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  • Del odio a la envidia (3)

    Del odio a la envidia (3)

    A medida que leía, me fui metiendo cada vez más dentro de la historia, empecé a imaginarme siendo manoseado por aquel desconocido o masturbándome en la ducha con el agua cayéndome por el cuerpo. Me puse tremendamente caliente y en aquel momento me entraron unas enormes ganas de tocarme.

    Dejé el diario a un lado, desabroché el pantalón con rapidez y metí la mano por debajo de mis bragas directa a mi clítoris; estaba tan húmeda que mis dedos se mojaron al instante resbalando con facilidad entre mis labios vaginales, el simple roce me produjo un placer que me hizo gemir y alteró mi respiración. Lo mejor era tomármelo con calma si no quería correrme rápidamente, así que abrí de nuevo el diario en la página siguiente para seguir leyendo mientras movía mis dedos, aunque esta vez con movimientos mucho más lentos…

    Querido diario:

    Hoy era un día importante, ayer comiendo con Sandra hablamos del juicio de divorcio que tenía esta tarde, le conté mi fuerte deseo de vengarme de mi marido, de como disfrutaría arrebatándole la casa de la playa que tanto amaba y lo único a lo que él nunca renunciaría.

    Para mi sorpresa ella conocía bien al juez, uno de los más importantes de la ciudad y me había conseguido una cita para hoy en su despacho, sabía que mi amiga conocía a mucha gente importante pero nunca imaginé las influencias y poder que tenía dentro de la ciudad, algo que me asustaba realmente. Me imaginé que no sería gratuito salir de allí con todo solucionado, aunque no me importaba tener una nueva experiencia, sobre todo si era idea de Sandra.

    Me vestí elegantemente tal y como me había dicho, me puse una de las bragas transparentes nuevas con unas medias de seda color negro, saqué del armario un traje de chaqueta y falda de color crema que se ajustaba a mi figura y guardaba de cuando trabajaba como secretaria en una empresa, antes de salir me perfumé el cuerpo con un suave aroma afrutado y recordé sus palabras: “haz lo que te pida sin protestar y todo saldrá de maravilla, querida.”

    Llegué a la hora exacta, la puntualidad era algo obligatorio para ese tipo de personas. En la entrada me esperaba su secretaria, me extrañó que no fuera una joven atractiva y deslumbrante, sino una amable anciana que me recibió con una sonrisa. Me acompañó por un largo pasillo lleno de puertas que parecía interminable, nos detuvimos en la última, llamó y una voz seria nos permitió entrar.

    El despacho me pareció muy pequeño para un juez de su nivel, en la pared me llamó la atención un gran cuadro de una amazona sobre su caballo con su voluminoso torso desnudo, giré la vista, a un lado había otra figura ecuestre de un hombre azotando a su caballo y al otro una mesa con un pequeño minibar junto a una vela que le daba al despacho un rico olor. En el medio se encontraba la mesa extrañamente vacía de papeles y con una copa recién puesta de coñac, delante dos sillones modernos y detrás una imponente figura de un hombre mayor nos miraba fijamente sentado. La secretaria me cogió el abrigo y se marchó cerrando la puerta.

    -Por favor, siéntese y cuénteme cual es su problema.- volví a escucharle.

    Me senté en uno de los sillones y empecé a explicarle la infidelidad de mi marido con nuestra asistenta delante de mis ojos y que lo único que quería en el divorcio era una casa que teníamos en la playa. Mientras hablaba notaba su mirada clavada en mí y eso me ponía nerviosa. Cuando acabé se mantuvo un buen rato en silencio antes de empezar a hablar:

    -Antes de tomar una decisión, me gustaría ver a que ha renunciado su marido.

    El plan se ponía en marcha, debía complacerlo al máximo si quería lograr mis objetivos así que me puse de pie, lo miré de la forma más lasciva que pude mordiéndome los labios y con mucha calma comencé a desabrocharme los botones de la chaqueta uno a uno, al acabar la quité lentamente dejando mis pechos al descubierto; llevé mis manos hacia espalda y bajé la cremallera de la falda que cayó al suelo, el juez no dejaba de mirarme sin hacer un gesto, eso me desconcertaba un poco pero debía darlo todo.

    Sin apartar mi mirada de sus fríos ojos, puse mi pierna sobre la mesa, me acaricié el muslo y con los dedos comencé a bajarme la media dejándola a la vista, haciendo lo mismo con la otra parte, después separé las piernas y con lentitud fui bajándome las bragas hasta quedarme completamente desnuda delante de aquel hombre. Permaneció en silencio mirándome de arriba a abajo, me quedé inmóvil esperando su respuesta.

    Me pareció eterno hasta que por fin se levantó, tendría unos 60 años y era un hombre imponente, muy alto y corpulento pero carente de estado de forma. Salió de detrás de su mesa y se acercó a mí; cogió una de mis medias y la olió sutilmente, empezó a dar vuelta a mi alrededor mientras hablaba con una voz cálida que me tranquilizaba:

    -Es usted impresionante, su marido debe estar loco, pero debe entender que un hombre de mi posición se juega mucho. Además, todo en la vida exige un gran sacrificio, ¿no cree?

    Aquello significaba que había logrado llamar su atención y todo iba bien.

    -Estoy de acuerdo Señoría. -respondí tímidamente.

    En ese momento utilizó mi media para taparme los ojos. La sala se oscureció, lo agradecí porque me sentía intimidada por aquella mirada. Sin tiempo una leve presión en mi cuello, era mi otra media, la estaba utilizando como si fuera un collar con correa, se me acercó al oído:

    -Eso le pasa por no conocer a las mujeres como tú, ponte a cuatro patas perra .- me susurró.

    Su tono y actitud habían cambiado radicalmente, mucho más agresiva. Obedecí sin protestar, aquello no era lo que me había imaginado y desde luego no me lo esperaba, intenté disimular mi miedo, apenas me podía mantener sin temblar. Tiró de la media y esta se apretó aún más sobre mi cuello, empecé a andar por la habitación como si realmente fuera una perra con su amo, me sentía humillada, pero por más que lo deseara, no podía parar, ahora no. Nos detuvimos un breve momento y seguimos con nuestro paseo hasta llegar al punto del que habíamos partido.

    -Así me gusta, eres una buena perra.- dijo a la vez que tiraba del collar hacia arriba.

    Me levanté inmediatamente, sentí algo liso en mi nuca, por la forma me di cuenta de que se trataba de la fusta que había visto anteriormente en la estatua ecuestre, empezó a bajar por mi espalda provocando un sensual cosquilleo y siguió hasta mis nalgas, el roce me excitaba y aumentó cuando acarició mis muslo, me estaba humedeciendo, quizás estuviera equivocada al pensar mal. De repente un golpe en mis nalgas me hizo dar un grito ahogado, a los pocos segundos otro más fuerte, esta vez grité sin pudor, de vez en cuando seguía rozando mi piel antes de darme el siguiente azote, lo hacía como si de un reloj se tratase.

    -Seguro que tu marido no ha sabido domesticarte.- repetía en voz alta.

    Aguanté las lágrimas como pude, en aquel momento le hubiera metido la fusta por el culo al muy sádico, continuó azotándome sin piedad hasta que dejé de gritar, al final ya no sentía dolor, solo un calor intenso en mis nalgas que ardían como si me hubiera sentado sobre unas brasas.

    Me giró y escuché sus pasos a mis espaldas, tiró fuertemente del improvisado collar llevándome hacia atrás, choqué con la mesa, seguía tirando y no me quedó más remedio que subirme encima, me dejó tumbada boca arriba, estaba fría, pero era un alivio para mi maltratado trasero.

    Me agarró las muñecas y las maniató con una cuerda, ahora si estaba indefensa y eso me puso en tensión. Sentí mi cuello en tensión antes de notar como me acariciaba los pechos con la fusta, mis pezones que se pusieron duros por el tacto, esta vez los azotes eran más suaves intercambiando un golpe en cada uno, al principio no reaccioné, pero mis pezones era una zona que me ponía a cien y no tardé en sentir las descargas de placer que me daba.

    Ahora si empezaba a disfrutar, bajó por mi vientre saltando mi sexo en dirección a mis muslos, mi respiración se agitó, estaba impaciente, a que esperaba para llevarlo a mi sexo, se hacía de rogar hasta que por fin lo sentí en mi coño, la movía entre mis labios vaginales dejando al aire mi clítoris, momento que aprovechaba para golpearlo levemente, mi cuerpo temblaba, aquello si me hacía gozar aumentado mis flujos rápidamente, haciendo salir de mi boca unos tímidos sonidos.

    Al poco paró, estuve tentada de quejarme, quería seguir. Mis pensamientos fueron interrumpidos por un frío intenso, recordé el vaso de coñac. El hielo hacía que mis pezones se endurecieran al máximo, parecían explotar, contuve la respiración por el cambio de temperatura, pero un delicioso placer llegó al sentirlo en mi clítoris, se derritió rápidamente con el calor de mi coño al igual que toda mi tensión desapareció, repitió el mismo ritual con otro, pero esta vez justo antes de que se derritiera me lo metió en la vagina, estaba tan mojada que el líquido salió resbalando por mi entrepierna.

    Mientras me revolvía aún en el placer, noté como mis pezones me quemaban, no sabía de donde venía esa sensación hasta que caí en la cuenta de la vela aromática, no dejaba de sentir gotas que ardían por unos segundos, el frío del hielo con el calor de la cera era una experiencia nueva que aumentaba mi excitación a unos límites desconocidos. El pequeño dolor se transformaba en ganas de más y más, hasta que dejé de sentir la cera.

    -Yo sé lo que quieres zorra.- dijo mientras podía escuchar el sonido de su cremallera.

    -No lo sabes bien, cabrón.- pensé sin llegar a responder.

    Me cogió las piernas por los muslos, su glande entró en mi ano furioso sin detenerse, no me importó solo deseaba que me follara. Para mi gusto era algo pequeña, pero eso eliminó el dolor dándome sólo placer. Si quería que fuera una perra lo estaba consiguiendo porque empecé a jadear como una salvaje mientras me enculaba con violencia.

    En ese momento movió la mano que sujetaba la media para llevar el pulgar a mi clítoris, me dejó casi sin respiración, empecé a marearme, pero era una sensación tan maravillosa que no quería que dejara de hacerlo. Fue demasiado como para resistir, me sobrevino un orgasmo tan brutal que por primera vez mis flujos salieron disparados como si hubiera eyaculado. Me encontraba tan ida de placer que ni prestaba atención a sus palabras:

    -No me equivocaba, eres una buena puta.- reía.

    Pude escuchar como se acercaba, rápidamente me metió la polla llenándola de semen a la vez que gemía como una búfalo, me limité a mover la lengua sobre su glande mientras se empapaba de su líquido algo espeso.

    -Ahora traga.- ordenó en cuanto la sacó.

    Nunca lo había hecho, me parecía repulsivo pero no me quedó más remedio, aguanté las arcadas como pude y lo hice.

    Finalmente me desató, mientras me recuperaba de la experiencia y me arreglaba para salir de allí dijo:

    -Tu marido se arrepentirá no solo de perderte, sino de perder su casa de la playa.

    Su voz volvía a ser dulce y cariñosa, le di las gracias y me marché, por el pasillo me sentía una mujer libre y feliz por lograr vengarme y pensaba en la cara de imbécil que pondría mi marido al oír la sentencia. Al pasar delante de una puerta entreabierta vi un enorme despacho, comprendí que aquella pequeña sala solo era para un tipo especial de visitas y que dijera lo que dijera estaba todo preparado, realmente sentirme dominada por aquel hombre me había dado uno de los mejores polvos de mi vida pero no tenía intención de repetirlo, por ahora no.

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  • Haces que se corra sobre nuestro anillo de casados

    Haces que se corra sobre nuestro anillo de casados

    No es nada, de verdad. No te lo tomes a mal, amor mío. Sólo quiero hacerte ver que a él lo masturbas hasta con las tetas y dejas que se corra sobre ellas, que es algo que a mi jamás me has permitido. Ni borracha, me dijiste una vez, de novios, cuando te lo propuse por primera vez. Y es que has cambiado mucho. Ahora dejas que él te ponga el brazo en el cuello, para aprisionarte y hacerte más suya, mientras tú gimes, suspiras y dices sí, por favor. Más fuerte, más fuerte que me corro.

    Eso oigo mientras estoy de rodillas junto a la cama y te beso la mano, si puedo, porque generalmente la tienes sobre su nuca para acercarlo a ti, a tu cara, y beberte sus morros, morrearte con él como una colegiala, como jamás has hecho conmigo que sólo he recibido besitos tuyos desde que éramos novios.

    A él se lo permites todo, incluso que se corra sobre tu anillo de casada, sobre nuestro anillo de boda. Y no porque él te lo pida, sino para complacerte a ti porque eres tú la que se lo pides para humillarme, para hacerme ver que sólo soy un cornudo sumiso que te lo consiente todo. Incluso que me humilles de esta forma desde que descubriste que la única forma de que me excitara, de que se me pusiera dura, era contándome lo que habías hecho con tus anteriores novios.

    Y lo hiciste, me contestaste como te habían follado y a mi se me ponía entonces dura. Luego dejaste de contarme como te habías follado a tus novios anteriores y pasaste directamente a contarme como te follabas a tus nuevos amantes.

    No hubo transición. Un día que estábamos en la cama y te dije que me contaras lo de tus anteriores novios, para excitarme, me contaste que tenías mejor información, mejor material, más reciente, porque esa misma tarde te habías follado a un compañero de oficina.

    -¿Quieres que te lo cuente?

    No dije nada. Sentí unos celos tremendos, un extraño dolor en algún recóndito lugar de mi cerebro, y me levanté de la cama y me fui al salón. Y allí estuve pensando un rato, hasta que de pronto, sin darme cuenta, me levanté y volví a la habitación.

    -Sí cuéntamelo –te dije ansioso.

    -Pídemelo de rodillas.

    Y me puse de rodillas.

    -Cuéntamelo, por favor -te dije.

    -Suplícamelo.

    -Te lo suplico

    -Suplícame que quieres que te cuente cómo te he hecho cornudo.

    -Te lo suplico, por favor, cuéntame cómo me has hecho cornudo.

    Y me lo contaste. Desde entonces no has dejado de contarme nada. Aunque tampoco hace falta que me lo cuentes porque lo veo en directo ya que te traes a casa a los amantes de confianza, a los fijos. Con los que lo haces todo. Sin miedo, sin reparos. Incluso todo aquello que nunca has hecho conmigo. Sobre todo lo que nos has hecho nunca. Porque te gusta humillarme. Te gusta mucho porque sabes que a mí me gusta. Somos tal para cual.

    Y por eso me tienes desnudo siempre antes tus amantes, antes de follártelos, para que me sienta más sumiso, más esclavo y más cornudo. Estáis los dos vestidos metiéndoos mano en el sofá y yo desnudo mirando cómo os magreáis como dos adolescentes. Y observando como me haces cornudo, suponiendo que no os tenga que traer las bebidas o ir a la habitación a por la foto de nuestra boda para ponerla junto a la mesita del sofá y que puedas mirarla mientras me haces cornudo. Eres tremenda y por eso te amo.

    Te amo mucho y sé que tú también me amas porque cuando vas a follar con tu amante me atas las manos a una argolla del techo que pusiste junto a la cama, me das Viagra y me pones el cinturón de castidad para que vea excitado como me haces cornudo. Para que esté muy excitado, pero no pueda ni tocarme para satisfacer ese deseo. Me torturas con el deseo que produce la Viagra que se acrecienta al verte follar con otro. De hecho ya no puedo gozar como cualquier otro hombre y para hacerlo necesito la humillación, verte follar con otro y sentirme cornudo y apaleado.

    Y por eso, cuando te corres al follártelo, te acuerdas siempre de mi y te levantas de la cama para ponerte detrás de mí, quitarme el cinturón de castidad y azotarme el culo mientras me llamas cornudo, delante de tu macho. Y no paras hasta que consigues que me corra sólo con los azotes y la humillación. Sin tocarme. No es un orgasmo con expulsión de semen, sino un orgasmo continuo pero flojito, que no permite salir al semen por lo que sigo excitado y anhelando ser de nuevo humillado. Y por eso me vuelves a poner el cinturón de castidad, me das otra pastilla de Viagra y vuelves a la cama para seguir follando con tu amante.

    -¿Qué se dice? -me preguntas mientras cabalgas sobre tu macho y tus tetas saltan arriba y abajo.

    -Gracias, amor mío, por hacerme cornudo.

    -Y apaleado -me respondes entre gemidos.

    -Y apaleado, amor mío. Cornudo y apaleado.

    -Y feliz, muy feliz -me contestas justo antes de correrte otra vez, con la polla de tu macho.

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  • El tanga de Lucía

    El tanga de Lucía

    Marta y su marido salían a correr todos los fines de semana, la verdad es que desde hacía años habían cogido la rutina de hacer deporte a primera hora, y después casi siempre caía un polvo, sobre todo porque eso de correr en mallas de lycra a ambos les “ponía” especialmente a tono.

    Unos meses atrás se les había unido Lucía, una amiga de Marta que se había mudado cerca de su casa y era bastante deportista. A Marta le encantaba poder tener algo de conversación femenina, y a su marido lo que le gustaba era que Lucía tenía unas tetas que le ponían a cien, pero no sólo eso. El culito de su mujer era sexy, pero Lucía tenía esa belleza exuberante y morbosa de la que sus muslos brillantes era la guinda del pastel. Así que a él le perdía la fantasía cuando salía con ellas, y si los discretos pechos de su mujer le gustaban, el vaivén de los pechos de Lucía le mareaba, y ya su mujer le había dado un toque de atención un día: “Oye cariño, córtate un poco, que se te va a salir”.

