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  • Primera vez con mi hermana

    Primera vez con mi hermana

    Me llamo Julián, soy del centro de México y este es el primer relato que me animo a compartir y lo hago porque también es la primera experiencia sexual que tuve. Esto sucedió hace 13 años, hoy tengo 32.

    Mi hermana Frida es menor que yo por 10 meses (nací prematuro y eso no fue impedimento para que al mes de nacer mi madre ya estuviera embarazada de mi hermana), desde que nacimos compartimos habitación, hasta que mis padres decidieron mudarse a una casa con mas habitaciones para que cada uno pudiera tener su habitación ya que empezábamos la etapa del desarrollo.

    Para ese momento yo tenía 13 años, no sé si porque siempre fuimos muy apegados o porque otra razón, mi hermana tenía la costumbre de los fines de semana meterse a mi habitación y acostarse sobre mi pues yo siempre dormía boca abajo para despertarme y acompañarla a hacer alguna actividad al parque deportivo cerca de nuestra casa.

    Para mí también se volvió una rutina el que eso sucediera y nunca paso nada hasta una mañana que lo cambio todo en nuestras vidas. Yo acababa de cumplir los 19 años, la vida universitaria me estaba acabando ya que a la par de mis estudios trabajaba para ahorrar dinero y poder independizarme al finalizar mi carrera.

    En esa época me costaba mucho conocer a personas nuevas, todas las personas que conocía las había conocido gracias a mi familia y a mis amigos. Así que hasta ese momento no había tenido la oportunidad de tener sexo y todas mis calenturas se resolvían con masturbaciones, la cosa no era diferente con mi hermana, éramos muy parecidos y tampoco socializaba demasiado, aunque al ser mujer pues no faltaban los pretendientes que se le acercaban a hablarle aunque ella no sabía como responder y todo quedaba ahí.

    La mañana que cambio nuestra vidas fue un domingo donde las casualidades se cruzaron, el sábado asistimos a la fiesta de aniversario de unos tíos que viven al otro lado de la ciudad donde nosotros vivimos, por lo mismo que les comente que yo estudiaba y trabajaba mis padres fueron considerados y a eso de las 2:30 de la mañana nos enviaron a mi hermana y a mi a casa con mis abuelos que viven por la zona, ya que ellos se quedarían con mis tíos pues querían aprovechar al máximo la fiesta que no se veía acabara pronto.

    Al llegar a casa tanto mi hermana como yo nos fuimos a dormir pues habíamos probado el alcohol por primera vez y estábamos un poco ebrios, yo caí rendido y no sentí cuando mi hermana entro a la habitación pues ella no fallo en su ritual de fin de semana y estaba ahí puntual a las 6:30 am. La diferencia esta vez es que yo no estaba boca abajo, por la sensación de mareo dormí de lado por aquello de las vomitadas y supongo que al pasar el tiempo me quede boca arriba sin darme cuenta.

    Medio desperté cuando sentí el peso de mi hermana sobre mí y le dije que hoy no quería salir, que me dejara dormir por favor. Ella de mala gana acepto, pero se quedó encima de mi un rato más, ella mide 1.60 y yo 1.80 por lo que cuando ella llego para despertarme se sentó casi en mi estómago y sacara frente a la mía, cuando le dije que me dejara dormir supongo que ella quiso acostarse bien sobre mi y se hizo para abajo para que su cabeza quedara en mi pecho.

    Eso provoco que ella quedara encima de mi pene que como todo hombre sabe, a esa hora de la mañana esta duro como roca, al sentir el roce de mi hermana conmigo me sobresalte y ella también lo hizo preguntándome al instante que es lo que tenía ahí pero sin moverse, incluso se separó de mi pecho sentándose bien sobre mi pene y dejándolo en medio de sus nalgas, tengo que mencionarles que mi hermana tiene un físico envidiable, sin llegar a ser exagerado como he leído en otros relatos y mi pene es de 18 cm de largo y 5 cm de grueso.

    Yo le dije que era mi pene y que siempre en las mañanas lo tenía así solo que ella no se daba cuenta porque estaba boca abajo pero que se me bajaba con una ida al baño o masturbándome.

    Ella se puso roja y me pregunto si me masturbaba seguido a lo que le dije que por lo menos lo hacía 2 veces al día y mínimo 3 días a la semana porque me ayudaba a relajarme y a dormir mejor, le pregunte si ella también lo hacía y me dijo que si pero no tanto, únicamente en sus fechas de ovulación que es cuando mas caliente estaba.

    Mientras hablábamos eso no me percate que los pezones de mi hermana poco a poco se fueron endureciendo, cuando me di cuenta que eso estaba pasando moví sin querer el pene y mi hermana se sobresaltó preguntándome si lo podía mover a voluntad, al decirle que si me dijo que ella no había visto uno mas que en las imágenes de los libros y que tenía curiosidad por ver uno en vivo, así que me propuso enseñarle mi pene y ella me enseñaría sus pechos.

    Mientras decía esto se iba quitando la blusa que usa para dormir quedando solo con un short cortito que la hacía ver demasiado bien. Yo procedí a quitarme el short con el que duermo dejando a su vista mi pene, al verlo ella lo tomo con su mano derecha y por instinto creo yo, subió y bajo la mano, yo lo único que hice fue estirar mi mano y tomar su pecho derecho y jugar con su pezón con mis dedos índice y pulgar.

    Ya no hubo marcha atrás, ella seguía con un sube y baja lento mientras yo cambiaba de pecho y me iba incorporando hasta quedar de frente, poco a poco fuimos acercándonos y empezamos a besarnos mientras seguíamos acariciándonos. Fui recostándola en mi cama mientras con mi mano libre iba bajando el short para dar paso a la desnudez de mi dulce hermana.

    Ella abrió las piernas y me coloque en medio de ellas, la punta de mi pene empezó a rozar a su vagina y sentí su humedad, nos vimos a los ojos y no sé porque le dije que sería la primera, ella solo me dijo, hazlo por favor, tu también serás el primero. Nos besamos y fui introduciendo mi pene en ella, por el dolor ella me enterraba las uñas en la espalda y daba pequeños gemidos de dolor, yo sabía que eso pasaba así que fui haciéndolo lento para no lastimarla, pero ella me pidió acelerar el ritmo y en un momento ya estábamos haciéndolo a un buen ritmo y gimiendo de placer.

    Como ninguno tenía experiencia en esto únicamente lo hicimos en la posición del misionero, calculo que pasaron 10 minutos y sentí que me iba a venir, así que le avisé que me iba a salir y ella me dijo que no lo hiciera, que sentía que iba a llegar al orgasmo y que continuara un poco más. No pude aguantar demasiado y cuando estaba por salirme mi hermana me abrazo con sus piernas en el momento que empezó con unos espasmos, yo sentí que algo me mojo y fue el detonante para llenarla con mi semen. Nos miramos y le dije que no me aguante, ella solo sonrío y me dijo que lo había sentido pero que no me preocupara, iríamos a comprar una pastilla.

    Nos quedamos acostados un rato sin decir nada y después de un rato ella rompió el silencio para decir que esto no lo podía saber nadie y que no debía de pasar otra vez, que no sabía porque lo había hecho pero que estaba mal. Yo solo atine a decir que estaba bien, en ese momento ella se levantó, tomo su ropa y salió de mi habitación.

    Esta fue la primera vez que tuve sexo y la primera vez que cometí incesto, luego les cuento como es que repetí con mi hermana y como también lo hice con mi madre, y si quieren, otras aventuras que he tenido.

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  • Mi primer amo

    Mi primer amo

    Seguía en mi búsqueda de una ama, una dama que volviera a hacerse cargo de mi instrucción. Pero la cosa venía difícil, la ley de oferta y demanda juega feo contra mis deseos y necesidades jaja. Charlé con muchas personas, sumisas, sumisos, y algunas señoras, anduve obedeciendo a algún caballero, pero aún no estaba preparado para dar el salto. Soy hetero, nunca me calentaron los hombres, pero siempre me resulto muy morboso tener que entregarme a uno, teniendo en claro que había cosas que por las buenas no pasarían.

    Tuve experiencia de homo forzada con una ama, donde fui tomado por un caballero atado de pies y manos en una cama. Pero entregarme a uno es muy diferente, y mi cabeza y gusto luchan contra el deseo. Luego de esa experiencia pensé que no me traumaría hacerlo, pero tampoco va tan fácil la cosa, prejuicios que no sabía que tenía, y cosas que hay que asumir dan vuelta y más vueltas en mi cabeza y hacen que vaya más lento de lo que suponía. Apareció un caballero con buenos modales, charlamos, tenía las cosas claras, mucho más de lo que yo las tenía.

    Se hizo de paciencia y supo llevarme, con juegos, con pedidos, con tareas. De a poco mi cabeza comenzó a ceder, y llegó su primer pedido serio, algo que me haría sentir sumiso y algo que me haría recordar que comenzada a ser de alguien. Me ordeno comprar una Jaula metálica para tener guardado mi pene y una joya anal grande para tener lleno mi culo. Sin chistar me encontraba recorriendo la web, buscado modelos para que pudiera decidir cuáles eran de su agrado. Eligió una jaula bastante pequeña, sabía perfectamente que la iba a sentir, que iba a tener que olvidarme de mi hombría.

    El plug, debía ser una joya anal, pero de tres bolas, era grande y largo. Sin lugar a duda se iba a sentir profundo. Realicé los mandados con premura, la vergüenza de comprar esas cosas es parte de sentirse sumiso, salir con la bolsita en la mano y sentir el deber cumplido es increíble. A la mañana recibí a mi amo con la foto de lo comprado, con la alegría de saber que le iba a gustar que sus pedidos habían sido realizados. Así fue, felicitó la rapidez y ordeno, ahora quiero verlos a ambos puestos. Me fui al baño, con la jaula en la mano pensaba, una vez puesta había cedido, habría entregado mi cabeza y mi masculinidad.

    No lo pensé demasiado, no era momento de pensar, si lo hacía se me iba a complicar y debía cumplir, simplemente cumplir. Puse crema en mi pene tal cual se me había ordenado y no con pocos problemas puse mi pene en su jaula, fría, dura, pesada. Se sentía raro, pero por sobre todo mi cabeza se sentía rara. Puse el celular a grabar, tomé el plug, me lubriqué y filmé la primera vez que me lo puse. Era duro, frio, intenso y profundo, ingresó sin problemas sacándome un pequeño gemido. Volví a vestirme y retorné a mi puesto de trabajo. La jaula se sentía incómoda, no podía acomodarme, tocarme, mi pene ya no me pertenecía.

