Blog

  • Esa no es tuya

    Esa no es tuya

    Se despertó con la sensación de haber dormido más horas de lo habitual, de haber descansado profundamente. Poco a poco se fue desperezando, y lo primero que hizo fue comprobar si Jorge estaba junto a ella. Efectivamente, era más tarde de lo normal. Su marido no estaba, y el sol incidía sobre la pared situada frente a la ventana, entrando por una pequeña rendija de la persiana que no acababa de cerrar bien. Los recuerdos de la noche anterior se agolparon de repente en su cabeza: cómo se abandonó al placer, cómo se había comportado de una manera que jamás se hubiera imaginado, cómo tomó la iniciativa y fue poseída por dos hombres, cómo Jorge la observaba mientras David la hacía suya… David.

    No sabía exactamente qué sentía. Amaba a su marido, pero David le gustaba. ¿Y cómo no le iba a gustar? Alto, guapo, musculoso… Y follaba muy bien… ¿Follar? ¡Qué expresión! Ella nunca la utilizaba, pero lo había hecho la noche anterior, y ¡de qué forma! De pronto se acordó que aun tenía el semen de ambos machos dentro de ella, pues aunque se duchó, evitó lavar su intimidad. Levantó la sábana e introdujo un par de dedos en su vagina, notándola aun empapada, lubricada… Y las sensaciones de la noche anterior volvieron a ella como una oleada de calor que recorrió su cuerpo por completo.

    Recordó cómo David le ofreció una degustación de la mezcla del esperma de sus dos amantes, y sin pensarlo, acercó sus dedos a sus labios, encontrándose con su lengua asomando entre ellos. El sabor de la humedad era inequívoco: la semilla de Jorge y David aún estaba dentro de ella. Al momento, toda esa oleada de calor se agolpó en su sexo, y no pudo evitar excitarse y llevar sus dedos al clítoris. Comenzó a acariciarse en círculos, abriendo ligeramente sus piernas.

    Con su mano izquierda tiró de las braguitas hacia abajo hasta dejarlas a la altura de las rodillas, y luego subió su camiseta por encima de los pechos, dejándolos al descubierto para poder juguetear libremente con los pezones, que empezaban a endurecerse por momentos. En su mente se dibujó entonces una escena de la noche anterior: mientras hacía suyo el pene de David, Jorge se masturbaba de pie en el quicio de la puerta del dormitorio, puerta que estaba contemplando en ese mismo instante. Retiró momentáneamente sus dedos, y con ambas manos se quitó primero las braguitas y luego la camiseta, quedando completamente desnuda.

    Se giró hacia la derecha y abrió el primer cajón de la mesilla de su marido, donde guardaban el consolador, su juguete nocturno, su cómplice. Lo miró divertida, y pensó que efectivamente, tal y como Jorge dijo, la de David era aún mayor. No se entretuvo más, y agarrándola de los testículos se la introdujo con facilidad. Cerró sus piernas y de nuevo comenzó a acariciar su clítoris, esta vez con más presión. Una vez más recordó escenas de la noche anterior, y su excitación fue en aumento. “¡Fóllame!”, llegó incluso a ordenarle a David. ¡Ella, la recatada Lidia! No se lo podía creer, pero era cierto.

    Su respiración comenzó a agitarse, su pecho parecía ser la superficie del mar a merced del viento. “¡Córrete dentro!” Otras palabras que ella había pronunciado y que le parecían tan extrañas, tan sucias, y además no iban dirigidas a su marido… Pudo escucharse gemir, cada vez más rápido, más intensamente. Sus dedos aceleraron los movimientos, su pelvis se agitó; abrió las piernas ligeramente, lo suficiente para acceder a los testículos del dildo, agarrándolos e iniciando un movimiento que simulaba una penetración. Y estalló. Un enorme orgasmo llegó a ella a la vez que los gemidos dieron paso a un grito descontrolado que inmediatamente reprimió.

    Sudaba, se convulsionaba, y su cuerpo pareció dejar de responderla súbitamente y volverse mucho más pesado. Sus caricias se volvieron suaves y lentas, y poco a poco comenzó a extraer el consolador de su sexo. Estaba empapado, y tras sacarlo completamente, lo observó, y en ese momento deseó que fuera realmente el de David; lo acercó a su boca, lo lamió con lascivia y su sabor le resultó familiar…

    Jorge levantó su mirada hacia la terraza del apartamento, y asomada a ella pudo ver a Lidia. Volvía de dar un paseo, desayunar y comprar el periódico. No quiso despertar a su mujer después de la agitada noche anterior, y además necesitaba despejarse. Él también estaba confuso: había preparado una cita sexual a su propia mujer, aunque él también participó activamente. Pero ya no era el único hombre que la había poseído, el único macho que la había penetrado. Esa sensación que sentía lo confundía pero lo excitaba al mismo tiempo.

    Y además, le preocupaba cómo lo iba a asimilar su mujer, que en unas horas había pasado de ser una hembra de un solo macho en toda su vida a practicar un trío en toda regla, usando un lenguaje y con una actitud impensables en ella. La saludó con la mano y se dirigió al portal. En la piscina ya estaban muchas personas aprovechando el magnífico día, con el sol acercándose a lo más alto.

    –“Hola cariño, no te quise despertar”– Apenas pudo terminar la frase antes de que Lidia se abalanzara sobre él, abrazándolo con ímpetu y besándolo con cariño.

    –“Gracias, mi amor”– Le dijo tras liberar momentáneamente sus labios.

    –“¡Vaya, qué buen recibimiento!”–bromeó, buscando de nuevo la boca de su esposa. Sintió que su excitación aumentaba con el roce del vientre de su mujer contra su sexo, algo de lo que se percató Lidia inmediatamente.

    –“Parece que nuestro amiguito quiere más guerra, ¿eh?”– bromeó agarrando el pene de Jorge por encima del pantalón.

    –“Mmmm… No me provoques, que no puedo ir así al tenis, menudo espectáculo iba a dar” – comentó medio en serio medio en broma, pero sin soltar aun a su mujer.

    Al recordar que efectivamente se acercaba la hora en la que Jorge acudía a la clase, de nuevo se sintió algo violenta. El nombre de David retornó a su cabeza, e inmediatamente aflojó su abrazo y soltó el miembro de su marido…

    –“Tienes razón” –apuntó mientras sonreía. –“Te dejaré tranquilo un rato, así que no te canses mucho, por si acaso”– dijo mientras le guiñaba pícaramente el ojo.

    –“Mira que hago “pellas” hoy, ¿eh?”– le gritó desde la puerta pues Lidia se había metido en el baño.

    –“Ve, anda, luego tendremos tiempo para todo. Mientras bajaré un rato a la piscina” –respondió ella con el mismo tono amortiguado por la cerrada puerta que los separaba.

    Ambos habían obviado hablar directamente de lo sucedido la noche anterior, pero con sus mensajes indirectos lo daban por bueno. Probablemente el tema saldría en el momento en el que volvieran a hacer el amor. “Follar” –como siempre decía Jorge. “Nosotros follamos. El amor lo hacemos el resto del tiempo que estamos juntos.” –solía decir no sin razón, según Lidia.

    Cuando salió del baño, Jorge ya no estaba. Le había oído gritar algo justo antes de escuchar la puerta cerrarse. “Ahora verá a David” – pensó.– “¿Hablarán de lo de ayer? ¿Volverán a acordar otra cita?”.

    Intentó olvidarse de ello, y terminó de preparar el bolso de baño. Se puso el pareo sobre el bañador, tomó la tumbona, salió del apartamento y de dirigió a su lugar preferido, bajo un sauce y cerca de una de las duchas, donde se fijó en David por primera vez. Otra vez David. Ese nombre la perseguía a cada momento, no podía terminar de despejar su mente del todo, pues a cada momento, palabras, lugares o simplemente recuerdos lo devolvían a su mente. Una vez más, intentó centrarse en lo que estaba haciendo: comenzó con su ritual habitual, dejó el bolso y la tumbona, tomo ésta, la desplegó, se quitó el pareo, tomó el libro que seguía leyendo y se acomodó.

    Al cabo de unos minutos notó cómo alguien colocaba su toalla cerca de ella. “Vaya fastidio” –pensó. “¿No tendrá sitio que tiene que ponerse justo aquí?” –se preguntó incómoda. Giró su cabeza hacia la derecha a ver quién osaba incomodarla, y ahí estaba David, empapado, con el torso desnudo, recién salido de la piscina, sonriéndola abiertamente. “Buenos días, Lidia, ¿cómo estás?” –saludó jovial.

    –“¿Pero qué haces aquí?” –acertó a preguntar, tan sorprendida como molesta. “¡Jorge se marchó a las pistas hace un rato!” –apuntó algo violentada. –“Parece que te he molestado, Lidia, discúlpame. Si quieres me marcho.”– respondió el monitor.

    –“¡No, no es eso!, –replicó ella. –“Es que no esperaba verte ahora por aquí” – contestó mientras notaba que se ruborizaba como una inocente colegial.

    –“Aun no tengo el tobillo bien. Voy a descansar unos días, por si acaso” –le explicó David mientras se recreaba en el cuerpo de la mujer que había sido suya hacía pocas horas.

    –“¿Pero entonces Jorge…? –se preguntó Lidia en voz alta sin entender qué sucedía.

    –“Mi compañero Serge me suplirá hasta que me recupere” – le explicó sonriendo. “Así que tengo también unas pequeñas vacaciones y todo el tiempo del mundo” –comentó mientras se colocaba de lado mirando hacia Lidia.

    –“Mira que bien” –respondió volviendo su atención de nuevo hacia el libro, fingiendo ignorar su presencia, aunque en el fondo se encontraba terriblemente nerviosa, incómoda, pero también excitada. Una vez más, esa oleada de calor que no podía controlar la inundó y se centró en su sexo. “Menos mal que me he puesto un salvaslip” –pensó. –“¿Qué querrá? ¿Por qué se habrá puesto a mi lado? ¿Y si Jorge viene y nos ve, quizás no le parezca bien”– su mente bullía en mil preguntas sin respuesta. –“A lo mejor, si me voy y tardo en regresar, se aburre y se marcha” –pensó. “No quiero estar a solas con él, aunque anoche…” –recordó.

    Y es que cuando Jorge los dejó un momento, ella masturbaba al monitor mientras él le daba a probar una gotita del semen de ambos. No pudo evitar una sonrisa por sentirse más incómoda ahora que ayer. Decidió levantarse con un súbito impulso. –“Voy al baño” – dijo sin mirarlo, y se encaminó hacia allí sabiéndose observada por David, sin poder evitar contonearse más de lo habitual al caminar. Este, efectivamente, observó el culo de la mujer mientras se alejaba, recreándose en su visión sin dejar de sonreír –“Qué bien follas, Lidia” –pronunció para sí mientras la perdía de vista.

    Y es que cuando Jorge hubo salido a pasear antes de que Lidia despertara, recibió una llamada de David. Éste le explicó que quería verlo, así que acordaron desayunar juntos en un bar del paseo marítimo. Allí David le contó que Serge lo iba a sustituir unos días debido a su maltrecho tobillo, y tras unos segundos algo violentos, David se lo soltó: “Jorge, espero que lo de ayer no te haga sentirte mal conmigo o hacia mí”. –“No te preocupes, David, fui yo el que te lo pedí. Me preocupa más cómo lo asimile Lidia” –respondió. “Además, todo lo que sucedió anoche me encantó” –apuntó.

    –“¿Todo?” –repitió el monitor con intención.

    – “Todo” –respondió Jorge con contundencia.

    – “Bien, pues quizás podamos repetirlo, si quiere Lidia, por supuesto” –planteó David mirando fijamente a los ojos de su interlocutor. –“Sabes que puedes confiar en mí, soy discreto”

    –“Lo sé, pero depende de ella. Se lo propondré” –comentó Jorge, dando por acabado el asunto.

    Lidia se entretuvo todo lo posible antes de regresar a su tumbona. Incluso se acercó al Club Social con la excusa de informarse sobre unas clases de gimnasia acuática que se iban a impartir en unos días, todo ello con la intención de que David se aburriera, se marchara, y la evitara mantener esa situación tan incómoda. Y efectivamente, David no estaba, aunque sí su toalla. “Se estará dando un baño” –pensó. – “Es el momento”– Y recogió sus enseres en un santiamén para a continuación encaminarse al apartamento.

