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  • Del odio a la envidia (5 y final)

    Del odio a la envidia (5 y final)

    Mi madre no dejaba de sorprenderme, podría creerme todo pero el que tuviera sexo con una mujer era algo que jamás lo hubiera pensado de ella. Lo más extraño es que leyendo, yo misma me había imaginado en las escenas y me resultaban excitante.

    Al pasar la página, el diario estaba en blanco, fue una pequeña desilusión pues me lo estaba pasando bien, aunque realmente no tuve mucho tiempo para lamentarme ya que sonó el timbre del apartamento; coloqué rápidamente el diario en su sitio y me apresuré a abrir la puerta. Eché un ojo por la mirilla primero, no fuese a ser alguien inesperado, por suerte era mi novio, lo que me alegró especialmente.

    Abrí rápidamente dejándolo pasar y cerré la puerta, me miró con una sonrisa y le correspondí sin darme cuenta de que sonreía porque estaba con la camisa entreabierta y en ropa interior. Sin duda aquello le debió confirmar mi mensaje, antes de darle tiempo a asumirlo me abracé a él dándole un apasionado beso, que se transformó al instante en un tórrido morreo, él por su parte comenzó a pasar sus manos por mi espalda hasta mi trasero, al que apretó fuertemente. Yo correspondí llevando la mía a su paquete, estaba vigorosa, menos mal porque deseaba su polla más que nunca.

    Cuando me cansé de tanto beso, lo agarré por un brazo y me lo llevé al salón, lógicamente no se resistió y me siguió como un perro llevado por la correa; al llegar a la altura del sofá, me giré y me dejé caer sobre él sin dejar de sonreír. Abrí mis piernas ansiosa, al instante captó el mensaje, se arrodilló delante y sin pensarlo separó mis braguitas dejando mi sexo al descubierto, con su vello púbico recortado y unos labios pequeños y deseables, nunca se cansaba de decirle lo mucho que le gustaba.

    Un placer intenso me recorrió de arriba abajo nada más sentir su lengua entre mis labios vaginales, era imposible no excitarse porque siempre sabía como comerme el coño, la movía de con mucho ritmo haciéndome gemir cada vez que pasaba por mi clítoris, mis trabajos manuales previos me pasaron factura y por desgracia no pude disfrutar mucho tiempo de su lengua porque en seguida llegué a un magnífico orgasmo, lo llevaba retrasando tanto tiempo que fue increíblemente intenso. Me incorporé resoplando todavía, pude ver sus labios mojados con mis abundantes flujos, me miró inmóvil esperando, lo besé apasionadamente mostrando mi gratitud por hacerlo de nuevo tan maravillosamente.

    Ahora le tocada disfrutar a él, me levanté y lo empujé sobre el sofá, le desabroché los pantalones bajándoselos torpemente hasta los tobillos como si fuera primeriza. Por fin podía verla, estaba erecta, a decir verdad tenía una buena polla pero nunca había presumido nada entre mis amigas, no fuese a ser que a alguna le entrara ganas de probarla, sobre todo un par de ellas que era bastante zorras. Me lancé a chuparla por completo dejando un rastro de saliva a mi paso, me resultaba deliciosa, debido al tamaño no me era sencillo meterla dentro de mi boca, aun así me encantaba presionarla con mis labios y sentir como se deslizaba presionando mi lengua; sobre todo hoy que estaba muy caliente.

    Moví la cabeza de forma salvaje, escuchaba el sonido de sus gemidos que eran más fuertes de lo habitual, eso me llevó a tal estado de locura obsesiva que aumenté el ritmo cada vez más. Casi sin darme cuenta me había metido casi toda su verga, estaba disfrutando pero era el momento de sentirla en otra parte del cuerpo.

    Éramos jóvenes por lo que era obligatorio para nosotros usar protección para evitar sorpresas posteriores, ya habría tiempo de hacerlo de otra forma. Se mantuvo sentado y después de ponérselo me coloqué sobre sus piernas, como si fuese a montar a caballo; aprovechó para llevar sus manos a mi camisa terminando de desabrochar los botones mientras yo situaba su glande en la entrada de mi vagina. Justo en el momento en que agarraba con fuerza mis pechos dejé lentamente caer la cintura un poco.

    Solté un pequeño grito, me era imposible no soltarlo cada vez que su capullo abría al máximo mi sexo como un ariete. Me apoyé en el respaldo inclinándome hacia delante dejando mis pechos a la altura de su boca, de inmediato comenzó a mordisquear los pezones con fuerza. El juego con mis pezones unido al leve balanceo hacía que estuviera cada vez más húmeda por dentro. Él por su parte, también se excitó más lamiendo mis tetas y escuchando mis suaves gemidos, lo sabía porque su miembro palpitaba dentro de mi. Poco a poco comenzó a mover su cintura haciendo sus penetraciones algo más profundas.

    Mordía mis labios saboreando el placer cuando el ritmo se volvió frenético, me agarró por las caderas con fuerza e hizo un movimiento brusco hacía abajo, abrí mi boca soltando un grito por lo inesperado, mi vagina se dilató dejando paso a su miembro hasta el fondo de mi coño. Ahora era él el que con sus brazos marcaba el ritmo, no tardé en jadear como una loba en celo. Deseaba seguir presa del goce del momento, pero en su mente había otra idea, se detuvo y me sentó en el sofá.

    Volvió a penetrarme profundamente después de quitarme las bragas, en ese momento le rodeé la cintura con mis piernas aprisionándolo como un pulpo a su presa, entonces acompañé con mis movimientos bruscos los suyos. Nunca me había excitado tanto, mis flujos salían resbalando por mis nalgas con cada embestida, no pude aguantar pese a a intentarlo, grité fuertemente mientras mi cuerpo experimentaba un orgasmo inigualable que me elevó hasta el mayor éxtasis que había experimentado.

    Por su parte seguía golpeándome como un martillo sin piedad llevado por la locura, nunca lo había visto como ahora, quise decirle que parara, que no podía más pero solo me salían gritos de la boca. Finalmente quería correrse, aliviando mi sensible vagina, pude ver como se quitaba el preservativo con furia y me apuntaba a la cara, ya me había bañado en alguna ocasión y ahora tampoco me importaba; cerré los ojos y me preparé para recibir sus chorros de esperma.

    Mi sorpresa fue mayúscula cuando a la fuerza me metió el glande en la boca, nunca había hecho nada sin mi permiso, traté de retirar la cabeza pero fue imposible porque la sujetaba firmemente, empecé a notar su semen sobre la lengua mientras escuchaba sus fuertes gemidos, me sentí forzada y humillada, me vino a la mente la misma sensación que mi madre había escrito en el diario cuando estuvo con el juez, por extraño que pareciera también me resultó de lo más excitante.

    Cuando acabó, su esperma llenaba mi boca, me levanté y fui al baño corriendo, al regresar estaba en sofá exhausto, le reñí por lo que acababa de hacer sin mi consentimiento, aunque por dentro deseaba que lo repitiera en más ocasiones, después recogimos y nos fuimos.

    Desde aquel día dejé de tener relación con mi padre y con mi madre, por supuesto cambió, volvimos a ser como antes. Siempre aproveché sus viajes para ir a su casa a seguir leyendo su diario, a veces sola y en otras ocasiones llamaba a mi novio, no sé que tenía el diario, pero aquellos siempre eran los mejores orgasmos. Las historias de mi madre nunca dejaron de darme envidia.

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  • El bañador de mi madre (parte 1)

    El bañador de mi madre (parte 1)

    Soy estudiante y vivo en Madrid capital, con 19 años de edad y acudo con frecuencia a la piscina municipal de Moscardó en Usera, acompañando a mi madre, que sin ser una mujer escultural, posee unos pechos que se apetecen y mas a mi que me traen como loco con la polla a punto de explotar a todas horas del día que estoy en casa.

    Pues nada, que como de costumbre, nos preparamos para ir a la piscina y como mi padre trabaja todo el día y mis hermanas estudian igual por las tardes, y yo por las mañanas, solo quedamos mi madre y yo en casa; estando en el ordenador haciendo mis deberes, escucho que me dice mi madre:

    -Jesulín que no encuentro el bañador, que me lo han tomao.

    Me levanto y voy a ayudarla a encontrar el bañador y lo que miro al entrar al dormitorio es a mi madre en pelotas, al verla mi vista recorre su cuerpo, sus pechos que no entiendo porqué estaban con los pezones endurecidos, veo su vientre y joder, una maraña de vellos rubios cubriendo lo mas indispensable de su sexo, se me olvida que es mi madre y la polla se endurece, ella me ve y me dice:

    -que no encuentro el bañador…

    Reacciono como un gilipollas o mas bien despierto de mi sorpresivo impacto de verla desnuda y sin poder articular palabra alguna, inicio la búsqueda del bañador, revuelvo lo ya revuelto por mi madre y el bendito bañador que no aparece, hasta que por fin lo descubro metido en una bolsa, y le digo a mi madre:

    -que lo he encontrao…

    Mi madre se aproxima y me dice:

    -pero ¿qué ha pasao, quien lo metió en la bolsa?

    -que no sé madre, que lo habrá tomao la Pilarica o la Esther.

    Ella con el bañador en la mano dice:

    -que tenéis que salir del dormitorio porque ahora me lo pongo.

    Intento salir y me detiene, “que ahora mejor me ponéis el bronceador” y acostándose en la cama queda con la espalda hacia arriba y yo empalmao a mas no dar, pero que hago, que me ha agarrao una tembladera de las manos que me cago en diez leches si es que puedo poner bronceador, sin saber que hacer pregunto a mi madre, que donde está el bronceador…

    -que lo tenéis en mi bolso a que esperáis.

    Me armo de valor y tomo un poquitín de bronceador y empiezo a masajear la espalda de mi madre que en pelotas tumbada en la cama y con las piernas abiertas se relaja, yo siento que mi polla explota, pero sigo con las manos temblorosas intentando controlar mi masajeo, joder que esto es imposible, que esto es para volverse loco, sigo en el mismo sitio poniendo el bronceador y me dice:

    -que a este paso, he de quedarme dormida, que tenéis que ponerme en todo el cuerpo…

    Llego hasta su cintura y el temblor de las manos se hace más notorio y ella me dice:

    -que te pasa tío, ponerme bronceador y ya está, que no necesitáis más…

    ¡Joder! Que no es lo mismo estar con Maripaz mi novia, que con mi madre, pero mi polla no distingue; sigo bajando por su culin ¡y ostias! Que esto está de la putamadre, sudo frio y caliente, caliente y frio, y hasta que por fin termino en sus pies con el bronceador.

    ¡¡Mi madre se da la vuelta y joder!! Estoy en las nubes y me dice:

    -¡venga! ¿que no podéis acabar? ¡pero niño que te has quedao petrificao!

    -que no que no, que estoy viendo por donde empiezo…

    -Josselin, que el bronceador deberá quedar parejo ¿y, qué coño que no empezáis ya?… Que tenéis que ponerme en la cara y con cuidao que en los ojos arde y no desearéis que vaya llorando a la piscina, ¿verdad?

    -que no que no, que debéis de tenerme un poquitín de paciencia, que esto hay que aprenderlo primero.

    -pues que tendréis que aprender y ya está, que lo digo yo…

    Pongo el bronceador en su cara, bajo por el cuello, llego a sus bubis y mi polla dentro del chándal está que no cabe al sentir en mis manos las apetecibles y deseadas tetas de mi madre, ella ha cerrao los ojos y aguanta la respiración hasta que a todo prisa termino de poner bronceador y sigo tembloroso hasta llegar a su sexo, que lo noto todo húmedo, y ya sin control y sin importarme un coño que sea mi madre, inicio un masajeo en su vagina que no veas.

    Me inclino sobre ella para facilitar la maniobra y escucho unos leves quejidos de mi madre; ya sin detenerme un placer morboso se apodera de mis sentidos, mi inconsciente es vencido por lo prohibido, traspaso la barrera de la lujuria y le doy mas duro a su vagina y a su abultado clítoris, mi madre ya entrada en la pendiente de la voluptuosidad se deja hacer envuelta en la ardiente pasión del sexo tabú, abre más sus piernas para permitir que con toda libertad me entregue a la tarea de darle placer, lo que aprovecha para bajar mi chándal, salta mi polla como impulsada por un poderoso resorte, se apodera de ella y empieza a pajearme.

    Me da un tirón mi madre y caigo encima de ella y sin más empiezo con mi lengua a darle a su calientísima vagina, ella se contorsiona y se engulle mi polla, así continuamos por no se cuanto tiempo, yo luchando por no soltar mi semen y ella como loca desesperada prendida a mi pene, mi cara está completamente empapada de sus líquidos y con mi boca saboreando todo esos fluidos vaginales con los que mi madre me inunda y me aturden deliciosamente con ese sabor que tiene mi madre de hembra en celo, que en nada se parecen a los de Maripaz.

    Seguimos en esta lucha desenfrenada del incesto, perdidos los controles y abandonados completamente al goce ardiente de la pasión sexual; mi madre se levanta y se monta sobre mí, me agarra la polla y la dirige diestramente hacia su ansiosa vagina donde desaparece y empieza a cabalgarme enloquecida, la tomo por las tetas y le presiono los pezones, se retuerce con ese placentero dolor que le produce estas caricias y grita, grita y grita como desaforada, disfrutando la dureza de mi pene que resiste indomable los desenfrenados sentones que mi madre se da, pidiendo más y mas.

    -Joder Jesulín, que eres guapo, que has crecio más que tu padre, que tendréis que ponerme bronceador todos los días, desde ahora seréis mi masajista, todo esto sin dejar de cabalgarme y yo de resistir de manera sobrehumana los deseos de explotar, al disfrutar también la deliciosa sensación de estar follándome a mi madre.

    La tomo por sus caderas que al encontrarse montada sobre mi se hacen mas amplias y empiezo a bombearla, ella en el clímax de la pasión delira enloquecida de placer, me rasguña el pecho, me clava sus unas en la piel, se inclina sobre mi y muerde mi pecho, el furor sexual la consume y se desborda, yo con la lujuria de estar follando con mi madre estoy a punto de explotar, tenso desesperadamente mis piernas para lograr contener mi eyaculación y muy a duras penas lo consigo.

    Ella me desmonta y se coloca en cuatro patas, trastornada del placer me pide que por atrás la penetre en la vagina, me acomodo y sin perder más tiempo se la dejo ir toda de un solo empujón, inicio nuevamente el vaivén del “mete y saca” de mi polla en su inflamada vagina, tomo con fuerza sus tetas y las masajeo hasta hacerla que grite de placer por la furia con que la penetro; el lujuriante placer de follarme a mi madre me trastorna, siento a mi polla agigantarse.

