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  • Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 4)

    Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 4)

    Después de eso, mi cadera giró. Ya no es que no fuera dueña de mis pensamientos. Es que, tampoco lo era de mi cuerpo. Note la pared, pegada a mi espalda. Pepe, frente a mí. Mirándome muy serio. No me miraba la parte de arriba de mi bikini. Me miraba a los ojos.

    Le vi, señalándome con el dedo índice de su mano derecha. A milímetros de mi cara. Estuvo así, unos segundos que me parecieron infinitos.

    De repente, su dedo índice apuntó al suelo, a la vez que su boca, me decía:

    -De rodillas, puta.

    Esa manera de señalarme, después de indicar el suelo. La manera de pedirme que me agachara. En eso pensaba cuando no vi como Pepe tiraba de sus slips.

    Su miembro, a milímetros de mi cara. Con esos vellos canos.

    -Chúpamela, puta –Me dijo, mirándome a los ojos.

    Empecé una mamada a buen ritmo, rápida, alternando garganta profunda con otras más superficiales.

    Pepe, con sus manos en la cintura, solo miraba, sin hacer nada. Gruñía, eso sí.

    -Joder, fulana, qué ganas tenías, ¿eh?

    No respondí, simplemente, le miré. Le sonreí. Seguí un poco más así. Hasta que de repente, Pepe, me dijo:

    -Abre la boca, todo lo que puedas

    Abrí mi boca y recibí un escupitajo en mi boca. A ese escupitajo le siguieron dos más. En mi boca y en mi cara.

    Pero eso, solo fue el principio.

    Pepe, adelantó un pie. Luego el otro. Yo estaba atrapada entre la descomunal barriga sudada de Pepe (aun envuelta en su camiseta) y la pared.

    -Levanta las manos –Me dijo. Muy serio. Su cara, era puro hielo.

    No entendía muy bien por qué quería que levantara las manos. Pensé en diferentes posturas, opciones.

    El miembro de Pepe, dentro de mi boca, me sacó de mis pensamientos.

    Pepe continuó moviendo su pelvis. Con fuerza. Con violencia, incluso. Mi frente, golpeaba una y otra vez, con un ritmo melódico, su descomunal barriga. Sus testículos golpeaban, al mismo ritmo mi barbilla.

    Mi boca, era un juguete. Él marcaba el ritmo. Pasaba de fuertes y duras embestidas a parar por completo, tomar aire y seguir. Cuando paraba, para tomar aire, me escupía.

    Os juro que nunca jamás me habían hecho algo así. Como nunca jamás me había corrido mientras me follaban la boca. Sí, me corrí. Lo habéis leído bien. La braguita de mi bikini estaba empapada.

    Estuvimos así, unos minutos. No sabría precisar cuántos. Puede que pocos. Puedo que muchos. No lo sé. Yo estaba en la gloria. En el Nirvana.

    Cuando Pepe decidió que ya había follado mi boca suficiente tiempo, se apartó un poco de mí, de forma que ya no estaba presionada contra la pared.

    -Joder, te has corrido –Reía Pepe, burlón.

    -Eso parece –Le dije, esbozando una amplia sonrisa.

    -Y una mierda. Una puta, una buena puta no se corre antes que su chulo –Me contestó Pepe, muy serio– Te voy a castigar. Levántate.

    Me incorporé. Mi espalda seguía contra la pared. Me di cuenta que Pepe miraba mis pechos de la misma manera que un crío goloso un pastel de nata.

    Con un rápido y violento movimiento, Pepe, apartó los triangulitos de la parte de superior de mi bikini, de forma que mis pezones, quedaron al descubierto.

    Haciendo una pinza con sus pulgar e índice de cada mano, Pepe, pellizcó mis pezones. Y no sólo eso. Si no que, tiró de ellos, haciéndome daño.

    -Joder, qué tetazas tienes. Pareces una puta vaca lechera –Decía Pepe, mientras tiraba de mis pezones. Sus ojos miraban con ansia mis pechos, talla 95.

    Después de unos pocos segundos estirando mis pezones, empezó a golpearlos con las palmas de las manos, desde arriba. Es decir, situaba su mano por encima de cada uno de mis pezones y bajaba su mano.

    Estuvimos así, un buen rato. Alternando estiramientos en mis pezones con azotes sobre los mismos.

    Yo sentía que mis pechos ardían. Me quemaban. Pero me daba igual. Ese trato, me gustaba. Demasiado.

    De repente, Pepe, paró. Levantó la palma de su mano, en dirección a mi mejilla. Pero cuando iba a abofetearme la cara, vi un brillo en sus ojos.

    Paró su mano, rozando mi mejilla.

    -No –Me dijo, mirándome muy serio– Así no. Merecerías que te diera unas cuantas bofetadas por haberte corrido antes que yo. Pero… no. Voy a hacer otra cosa que sé que, además, te va a gustar –Me dijo Pepe, con una sonrisa socarrona en la boca

    -Pe… Perdón, Pepe, Don José –Balbuceé. Por un momento, el dolor se relajaba en mis pezones, liberados. Lo que no se relajaba era mi excitación.

    ¿Qué era lo que Pepe iba a proponerme?, ¿Cómo iba a castigarme?

    Me fije en su rostro. Parecía pensativo. Como si estuviese barajando sesudas alternativas.

    Por fin, me dijo:

    -Escúchame bien, ramera de mierda, te voy a castigar dándote una follada como la buena perra que eres. Pero antes, mientras que voy a por los jodidos condones que cogí de tu casa –Hizo una pausa– Quiero que vayas hacia el sofá –con su dedo, apuntó hacia el interior del salón. Al sofá donde antes había estado sentado– y quiero que me esperes con el culo en pompa y sin la mierda del bikini ese, con tus tetazas de vaca apoyadas en el brazo del sofá ¿Me has entendido, fulana?

    Mi mente trataba de procesar lo que mis oídos acaban de oír. Quería que le esperara, desnuda, frente al sofá. Con mis pechos, apoyados sobre el brazo del mismo.

    Si su castigo consistía en humillarme, lo estaba consiguiendo.

    -Sí. Está claro. Por supuesto, don José y… perdón –Esbocé una sonrisa. Una sonrisa que casi desapareció de mi rostro cuando Pepe me cogió del cuello, me escupió una vez más y me dijo.

    -Pues cumple lo que te he dicho.

    A continuación, vi a Pepe caminar por el pasillo y meterse en una habitación. Ni siquiera se volvió a mirarme.

    Rápidamente, caminé hacia el sofá. Me puse como me indicó. Mis pechos, apoyados en el brazo del sofá. Era, como si mi espalda fuera una continuación del mismo. Abrí un poco las piernas y esperé.

    Pepe, se demoró, a propósito. Tal vez un par de minutos o quizás tres.

    Me hacía esperar. Me humillaba. Sí, resultaba humillante para mí esperar en esa posición. Mirando la ventana del salón. De espaldas a Pepe. Con el culo en pompa y mis 95 apoyadas en el brazo del sofá. Pero esa humillación, lejos de enojarme, me gustaba.

    Por fin, Pepe, se acercó. Me dio unos cuantos azotes, duros. Secos.

    -Menudo culazo tienes, fulana.

    -Gracias –Respondí.

    -Este coño y este culo, son todo míos, ¿Verdad? –Me dijo. El tono de su voz sonaba neutro.

    -Por supuesto, don José –Le respondí, excitada, nerviosa.

    -Dímelo. Di, a quien perteneces –Esta vez, su tono era duro.

    -A don José –Le respondí. Me di cuenta que mi sexo ya estaba, de nuevo, mojado.

    A continuación, Pepe se situó detrás de mí. Noté como su miembro, envuelto en el plástico del condón, se hacía paso en mi sexo.

    Ahí, Pepe, empezó una follada, brutal. Sacaba por completo sus trece o catorce centímetros y los volvía a clavar en mi interior. Violento. Rudo. A veces, me cogía del pelo o azotaba mi culo.

    Yo, estaba ida. De nuevo, estaba en el cielo. Encantadísima.

    Casi no me di cuenta que Pepe decidió cambiar de agujero. Sin avisarme. Empezó a penetrarme el ano. Al principio, costó. Me dolió, pero no me quejé. Luego, la sensación de ardor dio paso al éxtasis.

    Estuvimos, no sé. Puede que una hora. Puede que algo más. Durante ese tiempo, Pepe, penetró de forma violenta mi sexo y mi culo. Como quiso. Él ponía el ritmo.

    Yo, solo gemía.

    El sofá se había ido desplazando a cada empellón de Pepe. Ahora, el brazo contrario a donde yo seguía teniendo mis pechos apoyados, estaba contra la ventana. Solo sé que, desde donde estaba, solo veía la ventana de la casa de Pepe y sus cortinas, algo feas. Recuerdo que casi me corro un par de veces más. Pero, por temor a un nuevo enfado de Pepe, no lo hice. Aunque, mentalmente sí lo había hecho. Tanto, que no deseaba que aquella tarde acabara nunca.

    Finalmente, oí rugir a Pepe.

    -Me voy a correr, trágatela joder –He dicho rugir, porque fue eso lo que acompañó a esas palabras.

    Me puse de rodillas, sintiendo el peso del lateral del sofá, como antes había sentido la pared. El miembro de Pepe, entero, de golpe en mi boca. Y ese líquido, caliente, espeso, bajando directamente por mi garganta.

    Esta vez, era yo misma la que me demoraba en sacar su miembro de la boca. Tragando, chupando, volviendo a tragar.

    Si me llegan a contar que tragaría el semen de un hombre de 67 años y que, además, lo disfrutaría, ni lo creería. Y ahí estaba yo. Mientras Pepe, sonreía, triunfal. Sus manos, en jarras.

    -Joder, fulana… qué follada –Decía, entre jadeos.

    Yo le miraba a los ojos, de rodillas, con la espalda, aún, apoyada contra el sofá. Sonreía.

    -¿Ha disfrutado don José? –Le dije, agrandando mi sonrisa, mirándole a los ojos.

    -Sí y tú, más –su mano derecha, sujetaba mis mejillas– ¿A que sí, fulana?

    Asentí. Estaba encantada. Aunque, las siguientes palabras de Pepe, casi me borran la sonrisa de la boca.

    -Bien, pues ahora, vas a hacerme la comida. Me apetecen –Su cara, hizo una mueca, como si estuviera pensando– macarrones.

    Aquello, ya era el colmo. Pepe, no solo me follaba. Por donde quería. Si no que además, tenía que hacerle la comida.

    Me incorporé. Iba a decir algo, cuando vi como él se daba la vuelta, poniéndose de espaldas y encendía la tele.

    -Cuando estén listos, me llamas. Ah, en la nevera hay un bote de tomate abierto, pónselo. Y queso rallado. –Después de esto, se volvió hacia mí, pero únicamente, para mover el sofá y dejarlo, más o menos, donde estaba antes.

    Me fui a la cocina, furiosa, a la vez que excitada. Mucho. Más de lo que estaba dispuesta a admitir.

    La comida, transcurrió sin más. Los dos comimos en la cocina. Desnudos. Nuestra conversación giró en conocernos un poco más. Personalmente. Casi sin querer, le conté a Pepe mi vida.

    La tarde, pasaba. Se habían hecho casi las 20 de la tarde.

    Yo ahora continuaba con mi bikini. Pepe, con sus slips y una camiseta.

    Seguíamos hablando, ahora, en el salón de su casa. Sentados en ese mismo sofá donde antes…

    De repente, Pepe miró un reloj de agujas, analógico, que estaba en una repisa encima del televisor.

    -Coño, las 20:00.

    -¿Qué pasa a las 20:00? –Pregunté, curiosa

    -Ya lo verás. –Pepe, se levantó– Quiero que te vayas. A tu casa

    -¿Qué me vaya? –De repente, me sentí pequeña. No quería irme. Estaba encantada.

    -Sí, pero volverás –Pepe, reía, malicioso.

    -¿Cómo? –No entendía nada. Estaba extrañada con todo aquello. Pero algo me decía que Pepe, de nuevo, estaba jugando conmigo, porque su sonrisa, se volvió muy seria.

    -Escúchame bien, fulana. Ya sabes que no me gusta repetir las cosas. –Hizo una pausa. Cuando se aseguró que mis ojos estaban clavados en los suyos y que yo le prestaba toda la atención, continuó– Quiero que vayas a tu casa y que cojas la faldita y la blusa aquella con la que nos conocimos. Pero no quiero que te la pongas. La traes… en una bolsa. O como te salga del coño. Pero la traes, ¿entendido?

