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  • Playa nudista

    Playa nudista

    Hola, hoy quiero comenzar en este mundo de los relatos eróticos, soy un hombre de 39 años de 1.72 cm de alto, de buen físico ya que me ejercito mucho, mi esposa de 31 años 1.60 de alta buenas piernas, una cola bastante pronunciada tetas pequeñas de gran pezón y una panocha encantadora de esas que se salen por un lado de la tanga. Siempre me a parecido excitante ver a otras personas desnudas y/o tener relaciones en público, mi esposa es un poco más reservada, aunque su sueño es hacerlo en un baño de alguna discoteca o bar.

    Hace varios meses venimos planeando un viaje, uno que estuviéramos los dos solos y poder disfrutarnos así que de tanto buscar encontré una playa donde se podía hacer nudismo sin tener ningún inconveniente y me dispuse a planear todo para el viaje, busque hoteles cerca y le compre vestidos de baño a mi esposa, algo atrevidos para que los luciera sin ningún tapujo y esta era la oportunidad perfecta para ella.

    Llego el día del viaje y salimos temprano para llegar cómodos a nuestro destino, llegamos a una ciudad cerca para poder descansar y salir temprano a la playa donde queríamos estar que se encontraba a unos cuantos kilómetros de la ciudad donde nos quedamos, acá fue donde comienza toda nuestra aventura.

    Ese día nos alistamos para salir a comer algo y fue cuando le dije a mi esposa mi plan que podía hacer todo lo que quisiera que no había ningún problema ni quejas de mi parte que este viaje era para ella y solo para ella, que sacara todo el estrés o todo lo que tuviera guardado.

    Esa noche antes de salir se puso un mini vestido ceñido color verde que dejaba ver hermosa figura y sus nalgas, cada vez que caminaba se tenía que bajar el vestido ya que se la subía bastante.

    Nos metimos a un restaurante y le dije que nos subiéramos al segundo piso para sentarnos cuando empezó a subir las escaleras vi como varias hombres le miraban las nalgas mientras subía eso me excito mucho ver como la desnudaban con la mirada, cuando estábamos comiendo me dice que no lleva ropa interior de bajo y que si me gusto ver sus nalgas cuando subíamos las escaleras ya que yo venía detrás de ella y le dije que si que mucho.

    Salimos del restaurante y paseaos un poco por la ciudad y no saben como la miraban en ese vestido me ponía muy cachondo verla así, al llegar al hotel la empecé a desnudar y sin más remedio la agarre de la cintura la puse en 4 le metí mi verga que ya estaba a punto de explotar de tanto morbo que tenía, ella estaba tan mojada y yo tan excitado que no demoramos mucho en venirnos no sin antes grabar la corrida ji ji ji.

    Al día siguiente nos fuimos para el hostal donde nos íbamos a quedar antes de irnos para las playas, al llegar nos alistamos ella se puso un bikini tipo hilo que le realzaba sus piernotas y sus nalgas.

    Yo me puse mi tanga de baño y nos fuimos a la playa más cercana, allí nos recostamos un poco en la arena a descansar y tomar el sol, después de un rato decidimos caminar por la playa al levantarnos vi como su bikini se corría para un lado dejando ver parte de su panocha no le dije nada y dejé que caminara tranquila por la playa dejando que vieran lo grande que la tiene y lo depilada que estaba, nos fuimos alejando de la gente cuando llegamos a un lugarcito detrás de unos matorrales.

    Allí nos acostamos para descansar un rato cuando de pronto sin más me dice que me lo quiere mamar que ese era uno de sus sueños así que no dije nada ya que este era su viaje y podía hacer lo que quisiera como lo quisiera así que de una me saco la verga de la tanga y lo empezó a mamar, pasaba su lengua de arriba abajo era una sensación supremamente excitante, estar allí frente al mar con mi esposa haciéndome una mamada de lo más deliciosa y cumpliéndole uno de sus sueños, no nos importaba nada solo disfrutábamos como nunca, lo hacía tan rico que no dudo en tragarse mi semen y yo no dude en grabar como lo hacía y grabar su cuerpo en ese bikini tan hermoso ji ji ji.

    Después nos metimos al agua para limpiarnos la arena y jugamos un rato mas pensando en lo que se venía al día siguiente, yo me quite mi tanga y se la pase y lo mismo hizo ella se quitó su parte de abajo del bikini y disfrutamos un poco de nadar desnudos, yo veía su panocha por entre las aguas y ella hacia lo mismo con mi verga que ya estaba empezando a erectarse de ver lo que estábamos haciendo, no podíamos salir del agua para vernos porque habían muchas familias con niños así que solos nos imaginamos como era.

    Al rato nos cambiamos y nos fuimos para el hostal donde nos estábamos quedando para cuadrar lo del día siguiente.

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  • Aventura con el chico de la farmacia

    Aventura con el chico de la farmacia

    Todo comenzó aquel día en el que compré el medicamento que necesitábamos y me encontré con aquel chico lindo, amigable, y risueño de la farmacia, que por cierto le quedé a deber $18 pesos ya que no “tenían cambio” a lo que él me dijo que después se los pasara a dejar y así quedamos, morí de la pena, pero era algo que no era culpa mía y bueno a los pocos días volví para pagarle y fue una lástima porque no lo encontré a él, se los dejé pagados a su compañero de trabajo.

    Al mes logré volver a coincidir con él, y no solamente eso sino tener un encuentro íntimo entre ambos en cuestión de dos días me hizo suya como nadie más lo había hecho desde que he estado casada con mi marido

    Ese día salió de la farmacia para pedirme mi número de celular y comenzamos a hablar por mensajes de texto, y quedamos de vernos a los dos días para salir juntos y darnos unos “besos” y yo accedí obviamente ya que no pensé que podríamos llegar a más cabe recalcar que yo siempre le fui fiel a mi esposo desde que hemos estado juntos, pero hace unos años atrás él me fue infiel y desde entonces no estoy del todo bien es por eso que accedí a ver a este chico.

    Cuando nos encontramos recuerdo haber estado super nerviosa y más por la diferencia de edad entre ambos él tiene 19 y yo 27, nos quedamos de ver en la esquina de su trabajo y de ahí nos fuimos a un parque, lo cual comenzamos a hablar y a conocernos un poco más de ahí pasamos a los besos pero el de inmediato comenzó a acariciarme las nalgas cosa que a mí me puso muy nerviosa y me dijo

    -¿Quieres ir a otro lugar ?

    Le respondí -¿Aquí mismo?

    Se río dijo -No, aquí no… ¿ Conoces el Zoo?

    -Mmm… No

    -¿Quieres ir?

    -Si… Está bien

    Y nos dijimos a ese lugar, cuando llegamos me sorprendí ya que no creí que fuera un motel la verdad es que jamás había visitado uno ni estando casada, ni soltera, él entro a pedir la habitación la verdad yo estaba muy nerviosa, recuerdo haberle dicho que jamás había visitado uno y él dijo -“Yo tampoco”, lo cual no le creí obviamente.

    Comenzamos a besarnos lentamente, él se sentó sobre la cama y comenzó a acariciarme me tocaba las nalgas e intento quitarme el sostén lo cual no pudo y me reí nerviosa para preguntarle:

    -¿Te ayudo?

    Él me respondió sonriente -Si

    Comenzó a besar mis pechos con deseo, yo comencé a gemir suavemente mientras lo veía haciéndolo acariciándole el cabello, me recostó sobre la cama y procedió a quitarme los leggins que llevaba puestos y mi ropa interior.

    Desde el primer momento en el que tocó mi cuerpo en su total desnudez me hizo gemir como una puta con sexo oral, un sexo oral tan suave y delicioso con sus labios carnosos, cuando comencé a sentir sus lengüetazos en mi entrada no paré en ningún momento de gemir y cerrar los ojos.

    Él estuvo ahí por varios minutos y cuando comencé a sentir aquel dedo que penetro mi vagina y a su vez el no paraba de saborearme como un loco deseoso de mis flujos vaginales lograba hacerme gemir y que el sonido de aquel escenario fuera incontrolable para mí ya que gemía como una loca, la verdad es que ni mi marido me ha hecho un sexo oral así de delicioso.

    Se incorporó para besar mi cuerpo, busco aquel condón que traía en sus bolsillos se lo colocó y cuando se posó encima de mi para penetrarme con aquella verga que no logré ver pero sin duda estaba deseosa de sentirla dentro de mi aaaah… solté un gemido de placer al sentir como penetraban mi entrada y resbalaba gracias a su saliva y mis fluidos que me habían dejado bien húmeda.

    Miré su rostro estaba tan excitado al igual que yo que hice aún lado aquella cadena que colgaba de su cuello para poder besarlo comenzó a penetrarme una y otra vez cuando comenzó a besarme mis gemidos quedaban atrapados en su boca y sentía como el eco de mis gemidos se escuchaba en el cuarto, aquel cuarto de motel.

    Lo tome de la espalda y de sus glúteos ame sentir su cuerpo encima de mi y sus embestidas, después me hizo de nuevo un sexo oral increíble para ponerme de perrito y embestirme de nuevo con aquella verga tremenda que se carga aquel niño sin duda un niño maravilloso y le digo niño porque apenas tiene 19 años.

    Sentí sus embestidas sumamente riquísimas que me llevaban a gemir aún más fuerte cuando comencé a sentir que me tocaba mi entrada de mi ano con su saliva y parecía un dj loco por querer dilatarlo a su vez dándome de nalgadas cuando se quitó y se acostó de espaldas en la cama y me dijo -Ven en señal de que quería que me subiera arriba de él, lo hice sin dudarlo cuando me metí su verga aaah… gemí delicioso y comencé a darme de sentones y gemía tan rico del placer.

    Comenzó a besarme nuevamente a morderme el labio inferior nuevamente mis gemidos quedaban en su boca pero aun así eran imposibles de silenciarlos, movía la cabeza arriba y abajo en señal de que le gustaban los sentones que me daba arriba de él, pero sin duda le gustó mucho penetrarme de perrito ya que volvimos a retomar aquella posición y se portó aún más salvaje, tomando del cabello y jalándome hacia atrás, para después soltarme y tomarme un brazo llevándolo a mi espalda y penetrarme aún más fuerte.

    Mientras yo me aferraba a las sábanas blancas y gemía a cada segundo como una puta insatisfecha se quitó para quitarse el condón y decirme nuevamente -Ven señalándome su verga para hacerle sexo oral ahí fue cuando pude lograr apreciar aquella verga enorme que estaba comiéndome en esos momentos solté la primer arcada ya que era muy grande y gruesa no me cabía en la boca apenas y llegaba a la mitad cuando tenía que retirarme ya que soltaba arcadas, pero aun así lo lamia como una paleta.

    Procedió a colocarse otro condón para volver a penetrarme, lo hicimos de nuevo él se recostó sobre la cama y me subí nuevamente arriba de él y así seguimos hasta que terminamos aquel delicioso encuentro, cuando terminamos él me dijo:

    -¿Realmente tienes 27?