    El deseo irremediablemente me consume, me convierte en un brioso corcel que goza el placer prohibido teniendo a mi madre empinada con ese culo esplendoroso, que se abre a cada embestida que le doy; estamos batidos en sus líquidos, ella se ha corrido no se cuantas veces y aún sigue con inmensa desesperación embistiendo mi sexo, me parece que ha estado meses sin que mi padre la folle, porque la veo incansable, no aguanto mas y le digo:

    -que me corro madre que me corro…

    -espera, espera me contesta y se cambia de posición, toma mi polla con sus manos, está bañada con sus efluvios vaginales y la engulle, en su boca se ha perdio mi polla, se la ha tragao, con su lengua lame mi pene, con su mano empieza a pajearme, no aguanto más, no aguanto mas y le grito:

    -¡¡madre que me corrooo!!

    Ella apresura sus succiones y acelera el movimiento de su mano hasta hacerme arquear el cuerpo al producirse la tremenda eyaculación mas por milagro que por experiencia contenida por tan largo rato de estar follando con mi madre, ella se traga todo, con ansia desmedida extrayendo con profesional maestría hasta la última gota de semen, tratando de mantener duro y firme a mi pene que lamentablemente va desfalleciendo en la boca de mi madre, se hace pequeño después de haber satisfecho la lujuria que consumía a mi madre.

    Me dejo caer a su lado sin fuerzas pero inmensamente feliz, orgullosamente realizado como el hombre más sexual del mundo, abrazo a mi madre y ella me besa apasionada, me aprisiona entre sus brazos, se entrepierna conmigo y yo reacciono a sus arrebatos de pasión, tomándola por su apetitoso culo, la acaricio sintiéndome todo un gigante, mi madre me ha hecho su hombre, me ha convertío en su amante prohibido y me dice al oído:

    -hoy he hecho realidad mi más loca fantasía de mi vida, te estaba deseando mi niño y me moría por follarte, te he soñado en mis brazos, te he espiado cuando te aseas, enloquecía de pasión por mi fantasía, puedes hacer de mi lo que te apetezca, que lo que me pidas te daré, eres mi amante secreto y yo te enseñaré lo que es capaz de hacer tu madre por esta pasión prohibida, fóllame, fóllame hasta perder la razón Jesulin…

    Con estas palabras me olvido de todo, esta realidad es como una locura… vale le digo y la beso con lujuria y al estarla besando viene a mi mente la imagen desnuda de la Esther mi hermana, ella de alguna manera se da cuenta de mi pensamiento y me reclama:

    -Jesulin, que me he entregao a ti antes que a nadie, solo tu padre me ha follao, y mira que tu tío Manolo me acosa cuando me encuentro sola, me he aguantao como una hostia para no ceder pensando en ti, ahora ya soy tuya y no follaré con tu padre deseando que fueras tú, como lo he hecho antes de ahora…

    Sintiéndome dueño de mi madre, la beso, la abrazo, le acaricio las tetas, le pongo la mano en su vagina y la siento mojada, siguen sus líquidos vaginales llenando la habitación de olor a sexo, ese aroma que sabe a secretísimo incesto, comparo a mi novia Maripaz con mi madre ¿y podéis creer vosotros que me quedo con mi madre?… Joder que no la comparto con nadie.

    Continuará machos, continuará que han pasao cosas que no veas.

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  • Mi hijastra se hizo puta para mí (parte 2)

    Mi hijastra se hizo puta para mí (parte 2)

    Desde ese día, Gise dormía en mi cama y el sexo era seguido e intenso. De a poco fui conociendo sus gustos y ella fue tomando confianza y pidiéndome las cosas que tenía ganas.

    Quería experimentar cosas y yo le daba la seguridad (decía) de poder hacerlo con alguien que la cuidaba. Incorporamos juguetes, vibradores, cremas, lubricantes con sabor y otros elementos para diversificar y hacer más intenso el placer. La até y amordacé, pasamos noches de petting, nos masturbamos mirándonos o pajeándolo uno al otro, le hice una doble penetración con un consolador, nos disfrazamos jugando roles. Incluso fuimos juntos a locales swinger, pero nunca quiso compartirme con ninguna. “Mi papi es solo para mí” me decía.

    Fuimos a un club donde vimos actos sexuales en vivo que la calentaron mucho. Pero yo sentía que ella se quedaba con ganas de más, presentía que algo le faltaba, que había algo que no se animaba a plantear. Me imaginaba que podía ser un trío, aunque siempre dijo que no quería compartirme ni le gustaba estar con dos a la vez. Le insistí pero llegaba un momento que se cerraba y solo me daba besos y me abrazaba, sin hablar. Hasta que le pedí que sea totalmente sincera conmigo y me diga todos sus gustos hasta el más raro que tenga, que para eso era su papi

    -“Me da la impresión que querés algo que no me decís. Sabes que conmigo no tenés problema ¿no probamos todo lo que fuiste teniendo ganas? ¿qué es lo que te queda que querés hacer y no te animás a pedirme?”

    -“Ok, pero no me retes ni te enojes, please. Es algo que hace rato tengo ganas y me da vuelta en la cabeza y solo porque sos como sos me animo a decírtelo. Lo que quiero es ser tu puta, papi, pero de verdad, no de chiste. Quiero que me consigas un cliente y me mires coger. Nadie va a penetrarme sin protección, solo vos. Con los demás voy a tener los recaudos de toda prostituta. Quiero ser una putita y que vos seas mi proxeneta, mi chulo, cobrarle a alguien por sexo y mostrarte como me entrego por vos. ¿Harías eso por mí?”.

    -“¡¡Wow Gise!! ¿en serio? Esperaba un trío, no sé, otra cosa. Pero esto me toma de sorpresa. ¿querés ser una prostituta y trabajar para mí? ¿es eso?”.

    -“Si papi, porfi. Es mi fantasía. No lo haría con otro, pero vos me das mucha confianza. Con vos puedo hacerlo tranquila. ¿Le vas a dar ese gusto a tu nena?

    -“Gise, más allá de algún aspecto especial, no lo veo distinto a una experiencia swinger o a un trío donde te vería coger con otro. Si ese es tu gusto, dale. Pero una o dos veces, no más ¿te alcanza? Y, de nuevo ¿estás totalmente segura que eso es lo que querés?”.

    -“Si papi, elegime un cliente, pone el precio y tu putita va a trabajar para vos”, dijo entusiasmada.

    -“Y tu nombre de trabajo ¿cuál es?”.

    -“El que mi patrón me elija”.

    -“¿Te gusta Foxy?”.

    -“Si papi, voy a ser tu Foxy”, dijo riendo

    Me resultaba extraño el pedido y le pedí tiempo porque no lo iba a hacer si no era con todos los recaudos del caso. No quería nadie que la conozca o me conozca, pero a la vez tenía que ser alguien que acepte las condiciones y me de cierta seguridad. Lo resolví a través de un amigo swinger que me presentó un muchacho de 25 años que frecuentaba esos ambientes y estaba abierto a tratos que podían ser extraños para el común de la gente.

    Me cayó bien cuando lo conocí y hablamos con claridad de la fantasía que quería cumplirle a mi nena. Le aclaré que tenía que tratarla como a cualquier prostituta, pero yo los iba a estar viendo y puse también como condición que todos usemos máscaras. Le mostré una foto de Gise con la cara tapada y dijo que pagaría con gusto por cogerse ese bombón, le puse una tarifa de 50 dólares y le ofrecí darle yo 20 o 30 pero lo rechazó.

    Dijo que le iba a gustar tener a esa rubia de putita. Le aclaré que en todo momento yo iba a actuar como su rufián porque esa era la fantasía de ella, quedamos en la fecha, hora y lugar (era en el club swinger donde iba mi amigo) y me fui a decirle a Gise que tenía que atender a un cliente, lo que le encantó.

    El sábado entré al club con Gise media hora antes de lo que había acordado con el pibe (quedamos en que se llamara Lucio), nos pusimos las máscaras y esperamos al muchacho tomando unos tragos. Gise se había puesto una pollera cortita, un brassier diminuto con un saquito trenzado de hilo que dejaba ver todas sus hermosas tetas, se había atado el pelo en dos trenzas, tacos altísimos y se había pintado bien sugerente. Cuando el pibe llegó (ya con su máscara) le dije a Gise que tenía que ofrecerse y decirle su tarifa, pero no se lo dije de manera amable.

    “Foxy, es hora que salgas a trabajar para traerme plata, anda a ofrecerte y atendé bien a los clientes, si no… ya sabes”, le dije levantándola de un brazo y dándole un buen chirlo. “Si papi, ya voy” dijo, se acomodó las tetas y se dirigió a la barra, donde encaró a Lucio ofreciéndole sus servicios por 50 dólares el completo. Según me contó después, éste le preguntó si realmente valía los 50 dólares y ella le dijo que sí y que su chulo (señalándome) se aseguraba que sea muy atenta y servicial con los clientes e iba a estar mirando para que lo deje totalmente satisfecho, “Si no trabajo bien, mi hombre me castiga y me deja el culo rojo de chirlos”, le confesó al oído.

    Él le tocó las tetas y la cola y le dijo que le parecía bien. Ella me siguió, llevando al pibe de una mano, hasta la pieza. Entramos, le pidió al pibe la plata y me la dio a mí y fui a sentarme en un sillón. Lucio le quitó el saquito y la pollerita y le dio un fuerte chirlo.

    -“Me gustan las putas obedientes, ¿vos vas a ser obediente?”.

    -“Si, pero si pegas mucho él te va a cobrar más, hay que cuidar la mercadería”.

    -“Desnudate Foxy”, le ordenó y ella le hizo caso.

    -“Que puta más bonita sos”, le dijo mientras se ponía el preservativo. “Ponete de rodillas y chupámela”.

    Gise se arrodilló y empezó a mamarla, matizando con lamidas y besitos (y yo sabía lo buena que era en esos menesteres). Lucio le había agarrado las trenzas y le llevaba el ritmo, metiéndole la pija en la boca hasta más de la mitad. En un momento le salieron lágrimas de los ojos, pero Gise no dijo nada y siguió dándole la boca para que la disfrute. El pibe se empezó a calentar y la paró, calculo que para no acabar. La hizo parar la apoyó contra la mesa, le puso la punta de la pija en la conchita y la penetró por atrás de golpe y empezó a cogerla con fuerza, mientras le acariciaba la cola y así estuvo un largo rato. Gise me miraba y su cara era pura calentura mientras me tiraba besitos y sonrisas.

    Lucio le preguntó si la colita estaba incluida y ella dijo que no y que tenía que preguntarme a mí. Le dije que eran 20 dólares más. Él le puso 2 billetes de diez al lado de su cara y Gise los tomó con su mano y le movió la cabeza en signo de asentimiento.

    El pibe sacó la pija, le dio dos fuertes chirlos en la cola, le puso lubricante en el ano, le apoyó la punta en su culito y la penetró de golpe. Le vi la cara y los puños contraídos a Gise, pero no dijo nada, mientras el pibe le decía que tenía un hermoso culo y que era una puta divina. Gise cerró los ojos, como siempre hacía al calentarse, y el pibe disfrutó su culito hasta gemir y acostarse sobre ella mientras la cara de Gise mostraba como estaba volando de calentura. Lucio sacó su pija, se sentó, le dijo que le de las tetas para chuparlas, lo que mi nena hizo, tomando cada una con la mano para ofrecerle los pezones. “Vales la pena el precio”, dijo Lucio. “Te puedo llamar para otra vez?”. Ella le dijo que tenía que arreglar conmigo, que yo era su proxeneta. “Ok”, dijo, se vistió y se fue.

    Gise se sacó la máscara, vino a donde estaba, me dio los 20 dólares y me dijo “cogeme papito, me quedé re caliente” y tuvimos un sexo violento y breve y ella acabó, quedándose un rato largo abrazada a mi.

    -“Me encantó papi, gracias por cumplirme este deseo”, me dijo entre besos. “Cuando quieras soy tu puta siempre que estés ahí para cogerme después. Me re calienta sentirme trabajando para vos. ¿Está mal?”

    -“Gise, en el sexo no hay reglas ni parámetros. Te vi la calentura cuando estabas trabajando. Te cogió de golpe no solo la concha sino también el culo, te vi contraerte de dolor, pero al rato tenías cara de putita caliente”.

    -“No puedo explicar porqué, pero me pone a mil sentirme tu puta, más si vos estás mirándome mientras trabajo. Me encanta y disfruto cuando soy Foxy. Me siento poderosa, y me siento más tuya y me encanta que después mi hombre me haga acabar y me llene de leche, porque eso solo vos podés hacerlo, nadie más. ¿Podemos hacerlo de nuevo?”.

    -“No como hábito, no sé si me lo banco. Pero cada tanto, si querés te arreglo otra cita”.

    -“Si, porfi. Mientras tanto tu nena sigue trabajando de putita gratis para su papi”.

    Y así fue como Gise terminó trabajando para mi una vez al mes o, en general, una cada dos meses. Me dijo que iba a atender a los clientes que le trajera pero yo los selecciono con microscopio. Ya ahora tiene una pequeña cartera de conocidos que le piden volver a verla. Por supuesto le ofrecí darle el dinero que cobraba y se ofendió “Te dije que quiero ser tu puta en serio, no de joda papito. Yo trabajo para vos, dame el veinte por ciento, pero el resto es tuyo, como corresponde. Y si me porto mal, castigame. Eso si, comprame ropa para poder ofrecer mejor la mercadería”.

    Le compré ropa y ella la eligió bien pensada para mostrarse y calentar. Tops con push up para destacar sus pechos, polleritas que ni tapan la bombachita, tangas de encaje, bodys calados, zapatos de tacos bien altos para levantar la cola, collares, carteritas diminutas. Todo eso no lo usa conmigo porque, dice, es “su ropa de trabajo”, “es la ropa de Foxy y cuando soy Foxy me cogen los clientes. Cuando soy Gise soy tu putita y solo me coges vos.”.

    Cada vez que trabaja de puta termina re caliente y el sexo es pasional, violento e intenso y se deshace dándome las gracias y diciéndome lo bien que se siente. “No podría haber hecho esto con nadie más. Sos mi papi divino” y durante uno o dos días me atiende en forma especial, dándome todos los gustos. Le volví a preguntar varias veces si quería seguir con esto y me volvió a decir que si, que era feliz cumpliendo esta fantasía y que incluso tenía más ganas de cogerme por ser su rufián y sentirse totalmente mi puta. Solo espero que la madre nunca se entere. Ni de suerte tendría chance de explicarle que todo esto era sola y únicamente el deseo de su hija.

