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  • Anatolia, flor de orgasmos

    Anatolia, flor de orgasmos

    Hace un año visité Paris, era uno de esos viajes de trabajo y reservé mi vuelo para tres días ya que era víspera de Navidad y lo quería pasar con mi novia, le había prometido una Navidad juntos en un hotel de Cancún ya que vivimos en Méjico, salía un domingo y ella me despidió en el aeropuerto recordándome mi promesa.

    El día lunes que llegué, me dispuse a revisar mi agenda y comencé mi primera reunión por la tarde aunque hablo inglés me dijeron que habría una interprete ya que la reunión sería en francés, idioma del que sé muy poco, nos instalamos en la mesa y vi llegar una mujer de unos 25 años cabellos negros, ojos verdes y con un cuerpo de diosa, se presentó diciendo “,hola me llamo Anatolía y soy griega, seré tu interprete”, no supe que responder ya que no salía de mi asombro de semejante hembra.

    Durante la reunión cometió algunos errores que me dio pena corregir, pero si note que ella se sonrojaba, al finalizar la reunión dos horas después, salí ya que tenía que hacer una llamada desde el hotel dije a la secretaria que me llamara un taxi y salí a la calle para fumar un cigarro, cuando escuché decían mi nombre Arturo, dirigí mi mirada hacia la puerta y la vi se había soltado el cabello y me pareció aún más joven y más bonita, medía como un metro setenta y cinco, me dijo “quiero disculparme por los errores que he cometido es que me pusisteis nerviosa”, le dije que no había problema ya que la reunión había salido bien.

    -Quiero compensarte invitándote a cenar, conozco un restaurante cerca de Notre Dame a las 8 frente a la catedral -me dijo y luego se fue no sin antes dirigirme una mirada un poco coqueta.

    Llegó mi taxi y me dirigí al hotel, hice mi llamada descansé un poco, luego me duché y me dirigí a mi cita. Tomé el metro ya que era aún temprano, me bajé en la estación de Saint Michell y me dirigí a la catedral de Notre Dame, una gran cantidad de turistas se encontraban aun en las afueras, la vi sentada frente a la iglesia en un poste de barrera, se levantó y me dio los dos besos de rigor a la francesa, luego nos dirigimos al restaurante.

    Durante la comida, nos tomamos un botella de vino tinto, me habló sobre su vida en Grecia y que estaba estudiando arquitectura en la Sorbona, el restaurante estaba lleno y cuando nos levantamos nos rozamos nuestros cuerpos lo que provocó una erección de mi pene de forma inmediata.

    Ella llevaba un vestido de seda y nuevamente volví a rozarla, pero esta vez sintió algo más que mi pierna, muy apenado me disculpe y quise echarle la culpa a la aglomeración de gente, sin embargo me calló y me dijo “lo entiendo”, aun sin comprender nos dirigimos a la salida y le dije que aún era temprano y que si quería ir a un bar o tomar una cerveza en la acera de algún restaurante de los tantos que existen en la zona a lo que me respondió que sí.

    Nos instalamos en una mesa en la acera, y ordenamos dos cervezas, yo aún estaba apenado y en ese momento me dijo “me gusta que los hombre me deseen por lo que comprendo lo que pasó en el restaurante y la verdad es que me excitó, te propongo que vayamos a mi apartamento es cerca de la Sorbona”. Nos tomamos dos cervezas y la plática se volvió erótica, me dijo que vivía con una amiga a la cual le gustaba las relaciones lesbianas, pero que se encontraba con sus padres en Lyón, pague la cuenta y nos dirigimos hacia su apartamento.

    Vivía en la segunda planta, me detuvo en la gradas y nos besamos, comencé a acariciar sus senos los que encontré suaves al tacto, su vestido favorecía la ocasión, sentí como sus pezones erectos buscaban salirse de su vestido ya que no llevaba sostén, al bajar mis manos mi sorpresa fue mayor ya que tampoco llevaba ropa interior, tomé entre mis manos sus nalgas firmes en este punto mi pene mostraba signos de mostrase ante ella y goteaba semen.

    Ella lo entendió así y se arrodillo y lo saco de mi pantalón, comenzando a darme una besos en la cabeza y a secar con su lengua el semen que había en el note como hilos de liga de mi semen se estiraban cuando retiraba su lengua, me miraba y se sonreía de forma picara y excitante y comenzó a introducirse mi verga en su boca hasta el fondo, esa fue una sensación fabulosa sentí como toque el final de su garganta y como una ligera contracción para no vomitar le hizo derramar una lagrima.

    Me pidió que me sentara en las gradas mientras ella me ofrecía su vulva rasurada, a pesar de que había una luz suave dejaba entrever un vivo color rosado de su rajadura, la que comencé a lamer apasionadamente, sentí como un líquido salado se deslizaba por mi lengua envolviéndome en una ola erótica y de pasión, un olor a mujer en celo lleno el ambiente y me excitó aún más, introduje mi lengua lo más que pude, oí gemidos de placer y comenzó a tomar mi cabeza como pretendiendo que me introdujera en ella, sentí que me ahogaba cuando un grito suave salió de su boca indicándome que había llegado al clímax…

    Tome un poco de aire y seguí mamándola suavemente, contracciones seguidas indicaban que seguía la ola de placer, me trague su semen con placer lo cual le agradaba, introdujo sus dedos y me los restregaba en la cara, luego me comenzó a besar apasionadamente.

    Subimos a la habitación, solo había una cama durante el recorrido de las escaleras nos despojamos de nuestras ropas, me dijo que nos ducháramos un poco luego ella se adelantó a la cama y se puso en cuatro, fue excitante verla así como me ofrecía su caverna húmeda y comencé a lamerle su coño nuevamente su olor era rico y erótico, mire su culo rosado y me provoco lamérselo eso hizo que cerrar sus nalgas en mi cara y se contorsionara en olas de placer me pidió que se la metiera por donde quisiera…

    Comencé a penetrarla, su coño era estrecho peculiar de las mujeres que aún no tienen hijos lo que provoca más placer la humedad de su semen facilitaba mi penetración, lo hice suavemente para disfrutarla mientras ella se acariciaba su clítoris, la saque y comencé a mamarla nuevamente.

    Me llevo al centro de la cama y levanto sus piernas ofreciéndome su culo, comencé a jugar con él, al mismo tiempo que intentaba introducirle mi verga me excitaba ver como la cabeza desaparecía en ese culo delicioso, vi como su cara mostraba signos de dolor y sin embargo hizo un movimiento para introducírsela toda lo que le arrancó un quejido de dolor y satisfacción al mismo tiempo…

    Si su coño era estrecho su culo lo era aún más y esa sensación me provoco que me viniera en un río de semen, la sensación de ese chorro hizo caliente hizo que Anatolía en una furia de placer tuviera su segundo orgasmo sus contracciones eran continuas y hacían que siguiera con mi lujuria de placer, tenía mis ojos cerrados y sentí como ella me retiraba y limpiaba mi verga con su boca, esa acción sucia me puso mas excitado aún más cuando al ver como succionaba y la mía toda mi verga.

    Quedamos exhaustos y tendidos en la cama, ella se levantó y trajo una botella de vino, la que terminamos entre caricias besos y suaves mamadas, estábamos ebrios de lujuria y vino, nuevamente se levantó y traía con ella una lata de crema chantilly, la que comenzó a rociar en mi pene dando paso a una de las mejores mamadas que me han dado en mi vida, se transformó en una golosa con mi verga, me dijo que quería introducírsela toda y lo hizo fue una sensación deliciosa sentí como su lengua alcanzaba a lamer mis huevos lo que me provocaba aún mas placer.

    Comenzó a introducirse mis huevos en su boca luego a lamerme el culo, era algo nuevo para mi quise resistirme y me pidió que la dejara que quería disfrutar todo mi cuerpo y comencé a sentir un placer a través de su lengua, por momentos se volvía frenética sentía que no aguantaba mas y estaba a punto de correrme cuando sus carnosos labios volvieron a introducirse mi verga.

    Su boca era una verdadera máquina de sexo oral, comenzó a darme mordiscos suavemente y a introducírsela nuevamente hasta el fondo, sentí como una explosión de placer recorría todo mi cuerpo, quise contenerme pero un chorro caliente de semen exploto en su boca en el momento en que tenía introducida todo lo ancho y largo de mi verga en su garganta, quiso mantenerla así pero vi como gotas de semen salían de su nariz, lo que casi la hace vomitar quise retenerla pero, pero su necesidad de ir al baño fue más fuerte y escuche como devolvía posiblemente la cena y con ella parte de mi semen, no supe que paso después ya que mi cansancio de placer era tal que me dormí.

    Al día siguiente, una sensación suave y húmeda me despertó, Anatolía me daba los buenos días con mi pene en su boca, la erección fue instantánea sus labios frenéticos practicaban una felación con un erotismo que denotaban placer, me incorpore para acariciar su culo, note que aun chorreaba semen de él y ella entendiendo mi deseo y a través de contracciones sacaba aún más, se incorporó y sentándose en mi pene se lo introdujo en su ano cabalgándome al mismo tiempo que se acariciaba el clítoris, el semen actuó como lubricante sintiendo como mi verga se introducía suavemente…

    Su placer era tal que trato de separar sus nalgas lo mas que pudo para introducírsela toda, sentí el fondo de su culo y eso me excitaba aún mas, en su éxtasis y locura de sexo le escuche decir que le sacara mierda, eso fue el clímax para los dos tuviéramos un orgasmos al mismo tiempo, sentí como mi semen llenaba todo lo interno del ano de Anatolía, lo que disfrutaba con todo placer, cuando sus contracciones terminaron, saco mi verga de su maltrecho culo y comenzó a limpiarme la verga con su boca lo que le provocaba un intenso placer.

    Me quede una semana en Paris, semana que recordaré por siempre y que fue tema de reclamo por parte de mi novia durante meses.

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  • Carlos nos ayuda con una doble

    Carlos nos ayuda con una doble

    Parece ser que Carlos se lo pasó muy bien ya que a los dos días nos llamó por teléfono para ver como estábamos y nos dijo que quería repetir. La verdad es que cuando llamó nos pilló en la faena, cosa que le dijo ella. Entonces él dijo “¿Os pille follando?”. Mi mujer le dijo “si en estos momentos tenía la polla de mi marido en la boca”. Y se inició un diálogo que fue más o menos así.

    Ella: Nos pillaste follando.

    Carlos: No me digas, ¿qué estabais haciendo?

    Ella: Tenía la polla de mi marido en la boca.

    Carlos: ¿La tiene muy dura?

    Ella: Si ¿Y tú? ¿Se te ha puesto dura de saberlo?

    Carlos: No seáis cabrones, no me hagáis esto que tengo unos cliente en la tienda.

    Ella: Pues tu veras si te quieres correr escuchándonos o que.

    Carlos: Joderrr, esperar que me voy al baño con el inalámbrico.

    Ella: No veas lo rica que está esta polla, ¡¡slurrrp!!

    Carlos: Joder como la tengo de dura, pero no puedo estar mucho tiempo.

    Ella: Pues ahora me está metiendo la polla en el coño.

    Carlos: No veáis como me estaos poniendo.

    Ella acerco el teléfono a su coño para que escuchara el ruido de la penetración. Con lo mojados que estábamos se escuchaba perfectamente el ruido de la penetración. Ella está a cuatro y yo follándomela desde detrás. Se escuchaba el ruido de la penetración y el de mis bolas rebotando en su culazo. Carlos no tardó mucho en correrse, por la excitación que tenía y por la prisa.

    Ella: Mejor así, porque salir empalmado a atender los clientes como que puede ser un problema.

    Carlos: Desde luego.

    Ella: Sobre todo por la mujer. Se dan cuenta enseguida de las cosas.

    Carlos: Si claro, las mujeres notan todo enseguida.

    Yo: Pues aprovecha y os lo montáis allí mismo.

    Carlos: ¡¡¡Si claro!!! Como que los clientes vienen aquí a follar en vez de a comprar sillas.

    Yo: Bueno, con la excusa de probar la robustez de la silla te sientas y te la subes encima, ja ja ja.

    Carlos: Bueno, tengo que dejaros. ¿Cuándo podemos repetir?

    Ella: Este fin de semana, ¿Vale?

    Carlos: Vale, os dejo. ¡¡Buena follada y traga todo lo que te tiren bella!!

    Nosotros seguimos a los nuestro mientras el pobre Carlos tenía que atender su negocio.

    El fin de semana llegó, y allí nos presentamos, en su tienda. Ella llevaba una falda de campana y una tanga de hilo debajo y encima un sujetador de encaje bellísimo y una blusa muy escotada. Ella estaba muy cachonda porque hoy quería que le hiciéramos una doble penetración y la sola idea de pensarlo la mojaba por completo. De camino allí en el coche ella me lo dijo, “toca mi coño cielo, esta súper mojado”. Efectivamente, mi mano salió empapada. Ella me correspondió sobando mi polla sobre el pantalón mientras conducía.

    En eso estaba cuando me baja la cremallera y me la saca. Se tumbó y comenzó a chuparla mientras yo conducía. Tuve que bajar la velocidad para evitar un accidente. Mis huevos comenzaron a mandar la señal de corrida inminente y yo se lo dije. “córrete, no te preocupes que yo lo absorbo todo”. Así lo hizo no se desperdició ni una gota.

    Ella estaba tan cachonda que comenzó a sobarse los pechos y tocase el coño. Cosa que agradeció un camionero que estábamos adelantando en ese momento, ya que éste acomodó su velocidad para quedar paralelos y no perderse el espectáculo. Mi mujer lo miró, le lanzo un beso y lo dejamos atrás.

    Al rato llegamos al sitio. Él nos recibió como siempre y pasamos al final. Esta vez él se puso detrás de ella, la agarró y la acompaño caminando con su paquete pegado al culo y las manos agarrando esos pechos que le tenían loco. Se frotaba contra ella con frenesí mientras caminaban.

    Nada más llegar al final la abalanzó sobre el sofá, quedando ella de cara a la pared con el culo en pompa, le levantó la falda y se encontró con esa tanga de hilo enterrada entre las nalgas de ese precioso culo. Metió la mano entre las piernas para sobar ese coño y apartando el hilo de la tanga al lado comenzó a chupar todo ese culo y coño diciendo, “ummm, que mojada estás, tu tanga está empapada”. Yo mientras me quedé desnudo y acerqué mi polla a su boca para que comenzara a chupármela mientras Carlos seguía allí abajo chupando esos ricos jugos que empapaban el coño de mi mujer.

    Al rato Carlos le quito la falda, la tanga y la blusa, quedando ella solo con las botas de tacón y el sujetador. La escena le hubiera levantado la polla a cualquiera ya que era súper morbosa con ella en esa pose. Entonces yo me puse detrás mientras y comencé a follármela mientras que Carlos acerco la polla a su boca para que se la chupara. Ella chupaba mientras le sobaba las bolas con una mano y Carlos con un dedo comenzó a acariciarle el agujero de su culo. Ella dijo, “hoy quiero las dos dentro”.

    Así pues, sacamos un lubricante especial que tenemos que adormece un poco la zona, para evitar el dolor, no así el placer, y lubricar bien ese agujero. Le puso lubricante en el dedo a Carlos, el cual comenzó a meter el dedo despacito por su culo mientras yo seguía follándomela desde detrás.

    Al rato, cuando se notaba ya el efecto del lubricante Carlos se sentó en el sofá. Saco un condón y se lo dio a ella. Ella se la chupo un poco y comenzó a ponérselo despacio mientras le miraba a los ojos con mirada lasciva. Luego se puso de pie en el sofá de cara a él y le ofreció su coño abierto con los dedos, el cual chupó encantado. Ella comenzó a agacharse y enterrar su polla poco a poco dentro de su coño. Comenzó a moverse despacio adelante y atrás. Carlos se quedó con los ojos en blanco del gusto.

    Ella comenzó a cabalgarlo con mas dureza. Carlos la libero del sujetador y sus tetas comenzaron a golpearlo en la cara, cosa que a él pareció encantarle. Al momento comenzó a chuparle los pezones que estaban como montañas. Yo me acerqué por detrás y lentamente comencé a enterrar mi polla en ese culo. Primero la cabecita para acomodar el lugar y luego poco a poco fui enterrando mi polla en ese culo.

