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  • Club (parte 1)

    Club (parte 1)

    Estaba muy nerviosa, el corazón me iba a mil. Era mi primera vez en un local liberal y hacía años que lo estaba deseando. Iba preparada vestida para la ocasión. Mi falda cortita de colegiala, una camisa blanca y nada de ropa interior. Fui a la barra y me pedí una copa, me senté en un taburete y empecé a observar quién estaba por allí tomando algo. Había un par de chicos de unos 30 años que me comían con la mirada. También había un hombre de unos 40 y pico que me clavaba su mirada con deseo.

    Cogí la copa y le di un buen trago. Sin darme cuenta, el cuarentón se había puesto a mi lado y me dijo: “Hola preciosa!! ¿Eres nueva por aquí?”. Me moría de vergüenza y le dije que si.

    Él se ofreció muy amablemente a enseñarme las distintas salas y explicarme cómo funcionaba aquello. Cogí mi copa y le seguí mientras atendía las explicaciones del caballero, que poco a poco iba pasando de cuarentón a madurito interesante; me estaba empezando a dar morbo y eso me hacía empezar a sentirme cachonda. Había unos sofás en la penumbra que él me dijo que eran los reservados, para gente que no le importaba disfrutar en público; la única regla era que no se permitía la penetración.

    Mirando en uno de ellos puede distinguir a una chica o mujer (estaba muy oscuro) con dos hombres, uno a cada lado. Ella estaba masturbándolos mientras besaba a uno y a otro; tenían las pollas duras y bien grandes. Mirando esos dos pollones en sus manos noté que me empezaba poner muy muy cachonda.

    Pasamos unas cortinillas y me dijo que ese era el pasillo de los baños. Me dijo que en el de mujeres había dos puertas que ponía “GH” y me explicó que eran dos puertas de Glory Hole. Al preguntarle que qué era eso se rio y me dijo que solo tendría que descubrir por mi misma y recalcó que es una de las zonas más concurridas y donde más disfruta la gente.

    Luego pasamos por 4 cuartos donde no había puerta. Nos paramos en una que estaba ocupada por dos chicas y un chico. Me explicó que allí entraban parejas y si quien para en la puerta les gusta, son los que están dentro quienes tienen que invitar a la persona a entrar. Me fijé y me excitó mucho el ver que el chico de la habitación me miró, sonrío, me guiño un ojo y me hizo un gesto por si quería entrar. Me ruboricé y él cerró los ojos sintiendo una lengua en su glande y otra chupándole los huevos.

    Yo ya iba cachondísima y me dijo que quedaban dos salas. La primera era una habitación con una cama redonda de unos 2 metros de diámetro. Era la sala de orgías, informándome que aún era un poco pronto (las 22.45 horas) y que luego se animaba; ya que todas las noches esa sala se solía llenar. Antes de llegar a la última sala, me dijo que era una versión de un cuarto oscuro, pero para más valientes. Entramos y se me fue todo el calentón.

    Era una habitación con un colchón de 90 centímetros en el suelo, unas esposas y un pañuelo. Le pregunté si esto era en serio, y me dijo que sólo las más valientes y guarras se atreven a desnudarse, esposarse y vendarse los ojos. “Tienes toda la razón”, le dije. Me acompañó de nuevo a la barra y me dijo que si le necesitaba, él iba a estar por allí.

    Los dos chicos no paraban de mirarme y cuando me sirvieron la segunda copa me armé de valor y me acerqué a su mesa. “Hola”, les dije… “¿venís mucho por aquí?”. Uno de ellos muy avergonzado dijo… “No, es nuestra primera vez aquí…”. “Pues ya somos tres… me puedo sentar con vosotros?”, les dije.

    Dejaron un espacio entre los dos y yo me senté en medio. Me acordé de la chica de los reservados y puse cada una de mis manos en la entrepierna de ellos rozándoles el paquete. Ellos se intimidaron un poco, pero sonrieron y noté que no les desagradaba, ya que notaba cómo le iba creciendo un gran bulto entre sus piernas. Iba muy muy cachonda, pero ya me dijeron que en esas mesas no se podía exhibir ni hacer nada sexual. Estuvimos charlando un rato mientras yo frotaba por encima de sus pantalones sus pollas ya duras.

    Cuando me di cuenta, el local estaba bastante lleno; yo diría que unas 30 personas o así, les dije que iba a ir al baño y que, si tenían suerte, volvería.

    Fui al pasillo de los baños entré, oriné y luego, entre el calentón y el morbo decidí ver qué era eso de las otras dos puertas. Había dos puertas de otro color, rojo chillón, una enfrente de la otra y en cada una ponía GH. Decidí probar en una. Estaba cerrada. Pegué mi oreja a ver si oía algo… me pareció oír como golpes y algún gemido, o eso me pareció.

    Cogí valor y abrí la otra. No había nadie. Era un cubículo de 1 m y medio por 1 m y medio con dos agujeros en cada una de las tres paredes. Había un letrero grande que ponía “Cierra con pestillo y disfruta”. Al cerrar el pestillo noté que los agujeros de la pared pasaron de no estar iluminados en el otro lado, a estar con una luz verde… supongo que será como avisar de que hay alguien disponible.

    No esperé más de 30 segundos y ya asomó algo por uno de los agujeros. Era una polla muy blanca, delgada y flácida. No tardé en cogerla y acercarme a ella. Por ese agujero tenía total acceso a su polla y a sus huevos. Primero la froté de arriba abajo, suavemente… luego pasé mi lengua por su glande y la meneé más fuerte. Abrí la boca y me la empecé a tragar, lentamente. Oía sus gemidos de placer y eso me hacía ponerme más y más cachonda. Mientras se la chupaba y casi sin darme cuenta, apareció una polla muy grande y dura por el agujero que había enfrente.

    La cogí con la mano que tenía libre mientras chupaba y masturbaba al primero. Me di cuenta que la gran polla de enfrente estaba a punto de correrse, entonces mi boca cambió de polla, porque estaba tan cachonda que lo que más deseaba era una buena ración de leche. Estaba en lo cierto, como pensaba, y después de metérmela en la boca un par de veces hasta el fondo, noté su leche caliente en mi garganta y la saqué para que me bañase la cara. Que morbo me da dar placer y notar que se corren en mi cara.

    Pregunté si quería que me la tragara y escuché un tímido “si”… esa voz… mientras el primero ya se había empalmado… no era muy gorda pero sí de tamaño considerable… acerqué mi boca y empecé a lamerle suavemente el contorno del glande. Oí alguna voz y, de repente, salieron dos pollas más por la pared de enfrente de la puerta. Por el tamaño sospecho que fueron los dos chicos; pero eso yo, no lo sé.

    Seguí chupando la delgada y larga polla mientras les hacía una paja a los otros dos. Noté que estaba a punto, con lo cual solté las otras dos y empecé a masturbarle fuerte y rápido con mi boca delante, abierta y preparada para saborearlo todo. Era delgadita era, pero menudo chorro me metió en la boca. Y encima yo, que soy muy viciosa y estaba cachondísima, me metí el capullo en la boca y se la meneé hasta que me dio toda su leche caliente. Cuando me giré para seguir disfrutando, las otras dos pollas habían desaparecido… jooo.

    Volví a la barra, pedí otra copa y, ya que ahora sí que había gente y había ambiente, fui a explorar todo lo que me habían explicado… Fui directa a la habitación de la orgía después de pedirme otra copa. Había dos chicos y dos chicas follando fuerte entre ellos. Dejé pasar a una chica que se acercó a la cama se desnudó y se unió a la fiesta de la cama redonda.

    La verdad es que me puso cachondísima ver cómo llegaba la nueva, besaba a una y a la otra y se agachaba para comerse uno de los rabos mientras el otro se le ponía detrás y le empezó a empotrar sin piedad. Cada vez notaba mi entrepierna más húmeda y tuve que irme de allí para no correrme.

    Me acabé la copa y pensé… “si no me atrevo ahora, nunca me atreveré.”. Dejé el vaso vacío en una repisa y me fui, sin pensármelo, al cuarto del colchón, la venda y las esposas. Entré y me quité la ropa, rápido y sin pensar. Me puse una esposa, me vendé los ojos, puse mis manos en mi espalda, cerré la otra esposa y me senté en el colchón. No sé cuánto tardó en entrar la primera persona; pero, a mí, me pareció una eternidad. Oí unos pasos que se acercaban y me pareció oír una risilla contenida.

    Oí una voz de hombre que me dijo… “Hoy vas a ser una perra… ¿es lo que quieres?“. Contesté que sí y noté una mano entre mis piernas, rozando mi coñito… Escuché cómo se abría una bragueta muy cerca de mi cara y, de repente, noté cómo entraba por mi boca una gran polla. Me la metió fuerte hasta la garganta y me dio una arcada. Me dijo que le escupiese, y así lo hice. “¡Quiero que la llenes de saliva perra!”, y yo obedecí escupiéndole y tirándole saliva en su glande.

    Lo rodeé con la lengua y sintiendo mis babas en su polla, la recogía y las volvía a poner arriba. Me la metí en la boca y él empezó a meterme la fuerte. Me ordenó que abriese la boca y me dijo que si quería toda su leche dentro. Yo le dije que sí. Tenía mi boca abierta y oía y sentía que se la estaba meneando al lado de mi boca.

    De vez en cuando me metía la puntita y la dejaba allí mientras se masturbaba. Le estaba lamiendo el borde del glande cuando noté que alguien me escupía en el coño, no te como pasaba su dedo y, de repente, ¡me estaba metiendo un gran pollón… ”Abre la boca!”… oí… obedecí y abrí mi boca. Notaba su glande en mi lengua y los movimientos que él hacía con su mano al masturbarse.

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  • Mi viaje a Paraguay

    Mi viaje a Paraguay

    Esto es algo que me pasó hace más de un año, yo soy alguien normal, delgado de 50 años, trato de cuidarme lo más que pueda, aunque a veces no se pueda, tengo una hermosa familia y todo lo que uno espera de la vida, trabajo en una empresa multinacional, pero el año pasado la empresa me pidió que fuera a Paraguay a hacerme cargo de algunas sucursales que tienen allá por unos meses, así que prepare todo, me dieron la indicaciones correspondientes, y me fui.

    Al llegar a Paraguay me recibió gente de la empresa y fuimos directo a una de las sucursales, charlamos un par de cosas y luego me llevaron a donde me hospedaría durante el tiempo que este ahí, al acomodar todo mi equipaje me di cuenta que tendría que comprar alguna cosas que me había olvidado, así que fui a algunos comercios del lugar y de paso iba conociendo la zona.

    En uno que estaba cerca de donde me hospedaba hice la compra de lo que necesitaba y me atiende una mujer de mi edad que estaba junto a una chica la cual después supe que era su hija, me pregunta si era nuevo en el lugar, de donde venia y cosas así, ya que por mi acento supo que no era paraguayo, todos los días iba al mismo lugar a comprar, así que habíamos entrado en confianza, yo también le hacía preguntas del lugar y de su vida, así que supe que era viuda, que con lo que el seguro le había pagado por la muerte de su esposo puso su comercio y cosas así.

    Una de las tardes que el día estaba lluvioso y no había gente en el comercio me pregunta que iba a cocinar, le digo que no sabía, que seguramente comería algún sándwich o algo así, ya que no había tenido un comida decente en mucho tiempo, la conversación quedó ahí, pero al otro día cuando terminó de comprar y voy a pagar me hace la misma pregunta, y le doy la misma respuesta, entonces me dice si me molestaría cenar con ella y su hija, ya que ella cocina solo para ellas dos, realmente me sorprendió la invitación, pero obviamente acepte.

    Así que esa noche fui a su casa, cenamos realmente exquisito y charlamos de todo, hasta ese momento yo solo la conocía de la cintura para arriba, ya que es lo único que podía ver de ella detrás del mostrador, tenía una ricas tetas no muy grandes, pero una vez que la conocí de cuerpo entero pude ver que tenía anchas caderas que coronaban un hermoso culo de grandes nalgas, no diré que era una modelo, pero tenía todo muy bien puesto, su hija se fue a dormir y nosotros quedamos hablando un rato más y terminando la segunda botella de vino.

    Cuando me voy le agradezco por la comida y el trato que tenía conmigo, y también le digo que me encantaría invitarla a cenar para agasajarla a ella y que fuéramos a algún restaurante, ella acepta y quedamos para el sábado así al otro día ninguno tengamos que trabajar, cuando salgo la saludo y ella me despide con un beso en la boca el cual automáticamente se lo devolví, pasaron los días y cada vez que iba a comprar ella me despedía muy amablemente y con una caída de pestañas que denotaba deseo, yo sabía que ese sábado no sería solo una cena.

    Al llegar el sábado a la noche la paso a buscar, cuando sube al auto me da un beso en la boca y salimos para el centro de Asunción, le digo que ella me indique algún lugar, ya que yo no conocía nada, fuimos a un restaurante de comidas típicas paraguayas y la verdad que estaba todo muy rico y pasamos un buen momento, pago y nos vamos, le digo que me gustaría que sigamos tomando algo en casa y ella acepta, así que vamos, cuando llegamos, ni bien abro la puerta entramos y nos fundimos en un beso apasionado, estuvimos besándonos un largo rato.