    -S… sí, pero, ¿Para qué?, no te gusta mi bik… –Pepe, no me dejó terminar.

    Os juro, que no lo vi venir. Su mano, directa a mi mejilla, dándome un buen bofetón. Si no me apoyo en el sofá, me habría ido al suelo.

    -Que no protestes. Obedeces. Y… una cosa –Ahora, volvía a sonreír. Ligeramente. Esa sonrisa de cerdo que tanto me pone.

    Suspiré, mirándole a los ojos. De nuevo, el escalofrío recorriendo mi espalda.

    -Siii? –Dije, con un hilillo de voz, tragando saliva. Su sonrisa malévola, me hacía sentir puntadas en mi sexo.

    -Esta noche va a pasar algo que puede que no olvides jamás. Quiero saber, quiero que me asegures que eres una puta a mi servicio. Quiero que me lo digas. ¡¡¡Dilo!!! –Esto último, lo dijo gritándome.

    -Sí, soy una puta, a tu servicio… don… don José –Dije, casi temerosa. Sin saber qué auguraba para mí.

    -Bien, porque esta noche, vas a ser una puta. Ahora, vete.

    No podía. Os juro, que no podía. No podía mantener la serenidad. Estaba en casa, poniendo en una bolsa de cartón, de esa que entregan en las tiendas de ropa buena, mini falda negra y la blusa.

    “Vas a ser una puta”. ¿Qué había querido decir con eso? Pensé en que iba a serlo. En que estaba más que dispuesta a serlo. Y si iba serlo necesitaba unos buenos tacones. Me puse los zapatos de tacón más altos que tengo.

    Conduje, rápida, de vuelta a casa de Pepe. Tampoco me costó encontrar aparcamiento esta vez.

    Nerviosa, subí al piso de Pepe. Mi corazón quería salirse del pecho.

    Llevaba un vestido. De tirantes. Algo ligero. Rápido. Después de la petición de Pepe (de llevar la mini y la blusa) sabía que el resto de mi atuendo no importaba. Pero necesitaba algo “ponible” para salir a la calle.

    Llamé al timbre. Esta vez Pepe me abrió la puerta vestido con un pantalón elegante y una camisa blanca desabotonada en el cuello, por donde salían varios matojos de pelo cano.

    -Qué elegante –Dije, cuando Pepe cerró la puerta.

    -Veo que has traído lo que te dije –dijo, señalando con la mirada, mi bolsa de cartón.

    -Por supuesto, don José –le respondí con mi mejor sonrisa. Desde que había llegado a mi casa, estaba deseando saber qué depararía la noche.

    Como leyéndome el pensamiento, Pepe, me dijo

    -Ya te dije que esta noche, vas a ser una puta. Una puta muy puta –Dijo, riendo. Mientras reía, miraba un reloj de pulsera– Debe estar al caer, hay que darse prisa

    Eran las 21:30.

    -¿Prisa?, ¿por qué?, ¿Para qué? –Dije, curiosa. Muy curiosa.

    -Fulana –Me dijo Pepe, muy serio.– He pedido una pizza. El repartidor no debe tardar mucho. Cuando venga, quiero que le recibas vestida únicamente con una camisa mía. Abierta, por supuesto.

    Yo le miraba a los ojos, tratando de procesar todo aquello. O sea, ¿Iba a tener que follarme al repartidor?, ¿Una camisa de Pepe?, entonces, ¿Por qué me había hecho volver a mi casa a por la mini y la blusa?

    -¿Me voy a tener que follar al pizzero? –Le dije, mientras mi curiosidad me corroía por dentro.

    -Ya te gustaría, fulana, pero no. Eso, es solo, el aperitivo –Me dijo, riéndose. Acercó su boca a mi oído, para añadir– Quiero que le abras la puerta con mi camisa, abierta, que tus pechos se entrevean. Le saludas, educada, seductora, le zorreas solo un poquito y cuando haya que pagar, me llamas.

    De nuevo, el escalofrío. Pero esta vez, no subía por mi espalda. Iba directo a mi entrepierna.

    Me desnudé por completo mientras Pepe, miraba. Pero no era una mirada de lujuria. Si no una especie de escrutinio. De examen. De hecho, solo se acercó a mí para colocar los dos lados de la camisa a la suficiente distancia como para que no se vieran del todo mis 95, pero si se viera bastante.

    Justo en ese momento, apareció el repartidor.

    Abrí la puerta. El chico, joven, aún con el casco puesto, me miró. Primero a los ojos, luego, a mis pechos. Yo me moría de la excitación. Sonreí, seductora, llevando una de mis manos, al cuello de la camisa. Le pregunté el precio, me di la vuelta, para que viera la parte baja de mis nalgas. Y llamé a don José.

    Pepe vino inmediatamente. Sin mirarme volvió a preguntar el precio. Cuando le dio el dinero, le dijo al repartidor:

    -Es puta, pero tiene hambre. Y no de polla, precisamente.

    Después de aquello, y aún con la puerta abierta y el repartidor en la puerta, me dio un azote. Sonoro. Y le cerró la puerta en el momento en que el repartidor me volvía a desnudar con la mirada.

    Toda aquella situación casi me provoca una humedad en mi sexo. Pepe, como leyéndome la mente, de nuevo, dijo:

    -No veas como te miraba los melones –Reía. A carcajadas

    -Ufff –Respondí

    -¿Te ha gustado, fulana? –Seguía riendo.

    -Mucho –Le dije. Y era cierto– ¿Esto era lo que me decías cuando dijiste que iba a ser puta? –Le pregunté, más curiosa que excitada.

    -Oh no… esto, es solo el principio. –Pepe ponía la pizza en la mesa de la cocina.– Ah, un par de cosas –Me dijo, sin mirarme.

    -Tu dirás –Le respondí– Mi corazón se aceleró. La excitación aumentaba.

    -Quítate el anillo, no lo vas a necesitar. –Me miró a los ojos, mientras engullía un trozo de pizza– Esta noche, vamos a ir de nuevo a la disco. Quiero que conozcas a alguien –me miró de nuevo– Y que seas muy –Hizo una pausa. Terminó su trocito de pizza y, cogiendo uno nuevo, sin mirarme, añadió– “cariñosa”.

    Casi me atraganto con el pequeño trocito de pizza. ¿Qué pretendía Pepe?, ¿Había dicho que iba a conocer a alguien? ¿Y que tenía que ser muy “cariñosa”?

    Mi mente daba vueltas. Y vueltas. Apenas probé la pizza. Pepe, se la acabó casi entera.

    Intenté preguntarle algo más. Pero no obtenía respuestas. Me empecé a poner la minifalda y la blusa. Debajo, mantuve la lencería que llevaba puesta.

    -No, sin ropa interior. –Me dijo, mientras sonreía con esa sonrisa maliciosa que tanto me pone.

    El roce de mis pechos en la tela de la blusa aumentó, más aún, mi excitación. Pepe, me miraba, satisfecho.

    -Así vestida, sin nada debajo, pareces una auténtica fulana.

    -Gracias –Su comentario, lejos de disgustarme, me halagaba.

    -Recuerda, quiero que esta noche seas muy “cariñosa” y –hizo una pausa– extremadamente puta –Dijo, mientras yo me subía, casi literalmente, encima de mis tacones.

    Al oírle decir aquello, no pude evitarlo. De nuevo, ese chispazo de excitación.

    De camino a la calle, al coche de Pepe, empecé, nerviosa, excitadísima, un interrogatorio.

    ¿Quién era esa persona para la que debía mostrarme muy cariñosa?, ¿A qué se refería Pepe cuando dijo “extremadamente puta?

    Pese a mi interrogatorio, Pepe no dijo ni palabra. Solo sonreía.

    El camino hacia la discoteca donde había conocido a Pepe, se me hizo cortísimo. Miré el reloj en el desvencijado coche de Pepe. Eran cerca de las 22:30.

    Nada más apagar el motor del coche, Pepe, se giró a mirarme. Muy serio, me dijo:

    -Escúchame, fulana. Pase lo que pase, no hablarás ni dirás nada, hasta que yo te lo ordene, ¿Entendido?

    Asentí. Iba a abrir la puerta del coche, cuando Pepe, sujetó mi brazo, ahora, con esa sonrisa de pervertido me miró a los ojos:

    -Querías emociones fuertes, ¿Verdad, putita casada? Yo te prometí esas emociones siempre y cuando seas mi obediente putita. Esta noche, si me obedeces, vas a vivir algo, que ni imaginas.

    Después de decir eso, abrió su puerta y bajó del coche. Sin mirarme.

    Tragué saliva. ¿Qué iba a suceder esa noche? No tenía ni idea. Solo sabía que quería esas emociones fuertes. Y si el coste era obedecer a Pepe, era un coste que estaba dispuesta a asumir. Muy dispuesta.

    Si queréis saber como continua, escribidme algún comentario.

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  • Mabel y el electricista

    Mabel y el electricista

    Mabel era una simple mujer con las labores de cuidar a sus hijos.

    Su esposo era un profesor de matemática, que trabajaba gran parte del día, regresando por la noche bien tarde. En verdad Mabel, se sentía sola gran parte del día, pero sus ocupaciones les mantenían alejada del deseo sexual.

    Ocasionalmente se dedicaba en silencio y por las tardes a masturbarse, lo realizado dos o tres veces en la semana o cuando hubiese visto alguna película fuerte en la televisión.

    Una tarde de verano, la heladera dejó de funcionar y Mabel se encargó de buscar quien la reparara.

    Sus hijos asistían en ese mes a una colonia de vacaciones en la costa.

    No sin después de consultar por el costo del arreglo a varios técnicos se decidió por uno, que además de resultarle verdaderamente barato su persona, le agradó. Quedó en venir al otro día y así lo hizo.

    Mabel desde que le vio en la mañana notó que de alguna manera ese día no parecería normal

    Ese joven había encendido algo en ella dormido por tiempo.

    Era un buen ejemplar de hombre, algo joven “experto en señoras de su casa” se notaba con el trato al que recurría a diario por su oficio, que conquistaría a unas cuantas.

    Sin que él, se percatara le miró gran parte del tiempo mientras él trabajaba, al final se arriesgó y a medido que la postura del trabajador se lo permitió dirigió la vista hacia ese lugar.

    Se le marcaba y allí nomás pensó que él por ella algo sentiría, sino no estaría así.

    En segundos quitó su vista y decidida a que no, se podía perder tan fácilmente, Mabel se ocupó de sus otras cosas, retirándose de la cocina, pero algo excitada.

    Fue así, que se dedicó, en su dormitorio a repasarlo, al tiempo Mabel pensó si ello no era más que una reacción de deseo que otra cosa pasara en ese dormitorio y no su limpieza, pero quitando de su cabeza esas nimiedades, se dedicó a pensar en sus hijos y su vacaciones.

    Pero decididamente tiempo después, se encontraba cambiándose de ropa de mañana simple y desatendida por una solerita de espaldas descubierta, sin corpiño, además de ponerse el ultimo de sus perfumes caros regalos de sus hijos para el día de la madre.

    A la hora y a un pedido del electricista ella bajó a la cocina, encontrándose a ese hombre casi de frente, y ella se turbó, pero más cuando el hombre elogió su vestido y ese agradable, sabor que sé destilado de su cuerpo.

    Turbada, Mabel le contestó que era su forma de agasajar a quien le había arreglado la heladera, y ante la sorpresa de ella por esa estúpida respuesta el hombre, entendió un avance más hacia lo desconocido.

    Mabel, respuesta de su sorpresa tan estúpida le ofreció una gaseosa para que se refrescara.

    Ahí notó que el hombre se había parcialmente, desprendido la camisa debido al calor, lo que de inmediato le impactó, moviéndole una serie de cosquillas en ese lugar que ella ya conocía sobradamente.

    Se sonrojó aún más y el hombre comprendió pronto su turbación.

    Así empezó un dialogo un tanto comprometido que en ella le fue encendiendo un fuego hasta ese entonces desconocido, y al finalizar casi media hora él la tomó de la mano y le besó.

    Mabel quería deshacerse de los brazos de ese hombre, pero la sostenía intensamente y pronto ella se abandona abriendo su boca y recibiéndolo por primera vez.

    Allí en esa cocina, él hábilmente le fue bajando los costados de su solera y por primera vez los senos de ella, recibieron las manos de ese extraño.

    Ella le sacó la camisa y se dedicó a besarle mientras el hombre hábilmente le había quitado ya la totalidad del vestido y su mano se metía dentro de su bombacha encaminándose hacia su vagina que para ese entonces estaba ya mojada con sus líquidos.

