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  • La antesala a la boda con los vagabundos

    La antesala a la boda con los vagabundos

    Ya habían pasado algunos días desde que mi novia se “vengó” de los vagabundos con una mamada dolorosa.

    Los nervios estaban a flor de piel, no cabíamos de la desesperación por casarnos y a la vez nervios, no nos íbamos a casar por iglesia pues yo no practicaba alguna religión, los padres a regañadientes aceptaron la vez que les fui a pedir la mano de mi esposa.

    Mañana seria la boda y queríamos distraer la mente así que nos dedicamos a andar por la ciudad, fuimos a desayunar y a ver una película por la tarde.

    Después recibimos la visita de David pues le llamamos para que nos hiciera compañía un rato, era como el alivio cómico del momento, el punto era matar el día que pasaba muy lento. Mi novia ya le había perdido la pena a mi mejor amigo, desde la última visita, por lo que ella lo recibió con una camisa mía de tirantes sin bra y una tanga transparente color rojo que se podía ver sus labios vaginales, aunque su intención no era exhibirse ante él, pero nos resultaba bastante cómodo que simplemente lo hacíamos sin buscar algo de por medio.

    Entonces ella le abrió la puerta.

    Se saludaron con un abrazo y un beso en la mejilla, sus ojos ni se posaron sobre los pezones de mi novia.

    No sentamos lo 3 en el mismo sofá para ver una película y pedimos pizza, apenas habían pasado algunos minutos de la película cuando llego el delivery, mi novia se levantó a recibirlo, David se quedó con los ojos abiertos al ver que ella así sin más iba a recibirlo.

    Ante eso yo le dije:

    -Te dije que no usaba nada –le dije sacándolo de su impresión

    -Tienes razón, mira que se le notan los pezones a tope.

    -Sí lo sé, pero así es más cómodo –le dije

    -¿Pero a poco no anda nada debajo?

    -Si anda una tanga transparente

    -Oh bueno –dijo él

    -Ya que mencionas su tanga, aún tengo de bandera la de ella en mi cuarto

    -Si se entera me mata –le dije bromeando (Aunque en el presente ella ya sabe)

    Ella regresó con las pizzas para cada quien y en su respectivo plato, después de un rato tal vez ya faltando lo último para finalizar la película, ella decide acostarse.

    -¿No te molesta verdad? –le preguntó a David

    -No para nada –dijo él

    Ella se estiró a lo largo, apoyando su cabeza de lado en mi entre pierna y con las piernas de ella estiradas en las piernas de David, en esta posición no sé que tanto quedaba a la vista la tanga de mi novia, pero eso no importaba, estábamos viendo la película.

    Mi novia se levantó, pero en lo que se levantó su camisa de tirantes quedó por encima de su culo, exponiendo su tanga ante la mirada de David

    -Olé –dijo David

    -Eso fue tarjeta roja –dijo David en forma de chiste

    Nosotros entendimos a que se refirió y nos pusimos a reír.

    Ella le dio una palmada en el hombro –en forma amistosa

    -¿De verdad sueles salir así sin ropa interior? –preguntó él

    -Es decir, ahora no andas bra se te ven bien los pezones y así recibiste al de las pizzas –agregó él

    -Pues me resulta más cómodo, aunque siempre atraigo muchas miradas…

    -¿Los puedo acompañar algún día cuando andes así? Me da curiosidad –dijo él

    Su petición en ese momento nos agarró de sorpresa, pero aceptamos, a fin de cuentas ¿Qué podría pasar?

    -Está bien –le dije yo

    -Nosotros te avisaremos –dijo mi novia

    Él se despidió de nosotros, diciendo que nos esperaba mañana para el gran día. Eso nos hizo aterrizar otra vez en el nerviosismo.

    Ella quería coger conmigo, pero no quería ser yo quien la cogiera una noche antes de la boda, quería que la rellenara alguien más y ese, o “esos” alguien más quería que fueran los vagabundos.

    La besé en el cuello y al oído le dije mis intenciones…

    -Quiero que Antonio y los demás te cojan hoy, antes de nuestra boda –le dije al oído

    Ella solo sonrió ante mis palabras y me besó en la boca

    -¿De verdad quieres que me cojan? –me preguntó ella de una forma pícara

    -Si mi amor, quiero que vayas rellenita para la boda.

    -Entonces iré a darme una ducha rápida –dijo levantándose-

    A los 30 minutos bajó del segundo piso, se miraba aún más hermosa con su maquillaje y un olor dulce por su perfume, se puso un vestido sencillo pero bonito.

    Y partimos hasta donde estaban, era raro llegar y encontrar todo exactamente lo mismo, como que si el tiempo no pasara por ahí… Aunque sus cuerpos decían otra cosa.

    A este punto probablemente no los haya descrito… Antonio era llenito de cuerpo, pero no gordo con su piel quemada por el sol según él su edad ronda entre los 54 o 56, mientras que Héctor es delgado muy delgado su edad oscila tal vez a sus 55, es difícil saberlo no es como que llevasen los días contados.

    Ellos estaban dormidos obviamente no nos esperaban, no sintieron ni el auto.

    Mi novia se acercó sin hacer mucho ruido y le dio un beso en los labios a Héctor, este abrió los ojos asustados hasta que lucidamente cayó en cuenta que era Erika, mi novia puso su dedo en su boca en señal de silencio. Antonio era el siguiente estaba tirado en una cama de cartón, se le acercó y ella lo vio de pies a cabeza, luego su mirada se desvió a su entrepierna.

    Llevo sus manos ante los harapos que usaba de pantalón, pero no logro su cometido por lo que lo despertó con un beso, este del susto se hizo para atrás de un solo golpeándose la cabeza.

    Cuando los dos ya estaban más lúcidos se incorporaron y le dieron un abrazo a Erika, ella les dio una lata de cerveza a cada uno (Si, habíamos pasado por la tienda) y se sentaron en el suelo.

    -No te esperábamos esta noche –dijo Antonio

    -Lo sé, les dije que mañana me casaba, pero ya que no irán queríamos visitarlos un rato –dijo ella

    -¿A qué hora se van a casar? –nos preguntó Héctor

    -En la noche –le respondí

    -Y bueno Erika que rica te ves con ese vestido –le dijo Héctor

    -Gracias –dijo Erika

    -¿E irás vestida así como putita?

    Mi novia ante la pregunta solo se rio y le dijo que no, no era la ocasión para eso.

    -Ah mira se hace la angelita –dijo Antonio

    -Ya saben que no lo soy –dijo ella

    -¿No eres qué? –le pregunta Héctor

    -No soy una angelita, solo soy una puta –dice dándole un beso de piquito

    Una conversación era la transición entre una acción y otra, casi como un ritual.

    Después de eso ella se fue a saludar a los grupitos más cercanos de vagabundos que aún permanecían despiertos, ella era amable con ellos, aunque hasta ahí.

    Héctor y Antonio se levantaron del suelo para sentarse en las sillas que les habíamos regalado, al regresar mi novia se sentó en las piernas de Antonio. Cuando ella se sentó el vestido se le subió todo por lo apretado y corto que era, dejando así a la vista su depilada vagina.

    La mirada de Héctor y la mía se dirigieron inmediatamente ahí. Con nuestras miradas Antonio se dio cuenta. Entonces mientras continuábamos charlando Antonio toqueteaba el clítoris de Erika.

    Con sus dedos jugaba con la vagina de mi novia, metía y sacaba sus dedos, frotaba el clítoris, Antonio volvía a meter sus dedos adentro de ella y los sacaba para metérselos en la boca de ella. A tal punto que mi novia ya estaba encendida nuevamente.

    Ella bajó su parte superior del vestido dejando a la vista de todos sus pechos, Antonio aprovecho para apretar sus pezones y besarla en el cuello. Héctor quería ser participe, entonces movió su silla a la par de ella para jugar con su otro pecho.

    Ella se levantó para alejarse un poco mas de la orilla, como solíamos hacer, ellos la siguieron.

    Ellos tenían un fetiche, como perros siempre olían sus partes… Ellos olían su vagina o le lamian su ano mientras ella estaba de pie.

    Luego ella se arrodillo y bajó los harapos de Héctor y Antonio.

    -Espero te diviertas –le dijo Héctor

    -¿Las vas a dejar relucientes verdad puta? –le preguntó Antonio

    Mi futura esposa se llevó los huevos de Antonio a la boca, primero uno y luego otro, yo me mantenía cerca siempre. Podía ver como sus huevos entraban y salían de su boca, miraba sus pelos cubiertos de saliva.

    Luego paso a los huevos de Héctor, claramente se esforzaba mas en los de él.

    Finalmente se quitó el vestido, y procedió a introducir la verga de Héctor en su boca, sus mamadas eran estupendas, se notaba que le encantaba, aunque a veces con ligeras expresiones de asco en su rostro, imagino sabían mal por lo que no se bañan seguido.

    Erika seguía con la mamada empujando hacia atrás a Héctor y con sus manos en un movimiento hacia abajo hizo entender a Héctor que se acostara en el suelo y así lo hizo mientras Erika trataba de seguir pegada a su verga con su boca.

    De esa forma Héctor había quedado en el suelo mientras mi novia estaba en cuatro haciéndole una mamada, Antonio aprovechó la posición de ella para hacerle un oral, lamía su clítoris, metía su lengua desesperadamente, como que si de un perro bebiendo agua se tratase.

    Entonces Antonio se detuvo, mi novia empezó a ofrecerle el culo abriéndose las nalgas.

    -¿Qué quieres putita? –le pregunta Antonio

    -Que me metas tu verga –dijo ella bien excitada

    -¿Qué quieres? No te escuche –dijo él

    -¡Que me metas tu verga! –dijo mi novia jadeando

    Antonio acomodo su verga, mientras yo me movía detrás de ellos, no quería perderme eso, entonces Antonio sin ningún cuidado metió de un solo su verga dentro de su vagina.

    Mi novia al sentir eso dio un fuerte pujido que los grupitos mas cercanos de vagabundos pusieron más atención.

    No gritó porque tenía en la boca la verga de Héctor, entonces Antonio continuó metiendo y sacando su verga. Antonio agarraba las caderas de mi novia con sus manos para tratar de penetrar más profundo.

    A la vez mi novia continua con el oral a Héctor.

    Para mi era una escena majestuosa un perfecto regalo antes de la boda.

    Dos vagabundo cogiéndose a mi novia, el contraste era grande… Ella blanca bien cuidada, con olor a crema, cabello negro bien cuidado, con sus uñas pintadas, su vagina sin ningún vello, mientras que esos 2 vagabundos totalmente hediondos a sudor, su piel quemada por el sol, con sus huevos oliendo una combinación entre sudor y orina, con los huevos peludos.

    Mi novia era una niña a la par de esos vagabundos.

    Después de unos momentos así… Mi novia quería cambiar, quería ya tener la verga de Héctor en su culo, entonces cambiaron de posición.

    Héctor a diferencia de Antonio la metió suave, y empezó con un mete y saca igual, tal vez solo quería ahorrar energía, no lo sé… Pero después de un rato sus embestidas empezaron a ser mas fuertes.

    Mientras la penetraba el sacaba hasta la mitad de su cabeza de su vagina y luego embestía lo mas fuerte que podía, entonces la empezó a coger de esa forma, le sacaba pujidos y gemidos a mi novia, sus embestidas pasaron a ser aún mas fuerte al punto que mi novia se perdía un poco el equilibro hacia adelante.

    Luego empezó a cogerla normalmente y de una forma suave, que se podía notar los labios vaginales rozar adentro y hacia afuera con la verga de Héctor.

    Antonio por su parte disfrutaba ver como mi novia le mamaba la verga y se comía sus huevos.

    -Ohh que bueno es tener los huevos limpios –dijo Antonio

    -Serás la mejor enfermera –dijo el

    -Te apuesto a que quedará tan entrenada que todo lo va a querer limpiar con su boca –dijo Héctor

    Ambos rieron mientras se la cogían.

    Mi novia solo sonrió, entonces aumentó la intensidad de la mamada.

    -Espera puta –dijo Antonio

    -Esta vez no será como tú dices –dijo deteniéndola

    -La vez anterior esa mamada nos dolió mucho –dijo algo enojado recordando eso

    Entonces Antonio se levantó y agarro del pelo a mi novia arrastrándola por el suelo de tierra despegando así el culo de la verga de Héctor.

    Antonio se estaba comportando bastante agresivo con ella, Antonio continuó arrastrando del pelo a mi novia, por un momento ella me vio, pero se sometió a Antonio, entonces dejó que la arrastrara hasta unos cuantos metros más adelante.

    Entonces la hizo tirada del pelo contra el suelo de tierra, ponte en cuatro ahí puta.

    Mi novia obedeció ante el sometimiento de Antonio.

    -Ahora levanta el culo y pon tu cara en la tierra para que terminemos de cogerte –dijo Héctor

    Héctor se acercó y puso la punta de la verga en la entrada de la vagina de mi novia.

    -¡Quiero ir llena de semen por dentro! –dijo mi novia de la nada, sin que nadie se lo pidiera

    Héctor metió su verga de golpe, ella dio un pujido ahogado.

    El sonido del choque de la pelvis y el culo de mi novia sonaba haciendo casi un eco ante el silencio de la noche, los otros grupos de vagabundos sabían lo que estaba pasando. Bueno, en si mi novia ya tenía la fama entre los vagabundos de ser la puta de la calle.

    Mi novia continuaba gozando, solo miraba como sus labios se lubricaban mas y mas debido a sus orgasmos.

    Luego cambiaron a la posición de misionero y Héctor a como él podía metía y sacaba su verga, hasta que empezó a pujar, al escuchar eso mi novia enrolló sus piernas en la cadera de Héctor, y así Héctor terminó acabando adentro de mi novia.

    Héctor quería seguir, pero rápidamente su verga quedó flácida.

    Por lo que le cedió el puesto a Antonio.