    -Si, ¿por qué?

    -Porque pareces de 23…

    Me reí y le dije, -si lo sé…

    Y es que a decir verdad aparentó menos edad, siempre piensan que soy mucho más chica que la edad que tengo.

    De este encuentro hubo unos cuantos más, pero en su trabajo, en aquella farmacia, ahí cogimos varias veces incluso en un consultorio.

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  • Mi novia realiza una mamada a dos vagabundos en forma de venganza

    Mi novia realiza una mamada a dos vagabundos en forma de venganza

    Después haber hecho mi realidad de ser cornudo, y que esos vagabundos la cogieran entre forzándola y a la vez voluntariamente de parte de ella, había ya amanecido, ella seguía dormida por lo que decidí adelantarme y baje a la cocina a preparar algo para mí, supuse ella despertaría a mediodía por el calor, y calculando el tiempo hice el almuerzo, justo cuando ella bajaba solo con una tanga puesta, bajo como que si hubiese estado ebria y había amanecido con resaca, no era para menos de todo el trabajo que hizo entre bailar y coger, quería consentirla todo el día.

    Le hice un desayuno suave precisamente pancackes con un licuado de avena, banana y fresas pues quería recargarla de energía y le partí una manzana.

    Ella me agradeció por el desayuno y se lo comió absolutamente todo, después le pregunté si se quería bañar, me dijo que sí, por lo que subí con ella para bañarnos juntos, mientras nos bañábamos nos besamos y acariciaba, diciéndole lo mucho que la amaba, ella me correspondía con abrazos y caricias, mientras me sonreía.

    Después de terminar de ducharnos nos sentíamos mas despejados, con el cuerpo relajado, sobre todo ella. Por lo que una parte de la tarde la pasamos sentados en el sofá viendo televisión, hasta que finalmente tocamos el tema.

    Amor mío, ayer estuviste increíble con esos vagabundos –le dije interrumpiendo

    Ella abrió los ojos y a la vez sonriendo.

    -¿De verdad te gustó mi amor? –me preguntó sin verme a los ojos

    -¡Amor eso me ha fascinado! –le dije emocionado

    -Amor te seré sincera al principio me forzaron, pero luego le terminé tomando el gusto –me dijo ella

    -Claro, yo iba con la intención de coger con ellos, pero se nos fue de la mano –dijo ella

    -Eso lo sé mi amor tal vez debí de intervenir, estaba en conflicto en mi mente –le respondí

    -No amor porque el sacrificio del principio no hubiera valido la pena ya tenía su verga en mi boca, no había vuelta atrás –dijo ella tratando de hacerme no sentir mal.

    Eso me dio más valor de seguir ahondando más en el tema.

    -Amor vi que pusiste caras de agruras mientras hacías eso –le hice saber

    -Amor es que si sabían feo estaban muy sucias, aunque como te repito les tomé el gusto y me gustó sentir eso sobre todo que no lo esperaba –dijo ella

    Sentí el impacto de su olor en mi nariz, un olor entre orina, sudor, pero el de Héctor sabía salada, el de Antonio era el que más le sentía a orín más que la sal del sudor, pero el del otro que no se como apareció fue el que me hizo dar una arcada sabía agrio–dijo ella recordando

    -¿Amor y eso te gustó? –le pregunté más excitado que intrigado

    -Al principio no me agradó mucho, no lo sentí excitante, pero a medida pasaba le tomé el gusto hasta que le encontré lo caliente de la situación recordando que otros me estaban viendo –dijo viéndome a los ojos

    -Amor pero ellos terminaron adentro de ti y en tu boca también –le mencioné eso para seguirla probando.

    -Respecto a eso mi amor por increíble que parezca no sabía mal, bueno si salada tal vez por lo mucho que llevaban sin salir al exterior –dijo bromeando

    -Pero si es algo que quiero volver a probar… Aunque, espero no te moleste, pero quiero hacer algo primero –dijo ella

    -¿Qué cosa mi amor? –yo esperaba alguna otra cosa sexual o idea para calentar el asunto, pero no me esperé su respuesta

    -Aunque si me excitó, pero tengo miedo mi amor, ya sabes… son de la calle y quisiera hacerme los exámenes de ets… No te molestes, si me encantó, pero quiero estar segura –dijo ella con la mirada hacia abajo

    Hasta ese momento capté lo riesgoso que había sido, aunque trataba de hacerme sentir bien, igual me puso en que pensar, por lo que acudimos a realizar dichos exámenes.

    No queríamos ir a un establecimiento público pues pedir tal magnitud de exámenes requería una orden médica especificando el motivo, y no queríamos dejar datos, por lo que, aunque saliera más costoso acudimos a los privados, pero optando diferentes laboratorios cada tanto examen, agregando a que debíamos de tener cuidado de no encontrar compañeros o conocidos del sector salud en dichos establecimientos.

    Fueron dos semanas de zozobra pues si bien iban saliendo negativos, aun así persistía ese miedo que los últimos saliera alguna alteración, entre las dos semanas la única buena noticia es que nos llamaron a entrevista de trabajo para la clínica, no teníamos cabeza para eso, pero igual asistimos, eso nos distrajo un poco.

    Hasta que finalmente completamos el último perfil el cual salió negativo por suerte, aunque aun faltaba el chequeo con el ginecólogo, yo siempre he sido partidario que siempre sea un hombre el que revise a mi novia, aunque sean profesionales siempre me ha gustado el hecho que traveseen su cuerpo, que metan dedo, espéculos, etc… Lo único malo fue irritación en el canal vaginal, seguramente en algún momento ella dejó de lubricar o no penetraban bien causando la irritación…Le dejó una crema.

    Aunque había sido una odisea de 2 semanas y casi coincidiendo con la boda, aunque no lo haya mencionado para no extender aún más el relato, tras de todo lo que hemos venido escribiendo la preparación de la boda iba siempre en marcha, como dije, estaba pactada para el 10 de febrero, de haber encontrado algo la íbamos a posponer, pero no.

    Llegamos en la noche a casa después del último examen y el sin fin de consejos del ginecólogo, hablamos al respecto, es decir, si quería continuar o no, ella me dijo que quería continuar, pero quería recuperarse de la irritación interna.

    -Está bien, tienes que recuperarte de eso –ni bien terminé de decir eso cuando ella me salió adelante diciéndome…

    -Pero mañana en la noche iremos un momento para que sepan que todo está bien –dijo ella

    -¿Segura? –le pregunté

    -Si, pero antes voy a salir con Sofi iré a comprar algo –dijo ella mientras subía al segundo piso

    Solo me dejó con la palabra en la boca, yo me quedé un rato más en el primer piso ordenando unas cosas, luego subí a darme un duchazo rápido y me acosté con ella.

    En la mañana siguiente, cuando desperté ella ya se había ido, me dejó el desayuno hecho, por lo que aproveché la mañana en ir a visitar a mis padres para seguir organizando lo de la boda, para la tarde regresé, pero ella ya estaba ahí, pero aun con Sofi en casa.

    Pero rápido se fue, yo siempre me he llevado bien con ella, un par de veces aproveché a arrimarle mi verga en descuidos, siempre nos saludamos de abrazo y beso, ahí es cuando aprovecho a apretar sus tetas contra mi cuerpo, en general nos llevamos bien, así como David con mi novia, solo que yo no le hago piropos, eso me los reservo para mi bella esposa.

    -¿Qué te compraste? –le pregunté con intriga

    -Ropa –dijo ella de una forma cortante

    Ante tal frialdad mejor desistí, supuse que más noche lo sabría, por lo que no quería matar esa interrogante en el ambiente.

    Llegados las 10:30 de la noche probablemente pues eran nuestras horas de salidas, ella bajó… Vi asomarse sus tetas, mi mirada no fue a su rostro, fue directo a sus tetas.

    Había comprado un conjunto muy sexy, era una blusa licrada blanca, pero con un espacio en forma de rombo grande en sus pechos que los dejaba fuera de la blusa que hacía unirse sus dos tetas, que al ver sus pechos es como que si los estuviera ofreciendo “Son tuyas agarrarlas” sus pechos estaban cubiertos con un bra verde olivo, y se puso pantalón del mismo color de bra.

    De camino a la exconstructora pasamos por el 24/7 de mala muerte, esta vez si estaban los dos dependientes que habían visto las dos primeras veces a mi novia, sus ojos nuevamente se clavaron en sus pechos, los agregué en mi lista mental de ser posibles candidatos a que algún día se la cogieran también, pero por el momento no, mi novia fue amable con ellos siempre les respondía con esa sonrisa encantadora, volvió al auto y pusimos rumbo, solo había comprado agua para ella.

    Llegamos donde estaban Antonio y Héctor, esta vez les llegamos de sorpresa, al vernos ambos saludaron con un beso en la boca a mi novia como si de su mujer se trataba y a mí con una palmada amistosa en la espalda.

    Nos encaminamos a sentarnos, ella iba agarrada de las manos por ellos dos, nos sentamos y comenzamos a hablar, ellos comenzaron diciendo que les gustó el último baile con su final, mi novia les dijo que se alegraba al respecto, aunque les ocultamos que ella se había hecho exámenes porque no queríamos hacerlos sentir mal, también les comentamos sobre la entrevista de trabajo.

    Mientras hablábamos, Héctor se levantó y le preguntó a mi novia como era su blusa, que no le entendía.

    -Es abierta por adelante como puedes ver y esto es mi bra son dos cosas apartes –explicó ella

    -Pero pareciera que no si no te quedas viendo fijamente –dijo él mientras le tocaba su pecho

    -Es porque le queda apretado la blusa –le dije yo

    A la misma que aproveché a meter mi mano en su espalda por debajo de su blusa para desabrochar su brasier y quitárselo para que sus pechos quedaran a la vista.

    -Lo ves –le dije

    Mi novia nomas me dijo que era travieso.

    Mi novia volvió a tomar la delantera y llevo la mano de Héctor a su pecho para que estrujara e invitó a Héctor a lo mismo. Ambos se levantaron y así lo hicieron.

    Mientras ellos hacían eso ella miraba sus paquetes sonrió de una manera maliciosa, pero no porque calentura, era una sonrisa de malicia…

    Bajó los harapos que hacían de pantalones, se miraba diferentes que hace 2 semanas, ella les preguntó si se habían bañado, a lo que respondieron que sí, ella rechistó sin decir nada.

    Las vergas de ambos aun no estaban erectas, así que ella estando sentada se metió la verga de Héctor en la boca y empezó a chuparla hasta que se paró por completo, luego siguió con la de Antonio.

    Una vez estando ambos con una buena erección, mi novia se recogió el cabello.