    Así que le agarro la mano y la llevo a la habitación, una vez ahí la tiro sobre la cama y continuo besándola, pero esta vez comencé a acariciar sus hermosas tetas, por sobre su ropa podía notar como se le endurecían los pezones, así que empecé a sacar todo lo que llevaba puesto arriba hasta que quedaron al aire sus tetas, las comencé a chupar como loco, las mordía y jugaba con mi lengua en sus pezones, ella acariciaba mi cabeza en señal de que le gustaba, y daba profundos suspiros, yo juntaba sus tetas y ponía sus dos pezones en mi boca, eso la ponía a mil.

    Yo también me encontraba muy caliente por lo que saque saqué el pantalón que ella llevaba y apareció una diminuta tanga que me encanto, comencé a acariciar su concha y no tardo en sentirse la humedad de su concha, así que se la quité y quedo al descubierto una preciosa concha toda depilada, no me pude aguantar y empecé a chuparla, se encontraba mojadisima, cada vez que pasaba mi lengua su clítoris se hinchaba casi hasta explotar, sus gemidos se hacían muy sonoros, trataba de llegar a lo mas profundo de su concha para después jugar con su rosado clítoris.

    No tardó mucho en tener su primer orgasmo el cual lleno toda mi boca con sus jugos, fue un chorro potente que llego con un grito de placer, estuvo increíble, así que continué chupando enloquecido buscando sacar sus segundos orgasmos que no tardo el llegar, esta vez fue un chorro con menos fuerza, pero con la misma cantidad de jugos, ella quedo casi sin poder respirar, así que mientras ella recuperaba el aliento yo me saque toda la ropa y me metí a la cama junto con ella, me decía que hace mucho tiempo no tenía un orgasmo, y mucho menos dos seguidos, y por la cantidad de jugos que trague me di cuenta que hace bastante no estaba con nadie.

    Una vez que estuvimos juntos en la cama la abracé desde atrás y comencé a besarle la espalda, ella me decía que era muy tierno y que le gustaba, así que fui directo a besarle el cuello, eso la estremeció y dio un gran suspiro, así que mientras la besaba le acariciaba las tetas con ambas manos, ella acercaba su gran culo cada vez mas a mi queriendo sentir mi pija, yo la tenía caliente y dura, y sentía sus nalgas suaves y tibias, en un momento ella se da vuelta y comienza a besar mi pecho, me daba pequeños besos y a la vez iba bajando mas y mas.

    Cuando llego a mi pija la agarro con una de sus manos y comenzó a sobarla, lo hacía muy lento, y podía sentir como le daba pequeños besos a la cabeza, le pasaba su lengua y poco a poco la iba metiendo dentro de su boca, comenzaba a chupar muy despacio y a medida que entraba en su boca chupaba con mas intensidad, realmente me encantaba, pasaba su lengua de punta a punta y luego la metía y sacaba de su boca con velocidad y maestría, el placer que estaba recibiendo era increíble, hace mucho tiempo que no me la chupaban de tal manera, ni siquiera mi esposa lo hacía así.

    La saco de la chupada gloriosa que me estaba dando y la beso apasionadamente, luego la subo sobre mi para que me cabalgue, ella acomoda mi pija en la entrada de su concha y empieza a bajar muy lentamente, su interior estaba calentisimo y mojado, ella dio un pequeño suspiro de placer hasta sentir que llego a lo mas profundo de su ser, comenzó con los movimientos y era fabuloso sentir el interior de esa concha, ella subía y bajaba dando gemidos que denotaba lo caliente que se encontraba, la tomo de la cintura y le clavo mi pija con todas mis fuerzas, y empiezo a moverme para que entre mas y mas.

    Ella no paraba de gemir y de largar jugos del interior de su concha, en un momento empieza a tener gemidos con mas fuerza y a tener otro orgasmos que moja toda la cama y mis piernas, yo seguía cogiéndola y ella no paraba de largar sus jugos, la verdad que me tenia muy caliente el que sea squirt, ahora cambiamos de posición y la coloque en cuatro patas, yo me acomode atrás de ella y de un solo movimiento se la clave hasta el fondo, ella dio un fuerte gemido y comencé a cogerla nuevamente, era fantástico ver su grandes nalgas chocando contra mí.

    El placer de que sus carnes se movieran rítmicamente con cada una de mis embestidas no tenía comparación, la cogía a gran velocidad y lo mas profundo que podía, no tardó en llegar otro orgasmo que chorreaba por sus muslos, yo sacaba mi pija y la volvía a meter, en ocasiones la sacaba y acariciaba la entrada de su culo con mi pija, para luego volver a meterla, no recibía ninguna objeción por hacerlo, así que supe que esa noche podría explorar todos sus orificios, entonces me acomodé y puse la cabeza de mi pija en la entrada de su ano.

    En ese momento ella gira su cabeza y me pide que lo haga despacio que hace mucho tiempo no lo hacía por ahí, así que ante su pedido saque mi pija y clave mi cara para comenzar a lamer su ano, la sensación de tener esa nalgas a mi disposición era genial, ella suspiraba cada vez que sentía mi lengua, yo estaba feliz entre esas dos masas de carne, no se el tiempo que me quede lamiéndola, cuando ya mi lengua entraba en lo mas profundo decidí continuar con lo que restaba, que era cogerle el culo, nuevamente apoye la cabeza de mi pija en su ano y muy lentamente comencé a presionar.

    Ella daba pequeños quejidos, yo paraba para que se acostumbre y volvía a presionar, a la tercera presión que hice ya la tenía toda adentro, comencé muy despacio a sacarla y meterla, cuando ella ya no daba quejidos empecé a cogerla con mas intensidad, era imponente su culo, así que tome una de sus manos y la lleve para atrás así abría una de sus nalgas para tener mejor visión, en ese momento ya podía entrar y salir de su culo a gusto, así que tome su otra mano y abriera la otra nalga también, su ano dilatado era un sueño.

    Yo no podía dejar de cogerlo, cada vez lo hacía con mas fuerza, hasta que sentí que estaba por venir mi descarga, apure mis movimientos y cuando estaba en lo mas profundo de su culo largue toda la leche que tenia en mi interior, era un sueño, no quería salir nunca de ese culo, cuando por fin salgo un hilo de leche salía de su ano, así que con mis manos abrí sus nalgas para no perderme ese espectáculo, su ano dilatado dejando caer mi leche fue una de las cosas mas morbosas que van a quedar en mi vida, ella se recostó y yo la abracé para dormirnos así.

    Cuando nos despertamos volvimos a coger, pero de una forma mas tranquila, mientras desayunamos me decía que nunca la habían cogido así, todo el tiempo que estuve en Paraguay ella me sacaba toda la leche los sábados o cuando podíamos, me hizo adicto a su culo, y hasta llegamos a ver la posibilidad de que cuando vuelva hacer un trío, yo creo que ese viaje cambio mi mente por completo, ya que seguramente en otros relatos les contare todo lo que hicimos y como también pude tener en mi cama a su hija de 25 años e iniciarla en el sexo anal. Espero sus comentarios.

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  • Mi esposa (1): El inicio

    Mi esposa (1): El inicio

    Lo que voy a relataros comenzó en verano en Empuriabrava donde pasamos las vacaciones. A mí me gusta que mi mujer vista un poco provocativa y siempre sin ropa interior, además en verano lleva el coño completamente depilado.

    Pues bien, todas las noches íbamos a un pub que hay en la zona de marcha de dicha urbanización, a mi mujer María, cuando entrábamos siempre la miraban, pues, aunque no es muy alta tiene un buen cuerpo y en verano con la poca ropa que se pone esta para mojar pan, allí un día conocimos a Juan, un chico agradable, simpático y algo atlético, enseguida congeniamos los tres, aunque nosotros nos hicimos pasar por amigos que veraneábamos juntos..

    A los pocos días cuando ya había más confianza comencé a notar que cada vez que nos despedíamos al besar a mi mujer en la mejilla ponía su mano en el culo de ella acercándola para sí. Como vio que ni María ni yo decíamos nada se fue haciendo cada vez más osado.

    Un día, para matar el aburrimiento, mientras tomábamos copas en una mesa que estaba al fondo del bar Juan propuso jugar a prendas para divertirnos. Nadie se opuso. Pronto las pruebas inocentes pasaron a ser pruebas menos inocentes, cuando a ella le toco besarlo la primera vez lo hizo con un breve beso en los labios, pero la siguiente ya fue un largo beso en la boca. Yo no dije nada pues me excitaba ver hasta donde mi mujer era capaz de llegar en ese juego.

    Llevábamos rato jugando cuando fui al lavabo, al volver me quedé de piedra, Juan y María estaban besándose frenéticamente al tiempo que él tenía su mano debajo de la corta falda de mi mujer. Al verme se separaron y ella intenta balbucear alguna excusa sin éxito.

    “Va Pedro -me dijo Juan- María había perdido y estaba pagando su prenda”, en mi interior, aquella escena me había excitado pues más de una vez habíamos fantaseado mi mujer y yo con realizar un trío.

    Me senté, pero en lugar de continuar con el juego, Juan se puso a besar a mi esposa mientras le metía mano, ella le correspondía con efusión, palpando su paquete, mientras yo le tocaba sus magníficos pechos. Pronto Juan y yo besábamos a mi mujer al tiempo que metíamos nuestros dedos en su chorreante coño.

    María estaba fuera de sí, nos besaba a ambos mientras con sus manos buscaba nuestras pollas, ella estaba tan caliente que no tardo en musitar

    “¿Porque no vamos a otro sitio más discreto?”, Juan dijo “vamos a mi apartamento que está aquí cerca”. Nos levantamos y fuimos a su casa. Por el camino mi esposa iba en medio agarrada a nosotros dos mientras iba intercambiando besos.

    Nada más entrar en el apartamento Juan agarro a María por la cintura y comenzó a besarla en la boca, el cuello, mientras su mano le levantaba la falda y la sujetaba por las nalgas, ella le correspondió sobándole el paquete que ya se entreveía a través del pantalón.

    No tardo María en quedar completamente desnuda, Juan le besaba los pechos y ella le iba desabrochando el pantalón, en cuanto tuvo el pene en su mano se agacho y comenzó a mamárselo. Mientras yo miraba atónito como mi mujer le mamaba la polla a un tío delante de mí. Y he de confesar que me gustaba lo que estaba sucediendo.

    Juan tumba a María en el sofá y comenzó a meterle la lengua en el coño, yo que no aguantaba más me desnudé y le puse mi polla en su boca. Ella gemía de placer pues le encanta que le coman el chocho. Luego pusimos a cuatro patas a María así yo la follaba por el coño mientras Juan se la follaba por la boca, nos intercambiamos varias veces hasta que Juan se sentó en el sofá y mi esposa encima de su verga. Comenzó a cabalgar como una experta amazona mientras me gritaba “¡fóllame por el culo, cabrón, fóllame!”, me acerque por detrás y lentamente la empale. Ella se puso a jadear, gritar mientras nos insultaba “¿folladme cabrones, soy vuestra puta, quiero que me folléis toda la noche, hasta reventar, más, más!”.

    Con algunos descansos, estuvimos hasta el amanecer follándonos a mi esposa, cuando regresamos a nuestro hotel María y yo apenas hablamos de lo sucedido.

    Estuvimos varios días sin ir por el pub, pues aunque María había visitado otras camas cuando éramos novios, o sea me había puesto los cuernos, es más, entonces descubrí que lo que más la excitaba era que la obligaran sexualmente, de hecho más de una vez me había confesado, ya casados, que una fantasía suya era que la violase un grupo de depravados.

    Lo que comenzó a levantar mis sospechas, de que algo estaba cambiando en ella, fue un día que estábamos en una cala de Cadaqués, ella se puso a tomar el sol desnuda y como a mí no me gusta tomar el sol me fui de excursión por las rocas del cabo de Creus.

    Estaba lejos cuando miré hacia donde estaba mi mujer con los prismáticos y cual no fue mi sorpresa la ver que un individuo de aspecto nórdico le estaba poniendo crema en la espalda, o eso me pareció en un primer momento pues enseguida vi que su mano estaba en la entrepierna de ella, el culo de María subía y bajaba cada vez mas deprisa debido al masaje que le estaban dando en el clítoris.

    Vi como la mano de María acariciaba, por encima del bañador, el aparato del tipo ese, ella se gira y se besaron para irse al poco hacia una zona de rocas que quedaba más discreto.

    Yo, más mosqueado que nunca, me dirigí hacia una zona desde donde ver qué pasaba, cuando llegué ella ya estaba cabalgando encima de ese tipo y vi como un segundo individuo la estaba besando mientras con la mano le tocaba los pechos. Ella le mamaba la polla.

    Me puse a correr hacia allí, pero dada la orografía del terreno cuando llegue ya solo estaba ella. Le dije lo que había visto y ella solo me respondió “No sé lo que me ha pasado, pero me puso tan caliente que no pude reprimirme, además el otro día lo hice con Juan y no dijiste nada”.

    Pasados unos días, cuando volvimos Juan nos preguntó de inmediato si estábamos molestos por lo sucedido días atrás, mi mujer y yo le respondimos al unísono que no. Él estaba con un grupo de amigos a los que nos presentó. Nos sentamos y pedimos unas bebidas, al rato uno de los amigos de Juan me dijo de ir a jugar al sótano al billar. Cuando acabamos la partida y volví a la mesa cual fue mi sorpresa al ver que no había nadie, estuve esperando durante más de una hora y harto y cabreado de esperar me fui al hotel.

    María llego al amanecer y al verme despierto y con cara de pocos amigos me dijo “¿Cómo es que no has venido?”

    “Eso digo yo, ¿cómo es que no me esperasteis?” Respondí.