    Antonio puso en cuatro otra vez a mi novia, le separó las nalgas para ver bien como un hilo de semen salía desde su interior.

    -Lo bueno es que no ocuparas lubricar –dijo Antonio.

    Solo puso un poco de saliva en la punta de su verga y entró de un solo…

    Mi novia suspiro ante tal envestida, aunque la de Antonio no se compara con la de Héctor y la mía. Ella ya estaba abierta por lo que la verga de Antonio entraba y salía de un solo. Mientras que Erika le hacia un oral a Héctor para tratar de que se recupere y vuelva a tener otra erección.

    Yo solo contemplaba semejante maravilla que estaba presenciando. En mi vida creí que iba a ser cornudo, aún menos a manos de vagabundos y para rematar tener una futura esposa que lo disfrute.

    Aunque al principio casi que la obligaron, ahora ella disfruta a sus anchas.

    Entonces… Antonio continuaba penetrando a mi novia a este punto las embestidas sonaban como chapoteo por tanta lubricación, entre sus fluidos y el semen de Héctor, hacían una bonita melodía.

    Cambiaron de posición, mi novia empezó a cabalgar la verga de Antonio, ella al estar en esa posición todo el semen de Héctor empezó a salir por la gravedad, era hermoso ver todo eso. Y así continuo mi novia hasta que ella tuvo un orgasmo más, a la vez que Antonio ya no pudo contener más y empezó a eyacular adentro.

    Héctor no pudo tener una nueva erección, era comprensible no tenía la misma energía como nosotros, por la edad y por sus carentes faltas de vitaminas…

    Al final mi novia había quedado totalmente desalineada, su cabello hecho un desastre, su culo lleno de tierra y oliendo a orines, no digamos su boca, su vagina había quedado abierta y todo el semen empezó a salir a medida ella se movía.

    Yo por otro lado había quedado más que satisfecho, pues había logrado mi objetivo de ser cornudo otra vez una noche antes de la boda.

    Mi novia descansó tal vez unos 30 minutos en el mismo lugar, luego se incorporó, y nos fuimos a sentarnos donde siempre.

    Se miraba bastante agotada, se sentó en mis piernas con la cabeza apoyada en mí. Solo hablamos un rato más, mi novia seguía sentada sobre mi pierna con la cabeza apoyada en mi pecho.

    Dimos un salto cuando una mano se posó sobre mí y otra sobre el hombro de mi novia.

    E inmediatamente vimos hacia atrás… Era el vagabundo que se había colado en el último baile.

    Hasta que al fin había aparecido, aunque con su presencia pensé significaba que se iba a alargar la visita. Entonces saludó a mi novia primero, por primera vez lo escuchamos hablar, luego saludó a Antonio, luego a Héctor y por último a mí.

    Vio otra vez a mi novia de pies a cabeza, todo el cuerpo de ella estaba sudado y desalineada por la cogida anterior.

    -¿Disfrutó? –me preguntó

    -Por supuesto –le respondí

    -Yo sé que sí, se escuchaban los pujidos de ella –dijo él

    Mi novia aun estando sentada sobre mi pierna solo le sonrió mientras el sudor corría por su sien y volvió a apoyar su cabeza en mi pecho.

    Entonces él se acercó y sobó suavemente el cabello de ella, llevando su mano a su rostro, pasando su pulgar en los labios de ella.

    Volvió a subir su mano para seguir sobando el cabello de ella, en un movimiento rápido él se sacó la verga, la cual ya la tenía erecta.

    -No hace falta que te levantes –le dijo él

    Entonces él se acercó más hasta poner su verga en la boca de mi novia.

    Fue cuando pude ver aún más cerca la verga de él, no era de extrañarse que la primera vez le sacase arcadas a ella, pues su olor era muy fuerte a orines, pero a la vez con sudor de todo un día.

    Mi novia prosiguió a mamar la verga de una forma lenta, esta vez aguantando las arcadas… Podía ver en primera persona absolutamente todo, pues prácticamente yo también tenía la verga del vagabundo frente a mi cara.

    No sé qué situación superaba a qué, si la cogida de hace un rato, o mi novia sentada en mis piernas mamando otra verga, eso sí, esta vez casi a orilla de calle. El sonido de sus mamadas era música para mis oídos, ver como engullía todo y escuchar el característico “gloop-gloop”

    No sabía si sacarme la verga y sentarla o esperar llegar a casa.

    Quien no espero fue el vagabundo que rápido quería terminar, así que mi novia abrió la boca para que depositara todo su semen.

    Dos chorros de semen llenaron la boca de mi hermosa novia, acto seguido le mostró el semen y luego a mí. Después se lo tragó.

    Luego de eso, mi novia terminó de limpiar con su lengua la verga de ese vagabundo.

    Todos habíamos quedados satisfechos esa noche.

    Después de un par minutos más nos despedimos de ellos 3, les hicimos saber que nos había gustado y que a la vez era una lástima no fueran a la boda, aunque ellos se lo tomaron bien.

    Héctor y Antonio besaron a mi novia antes de irse, a la vez le dijeron que la esperaban para la luna de miel, comentario que me encendió la sangre de la excitación.

    Y más aún cuando mi novia dijo: Bueno, no les prometo nada y en caso de que pueda será ya demasiado tarde…

    Eso les dio una pequeña esperanza a ellos 3, bueno en realidad ha ellos 2 porque el tercer vagabundo así como llegó, se fue.

    Agarré el vestido de mi novia y nos fuimos de ahí. Ya en marcha conversamos un poco.

    A ella le había encantado la experiencia y quería repetir, cosa que estuve de acuerdo inmediatamente.

    Al llegar al frente de nuestra casa, le pedí que se bajara tal cual… Aceptó y una vez mas bajó sin ropa a abrir la puerta de nuestra casa, luego entré yo. A la misma aprovechó a decirme que tomaría una ducha cosa a la que me negué…

    -Amor pero ando muy sudada y ensuciaremos la cama si es a lo que te refieres –dijo ella.

    -Entonces usaremos el sofá –le dije

    Ella riendo me dijo que no tenía remedio. En ese momento pude haber dicho que estaba bien que se fuera a bañar, pero quería sentir su vagina abierta, tal vez sacar resto de semen, de hecho, ese era el plan original.

    Tal cual pusimos una sábana larga en el sofá, donde inicio todo. Ella se acostó a lo largo del sofá-cama, me quité la ropa y empecé a besarla, le sobaba el cuerpo con delicadeza, la miraba con mucha lujuria y amor, más aun recordando la boda que estaba a menos de 24 horas de suceder.

    Coloqué la cabeza en la entrada de su vagina, quería impregnarla de sus fluidos y entrar… Quería venirme con solo el roce pero resistí. Hice un movimiento de brocha para lubricar mi cabeza y la penetré, mi verga se deslizó hasta el fondo de golpe.

    Casi siempre la había sentido apretada por dentro, pero esta vez mi verga entro de un solo, deslizándose entre sus propios fluidos y posiblemente restos de semen de los otros dos vagabundos, mas la dilatación que habían dejado, la temperatura por dentro era bastante alta, fue maravilloso… mi verga creo creció aún más dentro de ella.

    Entonces comencé con el mete y saca era increíble como se deslizaba hasta el fondo, por lo que reduje la velocidad, pero aumenté las embestidas, sacaba casi toda mi verga y me dejaba ir de golpe al sentir que no había resistencia y el roce era mínimo. Ella gemía, gemidos que ahogaba con un beso, como había dicho anteriormente su boca estaba un tanto amarga supongo por la boca de los otros dos.

    Cambiamos de posición para hacer “la hamaca”, podía ver su tierna cara, aunque ya con un rostro de mucho cansancio, pero ella daba lo mejor de sí para complacerme hasta que empecé a sentir más húmedo, bajé mi mirada y pude comprobar que ella había tenido un orgasmo, no la quería hacer rendir más por lo que la cambié de posición a la de perrito, y aumenté la penetración hasta finalmente acabar todo adentro de ella…

    Nos quedamos dormidos en el sofá-cama, ella no daba para más, por lo que nos quedamos ahí dormidos, ella con tres corridas en su interior, solamente encendí el ventilador de techo. A la mañana siguiente sentíamos el cuerpo como que si nos hubiese atropellado… Pero eso será en el siguiente relato.

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  • Chofer privado

    Chofer privado

    Aquella noche salía muy tarde del gimnasio rumbo para mi apartamento, solicite un servicio en una aplicación para llegar más rápido ya que por la hora no era seguro irme caminando.

    Según en la aplicación estaba esperando a Sebastián por la foto de su perfil era un morenazo ¡Wao! Quedé impactada porque parecía un modelo trabajado por los dioses, le di zoom a su foto para ver con detalle su rostro, su nariz perfilada, sus labios no muy gruesos, cejas perfiladas, unos ojos color verdes y barba perfilada.

    Al ver esa foto me imaginé las escenas más eróticas tanto así que mi vulva la sentía mojada y mis pezones erectos; ya quería que llegara para saber si no estaba equivocada y me llevará una desilusión.

    La aplicación me avisa que está a un minuto del lugar donde estoy, cuando se va acercando un carro muy lindo gris oscuro y se estaciona enfrente de mi bajando la ventana del acompañante.

    -¿Señora Gabriela?

    Al verlo me quedé sin palabras, estaba aún mejor en persona

    -¿Señora le pasa algo?

    -Ah no no no… perdón, si soy yo

    Él como todo un caballero se baja del auto rodeándolo para abrirme la puerta.

    -Por favor me quiero ir atrás

    -Está bien señora

    -Solo Gabriela por favor

    -Sigue… Gabriela –me mira de arriba hacia abajo esto hace que me ponga nerviosa

    Llevaba un enterizo elástico con escote en V que desde su altura (porque este hombre era muy alto) podía ver el fondo de mis tetas… en la parte de mis nalgas llevo un elástico que se hunda en el medio, cabello recogido con una coleta alta y por el frio llevaba puesta una chaqueta corta.

    -Ven, te ayudo con el morral

    -Gracias Sebastián

    Toma mi morral y abre la puerta para entrar al auto, luego la cierra y rodea el auto para abrir la puerta que está al lado mío para dejar el morral. El auto tiene su perfume que al inhalar se hace estremecer y las fibras de mi cuerpo se erizan.

    -Perdón Gabriela pero debo tanquear no tengo suficiente gasolina y no quiero quedarme varado por ahí

    -No sé preocupe Sebastián, es más de camino ¿podemos ir al súper quiero comprar algunas cosas

    -Claro… soy tu chófer está noche –me responde guiñando el ojo

    Enciende el auto y durante el camino tiene su mirada más puesta al retrovisor que al frente, por el calor que hace o siento me retiro la chaqueta quedando a la vista mis brazos descubiertos. Saco de mi morral unos paños húmedos y me limpio el cuello, la nuca… bajando al escote, ahí halo la tela del enterizo para tener mejor acceso mis tetas y limpiar el sudor; mientras lo hago subo mi mirada y me encuentro a la suya fija en mí.

    -¿Enciendo el aire acondicionado Gabriela?

    -No Sebastián, así está bien el ambiente dentro del carro

    No quería que se fuera el aroma de su perfume que me tenía encantada; termino de limpiarme y guardo todo en el morral nuevamente.

    Llegando a la estación de gasolina se parquea para tanquear apaga el auto y se baja; toma la pistola del surtidor de gasolina y lo coloca en el auto… mientras se acerca a la ventana donde estoy y me hace señas para baje el vidrio.

    -¿Deseas tomar algo?

    Lo miro a los ojos sin saber que responder, este hombre me tiene hipnotizada.

    -Si gracias

    -¿Será muy atrevido de mi parte si vamos a un lugar a tomarnos algo?

    -Eh… no Sebastián –sonríe y sus dientes son wao…

    Termina de tanquear paga y se sube nuevamente al auto. Por el camino no decimos nada, solo nos cruzamos mirandas por el retrovisor y sonrisas de vez en cuando.

    Llegamos a un Starbucks estaciona y rodea el auto para abrirme la puerta.

    -Ven Gabriela –me ofrece su mano para bajar

    -Gracias Sebastián

    Seguimos al establecimiento nos dijimos a una mesa, pedimos cada uno un coffe light frappuccino y hablamos de cosas vanas solo era risa y coqueteo por ambas partes.

    Al salir nos subimos al auto pero está vez me siento al lado de él, seguimos con la charla y risas van y vienen cuando sin darme cuenta se estaciona en un lugar alejado que no se ve ni un alma por ahí. Se desabrocha el cinturón y va directo sobre mi para robarme un beso muy apasionado yo solo le correspondo porque deseaba que sucediera desde que me subí al auto; mientras me besa su mano desliza por una pierna hasta llegar a mi coño y lo aprieta haciendo que gime de placer.

    -Estás mojada

    -Y no es por el sudor del ejercicio

    Sonríe y continúa besándome morbosamente mientras está vez lleva una mano a uno de mis pechos pellizcando un pezón.

    -Ah, ah… Si

    Suelto mi cinturón y me subo en su regazo… en estos momentos estoy cumpliendo una de mis fantasías… Él baja las tiras del enterizo y saca el bra liberando mis tetas a la vista de él; las agarra con fuerza y las chupa a su antojo… es tanta las ganas que nos tenemos que lo hacemos con fuerza… meneo mis caderas sobre su verga en busca de mi placer.

    Muerde cada una de mis tetas… Luego coge cada uno de mis pezones y los pellizca con fuerza mientras me mira a los ojos mordiendo sus labios

    -¡Que rica estas!

    -Y tú no te quedas atrás mi chocolate

    -¿Uy soy un chocolate para ti?

    -Uno que invita a pecar, a romper la dieta

    -¿Lo has hecho con un negro?

    -No

    -Entonces será tu primera vez y en tu piel dejaré cada recuerdo de mi

    Nos salimos del carro para irnos a la parte de atrás pero él antes de subirse me retira el enterizo quedando solo mi hijo dental.