    Era fantástico notar la presión de su culo sobre mi polla. En eso nos pusimos los dos a bombear. Ella jadeaba agitada de placer por tener esas dos pollas dentro y solo decía “mas cabrones, mas, darme mas”. La polla de Carlos en el coño, la mía en el culo, la boca de Carlos en sus tetas y la mía en su nuca. Ella parecía poseída del placer que estaba sintiendo. Se notaba el vaivén de las pollas dentro.

    Ella no tardó mucho en correrse del placer que estaba sintiendo. Los dos pudimos sentir su contracciones sobre nuestras pollas. Tuvo un orgasmo brutal. Al poco también no corrimos nosotros. Yo en el culo de ella y Carlos que saco la polla rápidamente se quitó el condón y lo hizo sobre las tetas de mi mujer, las cuales dejo empapadas de semen. Ella al verlo se lo repartió generosamente sobre los pechos, los cuales, sin poder evitarlo comenzó a chupar Carlos.

    Así nos quedamos unos instantes, reponiéndonos del esfuerzo. Ella fue al baño a limpiarse mi semen, el cual salía de su culo a borbotones y caía por sus muslos. Al regresar se sentó en medio de nosotros y comenzó a acariciarnos las pollas para levantarlas otra vez. Nos puso de pie frente a ella y mientras se la chupaba a uno pajeaba al otro. En eso que acerco las dos a la boca para chuparlas a la vez, llegando incluso a meter los dos capullos en su boca.

    La verdad es que sentir la polla de otro hombre junto a la mía era algo nuevo para mí, pero la excitación del momento y la imagen que estábamos viendo nos las puso duras al instante. Ella las engullía a la vez. Era fantástico ver como le entraban las dos pollas en la boca mientras con las manos nos sobaba los huevos.

    Ella empujó a Carlos hacia el sofá, cayendo este sentado. Se puso de espaldas a él y el colocó el culo en pompa frente a su cara. Carlos comenzó a chupar ese culazo, agujero incluido, el cual intentaba penetrar con la punta de su lengua. Entonces ella lo fue bajando el culo hasta quedar sobre la polla de Carlos, y se la fue tragando con su culo poco a poco. Cuando llegó al final quedo una imagen digna de película porno. Carlos sentado en el sofá y mi mujer dándole la espalda con esa polla enterrada en su culo hasta los huevos. Sus piernas abiertas ofreciéndome su coño, el cual me dispuse a chupar y penetrar con mi lengua mientras la polla de Carlos entraba y salía de su culo.

    Al minuto no aguanté más el calentón y se la metí rápidamente en su coño. Conforme entraba podía notar el bulto de la polla de Carlos en el culo de mi mujer. Allí comenzó un meneo frenético de pollas entrando y saliendo, acompañado por los gritos y gemidos de mi mujer, la cual tenía ya los ojos en blanco de tanto placer. Para rematarla mas mientras nuestras pollas la follaban, mi mano fue a su clítoris que quedaba descubierto para mi que esta encima, y comencé a meneárselo. No tardó ni un minuto en correrse, de pronto las contracciones de su orgasmo sobre nuestras pollas no hicieron corrernos al instante. Carlos en el condón dentro de su culo y yo dentro de su coño.

    El corridón que le deje fue tal que al sacar la polla el semen comenzó a salir del coño de mi mujer y caer sobre los huevos de Carlos que seguía dentro del culo de mi mujer, pero estaba tan extasiado que ni reparó en ello.

    Tras desmontarla Gaby me sacudió mi flácida polla y le dio una última chupadita. Después se desmontó de Carlos cayendo su polla de lado. Gaby se frotó el coño y culo mientras gemía y agradecía la follada que le dimos.

    La verdad es que la visita valió la pena y nuestra fantasía se cumplió. doble follada. Después de limpiarnos y despedirnos Carlos no pudo evitar sobar y besar de nuevo los pechos de mi mujer, que le tenían loco, antes de salir de allí. De camino a casa comentábamos lo bien que lo habíamos pasado.

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  • ¿Puedo mirar?

    ¿Puedo mirar?

    Esto pasó hace algunos años en el spa de un hotel en la ciudad de Buenos Aires donde trabajé por primera vez como masajista.

    Tenía una compañera masajista que era lesbiana, Marita.

    Marita era flaquita y delicadita, un hermoso par de tetitas no muy grandes y un culito chiquito y redondito como para comérselo de un bocado.

    Con Marita empezamos a trabajar juntos y eso nos dio una muy buena onda entre los dos y después una hermosa amistad, que no llegó más allá porque como les dije, le gustaban las nenas.

    Siempre jugábamos a ver quién atendía a la mejor mina. La muy guacha siempre me cagaba las mejores minitas para meterle mano ella, siempre estaba muy caliente pero no quería saber nada de coger con un hombre.

    Yo le decía: -Está bien, yo te dejo las minitas y atiendo a los gordos transpirados, pero algún día me vas a tener que pagar esos favores todos juntos.

    Siempre fue una muy buena compañera de trabajo y no llevábamos bárbaro.

    Un día apareció Jimena, otra nueva masajista que se explotaba de lo buena que estaba. Un par de gomas enormes, hechas, pero muy apetecibles, una cinturita chiquita y un culo capaz de llevar a varios pasajeros a dar una vuelta.

    Los dos le echamos el ojo, pero acá la competencia era más sencilla, todo dependía de ella. Era saber si le gustaban los nenes o las nenas y yo tenía esperanzas de ganar.

    Los tres hicimos un muy buen equipo de trabajo y la verdad es que en pocos lugares trabajé tan cómodo como ahí.

    Con Marita, hablando en serio, no peleamos por Jimena, pero era evidente que a los dos nos volvía locos.

    Un día, en un descanso, con gran decepción pude notar como Marita llevaba las de ganar, Jimena acusaba una dolencia en su espalda y Marita se apresuró a darle un masaje. Con sus ávidas manos masajeaba su piel y Jimena no podía ocultar su cara de satisfacción y deseo.

    Solo pude contentarme con presenciar un buen espectáculo cuando, para facilitar el trabajo de Marita se quitó sin problema su chaqueta delante mío quedando en corpiño y dejando sus exquisitas tetas casi al descubierto para mi deleite provocándome una enorme erección no muy disimulable con mi suave pantalón de trabajo.

    Las tetas de Jime se balanceaban por la acción del masaje y la turra de Marita se reía y me guiñaba un ojo.

    Cuando culminó su masaje y para terminar de podrirme el cerebro, Jime agradeció el masaje con un pico.

    De más está decirles que tuve que pasar por el baño a reventarme una tremenda paja para calmarme un poco.

    Después Marita me contó que le había tirado onda anteriormente y que si bien Jime nunca había tenido experiencia con otra chica, se sentía atraído por ella y quería experimentar.

    Y ahí fue cuando le tiré la frase:

    -¿Puedo mirar?

    -¿Que querés mirar? -me dijo

    -A ustedes teniendo sexo -le dije- me quedo quietito en un rincón…

    -Estás loco -me dijo cagándose de risa

    -Acordate que me debes las de los gordos sudados -le dije riendo yo también.

    -Bueno, está bien, veo como lo arreglo para que Jime no se niegue, dejame ver como la convenzo.

    ¡Guau! No lo podía creer, pensé que ni en pedo me iba a decir que sí, es más, se lo dije medio en joda aunque me moría por presenciar eso…

    Al otro día Marita me dijo que Jime para su sorpresa, había aceptado, pero que no tenía que intervenir.

    -Te juro que me quedo sentadito en un rincón, a lo sumo me hago una pajita…

    -Bueno, esta noche en mi departamento.

    A la hora fijada nos encontramos en el departamento de Marita, muy lindo, nos sirvió algo de tomar y charlamos un rato, las chicas estaban sentadas en el sofá y yo en un sillón aparte.

    Marita comenzó a besar el cuello de Jime y les digo que solo eso me puso al palo, quizás de pensar lo que se venía.

    Marita le empezó a comer la boca y a acariciarle las tetas por encima de la camisa blanca de Jime. Ella solo se dejaba hacer y disfrutaba del encuentro. Yo me limité a observar como espectador de lujo, comportándome como un lord inglés.

    Marita volvió a bajar a los besos por el cuello de Jime y desabrochando la camisa se adueñó de sus tetas. Acariciándolas por encima del corpiño y besando todo lo que la generosidad de este le dejaba al descubierto.

    Yo estaba muy alterado cuando Marita le pidió a Jime ir al dormitorio para esta más cómodas.

    Tenía una gran cama de dos plazas con somier y yo me ubiqué en un silloncito muy cómodo que había en un rincón de la habitación. Platea de lujo para tamaño espectáculo.

    Las chicas se fueron sacando la ropa en el trayecto hacia la cama y les cuento que Jimena era una bestia como ya lo imaginaba, su par de tetas bien parado y su infernal culo la convertía en un monumento, su pelo suelto caía por los hombros y le daba aun un espectacular marco a sus ya espectaculares tetas.

    Marita también era hermosa desnuda, sus tetitas eran chiquitas, pero bien duritas y con un hermoso par de pezones que por la excitación estaban bien duros. Su culito era redondito, casi perfecto y sus piernas largas y flacas. Su pelo oscuro y bien enrulado contrastaba con su pálida piel.

    Después de volver a comerle la boca, Marita se prendió de esos pechos chupando y mordiendo sus pezones y Jime suspiraba entrecerrando los ojos.

    Yo aproveché para liberar a mi amigo de la prisión de los boxers y despacito y sin apuro comencé a brindarle un poco de autosatisfacción.

    Jimena frenó a Marita y la puso de espaldas en la cama y se dedicó a chuparle y dejarle bien bañaditas en saliva sus preciosas tetitas.

    Volvió Jimena a estar de espaldas y ahí Marita se fue directo a su depilada concha, con maestría fue lamiendo y mordisqueando suavemente su coño y Jimena comenzó a gemir fuertemente.

    Ahora fue Jime la que se metió en la entrepierna de Marita para comerle su conchita, era su primera concha, pero una mujer hecha y derecha como Jime sabe lo que le gusta y ella supo cómo tenía que hacerlo, solo le hizo lo que a ella le gustaba que le hicieran y la formula fue exitosísima.

    Que hermoso, dulce y tierno 69 se hicieron, duró una eternidad y cada una le regaló a la otra un par de hermosos orgasmos.

    Yo ya me había sacado los pantalones y el bóxer y me quedé solo con la remera, pajeaba muy lentamente mi dura pija para durar un poco más, cuando estaba por acabar, paraba y luego de calmarme un poco, seguía. Esto me producía un enorme placer, dado que me tendría que conformar con esto.

    Marita se dio vuelta y se montó sobre Jime cruzando las piernas para que se puedan frotar sus conchitas en la famosa tijera. ¡Mortal! Las chicas gemían como locas y acabaron otra vez. Yo ya no podía aguantar mucho más y me dediqué a pajearme muy lentamente para acabar cuando me vio Jimena y se dio cuenta por mi cara lo que me sucedía.

    -Pará -le dijo a Marita- Esto no es para desperdiciarlo.

    Y se me vino encima metiendo mi pija en su boca, mamándomela con desesperación.

    -¡Eso es trampa! No era lo pactado -dijo Marita, pero Jime no le dio bola y me la siguió chupando hasta que exploté en su boca llenándosela de leche que tragó toda.

    Al ver mi cara de satisfacción, Marita se rio y me dijo:

    -Vení y unite a la fiesta, dale.

    Enseguida me les uní y armamos un trío fabuloso.

    Jime empezó a lamer la concha de Marita y yo me le sumé. Una concha y dos lenguas de fuego que encendían toda la pasión de Marita que ya gritaba de placer, nuestras lenguas se cruzaban y aprovechábamos para besarnos compartiendo los jugos de Marita que explotaba y nos regalaba un orgasmo muy caliente y mojado.

    -Ahora quiero probar yo las dos lenguas -dijo Jime- y ahí fuimos con Marita a jugar con nuestras calientes lenguas.

    Jimena arqueaba su espalda de tanto placer y en un momento que nuestras lenguas se cruzaron nos empezamos a comer la boca de tal manera con Marita que Jime nos llamó la atención: -che, ¡la agasajada soy yo! Y los tres nos largamos a reír.

    Hicimos acabar a Jimena como se merecía y yo no aguanté más y aprovechando que estaba de espaldas se la enterré en la concha y comencé a bombearla mientras Marita se sentaba sobre su cara para que se la chupe un rato.

    Como quedamos enfrentados nos empezamos a besar con Marita, y si bien decía que no le gustaban los hombres, conmigo fue distinto.

    Marita se tiró en la cama boca arriba y Jime le empezó a comer la concha, en cuatro para que yo la siga empernando. Al ver ese tremendo culo le dije: -Mamita, te entro por atrás, ¡quiero romperte ese ojete ya!

    Como toda respuesta ella levantó un poco más el culo y me lo dejó servidito en bandeja.

    Le di bastantes lengüetazos para lubricarlo y se la mandé de una, ese culo recibía visitas bastante seguido porque le entró cómodamente así que le di bomba con bastante ímpetu hasta que las chicas, muy calientes, acabaron casi juntas y eso me sirvió de incentivo para acabar yo también y llenarle el culo de leche, como corresponde.

    Caímos los tres en la cama bastante cansados, primero fue silencio y después se fue dando una charla graciosa y distendida, como tres amigos que tomaban una cerveza en un bar.

    Estuvimos así casi una hora hasta que Marita me dijo:

    -Si olvidar mi condición de torta, me encantaría coger con vos ahora…y no me preguntes porqué.

    Ahí nomás me empezó a chupar la pija y obviamente se prendió Jime, al fin y al cabo, me faltaba a mi gozar las dos lenguas calientes.

    Y vaya experiencia, Por primera vez dos calientes lenguas se hacían cargo de mi chota con mucha dulzura y obviamente aprovechaban para besarse también.

    Luego La puse de espaldas a la cama y despacito se la fui enterrando toda y le bombeé lentamente haciéndola gozar y gemir. Jime con su lengua entre nuestros sexos le daba placer a ambos y así seguimos hasta que después de un par de orgasmos de ella le llené su conchita con lo que me quedaba aun de leche.

    Ahora sí, mas no podíamos pedir. Y nos fuimos felices y contentos, plenos de gozo.

    En el hotel nuestra relación fue normal, no mezclamos pasiones y trabajo. Afuera tuvimos varios encuentros más.

    Con Marita no volvimos a coger. Fui su única experiencia con un hombre y la atesoró con dulzura, pero fue la única.

    Jime al tiempo cambió de trabajo y la fuimos perdiendo de vista hasta que se cortó.

    Con Marita me une una amistad, aunque la veo muy poco.

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  • Una morena caribeña y una rubia española

    Una morena caribeña y una rubia española

    -Mañana tendrás un día de locos -me había dicho mi jefe hacía una eternidad, es decir aquel miércoles, porque el jueves era mi último día de trabajo y porque el viernes comenzaban mis vacaciones. Y fue un día de locos, efectivamente, porque tuve que actualizar todo mi archivo fotográfico para las ediciones dominicales, porque tuve que entregar material para tres reportajes y tuve que editar casi diez páginas completas.

    La camioneta del periódico me dejó en mi casa a las dos de la mañana, armé una valija pequeña con poca ropa, dos pantalones, dos blusas, tres camisetas, tres pareos, interiores, dos trajes de baño, dos shorts, pañuelos, chancletas, toallones, la lona de playa que me regaló Rafaela cuando le dije que me iba de vacaciones a Bahía Escondida, tres libros, el discman y mis pirateados de siempre: Sabina, Serrat, Aute, uno de Ray Koniff, mis infaltables boleros y una selección de clásicos.

    Llegué al punto de partida del autobús antes de las siete de la mañana y desayuné un jugo de naranjas con un sándwich de jamón y queso. El autobús comenzó a rugir mientras se montaban los últimos pasajeros. En un televisor apareció un mensaje de la compañía de transporte que nos deseaba feliz viaje y, al llegar al borde de la calle, un taxi se atravesó delante, el taxista hizo una seña y bajó una muchacha de estatura mediana, vestía una falda roja acampanada, zapatillas deportivas, una camisa negra de mangas cortas, y cargaba una maleta común, una mochila verde y una carterita negra.

    El cobrador la acomodó en el asiento libre a mi lado y el autobús arrancó pesadamente. Me cubrí con un toallón para protegerme del frío del aire acondicionado y en pocos segundos me adormilé. Cuando desperté el bus atravesaba un camino rodeado de montañas y la muchacha sentada a mi lado leía una revista de Asterix. Era rubia y llevaba el pelo corto, tenía ojos verdes y pecas alrededor de la nariz, usaba un reloj de cuarzo enorme y varios anillos de fantasía. Era en verdad muy bonita.