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  • Casada y puta como ninguna

    Casada y puta como ninguna

    Estábamos en casa de campo de unos amigos, como Ana la pareja de unos de los amigos de mi marido no podía venir me llevé un dvd de la serie “Embrujadas” para entretenerme mientras mi marido jugaba a las cartas con sus tres amigos y bebían unas copas para variar.

    Cuando Ana o María podían venir me lo pasaba muy bien sino era mas bastante más aburrido, yo soy Isa y tengo un bonito cuerpo, soy rubia, alta de un 1.75, pechos redondos preciosos con unos oscuros pezones pequeños y muy puntiagudos, unas piernas de infarto, y un culo algo respingón y muy firme, una auténtica belleza de 29 años.

    Tras estar viendo una par de episodios de la serie llegó mi marido borracho como una cuba, le reñí diciéndole que no debía beber tanto, él masculló algo inteligible, se dejó caer en el sofá y en el tiempo que me levanté para apagar la tele y sacar el cd del dvd ya se había dormido profundamente, menuda borrachera.

    Me acerqué a la habitación donde estaban Pedro, Juan y Stephen para decirles que nos íbamos ya, a recoger dinero del juego y que me ayudaran a llevar a mi marido hasta el coche.

    -Claro, sin problemas -dijeron.

    Pero todavía está en juego la partida y Luís debería acabarla, ya había pasado alguna vez que alguno de ellos acabara muy borracho y alguna de nosotras finalizara la partida de póker por él.

    Me senté en la mesa se había apostado el todo por el todo e incluso mi marido había pedido cambiar una carta, la cogí y miré las cartas menudo farol pareja de 7, yo lo mato pensé, obviamente al descubrir las cartas no tuve ninguna opción de ganar, mi marido lo había perdido todo.

    -¿Qué te atreves a jugar otra partida? -me dijo Stephen.

    Qué remedio, pensé debía intentar recuperar al menos parte del dinero.

    Saque el dinero que tenia del bolso y lo cambie por fichas.

    Se repartieron las cartas las cosa no iba nada mal, las apuestas iban fuertes quizás iba a tener suerte, pedí una carta manteniendo la respiración y ahí estaba la J.

    -Full de J y de 10 -fantástico.

    Las apuestas siguieron subiendo hasta que quedamos sólo Stephen y yo.

    Él dijo -me lo juego todo.

    Me quedé parada pensando no podía cubrir tanto dinero con mis fichas, finalmente me quité el anillo de casada y lo puse sobre la mesa diciendo:

    -lo veo. Full de J y 10 –dije.

    -Póker de 7 –dijo Stephen.

    Joder con los putos 7, vaya mierda.

    En fin, le dije a Stephen -me devolverás el anillo y ya te daré el dinero verdad.

    -No, no -dijo Stephen- de eso nada.

    -Anda vamos no me hagas eso sabes que Luís me matara por una cosa así.

    Se quedó callado un instante y finalmente dijo -me lo juego- a una sola carta la mayor gana, el As como máxime.

    -¿Y la apuesta es? -le pregunte yo.

    -Tu anillo por tu sujetador -contestó con una mirada pícara Stephen.

    (Yo llevaba puesto una falda verde oscura de vuelo que me llegaba por los muslos y un top verde algo más clarito, tanga y sujetador negro).

    Hubo un silencio.

    -Tú estás tonto -le dije.

    -Como quieras -me contestó él llevándose el anillo hacia uno de sus bolsillos.

    -Joder vale espera, acepto.

    (Necesitaba el anillo había sido una tonta apostándolo y he de admitir que también me dio algo de morbo la situación pude ver sus miradas lascivas cuando dije que aceptaba).

    Unos segundos después había perdido la apuesta, metí mis manos por debajo del top lo desabroché, saqué los tirantes y sin dejarles ver nada lo saqué y lo tiré sobre la mesa.

    El top no era nada transparente, pero al quedar mis pechos desnudos tocando el top se me endurecieron los pezones y se marcaban claramente, los miré, pero no me miraban a la cara tenían sus ojos clavados en mis tetas, en ese momento me di cuenta de que estaba mojada.

    -¿Que todo o nada? -me dijo Stephen

    -¿Como? –Le dije yo

    De nuevo la carta más alta.

    -El anillo y el sujetador por tu tanga porque con esa mini falda que llevas lo de debajo tiene que ser un tanga sin duda

    El corazón me latía a toda velocidad, la necesidad de recuperar lo perdido y el morbo pudieron más que la cabeza y la razón.

    -De acuerdo. Acepto -dije.

    Mi coño se mojó aún más.

    Stephen me tiró una carta la recogí manteniendo la respiración, la miré despacio, ¡un As! Estaba salvada (como mucho sólo me podían empatar), Stephen tiró su carta sobre la mesa directamente boca arriba, una Q.

    ¡Había ganado!

    Los miré a los tres, me sonreí y en ese instante el momento que iba a decir un As, cuando articulé la palabra lo que dije fue un:

    -No supero.

    Al mismo tiempo que deje la carta sin descubrirla sobre la mesa, tire la silla hacia atrás y me levante, metí mis manos debajo de la minifalda y lentamente me bajé el tanga. Al agacharme para recogerlo pude oler mi coño mojadito.

    Cuando me incorporé para dejarlo sobre la mesa me estaban comiendo con la mirada, me recorrían con sus ojos todo el cuerpo, yo no podía verles la polla, pero sabía que los tres la tenían durísima.

    Stephen de nuevo fue a decir algo, pero esta vez me anticipe a él, con un simple.

    -Me retiro.

    -Bueno venga que tenemos que llevar a Luís y meterlo en el coche –dijo Stephen.

    Decepcionados se levantaron y fueron hacia el sofá mientras yo recogía mi bolso, entonces Stephen dio media vuelta y se acercó a mi.

    -Toma guárdalo –me dijo.

    Y me dio mi tanga, el anillo y mi sujetador, al mismo tiempo que ponía la mano sobre mi carta y dándole la vuelta, vio el As me sonrió y susurrándome al oído, me dijo:

    -Lo sabía, por tu cara estaba seguro, me ha encantado que hayas sido así de putita.

    Y me beso en la mejilla.

    Me sonroje. Y lo guardé todo dentro de mi bolso.

    Salimos de la casa, fuera a pesar de ser una noche de verano la oscuridad era casi total, llegamos al coche.

    -Donde lo ponemos a Luís -preguntaron.

    -Detrás -les dije yo- delante igual en una curva se me cae encima.

    Lo pusieron en el asiento trasero, el muy sinvergüenza llevaba tal borrachera que no se había ni siquiera despertado un poco.

    Me despedí de ellos dándoles dos besos a cada uno, y me metí en el asiento de atrás para abrochar el cinturón de seguridad a mi marido, no veía casi nada porque la luz interior estaba fundida.

    Mientras buscaba a tientas el enganche del cinturón me di cuenta de que en esa posición (estaba medio metida en el coche casi a 4 patas apoyada para poder llegar hasta el otro lado donde estaba mi marido) si ellos seguían parados agachándose solo un poco podían ver perfectamente mi coño desnudo, mi rajita aun mojada.

    Fui a llevar mi mano a la minifalda para estirar la un poco por si acaso, pero antes de que llegara un lengua se clavó directamente en mi rajita y empezó comerme con fuerza todo el coño, tuve que morderme el labio para evitar para gemir con fuerza. La verdad fue una sensación riquísima, me gusto tanto que ni siquiera hacia nada por evitarlo sino que simplemente me limitaba a disfrutar de la comida de coño que me estaban haciendo.

    Al introducir su lengua en mi vagina no pude aguantar y se me escapo un gemido, miré a mi marido pero no se enteraba de nada, estaba tan cachonda que incluso pensé en despertarlo o en sacarle la polla y chupársela, pero desistí porque aunque lo consiguiera despertar lo único que pasaría es que se cabrearía y lo de su polla con la borrachera que llevaba seguro que no se le pondría dura.

    Dejé de pensar y me entregué completamente al placer, una y otra vez, su lengua me entregaba placer, era bastante experto sabía perfectamente como y cuando acelerar, parar etc. A esa lengua deberían ponerle un monumento.

    La forma de moverse unido a su rapidez hizo que me estremeciera como nunca lo había hecho con ningún otro hombre, mis flujos vaginales le inundaban la boca y el los saboreaban con voracidad, mi cuerpo se fue tensando ante la llegada del orgasmo mientras su lengua se centraba en mi clítoris y me hacía extasiar de placer, sentía cada uno de sus lengüetazos, mi cuerpo se estremecía y pedía más hasta que finalmente con un fuerte y único estremecimiento me corrí como una loca moviendo mi coño en su boca.

    Estaba aún recuperando el aliento tras mi orgasmo cuando sus manos levantaron mi pequeña mini falda dejándola caer sobre mi espalda hasta ese momento no se había molestado en apartarla, y un segundo después su polla se clavaba directamente en mi coño, entro con mucha facilidad por lo mojado y caliente que lo tenía, su polla debía ser de buen tamaño por como la sentía y no puede resistirme, y le dije:

    -Tienes una polla enorme.

    Como una bestia en celo empezó a embestirme con tanta fuerza que hasta el coche se tambaleaba de lado a lado al ver eso, él se contuvo por no mover tanto el coche y despertar a mi marido pero su follada seguía rápida y fuerte, bajo un poco más el ritmo poco como para recuperar el aliento en ese instante de relajación caí en la cuenta de que no sabía quién de los tres era el que me estaba follando, no tenía ni idea, deseaba que fuese Stephen siempre me había gustado pero no había manera de saberlo y los otros dos que hacían ¿se habían ido? ¿Seguían allí? Parados sin hacer nada, ¿se masturbaban mirando como su amigo me follaba? Mi coño se humedeció aún más ahora podía notar como mi corrida resbalaba por mis muslos.

    Él seguía follándome despacito disfrutando de cada centímetro que me metía en mi vagina sacando de nuevo su polla de mi interior y volviéndola a meter despacio hasta el fondo, ¡Oh Dios!

    Que caliente estaba, abrí los ojos y miré por la ventana del coche en el momento que se encendía la luz del comedor de la casa y vi aparecer a Pedro con una copa en la mano y un segundo después aparecía también Juan.

    Oh si por fin lo sabía, el que me estaba follando era Stephen y por Dios menudo follador.

    Mi coño volvió a inundarse de mis jugos y él dándose cuenta volvió a follarme con fuerza, notaba sus huevos chocando contra mí, eso me calentó aún más, cerré los ojos y me dejé llevar ya no me importaba el poder despertar a mi marido, gemía una y otra vez, él respondió dándome una palmada en el trasero y de nuevo me embestía con mucha fuerza y el coche volvía moverse como al principio pero ahora a él tampoco parecía importarle que mi marido se pudiese despertar, yo notaba mi vagina llena de su enorme polla y él con su manos agarraba fuertemente mi culo.

    Mientras me clavaba hasta el fondo de mi coño su polla, note que su polla se endurecía todavía más se iba sin duda correr y yo me iba a correr con él mi orgasmo estaba muy cerca como indicaban las convulsiones de placer que estaba teniendo y el orgasmo iba a ser brutal, note como su polla se tensaba justo antes de soltar su primer chorro de semen dentro de mi coño, abrí los ojos esperando notar su corrida al mismo tiempo mi orgasmo se acercaba, entonces fue cuando volví a ver la casa, la ventana y allí estaban Pedro, Juan y Stephen bebiendo tranquilamente.

    Me quede perpleja entonces quien era el que me estaba follando pero era ya tarde para pensar en nada de todo eso, el primer chorro de su semen estaba ya dentro de mi vagina y su calor hizo que mis uñas se clavaran al asiento del coche y mi cuerpo se tensara completamente, me estaba corriendo entre convulsiones de placer y mientras su polla seguía soltando chorretones y más chorretones de su caliente leche dentro de mí, mis uñas continuaban clavadas al asiento del coche jamás había tenido un orgasmo semejante.

    Cuando acabó todo ese placer, me quedé allí quieta, teniendo dentro de mí la polla de un desconocido, no sabía que hacer, entonces él saco despacio su polla de mi coño, al sacar su polla, jugos mezclados de mi corrida y su semen resbalaban por mis piernas desde los muslos hasta las rodillas, él cogió su polla y golpeó con ella varias veces mi culo, soltando unos últimos pequeños chorretones de semen sobre mi desnudo culo después de eso le oí alejarse a toda prisa.

    Salí del coche, me limpié como pude, me metí en el asiento del conductor, arranqué el coche y me dirigí hacia nuestra casa, por el camino recordaba todo lo sucedido como si hubiese pasado a cámara lenta, y eso me puso tan caliente que tuve que parar para masturbarme antes de llegar a mi casa.

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  • Le hago favores a los amigos de mi amiga

    Le hago favores a los amigos de mi amiga

    Me llamo Haydée, según dicen, soy una mujer, de encantadoras virtudes con un metro sesenta, cabello castaño y un físico qué a cualquier hombre vuelvo loco; casi siempre trabajo por el placer y la diversión para llegar al orgasmo que por el dinero en sí.

    Hoy tenía que atender a un Julio un amigo de Mercedes, me contó que era algo especial, le gustaba encontrar a una mujer que lo provocara, pero con poca ropa, por lo tanto, me puse un portaligas con medias rojas de látex, unas sandalias de acrílico muy altas, y un poco de perfume.

    Lo aguardaba impaciente en mi casa, mi marido estaba fuera por una semana y despaché a mis hijos donde una tía por esa semana para poder culear tranquila con mis clientes, hasta que por fin llego, cuando lo vi me asombré, era del tipo de hombre que hace deporte muy musculoso, alto y muy guapo. Me dijo que se llamaba Julio y que venía de parte de Mercedes, yo lo sabía, lo hice pasar y le pedí que se pusiera cómodo, sin perder un instante se quitó toda la ropa.

    En ese momento comprendí lo que tenía de especial, su pene era de un tamaño bastante más grande de lo común, más grande que el de mi marido Gerardo.

    Sin aparentar impresionarme demasiado comencé a chupar su miembro, el cual apenas podía entrar en mi boca. De apoco fui chupando y lamiendo ese enorme aparato el cual a cada instante crecía más y más. Julio comenzó a jugar con mi vagina introduciéndome los dedos en ella, pero cuando se aburrió prefirió cambiar los dedos por su enorme pene, para esto me coloco boca arriba y con mis piernas levantadas por encima de sus hombros, sentí como su pene apenas podía entrar y en qué forma abría camino dentro de mi vagina.