    -Así me gusta educada la puta, no tenemos que pedirle que nos mame la verga –le dijo Antonio a Héctor

    Mi novia no dijo nada, entonces ella estando aún sentada empezó a mamar la verga de Héctor, pero lo hacía con mucha rudeza y fuerza, a tal punto que le hacía sentir dolor a Héctor, él solo se quejaba y le decía que se tranquilizara, pero ella hacia caso omiso, sus chupadas eran salvajes a tal punto que Héctor por un momento dejó de sentir placer y se retiró un poco.

    -¿No aguantas unas mamaditas? –le dijo mi novia

    Entonces prosiguió con Antonio, su dosis fue la misma una mamada muy brusca, ella apretaba sus huevos un poco fuerte lo que le causaba gestos en su cara, ejercía mucha presión sobre su glande. Pero Antonio quiso hacerse el fuerte por lo que mi novia continuó mamando su verga.

    Esta vez ni nos movimos, lo estaba haciendo a orilla de calle, los vagabundos más cercanos solo miraban como ella se tragaba esas vergas pero que lo hacía sin delicadeza.

    Después de un rato y entre pausas, llego un momento en que no dejo que Antonio y Héctor sacaran sus vergas de su boca, claro, cada quién en su turno, al primero que hizo venir fue a Antonio, pero cuando ella sintió las pulsaciones de la verga en su boca, la sacó y la giró hacia las piernas de Héctor llenándolas de semen.

    -¿¿Qué haces?? –dijo haciéndose hacia atrás

    Le había cortado la satisfacción y el placer de querer venirse en su boca, fue una simple corrida, mas lo que sufrió con esa mamada pesada que le hizo mi novia.

    Ella después le dijo a Héctor que se acercara, ella casi que mordiendo le hacia su respectiva mamada, Héctor disfrutaba, pero a la vez hacia gestos de dolor, definitivamente esa mamada no era para nada placentera, con Héctor lo que ella hizo fue terminar de masturbarlo hasta hacerlo venir, ni disfrutó mucho en su boca.

    Ambos ya habían perdido sus erecciones tanto por haberse venido y por el dolor que había dejado mi novia en sus vergas.

    Era una clara venganza de ella por haberla hasta cierto punto forzado a coger sin condón.

    Aún faltaba el otro vagabundo, pero no estaba cerca por lo que se salvó de eso, después de haber realizado eso Héctor y Antonio se recuperaron, pero no del dolor porque ni lograban otra erección.

    Entonces mi novia continuó conversando normal con ellos mientras intentaban incorporarse sentándose en las sillas que antes les habíamos regalados.

    Ella les dijo que nos íbamos a casar pronto, de hecho, les mencionó la fecha 10 de febrero, creo que para ese entonces era la primera semana de febrero, creo que 3 o 4, no recuerdo muy bien. Ella les encerró en el calendario que les regalamos en navidad la fecha, e hizo lo inesperado… Invitarlos a la boda.

    Claramente ellos se negaron diciendo que esas cosas no eran para ellos, pero que viniera cuando pudiera. Entonces yo les respondí que así sería.

    Luego de otro rato hablando con ellos, mi novia les pregunta si habían disfrutado las mamadas, ellos no sabían que responder, si un sí o un no, sin saber cómo sería la reacción.

    Les volvió a decir que se acercaran y así lo hicieron, aunque esta vez mas prevenidos…

    -Acérquense sin miedo –les dijo ella

    Les bajó los harapos que usaban de pantalón, aun no tenían erección, el prepucio cubría sus cabezas, alrededor aun restos de semen de la anterior corrida.

    -Veo que aún siguen escurriendo –dijo ella

    A la vez que con su lengua empezó a lamer la cabeza de ambos para quitar los restos de semen, luego metiendo la verga de Antonio en su boca, esta vez lo hacía con mucha suavidad, con delicadeza, dándole amor a su verga, mimando con su lengua después de la anterior mamada dolorosa.

    Engullía esa verga de Antonio hasta su garganta topando los pelos de la pelvis a su boca, luego sacaba despacio, y volvía a tragar, y así paso un momento. Antonio hacia pujidos pero esta vez de placer en vez de dolor, disfrutaba de la boca de mi novia.

    Ella recorría su lengua por la parte de abajo hasta llegar a la base, luego metía los huevos peludos de Antonio a su boca y los saboreaba, luego seguía con su otro huevo, al sacarlos beso sus huevos.

    -Que ricos huevos tienes –le dijo ella

    -Si buscas huevos aquí los tendrás siempre, aun estando casada –le dijo

    -¿Te gusta ser bien marrana verdad zorrita? –le preguntó Héctor

    Ella asintió con su cabeza con una sonrisa.

    -Me quieres comer los huevos también –le preguntó Héctor

    -Si, quiero comerlos y saborearlos –le respondió ella

    Se bajo del asiento para ponerse de rodillas, entonces Héctor puso sus huevos en su boca, y ella comenzó a meterlos en la boca saboreándolos un rato, después los sacaba, desde mi posición miraba como sacaba los huevos y sus pelos mojados en saliva.

    Continuó un rato chupando sus huevos, hasta que pasó a su verga, con la misma delicadeza que tuvo con Antonio lo hacía con Héctor, le masajeaba los huevos con sus manos, mientras ella metía hasta su garganta la verga de él, su reflejo faríngeo ya estaba acostumbrada a mi verga, por lo que no tuvo mayor problema con la de Héctor, de vez en cuando una arqueada, del sabor no porque se habían bañado.

    Nuevamente se centímetro más largo que la mía hacia la diferencia.

    Ella siguió haciéndoles un oral a ambos, a la vista de los demás vagabundos a lo largo de la calle, unos prestaban más atención que otros, y ahí estaba ella casi a media noche mamando vergas con los únicos testigos, los vagabundos y las construcciones a medio hacer. Ella aún con su ropa, excepto que con las tetas de afuera.

    Mi novia empezó a aumentar el ritmo para estimular primero a Antonio, yo miraba atentamente excitado al ser mi segunda vez que era directamente cornudo y para agregar sazón unos indigentes.

    Continuó con el estímulo hasta que Antonio dijo que iba a volver a terminar, por lo que ella abrió bien su boca, soltando así un par de chorros de semen en la boca de ella.

    Era magistral esa imagen para mí.

    -Espera –le interrumpí

    -No te lo tragues, espera el de Héctor, no seas mala –le dije en mi calentura

    Ella se sorprendió, pero me dijo que si con el movimiento de su cabeza

    Entonces Héctor no le quedó de otra que masturbarse, hasta acabar también en su boca.

    -Ahora muéstramelos –le dije

    Ella abrió bien su boca nuevamente y pude ver su boca bañada en semen, por lo que saqué mi celular y le tomé una foto así.

    Pero quería más, así que guarde mi celular, y me saque mi verga… un contraste total a la de ellos pues la mía hasta depilada, se la puse en la boca.

    -Ya sabes que hacer –le dije

    Ella empezó a hacerme un oral untando mi verga con el semen de los otros 2 vagabundos, los usaba de lubricante para deslizar su boca en mi verga, era sumamente excitante sentir su boca caliente con semen de otros. Era un placer entre humillación y excitación.

    Hasta que ya no pude aguantar y descargué todo mi semen en su boca, fue hasta entonces que pudo tragar todo, y nos enseñó a los 3 su boca limpia.

    Ella estaba cansada, pero de la boca, decía que la sentía un tanto dormida, por lo que volvió a sentarse.

    Cuando ella se sentó un grupito de vagabundos le hizo señas que se acercara, ella obedeció, se cruzó la calle con las tetas al aire por lo del bra que le había quitado, y se agachó para hablar con ellos, ella hizo un No con la cabeza.

    Nomás miraba desde el otro lado como ese grupito de vagabundos hablaba con ella, entonces uno de ellos le agarró uno de sus pechos mientras hablaban, ella les sonreía mientras conversaban, hasta que el vagabundo quitó su mano, ella se incorporó y regresó con nosotros.

    Cuando regresó con nosotros no dijo nada, conversamos un poco más, pero después de eso les dijimos que teníamos que irnos a descansar ya.

    -Está bien –dijeron ellos

    Agarré el bra de mi novia y lo llevé conmigo, como había dicho, ella seguía con las tetas al aire que salían por su blusa abierta, justo cuando nos íbamos a subir.

    Héctor le dice:

    -Oye pero si quieres darte una vuelta en tu luna de miel –dijo el de forma picara

    Mi novia entendió a que se refería.

    -Veré si queda espacio –dijo ella

    Después de eso arranqué el carro, y me fui recorriendo lo largo de la calle con intención de encontrar al otro vagabundo, no se lo dije, solo arranqué y salí despacio, pero no tuve suerte por lo que emprendí la marcha.

    Cuando ya iba saliendo de la zona fue cuando me dijo lo que había conversado con el otro grupo de vagabundos.

    -Sabes –dijo ella

    Yo solo la observé luego seguí atento a la calle

    -Esos vagabundos que me llamaron querían que les hiciera lo mismo –dijo ella

    -Oh igual que la vez anterior –le dije

    -Si, pero les dije que no porque luego todos iban a querer su parte –dijo riendo

    -Luego ellos me dijeron que si solo podía masturbarlos y venirse en mis pechos –continuó diciendo

    -¿Ah por eso te agarro tu pecho? –le pregunté

    -Si –dijo ella

    -Hubieras dejado que hicieran eso al menos, es decir, solo era masturbarlos y si terminan en tus pechos no pasa nada –le dije

    -Amooor –dijo ella sorprendida

    -¿Estás seguro de lo que pides? –preguntó ella

    -Si mi amor, muy seguro… como te digo no pasará nada –dije asegurándole

    -Pero entonces si ven eso lo demás van a querer también –dijo ella

    -Pues está en nuestro control todo –continué asegurando

    -Lo pensaré –dijo ella

    Quería que supiera que estaría de acuerdo en muchas cosas que ella se proponga a hacer o dejar abierta a nuevas posibilidades, en mi mente ya estaba el chico de gasolinera de la vez anterior que por cierto mi novia me había dado la orden que le fuera a pedir que le comiera el culo a ella, también estaban los dos dependientes de la tienda que es 24/7 los había agregado a mi lista… Pero como dicen la carne cocida a fuego lento saber mejor.

    Llegamos a casa y como de rutina, mi novia se bajó con las tetas al aire para abrirme la puerta. Aunque esa noche no cogimos pues se estaba recuperando de la irritación. Por lo que solo nos bañamos y le puse la crema por dentro, después de ello fuimos a dormir.

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  • Los bañadores descoloridos

    Los bañadores descoloridos

    Llevo años de mantenimiento en una piscina. Hasta ahora todo correcto hasta que un día, una avería inesperada en una bomba dosificadora de cloro hizo que aumentaran los niveles en el agua de la piscina. Llamaron comunicando la incidencia, dirigiéndome rápidamente a la piscina. Cuando llegué, me encontré a las monitoras irritadas pues sus bañadores se habían descolorido y demandándome quién les iba a pagar sus bañadores. Les pedí disculpas, escusándome con que era debido a un fallo de un equipo y no podía hacer nada, aunque no se quedaron muy conformes.