    -Así te quiero coger con ellas puestas

    Le sonrió y con un dedo lo invito a seguir él se retira el pantalón junto a sus bóxer y salta como un resorte su verga negra con muchas venas y brillante.

    -¿No has visto una así?

    -No, tienes una anaconda

    -Está anaconda te va a partir ese coño tan rico que tienes

    -¡Uy … que rico! –le respondí mientras muerdo mis labios

    Se va sobre mi subiendo mis piernas cerca a mis tetas y me clava esa verga sin compasión.

    -Ah… en verdad me quieres atravesar

    -Te dije que dejaré marcas en tu cuerpo y una de esas es no poderte sentar por días

    Empieza sus embestidas con fuerza tanto así que el carro se mueve, por la incomodidad del sitio pequeño no me puedo mover así que estoy expuesta a que él haga conmigo lo que desee.. Sus embestidas son profundas intensas me arde mi coño por lo gruesa pero ese dolor me excita mucho.

    Se retira y se sienta para invitarme a sentarme sobre él.

    -Ven zorrita acá está lo que querías

    Se coge su verga y se la frota, me inclino y me llevo a la boca como puedo; él me toma del cabello y me empuja hacia él para comerme su verga entera… Me produce ancadas ya que la siento hasta el fondo de mi garganta.

    -Eso, cométela todita

    Mis lágrimas brotan por mis ojos, como puedo me chupo esa verga. De un momento a otro me hala para liberarme y así poder respirar.

    -Tienes una buena garganta casi me haces venir y no quiero aún

    Me besa de manera brusca apretando mi cabello siento su lengua metida hasta el fondo.

    -Ven súbete y clávatela

    Tiemblo, mi coño me palpita deseosa por sentir esa verga en mi interior, me subo en su regazo tomando su verga corro a un lado mi tanga y apunto en mi coño para luego dejarme caer sobre él entrando con facilidad por lo mojada que estoy. Meneo mis caderas con fuerza mientras lo tomo del cabello llevándolo hacia atrás.

    -Con que brusco me saliste, ¿no te enseñaron a tratar bien a las mujeres?

    -Perdón si se me fue la mano pero te tengo muchas ganas

    -Me gusta el sexo rudo pero mide tu fuerza

    Lo beso apasionadamente mordiendo su labio inferior suavemente mientras subo y bajo sobre ese falo; él me toma por mis nalgas enterrando sus uñas para ayudarme a hundir con más fuerza su verga. Los vidrios se empañaron, el sudor recorre por mi espalda y pecho, mi coleta esta algo suelta; él por su parte jadea con fuerza el sudor le corre por la frente y su aroma a hombría mezclada con su perfume hace que me embriague y lo desee aún más.

    Cambio de posición para quedar sentada nuevamente pero dando la espalda y me clavo su verga abriendo mis piernas para apoyarlas a cada lado al borde de la silla y me recuesto sobre su pecho. Él levanta un poco mi cadera y empieza a embestirme con rapidez, suena el choque de su pelvis contra mis nalgas, mis tetas rebotan y mis gemidos son fuertes.

    -Levanta la cadera

    Bajo mis piernas para levantar mi cadera sacando su verga, él lo toma y me apunta en mi culo.

    -Quiero cogerme ese culo apretado

    Me inclino hacia adelante y con ayuda del espaldar de la silla delantera me sostengo mientras él me toma por la cadera para hundirse poco a poco por mi hoyito. Al final logra entrar completamente quedando recostada nuevamente sobre él. Separó mis piernas y él con una mano hunde tres dedos en mi coño y empiezo a menear mis caderas mientras él me folla con sus dedos y a su vez amasa mis tetas.

    -Clávate más duro mi verga en ese culo tan apretado

    -Ah, ah… Lo siento atravesar mis entrañas

    -Te quiero partir ese culo y llenarte todita

    -Lo logras, no sé como me metí toda esa verga por mi culo

    -Jaja… Porque eres muy arrecha, tu coño está muy mojado. ¿Te gusta ser follada al tiempo por tus agujeros?

    -Aja, si… me fascina, me calienta mucho

    -¿te gustaría un cuarteto?

    -Nunca lo había pensado

    Así llegamos al clímax entre jadeos, morbosidades y placeres… siento como llena mi culo con su leche caliente mientras muerde mi hombro ahogando sus gemidos; imaginen que están en frente a nosotros y pueden apreciar como su verga esta untada por su propia leche al ir sacando poco a poco dentro de mí.

    Este encuentro termina llevándome a mi apartamento y con la propuesta de ser mi chófer privado y ¿Qué si me dejó recuerdos esta faena? Claro, dejó mi cuerpo con chupones en mis tetas, marcas de sus dientes en mis hombros, arañazos en mi espalda y nalgas y por su puesto me arde mi coño y mi culo tanto así que por días no podía caminar.

    Fue el mejor ejercicio que hice más que cuando voy al gym y la propuesta sonando en mi cabeza.

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  • La chica de la residencia

    La chica de la residencia

    Las noches de los fines de semana pueden dar lugar a muchas aventuras, pero como esta que me pasó una noche de primavera, digo yo que más bien pocas…

    Estábamos el grupo de amigos por ahí, de fiesta como suele ser habitual, cuando nos acercamos a un grupo de chicas, que la verdad, estaban bastante bien. Nos dijeron que ninguna era de aquí, que estaban estudiando en la ciudad, y que vivían en un colegio mayor bastante cercano. Estuvimos un rato con ellas hablando, sin, en principio, conseguir nada destacable, aunque antes de irse, nos dieron a cada uno un papelito con un número, el de sus habitaciones.

    La verdad es que ninguno de nosotros acababa de creerse que la “caza” hubiese sido tan fácil, así que media hora después de que las chicas se fueran, nos dirigimos nosotros hacia el colegio mayor. Llegamos allí sobre las 2 de la mañana, poco antes de que cerrasen las puertas definitivamente, y cada uno se dispuso a ir a las habitaciones de sus respectivas chicas.

    Yo tenía la habitación número 22, y tras mirar un pequeño plano que había en la entrada, llegué a la puerta. Probé a ver si estaba abierta, y efectivamente, al bajar el picaporte, se abrió, saliendo algo de luz y escuchándose una voz de mujer que tarareaba una canción. Entré despacio, y llamé a la chica, girándose esta de golpe, algo asustada por verme allí y la verdad no me extraña…

    No era la chica que había conocido antes. Era una chica morena, de ojos marrón verdosos, la verdad muy guapa, y llevaba un pequeño pijama de verano, con un pantalón muy pequeño y una camisetita con escote, un escote, todo hay que decirlo, bastante generoso.

    Al ver que se había sorprendido un poco, y bueno, a decir verdad, yo también, le pedí perdón, le expliqué lo que había pasado y me dispuse a salir de la habitación. Ella me agarró del brazo y me dijo que no me preocupase. Me comentó que le gustaba que le llamaran Salu, y me explicó que había sido una “víctima colateral” en una especie de guerra que tenían su grupo de amigas con el que nos habíamos encontrado antes en la calle, que se dedican a gastarse bromas pesadas, y que, por lo visto, yo y mis amigos habíamos sido utilizados como “armas”.

    No pude evitar una carcajada por la situación. Aunque admito que no me gusta que me utilicen, debo reconocerles a estas chicas bastante imaginación. Me levanté para irme, y ella volvió a sentarme y me susurró al oído: “Ya que has venido, vamos a aprovechar el tiempo ¿no?”

    Se lanzó sobre mí, y empezamos a besarnos ardientemente. Sus manos empezaban a desabrocharme el pantalón, mientras las mías se deslizaban bajo el suyo, tocando sus nalgas duritas. Al final consiguió sacarme la polla, en ese momento ya bastante dura, y empezó a tocarla, descapullándola, deslizando la palma de su mano cada uno de mis 18 cm.

    Yo le quité la camiseta, dejando al aire dos preciosas tetas, redondas y turgentes, con dos pequeños pezones muy erectos… Como una fiera, acabo de desnudarme a mí también, y ahí estábamos los dos, dos cuerpos desnudos entrelazados, tocándonos, y dejando escapar toda nuestra pasión. Le llevé en brazos hacia la pared, y apoyándola allí, abrí sus piernas, y metí mi cabeza entre ellas, empezando a devorar ese dulce cubierto por un vello oscuro y suave.

    Empecé a pasar mi lengua por su rajita, despacito, apoyando mi dedo índice en el clítoris, separando sus labios y empezando a lamer en su interior. Noté como Salu temblaba, así que intensifiqué los lamidos, más fuertes y más rápidos. Empecé a hacer un torbellino con la lengua sobre su clítoris, metiendo dos dedos dentro de ella, y ahí empezó a gritar de placer. Eso a mí me excitó muchísimo, hasta que al final, se corrió. Estaba jadeante, pero aún tenía ganas de más.

    Así que sin despegarla de la pared me levanté, y con su ayuda, separé sus piernas, y comencé a entrar dentro de ella, moviéndome despacito, que notase bien como entraba. Me abrazó con sus piernas y dejó caer todo su peso en mi polla, haciendo aún más profunda la penetración. Empezó a dar pequeños saltitos, haciéndome entrar cada vez más y más profundo, notando la humedad de su rajita en mi vientre. Así aguantamos unos minutos, y cuando me cansé me recosté en la cama, y ella empezó a cabalgar sobre mí, mientras yo también me movía, mordiendo sus erectisimos pezones.

    El ritmo de las entradas y salidas era frenético, y yo notaba que poco me faltaba para terminar… Pero Salu también se dio cuenta, y de repente se detuvo, y cogiéndome los huevos, me miró y me hizo un gesto como diciéndome que no, que todavía no… se salió y poniéndose a la altura de mi miembro, empezó a darle tiernos besitos, desde los huevos hasta la punta, para pasar a introducirse la puntita primero, y luego todo entero dentro de su boca. Ahí estuvo mamándome un buen rato, hasta que yo no pude más, y ella al darse cuenta de mis espasmos, apuntó hacia su pecho, donde lancé toda mi carga.

    Estaba realmente agotado, pero la fiesta aún no había terminado. Salu me dijo que la acompañase a la ducha para limpiarnos un poco, y ahí comenzó de nuevo la acción. Entró ella primero y tras comprobar que el agua estaba a una temperatura adecuada, me tomó la mano y entramos dentro. Comenzó como una ducha normal, hasta que empezamos a enjabonarnos mutuamente. La espuma se acumulaba sobre todo por ciertos sitios peligrosos, y eso nos ponía cada vez más y más calientes.

    Empezamos otra vez a besarnos con muchísima intensidad, yo agarrando fuerte su culito con mis manos y ella masturbando mi polla, de nuevo bien erecta y lista para la acción. Empecé a acariciar su coñito, pero ella movió mi mano, y me hizo acariciarle el ano, pidiéndome que ahora la quería por detrás.

    Yo le sonreí, le di un beso rápido en los labios, y le di la vuelta, poniéndole de espaldas a mí. Se inclinó un poco y apoyándose en la bañera, separó un poco las piernas, ofreciéndome un precioso culito. Empecé lanzándole el chorro de agua, cosa que le gustó, acompañándolo con mis caricias para que fuese dilatándose. Cuando lo vi bien, me preparé para la entrada, apoyando la puntita en su ano, y tras agarrar bien sus tetazas, entré de un solo golpe dentro de ella.

    Ella dio un grito entre el placer y el dolor, pero que poco a poco fue convirtiéndose en suaves gemidos placenteros, conforme iba bombeándole, mientras pellizcaba suavemente sus pezones, y ella tocaba su clítoris. Aquello era increíble, el calor de su culito me producía un placer indescriptible. Así estuvimos varios minutos, yo embistiendo por detrás y ella gritando de placer, hasta que no pudimos más y yo me corrí dentro de su culito al mismo tiempo que ella, con un ligero temblor de piernas, llegaba al segundo orgasmo de la noche.

    Por fin nos duchamos bien, y salimos, esta vez ya a descansar en su cama, donde durante toda la noche no cesaron las caricias y los toqueteos mutuos, hasta quedar los dos profundamente dormidos.

    A la mañana siguiente, cuando salía el sol, me desperté, y decidí que era hora de irme, aunque no sin antes invitar a Salu a acompañarme a conocer que tal les había ido a mis amigos.

    Cuando les encontramos, no pudimos evitar una sonora carcajada, al ver marcadas en las caras de todos ellos unas claras marcas de haber recibido una sonora bofetada… Así que realmente no me pude quejar, ya que lo que hubiese sido una humillación como la que sufrieron mis amigos, para mi resultó ser la mejor salida nocturna que había hecho en mucho tiempo… y todo gracias a Salu.

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  • Cayendo en la red (2)

    Cayendo en la red (2)

    -¿Qué ha pasado? -Preguntó Susana nada más ver su cara.- ¿No ha ido bien?

    Amanda rompió a llorar sin poder decir nada.

    -No te preocupes, mira, vamos a hacer una cosa, te llevo a casa y si quieres me lo cuentas tranquilamente mientras tomamos un café, ¿De acuerdo?

    Amanda asintió, lo que menos le apetecía ahora mismo era estar sola.

    Durante el viaje en coche permaneció cayada, dejando escapar alguna lagrima de vez en cuando.

    Cuando llegaron, en vez de cafés, Susana preguntó donde estaba el minibar y preparó dos copas de Whisky, alegando que a esas horas entraba mejor un cubata que un café. Amanda estaba de acuerdo, además, el alcohol haría más fácil que se desahogara con su amiga.

    Cuando casi habían acabado la primera copa, empezó a contarle lo que había pasado, como su hombre había intentado sodomizarla y ella no se había dejado, ¡No lo había hecho nunca!, pero no era por eso por lo que se sentía mal, era el fracaso, el saber que el resto de chicas se dejaban y ella no la hacía sentirse… inferior, como si fuese peor que ellas…

    -Tú… ¿Tú lo haces? -Preguntó a Susana.