    Cuando Julio me había penetrado por completo sentí como si se destrozara mi vagina, pero por suerte no fue así y pude acostumbrarme muy bien a tener dentro mío ese enorme pene.

    Al principio fue moviendo muy suavemente el pene dentro de mi vagina, pero después de un rato comenzó a moverse cada vez más fuerte, hasta que llego a dar unas estacadas como si quisiera destrozarme, me costó pero pude aguantar toda su vitalidad y su empuje.

    Cuando parecía que estaba por reventar pues bufaba como un toro, la saco y me penetró por el culo, pero como ya estoy muy acostumbrada a que me penetren por atrás, pues es lo que más me gusta, fue muy fácil y me entro como nada; lo incentive para que diera las más fuertes estacadas que pudiera, y comenzó a transpirar pues a cada metida de Julio yo le exigía una más fuerte y más profunda. Creo que habrá pasado mas de media hora cuando la saco para dispararme tres buenos chorros de semen sobre mi vientre.

    Julio se recostó boca arriba para descansar, pero yo sin dejar pasar un solo instante comencé a chupar su pene el cual todavía se encontraba tieso y con algo de semen en su punta. Al cabo de un rato estaba mas duro que antes, pero esta vez fui yo quien comenzó, y me senté sobre su pene para que este se introdujera por mi culo.

    Una vez que lo tenía todo dentro de mí, comencé a moverme para arriba y para abajo, pero Julio decidió cambiar de posición y ponerme en cuatro patas para así ser el quien me penetrara y poder controlar los movimientos, una vez más siguió con sus fuertes estacadas dentro de mi culo, pero al cabo de un buen rato no pudo aguantar y nuevamente la saco para acabar sobre mi espalda otra buena ración de semen.

    Al despedirme de Julio, me contó que era la primera vez que una mujer podía tener su pene dentro por completo, le dije que no me había hecho ningún problema, yo estaba acostumbrada y que podía venir las veces que quisiera, y por el contrario a mí me había gustado mucho hacerlo con él con su enorme pene, aun mas por el culo, y que la próxima vez que viniera usaríamos un vibrador.

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  • Soy muy zorra y para follar lo necesito a él

    Soy muy zorra y para follar lo necesito a él

    Yo me negaba, no quería, pero tú insistías tanto que al final accedí de mala gana a hacer el trío. Al principio. Ahora lo veo a él y mi coño ya chorrea muslo abajo. No puedo evitarlo. Me mira a los ojos y sólo se me ocurre desnudarme. Y él me mete la mano en mi coño para ver lo excitada que estoy, lo cachonda que estoy.

    Por él. Porque tú ya no me excitas. Me entregaste a él y me has perdido para el sexo. No siento nada contigo, amor. Te quiero para los mimos y para que me cuides y me pagues todos mis caprichos, como un buen marido, pero para follar lo necesito a él; a un hombre de verdad que sabe cómo tratar a una puta como yo. Una puta sí. Porque él ha sacado de mi algo que ni sospechaba que llevaba dentro: el deseo de ser una puta zorra, de entregarme a él, de ser usada una y otra vez sin que tenga que pedir permiso. Porque no lo necesita.

    Llama por teléfono y yo ya sé qué tengo que hacer. Tú también, porque me arrodillas en nuestra habitación para que él me vea sumisa, entregada y perra. O me atas a la cama para que cuando entre en la habitación me encuentre ofrecida, expuesta y abierta para ser follada y usada a su antojo. Para que no tenga ningún inconveniente para meter su polla. Tú mismo me atas y me ofreces a él, a mi macho, al hombre que me posee cuando quiere como quiere y donde quiere. El macho que te hace cornudo.

    Soy su puta a cualquier hora. Incluso de madrugada cuando viene a casa, entra con la llave que le diste y tú te apartas, sales de nuestra cama de matrimonio para que él la ocupe y me folle como una hembra salida, como su puta zorra. Tú miras desde el sillón y pasas la noche viendo como a la puta de tu mujercita se la folla un macho de verdad.

    Y cuando amanece nos traes el desayuno a la cama y luego lo ayudas a vestirse, mientras yo me quedo durmiendo porque no lo he podido pegar un ojo en toda la noche pues la he pasado siendo follada y usada como su puta, como su zorra, como su perra salida que siempre tiene el coño mojado y dispuesto para ser follado por él. Puedo dormir un poco más. Después de todo es mi jefe y comprende que llegue tarde. Me quiere descansada por si quiere follarme también en su despacho, mi querido cornudo, que me has llevado a la perdición. Afortunadamente. Porque los dos somos muy felices.

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  • Viaje a Barcelona 2 (en el hotel)

    Viaje a Barcelona 2 (en el hotel)

    Me he pasado toda la tarde en una reunión, se me ha hecho muy tarde, no he podido ir a cenar contigo, me imagino que estarás cabreado por haberte dado plantón, me hubiera gustado más degustar una buena cena contigo, pero ha sido imposible.

    Estoy llegando al hotel, te he llamado varias veces pero no me coges el teléfono, saludo al personal de recepción, subo en el ascensor, voy por el pasillo hacia la habitación, la puerta esta entre abierta, no se ve ninguna luz, paso, esa todo muy oscuro, pulso el interruptor de la luz, mi bolso cae al suelo de un sobresalto.

    Noto que alguien me agarra por los hombros, me pega contra la pared, me empieza a besar por el cuello, tiemblo de miedo, “por favor” alcanzo a decir, me tapa la boca, siento su aliento en mi oído, y en un susurro me dice “soy yo”, lanzo un gran suspiro de alivio.

    Me haces caricias con tus manos, empieza a estorbar la ropa, sigues con tus besos, deslizas el abrigo por mis hombros, cae al suelo encima de mi bolso, me doy la vuelta y empiezo a besarte, cerramos la puerta que aún estaba entre abierta, tus manos empiezan acariciar mi pechos por debajo del jersey, las mías están en tu espalda, acariciándola, me agarro a tu culo te aproximo a mi, noto tu erección, me pongo de puntillas para poder besarte y sentirte mejor, nuestras leguas se juntan, se acarician e inician un baile delicioso.

    Me despojas del jersey y de la camiseta, me vuelvo y te doy la espalda, me acaricias suavemente por toda la piel, tus besos se concentran en mi cuello, estoy ardiendo, desplazo mi mano hacia tu pene, esta tan erecto, te abro la cremallera del pantalón, masajeo a través del bóxer, tus manos se han metido entre mis pantalones y me acaricias entre mis braguitas, las notas muy mojadas, las sacas y desabrochas mis pantalones, caen al suelo, vamos dejando un rastro de ropa por toda la habitación, te quitas la camiseta y el pantalón.

    Nos ponemos delante del espejo de la habitación, tu sigues con tus caricias por todo mi cuerpo, ahora se concentran masajeando mis pechos, una de tus manos esta debajo del sujetador, pellizcándome los pezones, están erectos, pujando por salir de su encierro, mis manos están por tus hombros y espalda, te paso mis uñas por encima sin apretar solo rozando la piel, se te eriza, me dices “me gustan mucho tus gemidos”, deslizas el sujetador un poco hacia abajo, lo suficiente para salida a esos pezones, te agachas y comienzas a succionar, levantas la mirada y se encuentra con la mía, nuestros ojos denotan la pasión, nuestra respiración es agitada.

    Mis manos se encargan de deslizar tu bóxer hacia el suelo, una de ellas se concentra en acariciar tu polla, suave pero firmemente, tus gemidos son música en mis oídos, me agacho posando mis labios sobre tu duro miembro, salen una gotas de liquido preseminal, los recojo con mi lengua, tu te estremeces, mi lengua se desliza por toda tu polla, llegando a los testículos, los beso y me los meto en la boca, mi lengua los paladea, tu miembro da pequeños golpecitos en mi cara, vuelvo deslizar mi lengua por todo tu miembro hasta llegar al glande, lo beso y me lo meto en la boca, mis manos apoyadas en tu culo presionan por acercarte mas a mí, tu polla ocupa toda mi boca y presiona mi garganta, la saco toda mojada y me la vuelvo a meter, comienzas a moverte follandote mi boca, tus movimientos son suaves, con cada pequeño movimiento mi lengua juega con tu polla, noto mas liquido preseminal, me pides que pare.

    Me levanto y nos besamos, me desabrochas el sujetador, se desliza hacia el suelo junto con el resto de nuestra ropa, te sientas en la cama, yo estoy de pie delante de ti, tu boca se concentra en mis pechos, una de tus manos por encima de mis bragas, se concentra en mi coño, están empapadas, al notar tus caricias mis gemidos se intensifican, noto como mis bragas caen al suelo, me coloco encima de ti, te beso el hombro, tus dedos están en mi coño, acariciándolo de arriba abajo, intento sentarme encima, para meterme tu polla dentro, me dejas sentir la punta pero te apartas, doy un pequeño gruñido a modo de queja, sonríes y me dices “ que aún no, que me tumbe boca abajo en la cama”.

    Obedezco sin tardanza, tu te colocas encima, noto tu polla en mi culo, te inclinas hacia a mi y me besas los hombros, mi columna vertebral llegando a la altura de mi culo, tus besos se desplazan hacia mi pierna llegando a mi tobillo, pasas a la otra pierna y vas subiendo, me separas las piernas y besas mi coño desde atrás, me muerdo los labios de placer.

    Me doy la vuelta, y continuas lo que has empezado, lames mis labios vaginales, mordisqueas mi clítoris, vuelves a lamer de arriba abajo, tu lengua realiza pequeñas penetraciones, nuestras miradas se encuentran, paso mi legua por mis labios y te lanzo un beso, ahora tu lengua se mueve mas rápido por mi coño, mis gemidos se hacen mas altos, estoy inundando tu boca con mis fluidos.

    Te incorporas un poco, te sitúas encima de mi tu polla se restriega por mi coño de arriba abajo, presionas con ella la entrada de mi culo, pero lo vuelves a deslizar hacia arriba, la sitúas en la entrada de mi vagina y de un solo empujón entra toda dentro hasta el fondo, noto tus testículos en mi coño, doy un pequeño grito de placer, empiezas a moverte, tus embestidas son fuertes, te doy un azote en el culo, tus movimientos se hacen más rápidos, dentro, fuera dentro fuera…….

    Paramos unos segundos, es necesario, aún nos queda mucho por disfrutar, te levantas, te colocas a lado de la cama, me sitúo a cuatro patas, me agarras de las caderas y comienzas a follarme de nuevo, tal es tu fuerza que me tienes alzada de la cama, tus embestidas son fuertes pero se van haciendo deliciosamente lentas, te estás recreando…..

    Volvemos a parar, colocas la silla que hay en la habitación delante del espejo, te sientas en ella, tu polla está erecta mirando hacia arriba, me siento encima de ti, tu polla esta en la entrada de mi coño, la restregó un poquillo, me abrazo a ti y me la meto entera, comienzo a subir y bajar, tu boca se concentra nuevamente en mis pechos que se sentían un poco abandonados, hacia arriba, hacia abajo, me agarro fuerte a la silla.

    Paramos pero tengo tu polla dentro de mi, te levantas conmigo agarrada, siento tu polla dentro, te diriges a la cama, te tumbas sobre ella, en ningún momento tu polla se ha separado de mi, tu estas tumbado boca arriba y me pides que te cabalgue, empiezo a moverme, realizo un pequeño giro con la cadera, pequeños círculos que nos estimulan y hacen sentirnos mutuamente, tus maños en mis pechos me empujan hacia atrás corrigiéndome un poco la postura, comienzo a frotar mi clítoris contra tu pelvis, tu empiezas a darme pequeñas embestidas hacia arriba instándome a que haga lo mismo, empiezo a moverme.

    Cabalgo suavemente sobre ti, tu mientras frotas con tus manos mi clítoris, me empiezo a mover mas rápidamente, mis pechos se mueven al compas, tus manos intensifican el movimiento sobre mi clítoris, el placer es sublime, noto como va llegando el orgasmo, es tan intenso, mi vagina se contrae alrededor de tu polla, bañándola en mis fluidos, me tumbo encima de ti, te beso.

    Me das una pequeña tregua, ahora soy yo la que esta tumbada boca abajo sobre la cama, tu estas encima, me separas las piernas, restriegas tu polla entre mi coño y mi culo, penetrando finalmente mi coño, me das unos pequeños azotes, mi culito se está poniendo rojo, sigues penetrando, con tu cuerpo cubres por entero el mio, tus manos agarran mis pechos, mientras continuas moviéndote, me embistes una y otra vez, cada vez mas y mas fuerte, noto el sudor de tu piel mezclándose con el mio, tu penúltima embestida es fuerte, noto tu primer espasmo, me muerdes el hombro, te estás corriendo, me trasmites la intensidad de tu orgasmo, tu cabeza se sitúa inerte entre mi hombro y cuello, nuestras caras están pegadas, la una a la otra…….

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  • En Nylon

    En Nylon

    No soy muy buena para la informática, la computadora de la casa nunca la encendía; a menos que ya estuviera encendida la usaba. Eso fue hasta hace unos años, chatear se puso muy de moda y mis amigas siempre hablaban de entrar al MSN y charlar con personas de todo el mundo.

    Un día me decidí y fui a un ciber café que está saliendo de mi fraccionamiento, en una pequeña plaza comercial. Subí las escaleras y toqué a la puerta, el zumbido del mecanismo para abrir la puerta retumbó en el pasillo y entré. A pesar de parecer pequeño por fuera, ya adentro me di cuenta que en realidad era bastante amplio, por las divisiones que se veían, noté que en realidad eran tres locales juntos, adaptados para albergar muchas computadoras, al extremo final lograba oír los gritos de jóvenes, después supe que esa otra parte estaba destinada a juegos de video.

    Al entrar me recibió un joven de aspecto de pocos amigos: alto, atlético, cabello largo rizado, barba de tres días, con una playera de la banda Guns and Roses y jeans negros, el típico joven rockero. Las apariencias engañan, en cuanto estuvo frente a mí, con voz grave pero amable me preguntó qué necesitaba. Le respondí que quería usar una computadora para crear un correo electrónico.