    Al tiempo y cuando el hombre le introduce un dedo a la entrada de su vagina ella experimenta una serie de convulsiones que le hicieron arquear su espalda y si no fuese porque el hombre la sostuvo, por la serie de orgasmos de Mabel hubiese terminado en el suelo.

    Vamos a tu cama, le dijo el hombre y así Mabel parcialmente desnuda, solo con su bombacha puesta y el hombre sin la camisa subieron esa serie de escalones que le separaban a su pieza que a ella le pareció interminable.

    “Soy tuya”, le dijo al llegar a la pieza, “sé cuidadoso no me señales, que él lo notará, pero después hazme sentir la más puta de las mujeres que tuviste.”

    A las dos de la tarde, en esa casa del barrio de Belgrano, Mabel aun dolorida recordaba esa mañana. Hacía más de media hora que se había retirado su hombre y le había hecho sentir la mujer más puta de la tierra.

    Primero había descubierto que ese temor que tienen las mujeres al recibir un miembro algo pronunciado era mentira.

    Ella alojó en su vagina una pija casi el doble que la de su marido.

    Al principio cuando él le embistió ella le tomó del brazo para detenerlo.

    Se dedicó a guiarlo para la penetración y así a medida que su vagina iba adquiriendo la dilatación adecuada ella le permitía metérsela un poco más.

    Pero cuando pensaba que esa cosa le había llegado al fin y casi a su matriz se volvió a excitar, aun él pujaba por más.

    La respiración de su amante y la transpiración de ella, se confundieron en los movimientos sensuales de los dos y a ella se le produjo una serie orgasmo casi sin quererlos, orgasmos de profunda calentura y necesidad de explotar ante ese pedazo de carne palpitante en su interior.

    Cuando se descargó (lo hizo dos veces en ese día) conoció y comprobó el poder de la fuerza de la eyaculación en un buen hombre joven.

    Poco después y sorprendentemente cuando él se quedó a su lado ella le empezó a limpiar su miembro con su lengua.

    Jamás le había realizado a nadie, ni a su marido, y se sorprendió a sí misma.

    Rodeando con su lengua el sexo, subía y bajaba constantemente y delicadamente hasta que esa cosa tomó vida de nuevo.

    El hombre se excitó y se levantó de la cama,

    Buscó un pote de crema de mano que ella siempre tenía en la mesa de noche, Mabel intuía, pero no quería imaginarse el resto de la acción sola, tímidamente obedeció cuando él le dijo:

    -Ponte en cuatro en la cama

    Lo que le impactó fue cuando la empezó a imbuir con la crema su ano, desde adentro hacia fuera con sus dos dedos rústicos y gordos.

    Si bien ella había practicado dos o tres veces el sexo anal, no estaba preparada todavía.

    Pero nunca se puede imaginar uno cuando las cosas han de ocurrir y a Mabel le había tocado el momento.

    Resistiéndose al principio, con fuerte gritos y gestos el hombre le penetró un poco, casi nada.

    Mabel comprendía que al resistirse, solo aumentaría el dolor que por ese entonces que ya era grande.

    Cuando al ingreso total de la cabeza al haberse dilatado su ano creyó que se había acabado el dolor, pero de un envión recibió la mitad de la pija del electricista.

    -Bruto, me rompiste todo el culo y en dos.

    Y tratando de salirse de él, solo lograba que él, la metiera algo mas y cuando lo hizo totalmente y ella se desvaneció por unos segundos.

    El intenso dolor, solo comparable con el parto de su ultimo hijo, que la rasgo toda y hasta el ano, por la mala asistencia y no hacerle en su vagina con un pequeño corte, le tomó el cuerpo.

    Cuando volvió en si, ella se encontraba unida a él, pero ahora el sufrimiento había desaparecido y hasta le pareció empezar a encontrarle placer a esa barra en sus entrañas.

    Él, se empezó a mover a la vez que le tocaba el clítoris, y así poco a poco ella empezó a resurgir, y al cabo de unos minutos le dijo:

    -Ahora acabó lo bruto, hacelo vos mi amor.

    Al sentir el líquido de ese hombre en su culo ella estalló y al desprenderse del hombre unos minutos después aun podía sentir como se resbalaba de su ano el líquido viscoso y caliente.

    -Mabel, me voy a casa, pero vendré a verte en la semana. Ahora me tengo que ir debía estar hace más de una hora en casa de mi mujer para almorzar porque es su cumpleaños y vivo en el Tigre. Te llamaré y discúlpame por la cola, fue la que más disfruté.

    -Adiós, llámame -le dijo Mabel.

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  • Pedro, el mejor amigo de mi marido

    Pedro, el mejor amigo de mi marido

    Hace muchos años que oigo hablar de él… De Pedro… El mejor amigo de mi marido, un hombre al que nunca he visto, pues debido a sus negocios vive en la otra parte del mundo… Es un hombre al que mi marido admira, se conocen desde niños, me atrevería a decir que son hermanos más que amigos, pues a pesar de la distancia hablan casi cada día por teléfono.

    El teléfono fue el primer contacto que tuve con él, no necesito decir que me cautivo su voz, su forma de hablar, su entonación era una caricia para mi alma, y un regalo para mis oídos.

    Yo llevaba demasiado tiempo sola, mi marido desde siempre se ha encerrado en su trabajo, negándose a compartir conmigo cualquier cosa, lo único que compartíamos eran tres o cuatro minutos de sexo cada dos o tres semanas.

    Siempre me pregunté si el sexo sería igual para todas las personas, ¿si era algo que no iba más allá de tres minutos?… ¿porque gustaba tanto a todo el mundo?.

    Nunca pensé ser infiel a mi marido, soy bastante conformista y en mi ignorancia era feliz, por supuesto mi marido también lo era, tenía sus “amiguitas” de turno que le satisfacían como su esposa frígida no sabía.

    Sospeché muchas veces que había otras, pero nunca tuve la certeza, y nunca tuve el valor suficiente para preguntárselo.

    Durante uno de sus muchos viajes me llamó, para pedirme que fuese al aeropuerto al día siguiente a recoger a su amigo Pedro, me pidió que le diese acogida en nuestra casa, me exigió que le tratase bien, me rogó que le atendiese lo mejor posible, y para terminar la conversación me dijo: “Yo llegaré en un par de días o tres y me reuniré en casa con vosotros”

    Me sentó fatal… A pesar de conocer su amistad me molestó que mi propio marido me pusiera en la obligación de atender a un extraño, yo había hablado con Pedro muchas veces por teléfono… Sí… Pero de eso a tenerle en mi casa… Estando sola… Era una situación muy violenta para mí, aun así obedecí, como siempre.

    Al día siguiente me personé en el aeropuerto para recogerle, le había visto en algunas fotos antiguas, pero para conocerle quedamos en que él llevaría un oso de peluche enorme bajo el brazo, se lo traía a su sobrina.

    Cuando le vi, mi desilusión fue tremenda, era un hombre mayor, mas que mayor diría viejo, con cara de pocos amigos, aun así, me acerque a él para decirle… “Bienvenido Pedro”… Y su respuesta me dejó más confundida aún porque me dijo… “Pardone moi je ne comprend pas”… Era evidente que me había equivocado de persona, pero era el único que traía un oso, aunque eso si, no muy grande.

    Intentaba comprender que era lo que sucedía cuando alguien tocó en mi hombro, al volverme sorprendida me encontré cara a cara con un enorme oso de casi un metro de alto, diciéndome… “Hola María… Eres mucho mas bonita de lo que me había contado Luis” y dicho esto dejó caer al suelo el oso, y le vi a él, ¡¡Dios mío!!… Por un momento me sentí aturdida, no podía ser humano, era un verdadero Adonis, en toda mi vida nunca había visto un hombre tan perfecto como aquel, ni en las revistas, ni en el cine.

    Debí quedarme embobada mirándole, porque él dijo con simpatía… “Me alegra conocerte… Ya puedes cerrar la boca o se te llenará de moscas”…

    Me odié en aquel momento, pensé avergonzada que mi reacción al verle era la de una colegiala, y traté de arreglarlo con mi saludo… “Perdóname Pedro… Me has pillado despistada… Bienvenido”… Le dije mientras tendía mi mano, el cogió mi mano entre las suyas, tirando suavemente de mi para aproximarse, y me susurró al oído… “No me gustan los saludos formales entre amigos… Dame un beso”… Yo le besé atontada en la mejilla, y al devolverme el beso nuestras comisuras se rozaron… (..¿lo habrá hecho aposta?… Pensé… Ufff que nervios… ¡¡y que bien huele!! ).

    Salimos del aeropuerto nerviosos los dos, hablando del tiempo, tan socorrido, como no.

    Nos metimos en el coche y volví a sentir tu aroma, tan masculino, fuimos a casa en mi coche, yo conducía nerviosa, más pendiente de ti y de tu olor que de la carretera, tú en cambio ibas relajado hablando sin parar de tu infancia al lado de Luis, contando bromas de chiquillos, recordando las trastadas que hacíais los dos.

    Al final pude concentrarme en tu charla, y disfruté y reí contigo, a la hora de llegar a casa ya estaba contenta por la petición de Luis, no obstante me sentí turbada al entrar en mi casa con un desconocido.

    Te enseñe la casa y llevaste la maleta a tu cuarto, cuando te dije que la comida estaría lista en media hora, me contestaste enfadado… “De eso nada… Mientras yo esté aquí esas hermosas manos no cocinarán… Saldremos a comer fuera”… Yo intente protestar y tú pusiste tu dedo índice sobre mis labios en señal de silencio, mientras con la otra mano sujetándome por el hombro me llevabas a la calle.

    Comimos en un pequeño restaurante cercano a casa, tú pediste paella, el plato del día, y yo hice lo mismo, pasamos toda la comida hablando de comida, claro está, contándome lo que echabas de menos algunos platos, como la paella, el cocido, el gazpacho… Etc. Etc.

    Al llegar a los postres ninguno de los dos teníamos demasiadas ganas, así que tuviste la genial idea de compartir uno, una copa de helado de yogur con salsa de caramelo, ummm, comencé a sentir calor, y una especie de mareo, habíamos tomado una botella de vino que empezaba a hacerme efecto, me diste helado con tu cucharita, me pareció un gesto erótico que comieses después y volviste a ofrecerme una segunda vez, me sentí ligera y desinhibida y chupe juguetona la cucharita para ponerte nervioso, que ilusa!!… Tu con una calma increíble la llevaste de mi boca a la tuya sin pasar por el helado y sacando la lengua la chupaste sin apartar tus ojos de los míos… Provocándome… Encendiéndome.

    El camarero amablemente nos ofreció una copita del licor de la casa, muy fresquito con hielo, tomamos el licor y salimos a la calle después de pagar.

    Yo andaba como ida, más que caminar, se diría que flotaba, ya en la puerta de casa tropecé en el último peldaño, y me frenaste para evitar que cayese, noté tu cercanía, nunca había estado tan cerca de un hombre que no fuese mi marido, tus brazos eran fuertes y envolventes, me sentí segura en ellos, y entramos en casa sin que me soltaras.

    Me acompañaste a mi cuarto diciéndome… ” Debes acostarte un rato… Estás mareada”… Me sujetaste por la cintura para sentarme en mi cama, y yo, no sé como pasó, pero te rodee el cuello con mis manos haciéndote caer encima mío sobre la cama, te besé sin poder aguantar las ganas, durante unos segundos me respondiste con pasión, después dijiste con voz ronca “Luis es un auténtico imbécil que no sabe la suerte que tiene”… Acto seguido te separaste de mi para mi sorpresa y añadiste “No voy a aprovecharme de tu situación… Ahora no estás en condiciones… Duerme querida niña”… Y sin saber como me quedé dormida.

    Me despertó un aroma delicioso, olía a comida, ¿pero que comida?… ¿y quien cocinaba?… Entonces lo recordé todo, me di cuenta que había dormido toda la tarde y me sentí completamente avergonzada, pensé que no tendría fuerzas para salir de mi cuarto, entre en el baño y me di una ducha rápida que me reanimó, me puse un viejo y cómodo vestido, y salí para enfrentarme contigo.

    Sonreíste al verme aparecer en la puerta de la cocina… “¿Has descansado?.. Ya está lista la cena… He pedido comida china ¿te gusta?”… “Si claro” contesté…

    Al contrario que en la comida cenamos en silencio, y sin vino, tomando lo único que había en casa, cerveza sin alcohol, al terminar de cenar me empujaste fuera de la cocina diciendo que tú recogerías, yo puse música y preparé un par de copas de licor de manzana con mucho hielo pero sin alcohol.