    Después de casi tres horas y media de viaje el autobús se detuvo en un pueblo pequeño y bajé junto a un grupo de pasajeros, todos europeos, blancos y rubios como la muchacha. Un moreno corpulento se acercó a ofrecer el servicio de un pequeño autobús que estaba estacionado a mitad de cuadra, frente a un pequeño restaurante.

    Una alemana, en trabajoso español, le explicó que quería llegar al hotel Kreiter, en Bahía Escondida. Al oír la tarifa me adelanté entre el grupo y lo enfrenté. Aconsejé que no se dejaran estafar y que esperáramos el transporte que vendría en un par de horas. Finalmente, el moreno negoció conmigo la tarifa y el vehículo se llenó y partió de inmediato.

    Tras un recorrido por un sinuoso camino de montaña llegamos a un pueblo pequeño, cruzamos la asfaltada calle principal y por un camino arenoso que corría paralelo a la playa llegamos al hotel, un edificio grande con habitaciones amplias, con balcones que miran hacia el mar. El comedor era un espacio abierto, con un amplio techo de yaguas y mesas y sillas de madera.

    El corto pero accidentado viaje por la montaña había hecho estragos en mi pelo, de modo que, una vez que me inscribí, averigüé con una de las camareras dónde había un salón. Felizmente había uno en la parte baja del hotel. Como no había ascensores, tuve que cargar mi maleta por una larga escalera hasta llegar a la cuarta planta. La vista del mar desde el balcón era sencillamente espectacular. Me quedé parada, recostada en el barandal de madera y respiré profundamente. Una serenidad que no experimentaba desde hacía mucho tiempo me llenó por completo y me sentí feliz, mucho más que la noche en que, por primera vez, logré dormir sin tranquilizantes.

    Cuando bajé al comedor casi todas las mesas estaban llenas. Busqué un lugar y, para sorpresa mía, la muchacha con la que compartí asiento sin cruzar palabra me hizo una seña y me senté junto a ella. Comimos arroz con mariscos y de postre una ensalada de frutas con miel que ella degustó con fruición.

    -Mi nombre es Macarena.

    -Mucho gusto, yo me llamo Adelaida.

    -¿Eres de aquí?

    -Soy de la capital, tú eres madrileña, ¿verdad?

    Sonrió antes de responder y sus mejillas se sonrojaron.

    -En realidad vivo en Madrid desde hace más de veinte años, pero nací en un pueblito de Valencia que se llama Rubí. ¿Tú conoces este lugar?

    Negué con la cabeza. Recordé en ese momento que la primera vez que oí hablar de Bahía Escondida fue por mención de mi sicoanalista.

    -Bueno, no te culpo, yo también quisiera conocer todos los pueblitos de montaña que hay en mi país y nunca he ido.

    -¿Y cómo viniste aquí?

    -Pues, mira, un amigo antropólogo estuvo el año pasado y, que me ha hablado tantas maravillas de este lugar que, pues me dije, hala, y armé mi expedición después de muchas vueltas.

    Continuamos charlando un rato más, hasta que vi en su enorme reloj que eran casi las dos de la tarde. Decidí hacer una siesta muy breve y bajar a la playa cuando el sol no estuviera tan fuerte. Imaginé las pieles enrojecidas de los europeos y me dio gracia mi prevención; a las negras, como es mi caso, el sol nos pone más negras y ya. Antes de ir a la playa pedí un turno en el salón y me llevé uno de los tres libros que puse en la mochila, una novela policial de Rex Stout.

    Me di un par de chapuzones en un agua deliciosa y floté como si las olas tuvieran brazos y me estuvieran meciendo, zambullí como lo hacía en mi niñez en las playas del sur y aunque acudió a mi mente una y otra vez el recuerdo de Raquel, había tanta paz que ya nada podía hacerme daño. Raquel fue mi pareja durante casi dos años y medio.

    Habíamos hecho un proyecto de vida juntas y yo estaba completamente segura de que nada nos separaría. Sin embargo, Raquel se enamoró en una sala de chat de una italiana llamada Chiara y un día simplemente se fue de mi vida, de mi casa, de mi historia. Viví días desastrosos después de su partida, fumé marihuana y me emborraché con litros de whisky, perdí mi trabajo y entré en un estado de depresión aguda que me duró más de un año.

    Mi aspecto lamentable, la caída en picada que experimenté, hicieron que me quedara completamente sola. Mi relación con mi familia se rompió totalmente, lo mismo sucedió con las amistades que, horrorizadas, descubrieron mi lesbianismo y me hicieron completamente a un lado, hasta que Rafaela, mi amiga de la adolescencia, me llevó a una sicóloga y comencé una terapia. Tuve que dejar el departamento, vender mis muebles, mi computadora, y mudarme a un cuartito en un barrio apartado. Rafaela me recomendó con un amigo suyo del periódico y me tomaron a prueba durante un mes.

    Finalmente me quedé trabajando y entonces comenzó, hace poco más de seis meses, lo que decidí llamar “tiempo de mimos”, me inscribí en un gimnasio, empecé a hacer vida sana, me dejé crecer el pelo y ahorré para tomarme unas vacaciones en un lugar tranquilo, es un pueblito casi secreto, te va a encantar, me recomendó la sicóloga.

    Aunque el agua estaba deliciosa salí del mar antes de las seis, me di una larga ducha y bajé al salón donde, después de una hora, mi pelo quedó hecho una pinturita. La muchacha que me arregló el cabello me dio datos de los lugares donde se podía comer barato en la noche, me dio el nombre de un taxista de confianza y la tarjeta de un mercadito al que podía pedir bebidas, pan, galletas y otros comestibles por teléfono. Al salir al balcón a colgar mi traje de baño me encontré con Macarena que, desde el balcón vecino, tomaba fotos con una cámara digital.

    Nos pusimos a charlar y, cuando llevábamos casi una hora hablando, ella me preguntó si conocía un lugar para cenar. Le hablé de los lugares que me recomendaron y ella me invitó. Mi intención era acostarme temprano, ver un poco de televisión, si funcionaba, o leer, pero me pareció una descortesía no aceptar. Me puse uno de mis pantalones, una blusa y sandalias, cargué en la cartera un pañuelo para, llegado el caso, protegerme el pelo y salí.

    Macarena usaba una falda larga, zapatillas deportivas y una camisa suelta. Tenía la cara enrojecida. Finalmente llegamos a un barcito pequeño que tenía algunas mesas casi junto al mar y pedimos una pizza y un par de cervezas. Hablamos de nuestros respectivos trabajos. Macarena era ingeniera en sistemas y trabajaba en una empresa de control de producción de alimentos. Regresamos al hotel casi a las once de la noche. Antes de las once y media Morfeo me acunaba en sus brazos.

    Los golpes que sonaron en la puerta me rescataron de una pesadilla que incluía las rotativas del periódico. Salté de la cama envuelta en una sábana y abrí la puerta con ojos legañosos.

    -Perdóname, pero desde el balcón te oía quejarte, pensé que tal vez te pasaría algo o…

    -Gracias, estaba teniendo una pesadilla en realidad, ¿ya desayunaste?

    -Iba a eso ahora mismo… ¿quieres que te guarde un lugar?

    -Bueno, gracias.

    Bajé rápidamente y comí como si no hubiera cenado.

    -Estas vacaciones van a hacer estragos en nuestras dietas, dijo ella mientras se servía plátanos fritos con huevos revueltos.

    Cuando me sentí completamente llena me puse a pensar en lo que haría. Parece que Macarena me leyó el pensamiento.

    -Dime, ¿cuánto crees que nos cobraría un taxi para llevarnos al pueblo? ¿Te gustaría dar un pequeño paseo?

    -Podemos preguntar -sugerí.

    Finalmente, un taxi apareció y en menos de diez minutos estábamos en el pueblo. Caminamos un poco, vimos lugares de ventas de artesanías, dulces regionales, cuadros que impresionaron a Macarena. Almorzamos en un comedor económico donde comimos arroz con habichuelas y pollo frito. Compramos algunas provisiones y bebidas y volvimos al hotel, nos sentamos a tomar una cerveza en el balcón de mi habitación y, a las cuatro de la tarde, fuimos a la playa y estuvimos toda la tarde en el agua. Macarena era muy torpe para nadar y festejaba mis zambullidas y mis planchas.

    Me pidió que le enseñara a flotar y entonces tuve que sostenerla en mis brazos. Hacía tanto tiempo que no sujetaba un cuerpo de mujer que me sentí extraña. Supongo que el color de mi piel morena evitó que Macarena notara que me ponía colorada. Estuvimos practicando un rato hasta que, en algún momento, ambas miramos hacia el Oeste y notamos que bajo un manto de nubes que enrojecían lentamente el agua empezaba a teñirse de reflejos rosados, mientras el sol se acostaba sobre el horizonte marino con una luminosa y pesada modorra.

    Los diferentes grupos de bañistas, separados por distancias de cincuenta y hasta cien metros, seguían nadando y saltando, completamente ajenos al espectáculo imponente que se nos presentaba. Me quedé parada, con el agua casi a la altura del cuello, mientras Macarena se sostenía flotando, prendida de mi brazo.

    -Hacía años que no veía un atardecer -dijo.

    Cuando el último reflejo del sol pareció sumergirse en la distancia, salimos del agua con lentitud, mientras la brisa nos erizaba la piel. El enrojecimiento del cutis de Macarena alrededor de los bordes de su traje de baño me preocupó un poco. Le pregunté si se había puesto protector solar.

    -Pues… hoy todavía no… pensaba ponérmelo después de la ducha.

    -Tienes que ponértelo, y mucho, si mañana no quieres estar descascarada como una serpiente.

    -No me asustes. No pensé que el sol de aquí fuera tan potente…

    Me di una larga ducha y me senté, envuelta en un toallón, en el balcón a disfrutar de la brisa fresca. Macarena apareció entonces, entró directamente con un tubo de protector solar en la mano.

    -Mira, quiero que me lo pongas tú, digo si no te molesta.

    Disimulé mi turbación todo cuanto pude y respondí que no, que no me molestaba en absoluto. Macarena se quitó entonces la túnica semitransparente que llevaba puesta y se tendió sobre la cama, completamente desnuda y a mí se me cayó el tubo de protector de la mano, con tanta mala suerte que rebotó en el piso y se perdió, no supe si debajo de la cama o del pequeño gavetero que estaba contra la pared.

    Me agaché a buscarlo y olvidé por completo que solo estaba cubierta por la toalla. Cuando lo hube encontrado Macarena se había dado vuelta y me miraba, no supe si con desconfianza o con extrañeza. Cuando finalmente comencé a aplicarle la crema aceitosa noté que el masaje la relajaba. Cubrí su espalda por completo, empapé sus glúteos redondos y firmes, los muslos rosados que se erizaban al contacto de mis manos.

    -¿Terminaste?

    -Sí.

    Se dio vuelta entonces y sus senos carnosos, lisos como frutas frescas y apetecibles se hamacaron durante un segundo y mi deseo empezó a ser un dolor. Dioses, es tan hermosa, pensé mientras la bañaba en crema.

    -¿A ti te arde la piel?

    Asentí, aunque por dentro sabía que el ardor no era del sol, sino de esta tentación que se presentaba en mi cama en un momento en que mi sexo reclamaba la música que le negaban casi dos años de silencio monacal. En la semipenumbra del cuarto la piel de Macarena brillaba como una joya tras una vidriera, tan cercana y tan prohibida.

    -Ven, acuéstate…

    Sus manos viajaron por mi espalda, por mis muslos, hasta mis talones, y cuando terminó solo dijo que regresaba enseguida, pero ya no volvió. Permanecí en la cama y me dormí. El viento del ventilador de techo me secó toda la crema. Desperté como a las siete de la mañana, y solo entonces noté que no había cerrado la puerta del balcón. Me vestí rápidamente y me asomé a ver el paisaje marino en la mañana. En ese momento vi a Macarena en el balcón, estaba tendiendo una blusa recién lavada. Me saludó sonriente y yo le correspondí.

    -¿Quieres venir? -preguntó.

    Asentí y en pocos segundos estaba en su habitación. Macarena tenía un discman más moderno que el mío, y un pequeño radio de pilas. Buscó algo de música y se conformó con una canción de Alex Ubago.

    -Quería disculparme contigo, verás, me parece que anoche, tal vez fue un exceso de confianza de mi parte…

    -Pero muchacha, ¿qué tú dices?

    -Pues… ocurre que… no sé… tal vez yo…

    No pudo continuar. Comenzó a llorar y me asusté un poco. La tomé de la mano y la senté en la cama, me senté a su lado. Me miró directamente y sus ojos, anegados en lágrimas, parecían más verdes y más transparentes.

    -Eres tan bonita -dijo y respiró hondo.

    -Y tú eres preciosa- repliqué y la besé antes de que pudiera decir nada más. Estaba preparada para que rechazara mi beso y me pidiera que la dejara sola, pero, muy por el contrario, ella devolvió mi beso y, antes de que pudiéramos darnos cuenta, estábamos desnudas sobre la cama, enredadas y jadeantes. Su cuerpo me pasaba por arriba, por los costados, era como un torrente de piel y de tibieza que luchaba por no volverse viento entre mis manos.

    Me deleitó con sus pezones erguidos en mi boca, mordisqueé su vientre y dejé que mi lengua se paseara por su sexo hasta que, sin que pudiera anticiparlo, Macarena se abrió de par en par, arqueó la cintura un par de veces y estalló en un orgasmo que me pareció increíble haber causado. Todavía temblorosa y jadeante me besó en el cuello, jugó en la confluencia de mi pecho y sus manos sedosas desataron sobre mi piel todos los nudos de mi ternura aprisionada y reprimida, su aliento en mi pubis, su lengua que se dedicó a hacer todas las diabluras posibles en mi sexo enfebrecido, fueron el bálsamo que mi soledad reclamaba en secreto.

    Sentía que mi historia recomenzaba. Hicimos el amor en la tarde y dormimos hasta la madrugada. Fueron diez días tan intensos que ahora, cuando la recuerdo, ignoro de dónde sacamos tanta energía. La tercera noche que pasamos juntas hablamos de nuestros fracasos.

    Macarena estuvo casada con un hombre al que había dejado hacía dos años, cuando supo que realmente le gustaban las mujeres, y había terminado hacía muy poco tiempo una relación con una mujer. Ninguna de las dos estaba en condiciones de establecer compromisos para el futuro, de manera que dejamos que el tiempo transcurriera, veloz, vertiginoso, intenso y feliz.

    La última tarde alquilamos un bote que, según Macarena, ella sabía manejar, y recorrimos toda la bahía. Devolvimos el bote al atardecer y nos tomamos después, en su habitación, todo el tiempo del mundo para buscar un orgasmo simultáneo, pero no pudimos conseguirlo. Macarena regresó a Madrid un viernes en la tarde, tras una despedida simple y sin escenas.

    A veces sonrío cuando evoco tantas cosas que inventamos, como la mañana que nos metimos a la playa antes de que amaneciera y nos acariciamos y nos excitamos tanto que regresamos al hotel y pasamos el resto del día en la cama, o la noche que pasamos desnudas desde su habitación a la mía, muertas de risa y de miedo, pero obligadas a reírnos en silencio. Han pasado más de diez meses desde entonces. He tenido un par de salidas con una muchacha muy simpática, y debo reconocer que lo he pasado muy bien, pero no he dejado de añorar el acento madrileño de Macarena, su aroma, su manera de suspirar y sus ojos transparentes.

    Hemos hablado mucho por ICQ, por teléfono, incluso a las horas más insólitas. He conseguido visa turística y Macarena me ha regalado el pasaje. Dentro de una semana estaré saliendo hacia Barajas. Mi correo de hoy tiene una tarjeta virtual con una antigua melodía española y una foto de la fuente de la Cibeles. El texto dice: “Es otoño en Madrid. Contigo será el paisaje perfecto para caer en el más dulce de todos los peligros. No permitiré que me salves”.

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  • Nuestro décimo aniversario

    Nuestro décimo aniversario

    Era el día de nuestro décimo aniversario, esa noche íbamos a cenar fuera y yo quería preparar algo especial. Siempre he fantaseado con verla hacerlo con otro hombre y ella siempre había bromeado acerca de cómo sería con un hombre de color.

    Las veces que le había propuesto la posibilidad de meter a otro hombre, ella lo había rechazado argumentando que aunque podría gustarle no se iba a arriesgar a que por culpa de eso nuestra relación se deteriorara.

