Blog

  • Como conocí a mi marido

    Como conocí a mi marido

    Después de que aquel profesor me hiciera hacer cosas extremas estuve 4 años sin tener relaciones me enfoqué en la Universidad y terminé con honores y excelente promedio! De 9.9.

    Pero empezó de todo de nuevo volvió a salir de mi la puta que llevo dentro, era la ceremonia entrega documentos en la Universidad! Mi amiga Angélica y yo estamos muy contentas, mis papás igual y el papá de Angélica era un señor muy guapo!

    Dos años atrás mi amiga había perdido a su mamá en un accidente, y su papá era gerente de una empresa, durante dos años él estuvo metido en el trabajo para olvidar aquel accidente!

    Pero aquel día estaba renovado, él era otro y parecía que ya había olvidado este suceso! Cuando me saludó me tomó de la cintura y empecé a sentirme nerviosa.

    Como ya saben me gustan hombres mucho más grandes que yo, y como ya les había contado, el año pasado me casé con él!

    Nos regaló un viaje a la playa a mi amiga y a mí, que la pasamos genial, pero no les contaré las historias de la playa, en cuestión de sexo no hubo nada interesante.

    Un sábado iba a salir con mi amiga y yo ya había llegado a su casa, me dijo que saliéramos al siguiente día, pero yo ya estaba ahí así que pensé en entrar a su casa para agradecerle a su papá el viaje! Al tocar el mismo me abrió y dijo que Angélica aún no llegaba y le dije que el motivo mi visita era agradecerle por lo del viaje! Así que me invitó a pasar, me senté en la sala y me ofreció vino estuvimos platicando un largo tiempo, me pregunto que si tenía novio y le dije que no, yo bien lanzada le hice la misma pregunta! Y me dijo que no!

    Yo llevaba un jeans muy pegado y una blusa muy escotada aunque él estaba sentado en otro sillón sólo su apariencia me excitaba mucho! Así que me levanté y le dije pues yo vengo a agradecerle y él me dijo que no tenía porque si estaba dentro de sus posibilidades, le dile que le iba a agradecer de otra manera!

    Así que comencé a bailar y a despejarme de mi ropa, me dijo que no lo hiciera pero le dije que yo lo quería, empecé por mi blusa lentamente jeans hasta que quede en tanga y bra, así que me arrodillé para hacerle un buen sexo oral, empecé besando sus piernas hasta llegar a su miembro erecto, lo mordí por encima del pantalón y él y yo nos excitábamos mucho más, baje su bragueta con los dientes y saque su pene, para ser un señor maduro de 43 pues mmmm tenía algo verdaderamente hermoso un pene grande y muy jugoso, así que me sorprendí y como loca empecé a comerme su verga, era muy rica empecé por sus bolas de abajo hacia arriba hasta llegar a su cabeza besándola, mordiendo y lamiendo todo ese tronco, era exquisita, así que se levantó y me pregunto que si así agradecía todos los favores! Le dije que sólo a él! Así que me dijo que era muy puta, que por eso tenía galán, le dile que no me gustaban hombres de mi edad, que me gustaban maduros como el!

    D pronto se levantó y yo seguía arrodillada, tomó con fuerza mi cabeza y metió toda su verga en mi boca, hasta la garganta sentía ahogarme, me levanté y me puse de perrita en el sillón quitó mi bra y mi tanga y me hizo una rica y deliciosa mamada mientras metía su dedo en mi ano me dijo que era muy joven y que tenía un rico y excitante cuerpo, tetas promedio linda cintura un gran culo y ricas piernas!, cuando terminó de mamarme me puso de y me metió su verga yo estaba fascinada de cómo me cogía, y como tomaba con sus manos mi redondo culo, yo gemía como una puta y gritaba tan fuerte digna de la cogida que me estaba dando así estuvo como 15 minutos hasta que grite de placer d placer por mi gran y trabajado orgasmo.

    Pero el aún no terminaba ya había durado mucho y yo estaba muy rosada, me pregunto si podía metérmela por el culo, le dile que si, en verdad me estaba viendo muy puta ante el papá de mi amiga, me la metió suave y poco a poco yo volví a gritar d placer y dolor a la vez pero era rico, me cogió por el culo unos 10 minutos y le pedí que terminará dentro hasta que explotó de placer, termine exhausta y bien cogida sobre el sofá, esa noche dormí con el mi amiga pasaría la noche con su novio no lo volvimos a hacer durante la noche. Pero…

    Sería la primera de muchas.

    Loading

  • Ingrid, la amiga de mi ex

    Ingrid, la amiga de mi ex

    Mi ex-esposa es una persona muy frígida, hacer el amor con ella era sentir que la estaba violando, o como si estuviera cogiéndome a un peluche, del misionero, no salíamos, y después de 3 años de estar con ella, comencé a ansiar nuevas experiencias, veía a las mujeres y tenía fantasías con ellas, un día me dijo que una gran amiga suya venía de otro estado y quería que ella se quedara en casa a dormir, no veía ningún problema y le dije que sí.

    Mi ex no es bonita, ni agraciada, parece una albondiguita, gordita, chaparrita, como una garrapatita, sus tetas estaban caídas y no tenía nalgas, mamona y fastidiosa, que mi hermana siempre me preguntaba que hacía con ella, y por qué no la dejaba. El caso es que a los 3 días llego su amiga, una chaparrita hermosa, de cabello negro, lacio y negro, piel tostada, unas bubis que fácil eran talla 40c, su trasero grande y redondo, con una piernas torneadas, vestía un short de mezclilla muy corto que marcaba una pussy de buen tamaño, y una blusa en escote V, sin mangas dejando que sus lolas se vean algo expuestas, me abrazo y me agradeció el dejar que me quedara unos días, mi ex bajo y la miro desaprobatoriamente por su vestimenta sin embargo no le dijo nada, yo subí a dejar las maletas al cuarto de huéspedes, y me quede arriba para darles su espacio. Tome mi teléfono y le mande whats a mi hermana.

    Alex: hola onee, vino visita está bien buena.

    Grecia: y me lo dices por? Me va a aflojar?

    Alex: no creo pero se me paro la verga, si la vieras esta más buena que tu jajaja

    Grecia: entonces vas, cógetela, te dejo llego mi machete, y ya sabes cómo me va.

    Me quede pensativo e idee algún plan, pero el problema es que mi ex no se iba de la casa, siempre quería estar conmigo, así que resignado baje sin hacer ruido y escuche a Mariela (mi ex) decirle a Íngrid (su amiga) “no espérate, él puede bajar y nos puede ver”.

    No sé qué sentí entre enojo y excitación pero ella me había mentido, la odie por no decirme la verdad, subí y abrí la puerta haciendo ruido para que se separaran, cuando baje Mariela estaba muy roja y agitada e Íngrid como si nada, en ese momento tome la decisión, sabía lo que iba a hacer, me acerque a Mariela, le di una bofetada y jale a Íngrid para darle un beso húmedo el cual ella correspondió muy a gusto, Mariela se quedó en shock y comenzó a sollozar a lo que más molesto, le di otra bofetada gritándole cállate maldita puta, me saque la verga que estaba con mástil, y se la metí a la boca obligándola a mamarme la verga no me importaron sus lágrimas ni sus arcadas, por su parte Íngrid se acercó a mí y me comenzó a besar de nuevo sacándose la remera y el short, quedando en una tanguita negra dejando un pubis depilado y bronceado, metí mis dedos y estaba húmeda, mientras tanto Mariela me mamaba la verga aún más animada, Íngrid se separó de mí, puso a Mari en 4 e hizo que ella siguiera con la felación, en lo que Íngrid le hacía un oral a ella, la muy puta comenzó a gemir y a mamar mas rápido, no aguante y me vine en su boca, aunque hizo arcadas le obligue a tragárselo, me senté en el sofá, y vi que ellas en el suelo comenzaban con su acto, Mariela se volteo y comenzó a mamarle las tetotas a Íngrid quien dedeaba a Mariela, se comenzaron a besar de forma apasionada y a gemir, Íngrid mordió los pezones de Mariela y esta grito de dolor y placer, se volteó a mí y me dijo “a esta la hare mi perra”, saco de su bolsa varios implementos, le puso unas pinzas para pezón, una para el clítoris, una balita vibradora que se activa con un control remoto, la puso en cuatro, le puso un collar de perra y la ato a la pata de la mesa.

    -ahora veras como tu macho me folla y me hace venirme.

    Mariela solo asintió con la cabeza, y sus ojos se le llenaron de lágrimas cuando vio que Íngrid se me acerco para lamer mi verga desde las bolas, no le costó mucho trabajo hacer que se pare, nos pusimos en un 69 y probé su rajita húmeda, le metí la lengua, y la saboreé, ella se quitó se montó en mi riata y comenzó a cabalgarme de manera desenfrenada, quería que la nalgueara y así lo hice, la puse en cuatro y se la deje ir ella gritaba y gemía, estábamos sudados pero gozando, Íngrid activo el vibrador de Mariela y se lo dejo ahí, cuando sentí que me venía, fui a la cara de mi ex, y se los deje encima, no sé cuántas veces se vino mi ex, ni cuantas veces me vine yo, pero Íngrid era insaciable y cuando termino tuvo múltiples orgasmos y un squirt que me dejo completamente mojado.

    Exhaustos de coger desatamos a Mariela, quien llorando me grito y abofeteo, se fue al baño y ahí se quedó un buen rato, yo lleve a Íngrid al baño y me la cogí una vez más ahí. Nos bañamos y subimos al cuarto, ella me estaba haciendo una felación cuando Mariela entro y nos vio, sus ojitos se volvieron a llenar de lágrimas y salió de la casa llorando, los 3 días que Íngrid estuvo en la casa estuvieron llenos de sexo desenfrenado y rudo, a ella le gustaba que la azotara y así lo hice, 1 semana después llego mi demanda de divorcio que con gusto acepte.

    Con Íngrid aun hablamos y nos vemos, pero mi ex no la volví a ver, no sé si le dolió ver a su antigua amante dejarla de lado por mí, o le dolió ver a su esposo dejándola de lado por otra mujer.

    Loading

  • Diario de Chantelle

    Diario de Chantelle

    Esta es la historia de Chantalle y su auténtica realidad, sin concesiones y sin culpas, ella se enfrentó la crisis económica poniendo su sexo a trabajar como forma de superar el mal trance. No era su vocación pero tampoco era su suplicio. La realidad tiene secretas formas de descubrir los derroteros de la vida, ella descubrió la suya en estas circunstancias, su espíritu lujurioso y el placer por la promiscuidad sexual. Dueña de un cuerpo de escándalo, exuberante y voluptuoso sabía que despertaba la lujuria y el deseo avaricioso en los hombres, todo esto le hizo comprender que ser prostituta no sólo era su auténtica vocación, sino que además era una gran alternativa. Aquella gran frase que tantas veces había escuchado (trabaja en lo que te gusta y no trabajarás nunca más) rebotaba las paredes de su cerebro libertino.

    Entregarse por dinero y encontrar el disfrute del sexo como nunca, la variedad de hombres y su cantidad conseguían llevarla a niveles de placer inéditos, su marido en paro por aquel entonces era consciente y autorizaba a que así lo hiciera, no había culpas ni secretos. No quedaba otra solución, al menos a corto plazo que les diera de comer.

    Se sentía una mujer feliz, haciendo lo que más le gustaba, con la aprobación y consentimiento de su marido, viviendo del dinero ganado honradamente con “el sudor de su sexo”.

    Su forma de ejercer el oficio más antiguo rompía con los paradigmas conocidos, ella era distinta, no escondía el placer que podía provocarle un ocasional cliente, pero si negaba a besarles en la boca. Pagar por sexo tiene sus derechos, ella es una trabajadora sexual y retribuye con placer el dinero abonado por sus servicios, pero de algún modo guarda su boca y la calidez de sus labios sólo para su marido.

    Todo esto comenzó cuando el matrimonio entre Miguel y María (Chantalle para sus clientes en la actualidad), con 3 bocas a las que mantener afrontando las contingencias y avatares de la vida cotidiana de cualquier pareja, funcionaba de lo más normal, hasta que la circunstancia laboral de Miguel torció el rumbo de sus vidas.

    Chantalle es una muchacha de buen ver, a pesar de su edad que sobrepasaba los 45 años, simulaba bien la imagen de una MILF de esas que jamás pasaban desapercibidas, alta y exageradamente tetona, buenas caderas y un culo para el aplauso, en ocasiones solía acercarse hasta el trabajo de Miguel para acercarle el almuerzo que muchas veces olvidaba irresponsablemente en casa. Siempre bien arregladita, la discreción para vestirse no iba con ella, tampoco su vestimenta hacía acorde con su edad, pero, así era ella, desvergonzada desde siempre.

    Subida a unos zapatos de tacón bien altos que resaltaban aún más la belleza de sus piernas largas y torneadas, le encantaba mostrar sus generosas formas vistiendo con minifalda cortita y de blusas ajustadas, disfrutando el juego de la seducción, mostrando “la carnaza para los lobos” y por qué no, volverlos locos de deseo. En una ocasión se acercó al trabajo de Miguel para llevar el almuerzo, captó la “atención” del jefe de este sin apenas esfuerzo por su parte.

    Miguel, trabajaba por entonces, antes de que la crisis lo despidiera junto con 20 trabajadores más, en una empresa de distribución de bidones de agua, como repartidor de las entregas en un pequeño camión.

    Miguel se enteró que dos semanas más tarde habría un festejo empresarial en el que sería necesario contratar a azafatas para asistir a los invitados del evento, aunque ello (y más tarde se supo), resultó ser una tapadera para demostrar millonarios ingresos en el bolsillo de los inversores, y a su vez el despido de muchos trabajadores alegando recortes. Al regreso de la jornada laboral, Miguel llegaba exhausto y agotado y le comento a María que habló con su jefe al respecto de dicho evento para colocarla provisionalmente a ella como azafata y llevarse un dinerito extra a casa que serviría para tapar algunos agujeros en el presupuesto familiar.

    Acordaron en aceptar la propuesta y sin más acostaron a los niños, recogieron la casa y se tumbaron en la cama sin más esperanza de haber sobrevivido a un monótono día más.

    Al día siguiente Miguel propuso a ju jefe la colaboración de su esposa María para para la selección de las candidatas, con ella reunían ocho solicitantes, todas ellas azafatas externas menos María que venía de parte de Miguel, sabiendo su jefe la precariedad monetaria de su familia y en parte prendado de los encantos de esta mujer, cada vez que visitaba la oficina en busca de Miguel, tres días más tarde se las llamó para ser entrevistadas y darles las instrucciones. Debían atender a la mesa principal, conducir a los invitados a la misma desde la entrada y permanecer a sus espaldas para lo que necesitaran, era una tarea bien sencilla y bien remunerada. Se les proporcionó ropa y zapatos para la ocasión. Les habían entregado un paquete un poco más grande que el estuche de una estilográfica, y María no vio de buena educación abrir el paquete allí mismo en presencia del jefe de Miguel, tampoco tuvo curiosidad por verlo, espero a abrirlo en casa junto a su marido.

    A su regreso, Miguel le preguntó a María como había ido la entrevista y si les habían entregado la ropa, respondió que sí, que la había dejado sobre la cómoda de su dormitorio sin darle la mayor importancia.

    La cena y los niños alborotados a la par que somnolientos apresuraron sus quehaceres cotidianos de esa noche. Antes de acostarse María quiso mostrarle a su marido el vestuario recibido, al abrir la bolsa se encontró un par de zapatos rojos con un tacón de no menos de 18 cm. Además había una cajita muy pequeña anudada con un lazo, más bien parecía un regalo navideño y no ropa para una jornada laboral. Deshizo el lazo, abrió la cajita y para su sorpresa la única ropa que contenía era un tanga y un mini sostén que solo le cubriría los pezones. Más que un tanga, era un hilo dental que seguramente se le metería entre las nalgas, dejando en libertad los exuberantes cachetes. Vale decir, que incluyendo a María serían sólo cuatro chicas las que sí aceptaron presentarse con esta escueta vestimenta.

    Llegó la noche del evento, la sala llena de directivos, contables y altos cargos todos hombres, paseaban su arrogancia con la copa de cava en la mano.

    María al parecer era la más codiciada por todos aquellos ojos masculinos muchos de ellos eran unos fetichistas acabados y hubieran matado por olisquear aquel tanga que María paseaba con una tranquilidad pasmosa. Los piropos de los asistentes no se hicieron esperar, tampoco las insinuaciones y propuestas. A pesar de ser la mayor en edad del elenco contratado para aquel fin, era sin duda la más erótica y llamativa del grupo.

    El jefe de Miguel la estuvo radiografiando sin perder el más mínimo detalle anatómico, obviamente la había reservado para su “atención personal”, cuestión de poder regodearse la vista y deleitarse con las codiciosas intenciones, como el más sabroso postre de la cena que allí se servía, tampoco hizo demasiado para evitar que no se le notara el deseo que se estaba gestando dentro de él, a pesar de que Miguel también estaba invitado a la fiesta. La fiesta transcurrió con toda normalidad y sin ningún tipo de altercado. Al fin y al cabo eran poderosos directivos deleitándose la vista mientras ejercían sus negocios turbios.