    “Es que Juan me dijo que luego vendrías”.

    “Y bien ¿dónde has estado?” Pregunte en tono cabreado.

    “En casa de Juan con todos sus amigos”.

    “¿Y que es lo que hiciste?” Insistí.

    “Nada” respondió ella, “nada seguro que no, puesto que estuviste toda la noche, te lo repito por última vez ¿qué paso?”

    “Pues nada más llegar -comenzó ella- Juan y otro, que se llama Carlos, me desnudaron mientras llenaban mi cuerpo con sus besos, mientras los otros miraban al tiempo que gritaban “cómele el chocho”. Carlos se agacho y poniendo una de mis piernas encima de su hombro introdujo su lengua en mí chorreante clítoris mientras Juan y yo nos besábamos enroscando nuestras lenguas. Pronto note como unas manos separaban mis nalgas y una lengua me hurgaba en mi culo, era otro de los muchachos que se había unido a la fiesta.”

    Yo estaba cada vez más cabreado, pero también más excitado al oír el relato de mi mujer, así que le dije “Sigue, ¿qué más paso?”

    “Luego me llevaron al sofá donde se sentaron dos de ellos obligándome a chuparles la polla, mientras los otros me metían sus lenguas en el culo y el clítoris. Luego me senté encima de la polla de Juan mientras Carlos me enculaba y los demás me daban sus penes para que se los chupara. Cuando ambos se corrieron uno que se llama Pedro me agarro por los pelos y poniéndome de rodillas me obligo a limpiarles los penes a Juan y Carlos, cuando estuvieron sin una gota de semen me puso en pie y levantando unas de mis piernas me penetro mientras unos de sus compañeros hacia lo mismo por mi culo”.

    “O sea, puta, que te estuvieron follando toda la noche ¿verdad?” Le pregunte, ella me dijo que si, que había sido satisfecha sexualmente como nunca jamás antes y que si no me gustaba pues que me jodiera.

    Después de eso estuvimos varios días sin apenas hablarnos y sin salir por las noches, pero lo cierto es que cada vez que pensaba en lo sucedido e imaginarme a mi esposa follando y disfrutando me ponía el pene duro como una piedra.

    Al llegar el fin de semana nos encontramos a Juan en la playa, nos pidió disculpas por lo pasado y nos invitó esa noche a cenar en un buen restaurante de la zona.

    A las nueve y media llegamos al sitio donde Juan nos esperaba, se besaron mi mujer y él, lo cual aprovecho para susurrarle al oído, y que yo oí, que como lo había pasado en su casa, ella con un gesto cariñoso le dijo: maravilloso.

    La cena transcurrió de lo más normal, al finalizar y salir al parking Juan pregunto “¿Dónde vamos?”, “Di tu algún sitio, puesto que eres de aquí” contesto mi mujer.

    “¿Qué os parece ir a un showgirls que hay cerca?”

    “Oh sí, que no he estado nunca” exclamó mi mujer.

    Así que nos dirigimos hacia el local en cuestión. Nada más entrar me di cuenta que Juan era cliente habitual del local pues no paraba de saludar a porteros y camareras.

    En eso que se acercó una señora de unos 45 años de muy buen ver, iba vestida con una falda corta y un body apretado que le marcaba unos magníficos pechos, Juan nos presentó a Ana como la encargada del local, nos besamos a modo de saludo y nos llevó a un sofá cercano a la barra donde nos invitó a tomar algo.

    En la barra había dos chicas estupendas bailando a los sones de la música, Juan le pregunto a mi mujer “¿Qué te parece María?”, Ella respondió “no está mal, subir ahí y menearse es fácil, eso hasta lo hago yo”.

    “¿Bien quieres ser tú la protagonista del próximo espectáculo?, ¿No te rajaras?” “No, claro que no, si ellas pueden yo también” respondió ella. María, cuando se la picaba era más chula que nadie.

    Juan llama a la encargada y le contó su propuesta, Ana miro a mi mujer y le dijo “¿estas segura que quieres salir tu? Y sin consultarme se fue con Ana y yo me quede atónito, no podía creer lo que ella iba a realizar.

    Mientras Ana, Juan y yo tomábamos una copa esperando pronto salió a la barra, he de confesar que estaba buenísima, iba con una tanga y un tops minúsculos, calzaba unas botas de lycra por encima de las rodillas. El espectáculo comenzó, al son de la música iba contoneándose alrededor de la barra mientras iba tentando al personal. Sus manos se acariciaban las tetas, el coño. Lentamente iba deshaciéndose de la poca ropa que llevaba, primero el top, más tarde el tanga y como colofón se puso a jugar con un consolador que fue introduciéndose en su vagina y su boca, luego lo pasaba al público para que fuera este el que se lo introducía.

    Cuando finalizo su espectáculo Juan me dejo con una excusa, al ver la tardanza de mi esposa me dirigí a la encargada para preguntarle por María, ella me sonrío y me dijo ven.

    Me llevo a una habitación medio oscura llena de pantallas de televisión, cerró la puerta y me dijo “¿quieres saber dónde está tu amiga?”

    “Si” respondí.

    “Siéntate aquí” al tiempo que encendía una de las pantallas. Cuál fue mi sorpresa al ver a mi mujer en una habitación con dos hombres, ella iba vestida solo con unas botas altas por encima de la rodilla, ella se contorneaba alrededor de los dos machos, al tiempo que acariciaba sus penes, uno de los hombre cogió a mi mujer por la cintura y la beso al tiempo que le acariciaba los senos, el otro le había levantado una pierna y apartando la tanga le lamía el clítoris, ella cerraba los ojos de placer. El macho que la besaba saco su pene y se lo introdujo en la boca, mi esposa se tragó la descomunal verga hasta el fondo, comenzando un vaivén lento al principio, pero cada vez más rápido como si su boca fuera su clítoris.

    Yo estaba atónito, estaba viendo a mi mujer con dos desconocidos y estaba claro que se la iban a follar. Aquella escena me había puesto a mil, mi polla estaba dura como una piedra. Ana me la toco y sin darme tiempo a reaccionar ya estaba en su boca. Su lenta mamada y el morbo de ver a mi esposa como era montada en ese momento era mas de lo que podía aguantar, pronto me corrí en la boca de Ana. Mientras mi mujer era follada y sodomizada en ese momento, Ana me miro y sonriendo me dijo:

    “Esa no es amiga tuya cabrón, ¡es tu mujer!, Pero que cabrón que eres, así que te gusta ver como se follan a tu mujer ¿eh?”. Ana se puso a reír y se fue.

    Por la pantalla vi como en ese momento los dos tipos se corrían en la boca de mi mujer y ella no desperdiciaba ni una gota de semen.

    Cuando regreso a la mesa, ella no dijo nada, solamente pregunto si nos había gustado el espectáculo. Como era tarde nos fuimos.

    Al día siguiente ella me insistió en volver al local argumentando que había quedado allí con Ana y Juan, no sospechaba yo que lo sucedido la noche anterior era el principio de una situación que no iba a poder controlar y que para mí desgracia yo mismo había propiciado.

    Como os imaginareis aquella noche se lo monto con más de un tipo. Al poco de llegar la perdí de vista, así que me puse a buscarla, pues el local estaba bastante lleno, al cabo de un rato la vi en la barra besándose con un apuesto joven el cual le metía mano por debajo de la falda, que era bastante corta, me sentí confuso al verla con otro en público así que volví a la mesa.

    Pronto apareció Ana la cual me pregunto, con recochineo, por mi amiga, pues ella ya sabía que María era mi mujer. Le dije que la última vez que la vi estaba en la barra (omití los detalles). Ella me mira y me dijo ven que veras donde esta.

    Ana me llevo a la sala que ya conocía, allí en el monitor estaba mi mujer con el tipo de la barra, Ana pulsa una tecla y del techo bajo una pantalla gigante, ahora podía ver a la puta de mi mujer en “cinemascope y estéreo”. Ana se fue, no sin decirme al oído “disfruta mamón, mira bien como se follan a la zorra de tu amiga”, remarcando lo de amiga.

    María le estaba mamando la verga al hombre, este la cogía por los pelos al tiempo que le decía “chupa, chupa zorra”, cuando tuvo el pene duro la tumbo en la cama, se puso un preservativo y le dijo a mi mujer “enséñame tu culo, putita, vas a saber lo que encular” le echo saliva en el ano y la enculo. María soltó un grito de dolor que pronto cambio por gemidos de placer.

    El hombre la estuvo enculando en esa posición un buen rato, luego se sentó al borde de la cama y ella hizo lo mismo encima de su pene. Vi como la polla salía y entraba con fuerza del culo de mi esposa, ella gritaba “más, mas fuerte, más, necesito otra polla”, cuando pareció que se iba a correr cogió a María la puso de rodillas en el suelo y le metió su verga en la boca de mi esposa y sujetándole la cabeza para que no pudiera zafarse hizo varios movimientos como si la boca de María fuera su clítoris. Se corrió completamente dentro de la misma, de las comisuras le salía el semen. Saco su polla y le dijo “límpiala bien con tu lengua”.

    No sabía que hacer, yo estaba muy caliente de verla follar como una puta, pero no podía soportar él sentirme engañado así. Por suerte era él último día de vacaciones puesto que al día siguiente volvíamos a Barcelona. Lo que no sospechaba era que en Barcelona la cosa iba a ir a más, mucho más. Nunca creí que su pasión por el sexo llegara a esos extremos.

    Continuará.

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  • Sola y con ganas

    Sola y con ganas

    Imagino que habrá multitud de testimonios de autores en los que se hable de un momento de soledad y a la vez de deseo. Este será uno más, pero sentía necesidad de expresarlo. Soy una mujer que disfruta del sexo en las dimensiones a las que se me “permite” entrar. Me explico: estoy casada y el matrimonio es una circunstancia condicionante, pero nunca una jaula. Si mi marido comparte ese pensamiento conmigo o no es algo que ahora no viene al caso.

    Si viene al caso contar que soy medrosa a la hora de buscar aventuras extramatrimoniales. Las relaciones paralelas al matrimonio pueden ser peligrosas. Eso sí, debería hacer caso a cierta amiga mía que dice que a los que verdaderamente les interesa mantener las aventuras en secreto es a los hombres. Sería cuestión de dar con el adecuado, pero hasta el día de hoy no me he puesto manos a la obra.

    Entonces llegan en tu vida tardes como aquella en la que me encontraba sola en casa y a raíz de una lectura romántica empezó a aflorar en mí el anhelo erótico, para sublimarlo obvié a mi marido y recordé al portero de nuestro edificio, Julián, un hombre por lo menos veinte años mayor que yo, pero que se colaba fácilmente y a menudo en mis fantasías sexuales; el mero hecho de sentirlo tan cerca, pues lo veía a diario, y notarlo tan lejos, pues había que mantener esa distancia respetuosa con el empleado, provocaba en mí deseos indescriptiblemente morbosos, más si cabe auspiciados por el tipo de miradas que ese hombre de pelo plateado y arrugas en el rostro dirigía hacia mi persona.

    Quizá el deseo se podía satisfacer aquella tarde con tan solo llamarlo y hacerle entrar a nuestro apartamento con cualquier excusa; pero ya he contado que ciertos miedos infranqueables me lo impedían. Sin embargo, nada me impedía fantasear.

    Comencé a tocarme. Me encanta pellizcarme los pezones, que se ponen duros como tachuelas de metal. Lo hice; expuse mis senos fuera de mi sujetador y me acaricié como si fuera Julián el que lo hiciese. En mi fantasía él me tenía poco respeto, me degradaba como mujer, pero yo lo disfrutaba en mi mente, porque eso encendía resortes libidinosos que me confortaban en mi soledad de sobremesa. Nunca fui de consoladores, con mis manos me basto.

    Imagino a Julián, que me espera agazapado en el portal, oculto como una bestia, esperando a que yo pase a unos metros de él, desprevenida e inocente; se abalanza contra mí y tapa mi boca para que mis gritos pidiendo auxilio no se oigan. ¿Qué va a hacerme Julián? –le pregunto una vez me ha metido en el cuarto tenebroso en el que guarda cubos, fregonas y escobas.

    Él me dice que soy una puta, que lo provoco con mi mirada, pero yo le juro que eso no es verdad. Mis peticiones de misericordia no provocan en él ninguna compasión, es más, me amenaza con todo lo peor si se me ocurre gritar. Imaginándome eso continúo tocándome las tetas, endurecidas por la excitación.

    Mi fantasía prosigue. Julián me ha rasgado la camisa y se abalanza sobre mi pecho a besar mis ubres. Me hace daño con su barba de varios días, que me pincha y enrojece la piel. Yo gimo de dolor y me siento humillada, pero sólo la protagonista de la fantasía querría detener esa vejación. Yo, que me masturbo, sueño con que Julián se salga con la suya.

    Me mete mano por debajo de la falda, buscando mi coño, preciado tesoro que yo ya estoy acariciando y que encuentro muy mojado. Julián es un viejo sucio, maloliente y tosco; su lenguaje es grosero y me habla sin respeto alguno, pero eso me agrada, tanto como que se decida a sacar su verga y me obligue a chupársela. Nunca se lo he hecho a mi marido, pero Julián es mi dueño. Las lágrimas resbalan por mi rostro. Qué sabor tan asqueroso el de su polla, qué sabor tan rico el de la paja que me estoy haciendo pensando estas guarrerías.