    -Claro que sí, ¡Y tú también lo harás! No te preocupes, a mí al principio también me daba miedo, pero ahora casi me gusta más que me la metan por el coño, da más placer a los hombres y eso me hace sentir bien.

    -Pero…

    -No te preocupes Amanda. -Dijo, mientras agarraba su mano y la miraba fijamente a los ojos.

    El contacto hizo que Amanda reaccionara, acordándose de sus fantasías con Susana. Se estremeció y se ruborizó, pero esta vez no apartó la mirada. (…Solo existes para dar placer…)

    -¿Quieres… que te ayude? -Preguntó Susana.

    -¿Cómo?

    -Bueno… La primera vez nunca es fácil… Y los hombres pueden ser un poco bruscos a veces…

    La mano de Susana apretó con fuerza la de Amanda, y se quedó mirándola fijamente. Amanda la miró y notó que su coño estaba chorreando. Sus ojos se desviaron hasta su vertiginoso escote, hecho que no pasó desapercibido a Susana, que dejó escapar una sonrisa. Amanda no fue capaz de decir nada, en vez de eso, Susana se levantó y animó a Amanda a ir tras ella. Cuando ésta no puso ninguna objeción, Susana supo que Amanda estaba deseando esto.

    -Vaya, parece que alguien se ha estado divirtiendo. -Dijo Susana al entrar en la habitación.

    Los dos vibradores estaban encima de la cama y las bolas chinas en la mesilla, sin abrir todavía.

    -Y-Yo, ¡Lo siento! N-No es lo que parece… (…Eres una zorra, vas a follarte a tu secretaria…) -Se disculpó Amanda.

    -¿Y que parece? jajaja no te preocupes, yo he dejado los míos igual. Es más, seguramente cuando llegue los use otra vez antes de irme a dormir… A no ser que no duerma en casa. -Dijo, guiñándole un ojo. -Además, nos vendrá bien para practicar.

    Diciendo esto, se dio la vuelta y comenzó a besar a Amanda en la boca. Se quedó paralizada, sentir los labios de una mujer contra los suyos era algo totalmente desconocido… Y no era para nada desagradable… Quería protestar, pero era incapaz de hacerlo. Su amiga estaba consiguiendo ponerla a mil y, antes de darse cuenta, estaba devolviéndole el beso.

    Al ver esto, la pelirroja comenzó a acariciar la espalda de Amanda, lentamente, aprovechando para deslizar hacia abajo los tirantes de su vestido. En unos segundos, Amanda estaba en ropa interior ante ella.

    -Bonito conjunto. -Susurró. Inmediatamente comenzó a despojarse ella de su ropa.

    La lencería de Amanda era sexy, pero la de Susana era demasiado. Un sujetador de copa baja que casi no llegaba a tapar los pezones, y un tanga minúsculo, con un triangulito en la parte delantera que tapaba lo justo y dejaba ver que su dueña estaba totalmente depilada.

    Susana arrastró a Amanda a la cama, tendiéndola sobre ella y comenzó a mover sus manos con maestría, recorriendo cada parte de su cuerpo, calentando a su jefa y llevándola al borde del orgasmo.

    -¡P-para! (…No pares…). -Dijo Amanda, pero cuando Susana no paró, no volvió a quejarse, dejándose llevar por el primer orgasmo que le proporcionaba una mujer.

    Su cuerpo se retorcía, sus labios dejaban escapar gemidos mudos, pero Susana no paró, al contrario, aumento el ritmo, haciendo explotar a Amanda y volviéndola loca. Amanda no se lo podía creer, ¡Estaba con una mujer! Quería resistirse, pero algo en su cabeza se lo impedía, la voz lejana la decía que lo que hacía estaba bien, que era su misión en la vida, dar y recibir placer. Decidió abandonarse, hacer caso a la voz y dejarse llevar por Susana.

    La pelirroja no paraba. Se había arrodillado al borde de la cama y, apartando las piernas de Amanda comenzó a lamer los restos de su corrida. No tardó mucho en volver a tenerla al borde del orgasmo y entonces la ordenó ponerse a cuatro patas (…Debes obedecer, no tienes voluntad…). Amanda obedeció la orden al instante, como por instinto y antes de darse cuenta tenía el culo en pompa frente a la cara de Susana.

    -Muy bien Amanda, verás como lo vas a disfrutar… A partir de ahora cualquier hombre podrá disponer de tu culo a su antojo… Y cualquier mujer… (…Tu culo no te pertenece…)

    Susana empezó a lamer el rosado ojete de la chica para lubricarlo. Al principio sólo lamía por fuera, realizando círculos alrededor del ano de Amanda, pero al ver las positivas reacciones de la chica comenzó a introducir su lengua dentro. Mientras le comía el culo, estaba introduciendo el vibrador más pequeño en su coño, para lubricarlo. Cuando vio que el ojete estaba más distendido y relajado, sacó el vibrador, lo apoyó en la entrada de su objetivo y, con suavidad, comenzó a introducirlo acompañada de los velados gemidos de Amanda. Tras unos segundos el falo estaba metido hasta la base.

    -¿Qué tal? -Preguntó Susana.

    -Mmmm Bienn. (…Eres una zorra y esto te encanta…)

    -Entonces vamos a proseguir.

    Mientras decía esto, comenzó a extraer el consolador mientras lo hacía girar lentamente, esa sensación estaba volviendo loca a Amanda. Los músculos de su culo intentaban atrapar el falo y no dejarlo salir, ¿Cómo no había probado eso antes? (…Eres un objeto sexual…). La secretaria extrajo el consolador entero y se lo acercó a Amanda a la boca.

    ¿Qué? ¿Chupar eso que ha estado en mi culo? (…Debes obedecer… Tu opinión no importa…). Dudo unos segundos y después abrió lentamente la boca para permitir que Susana lo introdujera (…Muy bien…Buena chica…). Ni siquiera se dio cuenta de a que sabía, a los pocos segundos Susana lo retiró de su boca y volvió a introducirlo en su culo.

    -Muy bien… Buena chica… -Dijo Susana.

    Eso fue bastante reconfortante y la hizo sentir bien… ¡Era una buena chica!

    Volvió a ofrecerle el consolador y esta vez lo chupó sin dudarlo ni un segundo.

    -Eso es… Para complacer bien a un hombre, hay que ser una buena perra (…Buena perra…) y limpiarle la polla después de follar… Debes acostumbrarte a ello… (…Debes acostumbrarte a ello…)

    Después de unos minutos, Susana le introdujo el falo en la boca, pero esta vez, en vez de sacarlo, lo dejó ahí. En su lugar, cogió el otro consolador, más grande y, en vez de metérselo a ella, comenzó a introducírselo ella en el coño.

    -No vas a ser tú la única que disfrute ¿Eh?

    (…Tu deber es dar placer…)

    Sin dudarlo, Amanda extrajo el consolador de su boca y, gateando sensualmente, se situó sobre el coño de Susana. Esta se abrió de piernas, facilitándole el acceso y se sacó la polla de plástico.

    Es… un coño… Pensó Amanda. (…Tu boca no te pertenece, sólo existes para dar placer…Eres un objeto…)

    La voz en su cabeza nublaba su mente y eliminaba las dudas acerca de lo que estaba haciendo, así que, acercó lentamente su lengua a la raja expuesta de la pelirroja. Estaba totalmente depilada.

    Al rozarla con la punta de la lengua, ésta lanzó un gemido de placer y eso fue lo último que necesitaba Amanda para lanzarse (…Su placer es tu placer…). Hundió la cara en la entrepierna de su compañera y comenzó a darle lamidas de arriba a abajo, a un ritmo frenético que estaba volviendo loca a Susana. En unos segundos, la pelirroja se corrió, empapando su cara.

    -Oh Dios… Parece que no has comido en tu vida… Aprendes rápido… Pero no hemos venido a eso…

    Susana se volvió a situar ante el culo de Amanda y volvió a invadir su ojete con el consolador, esta vez con el grande. Una vez había entrado y salido un par de veces, Susana comenzó un mete-saca con rapidez y energía, haciendo que Amanda comenzase a gritar de placer. No se lo creía, su culo le estaba proporcionando un placer inmenso, no sabría decir si mayor que siendo follada por el coño… El ser sodomizada conllevaba un punto de humillación y sumisión que aumentaba el placer y el morbo… Además… (…Los hombres prefieren darte por el culo…) Seguro que los hombres preferían darle por el culo…

    Amanda acabó por correrse entre gritos y suspiros, revolviéndose sobre la cama, pero intentando que el falo no se saliese de su culo en ningún momento.

    (…Debes servir correctamente a tu hombre…)

    Cuando acabó, automáticamente se dió la vuelta y comenzó a limpiar el consolador con la lengua, mirando a Susana a los ojos, viendo la satisfacción y el orgullo en ellos.

    -Buena chica… buena perra. (…Eres una buena perra, eres una buena chica…) -Dijo esta

    ¡Era una buena chica! (…¡Perra!…) Se sentía en un punto de felicidad extremo. Saber que se había portado bien le proporcionaba casi tanto placer como correrse. (…Tu placer no importa…)

    Pasaron el resto de la noche sin salir de la cama, satisfaciendose la una a la otra hasta la mañana siguiente.

    -Al final no hemos estrenado las bolas chinas… -Dijo Susana al prepararse para irse.

    -N-no… No sé muy bien como usarlas, ¿Me harán daño?

    -¡Claro que no! No es precisamente dolor lo que te proporcionaran… -Contestó, guiñándole un ojo. -Mira, vamos a hacer una cosa… Mañana, al ir a trabajar, te las llevas puestas… y… al final del día… si no te las has quitado y me lo demuestras… te daré tu recompensa…

    Amanda comenzó a chorrear sólo con imaginárselo… Susana se puso el abrigo y, despidiéndose con un húmedo beso, se marchó.

    Esa tarde Amanda tomó una decisión… Iba a desmelenarse y la próxima vez que quedasen con un hombre iba a encargarse de que se fuese satisfecho, y para eso, lo primero era…

    Colocó la cámara en un pequeño trípode. Había dejado en un lado de la habitación toda la ropa que iba a ponerse para la sesión de fotos y, modelito tras modelito, comenzó a probárselos y a sacar fotos.

    La sesión incluía de todo, vestidos ajustados con escotazo y la espalda al aire, vaqueros que marcaban su culo al detalle, shorts, minifaldas y hasta bikinis. Con cada prenda adoptaba las poses más sensuales que se le ocurrían, imaginando que lo estaba haciendo para su hombre (…Eso es… Exhíbete… Muéstrate como la zorra que eres…)

    Cuando acabó con ello comenzó a subirlas a la página. No pudo evitar masturbarse mientras lo hacía. Introdujo el consolador pequeño en su coño en modo vibración y el grande lo metía y sacaba de su culo con la mano que le quedaba libre. Las imágenes de sus escarceos con Susana recorrían su cabeza mientras algo le decía que se estaba comportando bien, que era una buena chica…

    Con el pensamiento de lo que le esperaba al día siguiente, se durmió.

    Salió de su coche y se dirigió al ascensor. El pequeño trayecto que había hecho para llegar al garaje de su trabajo había sido totalmente distinto a cualquiera que hubiese realizado anteriormente. Se había vestido con unos taconazos y un vestido ajustado que le quedaba realmente bien, quería impresionar a Susana y demostrarle que había mejorado mucho, Y además, las bolas chinas la hacían estremecerse con cada movimiento… Era una sensación extraña, se sentía llena por dentro y daba la impresión de que se le iban a caer, pero estaban perfectamente sujetas y le proporcionaban un cosquilleo casi constante en su coño. Los badenes eran ahora la parte más divertida del viaje.

    Así entro en el ascensor, donde se encontró con compañeros de trabajo que la recorrieron con la mirada de arriba a abajo, no era para menos… Amanda, agachó la mirada y se sonrojo, intentando evitar el contacto visual (…Eres un objeto, debes mostrarte…).

    -Buenos días. -Saludó Susana, de forma bastante formal.

    -B-Buenos días… -Contestó Amanda, algo cortada, pensando que la recibiría de otra manera.

    Entró a su despacho y se sentó frente al ordenador.

    Evitó salir de su despacho durante todo el día, canceló algunas reuniones alegando que tenía cosas que hacer y pasó todo el día encerrada, salvo por algunas visitas al servicio. En realidad, el frío recibimiento de Susana la había afectado… Estaba emocionada con la pequeña aventura que habían tenido, pero parece que su secretaria no pensaba lo mismo…

    La pantalla de su ordenador fue una completa exhibición de porno durante ese día. Estuvo todo el tiempo buscando imágenes y videos que consiguiesen satisfacer el fuego que le recorría el coño. Buscaba tanto sexo lésbico como heterosexual, pero siempre tenían en común que había un componente de dominación, y siempre había una mujer que era humillada y tratada como un objeto sexual. Le llamó poderosamente la atención los videos en los que una mujer era tratada como una mascota… (…Eres una buena perra…) atándole un collar y una correa, obligándola a ir a cuatro patas… A algunas incluso les metían una especie de consolador anal con forma de rabo de animal…

    Tuvo que hacer varias excursiones al servicio para masturbarse. Se sacaba las bolas chinas y las llevaba a su boca mientras con la mano bombeada su coño hasta alcanzar el éxtasis. Entonces, volvía a introducir las bolas en su coño y volvía a la oficina.

    Al final del día, mientras recogía las cosas para irse, algo decepcionada por el asunto de Susana llamaron a la puerta. ¿Quién será? A estas horas no debe quedar nadie… Hizo ver como que no había nadie. Volvieron a llamar.

    -¿Quién es? -Dijo Amanda abriendo la puerta, queriendo despachar a quien la molestaba.

    Entonces vio frente a la puerta a Susana…

    -¿Qué pasa? ¿Ya no quieres verme? -Dijo ésta, entrando en el despacho y plantándole un morreo a Amanda.

    La mujer se quedó paralizada, ¡Había pasado de ella durante todo el día! No entendía lo que estaba pasando… Pero ahora mismo le daba igual… Sólo quería que ese momento no acabase nunca… A pesar de todas las veces que se había masturbado, su coño estaba chorreando de nuevo.