    El pasado día, al igual que todos los sábados, realizo una limpieza más exhaustiva del agua, al no haber usuarios el fin de semana. Mientras se renovaba el agua, me acerque hasta sus bañadores que estaban allí colgados secándose. Observé que en la parte inferior que está en contacto con su clítoris había una mancha probablemente de sus flujos o restos de regla, así que no pude evitar llevármelo hasta la boca y lamerlo. De pronto escuché una voz, diciendo mira Ángela creo que al final nos van a pagar el bañador. Dicho esto, se acercaron hasta mi las dos monitoras, les roge que no dijeran nada a la dirección y que efectivamente les iba a resarcir los gastos de los bañadores.

    -Ahora si nos quieres comprar los bañadores, comentó Ángela. Arrodíllate y suplica como lo pide un perro.

    Así que, de rodillas y besando los pies de ambas, supliqué su perdón.

    -Bien, pero no es tan fácil pues el malestar y malaostia que nos has creado estos días y los picores que hemos sufrido en la piel, te lo vamos a hacer pagar. Comentó una de ellas.

    Así que me ordenaron bajarme los pantalones y cada una con una chancla comenzaron a golpearme en el culo, hasta que lo pusieron tan rojo como el color original de su bañador.

    Tanto se excitaron, pegándome, que se desnudaron haciéndome lamer sus clítoris y anos, para colmo acabaron meándose en mi boca y cuerpo. Me ordenaron limpiar y recoger todo su material, me dejaron el encargo para el día siguiente de sus nuevos bañadores, así como el subir a la piscina una vez acabada su jornada para recoger el material utilizado por ellas y lo que dispongan.

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  • La dulce calidez de sus braguitas

    La dulce calidez de sus braguitas

    Ella era demasiado bella para mí y el dulce olor de su sexo se diluía entre los brazos de otro hombre, odiaba tender la ropa, pero era la única excusa que tenía para ver de cerca esas nalgas carnosas que pedían a gritos mi semen.

    Desde mi perspectiva y ayudado por sus falditas cortas podía distinguir perfectamente sus blancas braguitas, siempre estaban bien colocadas, pero yo esperaba el día en el que por algún accidente aquella morbosa tela dejara al descubierto unos labios que en mi calenturienta imaginación se abrirían invitándome a un festín de sexo.

    Cada vez que se agachaba a recoger una prenda yo descubría alguna arruga sinuosa, un nuevo camino para perderme en su cálido volcán, casi podría decirse que conocía su salvaje cuerpo más que su propio marido, dado que había dibujado el mapa de su piel cual satélite de reconocimiento.

    Sabía perfectamente que no la molestaba que mis ojos se fijaran en ella y me gustaba pensar que después de exhibirse frente a mí se pajeaba a gusto que era justo lo que hacía yo.

    Sus pechos eran más bien grandes y sumamente carnosos, le colgaban siempre sin sujetador y yo podía comprobar su grado de calidez ayudado por la erección de sus pezones.

    Aquel día estaba más guapa que nunca, recuerdo que fue un mes de mayo extraordinariamente caluroso, yo estaba asomado al balcón con un minimalista bañador por el que casi se me escapaban los resbaladizos testículos y ella yacía reclinada en una hamaca, al principio el golpe de vista no me dijo nada nuevo, pero tras una nueva pasada observé con regocijo que por única vestimenta tenía unas minúsculas braguitas, deliciosamente recogidas en su rajita; me comenzaron a temblar las piernas por lo que me senté en una silla estratégicamente situada para la ocasión.

    Ella tenía los muslos entreabiertos y gracias a ello se podía ver maravillosamente como en su monte de Venus se iniciaba una especie de vereda por la que si no fuera por la distancia descendería mi semen como un torrente.

    No sé si sería el calor o la emoción del momento, pero me sorprendí a mí mismo con una terrible erección que me delató al instante pues mi pene se escapó libre del bañador, buscando sin duda la dulce calidez de sus bragas, al principio me azoré bastante, era imposible que mi vecina no se hubiera dado cuenta de todo, pues, aunque a pesar de la distancia, su punto de vista era inmejorable.

    Hoy cuando rememoro todo esto sigo preguntándome con curiosidad porqué jamás nos sonreímos, daba igual que nos cruzáramos en el ascensor o los pasillos, únicamente nos mirábamos, yo no sabía que aquella era la última vez que la vería, eso lo descubrí más tarde, pero ella se despidió de mi con una fanfarria de fuegos artificiales.

    Lo primero que hizo fue abrirse de piernas, lo justo para que una burbuja le abriera un de las esquinas de su braguita dejando ver una sonrosada vagina llena de cálidos jugos. Ella entonces introdujo sus dedos para acariciarse, pero no de forma ordinaria sino con un movimiento pícaro, su dedito a veces se hundía entre sus labios.

    Yo mientras tanto estaba intentando ocultar mi pene pues al tenerla tan idealizada me parecía una situación poco sutil, mis huevos chorreaban y solo de pensar en sus bragas ardiendo bajo el sol tuve una explosión incontrolada de leche. Ella al verlo se quitó con suavidad las braguitas y al principio traviesamente me dio la espalda, estaba lindísima con su lindo culo enrojecido, comprendo que puede parecer extraño, pero a pesar de la distancia yo podía recoger del viento su aroma.

    Ella se dio vuelta con sus muslos completamente abiertos, la piel de su coño estaba completamente empapada y sus labios de un rojo encendido temblaban provocándome el dolor de tenerla lejos sin poder perforarla con mi rabo. Ya libre de cualquier tipo de recato agarré con fuerza mi mango, oprimiendo las marcadas venas hasta producirme dolor. Ella mientras tanto navegaba con sus dedos en las blandas cordilleras de su sexo.

    El resto es historia, yo tuve una corrida de tal magnitud que supe que a partir de ella mi sexo iría a menos, ella que supongo que también gozó, se levantó como si no hubiera pasado nada y justo antes de adentrarse en su casa se volvió y me lanzó un beso que hoy, muchos años después aun retiene mi memoria.

    Ese mismo día al anochecer vi el camión de la mudanza, puede parecer raro, pero en mi interior ya sabía que sé iba, y así era, en una esquina bajo la vieja farola que había acompañado mi juventud la vi junto a su marido, nunca había caído, pero su aura era triste, nos miramos por un eterno segundo, me di media vuelta y entré en mi portal prometiéndome a mí mismo que conservaría su recuerdo para el resto de mi vida.

    Al abrir la puerta había un sobre tirado en el suelo, no llevaba remitente, lo abrí y… Bueno, ya da igual lo que ponía en aquella carta, pero si la hubiera pedido permiso mi leche hubiera dormido con ella aquella calurosa noche de mayo que jamás olvidaré.

    “Carpe diem” (vive el momento)

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  • El bañador de mi madre (2ª parte)

    El bañador de mi madre (2ª parte)

    Que mi madre se durmió en mis brazos y yo en los de ella, perdiendo la noción del tiempo y si no es porque a la Pilarica se le han olvidado las llaves del piso, nos encuentra dormidos completamente desnudos y empernados.

    Sube la Pilarica al piso y como de costumbre se pone ligera de ropa, pero me sobresalta cuando exclama:

    -¿que aquí ha pasado algo?… ¿que aquí ha pasado algo?, que lo digo yo, que hay un olor raro que no sé qué me recuerda.

    -Naa, naa, que Jesulin ha hecho ejercicio aquí mismo dentro, y ha sudado como una hostia que no veas, contesta muy a tiempo mi madre, sin convencer completamente a la Pilarica, que replica:

    -Vale…

    Yo me escabullo a la ducha y la Pilarica se asoma a verme y le reclamo:

    -¿que os pasa Pilarica que te gana el pis?

    Ella sin decir palabra poniendo una cara como de detective que ha encontrado una pista, se regresa y yo me ducho más por compromiso que por ganas, ya que deseaba mantener el aroma de mi madre, como si con eso quedara para siempre grabado en el tiempo y en mi cuerpo todo lo vivido con mi madre.

    Transcurrió como una semana, sin que se produjera ningún comentario de mi madre y llegué a pensar que para mi desgracia todo había sido un sueño y que no volvería a follarme a mi madre, por lo que ya estaba perdiendo el control, pues todas las noches deseaba ver aparecer en mi dormitorio a mi madre, con algunas de sus pijamas transparentes que a veces por descuido lucía, pero nada, que sucede que un miércoles me pide que la esperara en la estación de “Callao” para tomar el metro, ya que había ido de compras al Corte Ingles de Plaza del Sol, quedamos de encontrarnos antes de entrar al metro y me senté a esperarla a un lado del estanquillo de periódicos, la veo venir cargando las clásicas bolsas de ropa que había comprado.

    Nos saludamos de beso en la boca y tomamos el metro con destino a Marqués de Vadillo, era la hora de que todo Madrid toma el metro y uuf, que a duras penas pudimos abordar el vagón, quedando yo atrás de ella, tan apretaos que no me quedo más que acoplarme a su cuerpo y abrazándola la pegué al mío, verán que su culo esplendoroso quedó a la altura de mi polla por lo que de manera instantánea ésta cobró su brío y se extendió sobre las jugosas nalgas de mi madre, que al sentir lo duro de mi pene, se acomodó para sentirla mejor.

    Llegamos a la estación Ópera y subió más gente, lo que me favoreció para prácticamente mantenerme inmóvil como lapa al culo de mi madre, sentía que de un momento a otro me corría y más que mi madre empezó con un movimiento ondulatorio con su culo que no veas macho.

    En la Latina, coño que ya no cabe ni un alfiler y yo pegao a mi madre.

    En la Puerta de Toledo, no subió ni bajo nadie, por lo que seguí metido en un mar de calentura y mi madre igual.

    En Acacias que normalmente bajan los pasajeros que transbordan al de Cercanías, ¡joder! que suben más, y esto fue la hostia, más gente más apretaos, y mi polla destilando fuego que la madre que me parió, si quería yo que el viaje se terminara.

    Seguimos en Pirámides y esto empezó a desahogarse un poco, pero seguimos apretaos, al llegar a Marqués de Vadillo, que no podemos bajá y nos pasamos hasta Urgel, de donde nos regresamos, y ya pudimos hablar, que me dice mi madre:

    -macho que ya te hace falta… esta noche tu padre se va de marcha y tus hermanas también, podemos quedarnos solos, podéis decir que te ha plantado la Maripaz y yo que tengo un dolor que no veas, así nadie se preocupará por nosotros y guapo que tu madre necesita caña.

    -Vale, que hasta he pensado que no se te apetece la polla de tu hijo porque no me miráis para nada.

    -Venga, vale que la noche será larga y podré enseñaros algunas cosillas que he aprendió en los intercambios que tu padre me ha llevado.

    Llegó la ansiada noche, mi padre se fue de marcha y mis hermanas también, pero la Pilarica que fue la última en salí, que me dice:

    -Coño, que ya no hagáis mas ejercicio en el piso, que luego no puedo dormí a causa de lo que pienso del ejercicio que hacéis, a que la madre te ayuda.