    Y al sentarme, por favor, lo que se sentía ese plug metálico dentro mío. Todo me recordaba que tenía dueño. Mandé las pruebas de mis tareas y continué con mi trabajo. Estaba incómodo, y sabiendo que esta iba a ser mi nueva vida. Me escribe y felicita por la proactividad en el video. Me gusta obedecer, odio los castigos, aunque tengo claro que son un derecho. La ordenes seguían y luego de una semana, ya utilizaba plug, jaula y pinzas de pezones durante toda mi jornada laboral. Podía coger, pero tenía prohibido acabar. Maldita jaula, la odiaba, ya no tenía masculinidad, para orinar debía sentarme, odiaba eso, por sobre todas las cosas.

    Me costó un tiempo asumirlo, al principio aguantaba para no ir al baño, cosa que obviamente al final terminaba haciendo. Era la lucha entre mi cabeza y mi deseo, ni más ni menos. Mi cabeza comenzaba a ceder, él se daba cuenta. Me había dicho de entrada vos vas a rogar verme, vas a pedir que te sesione. Y lo que antes me parecía imposible, ahora era una realidad. No aguantaba más, necesitaba que todo este juego se concrete en una sesión. Debía darle sentido a semejante tortura, mi deseo y calentura estaban a pleno. Pero pedir que me sesione implicaba que él iba a tomar lo que es suyo, lo que le pertenece.

    Sabía que por las buenas no iba a suceder y eso le generaba más morbo y deseo. Para mí era terrible tener que pedirlo, pero así lo hice, pedí verlo y que me sesione. Estás seguro consultó, mientras comenzó a enviarme gif, con caballeros sodomizados por la fuerza, atados de pies y manos y siendo tomados. Se me hacía un nudo en la garganta al verlos, pero usarme era su derecho. Y siguieron los gifs, hombre atado con las manos detrás de la espalda un ring gag puesto y siendo obligado a satisfacer con su boca a su amo. No podía escribir, no me salía nada estaba petrificado, sabía que iba a suceder de esa forma, sabía que por las buenas o por las malas él iba a obtener lo que quería.

    Todo era nuevo, todo era diferente, decidí callar mi cabeza y hacerle caso a mi morbo. Deseaba entregarme y lo haría, sí señor contesté estoy seguro. Él puso fecha y lugar, ya no podía ir hacia atrás, solo quedaba entregarme a mi dueño. Siguieron los juegos, junto con mi rutina diaria. Mi pene ya acostumbrado a su jaula, mis pezones vivían hinchados por las pinzas que usaba a diario y que solo de a ratos permitía que las retirara. Sabía que esos pequeños dispositivos me ponían más receptivo, o más putita como le gustaba decirme. El plug intenso en mi culo, me recordaba que tenía dueño.

    Hoy era el día, estaba tan aterrado como lleno de ganas, hoy debía entregarme, o mejor dicho sería tomado. Arranco como todos los días, baño, jaula en su lugar, pinzas, plug y una foto para indicar que realicé mi tarea. A las 11, me ordena retirar el plug, sin decir más. Mi cabeza estallaba, me daba cuenta de que hoy sentiría otra cosa, y que su orden era para sintiera con intensidad. Fui al lugar indicado y nos encontramos, no me salía la voz, estaba simplemente mudo, aterrado. El reía, intentaba sin mucho fruto calmarme, antes de ingresar al hotel me dio una última oportunidad.

    A punto estuve de tomarla y salir corriendo, pero dije que no, que todo estaba bien. Ingresamos, tomamos algo tranquilos, repasamos palabras de seguridad, dio algunos detalles, y ordenó que me desvistiera. Quedé en calzones, el me rodeo y observó, apoyó mis manos contra la pared, abrió mis piernas, bajó mis calzones y dejó sus manos marcadas en mis nalgas. Al oído me dijo, desnudo es desnudo, sino hubiera dicho en calzones. Me incorporé, retiré mi prenda y volví a ponerme en posición. Dos manos más reforzaron la idea de que debía obedecer lo que pidiera.

    Tocó la jaula, te queda hermosa dijo, tiró de mis pinzas haciéndome rogar que parara. Ordeno que me pusiera con las manos sobre una mesa, y así lo hice. Me apoyó el mentón, y con un toquecito en mis tobillos abrió mis piernas. Aclaró siempre que estes delante de tu amo las piernas las vas a llevar abiertas. Si ordeno pared, ya sabes, como ponerte si ordeno mesa también, y si ordeno cama, la posición de una putita es con las piernas abiertas el culo para afuera y el pecho apoyado. Solo así estas bien disponible para ser utilizado. El corazón me latía a mil, podía sentirlo hasta en mi jaula.

    Me ató de manos y pies, de un bolso sacó, floguer, palmeta, ringgag y algunas cosas más que no podía ver. Me recordó algunas faltas que en ese momento iban a ser corregidas, tomó el floguer, comenzó suave sobre mi espalda, y terminó duro sobre mis nalgas, sacándome algunos gritos. Me dio unos segundos, y tomó mi culo con sus manos, fuerte, dolía, rogué que soltara y lo hizo. Tenía todo sensible, así me quería y así me tenía. Tomo la palmeta, y antes que pudiera decir nada coloreo con poca delicadeza mi lado izquierdo, chillé, rogué, se me vencieron las rodillas y quedé colgado.

    Con paciencia esperó que vuelva a mi lugar. Y emparejó el color. Fue intenso, me hacía sentir que la cosa iba en serio y que si no cumplía iba a obtener más de esto. Se retiró un poco, abrió mis nalgas y dijo, tienes el culo muy cerrado, hoy me vas a sentir lindo, pero vas a trabajar en tenerlo más abierto ya te voy a indicar como, sí señor contesté, mientras lubricaba mi ano. El corazón se me aceleraba, no podía creer lo que estaba pasando, iba a tomar lo que es suyo. Yo estaba atado, expuesto, sin posibilidad alguna de defensa y sin fuerzas para hacer nada. El castigo me había dejado simplemente entregado.

    Se puso un preservativo, me tomó del pelo y al oído me dijo, ahora es cuando putita, vas a sentir a un hombre dentro tuyo. Apoyó su pene sobre mi raya se acomodó, y me penetró de una y hasta el fondo. Grité, grité fuerte, mis manos se aferraban a la mesa. Él se quedó quieto, el culo me latía, y sentía su pene duro y caliente dentro mío. Ya estaba hecho ya era suyo, me dio unos segundos y comenzó a cogerme, lo hizo como le vino en ganas, me hizo gemir, gritar y suplicar. Intercambió sutiliza, con penetraciones profundas y fuertes que siempre sacaban un grito.

    Cogió con ganas y vigor, un buen rato, a esa altura rogaba que acabara, ya no aguantaba más. Me tomó de las caderas, aumentó el ritmo, y ante mis gemidos acabó. Podía sentir su pene latir dentro mío. Todo había terminado, ya era suyo, aunque tenía claro que esto solo era el principio…

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  • Economista y prosti: enfiestada con los brasileños como V.E.P.

    Economista y prosti: enfiestada con los brasileños como V.E.P.

    ¡Hola! Pido disculpas por haberme atrasado en mis relatos. Muchísimo “trabajo”, sumado al trabajo normal en la Asesoría y a algo nuevo de lo que les doy un adelanto.

    He concretado la compra, luego de muchísimo buscar, de mi nueva “Sede de Asesoría Privada”. Un pequeño apartamento dúplex, en el piso bajo, un precioso salón de recibo, con baño social anexo y una pequeña cocina. En planta alta, subiendo una escalera hermosa para lucirme, lindísimo dormitorio con baño en suite, vestidor y un amplio ventanal a la calle, con ventana de piso a techo.

    Se imaginan, ¡puedo atender algún cliente privado en asesoría financiera privada por fuera de la asesoría donde trabajo, y además… es ideal para atender a mis clientes que me contratan como prosti! Estoy eufórica. Todo esto financiado con mi actividad de primer nivel como chica amorosa.

    Pasemos a lo que está más atrasado: mi reunión en el hotel de Punta del Este con los tres brasileños apostadores, para los cuales desfilé en nuestra suite.

    Pasando al status de VEP (very expensive prostitute), a 5 k cada uno.

    Sabedores de sus plenos derechos, prefirieron ir todos a la suite, primero cogerme de a uno y luego los tres juntos conmigo. Siempre con la presencia más o menos cercana de mi Tommy. Aprovechamos que el televisor de la suite es del tipo Smart para que quien se quedara en la zona de estar, pudiera ver la acción del área de dormitorio, pero evidentemente, también nos podrían ver en directo caminando unos cinco o seis pasos hasta el área de dormitorio.

    Acordamos que todo se transmitiría para los que quisieran ver, con una tablet fija, de modo que no se verían detalles, pero sí a acción en general.

    Llegaron, conversamos un poco, sorteamos el orden, me entregaron lo convenido (¡cuando vi todo eso junto no lo podía creer!). Me disculpé y fui al área de dormitorio a prepararme para el primero, que resultó ser Maurizio, quien, confirmando mis sospechas de que Sergio es el más importante de los tres, le ofreció cederle el primer turno. Desde luego, Sergio no aceptó, pues se debe respetar el orden sorteado, ¡un caballero total!

    Volví, diciéndoles que me presentaba a la vista de los tres como novia putita. Stilettos altísimos, conchero blanco nacarado de tamaño micro, babydoll blanco totalmente traslúcido, muy escotado y sin soutien. Desnuda pero vestida ja ja. Tomé a Maurizio de la mano, y me lo llevé al área de dormitorio, ya la tablet que transmitiría encendida, y también el televisor del área de estar.

    Maurizio se desvistió rápidamente y ohhh sorpresa! Estaba totalmente depilado, incluso diría que se había depilado recientemente pubis pecho y glúteos, no así las piernas.

    Como casi siempre que alguien está conmigo, ya lucía buena erección.

    Era de esperar la verga de tamaño normal, sin nada a resaltar, al igual que los huevos, también depilados y colgantes.

    Le ofrecí desvestirme en un pequeño strip tease, cosa que aceptó mientras acariciaba su miembro, y yo me deshacía del babydoll y del conchero bien cerca de la tablet para que también desde sala de estar me apreciaran con detalle. Se le notaba la excitación, el pene bien duro, el escrito se iba contrayendo, y los ojos me recorrían de arriba a abajo.

    Se puso detrás de mí, parados todavía y comenzó a restregarme la verga en el culo y en la concha mientras sus manos acariciaban mis tetas.