    Finalmente me hace tumbar de un empujón en el suelo y me obliga violentándome a abrir las piernas. Me va a penetrar. Mi orgasmo fantasioso llegará al mismo tiempo que el que yo me provocó metiéndome el dedo en mi raja.

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  • Mamada entre machos

    Mamada entre machos

    Hola, soy Alberto, tengo treinta y algún años, vivo en Madrid y me acaban de hacer una mamada monumental, pero dejen que se lo explique desde el inicio, no sea la cosa que se pierdan los detalles y no valoren la historia en toda su magnitud.

    Verán ustedes, por razones ya explicadas, mi adolescencia y mi juventud, sexualmente hablando, se esfumaron tras mi militancia en una orden religiosa que mantenía el principio de la abstinencia sexual como una extraña forma de alcanzar la excelencia, claro que tras muchos años lo único que alcancé fue una especie de represión sexual que me estaba volviendo loco, de modo que tras mandarlos al diablo me propuse recuperar el tiempo perdido, y en esas estamos, y con esos precedentes deben interpretar esta extraña experiencia sexual llevada a cabo entre machos, algo que desde hacía tiempo venía acariciando y por fin la acabo de llevar a la práctica.

    En mis muchos años de militancia en esa orden religiosa, siempre se había dejado traslucir por sus miembros que el sexo entre hombres es comprensible, porque la carne es débil y hay que atender las necesidades del cuerpo, en cambio el sexo con una mujer es sucumbir a la tentación del diablo. Menudos hijos de puta, la orden estaba llena de maricones aprovechados que se camuflaban como fervientes seguidores, para, en cuanto se les presentaba la ocasión y el candidato propicio, hacerles una mamada o incitarles a que se los follaran según fuese su inclinación.

    Pero el caso es que tanto manosear el tema que me llegue a interesar por averiguar por mis propios medios qué tan satisfactorias eran las relaciones entre machos, eso, claro está, después de mis innumerables experiencias llevadas a cabo entre diferentes miembros de la orden y en especial, un alto y sobradamente reconocido ejecutivo de la empresa española, que a nada que me descuidara, siempre encontraba la oportunidad de cogerse a mi polla y enterrarla entre sus generosas y hambrientas nalgas.

    Y decidido como estaba a recuperar el tiempo “no vivido”, cierto día me deje caer por uno de esos locales de ambiente de la movida madrileña que se anuncia como poseedor de uno de los mejores cuartos oscuros de la ciudad. Nada más entrar al local a una de las mejores horas del día, es decir, a medianoche de un fin de semana, el trasiego de clientes que dirigían sus pasos hacía una esquina apartada del local eran más que evidentes, de modo que, después de hacer el paripé un rato en la barra y después de intercambiar insulsas palabras entre algún cliente curiosón, encaminé mis pasos hacía “la tierra del paraíso”, perdón, hacía lo que parecía la entrada al cuarto oscuro del local.

    En efecto, nada más traspasar unos vetustos cortinajes que dejaban bien a la vista un ancho y poco iluminado pasillo, me encontré con una puerta con un cartel más que insinuante: “sólo machos” y allí me colé, dispuesto a catar las delicias que allí, en la más profunda oscuridad, se ocultaban. La entrada al cuarto oscuro era auténticamente oscura, uno podía dar rienda suelta a sus más íntimas y ocultas pasiones, porque el anonimato estaba más que garantizado, aquí nadie sabía quién era quién, ni su estatus social, ni su estado civil, ni su edad, ni siquiera sus hermosas o ajadas facciones, aquí lo único que importa, y de eso te das cuenta nada más traspasar la puerta de acceso, son las medidas de tu polla, porque te aseguro que te la van a sobar de principio a fin.

    Nada más penetrar en el interior del cuarto oscuro, surgen los primeros tocones y las primeras insinuaciones: “Quieres que te la chupe”, o su más próxima variante “me la quieres chupar”, aunque uno estaba decidido a vivir en plenitud esa noche oscura y no caer en las primeras tentaciones, claro que de inmediato te encuentras con otras algo más sugerentes: “Me la quieres meter” o también su más próxima variante “quieres que te la meta”.

    Y así, entre oferta y oferta, fui ganando el interior del cuarto oscuro y ya, en sus confines, uno empieza a participar y a tocar la mercancía que se oferta por cada rincón del cuarto: Chico es sobado por chico, chico es sobado por chicos, chicos son sobados por chicos, y todas las más variantes que uno se pueda imaginar: pajas a dúo dedo, pajas a tuta mano y pajas a capullini, mamadas al estilo sorbete, mamadas a todo capullo, mamadas a boca entera y mamadas a garganta profunda, y claro no podía desmerecer las tomas por culo. Aquí el recital es para matrícula de honor, aquí te la meten con preservativos, pero se prodigan más las metidas al natural, sin aderezar, sólo bien regadas con cremas suavizantes.

    Los hay que se esmeran e intentan metértela parsimoniosamente, con delicadeza, para disfrutar de la metida, para que dure toda la noche, pero también se prodigan los que te la meten sin contemplaciones, a lo macho, hasta la culata, sin remilgos pero con un sugerente recital para deleitarte los oídos, pura inspiración, poesía en la oscuridad, algo así como: “trágatela toda maricona”, “te voy a encharcar el culo de leche”, “te la voy a estar metiendo toda la noche” y a fe que lo consiguen, porque al cuarto no paran de entrar voluntarios y apenas notas que salga nadie, se ve que aquí el que coge ya no suelta.

    Y puestos a coger, pues terminé en un rincón agarrado a una buena polla que andaba perdida por el cuarto, de modo que ya en mi mano la acaricié, me bajé hasta su altura, la metí en mi boca y la saboreé bien saboreada. Quise prolongar la incipiente mamada, pero pronto me di cuenta que al propietario de mi polla se lo estaban trajinando para metérsela por el culo. El tío se aprestó para lo que se le venía encima y se agachó ligeramente para favorecer la metida de polla en su más que lubricado culo, de modo que no me quedó otra alternativa que sujetar bien su polla entre mis manos y esperar la embestida.

    El hombre parecía un caballero maduro, un tanto entrado en carnes y en años, pero se portaba como un chavalote, se abrazó como pudo a mi, yo como pude le resguardé su polla entre mis manos y enseguida empecé a sentir las primeras embestidas. Al tío se la estaban metiendo con decisión y con precisión.

    El de atrás apretaba, el enculado aguantaba y recibía y yo no me perdía ni una sola de las embestidas sobre mi cuerpo. Sentía como se la metían y sentía sobre todo como la recibía. Pronto las embestidas se fueron haciendo rítmicas y potentes y pronto empecé a percibir como el enculado disfrutaba como un poseso, porque a la vez yo le estrujaba su polla entre mis manos y los jadeos se fueron prodigando por todos los participantes, el que daba gemía, el que recibía soplaba y yo, que los sujetaba a los dos, les animaba a que prosiguieran sin desfallecer.

    No tardé en percibir que el enculado se me estaba corriendo entre las manos, palpé como pude sus agitadas nalgas y la carne de gallina delataba lo inminente de la corrida, de modo que sin poder hacer más en su favor, las manos se me llenaros de leche y el enculador suavemente retiro su polla de aquel culo, pero no crean que la cosa terminó ahí, de hecho yo les diría que justamente ahí empezó mi sesión.

    El enculado desapareció de escena casi sin darnos cuenta, pero enseguida pude apreciar que algo nuevo estaba a punto de empezar, porque alguien se apresuró en sacarme mi polla del pantalón y noté que a nuestro alrededor había un auténtico gentío, porque mi polla empezaba a transitar de boca en boca. No podría precisar a ciencia cierta cuantos tíos me chuparon mi polla, pero no me equivocaría demasiado si les digo que no menos de una docena de lenguas saborearon mi empalmadísima polla.

    Aquello era como un torbellino. Mi polla estaba de boca en boca, pero no crean que la cosa estaba descontrolada, porque desde el principio noté claramente que el enculador, sí, el que se la había metido al caballero maduro, controlaba en todo momento mi polla y era él quien dejaba a los participantes en el festín que probaran mi polla, pero de soltarla, de dejársela al gentío, nada de nada, él se la metía a los participantes en la boca y enseguida se la sacaba, hasta que pronto se la enfundó en su boca y mi polla desapareció en una profunda y cálida oquedad.

    Yo no sé hasta donde se la metió, pero les aseguro que mis 23 centímetros de largo de polla y mis 10 centímetros de grosor estaban al completo dentro de su boca. Yo recordaba las embestidas que hacía un momento había endilgado al enculado y les aseguro que me desquité a gusto. Se la metí hasta la garganta, con rabia, con furor, sin contemplaciones y sin contemplaciones me corrí en su boca. Aquello no era una corrida, aquello era un vendaval, la leche se le salía por los labios, pero no se la saqué tan pronto, esperé pacientemente a que mi polla diese el último latido y que expulsara la última gota de semen sobre su boca, después le descabalgué y me la enfundé a la vez que hice intención de abandonar el lugar.

    El hombre aún tuvo aliento para acercárseme al oído y musitarme un número de teléfono… Les aseguro que, si quieren recibir, si quieren que se la metan, si quieren que cabalguen sobre su culo no saldrán defraudados, pero si lo que quieren es que les hagan una mamada, eso amigos, eso es rozar la perfección, puro manjar, capricho de los Dioses del Olimpo. Hasta la próxima.

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  • Mi nueva jefa

    Mi nueva jefa

    Recuerdo que la primera sensación que tuve cuando me comunicaron el traslado a la sección controles fue de desagrado. Estaba acostumbrada al horario nocturno de mi sección y si bien era un poco difícil la convivencia con mi jefe y sus alcahuetas, había conseguido crearme un espacio y que no me molestaran más de lo necesario. En vano Miguel, el único compañero con el que a veces almorzaba, trató de consolarme con el argumento de que ahora saldría más temprano, de que tendría más tiempo para leer, ir al cine o dedicárselo a mi novio.

    Esas menciones a un novio siempre las respondía con alguna evasiva, como si las mujeres tuviéramos obligación de tener uno, y por dentro me reía conmigo misma, porque yo jamás había tenido uno y porque mi última novia se había ido de mi vida hacía mucho tiempo, con todos mis ahorros, con mis ganas de vivir, de creer y de esperar. Tardé tres años en pagar todas las deudas que contraje para que ella viajara primero a Estados Unidos y, supuestamente, seguirla cuando estuviera ya instalada. Primero me negaron la visa, después ella se consiguió otra pareja, y después no me devolvió un solo dólar pero bueno… es otra historia. Esa mañana llegué antes de las ocho.

    En la sección Controles hay que contar paquetes, acomodar cajas, limpiar cosas que se rompen, el único secreto, me dijo una de las muchachas, es tener los ojos bien abiertos. Me dijo también algo de hablar poco, sobre todo en presencia de la jefa, que se llamaba Otilia, y no contradecirla nunca. Mi lugar era una larga mesa en cuyo extremo había una PC, pilas de talonarios de remitos y un teléfono. Me habían asignado control de cosméticos. Otra chica me explicó el sistema de trabajo, grabé las indicaciones en mi grabador de mano y me puse a trabajar.

    La jefa llegó a las ocho en punto y se encerró en su oficina. Esa primera semana no cruzamos palabra. Demás está decir que no me cayó bien, aunque debo reconocer que tenía buen gusto para los perfumes y para el maquillaje. Era más alta que yo, si bien no tenía curvas exuberantes, su figura era estilizada y su andar muy elegante.

    Esa quincena no sucedió nada extraordinario, solo que pagué la última cuota de la refinanciación de mi tarjeta de crédito y, pese a la insistencia de la secretaria del banco que insistía en que me la renovarían por la puntualidad de mis pagos, simplemente la cancelé, dos años de martirio es demasiado, me dije. Al día siguiente fue mi primer encontronazo con la jefa.

    Hubo un error, que no fue mío, y cuando ella me llamó la atención delante de todo el mundo le pedí que me dejara hablar, entonces me gritó, le dije con firmeza que eso no se lo iba a permitir y, ante el asombro y el susto de las otras chicas, la seguí hasta su oficina, con mis documentos en la mano hasta que le demostré que la equivocada era ella. Sus ojos estaban encendidos, me dijo que por más razón que yo tuviera la que mandaba era ella y me pidió que saliera de su oficina. No volvió a molestarme, pero se desquitó quitándome las horas extras y me puso dos llamados de atención por escrito. Al tercero me despedirían.

    Eso me hizo esmerarme más en mi tarea, de manera que dejé de almorzar para dedicar ese tiempo a revisar mis listas y controlar mi mercadería. En menos de dos meses las cosas mejoraron, pero perdí casi cuatro kilos y comencé a recibir piropos en la calle y en la playa de carga y descarga de la empresa.

    Una tarde, casi cuando ya estaba cerrando mi inventario, llegaron dos cargamentos y tuve que quedarme. Salí casi a las nueve de la noche, muerta de cansancio, hambrienta y con un odio a la humanidad sin distinción de razas, credo o religiones. Crucé la playa de estacionamiento y tras saludar al guardia casi corrí hacia la esquina y, como dicen en España, ¡Sorpresa! ¡Sorpresa! La jefa bajaba de un auto. El conductor la siguió. Era un tipo gordito, semicalvo, vestía un pantalón negro y una camisa lila. Eran ropas caras.

    La jefa se dio vuelta y le habló con dureza, aunque por el ruido del motor del auto no escuché lo que decía, pero el tipo le dio un puñetazo que literalmente la acostó sobre el pavimento. Corrí hacia donde ella había caído y el muy macho se montó en su auto, arrojó la cartera de ella y arrancó con un chirrido de neumáticos, como sucede en las malas películas, como suele suceder en mi vida, que es la peor de todas las películas.