    Nos sentamos en el salón y tú brindaste por los buenos amigos, verte sentado en mi sofá fue extraño, estabas tan a gusto que parecía hecho para ti.

    Empezamos a charlar, y la conversación derivó hacia temas personales, me preguntaste si era feliz con Luis, y me extraño esa pregunta, la conversación se fue haciendo más íntima, me preguntabas detalles de mi relación con Luis, y yo respondía tranquila, como lo haría con mi confesor, llegó un punto en que no pude sujetar mi curiosidad y te pregunte abiertamente si sabías algo sobre Luis que yo desconocía, tu respuesta fue bajar los ojos y decir que él era tu mejor amigo.

    No me gustaba el cariz que estaba tomando la conversación y te dije que iba a llamar a Luis a su hotel, tu intentaste evitarlo, yo insistí obcecada, y llamé, al quinto tono de llamada contesto Luis, parecía enfadado, irritado, y pude entender el porque cuando oí risas femeninas a su lado, disimule y le dije que todo iba bien y que hablaríamos por la mañana.

    Cuando colgué me sentía morir, tú te acercaste y me dijiste… “No estaba solo ¿verdad?”… Yo asentí… “Nunca lo está… Tu marido es un completo idiota nunca le entenderé”… Yo sin querer dejé escapar mis lágrimas, tú me rodeaste con tus brazos y besaste mis ojos llorosos… “No llores María… Él no merece tus lagrimas… Ni él ni nadie”.

    Me sentí inundada de ternura ante ese gesto, ante tus besos en mis párpados, en mi frente, en mi pelo, tu voz tranquila, dulce y cariñosa, y sobre todo el calor que me ofrecían tus brazos, todo eso me hizo sentir viva, querida y mimada y me gustó esa sensación, alcé mi rostro hacia ti deseando que me besaras, pero tú me sorprendiste diciendo… “Es casi media noche… Será mejor que nos vayamos a dormir… Hoy ha sido un día agotador para ambos”.

    Me separé de ti y asentí…”La verdad es que sí… Estoy cansada… Buenas noches Pedro… Si necesitas algo llámame”… “Tranquila María… Que duermas bien”.

    Ya de madrugada sonó el teléfono, me levanté apresurada esperando que tú no te despertaras, “demasiado tarde” pensé cuando te vi asomado a la puerta de la cocina, medio desnudo, cubierto solo de cintura para abajo con una minúscula toalla.

    Me dijiste “Era una equivocación, ¿quieres un vaso de leche fría? Hace mucho calor”

    Y yo acepte sin decir ni una palabra, como hipnotizada, sin poder alejarme de ti.

    Era evidente que acababas de ducharte, imaginarte desnudo me excitó, entonces sentí tu mirada desnudándome y abrasándome la piel, disfruté de la caricia de tus ojos, mientras trataba de beber la leche fría.

    “Me gusta tu camisón, te favorece ese color” dijiste, y yo como una imbécil añadí “es color berenjena” como si tu no lo supieras, estaba tan nerviosa, que me costaba trabajo respirar pausadamente, tú en cambio estabas tranquilo y relajado, o eso me pareció.

    Te acercaste a mí y noté el calor de tu pecho a través del fino camisón, agachaste la cabeza y me susurraste al oído “cariño eres preciosa” yo di un paso atrás, necesitaba apoyar mi espalda, las piernas me temblaban, sabía lo que iba a pasar.

    Me acorralaste contra la pared, te miré a los ojos y vi la pasión en ellos, tus manos volaron hasta mi cuello acariciándolo con calidez, posándose sobre mis hombros, quedándose un instante allí quietas, para deslizarse después suavemente hacia mis pechos, rozando con el dorso de los dedos mis pezones, ya erectos.

    El calor y el deseo iban en aumento, olvidándose del pecho tus manos descendieron hasta mi cintura apretándome contra tu cuerpo, mi cabeza cayó hacia atrás en señal de entrega, mis manos deseosas de ti recorrieron tu torso desnudo, tus hombros, tu espalda y al fin se aferraron a tu cuello, mientras mis labios entreabiertos reclamaban un beso.

    Tu boca se apodero de la mía con caricias en forma de besos suaves, delicados, tiernos y dulces, besos de acercamiento, de conocimiento, después de recorrer mis labios con los tuyos, tu lengua comenzó a acariciarlos de una manera salvaje, el beso se transformó en algo dominante, agónico, posesivo e interminable.

    Mi entrega ya era total, no te costó ningún esfuerzo sentarme sobre la mesa de la cocina, separar mis piernas, y acariciar mi sexo húmedo con tus manos expertas y todo sin dejar de besarme.

    Sentí el dolor del deseo entre mis piernas, y con mis manos acaricié tu tallo erecto, me moría de ganas de besarlo de sentirlo dentro de mi boca, pero tú ya no podías esperar más, notando tu ansiedad me pegue más a tu cuerpo para sentir a la entrada de mi sexo la suavidad de tu miembro, deseando tenerlo dentro, tu sexo se introdujo en mi cuerpo de una sola vez, llenándome por completo, una vez dentro se acabaron las prisas, comenzaste a moverte en mi interior con lentitud, sin dejar de besarme, nos movíamos con suavidad, susurrándonos hermosas palabras de amor, con mucha ternura al principio.

    Estuvimos así mucho tiempo disfrutando del cariño, haciéndonos el amor, descubriéndonos, alimentándonos cada uno del placer del otro, después, poco a poco nuestro deseo se acrecentó, y nuestros jadeos se multiplicaron, fuimos aumentando el ritmo buscando un completo y perfecto acoplamiento, ser uno, movernos como uno, consiguiendo con cada embestida arrancarnos gemidos, alaridos de placer, tus caderas y las mías formaron una conjunción perfecta cuando sentí que me moría, todo mi cuerpo se estremeció de placer de arriba abajo, y un gran escalofrío intenso me recorrió la espalda, al alcanzar mi primer orgasmo no fingido…

    Sentí tu semen caliente inundándome, te sentí latir en mi interior, mientras nos desplomábamos sobre la mesa, completamente exhaustos jadeando agotados, y sudorosos, pero tremendamente satisfechos y felices después de habernos entregado al amor.

    Instantes después con la respiración aún entrecortada te dije… “¿Así que era esto?… No imaginé… Nunca supe” … “Shhh calla mi amor… ¡te queda tanto por aprender!”… “¿Me enseñaras tú, cariño?”… “Te enseñaré amándote”…

    Después de aquella noche me separé de mi marido, pero eso es otra historia.

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  • El cumpleaños de mi suegra

    El cumpleaños de mi suegra

    Era una noche de fiesta, los 50 años de mi suegra. La noche ya llegaba a su fin y todos iban retirando. Había sido una noche de mucho alcohol, mucha alegría, muchas emociones, baile. Mi suegro se había ido a dormir con unas copas de más encima. Mi novia estaba tirada en un sillón en un estado calamitoso del cual era imposible despertarla, yo con ganas de volverme a mi casa y mi suegra un poco borracha esperando a que me decidiera irme para poder descansar.

    Me puse mi abrigo, le di un beso en la frente a mi novia y me dirigí hacia la puerta. Mi suegra me siguió para cerrar luego la puerta con llave. Abrí la puerta y me di vuelta para saludarla, le di un beso en la mejilla y me sorprendí muchísimo cuando ella casi en forma repentina me tomó la pija con su mano sobre el pantalón y me dio un apretón con una mirada desafiante…

    Me quede como tildado sin saber que hacer…

    -¿Qué pasa?… ¿tenés miedo?… -me dijo ella.

    A lo que respondí con una sonrisa casi infantil sin querer decir nada.

    Ella no me soltaba y con la otra mano se fue desprendiendo la camisa dejando sus dos enormes tetas delante de mí. Yo no entendía nada, si bien de vez en cuando solía mirarle el culo que a pesar de sus años siempre estuvo muy bien, más de eso jamás había imaginado nada con ella, pero la situación me empezaba a calentar y mucho.

    Poco a poco se las fue ingeniando para desabrocharme el pantalón y dejar al aire mi pija que comenzaba recién a erectarse.

    Cuando logró sacarla toda afuera se agacho y sin dudarlo se la metió en la boca y comenzó a bombear de una forma espectacular, con una experiencia indescriptible, suave, lento, profundo… sexy…

    En un momento cuando yo ya estaba a mil, con la pija re-dura y muy excitado, ella se puso frente a mi nuevamente, siempre con una mirada desafiante, agresiva y dominante; se dio vuelta, se levantó la minifalda que tenía puesta y luego levantó las dos manos, cruzándolas sobre su frente y apoyando estas en el marco de la puerta, dejándome enfrente ese culito que tan bien se conservaba a pesar de los años. No dude en meterle mano, en tocar su húmeda concha y en llevar hacia ella mi pene que ya estaba muy parado.

    La penetre de una hasta el fondo, ella no se quejó para nada, y dejo que yo me moviera por un lapso de 5 minutos más o menos. Cuando noto vio que yo estaba demasiado excitado por la situaron en sí, entonces se corrió hacia delante, se dio vuelta, se agachó otra vez y comenzó a chupármela otra vez hasta que acabé de una forma impresionante dentro de su boca.

    El semen empezó a correr por sus labios y ella se lo tragaba con gusto y satisfecha…

    Se repuso ante mí y me dijo:

    -Andá a dormir “chiquito” que ya es muy tarde…

    Se bajo la pollera se acomodó el corpiño y me palmeó la espalda despidiéndome.

    Al otro día ella como si nada hubiese pasado. Yo no podía mirarla a la cara de la vergüenza que sentía.

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  • Mi esposa (3): La venganza

    Mi esposa (3): La venganza

    Como os contaba antes, estaba decidido a vengarme, así que me fui al club para hablar con Ana.

    Al verme se sorprendió un poco, le dije que quería que dejara a María en paz y que si seguí haciéndole chantaje la denunciaría a la policía. Ella me juro que de chantaje nada, que a mi mujer le gustaba el sexo y cuanto más, mejor. Yo no podía creer lo que me decía.

    “Mira” me dijo Ana “ven este fin de semana y veras por tus propios ojos lo que a tu mujercita le gusta que la monten, es más, ahora la llamo y le digo que no hace falta que venga a la fiesta”.

    Desde un teléfono manos libres llamo a María.

    “Hola María, soy Ana, mira si no quieres no vengas a la fiesta del sábado pues ya tengo suficientes chicas ¿te parece bien?”.

    “Oye no Ana, ya sabes que si quiero ir, además tú sabes que estas fiestas a mí me gustan mucho y por otra parte yo ya contaba con un sábado de marcha, que en casa no tengo la suficiente.”

    “Bueno, si quieres ven, hasta el sábado” y Ana colgó.

    “Ves” me dijo Ana “como tu mujer necesita más de una polla diaria”

    Ella me mira y, supongo que le debí dar pena, me dijo “ven el sábado y lo podrás ver con tus propios ojos”.

    El sábado llegue media hora antes de la fiesta, Ana me acompaño a su habitación y allí me conecto una pantalla, sonido incluido, en la que se veía la sala donde iba a tener lugar la fiesta.

    Era una sala amplia con una barra a un lado, sofás y pufs, muy amplios, por todas partes, en el centro había una mini pista de baile.

    Ana me contó que la fiesta la habían organizado unos ejecutivos alemanes que estaban en la feria de Alimentaria.

    Al poco entraron en la sala seis chicas, una de ellas era mi mujer, todas iban vestidas con ligas, unos minúsculos tangas, y unos vaporosos camisones que mostraba los senos de las chicas.

    Estuvieron haciendo bromas entre ellas cuando una de le dijo a mi mujer “¿cuántos vas a tirarte esta noche, guapa?”.

    Mi mujer la mira y le dijo “más de los que tu puedas”, la otra le contesto “¿a qué no puedes con todos?”, María le dijo “vas a ver como me los follo a todos, de tres en tres”.

    Las otras se echaron a reír. En eso que entro Ana, iba vestida igual que las otras, “bien chicas ya están aquí los alemanes, así que a ellos”.

    Siete trajeados hombres, de mediana edad, entraron en la sala, cada chica se dirigió a uno de ellos, se besaron. Mi mujer se dirigió al que era más joven, lo rodeo con sus brazo mientras lo besaba en la boca, luego se giró y le palpo el pene, que ya debía estar duro porque le dijo en inglés (mi mujer habla perfectamente el ingles) que estaba muy bien dotado y que quería conocer esa maravilla.