    Él era consciente de que asistir a ciertas conversaciones le provocaba una excitación inmediata, y además Lucía tampoco se cortaba nada. Hoy al llegar le dice a su mujer con total naturalidad: “Hoy he optado por tanga, como tú, a ver qué tal”, a lo que ella le respondió: “Yo ya me he acostumbrado, al principio era incómodo, pero ahora me mola. Incluso sin nada, como te sientas más cómoda”. Su marido disimulaba, pero sólo podía imaginar a Lucía en tanga, lo cual no le bajaba la erección.

    En la anteúltima vuelta, después de varias quejas, de repente Lucía se para en seco, y les dice: “Esperad, chicos, joder, no puedo más”. Marta y su marido se miran y a los dos minutos sale Lucía de detrás de unos arbustos, con el tanga en la mano (¡rosa!), y tirándolo a una papelera se reincorpora y dice: “hale!, a tomar por culo tanga!”. Él no pudo evitar mirar hacia la papelera, y Marta le pilló de marrón, a lo que le dirigió una mirada de desaprobación.

    En la siguiente vuelta, él se fijó en que el tanga seguía allí, veía algo rosa a través del mallado de la papelera, y cuando terminaron la última vuelta, les dice: “Chicas, yo daré un par de vueltas más”. Marta, que le veía venir, le dijo: “no serás tan cabrón…”, a lo que Lucía, pensando que se refería a que iba a hacer más deporte que ellas le dice: “Déjale tía, cuanto más en forma mejor es el polvazo…”.

    Por suerte era pronto y no había mucha gente, se acercó a la papelera con el culotte a punto de reventar, y recogió el tanga de Lucía con desesperación. Lo primero que hizo, mientras notaba que aún estaba calentito, fue llevárselo a la boca, y olerlo. Era acojonante el aroma de esa mujer, así que sólo pudo tumbarse sobre la hierba, sacar su polla completamente dura, y hacerse la paja más salvaje que recordaba en los últimos meses, tanto que mientras sentía penetrar el aroma de los flujos vaginales de su amiga por sus fosas nasales, sintió el latigazo de varias cálidas salpicaduras de esperma sobre su abdomen…

    (Mientras tanto…)

    Esa mañana no se me estaba dando bien la carrera por el parque. No hacía más que cruzarme con tías buenas y me desconcentraba, ya que no podía dejar de seguir sus culitos envueltos en lycra con la mirada hasta que desaparecían a lo lejos…

    Especialmente me había puesto cachondo una pareja de amigas que iban acompañadas de un tío muy afortunado, no podría decir cuál de las dos estaba más buena, ya que, aunque una tenía más pecho, a mí también me dan mucho morbo las mujeres con poco pecho. No me las quitaba de la cabeza, y además me había fijado en que en una de las ocasiones en que me crucé con el trío, estaban esperando a una de ellas, que salió de entre unos arbustos, seguramente no habría podido aguantarse y tuvo que improvisar un baño entre los arbustos, una lástima no pasar por allí un minuto antes. Entonces caí en que al incorporarse al grupo, había tirado algo rosa a la papelera…

    ¡Un momento!: Las toallitas normalmente no son rosas, ¿no?. Una duda morbosa me impulsó a ir más deprisa, sería muy excitante curiosear en la papelera… Así que aceleré el ritmo y al pasar por la salida, vi que ya se iban a casa. Me entretuve en examinar en detalle sus culitos, las dos estaban buenísimas, y eso que no eran jovencitas precisamente. Ansiaba llegar a la altura de la papelera en cuestión, y cuando ya la veía a lo lejos, mi ritmo cardíaco se aceleró, no sabía exactamente porqué.

    Estaba a unos 60 metros, cuando sentí que alguien me adelantaba muy rápido. Joder, era el tío sólo, que parecía tener mucha prisa. Me volví y comprobé que ellas ya no estaban. Al reanudar la marcha, pude ver al tío ir directo a la papelera, para recuperar algo rosa. Definitivamente no era un kleenex… No pude evitar acercarme sigilosamente, mientras me daba la impresión de que se lo acercaba a la cara. No había gente por los alrededores, así que seguí con mi plan de saciar mi curiosidad. El tío se metió entre unos arbustos, y encorvándose un poco, se sacó la polla del culotte de lycra gris, y por el aspecto que tenía, entendí que lo que vendría después…

    Cuando empezó a masturbarse, sentí mi pene endurecerse, y entendí que lo que tenía en la mano era un tanga de su amiga, lo cual me obligó a sacar el pene y empezar a masturbarme también, agazapado en un arbusto. No hacía más que pensar en la mujer que había tirado allí sus bragas, no sabía la razón, pero el tío acababa de soltar una buena corrida oliéndolas. Me moría de envidia, y por un momento pensé en unirme a la fiesta, pero se me quitó la idea de la cabeza rápidamente, porque se levantó, y guardando su pene en las mallas, envuelto entre el tanga rosa, se fue corriendo.

    Todavía con el recuerdo de la escena, y pensando en el regalito que le acababa de dejar la tía buena a ese afortunado, me dejé ir y solté una corrida monumental…

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  • La hermosa amiga de mi sobrina (1)

    La hermosa amiga de mi sobrina (1)

    Me la presentaron a Carolina en la fiesta de graduación de mi sobrina. Era una de las amigas del curso. Verla y desearla fueron una cosa. ¡¡Que pendeja más sensual!! Era muy linda y bien formada, pero lo que más me impactó fue su sex-appeal ¡¡Wow!! Un pelo castaño ondulado, una carita de sabandija hermosa, un cuerpito precioso, tetitas normales, colita parada y redondita y unas piernas torneadas por el deporte. Pero, sobre todo, una carga de sensualidad que la inundaba entera. Toda la fiesta la usé para deleitarme mirándola, intentando que no se notara mucho.

    En un momento salí a tomar aire y, atrás de unos árboles vi a un grupo de pibas que, seguramente, se habían juntado a charlar, o fumar. No les dí bola, hasta que la vi a Caro entre ellas. Disimuladamente me acerqué al grupo, como si solo estuviese paseando y me quedé cerca de los árboles, a distancia del grupo pero pudiendo escuchar lo que decían que no eran más que cargadas entre ellas. Hasta que una preguntó

    -“Caro ¿te vas con tus viejos a Baradero este finde?

    -“Si. A aburrirme como loca. Pero no puedo no ir. Es el cumple de mi abuela”.

    Discretamente caminé alejándome y pensando que ya tenía planes para el fin de semana. Carito bien merecía el esfuerzo. De modo que ese sábado a la noche estaba paseando por Baradero. El centro y los lugares de concentración de pibes es muy pequeño y esperaba encontrármela a Caro. Y así fue. Venía caminando con cara de embole y yo, haciendo como que estaba atento al celular, fui directo a encontrarme con ella. Antes de toparnos, me paró con las manos y me dijo.

    -“¡¡Hey!! Mirá donde caminás”.

    -“¡¡Uyyy!! Perdón, venía distraído con el wassap. Pero … ¿vos no sos la amiga de mi sobrina?”.

    -“La misma. Te vi en la fiesta el otro día ¿no?”.

    -“Tal cual. Qué casualidad ¿qué haces por acá’”.

    Ella me contó lo del cumple de su abuela y yo le inventé que había quedado en verme con alguien y me dejó plantado y por eso estaba mandándole mensajes por wassap.

    -“Los dos colgados en medio de la vibrante noche de Baradero” le dije riendo. ¿Sabés de algo que se pueda hacer por acá?”.

    -“¿Acá? Aburrirte. No pasa nada en Baradero. Dar la vuelta al perro o tomar un helado. Otra cosa no hay”.

    -“¿Boliches?”

    -“De cuarta. Ni se te ocurra”.

    -“¿Casino?”.

    -“En Zárate, acá no hay”.

    -“Entonces está claro que tenemos que ir a Zárate al Casino ¿querés?”.

    -“¿Estás loco? Es una hora de viaje y además solo salí a pasear”.

    -”¿Y me vas a decir que tus viejos se van a preocupar porque llegues en tres o cuatro horas?”.

    -“No creo, pero no sé, ni sé cómo te llamás”.

    -“Me llamo Ernesto, o Erni, como me dicen todos. Ya me conoces, ¿vamos?”.

    -“Pará loco, me agarrás por sorpresa”.

    -“Tenes razón. No te di ni tiempo. Esperá”.

    Me alejé diez pasos con ella mirándome intrigada y volví a su lado.

    -“Carito ¿qué tal? ¡¡qué alegría encontrarte!!, ¿pensaste en esa propuesta que te hice hace un rato de ir al casino de Zárate?”.

    Se sonrió y me dijo que estaba loco. Le dije que era un paseo, que me iba a aburrir solo, que la invitaba a jugar y le pagaba las fichas, pero no se decidía.

    -“Ok”, la amenacé “Te dejo aburriéndote sola en Baradero. Me voy al casino solo, ya que no te animas, cobarde”.

    -“¡¡Hey, ¿cómo cobarde?”.

    -“Si, porque ganas no te faltan, pero preferís embolarte acá que animarte a venir”.

    -“Pero me traes de vuelta antes de la una, ¿está bien?”.

    -“Cuando vos digas. No hay problema”.

    En el trayecto fuimos contándonos cosas de cada uno. Ahí me enteré que tenía 18 recién cumplidos, que la familia materna era de Baradero. Que vivía en Florida y, por los datos que me dio, deduje que estaban en una posición económica estable pero no muy floreciente. Su queja por el celular viejo y su deseo de trabajar para comprarse mejores pilchas me dieron la vía de entrada que iba a usar. En el casino le compré fichas y fuimos juntos a la ruleta y a las maquinitas. Estaba encantada de poder jugar, que le comprara bebidas y que la invite a todo.

    -“¿Sos rico vos que gastas tanto?”, me preguntó en el viaje de vuelta, medio borrachita de los tragos que tomó.

    -“Rico no sé, pero me da placer comprarte cosas cuando veo que te hace feliz. Me hiciste pasar una noche divertida. Sos re piola y me encantó que vengas conmigo. ¿La pasaste bien?”.

    -“Re bien. Me divertí mucho. Sos re entretenido”.

    -“¿No soy un jovato para vos?”.

    -“¿Jovato? Ni ahí. Te mantenes lindo”, me dijo con una sonrisa. “¿Cuántos años tenés?.

    -“¡¡Ufff, muchos para vos!”

    -“Eso dejame que lo decida yo. ¿cuántos?”

    -“48”

    -“No pareces. Podes mentir 35 que te lo creen.”.

    Llegamos a Baradero y la acerqué a la casa. Me dio un abrazo mientras me agradecía. Yo le dije que cuando esté aburrida me llame. Intercambiamos celulares y la vi alejarse. No sabía si iba a volver a verla, lo mío había sido un salto al vacío sin red y de ahora en adelante solo quedaba esperar. “Ya está”, me dije, “muy pendeja para vos jovato. Y muy linda. Olvidate.” La intenté sacar de mi cabeza calculando que ya se debía haber olvidado de mi, pero no podía dejar de pensar en esa pendeja hermosa. Cuando ya había perdido toda esperanza, a los quince días de la noche de Baradero, recibo un wassap de Caro

    -“Hola ¿qué onda?”

    -“Hola hermosa. Extrañando a mi pareja de Casino. ¿Y vos?”.

    -“Aburrida y con ganas de pasear”.

    -”¿Dónde querés ir?.

    -”Me dijeron que San Antonio de Areco es lindo ¿conoces?”.

    -“Si. Pero no lo conozco con vos. Y con vos todos los lugares son más lindos”.

    -“Tonto”.

    -”Tonta. Vamos a San Antonio ¿o no?”

    -“Pero tendría que ser el domingo ¿podes?”

    -“Por supuesto”

    Ese domingo la pasé a buscar y fuimos a Areco, pasamos el día, le compré chocolates en una fábrica artesanal y se deliró. Ahí me enteré que es loca por los chocolates (otro flanco para trabajar, pensé). Le compré un dije que vendían en la feria de artesanos y que le había copado.

    -“Es caro, loco. No puedo permitirte que lo compres”, me dijo.

    Pero obviamente lo compré y se lo regalé Paseamos, comimos, tomamos helado, anduvimos a caballo y a la tarde fuimos a una tienda que hace tejidos de buena calidad y le compré una ruana. Le encantó y noté que ya no protestó porque le compré cosas. Cuando volvíamos me dijo que no sabía que podía decirles a los viejos sobre mis regalos porque tenía una pieza con su hermana y le iban a preguntar de donde los había sacado. Me ofrecí a guardárselos y que me los pidiera cuando quisiera. Pero el dije me dijo que se lo llevaba

    -”Así te acordáis de mi de vez en cuando”, le dije.

    El martes me mandó un wassap con una foto del dije en su muñeca y un “hola Erni”

    -“Hola Caro. Si querés, el domingo voy a comer un asado a Gouin, ¿venís?”

    “¿Y eso dónde es?.

    -“Buscalo en Google maps ¿o te tengo que enseñar a usar Internet?”

    Recién el viernes me dijo que si y fuimos a Gouin. Comimos, caminamos y charlamos de todo. Esta vez, al volver estacioné el auto a cinco cuadras de su casa y la despedida fue con un abrazo mucho más largo y en medio del cual le di un beso en el cuello. Se separó, me miró seria por un rato y, cuando pensé que me iba a mandar a la mierda, fue derecho a besarme. Estuvimos un rato besándonos y le dije que quería volver a verla. Quedamos para el sábado temprano, para pasar el día. Vino vestida con toda intención de calentarme. Vestido re corto. Un pusch up para levantar las tetitas y sensualmente maquillada. Un caramelito hermoso. Le pregunté donde quería ir y me dijo que esta vez elegía yo

    -“¿Puedo elegir el lugar que me guste?, le pregunté sonriendo.

    -“El que vos quieras. Yo te sigo”

    -“Ok”, dije y ni bien arrancamos le puse la mano en su pierna y la iba acariciando. Fuimos a un Spa que está en Loma Verde, con cabañas. Dejé el auto en la cabaña que me indicaron y fui a la Administración a anotarnos como padre e hija y le avisé a Caro que disimule en público.

    -“Pero ahora, que estamos solos, ni pienses en disimular”, le dije cerrando la puerta de la cabaña. La abracé y la llevé a la cama. La fui acariciando, besando, desvistiendo, hasta estar los dos en ropa interior. Le dije que me dejara hacer y que solo me avisara si algo no le gustaba. La desnudé, le vendé los ojos y la acosté boca abajo. Estuve diez minutos acariciándola de arriba abajo, apenas rozando su cola o su vulva. Le di un chirlo y le pregunté si le gustaba.

    -“Si, mucho”

    La di vuelta y seguí acariciándola entera, besando y chupando sus pezones, masajeándola de pies a cabeza y apenas rozando su zona íntima. Ella solo gemía y respiraba hondo. Después le separé las piernas y empecé a besar, chupar y lamer su clítoris mientras mis dedos incursionaban en su vagina. Sus manos no tardaron en prenderse a mi cabello y su cuerpo empezó a tensarse. Cinco minutos después, llegó su primer orgasmo en medio de gemidos y ayes. Intentó incorporarse, pero lo impedí con mi mano y le dije que se calmara y que gozara su orgasmo. Que dejara que las sensaciones la llenaran completa.

    Mientras, volví a lamer su clítoris muy suavemente a la par que tomaba un vibrador que había preparado y se lo introducía en la vagina y lo hacía funcionar, lo cual la sorprendió. Entre las lamidas, los jugueteos de mis dedos y el vibrador, acabó nuevamente en poco tiempo.

    -”¿Qué es eso?”

    -”¿Te gustó”.

    “Mucho!!!”

    “Disfrutalo”

    -“Y yo no te hago nada?”

    -“Ya vas a hacer. Ahora disfruta. Dejate mimar ¿te gusta que te mimen”

    -“Si. Y más como lo haces vos”.

    Le saqué el vibrador y lo apoyé en su clítoris mientras le empezaba a lamer el culito. Cuando le intenté poner un dedo en el ano se retrajo

    -“Por ahí me duele”

    -“Nunca te haría doler. Ni bien te duela avisame. Pero si no, disfruta”

    Y volví a las lamidas, le lubriqué la entrada de su culito y mientras volvía a lamerle la vulva fui introduciendo, con toda la paciencia y muy despacito un dedo bien lubricado en su colita. Al rato, cuando ya movía suavemente el dedo, le introduje un dildo y lo hice empezar a vibrar mientras seguía pasando la lengua a su conchita. Sus contorsiones se multiplicaron y sus gemidos eran constantes. En un minuto estaba moviéndose mientras el dildo entraba y salía de su cola sin problema. Acabó con un grito ahogado y cayó rendida en la cama. Retiré todo. Me acosté a su lado y empecé a acariciarla mientras le insistía en que se quede quieta y disfrute de las sensaciones en su cuerpo.

    -“Que lindo que sos. Me encanta todo lo que me haces. Quiero acariciarte yo, pero estoy deshecha”

    -“Tenes todo el día. Me vas a acariciar, te voy a coger, me vas a mamar. Quiero que seas mi putita y hagas todo en la cama y quiero ser tu taxi boy y hacerte de todo para complacerte”.

    -“Si, si. Eso de que me mimes me gusta”.

    Se puso de costado, me besó y su mano fue a mi pija. Sin sacarse la venda, se bajó y empezó a besarla suave, lentamente como a mí me gusta. ¡¡Que pendeja hermosa, mamaba como una experta!! No en forma rápida y mecánica meta chupadas. Me lamía de la base a la punta, me daba besos en el glande y lo soplaba y después, de golpe la metía en la calidez de su boca mientras la lengua me acariciaba el miembro Le di un forro y ella me lo puso.