    El golpe le había dado entre la boca y la nariz, tenía la cara llena de sangre y apenas podía respirar. Sin preocuparme de que se me manchara la ropa le limpié la cara, la ayudé a levantarse y le hice oler un poco de mi perfume.

    -¡Vete! ¡No te necesito! ¡Déjame sola! ¡Maldita entrometida!

    -Mira muchacha, será mejor que trates de tranquilizarte.

    Entonces me abrazó y se puso a llorar y yo me sentí tan vencida como ella.

    -Debo recoger mi carro- dijo cuando se hubo calmado un poco. Rebuscó en su cartera hasta que encontró un llavero. Su ropa estaba llena de tierra por el revolcón, en la caída se había pelado las rodillas, comprendí que no podía permitirle que se dejara ver así a esa hora en la empresa, pensé que tal vez podríamos inventar un asalto, pero no me pareció buena idea. Tomé mi celular y pedí un taxi.

    En menos de cinco minutos estábamos rumbo a mi cuarto. Ella no hablaba. Miraba por la ventanilla como si fuera una extraña en la ciudad, y acaso lo fuera, como lo es cualquier persona que vive una situación de ese tipo. Ya en mi cuarto, que tenía baño, preparé agua tibia, le agregué alcohol, busqué desinfectante y comencé a lavarle la cara. Los labios estaban hinchados, aunque el golpe no había sido tan dañino como me había parecido. Puse hielo en una servilleta limpia y ella se lo aplicó en la zona golpeada.

    -Me parece que tendrías que ver a un médico- sugerí.

    Ella pareció no oírme. Ahora que la veía con otros ojos, pese a su boca hinchada, notaba que en realidad era bonita. Tenía la nariz respingada y ojos pardos claros, las cejas depiladas y el pelo teñido de rubio. Su piel era algo más clara que la mía, ella era una mulata y yo una negra.

    -Es mi esposo- explicó.

    -¿Tienes hijos?

    Negó con la cabeza.

    -Estamos separados- explicó. Él vive en Madrid. Vino a buscarme.

    Volví a abrir la nevera y encontré unos trozos de melón, una manzana, jugo de naranja y un resto de fideos del día anterior. Decidí que cenaría una taza de chocolate frío. La violencia de la escena me había impactado de tal manera que se me había ido el apetito.

    -Yo… me voy a casa…

    -¿Te parece conveniente? ¿Quién vive ahí contigo?

    -Mi hermana, ella debe de estar preocupada…

    -Mejor llámala antes- sugerí. Tú no puedes arriesgarte a que él te esté esperando ahí.

    -No. El no se animaría- dijo mientras marcaba en su celular el número de su hermana.

    Mientras ella hablaba pensé en lo extraño de esta situación. No sabía nada de Otilia y tampoco tenía la más mínima intención de involucrarme.

    -Mi hermana viene en camino.

    Conseguí que se tomara un calmante y se recostara en mi cama. Encendí el televisor y puse dibujos animados. En algún momento ambas nos dormimos. La hermana llegó casi una hora después. Discutieron sobre la conveniencia o no de que ella se fuera. Pedí permiso para intervenir y sugerí que no, que ella debía quedarse y que, de ser posible, no debía ir a trabajar al día siguiente.

    Eso la sobresaltó, como si temiera el despido o que la empresa no pudiera funcionar sin su presencia. Le pregunté cómo explicaría la hinchazón de su cara y eso la obligó a aceptar la realidad. La hermana le había traído ropa para cambiarse. Finalmente nos acostamos y en pocos minutos me dejé ganar por el sueño. Otilia se levantó antes que yo, preparó café y guardó su ropa manchada de sangre en una bolsita.

    -¿Tú sabes manejar?- me preguntó

    Asentí.

    -Mira, son las llaves de mi carro, tú sabes cuál es. Tráemelo antes del mediodía. Ya hablé con el jefe de personal y le expliqué que tuve un accidente anoche al salir y que preferí tomar un taxi. Pon a Marta a reemplazarte

    -¿Me vas a esperar aquí?

    -No te causará problemas ¿verdad?

    -Por supuesto que no, pero mira, yo creo que debieras ir a un médico.

    La zona alrededor de su nariz estaba amoratada.

    -No te preocupes. Ya me has ayudado bastante y créeme que te estaré eternamente agradecida…

    -¿Y qué harás si él vuelve?

    Sacudió la cabeza y se quedó pensando un instante.

    -No volverá. Debe de estar en el aeropuerto. Su vuelo a Madrid sale dentro de dos horas. Nunca volverá.

    No pregunté más nada. Simplemente me despedí y le dije que la casa era suya, le recomendé que descansara y, cuando estaba a punto de sentir por ella una especie de piedad o conmiseración, salí rápidamente de allí. Me sentía en medio de una situación que no me gustaba en absoluto. Me hubiera gustado que nada de lo que pasó hubiera sucedido, también quería que se terminara cuanto antes. Traté de que nadie en la empresa se enterara de nada y, cuando Marta y algún que otro chismoso se arrimaron a preguntarme en voz baja, no les dije nada ni di ningún dato.

    Otilia volvió a los tres días, con la cara deshinchada y se inventó una alergia para el moretón que ya era apenas una mancha difusa. Esa noche, al volver a mi cuartucho, alguien me esperaba en la puerta. Su hermana. La invité a pasar, la invité con un té de ginseng y me dispuse a oír lo que venía a contarme, porque imaginé que venía a hablar de Otilia.

    -Ella estuvo casada casi seis años con él- comenzó diciendo. Se separaron hace tres años y él se fue a Madrid. Pero vuelve todos los años y tienen un romance de vacaciones o algo parecido. El caso es que esta vez parece que él la convenció de que se fuera con él a España, es decir no ahora, sino que ella iniciara los trámites de visado y, ya tú sabes.

    -¿Y qué pasó?

    -Entre mi madre y yo… la convencimos de que ese sería el mayor error de su vida. Ellos nunca se llevaron bien, él es un hombre bueno pero es todo un macho, imagínate. Otilia dejaría su trabajo para vivir a merced de él. Es cierto que él está muy bien económicamente, pero eso no soluciona el problema de fondo…

    -Mira, antes de que sigas contándome intimidades de tu hermana, quiero aclararte que yo no tengo con ella ninguna clase de relación, no somos amigas y… como jefa mía… ella me ha tratado muy mal ¿comprendes? De modo que me gustaría saber para qué me cuentas todo esto…

    -Yo… vine a pedirte ayuda.

    Me sorprendió. Tanto que no llegué a imaginar qué tipo de ayuda podría prestar yo en esa situación. Estuve a punto de revelarle mis preferencias sexuales para desalentarla, pero me pareció que sería muy descomedido de mi parte.

    -No sé qué puedo hacer, además, como te decía, mi relación con Otilia es… muy distante… no tenemos ninguna afinidad, tú ves cómo vivo…

    -Mira, no te preocupes por eso, tu ayuda será judicial. Otilia decidió hacerle juicio a ese hijo de su maldita madre, y tú serías una testigo muy valiosa.

    La idea no me pareció para nada atractiva. No tenía ningún interés en involucrarme en problemas judiciales pero, como siempre mi lengua hace lo contrario de lo que me dicta mi cerebro, acepté. Me llamó la atención que en la empresa Otilia pareciera no estar enterada de que su hermana haya venido a verme, pero las cosas se precipitaron un viernes a la noche, cuando ya casi todos se habían ido, con la llegada de tres cargamentos de cosméticos, medicinas productos de limpieza.

    Antes de que Otilia interviniera me hice cargo de los remitos, convencí a los choferes de los camiones de que me ayudaran a controlar la mercadería. Acomodamos todo lo de limpieza y, cuando íbamos por la mitad de las medicinas, casi a las diez y media de la noche, Otilia bajó de su despacho y me encontró con todo ese cúmulo de trabajo.

    -Pero ¿por qué no me llamaste?- dijo y con una seña despidió a los choferes que me estaban ayudando. Preguntó por los otros pero le expliqué que la carga llegó cuando todos se habían ido.

    -Mira- le propuse –si tú terminas el cargamento de medicina yo me encargo de los cosméticos.

    -Hecho- respondió y se puso a trabajar. A los diez minutos se quitó la chaqueta y yo la imité. El jefe de seguridad vino después a recordarnos que después de las once de la noche ninguna sección podía estar abierta y que informaría a la gerencia. Otilia le recomendó, con mucha ironía, que también informara que fueron sus subordinados directos los que dejaron entrar tres cargamentos después de las siete de la tarde, algo estrictamente prohibido. El hombre se fue sin decir palabra. Cuando terminamos era casi la una de la mañana. Otilia se sentó frente a mi PC y redactó un airado email de queja dirigido a la gerencia.

    -Vamos, te llevaré a tu casa. Esto va a traer cola- dijo con resignación y fastidio.

    Condujo en silencio, con la radio del auto apagada, y solo al estacionarse frente a mi casa me tomó de la mano antes de que bajara.

    -Me parece que te debo una disculpa, o varias, no sé ¿te parece que mañana en la noche salgamos a dar una vuelta y… charlamos?

    Asentí. Era extraño para mí tener una cita después de tanto tiempo de soledad y reclusión, y menos una cita sin posibilidades como ésta.

    -Llega más tarde si quieres, descansa, yo firmaré tu tarjeta.

    Se lo agradecí con una sonrisa.

    Trabajé hasta las doce y media y, cuando estaba recogiendo mi cartera y dudaba sobre lo que almorzaría, Otilia me llamó a su oficina.

    -Mira, pasaré por ti a las ocho. ¿Te gustaría ir a cenar o…?

    -Resolvemos en el camino.

    -Hecho- dijo y sonrió, y yo me sorprendí porque era la primera vez que la veía sonreír y porque, Dios, se la veía tan bonita cuando sonreía.

    Su teléfono sonó en ese momento y yo salí de la oficina sin despedirme. Me vestí como para una cita. Falda roja con estampado de flores geométricas rosadas de distintos tonos, blusa de lino de color crema sin mangas, pulsera de hilo con aplicaciones de porcelana, sandalias rojas, cartera roja, y una mantilla de estampado claro con detalles dorados en los bordes, recuerdo de mi antigua opulencia antes de mi bancarrota amorosa. Mi jefa llegó unos minutos antes de las ocho. Tenía puesto un vestido estampado sobre fondo turquesa con breteles finos, tacos de aguja y un maquillaje perfecto.

    En un local cercano al casco viejo de la ciudad cenamos un lomo con champiñones y comimos postre de ciruelas al vino. Conocí la historia completa de Otilia, desde su infancia con un padre de buena posición, pero alcohólico, un matrimonio desgraciado según ella, o con un maldito desgraciado, según yo. Me limité a escuchar y no hice ninguna pregunta, pero cuando ya íbamos por la cuarta copa Otilia simplemente dijo –Ahora tú.

    -Bueno… tuve un fracaso sentimental y económico semejante al tuyo, solo que no pude recuperar nada de dinero y tuve que vender mi casa, mi auto, mi negocio, pero ya he salido de mis deudas.

    -Y te has recuperado de lo otro, que es lo más importante- aseveró.

    -¿Cómo tú sabes?

    -Oh, eres tan segura, pero sobre todo tan criteriosa, aunque a veces me parece que actúas con demasiada cautela…

    Debo de haber enrojecido en ese momento, porque noté algo incómoda a mi jefa, y porque ella cambió rápidamente de conversación.

    -Mira, la noche es joven, ¿te gustaría dar una vuelta por el puerto?

    Salimos del lugar y llegamos a la zona turística. Nos sentamos en una terraza llena de parejas y grupos de jovencitos que bebían cerveza y reían a los gritos entre la música a todo volumen.

    -Pide el trago que más te guste- sugirió ella.

    Pedí una piña colada con hielo molido y ella se asombró de que, vaya coincidencia, era su trago favorito. Se achispó un poco el trago. Hablamos de la adolescencia, del colegio, hacía mucho que yo no hablaba tanto con una mujer, con nadie, que empecé a sentirme bien. Eran casi las dos de la mañana cuando Otilia ahogó el primer bostezo y sugerí que saliéramos. Su celular sonó justo cuando arrancó el motor y la escuché hablar muy contrariada con su hermana.

    -Tendremos que ir a mi departamento -dijo- mi hermana se olvidó la puerta abierta. Dios mío, es tan distraída que a veces pienso que tiene Alzheimer.

    -Espero que no haya pasado nada grave- acoté.

    Otilia vivía en el cuarto piso de un edificio de la zona norte. No había seguridad privada, al menos cuando llegamos, y el ascensor estaba desconectado.

    -Espera- dije antes de que ella entrara. Observé la puerta y tanteé la cerradura. En ese momento se fue la luz y saqué de mi cartera una linternita de mano. No había pasado nada. Otilia puso a funcionar un inversor de baterías y la casa se iluminó.

    -¿Vives sola?

    -No. con mi hermana, pero ella los viernes se va a casa de mi madre, en el interior, y el sábado regresa para pasar el fin de semana con cu novio. Siéntate, ¿quieres tomar algo?

    -Agua helada.