    De a poco nos fuimos acercando a la cama y caímos en ella, era inevitable, comencé a hacerle una buena chupada mientras él me chupaba la concha y me acariciaba el culo, como avisando que en algún momento querría o querrían culearme, a lo cual estaba yo más que dispuesta.

    Finalmente, quedamos en cucharita, de frente a la cámara, con lo cual el resto vería bien como me cogía. A cada momento me había estado diciendo lo muy feliz que lo haría clavarme “sin camisinha”, y evidentemente lo gozó. Me la metió delicadamente, mi concha bien mojada, pues estaba de costado sobre mi lado derecho, y pasé mi pierna izquierda sobre las de él, con lo cual mi cuevita de amor estaba bien receptiva.

    La posición era ideal para que nos vieran, y cuando terminó de metérmela bien a fondo, se oyó que los mirones aplaudieron. Estuvo calculo que 15 minutos entrando y saliendo de mí, mientras me acariciaba las tetas o el clítoris, y a veces yo giraba la cara y lográbamos besarnos. Finalmente la esperada eyaculación, ¡que se aseguró de que fuera bien adentro! ¿Será que tengo suerte? Todos me tocan super lecheros, o será que vienen muy excitados. Un placer sentir esos chorros tibios surgiendo dentro de mi vagina.

    Cuando se salió, no tuve dudas, le apliqué la “limpieza oral” que tanto me gusta hacerles, y lo besé profundamente.

    Sé que les costará creer lo que voy a escribir, pero es la pura verdad, en cuanto nos besamos y quedamos tirados en la cama uno al lado del otro, llegó Carlos con la verga en ristre, y frotándose las manos, diciendo que era su turno. Maurizio fue a darse una ligera ducha, y pregunté a Carlos si deseaba que yo también me duchara. Se rio y dijo que de ninguna manera, que deseaba metérmela cuanto antes, que no resistía las ganas de estar en mí. Interpretando sus deseos, me puse en cuatro, a lo largo de la cama y en buena posición para que filmara la tablet.

    Era consciente de que de mi concha manaba leche, pero no lo molestó en absoluto. Me manoseó un poco las tetas, un par de chupadas a su pija, y se fue detrás de mí a ponerla.

    Me la metió con fuerza, a fondo, y mientras iba y venía en mi concha, a veces haciendo mete saca, me escupía el ano y jugaba a meterme un dedo. Esa combinación de dedo y pija y saber que los otros nos veían, me llevaron derecho al orgasmo.

    Comencé a temblar, sentía las piernas flojas, y creo que grité un par de veces, Carlos me dijo que mi flujo desbordó por los labios de mi concha pese a tener la pija adentro. Y él siguió sin pausa hasta llenarme de leche, otra vez encantada con la sensación que me enloquece desde que empecé a entregarme a otros hombres, es indescriptible el placer de sentirlos venirse dentro de mí, sin riesgo alguno de salud.

    Me la sacó, jugamos un poco, se la limpié desde luego , nos besamos, le hice un beso negro que le encantó. Y al final me dijo que “para tu culo tenemos preparado algo especial” lo cual me intrigó muchísimo.

    Fui a buscar a Sergio, mientras Carlos se daba una rápida ducha, para refrescarse, pues sabíamos que la acción continuaría después de que cogiera con Sergio.

    Fui al área social de la suite, para llevarme a Sergio a la cama. Desnuda y chorreando leche, pese a lo cual no quiso que me duchara, dijo que habían decidido dejarme absolutamente llena de leche, y lo iban a cumplir.

    Se desnudó frente a la tablet y agitó su miembro frente a ellos. Sin duda, tal como lo sugería su bulto en la piscina, era el mejor de los tres, aunque no un superdotado, serían unos 17 cm, igual, hermosa cabeza, bien al descubierto.

    Comenzamos a besarnos, no paraba de decirme que era su puta divina. Lengua y salivas se mezclaban, me chupó las tetas a más no poder, hasta que me pidió que lo montara; a lo cual respondí que ahora iba a ver lo buena puta que soy.

    Lo monté de frente, tomé su verga con una mano y fui bajando lentamente mientras me entraba a fondo, deslizando por el mar de leche y flujo que yo tenía adentro.

    Guie sus manos a mis tetas y me incliné un poco hacia él mientras comencé a subir y bajas mi pelvis. Cada vez más rápido. Al poco rato, se oía el plaf plaf de nuestros cuerpos húmedos golpeándose, y luego de cierto tiempo fui bajando la velocidad de mi sube y baja. Me salí de él, y me giré a reverse cow girl, me la metí nuevamente, y, juguetona, le hice varios guiños con mi esfínter.

    Sentí que me lo ensalivaba, y comencé a subir y bajar, una vez más acelerando hasta tener un rito frenético que lo hizo acabar en tres o cuatro minutos de sube y baja.

    De nuevo, lo provoqué con mi agujerito privado haciendo guiños, y él reaccionó metiéndome un dedo y jugando.

    Luego la chupada de verga para limpiarlo, besos, me dijo al oído que era la mejor puta de su vida, y que volvería siempre por mí.

    No pude olvidar a Tommy, y mirando hacia la tablet, le hice con un dedo índice el gesto de que se acercara.

    Se acercó, obviamente de verga dura, y pregunté a mis tres clientes si tenían objeciones a que me cogiera, se lo notaba desesperado.

    Por supuesto, nadie se opuso, al contrario, apagaron la tablet y se pusieron a mirarnos alrededor de la cama.

    Primero, una linda tanda de besos, seguida de un hermoso 69, sí, pese a tenerla inundada, Tommy se dedicó con ganas a lamerme la concha. Me acariciaba el culo, me acariciaba el clítoris, me metía un dedo en el culo, hasta que finalmente te me puso en misionero y con las piernas sobre sus hombros, me la metió a fondo.

    Sabe moverse como me gusta, haciendo como pequeños remolinos con la verga dentro de mi concha. A veces la saca y vuelve a meterla.

    Desde atrás de Tommy, uno de los brasileños le acarició el culo a Tommy, y luego pidió que me pusiera en cuatro para recoger lo que escurriera cuando Tommy acabara.

    Le hicimos el gusto por supuesto, ¡para eso paga! Y Tommy acabó teniendo solamente te la cabeza de su pija dentro de mi concha, con lo cual cayó casi todo sobre Maurizio, que se deleitó, según nos dijo después.

    Decidimos tomar un descanso de un par de horas, mi concha lo requería, y cada cual fue a su habitación a darse un baño caliente y reparador.

    Todo estaba listo para iniciar la ronda siguiente, que será objeto del próximo relato. Mientras tanto les publico este, para que no me extrañen.

    A todos, muy feliz 2025.

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  • Grata sorpresa (2)

    Grata sorpresa (2)

    Estando tomando café, llamé por teléfono a unos apartamentos que había usado anteriormente para hacerles una reserva para esa misma tarde, tuvimos suerte, tenían disponibilidad, y además nos pillaban bastante cerca del restaurante donde estábamos en ese momento.

    Al salir del restaurante nos dirigimos al apartamento en cuestión, subiendo por Rambla de Cataluña le mande sentarse en un banco con las piernas abiertas, el banco estaba situado justo enfrente de una terraza con bastante gente, al principio ella dudaba de obedecerme a la petición, por lo que la acaricie dulcemente en la cara, le di un beso y le dije que yo no me movería de su lado, que estuviera tranquila, a lo que ella se tranquilizó un poco y nos sentamos los dos, había una mesa con 2 chicos que no tardaron en fijarse en ella por lo guapa que era y más luego de poder ver además que debajo de esa falda no había nada más.

    Nos fumamos un cigarro y luego continuamos nuestro camino, le pregunte como se había sentido al verse sentada en aquel banco y observada, me dijo que estaba muerta de vergüenza, pero que sentía como palpitaciones abajo, no sabía si era por eso o por lo nerviosa que estaba en ese momento, pues me dijo que le fallaban hasta las piernas al andar, la mire nuevamente, la acaricie y le pregunté si que quería lo podíamos dejar para otro momento, a lo que me respondió que no, que le había costado mucho decidirse a venir, incluso que estando ya llegando a la plaza quiso darse media vuelta e irse, pero que tenía mucha intriga de saber quien se escondía detrás de esos mails.

    Debo deciros que ella, desconocía como era yo, nunca me vio ni en foto ni había oído nunca mi voz, es algo que suelo hacer habitualmente, puesto que considero que así el impacto suele ser mayor, al descubrirme, antes de llegar al portal donde debíamos entrar se le cayó el cherry famoso al suelo, el estallido de alegría que eso provocó en ella fue genial, pues estaba super preocupada por ello, y se quitó un gran problema para ella.

    Cuando entramos en el apartamento la noté muy nerviosa, a lo que le pregunte si estaba segura de querer seguir, a lo que me respondió en voz temblorosa, “si amo, quiero someterme a usted, las sensaciones que tengo desde que le he visto me gustan, me siento muy bien con lo que me hace hacer, nunca me he sentido igual amo, me siento diferente esta tarde, quiero seguir si usted también quiere”.

    Entonces la abrace, le di un dulce beso, le cogí un pequeño pañuelo que llevaba puesto en el cuello y le tape los ojos.

    La cogí del brazo y la acerque hasta un metro aproximadamente de los pies de la cama, y le dije “desnúdate para que tu amo te observe bien” a lo que ella rápidamente empezó a desabrocharse los botones de la su blusa dejando al descubierto unos preciosos pechos, con unas aureolas rosaditas, me encantaron al momento.

    Luego dejó caer su falda a sus pies dejando al descubierto por primera vez ante mí, su sexo, todo depilado, estuve unos minutos observándola, mirando esa preciosidad de cuerpo que me estaba entregando, notaba su nerviosismo, su ansiedad en ese momento, a medida que pasaban los minutos y yo no decía ni hacía nada, su ansiedad iba en aumento.

    Hasta que me acerque por detrás a ella y empecé a besarle el lóbulo de su oreja y su cuello lentamente, aquello hizo que empezase a suspirar como si esto fuera un desahogo para ella, empecé a acariciarle sus pechos, dándole pequeños y suaves pellizcos en sus pezones estos estaban ya duros, la excitación que tenía seguía aumentando, seguía detrás de ella, comiéndole el cuello, y ahora estaba empezando a estirarle los pezones, cuando empezó a gemir, una de las manos la desplace hacia abajo buscando sus labios y su clítoris, empecé a tocarla justo al ladito de este, haciéndole pequeños círculos.