    -¿Has cumplido lo que hablamos? Recuerda que te recompensaré bien si eres una buena chica… (…Eres una buena chica…perra…)

    Amanda, que llevaba deseando todo el día este momento y ya creía que no iba a llegar, se sentó sobre su escritorio, se subió el vestido y, apartando el tanga a un lado, enseñó a su secretaria la cuerdecita que salía de su coño.

    -¡Muy bien! Una buena perra tiene que ser obediente… Y tú te has ganado tu premio…

    Susana se acercó a Amanda mientras se quitaba el vestido y, tirando lentamente de la cuerda, comenzó a sacar las bolas chinas. Cada bola que salía era acompañada de un gemido por parte de Amanda. Cuando finalizó, acercó el juguete a la boca de su jefa, que lo aceptó sin rechistar.

    La pelirroja se dio la vuelta y empezó a buscar en una bolsa que había traído consigo. Cuando volvió a darse la vuelta y Amanda vio lo que tenía entre las manos su coño se humedeció al instante, un enorme falo negro unido a una especie de arnés. Susana comenzó a ajustárselo. Estaba impresionante, entre la lencería que llevaba y el pollón de plástico formaba una estampa realmente excitante a ojos de Amanda (…Necesitas comerte esa polla…Sólo sirves para dar placer…). La mujer comenzó a humedecerse los labios con la lengua mientras su mente fantaseaba con lo que iba a hacerle su secretaria.

    -Parece que te gusta lo que ves… -Dijo Susana.

    Amanda asintió, incapaz de articular palabra.

    -¿Quieres probar de que soy capaz con esto puesto?

    -S-Si… -Susurró

    -Entonces, demuéstrame que lo deseas, caliéntame mientras te quitas el vestido.

    Sin dudarlo, Amanda comenzó a contonearse al ritmo de una música que sólo sonaba en su cabeza, mientras con sus manos recorría su cuerpo imaginando que eran las manos de Susana (…Eso es… Eres una buena chica…).

    Se deslizó primero un tirante mientras, de espaldas, se agachaba sugerentemente para que la pelirroja contemplase el movimiento de su culo. Estaba segura de que en esa postura, el vestido ajustado permitía intuir perfectamente el tanga que llevaba.

    Cuando le llegó el turno al segundo tirante, Amanda se arrodilló delante de Susana, apretando sus pechos con los brazos para mostrar su generoso escote a través del vestido que poco a poco se deslizaba por su cuerpo. Comenzó a acercarse al falo de plástico y a restregárselo por la cara, pasándolo sobre sus labios mientras movía su cuerpo sensualmente para permití que el vestido se cayese hasta la cintura. Se levantó para dejarlo caer del todo y, con su pie, lo empujó hasta un lado de la habitación, quedándose sólo en la preciosa lencería que se había puesto ese día.

    -Muy bien, eres una buena chica. -El coño de Amanda se estremeció al oír eso, ¡Era una buena chica! (…Eres una perra…) -¿Y qué hace una buena chica cuando tiene a su hombre delante?

    Amanda se arrodilló sin decir nada más y comenzó a lamer de arriba a abajo el consolador. Susana estaba muy satisfecha, Amanda aprendía rápido. No le volvería a pasar nunca lo del último sábado. La secretaría estaba a cien viendo como su jefa devoraba la polla que se había puesto.

    -Muy bien… eres una buena perra… (…¡Soy una buena perra!…). -Dijo, mientras apartaba con cariño el pelo de su cara. -Hoy te has portado muy bien, has obedecido y has llevado las bolas chinas todo el día…

    Amanda estaba orgullosa, ¡Se había portado bien! ¡Era una buena chica! (…Perra…) Eso significaba que se había ganado su premio… (…Tu placer no importa…)

    -Vamos a ver si te sigues portando igual de bien… -Susana dijo esto mientras se separaba de Amanda y se ponía a cuatro patas sobre el escritorio.

    Apartó el hilo de su tanga dejando acceso libre a su jefa. No tuvo que decir nada más, en unos segundos Amanda se afanaba en comerse el coño de la mujer por segunda vez en su vida. Susana bajó la cintura para poner sobre la boca de Amanda su ojete y ésta no rechistó, su lengua comenzó a juguetear con él, haciendo círculos e intentando pequeñas incursiones. Susana estaba en la gloria, Amanda se esforzaba para darle todo el placer que era capaz de ofrecer…

    Cuando comenzó a sentir que el orgasmo de la pelirroja estaba a punto de llegar, comenzó a aumentar el ritmo y a alternar sus lamidas entre el culo y el coño de la chica hasta que consiguió que se corriese sobre su boca. Mientras recibía el orgasmo, estuvo a punto de correrse ella también (…Su placer es tu placer…), ¿Qué le pasaba? Si ni siquiera se había tocado…

    Susana se bajó de la mesa y, agarrando de las copas del sujetador de Amanda tiró hacia abajo dejando sus tetas al aire. Comenzó a acariciar lentamente los pezones de su jefa, mientras la rodeaba y se situaba tras ella. Amanda notaba las tetas de Susana pegadas a su espalda y la polla de plástico rozándole el culo. Esto, unido a las caricias en los pezones de Susana la estaba volviendo loca. La secretaria comenzó a pellizcarla pero, lejos de causarle dolor, le daban pequeños espasmos de placer.

    -¿Quieres que probemos de qué sirvieron nuestros ejercicios del fin de semana? -Preguntó Susana.

    -Mmmm Siii

    Susana empujo la espalda de Amanda hasta que esta se inclinó, quedando con el culo en pompa y las tetas pegadas a su escritorio. La pelirroja apartó el tanga de Amanda a un lado y de un empujón le metió la polla en el coño. Estaba tan empapada que no le costó ningún trabajo.

    Después de unas cuantas embestidas y, una vez lubricado el consolador, sacó la polla y la colocó en la entrada trasera de Amanda. Susana comenzó a introducirla despacito, disfrutando de las maravillosas vistas que tenía, viendo como la enorme polla desaparecía en el culo de su jefa hasta que éste se la tragó entera. La mantuvo dentro unos instantes para que Amanda se aclimatase a ella.

    -Eres una buena perra… Tu culo se la ha tragado enterita… -Diciendo esto volvió a sacarla hasta la punta y de nuevo adentro.

    Repitió ese movimiento varias veces, llevando al éxtasis a su jefa. Cuando notó que estaba a punto de correrse, comenzó a aumentar la velocidad, acompañando las embestidas con pequeños azotes en las nalgas, o con pellizcos en los pezones.

    Amanda no podía aguantar más. Nunca había imaginado disfrutar tanto por el culo, ¡Era maravilloso! ¡Era una buena perra! Eh… ¡Chica! El orgasmo la sobrevino de repente, pero no vino sólo, comenzó a encadenar un orgasmo tras otro sin descanso, dejándose caer sobre el escritorio puesto que las piernas no eran capaces de aguantarla.

    Susana sacó la polla del culo de su jefa, dejando el ojete abierto en una O enorme. Amanda se dio la vuelta inmediatamente y, arrodillándose, comenzó a limpiar la polla con su lengua hasta dejarla impoluta.

    -Muy bien pequeña… Eres una buena perra… Satisfarás totalmente a cualquiera que quiera poseerte…

    Amanda estaba orgullosa de los comentarios de Susana. Y además se había corrido como nunca…

    -Parece que te ha gustado el juego que hemos hecho con las bolas chinas… No te preocupes que ya se me ocurrirán más cosas a las que jugar…

    Mientras decía esto, Susana se estaba quitando el arnés y comenzando a vestirse. Se dio la vuelta y salió del despacho, no sin antes girarse en la puerta y lanzarle un beso a Amanda, que todavía estaba desnuda y arrodillada en medio de la sala.

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  • Una ducha diferente

    Una ducha diferente

    Otra clase de aerobic más, todas sudadas íbamos a la ducha, yo siempre me duchaba con Sonia, éramos amigas desde la infancia, nos duchábamos juntas para no tener que hacer cola, cuando una se enjabonaba el cuerpo, la otra la cabeza. Ahí estábamos las dos como siempre desnudas, metidas en una ducha pequeña, de fondo el ruido del agua cayendo y las voces de las otras muchachas.

    El agua estaba muy caliente, ardiendo, me mojé yo primero y empecé a enjabonarme.

    Sonia estaba bajo el chorro de la ducha mirándome…

    De repente le ensucié con un poco de espuma, ella cogió espuma con un dedo y me la puso en un pezón. Empezó a reírse e hizo lo mismo en mi otro pezón.

    Yo me quedé quieta, seria, mirándola, la observaba detenidamente de abajo a arriba, ella estaba debajo de la ducha, el pelo mojado, le llegaba hasta los hombros, las tetas las tenía tersas, sus pezones me apuntaban con picardía, bajé a su cintura, tan musculosa, su vagina tan depiladita, podía ver sus labios mayores, sus piernas tan sexys… de repente… sonreí..

    Ella se me quedó mirando y me dijo: “¿te gusta lo que ves?”

    Yo le sonreí… sí, la verdad es que me gustaba lo que veía..

    Entonces ella comenzó a tocarse el pecho con las dos manos y empezó a gemir dulcemente. Yo estaba enjabonada, me cogió de la mano y me metió bajo la ducha. Me besó, un beso dulce, nuestras lenguas jugueteaban lentamente, me lamió la comisura de los labios, me besó el cuello, se detuvo en mis orejas… empecé a gemir, no pude evitarlo. Notaba el ardor en mi entrepierna. Ella siguió bajando, se detuvo en mis tetas.

    Las miró y me dijo que eran preciosas. Yo le besé la espalda. Me lamió con fuerza un pezón y luego le dedicó tiempo al otro, mientras con sus piernas rozaba mi clítoris…

    El agua se paraba de vez en cuando y yo la tenía que apretar para que mis gemidos se vieran apagados por el ruido del agua al caer… yo estaba cada vez más caliente… Ella me sonreía, estaba disfrutando. Ella disfrutaba viéndome… Bajó a mi barriguita, me dio besos hasta llegar a mi vagina…

    Con un dedo separó mis labios mayores, me miró y empezó a lamerme el clítoris como nadie lo había hecho antes. Lengüetazos fuertes, salvajes. Yo jadeaba, casi rozando el grito. Con su otra mano me penetraba. Paró. Y me besó. Pude saborearla y saborearme. Y eso me excitó aún más. Le toqué las tetas y empecé a mamárselas. Si… jamás pensé que me daría tanto placer dedicar unos segundos a jugar con los pezones de Sonia. Tan erectos. Tan firmes… deseaba morderlos y ella gemía. Bajé a su coñito… estaba tan caliente y empecé a rozarla con mis dedos…

    Ella me paró, me indicó que me abriera de piernas. Me besó en la boca y bajó a mi entrepierna. Comenzó otra vez a jugar con mi clítoris, dedicándole mucho tiempo. Entonces me penetró con su lengua, la metía y la sacaba y cuando lo hacía la seguía moviendo. Estaba flipando. Estaba muy excitada, jadeaba… cada vez más fuerte. Se me escapó un ¡¡Si…!! ¡¡Sigue!!

    Comencé a temblar. Mis piernas me fallaban, un suave calor llegó a mi entrepierna. Me había corrido, pero ella no paró, siguió hasta que no pudiese más, siguió con sus dedos, esta vez metió dos… Si, estaba teniendo otro orgasmo… muy seguido. Mis pezones se rozaban con los suyos, sus manos eran como palomas rozando mi piel, sus dedos me guiaban y llevaban al placer de la forma que nadie antes había hecho… si…

    Esa fue mi primera experiencia lésbica, pero no la única, desde ese día Sonia y yo nos duchamos muchas veces juntas…

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  • Solos en la sala de juntas

    Solos en la sala de juntas

    Sucedió una tarde en una reunión de trabajo, la reunión había empezado a eso de las 18 y participábamos, inicialmente 4 personas, la abogada de mi empresa y dos personas de otra empresa, en concreto un banco local.

    La reunión se había ido calentando, no como pensáis únicamente desde el punto de vista de trabajo a lo largo de la tarde, y a las 21 nos habíamos quedado solos Laura, la ejecutiva del banco y yo, mi abogada y Luis el compañero de Laura habían tenido que ausentarse.

    –Bueno Laura, parece que no logramos llegar a un acuerdo, más nos valdría dejarlo para otro día, a ver si sois más flexibles -comenté con un cierto sarcasmo.

    –La verdad es que ya me encuentro cansada y creo que es una buena idea dejarlo -me respondió Laura con una sonrisa encantadora.

    Laura es una muchacha de unos 26 o 28 años, “güerita” como dicen acá (blanquita), no demasiado alta, medirá como 1,60 o 1,65, delgada, con una buena “pechonalidad” y un culito bien parado (prieto), tiene unos preciosos ojos castaños, pelo largo, más abajo de los hombros, de un color castaño claro y unos labios de esos de bésame, lo que conforma una cara, que no siendo una belleza, resulta simpática.

    Hasta esa tarde / noche no me había fijado demasiado en ella, desde el punto de vista erótico me refiero, pero esa tarde me pareció, después de cinco horas discutiendo, una chica de lo más apetecible.

    Comenzamos hablar de una forma distendida de temas intrascendentes, de la ciudad de México, del tráfico de la delincuencia, etc. Hasta que en un momento dado, la conversación derivó sobre temas un poco más íntimos, con una serie de requiebros de índole netamente sexual, lo que aquí en México se llama “alburear”.

    –O sea que ahorita no tienes a nadie que te caliente la cama. -me dijo Laura, cuando le conté que llevaba una serie de meses solo en México.

    –Así es, pero siempre acepto compañía -le respondí yo- además siempre he sentido debilidad por las mujeres echadas “pa´lante”, como eres tú.