    La sala no era muy amplia, pero estaba muy bien ordenada, había un sofá de estilo moderno y el piso lucía una alfombra muy bien cuidada. Una de las paredes de la sala estaba llena de libros. Otilia me trajo el vaso de agua y después encendió un pequeño radiograbador y buscó algo de música. Una canción muy vieja de Tito Rodríguez llenó el silencio. A Tito Rodríguez le siguió Frank Sinatra con una versión de Extraños en la noche que no pude evitar tararear y entonces ella me miró a los ojos y dos lagrimones oscurecidos por el rímel rodaron por sus mejillas.

    -Es así como somos- dijo. Somos extraños, nadie conoce a nadie, nadie entiende a nadie.

    Me levanté de mi asiento y la abracé.

    Esa mezcla de tibieza, de solidaridad especial que es capaz de hermanar a dos mujeres en una situación como ésta, hizo que nos pusiéramos de pie y continuáramos abrazadas, en medio de la oscuridad, de la tristeza, de la soledad. Su perfume comenzó a inundarme. Tuve miedo de que se notara el endurecimiento de mis dos colinas de carne. Confieso que estuve a punto de soltarla y de salir huyendo para que mis latidos se pusieran en orden y porque además me aterraba la sola idea de empezar algo que después no podría controlar o que terminaría controlándome, cuando ella me pidió que no la soltara.

    -Repítelo.

    -No me sueltes- dijo casi en un hilo de voz y la carne suave de su boca estaba tan cerca de la carne anhelante de mis labios que, literalmente, me dejé besar.

    Levanté su vestido por arriba de su cabeza y lo dejé caer sobre el sofá, lo vi descender con lentitud, como si el aire se negara permitirle que cayera, como si fuera una hoja de papel etéreo que bajara suavemente. Mies dedos torpes necesitaron de su ayuda para que el broche de su sostén se soltara y cuando tuve a mi alcance dos lunas morenas hechas de miel me obligué a aceptar que no estaba soñando. Fuimos andando hacia una habitación y mientras me desnudaba parsimoniosamente, como si aun fuera posible que pudiera despertar en medio del frío de mi cuarto, Otilia me ofrecía el panorama de su cuerpo tendido de espaldas sobre la cama.

    Dejé que mis manos soñaran sobre cada oquedad recorrieran con el deleite de un niño ante un juguete nuevo cada punto de su piel erizada. Nos abrazamos después para darnos el beso más largo que dos mujeres se hayan dado y, cuando estábamos a punto de quedar sin aliento, mi boca fue bajando y, aunque de sus pezones no manaba ambrosía, yo sí la sentí , y aunque el territorio de su sexo no hubiera ningún sortilegio mi lengua descubrió la ebriedad de la magia y la música de la espuma.

    La danza de su pelvis se tornó frenética hasta que en el último instante de tensión la sentí estirarse toda y relajarse luego, semejante a la ola que al dar con la rompiente se deshace en un manto luminoso de burbujas. Los dedos de Otilia buscaron en mi pubis, peinaron delicadamente un territorio de musgo y penetraron con temerosa lentitud hasta que la sentí bajar y en pocos embates de un estilete hacho de miel y terciopelo alcancé un país de nubes y sentí que en mi sangre galopaban pegasos y mi gemido fue un aleteo que quería imitar la voz de los violines y me dormí después, para que la realidad se convirtiera en sueño.

    Me despertó el sol alto que se colaba entre las cortinas. Mis ojos entreabiertos presintieron y después dibujaron la figura desnuda de Otilia, de pie junto a la cama, la leve redondez de su vientre, un triangulito prolijamente recortado sobre su sexo, copos de chocolate erguidos más arriba, y su sonrisa pícara, desafiante, plena.

    Un reloj de pared marcaba las nueve.

    -Te juego una carrera hasta la ducha- dijo.

    La seguí, y cuando me hube lavado los dientes con un ejuague bucal, me reuní con ella bajo el chorro de agua tibia. Me dejé enjabonar como una niña y después hicimos el amor sobre su cama, esta vez sin urgencias, sin temores, segura de que ella no estaba arrepentida de nada.

    -¿Tú crees que debiéramos hablar?- me preguntó después, todavía jadeante, recostada sobre mi pecho.

    -Me parece que sí- dije mientras recuperaba el aliento.

    -Estoy muerta de hambre ¿y tú?

    -También.

    -¡Qué bueno!- festejó –parece que estamos de acuerdo.

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  • Complaciendo al amigo de mi primo

    Complaciendo al amigo de mi primo

    Empecemos, me llamo Haydée, soy una mujer de 44 años recién cumplidos de piel morena de ojos grandes de color café aceitunados, con unas pestañas muy grandes boca carnosa, gruesita con bastante busto, que generalmente provoco miradas, soy de cadera ancha, aunque no tengo mucho trasero mis piernas son largas y duras pues hago ejercicio, desde que conocí el placer del sexo, me volví adicta a él.

    Mi esposo Gerardo no es tan guapo, pero es un buen hombre aquí el problema es que él no es muy activo sexualmente, y desgraciadamente para él yo sí… Me considero una ninfómana, aunque la verdad muy exigente, no con cualquiera me acuesto, en estos años de matrimonio he tenido experiencias sexuales y no precisamente con mi marido.

    Hay una en especial que me fascina, y fue con el mejor amigo de un primo lejano que hace mucho no lo veía por el destino me lo encontré en un bar, cuando lo vi me emocioné y fui a darle un gran abrazo, saludé a su amigo y sin más me fui a otra mesa con mi esposo quedando que otro día nos veríamos, pasó el tiempo y llego él a mi casa con el amigo mi marido no se encontraba en casa pues trabaja todo el día, cuando me percaté su amigo no dejaba de ver mis tetas, que son redondas, suaves de pezón rosado y grandes, no me molestó pues estoy acostumbrada a tal acontecimiento.

    Mi primo me veía de una manera rara pero con ternura su amigo era de la misma altura que yo de buen ver moreno claro bien peinado, con unas nalgas de ensueño, y unas piernas y brazos que me decía que podían aguantarme sin problemas al momento de hacer el amor parados, su amigo llamado Alex, despedía un olor de su loción que me podía volver loca pregunté sin más preámbulo ¿quién de ustedes huele a “cógeme”?

    Los dos sonrieron e hicieron un movimiento con sus hombros dándome a entender que no sabían me acerqué a mi primo y después a su amigo, diciéndole tú eres el que huele a sexo… Me gusta tu olor, él perturbado por el comentario volteó a ver a mi primo y le sonrió y le dijo tu prima quiere abusar de mí siendo que soy mucho más chico que ella, y le pregunté qué tan chico me contestó tengo 18 años… Sonreí y me dije a mí misma es hora de que alguien te dé una buena lección de sexo…

    Pasaron los días y un día sin avisar tocaron a la puerta de mi casa era Alex, sonriendo me saludo y me dijo que no me invitas a pasar, claro le contesté, la segunda frase que salieron de esos labios carnosos fue ¿y tu esposo? Trabajando… ¡ah! Si quieres otro día regreso sólo permíteme hacer una llamada pues se acabó el crédito a mi celular, claro se acercó al teléfono mientras yo admiraba esas nalgas duras y bien puestas, me dio un escalofrió al oler que olía a esa loción que me volvía loca, terminó su llamada y le dije hoy también hueles a cógeme… Sonrió y me dijo y luego qué esperas, me dio una gran sorpresa y le dije por mí no hay problema…

    Me acerqué y empecé a oler su cuello despacio apenas teniendo contacto de mis labios con su cuello inmediatamente se erizó su piel regresé mi mirada a su cara y sonreí, acerqué mis labios y le di un beso húmedo cachondo pero tierno dándole a sentir mi deseo por él… Mordí sus labios él se dejaba querer y no oponía resistencia alguna, después de un rato de besarnos sus manos llegaron a mis tetas y me dijo me encantaron desde el primer día que las vi, son tan redondas y tan suaves que me ponen a 100, mi mano sin esperar más llegó a sus nalgas y empezaron a acariciarlas.

    Después de un rato vi que él no iba a ir a más allá me despegué de él y me quité la blusa blanca ajustada que llevaba, él sonrió y se puso rojo sus manos en dos segundos tenía mis tetas aprisionadas empezó con movimientos inexpertos a acariciarlos le tomé sus manos y le ayudé a hacer el trabajo bien movimientos circulares lentos y apenas rozando mis pezones después de un jugueteo no mayor a cinco minutos decidí quitarle su camisa empecé a besarle los pechos y su abdomen y sin avisar fui a buscar lo que tanto deseaba su pene, me acerqué lo tomé con mis dos manos.

    Era una verga normal pero sus huevos era muy grandes llenos de leche esa leche que quería dentro de mí, con la punta de la lengua empecé a recorrer el cuerpo de esa verga hasta podérmela comer toda sentía cómo las venas se hinchaban y como estaba a punto de correrse me hice para atrás y le pregunté qué pasa estas excitado y sin poderme contestar me levantó y empezó a desnudarme era tanta su excitación que rompió los botones de mis pantalones ajustados y me bajó el pantalón con todo y tanga…

    Desabrochó el sostén y su boca mamaron con gran desesperación mis tetas, no tan bueno haciéndolo pero su desesperación y deseo me excitaban, lo desnudé por completo y lo aventé al sillón de mi sala en ese momento su verga parecía explotar y aunque lo quería dentro de mí no me iba a arriesgar que se viniera en dos minutos así que decidí que la primera fuera una corrida de boca y verga y así fue se la mamé de principio a fin entraba su verga hasta mi campanilla y hacía que me diera cierto asco pero después de unos minutos ya no la sentía sólo sentía su calor y su textura suave dentro de mí succioné hasta que se corrió en mi pecho, se me quedó viendo y me dijo te toca gozar… ¿cierto?

    Sonreí y me limpié con un pañuelo que estaba cerca, acercó una pequeña mesa y me abrió mis piernas él se arrodilló y quedó a la altura de mi coño, me afirmó aquí huele a ¡cógeme ya! Y reí, me gusta tu olor es suave y excitante yo le dije deja tu comentario para después y cométela, empezó por besarme el pubis, y el poco vello que tengo dejaba observar el terreno desde el pubis, clítoris y vagina su lengua era larga y se movía muy bien, empezó por besarme la ingle se fue acercando hasta rodear solamente con la punta de su lengua el pubis mi cuerpo se estremecía y deseaba que la chupara que se la comiera por completo pero también quería disfrutar esa excitación de no sentir su lengua y sus labios en mi clítoris.

    Bajó hasta mi vagina e introdujo su lengua mi espalda se arqueó sintiendo el placer del sexo oral, metió y sacó varias veces su lengua dentro de mi vagina hacía movimientos circulares pequeños pero perceptibles hasta el culo, después regresó al clítoris después de dos vueltas al ruedo del clítoris decidió comérselo lo tomó con sus labios y empezó a succionarme como si fuera un ostión que se quiere salir de la boca, ¡por Dios! Exclamé quería que parara y me cogiera, pero al mismo tiempo quería seguir sintiendo ese orgasmo de contracciones y de corrida. Después de cinco minutos le pedí a gritos fóllame ahora ya quiero sentirte dentro de mí por favor hazlo…

    Sin dudarlo se levantó y me la dejó ir hasta el fondo mi lubricación permitió que entrara hasta el fondo que sus huevos rebotaran con mis nalgas pues mis piernas las tenía él en sus hombros, empezó a moverse despacio, sin ninguna prisa, sacándolo casi por completo y regresando lentamente, cada vez me volvía loca un chico de 18 años hacía mejor el sexo que mi marido no puedo creerlo, después de varias embestidas decidió ocupar una de sus manos en mi clítoris en ese momento más de una contracción me hicieron retorcer, de placer mis senos se movían al compás de sus movimientos de cadera.

    Él sólo gemía y cerraba los ojos, después de que mis contracciones cedieron un poco me giró sin sacar su verga de mi interior y bajó mi cadera quedando solo mi cintura y mi pecho recargada en la mesa, ahí sus embestidas eran más rápidas más arrítmicas hasta que de un grito los dos terminamos, quedó recostado en mi espalda y sonriendo los dos decidimos irnos a acostar al sillón, después de unos minutos me levanté y me dirigí a la cocina, le ofrecí algo de tomar y no quiso abrí el refrigerador y encontré un poco de crema chantilly, en tubo, riendo y llevándomelo con las manos atrás de la espalda la crema me dirigí a él que mantenía sus ojos cerrados y sus manos tocándose la verga.

    Y sin aviso le eché la crema chantilly sobre su pene y empecé a devorarlo, en menos de un minuto su pene estaba de nuevo erecto que podía espera si tenía tan solo 18 años su capacidad de recuperación era magnífica mientras yo se la mamaba, él decidió untar todo mi cuerpo de crema chantilly, mis tetas se veían más blancas y apetecibles que nunca mi abdomen mis piernas y mis muslos estaban blancos por la crema, después de que le quité toda la crema me tumbó al suelo y empezó a restregarse su cuerpo con el mío quedando los dos totalmente bañados de la crema, nuestros cuerpos se movían suave y se deslizaban tanto que cuando la penetración se dio sólo sonreímos y empezamos a gozar como dos locos.

    Me sentía como si fuera mi primera experiencia sexual pero muy grata, después de más de una hora de bombeo terminamos nos limpiamos se despidió de mí, y desde entonces cada vez que se le acaba su crédito del celular viene a mi casa a hablar por teléfono… Y algo más…

    Ojalá les haya gustado porque para mí fue una de mis mejores experiencias.