    La acosté boca arriba y me subí mientras le abría las piernas y acomodaba la pija en su vulva. Lentamente fue entrando en esa cosita hermosa, cálida y húmeda que era su vagina. Estuvimos un largo rato así hasta que empezó a moverse más rápido y la acompañe hasta un nuevo orgasmo. Se sacó la venda y me miró sería.

    -“Papi, ya acabé tres veces y vos nada. ¿No te gusto?”

    -”Mucho, me encantás, por eso te disfruto tanto. ¿No sentís mi pija al palo dentro tuyo? ¿No te gusta que te coja así, mucho tiempo?”

    -“Me encanta. Pero mi experiencia dice que a esta altura ya todo se acababa”.

    -“Bueno, tenés que acostumbrarte a una nueva experiencia de sexo prolongado. Y no te hagas el bocho sin sentido, vos haces todo bien. Sos divina, me gustas y quiero cogerte mucho”

    -“Cogeme toda”

    Salí dentro de ella, la di vuelta poniéndola boca abajo y la penetré por atrás y así estuvimos otro largo rato. Después saqué mi pija y le apoyé la puntita en el culito. Se sobresaltó, pero no dijo nada. Suavemente fui jugando sobre ese agujerito hasta que empezó a ceder y la cabeza entró de golpe. Ella se tensó. Esperé a que se calme y mientras le decía al oído todo lo que me gustaba, como me calentaba y que me encantaba tenerla en mi cama. Mi pija fue entrando suave, despacio y delicadamente en su cola a la medida que ésta se iba aflojando hasta que terminé totalmente apoyado en ella.

    -“¿Te dolió?

    -“Poquito. Casi nada. Dejala un rato quieta”

    Me quedé besándola y diciéndole que era una pendeja divina y que tenía un culito delicioso que me quería coger seguido. Ella sola se empezó a mover y en pocos minutos estaba culeándola con todo mientras se aferraba a las sábanas y gemía sin parar.

    -“¿Te gusta tener toda mi pija en tu cola?”

    -“Me encanta, me encanta”, dijo cerrando los ojos y empezando a gemir. Estuvimos así un rato hasta que los dos acabamos juntos. Me quedé sobre ella sin querer salir de ese agujerito hermoso hasta que me dijo que no podía respirar. Me tumbé a su lado y quedamos resoplando intentando volver a llenar los pulmones.

    -“Nunca dejes de cogerme” fueron sus primeras palabras.

    -“Nunca dejes de ser mi nena”.

    -“Ni lo sueñes, papi. Coges demasiado bien para dejarte”

    Continuará.

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  • La nueva asistenta (cap. 3)

    La nueva asistenta (cap. 3)

    Silvia se había puesto el despertador para despertarse antes que su ama. No quería comenzar el día con una azotaina.

    Se acercó gateando a la cama y apartó lentamente las sábanas. Ivette estaba completamente desnuda. La visión de su cuerpo y el pensamiento de lo que iba a hacer hizo estremecer a Silvia (¿Durante cuánto tiempo tendré que hacer esto?).

    Acercó su boca al coño de su ama y comenzó a lamer, lentamente, acariciando cada pliegue de su raja, saboreando, a su pesar, un sabor qe empezaba a agradarle. Los ligeros gemidos que emitía Ivette indicaban que comenzaba a despertarse, así que aumentó el ritmo.

    Mientras se tomaba su “desayuno” Silvia no podía dejar de pensar que le depararía el día. En las dos anteriores jornadas su vida había dado un vuelco, pero no estaba segura de estar descontenta con ello. Nunca había estado tan cachonda en su vida, y nunca había tenido unos orgasmos tan intensos. Se le venía a la mente la idea de que a lo mejor no era tan malo seguir así… (¿Que no sería tan malo? ¡Soy una esclava!).

    Ivette interrumpió sus pensamientos sujetando su cabeza y corriéndose sobre su boca. Como parece que era habitual, siguió lamiendo durante un rato hasta que Ivette pensó que era suficiente.

    -Veo que te has adaptado a tu papel esclava. ¡Posición de inspección!

    Silvia se levantó rápidamente y se colocó en la postura requerida. Ivette rodeó su cuerpo, observándola.

    -Parece que las marcas de los azotes van desapareciendo… Espero que haya sido suficiente para que aprendas tu lugar, si no, no dudaré en volvértelos a hacer, y esta vez no serán sólo 15…

    Ivette comenzó a toquetear con el plug anal de Silvia. Ésta soltó un quejido. Llevaba toda la noche con ello puesto y le dolía el culo.

    -Espero que te hayas acostumbrado bien. Más tarde te pondrás uno más grande. Voy a dilatar ese ojete poco a poco. Dentro de un tiempo me pedirás tu misma que te dé por el culo… Vamos a la cocina, quiero desayunar algo.

    Silvia caminó detrás de Ivette hasta llegar a la cocina. Cuando llegó, se puso automáticamente a hacer el desayuno.

    -Hazme un café esclava, tu tomarás esta infusión nada más, quiero que hagas una dieta especial que yo supervisaré. -Dijo, tendiéndole un sobrecito con las hierbas de la infusión.

    Mientras la esclava preparaba el desayuno, Ivette sacó dos cuencos de perro. Uno lo lleno de agua, el otro lo dejó al lado. Una vez estuvo preparada la infusión, vertió el contenido en el cuenco que quedaba libre.

    -Ese es tu lugar perra, hasta que te ordene lo contrario no volverás a usar las manos para comer. Lo harás de rodillas, como la perra que eres.

    Silvia se resignó. Se arrodilló y se bebió la infusión como pudo. Ivette sonreía satisfecha. Se estaba acoplando a todas sus peticiones sin rechistar, además a partir de ahora, gracias a las drogas que iba a suministrar a la esclava a través de la infusión que acompañaría todas sus comidas sería más fácil. Esa droga, aumentaba las sensaciones de placer y haría más

    fácil y llevadero el aprendizaje de su nuevo rol.

    -Tienes la ropa preparada en el salón, esclava. Te quiero preparada en 10 minutos. -Dijo Ivette

    -¿V-Voy a salir mistress?

    -Claro que vas a salir imbecil, ¿No te dije que seguirías yendo al gimnasio? Y ahora ¡corre! No quiero que me hagas esperar. ¡Ah! Te permitiré no llevar el plug anal. -Silvia respiró, aliviada. -En su lugar llevarás esto en el coño.

    Ivette tendió a Silvia una cuerdecita con un par de bolas atadas. ¡Quería que llevase unas bolas chinas!. Nunca había usado unas, pero sabía cómo funcionaban… Con el movimiento del gimnasio estarían estimulándola en todo momento…

    Silvia llegó al salón y vio la ropa que le tenía preparada. Se quedó paralizada. Eran unas mallas que casi casi parecían unas bragas de lo pequeñas que eran, un tanga de hilo y un top cortisimo… ¡Y no había sujetador! Con ese top se notaría perfectamente que no llevaba nada, ¡No podía salir así!

    -Ehh… Mistress… No… No puedo salir con esto… Por favor…

    -¿Estás diciendo que no quieres obedecerme, perra? ¡Si no quieres salir con esto, saldrás sin nada! Tú eliges.

    Silvia agachó la cabeza y comenzó a quitarse la escasa vestimenta que llevaba. Cuando extrajo el plug anal, sintió un vacío en su culo que la dejo una sensación extraña… Estaba aliviada de quitárselo, pero… No era tan desagradable…

    Empezó a introducirse las bolas chinas una a una, sólo para darse cuenta de que le era sencillísimo, ¡Estaba empapada!

    Cuando estuvo completamente vestida y se miró al espejo se asustó, ¡No podía salir así! Pero… sabía que no tenía otra opción…

    -Perra, después llamaré al gimnasio y preguntaré por tí, como me digan que no has ido, lo lamentarás…

    Y con esas, Silvia salió de casa camino del gimnasio.

    Mientras Silvia estaba fuera, Ivette comenzó a repasar su plan. Todo estaba saliendo perfecto. Silvia estaba comiendo en la palma de su mano y los pocos conatos de rebeldía que había tenido los había cortado de raíz con los castigos físicos. Silvia no tenía ni idea, creía que había tenido mala suerte, que una serie de casualidades le habían ido en contra y se había generado esta situación. Nada más lejos. La esclavización de Silvia estaba prevista desde hace tiempo…

    Ivette, en realidad, no era una asistenta. Era una “empleada” de una corporación que, entre muchas otras cosas se ocupaba de capturar y domar a esclavas y esclavos, ya fuese para uso propio de la organización, o por algún pedido expreso de sus socios o clientes. Sus métodos eran muy variados, desde chantaje, hipnosis, drogas, modificación del pensamiento hasta nanorobots, cirugías y otras prácticas algo más oscuras…

    Peter había tenido “problemas” con esa corporación y comenzaron a ir detrás de él. Para salvar su culo, Peter les puso en bandeja de plata a su esposa… Llevaban varios meses planeándolo ya. Todo empezó cuando contrataron a Ian en la casa, un cuerpo irresistible para que la madura mujer cayese en la tentación. Ian también formaba parte de la corporación, pero, a diferencia de Ivette, él era un esclavo. No le costó mucho hacer que Silvia mordiera el anzuelo, al poco tiempo se la estaba llevando a la cama. El paso que significaría el comienzo de la fase final para la captura de Silvia era la contratación de Ivette.

    Desde entonces, la asistenta había medido sus jugadas perfectamente y además, Silvia se había mostrado más predispuesta de lo que esperaban. Esa zorra sería una esclava estupenda…

    En el gimnasio, Silvia no podía soportarlo… Cuando entró en el gimnasio se dio cuenta de que las miradas de deseo y envidia que le dedicaban normalmente hombres y mujeres habían cambiado… Ahora eran… otra cosa… Era desprecio y chanza. La gente pensaba que iba como una puta y ella no podía negarlo… También lo pensaba…

    Las bolas chinas estaban haciendo su trabajo y simplemente con el camino hasta el gimnasio la tenían con una calentura extrema. Pensaba que el más ligero roce haría que se corriese allí en medio. Se le ocurrió la idea de meterse al vestuario y dejar pasar el tiempo, en un par de horas volvería a casa e Ivette no se enteraría de nada, pero no sabía porqué, la idea de contrariarla la asustaba… Era imposible que se enterase pero, ¿Y si lo hacía? Lo pagaría caro…

    Comenzó haciendo ejercicios de pecho. Tenía que coger dos abrazaderas y moverlas haciendo un arco hacia delante. No le pasaban desapercibidas las miradas de los hombres, sus pechos sin sujetador debían ser un reclamo espectacular para ellos. No le gustaban esas miradas, la hacían sentirse sucia… y caliente… No sabía porqué reaccionaba así, ¡Se odiaba a sí misma!

    Esas miradas la hacían sentirse como la puta que parecía… A ella, que siempre le había gustado llevar las riendas en temas sexuales, le estaban pasando ideas nuevas por la cabeza. Se imaginaba forzada por aquellos hombres, indefensa, dominada. Y eso le gustaba. Estaba descubriendo nuevos pensamientos que nunca había tenido… y le gustaban. Se imaginaba de rodillas, en el suelo en… posición de ofrecimiento… mientras notaba como una polla durísima comenzaba a taladrarla. La follaba duro, no la daba tregua y cuando miraba a su dominante compañero era… ¡Ivette!

    Abrió los ojos de golpe, ¡Todo el mundo la miraba! Se le había ido la cabeza, y entre la calentura de las bolas chinas y de la situación se había dejado llevar. Estaba sudando. Se levantó y se secó con la toalla. Se dirigió a la otra punta de la sala y fue a las máquinas de correr. Estaban algo apartadas, así que podría evitar las miradas de la gente.

    Cuando empezó a correr algo la sobresaltó. El ritmo de la carrera ¡Hacía que las bolas chinas intensificasen su efecto! Dios… No iba a poder aguantar… ¡Estaba muy caliente! Se bajó de la maquina y se fue a mojarse la cara. Se miró al espejo y se vio a si misma roja como un tomate. ¿Qué iba a hacer? Le daba miedo irse pero no podía volver a salir ahí…

    Cinco minutos después, Silvia se iba del gimnasio mirando al suelo, andando lo más rápido posible para irse de allí.

    -Vaya vaya… -Dijo Ivette colgando el teléfono. -Así que esa pequeña zorra ha huido…

    Inmediatamente, subió a la habitación a preparar el castigo de su esclava.

    Cuando Silvia entró a casa, todas las luces estaban apagadas. Había estado escondida cerca de su casa antes de entrar para hacer tiempo y que no se notase que había evitado el gimnasio. Estaba convencida de que Ivette no se enteraría.

    -¿Hola? ¿Mistress? -Preguntó tímidamente Silvia.

    Comenzó a avanzar lentamente. Cuando llegó a la cocina, vió a Ivette sentada a la mesa, esperándola.

    -¿Qué haces con esa ropa, perra? ¿No te dije cuál era la vestimenta que deberías llevar en casa? -Espetó Ivette

    -P-Perdón Mistress, ahora mismo me cambio. -Dijo Silvia, que no había previsto aquello.

    Subió directa a su cuarto y cuando llegó a la puerta se quedó helada. ¡Un completo arsenal de bondage estaba distribuido por toda la habitación! Había correas, látigos, fustas, dildos… ¡Incluso había argollas en el techo! Estaba asustadísima, ¿Como había llegado a esto?

    Cuando fue a retroceder para salir de la habitación se encontró de bruces con Ivette, que inmediatamente le dio un bofetón que la tiró al suelo.

    Antes de que Silvia pudiese reaccionar, Ivette ya le había puesto unas argollas en las manos y otras en los pies. Tirando de unas cuerdas, y a través de unas poleas, las argollas comenzaron a hacer que Silvia se incorporase, quedando sujeta en forma de x en medio de la habitación, de espaldas a la puerta. Silvia vio que Ivette llevaba un cuchillo en la mano y comenzó a gritar. Otro bofetón la hizo callar.

    Con el cuchillo, Ivette arrancó la ropa de Silvia, dejándola sólo con las bolas chinas.

    -¿Que tal en el gimnasio, esclava? No parece que la ropa esté muy sudada… ¿Has acabado tus ejercicios? -Preguntó Ivette, agarrando a Silvia de la cara.

    -N-No, mistress. -Contestó la mujer, aterrorizada.

    Plaff.

    -¿Cómo te atreves a desobedecerme? ¿Creías que soy estúpida? ¿Qué podrías engañarme?

    -No, yo no..

    -!Calla! -Ivette recogió el tanga de Silvia. Estaba empapado. Obligando a su esclava a abrir la boca se hizo tragar. Con él en la boca, introdujo un ballgag, asegurándolo con unas cintas en la parte de atrás de la cabeza.

    -Mmmmm -Gimoteaba Silvia. Sus propios flujos le llenaban la boca.

    -No quiero oir ni un ruido, zorra. Vas a recibir un castigo tal que no se te ocurrirá volver a desobedecerme.

    Ivette había colocado cámaras alrededor de la habitación y comenzó a encenderlas. Cogió una cámara digital y comenzó a hacer fotos ella misma, desde todos los ángulos. Fotografió al detalle cómo le iba extrayendo las bolas chinas una a una y como, poco a poco, comenzó a introducirle un nuevo plug anal, algo más grande que el anterior. Para acabar, colocó un antifaz a Silvia. No poder ver haría que sufriese psicológicamente al no saber lo que estaba haciendo la dominatrix.

    Cogió una fusta y, rodeando a su esclava, comenzó a repartir azotes por igual entre sus pechos y su culo. Silvia se agitaba y gritaba con cada golpe, pero la mordaza impedía que los gritos se escucharan.

    Media hora de azotes después, el cuerpo de Silvia estaba lleno de marcas rojas y la esclava estaba derramando lágrimas. Ivette apartó la mordaza y preguntó:

    -¿Has tenido suficiente?

    -Ss-si, mistress… Por favor… Más no… Haré lo que quieMPpfff. -Ivette introdujo de nuevo el tanga y la mordaza en la boca de Silvia.

    -Todavía no hemos acabado con la sesión. Ahora voy a recolocarte.

    Ivette comenzó a atar y desatar las cuerdas de Silvia, colocándola con el culo en pompa sobre la cama, con los brazos bajo el cuerpo y atados a las cuerdas de los tobillos. Estaba inmovilizada.

    La dómina comenzó a jugar con el plug anal, provocando un pequeño atisbo de placer a la esclava después de la azotaina recibida.

    El plug entraba y salía del culo de Silvia con facilidad. Su ojete rosado se adaptaba perfectamente al falo de plástico que la chica deslizaba suavemente dentro y fuera de él. Parece que a Silvia tampoco le desagradaba nada el tener su culo lleno, poco a poco empezó a gemir, ignorando que hace escasos dos minutos había recibido una paliza con la fusta.

    Ding Dong

    Silvia quedó paralizada, del susto, su ojete se cerró y atrapó el plug dentro de él, Ivette lo dejó dentro.

    -¡Parece que ya ha llegado el pedido que he realizado!. -Dijo Ivette con un tono alegre.

    La chica salió de la habitación y dejó a Silvia sola, atada y con los ojos tapados. La señora de la casa estaba sufriendo, ¿Quién había venido? No podía ser Peter… No podía entrar nadie y verla así…

    Oyó la puerta cerrarse y poco después Ivette entró en la habitación. La oyó dejar una caja en un lado.

