la verdad es que era una pena que una polla así fuera propiedad de alguien tan insípida como mi suegra, esa polla se merecía ser muy bien tratada, y yo me iba a ocupar de que lo fuera, como si fuera una puta profesional le dije:

    –Déjame hacer a mi tu solo relájate y disfruta.

    Me puse a su lado y le besé el me respondió con un beso delicioso, yo cogí su polla con mis manos y comencé a acariciársela y ella respondió rápidamente a la acción de mis manos poniéndose muy dura enseguida, yo me fui acercando a su polla, y la conduje hasta la entrada de mi coño y estando encima de él comencé a subir y bajar, el comenzó a gemir y llevando sus manos a mis tetas me las acaricio, lo hacía de una manera muy suave y dulce, me encantó, me las tocaba mucho mejor que su hijo, mientras su polla parecía muy a gusto dentro de mi coño, me dijo:

    –Mi niña esto es increíble, nunca pensé que se pudiera gozar tanto follando, llevas un ritmo increíble, me vas a volver loco de gusto

    Yo seguí con el ritmo mi suero era una buena persona y se merecía tener mucho del sexo y no poco y mal como le hacia la estúpida de mi suegra, seguí subiendo y bajando de él, sintiendo gomo sus gemidos me confirmaban que estaba logando hacerle muy feliz, seguía con mis movimientos, mientras él se ocupaba de mis tetas, que parece le estaban gustando.

    –Que tetas tan divinas tienes, son más bonitas que las de las chicas que salen en las películas me dijo.

    No pudo más y se terminó corriendo, mi coño se llenó con su leche, el un poco preocupado me dijo:

    –Espero que mi hijo no se entere de esto, pero mi niña eres deliciosa, seré tuyo todas las veces que tú quieras, aunque por nada del mundo quiero que lo que hagamos perjudique tu relación con mi hijo.

    –Claro que no suegro querido, no te preocupes al contrario que la tonta de mi suegra, yo a tu hijo le tengo bien ordeñado

    –Que envidia me da.

    –Pero él no folla tan bien como tú, dije yo.

    El volvió a acariciarme las tetas y noté, en lo que podía ser un milagro para su edad, que su polla se volvía a poner dura, yo se la acaricié un poco y se terminó de poner en forma, entonces él me dijo:

    –Si tú quieres volvamos a follar, para mí el día de hoy es muy especial, pero ahora quiero ser yo quien se ponga encima.

    Por supuesto accedí, me tumbé encima del sofá con las piernas bien abiertas, él se tumbó encima de mi e introdujo su polla dentro de mi coño, era delicioso, yo no tuve en ese momento ningún problema en reconocer que el padre follaba mejor que el hijo, comenzó a moverse dentro de mí de una manera muy placentera, mientras me besaba y me decía lo maravillosa que era, tuve varios orgasmos y el finalmente se corrió y volvió a llenarme el coño con su leche.

    Nos besamos y él volvió a decirme lo maravillosa que era, estuvimos un rato relajados sobre la alfombra de del salón, el chupó mis pezones y me dijo como le encantaban, y le gustaba verlos al air, cosa que no pasaba con su mujer a la que solo se los veía, y casi a traición cuando amamantaba, de niño, al que en ese momento era mi novio.

    Pasados unos minutos él dirigió una de sus manos a mi culo y me lo acaricio suavemente, le pregunté si le apetecía también follarme por ahí; él se puso contento con mi propuesta, aunque insistió para que se lo confirmara, al parecer las putas, con las que iba para tener una sexualidad en condiciones,–bien le pedían cantidades elevadas por hacerlo–bien directamente se negaban. Ante esta revelación yo le dije:

    –Pues eso se acabó, aquí tienes a la puta de tu nuera que te entregará su culo, cuando quieras para que te lo folles.

    Ante mis palabras él se mostró sorprendido y me besó de nuevo, yo me puse a cuatro patas, él se sentó en el suelo detrás de mi y me lo acaricio, y después me besó en los cachetes del culo.

    –Lo tienes increíblemente bello, ojalá mi mujer fuera igual de abierta que tú, mi hijo tiene mucha suerte de que tu seas su pareja, me dijo.