    -que no que no tía, que lo digo yo, pensáis lo que os apetezca que yo y la Maripaz hemos terminado, porque es una gilipollas que le encantan los tíos…

    Mi madre se mete a la ducha y al cabo de un buen rato sale envuelta en una toalla, luciendo una sonrisa de oreja a oreja, casi como saboreando un delicioso gazpacho que la madre que la parió si no se me puso la presión de la polla a mil.

    Desde su dormitorio me dice: que se me apetecen unos botellines de Cruz Campo, que me los podéis traer, que estoy como una gran puta Jesulín.

    Busco los botellines y no encuentro más que Mahou, le digo a mi madre, que no hay, que sólo Mahou, como no me contesta voy con las Mahou al dormitorio de mi madre y la encuentro en pelotas y abiertas de piernas, con la concha rasurada, con los labios vaginales abultados como flor al amanecer, joder que mi madre está caliente y le digo:

    -que tengo que apagarte el fuego madre, porque veo que el monte de venus ya se ha quemado.

    Mi madre que tiene los ojos cerraos no contesta y se arquea levantando su pelvis y ofreciéndome esa enorme boca vaginal sedienta de caña.

    Abro un botellín me tomo un trago y le derramo un poquitín en su concha, ella al sentir lo frío del líquido se contorsiona voluptuosamente con un aaaah.

    Ante esta visión no me queda más que prenderme de la vagina de mi madre y chupársela para que la cerveza no se derrame más de lo que ya se había derramado sobre su raja tan jugosa, al lamerle la concha mi madre empieza a gemir sensualmente que me pone a cien.

    Desde que la ví abierta de piernas y como ya nos habíamos quedado solos, mi polla estaba nada más esperando el contacto para convertirse en acero, ya conocéis vosotros lo que es una polla cuando uno está empalmado, pues eso era mi polla del mejor acero de Toledo.

    Le di lengua hasta que mi madre se retorció de placer, ella sola se apretaba sus tetas y yo veía como se retorcía sus pezones, estaba tan prendía y yo igual que ella, que le volví a derramar más cerveza en su raja, eso por poco y la vuelve loca, gritó con tanta fuerza que sospecho que los vecinos de las puertas de al lado escucharon nuestra follada.

    Saboree todo un orgasmo de mi madre, ya que se vació en mi boca; y machos, la cerveza con los jugos vaginales sabe a algo que no sé como describir, solo recuerdo que le chupé toda su concha, mi cara quedó totalmente empapada con una espuma blanquecina que rápido inundó la habitación de olor a sexo.

    Por primera vez supe lo que era un clítoris a punto de reventar, lo podía tener entre mis labios y jugar con el en mi boca, lo jalaba con mis labios y lo apretaba de tal manera que mi madre estaba como loca, me agarró de la cabeza y me mantuvo pegado a su concha a modo de que no dejara de chuparle, salían y salían chorros de jugos de su concha y yo enajenado con tanto olor a su sexo, empecé a mordisquearle su clítoris y esto fue la locura, por poco me asfixia metido en sus piernas y sin poder salirme, ya que me aprisionó con sus muslos y con sus manos me mantenía sumido en su vagina obligándome a chupar y chupar a más no poder.

    Estando así de caliente se me ocurre meterle un dedo en su culo y ya no solo gritó si no que rugió como una hembra en celo, parecía una perra en brama, arqueando su cuerpo y poniéndose toda tensa tratando de alargar el placer de mi dedo en su culo, sus gritos pidiendo más y ese aaah largo y cachondo creo que se oyó en todo el edificio… como pude me zafé de sus piernas y respiré a prisa por que ya me ahogaba.

    Como yo estaba caliente, me le fui encima a mi madre y de un solo golpe la penetré, se la metí toda, se oyó como un chasquido cuando se la tragó toda, y otra vez ese largo aaah de mi madre, empecé el bombeo y ella a retorcerse de placer y lujuria, estaba como loca y yo más que ella follándome a mi madre, bombeándole toda su concha chorreando sus líquidos vaginales como un río embravecido, mis piernas todas mojadas y el olor a sexo inundando el dormitorio de mi madre que era una locura, y más me empalmaba.

    Empecé a mordisquearle sus tetas y a clavarle los dientes en sus duros y grandes pezones que tiene mi madre y ella que no sabía si gritar o hacerse pedazos de lo caliente que estaba.

    A punto estaba de correrme, cuando mi madre me detuvo de pronto y se puso agachada, y me dijo:

    -fóllame Jesulin, fóllame y méteme toda tu polla que me muero por comérmela toda.

    Se la volví a meter toda de un solo golpe y sentí como que se le salieron los ojos del empujón que le di con mi polla, la tenía en mi poder, me sentía un coñazo follándome a mi madre, era su dueño y la tenía a mi disposición, le empecé a tomar sabor al sexo tabú, fue algo de lo más caliente y brutal, follarse a la madre de uno pensando en mis hermanas Pilarica y la Esther es algo que enloquece.

    La tuve empinada con el culo para arriba, disfrutando verla desenfrenada y enloquecida pidiendo más y mas que la siguiera follando y yo que hacía esfuerzos sobrehumanos por no correrme, deseando no sentir nada para satisfacer a mi madre y que siempre estuviera deseándome.

    Me imaginaba corriéndome en su cara, llenándola con mi leche toda su cara y que mi semen corriera por sus tetas y mientras seguía bombeándole y metiéndole el dedo en el culo para hacerla bramar, jadeábamos como desenfrenados, jadeábamos los dos empapaos en sudor y en tantos líquidos que le salieron a mi madre, así seguimos sin parar no sé por cuanto tiempo.

    Me acostó boca arriba y ella se montó en mí, me cabalgó de frente a mi todo lo que quiso, luego se volteó dándome la espalda y más enloqueció de placer, se empezó a sostener en sus piernas y con el puro culo empezó a ensartarse en mi polla, veía como se perdía en su vagina toda mi musculatura sexual, todo se perdía en su vagina, subía y bajaba como una loca desenfrenada y yo a punto de correrme, haciendo esfuerzos sobrehumanos por no dejar insatisfecha a mi madre.

    Se medio cansó de galopar sobre mí y se apoderó como una loca de mi polla y la empezó a chupar con verdaderas ansías, con la lengua le daba vueltas a la cabeza de mi sexo, sentía que me corría, le succionaba con fuerza y luego con suavidad volviéndome loco, se la tragaba toda, veía como desaparecían 18 centímetros de polla dentro de su boca, jugaba con su lengua en todo lo grueso y largo de mi sexo, la llenó de saliva y para mi era el éxtasis, me sentía entre nubes, en la gloria, veía como resbalaba su saliva por el miembro que mi madre devoraba con placer voluptuoso, lo sobaba, se escurría su saliva mezclada con mi líquido seminal y ese olor a sexo que me aturdía y me volvía un semental con mi madre.

    Seguimos follándonos, no sé si por horas que a mí me parecían interminables, como si el tiempo no pasara, se cansó de chuparme la polla y por fin pude escuchar que me hablaba y me decía:

    -Mi Jesulin que soy tuya, que esta noche me has hecho la hembra más caliente del mundo.

    Se volvió a montar en mí y yo empecé a bombearla, la acosté sobre mi, la agarré de sus hombros y le empecé a dar caña, ya que la tuve bien metida en el ritmo de mi follada, le agarré las nalgas y le empecé a meter nuevamente el dedo en el culo y a bombearla más y mas fuerte y rápido hasta que no aguantando mas ni ella ni yo, nos corrimos con un fuerte aaaaah interminable.

    Ella me inundó con sus líquidos y yo la llene de mi leche ardiente, me corrí como un demente, me vacié dentro de mi madre y a cada chorro de leche que de mi polla brotada mi madre se retorcía con espasmos de lujuria desenfrenada, fruncía su vagina a cada chorro de leche, me fue exprimiendo hasta quedar sin semen, hasta quedar completamente seco, entonces se bajó de mi y empezó nuevamente a lamer mi polla, la fue lamiendo hasta dejarla limpia de la mezcla de los líquidos de nuestras sexos, ya que terminó me dio un beso y pude saborear sus líquidos vaginales con mi semen, así me mantuvo su beso en la boca para jugar con su lengua en mi boca y yo como poseído succionándole los labios para tomarme todo ese embrujante sabor del placer indescriptible de ser el follador de mi madre.

    Cuando se calmó la pasión desenfrenada que nos había consumido y envuelto en la lujuria del sexo, escuchamos unos pasos apresurados que se alejaban del dormitorio de mi madre, ella se llevó el dedo a la boca pidiéndome silencio, nos quedamos quietos y alcanzamos a escuchar como muy silenciosamente se cerraba una puerta, mi madre muy quedo me dijo:

    -Jesulin que nos han pillado, la Pilarica ha sospechado y lo más seguro es que se ha regresado y nos ha visto follar, Jesulin que habrá que hacer algo…

    Yo no supe que responder a mi madre, y los dos nos quedamos tendidos en la cama, sin saber que hacer, hasta que al cabo de un buen rato se empezó a oír ruido como de alguien que hacía cosas en el dormitorio de mis hermanas, la Pilarica empezó a cantar:

    “Hoy desperté de un mal sueño,

    Y tuve ganas de ti…”

    La Pilarica terminó de cantar y mi madre que se me queda viendo, y me dice:

    -majo, que la Pilarica te ha cantado…

    -Madre que yo no sé, que la Pilarica puede cantar, vale,

    -Que sí, pero la Pilarica ha visto todo y por algo ha cantado esa sevillana que no veas.

    Que si madre, que la puerta se ha quedao abierta cuando entré y todo puede suceder, si nos vio, igual que si no vio nada, me voy a mi dormitorio y ya se verá.

    Yo por dentro estaba que me cago en diez leches si la Pilarica vio todo lo que hicimos mi madre y yo, ¡joder¡!!, ¿por qué no cerré la puerta?, igual que si la cierro, igual se da cuenta de todo y ya está, con tantos gritos de mi madre hasta el edificio se ha enterado ¿y ahora que hago? joder, que la hemos cagado…

    Macho, que esto se ha complicado, os prometo contar lo que sigue, este asunto se ha enredado que es una hostia… ¡joder!

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  • Carlos, el nuevo participante

    Carlos, el nuevo participante

    En una de nuestras andanzas cayó un tipo con el que quedamos primero para conocernos y tomar una cerveza, pero la verdad es que la cosa no cuajó, así que lo dejamos estar.

    Luego apareció Carlos, un tipo que por teléfono tenía una voz interesante, según ella. Decía que tenía una voz muy varonil. Quedamos para probar a ver qué pasaba. Esa noche ella se puso un vestido largo muy ceñido, el cual tenía un escote que junto con un buen sujetador y esas 120 la hacían verse espectacular. Es de esos que te puedes asomar desde arriba y ver un canalillo, o en este caso el gran cañón del colorado. Esta vez no había ni tanga ni bragas, a pelo, para que no se marcase el vestido. A demás se le marcaban deliciosamente sus curvas.