    Esta ya que se derretía, llena de flujo, este le estaba empezando a resbalar, sus gemidos empezaron a ser bastante más sonoros, estaba a punto de correrse, lo notaba, lo sentía, pero como me había dicho que nunca se había corrido no me atreví a pedirle que no podía hacerlo, así que paré en ese punto, a lo que ella me pregunto “me gustaba mucho, porque para” a lo que le respondí que se callara, hoy eres mi zorra y voy a usarte como me dé la gana ¿lo has entendido? “si mi amo” y se puso a temblar en ese momento.

    La gire, la hice tumbarse en la cama boca arriba, le flexione las rodillas, le separé las piernas y le pedí que se pellizcara los pezones, mientras ella se estaba pellizcando yo aproveche para observarla y me desnude, dando libertad a mi miembro, que estaba deseando salir de mis pantalones hacía ya mucho rato, me puse a sus pies, me estire por encima de ella sin tocarla, y empecé a meterle mis dedos en su boca, y a decirle lo zorra y puta que era por como estaba disfrutando y por como tenía el coño de mojado, eso hizo en ella que se desbocara.

    Estaba gimiendo como una loca, saqué mis dedos de su boca y me dispuse a comerle el coño, creo que en el mismo instante que sintió la punta de mi lengua tocarla, empezó a tensarse, convulsionarse y a correrse, soltando una cantidad de flujo que no había visto nunca, dejo toda mi cara encharcada, empecé a decirle lo puta que era por haberse corrido en mi cara, ella en ese momento estaba desencajada, ausente, feliz.

    Cuando recuperó su aliento me dijo “algo indescifrable para mi, y luego siguió, gracias amo, creo que acabo de tener un orgasmo, que sensación, quiero mas amo, por favor quiero más” a lo que le respondí, ¿crees? Si zorra acabas de disfrutar de una corrida, y me has dejado la cara empapada puta asquerosa, a partir de ahora deberás pedirme permiso para correrte, y ahora quiero que limpies con tu asquerosa lengua mi cara, a lo que le quite el pañuelo de los ojos y se puso a limpiarme, cuando acabo la bese apasionadamente.

    Estaba completamente entregada, la notaba suelta, sin nervios, alegre, a lo que le mande que empezara a chuparme la polla, rápidamente se me la metió en ella, empezó comérsela, se notaba su inexperiencia en ello, por lo que la hice parar y ponerse de rodillas, y le mande tocarse el coño y las tetas, mientras yo me puse de pie y empecé a follarme su boca, mientras ella se está pajeando, se puso como loca, yo mientras se la estaba metiendo en la boca, lo que le provocaba arcadas, pero eso la estaba excitando aún mas, hasta que me corrí en su boca, en ese momento al sentir como mi semen inundaba su boca ella también empezó a correrse sin pedirme permiso.

    Laura acababa de tener su segundo orgasmo, y aunque eso la verdad me encanto, se lo tuve que reprochar, por haberse corrido sin pedirme permiso, y le dije que aquello le costaría un castigo, a la vez que le dije que se debía tragar mi semen, y luego que limpiara mi polla.

    Luego nos acurrucamos los dos, nos abrazamos, estuvimos charlando un buen rato, nos duchamos y dimos por finalizado ese inesperado primer encuentro.

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  • Mi primer día de trabajo

    Mi primer día de trabajo

    Lunes, eran las 7.15 de la mañana, ¡a levantarse!, si, este era mi primer día de trabajo. Permítanme que me presente primero, me llamo Silvia, tengo 23 años y estoy acabando la carrera de periodismo, después de echar muchos curriculums, aquí estoy, trabajando en un periódico de renombre donde me han dejado un pequeño espacio para mis aventuras y opiniones. Estaré escribiendo unas semanas y si al público (y al jefe) le gusta seguiré unos meses más.

    Pero bueno, este no es el tema central de mi historia, sino mi primer día de trabajo. Así es, me levanté pronto, ya que quería arreglarme, ponerme guapa para impresionarles no solo con mi redacción. Me puse mi traje de chaqueta nuevo, una camisa blanca y unos zapatos de tacón, un poco de colorete, labios rosaditos, los ojos claros y rímel. Subía en el ascensor a la cuarta planta, los nervios en mi estomago no me dejaban pensar en nada, “uy perdón…” Tropecé con un chico joven. Ni reparé en él, “¿a qué piso vas?”, “Al cuarto ¿y tú?”, “Yo también…”. El chico se me quedó mirando… “Tu debes ser Silvia, la chica nueva… hola encantado soy Rafa…”.

    –Hola encantada…

    Llegamos al cuarto, pregunté en recepción por mi jefe, él vino en seguida y me mostró toda la oficina, Este será tu sitio, dijo señalando una mesita con un PC de sobremesa. Esta es tu clave, puedes entrar en el ordenador y ojear un poco esto, y piensa en tu artículo, el tema va a ser deportes de riesgo.

    Puse mi usuario y clave, empecé a ojear qué había guardado en el ordenador. Entonces me di cuenta que había alguien detrás de mi observando lo que hacía. Me giré, era el chico del ascensor, Rafa.

    –Hola Silvia, yo trabajo en frente tuyo, tengo un hueco en la sección de deportes para lo que quieras estoy aquí.

    –Gracias Rafa, te lo agradezco.

    Apagué el ordenador y empecé a pensar sobre mi artículo, quería que fuese estupendo, iba a impresionarles. No pude evitarlo, me quedé mirando a Rafa, ojos azules pelo castaño cortito, unos labios muy sensuales, sus manos, muy viriles, fuertes, tecleaba muy deprisa en el ordenador, sus brazos, llevaba una camisa azul y marcaba los bíceps, estaba fuerte. No sé porque razón me lo imaginé en ropa interior como debía ser. Entonces el levantó la mirada y me sonrío. Me puse colorada y seguí con lo mío, no podía quitarme su imagen de la cabeza.

    Y llegaron las 11.

    –¿vienes a almorzar Silvi?

    –¿Silvi? Jeje, que confianzas te tomas… si vale

    Nos bajamos al bar de abajo, yo pedí un chocolate y él un café solo. Empezamos a hablar, me salía la estúpida risa tonta, riéndome de todo lo que decía, si, era tan… no sé… tan atractivo.

    –¿Tienes novio Silvi? ¿Seguro una chica como tú…?

    –Una chica como yo ¿qué?

    –Pues eso, que las chicas como tú, soléis tener novio

    –Pues no, no tengo novio, lo dejamos hace un mes

    –Ah…

    –¿Y tú?

    –Yo… bueno… algo hay por ahí, pero nada serio, este trabajo es demasiado agotador y la gente no lo comprende…

    Acabamos el almuerzo y subimos a la oficina de nuevo.

    Me quería centrar, pensar en deportes de riesgo. Así que encendí el ordenador y empecé a escribir pequeños bocetos e ideas. Ajá. Imprimir.

    –¿Dónde está la impresora Rafa?

    –En el cuarto de las impresoras, ven yo te lo enseño, sígueme

    Fuimos al otro lado de la oficina, abrió una puerta, encendió la luz y allí había 5 impresoras enormes, una de ellas imprimiendo mi trabajo. Me rozó la mano y me dijo, “mira se usa así…”, sentí un escalofrío al sentir el roce de su piel, mis pezones se pusieron erectos. Él se me quedó mirando directamente al pecho, me sonrió y cerró la puerta. Me acarició la cara y me dijo… “Silvia… eres tan preciosa…”. Me besó… yo no pude evitarlo, más bien lo estaba deseando…

    Nos abrazamos y el calor empezó a subir, el ruido de la impresora tapaba el sonido de mi respiración que cada vez se aceleraba más, me rozó el pecho, metió su mano por debajo de mi falda y empezó a acariciarme. Me gustaba, él podía notar mi humedad a través del tanga y de las medias. Me desabrochó la camisa, luego el sujetador, me sonrió y empezó a lamerme dulcemente los pezones, con pasión y ternura, lamiéndolos poco a poco. Yo iba a estallar, estaba muy excitada y le dije “Rafa… estoy a cien…” y él me dijo “¿cómo crees que estoy yo desde que te vi esta mañana?”

    Bajé mi mano hasta su pene, si, estaba muy duro, le desabroché los pantalones y empecé a rozarle. Él me bajo las medias, apartó mi tanga y empecé a rozarme con los dedos. Me sentó en la mesa de la impresora, me abrió de piernas bajándome el tanga y me chupo el clítoris. Empecé a jadear, siguió lamiéndome el clítoris “Sigue… sigue…”. Entonces le bajé los calzoncillos y le dije “penétrame… por favor…”. Y así lo hizo. Se acerco a mí y empezó a penetrarme, poco a poco, entraba muy bien. Yo estaba muy húmeda…

    Él jadeaba fuerte, me acariciaba el clítoris a la vez que me penetraba. El vaivén del amor hizo que sucumbiera en sus brazos ante una oleada de placer culminando en un largo orgasmo. No quería gritar, pero no pude evitarlo al sentir sus líquidos en mi interior a la vez que yo temblaba de placer. Enseguida me abrazó. Yo me vestí rápidamente, sabía que mi grito lo habrían oído.

    Entró Bego en seguida, la secretaría se me quedó mirando, yo estaba un poco despeinada y colorada, “¿qué pasa aquí?”.

    –Se me ha caído el boli y me he pegado con la mesa en la cabeza, –dije yo.

    –¡Ah!… ¿Estas bien?

    –Si gracias, Rafa me ha dicho que ahora me traerá hielo para que no me duela… ¿Quieres que te acompañe?

    –Vale, Silvia, Bego dile a Toni (el jefe) que nos hemos bajado al bar para ponerle hielo a Silvia.

    Bajamos por las escaleras.. Y él comenzó a besarme de nuevo.

    –Ha sido estupendo Silvia. En mi vida había sentido el orgasmo de una mujer a la vez que el mío…

    Yo le sonreí… el me cogió de la mano y me dijo “¿nos vemos esta noche en mi casa?”

    Yo acepté.

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  • Mi compañero de paja

    Mi compañero de paja

    Por fin un área de descanso. No tenía gasolinera ni bar, pero no podía seguir conduciendo un minuto más. Estaba incómoda más que cansada. Hacía calor, la ropa me molestaba, no encontraba las gafas de sol, la botella de agua estaba en el maletero.

    Paré el coche. No se veía la autopista. Me acordé que se decía que había cancaneo gay en algunas áreas de descanso discretas como aquellas. Sentí un cosquilleo en el estómago como de miedo o excitación. No lo sabía muy bien. Eran las 4 de la tarde y había bastante tráfico en la autopista, aunque nadie en el área de descanso. Me quité la idea del miedo con un “no seas tonta niña”. Sin embargo, el cosquilleo de la excitación seguía ahí.