    Comenzó a sonar una música sensual y suave, las chicas sacaron a los hombres a bailar. El alcohol empezó a correr a raudales.

    Pronto las americanas y corbatas habían desaparecido, y alguno incluso ya estaba en calzoncillos.

    Alguna chica ya estaba chupando la polla de su pareja, Ana estaba en la barra besándose con profusión mientras su alemán le metía mano en el clítoris.

    María estaba echada en un sofá, abierta de piernas mientras su compañero le comía el coño, luego se dio la vuelta y este le pasaba la lengua por su ano. Vi como disfrutaba con ello, creo que era la única que disfrutaba, de echo me di cuenta como ya había tenido su primer orgasmo cuando le comían el clítoris.

    Luego el alemán se sentó en el sofá y ella, de rodillas le comió su enorme verga, cuando esta estuvo lubrificada, monto encima comenzando a cabalgar, primero despacio, luego deprisa y al final como una yegua desbocada.

    Todos los demás estaban ya follando, enculando o bien metiendo sus pollas en la boca de su chica.

    Habían transcurrido unas dos horas y mi mujer ya se había follado a la mitad de ellos, estaban todos descansando en brazos de sus chicas, cuando Ana les dijo a sus clientes.

    “¿Alguien quiere ver como aguanta María?”, Los alemanes rieron y dijeron que sí.

    Pusieron en la pista un puf, mi mujer se puso en el centro y mirando a los alemanes les dijo en inglés “¿Quién quiere ser el primero?”.

    El que era el mayor de todos ellos se levantó tambaleándose un poco, debido a los efectos del alcohol, se dirigió hacia ella, María se puso a cuatro patas, el alemán le separo las piernas, le palpo el clítoris y como vio que ya estaba húmedo la penetro por detrás, cuando termino mi mujer le limpio con la lengua la polla, a continuación dijo al resto “¿hay alguien más?”, Vi como se levantaban tres de ellos mientras los demás aplaudían.

    Los tres se pusieron frente a ella para que les chupara sus pollas, en poco tiempo estuvieron las tres duras. El que la tenía más grande se echó en el puf y María monto encima, el segundo le tanteo el ano y con suavidad y firmeza le clavo su pene en el culo, el tercero se conformó con que se la mamara.

    Pronto estuvieron los cuatro desbocados, el primero en correrse fue el que la tenía en su boca, este le sujeto la cabeza por la nuca para que no pudiera zafarse de su corrida y así obligarla a tragarse el semen, lo que él no sabía era que mi mujer a esas alturas eso le entusiasmaba. Luego se corrieron los otros dos.

    Apenas terminaron que otros tres ya estaban esperando su turno, volvió a repetirse la escena de antes, pero esta vez al grupo se unió Ana.

    Entra ambas les iban chupando la polla y besándose entre sí, me quede sorprendido pues no me imaginaba a María montándoselo con otra mujer. Cuando acabaron con los hombres María y Ana continuaron las dos solas comiéndose el coño una a otra, los hombres se pusieron calientes y dos de ellos aprovecharon que sus culos estaban libres para empalarlas.

    Era evidente que Ana tenía razón, a mi mujer le gustaba follar y cuanto más, mejor. La verdad es que cuando la conocí era un poco ninfómana, pero nunca creí que llegara a esos extremos.

    Aquellas imágenes y los recuerdos de todo lo que me había contado me habían puesto tan caliente que me había masturbado unas cuantas veces.

    Al salir del local me encontré con Juan, este al verme tan compungido, me invito a tomar un café.

    En el bar le conté parte de la historia, cosa que creo que él ya sabía, y le dije que quería darle un escarmiento a María. Él se ofreció a colaborar a cambio de una suma de dinero y sobre todo que le dejase a él, como amo y señor, a mi mujer durante una semana. Yo tenía tantas ganas de vengarme que accedí.

    Alquile un chale en la costa durante quince días, busque a través de contactos de Juan a cinco tipos bien dotados y con aspecto de brutos, así como el mayordomo de Juan, un corpulento negro que tenía una verga como nunca había visto.

    Por teléfono contraté los servicios de mi mujer para un fin de semana, como normalmente ella nunca se ausenta me pidió permiso para ir el fin de semana con los del despacho a la playa a lo que yo accedí rápidamente.

    Ya lo tenía todo preparado y los chicos habían aprendido todo lo que tenían que hacer, por mi parte había instalado cámaras por la casa para no perderme detalle de mi venganza.

    Cuando llega María al chale, la recibió el negro vestido de mayordomo, la acompaño a la cocina y le dijo que se pusiera el uniforme, como supondréis el vestido consistía en medias con ligas, una faldita corta, blusa transparente, cofia y delantal. El mayordomo le dijo que esperara a que la llamasen.

    Cuando sonó la campana en la cocina, el mayordomo le dijo a María, “sígueme”. Cuando entro en el comedor estaban los cuatro tipos sentados en la mesa, pero desnudos. El mayordomo anuncia “señores, el postre” y se retiró dejando a mi mujer sola con los cuatro.

    “Eh chicos” exclamo uno de ellos “mirar que magnifico postre” entonces mi mujer comprendió que ella era el postre.

    “Acércate guapa que te vamos a catar” le dijo el más corpulento de los cuatro, el cual se levantó y tomando a María de la mano la acerco a la mesa, allí sin darle tiempo a nada los chicos sacaron dos cuerdas y le ataron las manos a la mesa, luego una pierna en cada pata de la misma, de tal forma que estaba con las piernas abiertas y su coño listo para ser utilizado por detrás pero completamente inmovilizada.

    “Bien” dijo el que parecía el jefe “¿Quién empieza a darle su merecido a esta zorra?”. Uno se levantó, agarro a mi mujer por los pelos y la beso en la boca, luego se puso detrás y le paso la lengua por el coño, luego el culo, ambos. Cuando vio que María ya estaba disfrutando, este cerro su puño y de sopetón se lo clavo en su coño. El alarido que soltó mi mujer me asusto, el chico retiro el puño y volvió a repetir la operación, así varias veces hasta que los gritos de mi mujer cambiaron por jadeos de placer, entonces le clavo su verga por detrás hasta que se corrió.

    A continuación, el segundo de ellos le puso lubrificante en el culo comenzando a introducir sus dedos en el ano de María hasta que le cupo la mano entera, entonces cerro el puño y se lo clavo por el culo, ella grito de dolor pero el chico no se inmuto, siguió metiendo y sacando su puño un buen rato, luego le metió su verga hasta que se corrió dentro de sus entrañas.

    La desataron y la llevaron al sofá donde estaba sentado el que tenia la polla más grande, la sentaron encima de la verga mientras el cuarto la enculaba.

    Cuando acabaron, se la fueron pasando entre los cuatro como si fuera un objeto cualquiera. Ahora era follada por uno, por dos, por tres o los cuatro a la vez, no le daban tregua.

    Eran cerca de las dos cuando la llevaron al garaje, allí le ataron las manos a unas cadenas que colgaban de techo y las piernas a unas argollas en el suelo. Los cuatro la besaban, le pasaban la lengua por todos sitios. Mi mujer disfrutaba como nunca pues de joven siempre le había gustado que la ataran y obligaran a hacer cualquier cosa.

    Aprovechando que estaba así decidieron encularla uno detrás de otro, cuando terminaron llamaron al mayordomo. Este apareció desnudo con su tremenda tranca a punto, mi mujer al ver el descomunal tamaño de aquello dijo que no, que eso tan grande que no, que la soltaran que se había terminado todo.

    El negro le dijo “cállate puta o te azoto” y cogiendo un látigo le dio una par de azotes, ella grita de dolor pero el negro se acerca a ella y le dio un largo beso en su boca al tiempo que le metía uno de sus largos dedos por el coño. Luego se puso detrás de ella y con suavidad pero sin interrupción hundió su tranca hasta el fondo de las entrañas de mi mujer, la cara de ella se transformó en muecas de dolor para dejar paso al placer, el negro la estuvo enculado un buen rato, luego la saco y dando una orden los otros la desataron.

    Con su enorme mano cogió a María por los pelos y le hizo chupar su polla que había sacado de su culo, ella se resistió entonces los otros la agarraron y le obligaron a chupar. Cuando al mayordomo le pareció suficiente levanto en volandas a mi mujer y le clavo su enorme pene en su coño, así, en volandas, se la estuvo follando hasta que se corrió.

    Ahora le pusieron una correa de perro en el cuello, le ataron las manos a la espalda y con una correa corta la ataron a una argolla del suelo, de esa guisa tuvo que chupar la polla de todos hasta que cada uno se corrió encima de ella. Como colofón final, y ya que estaba inmovilizada, los cinco se mearon encima de ella. María se puso a gritar “cerdos, hijos de puta, cabrones” cuando hubieron terminado hasta la última gota de pipí el negro dijo “esta puta merece un castigo”.

    La volvieron a atar de las cadenas del techo, en su coño y culo le pusieron dos vibradores a toda potencia, su cuerpo mojado por la orina brillaba y se estremecía de placer con los vibradores.

    El negro cogió el látigo y le dio cinco azotes, los otros cuatro hicieron lo mismo. He de decir que es un látigo que apenas deja marca. Allí la dejaron atada hasta el día siguiente en que la soltaron no sin antes volver a follarla de nuevo entre los cinco.

    Cuando llego a casa le pregunte “¿qué tal el fin de semana?”

    “Muy cansado, me voy a acostar”. Si realmente le habían dado mucha marcha.

    Ahora tenía que cumplir lo pactado con Juan y dejarle durante una semana a mi mujer en propiedad.

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  • Sustituyendo a mi marido

    Sustituyendo a mi marido

    Como en el inter que mi marido y yo estuvimos separados, me convertí en una facilita.

    Este relato lo escribo a petición de mi marido, y es que él y yo, estuvimos separados cerca de dos años por diferentes motivos, uno fue que él se hizo de otra mujer y tuvo hijos, y fue la etapa en que yo me descoqué bastante, tenía sexo continuamente con gente que ni conocía, en parte por despecho, y en parte porque me encantaba sentirme libre de hacer lo que quisiera. Cuando volví con mi marido le conté casi todo lo que había hecho en ese tiempo y él se calentaba sobremanera, al punto que me pidió que lo escribiera. Y aquí estoy, empezando por el principio.

    La primera vez que lo hice después de la separación, fue con un amigo mutuo, yo había ido a un salón de baile del pueblo, había una feria, fui con una amiga que estaba también recién separada, así que nos la pasábamos hablando de nuestros viejos.

    Así estábamos cuando llegó Pepe, el amigo que decía, llegó solo y se sentó con nosotras.

    Él no es muy guapo que digamos, pero si es muy divertido y cuida su cuerpo, se puede decir que está “buenón”. Seguimos en el salón y mi amiga debía irse ya pues había encargado su niño con una vecina.

    Pepe, se ofreció llevarme a mi casa y me quedé con él, acompañé a mi amiga a tomar un taxi y me dijo:

    -Haydée, ahora no hay nada que te impida hacer lo que quieras, aprovecha y me miró con cara de complicidad.

    Seguimos platicando y las copas se me empezaron a subir, Pepe cada vez agarraba más confianza y seguido me abrazaba o me agarraba la pierna cuando se acercarme a decirme algo, yo sabía por dónde iba, pero me dejé hacer, total, no tenía a quien afectar con mi actitud. Estuvimos bailando una hora más.

    No sé en qué momento las cosas subieron de tono, él me decía cosas como “no sé qué haría yo con una mujer como tú en mi cama”, la música, las copas y los consejos de mi amiga me hicieron decidirme, me dije: “¿por qué no?”, estaba decidida a hacer algo con él esa noche, total, no tenía nada que perder con comerme una verga esa noche, y le pedí que me llevara a mi casa, yo estaba sola, mis hijos estaban de paseo donde una tía y llegarían el día siguiente.

    Llegamos a mi casa y lo invité a pasar, serví unas copas de tequila y puse música, y él me invitó a bailar, yo sabía sus intenciones, pero lo deje que el llevara la batuta, así que acepte bailar y nos abrazamos, podía sentir el bulto de su pantalón pegado en mi estómago, yo llevaba un vestido de tela muy delgadita arriba de las rodillas, y zapatillas, así que podía sentir su cuerpo como si yo no trajera nada.