    -Ya que ayer hice limpieza en tu armario, te he comprado algo de vestuario. Más apropiado para tu nueva condición.

    Silvia se tranquilizó un poco… Parece que el mensajero había dejado el paquete y se había ido… La mujer relajó el ojete, dejando a Ivette proseguir con su cometido. Estaba dispuesta a dejarse llevar por el placer que la consumía. Llevaba todo el día deseando correrse… ¡Nunca había estado tan cachonda! ¡Estaba enferma!

    -Como comprenderás, yo no he pagado nada de la compra. -Continuó Ivette. -Así que… tendrás que hacerte cargo del pago. -Extrajo el plug de un tirón. Un sonoro BLOP salió de su culo cuando se quedó vacío y su ojete abierto fue objeto de varias fotos más.

    Unas manos grandes agarraron a Silvia de las nalgas, que después del castigo estaban demasiado sensibles. Soltó un grito, mitad por el dolor mitad por la sorpresa. ¿Quién era?

    -Venga chico, es toda tuya. Espero que te sirva como pago.

    Una enorme polla entró de golpe en el culo de Silvia. ¡Era enorme! ¡La iba a partir por la mitad! Lo que Silvia no sabía es que el dueño de esa polla era Ian. Ivette le había traído para seguir entrenando la sumisión de Silvia, además de su culo.

    Ivette le quitó la mordaza a Silvia y se tumbó delante de ella, llevando su cabeza a su coño la obligó a comérselo, tarea en el que la esclava se afanó con ganas. Los gemidos comenzaban a llenar la habitación, Ivette estaba disfrutando del trabajo de su esclava y Silvia de la sodomización del extraño mensajero.

    Ivette levantó ligeramente el culo ofreciendo a su esclava el culo, en vez del coño. Silvia dudó un segundo, al notar el diferente sabor, pero ahora mismo no estaba en condiciones de razonar. La lengua de la mujer jugueteaba con el agujerito de su ama e Ivette lo disfrutaba, estaba haciendo un buen trabajo con ella, sería un gran ejemplar de esclava.

    -Ahora te voy a quitar las ataduras perra. -Dijo Ivette separándose de Silvia. -Pero te voy a dejar el antifaz. Si intentas quitártelo o hacer algo raro el castigo de antes te parecerá un juego de niños. ¿De acuerdo esclava?

    -Si mistress. -Contestó Silvia, alterada por la tremenda sodomización que le estaban proporcionando.

    Ian sacó la polla de golpe, dejando a Silvia con una sensación de vacío en su culo y se puso a retirarle las ataduras.

    -Ahora vas a tratar a nuestro amable repartidor con mucha amabilidad, ya sabes a que me refiero. Tienes que pagarle el servicio. Primero ponte de rodillas y abre la boca. Exclamó Ivette.

    Silvia obedeció.

    -Saca la lengua. -Ordenó la joven.

    Ivette no perdió detalle con la cámara de la postura de Silvia y de cómo la enorme tranca negra de Ian se iba acercando a sus labios.

    Al notarla, Silvia comenzó a lamer el glande, y poco a poco a juguetear con él dentro de su boca. Hizo caso omiso al sabor de la polla después de estar en su culo.

    Ian puso una mano en la nuca de la esclava, guiándola en su labor. Poco a poco se la tragaba más adentro hasta que consiguió introducirla toda.

    Las manos de Silvia se acercaban a su coño, ¡Estaba cachondísima!

    -¡Ni se te ocurra masturbarte esclava! Solo podrás correrte cuando yo te dé permiso.

    A una señal de Ivette, Ian apartó la polla de la boca de Silvia, que quedó durante unos segundos en una graciosa posición, intentando mamar el aire. Ian se tumbó en la cama boca arriba.

    Móntale esclava. -Dijo Ivette, guiándola sobre el jardinero.

    Silvia, reconociendo el terreno con las manos, se sentó de golpe sobre la polla que tenía debajo, insertándosela de un golpe. ¡Necesitaba sentirse llena de polla!

    Comenzó a cabalgar como una loca. Sacaba la polla casi hasta el final y volvía a metérsela de golpe. A este paso no tardaría en correrse… Pero no debía…

    Ivette estaba haciendo un book estupendo. Silvia lo estaba dando todo.

    Cuando Ian estaba a punto de correrse levantó a la esclava y volviéndola a poner de rodillas se vació sobre su cara y sus tetas. Silvia, con la boca abierta, recibía sin inmutarse toda la corrida del negro. Deseando correrse ella también. ¡Necesitaba correrse!

    Estas serían las mejores fotos. Silvia con la boca abierta y la cara llena de semen.

    -¿Crees que has pagado la deuda esclava?

    -Lo que usted considere, mistress. -Ivette se sintió complacida por la respuesta.

    -Entonces hemos terminado. Vistete y date una ducha, tienes pinta de cerda con el semen por la cara.

    -P-Pero… Mistress… Yo…

    -¿Qué quieres zorra?

    -N-Necesito correrme… Por favor… Mistress…

    -¿Quieres correrte? Tendrás que hacerlo tú misma. Metete esta polla por el culo hasta que te corras. -Dijo, tendiéndole una enorme polla de plástico.

    Silvia, al agarrarla se tendió inmediatamente sobre el suelo y se la insertó de golpe en el culo, iniciando una follada desesperada por correrse. No tardó mucho, con el calentón que tenía en seguida comenzó a gritar de placer, corriéndose por primera vez gracias a su culo.

    Silvia quedó tendida en el suelo.

    -¡Ni se te ocurra esclava! ¡Cada orgasmo que te sea permitido debe ser agradecido debidamente! Si no, supongo que no querrás seguir teniéndolos…

    Silvia, se levantó inmediatamente, temerosa de no volver a correrse en un tiempo por el enfado de su ama y se arrodilló a lamer las botas a su ama.

    Ivette ordenó a Ian que se marchase. Unos minutos después ordenó a Silvia que era suficiente, apagó las cámaras y ordenó a su esclava darse una ducha y asearse. Cuando terminó, le introdujo el nuevo plug más grande que había preparado.

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  • Encuentro apasionado

    Encuentro apasionado

    Capítulo 1:

    Lo primero que quiero aclarar es que tanto mi amante como yo estamos casados, incluso añadiré que felizmente casados, por lo que para no ir dando nombres falsos prefiero no dar ninguno. Así que les hablaré de ella y de mi en estos términos.

    Ninguno de los dos volverá a cumplir los 30, pero a ambos nos faltan todavía muchos años para los 40. Nos conocimos a través de Internet. Y por tener aficiones similares y vivir en localidades cercanas decidimos vernos mutuamente. Fue un auténtico flechazo, en nuestro segundo encuentro ya terminamos haciendo el amor. ¿Por qué? Pues porque ella es muy ardiente y desinhibida en el sexo, cosa que mi esposa no es, y yo soy todo lo sensible y cariñoso que su esposo no es… ¿el resultado?

    Encuentros furtivos en los que cada uno trata que el otro disfrute lo indecible… tratando siempre de hacer realidad las fantasías y los sueños más salvajes… así que no les extrañe si les digo que ya lo hemos hecho en un parque y hasta en un cine medio vacío mientras veíamos una película.

    He creído necesario darles todos estos datos para que el increíble encuentro que tuvimos el día de su cumpleaños no les parezca la fantasía de un adolescente embriagado. Ese día habíamos decidido hacer algo especial, así que reserve mesa y habitación en un hermoso hotel lejos de la ciudad, para que pasáramos la velada juntos. Ya que, por suerte, su esposo no regresa a su casa a comer, y yo había podido solicitar el día libre a mi jefe con una excusa de la que mi esposa no sabía nada. Así que a media mañana agarre el auto que había alquilado y pase a buscarla al lugar convenido.

    Ella, que no sabía dónde le iba a llevar, me esperaba con su eterna sonrisa picaruela en la esquina convenida. Y les aseguro que me costó horrores controlarme para no devorar a besos sus labios gordezuelos ni desnudarla para poseerla hay mismo sobre la acera al ver que se había puesto para la ocasión su breve y seductora minifalda escocesa, de esas con un broche lateral que dejaba al aire sus morenos y duros muslos.

    Llevaba la camiseta blanca de botones completamente desabrochada, anudada debajo del ombligo, dejando que sus firmes y abultados senos se movieran en completa libertad bajo la misma, con sus durísimos y gruesos pezones marcándose desafiantes en el fino tejido, para que ni el más cegato de los mortales dejara de apreciar que no había ningún sostén aguantando semejantes maravillas. Este conjunto, tan atrevido como sensual, ya nos había deparado varios encuentros deliciosos y alguna que otra anécdota que quizás les cuente otro día.

    Para que se hagan una idea de la brevedad de su minifalda solo he de decirles que no me hizo falta más que girar un poco la cabeza para ver el deliciosos tanguita blanco que llevaba puesto ese día cuando se agacho para sentarse en el asiento de mi lado. Nada más hacerlo nos dimos el primer beso, tan apasionado e intenso como todos los que nos damos siempre. Yo con mis labios tratando de devorar los suyos gordezuelos y sabrosos y ella empeñada en que su dulce lengua se hiciera un nudo con la mía. Ni mis manos ni las suyas pueden permanecer ociosas cuando nuestras bocas se juntan.

    Así, al mismo tiempo que sus deditos se deslizaban traviesamente por la entrepierna de mi holgado pantalón veraniego las mías se introducían ansiosas bajo su camiseta, ávidas de volver a amasar esos enormes melones oscuros que me tienen medio loco, estrujándolos y apretándolos como si me fuera la vida en ello. Creo que de no haber estado en un lugar tan céntrico lo más seguro es que hubiéramos acabado haciendo el amor ahí mismo. Pero me recordé a mí mismo los planes trazados, y haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad me separé de ella, jadeando, y puse el coche en marcha, camino de la autopista… y de un encuentro muy apasionado.

    Puestos a hacer las cosas bien había decidido alquilar finalmente un coche descapotable, pues era algo de lo que tenía ganas desde hacía años y pensé que la situación era la más idónea. Circular raudo por la autopista, con el aire en la cara, viendo como este revuelve las prendas de ropa de mi amante cómplice es un recuerdo que jamás olvidare.

    Ella, tan excitada como yo, sino más, pronto empezó a hacer de las suyas, recostando un poco su asiento para ponerse más cómoda… y para apoderarse con más facilidad de lo que yo guardaba en mis pantalones para ella. Con su habilidad consumada pronto estuve con la cremallera bajada y su mano dueña y señora de mi rígida masculinidad. La cual masajeaba lánguidamente para que no perdiera su dureza, pero controlándola para que tampoco explotara la dinamita antes de tiempo.

    Yo tampoco quise ser menos, y aprovechando la casi total ausencia de tráfico por la vía le empecé a acariciar los pechos de nuevo, pero esta vez también quería contemplar los gruesos fresones que pellizcaban mis dedos, por lo que aparte la tela a un lado para dejar que asomara al aire esa maravilla de la naturaleza.

    -“¿Qué haces?… me las va a ver todo el mundo” me dijo ella, que tenía los enormes ojos pardos entrecerrados para disfrutar aún más de las sensaciones que la rodeaban.

    -“¿Te importa?… déjalos que disfruten”. Y aparte del todo la tela para que el sol le diera de lleno, mientras mis dedos continuaban jugueteando con su rígido pezón.

    -“Mmmm… de acuerdo… ¿por qué no?” y ella misma se desato el nudo del ombligo para que los dos pechos quedaran completamente a la vista y su camiseta se convirtiera en un simple trapo ondeando al viento.

    Yo no podía dejar de asombrarme de su osadía, de la que tantas muestras me había dado ya, y que la hacían tan distinta de mi tímida y apocada esposa. Pero ahí estaba de nuevo, impertérrita, masajeando mi pene y sonriendo feliz a los incrédulos automovilistas que nos miraban con los ojos como platos cuando les adelantábamos velozmente. Creo que puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que ella estaba disfrutando de la situación lo mismo que yo, y quizás algo más, por su alocada y desinhibida forma de ser.

    -“Mi amor… soy tan feliz… y me gusta tanto este paseo que voy a hacer algo para que no lo olvides jamás” me dijo, y os juro que se me pusieron de punta hasta los pelos del cogote… pues ya sabía que sus promesas nunca son en falso.

    Capítulo 2:

    No tuve que preguntarle en que estaba pensando, pues sus intenciones se hicieron muy evidentes cuando, tras girarse como una gatita en celo en el asiento, me dirigió una de sus miradas más traviesas y uso ambas manos para terminar de desabrocharme del todo el pantalón y dejar mi aparato completamente a la vista… e indefenso ante su voracidad.

    Lo primero que pensé al sentir sus labios succionando mi chime fue que de seguir así no iba a ser capaz de controlar el vehículo y que al final nos estrellaríamos… Y lo segundo que pensé fue… ¡Qué Diablos! ¿acaso hay una forma mejor de morir?…

    Así que me relaje y permití que hiciera una de las cosas que mejor sabe hacer… y que, a mi mujer, por desgracia, le da asco. Mi léxico se queda corto para describir las mil y una sensaciones que me embargaban en ese momento, y el gozo que la unión de su lengua, sus labios y sus manos trabajando a la vez en mi miembro me proporcionaban. Era algo sublime, un placer digno de los dioses que solo los muy afortunados pueden tener.

    Por suerte no había apenas tráfico, por lo que no tenía que cambiar de marchas, algo que me hubiera resultado muy difícil con sus grandes pechos colgando sobre la palanca. Así que la mano que no tenía en el volante la dedicaba a acariciarlos, algo de lo que nunca me canso… ni se cansarían ustedes si tuvieran la oportunidad de estrujar entre sus manos esa carne tan firme como suave, y pellizcar entre sus dedos esos gruesos y puntiagudos pezones de caoba, tan sensibles como agradecidos a todo tipo de manejos.

    El viento se convirtió en mi aliado, haciendo que su minifalda revoloteara descontrolada a un lado y a otro, permitiéndome continuos y generosos vistazos a sus nalgas desnudas. Pues su tanguita blanco por detrás era un fino cordón que desaparecía en la estrecha y misteriosa hendidura de su trasero, dejando sus duras y amplias nalgas a la vista. No solo a mi vista, sino a la de algunos afortunados conductores que pudieron ver como su generosa grupa asomaba por encima de la puerta… dedicándonos miradas atónitas, y alguna que otra pitada de claxon… supongo que como agradecimiento al espectáculo… y nunca mejor usada esa palabra.

    Para cuando alcanzamos el todoterreno de aquellos chicos yo estaba ya a punto de llegar al orgasmo, así que les rebase velozmente, perdido en mi propio placer, pero no por ello sin dejar de observar cómo pegaban los muchachos sus caras asombradas a los cristales. La cabeza de mi amante subía y bajaba ya a un ritmo frenético, siguiendo mi respiración agitada, llevándome hacia el clímax a pasos forzados. Casi tan forzado como el pobre motor del todoterreno al que los chicos exprimieron al máximo con tal de volver a ponerse a mi altura para ver el culo de mi amante de nuevo.

    Decidí que tan loable esfuerzo merecía una recompensa, por lo que levanté un poco el pie del acelerador para permitir que alcanzaran nuestra posición… mirando complacido como se agolpaban los jóvenes a los cristales para no perderse detalle de lo que sucedía en nuestro vehículo. Al ser este un poco más elevado que el nuestro yo suponía que su vista debía de ser magnifica, pero decidí hacerla tan memorable como la mamada lo estaba siendo para mí… así que en un alarde de generosidad estire mi mano libre y baje el tanguita de mi amante hasta sus rodillas… dejando a tan solo un metro escaso de los encandilados muchachos sus tesoros más íntimos a la luz.

    No puedo afirmarlo, pero creo que ninguno olvidara fácilmente la rajita depilada que les dedicaba su húmeda sonrisa vertical, mientras su fogosa dueña empezaba a tragar con glotonería todo el semen que manaba a borbotones de mi fuente inagotable, producto de un orgasmo tan intenso como prolongado… que me impulso a pisar el pedal del acelerador de nuevo, de un modo automático, alejándome así por última vez de los muchachos que tocaban el claxon sin parar, intentando, sin éxito, volvernos a alcanzar.

    Ella, ajena por completo a lo que había sucedido, se dedicaba a lamer y succionar con fruición mi aun rígido aparato, limpiándolo con tanto cariño y esmero que me temía que de seguir así me provocara un nuevo orgasmo, por lo que tuve que rendirme y pedirle clemencia… pues no quería llegar al hotel totalmente agotado. Después de relamerse los labios como una gatita satisfecha reparo, creo que, por primera vez, en que tenía el tanguita casi quitado… lo cual le hizo mucha gracia. Yo pensaba que se lo volvería a colocar, pero, para mi asombro, lo que hizo la adorable desvergonzada fue ponerse de pie, sujetándose al parabrisas con una mano mientras se despojaba de las braguitas con la otra.

    Yo no podía ver los coches que circulaban en sentido contrario, pues me tapaba el seto de protección, pero los continuos pitidos de claxon me dieron a entender, bien a las claras, que los pechos desnudos de mi alocada amante si se veían desde el otro lado. Cuando volvió a sentarse, riéndose y todavía sonrosada de la emoción de su osadía, le conté lo que había pasado con los chicos… excitándose tanto con mi relato que se puso a acariciarse la depilada almejita con uno de sus dedos mientras sonreía de oreja a oreja.

    Era una pena que yo no alcanzara a hacerlo, como hubiera deseado, pero la posición era muy incómoda, y ahora el tráfico era algo más denso, cruzándonos continuamente con otros vehículos. A ella ya le daba igual, pues una vez que había empezado sus dedos no paraban de hurgar en su intimidad, cada vez más frenéticamente, mientras se acariciaba los pechos desnudos con la otra mano ajena, al parecer, a las miradas que le dedicaban.