    Pero esa noche estaba dispuesto a llevarlo a cabo. Ella no sabría nada hasta el mismísimo momento en que ocurriera. Durante el día hice algunas llamadas buscando un tipo que pudiera adaptarse a nuestras fantasías. Después de varias horas conseguí contactar con un chico joven, 22 años según él, de origen brasileño, que según me habían dicho tenía un cuerpo escultural y sabía dar placer a una mujer.

    Ya tenía conseguida una parte del plan, ahora me faltaba reservar una habitación en algún hotel fuera de la ciudad. Otro par de horas al teléfono hasta que conseguí reservar una suite con jacuzzi incluido en un hotel en primera línea de playa a unos 50 Km de nuestra ciudad.

    Para no tener que conducir después de cenar, reservé mesa en el propio restaurante del hotel, donde según me habían dicho la comida era excelente y disponían de una amplia bodega.

    El realizar mi fantasía me estaba saliendo un poco cara económicamente, pero confiaba en que valiera la pena. Por fin todo estaba arreglado, había quedado con el chico, Flavio se llamaba, en que se presentara en nuestra habitación sobre la media noche.

    Se acercaba la hora de la cena, nos duchamos juntos y nos fuimos poniendo a tono para nuestra gran noche. Yo me vestí con un traje de chaqueta que ella me había regalado en mi cumpleaños. Me pidió que saliera de la habitación, se había comprado lencería nueva y un vestido para la ocasión y quería que no la viera hasta que estuviera arreglada.

    Yo accedí, mientras veía la tele, estaba impaciente por ver el resultado. Ella es muy hermosa y cuando se arregla es espectacular. Después de una media hora que me pareció eterna, apareció ante mí, me quedé impresionado.

    Se había puesto un vestido negro muy escotado con falda hasta la rodilla y abierta por detrás dejando ver sus piernas al caminar. El conjunto lo remataban unos zapatos de tacón y un chal en el mismo color del vestido. Todavía me quedaba por ver el conjunto de lencería, pero todo a su debido tiempo.

    Por un momento me atacaron los celos al pensar que otro hombre iba a disfrutar de aquella belleza, pero al mismo tiempo me excitaba la situación.

    La felicité por el resultado, la besé apasionadamente y sin más dilación salimos a cenar. Si hubiéramos tardado un poco más le hubiera hecho el amor allí mismo. Durante el trayecto hasta el hotel no dejaba de imaginarme como resultaría la noche y cuales serían las consecuencias de mi plan.

    Después de una hora de camino durante el cual nos dedicamos todo tipo de caricias, llegamos al hotel. Estaba tan caliente que deseaba ansiosamente que llegara la media noche. Durante la cena había planeado sacar a relucir nuestras fantasías con el objetivo de excitarla y advertir su posible reacción cuando Flavio apareciera en nuestra habitación.

    Cuando entramos al comedor, estaba vacío, los camareros se quedaron impresionados con ella, no pudieron dejar de seguirla con la mirada hasta que se sentó. Primero pedimos un ligero aperitivo para luego ordenar la cena que acompañaríamos con un vino reserva como no podía ser menos para la ocasión.

    Cenamos con tranquilidad, los camareros se peleaban por servirnos y poder observarla mas de cerca. Durante la cena apuramos dos botellas de vino, lo que hizo que mis planes sobre la conversación se hicieran más fáciles. Poco a poco fui derivando la conversación hacia la posibilidad de hacer un trío.

    Los efectos del vino habían hecho mella en ella y empezó a fantasear acerca de tener dos hombres solo para ella, incluso jugando a buscar al candidato entre los camareros, llegó a la conclusión de que era una pena que no hubiera un negro entre ellos.

    El final de la cena transcurrió entre risas y palabras subidas de tono. Tomamos el postre y rematamos la cena con una botella de champán.

    Cuando nos habíamos bebido la última copa, pagamos la cuenta y salimos del comedor otra vez acosados por las miradas. Faltaba una hora para la cita con Flavio, así que propuse dar un paseo por la playa. Ella en un principio no estuvo de acuerdo, la conversación la había excitado y deseaba subir a la habitación. Me costó convencerla, pero a regañadientes accedió al paseo.

    Estuvimos un rato caminando entre arrumacos y besos poniéndonos cada vez mas calientes. A falta de diez minutos para la media noche, nos dirigimos hacia la habitación. Durante el trayecto no dejamos de meternos mano, poco faltó para que lo hiciéramos en el ascensor. Entre las caricias y que se acercaba la hora de la verdad tenía el pene a punto de reventar.

    Entramos a la habitación, era muy lujosa, la cama era muy grande, desde luego cabríamos los tres. Me dirigí al jacuzzi y empecé a llenarlo. Mientras se preparaba, saqué otra botella de champán del minibar y serví dos copas, después puse un poco de música y bailamos mientras apurábamos la bebida.

    Estuvimos un buen rato besándonos mientras bailábamos y nuestras manos recorrían nuestros cuerpos.

    Por fin, llamaron a la puerta, ella se extrañó, abrí la puerta y allí estaba él. Era de estatura media, ojos claros que contrastaban con el color de su piel y sonrisa perfecta. Nos presentamos y le invité a pasar.

    Ella reflejaba el nerviosismo en su cara, empezaba a imaginarse lo que estaba pasando. Intentó pedirme una explicación, pero me apresuré a besarla en la boca anulando cualquier protesta. Ella se abandonó, hice una seña a Flavio para que se acercara, él lo hizo por detrás, le apartó el pelo y mientras yo la besaba el hacía lo mismo en el cuello.

    Por ahora no había resistencia, permanecimos así unos segundos, luego le di la vuelta pera desabrocharle el vestido, quedando ella frente a el. Flavio pasó una mano por detrás de su cabeza y empezó a besarla con suavidad mientras yo le bajaba el vestido dejando a la vista su hermoso cuerpo adornado por un atractivo conjunto de lencería de encaje en color ocre.

    Su cuerpo se notaba todavía tenso, pero aceptaba los besos de Flavio. Bajé el vestido hasta el suelo y empecé a subir con mis labios recorriendo sus dos hermosas piernas, deteniéndome en las nalgas para luego seguir escalando hasta su cuello, donde pude percibir la agitación de su respiración.

    Mientras recorría su cuello, pasaba las manos por encima del sujetador masajeándole los pechos, al poco pude sentir las manos de Flavio acariciándole su trasero sin dejar de explorar cada rincón de su boca.

    Interrumpimos el juego solo el tiempo justo para dirigirnos hacia el jacuzzi.

    Primero entró Flavio, yo terminé de desnudarla, entró ella sentándose al lado de el y por último yo. Ella se quedó entre los dos y volvimos a dedicarle nuestras atenciones. Yo la besaba y jugueteaba con sus pechos mientras el exploraba su entrepierna en busca de su sexo. Ella separó ligeramente las piernas para facilitarle la labor. Su respiración era cada vez mas agitada.

    Luego intercambiamos los papeles, yo jugueteaba con su sexo mientras él la besaba y amasaba sus pechos. La tensión había desaparecido totalmente dejando paso al placer de sentirse deseada por dos hombres.

    Ella empezó a acariciar mi pene, todavía no se atrevía a hacer lo mismo con el de Flavio, al oído la animé a que lo hiciera. Tímidamente llevó la mano en su búsqueda hasta encontrarlo bajo el agua. Suavemente empezó a recorrerlo con su mano dando lugar a gemidos de aprobación por parte de Flavio.

    Sus dedos y los míos se enzarzaron en una batalla por invadir su intimidad continuando la batalla en sus profundidades lo que arrancaba sus primeros gemidos. Tras varios minutos de lucha, me pidió que la penetrara. Me coloqué frente a ella, separé sus piernas y la penetré con movimientos muy lentos deleitándome en cada centímetro de su sexo.

    Mientras ellos se besaban, el magreaba sus pechos y ella le masturbaba con cariño. Luego él se levantó dejándole su erecto miembro a la altura de la cara. Ella lo observó con interés, lo abarcó con la mano y lo dirigió hacia su boca. Con la lengua empezó a recorrerlo desde la base hasta el glande, no dejó ni un milímetro sin recorrer. Luego la abarcó con sus labios y empezó a devorarla con pasión.

    La excitación acumulada durante la noche y la visión de verla saboreando otro pene me obligaron a interrumpir la penetración, no quería eyacular, deseaba que la noche durara lo máximo. Flavio me tomó el relevo, se sentó en el borde del jacuzzi, ella se sentó sobre su pene introduciéndolo hasta el fondo. Permanecieron inmóviles mientras se rodeaban con sus brazos y entrelazaban sus lenguas.

    Ella empezó a mover sus caderas lentamente concentrándose en las sensaciones que le producía el nuevo inquilino de su intimidad. El la dejaba llevar el control mientras sus labios y lengua devoraban sus pezones y sus fuertes manos estrujaban sus nalgas.

    Poco a poco sus gemidos se fueron haciendo más audibles. El procuraba no dejar ni un centímetro de pecho sin besar mientras ella aumentaba el ritmo de sus caderas entregándose cada vez más al deseo y la pasión.

    Me sentía celoso de verla disfrutando en los brazos de otro hombre, viendo como su sexo devoraba goloso un miembro que no era el mío. Cada gemido retumbaba en mi cabeza, pero al mismo tiempo me sentía excitado. Verla totalmente entregada al placer hacía que la deseara con más fuerza.

    Flavio a punto de llegar al orgasmo, la obligó a detener sus movimientos, ella no deseaba parar, finalmente el sacó su pene, la cogió en brazos y la llevó hasta la cama. La tumbó de espaldas y se dedicó a cubrirla de suaves besos desde la cabeza hasta los pies, no quedó rincón de su piel que el no probara.

    Le dio la vuelta, con la lengua recorrió su espalda desde la base del cuello hasta llegar a las nalgas, donde se entretuvo mordisqueándolas y masajeándolas, luego bajó por el interior de su muslo derecho hasta los pies para luego subir por el izquierdo. Volvió a detenerse en devorar sus nalgas.

    Siguió subiendo hasta quedar totalmente encima de ella. Con sus piernas separó las de ella dejando su sexo expuesto y listo para ser penetrado. No lo hizo, se limitó a rozar su pene en toda su extensión a lo largo de su hermosa raja. Ella levantaba sus caderas buscando mas estimulación.

    Sus gemidos eran dulce sonido para mis oídos, aumentando mi excitación hasta cotas difíciles de soportar sin estallar de placer. Volvió a darle la vuelta, la besó profundamente, con lentitud jugueteó con sus pezones haciendo que su deseo por que la penetrara aumentara.

    Siguió bajando hasta hundir su cabeza entre sus piernas. Saboreó y devoró sus labios vaginales. Suplicaba que la penetrara. Él lo hizo, pero con su larga lengua, ella estaba a punto del orgasmo y el seguía invadiéndola con la lengua al tiempo que masajeaba su clítoris.

    Flavio era capaz de predecir cuando estaba a punto de tener un orgasmo, entonces paraba hasta que las olas del inminente placer se alejaran y luego volvía a llevarla hasta el borde del placer.

    Decidí volver a unirme a ellos, mientras el jugaba a su antojo con su sexo, yo la besaba y acariciaba sus pechos, bajando de vez en cuando a mordisquear los pezones. Estaba tan excitada que apenas existía pausa entre sus gemidos.

    Flavio cesó en las atenciones, se incorporó y nos turnamos en besarla y acariciarla por todo su cuerpo. Ella nos ofrecía su boca con ansia y acariciaba nuestros penes. Nuestras manos se entretenían en jugar a las puertas de su placer.

    No aguantaba mas, quería penetrarla, sentir en mi pene el fuego de su deseo. Separé sus piernas sosteniéndolas en mis brazos, con lentitud hundí mi pene hasta el final. Quería que esa sensación durara eternamente, era un inmenso placer entrar y salir de su abrasadora intimidad.

    Mientras, Flavio la besaba, casi la devoraba con sus labios, ella acogía su lengua, su mano derecha se enredaba en el pelo y la izquierda se aferraba al endurecido miembro.

    Su total entrega al placer me volvía loco, que excitante era verla disfrutar de aquella manera, no pude más, me fui en el orgasmo más intenso de mi vida. Caí rendido a su lado. Ella dejo de besarle, me dedicó un tierno beso en los labios para luego ir en busca de su pene.

    Fue besándolo muy despacio, recorriendo con sus labios cada centímetro entre la boca y el miembro, se detuvo ante él, y lo observó con deleite. Primero sus labios abrazaron el glande y poco a poco todo el pene desapareció en su boca.

    Durante un largo rato lo saboreó como si de el más exquisito manjar se tratase. Flavio se encontraba en el paraíso. Ella se detuvo a observarlo de nuevo, deseaba sentirlo muy dentro provocándole oleadas de placer. No esperó más, se sentó sobre el introduciéndoselo totalmente.

    Empezó a moverse, frotando el sexo contra la pelvis de su amante por esa noche. Dejó caer su cabeza hacia atrás gemía dulcemente y apretaba los pezones entre sus dedos. Más tarde se dejó caer sobre él, el movimiento de sus caderas propiciaba el roce del pene por toda la extensión de su cueva, lo besaba con deseo mientras frotaba sus pechos contra el musculado torso.

    Cada vez se movía con más rapidez, sus gemidos se convirtieron en jadeos, estaba al borde del clímax, y por fin un electrizante orgasmo se apoderó de ella. Su cuerpo tembloroso quedó encima de él.

    El miembro seguía erecto, no deseaba abandonar aquella agradable estancia. Sin dejar de penetrarla, le dio la vuelta abrazándola, la besaba con sensualidad, mientras su pene la horadaba muy lentamente, pero con autoridad. Ella empezaba a gemir de nuevo. Con mucha paciencia había vuelto a excitarla, la volvía loca de deseo.

    Ahora él tenía el control, ella buscaba su boca, él se la negaba, sujetaba su brazos para que no pudiera abrazarlo. Ella luchaba, se retorcía debajo de él. Flavio la dominaba, la estaba poseyendo a su antojo y ella demostraba que le gustaba. Mi pene recuperaba su vigor pidiendo participar, también deseaba darle placer.

    Le ofrecí mi boca, la aceptó, nos devoramos el uno al otro con pasión. El continuaba penetrándola disfrutando de su fuego y regocijándose en el placer que ella sentía. Le envidiaba, quería ocupar su lugar. Ella no paraba de gemir, Flavio empezó a poseerla con decisión, su pene entraba y salía a un ritmo frenético, ella se retorcía de gusto.

    Flavio cesó su bombeo. Ella estaba a punto de su segundo orgasmo, dejamos que su respiración se tranquilizara, nos limitamos a acariciar su hermoso cuerpo, luego, por fin volví a penetrarla.

    Se aferró a mi cuerpo, desde un primer momento la envestí apasionadamente. Volvía a gemir y ahora era yo quien los provocaba, me sentía feliz de hacerla gozar, la llevé hasta el borde del orgasmo y me detuve.

    La estábamos haciendo sufrir y al mismo tiempo le provocábamos un inmenso placer y excitación. De nuevo, Flavio se apoderó de ella, la puso de rodillas en la cama dándole la espalda, sus manos se aferraban al cabezal. El paseó su miembro a lo largo de su sexo, luego lo encaró y la penetró con suavidad.

    Su pene se movía en círculos dentro de ella, mientras sus manos masajeaban los pechos. Él le preguntó si lo deseaba, entre gemidos contestó que si, que nos deseaba a los dos, mi pene estaba a punto de estallar, era excitante observar su placer y entrega total hacia su amante.

    Flavio aumentaba el ritmo de las envestidas, ella gritaba de placer, arqueó su cuerpo, con su brazo izquierdo rodeo el cuello de su amante y se fundieron en un apasionado beso. El seguía bombeando, estrujaba sus pechos, hasta que entre gritos llegó el ansiado orgasmo. En su cara se dibujó una sonrisa de satisfacción.

    Ella se dio la vuelta, de nuevo le besaba, de nuevo su boca iba en busca de aquel pene que la había hecho suya y que por dos veces le había regalado el éxtasis. Por fin llegó hasta él, lo devoró con ansia sosteniéndolo con una mano mientras con la otra acariciaba sus testículos. Él estaba en la gloria y yo lo envidaba. Flavio la aviso de que iba a llegar sus orgasmo, ella siguió con más ímpetu, sin parar hasta que él se vació por completo. El cayó rendido, sin pausa ella cogió mi miembro y me concedió las mismas atenciones.