    Pasadas dos semanas el jefe en cuestión hizo llamar a Miguel por megafonía, ante la mirada atónita de sus compañeros que entre habladurías ya sabían que el comité de empresa tramaba algo a sus espaldas y pendían de un hilo sus puestos de trabajo, Miguel se plantó en su despacho, nervioso.

    -Por favor tome asiento, Miguel.

    -Siento notificarle que desde la gerencia de recursos humanos y “por instrucciones de la Dirección se van a hacer unos recortes de personal, y lamentablemente usted está en la lista de los prescindibles”… Mañana no hará falta que regrese a su puesto de trabajo.

    Aquella noche, Miguel, llegó a casa devastado, después de una larga jornada con su repentino despedido. Fueron otros los compañeros que tuvieron más suerte y por el momento conservaban sus puestos de trabajo. ¿Cómo iba a imaginar que aquella noche en la cena de empresa, después de tragar como su mujer se pavoneaba entre otros hombres y aun así iba a ser despedido? La cena con los niños sabía a desencanto y pesar. El pensamiento de ambos transitaba por los accidentados caminos del cómo afrontar las obligaciones pendientes, los gastos diarios, los pagos, cómo superar el desempleo repentino si en aquella zona de las afueras de Valencia lo hacía más complicado, dada la escasez de empresas.

    ¿Con este oscuro panorama, como podían resolver la situación? Lo que ignoraba María, es que antes de ser despedido y tragándose el orgullo, Miguel negoció una pequeña ayuda por parte de su ya ex-jefe a cambio de los favores sexuales de su mujer.

    -Miguel… No quiero parecer un aprovechado de la situación, pero… tu entenderás que no puedo evitar tu despido ya que lo dictan los de arriba pero quizás podría convencerlos de que te reincorporen aunque fuera en otro puesto más bajo y así no te quedarías en paro, podría hacerte ese favor especial… verás… no puedo quitarme de la cabeza lo impactado que me dejo conocer a tu mujer…

    – Este favor especial para que te re admitieran tendría como contrapartida un favor que tu deberías hacerme… (Hizo una pausa, para influir en la decisión de Miguel), permitirme… acostarme con tu mujer. Sólo sería por una noche… quizás dos.

    Aquel hombre que permanecía impertérrito tras su mesa de aquel solemne despacho parecía algo más aliviado al sacarse aquel lastre que pesaba tanto en su mente y en su deseo al realizar aquella declaración de intenciones. No pasó por alto la turbación del pobre Miguel y se apresuró a cerrar el delicado y sensible tema:

    -Tómate tu tiempo para pensarlo, esto quedaría solo entre nosotros dos y tu esposa, te pagare muy bien y de ese modo, durante un tiempo no pasaran penurias tus hijos. Te ofreceré una gran cantidad, te estoy hablando de muchos ceros…

    -Ya… mañana me respondes…

    Aquella conversación privada como colofón final de su despido hizo que Miguel apenas pegara ojo esa misma noche. Se debatía entre escoger vivir por un tiempo algo más despreocupado en cuanto al pago de sus deudas y mantener en el colegio privado a sus hijos o hacer caso de su integridad y de la de su mujer y rechazar aquella gran oferta. Aquella madrugada al despuntar el sol y sin haber dormido apenas nada, Miguel despertó a María y le planteó el codicioso negocio que su jefe pretendía hacer a costa de su despido. Al oír la historia la muchacha quedó tan desconcertada que no sabía qué pensar, las deudas sumaban, urgían los pagos, el silencio se hizo “escuchar”, y a su pesar la urgencia podía sobre lo importante. Miguel sabía que debía darle una respuesta a su ex jefe aquel mismo día, apenas tenían tiempo para plantearse si debían ser éticos. Una pausa y el pesado silencio inundaban el dormitorio.

    -Escucha, siendo fríos y calculadores solo sería una noche, como mucho te pidió dos y de ese modo él podría hablar con los de arriba para que te incorporarán de nuevo, aunque fuera en otro puesto, nos aseguraríamos esos ingresos mensuales.

    – Dijo ella.

    Si yo no acepto irás a la calle sin recuperar tu puesto y no tendremos ni un sólo euro en el bolsillo. Estamos de acuerdo que es un chantaje en toda regla, pero también es una facilidad que nos da tu jefe al ser tan solo una vez… no se dañaría a nadie… no se lo contaremos nunca a nadie.

    –María se extrañó de lo fácil que pudo decir toda la explicación sin sentirse miserable.

    -Pero… tú… ¿estarías de acuerdo en acceder a esta extorsión?…

    -Sí… siempre y cuando tú aceptes –con gesto de resignación dijo:

    – Sí. Dicho esto, Miguel llamó por teléfono a su jefe:

    -Aceptamos la propuesta “indecente” dijo sin titubear cuando descolgó al otro lado aquel hombre que tenía su futuro en sus manos, la imagen de la película vino a su memoria como ilustración erótica, pero no quiso decirlo en alto para no ofender a María.

    -Bien hecho Miguel, no te arrepentirás. Por mi parte soy un hombre de palabra y puedes volver a trabajar aunque ahora serás un simple trabajador de mantenimiento y no repartirás con el camión.

    Aquello olía francamente a chamusquina, se notaba aquel hombre había jugado sus cartas a su favor a base de la necesidad de aquella familia para poder resarcir sus deseos carnales con María.

    Esa misma noche hicieron el amor, era distinto, había un feeling distinto, una sensación de piel que no tenían las otras veces, la situación crítica había conseguido una pasión de intensidad poco usual, seguramente el morbo de la conversación previa tenía mucho que ver en este cambio de actitud a la hora del sexo. Se sentían más unidos como matrimonio.

    Al día siguiente Miguel regresó con el mismo horario a su nuevo puesto de trabajo, le desanimaba enormemente ser un simple conserje limpia escaleras o vete a saber por qué “vía crucis” tendría que pasar por alto de ahora en adelante. Su orgullo había tocado fondo, la poca dignidad que le quedaba hacía que su semblante cabizbajo paseara por los pasillos de la empresa. Una hipoteca y tres hijos le obligaban a tocar con los pies en el suelo, aunque ello significará ser un cornudo consentido. Su hombría quedaba seriamente lastimada después de aceptar aquel acuerdo.

    A su vez María no dejaba de darle vueltas al tema en casa, transcurrió su día intentando que todo sucediera con total normalidad, pero se sentía nerviosa y un poco excitada.

    María sentía el miedo de ser la primera vez que estaría con alguien que no fuera su marido, mantenerse ocupada, no pensar en ello, bañarse y ponerse atractiva, fueron las actividades que ocuparon su mente, pero algo de morbo dentro de ella, se removía en sus entrañas, sobre todo cuando decidió “vestirse” igual que cuando fue a trabajar a la cena de empresa.

    A eso de las ocho y media escucho como se abría la puerta, todos los días era igual, sólo que esta vez Miguel llegaba acompañado por su jefe, los niños ya dormían hacía un rato y nadie los había visto entrar en el domicilio como para sospechar que aquellos dos hombres habían hecho un pacto de intercambio sexual. Miguel inició un pequeño tour por su casa enseñando todas las estancias a su jefe para terminar en el dormitorio donde este se sentó en los pies de la cama

    -¡María, te están esperando mi vida! –la voz le sonó con una ternura distinta.

    Abrió y se asomó, enmarcada en el vano de la puerta del cuarto, ataviada como una diosa del sexo, avanzó unos pasos y el señor se llenó los ojos con tal visión, fue verla y levantarse de su asiento excitado ante esos zapatos de tacón de aguja que revolvían sus instintos más fetichistas, padecía de altocalcifilia, adoraba los pies de cualquier mujer, pero los de aquella hembra lo volvían loco. Agitándose de deseo, los calientes pensamientos golpeaban sus sienes haciendo crecer sus genitales. Miguel seguía pasmado con la visión del morboso cuadro de la lujuria en carne viva y del erotismo en la cima de los placeres terrenales. Por primera vez observaba a su mujer perplejo de tanto morbo que emitía. No sabía si era la situación en sí, el conjunto que llevaba puesto para otro hombre o ese punto celoso con el que miramos a nuestra pareja cuando sabemos es deseada por otra persona.

    Los hombres bebían una copa de gin-tonic. El hombre, ciego de morbo y poder decidió dar el primer paso sin apenas acabarse la copa, la besó en uno de sus pechos y se retiró un poco para poder abarcar tanta belleza junta.

    -Me pareces tan linda, mira lo que ¡me voy a cenar! Un delicado coñito… –hablándole sin pudor al estupefacto Miguel.

    El jefe había perdido la noción del tiempo y espacio, sólo importaba poseer a aquella hembra tan especial. Dejó la copa sobre la mesita de noche en la que había un retrato del día de la boda de María y Miguel, sin importarle lo más mínimo y ahí mismo, delante del marido, la abrazó y la besó con apasionado deseo, metió la lengua dentro de su boca como para hacer una exploración. María se sorprendió respondiendo, sin pensarlo, del mismo modo a pesar de que Miguel los miraba, aquel hombre maduro y seductor de canas blancas, le contagiaba su calentura. La afiebrada pasión los quemaba a ambos por dentro por igual.

    María tenía que dejarse de instintos, retomar conciencia de cómo y porqué estaba ahí, y se prestó a cumplir del mejor y más leal modo con el trato convenido, intentando dejar de lado la humedad que aquel hombre le despertaba en sus bragas…

    Mientras Miguel parecía el tercero en discordia sobre el filo de la cama, el jefe no paraba de sobetearla y apretarle el culo como si de su propiedad fueran, hasta meter sus dedos buscando la vagina para ir teniendo un adelanto de lo que se comería.

    – ¡Estás buenísima María!, quitando su sujetador en una rápida maniobra para comenzar a mamarle los pechos con increíble entusiasmo.

    Ponía pasión en la brutal mamada que le hacía imposible controlarse, metía la cabeza entre los grandes pechos, engolosinado de tal modo que aunque era brusco intentando conseguir su preciado premio, contagiaba su calentura a ambos por igual. Miguel como espectador y voyeur y María como su puta personal para aquel instante. Apreciaba la sensación de los labios húmedos y febriles en sus tetas.

    Tal vez fuera la sensación transgresora de hacerlo con un extraño, el señor de unos… 50 años (descontrolado) se desprendía como podía de su cara ropa, era un lobo hambriento que no podía soltar la presa. La pasión lo había superado, le urgía follarsela ya mismo, sin sentido de prudencia y pudores, nada más que sus ganas existían en aquel instante fugaz, consideraba a María de uso y abuso, su propiedad por esa noche.

    En un santiamén quedó desnudo, el marido de María, hacía de gran cornudo, mudo espectador del increíble acto de deseo y desenfreno de su jefe, la polla del hombre, totalmente erecta hizo su aparición muy rápidamente para su edad, sujetando la con sus manos mientras se masturbaba ante la mirada atónita de ellos. Esa imagen excitaba por igual a Miguel que María que no hacía más que mirarla mientras humedecía su entrepierna. Su miembro no era muy largo pero suficientemente grueso como para saber que le esperaba una buena follada.

    -¡Anda, dale unos besitos tiernos y húmedos María! -suplicaba el señor, señalando su polla.

    Ella, sin dilación se arrodilló delante de su dueño por aquella noche, la besó, paseó la lengua por toda su extensión, jugueteando con sus manos, mientras acariciaba sus pelotas.

    – Pajeame despacio, hazlo María.

    Ella obedecía, sin dejar de mirarle a los ojos, desafiante, controlando cada gesto, cada movimiento, sabía que a los hombres les gustaba aquello aunque nunca hubiera hecho eso con ningún otro hombre más que no fuera su marido Miguel. Sabía que mientras le propinaba una mamada debía estar mirándole. Los besos se hicieron más intensos y húmedos, la boca se le llenaba, con cada chupeteada la saliva se le escurría por la comisura de sus labios. Sentía una agradable sensación de ternura, verlo excitado, brutalmente expresivo, como si estuvieran solos en el mundo, sin saberlo ella había saltado a otra dimensión, otra vida, otra forma de ver la vida, otra forma de disfrutar del placer de la carne, otra forma de gozar y hacerse gozar. Este hecho marcó un antes y un después en su vida, jamás renegó de esta forma de vivir y sentir el sexo, convertirlo en una forma de trabajo placentero en su futuro como escort.

    En ese momento se dio cuenta que siempre dentro suyo sintió esa vocación de prostituta, de servir al hombre en todos sus deseos.

    Aquel hombre había podido transmitirle su calentura, contagiado de modo inusual mientras sacudía su miembro dentro de su boca, sentía como su vagina comenzaba a mojarse muchísimo más. Sin poderse contener por más tiempo, el hombre la levantó por los hombros y con autoridad dijo:

    -¡Vamos a la cama putita! –mirando al cornudo marido que seguía de pie observado el fogoso espectáculo como si fuera otra gente y no su esposa, siguió:

    -Llegó el momento Miguel, me voy a follar a tu esposa, nos vemos mañana… Invitando al pobre cornudo a salir del dormitorio y a no poder seguir viendo que más ocurría allí.

    Por un momento Miguel, temió por la vida de María, pero eso no le detuvo para que sus pasos lo guiarán hacia la puerta para abandonar a su suerte a su mujer. Sentía como que María era la prostituta de aquel hombre, una escort de lujo contratada para aquel servicio y él su proxeneta. El señor, acudía semanalmente a una casa de putas en valencia, para no ser reconocido en aquel pueblucho de mala muerte como el perturbado fetichista de pies y otras parafilias, adicto al sexo ocasional. Casado y habituado al sexo marital en su vida particular, ahora se encontraba trastornado por las voluptuosas formas de aquella mujer casada con otro pero que actuaba ante el sexo como cualquier otra puta de Valencia, a las que era fiel devoto aquel hombre. María afloraba en él los instintos primarios del deseo, y lo hacía sentir toda una fiera para el amor sin recurrir a su pastillita azul acostumbrado a consumir semanalmente en sus escapadas clandestinas.

    El calor inundaba su rostro, los ojos abiertos incrédulos se llenaban de carne trémula, estaba dispuesto a poder hacer todo lo que su fantasía había pergeñado en esas noches de febril calentura mientras satisfacía el mono por aquella mujer en otros coños desde el momento que la vio entrar en su empresa: Su gran hora había llegado. Le rompió el tanga de un tirón, la tumbó en la cama, de espaldas, ella se abrió de piernas mostrándole todo su esplendor.

    Como un poseso se abalanzó sobre la boca vertical allí expuesta, toda depilada, besos ardientes con lengua, paleteando una fogosa y alucinante lamida que hicieron sentir extrañas sensaciones a María. Mientras él se comía aquel coño desbordante de humedad y se llenaba la boca en el manantial de jugos, ella pensaba como sería dedicarse en pleno a eso de ser la esclava sexual de alguien, el hecho de prostituirse y de cómo necesitaría un nombre artístico por así decirlo para ejercer. Se dejó acomodar, sus piernas descansan sobre los hombros del hombre, para poder comerle con más comodidad, hasta casi ahogarse, por dos veces, en los profusos jugos que la inundan mientras ella se corría como nunca lo había hecho jamás con su marido. Afuera Miguel escuchaba sus gemidos desde el sofá.

    Todo era un mar de gemidos, lamidas y jadeos sobre la cama matrimonial, proporcionando más morbo a la situación. El hecho de que Miguel esperara fuera y pudiera oírles excitaba más a los dos.

    El sentía que ha llegado el momento, montando sobre ella abriendo más sus piernas para metérsela hasta el fondo, ella rodeándolo con estas, enlazadas en su espalda como una hiedra de carne aprisionaba a aquel desconocido hombre que la penetraba de forma salvaje. Una y otra vez, con vehemencia y brutal deseo, entraba al fondo con su pene duro como la piedra y lo sacaba para volver a repetirlo produciendo maravillosas sensaciones en cada embestida hasta propinarle varias corridas.

    -¡Me encanta seas mía, hoy eres sólo mía y de nadie más! -vociferaba y gritaba para más tortura del pobre cornudo de Miguel.

    El ambiente de lujuria y el morbo llevaba la libido a niveles máximos en María. Jamás hubiera imaginado una situación similar en su vida, y la estaba disfrutando al máximo. Estaba llegando al momento culminante, sin reprimirse en gemidos, más aquel hombre sintió como la vida se le escapaba por un instante en un tropel de semen blanco que termino por explotar dentro de ella.

    Sin preguntas, simplemente se corrió dentro de ella como un chiquillo en aquel polvo revitalizador, regó el interior de la vagina complaciente de María que agradecida comprimía el pene de él. Podía sentir el latido rápido de su corazón recostado sobre el pecho de ella resultando ser muy distinto a cuando Miguel se corría. Este hombre a pesar de su madurez le ponía garra, era un delicioso cabrón, después de todo.

    Descansaron por un rato tomados de la mano, en silencio. Pero, aquel hombre no iba a desaprovechar la oportunidad y se iba a marcha a casa, tenía que disfrutar de su compra una vez más, iba a pagar una generosa cantidad y quería amortizar una vez más. Sólo de pensar en ello se empalmo en pocos minutos como si de un veinteañero se tratará. La puso de nuevo a cuatro patas para enchufarla desde atrás levantando bien el culo y poder recibir las primeras embestidas. Extasiado, acariciaba y besaba jugando a morder su culo mientras se detenía de nuevo en su fetiche agarrando de María por los tobillos para tener contacto con aquellos tacones que lo ponían tan excitado.