    Bajé del coche. Fui al maletero y bebí un trago largo de agua. Menos mal que no estaba muy caliente. Vi una fuente al lado de dos bancos y rellené la botella. Al notar el agua fresca me entraron unas ganas locas de mojarme el pelo, refrescarme la cara, las piernas. Miré alrededor. Seguía sin haber nadie. Puedo hacer pantalla con el coche y refrescarme. Me quedaban casi 300 km de viaje y seguro que no encontraba otro sitio como este.

    Regresé al coche, lo puse en marcha y lo dejé delante de la fuente. Abrí de nuevo el maletero y la puerta para que me ocultaran si llegaba alguien y poder meterme rápidamente en el coche. Me quité el pantalón y me puse una faldita que siempre llevo en viajes largos porque es muy fresca. Empecé a desabrocharme la blusa y me la quité. La doblé con cuidado y la guardé en la maleta junto al pantalón que me acababa de quitar. Abrí la fuente y me mojé el pelo, me lavé la cara y pasé mis manos mojadas por mis piernas y brazos.

    Era una sensación maravillosa después de lo pegajosa que sentía la piel. Más relajada me percaté que solo llevaba la falda puesta y el sujetador. Me reí yo sola de mi atrevimiento. ¿Por qué no? Dije en voz alta y me reí de nuevo. Me quité el sujetador y acaricié mis tetas también sudadas con mis manos húmedas. Un escalofrío me recorrió el cuerpo entero.

    ¿Qué estaba haciendo? Pensé. Mis manos seguían refrescando mis pechos. Pero estaban haciendo algo más. Mis dedos tenían vida propia. Mi cerebro no estaba ordenando que mis pezones disfrutaran con el roce de las yemas de mis dedos. Sin embargo, mi vista no me engañaba. Lo estaban haciendo. Levanté la vista asustada. La sola idea de que alguien me pudiera pillar haciendo algo así me daba pánico. O eso era antes de haber parado en aquella área de descanso. ¿Tendría algún afrodisíaco el agua de aquella fuente? Volví a reírme yo sola de lo tonta de la idea. ¿Me estaría volviendo loca?

    Miraba fijamente a la vía de acceso al área de descanso. Intenté sosegarme. Me apoyé en el coche, respiré hondo, bebí más agua y encendí un pitillo. No podía hablar tanto conmigo misma, pero seguía haciéndolo. ¿Qué me pasa hoy? Estoy aquí, en el medio de un sitio en el que puede llegar cualquier coche o camión enseguida y verme un hombre, una mujer, un adolescente o un niño, fumando un cigarrillo con las tetas a la vista.

    Sin embargo, el cosquilleo no cesaba. Ahora sí sentí que mi cerebro pedía cosas y mis manos obedecían y me acariciaban. Parecía como si fuera dos personas, una que observa y otra que hace. Lo extraño es que la que observa está viendo su propio cuerpo actuar sin poder controlar sus movimientos.

    Acabé de fumar y conseguí llegar a un punto en común entre mi cuerpo y mi cerebro y me dejé llevar. Me senté en el banco, mojé mis manos de nuevo y volví a acariciar todo mi cuerpo. Esta vez olvidando la culpa o vergüenza, disfrutaba del contacto de mis dedos permitiendo que la excitación se fuera apoderando de mí. Me quité también las braguitas que, en un arrebato de mi otro yo, tiré a la papelera. Sonreí al hacer canasta. Separé mis piernas, subí mi faldita hasta la cintura y mi dedo anular exploró mi cueva hasta que pidió otro dedo más. Sofocada ahora no solo por el calor, disfrutaba de la brisa que acariciaba mis pezones y erizaba todo mi vello en aquel banco a la sombra de un hermoso roble.

    A punto de llegar a un clímax inesperado, el motor de un coche rompió el momento. El pánico se apoderó de mí. Estaba a menos de dos metros del coche. Mi cerebro intentaba pensar. Había guardado la ropa que llevaba en la maleta y solo había sacado la faldita, pero no la camiseta que pensaba ponerme. Busqué con la vista el sujetador y lo encontré en el asiento de atrás. Bueno, es medio deportivo, pensé mientras me lancé literalmente al asiento para ponérmelo.

    Apareció el coche. Venía solo una persona. Me di cuenta que seguramente aparcaría cerca del mío porque era el único lugar a la sombra, allí estaba la única papelera y la fuente. Me miré en el espejito del parasol. ¡Mierda! Exclamé para mí. El sujetador no parecía para nada un sujetador deportivo, parecía un sujetador. No dejaba ver mucho, pero seguía siendo un sujetador. Decidí hacerme la dormida. Me tumbé en el asiento de atrás. Me di cuenta que no podía mover las piernas demasiado porque corría el riesgo de dejar mi coñito a la vista si miraba dentro. Y noté que aún seguía húmeda. A pesar del susto, del pánico, allí, fingiendo que dormía, la excitación no se había ido.

    Oí su motor apagarse y la puerta abrirse. Mis ventanillas estaban bajadas. Eran las 4 automáticas y no tuve tiempo de poner la llave en posición de arranque para subirlas. Escuché sus pasos, abrir y cerrar más puertas de su vehículo y luego el chorro de la fuente. Tenía que haber pasado ya por al lado de mi coche. Tenía que haberme visto en sujetador. Me subieron los colores, pero también la excitación. ¿Qué me pasaba? Me estaba excitando porque aquel desconocido podía verme en sujetador. No podía ser.

    ―Hola

    ¿Me estaba hablando? Tierra trágame, a pesar de lo cual abrí los ojos.

    ―Hola

    Me incorporé. No lo veía. Ahora sí. Estaba sentado en el banco en el que había estado yo antes sentada. Asomé solo la cabeza por la ventanilla

    ―¿Hablas conmigo? -pregunté tontamente pues no había nadie más allí

    ―Disculpa que no sabía si dormías, pero me preguntaba si tenías fuego. Se me estropeó el mechero del coche y me muero por fumar un pitillo.

    ―Tranquilo, solo tenía los ojos cerrados. Es que pasaba mucho calor en el coche y tuve que parar a refrescarme -le contesté con una calma que me sorprendió a mí misma. ¿Podía pedirle que me cogiera la camiseta del maletero? Pensé. Sin embargo, noté de nuevo ese cosquilleo y lo olvidé- Ahora bajo y te doy fuego -añadí sin ser consciente de lo que decía.

    Busqué el mechero en el bolso, abrí la puerta y me di cuenta: si estaba mirando, iba sin bragas y podía ver de más. Pero mi yo de ese momento no dejó que ese pensamiento me detuviera y salí del coche.

    ―Disculpa la pinta que tengo, pero no contaba con visitas -le bromeé con un desparpajo desconocido en mí

    ―Soy yo el que molesto y no tienes que disculparte. Al contrario, ojalá fuerais así más a menudo -contestó guiñando un ojo y mirando mi pecho

    ―Así o con menos, ¿no?

    ―Bueno, creo que tenías menos cuando llegué

    ―Si estaba durmiendo cuando llegaste así como ves -respondí sorprendida de su comentario pero notando el cosquilleo en aumento

    ―¿De verdad? Veo que no te diste cuenta que antes de dar la curva se ve este banco

    Los colores se me subieron todos a la vez a la cara. Miré hacia dónde me indicaba y vi el reflejo del calor en el firme de la vía de salida hacia la zona en la que estaba. La vergüenza era tal que sentía un calor en la cara increíble. Perdí todo el desparpajo que tenía hasta ese momento. Empecé a sentirme desnuda delante de aquel desconocido. Él sonreía

    ―¿Por qué te crees que tardé tanto en llegar? Normalmente se hace en segundos el trayecto y, si no hubiera dado un acelerón, no me hubieras oído y te habría pillado de pleno, jajaja. Refréscate la cara mujer que parece que te va a arder.

    Me dirigí a la fuente de nuevo y me incliné para mojarme la cara. El agua fresca me vino bien y bebí un poco. De repente, algo subió mi falda. Me giré y vi al desconocido alejarse con una sonrisa en la cara.

    ―Eres un descarado -le grité.

    ―Lo sé y tú también -me respondió- y voy a imitarte

    ―¿Cómo?

    No contestó. Se limitó a quitarse la camiseta, el pantalón corto que llevaba y unos calzoncillos tipo slip. Desnudo completamente, con su pene medio erecto, se puso de nuevo el pantalón, pero se subió solo la cremallera, dejando parte de su escaso vello púbico a la vista. Delgado, fibroso, seguro de su cuerpo. Yo seguí allí, parada, mirando como una tonta su numerito, intentado controlar el corriente de excitación que sentía dentro de mí. Me sentía fuerte de nuevo.

    ―¿Y ahora qué?

    ―Yo te lo haría ahora mismo, en ese mismo banco en el que disfrutabas a solas antes de que llegara, pero no tengo condones y creo que tú tampoco

    ―Tú has visto muchas películas porno

    ―Es cierto, pero también he visto mujeres excitadas y tú lo estás ahora

    ―Pero eso no quiere decir que vaya a follar contigo

    ―Ni yo te lo pido.

    ―¿entonces?

    ―Masturbémonos juntos

    Su propuesta me desmontó.

    ―Estás loco -le dije, pero lo cierto era que estaba excitada y quería disfrutar de mi cuerpo

    ―Puede que esté loco, pero situaciones así no las vive uno todos los días. Ven, siéntate a mi lado

    Se sentó en el banco y me hizo un gesto para que me sentara con él. No era la misma de siempre, me sentía diferente y mi cuerpo me pedía a gritos dar satisfacción a la excitación que recorría todo mi cuerpo. ¿Por qué no? A pesar de lo surrealista de la situación no me sentía amenazada. Aunque era atrevido mantenía un toque de sensatez como demostraba su referencia a los condones.

    Tengo 38 años y pocas vivencias fuera de lo normal. No lo pensé más y me senté a su lado. Sonrió de nuevo. No era guapo, pero tenía una sonrisa bonita y me gustaba su cuerpo.

    ―¿Y ahora qué? -le pregunté

    ―Solo imítame -me respondió

    Mojó un dedo con su lengua y se acarició el pezón izquierdo. Hice lo mismo. Nos mirábamos.

    ―Yo no llevo nada de cintura para arriba

    Me quité el sujetador. Dejé que sus ojos recorrieran mis pechos antes de taparlos con las manos y jugar con ellos. Se bajó la cremallera del pantalón. Introdujo su mano por la bragueta. Yo me subí un poco la falda y puse mi mano en la entrepierna. Volvió a mirar con detenimiento la teta que quedó al descubierto.