    Amablemente me llevó hasta un cubículo desocupado y me dijo que esperará, que activaría la computadora en un momento, antes de que se fuera le expliqué que prácticamente no sabía nada de computación y de nueva cuenta con amabilidad me dijo que él para eso estaba y que me ayudaría en lo que necesitase. Se retiró a su “oficina” y de inmediato la computadora dejó de mostrar la pantalla gris que tenía y mostró la pantalla regular con los iconos característicos. Moví el mouse pero no estaba segura de lo que hacía. Me asomé fuera de mi cubículo y vi que el joven daba la bienvenida a otros chicos, les entregaba sus controles para el juego y los escoltaba al final del local. Cuando pasaron junto a mí le pedí ayuda, me dijo que en seguida volvía para ayudarme.

    Llegó a mi cubículo y le dije que no sabía cómo acceder a internet, me mostró tres iconos y me explico que esos tres eran para internet y me dio a elegir uno, le contesté que eligiera el mejor y sonreí. Al fin se mostró el internet y de inmediato le pedí que me ayudara a crear un correo. Asomó la cabeza y me dijo que en ese momento no podía ayudarme del todo ya que estaba solo y necesitaba atender a los demás clientes. Pasaron varios minutos, en los que yo hacía prueba y error, movía el mouse aquí y allá, el internet se hacía pequeño, de pronto dejaba demostrarse.

    Poco después lo oí decir en voz alta: “Al fin, ¿Acaso había una manifestación, que les tomó tanto tiempo?” Mientras decía eso varios clientes y yo volteamos, vi que entraban tres jóvenes más, un chico y dos chicas, saludaron al rockero y las chicas entraron a la oficina, el otro chico se fue directo al fondo del local. El rockero entró de nuevo a la oficina y después salió, venía directo a mi cubículo y con una disculpa me dijo que ahora sí me ayudaría. Comenzó explicándome acerca de los distintos servicios de correo, elegí Yahoo! Después le dije que me interesaba chatear y me mostró varias páginas para hacerlo, pero me recomendó como mucha otra gente que no diera datos importantes. Como era una experiencia nueva estuve de acuerdo con él.

    Y así pasaron los días, cada que podía iba a darme una vuelta al ciber y charlaba con el rockero, cuyo nombre era Luis*, al conocerlo más tuve cierta confianza hacia él, tanta que incluso le invité a cenar. Su comportamiento amable me encantaba.

    Terminamos siendo amigos y cuando me dispuse a comprar una computadora nueva él me asesoró y fuimos juntos a comprarla.

    Mientras regresábamos recibió una llamada a su celular: -¿Qué pasó?, no, sólo reiníciala, déjame adivinar, ¿es Don Ponchito? Sí, me lo imaginé. Está bien, ciao. Era del ciber, tengo un cliente que siempre ve pornografía y hace que se congele la computadora-. Dijo riendo mientras me miraba y sonreía.

    -¿Hay mucha pornografía en internet?

    -¡Jajaja, Adela! No sabía que te interesaba el tema; pero sí, en internet es lo que más abunda.

    -¿Y tú las ves?

    -Sí, honestamente sí, pero como dije, abunda tanto que aburre rápidamente.

    -En cuestión a este tema ¿Qué es lo que nunca te aburre?

    -Jajaja, no te voy a responder.

    -Vamos, creí que éramos amigos, además no me ofendo ni me espanto.

    -Pues… Las medias-. Dijo después de dudarlo un poco.

    -¿Las medias?, eso es interesante. ¿Por qué te gustan?

    -Siempre me han gustado, desde que era pequeño.

    -Está bien-. Sonreí y encendí el radio.

    Llegamos 20 minutos después a mi casa, abrió la caja de la computadora; una laptop, comenzó a sacar todo lo necesario y me explicó que iba a dejarla cargando un tiempo ya que era la primera vez que se encendía. Mientras, fue a su local por programas fundamentales y lo más importante para mí, el Office.

    En cuanto él salió mandé a mis sirvientas al súper mercado, junto con el chofer, les di una lista larga e instrucciones específicas de lo que debían comprar para surtir la despensa. Así me aseguraba que al menos tendría dos horas libres para lograr lo que se me había venido a la mente. Sin pensarlo dos veces subí a mi habitación, cepillé mi rubio cabello para que estuviera un poco esponjado, me quité la ropa que traía y busqué mi mini vestido negro de una pieza de mangas largas, el cual hace resaltar mis curvas muy coquetamente. Me puse unas pantimedias negras con decorado floral a los costados, eran ultra brillantes. Tacones negros. Volví a cepillar mi cabello mientras contemplaba mi cara en el espejo, un poco larga, me puse rubor en las mejillas, retoqué mis pestañas, mientras lo hacía miraba mis ojos color miel. Acomodé por última vez el vestido y bajé a la sala a esperar a Luis.

    Tardó unos quince minutos en ir y venir, cuando llegó abrí la puerta de par en par. Con una pose coqueta lo recibí, subí ambos brazos, arqueé las piernas como si posara para una foto.

    Al verme, Luis se quedó paralizado, bajó la mirada y me inspeccionó de pies a cabeza. Jocosamente me preguntó si tenía algún compromiso y sin decir palabra lo tomé de la mano, caminamos a grandes pasos hacia la sala, el sonido de la puerta principal azotándose por haberla aventado de improviso retumbó mientras llegábamos a la sala.

    Lo coloqué en medio y me senté lentamente, con las piernas juntas, moviéndolas de un lado para otro, las crucé coqueta y lentamente, alzándolas más de lo normal.

    Así sentada, le ordené que se acercara, lo hizo sin pensarlo y después le ordené acariciar mis piernas. Lo hizo lentamente, desde el muslo, hasta llegar al puente de mi pie, el rose de sus manos con el nylon de las medias hacía un lindo sonido, volvió a acariciarme, esta vez en sentido opuesto. Se detuvo en mi pantorrilla y la apretó suavemente, siguió su camino y al llegar al muslo también le dio un pequeño apretón. Después de esas caricias, me quité lentamente los zapatos y acaricié su pierna izquierda con mi pie, sentí el hueso de su espinilla, apreté un poco el pie y se separaron mis dedos enfundados, la costura de la media se expandió, no tenían punta reforzada. Volví a subir, esta vez deteniéndome en su muslo y finalmente llegando a su entrepierna. Sentí su miembro viril, ya estaba erecto y duro, caliente, a pesar de estar escondido dentro de su calzoncillo y sus jeans de mezclilla negra.

    Comencé a acariciarlo por encima, lentamente evitando que la media se enredara en la cremallera. Lo hice por unos segundos más y después le ordené que se quitara los pantalones. Así lo hizo, con todo y calzoncillos, de inmediato subí mi otro pie a la altura de su cadera y comencé a acariciar ese pene duro y caliente con ambos pies. Primero estaba apuntando directo hacia mí, lo acariciaba lentamente con los dos pies, aprisionándolo, después bajé mi pie derecho y sentí sus testículos con él, mientras que con el izquierdo acariciaba su pene. Ya estaba más duro y firmemente erecto, esto facilitaba mis caricias que las hacía de arriba abajo.

    Pronto comenzó a secretar el líquido pre-seminal. Mojó la punta de mis dedos primero, pero con mis caricias, la planta del pie comenzó a humedecerse rápidamente. De pronto sentí ambas manos de Luis en mis tobillos, juntó mis pies y comenzó a hacer movimientos coitales en mis pies, los aflojé un poco, sentía los fuertes empujones atravesar mis plantas que se iban humedeciendo cada vez más con su húmedo pene. “Penetraba” más lentamente, pero con más fuerza. Dejaba unos instantes el cuerpo de su pene entre mis plantas, después lo jalaba, lo volvía a empujar abriendo mis pies en el proceso. Seguía con ese movimiento cuando de pronto se detuvo, y con unos espasmos, eyaculaba en el puente de mis pies, algunas gotas caían más lejos que otras, la cantidad más grande cayó directo en el peine de mi pie derecho. Me acomodé de manera que pudiera alcanzar mis pies, con un poco de la ayuda de Luis para no caer, comencé a lamer ese semen de mis pies. El sabor agrio y ácido invadía mi boca.

    Después de unos momentos de tranquilidad, en los que observaba cómo pulsaba su pene y se tambaleaba de arriba a abajo y a los lados, Luis me tomó por las caderas, subió mi vestido, exponiendo así mi enfundado trasero, lo acariciaba con ambas manos, metió sus manos en mi entrepierna y comenzó a masajear mi intimidad. Lo hacía lentamente, acariciando mis labios inferiores, buscando mi punto débil. Abrí más las piernas para facilitar la búsqueda, frotaba con toda su mano de arriba abajo, el panti no tenía puente de algodón así que sentía muy bien todo el proceso de búsqueda de mi punto débil. Al fin se detuvo y comenzó a estimular mi clítoris, que ya estaba hinchado y mi intimidad completamente húmeda, sentía la frescura que daban mis pantimedias húmedas al colarse la más mínima corriente de aire. Movía los dedos en círculos, frotaba con la mano completa, dejó de hacerlo y sentí su lengua tocar mi intimidad, lamía a través del nylon. Las pantimedias se humedecían más y más. Sentía cómo movía la lengua sin parar, a intervalos distintos.

    Terminó de lamer y volvió a agarrar mis caderas, bajó un poco las medias, hasta llegar a los muslos, abrí las piernas lo más que las medias me dejaban y al fin sentí ese miembro entrar lentamente, comenzó lento, penetraba y dejaba dentro el pene unos instantes, peor súbitamente aumentó la velocidad. El golpeteo del choque de sus caderas con mis nalgas inundaba la sala, debo admitir que no suelo gemir mucho durante el coito, pero esta vez lo hice muy fuerte debido al calor del momento. Ese sonido me excitó mucho. Después de varios minutos de perrito, cambiamos a misionero, Luis iba bajando poco a poco mis medias, debido a que no podía abrir muy bien las piernas, al fin las pude flexionar cuando Luis las bajó hasta mis tobillos, pero no las sacó del todo. Tenía las rodillas flexionadas, los muslos abiertos y mis pies tocándose entre sí. Me encantaba sentir ese pene caliente entrar y salir, llegaba hasta mi cérvix estimulándome aún más. Una vez más comenzaba a penetrar fuertemente, a lo que tuve que tomar sus brazos para aminorar el forcejeo que causaba.

    Se detuvo y después de un pequeño contratiempo debido a mis medias, pudimos colocarnos en el suelo, é se recostó y yo subí un poco más mis medias, me acomodé de pie y me agaché en cuclillas para poder tener acceso a su pene de nuevo, las medias permanecía estiradas en su vientre. Me senté cuidadosamente, me detuve un momento al sentir su pene hasta el fondo, instintivamente coloqué mis manos en su pecho para mantener el equilibrio y comencé a sentarme rápida y fuertemente. Lograba oír ese húmedo sonido cuando el pene entraba y salía de mi vagina.

    Después de diez minutos sentándome sobre ese rico pene, logré llegar al orgasmo, apreté mis manos, los dedos de los pies y tuve deliciosos espasmos en todo mi cuerpo. También Luis llegaba a su orgasmo, sentía los espasmos de su pene dentro de mí.

    Estuvimos en esa posición unos dos minutos y al final me levanté, sin limpiarme, subí mis medias y ajusté mi vestido de nuevo, Luis tomó sus pantalones y al fin revisó mi nueva computadora, la cual quedo muy bien equipada.

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  • Mírame

    Mírame

    Lidia continuaba acariciando los penes de sus dos amantes mientras observaba cómo el semen de ambos se mezclaba entre sus pechos y resbalaba por el canalillo camino de su ombligo. Todo le pareció un sueño, se sentía plenamente satisfecha, y a la vez cierto remordimiento asomaba a sus pensamientos. Tenía en sus manos el sexo de otro hombre además del de su esposo, lo masturbaba ligeramente, amasaba sus testículos. Entonces Jorge acercó su cara y le susurró en el oído que necesitaba ir al baño, levantándose de la cama a continuación y dejándolos solos. Lidia dirigió su mirada hacia David sin soltar el falo de su amante, y éste la sonrió pícaramente mientras con su mano izquierda recogía una gota de la mezcla de ambos espermas acercándoselo a Lidia, que aceptó el regalo y sacó ligeramente la lengua, lamiendo el néctar que se le ofrecía, dejando un hilillo entre el dedo de David y su boca. Semejante visión excitó tanto al monitor que aunque había eyaculado hace escasos minutos, su pene comenzó a despertar de nuevo.

    Ella se percató al momento, pero de pronto se acordó: ¿y Jorge? Se había olvidado de su marido, y dirigió su mirada hacia la puerta del dormitorio. Allí estaba él, contemplando la escena entre divertido y excitado, sonriendo sin acabar de creer lo que estaba sucediendo: Lidia, la reticente y recatada Lidia había pedido, casi suplicado, que la follaran dos hombres a la vez, y ahora estaba en el lecho acariciando el sexo de otro macho. Ella sintió entonces una extraña mezcla de sensaciones; por un lado vergüenza y culpabilidad: estaba masturbando el pene de otro hombre en presencia de su marido mientras degustaba el sabor del semen de ambos aun en su boca; por otro, excitación: sorprendentemente, el hecho de ver cómo su marido la contemplaba desde el otro extremo de la habitación le producía un estremecimiento tal que su sexo se humedeció inmediatamente más aun de lo que ya estaba. Sostuvo la mirada de su esposo mientras se giraba hacia David, cambiando la mano con la que acariciaba el pene y los testículos de su amante. La sonrisa dibujada en la cara de Jorge la animó a continuar con sus caricias, subiendo por el marcado abdomen de David, deteniéndose con delectación en sus músculos, subiendo a los pectorales, bajando de nuevo a los abdominales y de nuevo hasta el sexo, todo ello sin pausa y con inequívoca lujuria. David tomó entonces la iniciativa, y respondió a las caricias de la mujer dirigiendo su mano derecha hacia la cadera de Lidia, atrayéndola hacia él para aumentar el contacto de ambos cuerpos, buscando con sus labios los de su amante, que respondió con deseo al beso del monitor. Mientras las bocas de ambos se unían, Lidia continuaba con su baile de caricias entre el pene y los testículos, para abandonarlos por unos momentos y acariciar el torso y abdomen, y luego retornar una vez más al centro del placer de su amante. A cada minuto, buscaba con la mirada los ojos de Jorge, y de nuevo, sentirse observada por su marido mientras se abandonaba en otros brazos masculinos le producía una sensación tan placentera que decidió dar un paso más: deshizo el prolongado beso y descendió despacio hasta los pezones, donde se detuvo para juguetear con su lengua y labios. Besó con sensualidad el definido pecho de David repetidamente por toda su extensión, y continuó el descenso sin perder la mirada de Jorge, sorprendiéndose al verlo masturbarse con lentitud. Esto la alentó aun más, y después de lamer con vicio y lujuria el ombligo y el abdomen de David, levantó la cara hacia su marido, y tras lanzarle la mirada más provocadora de la que era capaz, se dirigió con lentitud hacia el pene, recreándose, haciéndose de rogar… Sin dejar de agarrarlo con su mano derecha, acercó su boca hacia el glande y lo besó. Y lo lamió. Y lo volvió a besar. Y justo cuando se lo introdujo en la boca miró de nuevo a Jorge, que se masturbaba con más intensidad cada vez, enormemente excitado ante la visión de su mujer practicándole una felación a otro hombre en su propia cama y ante sus propios ojos. Y después de cubrir y descubrir el sexo con su boca repetidamente, recorrió toda su longitud con la lengua hasta llegar a su base, donde no se detuvo. Recolocó su cuerpo para acceder más cómodamente a los testículos de David, que facilitó la operación levantando ligeramente la pelvis y abriendo sus piernas. Lidia, sin soltar el pene en ningún momento, saboreó alternativamente sus testículos, lamiéndolos con satisfacción, jugando con su lengua en el escroto, disfrutando sin ningún tipo de pudor, sintiéndose más sucia pero a la vez más excitada que nunca. Jorge no podía creer lo que veía. A pesar de haberle practicado una doble penetración vaginal a su mujer, la iniciativa había sido suya, pero ahora era Lidia la que dirigía la acción. La estaba viendo con su cara situada bajo el enorme pene de David del que parecía no querer separarse nunca, y eso le excitaba más de lo que nunca hubiera imaginado. Y ella lo sabía, y decidió dar un paso más. Se incorporó a la altura de los labios de David, y tras volver a besarlo, se separó ligeramente de él, y mirándole a los ojos le dijo: –“fóllame”.