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  • Accidente incestuoso (1)

    Accidente incestuoso (1)

    Había pasado un mes desde aquel siniestro accidente, el camión, la moto, el peatón despistado, el semáforo intermitente, un suelo mojado y toda una vida que pasa delante de ti en tres fatídicos segundos, era el resumen de aquella oscura tarde de verano, ¿secuelas?, yo era el de la moto, qué más puedo contar, el jodido transeúnte, causante de todo aquello desapareció sin dejar rastro, y al camionero le salvo el seguro, una clavícula, varias costillas y un brazo entero partido por varios sitios, a parte de mi defenestrada moto resumían mi historial.

    Había abandonado el hospital hacía una semana, no podía hacer nada, metido en mi lúgubre habitación estudiantil con una ventana al patio de luces, lo hacía todo más tedioso, el recuerdo del accidente y de mi moto reventada me martirizaba a todas horas, y salvo los ratos en que algún amigo me visitaba, el resto del día se me hacía eternamente insufrible, aunque lo peor eran las idas y venidas al baño y el aseo diario, toda una experiencia vejadora, que hacía mucho más frustrante mi vida.

    Con mis brazos en forma de cuchara, la hora de evacuar líquidos era horrible, mi padre, mi madre incluso en alguna ocasión mi hermana me ayudaban a esa tarea, yo cerraba los ojos, lamentándome de aquella situación, en cuanto al baño, la situación era peor, verme desnudo delante de mi padre o mi madre no me hacía mucha gracia, aunque mi estado de ánimo tampoco me hacía pensar mucho en eso.

    Ese fin de semana mis padres tuvieron que partir por motivos familiares dejándome al cuidado de mi hermana pequeña, por aquel entonces yo tenía 25 años y ella 21, no le hacía ninguna gracia quedarse a cargo de un inválido con mal humor, pero no le quedaba otra y así fue como empezó todo.

    Eran las once de la mañana y tal como le había indicado mi madre, me tenía que asear, Sandra me llevó con sumo cuidado al baño, seguía riéndose de mí por lo de la moto recién estrenada, aunque era una burla condescendiente y comprensiva que realmente me importaba poco. Una vez dentro del cuarto de aseo, me desvistió y me metió en la bañera, solo me había dejado el bóxer, supongo que por pudor, hasta que me miró y me preguntó si mamá me lo dejaba o me lo quitaba.

    -mama me lo quita, pero déjalo si quieres, me da igual.

    -bueno, te lo quito, respondió ella, y así lo hizo, sin apenas fijarse en mi miembro flácido y tornándose su rostro colorado por aquella situación.

    Encendió la ducha y una vez comprobada que el agua estaba templada, comenzó a rociarme, con delicadeza para no mojarme las escayolas, a partir del abdomen hasta abajo, pasando su mano sobre mi piel, piel que no sentía nada ya que mi cabeza seguía pensando en la moto y en el jodido peatón que se me cruzó sin mirar, hasta que mi piel empezó a sentir, miré hacía abajo y allí observé a mi hermana, absorta, mirando mi inerte miembro, bufff, dijo, ¡es muy grande!, y ciertamente lo era, en estado flácido me alcanzaba los 16cm, ella la agarro con la mano, con su mirada fija en el, empezó a manosearlo, mientras seguía diciendo, ¡es enorme, que grande!

    Esos comentarios despertaron a mi miembro, que poco a poco empezó a tomar vigor, Sandra seguía medio hipnotizada y sus primeros manoseos palpando aquel músculo, se convirtieron en un candente movimiento de idas y venidas que hacía que mi polla fuese creciendo tanto a lo largo como a lo ancho. ¡Madre mía, no para de crecer, es enorme, joder, que grande!, mientras sus movimientos se iban acelerando al mismo ritmo que su mano me iba masturbando, ¡joder, que grande, que grande!, seguía diciendo, ¡madre mía, que bestia!, casi sin darse cuenta e hipnotizada por el tamaño de mi verga, que ya había alcanzado los 24 cm de largo por 5 cm de ancho.

    Ella seguía pajeándome, sin percatarse de lo que estaba haciendo, solo veía aquel enorme falo que hinchado ante ella la tenía absorta en una sensación indescriptible de sorpresa y placer, su mano había acelerado el ritmo, noté como sus pezones marcaban la ajustada camiseta que llevaba, y como mi miembro hinchado, morado, se erguía altivo ante ella, yo tampoco pensaba en la situación, solo veía a una mirada perdida ante mi enorme polla y una mano que apenas podía abarcarla masturbándome, mientras en el baño solo se oía, un incesante, ¡que grande, no para de crecer, es enorme, dios mío, que grande!

    Su mano subía y bajaba por aquel trozo de carne, en ese momento solo existía para ella eso en el mundo, concentrada seguía sin parar, yo estaba a punto de correrme, deseaba hacerlo, me dolía del placer que me estaba proporcionando y ni siquiera la avisé, el primer chorro de semen alcanzo su cara, ella seguía concentrada en la paja y ni siquiera el segundo chorro que alcanzó su pelo la sacó de aquel trance, continuó con sus movimientos, mi miembro seguía rociándola, ella cambió el que grande por el ¡cuánta leche, madre mía, que exageración!

    Yo tenía las piernas temblando de tantas sensaciones, ella seguía exprimiéndome, vaciándome por completo, y así, toda bañada por mi esperma, se acostó sobre el suelo, y metió su mano bajo el pantalón corto que llevaba y empezó a masturbarse.

    Yo seguía de pie dentro de la bañera, mirando como mi hermana, bañada con mi semen se masturbaba frenéticamente, su mano se movía rápidamente bajo aquella tela que la cubría, mientras con la otra mano rebañaba el semen que había en su cara y lo introducía con sus dedos dentro de su boca, saboreando la leche que poco antes me había sacado, la otra mano acariciaba su hinchado clítoris, para luego introducir sus dedos s en su mas que mojado sexo, intentando apagar el fuego que la quemaba, que la tenía hirviendo,

    Que la había vuelto totalmente loca, la sensación de excitación y de placer se juntaban y ella quería acabar con esa excitación lo antes posible, para alcanzar su placer inmediatamente, sus agggh, sus diosss, acabados con un me cooorro que se me hizo eterno me tenían totalmente desconcertado, en ese momento, unos violentos espasmos me confirmaban que estaba alcanzando un orgasmo como nunca antes ella había experimentado, su mano dejó de moverse, resoplo varias veces, y supongo que con cada soplo de aire.

    Se iba percatando de todo lo que había ocurrido, entonces me miró, desnudo en la bañera, bajo su mirada, clavándola en mi miembro semiflácido del que aún caía alguna gota de semen, se miró las manos, la camiseta manchada, se tocó la cara bañada, ¡que he hecho!, ¡perdóname, dios mío!, ¡que he hecho!, ¡estoy loca! Y con lágrimas en los ojos salió corriendo del baño, dejándome en un estado casi de catarsis, sin comprender aún todo lo que en ese momento había acontecido.

    A los minutos de todo aquello, empecé a llamarla, ¡Sandra, Sandra, ayúdame, no puedo salir!, ella volvió, avergonzada, sin mirarme a la cara, sin decir nada, todavía desconcertada, me colocó rápidamente el bóxer y me llevó de nuevo a la cama.

    -tenemos que hablar -le dije.

    -si, pero no ahora -me contestó.

    Mientras se alejó de mi habitación, sin mirarme y con la cabeza baja, mientras yo, ya acostado en la cama, pensaba en todo aquello, arrepentido por no haberlo parado, pero al mismo tiempo, con una extraña sensación de excitación producida por la imagen de ver a mi hermana como me había masturbado y como se lo había hecho ella, allí mismo, poseída por una lujuria que jamás me podría haber imaginado, pensamientos que me llevaban a desear a mi hermana como nunca antes había deseado.

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  • Un amante perfecto (1ª parte)

    Un amante perfecto (1ª parte)

    Hola, me llamo Eva y les voy a relatar lo que sucedió hace unos días con mi hermano Juan Jesús. En varias ocasiones, tuvimos el impulso de escribir nuestra historia y por fin nos hemos decidido.

    Nuestra historia da comienzo, cuando empiezo a notar que mi hermano Juanje, me mira de una manera más especial de lo normal, algunas veces espiándome mientras me cambiaba de ropa, en la ducha… etc… Yo por mi parte, quise comprobar si de verdad yo le atraía tanto así que, me ponía vestidos cortos para ver hasta donde llegaba él.

    Cada vez que me ponía uno de esos vestidos veía como trataba de verme las piernas, las bragas y el escote de mis tetas y cuando se lo facilitaba, notaba como su pene se ponía erecto dentro de su pantalón. A mí me parecía aquello muy morboso, de que mi hermano se empalmase mirándome y si he de ser sincera, yo más de una vez he pensado en el sexo con mi hermano, pero, me contenía porque para mí era casi imposible que se diese una situación como esa. Pero, todo dio un giro de 180º hace unos días.

    Bien, todo comienza el sábado pasado en el cual mi hermano Juanje y yo, nos quedamos solos en la casa puesto que nuestros padres se habían ido de viaje durante todo el fin de semana. Yo bajé al supermercado a hacer unas compras. Cuando regresé dejé las compras en la cocina y me dirigí hacia mi dormitorio a cambiarme de ropa para estar más a gusto. Cuando pasé por delante del cuarto de baño, vi que la puerta estaba entreabierta y se veía la luz encendida y oí una especie de jadeos y gemidos. Al principio me dio miedo, pero abrí un poco la puerta muy despacio, y pude ver a escondidas a mi hermano, Juanje, se estaba masturbando.

    La escena me produjo un morbo increíble, por lo que me quedé escondida mirando como mi hermano se satisfacía sexualmente. Observé como con su mano sostenía un respetable miembro al que sacudía con cierta violencia, sentado en el borde del inodoro, con sus ojos cerrados apuntando hacia el techo.

    De pronto vi que comenzó a llegarle el orgasmo, acelerando en sus movimientos manuales, y llegando este, chorros de semen salían de su verga, desparramándose por el suelo del baño. Demás esta decir que mientras lo observaba, mi vagina destilaba litros de jugos, al tiempo que con mi mano me pajeaba violentamente, al punto que instantes de él acabar, me sobrevino un orgasmo violento, que reprimí como pude, marchándome a mi dormitorio. Cuando entré, mis bragas estaban chorreando, me desnudé, me tumbé en la cama y cogí de mi mesita un vibrador (o consolador) y me puse a hacerme una paja, clavándome mi juguete hasta el fondo.

    Mientras lo hacía, a mi cabeza venían los pensamientos de que mi hermano me cogía y me introducía toda esa maravilla de verga dentro de mi caliente vagina. Entre pensamientos perversos, me llegó el orgasmo, con el vibrador dentro de mi culo y mis dedos masajeando mi clítoris.

    Después, me vestí y me fui al salón junto a mi hermano. El día transcurrió normal y por la tarde él y yo decidimos irnos a dar una vuelta a la calle. Estuvimos en varios pubs hasta que vi que ya teníamos bastante. Cuando llegamos a la casa, mi hermano estaba un poco cargado y nada más echarlo en la cama, se quedó dormido. Lo moví, pero él no me respondió.

    -Vamos Juanje, ponte el pijama.

    Lo moví otro par de veces más, pero nada, seguí sin hacerme caso.

    -Vamos Juanje, despierta… hermanito si no te despiertas voy a tener que desnudarte para poder ponerte el pijama y que duermas más cómodo.

    Entonces vino a mi cabeza de poder aprovecharme de la situación.

    -Juanje no te despiertas… que se me hace que ahora mismo me aprovecho de ti, hermanito.

    Le di un beso en los labios y ni se inmuto, siguió dormido. Le metí la lengua entre sus labios y saboreé su saliva, pero nada.

    -De acuerdo Juanje, voy a por ti.

    Me senté en la cama junto a él, le desabroche el botón del pantalón, le baje la cremallera del mismo, se lo baje un poco igual que su slip y se la vi.

    -Madre mía Juanje… que verga… tienes, hermanito.

    Ante mi apareció una verga preciosa… que linda se veía allí, recostada sobre sus huevos. Al verla, sentí por mi cuerpo una especie de escalofrío al tener semejante hermosura delante de mí.

    -Me parece a mí que le voy a dar unos besitos a esta preciosidad.

    Arrime mi boca a la cabeza de su verga y le di un beso, mire a mi hermano y pude ver su cara que era todo tranquilidad, por lo que la tome con mi mano aun con el riesgo de que él se despertase y me descubriese. Seguí besándola a todo lo largo de ella hasta sus huevos y como veía que él no se despertaba, le bajé del todo su ropa para así, que mi mano tuviese más libertad de movimientos.

    La recorría de arriba a abajo con mi mano, su dureza hacía que mi excitación creciera más y yo, más atrevida, empecé a chupársela, por lo que su verga crecía y crecía. Si, una preciosa verga y toda para mí.

    -Que verga tan hermosa y deliciosa tienes, Juanje.

    -Y tú que bien me la estas chupando, Eva.

    Me sobresalté al oír su voz y al mirarlo, pude ver como su mirada se clavaba en mí y en mis labios que tenían aprisionada su hermosa verga… me quedé ahí sin hacer nada.

    -¿qué pasa Eva?… Adelante hermanita, sigue chupándomela

    -Lo siento Juanje… yo… yo no sabía…

    -Tranquila hermanita, tu sigue y no te preocupes por nada.

    Dicho esto, le di un beso en la cabecita de su verga como dándole las gracias por permitirme seguir disfrutando de su hermosa verga, continuando con mis besos a todo lo largo de toda ella.