    Seguí con un par más de indirectas, más bien directas, sobre lo bien plantadas que las tenia, quizá suene un poco grosero ahora, pero os aseguro que en el contexto quedaba de lo más apropiado.

    –Pues son toditas mías y naturales, nada de silicona -me respondió.

    –Eso solo se sabe de una forma.

    –¿Cómo?

    –Pues ¿cómo va a ser? al tacto. -mientras sonreía de la forma más picara que pude.

    –¿Te gustaría checar?

    –Si me dejas, por descontado.

    Laura se quitó la chaqueta tipo sastre de su traje, y se quedó con la blusa blanca que llevaba, el sujetador se percibía claramente bajo la blusa y hasta podría haber jurado que se notaban los pezones duros. Lentamente comenzó a desabrochar la blusa hasta que el sujetador quedó a la vista y pude ver que era uno de esos que se abrocha por delante.

    Por un momento me quedé, aparte de sorprendido, un poco cortado. Mientras notaba que el calzoncillo se me quedaba pequeño y no sabía muy bien que hacer.

    Desabrochó el sujetador y dejó libres unas espléndidas tetas, estoy seguro que los 100 cm los supera con holgura.

    Me quedé mirándola con ojos golosos mientras me levantaba de mi silla y daba la vuelta alrededor de la mesa, cerrando al pasar el seguro de la sala de juntas, hasta quedar a su espalda.

    Ella no se había movido, seguía con la blusa abierta y había dejado las manos sobre la mesa, únicamente me había seguido con la mirada mientras me desplazaba por la sala.

    Me incliné sobre el respaldo de su silla, pasé mis manos por debajo de sus brazos hasta que mis manos quedaron bajo sus senos y mi boca en su cuello, mi lengua comenzó a acariciar su cuello y mis dientes comenzaron a mordisquear su oreja, mientras mis manos acariciaban sus espléndidas tetas.

    Laura se quedó muy quieta, como esperando que yo realizara el resto del trabajo, cosa que realicé con sumo gusto.

    Mis manos acariciaban sus tetas, mientras mis labios pasaban de su cuello a su oreja y bajaban hasta sus labios. Ella continuaba con sus manos sobre la mesa.

    La ayudé a levantarse mientras la daba la vuelta, quedamos frente a frente, la diferencia de estatura, si bien es evidente, quedaba en parte compensada por sus tacones, mis manos bajaron por su espalda hasta llegar a la cremallera de su falda, la deslicé hasta que esta cayó libremente al suelo. ¡Sorpresa!, usaba medias, pero medias de las de verdad, no pantys, sus bragas blancas dejaban sus nalgas al descubierto, unas nalgas prietas que con los tacones se ponían más duras incluso.

    Mis manos se recreaban en sus nalgas, en su espalda, mientras agachaba mi cabeza con intención de besar su boca, sus senos y llenarme la boca con sus pezones…

    Introduje mis pulgares entre la braga y su cintura, y mientras tiraba hacia abajo de ellas mi lengua saboreo su pecho, su vientre, mis labios se posaron en su monte de venus.

    Me levanté nuevamente, y pasé mis brazos bajo los suyos, mientras ella entrelazaba sus manos en mi nunca y me daba uno de los besos más apasionados que recuerdo en muchos años.

    Tirando levemente de ella la senté sobre la mesa de juntas…

    –¡¡Ah!! está fría -dijo.

    Sus manos se deslizaron hasta mi cuello y deshicieron el nudo la corbata, comenzó a desabrochar la camisa hasta lograr que acabara en el suelo junto al resto de sus prendas. Sus labios comenzaron a besar mi pecho mientras sus manos acariciaban mi espalda, durante unos segundos, unos minutos tal vez, por momentos me parecieron horas, horas de placer.

    Me separé de ella y comencé a desabrochar mi cinturón, después el pantalón, hasta liberar mi verga. Que en esos momentos estaba, como os podéis imaginar, totalmente preparada para iniciar la batalla.

    Ella sentada en el borde de la mesa, con las manos sobre esta, sus espléndidos pechos coronados por unos pezones tiesos, duros, incitantes, me miraba con unos ojos brillantes y esa sonrisa que me había cautivado.

    No sabéis, o quizá sí, lo difícil que es quitarse unos pantalones en esas circunstancias, así que opté por no quitármelos y con mi polla totalmente tiesa me aproximé a ella buscando la calidez de su interior.

    Lo encontré húmedo, suave, sentí como entraba con facilidad como me deslizaba hacia su interior, como me acogía su calor, mientras ella dejaba caer su cuerpo sobre la mesa, mis manos se posaron se sus senos, mientras mis dedos jugaban con sus pezones. Mis envites se hicieron cada vez más fuertes y más rápidos mientras escuchaba sus gemidos, incluso con miedo que se escucharan en el exterior de la sala de juntas.

    Por fin un calambre, me subió desde la base de la columna hasta la cabeza y me derramé en su interior, mis manos buscaron su hombros, tiraron de ella hasta abrazarla, aun dentro de ella, y posar mis labios en sus labios.

    Sus brazos se enlazaron en mi espalda, mientras sus labios besaban mi cuello, mis hombros. Mis manos acariciaban su espalda. Sus piernas se enlazaban en mi espalda, manteniéndome dentro de ella, sintiendo su humedad.

    Me dejé caer, aun enlazados, sobre la silla que estaba a mi espalda, sus piernas se soltaron, mientras se dejaba deslizar sobre mis piernas hasta que sus rodillas tocaron el suelo, mientras sus labios besaban mi pecho, y sus labios se deslizaban por mi cuerpo.

    Su boca llego hasta mi sexo, su lengua comenzó a lamer mi polla húmeda y ya no tan dura como había estado, sus labios la aprisionaron mientras sentía sus manos acariciar mis huevos, con suavidad, con dulzura. Poco a poco mi polla, comenzaba a ponerse nuevamente dura, sentía como el deseo renacía en mí, mientras su cabeza subía y bajaba a un ritmo cada vez más rápido.

    Sus manos se separaron, de mi cuerpo, y vi como las entrelazaba a su espalda, mientras el ritmo de su cabeza crecía en velocidad, sentía que estaba a punto de estallar, y… estallé, estallé mientras ella se quedaba quieta, mientras sentía la humedad de su boca en mi polla, mientras sentía como mi semen y su saliva se escapaba por la comisura de sus labios.

    Sus manos se posaron en la base de polla, y recogieron de forma golosa todos los líquidos que había sobre ella.

    Con un gesto entre pícaro y perverso, recogió su ropa y comenzó a vestirse, mientras yo la imitaba, ninguno de los dos dijimos una sola palabra, una vez terminamos, retiró sus papeles de encima de la mesa, se acercó a mí, y besándome en la mejilla me dijo.

    –Gracias, no sabes como lo he esperado toda la tarde…

    Salió de la sala de juntas, sin darme tiempo a decir nada, yo lentamente terminé de poner en orden mis ropas y salí de la sala.

    Hemos mantenido otras reuniones de trabajo después de esta que os he contado, pero no hemos terminado así, nunca más hemos hecho el amor, pero creo que está bien, estas cosas suceden así o pierden gran parte de su gracia.

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  • Vacaciones de placer para ella (parte 2)

    Vacaciones de placer para ella (parte 2)

    Después de la experiencia de las últimas vacaciones, nuestra vida sexual mejoró considerablemente, follábamos más a menudo y con sólo recordar la experiencia vivida echábamos unos polvos de espanto.

    Estas vacaciones, Teresa y yo, decidimos no ir a la playa y realizar un viaje por Europa.

    En nuestro grupo de excursiones había muchas parejas y dos hombres que viajaban solos. Uno de ellos era un negro dominicano de unos 40 años llamado Eduardo. Estaba casado, pero su esposa no fue al viaje para poder cuidar de su madre enferma.

    Hicimos muy buenas migas con él, era muy simpático y pasábamos ratos muy divertidos.

    Una noche fuimos a la discoteca de uno de los hoteles donde nos quedábamos durante el viaje, estuvimos bailando y agarramos una buena borrachera. Al día siguiente a duras penas nos enteramos de las explicaciones que ofrecía la guía de la excursión.

    Esa noche volvimos a salir, pero nos acostamos temprano. A Teresa le caía muy bien Eduardo y además, según ella, no estaba nada mal, yo le dije que a mí también me agradaba.

    El siguiente día lo teníamos libre, así, que nos levantamos un poco más tarde de lo habitual, desayunamos y nos dedicamos a visitar museos en compañía de Eduardo. Llegamos pronto al hotel y decidimos dormir un poco para luego salir a cenar.

    A eso de las nueve, nos encontramos con Eduardo en el hall del Hotel y salimos a buscar un restaurante, casualmente encontramos uno donde además había zona de baile y esa noche tocaba música caribeña.

    Eduardo nos pidió que entráramos y nos pareció bien, nos sentamos, pedimos unos cócteles, una botella de vino y algo de cenar. Cuando terminamos la cena brindamos con un poco de champán y pasamos a la zona de baile. Cogimos una mesa y pedimos unas copas.

    El lugar estaba animado y nosotros también. Entre Eduardo y yo nos turnábamos para bailar con mi esposa. En una ocasión que Teresa tuvo que ir al servicio, Eduardo comentó lo afortunado que era de tener una mujer como ella. Le contesté que si, que en verdad lo era.

    Luego me lancé y le pregunté que si le apetecería follársela.

    ―Lo dices en serio.

    ―Totalmente

    Entonces reconoció que le encantaría, que estaba muy buena y que tenía la impresión de que era una mujer a la que le encantaba follar.

    ―Pero que pensará ella.

    ―No sería la primera vez que follara con otro, pero tampoco te puedo asegurar que le apetezca hacerlo esta vez.

    Entonces le propuse que cuando volviera, la sacara a bailar e intentara calentarla un poco a ver que ocurría.

    Así lo hizo, cuando ella volvió él la sacó a bailar y durante ese tiempo le tocó varias veces el culo, como sin querer le rozaba las tetas y le dio algún beso en las mejillas. Hasta ahora ella respondía bien.

    Después de un par de canciones se sentaron.

    ―Parece que no habrá ningún problema.

    ―A que te refieres, preguntó ella

    ―A Eduardo le gustas mucho y le apetece follarte.

    Eduardo estaba tenso.

    ―A mi también me apetece, ya he notado que tiene un buen rabo y si folla tan bien como baila lo voy a pasar muy bien.

    Ya que estábamos todos de acuerdo, decidimos irnos al hotel y subir a nuestra habitación.

    Nada más cerrar la puerta, Eduardo, desde atrás con un brazo rodeó a Teresa por la cintura, con la otra mano le apartó el pelo y le besó el cuello.

    Teresa le pasó una mano por detrás de la cabeza y con la otra comenzó a tocarle la polla por encima del pantalón. Yo me puse delante de ella, le desabotoné la blusa y empecé a comerle las tetas. Eduardo siguió bajando su mano le levantó la falda y le acarició el clítoris por encima de la braga.

    Ella suspiraba, se dio la vuelta y comenzaron a entrelazar sus lenguas, mientras le iba quitando la camisa dejando a la vista su musculado torso. Dejó de besarle en la boca para con sus labios recorrer desde su cuello pasando por su torso hasta llegar a los pantalones.

    Le desabrochó los pantalones, los dejó caer dejando al descubierto una enorme erección bajo el calzoncillo. Ella empezó a morderle la polla por encima del calzoncillo mientras el glande iba asomando cada vez más.

    Terminó por bajarle el calzoncillo quedando a la vista una impresionante y gruesa polla. Ella suspiró y se apresuró a recorrerla con su lengua para luego empezar a mamarla. Siempre había fantaseado con tener a su disposición un rabo negro y esta era la segunda vez que saboreaba uno.

    Estuvo comiéndole la polla por lo menos 10 minutos, se la puso tan dura que parecía que estaba chupando un palo. Ella se dirigió hacia mi, que ya estaba desnudo, me besó y me pidió que la preparara para que Eduardo la penetrara.

    Así lo hice, la desnudé, la tumbé sobre la cama, le separé las piernas y empecé a comerle el coño. Mientras ella masturbaba a Eduardo para que no perdiera ni un ápice de su erección.

    Estuve comiéndole el coño hasta que estuvo a punto de correrse. Entre mi saliva y sus flujos estaba suficientemente lubricada para que Eduardo la ensartara.

    Yo me aparté y dejé que el se colocara entre las piernas de ella, colocó la punta de la polla en la entrada de la vagina y empezó a empujar, no sin esfuerzo, fue entrando poco a poco, mientras, Teresa disfrutaba con cada centímetro de polla que la invadía.

    Cuando la tuvo toda dentro, la volvió a sacar y esta vez de un solo golpe se la clavó hasta el fondo. Teresa lanzó un grito, el volvió a hacer lo mismo, ella volvió a gritar. Eduardo repitió otra vez, pero ahora a más velocidad, los gritos de ella se transformaron en jadeos mientras se retorcía debajo de él.

    Cambió el ritmo de las envestidas, ahora se movía despacio recorriendo toda la vagina desde la entrada hasta lo más profundo. Mientras él la follaba, yo le comía las tetas y mordisqueaba sus pezones, estaba a punto de tener un orgasmo.

    Eduardo sacó la polla y ella lo maldijo, quería correrse. Él sonrió, se tumbó a su lado y se dedicó a besarla mientras con un dedo la masturbaba llevándola hasta el límite del orgasmo para luego parar. Yo seguía dedicado a sus tetas y ella movía su pelvis con desesperación en busca de un orgasmo que Eduardo le negaba por ahora.

    Una vez se hubo tranquilizado un poco, la penetré con movimientos lentos, su excitación volvía a subir, entonces empecé a moverme mas deprisa y cuando ella estaba a punto, la saqué volviéndola a dejar al borde del orgasmo.

    ―Me volvéis loca, quiero correrme ya por favor.

    Eduardo se apiadó de ella y empezó a joderla con tal fuerza que el golpe de sus testículos contra el culo de Teresa retumbaba en la habitación. Ella no dejaba de jadear mientras le pedía más. Él iba a mil revoluciones, la envestía con tal rapidez que apenas se apreciaba como entraba y salía su polla.