    Pero no era así, y ella debía de estar disfrutando de su exhibición mucho más de lo que yo me imaginaba… pues en un momento dado me suplico que me pusiera a la altura de un camionero… pues deseaba correrse ante su mirada. Yo, excitado, y siguiendo sus deseos, adecue mi marcha al tráfico, haciendo lo posible por tener siempre un camión a la vista… a la espera de que el cambio de su respiración me indicara el momento oportuno en que debía ponerme a la altura de uno de ellos.

    Era como una ruleta, en la que los participantes no sospechaban el premio que estaban perdiendo cada vez que los adelantaba en busca del próximo camión. Hasta que llego el momento crucial, en que su respiración se convirtió en un continuo jadeo, y disminuí mi marcha para que el afortunado tipo pudiera ponerse a mi costado y, desde ahí arriba, ver con comodidad el espectáculo de mi amante logrando su orgasmo.

    La visión debía ser increíble, con su breve minifalda subida hasta la cintura y la camisa abierta de par en par… con sus dos deditos entrando y saliendo a un ritmo frenético de entre sus piernas separadas.. y su otra mano estirando su pezón violentamente mientras jadeaba con la boca abierta… rugiendo su placer a los cuatro vientos.

    Capítulo 3:

    Tan embelesados estábamos contemplándola los dos que el auto patrulla tuvo que hacer sonar varias veces su claxon antes de que me percatara de que lo tenía detrás. Se lo imaginaran ¿no?… ordenando nuestras ropas deprisa y corriendo mientras íbamos a la entrada de servicio que nos indicaban unos kilómetros más adelante para estacionar tanto nuestro coche como el camión en una explanada situada tras una amplia curva.

    Yo todavía estaba abrochándome los últimos botones del pantalón, hecho un manojo de nervios, cuando la agente se asomó por un lado y me dijo con su voz firme y autoritaria que recogiera mi documentación y fuera donde estaba su compañero con el camionero. Recogí los papeles a toda prisa, sin saber aun que decir para salir del paso, mirando el gesto de enfado de la irritada agente… la cual, por otro lado, no dejaba de escrudiñar a mi amante. Al pasar por su lado no pude evitar compararlas mentalmente, diciéndome que esa chica flaca no quedaría del todo mal con otra ropa, pues ni siquiera el uniforme podía ocultar unas nalgas bien prietas y unos pechos pequeños, pero duros y muy tiesos.

    Cuando llegue a la altura del coche patrulla el pobre camionero todavía estaba sacando toda su documentación, y parecía estar tan asustado y nervioso como yo. El guardia, un tipo grandote y fornido, permanecía callado y con el gesto ceñudo, parado pacientemente al pie del camión… sin decir nada, a la espera de revisar todos nuestros papeles. No podía dejar de mirar a mi auto, apesadumbrado por el mal rato que mi amante debía estar pasando, sobre todo cuando la agente la hizo salir y procedió a cachearla apoyada sobre al capo de nuestro auto.

    No entendía porque la cacheaba a ella y a nosotros no, y porque insistía tanto en meter sus manos dentro de la ropa, dado que ya debía haberse dado cuenta de que no llevaba nada debajo, puesto que las braguitas aún estaban bajo su asiento. Estaba tan absorto que el otro agente me tuvo que llamar la atención para que me diera cuenta de que el camionero ya se marchaba, agradecido y con muchas prisas, y que era el turno de mostrar mi documentación.

    Yo se la entregue toda, de golpe, absorto en la contemplación del cacheo de mi amante, pues para mí era ya evidente que la agente estaba manoseándola a conciencia… y yo, para mi sorpresa, estaba excitándome de nuevo, pensando en lo que le estaría haciendo.

    Imagínense como me quede al ver que la agente, con toda la tranquilidad del mundo, se separaba de mi amante, después de decirle algo al oído; y, tras abrir la puerta del descapotable, ocupaba el asiento del copiloto, sentándose cómodamente y haciendo un gesto a mi amante para que entrara también. No sé qué me sorprendió más, si ver la parsimonia con que la agente se estaba quitando los pantalones, o la docilidad con que mi amante entro en el vehículo, cerrando la puerta del mismo tras haberse arrodillado a los pies de la policía.

    Tanto el otro agente como yo habíamos comprobado que mi turbada amante llevaba ya los senos al aire al ocupar su sitio, señal inequívoca de que el cacheo había sido todo lo prolongado e intenso que yo había sospechado… y mucho más.

    Si en ese momento me hubieran preguntado les aseguro que no sabría decirles de seguro si lo que le estaba mostrando al otro policía era la documentación del coche o mi carnet de la biblioteca o del videoclub… y no era para menos, pues la cara de satisfacción de la agente, cómodamente recostada en el asiento no dejaba lugar a dudas acerca de lo que debía estar haciendo mi amante arrodillada a sus pies. Y con lo bien que maneja ella la lengua seguro que la agente estaba en el séptimo cielo.

    De eso no nos cupo ninguna duda cuando ambos vimos que se desabrochaba la camisa del uniforme, dándonos un vislumbre de sus pequeños y puntiagudos pechos desnudos, antes de tumbar el asiento del todo hacia atrás y desaparecer de nuestra vista. El motivo quedo bien claro cuando vimos el rostro sonrosado de mi amante asomar brevemente y desaparecer en dirección a su cara y a sus pechos. Su postura arrodillada sobre la agente nos permitía ver su culito desnudo por encima de la puerta del descapotable, ahora que su sufrida minifalda permanecía enroscada a su cintura, donde alguna de las dos la había remetido para que no molestara, y dejara todo al aire.

    El otro policía y yo ya habíamos dejado de fingir, y mirábamos absortos y embelesados la increíble escena que tenía lugar a solo unos metros de nosotros. No era para menos, mi amante ya estaba desbocada del todo y, aferrándose a la puerta y a uno de los asientos se irguió ante nuestra atónita mirada, moviéndose adelante y atrás frenéticamente, restregándose a conciencia contra la policía; de la cual solo veíamos uno de sus pies, apoyado en la esquina del salpicadero, pero que bastaba para hacernos una idea de lo bien separadas que estaban sus piernas.

    Aunque nuestros ojos donde realmente se clavaban era en los voluminosos pechos de mi amante, que bamboleaban alocados en cada uno de sus empujones. Sus gruesos pezones brillantes de sudor, y puede que, de saliva, semejaban dos dátiles maduros que se hacía difícil no morder. Pero ese placer, por ahora, solo estaba reservado a la fogosa policía, la cual se aferraba a ellos con sus manos temblorosas con un ansia más que justificada.

    Yo tenía la boca seca, y una erección tan considerable como dolorosa viendo los dedos de la agente pellizcar y retorcer sin piedad esos pezones divinos. Por sus movimientos casi podría jurar que note cuando tuvo el orgasmo… pero lo que si sabía de cierto al ver la carita de pena de mi amante cuando la agente la obligo a ponerse de nuevo de rodillas a sus pies es que ella aun no había obtenido el suyo.

    La agente, con una sonrisa satisfecha, se tomó con bastante tranquilidad lo de ponerse la camiseta de nuevo, mirándonos con cierta insolencia mientras se abrochaba los botones. Sin importarle nada, al parecer, que tanto su compañero como yo viéramos de nuevo sus pechos desnudos… y supiéramos lo que mi amante le estaba haciendo mientras tanto. Y que debía de estar haciéndolo de maravilla, a tenor de su cara de felicidad.

    Cuando al fin salió del auto, todavía abrochándose los pantalones, su compañero fue a reunirse con ella, a mitad de camino entre ambos automóviles, mientras yo miraba a mi amante limpiándose la boca con el dorso de la mano y una mirada en sus grandes ojos pardos que tenía mucho mas de anhelo que de inquietud. Después de dialogar unos instantes, la agente vino hacia mí, mientras su compañero se dirigía a mi coche con toda confianza, empezando ya a desabrocharse los pantalones.

    Capítulo 4:

    Cuando la agente llego a mi altura lo primero que hizo fue ponerme contra la puerta del coche patrulla y empezar a cachearme. Afortunadamente estaba de frente a mi auto, por lo que pude ver con toda nitidez como permanecía dentro de pie junto al asiento y como la cabeza de mi amante se incrustaba en su entrepierna, empezando a mamar con avidez el trozo de carne descomunal que había vislumbrado fugazmente cuando el corpulento policía se lo puso ante la nariz.

    La agente, después de constatar lo durísimo que estaba mi aparato, se dedicó a liberarlo de su encierro, pegando contra mi espalda sus durísimos pechos puntiagudos mientras me decía al oído con su voz enronquecida lo bien que le había chupado el conejo mi esposa y lo mucho que había disfrutado con su lengua.

    Como ambos llevábamos puestos nuestros anillos de casados no quise sacarla de su error, y además dudo de que me hubieran salido las palabras, pues mi garganta estaba seca… no por cómo me masturbaba, ya que lo hacía con bastante rudeza, sino de ver asomar por encima de la puerta de mi coche los pies de mi amante… lo cual, unido al movimiento de caderas del policía me indicaba bien a las claras que la estaba poseyendo delante de mis narices.

    La viciosa agente, sin dejar de masturbarme en ningún momento, me dijo al oído, con sus enervantes susurros, que su compañero tenía una polla descomunal… así, con esas palabras. Y yo, viendo la violencia de sus empujes, no pude por menos que imaginar lo que estaría sintiendo mi querida amante con ese grueso trozo de carne apenas entrevisto entrando y saliendo tan violentamente de su almejita.

    Yo estaba ya a punto de alcanzar el orgasmo a manos de la agente, más por la visión de lo que sucedía en el descapotable que por lo que ella me hacía. Por sus gestos se veía claramente que mi amante había cambiado de postura, y que ahora estaba a cuatro patas sobre el asiento mientras el policía la penetraba desde atrás. Este, firmemente aferrado a su cintura, imprimía un ritmo frenético a sus caderas, con unos empujes tan rudos y violentos que yo estaba convencido de que de seguir así la iba a destrozar… o a matar de placer.

    En ese momento la agente me dio su último mensaje al oído. Me dijo, con una voz que sonaba excesivamente cínica para mi gusto, que estuviera tranquilo, que no la iba a dejar embarazada… que el siempre acababa en otro sitio. Ese comentario, junto con la visión del policía maniobrando para colocarse más cómodamente detrás de mi amante, encendió una alarma en mi cabeza. Ella era prácticamente virgen de ese agujerito, pues yo había sido el primero en entrar, y solo lo había hecho una vez hasta entonces… y no me dio tiempo a pensar nada más, pues incluso desde donde estábamos situados pudimos oír nítidamente su grito de dolor cuando fue sodomizada por el salvaje policía.

    Aunque lo cierto es que después de ese primer grito no volvimos a oírla quejarse, y el ritmo del policía, que volvía a ser frenético, nos daba a entender claramente la facilidad con que su chisme entraba y salía de su pequeño orificio. Esa visión fue el detonante de mi abundante eyaculación. La cual fue a parar, casi por completo, contra el cristal del coche policial. El resto permanecía en la mano de la satisfecha agente, la cual se la lamio sin pudor, sonriendo satisfecha.

    Pero para cara satisfecha la de mi pobre amante cuando, tras irse el policía, haciéndome un saludo medio burlón, me acerque a mi auto y la vi hecha un ovillo sobre el asiento, encharcada en sudor, prácticamente desnuda y con marcas por todos lados… para dejar bien patente que este cumpleaños dejara una huella imborrable en ella.

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  • La cena

    La cena

    Hemos quedado a cenar en tu casa, llamo y me abres la puerta, me recibes con una sonrisa como de aprobación al ver que llego vestida con una camiseta ajustada que marca mis pechos y una falda corta de vuelo, me das un gran beso, nuestras lenguas se funden en unas sola, mordisqueas mis labios. “Menudo recibimiento” te digo.

    Vamos al salón, charlamos un ratillo, nos volvemos a besar, tus manos van a mi cintura y empiezan a recorrer mi cuerpo, me haces cosquillas, me dices al oído “nos estamos calentando demasiado, vamos a parar o no llegaremos a cenar, jaja”.

    Te ayudo a preparar la mesa, mantel blanco, vajilla de porcelana, el vino en una champanera, velas para dar un ambiente romántico, música melódica fondo, la cena es exquisita, marinada con un buen vino blanco que tanto me gusta.

    Terminamos de cenar retiramos la mesa, recogemos todo menos el vino y la champanera llena de hielo, me sacas a bailar, es una canción lenta, de bailar muy juntos y pegados, tus manos se meten por debajo de mi falda y masajeas mi culo, me aprieto contra ti, noto tu bulto, deslizas tu mano por debajo de mis braguitas, suspiro y me dices que las tengo mojadas, algo que ten enloquece.

    Nos sentamos en el sofá, me siento muy pegada a ti, cojo uno de los hilos de la champanera, me lo meto en la boca, juego con él, me lo paso de un lado al otro de la boca, lo chupo como si fuera un caramelo, la sensación del frio hace que los pezones se marquen por encima del sujetador y de la camiseta, te acercas a mí, juntamos nuestras bocas y te paso el hielo que se está derritiendo.

    Me quitas la camiseta, yo te quito la tuya, me desabrochas el sujetador, coges otro hielo con las manos y me lo deslizas por el cuello, vas bajando con el hielo por encima de mis pechos, trazas dibujos en mis pezones, pasas tu lengua absorbiendo el agua del hielo derretido, mi piel se eriza, gimo son sensaciones únicas.

    Cojo un hielo, quiero que tú también sientas esas sensaciones, lo paso por detrás de tu oreja, por tu cuello, tu hombro, tu pecho, voy siguiendo el recorrido con mi lengua, tu piel también se eriza, emites un pequeño gemido, bajo de tus pechos a tu ombligo, te desabrocho el pantalón, tu polla está muy tiesa dentro de los bóxer, te los bajo, salta como un resorte de su prisión, cojo otro hielo, el que tenia se ha derretido, me lo meto en la boca junto con tu polla, mi lengua caliente y el frio del hielo te producen sensaciones únicas, muy placenteras, voy pasando el hielo de un lado al otro de la boca, mientras con la lengua jugueteo con el glande, noto el sabor del líquido preseminal, que delicia…

    El hielo se ha derretido, pero yo sigo con tu polla en mi boca, me la saco y me dedico a chupar tus huevos, subo dando pequeños lametones por el tronco, llego a la punta hay unas pequeñas gotitas del líquido preseminal, te las limpio, beso tu glande, lo absorbo, me la meto hasta el fondo, me llega muy adentro, roza la campanilla, me la saco un poco, tu con tu mano empiezas a llevarla hacia los lados de mi boca, dando pequeños golpes.

    Paramos un momento, me estoy poniendo a mil… me quitas las braguitas empapadas, pasas tu dedos por mi coño, lo notas muy húmedo, te llevas a la boca tus dedos mojados, y los lames despacio uno a uno, me estremezco.

    Aún con la falda puesta me siento encima de ti, con la punta de tu polla en la entrada de mi vagina, tú la restriegas en mi coño de arriba abajo hasta mi ano, vuelves a colocarla a la entrada y bajo metiendo poco a poco tu polla en mi coño, estoy tan mojada que se desliza fácilmente, cuando llego al final paro, tú te abrazas a mí, coges uno de mis pechos y te lo metes en la boca como si fueras un bebe comienzas a succionar, que placer. Comienzo a subir y bajar, mientras subo y bajo mi clítoris se frota contra ti, los movimientos son lentos, tú me acompañas con pequeñas embestidas, dejas el pecho que tenías en la boca y continúas con el otro que envidia tus atenciones.

    Me das la vuelta, ahora me siento dándote la espalda, comienzo a subir y bajar, tu mientras te agarras a mis pechos, luego bajas una mano y me acaricias el clítoris, te digo que estoy a punto de correrme, me dices que tu también, tras unos movimientos empiezo a sentir los espasmos del orgasmo, pequeñas convulsiones que hacen que me derrita, paramos, me agacho y me meto tu polla de nuevo en mi boca, noto mi sabor, comienzo a notar el líquido caliente saliendo de tu polla, tu semen con un pequeño toque salado.

    Nos terminamos de desnudar completamente y nos tumbamos en el sofá, tú me acaricias suavemente, me dices, “ha estado bien, pero hemos terminado muy pronto”, me rio y te digo bueno descansemos un ratillo y luego continuamos, nos abrazamos y echamos un pequeño sueñecito, me despierto cuando siento unas pequeñas cosquillas, aún un poco somnolienta siento tu aliento en mi oreja, me dices “segundo asalto”, me mordisqueas el lóbulo y me vas besando por el cuello.

    Coges otro de los hielos y me lo pasas por los pechos, dibujando pequeños círculos, lo vas bajando por mi ombligo hasta mi pubis, siento escalofríos, lo pasas por mi coño entre los labios vaginales, se me eriza la piel, como antes tu lengua sigue el trazado del hielo, llegas hasta mi coño y tu lengua juguetea con mi clítoris, me lames entre los labios y tu lengua penetra mi vagina, me retuerzo del placer, con mis manos acaricio el pelo de tu cabeza, me das pequeños mordisquitos en el clítoris, creo que ya estoy completamente despierta.