    Podía notar el calor que el semen de Flavio había dejado en su interior, no pude aguantar más y también me vacié dentro de ella.

    Los tres caímos rendidos, exhaustos de tanto placer. Flavio quiso despedirse, pero ella no lo dejó, quería descansar, recuperarse para que la poseyéramos de nuevo. Aceptamos, dormimos un rato los tres en la misma cama, ella entre nosotros.

    No se cuanto tiempo pasó, desperté, todavía era de noche, estaba sólo en la cama. Me incorporé intentando buscarlos y allí estaban, sobre la moqueta, ella debajo y Flavio penetrándola nuevamente, ella se mordía los labios para no hacer ruido, entornó la cabeza hacia la cama y descubrió que los observaba.

    Sonrió y se liberó de su silencio dejando que sus gemidos se oyeran de nuevo. El la sujetaba por los brazos mientras la penetraba profunda y violentamente. Ella no se quejaba, al contrario, pedía más. Esta mañana ni si quiera se lo hubiera imaginado, es más, no lo hubiera aceptado, pero ahora lo disfrutaba y no deseaba que acabara.

    En un forcejeo repentino se zafó de él, abrió la puerta de la terraza, la noche era calurosa, apoyó las manos en la barandilla, lo miró con lascivia y le ofreció su sexo. Deseaba que la tomara desde atrás, cuando él se acercó le pidió que la poseyera con fuerza, quería sentir cuanto la deseaba.

    Flavio la complació, la penetró con toda su rabia haciéndola estremecer de placer hasta que la llevó de nuevo al orgasmo. Flavio no cesó de penetrarla, deseaba que fuera del por completo, quería vaciarse dentro de ella, y se lo hizo saber. Ella aceptó, quería sentir el su calor derramándose en sus entrañas.

    Estas palabras hicieron que el por fin lograra su objetivo. Después se fundieron en un largo beso y ella le pidió que se fuera. Luego vino hacia mí, me dijo que había sido la mejor celebración de aniversario que podía tener, hizo que me viniera en su boca y seguimos durmiendo hasta el mediodía.

    No lo hemos vuelto a repetir, quizás el próximo aniversario.

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  • Un pequeño desliz en Año Nuevo

    Un pequeño desliz en Año Nuevo

    Aprovechando el año nuevo, quiero contar una pequeña anécdota que me ocurrió hace ya varios años jeje. Un secreto familiar que planeo llevarme a la tumba, por lo que no daré detalles muy precisos sobre mí.

    Esto sucedió durante una cena de año nuevo. Toda la familia estábamos reunidos en la casa de una tía y pues bueno, ya se imaginarán: unos primos pequeños corriendo por acá, los tíos bebiendo cerveza, las tías alistando la cena, primos platicando, etc. etc. Yo por mi parte me encontraba platicando con mis primas con quién compartía el mismo rango de edad de más de 18 años.

    Faltando una hora para terminar el año, uno de mis tíos llegó con su familia. Ellos ya tenían tiempo viviendo en Estados Unidos y esa noche su vuelo se había retrasado, por lo que nos alcanzó un poco tarde. Obvio, se pusieron a saludar a medio mundo. Mi tío se anduvo paseando por la casa tratando de saludar a todos y al final vino al patio, donde yo estaba sentada con mis primas. Me puse de pie para saludarlo. Nos abrazamos primero y después él me dio un beso en la mejilla muy cerca de la boca, por lo que la mitad de nuestros labios se tocaron, pero por la rapidez del momento no le dimos importancia. Aunque no voy a negar que me gustó el “beso”.

    La noche siguió normal, yo alcanzaba a ver a mi tío dentro de la casa platicando con todos, cuando de repente llega mi hermano diciéndome que se le soltó un botón de su camisa y me preguntó si se lo podía coser ya que yo sabía como. Le dije que no traía nada para hacerlo, pero una de mis primas, la que vive en esa casa, me dijo que en el cuarto de mi tía había cosas de costura, por lo que mi hermano y yo subimos.

    Ya en la habitación, nos sentamos a la orilla de la cama mientras yo le cocía el botón. Mi hermano no se quitó la camisa, por lo que tuve que acercarme hacia él para coserlo. Platicamos un poco, él me dijo que extrañaba vivir en la casa (se había independizado hacia poco de 3 meses) y yo le dije que también lo extrañaba. Cuando terminé de coser el botón, él me agradeció y me dio un abrazo. Yo quise responderle con un beso en la mejilla, pero mi hermano se volteó y se lo terminé dando en los labios.

    Los dos nos quedamos viendo sorprendidos con los ojos bien abiertos sin decir nada, yo alcancé a ver como él se puso rojo e imagino yo también lo estaba. A lo que él me respondió “Que rara forma la tuya de agradecer”, por los nervios yo me reí y le respondí “Lo hice por accidente”. Él se rio y me contestó “Ah, entonces” y se acercó para darme un pico en los labios. Después me dijo “ups, fue un accidente” mientras se reía.

    Yo le seguí el juego, y le devolví el beso en los labios, bromeando con que “ups me tropecé” jajaja, a lo que mi hermano respondió dándome otro beso en los labios. Estuvimos unos cuantos segundos dándonos picos y picos en la boca, a tal punto de que ya ni decíamos nada, sólo recibíamos el beso y lo regresábamos y así en bucle.

    Ambos nos dejamos llevar, y yo no me di cuenta cuando nuestros besos dejaron de ser piquitos para ahora sí ser besos de verdad. Mi hermano me tomó suavemente de la espalda mientras nos besábamos y yo a él de las mejillas. Como la habitación estaba en el segundo piso, no se escuchaba mucho la música ni los ruidos de la familia, por lo que en el cuarto sólo se escuchaba el sonido de nuestros besos.

    Entre beso y beso, la lengua de mi hermano llegó a chocar con la mía, eran apenas unos pequeños roces. Pero la intensidad fue subiendo poco a poco hasta que comenzamos a interactuar más con nuestras lenguas. Recuerdo muy bien cuando abrimos las bocas y las pegamos formando un túnel entre ellas, mi hermano aprovechó ese túnel para introducir su lengua dentro de mi boca y enredarla con la mía, yo lo tomé firmemente de las mejillas y lo pegué hacia mí para que no separarnos y que el túnel se quebrara. Lo único que se escuchaba eran nuestros jadeos mientras su lengua correteaba en círculos la mía.

    Luego, sin despegarnos, yo empujé su lengua con la mía llevándola a su boca, pero mi hermano no se dejó y comenzamos a jugar luchitas con las lenguas jajaja hasta que mi hermano logró poner la suya sobre la mía, luego se separó del beso y me dijo “Gané”. Yo me reí y le dije “A ver, revancha” y volvimos a juntar nuestras bocas para formar el túnel por el que nuestras lenguas se enloquecían juntas.

    No podía creerlo, en qué momento habíamos pasado mi hermano y yo de ser unos niños que se peleaban a cada rato a estar grandes y darnos un beso con lengua. Era algo que nunca pude imaginar.

    Nuestros besos de lengua eran cada vez más intensos, yo me quité el abrigo que traía y mi hermano me quitó un suéter que llevaba debajo, por lo que quedé con una blusa de tirantes blanca, de esas que se te pegan al cuerpo. En este momento, mi hermano aprovechó para agarrarme las tetas mientras me besaba. Recuerdo sentir su mano derecha apretándome ambas tetas mientras nuestras lenguas se entrelazaban. Cabe resaltar que seguíamos sentados a orilla de cama, yo a su izquierda.

    Entre beso y beso me dijo “¿Te confieso algo? Me excitaba un poco verte usar este tipo de blusas cuando vivía con ustedes” yo quise hacerme la mustia y le pregunté el porqué, a lo que él me respondió “Porque se te marcaban bien ricas las tetas” y luego me siguió besuqueando con lengua. Después, bajó su mano hacia mi abdomen, la metió debajo de mi blusa y comenzó a acariciarme el abdomen al mismo tiempo que comenzaba a besarme el cuello. Mientras lo hacía, decía entre besos que yo tenía una pancita bien rica, que tenía un rico ombligo (esto mientras con su dedo índice me acariciaba el ombligo) y más cosas morbosas sobre mi cuerpo que no recuerdo jeje.

    Pasaban los minutos, yo sentía que en cualquier momento nos tiraríamos a la cama y cogeríamos como locos. La mano derecha de mi hermano estaba levantándome la blusa al nivel de mis pechos listo para quitármela por completo, nuestras bocas estaban juntas y nuestras lenguas entrelazadas cuando escuchamos a nuestra familia gritar “Feliz año nuevo”.

    Ambos nos quedamos inmóviles, con los ojos abiertos por unos segundos, nos separamos del beso de inmediato. Yo tomé mi celular y efectivamente eran las 12 en punto. Ambos entramos finalmente en razón de lo que acababa de pasar. Mi hermano se disculpó y bajó casi corriendo con la familia mientras yo me volvía a vestir. Bajé como si nada y los felicité a todos, aunque obvio no a mi hermano.

    El resto de la noche nos la pasamos ignorándonos por completo, yo platicaba con mis primas como si nada mientras mi hermano permanecía en total silencio en la otra punta de la casa y digo, como no iba a estar bien incómodo, si estuvo a punto de pegarle una cogida a su hermana jajaja.

    ¿Quién lo diría? Pasé el año nuevo besándome de lengua con mi hermano jajaja.

    Agradecería que dejen sus comentarios, honestamente me haría gracia leer que opinan jeje.

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  • Follada por una verga negra de 24 cm

    Follada por una verga negra de 24 cm

    Tendría yo unos 26 años, ya habíamos compartido con Luis algunas de nuestras experiencias, nuestra relación era plena y divina. Mi marido jamás se siente mal por mis relaciones fuera del matrimonio, así como yo tampoco le recrimino sus infidelidades, ya que al final siempre nos contamos todo lo vivido y eso nos hace conocernos más y disfrutar más de nuestros cuerpos.

    Bueno estaba yo de 26 años cuando decidí el matricularme en un gimnasio, me sentía un poco estresada así que pensé que el ejercicio sería el mejor remedio a este problema.

    Escogí un gimnasio famoso por sus instalaciones, lo malo es que estaba lejos de donde vivíamos con Luis, y el aparcar el coche era difícil por no decir imposible, visto esto decidí el no usar el coche y tomar el tren, el primer día que use este transporte quede contenta pues el trayecto era de no más de 40 minutos, y me dejaba a solo un par de calles del gym, así que pensé que era una buena decisión, eso sí tenía que ser puntual pues pasaban cada 30 minutos y si lo perdía tenía que sentarme a esperar al siguiente.

    La primera semana se me fue rapidísima, Luis me decía que me veía mejor y que mi aspecto había cambiado se me notaba más sereno y seguro de mi misma. Esto me animaba a seguir adelante.

    No me imaginaba lo que estaba a punto de sucederme.

    Era un martes cuando al llegar a la estación me di con la sorpresa que había mas gente de lo normal, era a causa de la suspensión de un servicio de autobuses hacia mi pueblo razón por la cual la gente tomaba el tren como transporte alternativo, me fastidio un poco pero lo acepte con tranquilidad, al llegar el tren vi como la gente se arrimaba a la puerta para entrar primero, me quede atrás esperando el que se acomoden.

    En ese momento repare en un muchacho de raza negra estaba parado justo delante mío, al parecer el tampoco quería luchar con los demás por subir primero, el tren abrió las puertas y todos se abalanzaron hacia adentro, casi no dejaron espacio solo uno casi en la puerta, el muchacho negro me miro y me cedió el sitio, luego disculpándose se puso detrás mío y suavemente me arrimo hacia adentro para poder ubicarse, se cerraron las puertas y empezó el viaje.

    Mi primera reacción fue el voltearme y quedarme de frente a él, no quería el sentir su respiración en mi nuca, además siempre había escuchado de Luis contra historias sobre la gente extranjera sobre robos y cosas así, y pensé que lo mejor era tenerlo de frente. El al verme girar bajo la mirada, me di cuenta que se sentía incomodo al recibir las miradas desconfiadas de los demás viajeros.

    Era casi una cabeza mas alto que yo, me fije en sus brazos, eran bastante desarrollados sin duda este chico había trabajado haciendo mucha fuerza pues se notaban los músculos en antebrazos y pecho. Sin duda era un atleta, me quede observándolo todo el trayecto. El apenas me miro, llegamos a nuestro destino y salimos apuradamente al igual que toda la gente, casi ni me fije mas en él.

    Al día siguiente mientras hacía bicicleta le comente a una amiga lo sucedido, no sé porque lo hice quizás no tenía nada que hablar con ella y me vino a la mente el muchacho de color, y tuvimos tema por un par de horas, ella hacia bromas acerca de la gente de color, al igual que Luis decía que casi todos tenían desarrollado el físico y que sexualmente eran capaces de cualquier cosa, también se refirió a lo grande de sus penes, en fin no sé como llegamos a ese tema y tampoco como es que la tarde se fue tan rápida, salí corriendo y me dirigí al tren.

    Al llegar me sorprendida encontrar al muchacho ahí, estaba parado esperando el tren, no sé porque me puse al lado de él. Me miro y casi sin querer me dirigió una sonrisa seguida de un “Hola”, hice lo mismo, bajamos la mirada y nos quedamos callados, llego el tren y volvimos a ponernos uno al frente del otro esta vez me quede de espaldas, me sentía rara en esta situación.

    Me daban ganas de girarme y mirarlo, tenía curiosidad por ver el color de sus ojos y sus facciones pero no, me que así al final del trayecto casi sin querer apoye mi cuerpo apenas en el de él, un escalofrió me recorrió el cuerpo sentí un cuerpo macizo y duro en verdad era un atleta, ni se movió era como si me hubiese arrimado a una roca . Sentí la parte exterior de su mano pasar muy suavemente por una de mis nalgas, fue un movimiento rápido y al mismo tiempo suave, era como si tratase de sentir mi cuerpo. Fingiendo sorpresa me gire y le mire fijamente a los ojos

    Solo atinó a decir “discúlpeme fue sin querer hay demasiada gente y me empujaron” yo sabía que no era cierto pero le dije “no pasa nada” volví a mi posición y llegamos a la estación al salir me fije más en él, era como de 1.85 tenía el cabello casi cortado al cero, era bastante musculoso, me intrigaba hacia donde se dirigía pues no parecía ser de por ahí.

    Cada día que pasaba mi deseo de encontrarlo era mas fuerte, me acostumbre a viajar con, ahora nos saludábamos mas seguido y hasta nos reíamos del apuro de la gente por subirse al tren, siempre nos quedábamos al final de todos y viajábamos así mirándonos o sintiendo la proximidad del otro, yo ya me había aprendido el olor de su cuerpo, no usaba perfume era un olor a hombre a se le notaba limpio pero era evidente que el perfumarse y el vestirse bien no era lo suyo.

    Esa noche amor con Luis y al llegar al orgasmo cerré los ojos y me vino a la mente este muchacho, no le dije nada a mi marido, sé que se hubiese reído, pero sentí que no era el momento de contarle algo así, además apenas habíamos viajado un par de semanas y era muy callado y tímido así que a no ser que yo le hablase él nunca lo haría.

    Al día siguiente llegue a la misma hora a la estación y me sentí mal, el no llego y el tren toco el pitido anunciando su partida, no sé porque me quede ahí sentada en el andén, me sentía triste, era la primera vez que no llegaba a tiempo, quizás no le vería mas fue el primer pensamiento que me vino a la mente, estaba pensando mil cosas cuando lo vi aparecer apurado se paró a mi lado jadeando, se notaba que había venido corriendo.

    “Hace mucho se fue” me pregunto

    “Hace 2 minutos, yo también lo perdí” le contesté mintiéndole “ahora tenemos que esperar 30 minutos mas” dije fingiendo molestia por la situación, por dentro estaba contenta pues era mi oportunidad de conocerle.

    Empecé a preguntarle cosas sobre su vida, era vigilante en unas obras de edificaciones cerca de mi casa, cuidaba el que no robasen el material de la obra, y tenía que pasar la noche entera así, me contó que era de Nigeria y que apenas tenía un año en el país, tenía 28 años y era padre de 4 niños, rápidamente entro en confianza, me mostró la foto de su mujer, era una negra preciosa y sus hijos eran muy pequeños.