    -¡Me encanta tu culo mi puta!

    Pasaba de los elogios a las guarradas sin parar, era su forma de expresar cómo apreciaba esa “compra por ella”

    -¡Esta noche eres mía!, me voy a follar a la mujer de ese cabrón cornudo que está escuchando como te lleno el coño. -Repetía sin cesar para molestar más a Miguel que esperaba paciente sin interrumpir fuera. Eso le excitaba aún más, saber que era dueño de la mercancía de otro al menos por aquella noche, se sentía poderoso sabiendo que el dinero lo compraba todo.

    Montado sobre ella, asido de las ingles, la penetraba con fuerza y pasión descontrolada. De pronto María dejó irse en una “corrida estrepitosa”, sentía los latidos de aquella polla dejando salir el semen dentro de ella de nuevo. Tapando los gemidos de la boca de él con su mano, por miedo a que Miguel rectificara y entrase acabar de una vez por todas con todo aquello.

    El descanso trajo un poco de paz al exigente derroche de energías.

    Salieron del cuarto, ella ahora se sentía algo más liberada, Miguel esperaba fuera como un tigre encerrado, nervioso se había ido de un cuarto al otro cuarto, recorriendo todas las estancias de la casa, bebiendo unos tragos. Lo invitaron a entrar al dormitorio, permanecían desnudos, ella sentada sobre sus rodillas, miraba fijamente la reacción de Miguel. Fue un momento casi de ternura, de contención de ella hacia su marido que mostraba su faceta más intimista, acariciando su mano ante la presencia de aquel otro hombre desnudo en su cama. Miguel sabía que aquel hombre había hecho disfrutar a su mujer más que ninguna de las veces con las que él había compartido con ella. Por un lado los celos le mordían interiormente, por otro se sentía extrañamente excitado y se notaba su erección bajo el pantalón.

    Durmieron juntos, los tres abrazados hasta la mañana siguiente, fue una noche de lo más plácida después de aquella delicada situación.

    Por la mañana María despertó a los niños, preparo el desayuno como cualquier otro día normal y los llevo al colegio, dejando en la cama a aquellos dos hombres. Al regresar se desnudó, y entró descalza en la habitación, abriendo la persiana para que el sol entrara. Primero beso a su marido y cruzó una mirada y una sonrisa con él segundo. La pregunta casi obligada del marido al despertar sobresaltado junto aquel hombre y ver a María desnuda ya de día fue:

    -¿Ya ha pasado todo?

    -Sí, todo está resuelto. -Dijo aquel hombre, entre bostezos mientras se vestía.

    María y Miguel corrieron juntos hacía la ducha, tenían la necesidad imperiosa de “limpiar lo sucedido” y pedir disculpas de algún modo por lo sucedido. Enjabonados y repartiendo mimos mutuos pusieron el broche a una noche de pasión y sexo sin control, follando contra la mampara de la ducha.

    Mientras aquel hombre que la noche anterior parecía tan tosco y manipulador les había preparado el desayuno, los tres juntos, ¡Sí, los tres juntos!

    -Rafa, ya está todo arreglado, sabes soy un hombre de palabra y por mi parte hoy hablaré con la Dirección y no perderás tu puesto de trabajo nunca más sus caras lo decían todo, se sentían aliviados, había sido una noche intensa, extrañamente perturbadora en la que hizo los tres cuestionaran el sentido de sus vidas.

    María había sabido sacar lo mejor de aquella situación, se esmeró para que fuera extraordinaria. Ella misma, disfruto de un placer inimaginable, se sentía bien consigo misma, ningún sentimiento de culpabilidad hacía sombra a lo sucedido, no creía que ese hombre que se había aprovechado de la situación, por el contrario, sentía casi una deuda de gratitud por haberla hecho experimentar a otro hombre y de ese modo, tan excitante, algo que jamás olvidaría. En su mente hasta llegó a considerar el hecho de descubrir su vocación de ser prostituta.

    En estas cavilaciones pasó el resto de la mañana. Más tarde cuando aquel hombre se marchó con un efusivo abrazo hacia el matrimonio, aprovecharon para charlar sobre lo sucedido. Aquello había marcado un antes y un después para todos. María le confesó a Miguel haber disfrutado mucho de aquel hombre y aunque sus sentimientos seguían intactos hacía Miguel, se sentía pletórica de sexo.

    -Claro, no quiero engañarte, sí sentí placer y gusto de hacerlo, me calenté mucho cuando me sentí acariciada y deseada. No voy a negar que me sentí muy a gusto a pesar de ser un desconocido, de sentir una polla distinta en mi vagina. Pero tan solo fueron esos momentos, tú siempre estás en mi mente y a mi corazón.

    Hoy en día, María es ama de casa de día para convertirse en Chantelle de noche. La escort más codiciada de Valencia. El jefe de Miguel, prendado de su sexo desde aquella noche la siguió codiciando para convertirse en adicto a ella y su sexo. Este hoy por hoy “agradece” las “atenciones sexuales” personalizadas de Chantelle con regalos, ropa y dinero, pagando sus servicios puntualmente cada dos días para finalmente llevarlo a la ruina a él y a su empresa. El chantajeador sexual ahora es la víctima… Pero esa es otra historia…

    Así comenzó la historia de Chantelle, una prostituta con principios y sin engaños, que no besa en la boca para respeto de su marido pero que sí tiene orgasmos y disfruta del sexo como pocas…

    Loading

  • Una madre especial: la mía

    Una madre especial: la mía

    Estaba yo casi de 14 años cuando mi padre nos abandonó para irse con su secretaria a vivir a otra ciudad, mi madre y yo nos quedamos solos y lo pasamos muy mal, mi madre siempre se ocupó de que no me falte nada y dedico todos sus esfuerzos para ser padre y madre a la vez. Mis abuelos siempre la apoyaron en todo y gracias a ellos, mi madre consiguió un buen trabajo que nos dejaba vivir con comodidad.

    Durante los años siguientes nuestra relación fue magnifica, más que madre e hijo éramos amigos, nos contábamos todo y no habían secretos entre nosotros, había veces después de ya algunos años que a ella le gustaba alguien y me consultaba si estaba de acuerdo yo casi siempre decía que no, pues era muy celoso con ella.

    Al llegar los 18 años empecé a salir con una chica del barrio así que siempre estábamos en casa viendo TV y conversando algunas veces aprovechando la ausencia de mi madre nos encerrábamos en mi habitación y hacíamos el amor, Milagros que así se llama mi novia no era muy bien vista por mama, ella decía que no le gustaba el que siempre estuviese en casa metida conmigo, yo me reía y le respondía que a mí tampoco me gustaba el que últimamente estuviese saliendo con Francisco, el cual era un compañero de trabajo y al parecer estaba enamorado de ella.

    Yo me burlaba de el con ella, me reía de lo disparejos que eran, Francisco era un hombre de casi 45 años pequeñito y regordete, eso sí era muy buena gente y se le notaba enamorado de ella ,en cambio Angélica así es el nombre de mi madre, es todo lo contrario, para empezar que en ese momento tenía 38 años y era muy guapa, en ella todo es bello no sé cómo mi padre pudo dejarla siendo tan bella, sus cabellos son ondulados y de color castaño, sus cejas son pobladas y los ojos enormes y bonitos su mirada es penetrante y sensual, la nariz pequeña al igual que la boca, los labios son finos y el tamaño de la boca es pequeña, y de cuerpo es quizá una de las mujeres más bien formadas que conozco, nada que ver con las madres de mis amigos angélica tiene un cuerpo muy contorneado y duro no se le nota barriga ni nada de eso, hay que decir también que le encanta el ir todos los días al gimnasio, por esta razón se mantiene tan bien.

    Ella siempre se reía de mis comentarios respecto a Francisco.

    “tienes que comprender que algún día tengo que rehacer mi vida, y Francisco es un buen hombre, quizás no es tan guapo ni nada de eso pero tiene un gran corazón” me decía.

    Yo me quedaba callado no me gustaba la idea de verla con nadie, en fin prefería no hacerme bolas en la cabeza con esto.

    Algunos días Francisco venía a casa a cenar con mama y yo invitaba a Milagros así nos quedábamos conversando después de cenar hasta muy tarde luego mi madre y él se iban al salón a conversar y Mila y yo nos quedábamos en el comedor o íbamos a mi habitación a escuchar un poco de música y si nos daba el tiempo echábamos un polvo para relajarnos e irnos a dormir tranquilos.

    Una noche vino Francisco con mi madre a cenar y Milagros no llego pues tenía que estudiar para un examen así que estábamos los tres solos platicando de cosas sin importancia, mi madre estaba bellísima, se había puesto un vestido que le dejaba ver lo bello de su cuerpo, a Francisco se le iban los ojos detrás de ella cada vez que se paraba para servirnos otro plato, a mí esto no me hacía mucha gracia, el ver a este tipo mirándole el culo a mi madre era algo que no me apetecía, así que una vez terminada la cena me disculpe con ellos y me retire a mi habitación .

    Me puse a escuchar música y hacer algunos apuntes, no se cuánto tiempo paso lo cierto es que me provoco el ir a tomar agua así que me dirigí a la cocina y al pasar por el salón me quede sorprendido al ver a mi madre recostada sobre Francisco, él estaba echado en el sofá y ella sobre el besándolo, las manos de él estaban acariciando sus nalgas, al parecer estaban tan concentrados en sus caricias que ni se percataron de mi presencia yo no sabía que hacer me quede callado y sin moverme, sin querer repare en lo bello que era el culo de ella, sus nalgas eran redondas y grandes tenían una forma perfecta y las bragas se metían en medio de las nalgas de lo grandes que eran, el muy cabron no dejaba de tocarla, vi como con una de las manos empezó a separar el hilo que se metía en el culo de ella y con la otra mano empezaba a jugar por debajo de las bragas directamente en el ano, ella daba unos gemidos pequeños cada vez que sentía el movimiento de los dedos de él.

    Creo que me hubiese quedado así para siempre con tal de verle ese culo tan bello, pero me sentí horrorizado al ver que me estaba excitando viendo cómo se estaban empezando a tratar de follar a mi madre y peor aún el pene lo tenía erecto de ver lo buena que estaba, mi novia no tenía ni punto de comparación con este cuerpo de mujer.

    Entre en la cocina y trate de hacer ruido les di unos segundos como para que se arreglen y volví a salir con el vaso lleno de agua en las manos, los vi sentados ella estaba roja de la vergüenza, se daba cuenta que si yo había llegado a la cocina había tenido que pasar por delante de ellos en consecuencia había visto lo que hacían.

    “cariño, ven un momento para que te despidas, Francisco ya se va” me dijo nerviosa, él estaba sudando.

    “estoy ocupado, adiós Francisco” me despedí así fríamente y de dos zancadas estaba en mi habitación, me eche llave y espere a verlo salir por la ventana, a los minutos salió él y al despedirse la beso en los labios, el estómago se me revolvió, el muy hijo de puta le metía mano a mi madre y yo ni siquiera me había dado cuenta, yo que pensaba que era un tonto y era más listo que cualquiera.

    Me contuve para no salir y gritarle a mi madre que no quería verlo por ahí y menos verlo así casi follándola en nuestra casa.

    Estaba pensando en eso cuando ella toco a mi puerta “hijo abre que quiero hablar contigo”.

    “mama vete a dormir estoy muy cansado y quiero descansar” conteste.

    Silencio.

    Sentí como se alejaba hacia su dormitorio, me dio pena el que se sintiera mal, quería salir abrazarla y decirle cuanto la quería y que la apoyaba en todo pero era imposible, la imagen esa me venía a lamente una y otra vez, recuerdo que me puse casi a llorar y me dormí con la imagen de sus nalgas en mi mente.

    A la mañana siguiente me desperté pensando en lo que había pasado y una y otra vez la imagen de las nalgas de mi madre venían a mi mente, no pude más y casi avergonzado me fui al baño y me masturbe pensando en ella, al terminar me sentí mal, era como si todos mis principios se hicieran añicos.

    Por la tarde Milagros llego a casa y de inmediato nos metimos en mi cuarto, estuvimos haciendo el amor por varias horas, se me fue el tiempo y sin querer no me di cuenta de que mi madre había llegado, se dirigió a mi habitación seguramente para hablar de la noche anterior y nos vio desnudos en la cama, se puso de muy mal humor y le dijo a Milagros de que se retirara, discutimos y me fui con Milagros a la calle, al regresar me la encontré sentada esperándome para platicar .

    “no me gusta que Milagros este metida todo el día en casa, no me importa que tengan relaciones, es más lo veo algo normal ya eres un hombre, pero no quiero que te obsesiones con esta chica” dijo ella.

    “y a mí no me gusta el salir de mi cuarto y encontrarte casi desnuda con un tipo que te está tocando las nalgas” le respondí.

    Ella se puso roja de la vergüenza “es verdad discúlpame, te prometo que no volverá a pasar, pero quiero que sepas que mi relación con Francisco va a más” contesto.

    Me daba pena el estar así con ella así que le di un beso y le pedí disculpas.

    “anda vente conmigo a mi cuarto a ver TV, como cuando eras pequeño cuando te de sueño te vas” dijo ella.

    Nos fuimos a su habitación, mientras yo buscaba algo que ver ella se metió en el baño y se puso una bata de dormir, llego a mi lado y se recostó, me tomo los cabellos y empezó a hacerme cariño, yo me sentía feliz de estar ahí con ella, siempre que ella me hacía caricias yo me sentía el hijo más querido del mundo.

    No sé cuánto tiempo paso pero luego de un buen rato ella se durmió estaba muy cansada por el trabajo, yo me quede viendo un programa, estaba concentrado en la TV, en esos momentos vi cómo se giraba sobre su brazo y me dejaba una linda vista de sus piernas, pues la bata se le había subido casi hasta las nalgas, me quede mirando esa imagen preciosa de mi madre con el culito parado y sus nalgas casi asomando por debajo de la pequeña bata de dormir. No podía soportar tanto con mucho cuidado tome el filo de la bata y lo levante por encima de sus nalgas, el pene se me puso como una piedra al contemplar semejante espectáculo, era el culo más divino que había visto hasta ahora, el tamaño la forma y lo perfecto de sus curvas hacían que mi erección cada vez fuese mayor.

    Me quede mucho tempo mirándole las nalgas no me atrevía a nada más, quizás si sentía un roce o algo se hubiese enfadado así que solo me quedaba mirar, apague la TV con cuidado y me fui al baño a masturbarme, al terminar la leche me salía a borbotones de la tremenda excitación que tena, en la noche no podía dormir y me levante una vez más para volver a masturbarme, me quede asustado de mí mismo me estaba convirtiendo en un pajero, y lo peor que las pajas me las hacía con mi propia madre.

    La noche siguiente no salí de casa estaba esperándola a que llegar para irme a ver TV con ella y esperar a que se durmiera para disfrutar del espectáculo, pasaron las horas y no llegaba, por fin casi a las 1am apareció un poco bebida en compañía de Francisco, me di cuenta que el muy cabron pensaba quedarse a dormir con ella así que sin dudarlo le dije “gracias Francisco no te preocupes por ella yo me ocupo de acostarla” vi que él se sentía decepcionado, seguro de que se había imaginado haciéndolo con ella y yo le estaba jodiendo el plan, por fin se fue y la tome de la cintura.

    “Vamos que te voy a acostar está bastante mareada” le dije.

    “discúlpame por favor te prometo no beber más, es que Francisco me invito unas copas y se me paso la mano” me contesto.

    La mire, esta bellísima, como siempre, tenía una cara de ángel y sus formas eran para volver loco a cualquiera, llegamos a su habitación y le puse la bata encima de la cama, “voltéate un momento que me voy a desnudar” me dijo en medio de su borrachera, yo me di la vuelta pero en frente mío estaba el espejo del tocador con lo cual la imagen era perfecta ella con un poco de dificultad se sacó la ropa y se quedó desnuda, por primera vez en muchos años vi sus senos eran hermosas, los pezones eran de un marrón claro y terminaban en una especie de botón, la forma era como las de una pera, muy puntiagudas y firmes, es más al quitarse el sujetador sus senos apenas se movieron eran duros y firmes, no tardo en ponerse la bata, “ya puedes voltear” me dijo al mismo tiempo que se echaba en la cama.

    Solo me quedaba esperar, esta noche sería mejor pues al estar mareada no se había percatado que no tenía puesta la ropa interior, no paso mucho tiempo pero a mí me pareció una eternidad, por fin se durmió, esa noche era mi oportunidad de mirar en lo más recóndito de ese majestuoso cuerpo, lentamente y con mucho cuidado subí la bata hasta la cintura, ella estaba echada de costado así que el culo estaba justo en una posición como para comérselo ,acerque mi cara a sus nalgas y con mucho miedo y excitación le di un beso, ella no sentía nada, con cuidado y usando las dos manos separe sus nalgas solo lo necesario para verle el ano. Era un huequito precioso cerradito y pequeño, la arrechura que tenía en esos momentos me hacía hacer cosas arriesgadas.