    Se situó de espaldas al monitor y frente a Jorge. David se giró, y atrayendo a Lidia por la cadera, le abrió las piernas y la penetró con facilidad. Ahora Lidia alternaba sus miradas a Jorge con besos a David girando su cabeza. Éste la follaba profundamente mientras con su mano derecha masturbaba el clítoris con movimientos circulares. Jorge, todavía desde la puerta, podía ver perfectamente cómo el pene de David taladraba a su mujer, gracias en parte a que ésta abría las piernas adrede para facilitar la visión.

    –“¿Te gusta lo que ves?”– pudo pronunciar Lidia entrecortadamente, parte por la excitación, parte por las furiosas embestidas de David.

    –“Me encanta, cariño”– acertó a responder mientras ralentizaba su masturbación para retardar su orgasmo.

    –“¡Pues mírame!” – le retó.

    Y Jorge pudo observar cómo David agarraba el pecho de Lidia desde atrás, cómo besaba su cuello y dibujaba la cadera de la mujer con sus caricias, cómo el pene aparecía y desaparecía con rapidez, cómo ella cerraba los ojos mientras empujaba su culo contra la pelvis del monitor…

    –“Ven”– La voz ronca de Lidia lo despertó de la ensoñación en la que se encontraba, y se acercó a la pareja despacio. Ella se colocó ligeramente sobre David, siempre de espaldas a él, invitando a su marido a que entrara también en ella. Jorge se acercó a ambos y dirigió su pene hacia el sexo de Lidia, invadido aun por el de David que parecía ocuparlo en su totalidad. Pero la mujer, tomándolo con su mano, lo empujó hacia sí, entrando con cierta facilidad, ya dilatado por la doble penetración anterior. Cuando de nuevo de sintió plena, llena, soltó un largo suspiro, y mientras agarraba el culo de su marido empujándolo con fuerza, les ordenó: –“moveos”–. Y los dos machos coordinaron sus movimientos cuan baile sincronizado: cuando uno entraba, el otro salía, y así sucesivamente penetraban a la mujer que gemía extasiada.

    Jorge acercó su boca al oído de Lidia, susurrándole:

    –“me ha encantado verte follar”– le dijo al borde del orgasmo.

    –“lo sé”– acertó a responder ella. –“¿Quieres ver más?– le preguntó, adivinando sus deseos.

    –“¡¡¡me corroooo!!!” – aulló Jorge sin poder contenerse, eyaculando en la vagina de su mujer con fuertes espasmos y de forma abundante. La excitación que le produjo ver a Lidia con David le impidió aguantar más, y se apartó a un lado exhausto. Inmediatamente, Lidia se incorporó, y David salió de ella. Se acercó a su marido y lo besó tiernamente.

    – “¿Te importa que sigamos nosotros, cariño?” – preguntó.

    – “¡Claro que no!” – respondió Jorge, alentando a su mujer a que continuara su sesión de sexo sin él. La idea de ver a Lidia follando de nuevo con David le resultaba muy morbosa, y tenía una posición privilegiada para hacerlo.

    Ella cambió su posición, tumbándose de espaldas, y David aceptó inmediatamente la invitación colocándose encima. Acogió al monitor entre sus piernas, abrazándolo con ellas para facilitar una penetración más profunda, acompasando las embestidas con sus manos apoyadas en el definido culo de su amante. Ahora Jorge, tumbado de lado junto a Lidia apoyado en el codo, contemplaba cómo David prácticamente ocultaba a su mujer, de la que sólo veía sus piernas y brazos alrededor del sudoroso y musculoso cuerpo del monitor, que incansablemente continuaba embistiéndola.

    –“Dame la mano”– acertó a decir Lidia entre gemidos, reclamando el contacto con su marido, separando su mano izquierda del glúteo de David y agarrando la de Jorge con fuerza mientras era follada incansablemente por su amante.

    –“Jorge, me gusta que me mires mientras me folla, ¿lo ves bien?”– le habló Lidia entrecortadamente.

    – “¡Muy bien, y me encanta! – respondió, asombrado de ver su pene despertar una vez más ante tal visión. No pudo evitar acariciarse con su otra mano al contemplar a la pareja follando a su lado. Los pechos de Lidia se movían al ritmo que imponía David, cuyo culo seguía agarrado por la mano izquierda de su esposa, acompasando las embestidas del monitor. Ella se sorprendió al ver el pene de su marido desperezar de nuevo, considerando que había eyaculado pocos minutos antes, y se sintió doblemente satisfecha.

    –“¡¡Sigue, David, no pares!!”, gritó ella fuera de control sintiendo que su climax era inminente, mientras el monitor difícilmente podía contener su excitación sabiéndose también próximo al orgasmo, así que se lo anunció susurrándolo al oído: –“¡voy a correrme…!”–

    Lidia entonces volvió a sorprender a los dos hombres cuando contestó: –“¡¡córrete dentro, no salgas!!”– le ordenó mientras apretaba con más fuerza su mano Finalmente, David anunció su orgasmo con un gemido, inundando el sexo de Lidia, sin detener la penetración aunque disminuyendo su intensidad. Jorge se incorporó sin dejar de masturbarse, y pudo observar cómo las semillas de ambos rebosaban del sexo de su mujer cada vez que el pene asomaba casi en su totalidad, hasta que David se detuvo finalmente, apoyando su cuerpo sobre el de ella, regalándole a la vez un prolongado y cálido beso. Ésta respondió agradecida acariciándole la espalda y los glúteos con ambas manos para a continuación girarse hacia Jorge que justo en ese instante había vuelto a correrse en el momento en el que David se derrumbó sobre su mujer. Lo miró plenamente satisfecha:

    –“Te ha gustado ver cómo me folla, ¿verdad?” – preguntó.

    – “Sí, ha sido increíble”– respondió él, buscando la boca de su mujer para besarla con deseo.

    – “Me encanta ver cómo te masturbas mientras me ves follar…” – le confesó.

    – “Lo sé” – afirmó Jorge con una sonrisa en su cara.

    – “¡Eres fantástica, Lidia!”, la elogió David interviniendo en la conversación, para a continuación girarse y quedar tumbado boca arriba completamente exhausto.

    De nuevo quedó situada entre los dos hombres, sintiéndose como una auténtica reina entre sus vasallos, dominándolos a su capricho, teniéndolos a su entera disposición. Observó ambos penes, fláccidos, vencidos, húmedos, y se compadeció de ellos. Primero se introdujo en la boca el de Jorge, limpiándolo con cuidado para terminar con un cariñoso y delicado beso. Luego, tomó el de David en su mano, haciendo lo propio e introduciéndolo en su boca, esta vez sí, en su totalidad, comprobando esa mezcla de sabor de ambos sexos. Lo chupó como si se tratara de un delicioso caramelo hasta dejarlo reluciente e impoluto.

    –“¡Ya estáis limpitos y listos!” – afirmó dirigiéndose directamente a los sexos de ambos hombres ignorando adrede a sus propietarios.

    –“Os habéis portado muy bien, me habéis follado y os habéis corrido, así que ahora, ¡a descansar!” – dijo con malicia sin apartar la mirada del otrora enorme pene del monitor.

    Su vagina continuaba rezumando semen, así que decidió levantarse y corrió totalmente desnuda hacia el baño. Se metió en la ducha y dejó que el agua arrastrara los restos de la batalla que salpicaban todo su cuerpo. Tenía el clítoris tan hinchado que el simple roce del líquido elemento resbalando sobre él la estremecía. Se sintió tentada a acariciarse mientras las imágenes de las escenas vividas minutos antes retornaban a su mente, pero desistió. Levantó su cara hacia el agua y alargó la ducha más de lo habitual.

    Se envolvió en una toalla y tras ciertas dudas, decidió salir del baño. Estaba sola. En el suelo pudo ver un rastro de gotitas que sin duda ella misma había ido dejando en su precipitada huida. Regresó al baño, tomó un poco de papel énico y fue limpiando las manchitas delatoras hasta llegar a la cama. Se sentó en el borde y volvió a recordar lo sucedido mientras un estremecimiento le recorrió la columna vertebral. Jorge y David la habían hecho sentirse como nunca hasta ahora. Satisfecha, distinta, pero una sombra la acechaba. Había perdido el control, se había abandonado al placer… ¿Y ahora? ¿Cómo se sentiría Jorge? ¿Y David? ¿Volvería a verlo o desaparecería para siempre de sus vidas? Su mirada se detuvo en el consolador. Lo tomó entre sus manos y decidió volver al baño a lavarlo. Abrió el grifo y lo enjabonó recorriendo toda su longitud. Pensó que el de David era incluso más grande, e inmediatamente recordó que hacía escasos minutos ese miembro había sido suyo, de sus manos, de su boca… De nuevo se excitó, y un suspiro salió de su garganta mientras continuaba lavando el enorme dildo, pero sus movimientos eran ahora distintos, más rítmicos y suaves, simulando una masturbación. Se miró en el espejo y se asustó: no se reconoció; vio una mujer con una mirada lujuriosa, con un gesto lascivo que jamás se había imaginado poder adoptar. ¿Pero qué le estaba pasando? De nuevo se estremeció, pero en esta ocasión con intención de volver a la realidad, pues justo en ese instante se oyó la puerta de la entrada cerrarse. Salió del baño con la esperanza de que Jorge llegara solo…

    – “Hola, cariño, por lo que veo ya te duchaste”

    – “¿Y David?” –preguntó con ansiedad haciendo caso omiso al comentario de su marido.

    – “Vaya, ¿ya lo echas de menos?” – ironizó Jorge. – “Aunque veo que has encontrado sustituto”, apuntó Jorge mientras dirigía su mirada al consolador que Lidia aun tenía entre sus manos.

    – “¡¡Tonto!!” –exclamó su mujer sonriendo, sorprendiéndose de sostener aun el dildo.

    – “Insistió en dejarnos solos. Bajé a abrirle la puerta de la urbanización” – contesto Jorge mientras asía a su mujer por la cintura atrayéndola hacia él.– “¿Estás bien?” –le preguntó.

    – “Más que bien” – respondió – “Aunque deberíamos dormir; es tarde” –afirmó mientras tomaba a su marido de la mano dirigiéndose hacia la cama para colocar las sábanas aun revueltas.

    Jorge se desnudó de nuevo y se acostó junto a su mujer que ya yacía en la cama dándole la espalda. Se acercó a su oído y le murmuró – “te quiero, mi amor”.

    Lidia se giró y buscó los labios de Jorge con los suyos, dándole un largo y cálido beso para volver de nuevo a su posición anterior. Pero en su cabeza se proyectaban imágenes confusamente entremezcladas de todo lo sucedido anteriormente y no podía conciliar el sueño: se veía a sí misma atrayendo a David hacia ella para que la penetrara más profundamente, el perfecto cuerpo desnudo del monitor a su entera disposición, la eyaculación de los dos machos sobre ella, pero sobre todo, la imagen de Jorge masturbándose mientras otro hombre la penetraba sin descanso. Introdujo un dedo en su sexo y comprobó que parte del semen de ambos aun estaba ahí, y eso le gustó…

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  • El proceso de Violeta

    El proceso de Violeta

    Era su tercera visita a la casa y estaba emocionada.

    La puerta se abrió incluso antes de tocar el timbre, al cerrarla tras de sí y sin sacarse el abrigo comenzaron a fabricar un beso que aún duraba estando ya ambos desnudos sobre la enorme cama; Violeta tendida sobre su amante que la apartó un instante para preguntarle.

    .-¿Cómo estás?

    .-¡Contenta de estar contigo!

    Continuaron con ese beso mientras ella comenzaba a moverse de lado frotando su pelvis con el hirsuto sexo de su amante, que ansiaba penetrarla pero que esperó pacientemente que fuera ella quien tomara la iniciativa; el camino había sido tortuoso hasta llegar a ese punto y no quería que la magia se esfumara por unas prisas del todo innecesarias.

    Poco después la mujer separó la pelvis lo suficiente para guiar el sexo de su amante y fue bajando lentamente, para sentir como la invadían al mismo tiempo una sensación maravillosa y esa barra de carne que tanto placer le había proporcionado hasta el momento y que deseaba lo siguiera haciendo.

    Fue más que sexo, la comunión perfecta entre maestro y alumno, equilibrio entre pasión y cariño, un gran derroche de lujuria rodeada de las más delicadas muestras de entrega. Pasaron horas en una sucesión de momentos de ensueño; después de una primera tanda de orgasmos en que Violeta se dejó ir quedando a merced de Abel, que fue racionando sus embestidas para evitar correrse y hacerla llegar en repetidas ocasiones, por fin ambos llegaron al éxtasis al tiempo y con una explosión de júbilo quedaron abrazados y en silencio.