    El respiraba en mi cuello y empezó a besarlo, yo solo me apreté más a él y el empezó a bajar sus manos hasta llegar a mis nalgas, y poco a poco levanto el vestido, me volteó a ver y me beso en la boca, fue un beso muy cachondo que hizo que me humedeciera como hace meses no lo hacía, yo ya tenía el vestido arriba del abdomen y trataba de desabrochar su cinturón, todo esto era lento, se puede decir que hasta romántico, pero cuando metí la mano en su pantalón, y agarre su pene que estaba como una roca, no pude más, necesitaba coger ya, así que lo aventé al sillón y le baje el pantalón, le agarré el pene y me arrodillé para mamárselo, tenía meses que no disfrutaba de una verga, y me la empecé a comer como loca, ahí se rompió el silencio y el romanticismo:

    -Wow, eres muy caliente

    -¿Y qué querías?, hace meses que me muero por hacerlo, quiero tener una verga dentro de mi vagina.

    -Mmm, que rico, no sabes cuantas veces me masturbé imaginándote

    -¿Que te imaginabas?

    -Que me hacías exactamente esto, ahora que no está tu marido contigo que me impida hacerte a ti, mmm…

    -¿Te gusta?

    -Si, pero espera, no quiero acabar todavía

    Me tomó de los brazos y me acostó en el sillón, abrió mis piernas y empezó a lamer mis piernas, hasta que llegó a la tanga la cual hizo a un lado y empezó a comerme así, mmm, me encanta, me moría por esto sabes delicioso.

    -Sigue, despacio, mmm

    -Dime como te gusta

    -Así, exactamente así

    -Eres preciosa

    -Sigue, sigue, (estaba a punto de acabar)

    -Vente, quiero sentir como te vienes

    -Ya, me vengo, ya, ya

    (Y acabé, tuve un orgasmo delicioso, no sé si era el tiempo de abstinencia o él era muy bueno para hacerlo, pero fue cuestión de dos minutos para alcanzar el primer orgasmo) lo retiré de mí y me paré, le dije, “ven a la cama” y nos fuimos a mi recamara.

    El solo pensar que iba a coger en la misma cama en que tantas veces lo hice con mi marido, me puso a mil. Lo acosté y lo único que hice fue quitarme la tanga para subirme en él, me la metí despacio para empezar a moverme cada vez más rápido, no sé cuánto estuvimos así, pero yo estaba loca de placer y el dio pauta para hacer algo que me encantaba: hablar sucio:

    -¿Te encanta la verga verdad?

    -Si, me encanta sentirla dentro

    -Muévete putita

    -Ssii, cógeme, cógeme fuerte

    -Esta buenísima, ¿así te cogía tu marido?

    -Si, así me cogía, me decía que era una perra

    -Y lo eres…

    -Arrrgh, (volví a venirme)

    -¿Así que soy una perra? ¿No? Entonces cógeme como una

    Me puse en posición de perrito y él se puso detrás de mí metiéndomela delicioso.

    -Que nalgas, me encanta tu trasero

    -Métemela más, más duro

    -Ya no aguanto, voy a acabar

    Yo empecé a masajear mi clítoris para acabar igual que el pero el me ganó, se salió de mí y empezó a gemir muy fuerte, creo que mis vecinos podían escuchar perfectamente lo que hacíamos, y ellos adoraban a mi esposo Gerardo, cosa que me excitaba más, yo quería que acabara dentro de mí, pues no tengo temor de quedar embarazada porque soy operada.

    Yo rápidamente me acerque a su pene y lo hice acabar en mi boca, mientras lo hacía seguía masturbándome, y cuando sentí como su semen entraba hasta mi garganta, me excite tanto que empecé a tener otro orgasmo, fue increíble, porque el sentir la boca llena de semen, y este cayendo por mis pechos, me vine de nuevo.

    Muy pocas veces había tenido dos orgasmos seguiditos, eso acabó de matarme, él se tiró en la cama y yo a su lado, me paré al baño a lavarme la boca y cuando regresé a la recamara le agarré de nuevo el pene y le di una buena mamada para pararlo de nuevo, cuando lo tenía bien erecto me acosté a su lado y le pedí que me penetrara de nuevo, quería seguir culeando porque tenía meses de no hacerlo.

    Me abrí de piernas y él se colocó al centro y me colocó su verga en la entrada de mi vagina, la cual fue hundiendo poco a poco, cuando la tuve toda adentro él comenzó el mete y saca muy despacio y poco a poco iba apurando el paso más rápidamente, jadeábamos y suspirábamos, mis tetas se bamboleaban con sus embestidas y eso lo excitó más y se pone también a mamármelas.

    Yo me siento en la gloria de la buena cogida que nos estamos dando, es la primera después de la separación, siento que él está entrando en convulsiones y me hunde más su verga en mi vagina, gime, suspira, yo comienzo a gemir de sentir todo su instrumento dentro de mí, al momento siento donde me está disparando su semen en todas las entrañas de mi vagina, ese líquido caliente me recorre toda, hace mucho tiempo que no lo sentía dentro de mí, me da otras clavadas de su verga para meterme todo adentro.

    Ya cansado se recuesta sobre mí, es delicioso sentir ese cuerpo sudado pegado al mío aplastándome mis tetas, él retira su verga de mi vagina cuando esta va perdiendo su gran tamaño, le pedí que se fuera, que no quería que los vecinos lo vieran salir de ahí en la mañana.

    Él se vistió, y me preguntó si podía verme de nuevo, le dije que no nos buscáramos, que, si nos encontrábamos por ahí, y se daba de nuevo estaría bien, pero que no quería empezar a relacionarme con nadie, él lo entendió y se fue, no sin antes darme un beso y decirme lo excelente que era yo en la cama, cosa que me halagó, y se fue.

    Así fue como empecé a gozar de mi libertad, esto había sido solo el principio, después vendrían más cosas que nunca creí llegar a hacer, pero eso lo contaré después.

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  • El señor del bastón

    El señor del bastón

    Tengo 26 años, pelo castaño, largo hasta la mitad de mi cintura y un cuerpo que sin ser una belleza es nada despreciable, mi busto es muy redondeado y mis caderas son delgadas con una cola bastante envidiable.

    Les cuento lo que me pasó hace bastante tiempo cuando por las tardes volvía a mi departamento desde el trabajo, en varias oportunidades, dos o tres, había observado en el subte a un señor que viajaba parado, como la gran mayoría de nosotros, aparentemente tendría unos 65 o 70 años, alto, delgado, de pelo canoso y bastante abundante, correctamente vestido, traje y corbata, sus zapatos perfectamente lustrados, colgándole de su brazo izquierdo un bastón.

    Como el subte a esa hora (las 18 o 18:30) está repleto nunca se dio la casualidad de viajar junto a él, pero esta vez lo vi sentado junto a la ventanilla, me corrí por el pasillo hasta quedar a la altura de su asiento, por fortuna, el muchacho que viajaba en el asiento contiguo se levantó y pude sentarme junto a él.

    Cuando lo hice noté que me miró de reojo en un par de oportunidades y abrió un poco más sus piernas, rozando con su rodilla la mía, discretamente retiré mi pierna de la suya, él se acomodó de nuevo y al cabo de unos instantes volvió a repetir la operación, evidentemente quería ver mi reacción, en un primer momento pensé en decirle algo, pero me pareció inapropiado ya que pensé que me podría contestar de mala manera o algo por el estilo, lo dejé seguir con su juego.

    A medida que pasaban las estaciones, su pierna se fue apretando más con la mía, como había resuelto seguir con ese jueguito, comencé lentamente a frotar mi rodilla contra la suya, el aparentemente seguía enfrascado en la lectura de un libro, hasta que en un momento determinado se dio vuelta hacia mí y muy discretamente me dijo:

    -Bajo en la próxima estación, me acompañas a tomar un café…

    La verdad no me esperaba esa proposición, pero la verdad es que no me sobresalté, yo le había seguido su juego, ahora debía terminarlo.

    Me puse de pie y él lo hizo junto conmigo, cuando bajamos y el subte se hubo ido me dijo:

    -Me llamo Fernando, ¿aceptas tomar un café conmigo?

    Su voz se la escuchaba profunda, con un pronunciación muy masculina, acepté su invitación, es mas ya lo había hecho tácitamente al bajar con él.

    -Hola soy Carolina, es un placer conocerte, le contesté, él se inclinó hacia mí me depositó un suave beso en mi mejilla, comenzamos a subir las escaleras, noté que, a pesar de llevar el bastón en la mano, prácticamente no lo usaba, caminaba perfectamente, muy erguido a pesar de la edad que aparentaba.

    Entramos a un café que estaba a metros de la salida del subte, ambos pedimos lo misma, un cortado, comenzamos a conversar, me enteré que era viudo, sin hijos, que vivía a pocas cuadras de ahí, que trabajaba como asesor en una empresa de seguros, etc., etc., pero lo que más me sorprendió era que me había equivocado al imaginar su edad ni 65 ni 70, tenía 76 años, no lo podía creer, es más me dijo que solo llevaba el bastón como por costumbre, que no lo necesitaba para nada, era verdad, sin él se movía con igual facilidad.

    Seguimos charlando un rato hasta que en un momento determinado y así como así, tomando mis manos entre las suyas me dijo con una sonrisa en sus labios:

    -Te veo hermosa, me gustaría hacer el amor contigo.

    No sabía que responder ante tan repentina pregunta, lo pensé un instante, una milésima de segundo nada más, sin mover mis labios asentí con la cabeza, debía haberlo imaginado, todo juego tiene un fin, ahora tenía que saber cómo terminarlo, su sonrisa se le iluminó aún más, me apretó un poco más fuerte mis manos, pagó la consumición y salimos hacia su departamento, vivía solo dos cuadras, subimos y entramos en él.

    Muy pocas veces había visto un departamento adornado y amueblado con tan buen gusto, era muy hermoso, todo muy bien ordenado, además se lo notaba muy amplio y confortable, apenas cerró la puerta me tomó de los hombros, me hizo girar hacia el e inclinándose algo comenzó a besarme, introdujo toda su lengua dentro de mi boca, me recorrió toda con ella, por supuesto respondí de igual manera, muy pocas veces me han besado tan tiernamente, pero con tanta pasión.

    Sus manos se deslizaron por mi espalda, muy lentamente, llegaron hasta mis nalgas, se cerraron sobre ellas, me apretaban, no me producía dolor, me atrajeron hacia él, en ese momento comencé a sentir entre mis piernas, sobre mi vagina el bulto de su verga, no sabía si era verdad o llevaba puesta un prótesis, era algo que parecía inmenso, nunca había sentido semejante tamaño apoyarse sobre mí.

    Comencé a desprender sus pantalones, que cayeron al piso en un instante, el bóxer color negro que llevaba puesto no podía contener su verga, el bulto que esta provocaba era inmenso, lentamente le fui bajando su calzoncillo, la verga que apareció era descomunal, calculo que mediría unos 20 cm y su grosor era tal que con una sola mano casi no la podía rodear, recién para agarrarla toda tuve que usar ambas manos, no era algo duro como se le pone a un tipo de 20 años pero si tenía una firmeza que creo nada usual para un hombre de su edad.

    Me arrodille y metí su cabezota roja en mi boca, tuve que hacer un esfuerzo para que entrase, tenía la boca abierta como cuando voy al dentista, y así y todo casi no conseguía que entrase más, el empujó un poco, casi me asfixio, su poronga entró hasta mi garganta, no podía respirar, pero aún así no quise dejar de tragármela, noté que esto lo enloquecía, jadeaba de una manera continua, su pija se endureció un poco más, entonces me hizo levantar, terminó de sacarse su ropa y yo hice lo mismo, todas nuestras prendas quedaron en el piso.

    Suavemente me llevó hasta un sillón del living, se recostó en él y me ofreció nuevamente su verga, me arrodillé y comencé a mamársela de nuevo, que verga hermosa, nunca había tenido semejante cosa a mi disposición, cuando el notó que iba a acabar, se levantó y me hizo poner en cuatro patas sobre el sillón comenzando a lamer mi culo, su lengua entraba en todo mi ano, se la sentía muy cálida, con los dedos jugueteaba con la entrada de mi ano, lo dilataba más y más.

    Cuando vio que yo ya no podía aguantar más ese jueguito se incorporó y apoyó la punta de su verga en la entrada de mi ojete, en ese momento comprendí realmente que semejante pija no iba a entrar, que me iba a reventar toda por dentro, quise incorporarme, pero el con sus manos apoyadas en mis nalgas me lo impidió, de manera suave pero muy firme.