    Tenía las dos manos separando sus nalgas y acerque mi lengua hasta tocarle el ano con ella, solo fue un toque pequeño pero suficiente para sentir ese precioso hueco que tenía en medio de esas nalgotas, una y otra vez hacia lo mismo, en un momento me agache un poco más y vi la rajita de su vagina solo se notaba la parte de abajo, se había depilado y se notaba lo rosadita que era esa cosita tan rica, otra vez mi lengua se encargó de saborear sus jugos, yo estaba a mil, cada minuto que pasaba me atrevía a más cosas, la excitación llego a su punto máximo al sacarme la polla y comenzar a tocarme mientras con la otra mano acariciaba las nalgas de ella.

    Me anime a poner la punta de mi polla en la entrada del culo, le frote un poquito y la lubrique por la cantidad de líquido que botaba de la polla, ella solo hacía de vez en cuando algún movimiento pero nada más estaba tan borracha que si la hubiese penetrado no lo hubiera sentido.

    Después de mucho rato, decidí retirarme a hacerme una paja, no quería que se despertase, y esto si bien era casi imposible, podría pasar porque dada mi arrechura cada vez tocaba con más fuerza sus partes íntimas. Me fui a mi habitación y después de auto complacerme me dormí.

    Me levante al sentir la presencia de ella en mi habitación, seria las 10am, estaba recién levantada, vino a mi cama y se arrimó a mí, mi cama es pequeña y esto nos obligaba a estar pegados el uno al otro, me puse de costado y ella llego y se echó a mi lado dándome la espalda, puso directamente sus nalgas contra mi verga, me quede quieto, no quería pensar en qué pasaría si ella sintiese mi erección, ella se quedó ahí a mi lado hasta que comenzó a hablar.

    “sabes una cosa, ayer no estaba tan borracha como parecía, y sentí todas las cosas que hacías, quiero que ahora lo vuelvas a hacer”

    Me quede mudo, no sabía que decir, no pensé nunca que pudiese sentir todo lo que le había hecho pensando en su borrachera.

    “porque no dijiste nada” pregunte con la voz muy baja.

    “porque quería ver hasta donde llegabas y después aunque me moría porque siguieras me sentía mal de hacerlo, esta mañana me desperté pensando en tu lengua pasando por mi vagina y no quiero quedarme con las ganas” contesto.

    Se sentó un poco y se quitó la bata, ahora estaba ahí delante mío sin nada de ropa, la mire, no podía creer que en mi cama tenia semejante hembra a mi disposición, la bese, sentía su pequeña lengua dentro de la boca, era sabrosísima, tan sabrosa como su vagina, la bese largamente, con pasión con deseo, ella no dejaba de hacerlo y sentía su cuerpo con las tetas totalmente duras encima de mi camiseta, mis manos bajaron hasta sus nalgas y comenzaron a masajear ese tremendo culo, mientras no dejaba de lamerle la lengua, chupar sus labios era lo más perfecto que podía hacerse.

    “quítate la ropa, quiero verte desnudo” me suplico.

    Me quite todo y mi pene se mostró totalmente erecto, se agacho hasta el y comenzó a metérselo en la boca, me dio una chupada riquísima, hasta ahora nunca nadie me lo ha chupado de esa manera, no dejo ninguna parte sin pasarle la lengua, mientras me lo chupaba con sus manos estiraba mis huevos hacia abajo y luego pasaba la lengua sobre estos, por momentos se los metía en la boca y tiraba hacia abajo, que rico me sentía en las nubes, la tome de los cabellos y la recosté en la cama ahora quería se yo el que disfrutase de su sexo, levanto un poco las piernas y metí la cara ahí en su vagina, era sabrosísima, y preciosa tan pequeña que no s podía abrir mucho, la lengua entraba y salía de ahí, de vez en cuando estiraba la lengua un poco más hasta llegar a su ano para luego regresar a la vagina, al poco de estar saboreando sus jugos sentí como se corría, me tomo de los cabellos y me hundió en su sexo, casi no podía respirar, solo podía chuparle ese hueco tan sabroso.

    Luego de terminar se quedó con los ojos cerrados acariciando mis cabellos, subí por su cuerpo hasta sus senos los bese, los pezones continuaban duros los mordí y comencé a acomodar mi polla en medio de las piernas, abrió los ojos y me miro con amor me agarro por la cintura y comenzó a empujarme hacia ella, mi pene no lograba abrirse campo dentro de ella, la vagina era pequeña y aunque no me lo hubiese imaginado hacia mucho que no la follaban, me dijo que Francisco no lo había hecho y que la vez que los sorprendí era lo más cerca que estuvo de hacerlo con él, me alegre de haberlo hecho, ahora esa cosita rica que tenía entre las piernas seria solo para mí.

    Empuje una vez más y la penetre, echo la cabeza hacia atrás y grito de placer, yo metí mi cara entre sus senos y también gemí de placer era la concha más caliente que me había comido, parecía que tenía fuego ahí adentro, además las paredes de la vagina se amoldaron a mi pene totalmente, cada movimiento mío encontraba un gemido como respuesta, esta situación comenzó a calentarme más aun, el escuchar a una hembra gritando al ser penetrada es una de las cosas que más me excitan.

    Le hice el amor durante mucho tiempo, además la cama pequeña no nos dejaba mucho espacio para movernos, solo podíamos estar uno encima del otro, y yo lo aprovechaba al máximo, le di una tremenda follada, por momentos sentía que la leche se me salía, la retiraba y volvía a empezar, no quería terminar hubiese querido estar así para siempre, “espera déjame que mede la vuelta quiero que me comas por el culo” me dijo sin pudor.

    Ante mis ojos quedaron esas nalgas que me volvían loco, las bese las lamí le metí otra vez la lengua en el ano y me dispuse a penetrarla, se la puse en la puerta del culo y presione mi glande hasta que logre meterlo, al entrar ella metió la cabeza en la almohada y dejo escapar un grito de dolor, eso me termino de arrechar, me volví loco, me coloque mejor y sin más se la metí toda, otro grito, y yo peor aún más fuerte y más seguido, ella ya no paraba de gritar de placer ,y de dolor, le estaba prácticamente desflorando por segunda vez, después me dijo que desde que se separó de mi padre nunca nadie más se la había metido por ahí, el saber que solo mi padre y yo habíamos compartido ese culito me alegro, al fin y al cabo el culito ese era demasiado bueno como para que se lo como un extraño.

    Después de metérsela repetidamente por detrás termine de una forma salvaje dentro de ella, ella se quedó quieta ahí debajo mío, le bese la espalda y me puse a su lado la abrace, la leche empezó a salir por sus nalgas, a mí eso no me importaba, ella se quedó quieta ahí, “vamos a dormir un poquito, estoy muy cansada, me has hecho polvo” dijo cerrando sus bellos ojos, yo la rodee con mis brazos puse mis manos en sus enormes senos y me quede ahí con la polla en medio de sus nalgas vigilando su sueño.

    Desde ese día Francisco dejo de venir por casa y a Milagros comencé a evitarla, no me podía permitir la posibilidad de perder a mi nuevo amor, además mama es muy celosa y no quiere que salga con nadie, cada día hacemos el amor y espero que sea por mucho tiempo.

    Loading

  • Acostada con Safo

    Acostada con Safo

    María, llamada ocasionalmente Mary, tiene un gran fanatismo por los poemas y la literatura queer, eso a pesar de no estar muy de acuerdo con las políticas ideológicas del actual mundo.

    Ahora mismo se encuentra caminando por una calle desolada en el Centro de Lima, pensando en muchas cosas: que si envié la tarea de filosofía al Teams, que si debería grabar otro Tik Tok, que si… Un montón de preguntas y pocas respuestas. Durante esos largos días y placenteras noches de verano en las que se sumergía en su celular para leer obras en Wattpad (obras eróticas en su mayoría), comenzó a preguntarse lo siguiente ¿qué se sentía hacerlo?

    Antes había investigado formas de masturbarse viendo videos porno, pero nada de eso funcionaba, de lo contrario habría sido un milagro. Ella buscaba hacerlo en serio sin importarle nada. No tenía novio por más que sus atributos físicos sean las de una modelo profesional de Hollywood. Sin novio, no había sexo.

    “¿Qué puedo hacer?” se preguntó antes de comenzar a investigar sitios para poder comprar sexo barato… si, a veces podía llegar a ser muy tacaña, el dinero es una necesidad por excelencia y gastarlo así como así no es el plan.

    Hace una semana, investigando en páginas privadas con una cuenta privada, una reflexión cruzó por su cabeza: embarazos precoces. No había pensado en eso, sin la protección debida, corre el riesgo de quedar preñada y el aborto no estaba en sus planes.

    Dándole muchas vueltas al asunto, acabó en esta página titulada Afrodita Lesbiana. “Lesbianas” aquella palabrita hizo eco en su mente. Ella sabe lo que es una lesbiana, quién no. En el colegio conoció a una pareja de lesbianas en su salón que tenían la libertad de ir por ahí como si nada sin pudor alguno.

    A María ocasionalmente eso le producía asco, pero con el pasar del tiempo, su asco se convirtió en curiosidad. Admitía que parte de los videos que veía era porno lésbico. Gracias a eso, aprendió términos como ‘mandarina’, ‘tijeras’ y ‘el 69’. Muchos dicen que las mejores personas en sexo son las mujeres, después de todo, ellas son por lo general las que dominan las intimidades y son la principal fuente de satisfacción del hombre. Si quería saber de sexo, pregúntaselo a una mujer.

    “Ya veo hacia donde está yendo esto” se dijo aquella vez investigando en la página de la Afrodita Lesbiana. Si hay alguien que podría darle placer sin correr el riesgo de quedar preñada, esa era una mujer con un dildo. había visto de esos en sus videos y en algunos comics hentai.

    Entonces aquí estamos, con María frente al hotel lésbico en la dirección que indicaba en la página. Según las referencias, muchas mujeres vienen por aquí a buscar algo de diversión un tanto exótica. Ella es mayor de edad, tiene 19 años, así que no había problema.

    Sin esperar nada más, entra al hotel, se registra en la recepción y paga un total de 70 soles por una habitación y una chica venezolana según una pancarta que le mostraron para que escogiera. La conduce hasta dicha habitación en el segundo piso del hotel. “Intenta no ser muy escandalosa” le recomienda la mujer recepcionista. María no suele ser gritona ni nada por el estilo, pero estaba segura que muchas le habían dicho eso antes.

    La puerta se abre con un click y del otro lado revela un ambiente alumbrado con neón, con olor a fresa por un aromatizador sobre una mesita de noche, una lámpara pequeña, una extensa cama con sábanas limpias y una sensual mujer rubia vestida con un micro short rasgado, tacones negros, una blusa verde corta que dejaba ver su plano vientre y un chaleco de mezclilla con un pin a la altura del pecho donde había un labio mordisqueando una naranja.

    -¿Eres la nueva? ya van trece este día.

    -Ahórrate tus ensimismamiento para después Lorena, ella es un cliente.

    -Eso lo veo.

    La chica rubia no parecía sobrepasar los 30 años, se veía jovencita, impecable, una flor recién florecida en medio de un jardín pisoteado. La recepcionista le indicó a María que solo tienen media hora, que lo aprovechen al máximo y de ahí se fue cerrando la puerta tras sí.

    -Bueno querida, desnúdate y muéstrame tu conchita ¿está afeitada?

    María se había preparado para esto, bueno, no exactamente, pero en los videos porno había aprendido un par de cosas sobre cómo proceder. Así que comenzó por quitarse los jeans, no llevaba cinturón así que fue fácil. Se los bajó mostrando sus bragas negra.

    -Espero que hayas escogido un buen conjunto, a ver muéstrame los melones.

    Sabía a qué se refería con melones, así que no vaciló mucho ni se dejó llevar por la timidez, hizo un sacrificio para esto así que debe aprovecharlo lo más que se pueda. Se deshace de su polo púrpura mientras la rubia llamada Lorena comenzaba a quitarse el chaleco de mezclilla y su blusa verde, revelando no llevar sostén por debajo.

    “Vaya sandías tiene esa perra” pensó María de forma atrevida, su lenguaje también había cambiado un poco gracias a esos videos.

    -Pero vaya, o sea ¿tú no hablas?

    -No sé de qué hablar.

    -Bueno…

    Aún no se quitaba el mini short, pero María ya se estaba excitando, lo sentía en sus pezones erectos. Lorena se alcanza de la mesita un libro pequeño, que pequeño, delgadísimo. Era apenas del ancho de un lápiz. Por título llevaba Composiciones de Safo.

    -¿Te gusta Safo? leíste algo de ella.

    Sí que había leído algo de la décima musa de Platón. Gracias a ella nació el término lesbiana, cosa en lo que María se estaba convirtiendo. El ya solo hecho de que le excite el cuerpo de una mujer lo demostraba.

    -Vamó hija, liberá ya esos melones, que tengo hambre.

    -Solo si lees algo de ella.

    Señala el libro pequeño. Lorena ríe un poco y asiente. Abre el libro en la página cinco, donde estaba la Oda hacia Afrodita. Entonces, como una gran declamadora, comenzó a recitarlo…

    -¡Tú que te sientas en trono resplandeciente, inmortal Afrodita!

    Hace tiempo, en sus clases de filosofía, cuando tocaron el tema de la mitología griega, María no pudo evitar sentir cosquilleos en su entrepierna al escuchar el nombre de la diosa de la sensualidad y el amor en Grecia. La hermosa Afrodita, libre de imperfecciones, es la musa perfecta para todo hombre enamorado… y para toda lesbiana del lugar. Esa vez se preguntó ¿por qué siento calor en invierno? y fue por eso: la excitación. Le excitaba Afrodita. Le excitaba el solo imaginar su cuerpo desnudo, el imaginar pasar la yema de sus dedos, rozar su pálida y suave piel, estudiar cada centímetro de ella, explorar esa jungla que aguardaba un tesoro jugoso y enorme en su entrepierna…

    “Quería probarte” pensó y pues sí. Desde hace años se guardaba eso, no por vergüenza, sino por ignorancia. Oculta en un closet sin saberlo, aguardando el momento para encontrar a su afrodita. A ese ser que le daría placer, que la devoraría entera, le lamería por todas partes y conocería su cuerpo y talento. Conocería su mundo privado.

    -¡Cumple los deseos de mi corazón, no me rehúses tu ayuda todapoderosa!

    -Hay…

    María ya no veía a la rubia venezolana llamada Lorena, sino que veía a Safo de Lesbos, con su manto típico de la época, su cabello recogido y negro, esa piel pálida y sonrojada, sentada en ese trono de mármol cubierta de belleza. Sin saberlo aún, maría dirigió su mano hacia las paredes de su vagina, con el dedo del corazón acariciaba el clítoris mientras sus ojos, perdidos en el aire, observaban esa dichosa fantasía, perfecta a la vista.

    -Ya te ansiaste, ven pues.

    Pero la voz de venezolana pasó a una de estilo latina, como la que hablan la mayoría de los peruanos. María, hipnotizada de alguna manera, caminó hasta la cama, se arrodilla en el borde para después caer a los brazos ya libres de Lorena, pero para ella, era su declamadora.

    -Pero bueno, pareces ansiosa. Ya se ansió mi gatita mimosa.

    -Quiero…

    -Claro que quieres.

    Expresó con una voz atrevida y lasciva. Lorena sujeta ambas mejillas de la joven para después besar esos rosados labios con sabor a fresa. En un punto le comenzó a meter la lengua, primero superficialmente, pero luego María la absorbe como una aspiradora. María chupaba la lengua de Lorena como si fuera un chupetín, incluso le metió lengua hasta saborear el principio de aquella hermosa figura.

    Se separan por la falta de aire dejando un hilillo de saliva.

    -Que golosa.

    -No he terminado.

    -Espera ternura.

    Se recuesta en la cama y se quita los shorts, abajo no llevaba nada, era un coño perfectamente rasurado y atrayente. Lorena comienza a frotarlo dándose placer inicial.

    -Vamó encanto, lámemelo y si lo hacé bien, te doy premio.

    No tuvo que repetírselo dos veces, de frente María se lanzó a lamer el clítoris de la rubia. La misma comenzó a frotarse los enormes pechos y a pellizcarse los pezones. Las primeras lamidas fueron superficiales, pero después comenzó a introducirla en el orificio hasta llegar al punto G.

    -Hay Dios… Mmm… vamos…

    Siguió así. María sujeta las piernas de la mujer mientras empujaba su lengua aún más al fondo, quería obtenerlo todo, saborearlos y probar de ese elixir hasta la última gota. Las paredes vaginales segregaban un viscoso líquido traslúcido, además que su larga lengua comenzaba a sentirse ajustada dentro de su orificio.

    -Hay mi amor… creo que…

    Creía muy bien, estaba a punto de llegar al orgasmo. María continuó sus lamidas, pero ahora con más intensidad, incluso con los dientes superiores aprieta el clítoris de la mujer que palpitaba como si tuviera vida. De pronto, sus movimientos leves pasaron a bruscos.