    Después se colocó, de rodillas, detrás de mi e introdujo su polla en mi culo, lo hizo con miedo, parecía que temía hacerme daño, tuve que ser yo bien le dijera:

    –Vamos mi amor no tengas miedo, no me vas a hacer ningún daño y me vas a dar mucho placer, así que adelante, sin miedo.

    Mi suegro animado por mis palabras comenzó a imponer un ritmo delicioso, que me hizo gemir como una perra, decididamente mi suegra era una estúpida que no se merecía un macho así. Me hizo correrme rápidamente, pero su polla aguantaba y su dueño también estaba gozando, viendo cómo se cumplía uno de sus deseos, hasta que finalmente se corrió, dejándome el coño lleno de su leche.

    –Muchas gracias mi niña, me dijo, espero quede verdad podamos repetir esto de vez en cuando, me dijo, y añadió, si quieres ir a lavarte.

    Pero no era esa mi idea, quería que mi suegra me viera el coño con la leche de su marido ¿Se daría cuenta de ello?, cuando mi hijo y su madre llegaron nos encontraron hablando de algo normalito entre suegro y nuera, y yo deje que mi suegra contemplará mi coño.

    Este fue el principio de una relación que se prolongó en el tiempo y que solo terminó, muchos años después, cuando la salud de mi suegro lo impidió continuar.

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  • Arena y primera vez con la hermana de un amigo

    Arena y primera vez con la hermana de un amigo

    Mi primera experiencia de sexo total fue a los 19. En la universidad vivía yo con un primo pero al ser una casa de 3 recámaras habíamos resuelto rentar la tercera para bajar costos. Ray también era de Cabo San Lucas como mi primo Luis y vino a ser él quien llevó el ambiente festivo a la casa. Cuando llegó el primer verano me invitaron a Cabo a pasar tres semanas con ellos.

    La primera semana fue muy familiar porque Ray salió de viaje de negocios pero el segundo fin de semana había regresado y para pronto organizó el desorden. La primera noche, viernes, salimos Raymundo y yo con su hermana y la mejor amiga de ella. Decidimos ir a la playa a tomar cervezas y un par de pizzas.

    La hermana de Ray se llamaba Yazmin y su amiga Rosario. Desde que llegamos al puerto yo vi a Yazmín como muy seria conmigo. No me miraba y no hablaba mucho conmigo. Ella era apenas un poquito más bajita que yo. Morena. Muy delgada pero bien formada. Muy formada diría yo. Nunca le pregunté la edad pero calculo que tenía unos 24 porque era 5 años mayor que Ray pero aparentaba no más de 20 por su manera de vestir. Ese día se puso para salir un conjunto de playera y short a medio muslo color naranja, elástico. Yo no dejaba de mirar su delgadísima cintura que contrastaba con su trasero pequeño pero perfectamente prominente y que era notablemente firme.

    Llegamos al expendio de pizzas. Ellas se bajaron a comprarlas mientras nosotros cruzamos la calle y compramos 4 paquetes de 6 cervezas. En esa ciudad hace un calor espantoso y 6 cervezas no las sientes ni para marearte. Cuando caminábamos de regreso al coche Ray me explicó que tenía planes con Rosario por un faje de peda que habían tenido 4 años atrás pero como Ray se fue a estudiar a Guadalajara ya no habían llegado a nada pero desde hacía casi un año que ella y Yazmín se habían vuelto inseparables y ya ésta última le había dicho a Ray que a Rosario todavía le gustaba él. Cuando nos subimos al coche Ray comenzó a decirme: “Amigo, acá las cosas son muy abiertas y relajadas. Por mí no te detengas con Yaz, al cabo que yo sé que ella ya…” en eso llegaron ellas corriendo muy aceleradas con las pizzas y Ray se calló.

    Llegamos a la playa y rápidamente nos desplegamos en el punto más desocupado que hallamos aunque había fácilmente unos 20 o 30 autos con varias personas cada uno.

    La luna llena iluminaba con mucha intensidad al punto de no necesitar fogatas ni luces.

    Comenzamos con las cervezas ignorando las pizzas. Yaz me sorprendió muy animada platicando casi ignorando a Ray y a Rosario. Yo pensé que lo hacía para propiciarles a ellos las cosas.

    Como yo empezaba medicina en ese tiempo ella empezó a contarme que a los 15 años le habían hecho una cirugía de donde sus trompas quedaron muy dañadas y que posiblemente nunca se podría embarazar. Luego supe que fue un embarazo ectópico.