    Con mi lengua empecé a recorrer todo el entorno de su glande, antes de metérmela en mi boca por completo para chupársela. Empecé a chupársela con avidez como si estuviese chupando un helado.

    -Que sabor más agradable… Como me gusta chupártela, Juanje.

    -Pues Eva… aaah… sigue haciéndolo.

    En un momento de arrebato, mi hermano se levantó, me tumbo boca arriba, metió su verga en mi boca y comenzó a meterla y sacarla. Recuerdo que su pene llegaba a mi garganta. Al cabo de un rato no pudo aguantar y se corrió.

    -aaaah… Evaaa… me corrooo.

    Yo sentí como un rio de leche, inundaba mi boca que yo rápidamente comencé a tragármela. Después la saco y se tumbó a mi lado.

    -Aun te queda un poco de leche en la punta, voy a limpiártela, Juanje.

    -Eres insaciable, Eva.

    -Ha estado fantástico, joder lo que me he estado perdiendo.

    -Si Eva es divino hacerlo con mi hermana, porque he tenido una corrida bestial.

    -Si, pero, yo aun no.

    -Ya lo se hermanita, pero ahora me toca a mí.

    Me desnudó, me chupó durante un rato las tetas, siguió besándome por mi cintura hasta que llegó a mi cueva. Comenzó chupándome por los muslos, luego sobre los labios mayores, se mojó los dedos con saliva, me abrió los mayores y se dedicó a los menores, subiendo hasta mi clítoris.

    Tomo mi clítoris entre sus labios, mientras me metía un par de dedos. Esto fue lo máximo empecé a correrme como una burra, mientras el seguía chupando mi clítoris durante mi corrida, lo que prolongo mi orgasmo.

    -Guauuu… hermanito… vaya sesión que me has dado.

    -Me alegro que te haya gustado tanto como a mí, hermanita.

    Tome su verga con mi mano.

    -Joder, ya estas otra vez dispuesto. Que energía, Juanje. Esto va a ser fantástico, voy a recuperar todo el tiempo perdido.

    -Pues entonces el mismo tiempo que yo, Eva.

    -Anda Juanje, hazme tuya… métemela.

    -Ahora mismo, Eva.

    Así tal como estaba tumbada, me abrí de piernas, él se colocó encima de mí, acerco su verga a la entrada de mi cueva. Mi hermano comenzó a frotarme con la punta de su verga los labios y el clítoris, lo que hizo que me pusiese aún más caliente.

    -Vamos Juanje, no seas malo y métemela ya… anda hermanito.

    -De acuerdo Eva si tanto la deseas te la meteré.

    Su enorme verga fue deslizándose por las paredes de mi cueva hasta que sus huevos pegaron en mí. Era maravilloso sentir aquella hermosa verga muy dura y muy caliente dentro de mí.

    -aaahhh… Juanje… . que hermosa la tienes… mmm… que gusto

    -Evaaa… oouuhh… qué maravilla… cómo te deseaba… mmm…

    Mi hermano comenzó a meterla y sacarla muy suavemente para después, acelerar en el ritmo de sus embestidas. Sus bombeos eran fuertísimos y sentía mi cueva, arder de dolor y de placer. Por fin tenía la verga de mi hermano dentro de mi cueva, la de su hermana y los dos disfrutando muchísimo de placer.

    -Si Juanje… aaahhh… no pares… mmm… sigue, sigue.

    -auuhh… Eva… que gustooo… aaah…

    Al cabo de un buen, pero, que un buen rato haciéndolo, vi que mi hermano aceleraba más en sus embestidas a lo cual, intuí y me dijo que se iba a correr.

    -Eva… aaahhh… ya no aguanto más… me voy a correr… mmm… hermanita.

    -Vale Juanje… mmm… córrete dentro de mí… échame tu leche dentro de mi raja

    -No Eva… aaahhh… no debo hacerlo.

    -Tranquilo hermanito, que no estoy en días de peligro… córrete dentro

    Y así hizo.

    -Evaaa… aaaaah… hermanitaaa… me corrooo

    Chorros de esperma espeso y caliente llenaron el cuello de mi útero, y el orgasmo nos atacó a ambos. Yo cruce mis piernas sobre su espalda, para así tener el semen de mi propio hermano dentro de mí. Estuvimos así trenzados unos minutos, hasta que el pene de mi hermano Juanje se puso flácido, sacándolo chorreante de semen y de jugos vaginales que yo me apresure a beberme. Nos dimos una sesión de sexo como nunca lo hubiera soñado.

    Ese fin de semana, lo hicimos varias veces más y también, desde ese día lo hacemos casi a diario, pese a que cada uno tenemos nuestra pareja, pero el caso, es que el morbo que nos produce hacerlo entre hermanos, hace más placenteros nuestros encuentros sexuales llegando la cosa, hasta que, si están nuestros padres en casa, nos metemos en un dormitorio y allí se la chupo hasta que se corre. Cualquier lugar es bueno.

    Sin más, el otro día mientras veíamos la tele, mi hermano fue a mear así que le seguí y después de mear, le pegue una mamada que hizo que se corriese enseguida, me limpie la boca y me fui otra vez a ver la tele.

    Es fantástico tener una persona con la cual realizarse sexualmente en tu propia casa.

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  • Una playa nudista y…

    Una playa nudista y…

    Todo el mundo tiene alguna idea en la mente que nunca se ha atrevido a hacer, ya sea por vergüenza, por miedo al “qué dirán” o simplemente porque no lo ven propio de uno mismo y se descarta, pensando que pese al deseo, te vas a encontrar incómodo. Un fin de semana de verano, yo me decidí a romper mi tabú personal.

    Siempre había deseado ir a una playa nudista, pero nunca me había atrevido porque ningún amigo o amiga quería venir. Así que un sábado, prontito por la mañana, decidí ir yo solo. Me había informado donde estaban las playas nudistas en la costa mediterránea, y cuando me decidí por una, subí a mi coche, cargué en el maletero una toalla, algo de crema protectora y una mochila para guardar mi ropa, y allí que me fui.

    Al cabo de hora y media de carretera, por fin llegué a mi destino. Aparqué delante de un cartel en el cual estaba escrito estas dos palabras que me hicieron ponerme bastante nervioso, y pensar en volverme por donde había venido…”ZONA NUDISTA”. Me quedé un rato en el coche, decidiendo que hacer, hasta que por fin me hice el ánimo, y salí del coche. Me desnudé, y una vez había agarrado mi toalla y la crema protectora, cerré bien el coche y me adentré en la playa.

    Aquello era desde luego una experiencia totalmente nueva para mí…Todo el mundo andaba, tomaba el sol, jugaba a las palas, al volley… ¡Pero desnudos! Aunque era algo esperado, no dejó de sorprenderme… Hasta ahora había ido a las playas “textiles” donde todo el mundo llevaba su bañador, las mujeres su bikini… Pero ahí estaba rodeado de cuerpos desnudos, incluyendo también mujeres muy atractivas. Eso produjo en mí una reacción que no había esperado.

    De repente empecé a tener una fuerte erección, y una sensación entre miedo y vergüenza se apoderó de mí. Muy apurado, estiré mi toalla en el suelo, y me tumbé boca abajo, procurando disimular. Intenté ponerme crema en la espalda, sin mucho éxito ya que no llegaba bien, y menos tumbado en el suelo, de forma que lo único que hice fue desparramar algo de crema sobre mí.

    -“¿Te ayudo?”

    Una voz femenina se dirigía a mí, y sin esperarlo, unas manos suaves empezaron a dispersar la crema por mi espalda, por mis hombros, mi nuca, y mi culo… Cuando noté eso último, me giré algo sobresaltado, y ahí estaba ella. Una chica joven, bastante morena de piel, pelo moreno con mechas rubias y unos ojos que me miraban de forma divertida. Evidentemente, estaba desnuda, mostrando ante mí dos tetas grandes, turgentes, con pezones rosados, y aunque estaba en cuclillas, se podía distinguir una delicada mata de vello que se perdía entre sus piernas, bien contorneadas y que hacían intuir un culito turgente…

    “Hola” -dijo sonriendo, divertida- “Me llamo Mika ¿Eres novato por aquí verdad? Lo digo por tu forma de ponerte crema, apuesto a que estás haciendo agujeros para poner sombrillas, jajaja!”

    Ante esa carcajada, yo no pude evitar reírme también, aún sorprendido por su espontaneidad y tranquilidad, viéndome ahí tumbado en una situación un poco aparatosa. Se tumbó boca arriba a mi lado, y estuvimos hablando un buen rato. Trató de tranquilizarme, diciendo que no me preocupase, que era normal la primera vez, que ella el primer día también iba excitada, pero que se le notaba menos. Eso lo dijo haciendo un gesto como diciendo “yo no tengo lo que tú tienes”, por lo que estallamos en otra sonora carcajada.

    La verdad es que me lo estaba pasando bien, era una chica divertida, y la verdad es que su buen humor me ayudaba a superar un poco mi timidez. Sin embargo, como veía que no me daba la vuelta, me pegó una palmada juguetona en el culo, y cogiéndome de la mano, me dijo que ya era hora de darse un baño y refrescar mi espalda que ya estaba muy roja. Consiguió levantarme, y pese a que no estaba erecto en ese momento, aun se mantenía en un estado “morcillón”, que Mika se quedó mirando, y sonriendo me dijo:

    -“Es bonita, no tenías porque ocultarla tontorrón, jejeje”

    Le dio un par de toques rápidos con la punta de los dedos, y nos metimos en el agua. La verdad es que aquello le vino bien a mi espalda, el frescor del agua apaciguo un poco el escozor que empezaba a sentir, haciéndome encontrar bien. Mika empezó a tirarme agua, el típico juego en la playa, y yo también le salpiqué, cada vez más, hasta que se me tiró encima para hacerme una ahogadilla. Salí para respirar, y al sacar la cabeza, ella me cogió por la nuca y me puso entre sus tetas.

    Eso me pilló por sorpresa, y besando mi pelo, me preguntó si me gustaba. Yo, algo nervioso le dije que si, y tras reírse, me dio la mano, y nadando nos alejamos a unas rocas cerca de la playa. Allí encontramos una pequeña cala, y se metió en un sitio sombreado, y arrastrándome hasta un lugar fresco, se giró hacia mí, y me cogió la polla con su mano, acariciándola suave pero firmemente.

    “Esto quizás consiga que te sientas menos cohibido”

    Acto seguido, empezó a besarme, y yo me dejé llevar, recorriendo con mi lengua cada recoveco de su boca, y comenzando a masajear ese culito suave, que mis manos recorrían de arriba abajo. Separé mis labios de su boca, y empezó a besarme el pecho mientras mi erección era cada vez más fuerte, y siguió bajando, jugando con mi ombligo, y finalmente, empezó a besar mi vello púbico, para pasar a jugar con mi miembro. Comenzó a lamerlo como si fuera un helado, desde los huevos hasta la punta, y después se metió en la boca solo la cabecita, mordisqueándola con suavidad, hasta metérsela toda entera en la boca. Así estuvo unos minutos, hasta que decidí por fin actuar por mi cuenta. La tumbé en la arena, y comenzando a lamer su cuello, mis dedos se escurrieron por su rajita, no siéndome difícil introducirlos debido a su humedad. Metí dos dedos mientras mi pulgar jugaba con su clítoris, cuando ella empezó a respirar entrecortadamente debido al placer que le producía.

    Sus pezones se endurecieron, y aproveché para mordérselos y lamérselos… con mi mano libre, abarcaba con dificultad la otra teta, aquello era delicioso. Cuando consideré que ya tocaba devolverle el placer oral que ella me había dado, deslicé mi lengua desde su canalillo, hasta su rajita, y ahí empecé primero con fuertes lametones, para que sintiese bien mi calor, y comencé a introducir mi lengua dentro de ella, para seguir después localizando el clítoris, con el cual me entretuve unos minutos. Aquello era delicioso, estaba disfrutando del sexo con una mujer explosiva en un ambiente paradisíaco.

    En un momento dado, Mika me tumbó a mi boca arriba, dejándose caer sobre mí, y con la ayuda de una de sus manos, se introdujo mi miembro en su rajita, que entró sin excesiva dificultad hasta el fondo dentro de su ser. Cerró los ojos y abrió ligeramente la boca, dejando escapar un suspiro placentero, y ahí comenzó a moverse, mirándome de nuevo con la mirada pícara y divertida que le caracterizaba, y agarrando mis manos para ponerlas en sus pechos duros y grandes, que saltaban a cada movimiento. El ritmo cada vez era mayor, los dos empezamos a gemir, pero ella no quería acabar en esa postura.

    Se puso a cuatro patas, y me dijo que quería hacer el perrito, para que cuando acabase, lanzase mi esperma sobre sus nalgas y espalda. Empecé a bombearle muy fuerte, gritando los dos de placer, sin soltar yo sus pechos, cuando no pudimos más ninguno de los dos. Ella terminó escasos segundos antes de que yo lanzase mi carga donde ella me había pedido, y nos quedamos un rato exhaustos sobre la arena, besándonos con pasión y abrazados, momento en el que me confesó que ella también había perdido su timidez al nudismo así…

    Se hizo tarde y había que volver, así que fuimos otra vez a nado hacia la playa principal, y recogimos nuestras cosas. Ese fue nuestro primer encuentro, de muchos que tendríamos ese verano, cuando decidimos hacer un tour por las principales playas nudistas del Mediterráneo, pero eso, es otra historia…

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