    Llegamos al lugar y le llamamos por teléfono. En breve apareció él y nos llevó a su lugar. Era una tienda de muebles por lo que pensamos que iría a cerrarla para ir a su casa. No fue así, él vivía en la misma tienda. Entramos y el cerró la puerta. Nos indicó que pasáramos al final donde había un rincón que no se veía desde la entrada y nos daría total privacidad. Mientras caminábamos, ella delante y él y yo detrás la miraba con deseo y morbosidad, incluso hizo un gesto con sus manos como describiendo las curvas de mi mujer.

    Acto seguido se frotó el paquete. Al llegar al final, no tardo ni un segundo en abrazarla desde atrás mientras le agarró las tetas y comenzó a sobarlas. A la vez le recostaba su paquete contra el culo. Ella se sorprendió por la rapidez de Carlos. Yo también, pues después de la lentitud del viejito no pensábamos que actuara así. No nos desagrado, al contrario, la cosa prometía diversión. Carlos comenzó a sobar y sobar y en eso la gira a ella y entierra su cara entre las tetas. Las chupó y magreó por encima como si la vida le fuera en ello.

    Nos sentamos en un sofá que había dejado a ella en medio. Acto seguido comenzó a tocarnos las pollas sobre los pantalones para pasar a pajearlas sobre la ropa. A Carlos le encantó esto. En un minuto la giro poniéndola a cuatro y le levanto el vestido hasta la cintura para enterrar la cara en su culo, el cual beso y beso hasta llegar al coño e introducir la lengua bien profunda. Ella no pudo evitar gemir de placer por los lengüetazos. Yo me saqué los pantalones y le di a mamar mi polla.

    Así nos quedamos un rato ella mamándomela y el metido en su coño. Entonces los dos nos pusimos delante con las pollas al aire. Ella las tomo con la mano y comenzó a pajearlas para pasar después a chuparlas una a una. Mientras mamaba una pajeaba la otra. Así intercambiándolas cada momento.

    Yo me senté en el sofá y ella de cara a mí se montó para ensartarse mi polla poco a poco. Así comenzó a cabalgarme. Yo le bajé la parte superior del vestido y liberé sus pechos al aire. Él se puso detrás para magrearle el culo, besarlo y chuparlo. El mete saca era tan rápido que en una de esas se me salió la polla de su coño.

    Carlos, acto seguido me tomo la polla con la mano para meterla de nuevo. Yo le dije que no, pero el no soltaba y quería meter mi polla de nuevo en el coño de mi mujer. Nunca un hombre me había tocado la polla, y pasó lo esperado, en dos segundos se me aflojó. Le dije que no que no pasaba nada, pero que no lo volviera a hacer, ja ja ja. Entonces le dije que siguiera él. Así pues, se puso un preservativo, se sentó y se montó encima mi mujer. Le estaba dando una cabalgada de miedo.

    Yo me puse de pie sobre el sofá al lado de ella para que me la chupara y así levantar de nuevo el asunto. Él mientras seguía follando a mi mujer mientras chupaba esas maravillosas tetas que le quedaron a la altura de la cara. No tardó mucho en correrse pues decía que llevaba tiempo a dieta. Recuerdo que dijo, “Tu mujer es una máquina follando, me ha dejado seco en dos minutos”.

    Mientras él se retiraba a tirar el condón lleno de esperma yo me la puse a cuatro y comencé a follármela desde atrás. Al minuto regresó con la polla limpia y comenzó a mirar desde arriba como entraba y salía la polla del coño de mi mujer. Le puso la polla cerca de la boca y ella comenzó a chuparla a ver si se levantaba de nuevo.

    Para tomar un respiro la pusimos boca arriba en el sofá y yo me metí entre sus piernas a comerle el coño mientras él le metía la polla en la boca. Se la chupaba y a la vez le masajeaba los huevos con las manos. Yo seguía a lo mío cuando de repente mi mujer comienza a correrse y al abrir tanto la boca le entro la polla de Carlos hasta la garganta. Ella casi se ahoga, pero a él le encantó que entrara tan profunda.

    Ahora me tocaba correrme a mí, así que la puse a cuatro, que es la postura que más le gusta, y comencé a bombear. Carlos quería ver bien y se metió por debajo para dejar su cara justo debajo del coño de mi mujer. Se quedó un rato mirando como entraba y salía mi polla de su coño. Entonces subió un poco la cabeza y comenzó a chuparle el clítoris mientras yo seguía bombeando. A ella le gustaba ser chupada mientras la follaban porque gemía sin parar. En lo que yo noté la inminente corrida la giré y le descargué toda la leche en la boca.

    Esta vez apretó bien los labios para que no se saliera nada, así que yo con la polla dentro su boca me corrí por completo. Al sacarla ella jugó un poco con el esperma y se lo tragó todo mientras miraba con morbo a Carlos. Carlos se quedó flipado viendo eso. Y se le puso dura de nuevo, así que ahora volvió el a la carga. Se puso un nuevo condón, le abrió las piernas y la folló con locura. Mientras él la follaba mi mujer me miraba con ojos lascivos pidiéndome nuevamente polla para chupar. En eso anduvimos un rato, Carlos follando y yo siendo chupado, hasta que al rato nos corrimos nuevamente los dos.

    Después de recuperarnos y acomodarnos la ropa nos despedimos. Carlos nos pidió repetición otro día y de hecho la hubo. Al despedirnos él no pudo evitar agarrarla de nuevo desde detrás y tomarle los pechos.

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  • Voracidad en el ascensor

    Voracidad en el ascensor

    –¡Me gustaría comerte el coño ahora mismo! –dijo aquel tipo a mi espalda y añadió:– No querría ninguna otra cosa.

    Íbamos en el ascensor del edificio de la biblioteca en la que trabajo desde hace muchos años. Solos él y yo. Tras pronunciar aquellas palabras ambos quedamos en silencio. Un rubor no sé si llamarlo de vergüenza o ultraje subió hasta mi cara. En cierto modo también quedé petrificada. Aquel hombre podría violarme allí mismo y no se enterarían en kilómetros a la redonda. Era un edificio muy frío y solitario.

    Yo descendía en busca de unos códices antiguos a la sala de archivos históricos y él, electricista, iba a arreglar una avería de los generadores de electricidad del sótano. Cuando subimos al ascensor apenas reparé en él. Quizá podría ser de mi edad más o menos. Sí, sin mirarle directamente diría que su pelo era totalmente cano y que su barba era de varios días. Apestaba a alcohol, hubiese jurado que a coñac.

    Pero tras sus palabras, hubo silencio, como ya he contado; y tras eso mi consiguiente reflexión. Quizá resultara estúpido girarme para darle una bofetada. Eso no lo haría. Habían trascurrido varios segundos desde que él hizo su “oferta”; abofetearle sería una reacción tardía, necia.

    A mis cuarenta años desconocía la sensación que producía rozarse con un hombre, ¡qué decir pues de que uno me comiese el coño! Me había pasado la vida enterrada entre libros, estudiando, opositando… Se me notaba quizá en la cara una vejez prematura, cierto cansancio producido por el contacto únicamente de objetos, de libros. Pero ¿y el calor humano? Me independicé de mis padres apenas unos años antes y el trabajo, aunque placentero para mí, me absorbía. Ya era tarde a lo mejor para noches de juerga, no podría enfrentarme a esa vida.

    –¿De verdad que no querría usted otra cosa? Porque yo no puedo ofrecerle más.

    –Si miento que me muera aquí mismo. –respondió.

    Me había duchado hacía un rato y mi piel desprendía un intenso aroma a bodymilk. Encontraría mi coño limpito y perfumado; eso si yo decidía dar ese paso definitivo. ¿Por qué no? Sexo preciso y sin compromiso.

    –¡Sí! –exclamé.

    Lo que ocurrió a continuación fue una ceremonia consistente en acomodarnos. Yo en bajarme las bragas y subirme la falda y él en ocuparse de que la baba que le colgaba de la lengua no llegase al suelo, porque el tío no se creía todavía que yo le fuese a dar semejante regalo.

    No contaba con ello, pero acabamos desnudándonos allí dentro. Duró más de media hora, no recuerdo un rato más dulce. El pobre hombre me lo hacía bien, pero él mismo tenía que satisfacerse zarandeando su cipote para pajearse.

    Epílogo: Esto es un relato erótico, no tiene porqué suceder nada más, al menos en el texto. Otra cosa es la imaginación del lector.

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  • Ana, esa buena vecina

    Ana, esa buena vecina

    –Eres preciosa. –Esas fueron las primeras palabras del día y las dije de corazón.

    Ana se encaramó encima de mí y comenzó a besarme como una posesa; es la mujer más ardiente que he conocido y seguramente la más desaprovechada.

    Hicimos el amor con desesperación; después del primero, encadenó los siguientes orgasmos con suma facilidad y es que su concentración es extraordinaria, parece incluso que se olvide de respirar y cuando instantes después me miró con esos enormes ojos cargados de agradecimiento comprendí que había hallado un filón.

    Estuvimos en la cama hasta media mañana y por fin decidimos levantarnos; teníamos que desayunar para reponer fuerzas porque al menos yo era la primera vez que estaba toda la noche practicando algún tipo de sexo sin apenas descanso.

    Ana me siguió a la pequeña cocina y comenzó a reír al verme con el delantal sobre la piel desnuda, pero es que no me apetecía quemarme mientras preparaba unos huevos con beicon que devoramos acompañados de zumo de naranja que preparó ella entretanto.

    Tomamos café y entonces me preguntó qué planes tenía para el resto del día.

    –Lo que pensaba hacer puede esperar; he de traer algunas cosas que me quedan en mi antigua vivienda, pero no urge. ¿Por qué lo preguntabas?

    Con la mirada baja y casi con timidez me dijo que le apetecía pasar el día conmigo, aunque podía hacer lo que fuera y vernos más tarde.

    –No marcharé a ningún sitio. Prefiero estar contigo que ir acarreando paquetes de cosas que en realidad no necesito.

    Se sentó en mi regazo y se abrazó como si temiera caer y en un susurro me dijo que no me arrepentiría de mi elección.

    Recordé entonces como había comenzado todo.

    Dos semanas antes me trasladé a este edificio, el mío es un apartamento de solo dos habitaciones, pero tengo suficiente ya que pienso vivir solo durante un tiempo; la vi por primera vez en el aparcamiento subterráneo una tarde que iba cargada con bolsas y otro coche la iluminaba con los faros transparentando su figura que me impactó, así como el descaro con que me miró consciente de la imagen que me llegaba.

    La segunda vez fue a la semana siguiente, la vi llegar para recoger su coche que aparca junto al mío mientras yo salía del ascensor, en un par de ocasiones la vi marchar poco antes que yo y jamás acompañada; por fin al viernes siguiente quedé como un caballero después de hacer una canallada.