    Yo cogí un pezón en cada mano y empecé a masajearlos, a los pocos segundos ella se retorció y alcanzó un orgasmo tan intenso que parecía que le faltaba el aire.

    Dejamos que se recuperara un poco y nos dedicamos a besarla por todo el cuerpo, poco a poco volvía a excitarse y pronto estuvo dispuesta para otra ración de polla .

    La pusimos a cuatro patas y mientras ella mamaba la polla de Eduardo, yo la penetraba desde atrás. Tenía la vagina tan distendida por la polla de Eduardo que me costaba sentir su roce.

    Mientras la penetraba pasé una mano por delante y le acariciaba el clítoris, cada vez se humedecía más. Su cabeza subía y bajaba recorriendo el enorme miembro de Eduardo.

    Me resultaba difícil no correrme viendo como tragaba golosa la polla de Eduardo mientras yo la follaba. Al final me abandoné al placer y me corrí como hacía mucho tiempo no lo lograba.

    Me salí de ella y me senté en el sillón a disfrutar del espectáculo que mi esposa y Eduardo me ofrecían.

    Ella seguía comiéndole la polla con auténtica pasión, Eduardo tenía un aguante fenomenal, le pidió que parara, se sentó al borde de la cama, Teresa se sentó encima introduciéndose su miembro y empezaron a moverse. Ella estaba muy excitada y no paraba de besarlo.

    Eduardo se levantó agarrándola por la cintura y se la folló de pie durante unos minutos, luego dejó de penetrarla el tiempo suficiente para darle la vuelta, apoyarla contra el espejo del armario y separándole las piernas ensartarla desde atrás.

    Se la estaba follando con todas sus fuerzas, con cada envestida la separaba del suelo. El espejo reflejaba el placer en la cara de mi esposa que ni por un momento paraba de jadear.

    ―Que gusto, si, si, fóllame, no pares fóllame . Me encanta sentir tu polla desgarrándome por dentro.

    ―Yo también disfruto haciéndote mía, es una delicia sentir como tu estrecho coño aprieta mi polla y te estremeces a cada envestida.

    ―Joder, que bien follas, como te mueves, siento que me vas a partir en dos, sigue por favor.

    ―Te voy a dar polla hasta que me supliques que pare y luego me la vas a comer hasta que me corra.

    ―Haré lo que me tú me pidas, pero no pares.

    Eduardo le dio la vuelta quedando frente a frente, la agarró por el culo, la levantó un poco y la ensartó aplastándola contra el espejo. Ella se agarró de su cuello, él la follaba con dureza y ella no paraba de gritar.

    ―Si cariño, un poco más, estoy a punto.

    Eduardo hizo un esfuerzo y la envistió con más fuerza.

    ―Ya, cariño, me corro, joder que gusto, dios mío me voy desmayar.

    El seguía con sus movimientos.

    ―Para, ya no puedo más, de verdad. Ahora te toca a ti.

    Teresa se arrodilló frente a él y se metió la polla en la boca iniciando una frenética mamada al tiempo que lo masturbaba. Tardó por lo menos cinco minutos en correrse y cuando lo hizo salió tanto semen que parecía que no se había corrido en un año.

    Durante la semana que faltaba de viaje repetimos la experiencia un par de noches más.

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  • Accidente Incestuoso (4): Capítulo final

    Accidente Incestuoso (4): Capítulo final

    Tras la pillada a mi madre masturbando a mi hermano, llamé a la puerta del baño, “mamá, abre la puerta”, el chasquido del pestillo sonó y abrí la puerta, mi madre estaba sentada sobre el wáter, su cara todavía estaba llena de semen, tenía las piernas abiertas y una mano acariciándose entre ellas, no me miró, siguió a lo suyo, masturbándose y gimiendo, yo acerqué mi boca a la suya y la besé, busqué su lengua y la encontré y mientras la sentía dentro de mi boca, empezó a correrse.

    A partir de ese momento todo cambió, mi padre empezó a bañar a mi hermano, mi madre no nos miraba a la cara, y mi hermano solo quería meterme esa brutalidad entre las piernas, algo que no iba a conseguir jamás porque me destrozaría.

    Pasaron varias semanas y a mi hermano le quitaron las escayolas de las manos, él seguía a lo suyo, me buscaba y me manoseaba, yo le dejaba hacer, me gustaba rozarme con él y con ese enorme falo, él siempre intentaba meterla, pero yo me cabreaba y me iba, así es que desistió y se conformaba con las pajas que nos dábamos, mi madre volvió poco a poco a la normalidad, ya nos miraba, incluso se percataba de nuestros escarceos, pero no decía nada.

    Con el tiempo, mi hermano dejó de buscarme, lo buscaba yo más, y a veces me rechazaba, supongo que se habría cansado o que habría encontrado a alguien a quién follarse, así es que poco a poco se fue acabando, hasta que un día descubrí por qué.

    Llegué temprano de la universidad, abrí la puerta y oí gemidos, así es que cerré con cuidado y busqué el origen de los mismos, ¡que tonta!, ¿cómo no me lo imaginé?, mi madre era la que se follaba ese miembro monstruoso, los dos en la cama, mi madre montada sobre mi hermano, clavada, moviéndose sobre él, dejando sus grandes y flácidos pechos al alcance de las manos de mi hermano, que los manoseaba acercándolos a su boca para succionar esos enormes y oscuros pezones.

    Siguieron así un buen rato, hasta que la zorra de mi madre, porque era eso, una zorra, se sacó ese mástil de entre las piernas y se puso a cuatro patas, ofreciéndole su gran culo, no podía creerlo, yo nunca había experimentado el sexo anal, y mi madre se iba a meter una polla de 25 cm por el culo casi sin rechistar, aunque me equivoqué en lo de casi sin rechistar, porque cuando mi hermano empezó a taladrarla, aquello no entraba con tanta facilidad y mi madre lloraba y mordía la almohada para no gritar, supongo del dolor de meterse algo tan gordo por detrás.

    Observé absorta, como la polla de Álvaro iba desapareciendo poco a poco entre las enormes nalgas de mi madre hasta que se quedó inmóvil, esperando que el ano se dilatase y así poder moverse sin destrozar a mi madre, que ya había soltado la almohada y resoplaba, asimilando aquella carne que la tenía empalada hasta el estómago.

    Yo hacía un buen rato que me masturbaba viendo aquello, así es que entré en la habitación, me quité la ropa y me acerqué a la pareja de amantes incestuosos, besé a mi hermano, besé a mi madre, y coloqué mi mojado sexo sobre su boca, para que también me follase ella a mí, puse mis manos sobre su cabeza y la apreté fuerte para que casi no pudiese respirar, mi hermano empezó a moverse muy despacio, se ve que no era la primera vez que analizaba a mi madre y sabía como tenía que hacerlo, la lengua de mi madre repasaba todo mi sexo, estaba en la gloria hasta que no sé como dije, -la quiero dentro, Álvaro, métemela-.

    Noté como mi madre se contorsionó del todo, al escuchar eso, mi hermano empezó a acelerar el ritmo sobre su culo, destrozándoselo, hasta que lo sacó, rojo, hinchado, mi madre se volteó hacia un lado, con el ano dolorido, y empezó a masturbarse a mi lado, mientras mi hermano, se acercó a mí, y levantándome un poco las piernas puso su polla sobre mi anhelado sexo y comenzó a perforarlo, no tuvo compasión de mí, no tuvo delicadeza, solo un ansía desmedida por follarme, yo a duras penas pude contener un grito de dolor al ver como aquella cosa tan grande entraba y desgarraba todo mi sexo, mi madre buscó mi boca para ahogar los gritos, hasta que el dolor remitió, mi hermano inmóvil me miró a los ojos y me dijo “¿empiezo?”.

    Yo asentí, mi madre empezó a besarme los pezones a succionarlos, y mi hermano empezó a follarme, y a mi empezó a gustarme, mis piernas lo abrazaron y me abandoné a aquel placer sin límites, ahora entendía porque mi madre se dejaba hacer de todo con su propio hijo, yo haría lo mismo, sería la perra de mi hermano, la puta de madre, sería todo lo que me pidiesen porque me daban todo lo que necesitaba.

    Ahhh gritaba cada vez que esa polla martilleaba mi sexo, ahhh, otro vez, ahhhh, No tardé tiempo en correrme, y mi hermano tampoco, sacó su miembro y nos bañó con su leche, -tomad, es vuestra, saciaros-, decía mientras los chorros de semen caían sobre nosotras, que lo recibíamos con agrado, pero de repente escuché un fuerte golpe, y vi como otro fuerte golpe llegaba a la cara de mi hermano…

    Era mi padre, nos había pillado a todos, a su familia degenerada, otro golpe más en la cara hasta que le reventó la nariz y la sangré empezó a salir a borbotones, “¿puta, esto es lo que haces cuando estoy fuera?”, dirigiéndose con los ojos enrojecidos hacía mi madre, -¿y tú, mi princesa, tú también?, mientras sus lágrimas se paseaban tristes por sus mejillas.

    Ahí acabó todo, esa es la historia de mi familia incestuosa originado por un accidente de tráfico, mi padre nos abandonó, tardé tres años en verlo, me perdonó, pero nunca pude mirarlo igual a la cara.

    Mi hermano se marchó de casa, nos veíamos de vez en cuando, nos presentó a su novia, y jamás volvimos a hablar de aquello, y mi madre y yo nos quedamos solas en casa, pero no desconsoladas, yo me traía a chicos de la universidad y entre las dos nos los follábamos, uno, dos, incluso cuatro, haciendo de todo con ellos, ninguno tenía la polla como mi hermano, no volví a ver una igual jamás, pero daba igual, no lo echaba de menos, tenía todo lo que necesitaba.

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  • La propuesta

    La propuesta

    Después de unos tres meses siendo mi conductor privado (ya les relaté como lo conocí). Se imaginarán de qué manera; me invitó a una finca a las afuera de la cuidad para pasar noche buena y recibir el nuevo año de una forma diferente en un clima cálido muy rico ya que es un ambiente agradable para mí.

    Llegamos a una finca hermosa alquilada por él para pasar los últimos días del año alejada del suburbio con una vista hermosa a la naturaleza que lo rodea.

    -Acá puedes gritar todo lo que quieras y nadie te va a escuchar -me lo dijo al oído mientras me abrazaba por la espalda.

    -¿Por eso lo escogiste?

    -Así es hermosa, acá podemos andar desnudos y nadie nos va a ver

    -¡Uy! Así me podré broncear parejo todo mi cuerpo

    -Así es mientras cogemos rico como conejos

    -¿Y mi bikini?

    -También lo vas a usar y con él te voy a coger de una manera morbosa

    -Me calientas de solo imaginar

    -No sabes lo que te espera estos días

    Y así fue… esas palabras quedarán por siempre grabadas en mi mente; quieren saber ¿Por qué? Ya les cuento…

    Ese día después de llegar y conocer la finca nos dirigimos a desempacar las cosas, comer algo y coger rico para dar inicio a una de muchas faenas en esa finca.

    Esa noche después de dormir un rato mientras él arreglaba afuera quiero decir encender las antorchas preparar la cena de fin de año y decorar el lugar donde pasaríamos la noche; me estaba dando una ducha para después ponerme sexy usando un bikini diminuto que él me compro en el pueblo de color bronce con una textura brillante que apenas cubría lo necesario quiero decir mis pezones y mi coño lo demás estaba expuesto a la vista de cualquier, adicional llevaba una túnica larga transparente de color negro, sandalias y mi cabello suelto que hace poco me lo corté quedando a cuatro dedos por encima de mis pezones.

    Llegué al sector de la piscina y el lugar estaba hermoso, la piscina estaba alumbrada con una luz azul; en las cuatro puntas estaban las antorchas encendidas, una mesa redonda decorada con flores y la cena servida y unas sillas asoleadoras en madera muy lindas con sus colchonetas en blanco cubierta con unas toallas.

    Esa noche después de cenar y tomar una botella de vino nos dirigimos a sentarnos al borde de la piscina luego él se lanzó para nadar un rato después me tomo sorprendida halándome entrando con él y empezamos a besarnos de manera muy apasiona.

    -Quiero coger aquí Sebastián

    -¿Estas muy ganosita?

    -¿Tu no?

    -Desde que llegamos

    Corrió los triángulos del brasier de mi bikini a cada lado dejando expuestas mis tetas y las agarró a dos manos para morderlas a su gusto.

    -¡Ah Sebas! Que rico como me las coge.

    -Son un manjar para cualquier hombre

    Mordía cada uno de mis pezones tirando de ellos haciendo que mi coño se contraiga con cada estímulo. Luego me tomó por las nalgas y me llevó al borde de la piscina para sentarme abriendo mis piernas posteriormente corrió a un lado la tanga para chupar mi coño… sentía su lengua hundirse en mí mientras con una mano frotaba mi clítoris haciendo que gritara de placer… me dejé caer quedando acostada para coger mis tetas y amasarlas a mi antojo.

    Él me jaló de mis piernas haciendo entrar nuevamente a la piscina para quedar de espaldas a él, estábamos en una parte que no era onda así que estaban expuestas mis nalgas fuera del agua; me dio una fuerte nalgada y luego abrió mis nalgas para darme un beso negro.

    Después de estar ahí un rato cogió la tira del hilo dental (la tanga) para halarlo y soltarlo en varias repeticiones dándome latigazos.

    -¡Ah sí que rico papi!

    -Quiero dejar esas nalgas rojas y ese hueco dilatado después de una buena follada

    -Si papi que rico

    Me tomó por las caderas y se clavó con fuerza haciendo que gritara y empezó sus embestidas fuertes sonando el choque de su pelvis contra mis nalgas… de vez en cuando me nalgueaba mientras me follaba a su antojo. Después de un rato hundió su dedo pulgar en mi hoyito y continuaba con sus embestidas…

    -Dame más duro papi

    Sacó su verga y apuntó en mi hoyito

    -Te voy a dar con toda, pero por el culo

    Se hundió poco a poco. Sentía como ese canal estrecho se abría permitiendo entrar esa anaconda.