    “Creo que ya he captado toda tu atención”, “totalmente” te respondo, nos incorporamos un poco, con las manos te masajeo un poco tu polla, que esta “morcillona”, me la meto en mi boca y ya está de nuevo lista para la acción…

    Paramos, nos levantamos, me apoyo en la mesa pegando mis pechos al cristal, tu coges un hielo y lo pasas dibujando mi columna vertebral, estiro mis manos y te agarro de tu culo, te insto a que me penetres, a que dejes de torturarme, mi coño palpita con gran fuerza por sentirte de nuevo, te ríes y me penetras desde atrás, comienzas a embestirme, los movimientos son fuertes y rápidos, pero ya no tenemos la urgencia del principio, nos recreamos un poquillo.

    Volvemos a parar, ahora estoy encima de la mesa, con las piernas encima de tus hombros, tú me embistes una y otra vez, dentro fuera, rápido, fuerte, bajo las piernas y me incorporo un poco abrazándome a ti, tú me levantas y me llevas a pulso aún tengo tu miembro dentro, me colocas de nuevo en el sillón y vuelves a moverte, mis piernas están rodeando tu cintura, con mis manos te doy unos pequeños azotes en el culete, para hacer que te muevas más deprisa, te paras, yo protesto.

    Tú me dices, “quiero que te corras en mi boca”, así que bajas hasta mi coño y tu lengua vuelve hacer maravillas en él, siento como tu lengua realiza pequeñas penetraciones, como con tus dedos vas sacando de su pequeño capullito a mi clítoris, son nuevas sensaciones, demasiado intensas, te pido por favor que pares, tú te niegas, pero bajas un poquito la intensidad, en unos segundos vuelves a subirla, comienzo a estallar en mil pedazos, el orgasmo brutal, tu absorbes todos mis líquidos sin dejar que nada se derrame.

    Aún apoyada en el sillón tú te sitúas encima mío y me vuelves a penetrar, los movimientos son dulces y placenteros, yo te acaricio la espalda siguiendo la línea de la columna vertebral, empiezas a subir la intensidad, ahora eres tú el que noto que se va a correr, más fuerte más rápido, dentro fuera, rápido, rápido, comienzo a notar tu semilla dentro de mí, tu aún estas dentro, nos abrazamos y volvemos a dormirnos.

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  • Depravación

    Depravación

    Siempre he sido un joven atraído por el sexo en muchas de sus facetas. La masturbación era algo soberbio para mí.

    Así que comenzaron los noviazgos, las niñas pijas (el ambiente no me permitía otra cosa) y todas esas tonterías que hacen al hombre olvidar muchas cosas. La falta de sexo ocupó una larga época y, aunque después se manifestó con mucha intensidad, la masturbación había quedado desfasada para mí.

    Hace poco pasaba por una época de olvido, de tranquilidad, sin necesidades. Carecía de sexo pues no me era necesario. Sin saber por qué, había dejado de practicar algo que tanto me gustaba y llamaba la atención.

    Todo lo expuesto arriba representa un periodo de 8 años aproximadamente. Así que imaginad mi situación: sin porno, sin sexo, sin nada. Pero llegó internet y con él mis ganas de conocer gente; gente aburrida al principio hasta que…

    Prefiero no dar nombres, edades y demás datos, pero diré que la conocí únicamente por poseer los mismos gustos con respecto al manga. Sus fotos del MSN me llamaban profundamente la atención, su forma de ser era abrumadora y su hablar infundía excitación. Era toda una hembra que habría de conocer.

    Al principio nuestras charlas eran paupérrimas, sin coherencia ni sentido alguno. Hasta que ella comenzó a ahondar en mi ser, a despertar el ave fénix que llevaba dentro. Una buena noche, antes de salir a trabajar, nos descubrimos el uno al otro. El acto a seguir fue describir una escena con todo lujo y detalle, con la mayor motividad posible y un morbo…

    Al principio era un poco light: yo le untaba una crema por todo el cuerpo, luego se apoderó del mando, nos montamos un colosal 69 y comenzó a botar encima. Ni que decir tiene que me masturbé de lo lindo mientras ella hacía lo propio desde su casa. El semen salió disparado de mi miembro cual bala de cañón. Era una cantidad inmensa, la de hijos desperdiciados. Ella lo quería todito sobre su cuerpo, pero no pudo ser. Nuestro primer contacto resultó abrumador.

    Hubo más encuentros, más formas de hacerlo, cada vez más mórbidas. Carecíamos de cámaras web, mas nuestras fotos nos servían de alivio. Cuando ella no estaba me masturbaba con sus fotos, luego se lo contaba y, complacida, me pedía más.

    Había días que nos tirábamos pegados al ordenador haciéndolo, con descansos mínimos, al límite. Empleamos cada vez situaciones más morbosas: como que éramos jovencitos, que no sabíamos nada del sexo, que me pillaba en casa masturbándome, que me ataba a la silla mientras ella se tocaba… y un largo etcétera que sería imposible de relatar aquí.

    Esto era sólo el principio, habríamos de quedar, vernos y hacerlo mejor de lo que pensábamos. Para tal fin acordamos vernos en un punto intermedio, un hotel en la montaña, a la vista de nadie. Compramos algunos juguetes, juegos, condones (por supuesto) y cuanto se nos antojó. Las cremas las teníamos de todas las clases, el baño estaba perfecto, la cama dispuesta, todo. Ella quería emplear cada palmo de la habitación para hacerlo, y yo asentí.

    La primera vez decidimos prescindir de todo lujo. Así que nos tumbamos en la cama y decidimos hacer algo que nos diese morbo a ambos. Semidesnudos nos echamos en la cama y comenzamos a masturbarnos mientras nos mirábamos con cara de placer. No podíamos tocarnos entre nosotros, sólo mirarnos. La cosa se prolongó un tanto hasta que la eyaculación se hizo inevitable. Me incorporé sobre la cama y me senté un tanto aturdido.

    Ella me ayudó a ponerme en pie y, mientras me miraba fijamente, con su mano derecha agarró mi miembro y comenzó a frotarlo. Sabía qué era lo que ella pretendía así que la miré profundamente, sin dar ni una sola muestra de debilidad o placer. Ella hacía lo propio y continuaba frotando, cada vez más rápido. El sudor bajaba en forma de gotas desde mi cabeza, haciendo largos surcos por mi cara; ella frotaba, más y más. Quería un gemido, una muestra de placer, era lo que le ponía: no dársela aún.

    Por fin pudo conmigo un lancé un pequeño suspiro mientras mis rodillas flaqueaban y me apoyaba en ella. Pero no se paró, continuó. Agachose ante mí en introdujo mi miembro en su boca. Una boca que todos quisieran besar puesto que sus labios son preciosos, carnosos, rojizos. Comenzó a lamerlo lentamente con la lengua mientras yo suspiraba de placer. Acto seguido se lo introdujo y comenzó a “comérmela” fervientemente; arriba, abajo, arriba, abajo. No sé cuánto duró aquello pues estaba demasiado entretenido como para contarlo. Al fin me corrí en su boca y ella recibió mi semen con toda la profesionalidad posible. Se levantó y nos besamos a pesar de estar ella bañada por mí.

    Aunque la cosa prometía, ella se autoproclamaba ninfómana y yo soy como una especie de ametralladora Thompson, es decir de repetición. Así que la eché sobre la cama y continué comiéndole la boca. Sus enormes pechos estaban esperando ser, no acariciados, si no apretados. Masturbé sus pezones mientras nuestras lenguas se entrelazaban de placer y mi rodilla frotaba su coño. Decidí bajar un nivel, así pues, mi boca bajó a sus pechos y mi mano a su coño repleto de pelos. Ella gemía mientras lamía sus pezones e introducía no uno, ni dos, sino tres dedos en su bello orificio. No podía parar, la hacía gozar mientras recuperaba fuerzas para el remate final.

    Introducía los dedos en su boca e inmediatamente después en su coño, una y otra vez, una y otra vez, hasta llevarla a la mismísima locura. Cuando parecía más a gusto me dio por parar. Alargué mi brazo hasta la mesita de dormir hecha en madera de nogal. Sobre ella había unos utensilios que había comprado previamente.

    Cogí uno el azar, resultó ser un nabo de plástico azul, de grandes dimensiones y que, al apretarlo, desprendía un líquido un tanto curioso. No había podido elegir mejor, era la coartada perfecta para recuperar fuerzas. Así pues introduje el juguete cuanto permití su coño, y no era poco. Ella gritaba de placer mientras apretaba con entusiasmo sus enormes pechos. Su larga melena estaba desparramada sobre la cama, era sin duda una diosa terrenal dispuesta a compartir conmigo todo su ser.

    Apreté aquello contra ella, el líquido la “quemaba” según ella, pero quería más. Utilicé una mano para acariciar sus pechos, yo casi estaba recuperado. La escena continuó con el continuo vaivén del consolador. Sus gritos iban a producirme otra eyaculación, así que me centré en mi función: seguir introduciéndole aquel artilugio.

    Ella era incapaz de besarme al mismo tiempo que gemía, su cara denotaba un placer indescriptible. Estaba muy mojada muy mojada. Sin querer comencé a frotar mi miembro contra su muslo, claro síntoma de que quería más. Estaba bajo mi poder, más en un alarde de fuerza de voluntad se echó sobre mí; creo que se había dado perfecta cuenta de mi excitación. Me tumbó y se sacó aquel consolador con mucha facilidad, gracias en parte a su propio líquido que chorreaba por sus piernas. Ahora sería imposible pararla.

    Colocó sus manos sobre mi pecho e introdujo al mismo tiempo mi miembro en el suyo. Acto seguido comenzó a botar lentamente, lenta y pausadamente. El roce era de lo más gozoso, relajante, casi se me cerraban los ojos. Se agachó sobre mí, yo tenía la cabeza ladeada y los ojos cerrados, no tenía la suficiente fuerza como para abrirlos, toda se había ido a mi miembro.

    Notaba su aliento en mi cara, su constante jadeo que me excitaba aún más y más. Su botar se hizo ligeramente más rápido, cada vez más rápido y continuado, era el edén, el paraíso terrenal. Sus pelos rozaban mi cuello, lo cual me producía un inquietante cosquilleo. Mis gemidos eran entrecortados, era incapaz de hacerlo más fuerte. Y ella botaba y botaba.

    Al fin logré sacar fuerzas de flaqueza, la miré a la cara, pero no tuve tiempo de contemplar sus hermosos ojos cuando ya me estaba besando. No podía más, ¿estaba dispuesto a rendirme ante ella? Lo cierto es que la idea de caer a sus pies me ponía más aún si cabe, pero mi condición de macho no me permitía tal cosa. En un acto de puro heroísmo me erguí, la abracé a la altura de la cintura con mis largos brazos y boté con ella. Puse todo de mi parte.

    A ella le gustaba demasiado, casi le dolía, era como la primera vez, lloraba de gusto, yo temblaba, la piel de gallina, el estómago revuelto, el sudor que nos consumía… Los jadeos se hicieron gritos, nuestros botes eternos. Dentro y fuera, dentro y fuera, mi miembro se introducía cada vez con mayor energía, es como si se conociese el camino.

    El frotar era cada vez más sonoro, más rápido, sus pelos se revolvían ante el paso de mi ariete. Pronto todo terminaría. “Más rápido” gritaba ella, “más rápido”, Sin proferir palabra aumenté el ritmo, cada vez más sofocante, aunque placentero. Ella botaba, su cabeza se echó hacia tras y pude contemplar sus voluptuosos pechos en toda su magnificencia. Introduje mi cara en ellos mientras botaba, más y más rápido, hacia dentro, el roce dolía, mi aguante no era normal.

    Continuamos, fundidos en un solo ser, carne, huesos, corazones, todo junto. Empujando, más y más fuerte. Gritábamos al unísono, nuestras voces se confundían. La cama crepitaba. Aaaah, era demasiado, estábamos a punto, casi, no podíamos más, íbamos a corrernos, sin parar. En uno de esos gritos ella se corrió toda, y yo me fui también pocos segundos después, mezclando nuestros líquidos entre mi miembro y su gran coño. Nos abrazamos cual salvajes, nos besamos, nuestro amor era un vicio del cual no queríamos escapar.

    El fin de semana aquel estuvo lleno de sexo. Sin duda el mejor de toda mi vida. Apenas salimos, empleamos todos los juguetitos para excitarnos. El dinero estuvo bien gastado, mereció la pena. Pronto nos volveremos a ver y contaré más. Ojalá pudiera relatar aquí todo el fin de semana, pero creo que con describir la primera vez ya basta. Además, no podría escribir más, estoy loco por tocarme un rato pensando en ella, a ver si tengo suerte y me la encuentro en el MSN.

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  • Amor de verano (parte 3 – final)

    Amor de verano (parte 3 – final)

    Porque todo lo bueno siempre tiene un final, esta es la tercera y última parte de mi historia de amor con Regina, la transexual con la que tuve un breve pero lindo amor de verano. Espero que les guste, me fascinará leer sus comentarios y opiniones.

    Todavía era temprano cuando Regina y yo salimos del Registro Civil donde le dieron los requisitos para poder cambiarse legalmente de nombre, por lo que regresamos al hotel donde nos habíamos quedado y con el tiempo que nos quedaba para entregar la habitación, aprovechamos para darnos amor otra vez más.

    Hicimos un 69 muy delicioso; yo alcancé a hacerla terminar antes de mi y de nueva cuenta pude deleitarme con el rico sabor de su lechita que me escurría por la boca mientras ella succionaba mi pene y con sus manos acariciaba mis testículos. Hubo un momento en el que comencé a sentir que uno de sus dedos empezó a ir un poco más atrás, dirigiéndose hacia mi ano y lo introdujo un poco, pero yo no dije nada y simplemente la dejé que siguiera haciéndolo. Finalmente terminé y nos besamos apasionadamente, limpiando con nuestra lengua las pequeñas gotas de semen que quedaban en el contorno de nuestros labios, tanto yo a ella como ella a mi. Nos metimos a bañar y salimos del hotel.

    Como no habíamos desayunado y ya era tarde buscamos dónde comer y estando a medio trayecto en el auto rumbo a su casa, ella me dijo “pude notar que terminaste más rápido cuando comencé a tocarte ahí atrás con mis dedos” mientras me observaba mordiéndose los labios, “creo que a la próxima experimentarás algo nuevo”. “¿A qué te refieres?” le pregunté, y ella respondió diciendo “no creas que a nosotras solamente nos gusta recibir, también hay algunas a las que nos gusta ver y sentir a nuestro hombre siendo dominado”.

    En ese momento no supe qué decir; a mi nunca antes me había llamado la atención que algo o alguien me penetrara y la idea me parecía aún un poco extraña porque salía totalmente del estereotipo tradicional de las relaciones hombre-mujer al que yo estaba acostumbrado; “en verdad que eso sería algo completamente nuevo, nunca antes he hecho algo similar y no me imagino cómo debe sentirse”, le dije, a lo que ella me dijo “es que eso es algo que solamente nosotras podemos hacer, a mi particularmente me gusta mucho recibir, pero de vez en cuando también me gusta dar, aunque entendería si es algo que a ti no te agrada”.

    En ese momento pude ver que su semblante cambió un poco, de haber estado muy contenta y alegre, se puso un poco seria y algo triste. “¿Qué pasa, mi vida?”, le pregunté, y ella respondió “es que cuando solía hablar de este tema con mis anteriores parejas, ellos comenzaban a alejarse, a tal punto que llegaba un día en que me decían que terminábamos. Creí que, como hace un rato mientras estábamos en la cama te emocionaste cuando comencé a tocarte con mis dedos, dejarías que en el futuro yo te hiciera algo más, pero si crees que no estás listo o definitivamente no te gustaría, yo lo entiendo, pero por favor, no me dejes.

    No me gustaría que terminara lo que hemos construido”. En ese momento detuve el auto, la abracé, la besé y sosteniendo su cara por las mejillas le dije que no se preocupara, porque en mis planes no estaba alejarme de ella. Los ojos de Regina se llenaron de lágrimas, me abrazó y me dijo que nunca antes alguien la había tratado como la mujer que siempre había deseado ser y que era muy feliz a mi lado.

    Volví a encender el auto y seguimos hablando sobre su rol como activa en la cama. Me dijo que eso hasta ahora solo lo había reservado a sus parejas formales que se habían animado a hacerlo, que no habían sido más de dos, y a una chica con la que tuvo su primera vez. Entre risas me dijo que con esa ocasión le bastó para descubrir que a ella no le gustaban las mujeres y que esa sería su primera y última vez estando con una chica; yo también me reí y le di un beso diciéndole que gracias a eso que le había ocurrido, yo tenía a una maravillosa mujer a mi lado.

    Llegamos a su casa y antes de que ella bajara, le di una de las copas en las que tomamos vino la primera vez que nos vimos, que yo había guardado en el auto un día anterior, y que quería que ella conservara para recordar el día en que nos conocimos, ella brincó de emoción, me besó nuevamente y me dijo que estaba muy feliz de haberme conocido. Le dije que a mi también me encantaba mucho tenerla a mi lado y que me dejara prepararme, física y mentalmente, para que la próxima vez que estuviéramos juntos, fuera ahora ella la que haría como activa.

    Ella me miró con sorpresa, pero también con cariño preguntándome “¿de verdad?, no quiero que te sientas presionado, ni nada, y tampoco me gustaría hacer que dudes de tu sexualidad”. Yo le respondí que no se preocupara, que lo único que yo quería era verla feliz y que por mi chica, yo haría lo que fuera. Ella se emocionó, me dio un beso y me dijo que ella se iba a encargar de hacer que a mi me gustara mucho, y que se sentía muy feliz de que la dejara compartir mi primera vez de esa forma con ella.

    La semana siguiente estuve particularmente ocupado por mi trabajo. Reuniones por todos lados y salir ya tarde, pero nada de eso impedía que viera a Regina durante mis horas de comida o que fuéramos a cenar algo juntos. La noche del jueves, mientras tomábamos un café cerca de su casa, volvimos a hablar del tema al que me había comprometido y ella me dijo que tenía en mente algo preparado.