    Cuando Violeta se movió fue para quedar junto a Abel, tomándole una de las manos y a media voz comenzaron a charlar y aunque ella pretendía saber lo que los había llevado a estar juntos, él solo se dedicó a acariciarla y recalcar todas y cada una de las cosas que le gustan de ella y que a toda mujer gusta oír.

    Al rato fue ella la que retomó iniciativa y comenzó a besar el cuerpo de su amante, algo que nunca había hecho pero que le pareció oportuno, llegó al sexo y a pesar de que en las pocas ocasiones en que había tenido uno tan cerca de la cara no le había atraído en absoluto y más bien le había desagradado porque fue algo forzado; en esta ocasión lo miraba con curiosidad fijándose en cada pliegue de la piel, en cada oscura vena que la recorre por doquier y que a pesar de que le da una apariencia terrible la tenía fascinada.

    Acercó sus labios y comenzó a besarla con suma delicadeza primero y con ansia después, al comprobar la lógica reacción ante sus caricias, entonces y haciendo una pausa preguntó.

    .-Me gustaría saber cómo llegaste a mí. ¿Me lo contarás?

    Abel se resistía a abordar ese tema pero tenía claro que ante una petición tan directa no podía escabullirse.

    .-¿No te enfadaras al conocer la forma en que me he comportado contigo? Nunca pretendí perjudicarte.

    .-Eso ya lo sé tonto, pero quiero conocer todos los detalles. ¡Soy mujer!

    Ante todo, quiero que entiendas que a pesar de las mentiras y manipulaciones, todas estaban destinadas a llegar al punto donde nos encontramos y por ello seré sincero contigo.

    Una de mis aficiones, es escribir relatos eróticos que publico con mayor o menor fortuna en internet; me importa muy poco lo que opinen algunas personas pues lo hago porque es una forma de relajarme y al mismo tiempo plasmar algunas de mis vivencias y fantasías así como las de algunos lectores; en su mayoría mujeres, que contactan por e-mail y me cuentan sus asuntos.

    Hace unos meses recibí uno de esos correos de felicitación de un hombre que me preguntó si haría un relato respecto a una fantasía que tenía.

    “Sería un relato erótico en el que, después de más de 10 años de matrimonio, el marido comparte con su mujer su más secreta e intensa fantasía: Que ella le sea infiel con otro hombre, con un hombre mucho más dotado, mucho mejor amante que él”.

    Me pareció algo factible y acepté el encargo, unos días después le envié lo que había escrito y… AAAAAAaaaaaaaaa. En ese momento tuvo que parar, porque Violeta había seguido con sus manejos a pesar de que no se perdía detalle del relato y consiguió llevarlo al orgasmo y obtener su recompensa, un reguerón de semen resbalaba por su rostro y lo probó tímidamente al principio y lo fue relamiendo a continuación como el mejor de los manjares, al rato y algo más relajado aunque ella seguía en la misma posición; apoyando la cabeza en su abdomen y lamiéndole el desfallecido sexo, Abel prosiguió con su relato.

    Le envié lo que había escrito fruto de mi imaginación; donde relataba el camino recorrido por su esposa desde la tranquilidad y aburrimiento de la vida marital que ambos tenían, hasta colocarla en los brazos y cama del mejor de los amantes que nadie pueda imaginar; alguien que la trataba como una reina al tiempo que consiguió proporcionarle tanto placer que la hizo replantearse su forma de actuar respecto a su esposo; ese hombre que deseaba ser cornudo y conocer sus andaduras con otros para su propio placer.

    Hice en el relato que le envié, que ella, en un alarde de valentía y llevando la humillación al extremo le planteara una difícil disyuntiva que lo forzaba a tomar una decisión radical, el tipo quería ser humillado en la fantasía y eso quise hacer.

    O aguantas lo que tanto deseabas sin plantearme problemas o voy a un programa sensacionalista de televisión; donde cuento, aportando grabaciones de las muchas veces que me lo has pedido; eso de lo que me acusas y que ahora que has conseguido no quieres admitir, todo antes de que me ates por otros diez años con tu forma de tratarme.

    Si las niñas han de pasar por algún tipo de vergüenza o sufrimiento al menos que sea por una buena recompensa y me consta que mi amante será un buen referente para ellas.

    Evidentemente al tipo no le gustó la forma en que resolví el tema y me pidió que lo desarrollara de otra forma, aportó más datos sobre su relación, asegurando que todo lo contado pertenecía a su vida real. En ese punto, Violeta comenzó a moverse situándose encima de Abel y acuclillándose encima de él comenzó a penetrarse sin apartar la mirada; esa mirada de satisfacción que solo pueden lucir quienes son felices de verdad.

    Tomó las manos de Abel y las apretó contra sus pechos y comenzó a botar con un ritmo infernal hasta alcanzar un escandaloso orgasmo que Abel no dejó terminar al hacerla caer de lado y tomar las riendas de la situación, continuando con enérgicos caderazos a los que Violeta respondía con sonoros jadeos. No fue hasta que consiguió hacerla llegar en otras cuatro ocasiones en medio de tremendos espasmos que acentuaban más si cabe su placer, que Abel se permitió terminar vertiendo en ella su esencia, que a pesar del tute que llevaban no era tan escasa como cabría imaginar, esa sensación; notarse llena del viscoso liquido causaba una gran satisfacción en Violeta que estaba acostumbrada a poco sexo y siempre con preservativo. Quedaron como en las ocasiones anteriores abrazados, besándose como si no hubiera un mañana y es que era lo que más necesitaba Violeta, algo que nunca imaginó y que al poco de conocerse Abel averiguó; carecía de esa especial atención que toda mujer merece y necesita, ese cariño que nada tiene que ver con el amor; tan solo con la estimación que revierte en la autoestima. Los agradables 25 grados de la estancia no hacía necesario abrigarse, pero un repentino escalofrío recorrió el cuerpo de la mujer y Abel tiró de la ropa de cama para cubrirse ambos y después abrazó a Violeta que se acurrucó en él instándolo a continuar.

    Entonces, fue cuando me contó el tipo de sexo que teníais o más bien que no teníais.

    Por favor, sigue contándomelo como si se tratara de perfectos desconocidos, quiero verme desde fuera.

    Entonces fue cuando me contó algunos detalles del tipo de relación que mantenía con su esposa, al preguntarle si tenía cuentas de correo y Facebook, me las facilitó sin preguntar para que las emplearía, con la complicidad de mi amiga Nuria que vive en Tarragona a quien puse al corriente de mi plan; empleando su imagen para la cuenta de correo y su cuenta de Facebook trabé contacto con la esposa, al principio me costó que se soltara y confiara lo suficiente en mí, pero al exponerle mi ficticio caso conectamos.

    Le conté, que desde que nos casamos solo tenemos sexo dos o tres veces al mes y eso me parecía bien porque mi esposo no exigía más, pero cada vez me resultaba más duro soportarlo y durante tiempo pensé que era una obsesa al querer mucho más; una amiga me mostro una página de internet donde se hablaba de sexualidad y comprendí que de haber un enfermo se trataba de él.

    Como imaginaba, sus respuestas me indicaban que lo contado por su esposo era cierto y ellos tenían muy poco sexo; tardó unos días a confesármelo y cuando lo hizo me deshice en disculpas tratando de ser lo más creíble posible y reiterando que no había sido mi intención violentarla, su respuesta fue la esperada y se interesó por mis siguientes pasos.

    Después de confesarle, que en la única época en que había tenido buen sexo fue cuando decidimos tener una criatura; durante unos meses teníamos sexo al menos tres veces en semana y sin preservativo, ella coincidió en que una de las cosas que más la desalentaban era precisamente ver como preparaba el preservativo sobre la mesilla anunciando así que esa noche “habría fiesta” pero al terminar, invariablemente después de despojarse del condón se daba la vuelta y se quedaba dormido sin decir palabra, además en cuanto quedó embarazada y lo comunicó a la familia alguien que no especificó le había dicho.

    Ahora nada de marranadas porque se puede malograr el feto.

    Ni que decir tiene que eso me pareció escandaloso, pero era la forma de pensar de quienes la rodeaban y no quise chocar frontalmente con ellos y le conté que algo semejante me había dicho “mi esposo” para eludir su responsabilidad como tal y justificar la falta de sexo, con el siguiente embarazo tuve menos suerte, pues si bien con el primero tardé casi seis meses en quedar embarazada, con el segundo enganche al primer mes y eso acortó el tiempo de buen sexo sin preocupaciones.

    Cuando deje de amamantar al pequeño, mi esposo ya no tenía excusa para seguir apartado pero continuó con su dieta de solo un par de polvos al mes.

    Como si no tuviera importancia, le conté que me había comprado algunas cosas para satisfacerme pues me aterraba pensar siquiera en tener una aventura y terminar separándome si me descubría.

    Ella me preguntó.

    .-¿Qué tipo de cosas?

    Y le hable de “las bolas chinas” que hacía unos meses que empleaba a diario y de un huevo vibrador que solo podía emplear en la intimidad del baño de casa; lo guardaba todo en un cajón con los utensilios de costura; un lugar donde él no miraría ni en un millón de años.

    Unos días después me confesó que había entrado en un sex shop virtual solo para satisfacer su curiosidad y conocer de primera mano que es lo que se podía comprar y como eran en realidad esos objetos, unas semanas después me envió algunas fotos de lo que había comprado y muy orgullosa me dijo que ya lo había estrenado, se trataban de lo mismo que yo le había comentado; unas bolas chinas y un huevo vibrador con mando a distancia.

    Hasta la siguiente semana no saque el tema de los anticonceptivos y fue de una forma casi fortuita aunque estaba muy bien planeada.

    En ese punto Violeta dijo.

    Tengo hambre, esta mañana solo he tomado un café y he venido directamente desde casa. ¿Tienes algo? Es que no sé si aguantaré hasta la hora de irme con el tute que levamos y lo que nos espera todavía.

    ¡Tengo unas pizzas! En realidad tengo más cosas pero creo que lo más rápido será poner un par en el horno y en unos quince minutos podemos estar comiendo. ¿Te apetecen unas croquetas? Son caseras, de pollo y jamón; me salen muy buenas.

    Sácalas y las frio en un momento.

    De eso nada preciosa, eres mi invitada y me toca a mí servirte como mereces, el día que estemos en tu casa ya harás lo que quieras.

    Abel puso el horno en marcha y una sartén en el fuego, mientras se calentaba el aceite dispuso las dos pizzas cortadas a cuartos para que cupieran en la bandeja y en cuanto llegó a 140º la metió para que se fueran haciendo, el aceite ya chisporroteaba y comenzó a colocar las croquetas que fue friendo de tres en tres para evitar que se enfriara el aceite y se reventaran.

    Entretanto, extendió mantequilla sobre unas rebanadas de pan de molde y preparó pepinillos troceados, atún y pedazos de jamón picado y unas anchoas, después troceó el pan en pequeñas porciones distribuyó lo picado por encima con cierto orden y los colocó en una bandeja; había preparado unos canapés en unos instantes y como había dicho solo unos minutos después estaban sentados a la mesa dispuestos a comer.

    ¿Cómo te las apañaste para disponer de todo un día para nosotros?

    Le dije a mi marido que tenía que hacerme una analítica y por eso debía salir tan pronto de casa y que llevara el a las niñas a la escuela, en la empresa me he tomado uno de mis días para asuntos personales; me quedan otros dos y alguno más que conseguiré si trabajo algún sábado por la mañana, o quedándome alguna hora más por la tarde o a mediodía.

    Después de atacar su primer pedazo de pizza y tomar un trago de vino Violeta dijo.

    Ya. Ya puedes continuar porque está muy interesante.

    Parecía que no fuera con ella por la expresión de curiosidad y Abel continuó desde donde lo había dejado, ambos vestían albornoces y se sentían cómodos.

    Comencé a tomar anticonceptivos orales y cuando llevaba dos meses le dije a mi marido que el médico me lo había recomendado para regularme la regla y además ya no haría falta emplear condones.

    Dejamos de emplearlos pero no sirvió de mucho ya que no se esforzaba en darme más sexo ni me permitía que yo le hiciera nada nuevo.

    Le comenté a Violeta “desde que comencé a usarlos me siento aún más excitada que antes y necesito masturbarme con más frecuencia aunque no es lo habitual; dicen que el apetito sexual disminuye pero la sola idea de que podría tener sexo cuando quisiera me enardece”

    ¿No quieres intentarlo?

    A pesar de que en internet se lee lo contrario puede que te suceda como a mí, y perder el miedo a un embarazo te ayude a sentir la necesidad de más sexo y entonces tu vida en general mejorará.

    Su respuesta a este asunto tardó en llegar y me sorprendió gratamente. Entretanto, continuamos charlando de otros asuntos, como lo eran las masturbaciones en el trabajo, yo le contaba que solía ir al baño a media mañana mientras mis compañeras compartían un café, y así desahogarme y poder afrontar el resto de la jornada.

    Una mañana le comenté que había conocido a un tipo en Facebook que me parecía muy simpático además de excitante por la forma de hablarme. Reaccionó con curiosidad pidiendo que le contara con detalle el contenido de nuestras conversaciones y logre ponerla cachonda con el relato de una de esas sesiones de chat en que nos masturbamos mientras estábamos en línea y por fin me confesó.

    He comenzado a tomar la píldora que me recomendaron en planificación familiar y me siento rara, los primeros días no noté nada, pero ahora, estoy deseando llegar a casa para jugar un rato con los aparatitos que compré y algunas noches incluso me masturbo en silencio junto a mi marido, pero la repulsión que siento hacia él se ha acentuado.

    Pocos días después le conté que había hecho una locura; había quedado con mi admirador de Facebook porque comentó que tenía que viajar a Valencia por negocios desde Barcelona que es donde reside.

    Le referí con detalle donde y como nos encontramos, y todo lo que hicimos en la mañana que pasamos juntos; estaba pletórica y Violeta se contagió del entusiasmo llegando a donde yo quería desde hacía meses y preguntó.

    ¿Cómo se llama ese hombre? ¿Crees que podría conocerlo aunque solo fuera por chat? Me siento muy rara. Creo que estoy. ¿Cómo te diría? ¿Celosa? ¡No! No es eso. Más bien se trata de envidia sana.

    Saber que alguien es capaz de hacerte sentir así es impensable para mí y por ello me gustaría probarlo alguna vez, pero sería incapaz de conectar con alguien así yo sola. ¿Me quieres ayudar? Es evidente que no te lo voy a robar; cuando viaje a Valencia será todo tuyo pero mientras esté en Barcelona podríamos vernos alguna vez.