    -Dio mío, ya voy… niña…

    Con su lengua empujando hasta el fondo y las paredes vaginales cerrándose a su boca, Lorena se corre en la cara de María. Su rostro se empapa de esa viscosidad exquisita que lame con placer. Lorena se oía exhausta, pero bien sabían ambas que esto apenas comenzaba.

    Para el segundo turno, Lorena tomó control de la situación y puso a María en posición de perrito.

    -Me vo a vengar, niña mala.

    Una nalgada.

    -Mami… quiero más.

    -Querés más, bueno.

    Esta vez se ayudó de su libro pequeño. Sujetando el trasero de María, le dio de nalgadas hasta que su mano se cansó. Con cada golpe, María soltaba un gemido distinto. Al final, sus nalgas terminaron de un tono rosado.

    -Ahora…

    Lorena se había alcanzado un dildo de plástico cubierto de lubricante.

    -¿Por dónde ataco? ¿Por acá?

    Dirige el dildo hacia la vagina de María, ella seguía con sus quejidos.

    -O ¿por acá?

    El dildo roza su ano.

    -Ahí, lo quiero ahí.

    -¿Segura? como quieras.

    Sería como ser penetrada por un pene. A eso había venido, a sentir una nueva experiencia. Al momento de sentir su ano abrirse, María sintió ligeros dolores que pasaron a mayores cuando el dildo entró por su ano.

    -Aaah…

    -No exageres.

    -Hay mami… pero… aaah…

    El dildo comenzó a entrar y salir, como lo haría un pene real. Aquel orificio chiquito era perfecto para una excitada, se sentía rico, doloroso al principio, pero rico. Incluso ella ayudaba moviendo las caderas de adelante hacia atrás, como si estuviera en un columpio. De pronto, Lorena se pone detrás de ella, con su culo encarando su entrepierna. Sujeta ambos lados de sus caderas para después, empujar el dildo con su entrepierna. Le costaba, pero valía la pena.

    -Ahora sí mamaita…

    Ya tenía algo planeado. María no lo vio venir, pero durante unos segundos de pausa, su dominadora se coloca un dildo con correa a la altura de su vagina.

    -¿Qué vas a…? Aaaah

    El otro dildo se introduce con fuerza en su vagina y este no tenía lubricante. El primer dildo de plástico se quedó incrustado en su ano mientras que el nuevo dildo la penetraba en su conchita.

    -Eso mami… que rico se siente.

    Se tira contra ella, abrazándola por detrás y sujetando sus medianos pechos. Su lengua pasa por su espalda hasta su cuello que es donde muerde como si fuera un vampiro.

    -Ay… ay… ayyy, más despacio…

    -Cállate sucia pervertida… este es tu castigo.

    Su voz la excitaba también, además de las lamidas y las mordidas en el cuello. Sus empujadas aumentaron, ahora su voz salía chillona. Un compás acelerado de gemidos atrevidos y lujuriosos. Su vagina comenzó a mojarse, su ano absorbía el dildo de plástico penetrándola más.

    -Ya voy…

    -Córrete mamaita.

    Aceleró sus penetradas hasta volverse embestida brutales que dolían y daban placer al mismo tiempo.

    -Hay… hay… aaaah…

    Su lengua se sale de su boca junto con un poco de saliva, mientras que su vagina llegaba al orgasmo junto con su ano. Las manos de Lorena se cierran a sus pechos pellizcando con fuerza sus pezones erectos, sus dientes mordían su cuello con fuerza. Sus brazos, que hasta ese momento la habían resistido, caen rendidos al peso de la rubia. Las sábanas se mojan con los jugos de amor de María y Lorena lo lame con placer luego se sacar el dildo de su vagina y de su culo.

    Estaba rendida, nunca se olvidaría de un momento así, ni siquiera mientras duerma. Lorena se acerca a la chica por detrás, la abraza y le da un bezo en el cuello.

    -Aún nos queda algo de tiempo ¿qué deseas hacer?

    Sus quejidos callaban cada palabra que intentaba decir, pero hace un esfuerzo.

    -Declámame… mi musa.

    -Ya veo, que niñita más engreída.

    Acerca su rostro al de ella y le da un beso francés para después dar una respuesta.

    -Vayamos por la tercera ronda.

    Fin.

    Loading

  • Amantes sin aliento

    Amantes sin aliento

    ¿Sabes lo mucho que te extraño?

    ¡Extraño esas cogidotas que me das, esos momentos tan calientes y excitantes! Me tienes completamente entregada, soy una mujer muy deseosa de tu ser.

    Me encantaría todo el tiempo montarte, tenerte entre mis piernas, tenerte por delante, por detrás, de lado, ¡a oscuras o a plena luz del día!…

    Eres mi obsesión, eres mi día y mi noche, eres mis sueños, eres mis deseos más íntimos más románticos, más calientes y los más lujuriosos.

    Contigo quiero experimentar lo nuevo y lo diferente lo caliente y lo frio, lo sucio, lo bueno y lo mejor…

    Déjame imaginar que siempre volaremos juntos, que el tiempo no existe cuando estamos abrazados, cuando somos un solo cuerpo con dos mentes y dos corazones capaces de latir a la misma velocidad, sincronizando nuestras almas para brindarnos el placer más puro, lujurioso, caliente e hirviente, somos como un solo universo en expansión.

    Provocas en mi las vibraciones más profundas, generas las aguas más calientes las sensaciones más exquisitas que una mujer pudiera tener.

    Ya no podría existir sin tu aliento, sin tus ojos buscando los míos, sin esa lengua deseosa de mí, husmeando en mi sexo, llegando a lo más profundo y húmedo de mi placer, provocando mis gritos y pidiéndote más y más…

    ¡Amo! ¡tu ser firme grueso y duro, solo tú sabes como lo amo! lo beso, escupo, saboreo huelo y chupo para tenerlo más que listo para la unión de nuestros cuerpos, es la conexión de nuestras almas de nuestros más deliciosos sentidos y placeres, pierdo todo sentido del tiempo cuando me llenas con él, nada ni nadie existe más que tú y yo y cuando iniciamos el vuelo, no hay quien nos detenga siempre queremos más y más hasta quedar completamente abatidos, sudados, cansados, con ardor, humedad y ese dolor que solo los amantes entregados conocemos, hoy aquí te doy las gracias por ser mi super hombre, mi amante perfecto el ser más elevado que ha tocado mi cuerpo y mi alma… ¡gracias mi guapo!

    Completamente tuya.

    Loading

  • Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 5 – final)

    Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 5 – final)

    Ya bien lavadas, salimos de la ducha y nos secamos. Mientras tanto, no dejamos de besarnos y acariciarnos. Nos vestimos. Yo me pongo de nuevo mi fino conjunto de ropa interior granate y ella otro conjunto sencillo de top y culotte de licra negros, muy combinado con las chanclas. Acto seguido, se pone las gafas y me mira con deseo, pícara y cariñosa. Está tremendamente sexy e imponente, como una gladiadora. Nos miramos con deseo. Entonces se pone detrás de mí y me abraza por la cintura mientras me dice susurrándome al oído:

    –Mira lo que te voy a enseñar, cariño mío… Es una sorpresa. Cuando te diga, gírate hacia mí. ¿Sí?

    –Claro que sí, amor –le digo, intrigada.

    –Aunque… Si quieres, adelante. Si no, rotundamente no. Para nada quisiera hacerte sentir mal ni incómoda.

    –De acuerdo –le digo, algo nerviosa.

    –Sobre todo, tranquila. No pasa nada –me besa.

    Se dirige a otra parte de la casa, concretamente en la planta baja. La verdad es que me tiene muy intrigada. ¿Qué será?

    Escucho de nuevo sus firmes y decididos pasos de gladiadora espartana subiendo las escaleras, sus pies con las chanclas negras de cuero y plataforma que he besado, lamido y relamido y me he quedado hasta con ganas de más. A cada paso suyo más cercano, mis latidos se aceleran más y más. Ya llega de nuevo a su cuarto.

    –Ya puedes girarte, cariño.

    Me volteo. Alucinada me quedo. Lleva un aparato de estos en forma de arnés bien fijo a su grande cintura. Y bastante grande, por cierto.

    –¡Guau!! –exclamo boquiabierta, sin saber bien qué decir. ¿Cómo habrá conseguido algo así?

    –¿Sí? –me pregunta, con una tierna y pícara sonrisa, con las mejillas sonrojadas y las pupilas dilatadas.

    –¡Claro que sí! –le respondo. Estoy que me muero de ganas de esto con una mujer como ella.

    –¿Segura? –me pregunta seriamente.

    –¡Segurísima!

    Entonces, ella se sienta en la cama, me toma bien de la cintura, me da dos palmadas bien fuertes en cada nalga mirándome fogosamente, por lo que doy dos pequeños gritos, me baja lentamente las braguitas y me siento en su falda, de manera que alcance el aparato, que sintiéndolo ya en lo más profundo de mi ser, empiezo a cabalgarla.

    Empezamos despacio, con cuidado y muy poco a poco vamos acelerando el ritmo. Lo hacemos en todas las posturas posibles y por todas las estancias de la casa. Ella sentada o agachada y yo en su falda, ella tumbada y yo agachada encima, yo tumbada y ella agachada mientras rodeo sus hombros con mis piernas, ambas tumbadas de lado, ella de pie tomándome en brazos, ella detrás y yo delante estando ambas de pie, en la cama, en la pica del baño, en la escalera y en su respectiva barandilla, en el suelo, en una silla, en el sofá, contra la pared, en la mesa del comedor, en la encimera de la cocina, etc.

    Hacemos una vuelta por toda la casa, repitiendo lugares, posturas y todo. No dejamos de besarnos mientras hacemos el amor de esta manera y gimo como nunca antes con sus apasionados embestidas, cada vez más fuertes, rápidas e intensas aunque yendo siempre con cuidado. Me encanta como sus manazas agarran con fuerza, acarician y amasan mi cuerpo entero mientras hacemos el amor sin tregua. No deja de susurrarme al oído entre ardientes gemidos y rugidos lo hermosa y sexy que soy, lo buena que estoy, lo mucho que la excito y lo lesbiana que la hago sentir.

    Ambas tenemos varios orgasmos y los sentimos apoderándose de nuestros cuerpos con demasiada intensidad. Es increíble lo satisfecha que me hace sentir y como me hace el amor, como me hace suya, al mismo nivel que podría hacerlo un hombre o, quien sabe, mejor todavía.

    ¿Gunilda hetero? ¿Cómo que hetero? Repito: ¡Y unos cojones como los del caballo de espartero! Sí, sí, muy hetero y tal pero menuda gladiadora alfa escondía. Más lesbiana que las lesbianas. Por ser su primera vez haciendo el amor de esta manera, es tremendo como me lo hace. Es como que no necesita haber tenido ninguna práctica ni experiencia, lo hace de manera instintiva.

    Terminado el tórrido recorrido por toda la casa, nos encontramos de nuevo en su cuarto, en su cama, en la misma postura que hemos empezado, ella sentada y yo en su falda. Tengo mi último orgasmo cabalgándola y gimo más fuerte que nunca. Caigo rendida abrazada a ella y ambas nos tumbamos en la cama para tomar aire. No dejamos de besarnos. Me siento como si me hubieran partido por la mitad. Pero con mucho gusto.

    Transcurridos unos minutos, se quita el aparato y nos abrazamos con fuerza, juntando más y más nuestros cuerpos. En un momento dado, se quita las bragas culotte y me lanza una ardiente mirada cómplice que yo, que hace ya un buen rato que tengo mis braguitas en el suelo, capto al momento. Ambas nos movemos de una manera que terminamos sentadas en la cama fuertemente abrazadas. Abrimos y cruzamos bien nuestras piernas, acercando más y más nuestras empapadas y desnudas intimidades, hasta estar completamente pegadas.

    Es entonces cuando nos movemos con gran sensualidad, fuertemente abrazadas, acariciándonos el cabello, las mejillas y el cuello, besándonos sin casi respirar, con mi cabeza bien acomodada entre las tiernas almohadas de sus enormes tetas, que se las beso y se las succiono sin parar por encima y por debajo del top. Empezamos lentamente y nos movemos cada vez con mayor ímpetu, hasta que ambas nos deshacemos en un tremendo orgasmo al mismo tiempo, dejando las sábanas bien húmedas de nuestra pasión, deseo y amor.

    Caemos rendidas, realmente exhaustas. Por ser mi primera vez en toda mi vida, ha sido demasiado intensa. Estamos tumbadas de lado, mirándonos a los ojos, acariciándonos el cabello y besándonos.

    –Mi Clío. Mi hermosa Clío. Yo… Yo realmente siento cosas por ti. Yo te deseo, te quiero, te amo. Yo quiero estar contigo y te lo quiero demostrar día a día. Nunca antes había sentido por una mujer lo que por ti siento y todo lo que deseo es que confíes en mí, porque jamás se me pasaría por la cabeza jugar con tus sentimientos ni hacerte daño. Eres la persona más bella que he conocido en todos los sentidos, te mereces lo mejor de este mundo y de esta vida y yo estoy dispuesta a dártelo, a desvivirme por ello si hace falta. Estoy dispuesta a hacerte sentir amada de verdad.

    –Gunilda, amor mío. Llevo tiempo realmente enamorada de ti. A tu lado me siento diferente. Más sensible, más humana, más persona, más yo. Llegaste mi vida en el momento oportuno, cuando más lo necesitaba, cuando las circunstancias me ahogaban. Has estado a mi lado y me has cuidado en todo momento. Eres mi ángel de la guarda. Me has devuelto las ganas de vivir, de sonreír, de enamorarme sanamente y de verdad. Y esto… Esto no tiene ningún precio.

    Durante estas tres semanas sin vernos, he descubierto que mi vida no es la misma sin tu sonrisa, sin tu mirada de ojos cafés, sin tu cabellera castaña, sin tu dulce voz, sin tu aroma, sin el contacto de tus manos con las mías, sin tus abrazos, sin tus besos, sin tu cuerpo junto al mío, sin tu hermosura, sin tu sensualidad. Tu presencia, tu cercanía… Son como el mismo aire que respiro. Te deseo a reventar desde el primer momento que te vi, Gunilda. Eres la más hermosa, exterior e interiormente. Te amo con todas mis fuerzas.

    Continuamos besándonos abrazadas.

    –Conozco un precioso restaurante allí en el casco antiguo con unas magníficas vistas al mar y al anfiteatro. ¿Vamos a cenar? Yo te invito –me susurra muy tiernamente al oído.

    –Perfecto, vamos. Aunque pienso que es mejor pagar mitad y mitad.

    Me mira tiernamente regalándome su hermosa sonrisa.

    –Descuida, amor. Invito yo –me susurra con gran ternura. Me besa la frente.

    Ay, que enamorada estoy de ella. De veras.

    Así pues, nos vestimos. Yo con mi vestido granate, mis sandalias negras de plataforma y mi chupa negra de cuero y ella unos pantalones tejanos, una blusa abotonada color turquesa y sus seductoras botas marrones de plataforma y tacón junto con la chupa marrón de cuero. Salimos de su casa, subimos a su coche, ella abriéndome la puerta y por momentos, mientras conduce, poniendo su manaza en mi muslo y yo la mía encima de la suya. Caminamos por la calle tomadas de la mano y cuando me sobresalto con el sonido de algún petardo, sé que ella está conmigo para abrazarme.

    La verdad es que me encantan estos gestos de hacerme sentir segura, única. Y todavía más si vienen de una mujer.

    Así pues, nos dirigimos al restaurante. Tal y como me ha dicho, es un lugar sencillo y precioso. La cena transcurre de fábula. Así es como tenemos lo que diríamos nuestra primera cita romántica.

    Con el transcurso de los días, hablamos y nos vemos con mucha frecuencia, mis viajes a su ciudad se tornan más habituales y aprovechamos bien cada instante juntas. Está más que claro que nuestro vínculo especial ha dado paso a algo romántico, un sentimiento verdadero, de los que pocos quedan ya.

    Fin.

    Loading

  • Lasciva noche con los vagabundos

    Lasciva noche con los vagabundos

    Después de haber tomado valor y haberle confesado a mi prometida que quería verla coger con esos vagabundos, yo me imaginaba siempre como seria todo, la cara que ellos pondrían, o como reaccionaria mi novia a los momentos antes, durante o después, no había vuelta atrás había hecho mi confesión, ella me había hecho una confesión en respuesta a la mía, ambos estábamos decididos a ir por todo, los dados estaban sobre la mesa.

    A los 3 días de haber realizado el baile de año nuevo a Antonio y su amigo, los días habían estado con calma, nos habíamos tomado un respiro para prepararnos mentalmente sobre lo que se avecina, la calentura entre nosotros había aumentado favorablemente, era más intenso todo. La primera semana de enero finalmente había terminado y justo cae el tan ansiado correo de confirmación de fecha de graduación.