    En ese momento, le comenté que para ese sábado me habían invitado a un antro-bar por el cumpleaños de uno de mis amigos a las afueras de la ciudad y que podíamos buscar un hotel cercano para regresar hasta el siguiente día, a ella le gustó la idea y dijo que prepararía todo lo necesario. Acordamos vernos el sábado por la tarde para ir con mis amigos y pasar una noche especial.

    El sábado por fin llegó y pasé a recogerla, ella ya estaba vestida para la fiesta con una ropa no muy provocativa pero que sí dejaba ver su silueta y su piercing que me volvía loco. Tomamos la autopista y después de dejar el auto en el hotel que ya habíamos elegido llegamos al bar. Aunque ese lugar no era LGBT, ella entró sin problema, porque con el maquillaje que tenía y su cuerpo tan hermoso no dejaba la más mínima duda de que ella fuera mujer de nacimiento y además, con la música sonando fuerte y las luces multicolor no había forma de que se distinguiera ni su voz ni el más mínimo rastro de posible masculinidad en ella. Todo era perfecto.

    La presenté con mis amigos, sus respectivas parejas y poco a poco nos fuimos perdiendo entre la multitud que brincaba y bailaba al son de la música. Pude notar que varios de los que estaban ahí incluso la veían lanzándole miradas atrevidas pero al momento en que yo la besaba esas miradas se disipaban y nos dejaban continuar en lo nuestro. Recurrentemente íbamos a la mesa donde estaban nuestras bebidas para convivir con mis amigos y en una escapada al baño, uno de ellos me dijo “vaya, que guapa está tu novia.

    Seguramente más tarde habrá acción”. Yo solo reí asintiendo con la cabeza imaginando qué es lo que ella habría preparado para hacer mi noche especial. Algunos de mis amigos comenzaron a despedirse, por lo que nosotros también lo hicimos, pedimos un taxi de aplicación y en menos de 5 minutos llegamos al hotel.

    Bajamos del taxi y yo me sentía muy contento: verla bailar, moverse al ritmo de la música y divertirse me hizo sentirme muy feliz, yo me sentía muy masculino y viril y orgulloso de tener una mujer tan hermosa conmigo. Llegando a la habitación ella me dijo que me diera una ducha mientras ella preparaba todo, me dijo que especialmente diera mucha limpieza ahí atrás, lo cual me dio mucha risa, la besé y me metí a bañar. Ya estaba ansioso de saber qué es lo que ella tenía preparado. Acabando de darme la ducha le pregunté si ya podía salir, a lo que me pidió 5 minutos más que para mi fueron eternos, hasta que por fin la escuché decirme “ya puedes salir mi amor”.

    Al abrir la puerta, había preparado un corazón con figuras de papel que ella misma había hecho y tenía unas velas aromáticas en la base de la cama. Ella se veía increíblemente hermosa. Tenía puesto un par de zapatillas negras, un conjunto de lencería roja con liguero que la hacía verse irresistible y permitía distinguir sus pezones, un nuevo piercing un poco más grande y su delicioso y lindo pene semi erecto, también tenía una especie de bata de tela semitransparente blanca que permitía ver la belleza de su cuerpo.

    Se puso un perfume que olía delicioso, se delineó los ojos y se puso un lápiz labial rojo intenso que me hacía querer besarla. No lo pensé más y me acerqué a ella cargándola de su cadera, la besé y ella me abrazó muy fuerte, le dije que se veía muy hermosa y que nunca en la vida había tenido frente a mis ojos algo más lindo que ella. Ella me acarició del cabello mientras me besaba y con sus uñas recorría mi espalda.

    De pronto me dijo, “quiero que recuerdes esta noche para el resto de tu vida” y besándome me llevó a la cama, donde vi que tenía preparado lubricante y un plug. Me recostó boca abajo y con una mano empezó a masajear mi pene mientras con la otra comenzó a acercar su dedo a mi ano y a dar círculos entrando poco a poco. Repetidamente acercaba su cara a la mía para besarme y abrazarme, yo gemía del placer y noté que a ella eso le gustaba, así que después de haber hecho círculos unos tres minutos empezó a hacer lo mismo con el plug hasta que entró por completo.

    En ese momento no pude contenerme y me volteé tomándola por la cintura quitándole su tanga para besar y succionar su pene. Mientras yo hacía eso, ella continuaba metiendo y sacando el plug hasta que lo hizo sin la menor dificultad. En ese momento me dijo, “espero que lo estés disfrutando mucho mi amor, lo estoy haciendo con cuidado para que no te duela ni sientas molestia”, yo me limité a decirle “gracias mi vida, créeme que en verdad, lo estoy disfrutando demasiado” y ella me respondió “muy bien corazón, ahora prepárate porque llegó el momento de que seas tú el que me siente dentro de ti”.

    Con cuidado sacó el plug, me dio un beso y me pidió que me volteara y levantara mi cadera hacia ella, se puso lubricante en su pene y me tomó por la cintura con una mano mientras con la otra sostenía su miembro totalmente erecto y lubricado, repentinamente dijo “estoy a punto de entrar mi amor, ahora vas a saber lo que es sentir el pene de la chica que te ama adentro de tu cuerpo” y con cuidado me empezó a penetrar, introduciéndolo dentro de mi.

    Al inicio, pese a que ya me había estimulado con sus dedos y el plug, se sintió un poco de dolor, al grado que le dije, “espera, me está doliendo mucho”, “¿quieres que me detenga, amor?”, me preguntó, “no quiero lastimarte”, a lo que le respondí, “no amor, continúa; solamente hazlo un poco más despacio”, y eso comenzó a hacer. El dolor poco a poco fue dando paso al placer, y cuando ya estaba la cabeza de su pene completamente dentro, me tomó por la cintura con sus dos manos moviéndome hacia ella.

    Nunca olvidaré esa sensación, sus suaves manos sosteniéndome por la cintura, el olor de su perfume, y un inmenso placer que me recorría todo el cuerpo mientras el pene de mi amada entraba cada vez más profundo dentro de mi. Yo suspiraba y gemía con cada centímetro que se abría paso y ella también se impulsaba lentamente hasta que sentí cómo mis glúteos chocaron con su pelvis.

    En ese momento supe que me había penetrado por completo, e instintivamente hice presión que le hizo sacar a ella un gemido que me hizo sentir demasiado placer. “¿Qué estas sintiendo mi amor?”, me preguntó, “siento que estoy en el cielo, preciosa; no sabía que esto pudiera ser tan delicioso”, le respondí, y de pronto, el movimiento que al inicio era lento se comenzó a hacer más rápido mientras con una mano me acariciaba del cabello y con la otra mi espalda. “Ahora entiendo por qué a ti te gusta tanto mi amor, esto es en verdad increíble” y ella me dijo “sí mi amor y es mucho más placentero cuando siento cómo lo haces tú, con cariño pero también mucha pasión”.

    Los movimientos se volvieron cada vez más y más rápidos y pude escuchar cómo mi cuerpo impactaba con el de ella y mis testículos golpeaban contra los suyos. “¿Qué tal lo estoy haciendo amor?”, volví a preguntar, y gimiendo ella me contestó “muy bien mi vida pero creo que es hora de que cambiemos de posición porque te mueves muy rico y hace mucho que yo no hacía esto”.

    Ella sacó su pene de mi, se quitó las zapatillas y me pidió que me levantara para que pudiera sentarse boca arriba recargándose con sus manos hacia atrás, me coloqué encima de ella y su pene ahora entró sin dificultad. “No lo hagas muy rápido amor porque en esta posición se siente como si entrara mucho más profundo” pero yo no hice caso y me senté completamente en ella y respondió con un gemido mientras yo sentía que su pene entraba hasta lo más profundo de mi. “Eres un pillo”, me dijo mordiéndose los labios mientras yo comenzaba a moverme hacia adelante y atrás haciendo presión con mi ano a su pene.

    Pasaron unos minutos en esa posición, yo seguía moviéndome hacia adelante y atrás, en círculos y hacia arriba y abajo, mientras veía como ella cerraba sus ojos y mordía sus labios y su lengua. “Ay amor, qué delicioso lo haces” me decía a cada rato y yo acariciaba su cintura, sus manos y su cara. Volvimos a cambiar de posición, ahora a cuchara, y ella me pidió que levantara mi pierna para poder impulsarse hacia mi, yo suspiraba, gemía, lo disfrutaba y ella también. Pasaron unos minutos y ella comenzó a moverse muy rápido, yo respondí presionando un poco y moviéndome hacia ella, hasta que dijo “amor, estoy por llegar”.

    Me empujé hacia ella y repentinamente suspiró; comencé a sentir algo tibio que salía con gran velocidad, que me hacía gemir cada que lo sentía. Había hecho terminar a Regina. Me abrazó y me dijo al oído “te amo”. Yo no podía voltearme para abrazarla, así que la sostuve de sus brazos, pasé su pierna encima de la mía y le respondí “También te amo Regina, muchas gracias por haber llegado a mi vida”. Pasamos unos momentos más acostados mientras ella me daba besos en el cuello, las orejas y acariciaba mi pecho.

    A mi me excitaba mucho la idea de tener su pene aún dentro de mi, y comencé a tener una erección, ella lo notó y me dijo “mi amorrr, ahora me toca a mi”. Le tomé la palabra y ella sacó su pene, lo cual me hizo sentir un pequeño escalofrío y se volteó para tomar el plug, lo introdujo nuevamente en mi y me dijo que me lo dejara puesto porque su semen podría comenzar a salir. Le dije que no había problema, me puse un poco de lubricante y la comencé a penetrar.

    Cuando yo terminé, eran casi las 4 de la mañana por lo que nos metimos a bañar, en la regadera me quitó el plug y todo su semen comenzó a escurrir por mis piernas, me impresionó lo mucho que era y le dije “amor, ¿por qué terminaste tanto?” y riéndose me dijo “jajaja, ay amor, es que ya te traía un montón de ganas”. Mientras nos duchábamos seguimos besándonos, acariciándonos y dándonos amor.

    Finalmente nos dormimos y nos levantamos ya casi al medio día, fuimos a comer y en la noche la llevé a su casa. Le agradecí mucho por lo que había sucedido la noche anterior, le prometí que jamás se me olvidaría y que definitivamente es algo que volvería a hacer, ella me besó, me volvió a decir que me amaba y que estaba feliz de haberme hecho descubrir algo nuevo de mi. Nos despedimos y subí al auto.

    Regina y yo seguimos saliendo al menos otras 5 semanas más y lo hacíamos cada vez que teníamos la oportunidad, ya sea en mi departamento, el suyo, en algún hotel o incluso en el auto… yo la hacía de activo, a veces también ella y en general lo disfrutábamos mucho, hasta que un día le dije que tenía algo importante que decirle, y es que en mi trabajo me habían dado una promoción y necesitaba estar unas semanas fuera de la ciudad para dirigir un proyecto.

    Organicé una pequeña cena en mi departamento para decírselo y ella me felicitó, diciéndome que no tenía por qué preocuparme, que ella estaría bien y que me estaría esperando. Después de cenar volvimos a hacerlo sin saber que esa sería la última vez. Un día antes de tomar mi vuelo nos vimos para cenar y ella me regaló una pulsera con la inicial de su nombre, que casualmente también es la de mi apellido, y nos despedimos.

    En mi proyecto me fue bastante bien, obtuve las felicitaciones de mi supervisor y de los clientes, y yo le escribía diariamente a Regina para contarle todo. Ella me respondía con emojis, felicitándome, y en las noches le marcaba a su celular para escuchar su voz. Tres días antes de volver, me dijo que ella debía regresar a su ciudad natal porque su mamá estaba muy enferma y quería pasar sus últimos momentos con ella, yo la comprendí y le dije que no se preocupara, y que sabría esperar.

    Al volver a la Ciudad de México la comunicación fue cada vez más escasa y cuando se suponía que ella debería volver, la estancia en su ciudad se extendía cada vez más. Varias veces la fui a buscar al lugar donde vivía y frecuentaba los lugares a los que íbamos esperando encontrarla, sin tener éxito. Supe que jamás volvería cuando vi llegar un camión de mudanza con una familia al lugar donde Regina vivía, y cuando noté que cambió su número de celular. Me sentí con el alma rota y me aislé durante un buen tiempo de mi círculo social.

    Volví a usar aplicaciones de citas, donde de nuevo salí con chicas biológicas, una que otra transexual y llegué a contratar el servicio de escorts intentando recordar lo que Regina me hizo vivir. Dejé todo eso atrás y actualmente ya estoy casado a la espera de mi segundo hijo, pero aún guardo el recuerdo y la pulsera con la letra R en mi billetera. Me gustaría saber qué fue de ella y, ¿por qué no?, volver a verla alguna vez o conocer a alguien que me haga sentir lo que ella hizo y darme un nuevo amor de verano.

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  • Un lap dance exhibicionista y un error de cálculo

    Un lap dance exhibicionista y un error de cálculo

    Hoy era la noche en la que estaba dispuesto a ser cornudo y mi novia dispuesta a hacerme cornudo, todo estaba listo mini falda, torso desnudo cubierto con una chaqueta de cíper sin cerrar, y condones, teníamos todo planeado y pusimos rumbo a la exconstructora decididos a poner en marcha el plan acordado.

    Al llegar, antes de bajarnos ella me pidió una última cosa, que tuviéramos una señal en caso que las cosas se salieran de control.

    -¿Qué te preocupa mi amor?

    -Que se acerquen otros vagabundos –me dijo ella

    -¿Dudo mucho Antonio los deje acercarse, así como aquella vez recuerdas?

    -Si, tienes razón, pero en todo caso si toco dos veces seguidas con mi mamo tu intervienes si? –dijo ella

    -Está bien mi amor

    -Pero solo si realmente toco, no queremos echar a perder todo –me dijo

    Mi novia puso los condones adentro de su carterita de mano, entonces bajamos del auto, Héctor y Antonio se quedaron viéndola de pies a cabeza.

    A mí me saludaron con un golpeteo en la espalda, a mi novia después de adularla le dieron un abrazo entre los dos.

    -Oye pero si vienes vestida así mejor sal de tu casa desnuda –dijo Héctor

    -No tonto porque luego Román tendrá que cuidarse de los vecinos –le respondió Antonio a Héctor

    -Tranquilos, ellos no se dan cuenta, creo. –les dije

    -Mas de alguno verá algún día, se dará cuenta que tu novia o bueno, tu prometida es bien puta –me dijo Héctor

    -Esos vecinos ya son viejos los conozco desde hace muchísimo –les dije

    -Entre más viejos más calientes, tendrás que cuidar ese culito –dijo Antonio viendo a mi novia

    Mientras hablábamos Héctor siempre aprovechar a manosear a Erika, eso a ella le gusta, pero hoy se dejaba hacer aún más a tal punto que Héctor logró meter un par de veces su dedo dentro de su vagina. Mi novia solo hizo la cabeza un poco hacia atrás en señal que le había gustado, fue luz verde para ellos dos.

    Héctor aprovechó para besar su cuello, luego la levantó para sentarla frente a él y comenzó a besarla en la boca, Antonio miraba con ganas usualmente era él quien tomaba la delantera, esta vez no pudo.

    Mi novia era quien manejaba el asunto, quería tener todo hasta llegar a nuestro objetivo.

    -¿Y cuándo fue la última vez que se bañaron? –los interrogó mi novia

    -Pues probablemente hace 3 días –dijo Héctor

    -Uhmm –alcanzó a decir mi novia

    A la vez que ella aprovecha que ambos siguen sentados, comenzando con Héctor bajó lo que usaba como pantalón y sacó a relumbrar su verga sucia, aunque su cabeza era rosada, pero sí que estaba acompañado con una selva de pelos, no digamos Antonio, que sus pelos era más o menos parados.

    Muy al principio, es decir, cuando nos conocimos con esos vagabundos tenían pena de mostrar sus vergas, pero ahora eso era lo de menos ya que se habían acostumbrado a que mi novia siempre se las viese o tocase.

    Mi novia agarró ambas vergas, una en cada mano, y comenzó a frotarlas un poco, acercó su cara para ver de cerca, le gustaba jugar con ellos de acercarse lo mas posible a las cabezas de sus vergas a sus labios.

    -Veo que si están sucias, pero están bien –dijo mi novia

    A todo esto, la chaqueta ya se la habían quitado, solo quedaba con la mini falda, al estar casi a orilla de calle los demás grupos de vagabundos podían ver lo que ocurría, aunque nadie se acercaba. Solo se limitaban a ver como la tenían de pie mientras volvían a besarle el cuello pegando sus vergas a su cuerpo.

    Erika al final se separó de ellos y les preguntó si querían el baile ya.

    Ellos dijeron que sí, por lo que llevamos las sillas para alejarnos mas de la orilla de calle, como he dicho anteriormente, pocos grupitos de vagabundos pueden ver, pero no es lo mismo que estar casi en medio de la calle. A mi novia le encantaba exhibirse, pero no le molestaba la idea de alejarse de la orilla de calle, para ella mejor, tenía más espacio.

    Mientas bajaba la bocina del auto se acercó a mi y me dijo que sería hasta después del lapdance que empezaría a coger.

    -¿Qué planeas hacer? –le pregunté

    -Ya me las arreglaré porque pretendo tenerlo a los dos al mismo tiempo.

    -¿Y con los preservativos que dejaste en la carterita?

    -Como te dije, ya me las arreglaré aunque tarde o temprano se darán cuenta.