    Por el camino seguía pensando lo absurdo de su comportamiento, considerando que hacía unas horas había intercambiado con ese mismo hombre todo tipo de caricias, abrazos, besos y mucho más. De nuevo sintió la humedad en su sexo, y recordó que ya esa misma mañana se había masturbado, y que ahora le apetecía de nuevo. “¿Pero qué me está pasando?” –se preguntó asustada. “Lo de ayer fue una excepción, no puedo seguir así” –intentó convencerse.

    Ya en su apartamento, decidió cambiarse e ir a ver a Jorge, al que todavía le quedaban unos minutos de su clase de tenis. Se quitó el bañador, se cambió el salvaslip, –“madre mía, está empapado” –comprobó abrumada–, se puso una camiseta sin mangas, un pantaloncito corto y se encaminó a las pistas de tenis.

    Jorge no conocía a Serge. De hecho, David le había comentado que acababa de llegar de Estados Unidos, donde era monitor de tenis e incluso entrenador personal de algunos jugadores profesionales, y regresaba a España a pasar unos días junto a sus padres, los cuales residían aquí. Según le comentó David, su progenitor era un diplomático norteamericano que en lugar de veranear en su país de origen aprovechaba el sol español y se quedaba casi todo el verano por estos lares. Serge solía visitarlos unos días cada año, y ambos habían entablado amistad a raíz de la participación de los dos en un torneo de tenis que se celebraba en la urbanización todos los finales de agosto.

    Cuando llegó a la pista habitual, Jorge se encontró con alguien practicando el servicio utilizando la típica cesta llena de pelotas, y se quedó unos segundos contemplando la perfecta ejecución de dicha suerte tenística efectuada por el que suponía que debía ser Serge. La visión era realmente espectacular, pues su nuevo profesor debía medir cerca de dos metros de altura, más fibroso y musculado aun que David, y con una piel de un tono bronce oscuro que brillaba por el efecto del sol sobre el sudor. Cuando Serge se percató de que no se encontraba solo, se detuvo y sonrió agradablemente mostrando una blanca dentadura que contrastaba con su oscura figura; adelantó su mano hacia Jorge mientras pronunciaba un profundo y grave “hola, soy Serge”.

    Lidia se aproximaba a la pista en la que su marido solía entrenar, y adivinó su figura a lo lejos intercambiando golpes con el que obviamente debía ser el sustituto de David. Se encaminó a la puerta, la atravesó y se encaramó a la parte más alta de las pequeñas gradas que rodeaban la pista, justo donde se encontraba una pequeña sombrilla que la protegería del sol. Entonces se sentó, levantó sus gafas de sol y saludó con la mano a Jorge, que se lo devolvió para a continuación golpear con dificultad una bola que llegaba con inusitada fuerza desde el otro lado de la pista. Y entonces, Lidia cambió la dirección de su mirada hacia su izquierda y se quedó admirada al poder contemplar la impresionante figura de un hombre sencillamente espectacular.

    La Lidia de hace 48 horas se habría limitado a admirar el hercúleo cuerpo del nuevo profesor de su marido, pero ahora algo había cambiado. Dentro de ella se había despertado una sexualidad tan intensa que no podía evitar tener pensamientos pecaminosos al ver a semejante ejemplar de macho. Su lucha interna la devolvía por momentos a su ser anterior, pero al instante, las imágenes de las escenas sexuales acontecidas la pasada noche se agolpaban en su mente de forma atropellada. En esa lucha se encontraba, absorta e incluso atormentada, cuando volvió a la realidad al escuchar cómo Jorge la llamaba desde la cancha. “¡Lidia, ven, ya hemos acabado!” –gritó.

    Su esposa se incorporó de su asiento, y con cuidado superó los grandes escalones para bajar a pie de cancha. Una vez allí, levantó su mirada hacia su marido y quedó verdaderamente impresionada al verlo junto al nuevo monitor. Jorge medía 1,80 cm., no era un hombre bajo ni mucho menos, pero al verlo junto al espectacular negro de casi 2 m. a su lado, parecía un niño. Cuando llegó junto a ellos, le pareció que se trataba de un auténtico coloso, y no sólo por su altura, sino también por sus enormes espaldas, que parecían interminables. Jorge la agarró por la cintura y le dio un cariñoso beso en los labios.

    –“Hola, cariño, ¿qué haces aquí?” –le preguntó.

    –“Me aburría en la piscina y decidí venir a buscarte” –mintió, mientras su mirada se desviaba sin solución hacia la imponente figura que se encontraba a su izquierda.

    –“Mira, te presento a Serge, que me va a entrenar mientras David se recupera del tobillo. Serge, esta es mi mujer, Lidia” – dijo, mientras observaba con curiosidad y algo de malicia la impresión que el hombre de bronce producía en su mujer.

    –“Encantado” –pronunció con un tono tan grave que parecía inhumano, y se agachó para poder propinar dos besos a una Lidia absolutamente estremecida.

    A continuación, se separó de la pareja y se encaminó a un banquillo en donde estaba su equipo de tenis. Jorge guiñó un ojo a su mujer y acompañando sus palabras con un movimiento de cabeza, le preguntó con intención mientras sonreía –“¿Has visto?”.

    –“¿Qué quieres decir?” –respondió molesta. Y sin darle opción a que la contestara, se giró con intención de dirigirse a la puerta cuando comprobó que la figura de David se encaminaba hacia ellos.

    –“¡Hola, pareja!” –saludó divertido pocos metros antes de llegar.

    –“¡David, parece que casi no cojeas ya!” –respondió Jorge jovialmente.

    –“No estoy mal, pero aun duele” –contestó ya en su presencia. –“La semana que viene estaré perfectamente. Mientras, ¿qué tal con Serge?” –preguntó a Jorge pero dirigiendo su mirada a Lidia.

    –“¡Impresionante, le pega más duro que tú!” – contestó Jorge sonriendo.

    –“¡Hola, David! –intervino Serge que se había acercado desde el banquillo, extendiendo la mano en dirección a su interpelado.

    –“¿Qué tal con tu alumno? –respondió chocándola con la de Serge.

    –“Bien, bien, aunque he comprobado que podemos mejorar algunas cosas” –pronunció como un trueno desde lo alto.

    Mientras tanto, Lidia se había quedado petrificada al ver a Serge acercarse al grupo con el torso desnudo, pues cuando David llegó se acababa de quitar el muy sudado polo, luciendo unos pectorales y unos abdominales inhumanos, cuyas formas se acentuaban por los reflejos que su piel sudada producía bajos los rayos de un sol de justicia. Y cuando éste se giró de nuevo para terminar de recoger su equipo, pudo contemplar las espaldas del coloso de bronce, y cómo los infinitos músculos se asomaban en multitud de formas al colocarse un polo limpio por la cabeza. Jorge también se retiró unos metros para buscar su bolsa, dejando a Lidia con David por un instante, momento que éste aprovechó para susurrar al oído de la mujer unas palabras: –“y no lo has visto todo”.

    Por el camino de vuelta, Jorge y Lidia se retrasaron dejando a David y Serge caminar delante de ellos. Lidia estaba visiblemente incómoda, y Jorge, que conocía perfectamente a su mujer, la agarró de la cintura y le propuso tomar una cerveza a solas en el Club Social, a lo que ella aceptó con indisimulado alivio.

    –“¡David, Serge; Lidia y yo vamos al Club Social, ¡nos vemos en la tarde! –se despidió Jorge de ambos monitores separándose del camino principal tras salir de las instalaciones deportivas.

    –“¡De acuerdo, pareja, hasta luego! –respondió David tras girarse al escuchar a Jorge.

    –“¡Bye!, –bramó Serge escuetamente dirigiéndose al matrimonio sonriendo.

    –“Adiós” – contestó Lidia tan bajito que apenas se escuchó a sí misma, aun intimidada por la situación y tan confundida o más que en la piscina.

    Se sentaron en la terraza y pidieron un par de copas de cerveza, guardando silencio hasta que una bella y esbelta camarera los sirvió.

    –“Me gusta esta chica” –apuntó Jorge. “Quizás se quiera unir a nuestro club nocturno” –bromeó mientras le guiñaba un ojo a su mujer.

    –“Jorge, no sé qué me está ocurriendo” –intervino Lidia haciendo caso omiso a las palabras de su marido.

    –“¿Por qué dices eso?” –respondió preocupado. –“A ver, cuéntame qué pasa por esa cabecita” –contestó cariñosamente mientras extendía su mano para alcanzar la de su esposa.

    –“Después de lo de anoche no soy la misma. Disfruté muchísimo, pero no sé qué pensar. Me gustaría que volviéramos a casa, cariño. Cada vez que veo a David me siento incómoda, pero…”

    –“¿Cada vez? ¡Pero si lo acabas de ver ahora! –interpeló Jorge.

    –“No, lo vi esta mañana en la piscina, y ahora otra vez…” –aclaró Lidia.

    –“¡Ahhh!, por eso viniste a la pista – entendió Jorge. “¿Es que te dijo algo que te molestó? ¿Quieres que hable con él?” –se ofreció.

    –“¡No, por favor, no le digas nada! Tampoco me dijo ninguna grosería ni me faltó al respeto, es que después de lo de anoche no sé cómo comportarme” –confesó.

    –“Te entiendo, pero anoche a última hora parecías satisfecha y natural con él” –respondió. “Mira, es un buen tío, y lo pasamos muy bien. Si quieres podemos repetirlo, y si no, pues tan amigos. Es discreto y lo entiende, pero no puede desaparecer ni hacer que lo ocurrido se olvide. Intenta tomarlo como una aventura, una experiencia que creo nos gustó a todos. Ya sé que no es lo mismo, pero hagamos como si hubiéramos salido a cenar con un amigo. De ti depende si volvemos a hacerlo o simplemente sucedió una vez y nada más.” –intentó razonar Jorge.

    –“Pero es que no es sólo eso lo que me preocupa” –insistió Lidia. Es que desde anoche estoy distinta. Me…me… ¡Me he tenido que cambiar dos veces esta mañana!” –confesó ruborizada.

    –“¿Siii?” –respondió Jorge con malicia mientras sonreía pícaramente.

    –“¡Déjalo, por favor, no es una broma, me siento mal! ¿Es que no lo entiendes? Incluso cuando he visto a Serge…” –se detuvo en seco y agachó su cabeza recostándose hacia atrás soltando la mano de su marido.

    –“Te gusta, ¿eh? No me extraña… ¡Es imponente! Pero escúchame, somos mayorcitos. Esto es fácil. Si quieres, mañana mismo nos vamos a casa, pero piensa que estamos en un lugar en el que no nos conoce nadie, y tampoco somos los únicos que tenemos aventurillas. A fin de cuentas, nosotros no andamos con mentiras. Follamos juntos, solos o como nos da la gana sin tener que dar explicaciones. Si quieres que repitamos, David está dispuesto, y si no, pues simplemente ocurrió, nos divertimos y lo recordaremos cuando queramos. Punto. Él no va a contar nada, de eso estoy seguro, y tampoco te preocupes por mí, porque lo que más me importa es que disfrutes; conmigo, con los dos… Cuando se acaben las vacaciones, el asunto se acabó también.”

    –“Yo no quiero estropearte las vacaciones. Sé que ayer lo pasaste bien, y ahora sé que no te importa, pero yo no estoy segura de nada. Tú dices que David es discreto, pero… no me fío mucho de él” –dijo disgustada.

    –“Pues insisto en que no te preocupes, pero de todas formas haré lo que tú decidas, piénsalo. Ten en cuenta cómo lo pasaste y cómo lo puedes llegar a pasar, lo cual, según me cuentas, parece que no te disgusta…” –insinuó Jorge mientras llamaba de nuevo a la camarera para pedirle otro par de cervezas. –“Decididamente, quiero que esta chica se una a nosotros, no siempre va a haber mayoría de hombres” –bromeó una vez más Jorge, y Lidia no tuvo más remedio que reírse de las ocurrencias de su marido.

    Aprovecharon que tenían una de las mejores mesas de la terraza y ya comieron allí. Tomaron café y pidieron un par de gin–tonics para alargar la sobremesa. Lidia estaba más tranquila y relajada, parte por la actitud y las palabras de Jorge, parte por el alcohol que empezaba a hacer su efecto. La conversación que mantuvieron giró en torno a los cursos de gimnasia acuática, y rieron con ganas ante las ocurrencias de Jorge, que se burlaba de Lidia haciendo hincapié en las edades de las mujeres que acudían a dichas sesiones, e ironizando sobre los ejercicios que allí se realizaban.