    Se le notaba que los quería pues se le iluminaba el rostro al contarme de ellos, yo por mi parte trataba de ser amable, me dijo que era la primera vez que una mujer de raza blanca se sentaba a conversar con él, eso me hizo sentir bien, me gusta ser amable con la gente de otros países, pienso que todos los seres humanos somos iguales, bueno lo cierto es que hicimos amistad, se llamaba Douglas y era un muchacho maravilloso.

    No sentí el tiempo, al poco llego el siguiente tren, venia vació pues la hora punta había pasado nos sentamos juntos y nos fuimos hablando hasta nuestro destino en el trayecto la gente nos miraba como reprobando nuestra amistad, a mí me importaba un bledo la opinión de ellos, yo quería conocer a este hombre y eso era suficiente, me dijo el sitio exacto de la obra, no había reparado en esa construcción a pesar de pasar casi siempre por ahí.

    No sé como me escuche diciendo “bueno me voy, si un día paso por tu trabajo te paso la voz”, la cara se le ilumino de alegría, “en verdad vendrías a verme” pregunto.

    “Claro porque no” te prometo que un día me paso a verte.

    “Y porque mañana no te vienes conmigo y te enseño donde es” me dijo

    Me quede muda solo atine a decirle “no sé, vamos a ver si puedo”.

    Nos dijimos adiós, al irme temblaba, no me explicaba el porque de ese temblor, se suponía que yo dominaba la situación.

    Al día siguiente parecía una niña con su primera cita, no sabía que ponerme, no quería aparentar que me estaba vistiendo para una cita con el así que me puse un chándal que dejaba ver lo contorneadas de mis nalgas y lo bien formadas de mis piernas, escogí unas bragas blancas de encaje pequeñita de esas que se te meten en medio de las nalgas y que solo tienen un pequeño triangulo por delante para cubrir apenas la vagina, nunca me ha gustado la ropa interior grande me encanta que la gente piense que voy sin nada.

    Llegue a la estación espere el tren y apareció el, “hola como estas María” me dijo, te vienes a conocer mi oficina dijo riéndose, yo también sonreí, “creo que no, estoy muy apurada, tengo muchas tareas en casa” le mentí, “que pena pensé que íbamos a poder conversar mas tiempo”.

    Le vi triste.

    Llegamos a nuestra parada y subimos sin hablar las escaleras, quería que me lo pidiese una vez mas pero él no lo hacía.

    “Bueno entonces me voy” dije

    “Está bien, me da pena, pero si tienes que hacer no pasa nada” dijo.

    No podía más aguantar esta situación decidí tomar la iniciativa.

    “Hagamos una cosa” dije sin más “vamos me enseñas donde es conversamos un poco y me voy a casa”.

    Se puso feliz, nos fuimos hasta donde estaba la construcción, un cerco rodeaba un edificio en obras, había una especie de puerta cerrada por un candado, Douglas la abrió y entramos, volvió a cerrar el candado por dentro “es para que no entre nadie extraño mientras te enseño todo” me dijo.

    El lugar era bastante deprimente no me imaginaba que había gente que pasaba la noche cuidando construcciones y menos que dormían a la intemperie, me mostró orgulloso donde tenía los materiales que cuidaba y luego me invito a subir a la primera planta, el edificio era al parecer de lujo estaba construida toda la fachada, no tenía revestimientos ni nada todo era cemento y nada mas ni pintura ni nada los pisos estaban sin puertas ni nada, entre a un par de ellos y se notaba que tenían unas dimensiones muy grandes.

    Al llegar a uno de los pisos me mostró que en una de las habitaciones había improvisado la suya, solo tenía un colchón viejo y un cubrecamas viejo tirado a los pies de este, me dio pena el ver las condiciones en las cuales vivía ahí.

    Él se dio cuenta y se sintió avergonzado, “vamos es mejor que te vayas” dijo con pena. Me sentí mal por esto así que hice como que no le escuchaba me fui hasta la que sería una de las ventanas y me asome a la calle, veía la gente pasar sin reparar en nosotros. En ese momento sentí que se ponía detrás de mí, no lo mire me quede quieta. Poco a poco se pegaba mas a mi, yo hacía como que no me daba cuenta, hasta que sentí su pecho en mi cabeza, estaba parado detrás mío sin decir nada callado esperando que yo hablase o hiciese algo, me moría de nervios.

    Me pegue a él sentí como pasaba sus manos por debajo de mis brazos y me abrazaba por detrás apoyando sus enormes manos en mis senos, con la yema de los dedos me empezó a sobar suavemente por encima de la ropa, mis pezones estaban duros y el rápidamente los encontró encima de mi ropa eran dos puntos visibles, yo sentía como mi vagina lubricaba sin cesar, me di la vuelta y lo abrace, lo bese largamente sus manos bajaron hasta mis nalgas las metió por dentro del chándal y las encontró desnudas, me las apretaba fuertemente y sin parar yo no quería esperar mas a ver su desnudes me libere de sus manos y me arrodille delante de él, comencé a quitarle la correa, abrí el botón y comencé a tirar hacia abajo.

    Lo que vi era el pene mas bello que he visto en mi vida, quizás tenía mas de 24 cm. Ante mí, en verdad la fama de esta gente era realidad ,lo toe con las dos manos y me lo metí en la boca, apenas pude tragarlo, la cabeza era marrón el tallo tenía un negro brillante, el color del pene era mas oscuro que la piel de ese semental, comencé a chupársela como si me fuese la vida en ello le lamía los huevos y otra vez regresaba a la cabeza él se quedó quieto, me hacía cariño en los cabellos al mismo tiempo que empujaba su falo dentro de mi boca, no sé cuánto tiempo se lo chupe lo cierto es que cada vez le crecía mas y sin estar totalmente erecta la polla era descomunal, le costaba el ponerla tiesa pues seguramente la sangre no le llegaba a llenar semejante miembro.

    Logre que se recostara en el colchón y empecé a sobarme contra su polla que rico, era deliciosa esa polla sola para mí, me la ponía en la cara en las tetas y por todos sitios mi camiseta y mi sujetador estaban tirados en un rincón esperando que su dueña terminase de follar como una perra, llego un punto en que tenía las tetas la cara y toda la barriga llena del lubricante que le salía de la polla, lo mire y me sorprendió el verle tan tranquilo, yo era como una niña para él, me tomo de la cabeza me acerco hasta él y me volvió a besar.

    Después me echo en el colchón y bajo su boca a mi estomago comenzó a lamerme el ombligo mientras sus manos bajaban mi pantalón, levante un poco el culo para que lo lograse, sentí como mis bragas estaban empapadas, estaba tan excitada que parecía que me había corrido encima de ellas, el acerco su boca a ellas y las lamió su lengua entraba y salía junto con mis bragas a mi vagina, sentí que me estaba corriendo sin que me la meta.

    Perdí la noción del tiempo, la volví a recuperar cuando me sentí totalmente desnuda ya sin nada encima, se montó encima de mí y me penetro, fue una penetración rica, sabrosa diría yo, sentía se pene en lo mas profundo de mí, se empezó a mover mientras yo solo atinaba a pedirle mas y mas quería que me rompiese toda quería sentir la verga de el por todos sitios, el no paraba de hacerlo una y otra vez me embestía, su piel negra como la noche encima de mi era algo digno de verse, de verlo me corría una y otra vez.

    Tuve casi 7 orgasmos seguidos antes de que el comenzare a ponerme en diferentes posiciones, esa noche me hizo suya, me convertí en una puta, si mi marido me viese ahí en un colchón mal oliente recibiendo la verga de este negro se hubiese corrido de solo ver tal cosa.

    Al cabo de casi una hora y después de haberme empapado con su olor y con su sudor sentí dentro de mi como empezaba a escupir leche como si una cañería se hubiese roto, el no paraba de tocarme el culo y mamarme las tetas, la leche era caliente y espesa, se quedó ahí encima de mí resoplando como un animal, yo solo quería que se le pusiese tiesa para que me la volviese a meter.

    No tuve que esperar mucho a los pocos minutos la tenía otra vez para mí, me cabalgo otra vez como un animal, al final me puso de costado y me la metió por el culo, sentía que el culo se me habría dándole paso a ese pedazo de carne, el muy sádico se concentró en mi ano como si la vida se le fuese en ello me dio por el culo toda la noche yo le pedía a gritos que terminase, pero el nada, al final y después de bombearme como una prostituta me lleno el culo de leche, yo ya no sabía que hacer estaba cansada agotadísima y sin ganas de moverme mas, me acurruque en sus brazos y me dormí.

    Esa noche dormí junto a él sintiendo su pene en mi espalda y su respiración en mis oídos, me había convertido en su mujer, era una sensación de sumisión, la que halla follado con un hombre de color comprenderá a que me refiero, al levantarme muy de mañana casi a las 6 am me volvió a penetrar por atrás, “es para que te acuerdes de mí siempre” me dijo, otra vez me corrí mientras el volvía a follarme, termino rápidamente, es como si solo hubiese querido el marcarme con su semen.

    Me puse en pie, me di cuenta de que mi marido estaría preocupado al no verme en casa, comencé a recoger mi ropa del suelo mientras él se vestía, me quito las bragas de las manos “esto es para mí, será mi recuerdo” dijo besándolas, me puse lo que me quedaba de ropa, salimos de la obra en la calle estaban ya un par de obreros esperando que les abriesen la puerta, me miraron y sonrieron mientras hacían comentarios entre ellos, me sentí sucia y puta delante de ellos.

    Me despedí de mi amante y fui a casa. Luis apenas se había levantado, “que paso amor” le conté todo mientras se duchaba, se puso a cien, me tomo de los hombros y me tiro en la cama estaba loco de lujuria, sin mediar ninguna caricia ni nada me penetro, sentí que su pene estaba como una piedra, me corrí otra vez, “este negro de mierda te ha dejado llena de leche” decía mientras me follaba “seguro que también tienes el culo lleno de leche” me preguntaba, le dije que si, me dio la vuelta y me lo metió por ahí no aguanto mucho su arrechura a los dos minutos se estaba corriendo, el semen de él se mezcló con el del negro, su pene apenas me hacía sentir ahí atrás, Douglas me había dejado totalmente abierta.

    Luis me pidió que no lo volviese a ver, le hice caso, en verdad creo que si hubiese continuado follando con Douglas me hubiese dejado la vagina y el culo a la medida de su polla, y mi marido no hubiese disfrutado de mi como hasta ahora lo hace.

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  • Mi cuñada y familia (1): La cuñada

    Mi cuñada y familia (1): La cuñada

    Mi cuñada Victoria a la que llamábamos Viky es una mujer de unos 40 años, con un cuerpo delgado y bien moldeado pues al ser una mujer sin problemas económicos se pasa el día en el gimnasio. Su hija de 20 años que se llama Cris, de Cristina, esta como para mojar pan, mide 1,73, y tiene un pecho magnifico, duro, y de un tamaño perfecto. Su otra hija Eva de 18 años es igual de alta y guapa que su hermana.

    Mi suegra, Mayte, es una mujer de 60 años con un buen cuerpo para su edad, delgada, y rubia natural con unos preciosos ojos azules. Suele vestir pantalones muy ceñidos.

    Lo primero que hice fue hacerle llegar algunas fotos a mi cuñada Viky con su marido y su hermana, aunque mediante ordenador dejé borroso la cara de mi mujer.

    Viky me llamó y me dijo que quería hablar conmigo, cuando llegó a mi casa era un manojo de nervios, medio llorosa me enseñó las fotos y me dijo que creía que la mujer era su hermana, yo fingí sorpresa, la abracé y trate de consolarla mientras le daba besos en la mejilla diciéndole que a lo mejor era un desliz puntual. Ella insistió en que no, que hacía mucho tiempo que su marido la engañaba con otra mujer, y creía que era su hermana.

    Yo le dije que no podía ser, que confiaba en su hermana, pero claro no pondría la mano en el fuego pues alguna cosa rara había visto entre los dos. Mientras le contaba todo esto mi mano se deslizo hacia su entrepierna y al ver que no reaccionaba seguí subiendo, entonces ella me aparta la mano, pero yo volví a insistir. Supongo que debía hacer tiempo que su marido no la follaba y, además, debía querer vengarse pues cuando llegué a sus bragas y le introduje un dedo en su vagina me beso en la boca.

    Estuvimos besándonos un rato, le quité las bragas y comencé a lamer su clítoris, ella jadeaba de placer, seguramente no se lo habían hecho nunca. Ella me toma mi pene y se lo metió en su boca, al mamármela comprendí que no era algo habitual en ella. Allí echada en el sofá la folle, cuando note que se había corrido le di la vuelta y me puse a lamer su culo, Viky gemía de placer, todo eso era nuevo para ella. Decidí dejar su virginal culo para Toby.

    Cuando terminamos, se sintió molesta por lo que había sucedido y me dijo que no se lo dijera a nadie, yo se lo prometí. Claro que ella no sabía que lo había grabado todo.

    Espere un par de días y llame a Viky para que viniera a casa con la excusa de que había descubierto nuevos datos sobre su marido y su hermana.

    Al llegar estábamos Juan y yo, presenté a Juan como un detective, le enseño fotos y videos donde se veía claramente a su marido y mi mujer, pero cual fue su sorpresa al ver que en la cinta salía lo nuestro de hacía dos días.

    Evidentemente se enfadó mucho, me amenazo con denunciarme, a lo que Juan le dijo que era difícil pues ella había llegado libremente a esa situación y así lo demostraba la cinta.

    Me dijo que quería por la cinta, Juan la miro y le dijo escuetamente:

    “Has de ser nuestra esclava durante 24 horas”

    “¿Y si me niego?” Inquirió ella.

    “Pues ya sabes, la cinta…”. Le dije, ella comprendió a lo que nos referíamos.

    “Bien, ¿qué he de hacer?” Nos dijo.

    “Este fin de semana vienes a mi casa y deberás hacer todo lo que te mandemos ¿de acuerdo?” Le dijo Juan.

    Yo por mi parte le dije a mi mujer que se llevara a nuestro cuñado el fin de semana de viaje con cualquier excusa.

    El sábado sobre las once llego Viky a casa de Juan, le recibió Toby vestido de mayordomo, ya en el salón Juan le dijo que le daría la cinta, pero que debía ser durante todo el día nuestra esclava.

    “Veras Viky, el trato es el siguiente, durante las próximas 24 horas serás nuestra esclava, deberás obedecer en todo y una vez finalizado te daremos las cintas y los negativos. Si en alguna cosa no obedeces te echaremos de casa y divulgaremos toda la información que tenemos, que es mucha. ¿Entendido?”

    “Si, lo entiendo perfectamente”.

    Juan le hizo firmar un documento donde quedaba especificado que todo lo hacia abajo su aceptación y consentimiento.

    Toby la llevo a la cocina donde también estaba Mohamed, allí le ordeno que se desnudara y se pusiera el uniforme, Viky le pregunto dónde podía cambiarse a lo que el negro le dijo “aquí, delante de nosotros”.

    Mi cuñada se puso el uniforme consistente en medias con ligas, falda corta, blusa transparente, delantal, cofia, guantes y zapatos con tacón de aguja.

    Mohamed se percató que no se había quitado la ropa interior, este se lo dijo a Toby, entonces el negro llamó a mi cuñada “esclava, quítate la ropa interior”.

    Ella duda, pero viendo que Mohamed cogía un cuchillo se quita los sostenes y la braguita. Toby le dijo que se acercara a la mesa de la cocina, allí la hizo agachar y le introdujo en la vagina unas bolas chinas con la orden de no quitárselas a continuación le puso un collar de cuero al cuello como distintivo de su esclavitud.

    Obligada a servir la mesa, cuando era ella en su vida privada la que era servida por criadas, la humillaba tremendamente. Cuando caminaba intentaba reprimir el placer que le producían las bolas en su vagina.

    Cada vez que servía a uno de nosotros, éramos tres en la mesa, le metíamos la mano por la entrepierna, ella intentaba zafarse, pero a una orden del mayordomo volvía todo a su sitio. Sus muslos estaban húmedos de los jugos vaginales, pues a pesar de no querer ya se había corrido varias veces por efecto de las bolas.

    Al terminar la comida nos sentamos en la sala, Juan llama al mayordomo y este trajo a mi cuñada sujeta por una correa al cuello. En el centro del salón había una mesa, hizo colocar en ella a Viky a cuatro patas, sujetándola de forma que no pudiera moverse. Toby le saco las bolas y se retiró.