    Ray y Rosario comenzaron a quitarse los zapatos y descalzos se fueron, según ellos, a ver cómo estaba el agua.

    Nosotros nos quedamos un rato más pero cuando le dije a Yaz que hacía 3 años que yo no iba a ninguna playa ella comenzó a quitarse las sandalias diciendo que había que ponerle remedio a eso.

    Comenzamos a caminar. Yo sólo me levanté el pantalón hasta las rodillas. Ray y Rosario no se veían por ningún lado. Casi toda la gente seguía cerca de sus coches pero cada vez había menos ruido. Comenzábamos a caminar con nuestros pies descalzos sobre la zona de arena más recientemente mojada por las olas y Yaz comentó que había silencio porque la gente comenzaba a “hacer sus cosas”. Escuchar aquello teniéndola ahí descalza y sentir a mi vez el tacto de la arena en mis pies me hizo recorrer un escalofrío.

    Empezamos a aventurarnos en el agua y en algún momento en que una ola casi nos tiró tomé de la mano a Yaz y ya no nos soltamos. Dos o tres olas más y Yaz bromeó con que ya se nos habían olvidado las pizzas. En ese momento noté que su voz sonaba claramente afectada por el alcohol y pensé si yo no andaría igual sin percibirlo debido al traqueteo de las olas. Ensimismado en eso llegó una ola mucho más alta que nos empapó hasta la cintura y casi nos tiró por lo que instintivamente jalé a Yaz y ella respondió tratando de tomar con su mano libre el hombro del mismo lado que yo tenía libre. Por supuesto que aquello hizo que su cara quedara peligrosamente cerca de la mía. Por un instante la dejó ahí mirándome a los ojos sin hacer el menor gesto de separarse. Yo ya no perdí el tiempo y queriendo besarla terminé siendo besado porque ella me jaló hacia ella e inmediatamente comenzó a meter su lengua en mi boca. Lo más sorprendente no fue eso sino que claramente sentí que pegaba su pelvis ansiosamente contra la mía y de hecho con una mano me apretaba más hacia ella.

    Duramos un minuto más o menos y luego muy disimulados caminamos un poco más en las olas pero entonces dijo que mejor fuéramos por una cerveza más al carro.

    Apenas llegamos a la parte seca de la arena comenzamos otra vez a besarnos. Yo sentía la ansiedad de Yaz en su respiración, en la forma que estrechaba su cuerpo contra el mío. Poco a poco comenzó a tener una especie de movimiento rítmico en su pelvis y me jalaba hacia ella. A fuerza de jalarme terminamos de rodillas en el piso y ella inmediatamente se sentó sobre mi muslo derecho. Yo nunca había tenido sexo pleno antes de esa edad pero había visto y leído mucho para mi edad. Sabía bien lo que estaba pasando. Una chica hermosa se estaba masturbando con mi afortunado muslo.

    Dejó de besarme para concentrarse en gemir jadear y moverse cada vez con más energía con sus piernas abiertas, frotando su sexo contra mi muslo. Sobra decir que yo sentía que reventaba el pantalón. De pronto exhaló un largo suspiro dejándose caer sobre su espalda en la arena con sus piernas flexionadas entrecerradas. Con su mano derecha me jaló hacia ella. Y con la izquierda se subía la playera y un poco para luego hacer el gesto de bajarse el pantaloncito. Yo sentía que se me reventaba el pene erecto adentro del pantalón. Miré alrededor. La luna seguía iluminando desde el lado del agua lo que significaba que toda la gente nos podía ver perfectamente. Yaz no dejaba de jadear mirándome. Yo me acerqué a su oído y le dije:

    -Yaz, ¿aquí?

    Ella no contestó, sólo asintió jadeando y mirándome con los ojos entrecerrados. Con sus manos comenzó a hacer el gesto de sacarse el pantaloncillo así que la ayudé. La pantaleta se vino junto con el short pero obvio que a Yaz no le importo y apenas lo tuvo en los tobillos separó las piernas. Yo puse mi mano sobre su vulva y la besé. En eso escuché voces. Miré y desde el lado donde estaba nuestro carro venía alguien. Alerté a Yaz quien se incorporó y se levantó el short hasta los muslos porque no alcanzó más cuando nos dimos cuenta de que eran Rosario y Ray. Nos saludaron como si nada sin hacer caso al short caído de Yaz y se fueron hacía el agua.