    ―Me gustan tus tetas

    Yo no respondí. Cerré los ojos y dejé que mi mano me hiciera feliz. Mi faldita fue subiendo con los movimientos de mi mano hasta quedar como antes de que llegara mi compañero de paja. Abrí los ojos y lo miré. Su mirada recorría mi cuerpo. Estaba completamente desnudo, con su mano izquierda acariciando y masturbando su polla. Era bonita. Se levantó y se puso delante.

    ―Así te veo mejor -me dijo

    ―¿te gusta lo que ves?

    ―Mucho

    Se acercó un poco más. Yo abrí más mis piernas, estirándolas. Estaba ahora entre mis pies. Veía perfectamente como la boquita de pez de su glande se contraía y se abría según subía y bajaba su mano. Seguía aproximándose. No notaba que se movía pero pronto su polla estaba encima de mí. Lo miré. Tenía ahora los ojos cerrados. Su mano apretaba más y se movía con mayor rapidez. Mis dedos también aceleraron. Me iba acercando al orgasmo y parecía que él también. Su corrida iba a caer encima de mi cuerpo. Ni siquiera pensé si eso me importaría o no porque mi orgasmo llegaba y me alcanzó con una intensidad que no recordaba. Gemí como si estuviera sola.

    El desconocido se detuvo a observar mi placer y volvió a pajearse. Empezó a gemir, a anunciar su corrida mientras yo me daba las últimas caricias. Se acercó más. Su polla rozaba mis tetas. Su polla se coló entre mis tetas que agarró con sus manos para apretarla. Un chorro cálido y espeso impactó contra mi garganta. Recuperó su polla con la mano y siguió echando todo su placer sobre mis tetas. Alguno me llegó a la cara.

    Llena de su semen, se dejó caer de nuevo en el banco. Sentía su leche resbalar por mi cuerpo, como empezaba a ser pegajoso y a perder su calidez. Nos quedamos allí los dos. No sentía vergüenza a pesar de haber satisfecho ya el calentón que me llevó a esa situación. A lo mejor estaba cambiando. La soltería a esta edad es lo que tiene.

    Fui a lavarme a la fuente y me puse la camiseta. El sujetador quedó en el banco. El desconocido también se lavó y se vistió.

    ―Me llamo… -empezó a decir

    ―No quiero saber tu nombre -le corté bruscamente

    ―Como quieras

    ―Esto ha sido algo que para mí será como si hubiera tenido un sueño húmedo dentro de unos días

    Monté en el coche y seguí mi camino.

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  • Mi marido me llevó a meterle los cuernos… ¡y me gusta!

    Mi marido me llevó a meterle los cuernos… ¡y me gusta!

    En la cama con mi marido, él suele calentarse si yo le digo que algún hombre me estuvo mirando o me insinuó algo, aunque todo esto era, en su momento, sólo una fantasía para excitarlo; sin embargo, eso terminó por excitarme a mi también.

    Un día, encontré en su laptop una serie de fotos de chicas siendo cogidas por negros; entonces entendí cual era el tema con lo se calentaba en la oficina.

    Hace un par de meses, mi compañía me envió a Brasil para cerrar un negocio. A él no le gustó mucho la idea de que me vaya sola por unos días, para pincharlo, le dije que iba sola para levantarme un negro grandote. La última noche, en la cama, me hizo decirle que haría con el negro en Brasil.

    Tuve que pasar un fin de semana en Santos, así que me compré una bikini y me fui a la playa. Me puse a mirar un partido de vóley y cuando terminó se me acercó uno de los “garotos” a charlar conmigo. Finalmente, me invitó a bailar por la noche; al principio no iba a aceptar, pero luego me dije que por bailar no iba a pasar nada y de paso iba a tener algo de material para contarle historias a mi marido.

    En el hotel me preparé para la noche: una tanga color rosada transparente, un vestido corto, negro y ajustado, y sandalias.

    Bailamos hasta la madrugada y luego fuimos a tomar algo en un bar ubicado en un morro de una isla, que creo que se llama Ilha Pocha o algo así. Estábamos en un reservado que daba a la bahía; me acerqué a la baranda para ver la noche, él se me acercó por detrás y me abrazó. Sentí su boca que me besaba el cuello, sus manos me acariciaban el vientre y uno de mis muslos… ¡el negro sabía qué hacer para excitarme!

    Me di vuelta y lo besé en sus labios carnosos; me abrazó con fuerza y llevó una mano a mi cola, que empezó a acariciarla cada vez con más fuerza… sus dedos recorrían mi tanga, empujándola entre mis nalgas. Por mi parte, le acariciaba su bulto por encima del pantalón y notaba cómo crecía a medida que lo frotaba más y más.

    Cuando la situación no daba para seguir sólo así, me preguntó si nos íbamos a su casa. Le contesté que, si tenía encima preservativos, lo podíamos hacer allí mismo, si lo deseaba… él me sonrió y sacó un preservativo del bolsillo del pantalón.

    Así, de pie como estábamos, le abrí el cinturón, le bajé la bragueta y agarré su pene… al tacto lo encontré duro, caliente y especialmente, grande… se lo masajee un rato, disfrutando de jugar con ese pene color chocolate y cabeza rosada. Le puse el preservativo, que le quedó pequeño, ya que no cubrió todo el tronco, sino que quedó como unos cinco centímetros fuera del preservativo.

    Me quitó la tanga y me subió el vestido hasta la cintura, me hizo apoyar contra la baranda y quedó mi culo al aire; se colocó entre mis piernas y su pene se apoyó contra mi pubis. Levantó mi pierna derecha y la pasó por su cintura; la punta de su pene se acomodó en los labios de mi vagina, con un movimiento de sus caderas me penetró… mis labios y músculos se extendieron a medida que su carne me llenaba. Empezó a bombear y yo me comencé a reaccionar a sus embates.

    Al rato me dio vuelta y me hizo apoyarme sobre la baranda, con sus pies abrió más mis piernas y me penetró hasta el fondo (nunca creí que yo podía aceptar toda esa carne dentro de mí)… al mismo tiempo me metió un dedo en mi ano, luego otro más sentía como sus dedos tocaban su pene a través de mis carnes más íntimas.

    Me hizo llegar a un orgasmo… antes que terminar, él retiró su pene de mi vagina… yo quería más, pero antes de decirle que siguiera, me metió la punta en mi ano… yo me asusté un poco, pero antes de negarme, me tomó de la cintura y de un solo movimiento me abrió mi pobre cola y me la llenó con su carne; me dolió como la puta madre, pero como no se movió por unos segundos, el dolor se fue calmando.

    Se dio cuenta cuando mis músculos se relajaron, y entonces comenzó a culearme con movimientos lentos… salía hasta que sólo quedaba la cabeza en mi culo, y luego volvía a entrar hasta que sus bolas besaban mis nalgas; sentía sus dedos en mi vagina, como atincándome por dos lados. Mi sensación primera de dolor y de ser culeada un poco contra mi voluntad, dio paso a un cosquilleo que nacía en mi sexo y se desparramaba por todo mi cuerpo.

    Tuve mi segundo orgasmo, y sentí como el acababa también. Se recostó sobre mi espalda y así quedamos hasta que se pene fue perdiendo erección y salió por si sola de mi ano.

    Después de esa noche, pasamos juntos todo mi tiempo libre de los días siguientes hasta que me tuve que volver a Buenos Aires.

    Como anécdota graciosa, me gustaría contarles que sentía una molestia en mi ano, pero no le di importancia y me fui a dormir al hotel, cuando me desperté y me senté para orinar, me toco el ano y siento que tengo algo allí… tiro y sale de mi culo el preservativo usado, todo pegajoso y con semen; me imagino que cuando perdió la erección y salió el pene, por fricción se debe haber corrido y quedado en mi culo.

    En todos los encuentros siguientes, siempre se tomó un tiempo para culearme, pero dejó de dolerme.

    Ahora, cuando vuelvo a Brasil, siempre lo llamo.

    Por ultimo, un mensaje a mi marido: Adrián, si algún día lees este relato, quiero que entiendas que lo hice para poder tener historias que contarte: mi imaginación no es tan grande como para inventarte tantas historias como antes.

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  • El día que abusé de mi hijo (parte 2)

    El día que abusé de mi hijo (parte 2)

    Viernes, seguimos viviendo ese día maravilloso, mientras recogemos nuestras ropas de la alfombra, lo invito a Dani a que nos bañemos juntos, mientras subo las escaleras para mi habitación, lo espero en el descanso de la misma y me miro al espejo.

    El mismo me devuelve mi figura con el pelo todo revuelto, mis caderas se reflejan en el espejo las que dan la forma a un culo que todos me admiran, mis senos bien formados y con un par de pezones en el centro de una aureola marrón claro, que en el día de hoy, volvieron a estar en la boca de mi hijo, pero que me arrancaron unos hermosos orgasmos.

    Y mientras eso estaba en mi cabeza, él me alcanza y me abraza nuevamente, se pone detrás de mí y aprieta su cuerpo contra el mío nuevamente, siento el calor de su pija, semi erecta entre mis nalgas, y como un hormigueo comienza a subir por todo mi cuerpo, siento que me estoy mojando nuevamente, le tomo su manos y se las pongo en mis tetas, levanto la cara y busco su boca, lo beso y le digo: “mi vida, ¿sabes cuanto soñé, con cogerte y que me cogieras?”.

    Siento que su pija levanta nuevamente, y me murmura al oído, “mami yo también te deseaba siempre… miles de pajas me he hecho, pensando en ti”, me doy vuelta, y poniéndome frente a él lo comienzo a besar apasionadamente, cubro con mis labios los suyos y mi lengua juega con la suya, bajo mi mano y tomo con la mía su pija.

    Es una pija enorme, intento cerrar mi mano en su derredor y apenas si logro juntar el pulgar y el dedo medio, comienzo a pajearlo suavemente, voy pasando su pija mientras lo continúo pajeando entre mis labios vaginales totalmente rasurados, y con su cabezota enorme, me comienzo a frotar el clítoris logrando un placer incontenible, jadeos de uno y de otro, nuestros cuerpos se arquean y así parados con las piernas abiertas, nos pajeamos, siento uno, dos, orgasmos y de pronto el comienza a temblar siento que ya se acaba, me suelto del abrazo que nos une a medias.

    De rodillas frente a él me llevo su enorme pija a la boca, y no más comienzo a succionar, cuando recibo su primer chorro de semen, mientras de su boca salen sonidos guturales de placer, y su semen caliente que invade la lengua y el paladar, dejo que recorra toda mi boca y me lo trago, ya que siento que viene otro y luego otro, con ambos hago lo mismo que con el primero dejo que mi boca se llene de su semen lechoso espeso, y me lo voy tragando con gran satisfacción. Parte de su ser está en mí y yo también acabo de placer mientras esto sucede, mis pezones ya me duelen de duros que están y mi clítoris palpita acompasadamente y cien mil hormigas recorren mi cuerpo, produciéndome el mayor estado de placer jamás logrado.