    Cuando Jorge se terminó su bebida, inquirió a su mujer si le apetecía tomar otra, a lo que está respondió que prefería “tomar” otra cosa. Inmediatamente, Jorge pidió la cuenta a la camarera y la hizo efectiva mientras miraba burlonamente a su mujer, insinuando con gestos la posibilidad de que la camarera los acompañara al apartamento. Llegaron enormemente excitados y tardaron escasos segundos en desnudarse y tumbarse abrazados en la cama, que ni siquiera deshicieron. Tras numerosos besos y caricias, Jorge dirigió su mano al sexo de su mujer, comprobando satisfecho su humedad. – “¿Estás así desde esta mañana? Habrá que hacer algo contigo” –susurró al oído de Lidia entrecortadamente.

    –“¿Tú solo?” –respondió su mujer con voz ronca y queda.

    –“Yo y los que tú quieras” –respondió Jorge arrancando gemidos con sus caricias circulares sobre el clítoris de Lidia.

    –“Mmmm…” –ronroneó ella mientras su mano buscaba a tientas el pene de su marido. –“Cógelo” –pronunció ella recurriendo a la palabra clave que significaba la participación del dildo que reposaba en el cajón de la mesilla de él.

    Jorge se giró, abrió el cajón y tomó el consolador ofreciéndoselo a Lidia, que lo agarró de los testículos, y tras mirarlo con deseo, comenzó a chuparlo con cierta dificultad debido a su tamaño.

    –“¿No prefieres el de carne?” –comentó Jorge mientras acercaba su sexo al de su mujer.

    –“Mmmm… ¡¡Sí!!” –confesó Lidia retirando por un instante el dildo de su boca, para a continuación gemir aún más fuerte al sentir cómo el pene de Jorge invadía sus entrañas.

    Jorge agarró de las caderas a su mujer y comenzó una enérgica penetración, sobre excitado por la respuesta de su mujer, la cual parecía así mismo receptiva a la posibilidad de repetir el trío de la noche anterior. Dirigió su mano al pecho izquierdo de Lidia, y ante su sorpresa ella la retiró situándola sobre el derecho.

    –“Ésa no es tuya, es de David” –sentenció Lidia, retirando una vez más el rosado consolador de su boca dirigiéndolo al pezón de su pecho izquierdo, jugueteando con él.

    –“Entonces, ¿qué le dejamos al pobre Serge?” –replicó Jorge cuya excitación estaba alcanzando cotas indescriptibles.

    –“Esto” –respondió Lidia llevando entonces el dildo a su sexo, abriendo sus piernas para recibir su enésima doble penetración vaginal, arqueando su cuerpo e introduciéndose el pene de silicona con lentitud pero sin pausa, adaptándose para que ambos arietes se acoplaran en su interior. Inmediatamente, el placer se multiplicó gracias al tamaño de ambos intrusos que la llenaban completamente, pero también al escucharse decir todo lo que había pronunciado, y aún más por lo que se estaba imaginando y no había dicho.

    –“¿Te gustaría que Serge te follara, verdad?” –inquirió Jorge sin cesar en el mete–saca. –“¿Te imaginas cómo será su polla?” –insistió Jorge entrecortadamente.

    –“¡¡¡Si!!!” –gritó Lidia. –“¡¡¡Es enormeee!!!” –afirmó fuera de sí.

    –“¿Cómo lo sabes? ¿Acaso se la has visto?” –preguntó su marido.

    –“¡No!, pero David sí y me lo ha insinuado” –respondió Lidia mirando a su esposo con lujuria.

    –“¡¡Pues habrá que comprobarlo!!” –continuó Jorge mientras gruñía con fuerza al comprobar cómo su esperma estallaba en el interior de su mujer con un intensísimo orgasmo.

    –“¡¡¡Ahoraaa!!!” –lo acompañó ella alcanzando el clímax casi simultáneamente, imaginándose rodeada de los tres hombres eyaculando sobre sus pechos al unísono.

    Tras la intensa sesión, ambos quedaron dormidos, Lidia apoyada en el pecho de Jorge, y éste rodeando su cuello con su brazo izquierdo, aun desnudos y con los indicios de la batalla a su alrededor: sábanas revueltas, el dildo con restos de flujos y semen, el olor inconfundible a sexo… Llevaban al menos una hora así cuando el teléfono sonó despertándolos súbitamente. Jorge llevó su mano derecha hasta la mesilla y descolgó.

    –“¿Sí?” –interpeló al llamante. –“¡Ah, hola David!” –pronunció desvelando la identidad del inoportuno despertador.

    Tras unos segundos en los que se suponía un monólogo por parte del monitor, Jorge se despidió: –“De acuerdo, se lo diré y ya te cuento algo. Hasta luego.”– y cortó.

    Lidia, que se había agitado al saber que era David quien llamaba, miró fijamente a los ojos de Jorge esperando una explicación que éste tardaba demasiado en darle.

    –“Era David” –reveló sin necesidad.

    –“¿No me digas?” –ironizó Lidia.

    –“Ya, ya… Me dice que si salimos esta noche a cenar, que nos invita. Además hay un buen concierto de rock en la sala del paseo marítimo, por si queremos ir…” –explicó Jorge.

    –“La verdad es que me apetece salir esta noche” –confesó. “Y ahora creo que me lo voy a tomar de otra manera” –aceptó.

    –“¡¡Perfecto!!” –exclamó su marido. “Hemos quedado a las 10 en la puerta de la urbanización, aún tenemos tiempo. Por cierto, también viene Serge…”

    Loading

  • Diana, mi alumna traviesa (4ª part.)

    Diana, mi alumna traviesa (4ª part.)

    Después de aquel encuentro en el restaurante tuve un descanso en el colegio durante la Semana Santa. Estuve tranquilamente en casa con la familia, pero el tema de mi alumna me seguía acechando en la mente. El pensar que podía tener un vídeo con lo sucedido entre nosotros me horrorizaba, y veía que la relación con mi mujer no era igual que antes. Me preocupaba pensar en Diana más de lo normal.

    En Semana Santa solemos pasarlo viendo procesiones, ya que en mi tierra eso es muy común y la gente es muy devota. También le gusta a los niños, y la verdad que los padres a veces solemos dar muchos caprichos a los hijos para tenerlos contentos.

    La semana pasó tranquila, y desgraciadamente llegaba ya el último domingo, y al día siguiente tocaba retomar las clases. Aunque sea fiesta suelo levantarme temprano para sacar al perro, y ese día no iba a ser menos.

    Salí de casa alrededor de las 8 de la mañana y me disponía a pasear al perro por el parque de siempre, a unos 10 minutos de casa. Pero vi de lejos a una pareja y no quería acercarme a molestar. Estaban muy acaramelados, besándose y tocándose. Quizás se habían conocido esa misma noche y necesitaban desfogarse, o incluso eran pareja.

    El error es que el perro al llegar a esa altura lo suelto y va sin cadena, y acostumbrado a ir siempre para allá esa vez también lo hizo.

    Yo lo intentaba llamar para que volviese:

    -¡Rufo, ven aquí!

    Pero el perro no hacía caso. Así que no me quedó otra que ir al parque.

    Los chicos no disimulaban, seguían morreándose y metiéndose mano todo lo que podían. Quizás no se habían percatado aún de mi presencia. Hacía calor y la chica llevaba una faldita muy sugerente y una camiseta de tirantes. Al oír mis pasos miró para atrás ¡y me quedé alucinado! ¡¡Esta chica era Diana!!

    De todas formas tampoco me sorprendía del todo ya que había escuchado alguna vez que cuando salía de fiesta iba arrasando por ahí y acababa siempre follando con alguien.

    Ella también se quedó extrañada y se acercó hacia mí.

    -Profe, que sorpresa. Hacía mucho que no sabía de ti, desde aquel día en el restaurante, y la verdad que me he quedado con ganas de más.

    Entonces le susurró algo al chico que estaba con ella y sonrieron. No sé qué le diría, que se despidieron y el chico se marchó de ahí. Así que estaba otra vez más solo con ella.

    Se me acercó y empezó a acariciarme el pene. Yo le dije:

    -Que zorrita eres. ¿Y el chico con el que estabas?

    -Estoy harta de niñatos. Necesito un hombre de verdad.

    Yo no iba a oponer mucha resistencia porque ya se sabe como amanecemos los hombres. Cuando llevaba un rato frotando la polla por encima del pantalón la puse de espaldas a mí.

    Pegué mi pene pegado a su culo y le metí la mano por debajo de la falda. Empecé a frotarle el clítoris.

    -Mmmm, profe, que bien.

    Ella se ponía cachonda conmigo, y eso aún me ponía más a mí. Yo seguía a lo mío introduciéndole los dedos con violencia, y ella jadeaba como una loca.

    Pegaba mi pene completamente erecto a su culito. Pfff que buena manera de despertar y de empezar el día. Ella me dijo:

    -¡Metémela, profe!

    -¿No quieres probarla antes? -Le respondí.

    -Claro que si profe. Mi boca es tuya.

    Así que me desabrochó el pantalón con sus manos y sus uñas blancas y empezó a lamer suavemente la puntita mientras con la otra mano me agarraba fuertemente los huevos.

    -¡¡Ohhh, que bien!! -exclamé

    Siguió moviendo su lengua, esta vez por todo el tronco, manejándola con la mano. Tiene una lengua bastante grande, lo que hacía crecer muchísimo más el placer. Más que por el tamaño de la lengua por como la movía. La muy perra es una experta y me hacía subir al séptimo cielo mientras la comía.

    -Qué rica está, profe. ¡Echaba de menos su sabor! Mmmm.

    Entonces la puse a cuatro patas y empecé a metérsela por la vagina, y no pude empezar despacio porque ya estaba histérico perdido, así que empecé a taladrarla muy rápido. Allí estaba en mitad de un parque cercano a mi casa follando con mi alumna sin la seguridad de que no nos estuviera viendo nadie. No sé porqué pero eso me daba aún más morbo. Notaba su vagina húmeda mientras la cogía del pelo fuertemente.

    -Mmmm, profe, que bien, sigue, así, así.

    Ella estaba peor que yo, la notaba súper excitada.

    -Ohhh, ohhh, voy a correrme -me decía.

    Entonces noté sus flujos en mi pene. A mí también me quedaba poco, pero me di cuenta rápido del error que podía cometer al saber que no llevaba preservativo. Se lo dije :

    -Ohhh, Diana, me corro, ¡¡me corro!! Y no hemos tomado precauciones.

    -Sácala, sácala. Mójame tus dedos en mi culo para lubricarlo. Acaba ahí.

    Así que pasé mi mano por su vagina, la que estaba corrida totalmente y me disponía a darle un masaje en la entradita del culo, pero me di cuenta de que no era el primero que iba a “romperlo” esa noche, ya que ya lo tenía bastante abierto. Quizás había dicho lo del masaje a propósito para que me diera cuenta. Bueno, eso me hacía el trabajo más fácil, así que solo tenía que introducirla.

    Empecé a meterla por el culo, ella seguía a cuatro patas mientras con las manos la cogía del pecho:

    -Aggg, profe, sí, ¡¡¡sí!!!

    Veía que no tardaría mucho en correrme así que decidí darle unos cuantos empujones, unos toques maestros para terminar. Un empujón.

    -¡Ohhh! -Estaba súper excitado mientras ella chillaba sin parar.

    Estuve un rato con el pene dentro. La saqué y segundo empujón.

    -¡Ufff! -Que poco me quedaba ya. Encima notaba sus pezones empitonados en mis manos.

    Al tercer empujón no lo pude evitar. Me corrí con muchísima fuerza.

    -¡¡Mmmm!! -Exclamé.

    -Sí, profe, sí. ¡Noto tu semen caliente!

    La dejé un rato dentro mientras sobaba sus pechos y mordía su cuello.

    Después me puse los pantalones y me iba a casa porque el paseo había durado demasiado, ¡pero no encontraba al perro!

    -¡¡¡Rufo, Rufo!!! -Gritaba.

    Pero nada, no había señales de vida. Así que me marché para casa 1 hora después de salir de ella, sin perro y follado. ¡¡Vaya plan!!

    Aquí está el final del cuarto relato Diana, mi alumna traviesa.

    Un saludo para todos. Espero que os guste.

    Loading

  • Me haces cornudo, pero sé que me amas con pasión

    Me haces cornudo, pero sé que me amas con pasión

    Por eso él llama y tú bajas de inmediato. Pareces nerviosa, como una colegiala en su primera cita. Y me he asomado a la venta y te he visto morreándote con él en un banco del parque. Pasa con el coche, para en la acera y te llama. Y tú bajas en el acto. Ya no os escondéis e incluso folláis en el parque, en público, porque da igual: todos en el barrio saben que tienes amante (casado) y que follas con él. Y que yo soy un cornudo consentidor.