    -¡Ah, duele un poco!

    -Frota ese gallito para que aumentes tu excitación.

    Continuaba entrando… sentía que me atravesaba… al estar totalmente dentro se quedó un rato quieto para adaptarme. Después empezó a moverse suavemente mientras me nalgueaba.

    -¡Oh… Si… Qué rico que siente!

    -¡Ah papi dame más!

    Sus movimientos cada vez fueron más rápidos, el dolor se había ido y solo existió placer. Me halo de mi cabello haciendo que arqueara mi espalda aumentando sus embestidas.

    -¿Así, o más duro?

    -Así papi

    -Me pones muy arrecho cuando te follo ese culo

    Me tomó por el cuello haciendo que respirara con dificultad

    -Esta noche la vamos a pasar de lo lindo

    -Eso quiero papi

    -Te tengo una sorpresa

    -Me encanta las sorpresas

    Mientras estábamos ahí en la piscina escuché un carro.

    -Alguien llegó cariño

    -Es tu sorpresa

    Giré como pude para buscar de quien se trataba cuando veo a un hombre que por su rostro se me hizo conocido, se acercó a la mesa y tomó un trago.

    -¿Puedo participar?

    -¿Quieres cariño?

    -¿Él es mi sorpresa?

    -Así es, ¿aceptas mi regalo?

    Como dicen acá me cogieron con los calzones abajo o bueno esta vez con una verga por el culo, nunca me esperé esa sorpresa… estaba tan arrecha que acepté. Este hombre lo conocí en un bar, una noche él me invitó a un show de stripper y él era uno de ellos. Recuerdo que él pago un privado para disfrutar a ese hombre los dos mientras él bailaba para nosotros, recuerdo que me pregunto si me atraía le dije que mucho; esa noche con aquel hombre solo existió roses por encima de mi ropa mientras yo estaba sentada sobre el regazo de Sebastián.

    Aquel hombre se fue quitando la ropa quedando completamente desnudo, su verga era de buen tamaño rosada y gruesa. Se arrodilló en frente de mí frotándose la verga que ya estaba como una estaca.

    -¿Quieres chupármela?

    -Si

    Sebastián me soltó del cuello y me acerqué a ese hombre para meterme su verga, él me tomó por el cabello para hundirse mejor en mi boca. Estos dos hombres me estaban follando al mismo tiempo, estaba ensartada como pollo asado uno a cada extremo, sentía sus vergas en lo más profundo como si quisieran encontrarse.

    Después de un rato salimos de la piscina y aquel hombre se sentó en la silla asoleadoras se pone un preservativo y me invitó a sentarme sobre su regazo, miré a Sebastián y él aceptó así que me acerqué a él corriendo mi tanga a un lado sentándome sobre él clavándome su verga y empecé a menear mi cadera de atrás hacia adelante, él me tomó por mis nalgas para hundirse más en mí.

    -Acomódense que quiero entrar en el juego

    Aquel hombre se corrió hacia atrás clavado en mí para recostarse, sentí que Sebastián me tomó por las caderas pasando su mano por mi raja.

    -Hermosa déjame entrar

    Así que me apoyé de mis antebrazos quedando muy cerca al rostro de ese hombre y levanté un poco mis nalgas sin sacar la verga que tenía en mi coño.

    Sebastián estimulaba mi hoyito pasando sus dedos varias veces y luego apuntó con su verga.

    -Quédate quieta mientras entro

    Tenía muchos nervios porque era la primera vez que haría un trío (una de mis fantasías) y entre mis planes no estaba hacerlo esa noche; sentía como iba entrando en mi culo poco a poco… era una sensación extraña sentir dos vergas clavadas al mismo tiempo, pero me gustaba lo que estaba sintiendo, mientras Sebastián termino de penetrarme aquel hombre chupaba mis tetas y así me empecé a excitarme de nuevo.

    -¡Oh si… que rico se siente

    -¿Qué se siente comerte dos vergas? (me preguntó aquel hombre)

    -Se siente extraño, pero es muy delicioso

    -Hermosa no te muevas que nosotros lo haremos

    Sebastián me tomó por la cadena y empezó a follarme el culo mientras aquel hombre también inicio sus embestidas.

    -¡Ah, ah, ah! Si, eso así

    -Que ricas estas, deseaba estar contigo desde que te vi en el bar aquella noche

    -Acá me tienes cariño, solo aprovecha que esto es por tiempo limitado

    -Lo sé por eso quiero comerte a mi antojo

    Continuaron con el bombeo estos dos hombres y como perra en celo pedía cada vez más duro.

    Sebastián me nalgueaba constantemente mientras me follaba y aquel saboreaba con ganas mis tetas llegando a sentir corrientazos por todo mi cuerpo llegando a mi primer orgasmo producto de un trío.

    -Cambio -gritó Sebastián.

    Se retira y como pude me levanté porque me temblaban las piernas me gire para estar de frente a Sebastián y aquel hombre siguió debajo. Me recosté sobre él abriendo mis piernas, él con su verga me apunto el culo entrando con facilidad ya que estaba abierto; después me tomó por las piernas para tenerme abierta y así ofrecerme a Sebastián.

    -Clávate hermano

    Sebastián froto mi gallito mientras azotaba suavemente mis tetas.

    -Fóllatela un rato tu solo

    Aquel hombre soltó mis piernas y giramos de medio lado, luego me levantó la pierna que estaba por encima y empezó a embestirme con fuerza.

    -Así te quiero, solita para mí

    Sebastián se fue dejándonos un rato a solas mientras este hombre aprovechaba su cuarto de hora. De pronto sentí la presencia de alguien a nuestras espaldas.

    -¿Puedo participar?

    ¿Quién es?, no es Sebastián, pensé en ese momento… nos rodea y es otro hombre… ¡por Dios trajo a otro hombre a participar!

    -Hermosa ¿te acuerdas de mi propuesta?

    Lo miré y recordé, el cuarteto.

    -¿Aceptas? Si así lo deseas

    Mientras el primer hombre me daba estocadas por el culo me tomó por el cuello y me dijo al oído.

    -Aprovecha, que esto es por tiempo limitado… tres vergas para ti solita

    -Si si si quiero  (No sé qué me pasó, a lo mejor fue producto de mi excitación).

    -Entonces llevemos a esta mujer al elixir

    Se desnudó aquel hombre que también lo vi en el show de stripper, veo que Sebastián los contrato para nosotros. Mientras seguía con el primer hombre el segundo me tomó por el cabello y metió su verga en mi boca meneando su cadera para follarme a su antojo. Sebastián aprovechó que estaba con una pierna levantada y me follo con sus dedos por el coño rápidamente… esto provocó corrientazos por todo mi cuerpo nuevamente llegando a mi segundo orgasmo, pero esta vez en un cuarteto.

    -Cambio -Sebastián lideraba el juego aquella noche

    Quedé nuevamente encima del primer hombre con su verga dentro de mi culo abriéndome de piernas mientras las sostenía, el segundo después de ponerse un preservativo se clavó en mi coño, Sebastián se hizo a un costado de la silla y me tomó por el cabello para meterme su verga en mi boca mientras pellizcaba mis pezones, azotaba y amasaba… era la primera vez que tenía mis tres orificios llenos con tres vergas, era una sensación extraña me sentía una puta pero me gustó lo que estaba viviendo; estaba tan excitada que llegué a otro orgasmo. Era una muñeca de trapo, ellos me embestían a su antojo, sentía que no tenía control de mi cuerpo solo me dejé llevar por las morbosidades del momento.

    -Cambió.

    Quedé en cuatro pero esta vez el segundo quedó por debajo, se cambió el preservativo y me clavó su verga por mi coño inflamado (mis labios palpitaban) Sebastián se clavó en mi culo que ya recibía vergas con facilidad (me imagino lo abierto que estaba) y el primero me folla por la boca.

    En el siguiente cambio mientras Sebastián me daba por el coño en cuatro, los dos hombres estaban en frente a mí para turnasen mi boca, chupaba una verga y después la otra.

    El siguiente me alzaron los dos con mis piernas flexionadas quedando en medio de ellos y cada uno follo el culo y el coño… mis tetas rebotaban con el movimiento.

    Otra fue una tijera mientras uno me daba por el coño, tenía una verga por la boca y con una mano frotando otra verga.

    En el último cambio que fue el extremo de todos y no pensé que se pudiera hacer, el primer hombre se recostó en la silla y me clavó su verga en el coño.

    Yo estaba sobre él de espaldas y el segundo se arrodilla en frente a nosotros y veo que apuntó en mi coño también. Abrí mis ojos al ver lo que intentaba hacer logrando meter la mitad de su verga, los movimientos fueron lentos, sentía deseos de orinar no sé por qué; el primero amasa mis tetas que ya están muy sensibles mi cuerpo no resistía una cogida más, solo me dejé llevar por esa doble penetración vaginal. Mi cuerpo reaccionó a ese nuevo estímulo llevándome a un squirt mojando a estos dos hombres.

    Al final me arrodille en frente de ellos para recibir sus leches sobre mi cuerpo como premio a esta noche que no olvidaré nunca, me dolía todo mi cuerpo, cada músculo, cada orificio creo que me excedí, pero no me arrepiento; al final ellos se retiran a sus habitaciones y Sebastián me llevó alzada a nuestra habitación para darnos un baño e ir a dormir.

    Feliz año 2025… les desea Gaby Borsh

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  • Ella tenía una pija enorme

    Ella tenía una pija enorme

    Eran las dos de la mañana, yo circulaba en mi auto por una avenida conocida del lugar donde vivo. De pronto, al llegar a una esquina con muy poca luz, giré hacia la izquierda y las luces del auto la iluminaron por primera vez a ella. Una morocha, alta, muy bien dotada que sin dudas estaba ofreciendo sexo a cambio de unos pesos…

    Sin dudarlo paré, bajé el vidrio y luego de cruzar un par de palabras, preguntar “tarifas” e intercambiar picaras sonrisas con ella, la invite a pasar unas horas juntos.

    Fuimos a un bosque muy oscuro un poco alejado del centro de la ciudad donde se suele ir a pasar gratos momentos, nunca mejor apodado aquí como “Villa Cariño”.

    Nos pasamos al asiento de atrás y comenzamos a besarnos y a tocarnos todo el cuerpo. Justo en ese momento, en lo mejor de la noche, cuando todo parecía pintar de lujo para mí, ella me frena y me dice: -“te diste cuenta no?…”, “de qué? le contesté realmente asombrado… y ahí ella me tomó de la mano y me la puso en sus genitales… ¡Vaya… vaya! ¡que sorpresa!

    En ese momento no sabía si echarla del auto, si cagarla a trompadas o si romperle el culo por hija de puta. Si, entre sus piernas colgaba una enorme pija que encima por la calentura, ya mostraba todas las intenciones de pararse en gran escala. El mundo se me vino encima como una cagada de una paloma gigante, la hermosa morocha que esa noche me había deslumbrado con su figura era un travesti.

    Miré para todos lados, me aseguré de que nadie nos viera y la dije: -“que hacemos?”. Ella se agachó, me desabrochó los pantalones y murmuró: “No es el fin del mundo…” y empezó a chuparme la pija muy profundo.

    En ese momento no pensé en nada “que sea lo que Dios quiera”.

    Luego sacó de su cartera un pote con vaselina, unos forros, se puso en cuatro patas y me dijo que la coja.

    Yo realmente estaba muy caliente y no dejaba de ver una mujer delante de mis ojos, tomé la crema, le puse un poco en el ano, otro poco en mi verga y empecé con cuidado a querer metérsela por el culo.

    Debo confesar que me costó un poco, pero al fin lo logré. Toda mi pija en su culito y ella que gritaba y pedía más y más…

    Luego, un poco cansado por el movimiento brusco que teníamos, me senté y ella se montó encima de mí e introdujo sin problemas esta vez mi verga en su culo y empezó a cabalgar en una forma muy violenta. Realmente sentí que le destrozaba el orto de tantos bombazos tan profundos. Ella gritaba como loca y no paraba de moverse.

    Ya habíamos terminado, ella estaba sentada a mi lado, yo había prendido un cigarrillo mientras ella acariciaba mi nuca muy sensualmente. Me sentía raro, no sé, nunca lo había hecho con un travesti. Y ella también estaba rara, no sé, se sentía mal…

    Le pregunté que le pasaba y me dijo que todavía estaba caliente y le miré la pija y claro, no había acabado. Si, tenía el culo destruido, pero con la pija re-parada.

    Miré nuevamente hacia los cuatro costados con miedo de que alguien nos mire y me agache y me metí en la boca todo ese pedazo enorme de carne que le sobresalía entre las piernas.

    No me preguntes por qué, solo sé que me agaché y sin dudarlo empecé a chuparle la pija.

    Me encontraba en cuatro patas con mi culito en pompa. Ella empezó a pasarme vaselina en mi culito, yo no decía nada y me imaginaba lo que venía. Pensé por dentro “ya estás en la joda… ¿una más que le hace no?”.

    Me dio vueltas de forma brusca, como desesperada y con mucha delicadeza fue introduciendo todo su pene dentro de mí. Yo mudo sin decir más que un quejido por el dolor que eso significaba. Me dio, me dio y me dio hasta acabar sobre mis nalgas sintiendo yo el correr de su jugo abundante y caliente sobre mi pierna.

    Nos vestimos y me pidió que la acerque hasta su “esquina” porque debería seguir trabajando. La llevé hasta el lugar, íbamos mudos los dos, y antes de bajarse del auto me dijo: –”ésta es gratis”, y me devolvió el dinero que había pagado yo en un principio. Se bajó del auto y se fue caminando rápido hasta perderse en la oscuridad de la noche.

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