    Juan le dijo a su invitado “Haz los honores”. Este se levantó y se acercó a mi cuñada, la palpo toda “¡una buena hembra a pesar de la edad!” Exclamo. Saco su pene y le dijo a Viky:

    “¡Esclava! Chúpamela”

    Ella comenzó a mamársela mientras él hacía movimientos de cadera metiendo y sacando su pene de la boca de mi cuñada cuando iba a correrse le sujeta la cabeza y soltó todo su semen en la garganta de ella.

    Juan y yo nos levantamos y mientras ella me mamaba mi polla Juan la follaba. Después de corrernos los dos la dejamos un rato en la mesa. Era un espectáculo magnifico, el cuerpo de mi cuñada allí vejado y lleno de semen, ni en sueños hubiera podido imaginar situación igual con ella.

    Juan llama a Toby y Mohamed “Tu y Mohamed enseñadle a esta esclava lo que es una polla”.

    Viky, al ver los penes de Toby y Mohamed, palideció. Quiso moverse pero las ligaduras se lo impedían. El moro le clavo la verga en su vagina mientras Toby le metía su enorme aparato en la boca.

    Mohamed se echó en la mesa e hizo sentar a Viky en su polla, con sus manos le hizo subir y bajar mientras Toby besaba y manoseaba sus pechos, el negro se puso detrás y con fuerza fue introduciendo su tranca en el virginal culo de mi cuñada.

    Viky gritaba de dolor, nos insultaba y maldecía. Nunca creí oír tales palabras de la boca de mi cuñada.

    Toby sacaba lentamente su polla para luego introducirla más rápido, a medida que su culo se dilataba. Al unísono, los dos mayordomos se corrieron en las entrañas de mi cuñadita.

    La desataron y la llevaron a descansar.

    Por la noche le dijimos que debía vestirse elegantemente, pero sin ropa interior. Se puso un vestido de esos que se abrochan por delante, largo, por debajo de la rodilla, con un generoso escote y que por la espalda llegaba casi donde comienza el culo, medias con ligas. Le dejamos los botones de la parte baja del vestido desabrochados para que se vislumbraran las ligas.

    Ella pregunto que adonde íbamos, Juan le respondió “una esclava no pregunta”.

    Cuando llegamos al local Viky se asustó, pues el local es frecuentado por señoras y chicas de alterne, pero al lado hay un restaurante de moda y temía encontrarse con algún conocido.

    “No, esto si que no, aquí no entro”

    “Bien aquí termina nuestro contrato, eres libre y ya sabes las consecuencias” La hicimos bajar del coche y ya nos íbamos cuando grito “No por favor, lo siento”.

    Juan para el coche y ella subió.

    “Bien Viky, si quieres que nos olvidemos de lo sucedido deberás ser nuestra esclava 48 horas en lugar de 24 ¿aceptas o te bajas?”.

    “Acepto, cabrones hijos de puta”.

    “Bien, recuerda que sigues siendo nuestra esclava, por una vez te perdonamos, pero no habrá próxima”.

    Entramos los tres en el local, una vez sentados saque a bailar a mi cuñada. Mientras bailaba ella me dijo que yo era un hijo de puta y otras delicadezas. Le recordé que era mi esclava, comencé a besarla mientras le acariciaba su espalda. Al ritmo del baile podían verse las ligas de mi pareja.

    Una vez sentados un señor de unos 55 años se acerca a la mesa y pide permiso para bailar con ella. Estuvieron bailando un rato, ella estaba tensa mientras su acompañante se acercaba cada vez más.

    Después de dos o tres bailes ella volvió a la mesa acompañada del señor. Este nos pidió permiso para sentarse con nosotros. Una vez sentado y hechos los saludos pertinentes, el señor, que ya se había percatado que mi cuñada era una señora de compañía nos pregunto

    “Perdonen, la señora ¿esta con ustedes?”

    “No, la señora no tiene ningún compromiso, además nosotros dos no vamos ahora”, Juan y yo nos levantamos no sin antes darle una tarjeta a Viky y susurrarle al oído.

    “Tienes 30 minutos para ir a este sitio con un cliente”.

    La dirección que le facilitamos era la del piso que usábamos para los contactos de mi mujer. Habían pasado algo más de 30 minutos cuando ella llega con el señor que había conocido en el bar. Puri la recibió y la acompaño a unos de los dormitorios.

    Por la cámara de vídeo veíamos como estaba tensa, muy tensa, el cliente intentaba meterle mano pero ella seguía sentada en la cama sin dejarse tocar. El señor salió de la habitación y fue a quejarse a Puri, esta le dio un montón de excusas dándole una invitación para otro día.

    Juan y yo, con cara de pocos amigos, entramos en la habitación donde estaba mi cuñada, sin dirigirle la palabra la cogimos y la llevamos a la habitación de castigo, la atamos a las correas e íbamos a darle el primer latigazo cuando apareció Ana, esta al verla pregunto que por qué la castigábamos, la pusimos al corriente. Mientras le contábamos lo que había sucedido ella iba tocando a Viky que seguía atada.

    Ana le dijo a Viky “no has de ser una chica desobediente”

    Tomo el látigo y la azoto durante unos minutos, luego se acercó a Viky y abrazándola comenzó a besarla por todo el cuerpo, la desato y se la llevo a una habitación.

    Juan y yo por una de las cámaras pudimos ver como ambas se estaban revolcando en la cama. Así que a mi cuñada le gustan las mujeres y yo sin saberlo.

    Ana le estaba comiendo el clítoris a mi cuñada y esta agarraba con fuerza su cabeza para que le introdujera mas profundamente su lengua. La lengua de Ana recorrió el cuerpo de Viky para terminar ambas fundidas en un largo beso. Mi cuñada besa los pechos de Ana, mientras esta acariciaba los de Viky.

    Ambas estuvieron hasta la madrugada revolcándose en la cama, introduciéndose consoladores dobles. Cerca de la madrugada Juan y yo entramos en la habitación y nos sentamos a contemplarlas, Juan se sacó su pene y comenzó a masturbarse, Ana lo miro y le dijo

    “¿Por qué no os apuntáis?”.

    Juan se desnudó, se acercó a ellas y Ana se metió su polla en la boca mientras seguía ella y Viky con el consolador. Yo hice lo mismo que Juan y me acerqué a mi cuñada, pronto estuvimos los cuatro revueltos en la cama. Ana sustituye su consolador por la polla de Juan mientras yo la enculaba, Viky iba chupando la polla de Juan cada vez que este la sacaba de la vagina de Ana.

    Luego le tocó el turno a mi cuñada, note que su actitud hacia el sexo había cambiado pues ahora ella comenzaba a gustarle ser más participativa.

    Como a Viky todavía le quedaban 24 horas más decidimos que por la noche teníamos que conseguir de una forma u otra que hiciese de puta.

    Decidimos llevar a Viky al piso de contactos de Ana y con la complicidad de esta obligarla a prostituirse.

    Aprovechando el ‘feeling’ entre ambas, Ana le pidió como favor muy especial que atendiera a una amigo que iba a venir esa noche, entre besos y caricias Viky acabo aceptando.

    Viky fue llevada al dormitorio y Ana le vendo los ojos, mi cuñada estaba vestida con unas medias de látex y tacones, nada más.

    Ana le contó que al cliente le gustaba hacerlo con chicas que tuvieran los ojos tapados y que no se preocupara ella estaría a su lado.

    Cuando llega el cliente Ana lo acompaño a la habitación, allí le enseño a la nueva chica.

    “Tal y como le prometí, aquí la tiene”.

    Ana besa al cliente al tiempo que le ayudaba a desnudarse, tomo su polla y comenzó a chupársela, luego mientras masturbaba a su cliente su puso a pasar su lengua por el culo de Viky.

    Ana se tumba en la cama al lado de mi cuñada, tomo la polla y se la metió en su vagina mientras besaba y tocaba los pechos de Viky.

    Luego Ana se coloca un consolador en la cintura y colocándose debajo de mi cuñada la penetro, a continuación, el cliente se acercó a Viky y lentamente la enculo, los tres comenzaron a jadear, mi cuñada besaba con pasión a Ana mientras esta le metía cada vez más a fondo su consolador en su vagina mientras el cliente, completamente excitado, la enculaba furiosamente.

    Cuando terminaron Ana acompaño al cliente a la salida.

    “Bien, espero que haya disfrutado enculando a su hija”.

    “Si, ya sabes Ana que este tipo de cosas me gusta”

    “Cuando tengamos preparadas al resto ya le avisare”. Ana lo beso y este se fue.

    Viky había sido enculada por su padre y todavía no lo sabía.

    Juan y yo entramos en la habitación de Viky, que estaba echada en la cama, nos acercamos y la comenzamos a besar, acariciar sus pechos, Juan besa su clítoris y le introdujo la lengua, en eso entro Ana y nos dijo que saliéramos pues tenía un cliente para mi cuñada, ella dijo que no hacía de puta a lo que Ana le respondió muy seria.

    “Mira, guapa, en primer lugar harás lo que yo te diga que para eso eres una esclava, si no lo has olvidado, y en segundo lugar sí te niegas daremos a conocer las cintas que tenemos tuyas y las de tu depravado padre. ¿De acuerdo, mona?”.

    “¿Qué dices de mi padre?”

    “Lo que has oído, guapa”

    “¿Cómo que mi padre es un depravado?”

    “Pues si guapa, tu padre es cliente de la casa desde hace muchos años y tiene relaciones incestuosas”

    “¡Mientes!”

    “Ven y lo veras”. Ana la llevo a una sala donde le puso una cinta. En ella salía su padre follando con su hermana.

    “¡Será hija de puta María!”. Exclamo Viky.

    Viky se desvaneció cuando vio la escena en que, sin ella saberlo, había sido enculada por su padre.

    Cuando volvió en si Ana le contó que su padre había solicitado expresamente hacerlo con ella, y que no se preocupara pues al fin y al cabo todo quedaba en familia. Y se echó a reír.

    En eso entro la recepcionista para anunciar que el cliente esperaba, Ana le dijo ve y recuerda que hay que cobrar 100 euros.

    Viky se fue a su habitación donde le esperaba el cliente, y con cara de pocos amigos realizo el acto sexual.

    Cuando quedo libre, Ana le recrimino su actitud así que nos llamó para que la castigáramos. La vestimos como una puta barata, y la llevamos al campo del Barça. Al llegar le dijimos que queríamos 500 euros o de lo contrario se arrepentiría.

    Hasta seis clientes pasaron por ella, cuando volvió al coche su semblante era diferente, parecía que ya tenía asumido su papel. Para estar seguro de ello y como todavía nos quedaban doce horas la llevamos a casa para que descansase mientras le preparamos un fin de fiesta.

    Toby contacto con el grupo de negros, llevamos a Viky al apartamento y le dijimos que había un grupo de ejecutivos que querían una fiesta y si se comportaba le daríamos las cintas y se podría ir a casa.

    Pobre Viky, los negros no dejaron agujero sin llenar ni taponar, por espacio de 2 horas abusaron brutalmente de ella. La penetraron casi siempre de tres en tres y sin interrupción.

    Cuando termino le dimos sus cintas y la llevamos a su casa. Una semana después Ana la llamo pues la echaba de menos. Ella acudió a la cita e hizo el amor con Ana, pero esta luego la obligo a estar con varios clientes.

    Después de un tiempo así asumió su papel de puta, al igual que su hermana. Debe ser de familia.

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  • Economista y prosti: Triple “p” con los brasileros

    Economista y prosti: Triple “p” con los brasileros

    Hola. ¡Feliz 2025!

    Estoy ansiosa por contarles algo que pasó con mi papá cuando le comuniqué el resultado de nuestro análisis genético que resultó favorable, y va a poder ser mi inseminador junto a Tommy (obvio), y su papá.

    Pero antes debo terminar de relatarles lo mío con los tres clientes brasileños.

    Después de tomarnos un par de horas de descanso y que al parecer todos aprovechamos para relajantes baños de inmersión, y yo para prepararme para acción anal, nos volvimos a reunir en nuestra suite.

    Los esperé casi desnuda, tacos altísimos, sin medias, pero con dos preciosas ligas negras en mis muslos. Babydoll negro transparente muy corto y escotado. Sabían que vendrían directamente a querer acción, y se merecían ser atendidos como corresponde atender a clientes de primerísimo nivel que pagan lo que ellos pagaron.

    Llegados, hubo unos minutos de conversación intrascendente, y cuando le pareció bien a Tommy, me desnudó y comenzó a acariciarme delante de ellos.

    Yo, parada, abrí las piernas y uno de ellos se arrodilló a lamerme la concha, otro a las tetas, y el restante me acariciaba espalda y culo mientras Tommy me besaba. Cuando ya chorreaba saliva por todo mi cuerpo, Sergio, siempre al mando, sugirió a Tommy que me preparara el culo “Para tener mucha acción”.

    Ni lento ni perezoso, Tom me llevó a la cama y comenzó con una espectacular lamida de ano. Bien ensalivado, me pasaba la lengua y a veces lo punteaba como si me la fuera a meter.

    A continuación vino un juego de dedos y gel, sabe que respondo bien a sus dedos, primero de a uno y luego dos. Mas gel y me introdujo un hermoso plug de acero, para dilatarme mejor aún, lo sacó y me penetró previa aprobación de Sergio. Solamente uno o dos minutos y la sacó, para ponerme nuevamente el plug.

    A todo esto los clientes ya estaban desnudos y de pija dura, que habían ensalivado. Listos para la acción.

    Ya sea porque lo imaginó, o porque ellos le hubieran dicho lo que pensaban hacerme, antes de entregarme, me ensalivó una vez más la concha. Me retiró el plug anal, me ensalivó el esfínter, y me entregó a ellos.

    Como desesperados, se lanzaron a lamerme y chuparme las tetas un par de minutos, al cabo de los cuales uno de ellos se sentó al borde de la cama y me hizo señas de montarlo, ¡y ahí comprendí todo!

    Lo monté, su pija entró en mí como si nada, tan lubricada estaba de saliva y de mis fluidos.

    Dejé mi culo un poco en alto, y al momento sentí como Sergio acomodaba su verga para entrar en mi esfínter. Les juro que moría de placer de solo pensar lo que ocurriría, y ocurrió.

    Me la metió de a poco, lentamente, ¡y como lo gocé! Cuando los dos comenzaron a moverse, creí estar en el cielo, y ahí si me sorprendieron, Maurizio, que estaba libre, subió a la cama y me puso la verga en la boca.

    ¡Estaba con tres hombres dentro de mi cuerpo! Lo que en inglés llaman ‘vacuum tight’ o sea ‘a prueba de vacío’ o ‘hermética’. Tremenda sensación con tres casi desconocidos y mi marido contemplando y habiéndome preparado para ellos. Me ha confesado que cada vez disfruta más mi putez, ¡y que cada vez yo sea mejor profesional como economista y como puta!

    Era tremendo, a veces me ahogaba la pija en mi boca, a veces creía partirme con las dos vergas adentro, pero siempre los gozaba.

    Y de pronto se fueron saliendo y rotaron las posiciones. De vuelta me ensalivaron mi orificio, y me las fueron metiendo, ahora tuve a Sergio en mi boca y a Maurizio en el orto. Se sumó Tommy a acariciarme las tetas… ¿qué más podría pedir? Todos mis agujeros llenos de cosas que me dan placer.

    Sentía fuego en el culo, sentía que de las paredes de mi concha manaban ríos de flujo, y me esforzaba por respirar y chupar y lamer la verga que tuviera en la boca.

    Y nueva rotación, cada vez gozaba más como me las sacaban, rotaban y me las ponían de vuelta.

    Era todo placer, cero cansancio, algo de ardor anal, pero placentero, cero dolor.

    Y Sergio preguntó dónde quería que me acabaran, mi respuesta llegó sin dudar: ¡Todos en la boca!

    Y así lo hicieron, incluso Tommy, el último. Cuando les faltaba poco para venirse, salieron de mi cuerpo y se masturbaban escalonadamente, para darme la leche en la boca de a uno, leche que yo saboreaba y me deleitaba tragando, aunque siempre algo se me escapaba de los labios e iba a caer a mis tetas.

    Fue casi una hora de sexo glorioso, lo más intenso de mi vida. Más aún cuando Tommy me masajeó las tetas con restos de leche.

    Ya era un poco entrada la noche. Y Sergio preguntó si mis servicios habían finalizado.

    Respondí, como no podía ser de otra manera, que mis servicios terminaban cuando lo dispusieran los clientes.

    ¿Puedo dormir contigo y que ellos vengan al amanecer a rescatarme? Tommy puede quedarse.

    ¡Será un placer! Respondí, al tiempo que se confirmaba que por alguna razón Sergio lideraba el grupo.