    Porque lo soy. Porque un marido jamás le besa y lame el coño a su mujer mientras folla con otro, como hago yo. O le lame el culo a su mujer mientras tiene otra polla en el coño. O incluso le lame la polla a su amante para que se excite más y se folle mejor a su mujer. Yo lo hago. Soy un cornudo, lo sé, pero un cornudo feliz. Porque te amo tanto que me muero por consentirte, por dártelo todo, por hacerte feliz. Mi placer es ver que tú lo tienes, aunque sea con otro.

    Por eso no me importa que me prepares para él, que me hagas llevar braguitas, que me pintes las uñas y me lleves a la manicura. Quieres que esté femenina para él con el propósito de que él se sienta más macho, más hombre, al ver que la mujer que se folla tiene dominado y feminizado a su marido. Que lo ha convertido en su puta sumisa. Eso los excita y te follan más y mejor. Y eso es lo importante: que estés bien follada. Y seas feliz.

    Y por eso, cuando saca su polla de su coño, me llamas para que te atienda, para que te limpie el coño y te lo deje dispuesto para un nuevo polvo. Y lo hago. Meto mi lengua en tu coño y lamo el sabor y el licor de tu excitación, mezclado con el semen de su polla. Al principio me daba mucho asco. Ahora no.

    Sobre todo desde que decidiste que querías hacerlo feliz; que querías que él gozara más porque tú placer es ver que tu amante lo tiene. Así que después de follarte a ti, de dejarte rendida y ahíta de placer, coges su polla y la metes en mi culo. Le suplicas que me folle. Y él lo hace. Se folla también al marido cornudo de la mujer que se folla. No puede haber más humillación para mí y mayor placer para los dos. Por eso se me pone durita y gozo. Me encula tu amante y disfruto al verte feliz.

    No sé si soy maricón. Tú dices que no, que soy un marido que ama a su mujer y que es un poco masoca. Sólo eso. No le hacemos daño a nadie, me sueles decir. Y es verdad. Yo sería el único de los tres que podría sufrir y no lo hago. Todo lo contrario. Disfruto como una perra. Eso me dices, mientras miras como tu amante me folla como una putita y tú me excitas al señalar que tengo una pollita si la comparamos con la de tu amante. Y es verdad. Lo suyo es un pollón y lo mío una pollita. Por eso él me folla y yo me muestro sumisa y puta, muy puta. Y más que lo seré, amor mío. Sólo quiero verte feliz, mi vida. Te amo tanto que no me importa ser la puta del hombre que me hace cornudo.

    Loading

  • El cambio de Susana, su despertar

    El cambio de Susana, su despertar

    Llevo años trabajando a su lado, somos compañeros, y la verdad que todos estos años juntos han hecho que nos fuéramos cogiendo confianza, algo bastante normal. En nuestras pausas solemos hablar de todo un poco, aunque últimamente nuestras charlas son diferentes, tienen un tema en concreto, Susano que así se llama, es una chica normal, seria, responsable, madre de familia y casada.

    Hace un par de meses en una de nuestras pausas/charlas con varios compañeros y compañeras más estábamos charlando sobre los orgasmos femeninos, las opiniones eran variados y de todo tipo, desde el machito que lo hacía 5 veces cada día y cuando le preguntaban ¿y tu mujer cuantos? Se quedaba con cara de no entender a que se referían, las que les solía costar, las que eran multiorgásmicas, hasta la cara de Susana que solo escucha muy atentamente sin apenas decir nada.

    Fue una charla interesante la verdad, oír la opinión de todos los chicos y chicas que estábamos allí. Al día siguiente, valiéndome de la confianza y estando solos le pregunte sobre el tema, pues había observado el día anterior que solo escuchaba y no decía nada sobre el tema.

    Su respuesta me dejo sorprendido, “nunca he sentido eso” tenía 38 años, ¡¡casada desde hacía años y no había experimentado nunca un orgasmo!!

    Me quedé de piedra, no supe que decirle, ella se había sonrojado al contármelo y tenía la mirada perdida en su café. Intente no darle demasiada importancia, diciéndole que había muchas mujeres a quién les costaba mucho llegar, a lo que ella me interrumpió “no es que me cueste, es que nunca he llegado” me atreví a preguntarle si se solía masturbar, negándome con la cabeza, me comento que conoció muy joven a su marido y que suponía que por la educación que había recibido nunca le atrajo la idea de masturbarse. Al terminar nuestra pausa volvimos a nuestras mesas de trabajo.

    Mi cabeza seguía dándole vueltas a lo que me había contado, tenía preguntas que me gustaría hacerle, pero la confianza que teníamos no era tanta, como para indagar sobre su vida sexual, lo que hice fue empezar un correo con todo lo que se me ocurría sobre el tema.

    Al día siguiente le pregunte si dejaba que le enviase un mail con preguntas sobre el tema, y que si no quería que no lo respondiera, al que de inmediato me dijo que se lo enviara.

    «Hola,

    No sé por dónde empezar, y no me respondas lo que no quieras, comprendo que serán preguntas muy directas e íntimas.

    En primer lugar, quería darte las gracias por confiarme eso, ojalá pudiera ayudarte en ese problema.

    ¿Tu marido sabe tu problema?

    ¿Te atrae el sexo, deseas tener sexo, te gusta?

    ¿Te sueles poner cachonda?

    ¿Tienes fantasías sexuales?

    ¿Cada cuanto soléis hacerlo?

    Un abrazo.»

    Al cabo de unos minutos recibí su respuesta al correo.

    Madre mía, para que te habré dicho nada.

    «¿Tu marido sabe tu problema?

    El solo piensa en él, cuando él está satisfecho ya está…

    ¿Te atrae el sexo, deseas tener sexo, te gusta?

    Cada día me atrae menos la verdad, no me llena tener sexo y por ese motivo intento evitar siempre que puedo tener relaciones.

    ¿Te sueles poner cachonda?

    Esta pregunta es difícil de respondértela, si me preguntas si alguna vez me suelo mojar la respuesta es sí, pero en contadas ocasiones, viendo alguna película, leyendo algo morboso, etc.

    ¿Tienes fantasías sexuales?

    Cosas que me gustaría hacer y nunca las hare jejeje, a veces suelo leer cosas por internet, y luego cuando me acuesto tengo sueños con lo que he leído, ¿se puede considerar eso fantasías?

    ¿cada cuanto soléis hacerlo?

    Un par de veces al mes.»

    Respuesta a su mail:

    «Susana, por lo que me cuentas tu si tienes deseo sexual, pues te excitas cuando lees, piensas en lo que has leído, etc. ¿puedo preguntarte que temática sueles leer?

    No se chica, creo que el problema no es tuyo, si más bien de tu marido que no sabe satisfacerte, y creo que deberías empezar a descubrir tu misma a tu propio cuerpo, creo que deberías jugar con él, cuando te sientas excitada, deberías aprender a tocarte, a disfrutar tu misma, a intentar encontrar ese puntito que te lleve hasta el orgasmo, creo que algo así deberías plantearte.

    Un abrazo.»

    De nuevo acabamos de coincidir en la pausa, nos miramos fugazmente, y me dice en voz baja:

    -me da vergüenza contarte que me excita mas

    -anda Susana, ya puestos…

    -me atrae la lectura sobre dominación, no sé porque pero me gusta imaginarme cosas así

    -nunca me lo hubiera imaginado, a mí también me gusta esa temática, y siempre que puedo la suelo practicar.

    Casi se atraganta con el café, me miro, y se fue como asustada a su mesa, dejándome allí solo, durante el resto del día no coincidí mas con ella, ni intercambié ningún mail tampoco, pensaba que no debía de haberle contado mis gustos, pues quizás la había asustado.

    Al día siguiente recibí un correo de ella diciéndome que le perdonara por lo del día anterior, que me tenía como una persona buena, cariñosa, amable y amiga, y que no podía encajar en ese mundo, que por lo que había leído yo no cuadraba con eso, vaya que nunca lo hubiera adivinado.

    Preferí no responderle, e intentar coincidir nuevamente con ella en la pausa, cuando la tuve a mi lado le dije:

    -Una cosa es mi vida social, y otra mi vida privada, en mi vida social debo comportarme como una persona normal, pero en mi vida privada me comporto como deseo, y como me gusta ser.

    Me miro, y me dio la razón, diciéndome que no le hiciera caso, pero que le extraño esa faceta de mí.

    Antes de irme por la tarde, le mande un nuevo mail tipo telegrama.

    -Susana, mañana quiero que vengas con ese vestido que tienes a flores verdes.

    Ya saliendo en la puerta me dijo que si estaba tonto, que como se me ocurría decirle como debía venir vestida a trabajar, que ella no buscaba nada. A lo que le respondí que ya lo sabía, pero que al día siguiente quería verla como le había pedido, que lo hiciera y no lo pensara.

    Al día siguiente cuando llegue ella ya estaba en su mesa, llevaba el vestido que le había pedido, y note como me buscaba con su mirada cuando yo entraba, la salude con la cabeza dándole mi aprobado, bajando ella su mirada y dibujando una sonrisa en su cara.

    Antes de la pausa le envié un mensaje diciéndole que pasara por el baño antes del café y que se quitara las bragas, levante la vista buscando su reacción al leer el mensaje, rápidamente ella me busco a mi también negándome con la cabeza, y yo afirmando con la mía, a lo que cogió su bolso y se fue dirección al baño, y yo detrás de ella a por un café y esperarla, cuando llego a mi lado venia un poco sofocada, me miro y me dijo que estaba loco, a lo que me puse a reír, sentándole un poco mal a ella mi reacción, tomamos el café junto a otros compañeros y luego cada uno a su puesto.

    Al rato le envié un nuevo mensaje preguntándole como estaba, ella me respondió que “bien” replicándole yo que esa no era respuesta a mi pregunta, a lo que me respondió ahora “me siento desnuda, y me siento mojada, estarás contento supongo” le dije que hoy estaría así todo el día, y que antes de irse debía darme esa prenda, que la quería y además quería que hoy volviese a su casa sin ella puesta, le pedí que cuando se duchara o bañara esa noche en su casa que jugara con su clítoris, y que pensara en lo ocurrido en el día, también le indique como debería venir vestida el día siguiente, y que cuando llegara a la oficina por la mañana lo primero que quería que hiciera era escribirme para contarme todas sus sensaciones del día anterior.

    Continuará.

    Loading

  • Afortunado dependiente (2)

    Afortunado dependiente (2)

    Este es el relato de cuándo regresé para acabar lo empezado.

    Quería llegar un poco antes del cierre del mediodía cuando es mucho más fácil encontrarla vacía. Y efectivamente no había nadie. Entré y saludé al dependiente que sonrió ante mi aparición. Vino hacia mí y me dijo que fuera mirando que iba a bajar la verja porque no quería que entraran más clientes porque quería cerrar. La situación se presentaba ideal para mis intenciones (y para las tuyas).

    Le pedí dos minifaldas y el me trajo dos que me iban a quedar pequeñas descaradamente. Parece que le gustaba el jueguecito. Las minis eran muy bonitas.

    Entré en el probador, pero solo empujé la puerta, sin cerrarla de todo, en señal de confianza y de que habría juego también ese día. Pero no creo que imaginara hasta qué punto. Le pregunté qué tal le iban las ventas ahora que se acerca la navidad y el, apoyado sobre el marco de la puerta y mirando hacia dentro, me iba hablando.

    Yo me quité al abrigo, me quité la mini que llevaba y me puse una de las que me trajo, que debía ser la talla infantil como mucho. Apenas me tapaba el trasero. Salí para verme en el espejo de fuera. El silbó diciendo que me quedaba de maravilla. Y no era tonto. La falda era de un color que no pegaba nada con las medias negras y la sugerencia pronto surgió.

    Yo ya no me metí en el probador, sino que me las quité allí mismo, viendo por el espejo como me miraba el culo al agacharme. Y me estaba poniendo muy caliente. Le pedí la otra mini. El entró en el probador y me la dio.

    -a estas alturas ya no te importa, ¿no? -le pregunté mientras me desabrochaba la que llevaba puesta

    -claro que no -respondió mientras su bulto iba aumentando

    Me la saqué y me puse la otra muy despacio, como indicaste. Yo lo miraba a través del espejo y el miraba mi culo. Me la puse y esta me quedaba de maravilla. Era ya de mi talla. Me levantaba un poco el jersey para apreciar como me quedaba en la cintura y para que se diera cuenta de que no llevaba nada por debajo. El solo podría imaginar el sujetador pero si se fijó en cómo se movían mis tetas, tendría que saber que no llevaba. Y decidí dar el paso final.