    Como mi cola estaba muy lubricada y su verga también, comenzó a meterla en mi ano, en el primer empujón entró su cabeza, mi ano se dilató al máximo, comencé a sufrir como nunca lo había hecho en mi vida, mordía los almohadones del sillón para no estallar en un alarido, mi manos arañaban la tela del sofá, mis uñas se clavaban con desesperación, quería salir de esa posición pero no lo lograba, lentamente el trató de introducirla más, apenas lo lograba, yo trataba por todos los medios de relajarme y hacer que no me doliese, no lo lograba, el empujaba más, a mí me dolía más.

    De esa manera siguió tratando de enterrármela toda, yo sabía que si lo hacía no iba aguantar y me iba a desmayar del dolor, traté de aguantar, no gozaba, no podía hacerlo, el dolor era cada vez más intenso, entonces sacó sus manos de mis nalgas y las colocó sobre mis hombros, no llegué a reaccionar, tirando de mis hombros hacia atrás empujó con toda su fuerza la verga dentro de mi culo, entró toda de un golpe, no podía entrar más, sus bolas quedaron aprisionadas en la entrada de mi culo.

    El alarido que di creo que se sintió a varias cuadras de distancia, el terrible ardor que sentía parecía que tenía metida en el culo una brasa de carbón, sentía la sensación de que la punta de su verga me había llegado hasta la garganta, no podía comprender como semejante verga estuviese toda dentro de mí, inmediatamente el comenzó con una mano a acariciarme las tetas, y con la otra a jugar con mi clítoris, suave y lentamente.

    Poco a poco el ardor de mi culo comenzó a disminuir, al mismo tiempo que aumentaba el placer que me producían sus caricias, así de esta forma el comenzó a sacarla y meterla, lentamente de manera casi imperceptible su verga salía y al momento sentía todo su largo dentro de mí, me dolía horrores, pero el ardor era menor, era una mezcla de placer y dolor, no podría decir cuál era mayor.

    De esta forma fue aumentando el ritmo del meter y sacar, comprendí que iba a acabar en cualquier momento, con mi mano apreté la suya dentro de mi vagina, el inmediatamente comprendía que yo estaba por tener un orgasmo, aumento el ritmo, introdujo más sus dedos dentro de mi argolla y así hasta que ambos un pudimos aguantar más, el orgasmo me llegó como un relámpago, imprevistamente, sentí mi cuerpo estremecerse, temblar, no podía aguantar más…

    Él en ese momento empujó con todas sus fuerzas, volví a quedar ensartada por su enorme verga y comenzó a acabar, en forma frenética, comenzó a llenarme toda con su semen, lo sentía dentro de mí, muy caliente, me quemaba todo mi orto, tal era su abundancia que no lo podía contener todo, sentía que se resbalaba por entre mis piernas, mi vagina se lubricaba con él, así siguió bombeando hasta acabar todos sus jugos, cuando no tuvo más y estando ya completamente relajado dejó caer todo su peso sobre mí, me aplastó contra el sofá, comenzó a besarme la espalda, llegó hasta mi nuca, me mordió el cuello, era algo maravilloso el placer que esto me producía.

    Aun así, seguí con mi mano en la vagina, lentamente comencé a acariciar mi clítoris, así empecé a tener un nuevo orgasmo, él lo comprendió por mis jadeos, me ayudó con sus besos y caricias, estallé nuevamente, no podía creer, a pesar del ardor que aún tenía con su pija dentro de mi culo, el orgasmo que tuve fue interminable, hermoso, todo mi cuerpo se retorcía, gritaba como una loca, no sé cuánto duró, pero para mí fue una eternidad.

    Luego él se salió dentro de mí, que alivio tan grande, no tenerla más dentro de mí, pero la verdad fue una lástima, lentamente me di vuelta y quedé de espaldas sobre el sillón, no podía creer lo que veía, por mis piernas chorreaba un líquido espeso y caliente, era su semen mezclado con sangre, casi podría decir que más sangre que semen, era evidente que mi culo se había roto de una manera increíble, en ese momento me di cuenta del ardor que tenía en orto.

    Entonces Fernando se levantó, fue hasta el baño y regreso con una crema, comenzó a lamer toda mi vagina y mi culo, se fue chupando todo, mientras lo hacía con sus manos jugaba con mis pechos, me los acariciaba, apretaba con la punta de sus dedos mi pezones, cuando hubo limpiado todos los jugos comenzó a aplicar crema en mi culo y mi vagina, como por arte de magia todo el ardor que tenía en el orto desapareció, recién en ese momento comencé a sonreír y a disfrutar realmente.

    Su enorme verga no estaba totalmente flácida, comencé a acariciársela, abrí mis piernas, ofreciendo toda mi argolla para que me penetrase, pero el conocedor de sus propias fuerzas me dijo muy cálidamente: Me encanta lo que me ofreces, pero no puedo satisfacerte más, hoy no, dejémoslo para otro día…

    Así fue que me levanté y con bastante dificultad fui a darme una ducha, me cambié y me despedí de Fernando, cuando salí a la calle no podía caminar, me ardía todo, mi orto era un fuego, bajé al subte y cuando me ofrecieron un asiento me negué a aceptarlo, no me podía sentar, es más por varios días cuando me sentaba sentía ardor, pero ese ardor era hermoso, solo me hacía recordar la enorme verga que había tenido dentro de mi culo.

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  • Mi tía Lyly

    Mi tía Lyly

    Esta historia ocurrió hace unos años atrás, y tiene por protagonista a una tía, que en ese tiempo vivía con nosotros en nuestra casa, ella separada de su marido hacía ya unos cuantos meses, con un niño pequeño. Ella en ese tiempo, pasaba la mayor del tiempo haciendo trámites para marcharse del país y buscar una nueva vida en otra parte donde no la conocieran.

    Además, todos los que morábamos en la casa durante el día nos encontrábamos fuera de ella, y mis padres muchas veces, no llegaban en algunos días, pues a mi padre le correspondían en ese tiempo turnos de noche en su trabajo, y mi madre debía viajar periódicamente a supervisar una parcela que posee en el norte del país.

    En una de estas ocasiones, después de encontrarnos solos mi tía y yo en casa, nos dispusimos a merendar, platicando acerca de lo ocurrido en nuestras vidas por esos días.

    Después de terminar nuestras meriendas, me hace notar que la casa se encontraba muy desordenada, y si me animaba ayudarla a ponerla en orden, dada su petición no puse objeciones y nos dispusimos manos a la obra, pasado un tiempo de estar ordenando le propuse que nos sirviéramos algunos tragos, lo que aceptó inmediatamente, para lo que elegí preparar los tragos con un aguardiente muy fuerte que mi padre mantenía en su bar, la cual acabamos después de unas horas.

    Ya terminado el aseo de la casa, nos sentamos en el sillón de la sala a ver televisión, para continuar sirviéndonos otros tragos, pues era fin de semana y no tendríamos labores de importancia al día siguiente.

    Después de un tiempo, mi tía dijo encontrarse cansada, pero que necesitaba tomarse otros tragos para relajarse; después de dos tragos al levantarme al baño, la encuentro a mi regreso totalmente dormida, sigo viendo la película que transmitían, en un intermedio, me levanto a buscar una cobija para cubrirla, pues era una fría noche de invierno.

    Al momento de cubrirla me quedo viéndola por un momento, y noto a la hermosa mujer que duerme tranquilamente, noto sus pechos que se muestran bajo su camisa sin corpiño, y su exquisita grupa, por haberse acomodado con su cabeza sobre un cojín dejando sus posaderas hacia el lugar donde yo estaba sentado, la cubro con la cobija, acaricio su cabellera, y paso uno de mis dedos acariciando su cara y sus labios, me siento en el lugar en que me encontraba anteriormente, y trato de cubrirme con el resto de la manta que cubría su parte trasera.

    Al hacerlo sin mirar toco sus glúteos, suaves y turgentes, me doy cuenta que está dormida completamente, y que por efecto del alcohol ingerido su sueño será mucho más profundo que lo normal, lo que hace excitarme completamente, y seguir con mis tocamientos, que a cada momento me encendían al máximo, acomodo sus piernas y subo totalmente su vestido, para poder tocar su entrepierna, que siento caliente, muy caliente, cuidadosamente, como no había puesto reparos al acomodarla anteriormente, disimulo volver hacer lo mismo.

    Pero en esta ocasión me doy a la tarea de quitarle sus diminutas pantaletas, lo que logro quitar sin ningún obstáculo, las huelo un momento y se las dejo en sus manos, por lo que enseguida dedico mis frotamientos a sus exquisitas partes húmedas y calientes, introduciendo de vez en cuando mis dedos en su caverna cada vez más húmeda y chorreante, y su ano que por la postura en que se encontraba tenía totalmente a mi vista.

    Como todos saben, que la calentura nos lleva a actuar sin medir consecuencias, ya totalmente excitado con una mano froto descaradamente su clítoris y con la otra me masturbo suavemente.

    En ese momento, ella se despierta abruptamente, levantando su cabeza diciéndome: “¿qué mierda me estás haciendo? ¿cómo se te ocurre hacerme algo así? ¿no ves que soy tu tía?”.

    Sobresaltado, no encuentro que decir, me quedo callado por unos momentos, no atreviéndome siquiera a sacar mi mano con mis dedos dentro de su vagina, rápidamente pienso como salir del problema, y le respondo que hace unos momentos me había pedido que le hiciera unos masajes en las piernas, y que en medio de ellos se había, quitado sus pantaletas, por lo que yo creyendo que se ofrecía, había continuado con los masajes más internos.

    “Pero ¿cómo?”, me dice. Le digo que mire sus manos que ella tiene sus pantaletas en ellas, se mira, no da crédito aún, le digo que posiblemente, por efecto del alcohol, unido a sus deseos de mujer sin actividad sexual desde hace tiempo, lo haya dicho en su inconciencia; parece creerme, se queda en silencio por unos momentos, frunciendo el ceño, como queriendo recordar algo, y luego me dice, que, dada la situación, continúe, pues a la verdad: en esos momentos verdaderamente, necesita sentir un orgasmo.

    Se acomoda nuevamente alzando una de sus piernas sobre el respaldo del sillón y la otra sobre mis piernas, dejando su tesoro completamente a mi vista, abierto totalmente, incitándome a continuar con la tarea ya iniciada, sigo con mi mano aún en su interior, por lo que continuo masturbándola inmediatamente, sintiendo como derrama sus jugos abundantes, luego me dice, esta vez más consciente, si me atrevería a lamer su almejita, lo que hago con el mayor gusto, transcurridos apenas unos segundos, comienza a dar indicios de un orgasmo, apoyando sus manos en mi nuca haciendo que mi lengua frote muy fuerte su abultado clítoris.

    Su placer se transforma en un violento orgasmo, subiendo y bajando su pelvis, contrayendo su vagina contra mi boca, derramando sus flujos de manera abundante, al no separarme de ella y seguir succionando su tesoro vuelve a venirse en otro orgasmo que como el anterior no puede controlar, dejándose ir con un grito que deben haber escuchado todos los vecinos.

    Ya relajada, me dice que en verdad necesitaba desahogar su instinto sexual, por lo que continuáramos, acto seguido sin decir agua va, se posesiona de mi verga introduciéndola en su boca diciendo que quiere probar mis jugos, siento sus labios a la altura de mis bolas, todo mi pene estaba en su interior, no lo podía creer, pasados unos instantes me vengo copiosamente por la calentura alcanzada, trata de que toda mi acabada se produzca en su boca, pero se atraganta, terminando mi acabada en sus pechos, a lo que ella esparce por su cuerpo llevando los restos de sus dedos a su boca.

    “Exquisito” me dice, “ya casi se me había olvidado el sabor de un hombre, ¡y como lo necesitaba!”.

    Me dice que le sirva un trago y la siga a su dormitorio, cuando llego a él, la veo totalmente desnuda sobre la cama, haciéndome señas a que me instale a su lado, me dice que la noche no ha terminado, y que ahora viene lo mejor; me abraza situándose sobre mí, para besarme en la boca ardientemente, aún siento el sabor de mi propio semen en sus labios (por cierto la primera vez que puedo sentir el sabor de mis propios humores), sigue besándome y bajando por mi cuerpo hasta llegar a mi pene, que vuelve a metérselo en la boca, situando al mismo tiempo un almohadón bajo mis nalgas, hasta que lo siento erecto nuevamente.

    En eso se acomoda a horcajadas sobre mi masajeando mi pene contra su vulva y su ano por un rato, cuando ella se siente totalmente lubricada, y mi pene se encuentra erecto totalmente, en un movimiento rápido y certero, se encaja totalmente en él, tanto que siento un dolor en mi glande y mis testículos, por el golpe inesperado, se queda inmóvil, unos momentos al sentirse totalmente penetrada, para continuar luego con una cabalgata maravillosa e interminable, moviendo sus caderas en un momento muy rápidamente, otras en circulo, a momentos, se quedaba quieta, con toda mi verga en su interior, para contraer y dilatar su vagina.