    Él me abraza y me besa, ambos traspiramos copiosamente, me susurra al oído: “te tomaste mi semen… Hay peligro que te embarace, por eso no me dejaste acabarte en tu conchita ¿qué va a pasar con lo de hace un rato?”.

    Le respondo: “No mi amor yo ya pasé la etapa fértil, no hay peligro. Podemos coger cuanto queramos y como queramos, pero beberme tu semen era una materia que tenía pendiente y me encanta, tu padre era muy estructurado, y esas cosas no lo convencían, y te aseguro que lo voy a repetir a diario cuando estemos juntos y ahora bañémonos, que tenemos un fin de semana largo, para vivir esto maravilloso que comenzamos ahora ¿no te parece? Quiero que ambos nos brindemos una luna de mil apasionada, incestuosa, lujuriosa ¿estás de acuerdo?”.

    “Por supuesto mami, quiero que me dejes ser tu hombre, tu novio, tu amante, todo…”.

    Le respondo “por supuesto que seremos el uno para el otro, pero no quiero cortar tu vida, eres muy joven y por ahí hay alguna amiguita con pretensiones a más y vos tenés todo el derecho a la vida que todo ser se merece, en una palabra; a vivir tu vida”.

    “Mami por ahora no hay nada, de vez en cuando me cojo en la enfermería de la escuela a una Teniente Médica, que está loca con mi pija, pues su marido no la atiende, y cuando le toca guardia yo voy a la enfermería, pues me pide como su ayudante y allí me espera con su arsenal de preservativos para toda la noche de guardia, que por lo general no hay nada que hacer, salvo cogérmela de mil maneras”.

    “Bueno, pero tené cuidado no se te descubra, ese recreo sexual, pues te podés meter en un gran lío, ¿cómo un cadete se va a estar cepillando nada menos que a una Teniente Médica?… je,je,je”.

    No pude menos que soltar la carcajada, y ambos reímos como niños, para luego agregar:

    “Que calladito te lo tenías, y se ve que te gusta la medicina. Pues debes recordar que yo soy médica”.

    Nuevamente ambos reímos a carcajadas, distendidos felices y así abrazados terminamos de subir… Cuantos mimos nos prodigamos en ese primer baño de esta nueva etapa de nuestras vidas, luego nos pusimos nuestras batas y mi querido Dani se mudó a mi habitación. Luego de la cena que hicimos en casa nos acostamos juntos, totalmente desnudos, pero eso será motivo de otra entrega…

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  • Husmeando el cuarto de mi hermana

    Husmeando el cuarto de mi hermana

    Esta anécdota es más reciente que la anterior y trataré de contar a detalle las cosas interesantes que he encontrado en el cuarto de mi hermana.

    Describiré rápidamente cómo es físicamente mi hermana menor Jessica de 20 años, 1.65m aproximadamente, delgada, pechos pequeños, culo de buena forma para lo delgada que es y de piel clara.

    Todo comenzó el día que mi hermana y yo vimos una película en su cuarto, cuando entramos limpio rápidamente el desorden que había y quito la ropa que había sobre la cama, yo logre ver que entre la ropa había un bra y eso me provocó un poco de morbo ya que nunca había visto la ropa interior de mi hermana, aun así yo no dije nada y vimos la película de forma normal.

    En otra ocasión nuevamente viendo una peli en su cuarto ella tuvo que salir de rápido a hacer un mandado así es que pausamos la peli, yo sabía a donde tenía que ir ella y eso le tomaría por lo menos 20 minutos, ella salió y yo esperé en su cuarto a que volviera. La peli la estábamos viendo en su computadora y estando solo en su cuarto por un buen rato me entro la tentación de husmear en su computadora.

    No me interesaba saber que había en su Facebook ya que ya hace mucho tiempo logre conseguir su contraseña y hasta la fecha entro con mucha facilidad a su cuenta, ahí ya he visto un par de nudes de ella mostrando sus pechos (pero sin el rostro, aunque se ven sus cobijas y eso me confirma que es ella) o algunos en ropa interior, en su cuenta no hay mucho material debido a que ella no usa mucho Messenger, pero recordé que ella vinculaba su cuenta de whatsapp a su computadora y esa fue la motivación para que minimizara la película y husmeara su cuenta.

    A esta altura comencé a sentirme nervioso debido al morbo, para mi fortuna si tenía su cuenta abierta, de inmediato fui a los chats con su novio y lo que encontré me sorprendió, fotos de ellos en moteles, fotos de ella con diferentes conjuntos de lencería bastante atrevida casi como modelo erótica, conversaciones donde ella decía que le encantaba tragar verga y algo que alimentó muchísimo mi morbo, un video de ella masturbándose de piernas abiertas, metiéndose los dedos y gimiendo tímidamente, el ver su vagina totalmente abierta me éxito muchísimo y pues ahora tenía una razón más para masturbarme en las noches.

    Días después estando solo en casa porque la mayoría de mi familia sale a trabajar desde temprano incluyendo mi hermana, me levante por la mañana y me prepare para desayunar, cuando la tentación por entrar a su cuarto me invadió.

    Fue ahí cuando con toda la calma y tiempo entre a su cuarto sin temor y con ganas de encontrar más cosas, prendí rápidamente su computadora de la cual también se su contraseña, y mientras esperaba que iniciara su PC recordé el bra que vi una vez, entonces comencé a buscar donde guardaba su ropa usada, rápidamente la encontré y había mucha ropa normal y más abajo estaban sus bras y calzones, esto me excitó más (Nunca había tenido fetiche por la ropa interior y creo que lo experimenté por primera vez en esta ocasión) su aroma confirmaba que estaban usados y llegue a encontrar algunos húmedos por fluidos, su olor era intenso, no me agradaba mucho pero si me provocaba morbo.

    Ahí fue cuando recordé la lencería que vi en sus fotos entonces comencé a buscarla, no encontré nada en la ropa usada y continué con la ropa guardada, ahí encontré 2 conjuntos de lencería que usaba en las fotos que encontré, ya teniendo esas tangas en mis manos no pude evitar lamerlas en la parte donde va su vagina y después frotarlas en mi pené dejando mis fluidos en ellas, esto sin eyacular.

    Cuando su PC ya estaba prendida nuevamente fui a sus chats, no encontré mucho contenido diferente al anterior, la novedad ahora fue que revisé su historial y me encontré con bastante porno, categorías como “latinas culonas”, “chicas en lencería”, “lesbianas” y empleadas domésticas cogidas por sus jefes, saber que mi hermana disfruta el porno tanto como yo me excita mucho.

    Entrar al cuarto de mi hermana ya se convirtió en algo constante cuando estoy solo en casa, ya no deja whatsapp abierto, no sé si se dio cuenta que alguien abría sus chats, pero aun así logre sacar muchos de sus nudes y ahora tengo una buena carpeta de ella, también he encontrado nueva lencería. No sé hasta cuando siga haciendo esto pero los mantendré informados cuando haya novedades.

    Próximamente les escribiré más anécdotas, gracias por leer.

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  • Sexo con mi esposa

    Sexo con mi esposa

    Mi esposa es una mujer morena de cabello lacio negro con unos ojos grandes de color negro y una mirada penetrante. En cuanto a su cuerpo es esbelta, mide 1.68, tiene unos pechos de buen tamaño y una cintura un poco marcada, a sus 32 años y después de 2 hijos es una mujer hermosa y muy deseable.

    Lo que siempre llama la atención es su espectacular trasero, su trasero es natural, es redondo y firme, resalta con cualquier ropa que se ponga. Siempre que salimos a algún lugar disfruto de ver cómo los demás hombres se la comen con la mirada y también una que otra mujer, más de uno se ha quedado mirando de una manera muy descarada, en ocasiones he podido notar que se siente un poco incomoda por esas situaciones.

    Cuando noto que se siente incómoda aprovecho para abrazarla y darle una nalgada, con el fin de que todos sepan que esa mujer es mía.

    Cada vez que hay alguna oportunidad la aprovechamos para tener sexo, lo hacemos en alguno de los cuartos de la casa o nos las ingeniamos en el lugar donde nos encontremos, en nuestros muchos años de matrimonio hemos cumplido muchas fantasías sexuales.

    Debo reconocer que me saque la lotería con ella ya que uno de las cosas que más me preocupaban antes de casarme era la cantidad de sexo que podríamos llegar a tener. Para mí es muy excitante el escuchar a mi esposa relatar sus experiencias sexuales, es por esa razón que no dejo pasar la oportunidad de preguntarle por sus relaciones sexuales antes de que nos conociéramos. Debo ser sincero al decir que todos estos años de práctica sexual me han ayudado a perfeccionar la calidad del sexo que puedo ofrecerle.

    Uno de los consejos más importantes que puedo darles es: Permitan que su pareja use una aplicación para llevar un control de sus periodos. En la misma aplicación podrán saber cuando son sus días de ovulación y repito nuevamente para que se lo graben “días de ovulación ” Está será la mejor información que podrán tener de su pareja o de cualquier mujer, ya que en estos días la mujer estará más dispuesta a tener sexo candente.

    Estos últimos días mi esposa ha estado en sus días de ovulación y esto es lo que ha ocurrido:

    Desde la mañana he notado una diferencia en su trato hacia mí.

    Me acerco y le digo: “¿Cómo has estado corazón?”. “Bien cielito”, me respondió.

    Me alegra, aprovecho a abrazarla y suavemente mis manos se deslizan por su espalda hasta llegar a su trasero, hago un poco de masaje y termino con una pequeña nalgadita. Después de eso la suelto.

    Ella inmediatamente me dice “¿Qué te pasa?”. Yo le respondo tranquilamente, “nada corazón, ¿por qué?”.

    -Antes me metías mano más apasionadamente y ahora una ligera caricia y te vas… -me respondió.

    Me acerco nuevamente mientras le sonrío y le digo, “acabo de abrazarte y acariciar tu trasero, ¿qué más quieres de mí?”. La miro a los ojos mientras mi mano derecha acaricia sus pechos. En ese momento me doy cuenta de que está muy excitada así que como buen esposo reconozco la oportunidad y continúo preguntando, “¿cuándo empezaron tus días de ovulación?”. A lo que ella responde inmediatamente “desde ayer así que estoy muy mojada. Te necesito mucho ahora. Necesito tu pene dentro de mi vagina”.