    Llegó a por su coche y tenía una rueda pinchada, la estaba esperando apoyado en el mío y después de advertirla le pregunté si quería que la ayudara, me sonrió y abrió el maletero, pero su rueda de recambio estaba sin aire, entonces me ofrecí a acompañarla al trabajo.

    –Ana. Eres maravillosa. Ufff… pero… muy traviesa.

    Había interrumpido mis ensoñaciones de la mejor forma posible; se había dejado caer hasta el suelo y con dulzura estaba deleitándome con la mejor de las mamadas que pudiera imaginar, lamia el capullo como una piruleta mientras que con sus delicadas manos sujetaba el tronco moviéndolas lentamente como si fuera una reliquia que no quisiera dañar.

    Me fue imposible centrarme en nada hasta que logró satisfacernos a ambos y es que le encanta notar el semen chocando en el paladar y saborearlo como un verdadero néctar que es como lo llama; se quedó a mis pies acariciando lentamente la verga como si fuera un cachorro indefenso; deposité una mano sobre su cabeza y acaricie su cabello distraídamente mientras retomaba el hilo de mis pensamientos.

    Cargué la rueda de recambio en mi maletero para llevarla a reparar y a pesar de decirme que trabajaba en un polígono industrial que estaba fuera de cualquier ruta, me ofrecí a llevarla de todos modos ya que trabajo como autónomo y marco mis horarios; comparto estudio con otros dos ingenieros, pero cada uno tiene su especialidad y clientes.

    La acompañé, pero apenas hablamos de nosotros, tan solo de lo que trastorna cualquier tipo de avería al comienzo del fin de semana y comentó que no tenía planes para ninguno de esos días. Cuando le pregunté hasta que hora trabajaba para pasar a recogerla insistió en que no era necesario y que alguno de los compañeros la llevaría hasta un autobús y volvería a casa en el metro.

    Insistí y me dijo que trabajaba hasta las seis de la tarde; quedamos que estaría en la puerta cuando saliera y marche a mi despacho satisfecho; paré en una gasolinera y le puse aire a su rueda para asegurarme que estaba bien. Trabajé solo hasta mediodía pues los viernes solemos hacer media jornada; al llegar al parquin conecté el mini compresor a la rueda que deshinche la noche anterior y limpié con un trapo el embellecedor para que pareciera que la había desmontado.

    Subí a casa y me duche; apenas tuve tiempo de comer un Frankfurt antes de salir de casa otra vez para apostarme frente a la fábrica donde trabaja Ana y recogerla, no nos habíamos intercambiado los números de teléfono y no quería que pensara que no iría.

    Llegamos al parquin y le mostré la rueda “reparada” y abrió el maletero para que guardara la de recambio, entonces preguntó con cara de niña buena.

    –¿Me aceptaras una copa?

    Le dije que aceptaba gustoso y mientras colocaba su rueda en su lugar, vi que inclinada desde la puerta del acompañante buscaba algo dentro de su coche, dejé los guantes y me situé detrás suyo, cuando se irguió miró unos instantes mi reflejo en una ventanilla y sin pensarlo me acoplé a su espalda y mis manos acariciaron su vientre, inclinó un poco la cabeza y con una mano apartó el cabello, atrapé sus pechos que aplastaba sin dañar mientras besaba ese cuello que me ofreció.

    Solté varios botones de su blusa y saqué sus pechos del sujetador; estaban tan calientes como sospechaba y el tacto era divino además de la respuesta que obtenía a todas y cada una de las caricias que recibían.

    Bajé una de las manos al oírla suspirar para acariciar su vulva; tenía el tanga chorreando y toda ella temblaba, levanté su falda por detrás y abrí la bragueta para que mi verga quedara libre del calvario que estaba sufriendo, aparté un poco la tenue tela y comencé a penetrarla, se apoyó en el coche y se dobló cuanto pudo; oír sus jadeos fueron el mejor de los estímulos para mí, los caderazos se sucedieron y a pesar que oímos un motor seguimos sin importarnos.

    De súbito giró la cara y me dijo.

    –¡Vamos! ¡Vámonos de aquí!

    Me sorprendió mucho y me cortó el rollo; pensé que se había enfadado o incluso peor, que se trataba de una calientapollas que pretendía dejarme con la miel en los labios; como sea nos recompusimos un poco la ropa y abrazados por la cintura llegamos al ascensor y ahí empecé a conocer a la verdadera fiera que es Ana. Se abalanzó sobre ni y comenzó a besarme con desesperación, le respondí lo mejor que supe y pude y al llegar a mi planta salimos con su blusa y mi camisa abiertos.

    Ya dentro de casa la cosa fue a más; se despojó de la ropa sin mi ayuda y se acurrucó de espaldas a mi tirando de mis brazos para llevarme a la postura que teníamos cuando lo paró poco antes, esto me sorprendió gratamente y la doble sobre la mesa y comencé a darle leña con cierta brusquedad, no protestó, pero me di cuenta que no es lo que esperaba y no lo estaba disfrutando; es una mujer menuda y me costó muy poco llevarla en brazos a mi habitación en medio de risotadas histéricas.

    Tendida en medio de la cama me dedique a besar su cuerpo y ella se dejó hacer; era realmente lo que necesitaba, alguien que la tratara como una reina para poder después comportarse como una puta. Temblaba por la excitación y cada beso era un paso que nos acercaba más y más a esa realidad que ni sospechaba. Tiró de mí para que la poseyera y supe que era el momento, con suaves pero firmes movimientos la empalé y me abrazó con sus piernas acompañando mis acometidas con movimientos de su pelvis; alzaba el culo cuanto podía pretendiendo que llegara más y más adentro.

    Su acelerado jadeo anunció ese primer orgasmo que tardó tanto en aparecer; había tratado por todos los medios de hacerla llegar al clímax y reservarme para un poco más adelante consciente del tiempo que necesito para reponerme y continuar; una serie de fuertes espasmos la sacudían y hacían que se arqueara; babeaba y suspiraba en medio de esa torbellino de gestos y movimientos que me tenían alucinado; no había asistido nunca a semejante espectáculo.

    Fue entonces cuando me asustó, se le velaron los ojos y un profundo y prolongado suspiro que fue decreciendo en intensidad me daba la impresión que fuera su último aliento y que la vida estuviera huyendo de su cuerpo, esos instantes se me hicieron eternos y cuando me miró con sus bellos ojos abiertos desmesuradamente comprendí que aquello de lo que había oído hablar tanto “la petite mort” y que consideraba una mera invención era una gran realidad de la que Ana disfrutaba.

    Dejé que su respiración se normalizara sin dejar de mirarla, tratando de averiguar si sería conveniente seguir en ese momento y decidí esperar y no parecer ansioso, pero ella tomo una de mis manos y la llevó a su entrepierna; comencé a acariciarla tímidamente tratando de imaginar qué pensaría, pero al ver como se inflamaba por momentos comprendí que me hallaba en compañía de una nueva y mejorada versión de Venus.

    Unos minutos después estalló ese segundo orgasmo muchos más potente y dilatado que el anterior y de su garganta surgía un sordo alarido que me llegaba al alma por el sentimiento que encerraba con el consiguiente semi desmayo, y la expresión de gratitud que sus ojos transmitían al mirarme cuando “regresaba” de ese mundo que visitaba en esos instantes que para para mi eran muy cortos y para ella parecían la culminación de lo más lindo que pudiera suceder.

    Con las manos en su sexo, acariciando su vulva o simplemente paseando un dedo por el perineo era suficiente para llevarla y traerla del paraíso y a eso me dedique durante horas sin dejarla descansar apenas, de madrugada me dijo casi sin voz.

    –Déjame descansar… solo un poco… por favor… me estás matando… con la más dulce de las muertes… Permíteme reposar.

    Paré y besándole la frente la abracé hasta que pareció que se había dormido, pero unos minutos después me dijo con un hilo de voz.

    –Permíteme hacerte feliz y no me digas que ya lo eres, lo sé, pero quiero darte algo más.

    Solté mi abrazo y fue paseando sus labios por mi cuerpo hasta llegar al ombligo, ahí se entretuvo hasta que decidió seguir camino de la verga, que se restregó por la cara antes de comenzar a besar y lamer de modo casi tímido, aunque pronto supe que era su forma de hacer, y mientras con una mano acariciaba el escroto con la otra sujetaba el tronco mientras la iba lamiendo con gran dedicación.

    Cuando no pude aguantar más traté de apartarla, pero siguió con su labor hasta obtener su premio pues por como sorbió cuanto pudo quedó claro que le encanta y gozó tanto o más que yo.

    En ese punto regresé a la realidad, Ana seguía a mis pies y yo acariciaba su cabello, apenas habían pasado unos instantes, pero el recuerdo de lo sucedido hasta esa mañana pasó como una exhalación por mi mente, la ayudé a sentarse en mi regazo besándola con todo el cariño que pude y con su eterna sonrisa me preguntó si me apetecía comer algo.

    Subimos a su casa a medio vestir sin importarnos que alguien pudiera vernos, puso a gratinar unos canelones y mientras, preparó unos entremeses variados, sirvió unos vermuts que fuimos tomando mientras picábamos y esperábamos que estuviera lista la comida, tomamos cava con los canelones y seguimos con él para acompañar unos pastelillos que ella insistía en poner en mis labios con los suyos.

    Sentados muy juntos notaba el calor que su menudo cuerpo despide y es que a pesar de la aparente fragilidad es una mujer con mucha energía; sonó el teléfono y sin soltarme respondió.

    –¿Hola?… ¿Cómo estoy?… ¿Cómo crees?… Ya sé que dices que es lo mejor para los dos, pero eso no me consuela en absoluto… Me alegro, y espero que cuando regreses no tengamos que arrepentirnos de nada… Sabes que soy una mujer que necesita calor humano … Pues eso; ya lo sabes… De salud física estoy bien, espero que también tú te encuentres bien… ¿Cuándo volverás?… De acuerdo, cuídate que también yo me cuidaré.

    Colgó y sin preguntarle me contó.

    –Es mi marido. Hace dos años que nos casamos y creo que será el más rico del cementerio; pretende tener antes de los 40 una segunda residencia y un pequeño velero, aunque solo sea de 5~6 metros; dice que si su padre lo consiguió a los 50 y él quiere tenerlo antes. Le ofrecieron un puesto en la filial que tiene su empresa en Argelia y al conocer las condiciones económicas aceptó sin consultarme siquiera, este apartamento era mío y si lo nuestro se acaba será él quien se marche, de momento lleva tres meses fuera y no viene porque lo que ahorra en los viajes que no hace se lo abonan en cuenta aquí.

    –Tampoco yo voy porque no me gustan los países árabes; pude viajar a Egipto gratis como empleada de una agencia de turismo que es de una amiga y preferí ir a Praga por tercera vez.