    Sin que se notara demasiado mi entusiasmo le respondí que no había inconveniente en comentárselo a Abel, que así es como se llamaba el tipo y poco después comenzaron las comunicaciones directas entre los dos.

    Ahora ya sabes cómo conseguí interesarte. ¿Serás capaz de perdonarme?

    Naturalmente, y espero que me hagas feliz por mucho tiempo; ya sé que no se trata de amor ni es lo que pido, pero sí que me hagas vibrar y me permitas aprender a tu lado.

    Diciendo eso, Violeta comenzó a moverse hasta quedar arrodillada en el sofá con el culo en pompa, apartó los cachetes con sus manos y le pidió que no fuera demasiado considerado.

    Antes de conocer a mi marido, tuve un novio con el que nunca llegue a follar pero me enculaba cada vez que podíamos; al conocer a mi esposo eso se terminó y jamás tuve sexo anal; él lo considera una aberración y yo, yo creo que de haber seguido por ese camino nuestra vida sexual sería muy distinta.

    Abel no se lo pensó, de una zancada se aproximó a la mesa y tomó el tarro de la mantequilla, y como en el “Último tango en Paris” la empleó para lubricar la zona y los dedos con los que fue haciendo un masaje, primero con uno y después con dos hasta que pensó que ya podía iniciar la penetración, al principio le costó un poco pues no quería lastimarla, pero en cuanto el capullo rebasó el anillo anal fue ella la que culeó para ensartarse en el vástago que Abel que no reculó en absoluto.

    Sujetándola por las caderas inició un bamboleo cada vez más feroz oyendo a Violeta como jadeaba y trataba de recuperar el aliento pues parecía que le costara respirar; así siguieron hasta alcanzar un escandaloso orgasmo.

    Abel continuó y consiguió verterse en ella unos minutos después y se derrumbaron sobre el sofá sin salirse y respirando trabajosamente ambos.

    Al rato fueron al baño y después de tomar una ducha se vistieron; se acercaba la hora de regresar a casa.

    ¿Cuándo te veré? Aún no te has ido y ya te echo de menos.

    Desde hace semanas hablo en casa de la despedida de soltera de mi inexistente amiga Inés que será el próximo sábado, nos veremos donde me digas pero me gustaría que me llevaras donde se te ocurra antes de regresar aquí.

    No te apures porque te daré una buena sorpresa.

    La acompañó como las otras veces hasta la esquina anterior de su casa y se despidieron con un fugaz beso.

    Quedaron en encontrarse el sábado a las nueve donde la solía dejar y de allí fueron a un bar musical donde tomaron unas copas; Violeta estaba espectacular con un vestido que insinuaba más que mostrar sus gracias y Abel se complacía de que otros hombres y mujeres la admiraran, fueron hasta un bufet y picaron algo; ella se sentía especial y es que también se daba cuenta de cómo la miraban y eso sube la autoestima a cualquiera.

    Al rato, llegó un grupo que si estaban celebrando una despedida de soltera y se unieron a ellos en los brindis; entregándole el móvil a Abel les pidió si podía tomarse algunas fotos con ellas y le colocaron una diadema, la rodearon y abrazaron como si fueran amigas de toda la vida y Abel tomo una docena de fotos poniendo caras muy simpáticas.

    El ambiente era propicio para lo que Abel había pensado y bailando llegaron cerca de una columna, sin dudarlo apoyó a la mujer contra ella y le bajó el vestido dejándolo arrollado en la cintura besando sus pechos sin ningún recato; fue tal la sorpresa de Violeta que no reaccionó y se dejó llevar por el momento, después, Abel apartó lo que le estorbaba y la penetró allí mismo de pie.

    Dos de las chicas de la despedida, vieron la situación y se colocaron a los lados de espaldas como parapeto y así Abel logró que Violeta alcanzara uno de los orgasmos más escandalosos de su vida pero sus jadeos y gritos se confundieron con el ambiente ruidoso del local, mientras se recomponía la ropa una de las chicas les dijo.

    .-Si mi hombre fuera capaz de algo así sería la mujer más feliz del mundo.

    A lo que Violeta respondió oyéndose como si hablara otra persona.

    Si mi hombre me hiciera algo así, no me lo tendría que hacer este otro. Busca a quien te satisfaga y disfruta, porque la vida son cuatros días y “la mitad sale lloviendo”

    Las chicas estallaron en una carcajada y se despidieron regresando con el grupo; al parecer lo contaron a algunas de sus amigas porque las siguiente tres copas estaban pagadas, poco antes de las doce marcharon para casa de Abel, al entrar Violeta le hizo una petición.

    Quiero que me hagas un reportaje fotográfico con mi móvil. Estoy harta de que mi marido me espíe y cuando lo haga quiero que se lleve una sorpresa.

    Le entregó el móvil, puso algo de música y comenzó un estriptis de lo más sensual; incluso ella se sorprendió de cómo lo hacía pero es que entre los últimos cambios en su vida y las copas estaba más que motivada para lo que estaba haciendo. Abel no perdía detalle ni la oportunidad de captar lo más relevante de cada momento.

    Tan solo ataviada con el diminuto tanga, se arrodilló entre las piernas de Abel y comenzó a jugar con su verga que sacó sin dificultad a pesar del tamaño; él estaba encantado por el giro que estaba tomando la situación; no le importaba tanto el sexo que tuvieran o no esa noche como el paso que la mujer iba a dar; le plantaría cara al esposo y además de una forma ingeniosa.

    Violeta se recreó lamiendo y relamiendo el capullo antes de tratar de engullirlo; para sorpresa de Abel logró llevarlo hasta el fondo de su garganta sin apenas problemas y se fue follando la boca hasta lograr que descargara su esencia que fue tragando mientras pudo y el resto fue a parar sobre el rostro, los pechos y al mostrar la lengua se veía una gran cantidad que paseo adentro y afuera hasta que la hizo desaparecer.

    Ella se puso en pie y tirando de las manos de Abel fueron a la habitación, allí lo desnudó y le hizo tender en la cama, se colocó a su lado y estuvo besando su cuerpo hasta conseguir otra buena erección, entonces se acuclilló encima y le dijo que tomara una serie mientras se ensartaba.

    Después de tomar esas fotos solo se dedicaron a follar; Violeta sacudía la cabeza mientras Abel no le permitía terminar un orgasmo y con gran crueldad lo encadenaba con otro y otro y otro más, el, se corrió en dos ocasiones pero recurrió a la masturbación para mantener la excitación en la mujer y no dejar que se relajara en absoluto, quería y consiguió que esa noche fuera inolvidable y que ella deseara rememorarla en el futuro. Rendidos al fin, quedaron tendidos en la cama uno junto al otro con las manos entrelazadas y respirando trabajosamente.

    ¿Seguirás siendo tan bueno conmigo dentro de unos meses?

    Todo depende de que quieras que lo sea. Estoy dispuesto a hacerte la mujer más afortunada del mundo y a tu esposo el mayor de los cornudos ya que es lo que ambos deseáis con tanto ahínco.

    Ahora que estamos descansados tómame algunas fotos más de cuerpo entero.

    Después se colocó detrás de Abel y rodeando su cuerpo, con las manos le agarró la polla con ambas y aún asomaba el capullo, tomo varias más a instancias de la mujer antes de que se arrodillara sobre la cama y tras apoyar la cabeza en la almohada pedirle que la sodomizara pero documentando al menos los inicios.

    Abel no se hizo de rogar y tomo varias fotos mientras paseaba la verga arriba y abajo, y después mientras ella la guiaba fue sacando más hasta pegar su pelvis a los cachetes de ella.

    Soltó el móvil para sujetarle bien por las caderas y le fue dando hasta que se vació por completo, sin tener la certeza de cuantas veces más se había venido ella; de no conocer sus vivencias anteriores y estar convencido de que eran ciertas, cualquiera dudaría de que unas semanas antes, esa mujer solo tenía sexo una vez cada dos; había sido un acierto tomar esa pastillita azul antes de salir del bar y evitar tomar alcohol.

    Se quedaron en la cama un rato como adormecidos, pero en realidad ambos en silencio estaban dando un repaso a lo vivido últimamente.

    Decidieron dar la jornada por terminada y se dieron una ducha en que Abel se dedicó a lavar amorosamente a esa mujer con la que tan bien se encontraba, se secaron y mientras se vestían ella le dijo.

    ¿Me permites emplear tu ordenador? Quiero hacer algo y solo será un momento.

    Levantó la tapa y lo puso en marcha, al ser personal no tenía contraseña, Violeta se sentó frente a él y descargó las fotos que se habían hecho esa noche y unos minutos después dijo que había terminado; marcharon y la dejó donde la había recogido unas horas antes. Eran poco más de las siete de la mañana del domingo.

    Entro en casa y Julián su esposo la estaba esperando en el salón con evidentes muestras de no haber dormido.

    ¿Cómo es que vienes tan tarde? ¿Qué te ha pasado? Pensaba que llegarías a la una, o quizás a las dos a más tardar. ¿No recuerdas que les dijimos a las niñas que iríamos al zoo esta mañana?

    Voy a darme una ducha, claro que recuerdo que tenemos que ir al zoo con las niñas pero estaba tan bien que me ha costado regresar

    Con muy mala sangre Julián preguntó.

    ¿Ligaste? Porque esas salidas de mujeres solas es una buena oportunidad para ligar.

    Ella le respondió que le habían tomado unas fotos y que las podía ir viendo mientras ella terminaba de darse la ducha; que había borrado las anteriores y todas eran de esa noche; abrió el agua a tope para despejarse totalmente, consciente que pronto aparecería Julián para pedir explicaciones que tenía dispuestas de antemano.

    Julián se quedó helado cuando vio las primeras fotos del estriptis de Violeta, pero a medida que iba pasándolas y aparecían las siguientes un temblor se apoderó de todo su cuerpo y cuando pudo reaccionar fue al baño y preguntó que significaban esas fotos.

    ¿No eres capaz de reconocerlo tú solo? Ligue y tengo un amante como me aconsejaste durante tanto tiempo.

    ¿Pero cómo? Si eres incapaz de algo semejante. Siempre decías que nunca lo harías. ¿Cómo me haces algo así?

    Chico no hay quien te entienda. ¿Querías o no querías? Bueno, ahora ya no tiene remedio, Abel es sensacional y seguiré con él mientras me lo permita, pero si algún día nos cansamos el uno del otro ya sé cómo conseguir un sustituto.

    ¿Acaso piensas que no tengo nada que decir?

    Solo felicitarme por tan buena elección. ¿Te has fijado que polla tiene? Eso sí que es una buena polla y no lo que tienes tú. Pero que le haremos, cada uno tiene lo que tiene o lo que le prestan y como ves, esa está a mi entera disposición.

    No permitiré que sigas con esto, te echaré de casa si no lo dejas y esas fotos las voy a borrar ahora mismo, no quiero verlas nunca más.

    No te esfuerces, antes de venir las he guardado en la nube y además las tengo en un álbum personal en mi cuenta de Facebook que si prefieres puedo hacer público, en cuanto a eso de echarme de casa piénsalo bien; has sido tu quien me ha pedido por activa y por pasiva que tuviera un amante y te contara lo que hacía con él, con eso me has martirizado durante meses y por fin lo has conseguido.

    Te recuerdo que soy ordenada y minuciosa. Tengo varias grabaciones donde me instas a tener un amante y aunque en España el adulterio ya no está penalizado, esas historias se pagan muy bien en algunas cadenas de televisión y el cuarto poder en realidad para mucha cosas es el primero

    ¿De donde has sacado esa idea? Lo he leído en algún sitio pero no recuerdo donde.

    Lo escribieron en el primer relato que te hicieron con lo que contaste de nosotros y que tan mal guardaste, ahora creo que es una idea excelente y la hago mía por si la necesito.

    Dime al menos donde lo conociste y como os encontráis, lo he sabido porque me has dejado ver estas fotos pero de otro modo me habría sido imposible.

    Algunas tardes no voy al gimnasio; recuerda que salgo tarde algunas noches, también las mañanas de sábado que he de ir a terminar alguna cosa, y esas veces que voy de compras y regreso furiosa porque no he encontrado lo que buscaba. Todos esos momentos son ideales para disfrutar de buena compañía.

    Nunca habría imaginado que fueras una mujer tan ardiente, ahora podremos tener una vida sexual plena y bien pensado ha sido una suerte que ese hombre te abriera los ojos y te preparase para mí, te perdono pero no vuelvas a verlo nunca más.

    No te equivoques, no hay nada que puedas perdonar porque no he hecho más que seguir tus indicaciones, y no creas que tendrás algo de eso que has visto, nosotros seguiremos como hasta ahora y como mucho te contaré algunas de las perrerías que me hace Abel pero solo para que te la peles pensando lo bien que me lo paso, y ahora despierta a las niñas mientras me visto porque tenemos que desayunar antes de irnos.

    Eres perversa, pero quizás esa sea la condena por el tiempo que he tratado de que tuvieras un amante pensando que eso lo arreglaría todo. ¿De verdad no me darás ni un poco de eso tan rico? ¿Ni una mamada? Con eso sería suficiente.

    A lo sumo que puedes aspirar, es a lo que se proponía en aquella primera versión del relato de nuestras vidas, que me hagas sexo oral; aunque nunca has sido partidario de hacerlo será una forma de que pases más tiempo con mi sexo cerca de ti y puedas pajearte después de terminar, follaremos alguna vez pero seguirás empleando condón.

    Las cosas se ponían difíciles para Julián y es que no se puede jugar con fuego si no se está dispuesto a quemarse de vez en cuando.

    Violeta tomo el control de su vida y salía cada mes al menos dos sábados por la noche y regresaba de madrugada, los otros dos sábados tenía que ir al trabajo para terminar algunas cosillas y cada vez que se le ocurría llegaba a casa algo más tarde de lo habitual y siempre congestionada, en cuanto a Julián se hizo un experto en sexo oral y un gran pajillero pues tenía suerte los meses que mojaba dos veces y siempre con condón y entre bostezos y criticas de Violeta que siempre comparaba su “pichilla” con la enorme polla de Abel.

    Por su parte, Abel seguía siendo el principal amante de Violeta pero supo que se había fijado en un joven; una tarde mientras descansaban le preguntó y ella lejos de negarlo le confirmó que estaba “preparando a un chico” para que la follara como le gusta, aunque quería seguir viéndose con él mientras quisiera estar a su lado.

    Entre unos y otros habían creado un monstruo, pero Violeta es quien mejor se lo pasa.

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