    No sé si os acordaréis de la táctica del tacto para ver su atrevimiento en la anterior visita. La repetí de nuevo. Poniéndome de perfil pasaba mis manos por el lateral de mis muslos alabando su suavidad (era como de piel de melocotón) y pidiendo su conformidad.

    Él se acerca, diciendo que no la ha tocado porque aún la colocó su ayudante esta mañana. Yo me coloco, con las manos en la cintura y dándole el culo, de manera que si la quiere tocar me tiene que tocar el culo. Y lo hace, ya como si fuera un ritual, pero sin disimular nada. Pone su mano en plena nalga derecha y la acaricia a placer. Me mira a los ojos por el espejo y yo le sonrió. El sigue tocándome el culo y acercando su cuerpo cada vez más. E intenta besarme.

    Yo aparto un poco la boca, pero al mismo tiempo le agarro el paquete con una mano. Está duro como una piedra. El empieza a besarme el cuello mientras yo libero aquel mástil encerrado y se la empiezo a menear. Su mano, ya olvidada toda cortesía profesional, me ha subido la falda hasta la cintura y sus dedos juegan con mi tanga y mi ano con la otra magreando mis tetas sin mucha consideración. Y sus jugueteos dediles se convierten en penetración anal. Primero con el meñique, luego el índice y acabando con el corazón me los va metiendo por el culo según comprueba que ha sido dilatado para estos menesteres en otras ocasiones.

    Miro en el espejo y me veo con las tetas fuera, la falda subida, el deseando mi culito y su verga en mi mano. Y siento que ya son los dedos suyos dentro y pienso en si le dejaré culearme. Pero noto como su polla está cada vez más dura y el hace esfuerzos por no correrse aún.

    -quiero culearte -gime más que pide

    Yo, muy salida, no ofrezco ninguna resistencia, pero por desgracia él estaba ya demasiado salido y cuando enfila mi culito se corre y una eyaculación bestial siento en mi trasero mientras él la va metiendo poco a poco. Cuando se calma, me pone contra la pared, me separa las piernas, se arrodilla entre ellas y me empieza a hacer una comida de coño bestial, delante del espejo veo como mueve su lengua y no tardo yo en alcanzar el clímax.

    Cuando nos recuperamos, me dice que creía que solo quería exhibirme pero que soñaba con el día en que pasara algo así, aunque se definió como voyeur profesional y que por eso no cambiaba su trabajo por nada del mundo, que era su clienta preferida. Y empezamos a hablar y nos fuimos a comer juntos. Me contó que lo que más le ponía era ver como cuando iban hombres y había tía probándose ropa intentaban pillar algo. De hecho, me dijo que desde la escalera se podía ver desde un punto muy concreto uno de los probadores.

    Cuando acabamos el café y nos contamos mil y una historias de voyerismo, nos prometimos quedar para llevar a cabo travesuras y me retó a probarme una camiseta en su tienda sin meterme en el probador. Si lo hacía la camiseta era mía. Y fuimos para la tienda, seguimos charlando y cuando entró el primer cliente allá fui. Él le preguntó si podía ayudarlo y el otro le dijo que echaría un vistazo. En ese momento me quité el jersey y el me gritó:

    -hay probadores en el otro lado

    El otro enseguida miró y me vio solo con la falda puesta, mis tetas al aire. Yo me hice la vergonzosa, pero me fui con mi camiseta al mostrador. El chico se fue enseguida y nos reímos mucho, sin dejar de notar que el se había puesto muy cachondo y yo también. Y nos masturbamos allí mismo, uno delante del otro, sin enseñar nada. Luego me fui.

    Loading

  • Cayendo en la red (1)

    Cayendo en la red (1)

    Amanda era una mujer joven que había conseguido todo lo que tenía con esfuerzo y dedicación. A sus 35 años, había conseguido un puesto de directiva en un importante periódico de tirada nacional. Ya llevaba varios años trabajando allí, pero no fue hasta el año anterior que reconocieron sus méritos con ese ascenso.

    Desde ese día, su vida había dado un vuelco y había pasado a priorizar su trabajo hasta tal punto que centraba su vida en él. A eso ayudaba que vivía sola. Debido a su trabajo, se fue del pueblo de sus padres y se mudó a vivir sola a Madrid. Esa libertad le ayudó en su momento a poder llevar su vida sin dar explicaciones a nadie, si quería llevar un chico a casa lo hacía con libertad y, además, con bastante frecuencia. A Amanda le gustaba salir a ligar, pensaba que tenía un buen cuerpo y no se equivocaba, morena, 1.80 y una figura estupenda respaldaban ese pensamiento.

    Pero todo cambió con el ascenso. El trabajo consumía todo su tiempo y ya no tenía la libertad que poseía antes, pero no le importaba, estaba triunfando y eso la realizaba.

    Amanda salió hecha una furia de esa reunión. No podía entender como los directivos podían ser tan cerrados… ¡Tenía la exclusiva del año en sus manos! ¡Y no la dejaban publicarla! No podía creerlo… Y el peor de todos era Gabriel… Desde que la ascendieron, se sentía amenazado por ella, así que siempre se oponía a todo lo que proponía, fuese lo que fuese…

    Estaba intentando sacar a la luz un escándalo que había descubierto. Había descubierto que un político del gobierno, estaba gastando dinero público para irse de putas… ¡Y encima se oponía fuertemente a la prostitución! Iba a ser la noticia del año, pero parece ser, que ese político era un importante inversor del periódico y no la iban a dejar sacar esa información…

    Llegó a su despacho encendida y descargó sus reflexiones con su secretaria. Susana siempre había sido una buena compañera y, cuando la ascendieron, la ofreció seguir trabajando con ella como secretaria. El nuevo cargo le había sentado bien, desde entonces empezó a ir más alegre al trabajo, incluso podría decirse que empezó a vestir más sexy demostrando así su confianza en sí misma.

    Susana, al ver a su jefa tan estresada y cabreada se le ocurrió una idea.

    -Oye Amanda, entre amigas… ¿Cuánto hace que no estás con un hombre? -Preguntó.

    -¿Qué? ¿A qué viene eso? -Respondió Amanda, indignada.

    -Vamos… Hay confianza… Yo pasé por lo mismo hace tiempo, porque debido al trabajo no tenía tiempo de “echar una canita al aire” y eso me frustraba… ¡Y mírame ahora!

    -¿Qué quieres decir?

    -No puedes dejar que tu trabajo te consuma por dentro… No es sano… Tienes que adaptar tu vida para tener tiempo para ti.

    -Pero es que no tengo tiempo, ¡Y menos para salir a ligar!

    -¡Ahí quería llegar yo! ¿Ves cómo ahí estaba el problema? Mira, yo conocí gracias a una amiga una red social para contactos sin compromisos. Te evita pasar tiempo en un bar conociendo a los candidatos.

    -¿Una página de contactos? ¡No jodas!

    -¡Pero mírame! Yo estoy mucho mejor desde que hecho un polvete de vez en cuando.

    Amanda pensó que era verdad… Su secretaria tenía un aspecto inmejorable…

    -Bueno… podría probar…

    -¡Eso es! Esta noche te mando la invitación para que puedas acceder.

    -Bueno, ya hemos hablado suficiente de este tema…

    Amanda entró a su despacho, pensando que todo esto de la web era una tontería.

    Nada más llegar a casa, Amanda, como hacía todos los días, se quitó la ropa y se metió a la bañera a darse un baño relajante. Le encantaba ese momento del día, era el único que tenía para ella. Se ponía música suave, unas velas e intentaba dejar la mente en blanco, aunque cada vez la costaba más.

    Mientras se bañaba, no dejaba de darle vueltas a la idea de la página, pero, ¡A ella no le hacía falta entrar en una página de contactos para ligar! Siempre había conseguido a los chicos que había querido… y entrar en una página para ello… Le parecía humillante…

    Pero por otro lado… Es verdad que no tenía tiempo para nada… Y ella siempre había tenido una vida sexual bastante activa… Su cuerpo y su humor notaba la falta que le hacía un buen polvo…

    Cuando salió del baño, se puso una ligera bata de seda y fue a encender el ordenador. Por probar no perdía nada…

    Buscó el e-mail de Susana con la dirección y accedió al link. La recibió una pantalla con mensajes de lo que podría encontrar en la página, anunciaban su discreción, sus altos resultados y resaltaban las opiniones positivas de sus usuarios… ¡Hombre claro! ¡No van a poner en portada las negativas! Una ligera musiquilla de fondo estaba activada. Amanda buscó la opción para desactivarla, pero no la encontró.

    Aún escéptica, Amanda comenzó a rellenar los datos de registro. Rellenó su edad, localidad y e-mail y, como alias, eligió Mariposa35. El resto de datos no los vio necesarios y, por supuesto, no subió ninguna foto.

    Al ver la sección principal de la página, vio que ya tenía un contacto, “Debe ser el usuario de Susana” pensó, y efectivamente, al ver las fotos lo confirmó. En la página se llamaba Scarlata, pensó que le iba muy bien debido al color pelirrojo de su pelo. Estuvo curioseando sus fotos y se sorprendió de que casi todas eran posando de forma sexy. No había imaginado que Susana fuera así.

    Había una sección privada del usuario, pero parece que no la dejaba acceder…

    Siguió curioseando la página y vio que había mucha gente registrada, tanto hombres como mujeres. Estuvo viendo muchos perfiles y todos tenían sección privada. ¿El suyo tendría también? No había visto la opción… Cuando quiso darse cuenta era tardísimo. Apagó el ordenador y se fue a dormir, pero esa noche no durmió bien. Tuvo sueños extraños, con la musiquilla de la página que no se le iba de la cabeza y una voz que la hablaba. En esos sueños estaba follando continuamente, pero no era nada que hubiese vivido antes… Durante todo el tiempo era tratada como un objeto, siendo usada para obtener placer y nada más mientras la voz hacía hincapié en ese aspecto

    …No eres nada, tu placer no importa, sólo eres una boca, un coño, un culo, unas tetas. Tu misión es dar placer, ser usada. Tu opinión no importa… -Le decía la voz

    Cuando se despertó, tenía las bragas empapadas.

    -¡Vaya! Parece que al final te registraste, ¿Eh, Mariposa35? -Le dijo Susana nada más verla.

    -¡Shhh! ¡Nada de hablar de eso aquí! Sólo me he registrado por probar, y no me gustaría que la gente andase cuchicheando…

    -Está bien, está bien… Aunque no le veo nada de malo…

    El día fue tan malo como el anterior, no tuvo reunión, pero el flujo de e-mails que le llegaron durante el día hacían ver que nadie había cambiado de opinión en el asunto del político. Tenía que hacer algo, ¡No podía dejar pasar esa oportunidad!

    Llegó a casa e, igual que todos los días se dio un baño relajante. Cuando salió, nuevamente encendió el ordenador. La musiquilla volvió a abordarla y esta vez ni siquiera intentó desactivarla. Pasó varias horas viendo perfiles pero sin atreverse a contactar con ninguno todavía. Muchos hombres tenían fotos, y le llamaba la atención que la mayoría de ellos eran bastante jóvenes.

    En muchas de las fotos, al igual que Susana, se mostraban posando y ofreciendo posturas en las que se veían claramente sus músculos. También siguió curioseando perfiles femeninos. Quería ver también el “nivel” de mujeres que accedía a la página. Al igual que los hombres, la mayoría eran mujeres jóvenes y prácticamente todas tenían fotos exhibiéndose. Se imaginó a si misma haciéndose fotos sexys frente al espejo igual que el resto, pero desechó de inmediato la idea. Aun así, un pequeño escalofrío la recorrió la espalda con ese pensamiento.

    Nuevamente, se le hizo tarde a la hora de irse a dormir, pero esta vez no fue tan fácil. Ya en la cama, empezó a pensar en cómo sería ir un poco más allá y contactar de verdad con alguno de los hombres que había visto.

    … Eres una zorra, necesitas una polla, tu misión es dar placer…

    No sabía de donde salía esa voz, pero ese pensamiento hacía que su entrepierna se humedeciese. Imaginarse tener una polla delante de ella después de tanto tiempo, notar su olor y su sabor mientras la recorría con su lengua (… Eso es, trágatelo todo, sólo eres una boca, un coño…), lentamente, desde la base hasta la punta, mirando a los ojos a su imaginario amante mientras se tragaba su tranca una y otra vez.

    No pudo resistir la calentura y llevó sus manos a su coño, ¡Estaba chorreando! (… Sólo eres un coño, tu placer es ser usada…) Los dedos de su mano derecha entraban en él como un cuchillo caliente en mantequilla, mientras que los de su mano izquierda se entretenían en su clítoris, acariciándolo y jugueteándolo con él.