    Comprendía su situación y en parte me alegraba por tener la oportunidad de tenerla cerca y poder disfrutar de su compañía, entonces me sorprendió con una propuesta interesante.

    –¿Te apetece hacer la siesta? Te prometo que te dejaré dormir después de que hagamos algunas diabluras; no quiero que esa llamada nos amargue el fin de semana y sé que ya no llamará hasta mediados de semana próxima y no estoy segura de cogerle el teléfono.

    La acompañé a su habitación y cumplió su promesa; verla entrar en trance nuevamente me dio la oportunidad de disfrutar con ella de esa sensación tan maravillosa que no había podido compartir antes; parecía derrotada cuando me besó con ternura y me dijo que descansara.

    Acepté, y poco después de oírla respirar con regularidad abrazada a mí como si fuera un peluche también yo me dormí, al despertar me estaba observando con sus enormes ojos y en cuanto pestañee me dijo que no le gustan las mentiras y a continuación preguntó como para cambiar de tema.

    –¿Tardaste mucho en cambiar la rueda? Creo que es la primera vez que pincho desde que tengo este coche.

    Estaba seguro que me había descubierto y preferí confesar que seguir mintiendo; ahora tomaba sentido lo que me había dicho antes.

    –Sabes que no pinchaste, quería conocerte y te deshinche la rueda, pero dicen no seque de la guerra y el amor, y aunque no se trata de amor por el momento, pensé que merecía la pena ser un poco canalla y ayudar al destino para que nos uniera y poder llegar a esto, realmente nunca supuse que fueras un ángel sin embargo estas muy cerca de ser una diosa; Afrodita para ser más exacto.

    Me sonrió y después de besarnos me hizo levantar y fuimos al baño a darnos una ducha no carente de encanto y lujuria a partes iguales, me enjabonó la verga y me pidió que la enculara; tener a esa criatura empalada era un privilegia además de una especie de milagro, parecía imposible que un cuerpo tan menudo alojara con tanta facilidad mi verga que sin ser exagerada distaba mucho de ser corriente con casi 7 pulgadas, unos 175 mm que se alojaban en ella sin dificultad, haciéndola disfrutar al máximo aunque en este caso solo fue un orgasmo prolongado sin la apoteosis final al que me estaba acostumbrando.

    Salimos a cenar y volvimos tarde a su casa donde pasamos esa noche, por la mañana charlamos y me contó alguna más de las aspiraciones de su marido que ella no compartía; le pregunté si no tenía a ningún amigo especial y avergonzada me confesó.

    –Es que soy muy tímida aunque pienses lo contrario; algunos de mis compañeros han intentado un acercamiento pero como no han sido decididos no hemos llegado a nada; fuiste muy directo y eso me permitió aceptarte y te lo agradezco mucho; en cuanto a eso que has descubierto en mí, he de decirte que desde que dejé al hombre con el que estaba antes de mi marido no me había soltado y estaba oculto; siento un gran temor a manifestarlo de forma abierta pues la mayoría de personas no lo entenderían y me tacharían de viciosa.

    No le pregunté porque dejó a aquel hombre ni me importa, pero desde entonces alternamos entre su casa y la mía para pasar muchas horas disfrutando; después de cuatro meses se supone que la próxima semana volverá su marido; Ana está dolida y me ha preguntado si querré seguir con ella cuando se divorcie y sea libre.

    Mi respuesta fue evidente y estamos esperando que regrese pasándolo como todo este tiempo en una continua luna de miel cargada de buenos momentos.

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  • Accidente Incestuoso (2): La confirmación

    Accidente Incestuoso (2): La confirmación

    Habían pasado unas horas desde que mi hermana había perdido el norte en el baño, mi cabeza pasaba de la excitación a la culpa con facilidad y a duras penas podía concentrarme, asumía que todo eso era una locura, que estaba mal, pero, por el contrario, la imagen de Sandra masturbándome y como ella misma se había dado placer delante de mí, sin importarle nada, solo el desahogo de una excitación que la quemaba por dentro, me tenía muy encendido.

    Tras muchas idas y venidas mi cabeza fue tomando consciencia de lo acontecido, el sentimiento de culpabilidad se fue adueñando de mí, y la excitación fue remitiendo, solo quedaba enfrentarme a mi hermana y cerrar ese capítulo para siempre, como si nada hubiese pasado, solo me quedaba mirarla a los ojos y escuchar un lo siento y un de aquí esto no sale y no se vuelve a repetir, solo quedaba eso y la ansiedad que me tenía casi sin respiración centrada en la boca del estómago desaparecería, ¡qué engañado estaba!

    A las ocho de la tarde mi hermana vino con la bandeja de la cena, traía la mirada clavada en la sopa caliente que desprendía un halo de vapor al caminar y una tortilla cuajada que me solían preparar casi todas las noches, abrió las patas de la bandeja y la colocó sobre la cama y cubriéndome parte del estómago y las piernas.

    –Sandra –le dije, sin mirarla a la cara y con mis ojos también clavados en la bandeja– tenemos que hablar.

    Ella seguía cabizbaja y con un “después de cenar”, se sentó a un lado de la cama y comenzó a darme de comer, me comí la sopa casi ardiendo, y la tortilla casi atragantándome, solo quería ingerir rápido la cena y poder solucionar ese tema, casi no me entraba la comida, pero me daba igual, tenía que terminar cuanto antes.

    Cuando acabé, Sandra retiró la bandeja y la colocó en la mesa de despacho que estaba a los pies de mi cama, se volvió a sentar a mi lado y esta vez mirándome a la cara me dijo:

    –Lo siento, Álvaro, lo siento de veras, no sé qué me ha pasado, estoy avergonzada, me encuentro fatal, agobiada, asustada, por favor no se lo cuentes a nadie, esto tiene que quedar entre nosotros, por favor. –Las lágrimas en los ojos empezaron a florecer, su voz trémula y entrecortada denotaban un claro arrepentimiento, pero ella continuó hablando– Es que no sé qué me ha pasado, la he visto así, y no he podido resistirlo, no podía creerme que fuese cierto, que disparate en esta casa estamos todos fatal.

    Esa frase me hizo reaccionar “¿todos fatal?”, “¿en esta casa?”, “¿Qué no podías creerte?”.

    –Sandra, cuéntamelo todo.

    Ella mi miró y comenzó a contarme algo que me dejó sorprendido, me dijo que una de las primeras veces que mi madre me bañó, escuchó tras la puerta del aseo de mis padres que mi madre decía que exageración, que locura, y luego como unos gemidos, ella al principio no sabía a qué se refería, suponía que era al accidente y que los gemidos eran llantos por la situación en la que yo me encontraba, pero que siempre era igual, que cada vez que me bañaba, mi madre se encerraba en el cuarto y que cada vez ella tenía más claro que era para masturbarse, y que para salir de dudas, comprobó que mi madre se cambiaba de bragas y que las sucias estaban totalmente mojadas por sus jugos.

    Aquella historia me dejó petrificado, no podía creer que mi madre se masturbase pensando en mi miembro, no había notado nada, no me lo podía creer, miré a mi hermana, pero ella había desviado la vista hacía mi entrepierna, mi cabeza no lo creía, pero mi miembro sí, se había levantado vigoroso y se notaba fuertemente mi erección bajo el pantalón del pijama, Sandra me miró.

    –te has puesto, eh. –una sonrisa pícara le apareció en el rostro– ¿te has puesto cachondo con esto?

    Yo no sabía que decir, mi miembro me delataba, resoplé.

    –no puede ser –le dije– estás fatal y muy salida.

    Ella volvió a sonreír y dirigir la mirada a mi polla, que luchaba por salir, pero que estaba encerrada y casi comenzaba a dolerme, Sandra notó que intentaba acomodármela y sin mediar palabra, se colocó sobre mis piernas y comenzó a bajarme el pantalón.

    –déjalo Sandra, no es buena idea, ya se me pasará.

    Ella ya me la había cogido y movía su mano lentamente, apretándomela con fuerza paró, me miró y dijo:

    –si quieres que pare, paro, tú decides.

    Tras unos segundos de silencio, segundos que parecieron eternos, su mano volvió a moverse, vi como una de sus manos se metía en su pantalón mientras la otra seguía masturbándome y cerré los ojos.

    Los jadeos de Sandra empezaron a aumentar, la velocidad empezó a aumentar, yo seguía pensando en que todo estaba mal, mi hermana pajeándome, mi madre se masturbaba pensando en mi polla, era todo un sin sentido, una vida extraña, yo me sentía extraño, abrí los ojos y vi como mi hermana acercaba su boca a mi glande y sacando la lengua empezó a lamerla, saboreando cada lengüetazo, intentó meterla en la boca, pero casi no le podía entrar, notaba como se asfixiaba y como los ojos se le ponía vidriosos, pero seguía intentándolo, su boca, su lengua, sus dos manos, toda ella me masturbaba.

    –quiero rozarme… –me dijo y dándose la vuelta, se quitó el pantalón y las bragas y acercó mi falo a su coño que estaba totalmente encharcado.

    Yo seguía sin decir nada, no asimilaba aquello, era como si me estuvieran violando, una violación consentida, pero no disfrutada, sentí su sexo caliente y como empezó a frotarlo contra su coño suave, depilado y encharcado, sus movimientos se hicieron más bruscos, sentía mi polla casi en la entrada de su sexo, sus gemidos acrecentaban el tono, sus “joder”, sus “que grande”, sus “ahhh”, sus “qué gusto” no paraban de resonar en la habitación, hasta que comenzó a correrse, su cuerpo se contorsionaba mientras seguía apretando mi miembro contra el suyo.

    Tras varios espasmos interminables, mi miembro seguía erguido, grande, gordo, a punto de estallar, la mano de Sandra no lo había soltado y girando su cabeza me dijo:

    –ahora te toca a ti –y comenzó con movimientos más fuertes a pajearme, mi polla estaba a punto de reventar– córrete –me decía– lléname de leche, dámela toda, cabrón, joder, va a reventar, córrete, córrete como lo hace mamá cuando se imagina tu polla dentro de ella, córrete en su cara, córrete en la mía.

    Yo ya no podía más, empecé a gritar y empecé a correrme, mi hermana no paraba de pajearme, de exprimirme, mi polla era un hervidero de semen, los chorros salían por doquier, mi espalda se arqueaba todo lo que podía para que esos chorros explotasen sobre la cara de mi hermana, no se los que le dieron, mis ojos estaban cerrados, apretados, disfrutando de la nueva paja que me acababa de dar mi querida Sandra.

    Pasado un rato, Sandra limpió todo, cambió las sábanas, me cambió a mí, y ya más relajados, me miró y me besó en la boca, beso que fue correspondido, sentí su lengua como jugaba con la mía, sentí que todo había cambiado, ya no había sentimiento de culpa, ya no había ansiedad, solo un nuevo sentimiento, quería follármela, quería ver su cara cuando mi enorme miembro la clavase, quería correrme dentro de ella e inconscientemente sabía que también quería ver esa misma cara en mi madre.

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