    Nosotros muy apenados nos levantamos y nos fuimos al carro pero aún sin hablarlo nos subimos callados al asiento trasero. Yaz seguía visiblemente excitada. Apenas cerramos la puerta del carro se me vino encima y seguimos besándonos pero ella hábilmente se fue bajando nuevamente la ropa de la cintura para abajo. Hice lo propio pero mi pantalón sólo llegó a mis rodillas cuando me di cuenta de que Yaz miraba mi pene. Iba a acercarme a besarla otra vez cuando ella rápidamente se acomodó encima de mí y tomando mi pene con su mano comenzó a introducirlo en su vagina.

    Yo sentí que me ardía el prepucio abriéndose por detrás del glande que estaba atrapado en la estrechísima vagina de Yaz que casi de inmediato apoyó sus manos en mis hombros y mientras me daba besos en la boca de vez en cuando, empezó a mover su pelvis rítmicamente sobre mi pene que no dejaba de arderme aunque cada vez entraba más y más en su vagina. Como pude le solté el sostén y me di gusto tocando sus pechos. Traté de soltarle la blusa para sacársela y poder tenerla desnuda pero entre que ignoró mis intentos y ella se movía cada vez más fuerte, tuve que dejar de intentarlo cuando de pronto e inesperadamente ella se dejó caer sobre mí pujando y jadeando. Entonces se quedó quieta por un momento, pero apenas un momento. Se quitó de encima y se sentó a un lado. Sin dar tiempo a nada se puso su short y se recostó sobre mi hombro, ahora sí como afectuosa.

    En ese momento pareció caer en la cuenta y me preguntó si yo había terminado. Cuando le dije que no me dijo:

    -Pobrecito, déjame ayudarte- y comenzó a masturbarme.

    La parte chistosa del momento fue que ella se inclinó como si fuera a hacerme un oral pero me dijo:

    -¿Quieres echármelos en la cara?-

    Aquello fue automático y eyaculé como loco salpicándole toda su cara.

    Nos limpiamos y me vestí lo más rápido que pude porque sentíamos que Ray y Rosario ya volvían y nos queríamos bajar del coche. Yaz no quería que Ray se sintiera mal de confirmar que habíamos cogido casi enfrente de él. Ray nunca tocó el tema ni allá ni en los semestres que nos restaban compartiendo casa.

    Al final de cuentas me estrenaron sin que yo tuviera el menor control de la situación.

    Llegando a casa de mi primo Luis hube de bañarme y fue hasta allá que me descubrí lleno de arena hasta en el glande. Seguramente adherida en los momentos en que Yaz estuvo semidesnuda sobre la arena.

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  • Triple encuentro en el metro

    Triple encuentro en el metro

    La historia que les voy a contar es bastante sorprendente.

    Iba un día viajando en el metro, leyendo como siempre, con un libro en la mano. Estaba de pie, con mi mano sujeta a la barra. No había mucha gente pero no había ningún asiento disponible.

    El vagón se detuvo en una estación y se abrieron las puertas. Entró una chica jovencita, atractiva, que parecía bastante arreglada, a la moda, con esos pantalones de tela de pata ancha y gafas con esa montura moderna de estrella pop. De pronto se puso delante de mí y me rozó con su culo. Pero lo bueno duró poco tiempo; parece que vio a otro tipo algo más joven y se arrimó a él. De todas formas yo me tenía que parar en la siguiente.

    Unas semanas después volví a ver a la misma chica que estaba apretando su trasero con un tío. Entonces me di cuenta de que el chaval estaba empalmado. Ella ya sabe, cuando hace lo que hace, a que tío se va a encontrar. Y va de uno a otro. Y lo que me pasaba a mí es que me masturbo con demasiada frecuencia. Hoy en día las chicas se fijan mucho en eso y se dan cuenta de si vas a funcionar o no, sólo con rozarte, sobre todo esta clase de mujeres.

    Es importante que te vean de vez en cuando empalmado.