    Cuando ella notaba en mí, indicios de acabar, se levantaba sin sacar mi pene totalmente de su abertura, para con su mano apretar bajo mi glande por unos segundos hasta que la sensación terminaba, para continuar cabalgándome, no sé cuántas veces acabo ella aquella noche, por mi parte recuerdo haberlo hecho unas ocho veces.

    Desde ese día nuestros encuentros se produjeron casi a diario, desenfrenadamente, por todo el tiempo en que ella vivió en nuestra casa, hasta que llegó el día en que tuvo que marcharse. Sin antes, agradecerme todos los momentos de gozo que pude brindarle, que ella conservaría por siempre en su memoria.

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  • Mi fetiche con embarazadas

    Mi fetiche con embarazadas

    ¿Cuántos más tienen este fetiche y a qué creen que se deba?

    Les contaré rápidamente cómo es que comencé a tener atracción sexual por las embarazadas.

    Mi historia es sencilla, en alguna ocasión viendo porno comenzaron a aparecerme videos de embarazadas y por pura curiosidad comencé a verlos. Al principio me parecía una locura el que tuvieran sexo estando así, pero después de ver unos cuantos videos me llamaron la atención algunas cosas, la primera es que los pechos se ven más deliciosos de lo normal seguido de que comienzan a lactar, por alguna extraña razón me pareció excitante que en algunos videos mientras se tocan los pechos y los aprietan les escurra la leche y ellas mismas jueguen con ella de forma perversa.

    Lo segundo es que al parecer en cierta etapa del embarazo ellas andan más calientes todo el tiempo y disfrutan mucho el sexo, me pareció algo súper genial ese dato.

    Y por último y que se convirtió en una fantasía que espero cumplir pronto es la libertad para eyacularles dentro sin temor a embarazarlas, puede que suene algo tonto, pero yo soy una persona que suelo cuidarme bastante a la hora de tener sexo, y el sexo sin protección no es algo que practique de forma casual. Pero bueno, el imaginarme que puedes dejar todo el semen que quieras dentro de sus vaginas se volvió en algo que en verdad quiero experimentar, y es por eso que ahora cuando veo alguna embarazada que sea atractiva para mi es inevitable pensar en cogérmela y llenarla de leche.

    En alguna ocasión una ex me platicó que estaba embarazada y es aquí cuando entra mi fetiche. Hablaba mucho con ella por chat y me platicó que le daban muchas ganas de tener sexo, pero debido a su embarazo su familia cuidaba mucho de ella y eso implicaba estar con ella casi todo el tiempo haciendo imposible tener sexo con ella, aun así logre sacarle varios nudes, me pareció muy loco que me enviara nudes estando embarazada porque confirmaba la excitación que ella tenía debido a su estado, también confirme con sus nudes que sus tetas se veían más grandes y deliciosas.

    También cuando mi prima Andrea (de la que ya hablé en otro relato) estuvo embarazada pude comprobar que sus tetas crecieron muchísimo, incluso usando ropa que la cubriera era evidente que sus tetas ahora eran enormes y posiblemente deliciosas.

    En la actualidad tengo otra prima embarazada que está en su última etapa, ella es muy delgada y créanme que se ve hermosa estando embarazada, fantaseo mucho con tenerla en cuatro y lamerle todo lo que se encuentre entre sus piernas para después dejarle toda la leche dentro.

    Ahora para mi es normal seguir comunidades de embarazadas hot, es impresionante la cantidad de porno y perversión qué hay relacionada a esto.

    Esta ha sido mi historia de cómo nació este fetiche en mí, espero escribir más anécdotas pronto, gracias por leer.

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  • Año nuevo, culo nuevo

    Año nuevo, culo nuevo

    Hola, las cosas dan un giro inesperado cuando uno menos lo piensa, si bien todos deseamos que algunas cosas se hagan realidad, al pasar el tiempo y no concretarse, uno las descarta y se va olvidando, pero si pasado mucho tiempo se presenta ante ti, uno no desaprovecha la oportunidad y la hace realidad, así que los pondré en contexto para que sepan a qué me refiero, yo hoy cuento con 45 años, soy una persona normal, estoy casado con una mujer increíble desde hace 25 años y debo decir que es una de las mejores cosas que me pasó en el vida, ella es la mayor de 3 hermanas, y todo esto que les comenté comenzó cuando estábamos en nuestros primeros años de casados.

    Nosotros con mi esposa si bien no arrancamos como una pareja perfecta, lo llevábamos bastante bien, seguramente como muchos empezamos alquilando una casa pequeña, pero como de a poco empezamos a tener mascotas tuvimos que mudarnos y alquilar una casa mas grande cerca de la familia de ella, yo me llevaba bien con todos, menos con mi suegra que era una mujer muy autoritaria y además yo nunca le había caído bien, como toda mujer autoritaria sobre su familia, ella no veía con buenos ojos que sus hijas se pongan de novia, pero a veces hay cosas que no sr pueden controlar.

    Jaqui la hermana que le sigue en edad a mi esposa se había puesto de novia con un muchacho que era un verdadero idiota, todos detestaban sus actitudes y siempre trataba de sacar ventajas de todas las situaciones tratando mal a toda la gente, pero bueno, eso es lo que ella había elegido, si bien yo tenía muy buen trato con Jaqui, yo no me pasaba de la raya, además en varias ocasiones ella me había manifestado que me quería mucho más que como un cuñado, y que a ella le molestó que la haya elegido a su hermana en vez de a ella, así que con todo esto trataba de convivir lo más natural que se podía junto a mi esposa.

    Al poco tiempo que estamos viviendo en la nueva casa, mi esposa me dice que Jaqui se había peleado con el novio y le había pedido si podía vivir con nosotros ya que la casa era grande, realmente yo no tuve ningún tipo de problema, ya que como les había comentado me llevaba bien con ella.

    Una vez que se instaló, se fue acomodando al movimiento de la casa, así que vivíamos los tres muy tranquilos, Jaqui siempre me decía algo cada vez que estábamos solos, pero como yo estaba realmente enamorado de mi esposa me hacía el que no entendía y salía rápidamente de la conversación, así fue pasando el tiempo, Jaqui se arregló con su novio y hoy en día están viviendo juntos, yo continuo con mi esposa, mi suegra se fue al otro mundo, y este año nos juntamos a festejar el año nuevo en casa, pero paso algo que ni yo mismo pensaba.

    Junto con mi esposa comenzamos a preparar la casa para que pasemos el año nuevo en familia como ya lo habíamos hecho otras veces, así que ese día vinieron sus hermanas con sus maridos, realmente fue algo muy lindo, comimos, tomamos, bailamos, tomamos, charlamos, tomamos y todo se iba dando de esa manera, así que la noche venía bastante movida.

    Si bien yo tomo poco acompañaba a los que si lo hacían en cantidad, lo mismo que Jaqui que no toma alcohol, estábamos viendo que todo esté en orden, la hermana más chica nos dice que se va con su marido, ya que tenía que ir a saludar a otros parientes, pero que al otro día volvería para que sigamos festejando, así que solo quedamos nosotros 4.

    Todo seguía con total normalidad, pero yo veía que mi esposa está que se dormía sentada, por el efecto del alcohol y por lo cansada que estaba de haber preparado la casa y las cosas para el festejo, así que le dije que se fuera a acostar y la acompañé, tanto yo como Jaqui nos encontrábamos bien, pero el esposo de ella no podía decir 2 palabras seguidas de lo borracho que estaba, y no se podía mantener despierto, así que quedamos solo nosotros dos conversando y tomando algo.

    Ella me decía que lo había pasado muy bien y que siempre que venía a casa recordaba el tiempo que había vivido con nosotros y lo bien que la había pasado, yo también le digo que había sido muy lindo convivir con ella, pero que había pasado mucho tiempo y ahora somos todos muy distintos, ella me dice que es verdad, pero hay cosas que no cambian nunca y a veces es bueno que algunas estén intactas, yo le contesto que es lo que había quedado intacto.

    Jaqui solamente me mira, se levanta de su asiento, se acerca y me da un beso en la boca, yo respondo al beso, sabía que lo que estaba pensando no era por efecto del alcohol, así que debía hacer todo rápido y en silencio.

    Yo sabía que lo que estaba pensando era algo muy arriesgado, pero también sabía esa calentura que nos guardamos durante años era el momento de sacarla, así que la agarre de la mano y la lleve al baño, y cerré la puerta con llave. Ni bien termine de hacerlo Jaqui me vuelve a besar apasionadamente, yo acariciaba todo su cuerpo que había cambiado mucho de cuando ella vivía en casa, ahora estaba mucho mas flaca y no tenía ese enorme culo y grandes tetas de pasado, pero igual se encontraba muy apetecible.

    Luego de unos minutos que estuvimos besándonos ella baja mi pantalón y comienza a devorar mi pija, lo hacía en forma increíble, y solo la sacaba de su boca para decirme que lleva años deseando chuparme la pija, a lo que le contesto que ahora la va a tener cuando lo desee y que vamos a recuperar el tiempo perdido.

    Ella sonríe y sigue chupando, pasa su lengua de todas las formas y se detiene en mis huevos para meterlos dentro de su boca. Realmente lo estaba disfrutando como hace mucho no lo hacía, yo estaba tan caliente que deseaba chuparle la concha, así que también baje su pantalón y le pedí que suba una pierna y la apoye en el inodoro, me arrodillé y quedó ante mi una concha blanca y totalmente depilada, que me dedique a chupar y morder.

    Estaba riquísima y sus jugos no paraban de salir, yo trataba de meter mi lengua lo más profundo posible, y solo la sacaba para lamer y jugar con su clítoris, notaba que se le estaba cansando la pierna de apoyo, así que le hice bajar la otra pierna del inodoro y apoye sus manos así quedaba su culo y concha a mi disposición, me coloco detrás de Jaqui y pongo la cabeza de mi pija en la entrada de su concha, presiono y entra muy fácilmente ya que estaba muy mojada, se sentía muy caliente su interior y mi pija llegaba hasta lo mas profundo.

    Ella se tapaba la boca para no gemir, y yo la cogía con toda mis fuerzas, luego de unos minutos siento que se estremece y comienza a largar gran cantidad de jugos que caen por sus piernas, ella también era squirt como su hermana, yo podía escuchar mi huevos golpeando su concha mojada y ya no me importaba que nos oigan, así como estábamos la saco de su interior y la apoyo en su ano, Jaqui hace una mano para atrás, pero en ningún momento me dice que no lo haga, así que le digo que se lo voy a hacer suave, masajeo en círculos su ano con la cabeza de mi pija para que vaya dilatando un poco, pongo un poco de saliva en la punta y comienzo a presionar.

    A medida que va entrando ella tira su cabeza para atrás y da un suave quejido de dolor, una vez que tenía la mitad adentro, me detengo para que se acostumbre a mi grosor, cuando nuevamente comienzo a moverme de leves quejidos pasa a suspiros, yo comencé el mete y saca, era hermoso sentir como el culo de Jaqui apretaba mi pija, yo cada vez la cogía con mas fuerza y ella solo daba pequeños quejidos con cada embestida, luego de varios minutos así, le digo que estoy por acabar, a lo que ella hace que pare de cogerla, se da vuelta y comienza a sobarme la pija diciéndome “ahora quiero tu leche”.

    Yo me encontraba súper caliente por lo que no tarde mucho en descargar toda mi leche en su boca y cara, una vez que descargué toda mi leche ella seguía chupando y me miraba a los ojos, yo con mis dedos junté la leche de su cara y la llevé a su boca, ella la trago con una sonrisa, me dice que quiere que lo volvamos a repetir pero que quisiera que fuera en una cama, se viste, me da un beso y sale del baño.

    Yo me quedo unos instantes, me visto, me acomodo y salgo, Jaqui estaba sentada al lado de su marido que seguía durmiendo, realmente se la veía muy contenta, incluso en un momento sacó sus tetas y me dijo te faltaron darle mimos a ellas, yo me acerque se las chupe un momento y le dije que esperemos a estar en otro que podía despertar su marido, ahora somos amantes y cumple con todos mis pedidos y fantasías, siempre me hago un tiempo para que estemos en la cama de algún hotel o en su cama cuando su marido trabaja, pero eso se los contaré más adelante si es que ustedes me lo piden, hasta pronto.

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