    Fue una confirmación algo frívola, leímos el correo con desesperación pero a la vez sin emoción, algo dicotómico, pues si bien nos confirmaban la fecha de graduación precisamente para el 15 de enero, nos informaron que sería en la Universidad y con uniforme blanco de enfermería, esas dos noticias nos decepcionó bastante pues seriamos la primera promoción en no lucir la toga y birrete, ir sin más, con el uniforme y ya, entonces entendimos del porque no querían darnos la cara y solo se limitaron a enviar un correo electrónico, desde el punto económico estaba bien ya que se acercaba nuestra boda pues estaba pactada para el 10 de febrero, pero hombre…

    Era nuestra graduación y hacerlo de una forma tan sencilla ciertamente nos sentíamos estafados.

    El golpe fue más duro para las mujeres pues todas ya tenían pensado en qué tipo de vestido, peinado y uñas lucir, todo se les vino abajo, solo era el uniforme, el moño y cofia fin del asunto. Como no había más que hacer, Erika y yo comenzamos a buscar ideas de bailes, o como llegarles a esos vagabundos para que se puedan coger a mi novia mientras los hipnotizaba con su baile, encontramos una perfecta llamada Lapdance, que no es más que el roce de dos cuerpos, del que baila y el anfitrión. No era muy exigente el baile teniendo en cuenta que eran tres personas, por lo que era perfecto.

    Mi novia empezó a buscar música que sirviera de fondo para darle el ritmo necesario, mientras yo me dedicaba a otras cosas.

    Los días pasaron rápido, hasta llegar el día de la graduación, teníamos listo los uniformes y los implementos que se iban a ocupar, fue un acto de una hora y media pues había otras carreras que se iban a graduar después de nosotros, fue un desastre total. Las fotos se tenían que tomar con prisa para no atrasar así que no se podía estar con compañeros hablando ya que teníamos que desalojar rápido.

    Después de la graduación nuestros padres nos invitaron a cenar, fue la última vez que nos reunimos para cenar como pareja comprometida.

    Al día siguiente, o sea el domingo en la noche decidimos ir a visitar a Antonio y los demás para decirles que día íbamos a llegar a compartir otra noche, pero no les mencionamos nuestras intenciones ocultas, llegamos al lugar, como siempre nos recibieron alegres, pero con la misma nos abordaron diciendo que Adrián no aparecía desde navidad, y eso ya les preocupaba pues nunca se había ausentado tanto. Por lo que nos pidieron de favor buscarlo.

    No tuvimos otra opción que aceptar, ya que era su amigo y no era justo que lo desecháramos así por así, por lo que les dije que subieran a mi auto.

    No era tan noche, probablemente eran las 9 o 10 de la noche, la disminución del tráfico favorecería la búsqueda.

    -Suban atrás para que puedan ver bien y me puedan guiar –les dije

    -Pero no queremos ensuciarte los asientos –me dijeron

    -Ah no se preocupen por eso, tiene forro –les dije animándolos

    -De acuerdo, pero que se venga tu novia con nosotros aquí atrás, así nos ayuda también –me dijo Héctor

    -De acuerdo –les dije siendo cómplice de lo que querían

    -Ustedes de mano larga quieren estar por eso me quieren atrás –dijo mi novia sonriendo.

    Me acerqué a mi novia y le dije: Oye es la oportunidad de ir calentando con ellos, muéstrate más suelta ya que irás atrás con ellos.

    -Uhm tienes razón –me dijo ella

    Y así se hizo, ella se subió atrás con ellos, quedando en medio, yo me dispuse a manejar. En un principio sí que estábamos buscando a Adrián, obviamente comenzamos en la misma zona de la exconstructora.

    Antonio y Héctor tenían un ojo en la calle y otro en las tetas mi novia, pues ella se había puesto un top de maya tipo crop dejando ver sus pechos y obviamente sus pezones, se había puesto una chaqueta corta negra de vaquera para cubrir sus pechos en caso de ser necesario y un jean negro.

    Anduve rondando las zonas aledañas a la exconstructora alrededor de 20 minutos, por el retrovisor miraba como ellos dos posaban sus manos sobre los pechos de Erika, pero sus miradas a la calle buscando a Adrián, ella hacia lo mismo, buscar con la mirada.

    Luego de un rato de buscar les dije: Tal vez deberíamos de buscar más alejado de la zona, tal vez se perdió o algo…

    -Imposible que se hubiese perdido, pero vamos a buscar –dijo Antonio

    Héctor y Antonio iban disfrutando el momento, iban cómodos en auto, con aire acondicionado, agarrando y pellizcando los pezones de mi novia mientras buscábamos a Adrián, mi novia contenta por la situación también.

    De pronto mi novia me pide que nos estacionemos en la gas 24/7 que había dicho era de mala muerte, o al menos eso era la impresión que daba. Me dijo que quería comprar agua, cerveza y snacks, por lo que di casi una vuelta ilegal, entre a la gasolinera y me estacioné frente a la puerta de la tienda, vi que eran los mismos dependientes de la última vez.

    Mi novia pasó por encima de Héctor para poder bajarse mientras y abrocharse la chaqueta iba, y Héctor la detiene.

    -Eh eh –dice Héctor

    -Ve por las botellas, pero no ocuparás esta chaqueta –dice quitándola.

    Mi novia tenía el top de maya, pero era transparente y como había dicho, se miraban sus pechos en su totalidad.

    Mi novia a bajarse del auto iba, cuando Antonio desde el otro lado le dice que esperara.

    -¿Qué sucede? –le pregunto mi novia

    Antonio se estiro sobre Héctor y le dijo que se acercara, a la vez tratando de sacar los pezones de mi novia por los pequeños hoyitos de la maya, pero solo pudo sacar uno.

    -Ahora sí, puedes ir –le dijo Antonio

    Mi novia se puso roja, pero a la vez caliente, tenía el pezón de afuera, pero entre los hoyitos de la maya, agarró aire y se fue así a la tienda.

    Cuando entró a la tienda, solo logré ver un poco que los dos dependientes ni a la cara la voltearon a ver, sus ojos se fueron directo a sus tetas. Mi novia se dirigió al dependiente del pasillo y le dijo algo, el dependiente la llevó más al fondo mientas le ponía la mano a media espalda, pero casi al momento regresaron, después de eso fue a pagar.

    Cuando regresó al carro nos dijo que solo le había preguntado por unas botanas, pero no esperó que la agarrara de la espalda.

    Después de ese pequeño exhibicionismo, continuamos con la tarea principal que era buscar a Adrián, ya llevábamos una hora buscándolos como locos, Héctor y Antonio manoseando los pechos de mi novia, pues ya le habían quitado hasta el top, iba con los pechos al aire, entonces Antonio le dice a Héctor.

    -Oye busca por mi –le dijo mientras llevaba su boca a los pezones de Erika

    -¡Si! Pero luego me toca a mi –le respondió Héctor a Antonio

    Yo iba viendo esa chupada de pezones por medio del retrovisor, mi novia le sobaba el cabello mugroso a Antonio, ya después de un rato de manejar quería descansar un rato, por lo que me desvié a quedar a orilla de calle en una urbanización. Entonces Héctor aprovechó también para chupar las tetas de Erika, lamian y mordisqueaban con mucho deseo, mi novia disfrutaba y presionaba sus bocas con sus pechos mientras jadeaba suavemente.

    Antonio desabrochó el pantalón de Erika, y se lo bajó con ayuda de ella, quedando en tanga, tanga que Héctor se la quitó de inmediato para llevar sus dedos en su clítoris para masturbarla.

    Entonces otra barrera fue rota, pues Héctor agarró la cabeza de Erika y la llevó directo a sus labios para besarla, mi novia le correspondió el beso, un beso de lengua bastante caliente, luego giró su cabeza para besar a Antonio por otro rato.

    El silencio reinaba adentro del auto, mi novia estaba encendida, Héctor y Antonio igual, entonces mi novia empujó con su boca a Antonio pegándolo todo lo posible a la puerta, lo arrinconó tanto como pudo, luego ella al tener espacio se puso en cuatro, dándole el culo a Héctor.

    Ella meneo el culo para invitar a Héctor, el entendió el mensaje y empezó a hacerle un oral en su ano y vagina, a la vez que besaba a Antonio, soltó un suspiro, vi su característico escalofrió que había tenido un orgasmo, un orgasmo en la boca de Héctor, luego de eso, a como pudo, dio vuelta para que esta vez sea Antonio quien disfrute comer del culo de mi novia, y ella paso a los labios de Héctor.

    Mientras las bocas de cada quien estaba enchufadas, mi novia con sus labios en la boca de Héctor, y Antonio unido de sus labios a los de mi novia, pero los labios vaginales, mientras yo tomaba agua pues me había dado sed de la calentura en mi cuerpo, escuché un fuerte golpe, era Antonio que le dio dos nalgadas a mi novia.

    -Hace rato quería comerte bien este culo, putita –le dijo Antonio

    -Juega con su agujero, es bien rico –le dijo Héctor a Antonio

    Antonio llevó su lengua al ano de mi novia, lamía y empujaba su lengua en el ano de mi novia, mientras ella solo disfrutaba de los lengüetazos.

    -Cómeme bien el culo –le dijo mi novia a Antonio

    -¿Qué quieres? –le preguntó Antonio a mi novia

    -¡Que me comas bien el culo! –le dijo exaltando su petición

    -Así me gusta, putita –le respondió mientras continuaba con afán lamiendo

    -¿Y me volverás a comer el culo tu también? –le preguntó mi novia a Héctor

    Ella ya estaba desatada con tanto oral y besos.

    -No entiendo lo que me pides –le dijo Héctor a mi novia

    -Que me comas el culo como una puta, por favor –le respondió mi novia

    -Así sí –dijo con una sonrisa

    Otra vez cambiaron de puesto para continuar con los orales.

    Después de unos 15 minutos estando así, mi novia se sentó, dio un suspiro para componerse, Antonio y Héctor se detuvieron un poco a regañadientes. Pero la misión estaba cumplida, pues había dado luz verde para darles a entender que estábamos dispuesto a más con ellos, habíamos abierto la antesala.

    Estaba muy feliz, mi novia igual, pero creo que yo más, aunque seguía con medio cacho, sabía que mi novia iba muy en serio con el tema de coger con ellos, eso me animó mucho.

    Reanudamos la búsqueda de Adrián por unos 30 minutos más, mi novia seguía desnuda sentada en medio de ellos dos, con los pezones erguidos por la calentura que rodeaba el ambiente adentro del auto, hasta que mi novia le dieron ganas de hacer pis y me lo hizo saber

    Por lo que otra vez me desvié a una gasolinera que encontré en el camino y me estacioné en la parte trasera pues es donde usualmente están los baños, a todo esto, ya eran un poquito pasadas de las 11 de la noche creo, entonces mi novia se disponía a ponerse el pantalón y así como al principio, Héctor la detuvo y le dijo:

    -¡No ocuparás nada de eso! –le dijo a mi novia

    Mi novia abrió los ojos como platos, pues sabía que Héctor iba en serio. Yo tenía una erección grande por lo anterior y aún más tiesa por lo que acababa de escuchar.

    Como yo me había estacionado justo viendo a las puertas de los baños Antonio se dirigió a mí y me dijo que me retrocediera, para que ella tuviera que caminar hasta las puertas y por la calentura así lo hice.

    -Vamos putita tú puedes –le dijo Antonio animando a mi novia

    -¡Y ni se te ocurra correr o caminar rápido hacia los baños o te obligamos a ir a la tienda así desnuda! –dijo Antonio sentenciando a mi novia.

    Mi novia nerviosa pero excitada bajó del auto y caminó lo más normal posible hasta llegar a los baños.

    Para bien o para mal, nadie la vio… la zona estaba libre. Ahora solo faltaba que ella regresara al auto, y justo cuando ella iba saliendo del baño pasó lo que tenía que tenía que pasar en esa situación, de frente se encontró con uno de los trabajadores de esa gasolinera que precisamente iba para el baño también.

    Era un joven, como nosotros, tal vez menos, de unos 20 años, fue como estar todo en cámara lenta, ella se quedó parada, y el la examinó de pies a cabezas, y le murmulló algo.

    Mi novia con una sonrisa amable se negaba, pero mi corazón dio un vuelco cuando vi que ella hacia un movimiento de afirmación al tipo, pero solo era para acompañarla hasta el auto. Al llegar al auto Héctor abrió la puerta, el chico se sorprendió y se descoloco un poco, al ver a dos vagabundos en el asiento trasero.

    Antonio le dice al chico: Tranquilo es normal que salga sin ropa…

    El chico tenía una cara surrealista, tal vez la situación lo superaba.

    Mi novia subió al auto en cuatro para irse a sentar en medio y Héctor la agarró y la detuvo.

    -¡Espera espera! Tengo que revisarte este culo –le dijo Héctor

    Mi novia había quedado con el culo parado con la puerta del auto abierta, aunque el chico de la gas cubría a mi novia.

    -Oye –le dijo Héctor al chico

    -¿Oye, quieres ponerla ahí? –le dijo Héctor invitando al chico a poner su verga en el culo de mi novia.

    El chico se negó rápidamente y le dijo que tenía que regresar a trabajar.

    Mi novia solo se rio del chico y le dijo: Así jamás vas a ser hombre

    Fue un golpe bajo, siendo sincero hasta a mí me dolió de una manera indirecta, con ese comentario le bajó la moral de golpe. Era la primera vez que mi novia decía un comentario tan despectivo a alguien.

    Héctor hecho al tipo y cerró la puerta, mi novia pasó a sentarse en medio del asiento, y reanudamos la marcha, ya era tarde por lo que dejamos hasta ahí de buscar a Adrián.

    Seguíamos con las cabezas calientes, pero era hora de regresar, por lo que maneje hasta la exconstructora a dejar a Héctor y Antonio.

    Una vez estando ahí, nos bajamos del auto y nos agradecieron por haberles ayudado a buscar a Adrián.

    Héctor le dijo a mi novia: Ese culo es bien travieso por lo que veo –dijo mientras se lo apretaba

    -Y caliente –le continuó mi novia

    -El tipo ese de la gasolinera se lo perdió –le dijo mi novia

    -Lástima seguro era gay –dijo Antonio

    -Es que quien se negaría a ponerte la verga en ese culo si está hecho una fuente –dijo Antonio.

    -Yo sé que ustedes aprovechan mis bailes –les dijo mi novia.

    -Hablando de eso, ¿no quieren otro baile o ya les aburrí? –les pregunto ella

    -Jamás nos aburriría, siempre haces algo nuevo, además nos gusta tener tu cuerpo cerca –le dijo Antonio

    -Eso es verdad, hasta para bailar se te nota lo zorra que eres –dijo Héctor

    -Pues tienes razón yo me doy gusto con ella –le dije dándole la razón a Héctor.

    -Pero ya nos tenemos que ir, queremos descansar ya es lunes –le dije

    -¡Esperen! ¿Entonces el baile no puede ser ya? –preguntó Héctor

    Mi novia se negó y les dijo que sería el martes, o sea mañana, entonces al ver que solo iba a ser al día siguiente aceptaron. El propósito era no dejar que se les baje la calentura a ellos, por lo que mi novia les dice:

    -¿Nada de estarse masturbando ok?

    -Nada de eso –le respondieron

    Mi novia quería que estuvieran al 100 cuando terminara el baile pues era cuando se los iba a coger, aunque usando preservativo, pero iba a suceder si o si y muy en claro me lo había dejado, pero ella no les mencionó nada de eso, quería que fuese sorpresa.

    Nos despedimos de ellos, mientras yo manejaba mi novia iba masturbándose hasta llegar a casa, estando ahí la rete nuevamente a salir desnuda para que me abriera la puerta, vio hacia todos lados, se bajó y así lo hizo, esta vez sin poner peros.

    Luego yo bajé, solo tomamos agua y fuimos a la habitación a bajar la temperatura.

    Ella me quito la ropa, nos besamos y nos abrazamos, mientras la besaba le pregunté

    -¿Oye cuando besaste a esos dos no te dio asco?

    -Sentí el mal olor de sus alientos, pero no fue tanto porque lo cubrió el sabor de las cervezas –me dijo

    -Pero te pasaron la lengua hasta por la cara –le dije en exageración

    Ella se rio y me dice: Hasta en mi culito anduvieron –dijo guiñándome el ojo

    -Hablando de eso, ¿te gustó lo que te hicieron? –le pregunté intrigado

    -¡Amor! Me encantó, aunque Antonio si que llegó a meter un poco su lengua en mi ano y eso fue muy rico –me dijo confesándomelo

    -Así de putita quiero que seas siempre –le dije

    -Aunque el chico que nos encontramos él no me agradó mucho –me dijo

    -Pues no le hizo caso a Héctor –termino de decir

    -¡Amor! ¿Querías que el si te cogiera así nomás? –le pregunte bastante interesado

    -No amor, pero sí que jugara con mi culo un rato, pero no quiso y me hizo enojar por eso le dije eso, ¡así que tú vas a corregir eso! –me dijo mi novia un tanto seria

    -¿Y cómo quieres que corrija eso mi amor? –le pregunté siguiendo el juego

    -¡Cómeme el culo ya! –dijo viéndome directo a los ojos

    -Cómo tu ordenes, corazón mío –le dije dirigiéndome a su culo y lamiendo todo

    Mientras lamía pude sentir el sabor un tanto amargo entre la saliva que habían dejado Héctor y Antonio, y el sabor de la cerveza, había quedado bien ligoso todo, pero así me gustaba, por lo que continue haciéndole un oral hasta complacerla.