    Meses después. Habiendo olvidado esta situación, el vagón de metro estaba repleto de gente. Por azar yo tenía mi espalda aplastada contra una mujer de unos 35 años, de buenos pechos, algo robusta, que llevaba una falda bastante corta. La mujer se apoyaba sobre la puerta, que da al túnel, es decir la que no se va abrir en la siguiente estación. Ya digo, sus tetas me presionaban. Y se me había puesto dura. Yo leía mi libro como podía. En ese momento entra más gente y noto un golpe sobre mi pantalón y es el trasero de la chica de siempre. Es decir delante tengo a la de las gafas, bonita y detrás a la maciza.

    La de las gafas, va empujando cada vez más.

    Me doy cuenta de que la mujer que llevó detrás está hablando con un hombre que está en otro lado y que debe ser el marido, que ha debido entrar también en ese momento. ¡Qué vergüenza de situación!

    ―¿Es la siguiente? -pregunta el marido.

    ―No. Quedan todavía dos.

    Cuando dice esto abre las piernas y aprieta sus muslos descubiertos contra los míos, que están cubiertos por el pantalón. Esto yo creo que se debe a la presión que está haciendo la chica de las gafas. Entonces ésta se da la vuelta descaradamente y se aprieta contra mí ya frontalmente, incluso llega a pegar su cara a la mía.

    Yo estoy disimulando.

    Me ha parecido que han pasado varias estaciones y yo sigo dándome el lote con la chica.

    ―¿Nos bajamos aquí? -vuelve a preguntar el marido.

    ―No. Espera todavía -contesta la mujer que tengo detrás.

    La chica que me abraza, me baja la cremallera y también la suya y nos juntamos. Esta empapada, oigo su respiración. Me ha desabrochado también el cinturón, y los pantalones se me están cayendo. La mujer de detrás tiene que estar dándose cuenta. Parte de mi calzón sudoroso está pegado a su faldita.

    ―Quedan dos estaciones -le dice a su marido.

    La joven está frotándose, meneando sus caderas contra mí. Sin parar. Hace un “ay”. Y yo me corro, en la situación más embarazosa posible. Estoy dejando los calzones empapados y no deja de salir semen. Aprieto los dientes para que no se note.

    Llega la dichosa estación y yo me subo los pantalones como buenamente puedo. Los tres nos despegamos literalmente. Yo salgo empapado en sudor.

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  • Viaje de lujuria a la playa

    Viaje de lujuria a la playa

    Era un lunes por la mañana, por lo que Hernán me buscó en el trabajo, yo trabajaba en publicidad y nuestras áreas estaban muy separadas, me dijo que el fin de semana iríamos a la playa que inventara una excusa para fugarme, me dijo al oído que me cogería por el culo y yo sonreí, me dio dinero y me dijo que me comprara cosas sexis.

    Era día miércoles así que llamé a Angélica, fuimos a comer y a comprar cosas, le dije que iría de fin de semana y me pregunto que con quien iría, a lo que respondí que con un nuevo compañero del trabajo.

    Me dijo que ella también saldría ya que su papá no estaría y se iría de viaje a lo cual aprovecharía para también irse con su novio, me dijo que pensaba que había alguien en la vida de su papá y pues ella ni por la frente le pasaba que fuera yo, quien lo estuviera motivando, me dijo que ella lo veía motivado y más alegre, dijo que le gustaría que su papá rehiciera su vida.

    Llegó el día viernes y después del trabajo me dirigí a mi casa a cambiarme, así que tome un baño y me puse un vestido flojo, corto, sandalias, y un conjunto interior muy chiquito y sexi, al poco tiempo llegó por mí, yo ya estaba lista, íbamos en su camioneta, durante el camino en la ciudad íbamos platicando de muchas cosas y durante la autopista hicimos varias paradas, al caer la noche y en la carretera, empezó lo bueno.

    Mientras conducía, El acariciaba mi pierna, de arriba hacia abajo, y metía sus dedos en mi vagina, ya de noche y muy excitada me despoje de mi vestido, él se sorprendió y me dijo, que me veía exquisita, desabroche su pantalón y le saque su hermosa verga, y me dispuse a hacerle una buena mamada ya que él estaba haciendo muy buen trabajo con sus dedos, tanto que me provocó un gran orgasmo y yo en recompensa le mamaba su pene muy rico de arriba a abajo y también sus bolas, para ser un hombre mayor aguantaba mucho, hasta que me cansé y decidí terminar, él me tomó muy fuerte de mi cabeza e hizo que terminará en mi boca y me comiera todo su semen.