    Rápida ducha, quedamos solos Sergio Tommy y yo. Ellos en boxer, yo en bata color champagne transparente, y pedimos champagne y algunos sandwiches para amenizar la conversación.

    Allí nos enteramos que los tres amigos son fuertes comerciantes, que ciertamente Sergio es el más fuerte de los tres, suelen venir a jugar en los casinos de Punta del Este, y siempre comparten alguna chica.

    Por cierto, me juró que ahora ya no buscarían más sino que yo sería ‘estable’ cada vez que vengan lo cual me alegró y respondí “tomara” que es una de las maneras de decir “ojalá” para los brasileños.

    Un poco cansados pero con ganas de jugar, nos fuimos al dormitorio, dejando a Tommy que pasará el resto de la noche en el sofá del área de estar.

    En la cama, jugamos, nos acariciamos, cosa que habíamos hecho poco, le hice una hermosa chupada de verga con beso negro, eso los enloquece siempre, y él me retribuyó generosamente en las tetas, chupándome la cuca y con largos besos de lengua, que me encantan. Finalmente, obviamente desnudos, nos dormimos.

    Sobre las 6 am sentí una lengua que jugaba en mi concha, y no era la de Sergio, pues él me estaba abrazando en posición cucharita.

    Era Tommy que me preparaba para el ‘agasajo especial’ a Sergio. Lo despertamos, y le dijimos que se activara porque queríamos algo muy especial con él. ¡ en dos o tres minutos ya estaba casi dura! y se la terminé de poner dura con un oral, mientras él me retribuía en 69.

    Al tenerla bien dura me di vuelta y me puse de frente a él, con Tommy detrás, pero mis tetas y mi boca estaban totalmente a disposición de Sergio que mientras me metía su herramienta, me besaba y acariciaba. Cuando dije “ayyy que bien me la metiste”, Tommy se puso algo de gel, y comenzó a metérmela despacio en doble vaginal. “No te preocupes, le susurré a Sergio, va a entrar y gozaremos como nunca”.

    Y con un poco de movimiento entró y se acomodaron dentro de mi conchita.

    El roce y la fricción nos volvían locos de goce, demoraron en acabar, tengamos en cuenta que ya habían acabado más de una vez antes, pero aun así, sentí los chorros de leche en mi vagina. Más vaivén y al final se salieron.

    Amorosamente me dediqué a limpiar sus vergas alternándome al chuparlas. Y es eso estaba cuando llegaron Carlos y Maurizio, y se sumaron a los orales, masturbándose de a ratos.

    Finalmente quedaron todos satisfechos, me manosearon, me hicieron oral y agitados, dieron por terminado el encuentro.

    Solamente quedaba bañarnos, despedirnos (aunque hubo tiempo para conversar) y para que me prometieran, una vez más, cogerme cada vez que vengan a Uruguay.

    Por nuestra parte, les dijimos que estaríamos encantados de recibirlos todo un fin de semana en el campo, sin límites de sexo, y gozando de buen asado (churrasco para ellos).

    Ya era de mañana, y retomamos nuestros dos últimos días en Punta del Este.

    Ya estaba yo deseosa de volver a Montevideo, para ver a papá y para reunirme con el cliente con el cual me vi en el Casino, y que luego me llamó para pedirme reunión urgente je je.

    Besos, hasta la próxima.

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  • Grata sorpresa (3)

    Grata sorpresa (3)

    Estuve toda la noche dándole vueltas a la transformación de Laura, supongo que el problema realmente era que no sabía expresarse en letras, pues el castellano lo hablaba medio bien, y esto sumado a su timidez era lo que había agotado mi paciencia con ella, pues luego en persona fue todo muy diferente.

    La verdad no me esperaba lo que ocurrió esa tarde, supongo que ahí ya influyó bastante toda la correspondencia que me había cruzado con ella durante casi un mes, pues había sido siempre bastante amable y cordial con ella, y eso debió haberle cogido confianza conmigo, me contó muchas cosas sobre ella, que sus padres eran bastante severos y posesivos con ella, hasta el extremo de que no podía hacer nada sin consultarles absolutamente todo, incluso estando ella aquí la controlaban a través de su casera, pues esta era una conocida de ellos.

    Laura me dijo que necesitaba llevar con ella algo mío, lo necesitaba para saber que me pertenecía, que jamás había sentido lo de esa tarde y que necesitaba de mí.

    La conmine a que reflexionara unos días sobre todo lo ocurrido, pues no era el momento, y más después de haber descubierto lo que había descubierto esa tarde conmigo, para mí era fácil en aquel instante comprarle un collar de perra y ponérselo, pero siempre he considerado que nunca se debe aprovechar una circunstancia así para hacerlo, que pensara si quería seguir aprendiendo a mi lado, que la convertiría en puta perra para usarla a mi antojo y deseo, que meditara en todo ello y que cuando lo hubiera hecho me lo dijera.

    Durante el fin de semana no tuve contacto alguno con ella de ningún tipo, pero si estaba presente en mi pensamiento, el lunes por la mañana al abrir el correo me encontré un correo suyo diciéndome,

    “Amo, sabe que solo estaré aquí unos meses, pero me gustaría sentirme su perra, Amo necesito descubrirme a mí misma, necesito su ayuda, si no lo consigo ahora a su lado creo que nunca lo conseguiré, siempre he sido muy tímida, con usted me he sentido diferente, he estado antes con otros chicos, pero nada comparable a lo que usted me dio en una sola tarde, usted me ha dado más de lo que nadie me había dado antes, y casi no hicimos nada, aunque para mí fue muchísimo, quiero que me enseñe, necesito aprender a su lado, quiero ser su puta y que me use como usted desee, deseo sentir como me toca, como me mira, como me habla, por favor señor déjeme ser su perra, no le defraudare”

    Este correo le debió costar horrores escribirlo, pues yo sabía de la dificultad que ella tenía para escribir, aunque debo reconocer que algo he tenido que corregir, aunque la esencia y lo que me intentaba decir es lo mismo que os transmitido en el relato.

    Después de leerlo, decidí no responderle aun, luego por la tarde cuando salí del trabajo le compré una pequeña esclava de oro, para que así pudiera llevarla puesta siempre. Le llamé por teléfono y le dije que quería verla, le di una dirección de una cafetería no muy lejana para ella y le dije que en media hora la quería ver entrar por la puerta, no le di ningún tipo de instrucción más y colgué.

    Me acaba de sentar en una mesa cuando la vi entrar, tenía la cara como asustada, la noté como agitada, como si hubiera venido corriendo. La hice sentarse a mi lado, le ofrecí el refresco que me acaban de servir, y sin decirle nada le metí la mano dentro del pantalón corto que llevaba mientras ella bebía, vi que no llevaba ropa interior, y que ya estaba toda mojada, a lo que le dije “veo que esta perra aprende rápido, sin decirte nada, has venido a reunirte con tu amo como debes, (mientras se lo estaba diciendo, la estaba masturbando) por ello quiero decirte que acepto tu entrega a mí, que quiero usarte mientras estés aquí, y para que no se te olvide quién es tu dueño debes llevar siempre puesto lo que le voy a dar”.

    Una sonrisa se le apareció en su rostro cogió la cajita que le entregaba con la otra mano y como una cría se puso a desenvolverla y a mirar que contenía, cuando vio el contenido no se pudo reprimir y se abalanzó sobre mí, me abrazó con fuerza, y me empezó a besar, estaba exultante, contenta, se la veía feliz.

    Se puso mi regalo y me dijo que lo llevaría con mucho orgullo, pues ahora ya sabía a quién pertenecía, la verdad que la note muy emocionada con aquello, para recordarle su posición le pregunté “recuerdas que tienes un castigo pendiente por haberte corrido el viernes sin mi permiso?” A lo que rápidamente su cara cambio, bajo su mirada y me respondió “sí mi señor, dijo que debería castigarme por ello” por lo que le mande que se pusiera de rodillas en el suelo y se sentara sobre sus piernas a mi lado, que no era digna de estar sentada a mi lado por no haber respetado mi petición.

    Más que castigarla en ese momento lo que deseaba era humillarla, todo el mundo que entraba en la cafetería nos miraba, esta estaba toda sonrojada, se sentía humillada por la situación, pero a la vez estaba contenta y feliz, la tuve en esa posición hasta que acabe mi refresco, luego le mande ponerse de pie, pague la cuenta y salimos del local.

    Había visto una pequeña tienda de ropa de barrio antes cuando me dirigía a la cafetería, por lo que le dije “ahora vamos a entrar a una tienda, quiero que cojas varias faldas y blusas para probarte, quiero que en el probador no cierres la puerta, la cortina o lo que tengan, quiero que vean lo guarra que eres, que vean que vas sin bragas, ahora quiero exhibirte”.

    Laura asintió con la cabeza sin decir nada más a mi petición, entramos en la tienda, en ella solo había una mujer de unos 30 años, supongo que debía ser la dueña, por lo que enseguida nos atendió muy amablemente, Laura le pidió que le enseñara alguna falda y alguna blusa, yo me aparté un poco de ellas, quería que se desenvolviera sola, y me senté en un pequeño banco que había enfrente del probador, una vez tuvo varias prendas seleccionadas en la mano, se metió en el probador, me miró como suplicándome, a lo que yo con la cabeza le dije que no, por lo empezó a desnudarse con la cortina abierta, empezó quitándose el top, dejando al descubierto sus pechos.

    La dependienta que estaba a un par de metros de ella giró la cabeza como queriendo darle intimidad cuando vio que no llevaba el sujetador puesto, fue a probarse una de las blusas cuando nuevamente le dije no con la cabeza, le indiqué que primero la falda, se giró dándonos la espalda, dejando caer su falda al suelo quedándose totalmente desnuda, a lo que la dependienta cuando la vio así exclamó:

    -¡¡chiquillaaa así vas por la calle, como sois las jóvenes de ahora!!

    A lo que Laura se giró muy colorada, sin decir palabra y tapándose con los brazos, a lo que intervine yo al ver la reacción de Laura, “señora cada uno va por la calle como se siente a gusto, y ella prefiere ir así cuando va conmigo, pues es una manera de no tener que cambiarse de bragas varias veces al día porque se le mojen y a la vez me facilita a mí el trabajo por sí deseo tocarla” la dependienta al oírme decir eso y con el tono de voz con que se lo dije se quedó sin palabras, se le subieron los colores de golpe, y balbuceando empezó a decir que visto así era verdad, y la dependienta se alejó un poco de nosotros.

    Por otra parte mientras tuvimos este intercambio de palabras Laura se había quedado como embobada mirándome fijamente, como alucinada, a lo que tuve que decirle con voz firme “te vas a probar eso de una puta vez o no?” Rápidamente se puso una falda y le mande salir del probador, la gente que pasaba por la calle si miraba hacia el interior de la tienda nos podía ver perfectamente, yo seguía sentado en el banquito que había enfrente del probador, y ella se acercó a mí para enseñármelo, tenía sus brazos tapándose los pechos, a lo que a una mirada mía, los bajó rápidamente, dejándolos accesibles a la vista.

    La hice girar para verla bien, la dependienta mientras está atendiendo una llamada de teléfono que había recibido, esta estaba metida detrás del mostrador, la oíamos, pero no la veíamos, por lo que cuando se quedó Laura enfrente mío, lleve mis manos a su sexo y empecé a masturbarla, estaba empapada, la notaba nerviosa, la masturbación a la que la estaba sometiendo, el lugar, el morbo de la dependienta al lado, de la gente pasando por delante de la tienda, y lo inesperado que eso había sido para ella pues no se lo esperaba, todo eso junto hizo que explotara rápidamente en un nuevo orgasmo, y nuevamente sin pedirme permiso para ello.

    Y aunque Laura se estaba mordiendo el labio, no pudo evitar dar un gemido final, y la dependienta por supuesto la debió oír perfectamente, puesto que aunque seguía al teléfono esta asomo su cabeza para mirarnos y ver que estábamos haciendo, realmente no vio nada, pues al correrse Laura yo retire mi mano de ella, solo escucho el gemido final de Laura y vio mi mano retirarse hacia atrás toda húmeda, a lo que yo me saque un par de kleenex del bolsillo para secármela, mientras fije mi mirada en la dependienta, la cual retiró su vista de mí y continuó con su conversación telefónica detrás del mostrador.

    Mientras todo esto pasaba, Laura recuperaba su aliento dentro del probador, pues hacia allí se dirigió cuando vio a la dependienta asomar la cabeza para mirarnos, le pregunté si le gustaba la falda, a lo que ella contesto que sí, y como por mi parte no había ningún problema pues le quedaba bien, le dije que se la quedara, Laura se vistió, y le dijimos a la dependienta que nos la quedábamos, la dependienta estuvo sin mirarnos en ningún momento mientras la doblaba, la metía en la bolsa y nos cobraba la falda, estaba ella más sofocada por lo que suponía que le había hecho a Laura que la propia Laura, tampoco no nos hizo ningún tipo de comentario al respecto.

    Aunque si lo hubiera efectuado no me hubiera importado responderle, pues seguro que el morbo de haber oído el gemido, ver mi mano retirarse mojada y como me la secaba delante de ella mirándola fijamente a los ojos, no le desagrado en absoluto, pues de ser así creo que nos lo habría reprobado, le pagamos los 20 euros que valía y nos largamos de allí dándole las gracias a la mujer por su atención y amabilidad, mientras yo le puse mi mano entre la espalda y el pantalón de Laura metiéndola hacia abajo para tocarle el culo, girándome al salir para mirar nuevamente a la dependienta y guiñarle un ojo, la pobre chica se puso nuevamente colorada pues estaba alucinando con nosotros.

    Laura me acompañó hasta el parking donde había dejado el coche, este ya lo había dejado yo a propósito en la segunda planta en un rincón al final, y con todo lo ocurrido, yo estaba que explotaba, me apoye sobre él, y no hizo falta decirle nada, ella sabía lo que yo quería, desabrocho mi pantalón, bajo mi slip y se metió mi polla en su boca, empezando a comérsela con ansia y acariciar mis huevos, aunque le ponía bastante empeño, aún tenía mucho margen para mejorar, pues no me acababa de gustar.

    Así que la cogí del pelo y la levante, la gire, la apoye en el capó del coche, le baje el pantalón y empecé a meterle mis dedos en la boca, mientras jugaba con mi polla en ella, y le sacaba los pechos por debajo de su sudadera, comencé a pellizcarle los pezones con mis dedos y empecé a comerle el cuello, estuve así un par de minutos, notaba mi polla cada vez más mojada por sus flujos, necesita probar su coñito, así que con una mano la cogí por la cintura y con la otra se la encare en su agujero, empuje lentamente y noté como su coño absorbía mi polla hacia dentro, pegando Laura un pequeño chillido cuando noto mi polla dentro suyo.

    Me paré ahí, tenía un coño prieto, notaba como este aprisionaba mi miembro, y quería disfrutarlo al máximo, nuevamente empecé a pellizcarle sus erectos pezones y empecé a follármela, era mi primera vez que me la estaba follando, y la verdad que lo estaba disfrutando y saboreando al máximo, Laura estaba conteniendo sus gemidos, pero estos eran perfectamente audibles para mí, estábamos ambos a punto de explotar, y enseguida empezó a pedirme permiso para correrse, “¡por fin! Pensé!” Y la verdad como yo también estaba a punto de estallar y sabía que no aguantaría mucho más.

    Le di permiso para que se corriera, al instante de oírme autorizarla, note como se contraían sus músculos vaginales y su respiración se desboco, pare el ritmo y me quede quieto dentro de ella, para que pudiera saborearlo plenamente, a lo que le dije “para no haberte corrido en 25 años llevas una buena carrera en los últimos días, no te puedo hacer casi nada cuando te me vas al momento”, pero la verdad era que me encantaba esa precocidad que ella tenía, cuando ya se relajó un poco, y su intención era responder a mi comentario.

    Aumente nuevamente mi ritmo y cuando note que estaba a punto de estallar me salí de ella corriéndome en culo, y mi semen estaba resbalándose por su piernas, a lo que le dije, “Laura, debes terminar tus deberes, así que gírate y límpiame bien” a lo que rápidamente se puso a lamerme y limpiarme, cuando acabó, fue a coger algo para limpiarse de su bolso, cosa que no le permití, la gire hacia mí, le di un beso y le dije que no quería que se limpiara hasta que llegara a su casa, pues quería que sintiera como se le resbalaba por la piernas mi semen al andar.

    Continuará.

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