    Mi mano nuevamente acaricia sus pechos y rápidamente se desliza desde sus pechos hacia su vientre y sin ningún esfuerzo la meto entre su pants y su ropa interior, el cual no había notado, pero era un conjunto de lencería roja con negro que le había comprado anteriormente, efectivamente mi esposa estaba súper mojada, mi sonrisa rápidamente cambio a una lujuriosa, la mire y le dije: “necesito que subamos a la habitación ahora”.

    Apenas acababa de decirlo cuando ella me saco la mano de su tanga roja con negro y me la agarro fuertemente y sin decir otra palabra me jalo. Mientras subíamos las escaleras rumbo a la habitación yo le miraba el trasero y pensaba, que sabrosa está mi mujer.

    Entramos a la habitación y le pusimos seguro.

    Saqué del closet un caja grande de condones (una de 20 condones) y le dije: “¿Que sabor quieres hoy?”. A lo que ella contestó “Quiero chocolate”. Así que tomé uno de chocolate y tiré la caja al suelo.

    Aunque tengamos varios años teniendo sexo, todavía me siento muy excitado cuando la tengo en sus días de ovulación porque su deseo de coger está al mil y puedo notar su desesperación por ser cogida. Ella en este momento está en celo y lo único que puede contentarla es una buena cogida.

    Tarde más en tomar el condón en lo que ella se quitó la ropa, pude ver claramente ese conjunto de lencería rojo con negro, eso me excitó todavía más. Rápidamente me quite mi ropa hasta quedar solo con mis calzoncillos, que por cierto los habíamos comprado especialmente para ocasiones como está.

    La mire y le dije, da una vuelta déjame verte completa, ella no respondió pero lentamente se giró y al estar de espaldas ella se subió a la cama ,se puso en 4 y empezó a mover las caderas lentamente así que me acerque, le acaricie su trasero y después me puse detrás de ella de tal forma que mi paquete estuviera en su trasero, ella lo sintió y empezó a mover nuevamente las caderas así que yo la sujete fuertemente y me deje consentir.

    Después de unos minutos le dije, puedo tomarte fotos a lo que ella accedió, así que tomé mi celular y tomé varias fotos de su trasero y de ambos pegados. Estás fotos las guardo en mi galería privada y las veo cuando estoy de viaje de trabajo.

    Después de la sesión fotográfica ella se sentó en la orilla de la cama mientras yo me acercaba hasta quedar completamente enfrente de ella, no se dio cuenta, pero yo llevaba en mi mano un moño rojo porque le había prometido que sería su regalo de aniversario, así que me lo puse sobre el calzoncillo y le dije: “soy todo tuyo así que aprovéchame”, eso la hizo sonreír de una manera lujuriosa, ustedes podrán imaginárselo.

    Suavemente ella quitó el moño y con su mano derecha me acariciaba mi paquete, mientras que con la otra mano sostenía el condón. No pasaron ni 15 segundos en lo que ella tiró el condón a un lado y con su mano izquierda me bajo el calzoncillo mientras que son su mano derecha agarro suavemente mi pene erecto el cual ya arrojaba bastante líquido preseminal y me dijo: “¡todo esto me lo voy a comer, que rico!”.

    Acerco su cabeza hacia mi pene y lentamente vi como abría su boca y sacaba la lengua, pude sentir como su lengua lamía la cabeza de mi pene mientras limpiaba todo el líquido preseminal, luego suavemente metió todo mi pene dentro de su boca, se sentía tan rico que cada vez que se la metía podía sentir su lengua lamiendo mi pene de una manera muy deliciosa.

    No sé cuánto tiempo habrá estado dándome sexo oral pero no fue mucho ya que se la saco de la boca y dijo: “ya no aguanto más necesito que la metas toda en mi vagina”, apenas hubo dicho eso y tomo el condón, lo abrió y me lo puso lentamente con su boca, me dio una última mamada con el condón puesto y dijo, “me encanta el chocolate”.

    Después se puso de pie se quitó el sostén y se empezó a bajar la tanga roja con negro, (que por cierto ese conjunto tenía partes transparentes que permitían verla aún más sabrosa).

    Como el buen caballero que soy, le ayude y le quite la tanga completamente. Ella inmediatamente se acostó boca arriba y abrió las piernas.

    No tuvo que decirme nada, inmediatamente me subí a la cama y me arrodille colocándome entre sus piernas, puse mi pene en la entrada de su vagina y sin ninguna resistencia empuje mi pene completamente dentro de ella, se sintió tan rico, su vagina estaba tan mojada de sus fluidos, estos se chorreaban en la cama, pude sentir todo su calor y su humedad a tal grado que aunque tenía condón era como si no tuviera nada.

    Ella gimió varias veces mientras abría más las piernas y las mantenía en el aire, yo con una mano sostuve una de sus piernas y con la otra acariciaba su clítoris mientras tenía mi pene dentro de ella, lo cual hacía que moviera sus caderas hacia arriba y hacia abajo en un ritmo irregular donde cada vez que metía mi pene sentía el movimiento de su cadera y cada vez que acariciaba su clítoris sentía un temblor acompañado de un gemido.

    Dentro de todo ese momento tan excitante ella me dijo con una voz entrecortada, “quiero montarte, es mi turno”, yo hice como que no la escuchaba y seguía penetrándola suavemente, movimientos lentos pero profundos, caricia suave y luego más intenso hacia su clítoris, se sentía tan mojado y sonaba cada vez que entraba y cada vez que salía, nuevamente escuché su voz diciendo, “necesito montarte… necesito estar arriba… lo necesito ahora…”, acompañado de gemidos y sonidos de su vagina mojada.

    Decidí que ya era el momento perfecto y se la saqué completamente.

    Mientras ella seguía en la misma posición con las piernas abiertas me incline y acerque mi cabeza hasta su vagina y lamí sus fluidos vaginales, durante unos segundos solo lamía, presionaba su clítoris y pasaba mi lengua de arriba hacia abajo tratando de tomar todos los fluidos que yo pudiera encontrar, para terminar, introduje mi lengua lo más que pude dentro de su vagina y solo pude escuchar unos gemidos de mi esposa. Al terminar me levanté y la miré directamente a los ojos y sonreí con mis labios mojados.

    Ella se levantó y yo tomé su lugar, me acosté boca arriba con mi pene y el condón café mirando hacia arriba, ahora sería yo quien quedaría a merced de lo que ella quisiera hacerme, ella se subió sobre mí y sin ningún esfuerzo o ayuda mi pene entró nuevamente en su vagina, ella sonreía mientras me miraba a los ojos, y con esa mirada fija y lujuriosa comenzó a mover sus caderas hacia arriba y hacia abajo, pasaron unos segundos y ella cerró los ojos, todo indicaba que estaba disfrutando de su momento arriba, de tener todo el control.

    Su vagina se sentía más húmeda y caliente, poco a poco fui sintiendo como sus fluidos escurrían entre mi pelvis y mis piernas, esto solo me excitaba más y más. Sus caderas tenían un ritmo muy particular, ella se estaba satisfaciendo conmigo de la mejor manera que ella sabía, a veces rápido, a veces lento, se detenía y luego continuaba. Ella hacia exactamente lo que quería y en el momento que lo quería.

    No sé en qué punto empecé a escuchar sus gemidos más fuertes, más intensos.. ah, ah, ah, ah, ese dulce sonido solo me excito más, tanto que empecé a moverme a su ritmo, de pronto solo escuchaba más y más gemidos mientras sentía como sus manos me agarraban con más y más fuerza, sabía que el momento había llegado así que con una mano la abrace tan fuerte al grado que ya no podía mover la espalda.

    Solo movía las caderas de una forma tan excitante y con la otra mano agarre una de sus nalgas y la apreté tan fuerte que ella gimió… ¡Ah! mientras decía entrecortado, “Te amo, ah”, sentí como sus piernas temblaban mientras sus gemidos eran más largos y profundos.

    Paso un poco de tiempo y sentí como mi pene empezaba a temblar y sin poder aguantarme más gemí… ¡ah! Ella también gimió fuertemente junto conmigo, ¡ah! Estábamos abrazados tan fuerte que solo podía sentir mi pene temblando y escupiendo semen dentro del condón. Ella gemía cada vez más despacio y su respiración empezó a disminuir de intensidad.

    Ese momento que tenemos al terminar es muy especial, mientras mi pene está dentro de su vagina, sin movernos, sin decir nada, solo puedo sentir su vagina húmeda chorreando líquidos sobre mis piernas, empiezo a sentir como mi pene deja de temblar y poco a poco empieza a perder su fuerza.

    En voz baja le dije, “tengo que sacar mi pene de tu vagina, no queremos que el condón se quede dentro de ti otra vez” (está historia se las contaré luego, claro si es que quieren escucharla), a lo que ella dijo “es verdad se me había olvidado que tenías condón”, lentamente puse mis dedos en la base de mi pene, donde se desenrolla el condón y cuando pude tocarlo le dije, “ya lo tengo” a lo que ella sin decir nada movió sus caderas suavemente hacia arriba y mi pene salió lentamente un poco más pequeño pero todavía con el condón puesto.

    Después de sacar mi pene con el condón pude sentir como sus fluidos chorreaban sobre mi más abundantemente, fue un momento muy excitante, lástima que mi pene acababa de terminar este round porque si no en ese momento agarraba otro condón para continuar dentro de mi esposa.

    Mi esposa se bajó de mí y se acostó boca abajo mientras me miraba, yo estaba boca arriba a su lado.

    Con una de mis manos acariciaba su espalda hasta bajar a su trasero (el cual me encantaba acariciar en todo momento) como pude metí suavemente mi mano entre sus nalgas hasta que algunos de mis dedos se deslizaron hacia abajo y pudo tocar su húmeda y caliente vagina, a lo que ella dijo “Así está para ti”, eso me hizo sentir muy excitado y orgulloso, así que le respondí, “eres tan sabrosa y tan candente que mi pene apenas puede con tus ganas”, ella solo sonrió.

    Esperé un momento y le dije, “fácilmente podrías con otro pene más y hasta con un tercero”. Ella no dijo nada, solo siguió en silencio y después de unos segundos me dio un beso.

    Nos levantamos y mientras nos estábamos poniendo la ropa le decía, “hay que repetirlo mañana”, a lo que ella respondió, “aprovecha que estoy más caliente y excitada de lo normal”, la mire, le sonreí y le dije, “ten por seguro que mi pene y yo estamos de acuerdo”. Me acerque le di un beso y con mi mano toque su vagina por encima de su ropa, ella solo sonrió y luego me volvió a besar.

    Fin

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