    Durante el camino terminé cansada, y dormí lo que restó, dadas las 12 de la madrugada arribamos al hotel, bajamos de la camioneta, hacía mucho calor, me sujetó de la cintura y entremos al hotel, todos me miraban, ya que me veía muy bien y tan sexi y más morbo despierta que me miren con un hombre maduro.

    Al entrar a la habitación, me pidió que me quedara en la puerta, el entró y sacó algo de su maleta, se acercó a mí, me tomo por detrás contra la pared y me dijo! Vas a ser mi perrita este fin de semana y harás lo que quiera, yo estaba muy excitada y sólo quería que me cogiera a lo que respondí que sí.

    El muy hijo de puta, me colocó un collar y una correa, me dijo que caminara a gatas, como una perrita, Pero yo más caliente lo hice y al llegar a la sala de la habitación él se sentó y yo de a perrita me subí a la mesa de centro, él se levantó se colocó frente a mí y sacó su rica verga, la introdujo en mi boca me tomó del cabello y así me estuvo cogiendo por varios minutos, fuerte y rápido a la vez, de pronto se colocó tras de mí, yo continuaba de a perrita en la mesa de centro, comenzó a cogerme por mi culo, el disfrutaba cogerme por atrás, acariciaba mis redondas nalgas y decía que lo apretaba muy rico, la verdad disfrutaba que me la metiera por mi colita, estuvo disfrutando con mi hermoso trasero, hasta que metió sus dedos por mi vagina, me estimuló tan bien que grite de placer humedeciendo todo mi sexo, se quitó el condón y nuevamente se colocó frente a mí, llenando toda mi cara con su leche y yo dándole una limpiada con mi lengua.

    Dormimos el resto de la noche, dieron las 6 am y volvimos a coger pero ahora en el balcón del hotel.

    Después de hacer el amor en el balcón por la mañana entramos a la regadera a tomar un baño. No sé qué es lo que me pasa que me gusta mucho hacerle el sexo oral. Me gusta sentir ese pedazo de carne en mi boca y más cuando se corre dentro de ella o en mi cara, pues en la regadera le hice una buena mamada y al terminar el baño, me puse ropa muy pequeña y bajamos al restaurante del hotel a desayunar.

    Nos fuimos a la playa! estuvimos un rato caminando, tomando el sol y disfrutando del mar, por un momento cuando estaba postrada sobre la arena flexioné mi espalda y vi que el caminaba hacia a mi! se puso frente a mi cara, y me dijo que por la noche iría a una reunión de trabajo y que si quería podía salir en la noche a un bar o a una discoteca, pero le dije que no quería salir sola y que lo pensaría. De pronto yo toda lujuriosa volteé hacia ambos lados y al no ver gente cerca de nosotros le saque su pene y comencé nuevamente a mamarlo, ricamente yo de rodillas frente a él, pero a lo lejos venía una pareja por lo que optamos por entrar al mar y ahí terminamos nuestro cometido.

    Más tarde nos fuimos al hotel a comer y nuevamente a la habitación a tomar un baño! ya era muy tarde por lo que decidí tomar una siesta! al despertar Hernán ya no estaba, había ido a su reunión de trabajo en otro hotel, así es que decidí tomarle la palabra e irme a un bar, así que me coloqué tacones ropa interior muy pequeña y un vestido rojo muy sexi que había comprado! para ese viaje, tomé un taxi y fui a una discoteca, estuve bailando con algunos chicos que conocí, la verdad bailaba tan pegada a ellos que en algunos momentos me manosearon y pues comencé a excitarme, no quería engañar a Hernán, así que mejor decidí irme del lugar rumbo a mi hotel.

    Al llegar le mandé mensaje y le dije que ya estaba en la habitación, que si había salido pero opte por regresar! me dijo que llegaría en una hora, ya eran pasadas de la media noche y marcó a mi celular me dijo que ya iba entrando al hotel, así que mi última noche tendría que ser de sexo, supuse que Hernán vendría con unas copas de más y querría hacer conmigo lo que fuera, así que me desnudé, me coloqué tacones, apague la luz y me recosté sobre el sofá en dirección a la puerta de la habitación!