    Ella me agarraba del cabello y me lo halaba, y a la vez presionaba mi cabeza contra su culo, hasta que me acostó en la cama y se sentó en mi cara, eso fue la gloria, yo trataba de seguirle el ritmo con mi lengua, mientras ella hacia un van y ven con su cintura, pues frotaba su clítoris con mi boca, entonces me dijo:

    -¡Y también lo vas a corregir de otra forma! –dijo ella

    No respondí porque tenía ocupada la boca

    -Vas a ir a esa gasolinera y no sé cómo le harás, pero ese chico va a tener que pasar una noche caliente –sentenció ella.

    Mi novia estaba desatada estaba dispuesta a incluir a alguien más, aunque sea para un oral, pero estaba dispuesta a seguir escalando, la situación seguía mejorando para mi pues era una señal que podíamos ir incorporando a más personas

    Mi novia tuvo un orgasmo en mi cara después de esas palabras, entonces ella bajó para hacer un 69, nos dábamos un rico oral, hasta que la detuve y la puse en cuatro, comencé a penetrarla de una forma muy fuerte sin dejarla cambiar a las posiciones que ella quería, la agarré del brazo y la lleve la a ventana, la abrí y puse su pecho a descansar en el marco de la ventana con la cabeza de ella afuera, no me importaba si algún vecino nos miraba, y nuevamente comencé a penetrarla fuerte hasta acabar adentro de ella.

    Nos fuimos para la cama, estábamos rendidos, había descargado toda mi calentura adentro de ella, ella había tenido 2 orgasmos en el transcurso de la noche, agotados nos quedamos totalmente dormidos.

    Hasta aquí llega lo que tenemos que contar respecto a esa fecha, aunque siéndoles sinceros la razón por la que no encontramos a Adrián fue porque había fallecido por el Covid, obviamente de eso nos enteramos varios meses más adelante.

    Loading

  • Grupal con camioneros, nos cambió la vida (parte 1)

    Grupal con camioneros, nos cambió la vida (parte 1)

    Hola, este es un relato 100% real, que se dio mediante una página swinger de contactos, de Buenos Aires, Argentina.

    Como creemos que suele suceder, esto comenzó con una, digamos, inocente charla. Alguien que se presenta por el chat, y la charla comienza. Paola, Pao, quien comenzó la charla, le causó gracia hablar con un camionero. Gracia solo porque es una actividad con la cual no tenemos contacto, salvo cruzarse de auto a camión en la ruta, ningún contacto más.

    Esta persona resulto alguien divertido, “copado” diríamos en Argentina, y eso genero chatear y continuar chateando. ¡Increíble lo que luego esto genero!

    Paso mucho tiempo desde ese primer chat, muchísimo, pero aun hoy agradecemos los que nos generó. Pero no puedo escribir esto sin que venga a mi mente el cuerpo de Pao, suave, delgado, con su piel blanca, revuelto entre los bellos, sudorosos, mojados, ¡de varios hombres! ¡Yo incluido! Ella penetrada por todos lados, feliz pero desgastada, ¡sonriendo y gozando!

    Pero intento volver a la secuencia. Pao continúo chateando cada tanto con esta persona, le intereso, le gusto. Me lo comento. Perdón no me presente, soy Eduardo. Pao me comento, lo hablamos y surgió la idea de un encuentro, la idea de un “trio”. Ya teníamos buenas experiencias y bastante practica en eso.

    Como suele suceder en estas charlas o chats, el contacto se perdió, o al menos dejamos de encontrarlo. Nada extraño, un caso más, suele suceder. Pero un día, otro usuario, con un apodo similar (o sea también se relacionaba con los camiones o como camionero) se contactó con Pao. Ella se confundió, pensó que era el primero, el original, y por ello se comunicó con mucha confianza, retomando la idea de tener un encuentro sexual, un trio. Este nuevo contacto reacciono inmediatamente, estuvo muy vivo y le siguió rápidamente el juego a Pao, y más, viendo lo desprejuiciado de ella, ¡le subió la apuesta! ¡Le propuso algo grupal!

    Aquí me detengo, nosotros ya habíamos experimentado tríos, tríos hombre/mujer/hombre. Incluso habíamos vivido algo grupal, dos hombres, yo y ella, o sea 3 hombres solo para ella. El amigo camionero la tentaba a Pao, ella ya estaba interesada, me contó, había ideas, fantasías, lugares, ropa y placeres en el imaginario. ¡Me lo contó y me partió la cabeza, yo estaba enloquecido! Ella hablaba de encontrarnos, en la ruta, con dos camioneros, jugar en la cabina del camión, y terminar entregada al sexo nuevamente con 3 hombres.

    Me lo dijo estando en casa, en un momento en que ella chateaba con él, me sume a la charla y reímos los 3, fantaseábamos los 3, y esa madrugada cogimos con Pao con todas las ganas, ¡y con todos los chiches! ¡Todos los consoladores pasaron por ella esa noche! Seguimos con esta idea, pensando lugar, fecha, travesuras.

    Pero nos surgió, a Pao y a mí, algún temor. Pensar encontrarnos con dos personas que no conocíamos, salvo haber chateado con uno, al costado de la ruta, una tarde o noche, nos resultaba, todo eso, un poco peligroso. ¿Pensamos en la típica, porque no nos conocemos primero? ¿Un café? Pero la verdad es que sería un encuentro con camioneros, en un lugar alejado, y el morbo era ese, algo fuerte, sin preámbulo y preparación, y con esos riesgos. Pero podía ser mucho riesgo.

    Para colmo otro contacto, siempre del mismo chat, la había criticado a Pao. Le había dicho que estaba mal, que era una locura hacer algo así, estar con más de dos hombres, desconocidos, etc., etc., etc.. Era una situación rara, era la tentación del riesgo y el desenfado, junto con el miedo del riesgo y del desenfado. No parecía tener una salida.

    Y, y si, hubo una salida, se alinearon los planetas. Pao, y eso fue parte de lo lindo, fue ella misma quien le encontró la solución. Yo así deje de ser quien quería arriesgar (¡ella decía que arriesgaba el cuerpo de ella!) ¡y pase a acompañar y disfrutar! Ella habló de esta situación con un conocido, con alguien de la misma página y con quien habíamos hecho un trio. Oscar se llama él. Pao le conto a Oscar, ¡y esto estalló! Así el encuentro resultó posible, Oscar y yo comenzamos a armar una fantasía, o locura, y Pao, Pao se entregó primero y se volvió una diosa del sexo después.

    ¡Armamos una película porno de alto voltaje, pero real! Terminamos con Pao enfiestada, con no una sino varias previas, con desfile, con juegos, con dobles penetraciones y con toda una noche de sexo. Fue para nosotros algo que nos cambió la vida, la relación de pareja y las fantasías. Esto nos quedó como la “experiencia con los camioneros” que, si bien eran dos camioneros, más Oscar y yo, en total 4 para ella, la verdad es que la fantasía, el lugar y el camión, donde también jugamos, hace que el recuerdo lo refiramos así “Los Camioneros”, porque, además, ¡lo repetimos! ¡Y no se si no lo repetiremos!

    Volviendo a la secuencia, ¡las charlas por el chat cada vez eran más calientes, divertidas y serias a la vez! Serias porque ya estábamos hablando de fechas, lugar, horario. De a poco Pao comenzaba a dar rienda suelta a la imaginación y Oscar y yo (Edu) a la logística.

    El amigo camionero con quien estábamos arreglando y calentando a Pao era un supervisor de flota, o algo así, en la empresa donde trabaja, y por eso tenía algunas facilidades. Había dos facilidades que nos venían muy bien. La primera era que tenía lugar, conseguía un lugar que en sí mismo ya era divertido. Esta empresa de transporte tiene como una estación de descanso, de espera, cerca de Cañuelas, en la Provincia de Buenos Aires, y podía conseguir allí una habitación cómoda y grande, con baño. La otra facilidad era que él podía contactar otros camioneros, él sabía del recorrido y disponibilidad de los choferes.

    La fantasía ya tenía la forma de enfiestar a Pao con el camionero, Oscar, y, y si se animaba Pao, pensábamos en un camionero más. Esto era una loca y caliente fantasía, que entre Pao y yo compartíamos y sobre la cual jugábamos. ¡Reíamos, jugábamos, le decía que se recibiría de puta, ella me decía si no sería ser demasiado puta! Y reíamos, reíamos.

    El lugar era sobre la RN 205, no era un lugar muy conocido, medio perdido y alejado de la ruta. Según nos explicaba el camionero era un viejo casco de estancia o una quinta grande, linda y bien cuidada. La referencia era que estaba a 24 km de la rotonda de Cañuelas. ¡Se fue completando la fantasía, y entonces estaba todo listo! Un miércoles ya teníamos: Lugar (El parador de la empresa de transporte), Fecha (el sábado siguiente), Fantasía (Pao se vestiría de puta y seria nuestra puta), Desafío (Seriamos 3 hombres para ella ¿o 4?). ¡Y así todo comenzó!

    Pao ya había armado su ropa, su disfraz, y ya nos tenía a todos calientes con esto. Oscar y yo ya habíamos encontrado referencias y mojones en la ruta. La idea era encontrarnos con el camionero en la ruta, estar primero un rato en la cabina del camión, con Pao, obvio, y ver como seguíamos sabiendo que disponíamos del cuarto para pasar la noche.

    Y bueno, llegó, llegó el sábado, y estábamos nerviosos, con dudas, con miedos. Nosotros ya habíamos vivido 3 o 4 tríos, y en una ocasión habíamos estado con dos solos, o sea fuimos Pao, yo y dos solos, 3 hombres para ella. Pero esto era distinto, posiblemente un hombre más, y la expectativa de cogerla mucho, mucho, mucho. Sabíamos que sería distinto, lo sabíamos y así fue. El tiempo nos dio la razón, después de esa noche, ¡Pao termino descocida! Cogida como nunca. La cola y concha no solo dilatadas, sino todo morado y paspada de tanto penetrarla. ¡Moríamos de risa, toda la semana siguiente, poniéndole crema! Jajaja. Y cuando decidimos hacer esto, sabíamos que así seria.

    A las 20 nos encontraríamos con el camionero en la ruta, estábamos en verano, teníamos luz suficiente para el momento del encuentro. Estábamos ansiosos, a las 19 Pao ya estaba cambiada, debería describirla, pero no sé si podría, estaba como una puta, así, así como nos gusta a los hombres. Medias de red negra, sandalias de tacos finitos y altos, una pollerita muy corta de jean, una remera de red, las que antes se llamaban balleneras, roja, que mostraba sus tetas, y una campera corta, muy liviana. ¡Era una diosa, una diosa puta!

    Yo vestido normal, no importaba, solo llevaba una pequeña mochila, con vaselina, aceite lubricante, forros, una toalla mediana, una jabonera y un poco de ropa para Pao.

    Pao no podía bajar vestida así a la cochera, se puso una vieja bata de toalla ¡y fue descalza, claro! Jajaja, así subimos al auto y salimos Subimos al auto y salimos, como si fuéramos a hacer una compra en el supermercado, saludamos a la vecina, sonreímos, tomamos Panamericana, Gral. Paz, ya estábamos más calmos. Pao se quitó la bata, eso inicio otra vez el morbo y las fantasías. Llevo su asiento para atrás, se levantó la pollera y me mostro su vagina, húmeda, peluda, sin tanga, abrió la campera y me dijo: ¿cómo me veo? ¿Jajaja, los chicos me miraran? ¿Me cogerán? Jajaja. ¡Ya estaba hecha una puta!

    Después del peaje de la autopista nos encontramos con Oscar. Nos esperaba parado al pie de su auto. Continuaríamos en el vehículo de él. A propósito, detuve nuestro coche a uno metros. Le abrí la puerta a Pao, ella abrió sus piernas, lo miro a Oscar, subió un poco más su pollerita y camino al auto de él, claro, abriendo su campera y mostrando sus tetas. Oscar no podía creer lo que venía, yo caminaba detrás de ella, felina, con risitas y veía la cara de sorpresa y risas de Oscar. Llegamos ante él, le dio un beso, y le dijo, ¿parezco una puta? Y reímos, jajaja.

    Yo le pasaba la mano por la cola de Pao y ella te tocaba la pija a Oscar. Un par de autos nos tocaron bocina y nos volvieron a la realidad. Reímos y subimos al auto de Oscar. Yo al volante, Pao a mi lado y Oscar detrás. Oscar ya estaba en contacto por mensajes con el camionero, estábamos en hora, Pao estaba mojadisima, y tirada a lo largo del asiento que había reclinado todo, con las manos de Oscar y mías manoseándola.

    La tarde estaba hermosa, el sol comenzaba a buscar la tarde, y reíamos y reíamos con Pao abriendo todas sus piernas sobre el tablero del auto. Llegamos a la rotonda final y de allí la RN 205, mirando el cuentakilómetros, Pao coloco el asiento vertical, sabíamos que era el momento. Con Oscar ya habíamos tenido sexo, ya habíamos vivido un trio, ya teníamos confianza, ahora era el desafío. Pao se recostó contra el interior de la puerta, mirándonos a Oscar y a mí. Oscar se acercó ubicándose en el medio de los asientos.

    La miré a Pao y le dije, ¿qué hacemos? Seguimos o nos volvemos. Oscar y yo la miramos a los ojos a Pao, ella junto sus labios, miro como dudando, levanto la pollera, abrió sus piernas; Oscar y yo coincidimos, le metimos la mano en la concha, y estaba empapada, le metimos los dedos, la miramos y los 3 dijimos: ¡vamos!

    El camión estaba detenido sobre la banquina, del lado contrario al que avanzábamos nosotros. Era un camión blanco, grande. Nos detuvimos en la banquina de nuestro lado, evite ponerme exactamente enfrente, teníamos poco más de 20 metros de distancia, además del cruce de la ruta (esto era algo que habíamos hablado entre el camionero, Oscar y yo), Oscar bajo y cruzó, el camionero salió del camión. Lo vimos bajar, la mire a Pao, era como nos habíamos dicho, para mí un poco más gordo. Grande, gordo, tosco, con una camisa a cuadros, de manga corta y unos jean bien debajo de su panza. ¡Le dije, Pao tenés tu galán! ¡Y es un oso!, mientras le revolvía las tetas.

    Oscar saludo al camionero, y casi inmediatamente nos hizo señas para que nos acerquemos. Bajé y le abrí la puerta a Pao, bajó y se puso la campera, se la cerró al frente y yo pensé que eso no era una buena señal, por suerte estaba muy equivocado, ¡muy mucho! Caminamos por la banquina, muy despacio, de la mano, pero separados, con las manos extendidas, para que ella se vea, se luzca más.

    Me puse de forma que Pao camine contra la ruta, le deje la mano y le tocaba la cola, caminábamos muy despacio, notamos que se acercaba algún auto por detrás nuestro y le levanté la pollera para que vean su cola al aire, venia otro de frente y ahora fue ella quien se levantó la pollera por el frente. Ya nos acercábamos a Oscar y el camionero, vi como Oscar lo codeo y ambos aplaudieron. Cruzamos, Pao como una putita corría a pequeños saltitos que repiqueteaban en la ruta, y reíamos los 3 de sus piernitas haciendo golpear los tacos en la ruta.

    El camionero le abrió los brazos a Pao, yo me detuve a unos 3 metros, y Pao avanzo hacia él, despacio, caminado, muy putita, le dijo: hola, y le abrazo la panza, lo beso y él le puso las dos manos en la cola. Yo me acerqué y le subí la pollera, ella se abrió la campera y Oscar se puso a la par. Unos movimientos más y ya estaba rodeada por los 3. Besó a Oscar, beso al camionero de nuevo y me beso a mí, apoyando toda su cola en el camionero. El camionero nos hizo una seña, cabeceando, a la vez que abría la puerta del camión. Oscar y yo fuimos por la otra puerta mientras él le ponía toda la mano en el orto de Pao para hacerla subir a la cabina.

    Nos sentamos los 4 dentro de la cabina, el camionero en su butaca, Pao al lado, luego yo y Oscar contra la puerta. Las palabras de siempre, que linda que sos, que si habíamos llegado bien, y esas cosas, pero enseguida le sacamos la campera, la besábamos, le sacamos la remera calada, se subió la pollera y abrió las piernas mostrando toda su concha peluda, y puso cada una de sus piernas sobre nosotros, una sobre la rodilla del camionero y la otra sobre la mía.

    Oscar estirado tocándola como mejor podía, Pao se adelantó un poco para besarlo a Oscar y al hacerlo acerco su concha a la palanca de cambio del camión, una típica bocha de un plástico transparente con una especie de rosa de los vientos en su interior. Dijo, ¡Ay! Que es esto, los tres miramos la bocha de la palanca, ella me sonrió y dejo que le entre una poco en la concha, yo le separa los pelos y el camionero la beso agarrándole las tetas y diciéndole que el camión también se la quería coger, jajaja reímos todos.