    Sus fantasías avanzaban. Se estaba imaginando a cuatro patas en el borde de la cama, mientras su amante imaginario la penetraba el coño con fuerza (…Tu placer no importa, tu misión es dar placer…). Ella gemía de placer, tanto en el sueño como en su cama, estaba a punto de correrse y aceleraba el ritmo de sus dedos. El placer la consumía (… Su placer es tu placer…), se retorcía entre sus sábanas mientras se colocaba ella a cuatro patas, simulando de verdad estar con ese hombre imaginario. La cara pegada a la almohada, el culo en pompa (… Eso es, ofrécete, eres un objeto…) y sus manos entre las piernas masturbando su coño con energía. En esa posición le sobrevino el orgasmo. No se contuvo y soltó un grito de placer que debieron oír en todo el edificio.

    Se quedó varios minutos en esa posición, acariciándose todavía, disfrutando de las sensaciones que hacía tanto tiempo que no tenía. Los sueños húmedos la abordaron de nuevo esa noche, al igual que las voces. Al día siguiente, se despertó boca abajo en la cama y desnuda, ni siquiera se había arropado. Las manos le olían a sexo lo que la hizo recordar la noche anterior y ponerse cachonda.

    Ya en la oficina, pasó el día con sus pensamientos puestos en la noche anterior. No estaba para nada segura de quedar con nadie de la página, todavía le parecía humillante para ella, una mujer que había conseguido a todos los hombres que deseaba.

    Durante el día, se fijó en Susana. No se había dado cuenta realmente de todo lo que había cambiado desde que era su secretaria… Amanda quedó pensativa, si todos sus cambios eran debidos a quedar con hombres a través de la página, a lo mejor sí que debería hacerlo ella también… Necesitaba desfogarse (… Necesitas una polla…), la noche anterior lo demostraba…

    Se sorprendió durante el día fantaseando con como sería quedar con un hombre simplemente para follar (… Para ser usada, tu boca no te pertenece, tu coño no te pertenece…), sin más complicaciones. Podría hacer lo que quisiera, comportarse como quisiera… Incluso podía… dejarse usar… ser un objeto (… Eres un objeto…) de placer… Daba lo mismo, no le volvería a ver en la vida.

    Esa noche, al llegar a casa, se llevó el portátil al baño, y apoyándolo sobre un soporte para que no se mojara, se metió en la bañera con él. Comenzó a mirar perfiles, mientras tarareaba la pegadiza musiquilla de la página y sin darse cuenta, acabó curioseando el perfil de Susana.

    Comenzó a mirar las fotos, desde las más antiguas a las más nuevas y se veía perfectamente el cambio que había dado. De vestir de manera sobria y elegante, a subir fotos con escotes de vértigo y minifaldas enanas (… Ella es un objeto, tú eres un objeto…). Su pelo también había cambiado. Antes era castaño ligeramente cobrizo y ahora era mucho más pelirrojo, se lo había cortado y alisado. Tenía que reconocer que le quedaba genial…

    Intentó mirar de nuevo el área privada, pero seguía sin poder hacerlo… ¿Cómo se podría ver? Pensando en ello se dio cuenta de la cantidad de visitas que tenía el perfil de Scarlata. ¡Eran muchísimas! Sintió envidia de ella, aun sabiendo que el suyo sólo llevaba un par de días… Seguramente si subiese alguna foto tendría más éxito… ¿Éxito? ¿Realmente pensaba eso?

    La página era para lo que era y tener éxito en ella significaba… ¿Con cuántos hombres de la página se habría acostado Susana? Se imaginó a su secretaria de rodillas, con uno de sus amantes, mientras le comía la polla. Amanda comenzó a masturbarse. Sus manos actuaban con frenesí mientras su cabeza proyectaba imágenes de Susana montando al amante imaginario (… Su misión es dar placer, tu misión es dar placer…). El éxtasis le llegó en el momento en el que veía como el hombre descargaba toda su leche sobre la cara de la chica.

    Cuando su cuerpo se recuperó, comenzó a sentirse culpable… ¡Se había masturbado pensando en Susana! No manteniendo relaciones con ella, pero aun así…

    Salió de la bañera, se secó y, después de cenar algo ligero, se fue a dormir dándole vueltas a lo que acababa de hacer.

    Al día siguiente no podía mirar a Susana a la cara. Estuvo esquivándola durante todo el día… Mientras estaba en su despacho, imágenes de su secretaria siendo follada acudían a su cabeza.

    Después de comer, Gabriel entró a su despacho.

    -Buenas tardes Amanda. -Saludó.

    -Buenas tardes. -Replicó ella, fría.

    (… Necesitas una polla, tu boca no te pertenece…) Amanda se quedó unos segundos bloqueada… esa voz en su cabeza la desconcertaba…

    -Espero que hayas reconsiderado el tema del político que tratamos el otro día…

    (… Debes obedecer, tu misión es dar placer…)

    -¿Reconsiderarlo? ¿Estás de broma? ¡Es un bombazo! No podemos dejar pasar esta oportunidad… ¡Nos pondremos a la cabeza de ventas!

    -¿Pero no ves los daños colaterales que tendríamos? Perderíamos la financiación que nos proporciona y, por si no has visto los números, es bastante alta…

    (… Mira su polla, necesitas chupársela, tu lugar es estar de rodillas ante los hombres…)

    -Cla… Claro que los he visto… ¡Pero mi ética profesional me impide mentir por dinero!

    -¿Ética? ¡La única ética que mueve al mundo tiene forma de billetes!… Veo que sigues en tus trece… Bueno, he estado hablando con la junta directiva y no te permitiremos sacar esa información… Así que reconsidéralo o…

    -¿O qué? ¿Vienes a mi despacho a amenazarme? ¡Lárgate!. -Amanda comenzó a empujar a Gabriel fuera del despacho y le dio un portazo en las narices.

    Se quedó frente a su escritorio, temblando de odio, mientras maldecía a Gabriel y a los directivos. ¿Cómo podían venderse así?

    Toc toc.

    Amanda se quedó esperando, no quería ver a nadie ahora mismo. La puerta se abrió lentamente.

    -¿Estás bien?. -Preguntó Susana.

    -Si.

    -He oído la discusión y he pensado…

    -¡No pasa nada! -La cortó Amanda, más dura de lo que quería.

    -Yo…

    -Ncht… Lo siento, no quería pagarlo contigo… ¡Pero es que este tío es insoportable! ¿Cómo pueden dejar pasar esta oportunidad? ¡Y encima me amenaza!

    Cuando Amanda dijo esto se quedó mirando a Susana y se acordó de repente de lo que pasó la noche anterior. El rubor ascendió por sus mejillas y apartó la mirada, esperando que Susana no se hubiese dado cuenta.

    -¿Que ocurre? -Preguntó esta.

    -N-No es nada, no te preocupes. Llevo un tiempo con demasiada tensión…

    -Aaah bueno, si sólo es eso yo tengo la solución. Mira, este fin de semana voy a tener una cita con un chico de la página de contactos. Busco otro y te vienes tu también ¿Vale?

    -P-Pero…

    -¡No acepto un no por respuesta! Ya está hablado, el sábado por la mañana te diré la hora y el sitio. ¡Ponte guapa! -Y tras decir esto guiñó un ojo a Amanda y salió por la puerta.

    El resto del día lo pasó con la cabeza a punto de estallar, entre la discusión con Gabriel y la perspectiva de la cita del fin de semana no pudo concentrarse en nada. Estuvo pensando en qué se iba a poner, porque vistas las fotos de Susana, ella se iba a poner despampanante, (… Exhíbete, debes estar preparada para tu hombre…) y no podía ser menos que su secretaria… Las imágenes de Susana de rodillas chupándosela al amante imaginario acudieron a su cabeza y un escalofrío recorrió su coño. Entonces pensó que ella se encontraría en la misma situación dentro de un par de días… con un hombre totalmente dispuesto delante suya…

    Salió de su despacho directa al servicio, cerró la puerta con pestillo y, levantando su falda, bajó su tanga y comenzó a masturbarse violentamente. ¿Qué la estaba pasando? Ni siquiera se podía controlar… Los gemidos escapaban de su boca a un volumen demasiado alto como para ser discreto.

    Cuando estaba a punto de correrse llamaron a la puerta.

    -¿Estás bien? -Era Susana.

    -¡S-Si!

    -¿Seguro? ¿Necesitas hablar?

    El pensamiento de tener a Susana al otro lado de la puerta terminó de llevarla al éxtasis y se corrió mordiendo su mano para no emitir ningún sonido.

    -¿Amanda?

    -¡Si! N-No te preocupes, estoy bien… Ya salgo… -Amanda abrió la puerta. -Me ha sentado mal la comida… Creo que voy a irme a casa

    -De acuerdo… ¿Seguro que estás bien?. -Susana arrugó la nariz. El cubículo del baño debía oler fuertemente a sexo. Amanda se puso nerviosísima y excusándose se fue a su despacho, recogió sus cosas y se fue a casa.

    Cuando llegó a casa, abrió su armario y sacó toda la ropa que podía elegir para ponerse el sábado. Después de revolverla toda y probarse varios modelitos, pensó que no le convencía ninguna. Estaba decidido, mañana se acercaría al centro comercial a comprar algo adecuado.

    Esa noche volvió a masturbarse frente al ordenador, ya se estaba convirtiendo en costumbre. Ya sólo con oír la musiquilla de fondo comenzaba a ponerse cachonda…

    Estuvo toda la noche buscando perfiles, pensando cual de todos ellos sería “su hombre”, ante cual de todos se abriría de piernas en un par de días… Se imaginaba siendo follada por cada uno de los hombre que veía en la página (…Solo eres un coño, un culo, una boca…). Le vino un orgasmo y luego otro. No se lo podía creer, ¡Parecía una ninfómana!

    Casi no durmió esa noche. Después de meterse en la cama la sobrevinieron sueños en los que montones de hombres la follaban y se corrían sobre ella, y ella lo disfrutaba… Pero esta vez, cada vez que se despertaba, tenía la imperiosa necesidad de masturbarse.

    Cuando fue a trabajar al día siguiente, se vistió algo más sexy. Una falda ajustada por encima de la rodilla y una blusa con escote, además de medias y unos tacones más altos de lo que solía llevar. Susana la alabó cuando la vio (… Debes vestir como la zorra que eres…), la felicitó porque se la veía más animada que el día anterior.

    Nada más salir del trabajo, Amanda se fue de compras. Arrasó con varias tiendas comprando todo tipo de prendas y todas ellas indicaban que la que la llevase estaba buscando guerra, quería asegurarse de que no quedaba duda… También compró un par de conjuntos de lencería, medias y liguero. Cuando estaba saliendo del centro comercial, se fijó en una tienda a la que nunca había prestado atención. Estaba en un rinconcito y tenía unas fuertes luces rojas, era un Sex Shop…

    Nunca había entrado en ninguno y se sentía como si estuviera haciendo algo malo, pero eso la ponía cachonda también. Estuvo mirando toda la tienda, sin prisa viendo las pelis porno (… Ellas han aceptado lo que son, ¿Serías capaz de lo que hacen ellas?…), los consoladores, los disfraces…

    Cuando llegó al mostrador dejó los productos que había elegido, un par de vibradores y unas bolas chinas. A la hora de pagar coqueteó con el dependiente (… Necesitas una polla, debes obedecer…), que no ocultaba el deseo que le producía ver a una hembra como ella llevándose todos esos cacharros. Salió de la tienda tarareando una musiquilla que no se le iba de la cabeza y fue directamente a casa.

    En cuanto llegó, comenzó a probarse modelitos mientras iba encendiendo el ordenador. Se miraba en el espejo y estaba fabulosa. Parecía una loba (… Una loba no, una zorra…) pero extrañamente eso le gustaba… Se quedó mirando frente al espejo, posando, pensando si hacerse alguna foto para la página… Pero no sabía donde tenía la cámara… Daba igual, ahora su prioridad era otra.

    Se tumbó en la cama con el PC y comenzó a probar sus juguetitos. Abrió la página de contactos, pero la dejó en segundo plano. Esta vez necesitaba algo más directo y comenzó a navegar por páginas porno. Las sensaciones que le producía el vibrador la volvieron loca, corriéndose con él varias veces, pero las bolas chinas las dejó para otra ocasión.