    -Y recuerda, solo si toco dos veces seguidas con mi mano detienes todo, de lo contrario no.

    -Haré una combinación de lo que he hecho, espero salga bien y sobre todo que les guste –dijo un tanto preocupada.

    -Lo harás bien, además, no es una oportunidad que tienen toda la vida –le dije animándola.

    -Así que ve con todo –le di una nalgada suave.

    Había motivado a mi futura esposa, la había motivado a seguir adelante en ponerme los cuernos, sobre todo rebajarse a coger con unos vagabundos, en sus ojos se miraban su disposición, sobre todo sabiendo que podía tener la verga de Héctor, aunque iba a estar pendiente de ella me iba a dedicar a disfrutar todo lo posible.

    Héctor y Antonio se habían sentado, pero ella los hizo ponerse de pie, se puso entre medio de los dos, mi novia estaba nerviosa porque el final de todo iba a ser totalmente diferente.

    Ella me volteó a ver y me tiro un beso, el cual se lo devolví, y reproduje la música, ella comenzó a bailarles a ambos. Para ser exactos ella había escogido Felina.

    Comenzó con Antonio, pegó su cuerpo pecho a pecho, mientras le daba un beso de lengua bastante húmedo, a la vez que meneaba sus caderas de derecha a izquierda, por lo que Héctor se pegó atrás, aprovechando a quitarle la falda, una vez más mi novia había quedado sin ropa a la vista de todos. Continuó con el meneo, dio un giro para quedar frente a Héctor e hizo el mismo movimiento.

    Cuando comenzó el ritmo rápido de la canción fue cuando comenzó a mover más su culo, bajando haciendo un giro, las vergas de Héctor y Antonio golpearon su cara por el giro que hizo, ella empezó a subir despacio con el culo parado e iba besando desde la pelvis hasta llegar a la boca de Héctor, mientras que, como su culo iba parando la verga de Antonio recorrió la separación de sus nalgas e imitando el mismo movimiento que hizo las primeras veces, agarró la verga de Antonio para encajarla en la entrada de su ano, para hacer giros en circulo, después giró para poder complacer de esa misma forma a Héctor.

    Antonio y Héctor estaban sudando un poco de la frente, era obvio que estaban caliente, y no era de gusto, pues ayer tuvieron un calentón con mi novia y ahora otro. Cambié de música a pedido de mi novia y puse una de Tego llamada Pa’ que te rozen.

    Mi novia le había puesto mas empeño en bailar lo mas pegado a ellos, les dijo que se sentaran, y así lo hicieron.

    Mi novia se paró entre medio de las piernas de Héctor y bajo movimiento las caderas, pero la verga de Héctor quedó atrás de sus nalgas, aprovechó y le dio un beso, se puso de pie, y continuó con Antonio, quedando sentada con su verga hacia delante de su vagina.

    Antonio le dio un pequeño mordisco al pezón de ella, ella le respondió apretando un poco la verga de él y sonriéndole.

    -¿Hoy si vienes aún mas motivada verdad putita? –le dijo Antonio

    -¿Tú crees? –le dijo poniéndole el culo en la cara de Antonio

    Mientras mi novia hacia esos movimientos, vi una sombra con el rabillo de mi ojo, era un vagabundo que se había colado, al verlo bien me fijé que era el mismo de la otra vez y nuevamente se sentó un tanto alejado de nosotros.

    No le dije nada, lo dejé estarse ahí.

    Mi novia continuaba con sus movimientos hasta terminar la música.

    Hizo como que si quería tomar agua, se acercó a mi y si tomó agua, pero también era para agarrar la carterita con los condones, en mi mente sabía que había llegado el momento.

    Antes de regresar mi novia me dijo que me amaba y que ansiaba la boda, eso me hizo brillar los ojos, mi corazón confortado, le devolví el te amo, y le dije que la esperaba en el altar.

    Mi novia caminó un poco hasta donde estaba Héctor y Antonio, dejó la cartería aun lado un tanto cerca de las sillas.

    Ella estaba lista, me dijo que pusiera la canción, esta jamás la olvidaremos era de Ariana la canción se llamaba Dangerous woman, pero estaba ralentizada gracias al buen trabajo de Sofi.

    Empezó a sonar la intro de la canción, mi prometida se acercó a Héctor y le dijo que le besara el clítoris, así lo hizo, lo mismo con Antonio. Empezó con su movimiento suave de culo, acercándose a Héctor, su mano bajó la verga de él para sentarse en lo largo, empezó a frotar con sus labios vaginales mientras lo besaba.

    Pasó ella de hacer movimientos a que se los hagan a ella, giro para bajar, Antonio puso la verga entre los cachetes del culo de mi novia, y empezó a frotar en la parte superior, para ayudarle mejor, ella bajó mas apoyando la cara de lado entre la verga y los huevos de Héctor.

    Héctor aprovechó ese momento y le dijo:

    -Ya que estas ahí putita, creo que mis huevos necesitan masaje, por lo que mi novia comenzó a apretarlos suavemente con su mano. La escena era magistral.

    Después de eso ella se incorporó para continuar con el lapdance, aunque a ella se le notaba un tanto la desesperación, nuevamente Antonio se sentó, giró para acercarse a Héctor, se paro entre las piernas de él, y subió su pierna al hombro de él y froto su vagina en la boca de él, para luego pasar con Antonio a hacer lo mismo.

    Después de eso, mi novia le dijo a Antonio que se acostara en el suelo, y así lo hizo. Antonio se acostó, se miraba su verga erguida, mi novia se sentó en la cara de Antonio y empezó a frotarle la cara.

    Luego de eso le pidió a Héctor que se acostara, era turno de él. Antonio quedó un poco frustrado, quería más. Pero era el turno de Héctor, por lo que mi novia hizo lo mismo con él, ella se dio la vuelta para quedar sentada viendo hacia él, y se hizo para atrás, aprisionando lo largo de su verga otra vez con su vagina, y empezó a frotar, solo miraba como su jugosa vagina dejaba los fluidos en la verga de Héctor, además de los pelos de él restregarse en el limpio culo de ella, todo mientras la música sonaba de fondo.

    Los movimientos cada vez eran más intrépidos pues frotaba hacia adelante alcanzando la cabeza de su verga, un movimiento en falso o medio levantara su culo esa verga se iba a meter totalmente por la cantidad de fluidos que ella emanaba. Ella le pidió a Antonio que se pusiera a la par de ella, así lo hizo, ahora tenía la verga de Antonio a centímetros de sus labios.

    Ella empezó a frotar su verga en dirección a sus labios, miraba la punta de su verga, se estiró un poco y con la otra mano alcanzó su carterita, sacando así dos envoltorios de condones. Abrió el primero para ponérselo en la verga a Antonio.

    Llegados a este punto, aunque nosotros lo buscamos, no esperamos la reacción de Antonio, su reacción fue de enojo al ver a ella sacando el condón del envoltorio, por lo que le dio un manotazo a su mano haciendo tirar el condón al suelo.

    -¡No estes con esas cosas! Si te vas a comer mi verga lo harás sin eso, eso es para maricas –le dijo casi gritando

    Héctor nomas miraba desde abajo la reacción que tuvo Antonio.

    Antonio le empezó a poner la cabeza de su verga en los labios de mi novia, empujando, a la vez le decía que la abriera, no era lo acordado con mi novia, por lo que me par y en lo que me puse de pie y ella me vió, se descuidó, y metió su verga en la boca de mi novia, ella cerro los ojos en señal seguramente de asco, me terminé de incorporar, pero a todo esto ella no me había dado la señal. No sabía que hacer, si intervenir o respetar lo acordado, mi pierna temblaba por la incognita si de intervenir o no.

    Espere a que mi novia me viera para saber que hacer, mientras Antonio hacia movimientos con su verga adentro de la boca de mi novia, ella se recompuso de esa embestida, pero se dejó llevar por lo calentura, yo seguía esperando su señal.

    Mientras Antonio continuaba haciendo que Erika colaborase, hasta que poco a poco ella se acostumbró al sabor, fue que empezó a tomarle gusto y ella voluntariamente empezó a mamarle la verga, solo miraba estupefacto como se tragaba su verga, no sabía que pensar, si la estaba forzando o qué, pero mi fantasía estaba ahí a la vista.

    Era un conflicto en mi mente, pero ella seguía, seguía y seguía mamándole la verga, por lo que al cabo de unos minutos y sin respuesta de ella, asumí mi nueva condición de cornudo, me fui relajando para poder disfrutar.

    -¿Te gusta limpiarme la verga con tu boca verdad marrana? –le dijo Antonio

    Eso era algo nuevo, que le dijera así.

    -Héctor mira a esta puta y eso que no la he lavado se la come toda –le dijo a Héctor.

    Antonio se le notaba que le gustaba pero a la vez tenía una cierta frustración, quería tanto que no encontraba la forma de satisfacerse, entonces agarró del cabello a mi novia y la halo de ella para llevarla contra un murito, en el movimiento le arrancó unos mechones a mi novia, la había arrastrado con fuerza, ella solo lo siguió gateando a su ritmo, entonces le dijo que abriera la boca, entonces Antonio empezó como que si del culo se tratase, empezó a penetrar, cada vez que metía su verga mi novia soltaba una arcada, además que los pelos de su verga entraban y salían de la boca de ella.

    Antonio poco a poco iba recapacitando y dándose cuenta que la estaba lastimando, o eso creía él, por lo que disminuyó su ritmo y le dijo a Héctor que se acercara.

    Antonio le dijo a mi novia que continuara con lo que estaba haciendo con Héctor.

    Por lo que ella se sentó sobre el para frotar su verga con su culo, aunque la música ya había parado. Héctor igual el quería coger, por lo que solo agarró la cintura de mi novia y la penetró por la vagina, ella vio hacia abajo con algo de miedo pues no quería que la penetrara sin condón, pero ya era tarde.

    Héctor la tenía bien agarrada de su cintura, levantándola y subiéndola un poco, mi novia, aunque con miedo en sus ojos, continuó por ella misma subiendo y bajando, a la vez que le mamaba la verga a Antonio.

    Mi novia ya estaba más excitada que con miedo a que la cogieran sin condón, mientras mamaba la verga de Antonio, ella vio de reojo al otro vagabundo que se había colado.

    -¿Ah le quieres mamar la verga también? –le dijo Antonio

    Ella no dijo nada.

    -¿Dime putita acaso también le quieres mamar la verga? –le dijo con mas fuerza en su voz

    Ella solo le apartaba la mirada, yo no sabía que era lo que quería, otra vez me puse atento por su señal.

    Antonio le dijo al otro vagabundo que se acercara.

    -Sácatela –le dijo Antonio

    El así lo hizo.

    -Mira putita otra verga para limpiar –le dijo girando su rostro con sus manos

    -¿Se la quieres limpiar con tu boca? –le preguntó a mi novia

    -¿Se la quieres limpiar con tu limpia boca? –le volvió a preguntar a mi novia

    Ella seguía sin responder con los ojos vidriosos

    Mi novia vio a los ojos a Antonio, luego al vagabundo que se había colado.

    Él le puso la verga en la boca de mi novia, tan pronto hizo eso, mi novia dio un arcada y sus ojos se pusieron más llorosos, imagino que el sabor debió ser espantoso.

    -No vayas a vomitar puta –le dijo dándole una pequeña cachetada

    Mi novia a como pudo continuó mamándole la verga a ese nuevo vagabundo, que hasta ese momento no sabíamos quién era. La cara de mi novia era de asco total.

    Yo, al igual que ella me había resignado.

    Después de tanto chupar, meter y sacar, pasar la lengua, el vagabundo dijo que ya iba a acabar.

    -Abre bien esa boca –le dijo Antonio

    Mi novia pensó por una fracción de segundos, no quería abrir la boca, pero lo hizo.

    El vagabundo empezó a correrse en la boca de mi novia, pero ella lo sacó por la comisura de sus labios, ella no quería tragarlos.

    Después de eso ese vagabundo se fue a sentar a ver nuevamente.

    Mi novia había detenido los movimientos con Héctor, entonces él la levantó para ponerla en 4, y empezó a penetrarla de esa forma, al sentir la verga que la penetraba profundo, tal vez si hacia diferencia ese centímetro más que la mía porque eso la despertó del transe y empezó a gemir y a dar pujidos.

    Antonio quería penetrarla también, por lo que le cedió el lugar, y ahora era a Héctor a quien le mamaba.

    Antonio había recibido demasiado estimulo con la boca de mi novia, lo vi y reconocí los espasmos en sus piernas, mi novia supongo sintió el palpitar de su verga e intentó hacerse hacia adelante para sacar su verga, pero Antonio la agarró de la cintura impidiendo eso y empezó a correrse adentro de ella. Otra vez el rostro de miedo de mi novia.

    Después de eso mi novia puso cara de resignada y me vio a mí, pero continuó con Héctor.

    Después de eso Héctor ya no quería más, por lo que paso otra vez a penetrarla, y aunque mi novia no quería Héctor acabó también adentro.

    Antonio al ver eso me dijo gritando:

    -Ves Román ahora si vas a llegar a batirle la leche del culo a tu novia –ríe

    Me hicieron burla llamándome cornudo, pero al fondo quería eso, ser cornudo, aunque fue raro que se burlaran.

    -¿Oye y tu quieres otra vez? Aprovecha a esta puta –le dijo Antonio al mismo vagabundo

    Ahora era el vagabundo que dudaba.

    -Mira con esta puta hay que hacerle como las perras, si se intenta ir tu agárrala de la cintura, así hacen los perros –le dijo Antonio

    -Mírale el hoyo ya está bien abierta y con semen –dijo Antonio girando el culo de mi novia a dirección del vagabundo, a la vez dándole nalgadas fuertes que resonaba en la calle.

    El vagabundo se animó, mi novia estaba en otro mundo de lo excitada, más por la penetración de Héctor.

    El empezó a frotar su verga sobre el culo de mi novia hasta alcanzar un poco la erección, y comenzó a penetrar.

    En el silencio de la media noche solo se escuchaba el chapoteo de la vagina de mi prometida chorreando semen contra la pelvis de ese vagabundo, y los pequeños pujidos y gemidos de Erika, a la vez las nalgadas que Antonio y Héctor aprovechaban a darle.

    Ante las sonoras nalgadas, levanté la mirada y los demás vagabundos desde sus lugares miraban bien atentos a mi novia, ella se dio cuenta y los vio a los ojos, eso hizo temblar las piernas de Erika y tuvo un orgasmo.

    No pasaron ni 5 minutos cuando el nuevo vagabundo sujeto de la cintura como le habían dicho, y empezó a correrse adentro de mi novia otra vez.

    Hasta que finalmente la soltó, llevo su verga a su boca para que le terminara de limpiar los restos de semen con su boca y así lo hizo, después de eso, ella se levantó con las piernas temblando y las nalgas rojas, agarró la silla en silencio y se fue a sentar donde siempre conversamos.

    Antonio sobre todo él, miraba eso como un triunfo, se había logrado coger a una mujer frente a todos, era una victoria para ellos tres.

    Me levanté, agarré una silla y me senté a la par de ella, ella cerró sus ojos y se recostó sobre mí, yo la miraba estaba bien sudada, con el maquillaje super revuelto, aun salían hilitos de semen de su vagina que se quedaban en el asiento, pues eran tres corridas.

    No decía nada, solo estaba sentada ahí descansando sobre mi hombro, a la vista de los otros grupitos de vagabundos, con el semen saliendo de su vagina.

    Ella me dijo que me amaba, yo le dije también que la amaba. Ella finalmente me vio y me dio la sonrisa mas angelical que he visto con su sonrisa tan brillante como siempre, su rostro iluminado aunque con lágrimas. Sabía que todo estaba bien.

    Luego abrió los ojos y empezó a bostezar, le sentía el aliento era un olor revuelto entre orina y semen.

    -¿Quieres irte ya a descansar? –le pregunté

    Asintió con la cabeza diciendo que sí.

    -Iré a guardar las cosas, espera aquí sentada –le dije

    Entonces rápido fui por su cartería, adentro estaban los condones que solo los llevamos de adorno, y metí la bocina al auto.

    -Bueno mi amor, ahora si hay que descansar –le dije

    Héctor en tono de broma me dice:

    -¿Oye y si la dejas para que acampe con nosotros? -dijo riendo

    Mi novia me salió adelante y le dijo:

    -Lo siento ahora soy toda de mi futuro esposo.

    Eso me elevó mucho el ego y mi superioridad ante ellos, pues a pesar de todo, yo seguía siendo el hombre de ella, o al menos mientras no era cogida por ellos.

    -Te amo –le dije.

    Nos fuimos al auto y ella se sentó, pero puso su chaleco negro abajo para no manchar el asiento en caso que siguiera escurriendo semen de su vagina.

    -Tu culito se que aprieta zorrita –le dijo Héctor

    -Es que solo la puse y me hizo venir a mi también –dijo Antonio

    -Bueno a batir leche cornudito –dijo Antonio

    Total que nos despedimos de ellos, encendí el auto justo cuando íbamos llegando a bloque de nuestra casa, me dijo que fuéramos a la farmacia por una pastilla de emergencia, había que tomar precauciones ya.

    Llegamos a casa, esta vez no la reté a que bajara desnuda, ella estaba cansada por lo que solo se puso la chaqueta para cubrir sus pechos, le abrí la puerta y ella fue directo al baño a cepillarse los dientes, y luego se fue acostar a la cama ni se bañó, eso me excito saber que dormiría con restos de semen de otros adentro.

    Quería coger con ella, le pregunté si quería, pero me dijo que sería después y me dio un beso de piquito, por lo que me resigné y me dispuse a dormir.

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