    Apenas le entro la bocha, pero ya nosotros estábamos pelando nuestras pijas, ella volvió a sentarse, contra el respaldo y me agarro la pija, yo me pare un poco y me la comenzó a chupar, el camionero y Oscar le metían sendos dedos en la concha, y Oscar la hizo levantar un poco tocándole la cola. Le tomé la mano izquierda de Pao y se la guie a la pija del camionero, no se demoró en nada y rodeo con sus dedos la pija, gorda, cabezona. Me miro, con mi pija en su boca, nos sonreímos los dos, le dio una lamida a mi pija y se dio vuelta para comerse la pija del camionero.

    La acomodamos toda extendida, boca abajo chupándole la pija al camionero y Oscar y yo tocándola y metiéndole dedos por todos lados. Oscar como pudo se arrodillo en el asiento y le empezó a meter un poco la pija por la concha. ¡El camionero dijo, nena así voy a acabarte enseguida! Ella se sacó la pija de la boca y le dijo: no, tan rápido no, y dejo de chuparle, se dio vuelta, se puso como en 4 chupándole la pija a Oscar y el camionero comenzó a chuparle la concha y la cola.

    Caía el sol, ahora si oscurecería, entonces dije: ¿Vamos para estar más cómodos?, Si, si, el camionero se sentó, ella quedó boca arriba sobre mí y Oscar y con una pierna sobre la pija del camionero y la otra levantada detrás de su cabeza. El camionero encendió el camión. Pao y yo teníamos algo acordado, una señal, si ella decía algo de pasarla bien, o que creía que la pasaríamos bien, yo tenía algo que decir:

    Ella: ¡Si, vamos que creo la vamos a pasar bien! (esa frase era la señal)

    Yo: Si vamos, pero mi putita, ¿te bancas uno más? ¿Invitamos a un colega del amigo? (Y la miré, el camionero y Oscar la miraron)

    Ella: ¡Votemos!

    Yo: Si, dale uno más

    El camionero: Si

    Oscar: Si

    Ella: ¡Y bueno, sí, unanimidad!

    ¡Todos reímos!

    Oscar bajo para manejar el auto y salimos. La noche caía y caeríamos en una locura de sexo

    En la cabina del camión quedamos nuestro amigo camionero, Pao y yo. Oscar subió al auto para seguirnos. NI bien arrancamos y subimos a la ruta pregunte quien sería el cuarto agraciado, el camionero dijo que identificaba 3 o 4 choferes que estarían disponibles, y él le pregunto a Pao que quería, si morocho, grande chico, esto metiéndole un par de dedos en la concha. Ella dijo, ay, no sé, ¡que sea una sorpresa!, ya se, dijo, que tenga linda voz. El camionero saco el celular y llamó al primero, le pregunto por dónde andaba, y eso. Pao hizo señas que no, cuando escucho su voz. Llamo a otro, Pao movió la cabeza como aprobando. El camionero llamo al tercero y Pao también dudo.

    Yo: ¿Y? ¿Cual?

    Pao: No sé, el segundo o el tercero

    Yo: ¡El que quiera coger más!

    El camionero llamó a uno de ellos de nuevo, le dijo que tenía una putita para compartir esa noche en la terminal. Pao por hacerse la loca se abrió la concha con las manos, respondiendo cuando el camionero dijo que era una para darle mucha pija. Del otro lado del teléfono aullaba el involucrado, reíamos, y allí le dije al camionero: Decile que si mantiene el aullido un rato lo invitamos a él, del otro lado del teléfono se desesperaba en el grito, tome el aparato celular y se lo pasé por la concha y Pao dijo si, ¡que sea este! Reímos y el camionero le dijo que cuando llegue al parador vaya directo al dormitorio grande, que allí estaríamos.

    Loading

  • Sexo en un gym 24 h, con tres chicas

    Sexo en un gym 24 h, con tres chicas

    Hace un tiempo me apunté a un gimnasio 24 h, de estos a los que puedes ir todos los días del año a la hora que te dé la gana. En alguna ocasión, cuando sufro de insomnio, me levanto a las 5 de la madrugada y me voy al establecimiento deportivo para hacer algo de pesas y cardio y así agotar al cuerpo, para coger el sueño mejor.

    Una de las veces que fui al gym de madrugada, a la media hora de estar allí (practicando mis ejercicios sin más compañía que la música que puse en los altavoces utilizando el Bluetooth de mi móvil), pues oigo unas voces en el pasillo de la entrada. Observo detenidamente quién podría ser y descubro que son tres chicas, que venían con una buena curda.

    Una, que era la que estaba más perjudicada por el exceso de alcohol, lleva media melena teñida de tres colores (azul, violeta y rubio). Vestía una blusa blanca y un pantalón vaquero acompañado de unos tenis blancos (haciendo juego con su blusa). Luego supe que se llama Ainoa. Es muy hermosa de cara. La tiene ataviada con cinco piercings repartidos por nariz, labios y lengua. En su frente llevaba escrita con rotulador una palabra casi ilegible ya, por el paso de las horas: “Bitch” (“Puta” en inglés).

    Otra, tiene el pelo muy corto y rubio, llevaba un vestido entubado y con zapato plano. Esta se llama Frida. Tiene los ojos verdes y los labios muy carnosos y sensuales. La tercera lleva una melena morena larga (casi hasta la cintura), y muy lacia. Vestía un top gris y una minifalda de pana color azul. Se llama Iria. Sus ojos negros te penetran el alma. De estatura, las tres andarían entre el 1,60 m y el 1,70 m. Ainoa y Frida son muy delgadas y casi planas de pecho. Iria es más anchota de cachas y muslos. También tiene más volumen de pecho.

    Entraron en la sala de máquinas sin cambiarse de ropa ni nada. Con la ropa de calle pretendían hacer deporte. Seguro que fue una ocurrencia de última hora, para rematar la noche. Ni se molestaron en ir al vestuario.

    Ainoa, que tambaleaba bastante, tuvo la ocurrencia de querer practicar sentadillas con barra. Le metió unos 40 kg.

    —¿No es un poco peligroso practicar pesas con la cogorza que lleváis? —le pregunto a Ainoa.

    —¿Tú de qué vas? ¿De nuestro papaíto? —me suelta Ainoa.

    Me coloqué prudentemente detrás de ella. Efectivamente ocurrió lo que me temía. Cuando Ainoa intenta levantar la barra, casi se cae. Gracias que yo acudí a tiempo. Sujeto la barra y la coloco en su sitio. Después agarro a la manceba por la cintura, para que no se desplome en el suelo, y la tumbo en una colchoneta.

    —Duerme un poco la mona y deja de hacer la idiota. Y vosotras dos, pegaos una ducha a ver si espabiláis un poco y os despejáis de la curda —les ordeno, casi como un sargento de milicia.

    Frida e Iria aún tardaron una media hora en volver de las duchas. Yo, mientras tanto, seguí con mis ejercicios. Hoy tocaba la zona dorsal.

    Cuando Frida e Iria aparecieron en la sala de máquinas, estaban un poco más despejadas. Entonces Frida me cuenta:

    —El novio de Ainoa cortó con ella esta noche y le dio por beber para ahogar sus penas. Nosotras, para no aguantar su borrachera destructiva, quisimos pillar ese puntito, que te pone contenta, y así intentar animarla con la risa fácil de las gracias tontas.

    —Deberíais llevarla a las duchas y que se remoje un poco —digo, señalando a Ainoa.

    —Más tarde. Ahora es mejor que duerma la mona un rato. Y a ti, ¿cómo te dio por venir al gimnasio a estas horas? —me pregunta Iria.

    —Me desvelé y preferí aprovechar el tiempo haciendo un poco de deporte en vez de ponerme a contar ovejitas —mi comentario les hizo soltar unas carcajadas.

    —Pues nosotras es la primera noche de juerga que nos vamos de vacío para casa. Siempre nos tiramos a algún mozalbete con buena planta. Pero esta noche, por culpa de consolar y entretener a Ainoa, nos vamos sin catar a un buen macho. Por cierto, ¿te apetecería rematar, ponerle el broche a nuestra noche, para no romper con la estadística? —comenta Frida.

    —La verdad es que estás de muy buen ver, para ser un cincuentón. Además, has sido como nuestro Ángel de la Guarda. Gracias a ti no hemos acabado en el hospital con alguna fractura. A nuestro Ángel de la Guarda tenemos que concederle cualquier deseo que nos pida —soltó Iria, con mucha guasa.

    —El gimnasio está lleno de cámaras. Si no os importa ese detalle, por mi parte, estoy dispuesto a montarme un trío con vosotras. La verdad es que sois dos veinteañeras muy buenorras.

    —Las cámaras nos provocan más morbo. Nos divierten los voyeurs. ¡Que la persona que controle las cámaras se masturbe a nuestra salud! —dijo Frida, con cierto desparpajo.

    Frida se desentuba el vestido y se descalza. Se queda en pelota viva, ya que la ropa interior la había dejado en el vestuario. Lo mismo Iria. Se quitó el top y la minifalda en tres segundos.

    Yo estaba algo sudado y les comento que preferiría pegarme una ducha antes de empezar la faena. Ellas me dicen que no es necesario, que les excita muchísimo el observar a un hombre musculado y sudado. Pues me quito mi camiseta, mi pantalón corto y mis tenis y, ¡manos a la obra!

    Me encanta disfrutar de unos buenos preliminares. Frida e Iria se tumban en unas banquetas y les voy comiendo la panocha de forma alterna. Me enorgullece el ver la cara de vicio que ponen las hembras, gracias a mis habilidades bucales, cuando les morreo de lo lindo la almeja. Frida ponía los ojos en blanco y no hacía más que decir “Ha sido una buena idea el venir al gimnasio”. Iria bizqueaba y se mordía los labios cuando yo intentaba, con la punta de mi lengua, tocarle el útero. Esta contesta a su amiga con un “Tienes razón, Frida, en la discoteca no creo que encontráramos a ningún niñato que nos comiera el coño con tal destreza”.

    En esto que se despierta Ainoa y dice:

    —Tengo ganas de orinar y no me apetece caminar hasta los baños, ¿qué hago?

    Entonces yo me tumbo en el suelo y le sugiero:

    —Orina sobre mi cara. Piensa que soy tu exnovio y véngate.

    Ainoa, al ver el despelote que teníamos montado, no se lo piensa dos veces y se desabrocha la blusa, se quita los tenis y se desenfunda los jeans. Llevaba un sujetador color rosa y unas braguitas negras. Se las quita y pregunta:

    —¿No debería ducharme antes de entrar en la orgía?

    —No hace falta. No me molesta el olor a hembra ebria —le comento.

    Entonces se aproxima hacia mí, se coloca en cuclillas sobre mi cara y descarga una buena cantidad de pis en el interior de mi boca. Yo bebo toda la cantidad que puedo. Aquella orina tenía un regusto a zumo de cebada. Se notaba que Ainoa había ingerido una buena cantidad de cerveza aquella noche. Cuando acabó de descargar su vejiga, aplasta su pubis contra mi cara y me suelta:

    —Límpiame bien los bajos, cabrón. Los hombres solo servís para hacer de bidés, de Kleenex, para limpiarnos el conejo una vez acabada la meada.

    Ainoa estaba muy escocida, sentimentalmente, por la ruptura con su novio. Pero aquella madrugada, yo me encargaría, de que también le quedara bien escocido el chocho.

    Colocamos varias colchonetas en el suelo. Yo me tumbo sobre ellas, boca arriba. Frida decide montar sobre mí y calcarse mi polla hasta el fondo. Ainoa e Iria se van turnando a la hora de sentar sus pubis sobre mi cara, para que les lama bien a fondo sus coños.

    A los diez minutos, Frida comienza a gemir como una posesa y aúlla un “Me corro”. A los pocos segundos se baja del potro y otra hembra ocupa su lugar, en este caso fue Iria. Ahora son Frida y Ainoa las que se van turnando para que les coma el chocho. Ainoa se corre en mi boca. Aprieta con tal furia su entrepierna contra mi cara que en ocasiones parece que me falta el aire. A los pocos minutos la sigue Iria, que cabalga sobre mi polla como si fuera una jinete mapache huyendo del 7.º Regimiento de Caballería.

    —¡Qué aguante tienes! ¿Y tú no te corres? —me pregunta Frida.

    —Prefiero aguantar el máximo de tiempo posible, hasta que vosotras os corráis dos o tres veces, por lo menos. Entonces ya me llegará a mí el turno —le contesto.

    Nos tomamos un descanso y nos vamos los cuatro al vestuario de mujeres, para pegarnos unas duchas. Ni qué decir tiene que en todo el tiempo que estuvimos bajo los chorros del agua, yo me dedicaba a enjabonarles cada centímetro de sus esculpidos cuerpos, regodeándome en sus puntiagudas tetas. Mi verga estuvo enhiesta en todo momento. Las chicas, en ocasiones, se arrodillaban y me pegaban unas buenas chupaditas en el glande y me lamían el resto del tronco, como si fuera un polo de naranja.

    Ya de vuelta a la sala de máquinas, Ainoa me pide que me la folle, ya que es la única que no probó mi rabo todavía. Se pone a cuatro patas y me dice que le dé caña de la buena, que tiene a punto de caramelo otro orgasmo. No la hago esperar, y cogiéndola por las caderas, se la enchufo entera de una sola estocada. Me la trajino a un ritmo de tres emboladas por segundo. En ocasiones le recojo el pelo con mis manos para observar la cara de golfa viciosa que pone. No hacía más que decir “Sigue así. No bajes el ritmo, que me viene ya”.

    Efectivamente, a los pocos segundos suelta un berrido que parecía que la estaban estrangulando. Se quedó tan extasiada que se recostó, de bruces, sobre la colchoneta. Yo no pude aguantar más, ya que Ainoa era la que más cachondo me ponía (por lo golfa y guarra que era), y me corro en el interior de su chumino. Ainoa se quedó un tiempo acostada, como soñolienta.

    Frida e Iria estaban como motos deseando montar en el tiovivo. Pero al comprobar que yo me había corrido, Iria me suelta:

    —¿Tú no ibas a aguantar hasta el final de la juerga? Pues aún queda mucha traca y nos hemos quedado sin mecha.

    —Tranquila. En un cuarto de hora estoy como nuevo. Mientras, os lameré las almejas. No os voy a dar tiempo a enfriar.

    Mientras le comía la concha a Frida, Iria me soplaba la verga, para ir poniéndola a tono, y viceversa. Cuando ya mi picha comenzó a reaccionar a tanta mamada, chupetones y lametazos de aquellas dos bocas viciosas, me siento en una de las máquinas previstas para hacer pierna y le pida a Iria que se siente sobre mi polla, dándome la espalda.

    Iria cabalgaba con tal ímpetu sobre mi entrepierna, que la melena le tapaba casi toda la cara. Entonces, sin perder comba, le pide a Frida que le acerque una goma y se recoge el pelo en un semi moño.

    Está un buen cuarto de hora subiendo y bajando por mi mástil. Este estaba bien lubricado por sus efluvios. Cuando llega al orgasmo, se calca bien adentro mi pene y practica un hula hoop. Gracias a un espejo que había enfrente, yo pude observar su rostro. Tenía la cara totalmente desencajada del inmenso placer que había experimentado.

    Sin cambiar de postura se sube a mi rabo Frida. Esta, al tener el pelo muy corto, no tuvo la necesidad de atárselo. Esta furcia también aguantó lo suyo antes de llegar al clímax. Yo bufaba, intentaba mantener la mente fría para no correrme aún. No hacía falta que le ayudara a Frida, con mis manos, a subir y bajar por mi tranca, ella sola cogía impulso y se clavaba y desclavaba casi entera mi polla. Cuando llega al orgasmo suelta:

    —¡Joder, vaya remate de noche de juergas! Jonathan es un buen puto. Es una excelente muestra de macho semental. Sabe cómo complacer a sus tres doncellas.

    Yo les digo que no puedo más, que me voy a correr otra vez. Entonces acuden junto a Ainoa y la despiertan con estas palabras:

    —Ainoa, despierta, que Jonathan se va a correr y queremos que lo haga en nuestras caras.

    Ainoa, medio soñolienta, se yergue. Las tres se colocan de rodillas enfrente de mi polla, que estaba a puntito de explosionar. Ainoa balbucea un:

    —¿Pero se va a correr tan pronto? ¿Es que ya nos vamos?

    Yo observo las caras de vicio que ponen. Estaban sedientas de semen. Ainoa me pone mucho. Con sus dos piercings en las narices, uno en el labio inferior y otros dos en la lengua, se convirtió en la perfecta nominada para recibir la mayor cantidad de chorros de lefa posible, de entre ellas tres.

    Noto que un cosquilleo me sube por el tronco de la verga. Por la uretra asoma el primer disparo de lechada. Dos chorros se los obsequio a Frida, otros dos a Iria y el resto (que serían unos cinco), se los regalo a Ainoa. Se los reparto por mejillas y boca. Aunque se duchó, todavía se le notaban, en la frente, algunos restos de tinta con la palabra “Bitch”.

    No pude evitar el agacharme e ir pegándoles un buen morreo, una a una. Ellas me pasan algo de mi propio semen al interior de mi boca.

    Nos intercambiamos los teléfonos. Como frecuentamos el mismo gimnasio, no nos será difícil el planear otro encuentro morboso como este. Espero que Ainoa tarde mucho tiempo en encontrar novio.

    Loading