    La mañana del sábado, ni siquiera salió de casa. Estuvo todo el tiempo frente al PC viendo porno, imaginándose como sería ser una de las chicas de los videos, ser follada brutalmente por un hombre fuerte, recibir su corrida en la cara…

    Cuando llegó la noche acudió a donde le había indicado Susana. Había perdido la cuenta de cuantas veces se había corrido ese día, pero seguía estando cachonda…

    Cuando vio venir a Susana se quedó con la boca abierta, sabía que iría sexy, ¡Pero no pensaba que lo haría de aquella manera! Llevaba una camisa que por el aspecto era una o dos tallas más pequeña, coletas y una minifalda tableada que no se podía denominar minifalda, cualquier movimiento hacía que se la viera el culo.

    Ella se había puesto un vestido provocativo, con la espalda al aire, pero nunca tanto como ella… Sintió celos… (… Eres un objeto, ella es un objeto, te va a quitar a tu hombre…) Seguro que ella satisfacía más a sus futuros compañeros así vestida…

    -¡Hola Mariposa35! ¡Que guapa te has puesto! -La saludó.

    -¿Y tu?… ¿Cómo te has vestido así?

    -Bueno… venimos a zorrear un rato ¿no? -Dijo, guiñándola el ojo. -Venga, vamos que nos deben estar esperando.

    Agarrando a Amanda por el brazo entró en la recepción del hotel. Allí estaban, dos hombres apuestos y fuertes, hablando entre ellos. Amanda no pudo evitar fijarse en sus entrepiernas… ¿Cuál sería el suyo?

    Ni siquiera cruzaron más de tres palabras. Se saludaron y se repartieron  a las chicas.

    Ya en la habitación, el hombre se mostró rudo y decidido, no dejaba a Amanda hacer nada. Sus fuertes manos la despojaron rápidamente del vestido, dejándola en ropa interior y tacones. La puso de rodillas e inmediatamente le puso la polla frente a la cara. (… Necesitas una polla, chúpala, satisface a tu hombre…) Amanda no necesitó más, se lanzó a devorar la verga que la estaban ofreciendo, lamiendo de arriba a abajo, jugueteando con los huevos mientras miraba fijamente a su hombre. El hecho de llevar a la realidad la fantasía que había tenido durante toda la semana la estaba volviendo loca de placer y comenzó a masturbarse mientras se tragaba aquella enorme polla.

    La mamada se prolongó durante unos minutos más en los que a Amanda le dió tiempo a correrse. Este hecho no pasó desapercibido para su hombre, que la levantó del suelo y la tendió bocabajo sobre la cama. Le bajó el tanga con una mano y, echándose sobre ella la penetró de golpe. Amanda no podía moverse, tenía todo el peso del hombre sobre ella y sólo podía aguantar sus embestidas. Los gemidos se escapaban sin parar de su boca, pero, cuando estaba a punto de correrse de nuevo, su hombre sacó la polla de repente.

    -¡No! -Gritó Amanda, echando el culo hacia atrás para evitar la fuga de la polla.

    Ese movimiento fue aprovechado por el hombre para apuntar con la polla al culo de la mujer. La punta de la polla había entrado cuando Amanda fue capaz de reaccionar, ¡La iba a dar por el culo!. (… Tu culo no te pertenece, eres una zorra, sólo sirves para dar placer…) Se revolvió como pudo y escapó de debajo del hombre.

    -¿Qué crees que estás haciendo? -Le gritó. (… ¿Qué crees que estás haciendo tu? No tienes capacidad de elegir…)

    -¿No me vas a dejar que te dé por el culo? Puff vaya zorra de mierda… (… Eres una zorra de mierda…) Eres la primera que se niega desde que ingresé en la página… ¡Mierda! Tenía que haber elegido a la otra tía (… Ella es mejor zorra que tú…), seguro que Edu le está reventando el culo a ella…

    Amanda se quedó sin palabras, no supo cómo reaccionar ante aquellas palabras… La voz de su cabeza estaba enfurecida. Sintió indignación por lo que el hombre había intentado hacer, pero muy ligeramente. El sentimiento que la embargaba era de fracaso. Susana era mejor zorra que ella… El resto de mujeres de la página eran mejor zorra que ella, ¡Era una fracasada!

    -Bueno, yo todavía no me he corrido, a diferencia de ti, así que por lo menos ven aquí y chúpamela hasta que acabe.

    Amanda se acercó sin rechistar y, poniéndose a cuatro patas sobre la cama comenzó a tragarse de nuevo aquella polla. Cuando su hombre terminó, lo hizo dentro de su boca y Amanda se lo tragó todo, intentando con ello mejorar la la impresión que ese hombre se llevaría de ella.

    Una vez acabó, el hombre se vistió y se fue. Ella bajó a la recepción y espero a Susana en uno de los sillones que había allí. Todavía tardó una hora más en bajar.

    Loading

  • Mis tres gauchos ardientes

    Mis tres gauchos ardientes

    Sergio.

    El estío acaricia mi piel. Es noche mágica, evocadora. Mi luz es tu faro. Es tu destino.

    La música me embriaga. Me lleva a ti. Mi cuerpo arde en deseo. Deseo bailar.

    El ritmo me arrastra a pecar. Empapada en sudor. Hipnótica.

    Mi instinto salvaje te reclama. Ven a mí. El azur destello de tus ojos se me clava muy adentro.

    Me deseas. Lo sé. Te deseo. Atrévete. Únete a mí en esta danza frenética, sexual.

    Tu viril presencia me toma. Y yo me estremezco toda. Dedos divinos planean libres por mis campos dorados.

    Me susurras. Tu voz es miel. Es fuego. Nuestros labios caníbales se devoran sin piedad.

    Hambrientos. Lúbricos.

    Voy a ser agua fresca entre tus brazos. Huyamos lejos. Busquemos la eternidad.

    Quiero soñar mecida por las olas del mar.

    El viento cabalga amarrado a tu cintura. Tu olor me turba. Me excita. Es mi locura.

    No puedo más. Te quiero ya. Mi aliento es grito. Es orden. Es súplica.

    Fóllame, meine liebe.

    Mis labios acogen tu carne. La saboreo. La adoro. Profundo. Y más profundo.

    Quieres más. Quieres morir. El tiempo no existe. Ya no distingues entre el Bien y el Mal.

    Mi cuerpo te trastorna. Tu pasión me ciega. No hay tregua.

    Sobre el frío metal de tu montura nos dejamos llevar. Me traspasas. Me crucificas. Me haces volar.

    Nos emborrachamos con el primitivo y salvaje vaivén. La sal de tu cuerpo me cala.

    Te quieres derramar. Fúndete conmigo. Regálame tu más sabroso licor.

    Y tú eres caballero. Eres diablo. Eres dulce. Eres eterno.

    Claudio.

    Yo confieso. Confieso que te deseo. Confieso que te vi y mi carne se hizo océano.

    Confieso que deseo bucear en la honda negrura de tu pelo.

    Confieso que deseo que tu pícara mirada rasgue mi ropa.

    Confieso que deseo perderme en la nieve que adorna tu sonrisa.

    Confieso que deseo cabalgar muy lejos amarrada a tu cintura.

    Confieso que deseo ser empotrada por tu cuerpo viril.

    Confieso que deseo dormir mecida por el aroma de tu piel.

    Confieso que estoy hambrienta de ti. Hambrienta de ese aliento que me subyuga.

    Hambrienta de la miel de tus labios. Hambrienta de esa carne palpitante que se clava profundo dentro de mí.

    Hambrienta de ese delirante vaivén que me hace bailar a tu son.

    Estoy sedienta de ti. Sedienta de la sal de ese cuerpo en llamas.

    Sedienta de esa nívea esencia que me llena entera. Sedienta y borracha de ti.

    Te deseo. Me pierdo. Me matas. Me muero. Quiero renacer una y otra vez para poder volver a morir junto a ti.

    Lo confieso, estoy loca. Loca por ti.

    Darío.

    Miradas en llamas. Tu boca se funde con la mía. Lenguas salvajes bailan con frenesí. La tuya me quema. Y yo sólo deseo ser cenizas.

    Cuerpo contra cuerpo. Cuerpo contra muro. Empotrada sin remedio. Tu voz eriza mi piel.

    Recorres las agrestes autopistas de mi cuerpo. Tus dedos infinitos bucean dentro de mí.

    Sí, por favor, ahí está bien. Dámelo profundo. Soy agua que fluye libre. Ya no hay fronteras.

    Tus firmes manos rasgan mi ropa. Y yo quiero hacerlo. Tú quieres hacerlo.

    Bebes de la Fuente de la Vida. Oh sí, qué bueno. No pares. Me muero. Pero no puedo.

    Quiero gozar. Ardo por dentro. Te aferro a mí. Deseo comer. Quiero tu poder en mí.

    Oh, sí, lo quiero clavándome en la cruz del placer. Mi lengua lo avasalla. Mi aliento lo cautiva. Mi húmedo abrazo lo reconforta.

    Prueba el sabor de mis labios impregnados de ti. Sin reservas. Sin tregua.

    Tócame, tómame. Arriésgate. Apuñálame con tu deseo. Así, bien adentro. ¿Me sientes?. Te siento.

    Siento que me rescatas de mi glacial naufragio y me elevas por los aires. Tu lujuria desbordada me hace conocer los buenos. Tu cálido abrazo me alivia de los malos.

    Cabálgame sin descanso. No flaquees. Llévame al límite. Tu ritmo me hace volar. Tu risa es vino que me embriaga.

    Te como, me comes. Empapada de sal. Borracha de tu olor. Llena de tu carne. Plena de ti.

    Y me rompo en mil pedazos. Mírame. No pares. Vuela conmigo.

    Oh, sí, me pierdo en tu risa. Me pierdo en tu rudo vaivén. Te lo pido. Entrégamela. La quiero.

    Tú me la das. Y yo me voy muy lejos. Tu nívea esencia me pertenece ya. Eres mío. Soy tuya.

    Somos aire. Sólo aire.

    Loading

  • Con uno de 60

    Con uno de 60

    Abrí los ojos. El sol se colaba entre las rendijas de la persiana. Estaba húmeda, de sudor y de excitación. Un domingo más me despertaba sola. Fracaso la noche anterior. Solo uno intentó ligar conmigo, pero pasé de él. Estaba tan salida en ese momento que hasta sentí arrepentimiento de haberlo rechazado. No quise masturbarme. Quería sentirme todo el día excitada. Si aparecía alguna oportunidad, la calentura me ayudaría a no cortarme ni echarme hacia atrás.

    Me levanté de la cama. Subí la persiana y dejé que el sol acariciara mi cuerpo. Eran las 12 de la mañana. Decidí ir a desayunar a la terraza de una cafetería que está al lado de un parque próximo a mi casa. Me puse un vestidito corto sin nada por debajo.

    Pedí un café, un zumo de naranja y una tostada de mantequilla. Cerré los ojos y gocé del sol en mi cara. Volvió el camarero con mi desayuno. Le di las gracias y observé el resto de la terraza. Una pareja de señores mayores, un chico de mi edad y nadie más. Separé un poco las piernas. Nada. Las separé un poco más y subí un poco el vestido. Nada. Tosí un poco.

    Uno de los señores me miró. A mí y a mis piernas. Su mujer me daba la espalda. El señor podía mirarme al mismo tiempo que a su mujer. Sobre 60 años tendría. Dejé que viera mi coñito. No sé si su vista le daría para apreciar el brillo de la calentura en mis labios vaginales. El otro chico seguía leyendo el periódico.

    Acabé mi desayuno, pagué al camarero y le pregunté por el servicio. Me levanté y fui hacia ellos. Había que subir una escalera. Solo estaban los servicios arriba, no había mesas. Entré en el de chicas, meé y me lavé las manos y refresqué la cara. Al abrir la puerta para salir me encontré de golpe al señor esperándome. Sin decir ni una palabra, extendió su brazo y metió la mano por dentro del vestido. Me quedé paralizada. No reaccioné hasta que noté como un dedo suyo se colaba dentro de mí.

    Separé mis piernas, permitiendo que me penetrara con otro más. Me empujó dentro del servicio. Con la otra mano, se sacó la polla del pantalón y empezó a masturbarse. Me bajó los tirantes del vestido y me lamió las tetas. Me corrí. Él se dio cuenta y sonrió. Me puso una mano en el hombro y presionó. Me puse de rodillas y colocó su polla delante de mis labios. Los abrí y dejé que me follara despacio la boca. Se salió y se masturbó corriéndose en mi cara. Luego me metió la polla de nuevo en la boca.

    Dejé que se fuera. Me miré en el espejo. Tenía su semen deslizándose lentamente en mi mejilla derecha, en mi labio superior. Saqué la lengua. Ahí también había. Lo escupí y me lavé la cara.