    Hernán al abrir la puerta y encender la luz llegó junto con un acompañante! yo al verlo se me caía la cara de vergüenza! di un fuerte grito y di un salto a la parte trasera del sillón para que no me vieran, Hernán dijo, por favor mujer si ya te vimos, sal de ahí atrás, por lo cual contesté que no y le pedí que me diera una bata, así que me coloqué la bata y yo muy sonrojada me presento a su amigo el era casi de la misma edad que Hernán, pero era de nacionalidad colombiana, era muy guapo el señor, se llamaba Osvaldo! así que Hernán me dijo que les sirviera un trago!.

    Quise entrar al baño a ponerme algo cómodo por lo que Hernán me lo prohibió, me preguntó que a donde iba y le dije que a vestirme, me dijo que no, que mejor me quitará esa bata y que les bailará un poco, que querían ver a una jovencita desnuda frente a ellos! le dije que no, pero estuve recordando cómo me manoseaban aquellos chicos y como me habían dejado muy caliente! Y para ser sincera el colombiano se miraba muy interesante, me insistió Hernán, “ándale mujer que queremos tener una buena noche!”, aunque no entendía porque Hernán quería que alguien más me viera! entonces comencé a bailar y a despojarme de la bata que traía puesta! Hernán no ocultó su excitación y sacó su pene y empezó a masturbarse y seguido de él lo hizo su acompañante, por lo que empecé a excitarme más y más y al ver la verga del colombiano me prendí tanto que quería ir a meterla a mi boca, pero me contuve, realmente era más grande que la de Hernán y eso que Hernán la tiene muy bien, me subí sobre la mesa de a perrita por lo cual ambos se levantaron y me empezaron a golpear la cara con sus enormes miembros, yo quería tener en la boca la verga del colombiano así que fue la primera que chupe y mamé.

    La verdad no me entraba en mi boca era muy grande y me emocionaba mucho lo que estaba haciendo, Hernán se colocó detrás de mi y me la metió tan fuerte por mi cola que di un gran grito estaba teniendo nuevamente un trío! es algo que siempre me ha gustado, tener dos vergas en mi cuerpo, alguien que disfrute con mis nalgas y mi culo y yo disfrutando de un gran pene teniéndolo en mi boca y mi cara! estos dos viejos con muchos años de diferencia de edad estaban haciendo lo que querían con mi hermoso, joven y excitante cuerpo, y para ser verdad, estaban llenándolo tan bien que no paraba de gemir, tal como una actriz porno! de pronto, Hernán sacó su celular y comenzó a grabar la escena de sexo que estábamos teniendo.

    De pronto el colombiano se colocó tras de mi, para ser verdad me estaba dando mucho miedo que me la metiera, le dije que con mucho cuidado! mientras Hernán seguía filmando! yo disfrutaba tanto ese hermoso miembro dentro de mi, mientras que yo le hacía una buena mamada a mi hombre! después de unos minutos el colombiano me cargó y me postro sobre la cama Hernán se recostó y me subí en él y por detrás el colombiano me la metió en mi cola, estaba teniendo una doble penetración.

    Oh Dios! en verdad estaba como una actriz porno estaba teniendo sexo como una de esas que salen en vídeos en Internet, pero es delicioso y exquisito sentir dos vergas dentro de mi, estaban haciendo y metiendo todo donde ellos querían y se me venía a la mente muchas cosas indecentes a la cabeza.

    Ellos ya querían terminar pero yo no quería sacar de mi cuerpo tremenda exquisitez, pero al final me arrodillé ellos se pararon y vaciaron todo su rico semen en mi cara y mi boca al mismo tiempo al final Hernán se fue al baño y yo recosté al colombiano sobre la cama le limpie todo su semen, besé sin parar sus bolas y su hermosa verga yo seguía besándola, acariciándola, mirándola, y volviéndola a meter a mi boca, en verdad aquella noche me enamoré de la verga de ese colombiano y de cómo me la metía por todos lados, pero a Hernán no lo cambio por nadie porque él me lo sabe hacer muy bien!

    El fin de semana terminó! el colombiano regresó a su hotel y yo dormí toda la noche con Hernán, de regreso a la ciudad no dijimos nada! todo era callado! Y silencioso, me dejó en mi casa y nos despedimos con un beso en la mejilla! pensé que ahí terminará todo pero Hernán me dijo que tendríamos que platicar en otro momento, en verdad sentía que no le había gustado compartirme, pero me preguntó que si a mi me gustaba podría hacerlo de nuevo! que su error fue no haberme preguntado antes.

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