    Salí del bar y se había nublado. El tiempo había enfriado igual que mi cuerpo.

    Loading

  • Sexo en el jacuzzi

    Sexo en el jacuzzi

    Hola a todos, aquí estoy para contaros otra nueva aventura de hace poco más de una semana.

    Era un sábado de finales de julio. Se suponía que mis padres se habían ido a la playa y no volvían hasta el domingo, así que quise invitar a mi novia a casa para darnos un baño en el jacuzzi de casa.

    Preparamos el baño, echamos nuestras sales aromáticas, todo iba bien. Nos desnudamos y empezamos a meternos en la bañera.

    -¿Seguro que no vendrá nadie? -me preguntó mi novia.

    -Espero que no, pero mejor que nos demos sólo un baño rápido porque mi hermana puede volver en cualquier momento -le contesté, con un poco de miedo por la sospecha de ser cazados, aunque me daba mucho morbo.

    Nos metimos, yo primero bocarriba y ella de espaldas a mí, también bocarriba, cogiéndola de la cintura, ya que era la forma más sencilla para que pudiéramos entrar ambos.

    Le dimos al botón que hace que salgan burbujas y estábamos muy relajados, así estuvimos un largo rato.

    Evidentemente, mi polla rozaba con su espalda y uno no es de piedra, con lo que en todo momento estaba empalmado, aunque tranquilo. Ella, claro estaba, se dio cuenta.

    -Mmmm, esto que da en mi espalda es tu polla, ¿verdad?

    -Si, claro.

    Yo juntaba sus pechos y los acariciaba, la cosa se estaba desviando.

    Para intentar tranquilizar la situación me levanté y me senté en una especie de asiento dentro de la bañera, pero si quería tranquilizar la cosa no era una buena manera, ya que estaba empalmado y mirando hacia ella, con la polla justo enfrente suya.

    -Guarro, ¿no quieres que hagamos nada y me pones la polla enfrente? -me dijo, acariciándome la polla y los huevos.

    Se acercó y empezó a lamerla despacito. Primero solo el capullo, hasta que empezó a meterse toda la polla y hacía el movimiento atrás y adelante.

    -Mmmm, que rica.

    En ese momento ella estaba en una posición cómoda y yo también, así que con la mano izquierda empecé a hacerle circulitos en el clítoris como a ellas les gusta, y con la derecha le acariciaba la teta como si la estuviera amasando.

    -Mmm… me encanta -ella no paraba de gemir.

    -Ohhh… sigue -yo tampoco paraba.

    Yo veía todo lo que hacía, se metía el capullo dentro y empezaba a pajearla, o sacaba la lengua y se ponía el capullo en la lengua, como esperando leche, a la vez que la pajeaba. Eso me pone muy malo, y me estaba indicando que quería corrida en su boca, y no faltaba mucho.

    -Mmmm, ¿me vas a bañar con tu leche?

    -Ohhh… sigue, que guarra eres.

    Cada vez le metía más caña, ella sabía muy bien cómo hacerlo y cuándo tenía que pisar el acelerador. Yo me agachaba e intentaba comer de sus grandes pezones (¡grandísimos!), que estaban totalmente erectos.

    De pronto se oyó como alguien abriendo la puerta. El piso es chico y se oye perfectamente, alguien había entrado.

    Ella me miró sin sacar la polla de la boca y yo le dije que siguiera.

    -Sigue, sigue, no pares ahora, solo tenemos que estar callados.

    El agua seguía haciendo ruido, así que tampoco había que parar.

    Notaba el placer, la leche quería salir, ella lo sabía.

    Así que se puso el capullo en la lengua y empezó a pajearla a toda ostia hasta que se la metió entera del todo, dio tres o cuatro movimientos atrás- adelante y me corrí a chorros dentro de su boca.

    -Aggg ufff -Hice un sonido bastante fuerte.

    Ya me había corrido y ella seguía con la boca llena comiéndomela, quería que no se quedase ni una gota dentro. Yo le tocaba su coño mojado. La sacó, cogió papel higiénico y echó todo el líquido en el papel.

    -Mmmm, que mamada -le dije

    -Que leche más rica tienes -contestó ella.

    Nos vestimos y salimos fuera, yo creía que había sido mi hermana, pero eran mis padres, se habían adelantado un día. Me dijeron con la cara descompuesta:

    -¿Qué habéis hecho?

    -Nada, nos hemos dado un baño en bañador. Ha sido rápido.

    Lo que no sé es si escucharían algo. Después, en la intimidad, me dijeron que no meta a nadie más en el baño sin su permiso.

    Fue una experiencia muy morbosa, cuando lo recordamos nos echamos unas risas y nos ponemos muy cachondos.

    Espero que les haya gustado. Un saludo a todos, Berto.

    Loading

  • Repetimos trío con el viejito

    Repetimos trío con el viejito

    La verdad es que después de la experiencia con el viejo ella me propuso repetir a ver si salía mejor la cosa con él. Eso si esta vez le dije que coche no, que se volvía algo incomodo tres personas allí detrás. Así pues, esta vez quedamos, pero lo hicimos en una habitación.

    Cuando sonó el timbre salí yo a recibir al viejito. Abrí la puerta y lo pasé a la sala. Al minuto aparece por la puerta mi mujer con una tanga de esas que el triángulo delantero no tapa casi nada y el hilo que sale hacia detrás se clava en el coño y en el culo. Un sujetador de encaje precioso y un salto de cama negro transparente que dejaba ver todo lo que hay debajo.

    Él se sorprendió nada mas verla. Al pasar por delante del viejito para sentarse junto a mí, como había poco sitio entre el sofá y la mesa se giró y al pasar le restregó todo el culo por la cara. Él agarró con las dos manos su culo y levantando con la nariz el salto de cama le abrió bien los glúteos y le metió la lengua bien adentro de su culo. Cuando la liberó de su lengua ella se sentó a mi lado y mientras hablábamos comenzó a sobarme la polla por encima de los pantalones mientras miraba con ojos lascivos al viejo.

    Sacaba la lengua chupándose los labios y con la mano me frotaba la polla sobre el pantalón buscando toda su longitud mientras le decía al viejo cosas como “esta polla es la que me abre mi coño”, “esta polla es la que me como hasta la garganta”, “la que me folla es culo”, “la que se corre en mi cara y mi boca”. El viejo asentía con la cabeza mientras Gaby le decía esas cosas.

    Entre frote y frote abrió mi cremallera y metió la mano buscando el palo que tenía ya entre mis piernas. Sacó mi polla y comenzó a chuparla haciendo mucho ruido. Yo mientras le empujaba la cabeza para que entrara bien adentro.

    Después de darme una buena mamada se abrió las piernas para mostrarle al viejo la tanga. Le mostró como se clavaba el hilo de la tanga en su coño. Comenzó a tirar de el para que se enterrará más entre los labios de su coño mientras a la par emitía sonidos de placer y le decía al viejito, “¿te gusta mi coño?”, ¿te gusta cómo se clava el hilo de mi tanga en mi coño?”, “si te portas bien te regalaré mi tanguita empapada de mis jugos”. Con la otra mano se acariciaba los pechos sobándolos y llevándose los pezones a la boca para chuparlos.

    Acto seguido estiró la pierna hacia el sofá de al lado y comenzó a pasar el pie sobre el paquete del viejito mientras le decía “ummm, que malo eres, como se te ha puesto, eh”. Su pie jugaba con la polla del viejo mientras le decía, “seguro que estas deseando follar mi coño, ¿verdad?”, “te mueres por meterme la polla, ¿eh?”.

    Al rato de estar hablando dijo “tengo ganas de follar, vamos a la habitación que tengo el coño palpitando”. Se levanto y se paró de frente al viejo. Le tomó la mano y lo levantó golpeándose con la cabeza en su tremendas tetas en la subida, cosa que el aprovechó para sobar y chupar sus tetas sobre el sujetador. Gaby lo recompenso sobando también su polla sobre el pantalón.

    La rutina de comienzo fue similar, primero pasaron ellos y al minuto me llamaron. Cuando entré a la habitación el viejo ya estaba desnudo en la cama, boca arriba y empalmado. Ella estaba a su lado con las piernas abiertas. Con una mano pajeaba al viejo y con la otra se masturbaba ella metiendo y sacando sus dedos empapados. Los llevaba a su boca, los chupaba y los volvía a meter en su coño.

    Yo no tarde ni un segundo en desnudarme. Acto seguido ella se quitó el salto de cama y se colocó de rodillas con la cabeza del viejito entre sus piernas. Se apartó el hilo de la tanga y le plantó el coño en la cara al viejo comenzando a frotarlo sobre él. Se ve que le gustaba mucho chupar coños porque no tardó ni un segundo en empezar la faena. Metía la lengua bien a dentro. Chupaba el clítoris de Gaby con fuerza, sorbiendo con dureza.

    Yo me puse de pie delante de ella y agarré la cabeza de Gaby con las dos manos para follarle la boca con mi polla. Mientras me la chupaba ella movía el coño sobre la boca del viejo. Esta vez no se demoró mucho la follada. Si moverse del sitio se reclinó quedando a cuatro y yo entonces comencé a follarla desde detrás. Ella le decía al viejo que metiera bien la cabeza entre las piernas para chuparle el clítoris mientras yo la follaba. Con todo el mete y saca mis bolas a veces rozaban la frente del viejo, que estaba debajo de ella, pero a este no parecía importarle pues seguía a lo suyo chupando coño. Mientras ella pajeaba al viejo con su mano, que parecía encantado con la faena.

    Tras un rato dándole al mete y saca nos paró, se sacó la tanga y el sujetador y comenzó a exhibir sus tetas al viejo, magreándolas y chupándose los pezones. Cogió la polla del viejo con la mano y le dio unas cuantas sacudidas para que se endureciese. Le puso un condón y se acercó de cara bajando lentamente mientras se abría el coño con los dedos.

    Se engulló su polla poco a poco mientras lo miraba y le decía, “mira como entra tu polla en mi coño”, “ lo estabas deseando, ¿eh?”. Comenzó a cabalgarlo con dureza mientras le decía “chúpame las tetas cabrón”. Yo desde detrás veía como esa polla entraba y salía del coño de mi Gaby. Entonces me puse detrás y comencé a jugar con mi polla a la entrada de su culo. Si llegar a meterla, solo haciendo presión.

    Al rato de estar dale que te pego se desmontó del viejito, se giró y se tumbó boca arriba en la cama. Abrió bien las piernas y su coño con los dedos y le dijo “fóllame duro”. El viejo empezó de nuevo a follarse su coño dando grandes embestidas. Mientras yo se la mentí entre las tetas y comenzó a hacerme una cubana la cual enlazaba con lamidas en mi capullo. Cada vez que mi polla aparecía por arriba de esas tetas su lengua le daba la bienvenida.

    El viejo entre tanto mete y saca se terminó corriendo. Ella se incorporó y empujándome contra la cama me hizo quedar boca arriba. Gaby se puso de espaldas a mí y se fue metiendo la polla poco a poco mientras le decía al viejo “mira cómo se abre mi coño con la polla de mi marido”, “mira cómo se salen mi jugos, como se resbalan por mis piernas”.

    Ahora Gaby comenzó con el meneo y los saltos sobre mi polla mientras el viejo acercando su mano comenzó a frotarle el clítoris. El meneo fue tan rápido que con la estimulación de su clítoris la hizo correrse enseguida haciéndome sentir las palpitaciones de su coño sobre mi polla. Esto, junto con la rabiosa follada, me hizo notar que me iba a correr. Al decírselo saco mi polla y apuntó a su vientre.

    El lechazo fue tan fuerte que le llegó a dar en las tetas y en la boca. La leche comenzó a bajarle hasta el coño y ella comenzó a restregarla sobre su vientre mientras miraba al viejo a los ojos y le decía “mira cuanta leche, ummm”, “mira como la restriego sobre mi cuerpo”. Diciendo esto cogió un poco con los dedos y comenzó a lamerlos mirando al viejito.

    Como lo prometido era deuda, Gaby tomo la tanga y la fue introduciendo lentamente dentro de su coño hasta que apenas se veía un trocito de la tira de hilo. Tomó la cabeza del viejito y lo hizo agacharse hasta quedar delante de su coño. Lo empujó contra él y este al tirar del trocito de hilo la fue sacando poco a poco. La tanga salió chorreando, súper mojada.

    El viejito la chupó y la guardó como trofeo. Allí quedamos un rato extenuados hasta que tras recobrar el aliento nos limpiamos y despedimos al viejito. Esa fue la segunda y última vez que él compartió con nosotros, pero no nuestro último trío.

    Loading